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Sábado de Gloria

Comedia vaticana
Para Carmen y Marisol.

“Puras Deus non plenas adspicit manus.”


(Dios mira las manos limpias, no las llenas.)

Publio Siro.

Dramatis personae

GLORIA, cincuenta años.


MANOLO, su hermana, algo más joven.
MARINA, ronda los treinta.
PAOLA (*), marido de MANOLO.
CARLO, hija de PAOLA y MANOLO, veintitantos años.
DANIEL, de la misma edad, algo así como su novia.

(*) Habla con un marcado acento italiano.

La acción en Roma, a los pocos días de la muerte de Juan Pablo II.

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UNO.
“Numero Deus impare gaudet.”
A Dios le es muy grato el número impar.
VIRGILIO.

Sala de estar en penumbra de un apartamento acomodado. Sólo una de las


ventanas está medio abierta, por ella se cuelan al alimón un resquicio del
lánguido atardecer de Roma y los últimos tañidos de las campanas de todas
las iglesias del mundo. En uno de los laterales se vislumbra una gran mesa
preparada con un apetitoso “buffé”.

Cruza la escena en batín un hombre de unos cincuenta años de edad. Anda


con sigilo, evitando hacer el menor ruido, va hacia le mesa, coge un canapé y
lo engulle deprisa, se sienta en el centro del sofá, toma el mando de la tele y,
con muchísimo cuidado, oprime uno de los botones. El televisor se pone en
marcha. El volumen está muy alto, demasiado para sus planes. Salta del sofá.
Intenta en vano dar con el dichoso botón que le permita atemperar la voz del
presentador del telediario...

OFF:
“...iniziarono le riunioni precedenti alle sessioni del conclave che hanno
sollevato così tante aspettative, dopo di sapere che...”

Entra como una furia en la sala una mujer, viste como si se dispusiese a acudir
a una cena de gala y se está terminando de colocar unos aparatosos
pendientes... Se apodera del mando con rabia y apaga la televisión. Después
va directa hacia la ventana y baja la persiana. Se hace oscuro, aunque no ha
conseguido enmudecer del todo a las campanas.

MANOLO: (muy enfadada pero sin levantar la voz.)


¡No tienes remedio...!
(Enciende una lamparita.)
¡Cómo tengo que decirte que...!
(Se percata de que no está hablando a nadie... el hombre ha escapado.)
¡Paola!

PAOLA: (vuelve cabizbajo.)


Sólo quería...

MANOLO:
Ver el partido...

PAOLA:
Pero muy bajito...

MANOLO:
No hay partido.

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PAOLA:
Sí, por el canal cinco. La Roma- Real Madrid. El que se aplazó por la muerte
de...

MANOLO:
He dicho que, por ahora, no hay partido.

PAOLA:
No hay partido. Hay partido pero no hay partido.

MANOLO:
Te sigue costando entender las cosas.

PAOLA:
Me sigue costando entender ciertas cosas...

MANOLO:
Pues son bastante fáciles de entender...

PAOLA:
Lo serán para ti, que sigues siendo una iluminada...

MANOLO:
Si quieres te las digo en italiano.

PAOLA:
Aunque me hables en ruso, mia cara. Me temo que lo nuestro no tiene que ver
con los idiomas.

MANOLO:
Posiblemente. ¡Dios, esta cubertería es horrible! Roma entera querría estar en
nuestra situación.
(Empieza a cambiar la cubertería que hay dispuesta sobre la mesa por otra
que va sacando de una cajón del aparador.)

PAOLA:
Sí, a oscuras. Y no es una metáfora. ¿Vas a sacar la de plata?

MANOLO:
Exacto. A los romanos nunca nos ha molestado la oscuridad.

PAOLA:
Me pareció que dijiste una cena “familiar”.
Los romanos siempre han sido unos masocas.

MANOLO:
¿Y tú, qué eres? ¿Es que no puedo sacar la cubertería de plata para una cena
familiar?

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PAOLA:
Siempre hay una primera vez. Y yo soy de Mesina, no insultes, per favore...

MANOLO:
Cuando te interesaba eras de la capital, cuando no, de Mesina.

PAOLA:
Y a ti cuando te interesa vuelves a ser de Madrid.

MANOLO:
Una es de donde vive.

PAOLA:
Tú lo has dicho: de donde “vive”. ¿A esto le llamas vida?

MANOLO:
¿No irás ahora a echarte atrás?

PAOLA:
No, descuida. Sigo siendo un hombre de palabra. ¡Con que una cena familiar...!

MANOLO:
Te recuerdo que me dijiste que...

PAOLA:
Sé lo que te dije.

MANOLO:
Para mí esto es lo más importante que me ha pasado desde que nació Carlo.

PAOLA:
Y por eso estoy aquí, compartiendo este disparate contigo...

MANOLO:
Lo que nunca te agradeceré bastante.

PAOLA:
¿Y si llega a las tantas de la madrugada?

MANOLO:
¿Qué pasa si llega a las tantas de la madrugada?

PAOLA:
Que nos podemos morir de aburrimiento... y de hambre.
(Su comisura delata el hurto. Frena a MANOLO antes de que abra la boca...)
¡Ya lo sé! (La imita.) ¡No tieeeeenes remedio!

MANOLO:
Cuándo dejarás de ser un crío. ¡Y no levantes la voz!

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PAOLA:
¡Pero quién coño va a oír algo con questi cazzi di campanas!
( Grita al mismo tiempo que los tañidos cesan:)
Mi rompe i coglioni!
(Se tapa la boca.)

MANOLO:
Perfecto.

PAOLA:
Lo siento, creía que...

MANOLO:
Si lo que querías era que se enterase toda Italia...
(Está a punto de ponerse a llorar. PAOLA se acerca a ella.)

PAOLA:
Manolo, por favor, tranquilízate, que todo va a salir bien...

MANOLO:
No será por lo que colaboras...

PAOLA:
Entiende que llevo desde las tres en el dormitorio, cerrado a cal y canto. Las
persianas bajadas. ¡Un poco de luz, por favor! Parecemos partisanos
escondiéndonos de los nazis...

MANOLO:
Si lo piensas bien, tampoco hay tanta diferencia...

PAOLA:
No jodas, Manolo, que no es para tanto...

MANOLO:
¿Y tú vas a seguir con esa lengua de terciopelo?

PAOLA:
Que yo sepa, eso nunca te había molestado.

MANOLO:
Te equivocas. Siempre me ha molestado, aunque lo he respetado. Sólo que,
hoy, vamos, hasta mañana a las siete...

PAOLA:
Cosa... ¿Hay que levantarse a las siete?

MANOLO:
¿No querrás que desayune solo? Mañana toda la familia en pie.

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PAOLA:
¿Qué familia...?

MANOLO:
A las seis y media te despierto.

PAOLA:
Un domingo, a las seis y media... Santa cazzata! ¡Santa gilipollez!

MANOLO:
Tú lo has dicho: santa. Y me gustaría que hicieses un esfuerzo sobrenatural y
cuidases un poco las formas...

PAOLA:
Sobrenatural. Che ridere... Tiene gracia la cosa...

MANOLO:
Pues yo no se la encuentro.

PAOLA:
Desde que murió el Papa parece que todo es sobrenatural...

MANOLO:
Menos tus tacos.

PAOLA:
Está bien, lo intentaré.

MANOLO:
Empezarás por vestirte como una persona.

PAOLA:
Ecco... me he traído la corbata.

MANOLO:
Te la pones cuando yo te diga. La de flores blancas.

PAOLA:
La corbata.

MANOLO:
A ver si la jubilas un día. Es un poco hortera.

PAOLA:
La he rescatado del asilo, especialmente para ti.

MANOLO:
¿Y ese batín?

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PAOLA:
No tengo otro. Es lo que dijiste. ¿Me lo quito?

MANOLO:
Todavía no.

PAOLA:
Perdona, pero tu plan hace aguas por todas partes. Primero: basta que en este
país cierres una ventana para que alguien se pregunte por qué no está
abierta... Me extraña que Piero... ¿sigue viviendo en el B?,

MANOLO:
Por desgracia...

PAOLA:
Pues eso, que semejante cotilla de vecina no haya llamado ya a ver lo que
pasa...

MANOLO:
Sé lo que me hago. A Piero le he regalado unas entradas para la ópera.
Volverá tarde.

PAOLA:
Y segundo, ¿por qué tienes que ir vestida como si te hubiera invitado a cenar il
Cavaliere y yo con este batín de invierno, que estoy que me aso vivo...? Deja
al menos que me lo quite y me lo ponga cuando venga.

MANOLO:
Cuando lleguen hasta tú entenderás que la cosa tiene su lógica.

PAOLA:
¿Has dicho “lleguen”?, in plurale?

MANOLO:
Sí. Su secretario particular viene con él.

PAOLA:
¿Marina?

MANOLO:
No sé si se llama así.

PAOLA:
Ricordo que cosí se llama el que firmaba el emilio. Marina Gómez.

MANOLO:
Pues Marina.

PAOLA:
¿Y dónde lo vas a meter?

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MANOLO:
En la habitación de Carlo.

PAOLA:
¿Con Bob Marley fumándose un porro y Madonna en pelotas?

MANOLO:
Los he quitado. Ahora hay una litografía de Caravaggio y el Sagrado Corazón..
Cuando se vaya, se vuelven a poner y ya está.

PAOLA:
¿Lo sabe la nostra figlia?

MANOLO:
Ya se lo diré. Si es que viene...
Dios mío, qué cruz.¡Dime, qué he hecho yo para en vez de una familia tener un
desastre! Hace una hora que me ha llamado para decirme que en cinco
minutos estaba aquí.

PAOLA:
¿Tú sabes la gente que hay en la calle? Desde hace veinte días tengo la
sensación de vivir en un hormiguero.

MANOLO:
Ya lo dice L’observatore: Roma es un rosario de lágrimas...

PAOLA:
Roma es un rosario de ¡merda!

MANOLO:
¡Paola!

PAOLA:
Perdona. ¿Cómo está?

MANOLO:
¿Quién?

PAOLA:
Carlo. Hace más de una semana que no la veo...

MANOLO:
¿Una semana?
(Pausa.)
Yo un mes.

PAOLA:
Vaya.

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MANOLO:
Pues sí. Me ha jurado que venía a pasar el fin de semana y que pensaba ser
una buena chica. Ya sabes que tampoco es muy habladora, por lo menos
conmigo.

PAOLA:
È una brava ragazza

MANOLO:
Ya lo sé.

PAOLA.
Una chica de hoy. Reservada y con sus cosas, como todo el mundo, pero un
cielo.

MANOLO:
Dejémoslo en una buena chica, ¿de acuerdo?.

PAOLA:
Sta arrivando. A mí también me ha costado lo mío cruzar el centro.

MANOLO:
Ella viene en metro, no tiene excusa. Ya debería de estar aquí.

PAOLA:
Está todo imposible, Manolo. Hasta que esto acabe Roma es un infierno.

MANOLO:
Más bien todo lo contrario. Y como ves somos muchos más de los que te
imaginabas. Sólo pretendemos seguir allanando el cielo tal como nos lo había
dejado el Santo Padre.

PAOLA:
Pues al menos podíais poner semáforos...
¿Sabes a quién me he encontrado esta mañana cuando intentaba comprar el
periódico? A Nina,

MANOLO:
¿Nina?

PAOLA:
¡Nina! (Hace un gesto inequívoco con la mano sugiriendo su “pluma”.)
¡Él, que no podía ver al Papa ni en pintura y se cagaba en su estampa con
tanta gracia...!

MANOLO:
No hace falta que des explicaciones. Nina...

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PAOLA.
Estaba emocionado, Manolo, muy emocionado. Con lo mal que lo ha pasado
por culpa de...

MANOLO:
Por culpa de él mismo. No empecemos.

PAOLA:
Eso. No empecemos. Va e mi dici después de que se le escapara una
lágrimita: Paola, ¿sabes?, lo he perdonado... Ha sido verlo al pobre, allí, con
esos zapatos tan horrorosos que le han puesto dentro de ese catafalco y
darme un yuyu y olvidarme de golpe de todas las cabronadas que nos ha
gastado a unos cuantos. ¿Sabes? Estoy convencido de que, en el fondo, era
un buen hombre.

MANOLO:
En el fondo y en la superficie. El colmo.

PAOLA:
Eso mismo he pensado yo. El colmo. No hay mejor ejercicio de olvido que la
muerte. Oye... Ahora que lo pienso. No me salen las cuentas.

MANOLO:
Qué cuentas.

PAOLA:
Si nuestro dormitorio, capisci?, es para él, si tú ibas a dormir con la nena en
su habitación y yo en el sofá... ahora...

MANOLO:
La nena dormirá en el sofá, yo en el sillón y tú...

PAOLA:
No tenemos caseta del perro... ni perro, me largué antes de llegar a serlo.

MANOLO:
Ya te encontraré un sitio...

PAOLA:
En el canapé de la habitación de Carlo...

MANOLO:
¡Por favor, Paola, no digas tonterías! ¡Para unas pocas horas que van a
descansar los pobres démosles al menos un poco de intimidad! ¡Ya
dormiremos la siesta cuando se vayan! ¿Tú sabes la que le espera? ¡Ya está!
(Por la cubertería de plata, perfectamente alineada.)
¡Esto ya es otra cosa!

Suena el timbre de la casa. Un solo timbrazo, seco.

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MANOLO: (Muy nerviosa.)
¡Dios mío!
(Paola va a abrir.)
¡Tú, quédate ahí! El corazón parece que me va a estallar. Desde que fui a
Cracovia no me pasaba. (Respira profundamente.) Gracias, Dios mío. Es como
recuperar una sensación perdida.
Siéntate cómodamente y pon la tele.

PAOLA:
¿Qué ponga la tele? ¿Ahora?

MANOLO:
Sí. El canal cinco.

PAOLA:
¿El fútbol?

MANOLO:
Ajá. (Sigue con su respiración controlada.) ¡Qué sensación tan agobiante y
hermosa a la vez...! (Inspira.)

PAOLA:
Siempre dije que en lo vuestro hay mucho vicio oculto...
Quien te entienda que te compre... Perfetto , yo pongo el partido y...

MANOLO:
Esperas, simplemente...

PAOLA:
Como si estuviera acostumbrado a recibir todos los días a ...

MANOLO:
(Fuera de sí.) ¡Que pongas la tele, coño!

PAOLA:
(Acciona el mando.) Hostia, Manolo, Minchia...!
Esa técnica de relajación tuya creo que falla en algo... Arriba te van a sacar la
roja como sigas así.

MANOLO:
Perdona.
Y las jaculatorias te las guardas para cuando vuelvas a tu casa.

PAOLA:
Va bene... cocina.
(Toma el mando y lo acciona. Se oye la voz del locutor deportivo.)

MANOLO:
Y cuando te indique vas al dormitorio y te vistes para la ocasión.

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PAOLA:
Menuda ocasión.

MANOLO:
Con toda la naturalidad del mundo.

PAOLA:
Tranquila. Como si nada.

MANOLO:
Eso es.
( Da un último repaso visual al salón y sale hacia la puerta. Regresa a los
pocos segundos.)
Es extraño.

PAOLA:
Cosa c’è?

MANOLO:
Que no contesta nadie por el telefonillo.

PAOLA:
Igual se ha cansado de esperar que terminaras de “relajarte”, ha mirado hacia
arriba, le hemos recordado a la Gestapo y se ha largado...

MANOLO:
¡Dios!

PAOLA:
Que no, mujer, lo más seguro es que haya sido Carlo...

MANOLO:
Imposible, que yo sepa sigue teniendo llaves.
(Vuelve a sonar el timbre. PAOLA se levanta.)
¡La puerta de la calle, no cierra bien desde hace una semana!
¡Ha subido directamente! ¡Siéntate!

PAOLA obedece. MANOLO va a abrir la puerta. PAOLA aprovecha y roba un


par de canapés antes de volver a sentarse y seguir las incidencias del
encuentro.

Aparece en primer lugar un hombre de unos cincuenta años, viste el chándal


oficial completo de hincha del Real Madrid: pantalón, sudadera y gorra a juego.
Además, enrolla su cuello con una aparatosa bufanda y sobre su frente lleva
pintarrajeado el anagrama distintivo de los Ultra Sur.
PAOLA, atento al partido, se percata de su presencia después de transcurridos
unos segundos y se levanta, sobresaltado.
No puede terminar de tragar el doble canapé.

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Detrás del hincha llega otro, más joven que el primero, con parecido atuendo,
aunque la sudadera pertenece a otro de los uniformes oficiales del equipo
merengue –el negro-; no lleva gorra, en cambio sufre el peso de una aparatosa
mochila –con el logotipo del club, por supuesto- a sus espaldas.

Los recién llegados sonríen sin saber qué decir.


PAOLA no sonríe ni sabe tampoco qué decir.
A MANOLO se le ve muy feliz, cerrando la comitiva.

El primero de los hinchas, se quita la gorra y dice:

Tú debes de ser... ¿Paola?

PAOLA:
(Con la boca llena) ¿Y tú quién demonios eres? (Sonríe.)

MANOLO: (Yendo hacia los brazos del hincha.)


¡Eminencia!

GLORIA:
¡Hermanita!
(Se abrazan.

El locutor canta “goooool”.


Paola no sabe qué mirar: si el gol o el abrazo fraternal.
Y decide volver a sentarse, a ver si así entiende algo, mientras se hace
OSCURO.)

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DOS

“Fronti nulla fides.”


No te fíes de las apariencias.
JUVENAL.

Apenas unos segundos después de narrar el gol, con el que –según palabras
del comentarista- el árbitro da por finalizado el primer tiempo, se mantiene el
oscuro mitigado tan sólo por el parpadeo que sale de la televisión - a espaldas
del espectador- cuya emisión da paso a un breve telediario: las habituales
noticias de urgencia que suelen intercalarse entre el primer y segundo tiempo
para mantener informados a los aficionados mientras éstos aprovechan para ir
a al aseo o buscar la enésima cerveza en el frigorífico.

Tras la sintonía, la voz del presentador dice:

“Buona sera... a poche ore dall’ inizio della riunione preconclave, ancora
non ‘e stato preso noto se il monsignore Gloria Rovira, senza dubbio il
grande favorito alla succesione de Giovani Paolo Secondo, si trova già a
Roma.
Tuttavia la sua presenza continua ad’ essere un misterio, anche se i suoi
più stretti collaboratori insistono nel confermare che da domani, il prelato
Spagnolo si presentarà puntualmente per partecipare all prima sesione di
voto per la definitiva sentenza “Extra Omnes”, che si pronuncera, come
tutti voi sapete, dopo la Santa Messa dello Spirito Santo nella Basilica di
San Pietro, da dove poi i prelati si dirigeranno alla Capella Sistina per
eleggere il nuovo Sommo Pontefice...”

La luz ha ido entrando lentamente mientras hemos visto, sentados a la mesa, a


GLORIA y su secretario, MARINA, que han cambiado la vestimenta merengue
por un atuendo acorde a su condición eclesiástica: pantalón y camisa negros,
con alzacuellos. Junto a ellos, PAOLA, enfundado en un traje con corbata tan
floreada como hortera que le resulta de lo más incómoda.
MANOLO se ha levantado para servir a sus ilustres invitados.
PAOLA, a una indicación de la anfitriona, apaga la televisión.

GLORIA.:
Me sabe mal, Manolo...

MANOLO:
No pasa nada...

GLORIA:
Es que podemos esperar un poco...

MANOLO:
Que no te preocupes, Gloria, la nena lo entenderá, además también nosotros
empezamos a estar ya hambrientos, ¿no, Paola...?

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PAOLA:
( Intentando disimular el pedazo de roast beef que acaba de engullir)
Un po’...

MANOLO:
A saber desde cuándo no habéis pegado bocado...

GLORIA:
La caridad cristiana de un hincha hizo que compartiéramos su bocadillo de
chorizo.
¿Y cómo está?

MANOLO:
¿Quién?

GLORIA:
La niña.
( A MARINA) Tienen una hija que es un cielo. (MANOLO sonríe.)

PAOLA:
La vas a encontrar algo cambiada.

GLORIA:
Eso espero. La última vez que la vi fue cuando le di su primera comunión.

PAOLA:
(No se le oye demasiado porque sigue con la boca llena.)
Y la última...

GLORIA:
¿Estudia o trabaja?

PAOLA y MANOLO contestan a la vez:”trabaja”, dice PAOLA; “ estudia”,


responde MANOLO. Se cruzan miradas.

MANOLO:
Está hecha ya una mujer. Una mujer de su tiempo.

GLORIA:
Como tiene que ser.

PAOLA:
Ya verás, ya verás...
( A MARINA, que parece el convidado de piedra)
¿Y usted ...?

MARINA:
Tutéame, Paola, por favor...

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GLORIA:
Que, aquí donde lo ves, acaba de cumplir los treinta...

PAOLA:
Scusa, scusa, es la costumbre y, la verdad, es que os ponéis ese uniforme y
parecéis todos de la misma quinta...

GLORIA:
Si quieres seguimos con el chándal... ¡Mira que no reconocerme!

PAOLA:
Tienes razón, con lo fácil que es reconocer a un futuro Papa ejerciendo de
ultrasur...

GLORIA:
No cantéis victoria...

PAOLA:
Las quinielas te dan favorito...

GLORIA:
¿Quinielas?

MANOLO:
En Roma se hacen apuestas para todo.

PAOLA:
En el sindicato apostamos una múltiple de trescientos euros cuando la palmó,
perdón, cuando falleció el Sumo Pontífice. Clavé el día de la semana y me
equivoqué sólo en una hora; si no, hubiéramos cogido un bote de treinta mil
euros... ¡Una hora! ¡Cómo nos pudo hacer eso! ¿Te puedo decir una cosa?

GLORIA:
Adelante.

PAOLA:
Para la elección no te he votado... Esta vez la he hecho yo solo.

GLORIA:
Vaya, vaya...

PAOLA:
A ver si me entiendes, no vale la pena. Casi todos te votan, eso quiere decir
que para poner cinco euros y llevarte diez... pues como que no ¿me
entiendes?, así que he preferido arriesgar y he apostado cien euros por...

MANOLO:
Se dice el pecado, pero no el pecador... Le has dejado con la palabra en la
boca.

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PAOLA:
¿A quién?

MANOLO:
A Marina...

MARINA:
No te preocupes...

PAOLA:
Ah, perdona. Ya. Quería preguntarte cuánto tiempo lleváis juntos... quiero decir,
desde cuándo eres su secretario...

MARINA:
Desde hace tres años, cuatro meses y doce días, exactamente.

PAOLA:
Qué precisión, cuentas los días como los enamorados... Quiero decir...

MANOLO:
Imaginamos lo que quieres decir...

MARINA:
Una fecha así, para mí, es inolvidable...
¿Y vosotros, cuanto tiempo lleváis?

PAOLA:
(Adelantándose a MANOLO) ¡Un montón...! (Ríe.) ¡Y dos días!

GLORIA:
Tu castellano ha mejorado mucho. Y sigues teniendo el mismo humor que
cuando os casé. Eso está bien.

MANOLO:
En esta casa nunca ha faltado una sonrisa.

MARINA:
Dios quiere hogares divertidos.... y llenos de vida...

PAOLA:
Certo.

GLORIA:
El Santísimo dirá, pero si decide que yo sea el elegido, que está por ver...

PAOLA:
Dai, dai... que lo tienes a huevo...

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MANOLO:
Paola... por Dios...

GLORIA:
Déjalo, Manolo, si precisamente quería referirme a esto. Iba a deciros que uno
de mis objetivos principales será entrar en los hogares de mis fieles, y no sólo
de una forma espiritual. ¿Eh Marina?

MARINA:
Por supuesto. Es una idea estupenda, monseñor.

GLORIA:
Ya lo hemos hablado en muchas ocasiones. A ver qué os parece: sin avisar me
presentaré en diferentes hogares del mundo, así, de repente...

PAOLA:
Pues por si no lo sabes, como te presentes en casa de un tifossi de la Lazio
con la camiseta del Roma te tira a patadas... por muy Papa que seas.

GLORIA:
Será una visita más o menos improvisada, pero que previamente habrá
preparado minuciosamente mi gabinete particular. Nada de prensa ni cámaras
ni nada. Un Papa debe saber lo que pasa en el acontecer diario de sus
feligreses. Lo que pretendo es empaparme de vida, de vida de verdad, no de la
que nos imaginamos desde el despacho...

MANOLO:
Eso es magnífico, Gloria...

GLORIA:
Quiero un pontificado que se impregne de la realidad de las familias y no viva a
espaldas de ellas. Quiero tener un contacto real con mis fieles. Uno de
nuestros grandes errores ha sido siempre evangelizar desde el púlpito y pisar
demasiado poco la calle...

MANOLO:
A Su Santidad, hermano, que Dios tendrá ya en su gloria, se le ha llamado el
Papa viajero...

PAOLA:
Huy, cuñado, ni se te ocurra meterte con el polaco. Es la Presidenta de su Club
de fans...

GLORIA:
No era mi intención. Dios me libre.

PAOLA:
A Woytila le preparaban el concierto, y espero no molestar a nadie...

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MANOLO:
No empieces, Paola, que te conozco...

GLORIA:
Déjalo, déjalo... quiero que se sienta como en casa.

PAOLA:
Muchas gracias, cuñado. Lo intentaré.
Pues eso: un millón de espectadores, como si fuera U-2. Las cámaras, el beso
en el suelo nada más aterrizar, tour por el papamóvil, misa y si queda tiempo,
alguna visita concertada... Eso es como cuando te vas a Cuba a un todo
incluido. ¿Es que conoces Cuba? ¡Pues no ves que no!

MARINA:
Gloria se refiere de todas formas a otro tipo de viajes. Viajes más cortos.
Viajes a la realidad, a lo cotidiano...

PAOLA:
Ahí está la madre del cordero, sí señor. Para hacer turismo ya están las
agencias.

MANOLO:
Por favor, ¿no crees que te estás pasando?

GLORIA:
Me viene bien su sinceridad, de verdad. Quiero hablar de todo esto a mis
hermanos mañana. Y creo que mi estreno no podía ser mejor. Presiento que he
entrado en un hogar de los de verdad.

PAOLA:
Puff. Una cosa mala...

GLORIA:
Está todo delicioso, Manolo, no deberías haberte molestado... ¡Hasta te has
acordado de que la tortilla me gusta con mucha cebolla y jugosita por dentro...!

PAOLA:
¡Bocato di cardinale, digo, di Papa!

MANOLO:
¿Quién se ha molestado, hermanito? ¿Y no me iba acordar? No te puedes ni
imaginar la ilusión que me ha hecho... Eres el orgullo de todos nosotros,
incluso el de Paola... ( Con sonrisa distendida, para demostrar también su buen
humor...)

PAOLA:
Ya lo creo. Il orgoglio di la nostra famiglia.

MARINA:
Qué bien suena esa palabra.

20
PAOLA:
Orgoglio?

MARINA:
Familia. Creo que es la palabra más hermosa del diccionario. ¿No os parece?

PAOLA:
Sí, è bellisima. Lo que pasa es que las palabras cambian. Antes una pluma,
por ejemplo, era una pluma de verdad, de ganso o de lo que fuera, ahora es un
cacharrito que se llama Parker y que te cuesta una pasta.

MANOLO:
No bebas más vino, por favor...

PAOLA:
Antes la familia de los señores Testi, por poner un apellido, estaba formada por
ellos dos más sus doce hijos... y la criada, por supuesto la amante del capo...

MANOLO:
El Lambrusco le saca siempre la vena filosófica. Paciencia, hermano...

PAOLA:
Ahora, por citar un caso cercano, la familia Trapatoni, el conserje de la
empresa, está formada por Sofía Trapatoni, Giovanna Trapatoni –su pareja-,
Francesco, la hija que tuvo éste antes de que cruzara a la calle de enfrente, su
novia Giuseppe y Pecas, una golden que es lo mejor de la familia.
Y así todo. Las palabras cambian porque el mundo cambia...

MANOLO:
Hay cosas que nunca cambiarán, te pongas como te pongas.

PAOLA:
El nombre de las cosas es lo de menos, ¿no es verdad?, lo importante son las
cosas, las personas que hay detrás. Como dice mi amigo Antonella: si no nos
llamáramos de ninguna manera, el mundo sería más justo y más libre. Tienes
un nombre, ese nombre te da un sexo y, ecco... ya tienes etiqueta, marcado
como una res... Al fin y al cabo, qué importa que tú te llames... Gloria... y tú
Marina, por cierto, un nombre precioso...

MARINA:
Gracias...

PAOLA:
¿Y yo Paola...? Monseñor podía llamarse Manolo... y yo..., no sé... Silvio...
Como decía Romeo: “Montesco o no Montesco, tú eres tú”

MANOLO:
¿Has terminado? Por cierto, era Julieta, no Romeo...

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PAOLA:
Tú, con tal de llevarme la contraria... Además, antes los nombres eran otra
cosa. Usaban el masculino para los hombres y el femenino para las mujeres...

MANOLO:
Pues claro. Y a nosotros nos ha tenido que tocar un autor de pacotilla que
quiere inventar la pólvora.

PAOLA:
Mujer, tanto como inventar la pólvora, buscará otra cosa, no sé...

MANOLO:
¿Qué?

PAOLA:
Él sabrá.

MANOLO:
Será un presuntuoso de esos que se la dan de modernos...

PAOLA:
Tú levanta la voz, a ver si tenemos suerte, se cabrea y desapareces en el
segundo acto...

MANOLO:
Más quisieras...

GLORIA:
Me encanta veros discutir. Se nota que incluso en vuestras desavenencias
traspira el amor.

PAOLA:
A veces hasta huele...

GLORIA:
Y os diré una cosa: más orgulloso me siento yo de vosotros, creedme. Una
familia como la vuestra hace que mis convicciones sean cada día más firmes y
me sienta, te lo digo de corazón, Manolo, el hermano más afortunado.

MANOLO:
Gracias a Dios, Gloria.

GLORIA:
Tú lo has dicho. Gracias a Dios.
Y ahora, ya puestos a soltarnos, me toca a mí. (A PAOLA.) ¿Puedo decirte
algo, en confianza?

PAOLA:
Avanti

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GLORIA:
No sabes cómo me reconforta haberme equivocado...

MANOLO:
¿Los papables se equivocan?

GLORIA:
Y hasta los papas, hijo, los papas también. Todos somos hijos del Santísimo y
el error es lo que nos hace grandes...

MANOLO:
Pues en qué te...

GLORIA:
( A MANOLO) ¿Se lo cuento?

MANOLO:
Cuéntaselo, le va a hacer mucha gracia.

GLORIA:
No, cuéntaselo tú, que tienes más chispa...

PAOLA:
¿Manolo? ¿chispa? ¡Amore de fratelli! ehh... la Madonna, qué suspense...
MANOLO:
El día que nos casamos, en la misma sacristía, Gloria me dijo algo muy
importante al oído... Me dijo: rezaré por ti, hermanita, todos los días.

PAOLA:
Qué gracioso.

MANOLO:
No he terminado.
Rezaré por ti, todos los días, me dijo... Creo que lo vas a necesitar, ¡con el
“elemento” este que te llevas...! no sé si me dijiste “elemento” o “animal”...
(Ríen todos, menos PAOLA.)

GLORIA:
Y lo he cumplido: no he dejado de rezar por vosotros un sólo día... ¿Y qué me
encuentro ahora? ¡ una pareja tan unida y feliz! (PAOLA se atraganta y ríe a la
vez.)

PAOLA:
Habrá sido por tus rezos, Papa, porque como ves sigo siendo un buen
elemento y un perfecto animal...

GLORIA:
¿Quién no lo es, querido Paola?

23
MARINA:
Aunque lleve una corbata tan... (no encuentra la palabra...) tan... así.

MANOLO:
Paola si no lleva corbata es como si fuera desnudo. ¿No, Paola?

PAOLA:
Con le palle al vento... ¿Traduzco?

MANOLO:
No hace falta...

GLORIA:
En pelota...

PAOLA:
Picada.

MARINA:
Vaya, vaya, habrá que quitársela entonces. (Reprime una sonrisa.)

GLORIA:
Y no me llames Papa, por favor...

MANOLO:
Todavía.

PAOLA:
Perdona, perdona, es para irme acostumbrando...

GLORIA:
Y, por supuesto, os ruego una cosa más. No se os ocurra contar a nadie lo
de... lo de... (Se palpa la frente, todavía le quedan restos del maquillaje ultrasur
que MANOLO termina de limpiarle con la servilleta.) ...Bueno, ya me entendéis.

MARINA:
Absolutamente a nadie, por favor. No hemos tenido más remedio.

PAOLA:
Lo del incógnito, lo entiendo, pero ¿ por qué os habéis pegado esa paliza en
autobús?

GLORIA:
Fue idea de Marina. Yo albergaba mis dudas, ahora sé, una vez más, que me
conviene seguir siempre sus consejos. Combina la osadía de su juventud con
la sensatez y la experiencia del hombre cualificado. ¿Sabéis que ha hecho
numerosos másters en Imagen y Comunicación en Berlín, Nueva York,
Pekín...?

24
MARINA:
Simplemente intento solucionar los problemas con una buena dosis de
imaginación.

GLORIA:
Y por si fuera poco ha terminado siendo de lo más divertido, ¿eh, Marina?.

MARINA:
No podéis imaginar cómo teníamos el jardín de la curia, en Madrid. Cientos de
paparazzi. Día y noche.

PAOLA:
Normal. La fama tiene un precio.

MARINA:
Nos seguían por todas partes. Hasta se colaban en el confesionario durante la
celebración de la eucaristía para hacer fotos. Muchos de ellos llevaban de
guardia en el aeropuerto toda la semana. Venir en avión era dar la posibilidad
de convertir todo esto en un circo mediático. Imaginaos. A algunos no les cabe
en la cabeza que Gloria sólo quiere ser un fiel más, no una estrella.

PAOLA:
Al que sólo le falta hacer publicidad de la coca cola.

MARINA:
No puede dar esa imagen, no le conviene. Un futuro papa debe ser, por encima
de todo, discreto. Desde que empezaron a destacarlo como el gran favorito ha
sido todo, y perdonadme la expresión, un infierno.

PAOLA:
¿Y resultó fácil meterse en el cielo de los ultrasur?

GLORIA:
Marina todo lo hace fácil.

PAOLA:
En España siempre oía decir que Dios era el socio número uno del Madrid.

MARINA:
Dios es socio número uno de todos los clubs del mundo, Paola.

PAOLA:
Menos del Mesina.

MARINA:
No conozco ese club, pero seguro que también. Digamos que resultó todo más
fácil de lo que imaginábamos. Ha sido más de un día de viaje en autobús,
pero ha dado sus frutos: lo hemos conseguido. Y aquí estamos, cenando

25
tranquilamente en Roma, en familia: hemos permanecido invisibles durante un
día y medio.

PAOLA:
Tu primer milagro, Gloria.

GLORIA:
Casi. ¡Y me he reído tanto...!

PAOLA:
Los hinchas esos también son unos buenos “elementos”, ¿eh, cuñado?

GLORIA:
Tenías que vernos coreando todas sus consignas. (Se santigua.) ¡Qué
barbaridad!

PAOLA:
( Se levanta. Extiende sus brazos, con los dedos marcando inequívocamente la
señal de los cuernos hacia arriba y corea.) ¡Hijo de ...! (No termina la frase,
ante la mirada de MANOLO.)

GLORIA:
Y otros cánticos, peores, hijo. Si yo te contara.

PAOLA:
Por mí no te cortes.

MARINA:
Había que hacerlo.

GLORIA:
Que Dios me perdone.

MARINA:
Hemos sido la frustración de los paparazzi.

PAOLA:
No deberían ser vuestros enemigos. También son colegas vuestros. (Sonríe.)

MARINA:
¿Colegas esa chusma? Menuda pandilla de indeseables.

PAOLA:
Cumplen con su oficio. Y además son del gremio. Papa... razzi. (Ríe. Sólo le ha
hecho gracia a él.)

GLORIA:
Chistes aparte, por favor, perdonad que insista: que esto no salga de aquí.

MANOLO:

26
Por supuesto, hermanito. Nadie va a saber nunca nada.

MARINA:
La gente puede interpretar lo que no es, hay enemigos, algunos fuera, los más
dentro, que esperan cualquier desliz de Gloria para acabar con él. Hay
demasiado en juego y debemos llevar mucho cuidado.

PAOLA:
Se enteran de esto y te hunden para siempre ¿no es cierto?

MARINA:
No cabe la menor duda de que Gloria perdería todas las opciones, que -como
sabéis- son muchas...

PAOLA:
Menuda exclusiva, ¿eh?

MARINA:
¿Qué?

PAOLA:
Niente, niente... Este aguacate con gambas está cojo... divino.

( Sonido de llaves que están abriendo la puerta.)

MANOLO:
Ya está aquí la nena.

( PAOLA es la única que sigue comiendo. Los demás, hacen una pausa y se
levantan.
Entra CARLO, una joven salpicada de peircing. Viste de forma muy divertida y
algo provocadora. )

CARLO:
¡Tito Gloria!
(Va hacia su tío y le da un par de besos de lo más sonoro, ante el asombro del
resto, que no ha terminado de hacer el repaso a su peculiar indumentaria.
PAOLA ha dejado de comer.

La sorpresa de verdad, sin embargo, viene detrás. Una joven, pelo corto, con
una imagen algo más convencional que CARLO espera en el umbral del
salón.)

Perdonad. Os presento a Daniel.

(Saludan todos desde la distancia. DANIEL devuelve el saludo con cierta


timidez. Breve pausa.)

Es mi novia.

27
( A MANOLO se le cae la servilleta. OSCURO FULMINANTE.)

Y TRES.

“In varietate, voluptas”


En la variedad está el placer.
QUINTILIANO.

Transición muy breve, apenas unos segundos.


GLORIA, MARINA y MANOLO ya no están en escena.
Sentadas en el sofá, CARLO y DANIEL, muy juntas.
En el sillón de enfrente, PAOLA, que está terminando un trozo de pastel.

PAOLA:
¿De verdad que no queréis un poco?

CARLO:
No, papá, ya te he dicho que acabamos de cenar...

PAOLA:
Si fuera por el tiramisú, seguiría con tu madre...

CARLO:
Yo también...

(Llega MANOLO, desde la cocina, con una bandeja. Empieza a recoger la


mesa.
Se le ve muy enfadada, a punto de ponerse a llorar. CARLO se levanta y ayuda
a su madre. DANIEL hace el amago de levantarse para echar una mano, pero
CARLO le indica con un gesto que no lo haga.)

MANOLO:
Ahora sí que no necesito tu ayuda.

CARLO:
Pero yo quiero ayudarte.

MANOLO:
Un poco tarde, ¿no te parece?

PAOLA:
Termino y os echo una mano...

MANOLO:
El que faltaba...

28
CARLO:
Mamá, estamos en el siglo XXI.

MANOLO:
Ya lo sé.

CARLO:
¡No, no lo sabes...!

MANOLO:
Y no levantes la voz, por favor... (Vuelve a fijarse en ella, ahora en su cara.)
¡Tres!

CARLO:
¿Cómo?

MANOLO:
Cuando te fuiste sólo llevabas un peircing de esos en la nariz, qué pasa...
¿es que florecen como las margaritas...?

CARLO:
Me gustan, mamá...

MANOLO:
Qué poco femenina, por Dios...

CARLO:
Qué tendrá que ver una cosa con otra...

MANOLO:
Mira tu... Ella no lleva...

CARLO:
Es que ella es muy “femenina”...

MANOLO:
A este paso, la próxima vez que vengas llevarás una chatarrería en la cara...

CARLO:
Pffff..

MANOLO:
Tenía que ser hoy, hoy precisamente...

CARLO:
Sí, hoy. Una pura coincidencia. Si me escuchas lo entenderás.

MANOLO:
No tengo nada que escuchar. Sabías lo importante que es para mí este día.
Y para ti.

29
CARLO:
Lo sé. Y no va a pasar nada. A la única que se le ha desencajado la cara ha
sido a ti.

MANOLO:
Conozco a mi hermano. La procesión va por dentro.

PAOLA:
Pues lo disimula muy bien.

MANOLO:
¿Y qué quieres que haga, excomulgaros?

PAOLA:
Tiene madera de político. Será un buen papa. Si le dejan.

MANOLO:
No te hubiera costado venir hace una semana y contármelo todo... Claro que,
para eso, tienes que acordarte de que tienes una madre.

CARLO:
Tampoco hay mucho que contar...

MANOLO:
¿Cómo que no? O sea, que para ti... O sea... Perdona... Daniel. No tengo nada
en tu contra, perdóname. Pero es que hay cosas que... ¡Por Dios bendito!

(Sale con una bandeja. Carlo va detrás con una par de botellas vacías.)

PAOLA:
Una noche movidita... ¿Eh?

DANIEL:
Sí.

PAOLA:
Diferente.

DANIEL:
Ya lo creo.

PAOLA:
Tenía ganas de conocerte.

DANIEL:
Y yo también, Carlo no para de hablar de ti. Te adora.

30
PAOLA:
Lo sé. También yo la adoro. Una prueba de fuego ¿eh? Si pasáis ésta, ya...

DANIEL:
O nos quemamos o... nos casamos...

PAOLA:
No sé qué es peor... (Sonríe)
Se le pasará enseguida, tú tranquila.
Manolo es un pedazo de pan. Pan de pueblo, a ver si me entiendes,
tradicional como ella sola, Pero pan, al fin y al cabo. Y tú prepárate, que sepas
que Carlo es igual de cabezota que su madre, seguro que fue ella la que te
convenció para que vinieras....

DANIEL:
No.
(Pausa.)
La convencí yo.

(Vuelven MANOLO y CARLO. Continúan retirando los restos de la cena.)

CARLO:
Te juro que no hubiera venido si no fuera porque...

MANOLO:
Porque querías dar el numerito.
Siempre te ha encantado dar el numerito. Como a tu padre.
No me digas que, al menos, no podías haberme avisado...

CARLO:
Si te aviso, no estaríamos ahora aquí... ¿o no?

MANOLO:
Posiblemente.

CARLO:
Pues por eso.

MANOLO:
¿Y desde cuándo?

CARLO:
Desde cuándo qué...

MANOLO:
Desde cuándo vosotras... desde cuándo tú... yo qué sé... desde cuándo...

CARLO:
¿Desde cuándo yo? Desde siempre, mamá... me pariste así...

31
MANOLO:
Yo no te parí de ninguna manera...

CARLO:
Mamá, pero si a los diez años me dio por coleccionar pósters de Madonna...

MANOLO:
Como todas las chicas de tu edad...

CARLO:
La Madonna de mis amigas no estaba desnuda, Mamá... ¿es que no te dabas
cuenta?

MANOLO:
Yo qué sé, hija, como sois así...

CARLO:
Eso es, somos así... ¿y qué? Mira cómo con Papá no ha hecho falta tener
nunca esta conversación...

MANOLO:
Tu padre es que siempre ha sido muy listo, hija, demasiado...

PAOLA:
Su padre lo único que ha hecho ha sido vivir en este mundo y no en las alturas
celestiales...

MANOLO:
No metas a Dios en todo esto...

CARLO:
No empecéis a discutir vosotros ahora, lo que faltaba. Mamá, pensaba venir un
día con Daniel y presentártela. No nos escondemos de nadie, sólo que cuando
me llamaste para contarme lo de Gloria, pues eso... lo precipitó todo.

MANOLO:
Pues precisamente debería haberlo aplazado... ¿Por qué tenemos que meterlo
en nuestros líos? Bastante le espera al pobre.

CARLO:
Es lo que te estoy intentando decir... A Daniel le interesa mucho conocerlo...

MANOLO:
Como a todo el mundo.

CARLO:
Pero ella ha tenido la suerte de poder conocerlo. Ha sido una carambola a la
que tiene derecho ¿no lo entiendes?

MANOLO:

32
(Para un momento su actividad.)
¿Es católica, al menos?

CARLO:
Sí.
(Pausa.)
Pero muy poco.

MANOLO:
Me lo temía. ¿No será periodista?

CARLO:
No, mamá. Es estudiante. Está con una beca de investigación, nos conocimos
hace un par de meses en la Universidad.

MANOLO:
Por lo menos me entero de que sigues yendo a la universidad, algo es algo...
(Continúa recogiendo.)

CARLO:
La conocí en el bar. Desde hace seis meses no piso un Aula. No hasta que
tiren al cerdo del Decano, ya sabes... Y ahora sigo: Daniel quiere aprovechar
su estancia en Roma para terminar su tesis doctoral y tiene ni más ni menos la
oportunidad de conocer en vivo al futuro Papa... ¿No es genial? ¿lo entiendes
ahora?

MANOLO:
No termino de entender lo que tengo que entender...

CARLO:
¿Y si te digo que, precisamente, en su tesis doctoral entra Gloria...?

MANOLO:
¿Una biografía sobre mi hermano?

CARLO:
Mejor que te lo cuente Dani...

DANIEL:
Bueno, tiene que ver, pero ...
(Breve pausa.)
Verá: mi tesis se titula, es decir, se titulará cuando la termine...
Hipocresía y religión católica, abro paréntesis: análisis sociohistórico de la
doble moral ecuménica a partir del “liber pontificalis”, 537- 2005.

PAOLA:
¡Madonna!

MANOLO:
¡Caro Dio!

33
Ahora sí que no entiendo qué tiene que ver Gloria con todo eso.

DANIEL:
Eso es, precisamente, lo que me gustaría comprobar...

(Salen GLORIA y MARINA de sus respectivas habitaciones. Parece que se han


aseado un poco y se disponen a despedirse antes de irse a dormir.
Hay una breve pausa. Sonrisas nerviosas. Nadie sabe qué decir.)

GLORIA:
Me hubiera... nos hubiera gustado quedarnos con vosotros un poco más,
pero... mañana nos espera un buen día... y el de hoy también ha sido, bueno,
os lo imagináis...

MANOLO:
Claro, Gloria. Debéis de estar agotados...

GLORIA:
Qué pena que el reloj sea así de injusto, hermanita, tenía tantas ganas de que
me contaras cosas y charlar como hace años, ¿te acuerdas?...

MANOLO:
¿No me voy a acordar? De todas formas, como vas a estar cerca, te haré una
visita de vez en cuando... (Sonríe.) Espero que me dejen pasar...

MARINA:
Gracias por cederme tu habitación, Carlo.

CARLO:
Ah, vale.

MARINA:
¿Seguro que tenéis donde dormir?

CARLO:
Seguro.

PAOLA:
La caseta del perro es comodísima. (Ríe.)

MARINA:
El póster de Caravaggio, impresionante...

CARLO:
¿Cómo?

MANOLO:
Rezaré por ti, hermanito. Y porque el Espíritu Santo te elija.

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GLORIA:
Como decís aquí, “qui sará, sará”. Yo también rezaré por ti, Manolo, y por todos
vosotros, naturalmente...
(Pausa.)

DANIEL:
¿Rezará por los enfermos también?

GLORIA:
Por supuesto... (No recuerda su nombre.)

CARLO:
Daniel...

GLORIA:
Por supuesto, Daniel, pero gracias a Dios os encuentro a todos muy sanos...

DANIEL:
Depende de cómo se mire, Gloria.

GLORIA:
No te entiendo, joven.

DANIEL:
Para algunos colegas suyos, por ejemplo, Carlo y yo estamos enfermas...

GLORIA:
¿Y eso?

DANIEL:
Nos amamos. Contra natura, dicen. Sin ir más lejos, su antecesor era uno de
los que con más firmeza sentenciaba el diagnóstico. Enfermos. Parece ser que
con cura, con curación, quiero decir, pero enfermos.
O, lo que es peor, “desviados”. Vamos, de psiquiátrico.

MANOLO:
Por favor, Carlo, te lo ruego, si tu amiga ha venido a insultarnos...

CARLO:
No es mi amiga, mamá.

MANOLO:
¿Ah, no? Acabas de decir que...

CARLO:
Es mi novia. ¡Mi novia! Una palabra preciosa. Y que yo sepa no está insultando
a nadie. En todo caso son otros los que nos insultan.

MARINA:
Gloria no ha insultado a nadie.

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MANOLO:
Y a mí me estáis insultando, me estáis insultando vosotras dos porque estáis
faltándole al respeto a alguien que, en pocos días, puede subir a lo más alto de
la Iglesia.

DANIEL:
Entonces no le importará quedarse un ratito en lo más bajo. ¿O es que tiene
miedo?

MARINA:
Los que aman a Dios no tienen miedo de nada.

DANIEL:
Los que aman, aunque no sea a Dios, tampoco.

MANOLO:
Esto me resulta muy violento, pero que muy violento. Paola, por favor, ¿serías
tan amable por una vez de ponerte en tu lugar y decirles algo...?

PAOLA:
Está bien. (Liberándose, al fin, de la corbata)
¿A quién le apetece una copa de Fray Angéllico?

GLORIA:
( Va hacia MANOLO, la besa fraternalmente.) No te preocupes, hermanita,
estoy más acostumbrado a todo esto de lo que crees; si no, no estaría donde
estoy. La cena estaba riquísima... No te extrañe que me escape de vez en
cuando y volvamos a cenar juntos... No hay Papa que se resista a tu tortilla de
patatas.

DANIEL:
Treinta minutos.

GLORIA:
¿Cómo?

DANIEL:
Concédanos treinta minutos antes de irse a dormir... No le pido más.

MARINA:
Jovencita, ¿te puedes imaginar lo que mañana le espera a Monseñor?

DANIEL:
Nada que treinta minutos de charla vaya a desbaratar.

MARINA:
Perdona, Carlo, pero no sé lo que se ha creído tu amiga...

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CARLO:
Novia...

MARINA:
Lo que sea.

CARLO:
No, lo que sea no, mi novia, la mujer que amo, la mujer con la que quiero vivir
el resto de mis días... ¿es suficiente? Tu nuera, mamá, tu nuera...

MANOLO:
¡Dios del amor hermoso!

CARLO:
Ése, mamá, ése. (Hace un gesto, como reclamando la atención de todos.)
¡Un momento, sólo será un momento! ¡Atención!. No os podéis imaginar lo que
significa para mí este momento. Siempre he soñado con poder pasar por algo
parecido. Por favor, fijaos. Dani, cariño, bésame.
(DANIEL la besa con delicadeza en los labios, todos –menos PAOLA- apartan
la vista, disimuladamente.)
No vale. Habéis apartado la vista... Hay que repetir la jugada.

MANOLO:
¡Ya está bien!

CARLO:
Hasta que no nos miréis de verdad, vamos a estar besándonos... (DANIEL va a
besar de nuevo a CARLO.)

MARINA:
(Haciendo el ademán de retirarse e indicando a GLORIA que también lo haga.)
Buenas noches.

DANIEL:
¡Tienen miedo!

MARINA:
Miedo de qué, jovencita.

DANIEL:
Miedo de ver cómo dos mujeres se aman y se besan. Miedo de ver algo que
ahora está pasando en miles de hogares en todo el mundo... Millones de
enfermos. Ahora simplemente apartáis la vista, os “molesta”. Hasta hace no
mucho nos quemaban. Atrévanse a mirar, vamos. Miren. (La besa. Consigue
que ahora fijen la mirada de verdad.)
¿De verdad piensa el futuro Papa que Carlo y yo estamos enfermas?

GLORIA:
Desde luego no es algo que se pueda responder en un minuto.

37
¿Alguna pregunta más?

DANIEL:
Me temo que demasiadas, monseñor...

MARINA:
Y yo me temo que monseñor no tenga tiempo para contestarlas. Por lo menos,
ahora.

GLORIA:
Buenas noches.
(Le manda un último beso, con una sonrisa –la que nunca ha perdido- a su
hermana. Hacen el ademán de retirarse, junto a MARINA, cada uno a su
habitación.)

PAOLA:
Una cosa, cuñado. Si el Espíritu Santo es el que va a iluminar a cada uno de
los cardenales para que no se equivoquen a la hora de elegir, aclárame una
duda, por favor, antes de irte a la cama...

MANOLO:
Eso te digo yo, “por favor”, Paola...

PAOLA:
¿Por qué los cardenales no se ponen de acuerdo desde el principio? Capisci?
¿Qué pasa, que el Espíritu Santo le sopla a un cardenal un nombre y a otro
otro? ¿O es que al final el Espíritu Santo va a resultar ser un cachondo de tres
pares de narices? ¿O va a ser que hay algún cardenal más sordo que una
tapia?

(GLORIA y MARINA se dirigen definitivamente hacia sus dormitorios y cierran


la puerta tras ellos. Primero GLORIA, suavemente. Después, MARINA, de un
portazo.)

MANOLO:
(Muy enfadada, haciendo ademán de retirarse también.) Hay asuntos, muy
serios, que no pueden tomarse a broma.

PAOLA:
Perdona, pero yo hablaba muy en serio...

MANOLO:
Enhorabuena. Y gracias por darme la noche.

CARLO:
¿Dónde vas?

MANOLO:

38
Lo siento, nena, pero necesito salir de aquí y dormir un poco... (Va hacia su
habitación.)

PAOLA:
Te recuerdo que tenemos “okupas...”
(Se detiene.)
Y a ti te tocaba el sofá...
(El sofá, lógicamente, está ocupado.)

MANOLO:
Prefiero la cocina. Allí podré llorar en paz.
(Sale hacia la cocina. Cierra la puerta de un sonoro portazo. CARLO va tras
ella.
Pausa.
Se han quedado solos PAOLA y DANIEL.)

PAOLA:
Me he pasado un poco...

DANIEL:
Qué va.
(Pausa.)
¿Y yo?

PAOLA:
Para nada.
(Pausa.)
Es curioso...

DANIEL:
Qué.

PAOLA:
El humor. (Se levanta. Sirve un par de copas de licor. Le ofrece una a Daniel.)
El sentido del humor. Las bromas...
No sé si creo en Dios. Nunca lo he sabido. Desde que era un chaval. ¿Sabes?
Un día, me planto delante de mi padre y le digo, le digo, tenía yo seis o siete
años... papá creo que soy “agnóstico”... Imagínate la cara de mi padre.
Después le miré fijamente y añadí: papá, ¿qué, hijo?, ¿te puedo hacer una
pregunta?, pues claro... ¿qué es ser “agnóstico”? (Sonríen los dos.)
No hice la primera comunión. En casa se ahorraron el convite y a cambio mi
padre me llevó a ver a La Juve. Y desde entonces siempre he arrastrado mis
dudas. Después me voy de vacaciones a Madrid, conozco a Manolo, que era
toda una belleza, y que como ves rezuma santidad, ella y toda su familia, y voy
y ¡me caso con ella!¡Loco amore! Yo me había enamorado pero no me quería
casar, al menos no por la Iglesia. Ella sí, entre otras cosas porque, una noche
loca la emborraché, o se hizo la borracha, me la llevé a la cama y –como suele
pasar en todas estas devotas- polvo igual a embarazo. Y así inventamos a tu
Carlo. Bueno, hasta que aguantamos hemos sido muy felices. Ella, siempre

39
con Dios a cuestas, respetando mis dudas. No creo en Dios, me repito una y
mil veces, gracias a Dios. Soy así de contradictorio. Agnóstico sin tener cerca
ya a mi padre para que me explique por fin qué coño significa de verdad esa
palabra. Pero creo en Marx, por ejemplo. O al menos creía. Para mí llegó a ser
mi Dios particular y El Capital mi Biblia. Y Trosky mi mártir y... ¿y sabes lo que
realmente me jodía de verdad?

DANIEL:
No.

PAOLA:
La injusticia de las bromas. Es decir, Manolo y los suyos, por ejemplo, cuando
teníamos una cena con amigos, se hinchaban a hacer chistes sobre el
comunismo, Rusia y Marx y, bueno, lo poco más a lo que llegaban. Se reían. Y
yo con ellos. Ahora bien, si se me ocurría a mí gastar una media broma que
tocara a Dios, al papa o a... lo que fuera. Un chiste de verdad, en los que
hablara, pongamos por caso, de las acciones del Banco Vaticano en
anticonceptivos..., vamos, de esos con mala baba, ya me entiendes. No veas
las caras que me ponían, sobre todo la de Manolo. El humor tiene sus límites.
Y eso me ha jodido siempre un montón. Lo de ellos es sagrado, intocable, y
pertenece a lo más profundo del alma. Hay que respetarlo. Lo mío, como al
parecer pertenece a lo terrenal, puede ser siempre motivo de cachondeo. Mi
hai capito?

DANIEL:
Creo que sí.
(Pausa.)

PAOLA:
¿Y la tesis, cómo la llevas?

DANIEL.
Bien, bien.
(Pausa.)
Parece un buen tío.
(Mira hacia la puerta de GLORIA.)

PAOLA:
Sí.
(Pausa.)
Demasiado.

(Se abre la puerta de la habitación de GLORIA y sale éste, en pijama. Es un


pijama adusto, muy clásico.)

GLORIA:
¿Dónde está esa copa, Paola? Creo que voy a necesitar la inspiración de Fray
Angéllico.

PAOLA: (Levantándose a por otra copa.)

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¡Será un honor, monseñor! ¡Es como volver a tener la fiesta del pijama, pero
con un cura que además de ser cardenal puede ser papa! Como dicen por su
tierra y que viene al dedillo y perdona: ¡anda la hostia!

GLORIA: (Se sienta en uno de los sillones.)


No me cabía el batín en la mochila, así que aquí me tienes, jovencita: en
cuerpo y alma. Todo lo desnudo que puede presentarse un cardenal.

DANIEL:
Llámeme Daniel.

GLORIA: (Con la copa que le ha ofrecido PAOLA)


De acuerdo. Y tú me tuteas. Lo hará todo más fácil.

PAOLA:
¿Y el guardaespaldas, no juega?

DANIEL:
(Sonriendo.) ¿Marina? Es joven. Todavía tiene el sueño fácil.¡Salud, Daniel!
(Brindan los tres.)

DANIEL:
Salud, Gloria. Por la justicia.

PAOLA:
Por el sentido del humor.

GLORIA:
Y por el sentido del amor.

PAOLA:
Y por el Espíritu Santo, que no se equivoque y diga tu nombre, bien claro a
todos, incluidos los sordos.

GLORIA:
Aunque eso signifique que no aciertes la quiniela.

PAOLA:
Ya me compensarás de alguna manera.
(Beben.)

DANIEL:
¿Por qué?

GLORIA:
Para ser tu primera pregunta es algo ambigua ¿no crees?

DANIEL:
Por qué has decidido volver y... dar la cara, aunque no te vaya a resultar nada
cómodo...

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GLORIA:
En pijama todo se hace más llevadero. Hasta los interrogatorios.

DANIEL:
Me interesa cambiar impresiones contigo, no interrogarte.

GLORIA:
Era una broma. La verdad es que no me podía dormir. Y creo que serás un
buen aperitivo para lo que me espera mañana. Treinta minutos. ¿Por dónde
empezamos?

DANIEL:
No sé.

GLORIA:
Empieza hablándome de esa tesis, por ejemplo. Parece interesante.

PAOLA:
¿Verdad?

DANIEL:
Lo es, sólo que tengo la impresión de que me acaba de tocar la lotería y no sé
cómo hay que cobrarla. No sé si me explico. Como el que está haciendo un
estudio sobre la relatividad y se le aparece de repente, desde el más allá,
Einstein.

(Sale de la cocina MANOLO, secándose las lágrima con un pañuelo. Tras ella,
CARLO.)

PAOLA:
En vez de Einstein aquí tienes, desde el más acá, a ¡La Verónica!

MANOLO:
¡Gloria! ¿Pasa algo?

GLORIA:
No, nada.

MANOLO:
¿Te encuentras bien?

GLORIA:
Perfectamente, hermanita, ya ves, aquí, tomando una copa con los amigos.

MANOLO:
Pero es que tendrías que descansar...

GLORIA:

42
Descuida, este licor me ayudará a coger el sueño. Últimamente no duermo
demasiado bien.

MANOLO:
Tú verás. Con tu permiso voy a terminar de quitar la mesa. Quiero dejarlo todo
preparado para el desayuno de mañana.

PAOLA:
¿Te ayudamos?

MANOLO:
Ya me habéis ayudado bastante. Vosotros a lo vuestro.

PAOLA:
¿Te hace una copita?
(MANOLO le fulmina con la mirada y sigue recogiendo la mesa, CARLO le
ayuda.)

GLORIA:
Dime la verdad, ¿te interesa hablar conmigo únicamente por motivos
académicos o por el morbo de poner a alguien como yo entre la espada y la
pared?

DANIEL:
En la tesis incluyo un apéndice de entrevistas personales que he mantenido
con gente muy diversa. Veamos: desde un arzobispo integrista convencido de
que el Sida nos lo envía directamente Dios, como hizo con las plagas de
Egipto, hasta un teólogo de la liberación, un misionero jesuita que ha montado
una escuela de rock para delincuentes en los suburbios de Perú, no sé... o un
párroco manchego que regenta un club nocturno con inmigrantes ucranianas,
o... ¿qué más?... o... ¡ah, sí, se me olvida la más interesante: una monja de
clausura! Una mujer increíble... Tengo ya recopiladas unas veinte
conversaciones. Y la tuya, pues imagínate... sería una broche de oro...

PAOLA:
Si no te dan matrícula de honor Gloria excomulga al tribunal... (Sonríe.)

DANIEL:
La nota es lo de menos. El estudio está resultando de lo más jugoso. Llevo
cerca de cuatrocientas páginas. Es como si jugara a ser un detective: por una
lado he estado investigando las pistas del discurso digamos “oficial” de la
iglesia, a lo largo de quince siglos, y por otra, el comportamiento de los
sucesores de San Pedro, siguiendo la máxima de...

GLORIA:
Por sus obras los conoceréis.

DANIEL:

43
Exacto. La esencia del evangelio, ¿no es así?

GLORIA:
El evangelio tiene muchas esencias, pero, sin duda, ésa es una de las más
importantes. “Somos los que hacemos...”

PAOLA:
O, como dice el cura de mi pueblo, “se predica con el ejemplo”. Ataca, que
como sigáis así el que se va a ir a dormir seré yo...

GLORIA:
Estoy preparado, ataca.

MANOLO:
Eres un santo, hermano. No sé merecen tu generosidad y, la verdad, no sé qué
necesidad tienes de aguantarlos.

GLORIA:
Tranquila, Manolo, tienen las uñas menos afiladas de lo que parece. Pero
primero quiero situarme... cuéntame...

PAOLA:
El tiempo vuela.

GLORIA:
No te preocupes, mientras ella habla paro el cronómetro...

CARLO:
Sor Esperanza. Empieza por ella. Es mi favorita, una historia acojonante.

MANOLO:
¡Ala, otra con lengua de terciopelo! ¡Quien no se parece a su padre...!

PAOLA:
Las monjas es que dan mucho juego...

GLORIA:
Para romper el hielo os diré que en el s. XI había un dicho muy famoso que
ponían en boca de los monjes castellanos, muy aficionados a hacer su parada
nocturna en algún convento cuando se encontraban de viaje...
¿Lo sabes? “Morada en convento...

DANIEL:
Comida, cama y monja con contento...”

MANOLO:
Qué desfachatez.

GLORIA:
(Sonríe.) No hay que darle más importancia... Eran otros tiempos.

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PAOLA:
Sei sicuro?

GLORIA:
Ahora vamos a hoteles. Venga, háblame de tu monja.

DANIEL:
Sor Esperanza va a cumplir ochenta años y es la monja de clausura a la que
me refería antes. Cuando a los cinco o seis años le preguntaban: ¿y tú qué
quieres ser de mayor? ¿Sabes lo que contestaba?...

PAOLA:
¡Futbolista!

DANIEL:
No. ¡Papa!, o , desde su ingenuidad decía... ¡Papa no...! ¡Mama!

GLORIA:
Será Papisa.

DANIEL:
No. Ella iba más allá en su inocencia. Quería ser “mama”. A partir de ella
también podría haber “mamas”.
Pero, bueno, aquello no dejaba de ser un sueño infantil, la vida le mostró
enseguida la pura realidad.
Ni mama ni papa... ¿por qué?

PAOLA:
Porque en vez de una pililita Dios le había regalado una rajita...

MANOLO:
A grosero no te gana nadie, hijo...
(Vuelve a la cocina con más platos y copas.)

PAOLA:
Con lo fino que he sido...

DANIEL:
El caso es que Sor Esperanza se quedó huérfana cuando todavía era una niña
y como ya le habían dicho que se olvidara de ser “Mama”, decidió perseguir su
sueño por otro camino. Lo primero que hizo fue irse del pueblo y se hizo pasar
por un muchacho. Entró en el seminario haciéndose llamar Maria José. Y llegó
a ser, durante algunos años, un seminarista brillante, el primero de su
promoción, apuntando a lo más alto, el mejor expediente de toda España. En el
mismo Vaticano le seguían los pasos. Hasta que el pecho le creció más de la
cuenta. Cuando ya no hubo más remedio y se destapó todo...

PAOLA:

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O no había forma de taparlo...

DANIEL:
...y no tuvo más remedio que, tras pedir perdón y pactar evitar el escándalo,
pasar del seminario... al convento... donde todavía hoy sigue soñando y
encerró para siempre sus ilusiones.
(Pausa.)
¿Y sabes una cosa? Quien habla con ella se convence de que aquella mujer, si
no hubiera tenido ese par de...

PAOLA:
di meloni.

DANIEL:
Hubiera podido llegar a ser papa.

CARLO:
Como la papisa Juana...

GLORIA:
La papisa Juana sólo es una leyenda.

DANIEL:
Pero Sor Esperanza no. Ella, Gloria, me interesa no sólo por su testimonio. Es
una metáfora. La metáfora de una gran contradicción... Una mujer con talento,
con preparación, con ambiciones... y, sin embargo, sólo una mujer...
Pero para la Iglesia católica ¿qué es una mujer?

PAOLA:
Mamma mia, la prima... en la frente!

GLORIA:
¿Qué es una mujer...? Lo más grande.

CARLO:
Te recuerdo, querido tío, que según la Constitución italiana, española,
europea, la china, la... la declaración de los derechos humanos y bla, bla, bla...
el hombre y la mujer somos iguales...

DANIEL:
Entonces por qué una persona...

PAOLA:
Por tener rajita...

DANIEL:
Para la Iglesia católica...

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GLORIA:
Como para la inmensa mayoría de las iglesias...

DANIEL:
No tiene acceso a los mismos puestos que un hombre...

PAOLA:
No hace falta ser cardenal para contestar a esa pregunta...

CARLO:
Para la Iglesia católica la mujer es un cero a la izquierda.

GLORIA:
Te equivocas. No es ningún cero a la izquierda. Tiene su sitio. Y mucho más
importante de lo que creéis.

CARLO:
Importantísimo. No sólo no puede llegar a ser Papa, sino que ni siquiera le
dejan ser sacerdote... ¡Por favor!

PAOLA:
Es como si en mi empresa, por ejemplo, la mujer que entrara a trabajar pudiese
aspirar, como mucho, a ser... secretaria... Lo cual, bien pensado, también tiene
algunas ventajas y, por ejemplo, no tendría que estar aguantando ahora a la
gilipollas de mi jefa...

CARLO:
¡Papá!

PAOLA:
¡Era una broma! Bueno, media.

CARLO:
¿Cómo puede hablar de justicia para todos una institución que empieza
discriminando de esa manera a la mujer?

DANIEL:
(PAOLA va a volver a hablar, Daniel le interrumpe.)
Me interesa el testimonio de Gloria.
(Pausa. Todos lo miran expectantes.)

GLORIA:
¿Puedo hacerle yo una pregunta muy importante a Paola?

PAOLA:
Tú no te cortes.

GLORIA:

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¿Queda Fray Angéllico?
(Ríen el buen humor de Gloria.)

PAOLA:
Certo. (Le sirve.)

GLORIA:
Os responderé luego, pero vaya por delante que no se es más importante por
estar más arriba. Cristo nunca lo estuvo y es lo más importante. Es un error
presuponer que tiene menos responsabilidad la hermana que está cuidando a
los enfermos que el cardenal que interviene en la redacción de una encíclica.

DANIEL:
Por esa misma razón, a Sor Esperanza no le importaría que un cardenal, por
ejemplo...

PAOLA:
Limpiara el culo a los leprosos de Bombay...

DANIEL:
Pero el caso es que a ella, por ser mujer, no le dan ninguna opción, ni siquiera
para celebrar misa... A partir de mañana os reuniréis para elegir Papa.
¿Cuántos? Ciento treinta y cinco hombres, ninguna mujer... Imaginemos que yo
tengo una hija... (Reaparece MANOLO, que está pendiente de la conversación,
aunque siga recogiendo la mesa.)

MANOLO:
Como no te fecunde el Espíritu Santo...

CARLO:
Ya no hace falta ese tipo de milagros.

PAOLA:
Ahora el espíritu santo se llama Fecundatio in Vitro.
¿Qué te crees, que San José no lo sabía?

MANOLO:
Qué barbaridad. Perdónale, Gloria, por favor...

DANIEL:
Sigo: mi hija, pongamos por caso, ha cumplido ya siete años y quiere tomar la
primera comunión. ¿Cómo le voy a explicar yo que para la Iglesia Católica tiene
los mismos derechos que un hombre?

GLORIA:
La Iglesia es el resultado de un proceso. Se transforma, con lentitud, pero se
transforma. No estamos en el mismo punto ahora que hace cien años...

PAOLA:
Ja.

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DANIEL:
Me interesa su opinión.

GLORIA:
La opinión de Gloria Rovira no sirve para nada.

DANIEL:
Para mi tesis sí. Aunque me perdonarás si te digo que tiene la misma
importancia que la del resto de los entrevistados. Todos comentáis los mismos
temas y vuestros comentarios tienen el mismo tratamiento...

GLORIA:
Me parece estupendo. ¿Ves lo que te decía? Igual peso tienen mis palabras
que las de Sor Esperanza.

DANIEL:
Es que yo no soy la Iglesia Católica.

GLORIA:
Si te parece, prefiero que termines de plantear todas las preguntas, una por
una, y al finalizar intentaré explicarme lo mejor que pueda y que Dios me eche
una mano. De todas formas, Daniel, te repito que no dejarán de ser las
opiniones de un hombre que puede equivocarse...

DANIEL:
Y que está muy cerca de colocarse la tiara de San Pedro.

GLORIA:
O muy lejos, depende de cómo se mire...

DANIEL:
Hay demasiados temas, pero ya puestos, uno de los puntos que recojo por
supuesto es la infalibilidad del papa, algo que como sabes se sacó de la manga
Pío Nono a cambio de renunciar a su ejércitos. O sea: esta noche puedes
meter la pata diciendo lo que no tenías que decir... pero, en el caso de que
dentro de...¿un mes? seas el pontífice...

MANOLO:
Quince días...

DANIEL:
Lo que digas...

GLORIA:
En materia de fe...

DANIEL:
No admite error...

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Pero lo más sangrantes es que Pío Nono, después de las barbaridades que
cometió, está en proceso de beatificación.

PAOLA:
Si fuera del Opus ya sería santo. Han inventado la Beatificación Exprés. ¿Eh,
Manolo?

MANOLO:
Por muchos que lo intentéis nunca podréis con mi hermano. Es demasiado
para vosotros.

DANIEL:
Perdona, Manolo, sólo quiero que dé su opinión. Nuestras opiniones sí que no
tienen ninguna importancia.

MANOLO:
Sobre todo la de Paola, menudo ateo...

PAOLA:
Agnóstico.

MANOLO:
Agnóstico, no, hijo mío, imbécil. Y perdona, Gloria. Es que me saca de quicio...

PAOLA:
¿No es lo que quería tu hermano? ¿Recuperar el sentido de la familia? ¡pues,
ecco ci qua, toma, familia!

DANIEL:
Los “suicidios”, entre comillas de Sindona y Calvi, banqueros tan cercanos al
Papa de turno; las oscuras maniobras del Banco Ambrosiano, el exilio del
Arzobispo Marcinkus, sus paraísos fiscales “terrenales” y los oscuros
negocios armamentísticos del Vaticano, su relación con la mafia y las logias
masónicas, los veinte mil kilos de oro depositado en el Banco de la Reserva
Federal de los Estados Unidos, los...

GLORIA:
¿Puedo contarte una historia?

DANIEL:
Adelante.

GLORIA:
Es la historia de Pietro Angeleri, al que las circunstancias terminaron llevándole
hasta el trono de la Iglesia como el Papa Celestino V.
Cuentan que érase que se era un humilde anacoreta, al que nunca se le había
pasado por la cabeza ser papa y que, mirad por dónde, tras extrañas
coincidencia, terminó siéndolo.

50
Y cuentan asimismo que Celestino V añoraba la felicidad de su vida retirada y
oía cada noche la voz de Dios que le decía:
(Como si estuviera contando un cuento.)
“Abdiiiica, renuncia a tu cargo... escucha la voz de Diooooos, yo te lo
pidooooo.”
Eso una y otra vez, como la peor de las pesadillas. Hasta que al final no pudo
más, reunió el buen Papa a sus cardenales y les transmitió el deseo divino, por
el que no tenía más remedio que abandonar. La mayoría de los cardenales se
resistieron a aceptar la renuncia, sin embargo hubo uno, Benedetto Caetanni,
que convenció a los demás para que acataran la revelación divina.
Curiosamente se eligió nuevo papa al tal Benedetto, que pasó a llamarse
Bonifacio VIII.
Con el tiempo se supo que fue precisamente éste quien había ingeniado un
artilugio, una especie de telefonillo con salida a la alcoba papal, a través del
cual, con voz engolada pedía en nombre de Dioooooos : “abdica, renuncia a tu
cargooooo.”
Todo esto, aunque pueda parecer que no, viene a cuento...

DANIEL:
De qué...

GLORIA:
La historia de la Iglesia está saturada de cuentos como éste. Si tenemos que
hacer caso a todo lo que se cuenta...

DANIEL:
¿Me estás diciendo que los papas asesinos son también un cuento...?

MANOLO:
Por favor, Gloria, te pido que pongas fin a estar sarta de calumnias...

DANIEL:
( Hablando a gran velocidad...) Benedicto XI se sentó en la silla de San Pedro
con sólo once años. Un cronista de la época lo llamó “un demonio disfrazado
de clérigo”. Urbano VI mandó arrojar a una cisterna a seis cardenales y
cuentan que se partía de risa viendo cómo arrojaban desde el techo al cardenal
Sangro. A Bonifacio VIII lo apodaba Dante “la bestia negra”, arrasó la ciudad de
Colonia y después acabó con las vida de seis mil campesinos. Clemente VI
disfrutaba contemplando cómo se retorcían las víctimas torturadas de la “Santa
Inquisición”...¿Sigo?

PAOLA:
Bebe, hija, que te vas a atragantar...

GLORIA:
No hace falta, sigo yo. Inocencio VIII, el que decretó la expulsión de los judíos
en España, ya moribundo, ordenó que se hiciera desangrar a tres jóvenes para
poder recibir una transfusión de su sangre. Los jóvenes murieron pero su
sacrificio fue inútil porque el pontífice falleció también...

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PAOLA:
Normale, per capullo.

GLORIA:
Esas historias son parte de la leyenda negra que la Iglesia, como todas las
grandes instituciones, tiene. La parte de verdad que haya en ella, eso es otra
cosa... Yo no digo que no la haya, pero, sinceramente, es poco fiable... y no
merece la pena detenerse en ella.

DANIEL:
Lo que sucede es que la Iglesia, tradicionalmente ha preferido mirar hacia otra
parte... O guardar silencio. La verdad se corrompe o con la mentira o con el
silencio...

PAOLA:
Brava. Muy bien dicho.

DANIEL:
Felicita a Cicerón.
Silencio. Como lo hizo con Galileo, con Bruno, con Alejandro Borgia, con los
hijos de los Papas, algunos de los cuales llegaron a ser ellos mismos Papas
que tuvieron hijos que fueron Papas .. ¿Sigo?

GLORIA:
Modestamente, todo eso ya me lo sé. Y pertenece al pasado.

DANIEL:
Ahora hay miles de niños infectados por el Sida porque sus padres, siguiendo
las recomendaciones de la Santa Madre Iglesia...

PAOLA:
¿Scoparon sin gomita?

DANIEL:
Sólo quiero saber qué piensa de todo esto alguien que, como tú, mañana
puede regir los destinos de la Iglesia...

(Pausa larga. Todos, expectantes, incluso MANOLO, dirigen su mirada hacia


GLORIA. Éste apura un último trago.)

GLORIA:
Está bien... Te lo diré.
¿No vas a tomar apuntes?

DANIEL:
No hace falta.

CARLO:

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Mi Dani tiene una cabeza que es una máquina...

MANOLO:
Lo que tiene una que oír.

GLORIA:
Pues bien, yo creo que...

(En ese momento se abre sigilosamente la puerta del dormitorio de MARINA y


sale ésta,, quien parece haber estado escuchando la conversación.
Nadie se percata de su presencia, en un principio.)

MARINA:
Por sus obras los conoceréis... ¿No habéis empezado por ahí?

PAOLA:
¡Coño, el Espíritu Santo...!

MARINA:
Ni mucho menos. Sólo el humilde ayudante de un hombre que está llamado a
llevar el rumbo de nuestro barco...

PAOLA:
Lo malo es que todavía queda mucho pirata suelto por ahí...

MARINA:
Sabrá vencerlos, confiad en él...
Monseñor, necesitas descansar...

GLORIA:
Me temo que sí. Perdonad.
(Se levanta con una sonrisa.)
Me encantará leer esa tesis, Daniel...

DANIEL:
Pero...

MARINA:
Te ha dicho más de lo que debiera. El resto lo irán diciendo sus obras cuando
sea designado Sumo Pontífice. Estoy seguro de que a más de uno le va a
sorprender ...

GLORIA:
Me temo que cantáis victoria antes de tiempo...

MARINA:
Buenas noches...
(Le abre la puerta a GLORIA, quien , antes de salir, dirige su mirada hacia
PAOLA...)

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GLORIA:
¿Puedo hacerte una pregunta de despedida, Paola...?

PAOLA:
Faltaría más, cuñado. Me caes demasiado bien para ser alguien que puede
llegar a Papa...

MANOLO:
Pues no se ha notado...

GLORIA:
Tu quiniela...

PAOLA:
¿Cómo?

GLORIA:
¿Por quién has apostado?

PAOLA:
¿Por quién?

GLORIA:
¿Te importa decírmelo?

PAOLA:
Assolutamente no. Total, nunca acierto...
(Pausa.)

Aposté por...
(Pausa.)

...el alemán.

(GLORIA sonríe y entra en su habitación.


MARINA se retira también y vuelve a cerrar con un sonoro portazo que
coincide con el
OSCURO FINAL,
FULMINANTE.)

Junio-septiembre 2005

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