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NEÓN

POEMAS SIN LÍMITES DE VELOCIDAD

ANTOLOGÍA POÉTICA 1990 2002

LÍMITES DE VELOCIDAD ANTOLOGÍA POÉTICA 1990 – 2002 Leo Zelada - Héctor Ñaupari Compiladores Ediciones Lord

Leo Zelada

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Héctor Ñaupari

Compiladores

Ediciones Lord Byron, 2002

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A Carlos Oliva y Juan Vega

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INDICE

INTRODUCCIÓN. Neón o la generación de un nuevo siglo:

reinvención de la tradición y recreación de la post - modernidad, por Leo Zelada y Héctor Ñaupari

Harold Alva

José Calderón

Luis Espejo

Mesías Evangelista

Paolo De Lima

Miguel Ildefonso

Héctor Ñaupari

Carlos Oliva

Roberto Salazar

Juan Vega

Leo Zelada

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INTRODUCCIÓN

Neón o la Generación del Nuevo Siglo:

Reinvención de la tradición y recreación de la post modernidad

“He visto las mejores mentes de mi generación, ”

muriendo de hambre histéricas desnudas

Allen Ginsberg, Howl and other poems.

Hablar sobre la poesía peruana es evocar y establecerse fervorosamente en una de las tradiciones poéticas más importantes de América Latina. Desde Martín Adán hasta Antonio Cisneros, desde César Vallejo hasta José Watanabe, desde José María Eguren hasta Enrique Verástegui algunos de sus más conspicuos representantes la poesía peruana ha sido y es rica, profunda y singular en el concierto poético americano: una sinfonía de espléndida belleza, que si alguna característica común ha tenido, en la diversidad de sus temas y técnicas, ha sido siempre la de superar sus fronteras, aspirar a ser universal.

La historia poética del Perú en el siglo XX ha sido una sucesión permanente, casi obsesiva, de alcanzar las propuestas estéticas más renovadoras. La primera de ellas a inicios del pasado siglo fue la experiencia iconoclasta del grupo Colónida. A primera vista diletante, mas si es mirado con profundidad de una gran contenido, por su plasticidad y rigurosidad, el movimiento creado por la inspiración de Abraham Valdelomar sería determinante para el proceso de consolidación de una tradición poética moderna en el Perú, ya que sus postulados y manifestaciones artísticas influirían en la posterior obra de los fundadores de la poesía contemporánea en el Perú :

César Vallejo, José María Eguren y Martín Adán.

Hacia la primera mitad del siglo XX aparecen poetas con novedosas propuestas personales, como Emilio Adolfo Westphalen, Carlos Oquendo de Amat, César Moro, Carlos Germán Belli, entre otros, que fueron influenciados decisivamente por las corrientes de la vanguardia europea, en especial la del surrealismo. A ellos siguieron Blanca Varela, Javier Sologuren y, sobre todo, la portentosa y singular obra de Jorge Eduardo Eielson, artista múltiple y en permanente evolución y búsqueda.

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Luego, a partir de los años cincuenta, tanto críticos como creadores han aceptado a su pesar y con reticencias involucrarse metodológicamente en ―generaciones‖, que cada diez años pretendían renovar la sinfonía del parnaso peruano con una nueva pléyade de jóvenes poetas. En realidad, más allá de una simple relación cronológica de publicación o de edad, estas ―promociones poéticas‖ no representaban en su mayoría una verdadera ―generación‖, definiendo a ésta como portadora de un cambio de espíritu civilizatorio, que en la forma y el fondo rompiera con los cánones estéticos de su entorno. Por supuesto, hubo importantes y destacadas excepciones.

En ese orden de ideas, en los años sesenta es distinguible la obra de Antonio Cisneros. Cisneros, influido por la poesía inglesa, renovó la estructura y el contenido del poema al introducir elementos de su tiempo, y el baremo de la coloquialidad: sus poemas hierven de vitalidad e ironía, algo nunca antes visto en la literatura peruana, y cuya influencia se deja sentir hasta el día de hoy. Destaca también, como contrapuesta, la bella poesía hermética de Juan Ojeda. En los setenta un esfuerzo creativo notable es el de José Watanabe y Enrique Verástegui, así como la aparición del movimiento literario ―Hora Zero‖. Verástegui toma de la generación beat norteamericana su estilo coloquial narrativo, sublimándolo líricamente a su original y contundente propuesta de poética integral, motivada por la ética del erotismo y el enfrentamiento con la urbe. Watanabe, lírico a la vez que riguroso, hace de sus poemas siguiendo la tradición japonesa del haiku un trabajo de orfebrería fina, perfecta y minuciosa, a la vez que profunda y meridiana.

Así llegamos a la generación poética de los noventa. Década terminal, que observa con asombro la desaparición de regímenes que, si bien encarnaron una esperanza igualitaria, acabaron consumidos por el despotismo, la corrupción y la desaparición de la libertad. También asume con interés la influencia de la tecnología en las comunicaciones, que hace del mundo una comunidad cercana y cognoscible por vez primera en la historia de la humanidad. Década de desencanto, de reacomodos y conversiones, pero sobre todo de advenimientos: el de la post modernidad, de la aldea global, de la sociedad democrática como medida de civilización. Mientras esto ocurría en el mundo, en cambio, en el Perú, la década de los noventa es la de una crisis permanente, con una población atenazada por el

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cólera, el terrorismo, la inflación y la recesión que llevaron a cotas inimaginables el siempre desesperado afán de subsistencia de los peruanos y que por estas razones sucumbirá a la vieja tradición autoritaria del ―salvador de la patria‖, cuyas nefastas intenciones en un primer momento la sociedad entera no supo distinguir, y por ello padeció sus consecuencias a lo largo de la década. También fue la década de la aparición de un nuevo actor social, autónomo frente a las ideologías y de obligatoria trascendencia en el panorama político social del Perú contemporáneo: la juventud.

De este modo, los poetas del Grupo ―Neón‖ escriben motivados por el deseo de refundar la poesía peruana, sacarla del marasmo en la cual había caído en los ultimos años, y hacerse un nombre propio, formando parte de una nueva generacion, la de los noventa. Este propósito fue explícito desde su primer recital fundacional, el 5 de diciembre de 1990, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y en las decenas de recitales que siguieron a continuación. En todos ellos quedó patente la propuesta del grupo, que consistió, en primer término, en un retorno a la visión dionisíaca pero formalmente lúcida de la poesía, lo cual es tributario de una directa influencia de los poétes maudites franceses. A su vez, se reconoce una extraña mezcla de vitalismo sensorial y reflexión sobre el entorno urbano, cuya estela se reconoce en el romanticismo alemán del siglo XVIII. En segundo lugar, podemos advertir un aporte esencial del grupo ―Neón‖ en la reivindicación de la post - modernidad estética y la búsqueda de la integración de las artes en una totalidad: poesía, vídeo, música, y pintura, lo cual se observó en muchos de los recitales y happenings ofrecidos por ―Neón‖ durante la década de los noventa.

En efecto, desde 1990 hasta 1995 Neón llevó a cabo recitales de poesía masivos y en prácticamente todas las universidades y centros culturales de Lima en esos años. En 1995 ocurrió la diáspora internacional de la mayoría de sus integrantes, luego del fallecimiento trágico de 2 de sus miembros: Carlos Oliva y Juan Vega. En 1997 comienza la segunda etapa del grupo, que tuvo especial énfasis en buscar una propuesta intercultural híbrida bajo el lema "Pasar de la generación X a la nueva civilización planetaria". Al mismo tiempo, se logró devolver a la poesía al espacio público, cuando se organizaron exitosamente festivales culturales masivos con la asistencia de miles de personas en eventos contra la dictadura y por el restablecimiento de la democracia en el Perú.

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Así las cosas, los jóvenes poetas del grupo ―Neón‖, que integran

la generación poética de los noventa, mantuvieron la autonomía de

su expresión artística y sus propuestas estéticas con respecto a su compromiso con las libertades y la democracia, que asumieron muchos de sus integrantes, así como también mantuvieron plenamente sus propuestas líricas personales. Agreguemos que la poesía ha sido y es para ellos el principal medio de expresar esos sentimientos, sus anhelos más íntimos, desesperanzas y contradicciones. Ello quedó patente en las resplandecientes imágenes y las referencias a diversos mitos tanto andinos como occidentales de los textos antologados, y que juntos conforman, sin proponérselo racionalmente, un tercer aporte que denominamos la ―poética del desgarramiento‖.

En ese proceso asumen creativamente todas las propuestas literarias anteriores y las hacen confluir en sus textos. Este cuarto aporte, que constituye la reinvención de la modernidad literaria nacional y la recreación de la post modernidad occidental, es la integración o concurrencia de las formas, contenidos, estructuras y temas que durante todo el siglo XX movieron el péndulo de la literatura nacional. Es decir, el grupo ―Neón‖ toma todos los planteamientos estéticos de la modernidad que antes mencionamos para adquirir una voz propia. Consideramos que, con este ―lirismo integrador‖, el grupo ―Neón‖ se aleja de búsquedas totalizantes como las de la nación, la identidad o la estética pura, desarrollando un proceso de florecimiento de la poesía, comparable, por su extensión,

a los grandes movimientos literarios europeos del siglo XIX, o al

movimiento beat de la mitad del siglo XX en Norteamérica. Gracias a la reacción en cadena que se originó de los recitales con amplias convocatorias en las universidades públicas y privadas del país, miles de jóvenes, a través del territorio nacional, reinsertaron durante esta década a la poesía en la esfera pública, que es el espacio horizontal de la sociedad civil. Más allá de la utilización instrumental de las ideologías en el pasado, esta quinta propuesta,

denominada ‖cultura viva‖, es una característica nueva y esencial en

el proceso literario peruano.

Apresurémonos a indicar que esta confluencia de las manifestaciones literarias de la modernidad que es propio de la generación poética de los noventa no es un simple trasvase: los jóvenes del grupo ―Neón‖ se alejan, bien por desencanto o por rechazo, del insulso debate de ―poesía pura o poesía social‖ que a

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partir de los años cincuenta fue utilizado por los marxismos nacionales para promover la revolución a través de las artes. De este modo, un sexto y último aporte – del grupo ―Neón‖ es la ―despolitización de la literatura‖, la misma que se ha convertido en una característica angular de la generación literaria de la década final del siglo XX en el Perú, y en una ―marca de nacimiento‖ de muchos de los novísimos poetas posteriores a la década de los noventa.

La antología que ahora presentamos representa a una generación de poetas que han sobrevivido a una década difícil en el Perú y cuya épica persistencia en una vocación permanentemente a contracorriente se aparece ante todos como una apuesta contundente por la vida. No obstante hay que reconocer que algunos de los integrantes del grupo ―Neón‖, corrieron una suerte distinta. Hablamos de vates a los que les tocó soportar el cólera, el sida, la corrupción, el desastre económico, una satrapía salvaje, la desintegración de la moral y la dignidad de la mayoría de nuestros connacionales, así como a la indiferencia de todos los sectores sociales a su quehacer. Ello quizás fue lo que les llevó a encontrar la muerte en las calles, a merced de los automóviles y de la noche.

Hemos visto, así, a las mejores mentes de nuestra generación, arrastrarse histéricas desnudas, como en el poema de Allen Ginsberg que sirve de marco a esta introducción: Carlos Oliva y Juan Vega forman parte de esa metáfora profética y contundentemente dolorosa a la vez del poeta beat americano. Precisamente, el título de esta antología, ―Poemas sin Límite de Velocidad‖ se inspira en el título que a uno de sus mejores poemas dio Carlos Oliva, inspirado artista del grupo ―Neón‖, atropellado por un vehículo de transporte público hace algunos años.

No quisiéramos culminar esta introducción sin señalar que los compiladores somos testigos y participantes de esta generación, y que, a esta selección que ahora presentamos, el tiempo, a decir de Borges, dará la madurez y solidez que de ella la lengua y la literatura castellana esperan.

Leo Zelada

Lima, 21 de agosto de 2002

Héctor Ñaupari

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HAROLD ALVA VIALE

Piura, 1978. Ha realizado estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Privada Antenor Orrego de Trujillo. Ha publicado los libros de poesía: Firmamento (1996), Morada y Sombras (1998), Antes de Abandonar la Sombra (1999) y Cañaveral: Libro de Tierra (2001). Es director de la revista de creación literaria ―Triángulo4‖ y de ―El Signo y la Forma‖.

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LOS OJOS DE LAS ESTATUAS

A MODO DE INTROITO

La muerte Esa estaca de vidrio reflejada en mis pupilas Amanece como una ostra Como un cangrejo excluido de las aguas

Y

nadie pregunta

Y

nadie invoca las cuerdas del espanto

Las cuerdas de esta hora siniestra La muerte Ese dulce animal de sangre oscura Esta pordiosera de asombros Arrastra las córneas Arrastra las venas como un penitente Las ínsulas que intactas Destrozan con lujuria esta historia sangrienta La muerte Esa fogata que arde y envenena Estos nervios de puma De fiera que huye Ha vuelto a llamarme por mi nombre Como una hembra arisca Como una ramera arisca Sin piel Sin guadaña Sin sombra.

UNO

Estos escombros

Palpitan

El lenguaje de la piedra

Los dientes afilados al borde de otros precipicios

Y la fuga es sólo esto:

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El sonido que estalla como una Orca Como un mamífero que desea la caída

Y la fuga retorna para incendiarte

En esos mares inhóspitos Sobre las cuerdas del arpa

Que inventa subrepticia estos acordes

Y aquí

Amor

Ha variado La mortandad de la noche

El centinela de asombros que ha depuesto La actitud del espanto

Entonces

Revocas la piel que cubre tu esqueleto

Y sobre la clavícula cuelgas

El cuero de una gata que intenta Adjudicar de mi memoria los poemas

La clave de estos archivos Que han lapidado tu sombra.

DOS

Siniestra es la forma El esfuerzo por sobrevivir cada mañana Con la noche a cuestas Con la noche en los ojos de las estatuas El terco despertar de los relojes Como una danza estéril que refleja Las ganas de este gesto Su débil actitud debajo de los puentes El mismo grito Que ingresa

A la enorme boca de otros signos

La máscara de Orión Suspendida con saña en las galeras Yo contemplo esta forma

La voz antigua

Allí

El cuervo lame sus plumas Inquieta con su vuelo El oscuro fervor de las marionetas.

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TRES

Aquí está tu lengua que humedece

La cicatriz de los cortes

Tus dientes que brillan

Como brillan las bayonetas Si sólo tus ojos

Estallarán

Como estallan mis gestos

La oscuridad de la aguja

El cuerpo inexacto

Que pulula en la noche Como un cangrejo ambiguo y nefasto Otra sería

La actitud del delirio

Otra la música

La noción de estar triste

Y a la caza

De

ese algo que irrumpe

La

mortandad de los postes.

CUATRO

Necesito escribir en una palabra

La

intensidad de este acto

La

intensidad de las rocas diseminadas en los parques

Y sobre ella los caballos

Mis tierras

La única ilusión que las tribus desconocen

Hay tanto vacío en todo esto

Tanta escoria iluminada en cada trazo Esta corbata

Mi traje

El pantalón de mañana Esa actitud que nos levanta como un puñal de fuego

Como una víbora que muerde

El secreto de una tarde poblada por brujas y fantasmas Siempre por brujas y fantasmas Necesito escribir mi furia

La impotencia de estos días

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Los hongos de una lucha devastada por el eco Ella desconoce esta amenaza Esta muerte sublevada en el silencio La luz al final de la carretera Que encandila y conmueve Los restos de una sombra que escapa Que trepa los postes

Y destruye los muros de las casas

Ella desconoce este instante

Esta imprecación que estalla en los credos

Y me aniquila

Como se aniquila a un roedor Que ha caído en la trampa

Aquí la noche ha incendiado su último velo Ha retornado a mi alcoba con el rostro descarnado

Y yo he besado con lujuria sus llagas

Los muslos sangrientos He mordido sus intestinos Las costillas El omóplato tan filoso y perverso Hay tanto por decir Por escuchar Tanto por qué vivir sobre esta infamia Los días tienen la virtud de estar dormidos De gritar para nadie La soledad de las estatuas.

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JOSÉ CALDERÓN

Lima, 1976. Es músico electrónico y pintor autodidacta. Estudia Comunicaciones en la Universidad San Martín de Porres, donde ganó el concurso de narrativa 1997. Codirige la revista de arte ―El Signo y La Forma‖. Trabaja como Relacionista Público en la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú.

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Pizarnik Réquiem para mis yoes

a Milagros

Sobre tu carne salada pongo mis pies mis manos

me nombro

te oigo

me insulto

apenas el zumbido de la mosca te delata veo tu cara de asco apuntalar mi escondite escupir espesa saliva oscura sobre este jardín puro donde duermo noches enteras y las hago mías

zanjas con orina toda mi literatura serpientes cascabel se enroscan en mis ojos ahora el lamento preñado es distancia doliente agitación perversa tierra en la boca

el día está negro tan embustero y enemigo que trituro el verso con mi lengua hasta hacerlo polvo humo aire sueño

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CARLOS OLIVA Sin límite de velocidad

un animal incompleto trepó sobre mí

y sin aviso envenenó con secreción enferma

mi torrente sanguíneo

desde entonces cada cierto tiempo una parte de mí se despedaza se vuelve espejismo trozo de mundo orgánico que ataca mis signos vitales

por dentro soy ejercicio de aniquilamiento atemporal noche de linternas apagadas esbozo de aislamiento heterogéneo biología inconclusa y devastada que habita en muchos

cuerpos

soy respiración estancada elemento postrado en la urbanidad del desorden ciudadela disuelta soy todas mis palabras juntas

puedo decir que pertenezco a la imagen del poema donde caminan hombres sobre mesas de cuchillos donde cuerpos de gente se vuelven parapetos

y esquemas rutilantes sólo sirven para antorchas

extremado estoy a los abismos el terreno es infértil la superficie el ensayo eterno de la muerte

sólo quiero desviarme como un rayo abandonar un recóndito extravío una luz mutilada por los años

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Autorretrato

Busqué los días con el pecho cubierto de cuervos la mirada era una sombra el silencio una terapia

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Sérvulo

Soy el llamado de corceles púrpura el que alimenta a los cristos con el ojo y a medianoche invento el silencio con madera de locos bastidores

como una presencia musical en mi ser de demonio una flama sorda de torres imantadas derrama su aceite azul sobre mi desquicio

vomito claroscuros fosforescencias texturas orgásmicas cascadas de óleo pesadillas que en pleno pulso son puertas casi rotas

tengo la mirada y el pecho inhabitado la asfixia retratada con acero

en la oquedad de un bodegón discurre el vidrio blanco

descansa el cráneo perplejo

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Frontera

El derrumbe del golpe en tu pecho ardiendo la pólvora esparciendo su sabor de fuego la trampa negra del estruendo desvaneciéndose el eco afilado penetrante y sediento el dolor de puerta oscura el uniforme desgarrado trepidando estremecido

horroroso fusil sonríes maligno revolcándote entre cañones inmóviles fingiendo siluetas inútiles de vítores y cantos

cuando el silbido de espadas volando rondaba

y sigilo entre la noche

como si arrancado de los ríos el soldado surge entre las matas dormidas

tembloroso

pálido

comiendo manojos de hojas dulces y lagartijas

alambradas

rellenas con zancudos bajo las cortinas de hierro del alba

postergando el descanso sobre hamacas de hoja la sombra del hombre calaba en los ojos del búho la trama de su muerte la arena arrojada a los pies del mundo el dolor bélico y mundano de la guerra persiguiendo los

altos

enmarañados

el tupido y negro bulto de las metrallas quebrando la

selva

liquidando con furia al enemigo sobre la hojarasca

perdida

y milenaria

el soldado y la flama artificial de los bosques sin dueño caen como pájaros abatidos entre la cordillera

y los mares ancianos

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el temor inmóvil de una batalla perdida el golpe final sobre el barro dividido más allá del estruendo la agonía aguarda una mano tendida floreciendo en los bravos montes el altavoz lapidando el fuego el retiro es entre árboles de júbilo y fotos de familia un puñado de arena disperso en las escamas de la granada y la piedra

el dolor rampea entre ramas verticales

y troncos infinitos de selva incierta

tu sangre se la beben los moscos y escarabajos cuerpo destrozado en los campos minados

millones de minas ojos de libélula mortal

las boas de luz fondean los suelos la ruta de sus contornos te llevan al escampado

moribundo

mientras llegan las hélices de alguna nave y los

comandos

para llevarse a los heridos

y a los caídos

el combatiente no logra arrancarse esta humedad

viscosa

del cuerpo del recuerdo como si llevara adherido un pedazo del campo de batalla los bocados fingidos tantas noches la fronda gigante de alargados arbustos

la retirada es por las cadenas transparentes de latido

rebosante

la espesura de las tierras encantadas devuelta a los

animales

ocultos en el subsuelo tiritando en sus refugios de raíces

hasta hoy esperan el momento propicio de llevarse a sus

muertos

ignoran la bala suspendida desde antes quedaron sordos

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LUIS ESPEJO SOTELO

Huánuco 1966. Médico de profesión. Cursó sus estudios en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Ha publicado el libro de poesía ―Artax‖ (2001).

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LA ORACIÓN DE ALEJANDRÍA

En una noche roja Hace mil años Alejandría bajo el cielo

Artax desde el templo multicolor

Y la corona de Casiopea

Fosforescente en la mirada de los Dioses Espuma láctea Que se rompe en la orilla.

Las estrellas tiritan al eco de la oración:

¡Oh anillo de los cielos que adornas la ciudad perversa!

¡Oh ventanas doradas que tiñen de púrpura el firmamento!

¡Oh luz del amanecer que te reflejas en la mirada del águila sagrada!

¡Oh faro de la oscuridad que guías al Dios errante!

¡Circulo celeste En cuyo seno duermen siete mundos!

¡Manantial de fuego Última visión de Herculano!

¡Soma eterno Que eclipsa tierra y luna!

¡Fantasma inútil como la efímera Belleza del ocaso!

Ahora no estoy en tu templo de marfil

Y soy puro como la sonrisa del mar.

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LA DANZA ROJA

Juntos ocultádose Artax y Luzbel En las órbitas de cráneo esfinge

Reflejos de estalacitas flotantes Hieren afiladas nubes

Regresa la legión Decapitando vientos solares

Las visiones nacen Como flores lunares

―Esculpan‖ Dicen los celestes ―En agua y mármol‖ ―Las señales danzantes del firmamento‖

Injurian las puertas Donde la eternidad es un Manto liquido

¡Que ardan los océanos

y que despierte el escorpión!

Entonces los abismos se multiplicaron

Y el rostro de los profetas desapareció

La última danza roja se Funde en el crepúsculo.

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POETA

Poeta de los sueños de órbita invertida De sueños de neblina sobre torre inclinada

De pluma de flecha solar

Y de tinta color agua

De sonrisa de sábila sobre naturaleza muerta

Y de eclipse recién empezando.

De sombra de Mandrágora a flor de tierra De sombra de cruz de equis sobre hojas de olivo

Poeta de cráneo de roca imantada

Y de vientre de araña metálica sobre metrópolis

De palabras encima del viento De lágrimas de pétalos sobre agua

Poeta de voz de parvada que sale de edificio De voz de brisa en eterna caída

De ojos de monolito siempre ante el borde De ojos que ocultan De ojos que rotan la Luna De ojos de trazo impresionista De ojos en minutero De ojos en medio del caos

Poeta de rostro de proa

Y de espaldas siempre ante esfinge

De versos de huellas de ave Fénix Sobre columnas de media noche

Poeta de musas que tejen tótems De musas que se reflejan siempre ante el lienzo

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De silueta de haz

De silueta de rayo de tormenta

De visiones que colorean el alba y Espejos fragmentados De visiones de atardecer en Patmos De visiones aleteantes detrás de los vitrales Y de cielos nocturno sobre páramos infinitos.

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COLOR INCLINADO

En lo alto de las montañas de Dioce risas de camaleones anuncian su extinción aves de ensueño caen heridas por cristales psicodélicos rosas giratorias vibran buscando el reloj de mar minuteros enloquecidos señalan la aurora desprendida de sus raíces ahora es una medusa fantástica en la estratosfera zigzagueante como una gorgona ―aquí estoy con mi tercer ojo que se resiste a morir sin dejar de beber el óleo eterno‖

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MESÍAS EVANGELISTA RICCI

Lima, 1969. Estudió filosofía en la UNMSM. Es licenciado en Educación por la Universidad Nacional de Educación. Ganador de los Juegos Florales Universitarios 1991 de la Universidad Nacional de Educación. Actualmente estudia Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Federico Villarreal.

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El Che Guevara es una calavera una calavera es la cabeza del mundo o que sus mandíbulas sean los olvidados surcos horizontales de Sudamérica

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MI ABUELO BILL BURROUGHS

Dedicada a la Juventud Sánscrita de el Silvestre Abuelo

El manatí magistral el coyote sabio en los desiertos del peyote el monstruo sagrado, el que se adjudicaba ese derecho el Rimbaud científico de nuestra literatura marginal el beat poseído por el genio el ser de latidos (marginales) delincuenciales el árbol cuyos frutos psicotizados con corazones de iguanas aulladoras el monje transparente que en sus heridas arroja sangre de heroína el mamífero lúcido, engreído de la naturaleza el párroco bisexual que gustaba el yo femenino el exterminador de ratas, cucarachas y críticos literarios la fabulosa loca de las camas milenarias el asesino involuntario de una avestruz acongojada el Job vidente de la ciruela condenada el lama de la novela infernal el hombre que pidió no ser hombre el ornitorrinco arrecho de literatura vegetal el Satán celestial de las destrucciones posibles el árbol gay inexorable de locura La sagrada pezuña de Buda mirando el infinito del Universo

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CAMPOSANTO

En el cementerio está sepultado una de las trompetas más delicadas del crepúsculo. En el cementerio hay varios poetas que juegan yan-ken-po con sus palabras, olor de salamandras deseosas de comer cielos puros. En el cementerio venden flores de neón a precios posibles pasadas las 6 hay una fiesta de luciérnagas, quien sabe no sólo de luciérnagas. En el cementerio hay ambulantes y mercaderes de la muerte un balde es sostenido por una cruz del penúltimo inquilino. En el cementerio hay un largo camino hacia el gólgota, estamos en medio oriente y una llama aparece degollada por un mercader fenicio. En el cementerio vemos silos clandestinos, patos clandestinos, cuyes clandestinos, mierdas clandestinas en una cantina coqueta de un sorprendente nicho sin corazón. En el cementerio caminamos con ojos ansiosos de estética pretendiendo el arte de la exhumación y besar aquellas depositarias de pretéritas almas bondadosas. En el cementerio hay cuatro gallinazos tatuados en las panzas satisfechas de los cerros, vigilando sus posesiones infranqueables en sus reinos de necesidad. En el cementerio según la abuela es el lugar de descanso de los cuerpos, estoy seguro que el poeta descansó demasiado y envió sus mensajes al océano de la lobotomía exquisita. En el cementerio lo sabemos todos hay una procesión las tumbas calcutanas, una perdiz ciega se pasea en el día por su destino más que oscuro. En el cementerio hay millares de botellas de cerveza que por dentro amanece el rostro de una calavera rabiosa. En el cementerio hay una lápida de cristal con la silueta del país de los cholos. En el cementerio de la fruta existen larvas tibias para la hora del té, del lunch, y el crepúsculo leche con excesiva azúcar rubia como mantequilla derretida de amor. En el cementerio una gota de arena excursiona por las cuevas explotadas de orugas extrañas en las entrañas de la Pachamama despidiendo el color de la poesía.

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En el cementerio hay tumbas grabas con NNs, NN y NN, varios eucaliptos están plantados a la inversa, el viento filetea sus músculos color tierra. En el cementerio un niño andrajoso con su llanta Good Year peina los erectos pelos empolvados de la cabeza de Lima. En el cementerio hay un rayo petrificado coronado con hojas de Oliva.

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LA ESTATUA DEL PARQUE LOBOTÓMICO

El viento sacude los nervios de loa árboles s El mirador intranquilo se oculta entre los pastos que alguien los quemó. Sin embargo el vouyerista es una libélula macho. sus alas rotas le sirven como semiabrigo ce las altas tempestades de aridez sexual.

Los perros de metal orinan lubricantes y consumen ruidosamente el oxígeno de alucinógenos contaminados los perros de metal circulan alrededor del Parque Lobotómico los perros de metal tienen muñones rodantes y alumbran con sus ojos poseídos a la libélula macho de alas rotas.

El parque octaédico asesina a miles de hormigas las hojas de los árboles cayeron cercenando en el abdomen de las hormigas salpicando líquidos a la tierra de urea del parque lobotómico.

Causando una tromba de pájaros egipcios ¿causante de su desafortunada travesía?

El regadío sucumbía el clímax de las nubes de los muertos porque su vertical mostraba tumbas clandestinas de la prehispanidad y que las almas cojeaban por la incomprensión de sus lamentos de inocencia.

El alcalde del distrito que tenía diagnóstico neurológico diferencial aprobó la escultura en el parque lobotómico.

Y el imponente granito llegó de las profundidades de una garganta de goliardo mutilado en los dedos porque el aliento que dio éste fue suficiente para la elaboración de la oscuridad.

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PAOLO DE LIMA

Lima, 1971. Ha realizado estudios de Derecho en la Universidad Particular San Martín de Porres. Actualmente acaba de concluir estudios de Maestría en Creative Writing en la Universidad de Texas en El Paso. En 1995 Asaltoalcielo/editores publicó su conjunto de poemas Cansancio, el cual fue reeditado por la editorial Hispano Latinoamericana en 1998, y en el 2002 publicó Mundo Arcano, por contracultura ediciones.

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¿Cómo entender tus largas razones premeditadas?

La brisa viene detrás de sentimientos encontrados de los que nadie dijo nada. Una oración mantendrá la duda a nuestro alcance

y al obedecer tu silencio seré cómplice

callando.

La palabra cogeré un gesto de esquina ese que nace a cada confrontación, difuso y tardío. El tiempo anochecido en tus calmadas formas Procurará cada par de escurridizas excusas: olvídalo.

Volveremos a observar la piedra meridiana tan lejos del tacto, al cercar un corazón cruzado de brazos ante la injusticia, como cuando el resplandor devolvió dignidad a tus sueños

y te fue negado el mensaje. Entonces

las páginas serán comprendidas

y callaré sin dar entendimiento a mis miradas.

Ya será vano, para entonces, Llorar o conceder el perdón si se quiere Porque nos habrán denunciado las cosas.

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UNO

Un baño de sal continúa en la noche de mayo. Parte extrañas eternidades. Y cada vez el punto fijo del esqueleto moldea una voz. ¡Oh cargadas especies fallidas, un

querer ser mañana para resistir! Solos bajo la bóveda y los techos desangrados. Ven y tócame. Fuertemente invita la próxima atracción.

Entrar al próximo estadio te encadena. Cuarto del que absorber un poder una demorada voluntad y sin calma dejas de andar.

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De nada la flojera y las ganas de dejarlo todo

Como por un desfiladero de nieve, abrazados al rápido vaivén que nos destila Calculando de antemano la hora más calurosa del que duda Una clara decisión de fuga apareció en nuestros rostros, una intención De vida: Nunca nos propusimos hablar, nunca escucharlos.

Avisa, ve, y salta. Los edificios te dicen ven, ven por aquí; y para comenzar No está mal: la ciudad comienza a interesarse por ti (aunque también Te trague). ―He lavado sobre las aceras mis huellas. No sabía de caricias, Ni de bullas almacenadas en los parques, en los desagües más ruines.‖

De nada la flojera y las ganas de dejarlo todo De nada ese desdén que nos acompaña. Has de ver también adolescentes con fusiles, cucharas sin platos:

Tus placeres tuvieron nuevos dueños cuando te ofrecieron callar.

Recuerda conmigo esa larga aspereza en la piel La cálida seducción de los traidores y si quieres Ten esa nostalgia amordazada por el díaUn nuevo entretenimiento te sostiene.

¿Y si el miedo nos atropella, nos conduce con nuestras mejores intenciones Al abrevadero del planeta? Mitómana curiosidad de aprender:

El que sabe vendrá a cocinar o será cena, vendrá con su tos hoy mismo:

Como esta neblina instalada aquí con nosotros por siempre jamás.

Jamás como una mordiente cólera que recorre La virtual señal del camino donde se trafican los deseos Que viene hacia ti o hacia cualquier parte. Por no saber zafarnos de esta gran estafa la cólera.

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Habitando quietamente esta tarde que no ocupas

Como remos batiéndose son tus frases esta tarde. Tú al decírmelas gradualmente mis remordimientos se calman

y entre mis propios deseos renazco hablando

para que pongas en mí aquella mano de tu cuerpo sobre esta luz de la noche escondida cuando avanzamos sobre la punta de nuestros pies.

Ahora mismo, aquí mismo para nosotros reconstruyo nueva imagen calmada recordando entre paredes viejas pasiones

habitando quietamente esta tarde que no ocupas

y sigo trajinada ruta de melancolía

los olores de tu pecho cuando calmabas mi angustia.

Sentado sobre este sillón mi ánimo se relaja y escribo.

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I want to be alone in the South

De regreso a Toulouse, un día, Cernuda halló el camino para expresar en poesía cierta parte de aquello que no había dicho hasta entonces.

Y así surgieron, uno tras otro, los tres primeros poemas de la serie que luego llamaría ―Un río, un amor‖ dictados por un impulso similar al que animaba a los surrealistas.

Hoy, de regreso a mi apartamento, acudo a esos poemas de Cernuda y, como en una especie de revelación intensa, me llaman la atención cuatro indistintos versos.

Una experiencia y deseos que me corresponden veo asomarse palpablemente en cada uno de ellos un mismo sentido que me conduce a entresacarlos de las celdas de esos tres poemas.

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MIGUEL ILDEFONSO

Lima 1970. Estudió lingüística y literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde obtuvo el primer premio de los Juegos Florales de 1995. Ganador del Premio Copé de Poesía 2002, Lima, Perú. Ha realizado la Maestría en Creative Writing en la Universidad de Texas en El Paso. Ha publicado los libros de poesía ―Vestigios‖ (1999), ―Canciones de un Bar en la Frontera‖ (2001) y ―Las Ciudades Fantasmas‖ (2002).

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A LA SOMBRA DE RIMBAUD

A Carlos Oliva

Aquí verte como un gitano más allá de los senderos ―pisado por los trigos‖ sobre tus cansados zapatos un cuerpo de silencios y noches la brisa de los barcos ebrios el aserrín mojado de las cantinas

Detrás de los helechos tu cabeza recostada en un coro de yerbas relámpagos de vocales surgen desde las fosas del cielo mapas brújulas son las convulsiones que nos transportan a lo inefable

La vida que nos ha tocado vivir no será nunca lo que pensábamos que era estamos muertos hemos nacido ya muertos desde los primeros tiempos balbuceos intempestivos descendiendo por el río metafórico Charleville o Lima estamos enterrados en nuestros propios cuerpos

Sin embargo caminar es percibir la Época siguiendo los trazos de una súbita belleza devolver a la naturaleza su deseo a la música su silencio / al poeta su palabra

Detrás de este mar tu corazón amanece en esa tierra

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París o Lima

Aquí

palpita tu mochila repleta de poemas tienes 17 años y lo que para ti era la mitad de tu vida para mí fue el final es decir

tuve 17 años Yo Es Otro traducía tus vocales en una botella

A armas E economía I iglesia O onu U usa

traicioné tus vértigos

Muertos del noventa y uno! escuchad ahora el temblor de sus tardes de estío azules inútiles sirgadores abriendo paso a paso el destello de sus sensaciones collares de sudor en los cuellos de las muchachas la avenida hacia el parque van corriendo las flores tatuadas en sus culos

la luna llena sobre sus hombros los deseos de oruga que nunca han de convertirse en mariposa

el

viento las desnuda

y

atrás las persiguen estos jóvenes poetas _antiguos cabros_

como una ola de semen atravesando la luz de los postes bajo las frondas de sus versos

―Corra en el mar de largo!‖

Escuchad el temblor de nuestros sentidos de alcohol y yerba tú te has reconocido poeta? que no nos falte cerveza follajes de visiones

Muertos del noventa y uno seguiremos muertos hasta la muerte entre estas anquilosadas paredes? salgamos de aquí salgamos a hollar la yerba menuda atravesando esta antigua colina hacia ese terrible destino de los elegidos

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EL FLAUTISTA DE HAMELIN

A Juan Vega

Llevo tras de mí los signos mortales de una época no muy lúcida

(como dirían mis amigos poetas: maldita) la peste negra la peste blanca la peste rosa

millares de ratas y ratones hambrientos persiguen la música azul de mi flauta

he sido llamado a esta ciudad por mi arte y mis dotes por todos conocidos

voy por estas calles que me aguardan temerosas _mi arte no es muy comprendido que digamos_

escucho voces que dicen: ―allí viene‖ saben que he venido de las tierras de Tartaria

mientras los roedores me siguen arrastrando sus pesadas panzas por el Parque Universitario la plaza San Martín Cailloma

conozco esta ciudad conozco sus bares sus iglesias sus ministerios sus hospitales

también conozco su río yo dormí entre los bloques de una huaca de barro

soñé con una ciudad soñé con una leyenda entre fértiles calles

yo fui bien recibido allí aunque la magia de mi flauta nunca fuera requerida

voy camino al río Rímac llevando cada vez más los restos fecales de una historia

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toda ciudad tiene su plano pero no hay ninguna donde el caos esté mejor destruido

hacia ese río voy testado de angustias (son mías sus angustias)

y en ese río maloliente la luna se reflejará cuando caigan las pestes

cuando me detenga a contemplar desde un puente mi arte mi arte no muy comprendido

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VIAJE AL CENTRO DE LIMA

A Neón

Yo camino entre tu mirada pegado a las paredes navío perdido entre las altas montañas esos vientos oscuros de férvidos desastres que me azotan ruedan mis ojos en aquel desierto de alcohol las piedras rotas brillan de orina bajo mis pies es el largo sendero de mi corazón libre la noche de mi cuerpo y su delirio

y

esa otra noche para este tiempo

y

la esperanza que no nos pertenece

es la realidad completa de lo que no conoceré

es el recuerdo que llama con un grito entreabriendo un cielo de pelícanos

de mares horrendos cuando un animal hunde su hocico husmeando entre los papeles de maíz ah ese rumbo interminable por donde cruzan las velas la alegoría de los árboles secos que silenciosamente cautivan con una neblina la oscuridad que violenta el centro del tiempo cuando arroyos de voces agridulces luchan por hacerse de palabras palabras sustancia del mar de donde venimos sonidos que dibujan los círculos del tiempo sucede que yo persigo tu silencio la belleza que socava mi deseo entre el caos

y la oscuridad de estas calles

y que sopla una sinfonía tras pesar la sangre coagulada sucede que respiro en tu pecho distendido

como un animal de agua el sagrado ser de piedra que no soy que no seré por eso nunca conoceré el brillo de una espada me alimentaré del fango tragaré las duras entrañas pero nunca besaré la otra cara de la luna lejos de ti duermo en los antros tras los oprobios ígneos

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y esas gordas carroñas que pululan en los caminos

me levanto de ese lecho de cemento y estaño

reparo los sepulcros y sacudo los divanes hondos de una vieja casa que es mi casa

y por un instante viene una esperanza

en el vuelo de una cigarra la exaltación de la hierba en el jardín hay un consuelo después de todo hay una embriaguez que me hace caminar saltando el muro besando el hueso sollozante que golpea mi pecho así continúo el viaje entre los parias así guardo el amor por las cosas de esta vida dejando dejándome un pueblo engañado

yo cumplo mi condena como todo rey libre de su caldazo

y camino amortajada la noche

entre postes sifilíticos de los parques errantes caigo a la noche ensimismada como un rayo embelesado en un arrebol de luces en tus ojos inflexibles

caigo a tus pies ámbar y topacio

asechado por la ruedas de ese viento ondulante como el vuelo perdido de un ángel

y vuelvo a la noche con nuevos ramajes en frías osamentas

consolando al insomne levantándole su báculo de exiliado vuelvo repetidas veces a la noche con una danza

de luces y tinieblas con la ira ineluctable de un tiempo desconocido para ti desgajo los viejos epitafios que circundan mi muerte

y paso con un resplandor de crines

por los puentes sombríos sin dinero sin ganas de nada camino bajo los sucios hoteles del vértigo al fondo de tu mirada

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ANTIGUOS MITOS QUE ME CONTABAN

1.CRONICA DE ARENA

la ciudad sumergida aún penaba en las noches de feria el higo frecuenta la sombra del pakey

y las almas lanzan sus gritos al misterio del desierto

abrí el secreto umbral de tu casa y me condujiste con tu bello canto

a un lecho púrpura en la arena

era un sueño o era el desierto pero a la hora concebiste un hijo

y me lo entregaste antes de que mueras bajo los símbolos

el niño creció bajo mi amparo y aprendió a oír las voces del desierto mas un día en que yo había ido a la isla nuestro hijo que era un joven fuerte que tiraba del arco mejor que yo desapareció sin dejar huellas

sólo supe que desde entonces el mar era la mar para todos era el desierto o era un sueño caminé por la puerta alta de la iglesia

y volví hacia las almas que cerraron sus ojos al mirar

la sangre seca en mi camisa la poesía así dejó que vieran su sexo un show time en medio del hambre bendije la noche que me había devuelto la ilusión de ti veneré el trayecto inverecundo de tu silencio la redundancia sacra sobre el trayecto y la brecha de la eternidad alcanzada por un coleóptero ebrio y ni atrás ni adelante

había alguien para impedirme ese fuego inmortal sobre mi cuerpo si pudiera ser más grande o más pequeño el goce hubiese sido igual la caída de un ángel desde el aura que estalló en otro desierto ¿dónde está el poema? antes de escribirte me sumergí en la mar con dos uvas secas e hinchadas como dos amantes suicidas

en el mar

oh sí la mar

el desnudo del símbolo

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2.KRONOS EN EL RIMAC

en tropel desfallecido el seráfico animal ebrio de tisana negra cenagosa corre en la miasma líquida inocula su virtud en los elementos duros basamentos calcinados de tósigos su estertor convulsa letárgicas pieles voluptuosas de los muertos

y todo es recuerdo voces que bajan

en el movimiento del agua olores de benjuí

fragantes ajados

en esa lánguida transpiración de las murallas guerreros y vientos bonancibles dicen

que hemos roto las mullidas calmas siseos desesperados babeantes dicen que hemos renacido azarosos cuerpos danaides reflejados aquí ahora en toda armonía que fluye con dolor aciago en filigranas irisadas

de desierto y deseo pétreo corriendo plúmbeo y taimado en tu mirada hay un rumor de hojalatas en tus arterias un borbotar desesperado en pie de guerra extendida la noche otra vez que colma mi extenuación en medio del incendio universal en la mar nada entonces es irreparable la realidad atraviesa estas estaciones circularmente mientras estudio la composición de mi saliva entre las hierbas y tu sombra se proyecta en los corroídos bordes del río mientras tísicos perros ladran al áspid mimoseado en la atronadora calle

y una polilla busca la luz de tus ojos

parques en oscuridad / piel sin cuerpos en la oscuridad voltéate me dices ha llegado la hora de vivir la felicidad

contigo o sin ti vivir la laxitud de los dioses

y su soledad aquí donde el deseo dirige

la furia marina del tiempo

y los cantos negros de las sirenas

siglos súbitos y furtivos

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rutilando nuestra inexistencia de lirios aromas golpeándonos incitando a beber más licor invertebrado la agonía y los estertores perdidos se hallarán en esa búsqueda y en el sosiego de nuestros cuerpos como guirnaldas de humo en el muro

desde esa eternidad yo te veo ahora cruzar la calle corales y malvas llenan la angustia

y el silencio hacinado en mi pecho de cenizas

te veo llorar en una esquina bajo la luz seráfica de tu soledad sobre ese sentido contrario a la rotación

es hora dices soy el fruto de tu vientre padre redentor y lo mustio en las hojas negras estoy atada a estas hebras y nada queda del pasmo entre todos los árboles secos y estas luces sin coherencia temerosas arrojadas al abismo permitiendo este continuo fluir me llamas a tu lecho en tu sombra me preguntas qué es lo que he hecho con las palabras en tu cuerpo de cables eléctricos arrastrándose por el mundo de las ideas epicúreas dime volvió a preguntar dónde está tu país has perdido la piedra / has bebido el sonido otro silencio nace de este muro de excrementos digo esta vez la amé yo amé a esa música en el fuego de sus piernas dijo oh has de mí lo que quieras repetía en sus delirios / arranqué con mis dientes sus duros pezones y salí corriendo disgregado infecto sin amor porque la amé sin muerte porque dejé que el amor se arroje con mis huellas rutilantes en la acera verde de la noche

y con aquella imagen me detuve en las vagarosas luces

creí en el absoluto tuve temores lloré

y al tercer día escuché otra música desde la cantina

en frente una amalgama de ratas se asentaron

al filo de la cantina cayó la luna en la acera

pensé que era irreal

yo lo maté y era tal cual a mi creación era exactamente un tiempo en que caminaba

el reloj decía adiós país

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hacia la costa

y el cielo frente a mí oh muerte

dejando alongados murmurios la vomitona lancinante

a lo largo de las líneas irreales que iban a la costa

pájaros que huyen bajo el crispado sol de la noche que no es un sol sino la explosión de lo que no hemos sido en el híbrido enhebrado encuentro del tiempo y el espacio

este milenio este siglo este año esta hora

o esta palabra transcurriendo en este río

que no dejará nada de nosotros sino un grito

sin retorno

como cuerpos de niños que dormitan gélidos titilantes subrepticiamente entre las ratas que rodean además nuestras botellas vacías en la playa del río desde aquí te veo bajo el tenso dolor de la palabra una misma palabra buscando su inefable reflejo en el agua

parada en el puente donde me miras tú eres esa visión

esa manzana de epitalamios una forma precisa

y todavía más allá después de todo ese otro lugar

que no es utopía y muerdo tú eres esa luna de movimientos prestos desbordantes en las aguas indistintamente y todavía más allá después de todo allí tiendes tus nimbados senos en la col de luz en un estuario centuplicado de sílfides en los legamos reflejada en la ondisonante caída del tiempo eso hemos querido ser sobre la críptica ola del río

el placebo o el occipucio lacerado del barro porque eso somos barro y cenizas

aquí te he penetrado como la noche / he mojado tu cama

y he visto crecer un árbol en el centro de tu cama

un caballo vino de lejos y buscó sombra lo mustio en las hojas vesperal atadas a las hebras de tu pelo la ciudad rodeada de senderos nos condujeron a creernos inmortales el barro negro sobre la tierra púrpura que orinaron los caballos apúrate me dices tu voz quiebra

estas calles extendidas

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el barro el sonido de las piedras en el río en maridaje rompiendo las ideas desmirriadas

aquello que tanto hemos pensado

toca mis senos mete tus dedos en las yagas

todos están muriendo

como la sangre que nos falta entre las celosías en ruinas los edeniales perdidos

tú entre las flámulas líquidas salpicando espasmódicos ritos del agua vienes a mí y yo voy hacia ti

la luz roja de la avenida y la explosión de tu voz

que siempre me llama al otro lado del río ya acabo ya acabo

ven aquí me gritas

el barro está rojo y caliente

tu voz que me llama

espera

ya acabo

3.ENFERMEDAD DEL CANTO Y LA DANZA

más allá después de todo un viento arrastra azahares nardos palabras amores por los hospitales y una antigua hazaña en las venas hace borbotar la desesperanza de las canastas que vuelan en el aire de los dioses hemos corrido a presenciar los miembros unidos de la rosa la llama de la tierra y el niño meditando en la puerta del hospital aunque desde aquí no se ve nada más que un gesto un lirio en el poste diríase la aurora o la carcajada brutal de las aves o el trabucazo de la garganta ardiente en su pesadumbre entre los edificios es un camino de sueños y sudores evaporados agitados cuerpos del desierto de musgos bajo los carteles entre el zumbido de las moscas en una tierra sin sol torrentes deshechos del país entraban a tu cuerpo

que era esta ciudad

también de una carabela que decían había zarpado la noche anterior había surcado la isla la onda curva del augurio

que los estibadores cantaban en la noche detrás de ese tiempo caía otro sol en los caminos inútiles lóbregas distancias del ensimismamiento allí te encontré dibujando un camino esta vez en el firmamento de un arco iris telescópicamente cincelado en la madera de tus sueños

el suspiro de los puertos al borde

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por allí quise regresar / por tus piernas cruzadas en mi espalda moviéndonos al compás de las explosiones esos faroles de la pasión que revisten la quejumbre bajo la lumbre de esa angustia esa otra luz flamígera tan real como el hueso insito golpeado

por las olas en la yerba del estío

te miro ahora en los desiertos ígneos en los aduares apolillados

la corteza del cielo no cobija entonces por eso yo besaba tus pies desnudos y conocía tu arduo recorrido

a la luz del velón humoso en un callejón

los arpegios de la desarmonía

como sombras de recentales infundiendo delirios sobre la mata incendiada y los incendios de los negros abetos ecuóreos en el llano de la realidad que gritaba

frente a un hospital

mi lengua ese óxido en la cúpula se cayó

primero fue un relámpago luego un estruendo efusiones desgarramientos túmulos espectrales en el desierto anulándome anulándonos entre esa danza

esa furia

ese estado

4. ENTELEQUIA DEL EUCALIPTO

al pie del eucalipto Apolo el anciano estruja el tiempo convertido en sombra

su piel es dura

como la altura del tronco

de eucalipto

cuando cruje la raíz

que alimenta a la vieja nube vuelan dos polillas

y se pierden los mitos

su sabiduría

es no responder la ignorancia de los sabios

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Apolo no mueve ni un dedo no necesita comparar su divina torpeza con la elegancia del tiempo desvanecido

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ÉPICA DE LAS TRIBUS _ decía aquel NOIA que Beatrice Angiola Giovanissima (1266-1290) inspiró a su Dante _ ZARPAZOS: ANIMALES DESPROVISTOS DE DESIERTO / GRANDES CIUDADES DE ILUSION

el desierto era el insomnio de las tribus en esa malla eléctrica era el coyote que se tiró del puente río gritaba no pues no seas gacho reía antes de ser aguas del Grande porque el desierto es maldito llévate agua y júrate que lo cruzarás diestra por dios las tribus creían en la bondad Guadalupe mijo - decía - esta vela te llevará pierdas ahora los países abajo hacían fila para cruzar lenguas leguas atrás

- era pues el sol atrapado

- no me dejes ahogar en el

- comido por las turbias

- y no te juntes - y esta noche estarás a mi

- del desierto de

- y te limpiará no te

- dejando casa dejando

se bautizaban en el río

y pocos vivían para contarlo luego

le olvide mira este desierto - te digo- escúpelo para que veas que ni así te responde identificación pero sólo alcanzó a cruzar un falso río

definitivamente la boca del Ogro iguales desiertos de Nueva York de Lorca entonces el desierto era chicano melodrama

- luego no importa que se

- antes de quererlo

- él compró una falsa

- cayó en una boca grande - desiertos de amor todos

- Oh pirámides sin misterio - el desierto era un

que las tribus veían por televisión

dime si el desierto abarcará nuestro silencio decidme, Dante, por qué me haces esto?

- Ella recapitulaba ojos

mientras él nacía de entre las aguas de sus

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desde antes de llegar al desierto desde antes de cruzar los puentes para pisar la Vita Nuova

romper las páginas en que Beatrice moría

en que Florencia no florecía antes de amar ya te amaba

- Decía

había subido a su alma adónde mires Dante verás el desierto pero no te sientas mal que el desierto te dará de mí nuestro lenguaje todo desierto, recuerda, es un lenguaje entre dos cuerpos desnudos todo desierto así no es soledad jamás jamás entonces me olvides porque adonde mires estará el desierto (ellos hablan mientras afuera llueve mientras afuera se incendian las tribus mas el desierto es una exacta dimensión en una frontera mojada)

el vaquero a la muchacha que a la mala

- yo era un eco que naufragó en tu cuerpo

los

vestigios de mi biografía se remontan a Apolo:

Mi

corazón es ilegal

Mi

alma es mojado

Mi

tristeza no tiene Visa

antes de la mitad del camino // de mis sueños me desterré // 500 años adelante & ella cruzó el Arno Grande // ella encima del desierto de mi alma la Matria Patria // la lengua en Rojo - no me mires así chiquillo que me da vergüenza (decía)

entonces escucha (respondió):

la noche es clarísima

en cada punto de tu cuerpo se descifra el universo

el desierto no miente es duro atravesarlo pero no te miente ahora ella canta los exilios del firmamento - ella camina hasta la biblioteca sube al cuarto piso - busca el código PQ - encuentra su Vita Nuova allí se lee:

el desierto es un vil coyote que escupe en el cuerpo del inmigrante

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el desierto es un helicóptero mortífero que arranca el polvo de sus muertos bienaventurado el desierto del angelus benedectus que venis bienaventuradas estas tribus condenadas a la otra orilla la paz sea esta malla eléctrica de contención porque congoja y rabia no tienen nombre cuando te piden que lo digas dejadme morir a orillas de ti & abandona este desierto te lo suplico antes de que vuelvan las tribus antes de que caigan los helicópteros sobre la baba de los coyotes pueblos del perú pueblos de méxico pueblos de españa bienaventurados maldita sea

hay un crepúsculo más negro en el sueño de los dioses que se mojan en el río hay un crepúsculo más verde en las calles desoladas que se las lleva el viento hay un crepúsculo más violeta en la mirada perdida de los negros en Nueva York hay un crepúsculo más amarillo en las tribus regadas a la mala sobre la luz del desierto hay un crepúsculo más rojo en los labios que se ahogan en el insoportable beso hay un crepúsculo más azul en el llanto de una niña arrancada de la raíz de la tierra hay un crepúsculo más encendido en los cuerpos desnudos que se

aman desesperados lejos de aquí realidad que se baña en el sueño

por

eso creo que es amor esta

(el desierto echaba humo

ella las fue secando con cariño

& hacerlas arder de nuevo mas ahora con su Dulce Estilo Nuevo)

flechas

le habían herido

lamió sus heridas hasta curarlas

lo que está más allá del amor (decía) también es amor sólo amando se puede saber que lo que está más allá del desierto también es amor

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hagamos el amor mi Dante! me dijo / entonces mi nicho 130 fue más allá del mundo

más allá de las fronteras (algo muy dulce en ti)

me interné en la selva oscura a formar mi verde guerrila

mas yo estaba soñando en ella

interné en la selva oscura del desierto ―déjame dormir en ti -decía entonces- déjame perderme en tus frondas de silencio llegar hasta el centro perdido donde ya no pueda salir jamás‖ llovió tan claro que despertaron esas rosas que habían quedado pegadas en mis huesos para entrar en ti me mojé en tus fluidos mojado corrí en tu desierto / me oculté entre tus senos y vi pasar

más allá de las palabras

lo vi en sus ojos

pero igual me

la luna y la migra me miró

déjame morir decía déjame soñar en ti amor mío decía este desierto no basta

entonces dinos le gritaron las voces por qué desentierras a tus muertos? dinos qué te ha hecho el desierto para que lo manches así, perro?

mi

corazón es mojado

mi

corazón es cholo repetía

mi

maldito corazón

(& mojado y perdido así se lo llevaron arrastrándolo & le cumplieron al pie de la letra todo lo prometido)

el desierto es una luz que nos entra por la boca el desierto es una aguja que nos cose las tripas y nos arranca los ojos el desierto vuela como un brujo por los techos de las casas:

es una pesadilla una pesadilla Mas ―Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad‖ (decía su canción)

te quiero cantaba te quiero chiquilla mírame - esa voz se ahogaba diciendo te quiero - te quiero llevo los ojos abiertos toda la madrugada

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(Y toda la madrugada no hizo más que cantar) te quiero aquí en la tierra musitaba al final

y nació 2000

entonces estas calles se llenaban de almas se colmaban de vacío

Oh estos desiertos de hambre se materializaban en los caminos del

exilio

porque entonces tu amor no era divino chiquilla y estas tribus

enfermas

TE RECLAMARON

las tribus desesperados cholos se mojaban en la muerte caray y ni

modo

las tribus te lloraban te besaban los pies

patio trasero las tribus se largaban luego volvían porque entonces sólo era sueño ¿tú crees? mas el desierto es la cara de dios que llora invisible en la frontera el desierto es el infierno que carcome estas almas en llamas y los

petrifica

pero el desierto es también el paraíso donde nadie recuerda sus

nombres

pos soñaban

cruzar el

IN ILLO TEMPORE COMO NUESTRO AMOR

un rock mojado en el río Grande, recuerdas?: muertos desaparecidos

y tortura, recuerdas? nuestros países

Mírame te dije por última vez:

?

ni todo el desierto bastará para nombrarte porque he dormido en tus huesos porque he comido de tu carne porque he amado con desesperación la esperanza embriagada de tus sueños toda mi patria supongo eres tú porque el amor habla entre tus labios y mis labios porque este amor dice algo que por separados nuestros labios no saben pronunciar TODO todo el polvo del desierto

todo el luminoso polvo enamorado del

desierto

quedará en el aire cuando nuestros cuerpos desnudos de amor se hallan marchado.

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HÉCTOR ÑAUPARI BELUPÚ

Lima, 1972. Abogado, candidato a Doctor en Derecho por la Universidad de Salamanca, España. Profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Ganador del Premio Internacional de Ensayo Charles Stillman (Guatemala). Forma parte de la revista electrónica Ácrata. Tiene publicado el libro de poesía ―En los Sótanos del Crepúsculo‖ (1999) e inédito ―Rosa de los Vientos‖ (2002).

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IX

La meta es el olvido. Yo he llegado antes.

Jorge Luis Borges.

Este es el poema del amor y la muerte.

En él diré que soy el vértigo,

el

corazón roto de la ciudad

el

sacerdote disoluto que ofrenda violetas al invierno.

En cambio, tú eres la herida que no sangra

la noche de veloces estrellas, el filo del suicidio

como un edificio alto o un puente largo como la sombra de un mástil.

Este es el poema del amor y la muerte.

Tú sabes que cuando te devoro estiro tu piel, la separo del músculo y

la sangre y tan sólo mastico los tendones y el tuétano de tus huesos.

Recorro la dulce curvatura de tu cráneo y lo imagino impenetrable como las ciudades sumerias, entristecidas por la soledad y los

leprosos.

Tú sabes que pruebo el vaporoso calor de tu carne palpitante extendida en mi secreto altar que comeré tu vestido de tul corroído por los gusanos sosteniendo tu intestino hirviente en los oscuros recodos de mis fauces.

Tú sabes que te amaré hasta que te pudras y hiedas en lo profundo de la tierra.

Este es el poema del amor y la muerte.

Y en medio del tibio repaso de tus ávidos dedos, soy la condenada

desolación, que vaga por la eternidad, desesperado de ti por muchos siglos de búsqueda y asedio.

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XXV

Toda

pasión

es

un

lenguaje

indescifrable como cielo.

estas

flores

del

Enrique Verástegui

Niña imposible vestida de azucenas amarillas, el verano inventa las orillas de tu cuerpo y el sol bebe las frutas de tu boca, mientras yo oculto mi soledad en las tenues corolas de la palabra.

Entonces, del silencio estival que provocan los vacíos de los hombres en sus corazones, nace el crepúsculo. Hirviente como la desolación, yo trato de defenderte. Sin embargo, tu falda me envuelve como un viento jamás apacible, preveo el sabor a geranios debajo de tu lengua y destilo los fulgores del mar atardecido de tus ojos diluyendo tu virginidad en nombre del silencio.

Te reconozco tímida en cada invierno que tocas, desnuda de anónimas miradas donde no puedo defenderte, y sin embargo apareces intacta a pesar de las inundaciones, donde sigo penetrando los lugares de mi cuarto invadidos de tu cuerpo, gacela enloquecida por el leopardo salvaje como soy, en el último minuto de tu sueño.

Entonces renaces delirante avasallando crisantemos nocturnos y te alimentas del rumor continuo de los sauces, a pesar de que soy el símbolo ausente de la noche.

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XXVI

No lo que pudo ser: es lo que fue.

Y lo que fue está muerto.

Octavio Paz.

¿Quién podrá creer que hicimos esta travesía inmóviles? ¿Acaso la ciudad que mata mariposas en tu pubis?

Nadie comprenderá que tu alma es un negro torrente de hielo que sepultaba mis pesadillas con su punzante oscuridad.

Yo, eclipse escultor de sílabas como estallidos, ¿No te dije jaspe almibarado que corta mi lengua en pedazos con sólo tocarla?

¿Acaso no susurre en tus oídos que eras la apócrifa impresión de un amanecer medieval, donde se repiten inasibles las nubes cirros y cúmulos?

¿Qué eras?

¿Cómo definirte en los tiempos en que estábamos rodeados de cadáveres palpitantes?

Tal vez decir: en esos días eras la triste Afrodita de olvidado.

un Olimpo

A cada hora nos acechábamos. Mientras otros pretendían ser parteros sangrientos en montes y arenales sombríos, nosotros sólo mordisqueábamos nuestras débiles almas, mientras caminábamos ansiosos entre las ruinas de un claustro moribundo.

Y allí, en medio de las carpetas carcomidas por las ideologías inflexibles y el deterioro de los años, te estrellabas diariamente en mis rocas testiculares.

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Allí eras sólo tú: tus nalgas de piedra negra y ardiente encabritadas sobre mí y dentro de mí. Todo temblaba bajo tu silenciosa orgía. Pero nunca pronuncié ni un gemido, ni me dejé atrapar por el leve anuncio de tu aliento. Los dos conteníamos la respiración como si el mismo mundo hubiera dejado de respirar.

¿Acaso lo has olvidado?

Yo jalando tus cabellos, poseyéndote en mí, matando mis sueños como quien corta las cabezas de los grillos en los patios, sin someterme a la ansiedad que precede a las pestes y las revoluciones.

Nos daba lo mismo amarnos en el pálido abril o en el tibio noviembre. Escapábamos del cólera y de un millar de ojos inquisidores e innombrables, sumergidos en los escombros de un país abismal e incomprensible.

Eras la eterna huida: en esos rincones te convertías en Penélope o Betsabé, Madame Bovary o Nannerl, o sabe Dios que otra amante fugaz de mis torpes y masturbatorias novelerías, de los poemas que leía a escondidas de todos, de los versos que te dediqué e hice consumir en tus hogueras manos.

Pero nunca supe, ni sabré jamás, porqué te gustaba amarme en esos lugares sucios y llenos de insectos pensativos.

Quizás porque allí podías desafiar a todos los seres vivientes que eran para nosotros el mismo barro muerto.

Quizás porque sabrías que nunca seríamos descubiertos.

Tampoco te lo pregunté. Yo estaba embebido de tus cabellos desgarrándome el rostro, ebrio de tu trote silencioso hasta mi cuerpo fatigado por las

letanías de óxidos y alacranes.

Disfrutaba las heridas que dejabas en mi lengua cuando la diluías en tus pétalos labios. Me gustaba mantenerlas abiertas raspándolas contra el paladar. Pero deseábamos más. Ávidos de enredarnos como constrictores que mutuamente se devoran, tuve que robar para que acabáramos en hoteles breves y malignos como un beso de Judas infinitamente repetido.

63

Nunca nos atrapó el crepúsculo. Habitantes de la noche o el día, pero jamás del atardecer, despertábamos a veces al borde del alba cubiertos por nuestras pieles expuestas y cosidas a nuestros tendones y músculos como el cuero de

las lágrimas.

En esos días todavía creía en que nada nos impediría amarnos sin tener que

mentirnos.

Tu creías en mi amor puro como un jaguar y yo te preguntaba en mis versos si eras la ninfa ansiosa, o el desesperado cervatillo que se acerca al cazador sinuoso sin saberlo.

Pero era tarde. Abandonado del mundo y de tus óvulos, me había convertido en la delgada lengua de la serpiente, una brutal barracuda despedazando hipocampos y caracolas.

A mí llegaron sin haberlas llamado, danzarinas seráficas y amazonas

azules, hembras pálidas y terribles como los huracanes afilados que habitan en la mitad del mundo. Ellas desvanecieron tu amor hirviente y exquisito, lo arrancaron de mis ventrículos sangrientos, lo desollaron y extendieron su piel en la árida arena del desierto sin ocaso del sur.

Sólo eso querían. Los primeros minutos del amanecer me descubrieron deshecho y desolado, casi una sombra de un Prometeo marchito.

Y entonces lo descubrí. Nunca hubo albas ni anocheceres, ni versos

ni inquisidores, sólo el irremediable tránsito de los años al que me sometí por ti sin reconocerlo: una torpe oscuridad que jamás fue un crepúsculo, sólo los sótanos por los que llegué a ser esto que soy, esta tierra en penumbras, esta nostalgia solitaria y este poema que nunca tendrá nombre.

64

Sur

Sé que te habrás despertado de un largo sueño. En él era una sombra vigilante como la de un árbol que también te sueña.

Será ese árbol ahora un mástil que guía tu velero en un mar nunca embravecido pero tampoco

apacible

un océano de olas como murmuraciones

donde cada gota es mi cuerpo que te mece de un lado a otro como en la cama donde eres ab initio un lirio y en el amor una pantera hambrienta

y yo lejos de ser un cazador soy un ciervo devorado entre tus brazos

blancos como un trozo de hielo primigenio en los que me deslizo

levemente como si no tuviera peso. Soy en ti apenas un vahído, un rayo de sol que intenta tímidamente

derretirte,

y transformarte en agua lívida, amor

líquido ávido que se agita desde las montañas

y no cede, sino que cae y cae y cae

hasta llegar al río cuyo cauce soy yo una vez más cariño mío

y en mi furia que te azota y te ahoga

te abandonas,

apenas arropada por los gemidos que corren desde tu boca hacia la

mía

como cuando estamos en el amor

y en el amor somos otra vez uno,

uno como el sol que es engullido por el mar

sin encenderlo ni apagarlo sino que únicamente eleva su temperatura

y

crea las nubes,

y

esas nubes eres tú, a veces cúmulos y a veces cirros

y

yo el cielo libreazul que te sostiene siempre

como ahora te sostengo al borde de la cama y elevo tus piernas para

poseerte

lamo tus rodillas tu entrepierna tus muslos aprieto suavemente los tendones de tus pies

65

y tú te electrizas, eres una lluvia con relámpagos que cae sobre mi

cuerpo

y yo soy la tierra fértil amor mío

crecen la hierba y los árboles y los pájaros y los gatos salvajes que te ven con ojos lánguidos caer, caer, caer, caes como una muñeca de porcelana entre las sábanas de la niña que eres tú una vez más, amor,

caes como tus propios pechos sobre el mío, tus piernas devorando mis pulmones te amo tanto cuando quieres absorberme totalmente, dejarme sin un hilo de respiración, para tejerla de nuevo con tus besos, amor mío, besos en mi rostro, en mis labios, en mis axilas

y

luego te elevas como la vela de un velero

o

el más alto edificio de la ciudad

y

yo te recorro en todas tus calles, hasta las más recónditas y

secretas,

las más luminosas y las más oscuras,

porque la ciudad eres tú

y yo soy un náufrago perdido

Malcolm Lowry danzando en el volcán de tu cuerpo, embriagado de ti

más que de los tequilas y el peyote, Paul Gauguin pintándote, salvaje y elemental como eres, sacerdotisa de las islas de la Polinesia Francesa,

o este tímido poeta, que te recrea y te describe y te fantasea y se revuelve contigo en las sábanas como en este poema.

66

Noroeste

Entre truenos y halcones tú apareces, insomne y leve azotándolo todo como una tormenta impulsada por la venganza.

Eres una tempestad que marcha sin cesar entre las mesetas, las piedras hablan por ti, pronunciando tu nombre al infinito como si haciéndolo, te escucharas a ti misma presa de un inusitado dolor.

Cubro mi garganta con densas telas para impedir que cales en mis huesos y en mis cuerdas vocales.

Y en eso la lluvia.

Duras y densas gotas como impertérritos pedruscos cayendo sobre

mí y sobre mi barca.

Soportar este castigo es apenas una leve condena ahora que no te llevo dentro.

Nunca sé donde estoy. Tan sólo en las estrellas leo briznas de mi

destino, en tristes formatos, cada vez más cerca de la incertidumbre

y cada vez más lejos de tu rostro, de tu feble sonrisa, tu mirada que

humaniza y pervierte.

Pero ahora eres el viento o la lluvia. Ese fragor elemental me vuelve a ti.

¿Porqué haces esto? No pienses que tu helada furia me traerá de nuevo hacia nuestra casa.

Si acaso imaginas que las altas olas que invocas, ese enardecido viento que soplas y me arranca la piel en imperfectas tiras, o tus gritos de lluvia que atraviesan mi cuero cabelludo me harán volver, estás equivocada.

Soy un pedazo de tierra seca sujeta al capricho de los dioses.

¿Podrás tú más que ellos?

67

Si al menos me pudieras indicar el camino. Abre las nubes y muéstrame la noche clara y fulgurante como tu risa, cuando te tomaba por sorpresa en el tálamo nupcial.

Pero sólo hay abigarradas nubes como los tensos músculos de los atletas. Te sigo.

68

CARLOS OLIVA VALENZUELA

Lima, 1960 1994. Estudió Matemática pura y, hasta antes de su muerte, estudiaba Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ganador del Concurso Nacional ―Casa del Poeta Peruano‖ (1992). Fue editor de la revista de poesía ―Ínsulas Urbanas‖ (1991). En 1995 fue editado póstumamente su libro de poesía ―Lima o el Largo Camino de la Desesperación‖.

69

POEMA SIN LÍMITES DE VELOCIDAD

He visto una ciudad

una avenida

una calle inundada de cantos

de poemas sonando como bocinas de carros

y autopistas sin guardias de tránsito

poemas a 200 Km. p/h

libres

raudos

veloces por llegar

a los oídos del mundo

donde la ansiedad

la droga

y los atropellos

inventan colores siniestros

y en medio de todo

yo con mi bocina

yo con mi voz levantada

entre tantos accidentes

risueño

70

ilusionado

y sin más palabras

que estos versos sin frenos por las avenidas.

71

CABALLO DEL CREPÚSCULO

Ninguna luz me conmueve. El firmamento no es

sino

el callejón sin salida de mi verso en tardes

en las que, a veces, crepúsculos mitológicos

y resplandecientes provocan peligros supremos:

sueños

suspendidos en un halo de luz sobre el abismo.

Botellas derramando esencias fosforescentes.

Todo es rojo nuevamente. Como si me desplazara

en la antesala de un infierno sin salida.

Círculos de fuego de velas encendidas.

Génesis de estrellas ante mis ojos

que como estanques reflejan brillos

indescifrables. Tiempo.

Tiempo.

Luego el largo silencio. Las paredes desnudas.

Desesperación. Ansiedad. Caos.

Y pasión y deseo.

Nada es controlable ni delimitable cuando me

pierdo

72

entre las galerías malditas de una ciudad

que descubro cada tarde y entonces

corro como el viento

caballo de un crepúsculo desbocado

bajo mis luces y las otras que no brillan

como una botella de cognac entre mis manos

alejándome del mundanal silencio de los retóricos.

73

LIMA I

El arte de caminar por las calles

consiste en ver tus defectos

como versos aún no descubiertos en la noche

yo voy más lejos que aquel poema extraviado

voy dibujando imágenes sin límites de velocidad

palabras como una rosa que enloquece al vacío

con esta percepción de ángel alucinado y febril

Lima

¿De qué valen tus letreros luminosos?

si sólo consiguen efectos psicóticos

tus semáforos

si sólo sirven para perturbarme

pero también tienes tu encanto

tus ascensores

sin embargo no subimos ni bajamos

pasamos solamente

tus teléfonos malogrados

¿Dónde ciudad tragamonedas

74

iremos nosotros los desheredados de tu belleza?

tal vez a vomitar en el baño

de alguna vieja cantina

y luego viajaremos en microbús

percibiendo los hedores de tu herida

pero aún nos espantamos

y sigo por estas calles donde aprendí

abrir mi corazón a la melancolía

abrir mi corazón como se abre la bragueta

y derramar mi amor como orines sobre las esquinas.

75

LIMA II

Una luna cobarde desaparece tapándose la cara con una nube

toma un estimulante y retorna radiante en la noche:

Cielo de Lima

tópico inevitable en otoño que se desnuda

con la brisa del silencio

las hojas que caen de los árboles striptiseros

y una foto de Ornella Muti en las marquesinas

del cine Colón

voy con mis ojos clavados como astros en la noche

algo nuevo

buscando un profeta nuevo

un baño para orinar

pero ni eso puede hallarse en esta ciudad de edificios

como vellos erizados sobre la fría piel del asfalto

largas colas sin sentido y con flores exóticas

como cactus

cannabis

y fucsias que no parecen bailarinas

76

sino tristes putas perfumadas

camino

tras mis pasos dejo puertas cerradas y miradas que no

dicen nada

bajo esta nube de simulacros

Noche de Halloween

donde un loco de negro pretende explicarme que es la vida

o cómo se vive más intensamente con tragos

drogas

y

música satánica

Y

la calle es una ola insaciable de pareceres

configuraciones yuxtapuestas de un contrasentido

piel de hule negra pedregosa y distante

tráfico llameando en sus desatinos / en el descarrío

extremo de una mirada babilónica

mientras cruzo por Colmena entre prostitutas y homosexuales

que no pueden tirarse un lance conmigo

porque ya me he tirado el lance con la soledad

único bastión que purifica bajo estas luces de neón

rodeado de botellas vacías

sobre un charco prometido a las tentaciones

y sólo puedo masticar mis pasos

77

deglutir los recuerdos

y sonreír

sonreír cuando sé que sólo tengo veintinueve años

en los bolsillos de mi blue jean

y una visión tan fresca como un vaso de cerveza

para brindar con mi sombra creciente en la noche

como un poema escrito en las paredes

como esta soledad que ama

la virginidad de las páginas vacías

y dibujar estos versos tan claros

como las huellas del primer astronauta

sobre la luna.

78

ANARQUÍA

Sobre estas calles donde el amor es una palabra que no se ve

por ningún lado

descubrí un estado de ánimo tan bello

como una flor amarilla en la noche: Anarquía

tuve que elevarme sobre ese amanecer

y dar pasos tan bellos como un triunfal Nureyev

tuve que desgarrar mi corazón sobre el asfalto

beber alcohol en la noche

gemir sobre un cuerpo que también gemía

mi

conciencia fue el diamante que cortó las olas

de

un mar infernal dibujado en la memoria:

demonios como ángeles esculpidos en piedras preciosas

fuego tallado en rubíes sangrientos

cuadros extraídos de alguna desvariación de Dalí:

yo tengo la voz de los años perdidos

la poesía es una actitud integral y en primavera nacen versos

como niños precoces de esta época velocísima

tus espacios servirán para contener los desbordes

79

de mi imaginación que fluye a borbotones en la sangre

de mi herida abierta a tu eternidad ¡oh poesía!

eres cordillera de frutos

tecnología de una estética burilada en la memoria pasión

desvelo

cólera

tiempo

pues cada verso tiene su pasado su presente y su futuro

cada verso trae recuerdos emoción ilusiones que agobian

mis huesos robados como una fruta al pasado

y el pasado es el recuerdo de una muchacha a la que amé

con desequilibrio

con lucidez psicótica en las noches que Atenea

cuando se desnudaba

inteligencia y sabiduría de un cuerpo amado como un poema

que aún no he escrito

Iré pues en busca de ese verso infinito

iré como una radiación sobre esta noche tan agitada

como un burdel para ricos donde se inician bellas adolescentes:

hay que destruir todo

yo sólo puedo enunciar estos versos sobre el silencio

porque el recital perfecto lo encuentro en soledad

sin más auditorio que mis imágenes aferrándose al presente

80

donde los años aciagos resisten los impulsos de las aguas

de estos océanos procelosos de los cuales emerjo yo tan puro

como un dinosaurio que sobrevive al pasado.

81

ROBERTO SALAZAR

Estudia literatura en la UNMSM. Empieza a escribir poesía en 1975. En enero de 1992 publicó una plaqueta llamada ―El Engranaje‖. Ha publicado el libro ―Contra el Muro‖ en el año 2001.

82

MENSAJE A MI PADRE SIN FORMA

Padre, tu hijo está dormido

sobre ruinas de opio en un vuelo parabólico

despiértalo

ha visto la ruindad de la ciudad que se mueve al ritmo del dinero ha visto a seres de estropajos que con ojos locos deambulan por las calles

y no es indiferente

tampoco es inmortal ni mucho menos hombre de ciencia, político preclaro , sacerdote embutido de virtud. Tu hijo ve putas, asesinos, drogadictos, borrachos participa a veces de juegos parabólicos con amigos que

no son otra cosa que enemigos ve estallar bombar y volar en pedazos criaturas

ve carros lujosos, hombres y mujeres venidos de otros mundos sufre la eterna mirada de un pasado en el vacío

y vela el cadáver de su juventud, de su adolescencia,

de su infancia. Tu hijo ¿no lo sabes? asiste al terapeuta

ingiere toneladas de bacterias anacrónicas

y no tiene una mujer que le consuele

asiste a reuniones de grupos comunistas

camina de la mano de poetas, según él es uno de ellos

y siente que la muerte es una ruda realidad

que tus sueños son cada vez más angustiosos. Tu hijo, padre, no ha heredado tu tranquilidad ve cercana tu vejez y eso le entristece no quiere publicar mis poemas porque teme que uno de ellos sea un total fracaso pero escribe incansablemente, compulsivamente, casi de

rutina

quiere ser verdadero y no aquel verano sucio de la navidad maldita hipocresía quiere ser solidario y no aquel papel de viento sin ningún mensaje.

83

Tu hijo no se quiere a sí mismo no sabe conjugar el verbo amar

ni tampoco que hay en la mirada de los seres toda la indiferencia del mundo para él está desarmado su única esperanza es que su corazón no cesa de latir

y que al día siguiente mecánicamente abre sus ojos y ve un

nuevo horrible día tu hijo no sabe qué hacer

ha aprendido un oficio que solo le trae desventuras

y duda entre ser amigo de las sombras o

amigo de las flores es por eso que quiere volar todo en pedazos y volar en un

pájaro metálico

y leer en los periódicos tu irremediable muerte natural.

Tales son las cosas en mi amado país tales son los abusos contra el pueblo indefenso

y el poder, y la raza, y las clases, y las costumbres

tales son las injusticias del verbo amar.

Tu hijo fue engendrado sin conocimiento de causa es por eso que cuando ve dos seres que se aman llora es por eso que sólo ve a las mujeres sin tocarlas mujeres semidiosas las peruanas ¿no es así? calcula que la página se le termina calcula que sufre el tedio de los domingos por la noche

y que mañana tiene que ir a no hacer nada en su centro

de trabajo

y se acuesta boca abajo como queriendo persuadirse que la

noche terminará irremediablemente

y se duerme en un profundo sueño otra vez más angustioso.

Padre, ¿has olvidado que tu hijo ya no ríe a la hora del

almuerzo?

¿qué tu hijo ya no es niño, ni adolescente, ni joven ni maduro? que tu hijo ve el inexorable camino de la muerte.

84

POEMA 10

Me llamaba el bullicio de las banderas desplegadas

y el grito organizado de los amigos de izquierda

en los días en que mis piernas ligeras abandonaban presurosas los cines de estreno, los bailes los fines de semana en donde se podía encontrar la chica soñada entonces no existía la medición exacta del tiempo

incluso en los jóvenes que pisan inseguros las baldosas mojadas por la lluvia que les despeja el camino

y pienso que debiera existir el gobierno de los

trabajadores

el Estado de los trabajadores el poema de los trabajadores el de los tejedores que unen hilo a hilo

el sueño de los hombres que habitan sin alegría el país de los Andes

o en nuestro inmenso hogar de tímidas luces que no acaban de encenderse

después de haber vivido buceando en océanos suspendido de la mano del hombre con sólo la certeza de que pasado el

ocaso

encontraríamos la victoria en la plaza de combate en medio de tu entusiasta sonrisa.

85

UTOPÍAS

Sandro Alejandro Botticelli fue un pintor del Quatrocento. Le gustaba pintar cuadros mientras hacía el amor en imágenes fijadas en sus recuerdos. Pintaban cuadros allá por el año 1485 mientras por estos lugares se tallaban las piedras para hacer con ellas iniciales edificios.

Jugaba con los colores mientras aquí la orfebrería incaica síntesis de toda la cultura peruana apenas cincelaba en rojo y negro pequeñas figuras de animales y nubes presagio de la tormenta que habrá de sobrevenir. Sandro Alejandro Botticelli desde luego hubiera querido fijar en sus retratos el inicio de los tiempos pre incas el rostro de Manco Cápac hundiendo su lanza de oro en el Qosqo al grito de Pachacútec luego de vencer

a los Chancas

y la muerte de Atahualpa

4

siglos de historia resumidos en

3

retratos que hoy descansan en los deseos

jamás hechos realidad-

Y es que Sandro Alejandro Botticelli

fue un pintor idealista sólo preocupado en encontrar la belleza efímera de los claveles insustanciado de toda forma de hechos teñidos en sangre, y, además, un gran pintor como los otros adherido muy a su pesar a una clase dirigente, opulenta y localista como los Médicis.

86

EL OLVIDADO VELERO DE LA RAMITA

Estaba construyendo tus memorias Berthy; el jueves cuando me llamaste torpemente. Recordaba tus ayeres, tus quejidos recorriendo la noche; pero nadie, ninguno de los dos notaba nuestra presencia en el hogar. En el tiempo de las hojarascas en el patio color de hormiga, como le llamábamos al momento supremo del dolor agujereando mi mente, mi rostro complacido por dos vasos de vino del ayer: dos copas de vino para el futuro, para los cariños que veíamos venir como adoquines que un calor derritiese. Y si caímos Berthy; no fue por nuestra culpa, ni por las buenas intenciones que tuvimos de corregir la vida. Esa vida a distancia del placer, a años luz del amarillo verde de tus ojos al ver la claridad del alba frente al río. Al costado del camino que abría mis ansias, Berthy; ¿Qué hicimos de los dos? ¿Qué hicimos del futuro comunista, allá en los veleros que surcan el pasado? Brumas pasan por mis ojos, ocultándolo todo, ahuyentando las imágenes de risas y lamentos con que estás luciendo la historia. Y en vez de palomas blancas, en vez de roscas con la miel en los labios; esa tu doctrina leyendo mis días, susurrando a mi oído mis pasos sin verte, Berthy; alojado en las telarañas que se forman en la noche, con el polvo que dejaban las ausencias.

Siento que no hay más que decir, sino callados latidos como trombones lejanos apenas orillados por los músicos que bailan descalzos. ¿Y mañana?, otro rumbo, otro pleamar de peces moribundos cuando el agua moje mis versos. Karina, tú y yo, ¿Cuánto habremos de bregar, ahora en la línea de los besos dejados de dar, de las lunas privadas de rocío? Y sin embargo vete, aquí quedo yo, como siempre, agujereado y sin prisa. Sí, construyendo los instantes para subir al amor. Esa cosa furtiva que se acerca y se aleja apenas rozándote, dejándote el sabor de las cosas amargas, el terciopelo bajado de la luna al desierto, las arenas movedizas que cercaban tus pies. Óyeme: yo soy naturaleza dormida, sobre rieles nocturnas. Soy lo que tu ves, lo que oyes dormida a los pies de tu futuro. Y si no haces nada, no importa; sólo piensa un futuro que mañana despierta arrojando de ti el presente. Justas margarinas para untar sobre el pan. Y piensa en el viaje hacia lejanos espacios, abriendo su compuerta hacia indefinidos infinitos, rodando por la

87

amplia curvatura de nuestro amado planeta. Sullana, que jamases fueron tus desérticas lunas, tus brisas marinas cantando a la noche debajo de las estrellas que mis ojos no lloran.

Siento que otra vez no tenga más que decir, siento que otra vez ha pasado el torbellino, Berthy; y regresas cargado de olvido a tu solitario rincón donde morarás todas las noches en silencio y sin mirarnos, con esos tus ojos sacados de algún huracán, Berthy; tus versos quedaron flotando perdiéndose en los bosques que encierran las ruinas del pasado español, del acuso que las furias te hicieron, hasta hacerte zozobrar al igual que a mí, que junto al papel lloró como el chiquillo impedido de jugar en el grupo que ansiaba perdurar. Rodando como luciérnagas sin rumbo en la noche, cruzando alambrados por donde no se debe pasar, orillando los surcos para próximas cosechas. Berthy: ¿te acuerdas cuando soñabas bajar a las nubes y salpicar de burbujas tu rostro? Berthy, sin horas ni papeles que hacer, sin minutos ni hojas de ruta, sin segundos. ¡Oh Berthy! Dame tu serena mirada, no puedo solazarme recordando tu sonrisa, ese tiempo roto en pedacitos, en miradas de utopías edificadas. ¿Para qué fueron todos nuestros afanes? Justo el pedido, justo el anhelo, justos los panes a distribuir.

¡Ah, qué dolor! ¡Qué dureza de horas golpeándote Berthy! ―En el lomo más fuerte, en la risa más fiera, en la espalda encorvada por lo años‖. Piérdete entre silencios entre gentes mudas que nada lo observan. Corre por los pasillos de los sótanos lúgubres, queda muy poco que ver Berthy; róbale sonrisa a los pájaros, anúdate bien el pantalón. Dime ¿Qué lugares traviesos surcaron tu rostro? ¿Qué pasados beduinos vendieron tu mercancía? Jaspes, mástiles de otoño en enredados veleros ultramarinos, y un dossier de triplicadas memorias de olvido hacía perecer los pececillos dejados en el jardín. Berthy; vamos al hogar partido de tu velero, ¿Hacia dónde irá? ¿Hacia qué lugares jamás permitidos a los capitanes de fortuna, a las damas de mirada infeliz?

88

ACTO 1

Plenos de luz tus ojos quisieran verme

plenos de vacío celeste infinito tus ojos quisieran cerrarse

a la vida mía

plenos de sustancia amorosa con que rociar las eras

las

verdes praderas que dibujan tu nombre

las

celestes aguas de un mar del firmamento

las

amarillas ramas de un árbol abolido por infértil quisieran

minarte para que rastrillen tus pasos en la aurora

y yo que espero suplicante tu decisión final

que no es otra que dejarme en el silencio de los días salinos del azufre que mis labios saborean al contacto de tu nada

no hay nada que pueda hacerte cambiar de opinión

ni nada que se asemeje al amor en tus labios contritos solamente palmípedos que pían de frío en la estepa dorada

de tus senos del dulce líquido vital con que saciar mi sed de ti

¡Oh, luciérnaga que gravitas en los montes tutelares! enciende con tu fuego su corazón gélido pleno está mi amor de sufrimiento plenos tus ojos en mis ojos de sueños

en el despertar de sábanas blancas raídas en el suelo como colillas de un cigarrillo enamorado

y yo que nada espero, sólo tu nombre en mi memoria mortificando

mi sexo son tu sexo imaginario que otros lo profanan

¡Oh, grillo que cantas tus amores en las noches celestes!

Deja que cante yo mi canto con tu luz y con tus invisibles saltitos

A ella voy todas las noches los días los minutos del horario de

toda la vida

deja que cante sólo así me consuelo recordándola tan sólo dos semanas sin tus ojos tan sólo dos semanas sin tus manos

y un minuto basta para imaginarte enteramente distante de mí

como distante es la estrella más distante tú eres la estrella que brilla en todos los confines del universo

imaginado

tú eres el río que nutre los mares con sus aromas dulces

y bañas a los niños en sus tinas de mármol y luego los cobijas

con tus cantos de hada buena cobíjame también entre tus senos no has de amamantarme.

89

JUAN VEGA MORENO

Lima, 1965 1996. Se graduó como abogado en la Universidad de San Marcos. A fines de los ochenta editó la revista cultural ―Estación Reunida‖. Deja varios poemas inéditos, así como artículos y ensayos culturales, especialmente de crítica de poesía, algunos de los cuales se publicaron en revistas como ―Arco Crítico‖, ―La Revista‖ del diario El Peruano, ―Imaginario del Arte‖, entre otras.

90

MENSAJES ESCONDIDOS EN LA BOTELLA

Nada más empezamos a caminar

conversar y excitarnos juntos

me despierto con tu nombre

en los labios.

Pero ahora estás lejos

debo reconocer mi alcohólico caso

enviar un S.O.S. no debería ser un acto delznable

hace mucho que estoy solo

contemplando

una pálida sombra en el espejo

Quiero verte, tocarte

quisiera que entraras en mi vida

y fuera tu cuerpo la noche oscura.

La ciudad relampaguea

lanza señales indescifrables

el asfalto, las calles:

de los más débiles es el grito.

El verano todo poder ha calcinado las hojas de los árboles

―me aparto de la realidad para hablar de la realidad‖

91

el teléfono hace más grandes las distancias.

He vuelto a la palabra

la conciencia limpia

y la página en blanco

92

PARA ERICKA

―Una imagen tiene el poder

de salvarnos o envenenar

para siempre nuestro sueño‖

I

El ojo.

El ojo ve y persigue el movimiento

el color, la forma

el relieve alto y bajo

el ojo busca: más intensidad, más realidad

más claridad

la ansiedad de ver ―todo de golpe‖ de una vez y para siempre la superficie

y lo que se esconde, lo oscuro, lo recóndito, lo remoto, lo soñado, lo esperado.

Veo tu cuerpo

jamás tus sentimientos

ver / conocer, escoptofilia

93

conocer el absoluto

la imperiosa necesidad de conocer

nuestro lugar en el mundo

El pasaje del retorno: el laberinto ovárico

quebrado el muro del nacimiento

la línea del viaje es redonda y continua

formas y objetos en su esencia

la sustancialidad del sueño

de dentro hacia fuera

formules preguntas

NO

existen respuestas

―acaso es ciega tu voz

habla de un modo que yo pueda verlo‖

Llegar al cero ―O‖

II

inventar las palabras

el YO se desplaza

navega o naufraga

hasta descansar en ti

94

el lenguaje que conocemos es apenas

una débil imitación

de los sentimientos

lo invisible hecho visible

por el amor insecto animal pájaro pez

El amor se hace también hablando, escribiendo, mirando, tocando, pintando, imaginando, creando, saboreando con los ojos abiertos / cerrados por el amor inacabable mientras el cuerpo siga latiendo, tibio, húmedo

unido al deseo intacto

de fundirse en otro cuerpo

―envía sensaciones a tu cerebro

hasta que reviente‖.

Nadie paga por vivir

menos aquí

la vida se escapa

sino la tomas por asalto.

III

La imagen se congela en el lente

el camino de las formas permanece siempre abierto

como un sueño que se desenreda

y al contarlo es siempre

alterado, traicionado

95

finalmente olvidado.

Luces negras tienen el poder de envenenar el cielo

el peso de los recuerdos no puede ser registrado.

Tus ojos me siguen mirando desde una foto

antigua y resquebrajada

fue tomada en un parque público, un color marrón uniforme, en la parte inferior puede leerse. ―Lima, Diciembre 1933‖ mirabas en la cámara, tu ropa está limpia y muy usada, un pequeño lazo claro sobre los cabellos negros, las penas no son pocas, tu padre tuvo que abandonar las minas del centro el metal ennegreció sus pulmones y las esperanzas para sus 6 hijos, aquí le aguarda el desempleo y la muerte en un hospital de caridad, pero tú eso no los sabes tus ojos me siguen mirando y al fondo bien adentro, se ve una lucecita humilde que implora: ―Felicidad, necesitamos felicidad‖.

La luz está cansada hoy, pálida. No importa.

Existe cierto encanto que no se dirige a los ojos.

La imagen de hoy jamás puede ser la de mañana

Las llamaradas la explosión y la dicha de los que se liberan

Todo lo visible puede ser registrado, menos lo esencial

―El alma de las cosas‖ – lo duradero

la mutabilidad.

96

LEO ZELADA

Lima 1970. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado el libro de poesía―Delirium Tremens‖, Edición completa, Lima – Perú (1998) y el poemario ―Diario de un Ciber Punk‖, (editorial Moctezuma, D.F, México, 2001). Premio Internacional de Poesía Orpheu (Brasil, 2001). Dirige el Taller de Creación Literaria ―Carpe Diem‖. (Página Web: www.geocities.com/elclondeleozelada).

97

ULISES

I

el oro rojo

II

la arena rubia

III

detrás del océano un hombre solitario espera

98

6:15

- el Hombre Murciélago

-

Ciudad Gótica

Y

a pesar del ensordecedor

y

estridente ruido de los autos

aún escucho tu voz tu voz

mitigando en polvo mis estúpidos temore

derruyendo mis antiguas creencias

mujeres de urbanos y azules

y sonrisa incólume de cristal

si creyese en Brahma (a) creería en la reencarnación de tu mirada

mas solo creo

en tus desgarbados y azules cabellos tan distantes como verdes astros ardiendo que en noches como ésta en vano trato de alcanzar

cabellos

qué puedo ofrecerte sino mi onirica amargura mi abrasador lamento un grito destemplado lanzado agónico al vacío

este poema

la noche me encuentra ahora entre anuncios luminosos

99

y

vouyeurs rascacielos delineando el atormentado trazo de mi piel

y yo no sé que será de mí lobo hombre solitario en brutal desenfreno por sórdidas calles

como un descarnado cuadro de van Gogh

si lo único real ahora es la irrealidad de tu mirada

mi vida constante agónica ocaso

eterno suicidio desesperado crepúsculo a punto de extinguir

ignoro

el sabor improbado de tus labios y sin embargo como explicarlo me perteneces desde antes del origen de los tiempos desde siglos antes que

nacieras

y tu tal vez te preguntes

quién soy / qué busco

qué pretendo al no cesar nunca de observarte

yo soy aquel hombre

que has estado esperando

en tu larga contemplación de los vacíos el héroe absurdo que se niega inútil

a abolir el recuerdo

- oh tigresa de marfil urbano que me vas royendo

ensoñación de un crepúsculo que pugna desesperado por salir cayendo encendida en la mirada

100

invierno de mar huyendo desesperado de los trópicos niña tonta que se niega a usar tacones y abrir sus alas y partir

sigue,sigue jugando con tus muñecas azules y tus ingenuos origamis de papel que yo velaré de tu onírico sueño de insulsos demonios y oscuros dragones que mantendré a raya con mi roja capa tan pura como el fuego

como el primer hombre - soberano de la noche amo de la oscuridad que habito desconocido estas aceras penetrando arma en mano puñal en pecho al denso enigma de tu piel

bombas molotov tenues muchedumbres

las 6:15

y mis pasos no hacen mas que repetir el eco intacto de tu nombre.

101

Templo de las manos cruzadas

I

frío, glacial, exacto se comprimen en aros de papel mis nervios cantata de oboes apuntando al nefasto orden del estío sinfonía de fuego anulando la esencia sacra de las cosas

II

y

deliro

y violentos dragones

serpientes-cactus me lanzan sus llamas

por el sendero del halcón que posa su rapiña incólume en mis ojos góticas columnas punzan la fobia intratable del suicidio e ingreso al templo me dirijo al retrato oscuro del niño ya estoy harto mi nombre es Belcebú ¡oh Jesús!

y derramo mi semen

sobre su hermosura

III

el temor ha cesado la luna conduce ahora mi mente y me he tornado en la iguana que cava su tumba en el delirio

102

Poética

I

El viento

soplaba,

cuando

tu brillo

tormenta

resplandor

poesía

II

Siempre hay una banca vacía para reposar la soledad del poeta. En los claustros de la pontificia catedral se desliza como dragón sigiloso el bardo tratando de ocultar su inmanente presencia.

Duro es entonces el trabajo del aedo, cincelar fonemas en hermosas gemas de mampostería, atrapar imágenes como mariposas de colores a lo eterno: revelación, ataraxia, energía esencial, puro conocimiento.

La poesía no es solo texto.

103

III

Amarga es la vida de un poeta mientras escribe soterrado en el averno aquí el Azul de Darío es el cielo gris de Lima y Adán el atardecer "el crepúsculo más hermoso del mundo‖.

- mediodía y soy la noche -

Converso con un genio incomprendido que lúdico me muestra sus bocetos, él intuye, mi callada amargura, mi depresión profunda con historias insólitas y bromas extravagantes me hace sonreír la ironía de Borges no llega alcanzar su sabiduría.

Las calles en quillca despiden un antiguo esplendor cada balcón esconde un verso de Vallejo, mas no una noche estrellada:

"El poeta es, en ese eterno jirón de la amargura, el poema y la desesperación".

104

Macchu Picchu

"somos hijos del mar del sol, de la tierra, de la luna" Himno al sol

I

«amanecer sin el aroma azul de tu aliento es ahondar la soledad marina del deseo en suaves delirantes extravíos como olas de vergel negadas por el viento toscos galeones desvían inciertos el timonel emblema de los entes y yo me pregunto tallador de jaguar en mis labioshasta cuándo he de verme reflejado en los espejos ¡Babilonia de cemento aluminio y de neón!»

II

de lejanos y agrestes parajes vengo a ofrendar en culto mi callada y lenta agonía tan latente como el silencio asolador ritual de los tiempos

105

en el reino del bronce y del no-ser soy la sonrisa letal de marfil ante el cual la lógica formal del mundo se destruye estrepitosa en pedazos

III

CAPRICORNIO

EN

CONJUNCIÓN

CON

VIRGO

el ritual se ha iniciado

y sobrias prostitutas

se erectan ahora en mi mente

y no sé ahora en realidad quién soy si tal vez un incógnito amauta pronunciando alguna oración oculta hacia el sol

o un oscuro corsario asolando algún puerto desconocido del sur

IV

espíritu de la noche espíritu de la noche guíame sin temor por estas tierras abruptas espíritu de la noche espíritu de la noche condúceme por el sendero del fuego que todo lo devora y purifica arrojado estoy al abismo insondable de la nada y nada ahora me pertenece

106

V

el viento se estrella violento en mi rostro cuarto creciente la luna marca exacta de mis pasos los perros han huido hacia el norte el trineo ha quedado hacia el sur y yo cara a cara al crepúsculo: Macchu Picchu voy camino a la abolición total de mi cuerpo al fin de mis muertes

o

mi definitiva liberación

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