SERMON

SOBRE L A PALABRA VÉ DIOS;
\ P A R A L A D O M I N I C A V. D E Q U A R E S M A .

& r i p t u m est : n o n - l n ^cí® patiq vivit homo > se4 ¿n omni, verbo quod procedí de p r e D e i .
; :

.

E s c r i t o está : no con solo p a n v i v e el b o m b r * \ s i n o de toda p a l a b r a que procede de l a boca de Dios*
S. M a t h . c. 4. v. 4. palabra de Dios que tan p r o d i g i o el desapropio en

E
cia

N

que

consiste que aquella

que comunica y restituye la vida de la g r a -

: aquella palabra vehemente

sa en otros siglos ,\ supo colocar l a j i u m i l d a d en el t r o n o , introducir la penitencia y el centro de l a opulencia y r e g a l o , enriquecer los desiertos con los despojos del m u n d o , plantar en el mundo , y en u n mundo e¿ .mas peligroso , v i r tudes dignas de los anacoretas : en que' consiste repito que debilitada h o y esta misma palabra y casi desvirtuada no solo no renueva entre los christianos sus triunfos, sino que nos dexa á todos en la posesión de nuestros v i c i o s , y de nuestras indómitas pasiones ? N o esperéis que y o defienda ahora y justifique á los ministros que el Señor ha destinado para coadyuvar á la obra de vuestra salvación 5 pues solo á u n D o d o r de las gentes es delante del cielo y de la tierra que mente : con todas licito declarar cumplió fielmisagrado

las obligaciones de este

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SOBRE t A PALABRA DE D l O S .

ministerio , ; guardando toda su dignidad y decoros y que n i los ojos del mundo n i los ojos advirtieron e n él como de Dios noApóstol fragilidad alguna

de hombre 5 el en fin era vaso de elección , y

sotros, somos pecadores miserable* ¿ y dado caso que tuviésemos las virtudes que constituyen santos, quien de nosotros se atrevería a prometerse los talentos que constituyen apostóte? Pero sin embargo , amados oyentes míos
y

no

dudare a f i r m a r , que á vosotros, y no á nosotros se ha, de; imputar; «la decadencia, y < si me atrevo a decir tanto , la ineficacia de la divina palabra. Bien se' que decis que por eso no os intiman, las, prendas y mueve la palabra de D i o s , porque no halláis en Jos jiiinistros que la calidades necesarias. M a s y o porque,¡nosotros por ei contrario o i digo que por. iesoma os mueve n i os convierta la palabra divina. posiciones hallamos: en los christianos que l a o y e n , tales* dis-*
%

que bastan á inutilizar Jas calidades d e l

predicador mas perfecto. Disposición de u n corazón doblado b hipócrita:: disposición ¿le. Un corazón mundano y relaxado» Corazón fingido y hipócrita que no quisiera hallar en los ministros del Evangelio lá$ prendas, que al parecer b u s c a : corazón mundan¿> ^ relaxado < que aunqoe/las hallase
t

na< sejapseve,

chajria de .ellas¿ -, ...

<v

;

>

v J.

Quisiéramos, repetís , quisiéramos v e r r e n o v a dos en los ministros de l a d i v i n a palabra .el mérito y los .talentos de los Apostóles « y nosotros fiába»
t

mos que nuestra ;corazon seria despojo inevitable de su.eloquencia triunfadora. Pero y o por . e L contrarió os digo que vosotros no venis á o i r la palabra de Dios con verdadero deseo de hallar en los que la intiman el mérito y ¡los .tafearos dé los: Apostóles; an-

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S E & U O H

antes la oís con tales disposiciones que ínutífizarián toda la v i r t u d y zelo de los apostóles. E n una paapostóles, pero no los d e , pero estoy cierto que no labra, vosotros queréis seáis $ pedis apostóles

os aprovecharíais de ellos : dos importantes v e r d a des , que me propongo explicaros en este Discurso; pues descubriéndoos- lo que sois , entenderéis lo que debéis s e r , para que la palabra de D i o s sea para v o sotros de salud y de gracia. - ' Espíritu d i v i n o , t u solo puedes dispertar y sa^ de nuestro corazón : principio benque cudir el letargo del entendimiento humanó , y t r i u n far de las aficiones y causa de la negligencia è indocilidad con que los homares oyen t u divina palabra 5 dígnate de decir el zelo santo que t u me inspiras , para este?/ Discurso afiance di fruto d e los que le han precedido, y

documentos, de M a ^

de los que se le han dq

seguir : asi te lo suplico p o r la intercesión

ria. A v e M a r i o .
r #^VUando \ _ / - A / y y PARTE PRIMERA.

se os representa la valentía y la liberé vehemencia en , ño ha^

tad en el z e l o , la energia y

el D i s c u r s o , l a acreditada opinion de v i r t u d estas * señales reconocéis u n i apóstol ò de que

de santidad en el ministerio sagrado

duda que por

u n profeta , \ y . o s doléis de que: no os hubiese
r

eriado nuestro Dios en: aquellos tiempos

no anime las cenizas de aquellos hombres inspirados por el Espíritu Santo para renovarlos en estos calamitosos, que ofrecerían tos à su valor y y disolución zelo tande costo monstruos de irreligión

tumbres con quien laefaiar. Péro; dolor y sentimien-

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SOBRE LA PALABRA DE D l O S .

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to no solo vano

y íutU , sino falso y

engañoso*

sentimiento, que nace de u n corazón ciego que nb se conoce, 6 de u n corazón hipócrita que se disimula y disfraza* Sustento con efe&o , y pretendo persuadíroslo también á vosotros , que este z e l o , este talento , estas virtudes que deseáis al parecer en los mir tiistros de l a divina palabra os ofenderían mucho mas que los defe&os que reprehendéis e n ellos. Sí por ciers

t o . Según el concepto pra&ico que tengo de vuestras costumbres , y según el que debéis tener de vosotros mismos , np dudéis sino que su zelo irritarla vuestro amor p r o p i o , sus exhortaciones exasperarían vuestra y puntillosa delicadeza , y la opinión de su buena vida dispertaría la malignidad de vuestra murmuración maledicencia. A m o r propio que se indignaría de la l i bertad y entereza del zelo apostólico; vana y falsa delicadeza que se ofendería de las exhortaciones apostólicas ; murmuración y maledicencia que procurada denigrar la v i r t u d y santidad apostólica; no es esta, í)ios mío! (}>ien lo sabéis vos ) no es esta la pintura i imagen verdadera del pueblo adonde nos enviáis ? no es este por consiguiente u n puebk*que hada menos desea que encontrar en cada uno de nosotros u n apóstol? í. N o procedamos desde luego con error en la idea que debemos formar del zelo apostólicos el quaj miramos y debemos mirar como el esfuerzo mas ilustre y e l valor mas heroico que cabe en el mayor héroe.. Q u a n d o leemos en los sagrados L i b r o s que u n Samuel y niño todavía
t

fulminaba contra el Sumo Sa-

cerdote los rayos, y amenazas'del c i e l o , poniendo paf tenter ante sus ojo$ el precipicio que abrieron las d i s o luciones de los hijos,y la reprehensible ftoxedad' y descuido del p a d r e : quando vemos que viene camlnandp

Tom. IT.

'

F

el

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G o o g l e

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SERMÓN

el mismo Samuel a la frente de las tribus congregadas á intimar á Saúl la sentencia de su degradación, mandándole que traslade y deposite el cetro en otras manos mas fieles 5 y manteniendo con entereza la majestad del Dios á quien representa , despreciar los rué-? gos, los suspiros, las lagrimas del monarca reprobado: quando vemos que Nathan manifiesta á David la tierra caliente todavía con la sangre de Urías,y la espada del Señor pidiendo la victima : que en la presencia.de un Elias se muestran encogidos y silenciosos Acab y Jezabel, aunque coléricos e indignados : que u n M o y ses , y -un Daniel hendiendo la turba de una multitud de aduladores , llenan con su voz de terror y espanto aquellos palacios donde jamas se oyeron sino viles l i sonjas : que un Bautista declara á Hcrodes su pecado y lo feo de su incestuoso amancebamiento : y que un Pablo libre en medio de las cadenas comueve y estremece el tribunal donde están sentadas para juzgarle la majestad r e a l , y la purpura Romana 5 quien de voso* tros no siente que sobresaltada su alma , comovida, enagenada , y como arrebatada , no se sobrepone á la tierra, dilatándose , elevándose , olvidándose y saliendo de si misma? Y a veo , amados oyentes mios, que la representación de un espectáculo tan divino os embarga los sentidos, y os encanta $ pero dexad que vuestra alma se serene y vuelva en si$ dad lugar a que recobre libertad y afectos, á que hable y se explique :pregun<tadle si son estos los predicadores que desea? A y , Católicos! Quando consideráis los pasados y remotos tiempos, no ignoro que os desatáis en aplausos y alabanzas encarecidas de aquel tiempo primitivo en que la fe y la gracia reynaban con tanto imperio; porque en esto solo obra el entendimiento , y el corazón

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SOBRE LA PALABRA DE D l O S .

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z o n no tiene ínteres ni parte alguna : pero si.miraseis de cerca á aquellos varones santos , si fueseis vosotros el objeto de su z e i o , si aquellas luces que todo lo penetran e Iluminan , si aquella libertad que nada d i s i m u l a , descubriesen y reprehendiesen vuestras p a siones , quien de vosotros no exclamaría con Israel: no no nos habléis , Señor , vos en persona , pues nuestra debilidad no sabría resistir el ímpetu vehey mente y el fuego abrasador de vuestra palabra? quien de vosotros* no huiría del profeta y del apóstol, no desearía y apelaría al predicador moderno? Porque no penséis serian sus reprehensiones como las nuestras, unas reprehensiones blandas , unas correcciones mitigadas » unas reconvenciones suaves, * tinas pinturas de vuestros vicios en bosquexo quales salen de nuestras manos : pinturas vagas de la flaqueza y fragilidad h u m a n a , de la corrupción y malicia u n i v e r s a l , que á nadie convienen en propiedad, p o r explicarme a s i , porque se pueden aplicar á todos tras culpas , que para reprehendérnoslas,
9

y

que son al parecer mas aproposito para escusar nuesy para escusar á cada pecador en particular el rubor de sus propíos vicios , suministrándole ocasión y pretesto de pensar y defender que por eso es pecador porque es hombre : pinturas que se limitan a caracterizar las costumbres del siglo y á representar nuestros desvarios mas como el pecado de nuestro tiempo, que como vicios de nuestro corazón. N o serian por cierto aquellas pinturas que forma u n pincel gobernado y dirigido por una cobarde y humana prudencia; pinturas que tienen con el pecador tal qual remora semejanza , pero donde no ve su retrato expreso, y por las que estác seguro que nadie venga en conocimiento de el > pues no solo serian pinturas sino retratos ver¬
;

-

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2

da-

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.

SE R MOW

^

daderos , c u y a valentía y destreza cíe pincel os co-: piaria facción por facción : porque no saben pintar de otro modo ios Profetas n i los Apostóles inspirados de Dios : no conocen otro estilo i asi forman unos retratos en que se representan enteramente sin disimulo alguno el pecador y parecidos y, el vicio $ retratos vosotros,

por donde no podríais dexar de conoceros blemente. Pero h a Católicosi su Jurisdicción

y por donde todo el mundo os conocería indefectiquería tiranta de los respeto*

humanos h a estendido en estos tiempos los limites de funesta hasta en el santuario. Esa l l a y

mada prudencia

c o r d u r a , y circunspección nos tieaquella impetuosa y

ne esclavos de tantas atenciones, de tantos miramientos , de tantos respetos, que noble intrepidez y arrojo que tanta energía y vehemencia comunica á. l a eioquencia p r o f a n a , parece está vedada y prohibida en la eloquencia christianaw Apenás nos es licito y a pintar los vicios de nuestro si-, glo usando de impropios y ágenos nombres, y de cxemplos forasteros. Si por ventura se nos desliza de 1* boca alguna palabra mas libre > alguna que murmuraciones, y q u e escándalos reprehensión tal vez no mas acre y mas contraída y personal, que alboroto^ causa ! Q u é diríais pues >. y cómo no os comoveriais, si prendiendo en nuestro corazón alguna centella de aquel divino fuego que ardía en el de los Apostarles y Profetas, osase el predicador evangélico sin res* petar clase, nacimiento ilustre, pode* , riquezas, f a m a , rasgar el velo que oculta tantos misterios de ini-? quidad en todos los estados y condiciones? C o n que' indignación
y

con que' colera oiríais vo^
v

sotros , Grandes.y Poderosos del mundo , á u n , m H nistro d c J e s u T C h r i s t o quando sin mas a^tor#a4¿> : • sin

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SOBRE LA'PAL ABRA DE D l O S .

sin do,

otro titulo que su vocación .al ministerio sagra-! y su valentía en cumplir con e l , os dixese con

el Profeta : hasta ahora no h a oído m i voz sino el pueblo r u d o , por no haber podido llegar á vues-* tros oídos , y acaso no observa e l Vulgo los manda-, tos del Señor sino por falta de instrucción : dixi jfor-

s i t a n pauperes

sunt &s t u k i ignorantes m a m D o m i n i i
*¿

( i ) mas vosotros no pecáis por ignorancia de entendimiento , sino por malicia del corazón : ibo igtour

o p t i m a t e s . . . . . . . ipsi
Con yor magis

e n i m c o g n o v e r u n t v i a m D o m i n L (2}

que tenéis conocimiento de vuestro D i o s > bien insolencia contra su santa l e y , y sacudir mas desbi confregerunt jvgum. (3) N o es Justo pues q u ¿

es verdad que solo le conocéis para rebelaros con man vergonzadamente e l y u g o de su amable imperio ; ecc§ y o como ministro enviado para desagraviar la gloria* del Señor con
i

guarde respeto n i contemplación alguna

q u k n tales injurias y ultrajes hace a su Majestad:

y o correré el. velo que oculta á los ojos del publico lar Ignominia vergonzosa de vuestros depravados deseosa y el* mundo entero vera en vuestras personas envilecida la grandeza con las flaquezas mas serviles é indecorosas; D e c i d la verdad > Grandes y Poderosos delmundo : no vería el renovadas contra* si las conjura-; clones de los cortesanos de Sedecias contra Jeremías,, y ces iniquos Magistrados , cuya, autoridad es tan y atemorit

las furias de E u d o x i a contra el Chrisostomo ? Juey

aplaudida y venerada en aquellos que solo se sirven, de feUa para amparar i lo» inocentes zar á los
7

malhechores } si de repente compareciese*

e a este pulpito un. profeta , u n Isaías 5 si después de
... I . . . . . . 4tUIW .LlillU.HWM

W

Jcrm.CM.4.

(*) Ibid..^*,.

:

( $ ) .

:

.

1

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.

.

S

E

R MO N

haber observado y seguido vuestros pasos por los i n trincados caminos, de esos tribunales , descubriese las

pasiones que con vosotros se sentaron en ellos , y os arrebataron de la mano la balanza donde se pesan y examinan los derechos del pueblo didando según su antojo y decidiendo á su arbitrio de la suerte de tantos infelices 5 si manifestase las preocupaciones que ofuscan las luces de vuestro entendimiento , la negligencia y sensualidad que las apagan , el empeño y las conjuraciones que las sufocan , el artificio , los malos medios, la negociación que las seducen, los fines politicos que las esclavizan , eL respeto humano que las ahoga, las inclinaciones y apetitos que las venden y sacrifican al interés 6 á la ambición 5 si os diese en rostro con esas disimuladas y oficiosas condescendencias , que con tanta prontitud se rinden yr allanan ante el Grande, el rico y el poderoso del mundo; y con esa arrogancia y sobrecejo que dexan hierta y sonrojada á la inocencia desvalida 5 si os reconviniese porque hallan tan pronta entrada y tan buena acogida el favor , el valimiento , y la amistad , en lugar que con tanta dificultad son oi¬ dos los lamentos del pobre quando no tienen mas
padrinos que su miseria y sus lagrimas : omnes
cant, ¿r* c a u s a v i d u a n o n

dili-

g u n t muñera , s e q u u n t u r r e t r i b u t i o n e s , p u p i l l o n o n j u d i i n g r e d i t u r a d eos. (1) Decid-

me , no miraríais la libertad de su zelo como una injuria y ultraje de vuestra autoridad ? Si en tiempos que no fuesen los nuestros , sí en el rey nado de un Monarca menos aplaudido por su justicia , por su beneficencia , por su acreditado acierto
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(1)

Isai. .c*i.v* *j% » 4 -

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SOBRE LA PALABRA DE D l O S .

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t o en conocer y elegir para los; empleos los sujetos hábiles éidóneos para la felicidad p u b l i c a , se atrenvíese u n predicador; evangélico a poner su ^lengua en aquellos personages, que baxo las ordenes del S o Juerano sustentan en sus manos las riendas d e l imperio^, i que' tormenta no cohcitaria contra si aquel ze*:

ÍQ q u e representase sencillamente e l mérito olvida* úo , la v i r t u d abatida , protegido e l v i c i o , l a inhabilidad colocada en altos puestos , premiada l a traición , las elecciones didadas por el capricho y la c a sualidad ¿ e l favor < y los eir^leos; hfcehos despojo y,
:

presa de l a adulación, d e l a r t i f i c i e * d e l interés,vdc la sensualidad, la verdad negada 6 disimulada, desapreciados ios gemidos de la inocencia y de la mise* r i a , y la razón de estado . el bien deL estado . la
y y

tranquilidad i del estado., nombres, venerables no lloverían

r

< con

ijue; ocultan, lar violencia é injusticia de .sus; designios! sobre este zedo mas castigos que los ó: contra l a ma*• • .¿.x q u e merecen esos, fanáticos incrédulos q u e blasfeman •contra la; divinidad de J a Religión* ^estad.deLtroncf?' ...
r f

-y^ - \ . j , ;

. Que' pensarían, que, dirían esos hombres , fenor menos de l a fortuna , que vemos tal vez: levantarse de repente del p o l v o de. la: tierra .» elevarse e n u n ins* tante sobre taje8fera,de. los demás Jhombres , condes
;

cora&i srt opuíencia:,reciente;ion JSÍ prestado espíen* dor; de los mas alustres > apellidos , quando. u n minís* t r o de D i o s Jes dixese .con toda verdad y sinceridad vestjgfes, y l las ruinas/fie*¿iudadesry ipro^inciási p U l u m i f a t u m exa&órfs juíspaliasugwnt;
1 y

que cesos palacios soberbios están edificados .sobre los Po<ji)jqué el' itt» senil) Isai. c. j . v . i z . .va .; ^

v

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4$

S B U M O N

sensato orgullo que con tanta pompa liace ostentación de sus tesoros , es u n nuevo pecado sobre ¿i jde la codicia que por medios tan iniejuos los acaud a l a : que la profanidad y magnificencia odiosa con q u e insultan e irritan l a publica calamidad , echa «1 sello á l a miseria de los que por ellos son infeli-

ces : r a p m d p a u p e r i s i n d o m o v t s t r a . ( i ) nc* tendrían
semejantes y en Judá. \ geres expresiones por una sátira acre e indecen. .\. J t e ? A s i hablaban,sin embargo los Profetas en Israel A que predicador Evangélico perdonarían las muq u e , . aunque fundado en las santas Escrituras,

las reprehendiese ese exterior falsamente modesto, esa afectada y postiza compostura , c u y a ficción se descubre c o n tantas i n d i g n a s oficiosidades y demostraciones amorosas', ese deseo ,de parecer bien que per-, Vierte tantas aunas , y qué no puede nacer sino de u n corazón y a corrompido y v i c i a d o , ese ayre arrogante y desdeñoso que pretende la común adoración^ hermanado sin embargo con ese abandono de su vergüenza y decoro propio, que las expone al desprecio! de ta*^

t o s f P r o eo e l e v a t a sunijfóa
brum ibant.

Sion i

&

ftutibus>ocu-

(2) C o n que' estraña y furiosa i n d i g n a -

ción no le escucharían v - s i intentando: aconsejarles l a modestia y decencia convenientes^descendiese á repre* hender y hablar; menudamente xle la muit}t?udHde e « » adornos , deesas mpdas que. deben su principio £ ü v Vención á l a vanidad , y que la comunican a tantas pasiones ? no sé juzgarían con suficiente' derecho pap ra decirle que ignoraba ( l o jejue éstarial harto de sa* her) eldpcprp ys gravedad que pide l a cátedra ¿m Es-

(1)

Ibid.v. 14.

(*)

Isaú V. l 6 .

: .v

, ) .U

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SOBRE LA PALABRA DE D l O S .

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Espíritu Santo 5 y que estaba perfectamente raría enteramente ?

instrui-

do en las modas y fruslerías del siglo , que el i g n o Q u e seria pues, si pasando de la reprehensión del estado y del empleo a la de la persona
r

como

lo solia mandar Dios alguna vez á los Profetas , p u siese ante los ojos de cada uno de nosotros u n vivo rer trato de nuestro corazón y costumbres ? Ruegoos, amados oyentes mios , que me digáis si el titulo y dignidad de apóstol y de profeta le captaría una atención m u y grata ? Llevaríamos nosotros en paciencia el peso grave de una corrección tan afrentosa? Profetas eran los Isaías y los Jeremías j pero sin embargo por quanto predicaban verdades desnudas y amargas, pqrque ignoraban , y les estaba mandado que igno^ rasen y no entendiesen de esas atenciones , de esos miramientos , de esos respetos cobardes que comba* ten el pecado dexando intacto ai pecador, desamparar dos y casi solos veian que Israel y Judá corrían a éxercitos k prestar gratos oídos á los profetas políticos y cortesanos, que compraban la estimación y benevolencia de l a multitud adulando sus pasiones : qui di"

cune...

l o q u i m i n i n o b i s p l a c e n t i a . (x)

Confesemos pues, amados oyentes mios, que ninguna cosa se conformaría menos con nuestro genio y con nuestras Verdaderas inclinaciones , que u n predicador que fuese u n apóstol ó un profeta.Con todo eso cocimos q¡ue deseamos y queremos zelo en los ministros de la palabra divina. M a s procedamos con sinceridad , que zdo c$ este que deiséamos ? u n zelo enteramente c o n trario del zelo apostólico ; esto es u n zelo que tenga

tomAV.

Q

la

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jo

S E R M Ó N

la sabia discreción de atemperarse á los intereses y flaquezas de nuestro amor propio y de nuestra vani-

dad ; esto es, un zelo que use de la circunspección de instruirnos sin avergonzarnos, de reprehendernos sin humillarnos 5 esto es , un zelo con docilidad y aptitud á recibir la ley de los vanos caprichos del siglo corrompido > porque corren en el dia ciertos vicios á quien una falsa delicadeza parece que exime de nuestras reprehensiones. Esa pasión contagiosa del amor impuro , cuyas llamas consumen y talan todas las edades y condiciones , ya se manifiesta con disolución é impunidad en los perniciosos libros que la propagan , en las conversaciones que la estienden , en las concurrencias que la avivan, y en los teatros que la enseñan. En las representaciones trágicas aparece continuamente enoblecida y casi justificada por los grandes personages cuyos ilustres nombres adopta, y en quienes esta pasión infunde sus flaquezas. E n esos teatros se dexa ver engalanada con todas las gracias y embelesos de la poesía , avivada con una música, á cuya dulce y sensual armonia se destemplaría y flaquearia la virtud mas rígida : en ellos pues veréis que una multitud inmensa de ambos sexos se ablanda y enternece con sus suspiros , mezcla sus lagrimas con las suyas , la hospeda y admite en su corazón , y Se embriaga con sus dulces Ímpetus > mas si en la cátedra del Espíritu Santo se trata de ponderar y pintar sus horrorosos estragos , tiembla el pincel en la mano mas valiente , flaquea , y solo tira rudos y mal formados rasgos. Mesuranse los oyentes , manifestando en sus semblantes un rubor hipócrita y aparente : y por escusar la vergüenza de sus propias abominaciones , han discurrido y hallado modo para que el mismo predicador se averguence de su zelo ; la misma
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SOBRE LA PALABRA DE D l O S .

J I

ma piedad ilusa e indiscreta coadyuva y fomenta los intentos de esos hombres disolutos con importunos escrúpulos > y fundándose en textos que no entiende, reprueba que imitemos nosotros los exemplos de libertad evangélica que nos dio San Pablo. Es verdad que deseamos y queremos que los predicadores zelo , y acaso les deseamos u n zelo apostólico; pero con tal que no seamos tengan verdaderamente nosotros el

objeto de su zelo : u n zelo en ñn que solo nos h a ble de lo que queremos oir. A s i los amos se derraman tal vez en aplausos y alabanzas de u n ministro; del Evangelio que declama contra la pereza , la poca. fidelidad, y la inobediencia de los domésticos : y estos le alaban igualmente.quando le oyen exhortar y persuadir á los amos la benignidad y caridad que der ben usar con sus subditos, con quienes los vinculos de la Religión los estrecha y une mas de lo que los separa y desune el nacimiento y la fortuna. C o m o el instruya y aconseje al pueblo a sufrir la subordinación , a respetar la autoridad , á mirar en los que ocupan Ips primeros cargos de la República, no el de y ser de hombres meramente , sino la imagen de Dios á quien representan , tendrá segura la aprobación los G r a n d e s ; pero si declama contra la altanería

soberbia , contra la profanidad y excesos de los Potentados , el pueblo envidioso no acabara de encarecer y . ensalzar á u n predicador , c u y a entereza se atreve k{ provocar á los dioses de la tierra : si exercita su elo-; quencia contra las sutilezas, las sofisterías* i o s . r o d e o v la intrepidez , l a temeridad , las falsedades , el escan-> d a l o , y las perniciosas consequencias que confunden > y adulteran la ley en beneficio de las pasiones, «las almas menos escrupulosas, y aun los nombres mas r^rdidos y desalmados,juzgaran de e'l quexarecedel
c

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52,

S E R M OT*

debido vigor y fuerza* pero intente explicar el g o b i e r n o , la economia , la naturaleza de nuestra sagrada Religión , manifestando que no menos es ley d e s u misión para el entendimiento, que ley de caridad p a r a el corazón 5 que no reprueba menos la altivez orgullosa que declina y no quiere reconocer la a u t o r i d a d que condena el error , que la concupiscencia que d e s truye y asuela los diques levantados contra el torrente del vicio 5 que igualmente apadrina la causa d e l a verdad , que la de la v i r t u d * y que en materia de Fe', y en materia de moral no condena menos las r e s tricciones mentales , los equívocos, los probabilismos, las disimulaciones, las sutilezas , las sentencias q u e adulan y fomentan las preocupaciones y apetitos , cador , apenas se librara de la reconvención y veréis que por suave y benigno que proceda el p r e d i y nota de sedicioso,ó á lo menos de imprudente y temerario. Si anatematizamos y abominamos de u n mundo que solo respira odios y venganzas> de un mundo esclav o de una ambición sin ley n i rienda , y de u n interés vil y sórdido $ de Un m u n d o , despojo y presa de grandes vicios y de grandes pasiones , las almas devotas aprueban gustosas y alientan nuestro zelo > pero si reprehendemos esas prontitudes y arrebatos de genio , esos desahogos y complacencias de vanidad* eme se'yo que'otras flaquezas ? esos defeceos queríante de Dios degradan el mérito de la v i r t u d , y par a con el mundo le dexan en m u y baxo concepto , las mismas almas virtuosas afectaran olvidar que según observa San Agustín , no para otro fin h a y instituidos predicadores en la Iglesia de Dios sino para reprehender á todo pecador ; y que no menos faltan á las obligaciones del ministerio evangélico tolerando las ilusiones de la falsa t indiscreta devoción, que di-.

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G o o g l e

SOBRE LA PALABRA D E DlOS.

J3

simulando los delirios del iibertinage : ad boc

constHnti

sunt i n E c c l e s i a , u t objurgando

n e m i n i p a r c a n t . Gusta-

mos en fin de ver notados y reprehendidos los vicios de los demás > pero no de ser objeto de la c u r i o sidad y censura agena. A p l a u d i m o s al predicador, forma el elogio d e i a s virtudes que telo intitulamos zelo quando reprehendiéndolos defedos de que nosotros carecemos, nemos : y asi lo que llamamos invectivas quando se dirige á nosotros la corrección , uno quando habla con el próximo. V e i s pues como cada pide y quiere apostóles para h u m i l l a r , confundir , reprehender á los demás, corriendo el velo que oculta sus maldades: y como nadie quiere apostóles con deseo de instruirle , y con entereza para reprehenderle. C o n que si nuestro amor propio se ofendería de la libertad del zelo apostólico, pensáis que u n sermón predicado según -el espiritu y la libertad u n apóstol no exasperaría nuestra delicadeza? 2. E n efecto, con que' disposiciones se viene hoy; dia á oir la divina palabra ? Vienese con una delicadeza de entendimiento, y de gusto que busca slu de^ ley te en las gracias, y en la cultura del discurso: y cori una delicadeza de corazón y de sentimientos que teme no la desazone y perturbe la vehemencia de este mismo discurso. Observad, dice San Gerónimo, el inmenso auditorio que concurre á nuestros templos ; aan<{ que no dudo se hallaran en el algunas almas 'devotas y timoratas que vienen á aprovecharse de la divina p a l a b r a , y que seguramente hallaran a D i o s , porque solo buscan á su Majestad j pero observad , r e p i t o , ! * multitud que acude al Santuario traída de una cu-< riosidad reprehensible, y compuesta de unos hon>¡ bres que erigiéndose en arbitros y maestros de la elocuencia christiana, quanto oyen quieren que se condé

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S E R M Ó N

forme con sus ideas y pensamientos. Este habituado á meditar profundamente , no gusta sino de argumentos y razones secas y áridas : aquel, de entendimiento sutil y superficial, no aprueba una elevación, una abundancia, una solidez de razones, una eloquencia de estilo, superior á sus alcances : el u n o , rígido y severo, solo quiere que se hable al entendimiento: el otro , de una imaginación mas viva y mas amena, no gusta sino de un discurso que enternezca el corazón y mueva los afectos. Y unos y otros no saben, ni quieren saber que todo el mérito del oyente consiste en desprenderse y olvidarse de si para franquearse plenamente á los diversos impulsos que puede excitar en ¿i la voz del hombre, en especial la voz de la gracia. Tampoco se sabe ni se quiere saber que la principal suficiencia y habilidad de un Orador , consiste en revestirse y despojarse sucesivamente de toda especie de espiritus , y de valerse ya de los discursos mas patéticos, ya de los mas tiernos y vehementes afectos: no se quiere entender que el predicador mas digno y mas idóneo para intimar el Eyangelio seria aquel que unas veces manifestase la grandeza y majestad de la Religión con la pompa y magnificencia del estilo 5 y mas sencillo otras veces y mas persuasivo ensenase con sencillez y suavidad: 6 por mejor decir , no se entiende n i se quiere entend e r , que supuesto que a ningún entendimiento es concedido revestirse y adoptar toda especie de entendimientos,, la razón dicta que el oyente se desprenda y desnude de su genio propio y personal para atemperarse y hacerse al genio del predicador. Pero los hombres que todos son de diferente gusto, todos se conforman en hacer un riguroso escrutinio y critica inclemente de los Sermones. Y no deseenDigitized by

SOBRE LA PALABRA DE D i o s

yy

ceaderc , Católicos^ al

pormenor de esa altanería

desdeñosa con que ois la palabra d i v i n a , de esa falt a de atención, hija del orgullo y de la vanidad, de esas comparaciones , odiosas en que l a ignorancia y la pasión prevalecen tantas veces contra la razón y la justicia. N o hablare de esos genios indigestos, y acedos, y descontentadizos que nada alaban sin restricción, que no empiezan ningún elogio sino feneciéndole con sátiras, y no nos disimularian l a reprehensión de sus vicios, si no esperasen consolarse y resarcirse c o n l a censura de nuestros defedos. N i exclamare c o a San Gerónimo: ¿escándalo! y a no concurren á las oraciones Evangélicas, sino oyentes profanos ! N o t o r i o es que hemos llegado á unos tiempos, q u e necesitamos estudiar mas ciencias, que la cien* tía del Evangelio para predicar de Jesu-Christo: no instruye al pueblo , sino que el y a el apóstol tol;

pueblo juzga , c o n d e n a , abate y confunde al apos* pretendiendo nada menos que , profanando n o *
r

sotros l a santidad de nuestro sagrado ministerio s i gamos y. aprobemos solamente como esclavos viles los caprichos y antojos de nuestros oyentes, quan¬ es vibrar rayos contra sus do nuestra obligación

escándalos: a d a u d i t o r i a c o n c u r r k u r , u t oratia , rbet¿> ricé a r t i s f u c a t a mendatío j p r o d c a t i n p u b l k u m non t a m a u d i t u r a popuios , q u a m p o p u l i p l a u i u m captatura*
H a b l o de esos hombres, que nunca hallan elevación suficiente en ios pensamientos, n i dignidad en l a expresión^ n i propiedad en<el estilo, n i gracia n i de* licadeza en i las pinturas , ni suavidad n i ternura en los afectos: de esos hombres, á quienes una acción i m propia, una voz desentonada ofende y martiriza. Q u e oración pues será tan afortunada que acierte á mero 1

cer

su aprobación, y

iiaípmm

benevolencia? Sera^

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5¿

' SERMOIC

tío lo dudo , toda oración qué se ciña a ensenar p o liticamente las máximas y preceptos de equidad , de

probidad , de decoro, de moderación mundana ; sera quando el Santuario convertido en Academia les ofrezca en lugar de un Pablo que solo predicaba la locura de la Cruz de Jesu-Christo , un Filosofo que dicte y pondere con eioquencia las lecciones de la ciencia hinchada de los Sabios de Atenas : un Recopilador de reflexiones y disertaciones sobre las causas de la decadencia y ruina de los imperios , de lo desierto y despoblado de las monarquías , de lo deteriorado del comercio y de las artes , y de la perdida de las habilidades y talentos : un Recopilador repito que abra, digámoslo asi, una escuela de política para sus oyentes , y en el mismo recinto del altar ics borre de la memoria que son christianos , no hablandoles sino de las obligaciones del ciudadano. Pero si una oración digna de la majestad del templo sacrosanto de Dios vivo , pone patente á sus ojos la terrible, e inmutable suerte eterna que puede caberles > sí los traslada á la cumbre del calvario donde corra la sangre de la victima sacrificada por la expiación de sus iniquidades ; ó al rribunal de un Dios justamente irritado que á vista de todo el mundo los agoviara con el peso de sus anatemas y maldiciones > ó á las puertas del infierno que está esperándolos para hundirlos en sus profundas cavernas , atónito entonces su amor propio, estremecido, impaciente y ansioso por evitar y embotar la fuerza de estas reflexiones que los atormentan, toman la resolución deexaminarias y criticarlas, estirándolas y recibiéndolas como unas exhortaciones, que semejantes á las que provocaban la colera y la furia del impio Joram, solo les anuncian, e intiman calamidades; n o n p r o p b e t a t m i b i bo-,
num

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G o o g l e

SOBRE LA PALABRA bfi DlOS. num udmalum.

f J

( i ) Después, para justificarse a si mis-

mos y acallar s u conciencia, culparán acaso en el predicador no haber acertado á hablar dignamente de la sublimidad de las verdades de nuestra Religión* y P°F ventura su verdadero delito no sera otro en s u opinión, sino haberlo intentado con alguna feUV cidád. Porque , que motivo ( no hablo con aquellas almas piadosas que prontamente se mueven y enternecen, que fácilmente conciben afectos santos, y que para sentirlos y provocarse á ellos no tienen necesid a d dé que voces de terror y espanto ios dispierten y exciten en su i n t e r i o r , imponiendo silencio á sus pasiones : hablo solamente con esas almas mundanas, distraídas, relaxadas, esclavas de l a futilidad y del d e l e y t e , y casi sin religión ) que m o t i v o , repito, pueden tener para echar menos y desear en l a cátedra del Espíritu Santo eso que llaman, porque se les a n toja, llandza y sencillez del estilo y lenguage apostóf

lico? Y a están entendidas 5 p e r o , aunque ellas q u i e ten engañarse voluntariamente
r

no caemos nosotros

e n su error. E l misterio está en que unos discursos nerviosos y convincentes las desengañarían mas de lo que ellas quieren desengañarse> en que unas re* flexiones profundas, unos afectos vehementes y p a téticos , unas imágenes vivas y valientes, unas expresiones enérgicas y vigorosas las señorearían , las rendirían , las sujetarían mal de su g r a d o ; y en que l a delicadeza de entendimiento y de gusto cede á la delicadeza de los afectos y de las pasiones : y por eso encarecen tanto los discursos sencillos porque no les perturban el falso sosiego del corazón. D e aqui nacen también las falsas y quiméricas ideas que tie¬

Tom.
(i)

m

H
' í

nen

tibr.

%. Paral. 1.18. v. 7.

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S E R M Ó N

nen de la sencillez apostólica. N o ignoro que la elo? quencia christiana gusta de llaneza : esto es , que recibiendo suficiente exornación y hermosura de su misma grandeza y majestad, desprecia adornos agenos : esto es, que no tiene necesidad de aquella afeminada elegancia , de aquel estilo afe&ado, de aquellas exornaciones artificiosas que manifiestan 6 la vanidad del Orador deseoso de agradar al auditorio , ó la esterilidad de la materia que no ofrece al ingenio campo suficientemente dilatado ; pero también se que nada menos es que una eloquencia h u milde y valadi, sin vigor, sin energia , sin elevación ; pero también se que si la Religión encuentra con un Orador de talentos y de natural facundo , le eleva, le engrandece , y levanta á un grado de eloquencia , que sin arte excede todos los efectos maravillosos del arte* Desgraciado, dice San Prospero , desgraciado aquel ministro del Evangelio si predicando al padecer a Jesu-Christo , solo se predica a si mismo; si solo habla de Dios con el fin de dar que hablar de sí; y si se complace mas. en los aplausos de un pueblo asombrado de su eloquencia que en los gemidos y lagrimas de un pueblo arrepentido y con¬ - trito! N o n v o c i b u s d e l e B u s p o p u l i a c c l a m a n t i s s i b i , s e d fietibus. Pero desdichado igualmente, desdichado de aquel predicador pusilánime y negligente que no dedica y emplea en la salvación de las almas ( y en promover la gloria de Dios) los talentos con que le plugo ai Cielo dotarle 1 Sabed pues que la Religión es fecunda madre y manantial copioso de altas y sublimes ideas , de enérgicas y vigorosas expresiones, de afectos vehementes de un corazón enardecido de los ímpetus y éxtasis de un entendimiento elevado
% y

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G o o g l e

SOBRE LA PALABRA CE D i o s :

$p

sóbre tí'm&mch y quien acierte i gustar de sus d e l i cias* y á hacer en ella profundo estudio , prontot se convertirá en algo mas q u e hpmbre t y cómo es. posible que u n O r a d o r dexe de hablar, con majestad y decoro , qüando hable de vos > 6 D i o s m i ó ! . A s i lo (entendieron aquellos antiguos Padres de l a Iglesia, modelo*tanperfeftes de las¡ virtudesry talen-í t o s , con que debemos exercitar el sagrado ministefio del pulpito. T o d o s , según e l consejo del Apóstol, emplearon en propagar el Evangelio, aquellas gracias! y dones que Dios sei digno de coücederies : sicut Dominus dcdit. unicuique ( i ) U n Ghrisosromo, la elegancia

de la expresión, la urbanidad del estilo > la abundan* tía de ideas, la fecundidad de entendimiento: u n San Gregorio Nacianceno > las inagotables agudezas» del i n g e n i o , ios tesoros de la erudición , la solidez del discurso > las profundidades de l a mas alta theo-; l o g i a : u n San C i p r i a n o , u n A r n o b t o , u n L a & a n tío, la suavidad, l a delicadeza, la pureza d e l lenguag e , qué afójd&ílce y disimnlado atractivo Cautiva e l entendimiento, disponiéndole para que se cebe con ansiaren, l o que. entiende con deleyte : u n T e r t u l i a no , l o ardiente,de la imaginación, lo arrojado de los pensamiento^ l a valentía de los tropos y figuras: u n San León , U majestad, la p o m p a , l a magnificencia, la harmonía d e l discurso: u n San Gregorio el M a g no
f

l a claridad > ta limpieza; l a sencillez amable: aquellos altos y delicados pen-

u n San A m b r o s i o , aquella oportunidad y profundidad de reflexionóse samientos,, aquellas: caídas tan felices , aquel orden, aquella trabazón, aquellas expcesione? tan cultas y . '•, H i . ex-.

(i)

i . AdCol.c.

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S E R M Ó N

exquisitas,

que movieron à Agustín

à elegirle ptík

mero por maestro en la oratoria , y después en la ciencia de c r e e r , y v i v i r según San y halagüeño el E v a n g e l i o : u n Agustín , u n San Bernardo , aquel estilo dulce que penetra , mueve , ablanda y e n -

ternece él alma , haciendo a l corazón aquella amable violencia de qué n i puede n i quiere defenderse;

unicuique situt D o m i n a s dedit.

;

Pero dexando de hablar de las prendas que el hombre tiene.en quanto t a l ; que grandeza, que*sublimidad no se advierte en u n Isaías inspirado del cielo ? C o n que' truenos , c o n que'rayos tan abrasadores de una eloquencia superior à toda humana eloquencia intima los destinos de los pueblos
7

anuncia

el imperio del Dios de los exercitos , abre el sepul^ ero donde se precipitan y hunden Babilonia; T i r o , D a * masco, Reyes y reynos, conquistadores y conquistas,» polvo todo y ceniza , q u e u n hálito del T o d o p o d e r o so esparce por los ayres! C o n que' Ímpetu,con qaé Vehemencia no postra y destruye toda soberbia i»H domita que se rebela contra Dios ! Q u é dolor h u b o jamas mas v i v o en sus lamentos , mas tierno-y seny tido en sus pesares , mas lastimoso en sus quexas

suspiros que el dolor de Jeremías? Afc considerarle sentado sobre las ruinas d e l santuario bañadas cotí sus propias lagrimas * al oir los tristes gemidos coni que lamenta las calamidades dé Sion reducida à pa^ vesas, no sabe el hombre de quien se conduela a n tes si de los infortunios de Israel , ò de la angustia del Profeta ! R e v o l v e d las Sagradas Escrituras , y hallas reís que l a eloquencia protana es v i l y baxà comparada c(Qn los grandes modelos que se leen en ellas : y las expresiones en que prorrumpe la misma poesia arrebatada toda en el mas impetuoso entusiasmo, por enérgicas

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SOBRE LA /PALABRA DE DlOS.

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¡

cas que sean, siempre enervan la pomposa majestad y que dice claramente

sublimidad de los Escritores sagrados. A q u e l Pablo, no haber venido para ganar las almas con la persuasión halagüeña de la eloqucnc i a humana , quando se pone á explicar los arcanos, de la gracia 5 quando postra y confunde el o r g u l l o de los zeladores de la ley 5 quando defiende y justifica su vocación al apostolado > quando repre-* hende en los Galatas el detestable y vergonzoso delirio con que se sujetaban k las observancias j u d a i cas ; quando fulmina el r a y o de su eloquencia con^ tra los escándalos de C o r i n t o , no parece puro h o m bre , b por mejor decir , es u n hombre en quien se admiran unidos los talentos y los ingenios de todos los hombres : bien es verdad que no sabia sino á Je~ sus crucificado, esto es., que toda s u ciencia la e m pleaba y dedicaba en predicar la cruz de Jesa-Cnris*' to 5 no sabia digo , sino k Jesús crucificado ; mas para saberle como le sabia Pablo , es necesario n o ignorar nada. '••'•. ,•> < ., « . qao .Vuelvo k síeguir el h i l o del discurso r y para que predican la divina palabra oye, b jóvenes

el documento aproveche igualmente k los ministros
y

y al pueblo que l a especialmente, los empeño»

quiero convertirme k vosotros

Levitas , k quienes el zelo y

de vuestra vocation disponen para el cumplimiento d o las funciones de este sagrado ministerio. Queréis c u m plir dignamente con las obligaciones de este grande y dificultoso encargo ? Proponeos por vuestros m o delos y ejemplares los sagrados Escritores : en ellos
c

profundamente estudiados aprenderéis dos géneros dé> eloquencia de que os podéis valer sucesivamente se-; gun la naturaleza de los asuntos que se os ofrezca t r a t a r , y las circunstancias y coyunturas en que o s :? ha-

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í%

SERMÓN

halléis. M o y s e s , quando habla con la gravedad de Legislador j nuestro Salvador divino , quando revela los misterios é intima los preceptos de la nueva ley, los Apostóles , quando explican y repiten las sentencias y lecciones de su maestro , os enseñaran limpieza, la concisión tan necesaria y á hermanar con una sencillez majestuosa la c l a r i d a d , la esencial para fundar los dogmas , para declarar los preceptos, para resolver los puntos morales , de donde depende la bondad y arreglo de las costumbres, para referir los sucesos milagrosos, y fundar y poner en claro los argumentos que prueban el divino origen de la Religión Católica : en fin, sea todo luz pura y serena, todo claridad apacible y despejada, quando se trata de ilustrar , 6 desengañar veis en el caso y el entendimiento , de confirmarle en la verdad , 6 de reducirle á ella. ¿ Pero os necesidad de dispertar al pecador del sueño de la c u l p a , de perturbarle su infeliz paz, de estremecer su alma con expresiones de terror y espanto para curarle la locura y embriaguez de sus desenfrenados apetitos, majestad del Altísimo de ponderar la gloria y sacrilegamente la vilipendiadas

por los desacatos de nuestras iniquidades , de encarecer lo riguroso e inexorable de sus juicios y castigos, los tesoros de su i gracia y daloso de sus misericordias , de entonces zaherir á la impiedad y deshonestidad con lo escande sus abominaciones ? Levántese vuestra voz y estilo á exemplo de los Profetas , de los Apostóles, de un Pablo , de Jesu-Christo mismo: no conozca silibres
n o s

avívese , enardézcase , fulmine y truene : arrebatada y enagenada vuestra cloquencia no ideas grandes, sos , pinturas naturales y vivas, estilo sublime , profundos discurvalientes y

descripciones, afe&os verdaderos, expresivos, riere

i

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SOBRE LA. PALABRA DE D l O S .

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$

n o s , dulces : : no a d m i t a , n o , aquella sencillez que usada en semejantes ocasiones , solo serviría para l u * dibrio de u n mundo soberbio y presunüdo, y para fomentar los vicios y paz falsa d e u r t m u n d o carnal y d e p r a v a d o : sea t a i .vuestra eloquencia que á manera de uñiuegodevorádor todo l o consuma y derrita, y á manera de u n impetuoso torrente l o arrastre y arrebate, todo : y entended sin embargo que aunque v u e s t r a voz sea tan recia y espantosa como aquella v o z que desquicia y desarrraigá los cedros del L í b a n o , no por eso dexara de encontrar con pasiones tan indómitas y rebeldes, que dexen burlados sus esfuerzos y conatos. V i v i d también, persuadidos que siguiendo ¿orno ^debéis seguir con fidelidad: las. hueüasí ide Jos profetas: y de los apóstoles „ también os cabra su m i s m l suerte : y que. como a ellos , os o i rán pocas veces k vosotros y aun menos os apiau-* d i r á n ; vosotros experjjaaentareis que u n entendimient o sutil y supcrfif ial
(

inconstante' y

distraído ,

y

<sobre todo un corazón, u n corazón, digo entregado; á sus locas, sensualidades y tanidolatra de sus vicios
%

,y y

fragilidades

%

que v i v e alerta y

cautelado contra

-todo l o , que puede inquietarle y alterarle, moverle convertirle vdeépredará y huirá d e exhortaciones que sobresalte , y discursos que. le intimen las. verdades, d e nuestrá Religión con tal claridad* y energía
%

l a conciencia, y dispierte en ella remordimientos.. * .. J A k y d a d m e unas almas q u e conozcan lp. peligro-* so d e sus |lágas ^ q u e llorenfsus excesos
%

que procu*

ren quebrantar las cadenas d e sus malas costumbres! y y o os diré que á otras almas es licitó pedir con sus s u s p i r o s e implorar con sus ansias la fuerza y la eficacia pfrimitiva.dei ministerio apostólicos peroá nosotros nos toca confesar con humildad que, aunque : he-

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S E R M O N

mos sucedido á los Apostóles en el ministerio , pero no asi en sus talentos. M a s en quanto á ciertas alemas, que con igual empeño solicitan lo que lisongea la imaginación , que evitan lo que perturba la paz y violenta las inclinaciones del corazón , es e v i dente que la eloquencia apostólica , era sencilla y n a t u r a l , era dominante e imperiosa según las materias que trata , solo sentiria para dispensar su falsa delicadeza de entendimiento y de displicencia , 6 su reprehensible delicadeza de sentimiento y de p a sión. Finalmente la v i r t u d de unos santos y apostólicos varones no se libraria de la malignidad de sus sátiras e inye&ivas. 3. Tengamos siempre presente
7

nosotros los m i -

nistros del Evangelio , que según el dicho de San Pablo , servimos de espedaculo al mundo , á los A n g e les , y á los hombres. E l derecho que tenemos de reprender todas sus pasiones , concita todas sus pasiones contra nosotros. Inflexibles en sus juicios , nada perdonan de quanto ven > temerarios en sus sospechas, conjeturan quanto no ven ; prontos en escusarse con la mas ligera falta , de una inadvertencia instantánea del predicador sacan argumento para perseverar m u chos años en sus prevaricaciones. N o basta , continúa San Pablo , que el predicador carezca de todo vicio, es necesario ademas de esto que posea plenamente todas las virtudes. Y lo que tal vez seria licito á u n hombre que por su estado solamente estuviese ceñido á guardar ios mandamientos , seria alguna vez un delito, 6 acaso un escándalo en el varón apostólico. E n conclusion el primero y Apostóles principal talento de los en vano poseeríamos fue la santidad : y

nosotros todo su ingenio y talentos, si no poseyésemos sus virtudes.

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SOBRE LA PALABRA DE DíOS.

6$

N o d u d o sin embargo afirmar que el principal Impedimento para la conversión de las almas no está en nosotros , sino en vosotros: en ese genio caustico quiero decir , en esa propensión á la sátira que vosotros tenéis por zelo y por deseo de lo mejor. Porque si esto fuese verdadera piedad que desea descub r i r virtudes para su edificación, y y no malignidad q u e anhela por saber fragilidades que reprehender, en que exercitar su maledicencia, seria el h o m b r e mas circunspecto en sus juicios, y mas cauto en sus conversaciones. C o n efe&o, por quanto nuestro amor propio se saborea á todo su placer con la ventajosa idea que tenemos de nosotros mismos $ y por quanto la tierna amistad tiene extraordinaria complacencia e n ver sus inclinaciones disculpadas y justificadas por l a aprobación publica 5 de aqui es que somos tan hábiles en encarecer el valor y mérito n u e s t r o , y de t o d o lo que amamos , tan ingeniosos en detestar las sombras que pueden obscurecer su lustre , y tan felices en inventar pretextos para cohonestar con visos de razón las acciones mas agenas de ella; Pero si se trata de los ministros de Jesu-Christo; si florece en el santuario algún varón vestido de autoridad 5 y distinguido insigne , reen l a Igle-

sia cón algún mérito sobresaliente , y con aceptación publica , y a se le siguen los pasos , se le indagan las acciones, se glosan sus intenciones redas , se interpretan siniestramente sus mas santos fines, envenenase la conducía mas inocente y la mas irreprehensible: y mirase no solo como recreo , sino como obligación casi indispensable p u b l i c a r , exagerar y propagar un descuido , una venialidad. A h o r a pues > con semejan-» tes disposiciones qué aprovecharla para los progresos de la predicación la mas escrupulosa y vigilante pie-

IV.

I

dad

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S E R M Ó N

dad ? quien no sabe perdonar faltas tan ligeras , cómo se resolverá á alabar la v i r t u d agena ? en que mérito y en que santidad no descubrirá defectos tíjo maligno de u n corazón el malvado ? Apóstol era

San P a b l o , y discípulo sabia ser no menos dócil, que maestro insigne de la doctrina de Jesu-Christo 5 y sin embargo la calumnia le obligó muchas veces á sacrificar su modestia al obsequio de la verdad , y al honor del Evangelio. A v e n t u r a d a vieron en Israel los Profetas frequentemente su fama, expuesta á los tiros de la envidia y de los falsos testimonios > el orbe entero engañado por la perfidia A r r i a n a reputó largo tiempo el zelo de Atanasia por contumacia rebelde y to
y

ceguedad temeraria : y el mismo J e s u - C h r i s de caridad no fue r e x

aquel Dios de verdad y

putado por u n embustero y u n hombre sedicioso? Concluyamos , amados oyentes míos> que si nuestro zelo fuese u n zelo inspirado , gobernada y purificado por la gracia , no observaríamos tantos defectos en los ministros, del Evangelio , y los defectos públicos que advirtiésemos en ellos , los lloraríamos delante de Dios , los cubriríamos con el velo de la caridad , y los sepultaríamos en profundo silencio. Israel respetaba á sus Profetas quando se conservaba fiel al Dios de sus padres. Pero entre esos h o m bres enemigos de la f e , que para defenderse de l a fuerza de los argumentos que le acreditan u n siglo político y filosofo,
y

buscan

apoyo en las flaquezas de los que la sustentan : en que parece se ha coligado para infamar y abatir la generación sacerdotal de A a r o n , y la tribu de L e v i , probando á derribar el arca y el santuario , las mas acendradas virtudes no defenderían á los ministros del Evangelio de la publica censura j y aunque fuesen unos apostóles, no por

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SOBRE LA PALABRA DE DlOS.

6j

por eso os gustarían m a s , antes menos. Porque su zelo irritaría vuestro amor p r o p i o ; sus exhortaciones exasperarían vuestra delicadeza 5 y su virtud provocaría vuestra critica y q u e al parecer suspiráis maledicencia. C o n q u e , aunpor apostóles, la verdad es

q u e no ios apetecéis. Y si el cielo os los otorgase , se-^ riáis vosotros tales que os aprovechaseis de ellos p a r a el beneficio de vuestra salvación ? E n fin vosotros pedís apostóles , y la verdad es que no los deseáis; y ahora añado que n i os aprovecharíais de ellos» SEGUNDA PARTE.

S

í por c i e r t o , amados oyentes m í o s : si el cielo os concediese esos apostóles que vosotros echáis me*

n o s , seguro estoy que no os servirían de nada. Porque si no os aprovecháis de los predicadores que Dios os envía, indicio es de que no os aprovecharíais tampoco de los que deseáis. L a razón es evidente. Porque si vosotros fueseis los que debieseis ser , el mérito que nos falta : y vuestras buenas disposiciones suplirían todo el talento y todo porque siendo lo que s o i s , no h a y mérito n i talentos que puedan suplir

l a falta de vuestra disposición. 1. S i vosotros fueseis los que debieseis, vuestras buenas disposiciones suplirían todo el talento y todo el mérito que por ventura nos falta á nosotros. P o r q u e , que' es lo que nos falta? T o d o de parte nuestra $ pero respecto de vosotros, n a d a , amados o y e n tes míos. C o n efecto , de aquel dogma importante» que con tanta vehemencia defendió San Agustín contra el cisma y la heregia de Donato sobre que la gracia de los sacramentos, con que el hombre que los recibe, queda justificado ,¡no está aligada -it k santidad dei ministro: que los confiere , de este d o g -

12

ma

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G o o g l e

68
na

SüRMQN

ma digo , se sigue en cierto modo otra verda d , digde toda vuestra atención 5 y es que respedo à la eficacia de la palabra divina aligada à los salvación y à la enseñanza del pueblo , no está la virtud y talentos y merito del que la predica. Porque nuestra vocación al ministerio apostolico , y l a potestad que recibimos de enseñar y de reprehender , ad do~ cendum , ad corripiendum¡, no se funda en los dones teparticulares de la naturaleza ò de la gracia. N o

nia A p o l o n i las luces, n i el ingenio de u n Pablo : y sin embargo podia gloriarse igualmente que e'l, de ser ministro y cooperador de Jesu-Christo : quid igi-

t u r est Apollo

? q u i d P a u l u s ì m i n i s t r i ejus

cui c r e d i d i ^
elcánv»

stis. (1) T o d o hombre llamado para cultivar

po del Padre de familias tiene derecho para decir cor* los primeros Apostóles , que e'l es ministro y dispensador de los misterios de D i o s : sic nos Dei. existimet

h o m o , u t m i n i s t r o s Còristi & d i s p e n s a t o r e s m y s t e r i o r u m
(2) T o d o operario E v a n g e l i c o , que coopera i la del mundo , nò sino u n obra de la redención y santificación cuerpo de ministerio. Ministerio ( notadlo bien , Christianos ^ y llegad à comprehender el gobierno y economia de vuestra R e l i g i ó n ) ministerio que de s u y o , y en sí mismo contiene todas las gracias de la salvación 5 porque ese fue el beneplácito de D i o s ,dice San P a b l o , según sus altísimos consejos, santificar los hombres con los h o m bres. Bien podia sin valerse del instrumento de núes-? tra del voz hablar e'l solo al entendimiento y al corazón hombre , sembrar la fe' » è infundir su gracia en las

coopera con Jesu-Christo y los Apostóles

(1)

I. Ad Cor. c. 5. Y. 45.

(*)

11* c.

v. u

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G o o g l e

SOBRE LA PALABRA DE D l O S .

6$

l a s almas 5 pero plugóle elegir otros caminos de

voca-

c i ó n y de justificación : y asi vemos que la gracia fue distribuida por mano de los Apostóles , y establecid a la fe por el ministerio de su predicación \fides dio sus rayos ex, a u d i t u . i l ) L a l u z del Evangelio no iluminó n i estensobre los gentiles sino al paso que no c o sin*' los Apostóles peregrinaban por distintas regiones 5 y los pueblos donde no llegaron predicadores nocieron á Jesu-Christo : quomodo practicante! por autem
y

audient

(2) C o r n e i i o estaba m u y cerca de ser chris-

tiano según sus costumbres 5 mas para llegar á serlo la fe > fue necesario que le anunciase Pedro la Canluz del Evangelio. L e i a el E u n u c o de la R e y na

daces y meditaba sobre u n texto de I s a k s j pero la niebla que le impedia su inteligencia , no se disipó hasta que llegó Felipe : y el prodigio en fuerza del qual es llevado por los ayres F e l i p e , violentaría m e nos las leyes de la naturaleza, que violentarla las de la gracia el prodigio en fuerza de qual se hiciese u n hombre christiano sin la enseñanza de u n maestro v i sible. E l cetro y monarquía , en c u y a posesión debia permanecer Judá hasta la venida del Mesías, se hallaba en poder de estrangeros 5 mas para que Israel v i e se lo que veía y fue necesario que viniese el Precursor á abrirle los ojos y a enseñarle lo qae parecía no d e bía ignorar. E n todas las Sinagogas leian los Judíos a los Profetas 5 pero el velo que ocultaba los arcanos profeticos
y

esperaban que la mano de Pedro y Pablo desdeñó

le descorriese. E l mismo Jesu-Christo n o se

de exercer este ministerio exterior y sensible ; y asi no procedió en el mundo solo como Dios > sino que tam-

(a)

Ad Rom. c. i w . i?. ©
Y

(») . Ifc.•?. 14*

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7x <

S E K M O U

también quiso proceder - como

hombre.

M o v i d o aU

compasión al contemplar tantas naciones sentadas á la sombra de la muerte , manda á sus discípulos que rueguen al Padre de familias que envié á aquellas remotísimas provincias obreros que recojan la mies : r o g a t e e r g o d o m i n u m messis u t m i t t a t o p e r a r i o s . (i) La sigue en que con doctrina y sus efe&os la eficacia del Evangelio obra y aquellos animosos medios con perpetuase

se estableció 5 esto es, conservase y la predicación.

N o ignoro que la lección de u n

libro consumó

en A g u s t i n lo que había empezado la

voz de A m b r o s i o ; de modo que ella es suficiente para hacer santos , y con efecto los hace. U n buen exempío , u n consejo saludable , una reprehensión avivada por el zelo , y templada por la mansedumbre > una muerte repentina y trágica no dudo que pueden o c a sionar y atraer gracias , y gracias eficaces que muevan , que conviertan 5 pero estas son unas gracias especialisimas, unas gracias extraordinarias , gracias digiosas y Mas gracia estupendas. y predicación Evangélica. pro-

la gracia común , la gracia universal es la de la instrucción

Esta gracia pues , que es la gracia de todos los tiempos y de todos los pueblos , la gracia que en sí contiene todas las demás gracias , plugo á su Majestad fue su beneplácito que el hombre la ofreciese y y la

presentase ; pero no fue su voluntad que recibiese esta gracia su v i r t u d , su eficacia y dudase que el pecador debe sus su progresos del remordimientos y Con mérito del hombre y de sus talentos , para que nadie su conversión á Dios y no al hombre.

(1)

S.Luc. c. lo. v. * . -

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SOBRE LA PALABRA D E DlOS.

v.71

Cori efeftó si la eficacia d e l ministerio A p o s t o l i ^ co dependiese de las prendas del predicador , el honvbre seria deudor de su salvación al hombre y à la predicación del hombre. Pero la conversión de las almas no está aligada à las palabras del hombre , c o mo palabras ác hombre , sino à la palabra del hombre en quanto habla.por Jesu-Christo y en nombre d e J e s u - C h r b t o . Diferencia que San Pablo daba à e n tender à los primitivos Christiane*, declarándoles que su predicación no se logró e n ellos, ò no se lograría^ sirio.én.quanto-recibieron ; ò recibiesen sus palabras Dèi. ( i ) como palabras de D i o s : sicùt est ¡ver* vefbum

Por esto y quando el Espiritu Santo nos hace u n elogio tan magnifico de la palabra de Dios * quanf» d o enseña q u é deshace las nubes > que infunde el eo* nocumento y< el amor d é l a l e y 5 cjtfe^ómünica Virtud y sabiduría ^x^ue ekrejnéce el desierto i que postra y quebranta ios cedros del L i b a n o , no distingue entre profeta y p r o f e t a , entre aposto! y apostoli P o r esto no atribuye Jaesu-Christo' l a fecurídidad y fruto 4e l a
f

semilla ^Evangélica ài la industriar:de la mano que4a esparce , ¡ s i á o >à l a candad - únicamente d e la tierra q u e l a c recü>e : q m & atètem i n bonapi esto, da t e r r a m . (2)Pof cpnficjsa el D o & o r d e las gentes que en el et*

exercicio del> ministerio^ Evangeli^ov^ el hombre - n a supone , todo lo es Dios : ñeque qui p i a n t a r
y

aüqatid't'jntqbciqui

w l g a t i ' (3) Y s i , un Pablo protesta

q u e d a d a vale , quien será tan temeraria queÌ pienso d e s í q u e esalgná Peiaqutprocea^rfinalmente ía enor->
t

me >cyferenciaidelá

eloquencia Christiana, y y dtf l a

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7

(3)

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I. Ad Cor. c. $. Y. 7

Ad Thcssaí. c. ». Y. 13* (») S.Luc. c. 8. Y. 1$. • /
#

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S E R M Ó N

eloquencia profana. Si esta se gloría ele arrebatar los corazones con su eficacia, no carece de fundamento en algún modo. Porque la naturaleza que empezó y trazó las primeras reglas del arte , infundió en cada uno de los hombres el principio y semilla de aquellos estímulos dominantes que hacen titubear á la razón mas despejada 5 porque la pasión mas vehemente é i n d o mita prevalece sobre las demás pasiones. Por esto tal vez la vanidad adulada , el clamor de u n corazón m o vido a compasión , aplacan la venganza y arrancan la espada de las manos del vencedor. L a conveniencia publica de un reyno esforzada con v i v e z a , a u t o r i zada con poder , impone leyes al trono , decide de la paz y de la guerra : de donde se sigue que en los negocios políticos y civiles se puede decir en cierto sentido que ninguna cosa intenta el hombre que exceda las fuerzas humanas. Pero despojarnos de nuestras inclinaciones y apetitos 5 pero infundir en nuestra alma sentimientos contrarios á nuestra naturaleza; pero pedir que nos desnudemos de nosotros mismos , y conseguirlo, eso es puntualmente lo que digo una y otra vez con San Pablo , lo que nunca hará el m a yor no ta!; hombre : y quando á el le parezca que lo hace, es el quien lo h a c e , sino Dios : ñeque q u i e s t a l i q u l d , ñeque (1) confieso que debia detenerme mas , p r o q u i rigát, sedqui planimrementum

dat Deus. exposición

D e este principio pues incontrastable, en c u y a ceden dos verdades igualmente importantes : una p a ra nosotros, otra para vosotros. Primera verdad, convenentísima para contenernos dentro de los limites de

^

I

.

:

la_

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S O B R E LA ÁLÁ¿RÁ4>E D l O S .

la modestia y de la h u m i l d a d cnrfétiáría.

Supuesto

que la v i r t u d y la eficacia de la predicación no depende del mérito y de los talentos del ministro Evangelicen sigúese que por abundantes que sé&rt lásbeñdicio-: nés que el cielo derrame sobre huéstfa ^predicación^ siempre debemos confesar que somés sfcér Vos i nú tilésl'
:

y que latf conversiones , y hasta el deseo dé hacerlas,' t o d o , todo es obra única de Dios , que es quien' solo da el querer , el 'poder y e l obrür. Sfegunda ver-' dad , convenientisima para instituirnos y Coartindir-' nos. Supuesto cjue el mérito y los talentos del predicador no limitan la v i r t u d y eficacia de la predicaciónEvangélica j sigúese que sea quien fuese el ministroy en vosotros consiste haceros -próvéchosai im p;rediea: :

c i o n , pues vuestro corazón no" está en manos d e l kombre , sino en las de Dios , y que vuestra conversion no depende sino de su g r a c i a , y de vuestra d o - ' cilidad. • . •> > u n ministro dêlAhondemos mas con l a consideración ^ n este P i W

curso. Por mas talentos que tenga

Evangélio , n o dependen de el los frutos de-su predicación , si no concurre la gracia : luego en vano i n tentamos convertir à Dios u n corazón cia n o f a c i l k a ,
1

que la gra-<

tto*ablanda:,

no sazona, y en V a n o

hablamos, si la gracia no habla por nosotros/, luego sîn sèr temeràriamehte sacrilegos nunca podemos tenernos por autores de aquellas conversiones d e quêtai vez servimos de instrumentos dichosísimos» * G b h que si del mayor caudal de talentos no de-i getíden los frutos de la ptedicacion , luego los talentos'mas limitados > Si là gracia asiste , n o impiden -los» , frutos de la predicación : con que sea quien fuere e l predicador à quien su Majestad envie, siempre h a ^ blara I>tós^y siemr«:e hablara à favor délos gu¿ahtoe¿

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l^n por ©irle : c o n q u e sí la divina palabra eno^en^ tra almas dóciles y obedientes á sus inspiraciones, Entonces el i n el influxo fecundo de la gracia hará de qualquiera predicador un profeta y un apóstol. fante que no sabe todavía proferir palabras , sabrá persuadir según la, expresión de la Escritura : entonces la oración mas destituida de vehemencia y elegancia agradara y aficionara j la mas superficial
>

con-

vencerá é instruirá > la mas lánguida, moverá , y encenderá ; la mas árida y

la mas fria desmayada

animara y enternecerá. Para una alma verdaderamente devota no hay sermón perdido. L a voz del h o m bre será solo un mero sonido que se desvanecerá en el ayre ; pero la voz de Dios se introducirá trara hasta lo mas intimo del corazón : y y peneel Espí-

r i t u Santo dirá lo que el hombre no habrá dicho, n i habrá podido decir. Podra m u y bien el predicador no ser un apóstol, n i ser un profeta ; y sin e m bargo podra serlo para vosotros , y respe&o de vosotros : en fin sin tener las calidades de profeta ni de apóstol, podéis sentir en vosotros los efe&os de tales. Que' pensáis pues que habrá que hacer para que experimentéis en la predicación evangélica los a u x i lios y luces que necesitáis ? acaso comunicar al ora-, dor las prendas que vosotros echáis menos en el ? N o por cierto 5 antes bastara solamente que vosotros le oigáis con las disposiciones que el pide. Porque es u n engaño , es u n error pensar que de las prendas y t a lentos del orador dependen las virtudes del pueblo; antes bien las disposiciones del pueblo son las que constituyen el mérito , las luces y los frutos del o r a dor. N o ignoro que quando nos representamos á Israel vertiendo amargas lagrimas al volver de la cautividad de B a b i l o n i a , ocupado en la lección de la E s ¿ • cri-

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SOBRE LÀ PALABRA 1>E DlOS.

75

fcrítufa santa , viéndose los Levitas obligados à ir de t r i b u en tribu conteniéndolos suspiros y las lagrimas q u e les atrancaba lá memoria de sus ¡pasados excesos^ n o ignoro que nos decis en vuestro interior : como Vosotros seáis otros Esdras , nosotros seremos otro Israel contrito; Petó os engañáis > Católicos: $ pues* pará renovar exémplbé dé tan maravillosa penitencia,' n o es-Esdras quien falta , sino el pueblo. C o n efecto, ros Isáias , los Jeremías tenian acaso menos autoridad, menos zelo , menos santidad , menos talentos que E s dras ?i N o ignorais pues vosotros que se o y ó su sono^ ra voz én IsraePpor e l discurso de largor anos 5 y*
1

sin embargo río Correspondió Israel à sus exhortaciones sino con desprecios , con insultos , con desdeñosas repulsas. T ë r o el y u g o de una servidumbre ^estrañgera ; setenta arios de destierro y de eautiveric#
;

Jérusalen reducida à pavesas 5 el San&a Sári&órum

hecho-pábulo de las voraces llamas ; sus campos tafen dos y yermos , tantas y tan grandes calamidades ha-¿ fcian domado et orgullo de aquella fiera è indómita* nación. : Veianse sentados sobre las ruinas de la chi^ dad santa : congregábanse al rédedor de los vestigios' del templo destruido 5 tendían por todas partes sus caídos y tristes ojos, y no advertían sino destrucciones ë infortunios'i n i sfe jtoómetian asilo rit esperanza sino en* el pfettociñío dé-un príncipe distante contratas conjuraciones de los rey nos comarcanos coligados» para acabar de destruirlos. A y ! que para mover y> enternecer u n pueblo eomovido y a con ia representadiorí y sentimiento de sus propiasdesgraeias, y arrañM car lagrimas, éú!yó manáñtial corrió siempre perérié
l j :

àimpulsos del d o l o r , él-menor Levita p o d i a sér
J

un

Esdras. E n conclusion , la eloquencia de los Isaias, ( como consta de4a-experiencia)tla de los Jerenlias, laj K
V

de

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j 6

S E R M Ó N

•.

,

de otros muchos profetas en vano fulmina truenas e n medio de Israel aletargado con la embriaguez de su? enprosperidades * pero lo qu.e. vemos es que con la m e ra lección de la L e y se muda Israel advertido y señado compungido y penitente. L u e g o los felices por sus propias calamidades en u n pueblo progre-

sos de la predicación Evangélica no proceden de la d i ferencia de méritos del predicador , sino de los distintos afectos y disposiciones del oyente : luego si v o tros fueseis los que debéis , vuestra disposición supliría la falta de nuestro mérito y talentos. Y por el de vuestra dispocontrario , siendo los que sois, que' mérito , ni que' talentos bastarían á suplir la falta sición ? 2. Q u a n d o vosotros , amados oyentes míos , suque ios A p o s ponéis que otros predicadores os convertirian , nos alegáis la muchedumbre de gentiles tóles convirtieron á la fe de Jesu-Christo; pero i g noráis acaso , ó afectáis ignorar que otro mayor numero todavia quedó envuelto en las tinieblas del error y de la superstición ? Sabed pues que q u a n d o los Apostóles dexaron este mundo miserable , era que la bien escaso el numero de los christianos 5 y fuerza y luces de tantas y

idolatría sin embargo de hallarse combatida con l a tan estupendas maravillas, esclaviza-»
t

se gloriaba todavia de, tener avasallado y

do á todo el orbe. A q u e l Israel, objeto principal de

su ministerio apostólico 5 aquel pueblo, depositario de tantas promesas, á quien con preferencia á todas las demás naciones del mundo le
;

fue predicado el

E v a n g e l i o , se cegó c o n u n a incredulidad tan obs^ t i n a d a , que triunfo de su zelo y de sus milagros. A q u e l l a Jerusalen, regada con las lagrimas y sangre de J e s u - C h r i s t o , de cada dia mas pérfida, an-

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SOBRE LA PALABRA; DE D l O S .

'77

tes consintió en ser sepulcro de sus propios hijos

y

habitadores, que abrir las puertas del Santuario a l PÍOS a quien eÜa habia condenado á muerte. Es verdad que en solo u n sermon convirtió San Pedro tres m i l almas : argumento convincente de lo que puede y obra en el hombre la divina palabra. Pero no es menos verdad que San Esteban, San P a b l o , y el mismo San Pedro solo experimentaron por lo común las rebeldías y persecuciones de u n pueblo fanático , y. que vieron engendrarse las mas violentas furias , los mas atroces intentos en los corazones mas instruidos al parecer, mas sabios , mas virtuosos: argumento el mas evidente de lo que pueden contra la divina palabra las pasiones indómitas y obstinadas > y prueb a decisiva de que pueden hallarse en el oyente resistencias y obstáculos : escollo fatal donde por lo r©r guiar naufraga la eloquencia sagrada. C o n efe&o, de que' sirve n i de que' aprovecha que se predique la divina palabra con zelo y vehe* menciá, si os resistis, si huis de oiría? Y quienes son los que concurren á oiría? no son por cierto esas almas devotas y fervorosas 5 pues quanto mas conoce el christiano los caminos del Señor • mas desea conocerlos, y quanto mas ama á D i o s , mas gusta de ©ir hablar de Dios. Son pues esos hombres entrega? <los al mundo y sus vanidades, á pasatiempos y o c u paciones inútiles , que les sobra tiempo para perderle y desperdiciarle , y no le hallan para ocuparle provechosamente : esos hombres llenos de empleos y negocios que oprimidos con la multitud de cuidados que los traen sin sosiego, se olvidan del único ne~ gocio que debiera ser su única ocupación : esos hombres , centro de la pereza y d é l a
rf

indolencia, á¡ gra,

quienes mueven y e^timulaa.n\euo« la^ rejigion y 1 %

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y$

'

SÉ R

M Ó M

-

gracia de Jesu-Christo , las esperanzas y bienes eternos , que el letargo de su tranquilidad voluptuosa: esos hombres esclavos de sus gulas y sensualidades, á quienes no basta todo el peso del dia para adelantar y consumar la obra de su condenación eterna , y que sentirían vivamente desmembrar de el u n quarto de hora para ocuparle en procurar su salvación : esos hombres, desvanecidos con su ilustrado entendimiento y con la grandeza de su estado , que se avergonzarían de aparentar que ignoraban alguna cosa , aunque nada ignoran muchas veces mas que aquello que les importa saber únicamente: esos hombres, presumidos y soberbios, que se reputan por suficientes á para dar documentos de v i r t u d , y por superiores á toda agena enseñanza : esos hombres, aficionados das sus propias pasiones con el realce y los teatros , donde se complacen viendo representalisongeros coloridos que ellos les comunican , y temen verlas pintadas en la cátedra del Espíritu Santo con aquellos vivos y verdaderos colores, que tanto les disgustan y los perturban: esos hombres , tan sedientos de las lecciones que les da el v i c i o , quanto enemigos de los documentos que les podría dar la virtud ; esos hombres de tan poca instrucción por una parte , y tan ilusos por otra , que viven persuadidos de que premiara Dios la lección de sus libros espirituales y* sus devociones voluntarias con aquellas gracias con que le plugo bres honrar el ministerio de la predicación Evangélica que estableció en su Iglesia: esos h o m que colocados en altas dignidades , en subli¬ mes puestos se congratulan y saborean con la h a lagüeña complacencia de causar la felicidad y a r r e glar el destino de las monarquías , dexando á la casualidad el éxito de su suerte eterna : esos h o m bres
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SOBRE LA PALABRA D£ DlOS.

f]p

bres ^sujetos a .todo- genero ele desvarios

y de sen-

suales deseos > que no por ptra razón h u y e n y afec-r tan desdeñar la palabra d i v i n a , sino porque conocen quanta necesidad tienen de ella , y porque temen no ¿ s convierta. . De
f

. •./

que sirve n i de que' aprovecha que el, cielo Os

envié predicadores que ardiendo en puro y desinteresado zelo, desnudos de toda vanidad y amor propio, soliciten únicamente vuestra, salvación, si no es esta la que vosotros buscáis en sus sermones? Si, imitando álós fariseos, no tanto venis á oirjos con deseo de aprovecharos , quanto movidos de cierta malignidad > no tanto con deseo de salir de ellos instruidos y cados
y

edifieum <in

quanto censurar

por lograr la ocasión de reprehenal predicador ? ut caperent

der y sermone:

( i ) si no concurrís, sino traidosde lá vanidad y
1

del orgullo para calificar el mérito y los talentos de los ministros de Jesu-Christo , para erigiros en jueees y arbitros de su opinión y mar f a m a , para refor-

el concepto del p u b l i c o , y para confirmarle y

^charle el sello con vuestra aprobación ?. s i , semejan* tes á aquellos oyentes de quienes se quexaba EzequieL, y estimulados de cierto afe&o y complacencia humana concurrís no porque gustáis de hablar de D i o s , siiric», p o r q u e gustáis de oir hablar al predicador l espeSolamente, K o esperes , profeta mió , decia el Señor , no res fruto alguno de semejantes: oyentes.

se pueden esperar de ellos algunos aplausos, algunas alabanzas del Q r a d p r . Pero , ó I?ios , m i o l seria po^ sible que diésemos nosotros entrada en nuestro: co-; razón á tan insensato, deseo ? si tal; deseo nos do¬ . mi*

« &Luc.c.*o.

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SERMON'

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minase, ;no solo el penoso exércielo dél pulpito nos abreviaría los dias de la vida sin otro premio que llevar al sepulcro la miserable complacencia de dexar entre ios hombres, el vano sonido de una fama es¬ teril, que al cabo no puede sobrevivimos müchcí si y a no acaba y mucre áñtes que nosotros; insolentemente el orgullo y la a m b i f

tiempo,

sino que profanadores sacrilegos de la divina palabra? colocaríamos ción en aquella cátedra del Espíritu Santo donde p r e dicamos u n Evangelio de humildad , y desapropió* universal de todas las cosas. N o , amados- oyente* m i o s , y a que llegamos á prometernos vuestra conversión y vuestras lagrimas, no añadáis al desconsuelo de n o conseguirlo, él agravio de pensar que' no es este el único objeto de nuestro zélo : zeló to-*> talmente infruduoso , si vuestros deseos n o corres: r

ponden a los nuestros, porque el espíritu.de D i o s íior* habla en el corazón de aquellos quesolo siguen, que solo dan oídos al -espíritu del hombre. •; > ' D e que'sirve n i de que'aprovecha que el p r e d i cador explique sólidamente las importantes verdades* de nuestra santa fe > si la imaginación se alimenta c o n sus devaneos 5 si el corazón distraído se adormece con lospeUgrosos sueños eri qüe fcé^céba j sí tantosí>ensamiento:s sensnaks, s i tantos désgo£de
)

müríd^
1

si tantos próye^dos de fortuná y de ambicioir tiéríeri cía y d e s i d i a , que engendran e l tedio y

suspensa y absorta el alma toda s si la" ríegiigenlá inajdi~<
7

cadon , h u y e n del trabajo y d e la fatiga $ si ésas

vehementes y desenfrenadas pasiones excitan en vues^ tro corazón i t V vocería y alborotó que impide q u e llegue nuestra voz á vuestros oidos ? A y ! que no somos £ur.i machas-veces parece que nos escuchan , y

pidos> y tal vez sucede que eam^uíBerosisiiao <«n-

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SOBRE LA-PALABRA DE D l O S ,

61

c u r s o a p e n a s logramos u n oyente; < D e que sirve y de que aprovecha que el predir cador reprehenda abusos , declame contra escanda-* los, si sin allegarnos k conocer jamas, y Justifican-: dono$ siempre, calificándonos de inocentes e n el tri-: tunal de nuestro propio apasionado j u i c i o , no a d vertimos en nosotros ninguno de los' defeceos tra quien dirige el O r a d o r sus inve&ívas y viporque cios que el reprehende ? Por eso río entendemos c o n no nos conocemos, porque no metemos la mano en

el pecho. Aplicamos á los demás lo que tal vez no les compete > y evitamos la aplicación de lo .que nos comprehendeá nosotros plenamente : y tal oyente e'l h a y . que todos entienden que por e'l se dice , y

no cae en e l l o : en fin como otro D a v i d necesitaba de otro Natán que le dixese expresamente que por el se dice: tu es U l e vir. (i) D e que' sirve ni de que' aprovecha que el predi* cador os advierta las obligaciones de la vida christia-r na, quando os habéis inventado y propuesto unas ma* Jdmas contrarias á las máximas del Evangelios quando para v i v i r seguros sobre vuestro tenor de v i d a , habéis discurrido tantos mente pretestos que alegáis falsay para cohonestar, todos vuestros antojos ,

tantas razones para libertaros de todo l o que no queréis ? pretestos <k la familia, y de sus testos de negocios y ocupaciones para pretestos de decoro y . y. II de , > necesidades dispensaros para dispensaros de la obligación de dar limosna : pred e la oración, y de la frequencia de sacramentos; pundonor para no. r e deL cenconciliaros con vuestro enemigo. 5 pretestos de

T o m . ÍV.

(l)/ i.Reg.c.i». V.

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8z

. ••* <••

S I U M O M

cencía para no reformar n i la profanidad nietjtíc* go * pretestos del estado y todos rutile? a la verdad y de la dignidad para no vanísimos i pero que sin i abrazaros con la mortificación y penitencia; pretestos embargo en fuerza: de* olios nunca os apropiáis á VCM sorros l o q u e dice el Predicador, antes lo aplicáis todos los demás. D e que sirve ni que' aprovecha que el predica-» dor exercite su eloquencía patética y vehemente, qué os infunda temor y espanto , que convierta la* dute¿ z a de vuestro corazón en blanda c e r a , si en lugar de corresponder con fidelidad á los llamamientos de lá gracia * solo pensáis en haceros sordos á ella, y en libertaros de sus importunos impulsos> si volviendo á engolfaros inmediatamente en los bullicios afanossos del mundo , hacéis particular estudio de poner en lo ultimo de vuestro olvido quanto habéis oído? C o n semejantes disposiciones, de que' os serviría un apóstol, ni u n profeta? Solo servirían para haceros mas delinquentes delante de D i o s , y mas inescusables* solé servirían para echar el sello á vuestras iniquidades, para incurrir en el ultimo pecado de haber despreciado* de haber resistido, de haber abusado de la gracia. Id a h o r a , y cohonestad, y escusad vuestra indo» c i l i d a d , vuestra constante resolución en salir de lo$ sermones con los mismos vicios con que venisteis a oírlos. Encarecednos las victorias y triunfos de aquellos varones apostólicos que en los anales eclesiásticos ocupan tan justamente tan principal lugar , pues hi-* cieron tantas y tan asombrosas conversiones en tátt diversas provincias. Es indubitable , católicos oyentes míos, que movieron, que convirtieron , que reduxeron á penitencia a los mayores pecadores 5 pe¬ r o también es verdad que no e$tá abreviadas la< mano

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SOBRE LA PALABRA DE DlOS.

i J

n o del Señor , y

que

puede valerse todávia

de

los mas flacos instrumentos, y valerse asimismo d e nuestra débil Voz para derramar sus gracias y sus, misericordias sobre los pecadores. Pero sobre q u e ' p e cadores, os pregunto? Sobre aquellos pecadores que hasta e n sus mismos excesos , conservan todavía ciertos vestigios de rectitud d e corazón y de buena fe*: sobre aquellos hombres sinceros y veraces, cuyá ingenuidad y llaneza no cohoce n i esos x i m a s , n i esas escusas fútiles y esas esquisitas y fingimientos n i artificios, n i esas preocupaciones y erradas mápretestos varios , n i afectapeligrosas sutilezas, n i esa presun*

cion y altanería , n i esa delicadeza profana y tado y de condición,

dos desdenes, n i esas fantásticas distinciones de esn i esas leyes quiméricas de pundonor y reputación, ni esas pretendidas obliga-

ciones de prudencia de carne y sangre, que alegáis con tanta eficacia para frustrar los esfuerzos ;mas poderossos de nuestro zelo. Tales son los pecadores que ceden y se rinden á la eficacia de la divina palabra. Porque de esos hombres rebeldes y pertinaces; de esos hombres falsos y disimulados, d e ¿sos hombres que pecan y quieren vivir de asiento en el pecado; de esos hombres que pecan por sistema y por p r i n c i pios > de esos hombres c u y o corazón es todo deleite y sensualidad , c u y o entendimiento todo dudas b incertidumbres j de esos hombres que solo concurren, á los sermones como censores para examinarlos, comp jueces para sentenciarlos , como filósofos para despre* ciarlos, como escandalosos para sacar de ellos mate-* ría para sus zumbas sacrilegas, mandado nos está que deseemos su conversión
v

que la pidamos , que

la solicitemos con todas nuestras fatigas : y aun añad o , que podemos esperarla, porque en los tesoros

La

de

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S E R M Ó N

de la gracia h a y y $e encierran milagros, prodigiosos de gracia. M a s no podemos esperarla sino a titulo de prodigio y de milagro; porque Jesu-Christo tiene d i cho expresamente que quando la semilla de la d i v i na palabra cae y se siembra en una alma esclava de sus pasiones, en cuyas infelices cadenas adora é ido? latra esa a l m a , muere de o r d i n a r i a , y se esteriliza* Y no esperimentamos esto mismo los ministros d e l Evangelio todos los dias ? E l l o es que según lá diversidad de tierras por donde peregrinamos, somos di» tintos hombres. E n las aldeas, en las poblaciones menos opulentas y menos cultas, adonde la fé , la pro* b i d a d , la modestia se han acogido coftxo á su u i t i * mo asilo , experimentamos que el que entra á oirnos pecador, sale tal vez c o n v e r t i d o , porque sin embargo de sus v i c i o s , nos oye como verdadero católico christiano. Pero, en la corte , en esta babilonia , cen-> tro de las riquezas , de la g l o r i a , de la pompa , de la magnificencia , de l a majestad de su vastísimo imperio : . en esta corte , centro de la urbanidad, de la ciencias , del buen g u s t o , de los grandes t a lentos : a q u í , porque todos sus habitantes no son n i quieren ser sino vicios y pasiones, porque el sermón mas patético y do&rinal solamente es oído con espíritu de mundo y de c r i t i c a , ahí que adelari-.
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tamos nosotros , que es lo que hacemos? Hacemos, gran Dios! hacemos vuestra santa voluntad : y está persuasión basta para nuestro consuelo. Finalmente en otros lugares hacemos casi el oficio de apostóles, y en la corte apenas parecemos hombres. N o por ciert o , u n apóstol verdadero no haria mas que lo que nosotros hacemos. Que' haria en estos mismos auditorios u n Pablo? queréis saberlo? Consideradle en A t e nas derramando en el L y c e o y ^ en el Pórtico aquel rio

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SOBRE LA PALABRA DÉ DlOS.

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rio dé eloquencia , en cuya virtud fue reputado po£ otros pueblos como e i Dios ;de l a ; eloquencia : esout* charonk con complacencia aquellos sabios filósofos,* pero sin f r u t o ; ellos veían, pero no creían $ y creian , pero no se convertían. acaso, Consideradle en e l

tribunal, de Félix ¿j constérnase,, ^estremécese; F e l i x i «pero no se convierterpwqueelinterqs prevalece sobrq e l convencimiento 5 FcHxiteme a l DÍOSJque¡predica P a b l o , pero no por eso dexa de adorar á los dioses del Cesar. Tales fueron, y,tales.serian en ¿esta n u e v a
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Arenas, e n e l centroideuna ciudadiinstruida y
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set**,

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en jofoediode;u^

sanos políticos,; takst i repito ¡seriaba h o y i tod&viai ios progresos de la predicación dé un. Pabló. Pero el m i s mo Salvador divino n o decía. ^ los Judíos que hoi creerían en su célestiaLdoc1trinaIt ;porqüe
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erahvcaráa» csp¡ftitui.pue*

les y de durarcerviz. ^ je j o r q u e i o l d ^ l

de entender las cosas dél.espirim ?: Pckiémos pues no? sotros, oyentes , hacer lo que no hizo nuestro Diosí S i , católicos, si nuestra santikima Religión^ ,aí quien tantos , prodigios t i m e n calificada! de divina ¿ necéste tase de a l g u n n u e v o m U a g r o para su mayor gloria, < >b
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algún milagro pudiera añadir colmo y plenitud a s u gloria , seria el milagro de u n predicador y que fuese u n apóstol en la. corte y 1 -pará i a corte - u n , apóstol
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en esta y para esta ciudad populosísima. •.. • • . lio ? si siendo indignos de las sublimes y

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Y que'sera de.vosotros, JOjhihistros del E v a h g e * augustas funciones del apostolado , os dexais arrebatar de los impulsos del a m o r p r o p i o , del. interés , de la a m bición en vuestros.trabajos¡y^fatigas apostólicassa* bed que sonara continuamente en vuestros oídos la espantosa v o z d e l Señor, que prorrumpiendo desde el eentro.de J o s ; m j s ¿ n ^ ¿ > r a ^ o $ y . .verdades eternas

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q o q ptedUqís,

S E R M OT* JOS dirá:.siendo : como' sois tan deliriá lo» tenéis que y i v i s ; mancomunados con el/

qoontes i , u i f j mas qué el pueblo-, süpuesto.que deinasj.Vicios^en añadís la disimulación y la hipocresia , cómo

atrevimiento de erigiros en defensores de las mismas leyes- q u e ; violáis^, de declamar- contra vuestras p r o f

p i a s iniquidaaefs yde.ddshoijrar m i nombre y el Evangelioque'promulgáis,hirviéndoos de todo para con¿narras jus* seguir vuestros fines proranos: quaretu

i s t i a * m e a s ^ vtrumtame» serviré
tms*(\) Yofrustáife-vuéstrosi

m t f e t i s t i Jn p e c c a t i s
y de furor $ y¡

intentos4 yor infundiré

eníwestraíalma un>é^kitu/dp)delirio

ta Vifliezay ardor .do ivucstra^ úmáginaciori ,• deslumbráda con los fal$o£ resplandores de lo verdadero, dp lo* hermoso
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de la grande y solamente conspiraran pa«

ra;despoblar v lpsi teniplos donde jMrediqueis¡, - y 1 hace-* ros eljj Objeto d e l o l v i d o , > de| abandono/,; y d e l des** precio del p u b l i c o : crhi. . . & provtrbium' ;*
7

at'fafrú+
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kan.

(2) :

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' ven*

r, „' í^Ti con esto mé tendré por suficientemente gádojy satisfechoJ^Pórqáé^ sois merecedores

d e que

y o , ^ís conceda esos aplaüsps , esas conveniencias á q u e me posponéis , de que colmados de aplausos y tra vanidad 5 c u y o sueño sera d u l c e , pero b r e v e ,
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alabanzas ps adormezcáis con la embriaguez de vuesy el dispertar amargo y terrible : vendrá el dia en que es desnudare del 1 disfraz, y las naciones todaS del universo no verán en vosotras sino el abusó sacrilego! que hicisteis del ministerio apostólico , las artes v i l e s , ula^hipocresia'desvergonzada iiasta llegar á bur* Jarse .de D i o s y» d e ips h o m b r e s ; e l desprecio, el opro?
/. ;*J_/,JU) .'.o siti-'tiijy;-'"* , i...bib, ¡

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SOBRE L A V l U f e * A B¡E D l O S .
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\Aú , la>cohfü$ion:• j ta oig&ominia> grabadas i e > vues* n tra frente con cara&eres»indelebles descenderán ¡ cotí vosotros ai abismo ^ habitación de vuestra desesptí^ ración eterna : evigllabunt .*• -w ofpróbrium ut wfa
deant semfe*<i) '^-'F
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Péró vosotros que ftb os? sentís impeftdor$ijtoi <tó único deseo de ganar almas á Jesu-Chri$to, no igno* ro que es bien triste, y bien penosa la carrera que habéis emprendido. Quede lagrimas* que' de suspiroi es cuesta el! cultivo dei una tierra que con tanta persea yerancia beneficiáis, y que no Os promete mies algu-? na! La fe' sostiene vuestra constancia 5 ella os enseña que sigáis las huellas de los profetas , y de los apos» toles 5 que vuestra glórii está cifrada en padecer su mismo destiño , y que supuesto qué estáis sujetos 4 las mismas tribulaciones os espera el mismo galar¿ don 5 pero á exemplo de ellos habéis de exortar con* tiñuamente, de instruir, de reprehender de instar , de amenazar, de estremecer : p r d d k d 1 v J htftw.^u Argüe , obsecra y ímréfai {o.) Beto quinto mas puro y santo sea vuestro zelo , mas «profundo y amargo sera vuestro dolor. Porque llenos de desconsuelo al ver despreciadas las palabras de salvación'y dé vida éter* na, y aplaudidas y sQlicitadásías pálabm¥ de limpien dad y acaso os impú'tareiá á-vosotros, mismos élrtriuna fb de la irreligión éti ' virtud '-de ' vuelta timorata* y delicada conciencia. Pero no os asusten los diferen* tes progresos de estas dos predicaciones 5 pues aun* que os debéis doler de ellos, no hay lázóft tiara qufc temáis y os consterrieis. P¿ri^ie vosotros-declamáis contra todas las pasiones, y tcnfes las pasiones se con^
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dtarvcontiaivdsotros : y solo ¡ Dios puede cdntenet sa torrente y enfrenar su furia, y en la mano del hombre no está el corazón del hombre. Pero por el contrario , sentados en. la cátedra ,de pestilencia los maestros y doctores de la impiedad peroran a favor ü> las pasiones, y las pasiones abogan á favor de ellos, con mayor cioquencia todavia y energia y y aun les prestan mayores servicios que los que reciben de ellas. 5 porque ellas les perdonan el trabajo de pensar,, de estudiar, de examinar, de disputar, de probar. Pues cierto ayrc de desdeñosa decisión * cier tas replicas y objeciones que solo admiran y sorprehenden por la desvergüenza de renovarlas y resu-i citarlas > cierto .bosquexo de raciocinjo que apenas empieza á Jo.rmarjse 5 cierto alarde de erudición apa-: rente $ cierto cumulo de hechos y de doctrinas que ellos inventan , ó que acomodan y adaptan á sus opi•ruones? cierta imaginación amena que divierte y recrea, coa. calumnias, con.murmuraciones, con criticas, con sátiras > con zumbas 5 que alucina con los colores de una expresión eloquente y halagüeña: ay pueblo loco y engañado! mira que esos hombres presuntuosos tienen tan baxo concepto de t i , que juzgan que basta escoradla para engasarte!, y Jo peor es'que tu luego caes en lias redes que re tienden ; luego cedes, luego te rindes, luego recibes cp$K> oráculos susr5enteneia$$ y el humo del incienso que les prestas, les desvanece .afelios la cabeza. Desde lo alto, por explicarme asi, de rlos/ft^ar&kque les erige v e s t í a credulidad , lame^
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t^reUo^bla^,t^Wa^^ i n o r a n c i a , en que estuvie-

ron, em^weltos lc£>aí|^s qtt*hprecedieron, al,.suyo, contemplándose como aquel sublime y criador espirku-que^dixo : hágase la luz y la luz se hizo. Pero ay! que, $ .0u¿sfefón gilefte^minar.ha^ cÍRnde Afe: t

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SOBRE LA PALABRA DE DíOS.

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gari los quilates de su capacidad e ingenio en la piedra de toque de la razón y de la verdad, el primer paso que habían de dar , era abstenerse de exercitarle en promover la sensualidad y la impiedad 5 y el segundo emplearle en apoyo y defensa del pudor y de la religión : abririanse entonces sus ojos , y verian que la fama, las alabanzas , los aplausos que los seguían antes , se trasladaban y radicaban en sus rivales y competidores: ellos conocerían que el predicador de la fe' católica y de las virtudes christianas prevalece siempre 5 que el propagador del vicio y del orgullo solo rriunfa porque habla con corazones depravados , y porque las pasiones, y no la razón y la Virtud , son las que oyen , las que leen, las que juzgan , las que deciden : que lexosfinalmentede desvanecerse eon el aplauso y fama de sus talentos e ingenio, se avergonzarían de unos progresos ignominiosos de que solo son deudores á unos hombres, cuya aprobación y alabanzas es honroso y plausible no poder merecer, y vileza y abatimiento saberlas alcanzar. Concluyamos el Discurso. De quanto dexo sentado y convencido en el resulta que en el exercicio de la predicación evangélica nosotros casi nada podemos con los oyentes , y que ellos lo han de poner todo de su parte 5 y que de las disposiciones del auditorio dependen los progresos y fruto que pueda hacer el predicador: y por consiguiente , si venis á oir la palabra divina con un espíritu de vanidad , de curiosidad , de orgullo, de presunción , de pasatiempo , de disipación, de critica , de impiedad , y acaso de irreligión , aunque un profeta, aunque un apóstol os predicase esta palabra celestial, que vosotros no queréis oir , y que por tanto desperdiciáis, entended que Tom. W . M le-

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S E R M Ó N

lexos de instruiros, y de convertiros, solo servirla para cegaros mas, y mas obstinaros. Pero por el contrario con un santo deseo de oiría, con cierta ansia de aprovecharse de ella, de disponerse á recibirla por medio de la oración i de conservarla en su corazón con silencio , con recogimiento , con modestia* con darte por entendido de los estímulos de la conciencia, y de las inspiraciones interiores del Espiritu Santo, con un corazón blando, dócil, y obediente para recibir la gracia, vigilante y fiel para conservarla, no dudéis que entonces sin embargo de las virtudes de que carecemos, del mérito, de los talentos de que nos consideramos faltos , no dudéis repito si-; no que se renovarían los prodigios que se obraron en los primitivos y envidiables tiempos de la predicación del Evangelio; y que no obstante nuestra indignidad seriamos para vosotros unos profetas y unos apostóles. No seria yá. nuestra esta palabra , sino del mismo Dios i ella seria palabra de Dios 5 seria una pala-* bra de salud y gracia: palabra en fin de vida santa sobre la tierra , y de vida felicísima en la eterni-* dad. Asi sea.

.SER-

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SERMON

SOBRE E L E S T A B L E C I M I E N T O de la Religión Católica.
P A R A E L M A R T E S D E L AQ U I N T A de Quaresma* S E M A N A

Si cUmíttimus eum sic> omnes credent in eum.
Si no p r o c u r a m o s c o n t e n e r l e , todos creerán en éh S» Juan cap. I I . V. 48.

M

iserables cautelas > frustradas plenamente! pues á pesar de los ardides políticos y furores inhumanos de la Sinagoga, presto se cumplirán las profecías que habían vaticinado los triunfos del Mesías. Presto aquel pequeño arroyo que según la expresión de la Escritura habia corrido mansamente por el discurso de tantos años sin set conocido en los valles de Judá, se convertirá en un rio caudaloso y arrebatado, cuya impetuosa corriente inundara todos
los pueblos : parvusfóns q u i c r e v i t i n fluvtum magnum^ & i n aqúas p l u r i m a s r e d u n d a v i u (1) Intento hablaros

del establecimiento de nuestra sagrada católica Religión \ y de que' argumento mas provechoso y mas importante podría yo trataros ? Pero miserable condición la de los ministros del Evangelio en este siglo de impiedad y de disolución! No son hoy día los sermoM 1 nes
(x) L i b . E s t h . c . xo. v. 6.

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