Salta, Mayo 2012 - Distribución Gratuita

Año 4 N° 13

Ante todo queremos dejar en claro nuestro compromiso con el valor literario de los textos que aquí se publican. Sonámbula ha sobrevivido ya trece números y esto se debe a dos factores que queremos poner de relieve: "los autores" y " los lectores". Los primeros, porque nos han confiado sus trabajos para poblar nuestras páginas. En esta revista aparecieron y aparecen universitarios y autodidactas, muchos faltarán, pero son los que no han acercado sus trabajos. A los segundos, porque nos apoyaron (y lo siguen haciendo), porque hubo, hay y habrá, hombres y mujeres que comprenden que el imaginario de una cultura se construye desde distintos lugares de un mismo lugar, con diversos aportes. Entonces, nuestro balance es satisfactorio. Nos sentimos haciendo un aporte y agradecemos que nos permitan acompañarlos un momento. Pero no, no nos disculpamos porque salió tarde este número: no quisimos cometer los mismos errores que en anteriores ediciones; tampoco pondremos fe de erratas: estas son cosas que pasan.

Alejandro Chiri

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Microrrelatos

Entro al aula y lo veo ¿cómo resistir? Basta que me siente para recordar esas palabras: Sí, salís a buscar la noche (estamos todavía en el siglo pasado) en mi época las mujeres que querían casarse con un militar pasaban por un examen físico, psíquico y moral y si tu mamá se caso conmigo es porque paso el examen. Al final no importaba lo que dijese, todo termina en lo mismo. Pero por más que se quejaran, por más tilinga que me llamaran yo seguía. Y hasta me gustaba. Yo sólo dejaba entrar entre la pollera de mi uniforme, la fría y dura pata de la mesa del pupitre y pensaba en las noches.

Esta vez la niña roja tomó el camino largo (el camino del tedio) y solo consiguió salvar su vida. Con tanta obediencia se olvido del cuento.

Fernanda Salas
(Del libro “Cuentos niños para chicos grandes”, Salta, killa ediciones, 2010)

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LA NOCHE La noche era un abismo incierto, bajo los párpados, sobre mi frente, junto a tu boca. Regabas al azar los besos, como flores de sombra y la tibia mansedumbre de la blusa, te ofrecía mis pechos, coronados de luna.

FIERAS Libres de tiempo, sujetos el uno con la otra. Remolino vivo, de cuerpo y vestiduras, en el breve espacio del encuentro. Piel con piel, mano con mano como troncos río abajo, en la vorágine de la espuma, del sudor y los besos. Gozábamos convertidos en fieras, para devolvernos mansos, cada uno a su rutina.

Claudia Villafane Correa

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JUEGO DE NIÑOS La niña, chorreando los mocos, arregla todo lo que va a necesitar. Como siempre las expectativas son lo más importante. Carlita va armando su casita con unas sillas que junta en la cocina. Con apenas 7 añitos se las ingenia para techarla con la frazada nueva que cubre el viejo sofá. Mientras sus tíos hacen la siesta acostumbrada, sus primitos que juegan en el patio, patean una pelota de plástico hacia dos piedras que le hacen de arco, ignorando toda otra cosa que no sea su universo. Carlita lejos del aburrimiento se concentra en los quehaceres domésticos: mueve de un lado a otro unas hojas de gomero que servirían como milanesa para la comidita, endulza un poco de agua y obliga a sus muñecas a tomar el desagradable curasustos. Mauro, el más grandecito, cansado de ganarle a su hermano entra en la cocina por un vaso de agua pero se distrae con la sopenca de la prima que hace no sabe qué cosa, debajo de esa especie de carpa. Al fin tiene todo preparado, abre una de las alas de su casa por el ruido, es el bruto rubilingo de su primo El Mauri que al verla asomar le encesta, a modo de saludo, un pelotazo en la cabeza. Ella le responde con un llanto suave para no despertar a su tía que seguro se enojaría por el desorden. Preocupado, Mauri corre al refugio a ver si no la ha matado con el efusivo saludo. Encuentra a Carlita hecha un mar silencioso de lágrimas. De miedo a que sus papás se den cuenta, entra a consolarla. Intenta sobornarla. Le promete el oro y el moro por su silencio, la abraza, le hace cosquillas y, sana, sana colita de rana le dice mientras le soba la cabeza ya... ya.. no llorés más por favor, dale que yo era doctor y que vos estabas enferma dale?... dale que no le contás nada de esto a mis papás, sana, sana colita de rana. Hace mucho calor, ambos transpiran: la una suspira para contener el llanto del reproche, el otro disimula el temor a los padres. Ella se va dejando consolar: se deja sobar la cabeza dolorida, se deja abrazar, se deja acariciar las piernas que no se había golpeado, pero no le hace indulgencia de mirarlo, no le responde. A él le parece percibir en ella algo como felicidad: le acaricia hasta las rodillas con la seriedad indiferente y profesional de un relojero. Él la va calmando. Ella se deja digitar la pancita redimida de culpas. Con la yema de los dedos “sana..., sana..., colita de rana”... Esa tarde, en medio del olor de la cocina, ella, secándose los mocos, se deja... “sana sana... colita de rana... que no pasa nada... Lía Sosa (Desde Jujuy) 5

M IEL G ladis se sentó en la cam a, justo arriba de un crujido seco. La m adera se había endurecido igual que su m atrim onio. Estas cosas pasan, pero esa noche la realidad se había hecho insoportable. El rum or de que su m arido tenía a Clara com o am ante se había esparcido por todas las lenguas del pueblo. Los alm acenes estaban atestados de clientes que no com praban nada, solo iban a inform arse de los detalles del adulterio. G ladis y Ram ón se habían casado veinte años atrás. Tuvieron algunas cositas oscuras, com o todos los m atrim onios, pero las superaron por los hijos, por los padres, por m iedo a estar solos, porque eso hace la gente cuando se casa: superar la oscuridad. Lo cierto es que esa noche G ladis se sentía vieja y sin ánim os para em pezar de nuevo. Su cuerpo era la m ejor prueba de los esfuerzos y sacrificios que había hecho. El vientre le hablaba de los tres hijos que llegaron justo con el cam bio de luna. Sus ojos estaban opacos de las cortinas que últim am ente había puesto para no ver; pero ella es Clara y su presencia es pura luz. Tiene 15 años m enos y es su ahijada. Quien iba a decirlo. Así están las cosas. Apoyando las palm as en la cobija gastada se da fuerzas para ir al baño a lavarse la cara. Ram ón la detiene. N o puedo dejarla. ¿Que no podés? Es m i ahijada… ¡D ios m ío! ¡Com o no te m orís y m e evitás esta vergüenza! ¿Te das cuenta de lo que decís? ¿Que si m e doy cuenta? Lo deseo con toda m i alm a ¡O jalá se m ueran los dos!

G ladis salió corriendo de la casa hasta la estación abandonada y se sentó en el andén. Sabía que harían un viaje, el fin de sem ana se irían com o novios a la m ontaña. Clara estaba ahora en el que era su lugar, con su auto y su m arido. Se había llevado toda su vida en poco tiem po. D esalojada de la tranquilidad sentía que era capaz de cualquier cosa. Se acercó alguien que bien podría haber sido una vecina, si no fuera por el detalle de que G ladis jam ás la había visto. U na m ujer de unos cincuenta años o m ás, de aspecto m uy hum ilde y con m uchas bolsas, m ás de las que podía llevar. Su voz tenía algo de m aternal. Se siente bien señora? Si, solo m e descom puse, pero ya estoy bien, gracias. ¿Quiere que le avise a alguien? N o. Vaya a ver a la Yola, ella la puede curar. N o creo que pueda curar lo que m e pasa. N o es un m al del cuerpo. La Yola lo cura todo. H ágam e caso, vaya.

6

G lad is n o p o d ría p recisar en q u e m o m en to la señ o ra d esap areció co n to d as esas b o lsas, p ero la id ea d e ir a la Y o la le q u ed ó co m o u n a m arip o sa en la len gu a. V o lvió a su casa y vio a su m arid o en el silló n d u rm ien d o y a. S e en cerró en la h ab itació n y en co n tró algo d e tran q u ilid a d en el n u evo p lan . L a Y o la era la cu ran d era d el p u eb lo . U n a m u jer co m ú n q u e so lo veía lo s o rin es y d ab a u n d iagn ó stico p reciso . L a cu ra eran u n as h ierb a s y el co sto a vo lu ntad . E l m éd ico le m an d ab a su s p acien tes y el cu ra lo s fieles. S u s artes h ab ían trascen d id o las p u ertas d e esa p o b la ció n y recib ía gen te d e lu gares m u y alejad o s. G lad is n u n ca h ab ía sab id o q u e la Y o la h iciera o tro tip o d e cu ra q u e n o fu era la d el cu erp o , p ero lo cierto es qu e n u nca se h ab ía p regu n tad o esas co sa s h asta esa n o ch e. S e d esp ertó a las 5 co n u n h u eco n egro en el p ech o . R á p id am en te se lavó la cara y p asó u n p ein e casi a l d escu id o p o r u n a ca b ellera ajen a a su d o lo r. S alió sin h acer ru id o y se en cam in ó a la casa d e la cu ra n d era. H ab ía q u in ce p erso n a s esp eran d o co n su frasq u ito en las m an o s. F u ero n d o s h o ras largas q u e le alim en taro n a G lad is la rab ia y lo s m alo s p en sa m ien to s. ¿Q u é te an d a p asan d o h ija? ¿A caso n o sab e Y o la? L o sab en to d o s en el p u eb lo . N o h ab lan d e o tra co sa. ¿Y q u é p u ed o h acer yo ? E so d íg am elo u sted . Y o q u iero q u e se m u era n . ¿E stás segu ra? E so q u iero Y o la, u n fu n eral co n d o s m u erto s. E scrib í en este p ap el el n o m b re co m p leto d e tu m arid o y al lad o el d e ella.

G lad is p ro ced ió co n la flu id ez d e lo s trám ites. Y o la recib ió el p ap el y le p regu n tó si realm en te estab a segu ra. L e ad virtió so b re las co n secu en cias fu n estas d el trab ajo , so b re lo irreversib le d e lo s h ech o s. L e d ijo to d o lo n ecesario , p ero G lad is estab a h am b rien ta d e lu to y le p id ió q u e sigu iera a d elan te. Y o la su m ergió el p a p el en m iel y lo llevó al h o rm igu ero d el fo n d o . E n p o co tiem p o las h o rm igas h ab ían h ech o la fa en a y G lad is sin tió u n alivio co m o d e vien to fresco . R egresó a su ca sa y vio a su m arid o p rep ara n d o las co sas p ara el viaje, C lara le ayu d ab a. D éjen m e verlo s b ien . N o lo h agás m ás d ifícil G lad is. E s la ú ltim a vez q u e lo s veo , q u iero verlo s b ien .

R am ó n fastid iad o ap u ró lo s p rep arativo s y saliero n an tes d el m ed io d ía. A las cu atro d e la tard e llegó la n o ticia, el au to h ab ía d esb arran cad o y a m b o s estab an m u erto s. G lad is em p ezó a sen tir q u e la viu d ez le trep ab a en tre las p iern as.
Miriam Diaz

7

Tus ánimas Los fines de semana esa callecita que rodeaba al parque, se convertía en un paseo de compras, una feria de antigüedades. Tita la estaba recorriendo por primera vez. Ahí la vio, tambaleándose entre un montón de chucherías viejas. Una cartera de piel de reptil que colgaba de su cadena dorada. La atracción fue inmediata, como si una fuerza magnética no la dejara seguir avanzando. Hipnosis. No necesitó regatear el precio que de por si era irrisorio. El perro que estaba echado debajo del puesto de la feria, se paro como si le hubieran activado un resorte, sin desperezarse, la siguió un buen rato. Al llegar a su casa, Tita descubrió que dentro del forro sonaban unas monedas, coladas por una rotura interna vaya a saber hace cuánto tiempo atrás. Era un poco supersticiosa y pensó que sería mejor no intentar verlas, menos sacarlas. Esa misma noche el perro de la feria se estacionó en la puerta de su casa. Tita, que no simpatizaba con nadie, hizo lo que pudo para alejarlo, chistó, amenazó, zapateo, escupió, vociferó, regó, hizo volar cosas. El perro inmutable, volvía cada noche, enredando su negrura en la oscuridad. Tita no necesitaba verlo, percibía su presencia desde dentro de la casa. El perro se echaba a la puerta de la reja, en la vereda y pasaba allí toda la noche, vigilando. De a ratos, levantaba la cabeza con los ojos atentos, fijos en la ventana, escuchando, percibiendo, vislumbrando, quizás, alguna presencia. Cada mañana antes de salir, Tita constataba que las monedas siguieran ahí, sonando en algún recoveco. Se le había echo manía. Después del tintineo el perro se despedía con un suspiro hecho de ladridos. Un día las monedas no sonaron, después de batir la cartera en todas direcciones, Tita decidió buscarlas, no entendía qué pasaba, desmembró el interior de la cartera pero no las encontró. No había monedas, no había nada, solo silencio. Esa noche Tita durmió mal y el perro no llegó, nunca mas volvió. Había desaparecido junto con aquel sonido a pasado. Tita se había quedado sola.

Jimena Pallarols

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NIGHTCALL
“Auuuuu…It´s something inside you It`s hard to explain”

Negra, negra poesía, como agujeros en los hombres esparciendo los cerebros pequeña diosa al final de las palabras ciruela o pluma guerra y sangre extraño destino de un poema… y en las calles el llamado de la noche. ¡Oh el llamado de la noche! Yo,… Yo he visto el aullido de los cuerpos los dientes del poema el centro de la vida, vacía y ordenada mi cama, manchada y profunda por tu ausencia ¡Y de noche su llamado! Yo quiero intentar cruzarte sonido de arpa y de lobo atreverme a amarte y despojarte de tus sueños de pájaro infame pero tienes algo en el fondo mi enemiga, my nightcall de los Viernes ¡Oh el llamado de la noche! Yo escucho tu llamado prostituta del jardín, sierva helada, palabra torcida boca lunar sin retorno yo siento el tedio de la vida yo presiento mi final... ¡furia y puntos! Amor estepario de los lumpenes y de nuevo la noche y de nuevo su llamado su llamado… su llamado… que no cesa…

Dario Liendro 9

Hoy es el fin del mundo

Estoy en riesgo vacía de sentidos no tengo palabras profundas me repito una y otra vez en este laberinto de voces muerte-vida belleza-miseria amargura-pasiones falsas dualidades del paralítico

Y me ratifico con ojos/ ganas / sed vulnerable de tan desnuda y pobre

Y me sostengo rebelde porque de aquí no me bajan si no quiero y aunque me lleve el demonio y el mundo reviente en minutos

Dicen que hoy es el fin del mundo

no me voy

No quiero una escalera para subir al cielo porque de allá soy o sea voy y vengo empiezo en el piso y en segundos encuentro boletos aéreos

Bailaré con este orgullo salvaje de las sobrevivientes de las huérfanas-viudas insumisas brujas porque sigo viva y el mundo no se nos acabó
Carmen Saavedra
(Desde el D.F. Mexico)

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En sus sueños Tread softly because you tread on my dreams W. B. Yeats Él se acercó lenta, cautelosamente, y ella lo vio venir. Le dijo sin temblor que ella caminaba en sus sueños, que nada en el mundo existía excepto ella. Tomó su mano tibia y esperó. Ella sintió el horror de ser objeto de tan ferviente amor, de tal deseo. Miró a los ojos tristes de aquel hombre y sintió que sus sueños eran demasiado pequeños, que no podían contenerla. Se sintió ahogada y retiró su mano de las de él. Ninguna otra palabra fue dicha.

Nicolas Ricci
(Desde Hurlingham, Buenos Aires)

Por donde entra el gato rayado Con la lluvia se terminó de hinchar más, tal vez el vidrio se rompa, mil pedacitos que buscan donde clavarse, como garrapatas. Pero la ventana no se rompió, solo se hincho la madera, mala madera, de pino seguro, con clavos philips no, seguro. La lluvia, eso. Fresca, mesurada y temperamental. Lluvia de barbaros que crea arboles para las ventanas de los civilizados.

Cecilia Toconas

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Tapa y contratapa ilustradas por Martín Cordoba

Contacto: Mail: sonambula@hotmail.com.ar Blog: saltasonambula.blogspot.com.ar Facebook: Grupo Sonámbula
Declarada de Interés Cultural Resolución N° 242 - Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta

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