EL OBSTÁCULO Por el sendero misterioso, recamado en sus bordes de exquisitas plantas en flor y alumbrado blandamente por los fulgores

de la tarde, iba ella, vestida de verde pálido, verde caña, con suaves reflejos de plata, que sentaba incomparablemente a su delicada y extraña belleza rubia. Volvió los ojos, me miró larga y hondamente y me hizo con la diestra signo de que la siguiera. Eché a andar con paso anhelado; pero de entre los árboles de un soto espeso surgió un hombre joven, defacciones duras, de ojos acerados, de labios imperiosos. –No pasarás –me dijo, y puesto en medio del sendero abrió los brazos en cruz. –Sí pasaré –respondíle resueltamente y avancé; pero al llegar a él vi que permanecía inmóvil y torvo. –¡Abre camino! –exclamé. –No respondió. Entonces, impaciente, le empujé con fuerza. No se movió. Lleno de cólera al pensar que la Amada se alejaba, agachando la cabeza embestí a aquel hombre con vigor acrecido por la desesperación; mas él se puso en guardia y, con un golpe certero, me echó a rodar a tres metros de distancia. Me levanté maltrecho y con más furia aún volví al ataque dos, tres, cuatro veces; pero el hombre aquel, cuya apariencia no era de Hércules, pero cuya fuerza sí era brutal, arrojóme siempre por tierra, hasta que al fin, molido, deshecho, no pude levantarme…¡Ella, en tanto, se perdía para siempre! Aquella mirada reanimó mi esfuerzo e intenté aún agredir a aquel

hombre obstinado e impasible, de ojos de acero; pero él me miró a su vez de tal suerte, que me sentí desarmado e impotente. Entonces una voz interior me dijo: –¡Todo es inútil; nunca podrás vencerle! Y comprendí que aquel hombre era mío. EL CASTILLO DE LO INCONSCIENTE El castillo de lo inconsciente yérguese sobre una roca enorme, aguda y hosca, rodeada de abismos. Entre la roca, y la montaña vecina, derrúmbase el agua torrencial, que luego se arrastra, allá en el fondo lóbrego...Su estruendo se oye de lejos, sordo y hasta apacible, y sus espumas, fosforescentes desde la altura, se adivinan en las tinieblas. Por dondequiera, como guardia de honor de la toca, levántanse agujas ásperas, dientes pétreos, y se erizan matorrales de espinos, Pero en las noches de luna, con que arcano prestigio radian, en lo alto, los vitrales del castillo divino en que mora la paz...Sólo pueden escalar tu morada eminente los que han sagrado en todos los colmillos rocosos, los que se han herido en todos los espinos...Yo era de éstos. Yo merecía habitar es la mansión del sosiego, y una noche apacible, guiado por el celeste faro lunar, emprendí la ascensión al castillo. Sobre una robusta rama inclinada, atravesé el torrente. Varías veces el vértigo estuvo a punto de vencerme. La corriente rabiosa hubiera destrejado mis miembros; la colérica espuma me habría cubierto con su rizada, y trémula

. sus almenas. éste es el sosegado sueño del yo.. He sangrado en todos los espinos. –¿No te asusta la inconsciencia? –La ansío. y el hervidero de plata de lasaguas. hasta mí. Aquí toda individualidad se diluye como la gota de agua en el mar.. Salvado el abismo.... tu personalidad naufragará eternamente en este océano de la total amnesia. tus más luminosas imágines se extinguirán para siempre.. nunca más el choque de los conceptos vibrará en tu cerebro.. Conozco el filo de todos los guijarros. al castillo. Esta es la divina ciudad del Nirvana de que habla el Buda. sus techos agudos.. Allá. humedeciendo mis destrozadas ropas.. La imponente masa. franqueaba yo por fin los últimos obstáculos y me encontraba en la breve explanada que precedía a la góticamole.Oía mi corazón golpearme el pecho como un sordo martillo. Por fin la puerta se abrió dulcemente y una figura pálida.. y. De muy lejos venía a mis oídos el rumor confuso de! torrente. ¡Ay! ¡Cuantas veces en sus asperezas me herí las rodillas y las manos. era con sus torreones.. sin darte cuenta de tu suprema ventura. más bella que todos los ensueños. –Los seres que amaste no vivirán ya en tu recuerdo su vida vagarosa de fantasmas. no sé cuántos minutos. que mansamente se iluminaba en el picacho gigantesco y una gran esperanza descendía hasta mi corazón y me daba aliento...blancura. Allá abajo.. té acordarás de tu nombre. ¡Cuántas otras me vi en peligro decaer al torrente que. las breves horas se sueño eran mi bien único.. envuelta en un manto blanco.. –Los enterraré para siempre. –Ni siquiera. como dragón retorcido y furioso... –¿De dónde vienes? –De lo más hondo de aquellos abismos –y le señalé con un amplío gesto la perspectiva lejana–.. extranjero? –Ese don santo que acabas de desearme –le respondí–. Una mansa lluvia de lana caía sobre aquel espacio abierto. Tu memoria no descorrerá ya sus telones de lo amable o trágico. ¡Con qué temblor llamé a la puerta! ¡Cómo resonó en e! silencio el aldabón! Esperé. muy avanzada ya la noche. hube de escalar la roca. –La paz sea contigo –me dijo–. ¿Qué buscáis aquí. –Eso quiero.Pero yo miraba a lo alto. –Pero seré feliz. en la hondura. sus terrazas.. Será como si te hubieses bañado en el Leteo. apareció en el umbral.. Nunca mis sonará en tu oído la deleitosa melodía de las rimas. –Tus más bellas ideas. sus ojivas. Este es el albergue del silencio interior.. parecía acecharme!. adivinábase un océano informe de sombras y de luces. Aquí el maya tenaz desaparece: aquí . pero sin saber que lo eres. –¿Sabes lo que encontrarás aquí? –El paraíso del no pensar.. Me he desgarrado en todas las rocas. –Lo serás. como si gustases la flor del olvido en la isla de los Lotófagos. a su imprecisa luz. la Paz.. Sus espumas llegaban.. Pero mi anhelo de llegar al castillo era demasiado intenso para no triunfar.

Duro es el arrastrarse. como sobre la tela de un estuche.. ni vale la pena. aureolado de plata.. vuelve a pasar la explanada y desciende hacia el dolor. la relación de tu ser con el Universo acaba. La luna descendía ya como un dios triste.. Las flores.. Héroe de nuevo en el Hosco Valle del Pensamiento y del Dolor.. sobre todo en los balcones de Luis. El otro día. como el sultán Mahmoud comprendía a los pájaros. a partir de las doce pueden regarse los tiestos.. es indecible lo que gozan con ese riego nocturno. arrástrate de nuevo entre las rocas. pero quien se hace mal eres tú.. y es abrupto en riego helado cae sobre su cabeza. Heme de nuevo entre los espinos. pero individualiza.. Luis.. y una saeta de oro del arquero divino hirió en pleno corazón a la gota.Con la herida y ensangrentada diestra. al paraíso perdido. Se supone que a las doce –y se supone mal– nadie pasará ya bajo los balcones enmacetados de Madrid. y me dejó allí.. tengo miedo. cuya frescura se perpetúa. sobre el pétalo aterciopelado de una rosa.. dejándose penetrar por la luna.. cada vez más en lo alto.Y heme de nuevo en la otra orilla del torrente. ¡ay!. que miran al Poniente. ni tiene derecho a quejarse. fuiste más fuerte que el anhelo de paz!. “por su parte”. a las doce. Los filos de las rocas herían con mayor encono.. que de antaño comprende el lenguaje del agua.. Un viento suave la balanceaba en su hamaca olorosa de seda. la cual decía entre suaves quejumbres: –Tengo miedo.. radiaba aún una gruesa gota de agua. fue cerrando con suavidad la puerta.El hombre blanco notó mi vacilación.. porque el agua. es bienvenida en pleno agosto... Allá en lo alto. cadena que nos liga con tantos eslabones al mundo de la ilusión.. hasta bien entrada la mañana.todo es idéntico con el Todo. aun así. pero tú ya no existes. la puerta que da acceso al divino ignorar. inclinó melancólicamente la cabeza. Pero avanzaba la mañana.Torné a bajar hacía el torrente. que hiere y maltrata. LA GOTA DE AGUA QUE NO QUERÍA PERDER SU «INDIVIDUALIDAD» Por la noche. tocándola en chispa maravillosa. oyó quejarse a la gota.. En el Bien están. los vitrales del castillo brillaban misteriosamente. fresca por excepción.. Había pasado allí buena parte de la noche. en el verano. El ser y el no ser son una misma cosa. Más duro era el descender que había sido el subir. Baja hacia el torrente.. no me beses. Siento que empiezo a evaporarme.. por ...¡Vacilé! ¡Oh mísero apego al yo. solo con la luna. mientras que aquí el bien nos satura. ¡Oh sol. más el Bien no está en ti. pero si pasa. hacia su ocaso. envié un supremo beso de amor y de dolor a la morada excelsa. Aún es tiempo. El dios trasponía ya el meridiano.

quizá por consolarme. Tú te pareces a un hombre sanguíneo.na gotita. ya una turquesa celeste. Soy un pequeño ojo cristalino..ses. y he sido rubí. que ya la he pronunciado otra vez. oh sol? No quiero perder mi individualidad.. y yo me he vuelto topacio.»Sí. siento que me deshago. Le aseguro.. doctor –dijo el enfermo– que al ejecutar un acto cualquiera paréceme como que ya lo he ejecutado. una lu.. A poco el cielo se tiñó de rosa. mujer.. que esto se vuelve insoportable. ya una perla. –Ahora mismo – prosiguió– siento. Ella sí que sabía besar blandamente: al fin. Todo eso..»Estas fueron las últimas palabras de la gotita trémula que brillaba sobre el pétalo de una rosa en el balcón de Luis.. ¡No quiero perder mi individualidad!. Me penetran toda.. Llevo ya muchas horas divinas de vida harmoniosa. Veo un objeto.. sin duda. volar.. es cosa muy apetecible. que flotar.. me disgregan.. comprendo que eso de la transparencia absoluta es una cosa muy buena. un zafiro místico. e instantáneamente me doy cuenta de que ya lo he mirado de la misma suerte... recuerdo.. doctor.. «Yo reflejo e mi modo la naturaleza. el caso es frecuentísimo. sobre una ro. ya no me be.. que me pierdo.. en el mismo sitio. muy abierto. de vez en cuando... Comprendo también que un poco de frío puede condensar mi humedad. No eres como la luna..no.. recuerdo... Hablo. de agua. que a ellos les sucede otro tanto. de ser gotita diáfana y temblorosa que soy: esta gotita acurrucada en el pétalo de una rosa. que ser parte de la atmósfera húmeda es cosa muy conveniente. »No me beses. me abrasan. brutal y sordo como la muerte.. que me desvanezco.... me convierto en esmeralda. Pero yo dejaría de ser gota. Yo soy u.. ¿Entiendes. ¡oh sol! No sabes besar: haces mucho daño.. »¡Ay!. estoy seguro . que daño me haces.. He sido. sobre un rosa. había hecho su obra. recién cortado en punta. es bueno.. con vivacidad punzante.. Después. y apenas he pronunciado una frase.. y entonces ser yo parte mínima de una nube de esas que he visto pasar por la mañana y que parecen cuentos y milagros.Dios! Tus besos hacen un espantoso daño. la bóveda se ha pintado de un amarillo suave..tita de agua. con la misma luz. LA SERPIENTE QUE SE MUERDE LA COLA –Me pasa frecuentemente.. Ahora soy diamante.sa go. Hay amigos que me afirman. Yo no quiero deshacerme.. ¡y no quiero perder mi individualidad!»¡Ay! ¡Ay!.. Y cuando las hojas del rosal se miran en mi espejo para contemplar su traje nuevo. Durante buena parte de la noche he reflejado la luna. tosco y premioso. Pero en mí. no quiero volatilizarme. que la ve. No sé si usted experimenta alguna vez esta sensación tan rara y penosa. Acabaré en un manicomio..mi.. ¡oh sol! Ya no me beses. que la admira desde este nido de terciopelo. El sol. desde esta cuna suave y bienoliente..

¡Es horrible! Hasta el chaleco de piqué labrado que lleva usted lo llevaba entonces. Entonces.. queda fijado en su cerebro con rapidez extraordinaria. Nos la da todo un sistema filosófic o. ya que. con distintos cuerpos. en otra u otras ocasiones. le permitió a usted nacer y vivir. qu e respondeadmirablemente a toda solicitud exterior . esas combinaciones. Usted sonreía. Se acarició la barba y empezó así: –El caso de usted.El enfermo. El fenómeno. es decir. al cabo de más o menos milenarios. doctor? –preguntó. ¿Me entiende usted? –Sí. ya vistos y oídos a hurtadillas de su conciencia. es demasiado frecuente. que el sistema de combinaciones que.de que ya. registra los fenómenos exteriores. tiene que volverse a dar afortiori. dejó oír un suspiro de satisfacción. pero sólo una sombra. que le transmiten las neuronas. la memoria de usted se acuerda de la impresión anterior (aunque sea en esa fracción de segundo) a la otra. Puede sintetizarse así: «Dado que el tiempo es infinito. de que oye una frase. . amigo mío. –¿Y la segunda explicación. y que el número de átomos de que se compone la materia es limitado. – La segunda explicación es un poco más h onda. después de este registro (una fracción de segundo después). naturalmente. Todo igual. –Por tanto –concluyó el doctor–no debe alarmarse. cuyos patrocinadores han sido hombres de la talla de un Federico Nietzsche. y significa que ti ene usted una naturaleza privilegiada. usted se entera de que ve un objeto. matemáticamente. La teoría de las reencarnaciones pudiera dar una sombra de explicación al caso. de lo que usted guste.. porque si he vivido ya otras vidas. de milenarios. en distintas épocas. y tiene dos explicaciones: una fisiológica y otra filosófica. y este recuerdo le proporciona a usted la sensación de duplicidad de que me habla. en la misma habitación esta. he descrito mi enfermedad a usted. Según la primera. se deduce que los mismos sistemas de combinaciones deben fatalmente reproducirse». en iguales términos. Ahora bien. gracias a una sensibilidad especial. aunque en esta vez acuse una intensidad poco común.. sólo prueba la excelente conductibilidad de sus células nerviosas. de períodos. de ciclos. a usted. instantánea. la diligencia con que se opera la transmisión de sensaciones entre los sentidos y el cerebro.. sin que usted se dé cuenta de ello.. mecánicamente. visiblemente tranquilo. Esto de acariciarse la barba es un lugar común que viene muy bien en las narraciones. corno sonríe ahora. ¿Por qué entonces veo las mismas cosas? El doctor se acarició la barba (que usaba en forma de abanico). al cabo de un número w de siglos. doctor. no son infinitas. por numerosas que usted las suponga. un Gustavo el Bon y un Blanqui. perfectamente. pero queda registrado. han sido diferentes... –Estupendo y lógico. en suma. su sensorio de usted. sí.. Lo que usted ve u oye. pero eso que usted dice es estupendo.

aun sin salir de este mundo que habitamos.. para reproducir la historia de los hombres.. el 21 de enero de 1793. la más blanca.. ocasiones –muchas– en que desde abajo. la misma vida. dadas tales o cuales circunstancias produjo al hombre llamado Pedro o Juan. Necesita usted alimentarse bien y a sus horas. del cual no se ha hablado sino incidentalmente en las primeras páginas de este libro. Lee o hace labor junto a la mesita de nogal con soportes de hierro y torneadas patas oblicuas.. La luz alegre que enrojecía los cristales.. ¿Sabéis por qué? Pues porque desde uno de ellos. Son ya las ocho. Generalmente ese balcón estaba iluminado. desde la calle.. En ese planeta vuelven a guillotinar a Luis XVI. ha producido ese mismo hombre en veces en la sucesión de los tiempos.. en el eterno recomenzar de los siglos. de “¡hasta luego!” Cuando el invierno desvestía los árboles (como ahora que Luis traza estas líneas). merced a la ausencia de la estival cortina de hojas. los hermosos árboles que bordan la calle. y la ha de vivir aún. Luís. él podía ver desde más lejos el amistoso signo de aquella mano blanca. como todos.Así. pues. ha vivido. a la inevitable conclusión de que el concurso de infinitamente pequeños que. ya para ver la tierra» ya para ver el cielo» ha habido. nos lleva. al volver a casa. ha alzado los ojos para ver sus balcones. la más afilada mano que queráis imaginar–.. decíale a Luis: “Ella ha llegado ya. La teoría ortodoxamente científica. a la izquierda de éste. Por la noche.amigo mío. ¡Está esperándote! ”Y . quién sabe cuántas veces. El signo aquel seguíale hasta doblar la esquinado hasta la plataforma del tranvía.. dada la infinidad de mundos. El gran Flammarion. LA MANO Y LA LUZ Si en todo el curso de este pequeño libro Luis se ha asomado al balcón. supone que. el que está lleno de macetas. que pase por idénticos períodos geológicos. en una de sus más sugestivas páginas. alzaba los ojos para ver otro balcón. el tercero de la habitación que pertenece a un saloncito contiguo al despacho. simbolizado por la serpiente que se muerde la cola.Pero no es necesario ampliar la hipótesis. una mujer agitaba todos los días la mano –la más linda. para hacer a Luis un signo de adiós. absolutamente matemática de lo limitado de las combinaciones atómicas.. sin una tilde de menos. sin embargo.. mejor dicho. y lo producirá todavía. puede formarse en la infinidad del espacio un planeta idéntico al nuestro. Vaya a tomarse los mismos huevos pasados por agua y la misma leche que se ha bebido usted en tantas otras existencias idénticas. o... usted como yo. donde acontezcan idénticas cosas. –Pero –exclamó el doctor–basta por hoy de filosofías.

.Luis subía las escaleras con paso más ágil. . más animoso. Desde entonces. Veintiún días después. una tarde de enero. la mujer rubia que se asomaba al balcón a hacer a Luis un signo de despedida con la manolarga y blanca. un hermoso libro. al lado de ella. se la llevaban a un lejano cementerio.. ¿lo creeréis?. Luis miró. al llegar a casa y al salir.. con más insistencia hacia el balcón... enfermó y tuvo que encamarse. donde poco después leería también. a un lejano cementerio que Luis adivina desde sus balcones. a fin de llegar antes a la salita iluminada. aquella mujer que le esperaba leyendo cerca de la mesita de nogal. muy desapacible.Pero un día. y que distinguiría muy bien de no estorbárselo los edificios que se alzan al Sur.

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