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Sistema Integrado de Financiamiento de los Estudiantes de Educación Superior Recientemente el Gobierno ha propuesto un nuevo Sistema de Financiamiento para la educación

superior que buscaría reducir el sobre endeudamiento de las familias del país. Esto lo haría bajo las siguientes condiciones: 1. La formación de una agencia especializada mediante la cual el Estado administraría y proveería los fondos para el financiamiento de la educación – quedando excluidos los bancos de esta función – los cuales consistirían en becas para el 60% de los estudiantes meritorios más pobres del país, y créditos con una tasa de interés única de 2% de interés, los que se dirigirían al 90% de los estudiantes. En el caso de estos últimos, comenzarían a ser pagados tras el egreso del estudiante, donde cada cuota no puede exceder al 10% del ingreso mensual de aquel. Cabe señalar que se estipularía un máximo de 180 pagos mensuales como máximo, y en caso de no cancelarse la deuda en esos plazos, ella se condonaría. Varios puntos imprecisos yacen tras esta información. Uno dice relación con la conformación y naturaleza de la agencia en cuestión, pues no se explicita cuál será la particular relación entre la misma y el estado (¿será 100% estatal?), ni cuál será la orgánica de aquella. Otra oscuridad radica en cuáles serán los criterios para definir a los “estudiantes meritorios” de becas, y en este mismo respecto, cuales son los límites de “pobreza” que son considerados para esos efectos. Aquí queda espacio a la sospecha, pues el gran paquete de becas que parece aumentado, podría quedar relegado a primeros quintiles que, debido a la formación desaventajada que no pasa los filtros establecidos por la PSU, realmente – en términos numéricos - no es significativamente seleccionado por las universidades, siendo concretamente el crédito el que perdura como la opción más factible de financiamiento para la mayoría de los estudiantes universitarios. 2. Se modificarían los requisitos de puntaje PSU para la postulación a las becas universitarias dentro de los quintiles I, II y III – los cuales originariamente ascienden a los 550 puntos – para establecerse en 500, 525 y 550 correspondientemente. Esta modificación se aplicaría desde los estudiantes que actualmente cursan su primer año de universidad. 3. Para los estudiantes más vulnerables las instituciones de educación superior deberían hacerse cargo de financiar la brecha entre los aranceles efectivos y los aranceles de referencia – mediante becas y créditos -, mientras que para los provenientes de clase media, esa cobertura sería sólo parcial.

Aquí resulta conflictiva esta exigencia de parte del estado, pues, mientras no incrementa los aportes basales y directos a universidades de su patrimonio, su demanda les reporta a las mismas un gasto que probablemente excede las posibilidades de muchas de las cuales ya se encuentran en graves crisis financieras. Así entonces, el estado nuevamente se deslinda de la responsabilidad de garantizar directamente el financiamiento a los estudiantes, en tanto – además – al tener esta medida un sello crediticio, se inserta aún en la lógica de endeudamiento futuro para los estudiantes (que se tensiona con las nociones de la educación como un derecho) 4. Se modificaría la forma en que se calcula el arancel de referencia, el cual se relacionaría con la calidad, pertinencia y efectividad de los programas de las carreras, conjugándose factores como los ingresos esperados, años de duración, la deserción, nivel socioeconómico, entre otros. Es aún desconocida la “fórmula” tras el cálculo del arancel como la “ponderación” de tales factores. Con la información vertida hasta el minuto, es dudoso si esta medida realmente resultará en un rango arancelario más justo. 5. Con respecto a los 360.000 estudiantes que ingresaron a estudiar financiándose por el Crédito con Aval del Estado, se buscaría dar suma urgencia al proyecto que hoy está en el Senado, para que así se les asegurara la tasa de interés del 2% y el pago del crédito de forma contingente a su ingreso. Se espera que las propuestas descritas se apliquen para todos los estudiantes que desde el 2013 ingresen a la Universidad. A grandes rasgos, se puede decir que la eliminación del CAE reporta un importante logro, en tanto terminaría con el negocio de los bancos mediante el servicio de créditos para financiar la educación y disminuiría las altas tasas de interés asociadas al mismo (así como hacer sus pagos concordantes a la realidad salarial de los estudiantes tras su ingreso). No obstante, mientras no se clarifique cómo será la conformación de la agencia especializada a cargo del financiamiento, no se puede tener plena certeza de que quienes fueron afectados por el coletazo de esta propuesta – como los involucrados en la propiedad de los bancos – queden realmente excluidos del sistema. Por otra parte, sin relación con lo anterior, la propuesta aquí presente - mayoritariamente – dispone de posibilidades de financiamiento ligadas a créditos que, finalmente, redundan en el endeudamiento de los estudiantes a quienes la educación no se les está reconociendo como un derecho a garantizar en forma plena por el Estado. Asimismo, tanto las becas como los créditos son ofrecidos bajo supuestos meritocráticos que, además de ser ambiguos, esperan la existencia de estudiantes excepcionalmente talentosos que – superando los obstáculos de una educación más precaria que la de los más ricos – escapen a la norma

de los resultados de su contexto (lo cual desde nuestros estudios en psicología, sabemos que es bastante complicado).