Palabras desde la distancia

Imágenes y escritos de mujeres que recorrieron un largo camino
Agustina García, Ana Celia R. Estrella, Ara Valvidares, Blanca Correderas, Claudia Rodríguez Méndez, Fátima Galia Mohamed Salem, Mª Victoria Rico Álvarez, Marina Cedro, Marysol Pérez Valiente, Marta Eugenia Fernández Dorotea, Mercedes Farriols, Regina Covarrubias, Soraya Suárez, Vicky Gómez.

Mujeres del Mundo

Palabras desde la distancia
Imágenes y escritos de mujeres que recorrieron un largo camino

Palabras desde la distancia
Imágenes y escritos de mujeres que recorrieron un largo camino
Agustina García, Ana Celia R. Estrella, Ara Valvidares, Blanca Correderas, Claudia Rodríguez Méndez, Fátima Galia Mohamed Salem, Mª Victoria Rico Álvarez, Marina Cedro, Marysol Pérez Valiente, Marta Eugenia Fernández Dorotea, Mercedes Farriols, Regina Covarrubias, Soraya Suárez, Vicky Gómez.

Mujeres del Mundo

Primera edición: septiembre de 2003

Coordinación, fotografía y maquetación: Soraya Suárez Ilustraciones: Blanca Correderas, portada y pág. 10-11-17-20-30-37-48-5588-116 y 120, Marta Eugenia Fernández Dorotea pág. 40-45-58-65-68-7578-85-92-96-103-106-112 y 118 y Soraya Suárez pág. 6. Impreso en: Imprenta Luna ISBN: 84-607-8805-9 Depósito legal: BI-2402-03 mujeresbabel@yahoo.es C/ Fika nº 5, bajos, 48006 Bilbao, Vizcaya

Introducción
Desde que se creó Mujeres del Mundo, hace tres años, muchas mujeres han colaborado con la revista de la asociación aportando sus poesías, artículos y cuentos. Mujeres que llevaban muchos años escribiendo para sí mismas, como una forma de expresar sentimientos, alegrías y pesares que no sabían o no querían vocalizar. Según estos escritos llegaban a la revista, otras mujeres iban reconociendo que ellas también escribían, y así surgió el proyecto de hacer un libro que recogiese las palabras, dibujos y fotografías de esas mujeres que, durante años, habían callado sus íntimas reflexiones y que, aunque a veces estuvieron dispuestas a compartirlas con otras personas, nunca soñaron con publicarlas. Este libro es un recorrido por las vidas y experiencias de aquellas que, llegadas de otros países, o desde aquí mismo, recorrieron un largo camino personal de descubrimiento que se ve reflejado en las palabras e imágenes que ahora queremos compartir con todos y todas vosotras. Son escritos e imágenes que llegaron desde la distancia pero también desde el corazón. Soraya Suárez

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Sarrera
Duela hiru urte Munduko Emakumeak sortu zen eta elkartearen aldizkarian hainbat emakumek hartu dute parte, besteak beste, olerkiak, artikuluak eta ipuinak idatziz. Emakume hauek aspaldidanik idatzi izan dute ahoz esaten ez zituzten sentimenduak, poztasunak eta ardurak adierazteko, baina, gehinetan heuren baitarako. Aldizkarira idazkiak iritsi ahala, beste emakume batzuk ere ausartu ziren beraien lanak argitaratzera eta horrela sortu zen liburu honen egitasmoa. Bertan emakume hauen hitzak, marrazkiak eta argazkiak biltzen dira. Hainbat urtetan isilpean gordetako barne barneko sentimenduak eta hausnarketak, batzutan urkoekin kompartituak baina inoiz ez argitaratuak. Beste herrialde zein hemengo emakumeen bizitza eta bizipenen ibilbidea kontatzen da liburuan. Aurkikuntza pertsonalak hitzetan zein irudietan isladatuta erakusten dira, eta hori da, zuok guztiokin konpartitu nahi duguna. Soraya Suárez

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Índice
11 21 31 41 49 59 Agustina García: “Escribo lo que siempre esperé oír y nunca me dijeron” Ana Celia R. Estrella: “Cuento cosas que he vivido y, en un momento dado, salen a flote” Ara Valvidares Cano: “Quiero compartir aspectos de mí misma” Claudia Rodríguez Méndez: “Escribo sobre los sentimientos que provoca en mí la vida diaria” Fátima Galia Mohamed Salem: “La poesía es el sentimiento más profundo y atractivo que se puede transmitir a los demás” María Victoria Rico Álvarez: “Vi que mi espíritu se liberaba y continué escribiendo” 69 79 89 Marina Cedro: “Intento transmitir el lazo invisible que nos une: el amor” Marysol Pérez Valiente: “Escribo para no enfadarme con Dios” Mercedes Farriols: “El humor me permitió hacer frente a las miserias humanas” 97 107 117 119 121 Regina Covarrubias: “Lo que sentimos es un reflejo de nuestras vivencias” Vicky Gómez: “Quiero hacer reflexionar a los niños al acabar cada uno de mis cuentos” Blanca Correderas: “Mi vida es pintar, respirar es pintar” Marta Eugenia Fernández Dorotea: “A partir del caos surge el orden que configura la imagen final” Soraya Suárez: “La fotografía es una forma de detener el tiempo en un momento para luego volver a vivirlo”
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AGUSTINA : “Escribo lo que siempre esperé oír y nunca me dijeron”

Agustina García Castillo, República Dominicana Profesora de primaria

En el fondo, a Agustina siempre le gustó escribir y expresar a través de la poesía su alma romántica y poética. Aunque nunca pensó en publicar, y siempre escribió para sí misma, ya en su madurez empieza a compartir sus escritos con los demás. “Escribo lo que siempre esperé oír y nunca me dijeron” ha afirmado Agustina, que siente que en sus poemas asume, inconscientemente, el papel del hombre que se dirige a la mujer porque es lo que ella siempre esperó oír y nunca escuchó. El amor, la situación social de su país y su fuerte religiosidad son temas recurrentes en sus escritos.

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El Invierno
Se acerca el invierno, comenzamos a sacar el arbolito de Navidad que tenemos guardado de años pasados para despolvarlo y repararlo, si es que necesita reparación. A pintar nuestras casas, a decorarlas con bombillas y luces de varios colores. Ahora: ¿Has limpiado y decorado el interior de tu cuerpo que es el templo del Espíritu Santo? ¿Lo has despolvado, deshollinado, perdonando al hermano o a alguien que hayas ofendido, incluyendo los tuyos? ¿Has retenido el salario de alguien que te ha servido? ¿Has cumplido con los deberes de tu iglesia? ¿Has dejado de visitar algún enfermo o preso por negligencia? ¿Has visitado los barrios marginados llevando siquiera una palabra de aliento o de consuelo, donde las viviendas son hechas de pedazos de cinc desechado, de hojalata, de latas viejas y cartón, con el piso de tierra húmeda o todas de yagua cobijada y cercada con piso de tierra, que cuando llueve no saben dónde llevar la cama de la gotera? Esas casuchas las pintan sus moradores con tierra blanca o cal en época de Navidad. Allí no hay bombillas de luces y brillantes colores, por el poco salario que apenas les alcanza para comer una o dos veces al día. No comen lo que quieren, sino lo que pueden. Se entristece el padre de familia que no puede en Navidad comprar ropa y zapatos nuevos para su esposa y sus hijos, los que se conforman con los trapos que alguien reparte sobre todo de la iglesia o de grupos comunitarios, mientras, otro grupo estrena ropa y zapatos de la mejor marca en toda la época del año. Niños y niñas hay que se acercan a las casas adornadas a ver con curiosidad y asombro todo aquello, esos niños y niñas van creciendo, unos se superan a base de sacrificios hasta llegar a ser profesionales, otros desde muy temprana edad se dedican a la delincuencia para llegar por ese medio a tener una vida cómoda aunque sea indigna. ALLÍ NO ES TAN BONITO EL INVIERNO Se acerca el invierno, es la estación más agradable para mí, el cielo se torna oscuro, es gris la tarde. Sopla una brisa fría y húmeda que acaricia el bello rostro de un niño desaseado, pálido, quizás por parásito o de hambre. Es como la palidez de una magnolia que languidece junto al débil tallo que la sostiene. Es la misma brisa que acaricia el rostro de una mujer sin maquillar, pálida por el sufrimiento moral que le acontece por el rudo golpe que le da la
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vida. Esa brisa, acaricia el rostro de un hombre joven que acaba de salir de prisión sin haber cometido delito alguno. La tierra, por la mañana, queda cubierta de una mantilla blanca que cubre el follaje de los árboles, esa mantilla se llama Neblina. Las aves acurrucan sus proles debajo de sus alas. Una madre con hambre amamanta su niño en sus brazos, lo cubre de besos en sus rosaditas mejillas, cubriéndolo con un pañal hasta dejarlo dormido. Se acerca el invierno, se ensanchan los corazones llenos de esperanza para que el niño Jesús nos traiga mejores tiempos en lo económico, social, en todo. Se hace esfuerzo para que el niño nazca en nuestro corazón, es el aniversario del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, que muchos lo celebran con fiestas paganas. Sufre el hombre sin trabajo que no tiene medios para prepararle a su familia una feliz Nochebuena. En la Iglesia Católica se celebran las mañanitas, acompañadas de una rica homilía que a todos nos aumenta la fe, y con bellas canciones alusivas a la época. Aunque el Diablo se disfraza de borracho y perturbador, sabemos hacerle la batalla y vencerlo. Es la Nochebuena, mucha algarabía en las calles, muchas expresan su alegría a su manera, se reciben cajas con frutas, alimentos y bebidas de parte del gobierno. Para Reyes se reparten juguetes a los niños de parte del gobierno y otras entidades. El invierno trae consigo mucha gripe, resfrío a causa de la temperatura. Aunque hay pocas flores, la madre naturaleza siempre nos regala algo en esa época del año, nos brinda la oportunidad de disfrutar de la belleza de las flores de pascua. ¿NO ES BONITO EL INVIERNO? Es bonito el invierno, pues nos acercamos a nuestros familiares y seres queridos. Se reúne la familia. Es la única época en que gozamos de ese privilegio. Los que viven fuera del país, en su mayoría, vienen con dinero y regalos para sus amigos y familiares. ¿NO ES BONITO EL INVIERNO?

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Mi Yo
Yo estoy sola en esta hora, paseando muy adentro de mi alma, envuelta en el crespón de mi melancolía. Estoy confinada con mi compañero el silencio, con él puedo bailar al son de la música del tiempo. Enfermedades y sueños, mezcla de hastío y soledad. ¿A quién contaré todos mis sueños? Sueños de tristeza y ansiedad. ¿A quién relataré la historia de mi vida? Es agridulce mi existencia. Mis ojos se cansaron de llorar, veo al mundo como a través de un sólido cristal, hecho de aguas muertas del estanque de mi vida. Pero alguien grita dentro de mi corazón, y me dice “¡No! nunca estarás sola, aquí estoy para acompañarte, para consolarte, para amarte”. Y yo pregunto: “¿Quién eres?” Él me contesta: “Yo soy el del Amor de los Amores, el consolador del triste, el médico de los médicos” ME LLAMO JESÚS ¡Gracias Señor, porque teniéndote a Ti lo tengo todo!

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¿Será esto amar?
Eres el lirio más perfumado de los valles, el más espléndido que me atraes con tu esbeltez y tu figura, esa atracción llega a lo más profundo, de mi corazón de mi alma de mi vida. ¿Será esto amar? Tengo doce años, no conozco el amor, conozco el dolor por mi padre y mi madre que no se comprenden, tengo miedo de amar, tengo miedo de bailar al son de la música que me brinda el amor. Pero es algo muy grande que no puedo ocultar, me domina su mirada, su sonrisa y su caminar, cuando no le veo es como si me faltara el aire para respirar. ¿Será esto amar? Es como una estrella que guía mi existencia, que alumbra el sendero de mi vida, su imagen no se aparta de mi mente, ¿será esto amar?

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Te he amado, te amo y te amaré
Te he amado desde que era muy niña, soy, he sido y seguiré siendo tuya en la simiente del fuego que abraza mi existencia. Te he amado, te amo y te amaré. De donde nace el viento volaré en sus alas hasta donde nace el sol, para sentir su calor. Te amaré en las noches de frío, en las noches cálidas de la primavera, y aun cuando muera, se convertirá mi espíritu en una estrella, y desde el cielo te seguiré amando.

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Fue un sueño, un lindo sueño
Si es que alguna vez nos volvemos a encontrar, quiero que me lleves lejos, muy lejos, en el carro triunfal de la esperanza, hasta llegar a otros mares y sumergirnos en el océano inmenso de nuestro amor. Allí ser besados, acariciados por el canto suave de la brisa marina que entona una canción de vida en cada latido de nuestro corazón. Entonces... me convertiré en una hermosa gaviota, volaré, volaré hasta perderme en el espacio y tú quedarás inmóvil, con tu mirada perdida en el espacio. Al salir de tu éxtasis mirarás a tu alrededor, te encontrarás solo, muy solo, y en voz baja y con ternura, tú dirás... “fue un sueño, un lindo sueño”. Regresarás a tu cálido nido, donde esperan los tuyos, entrarás al baño, recuperarás las fuerzas perdidas por el viaje y el vaivén de las olas, y en voz baja y con ternura dirás... “Fue un sueño, un lindo sueño”.

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Voz del silencio
El silencio habla, habla conmigo, escucho sus palabras, nobles y sencillas; llenas de sabiduría. El silencio: Yo adoro esa palabra, porque en ella el bienestar se encierra. Me pregunta el silencio: ¿Por qué habitas en la Tierra? Yo en silencio le contesto: Es obra del Creador, él quiso que así fuera. Habla conmigo el viejo roble con la majestad de sus años, soy fuerte, soy útil, cuando miro hacia abajo, veo los árboles y arbustos que se inclinan hacia mí en forma de reverencia, soy como el león de la montaña, soy como el águila magnífica de vuelo. Oigo la voz del fuego que dice: Soy devorador, no porque quiero sino por mi propia naturaleza, por eso no dejo de ser útil, caliento lo que está frío, por mí se cuecen los animales. Quisiera quemar el odio, el rencor, la pobreza, la mentira, el crimen, el robo, las drogas, el vicio del alcohol, el asalto, el secuestro, la prostitución, la injusticia, las violaciones de todo género, el suicidio, quemarlos para que el viento lleve las cenizas al mar profundo de donde no puedan regresar jamás. Dice el viento con su lenguaje silencioso: Soy el viajero más rápido, soy invisible, puedo tocarte, en cambio, tú no puedes tocarme, soy útil, aparte de que, convertido en brisa o huracán, traigo polen y semillas que se convierten en plantas, sin mí no puedes respirar, cuando estoy convertido en aire; soy vida, convertido en fresca brisa puedo besar un niño, un hombre, una mujer, una flor... Hago grandes estragos convertido en huracán, echo las pequeñas embarcaciones y hasta los barcos a pique. Hago grandes estragos, dejo sin techo y sin vida a muchas personas. Es así por mi propia naturaleza. Dice el sol con su lenguaje silencioso: Sin mí no hay vida, no me canso de dar luz y calor día tras día, soy testigo mudo de muchos secretos del sabio y del ignorante, del bueno y del malo, soy protector del reino animal y vegetal, en fin, del universo entero. Habla una rosa del jardín de mi afecto: Soy la más bella flor del jardín, deleito con mi bello color y mi agrada18

ble y delicado perfume a los visitantes de este rico y exuberante jardín. Me besa la coliflor, las lindas mariposas, me cantan las aves, el sol me da luz y calor. Se inspiran los poetas ante mi presencia, escriben versos y canciones en honor a mi belleza, aunque es corta mi vida aprovecho cada día, cada hora, cada minuto para vivir el presente. Dice la Violeta: Soy modesta, cándida y discreta, me escondo bajo mis hojas para librarme del sol, el sol me busca porque le agrada mi color. Dice el Clavel: Soy el símbolo masculino, me usan los hombres para adornar la solapa del saco en ocasiones sociales. Todas las mañanas, mojadas por el rocío de la madrugada y besadas por los primeros rayos del sol, todas alegres cantan y alaban al señor. El tiempo tiene su lenguaje silencioso, con las cuatro estaciones del año nos habla del cambio, no sólo en las estaciones, sino en tu vida, niño, adolescente, joven y anciano. El pensamiento también tiene su lenguaje silencioso cuando en tu cerebro anidan toda clase de ideas buenas o malas, escoge las buenas y deshecha las malas y serás sabio. Haz un alto en el camino de la vida, detente un poco a observar y conocerás la voz del silencio que está en tu conciencia.

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ANA CELIA: “Cuento cosas que he vivido y, en un CELIA: momento dado, salen a flote”

Ana Celia Rumaldo Estrella Santiago, República Dominicana Auxiliar de clínica y modista

Ana Celia sólo había escrito algo de poesía cuando le pidieron un artículo para la revista Mujeres del Mundo. Así descubrió su vena crítica, que se rebela ante las injusticias que ve a su alrededor y que siente que deberían cambiar, “sobre todo la situación de los inmigrantes, el racismo”. “Cuento cosas que he vivido y, en un momento dado, salen a flote”. Fina ironía, y rabia contenida impregnan unos artículos que surgen como un resorte de una situación concreta que Ana Celia necesita denunciar y que dirige a los inmigrantes “para que cada uno procure sus derechos”, y se mez clan con relatos amables de recuerdos de su vida.

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Estatus
Suena bonito esta palabra, ¿verdad? Sin embargo, hay que ver cómo sufrimos los que carecemos de él y cómo cuesta adquirir y juntar estas tres vocales y cuatro consonantes que constituyen dicho vocablo y todo lo que eso implica. No me percaté de esto hasta que comprobé en mi propia carne lo difícil que es la vida para quien carece de un buen estatus. Hacía algún tiempo que me venía enamorando aquel pantalón de licra que me sonreía desde el luminoso escaparate de una tienda cada vez que pasaba por aquella calle. “Lindo y simpático el pantalón éste, ¡caramba!”, solía decirme para mis adentros. Pero como casi nunca tengo ni donde caer muerta, no me quedaba más remedio que suspirar y esperar mejores tiempos. Pasó, pues, un tiempo bastante razonable hasta que reuní mis sufridas economías, y decidí jubilar a mis pretéritos vaqueros que de tan viejos ya tenían grandes ventanas en sendas rodillas, y las rayas del culo habían desaparecido hacía mucho tiempo. Así pues, vistiendo por última vez mis pintorescos vaqueros, comparecí en la tienda donde se exhibía aquel pantalón de licra que tanto me chiflaba. En la tienda había una señora que me llamó la atención. A juzgar por su apariencia y por la forma como la trataban las dependientes era una de esas personas que gozan de un buen estatus. Todas las dependientes estaban pendientes de ella. Yo, tímidamente, me quedé en un segundo plano arrinconándome a una esquina. Cada vez que la señora salía del probador luciendo sus preciosas prendas –preciosas por lo de corte y confección, y también por lo del precio- las dependientes explotaban en elogios. “¡Qué maravilla! ¡Está usted estupenda, de película! ¡Es una monada!” Ella, toda orgullosa, se limitaba simplemente a sonreír, y caminando como un pavo real se acercó a la cajera, pagó su mercancía con una tarjeta de crédito y salió a la calle con más solemnidad que la reina de Saba. Entonces me acerqué a una de aquellas muchachas, que ni siquiera habían notado mi presencia en el establecimiento, y la abordé: -Oiga, me gustaría saber el precio de ese pantalón de licra que se exhibe en el escaparate. -¿Cuál? Ah, sí. Cuesta nueve mil quinientas pesetas. ¿Quieres probártelo? Como no disponía ni siquiera de la mitad de lo que valía el pantalón me sentí avergonzada y absolutamente impotente. Para salir del apuro, le dije a la dependienta: -Con eso de las rebajas, me imaginaba que el precio fuera un poco más asequible para mí... -Óyeme, chica –me respondió-, esto es de United Colors of Benetton, ¿lo sabías?
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-¿Cómo dice? –titubeé. ¡Madre mía! ¿Qué será eso de United Colors...? me dije a mí misma, y le contesté: -No, señora, no lo sabía. Perdóneme. Salí hecha polvo del establecimiento, y me recriminé: “¡Esto te ocurre a tí por no tener un buen estatus, tontita!”. Según caminaba por la calle con mis vaqueros de alta ventilación, hice un breve repaso de mi vida, y, francamente, no era la primera vez que me encontraba en semejante situación, pero fue ese día cuando vi claramente que a las personas que carecemos de un buen estatus social se nos huele a distancia. A partir de entonces, vengo analizando el problema de la división de las clases sociales. Por un lado están los que tienen un buen estatus, o sea, los que gozan de una buena posición social; y por otro lado estamos los que por no tener no tenemos ni donde caernos muertos. Cabe decir, por si a alguien le sirve de consuelo, que somos la inmensa mayoría los que constituimos esta familia numerosa de pobres y zarrapastrosos. Hablo en términos generales, porque descubrí también que hay una amplia gama de estatus. Hay, por ejemplo, un estatus congénito, un estatus adquirido, un estatus fingido, y un sin fin de estatus más. Cierto día vi a una señora en un establecimiento de rebajas mirando con indiferencia a los que trataban de adquirir prendas de vestir a un precio módico. Se paseaba de un lado a otro mirando a los cuatro puntos cardinales. No viendo al parecer a ningún conocido suyo, se lanzó en picado como un ave de rapiña en uno de los stock de mercancía de oferta. “¡Ajá!”, -me dije-, “he aquí una señora de un estatus fingido”. Esto me ha hecho pensar seriamente en la genética de cuyos gigantescos avances se está hablando mucho en estos últimos tiempos. Es verdad que los progresos en el mundo de la ciencia a todos nos pillan un poco a contrapelo. Quiero decir que nuestro estatus de miseria no lo remedia ni la genética ni San Pedro bendito, pero seamos un poco altruistas, y, en vez de pensar en nosotros mismos, pensemos en los que nos sucederán. Ya tenemos una oveja y un becerro clónicos y gallos que cantan como las codornices. Dando rienda suelta a mi imaginación, se me ocurre que, si un día se comercializara la genética podríamos tener acceso a alguna célula reproductiva de algún genio, aunque los que no tenemos un buen estatus tuviéramos que esperar la temporada de rebajas para poderla adquirir. ¿Por qué no va a soñar una madre pobre, que ha vivido toda su vida luchando con miras a contribuir al futuro de su descendencia, deseando que éste sea un poco más digno para sus hijos que el que le ha tocado a ella en suerte? Un día podría ir al mercado genético y comprarse un gameto de alguien que valga la pena, de un premio nobel, por ejemplo.
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Pero hay que andar con pies de plomo en esto de las rebajas, lo digo por propia experiencia y, modestia aparte, yo entiendo un montón en lo que a rebajas se refiere. No podemos olvidar que no todo lo que reluce es oro. Yo misma, y quien no tenga pecado que tire la primera piedra, he arrancado alguna vez la etiqueta a un Levis auténtico pero caduco y lo he pegado a un vaquero de 999 ptas, pues esto del buen estatus a todos nos tira un poquitín, ¿o no es verdad? Sin embargo, tratándose de las rebajas de células humanas, el problema reviste mayor gravedad. Imagínese el lector la ilusión de una madre que va al mercado genético en temporada de rebajas, paga lo que no puede para ser fecundada con células de un premio nobel en Ciencias Físicas, por ejemplo. Es normal que esta madre cuente a medio mundo que en su vientre lleva a un genio de la Física, a un Einstein, vamos. Lo triste será que, al cabo de nueve meses, le venga al mundo una criatura que, en lugar del genio, traiga consigo 23 cromosomas de Curro Jiménez, con todo el respeto que me merece dicho señor. Y la inocente criatura, que a nadie pidió para venir al mundo, de repente, ¡viene al mundo para pedir! Volviendo a lo nuestro, yo me pregunto una y otra vez, ¿por qué tanta diferencia entre el que tiene un buen estatus y el que no lo tiene? Es innegable que la diferencia existe, esto se nota hasta en el lenguaje, que es distinto en cada caso. Por ejemplo, demos que un rico roba, cosa que ocurre con bastante frecuencia. Además, hay que decir que cuando un rico roba no suelen ser precisamente cuatro perras gordas. Pues bien, a esto no le llaman robo ni hurto, sino apropiación indebida, malversación de fondos y otras lindezas por el estilo. En cambio, si se trata de un pobre que roba, a éste se le califica de ratero, ladrón, caco, etc. En otro orden de cosas, a la amante de un rico se le llama compañera sentimental; bonito, ¿no? A la amante de un pobre se le llama puta, concubina y, en el mejor de los casos, adúltera. Hablando de nacimientos, los ricos no tienen propiamente hijos. Las madres pertenecientes a esta categoría alumbran, dan a luz primogénitos o vástagos, según los casos y los gustos. Si, por el contrario, se trata de madres que carecen de un buen estatus social, que son la inmensa mayoría, no se habla de primogénitos ni de gaitas semejantes. Es decir, esas criaturas son hijas de la gran puta que las parió. Así de simple y sencillo. Pero pienso que no todo está perdido. Para los que no tenemos un buen estatus, pero sí tenemos fe en un ser supremo, todavía nos queda un leve destello de esperanza: agarrarnos con uñas y dientes a las palabras que un día pronunció el Divino Maestro en el sermón de la montaña hace más de dos mil años. BIENAVENTURADOS LOS POBRES (los que carecen de un buen estatus), PORQUE DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS. Estas palabras encierran toda una filosofía de la vida.
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“Yo te... si tú me...”
¡Qué nostalgia de aquellos viejos tiempos cuando las personas se daban por entero sin esperar nada a cambio! Hoy día parecen historias de folclore esperar que alguien te dé alguna cosa o te haga algún favor si no es con la vista puesta en que tú más tarde le retribuyas con algo. Pocas personas harían un favor a no ser que fuese por otro. En efecto, vivimos la era de “yo te... si tú me...”. No quiero generalizar, porque todavía existen personas que conservan esos viejos y saludables valores. Tuve prueba de ello cuando no hace mucho me rompí una pierna. La mayoría de mis amigos me ofrecieron su ayuda sin condiciones. Sé con toda seguridad que esa ayuda fue “yo te... aunque tú no me...”, pero he sido tan pisoteada por las personas y por la vida, que muchas veces paso por ridícula cuando alguien con buenas intenciones ha querido ayudarme o hacerme algún favor. Automáticamente le pregunto: “¿Cuándo tengo que pagar?” Porque, infelizmente, no son todas las personas las que están dispuestas a dar algo a cambio de nada. El otro día recibí una carta del banco. “Como cliente de esta entidad –decía la carta- tiene usted derecho a una vajilla de porcelana. Para ello, sólo tiene que ingresar la simple cifra de 400.000 pesetas en su cuenta corriente”. “¡Casi nada!”, me dije. O sea, el banco “me... si yo le...”, de lo contrario no hay vajilla. Imagínense lo que escuché el otro día por la radio: “La sociedad vasca está envejeciendo” –decía el locutor-.“Se calcula que una de las razones por las que las mujeres optan por el control de la natalidad es el paro, pero el Gobierno Vasco va a premiar a las mujeres que estén dispuestas a parir. Para ellas habrá empleo, reducción de impuestos, bienestar social, etc”. Éste es un caso típico de “yo te... si tú me...”. ¡Pobrecitas las que no queremos o no podemos parir! Continuaremos en el paro hasta que se nos caiga el último diente, nos despellejarán con los impuestos y pasaremos a ser mulas de la sociedad, con todo el respeto que se merecen esos animales. Pero eso no es todo. El otro día se me apareció por casa un agente de la funeraria con un plan, “el mejor de Bilbao”, según el tío. Me decía: “Tú me pagas una mensualidad el resto de tu vida y en cambio la funeraria te proporciona un ataúd y todos los demás accesorios que necesita un difunto para su viaje a la morada eterna. Por supuesto, hay ataúdes de todos los precios y para todos los gustos”, según él. O sea, “si yo le... usted me...”, le pregunté. “Así es”, -me respondió. Despedí al individuo y me metí en la cama con una tremenda depresión, pasé la tarde meditando sobre todo esto que acabo de escribir. Muy cabreada, me levanté de sopetón y grité: “¡Maldita sociedad! Hay que pagar para nacer, hay que pagar para vivir y hay que pagar para morir!”.
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Quisqueya
Sólo tengo que cerrar los ojos para que mi memoria me transporte a aquel lugar tan bello donde nací y a aquella maravillosa etapa de mi infancia. A orillas del mar Caribe, y junto a una playa de arena blanquísima e inmensos cocoteros, puedo contemplar cinco o seis chozas con techos de palmera, todas en desproporción, sin obedecer ningún orden de simetría, pero, al mismo tiempo, un lugar tan bello y organizado, donde el Creador volcó todo su empeño colocando cada cosa en su lugar correspondiente. Muchas veces me preguntaba: ¿Será que existe este lugar? ¿No estaré equivocada? ¿O será tan sólo fruto de mi imaginación? Desde niña no había vuelto allí, y el lugar existe, es real. Acompañada de mis padres, emprendí este maravilloso y soñado viaje al lugar que me vio nacer y cuyo recuerdo guardaba en mi imaginación como una de las cosas más sagradas. Una mañana espléndida, salimos en dirección norte por el cruce de Guayacanes y la Sierra del Mamey. El paisaje parecía arrancado de las páginas de una revista turística. No podía creer en lo que tenía delante de mis propios ojos. Un estallido de colores y una explosión de sensaciones recorrió cada centímetro de nuestros cuerpos haciéndonos sentir mezquinos delante de tanta belleza. Las amapolas (árbol centenario) dominaban el paisaje, cubriendo las montañas con un tapiz de colores en cuya confección no había intervenido la mano humana. Aspiramos esa mezcla de aromas como un regalo invisible de la madre Naturaleza. Desde lo alto de la sierra, se puede divisar el mar hasta que se confunde con el cielo. ¡Qué pequeño se siente uno al contemplar todo este universo! Pero es maravilloso sentirse parte de él. Dejando atrás la Sierra del Mamey, salimos a una carretera bordeando la costa y seguimos por ella serpenteando el mar Caribe. Al atardecer, llegamos a un pueblecito y, aunque el lugar al que nos dirigíamos estaba a pocos kilómetros, decidimos hacer noche allí para no estropear el momento por el cansancio. Al amanecer del día siguiente, reemprendimos el camino con tanta emoción que pensé que sufriría un colapso y no viviría hasta llegar al lugar soña26

do. Pero pocos kilómetros más adelante, a cierta distancia, pude divisar en el horizonte mi ilustre tierra natal. Pensábamos que, a lo mejor, habría crecido y sería un pueblo grande dotado de toda suerte de las modernas infraestructuras que ahora se estilan, pero, para nuestra sorpresa, no mora allí ni siquiera un alma viviente. Las pocas chozas que hubo en un tiempo, incluso la que perteneció a mis padres, fueron derribadas. Hoy, todo aquello es una propiedad privada. Un tal señor Julián Brito compró el asentamiento de aquellas tierras con todos sus alrededores. Aunque me hubiera gustado mucho volver a la vieja casa, me sentí feliz por volver a aquella tierra, y porque el lugar apenas ha sufrido cambio alguno. Era casi imposible determinar el lugar donde estaba construida nuestra casa, pero mi madre lo reconoció por el viejo roble que se alzaba en el patio de nuestra vivienda y que todavía resiste al tiempo. La playita, una estrecha franja de arena blanca cuyo perímetro se asemeja a un leopardo en acecho. Los cocoteros y las uvas de playa nativas, donde tantas veces me picaron las avispas, continúan allí como testigos mudos de aquella época. Con la mirada perdida en el horizonte, me trasladé a mi infancia, y sentí una paz difícil de describir. Es un privilegio estar aquí y respirar un aire tan puro. El mar, con su mágico color verde que tanto me ha gustado y que me servía de refugio. En sus márgenes dejaba mis confusiones, alegrías y lágrimas. La Naturaleza sigue sin interrupción su maravilloso y lógico ciclo, donde nada acontece por casualidad, y donde cada situación ocurre respondiendo a un porqué, sin organizadores ni maestros. De vuelta a la ciudad de hormigón y a la monotonía de la vida, tengo que resignarme, ya que toda esta experiencia me ha hecho ver la vida de un color que realmente no tiene.

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El Tulipán
Cuando llegué a este país, me pareció haber aterrizado en otro planeta. ¡Cuánto echaba de menos mi tierra, mis gentes! Era todo tan distinto que me extrañaba hasta de mí misma. “¿Será que soy yo?”, me preguntaba. “¿Qué hago yo aquí?” Me estaba volviendo loca. Aquel cambio tan radical me hundió en una depresión tan profunda de la que no fue nada fácil salir. Sin trabajo, sin dinero, mal acomodada y con treinta y nueve kilos de peso andaba como un cadáver ambulante. Me parecía que todos me miraban como a un bicho raro. Un buen día, me levanté un poco más animada. Salí a la calle con lo que era el único capital en aquel momento: treinta pesetas. “Voy a comprarme un boleto de lotería”, me dije, “si me sonríe la suerte, con el dinero adquiriré un pasaje de avión y volveré a mi tierra”. Puse toda mi esperanza en las treinta pesetas que llevaba en el bolsillo y me dirigí a los arcos de las Siete Calles. Escudriñé todos los cupones que vendía el de la caseta de la Once antes de decidirme por un número. Opté por el 54. Cuando me disponía a pagar, me dijo el lotero: “¡Te faltan setenta pesetas, mi vida! Cuesta cien pesetas el billete”. Quedé tan abatida que me dieron ganas de tirarme al río. Pero respiré hondo y seguí caminando por la calle Somera. Entré en una tienda donde venden implementos agrícolas y me detuve un rato contemplando las flores. Era el mes de mayo. Había allí flores y semillas de todas las clases. Pero, por supuesto, el precio de todas sobrepasaba el capital del que yo disponía. Me dirigí a un cestito que estaba lleno de bulbos. Y quiso la Fortuna que hallara uno cuyo precio de venta era justamente treinta pesetas. Me dije a mí misma: “¡Al menos puedo llevarme un bulbito de éstos!” Pero era tan pequeño el tubérculo y andaba yo tan escasa de dinero y de ánimo que dudé si podía permitirme ese lujo. En efecto, me dolía en el alma gastarme aquellas treinta pesetas sin tener la seguridad de que naciera la matita. Me acerqué al vendedor y pregunté: -¿De qué planta son esos bulbos? -Son tulipanes –me respondió. -¿De qué color son? –inquirí. -Están mezclados. Hay rojos, amarillos... –me contestó. -¿Podría darme uno rojo? –le supliqué. -¡Pero, chica! ¿Cómo quieres que sepa yo cuáles son los rojos? –gruñó el tendero.
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-Pues deme uno cualquiera y que sea del color que Dios quiera –le dije. Pagué la compra desprendiéndome de todo mi capital y volví a casa con el bulbito encerrado en el puño. Tenía un tiesto lleno de tierra que había encontrado en el contenedor de la basura. Sembré allí mi bulbito y al cabo de algún tiempo brotó un tallo verde. Como era lo único que tenía, lo cuidé como la luz de mis ojos. Lo aboné con cáscaras de huevo, con peladuras de zanahoria y con todo lo que sabía que era bueno para las flores. La planta creció muy robusta, pero tardaba en florecer... Más que nada, creo que todo se debía a la prisa y a la curiosidad que yo tenía en ver el color de la flor. Una mañana, me levanté más temprano que nunca y, como de costumbre, me fui a ver mi tulipán. Lo que contemplé dentro del tiesto me dejó muda ¡Un tulipán negro! Quedé asombrada y sin palabras. Se me saltaron las lágrimas. Quise abrazar y besar la flor. No sabía cómo agradecer este precioso regalo que me había hecho la Madre Naturaleza. Mientras duró la flor, viví sólo para contemplarla. Me olvidé de la depresión y me sentí mezquina. Este episodio marcó un punto de inflexión en mi vida. Me ha servido para volver a las cosas pequeñas que, aunque aparentemente insignificantes, te dan una lección de vida. Les conté esto a todos los que conocía, incluso al señor de la tienda de los implementos agrícolas y dijo: -Chica, te ha tocado el gordo, porque sólo Holanda ha conseguido tulipanes negros. Te digo de verdad que no sé cómo vino a parar aquí ese bulbo. Desde entonces, acá han transcurrido doce largos años. Y hoy me siento tan integrada en este país que cuando me marcho al mío, lloro y digo para mis adentros: “Hasta luego, Euskadi, gero arte! Volveré muy prontito”. Del tulipán negro no pude sacar simiente por mucho que lo intenté. Todos los años, me dirijo a la misma tienda de la calle Somera y hay años en que he comprado hasta cuatro bulbitos con la esperanza de volverme a encontrar algún día con otro tulipán negro.

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ARA: “Quiero compartir aspectos de mí misma”

Ara Valvidares Cano Guardamino, Santander Ama de casa

Ara empieza a escribir poesía en 1978, para dar salida a las emociones positivas y negativas que siente en aquellos momentos. Su obra es un diario poético en el que refleja sentimientos y rutinas. A través de lo que escribe, quiere “compartir aspectos de mí misma, unos raros, otros de dolor, de descubrimiento”. “La poesía es una forma de encontrar la alegría y la fe en mí misma, para seguir adelante, para no derrumbarme y quedarme de tierra maldita”.

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Colores
Aislamiento triste, turbio y desolado, mujer desolada por los cuatro costados. Entre tanto rostro, me veo muy blanca, me falta pimienta dos granos de sal y un poco de tierra. Una marea de olores, colores, expresiones y sabores, soberana femenina que domina el flujo y reflujo del poder sobre la tierra y la mar, sobre misterios ocultos difíciles de traspasar. Oleaje en movimiento de esmeraldas y turquesas engarzadas en las manos de mujeres que procrean. Calidad de compromiso ha de ser planta perpetua, la que siembren en los hijos, la que rieguen en la huerta. Escribo incoherencias, sensaciones dispares, mas me sentí a gusto entre tantos mares. Corrientes potentes tienen las mujeres, llenas de energía y antiguos saberes. Sois la raza primigenia, alto color es el vuestro, ha llegado ya la hora de que el rey sea depuesto.
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Amiga
Son los sentimientos recurrentes. Dime, amiga: ¿los sentimientos vuelven? ¿Retornan como impetuoso torrente, como suave manantial? ¿O, tal vez, como río transparente, para fundirse por fin en el mar del olvido? Dime, amiga: ¿lo sabes? Acaso sólo se entierran de forma temporal y viven de nuevo cuando el alma los necesita. ¿Será así? dime, amiga: ¿es así como sucede?

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Hijos
Son los hijos sentimientos de un pasado que ha venido de repente, sin avisarnos. Amor y lágrimas, miedo y dulzura, de un ayer no aprendido. Almas con ojos de miel, requisitos de unos seres corporales, “Yoes de polvo cósmico”, estrellas con cuello y uñas, un desgajo de nuestro ser. Algo que necesitamos para saber qué somos, mariposas o lagartos, en la selva de asfalto de nuestro corazón. ¿Nuestros hijos quisieran un perenne ánimo de amar o una señal de destrucción? Son nuestra última oportunidad de que retorne el amor, y su dorado calor nos alce hasta el sol. ¿O serán, en justicia, nuestros jueces para la sima del dolor? Se hará el milagro, tendremos rosas en el jardín, y la llave de amor que encierra la eternidad. Que así sea, hallaremos el amor en nuestro corazón.

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Queja
Lamentos que el alma exploran, heridas que recrudecen sentidos no descubiertos. Como espinas venenosas te aniquilan en silencio, te enmudecen, te destruyen, y huyen encubiertas, como ladrones. Rastrojos emocionales, pequeñeces, menudencias que socavan la supervivencia del alma, dejándola colgada en el negro vacío del abismo. Queja silenciosa, agonizada, clamando resurrección. Puertas cerradas, y un túnel oscuro, que nunca se acaba. Silencio, opresión, angustia, peligro que acecha implacable. No hay consuelo posible en esta noche larga y solitaria. Es la noche probatoria del alma.

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Diosas
Mujeres del mundo somos una sola mujer, una diosa de múltiples colores con hijas e hijos muriendo y naciendo una y otra vez. Tratando de amarnos, de no perecer, de ser santo y señor para nuestro castigado ser. Buceando en el lodo de este mundo cruel, quitándonos máscaras de esclavitud y vejez. Siendo poco a poco mujer eficaz, henchida de leche y sabia bondad. Diosas olvidadas en el quehacer de los días, fragmentos divinos, dormidas las alas con la luna llena podemos desplegarlas. La madre de todas llena nuestros cuerpos de sabios deseos, andando en la tierra, llenando sus huecos. Algunas nos vemos, otras nos amamos y gran multitud pare hijas que destruyen los tiranos.

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Mas todo es posible, las manos nos unen y, entre nosotras, cantamos, reímos y si hay que llorar, también nos unimos. Somos mujeres de fuego, de lluvia y de alta mar, hemos nacido a la vida para unir y procrear.

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Intimidad
Me gustaría tener un silo nuclear lleno de mi intimidad, un recuerdo soleado, el abrazo de mi amante, caricias, besos, el perfume de la rosa y la hierba en el verano, las espigas ondulantes, una rama de avellano, los brotes de una encina, la mar tempestuosa, el bosque en el silencio, la brisa abrazando mi cuerpo, un sueño amoroso que llega en la madrugada alentando el espíritu para toda la jornada. Un sabor salado, lágrimas felices, la expansión del alma en momentos tristes, alegría y calma cuando se hunde el suelo debajo de mis plantas. Tener el tesoro de las aves que cantan, la mente despierta cuando el dolor aprieta y parece que no acaba, rincones profundos donde duerme el águila, en la cueva oculta la loba que amamanta, el calor de julio y la mies segada, sentir que la Diosa me ama, mirarme al espejo y llegar a mí, los ojos senderos para hallar mi hogar al fin, corazón amante, rubí incandescente que selle el frío y lo aleje para siempre. Muy pequeñas cosas deseo en mi silo, una melodía en caja de plata, algunas emociones que apenas las miras y ya se te escapan, palabras benditas que rompan tabúes, bálsamos que sanen todas las llagas, un poder sencillo que me cure el alma.

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Huesos
Me he quedado sin piel en estos versos a la intemperie, sin casa ni sandalias, sin carne en mis huesos, sin aire. Dolorosos cual misterios del rosario, como blancas calaveras perdidas en un osario. De verdades enteras y de oscuras mezquindades, de llanto cuajado y míseras ruindades. Son como muy míos, y también ajenos, los escribió un alma de mujer atormentada, y con un corazón en llamas. Son mi callada intimidad y una parte cruel que socava la inmunidad. Un secreto compartido a quien lo quiera leer, las entrañas vaciadas con letras en el papel. Homenaje postergado a mujeres que parí, a la que me echó a este mundo y a la que vive en mí.

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CLAUDIA: “Escribo sobre los sentimientos que CLAUDIA: provoca en mí la vida diaria”

Claudia Verónica Rodríguez Méndez San Salvador, El Salvador Educadora Social y estudiante de Periodismo

Claudia comienza a hacer poesía casi desde que aprende a escribir. “Escribo sobre los sentimientos que provoca en mí la vida diaria”. Lo que observa y lo que escucha en su entorno y lo que le hacen sentir las personas que conoce y también las que no conoce, y sobre recuerdos de su pasado.

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Tardes comunes
Cuántas vueltas me ha dado la vida. Veo hacia atrás y no me parecen sólo veinte años, todo esto me provoca mucho miedo porque me pregunto una y otra vez qué habrá pasado después de veinte años más. Tantas personas he conocido, he convivido, he querido y ahora me parecen fantasmas. Algunas conservan su nombre, otras ya no recuerdo. No me da miedo la vida, me dan miedo estas tardes desocupadas, tristes, estúpidas, suicidas, inservibles, desmerecidas. Estas tardes, estas tardes comunes.

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Amor es mi dolor
Te soñé, te vi en la oscuridad. Me sonreíste, tu tez morena, tus ojos grandes y en ellos toda la verdad. Tus brazos abriste hacia mí y yo quise abrazarte, quise que te quedaras. Ya no estás. Sólo me queda el recuerdo de aquel sueño, el sueño de tu cielo, la pesadilla de mi infierno. Y amor te digo, ese es mi dolor.

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Por el camino
Por el camino encuentro hombre viejo, perro viejo los dos van lentos hacia algún lugar ganándole una carrera a la muerte.

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Por el camino / 2
Allí está, cada día por las mañanas cuando a la universidad voy paso a unos dos o tres metros del animal. Allí está, no se mueve ni va a ninguna parte porque una pesada cadena le aprisiona la vida le niega el amor. Allí está, y yo ando y su condena es la mía le niego todo menos mi mirada culpable porque lejos de liberarle me encadeno junto a él.

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Noches de ayer y hoy
Habrá noches en las que me despierte asustada, temblando, llorando... Voy a necesitar que me arropes con tus brazos y tararees una canción suave para ahuyentar a los fantasmas de mi pasado. Arrúllame, hasta que en paz vuelva a dormir y tu pecho sea mi refugio.

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FÁTIMA: “La poesía es el sentimiento más profundo y FÁTIMA: atractivo que se puede transmitir a los demás”

Fátima Galia Mohamed Salem Sáhara Licenciada en Periodismo

A Fátima la escritura le atrae desde pequeña, como forma de transmitir sus más profundos y sinceros sentimientos a favor de la paz, la justicia, el respeto a la dignidad humana, a la libertad y a la tolerancia “en este abanico de culturas y creencias que nos diferencian y nos unen a la vez en un mismo planeta”. La poesía es también para Fátima, la forma de reivindicar y luchar por la igualdad y la autoestima de todas las mujeres del mundo, sobre todo de aquellas a las que “les falta recorrer un largo camino hacia el progreso”.

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Ojalá, ojalá
Los continentes se unan como el puño de la mano, y en nuestro planeta reine la felicidad. Ojalá, el mundo vegetal sea amigo de los desiertos, que tenga arbustos y los pájaros podrán cantar. Ojalá, ojalá, el egoísmo se convierta en altruismo, la tristeza en alegría y el odio en amor. Ojalá, nuestros sueños se conviertan en realidad y la amargura de la vida sea por completo una dulzura.

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Independencia y libertad
Independencia y libertad, palabras de hombre, lágrimas de niño y deseos de mujer. Independencia y libertad, aroma de flor, brisas de mar y cantos de ruiseñor. Independencia y libertad, versos de poema, olor a hierbabuena, y alas de paloma. Independencia y libertad, brillo de diamante, labios sonrientes y coraje de combatiente. Independencia y libertad, lazos de amistad, color de hermandad y alegría de solidaridad. Independencia y libertad, asta de bandera, notas de himno y un mundo sin fronteras.

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Querida Madre
Estoy junto a ti desde el día en que nací, desde el día en que nací. Querida madre, tú me diste la vida, yo la vida te doy. Tu me llevaste en tu vientre, yo en mi espalda te cargaré. Querida madre, estoy junto a ti desde el día en que nací, la dulzura de tus manos me hacía volar, el calor de tus besos me abrigaba hasta el final, la ternura de tus caricias me hacía soñar, desde el día en que nací. Querida madre, dueña del amor, de la paciencia y el valor, estoy junto a ti desde el día en que nací. Querida madre, eres como una estrella fugaz, cuanto más lejos de mí, más cerca siento tu calor, más cerca veo tu luz, más cerca escucho tu voz. Querida madre, estoy junto a ti, nos une la vida, nos une el amor, nos une la esperanza, desde el día en que nací. Querida madre, para ti un beso, una rosa y un clavel, por si fuese poco, para ti, madrecita, una vida feliz y bendita. Querida madre, estoy junto a ti desde el día en que nací.

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Los niños
Vi ojos negros clavados en los míos, miradas apagadas, sin juguetes ni diversión. Vi pupilas nubladas, manos tiernas con mascotas de lagartos y escorpión. Vi tez morena, pies descalzos correteando por los charcos y dunas. Vi criaturas víctimas del terror, inocencias que apasionan, rostros que inspiran, corazones que cautivan. Vi lo que nadie pudo ver, espejismos tejiendo cuerdas del pasado, sombras en el horizonte cultivando claveles y resplandores en el cielo con mensajes esperanzadores. Vi semillas forjadoras del mañana, un presente con futuro, un porvenir con varias formas del saber. Vi tantas, tantas cosas por decir, que mi mente guarda y mis labios no podrán describir.

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La doncella del desierto
Dichosa la henna que llevas en tus manos. Dichosas las trenzas que acarician tu cintura. Dichoso el kol que pinta tus ojos de gacela. Dichoso el calor que abrigas entre tus labios. Dichosas las dunas que pisan tus pies descalzos. Dichoso el hombre que atrapas en tus entrañas.

54

A cantar
Todos juntos vamos a cantar. Abajo la guerra, que viva la paz. Cesan las armas, que viva la Humanidad. Todos juntos vamos a cantar. Abajo las razas, que viva la igualdad. Que se apaguen las balas del fusil y brillen los rayos del sol. Que los huérfanos tengan familia y los pobres riqueza. Que se cambien los hombres malos por hombres de bien. Todos juntos vamos a cantar. Abajo la guerra, que viva la paz. Cesan las armas, que viva la Humanidad.

55

El inmigrante
El inmigrante siempre sueña despierto por un mundo feliz y tolerante. El inmigrante se arriesga buscando la vida en una patera y la pierde antes de pisar la cantera. El inmigrante que llega a cruzar la frontera no sabe por dónde se agarra. El inmigrante siempre sueña despierto por un mundo feliz y tolerante. El inmigrante. El inmigrante se despide de la muerte en Oriente y la recibe en Occidente. El inmigrante siempre sueña despierto por un mundo feliz y tolerante. No sé quién tiene más suerte, el inmigrante que muere de repente o el inmigrante que vive muriendo lentamente.

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El alma
El alma no se arruga. Reina de la noche y del firmamento, con el aurora cada día, se despierta fuerte y fresca. El alma no se arruga. El tiempo pasa por los surcos de mi frente, las canas ondulan sobre mi mente, y el alma sigue su corriente. El alma no se arruga. La vida pasa y pasa desapercibida, cuando llega a su fin, se aterriza y nunca te avisa. El cuerpo poco a poco se hace ceniza, y el alma para siempre se eterniza. Reina de la noche y del firmamento, con el aurora cada día, se despierta fuerte y fresca. El alma no se arruga...

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Mª VICTORIA: “Vi que mi espíritu se liberaba y VICTORIA: continué escribiendo”

Mª Victoria Rico Álvarez Bilbao, Vizcaya Administrativo

María Victoria nace en Bilbao, el 4 de febrero de 1948, estudia Administrativo y comienza a trabajar a los dieciséis años, perdiendo su empleo en 1993. Empieza a escribir poesía espontáneamente, dando rienda suelta a una necesidad interior de expresión y desahogo de sentimientos que rompían su alma. Y vio que era bueno... “Vi que mi espíritu se liberaba y continué escribiendo”. La poesía la siente como un medio de exponer su propia individualidad, su verdad, dejando constancia de un despertar, de un recorrido por el desván de su alma de donde va sacando los trastos viejos, quemándolos en la hoguera del amor. “Cuando escribo, no lo hago con la intención de transmitir algo en concreto. Simplemente soy. Me transformo en poesía”.

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Amor, pertenencia
Quiero imaginarme riachuelo de agua cristalina. Quiero que el mar sepa que soy parte de su vida. Quiero imaginarme aire, flor, pájaro, agua viva. Quiero imaginarme lo más bello. YO. Amarse, egoísmo es, eso me han dicho. Pero por no amarme, en el abismo he caído. Si no amo. ¿Cómo amar? Si estoy vacía. ¿Qué puedo dar? Hasta ahora, pseudoamor he tenido. Pero, andando, seguiré mi camino, y auténtico amor daré a quien esté conmigo.

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Dios escribe recto en renglones torcidos
Contigo descubrí mi alma de poeta, nunca podré reprocharte tus bruscas piruetas. Contigo descubrí la oscuridad en mi alma inquieta. No te reprocharé tus bruscas piruetas. Contigo descubrí la soledad. No podré reprocharte tanta vaciedad. Contigo descubrí un nuevo amanecer. Gracias, por tu manera de ser. Contigo descubrí mi PLENITUD. Gracias, por tu virtud.

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Golondrinas, alondras
Golondrinas que alzáis el vuelo y venís de otras tierras buscando ilusiones. Golondrinas que dejáis vuestros polluelos en otros nidos en busca de semillas para ser alimentados. Golondrinas ricas en esperanzas que tenéis en vuestras manos el presente y la Fe en el futuro. Golondrinas que sufrís en vuestro corazón la sinrazón. Golondrinas que se arriesgan a cruzar otros mares en busca de sus raíces. Golondrinas que os sentís abatidas por tener que dejar atrás vuestras vidas. Golondrinas que esperáis ser tratadas con dignidad y os sentís incomprendidas. Alondras recibid a las golondrinas dando aquello que cuanto más se da menos se agota. Alondras recibid a las golondrinas aprendiendo de su fe. Alondras recibid a las golondrinas ayudándolas a echar nuevas raíces en las que se encuentren seguras. Alondras recibid a las golondrinas dándoles la oportunidad de otra nueva vida. Alondras recibid a las golondrinas sin prejuicios sabiendo que igualmente son divinas. Alondras recibid a las golondrinas sabiendo que la diferencia implica riqueza. Alondras recibid a las golondrinas mirándolas profundamente a los ojos y sintiéndolas un sólo alma.

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Libertad
¡Libertad! Se me llena la boca al decir tu nombre. Sueño contigo cada día. Alguien me ha dicho que no existes, pero, mi vida no crecería, si lo llegara a creer. ¿Quién eres tú? ¿Eres pez que vives en el fondo de los mares? o ¿eres ave que cruza los espacios siderales? ¿Eres lava que, arrojada del volcán, cimientas la roca de la vida? o ¿eres eco del grito, de la voz que no es oída? Pez, ave, lava, eco, cuatro palabras. Con las cuatro me quedo.

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Los suspiros se van, el dolor se queda
¡Ah! Se me ha escapado un suspiro. ¿Qué te pasa?¿Qué te sucede? me ha preguntado un amigo. Me duele el alma, he contestado, y se me queda mirando. El alma no duele, dice. Le devuelvo la mirada, le sonrío. Él no me ha comprendido. El suspiro en el aire se ha quedado. Nadie sabrá su destino, ni a causa de qué provino. Pero, el alma sí duele, lo sé. Lo sé, porque lo he sentido. Lo sé, porque lo he vivido.

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Llora, hijo, llora
Me has visto llorar, hijo, y te has trastornado. No te confundas, hijo. Mis lágrimas no son cobardes ni débiles. Son lágrimas que lavan el alma. Son lágrimas que riegan los surcos donde está sembrado el amor. Son lágrimas que se identifican con los que sufren y llevan a la acción. Son lágrimas de impotencia. Pero... no te confundas. Sentirse impotente no es sentirse fracasado ni derrotado. Cuando en el corazón se siente la impotencia, ya se ha hecho todo lo que tenía que hacerse. Ya es, por lo tanto, UNA VICTORIA. Si me ves llorar y te sientes vulnerable y dolorido, acéptalo, siéntelo, hijo. Pero... no te confundas. TÚ ERES FUERZA y en ella sólo debes apoyarte. Aunque a veces no la sientas, puedes LLORAR, hijo. Llorar no es de cobardes. Reconocer la debilidad es de VALIENTES. Si sientes dolor y ganas de llorar, Llora, hijo, LLORA.

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Poesía
Quisiera ser pluma de poeta para poder, con belleza, expresar mis sentimientos, pero aunque serlo yo no pueda, contenta estoy, porque dentro de mí, mi humilde poesía a resurgir da comienzo. Técnicas para escribir poemas no aprendí, y siempre por torpe me he tenido, pero ahora en cuenta yo he caído, y en la poesía, la misma vida vi. Representar mis ideas, antes no podía, porque aunque viva, muerta estaba. Ahora quiero dar alas a mi pluma. Dar rienda suelta a mis palabras. Quiero “ser viva”. Quiero seguir siendo POESÍA.

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¡Viva! el momento
Serénate alma mía, que exploto de sentimiento, porque vivir cada instante, había olvidado hace tiempo. Dejar libre el corazón, yo quiero, como hojas de otoño al viento, y quemar los trastos viejos, que en el desván de mi alma tantísimo daño me hicieron. Buscar mi libertad perdida. Saborear la vida deseo. Dejar pasar el tren, impasible, ya no quiero. Serénate alma mía, que exploto de sentimiento, porque vivir cada instante, había olvidado hace tiempo. Todo amor recoger quiero y a la vez dar lo que tengo. Es necesidad imperiosa, que me llena de contento. Serénate alma mía, que exploto de sentimiento, porque vivir cada instante, había olvidado hace tiempo.

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MARINA : “Intento transmitir el lazo invisible que nos une: el amor”

Marina Cedro Buenos Aires, Argentina Artista

Marina escribe “desde que aprendí el abecedario” y a los seis años ya crea sus primeros relatos y poemas. Su juego favorito es recitar, dramatizar, cantar y danzar la poesía. “Escribo porque lo necesito. Es el pan de cada día”. A través de la poesía, los tangos y la danza, Marina satisface la necesidad de expresar sus sentimientos. El amor, la mujer, el hombre, la vida, la muerte, lo desconocido, cada tema lo expresa carnal y espiritualmente. “Intento transmitir el lazo invisible que nos une: el amor; la expresión del alma a través del cuerpo, su templo”. De esta manera, Marina quiere compartir con los demás amor, sabiduría, verdad, realidad y humanidad.

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la selva
una breve sinfonía de víboras un pantano, una flor contando el duelo de la vida cien peces rodando bajo los ojos del mar dispuestos a escuchar las palabras brillantes, las estrellas goteantes un atardecer de amores entre el pastizal se comían unos a otros como lenguas de gaviotas inocentes la inspiración no bastó para alentar a aquellos hombres empecinados en creer en algo mayor: la poesía hubo un salto intrépido de dos insectos desprovistos de inteligencia un trabajo poco común en la selva pudo ser el momento oportuno para abrir el tiempo conocerse en pedazos y dejar caer la gota de sal un sentido propio del gemido maternal se escuchó lejos a lo lejos de los pueblos raciales revolucionarios, acechados, discutidos entre razas blancas, negras, pálidas ojos alienados llamados mestizos entre ellos tiernamente padre criollo, madre india la américa aquella Tierra Santa donde Jesús no murió tú eres y soy la misma una amante virgen hecha mujer de carne y hueso

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milonga de intimidad
pudo ser una historia de otoños atrevidos donde la flor eterna derrama la primavera. pudo ser tu hambre enseñándome a parir y fue sólo el desliz de tu ensueño. pudo ser el aprendiz más sutil yaciendo junto al estímulo de mi cuerpo. pudo ser. el veinticinco de agosto enseñaba la lección de otorgar a la vida la lección de la muerte y pudo ser ésta la primera vez que al verlas juntas, abrieron un espacio a la libertad. pudo ser. y si posible se encuentre el amor en casa, cosa que mencioné, el atrevimiento es aún mayor y más leve para aquellos entendidos de sexualidad donde el espacio infinito abre un camino de vértebras radiantes, sinfónicas y el misterio del pudo ser como dos palabras desconocidas: es frágil. pudo ser. pudo del verbo y la posesión exaltada del uno sobre el otro, ser es siendo planteando la posibilidad de existir fantásticamente con o sin sentido escrito. pudo ser. tu hambre, mi cuerpo frágil el espacio, la libertad, escrita, desconocida las palabras, el misterio, camino, camino, camino la libertad, el amor el amor, la libertad, la historia, tú y yo. pudo ser.

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amores
un coral un par de piernas tiernas una manta de selva cálida un sol una luna todo enumerado haciendo historia en los tiempos que corren el mismo sol, la misma primavera ellos se amaron en distintos continentes en distintos cuerpos eran ellos el uno, el otro para sí dos habitaciones, las cuerdas, un libro, una pluma hojas que van y vienen una luz apagada sólo queda el último apagón y veré tus pupilas caer como dos ojos salientes de amor tu espalda será el lago tus cabellos mi sueño el río de la vida quedará sellado en mi pecho

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quiero que me abraces
quiero que me abraces me lances al vacío que me ames me dejes me tomes me ames me beses quiero dejar este llanto y bañarme de amor en el oscuro y largo paso de las horas donde todo es eterno donde nada es imposible donde la danza es bella en su locura los dos unidos poblamos la única verdad el amor

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el tiempo pasa
el tiempo pasa y pasa el tiempo el tiempo pasa y pasa el desierto las velas del corazón para abrazar lo único que tengo mi vida y lejos estás y quizá quererte es poco y quizá decirte es mucho abrir el horizonte hacia un cuadro colorido donde tu vida y la mía no tengan pasado ser o estar me dirás después cuando más tarde te acuestes a mi lado y busques una escama húmeda yo estaré dormida ya lejos del día entrada en la noche con mis sueños que nunca duermen y serán tus manos las que alzarán mis pechos y arrasarán con fuego mis cóleras mis lágrimas serán sólo cenizas para limpiar la ropa, las sábanas, las bocas ser o estar aquí o allá en medio de dos continentes sólo encuentro una puerta el corazón y me dirás entonces qué? qué has hecho? Y te diré amarte desde lejos adentro
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itinerario
voy a escribir antes de partir como una ola cresta y blanca como una gaviota en pleno vuelo como un incendio voy a escribir a discernir entre la vida y la muerte y luego unirme saberme viva abierta, despierta y viajaré hacia ti viviré dentro tuyo y te amaré eternamente

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amor amar amor
amar es despertar la sed insaciable amar es dibujar tu piel amar es recordar mi olvido amar es acudir a tu sueño amar es recibir tu presencia amar es ser pueblo

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alguna vez
alguna vez te has puesto a escribir frente a una hoja muda de palabras y sentir que tu vida era tan sólo un soplo de inocencia? que tus ilusiones eran sueños dormidos que tus amigos eran seres iguales a ti que el amanecer era efímero que el sol era amarillo que tus manos tu cuerpo eran notas irrepetibles únicas dolencias de mortalidad alguna vez te preguntaste si eras hombre o mujer si eras niño alguna vez sentiste tus ojos pesados frente a una ventana cerrada y que el aire que corría era tan sólo una voz lejana alguna vez amaste? alguna vez te dejaste amar? alguna vez pensaste que la vida era un cuento?
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MARYSOL : “Escribo para no enfadarme con Dios”

Marysol Pérez Valiente Sanlúcar de Barrameda, Cádiz Vendedora Marysol empieza a escribir poesía cuando su marido fallece, “para no enfadarme con Dios”. No podía expresar sus sentimientos de otra forma y, por no llorar ni de pena ni de rabia, cogió un papel y bolígrafo y se puso a escribir versos. Aunque comenzó a escribir con rabia, ahora han pasado quince años, y Marysol escribe con amor, porque así se siente realizada, y porque “cada verso me enseña algo nuevo y bonito”. Sus poesías tratan del amor en general y, sobre todo, temas sociales y reales. Recuerdos de su infancia, de su marido, poesías dedicadas a sus amistades, y especialmente a su querido pueblo gitano, al que no se cansa de admirar. “Los gitanos tenemos un alma poética y romántica. Cuando no escribimos, cantamos”. Marysol considera que la poesía es un don que Dios le ha dado y “lo que da Dios es para compartirlo con los demás”. A través de lo que escribe, Marysol quiere transmitir vida y emoción.

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Gitanos
Cuando Dios hizo el sol y separó las aguas del río pensó en los gitanos e hizo los caminos. Y creció la hierba, el mimbre y el junco. Y encendió la fragua pa´que estemos juntos. El fuego en el medio, la familia el centro, la palabra de los patriarcas que son pergaminos escritos en el viento. Palabras de hombres que no tienen miedo. Son cuatro palabras escritas con fuego. De padres a hijos, de abuelos a nietos... Paz a lo no visto, respeto a los viejos, amor a los niños, honor a las mujeres que hacen los pueblos. El orgullo del gitano es todo esto: Paz, amor y respeto.

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No me pongas tiempo
No me pongas tiempo para hablar porque puede ser que no me salga la voz. No me pongas hora para amar porque a lo mejor no me salga el amor. Porque a todo a lo que se le pone tiempo y hora puntual nunca puede salir bien, por regla general. ¡Es lo normal! El amor no tiene hora, cuando quiere y libremente se va, y lo mismo pasa cuando tienes algo de que hablar. Esa es mi opinión. Yo creo que en todas las cosas hay unas reglas, menos en los pensamientos, que los pensamientos son libres sin horas y no se pueden controlar.

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Hombres sin rumbo, mujeres perdidas
El mundo se ha vuelto loco, porque el hombre occidental se ha creído que es Dios y en todo quiere mandar. Hace menos de cien años casi todo estaba bien, pero entre América y Rusia lo echaron todo a perder. Y, en estos tiempos modernos, ¡ay! qué lástima me dan, los hombres no están seguros, y de sus pueblos tienen que marchar. Se montan en las pateras, buscando su salvación, y lo que encuentran es la muerte, la cárcel y el desamor. Y los que logran llegar a la tierra prometida, tienen que pagar el precio de quedarse sin familias. Las mujeres de sus pueblos se encuentran desesperadas, sin dinero y sin comida, y nadie para ayudarlas. Son parias de sus familias, no encuentran una salida, y duermen en camas extrañas cuando se encuentran perdidas. Hombres pobres y perdidos, sin rumbo y sin horizonte, dejando atrás sus familias, sin pasado y sin presente.
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Hombres sin rumbo. Mujeres perdidas. En tierras extrañas, que duras son sus vidas. ¿Y nos extrañamos, de todo lo que pasa? Ellos vienen pidiendo pan y confianza y nosotros les damos desprecio y la espalda. ¿Dónde está el hombre bueno? ¿Dónde el Dios del Alba? Que promete tanto y que no da nada. ¡Mujeres del Mundo! ¡Luchar por lograrla! Vamos a unir nuestras fuerzas y hagamos una muralla. Como la de Jericó, pero con más esperanza, donde brille una estrella y no puedan derribarla.

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Para no llamarte
Se me está acabando el tiempo. Yo en mi sangre lo presiento. Ya no recuerdo tu cara, ya no me excitan tus besos. Se me olvidan tus palabras y el calor de tu pelo al despertar. Y, hasta tu nombre, querido, el tiempo lo ha de borrar. Me entretengo en mil cosas diferentes cada día, para no pensar, amor, en lo que tú me decías. ¡Y es que no quiero acordarme! Ni llorarte, ni añorarte, no quiero pensar que existes y que un día me engañaste. Prefiero dejar la mente que se duerma y que descanse, enredarme en mil maneras por no tener que llamarte.

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No juegues
Eres como un niño grande, indefenso ante mi amor, tienes miedo de quererme y juegas con mi ilusión. No juegues con mi cariño, no hieras mi corazón, que yo soy una pantera y no temo al león. Yo no soy paloma dulce que le haga juego a tu voz, yo soy valiente y bravía y me sobra corazón. Y antes de ser tu juguete, a un perro se lo doy yo, con mis manos me lo arranco sin tenerme compasión.

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Gitanos viejos
Estoy enfrente del mar, viendo los barcos pesqueros, soñando que estoy contigo, y tú en mis brazos prisionero. Qué pensamientos más dulces me recorren el sentío, siento como tú me llamas lejos del camino mío. Quisiera con tu persona saltar las olas del mar, y al resplandor de la luna tu boca dulce besar. Y cogerte de la mano para bailar soleares, y que soñaras conmigo entre cantares y bailes. A la verita de un fuego y una olla de café, entre los gitanos viejos, bajito te cantaré.

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A mi perro Lor
Te puse “Lor” de nombre, vaya tronío, para un perro gitano como era el mío. Cazador de caza grande valiente y noble a la vez, no hubo otro perro en Sestao, que más se dejara ver. Se chuleaba por todo el pueblo, con aquel porte fiero y bravío, parecía una escultura en bronce y hierro esculpido. Pero un diez de mayo cuando el sol más relucía, se quedó dormido en las manos mías. Soñando en praderas libres y floridas, y que su amo lo esperaba cazando en la otra orilla. Tú te quedaste dormido yo llorando me quedé, la casa quedó vacía por no estar ni tú ni él.

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MERCEDES: “El humor me permitió hacer frente a las MERCEDES: miserias humanas”

Mercedes Farriols Buenos Aires, Argentina Artista y docente Escritora de teatro, guiones, cuentos y una novela erótica, Mercedes está sensibilizada con el tema del maltrato a la mujer que refleja en su teatro con humor desgarrador y mucha ironía. Utiliza la escritura y la actuación para comunicar algunas de sus preocupaciones: la discriminación, los malos tratos, la incomunicación, las adicciones. “El humor me permitió hacer frente a las miserias humanas", asegura Mercedes, que utiliza la risa en sus obras como forma de ahuyentar el llanto. "Reir para dejar de llorar".

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La gran pileta de la vida
Quiero zambullirme en la gran pileta de la vida y ser sutil. Escuchar el inmenso silencio que es el agua aflojar los dolores, la nuca liberada descubrirme las manos y los pies. Sentirme los latidos más profundos porque soy profunda larga, infinita, interminable. Ensordecer, enmudecer, dominar el silencio porque estoy profunda vibrar como sirena y aquietarme porque estoy profunda en lo profundo. Quiero zambullirme en la gran pileta de la vida para ver transparente cada cuerpo liviano, libre y ocupando su lugar. La mochila liviana, cargada sólo de agua, la mirada serena, la lengua relajada. Largando burbujas desiguales y perfectas en lugar de palabras imperfectas. Con las caras rellenas de sonrisas, los ojos más mirones y las orejas abiertas y profundas porque están en lo profundo. Quiero tirarme a la pileta de la vida para estar profundo donde todo tiene el lugar que necesita: armónico, blando, hinchado, liberado sin grasa y más deforme. Como una manifestación de danzas de sirenas en medio del turquesa profundo porque es profundo. Quiero tirarme a la profunda pileta de la vida y no encontrar un futuro con candado del que yo no conozco la combinación.

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Allí donde las trompadas no me toquen y las palabrotas suenen a burbujas, donde floten las grandes ideas, las livianas. Y las otras, las pesadas, se caigan bien al fondo como una pequeña moneda olvidada. Quiero tirarme de cabeza a la profunda pileta de la vida para que allí avancen los más lentos y los más rápidos nos pongamos más lentos. Papá, quiero tirarme de cabeza a lo profundo de la pileta de la vida. Sentir que un anciano iguala a un niño porque a los dos se le arrugan lo deditos, los dos tienen las manos abiertas, los pies desnudos, los bolsillos vacíos. Y los dos tienen frío como una gallina. Con fuerzas distintas hacen las mismas burbujas Y los dos tienen sólo un billete desteñido, olvidado, pegoteado y medio roto en un bolsillo. Porque el silencio me hace escuchar mi propio pataleo quiero tirarme de cabeza, de pies y manos en lo profundo de la profunda pileta de la vida para escuchar tu silencio, para reconocer el mío y el de la profunda pileta de la vida.

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¿Para qué quiero una linterna si me iluminan las estrellas?
“Para qué quiero una linterna si me iluminan las estrellas” lo escribí manuscrito en papeles desordenados bajo la luz de las estrellas, la luna y los reflejos de las luces de la calle y los edificios cercanos que iluminaban mi ventana, un atardecer que cortaron la luz. Esa tarde, llegué a mi casa, seis y cuarto de la tarde y me encuentro, en la puerta del edificio, una multitud molesta de gente rezongando por un corte de luz no previsto... no anunciado. Y, en el barrio de Belgrano, se supone que los cortes de luz deben ser ordenadamente previstos, si no, ¿para qué vivimos en Belgrano? No sin antes contener un poquito a mis vecinos, conocidos o no -a algunos mandándolos a tomar un cafecito en el bar de enfrente, a otros a caminar un poco-, emprendí alegremente el lento ascenso hasta el piso 22º en el cual habito. “¡Ella es joven!” -masculló una vecina de 30 años sin registrar mis 43 en medio de la infeliz manada apesadumbrada. Ya en mi departamento, con la lengua afuera pero feliz por el ejercicio extra para mis glúteos que siempre lo agradecen para no decaer en su firmeza, al abrir la puerta, me di cuenta que el día todavía era día y la claridad entraba por las ventanas con toda intensidad. Me duché, tomé mate, ordené un poco el característico desorden que siempre me acompaña y no tomé ningún recaudo por el corte de luz que nos amenazaba a las 19 horas ya pasadas. De pronto, un rezongo constante de mi vecina más cercana por las escaleras me trajo a mi cruda realidad: “¡Qué desgracia! ¡Me duele la rodilla! ¡Qué vamos a hacer! ¡Quién sabe cuándo se les ocurre darla! ¿Para qué pagaremos los impuestos si hacen con nosotros lo que quieren?” Al sentir todos esos conceptos en tan pocos escalones, salí y le dije: “¿Necesitás ayuda? ¿Tenés una velita?” -tratando de no irritarla más de lo que estaba. “Mal, ¿cómo querés que esté? Y no, no tengo vela, dicen que tener las velas de cera trae mala suerte. Tengo esta linterna. ¡Menos mal!”. Estaba realmente descompuesta, fuera de sí. Cerró la puerta con suficiente violencia, mordiendo sus propias palabras y zambulléndose en ese triste encierro, pero decididamente no sé si peor que su triste encierro cotidiano. De pronto, la ráfaga de mi sombría vecina, me hizo preguntar: “Y yo... ¿tengo una vela?” Busqué medio minuto con cierta desesperación en el
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maravillosamente desordenado primer cajón de la cocina donde encuentro un martillo cuando busco una aguja y cuando busco el martillo descubro el pegamento doble contacto, y antes de sellarme los dedos, desistí. Se hacía indefectiblemente de noche, y yo no había reflexionado sobre ello. ¡Qué inconsciencia! Envuelta en una toalla, me agarró la desesperación: no estaba cambiada. ¿Qué me iba a poner? En dos horas tenía que salir. ¿Qué iba a ser de mí? Busqué otra vez la vela, ahora en el segundo cajón de la cocina donde me enredé con las lucecitas del arbolito de navidad que nunca logro desenredar hasta llegado el 8 de diciembre, momento en que las cuelgo, lo suficientemente enredadas. Resultado: cero vela. Mi desesperación aumentaba con la ineluctable llegada de la noche. ¿Qué zapatos ponerme? ¿Cómo me voy a maquillar? ¡¡¡¡Una linterna!!!! Claro, cómo no lo había pensado. Si mi vecina Zulema tenía una linterna, yo también tendría que tener una linterna. Es lo que corresponde. Linterna. A ver. Se hace de noche. Necesito una linterna. ¡No! Mejor me cambio ya mismo que todavía hay claridad y me voy. Sí, tengo que salir. Me voy en seguida. Me voy a un bar. ¡Claro! En ese bar de enfrente hay luz. ¡Qué suerte que tienen los de enfrente! No les cortaron la luz. Pueden hacer su vida normal. ¡¡¡¡La linterna!!!! ¿Dónde tengo una linterna? Tengo que arreglar estos cajones. Algo tiene que querer decir que yo tenga los cajones de la cocina en este caos existencial, ¿no? Este vestido... con estos zapatos... No, mejor un jean. Se hace de noche. ¿Qué hago? ¿Qué va a ser de mí? ¿Cómo yo no tengo una linterna? ¿Dónde estaba la linterna? Alguna vez la tuve, estoy segura. No puedo ir con jeans a la Recoleta un viernes a la noche. Tiene que ser un vestido. Pero un vestido... los zapatos. ¿Qué zapatos? ¿Medias? Ya hace frío. Estamos en otoño. Tengo que ponerme medias. ¡Este cajón! No son sólo los cajones de la cocina. Los de la ropa interior son un desastre. Y sin luz. ¿Qué me pongo? ¿Dónde tengo la linterna? Por ahí tengo suerte y la encuentro en el cajón de las medias. ¡¡¡¡Ahhhhhhh!!!! - grité en un lamento ahogado. Son las 7 y media, me quedan dos horas de encierro, no me vestí y la maldita linterna que no aparece. Ese era el trágico panorama de mi vida. Cuando de pronto, sólo fue girar la mirada hacia el ventanal del living y descubrir que ya era de noche. Era de noche y yo veía. Buscaba ropa, transitaba el departamento cómodamente, no me tropezaba, no tenía accidentes mortales, seguía sacando ropa del ropero y desordenando todos los cajones
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como era mi costumbre. Y todo con total normalidad. Y sobre todo, yo buscaba la milagrosa linterna como una pelotuda. Y veía. ¿Cómo que veía? Si habían cortado la luz. Si mi vecina se lamentaba. ¡El edificio entero se lamentaba! ¡Todo el barrio emulando un coro griego se lamentaba! Pero yo veía. Algo andaba mal. ¿Por qué veía? ¿Y por qué mandato endemoniado yo buscaba la linterna si yo veía? Recorrí lentamente mi pequeño living con mis ojos de gato. ¡Claro, de pronto soy gato! -me dije. Recorrí el dormitorio, la pequeña cocina, el lavadero... Volví a la inmensidad del living y fue allí que, mirando hacia el infinito del cielo, descubrí: ¡¡¡Las estrellas!!! ¡¡Las estrellas me iluminan!! De pronto, sentí una quietud indescriptible. Me senté en mi sillón frente a la computadora y me puse a contemplar la ciudad. “¡Las estrellas me iluminan!” Las luces de la ciudad entera me iluminaban y yo desesperadamente angustiada por una minúscula linterna probablemente sepultada entre cubiertos, cachivaches o algún destornillador todo oxidado. “¡Las estrellas me iluminan!” -me repetía. Y en cualquier momento se sumaría la salida de esa galleta inmensa color crema. La prepotente luna llena que me emocionaría poniéndome la piel de gallina con su lento despertar de dinosaurio desperezándose desenfadada. Y entonces dije: “Para qué quiero una linterna si me iluminan las estrellas”.

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REGINA: “Lo que sentimos es un reflejo de nuestras REGINA: vivencias”

María Regina Covarrubias Pérez Saltillo Coahuila, México Profesora de Educación Primaria y Secundaria

Es ya en la adolescencia que Regina empieza a escribir poesía porque considera que es una forma de dar a conocer todo aquello que “bulle dentro de nuestro ser” y que quién lo lea se vea reflejado en aquello que esté leyendo, ya que “lo que sentimos es un reflejo de nuestras vivencias, aquello que todos sentimos y que nadie tiene la exclusiva y que eso le sea una catarsis para su diario vivir”. Denuncias, amores, desamores, agradecimientos, alegrías, sueños y utopías son los temas recurrentes en la obra de esta mujer mexicana, que quiere que las personas sientan y vivan las mismas emociones que “creo tenemos todos los seres humanos y es lo que nos diferencia de los animales”. “Tenemos un alma y, si la cultivamos, nos lleva por una emocionante aventura a través de todas las zonas inexploradas de nuestros sentimientos, pasiones, dolores y alegrías”.

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Bilbao
¡Veinte años ya! que desde el aire se dibujó tu costa color esmeralda, tu mar bravío. Sentí miedo porque te sentí áspero, frío, lluvioso, gris. Era tal la tristeza que sentí de dejar mi sol, mi calor, ¡Mi vida entera! Pero he aprendido a quererte. Y vi como el amante áspero distante y frío, se volvió tierno, cariñoso y protector. He sufrido, he llorado y he sido muy feliz. Mi mayor regalo ha sido un hijo nacido en esta tierra. Te he visto cambiar, formarte, cincelarte. Y pasar de bocho ¡A un Gran Bilbao!

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Añoranza
Busco en el recuerdo a mi mar, el mar Caribe. He volado sobre varios mares y he visto varias playas. Pero las aguas y la arena no son las mismas que esas playas tenían. No hay palmeras, ni cocos, ni las gaviotas son iguales. ¡Mi mar era muy azul! ¡A veces verde! No puedo precisar, pero ese mar y esa tierra son diferentes. Allí me sentía protegida. Mi grupo no lo tengo. Añoro mi niñez, mi juventud, mis amigos y familiares. Algunos me miran con recelo, me conocen de siempre, pero no me comprenden. Dicen que no se puede buscar eso que guardas en el recuerdo. Lo que fue, pero ya no es. Pero yo lo añoro y lo guardo como lo conocí.

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A una hermosa niña
Esperando escribir una poesía, diciendo cuándo vendrá a mí la inspiración. Pensando que hoy no podría escribir ningún renglón. Contemplando el hermoso rostro de una niña, hija de una amiga Mexicana y un Español, dos razas conjuntadas que dan vida a una hermosa rosa en este rosal que es la vida. Y sus leves movimientos de mariposa me recordaron a una Princesa Azteca, con su señorío y su belleza.

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Raíces
Tú que vienes de otras tierras, que eres inmigrante no olvides tus raíces. Guarda esa clase que traes esa raíz que tienes de tu tierra. Conserva en tu memoria, en tu palabra y actitud esa fuerza que dan tus sentimientos, tu forma de hablar. Que nada haga que sientas vergüenza de donde vienes. Ten memoria, buena memoria de tu pasado pero con capacidad para enfrentar el presente, sin odios, ni rencores sólo con la mente abierta para el futuro y con la dignidad de tu pasado.

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México
¡Mi México! Hablar de ti es hablar de raíces de cultura. En cada rincón exhalas diferencia. Desde el sur hasta el norte. El sur con mis indígenas que no son una raza del pasado, sino un orgullo de mis raíces. El norte industrializado, con sus gentes fuertes y sufridas. ¡MÉXICO! Abriste los brazos A todo aquel que llegó sufrido y exiliado. Desde España hasta Rusia. Gentes que aportaron su saber y aceptaron nuestra cultura, y se quedaron como un Mexicano más. Hoy, México es un crisol de culturas. Un gran país.

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Víctima
Mujer que eres víctima de ese hombre a quien quisiste amar, ayudar y salvar. Amar sin más interés que redimir. Mujer que buscas con esperanza a quien amar, cambiar. No importa que sea cruel, víctima de su indiferencia, de su abuso de poder. Crees que tu amor tiene fuerza suficiente para cambiar a la bestia, y te ves acosada, golpeada y humillada. En ocasiones arrastrada hacia la muerte, con tus sueños rotos y el temor constante de una vida sola, sin ese hombre que no te supo amar. Caminas por la senda del dolor y con el deseo de una vida nueva, sin mirar atrás.

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La vejez
Es la vejez el signo de la experiencia. Sabemos que el dinero no compra la vida y aunque los problemas no disminuyen, la confianza en Dios nos fortalece. No podemos escapar de la vejez, pero podemos volar libres. Hacer de nuestra vida vívidas imágenes. Disfrutar sorbo a sorbo el tiempo que nos queda. Y dar gracias a Dios por el tiempo vivido, por lo que hemos amado, por lo que hemos sufrido. Seguir adelante, sin mirar atrás.

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Carta a mi madre
Madre, cuando era niña, me cuidabas, me dormías, jugabas conmigo ¡y eras feliz! Volaron los años y crecí, y pasé menos tiempo contigo, tenía amigos y ocupaciones. Pero tú me esperabas, con una comida sabrosa, ropa planchada y preguntas sobre mis preocupaciones, estudios y amigos, ¡y eras feliz atendiéndome! Luego empecé a trabajar y sólo pensaba en mi trabajo, en el dinero, mis vacaciones y mis amigos; tú llorabas y decías que querías que estuviera contigo un poco, y yo sólo te regalaba migajas de mi tiempo, te contaba mis aventuras ¡y eras feliz oyéndome! Luego me casé y me alejé de ti, tú me escribías y me pedías que yo te escribiera más seguido, pero yo tenía una casa, un marido, un hijo y poco tiempo. Ahora estoy vieja, y no tengo marido, ni a mi hijo a mi lado, ni madre que me duerma, me cuide o me pida compañía, que lea esta carta. Pero sé que eres feliz al lado de mi Dios, y yo sólo tengo a Dios, que me ama y me cuida, como tú los hiciste, ¡bendito sea! Y a ti te doy las gracias madre, por haberte conocido.

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VICKY: “Quiero hacer reflexionar a los niños al finalizar VICKY: cada uno de mis cuentos”

Alma Victoria Gómez Meneses Bucaramanga, Colombia Licenciada en Música y Postgrado en Musicoterapia

Vicky trabajaba como educadora cuando empezó a escribir cuentos infantiles, motivada por sus alumnos. Los primeros escritos, hace ya diez años, fueron cortos cuentos musicales que luego se convirtieron en las historias infantiles que hoy quiere compartir. Sus cuentos hablan de las virtudes y valores humanos, elementos que considera importantes en la vida de todas las personas. “Quiero hacer reflexionar a los niños al finalizar cada uno de mis cuentos, que tengan la posibilidad de compartir e intercambiar las reflexiones con sus padres, familiares o maestros”.

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Sebastián descubre la verdad
En un país muy lejano, vivía un niño llamado Sebastián. Era de apariencia muy seria, no entablaba charla con desconocidos, pues sus padres siempre le habían dicho que debía tener mucho cuidado con los extraños. Un día, iba muy deprisa para la escuela, de pronto, en el fondo de la calle, vio un hombre de apariencia rara, vestía chaqueta, pantalón de cuero y un sombrero negro de ala ancha. Tenía porte de mago. Sebastián lo miró muy fijo a los ojos y el caballero se dirigió a él. “Amiguito” -le dijo-, “estoy perdido, ¿podría ayudarme? Busco el castillo Antiguo”. Inmediatamente, Sebastián ubicó el lugar en su memoria y pensó: “Siempre he querido visitar este lugar. Mis padres desde muy chico me lo han prohibido, ¿por qué será? Es la oportunidad de hacerlo”. El niño, sin medir las consecuencias, le indicó el camino, a pesar de que el hombre era un ser totalmente desconocido. Sebastián se dejó llevar por la curiosidad y olvidó las recomendaciones de sus padres. Camino al Castillo, escucharon una voz que provenía de unos árboles frondosos, ésta les dijo: “¡No os acerquéis al castillo, es muy peligroso!” Pero Sebastián y el hombre siguieron sin dar marcha atrás. El niño preguntó al forastero su nombre y éste le dijo: “Yo soy Andrés, ¿y tú?” “Yo soy Sebastián”. “Amigo, quiero visitar el Castillo porque tengo una hija muy enferma y sé que dentro de esta fortaleza vive un hombre muy bueno y sabio”. Dijo el muchacho: “Pues lo que siempre he escuchado es que vive un hombre muy malo, rodeado de dragones. A través de las ventanas, la gente ha podido observar fuego y humo”. “No, amiguito, todos están equivocados, él es un gran científico. Yo sé la verdadera historia, fui compañero de Universidad, siempre sobresalió en sus calificaciones. Un día, realizando un invento en beneficio de la humanidad, su rostro quedó totalmente desfigurado y desde ese momento se
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internó en este Castillo. Yo sé que él podrá ayudarme y salvar a mi hija. ¡Estoy seguro!” Llegaron al Castillo. Sebastián estaba feliz porque por fin podría satisfacer su curiosidad con respecto a ese famoso lugar. Tocaron a la puerta y una voz grave respondió: “¿Sí?” “Soy Andrés, yo, tu amigo de Universidad”. “¿Qué haces aquí? Yo no quiero visitas”. “Por favor, Markus, déjame entrar. Mi hija está muy enferma y sé que tú la podrás ayudar”. Markus abrió la puerta del Castillo y al ver a Sebastián se tiró inmediatamente al piso para que no viera su rostro. Pero el niño le dijo: “Tranquilo, señor, levántese, usted no tiene la culpa de estar así. Yo quiero ser su amigo, permítame conocer su mansión. Ahora sé que es un hombre de bien”. Markus se levantó y los hizo pasar. El chaval se dio cuenta que no existían dragones, eran sólo inventos de la gente. Recorrió el Castillo muy confiado mientras Markus y Andrés hablaban y recordaban viejos tiempos. Markus entregó la fórmula a su amigo y aceptó visitar un cirujano plástico para cambiar su apariencia. Era ya muy tarde y cada uno regresó a su casa. Sebastián contó la historia a sus padres, pero ellos le explicaron que así como había tenido un final feliz la visita al Castillo, era mejor siempre contar con una persona de confianza y comentarles las decisiones tomadas, pues en el lapso de tiempo en que Sebastián había desaparecido ellos sufrieron demasiado, pensando en la suerte que estaría corriendo. El chico les entendió y les prometió que nunca volvería a perderse de esta manera. Greta, la hija de Andrés, se salvó, y entre los padres de Sebastián, Markus y Andrés surgió una gran amistad. Los curiosos del lugar pasaban muy cerca del Castillo para comprobar la existencia de un hombre bueno, sencillo y muy humano.
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La Gatita Tiger
Esta historia se desarrolla en Alemania, en un pueblo llamado Herrenberg. Una familia americana, de apellido Smith, por motivos de trabajo fue desplazada al país germánico. Allí se ubicaron, escogieron una casa independiente en un conjunto cerrado. La vida transcurría dentro de la normalidad para Mary, Robert y sus dos hijos: Cathy y Billy. Cathy asistía a la escuela y Mary la acompañaba todos los días a las 8:00 de la mañana. Robert esperaba unos minutos, mientras su esposa regresaba del colegio para dirigirse al trabajo. Cuando Billy cumplió tres añitos comenzó a asistir al kindergarten. La ilusión más grande de los dos chavales era pasar por la panadería más cercana al colegio y comprar dos croissanes rellenos de chocolate para merendarlos a la hora del descanso. Mary, de regreso a casa, pasaba por el supermercado y hacía las compras necesarias. Era una mujer muy organizada, arreglaba la casa, preparaba las comidas, ayudaba a los niños con las tareas escolares y algunas veces desayunaba con sus amigas. Cuando terminaba la jornada escolar, a la 1:30 de la tarde, Mary recogía a sus hijos del colegio. Camino a casa, escuchaba muy atenta todas las anécdotas que los chavales contaban, según lo acontecido en el colegio. Algunas veces, después de hacer los deberes escolares, por la tarde, salían de paseo por el pueblo. Visitaban parques y disfrutaban de la compañía de otros niños y, al mismo tiempo, practicaban alemán a través del juego. Robert, por las noches, cuando llegaba del trabajo, compartía un rato con los críos hasta que llegaba la hora de llevarles a dormir. Una tarde, sonó el teléfono. Era Anette, la esposa de un amigo de Robert. Quería que la fuesen a visitar, pues su gatita Romy había dado a luz 8 lindos gatitos. Anette estaba asustada con tantos gatos en casa y quería regalar algunos de ellos.
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Muy felices, decidieron ir a visitarla para escoger un hermoso gatito. Llegaron a casa de Anette. Eran todos tan parecidos que no sabían cuál escoger. Mary comentó: “Amiga, lo que sí deseo es que sea un gato macho”. Y se decidieron por el más juguetón. Tiger lo bautizaron desde ese momento. El gatito debía permanecer dos meses en casa de Anette para que Romy, la gata, terminara de criarlos, y así obtuvieran las defensas necesarias para seguir creciendo y desarrollándose. Pasaban los días y se hacían eternos para Cathy y Billy. Tiger recibió muchas visitas de sus nuevos dueños antes de estar en casa de los Smith. Entonces, llegó el gran día. Sin avisar, llegó Anette a casa de Mary con un lindo gatito, pero que no era el que ellos habían escogido. Tiger había desaparecido. Llevaba ocho días perdido y, siendo el momento de la entrega, Anette prefirió obsequiarles la gatita que había dejado para ella, pues prefería llenar de alegría el corazón de Cathy y Billy, ya que ella tenía la compañía de Romy, la madre de todos los gatitos. Los chavales se emocionaron con el supuesto Tiger, aunque extrañaron que no era tan juguetón como en casa de Anette. Pero Mary les dijo que a medida que el animalito fuese creciendo, iría cambiando. Anette les recomendó que Tiger no podría salir a la calle hasta que no tuviese las vacunas pertinentes. Ella se marchó tranquila, sabiendo que la gatita estaría en muy buenas manos. Cuando Tiger cumplió la edad establecida, fue llevado al veterinario. Allí, dieron el nombre del animal para anotar los datos necesarios. El veterinario se sonrió cuando cogió el gatito y le empezó a examinar, y les dijo: “No es macho, es hembra”. Vaya sorpresa, descubrieron que Tiger era una linda gatita. Mary y los niños la aceptaron así, pero no quisieron cambiarle el nombre y continuó llamándose Tiger. La gatita creció con amor, cariño y todos los cuidados que se merecía este lindo animalito. Anette se enteró que la familia Smith regresaría a Estados Unidos, ya que Robert había terminado su contrato en Alemania; entonces les invitó a
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casa y preparó una rica cena. Ella nunca les confesó que había renunciado a su gatita pequeña porque el verdadero Tiger había desaparecido. Su generosidad era tan grande que prefirió guardar en secreto lo sucedido. Anette continuó teniendo comunicación con los Smith. Tiger no se cansaba de querer en Texas a su linda familia, a su familia por siempre y para siempre.

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La elefantita Fifí
La necesidad de una dieta equilibrada En una finca ganadera vivía Fifí, una elefantita que había sido criada por los dueños de una gran hacienda. Allí, Pablo y Loretta, aunque poseían maquinaria especializada, se levantaban todos los días muy temprano a ordeñar sus vacas; eran muchas y por esto a veces descuidaban al animalito. Fifí había adquirido la costumbre de tomar todos los días una cantidad exagerada de leche; por esto, al tono gris de su cabello se le estaban añadiendo unas canas plateadas a tan temprana edad. Loretta pensaba que la elefanta estaba envejeciendo prematuramente y Pablo, para solucionar el problema, le pasaba todos los días un cepillo con cerdas muy gruesas, jabón y abundante agua. Como no observaban mejoría en el animalito, siguieron paso a paso a la tierna Fifí y notaron las grandes cantidades de leche que consumía cada día, pues de cada balde tomaba una cierta cantidad. Pablo puso bajo llave toda la producción de leche. Pasaron muchos días y la elefantita únicamente tomaba agua; como de costumbre, las verduras, frutas y hortalizas permanecían en el recipiente. Pero empezó a notar una debilidad tan grande que sintió miedo y se acercó a unas provocativas zanahorias. Las miró durante algunas horas y, después de bostezar y sentir que su cuerpo perdía las fuerzas, comió la primera y terminó con cada una de ellas. Luego bebió agua suficiente y se acostó a descansar. Al día siguiente, Fifí se dispuso a comer unas deliciosas remolachas y, cada día, Loretta variaba los alimentos del animal. La elefanta había aprendido una gran lección: consumir frutos secos, legumbres y equilibrar su dieta. Además, su salud mejoró y recuperó el color del cabello. Pablo recordó con esta historia que cuando era muy pequeño solamente quería comer golosinas, pero sus padres, con amor y dedicación, le habían inculcado buenos hábitos alimenticios y por esta razón gozaba de una excelente salud. Pablo nunca tuvo que volver a poner bajo llave la leche y Fifí comprendió que ellos sólo querían su propio bienestar.
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La niña mentirosa
No era extraño para los vecinos de Catalina escuchar: auxilio, socorro, ¡ayudadme! Constantemente esta niña pedía ayuda; se dedicaba a atraer la atención de los demás. Los niños del barrio nunca querían jugar con ella, pues siempre quería imponer sus condiciones y no escuchaba a nadie. Por su comportamiento, vivía sola. Catalina se dedicaba a dañar las plantas del vecindario. Era común que todas las flores desaparecieran. Las familias hablaban constantemente con la madre de Catalina; le decían que ella necesitaba un llamado de atención, pues no tenía buenas relaciones con los niños del barrio, hacía travesuras con mucha frecuencia, no respetaba a nadie y era común escuchar gritos cuando se encontraba sola. Su madre ya había hablado con ella en muchas oportunidades, pero Catalina le decía que los demás niños no la aceptaban porque ella era más bonita y por esto le tenían envidia. Doris era profesora y sabía que la niña buscaba excusas para justificar el rechazo del vecindario. Doris le habló y le explicó que debía poner un poco más de su parte; si mejoraba el trato con las personas, ella inmediatamente notaría un cambio de actitud en los demás: quién da, recibe. Al día siguiente, cuando Catalina llegó del colegio, abrió la nevera, preparó un pan con mantequilla y tomó un delicioso jugo. Después, como de costumbre, se sentó a realizar sus tareas; ella era una niña muy aplicada, sus calificaciones eran las mejores. De pronto, escuchó un ruido extraño en la puerta; alguien estaba forzándola. Ella puso mucha atención y escuchó una voz extraña que decía: “¿Hay alguien en la casa ?” Catalina pensó en gritar y pedir ayuda al vecindario, pero recordó que ya nadie acudía a auxiliarla, pues siempre había sido una falsa alarma. Entonces, tomó el teléfono y llamó al colegio donde trabajaba su madre. Dejó sonar el teléfono mucho tiempo, pero nadie respondía; todos los miembros del colegio se encontraban en un simulacro de incendio. Cuando se disponía a colgar, la psicóloga del colegio, por casualidad, necesitó sacar algo de la oficina y contestó. Catalina le explicó llorando lo que estaba sucediendo.
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Suaky, corriendo, buscó a Doris y le contó. El profesor de deportes era muy alto y corpulento; él se ofreció muy amablemente a acompañarla. Desde el colegio llamaron a la policía. Cuando llegaron, ya habían atrapado al hombre. Catalina estaba llorando. Los vecinos aconsejaron a Doris cambiar la puerta pues quedó en muy malas condiciones. Ella abrazó fuertemente a su hija y le dijo: “¿Por qué no pediste ayuda a algún vecino?” Cata llorando le dijo: “Mami, nadie hubiera acudido a mi llamado; yo siempre los he engañado y por esta razón ya no acuden a mis llamados. Nunca más volveré a mentir; sentí mucho miedo, ¡no puedes imaginar cuánto!” Catalina cambió por completo; nunca volvieron a escuchar falsas llamadas en el vecindario y los jardines permanecieron cargados de flores. La paz y la tranquilidad embargaban el corazón de Catalina y las personas que la rodeaban.

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BLANCA : “Mi vida es pintar, respirar es pintar”

Blanca Inés Correderas Campana, provincia de Buenos Aires, Argentina Pintora

A los cuatro años Blanca comienza a pintar, inventando objetos con barro, copiando muñecos y jugando. Desde entonces no ha dejado nunca de hacerlo. “Mi vida es pintar, respirar es pintar”. Para Blanca, el arte es una prioridad humana que tendría que estar sobre todas las cosas, “porque es la expresión máxima del ser humano”. Esta artista ha trabajado con niños psicóticos, ayudándoles a comunicarse a través de la pintura. El suyo es un trabajo de síntesis, “síntesis de lo que veo al mirar”. Una obra que nace del corazón, que surge. Maternidades, juegos, sucesos y “todo lo que se presenta” son los temas de sus obras, a través de las que quiere transmitir lo cotidiano, “lo que nos toca vivir”. Es autora de una parte de las ilustraciones del libro.

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MARTA EUGENIA: “A partir del caos surge el orden EUGENIA: que configura la imagen final”

Marta Eugenia Fernández Dorotea Argentina Licenciada en Bellas Artes, especialización en pintura A Marta Eugenia la pintura le gusta desde la escuela primaria, en la que sale seleccionada varias veces en los concursos interescolares. Después de renunciar a su empleo en un banco, para estudiar Derecho, viendo que esa carrera es muy costosa económica y emocionalmente, decide empezar, en 1993, el Magisterio de Artes Visuales, “ya que reunía la condición de permitirme trabajar más allá del condicionante de la edad y además era algo que tenía pendiente y me gustaba desde siempre”. A partir de la mancha y la impronta casual, Marta Eugenia organiza sus imágenes en temas abstractos. “A partir del caos surge el orden que configura la imagen final”. De esta manera, quiere representar la unidad, la esencia del ser, a través de los opuestos caos-orden. “Por ello, apelo a imágenes abstractas y a la acción y el azar como organizador de la imagen final, aún cuando trabaje sobre un tema como hilo conductor”. Ha realizado parte de los dibujos del libro.

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SORAYA: “La fotografía es una forma de detener el SORAYA: tiempo en un momento para luego volver a vivirlo”

Soraya Suárez Valvidares Baracaldo, Vizcaya Periodista y fotógrafa

La fotografía es para Soraya una forma de dejar constancia en imágenes de realidades vividas. “La fotografía es una forma de detener el tiempo en un momento para luego volver a vivirlo”. Intenta captar a las personas en situaciones cotidianas pero también en momentos especiales que duran sólo un instante y luego dejan de existir. “Quiero que mis fotografías sean testimonio de las personas que en ellas están reflejadas”. “Todas las imágenes tienen, al menos, dos historias. La que la propia fotografía muestra y la que hay detrás de esa persona y ese encuadre y que ha llevado a un momento único”. Es la autora de las fotografías del libro.

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