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TIEMPOS DE RELATOS MUERTE Y RESURRECION DE UNA ESTRATEGIA DEL LENGUAJE
PROF.DR. JORGE EDUARDO NORO
norojor@cablenet.com

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Aunque hay crisis de los GRANDES RELATOS, los relatos siguen vigentes, porque no podemos vivir sin relatos. Los GRANDES RELATOS son las ideas y las utopías modernas que motorizaron los grandes cambios: PROGRESO INDEFINIDO, REVOLUCION, PORVENIR, LIBERTAD- FRATERNANIDAD- IGUALDAD, DESARROLLO, COMPROMISO HEROICO, MILITANCIA DESINTERESADA, ESFUERZO Y TRABAJO SIN GRATIFICACIONES, HACERLO TODO POR LAS FUTURAS GENERACIONES. La palabra “relato” como concepto filosófico-político tuvo una historia paradójica, porque su época de oro, desde fines de la década del ochenta del siglo pasado hasta fines de ese mismo siglo, coincidió con la afirmación del “fin de los grandes relatos”: se popularizó para postular su final. La afirmación era el grito de guerra central del llamado pensamiento “posmoderno” y su sentido era el de anunciar el advenimiento de una nueva época histórica en la que ya no tenían lugar las explicaciones globales sobre la historia ni la pretensión de indagar sobre los fundamentos de la vida social. Nos quedan nuestros relatos: los relatos públicos y socialmente compartidos, y los relatos privados. En ambos casos, las palabras interpretan los hechos, cierran las versiones, construyen las explicaciones. Los hechos no tienen una lógica unívoca, sino que se prestan a diversas interpretaciones. Y el relato lo que es: reunir los hechos, someterlos a cierta exégesis, encadenarlos y proponerse como una versión verosímil de lo real. El relato es lenguaje y el lenguaje tiene sus referentes en la realidad. Pero el relato opera de otra manera: tiene el poder de construir la realidad. No nos dice cómo es (solamente), sino cómo queremos que sea, cómo necesitamos que sea vista, interpretada. Por eso para el relato, la realidad puede ser narrada, descripta, aludida, metaforizada, exagerada, disminuida, eludida. Porque el relato señala y traduce lo que desea mostrar, y calla y oculta sistemáticamente lo que decide esquivar. Lo hace porque no le gusta, no le conviene, le produce dolor o – simplemente – porque lo ha olvidado. El relato de un viaje no es el viaje es lo que del viaje queremos rescatar para quienes no estuvieron en los lugares que visitamos: damos nuestra propia versión, ampliamos las buenas experiencias, silenciamos nuestras equivocaciones, frustraciones, contratiempos. La fiesta que relatamos no es la fiesta real, sino la construcción que hacemos de la misma. Y así nuestra versión del trabajo, de los estudios, de las relaciones personales o familiares. En muchos casos, con el relato, estamos armando el rompecabezas de una experiencia que no logramos dominar. Y terminamos creyéndonos ese relato. Sucede – por ejemplo – que

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nuestro amigo, nuestra pareja, nuestros compañeros de viajes o de aventuras hablan de lo sucedido, de lo acontecido, presentan el relato, le ponen letra a los hechos; y nosotros – al escucharlos – comprobamos que no es así, que no han sucedido así los hechos, pero comprendemos – en secreto – que esa la forma con que ellos se sienten felices, satisfechos, seguros. No mienten (porque mentir es decir a sabiendas algo contrario a la verdad) sino que simplemente construyen con el lenguaje una verdad, una versión de lo acontecido.

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Frecuentemente los RELATOS entran en conflicto, porque los diversos actores tienen y defienden diversas versiones de la realidad. Cada uno construye su mundo y no puede entender el mundo del otro: un matrimonio que se desarma da versiones diversas del amor, de la vida en común, de los esfuerzos realizados, del cuidado de los hijos, del trato mutuo, de la responsabilidad compartida. Dos sectores laborales en conflictos afirman cosas contrarias e irreconciliables y litigan por imponer su versión y sus derechos. Los relatos producen más conflictos cuánta más subjetividad ponemos en las construcciones: porque nuestra versión de los hechos, de las palabras, de los conflictos siempre terminarán por chocar contra otras versiones. En el plano social los RELATOS están atravesamos además por las IDEOLOGIAS que nos obligan a ver y proclamar determinados hechos y a soslayar e ignorar otros. El proceso de DISTORSION y de JUSTIFICACION arrastra el discurso hacia determinada dirección: somos lo que decimos y decimos lo que necesitamos. Marcamos lo que vemos pero vemos lo que nuestro lenguaje-relato construye. Para poder sostenerlo frente a relatos antagónicos que disparan desde otras trincheras, debemos exagerar los méritos, los logros, los resultados que nos convienen y tachar, anular, ignorar los fracasos y las debilidades. Pero el mecanismo IDEOLOGICO que alimenta estos RELATOS SOCIALES que aparecen – sobre todo – en el campo de la política, es muy sutil, trabaja desde el interior, construye su morada subjetiva, pinta el mundo de los colores que necesita, le pone palabra a nuestros deseos y a nuestras necesidades. Y sobre todo se asocia el juego incesante de las tácticas y de las estrategias. Por supuestos que quienes pronuncian los discursos que proclaman los RELATOS son conscientes de lo que dicen, pero no siempre son conscientes (plenamente conscientes) de la verdad de todo lo que dicen y de los recortes que han efectuado. Porque saben que estratégicamente deben construir un RELATO que se enfrente con la táctica con que el adversario construirá su propia versión. El juego incesante de táctica y estrategia hará multiplicar las versiones, fortalecer los argumentos, sumar palabras y ofrecer razones y argumentos a sus seguidores y epígonos. En suma: los relatos nunca nos dicen la VERDAD, juegan con ella, conjeturan, se aproximan, se vuelven verosímiles, nos piden comprensión, aceptación, fe. Y he aquí otro componente social: la FE que le prestan a los relatos establecidos los feligreses políticos, los partidarios, los que comparten la misma ideología. FE porque repiten sin discutir lo que los sacerdotes han construido en un sistema dogmático que sabe negociar con la contingencia (sabe “cambiar” a tiempo, saber mutar, entiende cuáles son las reglas proteicas que va alterando el valor de las palabras). No es arbitraria esta relación con la FE: las religiones son las constructoras de los mejores relatos que se presentan como la expresión de una verdad absoluta, dogmática, indiscutible a la que se debe adherir – con absoluta confianza y entrega - sin pedir pruebas o evidencias. Nadie puede ignorar que nos sentimos cómodos escuchando los RELATOS que coinciden con nuestra versión de la realidad: hablan nuestro idioma, llaman a las cosas por su nombre, son realista y regalan a nuestros oídos referencias y razones que queremos oír.

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Por el contrario, nos fastidiamos cuando escuchamos o leemos el relato de los otros, de los que no piensan como nosotros: condenamos su necedad, su parcialidad, su deliberada ignorancia, la estructura falaz de sus razonamientos o el manejo arbitrario de cifras, pruebas o documentos. Es que muchos de los relatos son inconmensurables, incompatibles y no admiten la armónica co-existencia, sino que reclaman la discusión, la lucha, la desacreditación mutua.

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Revisemos los programas de los medios, las páginas de los diarios y de la revistas, los discursos de diversos actores sociales y políticos, los enfrentamientos entre los representantes de diversos sectores, los debates de los grandes organismos internacionales, las declaraciones de guerra de pueblos en conflictos, las palabras de grupos que se enfrentan en una institución, un trabajo o una familia, las versiones de dos o más personas que no logran ponerse de acuerdo. En todos ellos hay un RELATO, un lenguaje que no refleja la realidad (aunque suponen que sí) sino que la construye para poder vivir con ella y de ella. Sin relato, con la verdad desnuda, tal vez no sería humano vivir.

“La crisis de los relatos, grandes y pequeños, fue uno de los tópicos mayores del pasado siglo. Y ello casi desde su comienzo, como se manifestó en el hecho que para las llamadas Vanguardias históricas la palabra relato llega a ser considerada como sinónimo de mistificación y de engaño. No puede decirse lo mismo ahora, y no porque la consideración hacia los relatos, a su ser y su función, haya variado en lo esencial, sino por esa peculiar molicie intelectual del nuevo siglo, entregado sin mayor resistencia a un sorprendente proceso de desertización intelectual del que probablemente la caída misma de los relatos sea uno de sus motivos mayores. A fin de cuentas, si todo relato es ficción, ilusión imaginaria, ¿para qué perder el tiempo con el pensamiento? Y sin embargo desde los márgenes, los relatos, si se quiere pequeños, pero relatos al fin, insisten. Pensar esa insistencia, esa necesidad y esa demanda, sigue siendo una tarea necesaria en la que la antropología, la semiótica, la filosofía, la historia y psicoanálisis se encuentran igualmente concernidos.” CONGRESO SOBRE RELATO Y ANALISIS TEXTUAL. ESPAÑA. 2010

OTROS RELATOS: INFANCIA Y ESCUELA TAL VEZ, ENTONCES, FUIMOS FELICES

Tenía diez años y un gato peludo, funámbulo y necio, que me esperaba en los alambres del patio a la vuelta del colegio. SERRAT: MI NIÑEZ

Ha sido un verdadero acierto haber creado este espacio en el que se cruzan la educación, la escuela, los relatos y los recuerdos. La posibilidad de escribir, de volcar vivencias en un formato acotado, mínimo implicaba un desafío a la creatividad. El tema representaba un desafío a los recuerdos. Vista

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la participación variada de diversos autores, y revisando la organización que realiza la responsable del proyecto, son oportunas algunas reflexiones. 01. Los relatos, los micro-relatos operan sobre la propia subjetividad. Por más empeño que pongamos en querer seleccionar o recortar hay algo de nuestra propia historia, de los rincones de nuestra memoria que se cuela entre los intersticios. Y la experiencia de la escuela o de la educación está adherida a las paredes de nuestro pasado, próximo o remoto. Cuando algo o alguien los despierta, los recuerdos van apareciendo envueltos en sentimientos y valoraciones, como fantasmas errantes o como viejas fotos atesoradas (que duermen en algún lugar olvidado y que solamente accedemos a desempolvarlas en ciertos momentos íntimos, especiales, mágicos). 02. Estos relatos despiertan los recuerdos escolares que se atrincheran, se arrinconan en los pliegues de la subjetividad para ubicarlos en una geografía incierta en la que se entrecruzan la verdad de los hechos con lo verosímil. Será por eso, tal vez, que – en las reuniones de egresados o de promociones – los hechos, las palabras o las figuras del pasado son objeto de una construcción colectiva. De manera nostalgiosa o risueña, cada uno va agregando su propia muesca en el rompecabezas de la memoria y todos terminan reconstruyendo un pasado que no es de ninguno y que, posiblemente, no guarde fidelidad o adecuación con los hechos de entonces. Pero están allí, disponibles para las carcajadas, los gritos, los abrazos o las lágrimas. 03. Debemos recordar que un relato es tal si hay algo verdaderamente interesante para quien lo construye, y es un buen relato, si ese algo lo es también para el que lo lee. En este caso, a pesar de la singularidad de los relatos, de la convenida economía de las palabras, uno encuentra en la lectura de los mismos un repertorio generoso de la experiencia escolar, que – como otros rituales de paso – siempre es una experiencia única y necesaria. A veces nos deja huellas y en ellas germinan nuestros crecimientos; otras nos dejan marcas, y por allí supuran frecuentemente nuestras heridas. 04. Nosotros decidimos a quienes convocar, con quienes poblar de palabras el testimonio. El juego siempre es un mapa imperfecto, mezcla de presencias y de ausencias, de explícitos e implícitos. Qué elegimos, qué dejamos, qué incorporamos, qué silenciamos, qué nombramos, qué eludimos, que insinuamos, porque hasta en la selección de los nombres y de las palabras son gambetas que hacemos inconscientes para nombrar lo que queremos, usando los recursos que nos resultan más convenientes. 05. Pero la escuela – la maravillosa máquina de educar de la modernidad - es un territorio familiar, que se puede reconocer, transitar, merodear. Lo que digamos de ella no necesita traductores. Con cada relato se despierta en nosotros lo que todos de alguna manera vivimos (pasado y presente) en ella. No necesitamos lazarillos que nos guíen, porque todos estuvimos – al menos una vez – en ella, como un segundo útero en el que la vida toma nueva fuerza. Es como circular de manos de los recuerdos por los lugares de siempre. Todos pasamos por la escuela, se nos ha pegado como una segunda piel, una naturaleza alternativa, una experiencia ineludible en la que todos estamos iniciados. ¿Será por eso que siempre aparece en los temas de conversación y que el “simple haber pasado” les otorga a todos la suficiente veteranía como para hablar como entendidos en el tema? 06. La misma clasificación de los relatos refleja este reconocimiento de territorio. No hay una construcción extraña o ajena, sino una re-construcción categorial de lo sabido, de lo ya dado. Porque en cada relato emerge un recuerdo de una dimensión de la escuela. Y se arma una mágica simetría entre los recuerdos que rescatan lo valioso, lo posible, lo correcto, la norma, lo reglamentado… y aquellos que descubren el encanto de lo prohibido, lo censurado, lo castigado, lo perseguido. Así, por ejemplo, recordar la tarea de enseñar o los inicios del ejercicio de la profesión; los contextos conflictivos o favorables en los que las escuelas viven ; los diversos tipos de relaciones que acompañan los vínculos entre los alumnos, particularmente aquellos más dificultosos o atravesados

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por agresiones o injusticias, o la densidad del tiempo de las horas de clase con su carga de aburrimiento; la particular configuración de figuras docentes o de los roles escolares; o el escenario de las travesuras, los atrevimientos, las transgresiones. De alguna manera el índice y la posterior lectura de la colección de relatos se constituyen en una improvisada hoja de ruta por la que recorremos los diversos sitios de una realidad que nos es familiar y con la que guardamos una secreta unión, una identidad funcional, con la que terminamos identificándonos. 08. Hay algunos interrogantes y observaciones formulados por la responsable1 de la idea que es oportuno abordar: efectivamente la experiencia de la escuela parece estar más próxima a las jóvenes generaciones, como si allí los recuerdos pudieran fluir con mayor naturalidad. Los relatos decrecen a partir de esa edad, porque no siempre resulta sencillo hacerse cargo de la memoria, apropiarse nuevamente de los recuerdos, darle entrada a la verdad, simplemente porque los recuerdos no vienen solos, puros, incontaminados, sino que emergen asociados a todas las historias y no siempre queremos despertar los fantasmas del pasado. Pero, además, hay tres ejes temáticos que sobresalen: los afectos, la violencia y las clases de educación física. La escuela tiene mucha carga afectiva, para bien y para mal. Allí se juegan o se han jugado momentos muy intensos de alegría y de sufrimiento, de goce y de profundo dolor. En natural que aparezcan ellos, y que en la reconstrucción uno vuelva a sentir aquello que íntimamente lo conmovió (logrando, a veces, perturbar al mismo lector). Una lección, un aplazo, un fracaso, una advertencia, un castigo, un premio esperado, una palabra, una mirada o una sonrisa son demasiado importantes en el día a día de la escuela y en esos años en que todo es descubrimientos y aprendizajes. La escuela es también el sitio en el que aparecen diversos tipos de violencia: real, directa, simbólica, indirecta. Casi ha nacido con la escuela: la presencia de los educadores, atentos y vigilantes. El conocimiento, el aprendizaje, la atención, los errores, las correcciones, los castigos. A la distancia pueden ser nimiedades, en el momento: un mundo. Algo similar puede afirmarse de la presencia inolvidable o amenazante de los compañeros: recuerdo imborrable para toda la vida o presencia molesta, perturbadora, inquietante, cruel. Como si fuera un microcosmos que anticipa el cosmos de la vida real, los compañeros de la escuela no son sino una muestra de todo lo que nos aguarda en la vida misma. Finalmente, la dinámica de las clases de educación física y la particular psicología de sus profesores deposita muchos ejemplos: los alumnos no están allí encadenados a sus bancos ni las aulas (dos formas de encierro), sino en un clima más distendidos, en espacio y actividades más relajadas y libres ; el cuerpo habla a través de sus movimientos; la relación y el contacto con los docentes y los compañeros son distintos; la forma de enseñar, aprender y evaluar cambian… y entonces, todo es posible: hay un universo diferente – de travesuras y acontecimientos – que se asoma en ese rincón en donde la escuela y la educación asumen otros formatos. 09. A partir de la rápida lectura de los micro-relatos hay algunas frases que quedan flotando como una melodía que resuena en nuestros oídos o palabras que se caen de nuestros labios.
“La calma y la paz de saberla viva, me hizo dar cuenta que por fin cerré esta historia.”

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Algunas conclusiones: (1º) Las tres temáticas más desarrolladas en orden decreciente son La escuela: lugar de los afectos, ¿lugar de los afectos? (11 relatos) ¿Qué pasa en la clase de Educación Física? (10 relatos) La escuela: lugar de violencia (9 relatos) (2º) ¿Por qué el mayor número de relatos enviados pertenece a los autores menores de 20 años? En el extremo opuesto, ¿por qué el número más reducido de relatos pertenece a la franja de 30 a 40 años?

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“Los primeros días de clases son y serán los tiempos de conocerse.” “Desde entonces, aunque inocente, a los ojos de todos me convertí en la maldita.” “Nerviosa e inexperta por el pasillo, rezando un Padrenuestro, entré al aula .Necesitaba otras estrategias para calmar a los ingeniosos terribles del grupo.” “Conmovida, propuse al instante, leer el próximo capítulo que sabía terminaba bien. “ “La que recoge sus cosas y, con los ojos cargados de lágrimas explica por qué se marcha no es la profesora, es otra.” “En la última hora del último día de clases nadie hace caso.” “Fue desde primer año la chica diez, la preferida por los profesores. Su frase era: Hazte la fama y échate a dormir. “ “Todos tiran y exigen de mí, y estoy a punto de perder mi vida. ¡Basta! ¿No se dan cuenta que además, soy un ser humano? “ “Pensó en su esfuerzo, en los amigos que lo ayudaron a estudiar. Sin embargo no pudo con ella. Firmó la hoja y entregó.” “Van haciendo silencio, parece que se ponen de acuerdo, se chistan unos a otros…” “Profe, explique, si no quieren escuchar que no escuchen, pero yo quiero entender.” “Con el tiempo, esta realidad adversa le permitió darse cuenta que hay otras formas de vivir. Consideró distintos proyectos a futuro. “ “Hoy me sorprende que recuerden exactamente lo enseñado, agradezcan su utilidad.” “Era una tarde de invierno, me levanté con dolor de cabeza pero igual fui a la escuela.” “Me alejé con la cabeza baja sin pronunciar ninguna palabra porque en ese momento eran innecesarias.” “Abrí la puerta del aula, pero no había nadie.” “Ella no era muy linda, pero me gustaba su personalidad. “Nos quedamos en silencio y comenzamos a escribir.”

Prof. Dr. Jorge Eduardo Noro Director Instituto Superior Formacion Docente 127 Julio 2008

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