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ESPÍRITUS LIBRES EGRESADOS UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

ESPÍRITUS LIBRES

EGRESADOS UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

Índice

ESPÍRITUS LIBRES

EGRESADOS UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

Índice ESPÍRITUS LIBRES EGRESADOS UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

Índice

Índice Cadavid Marulanda, Álvaro Espíritus libres 2 : egresados Universidad de Antioquia / Autor: Alvaro Cadavid

Cadavid Marulanda, Álvaro Espíritus libres 2 : egresados Universidad de Antioquia / Autor: Alvaro Cadavid Marulanda y otros. Editor Alvaro Cadavid Marulanda.- - Medellín : Programa de Egresados-Universidad de Antioquia, 2012. 280 p. ; cm. ISBN 978-958-8748-43-6 1. Egresados universitarios 2. Formación profesional I. Tít. 378.986126 cd 21ed.

A1337207

CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango

©Universidad de Antioquia

Rector Alberto Uribe Correa

Vicerrectora de Extensión María Helena Vivas López

Director del Programa de Egresados Álvaro Cadavid Marulanda

Director académico y editor Álvaro Cadavid Marulanda

Editores de textos Patricia Nieto Nieto Álvaro Cadavid Marulanda Catalina Vásquez Guzmán

Editora de fotografía Natalia Botero Oliver

Correctores de estilo Álvaro Molina Monsalve Margarita Isaza Velásquez

Asistente editorial Santiago Orrego Roldán -Periodista practicante-

Diseño y diagramación Santiago Orrego Roldán Juan Guillermo Ordóñez Suárez

Asistente de diagramación Tatiana Zapata Delgado

Impresión

Masterpress

ISBN:

Impreso: 978-958-8748-43-6 Electrónico: 978-958-8748-44-3

Proyecto del Programa de Egresados de la Universidad de Antio- quia y el grupo de egresados que lo asume como un servicio social educativo, que reconoce y divulga la actividad académica y artísti- ca de los egresados. Prohibida la reproducción total o parcial, con cualquier propósito o por cualquier medio, sin autorización expresa del editor.

Autores Álvaro Cadavid Marulanda© Memo Ánjel© Patricia Nieto Nieto© Reinaldo Spitaletta Hoyos© Omar Rincón Rodríguez© Carlos Bueno Osorio© Ramón Pineda Cardona© Gonzalo Medina Pérez© César Alzate Vargas© Elvia Elena Acevedo Moreno© Ralph Julio Newball Sotelo© Bernardita Pérez Restrepo© Fabio Giraldo Jiménez© Juan Carlos Orrego Arismendi© Jorge Arango Lopera© Juan Carlos Gaviria Gómez© Leonardo Alberto Ríos Osorio© Patricia Fuenmayor Gómez© Beatriz Jaramillo de González© José Ricardo Mejía Jaramillo© Guillermo Zuluaga Ceballos© Gloria Cecilia Estrada Soto© Juan Camilo Jaramillo Acevedo© Santiago Orrego Roldán© Ana María Bedoya Builes© Margarita Isaza Velásquez© Vera Constanza Agudelo Estrada© Víctor Casas Mendoza© Lina María Martínez Mejía© Juan Esteban Vásquez Mejía© Yhobán Camilo Hernández Cifuentes© Andrés Felipe Restrepo Palacio© Francisco Saldarriaga Gómez© Pedro Correa Ochoa© Sara Gómez de los Ríos© Pompilio Peña Montoya© Luz Adriana Gutiérrez Molano© David Roldán Alzate© Silvio Aristizábal Giraldo©

Santiago Botero Cadavid© Juan David Ortiz Franco© Andrés Felipe Motta Jaramillo© Catalina Vásquez Guzmán© Laudyth Saumeth Ríos© Sebastián Orozco Sandoval© Santiago Higuita Posada© Ramiro Lagos Castro©

Fotógrafos Natalia Botero Oliver© Patricia Nieto Nieto© Julián Roldán Alzate© David Estrada Larrañeta© José Miguel Vecino Muñoz© Diego González Torres© Jairo Osorio Gómez© Vera Constanza Agudelo Estrada© Sergio González Álvarez© Fredy Amariles García© Hugo Londoño Restrepo© Juan Fernando Chinchilla Martínez© Hernando Toro Botero Andrés Barón ©

Fotos de archivos personales y familiares

Fotos de archivo de El Colombiano, El Espectador y Alma Máter

Fotos portada, guardas y separadores Patricia Nieto Nieto©

Asistente de investigación documental John Fredy Marín Morales

Diseñador de versión electrónica Santiago Orrego Roldán

Colaboradores Juan Esteban Vásquez Mejía Deisy Marcela Álvarez Ríos

de versión electrónica Santiago Orrego Roldán Colaboradores Juan Esteban Vásquez Mejía Deisy Marcela Álvarez Ríos

ÍNDICE

 

44

Marta Aliria Álvarez Tobón

Tulio Bayer Jaramillo

20

Historiadora, 1990

Doctor en Medicina y Cirugía, 1953

46

Darío Henao Torres

Abadio Green Stocel

22

Abogado, 1985

Doctor en Educación, 2011

48

Jorge Londoño Saldarriaga

Ralph Julio Newball Sotelo

24

Liceo Antioqueño, 1964

Médico y Cirujano, 1980 Especialista en Ortopedia y Traumatología, 1987

50

Luis Javier Castro Naranjo

 

Liceo Antioqueño, 1974

Gabriel Mauro García Cano

26

Médico y Cirujano, 1983

Carlos Martín Payares González

Liceo Antioqueño, 1963 Licenciado en Educación, BIología y Química, 1968 Magister en Educación, Sociología de la Educación, 1988

52

Especialista en Ginecología y Obstetricia, 1988

 

Odontólogo, 1977

Luis Gonzalo Medina Pérez

28

Sociólogo, 1987

Liceo Antioqueño, 1972 Licenciado en Ciencias de la Comunicación, 1979

54

Graciela Amaya de Ochoa

Magister en Ciencia Política, 1995

Magister en Educación, Orientación y Consejería, 1980

Alicia Eugenia Vargas Restrepo

30

56

Jorge Enrique Restrepo Gallego

Abogada, 1997 Especialista en Derecho Penal, Teoría del Delito, 1999

Liceo Antioqueño, 1962 Médico y Cirujano, 1980

Jaime Álvaro Fajardo Landaeta

32

58

Argiro Artemio Giraldo Quintero

Bachillerato Nocturno, 1974

Abogado, 1981

Fabio Alonso Salazar Jaramillo

34

60

Patricia Martínez Cifuentes

Comunicador Social - Periodista, 1989

Abogada, 1986

Jesús Guillermo Escobar Mejía

36

62

Amilkar David Acosta Medina

Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1969

Doctor en Ciencias Económicas, 1975

María Perla Echeverri Lema

38

64

Darío Alonso Montoya Mejía

Licenciada en Bibliotecología, 1962

Ingeniero Industrial, 1982

Especialista en Finanzas, Preparación y Evaluación de Proyectos, 1995

Álvaro Londoño Restrepo

40

Liceo Antioqueño, 1962

66

Reina Virginia Arboleda Tamayo

Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1969

Bibliotecóloga, 1983

Édgar Gutiérrez Castro

Doctor en Ciencias Económicas, 1967

42

68

Pedro Nel Valencia Alzate

 

Comunicador Social Periodista, 1989

Didier de Jesús Álvarez Zapata

Bibliotecólogo, 1994 Magister en Ciencia Política, 2003

Juan David Lopera Lopera

Psicólogo, 1995 Especialista en Niños con Énfasis en Psicoanálisis, 2002

Gabriel Jaime Arango Velásquez

Comunicador Social, 1984

Jorge Alberto Jaramillo Pérez

Ingeniero Sanitario, 1983 Especialista en Alta Gerencia y Calidad, 1993

Henry Molano Moreno

Comunicador Social Periodista, 1997

Javier Márquez Valderrama

Antropólogo, 1989

Eduardo Antonio Arboleda Zapata

Liceo Antioqueño, 1971 Médico y Cirujano, 1981

Álvaro de Jesús Pérez Roldán

Ingeniero Electrónico, 1975

Leonardo Vélez Chaverra

Ingeniero Industrial, 1975

Pedro Elías Rentería Rodríguez

Licenciado en Educación, Geografía e Historia, 1986 Magister en Educación y Docencia, 1991

Gloria Estella Penagos Velásquez

Médico y Cirujano, 1978

Manuel Antonio Muñoz Uribe

Liceo Antioqueño, 1966 Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1973 Magister en Educación, Sociología de la Educación, 1989

Abraham Escudero Montoya

Liceo Antioqueño, 1958 Magister en Educación, Orientación y Conciliación, 1976

70

72

74

76

78

80

82

84

86

88

90

92

94

96

Ana Isabel Rivera Posada

Comunicadora Social, 1990

98

Gabriel Jaime Santamaría Montoya

Liceo Antioqueño, 1963

100

Roberto León Ojalvo Prieto

Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1972

102

Ada Luz Hernández Montoya

Abogada, 1997

104

Carlos Gónima López

Abogado, 1981

106

Astrid Helena Vallejo Rico

Enfermera General, 1979

Enfermera, 1987 Magister en Epidemiología, 1993

108

Plutarco Elías Arias

Liceo Antioqueño, 1961 Licenciatura en Biología y Química, 1967 Abogado, 1989

110

Nora Garzón de Vallejo

Licenciada en Ciencias de la Comunicación, 1979

Magister en Literatura Colombiana, 1999

112

José Severiano Herrera Vásquez

Licenciatura en Biología y Química, 1964

114

Hernán Moreno Pérez

Ingeniero Electricista, 1988

116

Víctor Manuel Ochoa Cadavid

Liceo Antioqueño, 1979

118

Luz Marina Uribe de Eusse

Doctora en Ciencias Económicas, 1961

120

José Gutiérrez Gómez

Doctor en Derecho y Ciencia Política, 1931 Honoris Causa en Ciencias Económicas, 1955

Jesús María Gómez Duque

Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1973

Tulio Elí Chinchilla Herrera

Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1979

Jaime Sierra García

Liceo Antioqueño, 1949

María Victoria Fallón Morales

Especialización en Derecho Penal, Teoría del Delito, 1999

Álvaro León Cardona Saldarriaga

Liceo Antioqueño, 1969 Médico y Cirujano, 1979 Magister en Salud Pública, 1988

José Reinaldo Spitaletta Hoyos

Comunicador Social Periodista, 1985

Haydeé del Socorro Montoya Restrepo

Licenciada en Educación, Matemáticas y Física, 1997

William Botero Ruíz

Doctor en Medicina y Cirugía, 1971 Especialista en Obstetricia y Ginecología, 1988 Especialista en Epidemiología, 1989

Carlos Gaviria Díaz

Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1965

Fidel Cano Gutiérrez

Estudios de Jurisprudencia en el Colegio del Estado,

Édgar Poe Restrepo

Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1941

Daniel Hoyos Rodríguez

Maestro en Instrumento, 2011

Marta Lucía Villafañe Ramírez

Maestra en Artes Plásticas, 2000

Orlando Antonio Gallo Isaza

Abogado, 1987 Especialista en Derecho Constitucional, 2004 Especialista en Derecho de la Seguridad Social, 2007

122

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Zoraida Patricia Rodríguez Vásquez

Maestra en Arte Dramático, 1993 Magister en Educación, 2005

Alberto Eduardo Botero Londoño

Especialista en Cirugía General, 1989

César Alberto Villegas Osorio

Liceo Antioqueño, 1962

Gisela Fernández Zuleta

Médico y Cirujano, 1991

María Soledad Londoño Soto

Maestra en Artes Plásticas, 1983

Óscar Darío Roldán Alzate

Maestro en Arte Dramático, 2001

Marina Quintero Quintero

Magister en Educación, Orientación y Consejería, 1980

Alberto Marín Vieco

Maestro en Violonchelo, Honoris Causa, 1989

Jorge Enrique Orejuela Arias

Ejecutante Instrumenta, Trombón, 1982

Arrison Alejandro Palacio Herrera

Licenciado en Educación Básica, Humanidades y Lengua Castellana, 2009

Elkin de Jesús Álvarez Jaramillo

Licenciado en Educación Musical, 1981

Isabel Cristina González Arango

Antropóloga, 2011

Jorge Iván Grisales Cardona

Comunicador Social Periodista, 1987 Especialista en Dramaturgia, 2000

Clemencia Echeverri Mejía

Maestra en Artes Plásticas, 1983

Héctor de Jesús Ramírez Bedoya

Liceo Antioqueño, 1965 Doctor en Medicina y Cirugía, 1972

Antonio Acevedo Linares

Especialista en Filosofía, Filosofía Política, 1995

Hernán Darío Jiménez Betancur

Liceo Antioqueño, 1974 Abogado, 1989

Débora Arango Pérez

Título Honoris Causa de Maestra en Artes Plásticas, 1995

Rodrigo Arenas Betancur

Título Honoris Causa de Maestro en Artes Plásticas, 1995

Marco Aurelio Toro Durán

Liceo Antioqueño, 1965

Rodolfo Pérez González

Honoris Causa de Maestro en Dirección Coral, 1988

Luis Fernando Botero Angulo

Liceo Antioqueño, 1950 Título Honoris Causa de Maestro en Artes Plásticas, 1994

Lorenzo Miguel de la Torre Gómez

Liceo Antioqueño, 1968 Físico, 1973

Ángela Restrepo Moreno

Doctorado Honoris Causa en Ciencias Básicas Biomédicas, 1996

Alberto Juajibioy Chindoy

Licenciatura en Filosofía y Ciencias Sociales, 1950

Hugo López Castaño

Doctor en Ciencias Económicas, 1970

Jairo Enrique García Gómez

Liceo Antioqueño, 1962 Doctor en Medicina y Cirugía, 1969

Jaime Restrepo Cuartas

Liceo Antioqueño, 1961 Doctor en Medicina y Cirugía, 1968 Especialista en Cirugía General, 1971

Octavio Gómez Restrepo

Odontólogo, 1965

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Gloria María Ferreira de la Cuesta

Médico Veterinario, 1969

Luis Óscar Londoño Zapata

Magister en Administración Educativa, 1979

Luis Alfonso Giraldo Valderrama

Zootecnista, 1983

Jesús Martín Barbero

Honoris Causa de Doctor en Ciencias Sociales, 2010

Juan Guillermo Restrepo Arango

Médico Veterinario, 1974

Víctor Vladimir Zapata Villegas

Magister en Educación, Orientación y Consejería, 1979

Rubiela Arboleda Gómez

Licenciada en Educación Física, 1983 Antropóloga, 1996 Magister en Problemas Sociales Contemporáneos, 1996

Luis Hernando Lopera Lopera

Bibliotecólogo, 2001 Especialista en Teoría, Métodos y Técnicas de Investigación, 2004

Magister en Educación, 2010

Julio Ernesto Toro Restrepo

Médico y Cirujano, 1974 Administración y Atención Médica y Hospitalaria, 1977

Gil Juvenal Gil Madrigal

Título de Doctor Honoris Causa en Cirugía, 1946

Asdrubal Valencia Jaramillo

Ingeniero Metalúrgico, 1975

Jorge Iván López Jaramillo

Médico y Cirujano, 1991

Raúl Gonzalo Cuero Rengifo

Honoris Causa de Doctor en Ciencias Biológicas, 2010

Luz Dary Arias Herrera

Licenciada en Educación, Biología y Química, 1990

Ricardo Restrepo Arbeláez

Doctor en Medicina y Cirugía, 1973

Omar Vesga Meneses

Especialista en enfermedades infecciosas, 2005

Germán Antonio Campuzano Maya

Doctor en Medicina y Cirugía, 1971

Daniel Ortíz Barrientos

Biólogo, 1998

Helena Espinosa de Restrepo

Magister en Salud Pública, 1965

Guillermo Pineda Gaviria

Físico, 1978 Magister en física, 1985

Humberto Franco Muñoz

Ingeniero Electrónico, 1987

Luis Fernando García Moreno

Médico y Cirujano, 1974

Grimaldo Oleas LIñan

Licenciado en Educación, Matemáticas y Física, 1967

Jaime Botero Uribe

Doctor en Medicina y Cirugía, 1953

María Eumelia Galeano Marín

Magister Educación, Administración Educativa, 1978

Luis Giovanny Restrepo Orrego

Historiador, 1992

William Octavio Restrepo Riaza

Licenciado en Educación, Sociales, Geografía e Historia, 1970 Magister en Educación, Administración Educativa, 1977

Lucelly Villegas Villegas

Historiadora, 1984

Bernardo Restrepo Gómez

Licenciado en Filosofía y Sociales, 1963

Gabriela Cadavid Alzate

Licenciada en Educación, Historia y Filosofía, 1981 Magister en educación, Sociología de la Educación, 1988

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296

Absalón Machado Cartagena

Doctor en Ciencias Económicas, 1967

Fernando Alveiro Alzate Guarín

Biólogo, 1997 Magister en Biología, 2004

Doctor en Biología, 2008

Luis Guillermo Restrepo Vélez

Químico Farmacéutico, 1994 Especialista en Atención Farmacéutica, 1998

César Augusto Botache Duque

Ingeniero Químico, 1995

Alcides de Jesús Montoya Cañola

Físico, 1997

Luis Eduardo Acosta Hoyos

Licenciado en Biología, 1961

Álvaro Velásquez Ospina

Doctor en Medicina y Cirugía, 1963

Guillermo de Jesús Henao Cortés

Liceo Antioqueño, 1956 Doctor en Medicina y Cirugía, 1967

Ángel Augusto González Marín

Bacteriólogo y Laboratista Clínico, 1995

Especialista en Ciencias Básicas Biomédicas, 2001 Doctor en Ciencias Básicas Biomédicas, 2005

Adolfo León Correa Silva

Biólogo, 1997

Especialista en Medio Ambiente y Geoinformática, 2008

Edison de Jesús Muñoz Ciro

Biólogo, 1993

Carlos Enrique Muskus López

Bacteriólogo y Laboratista Clínico, 1990

Doctor en Ciencias Básicas Biomédicas, 2003

Jorge Iván Zuluaga Callejas

Físico, 1988 Magister en Física, 2001 Doctor en Física, 2005

Índice

Como flores, que oyeron noticias de rocíos 1

Este libro, como el primer Espíritus Libres publicado en el 2011, nació de la necesidad de reivindicar y compartir historias de egresados de la Universidad de Antioquia, protagonistas de lo cotidiano que lejos de los focos informativos fraguan su vida y las de otros con la responsabilidad, la inventiva y la alegría propia de quienes compartimos la misma casa universitaria.

1. Emily Dickinson.
1.
Emily Dickinson.

“Poema 513”. Poemas. Selección y traducción de Silvia

Ocampo. Barcelona: Fábula Tusqued Editores. p. 159.

Es un libro escrito, dibujado, editado y convertido en objeto con afecto y respeto. En él abogamos por los protagonistas de lo anónimo y, de su mano, mostramos la diversidad de caminos por los que se puede ser coherente, pues en la coherencia reside el impacto de la universidad en la sociedad.

Espíritus Libres parte de una propuesta metodológica en la que la etnografía, el periodismo, la literatura y la fotografía permiten visibilizar la belleza de lo cotidiano, de lo frágil; la grandeza de quienes optan por ser sin hipotecar su libertad, de quienes deciden transitar caminos diversos en busca de sus sueños. Entendemos que la singularidad merece ser contada y quedar en la memoria. Este es un ejercicio colectivo en contra de la indiferencia, es un homenaje a quienes nunca apartaron su mirada y sus búsquedas de aquellos asuntos que trascienden su exclusivo bienestar. Espíritus Libres fue escrito, como diría Heródoto, para impedir que el tiempo borre la memoria de la historia de la humanidad.

Un espíritu libre es un ser que no se rinde porque sabe que la vida es persistir, continuar el viaje, idear preguntas, perseguir amores. Un espíritu libre es protagonista del día a día, alguien que, como escribió Pilar Jericó en Grandeza de lo cotidiano, “se vacía de miedos y otros ruidos del ego para estar

al servicio y volver al origen de su esencia”. Para los

espíritus libres la libertad no es patrimonio exclusivo

del arte o de la ciencia. Cualquier ser humano, si es coherente ética y moralmente con lo que hace

y p i e n s a , puede convertir su vida diaria en un

acto solidario y trascendente, por encima de sus preferencias ideológicas, políticas o religiosas, sin centrarse en lo material. Y, aunque puede parecer algo exótico en estos tiempos de sentimientos de frustración e infelicidad, para los espíritus libres el futuro es un anhelo que se construye en presente.

Los espíritus libres, protagonistas de este libro, son seres de belleza inesperada que nos revelan la grandeza en lo cotidiano y en lo pequeño en una sociedad donde la solidez se sopor ta en

la diferencia. Aunque no posean exposición mediática, son seres singulares, lejanos de la perfección, capaces de dedicar su vida a perseguir una respuesta cuando los habita la vocación científica, a vivir la pasión de una búsqueda estética, a batallar incansablemente por una causa, a crear riqueza, si esta se convierte en bienestar para otros. En estos libros se encuentra tal variedad de personajes que el mosaico genera los necesarios contrapesos y contrastes indispensables en toda sociedad. En este conjunto de relatos no importa la similitud entre los personajes, sino la coherencia y la libertad con las que cada uno aborda su búsqueda particular.

La selección de quienes conforman Espíritus Libres 2 se realizó después de una indagación, tanto documental como de campo, acerca de las personas que fueron postuladas en respuesta a una invitación divulgada a través de todos los medios del Programa de Egresados (correo masivo, boletín electrónico, portal redes sociales de egresados) y

de todos los medios del Programa de Egresados (correo masivo, boletín electrónico, portal redes sociales de

Índice

de la Universidad de Antioquia. A nuestra base de datos llegaron 480 postulaciones, 137 de ellas fueron, finalmente, convertidas en los textos y las fotografías que componen este libro. Muchos de los no incluidos merecen, sin duda, ser honrados en proyectos como este. Los encargados de hacer el acopio de estos dos tomos consideramos pertinente incluir a algunos de aquellos que han aceptado ser reconocidos por nuestra universidad con un Honoris Causa. Ellos son generosos al aceptarlo y ella, justa al otorgárselos. Asimismo, incluimos a varios ex líderes estudiantiles; con ello pretendimos mostrar un conjunto más plural y diverso.

Esperamos que en un futuro próximo Espíritus Libres se convierta en un proyecto tan sólido que nos permita desplazarnos a lugares inhóspitos de Colombia hasta donde han llegado nuestros egresados, consolidar redes de trabajo por fuera del país para dar a conocer el trabajo de miles de universitarios que están lejos de las fronteras, y conformar grupos de investigación para ir hasta

1803 y recuperar, desde entonces, los nombres y las historias de quienes han forjado la identidad de la Universidad de Antioquia.

El libro que está en sus manos conserva el

formato y el criterio visual de Espíritus Libres 1

y, como en ese primer ejercicio, persistimos en

que fueran egresados de diversas disciplinas y

generaciones quienes investigaran, escribieran y fotografiaran. Esto no solo legítima el modelo etnográfico aplicado, sino que pone de nuevo en evidencia el alto sentido de pertenencia de nuestros egresados y su compromiso social y educativo.

Y quienes sin ser egresados de la Universidad

de Antioquia participaron del proyecto, son la evidencia de los afectos de la sociedad por una institución comprometida con su bienestar.

En la confección final del libro hemos prescindido de la clasificación por profesiones, edades, posesiones, preferencias, posturas ideológicas o políticas, pues consideramos que

tales rótulos serían un simulacro arbitrario, un

criterio artificial externo y dudoso, que anularía

el rico tejido de personalidades conjugadas en

este universo social, plural y complejo que es

la Universidad de Antioquia. Esta, más que una

cantera de formación masiva de profesionales, es una casa de formación que alienta el compromiso

social.

Este libro está dedicado a todas las personas que quieren seguir descubriendo todo lo que llevamos dentro, que aceptan retos, que quieren soñar, que

creen en el poder de las personas. Por lo anterior, a todos los que trabajaron en él quiero darles las gracias por su labor. Es este un acto de convicción cotidiana. Hacer Espíritus Libres es una prueba más del sentido de pertenencia, de la generosidad y de la solidaridad de los universitarios. Gracias

a periodistas, escritores, fotógrafos, asistentes

de investigación, productores, diseñadores, correctores, consejeros, mensajeros, impresores por compartir esta aventura. Con ellos aprendimos

a construir y recorrer nuevos y desafiantes caminos poblados de confianza, sorpresas, alegrías y

desasosiegos disfrutados y superados a partir del esfuerzo y de la persistencia. A los personajes y autores de este libro les recuerdo con Emily Dickinson que “una pradera puede hacerse con un trébol y una abeja” 2 .

2. Ibíd., p. 381.
2. Ibíd., p. 381.

Ph. D. Álvaro Cadavid Marulanda

Profesor titular Universidad de Antioquia Director del Programa de Egresados

p. 381. Ph. D. Álvaro Cadavid Marulanda Profesor titular Universidad de Antioquia Director del Programa de

UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos

La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Poema Anónimo atribuido Walt Whitman. Universidad Rey Juan Carlos I Madrid. 2007 Abraham Duarte Muñoz 220.P

historia. Poema Anónimo atribuido Walt Whitman. Universidad Rey Juan Carlos I Madrid. 2007 Abraham Duarte Muñoz

UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA nació en 1924, hasta París, Francia, en 1982, donde

nació en 1924, hasta París, Francia, en 1982, donde murió de un infarto cardíaco: Carretera al mar (Bogotá: Iqueima, 1960), Gancho ciego: 365 días y una misa en la cárcel Modelo (1978), Carta abierta a un analfabeto político (1978) y San BAR, vestal y contratista (1978), estas tres últimas, publicadas por Ediciones Hombre Nuevo, de Medellín. La medicina y el conflicto social y político, la picaresca colombiana, sus andanzas académicas, laborales y políticas, y su lucha contra“la Inquisición y el Santo Oficio colombianos” quedaron allí registrados, debatidos, estigmatizados, injuriados. Una enumeración superficial lo muestra como estudiante inquieto; médico joven en Medellín, Urabá, en Manizales y Estados Unidos; empleado de laboratorios de drogas cuya actividad ilícita y criminal denuncia, doctor de selva y llano, fugaz y casi solitario guerrillero, exiliado en variopintas naciones, escritor de novelas, de diatribas políticas, y, al final, solitario, impertinente y mordaz, como traductor de literatura científica para editoriales médicas y para algunos de los laboratorios que tanto combatió. Tulio Bayer encaja en la definición que da Nietzsche del espíritulibreporoposiciónalespíritugregario.Ensumitología personal era un revolucionario que debió haber muerto en 1959, en el 64 o en el 66, no importa la fecha. Cometió ese error histórico de ser un anacronismo que se paseaba como best seller —Carta abierta a un analfabeto político— con un libro atrasado por el cual debía responder ante los implicados allí, añadiendo incluso más cargos y más nombres si había polémica, y responder ante los revolucionarios o presuntos revolucionarios diciéndoles cosas muy desagradables de sus

respectivos grupúsculos. Para entonces, días antes de morir, estaba cansado de la serie de cortometrajes que constituían la vida de ese tal Tulio Bayer, médico de la Universidad de Antioquia (1953), guerrillero, errante por tantas geografías. No era lo mismo ser fervoroso revolucionario años atrás, cuando no conocía las complejidades del socialismo o de los pretendidos socialismos. La imagen que ya tenía de lo que había pasado en la evolución de las ideas era que el cadáver de Dios, putrefacto, había servido para que se alimentaran los gallinazos, los zamuros de derecha y de izquierda, los obispos católicos y marxistas. Era con base en estas cagarrutas dogmáticas como se habían hecho todos los socialismos. El verdadero socialismo está por inventar. Dijo Gustavo Álvarez Gardeazábal: “Hay que tratar de entender un personaje que el país nunca pudo aceptar, al que le cerraron las puertas y nadie le dignificó teniendo derecho a mucho más. Tal vez el verdadero problema de Tulio Bayer es que no fue sobresaliente, diría mejor que no fue triunfador, en nada de lo que asumió. Ni como médico ni como farmaceuta, pese a haberse graduado en Harvard, ni como guerrillero ni como combatiente ni como político, y mucho menos como escritor pudo saltar la línea media del comportamiento. Allí residió el problema del tratamiento que el país le concedió. Parecería como si el no haber cuajado un espacio concreto le difuminara ante los ojos de la patria. Pero intentó tantas cosas con tal validez de criterios que para muchos como yo se nos volvió envidiable ejemplo del contestatario que tanta falta le ha hecho a este país”.

Tulio

Bayer Jaramillo

Durante la década de los años sesenta del siglo XX, Tulio Bayer Jaramillo fue considerado el enemigo público número uno del país. Médico, guerrillero. “Un vago, un anarquista, un loco, un trashumante, un esquizofrénico que no para en

ninguna parte ni se concentra en ningún oficio”, dijo de él un amigo o un enemigo, da igual. Quienes lo persiguieron y

a quienes combatió, especialmente con su pluma y con su

humor negro y corrosivo, poco deben saber del hambre y

los avatares a los que lo condujeron tanto la realidad política, económica y social del país, como su propia personalidad

y temperamento francos, abiertos, sinceros, más allá de lo

recomendable o de lo políticamente correcto. Bayer escribió varias obras a lo largo de sus casi sesenta años de existencia, recorridos entre Riosucio, Caldas, donde

Perfil: Carlos Bueno Osorio / Fotografía: Jairo Osorio Gómez, Paris 1979

Perfil: Carlos Bueno Osorio / Fotografía: Jairo Osorio Gómez, Paris 1979

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA muriera, tus padres y su abuelo paterno, el chamán,

muriera, tus padres y su abuelo paterno, el chamán, el cacique, ordenaron plantas medicinales y un encierro de siete años. ¿Lo viste, Diana? ¿Viste al pequeño guiñar el ojo tras las cañaflechas, envidiando jugar con los otros niños en la playa? Lo viste. Manibinigdiginya lo sabe, me lo ha dicho hoy: “Su energía siempre me ha acompañado”. Te imagino, Diana Stocel, siguiendo el vaivén de la hamaca, mientras la abuela arrulla a tu hijo con historias kunas. A falta de ti, fue a ella, siguiendo la tradición, a quien el pequeño le llevó el primer pargo rojo que pescó. Fue tu padre, experto cazador, quien lo llevó por primera vez al mar. Cincuenta y cuatro años después miro a Manibinigdiginya. Escucho sus palabras claras y su español cuidado. Lo aprendió a la fuerza en una escuela repleta de pequeños kunas y regida por padres claretianos. “Abadio Green Stocel”, decían los curas cuando lo llamaban a lista. Ese nombre, con los apellidos heredados de piratas holandeses e ingleses, es el que tu hijo ha usado para tener un lugar dentro de los blancos. Te imagino, Diana Stocel, acompañándolo en su viaje. Y lo veo a él tratando de sobreponerse a estas montañas altas que circundan Medellín, tan distintas al horizonte abierto del mar en Panamá. Pero tu hijo, que tiene una conexión entrañable con la madre tierra, supo adaptarse. Catorce años después se convirtió en filósofo y teólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana. ¿Recuerdas? “¿Cura o kuna?”, se preguntaba a sí mismo, impaciente. Esa misma conexión entrañable le dio la respuesta: kuna. Así que volvió a sus raíces. En Caimán

Nuevo, el resguardo caluroso de Turbo, sus hermanos tule lo acogieron y encontró su guía espiritual: Oloeliktikinya. Cincuenta y cuatro años después miro a Manipiniktikinya. Lleva tres collares: los colmillos del jaguar representan el sigilo; los dientes de mico, la alegría, y las pequeñas piezas de delfín, la inteligencia. Esas tres cualidades, Diana, han caracterizado a tu hijo, el líder, el presidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC; el presidente de la Organización Indígena de Antioquia, OIA. ¿Lo viste, Diana? ¿Viste cómo miraba fijamente a sus interlocutores exigiendo respeto por las tierras indígenas y denunciando el maltrato de los grupos armados? Te imagino, Diana Stócel, complacida ante ese saludo de admiración que hoy, cincuenta y cuatro años después, una de sus alumnas blancas le da a tu hijo. ¿Sabes? Se ha convertido en el primer indígena doctor en Educación del país. Abanderado de la convicción de que la lengua es el pensamiento de un pueblo, ha hecho una gran campaña académica en beneficio de las tradiciones indígenas, no en vano es el coordinador de la Licenciatura de la Madre Tierra de la Universidad de Antioquia. CincuentaycuatroañosdespuésmiroaManibinigdiginya y escucho las palabras suaves y categóricas que salen de ese ser especial. Mientras habla, te imagino sonreír y acariciarte la panza frente al mar. Y pienso que su nombre indígena, Manibinigdiginya, es una conspiración tuya y de la madre tierra.

Abadio

Green Stocel

Te imagino, Diana Stocel, mientras corres por la playa de Sasartí. En la arena se marcan las huellas de tus pies, aún pequeños, adolescentes. El viento levanta indomable tu cabello lacio. Gotitas saladas golpean tus pómulos: anchos, firmes, kunas tule. Te detienes y miras el mar mientras te sobas la panza revestida con una mola tejida con figuras de pájaros de colores. Sientes a Manibinigdiginya en tu vientre: se mueve vigoroso y en tu barriga firme aparecen efímeras dunas. Miras el mar y sonríes. Cincuenta y cuatro años después miro a Manibinigdiginya. ¿Acaso heredó esos pómulos anchos de ti? ¿Alcanzaste a rozar esos trazos oscuros de las palmas de sus manos? Te fuiste ese mismo día en el que a él lo recibió la madre tierra. Temerosos de que el pequeño también

Perfil: Pedro Correa Ochoa / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Pedro Correa Ochoa / Fotografía: Natalia Botero Oliver

la madre tierra. Temerosos de que el pequeño también Perfil: Pedro Correa Ochoa / Fotografía: Natalia

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la madre tierra. Temerosos de que el pequeño también Perfil: Pedro Correa Ochoa / Fotografía: Natalia

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA en Medellín —donde se graduó en 1971—, lo ayudaron

en Medellín —donde se graduó en 1971—, lo ayudaron a reafirmar su decisión por la medicina y la ortopedia. Vivía en Medellín con su familia desde 1968. Junto

a sus hermanos ingresó al Conservatorio de Música de

la Universidad de Antioquia, para aprender violoncelo y trompeta. En 1972, ingresó a la carrera de Medicina en el Alma Máter, ejerció su internado en el Hospital Universitario San Vicente de Paúl y se graduó en agosto de 1980. Durante este tiempo, también representó a la universidad en los equipos de baloncesto. Durante su época de estudiante, se interesó por la manera en que aumentaba la ya insostenible población de San Andrés, con personas llevadas por políticos para mantener un caudal de votantes que garantizaran sus elecciones. Le impactaron las clases de salud pública dirigidas por el doctor Héctor Abad Gómez y las visitas a los barrios marginados de Medellín; con este maestro compartió, en muchas ocasiones, su sentido de responsabilidad hacia los habitantes de las islas y la necesidad de justicia social, reafirmando otra vez su deseo de regresar e influir para un cambio. Inició su año de servicio rural en Providencia, en 1980,

y luego laboró en los servicios de urgencias del Hospital Santander y de la clínica de Seguros Sociales de San Andrés; también fue médico del Centro de Salud de San Luis y coordinador del Fondo Intendencial de Previsión Social. Entre 1983 y 1987, realizó su residencia en Ortopedia

y Traumatología de la Universidad de Antioquia, en el

Hospital Universitario San Vicente de Paúl, y regresó a servir

a los habitantes del archipiélago, siendo por algún tiempo

el único ortopedista en el territorio. Fue jefe seccional de salud del departamento y, luego, primer secretario de salud, entre 1992 y 1997. Su trabajo público le dio el impulso que necesitaba para interesarse por la política del archipiélago. Así, en el 2000, logró una amplia victoria en las elecciones para gobernador. Por enfrentar y denunciar valientemente propuestas contrarias a sus principios, tuvo ataques de todos los medios y de dirigentes políticos tradicionales. El exgobernador recuerda los días de abril del 2002, cuando estalló una crisis por el manejo inadecuado del basurero al aire libre en San Andrés, y él, en vez de usar la Fuerza Pública para desalojar a los habitantes que bloqueaban la entrada al basurero, se dedicó a fumigar la acumulación de basuras para prevenir la proliferación de plagas y a implementar estrategias de mayor alcance que involucraran una cultura de la sanidad para toda la población. Sin embargo, tras haber estado de parte de los ciudadanos y no del gobierno central, Newball fue suspendido de su cargo y reemplazado, según lo expresa, por un funcionario cercano a los altos mandos. Al parecer, cuenta el exgobernador, era visto como un separatista anticolombiano. El doctor Ralph huyó del país ante amenazas en contra de su vida y de la de su hijo. Para la mayoría de los raizales es un héroe y el mejor gobernador de su historia. Además, manifiestan la falta que hace como ortopedista, servicio que nunca dejó de prestar estando en el gobierno, hasta cuando el nuevo gobernador hizo prohibir su ingreso al único hospital de la isla.

Ralph Julio

Newball Sotelo

Ralph Newball es el segundo hijo del matrimonio de Elru Newball McLaughlin y Rosa Sotelo Sotelo. De sus padres y abuelos, aprendió a valorar y mantener el amor por el Creador y seguir los principios cristianos de amor a Dios, al prójimo, a su familia y al territorio de sus ancestros: el Archipiélago de San Andrés y Providencia. Está casado con la educadora Rosabell Castell Britton, también de Providencia. Tuvieron dos hijos: Harcourt, quien falleció en un lamentable accidente de tránsito en San Andrés, y Rudolph, quien nació diez días después del accidente, en 1989. Desde muy temprana edad, decidió que quería ser médico, como su tío Lynd Newball y varios de sus primos, pues veía en su horizonte el servir a sus coterráneos. Sus estudios de primaria y secundaria, tanto en las islas como

Perfil: Ralph Julio Newball Soltelo / Fotografía: Archivo personal

Perfil: Ralph Julio Newball Soltelo / Fotografía: Archivo personal

de primaria y secundaria, tanto en las islas como Perfil: Ralph Julio Newball Soltelo / Fotografía:

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de primaria y secundaria, tanto en las islas como Perfil: Ralph Julio Newball Soltelo / Fotografía:

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municipio antioqueño de Jardín en 1945. Cuando iba para quinto de primaria se trasladó a Medellín y el bachillerato lo cursó en el Liceo de la Universidad de Antioquia. Al llegar la hora de buscar profesión logró pasar a medicina en esa misma universidad. Pero al poco tiempo supo que algo no andaba bien. Se asesoró con uno de sus profesores y llegó a la conclusión de retirarse de la carrera más prestigiosa que tenía el Alma Máter, para irse a la facultad de educación. Era la primera vez que un estudiante de medicina dejaba todo tirado para ir tras una licenciatura. Allí se convirtió en líder estudiantil. A tal punto llegó su espíritu de revolución que cuando iba en la mitad de la carrera tuvo que darse un receso para no ser expulsado. Se fue a República Dominicana a trabajar como voluntario, pero regresó a los seis meses, justo antes de que lo deportaran. La razón: participar en la toma de tierras que adelantaban los campesinos en ese país. De vuelta en Colombia, retomó la carrera que terminó con el discurso de marras. Cuatro meses después, ya era profesor vinculado en el municipio de Venecia, lugar de donde fue trasladado poco tiempo después al pueblo vecino de Amagá. Pero allí solamente duró 40 días y 40 noches. Fue acusado de entablar relaciones con los mineros, a quienes cuestionaba por las condiciones de explotación en las que vivían. Como “castigo”lo asignaron a un colegio en Medellín. En la ciudad, además de pasar por varias instituciones, empezó su trabajo sindical. Cuando llegó al magisterio de Antioquia fue uno de los primeros en empezar a hablar de izquierda en una época donde lo más revolucionario era la Democracia Cristiana. Participó en la huelga que logró tumbar en 1971 un proyecto de estatuto docente. Y hasta presidió

en 1971 un proyecto de estatuto docente. Y hasta presidió la Asociación de Profesores de Enseñanza

la Asociación de Profesores de Enseñanza Secundaria en Antioquia, Proas. Un día, inconforme consigo mismo, decidió volver a la Universidad. Buscó al director de posgrados, que entonces era el mismo decano que casi lo deja sin diploma, y le dijo que quería hacer una maestría. “Usted se puede presentar, pero no pasa”, respondió el director. “Yo sí voy a pasar. Lo que vengo a decirle no es si voy a entrar o no, sino que quiero saber, usted que me conoce, ¿cuál de los posgrados me recomienda?”, preguntó Mauro. El director le dijo que se presentara a sociología de la educación. Después de ese episodio, él y otros cuatro amigos se reunieron durante un año para preparar el examen. No solo lo ganó, sino que además pasó primero en su cohorte. Cinco años después terminó el posgrado, y el mismo hombre que canceló los grados y le dijo que no volvería a la universidad se acercó para ofrecerle un puesto como profesor en el Alma Máter. Esa fue una de las experiencias más gratas de su vida. A la par, también dictó cátedras en otras instituciones de educación superior hasta que un día, en un acto libertario, decidió irse a trabajar a un pueblo. Buscó intercambio para cualquier lugar, siempre y cuando fuera en tierra caliente, y así terminó en la Institución Educativa Uribe Gaviria, en zona rural de Venecia. Un colegio que atendía a algunas de las veredas más pobres del pueblo: Palenque, El cerro, El Cinco, El Rincón y Santa Rita. Allí estuvo hasta su jubilación hace 12 años. En Venecia también fue concejal y trabajó para el centro de historia, donde hizo un estudio sobre profesiones, artes y oficios. Además, se dedicó a reclutar cantantes y a promover actividades artísticas. Aunque amaba dar clases, Mauro reconoce que estos años desde que dejó el pizarrón han sido una locura.

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Mauro

García Cano

Para dar el discurso de egresados el día de la graduación, Gabriel Mauro García fue escogido por sus compañeros. El Paraninfo de la Universidad de Antioquia estaba a reventar:

directivas, estudiantes y sus familias estaban atentos para escuchar un escrito que tituló Ser culto para ser libres, honrando una frase de José Martí. En el discurso, criticó a la universidad, a los cuerpos de paz y a los profesores, a los que calificó de estar entregados al servicio de la ideología norteamericana. Lo de él era una lucha antiimperialista en su máxima expresión. Fue tal el impacto que generó, que el rector y el decano de su facultad suspendieron el acto. No hubo concierto ni himno antioqueño. Incluso, propusieron no darle el grado. Mauro siempre fue un hombre de armas tomar. Hijo de un maestro, nació en el

Perfil: Víctor Casas Mendoza / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Víctor Casas Mendoza / Fotografía: Natalia Botero Oliver

hombre de armas tomar. Hijo de un maestro, nació en el Perfil: Víctor Casas Mendoza /
hombre de armas tomar. Hijo de un maestro, nació en el Perfil: Víctor Casas Mendoza /

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Radio Repórter. Esos programas los escuchaba solo en su cuarto, o en familia, en el barrio Sevilla (de Medellín), donde se crió. Justamente, fueron dos de sus hermanos quienes lo llevaron a trabajar como periodista en Radio Ritmos. Corría 1977 y ya registraba cuatro años como estudiante de la Universidad de Antioquia, de la entonces llamada Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Al momento de graduarse, en 1979, Gonzalo acumulaba experiencia en la radio y en la prensa escrita. Al periódico El Mundo ingresó en diciembre de 1978, en plena fase de prelanzamiento del nuevo diario. Fue allí donde se le antojó ir a conocer la experiencia revolucionaria que vivía Nicaragua y donde un día Darío Arizmendi le dijo que no podía apoyarlo en su viaje a El Salvador (a donde también se le ocurrió ir), pero que“si regresaba vivo”miraría el material periodístico que trajera para comprárselo. Entonces, durante un tiempo, envió su producción (para El Mundo y para Caracol Radio) desde el frente de guerra, en calidad de free lance. “Me ha gustado el movimiento, la acción”, explica. Y bastante movimiento tuvo cuando en 1983 ingresó a la plantilla de Caracol Radio. Su persistencia y la confianza que generaba entre las fuentes le permitieron destacarse como buen periodista, y dio noticias de repercusión nacional. Del periodismo, Gonzalo pasó a otra faceta profesional y se convirtió en el director nacional de la Fundación Laubach de Educación Popular Básica de Adultos. También tuvo una empresa de comunicaciones. Y en 1988, con todo ese recorrido encima, se estrenó como profesor universitario. Sus clases de redacción, opinión pública, periodismo político y

de redacción, opinión pública, periodismo político y deportivo las alternó con la Maestría en Ciencia

deportivo las alternó con la Maestría en Ciencia Política, que cursó en la Universidad de Antioquia. “A lo largo de mi vida he estado haciendo muchas cosas al mismo tiempo. Siempre me he sentido jugando parqués:

muevo una ficha tres cajoncitos, luego veo si puedo mover otra que tenga prelación”, dice. Esta característica le ha permitido, además del ejercicio de la docencia, escribir artículos académicos y periodísticos, y publicar varios libros. Uno de ellos, Sueños a la redonda, fue recomendado por el famoso técnico de fútbol Jorge Valdano (en una entrevista que le concedió a Daniel Samper Pizano, para Soho, en el 2011). También, se ha dedicado a la investigación académica, y, como tal, ha sido director y miembro del grupo de Conflicto y Violencias de la Universidad de Antioquia, el espacio para el ejercicio analítico, riguroso y cualificado, explica. Otra faceta ha sido la de columnista, que ejerció en El Espectador y en El Colombiano. La radio ha seguido presente en la vida de Gonzalo. Hasta el 2012 y durante 19 años, por ejemplo, mantuvo en la Emisora de la Universidad de Antioquia Saudade, un programa de música brasilera. Seguramente, algo nuevo aparecerá en el horizonte radial, en simultáneo con sus aportes que desde el periodismo continúa haciendo a la academia y que comenzó con su fascinación por tener el mundo entero en sus manos gracias a un pequeño aparato transistor.

Gonzalo

Medina Pérez

A Gonzalo Medina es frecuente verlo como invitado en

espacios televisivos, debatiendo asuntos de política, violencia

o deporte. Sin embargo, la televisión no es su espacio: es

en la radio donde él se siente como pez en el agua. Desde bien joven se vio fascinado por ese medio porque —dice—

percibía una relación mágica entre locutor y radioescucha. Varias décadas después, desde su papel como profesor universitario, investigador y autor de numerosos artículos

y libros, Gonzalo acude a su prodigiosa memoria para citar

textualmente frases de la radio de su época de muchacho. “Siguiendo los pasos de las personas honestas siempre hay un delincuente…”, así empezaba La ley contra el hampa, menciona, un clásico del momento junto con La hora católica arquidiocesana,Montecristo,RadioRevistaRCN,Guasquilandia,

Perfil: Elvia Elena Acevedo Moreno / Fotografía: Julián Roldán Alzate

Perfil: Elvia Elena Acevedo Moreno / Fotografía: Julián Roldán Alzate

Perfil: Elvia Elena Acevedo Moreno / Fotografía: Julián Roldán Alzate 29

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Perfil: Elvia Elena Acevedo Moreno / Fotografía: Julián Roldán Alzate 29

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a muchos hombres, heredados del ser que más admira, su

abuela. Quizás por eso logró mantener con éxito su puesto como directora de los juegos, aun cuando el deporte tiene un techo de machismo. Solo dos mujeres en la historia olímpica

han estado al frente de certámenes deportivos: junto a Alicia,

la directora de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Pero la carrera con obstáculos no empezó ahí. Antes de

llegar a la dirección de los juegos, estuvo al frente del Índer y logró llevar el deporte a lugares de Medellín donde no iba ni

la Fuerza Pública. Alicia, una paisa de pura cepa, entró a ese mundo desde muy niña. A los cuatro años fue secuestrada y un año más tarde, cuando sus captores la devolvieron, entró por recomendación de un psicólogo a clases de judo. Así

recuperaría la confianza en sí misma y aprendería a respetar

a la autoridad.

A los diez años ya competía a nivel nacional y a los dieciséis formó su propio club de judo. Campeona nacional

y suramericana, también estuvo en el ciclo panamericano y

obtuvo una medalla de certamen mundial. A la Universidad de Antioquia entró en 1990. Se presentó

a Derecho, no porque quisiera ser abogada, sino porque

quería aprender de leyes para poder ser dirigente deportiva. Ya en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid había estudiado

tecnología deportiva. Pero sabía que eso no era suficiente. En el Alma Máter tuvo que luchar contra la etiqueta que les ponían algunos profesores a los deportistas, insinuando que no eran inteligentes. Pero ella, además de brillante, era disciplinada y cada cosa que se proponía la lograba. Antes de ir a clases entrenaba

que se proponía la lograba. Antes de ir a clases entrenaba cuatro horas. Y después de

cuatro horas. Y después de salir, cuatro horas más. Por eso no pudo disfrutar muchos espacios de la universidad y tuvo

que esforzarse el doble para poder rendir en la carrera y en el deporte. Logró graduarse en cinco años y poco después pasó

a ser presidenta de la Liga de Judo. Después de los Suramericanos, Alicia enfrentó la competencia más fuerte de su vida. Empezó un severo tratamiento contra el cáncer que le fue diagnosticado durante los juegos, pero que se negó a atacar mientras el fuego de las justas continuara encendido. Las sesiones de quimioterapia no le impidieron seguir adelante con su vida. Fue secretaria privada de la Alcaldía de Medellín durante varios meses y luego empezó a trabajar con los organizadores de los Juegos Olímpicos de Río, que se celebrarán en el 2016. A finales del 2012, dependiendo la

evolución de su salud, decidirá si se radica en el país carioca, donde quieren tenerla tras conocer su gestión deportiva en Medellín. Alicia, la dama de hierro paisa, es una mujer sencilla: ama

a su familia, le gusta la literatura y detesta caminar en zapatos altos. Ha hecho todo lo que ha querido. Cada mañana, al despertarse, antes que cualquier cosa, respira y le da gracias

a la vida: “Yo puedo, yo quiero, lo voy a lograr”, dice para sí.

Alicia Eugenia

Vargas Restrepo

Pocas noches ha tenido Medellín como la del 17 de marzo del 2010. Mientras en las graderías del estadio Atanasio Girardot 53 mil almas gritaban y aplaudían la inauguración de los Juegos Suramericanos, otros cientos de miles seguían el espectáculo desde sus casas. Alicia Vargas, en cambio, veía, pero no miraba. Estaba ansiosa, pendiente de la reacción de la gente, y cronometrando que todo saliera como estaba planeado. Ni siquiera el Presidente de la República podía salirse de control. A él le dio dos minutos para que se dirigiera al mundo. Muchos desconocen que la cabeza de los Juegos Suramericanos 2010, el evento deportivo más importante que ha tenido Medellín en toda su historia, fue una mujer. Alicia Vargas tiene el carácter y la determinación que les falta

Perfil: Víctor Casas Mendonza / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

Perfil: Víctor Casas Mendonza / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

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Hizo la primaria de noche en la institución José María Córdova. Cuando dejó de vender parva, comenzó a trabajar

en bares, sirviendo tintos y haciendo mandados. Conoció allí

a un grupo de abogados que le tomaron cariño y le ayudaron

a inscribirse en el Instituto Nocturno de Bachillerato de la

Universidad de Antioquia, donde pudo culminar sus estudios. Para entonces, consiguió un puesto en Coltejer y terminó siendo líder sindical: organizaba huelgas y alentaba a los demás trabajadores a buscar mejores condiciones laborales. Por gajes de ese oficio, fue despedido y debió buscar otros empleos: empacador en un supermercado y mensajero en la editorial Oveja Negra. Aquellos años coincidieron con su ingreso a la carrera de Economía en la Universidad de Antioquia, donde la izquierda tomaba fuerza como promesa de cambio político y social. Llevaba ya año y medio estudiando en el Alma Máter cuando se unió a una movilización de los obreros de Incametal y terminó en un calabozo junto a otros manifestantes. Al ser condenado por esta acción, no pudo continuar la carrera y decidió irse al monte con los compañeros del EPL. Vivió en Urrao, en los límites de Antioquia y Chocó, y pudo conocer otra cara de la lucha armada. Aunque tuvo que aguantar hambre y soportar un largo entrenamiento físico, Jaime dice que fue una experiencia bonita porque conoció de cerca a los indígenas embera, estableció relaciones con las comunidades y sembró la tierra para recoger los frutos. Después de casi dos años allí, regresó a Medellín debido a que quería fundamentar mejor su búsqueda política. Empezó a ocupar cargos de dirección en el EPL. En los setenta, asesoró sindicatos en Antioquia y promovió el

los setenta, asesoró sindicatos en Antioquia y promovió el planteamiento político de su organización, que pasó

planteamiento político de su organización, que pasó de ser maoísta a seguir las luchas de países como Albania. Ya en los ochenta, el EPL irrumpió en el escenario nacional con la propuesta de una asamblea nacional constituyente, que al principio fue escuchada, pero terminó en los sucesos del Palacio de Justicia. Así, los diálogos de paz quedaron anulados. Hacia finales de la década, fue uno de los dirigentes que volvieron a promover un proceso de negociación con el gobierno. Según sus palabras, los años de armas no habían logrado los resultados que su organización buscaba, y sí, en cambio, muchos compañeros habían muerto. Jaime, el quinto en línea de mando, logró unir al 90 % de los integrantes del EPL para dialogar y contribuir a la creación de una nueva carta política. Ellos lo designaron como asambleísta constituyente y así pudo cerrar el ciclo de la clandestinidad. La firma de la paz entre el gobierno y su organización le brindó la oportunidad de terminar la carrera en la Universidad Cooperativa de Colombia, ser padre y esposo, y tener aficiones como ir a cine los domingos y ver cada semana los partidos de su DIM del alma. Fueron veintiún años de militancia de los que no se arrepiente, ya que le permitieron conocer la realidad del país y lo convirtieron en asesor y consejero de paz, así como en un notable crítico social.

Jaime Álvaro

Fajardo Landaeta

Cuando José Ocampo era niño, bajaba y subía lomas para vender pan entre Loreto y Manrique. Tenía ocho años y recorría la ciudad para ganarse la vida, pues su padre le decía que si quería comer y dormir en la casa, debía ayudar con el sustento familiar. Su mamá, sin embargo, le insistía en que siguiera estudiando, así fuera en las noches. El niño, que era el quinto de diez hermanos, no se llamaba José Ocampo. Ese apodo vino muchos años después. Su nombre verdadero era Jaime Álvaro Fajardo Landaeta, a quien también conocerían como Pipelón y Chamizo en las filas del Ejército Popular de Liberación, EPL, organización armada que surgió en los sesenta como resultado de la violencia bipartidista y se desmovilizó en 1991 tras la firma de un acuerdo de paz.

Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Julián Roldán Alzate

Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Julián Roldán Alzate

en 1991 tras la firma de un acuerdo de paz. Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía:

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en 1991 tras la firma de un acuerdo de paz. Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía:

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de Antioquia. Desde entonces, lo acompaña la visión del ciudadano comprometido con su gente. Se interesó por las palabras de los muchachos que se jugaban la vida en las laderas de Medellín, a quienes retrató en las historias de su primer libro No nacimos pa’ semilla, una alarma que resonó en el país alertando sobre el significado de la existencia para quienes servían como soldados a poderes que no entendíamos. Su lugar para mirar la ciudad con rigor y disciplina ha sido el periodismo. En la universidad se divertía más redactando el periódico El Toro Luchador que nombrando huesos y músculos de animales en la Facultad de Medicina Veterinaria

y Zootecnia. Siendo estudiante, trabajó como reportero y codirector

del noticiero El Mundo Televisión, en el naciente canal regional Teleantioquia. Articulaba el trabajo periodístico con los estudios sociales en el Instituto Popular de Capacitación

y la Corporación Región, donde profundizó sus análisis sobre

las culturas juveniles y los fenómenos del narcotráfico y la violencia urbana. Medellín recibió la década del noventa aturdida por el poder destructor del narcotráfico y carente de un liderazgo social y político que la llevara a un futuro promisorio. Salazar, que despuntaba como analista del tema, participó en la creación y proyección de la Consejería Presidencial para Medellín, estrategia para afrontar esa crisis social e institucional. Su conocimiento de los muchachos de barrio, su espíritu abierto a escuchar otras voces y su olfato periodístico los puso al servicio del programa de televisión Arriba mi barrio. Allí se nombró la Medellín innombrada, se visibilizó la ciudad

se nombró la Medellín innombrada, se visibilizó la ciudad invisible y se incluyó a la población

invisible y se incluyó a la población excluida. Emergió “otra ciudad” y empezó a valorarse el potencial creativo de los jóvenes y de las organizaciones sociales, sobre la mirada estigmatizadora.

Su paso por el Ministerio de Educación y el Programa Presidencial para la Reinserción no lo alejaron del periodismo. Sus reportajes evidencian una voz madura, que se condensa en programas como Operación ciudad, de Telemedellín,

y Arriba Bogotá, del canal City Tv; y en su columna en el

periódico El Colombiano. Con la biografía Profeta en el desierto. Vida y muerte de Luis Carlos Galán, ganó el Premio Planeta de Periodismo, 2003. Y con La parábola de Pablo entra en la lista de autores colombianos cuyas obras llegan a la televisión. Es uno de los cincuenta “locos” que fundaron el Movimiento Compromiso Ciudadano. Contra toda “lógica”,

esta quijotada abrió espacio político a otro estilo de liderazgo paisa. Elegido alcalde en el 2007, fue otro protagonista del proceso político que transformó la imagen de Medellín, de cuna del narcotráfico a referente mundial de gestión pública. Salazar se ha jugado la vida con arrojo al frente de su ciudad. Con su carácter frentero ha pisado muchos callos. Con todo, su espíritu libre sigue abriendo trochas, lo mueve

a caminar largas jornadas y lo embelesa con el canto de las

aves en medio del bosque. El campesino que vive en él despierta en su casa de La Estrella, al sur del Valle de Aburrá. Allí tiene una vista única sobre Medellín. En ese pedazo de tierra lee, juega con María, su única hija del matrimonio con Marta Liliana Herrera, y se goza su salsa con los amigos.

Alonso

Salazar Jaramillo

Aunque conoce como pocos los rincones de Medellín, aunque colecciona muchos de los sonidos del mundo y su gusto musical está en el Caribe gozón, Alonso Salazar conserva el alma campesina con que nació, en la vereda Arboleda de Pensilvania, Caldas. Con escasos ocho años llegó a Medellín de la mano de don Carlos y doña Magnolia, los padres que con sus once hijos cruzaron la cordillera desde su tierra cafetera hasta el barrio Buenos Aires, en Medellín. Era 1968. Con las palabras del campo empezó a caminar la ciudad para conquistar su espacio. Estudió la primaria en la Escuela Lasallista Federico Ozanam, el bachillerato en el Liceo Concejo de Medellín, y obtuvo, en 1989, el título de Comunicador Social - Periodista en la Universidad

Perfil: Jorge Ignacio Sánchez Ortega / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Jorge Ignacio Sánchez Ortega / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Social - Periodista en la Universidad Perfil: Jorge Ignacio Sánchez Ortega / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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Social - Periodista en la Universidad Perfil: Jorge Ignacio Sánchez Ortega / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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de procedimiento penal, oratoria forense, casuística penal y ética, en las facultades de derecho de las universidades de Antioquia y de Medellín. Estas actividades las acompañó defendiendo los Derechos Humanos, en especial los penitenciarios, siendo tal vez el primer hombre que desde la institucionalidad denunció los abusos y el hacinamiento que todavía persisten en los centros de reclusión. Escribió el libro Conceptos fiscales. Por los que nacen procesados, en el que aparece una selección de algunos de los conceptos emitidos por él como funcionario y algunas conferencias en las que se aprecia con claridad el rico follaje

de su humanismo. De sus capítulos, se destacan: “La teoría jurídica sobre la tortura”, “Súplica por el lumpen proletariado” “Mujeres desgarradas” y la “Oración por las cenizas del padre Camilo Torres Restrepo”. El maestro Escobar es el más brillante orador forense que ha tenido Antioquia en los últimos cincuenta años. Su gesto erguido, su ademán sincero, la fuerza moral de sus argumentos, su capacidad de asombro y de indignación ante la injusticia, la desigualdad y el abuso, dejaron huella en varias generaciones de discípulos. Con el inmolado Jesús María Valle Jaramillo, nos enseñó

a cuestionar el statu quo, a no rendirle culto al poder, la cervantina fórmula de la justicia según la cual el que parte no escoge, que ser dignos entraña la responsabilidad de hacer del derecho y de la política instrumentos de reivindicación de los humildes que debían traducirse en pan y techo, que

la humildad es el secreto de cualquier proyecto individual o colectivo, y lo más importante, a ser coherentes en pensamiento, palabra y acción.

a ser coherentes en pensamiento, palabra y acción. Recuerdo que en su última clase de ética

Recuerdo que en su última clase de ética invitó a sus alumnos, haciendo una especie de mea culpa, a no trabajar los fines de semana y a no llevar trabajo para sus casas, pues —dijo— que él les había robado los fines de semana de doce años continuos a su esposa y a sus cuatro hijas. Los seres humanos somos débiles ante la adulación; tal vez los maestros lo son más, y por ello les es tan difícil jubilarse. No fue este el caso del maestro Escobar, quien siempre fue esquivo a este manjar y desde el ejemplo nos invitó a emularlo. Siempre cuestionó la academia fría y escéptica que se ensimismaba en los incisos y discursos, pues solo tenían origen y sustento en la vanidad. Recuerdo que el maestro Escobar siempre calificó con cinco a sus discípulos en ética, previa aclaración de que cada quien volvería ese cinco, en la práctica, un tesoro ético o un merecido hijo de puta. Después de haber sufrido despidos, señalamientos, persecuciones y exilio en razón de su carácter, hoy el maestro Escobar disfruta de una modesta jubilación al lado de su familia. Nunca ha perdido la ingenuidad de los niños, ni la frescura de las frutas, y como los buenos vinos, el tiempo que pasa lo hace cada día mejor. Jota Guillermo Escobar Mejía siempre será ejemplo para los abogados honrados y comprometidos de Colombia.

Guillermo

Escobar Mejía

El maestro Jota Guillermo Escobar nació en Fredonia, el 23 de octubre de 1936. Allí se hizo bachiller en el Colegio Efe Gómez, y en 1960 se graduó como abogado de la Universidad de Antioquia. Tras un corto y exitoso recorrido como abogado penalista, y por ser hijo de don Antonio Escobar, en 1964 fue elegido diputado a la Asamblea de Antioquia por el Partido Conservador. Al terminar el periodo, fue invitado a que aspirara en un lugar privilegiado a la Cámara de Representantes, pero no aceptó, pues, según él, no se acostumbraba a la ciega obediencia que sus homólogos les tenían a sus jefes, y a pesar de la insistencia declinó el ofrecimiento. Eligió las actividades judicial e intelectual. En la primera, brilló como Fiscal Superior y en la segunda como profesor

Perfil: José Ricardo Mejía Jaramillo / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: José Ricardo Mejía Jaramillo / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Superior y en la segunda como profesor Perfil: José Ricardo Mejía Jaramillo / Fotografía: Natalia Botero

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Superior y en la segunda como profesor Perfil: José Ricardo Mejía Jaramillo / Fotografía: Natalia Botero

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dispuso un estante que albergaría los libros. Ella coordinó, apoyada por el director Alejandro González, el proceso que incluyó aspectos como el comodato del lote que pertenecía

a la parroquia del barrio Florencia, el apoyo de la empresa

privada para la restauración de los vagones, las adecuaciones del terreno, y la donación del material por parte del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe. Los habitantes del sector acogieron el proyecto. Con la curiosidad de acercarse a un nuevo vecino, siguieron paso

a paso las transformaciones que trajo el Tren de Papel. La

espera concluyó el 3 de febrero de 1979, cuando se inauguró

la biblioteca. Treinta y tres años después, a Perla le queda la

satisfacción de haber afrontado “un reto con dignidad”, y a la comunidad, un espacio que considera propio. Ella no siempre tuvo claro qué tren tomar para viajar en

la vida. Casi se decide por uno que la hubiera llevado a los

dominios de la Arquitectura, pero como en los exámenes de admisión a esta carrera solamente encontró a cuatro mujeres, se sintió insegura de estudiar con muchos hombres. A pesar del ánimo que le dieron sus padres, prefirió la Bibliotecología, guiada por la cercanía con la lectura. Hoy siente que no se equivocó de rumbo. Su entrega y la conciencia del valor de su profesión le han dado satisfacciones y reconocimientos como el Premio “Rubén Pérez Ortiz” en la Categoría Vida y Obra, que le otorgó el Colegio Colombiano de Bibliotecología en el 2011. Aunque ha trabajado cerca de 45 años en bibliotecas públicas y privadas, siempre atenta a responder a las exigencias del entorno, y lideró el desarrollo de las bibliotecas

del entorno, y lideró el desarrollo de las bibliotecas universitarias en el Caribe colombiano, esa distinción

universitarias en el Caribe colombiano, esa distinción la sorprendió porque considera que su trayectoria obedece al cumplimiento del deber dondequiera que esté. En la ruta imprevista que ha seguido, está haberse trasladado a Cartagena por decisión de sus dos hijos. En aquella ciudad inició la puesta en funcionamiento de las bibliotecas de la Universidad JorgeTadeo Lozano, de la del área de la salud de la Universidad de Cartagena, de la Fundación Tecnológica Antonio de Arévalo y de la Universidad del Sinú, donde aún se siente “alegre de servir, de propiciarles a otros

el encuentro con la realización de sus sueños”, porque piensa

que “cada ser humano que llega a una biblioteca, en nuestra cultura, no llega por azar sino que trae algo en mente, y es maravilloso que encuentre un apoyo, un direccionamiento para lograr objetivos”. Su vocación de servicio se forjó de la mano de maestros como Gasthon Litton, en la Escuela Interamericana de

Bibliotecología de la Universidad de Antioquia, se enriqueció con el estudio de la Maestría en Ciencias de la Información

y Bibliotecología, de la Universidad de Denver. Y, finalmente, encontró respuesta en el contacto con los usuarios de las bibliotecas. Su mente sigue inquieta por emprender con ellos otros viajes a través del conocimiento.

María Perla

Echeverri Lema

Huelen a libros dos vagones que alguna vez trasegaron por Antioquia. Suenan a las preguntas de niños que resuelven tareas, de mayores que, con menos prisa, también buscan respuestas. Ahora, esos vagones son un “Tren de Papel”. Deben su nombre a la denominación que le dio Carlos Castro Saavedra al medio para emprender un viaje poético. Deben su vida, entre otras voluntades, al esfuerzo con el que Perla Echeverri los convirtió en biblioteca. En los años setenta, cuando la Biblioteca Pública Piloto comprendió que debía llegar a los barrios de Medellín, dos vagones abandonados del Ferrocarril de Antioquia fueron elegidos para llevar a cabo la idea. Perla los escogió. En uno se diseñó la sala de lectura, con este fin se acondicionaron las mesas sin mover la silletería original; y en el otro, se

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio/ Fotografía: Archivo personal

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio/ Fotografía: Archivo personal

mover la silletería original; y en el otro, se Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio/ Fotografía: Archivo

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mover la silletería original; y en el otro, se Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio/ Fotografía: Archivo

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Asturias de Literatura, en el que invita a curiosear, a observar, y propone la literatura “como puente entre los pueblos”. Ha seguido con cuidado la obra de Oz porque es un magnífico escritor indudablemente y además porque este autor se autodefine como experto en “fanatismo comparado” y no hay quien abomine más los fanatismos y los autoritarismos, de cualquier índole, que este hijo del Liceo de la Universidad de Antioquia. Pero no es solo en la literatura donde se ensancha su sensibilidad, su regocijo es grande cuando escucha cualquiera de las maravillosas versiones del cuarteto de cuerdas de Beethoven o cuando ve una película de cine de autor. Su mente es ancha y erudita, en el arte que ama y en su trabajo como jurista, que también acoge con incondicional interés. Él es uno de los dos Álvaros, archiconocidos en el arte de conciliar con acreedores, rescatar empresas al borde del precipicio y servir de árbitros en asuntos difíciles entre empresas y empresarios. Su credibilidad e integridad, unida a su capacidad de formular salidas y de ejecutar, le han ido allanando afectos y clientes fieles. No más hay que imaginarlo sentado en la oficina, con su presencia verosímil, consecuente, sirviéndole tanto de apoyo técnico como humano a los desesperados beneficiarios de su habilidad y experiencia. No por nada fue quien aplicó las últimas pinceladas, en compañía de Álvaro Isaza, a la Ley de Insolvencia Económica de Colombia, gracias a sus intensivos intercambios con los ponentes. Con su amigo y aliado de empresa, rescatista igualmente, escribió el libro Comentarios al Régimen de Insolvencia Empresarial, que es un imprescindible manual

de Insolvencia Empresarial , que es un imprescindible manual para la superación de atolladeros empresariales y

para la superación de atolladeros empresariales y que ya alcanza su tercera actualización. Londoño Restrepo también

es Conjuez de la sala Civil del Tribunal Superior de Antioquia y es un profesor enamorado de la enseñanza, a quien llaman en infinidad de ocasiones de pregrados y posgrados de las distintas universidades del país para incluirlo en cursos

y charlas, tiempo que saca de donde no tiene, entre sus

continuos viajes y audiencias, para cumplir su cita con sus estudiantes, algo que le place no importando el sacrificio. Otro de sus rasgos característicos es sin lugar a dudas su humanidad con los desamparados, no con todos, especialmente con aquellos que conservan su integridad a pesar de los acosos. Pero sería una gran equivocación creer que por sus cualidades notables Álvaro Londoño Restrepo es dueño de un carácter simple. Su carácter es recio y sus amigos

sostienen que es un hombre de amores y desamores. Tiene una lealtad a prueba de todo con sus amigos, pero es muy difícil que acepte a quien no quiere, eso es “casi imposible”. No le gustan las conversaciones centradas en lo inútil y lo frívolo. A veces decide retirarse de las reuniones antes de que se le suelte alguna frase enérgica, pues no le cabe ser una media tinta. Nunca se mete a la cocina ni para calentar el agua, y es a otra abogada, su esposa Beatriz Arango, a quien

le toca regentar todas las faenas domésticas. Entre ambos

cosecharon una buena zafra de abogados más jóvenes, sus dos hijos y una hija, que con el modelo a mano y su propio mérito se han granjeado su concerniente prestigio en sus diferentes campos del derecho.

Álvaro

Londoño Restrepo

Reposando en un sillón de su impresionante biblioteca, rodeado del follaje del jardín verde y fragante de su casa en las afueras de Medellín, Álvaro Londoño Restrepo ojea concentrado un libro del nigeriano Chinua Achebe, mientras toma, a sorbos, una taza de café. Acheve, el gran novelista, resultaría quizás desconocido para algunos lectores, pero no por supuesto para un asiduo visitante de bibliotecas como lo es Londoño Restrepo. De Achebe ha leído todas las obras publicadas en español porque es voraz con la lectura, y cuando se enfoca en algo que lo cautiva, lo hace con profundidad y un vivo deleite. La literatura es muy importante para su vida. Por eso ama tanto el discurso de Amos Oz, La Mujer en la ventana, el mismo que pronunció el israelí cuando ganó el Premio Príncipe de

Perfil: Luz Adriana Gutiérrez Molano / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Luz Adriana Gutiérrez Molano / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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Meade, Lionel C. Robbins, Joan Robinson y Sir John R. Hicks, compañeros todos de Keynes y algunos de ellos ganadores posteriormente de premios nobel de economía. Don Alfredo, su padre, era propietario de Casa Colombia, un próspero almacén que importaba artículos para la construcción, y soñaba con que su hijo regresara para ponerse a la cabeza del negocio familiar. Pero los ideales de Édgar estaban muy lejos de los anhelos del padre. Al joven lo alentaba la idea de contribuir a la trasformación económica que urgía el país. No pasó mucho tiempo para que Hernando Agudelo Villa lo nombrara como asesor del Ministerio de Hacienda, para más tarde conformar lo que sería el departamento de Planeación Nacional. Esto ocurrió durante la administración de Alberto Lleras Camargo, cuando el chico contaba con 26 años. Tiempo más tarde fue alistado para el mismo cargo durante el mandato de Carlos Lleras Restrepo. Se trataba esta vez de preparar el Plan Decenal de Desarrollo Económico de Colombia, que sería presentado ante la Asamblea en Punta del Este dentro del espíritu de la Alianza para el Progreso, que estaba destinada a eliminar las diferencias y apoyar el crecimiento de las economías latinoamericanas. Ernesto Che Guevara estuvo presente en esa asamblea como presidente del Banco Central de Cuba y un poco con el ánimo de boicotearla, ya que la idea era promovida personalmente por el presidente Kennedy. Aparte de esta circunstancia, Édgar recuerda el magnífico impacto que le causó el Che, un hombre carismático, inteligente y buen mozo. En las noches, los delegados se reunían en tertulias a escuchar a Jorge Cafrune, a Los Fronterizos y a Atahualpa

a escuchar a Jorge Cafrune, a Los Fronterizos y a Atahualpa Yupanki. En esos momentos el

Yupanki. En esos momentos el Che desplegaba su gran magnetismo. Fue tras esa experiencia de un mes y medio entre debates y bohemia que Édgar se aficionó profundamente por el folclore sureño y desde entonces nunca ha

dejado de estudiarlo e interpretarlo, bien en la guitarra

o bien acompañado de su voz y el bombo legüero. De

su enamoramiento de la música gaucha guardó en su corazón a Juanito Laguna, un gamín que representaba las desigualdades sociales que ha inspirado el folclore sureño. Años después nombró Rincones de Juanito Laguna a la primera parcelación ha construyó en el oriente

antioqueño. Una característica sobresaliente de Édgar es su vena romántica, la que asomó con sus primeros chispazos cuando integraba un trío que dedicaba canciones de Los Panchos a las amigas que quería enamorar. Su sensibilidad se ha manifestado también en su amor increíble por la naturaleza, especialmente por los pinos que ha sembrado durante más de cuatro décadas en su afán reforestador; en su gusto por la poesía de Guillermo Ángel Montoya, José Asunción Silva y León de Greiff, de quien era primo segundo y un gran admirador de su obra; y en sus largas caminatas contemplativas emprendidas por

el paisaje bucólico del oriente antioqueño o en sus horas

sobre sukayacindígena simplemente escuchando el sonido

del agua.

Édgar

Gutiérrez Castro

Cuando terminó sus estudios en la facultad de Economía de la Universidad de Antioquia, las ciencias económicas en Colombia aún no se empapaban del fondo de las discusiones que estaban en boga en el Viejo mundo y que cristalizaron en los cambios macroeconómicos de las naciones. De esto se dio cuenta Édgar Gutiérrez cuando llegó a Londres para ingresar al London School of Economics con miras a un posgrado en Comercio Internacional. Aunque provisto de buenas calificaciones, lo rajaron por no poseer un acercamiento claro a las tendencias de la economía mundial que empezaban a ser influidas por John M. Keynes. Entonces, lo que iba a ser un año de estudios en Londres se convirtió en tres, durante los cuales tuvo la suerte de contar con profesores como James

Perfil: Luz Adriana Gutiérrez Molano / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Luz Adriana Gutiérrez Molano / Fotografía: Natalia Botero Oliver

suerte de contar con profesores como James Perfil: Luz Adriana Gutiérrez Molano / Fotografía: Natalia Botero

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suerte de contar con profesores como James Perfil: Luz Adriana Gutiérrez Molano / Fotografía: Natalia Botero

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Marta Aliria era una joven trabajadora cuando entró a Contaduría. Hizo tres semestres de esta carrera, pero poco a poco entendió que las respuestas a sus preguntas eran más afines a las humanidades, entonces se cambió a Historia. Fue popular porque, afirma, “era zamba y lo racial estaba de moda en los setenta”. Como hija beligerante de la Universidad de Antioquia, lideró discusiones sobre el rol de la mujer en la sociedad. Publicó algunas de sus ideas en Las Mujeres, el periódico de cuatro ediciones donde puso sobre la mesa su defensa del día a día. Esa que también la llevó a gritarle a alguno que otro compañero:“Dejá de manosearme”. Acerca de los hombres, aún piensa: “Todos oprimen y violan a las mujeres. El que no, trata de pulirse”. Se niega a que la califiquen de resistente, en cambio, se considera intensa, persistente y vehemente. Algunos de esos adjetivos se los debe a la pérdida de su familia cuando tenía 13 años, y a la crianza que le dio la comunidad del barrio Manrique Central, “sin tener que trabajar como sirvienta ni ser amante de nadie” —como ella misma aclara—. “En los términos contemporáneos, me hubieran definido como una joven vulnerable. Sigo siendo vulnerable.” La universidad fue un refugio para ella. Durante uno de los cierres, en el periodo del exrector Saúl Mesa, los vigilantes la perseguían cuando entraba sin autorización, pero se escabullía para hacer de la Ciudad Universitaria su “monasterio”. Sentía tan suyo aquel lugar que, cuando lo abrieron nuevamente, cortó algunas rosas del jardín contiguo al bloque 16 y las puso en la fuente como gesto de bienvenida. No recuerda exactamente cuánto tiempo fue la

de bienvenida. No recuerda exactamente cuánto tiempo fue la estudiante más antigua de la universidad, cree

estudiante más antigua de la universidad, cree que 15 años. En este periplo, además de tirar piedra y educarse, se convirtió —según ella— en la carcelera de la Sala Patrimonial, la organizó y protegió sus piezas con recelo. Bajo la asesoría de María Teresa Uribe escribió el trabajo de grado Las estrategias culturales en Antioquia, 1864-1875. Luego, como historiadora, se encargó de la recuperación del archivo histórico de Marinilla y realizó la Especialización en Sistemas de Información, en Eafit. Ahora, cuando mira hacia atrás, piensa que en el camino fue perdiendo los egos y la Historia la fue perdiendo a ella. Veintidós años después de recibir su título de pregrado, consideraquelaacademialatinoamericanadebeserescupida, que es una falsedad. Y califica su permanencia en Antioquia como“un acto de amor, a pesar de lo asquerosamente racista que es”. Hoy se confiesa entregada a la clausura en su casa de campo, donde araña la tierra mientras escucha sus cuatro turpiales y le muestra los dientes a la vida para definirse nuevamente: “Soy una mujer derrotada, sobreviviente de grandes tragedias y capaz de sonreír”.

Marta Aliria

Álvarez Tobón

“Yo soy volcánica”, se define sin vacilaciones Marta Aliria Álvarez. Dice que tiene el sol instalado en la cintura, quizá, esa es la clave para entender el vigor de sus blasfemias. Habla con el dominio de quien cree en las palabras; además, las siente, le duelen y la alegran. A veces susurra como si contara secretos. De pronto, alza la voz para afirmar:“Yo escupo sobre la Universidad de Antioquia”. “Muda, estoy muda. Conmigo pasó como con Moisés. Dijeron: ‘Bórrenla de todas las piedras’. Me sacaron todo el tiempo. Les parezco pestilencia”, comenta enfática. Sobre los hechos que la llevan a pensar esto, prefiere no entrar en detalles, basta con oír de sus labios: “No quepo. Yo no me creí el cuento de que los hijos de obreros tenemos que ser pequeños burgueses. Pobres vergonzantes es lo que son”.

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Pobres vergonzantes es lo que son”. Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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Pobres vergonzantes es lo que son”. Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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impulsó la creación del primer consejo estudiantil, un

espacio que acogió y respaldó las iniciativas de los jóvenes.

A sus 16 años, ya era reconocido en el pueblo como

“el abogado de los pobres”, título que le asignó su profesor

de física por su compromiso con las causas justas. Darío

también lideró el primer movimiento popular de Fredonia; en la ‘Marcha de las antorchas’ reunió a los habitantes del municipio para protestar en contra de los altos costos de los servicios públicos.

El teatro también ocupa un capítulo importante en la

historia de este líder comunitario. Fue guionista, actor y director de los diferentes colectivos teatrales que conformó en Fredonia y en Medellín. Con los estudiantes del liceo, creó un grupo cultural que les ofrecía a los jóvenes talleres de música, danza y poesía; además, promovió el deporte y la recreación. Arturo Henao, su hermano y su cómplice, recuerda con nostalgia esa época llena de sueños y rebeldías: “Darío fue un hombre dinámico, inteligente y espontáneo. Era amante de la naturaleza, la vida y la paz. Afortunadamente, tuve la oportunidad de compartir con él sus locuras geniales”. En el año 1974 ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde se vinculó al movimiento estudiantil. Como el teatro se le convirtió en una de sus grandes pasiones, también empezó a estudiar en la Facultad de Artes. Su paso por la universidad reafirmó su compromiso con las luchas populares y lo acercó a diferentes grupos políticos de izquierda; adhirió a la Unión Revolucionaría Socialista e hizo parte de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos.

parte de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos. Después de su graduación, en 1982, comenzó su

Después de su graduación, en 1982, comenzó su carrera profesional.AbrióunaoficinaenMedellínyotraensupueblo,

y se dedicó a defender los derechos de los trabajadores y

a denunciar los atropellos que sufría el campesinado. “Era

muy sensible y estaba dispuesto a servirles a los demás. Las personas que no tenían dinero para contratar los servicios de un abogado podían contar con su ayuda”, recuerda su hermano. Su deseo de alcanzar la justicia social coincidía con el proyecto político de la Unión Patriótica, y con esta colectividad llegó al Concejo de Fredonia. Darío asumió este cargo con la ilusión de consolidar los procesos cívicos y culturales que inició en su adolescencia. Pero su trabajo se vio interrumpido por la persecución que acabó con la vida de todos los integrantes de dicho partido. El 26 de septiembre de 1986, a sus 33 años, Darío Henao Torres fue asesinado en el centro de Medellín. En el cementerio de Fredonia, familiares y amigos despidieron al hombre que se ganó el cariño y el respeto de un pueblo. Hoy, su legado sigue vivo y sus paisanos le rinden un homenaje a su memoria.

Darío

Henao Torres

Han pasado veinticinco años desde su muerte y Fredonia

no olvida su nombre. Darío Henao Torres permanece en la memoria de los habitantes de este municipio del suroeste antioqueño. Los que conocieron a este abogado recuerdan

a un ser humano íntegro y un ciudadano intachable que

apoyó las luchas de los campesinos y le entregó su vida a

la cultura y al deporte. Sus paisanos también saben que fue

asesinado por levantar su voz en contra de las injusticias y por defender, sin titubeos, los Derechos Humanos. Fue un niño inquieto y extrovertido que creció al lado de sus padres y de sus ocho hermanos. Su vocación de servicio, su capacidad de liderazgo y su pasión por el arte sorprendieron a sus familiares, a sus amigos y a los maestros del Liceo Efe Gómez. Allí, en las aulas de esta institución,

Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Archivo familiar

Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Archivo familiar

Gómez. Allí, en las aulas de esta institución, Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Archivo

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Gómez. Allí, en las aulas de esta institución, Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Archivo

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Reside allí su mayor orgullo: el haber sido presidente de Bancolombia cuando la compañía definió los parámetros para ser el conglomerado que es hoy. Londoño es administrador de negocios de la Universidad Eafit y máster en Desarrollo Económico de la Universidad

de Glasgow, en Escocia; pero no se le olvida señalar que es

bachiller del antiguo Liceo de la Universidad de Antioquia,

que en esa institución cursó quinto y sexto de bachillerato,

y se graduó en 1964. “El liceo fue una experiencia

fundamental en mi vida, por la calidad de la educación que allí se brindaba y por la disciplina que se exigía de las personas”, dice, contundente, este paisa. Y agrega “y no porque fuera con unas normas de disciplina rigurosas, sino, todo lo contrario, porque dejaban en la responsabilidad de cada alumno el cumplir con los requisitos académicos, que eran muy altos”. Tras 39 años de carrera profesional exitosa, Jorge recuerda, también con emoción, los cursos de economía que tomó en la Universidad de Antioquia, con profesores como Absalón Machado y Hugo López. Esos detalles no los deja pasar este banquero que también es docente. Fue secretario de Hacienda de Medellín, creó entidades de finca raíz como Propiedad Ltda., y del área de valores con su firma Londoño Saldarriaga y Cía. (vendida a Suramericana y convertida en Suvalor). Fue vicepresidente financiero de Suramericana e integró juntas directivas de empresas pertenecientes al Sindicato Antioqueño. Este zar de la banca, se define —de manera muy sencilla— como un administrador profesional, capaz de movilizar equipos de trabajo hacia unos objetivos claros;

de movilizar equipos de trabajo hacia unos objetivos claros; como ejemplo de ello, fue quien en

como ejemplo de ello, fue quien en 1996 se aferró del timón del Banco Industrial de Colombia, entonces el quinto banco del país, y en el 2011 lo entregó, ya transformado en Grupo Bancolombia, como el primero de la banca nacional. Decidió irse, así, antes de que su edad de retiro se cumpliera, porque, según dice, “es muy incómodo quedarse hasta que se acabe la fiesta”. Este apasionado por la banca y la economía, hombre de palabras prudentes, inteligente y, sobre todo, comprometido con lo que hace, ahora desempeña su actividad como integrante de la junta directiva del Fondo de Calamidades, y como presidente del Fondo de Adaptación, ambos creados por el presidente Juan Manuel Santos para reconstruir el país luego de la tragedia invernal de los últimos años, que dejó cuatro millones de colombianos afectados. “Soy un administrador muy afortunado por aprender cosas nuevas; porque tuve el chance de meterme en el sector financiero, de llevar el banco al mercado internacional de capitales, y ahora de atender la mayor tragedia del país como fue la pasada ola invernal”, expresa. Así es Jorge Londoño Saldarriaga, el padre de dos mujeres y abuelo de cuatro niños; un empresario al que le gustan el deporte y la cultura; el esposo desde hace 32 años, el hombre celoso de su vida privada; el hombre que le aconseja a jóvenes cómo hacer y fortalecer empresas; el hombre que hoy se la juega para devolverles a cientos de personas un sueño.

Jorge

Londoño Saldarriaga

En su mente está intacto aquel 25 de julio de 1995. Ese día, en la Bolsa de Valores de Nueva York, en la fachada del histórico balcón griego, la protagonista era la bandera de Colombia, porque se registraba la primera empresa nacional para negociar en el mercado bursátil más importante del mundo. Y Jorge Londoño Saldarriaga, como presidente de la junta directiva del Banco Industrial de Colombia —hoy Grupo Bancolombia—, tocó la emblemática campana con la que se da inicio a las negociaciones del mercado. Más tarde, como presidente del banco volvió a ese lugar para tocar de nuevo la campana y celebrar la primera década de operaciones de Bancolombia en Wall Street. En el 2010, la entidad cumplió quince años de haber logrado lo que todo empresario sueña: “Entrar a las grandes ligas”.

Perfil: Laudyth Saumeth Ríos / Fotografía. Natalia Botero Oliver

Perfil: Laudyth Saumeth Ríos / Fotografía. Natalia Botero Oliver

empresario sueña: “Entrar a las grandes ligas”. Perfil: Laudyth Saumeth Ríos / Fotografía. Natalia Botero Oliver

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empresario sueña: “Entrar a las grandes ligas”. Perfil: Laudyth Saumeth Ríos / Fotografía. Natalia Botero Oliver

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que al término de los años 60 se consideraba como una de las mejores instituciones educativas de educación básica y media en Colombia. “Los años del Liceo Antioqueño, los mismos de mi adolescencia, son inolvidables, me marcaron como ser humano, como ciudadano y me sirvieron para elegir mi carrera”, dice con notable satisfacción. La mayor ventaja es que quien terminaba su bachillerato en el Liceo, tenía un pie en la Universidad de Antioquia, era cuestión de elegir la carrera y aprobar el examen de admisión. Así, el doctor Castro vio en la Medicina su vocación y se graduó del Alma Máter como Médico y Cirujano en 1983, y de la Especialización en Obstetricia y Ginecología en 1988. Dice que cuando joven se sorprendía con el nacimiento de un ser humano y todo lo que implicaba un parto, a pesar de no conocer nada de medicina, y tal vez por la influencia

de las series de televisión de la época, como el Doctor Kildare

series de televisión de la época, como el Doctor Kildare que nos recuerda que estamos vivos

que nos recuerda que estamos vivos y que el mundo es mucho más que lo que vemos o hacemos”, afirma. Vive orgulloso de haberse graduado y ser profesor de

la Universidad de Antioquia, y siente que le debe su vida al

Alma Máter. Con ese afecto por la institución y sintiendo un compromiso con la sociedad, decidió trabajar en el Hospital Regional de Yarumal, municipio del norte antioqueño donde se presentaba gran cantidad de casos de embarazos

extrauterinos y muertes femeninas por esta causa. Siendo especialista y a pesar de tener pocas herramientas técnicas para ejercer, prefirió aportar su conocimiento al bienestar de

la comunidad en el Norte de Antioquia.

Luis Javier Castro es sencillo, no presume de su conocimiento, en parte porque cuando trabajaba junto

a un grupo de médicos del hospital de Apartadó, murió

una paciente a quien no se le pudo detectar el problema

a pesar de los múltiples exámenes y diagnósticos. Desde

ese momento repite una frase que considera ejemplar: “El médico algunas veces cura, otras veces alivia, pero siempre debe consolar”.

Luis Javier

Castro Naranjo

Habla de su época de bachiller como el recuerdo más

o

el Doctor Quincy. Sin embargo, su interés por la Medicina y

preciado de su vida. De manera singular, entre los egresados

la

Ginecología se origina en su sensibilidad por lo humano,

del Liceo Antioqueño hay una mística que después de 24 años de clausura de su institución los hace formar filas para cantar con ímpetu el himno de la Universidad de Antioquia. El doctor Luis Javier Castro es egresado y apasionado por el Liceo. Desde 1991 es profesor de la Facultad de Medicina, fue decano de la misma en el periodo 2002-2005 y desde el 2010 es jefe del Departamento de Obstetricia y Ginecología. Hijo de una familia tradicional de Medellín, la insistencia de su madre venció la voluntad de su padre, Néstor Castro

por el servicio a favor de la vida. En su casa siempre hubo libros abiertos y una gran biblioteca que armó su padre, a quien hoy le debe el placer de ser un buen lector, de ahí que pese a su formación clínica haya construido su vida como un profesional integral que fuera de su trabajo disfruta de la literatura y no falta a las actividades artísticas y culturales de la Universidad. Afirma que es común en el gremio médico internarse en una carrera por trabajar y lucrarse para escalar socialmente, sin disfrutar

Congote, abogado célebre de la Universidad Pontificia

de lo cotidiano, del arte, de la literatura o de compartir tiempo

Bolivariana y por demás conservador, quien no estaba de

y

conocimiento. Por eso cita a Héctor Abad Gómez: “Médico

acuerdo con que sus hijos se formaran en el Liceo Antioqueño,

que sólo sabe de medicina, ni medicina sabe”. “Es una frase

Perfil: Juan Esteban Vásquez Mejía / Fotografía: David Estrada Larrañeta

Perfil: Juan Esteban Vásquez Mejía / Fotografía: David Estrada Larrañeta

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA y parecía, realmente, que estuviésemos allí. Pero lo que

y parecía, realmente, que estuviésemos allí. Pero lo que

importaba de aquellas historias no eran ni los hechos ni los lugares, sino sus personajes. Es que para entender los sucesos históricos, me decía Carlos, primero hay que conocer las características y los pormenores de sus protagonistas. Y eso es, de alguna manera, lo que vengo a hacer yo aquí. Toda su vida la ha dedicado a ser un intelectual. Desde muy joven, recién llegado de Ciénaga, Magdalena, en su época de estudiante universitario, comprendió que para generar procesos de cambio había que combinar el conocimiento científico con el social. Por eso, y a la par de sus estudios universitarios, se dedicó a aprender, por su cuenta, política, economía, filosofía e historia; todo ello influenciado profundamente por el movimiento estudiantil de aquel entonces. Allí, en ese movimiento, no solo descubrió una faceta de

su vida, la de líder y dirigente, sino que también aprendió a amar el conocimiento. Aquel conocimiento que, aunque es rebelde y es constante, también duele y desengaña, ya que entre más conoces la realidad, más pequeño te sientes, pero sabes también que a una mejor calidad de vida pues aspirar. Su vinculación a la Universidad de Antioquia, por más de catorce años, comenzó poco antes de terminar sus estudios, bajo una figura conocida como auxiliar de cátedra. Al graduarse, y cuando se formalizó como docente en la Facultad de Odontología, varios de sus colegas, quienes lo recordaban como aquel líder estudiantil que los había enfrentado, manifestaron su inconformismo e intentaron, sin éxito, separarlo de su cargo.

Como profesor, uno de sus mayores logros fue haber conseguidoqueseincorporarancienciassocialesalcurrículum de Odontología, pues estas materias se consideraban, hasta ese momento, un aditivo totalmente prescindible en la formación de los profesionales de la salud. Él mismo, y para dar ejemplo, en 1987, diez años después de haber obtenido su título de odontólogo, se graduó de la carrera de Sociología también en el Alma Máter. Esa pluralidad de saberes le ha permitido incursionar en el mundo académico desde diferentes áreas del conocimiento, pero siempre con un marcado sentido crítico y social. Prueba de ello son sus libros Medicina y sociedad (1987), Consideraciones sociohistóricas de la odontología en Colombia y en Antioquia (1991), Una historia que ha sido mal contada (2006) —acerca de Ciénaga y Santa Marta— y Memoria de una epopeya. 80 años de la huelga y masacre de las bananeras del Magdalena (2008), obra que ha sido publicada en distintos países por la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, UITA, en asocio con la CUT. También, y durante más de doce años, ha ejercido como columnista de El Informador, un periódico de Santa Marta. Allí, expone su visión sobre temas coyunturales, no solo locales, sino de alcance nacional, como la educación, una pasión que Carlos siempre ha tenido. Al respecto, Carlos explica:“Cuando he ejercido la docencia, siempre he buscado enseñar a mis estudiantes a mirar la crítica como un elemento fundamental para el conocimiento, que nos permite, además, superar los errores y poder conocer la realidad, para así actuar bien en el diario vivir”.

Carlos

Payares González

No es la verdad la que nos hará libres, es la libertad la que nos hará verdaderos.

El día en que conocí a Carlos Payares, lo esperaba sentado en una cafetería del centro de Medellín. Llegó puntual y, luego de los saludos formales, me dio una clase magistral de historia universal. Recorrimos, sin levantarnos de nuestros asientos, entre anécdotas, experiencias y análisis fugaces, episodios interesantísimos, no solo para la humanidad como tal, sino también, y especialmente, para el país. Yo solamente escuchaba. Él, con una oratoria impecable, que desde sus épocas de estudiante de Odontología, y posteriormente como líder estudiantil, le era reconocida y admirada, me situaba en el lugar exacto de los hechos

Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: Natalia Botero Oliver

me situaba en el lugar exacto de los hechos Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: Natalia

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me situaba en el lugar exacto de los hechos Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: Natalia

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vieron cinco veces. Hoy llevan 38 años de casados y acaban

de ser abuelos de mellizos. Él es Francisco Javier Ochoa y ella, Graciela Amaya de Ochoa, una de las mujeres que más sabe de educación y pedagogía en el país. Nacida en Bogotá, en una familia de cuatro hermanos, Graciela recibió una notable influencia de su madre, también educadora. “Ella transfirió a la casa toda esa vocación, esa entrega abnegada que necesita un maestro.

Y como yo era la mayor, me asignó la tarea de educar a mis hermanos más pequeños”, recuerda con una dulzura encantadora.

Se graduó como normalista y a los dieciséis años comenzó a trabajar en la Escuela Bavaria. Pasó de sus tres hermanos a educar a treinta niños de segundo de primaria,

a los que enseñó a leer y escribir con canciones y cuentos.

Motivada por aquella experiencia, se presentó a Psicología en la Universidad Nacional, y a la Universidad Javeriana para hacer la Licenciatura en Física y Matemáticas. Obtuvo una beca para hacer una maestría en Orientación y Desarrollo Educativo en la Universidad de Chile. Desde allí concertó su matrimonio por teléfono con Francisco Javier, egresado de ingeniería de la Universidad de Antioquia, quien realizaba estudios de posgrado en Nueva York. A Medellín llegó traída por el corazón. Mientras su esposo era docente de la Facultad de Ingeniería, ella cumplió su sueño de ingresar a la Universidad de Antioquia como estudiante de la maestría en Orientación y Consejería, y luego la invitaron a ser docente de Psicología. Pronto fue escalando posiciones como jefe de sección en Teoría Educativa y Psicopedagógica, jefe de Departamento

Teoría Educativa y Psicopedagógica, jefe de Departamento y decana de la Facultad de Educación. “Adoro la

y decana de la Facultad de Educación. “Adoro la universidad porque fue mi primera escuela, una escuela de pensamiento ligado a lo social”, declara. De su paso por ella, destaca la construcción del modelo de educación a distancia. “La universidad era pionera ensayando modalidades pedagógicas, materiales, etc. Empezamos a abrir ese terreno, pero no dejé la preocupación por las dificultades de la enseñanza”, dice. De igual modo, aportó las bases para generar la conexión interdisciplinaria, propiciando la integración de las diferentes facultades para aplicar mejores estrategias pedagógicas. En Medellín tuvo a sus hijos y los crió. Hasta que tras doce años en la Universidad de Antioquia regresó a Bogotá. Por su permanente preocupación por mejorar el arte de enseñar, ha trabajado en tantas universidades que no caben en los dedos de la mano; fue nombrada vicerrectora de la primera universidad a distancia del país, subdirectora académica y de fomento del Icfes, y asesora del Ministerio de Educación. Además, pertenece a la Asociación Colombiana de Pedagogía, donde sigue pensando cómo incidir en la formación de educadores. Así mismo, es asesora universitaria ante el Consejo Nacional de Acreditación y evaluadora de programas académicos. En cierta ocasión, la Casa Antioqueña en Bogotá la postuló para otorgarle la Orden del Zurriago, una distinción que se concede a antioqueños destacados en algún campo. Antes de condecorarla le preguntaron si era verdad que ella no era antioqueña. Su respuesta fue: “Yo me considero una paisa adoptada”.

Graciela

Amaya de Ochoa

Ambos están ad portas de graduarse del bachillerato, él en Medellín y ella en Bogotá. Por azares del destino se encuentran en el mismo bus para la excursión a Santa Marta: a un lado los chicos del Liceo de la Universidad de Antioquia y al otro las niñas del Colegio Departamental de La Merced. Ubicados uno frente al otro, él le pregunta:

“¿Qué es lo que te tiene tan pensativa?”, y ella le contesta que nada… “¿Nada o alguien que dejaste en Bogotá?”, replica él. Entonces ella le responde: “Uno puede estar pensando en otras cosas, como en la profundidad del mar o en la inmortalidad del cangrejo”. Esa fue la chispa, el flechazo con que Cupido los habría de unir. El mar solamente fue el preludio de ese amor, de un noviazgo que duró ocho años mantenido a pulso de cartas. Durante ese lapso solo se

Pefil: Francisco Saldarriaga Gómez / Fotografía: Archivo personal

Pefil: Francisco Saldarriaga Gómez / Fotografía: Archivo personal

a pulso de cartas. Durante ese lapso solo se Pefil: Francisco Saldarriaga Gómez / Fotografía: Archivo

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a pulso de cartas. Durante ese lapso solo se Pefil: Francisco Saldarriaga Gómez / Fotografía: Archivo

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un buen tiempo”, afirma. En San Roque, donde hizo su año rural, se encontró por hospital una casona vieja a la que le faltaban muchos recursos para atender a 12 mil habitantes: “Cuando llegábamos a un pueblo éramos todo: atendíamos partos, heridos, adultos mayores…”. Jorge, voluntario innato, emprendió una campaña para construir un hospital digno. Con el apoyo del pueblo y la Federación de Cafeteros, hizo fiestas para colectar recursos. A punta de conciertos de orquestas como Los Graduados, construyó el nuevo hospital. Ese mismo año, una empresa extranjera llegó con el proyecto de una hidroeléctrica, querían hacer el campamento de los obreros en el pueblo. Él se dedicó a concienciar a los pobladores y a políticos: “Yo me opuse con el argumento de que eso iba a dar un cambio social muy grande en contra del buen desarrollo de la comunidad, desde la salubridad hasta la seguridad”. Lo escucharon y le hicieron caso. Esa empresa lo contrató para atender los trabajadores de San Rafael. Estuvo un año, pero no soportó los reclamos que le hacían los jefes porque daba incapacidades, atendía pacientes que no eran de la empresa y le prestaba la ambulancia a quien la necesitara. Esas luchas lo desgastaban, le robaban el sueño, por eso y porque su esposa había dado a luz al primero de sus cinco hijos, regresó a Medellín, al barrio Guayabal y fundó su consultorio particular hace 28 años. Como médico de barrio conoce las familias, ha atendido a los abuelos, los hijos y los nietos. “Me siento muy privilegiado de tener mi consultorio sin la presión de una EPS. Me he preocupado

mi consultorio sin la presión de una EPS. Me he preocupado por ejercer libremente mi profesión

por ejercer libremente mi profesión porque el sistema de salud no le permite al médico ser médico. Me he preocupado por defender los médicos que Colombia necesita: médicos de familia integrales”, afirma con orgullo. Jorge es el presidente de la Asociación de Egresados de Medicina desde hace seis años. Inquieto por la actualización médica, creó las diplomaturas en Riesgo Cardiovascular, en Atención primaria y en Urgencias. “Estamos muy orgullosos, ya llevamos varias cohortes. Hemos preparado al egresado para ejercer una buena medicina ante la sociedad”, cuenta. Aprovecha los encuentros con los egresados para decirles lo que a él le enseñó su maestro: el bienestar del paciente es lo primero. Desde el balcón de su consultorio puede contemplar el vecindario donde está su casa. Todas las mañanas, antes de ir al consultorio, transporta a sus hijas al colegio, a la universidad y al trabajo. Y sale a caminar con su perro. Jorge es el médico de familia —el de confianza—, un personaje que parece más cercano a esas películas donde telefonean al doctor en mitad de la noche y este llega con un maletín de cuero negro donde lleva su kit de primeros auxilios: “Yo soy uno de esos. La vida ha sido bondadosa porque me ha permitido ser libre”. Pero esto ya se lo ha asegurado Hipócrates en la última línea de su voto: “Si observo con fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria”.

Jorge Enrique

Restrepo Gallego

No es mentira. Cuando entras al consultorio del doctor Jorge Enrique, lo primero que hace es preguntarte cómo estás; te mira a los ojos y escucha con interés cada palabra que respondes. No teclea en su computador mientras le explicas qué te duele, lo mantiene cerrado. No mira el reloj, te aclara con detalle la causa de tus dolencias y no te receta Acetaminofén. Desde su época de estudiante, se grabó el juramento hipocrático, el cual ha seguido como un precepto. Fue su maestro, el doctor González, quien le insistió en que debía ser un médico integral, defender los derechos de los pacientes y jamás doblegarse al sistema. “Él fue un gran apoyo porque yo le ayudaba en las cirugías y él me pagaba honorarios con los que me pude sostener

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: David Estrada Larrañeta

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: David Estrada Larrañeta

pagaba honorarios con los que me pude sostener Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: David

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pagaba honorarios con los que me pude sostener Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: David

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En la Universidad estudió Derecho, en los sesenta y setenta, justo después de que el cataclismo de la violencia hubiera destruido todo y las juventudes tomaran partido ideológica

y políticamente. Se declaró socialista por desconfiar de los

totalitarismos, lo que le granjeó fama de reaccionario entre los comunistas, el desprecio de los maoístas y la ojeriza de

la derecha. Fue un trance intenso de discusiones de país, de

utopía. Entendió que una protesta se disuelve a palos; una organización, no. Apoyó las protestas que minaron el poder de Pinochet en Chile y contra Videla en Argentina. Desde su oficina de abogado, despachó a algunos amigos a combatir en la revolución sandinista de Nicaragua. En el país, simpatizaba con los miembros del M-19 y aportó desde la clandestinidad a los diálogos de paz en época de Belisario Betancur. Después de que ese grupo burlara la inteligencia del Ejército, robándole todo un arsenal del Cantón Norte, Argiro fue víctima de una vehemente cacería que lo exilió por segunda vez. En esta ocasión, fue a San Pedro de Urabá, donde aceptó el trabajo de juez. Para su mala suerte, las Farc se tomaron el municipio y las autoridades no vacilaron en culparlo de la toma: “A mí, que nunca me enfilé en la guerrilla”. Para desmarcarse de las listas del Das, se exilió políticamente en el Partido Liberal. Gracias a su audacia, encontró una oportunidad para sus pretensiones de transformar el sistema. Fue en Envigado y con Jorge Mesa con quien se liaron las posibilidades y las ideas. Bastó un periodo de gobierno, como secretario, para que su municipio hiciera fama de modelo, de incluyente y visionario. Un gobierno que puso entre sus prioridades a

y visionario. Un gobierno que puso entre sus prioridades a los humanos y no el pavimento.

los humanos y no el pavimento. Justamente por oponerse

a la mole gris del metro encontró, quizá, los enemigos más

fieros. Fue rector de la Institución Universitaria de Envigado. Unos años más tarde, redactó en el recinto Quirama un proyecto de constitución federal. Aunque fue el más entusiasta en la elaboración del proyecto, no le extrañó que su nombre fuera excluido en la ponencia del congreso.

Argiro se acercaba al límite. Sufrió dos atentados. Del primero se salvó gracias a que una comunidad en la zona nororiental salió valientemente a rescatarlo: “Me escapé de los paracos”. El segundo fue horas después del sepelio de su padre: “Esta vez de mano del Ejército”. Con la misma adrenalina que esquivó las balas, fue hasta la IV Brigada a

hacer el reclamo, recuerda. “Y me iban a matar allí”. Ese día debió abandonar el país y refugiarse en Europa. Cuando llegó a Madrid era uno más de la clase obrera. Mesero, jardinero, camarero. Con una dieta de pan, gaseosa

y vitaminas, ahorró poco a poco para abrir dos años después

la primera sala de internet que se conociera en Madrid, una sala para inmigrantes. Con el tiempo logró que se le reconociera como abogado y estudió el tema del derecho electrónico. En España encontró un lugar más amable para sus sueños. Se hizo masón apasionado y abogado militante del movimiento 15M. Fabrica vinos y va por la segunda cosecha de su vid. Respecto a Colombia, sabe que mientras la pluralidad no prospere, no habrá país feliz. Y mientras no haya espacio para todos, él se declarará “el más indignado”.

Argiro Artemio

Giraldo Quintero

Argiro Tobón, temiendo por su vida, y aunque ya sobrevolaba el Atlántico rumbo a España, aprovechó el sueño de los demás pasajeros; se paró de su asiento de clase turista y le entregó a la azafata un tiquete de primera. Suponía que a esa sección no tendría acceso quien, estaba seguro, lo seguía en el avión. Luego decidió bajarse en Madrid, antes de lo previsto, para que su verdugo llegara a Barcelona, despistado. No tenía equipaje. No besó a sus hijos. No había planes. Corría 1999. Estaba proscrito. Años atrás, joven, cuando vivía en el barrio Santa Lucía de Medellín, la dictadura también lo había exiliado a puntapiés de las calles. La vida lo hizo sensible a la gente y repelente a los poderes. No tuvo más que atender su vocación. Y eso poco a poco fraguó el desenlace de su historia.

Perfil: Santiago Botero Cadavid / Fotografía: Archivo personal

Perfil: Santiago Botero Cadavid / Fotografía: Archivo personal

Y eso poco a poco fraguó el desenlace de su historia. Perfil: Santiago Botero Cadavid /

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Y eso poco a poco fraguó el desenlace de su historia. Perfil: Santiago Botero Cadavid /

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tesoro, Juan Fernando, su único hijo, y del segundo, Manuel Ignacio Murillo, un hombre excepcional para toda la vida. Se graduó de abogada en el Alma Máter en 1986 después de haber sido expulsada de la Universidad de Medellín por su activismo en el paro del 75 y a pesar de haber sacado 5 en álgebra en el Cefa, lo que le auguraba otros horizontes intelectuales. Allí aprendió de Fernando Mesa Morales, su gran maestro, que“como la libertad no se puede asir, hay que defenderla siempre”, y de Carlos Gaviria Díaz, que“la academia también puede ser un lugar propicio para la felicidad”. Comenzó su actuación en la izquierda en 1972 en el movimiento estudiantil que se gestó contra el Estatuto Docente del gobierno de Pastrana Borrero, liderado por su ministro Galán Sarmiento. En el 77, ella y compañeros de las facultades de derecho, comunicación y artes fundaron El Brochazoo, Animales de Brocha, el arte al servicio de la política, tratando de contrarrestar lo panfletario de la propaganda política. Participó en el comité de defensa de los presos políticos a finales de los 70 y principios de los 80 (cuando eso, los militares no desaparecían civiles, solo los juzgaban), y en 1985 comenzó a defender su género participando en la creación del Colectivo de Mujeres que marcharon el 25 de noviembre gritando “¡No más violencia contra las mujeres!”, en protesta por el abuso de que habían sido víctimas en un paro cívico algunas militantes de la Unión Patriótica, partido al que nunca perteneció. Desde esa época es parte del Movimiento Social de Mujeres y actualmente socia de la Unión de Ciudadanas de Colombia, organización sufragista que nació, como ella, en el 57.

, organización sufragista que nació, como ella, en el 57. Entre 1993 y 1997, trabajó defendiendo

Entre 1993 y 1997, trabajó defendiendo las comunidades indígenas con Eulalia Yagarí y la Organización Indígena de Antioquia. Allí aprendió la importancia de las acciones afirmativas y los grandes retos y valores que entraña la diferencia. No pudo escapar a su destino, desde el 97 se ocupa a fondo de investigar, estudiar y reelaborar todo lo concerniente a la legislación especializada sobre mujeres. Desde entonces, las acompaña en sus batallas contra la segregación, el abuso y la violencia, les dicta charlas, las capacita y las organiza. Con ese accionar se ha logrado que la protección de los derechos de las mujeres haga parte de las políticas públicas de Medellín y varios municipios del Departamento de Antioquia. Jesús María Valle Jaramillo fue un ejemplo a seguir: “No hay que aspirar a ningún reconocimiento, hay que cumplir con el deber y por el deber mismo”. Convencida de ello, lo acompañó en la conformación de la Liga de Usuarios de Empresas Públicas de Medellín y en la Acción Popular Independiente (API), previo a la Constitución del 91 de donde surgieron importantes propuestas en derechos humanos. Patricia quisiera eternizarse en la bella frase que perpetúa a su amigo mártir: “Aquí estamos y estaremos siempre, en el fragor de la lucha y en la quietud de la muerte”.

Patricia

Martínez Cifuentes

Nació el 8 de abril de 1957, a pesar de que su padre ateo y

su madre liberal hicieron todo lo posible para que naciera el 9.

El hecho de que ese mismo año las mujeres hubieran votado

por primera vez en Colombia, parece haberla predestinado a ser una convencida defensora de los derechos de la mujer. En su casa siempre se habló de política y, como cosa “extraña”, desde su infancia escuchó hablar bien de Fidel Castro y del Che Guevara, lo que le enseñó a entender que se podía

pensar y ser diferente. De su padre aprendió que es más importante dar que recibir, de su madre (intuitiva feminista), que“una no se puede casar para respirar por la nariz del marido”, y de ambos, a no ser incondicional de nada ni de nadie; también le regalaron

a Diana, su hermana. De su primer matrimonio le quedó un

Perfil: José Ricardo Mejía Jaramillo / Fotografía: Juan Fernando Chinchilla Martínez

Perfil: José Ricardo Mejía Jaramillo / Fotografía: Juan Fernando Chinchilla Martínez

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que complacía al papá, le sacó una fotocopia y lo envió a su ciudad natal. En el segundo, que entregó en las taquillas de la universidad, aspiraba ingresar a economía. Conoció la librería Nueva Cultura, repleta de literatura prosoviética y comunista. Fue buen terreno para fecundar sus ideas y para formarse un carácter bien documentado. Carácter que se desenvolvió estelarmente en la Universidad de Antioquia de los 70. De estudiante de economía supo arreglárselas como un extraordinario político. Donde encontrara un ladrillo mal puesto se paraba y sermoneaba la doctrina con tenor tropical. Desde el primer semestre fue representante estudiantil y recorrió todos los consejos con los que se topó. Así, el costeño en poco tiempo representaba a sus compañeros en el Consejo Superior. Con los dientes que le dio el respaldo de la izquierda se estableció el “cogobierno” y bien pudo devolverle las atenciones a la curia. Desde ese entonces, ni la Iglesia ni los empresarios tuvieron partido en las decisiones que regían la institución educativa. Antes de terminar la carrera, a sus 22 años había conseguido una curul en el Concejo de la ciudad de Medellín, en el que hacía parte de una magra oposición de dos ediles de izquierda contra el resto. En el 75, Amilkar era profesor de finanzas públicas en la Facultad de Economía. Militaba en el Moir. Un buen día tomó la decisión de “descalzarse”, tradición cultivada por los intelectuales chinos que repelían la somnolencia de los pensadores y los animaba a dispersarse como apóstoles entre los obreros y los campesinos. Él regresó a Riohacha. Lejos de la metrópoli ideológica, ganó una curul como

Lejos de la metrópoli ideológica, ganó una curul como representante procomunista a la asamblea de diputados

representante procomunista a la asamblea de diputados de la Guajira, y con dolor vio que Tribuna Roja, periódico

del movimiento, no lo contaba entre sus triunfos electorales

y sintió que lo habían olvidado. Nunca más aceptó la

filiación y se declaró independiente. En el 86 se vinculó a

la gobernación departamental y, tras dos o tres azares, fue

nombrado presidente de la Empresa Colombiana de Gas. La energía es otra de sus pasiones, y recuerda que en el centro de estudios del carbón en la Universidad Nacional su madrina, que trabajaba allí, le permitía fotocopiar los textos para estudiar el asunto. En plena bonanza marimbera, reconocía que la riqueza de su región no estaba en el contrabando, sino en el suelo que pisaban. Se versó tanto en el tema que cuando Samper le ofreció ocupar el cargo de Viceministro de Minas, aceptó; aunque el puesto le

exigiese afiliarse al partido liberal. A la fecha, ha publicado 30 libros sobre la energía y la minería. Lo que siguió después es sabido. Amilkar, como senador de la República, gestionó los proyectos sobre biocombustibles. Se sumergió en las entrañas del partido liberal hasta el punto de hacerse orgánico. Hace parte de

la junta directiva de Ecopetrol y de la junta de la Federación

Nacional de Biocombustibles. A Medellín viaja con frecuencia

y en la última oportunidad que tuvo de pasar por la

Universidad de Antioquia sacó su carné de egresado.

Amílkar

Acosta Medina

En cuarto de bachillerato los curas capuchinos de Riohacha no aguantaban más a Amílkar Acosta. Lo expulsaron a pesar de que su papá era más que godo, dirigente godo de la ciudad. El muchacho mostraba interés por textos non santos como El capital y Salario, precio y ganancia; y mostraba agallas para poner todo patas arriba. Al siguiente año, su papá lo envió para una ciudad goda. En Medellín lo podía recibir doña Regina Restrepo, que oficiaba como Secretaria de Educación de un gobierno godo, eminentemente. Allí terminó bachillerato. Cuando quiso ingresar a la Universidad de Antioquia, tenía una instrucción clara desde Riohacha: estudiar medicina. Amilkar, de sangre rebelde, compró dos formularios de admisión: al primero, con el

Perfil: Santiago Botero Cadavid / Fotografía: Archivo personal

Perfil: Santiago Botero Cadavid / Fotografía: Archivo personal

dos formularios de admisión: al primero, con el Perfil: Santiago Botero Cadavid / Fotografía: Archivo personal

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dos formularios de admisión: al primero, con el Perfil: Santiago Botero Cadavid / Fotografía: Archivo personal

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pasión por emprender. Al emprendimiento no llegó por causalidad. Desde muy joven, y alternando su formación como ingeniero industrial en la Universidad de Antioquia, de donde se graduaría en 1982, tuvo unos cuantos negocios, en ferretería y construcción, que a pesar de que no lo hicieron rico, sí le permitieron darse una forma de vida interesante. Sin embargo, un tiempo después, con 37 años cumplidos, sentía que en su vida se formaba un vacío. Si bien tenía su familia y sus negocios, dos de las variables fundamentales para ser feliz, había descuidado la tercera, aprender, y esto estaba, incluso, a punto de frustrarlo por completo. Capítulo dos Aunque en su generación no se acostumbraba volver a estudiar luego de haber obtenido un pregrado, el protagonista de esta historia decidió, entonces, regresar a la Universidad. Allí, en 1993, realizó una especialización en finanzas, evaluación y formulación de proyectos. Ahora sí, todo en su vida, con las tres variables equilibradas, estaba de nuevo en orden. Bueno, casi todo. El haber vuelto a la universidad generó en él no únicamente un cambio en sus rutinas laborales y académicas, sino también un nuevo enfoque y una manera diferente de ver la vida. Allí presenció cómo a los jóvenes recién egresados por cualquier razón se les cerraban las oportunidades laborales, y entonces, viendo tal situación, y buscando la manera de contribuir, pensó: “Yo no tengo plata para aportarles, tampoco puedo cambiar las leyes de este país, pero lo que sí puedo hacer es renovar su espíritu y el espíritu se renueva es con emprendimiento”. Capítulo tres Convencido de que emprender genera armonía entre felicidad, dignidad, estabilidad económica y por supuesto

felicidad, dignidad, estabilidad económica y por supuesto satisfacción personal, se dedicó a promover ese verbo

satisfacción personal, se dedicó a promover ese verbo entre

la juventud. Su modelo de emprendimiento, que planteó hace más de diecinueve años, estaba enfocado en emprender a partir del aprendizaje, de cómo el conocimiento se podía convertir en resultados. Y hablando de resultados, su convicción por emprender no solo consistió en divulgar dicha manera de vivir,

sino que, además, diseñó en 1996, con el apoyo de Proantioquia

y diferentes universidades de Medellín, la ‘Incubadora de

empresas de base tecnológica de Antioquia’, cuyo modelo

de trabajo se ha replicado con relativo éxito por todo el país y hoy, casi dos décadas después, son estas empresas, las de base tecnológica, las que dominan el escenario de los negocios internacionales. Epílogo Hoy, aquel hombre que comprendió que enseñar a emprender era una manera de construir país, y después de ocupar una serie de cargos públicos, en pro del conocimiento

y el emprendimiento entre los jóvenes, está dedicado a

trabajar en un proyecto productivo para las personas a las que les restituyen tierras, a asesorar entidades sobre educación e innovación y a liderar la fundación de una institución educativa para ingenieros. “Hoy en día soy un convencido de que el trabajo dio resultado y que generó otra serie de iniciativas en el país que hoy les permiten a los jóvenes tener nuevas y mejores instancias para abrirse caminos. Porque al final el valor que le resuelve el problema a esta juventud se llama emprendimiento, que no es más que, con lo que se sabe, generar oportunidades para conquistar mercados.”

Darío

Montoya Mejía

Para tener una vida plena es necesario lograr un perfecto equilibrio entre tres variables: emprender, tener una familia y aprender. Es extremadamente satisfactorio cuando uno, a partir de lo que sabe, puede conquistar un mercado y hacer dinero. Pero para esto no es necesario tumbar a nadie, ni mucho menos valerse de artilugios baratos para conseguirlo. Basta, solamente, con trazarse un objetivo claro y encaminarse, además, por la senda del aprendizaje continuo. Capítulo uno Esta historia comienza con un hombre al que la vida le dio mucho. Y no me refiero solo a lo material, estoy hablando de algo más: de ambición, por ejemplo, para trazarse metas y propósitos; de inteligencia para conquistarlos; y de conciencia social para compartir, quizá, el mayor regalo otorgado: la

Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

quizá, el mayor regalo otorgado: la Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

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quizá, el mayor regalo otorgado: la Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

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primer libro que ella me leyó fue La Cenicienta. Papá había muerto y mamá trataba de comprarnos libritos. Ella tenía El Quijote como un recuerdo del esposo. Cualquier día sin más para leer, lo cogí, sólo entendía que iba un señor en burro y otro a caballo”. Ya en el bachillerato, pedía libros prestados al profesor, porque para Reina leer es tan vital como comer. Esas lecturas moldearon su destino. Soñaba con estudiar Filosofía y Letras. Luego Bacteriología. Sus estudios de bibliotecóloga fueron un “accidente favorable”: alguien le hizo caer en la cuenta de que lo suyo eran las letras. En 1983, se graduó en la Escuela Interamericana de Bibliotecología.“La Universidad de Antioquia me invitó a pensar que la bibliotecóloga no es una viejita soplándoles el polvo a los libros, sino quien pone el conocimiento de estos al servicio de la comunidad”. Y gracias a pensar en ese servicio social, 26 años después de egresar del Alma Máter, sería premiada como Bibliotecaria Distinguida del Caribe, por el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, y como Bibliotecaria Distinguida, por la Rectoría de la Universidad de Antioquia en el 2009. El camino, sin embargo, no sería una página fácil de escribir. Por “otro accidente”, debido a las dificultades laborales de la ciudad, en 1986 se fue a Cartagena y allí ganó reconocimiento. Trabajó en bibliotecas escolares y universitarias, también en centros de documentación. Sin embargo, con la Agencia de Cooperación Española logró sus mejores frutos. Escucharla, mientras se toma sus cafés cerreros, es un recorrido por otra Cartagena: no la“city de postal”con hoteles de lujo. Reina llegó con sus Libros a las escuelas, sus Mochilas

Reina llegó con sus Libros a las escuelas, sus Mochilas viajeras y sus Bibliotecas rodantes a

viajeras y sus Bibliotecas rodantes a las zonas marginales; hay allí una clase completa de geografía. Hasta Puente Honda, Puerto Rey, Manzanillo del Mar, Arroyo de Piedra, Pontezuela, Arroyo Hondo, Púa y Las Canoas, fue a llevarles diversión y conocimiento a personas que nunca antes tuvieron contacto con un libro. O con los sueños, como diría ella. “Fue satisfactorio llegar a zonas en que las ‘escuelas’ eran chozas adonde los niños caminaban horas para llegar”. Valga decir que además les escribía. Reina es coautora de los libros de cuentos Érase una vez, cuentos desde el Caribe y Érase una vez… Sueños desde el Caribe. Está en Medellín, ciudad que se llenó de grandes bibliotecas, pero a ratos la traiciona esa nostalgia de sus caminatas a las veredas: “En las bibliotecas grandes hay de todo, pero son impersonales. Para leer, son mejores las pequeñas; me encantan por el contacto con la gente. Además, prefiero leer en una manga”. Reina es y se sabe plena de energía. La misma que quiere gastar en cuentos para niños.“No soy escritora, pero me gusta plasmar emociones: tengo años de adulta pero también de niña, y los niños ven un mundo muy lindo”, explica. Escritora que quiere ser, dice que escribiría una autobiografía titulada Historias de una biblioteloca: “Es que sueño tanto que creo que estoy loca: pero mi locura entendida como buenas experiencias entre libros”. La última frase está lejana…

Reina Virginia

Arboleda Tamayo

El momento aún lo tiene presente. Ocurrió en la vereda Púa del corregimiento Arroyo Grande: un chiquillo de seis años se acercó a ella y le tocó la pierna: ”Seño… seño, ¿esto es para mí?”, el chico agarraba con fuerza unos libros que ella había llevado para leerles. “No, niño, son para todos”, le decía mientras intentaba quitárselos. El niño se puso a llorar y entonces ella se los regaló. “Eso me marcó y a la vez me dio la pauta: a los niños les interesaba por lo material, pero había que enseñarles que los libros son para compartir”, admite, veinte años después, la bibliotecóloga Reina Arboleda Tamayo. Reina nació en Buriticá, pero las mejores páginas de su infancia están en Amagá. Su madre era maestra rural. “El

Perfil: Guillermo Zuluaga Ceballos / Fotografía: Julián Roldán Alzate

Perfil: Guillermo Zuluaga Ceballos / Fotografía: Julián Roldán Alzate

en Amagá. Su madre era maestra rural. “El Perfil: Guillermo Zuluaga Ceballos / Fotografía: Julián Roldán

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en Amagá. Su madre era maestra rural. “El Perfil: Guillermo Zuluaga Ceballos / Fotografía: Julián Roldán

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El Meridiano de Córdoba, donde ya había estado a finales de los noventa. Regresó a Colombia por achaques de nostalgia,

razones muy distintas al hastío por la violencia que lo hicieron viajar a España diez años atrás. “Me fui del país, entre otras cosas, porque no me gustó la autocensura que teníamos los periodistas, por los intereses económicos y políticos de los medios”, afirma Pedro Nel, a quien lo que más le dolió, al momento de partir, fue dejar a su hijo.“Ya que estoy de nuevo en Colombia, veo que la situación es la misma, pero al menos estoy cerca de los míos”, puntualiza con humor. Pedro Nel hoy tiene 56 años, una mirada calculadora y un humor trágico. Dicen quienes lo conocieron hace unos quince años que ahora tiene un carácter calmado, en contraste con el perfil de regidor que siempre lo caracterizó. Lo que sí no ha cambiado es su manía por la lectura y su incontenible deseo de crear tertulias literarias, ya que su memoria guarda una enciclopédica lista de escritores de todos los tiempos. En ocasiones, cuando cree estar solo, canta cortas estrofas de boleros sobre amores fugaces. “Nuestro folclor simple y profundo, eso también me hacía falta de Colombia”, dice. Extraña sus días de reportero raso, sobre todo cuando trabajaba para El Mundo, y Darío Arizmendi lo tenía como su cronista de cabecera y lo enviaba a cubrir todo tipo de acontecimientos a lo largo del país: que Armero, que la visita

del Papa, que una masacre en Magdalena

“En ese tiempo se

juntaron dos cosas maravillosas: viajar y escribir. Lo que más me gustaba era redactar crónica roja”, afirma Pedro Nel. En aquellos años de periodista, exploró todas las posibilidades que brinda el reportaje y adoptó su lenguaje directo. De esta experiencia, quedó un libro de crónicas que

De esta experiencia, quedó un libro de crónicas que bellamente tituló Días de fuego. Fuera de

bellamente tituló Días de fuego. Fuera de El Mundo, Pedro Nel fue el director regional de El Tiempo, a finales de los ochenta, para Antioquia, Córdoba y Chocó, y estuvo en La Hoja como jefe de redacción. En 1984, ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, y posteriormente fue finalista del Premio CPB. El escritor y periodista Daniel Samper Pizano incluyó uno de sus textos en Antología de grandes crónicas colombianas. Cualquiera creería que Pedro Nel vive su ocaso por estar ahora en un medio pequeño, en comparación con otros diarios en los que incluso ayudó a fundar departamentos de investigación. Tiene en mente recopilar sus reportajes que fueron portadas en Latino y otros periódicos, y ya tiene a mitad de camino varios libros, entre ellos una autobiografía con su experiencia como inmigrante. No descarta volver a España. Cuando se le pregunta por la Universidad de Antioquia, donde se graduó de Comunicación Social - Periodismo, dice sentirse orgulloso de ella, porque en aquellas aulas finalmente forjó su sueño y conoció a personas que le enseñaron lo más importante: el amor por el periodismo.

Pedro Nel

Valencia Alzate

Según él, lo que hace a un buen cronista es su instinto aventurero mezclado con una generosa dosis de amor por las letras. Con estas ideas, hasta hace un par de años, fue editor en España de un periódico para latinos que llegó a tener 430 mil lectores. El nombre del semanario era Latino, y ocupó el puesto quince entre los periódicos más leídos de la península Ibérica. Esta fue una realidad que a Pedro Nel Valencia no se le pasó por la mente cuando arribó a España a finales del 2001, para vivir como inmigrante. Allí estuvo diez años, cuatro de ellos indocumentado, trabajando a veces como portero, a veces como cronista. Hoy no está en Madrid. Ni en el El Peñol, el pueblo “roñoso” donde nació y a donde, seguramente, volverá. Se encuentra en la calurosa Montería, como jefe de redacción de

Perfil: Pompilio Peña Montoya / Fotografía: Archivo personal

Perfil: Pompilio Peña Montoya / Fotografía: Archivo personal

en la calurosa Montería, como jefe de redacción de Perfil: Pompilio Peña Montoya / Fotografía: Archivo

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en la calurosa Montería, como jefe de redacción de Perfil: Pompilio Peña Montoya / Fotografía: Archivo

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de Bibliotecología. Su propuesta consistía en el montaje de un programa de estudio alrededor de tres aspectos:

la investigación sobre la relación entre bibliotecología y cultura escrita, la formación de promotores de lectura, y el fortalecimiento de la biblioteca pública. La naturalidad de su interés por aquellos temas tiene que ver con sus orígenes. Desde los 14 años participó en grupos juveniles de la zona nororiental de Medellín. Pronto entendió que trazaría su camino en la ruta de la acción social, y aunque el entorno estaba marcado por el pensamiento de izquierda, la profunda convicción de que no es necesario entregar la libertad para recibir felicidad hizo que desconfiara del comunismo. La seducción que ejercían sobre él la filosofía y la sociología en aquella época, aún surte efecto. Pero ahora tiene claro desde qué perspectiva se aproxima a ellas. “Con la distancia que me corresponde porque creo de corazón que la filosofía no es intelecto, es un estado de comprensión. Pretendo ser muy clásico debido a que la Modernidad tergiversó de una manera terrible la filosofía, la volvió puro malabarismo intelectual, y eso no es. Es que la vida no se piensa, se vive, y la vida se resuelve en el hecho”, comenta. Ahora que mira atrás, considera que de alguna manera estudió filosofía y sociología sin perder de vista el trabajo con la gente. Se hizo especialista en Pedagogía Social en la Fundación Universitaria Luis Amigó, y luego estudió la Maestría en Ciencia Política en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. “Al fin y al cabo cumplí mis propósitos porque estudié filosofía política y problemas sociales desde el enfoque de juventud”, explica satisfecho.

desde el enfoque de juventud”, explica satisfecho. De las lecturas universitarias de Mijailov, Bakunin y Freire

De las lecturas universitarias de Mijailov, Bakunin y Freire conserva el anhelo de transformar vidas. Por eso procura ser esperanzador en el ejercicio de la docencia y, como dice, “facilitar la comprensión de que es posible resolver las propias paradojas”. Didier acompaña a los estudiantes cuando acuden a confiarle sus encrucijadas, les presta atención y les ayuda a entender diferentes opciones. Pero se cuida de sugerirles qué hacer porque considera que su papel es ayudarles a formar un criterio basado en la autonomía. Eso sí, los impulsa a actuar, no quiere para ellos las cargas que trae la frustración. Debido a su actitud, algunos estudiantes han desarrollado por él un cariño casi filial. Sin embargo, no pierde de vista que su rol frente a ellos es el de educador. Sereno y claro en el establecimiento de límites, entusiasta hasta contagiar su amor por la bibliotecología, con una capacidad de escucha guiada por la idea de que la relación con los otros lleva al encuentro con uno mismo, así se puede percibir a este profesor que fantasea con la posibilidad de terminar su vida laboral en una biblioteca, interesando a más niños y jóvenes en la lectura, como ocurrió con la pequeña que aún despierta su curiosidad.

Didier

Álvarez Zapata

Una curiosidad efímera surge cada vez que Didier Álvarez recuerda sus episodios laborales más gratos. Quisiera conocer la suerte de la pequeña que acudía a las ocho de la mañana a la biblioteca de La Floresta, le daba un beso y le preguntaba qué iba a leerle. Él sabe que las recompensas de su profesión se relacionan con los instantes en que comparte las posibilidades que brinda una biblioteca. Allí, de la mano de niños y jóvenes, hace 25 años empezó a explorar la animación a la lectura. Como le suele ocurrir con sus grandes pasiones, se entregó a ella con total curiosidad hasta convertirse en uno de los referentes obligados sobre la materia. Su entusiasmo se afianzó con la dedicación y la experiencia que lo llevaron a concursar, en el 2000, por la plaza docente que hoy ocupa en la Escuela Interamericana

Perfil: Francisco Saldarriaga Gómez/ Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

Perfil: Francisco Saldarriaga Gómez/ Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

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Graduado del Marco Fidel Suárez, decidió estudiar

Educación Preescolar. Se presentó al Tecnológico de Antioquia, un instituto en su mayoría femenino, y lo rechazaron inicialmente por ser hombre. Pero él enfrentó el prejuicio con sus esperanzas y le dijeron que sí, aunque sus compañeras lo creyeron gay. Para pagarse la universidad, trabajó como instructor de natación en la Liga Departamental de Antioquia, aunque no era un nadador excelente. En 1986, empezó a estudiar Psicología en la Universidad de Antioquia. A Natación Integral, donde trabajó varios años, llegaba un grupo de niños en situación de discapacidad severa pertenecientes a Renacer. Juan David se ofreció como voluntario y entendió que la comunicación no se reduce a las palabras. En aquellos niños nacía su vocación. Retornó a su historia familiar, descubrió que su casa —quince hermanos, dos de ellos con discapacidad, y la madre viuda— era su verdadera escuela de pluralidad: “Mi maestra fue mi madre, me enseñó la dignidad en la escasez, fue una mujer de la voluntad y de la disciplina, del trabajo incansable. Pero también me enseñó a indignarme frente a la injusticia”. Dignidad. Que no los traten como seres de la beneficencia

ni como héroes. La familia debe acabar con el prejuicio de la

discapacidad como desgracia, sostiene, y agrega: “Hay que

empezar a ver, no al niño con síndrome de Down, sino a Andrés que tiene ganas de vivir, ser independiente, aprender

y enamorarse”. Juan David hizo sus prácticas en el Centro

de Servicios Pedagógicos de la Universidad de Antioquia,

y luego trabajó en el Comité de Rehabilitación; allí, viajó a cien municipios de Antioquia para atender población con discapacidad.

de Antioquia para atender población con discapacidad. Durante tres años fue coordinador de los procesos de

Durante tres años fue coordinador de los procesos de integración escolar en la Unidad de Atención Integral de Rionegro. Además, cursaba la especialización en Niños, con énfasis en Psicoanálisis, en la Universidad de Antioquia. En el 2002, Juan David y varios compañeros crearon la Fundación Diversidad y Educación. En su experiencia se ha encontrado con la historia repetida de la inclusión como un asunto exclusivo del sujeto que tiene la discapacidad:“Es un error, hay que apoyar al sujeto y hay que transformar el contexto. Qué me gano con darle apoyo a un niño que tenga restricción en la movilidad si en el salón hay escalas, pero además hay otras barreras como la actitud del profe, cuando este dice: ‘Es que yo no soy capaz de enseñarle a este niño’”. “Yo aspiro a que un estudiante que lea en braille no sea extraordinario. Hay que borrarse de la cabeza el asunto de conmiseración por el otro; esto también es una forma de segregación”, enfatiza. Cambiar este paradigma es la misión que ha asumido Juan David desde la enseñanza, como profesor y coordinador de prácticas en el pregrado de Educación Especial de su Alma Máter, y como miembro del Comité de Inclusión de la universidad. Fraccionar la humanidad tampoco le gusta. Por eso, en cada viaje abraza los paisajes, intentando aprehender el mundo. Lo hace desde niño, cuando aprovechaba la ausencia de Luz Marina, su profesora de preescolar, para montarse en la ventana. Entonces, Juan David estiraba sus brazos, los imaginaba alas de plumas duras, se lanzaba —volaba—, y aterrizaba en el patio de la guardería.

Juan David

Lopera Lopera

Extendió sus brazos y se confesó con lágrimas ante la pintura de trazos gruesos, rectos y furiosos, Las manos de protesta. Fue en Ecuador, en la Capilla del Hombre, lugar sagrado en el que Guayasamín dejó su herencia, evocó Juan David al tomar de su escritorio una postal de la obra. “Uno mira Latinoamérica y ve por todas partes la desigualdad y la acumulación de la riqueza en ciertos sectores, y la poca inversión que hay en lo social y en lo educativo; eso nos muestra que el reto de la inclusión educativa es un sueño por cumplir”, dice. Él,“pata de perro y corazón de vagabundo”, confiesa que trabaja para poder viajar; su labor como pedagogo y psicólogo le ha permitido rodar por Suramérica, pero hay un retorno constante que no abandona.

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Natalia Botero Oliver

pero hay un retorno constante que no abandona. Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Natalia

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pero hay un retorno constante que no abandona. Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Natalia

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después de su graduación, en 1970, emprendió una lucha

larga e incansable por conseguir el desarrollo educativo

y

cultural del país. La primera tarea que le encomendó

la

Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia fue la

dirección del Liceo Manuel José Sierra del municipio de Girardota. También fue profesor de filosofía, apreciación artística y literatura en otras instituciones del departamento. Esta experiencia lo acercó más a su vocación y le reveló que su labor como educador es “guiar a los estudiantes para que elaboren, descubran y cultiven el sentido de sus vidas”.

Perosentíaquefaltabauningredienteparacomplementar su formación académica y su carrera profesional. Fue entonces cuando ingresó a la Universidad de Antioquia para estudiar comunicación social y periodismo. Llegó en 1973, una época convulsionada que trajo transformaciones ideológicas y tecnológicas al Alma Máter; allí, encontró nuevos espacios para pensar y resolver sus preguntas. En medio de esas discusiones que retaron su inteligencia, surgió un proyecto que años más tarde se convirtió en el primer canal regional de la televisión colombiana; Gabriel Jaime fue uno de los promotores que hicieron posible la creación de Teleantioquia. Su deseo de movilizar ideas en el mundo de la educación

y la cultura lo llevó a continuar con sus estudios. En la Universidad Católica de Chile se especializó en planeamiento educativo y con el apoyo del gobierno francés estudió pedagogía y programas de formación para maestros y gestión cultural; además, viajó a Israel para capacitarse en educación parvularia. Esta amplia experiencia le ha permitido participar en la formulación de políticas públicas

participar en la formulación de políticas públicas y en la elaboración de planes regionales y nacionales

y en la elaboración de planes regionales y nacionales de

desarrollo educativo y cultural; además, sus conocimientos

han quedado plasmados en diferentes publicaciones y tiene una amplia colección de distinciones y condecoraciones que

le han sido otorgadas por su destacada labor.

Durante los 23 años que trabajó en la Gobernación de Antioquia, logró demostrar que “no es posible alcanzar un refinamiento cultural del ser humano si no existe un

sistema educativo cualificado”. Con esta convicción, llegó a Comfenalco en 1994; en esta caja de compensación diseñó

la Dirección de Educación, Cultura y Bibliotecas. Actualmente, es el gerente del programa Gestión del Conocimiento, una iniciativa que fortalece el sector productivo y ofrece oportunidades de desarrollo para las empresas y los trabajadores afiliados a esta institución. A sus 65 años, asegura que pensar con plena autonomía

ha sido su mayor conquista personal y su única forma de ser

y estar en el mundo. Esa pasión que siente por lo que hace

le recuerda todos los días lo que le prometió a su padre cuando era un adolescente; las palabras que don Alfonso Arango pronunció delante de sus hijos están grabadas en su memoria: “Prométanme que siempre van a hacer por los demás lo mejor que les haya sucedido en sus vidas”. Y para Gabriel Jaime no existe nada mejor que trabajar en pro de la libertad, la educación y la cultura.

Gabriel Jaime

Arango Velásquez

En la memoria de Gabriel Jaime Arango permanece intacto el día que entró a la escuela de Valparaíso. Cuando juntó las primeras letras y trazó en su cuaderno algunas palabras, llegó a su casa y con orgullo dijo que ya sabía leer y escribir. Su padre le pidió que deletreara un texto que estaba pegado detrás de la puerta de la sala y con paciencia le ayudó a ejercitarse en la lectura. Con el paso de los días, descubrió el sentido de las frases que estaban escritas en el afiche y se dejó seducir por el mensaje que transmitían; después de repasar varias veces la declaración de los Derechos Humanos, decidió que quería estudiar los fenómenos sociales, preguntar el porqué de las cosas y pensar. Cuando terminó el bachillerato, empezó a estudiar filosofía y letras en la Universidad Pontificia Bolivariana, y

Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Julián Roldán Alzate

Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Julián Roldán Alzate

en la Universidad Pontificia Bolivariana, y Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Julián Roldán Alzate

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en la Universidad Pontificia Bolivariana, y Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Julián Roldán Alzate

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Después de su graduación, en 1983, visitó varias

empresas y repartió varias hojas de vida sin obtener ningún resultado. Por recomendación de Jaime Sierra, uno de sus profesores, se presentó a una convocatoria para trabajar en

la Oficina de Planeación Departamental; allí, Jorge Alberto

Jaramillo Pérez descubrió que su terquedad lo llevaría más lejos de lo que alguna vez se imaginó. A ese ingeniero joven y sin mucha experiencia se le ocurrió una “idea descabellada” que se transformó en una alternativa para los municipios pequeños que no sabían cómo manejar las basuras. Diseñó y acompañó

la construcción del relleno sanitario manual El Chagual,

en Marinilla, una obra que causó impacto y se replicó en diferentes países de América Latina. Este proyecto impulsó su carrera profesional y lo convirtió en un experto en el

tratamiento de residuos sólidos; su opinión era consultada por diferentes entidades públicas y sus conocimientos llegaron a diferentes seminarios internacionales. Esta experiencia borró de su vocabulario la palabra imposible:

“Alguien me dijo: ‘No se meta con eso que se quema y pierde credibilidad’. Pero yo soy medio testarudo y cuando

se me mete algo en cabeza trato de sacarlo”. Después de ocho años de viajes, conferencias y consultorías, Jorge regresó a su Alma Máter. En el año 1992, se vinculó como profesor de tiempo completo al Departamento de Ingeniería Sanitaria. Además de dictar

clases, se propuso crear, en compañía de uno de sus colegas,

el primer seminario y feria internacional de residuos sólidos

y peligrosos. Esta iniciativa llamó la atención de Clara Inés Mejía, que para ese momento era la directora de la

Inés Mejía, que para ese momento era la directora de la Vicerrectoría de Extensión; ella vio

Vicerrectoría de Extensión; ella vio en él la persona indicada para restablecer los lazos entre los empresarios y los jóvenes investigadores. El obstinado ingeniero sanitario aceptó el reto y con la ayuda de un grupo de profesores estructuró el Programa Gestión Tecnológica. Desde el año 2002, comenzó a liderar este proyecto y a buscar estrategias que activaran una mentalidad creativa y competitiva en la comunidad universitaria. Las reuniones del Comité Universidad Empresa Estado, la creación del Parque del Emprendimiento y el apoyo a empresas que surgen de la investigación son algunos de los hitos que han marcado la historia de este proceso que llena de orgullo a este hombre que está acostumbrado a correr riesgos: “Me siento muy contento porque hemos contribuido a la construcción de una universidad moderna que pone su conocimiento al servicio de la sociedad”. Después de hacer un recorrido rápido por su carrera profesional, concluye que ha llegado mucho más lejos de lo que alguna vez soñó. Aunque ya se puede jubilar, siente que todavía le queda mucho por entregarle a la universidad, esa institución que se convirtió en su razón de ser y en su fuente de inspiración. En ese camino lleno de satisfacciones, también está presente su familia; su esposa, sus dos hijos y su mamá son los grandes amores de su vida.

Jorge Alberto

Jaramillo Pérez

Creció en el barrio Buenos Aires de Medellín al lado de sus padres y de sus dos hermanos menores. Desde que entró a la escuela sabía que quería pisar las aulas de una universidad. Los consejos de su madre resonaban en su cabeza y lo animaban a pensar en un futuro colmado de satisfacciones personales y profesionales: “Mijo, estudie bastante porque el estudio es lo único que le queda en la vida”. En el año 1974 ingresó a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Antioquia. El camino que tenía que recorrer para convertirse en un ingeniero sanitario era largo y lleno de tropiezos. Para poder continuar con su carrera, trabajó medio tiempo en una fábrica, vendió camisetas y dictó clases particulares de matemáticas.

Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Natalia Botero Oliver

y dictó clases particulares de matemáticas. Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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y dictó clases particulares de matemáticas. Perfil: Lina María Martínez Mejía / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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de la profesión cuando algunas víctimas del conflicto le agradecieron por acudir a registrar su situación. “Nos decían:

‘Gracias por venir porque si ustedes cuentan, no nos pasan más cosas’. Era muy duro puesto que sabíamos que nuestra presencia no los libraba de nada. Sin embargo, eso nos comprometía más con denunciar y darles voz a los que no la tenían”, comenta. La entrega a esa convicción hizo que investigara, en 1999, la desaparición y asesinato del ex Asesor de Paz de la Gobernación de Antioquia Álex Lopera, a manos de militares. La consecuencia de este atrevimiento fue el exilio en España. Atrás quedaron sus años como reportero en el Noticiero Hora 13, el Informativo de Antioquia, 7:30 Caracol y Uninoticias. En los primeros meses en Madrid trabajó como camarero, relacionista público de discotecas y profesor de baile. Luego recibió la noticia de ser uno de los ganadores de las 16 becas que ofrecía la Agencia Española de Cooperación a periodistas latinoamericanos, para trabajar en un medio de comunicación. En su caso, fue en el canal internacional de Antena 3. Su carisma, su talento y “estar en el lugar adecuado en el momento adecuado”—como él dice—, le han permitido ejercer el periodismo y continuar dándoles la palabra a seres anónimos que merecen atención; en este caso, los inmigrantes. Durante la etapa inicial fue voluntario de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Después creó, junto con un amigo, el Área de Comunicaciones de aquella entidad y se desempeñó como jefe. Además, fue elegido el latinoamericano encargado de presentar Telenoticias

el latinoamericano encargado de presentar Telenoticias Sin Fronteras , el primer informativo para inmigrantes de la

Sin Fronteras, el primer informativo para inmigrantes de

la televisión española. Un rol que volvió a asumir luego de

realizar otros proyectos periodísticos, y que ahora alterna con

la conducción del programa radial Todo Noticias Latinas, en el

cual informa sobre la actualidad latinoamericana, acompaña en cabina la asesoría de un experto en temas jurídicos, y trata de hacerles más amena la cotidianidad a los oyentes. Su tono de voz tiene algo de español. Y aunque ha

adoptado los modismos locales, Henry se percibe como uno de esos paisas andariegos que están por todo el mundo, pero que no pierden sus referentes culturales, sino que se guían por un dicho que aprendió de su abuela: “A la tierra que fueres, haz lo que vieres”. La reportería no ha dejado de ser el método que le permite revelarse a sí mismo como un voyeur. En su caso,

la curiosidad por indagar sobre la vida de los demás le ha

servido para comprender la valentía y la dignidad de las personas que se anteponen a las dificultades. Sea el caso de unos refugiados congoleños en Tanzania, de unos cíngaros en Rumania, de una afroamericana lesbiana en Nueva York

o de una víctima del conflicto armado en las montañas de

Antioquia, Henry siempre ha puesto todo de su parte para contar aquellas historias de la mejor manera.

Henry

Molano Moreno

Días antes de que Henry Molano conociera el pueblo de su familia, los paramilitares masacraron allí a 17 personas y forzaron a 702 a huir. Cuando llegó, las paredes conservaban rastros de un incendio y pocos techos se mantenían firmes. Pensó que de no haber sido por la decisión de su abuela materna de buscar suerte en otro lugar, quizá él y sus familiares habrían hecho parte de las víctimas. Hasta entonces, el corregimiento El Aro, de Ituango, fue para él un lugar de ensueño; los caminos del periodismo lo hicieron testigo de su destrucción. Pese al dolor de enfrentarse a las tragedias humanas, Henry valora la posibilidad que le brinda el periodismo de aproximarse a diferentes realidades y poder contarlas. Considera que se hizo más consciente de la responsabilidad

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Archivo personal

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Archivo personal

se hizo más consciente de la responsabilidad Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Archivo personal

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se hizo más consciente de la responsabilidad Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Archivo personal

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sectores económicos sustenta el bienestar de la sociedad. El liderazgo de Javier se debe, entre otras cosas, a su incapacidad de callarse mientras otros toman decisiones que considera adversas para el bien común. Y se remonta años antes de ingresar a la Universidad, cuando en Campo Amor, el barrio al que llegó a los 6 años, la comunidad libró una ardua disputa contra la industria Sulfácidos. Desde esa época, el interés por defender los derechos colectivos y ambientales empezó a influenciar sus opciones de vida. Haber hecho parte del Octubre Cultural, en Itagüí, lo animó a salir al encuentro de las comunidades. Luego, en los Grupos Ecológicos Conjuntos del Valle de Aburrá, continúo su activismo enriqueciendo con argumentos académicos los propósitos que defendían. “Pensar globalmente, actuar localmente”es la consigna que aún pone en práctica a la hora de realizar proyectos de intervención integral en territorios y comunidades, sin dejar de lado las grandes discusiones ambientales que se llevan a cabo en los escenarios nacionales y mundiales. Por eso ha acompañado y orientado a comunidades de Campo Amor y Guayabal en Medellín, y el Guayabo, la Hortensia y San Pío, en Itagüí. Que Medellín sea consciente de su ruralidad es otra apuesta de Javier. Hoy siente que uno de los logros de Penca de Sábila es que el mapa del municipio dejó de ser solo la malla urbana y ahora incluye el 72 % de territorio rural, que antes se dejaba por fuera. Sin embargo, aún quedan muchas metas por alcanzar, como conseguir la constitución de un distrito agrario especial para proteger la cultura y la economía campesinas, amenazadas por

la cultura y la economía campesinas, amenazadas por la expansión urbana. En consecuencia, con ese ánimo

la expansión urbana. En consecuencia, con ese ánimo de proteger lo rural, desde el 2002 la Ong se opone a la construcción del túnel de Oriente y ha realizado acciones jurídicas que dejan en entredicho este proyecto. Su trasegar no ha sido fácil, pero no encuentra respuestas en el lamento, sino en la constancia para seguir dando peleas, cada vez de manera más estratégica. Una muestra de esto es que, en su papel de promotor del Referendo del Agua, se niega a aceptar que la iniciativa de garantizar el agua potable como bien público y derecho fundamental haya muerto después de que la Cámara hundió el proyecto respaldado por cerca de 2 millones 100 mil firmas. Frente a esa negativa conserva la esperanza: “El mecanismo se hundió, pero no la pelea. Hay que conseguir que la Corte Constitucional garantice el agua potable para toda la población en condiciones de igualdad. Lo que no conseguimos por vía del referendo lo conseguimos interponiendo tutelas a EPM. El juego es oponerse y proponer, denunciar y generar alternativas concretas”.

Javier

Márquez Valderrama

Sabe que su presencia es incómoda. “Ser antropólogo

y de la Universidad de Antioquia genera incomodidad.

Ser ambientalista, también, porque es hacer preguntas, precisamente, a los poderosos”, explica Javier Márquez mientras que con sus ojos busca la complicidad de quien lo escucha. Y luego aclara: “Pero no es incomodar por incomodar, hay propuestas, proponemos esto…”. Quizá pensar tanto en colectivo lo lleva a usar el plural

casi todo el tiempo. La razón puede ser que no hay mayor diferencia entre sus luchas personales y las de Penca de Sábila, la Ong de la que es cofundador desde 1988, su caballito de batalla en la lucha por construir un país justo

y, por lo tanto, respetuoso del ambiente. Una postura que,

según él, riñe con la lógica de la renta, esa que para los

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA social. Ese generoso ejemplo quedó grabado en mi corazón

social. Ese generoso ejemplo quedó grabado en mi corazón

y me dio las bases para mi accionar en el futuro”, recuerda

conmovido. La vocación por la medicina surgió precisamente del trabajo que la Universidad hacía en barrios marginados, a los que Eduardo se unió sin dilación, inspirado en la firme convicción de servir. Por su destacado rendimiento fue nombrado como el mejor estudiante de internado de la

promoción de 1980. Y su espíritu solidario lo llevó a realizar el bimestre de ruralito en la región del Bajo Cauca.“Me encontré que Caucasia estaba azotada por enormes desigualdades sociales y una violencia endémica”, pero este desolador panorama solamente le reafirmó un mayor compromiso y se quedó. Promovió desde la Asociación de Egresados de la Universidad de la zona jornadas cívico-populares, brigadas médicas, consultorios radiales y de televisión, y realizó una maratónica intervención con instituciones y fuerzas vivas para tratar de mitigar apremiantes problemas de salud. Logró la donación de medicinas con distribuidoras de productos farmacéuticos. Esta labor le mereció la distinción como mejor líder del Bajo Cauca. Y a partir del año 2000 fue presidente de los Consejos de Planeación en dos periodos consecutivos, en los que desarrolló un sistema de planeación de la región de

la Mojana: Sucre, Bolívar, Córdoba y Bajo Cauca. No le costó mucho comprender que uno vive donde está su corazón y Caucasia lo enamoró: “Me enamora la pureza

del poblador de esta zona, su música, el paisaje, la actitud de

la gente para sobreponerse a las dificultades”. Así como las

zonas marginadas han sido su paisaje habitual, la violencia lo

ha seguido como una sombra. En el 2004, lideraba la defensa de las comunidades ante la inclemencia de los operadores de los servicios públicos domiciliarios, hasta que sufrió amenazas contra su vida y debió marcharse como un desplazado más. Pero en Medellín las cosas no fueron mejores. Se instaló en los barrios marginados de la comuna nororiental, y fue nuevamente amenazado por grupos armados que operaban en ese territorio. Así que pensó: “Moriré donde está mi corazón, que es Caucasia”… y al año regresó. Debido a las presiones ejercidas por funcionarios y sectores políticos, desistió de seguir en el sector público. Entonces montó en uno de los sectores más pobres de Caucasia un consultorio particular y una droguería. Tras 30 años de ejercicio, vive la medicina como un apostolado de sol a sol. Confiesa que su mayor satisfacción es encontrar pacientes terminales, y con una buena práctica médica y “una manito divina”, lograr su sanación. Con la misma convicción practica la medicina alternativa buscando la menor intoxicación para sus pacientes. “Más que a la muerte, les temo a los errores que podamos cometer, que

por hacer bien se haga un mal. Le temo a la imprudencia de los violentos cuando hay gente tan buena en la vida”, afirma.

Y así, diariamente procura practicar su filosofía de vida: “Vivir, dejar vivir, amar a Dios y creer que el tiempo es tan corto en esta vida que hay que aprovecharlo al máximo cada instante

al servicio de los demás”.

Eduardo Antonio

Arboleda Zapata

Desde que era apenas un niño, Eduardo tuvo contacto con la medicina en su propia casa. Su madre fue una de las primeras egresadas en enfermería de la Universidad de Antioquia y trabajó en el Hospital San Vicente de Paúl, y su padre fue director de transporte del Seguro Social. Pese a las penurias económicas que vivió en Manrique Oriental, ingresó en 1964 al Liceo de la Universidad de Antioquia. Gracias a su paso por allí, las experiencias vividas en aquellas calles marginales pronto se convirtieron en un férreo compromiso social con los más necesitados. “Es de resaltar la labor de bienestar social que el Liceo cumplía con personas de escasos recursos como yo, al brindarnos además del estudio, la alimentación. No había ninguna institución en Colombia que tuviera tanto academicismo y tanta acción

Perfil: Francisco Saldarriaga Gómez / Fotografía: Archivo personal

Perfil: Francisco Saldarriaga Gómez / Fotografía: Archivo personal

que tuviera tanto academicismo y tanta acción Perfil: Francisco Saldarriaga Gómez / Fotografía: Archivo personal 83

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que tuviera tanto academicismo y tanta acción Perfil: Francisco Saldarriaga Gómez / Fotografía: Archivo personal 83

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA biografía que escribió pensando en los nietos que aún

biografía que escribió pensando en los nietos que aún no han llegado: “Nació el 21 abril de 1953 —lee Gloria—, hijo

de Rafael y Lucila; su abuelo Fernando, a edad muy temprana

le enseñó a leer”. La biografía la abre una fotografía de Álvaro,

no tendría más de veinticinco, la barba cubriéndole los cachetes, las cejas gruesas y unas gafas cuadradas de pasta oscura, la mirada aguda ignorando el lente de la cámara. Así lo conoció Gloria. Él era estudiante avanzado de

Ingeniería Electrónica y ella apenas estaba en el primero de

la misma carrera; cuando lo vio, desde lejos, se dijo “así es el hombre que yo quiero para mí”. Álvaro fue líder estudiantil, dirigía la asamblea de ingeniería, coautor en la elaboración del reglamento estudiantil. Jamás se le oyó vociferar una consigna para agitar el teatro. Siempre sereno, decía lo que tenía que decir y al escucharlo la gente lo aplaudía. La educación tendría que salvar al hombre, pensaba él. Militaba con el recién nacido Movimiento Obrero Independiente Revolucionario, MOIR. Los fines de semana, junto a Gloria

y otros compañeros, viajaban a los pueblos para vender el

periódico Tribuna Roja. La matemática y la física fueron para él un juego, eso se supo desde que estaba en el Colegio San Ignacio. En la universidad, en los setenta, los estudiantes de ingeniería le tenían pavor al libro de física de Alonso y Finn, porque en las últimas páginas tenía decenas de ejercicios que debían resolver. No existían las fotocopias, todo se hacía en esténcil. “Empezaron a circular, con letra escrita a mano, las claves de Alfonso y Finn, que eran todos los ejercicios del libro resueltos. Yo estudiaba en la Nacional, y hasta allá llegaron, recuerdo que las buscábamos desesperados. Años después, en una

reunión con otros colegas, me enteré de que las habían escrito dos estudiantes de Ingeniería Electrónica, y uno de ellos fue Álvaro”, dice Diego Montejo, quien fue su asistente cuando ocupó el cargo de vicerrector administrativo. Antes de graduarse, Álvaro fue profesor de la Universidad. Obtuvo la beca Laspau y realizó una especialización en circuitos electrónicos en la Universidad de Stanford. Era el primero en llegar a la oficina. Antes de empezar la jornada, leía un rato la prensa extranjera para enterarse, entre otras cosas, de cómo iba el beisbol. Al mediodía, se calzaba los tenis y salía a trotar por la circunvalar, y en la noche iba al gimnasio. Álvaro lideró varios proyectos como vicerrector:

la certificación bajo las normas ISO de los procesos administrativos de la Universidad, el proyecto de la compra de clínicas al Seguro Social, la construcción del Edificio de Extensión, la remodelación del Paraninfo. En casa, sólo quería ser esposo y padre. Los domingos, de la cocina salía el olor de una sorpresa; Álvaro se divertía inventando un desayuno nuevo para su familia. En las tardes, llenaba el crucigrama, veía partidos de fútbol y apostaba contra sí mismo el resultado. “Él siempre fue el mismo”, dice Gloria señalando los retratos donde Álvaro, cabello y barba cana, abraza a los suyos. “Y por tu rostro sincero / y por tu paso vagabundo / y tu llanto por el mundo / y porque sos pueblo / te quiero”. Gloria concluye el poema.

Álvaro de Jesús

Pérez Roldán

Supo del poder de las palabras, por eso, decidido a no malgastarlas, las guardó para los momentos justos y dijo siempre lo que pensaba, con voz pausada, como si cada palabra fuera un paso para acercarse al otro. Llegaba con suavidad, casi intentando ser invisible, pero esa atención que le daba al otro, a quien le prestaba sus ojos y oídos, lo hizo famoso entre sus amigos y compañeros. Álvaro Pérez Roldán tuvo una virtud difícil: la confianza. “Tus manos son mi caricia / mis acordes cotidianos / te quiero porque tus manos trabajan por la justicia”. Gloria recita el poema de Benedetti y dice que Álvaro era así, como esa poesía dulce a la que ella se aferró para entender su ausencia. Sobre sus piernas tiene la carpeta donde guarda este poema, más otros que añadieron los hijos, Juliana y Pablo, y una

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Cortesía periódico Alma Máter

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Cortesía periódico Alma Máter

los hijos, Juliana y Pablo, y una Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Cortesía periódico

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los hijos, Juliana y Pablo, y una Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Cortesía periódico

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Desde el principio de esa apuesta aprendió que la motivación y el coraje que transmita a su equipo de trabajo determinan el logro de metas. Por eso convenció a Nelson Franco y Jesús Antonio Arboleda para que asistieran a la misa de 7 que oficiaba Manuel José Betancur Campuzano en La Candelaria. Se ubicaron en primera fila, comulgaron, y tan pronto terminó la ceremonia, siguieron al padre con el fin de pedirle ayuda. Betancur Campuzano les prestó el espacio para que informaran a la gente sobre la propuesta que tenían. Además, permitió que publicaran en un diario local la invitación a matricularse en el despacho parroquial. El aviso estaba dirigido a mayores de 25 años que quisieran validar el bachillerato. Lo que no sabía el sacerdote era que aún no tenían los profesores ni el local donde dictar las clases. Dos días antes de la fecha de inicio, los tres jóvenes todavía buscaban sede en el Centro. El azar y su tino los llevaron al claustro de los jesuitas ubicado en Pichincha. Allí, el religioso Darío Pérez Upegui accedió a arrendarles y les facilitó sillas y mesas, todo porque los consideró unos“verracos”. Mientras que la empresa tomaba forma, a sus 22 años Leonardo alternaba los estudios de Ingeniería Industrial con la responsabilidad de liderar la oferta de preparación para validar el bachillerato en la ciudad. Los buenos resultados de los estudiantes y el cumplimiento de las responsabilidades contraídas le dieron prestigio a la institución que luego se llamaría Centro de Estudios Superiores para el Desarrollo, Cesde. Cuarenta años después, Leonardo piensa que la vigencia de la institución tiene que ver con algo que lo caracteriza:

la institución tiene que ver con algo que lo caracteriza: la visión innovadora. Él entendió oportunamente

la visión innovadora. Él entendió oportunamente que las nuevas necesidades exigían transformaciones. De ahí que ofrecieron clases de preuniversitario, y cuando llegaron los computadores personales a la ciudad, inauguraron una sala con cuatro PC IBM. En la actualidad, la institución cuenta con 26 programas técnicos presenciales, mira hacia el espacio virtual y planea abrir en otras ciudades. El último gran reto que se le presentó a Leonardo fue el cambio de sede, cuando la Compañía de Jesús vendió el claustro y debió convencer al encargado de darle dos años de plazo. En ese tiempo consiguió que los bancos creyeran en

la

importancia y la rentabilidad de una institución educativa,

y

construir las nuevas instalaciones en ocho meses, porque

como les dijo a los arquitectos: “Si el Empire State, que tiene

102 pisos, fue construido en 14 meses, ¿por qué no pueden levantar el Cesde en 8?”. Hace tres años decidió retirarse de la gerencia y contratar

a alguien que se encargue del día a día. Él, como presidente,

sigue atento a cada movimiento, con la distancia necesaria para enriquecer la proyección de la institución y la posibilidad

de compartir más con su esposa Luz Marina y sus cuatro hijos, quienes hacen parte del equipo de visionarios que guían los rumbos de la empresa.

Leonardo

Vélez Chaverra

El 10 de marzo de 1972, Leonardo Vélez escribió en su diario: “Acabo de reunirme con Nelson Franco para crear una institución educativa. Es una decisión que con seguridad va a cambiar mi vida”. El compromiso con esa idea enderezó su rumbo después de equivocarse de carrera. Lo demás fueron atrevimientos y aciertos para convertirse en el empresario exitoso que hoy plantea alternativas de estudio a cerca de 10 mil estudiantes. Su ambición se fundamenta en objetivos claros, ideales nobles, constancia y fe en sus capacidades. Esas condiciones personales lo llevan a no temer imponerse retos. El origen de su emprendimiento, por ejemplo, tuvo raíces en la absoluta certeza de no querer ser empleado, sino generar empleo para él y otras personas.

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

empleo para él y otras personas. Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: José Miguel Vecino

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empleo para él y otras personas. Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: José Miguel Vecino

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA pedagogía. Pero lo que el profesor Rentería mencionó tal

pedagogía. Pero lo que el profesor Rentería mencionó tal vez con mayor orgullo fueron los premios como Mejor Educador, otorgado por el Ministerio de Educación y la Secretaría de Educación de Medellín en 1996, cuando ejercía en la vereda Pajarito del corregimiento San Cristóbal; y como Profesor Excelencia, entregado por el Instituto de Educación Física de la Universidad de Antioquia en el 2001. Cerrada la agenda, este docente nacido en Bagadó, Chocó, y formado en la normal de Tadó confiesa que a pesar

de estar jubilado, tras 21 años de trabajo en el Alma Máter, no se desenamora de su oficio ni de la institución.“Nunca me he desvinculado de la U. La universidad ha sido todo para mí, me lo ha dado todo: la experiencia, el sostenimiento económico, el saber, el calor humano, el reconocimiento como persona y como profesional”. Hoy Pedro Elías dicta: “Historia, imágenes

y concepciones de maestros”, una cátedra sobre el papel del

maestro en la historia, en el cine, en el arte, en la filosofía; es decir, el maestro como sujeto público”. Rentería es un convencido de que ser maestro es un compromiso social y eso es algo que inculca a sus alumnos. “En las normales, la pedagogía es algo que se respira desde que entras, por eso soy un apasionado del tema. Yo les digo

a los estudiantes que si tuvieron esta vocación, se vean como

grandes docentes, que busquen la cualificación porque tienen una responsabilidad y un papel muy importante”, indica. Aunque cuatro de sus hermanos también optaron por la docencia, afirma que “la vena pedagógica” no proviene de la familia, sino de la región. “Tradicionalmente, la gente del Chocó busca ocuparse en el magisterio, le gusta. Allá

hay muy buenos maestros, en cualquier parte del país usted encuentra profesores chocoanos”, y agrega que, por supuesto, también hay malos maestros. “A mí me tocó la época de ‘la letra con sangre entra’, incluso hubo un año que no estudié por temor a un profesor que el año anterior había castigado a latigazos delante de todo el grupo a un compañero. Hoy en día se discute el tema de cómo y desde dónde ejercer la autoridad”, puntualiza. El profesor Pedro Elías está casado hace 33 años con la enfermera Silvia Neomicia Córdoba, la mujer por quien buscó establecerse en Antioquia y por la que fue a dar como profesor al municipio de Buriticá en los albores de su carrera. Es padre de Juan Carlos, ingeniero de sistemas; Katherina, abogada, y Ana Carolina, estudiante de Ciencia Política. Para despedirse, lanza un llamado: “La Universidad hay que cuidarla, quererla y promoverla. Las futuras generaciones van a tener mucho que ver en el devenir y en la pervivencia de la universidad como entidad pública”.

Pedro Elías

Rentería Rodríguez

Con su trayectoria y sus logros anotados en una agenda, llegó Pedro Elías a la sala de profesores de cátedra. “Para que no se me olvide nada”, anuncia y empieza a compartir su historia como docente, asesor e investigador. Es Licenciado en Educación de la Universidad de Antioquia, con posgrado en Historia de la Práctica Pedagógica en Colombia. Además de docente, ha sido asesor del proyecto de Escuelas Normales Superiores en Chocó, Antioquia y Huila, del proyecto del Ministerio de Educación para el mejoramiento académico de los colegios de secundaria y de la Gerencia de Negritudes. También se ha desempeñado como coordinador del Colegio de Pedagogía de la Facultad de Educación y ha escrito varios libros y artículos sobre formación de docentes e historia de la

Perfil: Gloria Cecilia Estrada Soto / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

Perfil: Gloria Cecilia Estrada Soto / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

formación de docentes e historia de la Perfil: Gloria Cecilia Estrada Soto / Fotografía: José Miguel

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formación de docentes e historia de la Perfil: Gloria Cecilia Estrada Soto / Fotografía: José Miguel

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al mismo tiempo le mostraron que su tarea iba más allá de diagnosticar enfermedades; en ese momento descubrió que debía trabajar para “abrir los ojos a las mujeres”. Desde muy niña, su espíritu transgresor se negó a creer que una“buena mujer”solo debía preocuparse por atender las necesidades de su esposo y de sus hijos. En su casa, Gloria aprendió que podía tomar sus propias decisiones y cumplir sus sueños personales con plena libertad. Ya en las aulas de la Universidad de Antioquia, se apegó a esas ideas libertarias que se alojaron en su cabeza desde la infancia. Los primeros años en la Facultad de Medicina reafirmaron el carácter de esa mujer sensible e inteligente que estaba dispuesta a desempeñar una labor social. Además de acercarla a la academia, la universidad le entregó lo que más ama: su vocación docente, la especialización en ginecología y una familia. En el año 1977, se casó con Henry Rendón, uno de los compañeros que conoció en las clases del doctor Emilio Bojanini. Para ella fue una etapa llena de aprendizajes, alegrías y pérdidas:

llegaron los hijos, los logros profesionales y el apoyo de “un hombre brillante y dedicado” que la acompañó hasta 1989, año en que falleció después de padecer una insuficiencia renal. A pesar de la ausencia de su esposo, Gloria siguió adelante con sus hijos y con su carrera. Durante 23 años estuvo vinculada a la universidad como docente del Departamento de Obstetricia y Ginecología, tiempo que aprovechó para enseñarles a sus estudiantes cómo convertir un control prenatal en un espacio para escuchar y resolver las inquietudes de las mujeres embarazadas y de

y resolver las inquietudes de las mujeres embarazadas y de sus familias; ella quería mostrarles que

sus familias; ella quería mostrarles que “la palabra funciona como un poderoso medicamento”. Su enorme capacidad de trabajo y su preocupación por mantenerse actualizada la llevaron a explorar otras áreas de formación relacionadas con el bienestar físico y emocional de las mujeres. Educación sexual, terapia de pareja, menopausia, métodos de planificación, aborto inducido y espontáneo son algunos de los temas que Gloria ha investigado y ha llevado a diferentes espacios médicos e institucionales. Su experiencia en la atención integral de la mujer le ha permitido liderar proyectos académicos y asesorar iniciativas públicas. Fue la primera jefa administrativa del Departamento de Ginecología del Hospital San Vicente de Paúl y dirigió el Centro Interdisciplinario de Estudios de Género de la Universidad de Antioquia; además, en compañía de una sus colegas, logró introducir en el currículo de medicina el área de sexualidad y género. Otro de sus retos es la construcción de la Clínica de las Mujeres. Gloria ha participado en el diseño y la defensa de este espacio que busca garantizar los derechos y mejorar las condiciones de salud de las pacientes. En el 2008 se jubiló de la Universidad, pero su trabajo está lejos de terminar. Su consultorio seguirá abierto para apoyar a las mujeres que, como ella, están dispuestas a romper los moldes tradicionales.

Gloria Estella

Penagos Velásquez

Cuando una mujer entra al consultorio de Gloria Stella Penagos, encuentra algo más que el diagnóstico de una especialista en ginecología y obstetricia. Detrás de esa profesional que lleva 33 años ejerciendo la medicina, se esconde una defensora incansable de los derechos de sus pacientes. Para esta feminista, las mujeres se convirtieron en la razón de ser de sus luchas. Esa convicción se hizo más fuerte el día que se presentó a la residencia de ginecología. Una pregunta “incómoda” que le hizo su profesor, el mismo que ayudó a nacer a dos de sus tres hijos, le despejó sus dudas y le señaló el camino que debía seguir: “¿Cómo se le ocurre presentarse a una residencia? Usted es madre de dos niños y de una niña que solo tiene un año”. Estas palabras la agredieron, pero

Perfil: Lina María Martinez Mejía / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Lina María Martinez Mejía / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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Graduado como bachiller del Liceo Antioqueño, Doctor

en Derecho y Ciencias Políticas, con una especialización en Investigación Socio-pedagógica y otra en Derecho Público de la Universidad Nacional, Muñoz Uribe tuvo claro, según enseñanzas de su madre, no servirles jamás a los poderosos

y ponerse siempre del lado de los menos favorecidos. Pero para esto, primero había que convertirse en una

persona estudiosa, preparada, con una excelente oratoria

y una muy buena capacidad de análisis. El derecho le

aportó gran parte de esa formación, las especializaciones

le permitieron adquirir destrezas que complementaron su

ejercicio litigante, pero su paso por el Liceo Antioqueño, su relación con los sindicatos, las enseñanzas de su madre

y una especial admiración por Simón Bolívar y Rafael Uribe Uribe determinaron contundentemente su personalidad y

su ejercicio profesional.

Convencido de que la única manera de conseguir un reintegro laboral era acudiendo a instancias internacionales, conjuntamente con la Comisión Colombiana de Juristas, se presentó el caso ante la Organización Internacional de Trabajadores, OIT. Desde allí, mediante el comité de libertad sindical, hicieron una recomendación obligatoria al Estado colombiano exigiéndole no solo restablecer los puestos de trabajo, sino reconocer los salarios y prestaciones que los trabajadores despedidos habían dejado de percibir. En el Liceo Antioqueño, por medio de las guías para ingresar a la universidad, se enamoró del derecho.Terminando

el pregrado se enroló en el sindicalismo, y conoció así de

cerca las dinámicas y pormenores de la situación laboral colombiana. En Simón Bolívar descubrió una conciencia

colombiana. En Simón Bolívar descubrió una conciencia continental. Con su mamá aprendió a preocuparse por el

continental. Con su mamá aprendió a preocuparse por el otro y en la figura de Rafael Uribe Uribe encontró un modelo

a seguir, un visionario y polifacético hombre cuyos principios ha mantenido vigentes mediante escritos y compilaciones publicados por la Corporación Cultural Rafael Uribe Uribe, de la cual es fundador, pero también mediante su ejercicio profesional. ¿Y cómo hacer cumplir la ordenanza de la OIT? Se discutió

sobre la mejor manera y se optó por imponer una acción de tutela. El 10 de agosto de 1999, la Corte Constitucional declaró, por medio de la sentencia T-568, a favor del Sindicato

y de los trabajadores despedidos. Ese día, Manuel y el grupo

de litigantes crearon y permitió sentar un precedente en el país al reconocer los derechos de los trabajadores como un derecho fundamental. Este fue uno de los tantos litigios que

ganó a lo largo de más de cuarenta años defendiendo los derechos laborales. Manuel es consciente de que su profesión como abogado laboralista es más una vocación de servicio que otra cosa. Por eso, nadie que requiera de su ayuda, tenga o no tenga dinero, se va sin atención.“Mucha gente me pregunta cuándo me voy

a jubilar, pero esa palabra no existe en mi vocabulario. Para mí es extraordinariamente deleitoso ponerles demandas a los patronos para que respeten los derechos de los trabajadores

y es por eso que todavía no he aprendido la diferencia entre trabajar y descansar.”

Manuel Antonio

Muñoz Uribe

En 1993, doscientos nueve trabajadores del sindicato de Empresas Varias de Medellín fueron despedidos luego de que el Ministerio del Trabajo declarara ilegal una huelga de siete días, entre el 16 y el 22 de enero, originada por un desacuerdo entre los trabajadores y la empresa. El sindicato, para contrarrestar dicha decisión y lograr un reintegro total de los trabajadores expulsados, impugnó el fallo ante el Consejo de Estado e interpuso una serie de demandas en los juzgados laborales. Perdieron todas las acciones legales. Desilusionados y con muy pocas esperanzas, decidieron consultar su caso a este abogado laboralista que había sido, además, asesor de la Asamblea Nacional Constituyente y que contaba con una amplia experiencia en el mundo sindical: Manuel Muñoz Uribe.

Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

en el mundo sindical: Manuel Muñoz Uribe. Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: José Miguel Vecino

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en el mundo sindical: Manuel Muñoz Uribe. Perfil: Santiago Orrego Roldán / Fotografía: José Miguel Vecino

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Porque no lo tenía. Porque si algo caracterizaba a

Porque no lo tenía. Porque si algo caracterizaba a monseñor Escudero era la disposición. Porque nunca dejó

de trabajar por la iglesia ni aun en sus últimos días, ya muy enfermo. No conocía el descanso. Poco sabía de vacaciones. Siempre tenía una obra por adelantar. En El Espinal, Tolima, donde fue nombrado obispo en 1990 y donde permaneció durante 17 años, lo conocían como un hombre capaz de visitar las comunidades más alejadas, y quienes han recorrido el Tolima saben lo que esto significa: cumbres nevadas, valles donde el calor alcanza más de cuarenta grados centígrados, ríos caudalosos que hay que pasar en lancha, montañas y más montañas. Un terreno difícil

y al que no cualquiera se le mide, y que monseñor Escudero

recorrió sin chistar, visitando las parroquias a su cargo, conociendo sus comunidades, recibiendo la comida que le ofrecían los campesinos, aunque sabía que, por su estado de salud, su dieta era estricta y no podía ingerir cualquier cosa. Tenía, de alguna forma, la vocación del misionero: la de recorrer caminos, la de estar cerca de la gente. No importaba

su título de obispo ni sus estudios en el exterior. Lo importante era estar cerca de la comunidad, trabajar por la educación

y la reconciliación. Por eso creó la Fundación Universitaria

de Espinal, Fundes, y el Seminario Mayor La Providencia, y promovió el Colegio Diocesano. Por ello, cuando en el 2007 pasó a ser obispo en Palmira, fue intermediario en los diálogos de los corteros de caña con el Ministerio de la Protección Social y los ingenios azucareros del Valle. Quienes lo conocieron mencionan siempre la palabra humildad. Nunca se ufanaba de sus logros, nunca trataba de hacerse notar, no andaba hablando de sus estudios o de los

cargos que había ejercido. Y eso que los tenía: profesor del Seminario Menor (1968), director de Filosofía en el Seminario Mayor (1969), Egresado del liceo Antioqueño (1958) y magíster en educación y sicoorientación de la Universidad de Antioquia (1976), primer director de la Casa de Medellín en Roma, licenciado en Espiritualidad de la Universidad Pontificia de Roma (1982), director de la Casa Pablo VI y de la Pastoral Juvenil Arquidiocesana (1982-1984), secretario de la Vicaría de Religiosos (1984), director espiritual del Seminario Mayor (1982-1986), vicario episcopal de la Vida Consagrada (1985-1986), obispo titular de Risinio (Yugoeslavia) y auxiliar de la Arquidiócesis de Medellín. En fin No, no andaba hablando de eso. Lo suyo eran las obras, su comunidad. Cuando Abraham murió, el 6 de noviembre del 2009, a los 69 años, su hermana fue al cuarto del obispo y no encontró casi nada. Acaso un Cristo en la pared, un par de mudas de ropa. En eso también era como ciertos misioneros:

siempre entregaba, pero para él tenía poco. A lo sumo, pedía siempre a su familia y amigos que lo tuvieran presente en sus rezos para ayudarlo a sacar sus obras adelante. Que siempre el Señor, como a Juan XIII, le mostrara las salidas.

Abraham

Escudero Montoya

Dicen que muchas noches, Juan XXIII, también conocido como el Papa bueno, se despertaba de repente, inquieto, pensando en las mil obligaciones que tenía y en las recomendaciones y consejos que debía pedirle al Papa. Entonces recordaba que el Papa era él, y decía: “Señor, tú me pusiste en esto, tú me darás las salidas”. Dicen también que el Señor no escoge a los preparados, sino que prepara a los escogidos, y con una convicción así vivió el monseñor Abraham Escudero Montoya todos los retos, todos los caminos, sin importar lo agrestes que estos pudieran ser. Por ello, cuando fue nombrado obispo auxiliar de Medellín, en 1986, el lema de su escudo fue: “Sí, estoy dispuesto”, y en la misa de su ordenación episcopal pidió que le cantaran una canción que dice:“No te traigo, Señor, un corazón cansado…”.

Perfil: Juan Camilo Jaramillo Acevedo / Fotografía: Cortesía periódico El Colombiano

Perfil: Juan Camilo Jaramillo Acevedo / Fotografía: Cortesía periódico El Colombiano

un corazón cansado…”. Perfil: Juan Camilo Jaramillo Acevedo / Fotografía: Cortesía periódico El Colombiano 95

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un corazón cansado…”. Perfil: Juan Camilo Jaramillo Acevedo / Fotografía: Cortesía periódico El Colombiano 95

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA e interventora en el programa de Presupuesto Participativo de

e interventora en el programa de Presupuesto Participativo de la alcaldía de Medellín. Pero fue en el año 2003 cuando las cosas dieron un giro

para ella: después de toda una vida en la ciudad, se radicó en las frías montañas del corregimiento Santa Elena, a diecisiete kilómetros de Medellín y de vocación primordialmente agrícola. Para esa época, el periódico Viviendo Santa Elena, creado en 1999 por Rubén Vivas y que había despertado el interés de la comunidad, ya no circulaba. “Rubén lo creó,

lo sostuvo y paró como dos años; en el 2005 lo cogió Darío

Posada, de la Corporación Sietecueros, y sacó diez números, pero se paró otra vez como seis u ocho meses”, cuenta Ana, quien tomó las riendas del periódico en el 2008. En dos años seguidos, 2010 y 2011, Viviendo Santa Elena ocupó el primer y segundo puesto en los premios de periodismo comunitario de la alcaldía de Medellín. En este medio de circulación rural gratuita y mensual, Ana Isabel, que oficia como directora, redactora y editora, ha puesto todo su talento y compromiso para hacer una labor que el corregimiento reconoce. “Yo quería enfocar de nuevo el periódico, recuperar un poco lo que había hecho Rubén con ese acercamiento a la comunidad, una relación de cercanía y confianza con la gente”, explica. Viviendo Santa Elena, que sobrevive con recursos del PresupuestoParticipativo,sehaconvertidoenunaimportante opción informativa enfocada al servicio comunitario, la

defensa de los animales y del medio ambiente. Tal como ella

lo afirma, en sus páginas siempre prima el sentido social: “La

gente está contenta, se apasiona, nos manda colaboraciones,

sabe que somos independientes, comunitarios. Siempre nos

sugieren temas y los escuchamos”, y con esto se refiere a la construcción conjunta que ha llevado al periódico a ser uno de los mejores medios comunitarios impresos de Medellín. Pero sus intenciones van más allá. A partir de la experiencia de una docente de la zona, planea la conformación de un semillero de comunicaciones dirigido a los estudiantes de los grados cuarto y quinto de primaria y primero de bachillerato, quienes analizan cada edición del periódico. “Me gusta mi trabajo en lo cotidiano, mi ganancia es el impacto que estamos generando en la gente porque no censuramos y dejamos que se expresen; trabajo haciendo lo que me gusta”, dice de corazón esta mujer que vive sola en una casa pequeña y cómoda en la vereda El Placer, rodeada de cultivos y flores, y custodiada de cerca por su perra Venus. De allí sale todos los días, no importa si a hacer diligencias personales o a hacer reportería porque en todo caso ella vive trabajando y trabaja viviendo, y vuelve siempre cargada de noticias que de primera mano le entregan los campesinos que se le cruzan en el camino. Por algo ellos mismos dicen que, aunque el cargo no exista, Ana Isabel Rivera es ‘la comunicadora’de Santa Elena.

Ana Isabel

Rivera Posada

Mucho antes de ser estudiante de la Universidad de

Antioquia, Ana Isabel acostumbraba tomar la ruta más larga rumbo a su casa para pasar por el frente del Alma Máter. “En

1985 yo estudiaba en la UPB y cuando salía temprano, cogía

el circular para pasar por la Universidad, porque yo decía: ‘Un

día voy a estudiar aquí’”, relata esta Comunicadora social-

Periodista que ingresó a la de Antioquia por transferencia en

1987 y se graduó tres años después.

Como profesional, fue fotorreportera y redactora en el diario El Colombiano, fundó el periódico El Envigadeño, que logró sostener a lo largo de tres años, también fue docente de fotografía y periodismo en varias universidades, coordinadora del proyecto Código Acceso del periódico El Tiempo, comunicadora en la Empresa de Desarrollo Urbano

Perfil: Gloria Cecilia Estrada Soto / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

Perfil: Gloria Cecilia Estrada Soto / Fotografía: José Miguel Vecino Muñoz

en la Empresa de Desarrollo Urbano Perfil: Gloria Cecilia Estrada Soto / Fotografía: José Miguel Vecino

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en la Empresa de Desarrollo Urbano Perfil: Gloria Cecilia Estrada Soto / Fotografía: José Miguel Vecino

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por megáfono a sus muchachos. Gabriel Jaime, como era

el mayor, tuvo que ir primero a enfrentar a su papá, pero

los dos menores lo siguieron por órdenes militares. Así, salieron abucheados del laboratorio y además reseñados del Alma Máter. Se retiró de Química y decidió terminar Ingeniería Industrial en la Universidad Autónoma Latinoamericana, que surgió unos años antes como respuesta a esa

desbandada de estudiantes comprometidos en marchas

y mítines. En esa institución fue profesor de cátedra y

dirigente del gremio docente. En tanto, seguía vinculado primero a la Juco y luego al Partido Comunista. Consuelo Arbeláez, su esposa durante 17 años, lo describe como “un gozón de la vida”, buen amigo y convencido de la causa obrera. Trabajó desde la base del partido, pegando carteles, hasta llegar a ocupar altos cargos de dirigencia. A comienzos de los ochenta, fue elegido concejal en Puerto Berrío, donde debió levantar los ánimos del movimiento sindical, que se hallaba de capa caída tras el asesinato de Darío Arango, en 1979, quien era vicepresidente del concejo por la Unión Nacional de Oposición, UNO, predecesora de la Unión Patriótica. Sus actividades políticas eran públicas y estaban cobijadas por la ley, pero no eran bien vistas por muchos sectores oficiales y de derecha del país, por lo que debió exiliarse durante varios periodos para proteger su vida. Fueron meses en los que se alejó de sus dos pequeñas hijas y vio morir a muchos de sus compañeros. Estuvo en Alemania, Cuba y la URSS.

de sus compañeros. Estuvo en Alemania, Cuba y la URSS. En 1985, cuando surge la UP,

En 1985, cuando surge la UP, con la opción de canalizar sectores de izquierda en una plataforma política, lo eligen diputado a la Asamblea departamental, donde se destaca por su liderazgo y es reelegido para un segundo periodo. Eran tiempos difíciles para la naciente organización, pues a pesar de haber conseguido votaciones insospechadas en las urnas, la mano negra del Estado se empeñaba en acabar con sus dirigentes. De ese modo, entre 1985 y 1989, 972 integrantes de la UP fueron asesinados. Todas las precauciones habían sido tomadas. Ese 27 de octubre de 1989 no fue la excepción. Consuelo se despidió de su esposo en una casa de Itagüí que les servía de refugio temporal. Ella fue a buscar a las niñas y a cambiarse de ropa para ir a trabajar, y él iría más tarde a su despacho en la Alpujarra, el lugar donde se sentía más seguro. A las 3:30 de la tarde, un joven veinteañero, con la complicidad del sistema de seguridad del lugar y de sus escoltas, lo acribilló junto a su escritorio. Gabriel Jaime murió de inmediato y, una vez más, la sociedad se indignó. Han pasado los años y las investigaciones del caso llegan hasta cierto punto; dicen que fue Carlos Castaño quien lo mandó a matar, como a tantos otros militantes de la UP. Sin embargo, Consuelo y otros familiares que no pueden olvidar piden aún que la justicia llegue más lejos y esclarezca la autoría intelectual de aquel exterminio.

Gabriel Jaime

Santamaría Montoya

Gabriel Jaime Santamaría estudiaba Química en la Universidad de Antioquia. Había egresado del Liceo Antioqueño y pertenecía a la Juventud Comunista. Era alto, fornido, de gafas, parecía un hombre mayor, aunque apenas rozaba los veinte años. Su papá era el director de zarzuela Jaime Santamaría, quien había enviudado y quería para sus tres hijos un buen futuro, tal vez verlos como profesionales al servicio de alguna empresa tradicional. Por eso, el día en que se dio cuenta de que Gabriel Jaime, Antonio y Pedro se encontraban atrincherados en un laboratorio de la Universidad de Antioquia, en medio de una protesta que ya llevaba varios días, decidió ir a buscarlos personalmente. Con lágrimas en los ojos le dijo a un comandante del Ejército que llamara

Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Archivo familiar

Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Archivo familiar

le dijo a un comandante del Ejército que llamara Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Archivo

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le dijo a un comandante del Ejército que llamara Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Archivo

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su nombre. Otros, más cercanos, son: consejero, mediador, maestro, amigo… En esa lista extensa para denominar a Roberto Ojalvo se mezclan las cualidades de un hombre cortés y humano, con las del visionario que dirige mirando al futuro sin desatender las situaciones presentes. Empezó a trabajar en la Universidad de Antioquia desde antes de ser nombrado en algún cargo. Hacía una especie de “voluntariado” en el Consultorio Jurídico, luego se atrevió a proponerse como asesor de esta dependencia, pero el decano de entonces no lo consideró idóneo. Roberto esperó, entonces, hasta que el decano posterior hiciera una apuesta por su dinamismo, y lo nombró asesor y luego director. Así empezó una carrera en la que entre las transformaciones que propuso, desde diferentes plazas, estuvieron la creación de la primera cátedra en el país de iniciación a la práctica forense, al igual que la cátedra pionera en derecho ambiental. Además, tomó la decisión polémica de que los exámenes preparatorios para graduarse como abogado se resolvieran fuera de las aulas. En el lugar de sus grandes afectos, el Museo Universitario, consiguió que todas las colecciones tuvieran montajes permanentes o semipermanentes, y que adquirieran muchas de las piezas que hoy albergan. Además, se propuso darle mayor proyección cultural y académica al Museo, mediante la institucionalización de visitas guiadas, talleres y trabajo continuo con personas de la tercera edad, niños y jóvenes. Apoyó la creación de las colecciones de Historia y del Ser Humano, y la concepción y puesta en marcha de la Sala Galileo. Creó Códice, el boletín científico y cultural del Museo. Se convirtió, sin premeditarlo, en maestro de los

Museo. Se convirtió, sin premeditarlo, en maestro de los estudiantes que llegaban a desempeñarse como auxiliares

estudiantes que llegaban a desempeñarse como auxiliares administrativos, a veces, en momentos en los que no tenían claro su rumbo y el bloque quince se convertía en el lugar para despertar curiosidades. Roberto Ojalvo podía hacerles preguntas que algunos considerarían impertinentes, o pedirles opiniones sobre decisiones a tomar, entonces hacía uso de su excelente retórica para conducir el diálogo más simple al feliz hallazgo de una respuesta. Secretos, seguramente, tiene varios; quizá más de la universidad que propios. Es un hombre transparente; eso sí, amigo de la prudencia y el silencio. “Completamente pesimista”, como él se define. Pero capaz de encarar los dramas de la cotidianidad y buscar soluciones concretas. Sabe que la vida tiene mucho de esa tabla de curación embera que reposa en la colección de Antropología, y que es su pieza preferida del Museo Universitario. Esa en la que de rojo y de negro se tiñen las posibilidades de vivir o morir cuando se está enfermo. No es cándido, aunque algunos puedan pensarlo. Está atento a las sorpresas y mientras tanto planea como potenciar las situaciones que le plantea la cotidianidad. Hoy es director voluntario del Museo Arqueológico del Suroeste y del Museo Municipal de Jericó, su pueblo. Allí, acompañado de su esposa Teresita y sus dos hijas, aún está dispuesto a hacer realidad quijotadas como exponer a Andy WarholenlasentrañasdeAntioquiayhacerdelasinstituciones culturales el motor del progreso en el departamento.

Roberto León

Ojalvo Prieto

Esperó, aunque las posibilidades de trabajar en la Universidad de Antioquia eran ajenas. Renunció al nombramiento como juez promiscuo del corregimiento de Bolombolo, en Venecia. No quiso encargarse de levantamientos de cadáveres ni de otros hechos violentos que abundaban en época de cosecha de café. “Eso tenía un fondo, y era que en la práctica no quería trabajar sino en la universidad, no me veía en otra parte”, explica Roberto Ojalvo ahora, cuando puede decir que ocupó todos los cargos del Alma Máter que le interesaron. Asesor y director del Consultorio Jurídico, vicedecano y decano de Derecho, director de Bienestar Universitario, secretario general de la Universidad de Antioquia, y director de su museo, son algunos de los títulos que han acompañado

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

de los títulos que han acompañado Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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de los títulos que han acompañado Perfil: Andrés Felipe Restrepo Palacio / Fotografía: Natalia Botero Oliver

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA en la Universidad de Antioquia y al ver la

en la Universidad de Antioquia y al ver la inmensidad del campus, se soñó universitaria. Trabajó como obrera en Medias Cristal, pero la despi- dieron cuando se casó. Empecinada en estudiar, enfren- tó una batalla de puertas para adentro pues su esposo le repetía que la mujer estaba para atender la casa, los hijos y al marido. “Yo estudiaba de cuenta mía, mientras hacía oficio y atendía las niñas me ponía a leer. Era una lectura lenta”. Además, por correspondencia le llegaban unas lec- ciones de matemáticas, que ella se esforzaba en entender. Así pasaron varios años, estudiando como podía, como si al hacerlo, pecara. Se enteró de que Comfama daría becas para validar el bachillerato. Ada, después de muchas súplicas, obtuvo el permiso de su marido. “Yo tenía el susto más grande. Lle- vaba 22 años sin estudiar. Mi esposo me decía que si tenía tanto miedo, mejor no fuera. Pero con más ganas fui”, dice. Dos años después se presentó a la Universidad Nacional y nadie podía creerlo cuando a su casa, el rancho de madera que le construyeron sus hermanos en París, le llegó la carta de bienvenida. Tres semestres después, se convirtió tam- bién en estudiante de Derecho de la Universidad de Antio- quia. Entonces, su marido le pidió el divorcio. Todos los días, cuando aún no amanecía, estaba de pie para cocinar y despachar a sus hijas. Y luego: trabajar en el Archivo Histórico de la Nacional, cruzar el puente de Barranquilla de una universidad a la otra, trabajar en una modistería, estudiar y, al volver a casa, arrullar los sueños de sus hijas con cuentos de Tomas Carrasquilla y de Kafka. “Recuerdo que yo llegaba a la puerta de la Universidad muy

mal. Era un sendero de laureles y había unos gusanos a los que les tenía miedo, cuando yo iba llegando al final del sendero, yo era otra, era una terapia con la que perdía mis miedos”. Cuando recibió el título de historiadora en 1995 en la Nacional y el de abogada en 1997 en la Universidad de Antioquia, la gente le creyó.“Yo trabajo con la gente que no tiene la facilidad de acceder a la administración de justicia. Si consigo que una mamá gane una demanda por alimen- tos, para mí eso es un logro”, afirma. Empezó en una ofici- na que alquiló con un compañero y desde hace siete años tiene una propia en el centro de la ciudad. Con su trabajo construyó su casa y educó a sus tres hijas. En su escritorio, debajo de un vidrio, tiene las fotos de ellas y de sus nietos. En la pared están colgados sus diplomas y dos máscaras negras, la una ríe y la otra llora: “Me preguntan mucho qué significan y yo siempre digo: ‘Esa es la vida, comedia y tra- gedia, un teatro que nos tocó asumir’”.

Ada Luz

Hernández Montoya

El juez, el abogado de la contraparte y hasta los demanda-

dos se convencieron de que Ada era una experta. “Es que usted es muy diplomática, se nota que no le han tocado los groseros que me han tocado a mí”, le dijo el abogado. Nin-

guno sospechó que ella, a sus 50 años, litigaba por primera vez en una audiencia. Su mamá enviudó muy joven y con siete hijos llegó a la ciudad pensando en que aquí sería más fácil encontrar un trabajo. A los 12 años, Ada dejó la escuela para cuidar

a sus hermanos. Empezó a trabajar a los quince, haciendo

aseo en casas, oficinas y peluquerías. “Yo pensaba: ‘Algún día podré estudiar’”, recuerda. Asistía al grupo de teatro del

barrio París que interpretaba obras de Bertolt Brecht e his- torias de la lucha sindical. Una de las presentaciones fue

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Julián Roldán Alzate

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Julián Roldán Alzate

lucha sindical. Una de las presentaciones fue Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Julián Roldán

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lucha sindical. Una de las presentaciones fue Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Julián Roldán

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA escuchar. Fue ella quien lo convenció de terminar el

escuchar. Fue ella quien lo convenció de terminar el bachillerato en el Instituto Nocturno e inscribirse en la Universidad de Antioquia, pues sabía que así podría potenciar su actividad política y destacarse como líder de la Juventud Comunista. Al estar cursando la carrera de Derecho, Carlos fue elegido para representar a los estudiantes ante el Consejo Superior Universitario, donde ganó amistades impensables, como la del gobernador Rodrigo Uribe, empresario conservador, demostrando así esa amplitud de pensamiento que siempre lo caracterizó, recuerda Cecilia. Fue la misma época en que se vinculó al círculo de la editorial Oveja Negra y se obsesionó con la publicación de literatura marxista- leninista. Entre 1977 y 1979, hizo la práctica académica en la Personería de Medellín, y luego, entre 1982 y 1986,, se dedicó a litigar y a asesorar sindicatos, especialmente en Urabá y en el Magdalena Medio. Para entonces, ya había ascendido al Partido Comunista. Luego asumió la tarea de fundar la Unión Patriótica en Antioquia. Acompañó a Jaime Pardo Leal en su campaña presidencial y asesoró a diversos concejales de la región. Decía que no necesitaba encabezar listas que lo convirtieran en líder, pues él no era para que lo eligieran, sino para que lo nombraran; y así, en 1987, fue designado Personero Auxiliar. Se sentía tan cómodo en esa labor que después del asesinato de Héctor Abad Gómez, asunto que le dolió en lo personal y en lo político, aceptó revivir y presidir el Comité de Derechos Humanos de Antioquia. Desde allí, denunció ejecuciones extrajudiciales,

desapariciones de personas y masacres cometidas contra campesinos inocentes. Eran tiempos de amenazas y crímenes que pretendían detener el ascenso de la izquierda. Cecilia, su compañera hasta el final, relata que él nunca demostró miedo ante el peligro y se mantenía tranquilo:

asistía a fiestas con sus amigos, almorzaba los miércoles en

el Club Medellín y les tendía la mano a los desconocidos

que le pedían ayuda. En enero de 1988, se volvió a posesionar en la Personería

e hizo en su casa la última parranda: invitó amigos, tomó

aguardiente y escuchó Madrigal, su canción favorita. A los

pocos días, comenzó a recibir amenazas en su contra que

lo mantuvieron alerta. Por primera vez aceptó la posibilidad

de irse a vivir a otro país, Argentina tal vez, para representar

a su partido en la política internacional. No era una opción que le gustara, sentía que era una forma de traicionar la lucha de sus compañeros caídos. Le dijo a Gabriel Jaime Santamaría, amigo de la vida y de tantas batallas: “No podemos abandonar el puesto de combate, en medio del sacrificio de lo mejor que tenemos”.

Era lunes 22 de febrero. Rigoberto, su chofer, lo recogió para llevarlo a la oficina. A pocas cuadras de haber salido, un campero interceptó el vehículo. Se llevaron a Carlos y

le dieron un balazo en la cabeza. Abandonaron su cuerpo

moribundo en una calle de Belén Las Playas. Pasados 24 años, el nombre de Carlos Gónima López continúa escuchándose en los pasillos de la Alpujarra. La fecha de su muerte es la misma que celebra el Día de la Personería, y el auditorio de la entidad evoca su memoria.

Carlos

Gónima López

Viajaba de Nare a Puerto Berrío cuando la lancha naufragó en medio del Magdalena. Los ocupantes cayeron, casi todos se sostuvieron de la embarcación y se salvaron. El asesor del sindicato, en cambio, se quitó los zapatos, se dejó llevar por la corriente. Un pescador lo rescató río abajo, un par de horas después, y ambos celebraron el suceso. Carlos Gónima López era de decisiones rápidas y buen conciliador. Como abogado prefería un mal arreglo a un pleito largo. Su esposa, Cecilia Vélez, lo recuerda como un hombre brillante, buen amigo de sus amigos, siempre dispuesto a negociar. Dice, por ejemplo, que si sus asesinos hubieran podido conversar con él durante unos minutos, no le habrían disparado. Era un líder que podía llegar a consensos, que sabía

Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Archivo Familiar

Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Archivo Familiar

un líder que podía llegar a consensos, que sabía Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Archivo

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un líder que podía llegar a consensos, que sabía Perfil: Margarita Isaza Velásquez / Fotografía: Archivo

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA latinoamericanos buscando ilustrar sobre el “otro mundo”

latinoamericanos buscando ilustrar sobre el “otro mundo” alejado del capitalismo y los beneficios individuales. “¿Cuál es el problema del comunismo si Jesús decía que todo era común?”, le preguntaba a una monja de la comunidad Capuchina en sexto de bachillerato. “Que los comunistas son ateos”, respondió. ¿Qué era más importante? ¿Creer u obrar? Esa era la incoherencia que encontraba en la doctrina social de la iglesia. Fue difícil enfrentar las concepciones de su padre porque decidió estudiar medicina, que según él, era una carrera para hombres. Pese a todos los prejuicios sociales ingresó al Alma Máter en 1970 a una carrera en la que más del 90 % de los estudiantes eran hombres. Mayo del 68 y otras revoluciones en el mundo tuvieron eco en las universidades públicas latinoamericanas y en esos años se hizo el Primer Programa Mínimo de los Estudiantes Colombianos. Astrid no fue ajena a estas movilizaciones y allí conoció a su futuro esposo, también estudiante de medicina. En época de crisis política y de cierres en las universidades, ambos debieron dejar la Facultad de Medicina para dedicarse al trabajo con los habitantes de los barrios más pobres. La coherencia ideológica con la realidad social se refleja en que vivieron en los barrios más marginados de Medellín y Bogotá haciendo atención primaria en salud. Astrid se graduó de Enfermería en la Universidad de Antioquia. La esencia de su profesión es el cuidado y eso es lo que ha hecho durante su vida, cuidar y velar por el bienestar de los demás. Su vocación está en encontrarse con una madre, escucharla y sentir sus necesidades a través de las palabras o subir a pie cientos de escalones con un grupo

de estudiantes para organizar jornadas de salud en La Cruz

y La Honda, barrios marginados de Medellín, originados por

invasión. Ser maestra al aire libre no es su problema. La práctica en el barrio alto es su aula de clase y sus estudiantes no necesitan manuales clínicos sino oídos atentos y un mínimo de sensibilidad para reconocer las necesidades de la comunidad. Fue presidenta de la Asociación de Profesores en el 2003

y decana de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Antioquia (2004-2007). Es profesora orgullosa del Alma Máter, la ama y la critica cuando toca. Le gusta trabajar con jóvenes porque cree que tienen

el poder de la reflexión. Por eso no comparte la visión light de las nuevas generaciones que no se preguntan por las problemáticas sociales. “Hay mucho que hacer por este país

y como jóvenes deben asumir responsabilidades”, dice. Por

eso, como buena maestra procura destinar un espacio en su oficina o en sus clases para cuestionarse y pensar como ciudadanos responsables. Su trabajo es defender el diálogo de la universidad con la sociedad a partir de la solidaridad como una forma de reivindicar el compromiso de la academia con los sectores vulnerables. Con esta convicción, desde el 2008 coordina el Programa IDA y el trabajo relacionado con extensión solidaria en la Universidad. Más que en una ideología política, su pasión y su gestión se resumen en la defensa de lo público, esencialmente de una universidad sin violencia ni protestas “trasnochadas”, reflexiva, del pueblo y para el pueblo.

Astrid Helena

Vallejo Rico

La convicción y las ideas firmes son herramientas de lucha irremplazables. Caen miles de seres coherentes en su hacer y pensar, otros sobreviven y mantienen sus ideas

a pesar de la hostilidad de los prejuicios sociales, la religión

y la política. Bogotana, de familia antioqueña e hija única. Siendo una niña, su madre murió y su padre se hizo cargo de su educación. Él era un ingeniero civil prestante en la capital, “godo-godo”, como dice Astrid, por eso ella estudió interna en colegios católicos, en un ambiente monástico y religioso. De ahí otro aspecto admirable, su disciplina y su método en la vida cotidiana. En su pupitre reposó el Manifiesto del Partido Comunista que le regaló su profesor, uno de los cientos de escritos que llegaban desde Rusia a varios países

Perfil: Juan Esteban Vásquez Mejía / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Juan Esteban Vásquez Mejía / Fotografía: Natalia Botero Oliver

que llegaban desde Rusia a varios países Perfil: Juan Esteban Vásquez Mejía / Fotografía: Natalia Botero

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que llegaban desde Rusia a varios países Perfil: Juan Esteban Vásquez Mejía / Fotografía: Natalia Botero

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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Índice UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Del colegio se graduó con honores, le dieron la

Del colegio se graduó con honores, le dieron la distinción Fidel Cano por haber sido el mejor estudiante. Su estímulo fue ingresar a la carrera que quisiera en el Alma Máter; eligió Ingeniería Química, pero unos semestres más tarde se cambió a Licenciatura en Matemáticas y Física: “La matemática me parecía certera, es algo en lo que se puede confiar; además, domina”. Siempre vestía de cachaco y pantalón de lino oscuro “porque a uno prácticamente lo veían como un doctor. Estar en la universidad era adquirir independencia”, explica. Los trajes se los obsequiaba Jorge Díaz, un comerciante que al conocer la historia de Plutarco —muchas ganas de estudiar y poco dinero— prometió ayudarle. Las prácticas pedagógicas las hizo en el Liceo Antioqueño,“mis compañeros fueron quienes habían sido mis profesores, fue un reencuentro muy especial. Cuando

terminé la práctica me ofrecieron seguir como profesor”. Era el año 1969, Plutarco dijo “sí”. Dictó clase desde tercero

a sexto de bachillerato, profesor exigente, pero sosegado.

Sospecha que le tenían de apodo Capitán Centella porque en esa época daban por la televisión una caricatura con un personaje que, como él, viajaba en moto a donde iba. Una década más tarde, al tiempo que Plutarco decidía regresar a las aulas de la Universidad de Antioquia como estudiante de Derecho, el ambiente del Liceo cambió. En la

época del narcotráfico, dictar clase era un oficio peligroso. Muchos profesores fueron amenazados por pertenecer

a algún movimiento político o por ser defensores de los

derechos humanos o por ponerle menos de tres a alguien.

Muchos fueron asesinados. A él nunca lo amenazaron,

pero encontraba doblada la placa de su Renault 4. Llegó el dolor profundo: en 1988 el Liceo de Antioquia fue cerrado. “Fue un duelo difícil”, dice Plutarco, y agrega:

“A los profesores nos enviaron a otros colegios. A mí me tocó en la Normal de Envigado, ahí trabajé hasta que me jubilé. Nosotros queremos mucho el Liceo, tanto es así que a veces nos encontramos exalumnos y excompañeros a tomar tinto y a contar historias con mucha nostalgia”. Todas las mañanas, Plutarco camina, acompañado de su esposa, bajo la sombra de los cabuyos, laureles y acacias de la universidad. Antes del medio día se toma hasta tres tintos en la tienda de la esquina de la cuadra donde vive, mientras lee el diario o conversa con un grupo de amigos. Almuerza con su esposa. En las tardes está en su oficina en el centro de la ciudad, donde no faltará quien necesite sus servicios. Cuando cae la tarde —aún en su oficina—, coge su guitarra acústica y entona la melodía de un bolero: “Una vez, nada más/ se entrega el alma/ con la dulce y total/ renunciación, / y cuando ese milagro realiza el prodigio de amarse/hay campanas de fiesta que cantan en el corazón”.

Plutarco Elías

Arias

De niño, Plutarco correteaba por la calle ancha y de tierra amarilla tras la polea del tranvía que circulaba por Manrique, el barrió donde creció. Fue un muchacho juicioso, prefería estar en casa estudiando; además, en el Liceo Antioqueño el estudio era exigente y los profesores muy templados. “Estudiar allí era un orgullo, era el colegio donde se formaban los líderes del país. Recuerdo que el día del aniversario de la universidad hacíamos un desfile que paralizaba la ciudad. Vestíamos el uniforme blanco y verde, con escudo y un gorro”, dice. Los fines de semana la cita era en el Teatro Manrique o en el Lux, para ver las películas del género western; los espectadores, excitados, buscaban el piso cuando oían las balas. Si pudiera empezar de nuevo, Plutarco lo haría.

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Natalia Botero Oliver

Si pudiera empezar de nuevo, Plutarco lo haría. Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Natalia

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Si pudiera empezar de nuevo, Plutarco lo haría. Perfil: Ana María Bedoya Builes / Fotografía: Natalia

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dato no se les pregunta.“Nací el primero de marzo del 47”, se apresura a contarme, y complementa por si la aritmética no me favorece:“Tengo 65”. Garzón es el apellido que heredó de su padre, Germán, quien trabajó toda la vida en la Compañía Colombiana de Tabaco y murió en 1978. Ruiz es el apellido que heredó de su madre, Aurora, ama de casa, hoy de 92 años. También porta el apellido de su esposo. Fue bautizada, como todos los paisas hasta dos generaciones después de la suya, y fue de misa diaria hasta la universidad, pero hoy, aunque sigue siendo creyente, se mantiene distante de toda manifestación religiosa. Esto no la hace ajena al amor por la humanidad, por los otros seres

y por el universo. Y aunque no es una mujer de tristezas ni depresiones, se compunge con las diabluras que hacen los

hombres. Las lágrimas le enrojecen la mirada al recordar, por ejemplo, la imagen de los campos de concentración en que

la guerrilla mantenía —mantiene— a sus secuestrados: “Me

amargó por días y por meses; yo no podía pensar en otra

cosa”. Ella es ella misma en los oficios que ha ejercido. En la universidad estudió Ciencias de la Comunicación, carrera

a la que adobó con materias de Antropología, y después

la maestría en Literatura Colombiana. Además ha sido cantante y pianista, costurera y mecánica de carros, cocinera

y galerista, apicultora y animalista, y ahora barista (experta en preparación de café de alta calidad). Así se resume a sí misma: “A mí me gusta todo. Me gusta la vida”. El café está ubicado en la avenida Jardín, y aunque inicialmente se pensó como un conversadero de personas mayores, jóvenes como un muchacho que usa falda y otro

mayores, jóvenes como un muchacho que usa falda y otro que escucha música se lo han

que escucha música se lo han tomado para charlar o nada más estar allí. Hoy ha venido desde México a conocer el sitio que lleva por nombre el apellido de su familia Fernando Vallejo, el escritor, el leído y admirado maestro de la narrativa latinoamericana actual. Él quería que se llamara El Cafecito de Estambul, pero en esa familia donde las decisiones se toman por votación, se impuso como nombre Vallejo, el que propuso Nora. A casi todos —personas, instituciones—, el Vallejo mayor les tiene reservada una constante sarta de reproches en todos sus escritos. Se salvan muy pocos, Aníbal y Nora y los animales. Sobre ella, ya que es el tema de la tarde, dice: “Nora es una persona muy generosa, de alma grande, bondadosa, feliz. Irradia la felicidad. Siempre está contenta, haciendo cosas, haciendo el bien, nunca haciendo el mal ni ambicionando nada. Está curada de ambiciones, o no las ha tenido. ¿O tú no la ves como muy feliz?”. Hay que responderle a un maestro cuando te habla. “Muy tranquila”, respondo. Comento: “Muy contenta”. Él concluye:

“Tiene la paz del alma”. Rato después, ella misma se define:

“Yo no paso de ser una persona como cualquiera. Nora de Vallejo”.

Nora

Garzón de Vallejo

¿Cuál es el lugar en el que es más ella misma? Puede ser cualquiera en esta ciudad por la que se desplaza sin cesar haciendo cosas. La casa del barrio Laureles que fue de sus suegros y que ahora habita con Aníbal, el artista polifacético que ha sido su esposo desde 1969, y con dos perros y dos gatos. La sede de la Sociedad Protectora de Animales, donde ella y los suyos se congregan cada dos de tres días para cuidar a esos otros habitantes desprotegidos y maltratados de Medellín. O puede ser el café que fundó hace unos meses con Aníbal y sus hijos. Lo primero que ella es, es un nombre. Norelia es la identidad que le pusieron en la pila de bautismo, en Envigado, pero Nora es como la llama todo el mundo. No he querido preguntar por su edad, pues a las damas ese

Perfil: César Alzate Vargas/ Fotografía: Julian Roldán Alzate

Perfil: César Alzate Vargas/ Fotografía: Julian Roldán Alzate

querido preguntar por su edad, pues a las damas ese Perfil: César Alzate Vargas/ Fotografía: Julian

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querido preguntar por su edad, pues a las damas ese Perfil: César Alzate Vargas/ Fotografía: Julian

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reforma educativa en Educación Superior en Bolivia y en departamentos como Atlántico y Risaralda, cuenta que apenas se graduó, la universidad lo vinculó como profesor de Estudios Generales; dictaba clases de química, cuando no estaba enseñando estaba preparando sus clases. Allí trabajó hasta que recibió un comunicado del Ministerio de Educación para trabajar en un proyecto nacional: sería el programador de química para los Inem (Instituto Nacional de Educación

Media Diversificada) de todo el país. Viajó a Bogotá y conoció

a profesores que venían de distintos departamentos. Sabía

de la responsabilidad que tenía, por eso se preocupó por estudiar acerca de currículos y de pensar cuál sería el mejor modelo para la enseñanza. “He sido un práctico de la educación; más que teórico, me ha gustado más el hacer. Creo que la enseñanza debe partir de problemas, ojalá de la vida real, de esa manera el

estudiante tiene que investigar”, dice. Severiano fue uno de los fundadores del Inem de Medellín, y luego sería el vicerrector. Por su gestión en el diseño de currículos, el Ministerio de Educación le ofreció estudiar un posgrado en Administración de la Educación en la Universidad Pedagógica de Bogotá. En

la capital, además de hacer el posgrado, fue rector del Inem

de la localidad de Kennedy. Por su ímpetu y liderazgo, en 1976 fue nombrado jefe de

la división de currículo del Ministerio de Educación para la

reforma educativa que emprendió el Gobierno colombiano. Su misión fue diseñar programas de estudio y capacitar a los profesores: recorrió todo el país, visitó colegios y escuelas, hasta las más apartadas de la selva chocoana. “Me encontré con escuelas deficientes, sin recursos, profesores sin vocación