ROSARIO DOMÍNGUEZ

ROSARIO DOMÍNGUEZ

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A mi hijo Enrique que me hizo insumisa A todos nuestros queridos hijos insumisos

Las madres Insumisas que aprendimos de nuestros hijos, y luchamos junto a ellos por defender el derecho a la objeción de conciencia, sentimos y pensamos que estos años de lucha no deben perderse en el olvido porque forman parte de la historia más reciente de nuestro país. Por este motivo, y para despertar la conciencia dormida de esta sociedad, es por lo que quiero dejar por escrito esta parte de nuestra vida, que estuvo ligada durante muchos años, al menos diez, a la de nuestros hijos objetores de conciencia insumisos.

ÍNDICE
pRólOGO ......................................................................................................................................................................................................................................................Pág. 7 UN pOCO DE hIStORIA DEl MOvIMIENtO DE ObjECIóN DE CONCIENCIA Al SERvICIO MIlItAR EN ESpAñA ..................................................................Pág. 9 lAS CáRCElES MIlItARES .......................................................................................................................................................................................................................Pág. 17 lA GUERRA ..................................................................................................................................................................................................................................................Pág. 39 lA ASOCIACIóN DE MADRES, pADRES y AMIGOS DE ObjEtORES DE CONCIENCIA INSUMISOS ..........................................................................................Pág. 51 lAS CáRCElES CIvIlES. CENtROS DE ExtERMINIO ..........................................................................................................................................................................Pág. 89 lA INSUMISIóN EN lOS CUARtElES: UN pASO ADElANtE ............................................................................................................................................................Pág. 105 bIblIOGRAfÍA .............................................................................................................................................................................................................................................Pág. 114 DOSSIER DESObEDIENCIA CIvIl (MOC vAlENCIA) ............................................................................................................................................................................Pág. 115 DISCURSO DE pEpE bEUNZA ...................................................................................................................................................................................................................Pág. 116

pRólOGO
Cuando en enero de 1971 me metieron preso en el calabozo del cuartel de Marines (Valencia) por declararme objetor de conciencia noviolento, los sentimientos de miedo y soledad, pues era un tema totalmente desconocido, se compensaban con mi cabezonería (soy hijo de navarro y tauro) y la responsabilidad de saber que en ese momento empezaba una campaña de apoyo internacional que llevábamos preparando desde hacía dos años. Pues bien, ni en los momentos más optimistas podía soñar que 30 años más tarde desaparecería la mili con un balance tan espectacular. Cerca de un millón de objetores, treinta mil insumisos encarcelados o procesados y dispuestos a ir a la cárcel y más de mil años de cárcel cumplidos. La heroica, inteligente y muchas veces divertida, lucha de los insumisos, debería ser estudiada en todas las escuelas, como modelo para el cambio social de leyes injustas. Cuando una persona está dispuesta a ir a la cárcel por defender sus ideas de manera noviolenta, se convierte en una fuerza más poderosa que el estado. Esto es lo que demostraron los insumisos y pagaron un precio muy elevado. En 1995 había más de trescientos insumisos presos en una democracia formal y eran un ejemplo para todos los pacifistas del mundo. Creo que valió la pena. Conocer a los insumisos es de las cosas buenas que me han pasado en la vida. Fue duro porque durante muchos años los acompañé a la cárcel, los visité, los esperé a la salida para después acompañar a los que hacían el relevo y seguir la rueda. Creo que me autoinculpé (qué acción más inteligente) de cuatro y los cuatro acabaron presos. Fui hasta Badajoz para acompañar al insumiso Carlos Pérez en su consejo de guerra. Los consejos de guerra, si no dan miedo, dan risa y Carlos no tenía miedo, hizo un discurso magnífico mientras los militares con toda su parafernalia se iban haciendo pequeñitos. La gran fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza. Pagó un buen precio, condena de dos años, seis meses y un día. Y valió la pena. Sigue fuerte y luchador. Oscar Cervera en el Consejo de Guerra de Valencia se volvió a los soldados y les dijo: «Ustedes, sean hombres y deserten» y los militares que le juzgaban alucinaron. Yo que tengo el honor de ser desertor condenado en un consejo de guerra pero que pasé mucho miedo, no podía creer que hubiera gente tan valiente y digna. También pagó el precio. Fue del grupo de los últimos insumisos que salieron de la cárcel cuando la mili ya no era obligatoria. Y como ellos muchos más. Y muchas acciones arriesgadas, llenas de humor, de imaginación y de noviolencia. Hay que recordarlo, estudiarlo para aprender, para reflexionar, para animarse y seguir. Por eso este libro es importante. Y que lo escriba una madre de insumiso le añade un plus de sentimiento porque no defendemos ideas, defendemos la vida. Como dicen los del MOC de Barcelona, el premio que queremos es el del desarme. Ese premio aun queda por desgracia bastante lejos, pero hay camino hecho. Y ahí queda. Y seguimos y seguiremos y como decíamos con humor a los insumisos presos, «de derrota en derrota hasta la victoria final». Un abrazo muy fuerte de paz. Pepe Beunza Marzo de 2012 Barcelona 

UN pOCO DE hIStORIA DEl MOvIMIENtO DE ObjECIóN DE CONCIENCIA Al SERvICIO MIlItAR EN ESpAñA

En principio haremos una breve definición de la objeción de conciencia: Ampliamente se entiende por objeción de conciencia la negativa a obedecer una orden o norma legalmente establecida, invocando la existencia de una norma de rango superior, interna o externa, pero no escrita, que le impida asumir la conducta prescrita. Ante la injusticia o la aberración debe llegar un momento en que el hombre o la mujer, ha de negarse a obedecer a un jefe o una ley, si quiere ser fiel no solamente a su conciencia individual, sino sobre todo a la conciencia colectiva o bien común, desautorizando así, las doctrinas de la «obediencia debida» de los procesos de Nuremberg o más recientemente de Argentina. Desde la filosofía se puede incluso justificar el reconocimiento de un derecho general a la objeción de conciencia, algo rechazado desde instancias gubernamentales porque socavaría el Estado de Derecho que sustenta el mismo concepto de Estado. Por ello los Estados regulan aquellas disidencias que adquieren relevancia en un claro intento de evitar que cuestionen la continuidad de la norma. Porque si bien la desobediencia individual no resulta una amenaza para el orden establecido, lo cierto es que su contagio hace que comience a serlo. En este sentido, podemos hablar en propiedad de la objeción de conciencia como una manifestación de la desobediencia civil. El primero que utilizó este término fue thoureau: El deber de la desobediencia civil (Ed. Parsifal, Barcelona 1989). Las ideas de Thoureau fueron asumidas por los cuáqueros, hoy firmes defensores de la objeción de conciencia, por Tolstoi y por Gandhi. Otros muchos más (Dolci, Milani, Luther King) han secundado la desobediencia civil como método para acabar con las leyes o con situaciones injustas, abrazando la no violencia como estrategia o como forma de vida. El término objeción de conciencia, responde en su origen a una acción colectiva de desobediencia civil promovida por Gandhi en Sudáfrica. Simultáneamente en Europa a comienzos del siglo XX, se produce una explosión antimilitarista, que acompaña al incipiente movimiento obrero. Aquellos que se oponían a las confrontaciones bélicas, se autodenominaban objetores de conciencia. Después, durante la 1ª y 2ª guerra mundial, pasaron a llamarse «resistentes a la guerra», marcándose como objetivo la eliminación de las guerras y la abolición de todas sus causas y es hoy en día la entidad que reúne a las organizaciones de objetores con contenido antimilitarista. 

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La objeción de conciencia al servicio militar es una expresión nítida e indiscutible de la desobediencia civil. Ofrece una estrategia fundamental a todos los comprometidos en la lucha por la paz. No se trata sólo de hacer desaparecer las armas de destrucción masiva y el comercio de armamento. La cuestión es erradicar los valores que alguna vez los hicieron posibles. Para ello es necesario fortalecer la conciencia social, en el sentido de rechazar la pasividad de los ciudadanos frente a los preparativos militares del Estado. La objeción de conciencia en el Estado Español fue desde sus comienzos un frente de oposición a la dictadura y a su régimen militar. Las leyes contemplaban como un honor defender a España con el ejército. En la cabeza del poder no cabía la posibilidad de que alguien se negase a tal honor. Mentalidad que todavía existe en las cúpulas militares. A finales de los años 50, en pleno franquismo, los Testigos de Jehová se niegan a coger las armas cuando son llamados a filas declarándose objetores de conciencia. Un año más tarde se niegan a realizar el servicio militar, pasando muchos años en prisión. Como en el Código de Justicia Militar de 1945 no estaba previsto la negativa a realizar el servicio militar, se les condenaba por el delito de desobediencia que se castigaba con una pena de 6 meses a 6 años de prisión. Al término de la condena se les obligaba de nuevo a realizar el servicio militar y al negarse, volvían a ser condenados con lo que enlazaban unas condenas con otras, pasando así muchos años encarcelados, siendo duramente reprimidos. Sus motivos fueron esencialmente religiosos, no entraban en consideraciones políticas, éticas o filosóficas. Hasta los años 70 la sociedad no tuvo conocimiento de estos primeros objetores, debido en parte al aislamiento de su comunidad, a la censura de prensa y a su reclusión en castillos militares como el penal de la Mola en Mahón, donde pasaron la mayor parte de su condena olvidados entre los demás reclusos a los que se les conocía por el nombre de los «penitos». En este mismo año, el gobierno envía un proyecto de ley a las Cortes sobre la Objeción de Conciencia que es rechazado por la Comisión de Defensa compuesta en su mayoría por militares, tachando a los objetores de locos, delincuentes y traidores. Otro segundo proyecto de ley, presentado al año siguiente es igualmente rechazado.

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Puede señalarse el año 1971 como el inicio del Movimiento de Objeción de Conciencia, cuando Pepe Beunza, católico practicante, se niega a realizar el servicio militar, no solamente por razones de índole religiosa sino también por motivaciones políticas, declarándose pacifista y antimilitarista. Es encarcelado durante varios años, primero en la cárcel Modelo y en la de Jaén y sometido posteriormente a un Consejo de Guerra que le castiga duramente, siendo trasladado a El Aaiún, a una compañía disciplinaria de la Legión con los peores delincuentes. Fue sometido a otro Consejo de Guerra, pasando por varias cárceles, hasta el año 1974 que es puesto en libertad. Conocimos personalmente a Pepe en Barcelona en un encuentro de madres y padres de Insumisos. Es un hombre de 59 años, ingeniero técnico agrícola, simpático y vitalista que sigue luchando por la no violencia activa. Con Pepe la Objeción de Conciencia comienza a ser conocida por la sociedad, sobre todo por los apoyos que recibió, tanto a nivel nacional como Internacional, como la famosa marcha que se realizó desde Ginebra hasta la cárcel de Valencia. Entonces se agitó un movimiento no violento europeo. En Notre Dame de París se colgó una pancarta gigante que rezaba: «Libérez Pepe». Esta solidaridad internacional, se expresó en la recomendación que hizo a España el Consejo de Europa para que se regulase la objeción de conciencia. En este mismo año 1973, cuando el régimen franquista vivía sus últimos momentos, se aprueba el artículo 383 del Código de Justicia Militar, condenando a los objetores a una pena de 3 a 8 años de prisión, terminando así con las condenas en cadena. Un año más tarde, Pepe Beunza sale de la cárcel definitivamente y junto con algunos de los componentes de la Marcha a Ginebra diseñan un proyecto para la creación de un Cuerpo de Voluntarios para el Desarrollo. Consistía en la realización de un servicio civil de dos años de duración que sustituiría al servicio militar. Este servicio estaría controlado por el gobierno. Pero ante la negativa del Ministerio de aceptar esta propuesta cinco de los jóvenes firmantes del manifiesto de Voluntarios para el Desarrollo, inician un servicio civil en el barrio de Can Serra en L’ Hospitalet de Llobregat, declarándose objetores de conciencia. Reivindicaban un servicio civil autogestionado como un paso hacia el reconocimiento de la objeción de conciencia. Fueron encarcelados, hasta que en el año 1976 el gobierno decreta un indulto que incluía a los objetores. Hasta esta fecha se calcula que entraron en las cárceles cerca de 300 objetores de conciencia. A finales del año 1976, durante el gobierno de Adolfo Suárez, se regula un Decreto Ley (3011/76) de carácter religioso, que impone un Servicio Cívico de 3 años, en sustitución del Servicio Militar. Pero ni siquiera llegó a ser aplicado porque no se presentó ninguna solicitud, debido a la campaña de los objetores de conciencia que ya en este año habían alcanzado una gran notoriedad y se habían organizado a nivel estatal, creando el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC). Ante el conflicto que se había generado, el entonces Ministro de Defensa Sr. Gutiérrez Mellado, dictó una orden a todas las Capitanías Militares para que se apartara del servicio militar a todos los que al incorporarse a filas o estando prestando el servicio se declararan objetores de conciencia bajo la concesión de una prórroga hasta que la ley regulara la objeción de conciencia. En estas circunstancias la UCD entonces en el poder, plantea un Proyecto de Ley de objeción de conciencia que es rechazado por toda la oposición parlamentaria. El propio PSOE critica el proyecto tanto en las sesiones parlamentarias como en su propuesta alternativa, desarrollada en Cuadernos Parlamentarios nº 8, Madrid 1981, elaborado por Gregorio Peces Barba (que a su vez presidió el Congreso de los Diputados en la posterior aprobación de la ley reguladora de Objeción de Conciencia de 1984) en donde se exponía: El proyecto del gobierno, escasamente sensible a la libertad de conciencia, estima que sólo podrá hacerlo quien sea llamado a cumplir sus obligaciones mili­ tares, olvidando que con posterioridad a ese momento, es factible el ejercicio del derecho subjetivo precisamente porque las convicciones no son estáticas, pueden modificarse sin necesidad de declararlo (Art. 16.2 de la Constitución).

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Es evidente que esa mayor duración no puede tampoco encubrir una especie de castigo a la conciencia, como sucede por ejemplo en la legislación francesa o en el proyecto de ley del gobierno, que establece que la prestación excederá de un año a la del periodo vigente para el servicio en filas, que puede ser superior al doble de ésta. En octubre de 1977 se declara la Ley de Amnistía, que se hizo extensible de forma global a cuantos hubieran sido condenados por declararse opuestos a la prestación del servicio militar por motivos de conciencia. El Movimiento de Objeción de Conciencia se va organizando a nivel estatal, convocando el primer Congreso en Euskadi donde se elabora una estrategia de acción no violenta oponiéndose tanto al servicio militar como al servicio civil. En este periodo van surgiendo grupos antimilitaristas en toda las provincias, como el grupo Anti-Otan de Barcelona (GAMBA), que se extiende con rapidez, pudiendo celebrar el primer Encuentro de Organizaciones Pacifistas anti-OTAN en Zaragoza. El MOC en esta época profundiza en sus planteamientos ampliando su contenido a otros aspectos como la objeción fiscal, educación para la paz, participación de la mujeres en la lucha antimilitarista, participación en manifestaciones anti-OTAN, etc. En el encuentro que se celebra en Barcelona en 1984, se debate la estrategia a seguir ante la nueva Ley de Objeción de Conciencia presentada por el PSOE, donde se rechaza tanto el servicio militar como la Prestación Social Sustitutoria (PSS). Con el gobierno del PSOE se inicia el camino hacia la Insumisión que venía ya gestándose durante estos años. Con la Ley de Objeción de Conciencia (LOC), ley 48/84 del 26 de diciembre de 1984, aprobada durante el gobierno de Felipe González, se pretendía terminar con el problema de los objetores, al crear una Prestación Social Sustitutoria (PSS) al servicio militar, pero el problema lejos de solucionarse se agravó debido a la oposición del MOC y de una gran mayoría de jóvenes contrarios al servicio militar. Esta Ley creaba un Consejo Nacional de la Objeción de Conciencia (CNOC) encargado de determinar quienes eran declarados objetores y quienes no, negando así la Objeción de Conciencia como un derecho fundamental. El Consejo funcionó tarde y mal. Se pretendía despolitizar la lucha seleccionando a los objetores. Ante esto el MOC reacciona presentando ante los gobiernos civiles el 15 de mayo de 1985, una DECLARACIÓN COLECTIVA DE OBJECIÓN DE CONCIENCIA. Esta declaración suponía un desafío a la LOC al no reconocer autoridad ninguna al Consejo. El gobierno se vio en una situación bastante comprometida al tener que reconocer como objetores a aquellos que no cumplían los requisitos que marcaba la Ley, en espera de la resolución del Tribunal Constitucional al recurso interpuesto por el Defensor del Pueblo, Joaquín Ruiz Giménez, a instancia del MOC y de organizaciones pacifistas y de la cuestión de inconstitucionalidad que presentó la Audiencia Nacional para que se regulara el Derecho Fundamental de la Objeción de Conciencia y sobre los plazos para declararse objetor, ya que la ley no reconocía a los que objetaban una vez incorporados a filas. Las declaraciones colectivas fueron admitidas hasta febrero de 1988 reconociéndose unos 10.000 objetores. En octubre de 1987 el Tribunal Constitucional desestima los recursos interpuestos tanto por el Defensor del Pueblo como el de la Audiencia Nacional, considerando que la objeción de conciencia no es un derecho fundamental sino constitucional, y que el CNOC es el que otorga la condición de objetor, penalizando la objeción de conciencia con un servicio sustitutorio del servicio militar (PSS). Es extraño que el gobierno del PSOE legislara poder hacer una prestación sustitutoria del servicio militar, cuando esa idea fue puesta en práctica voluntariamente por los que se declararon objetores en L’ Hospitalet y por ello fueron encarcelados. Se pierde así el carácter social de la prestación al hacerse obligatoria, convirtiéndose en un servicio militar encubierto, en un castigo para los objetores. Así no entiende la objeción como un derecho fundamental de la sociedad que aspira a un mundo en paz, sino como una exención de la mili. Se prohíbe objetar cuando se está en filas, se establece un régimen punitivo muy duro para los objetores, se obliga a declarar ante un tribunal las razones para objetar permitiendo que se investigue sobre las mismas, se vincula

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la objeción y la exención del servicio militar a la realización forzosa de una prestación equivalente a la militar y sustitutoria de este, a la que incluso se endurece con una mayor duración. El MOC se opone frontalmente a la realización de la PSS por las consideraciones antes expuestas además de resaltar su carácter insolidario, al ser los prestacionistas mano de obra gratuita ocupando puestos de trabajo. Ante este panorama legal se plantean directamente la INSU­ MISIóN al servicio militar todos los objetores a los que el CNOC no reconoce como tales, los que no son reconocidos por la Declaración Colectiva, los que se declaran objetores sin mandar la instancia al Consejo, los que objetan una vez incorporados a filas o sobrevenidos, y todos los que vuelven a objetar o reobjetores. Al gobierno se le plantea un grave problema al carecer de infraestructuras para la realización de la PSS ante la enorme cantidad de objetores, optando por aplicar una «amnistía» de la que se beneficiaron unos 22.000 objetores. Los «amnistiados» realizan una quema de documentos y envían al gobierno cartas colectivas en las que renuncian a la condición de objetor y piden ser llamados a filas. El gobierno no admite las denuncias. Su decisión era a toda costa dar pasos para implantar la prestación sustitutoria. Esta declaración la hicieron colectivamente unos 2.000 objetores. Los nuevos objetores de conciencia en vez de buscar el «reconocimiento legal» de la condición de objetores, deciden iniciar la INSUMISIÓN de forma directa, mediante la negativa incluso a pasar por la oficina que juzga las conciencias y pasar al enfrentamiento directo con la institución militar. Es entonces cuando los objetores se plantan ante las autoridades militares para dejar su NO claro y rotundo: NO al ejército, NO a la prestación sustitutoria y NO a la ley de objeción. Provocan así la INSUMISIÓN como enfrentamiento que desenmascara el verdadero objetivo de la objeción de conciencia, el militarismo. La insumisión se inicia mediante la no presentación de ningún tipo de solicitud al CNOC, es decir, dejándose alistar por el

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procedimiento habitual, optando por no incorporarse a filas, presentándose colectivamente en los Gobiernos Militares y en los Juzgados Civiles, donde se hace entrega de un duplicado de la documentación remitida previamente al Cuartel Militar. La respuesta del poder es bastante irregular y difiere en cada caso. En ningún momento se da una represión masiva conforme a la legalidad ya que llenaría las prisiones de presos de conciencia y sería negativo para la opinión pública. Tampoco pueden dejar que la insumisión quede impune ya que la sociedad perdería el miedo que sostiene al ejército. La solución ha sido la represión selectiva mediante mecanismos legales, prisiones preventivas de muchos insumisos, juicios y encarcelamientos de unos pocos. Aquellos que optan por realizar la PSS al ser reconocidos por el Consejo, crean la Asociación de Objetores de Conciencia (AOC), son los llamados «prestacionistas». En el año 1986 se producen los primeros encarcelamientos a objetores sobrevenidos a los que se juzga como desertores, comenzando las movilizaciones que se prolongarán con el tiempo pues cada vez es mayor el número de objetores de conciencia encarcelados. Así en un artículo publicado en Historia 16 por el juez Navarro dice: La tipificación penal de la insumisión y la existencia de centenares de insumisos en nuestras cárceles constituye un escándalo institucional y un atentado contra la justicia.

Los datos están tomados de LA HISTORIA DE LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA EN EL ESTADO ESPAÑOL. UNA ALTERNATIVA DE PAZ Comisión de Paz y Objeción de Conciencia Del Consejo Local de la Juventud de Córdoba Área de Cultura-Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Córdoba

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diario 16 [ 16 octubre 188 ]

lAS CáRCElES MIlItARES

Llegamos al año 1989, que pasará a la historia del Movimiento de Objeción de Conciencia por realizarse la primera presentación de objetores a la mili ante los jueces militares. Se presentaron en todo el Estado 57 objetores, manifestando su rechazo al servicio militar y su condición de ciudadanos civiles. Este hecho tuvo una gran repercusión en la prensa y en la historia del Movimiento al considerar la insumisión como una lucha colectiva que trataron de individualizar los poderes públicos sin conseguirlo. El día 10 de noviembre de este mismo año mi hijo Enrique debía presentarse en Cartagena para comenzar el servicio militar. Aquí comienza su historia, su lucha y nuestra lucha colectiva por defender el derecho a la objeción de conciencia. Me van a permitir que les cuente la historia tal y como la viví, desde mi propia experiencia personal, que posteriormente nos llevó a la creación de la ASO­ CIACIóN DE MADRES y pADRES DE ObjEtORES DE CONCIENCIA INSUMISOS y cómo las circunstancias y la misma dinámica de lo hechos fueron cambiando nuestra manera de pensar y de sentir frente a un gobierno que se llamaba socialista y obrero y que para su vergüenza mantuvo las cárceles abarrotadas de jóvenes insumisos. Todavía después de tantos años no se ha hecho un análisis serio de lo que supuso en España, mas que en ningún otro país del mundo, este fenómeno de toda una juventud contraria al servicio militar, en definitiva la INSUMISIÓN como único modo de conservar la propia conciencia. En este año, como otros muchos ciudadanos, no conocíamos ni la historia, ni el significado de la objeción de conciencia. Por mi parte sólo sabía que mi hijo Enrique pertenecía al MOC y que según sus palabras era contrario a la guerra y a todas las estructuras que la hacían posible y por tanto se negaba a aprender el manejo de las armas y a realizar cualquier tipo de servicio al ejército. Hasta aquí me parecía una forma de pensar más que razonable. Pero cuando afirmaba que esa postura le podía suponer 2 o más años de cárcel no pude creerlo, en parte porque no lo pensé a fondo y porque creía que esas cosas pasaban en tiempos de la dictadura, pero no en democracia con un gobierno socialista. En ocasiones me sugirió que le apoyara en esta lucha, pero la verdad yo tenía más que suficiente con mis propios problemas. Hacía solamente tres años que su padre había muerto después de una larga enfermedad y que al quedarse en paro le llevó a la muerte. Por mi parte yo busqué trabajo, puesto que además de Enrique tengo tres hijas, Laura, Paz y Esperanza, la pequeña, de 11 años. Hacía menos de un año que había comenzado a trabajar como

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auxiliar de laboratorio en el Ministerio de Agricultura aunque no era lo mío puesto que, mientras criaba a mis hijos, había terminado la licenciatura de Historia Antigua en la UNED y pensaba trabajar de bibliotecaria, pero ya tenía 50 años y creo que encontré trabajo de milagro. Me destinaron a Barcelona y tras unos meses me mandaron a mi nuevo destino aquí en Madrid. Así que por esa época, cuando mi hijo Enrique estaba metido en uno y mil follones y mis hijas seguían estudiando y ocupándose de la casa y de su hermana pequeña yo tenía que amoldarme a mi nueva vida de mujer trabajadora. Digo esto para que se comprenda por qué no me tomé la molestia de en principio pensar en todo lo que significaba el Movimiento de Objeción de Conciencia y la Insumisión. La vida y las posteriores circunstancias me hicieron reflexionar casi a la fuerza. Todavía hoy hay mucha gente que no se ha tomado la molestia de pensar en lo que significó este periodo de nuestra historia, en parte porque a los poderes públicos no les interesa recordarlo. Es por lo que me he propuesto escribir. Hubiera querido hacerlo antes pero es ahora después de mi jubilación cuando he podido recordar estos días. Tengo delante el sumario de Enrique que he releído y me ha causado un terrible dolor de cabeza. Diez años de persecución y cárcel resumidos en órdenes de busca y captura, diligencias previas, procedimientos, autos de procesamiento, exhortos y un largo etc., incluyendo varias cartas de Enrique en las que expresa su decisión de no presentarse al cuartel, ni ante el juez, lo que supuso que el día 7 de marzo de 1990 viniera la policía militar a casa y se lo llevaran esposado a la prisión militar de Alcalá de Henares. Ese día de mañana estaba yo en el trabajo y me llamó mi hija Paz para decirme que a su hermano se lo habían llevado a la cárcel. La verdad, me quedé bastante desconcertada sin saber que pensar, solamente me dije a mí misma que si ellos se habían atrevido a encarcelar a un hijo mío, ahora se iban a enterar de quien era su madre. Este sentimiento de rabia no me abandonó durante todos los años de lucha y aún ahora lo mantengo. Eso te da fuerza y te ayuda a pensar. Me puse en contacto con Juan Carlos Rois, abogado del MOC y con algunos chavales que me acompañaron a la prisión aquella tarde, Juanjo y algún otro que no recuerdo su nombre pero, como nos advirtió Juan Carlos, no nos dejaron pasar. Tres días pasan los presos incomunicados cuando ingresan en prisión. Nos fuimos desilusionados e intranquilos. A la noche Enrique llamó desde la cárcel en la única llamada permitida, bromeando, se ve que para quitar hierro a la situación. Al tercer día fui a la hora de visita con mi hermana Josefina y entonces tuvimos oportunidad de conocer la cárcel por dentro y la verdad es que impresiona. Dan miedo las rejas, los cerrojos que resuenan al abrirse, parecen hechos ex profeso para asustar y los carceleros que nos miraron de arriba abajo y con bastante desprecio. También salió un militar, no recuerdo qué graduación tenía, intentando convencernos de que habláramos con Enrique para que se vistiera con el uniforme reglamentario que se había negado a ponerse y así podríamos verlo en la sala de visitas y no entre rejas como tuvimos que hacer. Claro que al ver que no le hacíamos demasiado caso se marchó un tanto molesto. No recuerdo la conversación que mantuvimos durante la hora de visita en parte porque hablar a través de un cristal por un teléfono es bastante incómodo, sólo recuerdo la figura de Enrique detrás de la reja entero y sonriente. De esta primera visita a la prisión militar de Alcalá de Henares a la última que realizamos no hace muchos años para visitar a los insumisos presos, hay una diferencia. Ahora han suprimido las rejas, no sé si del todo, hay varias salas de visita y se puede ver a los presos a diario. Los carceleros que ahora son de Comisiones Obreras y conocían a Carmen nos recibían como a viejas conocidas, no así otros que mandaban a los presos que pegaran a los objetores encarcelados. Esto era en el exterior, en el interior de las celdas las ventanas seguían chapadas, es decir cubiertas con una chapa metálica con unos pequeños orificios por donde casi no entra la luz, que colocaron a raíz de nuestras marchas a la prisión con el megáfono con el que hablábamos con los presos. La última de nuestras visitas merece ser contada en capítulo aparte. Salimos de la prisión bastante angustiadas, mi hermana y yo pensando en Enrique encarcelado, y los pocos apoyos con los que contaba en aquel momento en la sociedad, donde se les llamaba insolidarios y vagos y otras lindezas. Al menos habían dejado de ser traidores, locos de atar y dignos de ser fusilados, como se decía en época de la dictadura militar.

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el país [ 1 marzo 10 ]

De camino a casa pasamos por las Cibeles ante el Cuartel General del Ejército y vimos un montón de gente y a varios insumisos encaramados en lo alto de la verja de entrada con la pancarta «libertad insumisos presos». Paramos y nos acercamos a la prensa, para decirles que yo era la madre de Enrique, insumiso preso en Alcalá, que estaba siendo castigado por su negativa a ponerse el uniforme reglamentario. Desde ese momento pasé a formar parte del Movimiento de Objeción de Conciencia y tuvieron los insumisos en nosotras, sus madres, sus mejores y más cercanas defensoras. Así desapareció en parte mi angustia y me sentí unida y agradecida a aquellos insumisos que llamaban la atención desde lo alto de las verjas. Pudiera ser que la sociedad no estuviera preparada para comprender la actitud de estos chavales, pero allí estábamos gritando libertad. Allí estaba José Manuel de los insumisos cristianos de Carabanchel, junto con otros muchos que fueron bajados violentamente por la policía y arrastrados a comisaría. Recibí muchas muestras de solidaridad por parte del movimiento y de otras muchas genla verdad [ 25 marzo 10 ] tes, en especial del cura de Entrevías de la Parroquia de San Carlos Borromeo, conocida por todos porque recientemente iba a ser cerrada por la jerarquía eclesiástica y al fin gracias a las presiones la dejaron como centro pastoral. El cura Enrique de Castro, conocido por la prensa por su labor con los chavales de la droga, me llamó un día contándome que había estado en la cárcel visitando a mi hijo, que le habían dejado pasar como confesor y había podido visitarle en la sala junto con el cura de la prisión y que se había reído mucho con las ocurrencias de Enrique. Me enteré así que los chavales del MOC, entre los que se encontraba mi hijo, estaban en la parroquia preparando una acción de protesta contra la pobreza. Hablamos por teléfono muchas veces sin conocernos personalmente y me fue de mucha ayuda en estos primeros momentos de confusión. Pienso que todavía me siento agradecida. El tiempo que Enrique pasó en la prisión de Alcalá no fue mucho puesto que los militares le castigaron duramente por su desobediencia continuada, dejándole en la celda tirado sin nada, ni siquiera un jergón, menos mal que ya estaba entrenado a dormir en el suelo, en casa siempre lo hacía, mientras Lot, el perro, dormía en su cama.
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Por mi parte llamaba todos los días al teléfono directo del coronel jefe de la prisión aprovechando la hora del bocadillo, cuando el despacho estaba vacío, quejándome en principio del trato denigrante que estaba recibiendo. El primer día el secretario del coronel se mostró muy amable, explicándome que en la cárcel se rige por unas normas que había que cumplir y que mi hijo desobedecía por sistema. El segundo día, se mostró con un poco menos de amabilidad ante mi insistencia, al cabo de quince días de llamadas ininterrumpidas, su nerviosismo era evidente. De alguna manera teníamos que resarcirnos del daño recibido en la prisión. Por encima de las normas están las personas y sus derechos y había que hacer entender a los militares que el castigo por sistema no resolvía nada, pero teníamos por delante una difícil tarea ya que el estamento militar y sus cabezas cuadradas no entienden otra cosa que el ordeno y mando y se hace muy difícil intentar el diálogo. Pero al fin tuvieron que comprender, después de años de represión por su parte y de resistencia por el lado de los insumisos. Pero los primeros encarcelados, como era el caso de Enrique, tuvieron que soportar las primeras embestidas, digámoslo así. En la prisión de Alcalá estaba en ese momento Carmelo, que se había declarado insumiso en el cuartel, se quitó el uniforme militar y pasó mas de una semana en calzoncillos sin poder salir de la celda, porque los militares se negaron a proporcionarle ropa. La intervención de Amnistía Internacional declarándole preso de conciencia y las presiones de la calle hicieron que las autoridades de la prisión le proporcionaran otra vestimenta. Después de quince días de desobediencia continuada, los militares se llevaron a mi hijo Enrique castigado a la prisión de Cartagena, sin dejarle hacer ni siquiera una llamada reglamentaria antes de salir. Llamó por el camino, así supimos que salía para su nuevo destino. Por la noche cuando llegó hizo otra llamada desde la cárcel: «Madre, que estoy aquí en la playa de vacaciones». Bueno, parece que está bien, al menos de ánimo. Como en múltiples ocasiones, llamé a Enrique de Castro para darle la noticia y decirle que bajaría a Cartagena el viernes por la tarde a la salida del trabajo. Como no podían venir nadie de casa pensaba ir sola. Enrique me dijo que no me preocupara que saldrían a esperarme al autobús chavales que él conocía. Allí estaban Susi, Ana, Pablo, Luciano y Juanjo, esperando hacía dos horas por una avería del autobús. Por sus caras podía saber qué estaban pensando: «Menudo plantón y ahora tener que acompañar a esta señora». La verdad, unos chicos y chicas estupendos, de comunidades cristianas de base y llevando una granja de desintoxicación de drogadictos. Juanjo era del MOC y por lo visto, según nos contó, había estado en casa durmiendo alguna vez con ocasión de alguna reunión de insumisos, cosa que yo no recordaba ya que en múltiples ocasiones me encontraba amigos de Enrique en casa. Tuvimos ocasión de conocernos en las muchas ocasiones que bajamos a Cartagena. Como era ya tarde quedamos para ir al día siguiente a los periódicos. Les pasé un escrito que traía de Madrid, que ellos pasaron a máquina, para dárselo a la prensa. Fue mi primer intento de comprensión hacia un movimiento que acababa de conocer. Salió publicado en el diario La Opinión de Cartagena, un miérc5oles 4 de abril de 1990. Decía así:

UN INSUMISO EN lA CáRCEl Mi hijo Enrique Martínez de Juan está en el penal militar de Santa Lucía (Cartagena). Un juez ha decretado prisión preventiva porque es «insumiso». Se niega a realizar el servicio militar y cualquier clase de prestación sustitutoria. En Alcalá de Henares donde ha estado 15 días preso ha sufrido incomunicación durante 6 días y se han negado sistemáticamente a pasarle todo cuanto le mandamos, alegando que debe vestir ropa militar, cuando los insumisos de hecho no tienen por qué hacerlo. Esta es una decisión arbitraria que debe ser denunciada. Como él, otros insumisos en las cárceles son tratados de igual manera. Me es difícil escribir ahora sobre esta cuestión y sobre todo despersonalizarla pero me estoy preguntando y sinceramente pregunto: ¿Para qué sirve la mili? Se supone que para aprender el manejo de las armas en caso de guerra. ¿De qué nos vale esto si tenemos sobre nuestras cabezas la amenaza de tantos misiles? El servicio militar en el mundo de hoy no tiene sentido. Pregunten cuántos jóvenes estarían dispuestos a prestar este servicio volun­ tariamente y obtendrían la respuesta. Al fin y al cabo son ellos los que tienen que decidirlo.

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¿Qué clase de democracia es ésta? ¿No debería ser revisada una ley que la mayoría no quiere cumplir? Se intenta resolver el problema implantando una Ley de Objeción de Conciencia que no convence a nadie. Por una parte se impone una prestación sustitutoria como un castigo, sin reconocer el derecho a objetar en conciencia y por otra, se abre una vía de escape para librarse de la mili sin más, cuando de lo que se trata es de que las leyes deben ser justas y que cualquier persona tiene el derecho de negarse a cumplir una ley que él considere injusta. Por esto, los insumisos se niegan a cualquier prestación ya sea militar o civil, antes que someterse a una ley que va en contra de su conciencia. Todo obedece a una cuestión de principios. No se puede estar al servicio de una sociedad que admite la violencia, la institucionaliza, y la impone con los gastos armamentistas. ¿Cuánto dinero mueven las armas? ¿Dónde nos lleva la carrera de armamentos? Podríamos preguntarnos por qué destinan el 8% del presupuesto en armas cuando tanto necesitamos de servicios sociales de todo tipo. Si nuestra juventud no está dispuesta a cambiar este mundo violento que les hemos legado, no sé quién va a ser capaz de hacerlo. Si esto es una utopía, es lógico que la juventud la sueñe. Yo estoy en la mitad de mi existencia y todavía tengo un sueño. Sueño para mis hijos una tierra hermanada, una naturaleza viva, sueño un enorme cráter donde se entierren todas las armas, sueño con un mundo amigo, una tierra solidaria, donde no haya pobres ni ricos, sólo pobres que se aman. Llevar a la práctica este sueño no es imposible, lo difícil es saber de qué forma puede hacerse. Pienso que el principio de todo está en el ser mismo de cada uno, porque la paz se construye día a día con esfuerzo y con ideas, que son estas al fin, las que mueven el mundo, no las armas. Pienso que mi hijo Enrique, ahora desde la cárcel, junto con otros que pasaron antes por ella, están llamándonos a poner en práctica estas nuevas formas de vida. Rosario Domínguez En principio lo que más costaba entender a la sociedad y a los padres era el por qué se negaban los insumisos a hacer la PSS. De hecho esta confusión la mantuvieron muchos. Recuerdo cuando bajamos Carmen y su marido a Burgos, habían pasado ya varios años desde que Enrique salió de las cárceles militares. Íbamos a una charla con los padres de los objetores para que en principio entendieran la cuestión. Les explicamos que la objeción de conciencia es un derecho, que por encima de la ley están las ideas y que nadie puede castigarte por ser consecuente con ellas. Les pusimos el ejemplo de los médicos que hacen objeción al aborto y por eso no se les castiga con realizar más partos o atender a más pacientes. Todo el mundo entiende que existan personas a las que su conciencia no les permite interrumpir un embarazo en los supuestos que marca la ley. ¿Por qué no se comprende entonces que los objetores de conciencia insumisos se nieguen a aprender el manejo de las armas, a ser militarizados y a no aceptar ser castigados con una prestación sustitutoria del servicio militar? Al final, en el turno de preguntas, una de las madres dijo que eso estaba muy bien pero que a ella lo que de verdad le preocupaba eran las pintas que llevaba su hijo y los demás insumisos. La verdad nos quedamos un poco confusas, ya hacía años que nos habíamos acostumbrado a sus vestimentas y hasta nos resultaban extraños los de corbata. Cuando hablas con ellos se te olvidan sus trazas. Aquella noche, en Cartagena la pasé en casa de Ana y Pablo, un joven matrimonio, en una casa muy bonita donde tuvieron la amabilidad de acogerme. Todavía se lo agradezco, no fue solamente en esta ocasión sino en otros fines de semana que bajé con mis hijas. Por la mañana fuimos Luciano, Juanjo y yo a los periódicos La Opinión y La Verdad, los dos diarios de Cartagena. La prensa local hizo un seguimiento profundo durante el tiempo que Enrique pasó en prisión. Así salieron los titulares del día 25 de marzo en La Verdad: Un insumiso de Madrid ingresó en la prisión militar. Y en La Opinión: La madre de un objetor insumiso encarcelado exige su libertad. Sería interminable el sacar todo lo que publicaron los periódicos sobre la insumisión, tengo carpetas llenas de recortes. Pero esto hizo posible que la sociedad conociera lo que significó el Movimiento de Objeción de Conciencia.
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la opinión [ 25 marzo 10 ]

Por la tarde me subieron a la prisión a la hora de la visita. No dejaron entrar a ningún amigo, sólo a mí. Entonces conocí la dureza de los militares de la marina que trataron de obstaculizarme la entrada, añadiendo que mi hijo era un niño bonito y si pensaba que le iban a sacar a pasear. En realidad en lo que yo pensaba era en lo que les esperaba a los de marina con el niño bonito. La cárcel por dentro era tan tétrica como la de Alcalá, sólo que en esta además estaba el carcelero sin quitar ojo, que sumado a las rejas y el cristal, resultaba un tanto molesto. Enrique parecía sereno. El tiempo de visita era corto así que enseguida me mandaron salir. Cuando me encontré fuera comencé a bajar hacia la ciudad y pude comprobar que Cartagena es una fortaleza militar. Así que estaba empezando a sentir una angustia creciente. Pensaba aquí a este chico me lo matan. Encontré un refugio en una iglesia a la que entré para rezar y vi que estaban unos pocos asistentes en una misa y que cada uno hablaba. Me acerqué y les dije que yo pertenecía a otra comunidad en Madrid y que estaba en Cartagena para visitar a mi hijo que estaba preso en la cárcel militar por insumiso, que estaba angustiada por el despliegue de fuerza que había visto en la ciudad. Parecían todos bastante confundidos pero no dijeron nada hasta que terminó la misa. Entonces el cura me dijo si sabía dónde me había metido. Yo le dije que en una iglesia supongo, a lo que añadió que él era el cura castrense y que esa era la iglesia de los militares. Bueno, pensé, me metí a compartir el pan con mis enemigos. Hablamos durante mucho rato pero no llegamos a ningún acuerdo, porque sus razones no me resultaron convincentes. También estaba un militar muy amable que se ofreció para lo que necesitara y me acompañó a casa de Ana y Pablo. De una forma o de otra se hace necesario el diálogo con tus propios carceleros, tú puedes tratar de comprender su posición, pero ellos no se molestarán mucho en entender las razones que te llevaron a ser encarcelado. A la mañana siguiente subimos a la prisión de nuevo y pude entrar los recortes de prensa que le mostré a Enrique a través del cristal ante la mirada asesina del carcelero. Me dijo mi hijo: Muy bien madre, pensé que vendrías a verme pero no creí que fueras a hacer declaraciones. A la salida, los muchachos y muchachas del Movimiento de Objeción de Conciencia, del Mili KK, de la Coordinadora Anti-Otan y de otros grupos ecologistas y pacifistas, habían convocado una concentración a la puerta de la cárcel. Desplegaron la pancarta «Libertad para Enrique, Insumisión». Avanzaron hacia la entrada y los marineros comenzaron a disparar agua con las mangueras. Terminaron empapados. Así acabó aquel primer fin de semana en Cartagena, con el tiempo justo para coger el autobús de vuelta a Madrid. Había descubierto algo muy hermoso, la solidaridad, el sentir común, y tenía el alma llena de agradecimiento y cariño hacia aquellos chavales y chavalas cartageneros y murcianos que con la vitalidad del mediterráneo y la alegría de la huerta, supieron borrar de mi ánimo todos mis fantasmas. Sentía tristeza de dejar a mi hijo entre rejas pero sabía que no estaba solo. También estaban Juanjo, Luciano, Susi, Ana, Pablo, Miguel, Antonio, Pepe, Juana... Y tantos otros. Desde ese día supe que estábamos todos metidos en el mismo compromiso: en el de crear una sociedad más justa donde la guerra y sus estructuras no puedan tener cabida. Durante el resto de la semana llamaba todos los días a la cárcel, pero rara vez daban el aviso y nunca pude comunicar con el gobernador al mando. Al siguiente fin de semana bajé con mi hermana Josefina. Fuimos de nuevo a los periódicos y a la radio con Juanjo. Nos encontramos con Manolo, Fernando, Eva, Pi, Merche, Jorge, y otros amigos. Todos venían a ver a Enrique desde Madrid pero no les dejaron pasar, sólo a la familia. Nos anunciaste que íbais a comenzar una huelga de desobediencia los insumisos presos en Alcalá y tú desde Cartagena. Por lo demás parecías tranquilo. Durante la semana llamé todos los días desde Madrid y sin darme ninguna explicación me colgaron el teléfono, diciendo que mi hijo Enrique estaba incomunicado. Fuimos a la radio Cadena Ser desde donde llamamos durante tres días sin poder obtener ninguna respuesta, solamente en la última comunicación, el oficial que nos había colgado los días anteriores, nos dijo que mi hijo Enrique había cometido una falta muy grave y ante nuestra insistencia afirmó que en la formación del patio, se había quedado delante de todos como su madre le echó al mundo. No me pareció la cosa tan espantosa, hubiera sido peor haberle abierto la cabeza a otro o cosas parecidas pero los militares tienen otra manera de valorar las cosas. También llamaron desde Diario 16 identificándose como periodistas, pero obtuvieron la misma callada por respuesta. No es posible que esté desaparecido, comentó el periodista.

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El sábado fuimos a ver qué pasaba mis hijas y yo, pero nos cerraron el paso, alegando que Enrique seguía incomunicado. Pedimos hablar con el Gobernador al mando de la prisión, que nos recibió de mala gana en jarras y acusándome de ser yo la culpable de la actitud de mi hijo, afirmando que había visto cómo yo estaba con los chavales y que había venido a la manifestación y no a la visita carcelaria. Contesté que eso no era cierto y que solicitaba poder entrar a la cárcel exigiéndole una explicación de lo que había pasado. Contestó que no tenía por qué decir nada, que él estaba al mando y que había que cumplir las órdenes. Al fin, de mala gana, nos explicó que mi hijo Enrique se había desnudado delante de la tropa en formación para leer un comunicado y eso era una falta muy grave, por lo que estaba aislado en celda de castigo. Para remachar la la verdad [ 10 abril 10 ] historia nos sacó una ventana rota diciendo que eso era obra de mi hijo. No le creí en absoluto, como luego se comprobó la rompió otro preso y le cargaron el muerto a Enrique. Contesté que no me parecía tan grave la cuestión y que estábamos mis hijas y yo en nuestro derecho de visitar a Enrique preso. Nos respondió que no íbamos a pasar nunca más. Salimos con un propósito, el de volver a entrar en esa prisión. Estaba convocada una manifestación para las seis de la tarde así que nos quedamos a la puerta a esperar a que subieran todas las organizaciones pacifistas, Movimiento de Objeción de Conciencia, Comisión Anti-Otan, Mili KK, Ecologistas, Cristianos de Base.Primero comenzaron a aparecer los antidisturbios, que nos mandaron retirarnos. Pero les dijimos que estábamos allí esperando a los manifestantes que protestaban por el encarcelamiento de mi hijo insumiso

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preso en esa cárcel. Vimos como los muchachos y muchachas subían gritando «Libertad», la más hermosa palabra que podía pronunciarse en aquel momento. La policía armada con cascos y metralletas, los manifestantes vestidos de colores cantando «Insumisión». Nos marchamos al día siguiente, no sin antes subir de nuevo a la prisión donde recibimos la misma respuesta «No se puede pasar». Todos estos sucesos salían diariamente en los periódicos de Cartagena. Aquí En Madrid apenas una reseña en Diario 16. De esta jornada conservo estos versos que escribí a la puerta de la cárcel mientras esperábamos. Ese 7 de abril cumplía mi hijo Enrique 24 años.

Enrique, hijo Desde la prisión cerrado Así me inspiras, así te siento Cada domingo, subo te veo, Enrejado, macilento, Sintiéndote fuerte, Sin ceder un palmo. ¡Resiste hijo resiste¡ Ellos son muchos Y están armados Tú estás solo, cercado Pero les vencen Tus pensamientos. ¡Resiste hijo resiste¡

Que tus amigos Aquí batallan, Sal pronto libre Que aquí te esperan ¿Qué has hecho hijo que te encerraron? Nada madre, Que no quiero ser soldado Quiero ser libre, persona entera Fiel a mí mismo, a mi conciencia. ¿Por esto sólo se te llevaron? No quiero armas, ni fusiles, ni metralletas No quiero ejército, ni jefes ni coroneles Quiero ser libre, madre que nadie impere.

¿Con quién cuentas hijo? Cuento conmigo, cuento contigo Con los amigos, con los hermanos Mano con mano, codo con codo. Ellos son muchos, pero no piensan Nosotros pocos, pero tenemos «La Inteligencia» Ellos armados, nosotros ¡La Resistencia¡ Enrique, hijo Esto te escribo En tu cumpleaños Sin poder verte Estás incomunicado Tu madre

Durante la semana hablé con el asesor de defensa del Defensor del Pueblo Sr. Chacón, que nos consiguió a través del Ministerio una sola visita para el jueves, día de jueves santo. Bajamos Espe y yo en el tren y pudimos pasar una vez más como nos habíamos prometido. La actitud de los marinos en algo había cambiado, ahora nos miraban con cierta deferencia. Salió Enrique por detrás de la reja, bromeando con su hermana, y nos contó que en el patio se desnudó para leer el comunicado y fueron retirando a todos los presos quedándose él solo con el papel en la mano. La escena no deja de tener gracia. Desde ese momento quedó incomunicado por un mes. Le despojaron de todo, el colchón, la ropa, dejando el ventano cerrado y sin salir al patio. Solo disponía de papel y bolígrafo.

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Ante esta situación, cuando volvimos a Madrid presenté un escrito ante la oficina del Defensor del Pueblo junto con el comunicado de los tres presos insumisos. Decía así:

Madrid 17 de abril de 1990 Sr. D. Álvaro Gil Robles Defensor del Pueblo Madrid

Muy Sr. mío: Como madre del objetor de conciencia insumiso Enrique Martínez de Juan Domínguez, encarcelado desde el día 7 de marzo, quince días en la prisión militar de Alcalá de Henares y posteriormente trasladado a la prisión militar Stª Lucía de Cartagena donde se encuentra actualmente, tengo que denunciar los siguientes hechos: 1º) El trato discriminatorio que hemos tenido que soportar las familias, al igual que otros presos ingresados en esas cárceles, como tener que visitarles siempre a través de la cabina, alegando que no visten ropa militar, cuando existe una resolución por la cual los insumisos pueden vestir de paisano. Las autoridades militares de estas prisiones parecen ignorarlo, puesto que se niegan sistemáticamente a pasarles su propia ropa. Esto supone además una vigilancia constante durante las visitas y una escucha de las conversaciones. 2º) La restricción de llamadas telefónicas que no les pasan cortándoles la comuni­ cación o descolgando el teléfono sin darles aviso. 3º) El no permitir la visita a ningún amigo, ni familiar de segundo grado. Habiéndonos amenazado con no permitir la entrada de las hermanas e incluso la mía. 4º) El no entregarles sus pertenencias, libros, cartas, que son abiertas sistemática­ mente y leídas. 5º) Este trato se ha visto agravado en la prisión militar Stª Lucía de Cartagena, donde ni siquiera han guardado las formas de buena educación, que se supone deben tener los militares. 6º) Llevamos desde el lunes 2 de abril intentando comunicar desde Madrid con mi hijo Enrique y la única respuesta que hemos obtenido tanto nosotros como los medios de
la verdad [ 16 abril 10 ]

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comunicación (Cadena Ser, Diario 16) es que estaba incomunicado, sin otra explicación, colgándonos el teléfono. Lo que nos obligó a viajar hasta Cartagena el sábado día 7 y domingo 8, donde se nos negó la entrada, por orden del Gobernador de la prisión, e incluso tuvimos que aguantar sus malos modos, amenazando con no permitirnos la entrada nunca más. Es por lo que el lunes día 9 de abril, hablé personalmente con el asesor de Defensa de esa dirección quien me garantizó un día de visita para mi hijo. En la visita que pude realizar el día 12, gracias a la intervención del Defensor ante el Ministerio, quiero denunciar la situación en la que se encuentra mi hijo Enrique desde hace 15 días: 1. Totalmente incomunicado en la celda sin salir al patio como es preceptivo. 2. Se le ha privado del colchón y de todas sus pertenencias. Solamente tiene una muda de ropa, bolígrafo y papel. Duerme en el suelo. 3. Las comidas que hace no sirven para cubrir una dieta vegetariana. 4. Tampoco se le permite ducharse. 5. El ventanuco de la celda está herméticamente cerrado, privándole de la ventilación necesaria. 6. En estas circunstancias, le he encontrado sumamente nervioso, lo único que le sostiene en pie es su deseo de no dejarse vencer por las presiones inhumanas y absolutamente ilegales a las que está siendo sometido. 7. Teniendo en cuenta que se encuentra en prisión preventiva, sin juicio y que precisamente ésta sirve para que los inculpados no eludan la acción de la justicia, no parece legal que les tengan en prisión, cuando los insumisos se están presentando ante el juez contínuamente. 8. Cualquier problema derivado de esta situación que afecte su salud física o psíquica será responsabilidad directa de las autoridades militares de esa prisión. 9. La situación en que se encuentra mi hijo, va en contra de los más elementales derechos de la persona expresados en la Constitución. 10. El trato de los presos se agrava considerablemente cuando éstos no tienen el apoyo que pueda tener mi hijo Enrique al estar dentro del Movimiento de Objeción de Conciencia. Por todo ello, se solicita del Defensor del Pueblo una investigación más a fondo de lo que ocurre con mi hijo, con los insumisos y con todos los presos en las prisiones militares. Adjunto escritos de denuncia de los tres insumisos encarcelados recientemente sobre el trato sufrido por ellos. Atentamente Rosario Domínguez

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Carta enviada por los insumisos: CARMELO SANZ RAMIRO, ÍÑIGO IRASUEGUI Y ENRIQUE MARTÍNEZ DE JUAN DOMÍNGUEZ, DESDE LAS PRISIONES MILITARES DE ALCALÁ DE HENARES (LOS DOS PRIMEROS) Y DE CARTAGENA (EL ÚLTIMO) A LAS AUTORIDADES MILITARES DE LA PRISIÓN, A LOS FUNCIONARIOS DE ESTAS, A LOS SOLDADOS QUE HACEN LA MILI Y A LOS SOLDADOS DE DICHOS CENTROS. 31-03-1990. Los objetores insumisos que nos encontramos en las prisiones militares de Alcalá de Henares y Cartagena hacemos pública nuestra denuncia de la situación de violación de derechos huma­ nos que en estas se vive, porque hemos decidido no callar ante lo que estamos viviendo. 1. UN REGlAMENtO DE pRISIONES MIlItARES QUE vIOlA DERE­ ChOS hUMANOS Porque efectivamente el reglamento militar por el que se regulan las prisiones militares es contrario a los derechos básicos y su­ pone la aplicación constante de la arbitrariedad y la injusticia. Así se prohíbe vestir las propias ropas, imponiéndote uniformes militares. Se obliga a cortarse el pelo, hacer instrucción, levan­ tarse al toque de diana y otras similares. Existe un régimen de aislamientos que permite que un recluso pueda estar aislado ininterrumpidamente desde que comete su primera falta hasta que sale de la prisión, al encadenarse unas faltas a otras. El ré­ gimen de sanciones aplicable no permite que, previamente a la sanción, se oiga al recluso en su defensa. Los tipos de sanciones son ambiguos por lo que en ellas cabe todo. Existe un régimen de censura de cartas, libros y periódicos. Se divide a los presos en dos categorías: los militares de carrera, que tienen privilegios y están en otros pabe­llones, y el resto que son sistemáticamente despreciados. Un régimen penitenciario abusivo que antepone la disciplina al disfrute de los derechos humanos y que, por todo, desprecia la dignidad de la persona y menoscaba a sus titulares.
la opinión [ 2 abril 10 ]

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2. CON UNOS RESpONSAblES CONCREtOS Porque si es cierto que el régimen penitenciario es injusto, no lo es menos que este tiene unas manos, unas mentalidades y unas personas concretas que lo aplican. Si hay que señalar la responsabilidad de un reglamento injusto, hay que señalar también a los que se encargan de ejecutarlo y amplificar sus efectos. Hombres que sistemáticamente se encargan de vejar a los presos, de aplicar la brutalidad, el autoritarismo y la imposición sobre otros hombres. Así se amenaza, insulta y arremete a los presos, se les veja con todo tipo de arbitrariedades (como por ejemplo cuando a Carmelo le tuvieron durante más de ocho días en calzoncillos por negarse a vestir uniforme militar). Se impiden las más mínimas condiciones de intimidad (por ejemplo escuchando las conversaciones telefónicas, abriendo la correspondencia, o irrumpiendo en la propia habitación de un recluso y llevándose la cama), se impone la cen­ sura de periódicos, revistas y libros (por ejemplo por tener contenido pacifista) se niegan a coger las instancias que se pretenden presentar solicitando alguna cosa (por ejemplo por estar escritas con mala letra), se chantajea a los reclusos, se les amenaza con castigos si hacen determinadas cosas, se les retienen pertenencias a pesar de haberse autorizado su entrada, etc. Son estas medidas que por propia iniciativa toman los carceleros, pero también muchas veces medidas que toman «por orden» de la superioridad. 3. tAMbIÉN A NUEStROS fAMIlIARES Porque también a nuestras familias se les imponen todo tipo de arbitrariedades, como por ejemplo insultos, desprecios, mandarles de un sitio a otro sin darles respuesta de nada, escuchas de las conversaciones telefónicas, no autorización de visitas alegando que se ha perdido la lista, etc. 4. tODO EllO RESpONDE A UNOS INtERESES MIlItARIStAS Nosotros nos hemos preguntado por qué todo esto. Por qué a los presos en estas prisiones se nos trata así. Por qué nuestros derechos no cuentan y sistemáticamente recibimos mensajes de sumisión y represión. Es claro que todo ello responde a una mentalidad concreta, a unas causas concretas. En las cárceles militares hay, sobre todo, desertores y objetores. Gente que ha rechazado el ejército y se niega a colaborar con él. Por eso se nos trata así. La finalidad no es otra que la de domarnos. La de hacernos pagar cara la disidencia. La de enseñarnos la lección que ellos saben bien: no debemos pretender cambiar nada. Hay que aceptar un mundo como el que tenemos. El poderoso siempre puede contigo. Detrás de este régimen se encuentra, descarnadamente, en su verdadero rostro, lo que supone la ideología militarista. Se encuentra el verdadero papel de los ejércitos a pequeña escala, para que veamos que a nosotros y a quienes se les pongan por delante los aplastan sin reparo. Las prisiones militares manifiestan una verdad incuestionable: Ahí está el ejercito. Ahí con su balance: Represión, aniquilación de derechos, despojo de la dignidad, violencia, odio. Todo ello en beneficio de los poderosos, en un mundo de ricos cada vez más ricos y de pobres cada vez más pobres. En un mundo que protege los intereses de los primeros a costa de las aspiraciones de los segundos. La prisión militar vale para «educarnos» en la «sumisión», para que «aprendamos» a no responder a los que más pueden.

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5. pERO NO NOS QUEREMOS QUEDAR CON lOS bRAZOS CRUZADOS Nosotros los insumisos presos hemos descubierto que todo esto funciona a condición de aceptar sus reglas de juego: someternos, dejarnos comer por el miedo y aceptar la represión. Y porque nuestra insumisión es precisamente contra todo esto, contra lo que encarna el ejército, contra los valores militaristas, por eso, ahora hemos decidido hacer pública nuestra actitud de desobediencia. Sabemos que la eficacia de sus medidas depende de nuestro sometimiento voluntario. Sabemos también el riesgo que corremos. Pero aspiramos a que se respeten nuestros derechos y los de todos los que se encuentran en las prisiones militares. Ni aceptamos nuestra situación aquí, ni aceptamos las pretensiones del ejército, ni podemos aceptar el trato que recibimos los presos. Así, anunciamos que si de aquí al lunes no cambia radicalmente la situación: si no se deroga el reglamento, si no se respetan los derechos humanos, si no salen de las celdas de aislamiento los que en ellas se encuentran, si no se permite a los reclusos vestir como quieran, si no se trata con respeto y dignidad a los presos, si no se admite el libre acceso a los medios de difusión, comunicación y cultura, si no cesan las escuchas telefónicas y veja­ ciones, si los familiares y amigos no son tratados como seres humanos, si no ocurre todo esto, el lunes iniciaremos una huelga total de desobediencia, desobedeciendo todas y cada una de las nor­ mas del reglamento de prisiones militares y no aceptando ni una sola de las órdenes que recibamos. Con ello queremos mostrar a los presos que si nos unimos y no colaboramos, es posible acabar con esta situación. Así mismo invitamos a los militares que se encuentran aquí a que se replanteen su ac­ tuación y a no seguir en la injusticia. Invitamos a los soldados que están haciendo la mili a que abandonen esta situación y se unan a quienes aspiramos a un mundo sin ejércitos. Invitamos a la gente de la calle y a los grupos a que se solidaricen y hagan eficaz nuestra desobediencia.

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Durante la semana siguiente en Madrid de nuevo fuimos al Defensor del Pueblo, me acompañó Mariano. Esperábamos la respuesta del Ministerio para la visita del fin de semana, pero nos dijeron en la oficina del Defensor que les ponían pegas porque luego yo hacía declaraciones a la prensa, a lo que respondí que nadie podía quitarme mi derecho de expresión. Nos concedieron dos horas el domingo y bajamos a Cartagena. Me acompañaron Mariano y Carlos, dos chavales del MOC, aunque a ellos no les dejaron pasar. Pudimos enterarnos por lo que mi hijo Enrique nos contó, que cuando le levantaron el arresto porque el juez había rebajado a 15 días la incomunicación, solicitó antes de salir de la celda hacer una llamada a la prisión de Alcalá para saber de los otros presos. Al negarle la llamada, mi hijo Enrique se negó a salir. Se personó el gobernador y los celadores y le sacaron a rastras y a patadas para volver de nuevo a encerrarle. Por eso seguía incomunicado y así permaneció hasta el final. Llevaba ya casi un mes de encierro y varios días en huelga de hambre que ya se notaba en su delgadez, pero estaba más crecido en su ánimo. Enrique de Castro pudo entrar en dos ocasiones. La primera pudo estar cara a cara, pero la segunda ya no le dejaron aún a pesar de que los curas tienen ese derecho con los presos, como castigo por hacer declaraciones a la prensa calificando de tortura el trato que mi hijo Enrique estaba recibiendo en la cárcel. Claramente se vio que las patadas del gobernador no eran sino la muestra de la «impotencia» del hombre «fuerte» frente al «hombre «libre». No fue este trato lo más grave puesto que significaba la derrota de los carceleros, lo peor era la incomunicación prolongada, el encierro feroz al que fue sometido. La semana la pasé entera escribiendo y visitando a todas las instituciones. Presenté otro escrito ante la oficina del defensor:

Madrid 24 de abril de 1990 Sr. D. Álvaro Gil Robles Defensor del Pueblo Madrid

Muy Sr. mío: En la visita que efectué el día 22 de abril, domingo, a la prisión Santa Lucía de Cartagena gracias a su intervención, quiero expresar lo siguiente: 1. Enrique se encuentra incomunicado desde el día 2 de abril. 2. La incomunicación se debía a una protesta de insumisión que comenzaron los tres insumisos presos en ese momento (dos en Alcalá de Henares y Enrique en Cartagena) incomunicación de un mes de duración por salir desnudo que fue rebajada a 15 días por el juez. 3. El lunes 16 se levantó la incomunicación personándose en la celda el Gobernador de la prisión, el segundo y dos celadores. Mi hijo Enrique pidió hacer una llamada a la prisión militar de Alcalá Meco para saber la situación de los otros presos. Se le negó y fue sacado de la celda a rastras y a patadas que le dio el propio gobernador insultándole. 4. Ante este hecho sigue en huelga de desobediencia y es incomunicado de nuevo. 5. Comienza una huelga de hambre el mismo día 16 en protesta por el trato dado en las prisiones y como último recurso. 6. Pide ser reconocido por un médico civil y el gobernador le manifiesta al abogado que debe firmar un escrito responsabilizándose del estado de Enrique. No le ha reconocido ningún médico.

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7. El abogado ha recibido amenazas por parte del gobernador y se le obstaculizan todas las visitas. 8. Hasta la fecha el juez no ha dado por escrito el porqué de esta nueva incomunicación y se le toma declaración a Enrique sin que el abogado esté presente. 9. Al preguntar a la salida el domingo al oficial de guardia hasta cuando iba a durar la incomunicación y el porqué, se me contesta como siempre que no se sabe nada y manifiesta que es preferible que se muriera. 10. La salud física de mi hijo es precaria. Ha sufrido dos desmayos, ha tenido un principio de deshidratación y hemorragias nasales y se le notan física­ mente los casi dos meses de prisión, con ayunos esporádicos, la incomunicación casi absoluta y el ayuno que lleva desde el día 16. Esta es la situación actual. Atentamente Rosario Domínguez

En Cartagena los muchachos del Movimiento de Objeción de Conciencia y todas las organizaciones pacifistas se volcaron en acciones de protesta. La prensa local a diario recogía las noticias: «El insumiso en su décimo día de huelga de hambre. El Movimiento de Objeción de Conciencia teme por su salud». «A teresa Rosique, concejala de IU le niegan la entrada en la prisión». «Al insumiso le visita un médico civil ante su negativa de ser reconocido por un médico militar. Su salud comienza a debilitarse». «Enrique de Castro, el cura de vallecas, visita al insumiso». Presionamos en todos los organismos oficiales, buscamos apoyos en todas partes: Asociación de Derechos Humanos, Amnistía Internacional, Jueces para la Democracia, Ministerio de Defensa, Ministerio de Justicia, Presidencia del Gobierno, Grupos Parlamentarios, Senado, Cortes. El asesor de Defensa Antonio Romero de IU, presentó una moción de censura en el Parlamento sobre qué ocurría con los insumisos en las cárceles y con mi hijo en particular: En el acta de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados del miércoles 6 de junio de 1990, el diputado de IU, D. Antonio Romero, hace una pregunta relativa a la situación en que se encuentran los obje­ tores de conciencia detenidos en prisiones militares y en especial, la de D. Enrique Martínez de Juan, cuidados médicos que recibe y obstaculización de la actuación del abogado defensor. Respondiendo el secretario de estado de Administración Militar Sr. Suárez Pertierra que el trato que recibían los objetores en las cárceles militares era exquisito. Ante esto los objetores de conciencia encarcelados en la prisión de Alcalá de Henares envían un escrito que entre otras cosas dice:

Defensa miente, pues el trato específico consiste en aplicarnos un régimen de incomunicación en secciones que únicamente están habilitadas para dormir y carecen de todo tipo de servicios e infraestructuras. Los objetores insumisos permanecemos encerrados en celdas diez horas diarias. El resto del tiempo tenemos las puertas abiertas, pero recluidos en un espacio que es el pasillo de la sección. Se nos mantiene completamente aislados del resto de los reclusos y se nos impide el acceso y uso del comedor, bar, sala de televisión­video, biblioteca, sala de estudio. Se nos restringe el uso del patio, gimnasio y ducha a dos horas diarias; horas que se ven interrumpidas y reducidas, pues se aprovecha ese momento para pasarnos la correspon­ dencia (que a menudo llega con retraso), o llevarnos a taquilla para retirar ropa, útiles de aseo o vales de dinero.

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La delicadeza de trato a los objetores presos con­ siste en obligarnos a comer, estudiar, leer o escribir de pie, en el suelo o en la litera, en negarnos contí­ nuamente una mesa y una silla, en no contestar o hacerlo tarde las instancias y peticiones, en negar­ nos llamadas de familiares de primer grado, en la violación de la correspondencia, en la pérdida de la intimidad con nuestras visitas por locutorio, en ser escuchados en las celdas, en negarnos visitas vis a vis. En la prisión militar de Alcalá a los únicos que se les trata entre algodones es a los golpistas. Este trato de favor se amplia a los jueces militares que les reducen la pena o los amnistían. No así a los insumisos, pues algunos de ellos tienen la libertad firmada y siguen en prisión, o niegan esa libertad solicitada por el fiscal. Insumisos presos en Alcalá: Xan Xosé Cordeiro Budiño Clemente Luis García Domínguez Markos Pérez Altuna Fabián Saiz Cobas Fermín Palomo Curiel Antonio Pérez Sicilia Carlos Alfonso Acero Fuentes.
la opinión [ 24 abril 10 ]

Un año antes, el Defensor del Pueblo había ordenado una investigación en las cárceles militares. En el informe posterior —Boletín Oficial de las Cortes Generales. Congreso de los Diputados. Nº 38 de 23 de abril de 1990, informe de 1989—, el Defensor del Pueblo, en la visita realizada a la prisión de Alcalá de Henares, hace constar: Que un interno, que había presentado su solicitud de objeción de conciencia con posterioridad a su incorporación a filas y estaba por ello procesado, se encontraba cumpliendo reiteradas sanciones disciplinarias por negarse a usar el uniforme reglamentario. Se comprobó que la sanción reiterada de aislamiento en celda impuesta a este interno por el director de la prisión, sin intervención del juez togado militar de vigilancia penitenciaria, era inadecuada y no acorde con los principios y garantías constitucionales.
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Se trajo a colación en este caso y así se hizo saber a la autoridad penitenciaria, que el Convenio de Roma y la Comisión de Estransburgo (Decisión AD. COM. AP: 8395/781, de 16 de diciembre de 1981) ha fijado el criterio de la existencia de un máximo legal para la imposición de este correctivo de aislamiento, de forma que una medida en principio justificada por razones de disciplina puede convertirse en infundada por su gravedad y desproporción. Por otra parte, la Ley Orgánica General Penitenciaria prevé para esta sanción un máximo de 14 días, sin que se pueda rebasar el máximo de 42 días por acumulación de sanciones. Este máximo de 42 días ampliamente rebasado en el caso que nos ocupa, ha de ser también aplicado, por analogía y por una interpretación del ordenamiento jurídico conforme con la mayor efectividad de los derechos y libertades, en el caso de sanciones por aislamiento en celdas en las prisiones militares. En este caso concreto, se dispuso el levantamiento de la sanción disciplinaria impuesta a este objetor de conciencia y se le relevó de la necesidad de utilizar uniforme penitenciario. En este informe se hace referencia a las deficiencias de muchas de las prisiones visitadas, sobre todo en lo referente a las dependencias y las instalaciones. Las autoridades militares fueron cerrando cárceles. En la actualidad no queda en funcionamiento más que la de Alcalá de Henares. Algo se estaba moviendo por las alturas. Al menos conocían lo que estaba pasando. El jueves de nuevo solicité permiso en la oficina del Defensor para la visita del fin de semana, pero no obtuve respuesta hasta que llamaron de Cartagena los muchachos para decirme que a Enrique lo iban a poner en libertad y que subían a la puerta de la cárcel con la prensa. No podía creerlo. Llamé a la prisión y por única y última vez se puso el gobernador para decirme que iban a liberar a Enrique, después colgó. Bajamos el sábado, Mariano de nuevo con Carlos y Juan. Estos dos últimos eran objetores que también fueron encarcelados más tarde. Mariano era reobjetor. Fue amnistiado y volvió a objetar, así que los tres estaban en busca y captura. Durante las horas que duró el viaje, hablamos de cantidad de cosas y pude comprender los motivos de estos jóvenes insumisos para hacer objeción de conciencia
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la opinión [ 28 abril 10 ]

al servicio militar. Me parecieron auténticos y solidarios. Por su parte, estaban muy contentos de tener una persona adulta que les apoyara en su lucha. Hasta entonces no habían tenido apoyo tan cercano. Mariano particularmente tenía muchas ideas en la cabeza y hablaba y hablaba. Recuerdo un día que estaban en casa unos cuantos chavales y se quedaron charlando, con mi hijo Enrique y ya tarde me fui a la cama y cuando me levanté a la mañana me los encuentro a todos dormidos en el salón y Mariano seguía hablando, sin saber con quién. Era terrible cuando cogía cuerda. Así, entre charlas, llegamos a Cartagena. Mi hijo Enrique estaba en casa de Pablo y Ana, y con él los muchachos del MOC, Luciano, Juanjo. Pudimos abrazarnos después de dos meses de encierro y pude notar su extrema delgadez tras más de 20 días en huelga de hambre, pero estaba muy contento y todavía con fuerzas y con ganas de bromas. Nos contó que de la cárcel no salió por su pie, porque les dijo a los militares que si ellos le habían metido allí, ellos le sacaban. Le sacaron de la prisión a empujones y le metieron en una furgoneta hasta la estación, donde le dejaron depositado. Y yo me estaba preguntando que cómo se puede tener un hijo al que no aguantan ni los militares. Fue nuestra pequeña victoria, ver cómo los carceleros se fueron desmoronando. Al principio se les veía muy seguros amenazando si no te cortas el pelo te pegamos una paliza que te acuerdas, luego fue quitarle todo y dejarlo tirado en la celda sin nada. Tampoco les valió. Así que mi hijo decía que era mejor desobedecer. Te rebajan la pena y terminan por soltarte. Era una observación cierta: A los rebeldes se les considera o se les mata, a los dóciles se les doblega. Esto claro en una democracia, aunque sea tan imperfecta como la nuestra, convertida en estos momentos en una lucha de partidos políticos por alcanzar el poder. Si esto sucede en la dictadura ya estaría mi hijo Enrique fusilado, como nos dijo el gobernador de la prisión, entre otras lindezas. Por la tarde fuimos al hospital a un reconocimiento médico, pero se negaron a atendernos por urgencias, nos mandaban al hospital militar, sabían que mi hijo era el insumiso salido de la prisión. Con un volante del ambulatorio no tuvieron mas remedio que pasarnos a la consulta. Los resultados de los análisis nos los dieron a las doce de la noche, por lo visto los hospitales también están militarizados. Parecía que todo estaba bien. Al día siguiente domingo nos despedimos de toda la gente. Volveríamos para la marcha antimilitarista y para la fiesta. Habíamos ganado una primera batalla. Los militares empezaban a comprender que estos chavales insumisos no eran niños bonitos, sino que eran ciudadanos libres que no querían ser militarizados, ni prepararse para ninguna lucha armada. Todavía nos quedaba un largo camino que recorrer. Sabíamos de antemano que la última batalla la teníamos perdida, porque nuestros deseos de terminar con todas las guerras eran imposibles de cumplir, pero si todos los hombres y mujeres de la tierra hicieran lo que estos muchachos insumisos, negarse a coger las armas, a estas horas habrían terminado las luchas armadas. «Qué pasaría si se convoca una guerra y no va nadie», hoy por hoy una hermosa utopía. De todas maneras celebramos esta pequeña victoria, que sumada a otras que vinieron más tarde, hicieron que al menos algo se fuera moviendo en las cabezas de esta sociedad militarizada. La cárcel, es algo terrible que no le deseo a nadie, en dos meses de encierro, mi hijo Enrique no veía más allá de unos metros. El ojo había perdido la visión de la distancia. Fuimos a los montes de León, vino también mi hija Espe, invitados a casa de los padres de Miguel, unos amigos leoneses. Era a principios de mayo, pero todavía se conservaba la nieve en las cumbres. Hermoso paisaje para recuperarse de los males de la prisión. Volvimos a bajar a Cartagena el día de la marcha antimilitarista a Tentegorras y para la fiesta. Había que celebrar estas alegrías que a veces te da la vida con toda la gente y recuperarnos de los malos ratos que nos hicieron pasar los militares desde sus cárceles. Muchas otras veces estuvimos en esta ciudad, dejamos allí muchos amigos y compañeros. Entonces conocimos a Aurelia de IU y su marido, que formaron parte de la asociación de madres y padres de insumisos, tenían cuatro hijos, todos objetores de conciencia. Uno de ellos, Antonio, fue uno de los primeros encarcelados por negarse a realizar la PSS, juzgado y condenado a dos años, cuatro meses y un día y enviado al penal de San Antón donde cumplió condena. También fue condenado «Frasco» en Sevilla, al que conocimos en las asambleas que se celebraban en la parroquia de Entrevías de Enrique de Castro. Allí se preparaban los insumisos para entrar en la cárcel, escuchando testimonios de otros presos, cosa que nunca llegué a comprender muy bien. Siempre pensé

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que de la prisión lo que hay que hacer es huir, si puedes, cosa bastante difícil, pero está visto que si los insumisos no hubieran sido juzgados y encarcelados, nadie les habría escuchado en esta sociedad. También fueron condenados en Valencia Joseph Aínsa, Hugo Vila y Eric Blasco. Más tarde también encarcelaron a Dani en Albacete. Estos fueron los primeros insumisos que fueron juzgados por lo civil al negarse a realizar la Prestación Sustitutoria del servicio militar y enviados a las prisiones del Estado. Así se daba la paradoja de que había insumisos encarcelados en prisiones militares y objetores de conciencia insumisos en las prisiones civiles, de las que luego hablaremos.

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la opinión [ 2 agosto 10 ]

lA GUERRA

En el mes de agosto tuvimos ocasión de volver de nuevo a Cartagena con motivo de la salida de los primeros barcos de guerra hacia el Golfo Pérsico, después de declararse el embargo a Irak en el que participó España. Las autoridades pensaban hacer de esta salida una fiesta a bombo y platillo. Hasta tenían preparada una despedida con un vino. Pero nuestras protestas, las de todas las organizaciones pacifistas y la de los jóvenes insumisos que llegaron hasta el muelle, les hizo suspender el vino y no sabemos si comprender que esa guerra no era la nuestra. Quieren llevarse a nuestros hijos a luchar y encima recibir el aplauso unánime. El que alguien públicamente manifieste su repulsa les resulta muy desagradable. No piensan que es más penoso para los padres y para los chavales a quienes llevan secuestrados por una ley que carece de sentido. Por eso quise que mi voz, unida a la de otras muchas, se escuchara. No quiero sentirme cómplice de ninguna matanza organizada en la que participe mi país. De ningún crimen perpetrado desde las más altas esferas. Se hizo la guerra, participamos activamente en ella de una manera vergonzosa y por eso quise decir y expresar públicamente que la guerra se estaba haciendo en contra nuestra. Di mi propio testimonio en un artículo publicado en Diario 16, el 26 de agosto de 1990, en la sección Opinión. Decía:

MEjOR lA CáRCEl QUE lA GUERRA Mi hijo podría estar entre los jóvenes que han sido movilizados para par­ tir hacia el Golfo Pérsico. Se declaró insumiso y pasó dos meses en la prisión militar de Sta. Lucía de Cartagena. Ni ahora ni nunca podrán enviarlo a una guerra absurda. Nos desplazamos el domingo ex profeso desde Madrid para expresar en Cartagena, uniéndonos a las manifestaciones pacifistas, nuestra más profunda repulsa por esta guerra inútil que las grandes poten­ cias se han montado sin contar con nosotros y ahora reclaman a nues­ tros hijos al primer conflicto armado en el que participamos desde hace un siglo.

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También quisimos expresar nuestro más absoluto rechazo por la vergonzosa actitud de nuestro país, aliado a estos países como un mercenario, enviando tres buques de guerra «en misión de paz«, según palabras del ministro Sr. Narcís Serra. ¡Qué contrasentido¡ ¿Desde cuándo las armas construyen la paz? En Cartagena los acontecimientos se desarrollaron precipitadamente. Toda esta operación parece estar montada así: Una chapuza nacional. Nunca debió ser aceptada. Los marineros no han tenido tiempo de pensárselo. Si lo piensan no van. Los padres no saben todavía qué locura es esta. Si no, no hubieran dejado a sus hijos subir a los barcos. Pero nuestras voces, las de los grupos pacifistas, sí se oyeron en la ciudad. Se escucharon nuestros gritos llamando a la deserción. Era lo único que se podía hacer en el último minuto. Esta era la octava vez que viajé a Cartagena. Las seis primeras fui a visitar a mi hijo a la cárcel. La séptima a recogerle en la estación donde los mandos de la prisión le depositaron porque no sabían que hacer con él. La octava tendría que haber sido para despedir a mi hijo hacia la guerra del Golfo. No fue así porque se declaró insumiso a la mili y no aceptó que por ello le castigaran con una Prestación Sustitutoria del servicio militar. Tuvo el valor de enfrentarse a todo un régimen militarista y pasar mes y medio incomunicado por reiteradas faltas graves de desobediencia: no vistió en ningún mo­ mento el mono de recluta, no se cortó el pelo, ni acató ninguna orden. Su estancia en la cárcel la pasó encerrado en una celda, privado de todas sus pertenencias, sometido a toda clase de presiones para que acatara las ordenanzas. Salió de la prisión el 27 de abril, después de 20 días en huelga de hambre y gracias a las presiones sociales del Movimiento de Objeción de Conciencia y de otras organizaciones pacifistas. Estaba y está como un «hombre libre» y tenía y tiene las ideas claras y el ánimo entero. Es preferible la cárcel que ir a morir a una guerra cruel sin saber por qué. Todo joven que lo piense puede hacer lo mismo. Rosario Domínguez

Mientras la guerra seguía su curso, nosotras luchábamos por conseguir la paz. En ese tiempo se incorporaron a nuestra lucha Fausto y Eva. Fausto era inspector de servicios en el ministerio de Agricultura, ligados a Comisiones Obreras y por el artículo del periódico y a través de mi hermana, que también estaba allí trabajando, nos conocimos. Ellos tenían un hijo que también se había declarado insumiso, Pedro, a quien también encarcelaron en prisión preventiva en Alcalá. Fuimos el germen de la asociación de madres y padres de insumisos. Eva, luchadora de toda la vida y con una enorme experiencia nos trajo nuevos aires y nuevas fuerzas, además de ideas y apoyo. Por un artículo que se publicó en algún periódico, firmado por Pablo de Granada como padre de un joven insumiso, pudimos conocer a un grupo de padres de esta hermosa ciudad a la que fuimos en varias ocasiones, a casa de Pablo que nos atendió amablemente. Era psicólogo en la prisión de Granada y una persona encantadora como tuvimos ocasión de comprobar. También nos llegaron noticias de un grupo de padres en Zaragoza y posteriormente, cuando la cárcel de Pamplona se llenó de insumisos, se fueron incorporando padres y madres del País Vasco. Fuimos el grupo de apoyo más cercano y comprometido en la defensa de nuestros hijos.

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el independiente [ 12 enero 11 ]

En enero comenzaron los bombardeos. Mucha gente de paz sentimos entonces la impotencia y la rabia de ver cómo los aviones cruzaban nuestra tierra. Salían de nuestras bases, para sembrar el terror, sin contar con el pueblo español al que se le ignoró como siempre. No podíamos hacer nada más que manifestar nuestro desacuerdo en la calle, en los periódicos (que pocas cosas publicaron). Muchas horas pasamos entonces aguantando el frío en la Puerta del Sol la noche que finalizaba el embargo. En la Puerta de Alcalá, donde compañeros del MOC de Zaragoza pasaron allí subidos un día entero. Al menos sentíamos el calor de estar juntos, junto a Eva, Fausto, Conchi, Ana, Fernando, Pedro, tantos compañeros, amigos, helados, apiñados unos junto a otros. Queríamos que se notara nuestra protesta, que les molestara. A juzgar por los comentarios que a veces escuchaba por radio o en la prensa sobre las manifestaciones pacifistas, creo que al menos tuvieron que tragarse ese hueso.

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el independiente [ 2 junio 11 ]

A raíz de estos acontecimientos bélicos durante la primera guerra del Golfo Pérsico, se creó un Tribunal Internacional para juzgar los crímenes cometidos en la contienda impulsado por el ex fiscal general de los Estados Unidos Ramsey Clark, siguiendo la tradición iniciada en 1967 por Bertrand Russell que creó el Primer Tribunal contra la guerra del Vietnam. Quedó constituido como Tribunal Permanente y así en 1980, el Tribunal Russell dedicó sus sesiones a investigar la violación de los derechos de los indios norteamericanos y un año más tarde, a condenar la invasión soviética de Afganistán. En 1981 se constituyó el Tribunal Permanente de los Pueblos. Siguiendo la tradición de este tribunal internacional, varias asociaciones contrarias a la guerra constituyeron un Tribunal en Madrid para juzgar los delitos cometidos durante la contienda. No tuvo mucho eco en la prensa porque los principales periódicos boicotearon la información, ya que la participación de España en esta lucha había sido aprobada en el Parlamento por los partidos mayoritarios, excepto por IU y no sé si por algún grupo parlamentario más. Todo el trabajo realizado por las distintas asociaciones, como por el tribunal y los ponentes, fueron recogidos en un libro titulado: La guerra del Golfo un año después. Documentos del Tribunal contra la guerra (17/18 de enero de 1992) Editorial Nueva Utopía. Madrid. Dedicado: «A todas las víctimas de la Guerra del Golfo. A los insumisos, héroes de hoy, nuevos artífices de la paz, que anuncian un nuevo futuro». Se recoge el testimonio que durante dos días presentaron todos los testigos haciendo especial mención a la imposibilidad de incluir el testimonio de Jira Bulhae, que tuvo que regresar inmediatamente al Sáhara y el de Roberto LLopis, desertor durante la guerra y miembro de la Koordinadora de Colectivos Antimili, que fue detenido dos días después de declarar ante el Tribunal y que envió una carta desde la prisión de Alcalá que se incluye como testimonio. También intervino Axier Sánchez, desertor de la Fragata Asturias con base en el Ferrol, barco que se estaba preparando para el bloqueo a Irak. No quiso participar en la guerra y se declaró objetor de conciencia. Fue detenido y encarcelado en Alcalá de Henares donde permaneció dos meses, los 10 últimos días en huelga de hambre en el Hospital Gómez Hulla, junto con Carlos y otros dos compañeros del MOC. Les pusieron en libertad, pero a Axier le volvieron a encarcelar en la prisión de Alcalá, donde le visitamos en varias ocasiones. Durante el transcurso de esta guerra hubo más deserciones, entre ellas las de José Antonio Escalada y Manuel Blázquez, desertores de la Infanta Elena y la Vencedora que fueron enviadas en el mes de enero al mar Rojo para vigilar el cumplimiento del embargo a Irak. Se declararon objetores de conciencia, negándose a participar en el conflicto. Salió en la prensa más que en otras circunstancias porque Amnistía Internacional los declaró presos de conciencia, cuando estaban encarcelados en el penal militar de Cartagena. A los insumisos y a la asociación de madres y padres de objetores nos reservaron un espacio. Por la asociación intervinieron Rogelio Gómez, uno de los padres que se desplazaron desde Granada y yo misma. El testimonio lo voy a recoger aquí para que se conozca cómo iban evolucionando nuestras ideas al estar tan cercanas a los jóvenes insumisos. Decía así:

Acudimos a este acto, como representantes de una organización de ámbito estatal cuyo fin es apoyar la lucha de nuestros hijos objetores insumisos. Están aquí con nosotras Aurelia, la madre de Antonio García Quesada, encarcelado en el penal de San Antón de Cartagena, condenado a dos años, cuatro meses y un día por no realizar la PSS; María Dolores, la madre de Antonio Oriol de Zaragoza, condenado a un año y cuatro meses por no realizar el servicio militar; le acompañan María Jesús y Juan Antonio, padres de un insumiso de Zaragoza. Están también Pablo y Rogelio, de la Asociación de Padres de Granada; Eva y Fausto, padres de Pedro Canales, encarcelado en prisión preventiva en la cárcel de Alcalá de Henares y recientemente liberado. Nos acompañan compañeros de la Bella Terra (Barcelona). Comenzamos por hacer un llamamiento:

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Jefe del Estado, Presidente del Gobierno, Parlamentarios, Tribunal Constitucional, Jueces y Magistrados, sociedad entera: ¿Cómo puede ser delito criminal en nuestra sociedad, que se presenta como un modelo exportable de democracia, el hecho de que nuestros hijos se nieguen a colaborar con las Fuerzas Armadas, que son los aparatos de las guerras? ¡No vamos a consentir que nuestros hijos sean condenados por motivos de conciencia y desde aquí decimos: No a los centros de exterminio que son las cárceles españolas! Apelamos a los legisladores y a los jueces que aplican la ley para que pongan fin a esta injusticia de la justicia. Les hablo a ustedes desde el dolor que sentimos al ver a nuestros hijos encarcelados y perseguidos. De ver las cárceles abarrotadas de juventud drogada, violentada, machacada en unas prisiones convertidas en escuelas de delincuencia y muerte. Y nos duele porque comprendemos que a ellas sólo van los más pobres. Les hablo a ustedes desde la rabia que sentimos al ver cómo a los verdaderos criminales, señores de la guerra, se les condecora y se les proclama héroes vencedores. Les hablo a ustedes desde la fuerza que nos dan nuestra propia inteligencia y nuestra razón para comprender que, este mundo violento y absurdo donde hemos echado a nuestros hijos, no es el que nosotras queríamos y soñábamos para ellos. No comprendemos cómo hemos sido capaces de destruir una vida tan hermosa, fabricando armamentos suficientes como para destruir tres veces este planeta, mientras una inmensa mayoría de personas, mueren de hambre y de miseria. Nosotros decimos que es necesario parar. Es necesario parar esta técnica aplicada para la destrucción y ponernos al menos a pensar de qué forma nosotras, entre todos, podemos construir una sociedad diferente. Expresamos nuestro rechazo más absoluto a la guerra y a todas las estructuras que la hacen posible. Porque nuestra fe y nuestra esperanza están puestas en el ser humano, cuando es capaz de razonar, de sentir, de ser solidario y justo. Y seguiremos creyendo en él, en el hombre, en la mujer y en su capacidad de regeneración sin perder nunca esta esperanza. Creemos sinceramente que sin un cambio profundo en el seno de la sociedad no hay posibilidad de parar la guerra. Luchamos por ese cambio, desde nuestro entorno y poniendo en ello todo nuestro empeño, puesto que nos estamos jugando ni más ni menos que la vida de nuestros hijos, su futuro y su trabajo. Está en juego nuestra propia vida que es lo único que tenemos y con ella, nuestra libertad de pensamiento y de acción. Seguiremos hasta donde alcancen nuestras fuerzas, porque nuestros hijos nos están enseñando el camino y sabemos que la razón está de nuestra parte. Animamos a otros padres, a otras madres, a otras gentes para que se esfuercen en entender esta postura razonable y valiente que han adoptado los jóvenes objetores. Esperamos de esta sociedad y de ustedes que se pongan a pensar con nosotras, tratando de buscar respuestas a estos interrogan­ tes: ¿Para qué sirve el servicio militar al que se niegan a ir nuestros muchachos insumisos? Se supone que para aprender el manejo de las armas. Y pre­ gunto yo: ¿Cómo es posible que en una sociedad civilizada exista una ley que obligue a todos los jóvenes a prepararse para la guerra? En un intento de acallar las voces que cada vez se hacen más numerosas, se implanta una ley de objeción de conciencia que obliga a realizar una prestación sustitutoria que sólo viene a reforzar el servicio militar, castigando al que elige no cumplirlo y que realmente no soluciona el problema de fondo.

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¿Por qué, para qué sirve la prestación sustitutoria del servicio militar? Dejo estas preguntas en el aire para que ustedes nos las respondan. Pensamos que tenemos el derecho y el deber de cuestionar las leyes injustas como estas. La persona y su conciencia es anterior a la ley y la desobe­ diencia civil es un arma de lucha reconocida. Me atrevería a formular una tercera pregunta: ¿Cómo es posible que una institución como el ejército, cuyo único fin es preparar la guerra, siga siendo uno de los pilares que sustentan esta sociedad? ¿Cómo es posible que estas preguntas resulten extrañas a nuestras mentes? Nuestra historia reciente de 40 años de dictadura nos habla de lo peligrosos que pueden llegar a ser los ejércitos, imponiéndose por la fuerza de sus armamentos. Para comenzar el desarme, lo primero es desarmar nuestras mentes. Tendremos al menos que empezar a pensar en ello. Nuestra juventud, que es el futuro y no tiene miedo, nos está diciendo: ¡Desobediencia civil a las leyes injustas y a los ejércitos! Preguntamos al gobierno si cree necesario mantener una ley como la recientemente aprobada, que obliga a seguir prestando un servicio militar. Que nos expliquen el porqué. Preguntamos a los jueces si creen sinceramente que aplicando esta nueva ley están haciendo justicia. No deben estar muy seguros; recientemente un juez archivó el sumario de un objetor por considerar que con su actitud no ponía en peligro la seguridad de la nación. Preguntamos a la policía y a nuestros carceleros si creen que ejecutando estas leyes están contribuyendo a mantener el orden. ¿Qué orden? ¿Un orden justo o el orden de los poderosos? Preguntamos a ustedes, a la sociedad entera ¿Qué clase de futuro estamos construyendo para nuestros hijos jóvenes si desde el poder se les obliga a matar, se les droga para que no piensen y se les encarcela y maltrata en las cárceles? Podrían ustedes decirnos que una sociedad desmilitarizada, desarmada, es una utopía, un hermoso sueño que compartimos con los jóvenes. Somos conscientes de ello, pero nosotras ya lo estamos realizando. Tenemos la satisfacción de vivir conforme a nosotras mismas, fieles a nuestra conciencia, a nuestros principios y aún con nuestros hijos encarcelados, luchando por la libertad. Seguiremos diciendo con ellos que no queremos la cárcel para nadie, pero si por la fuerza les llevan a ella, diremos que es preferible la cárcel que ir a morir a una guerra sin saber por qué. La guerra nos la están preparando cuando desde el poder se institucionaliza la violencia, se nos enseña y se nos educa para ella. Cuando desde las escuelas se educa a nuestros hijos en la competitividad, el sexismo, el machismo y el racismo, les están preparando para la guerra. Cuando sólo nos preocupamos de acaparar poder y posesiones y para conseguirlo todos los medios empleados son lícitos, estamos preparando a la sociedad para que acepte la guerra. Cuando aceptamos el sistema de obediencia ciega al superior despreciando al inferior, estamos contribuyendo a la extensión de la violencia que nos conduce a la guerra. Cuando vemos en nuestras calles, en nuestros edificios públicos, en nuestro trabajo, a los guardias jurados, los guardaespaldas —pistolas por todas partes— estamos padeciendo el miedo, la psicosis que nos lleva a aceptar la guerra.

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diario 16 [ 16 enero 11 ]

Cuando se fabrica y se comercia con armas, es evidente que se está haciendo la guerra. Cuando nuestros jóvenes, obedeciendo una ley injusta van al servicio militar, se están preparando para iniciar la batalla. Hacemos un llamamiento a la conciencia social para que juntas nos pongamos a construir una paz duradera y justa. Desde el seno de las familias y desterrando todo autoritarismo paterno, demos paso a las nuevas ideas de la juventud. Desde las escuelas educando para la paz, en igualdad sin distinciones. Creando proyectos alternativos, formas diferentes de organización y trabajo. No contribuyendo a los gastos militares, haciendo objeción fiscal. Apoyando la desobediencia civil no­violenta de los objetores insumisos. Contra la barbarie de la guerra y la injusticia del «nuevo orden mundial» oponemos la fuerza dela razón. Y para terminar, con la esperanza puesta en el ser humano, decimos empleando este poema de Bertolt Brecht: General, Tu tanque es más fuerte que un coche, Arrasa un bosque y aplasta cien hombres, pero tiene un defecto: necesita un conductor General, Tu bombardero es poderoso, Vuela más rápido que la tormenta Y carga más que un elefante, Pero tiene un defecto: Necesita un piloto. General, El hombre es muy útil, Puede volar, puede matar, Pero tiene un defecto: Puede pensar.

Tenemos que reconocer que fuimos los más aplaudidos y celebrados a pesar de que hubo personalidades reconocidas en todos los campos: Políticos, escritores, periodistas, profesores, asociaciones de mujeres, grupos ecologistas, independientes y un largo etc. Intervinieron hasta 50 ponentes durante un dilatado fin de semana en la Asociación de la Prensa de Madrid. Por otra parte un gran número de escritores e intelectuales suscribieron un manifiesto contra la guerra, entre los que se encontraban personalidades como Camilo José Cela, Antonio Gala, Manuel Vázquez Montalbán, Rafael Alberti, Maruja Torres y muchos otros, celebrando un acto cívico en el Ateneo de Madrid. El profesor José Luis Aranguren, en un artículo publicado en El Independiente el 12 de enero de 1991, califica a esta guerra de «crimen horrendo», de «guerra impúdica y atroz»: Sería una guerra para el control mundial del petróleo por los EEUU. Pero felizmente, algunos intelectuales hemos levantado, estamos
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levantando nuestra voz contra la guerra, y lo estamos haciendo (esta es la novedad más importante) amparados, envueltos por la parte más consciente y responsable del pueblo (la otra yace en la atonía) por el que yo ahora doy en denominar el intelectual colectivo, las gentes que apuestan por la paz y lamentan que la ONU, la UNESCO, la CEE y los gobiernos nacionales estén haciendo tan poco por ella. El mismo profesor Aranguren, junto con destacadas personalidades del mundo de la universidad, el derecho, la cultura, el espectáculo y el periodismo, suscribieron un nuevo documento apoyando abiertamente a los desertores y a los insumisos: porque nos oponemos frontal y decididamente a la guerra y a la barbarie, apoyamos abiertamente a los desertores y a los insumisos, considerando que su actitud es un compromiso ejemplar con la causa universal de la paz. Otras organizaciones entre las que se encontraban UGT, CCOO, IU y asociaciones pacifistas, formaron la Plataforma contra la guerra del Golfo Pérsico, convocando manifestaciones de repulsa y otros actos cívicos, como la carta que se entregó al embajador de Irak en España en la que muestran «su profundo rechazo a la guerra desatada en el Golfo». Se escucharon otras voces de protesta dentro de la Iglesia Católica, la del mismo Juan Pablo II pidiendo a todos los países implicados en la crisis del Golfo que convocaran una conferencia de paz «para resolver todos los problemas y alcanzar una convivencia pacífica en Oriente Próximo». El cardenal francés Roger Echegaray, presidente del Consejo Vaticano Justicia y Paz, perfecto conocedor de la región del Golfo a la que visitó en repetidas ocasiones y el hombre de iglesia que más luchó contra el comercio de armas, condena esta guerra haciendo una dura crítica al «mercantilismo» de los aliados y su doble moral, que les lleva a utilizar pesos y medidas diferentes a la hora de defender el derecho internacional. Fueron muchas las manifestaciones de protesta que se produjeron desde todos los ámbitos de la sociedad. Los estudiantes protagonizaron varias manifestaciones masivas y una huelga general por este maldito conflicto. La Plataforma contra la Guerra salía todos los miércoles en una marcha silenciosa por la Gran Vía hasta Plaza de España, donde estaban presentes personalidades del mundo de la cultura. Todas estas manifestaciones resultaron pequeñas si las comparamos con las que salieron a la calle en la reciente guerra de Irak, iniciada en el año 2002 sin que se pueda ver todavía su final, después de millones de desplazados, miles de muertos y un país completamente destrozado. Para nosotras que estuvimos luchando durante años y en primera línea por hacer comprender que la guerra es el mayor de los crímenes sin justificación de ningún tipo, nos resultó especialmente grato el ver las calles de todas las ciudades del mundo inundadas de gente protestando contra esta guerra. La semilla del pacifismo va calando en la sociedad y eso nos resulta muy gratificante. Es un fenómeno que está arraigando en España con más fuerza que en otros países, donde la insumisión y la objeción de conciencia al servicio militar tuvo más potencia que en ningún otro lugar, aunque resulte un fenómeno histórico que todavía no se ha analizado. Por esto nos resulta doloroso comprobar cómo los partidos políticos y la obediencia debida hacen perder la conciencia a sus afiliados. Nos referimos al espectáculo bochornoso que protagonizó el PP en el Congreso de los Diputados cuando todos a mano alzada votaron a favor de esta guerra, más cruel, obscena e impúdica que la primera. Me parece recordar que solamente se opuso uno de sus diputados. Pero también hemos tenido la satisfacción de ver cómo principalmente por esta causa han sido derrotados por dos veces en las elecciones. Muchas personas de bien no queremos un gobierno sin conciencia y es misión primordial recuperarla. Es comprensible que a nosotras, como madres de jóvenes insumisos que durante años fueron perseguidos y encarcelados dejándose por el camino su futuro, su profesión y su libertad por defender sus ideas frente a una ley injusta, nos resulte tremendo comprobar cómo el Partido Popular, entonces en el poder, apoyó la invasión de Irak sin al parecer ningún remordimiento ya que hasta la fecha nadie ha reconocido públicamente su tremendo error al apoyar este interminable crimen.

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el país [ 14 enero 11 ]

diario 16 [ 1 marzo 10 ]

lA ASOCIACIóN DE MADRES, pADRES y AMIGOS DE ObjEtORES DE CONCIENCIA INSUMISOS

En un resumen que hicimos las madres de la Asociación de Madrid, decíamos:

Las madres y padres de los jóvenes objetores de conciencia insumisos, estamos luchando junto a nuestros hijos como grupo de apoyo, el más cercano y comprometido. Nosotras sus madres parimos sus cuerpos, pero ellos nos parieron a nosotras enseñándonos a pensar, a sentir y dándonos fuerza para luchar. En definitiva tenemos que agradecer a nuestros hijos el habernos hecho INSUMISAS. En principio muchas de nosotras no comprendíamos cómo un gobierno que se dice socialista era capaz de encarcelar a unos jóvenes por el simple hecho de negarse a realizar el servicio militar. Pronto comprendi­ mos que no se trataba de una negativa individual, sino de todo un movi­ miento colectivo que pone en cuestión la misma existencia del Ejército denunciando la injusticia de este sistema. Esto resulta peligroso para un gobierno que quiere presentarse como un modelo de democracia. Por esto, la represión esta siendo cada vez más fuerte. Las madres empezamos a unirnos a raíz de los primeros encarcelamien­ tos en prisión preventiva en las cárceles militares. Nos agrupamos para apoyar a los presos en acciones de denuncia ante los tribunales milita­ res y ante las instituciones, participando en acciones frente a la cárcel, manifestaciones de protesta y a la vez, sirviendo de apoyo a las familias de los presos. Este inicio fue sumamente fructífero, tanto para los objetores de con­ ciencia insumisos como para nosotras que cada día íbamos avanzando en ideas, formas de lucha y estrategias. Sentíamos que nuestros hijos nos transmitían la fuerza y nosotras a su vez les dábamos ánimo, pues en principio éramos el único apoyo adulto con que contaban. Vimos con alegría y orgullo, cómo las autoridades militares tuvieron que ceder ante la negativa de los presos a obedecer las órdenes den­ tro de la prisión, teniendo que habilitar un espacio sólo para los obje­ tores de conciencia insumisos en la cárcel de Alcalá de Henares. Al final, después de varias huelgas de hambre tuvieron que ponerlos en

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libertad. Nosotras estuvimos en todo momento junto a los presos, participando en todas las acampadas delante de la cárcel y manifestaciones de protesta. A raíz de la nueva ley del servicio militar, los insumisos pasaron a ser juzgados en tribunales ordinarios. Seguimos apoyándolos en los juicios, con escritos ante los juzgados y ante las autoridades e instituciones del Estado. Así nuestra lucha se extendió a otras instancias, saliendo de la puramente castrense. Amplias capas sociales comenzaron a entender la insumisión. Nunca pensamos que en tan poco tiempo íbamos a llegar tan lejos. Otros padres y madres de diferentes provincias fueron organizándose. Surgió un movimiento asambleario de todas las asociaciones de familiares y amigos de objetores insumisos. Teníamos asambleas periódicas cada seis meses en diferentes capitales, poniendo en común nuestra lucha. En el mes de noviembre se celebró la Xll Asamblea de asociaciones en Zaragoza. El nuevo código penal del señor Belloch pretende dividir el movimiento de objeción de conciencia haciendo ver a la opinión pública que los objetores de conciencia van a ser excarcelados, cuando se les castiga con mayor fuerza con penas de cárcel e inhabilitación. En este momento hay más de 300 objetores de conciencia insumisos encarcelados en prisiones civiles de todo el Estado, muchos de ellos en segundo grado por haberse negado a ir a dormir a la cárcel. Conociendo las cárceles y todos los crímenes que se cometen dentro de ellas nosotras, sus madres, no podemos quedarnos insensibles. Esta lucha por la dignidad de los presos también es nuestra. LA INSUMISIÓN ES LA LUCHA POR LA JUSTICIA.

Esto escribíamos en abril de 1996. El germen de la asociación que comenzó a raíz de los primeros encarcelamientos, se fue extendiendo a las diferentes comunidades formando un verdadero grupo de apoyo a la insumisión que fue tomando forma y desarrollo autónomo a medida que adquiríamos protagonismo, aunque siempre fuimos a la zaga de los jóvenes objetores. Ellos fueron marcando el camino y así en principio asistíamos a las reuniones del MOC, donde profundizamos en sus planteamientos. Aprendimos con ellos que la forma de lucha más eficaz y duradera era la no violencia activa y la desobediencia civil a la manera de Gandhi, del que sacamos estos textos de su libro Todos los hombres son hermanos, Atenas, Madrid 1981: Estoy contra la violencia porque sus aparentes ventajas, a veces impresionantes, no son más que temporales, mientras que el mal que ocasiona deja huellas para siempre. La desobediencia civil es la llave del poder. Imaginaos a un pueblo entero negándose a conformarse con las leyes vigentes y dispuesto a soportar las consecuencias de esta insubordinación. Toda la maquinaria legislativa y ejecutiva se encontraría de repente totalmente paralizada. Es verdad que la policía y el ejército suelen recurrir a la fuerza para someter a las minorías por muy poderosas que sean, pero ninguna policía y ningún ejército pueden lograr que se doblegue la voluntad de todo un pueblo decidido a resistir hasta que se agoten sus fuerzas. No se puede ser no violento de verdad y permanecer pasivo ante las injusticias sociales. Mi no violencia no admite que se huya ante el peligro. La no violencia es el medio más inofensivo y el más eficaz para hacer valer los derechos políticos y económicos de todos los que se encuentran oprimidos y explotados. La no violencia es una regla de conducta para vivir en sociedad, ya que asegura el respeto a la dignidad humana y permite que progrese la causa de la paz.

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No dudo en sostener que la no violencia vale también en el marco de las relaciones entre los Estados. Si esta loca carrera de armamentos tuviera que proseguir, no habría más salida que una matanza sin precedentes en la historia. El único medio de librarse de esta espada de Damocles consiste en aceptar audazmente y sin reservas el método de la no violencia. Otros autores hacen de la desobediencia civil un arma de lucha justa: Según N. bobio la desobediencia civil se puede definir como una forma particular de desobediencia llevada a cabo con la finalidad inmediata de mostrar públicamente la injusticia de la ley y la finalidad inmediata de inducir al legislador a cambiarla. Para jürgen habermas es un instrumento para la realización de los fines de Estado Democrático de Derecho y para la eficacia de los valores de derechos constitucionales como vehículo de maduración de la opinión pública y de real participación política de los ciudadanos: un elemento en fin, normal y nece­ sario de la cultura jurídica. Para M. Dreier la desobediencia civil no es un derecho fundamental, pero sí una forma de ejercicio del mismo. C. Offe partiendo del concepto de legitimidad, afirma que la desobediencia civil es la toma de conciencia llevada a la actuación de determinados grupos ante la falta de legitimidad del propio Estado actual que establece una identificación entre la representación política democrática y los intereses del sistema capitalista. Sobre la base de este análisis cabe preguntarse ¿la protesta radicalizada de las asambleas antimilitaristas de insumisos del estado español puede causar asombro? Más bien parece la concreción de un viejo descontento bastante generalizado, igual que la unión al grito de alarma de los científicos del mundo de los años 1954 y 1955, que por iniciativa de Bertran Rusell y Albert Einstein creían absolutamente imprescindible un cambio en la visión tradicional de la necesidad de la guerra como medio de resolver conflictos entre distintos países, o de los propios países en caso de guerra civil. A la vez que nuestras ideas iban progresando fuimos organizándonos como asociación. En principio empezamos a reunirnos Eva y yo todas las semanas en la Plaza de Tirso de Molina, primero en la sede de IU o en CNT y más tarde en el Club de Amigos de la UNESCO, CAUN. Allí fueron llegando padres, sobre todo madres, amigos y personas que de alguna manera se sentían ligados al movimiento de insumisión. Cada uno de los insumisos contaba con un grupo de apoyo que se autoinculpaba con él, declarándose inductores y por tanto solicitaban ser juzgados igualmente. Presentamos ante los juzgados multitud de autoinculpaciones, pero ninguna fue aceptada. Durante este tiempo encarcelaron a Pedro, el hijo de Eva y Fausto. Es profesor y daba clases en un instituto de Moratalaz. La policía militar le fue a buscar mientras estaba en el aula y la gente del instituto, alumnos y profesores unidos, se opusieron a que se lo llevaran. La policía tuvo que marcharse sin conseguir su propósito. Días más tarde recibió una llamada comunicándole que su padre estaba en el hospital víctima de un accidente. Pedro salió corriendo y al llegar al hospital, la policía militar le estaba esperando y se lo llevó preso a la cárcel de Alcalá de Henares. ¡Bonita manera de comportarse! ¿Es esto lo que se aprende en el ejército? Además de enseñar el manejo de las armas para matar, por lo visto también les enseñan a actuar con engaño y cobardía. Menos mal que nuestros hijos tuvieron el coraje de enfrentarse a esta institución poniendo la vida en ello y no quisieron aprender estas prácticas tan poco éticas. Eva y Fausto escribieron muchas cartas de protesta, a la Casa Real, al Presidente del Gobierno, a multitud de estamentos. Pero el poder de los militares es muy grande y las presiones tienen que venir del seno de la sociedad y del poder político que en ese momento quería aplicar a los insumisos el mayor de los castigos.A Pedro le soltaron después de un tiempo, al estar en prisión preventiva y porque estaba en proceso la nueva ley del servicio militar que pasaba los sumarios de los insumisos al servicio militar a la competencia de los juzgados civiles.

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el mundo [ 16 mayo 10 ]

Al poco tiempo, Gloria se incorporó con nosotras y pasó a formar parte de la asociación. Trabaja en la oficina del Defensor del Pueblo y venía de los grupos cristianos de Vallecas cercanos al Padre Llanos. Según nos contó, Llanos le enseñó mucho de lo que sabía. Su hijo José, insumiso, fue juzgado y condenado a cuatro meses de cárcel. Mas tarde llegó Teresa, que entonces era catequista en las parroquias de su barrio en Carabanchel. Su hijo Álvaro, insumiso, estaba en ese momento con Médicos sin Fronteras en Somalia. Tuvo que venir ex profeso para el juicio. Le acompañaron como testigos gente de la ONG de otros países que no entendían como se podía juzgar a una persona que voluntariamente estaba prestando un servicio con ellos. Por no realizar la PSS fue condenado también a cuatro meses de prisión. Conocimos a Carmen en un encuentro en las escuelas de Entrevías. Fuimos Teresa y yo a llevar la comida a los chavales y Carmen estaba allí. Pertenece de toda la vida a IU. Su hijo, Manolo el insumiso, fue el primero en entrar en la prisión de Carabanchel, entonces en funcionamiento, condenado a dos años cuatro meses y un día. Se da la paradoja de que la juez que condenó a Manolo, llamó a Carmen para disculparse reconociendo que había sido un error aplicar la ley en este caso, afirmando que al ser el primer insumiso que juzgaba no había reflexionado lo suficiente. En el juicio siguiente se ve que tuvo tiempo de pensarlo y absolvió al objetor juzgado. No recuerdo su nombre. En ese tiempo había juicios a objetores de conciencia insumisos todos los días. Más tarde conocimos a Úrsula cuando su hijo Ramón fue encarcelado en prisión preventiva en la cárcel militar de Alcalá de Henares durante varios meses. Nos la presentaron las madres contra la droga, Sara y Carmen, en una manifestación ante el Ministerio de Justicia en protesta por el trato que reciben los presos en las cárceles. Úrsula estaba especialmente preocupada porque es alemana y no conocía a nadie cercano que le pudiera apoyar. Desde ese día pasó a formar parte de la asociación. Eva y yo conocíamos desde hacía tiempo la prisión militar y pudimos al menos darle ánimos. A estas madres las nombro con especial cariño porque seguimos siendo amigas y nos vemos y hablamos de vez en cuando. Tantos años de lucha y tantas cosas compartidas crean una sólida amistad de por vida. Esperemos que los años no nos hagan olvidar esta lucha que nos mantuvo vivas durante mucho tiempo. Este fue el núcleo de nuestra asociación, al que se fueron sumando para acciones puntuales otras personas, los maridos entre otras. Julio, el marido de Teresa, Manolo, sindicalista de toda la vida, marido de Carmen, Fausto siempre estuvo, así como otros. Quiero recordar aquí a Sara de Majadahonda, la madre de Jabuti y de Noemí que estuvo con nosotras mucho tiempo, a Lola, a tantas otras madres que aparecían un tiempo y más tarde dejaban de venir, una vez pasado el juicio. Queca, otra de las madres que llegó a la asociación, venía de la Parroquia del Perpetuo Socorro. Queca era la madre de Iñaqui Arredondo, el primer insumiso absuelto en Madrid por el juez Calvo por motivos de conciencia, que tuvo una gran repercusión en la prensa. De la misma manera, se fueron organizando las demás asociaciones a nivel de todo el Estado. Realizábamos reuniones periódicas en las distintas ciudades poniéndonos al día de cuanto ocurría a nivel de comunidades. Celebramos varias asambleas en el País Vasco, en Llodio, donde fueron Gloria y Carmen, en Bilbao y más tarde en Pamplona, donde se concentró el mayor número de insumisos encarcelados de toda España. También estuvimos en Barcelona, fuimos todas menos Eva que no pudo venir y estuvimos en casa de un padre que nos acompañó en los ratos libres a visitar la ciudad, se llamaba Alonso Brito. Allí conocimos al veterano Pepe Beunza, una gran persona. A Zaragoza, Cartagena, etc. A Granada fuimos en varias ocasiones, además de para celebrar la Asamblea Estatal. Cuando se llevaron a Juan a la cárcel de Granada en prisión preventiva por orden del juez, bajamos con su compañera y otros insumisos, entre ellos Mariano. Nos acogió Pablo en su casa, llevándonos a la cárcel por la mañana temprano. Como era conocido nos dejaron pasar y estuvimos recorriendo las dependencias de la prisión sin encontrarnos a nadie. Llegamos a una sala donde estaban las estanterías repletas de expedientes. Estábamos preguntándonos qué extraño fenómeno era este cuando apareció el director de la prisión hecho un energúmeno mandándonos salir inmediatamente. Se ve que al ser día de fiesta y temprano, tenían el recinto desguarecido. También es cierto que la prisión de Granada en esa época estaba en el centro de la ciudad. Vimos como

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las familias hablaban con los presos desde la calle separados solamente por una tapia no muy alta, pues daba para tirar cosas hacia dentro. Posiblemente más humana que las construcciones actuales en descampados donde los presos se sienten aislados y olvidados, más si cabe. A la hora de visita pudimos entrar Mariano, su compañera y yo, pero siempre a través del cristal, con el vigilante que nos mandó salir rápidamente, casi a empujones, porque Juan se cayó al suelo. Nosotros fuimos a denunciar el hecho, aunque sólo fuera por incordiar. A la salida se había convocado una manifestación con la gente de Granada y Madrid para pedir la libertad del insumiso preso. Al estar preventivo, Juan no estuvo mucho tiempo. En las asambleas estatales cada asociación elaboraba un dossier donde se ponían al día las ideas además de los datos del proceso en el que se encontraban los insumisos y las acciones realizadas. Sería interminable relatar aquí los pormenores de cada documento y cada asociación. Por esto nos limitaremos a plasmar un resumen del informe que nosotras elaboramos y que nos sirvió de guía. Eva fue la principal artífice del tríptico que adjuntamos, al ser más manejable podíamos repartirlo entre la gente:

lA INSUMISIóN COMO NUEvA fORMA DE lUChA DEMOCRátICA pOR UN MEjOR ORDEN SOCIAl DEl MUNDO EN El QUE DESApAREZCA El MIlI­ tARISMO y CESEN lAS GUERRAS La Asociación de Madres, Padres y Amigos de Objetores de Conciencia Insumisos del Estado español está formada por personas que ven en el anti­ militarismo una vía para superar las relaciones de dominación que empobrecen a la inmensa mayoría de los habitantes de la tierra. El 80% de la riqueza del planeta es disfrutado sólo por el 20% de sus moradores. Las 2/3 partes de la población mundial están abocadas a la miseria, miles de millones de personas viviendo en situación límite, luchas fraticidas, movimientos migratorios provocados por el hambre. El comercio de armas y el mantenimiento de los conflictos, principalmente en el Tercer Mundo, contribuyen a sostener esta situación. Por esto se hace necesario eliminar las estructuras creadas para impedir la distribución equitativa de los recursos, que desembocan en las guerras que asolan este planeta. Es necesario que desaparezcan por tanto los ejércitos que las hacen posibles. Nuestra asociación trabaja en esa dirección. lA INSUMISIóN COMO fORMA lEGÍtIMA DE tRANSfORMACIóN SOCIAl Por eso la insumisión, como estrategia política de desobediencia civil y como compromiso de transformación social, no tiene tanto que ver con la «mili» y el debate sobre ejércitos profesionales, como con el compromiso por superar el militarismo en sus manifestaciones, ya sean económicas, políticas, sociales, culturales, etc. Esta actitud de desobediencia no es otra cosa que la toma de conciencia de algunos ciudadanos ante leyes que, como la del servicio militar obligatorio, consideran lesivas para la humanidad. Por tanto, consideramos que la desobediencia a estas leyes es legítima, no obedece a intereses personales y es una excepción a la pasividad de los ciudadanos frente a los preparativos militares del Estado. El movimiento de insumisión, por tanto, forma parte de un colectivo alternativo que dice: «Si quieres la paz, prepara la paz», movimiento que pretende una sociedad más justa, más pacífica y más solidaria, preparando esa paz de la forma que más les afecta personalmente, negándose al cumplimiento de un servicio militar obligatorio que no tiene otra finalidad que adiestrarles para la guerra. No es una postura cómoda, pero no cabe duda que es va­ liente y consecuente con su conciencia y que día a día va ganando adeptos entre los jóvenes y generando idéntica conciencia en la sociedad que está

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harta de convivir con guerras, posguerras, miseria y barbarie (Rosa Fernández. Informe en el juicio al insumiso Pedro Caballero Burlano. Zaragoza, 13 de octubre de 1993). Cabe preguntarse entonces, por qué el movimiento de insumisión tiene tanta fuerza en España, sin parangón con otros países. Haciendo un pequeño análisis diremos que desde que apareció el servicio militar obligatorio, surgen prófugos y desertores al mismo, perseguidos y reprimidos por la es­ tructura castrense con penas severas. Hay que constatar que las democracias paliaron esta situación de carácter netamente individual, abriendo sus códigos para introducir la figura del objetor de conciencia, regulando leyes de aplicación a esta casuística, sin traumas en países con tradición democrática, con problemas en otros y con enormes dificultades en naciones como la nuestra, lastradas por un pasado inmediato de corte autoritario y militarista (Gerardo Landrove Díaz. Objeción de conciencia, insumisión y Derecho Penal. Ed. Tirant lo Blanch, Valencia 1992). lA INSUMISIóN UNA AltERNAtIvA DE DEfENSA CIvIl La estrategia que persigue el movimiento antimilitarista de insumisos en el proceso de desmilitarización, es crear una cultura­tejido­social alternativo en sus aspectos materiales e ideológicos que haga innecesaria la existencia de una organización permanente de la fuerza física separada de la socie­ dad. Transformar las estructuras y hábitos de convivencia humana de forma tal que lo «natural» sea la autogestión horizontal de la violencia. Por eso la abolición de los ejércitos será el resultado de esa nueva sociedad así conformada. Ello no contradice la necesidad de exigir desde hoy la desaparición o reducción al máximo de los ejércitos y sobre esta cuestión queremos aportar dos específicos problemas: A) Ejército profesional La profesionalización del ejército (ya es un hecho) acrecentaría las dificultades para una estrategia antimilitarista de corte globalizador, y ello no porque la ausencia de reclutas en el ejército le haría perder rasgos democráticos y populares (desde hace muchos años el ejército ha dejado de ser una institución popular), sino porque se reforzaría su aislamiento, su separación de la sociedad. Así el movimiento de insumisión muestra su rechazo no sólo al servicio militar obligatorio sino A LA MISMA EXISTENCIA DEL EJÉRCITO. Esto pone a la orden del día el debate sobre modelos de defensa­autodefensa alternativos. b) Defensa Social El modelo de defensa armada es cuestionado en la actualidad, no sólo como consecuencia de la situación propiciada por los cambios en el Este que elimina así la justificación de la pretendida amenaza exterior, sino también porque en los últimos años se ha convertido en el mayor peligro para la paz y la seguridad. La cuestión central no es quién nos defiende si no hay ejército, sino más bien cómo nos defendemos del militarismo que es la mayor amenaza. Esto nos lleva a la reflexión acerca de qué es lo que hay que defender y cómo. El Estado plantea como incuestionable la unidad y la defensa de la «patria» y de los «intereses nacionales». Con ello equipara nación con frontera, sociedad con Estado y patria con orden social. Es bastante obvio que para la defensa de este modelo de Estado es necesario una institución como el ejército. Pero para la defensa de las conquistas sociales y la solidaridad se necesita una organización horizontal. Entonces el problema de la defensa se transforma en el problema del cambio social. La cuestión es entonces qué tipo de lucha, organización y medios hay que poner en marcha para que la seguridad no equivalga al mantenimiento del orden social vigente sino a su transformación.

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Defensa social supone detener el ejercicio de la violencia en la propia sociedad, organizarla de forma horizontal autogestionada y actuar colectiva y popularmente contra aquellos que normalmente están dentro del territorio, que intentan imponer la injusticia, la explotación y la desigualdad. lA INSUMISIóN lEGItIMADA pOR RAZONAMIENtOS jURÍDICOS Para no extendernos en razonamientos jurídicos interminables que expusieron en los tribunales de justicia los abogados defensores vamos aquí a incidir sobre una cuestión: Para resolver el conflicto ha de tenerse en cuenta el principio de «jerarquía normativa» contenido en el artículo 9.3 de la Constitución: «La Constitución garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la duplicidad de las normas... Que supone que en caso de conflicto de normas, siempre habrá de prevalecer aquella de superior rango, garantizando de esta forma el principio de seguridad jurídica» (R. Fernández). El artículo 16 de la Constitución dice: «Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto a los individuos y las comunidades sin más limitación en sus manifestaciones que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley». La colisión legislativa según los juristas, se halla entre el derecho fundamental a la libertad ideológica del artículo 16 de la Constitución que garantiza la libertad de conciencia de la persona y las normas penales que castigan la insumisión. Teniendo en cuenta el principio de jerarquía normativa, el con­ flicto ha de solucionarse a favor de la libertad de conciencia (art. 16 de la Constitución), que es superior en rango a la ley ordinaria 48 de 26 de diciembre de 1984 reguladora de la objeción de conciencia y la prestación sustitutoria y la ley orgánica por la que se regula el régimen penal. A tenor de las normas internacionales de Derechos Humanos, la objeción de conciencia viene siendo considerada como un Derecho Fundamental directamente emanado de la Libertad de Conciencia. En este sentido se expresa la Resolución dada en la XLIII Asamblea de la Comisión Consultiva de Derechos Humanos de la ONU de 10 de marzo de 1987; o la 337 Resolución de la Asamblea Consultiva del Consejo de Europa; o la Resolución del Parlamento de Europa de 7 de febrero de 1987 relativa a la concreción de la objeción de conciencia como parte del contenido del art. 9 del Convenio de Europa para la protección de los Derechos Humanos; o la Resolución del Parlamento Europeo de 1989, etc. La sentencia del Tribunal Constitucio­ nal de 11 de abril de 1985 en su fundamento jurídico 14 dice: «La libertad de conciencia forma parte del contenido del Derecho Fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocida en el artículo 16 de la Constitución y como ha indicado este Tribunal en diversas ocasiones, la Constitución es directamente aplicable, especialmente en materia de derechos fundamentales». El art. 10 de la Constitución junto con el 9, imponen al Estado el deber de promoción especial de los Derechos Humanos y facultan al ciudadano para su ejercicio. Sobre esta base el derecho no puede violentar las últimas convicciones de las personas, cuando estas representan los valores superiores de la co­ lectividad, encarnados y positivizados jurídicamente en la Ley Constitucional.

Muchas de estas ideas están sacadas de la Historia de la objeción de conciencia en el estado español. Una alternativa de paz. Comisión de Paz y Objeción de Conciencia del Consejo Local de la Juventud de Córdoba. Dedicado a: Todos los jóvenes Insumisos, que con su negativa a participar en una sociedad militarizada, luchan, aún a costa de su libertad, por una sociedad más justa, igualitaria y solidaria.

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el mundo [ 2 agosto 10 ]

el mundo [ 2 agosto 10 ]

Primeros datos de 1993 de insumisión y objeción de conciencia en el Estado español, facilitados por el Grupo Antimilitarista de Bilbao (KEM-MOC): 1. La insumisión crece en un 19% respecto de 1992. Los insumisos en España son ya 9.393 2. La objeción de conciencia crece un 46% respecto de 1992, situándose en el 29,06% respecto del contingente militar. El gobierno manipula los datos para ocultarlo. 3. La base de objetores pendientes es ya de 138.878, cinco veces y media más de la que había hace cinco años, en 1989, año del comienzo efectivo de la prestación sustitutoria. 4. Entre los llamados a la prestación sustitutoria hay un 27,6% de no incorporados. En números absolutos: 6.529 hasta septiembre de 1993. El número de objetores de conciencia insumisos presos crece cada día. Más de 140 encarcelados y procedimientos judiciales contra 4.000. «EN ESpAñA hAy pRESOS DE CONCIENCIA». Febrero 1994 Este pequeño resumen de ideas que debatíamos en las reuniones con los grupos de insumisión nos sirvieron para saber de algún modo el porqué de nuestra lucha. Es evidente que no hubiéramos estado en la brecha durante tantos años dejándonos por el camino media vida para conseguir un ejército profesional, que es lo que al final nos dejó el gobierno de turno. Seguimos y seguiremos en esto para ir creando una conciencia en el seno de la sociedad, para que las ideas, la razón y el sentido común, se impongan sobre la violencia que rige los destinos del planeta. Para que de algún modo se abra un debate en el seno de la sociedad sobre el modelo de defensa que queremos, el concepto de patria, la venta de armamento por parte de estados que se llaman democráticos, la legalización de la objeción fiscal y un largo etc. A la vez que crecíamos en ideas, nuestras acciones de protesta se fueron multiplicando al hacerse la represión hacia los objetores cada vez más virulenta. Se multiplicaron los encarcelamientos en las prisiones militares. Estuvo preso Fernando Egido, al que castigaron duramente por su desobediencia en régimen de aislamiento. Después encarcelaron a Carlos y a Ángel de Torrejón, que junto con Axier, desertor, protagonizaron una huelga de hambre que les llevó al cabo de varias semanas, a ser internados en el hospital Gómez Hulla. Durante su estancia en prisión realizamos varios encuentros en la cárcel de Alcalá, a la que rodeábamos a campo través para poder hablar con los presos por el megáfono. Ellos nos escuchaban pero nosotros a ellos no. A raíz de esto los militares cercaron con alambradas todo el perímetro de la cárcel y pusieron una guardia a la entrada del recinto, además de chapar los ventanucos de las celdas. Cuando se los llevaron al hospital les instalaron en el último piso y en una acción de protesta, algunos de los insumisos lograron entrar en la habitación, llevando unas cadenas y unos arneses en la silla de ruedas de un muchacho parapléjico que cuidaba Miguel y que venía a muchos encuentros con nosotros. Al chaval se le veía feliz de poder sentirse útil. Pudieron llegar a la habitación, donde se encadenaron a las camas de los insumisos presos, mientras Jaime, que era montañero, se descolgaba por una de las ventanas para desplegar una pancarta donde ponía «Libertad insumisos presos». Verdaderamente verle desde abajo daba miedo, el Gómez Hulla tiene una altura considerable. Nosotras servíamos de grupo de apoyo, como en tantas ocasiones. La policía tardó bastantes horas en cortar las cadenas y sobre todo en descolgar a Jaime que seguía en lo más alto del edificio. Al día siguiente todos los periódicos sacaron la noticia. Los militares tuvieron que dejar libres a los insumisos porque llevaban casi un mes en huelga de hambre. El último en salir fue Ángel porque el juez con sede en la Coruña no quería firmar su puesta en libertad. Al fin las presiones fueron más fuertes que su testarudez.

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Ante estos hechos sumados a otros muchos, las autoridades militares se negaron a juzgar a los objetores aludiendo que al no estar incorporados a filas eran ciudadanos civiles y que debían ser juzgados por tribunales ordinarios. Al fin tuvieron que entender que los objetores de conciencia insumisos no querían ser militarizados. Querían sentirse libres en una sociedad civil y verdaderamente democrática. En el verano de 1991 se debatió en el Parlamento la nueva ley que entró en vigor en enero de 1992 (ley Orgánica del Servicio Militar 13/1991 de 20 de diciembre) por la que tanto los objetores insumisos al servicio militar, como los que se negaban a realizar la prestación sustitutoria, pasaban a ser juzgados por tribunales ordinarios con penas que oscilaban entre 2 años, 4 meses y un día, hasta 6 años de prisión. El día que se celebró el debate en el Congreso, quedamos con los insumisos en hacer un acto de protesta durante la celebración de la sesión parlamentaria. Entraríamos —con invitaciones que nos proporcionó IU— Eva, Conchi del MOC y yo, y dos insumisos con una pancarta con la palabra libertad que íbamos a desplegar durante el debate. Los objetores, que por cierto se habían puesto muy elegantes, nos esperaban a la puerta del Parlamento. Entramos sin problemas por el detector de metales, pero en el cacheo posterior a que nos sometieron notaron algún bulto sospechoso: la pequeña pancarta que llevaba Eva, a la que hicieron pasar a la cabina a desnudase. Se las arregló muy bien para esconderla y estábamos ya entrando cuando apareció Conchi visiblemente nerviosa y con una falda a la que se había cosido otra pancarta enorme y que sonaba al andar. Le hacíamos señas para que se marchara, pero no parecía muy dispuesta. Nosotras nos acomodamos en la tribuna de invitados, pero no tardaron en venir a echarnos porque naturalmente habían descubierto que Conchi tenía una falda en la que había cosido una enorme misiva.

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Tomamos la idea de entrar en el Parlamento porque hacía poco tiempo uno de los diputados de IU, durante la sesión Parlamentaria, sacó un pequeño panfleto protestando contra la guerra del Golfo y tuvo una enorme repercusión en los medios de comunicación. Esta nueva ley entró en vigor en enero, pero las autoridades militares no sabemos si por venganza, siguieron persiguiendo y enviando a la cárcel a los insumisos que se encontraban en busca y captura entre los que se encontraba mi hijo Enrique. El padre de Iseike, un insumiso de Burgos, estaba muy preocupado porque habían encarcelado a su hijo y en ese momento no existía ningún juez que respondiera por él para poder sacarlo de prisión. Los sumarios estaban en poder de los militares que trataban de retrasar al máximo la tramitación del traslado de expedientes para así tener el mayor tiempo posible encarcelados a los objetores. Ante este panorama, Eva y yo fuimos al Gobierno Militar una mañana para enterarnos de cual era la situación en la que se encontraban los sumarios de los insumisos y hablar con el juez y el fiscal para instarlos a que comenzaran los traslados. Nos trataron de mala manera sin querer escucharnos y nos mandaron salir sin ninguna explicación, así que a la mañana siguiente me presenté de nuevo —muy temprano porque tenía que llegar al trabajo— en el Paseo de María Cristina como la madre del insumiso Enrique Martínez de Juan para solicitar una entrevista con el juez o el fiscal. Se ve que no habían llegado todavía porque fueron entrando militares que me miraban furibundos sin decir palabra. Al cabo de dos horas de plantón me marché porque al parecer nadie iba a recibirme. Pero al día siguiente de nuevo me fui al Gobierno Militar, para estar otras dos horas sentada viendo pasar militares. Al cabo de una semana de continuados plantones se me ocurrió llamar a Juan Carlos Rois, uno de los abogados, para plantearle la situación y me recomendó que yo misma hiciera un escrito y lo presentara en el registro solicitando el traslado del sumario de Enrique a los juzgados de lo penal de la Plaza de Castilla. Así lo hice y así consta en el sumario de mi puño y letra. Entonces sí me recibió el fiscal que durante días me había tenido esperando, pero solamente para recriminarme y decirme lo indeseable que era mi hijo porque había tenido que desplazarse a Cartagena un fin de semana a tomarle declaración y le había hecho trabajar más de lo debido. Estaba ya tan harta que le dije en su cara que yo personalmente iba a poner una denuncia porque estaban actuando contra la ley ya que no tenían ya la jurisdicción de perseguir a los insumisos y seguían haciéndolo. Tampoco el juez Togado Militar estuvo muy amable y se vanagloriaba de coger a los objetores para encerrarlos. La denuncia la pusimos aunque no prosperó, pero me di el gustazo de decírselo después de que me hubieran tenido toda una semana esperando, sabiendo perfectamente quién era yo y precisamente por eso. A mi vez yo pude descubrir quienes eran ellos, aunque por las experiencias vividas ya los tenía bastante calados. De esta manera también pudimos decirle al padre de Iseike que presentara un escrito solicitando el traslado del sumario al Juzgado Ordinario de lo Penal. La Fiscalía General del Estado junto con el Defensor del Pueblo a los que nosotras escribimos, nos enviaron un escrito fechado el 26 de febrero de 1992 informando que la causa de Iseike Lezama, así como la de Txomen Unzaga en la misma situación que el anterior, habían sido remitidas a los juzgados civiles. Los objetores decían que en esta lucha poco tenían que hacer los abogados, que eran las presiones sociales las que debían apoyarles. Muy de acuerdo no estábamos los padres aunque claro, teníamos que respetar sus formas de lucha. Después de todo ellos eran los que nos habían metido en semejante embolado. Mi fuerte deseo de poner fin a esta historia era porque los objetores que se encontraban en busca y captura —entre los que estaba Enrique— pensaban hacer una acción dentro del Gobierno Militar para protestar por la situación de indefensión en la que se encontraban los presos en esos momentos, e instar a las autoridades militares al traslado de los sumarios. Entraron en el Gobierno Militar, pero en ese momento no cogieron a ninguno porque estaba la prensa y mantenían la táctica de ir encarcelando uno por uno. El escrito que presenté dirigido al Tribunal Territorial Nº1, Sección 2ª, Causa 18/56/89, tenía fecha de 14 de febrero de 1992. En ella se insta al Tribunal a remitir la causa al Decanato de los juzgados de lo penal de Plaza de Castilla en Madrid, lugar de residencia del encausado por existir una resolución dictada por el Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 7 de Octubre de 1991, según la cual los juicios debían celebrarse en el lugar de residencia del que iba a ser juzgado.

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Este mismo día y en un auto con esta fecha, el Tribunal Militar acuerda inhibirse de las presentes actuaciones a favor del juez penal decano de Cartagena, lo que nos supuso un retraso considerable en la celebración del juicio. Hubo que pedir el traslado a los juzgados de Madrid con el consiguiente papeleo. El juicio de mi hijo Enrique no se celebró hasta el 14 de junio de 1994, pasados dos años. Hasta este momento siguió en busca y captura y declarado en rebeldía así que, además de a la Policía Militar, teníamos detrás a la Policía Nacional que se presentó en casa en múltiples ocasiones. A veces ya me hartaban y les decía que si no tenían otra cosa mejor que hacer que venir a detener insumisos, que más les valiera ir a buscar a Roldán que se había escapado delante de sus narices. Eso les sentaba muy mal, así que opté por dejar la puerta abierta, cuando llamaban abajo. Así se mosqueaban, pesando que se les había escapado el insumiso y se subían al piso de arriba, mientras yo seguía tranquilamente con mis faenas. En esa época mi hijo Enrique ya no vivía en casa.

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Se da el caso de que también fueron a buscarlo a los juzgados de Plaza de Castilla donde trabajaba desde hacía tiempo y todos sabían que se había declarado insumiso. Pero no llegaron a pasar. Solamente preguntaron por él a los guardias civiles de la puerta y estos fueron los que avisaron a Enrique. Así estaban las cosas. Lo que verdaderamente extrañaba es que tuvieran los juzgados atascados desde esas fechas con montones de expedientes sin ejecutar y sin embargo se tomaran tantas molestias por perseguir sin descanso y con verdadera saña a los jóvenes objetores, que no tenían más delito que el de no querer aprender a matar. Este es un capítulo que tiene pendiente el gobierno socialista del que todavía no ha dado cuenta a la sociedad.

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En estas fechas los juicios a insumisos en todo el territorio nacional se celebraban a diario. Como grupo de apoyo asistimos a muchos, especialmente a los más cercanos. Hablamos con los jueces que unas veces se mostraban reacios y otras nos recibían muy amables. Estaba entonces de Decana de los juzgados de Madrid Manuela Carmena, con la que hablamos en varias ocasiones, aunque nos informó que los jueces dentro de su juzgado tenían toda la autoridad en la que nadie podía inmiscuirse. Anteriormente Manuela Carmena estuvo de juez de vigilancia penitenciaria en la prisión de Carabanchel, donde mandó colocar un teléfono directo para que los presos que tuvieran algún problema pudieran llamar a su juzgado. Muchos condenados en prisión preventiva solicitaban el traslado a Carabanchel, aunque fuera la cárcel más antigua, sabían al menos que ante las arbitrariedades de los carceleros había alguien que respondía por ellos. En las Asambleas que se celebraron en la parroquia de Entrevías en defensa de las personas presas a las que asistió Manuela Carmena, siempre era recibida por los encarcelados y expresidiarios con un fuerte aplauso.

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En las marchas que realizábamos todos los fines de año a la prisión junto con otras asociaciones en defensa de los presos, así como las que hicimos cuando los insumisos estaban encarcelados, podíamos verlos y oírlos y ellos a nosotras también. De esta manera no sentían el aislamiento como un castigo añadido. Esto pudimos comprobarlo cuando en Carabanchel fue encarcelado el primer insumiso por no realizar la prestación sustitutoria, Toribio. Comenzó a desobedecer las órdenes que consideraba injustas y le trasladaron enseguida a Navalcarnero, donde fuimos en alguna ocasión, pero por más ruido que hacíamos, no podía escuchar nada. En estas cárceles edificadas en descampados, cada vez más alejadas de la sociedad, las condiciones se hacen más inhumanas para los presos. Mientras la sociedad mira para otro lado como si no existieran. Manolo, el hijo de Carmen, también fue uno de los primeros en entrar en prisión. El día que iba a ser encarcelado pasamos parte de la noche sentadas en las escaleras de los juzgados como protesta por su encarcelamiento. Carmen, cuando entró a la visita pudo conocer cual era la celda de Manolo. Dando toda la vuelta al

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perímetro de la cárcel podíamos verle de lejos. Sacaba un pantalón por el ventano así sabíamos que estaba allí. Él podía oírnos por el megáfono. El apoyo que se les preste a los encarcelados desde fuera es una de las cosas que más les ayuda a sobrellevar esta situación. Estas marchas a Carabanchel se hicieron habituales, los presos se fueron multiplicando. Además les escribíamos cartas que también les ayudaban. Guardo muchas que recibíamos de los encarcelados. También nuestra misión era la de escribir a todas las instituciones del Estado. Escribimos en este tiempo muchas como el país [ 16 marzo 11 ] asociación. En todas ellas incidíamos en señalar la objeción de conciencia como un derecho fundamental. Mandamos cartas a todas las asociaciones de jueces, fiscales, Congreso de los Diputados, Senado y un largo etc. También enviamos escritos al Arzobispado de Madrid y a la Conferencia Episcopal así como a todas las vicarías, instándoles a que se pronunciaran públicamente en defensa de la libertad de conciencia y en defensa de la paz, pidiendo la absolución y la excarcelación de los objetores insumisos. También, hacerlos partícipes de nuestra preocupación al saber que las armas son bendecidas de antemano por sacerdotes de la iglesia católica. Desearíamos que se planteara la posibilidad de mantener a la Iglesia fuera de una Institución como es la del Ejército, cuyo único fin es preparar y hacer la guerra. Creemos que los militares, al igual que todos los demás fieles que lo deseen, tienen una comunidad parroquial. No necesitan de privilegios manteniendo unas iglesias castrenses y unos capellanes que bendigan la violencia. Por supuesto no recibimos ninguna respuesta. Cuando la iglesia católica firmó el acuerdo con el gobierno para acoger prestacionistas en entidades pertenecientes a la iglesia, escribimos al Vicesecretario para Asuntos Generales Sr. José María Eguarás mostrando nuestra preocupación: Pensamos que nuestros hijos objetores de conciencia están siendo juzgados y encarcelados por defender el derecho a la objeción de conciencia, que se vulnera en la ley que obliga y penaliza a los objetores de conciencia a realizar una prestación sustitutoria del servicio militar.
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Con esta actitud, los insumisos pretenden denunciar y terminar con las estructuras que hacen posible la guerra: la fabricación de armamento, el comercio de armas, las relaciones internacio­ nales basadas en la fuerza, las leyes injustas, la existencia de los ejércitos que sostienen a los gobiernos que masacran a los pue­ blos mientras una inmensa mayoría de seres humanos mueren de hambre. Nosotras pensamos que con el acuerdo firmado por ustedes con este gobierno, están colaborando en el mantenimiento de este or­ den injusto, porque injusta es la ley que lo sostiene. También recibimos la callada por respuesta. Por esto nos extraña que ahora defiendan con tanto ardor el objetar en conciencia contra la asignatura de «Formación para la Ciudadanía», cuestión baladí si lo comparamos con la lucha que mantenían nuestros hijos objetores insumisos. Sin embargo no todas las instituciones se sometieron a este acuerdo. Así Cáritas española nos envió una carta fechada en mayo de 1993, refiriéndose al asunto de la rescisión del convenio para que jóvenes obligados a la PSS desarrollen su prestación en nuestra asociación:

1. ANtECEDENtES... Nuestro colectivo, a la vista de no contar con personal vo­ luntario pensó que sería interesante incorporar prestacio­ nistas. Suponía, al menos así lo entendíamos entonces, una forma de reforzar nuestra tarea e integrar dos valores necesariamente unidos: la lucha por la paz y la justicia. Los hechos y la evolución en nuestra reflexión sobre el tema nos han hecho verificar de modo patente lo contrario. 2. ...y CONSECUENtES La primera sorpresa fue descubrir el perfil de buen número de prestacionistas. No se trataba de personas con una cosmovisión y planteamientos vitales como pensábamos. Con sorpresa descubrimos que los verdaderos objetores o habían sido ya amnistiados o se habían pasado a la insumisión. Bastantes de nuestros prestacionistas simplemente buscaban eludir los rigores de la «mili». 

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Por otra parte detectamos que era una grave incongruencia ser nosotros los «delegados del gobierno» y creadores de plazas para una ley que nos sigue pareciendo —como a muchos— gravemente injusta, inconstitucional y discriminatoria. Por todo ello: 3. DECIDIMOS Después de un amplio e interesante debate interno, decidimos resolver definitivamente el convenio que a través de Cáritas Española teníamos con la oficina de la PSS. Parece una muy seria incongruencia que cualquier actividad vinculada al ejercicio de la caridad cristiana, libre y gratuita se pueda realizar por imperativo legal. Finalmente nos solidarizamos de forma rotunda, con quienes aún con grave riesgo para su libertad personal, nos liberan a todos un poco más, desde la apuesta radical y firme por la insumisión como forma constructiva de luchar por la paz y la formulación coherente de sus propias convicciones. A ellos agradecemos no pocos motivos que nos han llevado a rectificar. Firmado: J.L. Segovia Bernabé, ex responsable de la PSS

Marciano Vidal, entonces director del Instituto Superior de Ciencias Morales de Madrid, profesor en la Universidad Pontificia de Comillas, profesor invitado en la academia Alfonsina de Roma, teólogo moralista cuya preocupación principal ha consistido en renovar la reflexión ético-teológica según las orientaciones del Concilio Vaticano II, plasmó esa preocupación en su magna obra Moral de urgencia. También escribió un libro titulado Para comprender la objeción de conciencia y la insumisión, editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 1995, presentado en Madrid en abril de 1996, donde asistimos invitadas como asociación, junto con Juan José Tamayo y otras personalidades. En este volumen hace un análisis sobre el significado de la objeción de conciencia, la desobediencia civil y la insumisión. Recoge algunas declaraciones de los episcopados, unas a favor y otras contrarias, reflejando las distintas posturas dentro de la Iglesia Católica sobre este tema. Así Javier Osés, obispo de Huesca, declara: merece respeto, alabanza y apoyo el grito que se levanta en otra parte de la sociedad que no quiere la paz, en ningún caso, por la vía de las armas. ¿No ha llegado el día en que nuestras leyes no consideren delito la insumisión, sino una alternativa para la paz? Rafael Bellido, obispo de Jerez afirma que la insumisión es algo muy cercano al ideal cristiano: es conocida la actitud de soldados de los primeros siglos como San Maximiliano, mártires por negarse a su alistamiento en el ejército de Roma. Dentro del Espíritu de estas posturas entran gestos como el de 50 sacerdotes diocesanos de Murcia que firman un documento a favor de la insumisión. José María Larrauri, obispo de Vitoria, dice en julio de 1993: Ojalá que nuestros legisladores se decidan cuanto antes a considerar y a aceptar que en la búsqueda y consecución de la paz, que a todos nos compete, existen diversos caminos legítimos. De esta forma, la «insumisión» dejaría de ser perseguida como delito para ser aceptada como una alternativa, basada en «nuevos sentimientos pacíficos». Postura totalmente contraria ha expresado Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona, en carta dirigida a sus fieles. Su pensamiento se sintetiza en dos afirmaciones, primera: Lo que de verdad lleva a la insumisión es el juicio condenatorio de cualquier actividad militar, por lo que se niega al Estado la facultad de organizar ninguna forma de servicio militar y por eso mismo también la de imponer un servicio social sustitutorio. Segunda: Desde el punto de 

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vista cristiano no se puede afirmar que el Estado no tenga autoridad para imponer a los ciudada­ nos un servicio militar que les prepare para cola­ borar en la defensa legítima de la sociedad. Nuestra asociación respondió a Fernando Sebastián en una larga misiva fechada en octubre de 1993, exponiendo los argumentos que el Sr. Obispo olvidó mencionar. Todos los argumentos que ya hemos expuesto y que repetimos hasta la saciedad. La libertad de conciencia ha de ser enten­ dida como un derecho fundamental frente a leyes injustas que vulneran ese derecho, dictadas por cualquier Estado. Terminando con esta frase: Por eso nosotras aprendimos de nuestros hijos insu­ misos a vivir como verdaderas cristianas y por eso les apoyamos, porque creemos sinceramente que optar por la no violencia y apostar por la vida es una exigencia del evangelio. Resulta extraño que fuera contrario a la insumisión precisamente el arzobispo de Pamplona, cuando en la cárcel de esta ciudad estaban concentrados la mayor parte de insumisos encarcelados. Esto empezaba a resultar peligroso y cada vez los apoyos de la sociedad eran mayores. Por esto el Ministerio de Justicia dictó una orden para que se les concediera a los insumisos encarcelados el tercer grado penitenciario. Muchos de los presos, hasta cuarenta, se negaron a aceptar esta medida y optaron por no ir a dormir a la cárcel, por conel ya [ 3 mayo 11 ] siderar que la solución no pasaba por dulcificar la pena, que en algunos casos no era así, sino por despenalizar la insumisión. Se les castigó por su desobediencia muy duramente con el segundo grado penitenciario en celdas de castigo y con la dispersión a otras cárceles, que les obligó a mantener una huelga de hambre de 21 días. De esto hablaremos más extensamente en otro capítulo. Nosotras como asociación escribimos cartas de protesta a todas las instancias gubernamentales, a instituciones penitenciarias, haciéndoles ver lo injusto de la medida. Las cartas a los jueces salieron publicadas en la revista La Balanza, una revista de los juzgados de Plaza de Castilla, promocionada por el Decanato. De todos estos escritos siempre enviábamos copia a la prensa que publicó algunas cosas. 

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El entonces ministro de justicia Juan Alberto Belloch propuso en el nuevo código penal el artículo 583, que contempla una pena de prisión entre dos y tres años e inhabilitación especial al derecho de acceso a la función pública por el tiempo de seis a diez años y retirada del carnet de conducir para el delito de negativa a realizar el servicio militar o la PSS. Le hicimos ver la tremenda injusticia y la desproporcionalidad de la pena, lo que obligaría a los jueces a emitir sentencias contradictorias, así como la falta de sentido común en condenar a toda una juventud a la muerte civil.

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El superministro Sr. Belloch, en su afán de imponer la ley por encima de cualquier otra consideración ética, jurídica o de simple sentido común y empeñado en usar la represión en lugar del buen juicio, consiguió ensuciar su brillante carrera con esta propuesta, de la que todavía no ha dado cuenta a la sociedad. No comprendemos muy bien por qué los altos cargos nunca reconocen los tremendos errores que cometen a diario. La plAtAfORMA 0´7 DE vAlENCIA emitió un Manifiesto de apoyo a la insumisión ante el nuevo código penal manifestando: 1. Que las guerras y el militarismo constituyen uno de los problemas más graves de nuestro tiempo, ya que no hacen sino perpetuar situaciones de injusticia y despilfarro de miles de millones en preparación de conflictos. 2. Entendemos la insumisión como una postura coherente para conseguir una sociedad más justa y desmilitarizada. 3. Rechazamos cualquier tipo de represión penal a los insumisos. 4. Denunciamos la discriminación por motivos de conciencia que supone la exclusión de los insumisos, impuesta por el código penal, en el empleo público o en el reparto de cualquier tipo de ayuda o subvención. A 14 de mayo de 1996 
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lA ASOCIACIóN DE ObjEtORES DE CONCIENCIA DE MADRID (AOC) emitió un extenso comunicado criticando el proyecto de código penal en el tema de la insumisión. En primer lugar hacen una denuncia de la manipulación informativa: Según EL PAÍS (22­5­1994) «Los insumisos no irán a la cárcel, pero podrán ser inhabilitados 14 años», sin embargo, el artículo 595 mantiene penas de cárcel de «dos a tres años en tiempo de paz» para los que rehusaren ir a la mili y además se añade a la condena la «inhabilitación especial para el derecho al acceso a la función pública por el tiempo de seis a diez años». También se mantienen penas de prisión de seis meses a dos años para los que no se incorporen al servicio militar obligato­ rio (artículo 594), falten más de 10 días o no se incorporen a la prestación sustitutoria (artículo 506). Sacando la conclusión de que dentro del código penal califi­ cado como progresista, el tema de la insumisión al SMO y a la PS se trata de una forma irracional empecinándose en una represión bárbara y puramente punitiva sobre este colectivo de jóvenes. Pedimos: 1. La despenalización de la insumisión. 2. Una profunda reforma del SMO y la reconversión de la PS en un servicio social voluntario, solidario y transformador. 3. Amparo legal de la desobediencia civil al servicio militar. 4. Replanteamiento del papel de la desobediencia civil en un estado democrático. Recibimos muchos apoyos de diversas asociaciones y de innumerables personas. El 28 de febrero de 1991 el SECREtARIADO DE jUECES pARA lA DEMOCRACIA, reclamaron en un escrito la modificación de la legislación vigente. La COORDINADORA DE bARRIOS —que representa una plataforma social de solidaridad, denuncia y reivindicación de los derechos humanos— en una rueda de prensa en Madrid el 30 
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de junio de 1990, ante el encarcelamiento de Fernando Egido, objetor de conciencia vinculado a la coordinadora exigía: La inmediata libertad de los objetores presos y una solución colectiva y definitiva para la insumisión, así como la apertura de un debate real sobre el ejército y el militarismo y sobre la dedicación de los esfuerzos y recursos que se dedican a la defensa armada y a las necesidades sociales. lA ESCUElA DE EDUCADORES ESpECIAlIZADOS EN MARGINACIóN, en una carta emitida en Madrid a 10 de junio de 1992, decía: Vemos sumamente impor­ tante que las actuales necesidades sociales sean cubiertas de forma voluntarias… Por tanto rechazamos en pleno la prestación sustitutoria del servicio militar, pues consideramos que presta un flaco favor a las personas que necesitan una verdadera ayuda y nos solidarizamos con aquellas personas que, obedeciendo a dictados de su conciencia, se niegan a reforzar los mecanismos que legiti­ man tales injusticias. IEpAlA, asociación independiente dedicada al estudio, promoción y defensa de los derechos humanos y de los pueblos y a la solidaridad y cooperación internacional y desarrollo para el tercer mundo, emitió un comunicado en Madrid el 25 de noviembre de 1992, afirmando: Que la objeción de conciencia es un derecho absoluto de la persona... Y por tanto IEPALA defiende desde su experiencia que ese derecho es superior ética y políticamente a los «deberes» que emanan de las políticas de defensa y seguridad. Sería interminable hacer un resumen de todos los apoyos recibidos a lo largo de estos años en todo el territorio nacional, cuestión que conocían más en profundidad las distintas asociaciones. Es por esto que nos estamos limitando a dar algunos nombres y a recoger algunos testimonios. Nombraremos a la fEDERACIóN ECOlOGIStA pACIfIStA GADItANA, que propone una desmilitarización de la sociedad. ASOCIACIóN CON lOS pObRES DE lA tIERRA DE SE­ vIllA: estamos obligados con la no violencia, a la ruptura con el desorden establecido. COMISIONES ObRERAS DEl INSERSO DE MADRID: sacó un Informe sobre la prestación sustitutoria. Diversas UNIvERSIDADES, en particular la de Salamanca, apoyaron abiertamente la insumisión. Igualmente organizaciones ecologistas como GREENpEACE, por citar alguna. Muchas COMUNIDADES CRIStIANAS a las que pertenecían insumisos de toda España, organizaron actos en las iglesias pidiendo la despenalización de la objeción de conciencia y la libertad de los insumisos presos. Así en la comunidad cristiana popular de San Cristóbal de Txantrea (Iruñea), celebraron el Adviento recordando a los 33 insumisos presos en la cárcel de Pamplona, con estas palabras: Hoy comienza una nueva era: Las lanzas se convierten en podaderas; de las armas se hacen arados y los oprimidos son liberados. La ASAMblEA DEl xIII CONGRESO DE tEOlOGIA jUAN xxIII, remitió un escrito al Ministro de Justicia el 12 de septiembre de 1993 expresando que: Los cristianos y cristianas aquí reunidos queremos apoyar públicamente las posturas de aquellos jóvenes que, en estos tiempos de pérdida de los valores que engrandecen y dignifican la condición humana, están dando un claro ejemplo con su opción de insumisión al servicio militar y a la prestación sustitutoria, también con su postura de no colaboración con todo aquello que apoye y contribuya a la perpetuación del sistema militarista —claro exponente del man­ tenimiento de la opresión sobre los más débiles—. Creemos que son un ejemplo a seguir por la convicción que demuestran en los valores y estrategias que llevan a cabo y que desde nuestra ética cristiana no sólo compartimos teóricamente; también queremos ser partícipes en su realización real y efectiva en nuestra sociedad. Consideramos que la represión ejercida contra el colectivo de insumisos es injusta, desmesurada, que viola el derecho a la objeción de conciencia recogido en la Constitución en su art. 10. 
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Por ello apoyamos a todos los insumisos y exigi­ mos la inmediata despenalización de la insumisión y la inmediata puesta en libertad de los insumisos condenados a prisión. Las MADRES UNIDAS CONtRA lA DROGA de Madrid, una de las primeras muestras de solidaridad que recibimos, nos enviaron un escrito el día 1 de septiembre de 1992, firmado por Sara Nieto en el que entre otras cosas decían: Los insumisos son la esperanza del futuro. Son la voz crítica y comprometida que nosotras hubié­ ramos querido (y no pudo ser) para nuestros hijos. Nosotras podemos dar fe de que desde hace años, varios jóvenes insumisos colaboran voluntariamente como educadores de calle en las actividades de prevención, asistencia y seguimien­ to de toxicómanos que realizamos en los barrios. Las Madres Unidas contra la Droga apoyamos y nos sentimos apoyadas por los insumisos. Y pedimos que en lugar de ser perseguidos sean escuchados, en lugar de ser silenciados cobren fuerza y que en lugar de ser encarcelados sean valorados desde el ejemplo de solidaridad y racionalidad que dan a todos los jóvenes y a toda la sociedad. Conocimos a las MADRES DE plAZA DE MAyO a través de un periodista argentino, que sabiendo de nuestra existencia nos avisó una de las muchas veces que pasaron por Madrid. Fuimos a casa de Andrea, exiliada argentina que servía de grupo de apoyo a las madres. En muchas ocasiones estuvimos en contacto con ella en los numerosos actos que se celebraban, tanto en apoyo de las Madres de Plaza de Mayo como de los insumisos. Conocimos a Hebe de Bonafini y a otras madres que vinieron en sucesivas ocasiones. Supimos de sus actividades a la vez que por nosotras conocieron el significado de la insumisión en España. 

diario 16 [ 12 marzo 12 ]

Desde Buenos Aires enviaron un fax el 5 de enero de 1993 al Defensor del Pueblo mostrando su apoyo a la causa de la insumisión: Las Madres de Plaza de Mayo queremos hacer llegar nuestro apoyo a la lucha de los jóvenes insumisos de Es­ paña, que cuestionan con una coherencia de paz y solidaridad a una estructura autoritaria que es­ tablece al militarismo como un elemento natural de una sociedad. En una sociedad civil y tolerante no son necesarias las industrias armamentísticas y sus macabros negocios, ni los enormes gastos de defensa. Y por esto estamos convencidas que la insumisión en este orden de cosas, es un acto de valentía y de ética... Firmaba María del Rosario Cerrutti. Secretaria. Todos estos encuentros cristalizaron en la invitación que nos hicieron para asistir al primer encuentro de Madres que luchan, al que asistieron madres de todo el mundo. Se celebró los días 28, 29 y 30 de marzo de 1994 en París, estando presentes: Las MADRES DE plAZA DE MAyO de Argentina. fAMIlIARES DE DESApARECIDOS de Honduras, Guatemala y Perú, que relataron el horror que sufren en su propia carne con violaciones, secuestros, tortura, muerte y desaparición de sus hijos. MADRES DE ACARI (Brasil), testimonio dramático de los niños de la calle asesinados por escuadrones de la muerte al servicio de empresarios y protegidos por la policía. MUjERES DE NEGRO. MOvIMIENtO pOR lA pAZ de Israel, perseguidas por manifestarse en contra de la ocupación de los territorios palestinos.
el mundo [ 2 marzo 12 ]

MUjERES CONtRA lA MAfIA de Italia, con la participación de la hermana del juez Borsellino, asesinado por la Camorra. 

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MUjERES DE lOS COMItÉS DE ACCIóN fEMENINA y DE DEREChOS hUMANOS de Palestina, desplazadas de su tierra y sin derechos. ASOCIACIóN DE fAMIlIARES y DESApA­ RECIDOS SAhARAUIS, mujeres encarceladas, torturadas y desaparecidas en las cárceles de Marruecos por defender la autodeterminación de su pueblo. GRUpO DE MADRES DE UCRANIA (Kiev) «Mama 86», con el horror de ver a sus hijos malformados por la contaminación nuclear. CENtRO INtERNACIONAl DE lA pAZ DE SARAjEvO, MUjERES DE NEGRO, CENtRO DE ACCIóN ANtI­GUERRA DE bElGRADO y CENtRO DE MUjERES vÍC­ tIMAS DE lA GUERRA DE ZAGREb; todas ellas llegadas de las zonas de guerra de la ex Yugoslavia, manifestaron el horror de la muerte, el hambre, crímenes y violaciones a mujeres que se premian como un servicio a la patria...
el país [ 12 marzo 12 ] MADRES DE lOS pAñUElOS vERDES contra la droga de España, que entierran a sus hijos, muertos en las calles y en las cárceles, mientras los narcotraficantes hacen sus negocios.

MADRES DE ObjEtORES DE CONCIENCIA INSUMISOS de España, que luchan por defender el derecho a la objeción de conciencia con sus hijos encarcelados. Más de 150 objetores en celdas de castigo. Pero a pesar de tanto crimen, tanta muerte y tanta injusticia, estas madres se han unido para luchar con la esperanza de construir un mundo mejor y seguir dando la vida que les quitan, rescatando la dignidad de sus pueblos frente al poder. Muchas de estas mujeres siguen luchando en sus países, cristalizando esta lucha en el MOvIMIENtO INtERNACIONAl DE MUjERES DE NEGRO, que celebró su último congreso en Valencia, este mismo año. Conocimos a las Mujeres de Negro de la ex Yugoslavia en varios encuentros que se celebraron en Madrid en la sede del MOC, donde nos contaron los horrores de la guerra. Salían a la plaza pública en Belgrado todos los miércoles, vestidas de luto en señal de duelo por las matanzas a civiles, cuando el sentimiento nacionalista estaba en su punto más álgido. Fueron maltratadas y encarceladas. Stasa Zajovic, a la que conocimos personalmente, conocedora 

de nuestra lengua, publicó varios artículos en los periódicos. En alguno de sus comunicados decía: Somos un grupo de mujeres que, en negro y en silencio, manifestamos nuestro repudio a la guerra. Este tipo de protesta la han iniciado las pacifistas israelíes en enero de 1988, oponiéndose a la ocupación de Palestina. Con ellas se solidarizaron las mujeres palestinas y norteamericanas... Nosotras nos vestimos de negro en duelo por las víctimas conocidas o desconocidas de esta guerra, para protestar contra los líderes nacionalistas respon­ sables de todas las matanzas, porque estos líderes tienen como único argumento la brutal fuerza militar y la violencia. El silencio lo hemos escogido porque rechazamos decir palabras superfluas... El silencio impregna la vida de la mayor parte de los ciudadanos. Los medios informativos nos han hecho callar. Sin embargo, el color negro que vestimos y nuestro silencio son visibles. Así manifestamos el repudio más hondo a esta y todas las demás guerras. MUJERES DE NEGRO deseamos impulsar la creación de valores diferentes a los predominantes: No violencia en lugar de violencia. Solidaridad en vez de opresión. Vida en lugar de muerte y destrucción. Varias Asociaciones entre las que nos encontrábamos, creamos una plAtAfORMA CONtRA lA GUERRA EN lOS bAlCANES, protagonizando varios actos de protesta. Los objetores del MOC, entre los que estaba mi hijo Enrique junto con insumisos del País Vasco que bajaron desde Bilbao, prepararon un acto de protesta en la embajada de la ex Yugoslavia en Madrid. Las madres formábamos el grupo de apoyo. Quedamos en que nosotras iríamos por delante, fuimos Teresa y yo pero vimos que el recinto estaba tomado por la policía, desco-nocemos como pudieron enterarse. Les avisamos a los insumisos que fueron por la parte trasera de la embajada, saltando la tapia. La policía les sacó a rastras y de los pelos, llevándoselos en el furgón esposados. Los encerraron en la comisaría de Chamartín y la rodearon con la policía cargada con metralletas, como si los muchachos fueran criminales. Habían descubierto la furgoneta con matrícula de Bilbao y pensaron, posiblemente que se trataba de terroristas o poco menos. Les mantuvieron todo el día en comisaría y ya cansada de esperar, entré para poner una denuncia por el trato que habían recibido.
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También pedí hablar con el comisario, que me recibió de mala gana explicándome que entrar en una embajada sin permiso está considerado delito y por eso tenían que retenerlos para tomarles declaración. Creo recordar que contesté al sr. comisario que mucho más delito es hacer una guerra. Al fin y bien entrada la noche y después de llevar a algunos de ellos, entre los que se encontraba Fernando Ejido, a reconocimiento médico de las lesiones, les soltaron con cargos. El juicio no llegó a celebrarse. Durante el fin de semana del 17 y 18 de junio de 1994, se celebró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid una serie de ponencias, con la asistencia de personalidades del mundo de la cultura, intelectuales, filósofos y un largo etc., sobre El juicio social a los ejércitos, en el que nosotras participamos como asociación. La organización corrió a cargo del MOC, AOC, Mili KK, Colectivo de madres de insumisos, Escuela Libre de Abogados, Asociación Contra la Tortura, Escuela de Educadores, Madres Unidas Contra la Droga, Asociación Ecologista AEDENAT, Justicia y Paz y otras muchas hasta un total de 30 asociaciones. Nos vamos a permitir transcribir aquí nuestra participación en este acto para que se comprenda mejor la evolución de nuestras ideas y proyectos a lo largo de estos años de lucha. Permitidnos que después de escuchar aquí discursos tan elocuentes, os hablemos simplemente como lo que somos y representamos, con nuestro único título, que es el de ser madres. Os hablamos con el corazón dolorido y el alma rota, al ver a nuestro hijos perseguidos durante años por la Guardia Civil, por la Policía Nacional, por la Policía Militar; encarcelados primero en prisión preventiva en cárceles militares, juzgados más tarde en tribunales ordinarios y encarcelados y tortu­ rados ahora en los centros de exterminio que son las prisiones civiles. Y ya no es el dolor por mi hijo, el dolor de nuestros hijos, objetores de concien­ cia insumisos, sino el dolor de ver las cárceles abarrotadas de jóvenes marginados, la mayoría drogados, cuyo único y principal delito es el de haber nacido pobres. Y por eso os hablo con la rabia contenida, cuan­ do estamos viendo enriquecerse con la muerte a los criminales que hacen la guerra no muy lejos de aquí, en la ex Yugoslavia (por citar uno de los múltiples conflictos), asesinos respon­ sables del genocidio de todo un pueblo y de la violación sistemática de mujeres. Y estos terri­ bles hechos los están premiando como un ser­ vicio a la patria. Mientras tanto, los gobiernos occidentales y nuestro gobierno entre ellos, pretenden cons­ truir una Europa unida, sin querer enterarse de que ningún país, ninguna comunidad, puede construirse sobre la base del crimen organizado, como es este de la guerra. Así lo primero que
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han creado es un poderoso euro­ejército armado hasta los dientes, en nombre de una defensa europea, mientras enormes capas de población se ven abocadas al paro, a la marginación o a la cárcel. Por esto nosotras, las madres que comenzamos luchando por un hijo, por nuestros hijos, ahora nos vemos metidas en la lucha de todas las madres, de todas las personas que de alguna manera quieren un mundo más justo, donde podamos recuperar la dignidad perdida de nuestros pueblos, humi­ llados por el poder de los estados. Y quiero hacer aquí referencia en este sentido al primer Encuentro Internacional de Madres que luchan, organizado por las Madres de Plaza de Mayo, vivo ejemplo de lucha, diecisiete años rotando todos los jueves por la Plaza de Mayo, recordando al mundo que sus hijos desaparecidos siguen vivos. Porque ¿dónde puede vivir mejor un hijo que en el corazón de su madre? Encuentro al que fuimos invitadas, donde se vio claramente, cómo las causas que originan los conflictos bélicos, los genocidios, los crímenes contra los pueblos, son siempre las mismas en todas partes. Lo mismo en países capi­ talistas que en los países del Este, como afirmaron las madres de Kiev (Ucrania), que todavía ven nacer a sus hijos malformados por la contaminación nuclear; así como las organizaciones de mujeres venidas de la zona de guerra de la ex Yugoslavia, las mujeres palestinas, israelíes, italianas, luchando contra la mafia, saharahuis desaparecidas en las cárceles de Marruecos y las Madres contra la Droga de la Línea (España), que recogen a sus hijos muertos en la calle, perseguidos por la policía. Como principal causa de este orden se señaló el comercio de armas, el negocio sucio de la droga controlado por las mafias —dentro del aparato del Estado— que mantiene la economía mundial, sostenida por un militarismo creciente. La existencia de unas Fuerzas Armadas, que unas veces desde

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el poder —en las dictaduras militares— y otras apoyadas por gobiernos que se llaman democráticos, siembran el terror en todo el planeta. Así nos lo explicaron las Madres de Familiares de Desaparecidos, de Plaza de Mayo, Honduras, Perú, Guatemala, Brasil (donde matan a los niños en la calle para vender sus órganos en el mercado internacional, para ser transplantados a personas de los países ricos). Y tenemos la vergüenza de ver a los genera­ les argentinos, Videla y compañía —por poner un ejemplo—, responsables de 30.000 desapariciones, violaciones, torturas, guerra sucia, ahora libres por voluntad de un gobierno, mal llamado democrático y jaztándose de sus hazañas para vergüenza de su pueblo y oprobio de toda la humanidad. Vimos así, como las mal llamadas democracias, entre las que se encuentra nuestro país —convertidas en una lucha de partidos políticos por el poder—, no son menos responsables de la muerte y el aniquilamiento del pueblo. Lo ha manifestado no hace mucho, el periodista brasileño Gilberto Dimenstein, en la presentación de su libro Los niños de la calle del Brasil, afirmando que en EEUU, en Europa y en el mundo que se dice civilizado, la vida de los niños de la calle es más difícil, incluso que en Brasil. Que hay un tercer mundo más cruel den­ tro de este que llamamos el primero, donde la vida de estos menores se hace especialmente difícil. Y así lo afirmó Enrique Martínez Reguera, conocedor de la vida de los niños en las calles de Madrid. Jóvenes muertos por droga, por marginación, por sida, alcoholismo... Mientras las calles de las grandes ciudades se van llenando de pobres y todo con­ sentido por una sociedad opulenta y establecida en el consumo. Ante esta injusticia y crimen orga­ nizado a nivel mundial, nosotras, las madres de los jóvenes objetores de conciencia insumisos, hemos vis­ to con orgullo cómo nuestros hijos han sido los primeros y en este mo­ mento los únicos en el mundo, que han tenido el valor de enfrentarse, no sólo al poder militar —negán­ dose a obedecer una ley que les obliga a realizar un servicio militar obligatorio—, sino que también se
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han enfrentado al poder del estado mal llamado «de derecho», negándose a aceptar un castigo como es el de la prestación sustitutoria del servicio militar. Nosotras hemos tenido el placer de ver a nuestros hijos salir victoriosos de esta lucha frente al poder militar. Vimos claramente cómo a raíz de los primeros encarcelamientos, los mandos militares se descomponían materialmente porque no entendían cómo un muchacho melenudo y zarrapastroso —como dicen—, podía permitirse el lujo de desobedecerles a ellos, salvadores de la patria, cuando en realidad todos sabemos que ellos son los que preparan y hacen las guerras contra los pueblos, contra las mujeres, matando a la población civil. Y tuvieron que ceder ante la negativa de los jóvenes insumisos a cortarse el pelo, a vestir ropa militar, teniendo que habilitar un ala especial en la prisión de Alcalá de Henares solamente para los objetores de conciencia insumisos porque consideraban peligroso que hablaran con otros presos, la mayoría desertores. Y al final, les echaron de la cárcel a empujones, después de varias huelgas de hambre, porque finalmente tuvieron que entender que nuestros hijos no quieren ser militarizados, no quieren obedecer ciegamente a nadie, quieren ser ellos mismos, quieren ser los civiles que son, tanto en tiempo de paz, como en tiempo de guerra. Es decir que para ellos y nosotras sus madres, el servicio militar ya está muerto. Existe la ley, pero nuestros hijos están demostrando que se pueden cambiar las leyes desde aquí, cambiando la conciencia de esta sociedad. Por eso ahora se presenta un reto más difícil ante la sociedad civil y el gobierno, mal llamado democrático. El reto de ganar el respeto de la opinión pública por la lucha de la insumisión que nosotras estamos apoyando. Hacer entender a esta sociedad que ha comprendido o empieza a comprender la perversidad de la existencia de una ley que obliga a todos los jóvenes a aprender a matar. Que es igualmente injusto y perverso el castigo que se quiere imponer a los objetores de conciencia, obligándoles a realizar una prestación sustitutoria. No existiría esta prestación impuesta irracionalmente a los jóvenes, si anteriormente no existiese la obligación de realizar el servicio militar. Para nosotras, al igual que para los objetores de conciencia, es lo mismo hacer un servicio militar que una prestación sustitutoria del mismo. Pensamos que cualquier prestación social pierde este carácter cuando se hace obligatoria. A nadie se la puede obligar a hacer la «caridad por decreto ley» y menos aún castigarle si no lo cumple. Por esto, a nosotras las madres, nos gustaría ver cómo esta corriente de insumisión se extiende a todos los ámbitos de la vida, para que la sociedad civil recupere su propio destino. Que la defensa, nuestra defensa, la del pueblo soberano no quede en manos de una élite armada que no nos defiende a nosotras, sino que está pre­ parándose para defender unas supuestas fronteras, frente a un hipotético enemigo. Que no nos digan ahora que la solución es un ejército profesional, porque antes de llegar a eso queremos que toda la sociedad se haga las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que queremos defender? ¿Cómo nos tenemos que defender? ¿De quién nos tenemos que defender? Cuestiones tan importantes para la supervivencia de los pueblos deben ser debatidas en el seno de la sociedad y llevadas al Parlamento. No queremos que se nos imponga una defensa armada, porque lo que nosotras queremos defender es nuestro derecho a trabajar dignamente —que nos lo están quitando—, el derecho a una vivienda digna —que nos niegan—, el derecho a una cultura igualitaria —que solamente llega a unos pocos—, el derecho a comer —medio mundo muere de hambre—, el derecho a vivir conforme a nuestras ideas, que por ello encarcelan y castigan a nuestros hijos.

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Ante este atropello, sólo nos resta decir a los que ostentan el poder, que podrán matarnos de paro, de hambre, podrán encarcelar y torturar a nuestros hijos objetores de conciencia insumisos como ya están haciendo, pero lo que nunca podrán conseguir es que cambien de manera de pensar, de ser y de actuar, porque están defendiendo lo último que les queda por defender y que nadie puede quitarles, que es la dignidad de persona, su propia esti­ mación, en definitiva: el vivir según su conciencia. Quiero recordar que en este momento en las cárceles españolas hay 183 jóvenes objetores de conciencia insumisos presos. La mitad en segundo grado. De estos jóvenes la mayoría están en Navarra. Hay 40 clandestinos. En Madrid, José Toribio Barba se encuentra en libertad condicional, con­ denado a dos años, cuatro meses y un día por no realizar la PSS. Manuel Ariza también condenado a dos años, cuatro meses y un día por la misma negativa, así como Mario de Castro, Raúl Heras, Ramón, Carlos y Fernando Egido. Otros muchos están siendo juzgados. Para terminar me gustaría leer lo que escribió el premio Nobel Albert Einstein sobre el ejército en Mi visión del mundo: «(…) Con esto paso a hablar del peor engendro que haya producido el espíritu de las masas: el ejército, al que odio. Que alguien sea capaz de desfilar muy campante al son de una marcha, basta para que merezca todo mi desprecio, pues ha recibido el cerebro por error, le basta con la médula espinal. Como detesto las hazañas de sus mandos, los actos de violencia sin sentido y el dichoso patriotismo. Qué cínicas, qué despreciables me parecen las guerras. Antes dejarme cortar en pedazos que participar en una acción tan vil.» Albert Einstein Madrid, junio de 1994 Rosario Domínguez. Asociación de Madres, Padres de Objetores de Conciencia Insumisos

Unos días antes se había celebrado el juicio de mi hijo Enrique, siendo condenado de antemano a dos años, cuatro meses y un día de prisión por no rea­ lizar el servicio militar. El día de la celebración del juicio, un 14 de junio de 1994, estaban los juzgados de Plaza de Castilla empapelados con las fotografías de los tres insumisos que iban a juzgar aquella mañana: Julio Martínez en el juzgado de lo penal nº 3, Fco. Javier Sales en el juzgado nº 11 y Enrique Martínez de Juan en el 24. El juicio de Julio se suspendió, a Javier le condenaron a cuatro meses de prisión. En la calle numerosos grupos de apoyo protestando y pidiendo justicia, protestas que se repetían a diario. Nosotros sabíamos de antemano que la sra. jueza del juzgado de lo penal nº 24, Dª Lucía Torroja Rivera, tenía ya escrita la sentencia condenando a mi hijo Enrique a dos años, cuatro meses y un día de prisión. Por este motivo no dejó que se presentara ninguna prueba ni documental, ni testifical, por lo que la abogada se negó a la defensa, que comenzaba leyendo la Tronera de Antonio Gala, publicada todos los días en el diario El Mundo y que ese día dedicaba a los insumisos y decía así: lOS MEjORES MUChAChOS. ANtONIO GAlA. Hoy se juzga en la Plaza de Castilla en Madrid, por lo penal, a tres viejos insumisos. ¿Cuándo acabará este negro rosario de errores? ¿Cuándo dejará de cebarse la ley más dura sobre los más débiles? Contra la ley tirana y anacrónica hay que luchar de frente. Los muchachos objetores lo están haciendo bien: Son lo mejor de su generación, lo más gallardo y esperanzador. Dentro de poco, los jueces se arrepentirán de lo que hoy deciden, porque el legislador tendrá que obedecer la voluntad altamente expresada del pueblo. (El ejecutivo es siempre el más contumaz y el menos ágil). Basta de buscas y capturas, de juicios y de cárceles. Una nueva ley justa es lo que aquí hace falta.

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Nosotras escribimos a muchos escritores, periodistas y gentes del mundo del teatro y del cine comunicando los procesos de los insumisos. Pero la sra. jueza interrumpió la lectura y suspendió el juicio. Esto provocó la indignación de las personas que se encontraban en la sala que se negaron a salir, entrando la guardia civil a sacarlos a la fuerza. Una persona al levantarse la juez le dijo en alto: «Señora, además de facha es que es usted fea», lo que provocó las iras de Dª Lucía que, según nos contó el personal del juzgado, entró echando chispas. Resultaba penoso ver cómo durante los pocos minutos que duró el juicio, pasó el tiempo arreglándose las uñas, o mirando por la ventana como si no fuera con ella. Actitud muy poco ética cuando se supone que se está impartiendo justicia. No podemos explicarnos cómo se puede jugar de esta manera con la vida de las personas, en este caso con la de mi hijo Enrique y por el solo hecho de haber sacado unas oposiciones. Mi propósito fue recordar a la sra. jueza, durante el tiempo que durara la prisión de mi hijo Enrique, que había cometido una injusticia, que los jueces no están para aplicar estrictamente la ley sino para interpretarla e impartir justicia. Por esto conté los días que suponían dos años, cuatro meses y un día y saqué tantas tarjetas postales como días de condena para mi hijo, con la fotografía que sirvió para empapelar los juzgados de los tres insumisos que juzgaron ese día. Mi decisión era enviar cada día una postal al juzgado con esta frase impresa: Enrique Martínez de Juan Domínguez. Insumiso preso condenado injustamente a dos años, cuatro meses y un día de cárcel por ejercer el derecho a la objeción de con­ ciencia.Y más abajo: lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la JUSTICIA (THOREAU). Seguidamente añadía alguna otra frase escrita por mí como: Los jóvenes que se niegan a realizar un servicio militar son los pio­ neros de un mundo sin guerras (ALBERT EINSTEIN). La objeción de conciencia no es un delito, es un derecho,

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o libertad insumisos presos y otras similares. Comencé a enviar postales durante meses. Las personas del juzgado estaban asombradas de mi insistencia, hasta que a Enrique le concedieron el tercer grado penitenciario, teniendo que ir a trabajar a los juzgados por la mañana y a dormir a la cárcel por la noche. Dª Lucía Torroja lo vio trabajando, y se propuso que tenía que quitarle el trabajo aplicando el nuevo código —según nos dijo el personal de su juzgado— y estaba mirando cómo podía conseguirlo en el Ministerio de Justicia. De esta forma la prudencia me aconsejó dejar de enviar postales para de alguna manera aplacar las iras de la sra. jueza que por lo visto, difícilmente controlaba sus impulsos. No contenta con la condena de prisión se proponía destrozar la vida de un muchacho. Así nos lo demostró cuando me puso una denuncia ante la Audiencia por haberla insultado durante el juicio a sabiendas de que no había sido yo, ya que me conocía de sobra. Así lo manifesté ante el juez de la Audiencia Nacional, donde tuve que ir a declarar acompañada de un abogado. La denuncia se archivó, pero ya se veían las intenciones de la sra. Dª Lucía porque el insulto a un juez y el desacato, están penados con hasta seis años de cárcel. Esta es la justicia que conocimos, ahora que tanto se habla de lo mal que están los juzgados, atestados de expedientes. Y tan mal si tenemos que poner nuestras vidas y haciendas en manos de personas como la sra. jueza Dª Lucía Torroja Rivera del juzgado de lo penal nº 24 de Madrid. Nosotras como asociación escribimos cartas de protesta a todas las Asociaciones de Jueces, al Defensor del Pueblo, a todas las instancias gubernamentales con copia al Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial, pero los jueces son intocables, por lo visto. Así que cuando entrábamos en los juzgados, viendo el panorama diario de multitud de gitanos juzgados todos los días, de drogadictos, de insumisos, pensábamos que teníamos el privilegio de asistir al espectáculo de la mayor de las injusticias.

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Los insumisos condenados seguían la táctica de no interponer recurso, ya que eso sería como reconocer que se había cometido un delito, así que los condenados en primera instancia entraban en prisión a cumplir la pena y los condenados a los meses en que no tenían que entrar en la cárcel, se negaban a firmar la sentencia, como hicieron Álvaro, el hijo de Teresa, Jose, hijo de Gloria, Pedro, Raúl y otros muchos. Los jueces solían dejarlo pasar. De esta manera, en noviembre de este mismo año, cuatro de los insumisos condenados en una acción conjunta, entre ellos Enrique, con José, José Antonio, Julián y José Manuel se presentaron en los juzgados de Plaza de Castilla para entrar en prisión. Aquella mañana una de las más amargas de mi existencia, la pasamos de juzgado en juzgado acompañando a los insumisos hasta bien entrada la mañana, porque algún juez estaba ocupado en algún juicio y tuvimos que esperar para que firmara la entrada a la cárcel. Alucinamos con estos muchachos. Ellos decían que preferían terminar con esta historia porque llevaban muchos años en busca y captura y así debíamos respetar sus formas de lucha, pero la verdad yo por dentro me revelaba contra los jueces, contra la cárcel y contra toda esta injusticia y no terminaba de entender muy bien esto de ir como corderos al matadero. Si no hubiera sido por la lucha que manteníamos de buena gana le hubiera aconsejado a mi hijo Enrique que se marchara a otro país más civilizado que esta nuestra querida España que así trataba a sus «mejores muchachos». De nada me hubiera servido porque no me hubiera hecho caso. No deja de tener cierta gracia que la guardia civil nos siguiera por los juzgados y que le aconsejaran a mi hijo Enrique, al que conocían, que avisara a sus compañeros que se estaba haciendo tarde, lo que no fue obstáculo para que en el ascensor les pusieran las esposas, les metieran en el furgón y los llevaran derechos a la cárcel de Carabanchel. Por mi parte no pude contenerme y entré en el juzgado donde estaba la sra. jueza Dª Lucía y le dije estas palabras que me salieron del fondo de mi alma: ¿Me puede explicar por qué ha enviado usted a la cárcel a mi hijo Enrique si no ha cometido ningún delito? Me mandó salir inmediatamente, pero le dije que no me marcharía sin una explicación. Como vio que no me movía, la que salió del juzgado fue ella, visiblemente molesta. No están acostumbrados los jueces a dar explicaciones de sus actos a los ciudadanos y no entienden que están a nuestro servicio y debemos exigirles responsabilidades. Al día siguiente cuando fui al trabajo, comprobé cómo el jefe del laboratorio había puesto en mi ficha: «Hijo cárcel». La ficha que luego mandaban al Ministerio. Pensé que esto era suficiente motivo para poner una denuncia, porque en aquel entonces estaba sufriendo por parte de mis jefes acoso laboral —que ahora llaman mobbing— y que yo percibía como la mala pata de tener ciertos jefecillos de los que procuraba pasar. Suficientes motivos tenía para denunciarlos y cierto revuelo se organizó en el trabajo porque en ningún momento traté de ocultar que mi hijo era insumiso y había sido condenado. Pero después de reflexionar pensé que necesitaba de todas mis fuerzas para seguir en la lucha más aún con mi hijo preso y no podía perder mis energías en meterme en más líos, así que fotocopié la ficha y con un escrito, como hacía siempre, la envié a la Subdirección del Ministerio que no hicieron ni caso, como era su costumbre. Después de todo yo no era más que una auxiliar a la que no se prestaba mucha atención. Tomé esta decisión recordando las palabras de Martin Luther King: Necesitamos ser capaces de soportar los golpes, debe importarnos más ganar nuestra justa lucha que salvar nuestro pellejo.

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lAS CáRCElES CIvIlES. CENtROS DE ExtERMINIO

Dos años, cuatro meses y un día de cárcel... Después de tanta lucha fue un duro golpe. No es lo mismo la prisión preventiva en cárceles militares, que dos años, cuatro meses y un día en las prisiones del estado con condena firme. Tienen mecanismos para machacarte y quitarte la vida si es preciso sin que nadie responda. Esto pudimos comprobarlo en múltiples ocasiones no sólo con los insumisos, sino también con los jóvenes drogadictos que se revelaban de alguna manera contra el trato que recibían en la prisión y eran aislados en celdas de castigo, haciendo con ellos lo que los carceleros de turno querían para doblegarlos. Así que las personas presas más sanas, cuyo único delito es ser conscientes de que estaban siendo maltratados y revelarse por ello, al final son los presos más conflictivos y a los que hay que machacar porque todo está orientado al cumplimiento de las normas. Así se da el caso de que los violadores y pederastas, son presos modelo y terminan redimiendo pena y saliendo a la calle, mientras que aquellas personas que todavía conservan un mínimo de dignidad y se revelan para poder seguir siendo ellos mismos son acallados y silenciados y pasan muchos años en prisión, hasta que al final terminan institucionalizados, por decirlo de alguna manera. La institución carcelaria que según la ley debe estar orientada a la reinserción en realidad sirve para sacar peores personas. Recordamos a la madre de un preso común que entre lágrimas nos contaba, durante la acampada que protagonizamos en el Paseo del Prado junto a las Madres Unidas contra la Droga, que su hijo estaba siendo reprimido violentamente y aislado en celda de castigo por el solo hecho de protestar. Había pasado por ello muchos años en prisión, aislado de los demás presos al ser considerado preso de Especial Seguimiento (FIES), que pasan muchos años solos en celdas de castigo sin apenas salir al patio como es preceptivo. Toribio, que fue el primer insumiso que entró en Carabanchel por no realizar la PSS se negó en ocasiones a obedecer órdenes injustas y rápidamente fue trasladado a Navalcarnero. Cuando salió en tercer grado y nos contaba sus experiencias carcelarias, su cabeza y sus labios contaban una cosa pero sus ojos expresaban otra. Cuando entró por la puerta de la cárcel sus ojos brillaban, ahora estaban apagados y sin luz. En un libro de cuentos que le dedicó su amigo j. barcia Magaz, Relatos para un preso insumiso, Ed. Madre Tierra, nos dice desde la cárcel: Cuando el aislamiento, la violencia, la soledad y el tiempo acechan esperando un atisbo de flaqueza, las cartas y los cuentos, es decir, el calor humano impreso en hojas de papel, se convierten en olas de abrazos

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y recuerdos que forman una muralla inquebrantable. Rompen el aislamiento abriendo espacios de luz que convierten el aire malsano en una brisa fresca y revitalizante. Mi hijo Enrique no hablaba mucho de estos años pasados en prisión. Él, como yo, nos guardamos nuestra tristeza, mezclada con una enorme rabia e impotencia. Salió en tercer grado penitenciario al cabo de unos meses, porque tuvieron que reconocerle el tiempo de prisión preventiva, teniendo que pasar más de un año en la prisión de Victoria Kent a dormir todas las noches. No es mejor el tercer grado que la trena, porque de igual manera te sientes preso y llevas el día entero la cárcel en tu cabeza. Que se lo cuenten a Carmen, que todas las noches cuando su hijo Manolo hacía el petate para irse a dormir se la llevaban los demonios. A mí los demonios se me llevaron durante todo el tiempo que Enrique pasó en la cárcel, primero en Carabanchel y luego en tercer grado, donde como en tantas ocasiones les visitamos con el megáfono hablando con ellos desde la calle. En esta ocasión tuve la oportunidad de entrar a las visitas carcelarias como madre, comprobando que éramos tratadas como pura basura por el personal, viendo la suciedad, las rejas, el hablar malamente a través del cristal y la sordidez de la cárcel de Carabanchel, que en esa época estaba en funcionamiento y que ahora han tirado para hacer un buen negocio con el terreno, sin preocuparles lo más mínimo las asociaciones vecinales que están solicitando que se conserve la memoria de lo que significó esta prisión. Como siempre, los ciudadanos no pintamos nada, no somos nadie y menos cuando hay dinero de por medio. En este tiempo de cárcel estuvimos más en contacto con las asociaciones en defensa de las personas presas a través de la parroquia de San Carlos Borromeo de Entrevías, de Enrique de Castro y las Madres unidas contra la droga, asistiendo a muchas asambleas, donde pudimos comprobar los estragos de las prisiones en algunos presos y las historias de muchos de ellos que nos dejaban con el alma rota. Después de saber lo que ocurre pensamos en ocasiones que al fin y al cabo nosotras éramos dentro de ese mundo unas privilegiadas. Nuestros hijos contaban con el apoyo de gran parte de la sociedad y eso cuenta mucho a la hora de entrar en prisión, que se rige por sus propias normas y establece sus códigos. Es otro mundo, cerrado, donde las personas sobreviven lo mejor que pueden. Conocimos en estas asambleas a jesús valverde Molina, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense, conocedor de lo que ocurría dentro de las prisiones. Escribió un libro sobre ellas muy interesante: La cárcel y sus consecuencias. La intervención sobre la conducta desadaptada. Editorial Popular, prologado por Manuela Carmena, jueza de vigilancia penitenciaria. En el prólogo dice: Que la cárcel no sirve, que la cárcel no rehabilita, es algo que asumi­ mos todos, y que lo asume también la sociedad desde sus más diversos sectores. Jesús Valverde también lo dice en su libro. Sin embargo, no quisiera yo que esta idea tan mayoritariamente aceptada negativizara aun más la conducta de los jueces. Jesús Valverde, con su presencia comprometida en las cárceles, protagonizando un programa de intervención en el centro de preventivos de Carabanchel, llevado a cabo por la universidad, relata la vida en la prisión y las consecuencias somáticas y psicosociales del internamiento junto a la función de la droga en la cárcel. Hablando de la propia EStRUCtURA ARQUItECtóNICA de la cárcel afirma: Que no está concebida en función de una intervención recuperadora sino en función de la seguridad, de la evitación de la fuga, así como para dominar al preso y obligarle a la sumisión. Eso conduce a que toda la configuración del es­ pacio se estructure con esa finalidad. En cuanto a la cantidad de espacio, las celdas, el «chabolo» es casi siempre demasiado pequeño, el espacio personal es fundamental para mantener la cordura. Dado el hacinamiento de las cárceles el recluso ha de compartir su celda con otros presos. Esta configuración del ambiente favorece el surgimiento de problemas de higiene que inciden en la mayor probabilidad de contraer enfermedades infecciosas... La cárcel no consiste solamente en su estructura física sino en todo aquello que supone «el estar encarcelado». 

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En cuanto a lA vIDA EN lA pRISIóN y la utilización del tiempo y el espacio, nos cuenta: en la cárcel casi nunca hay nada que hacer, pero el recluso tampoco puede planificar su tiempo. Precisamente el énfasis en la seguridad, en la evitación de la fuga y el control exhaustivo del preso, así como el desinterés institu­ cional en la intervención, hacen que las actividades en la prisión además de precarias, carezcan de interés para el preso, al que por otra parte, no se intenta motivar a que participe en las escasas actividades que se realizan. Por diferentes motivos: Apenas existe personal capacitado, el enorme hacinamiento, la escasez de espacios dedicados a actividades y que la mayoría de las actividades que se realizan son llevadas a cabo por personas ajenas a la prisión (instituciones religiosas, ciudadanas, etc.). Sin embargo, cuando la situación penitenciaria es especialmente precaria y anormalizadora y cuando esos pro­ fesionales denuncian y critican la situación de las cárceles, la institución penitenciaria reacciona cerrando sus puertas en un infantil y absurdo intento de evitar críticas ocultando la situación. El pROCESO EDUCAtIvO EN lAS CáRCElES precisa de los siguientes elementos: Una estructura física que posibilite la actividad educativa y unos medios materiales mínimamente suficientes. Un personal docente capacitado pedagógicamente y motivado laboralmente. Un programa de intervención educativa diseñado específicamente para la población a que va dirigido. Ninguno de estos tres elementos se suele cumplir en los centros penitenciarios. El tRAbAjO EN lA CáRCEl. Se pueden encontrar dos tipos de actividades más o menos laborales: el que realizan los llamados «destinos» (ayudantes de co­ cina, fontaneros, auxiliares, etc.) que no suelen cobrar nada, pero evita estar todo el día en el patio, lo que constituye un privilegio y los «talleres» formativos y productivos. Así en la mayoría de las prisiones son muchos los presos que pasan la mayor parte del tiempo en el patio sin hacer nada. El patio de las prisiones suele ser un lugar inhóspito, donde se encuentran jun­ tas una multitud de personas hacina­ das en un espacio invariablemente demasiado pequeño y demasiado sucio, sin apenas equipamiento que permita matar el tiempo con alguna ocupación. Todo este entorno produce en el preso consecuencias somáticas (pérdida de visión, de audición, de lenguaje, tensión muscular) y consecuencias psicosociales (estado permanente de ansiedad, ausencia de expectativas de futuro, ausencia de responsabili­ zación, pérdida de vinculaciones, al­ teraciones de la afectividad).

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Y finalmente, para no extendernos más, se hace un análisis de lo que supone lA DROGA en la cárcel —que es algo habitual— y el problema del SIDA. Todos los jóvenes insumisos antes de entrar en prisión se hacían un análisis de VIH y lo repetían a la salida. La droga y el SIDA está presente en todas las prisiones. Mi hijo Enrique también se hizo los análisis como era preceptivo. Y así dice Jesús Valverde en su libro: Que la institución judicial sepa que además de condenar a una persona a la privación de libertad, se le coloca en una situación de riesgo que le puede costar la vida. Carlos M.beristain, en 1992, publica el libro La insumisión encarcelada, en la Editorial Virus de Barcelona, donde recoge los testimonios de los insumisos encarcelados y la de sus familias y grupos de apoyo, creando una obra colectiva. Comienza con las declaraciones de Enrique Martínez de Juan y de Fernando Egido, presos en cárceles militares. Recogemos solamente algunas manifestaciones:

Aprendí que la libertad no está en los muros, sino dentro de nosotros mismos. Mientras sigamos desobedeciendo, la libertad es nuestra. Realmente uno empieza a perder su libertad no cuando está en prisión, sino cuando empieza a aceptar que está en prisión. Tratan de imponer su autoridad, de hacernos ver que estamos bajo su control. Y nosotros tratamos de demostrarles que no. Constantemente dan órdenes absurdas, que no vienen a cuento. Antes de ir allá, la cárcel era algo irreal. La conocía a través de las experiencias de la gente que estuvo antes que yo en Alcalá, pero sobre todo me planteaba la película desde el punto de vista más político o de lo que yo estaba acostumbrado a entender por político: la acción directa, el trabajo del grupo, etc. Ahora lo político y lo humano viven juntos de otra manera, es otra dimensión. De las cárceles civiles hablan Francisco Rojas, Clemente García, Antonio Oriol, Josefa Lazkano: Yo vine por mi propio pie hasta las puertas de la cárcel y esto me ayudó mucho a asimilar mi situación. Lo había elegido yo y ya tan sólo me quedaba adaptarme lo mejor posible para que no fuera tan duro. Una vez dentro, mi propio temperamento tranquilo me ayudó mucho a superar los primeros momentos. Más tarde llega la reflexión, el encontrarse con uno mismo, el rellenar el tiempo, la valoración de tu vida. Es un tiempo para pensar, puesto que lo único que no tienes limitado es el pensamiento. Y tienes que asumir que, por mucha comunicación que tengas con el exterior y por mucho que pretendas salir de la cárcel con la imaginación, tu única realidad está limitada y esto, aunque se puede relativizar, es traumático. Quiero cambiar las cosas, y para cambiarlas desobedezco. Pero antes hay que pasar la frontera del miedo, que paraliza los anhelos y limita los hori­ zontes. La frontera del miedo es el límite que ahora se hace presente, pero que todos conocemos. El miedo a la cárcel te lleva a la mili. En el ejército, el miedo te hace pasar y tragar humillaciones. Pero sobre todo el miedo es la frontera que marca lo que se puede y no hacer para cambiar esta sociedad. Y esa frontera no la pone sólo la ley sino nuestra obediencia. 

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pEDAZO DE CáRCEl Llegamos a la cárcel. Es un pedazo de edificio viejo y cutre. De repente la idea de la cárcel tiene imagen y ésta habla bastante de lo que es. Me cuestan mucho estos cambios contíuos, la comisaría, la conducción, ahora esto. Aquí uno empieza a saber lo que es sentirse solo. Llega un funcionario y me dice: te van a poner con un drogata, ándate con cuidado. Tengo miedo de las relaciones conflictivas o difíciles con otros presos y claro, estoy nervioso. Pasamos juntos el primer día, nos vamos conociendo. El miedo se espanta, de repente me parece una tontería, es otra persona como yo. pEDAZO DE CáRCEl II Mi pedazo de cárcel es una celda en la que estoy con otro compañero. La celda tiene una puerta de hierro que aquí llamamos «cangrejo». El cerrojo mete un ruido que te hace sentir como nada la idea de encierro. Pongo algunas pegatinas en la pared. Tengo mis libros, mi ropa. Las cosas que siempre fueron mías son más parte de mí. He leído en un libro que el exilio es cuando todo tu país está en una habitación y me he sentido un poco exiliado. Hoy estaban algunos presos hablando en la galería: «Es por sus ideas», decía uno. Y a mí hay algo que me recorre por dentro. Los presos me tienen en palmitas. Hay una relación mutua de respeto y apoyo. Hay tres cosas en las que me he sentido probado por los presos. Una es si pillas o no pillas droga. Yo tengo claro que paso. Otra ha sido la cosa del chivateo. Lo que te dice uno de otro y la presión de algunos funcionarios. También tengo claro que ahí no entro. La tercera, más banal pero también molesta, por mi pelo largo. También paso pero me he puesto una coleta. tENSIóN EN El AMbIENtE Hoy, como algunos otros días, hay tensión en el ambiente, un clima enrarecido. Estamos en el patio, la gente se mira, habla en grupitos, todos somos conscientes de que no va a pasar nada, pero a la vez también vivimos esta tensión contenida: la heroína ha entrado en mal estado y algunos presos están que se caen. Esta mañana vino a despedirse mi compañero de celda: —Me mandan de cunda para Córdoba. —¡Que mierda! —Ya ves Y los dos nos quedamos en silencio. No sé lo que habría en su silencio, pero en el mío pasaban a cámara rápida el día en que me invitó a su celda y nuestras charlas a las noches. ¿Me das la paloma? Yo había dicho desde que entré, que esa paloma que me intentaron quitar al principio no se la daría a nadie, pero ella se fue con él. Hay veces que uno piensa que está aquí solo. Luego piensas en la gente cercana y te das cuenta de que no. 

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Hoy una mujer me ha escrito diciendo: «Soy la madre de un chico que se está pensando eso de la insumisión». Ayer recibí otra carta: «Soy una chica de trece años que te escribo para darte ánimos». Y yo me hablando y me reafirmo. Nocturnidad... A las diez de la noche me visitan los funcionarios: «Te vas de traslado». He dejado mi walkman a otro preso. Antes tengo que ir a recogerlo porque si no me quedo sin él —les dije yo—. «Te vas ahora mismo», fue su respuesta. Es la celda de al lado, no les cuesta nada, yo no me voy sin mi walkman. Su respuesta fue a la fuerza y entre cuatro. jOSEbA. IRUñA, 1992 Es muy impresionante la sensación de hacinamiento y el haber tanta gente en un espacio tan limitado y reducido, provoca en uno cierta exasperación. La búsqueda de la soledad como forma de descompresión y reafirmación en uno mismo ha sido esencial para mí. Los momentos en los que estoy sólo son los que más disfruto, aunque a veces necesite también a los demás, por supuesto. La asistencia psicológica, social, sanitaria y educacional brilla por su ineficacia e ineptitud, al menos en esta cárcel. La verdad es que aprender a convivir con una violencia tan estructurada y patente cuesta mucho y plantea un gran desasosiego: Observar enfermos terminales de SIDA pudrirse literalmente en la cárcel a la espera de la libertad para poder morir, mientras elementos confidentes son favorecidos sin ningún temor de que vayan a reincidir en su delito; saber de malos tratos por parte de funcionarios, ver regueros de sangre por las escaleras de gente que se corta las venas como forma de protesta; conocer la acción de asistentes sociales para anular la pensión de invalidez en vez de preocuparse por buscar medios de subsis­ tencia para el que no los tiene; sanciones de aislamiento claramente desmesuradas, etc. Los padres de Antonio García Quesada —condenado a dos años, cuatro meses y un día por no realizar la PSS—, Aurelia Quesada y Miguel García, de la asociación de Cartagena, en una larga entrevista recogida en este libro afirman: En todo este tiempo y mirando ahora un poco hacia atrás, la insumisión ha pasado de ser algo de otros a ser algo nuestro, algo de lo que podemos hablar, que forma parte de nuestras convicciones y de nuestra propia historia. Entonces es verdad que nos ha cambiado la vida.

Necesitaríamos escribir tantos libros como historias de cada uno de los jóvenes insumisos y de sus familias, de sus experiencias, vivencias y de los años vividos y compartidos, pero me he propuesto unos límites: Aquellos que vivimos más de cerca. Pero en estos escritos pueden verse reflejados muchas experiencias y hechos parecidos a los que relato. Sólo hace falta ponerles nombre. En diciembre de 1994, los insumisos presos iniciaron una campaña de desobediencia al tercer grado penitenciario, negándose a ir a dormir a la cárcel, haciendo público un manifiesto en el que decían entre otras cosas: Nos negamos a aceptar las condiciones impuestas por el régimen carcelario de tercer grado para nuevamente pedir una solución positiva del conflicto que desenmascara la insumisión al servicio militar obligatorio y a la PSS que pretende sostenerlo. Otra vez tomamos la iniciativa para que nuestra desobediencia señale hacia la raíz del problema. No queremos una respuesta judicial per­ sonalizada que progresivamente ablande la represión de la insumisión, sino una solución política que reconozca el carácter colectivo del movimiento de objeción e insumisión, y que recoja las demandas de desmilitarización y el rechazo del servicio militar obligatorio formulados reiteradamente y mayo­ ritariamente por la sociedad. 

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La presentación del manifiesto fue acompañada en todo el Estado por ruedas de prensa, encierros públicos en universidades, iglesias, asociaciones de vecinos... Adhiriéndose un gran número de grupos de apoyo, que se autoinculparon con los insumisos. Los días 12 y 13 de diciembre de 1994, cuarenta insumisos en tercer grado dejaron de ir a dormir a la cárcel. El día 14 eran detenidos treinta y tres insumisos navarros en la puerta de la iglesia donde estaban encerrados. Luego detuvie-ron a cuatro insumisos de Bilbao en la universidad de manera brutal. El día 17 fue detenido Juan Ángel, de Valladolid, cuando estaba encadenado. El 18 en Albacete, fue detenido Fernando, tuvieron que llevarle al hospital porque los 15 policías que lo detuvieron le produjeron una lesión en un tobillo. Juan Montenegro fue detenido el día 29 sin orden judicial. En Asturias, los tres insumisos encarcelados son pasados a tercer grado el día 20 y el 21 son detenidos de nuevo. Un insumiso de Burgos también desobedeció y fue detenido. El 20 de febrero trece insumisos navarros se suman a la desobediencia y son detenidos el día 22 en la universidad donde estaban encerrados. A la mañana siguiente los alumnos y alumnas de la Universidad Pública de Navarra realizan una manifestación de apoyo. Por la tarde otra manifestación se dirigió a la prisión en apoyo a los insumisos que estaban de nuevo en segundo grado. La represión no se hizo esperar. Hasta seis fines de semana de aislamiento. Dificultades para tener visitas, incluso de familiares. Se les retiraron materiales y libros que tuvieran que ver con el antimilitarismo y la insumisión. Todos se enfrentan a un segundo juicio por quebrantamiento de condena. Incluso se abrieron diligencias a los autoinculpados y autoinculpadas. La desobediencia en las prisiones continúa. En estos momentos de 1994 hay 175 insumisos presos en las cárceles españolas. Los insumisos encarcelados de Navarra elaboraron un dossier colectivo que se presentó ante la Comisión de derechos humanos del Parlamento Navarro, denunciando la situación de las cárceles. Las denuncias reiteradas de los insumisos encarcelados comenzaba a resultar

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peligroso para instituciones penitenciarias que tanto quieren ocultar lo que sucede dentro. Nuestra asociación, junto con la Asociación de Madres Unidas contra la Droga, presentamos un escrito ante todas las instituciones en abril de 1996:

CáRCElES CENtROS DE ExtERMINIO Desde la Asociación de Madres Unidas contra la Droga y la Asociación de Madres y Padres de Objetores de Conciencia Insumisos, queremos denun­ ciar, uniéndonos a las denuncias de nuestros hijos presos, todos los delitos que se cometen diariamente en las cárceles de todo el Estado, sin que las instituciones penitenciarias quieran darse por enteradas, sin que el juez de vigilancia penitenciaria haga nada para poner remedio a esta situación y sin que las denuncias presentadas ante el juzgado lleguen a esclarecer los hechos, porque se archivan en la mayoría de los casos. Es decir, que existe una complicidad entre todas las instituciones, ayudadas por los medios de comunicación, para silenciar sistemáticamente los crímenes que diariamente se cometen en las cárceles. Cómplice es también una sociedad que ante esta situación enmudece, o pide más cárcel. En España hay 84 centros penitenciarios, con un total de 46.150 presos en enero de 1996 (la tasa más alta de la Unión Europea). En el mismo mes del año 1984, había 14.050 presos. El 87% de la población reclusa son varones. El 13% son mujeres. El 41,5% tiene entre 22 y 28 años. La gran mayoría de los presos tienen muy bajo nivel económico y socio­laboral (las plazas de las cárceles están destinadas para los más pobres). Sin embargo, cada persona presa cueste 700.000 ptas. (unos 8,5 millones al año). El 17% de la población reclusa, es analfabeta absoluta. El 31% es analfabeta funcional. Una gran mayoría son «delincuentes forzados», que por circunstancias socio económicas, han tenido que sobrevivir al margen de la ley. El 25% son seropositivos, 4.000 en situación terminal. Han muerto más de 400 presos enfermos de SIDA solos en la celda, hasta el punto de que algunos piden que se les aplique una muerte legal. El artículo 60 del reglamento penitenciario determina que los sentenciados mayores de 70 años y enfermos graves, con padecimientos incurables, se les pueda conceder la libertad condicional. Medida que no se aplica en la mayoría de los casos. Existen malos tratos en todas las prisiones contra los presos a manos de funcionarios. Se conocen diligencias abiertas en juzgados de Almería, Sevilla, Valladolid, Jaén, Picassent (Valencia), Jerez... Sentencias condenatorias por malos tratos o torturas de funcionarios a presos con resultado de muerte, como en Jaén o Picassent. Los presos están indefensos en manos de funcionarios que les aplican sistemáticamente torturas físicas y psicológicas, basadas en el aislamiento permanente. Amenazas y humillaciones, partes de indisciplina inventados y toda clase de vejaciones. Ante esto la palabra de los presos no cuenta. Apelamos a los jueces, fiscales y a la conciencia individual y colectiva de esta sociedad, para que se ponga fin a este crimen perpetrado desde las instituciones, que está matando a nuestros hijos jóvenes en las cárceles de todo el Estado. Madrid, abril de 1996

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El problema lejos de solucionarse ha empeorado. El número de presos ha aumentado considerablemente. El hacinamiento es aún mayor. La reinserción sigue siendo una asignatura pendiente. La violencia tanto en la sociedad como en las cárceles es mucho mayor a todos los niveles. Entonces cabe preguntarse por qué no se han tomado medidas como las propuestas por las asociaciones que están en contacto con los presos, visto que las prisiones no nos valen para erradicar la llamada delincuencia sino más bien para hacerla más violenta. Si la intervención hacía los niños y jóvenes no se limitara a encerrarlos en los reformatorios y más tarde en las prisiones, sino que las instituciones se preocuparan de atajar la raíz del problema con medidas sociales integradoras —educación, vivienda digna, trabajo, salud— el número de presos se reduciría considerablemente y también muchos problemas. Nos preguntamos el por qué no se hace si resultaría menos costoso. pedro Casaldáliga —misionero claretiano y obispo de Säo Félix do Araguaia (Matto Groso, Brasil)— en su libro Cuando los días dan que pensar. Memoria ideario, compromiso, Editorial PPC, dice de las cárceles: Lo cierto es —como tantas veces ha ponderado nuestro pueblo— que en la cárcel sólo hay pobres. Los ricos criminales, usurpadores, explotadores, andan sueltos y protegidos por no sé qué ley. Mientras, la sociedad muestra una insensibilidad y desconocimiento de lo que ocurre dentro de las cárceles pidiendo más prisión y los medios de comunicación silencian sistemáticamente lo que pasa dentro. Es un tema prohibido. Esto que llaman democracia no será tal, hasta que todos los ciudadanos tengan conocimiento de lo que ocurre con los presos y salgan las cárceles a la calle, y se conozca lo que sucede o entre la sociedad dentro de ellas. Lo que no se puede es vivir de espaldas a la realidad. El Defensor del Pueblo, Joaquín Ruiz Giménez, publicó un informe sobre las prisiones con todas las quejas que entran en esta institución y fue cesado por ello. Las denuncias seguían entrando pero el defensor dejó de hacerlas públicas.

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La actitud de denuncia de los insumisos presos y de sus familias comenzaba a resultar peligroso para instituciones penitenciarias, que en su afán de querer silenciar los crímenes que se cometen dentro de las cárceles, ordenó la dispersión de los presos a otras prisiones, aplicándoles la máxima pena por su desobediencia y para dividir el movimiento de insumisión. Adjuntamos las cartas escritas por un preso insumiso en noviembre de 1994: Pedro Oliver, desde Herrera de la Mancha donde fue dispersado y el calvario que supuso para él, la conducción hasta la cárcel, algo que sucede habitualmente. Entonces la prensa de vez en cuando sí sacaba noticias sobre los jóvenes insumisos encarcelados. Salieron publicadas en Diario 16, un jueves 3 de noviembre y en el diario El Mundo, un viernes 11 de noviembre de 1994. Los presos de las cárceles de Iruña y Martutene protagonizaron un ayuno los días 7 y 8 de cada mes, hasta que todos los presos fueran trasladados a su lugar de origen. Ante esta situación de desobediencia continuada —los plantes al tercer grado se van sucediendo a lo largo de los años—, se le plantea un problema al gobierno que trata de aplicar el nuevo código penal a los objetores que juzgan en este año de 1996. Así, al primer insumiso asturiano a la mili juzgado tras la aplicación del nuevo código penal (NCP), le piden diez años de inhabilitación. A un insumiso de Valencia le retrasan el juicio para poder aplicarle el NCP, el fiscal solicita una pena superior a seis años de inhabilitación. La competencia pasa a la Audiencia Provincial, donde es juzgado el día 18 de julio, convirtiéndose en el primer insumiso valenciano víctima del NCP. El fiscal pide ocho años de inhabilitación y multa de doce meses. En Gasteiz un insumiso se negó a elegir código penal, fue castigado con una multa de 75.000 pts. y pasaron el caso a la Audiencia, aplicándole el NCP. El insumiso valenciano Jesús Cisneros fue requerido por la jueza para ofrecerle la conmutación de su pena —cumplía condena en Picassent—, por la del NCP. Se hace patente la intención del gobierno de querer sacar a los insumisos de las prisiones, aplicándoles una pena mayor como es la muerte civil al dejarles sin trabajo, durante tantos años, y en su afán de dividir el movimiento de insumisión. En el informe mensual que sacaba el MOC de Cantabria, MOC_tICIERO —con noticias sobre insumisión, antimilitarismo, acciones dentro de la campaña de insumisión y de los presos, y toda clase de noticias— nos da a 5 de enero de 1996, un total de 304 encarcelados en las prisiones de todo el Estado:

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El mayor número en la cárcel de Navarra con un total de 127, 67 en Vizcaya, 34 en Zaragoza, 10 en Madrid, etc., de los cuales un total de 167 desobedecieron el tercer grado penitenciario: 98 en Navarra, 29 en Bilbao,14 en Zaragoza, etc. En agosto de 1996, el Movimiento de Objeción de Conciencia y el Grupo Antimilitarista de Iruñea, hacen un estudio de la situación en la que se encuentra la larga campaña de insumisión tras la aplicación del nuevo código penal y el proyecto de profesionalización del ejército, que se proyecta como un hecho consumado que pretende dar la imagen de una institución democrática al servicio del poder político y por tanto al servicio del pueblo. Se trata de presentar al ejército como una institución que defiende los intereses de los más débiles, en misiones humanitarias, evitando los medios de comunicación sacar imágenes de la guerra, que nos presentan incruenta, como un simple juego de ordenador. Ante esta nueva situación se propone una nueva estrategia del Movimiento de Objeción de Conciencia.

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lA INSUMISIóN EN lOS CUARtElES: UN pASO ADElANtE

Básicamente consiste en acudir al cuartel para, una vez adquirida la condición de militar, abandonarlo y realizar una presentación colectiva, explicando los motivos de la desobediencia. ¿por qué decimos NO al militarismo? Nuestra actitud antimilitarista está fundamentada en convicciones éticas y políticas. El ejército como institución resume los valores de dominación, jerarquización y autoritarismo presentes en esta sociedad. Actualmente el militarismo va ganando terreno en estos aspectos: a) El plan de profesionalización del ejército supone un aumento importante del gasto militar en detrimento del social. El gasto militar en 1997 asciende a 1,9 billones de pesetas incluyendo las partidas de los organismos autónomos, las clases pasivas militares, la guardia civil, la contribución a la OTAN, etc. Estamos asistiendo a un proceso de militarización de la economía como queda de manifiesto en la financiación del proyecto EFA (avión de combate europeo) con cargo al presupuesto del Ministerio de Industria. Por otra parte el Estado exporta cada vez más armamento a países que violan los derechos humanos., como Turquía, para masacrar al pueblo kurdo, Marruecos, Indonesia, Tailandia, Chile, Angola, Argentina... b) Se pretende legitimar los ejércitos por medio de misiones presuntamente «pacificadoras y humanitarias», cuando anteriormente se venden armas, como en la guerra de los Balcanes o en la región de los Grandes Lagos en África, por poner algún ejemplo. c) La integración del Estado español en la OTAN supone un paso más en esta escalada de militarismo. d) El militarismo invade cada vez más la sociedad con la proliferación de cuerpos de seguridad privada, crecimiento del número de presos en las nuevas macrocárceles, etc. Alternativas de defensa Proponemos un nuevo modelo de defensa asumible por todo el conjunto de la sociedad basado en la no colaboración con la injusticia y la práctica de la desobediencia civil, insumisión al servicio militar, objeción fiscal a los gastos militares, educación para la paz, denuncia del comercio de armas y gastos militares.

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Este discurso debe ir dirigido a la sociedad y no a las instituciones o a los partidos políticos, siempre dispuestos a manipular la situación en su propio beneficio —priorizando el discurso antimilitarista y dejando atrás el antimili—, y no recurrir a fórmulas antirrepresivas. Los riesgos que supone esta estrategia pueden ser: el reducido número de desobedientes, la malinterpretación del discurso que se realiza a través de los medios de comunicación —que lo interpretan según las necesidades del mercado— y la escasa incidencia social dado que se anuncia el fin de la mili y se hace más complicado que llegue el discurso antimilitarista. En cuanto al tratamiento penal de la desobediencia, en los cuarteles se aplicaría el código militar artículo 102.3, considerada como «desobediencia permanente», con una pena de dos años y cuatro meses a seis años y la pérdida de empleo; o la «deserción», artículo 120 del código penal militar, con un castigo de dos años y cuatro meses a seis años de prisión. El MOC, el 8 de marzo de 1997, hace público un comunicado anunciando el comienzo de la nueva estrategia: lA INSUMISIóN ENtRA EN lOS CUARtElES El pasado 6 de marzo se hizo pública la primera presen­ tación colectiva de insumisos en los cuarteles mediante una acción en el Gobierno Militar de Madrid. Los cinco jóvenes —dos valencianos, dos de Pamplona y uno de Bil­ bao—, Plácido Ferrándiz, Carlos Pérez Barranco, Alberto Isaba, Ignacio Ardanaz y Javier Gómez, —que habían el mundo [ 2 junio 16 ] abandonado el servicio militar—, se presentaron pública­ mente y rompieron sus cartillas militares con la intención de declararse desertores y accedieron al despacho del Juez Militar, que sorprendentemente les dejó en libertad. Más tarde fueron perseguidos, juzgados y encarcelados en la prisión militar de Alcalá de Henares, única en funcionamiento en estos momentos. Así, el 17 de diciembre de 1998, Carlos Pérez Barranco fue juzgado en un consejo de guerra en Badajoz, haciendo un alegato final ante el tribunal subrayando en primer lugar, que el juicio se celebró en el interior de una base militar de difícil acceso y que la sala estaba ocupada por soldados de reemplazo para impedir el paso a los grupos de apoyo y a la prensa.
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En segundo lugar, que el movimiento de insumisión, la desobediencia civil y la insumisión en los cuarteles, señala a las Fuerzas Armadas y al sistema de defensa militarista como los verdaderos enemigos de la sociedad, al priorizar los gastos militares para la consecución de la guerra, la exportación de armamento, etc. En tercer lugar, haciendo suyas las palabras de Pepe Beunza en su primer consejo de guerra, presente en la sala del juicio (cuyo testimonio fue rechazado): soy inocente y les repito que no son ustedes los que me juzgan a mí, sino yo el que se presenta voluntariamente para denunciar esta injusticia. Mi presencia hoy aquí es totalmente voluntaria y tiene como objetivo comunicarles la solidez de mi oposición radical y no violenta a la institución que uds. representan y sobre todo, transformar este pretendido juicio a un desobediente civil, en un verdadero procesamiento social al ejército. Desde la prisión de Alcalá de Henares, en prisión preventiva, el mismo Carlos escribe una carta, Insumisión en los cuarteles sobre un fondo de amapolas, donde dice ser ya quince los desertores, tres en prisión, cumpliendo condenas de más de dos años, tras ser sometidos a consejos de guerra: Así, la primavera de este año ha vuelto a traer amapolas y desobedientes civiles a la prisión militar de Alcalá de Henares. Los cuatro, Elías, Ramiro, Plácido y yo, hemos «visita­ do» el interior de esta saturación de instituciones disciplinarias: una cárcel dentro de un cuartel. El colmo del militarismo. Con este fondo de amapolas desobe­ dientes, en compañía de cien insumisos que habitan las cárceles civiles del Estado Español. Se van sucediendo las manifestaciones de protesta y las presentaciones de insumisos en busca y captura. En marzo de 1998, seis insumisos —cinco de ellos desertores—, José Ignacio Rollo, Unai Molinero, Alberto Estefanía, Miguel Burón, Carlos Pérez y José Antonio Alemán, se encadenaron a la reja del gobierno militar de Madrid. Tras unas horas de forcejeos para cortar las cadenas, aparecieron los antidisturbios que se los llevaron de manera brutal a comisaría. Tras seis horas, fueron puestos en libertad excepto Miguel Burón, que ingresó en la prisión de Alcalá al estar en busca y captura. No sería posible relatar en estos escritos todas las acciones llevadas a cabo por el movimiento de insumisos. Solamente recogemos algunas que he podido encontrar con facilidad entre mis innumerables papeles. Rafael Fernández fue detenido en diciembre
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de 1998, en una acción no violenta ante el Cuartel General del Ejército en Madrid, en una acción con otros dos insumisos, Oscar Cervera de Valencia, y Joseph Ghanime, de La Coruña. El 20 de febrero de 1999, décimo aniversario de la primera presentación de insumisos, Javí Gómez fue detenido ante el Ministerio de Defensa, en una acción junto con otros insumisos, desplegando una pancarta con la leyenda MINISTERIO DE LA MUERTE. Se incorporó a filas en el cuartel de Araka (Vitoria). Fue juzgado en consejo de guerra en La Coruña y condenado a dos años, cuatro meses y un día, que cumplió en la prisión de Alcalá de Henares. En esta prisión se encuentra también Rafael Fernández Ferrete (Fali), en prisión preventiva, insumiso en los cuarteles de Sevilla. Ya son siete los insumisos encarcelados. Los motivos que llevaron a Javí a desertar fueron, según sus palabras: De­ nunciar el cada vez más elevado gasto de militar y así mismo, las situaciones de injusticia que los ejércitos mantienen en el mundo al defender los intere­ ses de los más ricos mientras condenan a vivir en la miseria a más del 80% de la población mundial. Nosotras las madres, con los nuevos encarcelamientos, donde llegaban insumisos de toda España a la prisión de Alcalá de Henares, nos encontramos de nuevo después de más de diez años con nuestra vieja y conocida cárcel, donde fuimos tantas veces. Comenzamos de nuevo a visitar y escribir a los encarcelados y a servir de grupo de apoyo para las familias que tenían que desplazarse hasta Madrid, ofreciendo nuestra casas. La cárcel seguía rodeada de alambradas y los coches no podían acceder hasta la puerta, como antaño. Teníamos que dejarlo a la entrada del recinto donde habían instalado una garita y una barrera, que subían después de enseñar los carnés de identidad, para comprobar si estabas apuntada a la visita y andar un largo trecho hasta la puerta. Pasamos por el detector de metales que estaba fuera en la parte delantera ajardinada y penetramos en lo que era propiamente la prisión. La entrada estaba despejada, no como entonces que tenías que atravesar varias puertas con el cerrojazo correspondiente. A la derecha había unas salas de visitas, donde estuvimos con los presos en numerosas ocasiones. Ya les permitían vestir su propia ropa y poder tener visitas a diario incluso con amigos o amigas, como era nuestro caso. Algo habían aprendido los militares, aunque en el interior las cosas no habían cambiado demasiado. Los presos
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seguían aislados y chapados. Aunque ellos siempre se mostraban animosos. Supimos que uno de los carceleros les enviaba a algunos matones para provocarlos, lo que les llevó a interponer varias denuncias. Entonces estaba en un ala especial destinada a los presos «importantes», el general Galindo, entre otros, encarcelado por los GAL. Tenía una especie de chalet para él solo y si alguna vez aparecía por el comedor le recibían con un fuerte aplauso. Así es la prisión y los militares que estaban en ella de guardianes del orden: protegiendo a los delincuentes y maltratando a los inocentes. Escribimos muchas cartas a las familias de los presos, que se mostraban muy agradecidas, dándoles noticias de sus muchachos, que seguían en la brecha a pesar de los años transcurridos. En la última visita a la prisión que hicimos las madres —entonces estábamos Teresa, Carmen, Eva y yo. Gloria ese día no pudo venir. Tampoco Úrsula—, tuvimos a toda la guarnición de la cárcel en movimiento porque al ir a poner el coche en marcha para irnos no arrancaba de ninguna manera. Empezó a ponerse nervioso el soldado de la garita que estaba haciendo la mili. Al cabo de un buen rato salió e intentó ayudarnos sin conseguir su propósito. Llamó al mecánico de la prisión, el que más sabía de coches según él, y como no vio nada raro en el motor trató de arrancarlo por la cuesta, sin éxito, empujando durante un buen rato, junto con otros muchos soldados y militares que iban saliendo, hasta llevarlo a la entrada principal. Después de pasada una hora se dieron por vencidos y nosotras nos disponíamos a marcharnos cuando, al entrar en el coche para recoger nuestras cosas, recordé que la llave de arranque estaba debajo de la alfombrilla y habíamos estado intentando arrancar con una llave que sólo abría la puerta. Había sacado varias llaves de apertura

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—que repartí entre mis hijos— para la puerta, pero no tenían el chip de arranque —costaban más baratas—, y siempre teníamos una llave de arranque para todos en el coche. Pero yo con mi despiste habitual lo había olvidado. Les dije a las compañeras: «Chicas, subid que nos vamos». Claro, con la otra llave el coche se puso en marcha a la primera. Había que ver la cara de asombro de todos los militares que habían estado más de una hora intentando poner el coche en marcha y sobre todo, del que más conocía de mecánica, que enseguida se acercó a la ventanilla para preguntar que habíamos hecho. Le respondimos lo que primero se nos vino a la cabeza, que estaba ya ahogado y esa vez fue de chiripa. Salimos corriendo aguantando la risa y ante el asombro del de la garita que nos abrió la barrera un tanto mosqueado. Nosotras ya tuvimos risa para todo el viaje de vuelta. Esa fue nuestra última visita a la prisión militar de Alcalá de Henares, que nos despidió entre risas después de tantos llantos como nos había causado. El 8 de noviembre del 2000, se celebró el último sorteo de mozos para el servicio militar. La mili tenía los días contados, pero los jóvenes insumisos seguían desobedeciendo. En el año 2002 se terminaron los soldados de reemplazo y pasamos a tener un ejército profesional. Los últimos objetores encarcelados salieron de la cárcel, después de cumplir condena, en mayo de 2002: José Ignacio Royo en Bilbao y los tres objetores que quedaban en la prisión militar de Alcalá de Henares. Los objetores de conciencia siguen organizados en diferentes comunidades. Aquí, en Madrid, el MOC de Carabanchel sigue funcionando, puesto que la lucha por conseguir una sociedad más justa e igualitaria no ha terminado, más bien es más necesaria que nunca. Pero el fin del servicio militar, aunque se celebró como un triunfo del movimiento de objeción de conciencia, también supuso que la lucha llevada a cabo durante tantos años —con el apoyo de gran parte de la sociedad— se debilitara, al hacerse más difícil transmitir el mensaje a la sociedad. Hoy por hoy la prensa, el cuarto poder, tiene las llaves y muchas veces las claves de los sucesos y así, lo que no se transmite por TV, ni aparece en los periódicos, parece como que no existe. Nos preguntamos para qué tanta carrera de periodismo si ya tienen las noticias dadas por las agencias y para correr detrás de famosos y delincuentes pagados. Sin embargo, somos muchas las personas que luchamos y seguiremos luchando por conseguir una sociedad menos violenta, donde no se imponga la paz por la fuerza de las armas, sino que seamos nosotras las que construyamos nuestro propio destino. Esta semilla de paz la sembraron nuestros hijos objetores de conciencia insumisos y algún día dará sus frutos, nosotras ya los hemos recogido.

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No quisiera terminar estos escritos sin unas palabras de agradecimiento a todos los jóvenes objetores de conciencia insumisos, que con su ejemplo supieron limpiar nuestras mentes de prejuicios, nos llenaron el corazón de paz y alegría y nos dieron la fuerza para luchar junto a ellos. Para todos, reflejados en esto que les cuento, les transmitimos este pequeño homenaje a través de nuestra palabra escrita.

Vuestra madre, Charo

Firmado Rosario Domínguez

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bIblIOGRAfÍA
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DOSSIER DESObEDIENCIA CIvIl
MOC Valencia

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DISCURSO DE pEpE bEUNZA
Premio ICIP Constructores de Paz 2011 al colectivo de objetores e insumisos de conciencia del servicio militar obligatorio

Hoy doy gracias a la vida por haberme dado tantos amigos, tan luchadores, tan pacíficos y tan generosos. Aquí me acompañan de todas las etapas, la objeción individual, la objeción colectiva, la objeción plantada y de la espectacular insumisión. También Lluis Fenollosa y Angels Recasens de los primeros grupos de apoyo y que fueron a la cárcel por pedir mi libertad. En nombre de todos recojo con orgullo y agradezco este premio «Constructors de Pau 2011» del Institut Català Internacional per la Pau (ICIP). Querría destacar que los que más se lo merecen son los insumisos porque ya en democracia con su coraje, aguantando muchos años de procesos, cárceles, con acciones noviolentas de gran imaginación, y con el apoyo social del espectacular crecimiento de la objeción de conciencia, conseguimos la desaparición del Servicio Militar Obligatorio (SMO) y casi también, el sueño de todos los pacifistas, que era vaciar los cuarteles. El fin de la mili estaba previsto para 2012 y tuvo que ser adelantado diez años, para evitar el desprestigio total de unos cuarteles vacíos. Fueron treinta años de dura campaña noviolenta con un balance espectacular. Casi un millón de objetores, 30.000 insumisos y más de mil años de cárcel cumplidos, que acabaron con el SMO. Hemos de destacar el magnífico trabajo de apoyo de los familiares y amigos porque nosotros escogimos ir a la cárcel pero nuestros padres no escogieron tener un hijo preso y por esa razón tuvieron problemas y sufrimientos. El premio también es para ellos. Estamos obligados a recordar a Kike Mur, insumiso que murió en la prisión de Torreros (Zaragoza) en 1997 en condiciones poco aclaradas. Su sacrificio no fue estéril aunque los responsables no fueran juzgados. Los jóvenes que hoy se libran de la esclavitud del SM deberían recordar con gratitud su vida, como la recordamos nosotros. También hemos de explicar que todavía hay países de Europa como Grecia o Turquía donde los objetores son perseguidos y encarcelados. Pero hemos de seguir. Hemos pasado de una dictadura franquista a una dictadura financiera internacional a la que hemos de ser también insumisos. No se puede llamar crisis a una economía que permite que los doce más ricos de España sigan disfrutando de enormes beneficios mientras la mayoría sufre carencias básicas en un estado de derecho. Hemos de seguir porque no hay conquistas sociales para siempre. Estamos viendo cómo se pierden mejoras en sanidad, enseñanza, servicios sociales, etc., de lo que era un principio de sociedad de bienestar conseguida con muchas luchas y penalidades. Dicen que no hay dinero, pero nosotros sabemos dónde está. Es un escándalo que hay que denunciar con todas nuestras fuerzas. Con la cuarta parte de lo que el mundo gasta en armamento se podrían eliminar los problemas básicos de la humanidad. El eslogan: «menos armas, más escuelas» o «gastos militares para gastos sociales», tenía vigencia cuando empezamos en 1971 y lo sigue teniendo ahora con mucha más razón. Hemos nacido para disfrutar de la vida en este generoso planeta que como decía Gandhi, da suficiente para cubrir las necesidades de todos pero no para la codicia de unos pocos. Es monstruoso pensar que cada niño que viene al mundo, en vez de recibir lo necesario para una vida digna, es decir, comida, casa, amor, cultura, etc., recibe quince condenas a muerte que es lo que nos toca a cada uno del enorme arsenal atómico acumulado. Esto hace que sea un milagro cada dia que vemos salir el sol.

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Hemos escogido un adversario poderoso, el complejo militar industrial que saca beneficios económicos de la muerte y la destrucción. Somos muchos pero no los suficientes. Por eso hemos de aprender a superar nuestras diferencias, a crear complicidades porque nuestra división es su fuerza. Si queremos sobrevivir como especie humana, el desarme es un objetivo prioritario porque ningún ejército nos puede defender de un ataque con armas atómicas, químicas o bacteriológicas. Por eso todo gasto militar es un gasto inutil para nuestra seguridad y de esta realidad hemos de convencer también a los militares. Pero queremos ser positivos, hemos de pasar de una cultura de muerte, capitalista, depredadora, de despilfarro, competencia, miedo, velocidad, egoísmo, a una cultura de paz, donde la vida sea sagrada, basada en la cooperación, la generosidad, la protección del débil, la alegría, la sencillez, la compasión, valores que nos hacen personas y a las sociedades más felices. Hemos de potenciar las organizaciones de paz para que puedan canalizar la enorme aspiración de los ciudadanos, para construir una sociedad más justa y pacífica donde el progreso sea el reparto de la riqueza. Catalunya, nación sin ejército, está en una magnífica situación para crear unas fuerzas de paz noviolentas que nos permitan intervenir en los conflictos en tareas de interposición, mediación, inmovilización del adversario, diálogo, reconstrucción, etc., porque si cuando hay un conflicto, solo tenemos ejércitos armados, la espiral de violencia está asegurada, como vemos contínuamente. Nosotros creemos en la defensa con las armas de la noviolencia. Ningún tirano, ningún invasor es capaz de resistir una huelga general, una campaña de no cooperación o de desobediencia civil. Pero para esto es necesario que la riqueza esté repartida, que la sociedad sea participativa, descentralizada y que el pueblo esté entrenado en estas técnicas. De momento somos, como decía nuestro maestro Gonzalo Arias, aprendices de noviolentos. Hay mucha historia para explorar pero cuando una campaña sale bien como la que recordamos hoy, hemos de utilizarla para aprender y avanzar. Podemos cambiar las leyes injustas y las sociedades pueden mejorar. Otro mundo no sólo es posible sino que es necesario. La respuesta noviolenta de los jóvenes del 15M a las cargas de la policía nos llena de esperanza. El camino de la noviolencia, con sus fases de confianza, denuncia, no cooperación, desobediencia civil y sociedad alternativa, es ancho y largo y está lleno de aventuras apasionantes, de emociones, de alegrías y también, como es lógico, de sacrificios. Es un camino que nos hará libres e independientes. En definitiva, un camino para ser buenas personas. Hay sitio para todos y todas. Muchas gracias.

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© Rosario Domínguez, 2012 A excepción de las imágenes, escritos, referencias y enlaces incluidos en el documento no atribuíbles a Rosario Domínguez Martín-Sánchez y que fueron difundidos por sus respectivos autores bajo las licencias que les son propias, la totalidad del documento se publica bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual CC BY-NC-SA 3.0

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