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Colección Poesía del Mundo

Serie Antologías

Veinte poetas españoles del siglo XX

Colección Poesía del Mundo Serie Antologías Veinte poetas españoles del siglo XX Caracas - Venezuela 2008

Caracas - Venezuela

2008

Veinte poetas españoles del siglo XX

Veinte poetas españoles del siglo XX Selección de Marta López-Luaces y prólogo de Miguel Casado Ministerio

Selección de Marta López-Luaces y prólogo de Miguel Casado

Ministerio del Poder Popular para la Cultura Fundación Editorial el perro y la rana

© Fundación Editorial el perro y la rana , 2008 © Selección de Marta López

© Fundación Editorial el perro y la rana, 2008

© Selección de Marta López Luaces

Centro Simón Bolívar Torre Norte, El Silencio piso 21, Caracas - Venezuela. Teléfonos: 0212-377-2811

0212-8084986

Correos electrónicos: elperroylarana@gmail.com mcu@ministeriodelacultura.gov.ve

Hecho el depósito de Ley Depósito legal: 40220088003260 ISBN: 978-376-319-9 (Colección) ISBN: 978-980-14-0064-6 (Título)

Rediseño de portada:

Fundación Editorial el perro y la rana, 2008 Edición al cuidado de:

Joyce Ortiz

Raylú Rangel

Impreso en Venezuela

Presentación

Poesía del Mundo, de todas las naciones, de todas las lenguas, de todas las épocas; he aquí un proyecto editorial sin precedentes cuya finalidad es dar a nuestro pueblo las muestras más preciadas de la poesía universal en ediciones populares a un precio accesible. Es aspiración del Ministerio del Poder Popular para la Cultura crear una colección capaz de ofrecer una visión global del proceso poético de la humanidad a lo largo de su historia, de modo que nuestros lectores, poetas, escritores, estudiosos, etc., puedan acceder a un material de primera mano de lo que ha sido su desarrollo, sus hallazgos, descubrimientos y revelaciones y del aporte invalorable que ha significado para la cultura humana. Palabra destilada, la poesía nos mejora, nos humaniza y, por eso mismo, nos hermana, haciéndonos reconocer los unos a los otros en el milagro que es toda la vida. Por la solidaridad entre los hombres y mujeres de nuestro planeta, vaya esta contribución de toda la Poesía del Mundo.

Sobre historia, crítica y poética en la poesía española contemporánea

Al considerar la poesía española contemporánea, la zona de conflicto se sitúa en la conexión entre historia, crítica y lectura. En ese nudo, lo deseable sería partir de la lectura que, en su insistencia y elaboración, se hace crítica, permitiendo por fin un aporte de materiales sobre los que

sería posible historizar. Sin embargo, no suelen producirse así las cosas: mientras la lectura es postergada, la crítica y la historia surgen a la vez, confundidas, condicionadas por una serie de prejuicios, de categorías previas, exteriores a los textos. Brevemente apunto rasgos de este proceso. A finales de los años ‘70 se consolida en todo el mundo una maniobra normalizadora, de la que van a surgir la globalización ideológica y económica, el rebrote del neoliberalismo, la concepción del arte como espectáculo

de masas, de la literatura como entretenimiento, etc

España, esta ola nos alcanza en el momento de la transición; es decir, en un momento de fuertes cambios, donde todo lo aparentemente nuevo parece deseable y liberador, el páramo intelectual que el franquismo había establecido potencia tales novedades. En alguna ocasión, he usado como emblema de este fenómeno en la poesía la fecha de 1978, cuando aparecen las dos antologías “fundadoras” de la llamada generación del 50 y se consolida el desplazamiento del rótulo novísimo hacia posiciones estéticamente conservadoras. Normalización supone adecuación con la realidad existente, con un punto medio de conformidad; también se vincula a norma: producción de ortodoxia, contenido ideológico de

En

tales actitudes. Es curioso que se trate de la época de la movida, tan pródiga en signos transgresores; en la poesía, la disidencia, la innovación se hicieron sospechosas a priori. La fuerte carga ideológica de estas posiciones, así como su confortable apoyo en el sentido común –por primera vez, parece entenderse que la poesía es también un asunto de opinión pública–, las inmuniza frente a cualquier crítica, por fundada que sea. Así se explica la impermeabilidad de las etiquetas: cuando alguna clase de valor ha sido aceptado o excluido de esta doxa resulta estéril la evidencia más nítida en sentido contrario: nada se moverá ya. Si Juan Eduardo Cirlot fue un poeta marginal durante su trayectoria, que recurrió a la autoedición y murió sin ser reconocido, dará lo mismo que la lectura y la crítica encuentren en él un mundo y una lengua memorables, sin casi parangón posible en la segunda mitad del siglo XX; seguirá, pues, sin acceder al canon. No cabe asumir que la historia y la crítica estén dadas de antemano; al contrario, siempre quedan por definir, por hacer. Es preciso modificar, ir transformando los horizontes de expectativas habituales en la poesía española, pues han sido construidos desde poderes sociales e ideológicos y permanecen opacos a la movilidad de las poéticas. La poesía desborda siempre las expectativas o las satisface por medios imprevistos; la crítica y la historia no pueden quedarse quietas, esperando que la poesía se acerque a ellas, encaje en los modelos previos que le imponen. Este método normativo, ajeno a los textos poéticos reales, prescriptivo en último término, tiene uno de sus principales puntos de apoyo en la lectura de semejanzas, ese modo de

leer que aborda cada obra buscando en ella los aspectos comunes que pueden relacionarla con otras y permitir de ese modo una clasificación. Sin embargo, el poeta nunca se constituye en lo que es común a otros, sino en lo que le

hace singular, y la inversión de este criterio distorsiona la posibilidad de percibir el valor de cada obra; los poemas se convierten en pretexto, en un depósito de rasgos dispersos que sólo adquieren sentido al componerse en el discurso del crítico o del historiador. Confieso que a mí me ocurre al revés: cuando hojeo un libro en la librería y veo que su ritmo y su mundo es previsible, que se acomoda a plantillas bien conocidas, me siento expulsado de la lectura y lo vuelvo a dejar en su mesa o estante, porque esta lectura de semejanzas estimula, con frecuencia, una escritura que procede del mismo modo. He hablado de ello recurriendo

a un concepto que Cernuda toma de Wordsworth: dialecto

poético, repertorio de fórmulas lingüísticas que se identifican de antemano con la poesía y que se asumen acríticamente, variables en cada época; escribir se convierte entonces en un ejercicio combinatorio de esas fórmulas: si se disponen con cierta habilidad, entonces se dice de alguien que “escribe bien”. Adjetivos e imágenes, entonaciones y ritmos, poses

y giros temáticos. Ocurre en cualquier opción poética, tanto

con los cisnes de Rubén Darío como con los exabruptos y excrementos del llamado realismo sucio. El dialecto poético es lo opuesto a la singularidad. Cabe advertir, no obstante, que, al igual que la formación de un dialecto amenaza a cualquier poética, también la lectura de semejanzas y la generalización son difíciles de evitar, pueden darse incluso en quienes tienen voluntad

crítica e impugnan los vicios del sistema. Tomo como ejemplo unas palabras de Pablo García Baena: “ahora los poetas jóvenes –y no quiero señalar a nadie– parece que escriben todos igual. Hay un aforismo de Juan Ramón que dice: si te dan un papel rayado escribe de través, pero ahora se olvidan de eso y parece que todos escriben con marquillas, son todos iguales”. Por mucha base que tenga, este juicio se opone a la lectura; su razonamiento sitúa a quien lo dice al margen de los textos reales, privándoles de existencia, y contribuye a la creación de un clima de conformidad y fatalismo, de aceptación de lo que hay (de lo que se dice que hay). Se trataría más bien de leer para encontrar motivos contra las generalizaciones: no hay época en la que no se den poetas del mayor interés, ni quizá tampoco épocas en que los sistemas sociales e ideológicos no hayan actuado para ocultarlos. Otro factor que ha contribuido a la debilidad de la crítica es el predominio de un enfoque temático, que actúa como si la poesía se dirimiera en los temas. Esta concepción convencional del tema no alcanza siquiera a preguntarse por el modo en que surge el sentido de un texto, el modo en que cuaja haciéndose forma. La supeditación de la lectura a la historia, según estos procedimientos, impediría detectar cualquier clase de cambio. Así, parecería incomprensible el súbito vuelco habido a finales de los años ‘80 en la recepción de poetas que por entonces rondaban los cincuenta años de edad (Antonio Gamoneda, Luis Feria, Manuel Padorno, Vicente Núñez, Julia Uceda…). Alguna vez propuse la fecha de 1987 como contrapunto de lo que había significado antes la

de 1978, símbolo de la normalización; el desmoronamiento de algunos tópicos y el cansancio ante la falta de pluralidad

de la crítica propiciaron esta brecha, esta inesperada entrada de luz. La lectura no puede bloquearse en las clasificaciones que

le quiere imponer la historia literaria y, además, incorpora en

su propia naturaleza la temporalidad. Un poeta es quien tiene

un mundo-lengua personal; es, por tanto, alguien que pisa un terreno no pisado, o que lo percibe de otro modo. Como consecuencia lógica, su obra no se abre inmediatamente a

la lectura; incluso si, desde el primer momento, se apreciara

su tarea, leerlo requeriría tiempo: un posarse de las palabras

y las cosas, un proceso de asimilación en que se va viendo

poco a poco lo que la nueva propuesta implica. La lectura de poesía va haciéndose con el tiempo, profundizándose, reconociéndose en sus contradicciones, descubriendo de pronto la luminosidad y la transparencia que alientan en el poeta más oscuro, que nos estaban esperando en él. Si la tarea fuera hacer listas, elaborar categorías generalizadoras, no se podría atender a la exigencia de las obras vivas, en proceso siempre de crecer, de girar, de desconocerse a sí mismas. Se haría lo posible por vetar los cambios en la recepción, se negaría la temporalidad que anida en todo poema. Por eso, parece necesario resistir a las tentaciones de catalogar, de fabricar tendencias, de producir cánones, por mucho que se perturbe con ello a los profesores que requieren una cómoda clasificación escolar, un “programa” ordenado, o a los poetas ansiosos de entrar en el escalafón. La lectura, para seguir siéndolo, debe mantenerse móvil, libre y plural, sin la obligación de

responder a categorías previas a ella. Y, si la historia literaria parte de ahí, no podrá trazar una línea ni caracterizar una época mediante una tendencia dominante; en vez de como línea, tendrá que tejerse como malla: red de nudos sin jerarquía, sistema de conexiones transversales, en distintas direcciones, extendida y dispersa como la realidad. Jameson, es cierto, ha sentenciado que “no podemos no periodizar”, pero también lo es que su propio análisis de la modernidad no actúa como modelo de periodización, pues no fija ni reduce, lee transversalmente a distintas velocidades, cambiando de ritmo, abismándose a veces en las incertidumbres de un tiempo pasado en el que siempre acaba hallando algo distinto de lo que parecía haber la última vez que se había circulado por allí. Las periodizaciones al uso en la poesía española –las consabidas generaciones– han naufragado hasta el punto de que nadie defiende ya que tengan otro contenido que la edad, de tal modo que, si alguien dice que Gamoneda pertenece por edad a la generación del 50, está aportando la misma información que si dice que nació en 1931. Sin embargo, pese a su vaciamiento crítico, siguen usándose y contaminando de prejuicios y falsificaciones la lectura. Como ya me he ocupado otras veces de ello, me detendré ahora sólo en tres consideraciones. La primera es de índole histórica: para los historiadores de la poesía española parece que el franquismo no hubiera existido. España vivió hace setenta años una durísima guerra civil, seguida por una sistemática represión y una dictadura que duró cuatro décadas. Siguiendo el famoso grito del general Millán Astray –“¡muera la inteligencia!”–,

el franquismo, como se sabe, persiguió especialmente la libertad de expresión y cortó todas las vías de contacto con

el pensamiento, el arte y la cultura que se generaban fuera

de las fronteras españolas, desarticuló la universidad, envió

al exilio a la mayor y mejor parte de los escritores, censuró

con saña las publicaciones; en todo ello, tuvo la continua ayuda de una institución ideológica tan influyente como la Iglesia católica. Siempre tuve conciencia de que los jóvenes de mi edad –y ya era el final de la dictadura– nos habíamos formado en un terrible vacío de pensamiento. Sin embargo,

la historia de la poesía no considera relevantes estos hechos

y mantiene perfecta continuidad con lo que se había ido

categorizando –reconociendo, silenciando, jerarquizando– durante el franquismo; valora las discusiones habidas, los criterios empleados, como si se hubieran producido en un país normal, equiparable al que surgió de la Transición. Tal vez el frecuente rechazo que sienten los poetas por la reflexión teórica sea una herencia de tan larga oscuridad. En segundo lugar y como consecuencia inmediata, los modelos y criterios utilizados para periodizar la poesía española de la segunda mitad del siglo XX son completamente ajenos a los que sigue la historia de las ideas, del arte o de la literatura en general, y mantienen una estricta separación respecto a las demás áreas estéticas y humanísticas. No ocurre esto por necesidad: las artes plásticas de los mismos períodos consiguieron, en buena medida, sobreponerse a las circunstancias y trazar líneas de encuentro con el pensamiento

y el arte extranjeros. Esta opción de la historia y la crítica de poesía revierte, sin duda, inevitablemente en el aislamiento de la poesía española, cuya más grave prueba es la voluntaria

ignorancia de la poesía latinoamericana, la amputación de buen número de los clásicos contemporáneos de nuestra lengua. De manera significativa, sin embargo, las voces más singulares del periodo no parecen aisladas, hallan el modo de tender sus propios puentes; pero, en todo caso, se ven también afectadas en cuanto a la recepción, al horizonte de expectativas al que se dirigen y que, lógicamente, no puede oírlas. En tercer lugar, como ya apunté, la historia de la poesía

se ha construido en su mayor parte sobre falseamientos y manipulaciones que no deberían seguir admitiéndose. Por ejemplo, el grupo que promocionó la etiqueta de generación del 50 lo hizo publicitando un presunto enfrentamiento con la llamada poesía social, de la que procedían y en la que habían formado su mundo y su lenguaje la mayoría de sus componentes. O el ya citado caso del desplazamiento del relato novísimo y de cada uno de sus elementos –culturalismo, metapoesía, etc.–, vaciando de contenido la

inicial propuesta de ruptura, sesgándola hacia inertes rasgos temáticos mientras se hablaba de generación del lenguaje,

y ofreciéndose, por fin, como eslabón de continuidad

tradicionalista. Todo empuja a huir del cierre de los esquemas históricos, no sólo porque la lectura de poesía no puede acotarse de tal modo, sino también por la experiencia de cómo ha funcionado hasta aquí. La única actitud honesta sería suspender tales esquemas –en su planteamiento global y en los detalles de su aplicación–, atreverse a leer sin ellos y empezar de nuevo desde el principio, basándose en los textos y basándose en la historia.

Esta manera de abordar la historia de la poesía durante las últimas décadas es coherente con cómo se ha venido presentando en los medios académicos la tradición literaria:

proceso de construcción de una sostenida continuidad, sucesión de periodos que se definen, cada uno, por su consistencia unitaria, suturando u obviando los conflictos de la historia –que los escritores tuvieran que exiliarse a decenas, por ejemplo–, la certeza de que todos los tiempos están atravesados por contradicciones y que las poéticas participan de esa realidad. La tradición se inserta en la vida, mientras el tradiciona- lismo es el punto de vista que la reduce a fósil, a institución y ortodoxia, a rígida autoridad de lo que está muerto y se ha vuelto manipulable. Tradición es, así, un término cuyo sentido sólo puede formularse de manera polémica, nunca con significado unívoco, pues cada vez que se propone al- guno, parece llevar implícito su opuesto. Mientras unos la ven como repertorio de soluciones ya previstas, al que resulta obligado remitirse, para otros es un repertorio de problemas sin resolver, de vicios reiterados, de codificaciones cada vez más inertes, pues, en efecto, hay también entre nosotros una tradición crítica, en la que se inscribieron Unamuno, Valle- Inclán o Cernuda. Lo que a la poesía le interesa de la tradición es reconocer sus zonas de quiebra, el itinerario conflictivo con que a través de la historia ha ido constituyéndose; sus zonas ocultas, dormidas o postergadas, sus intencionados silencios cuentan también. Se trata, sí, de una tradición de la ruptura, pero no ya sólo como conexión con la labor de las vanguardias, sino como modo de leer, de hacer propio el material heredado.

El sistema literario de una época no es unitario ni tampoco estable: tendencias distintas lo recorren, su centro se mueve constantemente, las relaciones son multipolares y en continua mutación; no hay un sistema único que luego muere y es sustituido por otro, también único. El cambio está incorporado al presente, lo constituye como diferencia, a la vez que lo deshace por su identidad, que se va cargando, saturándose. Vista así, la tradición ofrece una referencia viva, un espacio plural expuesto a la lectura; la crítica y la poesía necesitan constituirse tanto en cuanto tradición como en cuanto ruptura. Así, quizá para quienes crecimos durante el franquismo suene natural una toma de postura como la de Rimbaud, de ruptura interna en su lengua: rehuir lo español, buscar respuestas en los textos extranjeros, en las traducciones que había disponibles, implicaba una reacción de rechazo frente al entorno opresivo y mezquino. La lengua que hablamos, la tradición literaria como su expresión más alta, nos proporcionan al escribir el suelo que pisamos y también las raíces que se extienden bajo él para sostenerlo; pero también nos recluyen en límites invisibles que recortan la realidad de un modo análogo para quienes habitamos ese ámbito. La traducción, en cambio, incorpora una extrañeza que potencia el aprendizaje de la extrañeza que toda poesía forzosamente es; la poesía escrita en otras lenguas desborda las combinaciones léxicas y gramaticales aprendidas y se convierte en elemento decisivo para la formación de un poeta: lo extranjero puede ser la cuña que hienda la tradición heredada haciéndola lengua personal.

Constituirse en cuanto ruptura, introducir una cuña: creo que la idea de discontinuidad es doblemente clave: para la constitución del mundo personal que define al poeta y para la elaboración histórica; descubrirla, describirla, en cada caso, es lo que caracteriza a la crítica. El movimiento de renovación intrínseco a la escritura poética resulta, de este modo, ajeno a una lógica lineal. Los poetas abren su espacio propio estableciendo discontinuidades en el entorno de lenguaje (de uso y literario) que los rodea, para evitar las zonas de estancamiento, los depósitos dialectales en que toda lengua, primero viva, acaba momificándose. No se puede, por tanto, hablar de crítica ni de historia sin plantearse cada vez la pregunta por la poesía misma. Para hacerlo, se ha partido a menudo –con variadas interpretacio- nes también, en tonos distintos– de unos versos de Hölderlin:

“Pero el recuerdo / lo da y lo quita el mar / y el amor fija y rige la mirada. / Lo que queda lo ordenan los poetas”. Son versos tan abiertos que evocan una extrema ambición, medu- lar en toda poesía verdadera, y esbozan también la humildad de la tarea poética; en la síntesis de las dos direcciones, en su necesario conflicto, donde habría que situarse. Por una parte, opera la ambición: saber que la poesía establece los límites de la lengua, los amplía, explota sus posibilidades hasta las últimas consecuencias; es la necesidad invisible de la lengua, la oculta inscripción de su destino aún no consumado. Por otra parte, cada poeta no se encuentra nunca ante una misión de envergadura oceánica, sino ante unos materiales preca- rios, una aguda fragilidad: “lo que queda”, dice Hölderlin, es nuestro campo de trabajo.

Quizá sea esta dualidad en la raíz la que concede su carácter específico a la poesía: mientras resulta irreductible a las definiciones, es en cambio reconocible en la experiencia de lectura: no se puede definir, pero puede reconocerse. No la delimitan una frontera de género, una forma o una materia propias; más bien, la constituye un estado de la lengua, un estado sometido al curso del tiempo, afilado en esa misma amenaza. Cuando reconocemos la poesía, es su intensidad, su radicalidad lo que reconocemos, la de algo que sólo ocurre una vez –y así, igual de irrepetible, cada vez que ocurre–. Tan cercana, con las mismas palabras de cualquiera y tan lejana como todo lo que es único.

Miguel Casado

Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931)

A los tres años, ya huérfano de padre (de su mismo nombre, poeta en la órbita del modernismo que publicó un solo libro, Otra más alta vida, en 1919), se trasladó con su madre a León. Para sus ojos infantiles, el barrio leonés de El Crucero, donde se instalaron al principio, fue un

observatorio “privilegiado” de la represión llevada a cabo por los nacionales durante la guerra civil y la inmediata postguerra. Desde 1979 hasta su jubilación en 1991 fue director gerente de la Fundación Sierra-Pambley, creada en

1887 como una especie de apéndice de la Institución Libre

de Enseñanza orientado a la educación de campesinos y obreros. De poesía o en torno a la poesía ha publicado hasta ahora dieciséis libros, entre los que destacan: Sublevación

inmóvil (1960), Descripción de la mentira (1977), Blues castellano (1982), Libro del frío (1992), Libro de los venenos (1995), ¿Tú? (1998, en colaboración con el artista Antoni Tàpies), Arden las pérdidas (2003) y Cecilia (2004). Sus ensayos aparecen recogidos en El cuerpo de los símbolos, y su obra poética completa se editó en el 2004 con el título de Esta luz. El poema más antiguo que conserva fechado es de

1947 y dice así: “Te beberé el cabello / y cerraré los ojos. /

Tú seguirás manando / tu cabello / turbio de besos”. Buena parte de sus obras ha sido traducida a distintos idiomas (francés, portugués, sueco, árabe, hebreo, neerlandés). Ha participado, con lecturas, poemas y conferencias, en cursos y encuentros de instituciones y universidades de toda España y países de Europa, América, África y Asia.

En 1985 fue Premio Castilla y León; en 1988, Premio Nacional de Literatura por su libro Edad; posteriormente, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid 2005; Prix Européen de Littérature 2006; Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana 2006 y Premio Cervantes 2006, por el conjunto de su obra en estos cuatro últimos casos. Es doctor honoris causa por la Universidad de León.

 
 

TE BEBERÉ el cabello y cerraré los ojos.

Tú seguirás manando tu cabello turbio de besos.

 
 

ACARICIAS mi garganta con tu voz y tu mano lejanísima.

Oscura: bebe en el viento el olor a tristeza de mis manos.

Oscura: bebe en el viento el olor a tristeza de mis manos. MIS lágrimas entran en

MIS lágrimas entran en la luz.

Miro a mi amor: es una avecilla desnuda, negra, fría.

(De La tierra y los labios)

CANTIDADES de tiempo sitúan cantidades de sonido. Escucho más allá de la muerte. La música

CANTIDADES de tiempo sitúan cantidades de sonido. Escucho más allá de la muerte.

La música se alza de un pozo de silencio; es labranza del aire en tímpanos de fuego

y ha entrado en mí. Ahora es música mi pensamiento.

fuego y ha entrado en mí. Ahora es música mi pensamiento. EXISTÍAN tus manos. (De Sublevación

EXISTÍAN tus manos.

(De Sublevación inmóvil)

Un día el mundo se quedó en silencio; los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos y nosotros sentíamos bajo nuestra piel el movimiento de la tierra.

Tus manos fueron suaves en las mías

y

yo sentí la gravedad y la luz

y

que vivías en mi corazón.

Todo era verdad bajo los árboles, todo era verdad. Yo comprendía todas las cosas como se comprende un fruto con la boca, una luz con los ojos.

AMOR

comprende un fruto con la boca, una luz con los ojos. AMOR (De Exentos I )

(De Exentos I)

Mi manera de amarte es sencilla:

te aprieto a mí

como si hubiera un poco de justicia en mi corazón

y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro

a estar contigo en paz y a estar en paz

con un deber desconocido que a veces pesa también en mi corazón.

LIBERTAD EN LA CAMA Todos los días salgo de la cama y digo adiós a

LIBERTAD EN LA CAMA

Todos los días salgo de la cama

y digo adiós a mi compañera. Vean: cuando me pongo los pantalones, me quito

la

libertad.

Cuando llega la noche, otra vez vuelvo a la cama y duermo.

A veces sueño que me llevan con las manos atadas,

pero entonces me despierto y siento la oscuridad, y, con el mismo valor, el cuerpo de mi mujer y el mío.

(De Blues castellano)

el cuerpo de mi mujer y el mío. (De Blues castellano ) EL ÓXIDO se posó

EL ÓXIDO se posó en mi boca como el sabor de una desaparición.

El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el

olvido,

y no acepté otro valor que la imposibilidad. Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,

escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso;

escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra al ingresar en lo que quedaba de mí;

escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en mi espíritu,

y no pude resistir la perfección del silencio.

(De Descripción de la mentira)

perfección del silencio. (De Descripción de la mentira ) SUCEDÍAN cuerdas de prisioneros; hombres cargados de

SUCEDÍAN cuerdas de prisioneros; hombres cargados de silencio y mantas. En aquel lado del Bernesga los contemplaban con amistad y miedo. Una mujer, agotada y hermosa, se acercaba con un serillo de naranjas; cada vez, la última naranja le quemaba las manos: siempre había más presos que naranjas.

Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran

llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada.

Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada. (De Lápidas ) LA LUZ hierve debajo

(De Lápidas)

LA LUZ hierve debajo de mis párpados.

De un ruiseñor absorto en la ceniza, de sus negras entrañas musicales, surge una tempestad. Desciende el llanto a las antiguas celdas, advierto látigos vivientes

y la mirada inmóvil de las bestias, su aguja fría en mi corazón.

Todo es presagio. La luz es médula de sombra: van a morir los insectos en las bujías del amanecer. Así

arden en mí los significados.

bujías del amanecer. Así arden en mí los significados. HAY una astilla de luz en la

HAY una astilla de luz en la apariencia de la eternidad, hemos lamido, casi amándolas, membranas invisibles, no hay más que invierno en las ramas inmóviles y todos los signos están vacíos.

Estamos solos entre dos negaciones como huesos abandonados a los perros que nunca llegarán.

Va a entrar el día en la habitación calcinada. Ha sido inútil la sutura negra.

Queda un placer: ardemos

en palabras incomprensibles.

negra. Queda un placer: ardemos en palabras incomprensibles. LA MEMORIA es mortal. Algunas tardes, Billie Holiday

LA MEMORIA es mortal. Algunas tardes, Billie Holiday pone su rosa enferma en mis oídos.

Algunas tardes me sorprendo

lejos de mí, llorando.

oídos. Algunas tardes me sorprendo lejos de mí, llorando. (De Arden las pérdidas ) COMO si

(De Arden las pérdidas)

COMO si te posases en mi corazón y hubiese luz dentro de mis venas y yo enloqueciese dulcemente; todo es cierto en tu claridad:

te has posado en mi corazón, hay luz dentro de mis venas, he enloquecido dulcemente.

ACERQUÉ mis labios a tus manos y tu piel tenía la suavidad de los sueños.

ACERQUÉ mis labios a tus manos y tu piel tenía la suavidad de los sueños. Algo semejante a la eternidad rozó un instante mis labios.

Algo semejante a la eternidad rozó un instante mis labios. ALGUNAS tardes el crepúsculo no enciende

ALGUNAS tardes el crepúsculo no enciende tus cabellos; no estás en ningún lugar y hablas con palabras cuyo significado desconoces. Así es también mi pensamiento.

significado desconoces. Así es también mi pensamiento. ESTÁS sola en ti, debajo de tu luz, llorando.

ESTÁS sola en ti, debajo de tu luz, llorando. Hay un pétalo herido en tu rostro.

Fluye

tu llanto en mis venas. Tú eres mi enfermedad y tú me salvas.

llanto en mis venas. Tú eres mi enfermedad y tú me salvas. YO ESTARÉ en tu

YO ESTARÉ en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa;

habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos. Pero también quiero permanecer desconocido en ti. Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición. Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno está en su propia luz

y la mía es la que tú vas abandonando.

en su propia luz y la mía es la que tú vas abandonando. ERES como una

ERES como una flor ante el abismo, eres la última flor.

ERES como una flor ante el abismo, eres la última flor. (De Cecilia ) LA SERPIENTE

(De Cecilia)

LA SERPIENTE que silba en el rocío

entra en el corazón de las infantas

y la sombra es ovípara.

Me mira

el animal que calla.

Después, la mano del pastor extiende vértigo y luz. De las bóvedas verdes caen hojas aciagas al fondo de la púrpura.

Me mira

el animal que calla.

Me mira el animal que calla. LAS SERPIENTES se desnudan en la luz y las madres

LAS SERPIENTES se desnudan en la luz y las madres silban en el oído de los agonizantes. Es la lógica mortal. ¿Para qué soportar la pureza de las preguntas? Va siendo preferible que empiece la inexistencia y que las serpientes dejen de llorar.

la inexistencia y que las serpientes dejen de llorar. EN HERIDAS y sombras puse mi vida

EN HERIDAS y sombras puse mi vida y, cualquier día, de mi corazón,

van a ir saliendo los insectos y van a ser ciegos. Lástima de luz. Lástima de luz.

(De Exentos III)

TENGO frío junto a los manantiales. He subido hasta cansar mi corazón. Hay hierba negra

TENGO frío junto a los manantiales. He subido hasta cansar mi corazón.

Hay hierba negra en las laderas y azucenas cárdenas entre Sombras, pero ¿qué hago yo delante del abismo?

Bajo las águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado.

águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado. ENTRE el estiércol y el relámpago escucho el grito

ENTRE el estiércol y el relámpago escucho el grito del pastor.

Aún hay luz sobre las alas del gavilán y yo desciendo a las hogueras húmedas.

He oído la campana de la nieve, he visto el hongo de la pureza, he creado el olvido.

nieve, he visto el hongo de la pureza, he creado el olvido. ANTE las viñas abrasadas

ANTE las viñas abrasadas por el invierno, pienso en el miedo y en la luz (una sola sustancia dentro de mis ojos), pienso en la lluvia y en las distancias atravesadas por la ira.

UN BOSQUE se abre en la memoria y el olor a resina es útil al

UN BOSQUE se abre en la memoria y el olor a resina es útil al corazón. Vi las esferas del sudor y los insectos en la dulzura; luego, el crepúsculo en sus ojos; después, el cardo hirviendo ante el centeno y la fatiga de los pájaros perseguidos por la luz.

centeno y la fatiga de los pájaros perseguidos por la luz. ESTA CASA estuvo dedicada a

ESTA CASA estuvo dedicada a la labranza y la muerte. En su interior cunden las ortigas, pesan las flores sobre las maderas atormentadas por la lluvia.

las flores sobre las maderas atormentadas por la lluvia. EL CUERPO esplende en el zaguán profundo,

EL CUERPO esplende en el zaguán profundo, ante la trenza del esparto y los armarios destinados a los membrillos y las sombras.

De pronto, el llanto enciende los establos.

Una vecina lava la ropa fúnebre y su brazo son blancos entre la noche y el agua.

SOBRE excremento de rebaños, subo y me acuesto bajo los robles musicales. Cruzan palomas entre

SOBRE excremento de rebaños, subo y me acuesto bajo los robles musicales.

Cruzan palomas entre mi cuerpo y el crepúsculo, cesa el viento y las sombras son húmedas.

Hierba de soledad, palomas negras: he llegado, por fin; éste no es mi lugar, pero he llegado.

he llegado, por fin; éste no es mi lugar, pero he llegado. EXTRAÑEZA, fulgor: el gavilán

EXTRAÑEZA, fulgor: el gavilán inmóvil, y la melena del carrizo, y, sobre el agua, mis manos ante las zarzas polvorientas.

Pongo los frutos negros en la boca y su dulzura es de otro mundo

como mi pensamiento arrasado por la luz.

VI LA serenidad en los ojos de las reses destinadas a los cuchillos industriales y

VI LA serenidad en los ojos de las reses destinadas a los cuchillos industriales y los caballos inmóviles en la tristeza;

después, la cal, su luz en los ancianos, y grandes grietas habitadas por los lamentos.

los ancianos, y grandes grietas habitadas por los lamentos. TIENDO mi cuerpo sobre las maderas agrietadas

TIENDO mi cuerpo sobre las maderas agrietadas por las lágrimas, huelo la linaza y la sombra.

Ah la morfina en mi corazón: duermo con los ojos abiertos ante un territorio blanco abandonado por las palabras.

(De Libro del frío)

Juana Castro

Juana Castro

Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945)

Además de escribir poesía, es columnista y ejerce la crítica literaria. Académica correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, en la que coordina el ciclo “Los martes poéticos de la Academia”. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Cóncava mujer (1978), Del dolor y las alas (1982), Paranoia en otoño (1985), Narcisia (1986), Arte de cetrería (1989, 2ª edición La Palma, Madrid, 2004); Alta traición (1990), Fisterra (1992), No temerás (1994), Del color de los ríos (2000), El extranjero (2000), La jaula de los mil pájaros (2004), Los cuerpos oscuros (2005). Antologías: Alada mía. Antología 1978-1995 (1995), Pañuelos del aire (2004)

y La extranjera (2006). Ediciones en italiano: Venere allo

specchio (1988), Volo cieco (1990), Memoria della luce (traducción de Emilio Coco, 1996), Calice (traducción de Alessandro Ghignoli, 2001). En prosa: Valium 5 para una naranjada (1990). Como traductora: Veinticinco años de poesía en Italia. De la neovanguardia a nuestros días (1990). Obtuvo, entre otros, los premios: “Juan Ramón

Jiménez”, “San Juan de la Cruz”, “Jaén” y “Carmen Conde”. También el de “Periodismo” del Ministerio de Cultura 1984

y el “Carmen de Burgos”, Universidad de Málaga 1996. Es

medalla de oro de Andalucía. Sobre su obra se han publicado

los estudios: Temática y pensamiento en la poesía de Juana Castro (1996) y Sujeto femenino y palabra poética. Estudios críticos de la poesía de Juana Castro (2002).

DESTIERRO

DESTIERRO Yo no soy de esta tierra. Era ya extranjera en la distancia del vientre de

Yo no soy de esta tierra.

Era ya extranjera en la distancia

del vientre de mi madre

y todo, de los pies a la alcoba, me anunciaba

destierro.

Busqué de las palmeras

mi voz entre sus signos

y perforé de hachones encendidos la amarga región del azabache. Yo no sé

qué vuelo de planetas torcería

mi suerte.

Sobre el mudo desvío, sé que voy, como víbora en celo, persiguiendo el rastro de mi exilio.

No encontrará mi alma su reposo hasta que en ti penetre y me amanezca y ría.

(De No temerás)

INANNA

INANNA Como la flor madura del magnolio era alta y feliz. En el principio sólo Ella

Como la flor madura del magnolio era alta y feliz. En el principio sólo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca, se amaba en la sombría saliva de las algas, en los senos vallados de las trufas, en los pubis suaves de los mirlos.

Dormía en las avenas

sobre lechos de estambres

y sus labios de abeja

entreabrían las vulvas

doradas de los lotos. Acariciaba toda la luz de las adelfas

y en los saurios azules se bebía la savia gloriosa de la luna.

Se abarcaba en los muslos fragantes de los cedros

y pulsaba sus poros con el polen indemne de las larvas.

¡Gloria y loor a Ella,

a su útero vivo de pistilos,

a su orquídea feraz y a su cintura! Reverbere su gozo en uvas y en estrellas, en palomas y espigas, porque es hermosa y grande, oh la magnolia blanca. ¡Sola!

porque es hermosa y grande, oh la magnolia blanca. ¡Sola! (De Narcisia ) DE LA CAZA

(De Narcisia)

DE LA CAZA CON EL GAVILÁN

Ni una sombra, ni polvo, quedarán de este lance. Tan secreto será, tan silencioso, que aguardo ya tu nombre, descendiendo, cuando el vuelo levantes tras la muerte. Ni un gemido se oirá, ni el aletazo breve de tu sombra en mi rostro. Parpadeo y te acecho. Más temprano o más tarde has de intentar la huida. No te equivoques, ciega, porque el pico es a viento y hay dolor en tus manos. Será el golpe más limpio para nadie y nosotros. Quién habrá de morir no importa nada ya, si el sigilo se esconde en la brisa del campo y sus murmullos. Lo que tardare un ojo en abrir y cerrarse, será un cuerpo abatido. El otro, victorioso, se volverá a la vida. Bañado, perfumado,

sin que sola una pluma, despeinada publique

el perpetrado crimen.

sola una pluma, despeinada publique el perpetrado crimen. DE LOS CASCABELES (De Arte de cetrería )

DE LOS CASCABELES

(De Arte de cetrería)

Óyeme. No podría perderme porque al rincón más último del mundo llevaría tu música clavada.

Óyela. Óyeme como suena, confiada y alegre, en el pliegue más hondo de la noche. Sonoro tatuaje que tu verdad sembró sobre mi orilla. Óyete. Óyela en los caminos, en los ríos, los campos, y en el sueño que enredado navega para verte.

Óyete. Óyete con tu alma vuelta ya melodía por la miel y su altura.

Y óyete y óyeme, y aprendamos

a oírnos para oírla, desde lejos, por siempre. Pues que siempre por mi piel tu bordón

cruzará su armonía,

cruzará sobre el claro repique de mi prima.

cruzará sobre el claro repique de mi prima. SENTIR el peso cálido. Girar previsora la vista,

SENTIR el peso cálido. Girar previsora la vista, y saber que no hay nadie. Agacharse. Enrollar el vestido, dejar en las rodillas la mínima blancura de la tela, su felpa y el fruncido que abraza la cintura y las ingles.

(De Arte de cetrería)

Mojar con el chorro dorado, tibio y dulce la tierra tan reseca de agosto, el desamparo sutil de las hormigas en la hollada palidez de los henos.

Mezclar su fragancia espumosa con el verde vapor denso de mayo, sus alados murmullos, la espantada carrera de los grillos.

Y en invierno, elevar

un aliento de nube caldeada, aspirando el helor de hoja fría del aire.

Orinar

era un rito pequeño

de dulzura en el campo.

CÁLIZ

Orinar era un rito pequeño de dulzura en el campo. CÁLIZ (De Fisterra ) Y ahora

(De Fisterra)

Y ahora soy

tan igual a ti, madre,

que no me reconozco en el cristal de este retrato tuyo tan presente.

Si

supieras que todo

lo

que de ti he odiado y maldecía

ahora en mí lo descubro tan exacto y reciente como el cerco de una piedra en el agua, repetida. Vengo a verte de nuevo. Tócame, pon mis dedos aquí sobre tus llagas, y ábreme

esta rosa de espinas del costado. Soy tan tuya que el mar

tu

voz copia en mi voz para su canto.

Y

me despierto, y en la hora vivo

tu

misma inmensa sed, esa que siempre

en tus huesos vacíos irremediable ardiera. Yo no soy tu fantasma, quiero crearte ahora en el filo de quien te dio mi ser, resucitada. De muerta a muerta dime:

¿Quién amamanta a quién, serpiente mía?

a muerta dime: ¿Quién amamanta a quién, serpiente mía? EL POTRO BLANCO Tiene razón ella, y

EL POTRO BLANCO

Tiene razón ella, y el espejo que me enseñó esta tarde.

–Mírate, tú no eres un hombre.

(De No temerás)

Los hombres nunca tienen esa fiebre en los ojos, ni los muslos les florecen redondos, ni en los pechos les crecen dos botones erguidos como islas detrás de la camisa.

–Mírate. Y me miro,

y me voy desnudando

de mis tristes aperos.

Y entonces aparece, sin que yo lo convoque,

mi

cuerpo como el lirio

de

sol y la radiante manzana de la carne,

igual que en el milagro del primer potro blanco saliendo de su madre.

PADRE

(De Del color de los ríos)

saliendo de su madre. PADRE (De Del color de los ríos ) Esta tarde en el

Esta tarde en el campo piafaban las bestias. Y yo me quedé quieta, porque padre roncaba como cuando, zagal, dormíamos en la era. Me tiró sobre el pasto de un golpe, sin palabras. Y aunque hubiera podido a sus brazos mi fuerza,

no quise retirarlo, porque padre

era padre: él sabría qué hiciera. Tampoco duró mucho.

Y piafaban las bestias.

(De Del color de los ríos)

AMOR MÍO

AMOR MÍO Antonia buena chica ingresó ya cadáver. Carmen muy educada vaqueros blusa beis y Raquel

Antonia buena chica ingresó ya cadáver. Carmen muy educada vaqueros blusa beis

y Raquel silenciosa es el amor.

Amor de amoratarse amor que es amoldar

y amancillar.

Amor de amenazar amor de amurallar amor de amartillar

y de amasijo.

Amor de amortajar.

Rosa Lola María Inés Luisa mi amor.

Compañero mi amigo

mi enemigo.

Rafael veinte años arma blanca su novia en una calle. José Pablo dos hijos divorciado

y Raúl empresario gran sonrisa el amor.

Es el amor que amengua que amuralla

que amortece y amarra. Amor de amuñecar amor que es amputar amor de amilanar

y de ambulancia.

Amor de amordazar.

Manuel Félix Cristóbal Jaime Isidro mi amor.

Mi

señora mi dueña

mi

rehén.

Amo mío mi amor.

El anillo no sabe no sabía. El anillo. El cuchillo.

(De La extranjera, antología)

El anillo. El cuchillo. (De La extranjera , antología) CALLE CRUZ DE VENTURA Hace ya tanto

CALLE CRUZ DE VENTURA

Hace ya tanto tiempo que andamos entre coches Déjame, hija mía, que descorra los miedos y la niebla. Llevamos ya dos horas perdidos en la acera de no sé qué avenida, preguntando en porteros donde nadie conoce a nuestra hija. El ascensor no estaba, y otra vez nos cambiaron el cuadro de los números. Tu padre, cinco pisos, mis piernas, los jardines,

mil comercios Había una carrera, porque estaban los guardias. Y la música loca, tanta gente, y el cristal embobado de las casas sin nombre.

–Traéis cemento detrás de las orejas. Y arañados los pies de rascacielos. Ayer, el autobús de las espinas blancas (¿o fue hoy?) nos llevó a la deriva por vueltas y revueltas de hormigón y de luces.

Y de pronto, en un brillo

del oscuro café, una mirada, esa malicia inteligente y cómplice del agua

(del agua de los ríos que van a dar al mar):

la casa, el pueblo.

Nosotros, ya, Ventura 14.

(De Los cuerpos oscuros)

LOS ENCERRADOS Los atrancados. Los encerrados vivos. Oscurecidos, aherrojados en el último cuerpo de la

LOS ENCERRADOS

Los atrancados. Los encerrados vivos. Oscurecidos, aherrojados en el último cuerpo de la casa, se consumen y hablan. Corre la muerte afuera. Hablan con el televisor y con sus muertos. Olvidan los plazos del futuro igual que olvidan hoy qué cosas les dolieron ayer tarde. No abren las ventanas porque no entren el sol ni los ladrones, y el cielo está techado de uralita, y no quieren saber a cuántos años

se murieron su madre ni su padre.

Por olvidar, olvidan enfadarse, se tragan

las horas, el caldo, las pastillas, y arrastran

su

nombre y sus dos pies como un misterio.

Y

leen y releen, una vez y otra vez,

tercos como funambulistas,

la

cuenta de la luz, el testamento,

la

invitación de boda de una sobrina nieta

–Anda, padre, hay que andar.

Y

se levanta, y sale, y anda, porque su hija

le

ha dicho que hay que andar cada día

si

no quiere oxidarse.

Mientras madre, para no ver el filo, para no ver la muerte, olvida que hoy es miércoles, olvida que es agosto. Olvida que ha vivido. Y se afana, y trajina, y se ríe y se ríe.

–Cómo voy a tener yo ochenta años.

ASECHANZA

(De Los cuerpos oscuros)

tener yo ochenta años. ASECHANZA (De Los cuerpos oscuros ) La serpiente se enrosca como un

La serpiente se enrosca como un naipe de oro en mi memoria y yo le doy mi frío.

La serpiente es un dado de seis cabezas romas

que duerme en las orillas de mis ojos

y me roba las lágrimas.

La serpiente no sabe que la espío cuando baja en la sombra, envuelta en la maraña de la duda

a beber en mis labios.

La serpiente es mi hija. (Que no lo sepa nunca).

PAÑUELOS

(De Los cuerpos oscuros)

(Que no lo sepa nunca). PAÑUELOS (De Los cuerpos oscuros ) En un golpe de aire

En un golpe de aire los papeles han salido volando, y esparcen por el suelo su forma de blancura. Campo seco, sembrado de rectángulos tersos, limpias lenguas de sombra.

–Mis pañuelos son otros. De batista y de lino, descansan sobre el pasto –sus vainicas aladas–,

y a mis manos reciben su perfección de agua.

Escritura caída:

Pañuelos y pañuelos, vida mía, palabra.

(De Del color de los ríos)

Antonio Colinas

Antonio Colinas

Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946)

Además de poeta, ha escrito en otros géneros, como la

novela, el relato y el ensayo. El conjunto de su poesía está recogido en el volumen El río de sombra. 35 años de poesía (1967-2002). En 1975, su libro Sepulcro en Tarquinia recibió

el Premio Nacional de la Crítica. Es autor de dos novelas:

Un año en el sur y Larga carta a Francesca, así como de tres de relatos: Días en Petavonium, Huellas y Leyendo en las piedras. Entre sus obras de ensayo cabe destacar: El sentido primero de la palabra poética, Conocer a Aleixandre y su obra, Sobre la Vida Nueva, Hacia el infinito naufragio. (Una biografía de Giacomo Leopardi), Rafael Alberti en Ibiza (Seis semanas del verano de 1936), Del pensamiento inspirado, Los días en la isla y La simiente enterrada (Un viaje a China). Ha recibido también el Premio Nacional de Literatura (1982), el Premio de las Letras de Castilla y León (1999)

y el mismo año, en Italia, el Premio Internacional Carlo

Bettocchi por su labor como traductor y estudioso de la cultura italiana. Su versión de la Poesía completa del Premio Nobel Salvatore Quasimodo recibió, en Italia, en 2005, el Premio Nacional de Traducción. Conjuntamente, acaba de publicar una versión de las Iluminaciones de Rimbaud.

El paso del tiempo y los libros que he ido escribiendo y publicando me han convencido, cada vez más de la dificultad, o de la imposibilidad, de fijar una teoría sobre mi propia poesía. Es por ello quizá por lo que soy últimamente

muy escéptico hacia las Poéticas que he escrito y ahora me gusta simplemente decir que ser poeta es “un modo de ser

y de estar en el mundo”. Con ello no hago sino establecer,

de una manera radical, la fusión que, a mi entender, debe

existir entre poesía y vida, entre la experiencia de escribir

y la experiencia de crear. Es verdad que la poesía también

puede ser otras cosas –una vía de conocimiento, una profundización en el misterio de la existencia (“el alma del poeta se orienta hacia el misterio”, nos dijo Machado)–, pero lo que hoy prevalece en mí es ese afán de que la poesía sea un medio de conocimiento y de realización personal. Y esta consciencia del poeta se da precisamente, de manera ideal, en el medio de la naturaleza, esa fuente de la que todo mana y a la que todo vuelve; esa fuente que cada día el ser humano está perturbando con una mayor rapidez y gravedad.

SIMONETTA VESPUCCI Simonetta: por tu delicadeza la tarde se hace lágrima, funeral oración, música detenida.

SIMONETTA VESPUCCI

Simonetta:

por tu delicadeza

la tarde se hace lágrima, funeral oración, música detenida. Simonetta Vespucci:

tienes el alma frágil de virgen o de amante. Ya Judith despeinada

o Venus húmeda

tienes el alma fina del mimbre

y la asustada inocencia

del soto de olivos. Simonetta Vespucci:

por tus dos ojos verdes Sandro Botticellli te ha sacado del mar,

y

por tus trenzas largas,

y

por tus largos muslos.

Simonetta Vespucci, que has nacido en Florencia.

GIACOMO CASANOVA ACEPTA EL CARGO DE BIBLIOTECARIO QUE LE OFRECE EN BOHEMIA EL CONDE DE

GIACOMO CASANOVA ACEPTA EL CARGO DE BIBLIOTECARIO QUE LE OFRECE EN BOHEMIA EL CONDE DE WALSTEIN

Escuchadme Señor: tengo los miembros tristes. Con la Revolución Francesa van muriendo mis escasos amigos. Miradme: he recorrido los países del mundo, las cárceles del mundo,

los lechos, los jardines, los mares, los conventos

y he visto que no aceptan mi buena voluntad.

Fui abad entre los muros de Roma y era hermoso ser soldado en las noches ardientes de Corfú.

A veces, he sonado un poco el violín

y vos sabéis, Señor, cómo trema Venecia

con la música y arden las islas y las cúpulas. Escuchadme, Señor: de Madrid a Moscú he viajado en vano, me persiguen los lobos del Santo Oficio, llevo un huracán de lenguas detrás de mi persona, de lenguas venenosas. Y yo sólo deseo salvar mi claridad, sonreír a la luz de cada nuevo día, mostrar mi firme horror a todo lo que muere. Señor: aquí me quedo en vuestra biblioteca, traduzco a Homero, escribo en mis días de entonces, sueño con los serrallos azules de Estambul

NOVALIS

NOVALIS Oh Noche, cuánto tiempo sin verte tan copiosa en astros y en luciérnagas, tan ebria

Oh Noche, cuánto tiempo sin verte tan copiosa en astros y en luciérnagas, tan ebria de perfumes. Después de muchos años te conozco en tus fuegos azules, en tus bosques de castaños y pinos. Te conozco en la furia de los perros que ladran y en las húmedas fresas que brotan de lo oscuro. Te sospecho repleta de cascadas y parras.

Cuánto tiempo he callado, cuánto tiempo he perdido, cuánto tiempo he soñado mirando con los ojos arrasados de lágrimas, como ahora, tu hermosura. Noche mía, no cruces en vano este planeta.

Deteneos, esferas, y que arrecie la música.

Noche, noche dulcísima, pues que aún he de volver

al mundo de los hombres, deja caer un astro,

clava un arpón ardiente entre mis ojos tristes

O déjame reinar en ti como una luna.

CANTO XXXV

CANTO XXXV Me he sentado en el centro del bosque a respirar. He respirado al lado

Me he sentado en el centro del bosque a respirar. He respirado al lado del mar fuego de luz. Lento respira el mundo en mi respiración. En la noche respiro la noche de la noche. Respira el labio en labio el aire enamorado. Boca puesta en la boca cerrada de secretos, respiro con la savia de los troncos talados,

y

como roca voy respirando el silencio,

y

como las raíces negras respiro azul

arriba, en los ramajes de verdor rumoroso. Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce sombrío de mis venas toda la luz del mundo. Y, al fin, yo era un gran sol de luz que respiraba. Pulmón el firmamento contenido en mi pecho que inspirando la luz va espirando la sombra, que renueva los días y desprende la noche, que inspirando la vida va espirando la muerte. Inspirar, espirar, respirar: la fusión de contrarios, el círculo de perfecta consciencia. Ebriedad de sentirse invadido por algo sin color ni sustancia, y verse derrotado en un mundo visible por esencia invisible. Me he sentado en el centro del bosque a respirar. Me he sentado en el centro del mundo a respirar. Dormía sin soñar, mas soñaba profundo y, al despertar, mis labios musitaban despacio

en la luz del aroma: “Aquel que lo conoce se ha callado y, quien habla, ya no lo ha conocido”.

se ha callado y, quien habla, ya no lo ha conocido”. LA NOCHE DE LOS RUISEÑORES

LA NOCHE DE LOS RUISEÑORES AFRICANOS

Cayó el alma en el pozo de la noche y desde abajo, desde lo más hondo, ve la luna de junio madurar en la brisa, que trae enloquecidos cantos de ruiseñores africanos.

que trae enloquecidos cantos de ruiseñores africanos. REGRESO A PETAVONIUM Dejadme dormir en estas laderas sobre

REGRESO A PETAVONIUM

Dejadme dormir en estas laderas sobre las piedras del tiempo, las piedras de la sangre helada de mis antepasados:

la piedra-musgo, la piedra-nieve, la piedra-lobo. Que mis ojos se cierren en el ocaso salvaje de los palomares en ruinas y de los encinares de hierro. Sólo quiero poner el oído en la piedra para escuchar el sonido de la montaña preñada de sueños seguros, el latido de la pasión de los antiguos, el murmullo de las colmenas sepultadas.

Qué feliz ascensión por el sendero de las vasijas pisoteadas por los caballos un siglo y otro siglo.

Y en la cima, bravo como un espino, el viento

haciendo sonar el arpa de las rocas. Es como el aliento de un dios propagando armonía entre mis pestañas y las nubes. Un águila planea lentamente en los límites, se incendian las sierras de las peñas negras, mas no veo las llamas, las llamas que crepitan aquí abajo, enterradas bajo el monte de sueños aromados, bajo la viga de oro de los celtas, junto al curso del agua del olvido que jamás, en vida, podremos contemplar, pero que habrá de arrastrarnos tras el último suspiro.

¡Cómo pesan los párpados con la música del tiempo! ¡Cómo se embriagan de adolescencia perdida las venas! Dejadme dormir en la ladera de los infinitos sacrificios, en donde arados y rebaños se han petrificado, en donde el frío ha hecho florecer cenizales y huesos, en donde las espadas han segado los labios del amor.

Dejadme dormir sobre la música de la piedra del monte, pues sólo soy un nogal junto a una fuente ferrosa,

la vela que ilumina una bodega de mostos morados,

un trigal maduro rodeado de fuego, una zarza que cruje de estrellas imposibles.

LA PRUEBA

una zarza que cruje de estrellas imposibles. LA PRUEBA Mira: a punto estás de penetrar en

Mira: a punto estás de penetrar en el bosque. Vas a dejar la casa blanca de la cima, tan plácida, tan llena de música y sosiego

y ahí te espera el bosque impenetrable.

Irremediablemente deberás cruzarlo:

el bosque que desciende por ladera escabrosa, el bosque en que no hay nadie

y el bosque en el que puede haber de todo. El bosque de humedades venenosas, morada de lo negro,

y de una luz que enturbia la mirada.

Entra en él con cuidado y sal sin prisas, mas nunca se te ocurra abandonar la senda que desciende y desciende y desciende. Mira mucho hacia arriba y no te olvides de que este tiempo nuestro va pasando como la hoz por el trigo. Allá arriba, en las ramas, no hay luces que te cieguen, si es de día. Y si fuese de noche la negrura más honda la siembran faros ciertos.

Todo lo que está arriba guía siempre.

Mira: te espera el bosque impenetrable. Recuerda que la senda que lo cruza –la senda como río que te lleva– debe ser dulce cauce y no boa untuosa que repta y extravía en la maraña. Que te guíe la música que dejas –la música que es número y medida– y que más alta música te saque al fin, tras dura prueba, a mar de luz.

NOCTURNO

te saque al fin, tras dura prueba, a mar de luz. NOCTURNO Perdámonos más allá, más

Perdámonos más allá, más allá todavía, en las lomas de las piedras de bronce, en las montañas negras de septiembre, en cuyas hondonadas pronto alzarán los chopos sus hogueras.

Perdámonos o deja que me pierda en ti, o acaso tras las tapias, también de bronce, de ese mínimo huerto. Detrás veo un nogal y a su sombra hallaríamos tu paz y la mía.

Llévame, o tráeme, o piérdeme por esta amarga y dulce tierra nuestra, pero este anochecer del verano moribundo no me saques del laberinto sin salida de tus ojos.

FE DE VIDA

me saques del laberinto sin salida de tus ojos. FE DE VIDA Esperar junto a este

Esperar junto a este mar (en el que nacieron las ideas) sin ninguna idea. (Y así tenerlas todas). Ser sólo la brisa en la copa del pino grande, el aroma del azahar, la noche de las orquídeas en las calas olvidadas.

Sólo permanecer viendo el ave que pasa y que no regresa; quedar esperando a que el cielo amarillo arda y se limpie con los relámpagos

que llegarán saltando de una isla a otra isla.

O contemplar la nube blanca

que, no siendo nada, parece ser feliz.

Quedar flotando y discurriendo de aquí para allá, sobre las olas que pasan, como un remo perdido.

O seguir, como los delfines,

la dirección de un tiempo sentenciado. Ser como la hora de las barcas en las noches de enero,

que se adormecen entre narcisos y faros.

Dejadme, no con la luz del conocimiento (que nació y se alzó de este mar),

sino simplemente con la luz de este mar.

O con sus muchas luces:

las de oro encendido y las de frío verdor.

O con la luz de todos los azules.

Pero, sobre todo, dejadme con la luz blanca,

que es la que abrasa y derrota a los hombres heridos,

a los días tensos, a las ideas como cuchillos. Ser como olivo o estanque. Que alguien me tenga en su mano como a puñado de sal.

O de luz.

Cerrar los ojos en el silencio del aroma para que el corazón –al fin– pueda ver.

Cerrar los ojos para que el amor crezca en mí. Dejadme compartiendo el silencio

y la soledad de los porches,

la hospitalidad de las puertas abiertas; dejadme con el plenilunio de los ruiseñores de junio, que guardan el temblor del agua en las últimas fuentes. Dejadme con la libertad que se pierde en los ojos de una mujer.

ZAMIRA AMA LOS LOBOS Zamira ama los lobos. Yo quisiera ir con ella a buscarlos

ZAMIRA AMA LOS LOBOS

Zamira ama los lobos. Yo quisiera ir con ella a buscarlos

a las tierras más altas,

donde los robledales rojos de Sotillo han perdido sus ojos en las fuentes, allá donde los caballos beben el agua helada de los caballos y se espera la nieve como una bendición.

Tú y yo estamos en este hospital esperando a la muerte. No la muerte tuya ni la muerte mía,

sino la de aquellos que nos dieron la vida.

Y éstos ¿a quiénes pasarán

cuando mueran sus muertes? Tú y yo esperando el final,

el vacío del límite,

mientras la vida tiembla y brilla entre nosotros como un cuchillo inocente.

Y es que, esperando la muerte de los otros,

esperamos, un poco, la muerte nuestra.

Quizá por ello Zamira ama los lobos.

Quizá, por ello, yo deseo también salir a buscarlos con ella este mes de diciembre,

a los páramos altos,

a los prados remotos.

Y podríamos ver los espinos,

y las brasas de sangre del sol en mimbrales morados. Puesta ya en nuestros ojos

la venda de la nieve,

que no pensemos más, que ya no nos deslumbre

el acre resplandor de los quirófanos.

Zamira ama los lobos, quiere escapar del laberinto de piedra y cristal del dolor. Zamira: partamos y no regresemos.

y cristal del dolor. Zamira: partamos y no regresemos. EN LOS PÁRAMOS NEGROS Gracias por la

EN LOS PÁRAMOS NEGROS

Gracias por la muerte de estos montes

y por la de estos pueblos, en los que sólo las piedras

se mantienen con vida;

gracias por estos negros páramos del invierno

en los que la tierra asciende a los cielos

y las nubes descienden hasta tocar la tierra; gracias por esta hora de todos los vacíos en la que se intuye el final. De tanta pureza y soledad, de tanta muerte, sólo puede brotar una vida más cierta.

Gracias por la noche, que a punto está de llegar con la bondad de sus nieves, y por ese perro vagabundo que prueba a calentar con su hocico el estanque helado para extraer un poco de agua; gracias porque no nos hemos cruzado con ningún ser humano para pulsar el dolor,

y por la pana remendada de parcelas y prados, que conservan como un tesoro las heridas de los disparos,

los tizones de los últimos incendios; gracias por los frutales grises de los mínimos huertos

y por las colmenas adormecidas,

y por la casa cerrada desde hace muchos años de la que no se conoce su dueño. Y, sin embargo, en este anochecer, yo quisiera ofrecer lo mejor de mi vida

a toda esta muerte;

yo quisiera cambiar todo el gozo y el oro que hubo en mi vida por la contemplación (desde estos páramos negros) de las montañas últimas. Porque aquí empezó todo para mí, porque cuanto he sido, y soy, y digo, nada sería sin las raíces de las luces frías, sin esos senderos impenetrables que sólo han recibido la visita de los rayos amargos.

Por eso, quiero ser esa lastra ferrosa bajo la que duerme la víbora, la yerba tan fuerte, o su escarcha, que el sol no logró deshacer. Quisiera arrodillarme como tapia batida, como pinar abrasado. No deseo ni puedo volver hacia atrás la mirada, desandar el camino (¡tan largo!) recorrido, pues ya sé que, vacío, en la hora en que todo parece morir a punto está todo de nacer.

La mirada vuela sobre la fosa del valle (sobre la fosa de la vida), hacia la gran mole coronada de silencio, hacia la cima que los misterios alberga. Gracias por este anochecer en el que me he quedado entre las manos con las pobres, escasas semillas de las que habrá de germinar luz perpetua.

En el anochecer de los páramos negros estoy solo y profundamente en paz.

LA CASA DE LOS VERANOS DE ORO Debo escribirte para no perderte, pequeña casa de

LA CASA DE LOS VERANOS DE ORO

Debo escribirte para no perderte, pequeña casa de la infancia de los veranos de oro, en la que lo más negro de ti siempre será para mí lo más blanco:

el

muro del corral de piedras negras,

el

suelo de éste, con el manto oscuro,

crujiente de las hojas de la encina y el horno con su fuego y sus cenizas, pero siempre al amparo del hollín de su cúpula.

O

aquel otro negror de la amplia campana,

la

de la chimenea, por la que ascendían

el

humo y el calor de nuestra sangre.

Te imagino negra, negra como las losas que arrastraron nuestros antepasados desde las ruinas de los castros celtas, para fundar el lar donde se adormecían las llamas de las jaras.

Y

la escalera que ascendía brusca

al

cuarto en penumbra, en el que se guardaban

en secreto mis sueños:

una espada, una lira, una lechuza. Hasta la cuna azul en que dormí –la cuna más humilde,

la que tallaron con ternura y calma

las manos de un herrero–

hoy me parece negra.

La

casa, negra y mansa como eran las noches

en

los estíos de la Vía Láctea;

Negra como más tarde (tras infancia feliz) suelen serlo la vida de los hombres; negra como lo es el corazón que siente y que sueña mucho más de cuanto debe y puede.

Pequeña casa de la infancia pura, refugio de los veranos de oro, hoy eres negra y mansa en mi memoria, negra y hermosa como el firmamento, pues en ti parecía estallar la luz de cada estrella. Eres negra y profunda como tiempo sin fin.

Y sin embargo, como la noche, también eras finita, presagiabas el alba, la luz primera, pálida y suave que siempre hubo y que habrá en mí mientras aún tiemble cual pabilo de vela

mi vida.

LETANÍA DEL CIEGO QUE VE Que este celeste pan del firmamento me alimente hasta el

LETANÍA DEL CIEGO QUE VE

Que este celeste pan del firmamento me alimente hasta el último suspiro. Que estos campos tan fieros y tan puros me sean buenos, cada día más buenos. Que si en tiempo de estío se me encienden las manos con cardos, con ortigas, que al llegar el invierno los sienta como escarcha en mi tejado.

Que cuando me parezca que he caído porque me han derribado, sólo esté arrodillándome en mi centro. Que si alguien me golpea muy fuerte sólo sienta la brisa del pinar, el murmullo de la fuente serena. Que si la vida es un acabar, cual veleta, chirriando en lo más alto, allá arriba me calme para siempre, se disuelva mi hierro en el azul. Que si alguien, de repente, vino para arrancarme cuanto sembré y planté llorando por las nubes, me torne en nube yo, me torne en planta, que sean aún semillas mis dos ojos en los ojos sin lágrimas del perro. Que si hay enfermedad sirva para curarme, sea sólo el inicio de mi renacimiento. Que si beso y parece que el labio sabe a muerte,

amor venza a la muerte en ese beso. Que si rindo mi mente y detengo mis pasos, que si cierro la boca para decirte todo

y dejo de rozar tu sangre ya sembrada,

que si cierro los ojos y venzo sin luchar (victoria en la que nada soy ni obtengo), te tenga a ti, silencio de mi cumbre,

o a ese sol abatido que es la nieve donde la nada es todo.

Que respirar en paz la música no oída sea mi último deseo, pues sabed que, para quien respira en paz, ya todo el mundo está dentro de él y en él respira. Que si insiste la muerte, que si avanza la edad y todo y todos a mi alrededor parecen ir marchándose deprisa, me venza el mundo al fin en esa luz que restalla.

Y su fuego me vaya deshaciendo como llama de vela: con dulzura, despacio, muy despacio, como giran arriba extasiados los planetas.

¿CONOCÉIS EL LUGAR? ¿Conocéis el lugar donde van a morir las arias de Händel? Creo

¿CONOCÉIS EL LUGAR?

¿Conocéis el lugar donde van a morir las arias de Händel?

Creo que está aquí, en este espacio donde se inventa la infinitud de los amarillos; un espacio en el centro del centro de Castilla en el que nuestros cuerpos podrían sanar para siempre

si tus ojos y mis ojos

mirasen estos páramos con piedad absoluta

y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse para hacernos su ofrenda en rosales de sangre. En este espacio hay un fuego blanco en el que viene a expirar una música que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!

¿Conocéis el lugar donde van a morir

las arias de Händel? Está aquí, en el centro del centro de Castilla, donde por los linderos morados se tensa, como un arco, la luz. Es un espacio en que la nada es todo

y el todo es la nada,

y en el que junio joven viene por los montes vertiendo de su copa oro líquido.

Es un lugar en el que espacio y tiempo sólo son una hoguera que arde y que mantiene su combustión gracias a nuestras vidas (quiero decir:

gracias a nuestras muertes).

La música que más amáis aquí tiene su tumba. Es la música que a través de la respiración de las espigas, viene a morir en la luz que respiran nuestros pechos.

viene a morir en la luz que respiran nuestros pechos. EN EL MAR MUERTO Llegar a

EN EL MAR MUERTO

Llegar a este confín donde madura la invisibilidad y conocer la dimensión extrema de ser.

El desierto sajado nos abre su alma de cal, esa gran esmeralda temblorosa de un mar que reverbera y que va ascendiendo como fuego hasta un cielo inflamado.

Unas piedras sublimes por vencidas, los restos

de un pavoroso incendio. (Hoy sólo arde ya el fuego blanco de la luz).

Un bulto (creo que es una mujer), acaso está orando bajo el sol desmedido, inclina derrotada en una piedra su cabeza de piedra y pone un beso negro en el lugar de la víbora.

¿Hacia dónde estará volando su plegaria? Constelación de lejanías. Anulación de la memoria. ¿Y el mundo? Salitre, espesor y cristalización de una brisa que hierve. Llamarada amarilla del barro. Amansa la piedad estos montes que son como bestias abiertas en canal.

El ritmo

envolvente de la luz acompasa mi cuerpo,

refluye

el abandono, mana de una fuente de labios

la plegaria sonámbula, respira

en su delirio

la palmera, y yo voy respirando mientras bebo el más allá en el espacio blanco. Más allá que está aquí, fosilizado. ¡Extremada certeza de ser! ¿O de no ser? Las rocas son mi carne. Las piedras son mis lágrimas. Soy tiempo que no pasa. Éste no es mi vivir: el de los años que estuve desviviéndome.

Y cuando intento hablar cada palabra viene del silencio y retorna al silencio. Tierra y cuerpo son uno en la luz del silencio. Que perdure este tiempo

sin tiempo que enciende en extravío infinito la llama de una vida más plena.

Esta es la dulce muerte de saber que en esta luz que abrasa y va entregando la savia de su vida

a nuestras vidas, ya no existe la sed del ansiar más,

ya no existe la angustia de saber. Acto puro

de la respiración

y de ser respirado por el mundo.

Frente a ese morir que hemos llamado vida, esta calma:

la de un silencio verde que asciende desde un mar que llaman Muerto, pero que da la Vida.

Cuerpos se bañan en la lejanía como en vidrio molido. Cielo abatido en el desierto,

mar

elevado a mis ojos. Desierto de mis ojos entregado en el ara del sol. Oasis del contemplar.

Salí, salí de mí

cuando en realidad estaba muy adentro, sumido en un círculo, y giraba regresando a mi estrella perdida,

a mi astro olvidado.

Y en esa travesía del desierto que es todos los desiertos,

inspirando,

espirando, me pareció oír unas palabras que gemían, acaso las del hombre que aquí vino a sembrar luz en el fuego:

“Dejad ya de sacaros los humanos ojo

por ojo, pues podría quedarse el mundo ciego”.

Sángrame, luz, muy lentamente, sángrame, hasta que sea mi luz la que en ti pierda dulcemente la vida. Y que sea la muerte solamente una ofrenda, solamente una ofrenda.

Jenaro Talens

Jenaro Talens

Jenaro Talens (Tarifa, España, 1946)

Creció y se educó en Granada, por cuya Universidad se doctoró en Filología Románica en 1971, tras haber cursado estudios en Ciencias Económicas y Arquitectura en la Universidad Central (hoy Complutense) de Madrid. Ha sido sucesivamente catedrático de Literatura Española, Teoría de la Literatura y Comunicación Audiovisual en la Universidad de Valencia, de Teoría de la Literatura en la Universidad Carlos III de Madrid y profesor visitante, entre otras, en las de Minnesota, Montréal, Buenos Aires, Técnica de Berlín, Aarhus y California-Irvine. En la actualidad es catedrático de Literaturas Hispánicas y Literatura Comparada en la Universidad de Ginebra. Ha publicado una treintena de libros sobre teoría e historia de la literatura y teoría e historia del cine y traducido, entre otros, a Petrarca, Shakespeare, Hölderlin, Goethe, Rilke, Trakl, Beckett, Heaney, Walcott y Zach. Su obra poética, traducida, entre otras lenguas, al inglés, francés, italiano, portugués y alemán, está recogida en tres volúmenes: Cenizas de sentido. Poesía 1962-1975, El largo aprendizaje. Poesía 1975-1991 y Puntos cardinales. Poesía 1992-2006, publicados por Ediciones Cátedra.

OBSCENIDAD DE LOS PAISAJES I Esta mañana somos dos los que observan el movimiento de

OBSCENIDAD DE LOS PAISAJES

I

Esta mañana somos dos los que observan el movimiento de las hojas, el cíclico murmullo de los primeros rostros que marchan al trabajo; dos los que miran lo impreciso de cuanto existe ajeno y nos rodea y a su manera nos define como ajenos también. Tan sólo el ocio frágil de la imaginación pudo asociar un día tantos datos dispersos y construir sobre el caótico montón de sus detritus un simulacro de saber. Nos cegó el énfasis soberbio de inventar historias, de otorgar sentido. No supimos ver sino la luz, o, cuanto más, lo iluminado. Nunca nos detuvimos a sentir los ojos, su cotidiana sensación de estar, que no da nada y todo lo recibe, como un don. Fuimos uno (mirar nos desdoblaba). Tuve piedad (tuvimos) del gorrión temprano, del solitario poto, del jardín deshabitado por la lluvia bajo nuestra ventana. El día viene ahora hasta nosotros como presencia sólida y el aire que me azota dice que en el silencio oscuro de mis pasos hoy somos al fin dos, yo, tú, nunca nosotros ni su crimen lejano, reconocida tú, por quien camino.

II

Ah, pronunciar el aura del viaje, sentir un poco cuando el sol lo pida, decirte soy como lo escucho, y escuchar lo que digo y descubrirme ahí. Los murmullos que estallan en

mi boca queman como faros y, a no dudar, impiden que te

exile la luz, donde la hierba crece franqueando el espacio

de los ojos. La muerte ya no insiste: una simple emoción

reconocida. De nadie nos consuela la fidelidad (su intensi-

dad es silenciosa). Así, sonrío al borde de mi voz. Piedra angular. O antorcha. La locura.

III

De todas formas nadie nos espera. No hay por qué apresurarse. El cartero pasa de largo, sin llamar (no llamará dos veces, ya lo ves). El agua le chorrea y busca dónde guarecerse. Para qué, me preguntas. Y de qué. La lluvia. Siempre llueve en esta época del año. No sé por qué buscamos, sin embargo, su secreta razón, su calidad de imprevisible. Abandonemos pronto este recinto; pero no, no es recinto. El frío de la tarde desconoce que aún quedan sensaciones sin clasificar, el sonido amortiguado de los tubos de escape, la lividez del cielo azul plomizo, el olor del mal tiempo que camina entre rachas de sol y nubes grises, como un cabrilleo de liquidación, sus maneras afables y alguna referencia más bien vaga a las cisuras que parecen otorgar a cada historia su enfática porción de intimidad. La ceremonia ciega, ¿en qué consiste? Dejemos ya de divagar, me dices, no nos caiga la noche. Ah, sí, la noche.

IV

La sombra oblicua que nos desdibuja en el límite del día sabe del entusiasmo de las estaciones, de la hazaña del

tiempo, del dolor que acumula un pensamiento inhóspito. Allí el deseo se agazapa, se acomoda a un espacio elaborado con fragmentos de hierba y levadura triste. Nada tan dócil como la sorpresa de distinguir rendijas familiares por donde penetra un sol sin atributos. Brilla su imaginaria proyección sobre el escorzo de aparatos de bronce, de muñecos mecánicos, esa falsa materia que el mar vislumbra en la prisión del cielo. Ahora que somos dos (la tormenta lo dice) y la noche que cae nos señala el camino con culebras de luz.

V

A solas otra vez, irremediablemente, como el viejo serrín de una muñeca de trapo, desparramados entre restos de ternura y sábanas sin sol. El frío de la madrugada no precisa de afán. Un bulto inmarcesible hecho de incertidumbre, de ruidosa brega. La voluntad de abismo aturde igual que música pautada en otras tablas, en la trinchera próxima. Un espacio concluso donde hacer mío el fuego que crepita en torno a las comisuras tristes de tu boca.

(1980)

CONTACTOS

I

CONTACTOS I La luz no tiene peso, ni volumen, es una variable desazón, la música invisible

La luz no tiene peso, ni volumen, es una variable desazón, la música invisible de un sueño que no es sueño, que proyecta en el sueño su materia precisa, con el rumor preciso, sin imagen, sin otro fulgor que su presencia, el tacto de quien mira una ausencia monótona, una mirada ciega contemplándole al fin, sin atributos, con la posesión de una promesa vaga, el túnel que devora tanta heredad. Por qué la luz, por qué este metal confuso que hace suyo el deseo, la paradoja de una identidad que se disgrega, y son nacimientos ahora, y alguien muere, bajo la tolerancia de las estaciones, no es un sueño, escucho el ronroneo de una piel, un alba que se inscribe en esta alquimia dócil donde el rigor se desgasta como una fina lluvia de verano, como un crepúsculo blanco, el ojo ayer hostil hoy se mezcla contigo, eres tú que yo esbozo, yo semejante a ti, su vidrioso acarreo. Mordidos por la niebla penetramos en tu madriguera, pensamiento mío, tu avidez va podando rostros sin lugar ni memoria, tu desesperación, surcada por palabras, ¿sabrá captar un día

el temblor inconfundible de nuestro mutismo,

esa delgada piedra de la noche donde

la perseverancia de los oleajes nos hace naufragar?

Las manos buscan a tientas el eco de un calor los contornos de un cuerpo silencioso y frágil como el

agua,

la

claridad de un río que en el cauce desierto se despoja de

su

tibia profecía, su humedad, y avanza, es ya

una oquedad sin nombre, imagen de otro río en otro sueño antiguo, hacia un mar que no existe, que es nada más el trazo que nos liga, que nos atraviesa y nos recoge, el centro de un furor cuya sombra he bebido, y era espuma, y en cada estallido el gusto, un resplandor, el agrio amanecer sin condiciones, sin

la inexpugnable desnudez de las astillas, no,

la luz no tiene peso ni volumen.

II

Y

sin embargo es luz.

Puedo tocarla. Es aire. Toda esta luz de estío, tan diamantina como tu presencia. Su solidez me abrasa con escozor de aurora. Luz de un cuerpo, piedra huidiza entre los brazos de un laberinto de vegetaciones penetra en los confines de tu despertar con una inercia opaca.

El misterioso regazo de una concha azul pende de un soplo, su estupor me aniquila, eres tú, se desangra por espinas de fuego, entre sonidos irreconocibles que sólo yo percibo sin conseguir hollar un cielo que otros, anónimos aún, atraviesan sin ti, sin mí que te construyo como tú me construyes con hojas de un gran árbol huésped del frío y de la niebla. La explosión surte intermitente más allá de la gruta a que retorno, espejo despoblado por donde desfilan lluvias, albas inhóspitas, una escenografía sin actores. El amor conoce el mediodía exacto por un sabor más áspero, quizá por un aroma que acompasa las respiraciones con el ritmo de un goce que ignora la erosión porque asume la muerte, la emergencia de un fin en el vasto reino de la noche, del imperio nocturno donde todo rumor se vuelve transparente con el silencio de tu piel, o es esa sombra que nos aglutina bajo su claridad, disuelta luz que rompe:

qué avidez del deseo por vivir en el otoño prematuro la putrefacción del sol en las cortinas.

III

La última espiral de la consciencia son dos bultos insomnes, la paradoja de un vuelo que cruza por el cuarto con la precisión de un horizonte inmóvil, como un sol ilegible surgido de la hondonada misma donde el furor es vértice y bisagra, un aire transportado con delicadeza desde el lado imposible de un universo que fuimos aunque no fuimos, que somos y no somos, la floración del pubis mientras el tiempo ardía. El éxtasis indómito no es la monotonía con que las manos se pronuncian en la madrugada sin otro norte que las mordeduras de lo que siempre discurre por primera vez ante las solicitaciones de una oquedad de hierba como yacija o pájaro constante. Es la costumbre. Así, cuando el aire de la mañana me golpea el rostro asocio el ritmo de mis pensamientos con un olor desvaído, allá entre los rotos mármoles, junto a las yedras y las aspidistras, en el jardín antiguo tan a menudo convocado como testimonio, el cielo negro de su irrealidad con un latido húmedo, y ahora, sin transición, el orden nos invade desde el desasimiento del armario, la lámpara difusa, la ropa dejada caer anoche como un fardo sobre la moqueta,

todo lo que es real y está ahí, y nos invade, esa imagen cercana de una presencia largo tiempo

escindida,

la solidez de descubrirnos vivos sin el subterfugio que

borra el sudor de los cuerpos reintegrados a su opacidad.

borra el sudor de los cuerpos reintegrados a su opacidad. (1981) ESTOY IMPLICADO EN ALGO I

(1981)

ESTOY IMPLICADO EN ALGO

I

Nunca quise ser libre. Sólo hablaba y hablaba de una confusa libertad. Conozco,

a duras penas, el abismo súbito

que separa un refugio del color del cielo

de este cielo que me cubre con su indiferencia, mostrando los caminos abiertos ante mí.

Y hoy, primero de abril, bajo la luz de un alba casi amiga

dejo mi casa y mi ciudad, los libros que tanto amé, las calles, los jardines

y el cuerpo extraño en que busqué mi imagen

sin comprender del todo lo que hacía. Nada hay atrás que implique una atadura, quizá algunos residuos de memoria, algún olor indefinido, un poco de la nostalgia absurda con que se aparece

cuanto el deseo quiso construir sin aceptar sus límites inciertos. Esta mañana, al fin mientras, algo cansado, vuelo entre las nubes, veo a través de sus resquicios el azul del océano, la transparencia insólita del aire y sé que es cierto que soy libre, que ya no me vivo en nadie, que mi noche es profunda, y es mía.

II

Supongo que ser libre es estar solo, aceptar la violencia con que la noche cae, sin otra compañía que la noche.

Nadie depende ahora de mí. No tengo planes. Tampoco estoy seguro de la eternidad, pero, conozco, al menos, mis limitaciones. Sé lo que quise o que fingí querer manipulando a veces mi memoria. Y aquí, sentado, espero mi bebida entre rostros extraños que me ignoran. Oigo el confuso parloteo de los comensales

y distingo con nitidez una pequeña ardilla desde la ventana Juega en el parque, entre la nieve, y no sabe siquiera que es abril y hace frío. La luz resbala por sus ojos, como gotas de lluvia. Abre tu puerta –dice,

y no te ocultes en la oscuridad.

Un falso sol que tiembla en el invernadero

tiñe de azul las lilas y los potos.

Saludo sin pasión a un árbol solitario. Son malos tiempos para la ternura.

III

Son malos tiempos para la ternura. Olvida el absurdo vaivén del día y de la noche. Quédate junto a mí. No tengas miedo. Sabrás que, al fin, no hay nada misterioso, cómo y dónde se inicia, tras el maquillaje, ese monólogo de sombras que llamamos poema. Yo, que tanto he escrito sobre lo que ignoro, ya no pretendo comprender. Escúchame, vivir consiste en enterrar la muerte, y esas viejas historias, como dijo el anciano, se parecen tanto todas entre sí. Tú, viejo profesor, que nada tienes salvo tu deseo, deja el terror a un lado. Nadie mira. El mundo es algo ajeno, aunque tu vida esté sola y desnuda en los escaparates. Nada de lo que digan eres tú. Ven conmigo. Andemos juntos esta madrugada. No hay lugares inhóspitos. El cielo tan sólo cambia de color, y es dulce, y nos cobija, y hay tantas nuevas cosas que aprender.

(1983)

REMINISCENCIAS EN MÜNSTERPLATZ A Carlos Alvar En las brasas más frías se extinguen soles. Veo

REMINISCENCIAS EN MÜNSTERPLATZ

A Carlos Alvar

En las brasas más frías se extinguen soles. Veo desde mi hotel el puente sobre el Rhin. Siento que acaba de pasar un pájaro. Lo sé por el sonido de sus alas. Oigo el despertar de las gaviotas. Es un alba furtiva y de placer confuso. En el apogeo de su humildad, la luz anula los colores y la piedra roja, en la penumbra de la catedral, cobija tu nombre inscrito, ese estremecimiento que ya nadie transita salvo el silencio de la muerte. Tú, quien quiera que ahora seas, escucha cómo el agua fluye bajo mis pies, cómo las grandes barcazas se deslizan sin hacer ruido y sin saber de ti. Viejo Erasmo de Rotterdam, ¿a dónde va la música cuando ha dejado de sonar?

(2000)

NIÑO QUE CORRE CON LOBOS (Palabras para Matías en el otoño de Guadalajara) A Teresa

NIÑO QUE CORRE CON LOBOS

(Palabras para Matías en el otoño de Guadalajara)

A Teresa y Luis Vicente de Aguinaga

Huyo de una mirada que ahora sé que no es mía. Con ella, sin embargo, gocé los fastos de la primavera y bebí de una luz donde, aún, improbable, persevero. No era la herrumbre al uso ni la desnudez del otoño lo que me esperaba al otro lado del jardín, pues sólo quien remonta por el cauce puede encontrar la huella de un origen y son las brumas las que borran el destello de unos años vividos en cascada. Si algo aprendí de un cielo avaro de esplendor, fue el poder de los sueños amablemente infieles. Por eso tus dos ojos, hoy recién florecidos, me devuelven un estremecimiento muy antiguo que hace tiempo olvidé, la certidumbre de que otras son las aguas que corren bajo el mismo río y han sembrado en mi casa, como quien pone enigmas al recuerdo para hacerlo culpable, la alegre combustión de la pureza.

(2006)

Olvido García Valdés

Olvido García Valdés

Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950)

Es licenciada en Filología Románica por la Universidad de Oviedo y en Filosofía por la Universidad de Valladolid. Ha publicado los siguientes libros de poemas: El tercer jardín (1986), Exposición (1990, Premio Ícaro de Literatura), Ella, los pájaros, (1994, Premio Leonor de Poesía), Caza nocturna (1997) –traducido al sueco, Nattlig jakt, 2004–, Del ojo al hueso (2001), La poesía, ese cuerpo extraño (antología) (2005), Y todos estábamos vivos (2006). Es también autora del ensayo biográfico Teresa de Jesús (2001), así como de textos para catálogos de artes plásticas (Kiefer, Tàpies, Zush, Broto, Fernández de Molina, Bienal de Venecia 2001, Vicente Rojo, Luis Costillo, Juan Soriano ), y de numerosos trabajos de reflexión literaria. Ha traducido el libro de Pier Paolo Pasolini, La religión de mi tiempo (1997), y (en colaboración con Monika Zgustova) una amplia selección de Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva, El canto y la ceniza. Antología poética (2005). Co-dirige la revista Los Infolios desde 1987, y fue miembro fundador de El signo del gorrión, a cuyo consejo editorial perteneció durante sus diez años de vida (1992–2002).

ALGUNAS piedras se vuelven transparentes con el sol, casi transparentes. A veces, al caminar, me

ALGUNAS piedras

se vuelven transparentes

con el sol, casi transparentes. A veces,

al caminar,

me siento y las miro. Algunas almacenan luz, pulidas y cerradas, como si fueran vivas. Las cojo, están llenas de tierra por debajo, tienen un tacto áspero y fresco.

de tierra por debajo, tienen un tacto áspero y fresco. CUANDO voy a trabajar es de

CUANDO voy a trabajar es de noche, después amanece poco a poco, hace mucho frío aún.

A menudo en el cine

me parece oír lluvia azotando el tejado,

como si no hubiese lugar donde guarecerse. Hoy alguien en un sueño dijo:

ten, en esta garrafa

hay agua limpia, por si toma moho

la del corazón.

VERDE. Las hojas de geranio en la luz gris de la tormenta tiemblan, tensión de

VERDE. Las hojas de geranio en la luz gris de la tormenta tiemblan, tensión de nervadura verde oscuro. Te mirabas las manos, nervadura de venas; si los dedos fueran deliciosos, decías. Al caminar apoyaba mi sien contra la tuya y en la noche escuchaba el ruiseñor y el graznido del pavo. Indiferencia de todo, oscuridad. Me llamabas con voz muy baja. Sólo un día reíste.

Me llamabas con voz muy baja. Sólo un día reíste. (De Ella, los pájaros ) LA

(De Ella, los pájaros)

LA MUERTE es una forma en algunas pinturas del XV, una curva que el cuerpo figura entre quien lo sostiene y su propio peso. Una curva también la forma del amor, plegarse dúctilmente. O de otro modo, recto, peso muerto sobre paño

verde, mariposas aéreas, amarillas,

o sombra pálida, bullentes.

Tú tenías anillos, dedos en las manos.

pálida, bullentes. Tú tenías anillos, dedos en las manos. ESTE conocido temblor de las hojas con

ESTE conocido temblor de las hojas con la brisa y este verde de abril como un vómito en la luz. Suficientes aún las antiguas palabras:

no percibe el cadáver dulzura ni calor y sí, en cambio, el silencio y el frío, puesto que se percibe lo que se es. Discontinua vivencia, porque todas aquí somos iguales. Como mirlos

y mirlos esbeltos en el canto y en el negro intercambian sonidos:

acepta la vida, el acorchamiento de la vida, desecha la vieja hybris, nada pierde quien muere, nada gana tampoco. Es nítido el sonido tras la lluvia, se percibe ahora el tren con violencia veloz, el obsesivo zureo de palomas.

LA VOZ, la de esta niña que canta sola ahí, la del muchacho que por

LA VOZ, la de esta niña que canta sola ahí, la del muchacho que por la noche da gritos y repite obsesivo hijo de puta, las voces de los niños que juegan; intransitiva voz, exenta en el mundo, cuerpos autómatas que a diario veo y que no veo, chillidos veloces de vencejos en el anochecer.

(De Caza nocturna)

veloces de vencejos en el anochecer. (De Caza nocturna ) SE DEJABA caer sobre la cama

SE DEJABA caer sobre la cama con la ventana abierta, acompasaba todo el aire

del huerto al respirar, los naranjos

y

hortensias, el olivo, los nísperos

y

rosas. Era profunda y leve

esa respiración, hondo su sueño, todo tenía un regusto de ropa que el azulete aclara, punzante como sol en el armario oscuro. Poder sentir el peso en el cuerpo sin redes.

LA DISTANCIA entre quien habla y por ejemplo dice mi pecho y quien sirve de

LA DISTANCIA entre quien habla

y por ejemplo dice mi pecho y quien sirve de soporte a esa habla

y dice por ejemplo yo es la que atraviesa la retórica, toda la lengua. El sonido que bandadas de gaviotas producen es externo, el encharcamiento estacional de las tierras llanas, ese espejo, pecho desnudo, graznidos para lo vulnerable.

ese espejo, pecho desnudo, graznidos para lo vulnerable. AL SALIR a la calle, sobre los plátanos,

AL SALIR a la calle, sobre los plátanos, muy por encima y por detrás de sus hojas doradas y crujientes, el cielo, muy por encima azul, intenso y transparente de la helada. A cuatro bajo cero se respira el aire como si fuera el cielo que es el aire lo que se respirara. Corta y se expande y un instante rebrota antes de herir. Ritmos de la respiración y el cielo, uno lugar del otro, volumen que quien respira retrajera, puro estar del mundo en el frío, de un color azul que nadie viera, intenso,

que nadie desde ningún lugar mirara, aire o cielo no para respirar.

(De Del ojo al hueso)

aire o cielo no para respirar. (De Del ojo al hueso ) OYE batir la sangre

OYE batir la sangre en el oído reloj de los rincones interiores topo que trabaja galerías, gorrión que corre ramas desnudas del tubo del ciprés

no sabe

cómo de cálido es el manto de la tierra, cómo bordea o mueve piedrecillas, si en lugar más espacioso la madre amamanta topillos de la nueva camada, ciegos olisqueando, cuál la temperatura del hocico, de la ubre ni cuánto tardan pétalos, hoja rizada del roble en ser materia del manto, cuánto hueso de carnero o cuervo o plumas en empastarse e ir bajando cubiertos de otro otoño, nuevo corte de gente, mantillo, manto, maternidad

desde

dónde, Perséfone, lo mira

lo contempla en su corazón sintiendo cómo late la sangre en el oído

en su corazón sintiendo cómo late la sangre en el oído ENTRE lo literal de lo

ENTRE lo literal de lo que ve

y escucha, y otro lugar no evidente

abre su ojo la inquietud. Al lado, mano pálida de quien convive

con la muerte, cráneo hirsuto. Atendemos

a la oquedad, máscaras que una boca

elabora; distanciada y carnal, mueve el discurso, lo expande

y

desordena, lo concentra, lo apacienta

o

dispersa como el lobo a sus corderos.

El sonido de un gong. Es literal la muerte y las palabras, las bromas luego de hombres solos, broma y risa literal. Todo sentido visible, todo lo visible produce y niega su sentido.

Si respiras en la madrugada, si ves cómo vuelven imágenes, contémplalas venir, apaciéntalas, deja que estalle la inquietud como corderos.

(De Y todos estábamos vivos)

Francisco Ruiz Noguera

Francisco Ruiz Noguera

Francisco Ruiz Noguera

(Frigiliana, Málaga, 1951)

Profesor titular de Lingüística en la Universidad de Málaga. Fundador y director de las revistas El Laberinto de Zinc y Robador de Europa. Ha publicado: Campo de pluma (Granada, Ánade, 1984), Laberinto (Málaga, Corona del Sur, 1985), La manzana de Tántalo (Málaga, Puerta del Mar, 1986); Pentagrama (edición de Ángel Caffarena, Málaga, El Guadalhorce, 1987), La luz grabada (Córdoba, Col. Ricardo Molina, 1990), Simulacro de fuego (Madrid, Libertarias, 1993), Verbi gratia (Málaga, Miguel Gómez Ed., 1996), Arte de restaurar (Madrid, Huerga & Fierro, 1997), Campo de pluma (Poesía reunida) (edición y estudio de A. García Berrío, Málaga, Ciudad del Paraíso, 1997), El año de los ceros (Madrid, Visor, 2002), El oro de los sueños (Madrid, Hiperión, 2002), Memoria (Antología) (introducción de Vicente Luis Mora Málaga, Monosabio, 2004), Materia griega (Córdoba, Cuadernos de Sandua, 2005), Ventanas interiores (Antola) (Fundación Málaga, 2008), Arquitectura efímera (Madrid, Visor, 2008). Ha obtenido la Beca a la Creación Literaria del Ministerio de Cultura (1989) y los premios de poesía Ricardo Molina (1989) y Antonio Machado (2002) y Vicente Núñez (2007); en 2003 fue finalista del Premio Nacional de Poesía. Ha publicado numerosos trabajos sobre poesía contemporánea y poesía medieval española en revistas especializadas y en suplementos literarios de la prensa, entre ellos: Antología de la poesía medieval española (Málaga, Ágora, 1995), Antología de la poesía española contemporánea (Ottawa/

New York, Legas, 1991), Frontera Sur (Antología de jóvenes poetas malagueños) (Málaga, Puerta del Mar, 2007), así como ediciones de la obra de Estébanez Calderón, Domenchina, Muñoz Rojas, García Baena,Alfonso Canales, Manuel Alcántara, Vicente Núñez, María Victoria Atencia, Pérez Estrada, José Infante.

VERBA / RES

VERBA / RES La palabra es la red que se sumerge en el mar inasible del

La palabra es la red que se sumerge en el mar inasible del pasado y busca en la experiencia hasta que encuentra el recuerdo fundido con la malla:

qué curiosa esta red que identifica con su presa los hilos que la forman.

Así, la evocación de lo vivido, ya manchada de luz y de hermosura o adornada del polvo de la calle, convertida en fetiche nos ofrece este juego canalla del poema.

(De La manzana de Tántalo)

LA MANZANA DE TÁNTALO Manzanas son de Tántalo, y no rosas, que después huyen del

LA MANZANA DE TÁNTALO

Manzanas son de Tántalo, y no rosas, que después huyen del que incitan ahora Góngora

De pronto se detiene la mirada

en la mano que alarga generosa

la

ofrenda llamativa de su fruto.

Y

otra mano, tendida en su impaciencia,

requiere la manzana de un convite vedado para el ansia de aquel labio.

También pende el recuerdo ante los ojos, como fruto dorado entre la niebla de las horas, despliega su artificio.

Y así yo, como Tántalo, esperando,

en la huida constante de los días, conformar la memoria de otro tiempo.

(De La manzana de Tántalo)

EL MIRADOR OCULTO El agua ha perfumado los pinares con el olor a tierra mojada

EL MIRADOR OCULTO

El agua ha perfumado los pinares con el olor a tierra mojada por las lluvias del otoño.

Mueve el aire los flecos de la tarde y convoca el rumor de otras brisas antiguas.

¿Qué busca la avidez de la mirada? ¿Qué rastrean los dedos, en la arena de un río que ya es otro, sino la luz amarga de la memoria viva que duerme en las adelfas?

En la baranda en brumas del mirador oculto, otra vez el ensueño, acodado, zahorí de lo muerto, se deleita en alargar la sombra del recuerdo sobre el espejo ciego de los días.

(De La luz grabada)

GOYA

GOYA El sueño de la razón produce monstruos Huye de las celadas de la mente. Ay

El sueño de la razón produce monstruos

Huye de las celadas de la mente. Ay de aquel que perdido en laberintos da su aliento a caducas reflexiones y pábulo a los monstruos engendrados por sueños de razón.

Mata el empeño ciego por indagar la sombra,

o ver ascua de nieve en medio de la noche.

Bástete con la muda presencia de lo oscuro

velando tu mirada.

Por lo demás, qué importa

si es la vida quien cruza los umbrales del tiempo

o está inmóvil la vida y el tiempo la traspasa.

La luz de amanecida, que ignora estos asuntos, no olvida, en cambio, su costumbre, y filtra su viva impertinencia por entre la persiana.

Así, el tiempo y la vida, de la mano –con desprecio por todos tus terrores–, se aprestan a ofrecer un nuevo día:

otro umbral u otra espada entre la niebla.

(De La luz grabada)

EL LAGO OCULTO Debajo de este espacio, dispuesto para el signo y su ensamblaje, corre

EL LAGO OCULTO

Debajo de este espacio, dispuesto para el signo y su ensamblaje, corre un río de formas reclamando su muerte en la palabra.

El silencio profundo de su ruido es como la lisura inquietante de un lago que aguarda agazapado bajo el hielo.

MEDIODÍA

(De Simulacro de fuego)

agazapado bajo el hielo. MEDIODÍA (De Simulacro de fuego ) Contiene, al mediodía, la terraza todos

Contiene, al mediodía, la terraza todos los ingredientes de la vida:

la claridad radiante del azul sobre el campo, el seto de arrayán en los jardines, los macizos de flores, y este encaje de sombras que procura la enramada.

Para que nada escape a este momento, también –con el sigilo de costumbre–

el viso de la muerte en el aroma dulce de unas mondas de fruta sobre el plato.

COMPÁS

(De Simulacro de fuego)

de fruta sobre el plato. COMPÁS (De Simulacro de fuego ) P. G. El tiempo es

P.

G.

El tiempo es el espacio que limita, como un hito de luz en la memoria, la línea que separa los recuerdos;

si pierdo la memoria, qué pureza, también se queda el tiempo extraviado, perdido entre las brumas de la nada.

(De Arte de restaurar)

LA BUSCA

LA BUSCA J. A. M-R. Miro cada detalle de este espacio: el granado cercado por zarzales,

J. A. M-R.

Miro cada detalle de este espacio:

el granado cercado por zarzales, el lugar donde el pozo no es más que una maraña de juncos y de espinos, la maleza que oculta la vereda, los muros derruidos de la casa.

Intento levantar sobre esta imagen como raíz al agua, en busca de su esencia– la que vive, distinta, en la memoria.

Pero cada reclamo es como una pavesa que voló incontrolada y se detuvo sobre un papel en blanco y allí dejó su huella, que, perdiendo la fuerza de su fuego, esconde bajo el gris de la ceniza sólo una mancha fría: un capricho tostado, un breve cerco sepia, ya sin vida.

(De Arte de restaurar)

GRANADO / 2

GRANADO / 2 Esa línea espiral de los recuerdos me lleva hasta las ramas del granado;

Esa línea espiral de los recuerdos me lleva hasta las ramas del granado;

y allí –fiel y redondo,

mientras la luz me asista–, ese hermético cofre con interior de fuego: la granada.

Arena de los días, el presente me ha traído hasta ahora;

y aquí –fiel y punzante,

mientras la luz me asista–, este cofre de niebla con interior de humo: la memoria.

este cofre de niebla con interior de humo: la memoria. EL AÑO DE LOS CEROS /

EL AÑO DE LOS CEROS / 1

(De Arte de restaurar)

Cercado por rumores de misterio, el año de los ceros llega cada mil años:

éste es como un cometa, con cabeza de cisne, arrastrando una cola redonda de promesas:

tres círculos perfectos que almacenan la medida del tiempo.

El primero contiene la memoria:

alza su periscopio y otea el espejismo de un desierto con vida que guarda los recuerdos.

El segundo se abre con cada amanecer y se llena del paso de los días:

colecciona sonidos y miradas, el tacto de la seda y el olor de la bilis, el sabor de la miel y del hastío.

El tercero es la niebla en la que se dibuja –como en una pantalla conocida– lo que es repetición de círculos pasados.

Como todos los años –a pesar de sus tres burbujas de futuro–, el año de los ceros no es el año perfecto, así es que seguiremos a la espera de aquella Edad de Oro que de forma inminente anunciaba Virgilio hace ya dos mil años.

(De El año de los ceros)

Julia Otxoa

Julia Otxoa

Julia Otxoa (San Sebastián-Guipuzcoa, 1953)

Poeta, narradora y artista gráfica. Entre sus obras se encuen- tran los poemarios: Luz del aire (en colaboración con el es- cultor Ricardo Ugarte, 1982), Centauro (1989), L’eta dei barbari (Italia, 1997), La nieve en los manzanos (2000), Al calor de un lápiz (2001), Gunten café (2001), Taxus baccata (con ilustraciones de Ricardo Ugarte, 2005) y los libros de relatos Kískili-Káskala (1994), Un león en la cocina (1999), Variaciones sobre un cuadro de Paul Klee (2002) y Un extra- ño envío (2006). Su obra ha sido traducida a varios idiomas y recogida en diversas antologías de microficciones como Galería de hiperbreves ( 2002), Sea breve por favor (2002), Dos veces bueno - 3 - Cuentos breves de América y España, Micro Quijotes (2005), Fábula rasa (2005), Ciempiés-Las microficciones de quimera (2005), La otra mirada (2006).

EL PULSO DE LOS MUERTOS El pulso de los muertos retumba insoportable en los armarios,

EL PULSO DE LOS MUERTOS

El pulso de los muertos retumba insoportable en los armarios,

ya no sabemos dónde guardar nuestra comida hecha de relámpagos.

Abrasados en llanto, el menor de los pájaros es más fuerte que nosotros.

EL RÍO ROJO

de los pájaros es más fuerte que nosotros. EL RÍO ROJO Era una niña, y no

Era una niña, y no repararon en mí,

cuando todo empezó me fui asustada a la otra orilla, junto al granado, desde allí vi cómo hombres disfrazados rompían los tambores, las flautas y los violines sobre sus rodillas,

uno de ellos reía tan salvajemente, que comencé a sangrar del oído izquierdo,

luego, una vez destruidos todos los instrumentos, comenzaron con las partituras y los músicos.

En un momento debí de perder el conocimiento, mi sangre tiñó el río del color del granado.

Más tarde cuando desperté, toda la ciudad había sido reducida al silencio, y yo me había convertido en el río rojo que había visto morir a la música.

en el río rojo que había visto morir a la música. TODOS LOS TRAJES DE LA

TODOS LOS TRAJES DE LA MUERTE

La vida es insoportable sobre las cenizas de las víctimas.

No me hables de los héroes, he visto todos los trajes de la muerte, la sombra de la sangre derramada es siempre imborrable y única. Miro nuestra casa y sólo veo fantasmas.

DOS MARIPOSAS BLANCAS Aquella noche la abuela trajo dos mariposas blancas y las colocó sobre

DOS MARIPOSAS BLANCAS

Aquella noche la abuela trajo dos mariposas blancas y las colocó sobre los ojos del durmiente, más tarde, cuando tras la cabeza de la luna asomó frío el aullido del lobo, los sueños de aquel hombre que dormía bajo las mariposas, nos ayudaron a crecer en la serenidad.

bajo las mariposas, nos ayudaron a crecer en la serenidad. NO DE ESTE MODO No será

NO DE ESTE MODO

No será desde luego hundiendo el tenedor en el corazón de las golondrinas como nos alimentaremos de libertad.

(De La nieve en los manzanos)

A VECES dejo que la fiera meta su pata por la ventana y me revuelva

A VECES dejo que la fiera

meta su pata por la ventana

y me revuelva la sopa,

luego, cuando se aleja otra vez hacia la melancolía, queda un rastro de pelos en mi plato, una navegación a la deriva, un idioma extraño y necesario.

navegación a la deriva, un idioma extraño y necesario. SILENCIAR la escritura, salir de casa, caminar

SILENCIAR la escritura, salir de casa, caminar al azar, experimentar el tiempo como forma de creación, como otro modo de expresar el mundo, la percepción como escritura íntima.

expresar el mundo, la percepción como escritura íntima. EXISTIÓ en otro tiempo un lugar donde cada

EXISTIÓ en otro tiempo un lugar donde cada pétalo caído era enterrado en una pequeña tumba de cristal.

caído era enterrado en una pequeña tumba de cristal. ACOSTUMBRABA a dictar las sentencias de muerte

ACOSTUMBRABA a dictar las sentencias de muerte sobre delicados papeles confeccionados con alas de mariposa.

HARTA estoy de repetirlo en todas las embajadas, soy Camille Godan traductora atípica, hasta el

HARTA estoy de repetirlo en todas las embajadas, soy Camille Godan traductora atípica, hasta el extremo que bien podría tener al menos cinco piernas y doce manos, todo un concierto en sol mayor para un número indeterminado de cabezas.

en sol mayor para un número indeterminado de cabezas. ME RÍO abiertamente de la desorientación en

ME RÍO abiertamente de la desorientación en mi búsqueda y haciéndolo experimento la sensación de haberme liberado después de haber estado prisionera largo tiempo. Bailo sin rumbo fijo a campo través, cada día un viaje alrededor de la aproximación.

(De Gunten café)

un viaje alrededor de la aproximación. (De Gunten café ) ASISTIENDO a la barbarie cotidiana, el

ASISTIENDO a la barbarie cotidiana, el instante tiene la turbulenta inseguridad de lo inestable y amenazador. En mi inexperiencia del horror futuro, me reconforta pensar que también a mis antepasados les tocó vivir un tiempo semejante. En su recuerdo me fortalezco. La Historia como ser circular, el presente como resistencia poética en la repetición.

PENSÁBAMOS de niños que las montañas estaban ahí para la eternidad, que aquellos hermosos gigantes

PENSÁBAMOS de niños que las montañas estaban ahí para la eternidad, que aquellos hermosos gigantes no morirían nunca, luego supimos que estábamos equivocados, las montañas también mueren como el más frágil de los hombres.

también mueren como el más frágil de los hombres. LEER en otro idioma, leer en otro

LEER en otro idioma, leer en otro idioma, ser el otro, verme desde fuera.

idioma, leer en otro idioma, ser el otro, verme desde fuera. LOS HIJOS del guarda me

LOS HIJOS del guarda me persiguen, mis ojos no distinguen las sombras del día o de la noche, deambulo dentro de mí misma huyendo del camino. Mi hambre es de nomadismo.

de mí misma huyendo del camino. Mi hambre es de nomadismo. ESCOJO ser en el margen

ESCOJO ser en el margen como única posibilidad de existencia.

ser en el margen como única posibilidad de existencia. LA CONSTANTE interrogación del desarraigo, el extraña

LA CONSTANTE interrogación del desarraigo, el extraña- miento del ser en el mundo. Sólo después de la fiebre y el dolor de las preguntas sin respuesta se puede hallar la

serenidad en el total desvalimiento. Desde la humildad de la ignorancia, el misterio del ser se convierte entonces en cobijo.

el misterio del ser se convierte entonces en cobijo. DENSAS sombras en lugar de aire, geometría

DENSAS sombras en lugar de aire, geometría de espanto y baba negra, era veloz la pureza afilando los rostros hasta la calavera.

era veloz la pureza afilando los rostros hasta la calavera. NOMBRAR la realidad política de mi

NOMBRAR la realidad política de mi país con un lenguaje alejado de la costumbre, por ejemplo a través del lenguaje especializado de los forenses.

a través del lenguaje especializado de los forenses. ANTE el caótico ruido del mundo, siento la

ANTE el caótico ruido del mundo, siento la necesidad de centrarme en lo leve, lo sutil, lo aparentemente insignificante, aquello que no brilla y no es voceado por los vendedores al uso. La poesía de lo invisible.

por los vendedores al uso. La poesía de lo invisible. TÚ, el enamorado del mundo, el

TÚ, el enamorado del mundo, el gran cansado, apoya tu vida sobre mis labios.

(De Taxus baccata)

EL MUSGO EN LA BOCA I Primero la inquietud y el lenguaje, el enigma como

EL MUSGO EN LA BOCA

I

Primero la inquietud y el lenguaje, el enigma como punto de partida y llegada.

Está luego el testimonio de lo que se ve, el horror de lo

visto,

la repetición del tiempo del crimen,

el sucio lenguaje estratégico del capitán loco, la nave a la

deriva,

y el otra vez cómo narrar la pequeña calavera que rueda bajo la ventana, la sonrisa del verdugo.

Escribir este funesto tiempo que ya fue antes es enloquecer. Golpéate el rostro con tu pequeño puño y despierta, el mar devuelve a la playa las cabezas cortadas de las palabras, las vísceras de animales desconocidos, cuadros rotos, hachas.

Donde estuvimos otra vez estamos, la nuestra es una historia de fantasmas.

II

El tiempo, como un instante de musgo, húmeda la tierra dentro de las bocas de los comensales, como si fueran gruesos topos excavando en la noche, exponiendo su ceguera como garantía dialéctica de su nada.

Y siempre, siempre, el desconocido muerto sobre la mesa,

su desamparo en medio de las viandas, los licores y el humo de los puros.

El testimonio de los forenses parece un pequeño tratado

surrealista

al estilo Marcel Duchamp.

La invisibilidad del muerto se firma ante notario, los diccionarios callan. La vida sigue indigna escribiendo la sacrosanta historia a nivel de los establos.

Veo el futuro reflejado en los asnos mi querido Sherlock

Holmes,

el tiempo es un rebuzno pero no me rindo,

yo al muerto le conozco y gritaré su nombre, tendrán que ver los comensales el cadáver ahí, despojado de todo junto a nuestros platos, nuestras cucharas, y nuestra falta de misericordia.

(Inédito)

DIARIO DE UNA ESCRITORA Sólo con pensar en escribir se agota, y sin embargo es

DIARIO DE UNA ESCRITORA

Sólo con pensar en escribir se agota, y sin embargo es lo único que desea, pero tiene serias dudas de si escribir refleja el vivir, a menudo cree que no, otras que sí y vuelta a empezar.

Ella por lo general entiende, entiende muy pocas cosas, la mayor parte del tiempo transcurre volátil, la cabeza como un golpe de tiza, la escritura muda, va por la calle como recién venida. No sabe vivir.

Tras cada impacto hay un instante agudo sin nada dentro, luego es la ferocidad y el cansancio y el preguntarse siempre cómo narrar, como si fuera posible dejar constancia de lo apenas entrevisto, del curso precipitado de las cosas, de la presencia fantasmal del asalto, del extraño latido del pequeño corazón desconocido.

No le gusta jugar en espacios inmaculados, ni que el nudo resista las soterradas sacudidas de la cuerda. El gesto de escribir es para ella, en primer lugar un salto en el vacío.

La intensa significación de la expresión, la agitación de las palabras, eso sólo se consigue furtivamente.

A veces a ella le parece caminar hacia atrás, desatender lo aprendido, sembrarse en batallas perdidas de antemano, alimentar el delirio, vivir el poema en lugar de escribirlo.

Miguel Casado

Miguel Casado

Miguel Casado (Valladolid, 1954)

Es autor de una amplia obra poética, crítica y de traducción. Como poeta ha publicado: Invernales, La condición de pasajero, Inventario (Premio Hiperión), Falso movimiento

o La mujer automática. Su último libro hasta ahora es

Tienda de fieltro (2004); en 2006 aparecieron sendas antologías de sus poemas en Uruguay (Para ordenar los

plurales) y Francia (Théorie de la couleur). Su escritura crítica se recoge en las ediciones de Antonio Gamoneda

o José-Miguel Ullán, y en volúmenes de ensayo como La

puerta azul (Las poéticas de Aníbal Núñez), Del caminar sobre hielo, La poesía como pensamiento, El vehemente, el ermitaño (Lecturas de Vicente Núñez), Ramón del Valle- Inclán, Archivos (Lecturas, 1988-2003) y Los artículos de la polémica y otros textos sobre poesía. En 2006 se publicó Deseo de realidad. Sus traducciones más recientes son la edición bilingüe de La soñadora materia de Francis Ponge (2006) y la Obra poética de Arthur Rimbaud (2007).

PIERROT LE FOU Jean-Luc Godard, Pierrot le Fou. Hay una línea recta en el mapa

PIERROT LE FOU

Jean-Luc Godard, Pierrot le Fou.

Hay una línea recta en el mapa que une este punto y el mar; por ella circula un tren con las ventanas encendidas, constantemente circula, cruza el puente sobre el estuario hacia el sur, hacia el norte cuando cae el día.

El viaje en camisa con esta fiebre inconsciente era como un comienzo, no era el final de una época. Al atardecer salieron nubes rosáceas, flotaban encima del lago. Entre los objetos, una malla compacta y pegajosa, hilos no se ven, sed, espacio imposible.

En la cuneta, una balanza vacía, los platillos descentrados, mohoso el seguro que ha de soltarse para conocer el peso.

Latas agujereadas se apilan en la pared de la gasolinera. Hemos abandonado el coche, corremos entre los surcos sin sembrar, sobre las piedras agudas de la vía, traviesa a traviesa, resbalamos en el metal de los raíles. O arrojan las piedras, se apilan luego en un rincón, crían despacio telarañas.

Algo desnudo y sin perfiles habita aquí, en esta casa oculta, inquietud de días. Ojos brillan en el sueño, remueven pasión, arañazos de yeso. Tras las cristaleras no hay memoria. No hay palabras que duren todo el tiempo en que hiere la caricia. La mirada se teme y se desea, pasos al otro lado de la puerta como quien espera un mensaje.

Cerveza y ensalada de pescado con salsa blanquecina en cuenco hondo. Atardece sobre el recodo entre iglesias, las casas están doradas, se entornan persianas provenzales. Bromeo porque me siento

intruso en este ambiente de frontera, donde el límite es leve, aquí mismo, al alcance de la mano. No supe si alegrarme de que nunca dijeras que estaríamos sentados aquí para siempre. O llorar. El vértigo es incomprensible desde fuera del vértigo.

Viento sobre las rocas, el oleaje impide seguir la pesca; sentado en el suelo espero, grumo de codos y rodillas. Velozmente un tren se despeña ante mis ojos; el reflejo de las ventanas, mientras en línea recta va hundiéndose.

Es el retorno de la lógica a estos espinos, aunque su elección de lugar sea ambigua. A qué lado del sentido, al final de qué trayecto, con qué gusto en los labios. Atadijo de dinamita, desembocadura.

(De Inventario)

LA MUJER AUTOMÁTICA Edward Hopper, Automat , 1927. Albert Camus, L’étranger , I.5. El sombrero

LA MUJER AUTOMÁTICA

Edward Hopper, Automat, 1927. Albert Camus, L’étranger, I.5.

El sombrero es una campana que la fija a la mesa; cierra las rendijas de aire, la fija a la mesa. Cuanto más redonda, blanca, encendida de luz está la mesa, más se encoge. Se absorbe. Sin mover los labios, que no la miren: una esponja húmeda va pasando por los rincones, con cuidado, limpia cercos de líquido. No retiene nada con los ojos, resbalan, no se para en nada con los ojos.

Las letras, el pequeño anagrama se emborrona en el plato, el surco de café, el montón de colillas. Hasta el borde apura, hasta el filtro naranja que apaga el fuego. Caramelos de menta, al vapor, los más agudos. Más cigarros.

La taza vacía, hace mucho. Fijeza no es concentración. Campana no es dentro; entre la piel y el aire, espacio de campana. Silencio no son ojos, el silencio no piensa.

Cuando va al wáter, tropieza con las sillas apretadas, los grupos se reúnen para el desayuno. Triple hilera en la barra, en las mesas no hay sitio para tantos platos. Ahora son operaciones usuales:

bola de papel, borde de la taza, tiras de papel, perímetro. Entra por detrás una corriente, se oye su roce; fría en la nuca, grisácea de callejón.

La mesa tiene estelas grises de ceniza arrastrada un punto en que al perderse de todo se pierde de sí. Ritmo del pájaro esquiador:

cierra las alas junto al cuerpo como el esquiador poco antes del salto, junta las alas al cuerpo;

se mantiene en el aire con su cresta pequeña.

(De La mujer automática)

el aire con su cresta pequeña. (De La mujer automática ) PASTRANA. TAPICES DE ALFONSO V

PASTRANA. TAPICES DE ALFONSO V DE PORTUGAL

Los surcos de hilo tiemblan en los ojos, la superficie se cuaja de ondas, las caras sin fijeza, tan distintas de la pintura: y al tiempo, como por contagio, no consigo recordar los personajes en los paneles de São Vicente de Fora, sólo la sensación de la mañana, su quietud de ventanas verdes. La carne de los héroes se deshila. Cuando Alfonso ganó esta batalla africana, encargó los tapices para que le acompañaran siempre; materia portátil de la gloria, los perdió en la batalla de Toro –lo imagino allí, desde el alto mirador sobre la vega del Duero, como cuando veíamos el río desbordado. Perdimos entonces nuestra oportunidad de otro ser, pero el botín se arrincona sin símbolo

en los muros de la iglesia. El guía murió hace ocho meses

y

su viuda ha estudiado las edades

y

los reyes y los mezcla en una masa

donde sólo se distingue a la mítica princesa pirata y la habilidad de la mano con la aguja –cada persona cosía un metro cuadrado. Los ojos patinan en un impulso que no para, resbalan ahora por las olas picudas el azul alineado en rizos, las flores de los jardines, la trenza vigorosa, triangular, de las naves, las cestillas coloreadas de los vigías, la carne de los héroes se deshila. Pienso en algunos amigos del otro lado, que los invito aquí, a compartir la estúpida rabia, el brote de la ira; pero me detengo luego en los moros de Tánger, con sus fardos

y sus niños al hombro, abandonando en tropel sus casas, dejando que se luzcan los elegantes jaeces de las bestias, que la epopeya se trame en hilos. Unos entran por una orilla del tapiz y buscan otros la otra, quizá hacia campamentos del desierto, como hoy la gente de telas azules

y ojos brillantes, los que entre arena

añoran su arena. El rácor de tanto trajín,

textura de la vida, cadena de los nombres huecos: castellanos, portugueses, rifeños, saharauis; éste es el optimismo de Nuno Gonçalves, dibujó en los pendones rojos la rueda de la fortuna rodeada de lágrimas, pero el azar es de la ira. Subimos titubeando una ladera, apoyando a veces en el suelo la mano, hacia las cuevas de los eremitas; nos mostramos el camino y la agilidad de las ovejas, la del burro que conduce el pastor. Desde arriba, las hileras de casas, las angostas ventanas medievales, los vanos negros, huertas y árboles hasta el embudo de lomas. Ya no tienen los condes palacio ni los recogidos monasterio y tú hurgas en los surcos como arqueóloga de la realidad, hay un túnel del que brota el agua.

(De Tienda de fieltro)

EL AIRE

EL AIRE En la zona más arenosa del camino, aún estaban tus huellas, esa suela de

En la zona más arenosa del camino, aún estaban tus huellas, esa suela de pequeñas pinceladas, corral de animalillos benéficos. Y el árbol de ramas amarillas, acolchado de líquenes. Jugaba a oír tu voz, hablaba contigo de las hojas de almendro sobre el hueco del tronco quemado. Y vi volar allí donde nombraste la estepa dos golondrinas.

Lo llamo el aire

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