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En 2011 más precisamente el 11-11-

 

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realiza una sublime exposición a la

PRIETO

Del mal alumno al buen aprendiz

N o es mi intención hacer una biografía de Car-

los Prieto, pero para quienes no lo conocen

debo contarles mínimamente que nace en

Palma de Mallorca en noviembre del 87. Es el menor de cuatro hijos y desde los 16 años su vida cambió. Actualmente tiene 24 años así que podemos decir que, cronológicamente hablando, no ha pasado tanto tiempo; pero si ese tiempo lo trasladamos a

su obra se trata de otra manera de transcurrir.

En su currículum tiene en su haber varias exposi- ciones en Palma, tres exposiciones en Murcia, un

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exposi- ciones en Palma, tres exposiciones en Murcia, un 26 viaje a París donde se instala

viaje a París donde se instala por casi un año. Un acontecimiento que marca un antes y un después en su trazo.

A su regreso, en junio de 2007 expone en el Casal

Balaguer, Círculo de Bellas Artes, su colección de obras titulada “París”.

Poco después viaja a Nueva York, y Harlem será

el lugar donde tendrá su taller y su hogar por unos

nueve meses. De vuelta en la isla, en noviembre de 2009, expone en la Granja de Esporles, donde Ma-

rio Conde presentará sus cuadros, y la respuesta que tuvo del pú- blico verifica aquella aceptación que había tenido dos años atrás.

Pere A. Serra, uno de los coleccionistas de arte más importantes de España, adquirió una obra suya para el fondo del Museo de Arte Contemporáneo de Can Prunera, y uno de sus murales más emblemáticos fue adquirido por la princesa Diana de Francia para su palacio, Althausen.

En 2010 se le encarga un mural para el Palacio de Yves Saint Laurent, en Deauville, donde vibra su singular homenaje a He- mingway.

que llamó Días de vino y rosas”, don-

de recibe a un millar de personas en la alfombra roja que se despliega para ese evento, en la calle Ca’n Danús de Palma de Mallorca.

Un

bodegas Macià Batle como pintor re- velación.

para las

mes después, etiqueta

Actualmente, junto con la dirección artística de Martín Garrido está orga- nizando un evento único en Palma que albergará, a fines de marzo, a cente- nares de personas en la Sala Mozart del Auditorium. Una inyección de arte para Palma.

Fin de la biografía. Ahora bien, ¿qué nos dice el artista más allá de su cu- rrículum? Porque digamos que este joven mallorquín que apenas roza el cuarto de siglo tiene cosas para de- cir…

Su obra transmite un clasicismo tal que cautiva, y el artista una ética que escapa a todo prejuicio epocal. No lo digo solamente por su corta edad, sino por lo que intenta decir de su posición respecto del arte que se pretende “hi- permoderno”: ese que deja al artista en el lugar de alumno eterno, el que en todo caso será siempre, como opina Prieto, “menos malo que el profesor, quien en definitiva es el que tiene la voz de la razón”. Un personaje -el pro- fesor- que no se lleva nada bien con Carlos ni con su estilo, ya que siempre se ha reconocido como un “mal alum- no”, lo que no le impide considerarse un “aprendiz”. Interesante diferencia.

Cuenta que vive de su arte desde los

17 años, y que se vincula con artistas

que lo doblan en edad, sin que de es- tos pueda decir que hayan sido sus profesores. Le divierte jugar con esta imaginería que se arma respecto del artista detrás de la obra: que la gente que no lo conoce crea que es “un tío de 60 años, tuerto, sin dientes y depra- vado…”, y que luego se sorprendan al conocerlo y encontrarse con “alguien joven y físicamente normal”.

- vado…”, y que luego se sorprendan al conocerlo y encontrarse con “alguien joven y físicamente

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A r t E George Meany. The Time Magazine. Las mujeres de Prieto. “Para mí la

George Meany. The Time Magazine.

A r t E George Meany. The Time Magazine. Las mujeres de Prieto. “Para mí la

Las mujeres de Prieto.

“Para mí la mujer es muy importante y físicamente necesaria en la pintura; y la realzo metiendo pocas mujeres. Demasiadas mujeres no hacen una mujer. Menos mujeres, más protagonismo”

El acontecimiento Coronado

“Yo soy pintor por un cambio de residencia”, dice Prieto. Se mudaron de casa justo cuando él tenía que empezar el bachiller, a los 16 años, y como no le gustaban las mate- máticas, la única orientación escolar que no contemplaba esa materia era la artística. “Era un vago, estudiaba para aprobar… hasta les decía a mis compañeros que me hicie- ran los trabajos. La liaba un poco en el bachiller. No sabía qué quería hacer aún…”.

“Un día traje a mi casa el trabajo de fin de año. Estaba un amigo de mis padres, Manuel Coronado. Se acerca a mí, coge el dibujo y ante mi sorpresa me dice que si se lo firmo, me lo paga. Le comentó a mis padres -sin que es- cuchara yo para que no se me ‘suban los humos’- que era un genio dibujando, ¡y para mí era una puta mierda lo que había hecho! Él era uno de los descubridores de Barceló, y yo le causé esa misma sensación… Me llevó a su taller, viví un tiempo con él, un período muy particular, para mi fue un cambio de vida total”.

Murcia: la sorpresa

Sus inicios como pintor lo refiere a esos 3 años con Coro- nado, período en que expone en Palma y en Murcia. toda su obra fue vendida. “Todos decían que era maravilloso, yo no”. Luego se mudó con su familia a una casa más grande, para que él pudiera tener su taller. En ese momento “pinta- ba abstracto, pero no tenía mi sello. No levitaba”.

París: un antes y un después

Es en París, y con lo que allí se encontró, que puede de- cir que dejó la pintura abstracta y empezó a levitar. Esa experiencia, en París, claramente ha marcado un antes y un después en su corta pero intensa formación artística. “Debo todo a París”. Aunque luego dirá que fue una mujer

la causa de tal aventura: “Me fui a París por una mujer, mi

novia en aquel momento”.

Ella le propone un verano irse a París, y en octubre Carlos decide viajar. Los padres de su novia eran sus clientes, y

le ofrecieron un lugar en los Campos Elíseos para alojarse.

Aquí confiesa que él podría haber vivido de otra manera, más ostentosa si se quiere, pero que él eligió otra cosa. Vivir París, a su manera, aunque le costara soledad. Aun- que esa relación con esa mujer termina, la propuesta de quedarse allí sigue en pie.

Y Carlos, sin saber el idioma, pasa allí casi un año, sufrien-

do por no poder compartir lo que estaba viendo y vivien- do. Es en esa soledad que termina introduciéndose en la lectura de la vida de los parisinos del 1900, como Degas, Lautrec, Picasso, Modigliani y otros, que cada vez más lo cautivaban a la vez que lo sumían en una soledad a la que se terminó acostumbrando, y que luego se le tornaría indispensable para poder pintar, lo que empieza a hacer recién pasados dos o tres meses después de haberse ins- talado en París. Ahí nace su trazo, en esa relación íntima con los artistas parisinos que se había animado a descu-

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con los artistas parisinos que se había animado a descu- 28 Las mujeres de Prieto. Las
con los artistas parisinos que se había animado a descu- 28 Las mujeres de Prieto. Las

Las mujeres de Prieto.

que se había animado a descu- 28 Las mujeres de Prieto. Las mujeres de Prieto. “Ahora

Las mujeres de Prieto.

“Ahora sí, disfruto cuando pinto. Aunque para crear se necesita un sufrimiento por detrás. Necesito vibrar de manera dramática… hay un poco de juego en eso…”

brir. Más allá de que se hable de una evolución de su obra, él más bien sitúa algo del orden del encuentro. “Ahí creo que empecé a ser pintor”.

Expuso en Palma todo lo que había producido en aquella estadía. “Ahí la gente me empezó a conocer”; una acepta- ción que a muchos puede enceguecer, pero que él, tenien- do la guía y orientación de su padre, se mantiene siempre con los ojos bien abiertos y, sin creérsela, fiel a su estilo, va a por más. Así, evita el aplastamiento y la comodidad que tantas veces seduce al artista en su posición.

Nueva York: ¿una decepción?

“Me fui a Nueva York para contrarrestar las dos ciudades, las dos sociedades, quería vivir lo mismo que en París…”. Pero no encontró mucho, más allá de que tenía otro ta- ller, más grande que el de París, con más comodidades a pesar de vivir en Harlem, y confiesa que lo decepcionó un poco. Aún así, pasó otro año allí y confiesa: “regresé por una mujer, no podía estar sin ella”. Se refiere a una ex novia; una mujer, otra, a la que considera que ha sido “muy necesaria en su vida”.

De vuelta en Mallorca hace una exposición y vende todo. Dice Prieto que es algo de lo que no se puede quejar, su pintura vende; pero él no quiere ser simplemente “un ven- dedor de cuadros”: él quiere renovarse, seguir en esa evo- lución que para nada ha llegado a su fin, sino de la que él mismo se considera un continuo aprendiz.

La mujer como icono

Las mujeres son para él “necesarias” no sólo en su vida, sino también en su obra. Prieto considera a la mujer como un icono. El espectador desprevenido solo verá “borra- chos y putas”; pero hay una historia ahí, en cada uno de sus cuadros. “Yo soy muy transparente en mi pintura, no hay una metafísica, lo que ves es lo que hay”, un dinamis- mo singular en esos burdeles que pinta, en la “decadencia poética del siglo pasado”.

En la escena siempre la protagonista es la mujer. “Realzo

a la mujer, y mucho hombre alrededor. Para mí la mujer

es muy importante y físicamente necesaria en la pintura;

y la realzo metiendo pocas mujeres. Demasiadas mujeres

no hacen una mujer. Menos mujeres, más protagonismo. Ella hace reproducir todo lo que sucede alrededor, y la tía está a lo suyo. Es como que al principio solo me salía sin

querer, pero al fin y al cabo todo lo que la mujer toca, todo

lo

que toca en su ecosistema, su alrededor, varía… ella es

la

protagonista”.

Si bien las mujeres son el centro de su obra, vestidas o desnudas, jamás apunta a la obviedad de lo obsceno, sino que define su pintura como “insinuante”.

Su “evolución” como pintor

“Yo soy mi primer crítico, yo sé cuándo un cuadro va a tener éxito y cuándo no…”. Prieto opina que “cuesta re- conocer al artista si no tiene dos décadas de experiencia.

y cuándo no…”. Prieto opina que “cuesta re - conocer al artista si no tiene dos

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A r t E Porque uno suele repetirse… no porque vendas muchos cuadros serás un buen

Porque uno suele repetirse… no porque vendas muchos cuadros serás un buen artista ni porque pintes mucho ven- derás más…”. Se trata de otra cosa.

De su “evolución” dice que “el último cuadro mata a todos los demás”, y que de sus 150 cuadros “no hay uno igual a otro”. Aunque haya una evolución, en su caso se trata de una evolución muy vertiginosa en el sentido de que “entre el penúltimo y el último cuadro parece que en medio hu- biese pintado cuatro… ”.

“Realmente yo pinto sin saber… y una vez pintado busco qué se ve… pienso que los personajes de mis cuadros son diferentes al entrar y al salir del bar. Por ahí es gente muy jodida que se pone a beber con desconocidos, y ahí es otro… la mano del personaje dice mucho del pintor, es aún más importante que el gesto”.

De su trazo dice “esto me sale porque sí. Hago lo que para mí es estéticamente correcto, funciona y me gusta, y fun- ciona estéticamente porque no es perfecto”.

Se encarga eficazmente de diferenciar la estética de la técnica. “Pinto lo que me gusta ver, o lo que me gustaría

ver, o lo que vi; la técnica está relacionada con lo académi- co, yo técnica académica ‘cero’, afortunadamente…”.

“La técnica es fundamental para alguien que no tiene ta- lento. Yo no sé dibujar un hombre perfectamente en cuan- to a las proporciones, y a lo mejor un profesor te dice que tienes que hacerlo así, si no, no pintas. Yo creo que de las academias de arte sale un número que son muy buenos pero siempre menos malos que el profesor. Y eso te lleva a no tener una personalidad única como pintor. Por eso los profesores se llevan mal conmigo”.

“Ahora sí, disfruto cuando pinto. Aunque para crear se ne- cesita un sufrimiento por detrás. Necesito vibrar de mane- ra dramática… hay un poco de juego en eso…”. Un drama que conlleva sufrimiento, veneno, autocastigo, amor-des- amor… “Y parece que lo único que te llena es estar solo, pintar en soledad”.

Si bien Prieto añora París, hoy está aquí, en Mallorca, mos- trando su arte en la isla, dejándose ver, desprendiéndose, ya sin sufrirlo demasiado, de su obra, para poder seguir inscribiendo la actualidad de su trazo…

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poder seguir inscribiendo la actualidad de su trazo… 30 ARTE Y PSICOANÁLISIS Betina Ganim Lic. en

ARTE Y PSICOANÁLISIS

la actualidad de su trazo… 30 ARTE Y PSICOANÁLISIS Betina Ganim Lic. en Psicología (UNLP, Argentina)

Betina Ganim

Lic. en Psicología (UNLP, Argentina) Psicoanalista

¿Existe una relación entre Arte y Psicoanálisis? Efectiva- mente, sí. Pero hay muchas maneras de abordar y pensar este vínculo, entre dos disciplinas que al menos tienen un punto en común fundamental: el haber sido históricamen-

te apartadas del campo de la ciencia.

Jacques Lacan recuerda a modo de preámbulo en una Conferencia que da en 1953, en los inicios de su ense- ñanza en psicoanálisis, que esta es una disciplina que tiene una posición particular en el conjunto de las cien- cias, quedando el psicoanálisis situado más del lado del arte, en una especie de clasificación por descarte: si no es ciencia, es arte. Ahora bien, lo interesante de esa Con- ferencia es que Lacan ubica al psicoanálisis del lado del arte solo si lo entendemos como el sentido que le dan las artes liberales de la Edad Media, esas artes que se carac- terizaban por poner en primer plano la relación esencial con la medida del hombre; esa relación interna del hombre consigo mismo, pero en tanto está atravesado por la pa- labra y el lenguaje.

Esta operación, siempre, en ese mismo atravesamiento, deja un resto imborrable. Ese es el vacío estructural que el que el artista y el analista comparten, y con lo que tienen que operar: ese vacío donde se aloja el objeto.

Lo que me interesa plantear respecto de esta conferencia,

fechada en la mitad del siglo XX, es que Arte y Psicoaná- lisis comparten algo aún más importante en el siglo XXI.

Y es en ambas que se trata de la apuesta a una invención

singular, a un saber hacer con ese resto.

Hay que decir que algunas de las interpretaciones que se

han hecho de la relación Psicoanálisis-Arte, tienen que ver con lo que en un principio Freud hizo con la obra de Leo- nardo Da Vinci. Claro que esto llevó a múltiples desvíos pretendiendo hacer de esa enseñanza un “Psicoanálisis del Arte”; o bien una aplicación excesiva del psicoanálisis

al arte, ese exceso en interpretar la obra y el autor al punto

de hacer con ese análisis casi un diagnóstico psicopato-

lógico.

Esta relación entre Arte y Psicoanálisis da también lugar

“Lacan (re)tocado”. Ilustración por la autora

Otra posible lectura, que es la que intento proponer esta vez, es aquella que lleva a abordar esta relación entre Arte y Psicoanálisis planteando al Arte como un cierto modo de organización alrededor de un vacío.

Al menos en la enseñanza de Lacan no se pretende que se perciba lo que el artista o la obra reprimen. Es decir, no se trata de aplicar el psicoanálisis al arte. Fundamentalmente porque el psicoanálisis, si se aplica a algo, en todo caso, es al malestar del sujeto -lo que no quiere decir que sea solo eso, no se reduce a una tera- péutica.

En su homenaje a Marguerite Duras, Lacan dice que el ar- tista le lleva la delantera al psicoanalista; que este debe aprender de aquel, aprender de ese camino para guiar a su analizante a alcanzar su propio camino, aceptando el vacío y a la vez encontrando un plus de goce en esas di- ferentes pérdidas y rupturas que ha sufrido a lo largo de su vida. Como en un analizante, siempre hay un plus de goce en la producción de un artista.

Es el Arte el que se aplica al Psicoanálisis. En cualquier caso, la obra y el artista interpretados hicieron percibir lo que la teoría psicoanalítica desconocía: ese vacío inau- gural. Eso que nunca podrá ser llenado. Ahora bien, esto lleva a dos caminos: quedarse en esa posición melancó- lica frente al vacío, o que cada uno en su particularidad encuentre un saber hacer con eso. Es decir, una invención.

El Arte no es Todo el Arte, sino que es una ficción propia de cada artista, su propio trazo. Su invención, nada más y nada menos que la invención de un Nombre Propio, el del artista que firma la obra.

a

una lectura muy actual y arraigada culturalmente que

En este sentido ¿Hay “movimientos artísticos”? ¿O lo que existen son singularidades y en todo caso pueden, o no, responder a una tendencia de la época?

Por Betina Ganim

es tomar al arte como algo del orden de lo terapéutico. Más bien del lado de la sublimación. Hay muchos trabajos orientados en estas cuestiones y tienen sus eficacias.

   

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