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REFLEXIONES SOBRE DESARROLLO SUSTENTABLE DE LAS FAMILIAS DE PEQUEÑOS PRODUCTORES RURALES ARGENTINOS Documento de trabajo

REFLEXIONES SOBRE DESARROLLO SUSTENTABLE DE LAS FAMILIAS DE PEQUEÑOS PRODUCTORES RURALES ARGENTINOS

Documento de trabajo de las instituciones contrapartes de Misereor y Pan para el Mundo en Argentina

PRÓLOGO

Junio 2002

Carlos A. Chiarulli Martín Simón Horacio Machado A. Gustavo Soto Carlos José Vigil

El presente documento es el resultado final de un proceso de reflexión sobre desarrollo rural

El presente documento es el resultado final de un proceso de reflexión sobre desarrollo rural sustentable, que duró aproximadamente cuatro años, realizado por las instituciones contrapartes de Pan para el Mundo y Misereor en Argentina.

El diálogo y la reflexión abordó enfoques, estrategias y experiencias de desarrollo rural sustentable de las familias de pequeños productores en la Argentina. Es conveniente aclarar en este punto que el documento refiere a productores que ocupan y hacen uso de la tierra, no así a trabajadores rurales totalmente proletarizados.

Se trata de un documento formulado desde la percepción y experiencia de las instituciones que lo generaron. No busca ni pretende ser la voz de los campesinos.

Si pretende, ser una plataforma conceptual y metodológica que determina nuestras posturas sobre desarrollo rural sustentable, orientativa para los programas institucionales en terreno y definitoria frente a las agencias de financiamiento u organismos gubernamentales.

El proceso de reflexión fue acompañado por un proceso de diálogo interinstitucional a través de sucesivos talleres, lo cual, permitió ir consensuando las ideas aquí desarrolladas. En marzo del 2000 –al cierre de los talleres- se decidió encomendar a un equipo integrado por los autores, la redacción de un documento base. Este documento fue corregido y enriquecido en un nuevo taller en octubre del 2001. Con dichos aportes llegamos a este documento final consensuado.

Por último, para que ésta búsqueda de la sustentabilidad logre continuidad en nuestras prácticas cotidianas, se ha constituido una mesa de trabajo integrada por las instituciones a las que pertenecen los autores. Esta mesa toma a su cargo el seguimiento de las actividades que se desprenden de los conceptos.

A todos aquellos que lo hicieron posible, muchas gracias.

Los autores

CAPITULO II

CAPITULO II LA SITUACIÓN DE LAS FAMILIAS DE PEQUEÑOS PRODUCTORES O CAMPESINOS ARGENTINOS ES PRODUCTO DE

LA SITUACIÓN DE LAS FAMILIAS DE PEQUEÑOS PRODUCTORES O CAMPESINOS ARGENTINOS ES PRODUCTO DE UN PROCESO HISTÓRICO:

La situación en que se encuentran las familias de los pequeños productores rurales o campesinos criollos 1 argentinos (también los aborígenes, aunque en este documento no se tratará específicamente sobre ellos), tiene sus causas en un proceso histórico que comienza prácticamente con la Colonia pero que va adquiriendo características más definitorias desde mediados del siglo XIX. Y si bien por la naturaleza y objetivos del presente trabajo no se pueden detallar extensamente las complejas razones que la explican es necesario referirse aunque sea brevemente a ellas para tener una mejor comprensión del fenómeno. Por eso en este capítulo trataremos de mostrar cómo se fueron conjugando los principales factores que determinan sus condiciones de reproducción social y actuales estrategias de vida. Por la ubicación de la mayoría de los actores involucrados en la presente reflexión, este análisis tiene principalmente en cuenta las realidades del norte del país (NEA y NOA), a las que aquí nos referiremos en sus aspectos más generales y abarcativos ya que en las distintas zonas hubo y hay diferencias importantes que los diagnósticos particulares deberán descubrir y explicitar.

1. El modelo agroexportador:

Desde el siglo XIX se impuso en el país un modelo de producción capitalista agroexportador que determinó la existencia de ecoregiones centrales y marginales.

Desde que la organización nacional y la situación del contexto posibilitaron la inserción del país al sistema internacional, dos realidades contrapuestas fueron tomando en el ámbito rural argentino un perfil cada vez más nítido: la agroganadera que converge al puerto de Buenos Aires, asociada a un sector comercial exportador; y la del resto del país que, aún con variantes, sufre un histórico decaimiento y va quedando (hasta ahora) sujeta a las condiciones que le impone la otra. La primera tiene su espacio en la región pampeana- litoral 2 ; el resto, 80% de la superficie del país, en diversos ecosistemas de lo que genéricamente suele llamarse “el interior”.

En efecto, en las últimas décadas del siglo XIX el país realizó un esfuerzo considerable para adaptarse a las condiciones internacionales, buscando su crecimiento económico. Crecimiento que, considerado en el corto plazo y especialmente en términos de infraestructura, población y aumento del producto, efectivamente se dio. Pero a costa de dilapidar los recursos disponibles, subordinarse a intereses externos y postergar grandes zonas. La inserción internacional se produjo en el marco de una creciente concentración industrial en Europa Occidental y los Estados Unidos y el establecimiento de una división

1 En este documento utilizaremos indistintamente y como sinónimos las expresiones pequeños productores y campesinos.

2 También llamada Pampa Húmeda, es una llanura de 60 millones de hectáreas delimitada hacia el oeste por la isoyeta de 700 milímetros anuales y hacia el norte y sur por los cambios de temperaturas (de templado a subtropical o frío), que abarca las provincias de Buenos Aires, centro y sur de Santa Fe y Entre Ríos, sur-este de Córdoba y zonas del este de San Luis y La Pampa.

entre proveedores de materia prima y manufacturas que iría creciendo con los años; por lo

entre proveedores de materia prima y manufacturas que iría creciendo con los años; por lo que quedamos no solamente en condición de productores primarios sino además sometidos a la voluntad de los demandantes que imponían las condiciones.

Las tierras de la región pampeana-litoral eran especialmente adecuadas para el modelo elegido, que las solicitaba cada vez en mayor cantidad. La expansión de la superficie utilizable (o de la frontera, como se decía para diferenciar la zona en manos de los blancos de la que dominaban los indios), adquiere una fuerte dinámica a partir de 1870 y especialmente con la Campaña del Desierto de 1878-79 que lleva el límite hasta el Río Negro 3 . Mayor cantidad de tierras, que suben de precio notablemente 4 no tanto por un aumento de la productividad 5 como por la seguridad que daba el alejamiento del indio, la especulación y la construcción de infraestructura de transportes, consolidan la opción agroexportadora y a la clase propietaria local. Un factor importante fueron los ferrocarriles, tanto por su trazado (radial desde las zonas de producción agrícola hacia el puerto) como por la política de tarifas (preferenciales para productos agropecuarios; diferentes según el transporte fuera desde o hacia el puerto).

La opción fue pues claramente por un sistema capitalista extensivo y concentrado en pocos productos primarios para la exportación basado en la explotación de los recursos disponibles (mentalidad extractiva). Lo que significó asimismo una definición de áreas geo- económicas con profundas consecuencias para los habitantes de cada una de ellas: las aptas o viables con ventajas para la producción exportable y las marginales (o marginadas). Obviamente los privilegios fueron para las primeras, condenando a las demás a un papel subsidiario.

A lo señalado se agrega otro elemento. La consigna de Alberdi tomada por Sarmiento y sus sucesores (“Gobernar es poblar”) facilitó la llegada de 6.500.000 inmigrantes entre 1856 y 1932 convirtiendo a la Argentina en el segundo país receptor después de los Estados Unidos. Aunque un porcentaje se instaló en las zonas extrapampeanas, la mayoría se radicó en la pampa. Las ventajas fueron para los inmigrantes europeos 6 por sobre los de países vecinos y la misma población local, quienes nunca tuvieron iguales posibilidades. Esta es una de las razones por la que los pequeños productores argentinos criollos o de origen

3 La ley 947 (del 5 de octubre de 1878) autorizó una fuerte inversión de dinero destinada a conquistar las tierras que se extendían hasta la margen izquierda de los ríos Negro y Neuquen, la que se recaudó mediante la venta de títulos de tierras, especialmente en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba y San Luis y La Pampa. Si a la situación preexistente de concentración en pocas manos se agregan estas ventas y las donaciones efectuadas después de la Campaña del Desierto como compensaciones a los jefes expedicionarios, tenemos la explicación casi completa sobre la distribución de las tierras pampeanas en la Argentina de finales del siglo XIX.

4 El valor de las tierras tuvo un aumento sostenido desde 1850 hasta las primeras décadas del siglo XX en toda la Pampa (incluida la provincia de Entre Ríos), a pesar de las crisis en los precios de los productos agropecuarios, lo que indica su carácter de capital especulativo y explica tenencias improductivas sobre las que no hubo cargas impositivas que indujera a sus dueños a venderlas o ponerlas en producción.

5 De hecho, al detenerse el “avance de la frontera agropecuaria” se estancó durante muchos años (prácticamente hasta la etapa de “modernización”) el volumen de la producción, lo que indica que se estableció un sistema extensivo y de baja productividad.

6 La Ley 817 (19 de octubre de 1876, llamada “ley Avellaneda”, por su autor) estableció un régimen de fomento y facilidades para los inmigrantes y de colonización de tierras a cargo del estado y de empresas particulares que dio lugar a especulaciones y abusos, y cuyos resultados no fueron tan exitosos como se esperaba (ver Gastón Gori Inmigración y Colonización en la Argentina, Bs.As. 1964). La ley establecía que las colonias tendrían lotes de 100 hectáreas cada uno que se concedían a las familias ocupantes.

paraguayo y boliviano solamente pudieron asentarse en zonas marginadas en las que desarrollaron estrategias de

paraguayo y boliviano solamente pudieron asentarse en zonas marginadas en las que desarrollaron estrategias de vida y reproducción social que perduraron hasta que, en distintas épocas según las zonas, el avance “modernizador” les impuso su dinámica. Esas estrategias de vida y reproducción tenían básicamente las siguientes características 7 :

se basaban en una disponibilidad de recursos suficientes en calidad y cantidad para las actividades productivas predominantes;

la estrategia predial se orientaba a la producción diversificada de alimentos para autoconsumo y venta local de excedentes, generando mercados capaces de satisfacer sus necesidades;

había migraciones para trabajar (en tareas vinculadas a lo rural), masculina o familiar (en el caso de la zafra) pero de carácter temporal y complementando los ciclos de la economía campesina;

se utilizaba tecnología tradicional, de tracción a sangre y con alta demanda de mano de obra (de la que la familia disponía);

sus economías tenían una monetización parcial pero creciente, sobre todo en los grupos que se insertaron en tareas extraprediales vinculadas a las agroindustrias.

Pero es necesario remarcar que el productor o la familia campesina pura (que obtiene sus recursos exclusivamente del trabajo familiar en su predio) históricamente fue una franja pequeña del sector campesino en Argentina. Combinar ocupaciones prediales con extraprediales (de toda la familia o de algunos miembros) ha sido una característica impuesta por las condiciones estructurales. Respondía, por un lado, a necesidades propias de la gente para subsistir. Y por otro, a la conveniencia del sistema que mantenía de este modo mano de obra cercana, disponible para cuando la necesitara y con bajo riesgo. Este rasgo (convertido por los pequeños productores campesinos en estrategia de vida) es una de las diferencias del campesinado argentino con el de otros países. Igualmente y por los distintos modos de inserción que tuvieron en las dinámicas regionales, el sector no fue homogéneo sino más bien lo contrario; y hay que tener en cuenta las características diferenciales para comprenderlo. Esa heterogeneidad es a su vez progresiva, dinámica y se acentúa en la etapa de los ajustes estructurales que golpean fuertemente al sector.

2. Concentración espacial de la población:

El modelo agroexportador determina la distribución espacial de la población, que se concentra en la región pampeana-litoral y en las ciudades.

La pampa-litoral con su cabecera portuaria ejerció además una doble tracción centrífuga respecto del resto del país: de los excedentes o ganancias que se generaban fuera de ella, por lo que las zonas que las producían no alcanzaban los beneficios consecuentes (son ejemplos la ganadería de cría, las maderas, el algodón, el azúcar, o el tanino, todas producciones extrapampeanas). Y de la población del interior que migrará buscando trabajo y mejores condiciones de vida. Esta doble succión concentración, económico-financiera y

7 Adaptación de un cuadro de SILVETTI, Felicitas y CÁCERES, Daniel en Una perspectiva sociohistórica de las estrategias campesinas del Nordeste de Córdoba (Argentina).

demográfica-de mano de obra , fue en desmedro de las posibilidades de crecimiento de las

demográfica-de mano de obra, fue en desmedro de las posibilidades de crecimiento de las demás regiones y es determinante de la situación de pobreza del interior del país, reproduciendo hacia adentro relaciones centro-periferia similares a las que el sistema internacional de explotación de los países centrales produjo respecto de los periféricos dependientes.

La evolución de la distribución espacial de la población del país es, en este sentido, altamente demostrativa: progresiva concentración en la región pampeana-litoral y despoblamiento del interior; proceso de urbanización acelerado y escaso porcentaje de población rural. La evolución se puede ver en el cuadro que sigue:

Año

Cantidad de

% población radicada en la región Pampeana Litoral 8

% población radicada en región NEA 9

% población radicada en región NOA 10

% población

habitantes

rural sobre

total

1860

1.210.000

       

1869

1.737.000

53,4

7,4

28,8

71,4

1895

3.955.000

67,1

7,3

17,9

62,6

1914

7.885.000

73,6

5,9

12,6

47,3

1947

15.894.000

71,8

8,3

11,2

37,8

1960

20.014.000

71,7

8,1

11,0

28,0

1970

23.364.000

72,5

7,7

10,2

21,0

1980

27.947.446

70,7

8,1

10,8

17,2

1991

32.615.528

68,7

8,6

11,4

11,6

2000*

37.031.802

10,6

* proyección

A partir de 1970 se comienza a notar una disminución del crecimiento histórico de las aglomeraciones mayores de la región pampeana-litoral y del Gran Buenos Aires y menores migraciones desde el Interior. Es una tendencia todavía leve pero permanente. Ello no se debe a un aumento del poder de retención de las áreas marginales sino a que las condiciones de las receptoras empeoraron. Pero si bien las migraciones interregionales disminuyeron en intensidad, dentro de cada provincia o entre provincias vecinas pobres continúan los desplazamientos desde el campo y los pequeños pueblos hacia ciudades

8 Ciudad de Buenos Aires, provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe y La Pampa.

9 Provincias de Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones.

10 Provincias de Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, Santiago del Estero, Tucumán.

cercanas más grandes o hacia capitales de provincia, lo que se puede constatar real y

cercanas más grandes o hacia capitales de provincia, lo que se puede constatar real y dramáticamente en la agonía de las colonias y parajes rurales.

3. Tierras escasas y de inferior calidad para los pequeños productores:

La asignación de tierras en la región extrapampeana liquidó las de carácter público; profundizó el modelo capitalista de apropiación y explotación de recursos y excluyó a la mayoría de los pequeños productores, que quedaron con pocas tierras, de mala calidad y un alto porcentaje en situación de ocupantes precarios o con títulos deficientes.

Mientras el Noroeste fue ocupado tempranamente durante la Colonia y antes de las guerras de la Independencia habían florecido allí sistemas económicos regionales (Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja) 11 , en lo que se conoce como “espacio chaqueño” el proceso de ocupación por pobladores blancos fue más tardío y con características diferentes. Aunque existían ciudades sobre los ríos Paraguay y Paraná (Asunción desde 1537, Santa Fe de 1572, Corrientes en 1588) recién a mediados del siglo XIX hay avances hacia el interior del bolsón chaqueño que se van haciendo primero con los fortines, pequeñas guarniciones militares destinadas no solamente a ganar espacio sino a defender los poblados existentes; y luego por expediciones militares más a fondo 12 .

Una ley de 1862 estableció que la mayor parte de la región chaqueña era territorio nacional (haciéndola depender directamente del gobierno central sin tener el estatus de provincia) y diez años más tarde se creó el Gobierno del Chaco (primero con capital en Villa Occidental en las bocas del río Pilcomayo, y luego en Formosa cuando se delimita la frontera con Paraguay) que se extendía desde lo que actualmente es Reconquista (Santa Fe) hasta el río Pilcomayo y desde los ríos Paraná y Paraguay hasta límites imprecisos con Salta y Santiago del Estero.

En este período la asignación de tierras y el “poblamiento” se fue realizando por áreas concéntricas:

i) primero las perimetrales, a medida que avanzan los cantones y las campañas militares: por ejemplo Reconquista, Avellaneda, Timbó, Las Toscas, San Fernando (luego rebautizada Resistencia). En la actual Formosa: Colonia Formosa, Aquino, Monte Lindo, Bouvier, Puerto Pilcomayo. En Salta, Colonia Rivadavia. En Santiago del Estero la franja entre los ríos Dulce y Salado. Estas colonias con escasa población de familias inmigrantes al principio pero ubicadas en zonas altas y fértiles (abras del lomo subchaqueño, albardones y altos de la red fluvial), adquirieron valor económico y convocaron a nuevos pobladores conformándose zonas de parcelas medianas-pequeñas altamente explotadas.

11 Hasta las guerras de la independencia existía una fuerte vinculación económica entre el actual noroeste argentino, Bolivia, sur de Perú y Chile. El Alto Perú, rica zona productora de minerales, demandaba alimentos, fuerza animal y productos manufacturados que proveían Catamarca, La Rioja, Salta y Tucumán.

12 Sobre la historia de los primeros pobladores, sus penurias y la penetración blanca, ver: SILVA, Mercedes y otros: Memorias del Gran Chaco, Resistencia, Chaco, noviembre de 1997.

ii) Después de la campaña militar “contra el indio” de 1884 que llega hasta el

ii) Después de la campaña militar “contra el indio” de 1884 que llega hasta el centro de la planicie chaqueña 13 , se separan los territorios nacionales del Chaco y Formosa, comienzan a perfilarse los límites de esas actuales provincias, categoría jurídico institucional que adquirirán recién en 1950, y se inician las grandes asignaciones de tierras en la región. Algunos datos complementarios se pueden ver en el Anexo 1.

iii) en el corazón del Chaco quedaron aisladas las tierras que por dificultades de acceso o refugio de indios no eran apetecibles, en ese momento, para los especuladores y que en la jerga se las conoce todavía como “Del Fisco” o “Fiscales” (del estado). Desde entonces la zona se conoce como El Impenetrable.

El sistema de asignaciones y repartos liquidó las tierras públicas a manos de beneficiarios especulativos. La consecuencia es que actualmente hay pocas tierras fiscales en el norte del país y en provincias como Santa Fe, Tucumán, Corrientes o Misiones no queda prácticamente nada.

También determinaron asentamientos poblacionales dispersos, aislados, mal comunicados, sin servicios. En muchos casos la pequeña chacra tiene como vecino cercano o está dentro del latifundio. Las “colonias” planificadas son pocas y corresponden principalmente a las tierras asignadas a los medianos productores.

La falta de títulos legales en regla y la precariedad de la posesión son situaciones muy comunes entre los pequeños productores extrapampeanos, sea por vicios originarios (nunca hubo títulos legales) o de situaciones sobrevinientes. Esa precariedad suele estar acompañada en alta proporción por la indefinición y/o conflicto de límites. Giberti afirma, en base a datos de Censo Nacional Agropecuario de 1988, que más del 46% de las “explotaciones con límites indeterminados” (que son expresión de tenencia precaria) están situadas en las provincias no pampeanas más atrasadas 14 .

La precariedad legal de la ocupación los margina de las ventajas impositivas y crediticias (ningún banco les presta) de que gozan los demás y permite a los propietarios conseguir desalojos cuando por alguna razón la zona se valoriza (como está sucediendo en los últimos años en Santiago del Estero, Salta y Chaco por cambios en los regímenes de lluvias).

Para los pocos pequeños propietarios legalizados, el sistema de sucesiones (transmisión de derechos por fallecimiento del titular a sus herederos) e impositivo es una causa de pérdida de esa legalidad: su inadecuación y la imposibilidad de que la gente sencilla cumpla con las reglas introduce vicios en los títulos que provocan la caída o tornan vulnerables los derechos.

Tierras escasas, tenencias inseguras, carencia de servicios básicos y educativos, condiciones estructurales cada vez más difíciles inducen a la migración, especialmente de los jóvenes: salir del campo en búsqueda de mejores posibilidades. Con esas ilusiones de la ciudad prometedora deben enfrentarse los programas de promoción rural.

13 La ley 1470 otorgó los fondos necesarios para una expedición militar destinada a cruzar el Chaco en todas las direcciones, con punto de encuentro en La Cangayé, paraje próximo a la confluencia de los ríos Teuco y Bermejo.

14 GIBERTI, Horacio: Oscuro panorama ¿y el futuro?, en Realidad Económica n° 177, pág. 127. También advierte el autor que “el 69% del ganado caprino (el ‘ganado de los pobres’) se encuentra en explotaciones con límites indefinidos”.

4. Los pequeños productores fueron funcionales a las agroindustrias: Las agroindustrias regionales determinaron tipos de

4. Los pequeños productores fueron funcionales a las agroindustrias:

Las agroindustrias regionales determinaron tipos de producción, modalidades de inserción y dinámicas que condicionaron profundamente, tanto en su auge como con su transformación y crisis, la situación de los pequeños productores.

En algunos lugares del interior se consolidaron durante la etapa de inserción agroexportadora complejos agroindustriales importantes. Algunos habían nacido originalmente como alternativas económicas regionales autónomas, pero fueron asimilados al sistema dominante. Es el caso de Tucumán, las tierras húmedas del este salteño y del centro-este del Chaco. Aptas para el cultivo de caña, las oligarquías locales montaron a finales del siglo XIX (en el caso tucumano, sobre una tradición colonial), agroindustrias azucareras que crecieron con el favoritismo estatal. Construcción de ferrocarriles, apoyos financieros, excepciones impositivas y protección arancelaria les permitieron crecer y subsistir, pese a su ineficiencia, hasta hace menos de 40 años.

Sus principales consecuencias locales fueron un régimen de tenencia de tierras en el que coexistían grandes latifundios con minifundios de subsistencia estrechamente ligados y dependientes, pero a su vez necesarios y funcionales para el sistema; un monocultivo intensivo que fue incorporando progresivamente elementos de modernización y operando como “modelo” para muchos pequeños productores locales; una concentración demográfica mucho más alta que el resto de la región; una mezcla de estrategias de subsistencia y situaciones laborales para la gente (productores “atados” al ingenio, obreros del surco, obreros de fábrica, zafreros; en casos, asumiendo más de una función). Pero también tuvieron consecuencias regionales: especialmente la demanda de fuertes contingentes de mano de obra temporal que fue provista por familias campesinas de las provincias aledañas lo que modificó y afectó las estrategias de vida de autosubsistencia predial (por lo menos relativa) que tenían hasta entonces e hizo que fueran pasando hacia formas de descampesinización y proletarización crecientes 15 . Y cuando se produce la crisis del sector azucarero esos campesinos quedan en peores condiciones y con mayores indefecciones que antes.

Las agroindustrias del NOA asimismo demandaron leña para sus máquinas de vapor, provista por los montes santiagueños, chaqueños y formoseños, lo que provocó consecuencias ecológicas pero también económicas y sociales: el santiagueño, formoseño o chaqueño que alternaba el trabajo en la tierra con el hacha y el horno de carbón al cesar la demanda queda sin trabajo, pero con una cultura extractiva sustentada en el recuerdo de los tiempos en que “era posible vivir de esa manera”.

Algo similar a lo sucedido con el azúcar ocurrió con zonas tabacaleras, de hortalizas, vid o productos forestales, en las que se fueron estructurando diferentes cuencas geoproductivas en base a monocultivos industriales o la extracción de recursos naturales. Lo mismo con el algodón.

15 “A partir de allí los ciclos de la producción azucarera van a estar tan estrechamente entrelazados con las estrategias de vida de las familias de la zona que los sucesivos cambios experimentados en aquella van a implicar correlativos cambios adaptativos en las estrategias familiares. De tal modo podemos seguir el análisis de las trayectorias campesinas a partir de un intento de periodización basado en las sucesivas etapas por las que atraviesa la producción cañera tucumana”. Be. Pe., Diagnósticos externos. 1988. Análisis de la trayectoria de vida campesinas en los departamentos Río Hondo y Guasayán. Estrategias actuales.

En las primeras décadas del siglo XX comienza en buena parte de la región chaqueña

En las primeras décadas del siglo XX comienza en buena parte de la región chaqueña el llamado “ciclo del algodón”, que con sus crecientes rendimientos económicos desplazó otros cultivos y aceleró la destrucción del monte ya degradado por la explotación forestal. También en este caso el ferrocarril fue un factor puesto a su servicio: en Chaco la línea Barranqueras-Aviá Terai que se extiende hacia el noreste de Santiago del Estero; en Formosa la que atraviesa transversalmente la provincia.

El algodón provocó grandes movimientos poblacionales: se calcula que en las campañas entre 1925-35 ingresaron al Chaco un promedio de 30.000 braceros anualmente, con fuerte predominio de correntinos (70%) y santiagueños (25%). Algunos fueron quedando como ocupantes de pequeñas parcelas en “lotes fiscales” (lo mismo sucedió en el Este de Formosa y en el noreste de Santiago del Estero) y todavía hoy están luchando por obtener el título de sus tierras. La población aumentó notablemente 16 . También llegaron europeos (italianos, polacos, yugoslavos, búlgaros, etc.) que se instalaron especialmente en zonas cercanas a Sáenz Peña, Villa Ángela y Charata; pero que no son tantos como la leyenda de “la gringa o el gringo chaqueño” podrían hacer suponer. En cambio fueron muchos los paraguayos. Esta diversidad étnica dio origen a culturas locales diferentes que hay que tener en cuenta para comprender la realidad de la región 17 .

Las crisis del algodón y los procesos de modernización (sobre todo en la década del 90) que para el sector pasaron por la mecanización de la cosecha y la tecnología de los módulos compactados de fibra bruta, colocó en situación aún más crítica a los pequeños productores, tanto en relación a la producción de sus predios (de los que continúan siendo tenedores precarios) como a la posibilidad de trabajar como cosecheros. En el sistema actualmente

16 El aumento de la población chaqueña es notable a partir de 1930 y comienza a perder población desde los años

50:

Año

Cantidad de población

1905

21.157

1912

43.002

1922

60.564

1935

276.343

1947

430.555

1960

543.331

1970

566.613

17 Bruniard sintetiza claramente la situación para el Chaco:

“La encuesta realizada durante la campaña algodonera 1939-40 muestra que de los 55.000 braceros entrados en la provincia del Chaco, 25.000 provenían de la vieja área agrícola-ganadera del noroeste de Corrientes, 25.000 del área de influencia de los ferrocarriles de Santiago del Estero y 5.000 de otras provincias, especialmente cosecheros golondrinas que desde Salta o Tucumán alternan la zafra azucarera con la cosecha algodonera de Pampa del Infierno y Concepción del Bermejo. De este contingente humano, verdaderos parias en sus tradicionales provincias originarias, el 60% de los mayores analfabetos, se forma paulatinamente gran parte de la masa de ‘agricultores chaqueños’, hechos solamente en la práctica de la cultura algodonera según el proceso referido. Su calidad de ‘intrusos’ en tierras fiscales los hace depender del préstamo de comerciantes ya que los bancos oficiales sólo facilitaban créditos en prenda. Estas situaciones explican, parcialmente, la persistencia del monocultivo en la planicie centro chaqueña, las dificultades de mecanización y tecnificación y los escasos rendimientos, todo lo cual se trasunta en las más bajas condiciones del país en materia de vivienda rural y en la configuración de un paisaje agrario peculiar donde todo gira en torno al algodón”. BRUNIARD, Enrique D., El Gran Chaco Argentino. Geográfica, Revista del Instituto de Geografía, Facultad de Humanidades, UNE, Resistencia, 1975-78, págs. 69-70.

vigente este tipo de agroindustrias ya no requiere del pequeño productor; ellos no son ni

vigente este tipo de agroindustrias ya no requiere del pequeño productor; ellos no son ni necesarios ni funcionales; son prescindibles. Rofman lo expresa claramente:

“El segmento de productores subsistenciales, en especial la franja de predios muy pequeños llamados ‘infrasubsistenciales’, ofrece una mayoría de integrantes en una situación de extrema precariedad en cuanto al régimen de tenencia; casi el 60% (más de 3.000 pequeños productores) son ocupantes de hecho, o por otras

eran los que

formaban parte mayoritaria de las agrupaciones de ‘braceros’ recolectores manuales del capullo de las fincas de tamaño mediano o grande. La sustitución del trabajo manual por el mecanizado les agrega un importante factor de agravamiento de su capacidad subsistencial, lo que acrecienta la situación de inestabilidad a la que hemos aludido” 18

modalidades no legalizadas. (

)

Estos agricultores y sus familias (

)

5. La ‘modernización’ de la agricultura y sus consecuencias:

La modernización agrícola agravó el deterioro de los ecosistemas, empeoró las condiciones de vida y aceleró las migraciones de pequeños productores.

La etapa de substitución de las importaciones manufacturadas, que comienza en nuestro país con la recesión del capitalismo central de 1930 y se va profundizando durante la segunda guerra mundial y las posteriores políticas proteccionistas, es paralela a la crisis del sistema tradicional de producción agropecuaria pampeana, que busca una salida en los años 50-60 con la llamada modernización de la agricultura o revolución verde. Ella incluye la mecanización, la habilitación de nuevas áreas antes marginales, continúa con el mejoramiento de semillas y se completa con la incorporación masiva de productos químicos biocidas, asistencia técnica y utilización de la genética. El modelo se profundiza en los 70 ligado a la rápida expansión de los cultivos de oleaginosas. Nunca antes la expresión “paquete tecnológico” tuvo una significación tan clara entre nosotros: conjunto de prácticas tecnológicas e insumos de origen industrial que se imponen como conjunto y cuyo fundamento, en casi todos los casos, es desconocido por el productor.

El modelo modernizador, apoyado en éxitos iniciales rápidos 19 , fue orientado y propiciado desde el estado, que desarrolló y aún mantiene un complejo paquete de instrumentos legales, económico financieros y de regulación social y política para favorecer su expansión y consolidación. Presentado como único y exclusivo ejerció una gran presión cultural calando fuerte también en la mentalidad de productores medianos y pequeños que, para peor suerte, en muchos casos quisieran llevar a la práctica su aspiración sin poseer los medios requeridos, con lo cual el desastre fue mayor.

18 ROFMAN, Alejandro B., Desarrollo regional y exclusión social. Transformaciones y crisis en la Argentina contemporánea. Amorrortu, Bs.As., 2000, pág. 185.

19 Evolución de la producción agrícola 1950-85:

 

Producción

Superficie

Productividad de la tierra

cultivada

Total

+ 259,7 %

+ 41,7

+ 153,8%

cereales y

oleaginosas

La modernización estaba destinada a los “productores viables”, a aquellos que poseían los recursos requeridos

La modernización estaba destinada a los “productores viables”, a aquellos que poseían los recursos requeridos y que insertándose podían aprovecharse de sus “beneficios”. Uno de sus resultados fue la división cada vez más marcada en dos estratos: el de los ‘productores capitalistas capitalizados’ y el de los ‘pequeños cada vez más descapitalizados’ y marginalizados.

Como se vio, en etapas anteriores la vinculación a agroindustrias o al ciclo algodonero habían provocado un progresivo desplazamiento de fuerza laboral campesina hacia mercados extraprediales. La modernización agrícola con sus transformaciones técnicas y económicas, la especialización en uno o pocos rubros destinados a mercados no controlables por el productor, los empobrece y acelera las salidas.

Los trabajos fuera de la chacra familiar no estarán ligados como en la etapa anterior a la producción agropecuaria o agroindustrial (que ya no ofrece esas posibilidades). Las migraciones temporarias se convierten en permanentes y el enganche es a nuevos mercados laborales: tareas no especializadas en la construcción, en el sector de servicios, en el empleo público. Ya no son solamente los hombres los que salen a trabajar afuera sino que se agregan las mujeres. La descampesinización y monetización de las economías de los que aún quedando en la chacra trabajan afuera o reciben remesas de los familiares ocupados en la ciudad aumenta rápidamente, con fuerte impacto en las pautas de consumo y las estrategias de vida y reproducción: disminuye la producción para autoconsumo, desaparecen los mercados locales, cada vez se necesita más dinero para “la provista”.

Sin los brazos más jóvenes y fuertes ya no es posible la utilización de mano de obra intensiva en la producción. Tampoco su reemplazo por las tecnologías disponibles en el mercado, que además de ser inadecuadas no podrían amortizarse con la productividad predial. Para las familias campesinas, la modernización de la agricultura trajo aparejado un deterioro de sus condiciones de vida, aumento de la pobreza predial y debilitamiento de su seguridad alimentaria. También aumentaron los desequilibrios causados por el uso predatorio de los recursos naturales afectando la relación entre las comunidades rurales y su medio ambiente. Actualmente el territorio argentino está afectado por graves procesos degradatorios en el 40% de su superficie. 20

Entre los problemas ambientales en el ámbito rural, hay que destacar: la erosión, la pérdida de fertilidad y los procesos de salinización secundaria de suelos, la deforestación, las inundaciones, las sequías, el deterioro de los pastizales y los bosques nativos, la pérdida de diversidad biológica, los incendios y los aluviones. Los más críticos son: la erosión y la pérdida de fertilidad de los suelos agrícolo-ganaderos, la deforestación, las inundaciones y los incendios. 21

Existen más de 46 millones de Has. con distintos grados de erosión. 22 La pérdida de fertilidad y los contenidos de materia orgánica del suelo siempre fueron críticos en las zonas del Gran Chaco, Puna, Patagonia, Monte y Selvas. En la zona Pampeana los contenidos de

20 SAGyP; CFA. El deterioro de las tierras en la República Argentina. 1995.

21 J. Morello, B. Marchetti y P. Cichero. Análisis de la situación del medio ambiente en la Argentina. Fundación Adenauer, Buenos Aires. 1990

22 Fundación para la Educación , la Ciencia y la Cultura. FECIC. El deterioro del ambiente en la Argentina. Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y el Agua. Buenos Aires. 1988.

materia orgánica se redujeron en un 50% de su valor inicial. 2 3 Los bosques

materia orgánica se redujeron en un 50% de su valor inicial. 23 Los bosques nativo a un 33 % de los que existían en 1914. Según datos del IFONA (1987), de los 106 millones de hectáreas de bosques hoy sólo quedan 35 millones. El 74% de la superficie irrigada del país (1.140.000 Has.) están afectadas por salinidad y drenaje impedido. Las inundaciones, si bien responden a ciclos recurrentes, son favorecidas por factores potenciadores como el colapso de los sistemas urbanos y rurales incapacitados para absorber los mismos volúmenes de agua que en épocas pasadas (compactación), las obras públicas que producen modificaciones ambientales y la influencia de los desmontes y talas indiscriminadas. 24

El cuadro que sigue se analizan de manera preferencial algunos problemas ambientales críticos, definiendo tanto el nivel de gravedad que manifiestan como la tendencia hacia el futuro. 25

PROBLEMAS AMBIENTALES CRÍTICOS EN ARGENTINA

 

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23 R.O. Michelena. Degradación de suelos en el norte de la región Pampeana. INTA, Pergamino. 1989.

24 FECIC. op. cit.

25 M. Di Pace et. al. Las utopías del medio ambiente. Centro Editor de América Latina. Bs. As. 1992

Valor de Importancia: MA: Muy Alto;

Aumentar; (D) Disminuir; (E) Estacionario

A: Alto;

M: Medio;

B: Bajo.

/

Disminuir; (E) Estacionario A: Alto; M: Medio; B: Bajo. / Tendencia : (A) Como situación más

Tendencia: (A)

Como situación más reciente, en los últimos años amplias zonas del NEA y NOA se sumaron a la producción de oleaginosas (especialmente soja) y fueron incorporadas de este modo al esquema modernizante de agricultura pampeana. Para lo cual se arrasaron nuevas decenas de miles de hectáreas de monte (la mayoría ya expoliadas de sus mejores maderas); se eliminaron cultivos tradicionales; se cambió el destino de terrenos dedicados a la ganadería; y se modificó la estructura de tenencia de la tierra, ya que las antes abandonadas por sus dueños lejanos cobraron nuevo valor y fueron “limpiadas” tanto de árboles como de ocupantes. La habilitación de nuevas áreas para cultivos modernos se agrega a los antes mencionados como factor de expulsión de pequeños productores hacia zonas más marginales e intensifica las migraciones.

Paralelamente se dio un progresivo proceso de empresarialización de la producción agropecuaria que sustituye al productor por la empresa y la lógica de la producción por la del capital; que modifica profundamente los modos de producción provocando la desaparición de las unidades pequeñas y la concentración en manos de capitales nacionales y externos (en muchos casos ligados a las cadenas de alimentos, fibras y maderas), no solamente en la región pampeana sino también en áreas del interior. Son ejemplos el cultivo de algodón en grandes unidades mecanizadas (de más 10.000 hectáreas en Santiago del Estero o Salta y hasta 23.000 en Chaco) y las inversiones forestales en Misiones. O la modalidad de producción en grandes extensiones de tierras no propias sino arrendadas por los empresarios a sus propietarios (“pools de siembra”), principalmente para la producción de granos y oleaginosas. En provincias como Catamarca y La Rioja se suman además los llamados “diferimentos impositivos” propiciados por el estado y que facilitan las explotaciones intensivas de monocultivos.

Las consecuencias de todo este complejo proceso son fuertemente desfavorables para los pequeños productores. Aunque referido al caso del algodón vale la cita siguiente, ya que las observaciones se pueden extender a otras situaciones:

puede concluir que en la actualidad aparecen sobre el escenario regional

ganadores y perdedores de características muy nítidas. Quien gana con el avance modernizador, la introducción de tecnología innovadora y la nueva dirección de la oferta de fibra es el pequeño pero encumbrado segmento de grandes productores agrícolas, algunos medianos productores que se integran a ese sector exitoso y los intermediarios en el proceso de comercialización, en particular, el dirigido al mercado externo. Aquí, los nuevos protagonistas en claro ascenso son las firmas desmotadoras con gran dinámica transformadora y con un elevado nivel de expansión productiva y técnica. Los perdedores no son solamente los pequeños productores y un segmento no despreciable de medianos agricultores. Estos emigran dado el menor precio que reciben acorde con el sistema de comercialización diferenciado que soportan y la caída de la demanda laboral estacional, y pueblan no solamente las grandes aglomeraciones cercanas sino, también, los medianos y pequeños centros urbanos conformando un cuadro social altamente degradado. Según expresó María A. Kees en abril de 1998, en la actualidad se ‘puede observar alrededor de pueblos muy pequeños todo un cordón de marginalidad que generalmente sólo se piensa para ciudades más grandes. Estos marginados, que fueron actores sociales fuertes en sus áreas de origen, sufren diferentes destinos y

“(

)se

pasan a ser: empleadas domésticas no calificadas, changarines, mendigos, que aportan sus hijos pequeños y

pasan a ser: empleadas domésticas no calificadas, changarines, mendigos, que aportan sus hijos pequeños y adolescentes a la mendicidad y el vagabundeo” 26 .

6. Formalización de la economía y eliminación de mecanismos distributivos:

La formalización de la economía con parámetros inadecuados a la situación de los pequeños productores introduce nuevos elementos de exclusión; y los ajustes estructurales eliminaron mecanismos distributivos que los beneficiaban.

Si bien en la Argentina las actividades económicas tienen desde hace muchos años un grado de formalidad alto en comparación a otros países del Continente, nuevas exigencias, cargas impositivas y controles más estrictos que extienden el sistema a todos los ámbitos, han jugado en contra de los pequeños productores. Leyes que les obligan, por ejemplo, a poseer una Clave Única de Identificación Tributaria –CUIT- para realizar cualquier operación de mercado; a pagar contribuciones que están fuera de su alcance y aportes jubilatorios que exceden las posibilidades económicas de las familias; disposiciones sanitarias que no distinguen entre pequeña y gran producción (por ejemplo, no hay un régimen para la producción artesanal de alimentos; aplicación arbitraria de disposiciones para faenamiento de animales, etc.), con lo cual los alimentos procesados con materia prima propia tienen dificultades para comercializarse, juegan todos como elementos de exclusión para el sector, con mayor o menor intensidad según las zonas.

Los ajustes estructurales de la última década trajeron aparejada la desaparición de mecanismos de redistribución que alcanzaban a muchas familias campesinas que perdieron así una fuente de ingresos importante. Es el caso de las asignaciones familiares, compensaciones en relación a la cantidad de hijos menores en la familia que distribuía el estado 27 ; las prestaciones por escolaridad; los servicios de atención de la salud (obras sociales) y de sistemas previsionales que posibilitaban recibir jubilaciones o pensiones en la vejez.

En estas condiciones la situación de todos los integrantes de la familia campesina se ha vuelto más difícil. Pero un caso específico es el de las mujeres. Aumentó la migración femenina en busca de oportunidades que les permitan no solamente vivir sino también enviar dinero a su familia del campo. Según datos de una investigación realizada hace un tiempo en varias provincias 28 las que se quedan serán madres desde muy jóvenes; se consideran y se autocalifican como “amas de casa” pero trabajan fuertemente en las chacras, reemplazando la mano de obra masculina que sale a trabajar afuera; casi la mitad de las menores de 30 años desearía cambiar de ocupación, la gran mayoría por otra urbana, especialmente un “oficio”; la “realización personal” y tener una “profesión u oficio” (siempre visualizado como “urbano”) aparece como la principal aspiración del 76% de ellas, lo que también es indicio de sus frustraciones.

26 ROFMAN, Alejandro B., ob.cit., pág. 216.

27 En abril de 1995 se derogó la ley 23.107 que establecía la posibilidad que los pequeños productores recibieran asignaciones familiares. Para un productor algodonero de menos de 5 hectáreas eran un ingreso muy importante, muchas veces casi equivalente al que obtenían del producto cosechado.

28 VIGIL, Carlos; CAVALIERI, Eduardo; PEREDA, Mercedes: “AQUÍ ESTÁN desafíos de los jóvenes del norte argentino”, INCUPO, mimeo, 1995.

ESTOS SON

Realidad y

7. Las políticas agropecuarias no toman en cuenta al pequeño productor: Las políticas ignoraron al

7. Las políticas agropecuarias no toman en cuenta al pequeño productor:

Las políticas ignoraron al pequeño productor o solamente lo tuvieron en cuenta en función de las agroindustrias.

Las políticas agropecuarias han estado dirigidas (y en su mayoría lo siguen estando) a los productores de la pampa húmeda o de las regiones “pampeanizadas” del país (proceso de expansión de la frontera agropecuaria). Cuando la legislación y las políticas tuvieron en cuenta a los pequeños lo hicieron no en su carácter de productores sino como proveedores de mano de obra: peones o trabajadores rurales (p.e. el estatuto del peón rural, o las disposiciones para zafreros y cosecheros).

Cuando la situación del sector se hizo insostenible por los ajustes estructurales, pasaron a ser objeto de políticas y programas sociales, en la mayoría de los casos marcadamente asistenciales, lo que significa considerarlos definitivamente inviables y solamente sujetos de “asistencia” hasta que desaparezcan. Esos programas son también utilizados como elemento de clientelismo electoral que no solo corrompe políticamente sino que influye en las estrategias de vida, genera actitudes de pasividad, introduce conflictos en las organizaciones de base y con los programas promocionales de desarrollo.

En los últimos años hubo varios planes, programas y proyectos desde la SAGPyA (Secretaria de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación), la mayoría financiados con créditos internacionales y con impacto en la deuda externa. Se orientan a focalizar acciones en los grupos más necesitados y que más sufrieron las “consecuencias no deseadas del modelo”. Por ejemplo la Unidad de Minifundio del INTA, el PSA (Programa Social Agropecuario), el PROINDER (Programa de Desarrollo de Pequeños Productores), el PRODERNEA (Programa de Desarrollo Rural de las Provincias del Noreste Argentino), el PROHUERTA, el Régimen de Promoción de Plantaciones Forestales (para pequeños productores asociados) y el PRAT (Proyecto de Reordenamiento de las Áreas Tabacaleras). Cuando se analizan se observa que “varían en los objetivos propuestos -algunos ponen más énfasis en la competitividad y la capitalización y otros en el mejoramiento de las condiciones de vida de los beneficiarios-, así como en los mecanismos implementados –el grado de descentralización y participación de beneficiarios y organizaciones de apoyo-. Su rasgo común es el fomento de acciones de tipo productivo -en general en función de proyectos a ser aprobados- y su acompañamiento a través de la asistencia de un profesional. En sus estrategias se destacan el reconocimiento y potenciación de experiencias previas y la articulación de recursos humanos e institucionales públicos y privados.” (Proinder. 2000).

Existen opiniones opuestas respecto de la real validez de esos planes y su orientación,

encontrándose quienes opinan que constituyen alternativas de desarrollo y mejoramiento de

la calidad de vida para los beneficiarios; y quienes los consideran asistencialistas, tendientes

a mantener el status quo ya que no plantean soluciones de fondo que resuelvan causas

estructurales 29 y solamente tienen como objetivo facilitar algo de capital y asistencia técnica. Su focalización contribuiría, además, a profundizar la heterogeneidad del sector.

29 “Los proyectos que no conducen a transformaciones estructurales, que promueven el asistencialismo, se tornan

facilitadores del clientelismo político, favorecen el desvío de los fondos hacia otros usos, aquellos vinculados

Además, la aplicación de estos recursos con fines

clientelísticos termina a los proyectos que sí pretenden fortalecer los valores y la cultura del trabajo en el

campo”. MANZANAL, Mabel, Los programas de desarrollo rural en la Argentina (en el contexto del ajuste macroeconómico). Ponencia al IV Seminario Internacional CIDER. Bogotá, Colombia abril 1998, mimeo.

con la lucha por el poder político local o provincial. (

)

Al margen de esta polémica creemos que por la forma en que se han llevado

Al margen de esta polémica creemos que por la forma en que se han llevado a la práctica, más que por su orientación original, algunos aportaron soluciones, aunque sea parciales y contribuyeron a instalar la problemática del pequeño productor en la agenda de las políticas sociales.

8. Asistencia técnica, investigación y formación profesional:

La asistencia técnica, la orientación de la investigación académica y la formación de los profesionales no ha tenido en cuenta la realidad y necesidades de los pequeños productores.

La asistencia técnica oficial comienza en nuestro país en la década de los 50 con la creación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y de algunos organismos provinciales. Es coincidente con la época en que con apoyo de recursos humanos y económicos provenientes de las Fundaciones Ford y Rockefeller se crean en la mayoría de los países latinoamericanos los Institutos Nacionales de Transferencia Tecnológica (los INTA). El contexto debemos ubicarlo en pleno auge de las ideas de modernización agrícola teorizadas por el premio nobel de economía Teodor Schultz (1962) quien sostenía que ella solo se lograría con el aporte de subsidios que deberían provenir desde fuera de los sistemas de producción. Esos subsidios se corporizan en el “triángulo de la modernidad” formado por los insumos industriales, el acceso al crédito y la asistencia técnica. Este conjunto de aspectos tecnológicos y socio-económicos, conocido genéricamente como paquete tecnológico no estaba dirigido a todos los productores agropecuarios, sino a aquellos ubicados en las zonas agroecológicamente mas aptas para la producción de materias primas agroexportables tales como maíz, trigo, girasol, carne vacuna y en los últimos años la soja; esto es, la pampa húmeda argentina 30 . Ello dio como resultado una dispersión de agencias de extensión del INTA en forma de abanico con epicentro en el puerto de Buenos Aires. A medida que nos alejamos de este punto central la distancia entre agencias se aumenta expresando el poco interés de la asistencia técnica oficial para con las zonas extrapampeanas, región donde se encuentran la mayoría de los pequeños productores.

La situación se mantuvo inalterada hasta finales de la década del ’70. En los años 80 y fundamentalmente a partir de los 90 con el auge de las políticas neoliberales - que implicó el retiro del accionar del estado en aspectos que antes estaban bajo su responsabilidad – la asistencia técnica oficial prácticamente ha desaparecido y ha sido reemplazada por el asesoramiento técnico gratuito otorgado por los profesionales vinculados a la comercialización de agroinsumos.

Con las excepciones que toda regla conlleva, esta es una rápida síntesis de lo que ha sido la evolución de la asistencia técnica desde el aparato estatal. La situación de desamparo oficial, en especial sufrida por los pequeños productores ha tratado de ser subsanada a partir de la década del 70 por Organismos No Gubernamentales (ONGs) que han implementado - e implementan – programas y proyectos de asistencia técnica de las mas variadas formas y contenidos en los distintos espacios geográficos, fundamentalmente en la región extrapampeana, es decir, NEA, NOA, Cuyo, Centro y Patagonia.

Una parte de la investigación pública se realiza en nuestro país en las universidades nacionales, sometidas a una aguda crisis motivada, entre otros, por una merma presupuestaria creciente. La Argentina posee un presupuesto universitarios muy bajo en

30 Mientras el INTA funcionó como ente autárquico su presupuesto se obtenía de un porcentaje de las exportaciones agropecuarias. Es fácil deducir la dirección de sus esfuerzos!

relación a su PBI, en contraste con épocas pasadas, del cual más del 90% dedicado

relación a su PBI, en contraste con épocas pasadas, del cual más del 90% dedicado a salarios lo que evidentemente repercute sobre la investigación universitaria a la que se le otorgan asignaciones presupuestarias mínimas. Fuera de la Universidad pública la situación es levemente diferente ya que existen diversos Institutos Oficiales donde se llevan adelante programas de investigación de relevancia, sea con aporte financiero de fuentes nacionales o internacionales. El CONICET y el INTA (solo en el ámbito agropecuario) son un ejemplo de ello, aunque es necesario recalcar que en todas estas instancias se evidencia la falta de una política nacional de investigación, tanto en lo agropecuario como en otras áreas del conocimiento.

Este es un panorama general de lo que ocurre con la investigación en nuestro país. ¿Sucede lo mismo con la investigación relacionada a la problemática de los pequeños productores agropecuarios?

La heterogeneidad social agropecuaria, las especificidades que adopta la pequeña producción y las problemáticas que de ella se desprenden no han sido -en general- objeto de investigaciones. La causa radica en el paradigma de la modernización agropecuaria. Este también ha influido sobre la política nacional de investigación. Podemos ilustrar la situación de la siguiente forma: tiene mayor reconocimiento ante sus pares el investigador o Institución que se aboca a la problemática de la roya del trigo que de la podredumbre blanda de la tuna; la sanidad animal bovina frente a la caprina; el estudio de la transformación de la harina de trigo que la de transformación de harinas de algarrobo y otros tantos ejemplos. Escudándose en el falaz criterio de libertad de investigación se dilapidan recursos humanos y materiales en proyectos cuyos resultados, mas allá de su socialización en congresos y/o revistas de investigación especializadas, no tienen demasiada aplicación a situaciones concretas y/o sirven a otros intereses.

De todos modos equipos de investigación de diversas Universidades Nacionales, de Centros de Investigación Independientes, de ONGs, e Investigadores individuales se están abocando al estudio de las características de la pequeña producción y de sus problemáticas, tanto ambientales, como así también tecnológicas y socio-económicas. Hoy tenemos un conocimiento mas detallado de las características de este sujeto social, de sus estrategias de reproducción social (estrategias de vida) y de los problemas que lo afectan.

Respecto de la formación de profesionales cabe decir que la compartimentalización de conocimientos y, por ende, la falta de una visión holística o integradora constituyen una constante en la mayoría de los planes de estudio de las universidades argentinas. En el caso específico de las carreras vinculadas a la problemática técnico productiva agrícola, ganadera, forestal, a la vez que se observa dicha compartimentalización de conocimientos existe también un fuerte sesgo productivista en la formación profesional fruto de la influencia del paradigma de la modernización que se constituye en el marco teórico ideológico no solo de la producción agropecuaria sino, como hemos visto, de la educación, la investigación y la extensión o asistencia técnica. La falta de una visión integradora de la problemática rural se observa en la escasa atención prestada a los aspectos socio económicos e históricos. Por otro lado a lo largo de los planes de estudio se analiza la realidad rural desde una postura homogeneizante de la misma desconociéndose los diferentes sujetos sociales que pueden conformar la categoría productor agropecuario. Al desconocer la existencia de los mismos se desconocen - obviamente - las características que adoptan a nivel de racionalidad económica, estrategias de vida, etc. Esto es particularmente notable en el caso de los pequeños productores, lo que lleva a fracasos y frustraciones cuando los recién egresados deben desarrollar su actividad profesional con estos sujetos sociales y los obligan, en el mejor de los casos, a tomar capacitaciones que apunten a cubrir los espacios vacíos dejados en su formación.

9. Poca visibilidad e influencia:

9. Poca visibilidad e influencia: Pese a su importancia cuantitativa y cualitativa, los pequeños productores tienen

Pese a su importancia cuantitativa y cualitativa, los pequeños productores tienen escasa visibilidad e influencia política.

Aunque como veremos, las explotaciones familiares minifundistas son casi el 48% del total de las del país, y en las zonas marginales mayoría absoluta, los pequeños productores no tuvieron presencia pública notable de cierta permanencia, ni incidencia política de peso nacional o regional que les permitiera defender sus intereses. A principios de siglo XX en la Patagonia, luego en el Norte de Santa Fe y Tucumán, hubo movimientos reivindicativos pero más relacionados con los trabajadores rurales que con los productores familiares, que fueron aplastados incluso con intervención militar. El movimiento de los chacareros arrendatarios del sur de Santa Fe que deriva más tarde en la conformación de la Federación Agraria Argentina (FAA), es lo que más cerca podría estar de los pequeños productores, pero ellos nunca tuvieron ingerencia específica ni aquella los representó como tales.

En los 70 se desarrolló el movimiento reivindicativo de mayor significación con epicentro en el noreste, el de las Ligas Agrarias, que logró la movilización de miles de pequeños y hasta medianos productores, especialmente algodoneros, y llenó de esperanzas a mucha gente. Nacidas en buena medida de la concientización y el trabajo de base del Movimiento Rural y otras instituciones eclesiales, lograron presencias regionales fuertes y protagonismo nacional. Pero al poco tiempo se las reprimió, la mayoría de sus dirigentes fueron perseguidos, encarcelados o desaparecidos y a partir del golpe militar de 1976 totalmente borradas. Dejaron sin embargo una experiencia de protagonismo que está en la base y es parte de la fortaleza de algunos movimientos campesinos provinciales o zonales actualmente vigentes.

Actualmente hay algunos intentos para establecer espacios regionales o nacionales de encuentro de las organizaciones locales o provinciales, pero el quiebre y la desmovilización de la década militar pesan y se hacen sentir en todos los ámbitos, incluido el de los pequeños productores. La explicitación y el consenso sobre un programa estratégico que supere reclamos por medidas paliativas y de efecto inmediato, aunque también sean necesarias (precios, impuestos, créditos, etc.), aparece como una condición para que el sector establezca alianzas y tenga mayor visibilidad e influencia en las decisiones políticas.

CAPÍTULO III

QUIÉNES SON, CUÁNTOS SON Y DÓNDE ESTÁN LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES O CAMPESINOS:

1. A quiénes se considera pequeños productores o campesinos:

Hasta ahora se vino hablando de pequeños productores o campesinos indistintamente, tratando de mostrar los condicionamientos históricos, pero sin intentar una conceptualización. Preguntas como quiénes se pueden calificar de pequeños productores o campesinos, cuáles son sus características y su racionalidad definitoria alimentaron mas de un siglo de acaloradas discusiones. Sin enredarnos en cuestiones académicas mencionaremos algunos de los conceptos que se manejan más frecuentemente y expresaremos lo que para nosotros tiene actualidad.

La mayoría de los autores utiliza indistintamente la denominación “pequeños productores”, “campesinos” o “minifundistas” para referirse a las familias rurales pobres. El concepto de

minifundio no está referido únicamente a la extensión del predio o chacra sino a un

minifundio no está referido únicamente a la extensión del predio o chacra sino a un conjunto de variables. Así, para Basco (et.al) son minifundios aquellas unidades de producción/consumo que producen bajo cualquier forma de tenencia de tierra, ocupan básicamente mano de obra familiar, producen para el autoconsumo y el mercado interno y no se capitalizan en el mediano y largo plazo. Para Borro (et. al) son explotaciones minifundistas aquellas unidades subfamiliares que permiten el trabajo de hasta 2 hombres permanentes por año. Forni y Neiman (1994) definen a las explotaciones pobres como aquellas unidades donde: a) el productor dirige personalmente la explotación, b) no existe tractor, c) no se contratan servicios de maquinaria y d) no se emplea trabajo asalariado remunerado en forma permanente. El Censo Nacional de Población y Vivienda (CNP) de 1991 utiliza la categoría hogares rurales agrarios pobres y los define como aquellos en los cuales el jefe del hogar está ocupado en la rama agropecuaria en las categorías ocupacionales de “cuenta propia y familiar sin remuneración”.

Margiotta y Benencia 31 utilizan nueve variables para diferenciar los tipos sociales agrarios de productores: la disponibilidad de tierras, de capital, de mano de obra, organización social del trabajo, racionalidad económica, poder de negociación en el mercado de productos, resultados económicos, nivel de vida y nivel de empleo. La calificación de estas variables les permiten distinguir al “campesinado minifundista” del “familiar capitalizado” y del “empresario”.

Estamos de acuerdo con la mayoría de los criterios propuestos en las definiciones anteriores, que en muchos casos se complementan. Pero teniendo en cuenta las modificaciones que las condiciones estructurales vienen imponiendo a los pequeños productores advertimos que algunos van perdiendo significación y hay que incorporar otros. Por ejemplo la disponibilidad de mano de obra: se consideró que los campesinos pobres contaban con excedente de mano de obra familiar, o sea que en el predio no se alcanzaba a ocupar toda la disponible, que estaba subocupada y tenía baja rentabilidad. Las ya señaladas migraciones temporarias sin respetar los ciclos agrícolas, y más todavía las definitivas, han dejado a muchas familias con poca fuerza de trabajo aplicable al predio. Cuando se recorren zonas de Santiago, Catamarca, norte de Santa Fe, por ejemplo, se encuentran en las casas solamente a las personas de edad y los chicos. En zonas donde migran los hombres, son las mujeres quienes se recargan con más trabajo en la chacra, como ya fue señalado.

Las transformaciones del sector también están provocando pérdidas de identidades: gente que vive en el medio rural, sobre todo cerca de los pueblos, pero que por su ocupación y modo de vida ya no se considera campesino/a, sino changarín, empleado e incluso desocupado. La cuestión de las identidades afecta particularmente a los jóvenes.

Por ello nos parece que los elementos que en la actualidad caracterizan a las familias de pequeños productores o campesinos pobres son los siguientes:

Viven en el ámbito rural y tienen un estilo o modo de vida acorde con las características y pautas culturales de ese medio.

Desarrollan actividades relacionadas con la producción agropecuaria como elemento importante de su estrategia de vida, para autoconsumo y mercado interno.

31 MARGIOTTA, Edgardo y BENENCIA, Roberto: Introducción al estudio de la estructura agraria. La perspectiva sociológica. Mimeo.

Tienen insuficiente disponibilidad cuantitativa y cualitativa de recursos básicos para la producción (tierra, agua).

Tienen insuficiente disponibilidad cuantitativa y cualitativa de recursos básicos para la producción (tierra, agua).

Sus bienes de capital son escasos en términos absolutos y su situación les imposibilita o hace muy difícil la capitalización.

Organizan y deciden el trabajo predial teniendo en cuenta tanto las disponibilidades de mano de obra familiar como las estrategias de vida adoptadas. Un cambio en la organización del trabajo en el predio no depende solamente de la disponibilidad teórica de mano de obra familiar sino de la que realmente está dispuesta a trabajar en el campo, lo que se relaciona a su vez con las estrategias de vida elegidas. Por ejemplo: no basta que la familia tenga un/a hijo/a en edad de trabajar en el campo; hay que ver si está dispuesto a hacerlo o si su estrategia personal o familiar es más bien ocuparse afuera.

Los aportes de mano de obra externa son excepcionales y consisten en colaboraciones de vecinos o integrantes del grupo cuando están organizados (principalmente como ayudas mutuas); o de familiares que no están en forma permanente en el predio.

La racionalidad económica se orienta a obtener el mayor ingreso global posible, por eso sus estrategias de vida combinan actividades prediales con extraprediales según las coyunturas.

Su poder de decisión y negociación es inexistente respecto de mercados lejanos (tanto de productos como de insumos); es mayor cuando la producción está destinada al mercado local.

Ellos mismos se sienten pertenecientes al medio rural, se reconocen y asumen como campesinos/as - pequeños productores/as. El ser campesinos es para ellos/as un elemento identificatorio.

Las características señaladas se encontrarán con mayor o menor intensidad, o combinadas de diversas formas en los distintos grupos y zonas. Pero en esta etapa de transformación, ajustes estructurales y exclusión que se les impone a los pequeños productores/as o campesinos/as, consideramos de suma importancia el sentimiento de pertenencia, el propio reconocimiento: es campesino/a, pequeño productor/a aquel/aquella persona o familia que se siente y expresa como tal. El criterio de pertenencia pasa entonces, en buena medida, por el reconocimiento de parte de los propios sujetos. Por ello una estrategia promocional importante es la recuperación del sentimiento y el orgullo de ser campesino/a.

2. Cuántos son los pequeños productores y dónde están ubicados:

No hay disponible información suficiente y actualizada que permita hacer un cálculo exacto sobre la cantidad de campesinos o pequeños productores en el país. Solo contamos con la suministrada por el Censo Nacional Agropecuario de 1988 y el Censo Nacional de Población y Vivienda de 1991. El problema no solo radica en la antigüedad de la información sino en las variables que cada uno ha tomado para la caracterización y posterior cuantificación del sector. El Programa Social Agropecuario partió de la apreciación de que sus potenciales beneficiarios podrían ser unas 170.000 familias. El PROINDER ha elaborado un cálculo con índices que combinan variables. Así, a la variable “tierra disponible” - por ejemplo- una de las utilizadas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) para fijar los límites

de los distintos tipos sociales agrarios, se la ha modificado teniendo en cuenta las distintas

de los distintos tipos sociales agrarios, se la ha modificado teniendo en cuenta las distintas realidades agroecológicas del país y por ende las diferencias a nivel de rubros productivos predominantes.

El resultado del análisis del PROINDER indica que hay aproximadamente 200.000 familias de pequeños productores o minifundistas en la Argentina y que se encuentran distribuidas en forma heterogénea en el país. Es lo que se puede observar en el siguiente cuadro:

Regiones

Explotaciones

Explotaciones

Porcentaje sobre total de explotaciones minifundistas

Relación Porcentual (2) / (1)

Agroeconómicas

Totales

Minifundistas

(1)

(2)

Puna

4.477

4.396

2.22

98.16

Valles del NOA

25.956

20.622

10.43

79.45

Agric. Subtropical NOA

24.860

15.139

7.66

60.90

Chaco Seco

6.111

4.227

2.14

69.17

Monte Arido

38.772

24.404

12.34

62.94

Chaco húmedo

43.698

20.376

10.30

47.72

Mesopotamia

62.689

40.711

20.59

64.94

Patagonia lanera

14.056

8.920

4.51

63.46

Pampeana

146.752

35.689

18.05

24.32

Oasis Cuyano

43.579

21.019

10.63

48.23

Valles

6.108

1.587

0.80

25.98

patagónicos

Agric.

Andina

1.132

647

0.33

57.16

Patagónica

Total

Regiones

417.190

197.737

100

47.40

Agroeconómicas

Fuente: PROINDER. 2000

Las familias de pequeños productores se encuentran en áreas de recursos naturales sobreexplotados, con escaso desarrollo socio-económico y políticamente marginadas; no se trata de pobres en regiones ricas, sino de pobres en zonas pobres. El 65% están en el norte:

89.718 familias en el NEA (el 45% del total) y 40.875 en el NOA (el 20% del total). Además es necesario advertir la importancia relativa de los pequeños productores en cada región ya que en las zonas más marginales representan la mayoría absoluta de unidades productivas:

98% en la Puna; 79% en los valles del NOA; 69% en la zona chaqueña seca; 65% en la Mesopotamia y 63% en el monte árido.

En el diagnóstico de PROINDER de 1995 se estimaba que de estas 200.000 familias rurales

En el diagnóstico de PROINDER de 1995 se estimaba que de estas 200.000 familias rurales en situación de riesgo (o sea pobres), un 35% (aproximadamente 70.000) se encontraban bajo la línea de subsistencia (o sea, que no alcanzaban a cubrir las necesidades mínimas de subsistencia). La evolución de la situación nacional hace presumir que esta situación se ha agravado en los últimos seis años y que actualmente hay más familias en situación de infrasubsistencia (o sea, que no obtienen el mínimo necesario para subsistir). La pregunta de por qué trabajar con los pequeños productores pobres de Argentina contiene en estos datos gran parte de la respuesta.

CAPÍTULO IV

ECONOMÍAS Y ESTRATEGIAS DE VIDA DE LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES:

Como ya fue señalado, los pequeños productores tienen características comunes y elementos diferenciales determinados por las particularidades zonales, de los recursos, de la producción, del tipo de inserción socio económica, etc. Los ajustes estructurales de las dos últimas décadas al modificar condiciones estructurales profundizaron la heterogeneidad, por lo que es cada vez más necesario reconocer las diferenciaciones hacia el interior del sector realizando un análisis atento de las particularidades, sobre todo si se trata de buscar estrategias de superación.

Las transformaciones tuvieron repercusión también en las necesidades familiares y en las formas de satisfacerlas. En los hábitos alimenticios, de atención de la salud, condiciones de vivienda, educación, esparcimiento y placer hubo cambios importantes. Para muchas familias campesinas la adopción de hábitos citadinos son también el modo por el que intentan insertarse de alguna manera en una sociedad que perciben que se les escapa y los excluye. Comprar en el almacén un alimento que se podría preparar en la casa (lo que tal vez antes se hacía) comprar una determinada marca de “jeans” o zapatillas es también un

Es claro que para ello necesitan

modo de sentir que por lo menos en algo “se es como

cada vez mayor disponibilidad de dinero, lo que buscan produciendo para un mercado con el que tienen una relación subordinada y doblemente asimétrica 32 que los empobrece más aún.

”.

El conjunto de factores apuntados llevó (u obligó) a los pequeños productores a desarrollar nuevas estrategias de supervivencia y reproducción, distintas a las de otros momentos, bajo condiciones que, valiéndonos de un esquema similar al utilizado con anterioridad, podemos describir de la siguiente manera:

los recursos de que disponen actualmente son generalmente insuficientes y deteriorados en cantidad y calidad para las actividades productivas predominantes en cada zona, debido a procesos de degradación y minifundización;

en una gran cantidad de casos, la tenencia de la tierra que ocupan se ha vuelto más insegura y vulnerable y tienen menor protección de parte del estado que en otras épocas;

en la estrategia predial hubo un abandono progresivo de rubros tradicionales destinados al autoconsumo; aumentó la orientación mercantil; hay mayor

32 En muchos casos los campesinos no acceden en forma directa a los mercados sino a través de intermediarios que recorren las distintas zonas del país comprando producción subvaluada y vendiendo (o cambiando) mercaderías sobrevaloradas.

dependencia de los mercados tanto en relación a la colocación de la producción como a

dependencia de los mercados tanto en relación a la colocación de la producción como a expectativas de superación (el “mercado” o la falta de mercado aparece casi siempre como problema prioritario en los diagnósticos que se hacen con los campesinos/as);

los procesos de migración temporaria van siendo sustituidos por emigración permanente hacia centros urbanos, con aumento de la descampesinización y la consecuente escasez de mano de obra en el predio;

como correlato de lo anterior, las familias tienen una dependencia que en algunos es muy alta casos alta de los ingresos extraprediales;

el modelo tecnológico tradicional está en crisis, en muchos casos se lo ha dejado de lado por considerarlo “atrasado”; o no se puede utilizar como consecuencia de la emigración de mano de obra;

hay una monetización muy alta de las economías campesinas y las presiones de la formalización económica son cada vez mayores, dificultando las transacciones tradicionales;

careciendo de otros, los “ingresos sociales” (por jubilaciones o pensiones para personas mayores que lograron esos beneficios, o de políticas y programas asistenciales) adquieren gran importancia para la sobrevivencia familiar y su precariedad y discontinuidad provoca crisis muy importantes.

En palabras de Silvetti y Cáceres 33 : “una economía campesina autosuficiente ha dado paso a otra estrategia de reproducción social donde conceptos como diversificación productiva, maximización del ingreso global, seguridad alimentaria y autosuficiencia son reemplazados por los de orientación mercantil, especialización, proletarización y dependencia alimentaria”. Y podemos generalizar con sus propias palabras, que aunque hay todavía situaciones intermedias “se observa una fuerte tendencia hacia la integración asimétrica de las economías campesinas a los mercados capitalistas de bienes y trabajo”.

Por ello, en la situación actual, los análisis cuidadosos de las economías campesinas son cada vez más importantes y necesarios. Un enfoque desde el cual creemos que se las podría analizar con todos sus componentes para identificar sus elementos comunes y diferenciar especificidades es el que proponemos a continuación. Las economías familiares campesinas tienen, en la mayoría de los casos recursos-ingresos de dos orígenes y generados por distintas fuentes:

33 Ob.cit.

Recursos/ingresos prediales Artesanía Otros Agricultura Monte Ganadería Recursos/ingresos extraprediales De la
Recursos/ingresos prediales Artesanía Otros Agricultura Monte
Recursos/ingresos
prediales
Artesanía
Otros
Agricultura
Monte
prediales Artesanía Otros Agricultura Monte Ganadería Recursos/ingresos extraprediales De la

Ganadería

Recursos/ingresos extraprediales De la organización comunitaria y Tareas temporarias o permanentes de miembros de
Recursos/ingresos
extraprediales
De la
organización
comunitaria y
Tareas
temporarias o
permanentes de
miembros de las
familias que
viven en el
predio
servicios de
instituciones
promocionales
Ingresos sociales:
Remesas de
familiares
que viven en
el predio.
- permanentes;
- ocasionales

Destinados al:

-autoconsumo (ahorro de gastos) -mercado (ingresos monetarios)

Consideramos tanto los ingresos (disponibilidades monetarias) como los recursos (facilidades o disponibilidades no monetarias). En el análisis de los prediales es importante distinguir los que se generan por la producción primaria de aquellos a los que en el proceso productivo (familiar o asociativo-grupal, como está sucediendo en varias zonas) se les suma valor por transformación o adición (valor agregado).

Entre los extraprediales, además de los más reconocidos (por tareas temporarias o permanentes y remesas de familiares) hay que incluir una fuente que va adquiriendo cada vez mayor importancia para ciertos grupos. Se trata de la organización comunitaria (capaz de facilitar infraestructura, maquinarias de uso común, servicios grupales, etc.) y los servicios que prestan las organizaciones promocionales no gubernamentales (asistencia técnica, capacitación, gestión, transporte, provisión de insumos, créditos y subsidios, etc.). También los que denominamos ingresos sociales, sean permanentes u ocasionales (subsidios en dinero o especies que reparte el gobierno).

La identificación del origen (predial o extrapredial) de los recursos/ingresos y el carácter (monetario o no monetario) tiene importancia porque indica entre otros el grado de inserción o alejamiento de distintos tipos de mercados (de productos, laboral) y de la integración al conjunto social.

También tiene importancia para captar las diferentes estrategias y sistemas de vida la identificación de los miembros de la familia que participan en la generación de cada tipo de recurso/ingreso (tanto prediales como extraprediales). No es lo mismo que los jóvenes o las mujeres sean generadores de unos u otros y es un dato importante para definir una estrategia promocional. Finalmente, hay que tener en cuenta que los sistemas prediales son agroecosistemas que incluyen componentes físico-ambientales, sociales, económicos, culturales y uno que no siempre es tenido en cuenta y que va adquiriendo importancia gravitante para las familias campesinas: el organizacional (pertenencia a organizaciones de base). Sobre estos componentes y las condiciones para que puedan generar un desarrollo sustentable se hablará en el capítulo siguiente.

CAPÍTULO V

PARA

PRODUCTORES RURALES

UN

DESARROLLO

1. El concepto

SUSTENTABLE

DE

LAS

FAMILIAS

UN DESARROLLO 1. El concepto SUSTENTABLE DE LAS FAMILIAS DE PEQUEÑOS En el primer capítulo de

DE

PEQUEÑOS

En el primer capítulo de este documento hemos explicitado nuestra concepción sobre desarrollo sustentable concebido desde una perspectiva global, que abarca una pluralidad de dimensiones capaces de integrar, expresar y generar nuevos modos y estilos de vida que sean sustentables, universalizables e incluyentes; esto es, que permitan asegurar a todas las personas (presentes y futuras, mujeres y varones, citadinos y rurales) equivalentes condiciones y oportunidades de vida y realización. Por eso al tratar ahora más específicamente la cuestión del desarrollo sustentable de las familias de pequeños productores rurales no haremos más que especificar aquella concepción general y analizar las problemáticas y desafíos que se presentan para el sector teniendo en cuenta las particulares condiciones estructurales en las que se encuentra.

Pero, y como esperamos que en el desarrollo de los temas quede suficientemente reflejado:

Si bien el enfoque de este documento es de y desde las familias de pequeños productores, los criterios de sustentabilidad que se proponen son de aplicación práctica para todos los sectores productivos.

Un desarrollo rural sustentable no se logrará sólo por la acción de los pequeños productores, su incidencia sobre la sustentabilidad global es mínima, aunque esto no disminuye su importancia.

Estamos convencidos que los pequeños productores provocan mucho menos daños y pueden alcanzar con mayor facilidad un manejo ecológicamente sustentable en su ámbito productivo que otros sectores, quienes para lograr lo mismo deberían modificar sustancialmente y en mayor medida que aquellos sus actuales enfoques y prácticas de manejo.

El desarrollo sustentable no es un desafío o un problema de un sector productivo o poblacional; ni siquiera sólo de una región o de un país. Lograrlo implica cambios profundos y compromisos sectoriales y globales.

Como ya dijimos, nuestra concepción surge de una preocupación central: la pobreza como realidad social inhumana y deshumanizante. La búsqueda es entonces de respuestas y caminos para generar nuevos sistemas y formas de organización social que aseguren y garanticen medios y oportunidades de vida digna a todas las personas presentes y futuras.

Por eso entendemos por desarrollo rural sustentable para los pequeños productores al proceso orientado a mejorar la calidad de las condiciones de vida y reproducción social de las familias campesinas presentes y futuras, a través del fortalecimiento de sus capacidades personales y colectivas, la reconstrucción de las estructuras y relaciones socioambientales que les proporcionen mayor autonomía para recrear sus sociedades y culturas rurales, y la producción a perpetuidad de bienes y servicios mediante el mejoramiento de la disponibilidad y calidad de los recursos naturales y la protección ambiental.

Integralmente entendido el desarrollo rural sustentable de y desde las familias campesinas incluye por lo

Integralmente entendido el desarrollo rural sustentable de y desde las familias campesinas incluye por lo menos cuatro dimensiones constitutivas inseparables:

la ecológica, que implica recuperar y fortalecer la base de recursos naturales de los sistemas productivos campesinos de modo tal que posibilite el más eficiente aprovechamiento presente de los bienes y servicios ambientales y el sostenimiento (y eventual incremento) del potencial productivo en el futuro.

la socio política, o de estrategias colectivas y capacidades organizativas orientadas a potenciar y fortalecer los procesos de construcción de ciudadanía efectiva;

la económica, para desarrollar y fortalecer los sistemas productivos de las familias campesinas, bases materiales de su autonomía, de modo tal que les permitan asegurar el acceso a los medios y recursos necesarios para un normal desenvolvimiento y desarrollo de sus vidas en el sistema social;

la cultural, con procesos de recuperación, revalorización y fortalecimiento de las identidades culturales campesinas, como forma y opción de vida valiosa y socialmente valorada y respetada;

A continuación desarrollaremos desde una percepción latinoamericana, de país que busca

su desarrollo, nuestra concepción de las dimensiones ecológica, socio política, cultural y

económica de la sustentabilidad.

2. La dimensión ecológica del desarrollo rural sustentable 34

a) Aspectos conceptuales

La sustentabilidad ecológica es el conjunto de atributos que inciden para que un ecosistema

o un agroecosistema logre mantener -o aumentar-, en el tiempo el potencial biológico y

físico que permita la reproducción de los seres vivos que lo habitan y la producción de la

misma -o mayor-, cantidad, calidad y diversidad de bienes y servicios que genera.

La capacidad de persistencia, característica esencial de la sustentabilidad ecológica hace factible que la producción de bienes y servicios, durante un período prolongado, no excluya la posibilidad de que dicho ecosistema proporcione estos mismos bienes y servicios, o pueda manejarse para obtener otros (en el caso de un bosque: madera en todas sus formas, habitat de flora y fauna, plantas comestibles, plantas medicinales, microorganismos, genes, mantenimiento de la fertilidad del suelo, regulación del balance hídrico y climático, reciclado de nutrientes, almacenamiento de carbono, ecoturismo y recreación, etc.), (Franklin, 1993, 1995) 35 , en el futuro. Las posibilidades para el desarrollo de la vida, y de obtención de bienes y servicios diversos por parte de las futuras generaciones, no debe ser afectada.

34 Para la formulación de este capítulo se recibieron los valiosos aportes de Gustavo Marino (Facultad de Ciencias Agrarias de Esperanza), Marcelo Rodriguez (Universidad Nacional de Salta) y Ana Corral (Bienaventurados los Pobres).

35 Franklin,J.F. 1993. Preserving biodiversity: species, ecosystems, or landscapes?. Ecological Applications 3:

202-205. Franklin, J.F. 1995. Sustainability of managed temperate forest ecosystems. En: Defining and measuring sustainability. The Biogeophysical Foundations, M Munasinghe & W Shearer, eds. Pags. 355-385. The United Nations University – The World Bank.

Para lograr y asegurar la sustentabilidad ecológica se requiere tomar en cuenta los siguientes aspectos:

Para lograr y asegurar la sustentabilidad ecológica se requiere tomar en cuenta los siguientes aspectos:

Manejo de los recursos naturales.

Conservación de la biodiversidad.

Diversificación productiva.

Capacidad productiva de los agroecosistemas.

Recuperación de ecosistemas degradados.

Manejo de recursos naturales

Para generar sustentabilidad ecológica se debe trabajar sobre un manejo agroecológico de los recursos naturales con enfoque sistémico.

El Manejo: si aceptamos que es posible manejar el ecosistema para obtener determinados bienes, estamos reconociendo que estos pueden tolerar un cierto grado de intervención humana. El principal fundamento para aceptar la intervención humana se relaciona con las variaciones que experimentan las comunidades naturales.

Los cambios espaciales y temporales en la composición y estructura de los ecosistemas causados por las perturbaciones naturales, los procesos de evolución natural en el corto plazo, los cambios climáticos y la evolución en el largo plazo indican todos que el clásico paradigma del “equilibrio” 36 , que hace referencia a estados terminales de los ecosistemas, debe ser sustituido por una concepción de cambio continuo (Marone 1988, Pickett 1992) 37 , en la cual su equilibrio se comprenda como sumamente dinámico. Esta concepción abre paso al manejo de los ecosistemas por parte del hombre e impone, lógicamente, límites funcionales y evolutivos que surgen de la incorporación de la dinámica natural del sistema a las prescripciones de manejo entendido como un acompañamiento de tales cambios.

El grado de tolerancia de los ecosistemas demarca los límites de intervención del hombre. En general, el ecosistema intervenido debe mantener la capacidad de recomponerse a su estado anterior, previo a la intervención. El desconocimiento del grado de tolerancia determina la toma de medidas conservacionistas. El manejo de los recursos no implica la intervención de todo el ecosistema. En el área bajo manejo puede haber sitios de producción intensiva, muy intervenidos, otros menos intervenidos y también sitios sin intervención, en donde es posible crear reservas de naturaleza.

36 El paradigma del equilibrio de los ecosistemas afirma que: Los ecosistemas alcanzan ciertos estados de mayor equilibrio en los cuales pueden mantenerse debido a que no es posible -para determinadas características climáticas y edáficas-, lograr mayores evoluciones. Estos estados terminales, de máxima evolución, fueron denominados “estados climáxicos” o “climax” y, según las condiciones de clima y suelo, el climax puede ser un bosque primario, un pastizal natural u otro ecosistema natural.

37 Marone, L. 1988. Acerca de la conservación de la naturaleza y la teoría ecológico-evolutiva. Rev. Chilena de Historia Natural 61: 11-18. Pickett, S.T.A.; V.T. Parler & P.L. Fiedler. 1992. The new paradigm in ecolgy:

implication for conservation biology above the species level. En: P.L. Fiedler & S.K. Jain, eds. Conservation biology. The theory and nature conservation, preservation and management , pag. 65-88. Chapman & Hall, New York. Ambos trabajos hacen referencia a que el paradigma del equilibrio de los ecosistemas debe ser sustituido por una concepción de cambio continuo. Es decir, los ecosistemas no permanecen en equilibrio en estados de máxima evolución (climax), sino que la evolución de los ecosistemas es continua, permanente y en todo caso, el equilibrio es sumamente dinámico.

La Agroecología : a diferencia de la agricultura convencional, la agroecología integra los principios agronómicos,

La Agroecología: a diferencia de la agricultura convencional, la agroecología integra los principios agronómicos, ecológicos y socioeconómicos en la comprensión y evaluación de los efectos de las tecnologías sobre los agroecosistemas y la sociedad.

Manejo agroecológico es el manejo agrícola, pecuario y forestal, que busca proporcionar un medio ambiente equilibrado capaz de sostener los ciclos de vida diversa y sus patrones ecológicos, mediante el diseño de agrosistemas diversificados con empleo de tecnologías autosostenidas. Este diseño se apoya en el conocimiento de los sistemas ecológicos que operan en las transformaciones de los agrosistemas de manera que su manejo permita un óptimo ciclaje de nutrientes, flujos cerrados de energía, conservación de la humedad, poblaciones diversas y balanceadas y un uso múltiple del suelo y los recursos.

Busca potenciar las complementariedades y los sinergismos que surgen de combinar cultivos, árboles y animales en diferentes arreglos espaciales y temporales, evitando el uso parcial y fragmentado de los recursos naturales.

Enfoque Sistémico: El ecosistema es una unidad de paisaje definida operacionalmente que integra todos los organismos, incluso al hombre, junto con todos los componentes físicos y los procesos ecológicos que los vinculan (Likens, 1992) 38 .

Esta definición del sistema, sus componentes e interacciones, sus límites y las entradas y salidas del mismo, se vuelve un paso prioritario bajo un modelo de uso de los recursos basado en la sustentabilidad. Las ventajas del uso de esta unidad operativa para establecer estrategias de manejo de los recursos se relacionan con la amplitud de escalas espaciales y temporales que pueden adoptar los ecosistemas. Por ejemplo, una cuenca hidrográfica o el rúmen de un vacuno podrían ser catalogados como ecosistemas.

El papel que tienen los procesos y la dinámica en el enfoque ecosistémico es central. El funcionamiento del ecosistema incluye el flujo de energía y el ciclado de materiales entre organismos y ambiente, las interacciones de los organismos que lo integran y sus respuestas a los disturbios. Los procesos mencionados deben ser estudiados y comprendidos al momento de definir las estrategias de uso sustentable. El conocimiento de los flujos en el sistema nos permite lograr que los distintos componentes del mismo realicen su aporte, en distintos momentos y desde distintos espacios.

Conservación de la biodiversidad

La conservación de la biodiversidad promueve el uso adecuado de los recursos, evitando que se debiliten o, peor aún, eliminen especies en el área bajo manejo. Los ecosistemas naturales son generadores de recursos de uso múltiple y la potencialidad de tales usos que ofrecen está relacionada con la diversidad biológica que poseen.

Anteriormente señalamos que es posible manejar el ecosistema para obtener determinados bienes pues reconocemos que los mismos toleran cierto grado de intervención humana. Por tanto la eliminación, en algunos casos necesaria, de individuos de una especie no debe confundirse con la eliminación de la especie, y por tanto no suponer que genera mermas de la biodiversidad.

38 Likens, G. 1992. The ecosystems Approach: its use and abuse. Exellence in Ecology, Book 3. Ecology Institute, Oldendorf/Juhe, Germany.

En otro sentido el enorme vacío de conocimiento acerca de nuestros sistemas naturales nos oculta

En otro sentido el enorme vacío de conocimiento acerca de nuestros sistemas naturales nos oculta el grado óptimo de tolerancia a las intervenciones y nos sugiere no intervenir la totalidad de un ecosistema. Por el contrario, debe existir un sistema de áreas protegidas que asegure la conservación de los distintos componentes estructurales así como de las especies claves y amenazadas. La creación de reservas constituye un aspecto fundamental del mantenimiento de la sustentabilidad ecológica del sistema manejado, no sólo por lo que ello representa para la conservación de la biodiversidad sino además por el valor de los servicios a los espacios que sí fueron intervenidos (Franklin, 1993).

Desde este punto de vista las medidas de conservación deben contemplar (Franklin, 1993) la identificación de los principales problemas de conservación de la biodiversidad, la creación de un sistema de reservas que abarque el conjunto de la biodiversidad regional, la gestión de medidas de conservación de la biodiversidad en los espacios intervenidos y la valoración de los procesos ecológicos que vinculan reservas y áreas intervenidas.

La conservación de la biodiversidad es parte dinámica del manejo sustentable. Es decir, no sólo con reservas estrictas se conserva la biodiversidad. Los programas de manejo sustentable con un adecuado uso de los recursos también aportan a su conservación. Los sistemas de reservas conservacionistas deben adecuarse y ponerse en práctica también al interior de un sistema productivo.

Diversificación productiva

La diversificación productiva es el incremento de la cantidad de rubros productivos generados por un agroecosistema. Conviene aclarar que no necesariamente existe una relación directa entre el incremento y un aumento de las formas de vida en dicho agroecosistema. Mayor número de rubros productivos puede o no significar un incremento de las formas de vida.

La producción sustentable de un agroecosistema deriva del equilibrio entre vegetales, suelo, luz, nutrientes, humedad y la diversidad de todos los organismos existentes. Es productivo y saludable cuando las condiciones de crecimiento son equilibradas en nutrientes y poblaciones; y cuando los vegetales permanecen resilientes 39 , de modo que toleran tensiones frente a las adversidades. Los agroecosistemas diversificados adaptados a las condiciones ecológicas del lugar, permiten superar las tensiones que generan las perturbaciones, ofreciendo mayor seguridad a las familias que los habitan.

La preservación y ampliación de la diversidad biológica y productiva de los agroecosistemas es el primer principio para producir la autoregulación y sustentabilidad de los mismos. Cuando la diversidad biológica es restituida, acompañada con diversificación productiva, se establecen numerosas y complejas interacciones entre el suelo, las plantas y los animales, que redundan en un aprovechamiento muy beneficioso de los sinergismos y complementariedades que de ellos resultan, además de establecer las relaciones funcionales entre los componentes del sistema. Una producción diversificada produce beneficios ecológicos, como por ejemplo una vegetación estratificada aprovechando diferentes intensidades lumínicas y explorando distintos niveles de suelo, ofreciendo

39 Resiliencia es la propiedad de los ecosistemas naturales, que determina la capacidad de recuperación de los mismos. Esta propiedad actúa inmediatamente después de que el ecosistema sufrió perturbaciones naturales (incendios, inundaciones u otras catástrofes), o intervenciones del hombre.

distintos grados de cobertura y protección, reciclando nutrientes, conservando la materia orgánica, manteniendo el

distintos grados de cobertura y protección, reciclando nutrientes, conservando la materia orgánica, manteniendo el equilibrio hídrico, favoreciendo el control biológico, etc.

Desde lo económico, la diversificación productiva involucra un proceso de planificación espacial y temporal en el corto, mediano y largo plazo, por ejemplo con cultivos anuales, plurianuales y perennes 40 , aumenta de este modo, la seguridad económica por disminución de riesgos.

Capacidad productiva de los agroecosistemas

Aumentar la capacidad de producción de los agroecosistemas, significa optimizar la "capacidad de trabajo" para generar vida, expresada por un continuo intercambio de materia y energía. Esta capacidad del agroecosistema puede permitir, si fuese necesario, lograr mayores producciones.

Optimizar la capacidad de trabajo de los ecosistemas significa crear condiciones para que las formas de vida que existen o que introduzcamos, se sucedan y complementen en un proceso de aumento de vida y como consecuencia, de mejoras productivas 41 .

En los agroecosistemas las personas buscan orientar el trabajo (flujo de energía), de la naturaleza hacia la reproducción de especies vegetales y/o animales de interés actual, en detrimento de otras que no interesan tanto por el momento. Cuando en los sistemas complejos se pretende maximizar el trabajo en un solo sentido -monoespecificidad-, se puede romper el patrón de relaciones que permite la funcionalidad del agroecosistema, provocando su colapso.

Recuperación de ecosistemas degradados

Los ecosistemas degradados son sistemas naturales que fueron sometidos a una incorrecta presión extractiva y manejo inadecuado afectando su regeneración y estructura, modificando las interrelaciones de sus patrones de organización e incapacitándolos para sostener la misma cantidad y diversidad de bienes y servicios que brindaban antes de ser intervenidos. Una característica es su baja resiliencia y su tendencia a la desertificación.

Para los campesinos y pequeños productores rurales, la necesidad de reorganizar su sistema de modo que permita revitalizar la producción de los agroecosistemas degradados,

40 Una producción diversificada permite en el corto plazo producir alimentos varios; en el mediano plazo potenciar esta producción de alimentos proporcionando otros recursos como ser forrajes, frutas, fibras, esencias, medicinas, insumos para industrias, maderas, ganadería, apicultura, granja, fauna, etc, y a largo plazo el suministro estable de recursos forestales, alimenticios, forrajeros, pecuarios, silvestres y frutos, haciendo uso múltiple del espacio.

41 Todas las formas vivas contienen alta energía potencial. Durante el proceso de senescencia y muerte ocurre la desorganización y transferencia de esta energía a otras formas vivas o no vivas. La muerte de vegetación (por ejemplo un bosque), libera energía, gases y minerales almacenados, entre ellos CO2, en un proceso de descomplejización. Lo que era complejo es dividido y simplificado, y la energía es liberada y perdida del sistema vivo. Esto es entropía. El proceso contrario es la regeneración y sucesión de especies, donde las distintas formas de vida moderan, conservan y acumulan energía. Este es un proceso creciente y dinámico, donde los ecosistemas "trabajan" transfiriendo energía de formas más simples a formas sucesivamente más complejas. Los disturbios y la senescencia retornan energía y materiales a formas más simples. La energía potencial total de un sistema está expresada en su biomasa.

es hoy una cuestión de supervivencia. Aumentar la capacidad de soporte de los sistemas es

es hoy una cuestión de supervivencia. Aumentar la capacidad de soporte de los sistemas es por lo tanto un paso importante para la superación de su crisis y un camino necesario para el desarrollo rural sustentable. Promover esa recuperación con un mínimo de insumos externos es una condición indispensable para su viabilidad.

El tiempo de recuperación de los ambientes depende del estado de degradación, de las características del ecosistema, de las técnicas que se empleen, del aporte externo, de la capacidad de trabajo familiar para la recuperación, entre otros aspectos. En general la recuperación es sumamente lenta y costosa. Por lo dicho, la recuperación de los ambientes degradados en los sistemas productivos de las familias campesinas requiere, en la mayoría de los casos, la implementación de subsidios 42 .

b) Criterios de sustentabilidad ecológica

La sustentabilidad debe plasmar algunos de sus atributos (Masera O. et al, 1999), como la productividad, la estabilidad, resiliencia, adaptabilidad, autogestión, equidad, atc., en criterios de intervención; es decir, en bases normativas para la acción donde logran su verdadera expresión. En base al enfoque conceptual que planteado en las páginas anteriores se definen algunos criterios que tenidos en cuenta permitirían ir acercándose a manejos más sustentables:

Conocer el área bajo manejo: no resulta posible manejar sustentablemente un área determinada (o recuperar sustentabilidad), sin un conocimiento general de la zona, de sus diversos recursos y usos de la tierra, como también de las características cuali-cuantitativas de la estructura y dinámica de los recursos naturales sujeto de manejo.

Extraer de los sistemas de producción tasas acordes con la dinámica de crecimiento de los recursos naturales: el límite de aprovechamiento de un recurso natural es su crecimiento. En forma general no se logrará sustentabilidad si los aprovechamientos exceden este límite.

Regenerar los sistemas naturales: no basta con extraer tasas acordes con la dinámica de crecimiento de los recursos naturales. Si los agroecosistemas no son regenerados, en el mediano o en el largo plazo resultarán agotados.

Mantener y recuperar la biodiversidad en el área bajo manejo: las intervenciones no deben generar la desaparición de especies. Si es posible, se deberá trabajar para la recuperación de las que han desaparecido.

Diversificar los sistemas productivos: las monoproducciones generan agotamiento de los recursos naturales en algunos casos y de los económicos en otros. La diversificación del sistema productivo permite que alguno o algunos de los componentes del mismo se recuperen mientras otros están en producción.

Incrementar la capacidad productiva de los agroecosistemas: en general es posible intensificar la producción de los agroecosistemas sin generar desequilibrios.

42 La cuestión de los subsidios es una práctica compleja, que involucra aspectos tanto económicos como metodológicos, que se abordan más adelante.

Mejorar la calidad de producción de los agroecosistemas: la gran mayoría de los productos obtenidos

Mejorar la calidad de producción de los agroecosistemas: la gran mayoría de los productos obtenidos a partir de los recursos naturales son susceptibles de mejora en su calidad.

Recuperar áreas degradadas: los anteriores criterios se aplican sin problemas cuando el área bajo manejo permite algún tipo de aprovechamiento. Aquellas en donde el accionar del hombre ha generado daños transformándolas en improductivas, deben ser recuperadas.

Evitar la contaminación: el uso indiscriminado de agroquímicos produce disminución de la biodiversidad, contaminación del agua, del suelo y amenaza la salud humana, dificultando, en el mediano y largo plazo, la replicabilidad de la vida.

Aportar a la formación de políticas públicas relacionadas a los recursos naturales:

nos referimos a políticas 43 de ordenamiento territorial, de manejo y conservación de los recursos naturales, de recuperación de áreas degradadas. Desde cualquier nivel (comunal, departamental, provincial, nacional u otro), se debería contribuir a la formación de políticas que aporten al uso sustentable de los recursos naturales.

c) Sugerencias prácticas para la sustentabilidad ecológica

Se desarrollan a continuación algunas sugerencias relacionadas con la práctica de los anteriores criterios.

Para el conocimiento del área

El conocimiento de información general sobre la zona y sus recursos naturales, es fundamental para una primera visión que indique con qué se cuenta en el área bajo manejo. Esta información permitirá también la posterior organización del diseño espacial de los planes de manejo sustentable. Para eso suele ser de gran utilidad realizar un mapa de recursos que pueda mostrar rápidamente el área de trabajo, la infraestructura con que se cuenta en la misma, los diversos usos de la tierra y para las zonas de bosque, presentar una primera estratificación según el estado de los recursos naturales 44 .

Para las tasas de crecimiento y regenerabilidad

Para la práctica de los criterios relacionados con el crecimiento y la regenerabilidad de los recursos naturales se requiere de una segunda aproximación a los recursos naturales, esta vez mucho más cercana. En esta etapa seguimos buscando información, solo que de mayor precisión.

43 Este aspecto guarda estrecha relación con aspectos desarrollados en la dimensión política de la sustentabilidad, por lo que se trata también en dicho punto. 44 Se trata de un mapa que presenta zonas diversas. Podemos encontrarnos con zonas domésticas y peridomésticas, zonas de cultivos –agrícolas, forrajeros o forestales-, y zonas de bosques. En estas últimas resulta de gran ayuda diferenciar además, si se trata de bosques en buen estado (áreas de aprovechamiento potencial), o de bosques degradados (potencial área de recuperación). La confección de este mapa puede realizarse sobre fotos aéreas o imágenes satelitales de fecha cercana, como también mediante recorridas en el terreno.

El conocimiento de la estructura y dinámica 4 5 de los recursos naturales es clave

El conocimiento de la estructura y dinámica 45 de los recursos naturales es clave para la formulación de pautas, medidas o planes de manejo sustentable:

La estructura define qué hay, cuánto hay y cómo se distribuyen los recursos naturales en el área; la dinámica cuánto crecen y cómo evolucionan las diversas formas de vida de un ecosistema.

En este punto es conveniente aclarar que muchos de nuestros recursos naturales no han sido estudiados y no se conocen datos básicos. En general, en el momento de realizar propuestas de manejo, dicha información falta y es necesario el estudio y la investigación que la genere. Con seguridad en una parcela agrícola monocultivada hay más conocimiento;

45 Para una mejor comprensión del estudio de la estructura y dinámica de los recursos naturales y de la importancia de su conocimiento para la formulación de medidas de manejo sustentable, brindamos el siguiente ejemplo. En el mismo –cultivo monoespecífico de eucaliptus-, debido a la sencillez del manejo de una especie, el conocimiento de la estructura y dinámica resultan sencillos o ya se posee.

El conocimiento de la estructura. En una parcela de eucaliptus, es de simple medición o ya se conoce, que hay

plantas de tal especie, como también diámetro y altura de las mismas. También sabemos cuantas plantas hay por hectárea, cuanto pesa cada planta y cual es el volúmen (o el peso) total de la plantación. Se sabe que las plantas más grandes y mejor formadas están, por ejemplo, en el sector de la plantación sitio 1, donde los suelos son muy buenos y que las plantas más chicas y defectuosas están en el sector sitio 6 donde los suelos están totalmente empobrecidos debido a que, previamente fueron cultivados con maíz durante 10 años.

El conocimiento de la dinámica. Siguiendo con el ejemplo, también resultará sencillo o ya estará estudiado,

cuanto crece cada planta y cuanto la plantación de eucaliptus, cuanto es dicho crecimiento en el sitio 1 y cuanto

en el sitio 6. En función de dichos crecimientos sabremos en que momento la plantación requerirá de una mayor

superficie por planta y será necesario ralear, como también el momento y la cantidad de plantas que alcanzarán

la madurez, en el sitio 1 y en el 6 respectivamente.

Con este cúmulo de información aún el silvicultor (sinónimo de manejador para un bosque cultivado), no demasiado avezado, definirá prontamente su plan de manejo.

* Primer raleo. En el sitio 1, a los tres años serán cortadas tantas plantas de tal diámetro. En el sitio 6 este primer raleo será de tantas plantas, pero solo es necesario al sexto año. En el sitio 1 obtendremos tantos postes de 2,2 metros. En el sitio 6, tantas toneladas de madera para chipeadora. * El segundo raleo y la corta de madurez se planifican de la misma forma. Con todo, calculamos finalmente, los ingresos totales y por hectárea, como también los costos, del primer raleo a los 3 y 6 años, del segundo a los 7 y 10 y de la corta final a los 10 y 13 años, según se trate del sitio 1 o 6 respectivamente. Salvando las distancias, este ejemplo puede resultar similar para una parcela de algodón o de maíz en donde la estructura y dinámica son conocidas. Ahora bien, ¿que ocurre en un bosque multiespecífico?. En nuestros montes nativos, debiéramos conocer todo lo anterior para cada forma de vida. En rigor, debiésemos tener o estudiar la estructura y dinámica de las poblaciones arbóreas, de las herbáceas y gramíneas, de la fauna, de los insectos y aún así, estaríamos dejando de lado muchas formas de vida. Este planteo demuestra que la tarea de manejo, en el caso de un monte nativo, debe ser encarada por equipos multidisciplinarios. Si, de todo el complejo sistema “monte nativo”, nos abocamos solo al estudio de las leñosas, la estructura definirá el número de árboles por hectárea, por clases de tamaño y por especie, el número de individuos de la regeneración de dichas especies, (indicador de la permanencia del bosque en el futuro), los sectores que tienen buena regeneración y los que requieren enriquecimiento forestal, el aprovechamiento de ciertas clases de tamaño

y también, posibles productos de nuestro manejo y la distribución de los mismos en las zonas de

aprovechamiento. El estudio de la dinámica definirá cuanto es posible extraer periódicamente de cada clase de tamaño y de cada especie, proyectará la evolución de las especies y con dicha proyección las medidas de manejo (de regeneración o de extracción), en el marco de una planificación anual, del manejo de los recursos. Todo lo anterior confluye para la formulación de planes de manejo sustentable que normalmente son de cinco o diez años, que muestran claramente las posibilidades (volúmenes anuales), de aprovechamiento forestal en dichos períodos. Para garantizar sustentabilidad, después de diez años, es conveniente la reformulación de los planes de manejo.

pero en un bosque, ecosistema de alta complejidad por la cantidad de formas de vida

pero en un bosque, ecosistema de alta complejidad por la cantidad de formas de vida que lo habitan, reunir información sobre la estructura y dinámica de las mismas, no es tarea fácil.

Esta gran complejidad de los bosques naturales indica que, usando la lógica sistémica de ir trabajando por partes, se puede avanzar con las intervenciones de manejo en algunos subsistemas más conocidos -por ejemplo el forestal maderable que sin embargo, todavía requiere de muchos estudios-, procurando que estas intervenciones no generen daños a otros subsistemas -por ejemplo a la fauna-. En general hay que plantear estas intervenciones con carácter de experiencias –pequeña escala-, lo que permite revertir efectos negativos, si se presentaran.

Pero un pequeño productor seguramente ocupa o posee, además de su parcela de monte nativo, superficies agrícolas, un rodeo de vacas, una majada de cabras, algunas colmenas

y/u otros componentes en su sistema de producción. El manejo de cada actividad productiva

o subsistema, requerirá del conocimiento de la estructura y la dinámica de sus poblaciones vivas.

Como se ve, la información necesaria es abundante y conseguirla puede resultar complicado, más aún en los sistemas de producción con mayor grado de diversificación. No por ello se debe renunciar al manejo sustentable de los mismos. Tal vez con algunas

simplificaciones que no son óptimas, pero permiten avanzar e ir conociendo lo que aún no se sabe. Si bien no hay que descuidar la integralidad, se puede trabajar sobre algunos subsistemas, hasta tanto se reúna la información necesaria sobre los restantes. Conociendo

la estructura y dinámica de alguno, se puede avanzar en las intervenciones de manejo sobre

ellos. Se define el manejo de lo conocido –el sistema agrícola o el ganadero por ejemplo-, y

simultáneamente comienzan los estudios y/o experiencias de los que se conocen menos.

Bíodiversidad y diversificación productiva:

Si bien diversificación y biodiversidad son conceptos distintos –ya tratados-, en la práctica ambos indican un camino parecido ya que apuntan a lograr un incremento de las formas de vida en el área bajo manejo. Mediante la diversificación productiva la introducción de nuevas formas de vida al sistema generará también nuevos productos para venta y/o autoconsumo. En cambio, trabajando sobre la biodiversidad, las formas de vida incorporadas o recuperadas para el sistema pueden no ser de uso productivo inmediato o solamente potencial.

La diversificación de componentes productivos, económicos y socioculturales del sistema genera interesantes alternativas de aprovechamiento de los recursos, no solo de los naturales. Esta diversidad, que en algunos casos conviene incrementar, en otros muchos sistemas de vida campesinos es elevada y permite la obtención de ingresos por rubros diversos y en épocas distintas 46 .

46 Algunas especies son estivales y nos permiten su aprovechamiento en el verano, otras son invernales, algunas son de aprovechamiento en cualquier época, como el monte –aunque un problema de temperaturas indica que su aprovechamiento forestal conviene realizarlo en otoño/invierno, otras especies generan ingresos en un momento del año –por ejemplo la época en que se concentran las pariciones de algunos animales domésticos-, también en algunos momentos del año –tratándose de animales silvestres-, no es posible el aprovechamiento de los mismos, porque aún no ocurrieron las pariciones. La diversidad también incluye aspectos socio-económicos, así a nivel de las estrategias de reproducción social encontramos diferentes prácticas sociales que toman la forma de trabajos esporádicos (changas diarias), el trueque de productos o insumos, el aporte económico de algún hijo que migró, el subsidio estatal por desastres o emergencias climáticas, la obtención de bienes y/o servicios en épocas electorales, etc. Por último hay épocas del

La biodiversidad, expresa la cantidad total de formas de vida de un sistema y se

La biodiversidad, expresa la cantidad total de formas de vida de un sistema y se mide normalmente en número de especies o de familias por unidad de superficie. Este valor no debe disminuir y si es posible debe aumentar mediante intervenciones de manejo.

Para ello es indispensable promover nuevas formas de vida, con la incorporación de semillas, plantas 47 y animales, y lo mejor es que sea con especies de zonas menos alejadas o locales pues están mas adaptadas. Pero además se debe conservar lo existente. La conservación de la biodiversidad debe hacerse “in situ”, en los “supermercados” naturales. Para esto, se requiere de escenarios que lo permitan; pero no solo en las reservas naturales o los parques nacionales. También al interior de las unidades de producción es posible promover pequeñas reservas de vida (clausuras permanentes o temporales), eligiendo por ejemplo, pequeñas parcelas del campo que aun cuentan con las condiciones necesarias. Los pequeños productores debieran ser los pioneros de este conservacionismo porque son los que más lo necesitan para su supervivencia y desarrollo.

Áreas degradadas

Cuando se realiza la zonificación y se documenta en un mapa de recursos, quedan relevadas las áreas y su grado de degradación. Si las degradadas cuentan con leñosas, se trata generalmente de fachinales o arbustales, es decir lo que quedó después de un aprovechamiento insustentable. Si no existen especies leñosas, se pueden encontrar algunas herbáceas o, en el peor de los casos suelos desnudos, salinizados y/o alcalinizados.

En cualquier caso el estudio de la estructura y dinámica de estas áreas no tiene sentido y su recuperación requiere de fuertes y costosas intervenciones. En ellas habrá que aplicar prácticas que impiden la presencia de animales domésticos –cerramientos-, tratamientos silviculturales que ayudan a la producción del estrato herbáceo y mejoran la calidad del estrato leñoso, enriquecimiento con especies vegetales múltiples –forestales, frutales, forrajeras u otras-; pero, los recuperadores de suelo como los abonos verdes, son determinantes en estos casos. Aspectos políticos

Cada uno en su sitio puede y debe trabajar los aspectos políticos. La sustentabilidad no llegará por nuestro solo accionar sino mediante acciones articuladas de productores, técnicos, instituciones, gobiernos y de la sociedad en general 48 . De otro modo, nuestras acciones de manejo sustentable, nunca dejaran la categoría de experiencias.

año en que no nos interesa aprovechar sino justamente desaprovechar y entonces, en estas épocas, sencillamente, nos sentamos a disfrutar del carnaval. Así están compuestos los sistemas de vida campesinos, esa es la diversificación que se utiliza como estrategia de subsistencia y que debemos conocer y respetar para trabajar por las diversas dimensiones de la sustentabilidad.

47 El incremento de la diversidad se puede generar con especies nativas que han desaparecido o no estan en la zona por diversos motivos. Por ejemplo la espina corona (Gleditcia amorphoides), es del Chaco húmedo y subhúmedo pero se viene adaptando muy bien en otras zonas del Chaco Argentino, es una especie chaqueña movilizada hacia otras zonas del Chaco. No siempre la introducción de especies exóticas es lo mejor, suelen ser más delicadas y si no tienen los cuidados adecuados no logran adaptarse. 48 Para el coordinador de un programa provincial puede resultar clara la necesidad de sentarse frente a las autoridades de las universidades para la firma de convenios o actas acuerdos, frente a ministros de agricultura para impulsar programas de manejo sustentable de los recursos naturales o ante delegaciones extranjeras interesadas en el financiamiento de proyectos en tal sentido. El técnico de terreno en zonas aisladas también debe

La dimensión socio política del desarrollo rural sustentable. a) Aspectos conceptuales. Como ya señalamos el

La dimensión socio política del desarrollo rural sustentable.

a) Aspectos conceptuales.

Como ya señalamos el desarrollo rural sustentable desde la perspectiva de las familias campesinas involucra, en su dimensión política, el desarrollo de estrategias colectivas y de capacidades organizativas orientadas a potenciar y fortalecer los procesos de construcción de ciudadanía efectiva.-

La ciudadanía es el reconocimiento de las personas como sujetos de derechos en tanto miembros de una comunidad política estructurada en base al principio de autonomía de todos los que la integran 49 . Por tanto, es la condición política de los sujetos en el marco de sociedades democráticas, en las que la legitimidad del poder político se funda en la participación de éstos en los procesos institucionalizados de toma de decisiones públicas y su reafirmación es consecuencia de una larga lucha que de ninguna manera ha terminado 50 .

impulsar, en otra escala, alternativas similares. Frente a su coordinador para que acerque la universidad a la zona, frente a las autoridades comunales para generar proyectos que sigan curso hacia niveles más altos o que sean ejecutados en pequeña escala desde la comuna. Y los productores deben articular. Como?, siendo partícipes de las organizaciones que los agrupan o generándolas cuando éstas no existan. Desde la organización, ser protagonistas, buscando técnicos idóneos para ser asesorados, presentando los problemas de la comunidad ante las autoridades comunales o provinciales, relacionándose con otras organizaciones de productores u otros niveles.

49 Dada la importancia central que adquiere la concepción del principio de autonomía en nuestra concepción de la ciudadanía, creemos conveniente definirlo claramente. Por ‘autonomía’ entendemos el principio que reconoce que “los individuos (personas) deberían ser libres e iguales para determinar las condiciones de su propia vida; es decir, deberían disfrutar de los mismos derechos (y, por consiguiente, de las mismas obligaciones) en la especificación del marco que genera y limita las oportunidades para ellos, siempre y cuando no utilicen este marco para negar los derechos a otros.” (HELD, D. “MODELOS DE DEMOCRACIA.”, Alianza Universidad, Madrid, 1991, pág. 326).

50 De hecho, la historia política de las sociedades modernas puede comprenderse e interpretarse desde esta perspectiva, ya que si bien los inicios de este proceso pueden remontarse a las revoluciones liberales originarias (1776 y 1789), la extensión de los derechos mayoritariamente reconocidos como constitutivos de la ciudadanía y la ampliación del reconocimiento efectivo de tal condición hacia los diferentes grupos y sectores sociales es un proceso que llega hasta nuestros días. En cuanto a la ampliación de los contenidos de los derechos de ciudadanía, clásicamente se han distinguido diferentes etapas, las que sin constituir una línea continua y uniforme de evolución histórica, ha sido marcada por la trayectoria histórica de buena parte de las sociedades modernas. En este proceso, se distinguen por lo general tres grupos de derechos, resultantes cada uno de ellos de la lucha contra diferentes formas de desigualdades (la lucha contra el despotismo del Estado Absolutista, contra el poder jerárquico tradicional del orden feudal, y contra las desigualdades emergentes del mercado y las injusticias sociales): los denominados derechos civiles, (que hacen referencia al reconocimiento de las personas como sujetos jurídicos anteponibles ante el Estado, tales como los derechos de libertad individual, incluidos los de libertad de palabra y de conciencia, los de propiedad y de libertad económica – libertad contractual – y los de igualdad ante la ley – garantías jurídicas –), los políticos (son los derechos a través de los cuales se reconoce a los sujetos como miembros activos del Estado y por tanto, con derechos a participar activamente del Gobierno y de los procesos institucionalizados de toma de decisiones políticas: incluyen centralmente el derecho al sufragio, a constituir asociaciones políticas, y a expresar públicamente posturas y opiniones políticas), y, finalmente, los derechos sociales (que hacen referencia a los derechos que tienden a garantizar las condiciones sociales para el pleno ejercicio de la ciudadanía a través del reconocimiento del derecho a un umbral de seguridad y bienestar económico – incluyen derechos laborales, al acceso a la educación, a la salud, al trabajo, la vivienda. Estos derechos por lo general, se desarrollaron a partir de la extensión de la protección jurídica de las condiciones de trabajo.). (MARSHALL, T. H.: 1965). El otro aspecto desde el cual puede analizarse el proceso de expansión de la ciudadanía es el referente a los diferentes grupos y sectores sociales, ya que en un principio, la condición de ciudadanía estuvo restringida al

Analizando los procesos históricos es posible señalar que, si bien los derechos civiles, los políticos

Analizando los procesos históricos es posible señalar que, si bien los derechos civiles, los políticos y los sociales guardan cierto grado de autonomía y pueden considerarse por separado, cada uno de ellos son constitutivos de la noción de ciudadanía, por lo cual, para el ejercicio pleno de la libertad y para la participación efectiva en condiciones reales de igualdad en la determinación del orden social del que forman parte, las personas deben tener asegurada la vigencia efectiva en los tres planos.

Por otra parte, también se desprende de la experiencia histórica que, si bien desde los orígenes de estos movimientos hasta fines de la década del ’70, podría trazarse una línea evolutiva de progresiva expansión en el reconocimiento de estos derechos, el grado de alcance y extensión de la ciudadanía (en cuanto a su inclusividad y en cuanto a sus contenidos), constituye el resultado de un proceso dinámico definido por el estado y la

relación de fuerzas políticas (resueltas a integrar o a excluir a determinados sectores sociales) en los diferentes momentos históricos de cada sociedad en particular. De allí que podemos entender los derechos de ciudadanía como “el resultado de movimientos sociales

determinados a expandir o defender la definición de la pertenencia social (

que definen la ciudadanía delimitan en última instancia la pertenencia a una comunidad

Las fronteras

)

política.” 51 .

Campesinado y ciudadanía en la experiencia argentina

En el caso particular de la experiencia histórica de las sociedades latinoamericanas y, más precisamente en el de nuestra realidad nacional, el reconocimiento y extensión de los derechos de ciudadanía han estado sujetos a la fuerte conflictividad e inestabilidad institucional que ha caracterizado a los procesos políticos nacionales desde sus orígenes. Ella ha tenido lugar a través de un complejo proceso caracterizado por rupturas, marchas y contramarchas que llega hasta nuestros días y que nos mantiene todavía lejos de una ‘ciudadanía consolidada’.

Hay ciertamente hechos y momentos importantes, como el reconocimiento de los derechos civiles a partir de la sanción de la Constitución Nacional de 1853, la extensión de la ciudadanía a los derechos políticos con la sanción de la Ley Sáenz Peña, que instaura el sufragio ‘universal’(masculino), secreto y obligatorio (1916) – derechos que para las mujeres recién se reconocería en 1947 –; y la progresiva extensión del reconocimiento de los derechos sociales a partir de la estructuración del estado de bienestar. Pero estos hitos históricos no sólo no marcan la progresión de etapas sucesivas y consolidadas, sino que por el contrario, a lo largo de todos los períodos hallamos situaciones caracterizadas por la negación y / o supresión de algunos de los derechos (civiles, políticos y sociales) constitutivos de la condición de ciudadanía.

Como se ha señalado en apartados anteriores, el campesinado constituye un sector especialmente marginado e ignorado social y políticamente, por lo que ha estado siempre a la zaga en los procesos de extensión de la ciudadanía o se ha visto particularmente

minoritario sector de adultos masculinos, alfabetizados y propietarios y sólo paulatinamente tales derechos se fueron extendiendo a otros grupos y sectores sociales que, por su condición social, de clase, de género, o étnica, estuvieron antes excluidos de los mismos. En este sentido, baste recordar que la extensión del sufragio universal constituye un fenómeno recién del siglo XX y que hasta hace pocas décadas atrás (incluso entre las sociedades ‘más avanzadas’) las mujeres estaban excluidas de tal derecho.-

51 TURNER, J. 1986.

afectado por el carácter parcial, fragmentario y precario de sus derechos civiles, políticos y sociales.

afectado por el carácter parcial, fragmentario y precario de sus derechos civiles, políticos y sociales.

Así, buena parte de la precariedad estructural que caracteriza sus condiciones históricas y presentes de vida y de reproducción social no podría entenderse sino como consecuencia del proceso de estructuración de una ciudadanía deficitaria, por lo que a lo largo de la historia y bajo ciertos aspectos aún actualmente, las familias campesinas existen y subsisten ignoradas por el orden jurídico formal en tanto sujetos de derechos (tanto civiles, como políticos y sociales), en su condición de propietarios de las tierras que trabajan y de la que viven, en su condición de productores y consumidores, en definitiva, de ciudadanos libres y autónomos.

Estas diferencias, que tienen origen en la naturaleza excluyente de los procesos de modernización ya señalados, paradójicamente se ampliaron y aún profundizaron durante el período de expansión de los derechos sociales, dada la naturaleza y características propias del Estado de Bienestar argentino 52 , bajo el cual aquel tuviera lugar. En efecto, como consecuencia de su proceso de estructuración y su dinámica -a pesar del innegable desarrollo social que experimentaron todos los sectores sociales en general y del mejoramiento de la participación en la distribución del Producto Social por parte de ciertos sectores históricamente subordinados-, el modelo de Estado de Bienestar en la Argentina tendió a reproducir y acentuar tanto sectorial como regionalmente las diferencias y asimetrías sociales preexistentes; y, en lugar de instaurar un patrón de integración social

52 En relación a las diferencias con las experiencias de los países del círculo del capitalismo central, la

constitución del Estado de Bienestar en la Argentina se distingue principalmente por la ausencia de un escenario político de estabilidad y de desarrollo y consolidación de las instituciones típicas de la democracia liberal. Por el contrario, tanto las instituciones del Estado de Derecho como el sistema de representación político fueron sistemáticamente lesionados tanto por rasgos autoritarios de regímenes constitucionales como por la propia conformación de regímenes de fuerza. al margen de la legalidad.- Como consecuencia de esto, el desarrollo de los derechos sociales no estuvo vinculado al despliegue y plena vigencia de los derechos civiles y políticos, lo cual impidió la estructuración de la noción de ciudadanía social, es decir, la concepción de los beneficios del sistema de seguridad social como derechos inherentes a la condición de ciudadanía.- Complementariamente, en cuanto la inexistencia de un sólido sistema de partidos como mecanismo de agregación de intereses y de representación política favoreció la supervivencia de una fuerte estructura corporativa como mediadora de los intereses sectoriales frente al Estado, el proceso de constitución y desarrollo del sistema de seguridad social siguió un patrón fuertemente corporativizado y jerarquizante cuya dinámica se fundó en el logro de privilegios y beneficios diferenciales por los sectores con mayor capacidad de presión y en la posterior expansión escalonada e imitativa de los mismos hacia los sectores menos

influyentes.-

De esta dinámica resultó la estructuración de un modelo de intervención social institucionalmente híbrido donde coexistieron principios de organización corporativos junto a otros propios del modelo social- demócrata ( LO VUOLO, R. - BARBEITO, A.: 1993). En tanto los criterios universalistas organizaron los sistemas educativo y de salud pública, los mecanismos corporativos estructuraron las instituciones del sistema de seguridad social (régimen previsional, obras sociales, cargas familiares, legislación laboral) mediante los cuales se terminaron reproduciendo el modelo de estratificación social resultante del sistema de status diferencial de poder de los distintos sectores económico-productivos corporativizados. Residualmente, las políticas de vivienda y asistencia social fueron organizadas como políticas focalizadas en la asignación de los beneficios y montadas sobre estructuras clientelísticas de cooptación política. En definitiva, “la preeminencia de un modelo ‘industrial-meritocrático’ junto con un discurso universalista, definió un desordenado esquema donde el estímulo o fuerza motora era la aspiración de imitar los privilegios de los grupos mejor posicionados. Así, el sistema no fomentaba ni motivaba la búsqueda de stándards universales orientados a la cobertura de necesidades básicas.” ( LO VUOLO, R. - BARBEITO, A.: 1993, pág. 186).

universalista fundado en la noción de ciudadanía, prevaleció la integración diferencial y jerarquizante de sectores

universalista fundado en la noción de ciudadanía, prevaleció la integración diferencial y jerarquizante de sectores corporativizados mediante compromisos pseudo-institucionales que los asociaban al Estado.

De tal manera, la extensión de los servicios públicos de salud y educación, el acceso a la vivienda y a los demás servicios e infraestructura pública (agua potable, electricidad, caminos, medios y vías de transporte), el desarrollo de la legislación de protección laboral y de mejoramiento de las condiciones de trabajo, y, centralmente, la ampliación de los mecanismos institucionales de seguridad y previsión social habidos durante el proceso de industrialización – asalarización de la mano de obra, fueron procesos de los que el sector rural en general, y el sector campesino de las regiones marginales en particular, sólo han participado de manera residual y fragmentaria, y que a la postre, han constituido un factor que ha terminado desalentando la vida en el campo y la producción campesina como forma de vida, y potenciando aún más tanto los flujos migratorios permanentes hacia las ciudades como los procesos de proletarización de las familias campesinas 53 .

Luego, tras el agotamiento del modelo de industrialización sustitutiva y la transición desde el Estado Social hacia el Neoliberal, la retracción de la ciudadanía social que en general ha tenido lugar en dicho proceso no ha hecho sino profundizar y agudizar aún más la precariedad estructural que históricamente ha caracterizado a las condiciones de vida y reproducción social de las familias campesinas, sumando a las viejas deficiencias, nuevas amenazas y problemas.

No es posible por tanto comprender en toda su profundidad la naturaleza, causas y condiciones dentro de los cuales se desenvuelven las vidas de las familias campesinas , sin reconocer las graves dificultades y restricciones estructurales resultantes del proceso deficitario de constitución de ciudadanía. La situación de precariedad estructural aparece como un marco fuertemente limitante de las posibilidades reales de autonomía y autodeterminación de las personas que integran el sector campesino.

Es desde este punto de vista que sostenemos que en estas condiciones no hay posibilidades de desarrollo sustentable y que por tanto, aspirar a éste necesariamente hay que impulsar y promover un proceso de construcción de ciudadanía, entendido como construcción de poder de los y las campesinas a partir del despliegue de sus propias capacidades; una progresiva ampliación de las condiciones de autonomía y autodeterminación; y consecuentemente la deconstrucción de los múltiples y variados mecanismos y lazos de dependencia que restringen objetivamente sus horizontes y marcos de decisión.

Ello implica partir de sujetos constituyentes, de personas que van reconociendo y ganando confianza en sus propias capacidades y que ven en el despliegue de las mismas el medio para lograr mejores condiciones de vida. Pero como ello involucra también cambios en las estructuras y los mecanismos de distribución de los recursos de poder (culturales, sociales, políticos y económicos), no pueden entenderse exclusivamente como una empresa individual o atomizada. Por el contrario, las probabilidades dependen decisivamente de las capacidades organizativas y asociativas para desarrollar y mantener una acción colectiva sostenida y con visión estratégica en el ámbito público.

53 La intensidad y magnitud de los movimientos demográficos protagonizados por el sector campesino de las áreas extrapampeanas durante esta etapa (emigración hacia centros urbano-industriales y migración temporaria hacia diferentes regiones de monocultivos) dan cuenta de las profundas dislocaciones que los cambios habidos en este período significaron para las estrategias de vida familiares.

b) Criterios de sustentabilidad política. Reflexiones desde nuestras prácticas: Obviamente resulta mucho más sencillo

b) Criterios de sustentabilidad política. Reflexiones desde nuestras prácticas:

Obviamente resulta mucho más sencillo fundamentar y justificar la importancia central que tiene la necesidad de avanzar en el proceso de construcción de ciudadanía del sector campesino como condición de posibilidad para lograr el desarrollo sustentable que pasar al ámbito de los criterios concretos que deberían orientar nuestras prácticas promocionales en la procuración de tal objetivo.

Es que si bien el fortalecimiento de las capacidades organizativas y el apoyo a las organizaciones de base del sector campesino han constituido casi desde los orígenes uno de los objetivos prioritarios de la acción promocional de nuestras instituciones, y si bien se han obtenido avances y logros en este ámbito, predomina actualmente una generalizada sensación de crisis y desconcierto conceptual y metodológico al respecto.

En ellas son evidentes las ‘marcas de época’, y puede reconocerse fácilmente la incidencia del contexto social y cultural general. Sin embargo, más allá de los factores estructurales y epocales que están en el fondo de la situación de ‘agotamiento’ de la acción colectiva en general, en el caso particular de las experiencias asociativas y organizativas campesinas que surgieron a partir del despliegue del accionar promocional de las instituciones de apoyo, habría que reconocer e identificar la incidencia de algunos factores específicos y propios a la naturaleza de las relaciones entabladas entre las mismas y a las formas características que dicha acción promocional asumió.-

Sin pretender generalizar se puede ver que ciertas formas y prácticas de acompañamiento han dado lugar a la estructuración de una matriz de relacionamiento con matices asistenciales y paternalistas entre las instituciones de apoyo y las organizaciones de base; esto, sumado en algunos casos a las brechas entre las aspiraciones y los fines proyectados con los resultados y logros obtenidos, y a otros factores más específicos, han contribuido a la sensación de agotamiento y crisis por la que atraviesan algunas organizaciones campesinas y al desconcierto imperante al interior de las instituciones de promoción sobre qué estrategias seguir.

Dentro del contexto general de crisis de las organizaciones y movimientos sociales que afecta en diferentes formas, grados e intensidad a las organizaciones de base, se advierte una gran diversidad de actitudes, posiciones y reacciones desde las instituciones de promoción. En muchas predomina una actitud de búsqueda y de construcción de nuevas formas de apoyo y acompañamiento, senda por el que se han hecho avances significativos. En otros casos pareciera más bien que hay una negación o desconocimiento de la crisis insistiéndose en mantener las antiguas formas de apoyo. Y están también los que directamente desplazaron esta temática hacia una visión de la promoción del desarrollo concentrada y restringida a lo tecnológico productivo concentrando las estrategias de apoyo promocional al ámbito predial.

Más allá de las posturas y los caminos adoptados en los diferentes casos, creemos que lo que no está en discusión es la necesidad de avanzar en procesos de construcción de poder – reconocimiento de derechos de ciudadanía como un factor clave en el proceso de promoción del desarrollo del sector campesino, independientemente del lugar, rol e importancia que se les asigne a la promoción y fortalecimiento de los procesos y capacidades organizativas del mismo.

En todo caso, lo que parece claro es que la sustentabilidad de las estrategias de desarrollo de las familias campesinas se juegan decisivamente (aunque no exclusivamente) en las posibilidades de lograr fortalecer el actorazgo político del sector, para lo cual el desarrollo de

capacidades organizativas, el fortalecimiento de los mecanismos de representación social y política, la visibilidad e

capacidades organizativas, el fortalecimiento de los mecanismos de representación social y política, la visibilidad e incidencia en el escenario público, constituyen pasos de un proceso de construcción de ciudadanía.

Sintetizando y también como propuestas para continuar la reflexión, van las siguientes afirmaciones:

La construcción de ciudadanía (empoderamiento) en tanto ampliación de las bases de autonomía y autodeterminación de las personas constituye un objetivo central del desarrollo sustentable.

El reconocimiento y vigencia efectiva de los derechos constitutivos de la ciudadanía constituyen un factor determinante en las posibilidades de vida autónoma y de realización de las personas y comunidades campesinas, en cuanto de ellos depende la seguridad sobre sus posesiones, la factibilidad y viabilidad de estrategias económicas autosuficientes, y el acceso en igualdad de condiciones a la educación, la salud, y los sistemas de seguridad y protección social.

El apoyo a los procesos organizativos y al fortalecimiento de las capacidades organizativas – en tanto procesos de construcción de ciudadanía – de las familias campesinas constituye un factor decisivo y central dentro de una estrategia de promoción del desarrollo rural sustentable.

Este proceso de fortalecimiento de las capacidades organizativas y de las propias organizaciones campesinas requiere de la participación de sujetos con sentido protagónico, autorreconocidos como tales, y con confianza en sus propias capacidades.

A su vez, el proceso de constitución de sujetos protagónicos no se da en forma aislada, a partir del desarrollo de destrezas y habilidades personales exclusivamente, sino en un contexto social de interacción recíproca: nos vamos constituyendo como sujetos a partir de la interacción con otros; las redes sociales y los vínculos de intercambio, reciprocidad y solidaridad constituyen un factor central dentro del cual se van desarrollando las capacidades (tanto personales como colectivas) de los sujetos.

Los procesos de emergencia de organizaciones y expresiones / experiencias asociativas en general no se producen por generación espontánea, ni es de esperar que se vayan constituyendo en forma ‘natural’ y necesaria a partir del ‘avance y maduración’ de las capacidades de autosustentación económica de las familias. Por el contrario, el desarrollo de las capacidades organizativas y el fortalecimiento de las organizaciones requieren de un proceso deliberado y explícito de apoyo y promoción, el cual no es ni anterior ni posterior, sino simultáneo al proceso de construcción y fortalecimiento de las capacidades productivas que buscan una mayor capacidad de autosuficiencia económica.

El criterio decisivo y fundamental en función del cual se deberían evaluar los logros en el apoyo a los procesos organizativos es la sustentabilidad de las organizaciones de base, lo que implica su autonomía política (dirección estratégica autónoma) y el desarrollo de capacidades autogestionarias.

En el apoyo a los procesos de fortalecimiento de las capacidades organizativas se debería partir

En el apoyo a los procesos de fortalecimiento de las capacidades organizativas se debería partir del fortalecimiento de los grupos de base y las expresiones organizativas vecinales y locales. Las instancias de agregación de mayor alcance territorial deberían fundarse en organizaciones de base consolidadas. (Aquí consideramos que existe un principio de gradualidad y secuencialidad que es necesario seguir).

En estrecha relación con el punto anterior, es necesario priorizar la participación y el fortalecimiento de la capacidad de actorazgo político de los grupos y organizaciones de base en el escenario local. El ámbito local no sólo está mucho más al alcance de las posibilidades de incidencia y transformación de los grupos y organizaciones, sino que además es el primer escenario donde se plantean los problemas más inmediatos, más fácilmente reconocibles y más vinculados a la vida cotidiana.

Para reflexionar al interior de las instituciones, proponemos las siguientes consideraciones:

Partir del reconocimiento de la necesidad de revisar las estrategias de apoyo en lo organizativo: capitalizar experiencias.

Emprender la búsqueda y la construcción conjunta de nuevas formas y metodologías de promoción e intervención en el apoyo al fortalecimiento de las capacidades organizativas de las familias campesinas. Creemos que el desafío es principalmente metodológico y que los intercambios entre las experiencias de las distintas instituciones han sido hasta ahora insuficientemente aprovechados como mecanismos en esta búsqueda.

Fortalecer, consolidar y ampliar el rol de las instituciones de promoción como actores sociales en el escenario público regional y nacional en la defensa y procuración de intereses estratégicos – políticos para el sector.

Reconociendo la plena diferenciación de roles, objetivos e intereses que hacen a la autonomía de las instituciones y las organizaciones de base, consideramos que sin pretender constituirse en ‘representantes’ ni ‘voceros’ del sector, las instituciones de promoción pueden (y deben) tener un rol más activo y protagónico en la procuración de intereses y objetivos políticos que tienen una importancia estratégica para las posibilidades de desarrollo sustentable de las familias campesinas. Un paso que puede potenciar la acción en este sentido es la construcción de una agenda política concertada entre instituciones y organizaciones de base.

4. La dimensión económica del desarrollo rural sustentable.

a) Aspectos conceptuales

El desarrollo rural de los pequeños productores será económicamente sustentable cuando las familias tengan la posibilidad de satisfacer de manera permanente condiciones de vida dignas y equivalentes a las de otros grupos sociales con su producción agropecuaria o sin desnaturalizar o perder su condición de sujetos rurales.

Desde la perspectiva económica esto implica que las familias:

puedan mejorar, al menos en el mediano plazo, sus ingresos globales de manera sostenida y

puedan mejorar, al menos en el mediano plazo, sus ingresos globales de manera sostenida y lograr, mediante la producción predial, un grado de capitalización que la haga sostenible;

que como sector de pequeños productores se integren realmente a la producción local, regional y nacional;

medidas que atenúen y superen la alta inestabilidad y precariedad económico laboral a la están sometidos;

que se les otorguen derechos efectivos a la seguridad social (obras sociales y un régimen jubilatorio adecuado a su realidad y posibilidades):

En un capítulo anterior mostramos que este ideal está muy alejado de la realidad y que la situación de los campesinos está fuertemente condicionada por factores que los han obligado a encarar estrategias de vida y reproducción social en las que sus economías se basan en un complejo de relaciones que combinan ingresos/recursos de origen predial con otros extraprediales, en ecuaciones diferentes según las zonas y circunstancias concretas; que su aporte a la producción nacional es cada vez menos apreciado; que los ingresos prediales son cada vez más insuficientes y las ocupaciones extraprediales una necesidad creciente que los arrastra hacia una descampesinización progresiva.

Por tanto, las posibilidades de cambio para un desarrollo sustentable requieren una modificación sustancial del sistema y de las relaciones económicas, con implicancias a nivel mundial (precios justos para las materias primas, eliminación de los subsidios agrícolas en las naciones centrales, control de insumos contaminantes y sistemas biotecnológicos degradantes, reconocimiento del valor de la producción que no abuse del ecosistema, etc.) y en las políticas redistributivas nacionales, incluyendo las de servicios básicos y seguridad social, que deben por lo menos equiparar la situación del campo a la de las ciudades. El sistema neoliberal va justamente en el sentido contrario al expresado, por lo que estamos de acuerdo con Manzanal que los “escollos y condicionantes del contexto macroeconómico, orgánica y sistemáticamente tienden hacia la exclusión e invalidación del sector pequeño productor agropecuario” 54 ; y que cualquier solución de fondo debe incluir explícitamente en su propuesta estratégica un cambio de esos condicionamientos estructurales.

Pero a su vez será necesario buscar paralelamente alternativas que permitan por lo menos resistir en las condiciones actuales. Posiblemente la mayor contradicción que salta a la vista es que los campesinos, productores de alimentos y productos básicos tengan necesidades alimentarias no satisfechas. Ello porque integrados asimétricamente al mercado, con su producción comercializable no alcance un valor suficiente para obtener lo que necesitan a su vez comprar. En las condiciones actuales, la producción para el mercado hace a las familias muy dependientes de factores sobre los que no pueden influir y les genera un alto grado de inseguridad en los ingresos que necesitan para satisfacer sus necesidades básicas. Consecuentemente una primera estrategia sería asegurar por lo menos la base alimentaria con mayor autonomía. O sea, que las familias obtengan la mayor cantidad de los bienes básicos que necesitan mediante los factores que dominan: su predio y su trabajo. La seguridad alimentaria se asienta en la producción para el autoconsumo y crece en proporción a la cantidad de necesidades que se logran cubrir de manera autónoma (diversificación) y es el primer eslabón de la sustentabilidad.

54 MANZANAL, Mabel, Los programas de desarrollo rural en la Argentina (en el contexto del ajuste macroeconómico neoliberal), Ponencia al IV Seminario CIDER, Bogotá, Colombia, abril 1998.

La producción para autoconsumo que asegura la alimentación es una estrategia con base en los

La producción para autoconsumo que asegura la alimentación es una estrategia con base en los sistema productivos familiares; pero puede tener mayores efectos y sustentabilidad si se amplía a ámbitos grupales o comunitarios, por ejemplo mediante mercados “internos” (al interior de los grupos u organizaciones, complementando varias economías familiares) y/o locales. En estos casos la solidaridad juega un papel fundamental no solo como sentimiento que une a los que luchan por las mismas razones y objetivos, sino que se convierte, como dice Razeto 55 , en “fuerza productiva y factor económico, en el más estricto significado que el término asume en el lenguaje de la ciencia económica, según el cual factor económico es todo elemento que, presente en la actividad económica, genera algún incremento de productividad que debe ser reconocido como aporte propio y especial”.

b) Criterios para la acción

Hay que reconocer, sin embargo, que la aceptación de la propuesta de producción para el autoconsumo no siempre es inmediata entre los pequeños productores y que aún ampliando el círculo a grupos y mercados locales, eventualmente soluciona solo parte sus problemas. Como que ya explicamos, la tradición de producir para el consumo propio se fue perdiendo a medida que ganaba espacio la vinculación con los mercados, las agroindustrias, la especialización y la monetarización de las economías campesinas. Asimismo como los comportamientos y pautas de consumo “modernas” llegaron al campo junto con las mercaderías que los materializaban, y a precios decrecientes 56 . Cargados de poder simbólico, los productos industriales actuaron como acicate de la aspiración de la gente de campo por utilizar y consumir mercaderías iguales a los de las ciudades, haciéndoles sentir con su uso una integración social que en otros aspectos les está vedada.

Pero además, las necesidades de las familias campesinas se han complejizado y ya no es posible producir por cuenta propia muchos de los elementos necesarios para la vida cotidiana. Para adquirirlos se necesita dinero, que solamente se obtiene de las producciones para mercado, lo que refuerza la “cadena de transmisión”: tener productos vendibles para poder comprar lo que no se puede producir por cuenta propia.

La producción para autoconsumo aumenta la seguridad alimentaria y establece una base pero no puede ser el objetivo final y único de los programas de promoción rural. Es una condición necesaria pero no suficiente de desarrollo. Las estrategias prediales deberían combinar distintas alternativas con el objetivo de maximizar los ingresos globales familiares:

el autoconsumo como base de seguridad; la producción que tenga por destino el mercado, con la mayor diversificación posible con idéntico objetivo de seguridad. Un análisis que tome en cuenta los componentes de las economías campesinas como el que propusimos más arriba, puede ayudar a determinar en cada caso los factores que habrá que potenciar o los problemas cuya superación podría traer como consecuencia la resultante esperada de mayores ingresos. La modificación de las condiciones de comercialización y, sobre todo, la incorporación de valor a la producción (valor agregado) pueden ser elementos asimismo muy importantes.

55 RAZETO, Luis: “Factor C: la solidaridad convertida en fuerza productiva y en factor económico”, en “Globalización de la solidaridad, un reto para todos”, GES-CEP, Lima, 1998, pág. 29.

56 El consumo popular tuvo un aumento importantísimo a partir de 1945 en el país y las agroindustrias proveyeron alimentos industrializados a precios decrecientes; aunque no en relación a la caída de los precios de la materia prima, en muchos casos provista por los mismos compradores del producto final.

Pero no para todos los pequeños productores las posibilidades que surgen de las estrategias prediales

Pero no para todos los pequeños productores las posibilidades que surgen de las estrategias prediales serán suficientes. Sea por limitaciones intrínsecas (disponibilidad de recursos) o estructurales (mercados, precios, marginación o subordinación) hay numerosas situaciones (sobre las que no hay cálculos precisos pero que por las consecuencias de los ajustes estructurales posiblemente sean un porcentaje alto de las familias campesinas pobres) en que las posibilidades de superación de la situación actual, aunque sea parcialmente, solo podría obtenerse mejorando los ingresos extraprediales 57 . Los programas de promoción que no tengan en cuenta estos condicionamientos posiblemente no acierten totalmente en sus propuestas.

Lo dicho nos impulsa a considerar que el desarrollo de las familias campesinas debe partir y tener como base su predio, su tierra, ya que sin ello pierden el elemento básico de su “ser campesino”. Pero (y esto vale para la mayoría de los casos en nuestro país) si la visión y los esfuerzos no trascienden la frontera de los predios y se comienzan a comprender a las economías de los pequeños productores con un sentido más amplio y en relación con los centros con los que realizan intercambios de bienes y servicios y a enfocar las estrategias de desarrollo desde esa perspectiva, su sustentabilidad será cada vez más difícil.

El enfoque de desarrollo local que en los últimos años ha sido trabajado desde la perspectiva económica, social, política y de gestión ofrece posibilidades a tener en cuenta en este sentido. No es éste el lugar para profundizar el tema, pero para aclarar mínimamente a qué nos estamos refiriendo digamos que:

es un enfoque que comprende “lo local” como un ámbito (geográfico, social, económico, comunitario, cultural), multirrelacional y con posibilidades de

convertirse en sujeto de un proceso de cambio, en la medida que los actores que

lo componen se comprometan con él;

que sin desconocer los condicionamientos exógenos (por el contrario, comprendiéndolos en todas sus dimensiones), busca desatar un proceso endógeno que aprovechando y potenciando la propia sinergia se basa en recursos disponibles localmente y se orienta a las necesidades de las personas y grupos locales;

es un “desarrollo desde abajo”, en el que los actores son los grupos de una zona

comunidad, asumiendo un activo papel y con alta participación de todos los involucrados;

o

que para ello, se deben sumar a los diferentes actores y lograr acuerdos que coloquen las energías disponibles en función de un proyecto consensuado;

donde la concertación y coordinación de acciones asume el carácter de instrumento fundamental para lograrlo;

57 Información proveniente de talleres de diagnóstico campesino permite observar que “los hogares de pequeños productores –tanto del NOA como del NEA- que componen su presupuesto con ingresos provenientes básicamente de actividades prediales se agrupan mayoritariamente en el primer estrato; es decir, son los más pobres de este grupo, y para poder alcanzar estratos superiores necesitan complementar sus ingresos con actividades extraprediales de los diferentes miembros de sus hogares”. BENENCIA, Roberto, Diagnóstico de la pobreza rural en la Argentina. Propuesta para la detección y selección de beneficiarios, entes auspiciantes e iniciativas en un proyecto de desarrollo para pobres rurales. Resumen operativo. PROINDER, julio 1995, mimeo.

su fuerza y sus posibilidades de sustentabilidad están justamente en que se asienta en lo

su fuerza y sus posibilidades de sustentabilidad están justamente en que se asienta en lo que se tiene o se puede realísticamente conseguir y potencia los factores sobre los que los actores locales tienen mayores capacidades y dominio.

Nuestra posición es que en la realidad argentina, sin una revitalización de los espacios locales donde la producción de las familias campesinas vuelva a ocupar un lugar, se relacione e integre a procesos de desarrollo zonal/regional, la superación de sus problemas será mucho más difícil, sus economías más vulnerables y menos sostenibles. Desde la perspectiva metodológica esto implica que las entidades de promoción deben tener una mirada abarcativa que les permita comprender las situaciones en todas sus dimensiones y aspectos y diseñar, junto con la gente, las estrategias específicas. En las cuales un componente fundamental es incentivar procesos orientados a la autogestión y al surgimiento y consolidación de actores sociales organizados.

El aspecto organizativo está íntimamente unido a las posibilidades de cambio en las condiciones de sustentabilidad de las economías de los pequeños productores. Hemos aprendido de la experiencia y ya sabemos que la organización no es un fin en sí mismo, como algunos programas de promoción la presentaban hace unos años; pero sí un camino de superación de la atomización y un ámbito de experiencias de acción, protagonismo y autogestión para los campesinos. Entre los varios aspectos que hay que tener en cuenta en la promoción de organizaciones 58 hay uno que nos parece importante mencionar aquí: ellas debieran prefigurar el proyecto de sociedad global al que se aspira. Como promotoras de cambio debieran estructurarse de acuerdo a los principios de igualdad, respeto, democracia, apertura a todos; ser testimonios de participación. Y ser eficaces para alcanzar los objetivos que se proponen.

En suma, y como lo venimos repitiendo insistentemente en este documento, un desarrollo rural sustentable para los pequeños productores aspira no solamente a que los campesinos coman y cuiden sus recursos y el ambiente, sino a que crezcan, aumenten su poder, su participación y sus posibilidades en la sociedad. Para ello la organización es fundamental y las alianzas estratégicas con otros sectores locales en función del desarrollo puede ser un camino.

5. La dimensión cultural del desarrollo rural sustentable.

a) Aspectos conceptuales

Desde las primeras páginas de este documento se viene señalando que la problemática de la sustentabilidad del desarrollo es una cuestión eminentemente cultural (y política) por cuanto exige la necesidad de redefinir lo que social y predominantemente se entiende, concibe y valora como una vida buena, digna y deseable y de producir profundos cambios en los estilos y patrones estructurados (y legitimados) sobre tales concepciones.

La necesidad de revisar y redefinir el ideal dominante se plantea no sólo en razón de que es ambientalmente insostenible, sino también por su carácter socialmente excluyente y culturalmente hegemónico ya que supone la expansión e imposición de estilos y formas de vida que considera superiores, pero que solamente son posibles a expensas de otras

58 Se puede ver VIGIL, Carlos J., Educación popular y protagonismo histórico, Humanitas, Bs.As., 1989, capítulo VI.

culturas que se ven expuestas a la desaparición, porque las condena a la destrucción de

culturas que se ven expuestas a la desaparición, porque las condena a la destrucción de sus condiciones materiales y simbólicas de reproducción.

Es desde esta perspectiva que planteamos la necesidad de reconocer el valor intrínseco de la diversidad y pluralidad de las formas de vida social, de asegurar el respeto recíproco y el diálogo fraterno entre todas y cada una de las culturas y sus respectivas condiciones de reproducción, como una condición necesaria para lograr un desarrollo integral y sustentable. Lo que adquiere particular interés en el marco del desarrollo rural, ya que los procesos de modernización – entendidos como expansión de los patrones culturales hegemónicos – han significado históricamente la marginación cultural, política y económica del campesinado como sector social con una identidad cultural propia y diferente.

De allí que entendemos que la promoción del desarrollo rural sustentable debe incluir como un aspecto central, esfuerzos efectivos tendientes a rescatar, revalorizar y fortalecer las identidades culturales campesinas, en tanto formas y opciones de vida valiosas, y socialmente valorables y respetables. O sea, el desarrollo de acciones tendientes a asegurar las condiciones materiales y simbólicas de afirmación y reproducción de esas identidades.

Valorar las identidades campesinas no es idealizarlas. Es reconocer que son valiosas y que como toda expresión de vida humana requieren por eso mismo ser respetadas. También, que es mucho lo que podemos y tenemos para aprender y rescatar de ellas, tanto en lo que se refiere a la concepción y forma de relación con la tierra, el ambiente y los recursos naturales en general, como a las propias concepciones y prácticas sociales, políticas y económicas. Pero no significa sacralizarlas como ‘modelos ideales de vida’ que haya que reproducir e imitar acríticamente. La idea de desarrollo basado en el respeto por la vida como valor supremo, y por consiguiente el respeto por la libertad, la justicia, la equidad y el uso respetuoso y sustentable de la naturaleza como fuente de vida, supone partir del reconocimiento de la posibilidad y la necesidad del diálogo intercultural como metodología de construcción de consensos auténticos (no distorsionados por im-posiciones de poder) en torno a principios y valores en función de los cuales sea posible ir avanzando hacia la generación de concepciones de vida más fraternas, justas y respetuosas de la autonomía y la dignidad de las personas. Ya que todas las culturas son valiosas en sí mismas, tienen aspectos para aportar y otros que es necesario revisar y problematizar, en tanto son contradictorias con el desarrollo deseado.

Otro ‘idealización’ que hay que evitar es la de aquellas posiciones que no distinguen y confunden entre los valores y los principios inherentes a las formas de vida y las condiciones reales de existencia en que las familias campesinas se hallan dentro de un determinado contexto histórico – social. Las personas realizan sus opciones de vida desde los marcos y horizontes de las condiciones reales de existencia que tienen en un momento histórico. Pero las familias y comunidades campesinas no se hallan en condiciones reales de autodeterminación cuando el contexto histórico-social impone condiciones de vida tan extremadamente precarias y restrictivas que tornan sumamente gravoso (y hasta insostenible) el mantenimiento de la opción por la vida rural.

Tampoco se valora lo campesino si se parte de una concepción esencialista de la ‘identidad’ 59 , que la define como algo a-histórico y a-temporal, arquetípico e invariable. Por el contrario, las identidades culturales son el resultado de un proceso dinámico de construcción

59 Se utiliza el término esencialista para designar doctrinas filosóficas y posiciones ideológicas que se basan en explicaciones deterministas para las cuales la realidad se reduce a la esencia de los entes por lo que posee propiedades intrínsecas de carácter universal (atemporales y aespaciales) que permanecen tras los cambios producidos en el contexto (Ferrater Mora, “Diccionario de Filosofía”, Alianza Ed., Madrid, 1979).

histórica a partir del cual los diferentes grupos y sectores van definiendo formas propias de

histórica a partir del cual los diferentes grupos y sectores van definiendo formas propias de vida, expresadas en concepciones y prácticas que les son propias y que trasuntan los valores, principios e ideales sobre los que se apoyan.

Por consiguiente, revalorizar y fortalecer las identidades campesinas no pasa por aquellas estrategias conservadoras que procuran mantener formas de vida que desde visiones externas (acaso las nuestras) se conciben como propias de los campesinos. Al contrario, se trata de ampliar el horizonte de posibilidades de autodeterminación cultural de las familias y las comunidades campesinas; esto es, de las posibilidades reales que ellas tengan para definir y decidir en forma libre y autónoma el sentido de sus vidas y sus propios proyectos.

b) Hacia la construcción de criterios de sustentabilidad cultural. Reflexiones desde nuestras prácticas

Como criterio general, para desarrollar procesos de promoción que sean auténticamente participativos y que se construyan sobre una interacción horizontal que vaya desarrollando y definiendo estrategias orientadas a ampliar las posibilidades reales de autodeterminación de las familias y comunidades promovidas, es necesario generar mecanismos sistemáticos de objetivación y reflexión sobre las prácticas y procesos de intervención Esa será una manera de evitar procesos de im-posición vertical de nuestras propias visiones y concepciones sobre lo bueno, lo justo y lo deseable.

La objetivación y reflexión sobre las propias prácticas implica:

Reconocer los propios marcos axiológico e ideológicos, que son normativos y que se sostienen como válidos. Pero a su vez reconocer que los valores, visiones y concepciones de las familias campesinas no son necesariamente los mismos que los nuestros, que pueden existir, y de hecho existen diferencias en las formas de percibir, concebir y valorar la realidad.

Que una adecuada explicitación y objetivación de nuestras visiones y de las visiones propias de los campesinos no sólo pueden facilitar sino que de hecho son una condición de posibilidad para avanzar en un diálogo realmente horizontal y participativo orientado a construir acuerdos en torno a los valores, principios y visiones.

Que la generación de condiciones de diálogo auténticamente horizontales y participativos entre visiones y concepciones culturales (particularmente entre nuestras visiones y las visiones de las familias y comunidades promovidas) no constituye la mayoría de las veces una situación dada sino un escenario a construir y a lograr. Con ello queremos señalar que, como un primer paso en la objetivación de nuestras propias prácticas es necesario reconocer que por lo general, en el punto de partida, las relaciones que se establecen entre nuestras instituciones y las familias y comunidades campesinas, son de naturaleza asimétrica y que, a medida que éstas vayan afianzándose en su propio proceso de empoderamiento será posible ir construyendo escenarios más igualitarios.

Asimismo es necesario reconocer que con nuestras prácticas no sólo (y a veces, ni principalmente) se interviene en los universos simbólicos de las familias y comunidades campesinas con las actividades denominadas de ‘capacitación’, ‘sensibilización’ y que tiempo atrás llamábamos más abiertamente de ‘concientización’, denominación que hoy está sujeta a cuestionamientos justamente porque connota cierto carácter de manipulación

ideológica e imposición de marcos normativos externos a los sujetos hacia los que se orientan.

ideológica e imposición de marcos normativos externos a los sujetos hacia los que se orientan. También está presente el riesgo –y quizá aún más fuertemente- en la promoción de prácticas y técnicas instrumentales que se pueden propiciar en los ámbitos de lo económico-productivo y / o de lo organizativo. En efecto, las propuestas ‘instrumentales’ son también ideológicas y culturales, ya que no sólo trasuntan formas implícitas de definir y concebir lo ‘útil’, lo ‘bueno’, lo ‘valioso’, lo ‘deseable’, sino también cambios en las formas de asignar los tiempos, de concebir y organizar los espacios, de organizar, realizar y valorar las diferentes actividades (culturales, religiosas, económicas, políticas, comunitarias, etc.). Las “técnicas” están cargadas de ideología y más ideológicas aún son cuando se pretende presentarlas como libres de ellas.

Y esta reflexión es tanto más pertinente ahora, cuando el apoyo de los programas

promocionales se han visto crecientemente orientados hacia lo técnico productivo,

desplazando la primacía que tenían anteriormente los objetivos de organización y capacitación.

Muchas de las consideraciones vertidas en este apartado adquieren una dimensión más concreta frente al desafío de abordar la problemática de género como una cuestión

constitutiva de las estrategias de desarrollo sustentable para el ámbito rural. En la medida

en que las relaciones de género son el resultado de una construcción cultural, analizaremos

a continuación la problemática del lugar y rol de la mujer en los procesos de promoción del desarrollo. Ello no significa desconocer la transversalidad del tema y que las desigualdades sociales que afectan a las mujeres tienen connotaciones en las dimensiones ecológica, política y económica.

c) El lugar de la mujer en los procesos de desarrollo rural sustentable. 60

i) Algunas aclaraciones conceptuales.

La preocupación por el lugar y la posición social de la mujer (en la economía, en la política y

en la cultura) constituye, a nuestro entender, una faceta inherentemente constitutiva del desarrollo sustentable en general, tal como lo hemos planteado en este documento. Por tanto, entendemos que esta perspectiva no sólo no puede estar ausente en el marco del desarrollo rural sustentable, sino que es necesario identificar las particularidades que dicha problemática adopta en el marco específico de la realidad rural.

En efecto, la problemática de género, en tanto trasunta una explícita preocupación por las desigualdades sociales que afectan a las mujeres por su condición de tales, surge a partir del reconocimiento de la justicia y la equidad como dimensiones constitutivas de la concepción de desarrollo, en la medida en que la violación de las mismas da lugar a la generación y reproducción de desigualdades arbitrarias en las posibilidades y oportunidades sociales realmente disponibles de realización y desarrollo personal.-

Así, la centralidad de la noción de justicia en la concepción del desarrollo nos lleva a analizar de un modo crítico la estructura y el proceso de estratificación social no sólo en función de las desigualdades sociales de clase, o étnicas exclusivamente, sino también desde las desigualdades estructuradas y reproducidas a partir de las relaciones de género.

60 Los lineamientos conceptuales de este apartado están básicamente extractados de MACHADO ARÁOZ, H. “ENFOQUE DE GÉNERO. Pautas para su abordaje en Proyectos de Desarrollo.”, Be.Pe.- Bienaventurados los Pobres, Documento de Trabajo Interno, Catamarca, 1999.-

La idea de ‘género’ alude precisamente a una forma particular de concebir e interpretar las

La idea de ‘género’ alude precisamente a una forma particular de concebir e interpretar las desigualdades sociales que afectan a las mujeres como resultantes de un sistema social de construcción normativa de lo ‘femenino’ y de lo ‘masculino’. En efecto, entendemos por ‘género’ la “construcción cultural que sobre la base biológica del sexo, determina normativamente lo masculino y lo femenino en la sociedad y las identidades subjetivas y colectivas que se construyen en torno a ello. Esto, a su vez, condiciona la valoración social asimétrica para varones y mujeres y las relaciones de poder que entre ellos se establecen” 61 .

Desde esta perspectiva, la problemática de género no hace referencia a problemas que afectan exclusivamente a las mujeres, sino que, tratándose de una categoría eminentemente relacional, el núcleo de la cuestión se centra en el tipo de relaciones y prácticas sociales que se van estructurando entre hombres y mujeres. Dichas prácticas se asientan en -y ponen de manifiesto- las imágenes, representaciones y valoraciones socialmente construidas sobre lo masculino y lo femenino.

La sistemática situación de subordinación y exclusión de ámbitos y aspectos de la vida social que afecta a las mujeres es resultado de tales prácticas sociales. En tal sentido, el enfoque de género implica abordar las desigualdades entre varones y mujeres como un particular sistema de poder que tiene por resultado la negación de las condiciones de autonomía plena de las mujeres.

De allí que, desde la perspectiva que sostenemos, la noción de autonomía adquiere una relevancia central para la comprensión de la problemática de género, el abordaje y planificación de acciones que tiendan a su superación. En efecto, el concepto de autonomía – como señalamos – hace referencia al poder real de las personas para decidir sus políticas de vida, a la capacidad de control sobre sus trayectorias de vida.

La negación de las condiciones de autonomía plena para las mujeres emerge como consecuencia de la exclusión de las mismas de ámbitos decisivos para la plena realización personal y social. Ello, en nuestras sociedades se materializa a través de tres vías principales:

a) la división sexual y social del trabajo, que tiende a asignar exclusivamente a las mujeres las tareas y responsabilidades de los roles reproductivos, y el consiguiente confinamiento y reclusión de las mujeres en el ámbito doméstico.

b) el acceso desigual de hombres y mujeres a los recursos productivos materiales y simbólicos, el desigual control sobre los medios de producción y capacidad decisoria sobre los procesos de producción materiales y simbólicos, y consecuentemente, la distribución desigual de los beneficios y usufructo de los bienes sociales.

c) las fuertes restricciones que afectan a las mujeres para la participación efectiva en el espacio público y la exclusión de las mismas en las instancias y procesos de toma de decisiones políticas y de ejercicio del poder político.

En consecuencia, la incorporación del enfoque de género en los proyectos de promoción del desarrollo implica el diseño de estrategias de acción que tiendan a promover cambios en

61 CEPAL, “DESARROLLO Y EQUIDAD DE GÉNERO: Una tarea pendiente.”, (LC/L.767), Sgo. de Chile, dic. de 1993. Publicación de la Naciones Unidas. Documento presentado por María NIEVES RICO, consultora de la Unidad Mujer y Desarrollo de la División de Desarrollo Social de la CEPAL.

estas dimensiones decisivas de las prácticas sociales en las que se juegan las posibilidades de

estas dimensiones decisivas de las prácticas sociales en las que se juegan las posibilidades de construir un horizonte más equitativo en las relaciones entre mujeres y varones y condiciones igualitarias de desarrollo personal autonómico para ambos.

ii) Hacia la proposición de algunos criterios generales:

Desde el marco conceptual propuesto, intentaremos reconocer / avanzar en la formulación y fundamentación de algunos criterios básicos a tener en cuenta para el diseño de programas de desarrollo que incorporen el enfoque de género desde una propuesta como la planteada en las líneas antecedentes. En particular, nos interesa destacar los siguientes:

a. La identificación de la problemática de género como problemática relacional, y no como problemática exclusivamente de las mujeres. En este punto interesa aclarar que desde la perspectiva que venimos exponiendo, la incorporación del enfoque de género en programas sociales y / proyectos de desarrollo debe ser bien distinguido de la formulación de proyectos de, para y con mujeres exclusivamente.

En muchos casos, acciones de promoción al desarrollo sensibilizados por la problemática de género, han conducido a la formulación de programas exclusivamente orientados a las mujeres. Sobre esto, hay que consignar que en buena medida, la proliferación de proyectos de, para y con mujeres exclusivamente, estuvo y está directamente asociada a la legitimación y aplicación de la ‘focalización’ como criterio de diseño de políticas sociales y como recurso metodológico para la asignación de esfuerzos y recursos orientados a la promoción del desarrollo.

Sin la pretensión de entrar en el análisis exhaustivo de la focalización como criterio para el diseño de políticas de desarrollo, nos interesa subrayar algunas de sus consecuencias particularmente asociadas a su aplicación en la problemática de género:

Si bien ha permitido avanzar en la visibilidad de las condiciones reales de vida de las mujeres en los distintos contextos sociales y la identificación de las mismas como uno de los sectores más afectados por los procesos de exclusión y fragmentación social, subyace una visión reduccionista y fragmentaria.

Se pierde la perspectiva del carácter relacional de la problemática de género, como cuestión de equidad emergente de la estructuración de las relaciones asimétricas entre mujeres y hombres.

Predomina el enfoque asistencialista de antipobreza como política de intervención (proyectos y programas orientados a la satisfacción de necesidades básicas). Por tanto, concibe la intervención exclusivamente como un proceso de transferencia de bienes y recursos materiales destinados a la cobertura de necesidades elementales.

Como consecuencia del punto anterior, subyace una concepción de las mujeres como beneficiarias pasivas, en cuanto ‘sector social vulnerable’ tienen necesidades básicas insatisfechas que son universales y que es necesario cubrir.

No permite la visualización de la problemática de género como un resultado consecuente de la

No permite la visualización de la problemática de género como un resultado consecuente de la estructuración de las relaciones de poder emergentes de las prácticas sociales dominantes en un particular contexto social.

No se visualiza el fuerte peso que tiene la variable cultural simbólica en la determinación y reproducción de las asimetrías de género.

Aún cuando no todos los proyectos y programas de, para y con mujeres adoptan el

enfoque reduccionista que aquí cuestionamos, nosotros rescatamos la comprensión de

la problemática de género como un fenómeno eminentemente relacional, que pone de

manifiesto la estructuración de una realidad que tiende a discriminar y a subordinar

sistemáticamente los intereses y oportunidades de desarrollo personal de las mujeres

en beneficio de la posición dominante del varón.

Esta visión implica que en la resolución de dichas relaciones de subordinación es

necesario apuntar a la deconstrucción del rol asignado a las mujeres y la división sexual del trabajo resultante de las mismas, y que por tanto, se hace necesario trabajar

a nivel de las relaciones y prácticas sociales dominantes entre hombres y mujeres,

partiendo de la objetivación y resignificación de lo masculino y de lo femenino vigentes

en sus propias prácticas cotidianas, particularmente en lo que se refiere a las prácticas

propias del ámbito doméstico. Dicha tarea debe involucrar también a los hombres en el sentido de problematizar y redefinir las formas institucionalizadas de concebir lo masculino.

b.- La necesidad de que los objetivos de impacto tengan presente tanto los intereses prácticos como los intereses estratégicos de las mujeres. La distinción de necesidades prácticas y necesidades estratégicas de las mujeres resulta a nuestro entender fundamental para que los objetivos de los programas de desarrollo tiendan efectivamente a modificar las condiciones estructurales de subordinación de la mujer y no a consolidar y reproducir los mecanismos a través de los cuales dicha subordinación se materializa y reproduce.

En tal sentido, entendemos por necesidades prácticas las emergentes del cotidiano ejercicio de los roles y funciones habituales y tradicionalmente asignados a las mujeres, en cuanto depositarias exclusivas de las responsabilidades de los roles reproductivos; en cambio, las necesidades estratégicas resultan de la pretensión de modificar la posición relativa y el rol de las mujeres en los ámbitos donde se juegan

justamente las posibilidades de construir relaciones más simétricas entre mujeres y hombres, como son los ámbitos del trabajo y del control sobre los medios de producción materiales y simbólicos, el ámbito de la producción cultural y el ámbito de

la toma de decisiones públicas.

A nuestro entender, los enfoques que sólo plantean abordar la resolución de

necesidades prácticas de las mujeres, si bien tiende a alivianar las tareas de las mujeres y a resolver muchos problemas que de hecho constituyen pesadas cargas para las mujeres, sin embargo tienden a afianzar la reproducción de los roles tradicionales asignados a las mujeres, a consolidar la división sexual del trabajo, y las representaciones sociales naturalizadas sobre lo que las mujeres pueden y deben hacer.

En consecuencia, creemos que a la par de la resolución de necesidades prácticas, es

necesario avanzar en el planteamiento de intereses estratégicos de las mujeres, que

permita el acceso de las mujeres en igualdad de condiciones a las esferas de la

economía (ámbito del mercado laboral, el control de los medios de producción y la participación

economía (ámbito del mercado laboral, el control de los medios de producción y la participación en las decisiones económicas), la cultura (el ámbito de la producción de sentidos, el acceso a la educación y a los medios de producción simbólica, la participación en la distribución del saber como producto social) y de la política (el ámbito de la toma de decisiones públicas, de la construcción de la agenda del interés y el bien colectivos y la participación en los procesos de toma de decisiones sobre la órbita de lo público).

La distinción entre las necesidades prácticas y las estratégicas como perspectiva de proyectos y programas que incorporan el enfoque de género implica apuntar a la superación de barreras que obstaculizan el acceso de las mujeres a ciertos ámbitos fundamentales en los que se juegan las posibilidades del desarrollo autonómico de sus proyectos personales.

c. El reconocimiento de la importancia de la dimensión simbólica como factor clave para avanzar en la superación de esta problemática. La superación de la subordinación de las mujeres implica promover no sólo cambios en las condiciones materiales de las mujeres, sino también y decisivamente en las dimensiones simbólicas de las prácticas sociales que tienden a estructurar las relaciones entre mujeres y varones.

En este sentido, la perspectiva de género permite poner de manifiesto la faceta oculta(da) y no reconocida de la incidencia de las variables culturales en los procesos de desarrollo. Implica reconocer que la realidad social se estructura a partir de las asignaciones de sentido intersubjetivamente válidas dentro de un determinado contexto cultural, y que son esos marcos de significación los fundamentos motivadores y legitimadores de las prácticas sociales.

La noción de ‘normalidad’ y de ‘naturalidad’ con la que los sujetos asumimos las formas establecidas (institucionalizadas) de ser y de relacionarnos en el mundo social da cuenta del carácter cognitivo y normatizador de los universos simbólicos, por el que las prácticas sociales se van estructurando a partir de las disposiciones estructuradas de percepción, cognición y acción que se toman como dadas (fijas) en lugar de aprendidas (socialmente construidas) 62 .

De manera tal que en el origen de todo proceso de replanteamiento de prácticas y de relaciones sociales hay un primer momento de ‘problematización’ y de desnaturalización de las visiones y representaciones a partir de las cuales concebimos lo real y nos concebimos como sujetos. Es a partir de la deconstrucción de las formas aprendidas de las prácticas y las relaciones sociales que es posible imaginar – concebir – y construir nuevas formas de relacionamiento.

La incorporación del enfoque de género en los procesos de promoción del desarrollo tienen que apuntar justamente a la deconstrucción de las visiones y di-visiones estructuradas y estructurantes de lo femenino y de lo masculino como condición de posibilidad para la recreación de relaciones de género en un marco de equidad que asegure iguales condiciones y posibilidades de autonomía para mujeres y varones.

d. El reconocimiento de las interrelaciones que en las diferentes realidades socioculturales se producen a raíz del entrecruzamiento de las desigualdades de género con otros sistemas de dominación social.

62 BOURDIEU, P. “El sentido práctico”, Taurus Ediciones, Madrid,1991

Este criterio apunta a identificar la especificidad del entorno sociocultural en el que se sitúa

Este criterio apunta a identificar la especificidad del entorno sociocultural en el que se sitúa la problemática de género y a no perder de vista que el mismo alude a un vector de estratificación social, es decir, a una estructura de diferenciación y jerarquización social a partir de esquemas y mecanismos de distribución desigual de los recursos de poder social, y que como tal, no es el único factor a partir del cual se generan, estructuran y legitiman las relaciones de dominación, sino que, por el contrario, coexisten y se yuxtaponen a otros factores de estratificación.

Desde este enfoque, las situaciones particulares de las mujeres deberían analizarse y comprenderse en el marco del complejo patrón de diferenciación y jerarquización social, estableciendo las conexiones entre las desigualdades de género con otros sistemas de desigualdades. En nuestra realidad nacional y regional concreta, las desigualdades de género adquieren características y matices particulares en el marco del patrón de desigualdades sociales estructurales (sectoriales, geográficas, étnicas, ocupacionales, urbano/rural) que configuran el complejo y heterogéneo panorama de las situaciones de subordinación y dominación social.

Identificar las específicas situaciones y condiciones de vida de las mujeres en el contexto del complejo patrón de estratificación social aparece como una tarea necesaria para generar estrategias articuladas de promoción social tendientes a la superación de la fragmentación social.

e. Asumir la promoción de mayores condiciones de equidad en las relaciones entre varones y mujeres como una tarea que implica incorporar este desafío como un enfoque que atraviesa transversalmente todas las dimensiones que hemos identificado como constitutivas de la noción de desarrollo rural sustentable.

Esto significa que la estructuración de roles sociales más equitativamente valorados y concebidos implica considerar e incluir la preocupación por el lugar y la posición social de la mujer en los distintos aspectos de la intervención de apoyo promocional, tanto en lo político, como en lo económico como en lo cultural propiamente dicho. Asimismo, implica re-pensar la relación mujer – ambiente, y analizar la problemática de la sustentabilidad ambiental desde la particular incidencia de la misma en las condiciones y oportunidades de vida de las mujeres.

En el caso particular de la dimensión ecológica de la sustentabilidad consideramos que es necesario partir de la consideración de las mujeres como agentes particulares de intermediación en la relación “sustentabilidad ecológica y desarrollo rural”, en la medida en que participan y están insertas en los fenómenos que inciden en tal relación, tales como “el crecimiento de la población, la migración, la organización familiar del trabajo, los patrones de producción y de consumo y la desigual distribución del poder económico, político y tecnológico. Desde esta corriente su participación no sólo está caracterizada por su lugar de “víctimas” de los cambios ambientales dada la vulnerabilidad diferencial de varones y mujeres a los impactos negativos de estos cambios, sino también como conocedoras, usuarias y consumidoras de los recursos naturales, así como sujetos de experiencia y creatividad en el trabajo comunitario, y por lo tanto en su carácter de propositoras de mecanismos que conduzcan a la sustentabilidad 63 .

63 RICO, M.N., “GÉNERO, MEDIO AMBIENTE Y SUSTENTABILIDAD DEL DESARROLLO”, CEPAL, Sgo. De Chile, 2000.

En cuanto a la dimensión política de la sustentabilidad, no hace falta explayarnos demasiado en

En cuanto a la dimensión política de la sustentabilidad, no hace falta explayarnos demasiado en fundamentar que la exclusión de los derechos inherentes de la ciudadanía de los que han sido objeto los campesinos, ha afectado aún más gravemente a las mujeres y que los desafíos que la construcción de ciudadanía involucran para éstas son aún mayores que para los campesinos varones.

En muchos casos se observa que en el marco de las organizaciones campesinas las mujeres adquieren un decisivo protagonismo y un rol insustituible en el sostenimiento de la dinámica de dichas organizaciones. Sin embargo, se observa que muchas veces estas actividades no son visibilizadas ni valoradas suficientemente, y que muchas veces el protagonismo en las acciones de las organizaciones no necesariamente implica igualdad de condiciones en los procesos de toma de decisiones de tales organizaciones. En este sentido, es central analizar en qué medida los objetivos y acciones de las organizaciones inciden en las condiciones de vida de las mujeres, en qué grado se tienen en cuenta y hace lugar a los intereses prácticos y estratégico de las mujeres.

Por último, en cuanto a las implicaciones de la inclusión del enfoque de género en la dimensión económica del desarrollo rural sustentable, consideramos que es central avanzar en la objetivación y análisis de la división sexual del trabajo a fin de identificar y problematizar las consecuencias diferenciales que de las divisiones imperantes resultan para mujeres y varones. En este sentido, está claro que no se apunta a una crítica de la división sexual del trabajo en cuanto tal, sino que se trata de analizar en qué medida las divisiones dadas impactan en las condiciones y oportunidades de vida de mujeres y varones, generando situaciones de desigualdad entre ambos.

Por otro lado, en el marco de nuestro contexto cultural en el que nos hallamos frente a sistemas productivos mixtos, es muy frecuente no sólo que las mujeres son las que cargan casi exclusivamente con las tareas y responsabilidades de los roles reproductivos, sino que además desempeñan importante actividades y roles productivos, que en cuanto son ‘tareas femeninas’ no son valorados, y ni siquiera son considerados como tales. En no pocos casos, las actividades productivas femeninas son las menos valoradas socialmente y las que implican las tareas más pesadas y / o ‘desagradables’.

En este aspecto, consideramos que la incorporación del enfoque de género implica no sólo visibilizar y valorar la importancia de las tareas y funciones productivas que realizan las mujeres y la significatividad de las mismas para el sostenimiento de las estrategias económicas familiares, sino que también involucra revalorizar y visibilizar la importancia que tienen las actividades y funciones propiamente reproductivas, apuntando a generar una distribución más equitativa en las cargas y responsabilidades de éstas.

Finalmente, la generación de condiciones más equitativas de desarrollo y de oportunidades de realización para las mujeres involucra ineludiblemente un acceso más equitativo a la propiedad y los bienes materiales como así también una participación más equitativa en la toma de decisiones sobre las estrategias económicas familiares a seguir.

CAPÍTULO VI

ORIENTACIONES METODOLÓGICAS Y ESTRATÉGICAS

Las intencionalidades y los objetivos, se hacen práctica a través de la metodología y las

Las intencionalidades y los objetivos, se hacen práctica a través de la metodología y las estrategias de intervención. Si los primeros responden a la pregunta: qué y para qué, las segundas son el cómo, el camino elegido para concretarlos. Camino que no es indiferente:

condiciona y es condicionado por las intencionalidades, mantiene con ellas una relación dialéctica. Por tanto puede desvirtuarlas, como se puede constatar en algunas experiencias.

Los principios metodológicos y estratégicos son parte del marco teórico o conceptual, ese conjunto de ideas y valores que orientan, le dan un “color” determinado a la acción, marcan su ideología y juegan un papel definitorio en todos los pasos de la acción promocional. Por ello entendimos que en un diálogo sobre desarrollo rural no podía faltar un espacio en el que se reflexionara acerca de qué estrategias seguir, qué metodologías utilizar en la promoción de prácticas y sistemas más sustentables de desarrollo rural para pequeños productores. Las que siguen son algunas ideas al respecto:

1. Conocimiento de y desde los propios actores: investigar participativamente.

El primer principio para la promoción de un desarrollo sustentable es reconocer que los pequeños productores tienen la capacidad real de captar la unidad y el sentido de su entorno (su realidad) y definir, en relación con ambos, el sentido de su existencia y sus estrategias de vida. Un camino para ello es la investigación participativa que se basa en el reconocimiento de la capacidad de todo sujeto de ser no solamente conocido sino cognoscente, en la valoración de sus formas de conocer y del contenido de sus conocimientos. O sea, valorando los conocimientos campesinos, su cosmovisión y la sabiduría acumulada a partir de la propia experiencia; buscando una integración de saberes; respetando la perspectiva campesina y una recreación, con el aporte de otros sujetos, que la integre.

Por eso la investigación participativa no una técnica en la que los campesinos son implementadores o colaboradores para la aplicación de instrumentos preestablecidos, sino de un enfoque epistemológico en el que los participantes realizan un esfuerzo compartido de análisis, sistematización y conceptualización de conocimientos.

Las diferencias entre la investigación participativa y la mera instrumentación de técnicas que requieren la colaboración de los campesinos son varias, pero hay dos que sobresalen. En la investigación participativa hay: 1) Un paradigma diferente al de la investigación tradicional; y una actitud crítica de las estructuras y categorías usadas en el proceso de intercambio de conocimientos; y, 2) las herramientas e instrumentos que se utilizan son coherentes con la postura ética y epistemológica.

Hay variadas formas de investigación que requieren la colaboración campesina para recoger información, que dialogan con los actores locales y realizan exploraciones conjuntas con ellos para generar información. Pero eso no garantiza la “participación generativa de conocimientos”. Ser proveedor de información no significa participar, si es que el producto de la investigación no integra las percepciones y conceptos de los “investigados” y solamente reproduce las categorías y estructuras del pensamiento del investigador. Tenemos el caso de algunos llamados “diagnósticos participativos” que son usados como instrumentos para obtener los datos y la información que interesa a los técnicos; que conciben al diagnóstico como el descubrimiento de una realidad-problema que el investigador debe identificar a través de respuestas obtenidas con métodos e instrumentos que él juzga correctos, y no como un proceso de diálogo y exploración conjunta que da lugar a la expresión de conocimientos y visiones distintas. Por ejemplo: se aplican cuestionarios que preguntan sobre actividades productivas, horarios de trabajo, acceso a recursos,

potenciación de productos , etc., sin profundizar los conceptos que éstos términos representan para los

potenciación de productos, etc., sin profundizar los conceptos que éstos términos representan para los campesinos. Los investigadores no sólo definen qué información es necesaria, sino también qué constituye información, cuáles son los datos que se requieren, cómo se conocen, cómo se miden, con qué categorías se interpretan, etc.

El objetivo de un diagnóstico no podría ser facilitar la transferencia de conocimientos, sino la apropiación de saberes y herramientas contextualizadas y aptas para transformar la realidad local. Se trata de procesos de construcción colectiva, lo que supone reconocer que los conocimientos y perspectivas locales no son insumos para una interpretación ajena sino alternativas paradigmáticas y epistemológicas. Y para ello es necesario desarrollar los instrumentos adecuados. En éste campo la investigación participativa y la educación popular se han hecho aportes mutuos y complementarios de mucha riqueza.

2. El cambio comienza cuando se asume una posición crítica de la situación en que

se vive y los campesinos deciden sobre su destino

Para cambiar hay que asumir una postura crítica de la situación en que se vive. El primer paso en la promoción del desarrollo rural debería ser propiciar y facilitar el análisis crítico de los campesinos y campesinas sobre los subsistemas (ecológico, económico, social, cultural, político, etc.) en que se insertan sus sistemas y condiciones de vida, relacionando los factores locales con los del contexto mayor. La investigación participativa debe actuar como un facilitador de elementos de análisis para la toma de conciencia. No para manipular a los campesinos sino para que analizando su situación y las razones que los llevaron a ella puedan elaborar las estrategias de superación más adecuadas y convenientes.

La investigación y el conocimiento que se genera adquiere así un potencial y una dimensión política en la promoción del desarrollo. En la medida en que los campesinos/as logren identificar y comprender las interacciones e interrelaciones del entorno en que viven estarán mejor pertrechados para modificar las circunstancias, mantenerse y adaptarse a condiciones cambiantes y con mejores posibilidades de elaborar estrategias distintas. Generar procesos que por sus características (participativos, concientizadores, facilitadores de aprendizajes) potencien el desarrollo de las capacidades autogestionarias y las experiencias de protagonismo son un camino para que puedan decidir sobre su propio destino.

3. Seguimiento y experimentación

Los sistemas de vida campesinos son dinámicos tanto por los cambios que se provocan en su interior como por los del contexto. Por este carácter dinámico, las estrategias de acción no pueden ser concebidas como prescripciones fijas, sino como experiencias de interacción en un sistema complejo cuyo comportamiento hay que ir observando constantemente. Si se pierde de vista esta característica el apoyo promocional se convierte en un freno antes que en una colaboración.

Para ello es fundamental la realización de seguimientos y evaluaciones que deben tener características de verdaderas investigaciones y que por tanto les caben las consideraciones del apartado anterior: ser hechas en forma participativa, junto con los campesinos; o, mejor aún, por los propios campesinos. Se genera así un círculo de realimentación continua entre las estrategias de intervención y su incidencia en los sistemas de vida campesinos, porque las evaluaciones periódicas contribuyen con información de suma utilidad para disminuir al máximo la posibilidad de impactos negativos, al mismo tiempo que posibilitan la adecuación

a nuevas condiciones del contexto, de las aspiraciones de las familias, del ambiente y al

a nuevas condiciones del contexto, de las aspiraciones de las familias, del ambiente y al objetivo de un desarrollo sustentable.

A veces se interpreta la resistencia al cambio de los pequeños productores como

manifestación de su conservadurismo 64 , sin comprender que en cada modificación ellos arriesgan mucho; posiblemente todo lo que tienen. La experimentación progresiva, el seguimiento y la evaluación continua son un modo de poner en práctica la prudencia como criterio en la promoción.

4.

Promover el encuentro de saberes:

El

enfoque participativo requiere una redefinición del papel del técnico o promotor. No son

los expertos externos quienes deben determinar lo que los campesinos deben hacer. A ellos les corresponde aportar información, asesorar y capacitar a los interesados; acompañar los procesos de quienes muestran más entusiasmo e interés por avanzar en base a sus propios recursos; prestar ayuda en la realización del análisis de las situaciones y en la toma de decisiones sobre cambios necesarios; facilitar el intercambio entre campesinos; identificar las mujeres y los hombres que puedan participar en la difusión de experiencias y documentar los resultados, los efectos de las tecnologías introducidas y de las metodologías utilizadas, para avanzar en la materia y favorecer la adopción de las que mejor convienen a las condiciones locales. Los campesinos aportan sus conocimientos sobre las condiciones específicas del lugar y las propiedades de los elementos que conforman el entorno, su experiencia y su propia sabiduría. La relación de los técnicos-promotores con los campesinos y campesinas es de un intercambio/encuentro de saberes, en el que cada uno aporta lo suyo, se enriquece con el que tienen los otros/as y facilita que surjan nuevos conocimientos.

5.

Partir de lo que se tiene:

El

motor principal del desarrollo debe ser la convicción de la gente misma. Su entusiasmo,

su curiosidad y creatividad son factores claves, que no se pueden reemplazar por las ayudas externas. Sin embargo, con frecuencia se escucha decir (tanto a los técnicos y promotores como a los mismos campesinos y campesinas) que la gente no participa y no pone en práctica lo aprendido si no se les ofrece algún incentivo, puesto que el trabajo es exigente y no da resultados a corto plazo. Y entonces se parte de lo que no se tiene:

créditos, semillas “de afuera“, herramientas nuevas, sistemas de riego etc. Se valorizan los recursos externos y se desvaloriza lo que la gente tiene, puede y sabe. Por el contrario, el propósito central de un programa enfocado a la sostenibilidad es promover al ser humano y

no ofrecer cosas. La experiencia indica que lo adecuado es iniciar un proceso de superación

a partir de los conocimientos de la gente y de los recursos existentes (tierra, patrimonio

genético local - ya sea vegetal o animal -, mano de obra y recursos propios, etc.).

A veces la utilización de recursos externos es una salida fácil, no solamente para la gente

sino para la entidad promotora; y se recurre a ella en vez de buscar las verdaderas soluciones, con lo cual la ayuda se transforma en un impedimento que frecuentemente termina en fracaso. También la utilización de subsidios (sobre todo en dinero o bienes de consumo), reconocimiento de salarios caídos, etc., desnaturaliza y establece una relación clientelar y viciada de los beneficiarios con la institución.

64 Esta fue la interpretación generalizada en la sociología de la modenización.

Lo dicho no invalida que se puedan utilizar recursos externos en forma de créditos o

Lo dicho no invalida que se puedan utilizar recursos externos en forma de créditos o subsidios bajo determinadas condiciones que en cada situación hay que analizar. Por ejemplo:

para procesos de recuperación de áreas degradadas que requieran utilización de insumos que no pueden aportar los propios interesados; la provisión de insumos para la realización de experiencias que ponen a prueba

técnicas de manejo de nuevos rubros productivos (experiencias adaptativas); la implementación de parcelas demostrativas;

algunos tipos de emprendimientos comunitarios, por ejemplo para post-cosecha, ya que los bienes pueden conservarse como patrimonio grupal y sus beneficios extenderse a varias familias.

6. Promover el autodesarollo: trabajar con aquellos que quieren superarse con sus

propios esfuerzos y recursos:

Al comenzar una acción promocional en una zona raras veces todas las familias o toda la comunidad están interesadas en participar en proyectos que tienen como filosofía "partir de lo que se tiene". Incluso puede constituir una amenaza para "el éxito" del proyecto el que sólo pocos se “enganchen” y estén entusiasmados después de la primera etapa. Es necesario tener paciencia junto con una posición firme, sin caer en la tentación de incentivar la motivación y participación con “ayudas”. Posiblemente el autodesarrollo comience precisamente en el momento crítico en el que sólo los convencidos se quedan. Ellos forman la base para un proceso de motivación, multiplicación y difusión de experiencias.

7. Promover el intercambio y el aprendizaje entre campesinos:

La relación de campesino a campesino es muchas veces más eficiente que la relación de técnico a campesino. Por eso las experiencias exitosas y alentadoras o también las dificultades, conocidas a través de intercambios, estadías o visitas deberían ser un elemento importante de la promoción.

También debería procurarse la formación de promotores de extracción campesina. Proyectos aún con poco personal profesional externo (pero bien capacitado), que preparan promotores o expertos locales (campesinos con más experiencia o que hayan recibido una formación especial), favorecen la multiplicación de experiencias y la sostenibilidad del proceso (cuando el “proyecto” no puede continuar por cualquier razón y los técnicos y promotores externos dejan de trabajar, será sustentado por los promotores y expertos locales).

Hay ciertamente un peligro: que se genere una especie de “elite” de expertos locales que reproduzcan las formas tradicionales de dependencia técnico-campesino. Los promotores o expertos locales deberían ir surgiendo tanto por su capacidades, como por su entusiasmo y disposición a compartir con los demás; y deberían ser las mismas comunidades las que los reconozcan y legitimen como tales. También las que evalúen y controlen sus servicios.

8. Capacitar en el predio y aprender haciendo:

Los riesgos de experimentación de nuevas tecnologías no deberían hacerse recaer sobre los campesinos, sobre todo si son inciertas y costosas. Pero una vez que se haya llegado a

un estado en que puedan utilizarse en las chacras y difundirse, la demostración y capacitación

un estado en que puedan utilizarse en las chacras y difundirse, la demostración y capacitación encuentra un lugar preferencial en el terreno propio del campesino.

Es en los predios donde se encuentran las condiciones reales de aplicación y recreación de conocimientos. Son un espacio pedagógico privilegiado para el aprendizaje. Esta metodología es justamente opuesta a la “transmisión” de paquetes tecnológicos y coherente con la convicción de que la superación de la pobreza no se logra modificando solamente la tecnología sino fundamentalmente las circunstancias, cuestión mucho más difícil y compleja.

El otro principio metodológico complementario es el del aprendizaje en la práctica o “aprender haciendo”, que se compatibiliza muy bien con la propuesta de los intercambios entre campesinos. Partiendo de los problemas de la gente ellos se convierten en los protagonistas de la resolución de los mismos.

9. Enfoque integral:

Cuando los promotores/técnicos del proyecto entran a las comunidades observan (o la gente les señala que existen) muchas necesidades (de infraestructura, producción, comercialización, educación, salud). La intervención desde afuera no puede ofrecer respuestas a todas las necesidades. El gran desafío es definir una estrategia eficiente en base a una intervención limitada que apuntando a trabajar sobre una selección de problemas logre efectos amplios y procesos que lleven a la autogestión.

Pero si bien no se debe pretender hacer todo y hay que priorizar, se debe trabajar con un enfoque integral: teniendo en cuenta la totalidad de los problemas, factores y componentes de los sistemas de vida de las familias campesinas. En cada situación se enfocará la integralidad desde la perspectiva y con las prioridades que la realidad indique. Pero en casi todos los casos hay tres ejes que en los sistemas de vida campesinos están íntimamente ligados, que apuntalan su sustentabilidad y son:

el acceso y seguridad en la tenencia de la tierra;

la organización grupal y comunitaria;

un sistema de producción o agricultura que sea sustentable en las circunstancias específicas en que debe desarrollarse.

Las acciones de un proyecto de promoción que busque consolidar economías campesinas sustentables debiera apuntar a estos tres objetivos estratégicos: que en el mediano plazo las familias obtengan la tierra y aseguren la tenencia, se organicen y consoliden el relacionamiento y enfoquen la producción de manera sustentables.

10. Hacia la autogestión:

Un programa de desarrollo sustentable debería concebir su trabajo como un proceso que tenga previsto con la mayor claridad posible cómo y con qué comenzar, a dónde se quiere llegar y hasta cuándo es necesario el acompañamiento externo. La finalidad de las instituciones de desarrollo es promover y lograr un proceso de desarrollo sustentable de las familias, grupos y comunidades, pero no la de permanecer indefinidamente en esa función. Si el acompañamiento promocional se concibe como un camino sin fin es posible que la autogestión y el aumento del poder de las familias campesinas y las comunidades no termine de consolidarse nunca. Hay que comprender que para que los procesos de

desarrollo integral sean sustentables y permanentes, la función de las entidades promotoras debe ir cambiando

desarrollo integral sean sustentables y permanentes, la función de las entidades promotoras debe ir cambiando en cada etapa y tener un límite, ser temporaria.

Un elemento que puede ayudar a las familias y grupos en el camino hacia la autogestión es adquirir o aumentar la capacidad de planificación, gestión y administración, tanto a nivel de las familias y para sus chacras como para las organizaciones de base, lo que debería ser tenido en cuenta en los programas de capacitación.

11. Concentrarse y consolidar antes de ampliar:

El objetivo de la transformación es lograr paulatinamente el establecimiento y la consolidación de sistemas de vida sustentables. Se trata de un proceso que, desde lo sencillo a lo complejo y de lo fácil (con impactos a corto plazo) a lo más exigente, logre resultados sostenibles a largo plazo. Para ello nada más contraproducente que los “paquetes amplios”, que confunden y no son dominados por los campesinos. Lo conveniente es más bien limitar las ofertas de acuerdo a los problemas seleccionados por la gente y a las condiciones específicas del lugar y ampliar progresivamente la gama. No es adecuado comenzar al mismo tiempo con un conjunto de medidas. Más bien habría que establecer prioridades, elegir lo que es más urgente y puede sentar las bases de sistemas sostenibles en lugar de “saltar“ por distintas cuestiones que todavía carecen de un fundamento sólido.

La concentración de la cobertura geográfica es conveniente para consolidar acciones y obtener experiencias que sirvan de referencia. Vale más la calidad del trabajo y la motivación de la gente que pretender abarcarlo todo. La experiencia indica que la limitación o la concentración temática y de cobertura son condiciones para desarrollar bases sólidas, ganar la confianza de la gente y generar procesos de difusión masiva respecto a una alternativa real para la vida en el campo.

CAPÍTULO VII

INDICADORES DE PROCESOS DE DESARROLLO RURAL SUSTENTABLE CON FAMILIAS DE PEQUEÑOS PRODUCTORES

a) El concepto 65

El conocimiento acerca de lo que provocan las acciones de promoción del desarrollo no suele obtenerse en forma directa sino más bien mediatizada. En la mayoría de los casos es solamente a través de ciertos indicios que en la práctica se ha comprobado que pueden ser útiles y adecuados para manifestarlas, que nos podemos acercar al conocimiento de las realidades menos visibles. A estos indicios que por experiencia y conocimientos se van acumulando y mediante cuya constatación podemos inferir con cierta seguridad otros fenómenos a los cuales están relacionados, los llamamos indicadores.

Son instrumentos para la evaluación; señales que van indicando el camino recorrido y los frutos y consecuencias de un trabajo. Por tanto requieren que la dirección esté marcada de antemano. La existencia de intencionalidades (objetivos, metas) es condición previa para determinar los indicadores de avances y resultados. Si se fijan sin tener claros los objetivos serán en definitiva ellos los que determinen la direccionalidad. De allí la importancia de

65 Los puntos a) y b) de éste Capítulo están extractados del documento de VIGIL, Carlos J., Evaluando las iniciativas de promoción, mayo 2000.

quiénes intervienen y deciden acerca de los indicadores que se tendrán en cuenta para evaluar

quiénes intervienen y deciden acerca de los indicadores que se tendrán en cuenta para evaluar un proyecto o programa (en este punto es aplicable lo dicho antes respecto de la investigación participativa).

Hay muy pocos “indicadores universales”. Por su carácter referencial están estrechamente relacionados a situaciones específicas, deben adecuarse a un tiempo y espacio determinado y ajustarse con la práctica. Cada objetivo o variable generalmente requiere varios indicadores, ya que es difícil que uno solo asegure un buen indicio; pero no en tal cantidad que terminen confundiendo o dificultando conocer lo fundamental. Para cada tipo de objetivo y de proyecto hay que determinar el número más adecuado y a medida que se gana experiencia se pueden ir disminuyendo y guardando los más significativos.

Cuando se utilizan varios indicadores ellos tienen que conformar un sistema:

complementarse coherentemente de manera que cada uno, además de aportar lo suyo vaya completando y confirmando el conocimiento que se logra a través de los demás. A partir de la experiencia y con los resultados obtenidos de distintos indicadores se pueden ir construyendo índices que expresen varias dimensiones de un tema o cuestión.

Hay que diferenciar los indicadores de las fuentes o medios de verificación que son aquellas en las cuales el dato se observa y releva. Por ejemplo: si un indicador de la consolidación organizativa de un grupo es que lleve registro escrito de las decisiones importantes, la fuente de verificación podría ser el cuaderno o libro de actas en el que se hacen los registros.

Hay distintos tipos de indicadores: directos e indirectos; cuantitativos y cualitativos; generales y específicos, de resultados, efectos e impactos. En cada caso se decidirá cuáles son los más adecuados y de manejo más sencillo. Las principales condiciones que debiera reunir un sistema de indicadores son:

su validez y practicidad, por lo que son preferibles los que aluden a realidades (dimensiones) acotadas más que amplias y heterogéneas;

confiabilidad, que su verificación no dependa totalmente de la subjetividad o arbitrariedad del observador; que se haya experimentado su validez y practicidad;

pertinencia y especificidad, o sea que guarden correspondencia con las intencionalidades del proyecto o programa al que se aplican y, sobre todo, con la realidad y situación de los destinatarios del mismo;

sensibles, capaces de reflejar los cambios esperables por las acciones que se evalúan;

oportunos,

posibilitando

la

observación

y

recolección

de

datos

con

rapidez

razonable;

que demanden un esfuerzo que tenga relación con el beneficio que aportan, sin perder calidad;

complementariedad de unos con otros, especialmente de los cuantitativos con los cualitativos y coherencia entre sí y con el proyecto o programa a que se aplican.

b) Criterios para la construcción de indicadores

En el modo de construir un sistema de indicadores para desarrollo rural sustentable no podemos

En el modo de construir un sistema de indicadores para desarrollo rural sustentable no podemos apartarnos del camino común con otras temáticas y los pasos principales se pueden sintetizar en:

partir de una selección de los conceptos fundamentales, los que constituyen el ideario básico, aquellos que se considera que no podrían faltar para que el programa o proyecto se considere de promoción del desarrollo rural sustentable. Conceptos, porque se trata de proposiciones abstractas (síntesis mental); ideales porque se consideran positivos, es lo que se desea alcanzar (por eso este paso es una explicitación de los objetivos del proyecto o programa); fundamentales o básicos porque se trata de los sustantivos, los que marcan la orientación y definen un programa.

cada uno de esos conceptos fundamentales es una totalidad integrada por varias dimensiones o aspectos. El segundo paso es identificar aquellas dimensiones o aspectos sobre los que se desea trabajar específicamente o sobre las que se esperan resultados. Al referirnos al desarrollo sustentable señalamos varias dimensiones; para elegir los indicadores, en este paso será necesario decidir sobre cuál o cuáles se trabajará específicamente el proyecto o programa y por tanto sobre cuál o cuáles pretende tener indicadores.

aclaradas las dimensiones o aspectos, se estará en condiciones de trabajar sobre los indicadores que ayuden a observar y ponderar qué va sucediendo en cada una de ellas en el desarrollo del proyecto.

Los mejores indicadores serán aquellos que se seleccionan o construyen con la gente, con los productores. Ellos son expertos en “señales”; además, la construcción conjunta puede ser una oportunidad de diálogo, concientización y capacitación privilegiada para todos los que participan (técnicos, promotores, capacitadores, campesinos).

Hay que tener muy presente que al construir estos instrumentos, estamos privilegiando el momento analítico del análisis, distinguiendo aspectos de una realidad que “fraccionamos” debido a las limitaciones propias de nuestro modo de conocer, pero que en su naturaleza es indivisible. El “momento analítico” solo será útil en la medida en que ayude a penetrar mejor y más adecuadamente realidades complejas y aprehenderlas en su totalidad. Si lo que debiera solamente ayudar a distinguir se convierte en elemento de división (y por tanto de distorsión), entonces ya no sirve.

El momento analítico debe ser seguido necesariamente de la síntesis integradora. La evaluación, para que sea tal y sirva, debe aportar conocimientos y visiones integradas. Y los indicadores, insistamos una vez más, son instrumentos para la evaluación. También para ello las miradas y comprensiones compartidas, el intento de superación de la dicotomía sujeto cognoscente-objeto conocido a través de la investigación participativa, puede ser de una ayuda inestimable.

c) Los indicadores en una visión de desarrollo sustentable multidimensional para familias de pequeños productores rurales

A continuación enumeraremos los principales indicadores que se podrían tener en cuenta en cada una de las dimensiones antes señaladas como fundamentales en un concepto de desarrollo rural sustentable para las familias de pequeños productores rurales.

1. En la dimensión ecológica:

1. En la dimensión ecológica: Para los objetivos-intencionalidades que apuntan a la modificación de condiciones

Para los objetivos-intencionalidades que apuntan a la modificación de condiciones estructurales:

o si en la elaboración y aplicación de medidas de ordenamiento territorial fue tenido en cuenta:

*el zoneamiento agroecológico (regulación de uso del espacio); *la conservación de humedales; *la preservación de corredores biológicos; *que en la realización de obras de infraestructura (vías de comunicación, canalizaciones, etc.) no se afecten (o se respeten) las tendencias naturales del ecosistema; *planificación de los asentamientos poblacionales; *puesta de práctica de políticas y medidas para la recuperación y preservación de la biodiversidad y los recursos naturales; *si el manejo de los recursos naturales existentes es sustentable (facilita la regenerabilidad e incremento).

Para los objetivos-intencionalidades a nivel de familias, grupos, comunidades y zonas, si se observa:

o

aprovechamiento de los recursos naturales con patrones de regenerabilidad.

o

manejo agroecológico de los suelos; la conservación y recuperación de la fertilidad;

o

recuperación de los ecosistemas degradados;

o

recuperación y conservación de los recursos genéticos locales;

o

zonación agroecológica para el manejo de los ambientes (bosques, sabanas, humedales, etc.);

o

incremento de la capacidad productiva de los agroecosistemas;

o

conservación de la biodiversidad; el manejo de recursos agrícolas, pecuarios, forestales, energéticos y silvestres con criterios regenerativos y de biodiversidad;

o

investigación y puesta en práctica sistemas de manejo, aprovechamiento y conservación aguas superficiales;

o

investigación y experimentación de tecnologías apropiadas y apropiables (o adecuadas y apropiables) para la situación específica de los pequeños productores que las necesitan;

o

un enfoque sistémico tanto para el análisis del sistema predial y su relación con el ecosistema local/regional, como para la planificación, realización y gestión de las tareas prediales;

o

grado o nivel de diversificación de los sistemas productivos familiares.

2. En la dimensión socio política:

Para los objetivos-intencionalidades estratégicas:

Para los objetivos-intencionalidades estratégicas: o si existen procesos que fortalezcan el sentido y la

o

si existen procesos que fortalezcan el sentido y la experiencia de ciudadanía entendida como la capacidad de ejercer efectivamente los derechos que les corresponden a los campesinos;

o

si se procura la profundización de la democracia mediante:

*redefinición y fortalecimiento del sistema de representación política; *ampliación de los espacios y posibilidades de representación; *fortalecimiento del poder local; *desarrollo de mecanismos de control de la gestión pública.

o

medidas que promuevan las organizaciones sectoriales de pequeños productores y el fortalecimiento de su capacidad de actorazgo público, de modo que su presencia sea reconocida y puedan reclamar con mayores posibilidades lo que necesitan;

o

articulación de las organizaciones locales, en zonales, regionales, nacionales;

o

acciones de concientización al conjunto social sobre la realidad que viven los pequeños productores y su papel en la sociedad;

o

si hay propuestas de promoción y adecuación a las características y posibilidades de los pequeños productores del régimen jurídico de:

*tenencia, posesión y propiedad de la tierra; *de las condiciones legales e impositivas para la transferencia de la posesión y propiedad inmueble (régimen sucesorio, impuestos a la transmisión, etc.); *del régimen impositivo a la propiedad de la tierra y la producción de los pequeños productores.

o

si se propone y promueve la formulación de un marco legal apropiado y no excluyente para los pequeños productores y sus economías familiares. Por ejemplo:

*que la legislación impositiva, bromatológica y sobre comercialización reconozca las particularidades de la producción primaria y artesanal (de bienes finales y de insumos; comestibles o de uso durable) la aliente y la proteja; *que favorezca la comercialización de productos regionales; *que mejore las condiciones de comercialización de su producción mediante un sistema de certificación de productos adecuado y al alcance de los pequeños productores;

o

se si promueve el establecimiento de un sistema público de seguridad social que incluya a los pequeños productores tomando en cuenta su especificidad y posibilidades.

Para los objetivos-intencionalidades a nivel de familias, grupos y comunidades:

o medidas de aseguramiento de la posesión y propiedad de la tierra que ocupan las

o

medidas de aseguramiento de la posesión y propiedad de la tierra que ocupan las familias de pequeños productores;

o

medidas de promoción de una disponibilidad de tierra suficiente para la situación actual y con capacidad de proveer a las necesidades del crecimiento familiar y retener a los miembros de la familia en el futuro.

o

medidas para propiciar el conocimiento, la concientización, la defensa y el ejercicio de los derechos que como ciudadanos tienen los pequeños productores.

o

medidas para promover el desarrollo y fortalecimiento de las capacidades de acción colectiva de los pequeños productores, el afianzamiento y actorazgo de sus organizaciones;

o

grado de consolidación y autonomía de las organizaciones campesinas;

o

grado

de

democracia

interna

y

participación

en

las

organizaciones

campesinas:

 

o

si hay ampliación y fortalecimiento de los espacios locales de participación local de los pequeños productores;

o

si se alienta el relacionamiento y la coordinación de iniciativas de las organizaciones de pequeños productores con otros actores sociales, en la búsqueda de solución de sus problemas y de alternativas de desarrollo;

o

si se propicia que los pequeños productores se vinculen (preferentemente a través de sus organizaciones) con instituciones y organismos (por ejemplo técnicos, de investigación, políticos) tanto para la obtención de los servicios que necesitan como para alianzas en función de sus intereses.

3. En la dimensión económica:

Para los objetivos-intencionalidades que apunten a incidir sobre condiciones estructurales:

o

manejo del concepto y difusión de la idea de que la sustentabilidad del desarrollo rural, en particular el de los campesinos, solamente es posible en el marco de la sustentabilidad global, lo que implica una revisión de las pautas de consumo, distribución de la riqueza y superación de la pobreza;

o

si hay medidas tendientes a promover políticas económicas que permitan que las familias campesinas puedan vivir de lo que producen;

o

si se impulsa el reconocimiento del derecho a la seguridad alimentaria y que se pongan en práctica políticas tendientes a hacerla efectiva;

o

si se promueven o proponen políticas y medidas que otorguen a las familias campesinas mayor seguridad en sus ingresos;

o si se promueven medidas que otorguen seguridad social (cobertura de salud, jubilación) adecuada a

o si se promueven medidas que otorguen seguridad social (cobertura de salud, jubilación) adecuada a la situación y la economía de los pequeños productores y sus familias.

Para los objetivos-intencionalidades a nivel familiar, grupal, de comunidades y zonas:

o

medidas que se propician para asegurar la alimentación a nivel familiar y local;

o

medidas tendientes a la diversificación productiva tanto para consumo propio como para mercado;

o

medidas

para

promover

la

complementariedad

grupal

o

local

de

las

producciones familiares;

 

o

condiciones que se estén promoviendo para que los jóvenes encuentren incentivos y posibilidades de quedarse en el campo y no se vean obligados a emigrar a los centros urbanos;

o

si se hacen análisis sobre la situación de las mujeres en los sistemas de vida campesinos, de sus necesidades y problemas específicos Valorización de sus aportes a la economía familiar;

o

medidas para promover la solución a necesidades concretas de las mujeres que mejoren sus condiciones de vida, buscando también alternativas para que ellas mejoren sus posibilidades y se establezca una mayor equidad de género;

o

si hay tratamiento de la cuestión de género con los hombres y los jóvenes;

 

o

medidas que se están tomando para procurar una disminución de la dependencia o un aumento de la autonomía campesina en insumos básicos;

o

investigación y experimentación de tecnologías de conservación y transformación de producción campesina que por una parte aseguren disponibilidad de alimentos e insumos durante todo el año y por otro puedan agregar valor a sus productos y obtener mejores retribuciones;

o

promoción de prácticas de comercialización equitativa;

 

o

mejoramiento de las condiciones de participación de los campesinos en los mercados mediante:

- la priorización de vínculos con los mercados locales;

- desarrollo de estrategias de asociación para la comercialización;

- oferta de productos procesados, conservados y/o con valor agregado.

4. En la dimensión cultural:

Para los objetivos-intencionalidades estratégicas:

o medidas para valorizar y fortalecer las identidades culturales campesinas en el contexto social; o

o

medidas para valorizar y fortalecer las identidades culturales campesinas en el contexto social;

o

promoción del respeto y valoración de la diversidad cultural;

o

medidas para promover oportunidades educativas con sistemas adecuados a la realidad campesina, con alta participación en la orientación y gestión de parte de las familias y las organizaciones campesinas locales. Por ejemplo, con sistemas que relacionen las actividades educativas/escuela con la actividad productiva familiar (tipo “escuelas de la familia agrícola”);

o

medidas para desarrollar y fortalecer las capacidades de autodeterminación de las personas:

o

cómo se identifica, concibe y enfoca la cuestión género en las acciones del programa.

Para los objetivos-intencionalidades a nivel de familias, grupos y comunidades:

o

medidas tendientes a la profundización de las identidades culturales de las familias y recuperación del orgullo de su condición de pequeños productores por la valorización de lo que hacen;

o

fortalecimiento de la autoestima y seguridad personal;

o

conocimiento, recuperación y valoración de la propia historia/memoria;

o

desarrollo de una concepción y de formas de relacionamiento con los recursos naturales que aseguren su valoración, respeto, posibilidades de reproducción y disponibilidad futura;

o

valorización del papel el papel y el aporte de las mujeres en las estrategias de vida y sustentabilidad de los sistemas campesinos;

o

promoción de equidad en las relaciones de género respetando las pautas culturales propias de cada grupo;

o

si las medidas en relación a las mujeres tienen en cuenta sus intereses inemediatos y también estratégicos (que modifican la situación relacional).

ANEXO I:

Asignación de tierras públicas en el área chaqueña

En la actual provincia del Chaco la zona de latifundios se extendió primeramente en la franja húmeda oriental rodeando a las colonias, facilitada por disposiciones legales (como la Ley de Liquidación) y los remates de tierras públicas, lo que permitió la concentración en manos de un solo propietario de extensiones de varios miles de hectáreas 66 . Y más tarde

66 Una ley de 1882 estableció la venta en remate de tierras públicas de territorios nacionales. En el Chaco, un propietario tenía opción para comprar hasta 40.000 hectáreas de tierras para pastoreo a un

avanzando hacia la planicie central con la construcción del ferrocarril Barranqueras-Metán y Formosa-Embarcación (casi

avanzando hacia la planicie central con la construcción del ferrocarril Barranqueras-Metán y Formosa-Embarcación (casi 16.000.000 de hectáreas de tierras del Estado se “vendieron” para financiar la construcción de estas vías férreas en Chaco y Formosa a partir de 1908). Ganadería de cría en las tierras altas y explotación del monte serán las actividades principales desde el inicio.

En la provincia de Santa Fe desde 1863 parte del domo sud-chaqueño es vendido en fracciones perpendiculares al valle del Paraná hacia la Cuña Boscosa. Más al oeste las mejores tierras (unas 480.000 hectáreas) fueron vendidas en 1866 en fracciones de 8.000 hectáreas a bajo precio, para financiar una columna expedicionaria (militar) contra los indios. Otra gran parte de la Cuña Boscosa (1.800.000 hectáreas) pasó a manos privadas en 1881 a raíz de un empréstito contraído por la provincia con una entidad financiera británica que liquidó el monte de quebrachos para la extracción del tanino (una pequeña parte de estas tierras que retornaron a manos de la provincia de Santa Fe en 1964 totalmente desvastadas, fueron asignadas en lotes de 100 y 200 hectáreas a familias de ex hacheros a fines de los años 60) 67 .

En la provincia de Santiago del Estero sucedió algo similar. En 1898 se autorizó la venta de 1.870.000 hectáreas al noreste del Salado que fueron adquiridas por un grupo de capitalistas de Buenos Aires a un precio muy bajo, con facilidades de pago y exoneración de

precio muy bajo. A ello se agregan las concesiones para explotaciones forestales que diezman el bosque chaqueño.

67 “El poblamiento de este sector santafesino fue diferente al que tuvo lugar en el centro de la

provincia (

propiedad de empresas y empresarios que financiaron las expediciones militares o prestaron dinero a la provincia, como en el caso de Murrieta y Cía., que en el 1880 recibió 1.800.000 hectáreas de

territorio provincial para saldar una deuda. De todos modos será finalmente la actividad forestal la que prive, principalmente después de 1886, cuando se define el límite entre las provincias del Chaco y Santa Fe, que se quedará con los territorios del norte, en parte por presión de los intereses vinculados

Rafaela, Santurce y San Cristóbal (1883, 1887, 1890),

posteriores a las campañas de Obligado, representan en el área avances agrícolas que no prosperarán

por los bajos rendimientos, lo que provocará su reorientación hacia la ganadería, mientras que más al norte, sobre la costa, Florencia, Ocampo y Las Toscas ya en la década de 1870 comienzan la explotación de la caña de azúcar – se instalan ingenios en Mercedes, Germania y Tacuarendí-; con todo la actividad pierde luego ímpetu por la competencia del azúcar del Noroeste.

con la explotación del quebracho. (

avanzó principalmente la ganadería extensiva sobre grandes extensiones de

):aquí

)

A

partir de la década de 1880 comenzará el predominio de la explotación del quebracho colorado (para

la

extracción del tanino y su aprovechamiento como postes y durmientes); (

)

la Compañía Forestal

del Chaco (1902), que llegará a ser la primera productora mundial de tanino y que absorbida en 1906

por capitales ingleses y franceses será el núcleo de la Compañía de Tierras, Maderas y Ferrocarriles La

Forestal Ltda

Compañía de Tierras de Santa Fe dominando así los departamentos santafesinos de 9 de Julio, Vera y

Gral. Obligado con sus 6 fábricas de tanino, 400 km de vías férreas, moneda (vales) y fuerzas

policiales propias (

La decadencia de la explotación forestal tuvo rápido impacto

en el área y dio posteriormente lugar a la intervención del estado de las tierras de La Forestal y en la

formas

actuales de asentamiento en la cuña boscosa sólo se explican por referencia al proceso de explotación forestal que ha perdido vigencia”. LÓPEZ, Ricardo, El asentamiento de la población, en Atlas total de

la República Argentina, n° 36, Centro Editor de América Latina.

década de 1960 comenzó la colonicación de la cuña boscosa con éxito variado (

explotación despiadada del obrajero (

A la explotación irracional de la riqueza del bosque la empresa sumó la

Esta, a su vez, absorberá en 1913 a la Argentina Quebracho Co. Y en 1914 a la

).

).

).

(

)las

impuestos 6 8 . En esas tierras quedaron asentados antiguos pobladores e ingresaron nuevos utilizados

impuestos 68 . En esas tierras quedaron asentados antiguos pobladores e ingresaron nuevos utilizados por los “propietarios” primero como hacheros, olvidándolos cuando el monte pierde su valor hasta que por la realización de obras de infraestrutura o cambios climáticos las tierras se valorizan y entonces pretenden expulsarlos. Este es el conflicto que actualmente enfrentan y por el que luchan estos pequeños productores 69 . En Salta, la cuenca del Pilcomayo y el Bermejo no fueron excepciones. A fines del siglo XIX hay un avance de grandes ganaderos sobre tierras fiscales provinciales y en 1900 solamente cinco propietarios acumulaban las mejores 700.000 hectáreas de la zona.

En Formosa el avance hacia el oeste se hizo con el ferrocarril que iniciado en 1908 llega a Las Lomitas en 1914 y a Embarcación (Salta) en 1920. Las concesiones forestales sobre esta línea fueron abandonadas una vez que se termina la madera y las tierras desocupadas hasta que las más aptas comienzan a albergar ganadería. La ocupación ganadera la hacen por el oeste criadores salteños que entre 1920-40 invaden con animales destinados al abastecimiento de áreas mineras de Bolivia y Chile, provocando en pocos años el deterioro de los pastizales y la erosión. Y desde el este, la zona más húmeda, por los criadores que luego enviaban los novillos a engordar a la pampa.

Contemporáneamente y alentados por el algodón comienzan a asentarse pobladores en tierras fiscales en condiciones de tenencia frágiles y sujetas al favor político de turno. Agudizadas en muchos casos por ser paraguayos sus ocupantes ya que leyes promulgadas a partir de 1940 les inhiben el acceso a la propiedad de la tierra en áreas de frontera por su condición de nativos del país limítrofe. Ya entre 1960-70 hay reordenamientos y titulaciones pero que terminan en mayores concentraciones para pocos y parcelas mínimas para productores condenados a la subsistencia.

El proceso apenas bosquejado en los párrafos anteriores, concluye con la enajenación de unos 150.000 km2 de las provincias mencionadas, casi la mitad del área chaqueña, en latifundios que van desde 8.000 a 1.870.000 hectáreas, en manos de propietarios que mayoritariamente no residen en la región y que aplican, con variantes según las zonas, un

68 En 1902 se organizó una expedición para el reconocimiento de estos campos de ubicación poco conocida y aún no mensurados. En la confusión de límites, tierras que pertenecían al territorio nacional del Chaco fueron “vendidas” por Santiago del Estero.

69 Hasta la década de 1930 la explotación forestal fue uno de los rubros económicos principales de la provincia, especialmente para satisfacer la demanda de durmientes de los ferrocarriles, de leña de los ingenios azucareros de Tucumán y leña y carbón de los centros urbanos del Litoral (especialmente Buenos Aires). El tren ofreció la trama para extraer esa riqueza forestal y facilitó el poblamiento al norte del río Salado (Quimilí, Tintina, Campo Gallo, etc.), Es cuando el monte se agota o su ubicación lo hace menos rentable que el trabajo escasea y los santiagueños comienzan a migrar fuera de su provincia:

Año

Población en la provincia