Actividad de uso sobre la obra de Verónica Gomez (fragmento

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EL CONEJO. ESTUDIOS PRELIMINARES (AGOSTO DE 2006) Este gabinete se realizó en el subsuelo de la galería Appetite. A través de una cortina sanitaria se accedía a un espacio de 3,5 x 5 m invadido por estanterías, fotografías, objetos y papeles. Sobre una mesa de trabajo cubierta por un mantel blanco se mostraban distintos objetos: libros, carpetas, formularios, una balanza, guantes de látex. Por encima de la mesa, ubicada en el centro del espacio, pendía del techo una jaula con un conejo vivo. Todo, en esta primera mirada, hacía suponer que el espacio funcionaba como un laboratorio. Un perchero, a la izquierda de la entrada, sostenía los guardapolvos del staff, y una cartelera de corcho tenía pegados mensajes internos del personal y fotografías del conejo. Contra la pared, un escritorio metálico con una máquina de escribir, un par de anteojos, un esmalte de uñas y un teléfono componían la oficina. Delante, una silla vacía y a su lado, en un estante, sellos, tintas y un exhaustivo “contrato de prestación de servicios” completaban el espacio. En la siguiente pared colgaban fichas tipeadas a máquina sobre la alimentación del conejo, su crecimiento y los gastos de la investigación, una pequeña balanza y un frasco con un chancho de plástico conservado en formol. Un gran afiche promocionaba un estudio sobre La locomoción quelonia en el conejo doméstico común: adaptabilidad y competitividad, y ofrecía información sobre los objetivos, los materiales utilizados y los resultados de dicho estudio. En el suelo, una pecera sin agua contenía zanahorias en descomposición. Dos caños de gas propios de la arquitectura de la galería descendían del techo y separaban el póster de un grupo de siete pequeños estantes con objetos (un zapato, un huevo de chocolate, unos osos de peluche, etc.) y de una línea de siete fotografías, donde se veía un conejo interactuando con los objetos que estaban en los estantes. Cada foto tenía un epígrafe especificando qué se había investigado. Así, en una foto en la que podía verse al conejo metiendo la cabeza en un huevo de chocolate el epígrafe rezaba “Comportamientos de ocultación”; en otra en la que el conejo estaba junto a algunos peluches el epígrafe era “Relaciones interespecíficas”. Al final de la pared había un inventario analítico que indicaba qué objetos habían sido roídos y en qué cantidad. Al avanzar en el recorrido por el espacio y observar más de cerca los objetos y textos, la primera impresión de labor científica que había generado el espacio se ponía en duda ante la incongruencia de las operaciones. De hecho, la última pared continuaba la lógica objeto-fotografía, esta vez con diversas vestimentas de confección rudimentaria, entre las cuales estaba la que vestía al conejo en el afiche sobre la locomoción. A su lado, se ubicaba una repisa repleta de herramientas: frascos de diversos tamaños y transparencias, un embudo, papel de aluminio, un cráneo humano, un gotero, una talquera, una lámpara de aceite, una vértebra animal, jeringas, tijeras, probetas, filtros y un estetoscopio. En el ángulo, al final de esta pared, un televisor emitía el registro de todas las experiencias realizadas con el animal que documentaban las fotografías. El sonido ambiente de la grabación era casi imperceptible. Las acciones, de las que las fotografías sólo lograban dar cuenta de manera acotada, acentuaban su extrañeza con el tiempo real del video. En este último sector, otra estantería presentaba un nuevo cúmulo de objetos: muñecos, alfileres, una lupa con pinzas, etcétera. En un estante, tres frascos con experimentos con

sales aromáticas, perlas y excrementos de conejo estaban tapados y evitaban, eventualmente, que su olor inundara la sala. Junto a la cortina de plástico de la entrada, una mesa ratona alojaba una urna con el logo de LBSA, un fichero con formularios, otro con revistas temáticas y un cuaderno de libro de visitas. Desde las distintas paredes se formulaban varios pedidos a través de carteles indicativos: “Se ruega no molestar a los animales”, “Por favor no molestar al personal”, etcétera.

AUTONOMÍA Y CAMBIOS DE SENTIDO El conejo se mostró junto a la exposición Cepillarse bien los dientes del artista Nicanor Aráoz, donde, entre otros animales, aparecían disecados vía taxidermia varios conejos. La misma fue aprovechada por VG para producir una instalación lindante y autónoma, que giraba alrededor del conejo como objeto de estudio, estableciendo un puente temático con la muestra de Aráoz. VG eligió separar el gabinete del resto de la galería mediante dos paneles, generando un espacio aislado y aséptico que daba la impresión de laboratorio

científico en situación de trabajo. Todos los elementos afines a este ámbito (el mobiliario, el profuso instrumental y la señalética de advertencia) eran clave para construir esa división con la galería. Los guardapolvos y los elementos en estantes y mesas, listos para ser usados, a su vez indicaban que había personas trabajando ahí. Los memos nos informaban cómo se vinculaban entre ellos o qué tareas desempeñaban. Incluso, exaltando la ficción institucional, se mostraba el documento que certificaba el lazo institucional creado entre Apettite y LBSA. En este sentido, todo lo que produjo el sector ligado a la oficina tenía una continuidad con lo que sucedía en CM. En ambos casos, la oficina se encargó de producir documentos que sirvieran al despliegue narrativo de las instituciones. Sólo que aquí, a diferencia de CM, el espectador podía ingresar a un lugar físico donde no había nadie presente, pero que, mediante las diferentes operaciones mencionadas, producía el efecto de espacio “ocupado” y en funcionamiento. Entre los elementos desplegados, algunos se emparentaban directamente con la actividad científica, mientras que otros se alejaban diametralmente. De esta manera, los primeros efectuaban una transformación sobre los segundos. Los muñecos modificados, la lámpara de aceite, la brillantina, las perlas, dejaban de llamar la atención por su incompatibilidad con la ciencia y quedaban contaminados por ella, apareciendo como recursos de estudio. Así la instalación se configuraba como un gran centro que atraía a los elementos en una única dirección: el conejo. Este recurso de focalización producía la sospecha de que cualquier objeto hubiera podido estar ubicado dentro de esta línea investigativa y establecía una estrategia para diseñar un campo de cohesión y de cambios de sentidos, que VG utilizaría de distinto modo en los dos siguientes gabinetes.

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