Tres árboles Lo primero que nos llama la atención es un pleno negro que corresponde al pelo de una mujer.

Esta es la parte más en foco del trabajo: el pelo de una mujer sobre un columpio en un exterior. Continuamos mirando y descubrimos que todos los elementos mencionables están, con un pequeño margen, alineados sobre una horizontal, en este orden: árbol-1, mujer sobre el columpio, hombre-1, hombre-2, árbol-2, mono, árbol-3, gato negro, hombre-3. Todo sobre un fondo de niebla. Los árboles forman tres segmentos dentro de la obra. El formato de la imagen (140 x 230 cm.) posibilita y acentúa esta segmentación. En el primer segmento, partiendo de la izquierda de la imagen, está la chica de pelo negro hamacada por dos hombres, uno nos da la espalda y el otro mira hacia nosotros. Este último es el Che Guevara, sobre quien volveremos más adelante. Tres personas. La chica mira hacia abajo y tiene puesto un vestido largo, el chico que nos da la espalda tiene botas con estrellas blancas, pantalón y saco negro. No podemos especificar qué usa el Che, pero vemos que está sobre una superficie líquida que impide ver sus pies. Los tres están desarrollando una acción detenida en la representación: la salida del Che de la superficie líquida, la acción de alzar un papel por parte del hombre con pantalón y saco negro, el balanceo de la chica en la hamaca. En el segundo segmento, el central, nada se interpone a la interior neblina del fondo, salvo un gato sobre una rama perteneciente al árbol-3 y una forma espiralada, sobre el suelo. En el tercer segmento, vemos una figura sentada a la derecha del árbol-3, invadida por el

pasto y las raíces. Los árboles que hacen a la construcción de los segmentos son diferentes entre sí. El primero (siempre desde la izquierda) no tiene copa; el segundo contiene hojas, pero no tapan su estructura troncal, como sí ocurre con el tercer árbol. Los tres árboles de esta manera forman una progresión cruzada, comenzando con el de la izquierda, de mayor tamaño y casi sin hojas, terminando con el que está a la derecha, de menor tamaño y abultada copa, pasando por el del centro de la imagen, intermedio en tamaño y en follaje. Progresión cruzada: en la misma dirección el follaje crece y el tamaño del árbol decrece, o al revés. Todos los elementos de la imagen están alineados sobre un plano horizontal que se superpone a otro que aparece detrás representando la neblina. No hay punto de fuga, sino un telón difuso que es niebla, fondo de los diferentes segmentos. En escenografía, esta manera de construir el espacio se llama construcción por medio de découvertes, es decir, a través de planos cada vez más difusos y recortados, que se van superponiendo hacia atrás, para crear efecto de profundidad. Este tipo de construcción termina con un telón de fondo que representa el cielo, azulado y monocromo. La niebla desdibuja el fondo, o en todo caso es un fondo desdibujado, incierto, donde se pierden los límites. En tanto es niebla, admite un espacio que continúa detrás. Niebla, nube, neblina. En una definición de diccionario nube aparece como: multitud o agrupación de cosas que oscurecen el aire. // Cosa que encubre otra. La niebla rodea. Esta última definición nos hace pensar que nosotros no podemos estar alejados de los personajes, de lo contrario la neblina nos los ocultaría. La niebla está realizada con algunos pocos trazos de grafito; no está indefinida, sino que es indefinida. Como fenómeno natural, a la niebla, una especie de oscuridad iluminada, la reconocemos como de color blanco, que dependiendo de su densidad nos dejará ver más o menos lejos. En definitiva, la niebla limita la visión, le impone un recorte que se desplaza a medida que uno avanza. En esta imagen la niebla surge de una distribución débil de trazos sobre el fondo de color celeste, manteniéndose casi intacto el color de la tela. De esta manera, podemos decir que el color de la tela es, la mayoría de las veces, el color de la niebla, y que entonces ésta emerge desde toda la superficie del cuadro donde casi no hay grafito. Esto produce que todo surja de la tela y no que esté sobre la tela. Sólo dos de los personajes (la mujer y el hombre de botas con estrellas) presentan otra relación con el fondo-soporte. Esta relación en que se encuentran no es la de ser parte de sino, por el contrario, la de estar sobre. Son los únicos dos personajes que se recortan, no pertenecen a la naturaleza, pero están en ella. Tanto el chico del árbol como el Che están representados levemente fundidos: por estar entre las ramas, en el caso del primero; por perderse sobre el telón de niebla, en el caso del segundo. Ambos se mezclan con el color celeste de la tela. La chica y el chico con botas parecen no aceptar la premisa de que la luz venga desde adentro; en su caso, la luz los rodea. El ejemplo más claro de esto son las botas con estrellas que tienen el color celeste del soporte, pero que aquí es el color de la bota y no el color del fondo emergiendo. La línea que construye las botas es cerrada, marca un límite preciso para que ese mismo color, aquí, tenga otro sentido: botas con estrellas celestes.

El color más claro, el del soporte, hace que la luz no sólo venga desde atrás, sino que también surja del interior de cada uno de los elementos representados. Una malla de líneas de grafito por donde se escurre la luz de la tela. Lo dibujado en sí mismo no es indiferente a esto; en todo caso hay un acierto en la elección de los materiales, sus modos de aplicación y lo que ellos representan. Este paisaje se constituye no sólo por el dibujo, sino también por el soporte particular en el cual es dibujado. No es el color del fondo, es el color de la tela. Los segmentos creados por los árboles no se ven todos al mismo tiempo. La imagen propone una secuencia horizontal, sin comienzo ni fin; un recorrido variable. No importa por dónde se empiece a mirar el cuadro, al momento de resituar la mirada sobre la imagen, lo que vimos variará su importancia. Se descubrirán otros focos, se crearán nuevas jerarquías. Hay hechos que se destacan por contraste, otros por aislamiento, otros por personificación. Es el caso del Che, presentado de manera ligera, saliendo de la niebla. Uno reconoce al personaje histórico; en eso radica su importancia en nuestra mirada. Pero bien, este personaje de nuestro imaginario político cambia su rol cuando dirigimos la mirada hacia el gato en la rama. Este último no tiene carga histórica, pero se mantiene aislado y por eso se destaca. Se forman puntos de atención que compiten. Esto ocurre también con la chica sostenida por las sogas de la hamaca, entre los dos primeros árboles. En otra dirección, el gato sobre la rama o incluso el hombre recostado cobran protagonismo. Es la idea de segmentos la que rompe estas jerarquías, o mejor, la que reescribe continuamente lo que es protagónico. La relación entre los segmentos, primero mirar uno, luego otro, arma un guión. La presencia del Che en esta situación produce una mezcla temporal entre el tiempo histórico y el tiempo que surge de los posibles recorridos que propone la obra. De cualquier manera la presencia de este personaje no está remarcada, y su rol en la obra se acentúa también por el lugar en que aparece, que no coincide con su posición en el imaginario social. De este modo, el cruce temporal es también un cruce espacial. Por esto, la figura del Che, dentro de cualquier guión que posibilite la obra, funcionará como elemento irónico, quimérico y distorsionante. 1º de octubre de 2006

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