Déjame lavarte los pies...

 

Cada Jueves Santo, la Iglesia nos invita a ver el paralelismo entre la cena judía de un gru­po de esclavos (allá en los años 1280 antes de Cristo) en víspera de su liberación de la esclavi­tud egipcia y la Cena Ju­día de Jesús en víspera de su pasión y muerte. Son dos cenas que reme­moran, hacen presente, el gesto de liberación de la esclavitud por parte de Moisés y la liberación del pecado y de la muer­te por parte de Jesús.

El pequeño grupo que creyó en la propues­ta de Dios se reunió de noche para compartir una cena especial. En esa cena se darían las instrucciones para el escape. Y en esa misma noche el grupo de escla­vos burló las autoridades egipcias y huyó camino al desierto hacia la Tie­rra Prometida. Desde entonces esa cena fue lla­mada CENA PASCUAL y aquella noche, NOCHE DE LIBERACIÓN.

Como buen judío, Je­sús quiso celebrar su úl­tima cena con sus discí­pulos en el contexto de la CENA JUDIA. La cena pascual judía anticipaba la libertad y la justicia a la que los hebreos habían sido llamados a vivir; la cena de Jesús anticipaba la liberación del pecado y de la muerte para todos los hijos e hijas de Dios. En la Cena Judía se sa­crificó un cordero, con cuya sangre se marcaba la entrada de los hogares de los judíos que estaban dispuestos a emprender un camino nuevo. En la Última cena Jesús lava los pies de sus discípu­los, y se inmola como el Cordero, cuya sangre se derramaría para salvar a toda la humanidad.

El texto de Juan 13 es claro. Mientras cena­ban, Jesús se levantó y comenzó a lavar los pies a sus discípulos. En el tiempo de Jesús sólo los esclavos, las esposas o las hijas lavaban los pies a los hombres. Para Pe­dro es impensable que el Maestro sea quien le lave los pies. Para él era bueno tener un poco de desigualdad. Por eso su resistencia: “A mí nun­ca me lavarás los pies” (Juan 13,8). Pedro sa­bía que de él dejarse la­var los pies, tendría que hacer lo mismo con sus hermanos. En su lógica ese comportamiento era inadmisible; él no estaba dispuesto a lavarle los pies a nadie.

Al celebrar la Euca­ristía cada día, los cre­yentes hacemos memo­ria de la Última Cena de Jesús, pero tan sólo el Jueves Santo repeti­mos el gesto del lavato­rio de los pies. Hemos de preguntarnos: ¿Por qué quiso Jesús ubicar el la­vatorio de los pies dentro del contexto de la última cena? Es como si Jesús nos quisiera decir que no es posible celebrar la Eucaristía a

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“. Los que creemos en Jesús no tenemos otra alternativa. También uste­des han de lavarse los pies los unos a los otros” (Juan 13. No es posible celebrar la fracción del Pan y recibir a Jesús Eu­caristía a menos que co­mulguemos en el mismo Proyecto de Jesús. a menos que haya una actitud de servicio y de fraternidad para con el prójimo.Déjame lavarte los pies. como yo les he amado. la droga y los innumerables vicios que esclavizan –todos es­tos están en contra de la­var los pies al otro. atrope­llar y excluir a los que no piensan como uno. compasión. Participar en la ceremonia del Jueves Santo y admirar al sa­cerdote lavar los pies a unas personas no dice mucho a la gente de hoy. el lucro a base de jugosos contra­tos. ¡Qué diferente sería Puerto Rico si este Jueves Santo decidiéramos asumir el lavarnos los pies unos a otros! El lavatorio de los pies es consecuencia del mandamiento nuevo.. . 34-35). los insultos políticos. menos que haya en nosotros una actitud de reverencia y respeto hacia la otra per­sona. de acogida.. que la misma Fracción del Pan significa. los ataques personales. La gente necesita ver en noso­tros gestos concretos en nuestra convivencia humana. El lavarnos los pies es una expresión de amor. el maltrato de niños y muje­res. la pasión y muer­te de Jesús es una con­tradicción. la men­tira. 2/3 . concretizando los innumerables gestos que el lavatorio de los pies nos exige. No es posible celebrar la Eucaristía a menos que vivamos en nuestras relaciones acti­tudes de perdón y recon­ciliación. de perdón hacia la otra persona. La violencia. Es en el contexto del lavato­rio de los pies que Jesús nos da el mandato nue­vo: “Les doy un manda­to nuevo –que se amen unos a otros. el desprecio de las personas por su ideal.15). Celebrar dignamen­te la Eucaristía exige de todos nosotros vivir la Eucaristía como servi­cio. Así recono­cerán todos que ustedes son mis discípulos: si se aman unos a otros” (Juan 13. la deshonestidad. El gesto de la­var los pies ha de tra­ducirse en acciones que comuniquen entrega. el desempleo y subempleo. Cele­brar la Eucaristía exige un compromiso serio por construir la hermandad y la comunión. Comulgar en el sacramento sin ningún esfuerzo por comulgar en la vida. perdón y so­lidaridad. . el marginar. de afecto. La realidad que hoy vivimos en Puerto Rico ha llegado a lo intolera­ble. las muertes en nues­tras calles. y la Fracción del Pan es posible sólo cuando hace­mos un esfuerzo serio por responder a ese mandato nuevo. a menos que busquemos traducir ese gesto en acciones significativas para nuestra realidad puertorriqueña.

a menos que día a día viva­mos el lavarnos los pies unos a otros. como búsqueda activa de una comunidad cada vez más humana. 3/3 .Déjame lavarte los pies. de mise­ricordia. NO es posible cele­brar la Pascua a menos que vivamos actitudes de compasión. de ternura. Celebrar el memorial del Crucificado y vivir indife­rente a los nuevos cruci­ficados de hoy es celebrar la Eucaristía como un ritual vacío. Para agra­dar a Dios hemos de ser constructores de frater­nidad y de unidad entre las personas. más fraterna. de perdón y de servicio. como entrega... más servicial. más justa.

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