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Tratamiento Bajo un sol abrasador, un cielo azul sin una sola nube contrasta con las distintas tonalidades

de amarillos, en un desierto inmenso de arena y piedra. Levantando una polvareda, en medio de la inmensidad se acerca una volqueta Ford, modelo 50, cuyo color rojo apenas se puede adivinar debajo de la capa de polvo y barro seco que la cubre. El sol cae implacable sobre cuatro personas que se ven en el platón de la volqueta y a medida que el vehículo avanza, empiezan a dibujarse unas montañas a la distancia: la Serranía de la Macuira. El paisaje desértico se combina con algunos trupillos y cactus gigantes verde claro. La arena del desierto cambia de textura, volviéndose mucho mas fina y creando una serie de dunas bajas que se mueven con el viento. Eventualmente la volqueta se cruza con algunos indígenas envueltos en sus mantas y sus mochilas de colores que cargan agua a lomo de burro y que avanzan a la orilla de aquel camino improvisado, que pronto borrarán las lluvias. Está comenzando el mes de mayo de 1968 y en el borde que separa el desierto de la serranía, la volqueta se detiene para descargar a cinco hombres, con las cabelleras llenas de polvo, vestidos con uniforme militar kaki, desteñido por el uso y dotados de carabinas M1, que se ven viejas pero aceitadas y bien mantenidas. Al mando de este reducido pelotón se encuentra el Capitán Santos Carmona, adscrito al arma de caballería número 5 del ejército colombiano, quien despide al chofer de la volqueta y luego de pedirle algunas indicaciones, le da la orden a sus hombres de internarse –sin descansar– en el corazón del desierto. La meta es llegar a destino antes de que se apague la luz del día. El capitán Carmona es un hombre recio, moreno, de unos 48 años, alto y obeso, cuya prominente barriga le da a la vez, un aspecto amenazante y grotesco. Con la camisa del uniforme de dril desabotonada, una cantimplora en la mano, una pistola lugger calibre 45 al cinto y unos catalejos colgando del cuello, comanda a sus hombres con pocas palabras y un tono en el que se presiente un severo castigo para quien se atreva a desobedecer. Se dirige principalmente a Molina, su cabo primero, quien además de subordinado se comporta como cómplice, sin llegar a ser del todo amigable. Molina ha hecho con Santos Carmona la mayor parte del viaje desde Cucutilla, Norte de Santander, de donde tuvieron que salir huyendo cuando se enteraron que había en su contra una orden de captura por haber fusilado en ese pueblo a 10 liberales, sin justificación alguna. Fue él quien se encargó de reclutar a los soldados que los

En el fresco de la tarde. ese pequeño punto perdido entre el polvo del desierto –que menciona un conocido vallenato de Escalona– por donde entra a Colombia la mayor parte del contrabando con destino a la ciudad de Maicao. prostitutas e incluso sacristán. Lo primero que hace el capitán Santos Carmona es tomar posesión del que será su nuevo hogar. . el momento propicio para caer sobre el cuartel de policía donde el teniente Afanador comanda un vetusto regimiento de dos hombres desarmados y doblegados por el calor y el hastío. las medidas del gobierno central para grabar los licores importados. en un rápido operativo. boticario. donde atracan. provenientes de las Antillas. para echarse a cavilar sobre su siguiente paso. no tiene más opción que obedecer. seguro de que ese proceder no cuenta con la aprobación del ejército. barcos de todos los calados repletos de mercancías que alimentan esta bonanza pasajera e ilusoria como tantas otras que han vivido y olvidado los pobres de este país. tomado por sorpresa y en inferioridad de fuerza. entregar la comandancia a Santos Carmona y salir en silencio de Puerto López. rodean el cuartel que ocupa lo que años atrás fuera la casa de la aduana y en pocas palabras le indican al teniente que debe abandonar el pueblo de inmediato. En los últimos años. y habitado apenas por 47 personas –incluyendo niños– que viven del contrabando ejerciendo diferentes oficios que van desde comerciantes hasta peluquero. Afanador. A la madrugada del día siguiente. aunque la pequeña iglesia no tiene cura. Comienza aquí el último tramo de un largo viaje hacia Puerto López. La Guajira. a cambio de sobornos irrisorios en diferentes batallones a lo largo del camino. que no los molestaran y les dejaran llegar hasta la alta Guajira. Es por Puerto López. el Capitán y sus hombres. El Capitán y sus hombres llegan a las afueras del pueblo a las cinco y media de la tarde y esperan entre las dunas. un pequeño caserío de dos calles enclavado entre el desierto y el mar. empuñando sus carabinas. Santos Carmona tiene tiempo suficiente para hacer inteligencia sobre los movimientos de Puerto López y planear los pasos que va a dar para cumplir su cometido.acompañan y de pactar con varios amigos suyos. colgando un chinchorro verde militar en el corredor del cuartel de policía que da a la calle. han propiciado el auge del contrabando y por lo tanto Puerto López se ha convertido en una especie de paraíso.

otras verdes con motivos azules y una que otra negra con blanco. el capitán manda a citar a una reunión para presentarse y dar a conocer sus intenciones. El pueblo que se arremolina en la iglesia se compone de un grupo grande de mujeres. También están presentes Rojitas. matrona en retiro que en otros tiempos tuviera tal fama de meretriz entendida en las artes del amor. el comerciante más prestante del pueblo llega acompañado de su mujer y Don Arquímedes que también viene con su esposa. Todos llevan puestos sus sombreros tejidos con motivos wayyú negros o rojos. En sus cabezas traen cinchas rojas o amarillas y de sus hombros cuelgan mochilas de distintos colores. un tanto opacas y desgastadas. van llenando lentamente las desvencijadas sillas de la iglesia. Incluso llegan a la reunión –precedidas por el cuchicheo de la concurrencia– Jesucita. Lorenza y Miladys.En efecto. la señora Amparo. dueña del único comedor de Puerto López que presta sus servicios únicamente cuando atraca barco y llegan los camiones a cargar. grises o azul oscuro y camisas blancas con rayas grises o negras. mandadero del pueblo y cada vez que se requiere. con pantalones de pana habanos. Casi todo el pueblo se empieza a acercar y entre la curiosidad y la incertidumbre. El cabo Molina y sus hombres se distribuyen por el pueblo y sin mayores explicaciones les informan a todos que el capitán Santos Carmona. Los hombres visten un poco más sobrio. que combina su arte con el bodegaje en la parte de atrás de la barbería-consultorio. Una serie de sillas en madera se enfilan desde el atrio hasta el muro de entrada. después de descansar un poco. El turco Zaaid llegó a Puerto López por casualidad diez años atrás y al ver el potencial de aquel lugar para recibir embarcaciones de gran calado comienza a hacer gestiones para vender por encargo mercancías a Maicao y luego hacer los pedidos a los . un hombre menudo con gafas de aumento y pelo engominado que funge de boticario. En menos de media hora han llegado a la iglesia prácticamente todos los habitantes de Puerto López: El turco Zaaid. el peluquero y dentista autodidacta. que alcanzó a llenar todos los rincones del litoral. nuevo comandante militar de Puerto López. con sus mantas coloridas. los espera en el atrio de la iglesia para una reunión de carácter urgente y obligatoria. algunas rojas con motivos amarillos. las tres prostitutas que atienden como camareras el hospedaje/burdel propiedad de la señora Encarna. Interiormente la iglesia es sencilla. de sacristán. Don Justo. El lugar es oscuro y por las ventanas laterales y la puerta se cuelan sendos rayos de luz que se hacen visibles por el polvo.

Por lo general paga los viajes a los camioneros con dinero en efectivo que lleva en fajos grandes. que contrasta fuertemente con su pelo canoso y largo. para presentarse y anunciar que a partir del momento él será la máxima autoridad en el pueblo y que como tal se encargará de imponer orden a como de lugar. desde su fundación hasta el presente. eventos importantes y en general para rememorar los acontecimientos más sobresalientes de la historia de Puerto López. De tal suerte que la aparición de Santos Carmona y sus hombres. Don Arquímedes Irribarren es el encargado de organizar la llegada y el cuidado de los camiones en los que se transporta la mercancía que se descarga de los barcos. El turco es muy respetado en Puerto López ya que le da trabajo a todo el mundo y en medio de aquel poblado. Zaaid es un hombre mayor. Por lo general viste pantalón claro y camisetilla de esqueleto. Después de asegurarse que han llegado a la iglesia todos los habitantes. Todavía no salían los vecinos de su asombro. sin ley ni Dios. a la que todos acuden cuando se presenta algún conflicto. bien puede considerarse la única autoridad civil del caserío. que siempre lleva en la cabeza un ―sombrero vueltiao‖. con armas de largo alcance fue todo un acontecimiento para el pueblo. casi nunca se vio una autoridad municipal y menos aún un militar en grado de capitán por esos lares. Impone autoridad en su silencio y cuenta con una memoria prodigiosa para fechas. cuando se oyó la voz del capitán retumbar en el silencio de la iglesia: ―Yo he venido hasta aquí para trabajar. Es un hombre de pocas palabras. Sus palabras son recibidas con asombro e incredulidad por la mayor parte de los asistentes. dejar trabajar y hacer trabajar‖. de tez morena. aunque para ocasiones especiales como esta. Pocas veces había llegado hasta el caserío algún forastero que no tuviera relación con el contrabando. que casi nadie le entiende a primera oída. habla el español gangoso y acelerado con el acento típico de los turcos. luce una impecable guayabera almidonada. qué significaba todo ese ritual tan distinto a los cambios de mando que habían visto hasta entonces: ―Si Afanador .comerciantes de Panamá y Aruba. dentro de una mochila indígena. aprovechando las conexiones de amigos suyos en Barranquilla. zapatillas de cuero blanco y su bastón de caoba imperial. Varios de los presentes comenzaron a preguntarse entre sí. Detrás de esas palabras ya se vislumbraban los días oscuros que vendrían para Puerto López. Santos Carmona se para en frente del altar.

un buen jugador de dominó tiene el respeto de sus semejantes y Santos Carmona lo sabía. Los civiles no lograron ni una ficha. atiborrado de cajas de whisky. es un espacio grande. con miles de papeles encima. Para todos era claro el mensaje y el ―plan de gobierno‖. La curiosidad de los presentes creció conforme se fue dando la partida. cigarrillos y herramientas.y los demás policías cada vez que llegaron lo que hacían era subirse a una mesa para gritar su programa de gobierno‖. En un abrir y cerrar de ojos. todos se miraron con temor. Santos Carmona y el cabo Molina liquidaron a sus contrincantes de manera humillante. Hizo formar aparte a los pocos que alzaron temerosamente la mano. Luego a los seleccionados les preguntó quiénes eran los mejores. Algunos alcanzaron a murmurar que todo se explicaba por el hecho de que Santos Carmona era un militar del ejército y no un teniente de la policía. La casa del turco Zaaid es una de las casas más grandes del pueblo. En medio de los murmullos y los comentarios. sus paredes blancas contrastan con el zócalo color zapote. El pasillo principal del cuartel es de unos 8 metros de largo por 3 de ancho. así como dulces importados y algunos costales con quien sabe qué cosa. Don Arquímedes y el turco Zaaid dieron un paso al frente. En una foto blanco y negro se ve la cara del muchacho con una gran sonrisa junto al presidente Carlos Lleras Restrepo. En una esquina se ve un escritorio grande. En la parte frontal tras una puerta grande de aluminio funciona una tienda-bodega donde despacha el turco. a los lados montañas de carpetas repletas de documentos sucios por la tierra del desierto. el capitán se dirigió de nuevo al pueblo para decir que en el dominó lo que se pone en juego no es la fuerza sino la capacidad de administrarla. Sobre la pared. ―Sólo el que sabe medir su fuerza puede ganar‖ les dijo. cuatro butacos y un juego de fichas. En la esquina contraria al escritorio también al fondo de la bodega se ve una . el Capitán preguntó quién sabía jugar dominó. Entonces. En todo el Caribe. En seguida el capitán mandó a traer una mesa. Santos Carmona guinda su chinchorro en la mitad de este pasillo y desde él alcanza a divisar todas las esquinas de la calle principal de Puerto López. Terminada la partida. El lugar en general tiene un ambiente cálido y agreste. mientras recogían la mesa y las fichas. Dicho esto se retiró al cuartel a descansar. tras el escritorio se ve un afiche grande y viejo donde se invita a respaldar al turquito Zaaid para representante a la cámara. el piso es de arena.

Y mejor que no protesten tanto porque les doblo la tarifa. antes de que hagan efectiva la orden de captura por el asunto de Cucutilla. Cada tarde el hombre se mantenía echado entre el chinchorro. Pocos días después de su presentación. que gozaba hasta quedarse dormido. Las variaciones eran infinitas y cada una la saboreaba con una pereza profesional. les dijo con tono pausado y amenazante: ―Ya que les parece tan malas las medidas. una alberca grande llena de agua lluvia se ubica en una esquina. el capitán se acerca a la bodega del turco Zaaid y luego de hacer llamar a los cinco comerciantes mas grandes del pueblo que controlan el contrabando con Aruba y Curazao. A partir de ese momento el capitán comenzó a cumplir una rutina milimétrica desde su chinchorro. estaba atento a la llegada y descargue de barcos y recibía todas las tardes el reporte del cabo Molina. Así que me hacen el favor y me pagan un 100% de impuesto por cada botella de trago que se abra. les dice que a partir de la fecha toda mercancía que entre o salga del puerto debe pagar un 10% como impuesto para colaborar con el mantenimiento de la fuerza pública. Una de las puertas del pasillo da paso una sala interior con algunas sillas. Al final se abre un patio grande con algunas mangas y arboles de mangostinos. Ante la protesta airada de los presentes. una mesa-comedor amplia y una puerta lateral que entra a la cocina. Cuando se despertaba pedía la comida —no comía sino una vez al día— y revisaba las cuentas del negocio. para huir hacia las Antillas. La otra puerta del pasillo da paso a las habitaciones de la casa que colindan con el patio interior. entonces no solo le ponemos impuesto al trabajo sino también al ocio. cada mujer de la vida paga 10 mil semanales por su licencia de funcionamiento.puerta de madera que da paso a un pasillo interior con dos pequeñas ventanas a un lado y dos puertas al otro. Vigilaba en silencio los movimientos del pueblo. el capitán les deja hablar mirando fieramente a los ojos a quien iba tomando la palabra. en la mitad hay una enramada de 4 x 4 mt donde hay varios chinchorros guindados. luego conversaba en voz baja con el cabo para saber los pormenores de Puerto López y de su tropa. Había logrado montar un servicio de .‖ Lo que busca el capitán es hacer rápidamente una fortuna explotando a la gente. Los escuchó en silencio y cuando terminaron de quejarse.

inteligencia tan simple como eficaz al decretar a los maricas fuera de la ley. regresaba. Santos Carmona no se inquietó. Una tarde de estío Molina le contó al oído al capitán que Afanador venía camino a Puerto López con veinte hombres. pagaban el soborno con información sobre todo lo que pasaba y no se veía. . Al final de la calle principal se levanta una casa blanca sin zócalo. en tiempos de Laureano Gómez— detuviera a Afanador y retardara el cumplimiento de la orden de captura. en la esquina contraria hay un pequeño altar con una imagen del señor crucificado iluminada por algunas espermas y sobre la pared una imagen del divino rostro con la corona de espinas sangrando. El chinchorro militar del capitán en los primeros días. Por allí pasan los maricas a dar informes de inteligencia. los dos homosexuales. En silencio. es una casa larga con 3 puertas marrones. En el pasillo principal del cuartel donde está guindado el chinchorro hay a un costado una mesa que cumple la función de escritorio con una buena cantidad de papeles y una maquina de escribir vieja y descompuesta. con la cara otra vez en su sitio. La presencia del Capitán se fue incorporando a la rutina del pueblo y en pocos meses parecía como si Santos Carmona hubiera estado allí desde siempre. Confiaba en que el comandante de Uribia —que había sido compañero de curso en la Escuela Militar y con quien había estado en el Batallón Guardia Presidencial. El cuarto de Jesucita es oscuro tiene una pequeña ventana de madera desvencijada que deja entrar algunos rayos de luz por sus fisuras. El hombre entraba con la cara descompuesta y salía dos horas después. la prostituta también llamada Jesucita porque sólo se deja ver cada tres días. atraviesa la calle principal de lado a lado hasta llegar a la casa de 'Pelo de Nylon'. El capitán pasa los días ahí. con el tiempo dio paso a un chinchorro típico de la zona: hamaca doble tejida por los wayús de colores morado y amarillo. abotonándose la bragueta como si acabara de mear. Es el alojamiento de doña Encarnita y la residencia de las prostitutas del pueblo. las prostitutas y los comerciantes a pagar el diezmo. Las paredes están sucias por el efecto de la arena y el viento. Abigail y Ernestina. Hay una cama sencilla adosada a una pared. viendo transcurrir las horas y recibiendo visitas esporádicas de distintos habitantes del pueblo con quienes trata asuntos cotidianos. tal como había dejado el chinchorro. Cada ocho días el capitán se levanta de su chinchorro.

Por si las moscas. El capitán se levanta de su chinchorro y se viste. Allí encuentra los cadáveres de tres jóvenes que tenían las manos amarradas a la espalda con alambre de púas y un tiro de gracia en la nuca. El pueblo se indigna con lo sucedido y su rabia se agrava al ver el entierro sin dignidad y sin los rituales de rigor. El turco Zaaid manda a convocar –con . Allí la emplazan a una altura en que el campo visual del desierto es amplio y les permite saber quién se acerca a mucha distancia. pero para tranquilizarlos les anunció que había tomado medidas acerca de las cinco ratas que tenían azotado el puerto robando mercancías de las bodegas y fumando marihuana. Sin estos requisitos no podrán descansar nunca las almas de los difuntos. Santos Carmona sale de viaje hacia Maicao para enviar un telegrama al directorio conservador de Bogotá con ocasión del tercer aniversario de la muerte de Efraín González. mandó emplazar una ametralladora punto cincuenta en las dunas a cargo de dos soldados. Sale del cuartel hacia el manglar de donde proviene el alboroto. como le explicó el cabo. Entonces todo Puerto López se salió de madre. bebida de chirrinche y llanto de plañideras. Los llantos desconsolados de varias mujeres se escuchan. Desde ese día el comercio organizado le declaró la guerra a la ley. La carga de los ―impuestos‖ y la presencia atemorizadora del capitán. Mientras eso sucede el capitán cita una reunión en el cuartel con los comerciantes. Mandó llamar al turco y a don Arquímedes para informarles que desde ese instante se doblaban los impuestos. pues para la gente las ceremonias de entierro requieren varios días de velación. Ya con el sol hundiéndose en el desierto. No dio explicaciones. Los comerciantes —para sorpresa del capitán— en lugar de agradecer la ―limpieza‖ de los ladrones se enfurecieron más porque. Días después. Fue un gran error. los soldados suben con esfuerzo la ametralladora hasta la duna mas cercana a la entrada de Puerto López. famoso bandolero conservador mezcla de asesino y héroe popular. Sin darle importancia y con un gesto despectivo ordena desalojar el lugar y enterrar inmediatamente a los muertos. Al día siguiente se levanta Puerto López con un alboroto poco común. hace que los contrabandistas comiencen a evitar a Puerto López y el pueblo empiece a languidecer. Con el paso de las semanas la indignación de la gente va creciendo de la mano con los abusos del capitán y de sus hombres. las ratas contrabandeaban el contrabando para evadir los impuestos y evitarse los sobornos.

los demás eran rebuscadores: una farmacia. es matando al capitán. cuando se pregunta por un voluntario que se encargue del asesinato. No había más que cinco grandes negocios de contrabando. práctica que. Rojitas. hechizo. fabricado en Santander. Era un viejo revólver. Todo el mundo aplaudió cuando. lo llamaba como citando a un toro. mitad por congraciarse con el capitán. que seguramente nunca había disparado. el cabo se echaba al bolsillo doce limones. una . quien hacia las veces de sacristán cada vez que un sacerdote perdido en el desierto aparecía por Puerto López y aprovechaba para casar a quien pudiera y bautizar a los que les tocara el turno. El terror que inspira Santos Carmona en los habitantes de Puerto López los deja paralizados. Sobra decir que los vecinos sentían cada tiro en su propio estómago. Todos recuerdan entonces los limones que Santos Carmona destrozaba en el aire con un tiro de su pistola lugger. y comenzaba a tirar a lo alto los limones uno por uno. dicho sea de paso. No demoran todos en ponerse de acuerdo en que. Al terminar de escoger las pajillas de mano del Turco Zaaid. porque eran tan malos como el director de la policía. La reunión es corta. Sin embargo. levantó su mano mostrando la más larga. todos deciden echar suertes para que el azar escoja al asesino. conforme a la ley guajira. dos bares. De tarde en tarde. pero la agitación comenzó. Don Arquímedes alcanzó a testar: Rojitas podía fallar y Santos Carmona desocupar el pueblo y asignar a cada uno de sus soldados una casa comercial con todo y bodega. y que los conocedores de armas llaman los Sánchez Amaya. se paraba frente al chinchorro de Santos Carmona. la única manera de resarcir la deshonra de la que han sido objeto. Ante la duda y el temor.carácter de extrema urgencia– una reunión de la Cámara de Comercio ampliada con la Junta de Acción Comunal para analizar la situación. temblando de miedo y en señal de aceptación del nuevo encargo. Rojitas se levantó la falda de la camisa y mostró la culata del fierro. los Wayuu consideran una ofensa que debe ser pagada. mitad por aterrorizar al pueblo. La reunión se acabó. para que uno por uno el capitán los fuera destripando en el aire. nadie se atreve a tomar la iniciativa por el terror que Santos Carmona infunde en la población. Todos se dieron a la tarea de arreglar las cosas como si fuera el último día de sus vidas. era el hombre mas bondadoso del pueblo. Rojitas.

Pero a . Pero la calma retornó poco a poco al ver que definitivamente no se movía. Llevaba en la mano el Sanchez Amaya. Al llegar frente al bulto que hacía el cuerpo del capitán dormido en su chinchorro. En un silencio absoluto. El regreso del capitán. Mientras suenan cuatro disparos precisos. don Arquímedes. al que por el temblor del pulso. Santos Carmona se hizo un nudo en el chinchorro. tres graneros. Después de almorzar en el restaurante de Puerto López –sin pagar. Pero en medio del calor y las preocupaciones que Santos Carmona traía en la cabeza. mientras Rojitas estuvo sentado con la mirada perdida en el vacío y esperando a que la ley llegara por él. sabiendo que si en ese momento no daba muestras de ser parte del pueblo podían guindarlo de un poste. Salieron el turco. El cabo Molina. un puesto de salud y. Rojitas alza la voz y haciendo de tripas corazón. Las mujeres habían dejado de llorar. revolcándose con movimientos espasmódicos y tratando de ponerse en pié. al oir las palabras de Rojitas. Pero nadie se acercaba. en medio de la calle desierta. roncos y a intervalos regulares. Sin alcanzar a erguirse por completo. anunciado por los disparos de una ametralladora punto cincuenta. una peluquería-dentistería. No se movía. vació las calles de Puerto López que en pocos minutos quedó convertido en pueblo fantasma. aquí se le acabó el reinado!! levántese que lo vengo a matar‖. El cuerpo del capitán permaneció varias horas en el piso. le traquetea el cañón entre el susurro del viento. por orden de importancia comercial. le grita a Santos Carmona: ―Capitán. Rojitas dio unos pasos hacia el capitán. sin que nadie se atreviera a acercarse por miedo a que el capitán no hubiera quedado bien muerto. avanza Rojitas con paso tambaleante y el revólver en la mano. no reparó en el silencio que lo recibió y que generaba una atmósfera de tensión en todo el pueblo. La aventura le dio confianza al pueblo entero para salir a la calle. claro está. en el alar del restaurante. la brisa levantó levemente la camisa del uniforme de Santos Carmona y la estampida fue general. Nadie hablaba. avanzó con paso militar hacia el capitán. como era su costumbre– se fue a tirar en su. Después de tres horas de estar a la espera. todos fueron saliendo. la iglesia. Allí lo encontró Rojitas. despavimentada y polvorienta. el cuerpo del capitán cae boca abajo cuan largo es sobre el piso de tablones.casa de citas. En esas.

faltándole cinco metros volvió a catiar con un caracol. Puerto López se arremolinó alrededor del cadáver y las mujeres volvieron a llorar. Luego de cerciorarse de que el capitán efectivamente había muerto y en medio de una euforia general. Al mirar con detalle el lugar hacia donde disparó Rojitas. esta vez. cogió una piedra y se la tiró más cerca. Entonces anunció al pueblo lo que más tarde escribiría en el acta de defunción: ―Siendo la 1 y 30 de la tarde del 3 de Septiembre de 1968. el médico notó que no había ninguna herida de bala en el cuerpo ni sangre. ni rastros de violencia física. mandaron llamar al médico del pueblo vecino de Manaure para que realizara el levantamiento del cadáver. Sacó un limón del bolsillo y haciendo alarde de pulso se lo tiró al cuerpo como para despertarlo. el Capitán Santos Carmona murió de Estupor.una prudente distancia se detuvo. en una viga de madera. tirándoselo a la barriga. tan cerca que alcanzó a caerle arena en la cara. El hombre seguía inmóvil. Santos Carmona estaba muerto de verdad. en el sombrero del médico Gregorio Hernández y el último en un cuadro del sagrado corazón. todos vieron agujeros de bala en el techo de zinc. pero. La prueba le dio más confianza.‖ . Después de unos minutos interminables se agachó. Durante el examen. Sin embargo.