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Homenaje a María Jesús Alvarado A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista 1911 -2011 1
Homenaje a María Jesús Alvarado A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista 1911 -2011 1
Homenaje a María Jesús Alvarado A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista 1911 -2011 1
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Homenaje a María Jesús Alvarado A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista 1911 -2011 1

Homenaje a María Jesús Alvarado

A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista

1911 -2011

Homenaje a María Jesús Alvarado A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista 1911 -2011 1

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Homenaje a María Jesús Alvarado A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista 1911 -2011 2

Homenaje a María Jesús Alvarado

A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista

1911 -2011

Homenaje a María Jesús Alvarado A 100 aÑos del Primer Manifiesto feminista 1911 -2011 2

Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social Viceministra de la Mujer Rocío Villanueva Flores Directora General de la Mujer María Ysabel Cedano García Directora de Derechos y Ciudadanía Martha Rico Llaque

Elaboración de contenidos:

María Emma Mannarelli Cavagnari Margarita Zegarra Florez Maritza Villavicencio Fernández

Diseño y Diagramación: Marisa Godínez Corrección de estilo: Dirección General de la Mujer, Victoria Ponce del Castillo Crédito Fotográfico: Archivo María Jesús Alvarado Rivera. Centro Flora Tristán Fotos: Investigación, selección, reproducción y retoque fotográfico: Peruska Chambi Catalogación bibliográfica: CENDOC – MIMDES Impreso en:

Tiraje: 1000 ejemplares

Lima, diciembre de 2011

ÍNDICE

Presentación

PRIMERA PARTE María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina.

María Emma Mannarelli Cavagnari y Margarita Zegarra Florez.

SEGUNDA PARTE María Jesús Alvarado. A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

Maritza Villavicencio Fernández.

Presentación

El Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social ha convocado a diversas personalidades a formar parte de la Comisión de Homenaje a María Jesús Alvarado en el marco del Centenario del Primer

Manifiesto Feminista. Entre ellas a tres distinguidas estudiosas de su pensamiento y obra como

son las Historiadoras María Emma Mannarelli Cavagnari, Margarita Zegarra Florez y Maritza

Villavicencio Fernández. Las que han contribuido con sus reflexiones histórico – políticas y fe- ministas a una mejor comprensión de María Jesús.

El documento que presento tiene dos partes. En la primera parte Mannarelli y Zegarra escriben “María Jesús Alvarado, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina” sus reflexio- nes analíticas nos muestran la importancia de la educación para el empoderamiento de la mujer y la configuración de su condición de sujeto de derechos, en consecuencia para la formación de la ciudadanía femenina. Ellas subrayan también que el Manifiesto Feminista nace en un contexto en que el país ingresa a la modernidad por lo tanto la propuesta feminista de María Jesús es de diálogo con los debates contemporáneos, que tienen como trasfondo la creciente urbanización de la ciudad de Lima así como la expansión de una estructura laboral que incorporaba a las mujeres educadas en las actividades comerciales y de servicios. Ciertamente, la educación fe- menina democratizó ayer, y, hoy democratiza los espacios públicos.

Prestnación

Mannarelli y Zegarra coinciden en destacar la visión crítica de María Jesús Alvarado como una promotora de la modernidad pues mantuvo una lucha tenaz con las mentalidades autoritarias a favor de otras que fueran democráticas, obviamente se interesó por transformar la subjetividad femenina cuando al demandar educación y trabajo en realidad abogaba por la libertad de la mujer -criticando los espacios domésticos - como condición de su ciudadanía.

Educadoras como María Jesús Alvarado y sus coetáneas entendieron que la demanda de educa- ción y trabajo implicaba para las mujeres una redefinición de las relaciones de poder y las formas de control con respecto a sus pares masculinos. Obviamente, la reivindicación de los derechos ciudadanos de las mujeres trajo por consecuencia “civilizar el comportamiento público y la transformación del orden doméstico”. María Jesús sostuvo la necesidad de la “igualdad domés- tica”. Es por estas razones que ella se empeñó en movilizar la acción femenina así como a sus aliado(a)s estratégico(a)s a través de diversas campañas a favor de la “causa femenina”.

En la segunda parte, Maritza Villavicencio escribe de cara al Centenario del Manifiesto Feminista de María Jesús Alvarado reflexiona si en el siglo XXI se verifica cambios en el estatus de las mujeres que pasen por una transformación de las mentalidades. La autora constata que la violencia de género alcanza formas imprevistas vinculadas directamente a la “culturalización del cuerpo” en la representación de lo femenino, sometida de manera predominante a la mirada varonil occidental. Ella también afirma que la subestimación de la biología femenina como “par- te y producto de la naturaleza” ha impactado en ambos sexos pero de modo diferente. Señala que el siglo XXI trajo nuevos retos tales como las relaciones entre los géneros y el desarrollo; la multiculturalidad; nuevas tecnologías como la biotecnología; la emergencia de los fundamenta- lismos; y, la feminización de la pobreza. Villavicencio, crítica el enfoque occidental para pen- sar la condición femenina y busca en las raíces prehispánicas vivas en las tradiciones orales al inconsciente colectivo femenino peruano. Señala que los descubrimientos sobre el antiguo Perú permiten rastrear paradigmas femeninos alternativos y opcionales a los ofrecidos por occidente.

Gracias a estas autoras conocemos que María Jesús desde el reconocimiento de la diversidad cultural tuvo la capacidad visionaria de identificar la tensión vivida en el siglo XIX entre las identidades culturales y las identidades de género, cuestionando tanto el etnocentrismo como las desigualdades de género. La lectura de los artículos presentados es sugerente y por ello las y los invitamos a leerla.

Finalmente, el Ministerio de la Mujer desea expresar la enorme satisfacción que nos motiva la presentación de estas reflexiones que serán de enorme provecho para la construcción de las identidades de género en nuestro país así como para un mejor conocimiento y reconocimiento de los aportes de María Jesús Alvarado Rivera, una ciudadana y peruana de primera.

María Jesús Alvarado inaugurando conferencia sobre Puericultura en la Sociedad Geográfica de Lima,1925.(Sección

María Jesús Alvarado inaugurando conferencia sobre Puericultura en la Sociedad Geográfica de Lima,1925.(Sección Primera Parte)

PRIMERA PARTE

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

María Emma Mannarelli Cavagnari y Margarita Zegarra Florez.

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

Maria Emma Mannarelli, historiadora. Obtuvo el doctorado de Columbia Uni - versity (Nueva York). Es

Maria Emma Mannarelli, historiadora.

Obtuvo el doctorado de Columbia Uni- versity (Nueva York). Es profesora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido profesora visitante en varias universidades en el extranjero. Además ha publicado Pecados públicos. La ilegitimidad en Lima siglo XVII (1993). Limpias y modernas. Género, cultura e higiene en la Lima del Novecientos (1999), Hechiceras beatas y expósitas. Mujeres y poder inquisitorial en Lima. (1998), y varios artículos sobre temas afi- nes. Es coeditora con P. Rodríguez de La historia de la infancia en América Latina (Universidad del Externado, Bogotá). Ha obtenido importantes reconocimientos académicos como la beca de la John Si- mon Guggenheim Foundation.

como la beca de la John Si- mon Guggenheim Foundation. Margarita Zegarra Flórez. Bachiller con mención

Margarita Zegarra Flórez.

Bachiller con mención en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido directora del Centro de Documentación sobre la Mujer (CENDOC-Mujer) y coor- dinado durante casi dos décadas el Área de Historia y Género, donde ha tenido a su cargo la recuperación de la memo- ria histórica de las mujeres peruanas y la promoción de investigaciones sobre la experiencia femenina en el pasado y las relaciones de género. Ha publicado numerosos artículos sobre la sociabili- dad femenina y el modelo de femineidad ilustrada en la prensa peruana a fines del período colonial, y sobre los procesos culturales y de género que posibilitaron la construcción de mujeres intelectua- les, indigenistas y feministas en el Perú. Es miembro asociado del Instituto Riva- Agüero.

María Jesús Alvarado (1878-1971) fue una intelectual feminista de avanzada, que, a contraco- rriente de lo que se esperaba de una mujer en el Perú de principios del siglo XX, pensó críti- camente sobre la condición de las mujeres en el Perú e imaginó el cambio, logrando llevar al debate público en la sociedad urbana de la época, una propuesta feminista. Tuvo en claro que el hombre “ningún derecho tiene á ejercer supremacía en la pareja humana” 1 , y demandó re- formas favorables a la mujer, que la pusieran en pie de igualdad con aquél. Desde el presente, no deja de sorprender lo medular de sus críticas sociales, planteamientos y actuación pública, pues estamos lejos de haber conseguido la igualdad de oportunidades entre los sexos. Desde la posición de educadora moderna, y con una mirada sociológica, Alvarado analizó la sociedad y

cuestionó sus formas tradicionales y jerárquicas de organización social, la vigencia de privilegios

y

desigualdades y, en particular, la subordinación de las mujeres. Reclamó para éstas, autonomía

e

igualdad en sus relaciones sociales, tanto en la esfera privada como en la pública.

Educación, espacios públicos y ciudadanía

Lo que señalan los estudios sobre el tema es que el ingreso a las aulas tuvo mayor impacto en la vida de las mujeres que el acceso al voto. Sin embargo, estas dos experiencias están bastante ligadas. En el Perú, las mujeres que buscaron que el sistema educativo se ampliara para ellas y sus congéneres, –como Teresa González de Fanning, Mercedes Cabello, Clorinda Matto, María Jesús Alvarado– estuvieron vivamente comprometidas con la autonomía femenina, con la auto- ridad de las mujeres en la arena pública.

Una de las maneras de pensar en la ciudadanía es pensando la escuela y en consecuencia, los derechos. De alguna forma, así lo hicieron varias de las mujeres que nos antecedieron; es decir, las que reclamaron la difusión de la escuela y de la educación secundaria para las mujeres, se inspiraron en la noción del derecho, de la justicia, y de la igualdad, y se pronunciaron a favor de la inclusión de las mujeres en el mundo público, mundo hoy en el Perú todavía regido por una lógica doméstica. El acceso de las mujeres a la escuela y a la educación en general, ha implicado el recorte de los poderes domésticos; está vinculado a la adquisición de la autonomía femenina frente a la autoridad paterna, así como a la gradual erosión de los vínculos jerárquicos de la casa.

1 María Jesús Alvarado, “El feminismo: conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911”. Lima: Imprenta de la Escuela de Ingenieros, 1912.

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

q

Además, ir a la escuela, en principio, ha permitido transformar la subjetividad de las mujeres y

fortalecer su opinión; ha sido uno de los pilares para la construcción de un punto de vista propio. Pensar en el sistema educativo resulta de vital interés para identificar y entender los obstáculos que encontramos las mujeres en el Perú en particular para ejercer nuestra ciudadanía con ple- nitud. El segundo proceso que parece pertinente tener en cuenta, es aquel que separa el Estado

de

la burocracia eclesiástica y se crea una moral laica, más afín con el ejercicio de los derechos.

Nos referimos al proceso de secularización, cuando razonamos y actuamos como miembros de una colectividad cívica, diferente a una iglesia en particular.

Entonces, una parte significativa de la gestación de la ciudadanía femenina en el Perú del siglo

XX

se encuentra enmarcada por las posibilidades que se han abierto para las mujeres como re-

sultado de coyunturas sociales que han promovido la expansión del sistema educativo. De otro

lado, las demandas y las aspiraciones que éstas han expresado, como individuos o colectivamen-

te,

Simultáneamente la exclusión de la población femenina de los recursos educativos ha marcado en gran medida las distintas formas de subordinación en el Perú.

María Jesús Alvarado a través de su trabajo en las aulas, de sus escritos, de la creación de or- ganizaciones y de su participación en distintos círculos intelectuales, fue parte fundante de este proceso. Enriqueció así la posibilidad no sólo de que las mujeres consigan ejercer derechos civi-

les

instituir una soberanía tanto personal como colectiva.

y políticos, y vislumbren el significado de su autonomía, sino la de pensar en cómo podemos

en relación al acceso a la educación han configurado situaciones sociales cuestionadoras.

Personaje y sociedad de la época

Educada por una madre ilustrada

María Jesús Alvarado nació en Chincha en el seno de una familia acomodada, que perdió su buena situación por causa de la guerra con Chile, lo que condujo a la disgregación familiar y a su traslado a temprana edad a Lima con su madre, en donde se instaló en condiciones de estre- chez económica. Fue educada en casa por su madre, una mujer ilustrada que la introdujo en el mundo de la lectura y el pensamiento propio, pese a que en los sectores sociales altos y medios se concebía a la mujer como un ser emotivo, de naturaleza débil, que requería de la guía del confesor, siendo preferible alejarla de la lectura pues la podía incitar a pecar.

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p q g p q

La postura de su madre como educadora activa de su hija, seguía los planteamientos racionales,

secularizadores e higienistas de la Ilustración francesa sobre la mujer, que señalaban a la ma-

ternidad como principal función social de la mujer, para la cual debía ser educada de manera

que pudiese formar hijos física y moralmente saludables, futuros ciudadanos de la nación. Ello

marcaba el inicio de la perspectiva higienista que, preocupada por la alta la mortalidad infantil,

promovió el cuidado de la mujer gestante y que la madre diese de lactar y se hiciese cargo de las

necesidades del recién nacido . También, los del positivista Augusto Comte, quien concebía a la

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mujer como un ser altruista y moral va . s madq maguí I

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María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

La ciudad y la modernización

Pese a que en el Perú durante las primeras décadas del siglo XX se mantenían formas de vida que eran propias de sociedades tradicionales y las relaciones serviles eran las predominantes, hubo espacios en donde aquéllas parecían cambiar. Los centros urbanos daban señales de nuevas for- mas de organización social, y Lima en particular experimentaba transformaciones importantes. Las mujeres de distintas clases sociales empezaron a intuir horizontes vivenciales diferentes a aquellos vividos por sus madres. Varias circunstancias confluían para que esto fuera así. El Estado daba algunas señales de superar su naturaleza patrimonial, modernizando algunos aspectos de su funcionamiento y de la administración pública. Los caudillos militares perdían parte de su legitimidad para ejercer la autoridad pública, y la atmósfera del país mostraba visos de seculari- zación: la libertad de cultos se había aprobado. Las mujeres cada vez más abandonaban los am- bientes domésticos para enrolarse al trabajo, de manera más formal que antes, tanto en el caso de las obreras como aquellas se animaron, desafiando los prejuicios de la época, a emplearse como preceptoras, oficinistas, y en casas comerciales en general. A esto se sumó un hecho cru- cial: el interés de las mujeres en una gama diversa de asuntos relacionados con la educación en general y la escuela en particular.

La ciudad de Lima en la que María Jesús Alvarado se formó, a la que observó críticamente y a la que se dirigió con propuestas de reformas, constituyó un espacio fuertemente estimulante para ella. Era una urbe que salía de la devastación producida por la guerra, e iniciaba un proceso de modernización (a partir de 1895) no exento de contradicciones, en el que persistían las injusti- cias, privilegios y relaciones de clientelaje, y cuyas amplias diferencias sociales se sustentaban en criterios económicos, culturales y raciales, pero en el que se oían nuevas voces seculariza- doras y positivistas que señalaban el derrotero de la educación, la higiene y el orden para llegar al ansiado progreso. El auge industrial limeño producía un nuevo tipo de trabajador industrial diferente del artesano, el obrero, sometido a nuevas relaciones laborales, y que empezaba a de- sarrollar pautas de conducta menos sumisas y clientelares con las elites que las de los artesanos. En esos años, la relativa estabilidad social en Lima se veía resquebrajada ante crecientes conflic- tos sociales, suscitados por el alza de precio de los alimentos, originada en las políticas liberales y la insuficiente producción de panllevar.

La sociedad urbana a la que Alvarado dirigiría sus propuestas, se encontraba en plena transición hacia la modernidad, un mundo tradicional confrontado por nuevas ideas. Por ello, la actuación pública de María Jesús Alvarado la colocaría en una posición vulnerable y solitaria: admirada

por algunos intelectuales vanguardistas, incomprendida por muchos, hostilizada y criticada por poderosos y conservadores.

Las regulaciones públicas y las mujeres

Todas estas transformaciones se desenvolvían al lado de un conjunto de regulaciones públicas bastante retrógradas. Además de que ni las mujeres ni los analfabetos podían ejercer un conjunto

Curso de Puericultura,1916.

podían ejercer un conjunto Curso de Puericultura,1916. de derechos ciudadanos, entre ellos el voto, en las

de derechos ciudadanos, entre ellos el voto, en las décadas primeras del siglo XX estaba vigente el código civil aprobado en 1852. Ese conjunto normativo había sido concebido cuando en el Perú la esclavitud era legal y el Estado le cobraba a la población indígena tributo por serlo. Si bien para la época en que María Jesús Alvarado vivió, estas prescripciones sobre la naturaleza de los vínculos no regían más, otras sí. Las mujeres seguían siendo incapaces relativas, como apare-

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cía en el código de marras, es decir, necesitaban permisos especiales de sus familiares masculi- nos para llevar adelante acciones básicas de la vida social, tales como trabajar, vender y comprar bienes, administrarlos. Esta tutela patriarcal las excluía de toda participación civil y política.

Además, el código civil vigente había adoptado el derecho canónico para todo lo que significara el matrimonio y las obligaciones y los derechos de las mujeres en esa esfera. Es decir, la esposa debía someterse al marido, le debía obediencia y recibía de éste, supuestamente, protección. Eran los términos vasalláticos del vínculo conyugal, con los que las élites republicanas se sin- tieron cómodas e identificadas. Con este contenido vino la aceptación del castigo físico como forma de ejercicio de la autoridad; la discrecionalidad en su uso fue sólo moderada y su abuso fue denominado sevicia. El divorcio era solo una remotísima posibilidad, y el matrimonio civil de por sí, no creaba derechos patrimoniales, sólo el religioso los generaba. También del derecho canónico provino la distinción entre legítimos e ilegítimos que había alimentado las desigualda- des desde el siglo XVI y que seguía organizando las jerarquías en la república peruana, privando de derechos a una parte enorme de la población nacional. Los estándares eclesiásticos que re- gulaban la sexualidad y la violencia se combinaron con ciertas orientaciones provenientes del derecho romano, como la patria potestad, que excluía a las mujeres de decidir sobre su descen- dencia, y reforzaba su subordinación como cónyuge y como hija. Por último, el código de 1852 avalaba prescripciones emanadas del código de honor, que reconocía en los hombres atributos de distinto tipo, mientras que las mujeres tenían como fuente de estatus, de manera exclusiva, la virtud sexual.

El Código Penal de 1863 seguía vigente y reglamentaba con mayor severidad el comportamiento sexual de la mujer, por ejemplo, en el caso del adulterio. La buena fama de una mujer, y el que hubiese cometido el delito por temor a la opinión social (por ejemplo, aborto), sirvió de atenuan- te para su delito. Lo inverso ocurría cuando la mujer bien reputada era la víctima –caso del rapto violento a mujer casada, doncella o viuda honesta– delito que se castigó con casi el doble de la pena que si recaía “en otra clase de mujer. De manera que en el código penal prevalecía una moral distinta para cada sexo, lo que favorecía la incontinencia sexual masculina.

Las mujeres de la clase media y las escuelas femeninas

María Jesús Alvarado se ubicó en Lima como una mujer de la clase media, pues carecía de vincu- laciones sociales y de fortuna, y dependía del escueto apoyo económico proporcionado por los hermanos mayores. Ello constituyó un aprendizaje acerca de las limitadas posibilidades econó-

micas para la mujer soltera o viuda sin recursos. La pobreza general en la ciudad después de la guerra y el menosprecio social al trabajo, llevaban a miles de mujeres de clase media a trabajar en sus domicilios como costureras, percibiendo pagos miserables; se encontraban en situación vulnerable ante el alza de los alimentos. Unas pocas mujeres de la clase media lograron vencer prejuicios propios y del entorno frente al trabajo fuera de casa, convirtiéndose en preceptoras o fundando sus propias escuelas para niñas.

A fines del siglo XIX una treintena de mujeres de la clase media fundaron escuelas particulares, y algunas fueron innovadoras en sus métodos no memorísticos y enseñanza de ejercicios físicos (Liceo Fanning), o al incorporar la enseñanza media (Liceo de la Inmaculada Concepción), o por sus gabinetes de física, química e historia natural (Liceo Santa Isabel). Uno particularmente avan- zado fue el Liceo Grau (1896), dirigido por la primera educadora con doctorado en Letras, Esther Festini. Tales innovaciones en algunos colegios laicos, muestran una visión más moderna sobre la mujer que la de los colegios de monjas, los que preparaban a las niñas de la clase alta para convertirse en esposas-adornos sociales, sujetas a los dogmas de la Iglesia; en cambio, algunas maestras seglares reconocieron la capacidad intelectual en la mujer, y aspiraron a proveerla de mejor educación, para su papel de “ángel del hogar”. La vida de estos colegios laicos para niñas, fue difícil, pues jugaban en su contra el prestigio social de los colegios religiosos, los recelos de la Iglesia trasladados a los padres de familia, y el temor de éstos a que sus niñas interactuasen con las de menor nivel social.

La adolescente María Jesús Alvarado estudió tres años de primaria en el antiguo “Colegio de la señora Aragón viuda de Rodó e Hijas”, de 1893 a1895, el que estaba a cargo de maestras segla- res, pero mantenía métodos memorísticos y carecía de secundaria. Por ello, asumió su propio proceso educativo, desarrollando los temas a su criterio, con el apoyo de libros de consulta. Su excelente desempeño escolar, motivó su designación para los discursos de clausura de cada año escolar 7 , en los que, a pesar de su juventud (15-17 años), cuestionó la tutela legal masculina y que la mujer fuese sierva en lugar de compañera, y planteó que se educase a la mujer, para que ésta pudiese ejercer un papel relevante en la evolución social, fuesen posibles las relaciones igualitarias entre los cónyuges, la madre formaría a sus hijos como futuros ciudadanos, y la mu- jer podría capacitarse para trabajar. Demandó al Estado, instaurar la secundaria femenina en los colegios públicos.

7 María Jesús Alvarado, “Discursos en el Colegio Rodó. Lima”. [1893, 1894, 1895] (manuscrito).

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

La joven María Jesús Alvarado rechazó la seducción y el cortejo de sus pretendientes, pues fue tempranamente crítica del comportamiento sexual masculino y de los matrimonios por conve- niencia o arreglados por los padres. Alvarado había sido testigo del desamor entre sus padres, cuyo matrimonio había sido arreglado, y entendió la infelicidad de su madre y de las mujeres casadas en semejantes condiciones, ante sus “obligaciones conyugales”. El matrimonio era el

destino que señalaba la sociedad a las mujeres de las élites y de los sectores medios, pasando de

la tutela paterna a la del esposo; esto daba lugar a la intervención de los padres en la selección

o, cuando menos, en la aprobación del futuro consorte.

Cuestionó tal idea, pues la mujer educada debía conquistar otros espacios sociales; asimismo, rechazó que el matrimonio se basase en arreglos y que la mujer dependiese económica, legal y vitalmente del esposo, pues la colocaba en situación subordinada. Posteriores lecturas evolucio- nistas y de psicología, le hicieron entender que el comportamiento masculino era producto de la cultura.

Nuevos modelos de la femineidad

A fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, predominaba el modelo de una mujer criolla, coque-

ta, frívola y devota, que venía de la época colonial; sin embargo, empezaban a circular en el ambiente intelectual limeño, otros modelos femeninos expuestos por autores de gran influencia sobre las ideas feministas de María Jesús Alvarado. Los nuevos modelos señalaban la capacidad intelectual de la mujer y su papel social en el progreso de la nación, tomando distancia del pen- samiento dogmático y de la moral basada en la religión. Tenían como fundamento a las ideas liberales sobre igualdad legal, basadas en John Stuart Mill, y en el positivismo de Comte sobre la educación moral de la madre, y del evolucionismo de Spencer. Tales reflexiones fueron incenti- vadas por los avances concretos que experimentaban las propias mujeres en algunos países, en el ámbito educativo, laboral, literario y periodístico, por su demanda de emancipación, que daría lugar a la organización del movimiento feminista bajo la bandera del sufragismo, particularmen- te en los países anglosajones.

Antes de María Jesús Alvarado, no hubo muchos autores que suscribieron en el Perú a un mo- delo de mujer en el que ésta tenía acceso a los mismos derechos civiles y políticos que el hom-

8 Genaro Herrera Torres, “Deben, ó no, tener las mujeres derechos políticos?” Tesis (Br. Ciencias Políticas y Administrativas). , Lima: Uni- versidad Mayor de San Marcos, 1886 (manuscrito).

bre, siendo excepciones un artículo del liberal José Arnaldo Márquez que valoraba los avances legales de las norteamericanas, y, particularmente, la tesis de Ciencias Políticas sobre el tema, del universitario Genaro Herrera, en 1886 8 . Herrera sostuvo que las mujeres peruanas eran tan acreedoras como las norteamericanas y europeas, a la instrucción facultativa, a plenos derechos civiles y al sufragio en el caso de la mujer con estudios; sería socio de la organización feminista “Evolución Femenina”, formada por María Jesús Alvarado en 1914.

Hubo algunos escritores de ambos sexos como Mercedes Cabello de Carbonera, Teresa Gonzá- lez de Fanning, Manuel González Prada y Dora Mayer, que difundieron un modelo de mujer de corte positivista, en el que lo central era proveerla de educación laica, científica y moral para realizar mejor su misión como madre. Fueron más allá del marco doméstico señalado a la mujer por el positivismo comtiano, planteando diversas formas de posibilitar la emancipación feme- nina. Cabello 9 y González de Fanning 10 defendieron que se educase a la mujer también para trabajar, de necesitarlo, y lograr así su autonomía del hombre, mientras que González Prada 11 y Mayer 12 consideraron que la mujer casada tuviese derechos civiles para no estar subordinada al esposo y poder administrar sus bienes.

Esta representación femenina influyó notablemente sobre la perspectiva feminista de María Jesús Alvarado, quien señaló a Cabello de Carbonera y a González de Fanning como campeonas del feminismo y exponentes del avance intelectual femenino en el Perú 13 , y se declaró admiradora de la independencia de criterio “sin yugos dogmáticos” de Dora Mayer, y de que no considerase a “la moral, el mandato imperativo dimanado de una autoridad superior” 14 . González de Fanning y Mayer serían integrantes del Cuerpo Consultivo de “Evolución Femenina” (Cabello ya había fallecido), y en su novela Nuevas Cumbres, María Jesús Alvarado imprimió en sus personajes, sus ideas sobre los fundamentos de la relación conyugal –el afecto y la estima, la libertad de pensa- miento, compartir ideales sociales, igual nivel educativo, moral y legal–, en las que reconoció la influencia de González Prada.

9 Mercedes Cabello de Carbonera, La religión de la humanidad. Lima: Imprenta de Torres Aguirre, 1893. Mercedes Cabello de Carbonera, “Una cuestión sociológica”, en El Libre Pensamiento (Lima), 17 de junio de 1897. El ensayo fue publicado en Pinto, Sin perdón y sin olvido, pp. 741-744.

10 Teresa González de Fanning, Educación Femenina. Colección de artículos pedagógicos, morales y sociológicos. Tip. de “El Lucerno”, [1898] 1905. 11 Manuel González Prada, “Instrucción católica” [1894], Pájinas Libres. Thomas Ward (ed.), 2003.

12 Dora Mayer, El objeto de la legislación. Callao: Imp. del H. Concejo Provincial, 1908, pp. 64-65. 13 Alvarado, “El feminismo. Conferencia leída en la Sociedad Geográfica de Lima el 28 de octubre de 1911.

14 María Jesús Alvarado, “Los estudios sociológicos de Dora Mayer”, en Álbum 1: El Comercio (Lima), 26 de enero de 1913, p. 63.

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

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La post guerra y las propuestas de las mujeres

Las aspiraciones modernizantes y de la incipiente institucionalidad política expresada en la crea- ción del Partido Civil se esfumaron patéticamente a raíz de la Guerra del Pacífico (1879-83). Se sabe de los efectos dramáticos de esta catástrofe nacional en términos del aumento de niños nacidos fuera del matrimonio, de la prostitución y de la caída de la tasa matrimonial. Ante este panorama adquiere centralidad cuestiones como la infancia y la maternidad, como ineludibles en la reconstrucción del país de una manera nueva. Por otro lado, en estos años un rasgo será dis- tintivo en el Perú: la aparición de un discurso público laico acerca del ejercicio de la sexualidad, y de la organización de la sociedad en general. Aunque de manera intermitente –y planteado an- teriormente–, la controversia sobre las fronteras entre la Iglesia católica y el Estado, fue un rasgo del período. Participaron médicos, educadoras, abogados, escritoras y las feministas.

Las vanguardistas criticaron rasgos típicos de la sociedad tradicional y jerárquica como la espe- cial admiración por la oratoria, el despliegue y ostentación de la memoria y el mimoseo, es decir, aquellos talentos que podían brillar en una sociedad cuya organización y sistema de clasifica- ción social se basaba más en una demostración hacia fuera, más permisiva, más sensible a los gestos de tipo cortesano. Además, a pesar del compromiso del civilismo con su proyecto educa- tivo, que se expresó de manera clara en sus asignaciones presupuestales a este ramo, las cifras de analfabetismo femenino, especialmente en el campo, y la baja calidad académica, muestran que la inversión pública en la educación de las mujeres, no fue la requerida.

Buena parte del discurso dominante se impregnó del positivismo –leyes universales, conocimien- tos objetivos, explicaciones causa efecto, acumulación empírica– cuya racionalidad trataría de explicar el país y proveería soluciones, no siempre exitosas, a los problemas que éste atravesaba. Nuevas aspiraciones de la élite así como de los grupos subalternos irían modificando la organi- zación de la sociedad y la manera de vivir. La propuesta higienista consagró a las mujeres como organizadoras del mundo de los afectos. Por muy esenciales que se presentaran las habilidades femeninas con que la naturaleza las había dotado, y que se manifestaban en su configuración biológica, las mujeres debían ser educadas para ello.

A principios de siglo reaparece la idea de que la escuela debía formar para la vida; que la habi- lidad técnica y mecánica demandaba conocimientos específicos. Estos planteamientos suponían una renovación cultural en la medida en que se trataba de revalorar el trabajo manual, normal- mente asociado a la actividad servil que colocaba a los individuos que lo realizaban en condi- ción de inferioridad. Si bien los movimientos campesinos y el indigenismo eran expresiones de

los procesos que pugnaban por modificar la sociedad peruana, incluso en el centro de las trans- formaciones, en la ciudad de Lima vivían actitudes arraigadas en la moral de la servidumbre, y que encontraban un lugar en los espacios intrínsecamente familiares. Las niñeras usualmente se encargaban del cuidado de los niños; no era símbolo de prestigio criar a los niños y posponer las actividades sociales. La maternidad encontraba en la moral de la servidumbre serias resistencias para convertirse en una función que encumbrara a las mujeres. La crianza no infundía valor so- cial, al contrario, significaba que la familia no tenía recursos para contratar sirvientes.

Las ideas sociales de una educadora moderna

Pensamiento autónomo, estudio y trabajo

Pese a sus deseos, María Jesús Alvarado no logró estudiar secundaria, pues carecía de recursos para asistir a alguno de los escasos colegios particulares para mujeres que la enseñaban, y aún no existía la secundaria pública para mujeres; menos aun consiguió seguir una carrera universi- taria, aunque sí llevó algunos cursos de Pedagogía. Eligió la carrera de preceptorado, que había sido incentivada por el gobierno de Andrés A. Cáceres, y dio su examen público en 1896, a los 18 años, obteniendo el diploma de “preceptora de tercer grado” que la autorizaba para ejercer la enseñanza primaria. Sin embargo, pasaron doce años antes que ejerciese como educadora, pues lo que realmente deseaba era estudiar, especializarse, pero la sociedad ofrecía escasas posibilidades profesionales a las mujeres, más aún si carecían de recursos. Aparentemente, se trató de una etapa de ostracismo que la lectura de su novela Nuevas Cumbres, de tintes auto- biográficos, nos permite entender. La protagonista se aísla, descontenta y decepcionada frente a las costumbres que regían a la sociedad tradicional limeña, como las relaciones entre los sexos basados en el cálculo interesado o el mero deseo sexual, la hipocresía e injusticias sociales, la inmoralidad del clero y lo absurdo de los dogmas. Por ello, decide liberarse de preconceptos y prejuicios, leyendo, estudiando y razonando con libertad sin restricciones provenientes del pen- samiento religioso, asentando los valores democráticos, y con una concepción evolucionista de la sociedad 15 . Observa críticamente a la sociedad y sus componentes sociales, encontrando que

15 Ideas que se deducen del monólogo interior de Luz Acme, su alter ego. María Jesús Alvarado, Nuevas Cumbres. Lima: Tipografía Evolu- ción Femenina, 1923.

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

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era una organización social desigual e injusta, así en el ámbito público como en el privado, con relaciones pre modernas como el clientelismo político y la servidumbre indígena, y en la que las mujeres y los hijos ilegítimos se encontraban en condición inferior. Nace así en ella un profundo deseo de reforma social, y deja su aislamiento para dedicarse a ésta.

Proceso de indudable paralelismo con lo que ocurrió en esos años en la vida de María Jesús Alva- rado. Esta inició su vida laboral hacia 1907-1908. Como para el positivismo, la educación era la herramienta privilegiada de regeneración moral de los pueblos y de progreso social, se dedicó a ejercer la tarea de preceptora en una escuela pública. A fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, no era fácil obtener el puesto de preceptora en el Estado; como señaló en 1898 Teresa González de Fanning, “excepción hecha de las pocas que logran un puesto de directora ó de auxiliar en las escuelas municipales, las restantes, ó bien alquilan sus servicios á vil precio, ó encarpetando su inútil diploma, apelan al matador recurso de la costura” 16 . Cuando Alvarado iniciaba su labor en el magisterio público, después de muchas décadas había nuevamente una política educati- va, pues el gobierno del Presidente José Pardo y Barreda (1904-1908) impulsaba la reforma de la instrucción pública, orientándola a mejorar la educación primaria y la formación docente, además de fortalecer la secundaria como enseñanza práctica. En 1907, había 58,397 alumnas en las escuelas fiscales a nivel nacional. María Jesús Alvarado destacó inmediatamente como educadora, y al año recibió una medalla de plata del Concejo Provincial de Lima “como testimo- nio a sus méritos en el cargo de Preceptora Auxiliar del Centro Escolar n. 58” 17 . Enseñar en una escuela fiscal le permitió, a María Jesús Alvarado, conocer la ausencia de métodos pedagógicos modernos en la escuela pública, debida a la elemental preparación que tenían los preceptores de ambos sexos; la acercó a la realidad de las jóvenes mujeres pobres, así como a las desigualdades sociales, la miseria y el servilismo. Este acercamiento permitió que su feminismo no se refiriese únicamente a la problemática de las mujeres de clase media, sino también a las de los estratos populares.

La educación de las mujeres

Las mujeres que militaron por la educación de sus congéneres, insistieron en darle al trabajo un sentido positivo, en rebajarle la carga denigrante de que era portadora la actividad manual y re-

16 González de Fanning, “Educación Femenina”. En ese momento, la escuela primaria era municipal, funcionando bajo los auspicios de los Concejos provinciales; volvería al Estado central durante el gobierno de José Pardo.

17 “Diploma del Concejo Provincial de Lima a María Jesús Alvarado Rivera”. Lima, 28 de julio de 1909.

munerada en la sociedad peruana de la época. El trabajo haría digna a las mujeres. Sin embargo, la poderosa gravitación del trabajo manual asociado a lo inferior seguía organizando la sociedad de la época. A esto se sumaba una definición de la identidad femenina asociada al trabajo do- méstico. En esa lógica, lo femenino terminaba vinculado al trabajo doméstico, muy cercano al trabajo manual, y en consecuencia, las mujeres ocupaban un estatus inferior. Esas circunstancias se conjugaban con la importancia que tenía el código de honor en la normatividad de las rela- ciones sociales, lo que significaba entre otras cosas, la contracción del acceso femenino a los espacios públicos. Esta forma de clasificar actividades y de definir los grupos sociales influía en la concepción de lo que debería constituir la formación escolar de las mujeres.

El afán de valorar el trabajo femenino se vinculaba a los cambios que empezaban a darse en la estructura laboral de la ciudad que incorporaba cada vez más a mujeres, especialmente en los servicios y en las actividades de compañías comerciales, así como en el crecimiento de la admi- nistración pública. La propia expansión de la educación femenina generaba nuevos puestos de trabajo para las mujeres, pese a que eran muy mal pagados.

Entre las mujeres pobres de la ciudad, la experiencia escolar hasta principio de siglo tenía una duración corta 18 . Además, el peso de la servidumbre doméstica, a la cual las niñas se veían obli- gadas a través de los vínculos de parentesco, inhibía la escolaridad femenina. Esta misma gravita- ción de la servidumbre doméstica influía también en la configuración de los grupos escolares, y socavaba la uniformidad de éstos en términos de edades. Este hecho debió tener un efecto tanto en la naturaleza de la experiencia escolar, como en las posibilidades de elaborar un discurso prescriptivo más sistemático.

Las inclinaciones personales de María Jesús Alvarado encontraron un ambiente propicio en Lima, aunque suene paradójico, dadas las contrariedades que al mismo tiempo tuvo. En los primeros años del siglo se expandió la educación escolar femenina, y las mujeres habían fundado cole- gios donde las jóvenes de la ciudad pudieron formarse, fuera del encierro físico y emocional que imponían las congregaciones. Cada vez más mujeres estaban interesadas en ser preceptoras e involucrarse en esta especie de “boom” colegial. Parte de este inédito momento, como vimos, fue la ley que permitió el ingreso de las mujeres a la universidad. La ley se discutió formalmente en 1903, y el proyecto incluía la educación universitaria gratuita para las mujeres. El interés re- apareció en 1908, durante el gobierno de Augusto Leguía, y se aprobó el ingreso de las mujeres

18 Laura Miller, en Lima obrera, 1900 Steve Stein, Lima: Ediciones El Virrey, p. 74.

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a la universidad. La ley discutida y aprobada en ambas cámaras, y firmada por Leguía y Manuel Vicente Villarán, no incluyó la gratuidad de la educación universitaria para las mujeres. Si bien las mujeres desde la década del 70 se habían interesado por los estudios universitarios, estas solo pudieron llevarlos adelante con el permiso del presidente o de alguna alta autoridad, masculina por supuesto. Así lo había hecho por ejemplo Margarita Práxedes Muñoz. Años antes, Trinidad María Henríquez (Cuzco, 1846 - Lima, 1890) había intentado sin éxito graduarse en Jurispruden- cia, pero el permiso del presidente Manuel Pardo llegó demasiado tarde. Pero lo importante de señalar, es que la aprobación de la ley en 1908 instituyó la norma fuera de la palabra masculina. Las mujeres no tuvieron que pedir más un permiso. De ese modo, las mujeres se independizaban de una autoridad superior, y ésta perdía alguno de sus rasgos paternalistas; lo público se perfilaba en el horizonte cultural.

Las aulas sanmarquinas, como las mujeres que las empezaban a poblar, y entre ellas María Jesús Alvarado, estaban impregnadas de la influencia de escritoras que si bien no estaban

Alumnas de la Escuela Moral y Trabajo,1915.

bien no estaban Alumnas de la Escuela Moral y Trabajo,1915. siquiera en la escena pública, como

siquiera en la escena pública, como Matto, González de Fanning y Cabello, en años recientes habían fertilizado el debate ideológico a favor de la educación femenina y de la democratización del espacio público. La dedicatoria de la tesis de Margarita Práxedes Muñoz a Mercedes Cabello, y el explícito reconocimiento a sus ideas es una de las muestras de una influencia todavía poco comprendida.

Es en estos aires democráticos donde María Jesús Alvarado empieza a incursionar en la escena pública. Unos años antes de matricularse en los cursos de San Marcos, publica en 1908 en la revista que dirigía Elvira García y García, El hogar y la escuela. La palabra escrita creaba la posi- bilidad de que las mujeres expresaran sus opiniones y desarrollaran sus ideas. La imprenta fue un medio sin el cual las relaciones entre éstas hubiesen tenido más obstáculos aún. Si bien en estos primeros años del siglo XX Clorinda Matto -en el destierro- y Mercedes Cabello –en el encierro– estaban fuera de la ciudad, la actividad editorial en la que se involucraron las mujeres marcó la cultura pública de la época. Así como los asuntos educativos fueron un articulador clave, e ins- piraron buena parte de las propuestas políticas de las mujeres, la prensa les permitió incursionar en muchos otros, y tan importante como eso, las vinculó entre sí y las mantuvo en diálogo con posturas críticas que alimentaron el debate público a lo largo del primer cuarto del siglo XX.

Visión de la pedagogía, la escuela pública y los educadores

La educación pública fue la profesión y la vocación de María Jesús Alvarado, sobre la que se formó y adquirió un amplio bagaje de conocimientos, que le permitieron ofrecer, a través de la prensa y la conferencia, recomendaciones sobre las nuevas orientaciones pedagógicas y la for- mación docente, que consideró centrales para el progreso del país. Fue una educadora moderna conocedora de la Pedagogía científica de la época, la que se había renovado a impulsos del po- sitivismo y los avances de la Biología, la Anatomía, la Fisiología y la Psicología, contaba con un método –el experimental–, y se orientaba hacia el conocimiento psicológico del niño y la ética, configurando una enseñanza práctica y moral. Herbert Spencer, positivista y evolucionista de gran influencia sobre los intelectuales modernizadores, había señalado que el progreso requería de nuevos individuos, disciplinados, higiénicos y trabajadores, que sólo una educación intelec- tual, moral y física podía configurar 19 . La educadora María Jesús Alvarado adhirió esta perspec-

19 Fanni Muñoz, Diversiones públicas en Lima, 1890-1920. La experiencia de la modernidad. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2001.

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tiva, y puso énfasis sobre una pedagogía científica y con la capacidad de liberar la mente y el espíritu, rechazando la erudición y memoria; señaló que los métodos no eran reglas inmutables, sino que correspondía al maestro adecuarlos según su experiencia y el contexto.

Alvarado dio gran importancia a la escuela pública primaria, cuya función debía ser hacer de los niños, hombres de bien, trabajadores y ciudadanos útiles a la patria, y de las niñas, buenas madres en primer lugar, pero además, capacitarlas para trabajar y autosostenerse. Creyó que el progreso del Perú sólo podría alcanzarse con “la colaboración del pueblo regenerado por la cultura” 20 . Sin embargo, su experiencia laboral le demostró que la escuela pública no estaba en capacidad de cumplir tal función, debido a los defectos en el propio proceso educativo y a los obstáculos que el alumno o alumna encontraban en sus hogares y ambiente social. Sobre lo primero, encontró “que el preceptorado carece de la más elemental preparación, que apenas co- noce aquello que debe enseñar y lo que le ha sido trasmitido por el antiguo método; que ignora absolutamente en su mayoría, la metodología moderna” 21 . Dado que la primaria era la base de la instrucción superior, si era memorista y erudita, el estudiante no cursaría bien la media, de don- de surgía la inmoral práctica de “ejercer influencias” en los exámenes, siguiendo así hasta ob- tener el título universitario y convertirse en un deplorable profesional. Era indispensable formar al maestro de primaria, debido a la preponderante influencia de la educación en las sociedades modernas, y porque éste debía responder al desafío de formar buenos hábitos intelectuales en el alumno. Mucho escribió y expuso en conferencias sobre el tema, incentivando a los maestros primarios de ambos sexos, a leer obras de pedagogía, para mejorar “la pobre formación pedagó- gica y cultural” que solían tener 22 .

Las mujeres en la ciudad

En esos años, la ciudad estaba cambiando su configuración. Las distancias urbanas crecían y el desplazamiento corporal y el alejamiento físico del control paternal es un hecho contundente. Había que tomar el tranvía, los colectivos; transitar por nuevas y anchas avenidas. Parques y cines estaban poblados por desconocidos, a los que debía asignársele nuevos sentidos. Los cen- tros de trabajo adquirían una inédita configuración. Allí, si bien las mujeres encontraban nuevas

20 El Comercio, “Vida escolar. Una conferencia interesante”.

21 María Jesús Alvarado, “Perfeccionamiento de los maestros y útiles de enseñanza”, en El Hogar y la Escuela. Revista Pedagógico-Literaria (Lima), año I, noviembre de 1909, pp. 8-10.

22 María Jesús Alvarado, “Biblioteca Pedagógica”, en Álbum 1, julio de 1913, p. 70.

formas de relación, de todas formas el poder lo seguían detentando los hombres, y esto tenía connotaciones precisas en torno a la sexualidad femenina. La posibilidad del acoso sexual no era sólo una contingencia, y el poder paterno estaba lejos. Los controles internos femeninos debían estar experimentando uno de sus tempranos estadios, y enfrentando la dificultad de no contar con un discurso público que fortaleciera su posición en esta desconocida experiencia. Hasta ese momento la presencia física del control familiar había sido una referencia central para el control de los impulsos. Una referencia interna, individual que orientara el comportamiento femenino, distinta a la honra masculina, no estaba lo suficientemente desarrollada. Y eso era hipotética- mente lo que el discurso femenino de aquella vanguardia femenina quería forjar.

Pero el discurso laico y secular de las mujeres de vanguardia, era un discurso solitario. Los padres se seguían apoyando en su poder personal, patriarcal, y propio de autoridad externa para el con- trol de su prole femenina. Las madres -a pesar de su innegable influencia- no tenían gran poder, en la medida en que su autoridad no estaba refrendada por un discurso público estatal que la habilitara para erigirse como una autoridad moral. A esto se agregaba que todavía la mitad de los nacimientos eran ilegítimos. Al ser esto así, la ausencia del padre hacía difícil la incorporación de la presunta ley pública dentro del ámbito doméstico.

El discurso público se había interesado en normar la vida cotidiana, sólo excepcionalmente en el caso de las mujeres, pero sin deshacerse de un tono privado y patriarcal. Esto se pronunciaba aún más al contrastarse con la ausencia de enunciados universales a propósito del comportamiento masculino. El Estado dejaba un margen considerable de acción a las instancias corporativas, como la Iglesia, el ejército y otras instituciones análogas en lo que al ejercicio y el control de la sexualidad se refería. El afán de cuidar el comportamiento femenino bajo estas circunstancias adquiere ribetes particulares en el caso de las mujeres que accedieron a alguna posición desde la que podían articularse discursos y acciones que tuvieran algún efecto en el comportamiento de las mujeres de la época. La preocupación por la sexualidad femenina en los nuevos espacios de la ciudad se concentró en aquellas mujeres que carecían de un entorno familiar que protegiera sus destinos.

Esta clase de experiencias hace pensar en lo precario del Estado en lo que se refiere a la existen- cia de una propuesta de comportamiento público destinada a las mujeres. No existía una moral laica que acompañara la instrucción femenina en el espacio público. Las clases dominantes no contaban con un corpus de pautas de comportamiento que pudieran ofrecerle a las mujeres en el universo escolar.

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La educación moral de obreros y madre, y la defensa de la justicia

Es en ese contexto que María Jesús Alvarado consideró que el ambiente del hogar y el del medio social popular, actuaban en contra de la acción moralizadora que se intentaba trabajosamente en la escuela pública. Su tarea como educadora debía ensancharse, y trascender los límites de la escuela. Se dirigió a la población de Lima para formar una corriente de opinión pública sobre la necesaria reforma de las costumbres sociales y morales, en el hogar y en el espacio público:

“Los que nos dedicamos al noble magisterio de la enseñanza, no debemos dejar encerrada en las aulas nuestra palabra educativa, sino, por modesta que sea, llevarla más allá: á la prensa, para que resuene en el hogar y en la sociedad, pues no sólo en la escuela se educan al futuro ciudadano y á la futura madre de familia: el hogar, la escuela, la sociedad y la lectura son los factores de toda educación” 23 .

Sus ideas eran fruto de sus vivencias, observaciones sociales y atentas lecturas provenientes del contexto teórico de ese entonces, que aportaron argumentos modernos a su elaboración intelectual. Realizó su actividad pública utilizando formas modernas de sociabilidad, como el periodismo, actividad que ejerció a lo largo de gran parte de su vida, las conferencias a grupos a los cuales buscaba sensibilizar (profesores, obreros, mujeres), y las asociaciones (Asociación Pro-Indígena, Evolución Femenina, Liga de Temperancia, Sociedad Geográfica de Lima, Consejo Nacional de Mujeres).

Convencida de la capacidad “regeneradora” de la educación, como señalaba el positivismo, María Jesús Alvarado analizó críticamente a dos actores sociales fundamentales en la sociedad moderna, pero que adolecían de graves “defectos morales”: los obreros y las madres. La cultura oficial de estos años exaltaba el respeto por la ley, el orden, el trabajo y la moral, y la relevan- cia de cualidades para el trabajo industrial; mientras que el joven proletariado limeño mostraba fuertes rasgos de indisciplina laboral, impuntualidad y ausentismo. En los artículos que dirigió a los trabajadores, les señaló los beneficios que resultarían de mandar a la escuela a sus hijos:

aprenderían valores democráticos, a ser hombres con virtudes cívicas y morales, y podrían as- cender socialmente.

23 María Jesús Alvarado Rivera, “La Escuela y el Hogar. A las madres de familia. (Especial para El Diario)”, en Álbum 1, 22 de junio de 1908, p. 19.

La visión crítica de María Jesús Alvarado sobre las características del país, la llevó a ser una promotora de una modernidad que iba mucho más allá de nuevos servicios urbanos y edificios, una que se iniciaba con un cambio en la mentalidad jerárquica e intolerante, por una más de- mocrática. Fue, por ello, contraria al ascenso de personas carentes de mérito y esfuerzo, antítesis del proyecto de nuevos ciudadanos trabajadores y morales, y a la meritocracia. Cuestionó las posturas serviles, alentando a los obreros a luchar por sus derechos: “El trabajador no es un vil instrumento del capitalista, sino su noble asociado”. Valoró la protesta, en particular la huelga, a la que consideró “una de las más hermosas conquistas de la democracia” 24 . A raíz de la huelga de 1913, de los empleados y obreros de Lima y Callao, señaló que le alegraba su digna actitud y virilidad al enfrentarse al “capitalismo opresor” en defensa de sus legítimos derechos, recomen- dándoles que, solidarios y patriotas, exigiesen que el beneficio se extendiera a los obreros de todo el país, inclusive a los indios 25 .

Además de dirigirse a los obreros para promover su educación, planteó a las autoridades “sanear el medio popular”, con espectáculos moralizadores y control de los vicios y vagancia. Pero fue más allá y planteó la necesidad de luchar contra la opresión y de hacer justicia, ya que consideró que las grandes conquistas de la inteligencia y el engrandecimiento de las naciones habían sido siempre obra de “hombres libres”. Por ello, demandó tolerancia y libertad para la mujer, pues formaba al ciudadano; para el indio, pues creaba la riqueza, y para el pensamiento 26 .

María Jesús empezó a abordar la problemática social de la población indígena en 1911, some- tido a condiciones serviles por los gamonales en la sierra, los caucheros en la selva y los engan- chadores en la costa norte, y sostuvo su atención sobre el tema al menos hasta 1923. Discre- pando del escepticismo sobre la “regeneración indígena” expresada por Clemente Palma en su tesis de 1897 27 , Alvarado argumentó que la sumisión del indio tenía origen históricos, y que la propia historia demostraba que no se habían atrofiado sus facultades, por lo que si se le liberaba de la opresión, se transformaba su medio y se le hacía justicia, la “raza indígena” se regeneraría y sería uno de los más importantes elementos constitutivos de la nación. Agregó que incluso si la historia no demostrase que el indio era regenerable, “los principios psicofísicos que rigen la

24 María Jesús Alvarado, “La jornada de 8 horas”, en Álbum 1, enero de 1913, pp. 65-66. 25 Ibid.

26 María Jesús Alvarado, “¡En plena esclavitud!. Para El Deber Pró-Indígena”, en Álbum 1:El Deber Pro-Indígena, 1912, pp. 66-67. 27 Clem- ente, Palma, “El porvenir de las razas en el Perú”. Tesis (Br., Letras, Universidad Mayor de San Marcos). Lima: Imp. Torres Aguirre, 1897.

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

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evolución biológica” y en particular, la ontogenética –que explicaba racionalmente el poder de la educación–, demostrarían que era perfectible 28 . Vemos aquí expresada su confianza positivista en la evolución –en este caso, biológica– y en el rol central de la educación. En 1913, Alvara- do se integró al Comité Directivo de la “Asociación Pro-Indígena”, fundada por Pedro Zulen y Dora Mayer y que era dirigida por el sociólogo positivista Joaquín Capelo. Desde esa posición, más cercana a la problemática del país injusto y jerárquico, escribió artículos, dio conferencias y actuó demandando al Estado la abolición del sistema del enganche y la necesidad de que los indígenas accedieran a la justicia y la protección.

María Jesús Alvarado criticó al espacio doméstico, en especial, al comportamiento de las madres de familia, con énfasis sobre -aunque no sólo- las de sectores populares. Sostuvo que su falta de cualidades domésticas y su “defectuoso carácter moral” esterilizaban las lecciones morales que la escuela intentaba impartir. Si en ésta se trataba de formar el carácter del niño o niña por medio del trabajo, en el hogar se elogiaba su talento innato no cultivado por el estudio, apoyando su holgazanería. Si la escuela buscaba desarrollar su bondad con miras a la fraternidad, su madre les enseñaba soberbia y despotismo. La escuela fiscal en la que trabajaba enseñaba en forma práctica a las niñas, laboriosidad, modestia y ahorro, mientras sus madres apreciaban el lujo, ostentaban, y desdeñaban el trabajo. En lugar de ser madres hacendosas, exigían sirvientes al cónyuge así éste no pudiese solventarlos; se fastidiaban ante el trabajo y gasto que les ocasiona- ban sus hijos, pero en cambio los mimaban, apoyaban sus caprichos y consentían rebeldías a su autoridad. El objetivo de Alvarado fue incentivar que las mujeres incorporasen en su identidad, la relevancia de su papel como madres educadoras y formadoras del carácter de sus hijos, futuros ciudadanos de la patria.

Visión de la educación femenina pública

En 1911, el educador Manuel Vicente Villarán (1873-1958), contrario a la educación elitista y defensor de una educación pública para todos, especialmente la clase media y popular, presidió la comisión encargada de elaborar un proyecto de ley de instrucción, la que solicitó opiniones a los especialistas. En respuesta, María Jesús Alvarado elaboró un estudio sobre la educación pú-

28 María Jesús Alvarado, “La cuestión indígena”, en Álbum 1: El Comercio. Lima, 25 agosto 1911, pp. 34-35.

blica femenina, que dio a conocer al público a través de un periódico 29 y una revista pedagógica. En él, planteó establecer por ley, a nivel nacional, la coeducación en la escuela primaria pública, de modo que los niños de ambos sexos aprendiesen a apreciarse y respetarse, a aproximarse de manera natural, y con predominio de la razón, y más adelante sus relaciones pudiesen ser “algo más serias y elevadas que la frívola y perniciosa táctica amorosa de la actual vida social” 30 . Señaló que no sería tarea sencilla, debido a que los alumnos de estratos populares “tienen mar- cada tendencia á la rebeldía, á la insolencia, á la falta de respeto á la mujer” 31 . Por otro lado, criticó que, por orgullo y prejuicios, pocos padres de las clases medias mandaban a sus hijas a la escuela fiscal, prefiriendo “la ignorancia y la miseria á aprovechar de la enseñanza gratuita del Estado” 32 . Es que el fortalecimiento de la escuela pública, requería de cambios en la mentalidad jerárquica de la clase media.

Abogó en favor de la instrucción media pública para la mujer. Argumentó que ello favorecería a “la primera y más importante misión de la mujer es la de la maternidad” 33 , la que podía ser fisiológica o psicológica (relación con hermanos, sobrinos, allegados, empleados); por tanto, la secundaria debía cuidar de fomentar las virtudes domésticas de la mujer. Pero además, era relevante darle secundaria, para que la gran cantidad de mujeres que carecía de recursos, sol- teras, viudas o casadas “con hombres incapaces o disolutos”, pudiesen trabajar en algo mejor que en la extenuante y mal remunerada costura. Siendo escasos los fondos del gobierno, y aún corta la demanda de las jóvenes, propuso implementar la secundaria pública femenina a tra- vés de la creación de becas para mujeres en los colegios nacionales, entonces exclusivamente masculinos. Sostuvo que la coeducación en secundaria, desincentivaba la tensión sexual en las relaciones entre escolares de distinto sexo. Subrayó tanto el mérito pedagógico del sistema como su moralidad.

La apuesta que hizo Alvarado por la coeducación, era muy avanzada, y se debía a que conside- ró la igualdad de contenidos en los cursos de secundaria de ambos sexos, para desarrollar las facultades intelectuales y morales de las mujeres, y lograr así una suerte de equilibrio entre los

29 María Jesús Alvarado, “Cuestiones sobre educación nacional. Educación femenina”, en Álbum 1:El Comercio (Lima), 5 de febrero de 1911, pp. 28-29; “Cuestiones sobre educación nacional. Instrucción media y superior para la mujer”, en Álbum 1: El Comercio (Lima), 23 de marzo de 1911, pp. 30-31.

30 Ibid, p. 28.

31 Ibid, p. 29.

32 Ibid.

33 Ibid, p. 30.

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

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sexos, que posibilitaría la mutua colaboración y formación de un hogar armonioso. Además, esos conocimientos prepararían a la mujer para que, “de ser necesario”, pudiera mantenerse. La excepción a tal igualdad, debían ser algunos cursos destinados a la formación doméstica de la mujer (Economía doméstica y Puericultura), y el de educación física 34 . En esos años, la ense- ñanza de la domesticidad estaba logrando estatus científico, en universidades de EEUU y Japón. Sobre la educación física, Spencer había subrayado que la vida física era sostén de la moral, por lo que dio relevancia al cuidado corporal, en términos de descanso, alimentación adecuada y ejercicios, pues educar era aprender a gobernarse a sí mismo.

El feminismo de María Jesús Alvarado y los debates contemporáneos

Individualidad, pensamiento secular y moral laica

El feminismo de María Jesús Alvarado surgió del encuentro entre una mujer ilustrada que se había constituido en sujeto autónomo, consciente de sí misma, libre de la tutela clerical, educa- dora positivista e higienista, de la clase media, mujer que había elegido la soltería rechazando la tutela domestica de un esposo; y una sociedad que aspiraba a ser moderna, pero mantenía leyes, mentalidad y practicas jerárquicas atravesando la vida doméstica, la escuela, el ámbito laboral y político. Una sociedad en la que se menospreciaba el trabajo y la meritocracia, y se consideraba que la posición subordinada de la mujer era natural debido a su inferior capacidad intelectual y moral, y la consideraba “reina del hogar”, sierva u “odalisca”, pero no un par, una compañera. Conoció en lo que se convertían las mujeres de los diferentes grupos sociales, cuando tenían al matrimonio por única “carrera”, en flagrante contraste con el relevante papel que la teoría socio- lógica moderna asignaba a las mujeres en el progreso social.

El fundamento de su feminismo fue un pensamiento secular y una moral de origen laico. La crítica de María Jesús Alvarado a la tutela de la Iglesia sobre el pensamiento femenino, provenía del liberalismo y del positivismo de la regeneración moral. Una posible influencia en ella, fue Manuel González Prada, para quien la Iglesia ejercía nefasta tutela sobre el alma femenina, y su menosprecio por la mujer se había arraigado en el espíritu de los maridos católicos, muchos

34 Ibid, p. 31.

de los cuales veían a su esposa como sierva, máquina de placeres o utensilio doméstico 35 . Si bien María Jesús Alvarado fue cauta en manifestar su anticlericalismo, hizo una abierta crítica a la influencia de la Iglesia sobre las mujeres de la clase alta, en su ponencia para Buenos Aires, posiblemente por tratarse de una sociedad más avanzada y de un congreso que reunía a mujeres vanguardistas:

“las ricas consagran su vida a las distracciones sociales, al dolce far niente y a las rutinarias ceremonias del culto católico, posponiendo a éste sus sagrados deberes domésticos, subyu- gando al confesor su conciencia y profesando tan ciego fanatismo e intransigencia que no sólo combaten rudamente los principios liberales, sino hasta a los católicos de ambos sexos que aunque creyentes sinceros y partidarios del culto eterno, no creen su ejercicio indispensable a la moralidad de la persona, no dándole por consiguiente prelación en sus actos y combatiendo los abusos y el predominio del clero, y la sumisión absoluta y funesta de las devotas” 36 .

La moral de fundamento laico que ostentó Alvarado se nutrió de filósofos y pedagogos positivis- tas a quienes leyó y cuya lectura consideró relevante para la formación de los preceptores; entre estos autores se encontraban Jean Marie Guyau, Roberto Ardigó, Gabriel Compayré y otros 37 .

La cuestión de la mujer

La reflexión sobre la condición de la mujer había surgido vinculada al contexto intelectual y filosófico de la Ilustración, que dio lugar a un nuevo orden político y social basado en la razón, la libertad, la igualdad ante la ley, pero que excluyó de ello a las mujeres y a otros grupos vulne- rables. El pensamiento de la Ilustración sobre la mujer atribuía a la naturaleza, la exclusión feme- nina del ámbito público, colocando la maternidad y la domesticidad al centro de las funciones y tareas de la mujer. Pero al mismo tiempo, la Ilustración significó un conjunto de nuevas ideas filosóficas, morales y jurídicas, caracterizadas por ser seculares, racionales, que consideraban a la educación como la herramienta para el perfeccionamiento humano, y que el derecho natural

35 González Prada, “Las esclavas de la Iglesia”.

36 María Jesús Alvarado, “Feminismo”, en Primer Congreso Femenino. Buenos Aires, 1910. Historia, Actas y Trabajos. Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba, [1910] 2008, pp. 286-295.

37 Jean Marie Guyau,(1854-1888) fue un filósofo francés que aplicó el positivismo al campo ético; había formulado una ética positivista y evolucionista, señalando que los actos debían adecuarse libremente a la norma moral, sin sanción divina ni coerciones externas. Roberto Ardigó (1828-1920) fue un filósofo considerado como el más destacado representante del positivismo en Italia; su obra fue un proyecto de fundar sociológicamente la ética, al margen de la religión. Gabriel Compayré (1843-1913) fue un destacado educador francés y teórico de la pedagogía, que escribió sobre educación moral y pedagogía científica; este autor, citado frecuentemente por María Jesús Alvarado, desarrolló en sus numerosas obras, una visión laica de la educación y de la escuela.

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

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debía eliminar las leyes que perennizaban la desigualdad. La pretendida universalidad de estas ideas, fue el marco a partir del cual, algunos pensadores de ambos sexos osaron reclamar el reconocimiento de la individualidad, libertad e igualdad femeninas, y su condición de sujeto de derecho. La lucha contra los prejuicios sobre la mujer, la demanda de igualdad de derechos entre los sexos, y el cuestionamiento a la autoridad marital como no natural, fueron producto de la modernidad ilustrada, del contraste entre la ampliación de derechos que experimentaron los hombres y la exclusión de los mismos y reforzamiento del papel doméstico, que vivieron las mujeres.

En los años de la Revolución Francesa, el Marqués de Condorcet señaló que la necesidad de acabar con las desigualdades entre los sexos y con los prejuicios que las sostenían. Por su lado, Olympe de Gouges escribió la “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” (1791), como denuncia y remedo de la falsa universalidad del término “hombre” en la “Declaración de Derechos del hombre y el Ciudadano”; cuestionó la tiranía masculina y demandó el derecho de las mujeres a la libertad, la propiedad, la libertad de expresión, a participar directamente o por sus representantes en la elaboración de las leyes, a ser admitidas en empleos y cargos; señalando así las bases de la ciudadanía femenina. Su postura le valió ser guillotinada. Mary Wollstone- craft escribió en Vindicación de los derechos de la mujer, (1792), que las mujeres estaban mal preparadas para sus deberes en la sociedad y aprisionadas en una vida que las hacía miserables, requiriendo de educación racional para ser buenas compañeras, esposas, madres y ciudadanas, capaces de autosostenerse, de extender sus intereses a la política, como seres autónomos regidos por la razón. Otros escritores trataron en el siglo XIX sobre la cuestión de la mujer, destacando entre ellos el filósofo, economista y político liberal británico, John Stuart Mill 38 , quien defendió la igualdad doméstica y derechos políticos de las mujeres en La esclavitud femenina (1869), obra que alcanzó enorme difusión e impacto, constituyéndose en pieza clave de la expansión e

38 John Stuart Mill (1806-1873) fue un filósofo, político y economista liberal inglés, cercano al empirismo, al utilitarismo y al positivismo de Comte, que fue miembro del Parlamento por el partido liberal. En Sobre la libertad (1859) defendió la libertad del individuo, la liber- tad de expresión como condición del progreso social e intelectual, y los derechos políticos como protección contra la tiranía política. En Consideraciones sobre el gobierno representativo (1860) propuso, entre otras reformas, la extensión del sufragio. Su esposa Harriet Taylor influyó en sus ideas sobre los derechos de las mujeres, de los que fue uno de los primeros y más acérrimos defensores. En The Subjection of Women (1869), traducido por Emilia Pardo Bazán en 1892 como La esclavitud femenina, Mill sostuvo que la dependencia legal de un sexo respecto del otro, era uno de los principales obstáculos para el progreso de la humanidad, abogando en favor de la igualdad de los sexos. John Stuart Mill, “La esclavitud de la mujer”, en John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill, Ensayos sobre la igualdad sexual. Madrid: A. Machado Libros, 2000.

internacionalización del movimiento sufragista. La sufragista francesa Hubertine Auclert 39 fue la primera en autoproclamarse “feminista” (1882), término que antes del cambio de siglo, ya apa- recía en publicaciones de diversos países europeos.

El feminismo como evolución social

Las ideas sobre feminismo que desarrolló María Jesús Alvarado, las formuló en diálogo con autores y corrientes del pensamiento occidental, y de acuerdo a su propia percepción sobre la problemática de las mujeres, así como prestando atención a la sensibilidad de las élites y de las propias mujeres en Lima. Hubo originalidad en la personal síntesis de ideas occidentales que

Aula de la Escuela Moral y Trabajo,1915.

occidentales que Aula de la Escuela Moral y Trabajo,1915. 39 Auclert usó “feminista” en su revista

39 Auclert usó “feminista” en su revista La Citoyenne, desde 1882, para definirse a sí misma y a sus asociadas, popularizándose el término a raíz del congreso “feminista” en Paris, tras lo cual pasó a Gran Bretaña.

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hizo, las que adecuó de acuerdo a sus propias observaciones sociales, buscando dar respuestas a la condición de la mujer en un país como el Perú.

¿Qué era “feminismo” para María Jesús Alvarado? La primera vez que trató sobre el feminismo, fue en su ponencia “Feminismo” 40 enviada al Congreso Femenino Internacional (Buenos Aires, 1910), evento al que no asistió por falta de recursos, y que era organizado por la Asociación de Universitarias Argentinas. El congreso tuvo gran influencia sobre la posterior actuación pública de María Jesús Alvarado, al ponerla en contacto con mujeres ilustradas de avanzada –como la organizadora, la médica librepensadora argentina Julieta Lantieri, quien sería socia de “Evolu- ción Femenina”– que buscaban articular un movimiento femenino más amplio en Sudamérica, así como con algunas participantes extranjeras y peruanas, pues Alvarado tuvo acceso a algunas ponencias y acuerdos del congreso.

En esta auroral trabajo de 1910 sobre el feminismo, Alvarado señaló que “Una de las evoluciones sociales más importantes que se vienen verificando en la época contemporánea, es evidente- mente la del feminismo” 41 . Era en ese tiempo de libertad e igualdad que la mujer había entendido su igualdad al hombre, su necesidad de cultivar sus facultades, ejercer profesiones, actuar en la vida al nivel del hombre, “y fortalecida por esas bien fundadas convicciones, ha emprendido esa intrépida campaña llamada feminismo que tiene por nobilísimo objetivo la conquista de sus conculcados derechos” 42 . Tras dar cuenta del estrecho número de mujeres peruanas que traba- jaban en el telégrafo, correo, farmacias -áreas de la economía moderna-, y de la existencia de una médica, señaló: “A estos estrechos límites queda reducido el avance de la mujer peruana; pero siquiera se ha iniciado ya en la progresiva evolución del feminismo y, aunque lentamente, irá ensanchando su horizonte” 43 .

Iniciando su propaganda feminista en Lima, María Jesús Alvarado escribió en mayo de 1911 que consideraba, de acuerdo a “notables filósofos” -posiblemente se refería al evolucionista Spencer- al feminismo como un “movimiento espontáneo de la incesante evolución de la humanidad, que la impulsa [a la mujer] incontrastablemente al perfeccionamiento, estableciendo el perfecto

40 María Jesús Alvarado, “Feminismo”, en Primer Congreso Femenino, Buenos Aires 1910. Historia, Actas y Trabajos. Córdoba: Universidad

Nacional de Córdoba, 2008, pp. 286-295.

41 Ibid, p. 287.

42 Ibid, p. 289.

43 Ibid, pp. 291-292.

equilibrio de la pareja humana, dentro de los límites de la armonía universal” 44 . María Jesús Al- varado dio el 28 de octubre del 2011, en el local de la Sociedad Geográfica, su conferencia “El feminismo” ante destacados intelectuales y mujeres ilustradas, en la cual desarrolló ampliamente su propuesta feminista; cubierta por la prensa limeña, esta actuación pública la posicionó, sim- bólicamente, como nuestra primera intelectual feminista. En esa ocasión, Alvarado dijo que el feminismo era resultado de la “evolución natural del progreso filogenético” 45 , y habló sobre el feminismo en el Perú en el sentido de avance femenino, dando cuenta de su corto avance. Por un lado, habían habido “privilegiados talentos espontáneos” que habían adquirido una elevada cultura literaria por propio esfuerzo, ganando reconocimiento, mujeres que “son los avanzados campeones del movimiento feminista intelectual en el Perú” 46 ; había también alguna tendencia

a la instrucción superior de la mujer, con jóvenes que cursaban la secundaria y la universidad;

finalmente, se estaba ensanchado en algo el limitado campo de acción laboral. En 1913, señaló que el avance femenino o feminismo era irrefrenable: “´el “feminismo`, que unos ridiculizan

y otros execran sin estudiarlo seriamente, oponiendo insensatas vallas á su avance triunfal, sin considerar que no es sino un fenómeno natural, necesario, de la evolución sociológica, que un grupo de individuos no puede detener…” 47 .

Ese conjunto de citas permiten entender el contenido que daba María Jesús Alvarado al feminis- mo, como un proceso gradual de emancipación de la mujer, una evolución social, idea que se sustenta en la de Spencer sobre que la sociedad es un organismo en evolución hacia formas más

complejas, de acuerdo a leyes naturales (filogenéticas). En esa perspectiva, Alvarado la entendió como una tendencia social irrefrenable, propia de las libertades e igualdades contemporáneas,

e impulsada por las propias mujeres que se hacían conscientes de su ignorancia y opresión, ini-

ciando su emancipación. Lo primero a ser liberado era su pensamiento, a través de la educación del perfectiva, accedían a empleos y profesiones, y más adelante, a derechos legales. Era, pues, una tarea que requería de la acción consciente de las mujeres contra el prejuicio, la discrimina- ción, la subordinación.

44 María Jesús Alvarado, “El feminismo”, en Álbum 1: El Comercio (Lima), 31 de mayo de 1911, p. 33.

45 Alvarado, “El feminismo: conferencia leída …”, p. 12. La filogenia es la historia de la evolución biológica de los organismos, iniciada por Lamarck, quien planteó que el ambiente modificaba a los individuos, y que esta modificación se trasmitía a los descendientes, para generar la evolución; asimismo, Darwin demostró que la naturaleza selecciona a los seres mejor adaptados al entorno.

46 Alvarado mencionó a Flora Tristán, Carolina Freire de Jaimes, Mercedes Cabello de Carbonera, Clorinda Matto de Turner, Amalia Puga de Losada, Lastenia Larriva de Llona, Manuela Villarán de Plasencia, Teresa González de Fanning, Elvira García y García, Dora Mayer y Zoila Aurora Cáceres. Alvarado, “El feminismo: conferencia leída …”, pp. 15-16. 47 María Jesús Alvarado, “El ingreso de las mujeres a las Sociedades de Beneficencia”, en Álbum 1: El Comercio (Lima), octubre de 1913, p. 78.

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La propuesta feminista de María Jesús Alvarado

La visión evolucionista de María Jesús Alvarado le permitió entender que la formación de la opi- nión pública y la implementación de reformas feministas, debían ser graduales, debiendo iniciar por la educación y destrucción de prejuicios contra la desigualdad de los sexos. Su ponencia para el congreso de Buenos Aires de 1910, en la que abordó el feminismo como denuncia de la sujeción femenina, fue antecedente directo de su presentación feminista ante el público de Lima. Sólo cuando evaluó que el medio estaba listo, presentó una propuesta feminista integral, cuya versión “oficial” aparece en su conferencia de la Sociedad Geográfica (1911), y luego en la Exposición de principios de la nueva asociación “Evolución Femenina” (1914). En esos años, en América Latina la mayor parte de las mujeres se resistía al cambio, y en Lima, los cables y dia- rios describían la campaña de las primeras sufragistas inglesas, presentándolas como exaltadas; como relató Alvarado muchas décadas después: “En nuestro medio latinoamericano, la mujer desconocía sus derechos, y era adversaria a toda innovación que la arrancara a la tranquilidad del hogar, enfrentándola a la ardua lucha de la vida. Estaba resignada a ser la eterna hija de fa- milia, subordinada al padre, al esposo, al hermano mayor, y hasta al hijo…” 48 .

El elemento detonante para que Alvarado expusiese en Lima sus ideas feministas, fue el artículo antifeminista en El Comercio, de un escritor chileno que se burlaba de las aspiraciones de las sufragistas inglesas, manifestando que “la subordinación femenina era natural y eterna” 49 , pues la mujer había nacido exclusivamente para el hogar, acusando al feminismo de ser contrario a las leyes inmutables del amor que imponía la naturaleza. Alvarado lo refutó, pues sentía indignación por la inferioridad legal de la mujer peruana, y consideraba que el progreso exigía el aporte de la acción femenina 50 . Alvarado empezó a escribir y a dar conferencias en donde trató sobre la histó- rica opresión e ignorancia de las mujeres, así como sobre la distancia existente entre tal situación y los principios de libertad, igualdad y justicia, haciendo un planteamiento de reformas feminis- tas. La conferencia en la Sociedad Geográfica de Lima 51 fue, sin duda, la partida de nacimiento oficial de la intelectual feminista María Jesús Alvarado. Fue presidida por intelectuales destaca- dos como Enrique Guzmán y Valle y Federico Villarreal, y asistieron universitarios, intelectuales, pedagogos y miembros de la alta sociedad, siendo novedad la presencia de mujeres. Alvarado

48 María Jesús Alvarado, “Las mujeres votarán”, en Álbum 3: El Comercio (Lima), 21 de octubre de 1955. s.p. 49 Alvarado, “El feminismo”, p. 31.

50 Alvarado, “Una vida de lucha por los derechos de la mujer”, en Álbum 3, p. 144; Alvarado. “Las mujeres votarán”, Álbum 3; Alvarado, “Derechos Políticos de la Mujer”. Álbum 3. 51 Alvarado, “El feminismo: conferencia leída …”.

construyó su argumentación en forma didáctica y sólida, desarmando prejuicios y avanzando sus ideas vanguardistas, aportando sustento histórico, observación sociológica, información del acontecer mundial y haciendo referencias a autoridades en el tema.

Alvarado demostró el origen cultural (ignorancia, opresión), no natural, de la subordinación fe- menina. Demostró la capacidad femenina y lo irracional de la preeminencia masculina, dando cuenta del inicio de una lenta evolución favorable a la mujer en la historia, que por constituir hechos aislados, no habían mejorado su condición. Destacó el apoyo dado a la “causa femeni- na” por intelectuales varones, quienes afirmaron sus méritos y derecho a educación, siendo es- pecialmente relevantes, ya en la edad moderna, el que los filósofos Condorcet y Stuart Mill hayan condenado la preeminencia del varón y defendido la igualdad jurídica entre sexos, sosteniendo que las libertades y los derechos jurídicos, grandes conquistas de las revoluciones liberales, no habían beneficiado a la mujer. María Jesús Alvarado sostuvo que la evolución de la mujer, requería de la acción femenina, de su conciencia y rechazo a su subordinación e ignorancia, emprendiendo campaña por sus derechos.

El feminismo que enunciaba María Jesús Alvarado partía de una tajante afirmación, la igual ca- pacidad intelectual y laboral de la mujer:

“El principio fundamental del feminismo es la igualdad de la potencialidad mental y de la habilidad para el trabajo del hombre y la mujer, igualdad (…) probada irrefutablemente por la historia, y hasta por la somera observación de la vida diaria, por cuya identidad de perso- nalidades, es de absoluta justicia que sean iguales ante la ley, libertándose a la mujer de la forzosa y muchas veces tiránica y cruel tutela del hombre, que ningún derecho tiene á ejercer supremacía en la pareja humana” 52 .

Alvarado sostuvo que “la pretendida inferioridad de la mujer, y las leyes que como á tal la con- sideran, no se fundan en ningún principio científico, en ninguna verdad real, sino simplemente en inveterados hábitos, en injustos prejuicios sociales” 53 .

Señaló que el feminismo demandaba igualdad en cuatro ámbitos: educación, empleos y profe- siones liberales, derechos civiles y derechos políticos. En primer término, demandaba igualdad educativa para la mujer, una tan amplia y moderna como la que recibía el hombre: “Dar mayor

52 Ibid, pp. 7-8. 53 Ibid, p. 12.

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amplitud y facilidades á la educación de la mujer, desarrollando su intelecto y aptitudes de igual manera que el hombre…” 54 . Pues la realidad de la educación femenina en el Perú en esos años era de gran desigualdad en cuanto a amplitud, ya que sólo algunas niñas cursaban la secundaria en colegios particulares, pues no había media pública, y un reducido número de jóvenes muje- res estudiaba letras y ciencias en la Universidad 55 . También en los contenidos de la educación femenina debía haber igualdad con los de la masculina, base indispensable para la igualdad doméstica y la capacidad femenina para el trabajo. La excepción a tal igualdad de contenidos educativos, fueron algunos cursos encaminados a preparar a la mujer para su papel como madre -Puericultura y Economía Domestica-, así como la educación física. Como señaló en el estudio para la comisión Villarán:

“En las demás ramas de la instrucción, deben desarrollársele idénticas facultades que al hom- bre, realizando el equilibrio intelectual i moral de los sexos para que puedan colaborar juntos en el proceso de la vida, comprenderse, estimarse i armonizar perfectamente en el hogar, ha- ciendo la felicidad doméstica, i al mismo tiempo pueda bastarse a sí misma” 56 .

La educación tenía un gran significado dentro del feminismo de Alvarado, quien sostuvo que la única herramienta posible para la evolución de la mujer, era proveerla de una educación “perfec- tiva” o “perficiente”, por la que entendió una que liberase su pensamiento de dogmas, científica, experimental, racional, laica, recibida en coeducación, orientada a desarrollar el buen juicio de la mujer, dotarla de energía física, intelectual y moral como planteara Spencer, y promover aptitudes para la vida práctica, preparando a la joven para trabajar en la industria, el comercio o la administración pública, para ser madres educadas y morales que formarían el carácter de sus hijos como seres probos, capaces y trabajadores, y para el ejercicio de sus derechos. Puso como modelo de programa, al que había bosquejado la educadora Elvira García y García en Tendencias de la educación femenina 57 . Esta educación debía combatir prejuicios y atavismos, y lograr que el espíritu femenino abandonase la esclavitud intelectual y moral, independizando su conciencia, preparándola para el trabajo y para ejercer las profesiones liberales, combatiendo la frivolidad y los prejuicios, obstáculos a su evolución social, como señaló en su primer artículo feminista en Lima:

54 Ibid, p. 8. 55 Alvarado, “Feminismo”, p. 291.

56 Alvarado, “Cuestiones sobre educación nacional. Instrucción media y superior para la mujer”, p. 31. 57 Alvarado, “Feminismo”, p. 293.

“… désele educación perficiente, una seria cultura superior; combátanse los prejuicios socia- les, la frivolidad, el ardor de ostentación, el necio orgullo fundado sólo en la posición, la iner- cia y el falso concepto de que el trabajo deprime á la mujer; incúlquesele una moral elevada, sin concesiones laxativas, que forme su conciencia recta é independiente rigiendo inflexible la conducta inspirada siempre en el honor, el cumplimiento del deber, el altruismo…” 58 .

María Jesús Alvarado sostuvo, también, la igualdad doméstica, y puso énfasis en que el feminis- mo ayudaba a la complementariedad de la pareja, al impulsar a la mujer “al perfeccionamiento, estableciendo el perfecto equilibrio de la pareja humana” 59 . La mujer moderna, como la denomi- nó alguna vez, tenía idénticas aptitudes y oportunidades que el hombre para procurarse ingresos económicos, y su trabajo la protegería de “irreflexivas pasiones” y de un matrimonio de con- veniencia. Era una mujer que elegía al hombre con el cual casarse por sus cualidades morales, y por el cual sentía amor y estima, y con quien comparte labores y emociones intelectuales y afectivas. De enviudar, esta “mujer ilustrada, apta y de carácter digno”, estaba en condiciones de sostener a su familia con honor 60 . Ideal femenino que se encarnaría más adelante en la protago- nista de su novela Nuevas Cumbres. Alvarado rechazó que el feminismo dañaría la maternidad pues la considerada la “principal misión social de la mujer”. Esta mujer era educada para ser madre en base a “ideales regeneradores”, para mejorar la gran influencia que tenía sobre el ca- rácter de sus hijos, vía la “herencia psicológica” y el ejemplo, lo que repercutía en la sociedad y la nación 61 al formar a sus ciudadanos. La maternidad fue entendida en sentido amplio por Alvarado, quien dijo que podía ser fisiológica y psicológica, o sólo lo segundo, como era el caso de los “hermanos, sobrinos, allegados y sirvientes” 62 .

Otra reforma que demandó el feminismo de Alvarado, fue “darle [a la mujer] acceso á los em- pleos públicos y profesiones liberales, para que pueda subsistir por sus propios esfuerzos, me- jorando su condición económica y social” 63 . La conquista del espacio social del trabajo, fue central para Alvarado, pues consideraba a las necesidades económicas como las primeras causas determinantes de la campaña feminista en todos los países, y que el trabajo era una ley universal,

58 María Jesús Alvarado, “La mujer”, en Álbum 1: El Comercio (Lima), enero de 1911, p.28. 59 Alvarado, “El feminismo”, p. 33.

60 Ibid, p. 32. 61 Alvarado, “La mujer”, p. 28.

62 Alvarado, “El feminismo”, p. 33. 63 Alvarado, “El feminismo: conferencia leída…”, p. 8.

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por lo que “lo moral es que la mujer se someta a él lo mismo que el hombre” 64 , debiendo el Es- tado ponerla en condiciones de hacerlo según sus aptitudes. Rechazó que el trabajo afectara la fertilidad de la mujer. La profesional podría sostenerse si era soltera ó viuda, y si era casada, “no sería la indolente consumidora del producto del esforzado trabajo del hombre” 65 . Alvarado su- brayó cuan dañino era el menosprecio al trabajo que campeaba entre las mujeres de clase alta y también las de clase media. Consideró que la “errónea y vana educación del hogar, la perniciosa influencia del medio, que no es sino un reflejo de aquel; y las deficiencias de la instrucción, en todos sus grados…” 66 alimentaban tal prejuicio ante el trabajo. Sin embargo, la alentaba el que

Evolución Femenina. Fundación de la Liga Nacional de Higiene y Profilaxia Social, febrero 1923.

Liga Nacional de Higiene y Profilaxia Social, febrero 1923. 6 4 Ibid, p. 9. 65 Alvarado,

64 Ibid, p. 9.

65 Alvarado, “La mujer”, p. 28. 66 Ibid, p. 27.

algunas jóvenes de clase media empezaban a desafiar los prejuicios para trabajar en el sector moderno de la economía y estudiar una profesión. Dejó en claro que esa vida activa y trato con los hombres, no conllevaba la pérdida del honor femenino:

“Y hasta ahora no se sabe que ninguna haya perdido su honor por causa del género de vida activa y de continuo trato con los hombres, siendo en cambio muchas las que, aisladas en el hogar, consagradas a un mal remunerado trabajo, faltas de entereza y desesperadas por la mi- seria, han sacrificado su dignidad a un pequeño y aleatorio bienestar” 67 .

En la visión evolucionista del feminismo, María Jesús Alvarado consideró a la obtención de los derechos jurídicos como una consecuencia de la emancipación femenina en los demás aspectos:

“La liberación intelectual, moral y económica de la mujer, traerá como consecuencia lógica y precisa, el reconocimiento de sus derechos civiles y políticos, su dignificación y emancipación completa, como lo exige la justicia que inspira las leyes modernas” 68 .

El feminismo de Alvarado demandaba “que se le conceda [a la mujer] los mismos derechos civiles que al varón, libertando á la mujer casada de la dependencia del esposo, á que la ley la somete, privándola de los derechos de que goza de soltera” 69 . María Jesús Alvarado derivó los derechos civiles, de la renovada domesticidad femenina y de la emancipación por el trabajo, pues una esposa y madre educada y virtuosa, en situación de igualdad, requería del manejo de sus bienes. Señaló que lo justo era “que [los dos sexos] sean iguales ante la ley, libertándose la mujer de la forzada y muchas veces tiránica y cruel tutela del varón, que ningún derecho tiene a ejercer predominio en la pareja humana” 70 . Sostuvo que tener derechos civiles no dañaba al matrimonio, antes bien, permitiría a la casada cumplir mejor con sus deberes; descartó que la pérdida de la tutela masculina fuese a convertir al matrimonio en un caos, pues ya ocurría que la autoridad la ejercía el más capaz de los cónyuges.

Finalmente, la última reforma que demandaba el feminismo de Alvarado, fueron los derechos políticos. En su ponencia para el congreso de Buenos Aires, Alvarado había sido muy cauta al señalar que la mujer no debía aspirar a ejercer “todos los derechos políticos y cumpliendo los deberes del ciudadano”, debido a que el cumplimiento de su misión maternal “es incompatible

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Ibid. Ibid, p. 17.

Alvarado, “El feminismo: conferencia leída…”, p. 8.

Alvarado, “El feminismo”, pp. 31-32.

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con ciertos deberes cívicos” 71 . Pese a lo cual, había sostenido que la conquista de los derechos políticos era justa, y dado cuenta de los logros obtenidos hasta el momento a nivel municipal y parlamentario, en algunos países 72 . A inicios de 1911, tal visión negativa había desaparecido del discurso de María Jesús Alvarado, y, antes bien, sostenía que en los países en los que las mujeres elegían o eran elegidas, tal ejercicio político repercutía favorablemente sobre su papel maternal, la economía familiar y el matrimonio. En su conferencia en la Sociedad Geográfica, Alvarado sostuvo que el feminismo exigía “que se le otorguen [a la mujer] los derechos políticos para intervenir directamente en los destinos nacionales, como miembro inteligente y apto que es del Estado” 73 . Se trata de una postura muy vanguardista de María Jesús Alvarado, pues el sufragismo era objeto de severas críticas, y ningún país había aprobado aún el derecho de las mujeres al sufragio para los cargos del poder ejecutivo.

La conferencia de María Jesús Alvarado tuvo una recepción excepcional, así entre el público asistente –de acuerdo a Castorino, la escritora Angélica Palma le dijo a María Jesús Alvarado que por fin había surgido la mujer que las liberaría de la oprobiosa subordinación– como en la elo- giosa cobertura de la prensa 74 . Contribuyó a tal recepción, el que María Jesús Alvarado fuese una educadora moderna y periodista que ya contaba con prestigio intelectual, además de alumna de la Facultad de Letras que sustentaba la idea de igualdad jurídica entre los sexos en autoridades como los filósofos Condorcet y Mill, y que colocaba a la función maternal de la mujer al centro de la propuesta feminista, aunque iba más allá de aquella. El episodio marcó un hito en la histo- ria de las reivindicaciones femeninas en el país.

Feminismo en diálogo con planteamientos contemporáneos

En la visión de María Jesús Alvarado acerca de la igualdad de derechos legales entre ambos sexos, se reconoce la influencia de dos filósofos, el marqués de Condorcet y John Stuart Mill:

“Condorcet y Stuart Mill condenan la preeminencia del varón y abogan por la igualdad de los sexos” 75 . Una cita de Condorcet encabeza la ponencia de Alvarado al congreso de Buenos Aires, señalando como uno de los mayores progresos de la humanidad, a la destrucción de los prejui-

71 Alvarado, “Feminismo”, p. 292.

72 Alvarado dio cuenta, en 1910, de los países en donde las mujeres habían obtenido el derecho a votar en elecciones municipales, a ser elegidas alcaldesas y concejalas, a ser parlamentarias, y a ejercer cargos públicos. Ibid, p. 290.

73 Alvarado, “El feminismo: conferencia leída…”, p. 8.

74 La conferencia fue anunciada, extractada y comentada por El Comercio, La Prensa y La Ilustración Peruana, y su texto completo fue insertado en El Diario, la Revista de Ciencia, El Sur (Arequipa) y Vida Nueva (Caracas). 75 Alvarado, “El feminismo: conferencia leída…”, p.7.

cios que habían establecido una desigualdad de derechos entre los dos sexos, cuyo origen era el abuso de la fuerza 76 . Este filósofo influyó, asimismo, en la visión de Alvarado sobre la necesidad de educar a la población para librarse de los prejuicios.

Mill se había manifestado a favor de la igualdad para la mujer, señalando que la subordinación legal de la mujer al hombre, era injusta y uno de los principales obstáculos para el progreso, por lo que no debía admitirse el poder para un sexo y la incapacidad para el otro 77 . Consideraba tal subordinación como resultado de la cultura, y advirtió sobre lo nefasto de mantener el despotis- mo del hombre en la familia, pues esta debía ser escuela de libertad. Mill sostuvo que las mujeres debían ser educadas, tener la capacidad de ganar dinero, seguir su vocación sin descuidar sus labores domésticas, y que debían ser admitidas a “todas las funciones y ocupaciones reservadas hasta el presente, como monopolio, al sexo fuerte…” 78 , especificando que se refería al derecho a elegir y a ser elegida para ocupar cargos de responsabilidad pública.

La concepción sobre de la subordinación femenina, el rechazo a la tutela doméstica y la servi- dumbre, la necesidad de que la casada tuviese derechos civiles, además de la justicia de que las mujeres en general accediesen a la igualdad legal en lo civil y lo político, fueron ideas de Mill que María Jesús Alvarado incorporó en su propuesta feminista. En su conferencia en la Sociedad Geográfica, Alvarado lo parafraseó sobre cuán ofensivo era para la mujer que, a pesar de su pro- bado patriotismo, “se le niegan los derechos políticos, se le prohíbe la intervención directa en los asuntos nacionales (…), se le concede el voto al más ignorante, venal y pervertido patán, y se le niega á la mujer ilustrada, proba y honrada” 79 .

El aspecto maternalista del feminismo de María Jesús Alvarado, se nutrió de Rousseau, que le asignaba a la mujer el espacio de lo doméstico; del higienismo 80 , que encargaba a la madre la protección de la salud de sus hijos; del positivismo de Comte, que proponía un “ángel del hogar” ilustrado y moral; de las ideas de Spencer sobre educación intelectual, moral y física de la mujer.

76 Alvarado, “Feminismo”, p. 286. La cita de Condorcet pertenece a “Esbozo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano”

(1793).

77 John Stuart Mill, “La esclavitud de la mujer”, en John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill, Ensayos sobre la igualdad sexual. Madrid: A. Machado Libros, [1869]2000, p. 145.

78 Ibid, p. 200. 79 Alvarado, “El feminismo: conferencia leída…”, p. 12.

80 El higienismo es un discurso laico, que enuncia desde la ley natural. Aparece con la Ilustración y recomienda formas de conservación de la salud y prevención de enfermedades; busca la salubridad pública y el control de la mortalidad infantil. En Latinoamérica, el lugar central que fue logrando la ciencia positivista a fines del XIX e inicios del XX, dio lugar a un discurso higienista público y a políticas sani- tarias destinadas a enfrentar a lo que se denominaba “enfermedades sociales” (alcoholismo, prostitución, enfermedades venéreas), que enfermaban y “degeneraban” a la población.

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

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Alvarado citó a Spencer en este ultimo sentido: “Ignorante la mujer de las leyes de la vida y de los fenómenos del alma, sin saber cosa alguna sobre la naturaleza de las emociones morales, ni sobre las causas de los desórdenes físicos, su intervención sobre la educación del niño, es con frecuencia más desastrosa de lo que podría serlo su inacción absoluta” 81 . Se trataba de una ma- ternidad moderna y vanguardista:

“Siendo la primera y más noble misión de la mujer la de la maternidad, no en el restringido sentido meramente fisiológico, sino en su augusto rol de educadora; de forjadora de la moral doméstica y social, es nuestra íntima convicción y la sostendremos en todos nuestros actos, que la base de la cultura de la mujer debe ser la enseñanza amplia, metódica y científica de la Economía Doméstica: consciente la mujer de sus trascendentales deberes para con la familia; apta para cumplirlos; penetrada de la importancia de la Higiene y de la Puericultura para la salud del niño y el perfeccionamiento de la raza…” 82 .

En 1915, Alvarado sostuvo que “toda mujer es la madre natural de todo niño” 83 , adoptando así uno de los principales acuerdos del Congreso Femenino de Buenos Aires 84 . De esta maternidad en sentido amplio, se derivaba el compromiso de las mujeres con la regeneración moral y cuida- do por la infancia desvalida, idea que se encuentra en la base del proyecto de la Escuela “Moral y Trabajo”.

La asociación feminista “Evolución Femenina”

Trabajar fuera de casa, en medio de un espacio público particularmente contaminado, era una experiencia socialmente peligrosa. Las asociaciones de mujeres actuaban precisamente para hacer de este hecho algo menos riesgoso; buscaban fortalecer a las mujeres en su incursión la- boral, e intentaban hacer de esto un hecho honorable. La instrucción femenina era una suerte de recurso dignificante. Además, asociarse era una forma de darle valor a la práctica laboral y de rebajarle algo de ese carácter deshonroso que el trabajo femenino guardaba. No solo eso, sino el empeño de convertir en una fuente de prestigio lo que hasta ese momento era una actividad de-

81 Alvarado, “El feminismo: conferencia leída…”, p. 15.

82 María Jesús Alvarado, “Exposición de principios, por la señorita María Jesús Alvarado, en la sesión inaugural de la asociación `Evolución Femenina´, celebrada el 21 de febrero de 1914”, en Exposición de principios. Estatutos. Lima: Imp. Peruana de E. Z. Casanova, 1914,

p.6.

83 María Jesús Alvarado, “La economía doméstica y la Puericultura en la educación familia”, en Álbum 1: El Comercio, 20 de marzo de 1915, pp. 96-97.

84 El Congreso Femenino Internacional declaró que “toda mujer es la madre natural de todo niño”. Primer Congreso Femenino, Buenos Aires 1910. Historia, Actas y Trabajos, p. 241.

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nigrante, y en el caso de las mujeres virtualmente inmoral. Asociarse, por último, era una forma de disminuir la vulnerabilidad femenina en el errático y masculino espacio público.

El ingreso de las mujeres a terrenos públicos como la educación y el trabajo exigía la modifica- ción de ciertas normas de comportamiento, de hombres tanto como de mujeres. Para las educa- doras, lo público significaba una redefinición de las relaciones de poder y las formas de control. La cuestión de la sexualidad es aquí especialmente relevante. Los controles familiares, paternos, no funcionaban más en cuanto a presencia física y ojo que escrutina. El peligro potencial en los espacios sociales que se inauguraban era grande. Todo estaba en manos de las mujeres. Esto suponía la interiorización de ese control familiar, la conversión de éste en autoregulación. Simul- táneamente, las reglas de juego en la casa debían volverse a establecer, aunque bajo distintas for- mulaciones. Las mujeres que como María Jesús Alvarado se comprometieron en la tarea de forjar la educación femenina lo sabían, percibían el peligro, y se refirieron a ello de manera explícita. Sentían que dotar a las mujeres de instrucción era una forma de disminuir la peligrosidad de los espacios públicos, del centro laboral o de las calles en general. No obstante, en la medida en que la incursión femenina en la esfera educativa iba de la mano de una necesaria transformación de los espacios públicos, las propuestas culturales de las mujeres de la época estuvieron marcadas por un moralismo acentuado.

María Jesús Alvarado formó una asociación feminista al encontrar apoyo a su propuesta de im-

pulsar una campaña feminista en algunos intelectuales modernos y, particularmente, en mujeres de mentalidad progresista: “con motivo de la propaganda feminista á que dedico parte de mi labor intelectual, he descubierto entusiasmos y conquistado adhesiones suficientes para orga- nizar una asociación feminista: la tenemos ya en gestación y el año próximo surgirá á la vida pública actuando en pro de la mujer” 85 . De esa manera en 1914 fundó “Evolución Femenina”, señalando que “las semillas habían germinado, que el ambiente era propicio, que había vibrado

la hora solemne del trabajo de progreso social de la mujer peruana” 86 . En “Evolución Femenina”,

Alvarado reunió, por primera vez en la historia femenina del país, a un grupo de mujeres en una

institución, con el objetivo de “la difusión de la cultura y de ideales ennoblecedores y altruistas,

y la defensa de los verdaderos y bien entendidos intereses y derechos de la mujer en todas las

clases sociales” 87 . María Jesús Alvarado fue la Presidenta, la secretaria fue Miguelina Acosta Cár-

85 María Jesús Alvarado, “El feminismo en el Perú”, en Álbum 1: El Comercio (Lima), 27 de octubre de 1913, p. 81.

86 Alvarado, “Exposición de principios…”, p. 3. 87 Ibid.

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María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

denas, y el Cuerpo Consultivo estuvo integrado por mujeres de reconocida trayectoria social y/o intelectual: Juana Alarco de Dammert, Teresa González de Fanning y Dora Mayer. Las socias fun- dadoras fueron 77, y se admitió a 8 socios cooperadores. Alvarado señaló que desde “Evolución Femenina”, la intelectualidad femenina nacional actuaría para promover una reforma educativa conveniente y para eliminar los “prejuicios atávicos del medio, impulsando la evolución de la mujer hacia el desenvolvimiento completo de su personalidad psico-física y social, para que pueda ejercer la misión que le acuerda la civilización moderna” 88 . Defenderían el principio “de que si la mujer tiene el deber de trabajar y contribuir a la renta pública, debe gozar como conse- cuencia lógica y justa de las mismas facilidades, ventajas y derechos que el varón en igualdad de aptitudes y de esfuerzo desplegado” 89 . Estudiarían el Código Civil y todas las leyes que atañían a la mujer, y harían propaganda hasta conseguir modificar las que la perjudicaban, o entrañaban inmoralidad e injusticia, así como las “que privan a la mujer casada de administrar y disponer de sus bienes; la que impide que la mujer consiga para sus hijos naturales, los derechos civiles de tales, si el padre se niega a reconocerlos… 90 .

“Evolución Femenina” desplegó en los siguientes diez años una serie de campañas destinadas no sólo a la reivindicación de los derechos ciudadanos de las mujeres, sino a civilizar el com- portamiento público, y a la transformación del orden doméstico. Una de las primeras actividades fue continuar con las gestiones realizadas por Alvarado ante los representantes nacionales, para conseguir que el Congreso aprobase el ingreso de las mujeres a las Sociedades de Beneficencia Pública. La ley fue aprobada en 1915 en la Cámara de Diputados y en 1922 en la Cámara de Senadores, con lo que “la mujer peruana obtuvo su primer derecho: el derecho de hacer el bien en las instituciones oficiales” 91 .

Una de las actividades centrales de “Evolución Femenina”, y a la que se dirigió la energía de María Jesús Alvarado durante diez años, fue la Escuela “Moral y Trabajo”, fundada en 1915 para la “educación y protección de la juventud femenina proletaria”. Esta escuela nace del especial interés de Alvarado en capacitar a adolescentes sin recursos, en ser esposas y madres capaces y morales, así como en actividades que les reportasen ingresos. En un primer momento, funcionó en el local de una escuela dominical pública. Luego se instalaría en un local independiente. Esta escuela acogería a “Huérfanas en temprana edad o teniendo madres sin moral, sin previsión y

88 Ibid.

89 Ibid, p. 5.

90 Ibid.

91 María Jesús Alvarado, “Los derechos políticos de la mujer”, en Álbum 3: El Pueblo. Arequipa, 12 setiembre 1953, p. 100.

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sin ternura, son lanzadas al arroyo por la explotación más vil, las imperiosas necesidades de la lucha por la existencia o por ambas causas a la vez” 92 . A la sociedad le competía la responsa- bilidad de la conducta moral de las jóvenes que se despeñaban por los abismos del vicio ante el desprecio de las mujeres y la lascivia de los hombres. Una educación apropiada, es decir un deber público, era la manera de “proteger y moralizar a las golfas desvalidas y arrancarlas del vicio convirtiéndolas en seres útiles y dignos” 93 . María Jesús Alvarado pensaba que instituciones como “Moral y Trabajo”, además de tener un efecto sobre las jóvenes que protegía, podían im- pactar en el comportamiento masculino: “se salvará a centenares de jóvenes y se corregirán las relajadas costumbres de ciertos hombres, al saber a la mujer protegida por institución seria” 94 . La propuesta de la escuela tenía una notable incidencia en la forma de trato: en las reuniones semanales, se procuraría conquistar la confianza y el cariño de las niñas con un trato benévolo y afectuoso” 95 . Además, se descartaron los métodos memorísticos, la abstracción y la severidad, “procurando desarrollar un ambiente de afecto y de libertad a la personalidad psicofísica de las educandas” 96 . El afecto se convertía en un mecanismo civilizatorio. “Moral y Trabajo” propor- cionó enseñanza útil a las jóvenes que se inscribieron, como clases prácticas de fabricación de alpargatas, cestos de paja, repostería y tipografía. Acorde con el higienismo, se las preparó para la “maternidad consciente, para la defensa del bebé de los peligros en los primeros meses de vida, y para ir formando en él buenos hábitos y principios morales” y se dictaron, por primera vez en el país, los cursos de Puericultura y Ciencias Domésticas. La Escuela “Moral y Trabajo” fue declarada de “utilidad pública” por el Congreso 97 .

En representación de “Evolución Femenina”, María Jesús Alvarado se solidarizó con las protestas contra la situación económica causada por el “capitalismo opresor”. En 1916 condenó la ma- sacre de huelguistas de Huacho, señalando que era la primera vez que las mujeres participaban en una huelga, y cuestionando el accionar de la fuerza pública, cuando las autoridades debían entender este nuevo fenómeno económico y social y buscar soluciones justas. Por ese entonces, también, se iniciaba la participación de las obreras en los debates públicos y en la prensa obre-

92 María Jesús Alvarado, “Salvemos a las golfas”, en Álbum 2: El Comercio (Lima), 15 de abril de 1915, pp. 45-46.

93 Ibid, p. 45.

94 María Jesús Alvarado, Preservación moral de la juventud femenina. Reformas legislativas que se imponen. Llamamiento a las personas altruistas”, en Álbum 2: El Comercio, 13 de agosto de 1917, p. 145.

95

Ibid.

96 María Jesús Alvarado, “Orientaciones de la Escuela Moral y Trabajo”, en Álbum 2: La Crónica, 4 de abril de 1919, p. 170.

97 Dora Córdova (comp.), Una mujer extraordinaria, María J. Alvarado Rivera. Síntesis de su Cruzada Social por los Derechos de la Mujer, del Niño y de todos los oprimidos. Lima, 1969, p. 112. El Congreso le asignó un subsidio anual, que sólo percibió el primer año.

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María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

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ra anarquista, espacios desde donde se analizaba la problemática femenina y se llamaba a las mujeres a la movilización. En 1919, durante la crisis económica posterior a la Primera Guerra Mundial, integrantes de “Evolución Femenina” –María Jesús Alvarado, Dora Mayer, Miguelina Acosta– y numerosas obreras participaron de la organización del “Meeting del Hambre Feme- nino”, propuesto por Zoila Aurora Cáceres. Lideradas por Acosta, marcharon juntas feministas, anarquistas y numerosas mujeres del pueblo, proclamando la solidaridad entre mujeres intelec- tuales y obreras. Se produjo la represión armada, resultando heridas varias mujeres. Al respecto escribió María Jesús Alvarado:

“En nombre de la cultura y de la democracia; en nombre de la mujer peruana, `Evolución Fe-

) que ejercían

el lejítimo (sic) derecho de defender su subsistencia y su hogar contra la explotación inicua del Capitalismo y la indolente tolerancia del gobierno” 98 .

De 1920 a 1922, encontramos a María Jesús Alvarado dando conferencias a obreros como parte de la campaña antialcohólica organizada por la “Sociedad Nacional de Temperan- cia”, de la que era segunda vicepresidenta. 1923 fue un año central en su trabajo público por los derechos de las mujeres peruanas. Aprovechando la formación de una Comisión reformadora del Código Civil de 1852, “Evolución Femenina” le envió un memorial solicitando que se contem- plara el reconocimiento, en el nuevo código, de los derechos civiles femeninos y los derechos de los hijos naturales 99 . El documento sostenía que la nueva modalidad de vida le había impuesto a la mujer el trabajo en talleres, fábricas, oficinas y en las profesiones liberales, “ganando para ella y su familia, y contribuyendo a la riqueza pública”, por lo cual debía declararse su absoluta capacidad civil. Dicho proyecto de reforma sería aprobado y promulgado en el Código Civil de 1936. En 1923, “Evolución Femenina” abordó el tema del sufragio, al preparar la llegada a Lima de la connotada sufragista norteamericana Carrie Chapman Catt, quien dio conferencias junto con María Jesús Alvarado en la Universidad Mayor de San Marcos. Por gestión de la segunda, la sufragista fundó el Consejo Nacional de Mujeres del Perú, institución que se orientó funda-

menina´ protesta del bárbaro atropello cometido ayer en mujeres indefensas (

98 María Jesús Alvarado, “El comicio femenino de ayer”, en Álbum 2: La Crónica, 28 mayo 1919, p. 179.

99 Labor de Evolución Femenina. Reivindicación Civil de la mujer i derechos del niño. Lima: Cusco 658 [Tip. de Evolución Femenina], 1923. Es probable que la abogada Miguelina Acosta haya colaborado con Alvarado en la preparación del memorial, pues en 1920 había presentado su tesis doctoral sobre las reformas necesarias en el Código Civil para conseguir la igualdad civil y jurídica entre hombres y mujeres. Entre las 135 mujeres que suscribieron el memorial, se encontraban la pintora Julia Codesido; la primera mujer odontóloga, Ana S. de MacSorley; Antonia Basagoytia, fundadora de un instituto profesional para señoritas; Adriana Verneuil, viuda de González Prada; la sufragista norteamericana Carrie Chapman Catt, Rosa Dominga Pérez Liendo, además de Alvarado y Acosta.

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mentalmente hacia la consecución del voto para la mujer. Alvarado no aceptó la presidencia, asumiendo, en su lugar, la secretaría.

Ese año, 1923, Alvarado dio apoyo a delegaciones indígenas llegadas a Lima, que demandaban se pusiese fin a las masivas usurpaciones de sus tierras que se estaban produciendo por obra de los gamonales de la sierra sur. Activa en el “saneamiento del medio social”, la asociación “Evo- lución Femenina” lanzó la iniciativa, a instancias del doctor norteamericano Paul Barnhart, de fundar la Liga Nacional de Higiene y Profilaxia Social, cuyo objetivo era “combatir las plagas sociales y fomentar la eugenización de la raza” 100 .

Cocina para la práctica del Curso de Alimentación Racional.

para la práctica del Curso de Alimentación Racional. 1 0 0 “Estatutos y Reglamento. Liga Nacional

100 “Estatutos y Reglamento. Liga Nacional de Higiene y Profilaxia Social”. Lima: Lib. e Imp. E. Moreno, 1924.

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María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

Las apuestas por la secularización

Entre los debates contemporáneos que motivaron las reflexiones y las acciones de María Jesús Al- varado estuvieron aquellos propiciados por la tensiones entre los que defendieron las prerrogati- vas de las Iglesia católica y los que reclamaron la libertad religiosa, de cultos y las libertades que restringía la moral religiosa y el derecho canónico. Anarquistas, médicos, educadoras y escritoras retomaron la crítica anticlerical desplegada en el Perú decimonónico y afinaron sus argumentos, poniendo en cuestión actitudes y regulaciones propias de regímenes tradicionales y jerarquiza- dos. La medicina había ganado reconocimiento y los preceptos de la biología inspiraban cada vez más las explicaciones del comportamiento humano y del funcionamiento de la sociedad, quitándoles peso, en principio, a las teológicas y providenciales. Esta tendencia secularizadora se expresó también en que los médicos ocuparon cada vez más cargos en la administración del Estado, y fueron aunque tímidamente, destituyendo la lógica eclesiástica. La salud en general

y la sobrevivencia de los infantes en particular, se convertía en una meta de las naciones que

querían abandonar la llamada barbarie y que aspiraban al progreso. Así, el higienismo, doctrina propia de la ilustración y emparentada con la fundación de las naciones, fortalecía la capacidad persuasiva de aquellos que pretendían cambiar el orden social, entre los cuales se encontraban las mujeres vanguardistas, y María Jesús Alvarado era una de ellas.

Las naciones podían alcanzar la riqueza y el bienestar si lograban frenar la mortalidad infantil. Los mandatos religiosos no estaban, según muchos de los higienistas, a la altura; no ofrecían argumentos consistentes para las mejores uniones conyugales ni para la óptima crianza. Las mu- jeres pertenecientes a las órdenes religiosas, según algunos médicos no estaban dotadas de los

conocimientos requeridos para hacerse cargo de los hospitales, y criticaron la presencia de este grupo de la Iglesia católica en los lugares dedicados a velar por la salud de los enfermos, a cuidar

el cuerpo y el alma de los habitantes de la patria. Exigían, además, que los permisos matrimonia-

les debían convertirse en certificados de salud. Los anarquistas también señalaron los preceptos eclesiásticos como propios de un orden burgués y convencional que inhibía la libertad. Mujeres como Mercedes Cabello y Teresa González de Fanning, por su parte, en el cambio de siglo se encargaron de señalar las limitaciones que tenían las congregaciones femeninas para formar mujeres cuyas actitudes dignificaran a la patria. Las religiosas fueron declaradas incompetentes en varios sentidos por estas vanguardistas y por otras. Sus intereses eran particulares, porque per- tenecían a una corporación que era la Iglesia, y éstos podían estar reñidos con los de la nación; además, las monjas habían renunciado a la maternidad, lo que las excluía de los conocimientos

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que esta tarea demandaba; se encargaban de marcar las diferencias de clase y descuidaban la hi- giene y el conocimiento del cuerpo y del psiquismo. No promovían la formación que dotara a las mujeres de las habilidades necesarias para el trabajo y más bien alentaban su subordinación.

Tanto Miguelina Acosta como Dora Mayer habían acompañado a María Jesús Alvarado por lo menos desde 1914 en la fundación de “Evolución Femenina”. La fundación de colectivos feme- ninos y mixtos en la segunda década del siglo XX estuvo ligada a la escritura como experiencia de la modernidad. María Jesús Alvarado, por ejemplo, encontró una tribuna abierta en La Crítica, publicación periódica que dirigían Dora Mayer y Miguelina Acosta. Allí publicó Alvarado su defensa del divorcio y del matrimonio civil en 1918, que habla no solo de los vínculos que las ideólogas vanguardistas de la época iban fundando a través de la palabra escrita, sino de cómo sus posturas fueron contrastando cada vez más con las de la Iglesia católica y con las de los sec- tores clericales de la sociedad peruana, cuyos planteamientos sobre los vínculos entre hombres y mujeres y la moral sexual coincidían con los del derecho canónico. El clero y sus émulos laicos cuestionaban la capacidad de las autoridades locales y seculares para dar al matrimonio un es- tatus respetable y digno; ese fue uno de los argumentos para denostar de la unión civil. La vida sexual de la pareja no podía ser regulada por otra cosa que no fuera la ley divina. A ello alguien como María Jesús Alvarado le opuso la retórica del amor y la libertad. Hombres y mujeres no podían permanecer unidos contra su voluntad. Y el amor en las mujeres podía experimentarse con la garantía de la emancipación; íntimamente ligada a la educación. El divorcio era una reivindicación fundamental para María Jesús Alvarado, y el derecho canónico que había sido retomado de modo virtualmente textual por el código civil de 1852, sostenía que el matrimonio era indisoluble.

Amor, matrimonio y divorcio

El matrimonio de conveniencia frente a la opción amorosa

El cuestionamiento del matrimonio arreglado de María Jesús Alvarado se inscribe, por un lado, en su programa político, en su propuesta orgánica frente a la sociedad cortesana y jerárquica de la época que iba desde la emancipación de las mujeres hasta la transformación del estado y sus regulaciones. Por otro lado, los arreglos matrimoniales erizaron la sensibilidad de las vanguardis- tas, incluso antes de la guerra con Chile. Teresa González de Fanning, Clorinda Matto de Turner,

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Mercedes Cabello vieron en este mecanismo tradicional un atentado no solo contra las mujeres sino contra la patria. Al hacerlo, ponían en debate uno de los pilares más sólidos del orden social y de la cultura patriarcal. Y esto afectaba a todos los grupos sociales, cuyos intereses domésticos prevalecían en contraste con los sentimientos más personales. El matrimonio convenido, o la prostitución legalizada 101 , satisfacía los intereses familiares, y no respondía a sentimientos recí- procos.

María Jesús Alvarado retomó esas reivindicaciones y las instaló en una propuesta política inte- gral, que suponía la libertad de las mujeres. Sostenía que la sociedad conyugal se embellecía con la “afectividad dulce”, con la “asistencia solícita”. La ciega animalidad del instinto reproductivo se ennoblecía con la “inteligencia comprensiva”. Definido el matrimonio así, su condición pri- mordial era la voluntad libre de los contrayentes. Cuando imperaba el dominio del más fuerte, el despotismo, este principio se quebraba. Como otras mujeres, médicos, políticos y profesionales liberales, Alvarado señaló la obsolescencia del Código Civil.

La siguiente es una descripción de María Jesús Alvarado del contenido de ese canon de 1852:

“la mujer aparece sometida a la autoridad del marido, despojada de la capacidad jurídica que goza de soltera queda considerada en la condición de los menores, los locos i los fatuos. Debe obediencia al esposo, habitar donde él tenga por conveniente, entregarle la administración de sus bienes, i soportar que disponga de los gananciales aun cuando ella contribuya a su adqui- sición con su esforzado trabajo, como ocurre a menudo. En cambio, la mujer no puede eje- cutar ningún acto civil, no tiene facultad para vender sus propios bienes, ni aun para comprar otros, sin el consentimiento del marido. Le debe eterna fidelidad i en caso de infracción, el marido puede matarla autorizado por la ley que le absuelve; pero ella está obligada a soportar las infidelidades diarias, el maltrato y hasta los golpes, sin apartarse jamás del hogar conyugal, pues en caso de hacerlo el marido puede pedir el depósito de la mujer, i ésta someterse a tan depresiva condición o perder el derecho a la pensión alimenticia” 102 .

La educación escolar y universitaria y las actividades laborales, según María Jesús Alvarado, hacían a la mujer libre, la dignificaban y refinaban sus sentimientos; en su visión puritana, esto último quería decir que le quitaban lo animalesco del instinto 103 . La mujer moderna ama y vive

101 Este término tuvo un uso extenso en la época; se remonta a autores como Max Nordau, y en el Perú fue utilizado por Manuel González Prada.

102 María Jesús Alvarado, Amor, matrimonio y divorcio. Lima: Tipografía de Evolución Femenina, 1922, p. 17. 103 Ibid.

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la libertad. Además: “por las nuevas modalidades que impone la vida moderna, la organización actual del matrimonio es anacrónica, absurda, perjudicial fuente de graves conflictos domésticos que proyectan funestas consecuencias a la moral social”. En todo caso, el matrimonio también domestica al hombre 104 . Una sociedad conyugal planteada según los criterios de ese código, es decir de la indisolubilidad del vínculo conyugal dado su carácter sacramental, fue vista por la feminista como contraria a la configuración de un yo moderno. Un matrimonio perpetuo podía hacer poco cuando el hombre, despojado del barniz de la educación en la confianza doméstica se mostrara “brusco, grosero, imperioso; (y) pretende hacer de la mujer sólo un objeto de placer i una esclava humilde” 105 .

Los comentarios de María Alvarado remiten a la sensibilidad de su época, a una manera de observar y sentir diferente. Los matrimonios desgraciados aumentan en la vida contemporánea, afirma la autora. Esta observación tiene dos sentidos. Uno, el de la mirada de la vanguardista, que detecta que un tipo determinado de vínculo está reñido con las utopías de la época a pro- pósito de la felicidad. El otro sentido tiene que ver con las nuevas expectativas que aparecían en los horizontes vitales. Era una manera de relacionarse y de sentir las emociones la que entraba en desuso. Se trataba de construir opciones morales.

María Jesús Alvarado fue más allá todavía. No se trataba sólo de librarse de conductas masculinas brutales o de combatir la frivolidad femenina. La incompatibildad de caracteres era un motivo suficiente para apelar al divorcio. Y estar juntos sin cualidades afines era inmoral. El divorcio, contrariamente a lo que sostenían en ese mismo momento sus opositores, era según Alvarado garantía de moralidad y no fuente de corrupción. En igual contraste con los católicos amenaza- dos por la eventual aprobación de la ley del divorcio, pensaba que el matrimonio mal avenido era el que promovía el adulterio, que era más bien el corolario final de la indisolubilidad del vínculo conyugal 106 . María Alvarado había llegado a la conclusión de que la monogamia era un invento. Moralistas austeros y ardientes fanáticos del matrimonio indisoluble debían reconocer que el amor único no era más que una convención de la civilización, y que incluso la ley tenía dificultades para imponer la monogamia. Ésta sólo respondía a los grandes amores o a los tem- peramentos castos de algunos.

104 Ibid, p. 18.

105 Ibid.

106 Ibid, pp. 19-20.

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María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

Para una mujer como Alvarado, preservar un matrimonio sin amor era propio de gente vulgar. Aquí hay algo fascinante y dice de los criterios de distinción que emergían de la fragua de la modernidad. Insertemos esta idea en una sociedad donde buena parte de las jerarquías sociales se apoyaba en las formas de ejercer la sexualidad y que tales formas implicaban una particular- mente baja tasa de nupcialidad, sobre todo entre las clases sociales con menos prestigio, y el acceso sexual de los hombres de mayor estatus a mujeres de los grupos subalternos. Es decir, en una sociedad donde el prestigio se definía en la posibilidad de acceder a la conyugalidad for- mal. El refinamiento emocional, entonces, tendría que convertirse en un valor dominante. Qui- zás María Alvarado no podía figurarse –o sí– cuánta inversión en educación pública femenina y masculina laica demandaba ese proyecto, ni cuán refractaria podía ser la configuración social a una propuesta como esa que demandaba un grado de igualdad, una erosión de las jerarquías, que probablemente muy pocos estaban dispuestos a probar. Qué tanto pensó Alvarado en que muchos más bien prefirieron “resignarse a la fidelidad obligada, a la mera función biológica, a las egoístas convenciones sociales”, al amor extinguido, a la esclavitud odiosa 107 .

La cultura emocional, el divorcio y su postura anticlerical

Los seres cultos, según Alvarado, se amaban de otra manera. Para ellos, el sentimiento amoroso tenía que ser

“noble i puro fundado en la simpatía psíquica, la similitud intelectual, la apreciación recíproca de bellas cualidades, la comunidad de aspiraciones, que tenga por principales objetivos los go- ces elevados del idealismo i por modalidad la ternura delicada, el compañerismo bondadoso, la solicitud exquisita, la dulcísima amistad , dando a la lei genésica únicamente el rol que por naturaleza le corresponde: el de la conservación de la especie dentro del límite de la higiene y la razón, sin sacrificar jamás a esta lei la salud de la mujer ni la de los mismos hijos, víctima muchas veces del erróneo concepto del matrimonio, por el que se cree el hombre autorizado al vicio aniquilando a la esposa con una maternidad excesiva i degenerando la prole” 108 .

Este conjunto de imágenes constituye una propuesta política que expresa, a pesar de su aparente radicalismo y austeridad, las corrientes que estaban emergiendo en esa coyuntua en la ciudad.

107

Ibid, p. 19. 108 Ibid, p. 7.

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El cuestionamiento de los vínculos jerárquicos entre hombres y mujeres por un lado, y las nue- vas ideas sobre la maternidad y la salud difundidas por la prédica higienista, por otro, creaban una atmósfera propicia a sensibilidades de esta naturaleza. Ni bestia de carga envilecida ni odalisca voluptuosa. Todos estos ideales se forjaban “en medio de la compleja e intensa vida moderna” 109 .

Lo importante para la educadora feminista tampoco era la ley, sino el tipo de vínculos y de sen- timientos “el afecto recíproco”. Y si había algo que estaba en franca confrontación con la moral de la servidumbre era la reciprocidad, sobre todo la sentimental, aquella basada en la estima y los méritos personales. Con los postulados que publicaba María Alvarado se atacaba uno de los cimientos más afianzados de la sociedad jerárquica y aristocrática. Se ve en su ideología cómo la autonomía femenina pasaba por una modificación de las estructuras de la relación; de allí su énfasis en la necesidad de cambiar los términos del intercambio amoroso. Las ideas de esti- ma, respeto y consideración demandaban sujetos libres, individuos conectados con sus propios sentimientos. Lo otro era barbarie, embrutecimiento, era también el instinto suelto, vulgar. Los sentimientos a cultivar en un vínculo libre e igualitario, como los que analizaba María Alvarado, son parte de esa educación de los sentidos que forma la cultura burguesa, y que finalmente van a constituir ese arsenal de estrategias que pretenden darle sentido, sensualizar la “monótona exis- tencia” de lo que también está hecha la modernidad, sobre todo esa parte de aquella encerrada en la casa/hogar.

Así como el clero y los clericales encontraron en la tradición argumentos para cuestionar la validez de la ley del divorcio, María Alvarado también rebuscó en el pasado evidencias para lo inverso. Sostuvo que en el pueblo judío existió siempre el divorcio y Jesús lo ratificó según el versículo 15 del capítulo 7 del libro de los Corintios: “Pero si el infiel se aparte, apártese: no es el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso”. Si una cultura como aquella había aceptado la disolubilidad en caso de infidelidad, por qué en la actual, preguntaba María Jesús Alvarado, no se podía devolver la libertad a los cónyuges cuando así lo deseaban, “antes de mancharse con el perjuro i la traición, o seguir la farsa de un amor que ya no sienten” 110 . A ese insumo para el debate la educadora feminista le sumó otro. Esta vez, en un tono que por mo- mentos rozaba la ironía, refirió el hecho de que la Iglesia tenía como parte de su historia haber

109

Ibid, p. 9. 110 Ibid, p. 21.

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aceptado el divorcio y disuelto matrimonios. La diferencia entre lo que hacía la Iglesia y la ley del Estado era sólo de nombre; la disolución civil se llamaba divorcio y la católica nulidad. Se podía agregar otra diferencia: El divorcio civil era accesible a los cónyuges de modesta condición económica, mientras la nulidad religiosa sólo podían alcanzarla “los ricos con grandes donativos para el Tesoro de San Pedro” 111 . Esta feminista, que se revela cada vez más anticlerical, se fue radicalizando en el fragor del debate, al grado de llegar a defender que la voluntad de un solo cónyuge podía ser causal de divorcio 112 .

El debate público sobre las leyes que podían modificar la forma de ser de hombres y mujeres y, por lo tanto, las relaciones de poder entre ellos, llevó en este periodo a una reflexión sobre los sentimientos. María Alvarado escribió sobre el amor y empezó refiriéndose a los instintos. Decía que el de conservación y el de reproducción eran las dos grandes fuerzas que regían el mundo y mantenían a la especie. El de la reproducción llevaba a hombres y mujeres a establecer relacio- nes sexuales. La evolución perfeccionaría la especie, y el instinto se conviertiría en sentimiento. No obstante, se continúa asignándole a la mujer el rol reproductor, con lo que padres, amos y jefes la entregan en matrimonio. María Alvarado le atribuyó a la sensualidad -vicio grosero e insaciable- hacer a la mujer “mero objeto de placer, generando la prostitución, vergüenza y de- generación de la raza humana”. El hombre arrastró a la mujer al vicio, y por absurda antinomia le habría impuesto “la castidad de soltera, la fidelidad de casada, cubriéndola de oprobio e infirién- dole terribles castigos cuando faltaba a tales prescripciones, seducida por sus mismos halagos, mientras él gozaba de todas las libertades, y se encenegaba en los vicios sin el menor menos- cabo de su honradez, autoridad y reputación”. “Pero la ley evolutiva se cumple no obstante la oposición de los individuos i de las instituciones”, agrega Alvarado 113 . Según su razonamiento, llega a su fin el ejercicio de los derechos patriarcales, sobre todo ese derecho de los hombres de entregar en matrimonio a las mujeres según los intereses y vanidades de las familias. Este proceso estaría acompañado de un progresivo predominio de la “vida psíquica sobre la fisiológica” con “una nueva faz del amor” 114 .

Los obstáculos que encontraba en la indisolubilidad del vínculo conyugal la utopía romántica de María Alvarado tenían un agravante, y era el falso concepto del matrimonio existente en la

111 Ibid.

112 Ibid, p. 22.

113 Ibid, p. 5.

114 Ibid, p. 7.

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sociedad limeña de la época. Este se fundaba en el interés y no en el amor. Una mujer pobre bus- caba en el enlace conyugal su mejoramiento económico, salir de la miseria. Si era rica, prefería como marido un administrador de sus bienes, un compañero de diversiones, en fin, un hombre que aumentara su prestigio. Por su parte, el hombre se casaba por placer, para tener quien lo cuide, por conveniencia social o por acaparar una fortuna. Así interpretaba María Alvarado los sentimientos que orientaban las opciones matrimoniales. Esto tenía una explicación para ella: la familia y el círculo de relaciones eran quienes forjaban el ideal conyugal. Cuando una mujer re- chazaba esos convencionalismos y buscaba la dicha de acuerdo a sus sentimientos amorosos era “anatemizada como loca, como víctima de la impetuosa pasión ciega, que la lleva a proceder contra la sabia razón”. La deslegitimación de las voluntades juveniles con este tipo de argumen- tos, se refiere a una estructura social y familiar donde el padre ha pasado a tener mucho poder y el Estado ha reforzado los poderes privados patriarcales.

En el caso de María Alvarado esta crítica se enmarcaba en un contexto en el que se discutía la ley del divorcio y del matrimonio civil con todo lo que ello implicaba. El amor era una necesidad que en circunstancias como éstas quedaba insatisfecha. La insatisfacción exacerbaba el ánimo

y acumulaba el tedio. Estas apreciaciones suponen una observación psicológica, un sondeo en

la interioridad de los individuos en formación. La búsqueda de una válvula de escape empujaba

a las personas hacia “perniciosas diversiones: la moda, el teatro, los bailes, el juego, el amor

clandestino, el libertinaje oculto”3. Esto deterioraba el clima de la casa y el matrimonio era arrastrado fuera del hogar “dejando a los hijos abandonados a manos mercenarias, a allegados indiferentes i hostiles” 115 . Esta perspectiva iba de la mano con una visión de la época, la que no se distanciaba de otras posiciones que políticamente eran más bien antípodas.

La liberación femenina era prácticamente lo único que podía poner en jaque al matrimonio por conveniencia. A diferencia de lo que la mayoría de la opinión pública pensaba, la liberación de las mujeres no traería la disolución de la familia. Se trataba de cambiar la familia y convertirla en el espacio del amor. Así resultaban demás las odaliscas voluptuosas, las pacientes bestias de carga, las hermosas figuras de salón, las simples reproductoras de la especie. La democracia, los principios de libertad e igualdad y el desarrollo de la educación hacían posible, al mismo tiempo que exigían una esposa que debía ser la mejor amiga y compañera del hombre. Parece que este reclamo lo compartieron disímiles coetáneos. En realidad las mujeres de la ciudad, las

115 Ibid, pp. 13-14.

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María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

ricas y las pobres, siempre desesperaron a los que trataban de construir una propuesta que em- bridara el cuerpo, las pasiones, los instintos de la gente de la ciudad. Las mujeres irritaban a los moralistas.

De acuerdo a María Alvarado, en la ley de divorcio estaban en juego cuestiones importantes como la felicidad y la libertad individual, la moral pública y la privada, así como la selección de la raza, por eso declaró “creemos que la próxima legislatura aprobará la ley que ha sido sancionada ya en la cámara de Senadores” 116 . Es importante señalar que las leyes a favor del matrimonio civil y el divorcio fueron discutidas y aprobadas en las Cámaras de senadores y diputados entre 1918 y 1920. Sin embargo, Augusto Leguía, el presidente del Perú, las vetó. Al mismo tiempo las autoridades eclesiásticas y los sectores clericales organizados, llevaron a las calles a las mujeres de los diferentes colegios de ciudades como Lima y Arequipa, recogieron firmas y se constituyeron en una oposición beligerante que a través del arzobispo Emilio Lisson, del entorno más íntimo de Leguía, consiguieron persuadirlo de la necesidad de que esas leyes aprobadas fueran observadas por éste.

La destrucción de la tipografía de “Evolución Femenina”

El compromiso de María Jesús Alvarado con causas de justicia social la colocó en posición con- testataria y vulnerable frente al gobierno de Leguía, que había devenido en dictatorial y no veía con buenos ojos su actividad social en favor de las demandas sociales. En diciembre de 1924, la imprenta de “Evolución Femenina” que utilizaba en las clases de “Moral y Trabajo”, y donde ha- bía impreso ensayos y el memorial por los derechos civiles, fue atacada a martillazos por agentes oficiales del gobierno de Augusto Leguía. En ello influía indudablemente su actuación pública en la década precedente: la campaña por la educación femenina, la denuncia de la explotación indígena y las reformas legales a favor de la igualdad civil y política de las mujeres. El detonante fue que, como “la prensa estaba amordazada”, Alvarado aceptó imprimir en la tipografía de la Escuela “Moral y Trabajo” manifiestos de los estudiantes y obreros que denunciaban las arbitra- riedades del gobierno, la Ley de Conscripción Vial, el perjuicio que causaban a los campesinos

116 Ibid, p. 22.

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los humos de la Fundición de la Oroya (de la compañía norteamericana Cerro de Pasco Copper Corp.), y otros. María Jesús Alvarado fue encarcelada en la prisión de Santo Tomás, y el atropello fue denunciado en los principales periódicos, por lo que el gobierno optó por amenazarla para que se exiliase. Partió Alvarado hacia Buenos Aires, en donde permanecería por 12 años. Su obligado exilio constituyó un duro golpe para el movimiento feminista.

En la destrucción de la imprenta de María Jesús Alvarado se expresan los amenazados poderes privados, en la medida en que ésta simbolizaba la ampliación de las fronteras de la cultura pública, que supone una redefinición de los poderes patriarcales. Leguía mantenía relaciones especialmente estrechas con la iglesia católica y con los grupos clericales del país, sobre todo con el arzobispo de Lima Emilio Lissón. La destrucción de ese medio de comunicación pone de manifiesto una tensión particular entre la escritura femenina, –que a la larga tenía efectos en la legitimación de la ley, de la palabra escrita laica–, y la palabra eclesiástica, nerviosa siempre con las formulaciones que podían poner en cuestión su monopolio en la regulación de la sexualidad, proveniente de la palabra divina, y su injerencia directa en la organización de la vida pública.

Eventos como éste sugieren la pertinencia de analizar los vínculos entre la palabra escrita y el control de la sexualidad como componentes de un proceso conflictivo de secularización en la sociedad limeña a fines del siglo XIX y principios del XX. María Jesús Alvarado fue sujeto activo de este proceso. Parece importante pensar cómo la normatividad escrita afecta dos procesos, que fueron temas claves en el pensamiento de Alvarado: el desarrollo del Estado y la configuración de la individualidad.

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María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

María Jesús Alvarado Rivera, políticas de autonomía, feminismo y ciudadanía femenina

Fuentes y Bibliografía

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68 Mujer Pallar.Catálogo Divina y Humana la mujer en los Antiguos México y Perú,2006. SEGUNDA PARTE

Mujer Pallar.Catálogo Divina y Humana la mujer en los Antiguos México y Perú,2006.

SEGUNDA PARTE

María Jesús Alvarado. A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

Maritza Villavicencio Fernández.

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María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

MARITZA LILIANA VILLAVICENCIO FERNÁNDEZ Escritora, con estudios de Historia en la PUCP, Técnico en Museografía

MARITZA LILIANA VILLAVICENCIO FERNÁNDEZ

Escritora, con estudios de Historia en la PUCP, Técnico en Museografía por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH México. Ejerce el oficio de Fitomántica.

Sus primeras investigaciones se especializaron en las primeras escritoras y las corrientes políticas femeninas, su libro “Del Silencio a la Palabra: Mujeres peruanas del siglo XIX –XX” (1992) es pro- ducto de tales estudios.

En el año 1997 fundó la Asociación Museo Memoria de la Mujer Peruana. Con apoyo de UNESCO publicó historias breves sobre las mujeres del Tahuantinsuyo y de Comedores Populares. Organizó la exposición “La Mujer en el Antiguo Perú” (2003) en el Museo Nacional de Historia, Arqueología y Antropología del Perú. Es autora y curadora de la Exposición Binacional “Divina y Humana: La Mujer en los antiguos México y Perú”; exhibida en Perú 2004-2005, México 2005, y USA 2006.

En el 2006 estudia la relación de la mujer con la alimentación con el apoyo de la Universidad San Martín de Porres y publica en conjunto con Centro Cultural de España “Seminario Historia de la Cocina Peruana”. En el Tema mujer y patrimonio recientemente publicó “Mujeres Célebres del Centro Histórico de Lima y el Rimac” (2011) con el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán

Ha incorporado el estudio de las prácticas mágicas costeñas, andinas y amazónicas condensadas en sus recientes publicaciones “Perú Mágico” (Centro Cultural de España), “Chaska” (Ed. Norma) y “La Ruta de los Oráculos: Una Guía del Perú Místico” (Apusgraph Ediciones).

Ha dictado conferencias en varios países de América Latina, Europa, África y en USA, sus trabajos están traducidos al inglés, francés, italiano y alemán. Está incluida en Diccionario Biográfico del Perú Contemporáneo de Ed. Milla Batres.

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“…si logran interrumpir mi campaña, otra mujer con principios de justicia y sentimientos humanos, dirá: Fue una causa justa de liberación de nuestro sexo para dignificarnos al conseguir investirnos de la plenitud de los derechos inalienables de la persona humana, y reanudará la lucha”

María Jesús Alvarado Rivera

Cuando fui invitada por la Ministra Aida García Naranjo a formar parte de la Comisión de Ho- menaje a María Jesús Alvarado Rivera, por cumplirse 100 años de su discurso inaugural del fe- minismo en el Perú y encargarme un texto sobre esta pionera de los derechos civiles y políticos de las peruanas, además de sentirme halagada, reflexioné sobre cuál sería la mejor manera de honrarla.

Revisé los textos escritos sobre ella desde 1983 1 hasta hoy, incluyendo los propios. Buena parte de ellos toman citas largas de sus escritos para encomiarlos, pues la mayoría de las autoras son feministas plenamente identificadas con su discurso. Un discurso que se quiere transmitir tex- tualmente para que se reconozca su modernidad y el valor singular de su autora.

Mirar el pasado de una manera militante tiene sus riesgos, pero también los tiene la versión cien- tífica, porque las técnicas y las metodologías de aproximación al pasado se renuevan frecuente- mente, en consecuencia la historia está en permanente reinterpretación. Lo válido, como señala el notable historiador José Antonio del Busto es tratar de “acercarnos más a la verdad histórica, de no temer al fantasma del tiempo, de ordenar nuestro pasado y de no vivir ajenos a él” 2 .

Entonces, siguiendo la línea osada de mi maestro, saludando el esfuerzo intelectual de las femi- nistas por recuperar la memoria de su antecesora, y en especial, con el propósito de “reanudar la lucha” tal como ella aspiraba, propongo una reflexión que vaya del pasado al presente.

Sobre el pasado, me remitiré al período en que María Jesús surge como lideresa política, un rol inédito en la historia peruana como su propio discurso feminista. Sobre el presente, compartiré

1 En la década del ochenta del siglo pasado iniciamos la recuperación de la historia del feminismo peruano. La literatura previa a esta fecha fue analizada en ese momento. 2 Del Busto, José Antonio, Tupac Yupanqui Descubridor de Oceanía. Fondo Editorial del Congreso del Perú 2007. P 145.

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María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

una reflexión sobre la situación de las mujeres en el siglo XXI inspirado en la esencia feminista del pensamiento de María Jesús.

Momentos Biográficos

La biografía de María Jesús puede dividirse de variadas maneras según el enfoque que se dé a su vida. Para la presente reflexión, he dividido su trayectoria en tres grandes momentos, el primero que ocurre durante las tres primeras décadas del siglo XX, que corresponde a la elaboración de su discurso feminista (1911), integra el Comité Directivo de la Asociación Pro Indígena (1913), funda Evolución Femenina (1914), constituye la Escuela Taller Moral y Trabajo (1915), desarrolla su lucha por la incorporación de las mujeres en la Sociedades de Beneficencia Pública (1915- 1922) y por el derecho al sufragio femenino, organiza la Comisión Nacional de Mujeres del Perú (1923) e impulsa el petitorio a la Comisión de Reforma del Código Civil del Perú para que se reconozca la capacidad civil de las mujeres (1923). Esta etapa se cierra con su exilio (1924).

El segundo momento fue cuando regresa de su exilio en Argentina. Desde 1936 hasta promediar

los años de 1950 retoma la actividad pública, pero con un carácter muy diverso al de la primera etapa. Aunque hasta 1945 ella persiste en su afán por conseguir el derecho al voto femenino, su actividad pierde peso político y fuerza ideológica. El Perú de aquellos años, creciendo al ritmo de la sustitución de importaciones, de las refinerías mineras, del desplazamiento demográfico del campo a la ciudad, del empobrecimiento de la población rural, de la acentuación centralista de Lima, que produce una clase media que admira y se refleja en los hábitos modernizantes de la elite criolla urbana y con los partidos políticos reformistas y revolucionarios en la clandestini- dad, así como sus intelectuales y dirigentes perseguidos, configuran un nuevo escenario donde se desdibuja el impacto de las acciones de María Jesús. Sus emprendimientos culturales en el teatro y la radio, como sus actividades de promoción sanitaria, que durante la primera etapa

eran complementarias y estaban articuladas a una propuesta política integral, –orientada por su ideario y programa feminista–, en este período carecen de proyecto político que las englobe. Sin un eje político ordenador no pudo establecer alianzas eficaces, sin un paradigma que ofrecer a las mujeres de los 40 y 50 no le fue posible repetir la convocatoria de antaño. Todo esto sumado

a la ingratitud y oportunismo de quienes plagiaron sus iniciativas y le arrebataron sus victorias.

En estos años se abre la tercera y última etapa de su vida, con su retiro voluntario de la actividad pública hasta su fallecimiento en 1971. En las siguientes líneas, como anuncié, me ocupo de la primera etapa.

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Inauguración del Liderazgo Político Femenino

La enorme importancia de María Jesús Alvarado en la historia social y política de nuestro país radica en lo novedosa de su propuesta: Un proyecto político moderno, cuyo eje fue la inclusión política y civil de las mujeres.

La novedad no fue que las peruanas hicieran política, pues con sus sagaces inventivas desde la Colonia se hicieron presentes en la vida política y militar, y qué decir del Antiguo Perú, en el que ya se puede afirmar el empoderamiento rotundo que tuvieron las mujeres. Lo nuevo fue la modalidad de ejercerla.

De la Casa a la Tribuna Pública

El ejercicio de la prédica a favor de la educación femenina, inaugurada por las escritoras en la década del setenta del siglo XIX, tuvo como espacio de acción la casa. Las veladas literarias, que convocaban a los intelectuales más prestigiados del país y del extranjero, se realizaban en los salones residenciales de sus mentoras. De tal manera, que el mundo público era llevado al interior del espacio privado y desde allí a través de los medios de la prensa escrita y del rumor se devolvía a la sociedad.

Esta situación se modificó en los inicios del siglo XX, cuando la difusión del conocimiento y la cultura se abrieron nuevos espacios. Algunos intelectuales se agruparon por afinidad profesional creando sociedades culturales, los obreros de Lima constituyeron clubes literarios para la clase operaria, entre otras iniciativas. María Jesús al igual que otras intelectuales participaba proactiva- mente en estos espacios, es decir, salían a la calle sin la compañía de familiares, se relacionaban con varones con los que no tenían vínculos de parentesco y con personas de distintas clases sociales. Esta conducta era considerada impropia en las señoritas de las clases altas y medias de Lima, a la que ella pertenecía.

En estos espacios donde se operaba el impacto mediático de esos años, María Jesús lanzó su proyecto feminista 3 y desde esta tribuna pública inició su misión política, que sucesivamente fue captar adherentes, organizarlas, lanzar sus campañas políticas y petitorios, establecer redes de alianzas y desarrollar actividades sociales conexas. En suma, la casa dejó de ser la sede de la

3 María Jesús Alvarado disertó la conferencia “El Feminismo” el 28 de Octubre de 1911 en la Sociedad Geográfica de Lima.

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María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

rebelión femenina y fue sustituida por la calle, los auditorios públicos, las plazas, y el Congreso de la República.

El Primer Ideario Feminista: un programa para la igualdad civil y política entre los sexos

El escenario político del Perú, y en particular de Lima de 1911, estuvo cruzado por enfrenta- mientos violentos. En las cámaras parlamentarias se enfrentaban los partidos de oposición y el gobernante liderado por Augusto B Leguía, quien volteaba a su favor la correlación de fuerzas con el uso de la represión. Bajo sus órdenes la gendarmería ingresaba impunemente en el recinto parlamentario, sus críticos políticos, como José de la Riva Agüero, eran apresados. En el frente social, se produjo la primera protesta estudiantil callejera contra el autoritarismo de Leguía y las clases populares abrieron nuevos escenarios para hacer sentir su voz. Ese año se produjo el pri-

María Jesús Alvarado integra el Comité Directivo de la Asociación Pro Indígena, 1923-1925.(Sección Segunda Parte)

Pro Indígena, 1923-1925.(Sección Segunda Parte) 74 mer paro general obrero, se formó la primera central

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mer paro general obrero, se formó la primera central obrera (la Unificación Obrera Textil Vitarte), mientras que en el interior del país se anidaban otros conflictos. Los intelectuales provincianos elevaban su protesta contra el pongaje, la mita forzada y los contratos de enganche 4 ligados a las minas, que afectaban a la población indígena. Los pobladores afectados protestaron contra estos abusos, originando levantamientos populares en diversos puntos del país, que fueron sofo- cados con masacres. El frente externo tampoco se libraba de esta conmoción, pues se produjeron enfrentamientos entre tropas peruanas y colombianas en la frontera y la situación con Chile se tensó.

Esta crisis sensibilizó a la juventud intelectual que desplegó en el campo cultural y político un clima contestatario. Rechazó el estilo político de las clases dirigentes tradicionales, pero sus crí- ticas fueron más allá de las formas. Esta generación comenzó a razonar el país como nación, a la muchedumbre como colectividades con identidad y a ensayar respuestas globales.

Surgen así los idearios que tomaban doctrinas prestadas o creaban las propias, que les permi- tieran encajar los problemas del país, de una raza, de una clase o de un género dentro de una formulación mayor con perspectiva de futuro y cambio.

La propuesta feminista de María Jesús se enmarcó dentro de esos nuevos parámetros para abor- dar la cuestión femenina. Por esta razón, no se limitó a una reivindicación puntual, sea educa- tiva o económica, sino que ella a partir del 28 de Octubre de 1911, se dedicó a promover un proyecto político dirigido a modificar las relaciones de poder entre los sexos en el ámbito de los derechos civiles y políticos.

Esta formulación resultaba una osadía incomprensible, pues la actividad política y pública se consideraba ajena a las mujeres por estar reñida con su naturaleza. Para María Jesús, estas ideas eran prejuicios que sustentaban las restricciones legales para el pleno ejercicio de la ciudadanía femenina, por lo que consideró preciso desmontar la identidad femenina que la avalaba.

Esta operación fue semejante a la que en su momento hicieron las escritoras contestatarias. Ellas tuvieron que deconstruir la identidad femenina construida durante la Colonia, que negaba el

4 Pongaje, deriva de pongo, se denominaba Pongo, al campesino indígena que prestaba servicios a un hacendado o gamonal a cambio de usar una porción de tierra. Mita, en el período prehispánico era la organización del trabajo colectivo para la comunidad o más adelante para el Estado Inca. En la República se convirtió en trabajo forzoso no solo para el estado sino para privados. Enganche, sistema de adelanto de paga por trabajo que mantenía endeudado o “enganchado” al trabajador. Todos estos sistemas fueron formas de explotación brutal de la población indígena peruana.

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María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

don de la inteligencia del sexo femenino, para reconstruir una identidad femenina compuesta de capacidades intelectuales, que les sirviera de fundamento para sustentar su derecho a la edu- cación.

María Jesús al igual que sus antecesoras recurrió a la historia. En este caso, para hallar los argu- mentos que sustenten:

• que no hay diferencias naturales entre los hombres y las mujeres que justifiquen su exclu- sión del gobierno de las naciones

• la bondad de la participación de las mujeres en los destinos de las comunidades, civiliza- ciones y naciones.

• que la pérdida de poder de las mujeres ocurrió en un momento histórico, y por tanto, tam- bién en el devenir histórico podría recuperarla.

El repaso por la historia de la humanidad le dio soporte teórico-filosófico, para reconstruir la identidad femenina como sujeto activo de la sociedad y por ende, ser un sujeto pleno de dere- chos.

María Jesús coronó su propuesta con cuatro puntos programáticos:

1.

En el campo de la educación propuso la amplitud y facilidades a la educación de la mujer para que pueda desarrollar su intelecto y aptitudes al igual que los varones.

2.

En el campo laboral, planteó el acceso de las mujeres a los empleos públicos y profesiones liberales para que puedan subsistir por sus propios esfuerzos y mejorar sus condiciones económicas y sociales. Su meta estratégica se dirigía a obtener la autonomía económica de las mujeres, que las liberara de la dependencia de los varones.

3.

En el campo de los derechos civiles, planteó que se conceda a las mujeres los mismos derechos que a los varones. En particular, dio énfasis a la situación de las mujeres casadas a las que la ley vigente entonces, les privaba de los derechos que gozaba de soltera, pues pasaban bajo la tutela de sus esposos.

4.

En el campo político, planteó abiertamente –y por primera vez– que a las mujeres se les otorgue todos los derechos políticos para que pueda intervenir directamente en los desti- nos nacionales. Por esta razón, el derecho al voto y sus campañas a favor que las mujeres ocupen cargos públicos, fueron sus banderas centrales.

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Evolución Femenina: la organización

Para evitar que la miscelánea de iniciativas culturales y sociales de corte reivindicativo, surgidas en ese período y en los que ella misma participaba, dispersara o subsumiera sus postulados fe- ministas bajo otras banderas y para capitalizar el impacto de su prédica feminista, ideó y fundó Evolución Femenina en 1914. Fue la primera organización feminista del Perú.

Evolución Femenina fue el instrumento que le sirvió para organizar la acción concertada de sus activistas y simpatizantes, articular sus demandas específicas en diversos frentes, desde el direc- tamente político en las esferas de poder del Estado hasta el activismo en las bases sociales, así como, difundir su prédica y propaganda feminista.

Estrategia para insertar a las mujeres en la vida pública

El programa máximo de Evolución Femenina fue conseguir el derecho del sufragio femenino, ya que este permitiría a las mujeres ejercer plenamente las funciones ciudadanas, es decir incorpo- rarse al quehacer público y político.

Para vencer las resistencias sociales y las de los actores políticos frente a esta demanda, María Jesús diseñó una estrategia que permitiera ir conquistando paulatinamente la intervención de las mujeres en las funciones públicas. La campaña para lograr la participación de las mujeres en las Sociedades de Beneficencia Pública tuvo ese objetivo. Ella pensaba que era “una aspiración que nadie podía impugnar pues estas funciones no estaban reñidas con las aptitudes y condiciones femeninas” (Castorino, 1969) 5 . Es decir, el cuidado de los enfermos, la protección de los niños, los ancianos y las madres desamparadas, que era la población beneficiaria en los hospitales de caridad y hospicios administrados por estas instituciones. Además, estas funciones de carácter asistencial ya eran desempeñadas de manera privada y con alto consenso social por las mujeres de las clases altas, pues se consideraban obras altruistas. De otra parte, en la línea de interés de María Jesús, en países vecinos como Argentina ya había antecedentes de mujeres que ocuparon la Presidencia de sus respectivas Sociedades de Beneficencia 6 .

Lo acertado de esta estrategia se verificó en 1915, cuando este petitorio fue aprobado por la Cá- mara de Diputados y en 1922 cuando se dio la Ley Nº 4526, que permitió a las mujeres mayores

5 Villavicencio, Maritza Del Silencio a la Palabra, mujeres peruanas en los siglos XIX y XX Ediciones Flora Tristán 1992. Página 179 6 Mariquita Sánchez, anfitriona de las tertulias políticas-literarias argentinas fue presidenta de la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires en 1830 y 1832, así como en 1866 y 1867.

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María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

de 30 años formar parte de las Sociedades de Beneficencia Pública. Esta ley fue considerada una victoria feminista. La primera y única de nuestra historia republicana.

Estrategia para incorporar una visión feminista de los problemas sociales

Durante los años que examinamos, los problemas de salubridad en Lima se agudizaron por la tugurización creciente de las zonas urbanas y la ausencia de servicios de agua y desagüe. La peste bubónica y las enfermedades venéreas asolaban la capital. Aunque ambas epidemias fue- ron tratadas con un corte racista, a la segunda se sumó una visión moralista y sexista pues estuvo asociada a la prostitución. Desde esta visión, la culpa de esta epidemia la tenían las cholas, ne- gras y chinas inmorales y promiscuas.

María Jesús salió al frente a rebatir esta posición moralista, y propuso abordar la prostitución y la salubridad como temas sociales desde una perspectiva feminista.

En primer lugar, señaló que las causas de la prostitución radicaban en las condiciones econó- mico-sociales: Las jóvenes pobres sin educación ni trabajo caían en las garras de la prostitución para sobrevivir.

En segundo lugar, la dependencia económica de las mujeres respecto de los hombres las hacía vulnerables a prostituirse. Puso como ejemplo a las numerosas madres solteras abandonadas.

María Jesús no sólo polemizó con las posiciones conservadoras, sino que emprendió una campa- ña para crear oportunidades para estas mujeres. Fue así que proyectó una escuela para brindarles conocimientos técnicos y prácticos que las capaciten para el trabajo. El proceso de constitución de esta escuela la llevó a desarrollar un verdadero despliegue de alianzas con sectores políticos contrastantes, con la prensa, (el periódico El Comercio apoyó su iniciativa) y con mujeres de las clases altas.

La amplitud de sus aliados fue tal que para mantenerlos y no perjudicar su propósito final, modi- ficó su proyecto inicial. Ideada para capacitar a prostitutas en actividad y sacarlas de la prostitu- ción, la escuela se redefinió como preventiva y acogió a jóvenes de escasos ingresos. El proyecto quedó definido como Escuela Taller Moral y Trabajo.

El nacimiento de una estratega y lideresa política

La movilización de políticos, intelectuales, y mujeres de diversas capas sociales de que fue capaz María Jesús, así como, su eficacia para sensibilizar a la sociedad y encausar sus propuestas fe-

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ministas hacia las más altas esferas del Estado, evidencian el liderazgo que ejerció. Un liderazgo sustentado en estrategias que muestra:

• el conocimiento que tenía sobre el comportamiento e intereses de los diversos actores so- ciales y políticos,

• el olfato para medir la correlación de fuerzas, y

• una capacidad de lectura de las coyunturas políticas y diferenciarlas del largo y mediano plazo.

Sólo así se explica cómo pudo sostener a lo largo de nueve años su campaña para el ingreso de las mujeres en las Sociedades de Beneficencia Pública y conseguirlo 7 .

María Jesús durante este período, al sembrar el feminismo sobre bases doctrinales y programáti- cas, construir una organización de activistas, ganar consenso social e interpelar directamente al Estado, resultó una suerte de versión femenina de los liderazgos políticos que surgían entonces. En suma, inauguró el liderazgo femenino moderno.

100 Años Después

A cien años del discurso de María Jesús Alvarado todas sus propuestas específicas están legitima- das y legalizadas. Lo cual valida su talla histórica. Si bien vale volver sobre sus planteamientos, para comprender una parte de nuestra historia como país y como mujeres, es aún más valioso para nuestras urgencias actuales, recoger el espíritu que impulsó su mirada radical de la sociedad desde la perspectiva de las mujeres. En las siguientes líneas ensayo tal aproximación.

Las expertas y expertos en género de Occidente, sindican que el siglo XX fue el más favorable para las mujeres, por los cambios operados en sus vidas: “el gran siglo de las mujeres, el que ha revolucionado más que ningún otro su destino e identidad, es el siglo XX” 8 .

7 1913 fue presentado en la Cámara de Diputados y en 1922 se expidió la ley que lo otorgó. 8 Lipovetsky, 2000, página 9.

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María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

Estas afirmaciones parecen ciertas para las mujeres occidentales. A diferencia del siglo XVII, XVIII, XIX y gran parte del XX, que vivieron constreñidas bajo sistemas patriarcales vinculados al desarrollo del capitalismo y la modernidad, finalizaron esta centuria e ingresaron al siglo XXI, con los mismos derechos civiles que los hombres: Avanzaron certeramente en la paridad polí- tica, la discriminación positiva alentó su posicionamiento en el mundo laboral, ejercieron su libertad sexual y autonomía reproductiva.

¿Este empoderamiento de las mujeres occidentales en el sistema global del capital favorece real- mente sus vidas?, ¿es esta revolución, realmente beneficiosa para ellas?

Como historiadora el eje de mi razonamiento es el Tiempo Histórico, es decir cada hecho lo ubi- co, defino y reflexiono en el devenir del tiempo. Según la Escuela Francesa el Tiempo Histórico discurre en tres dimensiones: corta, mediana y larga duración. La primera vinculada a sucesos breves, como las coyunturas políticas; la segunda a períodos más largos, como el Virreinato; y la tercera que subyace cual sedimento de las anteriores y marcan los hitos de la evolución de la humanidad, como los cambios ambientales. A su vez recomienda ubicar los hechos históricos en cada una de esas duraciones y cruzarlos transversalmente por todas, para encontrarles su verdadero sentido. Pues, advierte, que un acontecimiento visto en la corta o mediana duración pueda considerarse positivo, pero ubicado en la perspectiva de la larga duración resulte teniendo el efecto contrario.

Entonces, si retomamos las interrogantes de arriba a la luz de estas pautas historiográficas, la respuesta sería “indudablemente” afirmativa, si se la ubica en la corta duración y en el contexto formal de los derechos civiles en sociedades democráticas. Pero, ¿obtendríamos la misma res- puesta si se reflexiona la cuestión en la perspectiva de la larga duración? Es decir, si razonamos esos cambios dentro de la proyección cultural del pasado, presente y futuro de la civilización hu- mana, y en el ámbito complejo y abarcador de las relaciones entre los hombres y las mujeres.

De otra parte, como historiadora perteneciente a un espacio geográfico - cultural que por mi- lenios prosperó sin lazo alguno con Occidente, y sólo desde hace 500 años se occidentaliza gradual y desigualmente, me pregunto si la respuesta tendría igual valor, para la vida de las mujeres de sociedades, como la peruana, con tradiciones culturales y relaciones entre los sexos diferentes a la Occidental. Es decir, si los cambios que se vienen operando en el contrato social entre los sexos ¿son favorables para todas las mujeres del globo?, y en particular, ¿beneficia a las andinas y amazónicas estén o no occidentalizadas?

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La Otra Verdad Incómoda

Hace 9mil años en los territorios considerados la cuna de Occidente, se inició el proceso his- tórico adverso a las mujeres 9 . De una posición divinizada y gravitante en la conducción de los grupos humanos, pasaron paulatinamente a quedar subordinadas como género frente a los hom- bres y relegadas en la comunidad. En esa posición secundarizada ingresaron al ascenso de la civilización occidental, y en ese estatus, Occidente posicionó a las mujeres de los territorios que conquistaron y anexaron durante su amplio proceso de expansión, hasta llegar a la globalización actual, con su indiscutible sello de marca.

El proceso de secundarización del sexo femenino, no ha sido lineal. Según los continentes, los países y los momentos culturales ha sido confrontado, aceptado o negociado. Al punto tal que se

Evolución Femenina en Jornada de Extensión Cultural, 1919.

Al punto tal que se Evolución Femenina en Jornada de Extensión Cultural, 1919. 9 Rodríguez, 2000,

9 Rodríguez, 2000, página

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María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

podría identificar momentos culturales contestatarios alumbrados por las mujeres, como aque- llos de reabsorción de sus logros, y no sólo por obra de los varones.

En Occidente, por ejemplo, la década del sesenta y setenta del siglo pasado, fue un momento de rebelión de las mujeres con logros importantes para la autodeterminación femenina. Sin embargo, en las postrimerías del mismo siglo parece más bien haberse revertido y, en el ya ini- ciado siglo XXI, la expropiación de los logros femeninos se habría acelerado con una velocidad insólita. Por lo que el posicionamiento de las mujeres en el engranaje de la sociedad occidental contemporánea, tan solo sería positivo en apariencia, en la ilusión del corto plazo, y por el contrario, soterradamente se estaría hilvanando no sólo su sometimiento como género, sino su escalofriante extinción como parte de la especie humana. Es decir, una situación extrema y a la vez sofisticada de la violencia de género. Veamos.

En Europa y Estados Unidos durante la década de 1960, el novedoso discurso feminista generó una revolución cultural: la redefinición del cuerpo femenino por las propias mujeres. “En una suerte de rebelión femenina universal, las mujeres alzaron su voz contra todo concepto preesta- blecido sobre su cuerpo… especialmente contra el determinismo biológico. El cuerpo dejará de ser exclusivamente el resumen de factores biológicos… para ser también una naturaleza donde se funden las lógicas sociales y culturales” 10 .

El epicentro de este discurso estuvo puesto en la sexualidad femenina y en la reproducción. Cla- ro está, la invención de la píldora anticonceptiva jugó un rol decisivo, pues las mujeres modernas por primera vez contaban con un recurso material para regular su fecundidad.

Fue así, que la representación de lo femenino, salió de la iglesia, de la moral burguesa y de la proletaria para quedar en las manos –corazón, cabeza y ovarios– de las mujeres contestatarias. Este discurso convertido en políticas de Estado, en nuevos contratos sociales en la relación entre los sexos, en el papel de las mujeres en la vida pública y privada produjo cambios importantes en la vida de las mujeres.

Pero como nos enseña la historia, toda acción tiene su reacción. El discurso antideterminista propuesto por las feministas abrió un derrotero a la culturalización del cuerpo, al punto que hoy, prácticamente se subestima su biología y se le niega como parte y producto de la Naturaleza.

10 Villavicencio, M. en: Ralli, Teresa En el escenario del mundo interior. Lima Perú 2003

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Entonces, si las europeas, las norteamericanas y las latinoamericanas cosmopolitas del período en mención, reelaboraron la definición de su cuerpo a través de sus colectivos, de grupos de autoconciencia, de sus movimientos sociales y culturales, ¿Quién o quienes elaboran la repre- sentación del cuerpo femenino en las primeras décadas del siglo XXI?

La respuesta salta a la vista: la moda, es decir la industria de la moda, controlada por las casas de

la moda donde se elaboran los conceptos y tendencias del vestir. Y, ¿quiénes son los creadores

de esas tendencias? Los diseñadores, en su mayoría varones. Lo cual significa que desde finales del siglo XX a hoy, las mujeres están siendo vestidas por varones que ignoran la vivencia de tener y ser un cuerpo femenino. Adicionalmente, si observamos que en su núcleo de poder, destacan los varones gay, resulta que quienes visten a las mujeres son hombres que no gustan de ellas y ensayan la fascinación de sustituirlas por varones 11 .

Hasta los años setenta, la moda buscaba exaltar el cuerpo femenino, adaptándose a sus formas,

al inalcanzable “eterno femenino”, en cambio, hoy la moda ha alcanzado tal dominio, que es la

estética del vestido la que se impone sobre la estética del cuerpo. Los líderes del fashion design

no sólo han creado un estilo del vestir, sino un modelo de cuerpo femenino, un modelo que se adapte a las exigencias de su creatividad. Una creatividad que pasa por alto la naturaleza feme- nina, su sensualidad y su integridad.

El nuevo paradigma estético es la top model, es decir un modelo de extrema delgadez, que viene

costando la vida de miles de niñas, adolescentes y jóvenes 12 . La estética anoréxica está quebran- do la salud síquica, emocional y física de millones de mujeres en el mundo. Las cifras mayores

están en los centros de Occidente.

A la anorexia, así como otros desórdenes alimenticios, se suma la farmacología y la tecnología

de la estética convertida en una industria próspera, gracias a la demanda consumista de millones de mujeres que quieren parecerse a las diez que figuran en las pasarelas. La calidad de vida y la

salud de las mujeres están siendo afectadas, –adicción a las intervenciones, efectos secundarios de los productos dietéticos–, sin contar las que quedaron en el quirófano.

11 La actual Top Model femenina de las grandes marcas de moda es un hombre Andrej Pejic, a su vez considerado una de las mujeres más sexy del mundo.

12 Según la Organización Mundial de la Salud OMS, el 15% de la mortandad mundial está causada por anorexia, bulimia y otros desórdenes alimentarios, siendo el 90% de los afectados del sexo femenino.

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El suicidio colectivo de mujeres, que significa la anorexia, es agravado por los mensajes contra- dictorios que la actual cultura occidental emite. Hay una suerte de perversión global que trascu- rre por cable, internet y las redes sociales virtuales.

Como estamos en la etapa del endiosamiento del arte de lo efímero, con la Moda comparte el pedestal la Gastronomía. Comer es fashion, hablar de comida, leer sobre comida, ver como se prepara la comida está de moda. El estímulo mediático a comer, a exaltar las papilas es frecuente y permanente, tanto como la incitación a un cuerpo esbelto y delgado. Mensajes opuestos, con- tradictorios que deben ser procesados por mujeres, en su mayoría adolescentes 13 , presionadas a ser delgadísimas.

Resultado: la pandemia occidental de la anorexia elimina principalmente a las mujeres.

Las jóvenes occidentales y las occidentalizadas, además de estar bajo las exigencias sociales de la estética femenina dictada por la moda, también están presionadas a llevar un estilo de vida marcado por el reto del éxito laboral-profesional. Para alcanzar el nuevo paradigma femenino postergan el inicio de su vida reproductiva, pues la maternidad resulta un obstáculo. Obstáculo para labrar el éxito y para gozar de sus logros. Sin embargo, aunque ya no sea el centro único en sus vidas, la maternidad sigue siendo deseada por la gran mayoría de jóvenes, quienes aspiran a cerrar el círculo de su realización personal teniendo hijos. Al afrontar la concepción cerca de la edad biológica límite se topan con la frustración de la infertilidad.

Según los médicos y científicos especialistas, uno de los factores del incremento de la infertilidad femenina es precisamente la postergación del inicio del ciclo reproductivo y el uso continuado de métodos anticonceptivos. De tal manera, que para concebir hijos biológicos, las mujeres se deben someter a las ofertas que ofrece la biotecnología.

En otras palabras, el afán de empoderamiento de las mujeres resulta un negocio lucrativo para la industria farmacológica y tecnológica de la fertilidad asistida. Lo que, de otra parte, está marcan- do un cambio transcendental en el siglo XXI: la reproducción de la vida escapa progresivamente del cuerpo y de la decisión directa de las mujeres, para quedar en las opciones y oportunidades que ofrece la ciencia médica y la biotecnología.

La biotecnología del tercer milenio se desarrolla acelerada y privilegiadamente en la sustitución de las bondades del aparato reproductor femenino de la especie humana. El aislamiento de las

13 Según la misma fuente el rango de las mujeres afectadas se encuentra entre los 12-25 años de edad.

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células madre, la clonación, etc. se encaminan a la creación de seres humanos o parte de sus cuerpos, prescindiendo cada vez más de las mujeres.

Pero las mujeres no sólo están siendo subterráneamente reemplazadas en su función natural de procreación, sino también en sus funciones sociales. Los espacios que tradicionalmente fueron de su dominio histórico, hoy vienen siendo ocupados estruendosamente por los varones. Así como en la moda, también en la Gran Cocina las han echado a un lado.

La cocina cotidiana cuyo objetivo es alimentar, fue y es asunto de mujeres en la mayor parte del mundo, en cambio, el boom de la Gastronomía es un asunto de chefs en su mayoría varones.

Es verdad, que las mujeres también están ocupando espacios en el ámbito público, que hasta hace poco eran privilegio de los varones, pero hay una gran diferencia. Mientras que los hombres han masculinizado los espacios femeninos, –por ejemplo, muestran cocinas asépticas, cocinas laboratorio, cocineros sin una mancha de grasa en sus chaquetas, etc., y han convertido la cocina en un gran bussines a nivel internacional–, las mujeres no han feminizado los espacios masculinos.

La utopía feminista que postulaba, que el ingreso de las mujeres en los espacios masculinos, los modificarían para adaptarlos a sus necesidades, y que revertirían su lógica de competencia, agresividad, etc. por maneras solidarias y comprensivas no se cumplió. Más bien, las mujeres han adoptado el modelo autoritario y la lógica de la rivalidad masculina con el objetivo de po-

sicionarse exitosamente en esos espacios

político-económicas de las corporaciones multinacionales y de las naciones occidentales siguen en manos de los hombres.

Así como los espacios laborales y profesionales han masculinizado la conducta de la mujeres, también la mirada masculina se ha posicionado en la relación entre los sexos. La imagen mediá- tica del cuerpo masculino del siglo XXI privilegia una mirada varonil gay. Además de cosificarlo como objeto sexual, enfatiza ciertas partes, por ejemplo el énfasis en las posaderas ¿es también sexualmente relevante para las mujeres? ¿Favorece a las mujeres del siglo XXI asumir la visión cosificada y desintegrada del cuerpo, habitual en los varones occidentales?

sin haberlo logrado del todo. Las grandes decisiones

Sustituidas en sus espacios históricos, sin equidad en las esferas del poder, impelidas a anular el ejercicio de su capacidad reproductiva vinculado a un dudoso desarrollo ético de la biotecno- logía y empujadas a la autodestrucción masiva por seguir los patrones culturales hegemónicos, Occidente se direcciona en el camino de la desaparición de las mujeres. Esta estremecedora realidad ¿amenaza solo a las mujeres occidentales? Lamentablemente no.

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María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

María Jesús Alvarado Rivera.A 100 años del Primer Manifiesto Feminista.

A finales del siglo XX en Asia se advertía un inédito desequilibrio demográfico “hay 100 millones de mujeres menos que de hombres” ¿porque? “a consecuencia de la selección masiva de los nacimientos en una parte de este continente, principalmente en India y China” 14 . Ocurre que al ancestral infanticidio de las niñas recién nacidas, se ha sumado el feticidio femenino. La difusión de la ecografía que permite identificar el sexo del feto, ha facilitado la eliminación selectiva, de tal manera que “millones de fetos femeninos se eliminan cada año” 15 , según denuncian las ONG indias.

Paradójicamente, la tecnología moderna y el estilo de vida occidental no sólo no ha mejorado la calidad de vida de las mujeres sino que la ha agravado, pues con el televisor de plasma, los teléfonos celulares, etc. no ha llegado la equidad de género, la libertad sexual, ni la autonomía reproductiva, por el contrario se ha sumado eficiente y brutalmente a su discriminación social y a su eliminación física masiva.

Los nuevos patrones de consumo occidental en la porción moderna de India han elevado el costo de la dote y de la boda, que corre a cargo exclusivamente de la familia de la novia. Esto ha hecho aún más indeseable el nacimiento de niñas: una hija es una carga económica “sinónimo de obstáculo, de freno al ascenso social 16 , para las clases medias emergentes.

Además, la carencia de mujeres está planteando una situación inédita: un exceso de hombres jóvenes solteros con dificultad para encontrar esposa. Lo que ha llevado a exacerbar el mercado de esposas, la prostitución, la poliandria forzosa, - una esposa comprada es obligada a sostener relaciones sexuales con todos los varones de la familia -, y otras formas de explotación sexual. Este destino indeseable para una hija retroalimenta el feticidio femenino y la eliminación de las niñas nacidas.

¿Y en el Perú?

En el Perú opera la dinámica de los contrastes. Mientras la vanguardista estética hecha en el quirófano, se apropia de las mujeres de las ciudades y aparecen casos aislados de anorexia, simultáneamente en la urbe como del ámbito rural, mueren a causa de neoplasias malignas del

14 Manier, Benedicte, 2007. Página 11. Cuando las mujeres hayan desaparecido. Madrid 2007

15 Manier, Benedicte, 2007. Página 11

16 Manier, 2007.Página 46

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aparato reproductivo. Enfermedades que podrían prevenirse si se contara con una cobertura e infraestructura de salud adecuada y suficiente.

En el 2002 las causas principales de mortalidad de la población femenina de 45 a 64 años, fue- ron las neoplasias malignas del útero (62 por 100.000) y de mama (38 por 100.000) 17 , derivadas de atención deficientes en el parto y postparto. Es decir, las causas principales de la mortalidad femenina obedecen a las condiciones de pobreza clásicas de países en desarrollo.

Sin embargo, la esperanza de vida de las mujeres peruanas que nacen hoy se ha incrementado

María Jesús Alvarado disertado sobre los derechos de las mujeres ante auditorio limeño.

nacen hoy se ha incrementado María Jesús Alvarado disertado sobre los derechos de las mujeres ante

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significativamente. En el período de 1990-1995 la esperanza de vida para ambos sexos era de 66.7 años, en el período del 2010 al 2015 se proyecta a 74.1 años 18 . Dentro de este incremento global, “las mujeres peruanas pueden esperar vivir casi 76 años” 19 . Un factor, entre otros, pue- de atribuirse al retroceso de la mortalidad materna de 3.5 % en 1987 a 1.0 en el 2007 20 .

Llama la atención, que a pesar de los contrastes en la calidad de vida entre el Perú y Europa en el 2010, la esperanza de vida de las mujeres peruanas sea equiparable al promedio europeo y superior al del continente asiático y africano. Cabría preguntarse cómo y porque opera en el Perú, esta suerte de compensación del sexo femenino por su supervivencia en el planeta.

La búsqueda de respuestas me condujo al ámbito de las raíces culturales surgidas y cultivadas en el Antiguo Perú. Mis trabajos de investigación museográfica e histórica sobre la mujer pre- hispánica, me han convencido que durante ese largo período autónomo de nuestra historia, las mujeres estuvieron empoderadas por su vinculación mágico religiosa con la sobrevivencia de la especie humana. Su papel fue único e insustituible en la reproducción no sólo de los seres hu- manos sino de los alimentos y de las fuentes proveedoras de los mismos. Y entendí que la clave de ese empoderamiento y el papel estratégico atribuido a las mujeres para el desarrollo de sus sociedades, fue su concepto del cuerpo femenino. Para los antiguos peruanos en el cuerpo de la mujer radicaba el origen y conservación de la vida, por ende, era residencia de lo divino y sagrado. La atribución del poder generador de vida de la naturaleza femenina, no obedecía a la ignorancia de la participación masculina en la procreación, como muchas veces se argumenta prejuiciosamente, sino a la simple evidencia de la realidad, vigente incluso en estas décadas del siglo XXI: Una vez realizada la fecundación –óvulo/esperma– el cuerpo femenino es imprescin- dible para el desarrollo de la vida.

Esa memoria de la potencia generatriz femenina subsiste en las tradiciones orales, mitos, en las fiestas religiosas, en los rituales agrarios, y se reinventan en las ciudades del Perú contemporá- neo. Entonces, porque no pensar que una suerte de inconsciente colectivo femenino guarda esta

17 Fuente. OPS/AIS. Sistema de Información Técnica en Salud. Sistema Generador de Tablas. Diciembre 2005.

18 Fuente: INEI Perú: Estimaciones y Proyecciones de población total por años y edades simples 1950-2050. Setiembre 2009. En “Análisis de la Situación de Salud del Perú”. Dirección General de Epidemiología. Ministerio de Salud Agosto 2010

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Ministerio de Salud. Indicadores Básicos de salud 2008.

20 Fuente: Sistema de hechos vitales/Base de datos de defunción 1987 y 2007. OGEI-MINSA. DISA/DIRESA. Elaboración Equipo DIS-DGE. Tasa de mortalidad medida por cada 100 mil habitantes.

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memoria y alumbra sus acciones por la sobrevivencia de los otros e ilumina también la necesi- dad de la propia existencia.

De otra parte, los descubrimientos sobre el antiguo Perú, como la Señora de Cao que fue una poderosa gobernanta mochica hace 1700 años, las sacerdotisas de San José de Moro que duran- te mil años desde el 400 d.C., tuvieron un rol dirigente en la estructura mágico religiosa de tres culturas del norte costeño (Mochica, Sicán y Chimú), las mujeres pallar adivinas y curanderas que ejercían su oficio de manera transversal en la sociedad Moche, la sacerdotisa o gobernanta adolescente hallada en Cahuachi Nasca (100-600 d.C.), las mujeres de Recuay (200-600 d.C.) vinculadas a los banquetes ceremoniales, el templo de la diosa Urpayhuachac de la Cultura Lima (200-600 d.C.) en Pachacamac, la Señora del Batán de la Huaca de San Miguel, la Señora de la Máscara de la elite Huari enterrada el 850 d.C. en la Huaca Pucllana, la Dama de los Cabellos Largos de la elite Ichma (900 d.C.) encontrada en la Huaca Huallamarca, las acllas, las iñakas y las coyas que fueron mujeres de rango que compartieron el poder del estado en el Imperio Inca, entre otras, vienen demostrando la centralidad de las mujeres en la organización social y polí- tica de nuestras antiguas sociedades. Estos nuevos conocimientos brindan un punto de partida para reinterpretar la totalidad cultural y replantear el imaginario construido por la cultura post modernista de Occidente, cuyos modelos de vida y patrones culturales están acabando con las mujeres.

Rastrear paradigmas femeninos alternativos y opcionales es una tarea imprescindible. Las pe- ruanas de hoy tenemos la oportunidad de construir sobre bases originales conscientes nuestra identidad y solidariamente brindarlos a las mujeres del mundo. Así, ubicadas en la originalidad del espacio andino amazónico del Perú y en el tiempo de la larga duración, proyectaremos estra- tegias culturales por nuestra existencia. Este sería el mejor tributo a María Jesús Alvarado, pionera de nuestra dignidad.

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