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Quaderns d’ AVAPOL

Marzo 2012. Número 2

Quaderns d’ AVAPOL

// Estudio de los partidos políticos

Estudio de los partidos políticos.
La importancia de la disparidad ideológica en los partidos catch-all
Por Eleazar Gallardo Sánchez.

Introducción. Un enfoque intermedio.
El estudio de los partidos políticos en las democracias occidentales sigue siendo una de las materias básicas de investigación para los politólogos, desde su impulso en los años cincuenta, de mano de DUVERGER, en los años sesenta con LIPSET y ROKKAN, o mediante las teorías de SARTORI desde los años setenta. La aparición de la revista Party Politics en 1995 supuso un nuevo repunte en el terreno de la investigación, surgiendo nuevas teorías y modelos. Y es que el carácter representativo de la voluntad popular, convierte a los partidos en instrumentos fundamentales para la participación política, y los reviste de un interés general, tanto por los objetivos que persigue, como por los resultados que obtiene. Los enfoques que se han utilizado para estudiar los partidos han sido muy diferentes1, y pueden clasificarse en dos grandes grupos. Unos, que llamaremos interpartidistas, han elaborado teorías desde el punto de vista del partido dentro del sistema político –así, las teorías de sistemas de partidos, o los modelos de competencia política–. Otros, los intrapartidistas, se han ocupado de estudiar el partido desde dentro, como una organización de personas, con unas bases, una tecnoestructura, unos líderes y unos votantes. El enfoque que hemos escogido para este Quadern ha sido un enfoque intermedio, combinando las variables interpartidistas, que son inherentes a todo sistema político, y las variables intrapartidistas, que inciden en los objetivos, mecanismos y resultados de los partidos. Así, tendremos en cuenta las tres «caras» de todo partido, según los Profesores KATZ y MAIR, y que son: a) el partido como organización o base de afiliados; b) el partido desde su propia organización; c) el partido desde las instituciones. Es por ello que, desde nuestro enfoque, el partido se concibe como una organización, en competencia con otras organizaciones similares, y que está compuesta por personas a través de una estructura abierta, que comparten unos objetivos comunes en el marco de un Estado. Según esta acepción general, el objetivo del partido ya no es necesariamente llegar al gobierno, sino conseguir los objetivos que comparten las personas, dentro de su estructura abierta y en relación con el Estado. Por último, valga recordar las palabras de Profesora LÓPEZ NIETO, quien afirmó que cabe plantearse hasta qué punto el eclecticismo y la volatilidad del mundo actual, nos exige redefinir y replantear los métodos e instrumentos de análisis, en favor de una especialización en las Ciencias Sociales (2003:4). Sirva este Quadern para contribuir a esa especialización en el estudio de los Partidos.

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Para una descripción pormenorizada de las teorías, me remito a lo expuesto por MONTERO y GUNTHER (2007:15-46).

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1. Los partidos manifiestan la voluntad popular.
Las constituciones y normas posteriores a la II Guerra Mundial, otorgaron a los partidos un papel esencial como representante de la voluntad popular, complementado con un control de su adecuación a los valores democráticos. Afirmó SARTORI (1992:240) que los «ciudadanos son representados, en las democracias modernas, mediante los partidos y por los partidos. Lo que parece inevitable». Así, en España, a través del artículo 6 de la Constitución, y de la Ley Orgánica de Partidos Políticos, se regula el funcionamiento y objetivos de los partidos, siendo matizado por la jurisprudencia constitucional en diversas ocasiones 2. Los cambios histórico-políticos también han afectado al partido en su relación con los ciudadanos. Como señalan MONTERO y GUNTHER (2007:18-20), los movimientos sociales y los grupos de interés han sabido canalizar las demandas sociales, entrando en colisión con los intereses e ideologías partidistas, favorecido por la mayor información de los ciudadanos. Este devenir ha provocado un descenso en la participación política tradicional, se han visto reducidos los niveles de identificación partidista, y ha crecido la desafección e insatisfacción en las democracias occidentales, materia que también constituye una fuente de estudios importantes para la Politología. Por tanto, vemos que el Partido ya no es el único que representa la voluntad popular, pero en opinión de muchos, como Hans-Jürgen PUHLE, «son el núcleo de la democracia» (2007:71), porque no se limitan a representar a un único sector del país. A continuación veremos cómo hubo un tiempo en el que no era así.

2. Modelos teóricos de partido.
Al basarnos en el Partido como organización de intereses, los modelos teóricos podrían ser tan numerosos como partidos han existido en cualquier país. Es por ello que en la doctrina se han identificado tres olas de estructuración (PUHLE, 2007:76-77, 82 y 83): 1. Primera ola: Adaptación y modernización. Desde 1890 hasta la I Guerra Mundial. Cambio desde el tipo liberal tradicional de representación desestructurada, al más organizado partido de masas. 2. Segunda ola: Emergencia del partido catch-all. Después de la II Guerra Mundial se implanta la pauta dominante de lo que KIRCHHEIMER denominó catch-all, y otros autores llamaron Volkspartei («Partido popular»), aunque diversos autores sugieren que esta última denominación se reserve para un grupo de esos partidos catch-all (ver nota 4). 3. Tercera ola: Años 70. A la considerable variedad de partidos catch-all, se une que «los partidos políticos nunca se han ajustado plenamente a todos los componentes del tipo de KIRCHHEIMER, y no todos ellos se han convertido en partidos catch-all.». Difiere de las dos olas anteriores en que se introduce un menor grado de organización, en lugar de aumentarlo. En atención a este orden cronológico, vamos a resumir las características de los principales modelos de Partido, es decir, aquellos que cuentan con el favor mayoritario de la doctrina3.

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Entre otras, la STC 3/1981, y la STC 48/2003 en sus FJ 5 y ss. Numerosos autores han recogido los diferentes modelos de partido, que suceden a las teorías que se mencionan en la nota 1. Me remito, entre otros, a los resúmenes de BARAS,, BARBERÀ y BARRIO, 2000: 3-4; GUNTHER, R. y DIAMOND, L. (Eds.), Political Parties and Democracy MARTÍNEZ SOSPEDRA, M. Introducción a los partidos políticos; PANEBIANCO, A. Modelos de partido; WARE, A. Partidos políticos y sistemas de partido; WOLINETZ, 2007: 129-131 y 138-142.

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2.1. Partido de Elites o de Cuadros («cadre party» o «elite-centred party») En los Estados liberales del Norte de Europa, surgieron formas de organización más o menos estructurada ante la competencia de escaños, donde se representan los intereses de un único sector de la sociedad. Sostienen KATZ y MAIR que la esencia de estos partidos es «un pequeño núcleo de individuos con acceso personal e independiente a los recursos y con capacidad para situar a uno de los suyos o a sus nominados como representantes en el Parlamento» (2007:103). Una segunda característica del Partido de Elites, reside, también en palabras de KATZ y MAIR en que su base no se encontraba en la sociedad civil, sino dentro del partido, ya que eran más activistas y con una fuerte concepción de la cohesión interna (2004:17). Así, «el partido como organización de afiliados y el partido en las instituciones públicas estaban tan íntimamente relacionados que era casi imposible disociarlos», dado el escaso número de miembros. Por último, la tercera característica de este Partido se encuentra en la debilidad, si no ausencia, de organización central. En el Sur de Europa, las características político-sociales fueron diferentes, de manera que el modelo de Partido de Elites presentaba particularidades en cada país, surgiendo en España el caciquismo, o en Italia el transformismo. Algunos autores, como KOOLE, han matizado las características del Partido de Elites moderno, que difiere del tradicional decimonónico, pero que no puede insertarse en las clasificaciones posteriores.

2.2. Partido de Masas El Partido de Elites comenzó a distinguirse del Partido de Masas a partir de los comentarios de WEBER sobre la profesionalización de la política, y fue matizada e impulsada por DUVERGER en su “Political Parties”, de 1954 (WOLINETZ, 2007:131). En esta obra, como nos recuerdan los profesores BARAS, BARBERÀ y BARRIO (2008:6), se describe la teoría de los círculos concéntricos, donde se encuentran, de mayor a menor implicación, a) dirigentes; b) miembros activos (militantes); c) miembros pasivos (adherentes); d) simpatizantes y e) votantes. Sin embargo, algunos de los factores más importantes para que se produjera el cambio de modelo, se encuentran en la extensión del sufragio, el creciente papel del gobierno, tanto nacional como local, y el desarrollo de la responsabilidad gubernamental ante el Parlamento. Con el aumento del número de votantes, el modelo elitista se vio mermado, y surgieron organizaciones independientes, que movilizaban a sus simpatizantes «primero para ganar el derecho al voto y para hacerse después tanto con los votos como con los recursos necesarios para ganar elecciones en las nuevas condiciones del sufragio de masas» (KATZ y MAIR, 2007:105-106). Por tanto, en los Partidos de Masas hay un mayor número de miembros, con una mayor implicación. El esfuerzo para mantener la estructura y financiación, hizo que el Partido se fortaleciera como organización de afiliados, sirviendo así para coordinar sus actividades en las instituciones en las que iba participando. Por tanto, vemos que la organización central se basa en los afiliados, y que «sus cargos dirigentes son elegidos como representantes de los afiliados en los congresos del partido», tal y como sucede en la actualidad. Surgen así los liderazgos internos, que guardan estrecha relación con las tesis de MICHELS acerca de la «Ley de hierro de la oligarquía», ya que «a medida que éstos [los partidos de masas] participaron en el gobierno, y sobre todo al comenzar a gobernar en solitario, fueron los propios líderes parlamentarios de los partidos de masas los que empezaron a fijarse en los atractivos del modelo catch-all.» (KATZ y MAIR, 2004:20).

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Estos mismos autores han recogido en una frase las diferencias básicas entre estos dos modelos: «El partido de elites es el partido de una clase alta dominante; el partido de masas es el partido de una subcultura excluida». A estas diferencias debemos añadir que el Partido de Masas separa con claridad a los líderes visibles en las instituciones públicas, de los líderes internos del partido de los afiliados, aunque los primeros siguen supeditados al partido como organización. Respecto a su crisis, sostienen los dos autores antes citados que «los partidos de masas acabaron siendo víctimas de su propio éxito. Las “grandes batallas” por los derechos políticos y sociales habían unido a las bases emergentes de los partidos de masas en un modo que acabaría resultando insostenible una vez conquistados esos derechos» (KATZ y MAIR, 2004:20).

2.3. Partido catch-all («catch-all party») En 1966, Otto KIRCHHEIMER acuña el término «catch-all party»4, al sostener que los partidos de masas occidentales se estaban transformando en partidos más comedidos ideológicamente, y trataban de evitar la categorización moral e intelectual de las masas en base a su ideología, para maximizar el número de votos. El propio autor reconoció en un principio que no todos los partidos seguían esa estrategia, pero creyó que terminarían por asumirla mayoritariamente. 2.3.1. Las etapas de PUHLE y el Partido catch-all plus Hans-Jürgen PUHLE parte de seis factores para explicar los «rendimientos» de partido, que según él ha evolucionado desde un primer «catchallismo» a un modelo modificado (PUHLE, 2007:75-79). Éstos serían: a) Las dimensiones electorales, que incluye la composición y volatilidad del electorado, valores, y cleavages; b) Intereses de los afiliados, relacionados con los cleavages, los grupos de interés y la situación socioeconómica; c) organización del partido, en todos los niveles; d) el sistema de partidos e instituciones públicas, que dependen de los sistemas constitucionales y electorales; e) formulación de políticas públicas, donde se tendría en cuenta el nivel de publicidad, movilización y de integración; y f) implementación de las políticas públicas. Siguiendo con sus ideas, encontraríamos dos momentos del Partido catch-all, con diferencias importantes: A. Hasta finales del siglo XX, se da una mayor y más densa organización. Existe un anclaje mayor en los cleavages, sobre todo el ideológico, que se establecieron al nacer los partidos de masas. B. Desde finales del siglo XX, se revierte la «aparente tendencia secular hacia un mayor grado de organización», constatándose una menor organización, con una mayor segmentación y fragmentación. Los cleavages se amplían y entran en interacción, sumándose al ideológico, el cleavage dentro/fuera (in/out), que veremos al tratar del Partido Cartel de KATZ y MAIR. Estos cambios en el modelo de Partido catch-all son consecuencia de una «crisis» o desarrollo de la práctica política, con los siguientes factores: 1) mayores índices de votos de protesta y abstención; 2) disminución temporal del voto a los partidos catch-all; 3) reducción de la «presencia social» de los partidos y de su influencia general; 4) crecientes niveles de fragmentación y participación (PUHLE, 2007: 78-79). Por todo ello, el autor sostiene que el primer Partido catch-all planteado por KIRCHHEIMER «es en realidad una prolongación del partido de integración de masas, y que en ese caso podría reservarse el término catch-all para los partidos catch-all modificados que han emergido en los últimos años y que son menos sistemáticos, menos estructurados, menos organizados y menos definidos», a los que denomina «partidos catch-all plus.» (PUHLE, 2007:80).

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Como vimos más arriba, también se utilizó la denominación «people’s party» o «catch-all people’s party» (partido popular) para referirse a esta categoría, pero diversos partidos conservadores europeos adoptaron posteriormente esa denominación, lo que desaconseja su uso como nombre del Modelo.

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2.3.2. Diferencias con los modelos anteriores Desde la doctrina se han recibido duras críticas a este modelo, por imperfecto, incompleto o exagerado. Sin embargo, y teniendo en cuenta las variaciones del modelo expuestas por PUHLE, podríamos establecer una serie de diferencias respecto de los Partidos de Elites y los Partidos de Masas, para comprender mejor el Partido catch-all. a. Poder intrapartidista. A diferencia del Partido de Elites, donde el partido en las instituciones es el que domina, y del Partido de Masas, donde predomina el nexo entre partido de los afiliados y partido en la organización central, en el Partido catch-all, el conflicto se produce en la organización central (KATZ y MAIR, 2007:110). Se trata, así, de un Partido orientado a los votos, centrado en el líder, unido a los grupos de interés. No necesariamente una afiliación de masas. b. Organización interna y relación con los votantes. El esquema de autoridad es de arriba abajo, ya no es de abajo arriba, y ahora «los líderes ya no tienen que rendir cuentas sólo ante sus militantes, sino ante un electorado más amplio», siendo sus militantes «más bien animadores», con derechos dentro de la organización, pero abriendo sus posiciones a «un abanico mayor de apoyos y no requiere ya el mismo grado de compromiso» (KATZ y MAIR, 2004:32). Esta nueva relación con los votantes se basa en que dejaron de enfatizarse «tanto la movilización de los votantes como su conversión, ya que ambos procesos presuponían la capacidad de formar lealtades afectivas. En lugar de esto, pasó a concebirse a los votantes como si, carentes de compromisos, flotaran libremente, disponibles y susceptibles de ser captados por cualquiera de los partidos en competición» (KATZ y MAIR, 2004:13). La concepción actual de la política como mercado, y de los votantes como sus consumidores, que sostiene la mercantilización de la política, encuentra aquí una explicación teórica muy gráfica5. c. Competencia entre partidos y estrategia. Si los votantes podían (pueden) ser conquistados, «y los partidos comenzaron a considerar que merecía la pena conquistarlos, incluso si la competición dejaba de estar basada en cuestiones fundamentales y comenzaba a basarse en cuestiones de efectividad en la gestión de las políticas» (KATZ y MAIR, 2004:29-32), las estrategias electorales se volvieron más competitivas. Ya no se basaban en una estrategia electoral «defensiva» propia del Partido de Masas, sino que pasa a ser «ofensiva»; ya no se opta por la movilización y mantenimiento de una base electoral fija, sino que se busca un público más amplio a través de un éxito electoral más inmediato (KATZ y MAIR, 2004:21). Podemos encontrar ejemplos muy gráficos de estas características, si tenemos en cuenta a los numerosos politólogos que ahora se dedican a la comunicación política y el marketing electoral, dos materias en boga, pero que guardan poca relación con la verdadera Politología. d. Afiliación y cleavages. Al abrir el partido a la sociedad, ya no se enfatiza la homogeneidad social de la afiliación, sino que «recluta afiliados en función de la afinidad programática y no de la identidad social». Al enfocar las elecciones más hacia los votos cambiantes del espectro político, «los partidos se han convertido en más centristas, más moderados y más parecidos los unos a los otros; las excepciones radican en los casos donde persisten controversias sumamente arraigadas o cleavages etnonacionales (como en Cataluña, el País Vasco o Irlanda del Norte) o donde el sistema de partidos ha estado generalmente más segmentado y «pilarizado» (como en Holanda)» (PUHLE, 2007:84).

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Ver también, entre otros, PUHLE, 2007: 82-83 y el último capítulo de C.B. MacPherson, La democracia liberal y su época.

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En esta nueva concepción de la democracia, «la oligarquía de partido pasa a ser una virtud no un vicio», donde el antiguo Partido de Masas «puede acabar dominado por sus líderes y dejar de encarnar la verdadera democracia implícita en su ideología» (KATZ y MAIR, 2004:22-23). En el terreno de los cleavages ideológicos, se produce un desdibujamiento –que no desaparición– de las distinciones programáticas de los partidos, como también recogiera BOBBIO al escribir su Derecha e izquierda, debilitando la capacidad de mantener un electorado diferenciado. «Además, los cambios en los sistemas de comunicación de masas, en particular, el ascenso de la televisión como la fuente más extendida de información política, contribuyen a reforzar las condiciones que permiten, o más bien obligan, a los partidos a dirigirse directamente a los votantes mediante llamamientos universalistas, en lugar de comunicarse con ellos a través de sus apoyos electorales de base» (KATZ y MAIR, 2004:21). e. Mayor relación con el Estado. En este sentido, los autores que hemos seguido sostienen la mayor relación de los partidos con el Estado, donde los primeros «dejan de ser los agentes de la sociedad civil que penetran el Estado y actúan sobre él, para pasar a ser más los intermediarios entre la sociedad civil y el Estado, con el partido en el gobierno llevando una existencia desdoblada» (KATZ y MAIR, 2004: 21). Es lo que PUHLE denomina Parteienstaat, que «significa, en esencia, lo mismo que partitocrazia: una situación en la que los partidos políticos dominan el Estado y «colonizan» importantes segmentos de sus instituciones y de la sociedad» (PUHLE, 2007:85)6. Es significativo que los recursos para la sostenibilidad de los partidos en las democracias occidentales europeas proceden, cada vez más, del Estado, y por tanto «ganar o perder puede tener menos importancia con respecto a los objetivos políticos de un partido, dada la ausencia de grandes batallas políticas, pero en cambio puede ser determinante en su supervivencia» (KATZ y MAIR, 2004:26). 2.3.3. «Catch-all-party-in-crisis» El recientemente fallecido Peter MAIR acuñó a principios de los años noventa el término «catch-allparty-in-crisis», dado que los Partidos tuvieron que hacer frente a la crisis global de los años setenta, y a otra serie de factores, como por ejemplo: 1.- Los partidos fueron considerados parte del problema y comenzaron a perder votos desde la segunda mitad de los años setenta. 2.- Aumentó la volatilidad y disminuyó el anclaje de los cleavages. 3.- Pérdida progresiva de militantes y del vínculo con organizaciones intermedias próximas, como sindicatos, agrupaciones profesionales o grupos religiosos. 4.- Disminuye la capacidad movilizadora de los partidos, especialmente frente a los movimientos sociales, que daban voz al desencanto y a los sentimientos antipartidistas. Sin embargo, estos movimientos «se han quedado por debajo de esas expectativas y han dejado de ser percibidos como una alternativa viable» y «los movimientos sociales más activos no han sido capaces de revolucionar los sistemas políticos» (PUHLE, 2007:89-90). Esto ha supuesto, en algunos casos, la reactivación de cleavages como el ideológico, el surgimiento de nuevos y los conflictos sobre prioridades internos en los partidos. A nivel teórico ha favorecido la aparición de nuevas teorías y críticas a las primeras concepciones de Partido catch-all.

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KATZ y MAIR llegan a calificar a los partidos como «agencias semi-estatales», dando apoyo a sus tesis sobre el Partido Cartel como modelo no excluyente del catch-all.

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3. Modelos alternativos
La progresiva especialización en el estudio de los partidos políticos, ha servido para someter a juicio crítico a los modelos ya existentes, y proponer nuevas tipologías de partidos para los regímenes democráticos occidentales. Así, encontraríamos las tesis de Panebianco al distinguir entre «partidos burocráticos de masas» y «partidos profesionales electorales».

3.1. El Partido cartel, de KATZ y MAIR (1995) En 1995 se publica el primer número de la Revista Party Politics, donde los profesores KATZ y MAIR defienden una nueva tipología de partido, que puede incluir diferentes modelos y que se basa en la relación con el Estado, y que han desarrollado en siguientes estudios. Partiendo de las características de los Partidos catch-all (plus), que presentan un electorado volátil y difícil de fidelizar en un entorno de competencia política, se inicia un nuevo período, «en el que los fines de la política, al menos por ahora, se hacen más auto-referenciales, y la política deviene una profesión en sí misma –una profesión cualificada, claro está, y en la que la competición partidista limitada que se produce se basa en la lucha por convencer al electorado de que el partido en cuestión es la opción que garantiza mejor una gestión más efectiva y eficiente» (KATZ y MAIR, 2004:29). En este punto, guarda estrecha relación con la profesionalización del ejercicio de la política, que autores como DUVERGER observaron al enunciar el modelo de Partido de Masas. Es decir, que con este nuevo modelo, «ganar o perder puede tener menos importancia con respecto a los objetivos políticos de un partido» (2004:26), sino que las «semi-agencias» que vimos al hablar del Partido catch-all, se habrían convertido ya en agentes del Estado, que se basa en «la colusión y cooperación entre aparentes rivales, y en los acuerdos que necesariamente requieren del consentimiento y cooperación de todos, o casi todos los participantes relevantes» (2004:27). Sin embargo, este modelo no presenta características independientes del resto de partidos, de manera que pudiera pensarse que es una evolución del Partido de Masas o el catch-all, sino que es inclusivo de los anteriores, y no implica que todos los partidos tiendan a convertirse en Partidos Cartel. Es decir, que solo algunos partidos están garantizando su propia existencia a través del Estado, ya que «la democracia deja de ser vista como un proceso por el cual la sociedad civil impone límites o controles al Estado, y pasa a ser un servicio que el Estado proporciona a la sociedad civil [...] Y dado que las elecciones democráticas, al menos tal y como las conocemos, requieren partidos políticos, el Estado también proporciona (o garantiza la existencia de) partidos políticos» (2004:35 y 36).

3.2. Clasificación de WOLINETZ: Partidos en función de los objetivos A continuación vamos a referenciar tres categorías de Partido, no excluyentes, y que englobaría al resto de modelos (ver nota 3). Esta propuesta ha sido planteada por WOLINETZ (2007:143 y ss.), y no se trata de una nueva formulación de modelos, sino que clasificaría los Partidos en función de sus objetivos7.

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Para una mayor comprensión del lector, se sugiere consultar el Gráfico 5.3 en el artículo del autor, mencionado en la Bibliografía

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A. Partidos orientados a las políticas (policy-seeking parties). Su principal característica es que da una mayor prioridad a la articulación o defensa de sus políticas, frente a la maximización de votos o asegurarse escaños. Existe una variedad de partidos que se englobarían en esta categoría, con programas bien definidos, o partidos de protesta centrados en un único asunto. Los partidos de la nueva derecha se encontrarían también dentro de esta categoría.

B. Partidos orientados a los votos (vote-seeking parties). La prioridad máxima es ganar las elecciones, y para ello se manipulan los programas electorales y el ideario; sería un partido downsiano clásico. No dudaría en presentarse en coalición para aglutinar a diferentes grupos sociales, y en un sistema multipartidista, los partidos catch-all entrarían en esta tipología, sin que sea necesaria una afiliación extensa, sino bien organizada.

C. Partidos orientados a los cargos públicos (seat-seeking parties). La prioridad es asegurarse un cargo gubernamental, «incluso a costa de los objetivos políticos o la maximización de votos», sea en solitario o en coalición, y sea para dotar de consenso a las decisiones públicas, o para beneficiarse de las subvenciones.

Teniendo en cuenta lo dicho hasta ahora, podemos representar un esquema clasificatorio de los partidos, en atención a sus objetivos, como el que hemos reproducido en el Cuadro siguiente.

Fuente: WOLINETZ (2007:157)

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4. La teoría de los partidos políticos en la práctica. Algunos ejemplos
En las primeras páginas de este Quadern nos hemos referido a un método intermedio para estudiar los partidos políticos, que tienen en cuenta variables intrapartidistas e interpartidistas. Los análisis más numerosos publicados sobre los partidos políticos, se basan en ésta última vertiente, siendo destacables los estudios sobre competencia política de los Profesores MOLAS, BARTOMEUS o MARTÍN CUBAS, al estudiar los casos de Catalunya y la Comunitat Valenciana. Sin embargo, la visión intrapartidista se encuentra en un plano muy inferior. Tal vez por la dificultad de su estudio, o por el ostracismo interno de algunos partidos políticos, los estudios publicados son menos numerosos8, pero no por ello menos profundos e interesantes. Sea cual sea la visión escogida para estudiar los partidos políticos, existen unas variables comunes y que suponen unos «ejes» o cleavages para comprender la vida de los partidos. La ideología ha constituido el eje tradicional de los partidos, pero el devenir histórico-jurídico y social ha hecho que apareciesen nuevos puntos de controversia, muchos de ellos ligados a la ideología, como el sentimiento regional, la lengua o la organización territorial del Estado o de la Comunidad Autónoma. Estos cleavages son utilizados especialmente para elaborar los mapas de competencia política, que antes se han mencionado. Para este Quadern vamos a considerar que todos los partidos en liza son catch-all, y nos centraremos exclusivamente en el cleavage ideológico, abriendo la puerta a una futura publicación que estudie con más detalle el resto de clivajes (utilizo la traducción realizada por ANDUIZA y BOSCH), que inciden igualmente en los militantes y electores, tal vez con más fuerza que la ideología9.

4.1. La ideología como cleavage En los ya mencionados análisis de la competencia electoral, la primera variable a tener en cuenta suele ser siempre la ideología. Simplificada generalmente en una escala entre el 1 y el 10, refleja la posición subjetiva de los encuestados entre la extrema izquierda y la extrema derecha. Si la ideología subjetiva es importante, no lo es menos la «ubicación del partido» que realizan los votantes, esto es, la posición ideológica estimada de un partido en la escala, especialmente si tratamos de explicar un comportamiento electoral por «identificación» (ANDUIZA y BOSCH, 2004:196 y ss) o el «desalineamiento» (Idem:182). Es por ello que vamos a centrarnos en el cruce entre “Recuerdo de voto” y “Escala ideológica”, centrándonos en la primera de las «caras» de las que hablamos en la Introducción, es decir, en el partido como organización de afiliados, en este caso, de votantes, como uno de los círculos que estableció DUVERGER. A. La autoubicación de los votantes. Vamos a tomar un ejemplo práctico para ver cada uno de estos elementos; por ejemplo, la tendencia ideológica en 2011 de los votantes de los tres principales partidos de ámbito nacional, en relación con la media estatal. Por «autoubicación» vamos a considerar la posición en la escala ideológica de los encuestados en los estudios que hemos utilizado.
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Quiero destacar dos estudios publicados por el ICPS, de J. SANCHEZ y de M. BARAS, que fueron realizados gracias a la colaboración de los partidos políticos, al permitir que los investigadores realizasen encuestas y entrevistas. A nivel de la Comunitat Valenciana sería deseable que se realizasen estudios más exhaustivos. 9 A los cleavages expuestos más arriba, merece la pena añadir las tesis de TOMKINS sobre la Escala de Polaridad, que trata de relacionar características de la personalidad con una posición en la escala ideológica. Por ello, recomiendo el artículo de STONE y GARZÓN, recogido en la Bibliografía.

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En la siguiente figura podemos observar la diferencia entre la media total y la autoubicación de los votantes de PSOE, PP e IU desde enero de 2011 a enero de 2012.

Gráfico 1. Media ideológica y autoubicación de votantes

8 7 6 5 4 3 2 1 0

Media total Votantes PSOE Votantes PP Votantes IU

Fuente: Barómetros del CIS. Elaboración propia

Si el electorado fuese completamente «flotante», volátil, y sin compromisos, al partido catch-all, como maximizador de votos, le bastaría con acercarse a la media ideológica para obtener el máximo número de apoyos. Sin embargo, los resultados de las últimas Elecciones Generales demuestran que esta explicación es tan simple como errónea, teniendo en cuenta que el PSOE perdió un gran número de apoyos, pese a ser el partido donde sus votantes se acercan más a la media estatal. Para comprender mejor la derrota electoral del PSOE, y tratando a sus votantes como miembros de ese entorno u organización que es el partido –siguiendo con nuestro planteamiento–, habría que poner en relación, al menos, tres factores: 1. Insuficiencias del modelo catch-all (plus) en relación con el entorno sociopolítico. 2. Crisis de los partidos catch-all y el consiguiente descenso de la participación política tradicional (voto). 3. Disparidad ideológica curvilínea entre partido-afiliados y entre partido-votantes.

B. La disparidad ideológica y el conflicto interno Este último elemento guarda estrecha relación con las «tres caras» del Partido. Formulada en 1973, la tesis de MAY se fundamenta en que «los votantes tienden a ser moderados, mientras que los líderes, cuya prioridad es obtener votos y puestos de representación política y de gobierno, tienden a adaptarse al electorado» (MÉNDEZ y SANTAMARÍA, 2001: 40). Como vemos, la prioridad de obtener votos encuentra su base en la propia idea de los partidos catch-all, y los autores añaden que la disparidad curvilínea se produce porque «los líderes y simpatizantes/votantes se asemejan en sus posiciones ideológicas, mientras que los militantes son más radicales en sus propuestas y están dispuestos a hacer menos concesiones y consideraciones pragmáticas» (Idem).

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Por tanto, en la disparidad ideológica vemos que «el conflicto se debe a que los activistas son ideológicamente más extremistas que los votantes y los dirigentes políticos» (BARAS, BARBERÀ y BARRIO, 2008: 7). Según lo expuesto hasta ahora, y tomando únicamente las variables mencionadas (y suponiendo que las condiciones económicas del país no hubieran sido de grave crisis), podríamos plantear la hipótesis de que el PSOE primó la estrategia de maximizar los votos acercándose a la media, pero olvidando a sus votantes y la afinidad de éstos por el partido. Asimismo, ayudaría a explicar las disparidades ideológicas internas surgidas en los últimos años del Gobierno de Rodríguez Zapatero, confirmándose que las tesis de MAY siguen plenamente vigentes. Por tanto, y siguiendo a BARAS, BARBERÀ y BARRIO, hay que distinguir las disparidades ideológicas de los conflictos partidistas, para después establecer su relación para observar si las disparidades devienen en conflicto interno, y en qué grado (2008: 17 y ss).

C. Partidos en la Comunitat Valenciana. El mismo análisis planteado para el nivel estatal, podría realizarse a nivel autonómico, partiendo de la hipótesis de que todos los partidos entran en la categoría de catch-all. Así, pues, cabe representar una gráfica como la anterior, pero con un ámbito temporal mayor, para conocer la distancia ideológica de los votantes de un partido concreto, respecto de la media.

Gráfico 2. Media ideológica y autoubicación de votantes 7 6 5 4 3 2 1 0
Media CV Votantes PSOE Votantes PP Votantes IU

Fuente: Barómetros del CIS. Elaboración propia

En este caso, observamos que la distancia entre la media ideológica de la Comunitat Valenciana y los votantes de PSOE y PP no es tan significativa, lo que podría llevarnos indudablemente a recurrir a otra variable (en realidad, a un conjunto de ellas) para tratar de explicar los resultados electorales, y también diseñar un mapa de la «competencia política».

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5. A modo de conclusión. Planteamiento de nuevas hipótesis Después de estudiar brevemente las diferentes clasificaciones y modelos de Partido, y visto algún ejemplo práctico de análisis de partidos catch-all a nivel estatal y autonómico, se nos plantean numerosas dificultades, que nos obligan a partir de unas premisas para realizar un correcto estudio del Partido. Sirva este trabajo para sugerir algunas. Como paso previo a cualquier análisis, y teniendo en cuenta las diferentes teorías que hemos resumido, parece conveniente que antes de analizar un Partido, se deberían fijar a priori unas hipótesis de partida, como por ejemplo: a. Plantearse si el Partido forma parte del modelo catch-all o si forma parte de alguna otra tipología. Así, existen partidos representados incluso en el Congreso de los Diputados que no formarían parte de esta categoría: el ejemplo de Amaiur es significativo, al no reunir las condiciones de catch-all, ni de cartel, mientras que otros partidos que no son catch-all sí se instrumentalizan como «parte» del Estado. b. Establecer si su orientación son las políticas, los votos, los cargos o una combinación de ellos. En el caso de UPyD, si analizásemos sus primeras manifestaciones, podríamos sostener que se dirigía a unas políticas concretas, relacionadas con el Estado autonómico, la política lingüística y el terrorismo, que con el tiempo han ido ampliándose a nuevos cleavages y políticas. c. Plantear cuáles son los cleavages más importantes para el Partido, cuáles los de su militancia y cuáles los de su electorado. En este sentido, podríamos esbozar las principales variables que explicarían la disparidad ideológica, en aquellos casos en los que la hubiera. Es por ello que vuelvo a defender la necesidad de que se realicen más estudios politológicos como los mencionados anteriormente del ICPS, en el seno de los partidos. Estas sugerencias tan solo tratan de contribuir al análisis científico, y su objetivo es abrir la puerta a nuevos estudios. Sirva este Quadern como aportación.

6. Bibliografía
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