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FORMACION DE FORMADORES REFLEXIONANDO JUNTOS INICIO DEL AÑO ACADEMICO
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

1. Hemos hablado ya – en otras oportunidades - del desarrollo histórico de la institución (correlacionados con la historia que hemos vivido en nuestro país en estos 40 años) 2. Hemos hablado del cruce de la historia institucional con las historias o las biografías profesionales (asociadas críticamente a las biografías personales): hicimos referencias a las expectativas que el trabajo en esta institución despierta y el grado de compromiso que genera, especialmente hablando de la etapa de vida cronológica y profesional en que cada uno se encuentra. 3. Hay una película conocida por todos (y trabajada en algunas perspectivas) QUERIDO MAESTRO (O MR. HOLLAND OPUS)... podría ser la historia de todos nosotros. Y con el final que tiene es una historia envidiable. La película asocia el desarrollo personal, el profesional y los hechos históricos de EEUU. Sería interesante hacer una película argentina que tuviera este mismo eje... Holland no quiere ser docente: se decide serlo por descarte. Su vida está en otros proyectos... Todos recordamos lo que hará ese profesor de música sin vocación... pero hay una escena que quiero marcar: han pasado algunas semanas de clase, Holland cumple con las obligaciones pautadas (sin éxito) y en una de las galería de la escuela, la Directora lo acompaña en una de las salidas y le dice: “Ud. no puede ser profesor cumpliendo solo con sus obligaciones. Ud. está aquí en esta escuela para hacer mucho más...para ser una brújula para sus alumnos”... y acto seguido le señala qué es lo que debe hacer más allá de lo que está pautado remunerado. La historia posterior dará cuenta de este pedido clave de la Directora... Puede servirnos para pensar este nuevo inicio de las clases. 4. Hay dos variables que quisiera sumar al iniciar este año: (1) lo que representa en número de horas y de remuneración el trabajo aquí... y (2) el tiempo que cada uno de los 100 docentes hace que está en la institución. 5. Para algunos este es el trabajo principal o único; para otros es un trabajo similar al que tienen en otras instituciones; para otros es un trabajo más entre los muchos que tienen; para algunos es transitorio, ocasional, casual... y para todo es el último trabajo de la jornada. 6. Para algunos es el trabajo (o trabajo docente) con el que se sienten mas identificados porque su perfil apunta a la formación de formadores, a la investigación, al nivel de educación superior... pero para otros es un trabajo más, trabajos que en muchos casos desempeñan con responsabilidad y eficiencia... pero que no representa ningún compromiso particular: la vida profesional está en otra parte. No se trata de elecciones discutibles: son cuestiones fácticas.

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7. Muchos se han formando en esta misma institución /profesorado, en esta misma casa (partenogénesis y endogamia) y hace muchos años que están aquí: han vivido todas las historias, conocieron a todos los directivos; otros en distintos tiempos; otros tienen una historia muy limitada, ya que hace algunos pocos años, meses que están entre nosotros. 8. Para algunos, los ingresos que provienen de este trabajo son importantes; para otros es similar a la de otros lugares en los que trabajan; quedan los que tienen ingresos mensuales que se asocian a otros ingresos (de otras escuelas) y están los que reciben casi un pago simbólico... 9. Por todo eso, si cruzáramos todas estas variables: (1) historia de la institución, (2) historias personales y profesionales, (3) perspectiva de trabajo presente y futuro, (4) tiempo de desempeño en la institución, (5) número de obligaciones y remuneración, podríamos explicarnos porqué: (1) algunos se compromete y se involucran en cuanta iniciativa hay, responden a las propuestas, aceptan sugerencias y obligaciones, trabajan de febrero a diciembre de todos los años, no mezquinan su horario, viajan, nos representan, crecen académicamente, etc... (2) otros se mantienen ajenos, toman distancias, no hacen ver, esquivan obligaciones, suponen que ellos no son los convocados, trabajan de abril a noviembre, etc... y (3) finalmente hay un grupo que alterna entre una y otra posición según sus propias situaciones personales y laborales. 10. Creo que se trata del “valor agregado” que todos los oficios y las profesiones permiten aportar y que solamente algunos lo suelen hacer, marcando la diferencia. En la docencia y en la formación de docente creo que este “valor agregado” es imprescindible y se expresa de manera diversa: “el valor agregado” es el que permite construir una historia y definir proyectos, y no simplemente acumular años. 11. Todos estamos en la misma situación. Y esto puede explicar algunas “injusticias” que algunos viven o denuncian... y que otros ni siquiera imaginan. 12. ¿Cuál es la dinámica de funcionamiento de instituciones como éstas? ¿Cuál es el papel de sus actores? ¿Cómo debería trabajar un instituto formador y, por contagio, toda escuela? Se trata de micro-sociedades que se manejan con micro-políticas. No se trata de multiplicar reglamentos y controles, sino de fortalecer convicciones y comportamientos éticos. Cada uno en su lugar debe hacerse cargo con absoluta naturalidad y compromiso de la tarea que le corresponde: gestionar, coordinar, enseñar, aprender, limpiar, ofrecer servicios. No hay vigilancia posible que llegue con su mirada panóptica a cada uno de los actores. 13. Por sobre la vigilancia está el convencimiento de que las cosas deben funcionar, mejorar: corresponde construir la institución de todos con el esfuerzo común. Un docente sabe todo lo que debe dar, proponer, exigir y exigirse, porque es una manera de honrar el contrato didáctico que – año tras año – lo une con los diversos alumnos, sujetos activos del aprendizaje. De la misma manera, los alumnos saben que su estudio es tal cuando se convierte en conocimientos subjetivados, en auténticos saberes, algo que no siempre puede ser ponderado en los procesos formales de acreditación. Es una situación ideal que, sin embargo, puede construirse en estas micro-sociedades con sus micropoliticas, sabiendo que no es la sociedad real el territorio habitualmente predispuesto para el funcionamiento de las utopías. 14. Es natural que – en este contexto – haya niveles diversos de convencimientos y de compromisos y que – para algunos o para muchos – sean más importantes los reglamentos, los

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controles, los cumplimientos formales de las reglas establecidas. Los comportamientos éticos operan desde el interior, desde la autonomía del sujeto que regula las propias conductas con un criterio universal. Por eso hay docentes a quienes no hay que fijarles horarios, planillas de asistencias, registros de cumplimiento, supervisión de tarea, informes de gestión, porque – fieles a sus propias convicciones – darán clase con insobornable responsabilidad, darán lo mejor de sí en cada encuentro, se prepararán con el rigor propio de este nivel, respetarán los horarios con rigor kantiano, desarrollarán con solvencia todos y cada uno de los puntos del programa, disimularán sus problemas, sus cansancios, sus desánimos, exigirán con justicia en los exámenes y se llevarán el reconocimiento – tácito o implícito – de sus alumnos. Del mismo modo hay numerosos estudiantes que construyen su carrera con seriedad, responsabilidad, perseverancia, voluntad; asisten a las clases, participan de las mismas, leen los materiales, cumplen en tiempo y forma con prácticos, no necesitan excusas para justificarse, rinden con solvencia y cierran sus carreras en los tiempos previstos. Y están los otros, cuyos actitudes, costumbres y caracteres multiplican los inconvenientes que prolonga la carrera y posterga el cumplimiento de las obligaciones establecidas. 15. Sin embargo estas actitudes profesionales – de las que podríamos dar numerosos ejemplos en cada uno de los profesorados y puestos de trabajo del instituto – no están desprovistas de riesgos. En las diversas culturas existen escritos relacionados con lo que se denomina éticamente: “la queja o el malestar del justo”: ¿De qué sirve mi esfuerzo y mi dedicación si a mi lado otros no lo hacen? ¿Qué valor tiene lo que hago si finalmente el sistema reconoce y premia a todos por igual? ¿Qué sentido tienen mis cansancios y mis imperativos si los alumnos terminan reconociendo – por conveniencia - a quienes negocian las obligaciones o se manejan con menos exigencias? ¿Por qué algunos encuentran siempre la forma de explotar las debilidades de los estatutos, los reglamentos y del sistema creándose entornos laborales muchos más cómodos? Los compromisos, las convicciones, los principios éticos no se negocian, aun sabiendo que somos los únicos que seguimos peleando, los pocos que nos mantenemos en el puesto de combate, los ilusos que seguimos luchando por la revolución posible, los locos que interpretamos la vida como un desafío permanente por mejorarse a uno mismo y a los demás. El mismo Kant, para su ética casi heroica del deber, tuvo que postular un reaseguro trascendente que le diera esperanza a quienes se jugaban con un imperativo absoluto y sin condiciones. Todo esto es cierto para quienes hace demasiado tiempo que estamos trabajando en la educación y lo es – como proyecto y compromiso – para cada uno de los alumnos que ha terminado de cursar y se dispone a iniciar el ejercicio profesional de su labor docente. No siempre habrá reconocimientos, recompensas, agradecimientos, aplausos, finales de película, abrazos, saludos… pero somos nosotros los que no nos engañamos y decidimos qué hacer y qué ser como personas y como profesionales. 16. Los aprendizajes en estas instituciones requieren docentes dinámicos, activos, innovadores, comprometidos con los actuales habitantes del nivel superior y de las carreras docentes. Pertenecen a otro paradigma, son distintos, son otros, pero son nuestros. Es el tiempo que nos ha tocado vivir. Requieren nuestro compromiso profesional: no somos sólo los que venimos a comunicar, a mostrar (mostradores), a pasar (pasadores) todo lo que hemos estudiado, leído, sabemos o investigamos… somos los que nos asociamos en los aprendizajes ajenos, el esfuerzo de los otros. 17. Si al concluir el año o la carrera, nuestros alumnos que pueblan las aulas y las galerias, terminan el año, rinden sus parciales, cumplen con los trabajos, se comprometen con

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actividades formales y sistemática y de las otras (creativas e innovadoras), aprueban sus exámenes finales, vencen todas las resistencias y dificultades, participan en el centro de estudiantes, exigen pero cumplen, demandan pero aportan, seguramente todos seremos mejores. Toda escuela, toda institución - y mucho mas un instituto superior - es una comunidad de aprendizajes. Todos aprendemos, todos aprendemos de todos: con los aprendizajes de cada uno nos enriquecemos todos. 18. Así nos predisponemos a iniciar un nuevo año académico que tenga en cuenta todas estas variables, aceptando la realidad que nos rodea, pero pensando, imaginando, construyendo una realidad distinta, mejor, que nos reconcilie con una verdadera calidad de vida personal y profesional. Solidariamente seremos mejores todos. Y será mejores los procesos y los resultados de nuestra educación.