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A 30 AÑOS DE LA GUERRA

“Malvinense y rosarino”
Escribe: Hagar Blau Makaroff Fotos: Leonardo Vincenti

Pablo Betts se declara rosarino y malvinense, “pero de las Malvinas Argentinas”. Su familia, dividida desde la guerra de 1982, vivió una historia de nostalgias, traiciones, negociados, activismo político y reencuentros. Otra faceta del conflicto por la soberanía de las islas.

s un hombre de cuarenta y tres años, de bajo perfil, rasgos marcados y mirada cansada, que habita en barrio Echesortu y es hincha de Newell's Old Boys. Detrás de su vida cotidiana, entre el comercio de pinturas, el fútbol y su hijo Martín, existe una historia hasta hoy inédita. Pablo Betts es un rosarino por adopción, pero nació en Borbón, en Gran Malvina. Luego vivió en Puerto Argentino, y desde los doce años es argentino nacionalizado. Pablo debió rehacer su vida separado de su hermana Dawn (Alba, en castellano), sus tíos y primos y su abuela Malvina Goss, y a 500 kilómetros de su padre, un malvinense cordobés muy particular. Este último, en los años '70, comenzó a estudiar de forma autodidacta la historia de las islas, y llegó a la conclusión de que todo lo que leía era parcial. “Nos decían que Luis Vernet era un comerciante alemán que llegó a Malvinas con el solo pro-

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pósito de hacer negocios, y que el Gaucho Rivero nunca existió. Leíamos la historia con un solo ojo”, recuerda Alexander Betts en un medio nacional. El estudio de la historia y la incursión en la política fue el camino del padre. Su hijo Pablo, en cambio, se dedicó a una vida citadina en Rosario, compartiendo los ideales y apoyando a su padre, pero desde una mirada pasiva. Ambos coinciden en que algún día, si las relaciones mejoran o las negociaciones se hacen menos tensas, tendrán la posibilidad de volver a las islas para recorrer sus calles y reencontrarse con su familia isleña. “Yo nací y me crié hasta los cinco años en Borbón, y después nos mudamos a Puerto Argentino porque no había colegio en el campo -recuerda Pablo-, y era de la única forma que recibiría educación”. Su madre había muerto, y había docentes que viajaban una vez cada varios meses a las estancias para dar clases generalizadas a los niños campesinos. Pablo rememora su primera infancia

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“Me siento rosarino, argentino y también de las islas, pero las islas como Malvinas Argentinas.”

con lucidez: “En Borbón vivíamos junto a otras seis o siete familias, en una estancia donde mi padre era carpintero y peón de campo. Luego comenzó a trabajar en la Falklands Island Company, una empresa portuaria malvinense. De aquel entonces recuerdo que jugaba mucho con mi hermana y mis primos cabalgando por los campos”. Destaca que la escuela en Puerto Argentino era muy básica: “aprendíamos a sumar y restar, leer y escribir, pero no nos enseñaban sobre la historia de las islas”. Alexander Betts era, por entonces, uno de los pocos malvinenses que había aprendido a hablar castellano, y gracias a esto consiguió trabajo en Yacimientos Petrolíferos (Gas del Estado) y la aerolínea LADE, que realizaba los vuelos comerciales de las Fuerzas Aéreas. Fue gracias a su curiosidad por la historia que empezó a formar su opinión de que las islas Malvinas deben ser argentinas, ya

que tanto histórica como geográficamente, las pruebas son evidentes. Claro que su opinión contradecía a la del resto de su familia. LA NUEVA VIDA La primera vez que Pablo Betts visitó Argentina fue de paseo con su padre y su hermana, en 1979. Todo lo veía como una aventura; nunca antes había visto calles tan transitadas, edificios, semáforos, ascensores ni centros comerciales. “Era un chico de pueblo, considerando que en todas las islas habrá unos tres mil habitantes”, reconoce. En 1981, volvió para quedarse y comenzar el secundario en el Liceo Aeronáutico de Funes. “Adaptarme a las costumbres argentinas me costó un poco. Conocía algo de idioma castellano, ya que me enseñaban un nivel básico en la escuela de Malvinas. Mis compañeros del Liceo me ayudaron mucho, y también los tuto-

res. No me gustaba la parte militar, ya que era adolescente y no quería seguir órdenes, pero hoy puedo valorar muchas cosas que aprendí”, analiza. Terminada la escuela, se quedó en Rosario. Comenzó la carrera de Ciencias Económicas, que luego abandonó para dedicarse a hacer tareas administrativas en empresas privadas. Actualmente, se dedica al comercio de pinturas para autos. Se casó y tuvo a su único hijo Martín. El nacionalismo de Pablo es doble: “Me siento rosarino, argentino, y también de las islas, pero las islas como Malvinas Argentinas. Tuve la oportunidad de volver a visitarlas, pero conservo el temor a bajar del avión y encontrarme con kelpers que me quieran agredir porque nos consideran traidores. Sería problemático volver, tanto para nosotros como para mi familia que está allá, porque se puede ver comprometida”. Sobre los Ex Combatientes de MalviMARZO DE 2012 ROSARIO EXPRESS | 41

nas, Pablo dice no haber tenido relación hasta ahora, pero no descarta un acercamiento futuro: “Probablemente no me conozcan, no sepan de mi existencia. No tendría problema en relacionarme con ellos, ya que lucharon para defender el lugar donde yo nací. No se ha dado por las cosas de la vida”. Quizás en abril, durante la conmemoración del trigésimo aniversario de la guerra, sea el momento oportuno. UNA FAMILIA DIVIDIDA Los miembros de la familia Betts que quedaron en las Islas coinciden en la autodeterminación de kelper, y luego como parte de la Corona Británica. Los tres tíos de Pablo siguen distanciados desde la juventud con su padre por las diferencias ideológicas y por los rumbos geográficos que cada uno tomó. Peter y Vivian siguieron su relación con lazos más débiles pero sin peleas fuertes, en cambio el tío Terry fue un acérrimo defensor de Inglaterra. La hermana malvinense de Pablo es funcionaria de Migraciones de la Corona Británica en Puerto Argentino. Pablo y su hermana se reencontraron diecisiete años después de la guerra, cuando ella vino a visitarlo con su hija. “Me contó que había comprado la casa de nuestra infancia en Borbón, y su hija Gabriella mantiene una fluida relación por Facebook y Skype con mi hijo Martín”, cuenta alegremente. La relación de los Betts que quedaron en el continente con los malvinenses, fue cada vez más distante. “Nos hacemos llamadas para desear felices fiestas o para cada aniversario. Mi abuela viajó una sola

Pablo Betts junto a su único hijo Martín en el Monumento a Malvinas.

vez de visita, y cuando llegó nos confesó que imaginaba las calles llenas de militares y gente persiguiéndola. El tío Terry nos vino a visitar dos veces, y aunque el trato fue cordial, siempre nos hizo saber su postura anti-argentina”, confiesa Pablo avergonzado. LA GUERRA EN PRIMERA PERSONA Cuando comenzó la guerra, Pablo ya vivía en Rosario. Tenía doce años y era alumno del Liceo Aeronáutico Militar de Funes desde el año anterior. Tenía pasaje para volver a visitar a su familia el 5 de abril de 1982, pero tres días antes estalló la guerra. Durante el tiempo del conflicto no tuvo comunicación con su familia; vivía con la incertidumbre de saber que todos sus seres queridos se encontraban

en medio de los enfrentamientos. Su padre Alexander, al cumplir con su función de personal civil de las FFAA, debió trasladar cargamento y soldados. Cuando la guerra terminó, fue considerado desertor para la patria inglesa y “veterano de guerra” por el Estado argentino. A dos horas del final de la guerra, supo que debía huir expulsado de su propia tierra. Dejó a su hija en la isla al cuidado de su abuela. Alexander pasó a ser llamado Alejandro, se enamoró de una mujer cordobesa y se instaló en Agua de Oro, un pueblo a 50 kilómetros al norte de Córdoba. Allí formó una nueva familia, por lo que Pablo tiene hermanos cerca, dos varones y una mujer. Ya estaba en los planes de Alejandro

Infancia: Pablo con su primo Severin y un amigo.
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Adolescencia: en el Liceo Aeronáutico de Funes.

Adultez: con su padre Alejandro Betts.

mudarse al continente desde que comenzó a tener diferencias políticas con su familia y la sociedad en general, pero nunca imaginó que sería por un conflicto bélico. Junto a Pablo, recibieron la nacionalidad argentina en octubre de 1982, prueba última de su afirmación como argentinos. Alejandro sigue siendo un acérrimo defensor de la soberanía de Argentina sobre Malvinas. Escribió tres libros y viaja a la ONU desde 1983, todos los años, para declarar como “malvinense argentino”. Por otra parte, realizó una carrera política en Agua de Oro desde el Radicalismo. En 1987, fue designado secretario de Gobierno de la Municipalidad, y en 2007, fue candidato a intendente por la Unión Vecinal. Hoy, con 64 años, continúa trabajando como personal civil de las FFAA en el Aeropuerto de Córdoba. EL CUENTO DEL TÍO Terry Betts, tío de Pablo y hermano de Alejandro, vive en Londres, es concejal de la capital británica y hace negociados “vendiendo licencias para la pesca en el puerto malvinense”. Según el rosarino, su tío cobra comisiones en libras por las

Alejandro Betts vive en Agua de Oro, a 50 km. de la ciudad de Córdoba donde trabaja como personal civil de la Fuerza Aérea Argentina.

licencias, con las que se hizo millonario, por lo que junto a su padre lo denominan “inmobiliario pesquero”. Pablo relata que Terry nunca estudió la historia ni sabe demasiado del conflicto, y sin embargo “funcionó de marioneta durante varios años en cada encuentro del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas”. Lo ponían a reclamar que las Malvinas eran inglesas “para contrarrestar la incómoda presencia de su hermano Alejandro, quien reclamaba todo

lo contrario como malvinense pro-argentino”, relata Betts con tono de indignación. Terry vino dos veces a visitar a su hermano Alejandro y a su familia. En ambas visitas, Pablo recuerda que “Terry remarcaba todo el tiempo que es un agradecido a Galtieri”, ya que gracias a la guerra que éste emprendió, Gran Bretaña consiguió tanto las tierras y los mares, como la adopción de los malvinenses por parte de la corona.