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América latina y la Argentina entre 1870 y 1914 Hacia 1870, los países latinoamericanos reorientaron decididamente sus economías

para responder a las demandas de un mercado mundial en expansión. Estas demandas consistían en la provisión de materias primas y alimentos para las industrias y los habitantes de los países industriales. Para satisfacerlas contaron con el aporte de capitales y tecnologías de los países industriales, que se concentró en los sistemas de transporte y comunicación que hicieron viables las exportaciones. También se produjeron grandes avances en la frontera agrícola, donde ésta existía, y sobre las tierras de las comunidades campesinas. En algunas regiones se produjo asimismo un enorme flujo de inmigrantes. Los países de América latina también se convirtieron en el punto de destino de las exportaciones de productos manufacturados de Europa y los Estados Unidos. La capacidad de consumo de los latinoamericanos aumentó en relación directa con la expansión de las exportaciones. Por cierto, la distribución de los beneficios de la expansión entre los diferentes grupos sociales fue inequitativa. A pesar de ello, en algunos países y regiones la magnitud del crecimiento económico permitió una importante movilidad social, especialmente en las grandes ciudades. La expansión inducida por el crecimiento del comercio internacional facilitó la consolidación de los estados nacionales. En la medida en que las fuentes de recursos fiscales casi exclusivas eran los aranceles al comercio, el incremento de dicho comercio implicaba un aumento proporcional de los recursos del estado. Sobre la base de esta recaudación en ascenso y de la disponibilidad de crédito en el exterior, los gobiernos obtuvieron préstamos que permitieron financiar importantes obras públicas. En este período, la política de los países latinoamericanos estuvo dominada por oligarquías cerradas, sostenidas por la riqueza y el monopolio del poder político. La participación electoral era limitada, tanto por restricciones legales al sufragio – como por ejemplo, el requisito de alfabetización en países con porcentajes de analfabetismo de más del 80% - como por la práctica efectiva de las elecciones, plagada de irregularidades. En varios países ni siquiera existían estos remedos de participación electoral. Sin embargo, la contradicción entre regímenes políticos cerrados y sociedades abiertas – especialmente en las principales ciudades – no tardó en manifestarse. Surgieron movimientos políticos que cuestionaron las características básicas de los regímenes oligárquicos y reclamaron una reforma política. La Unión Cívica Radical argentina., el batilismo uruguayo y las fuerzas opositoras a la reelección de Porfirio Díaz en México fueron ejemplo de estas corrientes. Los reclamos por mayor participación no se restringieron al plano político. La incipiente clase obrera de los países más desarrollada de la región se organizó en sindicatos que comenzaron a luchas por sus derechos. Otros grupos también comenzaron a manifestar sus reclamos. Entre ellos se destacó la protesta estudiantil que, a partir del movimiento de la Reforma Universitaria de 1918, alcanzó una importante y duradera influencia en muchos países latinoamericanos. La evolución de la Argentina entre 1870 y 1930 presentó muchos de los rasgos citados. En pocos años se convirtió en uno de los principales exportadores del mundo de cereales y carnes, y recibió el mayor porcentaje de las inversiones inglesas hacia América latina, que se dedicarían a la extensión del ferrocarril, a empréstitos a los gobiernos, y a la instalación de frigoríficos. Entre 1880 y 1910 llegaron al país más de tres millones de extranjeros, de los cuales se radicaron más de dos millones. También en la Argentina se manifestó con particular nitidez el conflicto entre el régimen oligárquico y las fuerzas reformistas que, después de un cuarto de siglo de enfrentamientos, llegaron al gobierno en 1916. LUCHILO, Lucas j. y otros. Historia 3. Edit. Santillana. 1° ed. 1995. Bs. As. Pág. 91.