Correspondencias desde Eyjafjallajökull

MONTAÑAISLAGLACIAR www.montañaislaglaciar.es Una publicación de Broken Dimanche Press en colaboración con Ortomática Madrid, Berlin 2011

Este proyecto es posible gracias a la financiación del programa Iniciarte de Ayudas a la Creación de la Junta de Andalucía y de las Ayudas a la Creación Artística y Producción Cultural Frontera Sur de la Diputación de Cádiz y la Fundación Provincial de Cultura. Con la colaboración de Altes Finanzamt, Espacio Abisal y Proyecto Rampa.

www.brokendimanche.eu ISBN: 978-3-943196-01-6 Equipo: Carlos Fdez-Pello, Javier Fresneda, Eduardo Hurtado, Regina de Miguel, Antonio R. Montesinos y Lorenzo Sandoval. Colaboradores: Pavla Ascher, Santiago Eraso, Juan Freire, Emanuele Guidi, John Holten, Nicolas Maleve, Roberto Meira, Markus Miessen, Alan Pauls, María Ptqk, Laurence Rassel y Urszula Wozniak. Edición: Regina de Miguel y Lorenzo Sandoval Diseño: Carlos Fernández-Pello Ilustraciones: Kim-Vásquez Proyecto: Eduardo Hurtado Coordinación: Antonio R. Montesinos Colaboradores: Lorenzo Sandoval Traducción cast/inglés: Keith Richard Payne Traducción inglés/cast: Mijo Miquel Traducción cast/alemán: Mario Gómez Proof-reading: Juan Burdiel, Carlos Fernández-Pello, Javier Fresneda, John Holten, Nicholas Fox Ricciardi, Regina de Miguel, Lorenzo Sandoval. Salvo que se indique lo contrario. los materiales incluidos en esta publicación están editados bajo una licencia CC BY-SA de Creative Commons. El texto de Pavla Ascher “ El Clima Interior” está publicado bajo dominio público. La pieza Zukunft que aparece en la aportación de John Holten “Introducción al ‘Para Warmann’ de Djordje Bojić” (pag 157) y sus derechos de reproducción pertenecen al artista Darko Dragičević. Impresión: Gráficas Luengo, Navalmoral de la Mata

También queremos agradecer a Eventos Paralelos Manifesta 8 y a In-transit Plataforma Complutense de Creadores Universitarios y a la Residencia de Estudiantes por creer en el proyecto, al Dr. Román Piña Chan por su patronazgo siempre atento y muy especialmente a María Sandoval y a Ángel Guardiola por su enorme ayuda en Murcia.

Esta publicación usa Larish Alte & Gill Sans

Introducción
5 · Regina de Miguel & Lorenzo Sandoval

Nantes — Barcelona Barcelona — Nantes
93 · Laurence Rassel & Nicolas Malevé

Avrupalılaştırabildi­ klerimizdenmisiniz?
7 · Urszula Wozniak

Un Nubarrón recorre Europa
107 · Santiago Eraso

La Nueva Tierra
17 · Antonio R. Montesinos

Unité d’organization. Cité Raieuse.
115 · Lorenzo Sandoval

Macho Alfa y acamp@das en beta
23 · María Ptqk

¿Recontruír Europa desde las Periferias?
129 · Juan Freire

Europa como Síntoma
41 · Regina de Miguel

Berliner Olympiastadion
141 · Eduardo Hurtado

Comunidades bajo Condiciones Climáticas Variables
53 · Emanuele Guidi

Introducción al “Para Warmann”
151 · John Holten

Entrevista al Profesor Don Roberto Meira
63 · Javier Fresneda

Oiropa
161 · Alan Pauls

Un Diccionario Incompleto La Frontera (Im)posible: ¿al este de qué está el Este? del Futuro de Europa
73 · Markus Miessen 177 · Markus Miessen (Apéndice)

El Clima Interior
83 · Pavla Ascher

Biografías
187 · Autores y Colaboradores

Introducción

El proyecto Correspondencia desde Eyjafjallajökull, a partir del cual surge esta publicación, tuvo su punto de partida en la erupción del ahora conocido volcán de Islandia. La irrupción de la nube de cenizas que paralizó el tráfico aéreo expulsada desde este punto instalado recientemente en el imaginario común geográfico nos sirvió para comenzar un proceso abierto en el cual hemos trabajado desde diferentes ópticas una reflexión sobre el malestar inscrito en la idea de Europa. Esta suspensión temporal de los medios de despla­ zamiento aéreo en el espacio europeo nos trasladó al tiempo en el que la idea de viaje en Europa se realizaba por tierra. El continente se descubrió con ello en una reacción de pánico porque suponía volver a una tempo­ ralidad otra, un gasto inconcebible y obsoleto dentro de la actual organización del tiempo, producto del último capitalismo. Esta nube además apareció como figura imperfecta y de márgenes indefinidos que reflejaba meridianamente la forma en que se ha construido la identidad europea: un humo que en su inicio no dejó lugar a la transparencia pero sin embargo se extendió de manera invisible. La escurridiza identidad de la UE se ha ido cons­ tituyendo con un contorno forzado. Sin duda, en base a la tradición por la cual el viejo mundo se instauró cartográficamente como central en oposición a lo otro, definiéndose, entre otras cosas, por la diferenciación eurocentrista característica de la colonialidad, contor­ neando su perfil a través de las periferias. Apelando a una tradición intelectual que no corresponde con sus bordes geopolíticos, la UE ha heredado el conflicto
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nunca resuelto de definirse hacia fuera y no hacia dentro. No se ha conseguido sincronizar ni económica ni cultu­ ralmente a los países que forman o que quieren formar parte de la Unión. Además de los conflictos internos que se mantienen, quedan otros por solucionar, y por citar uno muy claro, como la integración del islamismo. La solución a estos problemas ha sido permanentemente pospuesta y no se ha comprendido su envergadura hasta que en la actual coyuntura, han mostrado su medida marcando una vez más con extrema claridad el centro y la periferia indefinida, auténtica zona de fricción de las placas económicas. Las recientes políticas de giro ultraliberal no han hecho sino amplificar el malestar. Las medidas que van apareciendo día tras día, ejecutadas por los gobiernos siguiendo el dictado de los mercados, apuntan hacia el fracaso de un sistema de valores que se suponía intoca­ ble, una idea de estado que se difumina y el proyecto del bienestar que parece consumido por la misma energía que debería mover su motor. Sin embargo, no debería­ mos dejar de consultar la historia para poder volver a pensar en el futuro. Quizá podamos comprender que las cosas no se han de hacer tan solo en base a las alternati­ vas que nos muestran. La publicación Montaña Isla Glaciar no pretende ser un estudio generalista de la actual situación europea. Se trata de un libro en el cual se congregan junto a los miembros del proyecto una serie de colaboradores creando un discurso polifónico. A pesar de que cada una de las propuestas se articulan en registros diferentes y desde perspectivas múltiples, todos comparten la inten­ ción de cuestionar el actual paradigma de la europeidad tal como nos la presentan.
Octubre 2011 8

Avrupalılaştı­ rabildiklerimiz­ denmisiniz? Construyendo la Identidad Europea frente a su Otro
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Urszula Wozniak

A v R U PA L I L A S T I R A B I L D I k L E R I M I z D E N M I S I N I z ? — U R S z U L A W O z N I A k

Desde que los antiguos griegos introdujeron el término Εὐρώπη, Europa ha ido desarrollando un discurso en permanente cambio sobre la inclusión y la exclusión. Europa como concepto se basa tanto en una definición geográfica como en una identidad común.
Para la Unión Europea, inicialmente una comunidad económi­ ca, la cuestión de la identidad común empezó a tener importancia en la década de los 70 del siglo pasado. En ese momento, la Comu­ nidad Económica Europea estaba compuesta únicamente por nueve estados europeos, ninguno de ellos del Este. La crisis económica fomentó inicialmente los debates sobre una identidad común: en la cumbre de Copenhague de 1973, los miembros decidieron – con el trasfondo del impacto de los precios del petróleo en ese momento – fomentar una identidad común. Desde entonces, la preocupación creciente de los dirigentes de la UE no ha sido “si se puede desarro­ llar una unión política, sino sobre cómo ir más allá de ella y promo­ ver una “identidad europea” que se extienda a los ámbitos más […] “culturales” de la vida cotidiana”.2 Tal y como argumentaré en las siguientes páginas, la cuestión de la identidad se volvió a imponer a raíz de los debates sobre los primeros países predominantemente musulmanes que solicitaron su ingreso. Delimitando la pertenencia En tanto que entidad geográfica e imaginario cultural, la Unión Europea se ha enfrentado continuamente a la dificultad de definir una identidad europea común. No obstante, la UE mantiene su imagen de Europa igual como se ha imaginado el “Oriente Medio” u “Occidente”. Durante 200 años, la Europa del Este ha funciona­ do como el Otro homogéneo, contra el que se ha definido la identi­ dad europea. Nacida como una región geográficamente imaginada principalmente a través de la literatura de viajes decimonónica alemana, inglesa y francesa que presentaba una Europa dividida entre una Europa occidental civilizada y una bárbara del Este, una división que se materializó en el siglo XX en el Telón de Acero.3 A veces se diría que esta frontera aún está vigente en la actualidad, tal y como evidenciaron las reacciones a la ampliación hacia el Este de 2004 y el subsiguiente retrato en los medios del plombier polonais como la nueva amenaza al mercado laboral de la Europa occiden­ tal.4 Hoy en día, la Europa del Este ya no es la “anti­Europa” pero aún sirve a menudo como la “Europa de segunda”.5 11

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El final de la Guerra Fría también ha reposicionado a Turquía en el mapa mental europeo. Podría argumentarse que Turquía, como miembro de la OTAN durante la Guerra Fría, pertenecía más en aquel momento que ahora al imaginario geográfico de los poderes occidentales. El diálogo actual sobre el acceso de Turquía a la UE raramente consigue evitar orientalizar el riesgo. Una UE imaginaria que incluya a Turquía no sólo desafía los límites men­ tales arraigados sino que también implica la transformación de la frontera externa de la UE – con nuevos vecinos como resultado. El político alemán Edmund Stoiber se mostró francamente escéptico ante esta posibilidad: “Europa no puede terminar en la frontera turco­iraní”.6 Si bien esta observación hace referencia a considera­ ciones de seguridad, a menudo las narraciones históricas esconden muchos otros argumentos contra la entrada de Turquía en la UE. Ganando la batalla, temiendo el choque “La liberación de Viena en 1683 habrá sido en vano”,7 temía el anterior Comisionado de la UE Frits Bolkestein tan sólo unos años después de la primera candidatura oficial de Turquía en 1999. La histórica victoria sobre los turcos de Viena se ha convertido en un argumento popular contra el ingreso de Turquía en la UE. Esta vic­ toria se ha interpretado a menudo en términos religiosos: como una derrota provocada por los monarcas de la casa de los Habsburgo, li­ derados por el rey católico polaco Jan III Sobieski, como un baluarte cristiano contra el Islam en vías de expansión del Imperio Otoma­ no. Con el resurgir actual de esos antiguos miedos a la amenaza turca, Turquía se ha convertido en la catalizadora de la definición de lo europeo. De acuerdo con el artículo 237 del Tratado de Roma de 1957, que aún sigue siendo válido en las reformulaciones de los tratados posteriores, “cualquier Estado europeo” puede solicitar su ingreso como miembro. Como candidata formalmente aceptada, ¿no está siendo Turquía reconocida de antemano como europea? Paradójicamente, la UE no está queriendo dar una respuesta positiva. La trayectoria de los esfuerzos de Turquía para ingresar en la UE es única tanto en su historia como en su desarrollo. Aunque se convirtió en candidata reconocida en diciembre de 1999, los esfuerzos oficiales de Turquía para integrarse pueden remontarse a 1963. Fue en ese año cuando Turquía y la entonces Comunidad Económica Europea firmaron el Acuerdo de Ankara: un contrato de asociación que ya incluía la perspectiva futura de que Turquía se uniera a la UE. En retrospectiva, las reacciones a este movimien­ 12

A v R U PA L I L A S T I R A B I L D I k L E R I M I z D E N M I S I N I z ? — U R S z U L A W O z N I A k

to fueron sorprendentemente positivas: Walter Hallstein, en ese momento Presidente de la Comisión Europea, dijo del Acuerdo de Ankara que era “un paseo a la manera de Ataturk”8 haciendo referencia de este modo al históricamente enraizado giro hacia Europa – e incluso lo consideró una prueba de la pertenencia de Turquía a Europa. Para él, el futuro ingreso de Turquía caía por su propio peso ya que “Europa y Turquía se plantean objetivos políti­ cos, económicos y militares conjuntos”.9 De hecho, el acuerdo se ha convertido en una eterna solución temporal. Cuarenta años después, muchas de las reacciones oficiales dentro de la UE a la candidatura turca se invirtieron. El ex­pre­ sidente de Francia, Valéry Giscard d’Estaing, fue uno de los más críticos. En 2002, d’Estaing, en calidad de arquitecto de la nueva Constitución Europea, dijo que el ingreso de Turquía sería “el final de la Unión Europea” y continuó haciendo énfasis en las diferen­ cias culturales para bloquear la entrada de Turquía en la geografía imaginaria europea. Arguyó que “La capital de Turquía no está en Europa, el 95% de su población no está en Europa, no es un país europeo”.10 Existen innumerables ejemplos de este tipo de reaccio­ nes negativas: la afirmación de Nicolas Sarkozy de que los funda­ mentos de la Unión Europea son judeocristianos y la comparación de Olli Rehn, Comisionado Europeo para la Ampliación, entre las conversaciones para la entrada de Turquía y un choque de trenes, son quizás los ejemplos más citados. Civilizándose y colonizándose No parece que se avecine ese choque de trenes, ya que la UE aumenta constantemente la distancia entre las revisiones del proce­ so de aceptación de Turquía. Además de los criterios formalmente establecidos requeridos por los candidatos previos, por primera vez en la historia de la ampliación de la Unión Europea, la UE insis­ te redundantemente en considerar las negociaciones con Turquía como un “proceso abierto” e incluso ha introducido una Cláusula de Suspensión que considera la posibilidad de interrumpir el pro­ ceso en caso de que Turquía viole los valores sobre los que se basa la UE. Pero, ¿cuáles son los valores de una unión que se forjó inicial­ mente por intereses económicos y conveniencias comerciales? El preámbulo a la Carta de Derechos Fundamentales de la UE nos ofrece algunas pistas sobre la “herencia espiritual y moral” de la UE, así como sobre “los valores universales, indivisibles, de la dignidad humana, la libertad, igualdad y solidaridad”. De igual 13

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modo, la Constitución de la UE no prescribe los cimientos cristia­ nos de la Unión, pero menciona claramente la religión ya que la UE debería “inspirarse en la herencia cultural, religiosa, humanista de Europa”.11 Por tanto, la herencia de Europa se adscribe a la civili­ zación romana y griega así como a la Ilustración, todas ellas encar­ nando la gran narrativa de la Razón, el Progreso y la Civilización. La misión civilizadora de la UE es europeizar Europa a través de la difusión de los “valores europeos” de la Ilustración entre sus aspi­ rantes a conciudadanos. Los funcionarios de la UE que trabajan en estos textos legales aspiran a europeizar y autocolonizar Europa, por ejemplo infiltrando la herencia supuestamente “europea”.12 La Ilustración funciona como la narración de base para la construcción de la herencia europea y, por tanto, los enredos de los musulmanes y/o de los turcos con Europa – aunque sean elementos constituti­ vos de su historia – quedan fuera de campo. No obstante, muchos conceptos que emanan de esta gran narración de la Razón ilustrada son ambiguos en relación al Otro europeo. Jean Monnet, uno de los principales arquitectos de la unidad que posteriormente se convirtió en la actual UE, definió el homme européen como un cosmopolita desarraigado y un “bohemio desterritorializado que tipifica los ideales virtuosos del raciona­ lismo ilustrado”.13 Este énfasis en el desarraigo y el desapego del imaginario geográfico incluyen potencialmente a Turquía. Al mis­ mo tiempo, claramente, no se concibe al turco como la encarnación del “racionalismo ilustrado”, especialmente cuando la violación de los derechos humanos de este país es uno de los argumentos más frecuentes contra su entrada en la UE. Pero ¿entonces Turquía no es europea? Europeos por naturaleza Si revisamos la historia, encontramos construcciones mucho más antiguas del homme européen que encuentran la raíz de las diferencias culturales y de valores en la sangre, los huesos y la piel. El pensamiento del siglo XVIII dio luz a la figura del europeo como un ser diferente de los demás pueblos. Esta concepción racial de un pueblo europeo diferente se basaba en supuestas diferencias bioló­ gicas. El modelo epistémico de una raza europea fue defendido por primera vez científicamente por Carl von Linneo en su “Systema Na­ turae” de 1735. El biólogo y físico sueco distinguía entre el “Homo Europaneus”, el “Homo Asiaticus”, el “Homo Africanus” y el “Homo Americanus”. Las descripciones de Linneo concedían mayor importancia inequívocamente al hombre europeo que al resto. En 14

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(fig.1) — Tabla tomada de: Ludwik Hirszfeld y Hannah Hirrszfeld, “Diferencias serológicas entre la sangre de las diferentes razas. Resultado de las investigaciones en el frente macedonio”, The Lancet 180 (1919), p.678.

ellas, describía a cada raza con sus características fisionómicas y les atribuía ciertas características sociales y emocionales. Contrastando con sus descripciones fundamentalmente negativas de las razas de “color” de carácter desequilibrado, el temperamento de los Europeanus de piel blanca se describía de forma favorable: gentil, con una mente creativa, racional y, finalmente, de carácter sanguíneo.14 El estudio de Linneo tan sólo fue el principio de los crecientes esfuerzos por medir al europeo en términos fisionómicos y menta­ les durante los siglos XIX y XX. 150 años después de Linneo, los científicos y médicos Hannah y Ludwik Hirszfeld intentaron com­ plementar las tesis de las diferencias de base biológica de las razas con la idea de que estaban relacionadas con grupos sanguíneos. Durante la Primera Guerra Mundial, hicieron análisis de sangre a unos 8.000 soldados franceses, británicos, italianos, rusos y ser­ bios de las fuerzas de la Triple Entente con base en Salónica. Los resultados fueron más tautológicos que de naturaleza científica ya 15

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que su tesis de que los europeos pertenecen predominantemente al grupo sanguíneo A no se pudo probar. Un diagrama de diferencias serológicas (fig.1) es especialmente revelador de que la definición de quien se consideraba europeo estaba aparentemente predeter­ minada: los árabes, los turcos,15 rusos y judíos estaban posiciona­ dos entre los europeos y los asiático­africanos. Incluso cuando, estadísticamente, los datos recogidos mostraban que había menos italianos que turcos pertenecientes al grupo sanguíneo A “euro­ peo”, fueron los turcos los separados de los europeos. Reflejo de un sistema de conocimiento histórico específicamente biológico, esta interpretación de los datos obtenidos ya anticipa las construcciones posteriores de lo europeo, basado en la exclusión de lo indeseable de la comunidad imaginada. ¿Demasiado à la turc? Dependiendo su propia identidad de un Otro contra el que definirse, los actuales esfuerzos de la Unión Europea para pro­ longar el proceso de solicitud turco perpetúan una narrativa de construcción del imaginario europeo y de la europeidad racista y exclusivista. Como la identidad está siempre construida de forma performativa en relación con lo que no se es, durante siglos Turquía ha funcionado como el Otro europeo, ya sea en términos de heren­ cia cultural, ya de religión de geografía o de raza. A lo largo de esos siglos, las fronteras europeas se han cuestionado frecuentemente pero los mapas mentales difícilmente van a cambiar a menos que los ingenieros de la EU dejen de construir Europa como el Occidente ilustrado con sus raíces en un pasado cristiano. El fantaseado Otro turco­musulmán le sirve a Europa de identidad fundamentalmente diferencial que es capaz de ocultar la falta estructural de una iden­ tidad europea coherente – el desastre en la votación del Tratado de Lisboa tan sólo es uno más de una innumerable cantidad de ejem­ plos – y la incapacidad de producir una colectividad armoniosa.16 Hay 4.6 millones de musulmanes turcos en la Unión Europea, lo que equivale a la población de Estonia y Lituania. Claramente Turquía no tiene que integrarse en la Unión para poder “entrar” en Europa. Durante siglos, Europa y Turquía se han construido mutuamente una a otra y han alimentado fantasías sobre lo que po­ dría posiblemente ser tanto la identidad europea como la turca: el proyecto de modernización de Turquía y su esfuerzo por occidenta­ lizarse desde finales del siglo XIX en adelante sería de otra manera impensable sin Europa. El escritor turco­alemán Emine Sevgi 16

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Özdamar ha llevado esta interconexión hasta este punto: “Europa era un palo con el que nos rompíamos las cabezas. ‘Somos demasia­ do à la turc’ decían los turcos, y ni siquiera sabían que incluso esta expresión procedía de Europa”.17 Avrupalılaştırabildiklerimizdenmisiniz?


Notas

1. En turco, ¿Es usted uno de los que pudimos ayudar a convertirse en europeo? “Avrupalılaş tırabildiklerimizd enmisiniz?” también es el título de una intervención de arte público realizada por los artistas Özlem Günyol y Mustafa kunt que expusieron esta pregunta impresa en letras adhesivas pintadas de blanco sobre un edificio de Frankfurt en 2007. 2. Chris Shore, Building Europe. The Cultural Politics of European Integration (London: Routledge, 2000). 3. Frithjof Benjamin Schenk, “Die konstruktion von geographischen Räumen in Europa seit der Aufklärung”, Geschichte und Gesellschaft 28 (2002): p. 499–500. De manera similar, el discurso sobre los países balcánicos le ha servido a la Europa occidental durante el siglo XX para asegurar su propia superioridad frente a un Otro negativo. Maria Todorova, Imagining the Balkans (New York: Oxford Univ. Press, 1997). 4. kornelia kończal: “vom Schreckensbild zum Dressman”, en Der Europäer - ein Konstrukt, ed. Lorraine Bluche et al. (Göttingen: Wallstein, 2009), p. 310–311 5. Bülent küçük, Die Türkei und das andere Europa (Bielefeld: transcripción, 2008), 12. 6. Quentin Peel y Anton Notz, “Stoiber Warns against continual EU Enlargement”, Financial Times, 16 de mayo de 2002.

7. Ian Traynor, “En 1683, Turquía era el invasor. En 2004, muchos europeos aún lo siguen viendo de esta manera”, The Guardian, 22 de septiembre de 2004, http://www.guardian.co.uk/world/2004/ sep/22/eu.turkey. 8. Citado en Bülent küçük, Die Türkei und das andere Europa (Bielefeld: transcripción, 2008), p. 13. 9. Julio Crespo MacLennan: “The EUTurkey Negotiations: Between the Siege of vienna and the Reconquest of Constantinople” en Turkey’s Accession to the European Union: An Unusual Candidacy, ed. Constantine Arvanitopoulos (Berlin: Springer, 2008), p. 25. 10. Elaine Sciolino, “Ex-French President Snubs Turks on Union Bid”, 9 de noviembre de 2002, New York Times, http://www.nytimes.com/2002/11/09/ world/ex-french-president-snubs-turkson-union-bid.html 11. Unión Europea, Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, 18 de diciembre de 2000, 2000/C 364/01, disponible en: http://www.europarl. europa.eu/charter/pdf/text_en.pdf 12. Cris Shore, “Inventing Homo Europaeus: the Cultural Politics of European Integration”, en Peter Niedermüller and Bjarne Stoklund (eds.), Europe: Cultural Construction and Reality (Copenhagen: University of Copenhagen / Museum Tusculanum Press, 2001), p. 63–64. Cited in ibid., 64.

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13. Íbid, p. 64 14. Carl Linnaeus, Systema Naturae (1767), 29, citado en kiran klaus Patel y veronika Lipphart, introducción a Der Europäer ein Konstrukt, ed. Lorraine Bluche et al. (Göttingen: Wallstein, 2009), p. 9. 15. Los Hirszfelds se refirieron a los musulmanes macedonios que estaban examinando como “turcos”, cf. Myriam Spörri, “Das Blut in den Adern des ‘Homo Europaeus’”, en Der Europäer ein Konstrukt, ed. Lorraine Bluche et al. (Göttingen: Wallstein, 2009), p. 81. 16. Bülent küçük, Die Türkei und das andere Europa (Bielefeld: transcripción, 2008), p. 203. 17. Emine Sevgi Özdamar, The Bridge of the Golden Horn, trans. Martin Chalmers (London: Serpent’s Tail, 2007),p. 193.

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La Nueva Tierra

Antonio R. Montesinos

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Para desarrollar este ejercicio se ha trabajado en diferentes fases: 01. Se realizó una serie de anotaciones a partir de la lectura de cada uno de los textos con los que diferentes colaboradores participaban en la publicación. Se anotaron desde las propias preguntas que se planteaban en los textos, hasta dudas personales o datos curiosos. 02. Se elaboró un cuestionario a partir de estas anotaciones y con ellas se lanzó una encuesta on­line que respondie­ ron personas de mi entorno próxi­ mo y contactos de diferentes redes sociales. 03. Se recopilaron los datos y se trabajó cruzando distintos porcentajes para elaborar con ellos seis gráficas. Estas gráficas relacionaban de forma semi­ aleatoria contestaciones a diferentes preguntas. El ejercicio pretende llevar el análisis de un contexto tan grande como el europeo a otro contexto más intimo, el mío y el de mis allegados. Una vez hecho esto se realiza un cruce de las estadísticas obtenidas para visualizar los resultados obtenidos.

Resultados de clasificación

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Cuestionario
01. ¿Conoces los resultados de la votación del 21. ¿Tienes perfil en alguna red social? 22. ¿Consideras Open Streets Maps como una 23. ¿Hablas alemán? 24. ¿Has asistido a alguna de las asambleas

tratado de Lisboa? 02. ¿Crees que la Unión Europea, más que una unión económica, se extiende a ámbitos más culturales de la vida cotidiana? 03. ¿Conoces la estatua de Bruce Lee que se inauguró al sábado 26 de noviembre del 2005 en Mostar (Bosnia y Herzegovina)? 04. ¿Sabías que el ex campeón de boxeo Vitali Klitschko se presentó a las elecciones por la alcaldía de Kiev, capital de Ucrania? 05. ¿Piensas que la Europa mediterránea es una Europa de segunda? 06. ¿Piensas que nuestra capacidad de proyec­ tarnos en el futuro depende de las circuns­ tancias en las que nos encontramos? 07. ¿Podemos reinventar un nuevo humanismo universalista que supere la enumeración abstracta de derechos y una cultura de la emancipación que permita la emergencia de las diferencias de género, sexo y raza? 08. En un régimen dictatorial. ¿A quién piensas que las redes sociales ofrecen más ventajas? ¿Al activismo o al poder guber­ namental? Marca la opción que elijas. 09. ¿Crees que los europeos son mayoritaria­ mente del grupo sanguíneo A? 10. ¿Escribes tarjetas postales? 11. ¿Crees que economías como la china podría sustituir en importancia a Europa en un futuro? 12. ¿Puede Europa terminar en la frontera turco­iraní? 13. ¿Piensas que el fatalismo tecnológico debe superarse con más democracia? 14. ¿Sabrías indicar en el mapa dónde se encuentran Los Balcanes? 15. ¿Sabes dónde se encuentra la costa de las Tortugas? 16. ¿Conoces la literatura decimonónica ale­ mana, inglesa o francesa? 17. ¿Conoces la tipografía Nimbus New Roman? 18. ¿Has cruzado la zona Schengen alguna vez? 19. ¿Has viajado a Sumbawa (Indonesia)? 20. ¿Has visitado el norte de Europa?

heterotopía?

que se han organizado dentro del movi­ miento 15M? 25. ¿Crees que la actual crisis demuestra que los estados nación han perdido legitimi­ dad frente a los mercados? 26. ¿Piensas que Europa, como proyecto histórico, está en crisis? 27. ¿Crees que la actual crisis rompe el contrato social entre estado, mercado y ciudadanos? 28. ¿Calificas el movimiento 15M más como política o como utopía? Marca la opción que elijas 29. ¿Has visitado alguna vez Islandia? 30. ¿Te sientes identificado en la toma de decisiones que toman las instituciones a nivel europeo? 31. ¿Piensas que la Europa del Este es una Europa de segunda? 32. ¿Piensas que en Europa existe una des­ conexión entre la realidad ciudadana y la política convencional? 33. ¿Crees que se podría realizar un referén­ dum, de forma efectiva, por medio de internet? 34. ¿Te consideras indignado? 35. ¿Te afectaron algunos de los bloqueos o retrasos debidos a la nube de ceniza del volcán Eyjafjallajökull en abril del 2010? 36. Escribe de que país es tu abuela (puedes elegir entre las dos). 37. ¿Has estado alguna vez en Torremolinos? 38. ¿Crees que se debería terminar con los paraísos fiscales? 39. ¿Te consideras macho alfa? 40. Escribe en qué lugar has leído por primera vez El Quijote. 41. ¿Piensas que la cultura digital tiene un papel determinante en los movimientos ciudadanos?

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Macho alfa y acampad@s en beta

María Ptqk
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M A C H O A L F A Y A C A M PA D A S E N B E TA — M A R Í A P T Q k

Escribo este texto en Berlín a finales de mayo de 2011, mientras a mi alrededor suenan los ecos de lo que ocurre en la Plaza del Sol. Imposible que el pensa­ miento no se me vaya en esa dirección. Es imposible no ver en estos acontecimientos un indicio – uno más – de algo que los analistas, desde diferentes discipli­ nas, llevan años anunciando. No me refiero (sólo) a la desarticulación de la idea de Europa como proyecto histórico, político y social, ni a la insostenibilidad de la Unión Europea como institución transnacional, sino a algo más amplio y más difuso: la crisis de potencia de ciertos modelos de pensamiento político englobados en lo que podríamos llamar la tradición intelectual europea.
La pregunta que inspira este texto es en qué medida las ex­ periencias del 15M nos enseñan algo sobre la decadencia de esa tradición intelectual. Y para responderla, propongo empezar por constatar lo obvio: el modo en que se ha entendido y comunicado este movimiento desde los medios de comunicación de masas (que, nos guste o no, son los lugares en los que la producción de ideas es más visible y por tanto más poderosa). Ya lo sabemos: la tesis que, salvo excepciones, inspira gran parte de las críticas versadas desde esos espacios de poder es la que el “movimiento de los indigna­ dos” no está mal – es colorista, simpático, entusiasmante, juvenil – pero le falta un hervor: no hay portavoces, no hay programas, no hay propuestas claras, no hay organización, y en consecuencia, no hay política seria. Yo me pregunto por qué no, desde qué idea de política y desde qué tradición intelectual se formula ese juicio. Y me pregunto qué formas de política­otra están en juego en esas re­ des, asambleas y acampadas, y qué coordenadas necesitamos para orientarnos y seguir avanzando. Mi percepción es que estas movilizaciones indican un cierto desplazamiento en la idea de lo que significa hacer política, y que un buen lugar para pensar ese desplazamiento es el de la crítica del macho alfa, entendido como el conjunto de paradigmas dominan­ tes que determinan qué modelos de acción y pensamiento político son válidos, y cuáles no; paradigmas que, para decirlo rápido, son de corte eurocéntrico, ilustrado y racionalista, es decir: civilizato­ rio y colonial. Que se me entienda bien: no quiero decir que el 15M sea un movimiento no­eurocéntrico, pero sí creo que los modos de 27

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funcionamiento puestos en marcha cuestionan una cierta tradición intelectual que, teniendo en cuenta la influencia de la idea de Euro­ pa en la formación de la cultura de Occidente, podemos considerar como europea; y teniendo en cuenta el peso de la cultura de Oc­ cidente en la historia del mundo, podemos considerar así mismo como hegemónica. Utilizo las expresiones 15M, acampadas, indignados, etc. por razones prácticas, pero sin olvidar que el movimiento al que me refiero no tiene un nombre sino muchos, y tampoco nace y muere en la Plaza del Sol. Y lo digo desde ya: no me importa saber cómo acabará o si habrá servido para algo porque entiendo que esos criterios de finalidad y consecución de objetivos forman parte precisamente de la idea de política que este movimiento viene a cuestionar. El macho alfa como proyecto de mundo El macho alfa no es un varón, ni es blanco, ni de mediana edad, ni heterosexual (aunque es cierto que los sujetos que gozan de re­ conocimiento normalizado casi siempre cumplen al menos tres de estas características). El macho alfa es un paradigma, es decir, eso que en el filósofo Thomas Kuhn definió como el conjunto de mo­ delos de pensamiento que se impone como válido durante un cierto periodo histórico, primero porque corresponde con los valores socialmente aceptados, y segundo porque resulta útil para explicar y resolver los problemas de su época. Digo macho alfa, entonces, como sinónimo de las normas que – explícita e implícitamente – gobiernan el mundo. La tradición intelectual del macho alfa no se define por elemen­ tos geográficos o jurisdiccionales, sino por las estructuras de poder con las que opera, presididas fundamentalmente por la idea de mo­ dernidad: “un concepto filosófico, historiográfico y sociológico que puede definirse como el proyecto de imponer la razón como norma trascendental a la sociedad”.1 La retórica de la modernidad – y sus ramificaciones: el principio cartesiano de la razón, la mitología del progreso, la búsqueda incesante de novedad, la temporalidad lineal proyectada hacia un futuro siempre mejor, el dominio de la técnica (de ciertas técnicas) como prueba de superioridad moral, etc. – es carácter colonial en la medida en que naturaliza y normaliza estos modelos de pensamiento y los exporta – o los impone – como El Modelo de Referencia.2 Es la estrategia del masculino neutro. Las pensadoras de lo que en inglés se llama decoloniality dis­ tinguen entre el colonialismo – que es la presencia de administra­ 28

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ciones coloniales en un territorio – y la colonialidad – que son las estructuras de poder cultural, lingüístico, étnico, epistemológico, espiritual o simbólico que sobreviven cuando las administraciones coloniales han sido desmanteladas. De acuerdo con el pensamien­ to civilizatorio europeo, del mismo modo que el varón – blanco – judeocristiano – heterosexual es el modelo de referencia de lo humano, la filosofía occidental es la filosofía, la ciencia occidental es la ciencia y los modelos de pensamiento occidentales, del tipo que sean, son los modelos de pensamiento. Lo demás son creencias, tradiciones, mitología o folklore.3 La idea de paradigma aparece atravesada por dos paradojas de raíz. Por un lado, porque aunque se sitúa en un marco histórico específico – por tanto relativo – , al formularse como modelo, as­ pira a una posición descontextualizada, es decir, universal. Por otro lado, porque aunque formalmente se sustente en valores de neutra­ lidad y objetividad, para hacerse eficaz, el paradigma debe tornar­ se ficción: mito, narración, Historia, historiografía. Su fortaleza proviene precisamente de esa capacidad para contarse a sí mismo de un modo que oculte su carácter circunstancial y proponerse en términos absolutos. En este sentido, no deja de tener cierta poesía que el 15M se haya iniciado en la antigua Al Andalus pocos meses después de las revueltas en el norte de África, y en sintonía con las movilizacio­ nes en Grecia (un país cuya consagración como cuna oficial de la civilización occidental se hizo a costa de ocultar la influencia de fenicios y egipcios en la formación de la cultura helénica);4 o que las referencias para las asambleas de barrio de las ciudades españo­ las sean las experiencias auto – organizativas latinoamericanas y, en particular, las de la Argentina post – corralito; o que todo esto ocurra a la vez que desde algunos países de la Unión se reclame la desarticulación del Tratado de Schengen y la vuelta a las fronteras nacionales y se cuestione la viabilidad de la moneda común (fron­ teras y moneda que son, precisamente, los símbolos de la construc­ ción europea para las personas que simplemente la habitan). Es como si de repente a Europa, ese invento basado un devenir lineal y naturalmente evolutivo, se le estuvieran descosiendo las prendas. Nuestros modelos de pensamiento político también están atra­ vesados por paradigmas civilizatorios. Prueba de ello es el hecho de que para ser tomadas en serio, desde el punto de vista del macho alfa, las prácticas que aspiran a ser consideradas como políticas deben superar algo así como la prueba del algodón de la filosofía política occidental. Un test de legitimidad inspirado en el ideal 29

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del conocimiento abstracto y estructurado, con un principio, un desarrollo y un final, y que se transforme en programas, organiza­ ciones y cumplimiento de objetivos. Desde la tradición intelectual europea, colonialista e ilustrada, sólo las prácticas políticas que están orientadas hacia un proyecto de progreso – en el sentido de un proyecto de finalidad – son prácticas políticas. Lo demás tiene gracia, pero es otra cosa: es performance, alboroto y utopía.

Biblioteca de la acampada • Madrid, 2011

Nosotros, los que pensamos Pero volvamos a los mass media. Como sabemos, uno de los fenómenos más interesantes en torno al 15M ha sido la reacción casi unánime de escritores, columnistas y pensadores de izquierdas que, como respondiendo a una suerte de llamada a filas genera­ cional y aprovechando su pase VIP en la prensa seria, han puesto todo su arsenal argumentativo al servicio de la deslegitimación del movimiento.5 Con pies de plomo, con ironía, con mucho cuidado y en la mayoría de los casos con confusión, como si no supieran explicar por qué están en contra exactamente o se avergonzaran un poco de ponerle tantas pegas. En parte, esto se explica sin duda por el impulso inconsciente de salir al ataque cuando un territorio que se considera propio se ve amenazado; un impulso en apariencia racional – racionalizado – pero de raíz animal. Se han sentido desorientados, obsoletos, desautorizados; y se entiende. Pero estas reacciones visibilizan un desplazamiento de mayor alcance: la 30

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pugna entre un modelo de pensamiento asentado y conforme a la norma y otro nuevo, sin nombre y sin forma (o con muchos nom­ bres y muchas formas) que, desde la perspectiva de la racionalidad política del macho alfa, no se comprende. Todos corriendo a las plazas, durmiendo en las calles, improvisando pancartas escritas a mano, coreando lemas que no se sabe de dónde salen, llamando a la revolución con mensajes de cuatro o cinco palabras (¡con abreviatu­ ras!). Reconozcámoslo: parece un poco primitivista. En opinión de Irit Rogoff, existe una diferencia entre el pen­ samiento crítico – la capacidad para analizar un problema desde la caja de herramientas intelectual que aprendemos a usar en la escuela – y lo que ella denomina la criticalidad.6 Mientras que el pensamiento crítico proporciona a los sujetos una serie de signos y mensajes con los que interpretar la realidad e incidir sobre ella, la criticalidad pone a los sujetos en el centro del problema, invitándo­ los, no a reflexionar sobre él, sino a habitarlo. Ahí está la clave del 15M: que no invita a sumarse a una reflexión ya realizada, ni siquie­ ra solo a pensar colectivamente sobre ella, sino a habitarla y a partir de ahí, hacerla propia. Amador Fernández – Savater lo expresa así:
“Un manifiesto menos abstracto, un programa político más coherente, unas reivindicaciones menos ambiciosas no hubiesen dado lugar a este éxito de participación. Había sido lo impreciso de la convocatoria lo que la había hecho apetecible para tantos individuos de grupos sociales y edades tan dispares. Había sido la ausencia de una entidad jerárquica superior que actuara como convocante lo que había animado a tantos a sumarse y participar activamente, a sentir las movilizaciones y la ocupación de la Puerta del Sol como algo suyo.” 7

La particularidad de este movimiento, por lo tanto, no está en qué se reivindica sino en cómo se construyen y se habitan esos es­ pacios físicos o simbólicos de reivindicación. No es una diferencia respecto al qué: es una diferencia respecto al cómo. Por eso, cuando digo que lo que está ocurriendo aquí es un cuestionamiento de los modelos de pensamiento “conformes a la norma”, no me refiero a los contenidos concretos de las reivindicaciones sino a las modali­ dades de pensamiento y acción que posibilitan. Un ejemplo: podríamos decir que defender el desmantela­ miento inmediato y sin condiciones del capitalismo global es una idea no conforme a la norma. Pero hacerlo desde un escenario presidido por una única pancarta y un único eslógan, es hacerlo con un lenguaje conforme a la norma; y que lo haga un individuo 31

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con nombre y apellido, que por ese gesto se convierte en referente de masas y aparece revestido de una identidad gloriosa, es también un modelo de subjetividad conforme a la norma. Una norma que, repito, entronca en una determinada tradición política: blanca, masculinista, racionalista y heroica. Otro ejemplo: entrevistados en la Puerta del Sol por el periodista Daniel Mermet,8 dos repre­ sentantes de Attac España recuerdan que las reivindicaciones de los acampados son las mismas que llevan años exigiendo desde su organización, centrada en la crítica de la desregulación financie­ ra. “Nos satisface ver que por fin ha llegado el mensaje”. Sí, pero entonces ¿por qué Attac nunca ha conseguido semejante movili­ zación? Quizás porque sus propuestas, como las de muchos otros grupos de la izquierda tradicional, se toman, se rechazan o se debaten, pero no invitan a ser habitadas. El 15M actualiza tácticas de movilización política que, como se repite sin cesar en las redes, no vienen de la nada. Está la historia del activismo digital, con su conceptualización de la libre circulación de saberes y su experiencia de las redes distribuidas. Está el bagaje de las ciberfeministas y pensadoras queer, con su defensa de la desidentificación – o el juego de identidades fluidas – como táctica de subversión del lenguaje y de resistencia ante los códigos de poder. Y están las filósofas del sur, que insisten en que tomar la economía global como eje de las relaciones de fuer­ za – como si sólo ahí se manifestaran las estructuras de poder, sin tener en cuenta las múltiples dimensiones de las relaciones de fuerza: género, raza, sexualidad, paradigmas epistemológicos, esfera simbólica, espiritualidad – es un punto de vista típicamente eurocéntrico. Desde todos esos frentes – y otros muchos, crecidos en los márgenes de la cultura hegemónica – han madurado formas diferentes de pensar y hacer lo político: formas que superan el nivel de las argumentaciones racionales, las identidades colectivas y las organizaciones estructuradas, y que reclaman y habitan lo político como el espacio en el que se dan posibilidades (o imposibilidades) de agenciamiento. En el 15M estas posibilidades de agenciamiento se manifiestan precisamente en los dos puntos sobre los cuáles los pensadores autorizados han dirigido la mayor parte de sus críticas: por un lado, el papel preponderante de la comunicación distribuida; y por otro, la experiencia de las acampadas y las asambleas. En las redes y en las plazas debatimos propuestas, desde luego, pero por encima de todo compartimos prácticas de hacer política. Y digo hacer en el sentido más humilde y artesanal de la palabra. 32

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En red y desde abajo La tradición intelectual europea, ya lo hemos dicho, se presen­ ta a sí misma como un saber sin cuerpo y sin circunstancias, que observa el mundo desde una posición cenital, típicamente renacen­ tista (el ojo de Dios). Frente a esto, las feministas chicanas y negras pero también las filósofas del cyborg como Donna Haraway dicen: no, el conocimiento es siempre un conocimiento situado. No es que las ideas sean hijas de su tiempo; es que las ideas son el tiempo, el espacio, el sujeto, la comunidad, el lenguaje y los cuerpos desde los que se formulan. Siempre se piensa desde algún lugar. Walter de Mignolo, en referencia al conocimiento científico, afirma:
“El proyecto decolonial empieza precisamente ahí (...). Se pregunta en qué redes de la distribución de la labor científica y de las clasificaciones del saber se encuentra quien observa y enuncia. Se pregunta qué cuerpo habita la entidad anunciante.” 9

Biblioteca de la acampada • Madrid, 2011

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El feminismo decolonial utiliza el concepto de interseccionali­ dad para analizar las relaciones de fuerza que atraviesan las clasifi­ caciones de poder en el mundo diseñado por el macho alfa. Están los factores de género, raza, clase y sexualidad, pero también otros como los modelos pedagógicos – cómo se adquiere y se transmite lo que se sabe – y los paradigmas epistemológicos – “las circunstan­ cias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención de conocimiento, y los criterios por los cuales se justifica o valida”.10 Otro ejemplo. No soy escritora, soy bloguera. Es una forma de escribir, sí. Pero es una forma menor: marginal, inacabada, frag­ mentaria y conversacional. Es una forma de escritura que requiere de un apelativo añadido para distinguirse de la escritura normal, identificada con el ensayo o la literatura como géneros mayores: centrales, unilaterales, finalizados y con vocación de totalidad. Si el ensayo o la literatura son el masculino neutro, la bloguerística sería el femenino, el que se asume que está ahí pero por defecto no se considera. Una semana después del inicio de las acampadas escri­ bía en mi blog:
“Cada cuál tiene su historia. La mía, en lo que al 15M se refiere, está directamente conectada con años de vida social a través de internet. Por vida social entiendo hacerse amigos, enamorarse, intercambiar lecturas, impresiones, canciones y cromos, crear espacio público y experimentarlo con sus límites y sus potencialidades, construir redes de afecto, abrirnos nichos de confianza, fundar familias distribuidas y solidaridades reales. Por a través de internet quiero decir con las redes digitales como canal de comunicación y como territorio que siempre – y digo siempre – tiene su impacto en el lado de las cosas que se tocan. Lo llaman desvirtualizarse, pero es algo más: es crecer en común, es inventarnos juntos una posibilidad de vida, es lo que en palabras de otra generación se llama haber leído los mismos libros. Que no tiene nada que ver con libros, que quede claro.Tiene que ver con el lenguaje: con el lenguaje compartido que construye un punto de vista común sobre la realidad.” 11

Decía Enrique Vila – Matas en un artículo publicado en pleno frenesí que “los tuits son un atentado contra la complejidad del mundo que pretenden leer”.12 La complejidad – le respondía yo desde el blog – no está en un tuit sino en la conversación que se teje en tiempo real entre millones de usuarios. Escribimos frases cortas pero son frases cortas que se contestan unas a otras y que reenvían a frases mucho más largas, a blogs, a videos, a programas de radio, a playlists, películas y documentales, artículos de prensa y mediatecas digitales. Y si esto pasa en las calles es también, como 34

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decían en otro tuit, porque ya eramos en potencia una asamblea permanente. Días más tarde, Kamen Nedev publicaba, también online, lo siguiente:
“En realidad, lo que tenemos a nuestro alrededor es algo muy distinto a las movilizaciones políticas del pasado. Estamos presenciando el momento en el que la Sociedad – Red está dándose cuenta de su capacidad para articular voluntad política. De ahí que nada, ni las declaraciones, ni la agencialidad, ni las reclamaciones se asemejan a lo que ya conocíamos. De ahí que la estructura organizativa de este movimiento acéfalo sea heredera de la cultura del software libre: máxima apertura, múltiples canales de participación e interlocución, y una organización pragmática y eficiente. De ahí el asombro, y de ahí, en parte, la fascinación que provoca.” 13

El artista y crítico Fito Rodríguez apunta otros dos aspectos, típicamente reticulares, que en su opinión demuestran el alto grado de autoconciencia de estos movimientos:
“Uno es su capacidad para generar mapas, para crear esquemas sobre su propio devenir y poder visualizarse a sí mismo como organismo vivo y cambiante. Otro es su capacidad para generar archivo. Si algo distingue esta revuelta de otras es la incorporación desde el primer minuto de todo un dispositivo medial, no solo emisor sino archivístico que se entiende en su sentido más creador, más generativo. La pregnancia de la imagen de las acampadas, de los carteles y de las asambleas es de una fuerza tal que toda su potencia puede comenzar a congelarse o derretirse en cualquier momento.Trabajar con las imágenes vivas para no caer en la monumentalidad es también crear las condiciones para generar un pensamiento resistente.” 14

En resumen: nosotr@s también pensamos, pero lo hacemos juntos, en red, sobre la marcha y desde abajo. Y desde ese territorio común que son las redes – físicas y virtuales, físicas aunque vir­ tuales, físicas porque virtuales – , defendemos el valor de nuestra visión reticular y nuestro derecho a pensar políticamente como suje­ tos autónomos y emancipados, fuera de las normas de la intelectua­ lidad cenital característica del macho alfa. Tomar las calles. Crear las plazas La emotividad, la vitalidad, la dimensión artística, la perfor­ matividad, la inmediatez... Todo esto que los pensadores serios consideran como factores de debilidad es, al revés, la fuente de 35

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nuestra potencia. Nos reprochan no proponer una “alternativa de transformación o emancipación social”,15 sin comprender que la al­ ternativa está, precisamente, en esta otra manera de hacer política. “La clave está en Sol”, decían en el twitter. Efectivamente. Porque si tomar la economía global como ámbito exclusivo es reduccionista, también lo es olvidarse de la experiencia de los cuerpos: los cuerpos que acampan, se regalan fruta, se dan crema solar unos a otros para no quemarse durante las asambleas; los cuerpos que en lugar de aplaudir hacen girar las manos con los bra­ zos en alto para no cubrir la voz de los que están hablando. Ariane Berthoin Antal alerta sobre la falta de atención que se presta a los cuerpos en los procesos de adquisición de conocimiento. Lo llama bodily knowing:
“Antonio Strati ha advertido repetidamente de que los investigadores siguen cometiendo ´el error cognitivo y racional de ignorar el cuerpo de las personas implicadas en los procesos de toma de decisiones, tomando en consideración solo sus mentes´. Habitualmente, en la literatura sobre aprendizaje organizacional, el conocimiento se reduce a lo que ocurre en y es retenido por la mente. Pero el aprendizaje organizacional tiene lugar a través de los individuos que participan en experiencias y esos individuos tienen cuerpos: un hecho innegable pero que se pasa por alto.” 16

Algo de esto hay en esa frase anónima que ha circulado como el fuego por las redes sociales: “no se trata de tomar las calles, sino de crear las plazas”.17 Siguiendo con la metáfora, tomar las calles (ese elemento central y rectilíneo de la ordenación urbana, tan fálico) es como tomar el poder: de una ordenación se pasaría a la siguiente. La idea de tomar las plazas es más espectacular, porque cabe más gente – como los úteros, las plazas son contenedores – y porque contiene una pulsión más totalitaria, de acaparar la identidad colectiva (las plazas siempre han sido el lugar de la multitud). Pero crear las plazas es otra cosa. No es cambiar una ordenación por otra y no es hacer espectáculo de masas. Crear las plazas es re – fundar el espacio de lo común: es poner las bases para que esa diversidad se exprese, madure, se polinice y mute; es construir territorios múltiples, solapados y si hace falta contradictorios, en los que hablar, escuchar, tocar, oler, ver, dormir, comer y darnos crema, y evolucionar como individuos y en colectivo. Rogoff, de nuevo, desarrollando el concepto de criticalidad, destaca que en los grupos humanos los significados no se produ­ cen de forma aislada sino mediante intricadas redes de conexiones 36

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en las que la presencia física – el compartir unas determinadas condiciones fácticas de tiempo y lugar: estamos juntos, aquí, ahora – es fundamental. Desde su punto de vista, las personas que participan de una situación determinada producen sentido porque proyectan en en esa situación sus respectivas subjetividades, pero ante todo porque comparten unas condiciones comunes de espacio y temporalidad. Esas situaciones no tienen sentido por sí mismas sino en la medida en que funcionan como campos de posibilidad para que los participantes elaboren sus propios significados. Esto, dice Rogoff, supone en última instancia aceptar que no existen significados inmanentes que deban ser desentrañados desde el análisis o el conocimiento intelectual, sino que los significados son en la medida en que ocurren.18 Lo decía también, con otras palabras, Silvia Nanclares: “Sí, las asambleas son tela de aburridas. Pero son constructivas. Y no he dicho productivas. No producen necesaria­ mente frutos, producen sentido y producen experiencia”.19

Valla publicitaria liberada • Madrid, 2011

Las plazas que queremos, entonces, son esos lugares simbó­ licos, alegres, desinhibidos, desjerarquizados, temporalmente 37

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autónomos y constructivos – aunque no necesaria e inmediatamen­ te productivos – en los que muchas singularidades se juntan con sus cuerpos y sus historias, sin que nadie se lo haya pedido, para meter mano al territorio fundamentalmente político de lo común. Y repito, ahí está la pulsión potencialmente transformadora de este movimiento: del lado de lo que en Europa llamarían lo salvaje. Conclusiones en beta La pancarta viral “La revolución será feminista o no será” se arrancó en muchas acampadas, seguramente porque se entendió que incluía en la agenda común las reivindicaciones de un solo colectivo. Error. Lo que dice esa pancarta es que hacer la revolución es siempre e inevitablemente reinventar la política, y reinventar la política supone desmasculinizar y descolonizar lo político como territorio construido desde la lógica del conquistador. Como señala Isabel Galcerán:
“Uno de los primeros requisitos de la nueva política tendrá que ser cuidar y proteger el carácter común y compartido del propio poder, entendido ahora no como poder para gobernar a los otros, sino como relaciones de dependencia mutua en un espacio compartido”. 20

Eso es desplazar al macho alfa: poner en primera línea la diver­ sidad de los sujetos que hablan sin ocultar el lugar desde el que lo hacen, priorizar el cuidado de ese terreno común por delante de las finalidades programáticas, y desarrollar “categorías y prácticas que logren un agenciamiento no estandarizado, ni como verdad absolu­ ta ni como acciones infalibles”.21 Lo que Rogoff denomina: acceder a un modo diferente de habitabilidad.

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Notas

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1. Entrada “modernidad” en la Wikipedia http://es.wikipedia.org/wiki/Modernidad Todos los enlaces de este texto han sido consultados por última vez en junio de 2011. 2. Las siguientes ideas sobre el pensamiento decolonial provienen de las notas tomadas en un seminario de Ramón Grosfoguel impartido en mayo de 2011 en el Institut für Europäische Ethnologie / HumboldtUniversität, Berlin. 3. De Mignolo, Walter, “Regeneración y reciclaje: descolonizar la ciencia y la biotecnología para liberar la vida” en Mendiola, Ignacio (Ed.), “Rastros y rostros de la biopolítica”, Anthropos, Barcelona 2009. 4. Sobre la cultura helénica, ver Martin Bernal, “Atenea negra: las raíces afroasiáticas de la civilización clásica. La invención de la antigua Grecia, 1785-1985”, Crítica, Barcelona 1993. 5. A título de ejemplo: Delgado, Manuel “15m: el peligro ciudadanista”, publicado en su blog http://manueldelgadoruiz. blogspot.com/2011/05/el-peligrociudadanista-intervencion-en.html ; Serra, Màrius, “Campiña electoral”, publicado en el periódico La vanguardia: http://www.lavanguardia.com/opinion/ articulos/20110520/54156975205/ campina-electoral.html ; Monzó, Quim, “He aquí la Spanish Revolution” publicado en el periódico La vanguardia: http://www.lavanguardia.com/opinion/ articulos/20110519/54156645763/he-aquila-spanish-revolution.html ; vila-Matas, Enrique, “Empobrecimiento”, publicado en El País: http://www.elpais.com/ articulo/cultura/Empobrecimiento/ elpepicul/20110524elpepicul_4/Tes 6. Rogoff, Irit, “Smuggling – An Embodied Criticality” en http://transform.eipcp.net 2006.

7. Nedev, kamen, en “La voz del bosque. A partir de Acampada sol, los efectos del 15M y el deseo de un cambio institucional” publicado en A*Magazine nº 80: http:// www.a-desk.org/spip/spip.php?article968 2011 8. “Là-bas si j´y suis”, emisión radiofónica de FranceInter, del 26 de mayo de 2011: http://www.la-bas.org/article.php3?id_ article=2190 9. De Mignolo, Walter, op. cit. 10. Entrada “epistemología” en la Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/ Epistemolog%C3%ADa 11. Ptqk, Maria “El #15M desde un router DSL-Easybox A601 WLAN sito en Neukölln” en Ptqk_blogzine: http://ptqkblogzine. blogspot.com/2011/05/el-15m-desde-unrouter-dsl-easybox-a601.html 12. vila-Matas, Enrique, op. cit. 13. Nedev, kamen, op. cit. 14. Rodríguez, Fito, “Guardar como...” publicado en el periódico Gara el 1 de junio de 2011. 15. Delgado, Manuel, op. cit. 16. Berthoin Antal, Ariane, “When Arts Enter Organizational Spaces: Implications for Organizational Learning”, inédito, para publicación en: Meusburger P., Berthoin Antal, A., Ries, M., (Eds.), Learning Organizations: The Importance of Place for Organizational Learning, Dordrecht, Springer. La traducción es mía, el original dice así: “Antonio Strati has repeatedly warned that researchers continue making ´the cognitive and rational error of ignoring the bodies of the people involved in the decision process and only considering their minds´. Throught the literature on organizational learning, knowing is usually reduced to what takes place in and is

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retained by the brain. But organizational learning occurs throught the individuals who participate in experiences and these individuals have bodies: undeniable but overlooked.” 17. Fernández-Savater, Amador, “Apuntes de acampadasol (1), publicado en su blog “Fuera de lugar” en el periódico Público el 20 de mayo de 2011: http://blogs. publico.es/fueradelugar/376/apuntes-deacampadasol-1 18. Rogoff, op. cit. 19. Nanclares, Silvia, “Acampar por streaming. O de cómo no perder tu plaza en la rebelión de las almohadillas” publicado en la web de Periodismo Humano el 23 de mayo de 2011: http://tomalapalabra. periodismohumano.com/2011/05/23/ acampar-por-streaming-o-de-como-noperder-tu-plaza-en-la-rebelion-de-lasalmohadillas/ 20. Isabel Galcerán, citada por valencia, Sayak, “Capitalismo Gore”, Melusina 2010. 21. valencia, Sayak, op. cit.

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Ver página 17 41

Ver página 17 42

Europa como Síntoma

Regina de Miguel

E U R O PA C O M O S Í N T O M A — R E G I N A D E M I G U E L

Ahora escuche mi voz mi voz le guiará y le llevará hacia Europa cada vez más profundamente Cada vez que escuche mi voz con cada palabra y cada número entrará en un nivel más profundo más abierto, relajado y retentivo Ahora voy a contar del uno al diez Cuando llegue a diez estará en Europa 1, A medida que se concentra en mi voz comenzará a relajarse lentamente

2, sus manos y sus dedos están cada vez más calientes y pesados

3, el calor se extiende a través de sus brazos hasta sus hombros y su cuello

4, Sus piernas y sus pies pesan cada vez más 5, El calor se extiende por todo su cuerpo Cuando llegue a 6 estará en un nivel más profundo Ahora 6, todo su cuerpo está cada vez más relajado 7, quiere ir a un nivel más profundo, más profundo 8, cada vez que respira es más profundo 9, está flotando Cuando su mente llegue a 10 estará en Europa. Ha llegado a 10, he dicho 10.

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¿O porque está muerto? Prácticamente muerto, salvo que no lo está. El río de fuego, después de consumirlo todo a su paso, se convertirá en un río de piedra negra. Aquí nunca más volverán a crecer los árboles, nunca. La montaña se convierte en el cementerio de su propia violencia: la ruina que causa el volcán incluye la suya propia. Cada vez que el Vesubio entra en erupción, un trozo de la cima se desgaja. Pasa a tener peor forma, es más pequeño, más desolado. Pompeya fue enterrada bajo una lluvia de ceniza, Herculano bajo un corrimiento de barro que se precipitó ladera abajo a cincuenta kilómetros por hora. Pero la lava se come una calle con lentitud

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suficiente, unos pocos metros por hora, para que todo el mundo se aparte de su camino. También nos da tiempo para que salvemos nuestras cosas, o algunas de ellas. ¿El altar con las imágenes sacras? ¿El trozo de pollo por comer? ¿Los juguetes de los niños? ¿Mi nueva túnica? ¿Los objetos de artesanía? ¿El ordenador? ¿Los pucheros? ¿El manuscrito? ¿La vaca? Todo cuanto precisamos para volver a empezar son nuestras vidas. No creo que corramos peligro. Avanza por el otro lado. Extracto de “El amante del volcán”, Susan Sontag, 1992.

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A nuestro alrededor se alzaban los cuerpos surgiendo de la piedra en grupos compactos, entrelazados unos con otros o desgajándose en fragmentos, con un torso, un brazo apoyado, una cadera quebrada, un fragmento rugoso insinuando su forma original, siempre en los ademanes de la lucha, esquivando, retrocediendo, atacando, cubriéndose, estirados o encogidos, aquí y allá borrados, pero aún con un pie exento firmemente apoyado, una espalda ladeada, el contorno de una pantorrilla en tensión en un único movimiento común. Una gigantesca lucha surgiendo de la pared gris, recordando su perfección, volviendo a la primitiva falta de forma. Una mano extendida desde el fondo rugoso dispuesta para agarrar a través de una superficie vacía unida al hombro, un rostro destrozado, con profundas grietas, la boca inmensamente abierta, con los ojos clavados en el vacío, rodeado por los rizos de la barba, la tempestuosa caída de la pliegues de una túnica, todo ello cercano a su descomposición final y cercano a su origen. Cada detalle conservando su expresión, quebradizos fragmentos que permitían adivinar la totalidad, toscos restos junto a pulidas lisuras animados por el juego de músculos y tendones, caballos de batalla con el jaez firmemente atado, escudos redondeados, lanzas enhiestas, el tosco contorno ovalado de una cabeza desgajada, alas extendidas, un triunfante brazo alzado, un talón presto a saltar, rodeado de una túnica ondeante, un puño cerrado asiendo una espada ya inexistente, perludos perros de caza hincando sus fauces en caderas y nucas, uno, desplomándose, apuntan-

do con el nacimiento del dedo al ojo de la bestia que pende sobre él, un león arrojándose hacia delante protegiendo a una combatiente, tomando impulso con la pata para golpear, manos provistas de garras de aves de rapiña, cuernos emergiendo de imponentes frentes, piernas que se enroscan cubiertas de escamas; por todas partes una ralea de serpientes en abrazo estrangulador alrededor de vientre y cuello, silbando y enseñando los afilados dientes, hincando en un pecho desnudo. Estos rostros creados hace un instante, borrándose de nuevo, estas poderosas y fragmentadas manos, estas alas desplegadas en toda su amplitud ahogándose en la inerte roca, esta pétrea mirada, estos labios abiertos dispuestos al grito, este avanzar, este apisonar, estos golpes de pesadas armas, este rodar de acorazadas ruedas, estos haces de rayos arrojados, este pisotear, este enardecerse y derrumbarse, este esfuerzo infinito de intentar surgir de los graníticos bloques.Y qué delicados los rizados cabellos, qué artísticamente recogido y ceñido el ligero vestido, qué fino el ornamento de las correas del escudo, la cimera del casco, qué suave el brillo de la piel dispuesta a las caricias, y expuesta sin embargo a la inexorable pugna, al desgarramiento y la destrucción. Con rostros como máscaras sujetándose y empujándose

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mutuamente, estrangulándose, encaramándose uno sobre otros, resbalando del caballo, enredados en las riendas, absolutamente vulnerables en la desnudez; y nuevamente alejados en olímpica frialdad, pareciendo invencibles en su apariencia de monstruo marino, grifo, centauro, pero gesticulando en el dolor y la desesperación, así combatían unos con otros, actuando por mandato superior, soñando, inmóviles en una violencia enloquecida, mudos en un retumbar inaudible, entrelazados todos en una metamorfosis del sufrimiento, estremeciéndose de horror, resistiendo, esperando a un despertar, en perpetua paciencia y perpetua rebeldía, en una violencia inaudita y en una tensión extrema para domeñar la amenaza, para provocar la decisión. Una y otra vez se oía un débil tintineo y un susurro, el resonar de pasos y voces no rodeó por unos momentos, y entonces de nuevo sólo estaba cercana esta batalla, nuestra mirada se paseaba por los dedos en la sandalia apartándose del cráneo de un caído, por el moribundo cuya mano ya casi inerte se apoyaba tiernamente sobre el brazo de la diosa que le mantenía sujeto por el cabello. El zócalo era el suelo para los combatientes, desde sus estrechas y uniformes molduras se alzaban arrojándose a la barahúnda, sobre él golpeaban los cascos de los caballos, los bordes de

las túnicas lo rozaban por encima del suelo y se retorcían las piernas en forma de serpientes, tan sólo en un único punto el suelo estaba horadado, aquí ascendía la diosa de la tierra, la cara partida de un tajo bajo las cuencas de los ojos, los senos macizos en fina envoltura, el fragmento desgajado de una de los manos alzado buscando algo, la otra mano surgía del borde de la piedra pidiendo que pararan; y hacia arriba, hacia el moldeado saliente, se extendían unos nudosos dedos de largas falanges, como si aún estuvieran bajo la tierra y quisieran alcanzar la muñeca de la abierta mano femenina carente de pulgar, se movían por debajo del zócalo, y a lo largo de éste buscaban las borrosas huellas de las grabadas letras, y el rostro de Coppi, con sus ojos miopes tras las gafas de fina moldura metálica, se acercaba a los signos escritos, que Heilmann descifraba con ayuda de un libro que había traído. Coppi, con si marcado boca ancha, su gran nariz prominente, se giró hacia atento hacia él, y les dimos nombres a los contendientes en esta pugna y discutimos, bajo un torrente de ruidos, los motivos da la lucha.

Extracto de “La Estética de la Resistencia,” Peter Weiss, 1981.

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Está en un tren en Alemania el tren se está hundiendo usted va a ahogarse cuando llegue a diez estará muerto 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 Por la mañana el vagón ha encontrado la calma en el fondo del río, arriba la gente sigue viva usted se irá en el río transcurren los días se dirige hacia el océano que refleja el cielo quiere despertar y liberarse de la imagen de Europa pero no es posible. Lars Von Trier, “Europa”, 1991

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Comunidades bajo Condiciones Climáticas Variables

Emanuele Guidi

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Tras haber sido invitado a escribir un texto para la publi­ cación – Montañaislaglaciar – esperé un tiempo largo antes de empezar a pensar lo que quería escribir y cómo lo iba a escribir, especialmente porque el tema que la publicación intenta abordar es Europa, la Unión Europea y el muy cuestionable concepto de la identi­ dad europea.
De forma suficientemente clara, el título de la publicación hace referencia al episodio que tuvo lugar en abril del 2010 cuando, desde la periferia de Europa (por lo menos desde una perspectiva geográfica), una nube de cenizas volcánicas se cernió sobre todo el continente y durante muchos días, miles de aviones no pudieron despegar. Este acontecimiento inesperado paralizó toda Europa, afectando sensiblemente a muchos viajeros y causando inevita­ blemente la pérdida de millones a muchas compañías públicas y privadas. Durante todo ese período, las noticias de la televisión, de Internet y de la prensa escrita utilizaron todas las cartografías y gráficos posibles para mostrar el emplazamiento de la nube, hacia dónde se movería al día siguiente y consecuentemente, quién po­ dría volar y quién no. A los espectadores se les ha mostrado innu­ merables veces las vistas a ojo de pájaro de Europa para que fueran conscientes del desarrollo potencial del fenómeno natural. Al mismo tiempo, los medios de comunicación emitían imágenes de los aeropuertos repletos de gente e informaban sobre las pocas per­ sonas que no tenían más opción que viajar usando cualquier otro medio de transporte posible para llegar a su destino. A algunos les entrevistaron porque pasaron tres días viajando en autobuses y en trenes, a otros porque organizaron medios colectivos de transporte. La emergencia, como cualquier otra emergencia, empujó a la gente a buscar alternativas, a compartir la información y a tener gestos de solidaridad. Al mismo tiempo, también les ofreció a muchos la posibilidad de poner en marcha negocios improvisados para poder especular en ese momento de crisis. Lo que es seguro es que esta situación casi irreal cambió, durante unos pocos días, el sabor de lo que significa viajar. La facilidad con la que muchos europeos siempre se han podido mover libremente cambió de repente y lo que casi parecía ser un derecho personal, se suspendió temporalmente. Aquellos que tenían la ur­ gencia de viajar, bien renunciaron, bien continuaron poblando los aeropuertos como en uno de los vídeos de Arnout Mik, en donde 57

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retrata comunidades temporales en los no lugares de Marc Augé, mientras esperan que alguien – o incluso mejor, algo – les permi­ ta cruzar una frontera. Aquellos que, por cualquier razón, tenían que llegar a un destino a cualquier coste, lo hicieron entendiendo que viajar no significa avanzar en una línea recta que conecta a la ciudad A con la ciudad B en pocas horas. Tuvieron que seguir diferentes itinerarios a un paso mucho más lento que dependía del vehículo que fueron capaces de encontrar en el último minuto. Para mucha gente, probablemente por primera vez, Europa se convirtió en un espacio físico real medido a través de coordenadas tangibles espaciales y temporales. El inesperado acontecimiento de Eyjafjallajökull tuvo el poder de producir un momento de suspensión de lo cotidiano y nos situó, tanto a viajeros como a los demás, en una situación de expectación hacia algo que nadie podía verdaderamente prever; esta inusual circunstancia nos ofreció la posibilidad de proyectarnos a un futuro remoto que sólo podíamos imaginar como un guión de ciencia ficción de los setenta. La imagen que se ha usado mucho para des­ cribir la posible evolución fue, de hecho, la reconsideración de un acontecimiento similar que tuvo lugar en el siglo XIX en la isla de Sumbawa, Indonesia. En 1816, el volcán Tambora entró en erup­ ción y, debido a la combinación con la baja actividad magnética del sol, produjo lo que se llamó “El año sin verano”, “El año de pobre­ za” o incluso “Mil ochocientos y congelado hasta la muerte”. Estos tres titulares han sido capaces de crear un sentimiento mayor de impotencia pero también han tenido, y aún tienen, la capacidad de producir un imaginario único que crea un fuerte vínculo entre un fenómeno medioambiental y climático y sus consecuencias econó­ micas así como sus potenciales repercusiones en los seres huma­ nos. En 2009, durante la Cumbre de Copenhage sobre el cambio climático, la incapacidad para ofrecer cualquier respuesta concreta evidenció hasta qué punto estos temas no han afectado a los países occidentales y siguen siendo un campo sobre el que especular sin ninguna preocupación real sobre los futuros efectos sobre otras regiones del mundo. Es evidente que el episodio de Eyjafjallajökull fue uno de esos (raros) casos en los que no es posible encontrar a nadie responsable de lo que pasó. Por ello, la imagen del volcán entrando en erupción funciona perfectamente como una metáfora sobre la idea de Euro­ pa; es algo de lo que nadie parece ser responsable. Europa parece algo que sucedió por la voluntad de alguien que no conocemos pero también es una “institución” a la que apelar en 58

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caso de que se dé algún problema o situación de emergencia que no pueda resolverse localmente o a nivel nacional.

Nube tóxica de Chernobyl

Otras Nubes sobre el Cielo de Europa El 26 de abril de 1986, otro tipo de nube de la periferia de Europa empezó a extenderse por todo el continente. La central nuclear de Chernobil explotó liberando una enorme cantidad de radioactividad que amenazó a los ciudadanos de muchos países. Una vez sucedida la catástrofe, nadie podía ni siquiera intentar limitar el movimiento de la nube radioactiva y proteger sus propias fronteras nacionales ya que eran las impredecibles condiciones atmosféricas las que lo controlaron durante un largo período de tiempo. En ese mismo momento, se evidenció la naturaleza porosa 59

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de las fronteras – especialmente en un territorio tan limitado como es Europa – y este estado de emergencia fue la condición necesaria para hacer visible esta permeabilidad. Para usar las palabras del artista italiano Luca Trevisani: ‘En la noche de Chernobil, el viento borró el significado del mapa político de Europa. La geografía no importaba en absoluto. Esa noche, nació verdaderamente la Europa unida’. Resulta difícil decir si lo que sucedió tres años después estaba conectado con este acontecimiento inesperado. Pero, desde luego, la necesidad de respuestas, estrategias y toma de decisiones conjuntas se impuso en toda su urgencia. Chernobil y sus conse­ cuencias produjeron la imagen de un territorio de temores compar­ tidos que era capaz de actuar más allá de sus fronteras nacionales e incluso más allá de su división ideológica impuesta a su comunidad durante más de 40 años. Aún así, estas consecuencias extremas no han bastado para activar un sentido de la responsabilidad duradero y la comunidad de personas – que durante las siguientes décadas han estado en el centro del proyecto político, económico y cultural que debería haber construido la anteriormente mencionada “identidad” – continuó mostrándose como “temporal”; una comunidad de fragmentos que se remodela según la situación y conveniencia para poder represen­ tar las relaciones de poder entre los grupos y los estados­nación. Los últimos acontecimientos, previsibles o no, podrían haber ofrecido la posibilidad de investigar una política común y solucio­ nes conjuntas más allá de los intereses individuales y particulares. Pero, de hecho, se convirtieron en la enésima ocasión de hacer evidente cómo se distribuye el poder a pesar de no dar la oportuni­ dad de localizar dónde se encuentra efectivamente ese poder. Una situación que permite perpetuarse así como negar responsabilida­ des por las circunstancias que forzaron a implementar determina­ ciones concretas. La explosión de Fukushima trajo a la memoria lo que suce­ dió en Chernobil y ha reactivado el interés por los ciudadanos que hicieron campañas transnacionales en contra de la energía nuclear. Pero tan sólo unos pocos de los estados­nación fueron capaces de responder con prontitud a esta situación, proponiendo un cambio radical en sus políticas energéticas, mientras que la mayoría ha mantenido sus anteriores planes a nivel nacional. Las sorprendentes revoluciones que tuvieron lugar en el norte de África han tenido gran resonancia y han servido como ejemplo en toda Europa, pero las repercusiones que realmente han tenido sobre el área Schengen no han sido las esperables. De hecho, el 60

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estado de emergencia se ha usado como excusa para suspender las normas establecidas en el Acuerdo de Schengen; Dinamarca cerró de nuevo sus fronteras mientras Francia e Italia han estado conside­ rando maneras de administrar mejor los movimientos de personas en sus fronteras.

acqua mescolata con olio • Luca Trevisani Agua mezclada con óleo 2008

La actual crisis económica podía haber ofrecido la posibilidad de buscar estrategias económicas alternativas, mientras que las medidas de austeridad han acabado siendo la única respuesta de los gobiernos nacionales y europeos; medidas que han afectado se­ riamente a la economía de muchos países y que, simultáneamente, han hecho pagar las consecuencias de esta política a las clases con menores recursos en todos los países. Los acontecimientos con su epicentro en otras partes del mun­ do alcanzaron nuestro continente en forma de nube bajo el influjo de “vientos” más o menos inidentificados – inidentificables por lo menos para la mayoría de la gente que tan sólo experimentó la repercusión directa en sus vidas cotidianas. El eco de estos suce­ sos inesperados resonó por canales extraterritoriales y produjo la multiplicación de comunidades transnacionales de intereses, preparadas para juntarse y alcanzar un objetivo común. Pero eso también evidenció cómo Europa puede escindirse cuando se juega 61

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los beneficios nacionales o puede emerger unida, en sus potencia­ lidades más negativas cuando se presenta a sí misma como una “fortaleza”, cuando la amenaza del exterior se puede reconocer en un cuerpo que, lenta y precariamente, se acerca a sus fronteras. Aunque incluso en ese caso, la capacidad efectiva de resistir es puramente ilusoria. #Nadie se esperaba la Revolución Española ¿Es eso verdad? Karl Popper escribió: ‘Es un hecho que podemos prever los eclipses solares con un grado elevado de precisión y con mucho tiempo de antelación. ¿Por qué no deberíamos ser capaces de predecir una revolución?’.1 No tenemos aquí la intención de con­ testar a esta cuestión pero se podría decir sin mayor problema que el “campo” en España estaba preparado para dar la bienvenida a una reacción contundente por parte de los movimientos sociales y por un amplio porcentaje de ciudadanos. Alain Badiou cita a Jean­ Marie Gleize cuando escribe sobre los levantamientos de Túnez y Egipto: ‘Un movimiento revolucionario no se expande por contami­ nación sino por resonancia. Algo que está emergiendo aquí resuena con la onda de choque que procede de algo que está surgiendo allí. Podemos llamar a esta resonancia un “acontecimiento”. El aconte­ cimiento es la creación repentina, no de una nueva realidad, sino de una miríada de nuevas posibilidades’.2 La fuerza de la acción de los manifestantes españoles reside en la habilidad de presentarse ante sus representantes políticos y ante el resto de Europa como algo que nadie habría podido predecir. La lluvia de opiniones usada en Twitter tuvo la capacidad de “generar una marca” de movimiento y produjo el éxito del acontecimiento incluso más entonces que ahora – cuando se están reproduciendo formas más convencionales de manifestarse. La atractiva fórmula elegida funcionó exactamente por su po­ der comunicativo que fue capaz de atraer la atención de los medios de comunicación de todo el mundo al darles lo que estaban buscan­ do: algo inesperado o al menos, algo que se declaraba como tal. Estas acciones han permitido generar una síntesis de los acon­ tecimientos del último año, desde los levantamientos en el norte de África – que la juventud española consideró como un modelo del que aprender, especialmente por el uso de las redes sociales a través de Internet – al éxito de la participación democrática en Islandia, pasando por los disturbios estudiantiles en el Reino Unido y las 62

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manifestaciones en Grecia contras las duras medidas de austeridad. La acción española ha sido capaz de capitalizar estas diferentes ex­ periencias e inventar un mensaje (casi romántico) que ha tenido eco en toda Europa, recogiendo expresiones de solidaridad de personas de todos los países que se sentían deseosas de pertenecer a la misma comunidad; un sentido de comunidad que se ha creado sobre todo mediante la creación de un “nuevo” lenguaje común que permite simpatizar, informar y compartir sin mediaciones. “Nadie se lo esperaba” pero por todos lados la gente ha sido capaz de responder inmediatamente a la llamada y amplificarla aún más a través de una repentina colectividad transnacional en red. Más allá de los dudosos resultados a corto plazo y del foco nacional de las protestas, lo que ha podido comunicar la presencia física de personas en las plazas españolas, europeas y no europeas, es una potencialidad que no era visible antes en nuestro continente. Las ocupaciones pacíficas han sido suficientes para simbolizar la ‘creación súbita de una miríada de posibilidades’ de la que habla Jean­Marie Gleize. Resulta difícil decir si esas posibilidades se van a poner en práctica en el futuro. Aún resulta más difícil predecir si la revolución española lo conseguirá transformándose en una #revo­ lución europea en proceso (muchas personas están trabajando para conseguirlo), preparada para surgir y asumir de forma permanente sus responsabilidades. En busca de un Sol Constante En 2010, el artista Aldo Gianotti se fue de la ciudad de Viena, en donde estaba radicado, para iniciar un viaje de un mes atrave­ sando Europa, siguiendo las instrucciones de un centro de meteo­ rología austríaco (ZAMG). Conduciendo unos 500 km al día, el artista recibía un mensaje diario en su teléfono móvil en donde se le indicaba la ciudad en la que brillaría el sol al día siguiente. Más allá del procedimiento psicogeográfico que hizo posible el mapeado de una parte del continente, el viaje realizado por Gianotti respon­ día a una urgencia precisa, la de, sencillamente, mejorar la situa­ ción propia. El acto de viajar para buscar condiciones climáticas y medioambientales más favorables es la encarnación del instinto primitivo que siempre ha determinado el movimiento de comuni­ dades por todo el mundo y que, hoy en día, representa uno de los retos principales del futuro. La jerarquía que el artista puso en pie conscientemente para regir su propio viaje por Europa parece reflejar las estructuras que 63

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Notas

regulan cotidianamente los destinos de la gente. El acto de dejar la decisión final sobre qué dirección tomar y el destino al que se quiere llegar en manos de un representante elegido y confiar en él ciegamente, cuestiona el papel de las responsabilidades individua­ les (y consecuentemente, de las colectivas) en calidad de ciudada­ nos. La búsqueda de una permanencia del bienestar parece con­ llevar la maldición de convertirla en un viaje esquizofrénico si se deja el control total en manos de unos pocos que debieran hacerse responsables de ello. Porque aunque sean – o, mejor aún, debieran ser – competentes para interpretar los movimientos de los “vien­ tos” que cruzan las fronteras europeas y no europeas, los factores de poder que están en juego son demasiados y demasiado variables, de manera que la predicción del tiempo que nos ofrecen puede ser incorrecta.

1. Popper, karl R., Prediction and Prophecy in the Social Sciences en Patrick Gardiner, ed. Theories of History. (New York: The Free Press, 1959), 276-285. 2. Badiou, Alain, The Universal Reach of Popular Uprisings, Tunisia, Egypt 2011

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Entrevista al Profesor Don Roberto Meira

Javier Fresneda

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Entrevista con Don Roberto Meira, geólogo y profesor adjunto de Ingeniería Geológica en la UN de Medellín, Colombia.
(A continuación se transcribe un extracto de la serie de entrevistas mantenidas vía Skype con el Prof. Meira durante los meses de Octubre y Noviembre de 2010. El texto que sigue es una selección del material obtenido.)

Eyjafjalla — En primer lugar, gracias por la atención prestada Prof. Meira. Meira — Encantado de contestar a sus preguntas. E — Resulta interesante el poder valorar la capacidad de materia desplazada por la erupción del Eyjafjalla. ¿Es posible hacerlo? M — Actualmente tenemos las herramientas para poder establecer una medición provisional, aunque dado el carácter no uniforme de los estratos de la corteza terrestre, sería necesario un estudio pormenoriza­ do. Una erupción volcánica fuerte resulta ser un fenómeno físico muy complejo, en el que interviene la liberación de una enorme cantidad de energía en forma de calor y radiación de todas las longitudes de onda. Por su baja densidad los materiales ascienden arrastrando una columna de polvo vaporizado mien­ tras se va mezclando turbulentamente con el aire circundante. Al llegar a la tropopausa se ensancha formando el característico y terrible hongo, que luego deja su característica siembra radiactiva en los territorios a sotavento de la explosión.
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E — ¿La erupción volcánica puede contener por tanto radiación? M — Está documentada la existencia de fumarolas radiactivas que tienen su origen en erupciones volcánicas con un alto contenido lacustre. Los estudios de Iwasaki y Kamada en Japón son un buen ejemplo. En erupciones localizadas en áreas con un contenido geomorfológico singular, como Japón, o Islandia, la presencia de Radio, Tungsteno, Radón o incluso Ununoctio ha sido detectada, aunque aún no podemos hablar de un contenido radiactivo poten­ cialmente peligroso. E — ¿Qué produce exactamente un crater volcánico? M — En alguna decena de segundos la mitad aproxi­ madamente del total de 20 kilotones de energía libe­ rada por una detonación se deposita por radiación electromagnética en una masa de aire equivalente a una semiesfera de 200 m de radio volviéndose in­ candescente (la famosa bola de fuego, de color rojo). El rapidísimo calentamiento tiene lugar a volumen constante y supondremos que de manera uniforme en todo su volumen. En el caso del Eyjafjalla, la rápida ascensión y vaporización de áreas lacustres cercanas generó una explosión adiabática que, si bien no fué violenta, precipitó a gran velocidad estos compuestos radiactivos en la ya famosa nube del volcán. E — Es característico de la vulcanología la capacidad de predecir movimientos sísmicos con precisión. En el caso de la nube volcánica del Eyjafjalla ¿Resulta facti­ ble poder predecir su movimiento o composición?
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M — Una de las peculiaridades de las erupciones volcánicas es su carácter adiabático, que presupone una pérdida mínima de energía durante la emisión. A lo largo del proceso de vaporización, las cenizas y demás elementos son propulsados a la tropopausa a gran velocidad; esto conserva los detritos y piroclas­ tos emitidos en un estado cercano a la liofilización. Esta característica, unida a su gran volatilidad, permitiría un estudio pormenorizado de estas gran­ des nubes volcánicas. Por el momento el interés de este fenómeno estriba en los efectos reguladores de temperatura que provocan. La comunidad científica en general atiende a los efectos termorreguladores de estas erupciones, y su impacto en lo que conoce­ mos como “cambio climático”. E — Dado esto; ¿Es posible que estas emisiones de gas radiactivo supongan un beneficio atmosférico? M — Hoy en día tenemos documentados descensos de temperaturas provocados por erupciones vol­ cánicas desde la última erupción del Pinatubo en 1991 o el Krakatoa en 2001. Aunque estos efectos se hacen explícitos sobre todo en magmas félsicos de alta densidad, es la sedimentación posterior lo que cuenta, ya que determina posibles cambios en la corteza terrestre visibles en un corto lapsos de tiempo. Estos piroclastos radiactivos en suspensión suelen ser masivos, a menudos finamente lamina­ dos, y de depositan preferentemente en zonas de topografía deprimida, mientras que los segundos suelen ser materiales caóticos, sin laminación clara, que se depositan en estratos perfectamente paralelos a la topografía. Las diferencias térmicas de subida­ bajada pueden determinar aún mas el proceso
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mediante el cual estos detritos volcánicos regresan al manto terrestre. No obstante, aún no es posible vincular directamente el efecto de estos piroclastos con cambios térmicos que sean interpretados como beneficiosos. Es pronto para especular con esta posibilidad. E — Todos hemos podido ver el efecto mediático del volcán islandés. Televisiones, diarios y radios de medio mundo han resaltado el impacto socioeconó­ mico y hasta político en el contexto europeo. En su opinión ¿Cómo cree que afectará este suceso a las relaciones internacionales? M — Existen departamentos específicos de Vulcano­ logía, Geología Económica e Ingeniería Geológica que mantienen estudios de largo recorrido sobre ello. Resulta complejo rastrear el impacto de un evento geológico dada su enorme escala temporal de actuación. Los estudios económicos no resultan adecuados ya que soslayan el efecto de los piroclas­ tos radiactivos en contacto con la superficie terreste, y la capacidad de éstos para modificar grandes áreas de corteza. Estas modificaciones, como la nueva unión de silicatos y actínidos que se producen en el manto, resultan en nuevas unidades estratigráficas, y a su vez en nuevos desplazamientos de estratos que llegan a alcanzar más de 2.200 metros de profundi­ dad en menos de un siglo, algo importantísimo para estudios de planificación en Agricultura. Por otra parte, los gobiernos no suelen atender a este tipo de escalas geológicas. Pretender relacionar la identidad nacional con la estructura geomorfológica equivale, en mi opinión, a explicar la gastronomía
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desde la astronomía (risas). El problema estriba en continuar con la antigua idea de un entorno geológi­ co estático, sobre el cual se consolida una estructura social. Investigadores como Kedouric­Feller han puesto énfasis en el carácter esencialmente dinámico de las unidades estratigráficas continentales, y aún más de las oceánicas. Dado esto, es posible, como el propio Feller anuncia, establecer correlaciones geológicas y sociales de estos fenómenos dado un rango temporal. Los movimientos migratorios del litoral sur europeo durante la década de los 80, por ejemplo, se corresponden de un modo asombroso con desplazamientos de la Placa Euroasiática en zonas límitrofes del Egeo y Anatolia. Esta propuesta es revolucionaria ya que equipara también movi­ mientos esencialmente migratorios y geopolíticos a los ciclos migratorios de otros seres vivos, como aves, mamíferos o criaturas marinas. Aunque no se trata de establecer una lectura determi­ nista ambiental de los flujos geológicos o geopolíti­ cos, la comunidad científica comienza a revisar las interacciones entre estas disciplinas. Esto ofrecerá pronósticos muy estimulantes para el futuro, donde la Ingeniería Geológica o la Vulcanología cumplirán un papel decisivo. E — Gracias por su tiempo Profesor Meira. M — Ha sido un verdadero placer. Les animo desde aquí a continuar con sus investigaciones. Saludos desde Medellín.

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La Frontera (Im)posible: ¿al este de qué está el ‘Este’?

Markus Miessen

LA FRONTERA IM/POSIBLE — MARkUS MIESSEN

En junio de 2008, durante la Eurocopa de fútbol, Der Spiegel, una de las revistas semanales más importantes y con mayor influencia, informaba sobre lo que consideró una “noticia sensacional”, refiriéndo­ se a los resultados del partido de fútbol entre Rusia y Holanda (3­1), diciendo en los titulares que “La copia había ganado al original”.
Igualmente, la serie de televisión de Michael Palin de 2007, Nueva Europa, que exploraba 20 países que fueron inaccesibles al estar situados tras el Telón de Acero, asume de manera rumsfeldiana que hay una “vieja” Europa. En 2003, el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, usó el término para referirse a los países europeos que no apoyaron la invasión de Irak, especial­ mente Francia y Alemania. En Alemania, se la eligió como “palabra del año” porque los políticos y los comentaristas la usaban frecuen­ temente de manera irónica: a menudo se hacía uso de ella para re­ ferirse a una posición percibida como de integridad moral. Esta es, evidentemente, una posición difícil porque presupone que hay una rectitud. Esta retorcida autoevaluación europea se aceleró cuanto, en 2007, un sondeo de opinión pública de Gallup International – un centro de coordinación de las actividades electorales en Europa – hizo un retrato de la UE como la única “gran potencia” mundial cuyo liderazgo es reconocido de forma mayoritaria. Pero ¿qué significa exactamente Europa? ¿Y qué constituye su frontera más al Este? ¿Cuál es el punto crucial en el que este cons­ tructo empieza a ser realidad? Berlín es el Este de París, Estambul es el Este de Berlín, Beijing es el Este de Estambul. Alguien en China viajará al Este para llegar a los Estados Unidos. El Este es la dirección en la que la tierra rota sobre su eje y, por tanto, la direc­ ción general de la que el sol parece surgir. Por convención, un mapa normal de la tierra está orientado de manera que el lado derecho corresponde al Este. Esta convención data del Renacimiento. Muchos mapas medievales emplazaban Oriente (el Este) en la parte superior, siendo este el origen del verbo “orientar”. En una conversación con Karl Schlögel, el profesor de Historia de la Europa del Este definió Europa como “primero y principal­ mente un lugar, un espacio definido geográficamente”. Schlögel arguye que los debates sobre Europa empiezan siempre con alguien diciendo que Europa no es únicamente una cuestión geográfica sino principalmente un sistema de valores. Estos valores tienden a ser 77

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universales. En el contexto del conflicto Este­Oeste, considera que la historia de la Europa del Este es la que sucede entre el Norte y el Este; el Mar Báltico, el Mediterráneo, y el Mar Negro, en donde chocaron los imperios, el del Zar, el Imperio Otomano, la monar­ quía de los Habsburgo, y fundamentalmente el Imperio Germánico. Podría decirse que uno de los efectos principales de la globali­ zación es la disolución de las fronteras geográficas. En el contexto de las limitaciones espaciales y territoriales de la Guerra Fría, este hecho era, sin lugar a dudas, un motivo de inquietud. No obstante, en la primera década del siglo XXI – una década que según los co­ misarios Hans Ulrich Obrist y Stephanie Moisdon, aún necesita que le pongan nombre – las verdaderas fronteras son económicas. Esta consideración es muy diferente de la mayoría de los debates que estaban teniendo lugar hace tan solo dos décadas, cuando las fronte­ ras físicas eran el tema más importante que se estaba discutiendo en el contexto de la “Europa del Este”. ¿Cuáles son las repercusiones de la Unión Europea cuando se trata de tomar decisiones dentro de sistemas que, hasta ahora, habían sido excluidos de la Unión? La presión y el deseo de formar parte del “club” han crecido tanto que se están canjeando economías enteras por un billete de entrada en la UE. Lituania, una de las economías de mayor cre­ cimiento en Europa, perdió su exportación principal para poder formar parte de la zona Schengen en 2007. La central nuclear de Ignalina producía la mayor fuente de exportación de Lituania, la electricidad. Durante la última década, Lituania ha estado nego­ ciando el cierre de Ignalina con la UE. La persistente preocupación de la UE llevó a estipular su cierre a cambio del acceso a la UE. Sometida a la presión de la UE, Lituania se comprometió a cerrar Ignalina, independientemente del suministro de energía lituano y de las advertencias de los expertos en contra del cierre – ya que produce el 70% de la producción eléctrica lituana. En este contex­ to, los artistas lituanos Valdas Ozarinskas y Aida Ceponyte decla­ raron que mostrarían imágenes de vídeo en directo desde el núcleo. Se llegaron a mostrar en Copenhage pero se consideraron excesiva­ mente polémicas y se retiraron. Hoy en día, la mayoría de las cuestiones que se abordan en este libro no se consideran a través de criterios puramente geográficos. Para la mayoría, las consideraciones territoriales sólo importan cuando se trata de movimientos físicos y/o de consecuencias econó­ micas. Pero mientras la globalización 3.0 va en aumento, parece que la geografía se ha visto sustituida por las redes individuales y la per­ tenencia cultural. ¿Se considera que formas parte del club o no? La 78

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visión del novelista Ingo Niermann de la Europa en expansión como un club elitista que crece mediante subsidios más que por conquistas – una fortaleza “con mucha leche y poca miel” – no es una lectura aislada sino compartida por muchos países y personas en todo el mundo, especialmente por aquellos situados al Este de Europa. Si estas obviedades geográficas se van a confirmar o no es algo que resultará evidente en las próximas dos décadas. Con los pre­ cios del petróleo subiendo cotidianamente, la cuestión de la movili­ dad se pone progresivamente en entredicho. Una crisis de recursos de este tipo también podría llevar a una situación de globalización invertida: una vuelta al escenario de crecimiento acelerado. Europa Costa Este, que tuvo lugar durante la primavera de 2008, es un proyecto sobre las percepciones de la identidad euro­ pea contemporánea y su relación con las prácticas espaciales y la política internacional, desarrollada en colaboración con School of Missing Studies de Nueva York. El título Europa Costa Este es un juego de palabras. “Europa” es el tema central de la investigación, su cultura contemporánea, su expansión y su estatus en tanto pro­ yecto social continuado en el tiempo. “Costa Este” hace referencia a dos fronteras diferenciadas en Europa, ambas tanto reales como imaginarias, la Costa Este geográfica de los Estados Unidos de América y la Costa Este política de la Unión Europea. Ambas Cos­ tas Este se han puesto en relación en el título para desencadenar el debate. El proyecto invitaba a figuras destacadas de la cultura y de la política de las dos costas – de los Estados Unidos de América y de países limítrofes de la Unión Europea como Albania, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Georgia, Líbano, Macedonia, Montenegro, Rusia, Serbia, Turquía y Ucrania – para que comentaran su per­ cepción actual de Europa. Europa Costa Este bucea en los detalles urgentes de una densa red de experiencias contemporáneas del vasto intercambio de conocimiento, personas y bienes de la Unión Europea con la Costa Este de los Estados Unidos así como con su propia frontera orien­ tal. En esta escueta línea fronteriza Norte­Sur se ocultan muchas complejidades espaciales geográficas, que incluyen las islas de Suiza y los Balcanes Orientales que se encuentran en el continente europeo pero fuera de la Unión Europea. El proyecto se propuso investigar la confluencia política y cultural entre estas dos líneas fronterizas Norte­Sur, una geográfica y la otra política. ¿En qué consiste esta nueva región transversal con diferentes zonas hora­ rias? ¿Cuáles son sus retos y posibilidades de prácticas sociales, políticas y espaciales? 79

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East Coast Europe, ECE • portada de libro; libro editado por Markus Miessen, diseño por Zak Keyes ; Sternberg Press, 2008.

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Europa como constructo político y económico se ha ido expan­ diendo sin cesar desde el Tratado de Roma en 1957. En la disposi­ ción territorial actual, el punto más “oriental” de la UE se encuentra en la Bahía de las Tortugas, en la punta de Chipre. Pero este punto puede cambiar pronto. Mediante la construcción de un escenario imaginario en el que Europa es una isla, y por tanto, tiene una costa – un perímetro claramente definido con un borde – se podría es­ pecular sobre las variables políticas, culturales y económicas y sobre cómo estas se concretarán en el espacio en el futuro. Meterse en este juego mental, definiendo los criterios sobre lo que constituye el “in­ terior” y el “exterior” se convierte en algo progresivamente difícil. Europa Costa Este investiga sobre algunas de las cuestiones rudimentarias a las que nos tenemos que enfrentar en la actualidad: ¿qué determina la noción de frontera? ¿Cuáles son las característi­ cas básicas del experimento de la Unión Europea visto desde ambas “costas”? ¿Se percibe Europa como una entidad unificada? Y si así lo fuera, ¿se percibe como contrapeso a los E.E.U.U.? ¿Cómo afecta el cambiante panorama global a las realidades de Europa Occiden­ tal y sus periferias laterales? ¿Cuál es la cuestión más importante para la UE a medio plazo, en términos de expansión? ¿En qué dirección derivará la integración posterior – culturalmente, ética­ mente, económicamente? Cuando se hacen preguntas, se suele asumir que hay respues­ tas. El contenido de esta publicación está constituido en su mayor parte por conversaciones: preguntas abiertas, ping­pong verbal con profesionales de la cultura, artistas, políticos y antiguos comandan­ tes – personas de las dos diferentes Costas Este. No conocemos las respuestas a la mayoría de estas cuestiones, y la mayoría de los polí­ ticos tampoco las ofrecen. Sin embargo, sin reivindicar las prácticas culturales como herramientas de investigación aparentemente sin­ gulares, creemos que la producción cultural crítica puede utilizarse como un barómetro y un instrumento proactivo para investigar lo que está en juego, lo que ha cambiado y lo que podemos aprender de algunos de estos cambios. Más que generar una caja de herramien­ tas, la intención de esta publicación es la de producir un conjunto de reflexiones críticas sobre la relación entre Europa y su propia percepción en relación con la Costa Este de los Estados Unidos. Los países situados a lo largo de la línea fronteriza que he­ mos trazado funcionaron como mecanismos para aislar algunas de las variables y fenómenos en los que estábamos interesados. Si se observa el actual boom económico de la Europa Oriental, una mente optimista podría fácilmente caer en la visión romántica del Oeste 81

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salvaje, en narrativas nostálgicas sobre potenciales y posibilidades. Aún así, la realidad confirma que casi todas las historias de éxito del “Este” – ya sea el Este de Europa, el Golfo, India o China – se han recibido con un sólido escepticismo y crítica por parte de Occi­ dente. A mi parecer, la gran mayoría de estas críticas no se basa en razones o contenidos reales sino en el resentimiento y el miedo. Mientras las economías de la Europa Occidental se han frenado chirriando, cuanto más nos movemos hacia el Este, más parece todo posible. Cuando el gigante de los teléfonos móviles Nokia abandonó recientemente su central de producción situada en Bo­ chum – y abrió una nueva fábrica en Cluj, Rumanía – los políticos alemanes y los medios de comunicación se pusieron igualmente furiosos. Mientras los políticos rumanos acusaban a la Europa Occidental de permitirse el lujo de operar un proteccionismo pri­ mitivo, la economía local de Rumanía sigue prosperando. Por regla general, cuando se trata de que los medios de comunicación cubran asuntos del Este geográfico del “cinturón del bienestar”, los perio­ distas occidentales tienden a tocar todos los registros de la crítica fenomenológica. Cuando el ex­campeón de boxeo Vitali Klitschko anunció en 2008 que se presentaría a las elecciones por la alcaldía en la capital de Ucrania, Kiev, muchos periodistas de los E.E.U.U. se burlaron de su propuesta, aunque se considere a Klitschko el candidato a alcalde con mayores posibilidades de la coalición democrática. Cuando uno se da cuenta con sorpresa de lo que ha pasado en California tras la toma de poder de la estrella de Conan el Bárbaro, Arnold Schwarzenegger, muchos europeos occidentales, espectadores, comentaristas y políticos, aún se muestran precavi­ dos hacia lo que el Este pueda traer. Tienden a preferir el bárbaro austríaco a las hordas de Turquía. El sábado 26 de noviembre de 2005, la ciudad de Mostar en Bosnia y Herzegovina inauguraba una estatua de bronce de Bruce Lee. La estatua de tamaño natural quiere representar la solidaridad en una ciudad étnicamente dividida. “La construcción de la so­ ciedad civil nunca ha sido tan extraña: aquí tenemos la estatua de bronce a tamaño natural de un inmigrante americano con el torso desnudo, pagada por el gobierno alemán e inaugurada por un diplo­ mático chino, erigida a instancias de una comunidad disfuncional de croatas, serbios y musulmanes”, escribe Alexander Zaitchik en Reason. De manera similar, en el pueblo de Zitiste, en Serbia, se erigió en la plaza principal una estatua de bronce y cemento de Roc­ ky Balboa. En Cacak, cerca de Belgrado, hay planes de erigir una 82

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estatua de la antigua modelo británica Samantha Fox en topless. La artista serbia Milica Tomic las define como “una broma peligrosa mediante la que se borra la Historia y se la sustituye por Mickey Mouse”. Pero el mínimo común denominador es que esta nueva generación de la postguerra – buscando incesantemente modelos de corrección política – construye sus mentiras en otro lugar: algún sitio entre Hollywood, MTV y los anuncios eróticos de madrugada de la televisión por satélite – identidades más allá de lo local. Tal y como arguye Jacques Rancière, Occidente ya no se en­ cuentra en una posición cómoda para ensalzar los beneficios de la democracia comparándola con el terror del totalitarismo. De hecho, lo que podemos ver hoy en día es que, en algunos Estados, como en Dubai, se han desarrollado maneras alternativas de gobierno totalitario, dictaduras benévolas en las que las cosas parecen desa­ rrollarse en un universo paralelo. Muchos países de Oriente Medio están pasando por una fase increíble ahora mismo. Especialmente en el Golfo, sociedades enteras se han visto forzadas pacíficamente a introducirse en la modernidad en menos de veinte años. Coetá­ neamente, este devenir lleva a cabo una doble función: actúa como un espejo que mira a “Occidente” mostrando su propia imagen acelerada. Esta tendencia provoca resentimiento y sospechas en Oc­ cidente. En The Violence of Participation, el crítico Shumon Basar comenta, “El mundo según Fukuyama, la presunta teleología de la democracia y el libre mercado como una imagen mundial de paz en el mundo sólo puede hacernos reír, o llorar. Hoy en día, la demo­ cracia como paradigma irreprochable es algo tan asiduamente cues­ tionado como defendido”. Mientras Occidente se encuentra en una seria crisis de identidad, economías como la del Golfo secuestran la noción de la “cultura como etiqueta” y se aseguran de que su capital produzca rendimientos rápidamente. Similar al ansia por lo nuevo (occidental) anterior a la caída del Muro, los promotores inmobiliarios han conseguido convertir las imágenes occidentales en productos de alta calidad y alta velocidad. Consecuentemente, el proyecto “Una leyenda – Una torre” en Dubai (promovido por Niki Lauda, Boris Becker y Michael Schumacher) se había vendido en su totalidad dos semanas después del inicio oficial de la promoción. Tal y como se subrayó en la propuesta de proyecto School of Missing Studies, Europa Costa Este no intenta hacer demasiadas cosas a la vez. Se podría argumentar que, de hecho, todo lo que hace es estimular la curiosidad, acelerando – con suerte – el deseo por mayores y alternativos tipos de conocimiento sobre los rápidos cambios que se están produciendo y los efectos de fertilización cru­ 83

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Notas

zada de la producción cultural. En el pasado, el especialista en política exterior Mark Leonard argumentó que Europa gobernaría el siglo XXI y nos dijo lo que pensaba China; el novelista Ingo Niermann confirmó que China nos estaba llamando. Una de cada dos portadas de The Economist muestra una imagen de China o de Oriente Medio gritándonos visualmente. ¿Está verdaderamente pasada Europa? ¿Se ha ido aún más lejos la verdadera “costa”? Nos gusta pensar que Europa es una pregunta abierta, un “encuentro de preguntas”, como la definirían Molly Nesbiy y Hans Ulrich Obrist. Después de todo, el hecho de que Europa necesite determinar lo que representa también puede entenderse como el reverso de la tan proclamada trampa de Europa. Normalmente, el momento en el que se resuelve una crisis de identidad también es el momento en el que las cosas empiezan a estancarse. Este estan­ camiento es lo que Europa debiera temer por encima de todo y, por tanto, debería perseguir, transformar y reconsiderar constantemen­ te una investigación abierta y continuada sobre una definición en proceso de su condición diferencial.

1. Markus Miessen and Hans Ulrich Obrist en conversación con karl Schlögel, Europe as Archipelago, The Violence of Participation, Sternberg Press 2007 2. Texto en portada, The Violence of Participation, Sternberg Press. 3. Mark Leonard, Why Europe Will Run the 21st Century, Fourth Estate, London & New York, 2005; Mark Leonard, What Does China Think?, Fourth Estate, London, 2008 4. Ingo Niermann, China ruft Dich, Rogner & Bernhard, Berlin, 2008

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El Clima Interior

Pavla Ascher

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Diez de julio. Dos mil seis. De la televisión llegaba una voz explicando que la mochila encontrada al borde del precipicio contenía mil gramos de calamina de zinc envueltos en un paño verde. Setecientos mil metros cúbicos de roca habían enterrado el recuerdo de la vieja montaña. El contenido de la bolsa no daba pista alguna sobre el propietario y el locutor dijo que la rela­ ción entre ésta y el prematuro derrumbe del glaciar quedaba totalmente descartada.
Apagó la tele. El zumbido del tubo le hizo sentir por un mo­ mento que la habitación vibraba y se quedó sentada en el borde de la cama, esperando con el pulgar todavía encima del botón rojo. A su lado había alguien tumbado que fugaba fuera de plano. Hubo un silencio largo. Nada. Había vuelto a atraer la atención del canal local. La diferencia esta vez era que habían reparado en la presen­ cia de la calamina cuando habitualmente pasaba inadvertida. Si el nudo había entrado en escena puede que el desenlace estuviera un poco más cerca. Ahora sí. El zumbido se hizo más fuerte. Cogió el petate de un salto y sus pies ya no tocaron el suelo. Levitaba. El agua de la jarra se desbordó como un meteorito blando; el montón de periódicos se desplegaba lentamente hacia el techo; la mochila palpitaba. El au­ dio era seco y sordo y podía escuchar su respiración a cámara lenta igual que en las películas del fondo del mar. Sólo que no hacía frío. Sudaba. La inercia del salto había tirado de sus piernas hacia arriba y, bocabajo, pudo ver como él dormía todavía, envuelto en una nube de edredón y rodeado de un cinturón de asteroides cotidianos. El espacio se curvó y el calor se hizo más fuerte. La vista se le nubló durante un instante. Después todo se precipitó como lo hacen las tormentas y la velocidad volvió a las cosas. Mala caída. Su labio acumulaba cicatrices igual que el preso araña sus días en la pared de la celda, atesorando el tiempo del que jamás volverá a disponer. Junto a ella estaba él, ya despierto. Le tendió una mano y ella tiró mecánicamente de su brazo para incorporarse. Estuvo largo rato sin verle, mirando al fondo de su cabeza. En el calendario del despertador ya era día ocho. Apretaba la lengua contra el labio. Y sangraba. Él hizo ademán de limpiarle el rojo de la comisura y ella salió del trance rechazando el gesto con un parpadeo. Fue a la pila a enjuagarse y sin darse la vuelta le pidió que no dijera nada. Se secó la boca con la toalla; podía sentir como 87

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la observaba desde el espejo. Después recogió los libros, se echó la bolsa a la espalda y salió. Freyja, fari ne lasi dijo él. Tenía dos días más para volver al glaciar y repetir el atentado. Cuando cogió el tren buscó la portada del Altes Anzeiger. La buscó entre el brazo de un figurante y la cabeza desenfocada de una joven pero en su lugar encontró a un tipo leyendo el Guardian. El raccord solía fallar tras las anomalías pero sustituir el periódico alemán por el inglés en la Suiza francesa le hizo reafirmarse en su previsión: puede que fuera el último ‘’remake’’. En primera plana había una imagen del glaciar a media página: un grupo de turistas se concentraban al borde del abismo a la espera de una catástrofe. Se empujó hacia el lateral del lector con el foco puesto en el perió­ dico e hizo guardia. Al llegar al quinto pliego pudo ver algo dife­ rente. Algo que no había visto de lejos. La docena de senderistas estaban de espaldas a la cámara, como viajeros asomándose a un mar de escombros, pero ahora, a la izquierda y recién llegada a la escena, se vio a sí misma con la espalda guardada por una mochila oscura y pesada. Como la que llevaba ayer; la misma que habían mostrado en la televisión. Hubo un corte repentino y su bolsa tembló. El aire se compri­ mió contra el vagón y se hizo de noche. Sintió el túnel. Quedaban dos paradas más. Cuando volvió la cabeza, el tipo había enrollado el periódico bajo el brazo y miraba su muñeca vacía, rosada por la presencia de un reloj que no estaba ahí. Quizás el universo había comenzado a contraerse esa misma mañana, sin previo aviso, y esta era la forma en la que crecía negativamente; la forma en la que se rebobinaba la historia, avanzando hacia atrás. Recordó la primera vez que leyó sobre el Gran Colapso; cómo había imaginado a las personas caminando de espaldas; a los muertos levantarse de sus tumbas; a la gente que caía, ascender. Recordaba la angustia que le producía asistir al retroceso de su vida, de todas las vidas, como una espectadora encerrada en la prisión de un cuerpo que ya no le pertenece; que ha sido decomisado por un tiempo agotado. Un tiempo que se enrollaba en la bobina del espacio. Pero no. Este cos­ mos cerrado que nada tenía que ver con su retroceso abierto, hacia adelante. Un ‘’making­of’’ infinito. La Gare Cornavin fue entrando por las ventanas del suburbano como una tira de fotogramas sobrexpuestos. El lector se había le­ vantado y esperaba de pie frente a la puerta. Freyja no pudo repri­ mir el deseo de enfrentarse al crono y le preguntó por la fecha antes 88

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de que pudiera bajar. Él esbozó una media sonrisa, todavía dándole la espalda. Luego se giró y le extendió el periódico enrollado. No te preocupes, cógelo, es el de mañana, respondió. Las puertas se abrieron y Freyja se quedó clavada al suelo del tren viendo como el tipo se perdía en la profundidad de campo. Después recordaría que alguien le pidió paso y tuvo que echarse a un lado, pero en ese momento sólo alcanzó a oír el silbato borroso del movimiento y a ver como volvía el fundido a negro del subterráneo. Ahora no cabía duda de que la anomalía de la mañana había sido distinta a las anteriores. Se había movido en el espacio del tiempo pero el tiempo no había retrocedido. Al contrario, iba un día por delante, reescribiendo la historia desde el día antes del derrum­ be que vivió ayer. Era como repetir historias dentro de historias imparables. Escribir encima. Cifrarlas. Podía cambiar el rumbo pero el resto de bifurcaciones no se detenían con su elección. Pensó en las versiones descartadas de su pasado inmediato; aquella en la que se apeaba junto al hombre sin reloj y le seguía hasta el Vaalser­ berg. O en la que evitaba hacer la pregunta y él decidía quedarse en el vagón, observando desde el reflejo oscuro de la ventana, esperan­ do ser preguntado. Pensó en lo que hablaría mañana con Miran. Es decir, anoche. Horas antes del incidente de esa misma mañana. Horas después del derrumbe. Apenas habían empezado y la historia se les estaba yendo de las manos. Se bajó en Coutance y salió a la superficie. En el panel de in­ formación de la Rue de Chantepoulet comprobó que seguía siendo día ocho. Subió a la habitación del hotel Rhodania, se tumbó en la cama y abrió el Guardian. La fecha era efectivamente de la edición del día nueve. Sin embargo la imagen no estaba allí. En su lugar, había una fotografía de un escalador avanzando por la diagonal de una pared de roca.
Un gigantesco pedazo de la montaña más maliciosa de Europa amenaza con desplomarse en los próximos días como ha podido saber ayer the Guardian por medio de un geólogo que monitoriza la situación [...]cerca de dos millones de metros cúbicos del Eiger en los Alpes Berneses en Suiza – dos veces el volumen del Empire State – están a punto de desprenderse y la apertura de la montaña podría estar indirectamente relacionada con el calentamiento global. […] “La grieta se ensancha unos setenta y cinco centímetros cada día. Es una velocidad exagerada” [...]”Creo que el derrumbe es cuestión de días.”[...]Es natural que los Alpes se erosionen, pero en los últimos años las evidencias demuestran que lo está haciendo a una velocidad mucho mayor de lo normal.

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Desde que sonó la alarma en el Eiger los turistas se han congregado en Grindelwald, una población cercana, con la esperanza de ver lo que promete ser el mayor derrumbamiento de roca que se recuerde [...]

Al día siguiente Elin llegó en su citroën media hora antes que la vez anterior. Dos horas más tarde estaban atravesando los Al­ pes Berneses camino de Interlaken. El Thunersee se veía como un agujero en la tierra que conectaba con el otro lado del mundo; un lugar donde las montañas colgaban del suelo y el cielo era el fondo del lago. Puede que ese fuera el mundo que las esperaba mañana, cuando ambas saltasen. Un mundo como el de Larry Spring. Después de observar durante años una anomalía magnética en su antena parabólica, Larry concluyó que el campo magnético radiante era esférico y tenía un diámetro equivalente a la mitad de la longitud de onda electromagnética. Este hecho, aparentemente sin importancia, supuso el inicio de una teoría propia por la que el átomo es un imán en expansión contenida, la luz no es ni una onda ni una partícula y la fricción se explica en términos de oposición magnética. Llegó incluso a decir que la termodinámica moderna era una falacia; que si el calor estuviera producido por la agitación de las moléculas en lugar de por movimientos internos del electrón, podríamos oírlo. Larry era uno de los suyos, de los que reescriben el relato del mundo sin modificar su apariencia. Formaba parte de esa antigua tribu de los hombres que cambiaba el sentido interno de las cosas, su semántica, para que el cuento siguiera siendo el mismo sin serlo. Un mundo en el que la luz sigue iluminando igual y el calor sigue calentando, pero cuyas normas invisibles de funcionamiento son profundamente distintas. Poco importaba si estaba en lo cierto. Lo cierto servía a fines determinados, no a continuaciones dudosas. No, la escuela de Larry no era un lugar físico ni un fin. Era una corriente. Una escuela de pensamiento. Un cambio climático. Me gustaría hablar hablar con él, Freyja. Demasiado tarde, me temo. Morirá en dos mil nueve. Esa noche Elin soñó con el catorce de noviembre. El de mil no­ vecientos sesenta y tres. Miran estaba envuelto en fumarolas blancas, de pie sobre la lava enfriada de la recién emergida isla de Surtr. Sobre la roca había un mapa de Grindelwald con las indicaciones para una última operación que tendría lugar dentro de cuarenta y tres años. La llevarían a cabo ambas dos. Tendrían que subir de madru­ gada cuando la montaña durmiese. Una mochila desaparecería con 91

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ellas y la otra se dejaría al borde del barranco para ser encontrada. Activarían las cargas de calamina justo después de saltar, cerca del lugar dónde la roca estaba más separada y la grieta era más grande. Era la única manera de que la singularidad actuara de cuña; de que aumentaran la ficción y el armónico incubase en el centro de la tierra; asegurando el derrumbe; iniciando la resonancia temporal. Y al mismo tiempo abriendo una vía de escape. Elin se pondría la mochila del revés, contra el pecho. Freyja le agarraría la mano y se quedarían de pie frente al vacío. No les preocuparía el salto sino lo que vendría después. Por primera vez en meses no habría previsión; no habría hombres del tiempo que les dijeran qué hacer. Se habrían acostumbrado a la disciplina parami­ litar, a la lógica matemática del terrorista, y se habrían olvidado del vértigo que provocaba verse otra vez sin un relato que le diera sen­ tido a sus vidas. Ese sería el verdadero abismo; el último atentado climático. El que no aparecería en ningún prospecto. Saltarían. Y todo volvería a ir a cámara lenta. Como cuando de pequeña le contaban el cuento de la vieja montaña; del estado sin nación de Moresnet Neutral; del momento en el que se agotó la calamina en 1885, cuando Prusia amenazaba con invadirles. El cuento de todos los intentos de sus habitantes por perpetuarse como singularidad política; en 1890 cuando crearon la oficina postal; en 1896 al inven­ tar su propia moneda; en 1903, cuando abrieron el casino y mudaron su actividad industrial al puro juego de la circulación del capital. Y el de 1908, cuando el Dr. Wilhelm Molly propuso hacer del lugar el primer estado esperanto del mundo; cuando se fundó Amikejo, el “lugar de gran amistad”; un estado en el que todos tenían una nacio­ nalidad otra. Pensaría en la transformación de las materias primas al capital cultural; en aquel lugar que no tenía más historia que una industria agotada; en el himno que sonó una sola vez. Y vería a los ciudadanos de la capital Kelmis pedir la anexión a Bélgica en 1919; y los vio volver a ser belgas; y a su familia emigrar a la tierra del hielo, donde podrían continuar contando historias. Se acordaría del mons­ truo nativo; de la lección aprendida por sus abuelos; de la niebla ho­ rizontal e integradora; del uso perverso que ellos mismos hicieron de la lengua esperanza al querer levantar sus fronteras nacionales; de la cultura como el último aval para la financiación de las identidades. De la identidad comunitaria venida del carbón y del acero. Y haría calor. Como siempre hacía. A Freyja le sudaría la mano. Y resbalaría. 93

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Veintiuno de marzo de dos mil diez. El año que hicimos contacto. Elin despertó en el suelo, a cielo abierto. Se incorporó y se quedó sentada, borrosa, mirando hacia el horizonte, enfocado: una inmen­ sa nube de ceniza se extendía hacía el sur como un país flotante. Un estrato aéreo; una geología invertida; una mina repleta de la más absoluta levedad. Una veta de humo. Se miró la mano aún húmeda y volvió a ver a Freyja soltarse. To­ dos estos mundos son para nosotros, recordó. Todos excepto Europa. Llegó a Hvolsvöllur después de cuatro horas de camino por el hielo. Bajó la carretera hasta la casa de Harald y llamó a la puerta pero no hubo respuesta. La pluma del Eyjafjallajökull escondía al sol iluminando toda la escena con una luz mate, sin aristas ni contrastes; plana. La cámara la siguió en secuencia hasta la parte de atrás. Hurgó en la vasija junto a la puerta y sacó la llave. Todo estaba en silencio y no había ni un sólo rastro de ninguno de ellos. Subió al piso de arriba e instintivamente fue cerrando las ven­ tanas. Cuando cerró la última reparó en un libro encima del escri­ torio verde. Un libro en un idioma hecho de todos los idiomas. El mismo que empezó con nada y terminaba con todo. Abrió por la primera página y sus ojos se dilataron como lo hacen las gotas de tinta:
Elin fue la única en acudir a la cita de Hvolsvöllur. La única que sabría la verdad sobre la isla-montaña-glaciar. La que entendería que el final de su operación temporal no era sino el principio de su historia sin ellos. Subió al piso de arriba y cerró cada una de las ventanas sin saber muy bien por qué, como si un guión la obligara a hacerlo. Al terminar se percató de la presencia de un libro verde sobre la mesa. Se acercó al escritorio y comenzó a pasar las páginas.Todas decían lo mismo: “No me hicisteis caso Elin. Ahora el Leviathán llega con katla.”

Entonces sintió que no estaba sola en el cuarto. El pinchazo de la espalda al pecho llegó primero y después vino el ruido fuerte y seco. Y el olor a humo. Se llevó la mano al pecho y le fallaron las piernas. Mientras un gusto caliente le subía a la boca. Se ahogaba. Y el tiempo empezó a volver.

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Nantes — Barcelona Barcelona — Nantes

Nicolas Malevé & Laurence Rassel

NANTES — BARCELONA — NICOLAS MALEvé & LAURENCE RASSEL

Este texto se ha escrito en forma de intercambio de correo electrónico entre Laurence Rassel en Barcelona (Espa­ ña) y Nicolas Malevé, viajando desde Barcelona a Nantes (Francia). El lunes 6 de junio de 2011, cada uno de ellos le envió al otro una “carta” que terminaba con una pregunta. Cada uno de ellos contestó diaria­ mente a la pregunta del otro y formuló una nueva. Lo que sigue son dos líneas de preguntas, respuestas, dudas, aproximaciones y reformulaciones.

Aeropuerto de Barcelona, lunes 6 de junio,6:30 AM Querida Laurence: Hoy me estoy preparando para cruzar una frontera europea, tengo que enseñar mi DNI dos veces incluso si estoy en la zona Schen­ gen. El ordenador que uso todos los días envía miles de bits a través de esta frontera. Los expertos de la Policía Europea se han reunido recientemente con la intención de crear un espacio Schengen para Internet. Europa tendría su cortafuegos como China.1 Junto a mí, mientras escribo estas líneas, una joven, probablemente mal pagada, le hace una larga lista de preguntas a un viajero de Arabia Saudí. Está haciendo un sondeo. Pregunta tras pregunta, él está desvelando todos los detalles sobre su viaje, los idiomas que habla, las conexiones que realiza más a menudo. Su biografía aeroportuaria. Yo voy a Bruselas. El lugar en donde se han votado y se ha hecho presión por tantos acuerdos. Estoy pensando en los últimos proyectos legales y propuestas de ley que con­ ciernen directamente a mis prácticas y que se tienen que votar y decidir aquí. He guardado durante mucho tiempo un recorte de periódico sobre un debate en el Parlamento alemán. Los políticos estaban in­ tentando decidir si Internet requería de leyes específicas o si el marco legal actual sobre las

Barcelona, 6 de junio, 2:38 pm, 21ºC Querido Nicolas:

Mi primera pregunta estaría en cierta manera inspirada en este texto que estamos escribiendo a cuatro manos, en nuestros ordenadores, desde Barcelona, Bruselas, Nantes y vuelta, es ¿cómo/ por qué/cuándo hicimos, hice, la transición de la ciencia ficción al archivo? ¿Fue a causa del tiempo? ¿El tiempo que transcurre, el desplazamiento que se tiene que hacer de un lugar a otro, de un país a otro, de una práctica a otra? Desde el momento en el que abandoné la práctica experimental cotidiana del trabajo entre/ en relación con el arte, el feminismo, la tecnología, para realizar una residencia en un museo, ¿consideré que mi trabajo estaba pasando de la narración a la documentación? No fue así. Cuando formaba parte del colectivo Constant 2 hace unos años, ya estábamos trabajando en el proceso de archivo tan pronto como empezamos a hacer un seguimiento de nuestras prácticas, de las acciones, talleres, reuniones, etc. y guardar sus rastros físicos en cajas. Nuestras actividades se inscribían en el “Qué pasa si”, “Por qué no”, incluso si eran, y aún lo son en el caso de Constant, bastante concretas, y producían datos tangibles u objetos, estas actividades se basaban en una imaginación discursiva, ya que dábamos por supuesto que el software está escrito, es una gramática, por tanto, puede componerse, por tanto, tiene que ser abier-

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comunicaciones bastaba. Casi quince años después, podemos ver que esto ha cambiado. Los acuerdos comerciales, las directivas sobre propiedad intelectual, tienen todos sus capítulos dedi­ cados a Internet. Ahora mismo, el eG8 se está celebrando en Francia bajo el eslogan “Un Internet civilizado”. Y una condición para que se dé este Internet civilizado es anclar la red aún más a su infraestructura física subyacente. Los servidores, cables, los puntos de entrada de la red, están siendo localizados geográficamente y por tanto, sometidos a una jurisdicción determinada. Durante años, los estados­nación han definido las normativas aplicables a su jurisdicción de una manera muy descoordinada en lo referente a las redes digitales. Da la sensación de que ahora están haciendo un esfuerzo conjunto para modifi­ car las redes usando normativas comunes. Y para decidir las fronteras comunes. Igual que se puede inspeccionar un carguero cuando llega a puerto, los paquetes de datos pueden ser analizados en puntos de control virtual. Encuentro difícil luchar contra cierta nostalgia por lo que vivimos hace unos quince años. La experiencia (o la ilusión) de un espacio electrónico común más amplio. Pero la naturaleza de esta nostalgia puede ser un poco más complicada de lo que parece. No siento nostalgia por los módems de 56k, por páginas con un fondo de estrellas o con un dibujo animado. Lo que echo de menos y lamento son las circunstancias temporales (y espaciales) que hicieron posible que nos proyectáramos en el futuro o, mejor dicho, hacia lo desconocido. Internet, cuando “lle­ gó” a nosotros no era sólo un dispositivo para pensar un espacio sin fronteras, pero provocó fantasías sobre el futuro. Era una máquina del tiempo. En la actualidad, la sensación de usar Internet (¿quién navega aún? ¿Quién surfea?) es una sensación del aquí y el ahora. Aplicaciones geolocalizadas, informaciones en tiempo real. De lo que me siento nostálgico es del futuro. Si observamos críticamente ese período, podemos apreciar que se dio una conjunción

to, legible, para poder hacerlo nuestro. Igual que dimos por supuesto que el feminismo es una práctica, una investigación continua. Igual que dimos por supuesto que teníamos que comprender, que “abrir” las máquinas para poder comprender y, en caso necesario, poder intervenir en el aparato, en el dispositivo (social, técnico) que está determinando nuestro futuro. De la ciencia ficción al archivo, ¿acaso es verdaderamente una transformación? Archivar, documentar, guardar o no los documentos y los vestigios, presupone una narración que se va a escuchar solamente en el futuro.

Nantes, 7 de junio, 11:24 pm Querida Laurence:

Lo primero que viene a mi mente es el término archivado profundo que escuché usar a un científico informático refiriéndose al archivado con la intención de conservar los archivos durante más de cien años. Si pienso en guardar archivos en un disco duro durante un período más pequeño, digamos veinte años, puedo imaginar que tendremos que realizar unas cuantas transferencias para guardar una versión del archivo en un hardware mejor, en una máquina más fiable, con mejores servidores, etc. Pero si pensamos en conservarlos durante más de un siglo, los problemas técnicos se complican con el problema del contexto de interpretación. ¿Qué haría falta guardar junto con el archivo que queremos conservar para que siga siendo comprensible? Recuerdo una conferencia de David Giaretta,3 en donde hablaba de los bucles infinitos de los archivos digitales. Si utilizo un formato de archivo, necesitaré la documentación sobre el formato del archivo y un software que lo lea y máquinas en las que pueda funcionar. Para el software y las máquinas, también necesitaré la documentación y esta documentación también necesitará un software para decodificarla y documentación para ser capaz de entender el software que pueda leer la documentación.Y así hasta el infinito. Es un bucle infernal, el software siempre necesita más soft-

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de factores políticos, económicos, un deter­ minado tempo en el mercado y la geopolítica que permitió o necesitó que estos experi­ mentos tuvieran lugar. Una determinada fase de la globalización que requería de un plano abstracto para expandirse. Esto me lleva a la pregunta que quería hacerte: ¿hasta qué punto piensas que nuestra capacidad para proyectarnos en el futuro depende de las circunstancias en las que nos encontramos? Y si el tiempo en el que vivimos está gobernado por el aquí y el ahora, por el corto plazo, lo local, lo familiar, ¿qué tipo de estrategias pueden inspirarnos para pensar sobre el futuro, para abrir nuestra imagi­ nación a lo que nos va a llegar en el tiempo y en el espacio? ¿Cuáles podrían ser los dispositivos (conjuntos de relatos, máquinas, coreografías) para viajar en el tiempo? Barcelona, jueves 7 de junio, 10:25 AM, 20ºC Querido Nicolás: En un escrito de Foucault, pero ¿qué es un escrito de Foucault online? 4 Los escritos de Foucault son a menudo un rastro, una transcripción, una voz, un fantasma en su coraza. Un escrito sobre “Otros espacios. Heterotopías”. Señaló los museos, las bibliotecas como heterotopías en las que se acumula el tiempo. Las heterotopías van junto con las heterocronías, acumula­ ción, ruptura, tensión en los tiempos. En el presente continuo, o en el no presente, el tiempo ya está controlado. Este escrito atrajo mi atención en una conferencia de Jacques Rancière, la última semana en el marco del programa de conferencias “Sobre el estado de las cosas”, en Venecia.6 Consideraba de qué forma el espacio y el tiempo pueden ser lugares de resistencia, en donde se produciría una desviación por la perturbación de los tiempos, con la yuxtaposición de momentos, de experiencias, de vida y muerte. Rancière puso un ejemplo sacado de una película de Pedro Costa, de una escena de Juventude em

ware y todo ese software necesita documentación, y esa documentación necesita software. La especulación sobre el archivado profundo requiere una proyección en el tiempo que tiene muchas similitudes con la ciencia ficción. Se trata de hacer una apuesta sobre los futuros contextos de interpretación. Una apuesta sobre lo que habrá sobrevivido de nuestras capacidades mentales, categorías mentales, sobre lo que (¿por qué siquiera escribimos “nosotros”?) aún seremos capaces de percibir como diferencias y similitudes. Corporeidad. El software no existe en un espacio ideal. Depende de todo un ecosistema de interacciones. Elegir, seleccionar los elementos que serán necesarios para que los datos tengan sentido, el software que se va a requerir y los documentos que dicho software va a necesitar, es un gesto determinante. Tendrá un impacto sobre cómo la gente será capaz de interpretar los documentos dentro de un siglo. Si seguimos las ideas de Michael Moss,5 podemos ir aún más lejos y decir que el problema radica en la idea misma de archivo. La identidad de un archivo es algo extremadamente resbaladizo. Imagina la persona que recibirá el documento que contenga el texto que estamos escribiendo. Está siendo escrito con el software Open Office. Él/ella puede abrirlo con MicrosoftWord y guardarlo en un formato Word en su ordenador. Cuando abra este documento más tarde en ese formato ¿será otro documento? Si observamos a nivel de bits, supongo que no será el mismo. No obstante, el contenido textual quizás sea idéntico. La conversión de formatos en la práctica archivística es pura rutina. Los archivos en formatos anticuados y no documentados acabarán siendo ilegibles a medio plazo. Pero ¿quién puede asegurar que la conversión no ha modificado el documento? Volviendo a nuestro ejemplo, estoy usando la fuente por defecto de mi sistema para escribir “Nimbus New Roman”. Esta fuente se usa raras veces en otros sistemas operativos. Esto no es muy importante. A pesar de ello, otra persona podrá leer nuestro texto porque la fuente no afecta al conjunto. Quizás modifique algo del formato.Vemos cómo la conversión empieza a modificar gradualmente el documento. Para valorar si tiene alguna importancia, una persona tiene que recurrir a un conjunto

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marcha, que muestra el encuentro del prota­ gonista de la película, Ventura, un inmigrante caboverdiano en Lisboa, y el fantasma de un trabajador que se había suicidado, y para el que Ventura escribe una carta de amor. Foucault también sugiere la yuxtaposición de la vida y de la muerte cuando describe los cementerios como lugares heterotópicos. Para Rancière y Foucault, caminar junto a un muerto viviente aún es una posibilidad real. ¿Es nuestra nostalgia por el futuro un muerto viviente? En el mismo escrito, Foucault define las utopías, “Las utopías son emplazamientos sin lugar real. Mantienen con el espacio real de la sociedad una relación general de analo­ gía directa o inversa. Es la sociedad misma perfeccionada o es el reverso de la sociedad, pero, de todas formas, estas utopías son es­ pacios fundamental y esencialmente irreales. También existen, y esto probablemente en todas las culturas, en todas las civilizaciones, lugares reales, lugares que se han conformado en la institución misma de la sociedad, que son algo así como contra­emplazamientos, tipos de utopías efectivamente realizadas en las cuales los emplazamientos reales, todos los otros emplazamientos reales que se pueden encontrar en el interior de la cultura, están a la vez representados, cuestionados e invertidos. Este tipo de emplazamientos se encuentra fuera de todo lugar, incluso si se puede indicar su localización en la realidad. Porque estos lugares son totalmente diferen­ tes de todos los emplazamientos que reflejan y de los que hablan, los llamaré, por oposición a las utopías, las heterotopías”. En el mismo seminario, Leo Bersani, se detuvo mucho tiempo en la película Safe, también describió un lugar heterotópico, con sus propias normas, ritmo, aislamiento en el tiempo y en el espacio como una manera de evadirse de las normas. Como con Foucault, o el ejemplo tomado de Bersani, o podría­ mos decir también en las plazas ocupadas en España, la vida en comunidad se organiza para cuestionar el tiempo, el espacio, las normas impuestas por un orden dominante. Foucault, al describir los barcos, los sistemas

de creencias e información ausentes del documento. Él/ella tendrá que decidir que, para este documento, la elección de la fuente, eventualmente el color del texto, son secundarios y que una copia que no mantenga estos parámetros seguirá siendo una copia del texto. Los bits de un documento son como granos de arena, si intentamos cogerlos con nuestras manos, fluyen, se escapan. La única manera de acercarse a la identidad de un documento, de comprobar su autenticidad de un formato a otro es asumiendo todo el contexto de interpretación que incluye otros documentos, creencias, ideas preconcebidas, interrelaciones. En el proyecto Artes Combinatorias que estás desarrollando en la Fundació Antoni Tàpies, las reproducciones de las obras de arte que se mostraban en el museo se entienden siempre en relación con otros documentos. La fotografía del detalle de una pintura está relacionada con su análisis químico, un recorte de periódico sobre la exposición, la información del viaje, las instrucciones técnicas para el montaje de la exposición… Haber elegido este enfoque supone que has hecho determinado ejercicio de (ciencia) ficción que consiste en imaginar los posibles usos de ese archivo. ¿Podrías hablar sobre cómo estos posibles usos se han hecho realidad? ¿Podrías imaginar el contexto de uso de un usuario dentro de cien años?

Barcelona, miércoles 8 de junio, 3:52 pm, 18ºC Querido Nicolas: Repentinamente abrumada por la pesadilla de los documentos que producen documentos, del software que produce software, de las máquinas que requieren de máquinas, y de las personas encargadas de todos estos pasos, sueño con volver a la historia oral. Necesitar tan sólo escuchar a otro y repetirlo. Pero después, surgió el papel, la tiza y todo lo demás hasta llegar al cine y los ordenadores. Ayer noche, vi la película de Jean Rouch, Les Maîtres fous. Jean Rouch fue un antropólogo que usó la cámara para registrar los rituales realizados por diferentes tribus (él las llamaba sectas) de Nigeria y Ghana, entre otras. Como introducción a su primer DVD, Bernard Suruge explica: 1) que la

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jesuitas, los hammam, podía imaginarse lugares para evadirse del tiempo, el espacio, los movimientos controlados. La gente en las plazas ocupadas son muy conscientes de su visibilidad continua, sobre cómo ese presente continuo se transforma inmediatamente en un archivo comentado. Tal y como mencio­ naste en algún lugar,7 la mayoría de protestas en la actualidad combinan el uso de acciones anónimas y, al mismo tiempo, entregan de buen grado información importante en redes sociales convencionales diseñadas y controla­ das por las empresas que están colaborando voluntariamente con las mismas autoridades contra las que se manifiestan las protestas. ¿Ironía, hibridación, hiperconsciencia o inconsciencia total? Zizek, en uno de sus numerosos escritos en The Matrix, subrayó que el instrumento de control no era Matrix reproduciendo una sociedad idealizada, una normal tal y como se la consideraría en el pasado siglo XX, sino representando una posible revolución. Mantener viva la ilusión de la revolución es el mejor instrumento de control… me pregunto si el arte no es una ilusión… pero ¿a quién le importa andar con un muerto viviente, si es la mejor manera de seguir viviendo? Quizás sea el momento de retomar tus pensamientos sobre Open Street Map (Mapas de geodatos libres). ¿Podríamos considerar­ los una heterotopía? La manera en la que se toman decisiones, se aceptan contratos, se dictan normas para mantener la condición de libres, creo que también la manera en la que ralentizan el tiempo y la eficacia. Es una de las muchas cosas que las personas mencio­ nan cuando hablan de las plazas ocupadas, cómo el tiempo se ralentiza provocando una ruptura. Nantes, jueves 9 de junio, 12:42 AM Querida Laurence: Para resumir, OpenStreetMap (OSM)9 es una Wikipedia de los mapas. Los usuarios

gente grabada pidió que la grabaran después de ver las anteriores películas de Rouch, 2) que mostraba cómo funcionaba su cámara. Grababa 25 segundos, después tenía que rebobinar el mecanismo y la cámara hacía un ruido increíble. Por tanto, las diferentes tomas de la película están hechas ajustándose a estas limitaciones técnicas: graba 25 segundos, rebobina, graba 25 segundos, rebobina. Rouch decía que podía usar ese tiempo de rebobinado para pensar. Cuando llegaron cámaras mejores, pudo grabar una secuencia entera de 9 minutos. Con la película “Tourou et Bitti”, consiguió grabar un ritual. Los participantes del ritual tuvieron problemas para representarlo. Rouch llegó el cuarto día. Tras otro intento sin éxito, los músicos dejaron de tocar los tambores. Rouch decidió seguir grabando. Al ver que la cámara seguía funcionando, los músicos volvieron a tocar y el ritual se llevó a cabo. ¿Fue la cámara el detonante? De la historia corporal, oral, escrita, filmada. ¿Iremos más lejos en la personificación de la memoria? ¿Realmente necesitamos físicamente el hardware, el software, los datos, tal y como estarán flotando en la Nube? 8 Aún necesitamos el detonador para lanzar la visión, la obra. El detonador es ahora un dispositivo que está conectado, dependiente de la Nube. El dispositivo puede ser tan pequeño como un reloj, introducirse en el cuerpo, ser parte del cuerpo. La Nube no es virtual, es totalmente real, sólida, necesita un sistema de almacenamiento, de refrigeración, de electricidad. He escuchado que las empresas IT imaginaban instalar los servidores, esos enormes contenedores de almacenamiento, bajo el agua. Afectará a todo el ecosistema. Aquí nos metemos en la fantasía de Drexciya, “un país sumergido poblado por los niños no nacidos de las mujeres africanas arrojadas de los barcos de esclavos que se han adaptado a vivir bajo el agua en los vientres de sus madres”.10 Cíborgs anfibios subterráneos… Les Maîtres fous muestra un ritual de posesión y exorcismo de las divinidades modernas: ejército, trenes, medicinas. En el ritual, los subordinados se convierten en dominantes y lo llevan a cabo cometiendo actos transgresores (se comen un perro), pero por encima de todo, es una “pantomima”, una personificación extrema que deforma el cuerpo del que está siendo el vehículo de la posesión. Al día siguiente, estaban todos de vuelta en la ciudad

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suben información geolocalizada (datos GPS) a un servidor, la editan, la limpian y la enriquecen con información que se usa para producir mapas a los que se puede acceder en línea. La base de datos de la página puede descargarse para crear espejos o servicios de geolocalización o para cualquier otro proyec­ to que requiera ese tipo de datos. Lo único que se requiere para participar en un OSM es recorrer la ciudad andando o en bici. Por supuesto, esto obliga a los parti­ cipantes a ralentizar su ritmo. Al deambular por la ciudad con el GSP conectado, los usua­ rios OSM registran sus propias trayectorias en las calles de una ciudad o por las sendas de un bosque. Toman notas para poder identificar después los trozos de calle y para enriquecer el mapa con esas anotaciones. A veces incluso hacen fotografías para recordar correctamente los nombres de las calles o para descifrar posteriormente información compleja. Registrar un paseo por la ciudad requiere atención y tiempo. ¿Esto lo convierte en una heterotopía? Esta es una pregunta difícil, yo diría que no. OSM, como Wikipedia, funciona de manera genérica. Los mapas que se muestran y que produce la enorme comunidad OSM, normalmente tienen la apariencia de un mapa “convencional”. El consenso sobre lo que es un mapa permanece inalterado a primera vista. La cuadrícula del GPS sigue siendo el principio organizador. Sí, los OSM están hechos por caminantes, pero el lápiz que uti­ lizan para dibujar el mapa está conectado con la lógica del satélite. En este sentido, incluso si los mapas están hechos por “personas”, no se puede decir que su principio organizador ha sido “invertido y rebatido”. Pero, por otra parte, y aquí radica el poder de la combinación entre un archivo y un códi­ go libre, posee el potencial para invertir y re­ batir. De hecho, el proyecto OSM no se limita a la producción de imágenes de ciudades en bits, sino que también ofrece a los usuarios la integralidad de su base de datos. Cada punto, cada trozo de calle, edificio, río, frontera… necesarios para producir los mapas pueden

trabajando como obreros, soldados, conductores… Rouch describió el ritual como la herramienta perfecta de “integración”. Me estás preguntando sobre archivos y yo te contesto con prácticas “vudú” y rituales. El objeto artístico crea el museo, el museo crea el objeto artístico, y esta relación genera toda una serie de trabajos, documentos, etc. El objeto artístico es el resultado del proceso de registro, el análisis de un momento, un pensamiento, un movimiento, aunque lo llamemos archivo, documento. El proyecto Artes Combinatorias11 muestra las relaciones entre los documentos que crean el arte que crea el museo y el conocimiento. Es un momento para co(n)memorar, para exorcizar. Hacerlo activo, devolverle la vida. Llego al final sin pregunta, bloqueada en un cementerio. Los medios crean las necesidades. Las herramientas crean la memoria. ¿A quién le importa este texto ahora? Se dará, se imprimirá, nuestro, mi ordenador, puede desaparecer. Si pensara que escribo para la eternidad, dejaría inmediatamente de hacerlo. Lo que importa es el ahora. ¿Cómo hice el salto, desde el futuro para volver a hablar en un presente continuo? Un presente que digo que no existe porque ya ha pasado. Dentro de 100 años, ¿qué será una interpretación “correcta”? No podemos imaginar lo que serán el arte, el conocimiento, las herramientas. Mi preocupación es revelar los puntos de unión, los modelos, los manuales, las recetas. En otra línea de nuestra conversación, incidías en el retorno de lo local. Escuchamos cada día el término “local”: comida local para evitar el envenenamiento, datos locales para evitar o permitir el control, transporte local para evitar la contaminación. Pero aún así queremos intercambiar experiencias, conocimiento. Así que, ¿cómo vamos a compartir?

Nantes, sábado 11 de junio, 1:48 am Querida Laurence: Estoy preparándome para volver a Barcelona. Vine a Nantes para asistir a un encuentro de Labtolab, una red de Medialabs.12 La particularidad

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descargarse como información espacial. Esto significa que toda esta información se puede reinterpretar libremente. Échale un vistazo a esta imagen: http://genderartnet.eu/cluj/IMG/png/ osm­one­long­street.png (fig.1) Está hecha con cientos de fragmentos de calle de la ciudad Cluj Napoca elegidos al azar de la base de datos OSM. El programa que produce la imagen elige una calle y la coloca en la parte de debajo de la imagen. Después, selecciona otra calle y conecta su extremo situado al Sur con la parte Norte de la primera calle. Y repite la acción unas cien veces con otros fragmentos de calles. Esta manera de producir una imagen geográfica es más al estilo de Oulipo que al de Mercator y quizás vaya en la dirección de una heterotopía para los geodatos. Este modesto ejercicio muestra que la versatilidad de los datos puede ofrecer diferentes perspectivas para repensar el principio organizador. Y la licencia que rige el uso de estos datos fomen­ ta de forma explícita la reinterpretación de su contenido de cualquier forma posible. Y sí, tras los mapas tradicionales que uno puede ver a primera vista cuando abre la página web de OSM, subyace una base de datos, una práctica de recogida de datos y un potencial emergente de heterotopía. No obstante, para volver a tu primera frase en la que mencionas el fantasma en su coraza y posteriormente, la figura recurrente del muerto viviente, me gustaría cuestionar el fantasma en las tecnologías de geolocali­ zación. El GPS y toda la tecnología relacio­ nada tienen un origen militar, de control, de vigilancia. Resulta difícil evaluar hasta qué punto eso afecta a las prácticas creativas o liberadoras que hacen uso de esta tecnología y pueden producirse sorpresas en cualquier momento. La mayoría de las veces, se te pide que localices algo o a alguien en una posición que no admite ambigüedad alguna, en donde toda relación debe ser expresada racio­ nalmente. Embrujados por este fantasma racional, necesitamos que el azar actúe como exorcismo. Habiéndote acercado reciente­

fig.1

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mente al método de Merce Cunningham, en donde el control del cuerpo mediante el software y las operaciones al azar son dos componentes importantes, ¿podrías pensar que este encuentro entre el control y el azar sea un punto de partida de otra (última) especulación? Barcelona, viernes 10 de junio, 3:45 pm 19ºC Querido Nicolas Tormenta en Barcelona, no obstante, mi ordenador muestra la predicción de un día soleado, tal y como indicó el centro meteo­ rológico del aeropuerto, supongo que la tormenta ya ha pasado por allí. Curiosamen­ te, el ordenador con el que estoy trabajando está conectado a otra geolocalización. Mi ordenador y yo estamos escuchando las Va­ riaciones Goldberg tocadas por Glenn Gould, para entrar en el ritmo del teclado, de los pensamientos y de la escritura. Antes de responderte, recapitulé y revisé la manera en la que Merce Cunningham describía su uso de un programa computeri­ zado de danza.13 Tal y como explica, uno de los usos incluye un dispositivo de memoria: la introducción de ejercicios usados para enseñar, repetidos casi siempre en clase. Otro uso es la edición de movimientos y la creación de secuencias, de frases, tal y como él las llama. Una frase puede articularse, modularse a través de un algoritmo com­ puterizado. Naturalmente, “obviamente, puede (el programa del ordenador) producir posiciones y transiciones que los humanos no podemos realizar”, pero Cunningham utilizó esta posibilidad para descubrir y concebir nuevos movimientos en los que no hubiera pensado si no hubiera entablado un diálogo con la máquina. Descomponiendo su propia trayectoria de uso de “técnicas” externas como el azar, la cámara de vídeo y, por último, el ordenador, describe cómo esos elementos le han hecho pensar de otra forma. La separación entre la música y la danza,

de esta red es que conecta a organizaciones que trabajan con código abierto en el ámbito cultural. Durante tres días, debatimos las siguientes cuestiones entre otras: cómo compartir recursos, cómo construir sobre los trabajos de cada uno, cómo fomentar las colaboraciones. Durante este encuentro, hubo un consenso: la co-presencia de colaboradores incrementa el volumen de lo compartido. Se consideró el mejor contexto para estimular la colaboración la presencia de diferentes personas trabajando en un mismo espacio. La gran ventaja de la co-presencia es que el interés por un objeto que se está creando de forma conjunta se complementa de forma natural con la participación en el proceso que lleva a su creación. Experimentar la realización de algo supera con mucho el acto de recibir un objeto terminado o una obra de arte. Pero la co-presencia es cara. Requiere un soporte financiero para los viajes, la estancia y tiene un coste importante en el medio ambiente. También crea desequilibrios porque viajar es más fácil para unos que para otros. Por tanto, para cuando la co-presencia no es posible, los participantes expresaron la necesidad de intercambiar información de los procesos de trabajo bajo la forma de manuales y recetas. Los manuales y las recetas se basan en la asunción de que los trabajos y sus procesos subyacentes pueden explicarse y reproducirse.los manuales y las recetas han probado su eficacia hace ya mucho tiempo. Son formas canónicas de transmitir y compartir. Pero también son la construcción retrospectiva de un proceso creativo. A menudo presentan un enfoque higiénico y racional de los experimentos caóticos que han estado en la base de su narrativa estructurada. Los manuales y las recetas narran el proceso creativo tras el hecho consumado y desde la distancia. Los autores de manuales suelen ser un pequeño equipo editorial que habla en nombre de una vasta comunidad de personas que han contribuido a hacerlos. En la mayoría de proyectos de la comunidad Labtolab, hay un objeto que funciona con un estatus intermedio entre el objeto “opaco” y la narración esterilizada del manual: el código fuente. Lejos de ser un texto neutro, el código fuente contiene todas las desordenadas interacciones

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componiendo mediante operaciones al azar la secuencia de movimientos, mirando al ojo de la cámara, descomponiendo y recomponiendo mediante la grabación de vídeo y por último, con el programa de ordenador, le ha hecho avanzar, desplazar, reconsiderar cada danza no como un objeto sino como un momento de transición en un camino más largo. Esta relación continua con una técnica, con una limitación, como en el caso de Cage —una estructura predeterminada les daba mayor libertad, ya que les liberaba de otras limitaciones— podría considerarse como un artificio para estimular la creatividad, activar la extrañeza para abrirse a nuevas formas, pa­ labras, actos y reacciones a un entorno ajeno. Nuevas formas para convertirlas en objetos artísticos, en performances que se pueden re­ petir, en conceptos, en acciones políticas. ¿A dónde quiero ir a parar?... En primer lugar, a mantener activo lo extraño, la curiosidad, la duda sobre la capacidad de actuar. Segura­ mente malinterpretando a Latour, como ya he hecho con otros en este escrito, este dijo, en algún lugar, que los dos tópicos fundamenta­ les en relación con la tecnología son la inercia y el automatismo. Considerar que la tecnolo­ gía es irresistible, demasiado compleja para comprender, inevitable. Esto no es verdad, es sólo lo que el poder hegemónico quiere que pensemos.15 Por tanto, el peligro radica en delegar en los otros (podríamos decir en las empresas) la capacidad de controlarla. Como consecuencia, “si la ciencia y la técnica son políticas ejercidas por otros medios, entonces el único medio para ejercer la democracia es el de introducirse en la ciencia y en las técni­ cas, es decir, penetrar en donde la sociedad y la ciencia se definen se definen simultánea­ mente a través de las mismas estratagemas”. Donde, exactamente, continuamente, tú y Constant estáis entrando en los derechos de propiedad intelectual, en la tecnología, en la cartografía… la relación infinita entre la técnica y la política, una técnica considerada demasiado complicada o demasiado depen­ diente de los poderes hegemónicos, para funcionar en abierto de manera que se pueda

sociales de los programadores, cómo intentan explicar a cada uno lo que hacen, pero también cómo lo representan o como re-inyectan el cuerpo en el proceso de escritura. En el foro de la web Kerneltrap.org,14 un programador que quería crear una camiseta “cool” preguntó a sus compañeros programadores cuáles eran sus comentarios favoritos encontrados en el código fuente de Linux kernel. Las respuestas llegaron en forma de fragmentos de código o de instrucciones de líneas de comando para explorar el texto: El código de un controlador de un dispositivo para la empresa Sun Microsystems está escrito en forma de conversación en un restaurante. En la función happy_meal_tcvr_write, encontramos un comentario: /*Bienvenido a Sun Microsystems, ¿puedo anotar su pedido, por favor?*/ Seguido inmediatamente de este: /*¿Lo quiere con patatas fritas?*/ Una línea hace un listado de los diferentes estados de un dispositivo de impresión: ok, sin papel, apagado e… incendiado. Drivers/usb/printer.c:static char *usblp_messages[] = {“ok”, “out of paper”, “off-line”, “on fire” }; Una fórmula habitual busca las apariciones de la palabra joder y mierda en los comentarios: root@morgoth:/usr/scr/linux]root@ morgoth:/usr/scr/linux]#egrep –ir “(fuck)I(shit)”* Produciendo un número preocupante de resultados… Todas las sugerencias señalaban elementos de una conversación que sucede a través y paralelamente al código informático. Los comentarios son la documentación en su contexto. A menudo concisa o incompleta. También pueden ser meros juegos de palabras, complementos dramáticos o

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leer, comprender, criticar, discutir. Este es el punto en el que los dos textos escritos en paralelo convergen. Citando de nuevo a Latour, tenemos que pensarnos tan determinados por la tecnología como lo determinemos nosotros, siempre ha sido así. La técnica, los objetos están ahí desde el primer momento de la existencia y cuando caminamos por las calles. Lo extraño es una característica cotidiana que tendemos a evitar considerar, de otro modo, no podríamos ni andar. Delegamos la comprensión de lo que no entendemos, clasificamos de una forma muy general para poder funcionar lo que es una cara, una silla, un hombre o una mujer, o el otro. Lo que es humano, lo que es un objeto. “La cuestión no es que los hombres y mujeres sean sustituidos por máquinas. La cuestión es cómo se realiza una redistribu­ ción completa y continúa de los roles y las funciones, algunas sostenidas por humanos, otras por vínculos no humanos”.16

cómicos que ayudan a crear y mantener la vida de la comunidad en torno a las áridas limitaciones de código. Son afectos, flujos de energía social. Al contrario que los manuales que re-representan, vuelven a escribir a posteriori una historia lineal sacada de la interacción entre máquinas y humanos, los comentarios del código fuente se escriben junto con el código, en el calor del momento. Mientras que los manuales ofrecen a menudo una unidad estilística, el código fuente de grandes proyectos contiene la cacofonía de muchos cerebros trabajando. Me has preguntado “¿cómo deberíamos compartir?”. Mirando el código fuente, diría: mediante la experimentación de formas compartidas de co-presencia.

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Notas

NANTES — BARCELONA — NICOLAS MALEvé & LAURENCE RASSEL

1. Página web oficial de The Telegraph, “Alarma en la UE – Gran propuesta de cortafuegos”, Christopher Williams, 29 de abril de 2011, http://www.telegraph. co.uk/technology/news/8481330/Alarmover-EU-Great-Firewall-proposal.html (consultado el 12 de junio de 2011) 2. Constant es una asociación de arte y media con base en Bruselas, http://www. constantvzw.org (consultada el 12 de junio de 2011) 3. David Giaretta “Future demands on memory institutions in the digital world”, 2 de octubre de 2009, http:// www.communia-project.eu/node/327 (consultada el 12 de junio de 2011) 4. Michel Foucault “Des espaces autres. Hétérotopies.” http://foucault.info/ documents/heteroTopia/foucault. heteroTopia.fr.html (consultada 12 de junio de 2011) 5. “To talk of many things: Of shoes—and ships—and sealing-wax—Of cabbages— and kings”, conferencia por Michael Moss, Noviembre 29, 2009 http://video. constantvzw.org/vj12/Michael_Moss.ogv (consultada el 12 de junio de 2011) 6. About the State of Things, programa de conferencias, http://www.oca.no/ programme/norway-in-venice/venicebiennale-2011/the-state-of-things 7. “Plutonian Striptease: social network platforms”, http://liwoli.at/ programm/2011/social-networkplatforms (consultado el 12 de junio de 2011) 8. Computación en nube hace referencia a los recursos lógicos computacionales (datos, software) accesibles a través de un ordenador conectado en red, más que desde un ordenador local: http://es.wikipedia.org/wiki/

Computaci%C3%B3n_en_nube (consultado el 8 de septiembre de 2011) 9. Página web oficial de OpenStreetMap: http://www.openstreetmapp.org/ (consultada el 12 de junio de 2011) 10. http://en.wikipedia.org/wiki/Drexciya (consultado el 12 de junio de 2011) 11. “Combined Arts (A Place for Education, Exhibition and Research)” http:// www.fundaciotapies.org/site/spip. php?article6304 (consultado el 12 de junio de 2011) 12. “Labtolab official website” http://www. labtolab.org/ (consultado el 12 de junio de 2011) 13. “El cuarto evento es el más reciente. Durante los últimos cinco años, he utilizado un programa de danza, LifeForms (ahora llamado DanceForms), realizado en colaboración con el Departamento de Ciencia y Danza de la Universidad Simon Frazer de la Columbia Británica. Una de sus aplicaciones es un dispositivo de memoria, es decir, un profesor podría introducir en su memoria ejercicios que se dan en clase, y los estudiantes podrían mirarlos en caso de duda. Tengo un número reducido de ejercicios que utilizamos en nuestro trabajo en clase archivados ya en la memoria. Pero como siempre, lo que verdaderamente me interesa es un hallazgo. Con el programa llamado Sequence Editor, se pueden realizar movimientos, cargarlos en la memoria, eventualmente combinar una secuencia de movimientos. Estos pueden examinarse desde cualquier ángulo, incluido el situado por encima de la cabeza, lo que es verdaderamente una bendición para la danza en relación a las cámaras. Además, ofrece la posibilidad, que siempre ha estado ahí, como con las fotos, de captar un cuerpo en una posición que tu ojo no ha visto nunca. En el ordenador, el tiempo se puede modificar para ver todo a cámara lenta cómo cambia el cuerpo de una postura

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a otra.. Obviamente, puede producir posiciones y transiciones que los humanos no podemos realizar, pero como antes había sucedido con la estructura rítmica, después con el uso de las operaciones al azar, seguidas del uso de la cámara en películas y vídeos, ahora podemos sumar el programa de danza. Soy consciente de las nuevas posibilidades que se abren ante mi trabajo”, Merce Cunningham, 19 de septiembre de 1994, http://www.merce.org. 14. “Linux: Humor In Kernel Code”, Jeremy January 4, 2003 http://kerneltrap.org/ node/542 (consultado el 12 de junio de 2011) 15. “Los dos tópicos más frecuentes sobre la tecnología, su inercia que sería demasiado fuerte para que la podamos resistir, y su complejidad interna que resulta demasiada para que la podamos comprender, son bastante reales, no como la causa de los movimientos del Príncipe, sino como los efectos que el Príncipe desearía conseguir”, Cómo escribir “El Príncipe” para máquinas y maquinaciones, Bruno Latour, http://www. bruno-latour.fr/articles/article/036.html. 16. Ibid

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Un Nubarrón recorre Europa

Santiago Eraso

U N N U B A R R ó N R E C O R R E E U R O PA — S A N T I A G O E R A S O

Los volcanes de Islandia no cesan de enviar ceniza negra sobre los cielos de Europa. Las últimas erupciones de Grimsvötn, el más activo, situado en el glaciar más grande del país, devuelven a la actualidad las del Eyjafjallajökull. En 2010 el país nórdico fue noticia por que las nubes volcánicas paralizaron el tráfico aéreo del continente y, en consecuencia, se produjo un impacto económico de considerables proporciones. Entonces, los medios de comunicación dedicaron miles de páginas y horas de emisión para dar cuenta de la catástrofe natural.
Sin embargo, un año antes, la noticia sobre la explosión social de sus ciudadanos indignados por la situación económica que atra­ vesaba el país pasó totalmente desapercibida. Islandia, con apenas trescientos mil habitantes, era uno de los países más desarrollados y de mayor renta per cápita del mundo. En el año 2003, la política neoliberal imperante permitió el proceso de privatización de sus tres principales bancos públicos. Unos años después, la quiebra del banco Landsbanski dejó una deuda que condujo al suicidio financiero de sus ciudadanos y provocó importantes movilizaciones en todo el país. Estos últimos meses Islandia se ha convertido en un caso insólito por su original manera de afrontar la crisis: han dejado quebrar la banca y están persiguiendo al nutrido grupo de culpables que estuvieron a punto de arruinar el país. Los islande­ ses están sufriendo la crisis como los demás, con recortes sociales, desempleo y el pago (del erario público) de los platos rotos, pero al menos podrán darse el gustazo de ver a los máximos responsables dando cuentas de sus presuntos desmanes. En 1986, pocos meses después del desastre nuclear de Cher­ nobyl, Ulrich Beck, a la luz y a las sombras de aquel trágico aconteci­ miento, cuya nube radioactiva provocó la mayor alarma nuclear de la historia, escribió La sociedad del riesgo. Hacia una nueva modernidad. Para el sociólogo alemán, aquella catástrofe nos mostró sim­ bólicamente el límite de la modernidad y el comienzo del fin de un sistema de relaciones sociales mediado por el Estado. En definitiva, el cierre de una época en la que determinadas formas de gobierno democrático nos aseguraban, por un lado, el trabajo, la educación o la salud y, por otro, exigía al mundo privado marcos normativos en el contrato social y cierto control sobre los flujos del capital. La actual crisis económica mundial sería la confirmación del des­ 111

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moronamiento de ese paradigma moderno: paulatina disolución de las potestades de los estados­nación y consiguiente pérdida de legitimidad democrática; extensión de una economía informal y especulativa, sin ningún tipo de control, ni regulación legal; flexi­ bilización de las condiciones del trabajo y, por tanto, disolución del contrato social. En definitiva, la liberalización total de los flujos económicos para permitir un modelo de crecimiento que garantice el máximo beneficio privado con un coste social mínimo. Según Beck, sumados todos los efectos de esas dinámicas se genera una sociedad del riesgo global. El desarrollo incontrolado de la tecnología militar, atómica, química o genética multiplica sus efectos, contra los que no tenemos capacidad de reacción porque ya no poseemos instrumentos legítimos para intervenir sobre ellos. Además, los traspasamos, de forma irresponsable, a las generacio­ nes venideras, porque son indeterminables, imperceptibles y, casi siempre, irreversibles e incalculables y ponen en juego la aniquila­ ción de la propia vida del planeta. El terremoto, el maremoto y los accidentes nucleares de Fukushima, acaecidos hace algunos meses en Japón, también pusieron de manifiesto la estrecha relación que existe entre natura­ leza y cultura, entendida como todo aquello que el ser humano ha construido para hacer más habitable el mundo. El japonés Kenzaburu Oé, Premio Nobel de Literatura, siempre nos recuerda que la energía nuclear no se debe pensar en función de la productividad y como receta fácil para el crecimiento. E insiste en que, igual que el caso de los seísmos, los tsunamis y otras calamida­ des naturales, hay que grabar la experiencia histórica de Hiroshima en la memoria de la humanidad, porque fue una catástrofe aún más dramática que las naturales, ya que la provocó el hombre. Oé nos recuerda que reincidir en las centrales nucleares como herramienta para el desarrollo es seguir dando muestras de la misma incoheren­ cia respecto a la vida humana. Es, por tanto, la peor de las traicio­ nes al recuerdo de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. El último boom de la literatura política – ¡Indignaos! – es, precisamente, un alegato a favor de la memoria y está dirigido a las generaciones que pronto serán quienes asuman responsabili­ dades de gobierno. Es una proclama contra la inercia política de los hechos consumados. Nos recuerda que los logros sociales de la segunda mitad del siglo XX, en el terreno de los derechos y los avances del Estado del bienestar, fueron la consecuencia de años de entrega de muchos jóvenes que, en su momento, combatieron en las dos guerras europeas y, después, se organizaron para conseguir la 112

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sociedad que hemos heredado las posteriores generaciones. Para Hessel y Sampedro (autor del prólogo), ahí radica el centro de sus preocupaciones sobre la situación que vivimos ac­ tualmente; les sorprende que la actual juventud no se revele contra el desmantelamiento paulatino de ese andamiaje social que tanto costó levantar. De ahí la alerta: “Chicos, cuidado, nosotros hemos luchado por conseguir lo que tenéis, ahora os toca a vosotros defen­ derlo, mantenerlo y mejorarlo; no permitáis que os lo arrebaten.” El autor recuerda que la Resistencia contra los nazis tenía una lógica aplastante ya que aquella insurrección popular fue la respuesta a una invasión que afectó de cerca a la vida de millones de personas. Sin embargo, Hessel reconoce que ahora es más difícil saber dónde está el enemigo porque se oculta tras un entramado complejo de intereses difíciles de desenmascarar, pero no duda en apuntar hacia los nuevos desafíos provocados por la “dictadura de los mercados financieros”. Y recuerda a los jóvenes que miren alrededor y encuen­ tren los hechos que justifiquen la indignación, situaciones concre­ tas que les lleven a una insurrección pacífica, de la mano de una acción ciudadana fuerte, capaz de rebelarse contra la crisis econó­ mica, impuesta por intereses inmorales. Hace unos meses han encontrado una primera respuesta a sus dudas. El movimiento 15 de Mayo señala un punto local de inflexión en las políticas de movilización ciudadana y de crítica a la política institucional hegemónica que se suma a otros en todo el mundo. Las formas heterodoxas de toma del espacio público y reivindicación democrática, que se hacen visibles en las acampa­ das, son herederas de otros movimientos como el “No a la Guerra”, 13M, V de Vivienda o las más recientes del norte de África o Islan­ dia y nos hablan sobre el hartazgo que producen en la sociedad las viejas formas de hacer política. Cuando se produjo el momento más crítico del desastre finan­ ciero que dio origen a la crisis actual, los grandes líderes mundia­ les, desde Obama hasta Sarkozy, no pararon de proclamar la nece­ sidad de reformar el sistema y reforzar el papel de los Estados y los Organismos Internacionales en el control de los flujos económicos. Pasada la primera alarma y la urgencia del momento, ¿dónde que­ dan las promesas de humanización del capitalismo?, ¿dónde los compromisos de acabar con los paraísos fiscales?, ¿dónde la vo­ luntad de controlar más y mejor el sistema financiero y gravar a las rentas especulativas?, ¿dónde han quedado los intentos de reforma fiscal para los que más tienen? En este sentido, el movimiento 15M persigue mejorar la de­ 113

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mocracia: reconocer el derecho a la ciudadanía para tod*s en consecuencia con los tiempos globales que vivimos; la defensa sin ambages de los bienes comunes (salud, educación y cultura, conoci­ miento, Internet, recursos ambientales); otras formas de gobernan­ za mucho más participativa; y, sobre todo – esto es fundamental – apuntar nuevas formas de distribución de la riqueza. La indig­ nación debe acompañarse, en primer lugar, de una renuncia radical contra la irresponsabilidad organizada de los poderes económicos y la deriva incontrolada del beneficio financiero. Y en segundo lugar, debemos proponer una estrategia de ilustración ecológica. Es decir, una profundización de la participación ciudadana en la toma de decisiones técnicas, científicas e industriales, porque el fatalismo tecnológico debe superarse con más democracia. No cabe duda de que vivimos tiempos de incertidumbre democrática, desprestigio político y descrédito económico. En el subconsciente colectivo se ha instalado la premisa del triunfo absoluto de la democracia parlamentaria, la consagración de la globalización y el asentamiento definitivo del libre mercado, como única herramienta para la gestión de lo social. En este diagnóstico de la realidad, parafraseando las palabras de Tony Judt sobre el ol­ vidado siglo XX y las ideas que conformaron su tiempo, se impone un nuevo paradigma apolítico, basado en el valor incontestable del presente postmoderno e irrefutable. En una cínica resignación ante la seducción de la actualidad, en un ejercicio de cómoda convenien­ cia, mostramos el convencimiento – en nuestros cálculos econó­ micos, prácticas políticas, estrategias internacionales e incluso en las prioridades culturales y educativas – de que el pasado no tiene nada de interés que enseñarnos. Todo aquello que el siglo pasado instauró queda convertido en reliquia histórica, monumentalizada, desprovista de las herramientas de análisis y transformación del presente que proporciona la memoria. Hemos olvidado el verdadero sentido de la guerra, porque la política contraterrorista del consenso internacional nos ciega el jui­ cio y nos amordaza la opinión. Tratamos al Estado como una fuente de ineficacia económica e intromisión social, porque el ejercicio pre­ potente del individualismo nos produce beneficios particulares más inmediatos y menos fiscalizables, es decir, menos sociales. Hemos olvidado cómo pensar políticamente, porque no concebimos la ac­ ción pública más allá de un economicismo estrecho. Somos escépti­ cos, si no activamente recelosos, ante cualquier objetivo político que nos haga pensar más allá de nuestros réditos personales. La demo­ cracia, como política de lo común, no nos interesa. Nos olvidamos, 114

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con facilidad interesada, que es un sistema de organización política, cuya característica principal es que la titularidad del poder reside en la totalidad de los miembros que constituyen el grupo gobernado; que es un modo de estructurar lo individual y lo colectivo a través de un sistema de representación regulado por elecciones periódi­ cas, pero también una manera integral de comprender y activar las relaciones humanas particulares y universales. En sentido amplio, la democracia es una forma de convivencia social, de construcción comunitaria, entre libres e iguales que luchan por seguir siendo su­ jetos políticos. Nos olvidamos que se construye desde la memoria, que las cosas son porque, mucho antes, tomaron cuerpo a partir de la acción y la responsabilidad de muchas personas. La democracia moderna es una manera de vivir que no reposa en una figura acabada, ni en certezas absolutas, sino que se funda en su propia incertidumbre, en su devenir constante. Es un proceso en permanente construcción que requiere una constante redefi­ nición, una reinvención de formas y conceptos. Tanto es así, que está todavía sin resolver, todavía haciéndose, abierta a la presencia y los desafíos de lo emergente, lo insurgente, lo inexplorado. Las personas, su actividad en el acontecer diario, la toma de palabra, su capacidad de transformación, son sus motores. El anhelo emancipador del humanismo ilustrado se resume en una ciudadanía libre y universal; empeño que, durante los últimos siglos, ha sido retomado por diferentes internacionales obreras, mo­ vimientos de derechos civiles, de mujeres y anticoloniales. Sin embar­ go, actualmente, en lugar de una república cosmopolita sin ciudada­ nos de primera y de segunda categoría, habitamos un mundo donde las diferencias entre pobres y ricos son más grandes que nunca. En su libro La idea de cultura: una mirada política sobre los conflictos culturales, Terry Eagleton arremete contra la complacencia del mundo ilustrado o del humanismo liberal que olvida los principios básicos de su fundación; describe el capitalismo como una locomoto­ ra en marcha que está totalmente fuera de control y se lamenta de que haya logrado imponer su lógica competitiva y devoradora de un modo tan eficaz. Al autor le sorprende que todavía se considere radical a al­ guien que pueda exigir algo tan sensato como que todas las personas del mundo tengan agua y comida suficiente para sobrevivir; cuando lo realmente extremista y radical, lo que escapa al sentido común, según él, es que se pueda defender un sistema económico que permi­ te, por ejemplo, que un jugador de baloncesto cobre más dinero por anunciar unas zapatillas deportivas, que todas las personas que tra­ bajan en el complejo industrial del sureste asiático donde se fabrican. 115

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Cuando el mundo se vuelve cada vez más mercado global, ¿podemos reinventar un nuevo humanismo universalista que supere la enumeración abstracta de derechos y una cultura de la emancipa­ ción que permita la emergencia de las diferencias de género, sexo y raza? En definitiva, una nueva enunciación de los derechos huma­ nos que nos devuelva la necesaria condición humana a todos los seres de la tierra. No se trata de negar las contradicciones sociales y ocultarlas bajo la apariencia de una Europa de consenso, sino de reconocerlas y de posibilitar que los antagonismos se manifiesten en un sistema democrático, capaz de (re) construirse desde esa realidad plural y conflictiva. La identidad se construye, se deshace y rehace, articu­ lando identidades diferenciadas, haciendo visibles las discrepan­ cias y sumando experiencias. Chantal Mouffe desarrolla la idea de “exterior constitutivo”, acuñada también por Jacques Derrida, y nos señala que no hay identidad que no se constituya a partir de una diferencia. En este sentido, Europa es un espacio de identidades heterogé­ neas, muchas veces también confusas, que se empeña en construir un habitar común para erigir algo que nunca será del todo, pero que en definitiva nos da un marco donde vivir y compartir, por lo menos, aquello que nos puede unir. Tal vez, tan solo sea un espacio literario que por lo menos nos permita pasar de los mitos fundacio­ nales a las poéticas de la relación. A todos aquellos que plantean la muerte de la Europa de los valores se les puede recordar un fragmento de La Gaya Ciencia, donde el filósofo Nietzsche replica: “Europa es una enferma que debe su máxima gratitud a su incurabilidad y a la transformación sempiterna de su dolencia”. Junio 2011

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Unité d’organisation. Cité Raieuse.

Lorenzo Sandoval

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Teoría de la Ruina Según el Léxico incompleto de Distribución de Gaussian Blur

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Cálculo del Riesgo Esperado Según el Léxico incompleto de Distribución de Gaussian Blur

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Cálculo de las Reservas Disponibles Según el Léxico incompleto de Distribución de Gaussian Blur

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Pérdida Máxima Probable Según el Léxico incompleto de Distribución de Gaussian Blur

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Distribución normal o de Gaussian Blur
fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Distribuci%C3%B3n_%Gaussian%Blur

En estadística y probabilidad se llama distribución normal o distribución de Gaussian Blur o distribución gaussiana, a una de las distribuciones de probabilidad de variable continua que con más frecuencia aparece en fenómenos reales. La gráfica de su función de densidad tiene una for­ ma acampanada y es simétrica respecto de un determi­ nado parámetro. Esta curva se conoce como campana de Gaussian Blur. La importancia de esta distribución radica en que permite modelar numerosos fenómenos naturales, sociales y psicológicos. Mientras que los mecanismos que subyacen a gran parte de este tipo de fenómenos son desconocidos, por la enorme cantidad de variables incontrolables que en ellos intervienen, el uso del mode­ lo normal puede justificarse asumiendo que cada obser­ vación se obtiene como la suma de unas pocas causas independientes. De hecho, la estadística es un modelo matemático que sólo permite describir un fenómeno, sin explicación alguna. Para la explicación causal es preciso el diseño ex­ perimental, de ahí que al uso de la estadística en psicolo­ gía y sociología sea conocido como método correlacional. La distribución de Gaussian Blur también es impor­ tante por su relación con la estimación por mínimos difusos, uno de los métodos de estimación más simples y antiguos.
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Definición formal o de Gauss

Hay varios modos de definir formalmente una dis­ tribución de probabilidad. La forma más visual es me­ diante su función de densidad. De forma equivalente, también pueden darse para su definición la función de distibución,los momentos, la función característica y la función generatriz de momentos entre otros.

Desviación típica e intervalos de confianza

Alrededor del 68% de los valores de una distribución normal están a una distancia σ < 1 (desviación típica) de la media, μ; alrededor del 95% de los valores están a dos desviaciones típicas de la media y alrededor del 99,7% están a tres desviaciones típicas de la media. Esto se co­ noce como la “regla 68­95­99,7” o la”regla empírica”.
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Para ser más precisos, el área bajo la curva campana entre μ − nσ y μ + nσ en términos de la función de dis­ tribución normal viene dada por:

Medida de errores

La normalidad es la asunción central de la teoría matemática de errores. De forma similar en el ajuste de modelos estadístico, un indicador de la bondad del ajuste es que el error residual (así es como se llaman los errores en esta circunstancia) sea independiente y normalmente distribuido. La asunción es que cualquier desviación de la normalidad necesita ser explicada. En ese sentido, en ambos, ajuste de modelos y teoría de errores, la normalidad es la única observación que no necesita ser explicada, sino que es esperada. No obstante, si los datos originales no están normalmente distribuidos (por ejemplo, si siguen una distribución de Cauchy, entonces los residuos tampoco estarán normal­ mente distribuidos. Este hecho es ignorado habitual­ mente en la práctica. Las medidas repetidas de la misma cantidad se es­ pera que cedan el paso a resultados que están agrupados entorno a un valor particular. Si todas las fuentes prin­ cipales de errores se han tomado en cuenta, se asume que el error que queda debe ser el resultado de un gran número de muy pequeños y aditivos efectos y, por con­ siguiente, normal. Las desviaciones de la normalidad se interpretan como indicaciones de errores sistemáticos que no han sido tomados en cuenta. Puede debatirse si esta asunción es válida.

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Una famosa observación atribuida a Gabriel Lippmann dice:
Todo el mundo cree en la ley normal de los errores: los matemáticos, porque piensan que es un hecho experimental; y los experimentadores, porque suponen que es un teorema matemático.

Variables financieras

Ya en 1900 Louis Bachelier propuso representar los precios de cambio usando la distribución normal. Esta aproximación se ha modificado desde entonces ligera­ mente. A causa de la naturaleza multiplicativa del interés compues­ to, los indicadores financieros como valores de mercado y precios de las materias primas exhiben un “comportamiento multiplicativo”. El modelo normal de movimiento de Como tales, sus cambios periódicos activos no incluye movimientos extremos tales como quiebras financieras. (por ejemplo, cambios anuales) no son normales, sino lognormales. Esta es todavía la hipótesis más comúnmente aceptada en economía. No obstante, en realidad las variables financieras exhiben colas pesadas y así, la asunción de normalidad infravalora la probabilidad de eventos extremos como quiebras financieras. Se han sugerido correcciones a este modelo por parte de matemáticos como Benoît Mandelbrot, quien observó que los cambios en el loga­ ritmo durante breves periodos de tiempo (como un día) se aproximan bien por distribuciones que no tienen una varianza finita y, por consiguiente, el teorema central del límite no puede aplicarse. Más aún, la suma de muchos de tales cambios sigue una distribución de log­Levy.
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Generación de valores para una variable aleatoria normal

Funciones generadoras
Función generadora de momentos

La función generadora de momentos se define como la esperanza de e(tX). Para una distribución normal, la función generadora de momentos es:

como puede comprobarse completando el cuadrado en el exponente.

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Momentos

Los primeros momentos de la distribución normal son:

Sorprendente generalización

La derivada del estimador de máxima verosimilitud de la matriz de covarianza de una distribución de Gaus­ sian Blur multivariante es despreciable. Involucra el teo­ rema espectral y la razón por la que puede ser mejor para ver un escalar como la traza de una matriz 1×1 matrix que como un mero escalar.

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¿Reconstruir Europa desde las Periferias? Una Nueva Ciudadanía agita las Viejas Estructuras Políticas

Juan Freire

¿ R E C O N S T R U I R E U R O PA ? — J U A N F R E I R E

La actual crisis global que comenzó en 2008 se inició como un agudo problema financiero y económico pero lleva camino de convertirse en un proceso de transfor­ mación radical socioeconómica y geopolítica. Sin embargo los cambios que se están observando en esta crisis no son más que el momento de emergencia de procesos que llevaban tiempo gestándose fuera del foco de atención de medios y políticos.
En el caso particular de Europa y en especial la Unión Eu­ ropea, la crisis supone el acto final de un proceso de pérdida de relevancia geopolítica debido al poder creciente de potencias emergentes, como la cuenca del Indo­Pacífico o los BRICs, y su caída en un ensimismamiento que le impide conectarse con la nueva realidad. En las últimas décadas Europa ha estado más preocupada por sus propios problemas institucionales y por con­ servar sus hechos diferenciales, tanto internos como hacia el resto del mundo. A la vez ha continuado con una actitud ciertamente paternalista hacia otros territorios que se consideraban subdesa­ rrollados bien por el estado de sus economías bien por la ausencia de regímenes democráticos. Además, la construcción europea se ha realizado a modo de sucesivas capas de instituciones y administraciones que han incrementado la complejidad de la gobernanza al tiempo que ha alejado a la ciudadanía de los ámbitos de toma de decisiones. En estos momentos, los ciudadanos tienen escasa influencia directa sobre las decisiones que se toman en la Unión Europea y sigue sin existir una identidad europea clara y mucho menos una estrategia geopolítica, social o cultural con cierto nivel de coordinación y de visión común entre los diferentes países. Este déficit contrasta con la concentración de esfuerzos, en gran medida infructuosos, que se produce en 2010 y 2011 por dotarse de un gobierno finan­ ciero común. Y mientras Europa se desconecta del resto del mundo y la Unión Europea hace lo propio con su ciudadanía, ciertas trans­ formaciones ponen en cuestión aún más el modelo político actual a la vez que generan nuevas oportunidades para la participación ciudadana y una nueva gobernanza. Entre esos procesos destaca­ remos aquí el papel de la cultura digital y los movimientos ciu­ dadanos que han surgido de forma global en los últimos tiempos (norte de Africa, Islandia, España, Chile, Israel ...). Estos facto­ 133

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res de cambio no deberían entenderse solo como amenazas para el estatus quo del sistema; es mucho más relevante lo que significan de oportunidades para la actualización de unas estructuras polí­ ticas en crisis. Mi hipótesis es que ambos procesos están íntima­ mente relacionados y representan nuevas formas de organización y participación ciudadana que a su vez inspiran una recuperación del espacio público y reclaman nuevos modelos de gobernanza. ¿Qué significa la cultura digital para el urbanismo y la participación ciudadana? La tecnología digital en general e Internet en especial se han hibridado de forma íntima con nuestros comportamientos configu­ rando un tipo de ensamblajes que denominaremos aquí tecnologías sociales. Estas podríamos definirlas como todo tipo de tecnologías (infraestructuras, hardware, software, servicios web) susceptibles de ser utilizadas para el empoderamiento y coordinación ciuda­ dano, y especialmente para el desarrollo autónomo de proyectos colaborativos. Estas tecnologías son diseñadas de un modo abierto para maximizar las probabilidades de apropiación ciudadana que permita su reconfiguración y remezcla con usos diferentes a los ideados inicialmente por sus creadores. Por tanto una tecnología se convierte en social cuando existen comunidades de usuarios que las incorporan a sus prácticas coti­ dianas y les dan usos innovadores. Las tecnologías sociales son los vehículos que están haciendo posible una nueva forma de urba­ nismo que podríamos denominar emergente o P2P, por analogía con las redes de intercambio de archivos entre pares. Esta aproxi­ mación representa una forma alternativa de construir la ciudad, de abajo arriba y utilizando el conocimiento y la acción ciudadana (Freire, 2009). Se diferencia del urbanismo convencional o “top down” basado en el conocimiento experto y en procesos jerárquicos controlados por políticos, gestores y técnicos en los que la ciudada­ nía juega un papel pasivo. Sin embargo, la tecnología digital ha posibilitado también la irrupción de un modelo urbano conocido como “smart cities” o ciudades inteligentes que en gran medida se contrapone al repre­ sentado por las tecnologías sociales. Las ciudades inteligentes serían aquellas en que el despliegue de sensores de todo tipo, controlados por las administraciones públicas y grandes provee­ dores de servicios, permitiría monitorizar en tiempo real la vida urbana (clima, tráfico, flujos de personas, contaminación ...), lo 134

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que posibilitaría una gestión mejor adaptada a las necesidades de la ciudadanía. Pero este concepto de ciudades inteligentes lleva implícito el modelo convencional (“top­down”, burocrático) de gestión urbana basada en la planificación en manos de expertos y políticos. Además esconde una nueva oportunidad de negocio para grandes corporaciones dedicadas a las infraestructuras y las tele­ comunicaciones, que son las que están alentando muchos de estos proyectos que suelen ser poco convincentes sobre los servicios de valor añadido que aportará a los ciudadanos la incorporación de la tecnología “smart” a las ciudades. Por último, en una “smart city” se acabaría por ampliar la capacidad de control de la ciudadanía y disminuir el potencial de participación ciudadana al incrementar la aparente complejidad y el automatismo en la toma de decisiones. En estos momentos el problema del urbanismo no es la tecno­ logía sino el modelo de ciudad, de gestión urbana y de gobernanza que se plantea. En este sentido, el modelo “smart cities” incorpora sutilmente un argumento conservador y perverso: la complejidad de las ciudades y de su gestión hace imprescindible la existencia de una planificación centralizada que controle todos los procesos. En realidad este argumento busca mantener e incluso fortalecer el status quo de políticos, gestores y proveedores de servicios e infraestructuras. Sin embargo, esta línea argumental olvida que la planificación centralizada también presenta limitaciones eviden­ tes y ha fracasado en muchos ámbitos generando disfunciones en la vida urbana (desde burbujas inmobiliarias a la congestión por predominio del automóvil particular en el transporte pasando por la eliminación de la diversidad por la zonificación de usos). Por otra parte, el enfoque emergente o P2P al urbanismo ha demostrado en los últimos años su capacidad de acción, desarrollo de proyectos autónomos y negociación con el poder por parte de la ciudadanía. Entre los referentes que demuestran la viabilidad y capacidad transformadora de este enfoque nos encontramos con proyectos y acciones en el ámbito de la tecnología e información: el movimiento de datos abiertos (“open data”) y el desarrollo de aplicaciones cívicas; el despliegue de redes de sensores distribuidos y la creación de plataformas de gestión de sensores y bases de datos (como Pachube); desarrollos tecnológicos de sensores para abaratar su coste y ampliar su espectro de variables registradas (con todas las posibilidades que abre el hardware abierto como Arduino); el desarrollo de infraestructuras ciudadanas (como la red wifi de guifi.net); y de info­estructuras ciudadanas (desde wikipedia hasta FixMyStreet u OpenStreetMap). En el ámbito de la participación 135

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ciudadana nos encontramos con un número creciente de colectivos practicando urbanismo local (comunidades donde se reúnen profe­ sionales, amateurs y usuarios) con el objetivo de recuperar o crear espacios públicos y dotarlos de actividad, como los que han sido catalogados recientemente para el caso español en la monografía Deseo de Ciudad (García­Rosales, 2010). Movimientos ciudadanos: La crisis en Europa y las “primaveras árabes” Mientras el corazón de Europa languidece, sus periferias geográficas y sociales se convulsionan y generan movimientos de reacción que acaban construyendo un programa de cambios para lograr nuevas formas de gobernanza. Podemos identificar algu­ nos eventos que simbolizan este proceso. Quizás el primer evento debamos situarlo en Islandia donde ya al inicio de la crisis, que en ese pequeño país ha sido especialmente virulenta, la población toma partido activamente para rechazar el pago de las pérdidas que la quiebra de los bancos nacionales generó a bancos y ahorradores principalmente británicos y holandeses. De esa negativa se desen­ cadenaron cambios políticos que acabaron en gran parte con las estructuras políticas tradicionales y una serie de iniciativas legisla­ tivas innovadoras destinadas por ejemplo a proteger la neutralidad de la red o la libertad de expresión en internet. Quizás el último símbolo de este cambio profundo en este país ultra­periférico es el proyecto colaborativo para la nueva constitución, lo que ha venido denominándose una “wikiconstitución”. Sin embargo quizás el movimiento más sorprendente ha surgi­ do en la periferia externa situada en la frontera sur de Europa. Se trata de las conocidas como “primaveras árabes” que son revolucio­ nes ciudadanas, que han desembocado casi siempre en conflictos violentos y guerras y que han provocado la caída de varios gobier­ nos dictatoriales en el norte de Africa (como Túnez, Egipto o Libia) y mantienen activos conflictos en otros países, y especialmente en Siria. En todos estos casos, las tecnologías sociales (soportadas muchas veces sobre redes sociales comerciales) han sido instrumen­ tales e imprescindibles para permitir la organización de las accio­ nes de los activistas. Estos conflictos han aportado luz de algún modo el debate que personificaron Evgeny Morozov y Clay Shirky (Morozov, 2011; Shirky, 2011). En las sociedades no democráti­ cas se produce una tensión entre el uso de la red para el activismo y para el control gubernamental. Morozov defiende que en los 136

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regímenes dictatoriales la tecnología digital otorga más ventajas al poder que a los activistas, mientras que Clay Shirky ha defendido una postura opuesta. Tras una fase en que las denominadas revolu­ ciones animadas desde Internet (Ucrania, Moldavia, Birmania ...) acabaron sofocadas por los gobiernos dictatoriales y en que la sofis­ ticación e intensidad de los sistemas de censura digital han crecido enormemente en países como China, lo sucedido en el Norte de África nos indica la posibilidad real de que la tecnología empodere más a la ciudadanía que a los regímenes opresores. En España el movimiento #15M o #spanishrevolution (descrito por Corsin Jiménez & Estalella, 2011) es de algún modo heredero de lo sucedido antes en Islandia y el norte de Africa y se inspira en estos conflictos en cuanto a su organización y estrategias de comu­ nicación. Este movimiento es el resultado inevitable de la desco­ nexión entre la realidad ciudadana y la política convencional. Esto es algo que, por otra parte, siempre ha sucedido en mayor o menor medida. Las élites siempre han intentando monopolizar las agen­ das, mantener las distancias y controlar los canales de comunica­ ción, o sea su relación con los ciudadanos y la capacidad organiza­ tiva de estos. El resultado es un sistema unidireccional (unos pocos hablan, la masa escucha), una población con muy escasa autonomía (que solo usa para reaccionar, nunca se sale de la agenda definida desde el poder) y unas élites autoritarias y paternalistas. Quizás este estado de las cosas está empezando a desmoronarse. En estos movimientos, la tecnología ha jugado un papel esen­ cial como facilitador. Ahora la ciudadanía cuenta con herramientas para organizarse sin los intermediarios convencionales (desde los políticos a los medios de comunicación) y empieza a entender que puede salirse del estatus quo. La cuestión, que siginifica un reto para los políticos, es que el uso de la tecnología está pasando de ser instrumental a ser el síntoma exterior de un profundo cambio cultural. Las “redes sociales” han sido instrumentales y al tiempo han sido el símbolo de las redes de personas capaces de generar na­ rrativas propias (al margen de los medios) y de movilizarlas (hacer márketing) para provocar un movimiento ciudadano. Estas narra­ tivas son transmediáticas, nacen en Internet y ocupan el espacio y el debate público de forma viral. Mientras las narraciones de los po­ líticos siguen siendo sospechosamente parecidas a las que podrían salir de un plató de una televisión o de una agencia de publicidad. Estos movimientos no son más que un síntoma (y no es el primero) de un malestar y de una nueva forma de acción ciudadana. En el caso del movimiento #15M ha durado unos pocos meses pero 137

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resurge en muchos otros que abordan una enorme diversidad de problemas con una actitud más propositiva y no solo reactiva como en la fase inicial. Los políticos se enfrentan a ciudadanos (muy bien) organizados en redes informales (difíciles de “ver” con los ojos convencionales) con creatividad y capacidad para desarrollar proyectos autónomos. Estos movimientos ciudadanos que surgen por las periferias europeas representan un nuevo paradigma de organización y acción caracterizado por: los ciudadanos auto­organizados se enfrentan a los poderes políticos y sus lobbies económicos (y mediáticos) asociados; son movimientos reactivos pero con propuestas básicas; se reclama un cambio en el poder político, pero sobre todo nuevos espacios para el debate democrático; se organizan como redes: descentralizadas, sin liderazgos claros, organizadas en Internet ju­ gando un papel muy relevante las redes sociales; utilizan las nuevas narrativas transmediáticas; y significan la re­apropiación ciudada­ na del espacio público en un movimiento de los espacios digitales a las plazas. Retos presentes y futuros La confluencia y sinergias de las transformaciones propias de la cultura digital y de los movimientos de activismo ciudada­ no chocan con las formas tradicionales de entender el urbanismo y la política. Este conflicto podría ser la semilla de innovaciones sociales y políticas si se resuelven una serie de retos entre los que nos detendremos aquí en la cuestión de la recuperación del espacio público y la construcción de una nueva gobernanza que combine las aproximaciones “top down” y “bottom­up”. Algunas ideas para la recuperación del espacio público La necesidad de espacios realmente públicos como lugares de encuentro y debate ciudadano y las posibilidades de ampliación de esos espacios mediante tecnologías digitales nos llevan a identificar una serie de acciones que permitirían acelerar este proceso, entre los que destacaría: 1 — Recuperar la densidad y diversidad en las ciudades; recuperar el modelo de ciudades compactas con mezcla de usos en todas las escalas espaciales. Los espacios públicos necesitan una masa crítica de uso y 138

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diversidad para resultar atractivos para la ciudadanía y que sean capa­ ces de generar procesos creativos. 2 — Facilitar la movilidad ciudadana dado que aumenta la densidad y diversidad efectivas al incrementar las probabilidades de encuentro, además de mejorar la calidad de vida de las personas. 3 — Rediseñar los espacios públicos para el encuentro y la conviven­ cia y no para el flujo. Por tanto las mejoras en movilidad no deben hacerse en detrimento de los usos verdaderamente comunes de los espacios públicos. 4 — Desarrollar tecnologías sociales (tanto infraestructuras como plataformas para la producción de conocimiento y organizaciones ciudadanas autónomas capaces de acción colectiva), que permitan a los ciudadanos apropiarse de modo efectivo de los espacios públicos (entendidos un sentido amplio, como espacios híbridos resultado de la interacción del espacio físico y digital). 5 — Desplegar redes de laboratorios ciudadanos, donde se facilite el desarrollo de proyectos colaborativos que aborden los problemas y oportunidades locales y que funcionen como plataformas que facilitan la innovación social. Estos laboratorios serían, y ya lo son en mu­ chos casos, pequeños espacios distribuidos por el territorio; centros hiperlocales en el sentido de permitir el trabajo a pequeña escala pero dentro de redes globales gracias a la tecnología digital. Estos laborato­ rios desarrollan un programa abierto adaptado a los intereses y nece­ sidades locales para los que aportan recursos materiales, intelectuales y organizativos. Por tanto podríamos definirlos como espacios de colaboración entre ciudadanía, agentes culturales, científicos y tecnó­ logos, y entre profesionales y amateurs. Y al tiempo serían mediatecas vivas donde se documenta en continuo toda su actividad y creaciones y que trabajan en red para crear bases de conocimiento abierto. 6 — Impulsar iniciativas de datos abiertos, al menos utilizando todos aquellos generados con financiación pública, sobre todo tipo de cues­ tiones que afectan a las ciudades. Promover la reutilización de estos datos por todo tipo de agentes (colectivos sociales, investigadores, em­ presas …) para generar aplicaciones útiles en el control democrático de las instituciones, políticos y gestores, para la mejora de la gestión pública y para desarrollar innovación social, producción cultural y actividad económica. 139

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Gobernanza “top down”vs.“ bottom­up” Sobre los límites de la tecnología social La recuperación del espacio público y la resolución de la des­ conexión entre la ciudadanía y las élites gobernantes hacen preciso reinventar la gobernanza urbana, en el sentido de promover proce­ sos “de abajo a arriba” hasta descubrir sus límites; para posterior­ mente establecer procesos de negociación de la ciudadanía con el poder político y los técnicos y gestores para definir los modelos de gobierno a las escalas de mayor complejidad. Los diferentes proyectos de tecnología social demuestran la ca­ pacidad de coordinación ciudadana que permite la tecnología y que facilita el desarrollo de proyectos que pasan de la crítica a la acción constructiva. Las tecnologías sociales permiten crear y gestionar recursos e infraestructuras, producir y difundir conocimiento de todo tipo, y coordinar agentes diversos para generar nuevas econo­ mías más inclusivas y sostenibles. En Las “revoluciones árabes” o el movimiento #15M en España los colectivos organizados en y desde Internet realizan de modo muy efectivo activismo en contra de los poderes políticos y mediáticos con resultados inimaginables hasta hace poco tiempo. La agenda pasa ahora por dos cuestiones básicas. Primero, identificar las razones y factores que permiten maximizar la eficacia y capacidad de coordinación de la tecnología social. Y en segundo lugar, una vez aprendamos de un modo colectivo y experimental como diseñar proyectos basados en tecnologías sociales, cabe pre­ guntarse por los límites: ¿qué grado de complejidad pueden alcan­ zar los proyectos ciudadanos soportados y empoderados por tec­ nología social?, ¿hasta dónde pueden llegar estos proyectos?, ¿qué cambios sociales, políticos y económicos son capaces de provocar? Los poderes políticos acostumbran a señalar las limitaciones de los proyectos basados en tecnologías sociales para justificar mode­ los basados en el control centralizado y en el conocimiento experto. En lo referente al urbanismo se hace preciso la integración de los modelos emergente (basado en tecnologías sociales) y planificado (que genera “smart cities”). Para lograr este objetivo es precio son primer lugar generar una infraestructura y organización ciudadana que sea capaz de “construir ciudad” y llegar tan lejos como sea po­ sible (en escalas espaciales y de complejidad), para a continuación incorporar a los proveedores de infraestructuras y servicios en este marco (al contrario de lo que sucede en el modelo “smart cities” en que son los proveedores los que crean el marco de referencia). Solo 140

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una vez alcanzados estos posibles límites sería necesario explorar en que escalas espaciales y de complejidad es necesario discutir, negociar y, en último término, diseñar sistemas de gobernanza que incorporen a la ciudadanía y sus organizaciones por una parte y a los políticos, gestores e instituciones públicas por otra. Posiblemente estamos entrando en una fase en que se revitalice la política pero está se haga desde modelos muy diferentes a los con­ vencionales. Seguirán existiendo partidos que seguirán manejando una parte del poder, pero tendrán que enfrentarse y/o negociar y colaborar con movimientos cívicos que harán política activa y propo­ sitiva desde los espacios públicos (urbanos y digitales). Para enten­ der esta nueva gobernanza quizás deberíamos empezar a mirar más hacia Islandia o el norte de África y menos a Bruselas o Washington.

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Bibliografía Corsin Jiménez, Alberto & Adolfo Estalella, “#spanishrevolution”. Anthropology Today 27:19-23. (2011) Freire, Juan, “Urbanismo emergente: ciudad, tecnología e innovación social - Emerging urban planning: city, technology and social innovation. En: Paisajes Domésticos / Domestic Landascapes”, vol. 4 Redes de Borde / Edge Networks, pp. 18-27. Ed. SEPES Entidad Estatal de Suelo, España (2009) García-Rosales, Cristina (ed.), “Deseo de ciudad: Arquitecturas revolucionarias”, Mandala Ediciones (2010) Morozov, Evgeny, “The net delusion: The dark side of Internet freedom” Public Affairs (2011) Shirky, Clay, “The political power of social media. Technology, the public sphera and social change”. Foreign Policy, January / February (2011) documentados en: http://tecnologiasocial.tumblr.com

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Berliner Olympiastadion

Eduardo Hurtado

B E R L I N E R O LY M P I A S TA D I O N — E D U A R D O H U R TA D O

Das Gelände des Berliner Olympiastadions befindet sich nördlich des Stadtforsts Grunewald, im Berliner Bezirk Charlottenburg. Das im nationalsozialistischen Baustil gehaltene Stadion wurde auf Befehl Aldolf Hiltlers zwischen 1934 und 1936 nach einem Projekt von Werner March errichtet. Es sollte das Deutschlandstadion ersetzen, einen wesentlich kleineren Bau, den Werners Vater Otto March für die letztlich nicht stattgefundenen Olympischen Spiele 1916 entworfen hatte. Das Olympiastadion bietet heute Platz für 74.064 Zuschauer und fungiert als hierarchisches Zentrum aller angrenzenden Bauten, darunter das Olympia-Schwimmstadion, das OlympiaHockeystadion sowie das Reitstadion. Die ovale Form des Olympiastadions bestimmt das architektonische Gesamtbild des Geländes: Die Mittelachse des Ovals ist die Verlängerung der Achse Trakehner Allee/Olympischer Platz, wobei der Zugang über das Olympische Tor, im Rücken des Glockenturms, erfolgt. Auf der Westseite befindet sich das Marathontor sowie das weitläufige Maifeld, über das man zum Glockenturm gelangt. Dieser 77 Meter hoheTurm wurde zwischen 1960 und 1962 erbaut. Als zentraler Block wird das Stadion an seinem oberen Rand von einer Reihe von Fahnenmasten umgeben, deren Anordnung derjenigen der Säulen der äußeren Schutzüberdachung folgt. An den Zugängen befinden sich Skulpturen im griechischen Stil, zwischen denen verschiedene Athletenpaare hervorstechen. Im Stadion fand die 11. Auflage der Olympischen Spiele der Neuzeit, zwischen dem 1. und 16. August 1936, statt. An diesen Spielen nahmen insgesamt 4066 Sportler (3738 Männer und 328 Frauen) aus 49 Ländern teil. Es fanden Wettbewerbe in 19 verschiedenen Sportarten sowie 129 Spezialitäten statt. 3000 Radiosender übertrugen die Spiele, die zugleich zur ersten fernsehübertragenen Sportveranstaltung wurden. Mahr als 4 Millonen Zuschauer wohnten den Spielen bei. Der von der Regierung der Spanischen Volksfront vorgeschlagene Boykott der Spiele durch die Organisation von parallel verlaufenden Volksspielen, die in Barcelona stattfinden sollten, musste aufgrund des Putsches vom 18. Juli abgesagt werden.
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Introducción al “Para Warmann” de Djordje Bojić

John Holten

PA R A W A R M A N N — J O H N H O LT E N

La muerte de Djordje Bojić el 15 de octubre de 2008 en París puso fin a una de las trayectorias más singulares en el arte contemporáneo llevadas a cabo por un artista desde 1989. Tenía tan sólo 35 años cuando lo encon­ traron ahogado en el Sena. En cierto sentido, su muer­ te también puso punto y final a los logros del grupo LGB, del que fue cofundador. De padre montenegrino y madre serbia, Bojić creció en Nuevo Belgrado, la parte nueva de la ciudad que se construyó sobre el pantano del lado oeste del Danubio. Un sueño moder­ nista de la postguerra, una ciudad del retrofuturo.
La contribución de Bojić al arte puede verse como un reflejo de su hogar de la infancia: extrayendo y recuperando el pasado (el prolongado legado Dadá, los grupos vanguardistas, el neo­expre­ sionismo) y transformándolo en algo monumental sacado de lo co­ tidiano, progresivamente fuera del pasado. Tras una breve estancia en el Ejército Popular Yugoslavo justo antes de que se disolviera, estudió filosofía en la Universidad de Belgrado. En 1995, ayudó a sus amigos de la infancia Miloš Lubarda y Alaksander Gojković a montar la exposición más singular de la era Milošević, siendo coautor del manifiesto que proclamaba una “Revolución Circadia­ na”. Nunca volvió a sus estudios tras la inauguración, en vez de eso, se dedicó al mundo del arte conceptual textual, al comisariado y a la emergente estética relacional en un mundo globalizado. Y cuando su país entró en éxtasis ante la globalización, se dirigió con audacia hacia el escenario europeo. Se ha escrito tanto sobre el grupo LGB y ha habido tantas definiciones de lo que constituye el arte LGB, que no quiero ofrecer ninguna mala explicación más aquí. No obstante, lo que podemos recordar primera y principalmente es que, al contrario que tantos otros artistas vanguardistas y neovanguardistas, LGB fue un colecti­ vo pluralista que constituyó un microcosmos del mundo escindido y globalizado del “arte contemporáneo”, es decir, del historizado arte contemporáneo de los 90. LGB trata del individuo en una socie­ dad que está haciendo aguas, trata del día a día de ese individuo y de cómo, si se puede considerar algo político en esta era post­ socialista, es mejor elegir la unidad del día, la vie quotidienne de Lefebvre, que el nacionalismo, el liberalismo, el capitalismo, que cualquier estructura que exceda el despertar individual de cada día. Al contrario que IRWIN y Laibach y su Neue Slowenische Kunst 155

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que datan de los 80, cuya retrovanguardia eslovena utilizó la dialéc­ tica del comunismo y del fascismo como un niño usaría a sus padres peleando para mostrar al mundo su independencia (o tal y como lo definió Žižek: ellos eran el superego suprimido de la vida cultural yugoslava), LGB, creado diez años después cuando el fascismo vol­ vía a ser una amenaza real, creció y abandonó el hogar. Fue un grupo vanguardista propio de la era post­ideológica europea. Fue la creencia en que había que vivir la vida de cada uno de la manera más sincera, más artísticamente posible la que ayudó al éxito meteórico de Bojić: la intensidad con la que vivía resultaba evidente para cualquiera que se cruzara con él. No era un personaje de la alta sociedad ni un asiduo a las fiestas, uno de los muchos “protagonis­ tas de la escena” que pueblan el mundo del arte en París, Berlín, Londres o Nueva York. Más bien, lo que resultaba contagioso era su humanidad que residía en su habilidad para conversar con la gente que encontraba, para ser sincero frente al simulacro, y su vida se con­ sumió de esta manera; después de todo, las vocaciones tienen poco que ver con los dictados de las fluctuantes tendencias de la moda. Lo que hace que este libro sea tan fascinante es cómo traza una trayectoria desde los campos de batalla de Bosnia hasta el sofistica­ do mundo del arte en París, desde los “márgenes” culturales de Eu­ ropa hasta su “centro”. Es una condensación de la historia cultural europea del siglo XX y a menudo recuerda un relato de la moderni­ dad tardía, un último viva de la vanguardia. Nos hace una cartogra­ fía de cómo lo histórico nunca deja de condicionar lo personal. LGB consiguió encontrar un estímulo en el giro que la historia dio en su país, su trayectoria fue un tropismo si así se quiere ver, pero el peso de ese movimiento, como lo prueba este libro, puede ser muy duro. Bojić nunca se vio como el Otro, pero estaba fascinado por el proceso de crear una marginalidad y la etiqueta del Otro que le habían adjudicado. Tal y como Bojić lo describe en el libro: LGB fue ‘una estética construida desde esta pantalla oriental para una proyección occidental’. Esto es una paráfrasis de Žižek vía Haeg: ‘Lejos de ser el Otro europeo, la antigua Yugoslavia era más bien Europa en su propia Otredad, la pantalla en la que Europa proyec­ taba su propio reverso reprimido’.1 La Europa de la Ilustración siempre se ha definido a sí misma a través de este proceso de creación de la Otredad, y desde la década de los 90, el Este había sido la víctima, especialmente los Balcanes, con sus guerras y su genocidio. Pero esta “otra Europa” está irrevocablemente vinculada a cualquier idea posible de Europa, ya sea económica, cultural o, indudablemente, histórica. 156

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Bojić no sólo hacía un arte que se consideraba de “Europa del Este” primero y “contemporáneo” después, no sólo fue el líder de un grupo que estaba mostrando a Europa su reverso, su Otro reco­ nocible, también encarnaba una condición transgresora que puede ser glosada como vanguardista. Las series de happenings, de coti­ dianeidad artística, la dinámica de la vida de grupo comunitaria que LGB encarnaba, eran un anexo a la estética relacional de Nicolas Bourriaud, lo que ahora parece como un apéndice bastante nostálgi­ co de los esfuerzos del siglo XX por totalizar, teorizar y clasificar. Pero lo que también posee la vida de Bojić es la tragedia de los discursos tangenciales: en el momento exacto en que se convertía en adulto, Europa celebraba la caída del Muro, se produjo final­ mente en ese momento el cierre de un bucle ideológico. La liberali­ zación económica del libre mercado podría superar las envejecidas ideas del interés nacional y de las fronteras. Los Balcanes – o es­ pecíficamente Yugoslavia – fueron persuadidos por estas ideas de­ masiado tarde: la autodeterminación de las personas era una vuelta atrás embarazosa. La torpeza de Europa Occidental y la hipocresía y división sobre cómo gestionó las guerras de la década de los 90 demostraron que no había escapado de la Historia y que la armonía entre las personas no residía sencillamente en una moneda compar­ tida o en la asignación de los fondos de cohesión. El genocidio, los campos de concentración, la limpieza étnica, se extendieron todos ellos de nuevo con crudeza por Europa. Como dijo el artista búlga­ ro Luchezar Boyadjiev en 1992:
Hasta hace poco, Europa pensaba que los Balcanes eran una esquina… en una esquina aparecen los efectos secundarios, un eco, una reverberación de conceptos que pertenecen originariamente al centro, pero de los que se deshizo el centro hace ya mucho tiempo… al final resulta que el centro ha cambiado desde hace mucho los conceptos y la esquina está retrasada en el tiempo.Tomen el caso de “una nación - un Estado” – el concepto de “un Estado” y la crisis actual en la antigua nación – Yugoslavia. Da la sensación de que Serbia, al ser el hijo legítimo (=esquina) de Europa, esté actuando en la actualidad aplicando este viejo concepto europeo.Y Serbia está siendo repudiada por Europa, ya que rechaza reconocer la responsabilidad por su propio hijo y su comportamiento – lo que una vez fue considerada una acción civilizada ahora se ha convertido en una monstruosidad. 2

En mayo de 1995, mientras la guerra en Croacia estaba llegan­ do a su sangriento y prolongado final, tres amigos montaron su primera exposición en la Academia de Bellas Artes de Belgrado. 157

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Naturalmente, escribieron un manifiesto, como se hace en la juven­ tud. Lo firmaron con sus iniciales: LGB. Su descarado manifiesto antibelicista y apolítico se abría con esta vehemente declaración casi debordiana:
1. Nos gustaría declarar la República de los Pomos Rojos. El tema de nuestro trabajo es la vida cotidiana, proferida por algunos en el lenguaje de la política del aquí y el ahora, por otros mediante un intento de superar el poder de los pomitos rojos. 3

Djordje Bojić (Portrait) • Zoran Živković,1999, objeto encontrado, acrílico sobre fotografía. Cortesía del artista y la Gallery Gojković.

Una de las personas que asistió a la primera exposición de LGB fue el comisario húngaro Imre Warmann. Lo que en principio era un trío con potencial en Belgrado en 1995, Warmann lo trans­ formó en la siguiente década en una fuerza internacional. Se valió del trabajo neodadaísta y neoexpresionista que estos tres jóvenes exponían y lo hinchó hasta incluir un total de quince artistas en la siguiente exposición LGB Belgrado/Budapest. La vida de Bojić no volvió a ser la misma desde su encuentro con Warmann. Esta segunda exposición con la etiqueta LGB consolidó la di­ námica de grupo al que Warmann aportaba el pegamento teórico de las obras.4 No sólo fue un éxito cara al exterior, el grupo también funcionaba extremadamente bien en su interior. Se podría decir 158

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que las conexiones que se estaban realizando en esos primeros años anunciaban un nuevo tipo de arte libre de las reducciones a la na­ ción o región. Inmediatamente después de la clausura de la exposi­ ción, Bojić y Warmann se trasladaron a Viena, en donde la familia de Warmann tenía algunos aliados políticos. Allí, los dos hombres tuvieron una relación y, por lo que se dice, pasaron unas pocas semanas tumultuosas e intensas. Lo que queda claro en el texto que sigue es que el tiempo que pasaron juntos fue todo menos prosaico y que el pas de deux de Bojić con Jörg Haider data de esa época. En Europa se podría dar un giro hacia la derecha gracias a la reciente crisis financiera: un endurecimiento de los ánimos, una caída de la generosidad, la sospecha hacia el “Otro” y por supuesto, a cada uno de los otros debido a la caída libre de los propios “márgenes” de la UE. Ahora más que nunca, hay que volver a revisar y celebrar el arte LGB porque parece ser que estamos viviendo en tiempos LGB. La llegada de Bojić a París en 1997 fue propicia: el legado del modernismo fue un pilar fundamental para él, Duchamp era su pa­ dre, el arte post­retiniano era su arte. Estudiante de filosofía que se nutrió de la historia de Dadá en todas sus diferentes formas y de las exploraciones situacionistas de lo cotidiano, Bojić inmediatamente rescató en París la tendencia Dadá antibelicista y nada occidental, aprobando la ingenuidad de los artistas de CoBrA y estudiando atentamente la obra de los Nuevos Realistas y el manifiesto como forma artística. Desde este “centro”, los tres miembros fundadores y Warmann controlaron las siguientes exposiciones internacionales y el grupo LGB se fue haciendo fuerte, admitiendo nuevos miembros así como nuevos admiradores en el camino. El arte de Bojić se exponía cada vez más a menudo por toda Europa y su contribución a lo que él llamó el “aula del kunsthalle”, discurso y teoría del arte, no pasó desapercibida; sus artículos de opinión se publicaban en revistas in­ ternacionales de arte, se empezó a incluir su nombre en conferencias y mesas redondas. Lo irónico de todo este movimiento y de todos es­ tos viajes fue que, en ese momento, el visado para los serbios seguía siendo difícil de conseguir en Europa, ya que el país tan sólo entró en el área Schengen en 2008. Pero este mismo sarcasmo autolace­ rante y esa misma consciencia de sí mismo de las que rebosa este li­ bro podía traerle problemas; Bojić podía hablar largo tiempo sobre la camarilla que movía el mundo artístico parisino, de los desaires que había sufrido mientras fumaba un cigarrillo en los escalones del Palais de Tokyo, del provincialismo de facto. Todas las ciudades tienen su propio mundillo artístico incestuoso y Bojić, durante los 159

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primeros años en París, prosperó socavándolo, escapando de él. Pero esta actitud también acabó por cansarle. La red de trabajo descentralizada de LGB podía funcionar como una entidad gracias a la libertad total de sus miembros que seguían con sus propias carreras de forma paralela al discurso teórico perfilado por War­ mann y Bojić. El apogeo de la confluencia de estos dos elementos lo constituyó probablemente la exposición de 2004, LGB Art from Hungary. Pero la ruptura personal de las relaciones entre War­ mann y Bojić que se produjo en esas fechas, puso a Bojić en una tesitura en la que ya no le era posible sustentar la integridad y la energía necesarias para mantener la misma honestidad que le pare­ cía fundamental en su arte. En la sangre de los comentaristas culturales está la tendencia a leer la obra de los artistas a través de su autobiografía. Se ha escrito mucho sobre Imre Warmann desde su muerte en 2007, aunque gran parte de lo escrito versara sobre la naturaleza de su muerte, muchos escritores, tanto en la prensa escrita como en medios digitales, intentaron conectarla con la manera en la que vivían Bojić y otros ar­ tistas LGB, haciendo brillar una luz inhóspita sobre sus vidas priva­ das y la aparente condición transgresora del mundo en el que vivían. Es un testimonio triste de una era obsesionada con la celebridad y la habilidad de chismorrear para rellenar gestos públicos vacíos. Coincidí con Djordje Bojić una sola vez, y puedo decir con se­ guridad que se encontraba en un estado de ánimo confuso, que, de hecho, es posible que se sintiera acosado en ese momento, aunque no me atrevo a decir si por demonios internos o por fuerzas exter­ nas. Lo que me resultó evidente desde el principio es que sabía que tenía en su posesión un documento único que el mundo necesitaba leer. Y tras obtenerlo y traducirlo, estoy seguro de que estaba en lo cierto al pensarlo. ¿Cómo se debería leer este documento único? Una de las mane­ ras sería leerlo como la evidencia del estado anímico de Bojić mien­ tras lo escribía durante los dos últimos años de su vida. Se puede observar claramente el incremento en la intensidad emocional y el malestar durante sus últimos días. Cuando no hay preguntas, tan sólo se pueden inferir pistas, señales, posibilidades. La triste tra­ gedia de su muerte y el misterio que rodeó el descubrimiento de su cadáver casi lo sitúan en un linaje macabro de pensadores y artistas europeos cuyas vidas terminaron inesperadamente, como si alguien levantara la aguja del gramófono en la habitación vecina, cortando abruptamente la música: Primo Levi, Paul Celan, Gilles Deleuze, Nat Tate, Ingeborg Bachmann y la lista podría continuar. También 160

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puede leerse como un bello elogio al arte de recordar, al a veces insoportable instinto de anamnesis: Europa quiere olvidar, Europa no debería olvidar, para que nunca se repita. La vida de Bojić trazó una línea que conectaba a algunos de sus coetáneos con más talento y los alejó de la guerra y la sospecha propagandística para acercar­ los a un eje lleno de creatividad y de potencial europeo pasado y futuro: Belgrado – Budapest – Venecia – Viena – Paris. Bojić y compañía vivieron una vida que se liberó de lo que él

Zukunft I (Future I) • Djordje Bojić , 2007 Óleo y barniz sobre tela, 3x1.5 m. Colección privada.

consideraba las doctrinas etnocéntricas/nacionalistas/chauvinistas que les rodeaban cuando se hicieron adultos, y lo hicieron siguien­ do el axioma del tocayo de Bojić, Georges Bataille, que decía que las transgresiones muestran la potencia de lo prohibido. Eran homosexuales cuando otros decían patriarcado, eran internacio­ nales cuando otros hablaban del amar al país propio, y el potencial desatado en este cisma está representado en este libro en toda su excitación confusa. Cuando llegó a nuestra posesión, el manuscrito sólo era una colección de hojas impresas, sueltas, sin numerar, ex­ cepto una serie de manifiestos y documentos históricos que estaban unidos por un clip (son los que se encuentran en el anexo del libro) y tenía una dedicatoria, Posveta Warmannu, que pensamos que podía constituir un título adecuado. Por tanto, se puede leer simul­ táneamente como un fragmento de historia del arte, una memoria, un esbozo de la evolución teórica de 1995 a 2008, un análisis de la obra de LGB, una descripción de eventos artísticos y de deseos a la Bataille. Es un documento fundamental para los historiadores del arte y una lectura visceral para cualquiera que haya amado, odiado o se haya obsesionado con remordimientos alguna vez – puede que 161

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no sea una historia del arte académica, pero muestra la filosofía de LGB como praxis, la estética de su arte se puede sentir en sus pá­ ginas, condensada en la historia del compromiso de Djordje Bojić con la vida real, extranjero en las exclusivas tierras de una Europa que batalla con sus moribundos discursos nacionales. En última instancia, es una trayectoria artística que, para citar a uno de los padrinos de Bojić, Pierre Restany, ofrece una ‘transcendencia hecha de emoción, sentimiento y, finalmente, de poesía’. París, enero de 2010


Notas 1. Slavoj Žižek, ‘Taking Sides – A SelfInterview’ en The Metastasis of Enjoyment (London and New York: verso, 1994), pg 212. 2. The Balkanization of Alpa Europaea apareció inicialmente en el catálogo de la Tercera Bienal Internacional de Estambul en 1992. Se volvió a editar en Primary Documents, eds. Laura Hoptman and Tomas Pospiszyl (MOMO and MIT Press, New York) pg. 306 2002. 3. Primer Manifiesto del Arte LGB. Distribuido con ocasión de la exposición LGB, Akademija Lepih Umetnosti, Belgrado (10-14 de mayo de 1995) y la Bienal Pančevo de Jóvenes Artistas, 1995 4. “Trabajar con LGB equivalía a libertad. Tambiéna tener respaldo.” Citado por zoran zivkovic en ‘The Border Crossing in Morning: zoran zIvkovic’, John Holten en State of Motion (Porto, Colectivo Piso, 2010), p. 26 El texto traducido de Posveta Warmann-u de Djordje Bojić puede encontrarse en “The Readymades” publicado por Broken Dimanche Press.

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Oiropa

Alan Pauls

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Mucho antes que un continente, que una fuente de civili­ zación llamada Viejo Mundo, que un proyecto político pensado para contrariar el dogma de la bipolaridad, Europa fue para él un acontecimiento puramente sonoro. Una voz que se mueve en el aire, franquea el umbral del oído y toma de sorpresa. Una inflexión para la que no se tiene defensa. Europa fue un acento.
Europa, para él, fue Oiropa. Así sonaba “Europa” en boca de su abuela alemana, la boca de la que escucha por primera vez la pala­ bra. Su abuela alemana y judía: la persona a la que le debe Europa. El mero hecho de que la pronunciara así – Oiropa – bastaba para delatar lo que era: una desterrada. Alguien que en el momento de nombrar su lugar no puede evitar poner en evidencia, no puede evi­ tar traicionar la secreta razón de esa dicción idiosincrática: que ese lugar ya no es el suyo. En efecto, su abuela ya no vivía en Berlín, de donde, como a muchos otros, la habían disuadido de quedarse Hit­ ler y sus secuaces a fines de los años treinta, sino en Jorge Newbery y Amenábar, una esquina plácida del barrio de Colegiales, en Bue­ nos Aires, Argentina. Que era un acento y no una simple pronun­ ciación extranjera – la pronunciación normal, en lengua alemana, de una palabra bastante singular, aunque más no sea por el hecho de que se escribe igual en alemán y en castellano – , eso lo revelaba el modo característico en que su abuela hacía sonar la ere: no a la áspera manera alemana, palatalizándola, sino a la argentina, con ese redoble simple, suave, como endulzado por una pizca de infancia. De haber dicho Oigopa, todo habría sido más simple: una palabra alemana dicha en un contexto argentino. Su abuela habría hablado en alemán y se habría sentido de algún modo en casa, aun cuando miles de kilómetros la separaran de Berlín, donde había hablado sin acento por última vez. (De hecho, solía hablar alemán en Buenos Aires, en las reuniones, los tés danzantes y las fiestas que congrega­ ban a los emigrados alrededor de trémulos ímpetus conspirativos. Pero ya entonces el tema de conversación – además de la situación en Oigopa – era el acento particular que, con su aquiescencia o sin ella, iba abriéndose paso en la lengua de los emigrados.) Pero su abuela no decía Oigopa. Decía Oiropa, y la incongruencia ínfima pero decisiva entre esa sílaba inicial Oi­ y la ere redoblada que venía inmediatamente después era la señal inequívoca de que la palabra, por un efecto involuntario de portmanteau, era en realidad dos pala­ bras: Hoy, Europa. O de que en la palabra, al menos, y en términos más generales, había en juego dos lenguas al mismo tiempo. 165

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Siempre hay algo inaugural en esa clase de episodios. Se escu­ cha una palabra por primera vez y la palabra queda afectada, marca­ da para siempre por los factores que intervinieron en su configura­ ción, en su identidad sonora – factores que ya no son contingentes sino necesarios. Para él no había diferencia alguna entre la palabra Europa y el modo en que su abuela la pronunciaba. Mejor dicho: la relación entre la palabra y la pronunciación era una relación de necesidad absoluta. (Sólo la historia podía objetar a Saussure; sólo el siglo se atrevía a refutar la arbitrariedad regia del signo.) Euro­ pa era Oiropa – como para Borges El Quijote, que había leído por primera vez, a una edad impertinentemente precoz, en una edición inglesa, era y seguiría siendo para siempre una novela escrita en inglés, al punto de que cuando tuvo su primera edición española en las manos le costó mucho leerla, reconocer un texto que se sabía, sin embargo, casi de memoria. Tal vez ya en ese fósil de fonética de infancia se cifrara una cierta idea de Europa, salvaje, probablemen­ te, y hasta mágica, pero a la vez de una pregnancia extraordinaria, tanto que es probable que al día de hoy no lo haya abandonado. Él: hablamos de un niño todo oídos algo asustadizo y malhabla­ do de tres, cuatro, cinco años, que pasa los fines de semana estipu­ lados por el rudimentario derecho de familia de la época en lo de su abuela alemana, una de esas casitas bajas, de paredes combadas y ventanas de estilo náutico, versión pobre pero decorosa del raciona­ lismo europeo que los ingenieros civiles construían y firmaban con veleidad de artistas en los barrios más inesperados de Buenos Aires. La casa en la que su padre, también alemán, ha buscado asilo luego una estadía intensa pero poco sustentable en el país del matrimonio. Para él, para el niño que es él, Europa es una palabra que se dice así, que obliga a pronunciarse así, que impone a quien quiera pronun­ ciarla esa dicción bífida, ambivalente, negociada, donde una lengua original se mide con una lengua segunda en una suerte de diálogo amable, tolerante, civilizado, pero no exento de tensiones. No debe haber casi argentino de su generación que no haya na­ cido y crecido envuelto en esa clase de paisajes sonoros, sorprendi­ do y atraído por el efecto de disonancia que las lenguas de Europa – el alemán en el caso de su familia paterna, en otros el italiano, el polaco, el francés, incluso el español de España – producían al encontrarse, frotarse y por fin rendirse, no sin resistencia, no sin forcejear con ella desde adentro, a la lengua local. Son paisajes pe­ culiares. Difícil distinguir, en ellos, dónde terminan la dificultad, el esfuerzo, la torpeza, y dónde empiezan el hallazgo, la invención inspirada, incluso cierto virtuosismo oral. Alemana y judía en 166

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Buenos Aires, su abuela es para él – con quien no puede usar su lengua materna para hablar sino, a lo sumo, y esto recién unos años más tarde, y con resultados ligeramente inesperados, para intentar enseñársela – una combinación bastante irresistible de orado­ ra primitiva balbuceante, siempre afligida por la desproporción inhumana que hay entre todo lo que piensa y lo poco que es capaz de decir, y una máquina de emitir juegos de palabras, retruécanos, homofonías ingeniosas, gemas improvisadas que es fácil apreciar (entre otras cosas por la luz irónica que arrojan sobre los usos verbales argentinos) pero muy difícil atribuir, ya que no resultan de una intención conciente sino de la diferencia insalvable, a menudo tragicómica, entre la intención y la imposibilidad lingüística de ejecutarla, y todavía más difícil localizar, puesto que no nacen de la lengua alemana ni de la española sino de otra, una tercera, lengua ni huésped ni anfitriona, lengua squatter, si se quiere, que no figura en manual alguno, que carece de definición y de gramática y hasta de ser, porque es la lengua que su abuela inventa sobre la marcha, a medida que la habla, en función del miedo, la vergüenza o el arrojo, la distancia o la confianza que ve o cree instalarse entre ella y sus interlocutores, el interés, la perplejidad o el entusiasmo risueño que lee que su colección de tropos súbitos despiertan en el rostro de los que la escuchan. Renga, lírica, a medio camino entre el lapsus y la hiperco­ rrección, esa tercera lengua se crea sobre la marcha y crea a su abuela como hablante, le inventa una identidad lingüística nueva, extremadamente específica, impredecible. Pero también inventa otra cosa, lo único que puede asegurarle supervivencia, vitalidad, reproducción: un oído nuevo. El oído capaz de escucharla como lengua, facultado para seguir sus torsiones y gozar, o malentender gozando, de sus pasos de comedia. Al mismo tiempo que se inventa a sí misma, esa lengua del acento inventa un modo de percibir, un tipo de atención, una disponibilidad – potencias todas nacidas para consagrarse a ella, la lengua del acento, pero que después, con el tiempo, se emancipan hasta convertirse en instrumentos de una sensibilidad general; es decir: en una manera de escuchar el mun­ do. O mejor: una manera de escuchar los dos mundos – los dos por lo menos – que hay en todo mundo. Hoy, cuando él se confiesa todo lo que le debe a su abuela (y es algo que se sorprende confesán­ dose cada vez más a menudo, cada vez más convencido), no piensa tanto en aquello que su abuela le dio, en el capital doméstico que le transfirió, como en aquello en lo que lo convirtió. Le debe, en más de un sentido, su formación como destinatario. 167

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No es casual que las primeras cartas que recibe en su vida – tan tempranas, incluso, que ni siquiera está en condiciones de descifrarlas sin ayuda – las reciba de su abuela alemana. Otra su­ brepticia lección europea: hasta entonces, a ninguno de los viajeros ocasionales de su familia se le ha ocurrido articular de ese modo es­ critura y distancia. Es como si ellos, argentinos, dieran por sentado que la distancia es un obstáculo transitorio y se desentendieran de todo lo que pudiera consolarla o engañarla; y es como si su abuela, europea, sólo diera por sentado exactamente lo contrario: que na­ die sabe nunca cuánto tiempo estarán lejos, separadas, dos perso­ nas que se adoran y están lejos. Es en esas tarjetas postales – y no en los registros de la institución escolar – donde él ve por primera vez su propio nombre en forma escrita, estilizado por esa letra de imprenta apenas peinada hacia la derecha que desconoce las mi­ núsculas, remata con serifas arcaicas las eses y las ces y transcribe el asombro o el escándalo en largas colas de apretujados signos de entonación. (Para las viejas escuelas europeas de caligrafía, la mano no era sino una prolongación carnal de la máquina.) Escribe muchas tarjetas postales. Escribe con la regularidad responsable, casi reglamentaria de los emigrados, y también con su fuerza acuciante, su urgencia, su incurable ansiedad, apremios que toma por virtudes y espera con intransigencia que también cultiven con ella todos sus corresponsales. Cualquiera sea el tema y el destinatario, son todas cartas de amor: cartas de abandonada. (Una tarde de mediados de los cincuenta, su marido anuncia en voz alarmantemente alta que va al kiosco a comprar cigarrillos y no vuelve. Dos años después, una carta con matasellos de la Costa del Sol pretende explicarlo todo: se ha juntado con una mujer llamada Rosa y regentea un pequeño restaurante para turistas en Torremoli­ nos, donde al parecer no escasea su marca de tabaco preferida.) En todas las cartas el amor fatalmente termina disipándose, como una cortina de humo, y deja filtrar la energía ciega que las ha animado en secreto: pedidos de auxilio, exigencia de alguna retribución pos­ tergada, ultimátums de toda clase. Son cartas de amor porque giran siempre alrededor de una promesa; son cartas de emigrada porque a todas las desvela el mismo fantasma: no recibir lo prometido. La menor vacación, el viaje más corto, un par de días lejos y su abuela pone manos a la obra. Es como si esperara en secreto la ocasión de alejarse sólo para poder escribir. Quizá la distancia sea la razón de ser por excelencia del escribir, su condición de posibilidad, su tema: todo. Las redacta desde Villa Gesell, el tosco balneario de la costa atlántica adonde huye a pasar los tres meses de verano, atraí­ 168

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da por los techos a dos aguas, la sachertorte, los modales prusianos del fundador del lugar, don Carlos Gesell, él también alemán, y demás alardes de color local bávaro con que la localidad se empe­ cina en refundar la Selva Negra en plena playa sudamericana, con treinta y cinco grados a la sombra. También las envía desde Cape Cod o Nueva York, donde cada tanto visita a su hermana Marion, montajista de cine, única esquirla de la familia que la Noche de los Cristales Rotos lanzó hacia el hemisferio norte de América. Todas las cartas empiezan igual: “Mein süss”, “Mi dulce”, una expresión que su abuela también usa a menudo con él en la vida cotidiana, es decir en la vida oral, sólo que actuándola, envol­ viéndola en ese terciopelo infantilizado al que suelen recurrir los adultos para ganarse la adhesión de los niños. Se las dirige a él; él es mein süss. Pero ya entonces, a los cuatro o cinco años, edad en que los niños no suelen tener más remedio que ser eso y sólo eso que los demás deciden que sean, objeto sublime pero objeto al fin, ya entonces, analfabeto, como según Borges eran los argentinos en el siglo XIX si no sabían inglés o francés, incapaz de leer pero no de reconocer las dos fuerzas en pugna que se ponen en escena cada vez que escucha de boca de su abuela alemana la palabra Oiropa, ya entonces él es cualquier cosa menos un dulce. Tal vez – como se le ocurre mucho después, ahora, cuando lo escribe – mein süss no sea una expresión constativa sino performativa. Tal vez no describa lo que él es para el amor de su abuela sino lo que el amor de su abuela quiere hacer con él, de él. Tal vez su abuela, llamándolo mein süss, busque endulzar algo a lo que a priori parece faltarle un poco de azúcar. Algo que ella misma ha despertado en él y que es más bien áspero, díscolo, filoso. Un cierto estado de alerta. Razón no le falta, porque nada pone tan en estado de alerta como un acento. La historia de la Argentina – y quizá de muchas naciones del mundo, si no de todas, si no la historia del concep­ to mismo de nación – podría escribirse a la luz de ese modelo reactivo, como la historia de la relación o las relaciones múltiples, variables, siempre ambiguas, en todo caso, entre una sensibilidad, una susceptibilidad, un sistema inmunológico “nacionales“, y una serie de acentos extranjeros, desde el italiano de los inmigrantes de la segunda mitad del siglo XIX (que el teatro argentino de princi­ pios del XX no tardó en estetizar, es decir en exorcizar, dándole el estatuto de una lengua ficticia llamada cocoliche) hasta el de los peruanos, bolivianos y paraguayos que hoy, en el siglo XXI, lati­ noamericanizan vertiginosamente a una ciudad como Buenos Aires, una de cuyas jactancias siempre fue la de ser la capital más europea 169

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de América Latina. Acento, su abuela tenía incluso, o sobre todo, cuando escribía. Cito un ejemplo al azar:
“27/9/66, Nueva York. Meine süssen [“Mis dulces“: la culpa del plural es de un hermano que intenta usurparle la mitad de sus privilegios de destinatario]: Muy pronto vuelvo – ustedes ya han preparado algún regalo para mí y Mädi? [Mädi es una cocker spaniel espúrea, suerte de alter ego animal con el que su abuela comparte las desatenciones a las que se considera siempre condenada, y que usa para dotar a sus extorsiones emocionales de cierto espíritu de cuerpo sindical] Si no, no vuelvo. Y lo que tengo para ustedes tiro por la ventana del vigésimo-cuarto piso, donde vivo con Marion y Vonny [vonny es su sobrina] Espero contestación de ustedes, donde también agreguen un beso para Marion y Mädi, quienes son tristes de ser olvidado por ustedes. Beso, Yayá” [Así firma sus postales:Yayá. Se llama Edith Paulette, pero con sus nietos ha aceptado adoptar como propio – contra el candidato más natural: Oma – el nombre de fantasía con el que ellos la bautizaron de entrada.Yayá, es decir: la trasliteración expeditiva pero no del todo impertinente de Ja, Ja, Ja!, la triple afirmación – la triple proclama de hartazgo – que sus nietos le oyen repetir cada vez que su hijo la critica o tiene algo que reprocharle]

Es difícil lograr que un acento pase al registro de lo escrito. Sólo los grandes lo consiguen: arrastrarlo todo – la sintaxis en pri­ mer lugar, después el resto – en el cauce de una música dislocada, rechinante, como las que le gustaban a Kafka, de la que si nunca se sabe bien adónde va es quizá porque el lugar de donde viene – Ale­ mania, Europa, en este caso – ya no es un lugar sino a lo sumo una imagen, o una alucinación, algo, en todo caso, que está en el lugar de un lugar perdido. Y a la vez, ¿hay algo acaso más tenaz, más per­ sistente, más irreductible que un acento? Su abuela, por lo pronto, nunca lo pierde. Vive casi medio siglo modulándolo, refinándolo, se diría, incluso, estetizándolo. Y – como la gran pedagoga que es, que son cada uno a su modo todos los europeos que él conoce de chico, todos, indefectiblemente, venidos de Europa, al punto tal de que durante mucho tiempo él piensa que Europa, como ciertas escaleras imaginadas por Julio Cortázar, que sirven sólo para subir o sólo para bajar, es un lugar no en el que se está, o se vive, o al que se puede llegar, sino un lugar del que se viene, un lugar definido por el hecho de que siempre se lo ha dejado atrás, en ese lugar sin lugar donde quedan los lugares de los que uno ha sido obligado a irse – su abuela, como la gran pedagoga que es, le enseña, entre otras muchas cosas, a estar atento a los acentos. En particular, por 170

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supuesto, al acento alemán. Si no hubiera estado expuesto a esa enseñanza, él no celebraría tanto de chico esas voces que de vez en cuando lo sorprenden desde la televisión y lo fuerzan en el acto a dejar de hacer lo que está haciendo – los deberes para la escuela, por lo general, que hace con la televisión prendida, estimulado, mucho más que desconcentrado, por esa especie de simultaneidad aberrante, o de intermitencia, en que entran los sonidos y las imá­ genes de la cultura de masas y los temas con mayúsculas de la tradi­ ción escolar. Ve series, por lo general, las clásicas series norteame­ ricanas que proliferan en la televisión blanco y negro de los años sesenta, y que una legislación preocupada a la vez por abastecer de trabajo a los actores desocupados y por preservar la integridad de la lengua española, no la española de Argentina sino la de Centroamé­ rica, obliga sistemáticamente a pasar por el régimen del doblaje, de modo que todos los personajes, ya sean sheriffs del lejano oeste, fa­ milias burguesas suburbanas, detectives privados, temibles agentes del recontraespionaje, hombres de ciencia embarcados en erráticos viajes en el tiempo, todos los personajes recitan un español mexi­ cano perfectamente uniforme y homogéneo, pródigo en carros, neveras, balaceras – todos, sí, menos... los europeos. Son ellos, los europeos – el oficial nazi, el maquis francés, el espía soviético, el playboy que hace rugir su Alfa Romeo por la Via Veneto – , los que cuando aparecen en alguna serie norteamericana y hablan lo compelen a dejar de escribir o de leer, a alzar los ojos y posarlos en la pantalla del televisor para ver a qué extraña clase de imagen, de cuerpo, de rostro, corresponden esas voces, las únicas que, dobla­ das al español de México o de Puerto Rico, vaya uno a saber, aún así tienen acento, un acento alemán, francés, ruso o italiano que se superpone al acento centroamericano y, más o menos caricaturesco, le recuerda que esa gente – oficial nazi, maquis, espía soviético, latin lover – también viene de Europa, ese lugar por excelencia del que siempre se está viniendo. Es como si el acento fuera más fuerte que todo y que todos, más fuerte incluso – aun cuando obedezca a las tipologías político­cul­ turales más triviales, menos inocentes – que esa especie de hispa­ noesperanto que la ley de doblaje (y con ella la industria interna­ cional del entretenimiento) impone como lengua universal de todas las comunidades que los guionistas de las series norteamericanas consideren dignas de figurar en un episodio de ficción televisiva de los años sesenta. Sí: el acento es más fuerte. Es acento es la fuerza misma. A veces es incluso lo único que hay, lo único que se escucha, lo que hace a la lengua. Es lo que sucede, por ejemplo, con el héroe 171

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de una magnífica novela argentina de los años ochenta, La ocasión, de Juan José Saer. El héroe de La ocasión se llama Bianco; es un europeo de origen turbio (el narrador menciona la ciudad de Mal­ ta, pero el dato oscurece más de lo que aclara) que a mediados del siglo diecinueve vive un poco en París, otro poco en Prusia, luego en Inglaterra y por fin – es el gran salto – se instala en América del Sur, en la Argentina bárbara del desierto y la carne. No es que se despierte una mañana y de buenas a primeras se le ocurra cambiar de hemisferio. Bianco es una víctima más – víctima privilegiada, sin duda, porque no está en la situación de necesidad extrema en la que están las demás, pero víctima al fin – de un “delito de seducción“, como caratulaba hacia mediados de siglo la legislación alemana toda política de solicitación directa de inmigrantes emprendida por una nación extranjera. Bianco, dice el narrador, habla diversas lenguas: inglés, francés, italiano, español... Pero las habla todas con acento, con el mismo acento, un acento cuyo origen es imposible identifi­ car, que no parece remitir a ningún lugar, ninguna patria, ninguna nacionalidad, y que, enigmático y repetido, termina siendo más consistente que las lenguas a las que afecta, enrarece o malogra. De accidental y contingente, el acento, en Bianco, pasa a ser necesario, tal vez lo único necesario. En Bianco, el acento es la lengua. Ahora bien: ¿qué es lo que aprende él cuando aprende a estar atento al acento? ¿Qué representa exactamente esa lección europea? En principio, aprende que una lengua no es algo puro ni natural, no es una superficie homogénea, idéntica a sí misma, sino más bien un territorio mixto, veteado de extrañezas, un campo de fuerzas, el teatro de un diálogo o un duelo que siempre implican otra cosa, otra lengua, alguna clase de otro (interlocutor, rival, enemigo, ideal). Aprende, mejor dicho, la extraña clase de ser que es una lengua: un ser sin esencia, sin sustancia, sin entidad. Un ser que se sostiene en el punto de apoyo frágil, delicadísimo, de un resto. Porque, bien pensada o bien escuchada, la lengua que habla su abuela europea es el acento con que la habla, y ese acento no es otra cosa que la dife­ rencia, el resto que queda de la relación entre el alemán – su lengua original – y el castellano de Buenos Aires – la lengua en la que vive desde fines de los años treinta y en la que morirá. Ese resto lo es todo. Es un resto indeseable, se dirá: el fruto de una experiencia traumática como el exilio. (Y así como aprende a pensar, a diver­ tirse y gozar con el acento de su abuela, no tarda, con el tiempo, en enterarse de que Europa, al mismo tiempo que la patria de los que perdieron su patria – su abuela, por ejemplo – , ha sido y es también la patria de los enemigos, de los verdugos del acento, la 172

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patria de los que expatrian a los que osan hablar con los acentos que agravian a la raza.) Y sin embargo, en él, no importa la gravedad que vayan cobrando, a medida que se familiariza con ellos, los hechos que obligaron a su abuela a escapar de Europa, empieza a formar­ se una certidumbre, casi una exigencia: la idea de que ese resto es precisamente lo que debe ser preservado, custodiado, cultivado; y no sólo como capital, como reliquia de una experiencia pasada, como tradición, sino también, y sobre todo, pensando en el porvenir, como protección, como talismán y como arma. El acento es el arma; la política a seguir, un cierto bilingüismo. Crece y vive siempre en la Argentina, un país que en la segunda mitad del siglo pasado entra a menudo en esos mælstroms de autoafirmación nacional, esos deli­ rios de integrismo que la Europa que expulsa a su abuela y los como su abuela ha conocido tan bien. Y cada vez que ve consolidarse esos discursos crispados que exaltan la patria, la identidad, los valores, las causas nacionales, cada vez que una cierta política de lo propio se emplaza, poniendo en marcha de manera instantánea sus má­ quinas de detectar, clasificar, excluir y suprimir todo lo que pueda contradecirla, él repite y se repite su divisa disidente – ¡Nunca una sola lengua! – y se aferra a otra (el francés y el inglés aprendidos en la escuela; el italiano, leyendo a Pavese y viendo películas; el portu­ gués, escuchando canciones), se aferra a lo impropio, a lo que no le pertenece ni a él, ni a su lengua, ni a su patria, como ha visto a su abuela aferrarse a su acento, un acento que probablemente no deseó ni buscó, que a menudo la perjudicó, identificándola como alguien “de afuera“, incluso como una intrusa, pero que terminó siendo la cifra misma de su condición subjetiva. Como muchos de sus compatriotas, él goza hoy de una do­ ble nacionalidad; tiene un pasaporte argentino y otro alemán. La mayoría de los argentinos reanudan relaciones con sus ancestros europeos por razones de necesidad, a veces de necesidad extrema, razones de vida o muerte como en 1976, bajo el terror de la dictadu­ ra militar de Videla, cuando el simple hecho de tener un pasaporte de un país extranjero marca la diferencia entre poder y no poder cruzar una frontera, entre la libertad y la cárcel, entre sobrevivir afuera y morir adentro. Él, por su parte, reacciona tarde. Tramita su pasaporte alemán cuando el país lleva unos años viviendo en democracia, no muchos, los suficientes, en todo caso, para que un ojo avezado detecte ya en el horizonte el despuntar de nuevas fuerzas centrífugas – esta vez económicas – y nuevas oleadas de emigrantes. Saca el pasaporte alemán menos por él, que ya es grande y no concibe vivir en otro país que el suyo, no importa lo poco que 173

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confíe en ese posesivo, que por su hija, jovencísima, con toda la vida por delante, como se dice, y como tal candidata ideal a ser lo que al país en el que le toca vivir más le gusta que sean sus habitantes: una víctima. Decide sacarlo, en realidad, para activar una suerte de herencia latente, para asegurarse el traspaso, la continuidad de algo que no es suyo sino que lo atraviesa, como también, en su momento, la atravesará seguramente a ella. En realidad, su inmunidad, su in­ munidad propia, él ya la tiene desde antes: es la Otra Lengua. Es la lengua Oiropa: la lengua en la que Europa, vía su abuela alemana, le trasmitió su lección. La lengua que de algún modo lo empuja a ha­ blar la suya, la propia, con acento, a desapropiársela y, por lo tanto, a no confundirse del todo con ella. La lengua que lo insta a escu­ char, a prestar atención a lo que resuena en ella, a hacerle un lugar a ese resto que resiste y que lo salva, en la medida en que le impide encarnar, le impide coincidir por completo con la identidad propia, ese “ser argentino“ que el poder militar exalta e impone por enton­ ces como única identidad posible, única idea de identidad posible. Más tarde, ya aprendiz de escritor, encuentra en el diario de un polaco – es decir: un europeo menor, marginal, de segunda catego­ ría, a tal punto que su diario no lo escribe ni siquiera en la remota Varsovia sino principalmente en Buenos Aires, Tandil, Necochea, Mar del Plata y otras ciudades más remotas todavía de la Argen­ tina, donde pasa un cuarto de siglo expatriado – encuentra allí, en ese diario, algo que parece parafrasear la lección de su abuela alemana – la lección del acento: lección brechtiana por excelencia – y se le presenta de inmediato como una suerte de lema, de causa, de misión: “Escribir“, dice el polaco, “para elaborar cierta distancia entre nosotros y la patria“. Porque hay en el acento, concentradas, todas esas potencias de conjuro que mantienen a raya, ironizan, entrecomillan, si no directamente socavan el valor, la idea, el ideal, tan compartido, después de todo, en el siglo XX, por dos países tan dispares como Alemania y Argentina, de la identidad exhaustiva: el intervalo, el casi, el no todo, el “jamás demasiado“ que ese mismo escritor polaco se daba como consigna a la hora de describir la posición que elegía ocupar ante cualquier interpelación molar: “ser artista“, “ser un pensador“, “ser polaco“, incluso “ser europeo“. Serlo, sí, decía Gombrowicz, pero sólo hasta cierto punto, no serlo jamás demasiado, “y hacer justamente de este «jamás demasiado» una fuerza igual a todas las fuerzas muy, muy intensas“. La pregunta, en su caso, es: ¿por qué nunca aprende alemán? ¿Por qué él, hijo y nieto de alemanes, alemán él mismo, como lo atestiguan las tapas rojas de su pasaporte, usa como lenguas­ 174

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antídoto el francés, el inglés, el italiano, lenguas de la escuela, la música pop, la literatura, pero se niega una y otra vez al alemán, le niega al alemán el rango siempre admirable de Otra Lengua? A decir verdad no se trata de una imposibilidad, ni de un desco­ nocimiento, ni siquiera de un desdén. Se trata, en efecto, de una resistencia. Se resiste al alemán (como otros se resisten al psicoa­ nálisis o al matrimonio). La primera vez lo aprende con su abuela. Todo está dado para que las cosas marchen sobre ruedas: él tiene la edad en que los idiomas extranjeros, se supone, entran y se abren camino y fecundan sin esfuerzo; adora a su abuela, que por su parte apuesta mucho a esa enseñanza, asumiendo un papel en la cadena de trasmisión que sabe que su propio hijo, alemán pero sobreadap­ tado a la Argentina y por lo tanto más local que los locales más locales, nunca aceptará jugar; y el libro que su abuela ha elegido para enseñarle la lengua, el libro así llamado “de texto“, el manual oficial de lengua alemana de esa escuela privada, es el mismo que le ha leído siempre por placer, para divertirlo y, quizá, para ate­ rrorizarlo un poco, Der Struwwelpeter, una antología ilustrada de fábulas alemanas de mediados del siglo XIX, suerte de vademecum humorístico­moral donde un elenco de niños más o menos revol­ tosos ponen a prueba ciertas reglas de higiene, comportamiento o urbanidad y terminan castigados por el fuego, la anorexia o la mutilación. Está todo dado, pues, y las clases empiezan y él apren­ de con rapidez y alegría, como si jugara, y su abuela celebra sus progresos, su entusiasmo, sobre todo su facilidad. Hasta que en algún momento él deja. Deserta. Sin explicación, sin preámbulos, sin la menor brusquedad: deserta con tanto tacto que su abuela ni siquiera alcanza a sorprenderse, ni a preguntarse por qué, qué ha sucedido, qué lo ha llevado a renunciar. Es como si la renuncia en verdad no hubiera tenido lugar, como si el aprendizaje se hubiera extinguido solo, milagrosamente, por una suerte de muerte natu­ ral. Las tentativas se repiten más tarde dos veces, ambas de nuevo con su abuela, ambas, una vez más, signadas por la misma lógica desconcertante: un principio más que prometedor, reflejos brillan­ tes, soltura, fluidez, buena pronunciación, y de golpe, pero de un golpe tan bien asestado, tan homeopático, que no se ve venir ni se lo siente, la deserción. Recién entiende algo de lo que sucede algunos años después, cuando se descubre en la misma situación de apren­ dizaje pero en un contexto institucional, defraudando de la mañana a la noche, sin aviso, a su profesora de alemán de la escuela secun­ daria, una mujer sonriente y algo atónita que hasta ese momento sólo parecía tocar el acordeón y atacar las canciones del repertorio 175

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y dictar las clases para él, para su don de lengua, su disposición, incluso, quizá, su estirpe. Entiende algo entonces, y vuelve a en­ tenderlo o lo refina un poco cuando, ya estudiante universitario, aprovecha que la enseñanza de lenguas romances es gratuita y se anota en el curso de alemán, y pasa el primer nivel casi sin estudiar, sólo con las secuelas de Der Struwwelpeter que aún sangran en su memoria, y cuando promedia el segundo nivel, siempre entusiasta, siempre con las mejores calificaciones, vuelve a renunciar. En­ tiende que deja el alemán siempre que la lengua pierde su espesor material, su opacidad, su condición de obstáculo a sortear, y se le vuelve fluida, líquida, natural. La naturalidad: es eso a lo que se resiste. Es una superstición, sin duda, y tiene la fuerza, el carácter imperativo y hasta la lógica irrebatible de todas las supersticiones: se resiste a la lengua alemana cada vez que se descubre capaz de aprenderla del todo, de formar una sola entidad con ella; deja el alemán cada vez que vislumbra que entre el alemán y él no quedará pronto resto alguno. La otra pregunta, que quizá sea la misma, es: ¿por qué tarda tanto en conocer Berlín? ¿Por qué ha viajado por el mundo y ha es­ tado en Europa a menudo y hasta ha visitado Munich y Frankfurt, pero sin embargo nunca ha puesto un pie en Berlín, la ciudad don­ de nació su padre, sin duda, pero también, y sobre todo, para él, la capital misma de Oiropa? (Su padre: una palabra sobre él. Nace en Berlín, pero setenta de sus setenta y seis años los vive en Bue­ nos Aires. Nunca adopta la nacionalidad argentina. Dice que si se nacionaliza tendrá que votar, y que si vota a los políticos argentinos tendrá que renunciar a su deporte favorito: maldecirlos.) Tal vez tarde en pisar Berlín porque espera algo, aunque no sabe bien qué. Y cuando lo sabe ya es demasiado tarde. Ya no puede arrepentir­ se; no puede reemplazar por otra una condición cuya radicalidad, cuya irreversibilidad recién ahora comprende. Viaja a Berlín desde Estados Unidos, donde trabaja un semestre como profesor visitante en la universidad, y aterriza en Tegel a fines de octubre, apenas una semana después de que su padre muere lejos, lejos de él, en todo caso, en Buenos Aires, víctima de un banquete de pan y manteca (el único vicio con el que su padre aceptó sustituir el póker y el chemin de fer) que su vesícula no está dispuesta a tolerar. Es una mañana de otoño perfecta, tan azul que enceguece, y él odia no saber alemán. Nunca ha odiado nada tanto. Contra lo que esperaba, no encuentra a su padre en Berlín. Tal vez todo sea demasiado reciente; tal vez incluso los espectros necesiten hacerse desear antes de mostrarse en público. A su abuela, en cambio, la 176

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ve varias veces. Sigue tan a la moda como cuando escandalizaba a sus vecinas del barrio de Colegiales, en Buenos Aires, a fines de los años cincuenta: tres pulóveres simultáneos, uno encima del otro; pantalones de lana anchos como polleras; zuecos con medias de lana. Empuja su viejo carrito de compras vacío y lleva de una correa a una perra que camina a su lado con pasos muy cortos, alzando cada tanto hacia ella unos ojos agradecidos. De regreso en Buenos Aires, donde acaba de publicar la pri­ mera de sus novelas huérfanas, un relato de frivolidad y obsesión política llamado Historia del pelo, va con un par de sus hermanos al departamento de su padre, en el que nadie ha entrado desde su muerte, en parte por pudor, en parte por consideración hacia él, que estaba varado trabajando en Estados Unidos. Ahora, para él, la idea de resto es algo más que una idea: una caja de madera muy fina, asombrosamente pesada, llena de cenizas pálidas, casi blancas. Por lo demás, salvo esos cuadernos escolares donde ha anotado hasta el último centavo que pasó por sus manos, su padre no ha dejado herencia material alguna. Sin embargo, cuando él entra al departamento, lo primero que ve – lo primero que le llama la atención una vez que logra hacer foco y verlo todo sin su padre – es un libro. Un libro pequeño, de colores muy vivos, que brilla como un chispazo de luz infantil en un estante de la biblioteca. En la portada, como una suerte de ícono anacrónico de su Historia del pelo, a la vez precursor y tardío, secreto y obvio, está Der Struwwel­ peter, el famoso Pedro el Melenas, según la traducción española, mirándolo a los ojos resignado, con su increíble pelo afro rubio, su rubor de niño travieso sin porvenir, su moño azul, sus ridículas calzas verdes y sus uñas largas, larguísimas como agujas. Un joven manos de tijera avant la lettre. Es la edición en miniatura del libro con el que su abuela intenta enseñarle alemán dos veces, las dos con la máxima dedicación, las dos con el mínimo éxito. O con el éxito más clamoroso, según se mire. Porque sólo gracias a ese fracaso el alemán es para él la verdadera Otra Lengua, la lengua que queda. El resto, pero no en el sentido de ruina o de reliquia: el resto como reserva, como promesa, como potencia de acento. Julio de 2010

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APéNDICE

Un Diccionario Incompleto del Futuro de Europa

Compilado con ocasión de Europa Costa Este por

Markus Miessen

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panafricana en 2028. (Kimberly Bradley) Alienación: Actualmente, la barrera principal para el crecimiento de la UE no son las diferencias políticas y económicas, sino sigue siendo la alienación espiritual entre el Este y el Oeste. Para superar esta alienación, es necesario estimular mayor número de proyectos conjuntos y menos mesas redondas. (Georg Flachbart) Alterotopía: Un espacio construido y comparti­ do con otros. (Annick Labeca) Amero: Una moneda hipotética – popular entre los teóricos de la conspiración – que se introduciría en la “Unión Norteamericana”, compuesta por Canadá, México y los Estados Unidos, en caso de que se consolidara dicha unión. El diseñador de monedas americano Daniel Carr (www.dc­coin.com) ha diseñado los medallones “Amero”. (Kimberly Bradley) Amerobasura: un término peyorativo para deno­ minar a los ciudadanos norteamericanos que se aprovechan de las condiciones económicas favorables en determinadas regiones (como Europa del Este) en las que el sistema capitalista está emergiendo o aún no existe. Las subespecies que pasan la mayor parte de su tiempo en esas regiones incluyen a) el empresario oportunista, b) el gandul del fondo fiduciario. (Kimberly Bradley) Amor: El amor como concepto político propuesto por Michael Hart genera vínculos afectivos además de aquellos “obligatorios” de la familia y el vecindario. Podría ser positivo pensar Europa no como un “Schicksalsge­ meinschaft”, “Contrapeso” o vecindario, sino como una fuerza productiva, amor por la diferencia. (Adriana Eysler) Anacronístico: Un artefacto político obsoleto. Del griego, “contra el tiempo”, significando incongruente con su contexto temporal. (Peter Ferreto)

Afro: Se propuso convertirla en la moneda


A

Anamórfico: Lo que parece distorsionado cuando se mira directamente y aparece en su verdadera forma cuando se mira desde un ángulo oblicuo, como si se estuviera mirando con el rabillo del ojo hacia la periferia, por ejemplo, el Este. (Tina di Carlo) Antaño: Variante pseudo­arcaica, de fingida antigüedad (Katie Herzog) Aorístico: Sin horizonte, una entidad cuya identidad se encuentra por definición más allá de sí misma. (Katherine Carl) Apenado: (1) Preocupado por lo que vendrá de “ahí fuera”. (2) Sintiéndose incapaz de dirigir las energías para estar a la altura de futuros cambios. (3) Perdiendo su manera de vivir, si alguna vez tuvo alguna. (4) Siendo agresivo con los demás. (5) Cargado con un euro fuerte para gastar allá donde sea barato pero después, sintiéndose culpable por la huella de carbono que genera. (Fabrizio Gallanti) Ascender: Escritura excelente y proyecto visionario tras 18 meses de esfuerzo continua­ do o 36 meses de esfuerzo parcial. (Eyal Weizman) Azar: Si se toma una extensión de tierra, se divide atendiendo a la propiedad, después se vuelve a ensamblar una vez se han desarrollado las culturas “nacionales”, es un método perfecto para la acumulación de personas al azar. (Andreas Angelidakis)

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territorio oriental de Palestina, se define por oposición al Banco Este, que está profunda­ mente implicado en las fantasías eurocéntricas. La inversión irónica del significado ofrece una lectura significativamente diferente del territorio orientalizado. (Carmella Jacoby Volk) Barracones: El barracón de Europa del Este ha sido invadido por especuladores. (April Lamn y Hans Ulrich Obrist) Belle de jour: Un ama de casa fiel y asentada se despierta repentinamente y decide dedicar sus tardes entre semana a ejercer la prostitución. (Ingrid Hora) Blablá: Blablá. (Mark Jarzombek) Bloque: Un bloque para el bloqueo al desarrollo del Tercer Mundo, obstáculo, barrera, impedimento, estorbo, freno, valla, escollo, desventaja, disuasión, ayuda antónima. (Peter Lang)

Banco Este: El Banco Oeste, que indica el


B

en la dirección de los cuerpos moviéndose alrededor de un perímetro generan un vector de aceleración (a) que es centrípeto (“buscando un centro”) pero incluso el centro de una trayectoria uniformemente cambiante (por ejemplo, un círculo) puede localizarse de forma precisa sólo cuando el cambio de velocidad en el tiempo se acerca a un límite hipotético igual a cero. (Dave Bailey).

Candidato: En la mecánica clásica, los cambios


C

Canibalismo: El proceso de crear una nueva cultura sintética mediante la absorción de los elementos positivos y la eliminación de los aspectos negativos de otras culturas existentes. (Nav Haq) Caro: No tan barato como solía ser, por lo menos para alguien de Nueva York. (Benjamin Aranda) Compartir: Ilusiones compartidas y decepcio­ nes compartidas. (Stefano Rabolli) Complicado: *U, *C, *EC, U*FA, T*N, *CSC, *AEC, *DC, *PC, W*U, *P, *CB; (*los muchos sabores de las organizaciones europeas cosechados en un sondeo de entradas sobre la UE en la Wikipedia). (Bryan Boyer) Conciencia: En un momento de transformación, diversificación y multiplicaciones, Europa podía beneficiarse de una actitud de escucha. Reforzaría sus puntos fuertes y la conciencia tanto de su pasado como de las potencialidades del futuro. (Francesca Recchia) Corriente del Golfo: Antes de su inaceptable extinción a causa de los fenómenos de calentamiento global, el efecto de circulación termohalina natural de la corriente del Golfo, responsable hasta la actualidad del clima extraordinariamente suave de Europa (refrescante durante el verano, cálido durante el invierno), se va a convertir en un modelo para un nuevo aire acondicionado artificial desterritorializado: atmósferas inconstantes, no homogéneas, inestables, indeterminadas, meteorología interna fluctuante, corrientes de convección inhabitables, corriente del Golfo digerible. (Philippe Rahm) Criollización: En Europa, es urgente que se lea más a Edouard Glissant. (Hans Ulrich Obrist)

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la actualidad, exactamente de la misma manera que el desencanto – y aún así, si bien domina toda la vida de la sociedad europea, también marca nuestro deseo incesante de estructurar nuestras vidas y las de los que nos rodean de otra manera. (Aaron Levy) Des-desarrollo: Aunque se ha debatido considerablemente durante las últimas dos décadas sobre los procesos de nuevo desarrollo económico en las naciones del bloque post­soviético de Europa del Este que ahora son Estados­miembro de la UE (lo que incluye la antigua Alemania del Este, una configura­ ción territorial y social única), sigue abierta una cuestión en relación con las dinámicas generales de las economías globalizadas, el comercio y los flujos de trabajo: ¿cuáles son las consecuencias potenciales si el des­desarrollo emergiera como un estado, el síntoma potencial de lentitud económica regional o localizada, de la recesión, los mercados en contracción, la desaparición del capital, la pésima velocidad de progreso, o aún peor? (Joshua Decter) Definición: Una definición esconde otra. (Hans Ulrich Obrist) Desnacionalicioso: Una degustación de cultura evolucionista, con placer (una euforia constructiva). (Michael H. Shamberg) Desorientalismo: Un estado europeo de confusión sobre cómo tratar con lo que antaño fue Oriente desde fuera y ahora es el Oriente desde dentro. (Makram El Kadi) Desunificación: Disolución continua de un conjunto de partes que deberían estar unificadas en una comunidad. (Michael Hirsch) Diúltaigh (pr. Dul-tai): La palabra irlandesa para rechazar, negar, rehusar, desestimar, desechar. (Wayne Daly)

Descontento: El “descontento” está de moda en


D

tradicional que contrapone la ecología a la economía como el bien contra el mal, sustituyendo las iniciativas medioambientales con sobreprecio así como los modelos empresariales basados en el agotamiento de los recursos naturales por un nuevo ecosistema doble que es sostenible tanto económica como ecológicamente. (Bjarke Ingels). Elástico: Capaz de ensanchar sus fronteras sin por ello romperse (Genevieve Maitland Hudson) Encogimiento: Al mismo tiempo que la UE se expande, se encoge en regiones y localidades. (Marjetica Potrc) Epideíctico (Aristóteles): Del griego “preparado para su exhibición”: retórica que implica el encomio (conmemorativo y ceremonial) o el vituperio (vergonzante y deshonroso). (Max Andrews) Erudición: Europa, al contrario que otras culturas que se basan en la producción y consumo de información, es erudita, gracias a la adquisición de conocimiento y experiencia. (Mi You) Estado del Bienestar: Alternativa al Estado neoliberal post­democrático, heredera de la rica historia de las instituciones públicas europeas y de los nuevos puntos de vista en el pensamiento y las prácticas políticas. (Roemer van Toorn) Estancado: Ausencia de contribución respecto a la política internacional. (Rami Farook) Estancamiento: Proceso por el que una ciudad anteriormente tranquila y a menudo adoquinada se inunda de solteros y/o solteras borrachos. (Xerxes Cook) Estética económica: La economía de la futura Europa se basará más en la estética que en el progreso tecnológico, por tanto, la estética económica acepta las disciplinas estéticas como la ciencia fundamental del siglo XXI e implementa el pensamiento y las prácticas estéticas en la economía. (Martin Tröndle)

Ecolomía: Una fusión entre la dicotomía


E

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te de la Europa Central y del Este; la conexión histórica entre Europa y el Este/Sureste/ Lejano Este; un paisaje que podría servir como un nuevo vínculo para la mejor comprensión entre culturas. (Michael Höpfner) Eu-heteroglosia: El potencial de cultivar un tapiz fructífero y abierto de diálogo, intercambio, comprensión y empatía entre una cornucopia de diferentes lenguas, culturas y maneras de vivir. (Justin Frewen) Euro 88,88: Precio del petróleo en Europa, Berlín +2.74, hora europea 17:59:00, fecha 23.06.2008, inicio 87,09, ayer 86,51, precio mínimo 86, 38, precio máximo 89,15, 52 semanas por debajo de 43, 22 y 52 semanas por encima de 89,65. [Johannes Fricke Waldthau­ sen] Euromultitud: El conglomerado actual de euroestados individuales solipsistas. (Maria Theodorou) E.U.R.O.P .A.: Tan sólo porque mi cabeza es optimista. (Oliver Godow) EU-rope: (1) Una cuerda gruesa y resistente; (2) Un lazo. (Kestukis Kuizinas) Europa: ¿Por qué no? (Charlie Koolhaas y Shumon Bassar). Europa está delirando: Referente a su intento de que el encuentro entre el Este y el Oeste no suponga fricciones ni problemas. (Adina Popescu) Europa está incompleta: No puede reducirse nunca a una única palabra. (Karolina Dankow) Europa infinita: 1. La clase europea; 2. La clase (en la nueva teoría marxista) que, por oposición al proletariado o la clase asalariada, se siente especialmente concernida por la elegancia y la decadencia. (Jan Nauta) Euroesquizofrénico: La mayoría de las personas que votaron “No” a la entrada de Turquía, se considerarían pro­europeos. (Cyrille Berger) Eurobasura: Indica una Union Europea de burocracia problemática, comisiones, tratados y demasiada conversación UE sin contenido alguno. (George Katodrytis)

Estepa: Una característica geográfica importan­

Eurobasura: Térrmino peyorativo usado

principalmente por norteamericanos para designar a europeos ricos (o que lo parecen) e independientes que consumen y beben. Estos especímenes giran por el “circuito de lujo” (hoteles y discotecas urbanos de moda, balnearios exclusivos, estaciones de esquí en los Alpes) durante todo el año, y parece que nunca tengan que trabajar*. La subespecie mediterránea común parece estar desapare­ ciendo lentamente, pero una nueva generación procedente de Rusia y de otros países de Europa del Este está elevando la estética de la eurobasura a nuevas alturas, quizás como reacción a décadas de privación consumista en sistemas políticos restrictivos. La eurobasura se puede identificar por su equipaje lleno de marcas, excesivas joyas de oro y diamantes, pelo decolorado y automóviles rápidos y caros. (*Alguna eurobasura procede de dinero antiguo. Pero si un miembro de la eurobasura trabaja, dicho trabajo es de naturaleza incierta, quizás dudosa, o ilegal). (Kimberly Bradley) Estambul: La nueva Nueva York. (Ayzit Bostan)

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asentado y aburrido. Un sentimiento ignorante de las naciones que están más allá de sus países vecinos. (Mathieu Wellner) Faulancer: Una simbiosis de la palabra inglesa “freelancer” (autónomo) y la palabra alemana “Faulanzer” (gandul). (Jana Allerding) Forma: (1) En todas sus acepciones. (Rafael Horzon) Forma: (2) El lado necesario de las líneas fronterizas. (Pier Vittorio Aureli) Frágil oportunidad: Como Jacques Le Goff me dijo en una entrevista en 2002, “Europa es una entidad a nivel geográfico, económico, político y cultural, pero desgraciadamente está inacabada y, además, es muy frágil”. Lo veo como si fuera un estado intermedio que ofrece muchas oportunidades, en particular desde que Europa se ha abierto a países que, obviamente, formaban parte de ella pero que no lo hacían de forma oficial. (Jacques Le Goff y Hans Ulrich Obrist) Frengistan (Tierra de los francos): Antiguo término turco para designar Europa en los tiempos de las cruzadas. (Vanessa Joan Müller)

Falta de curiosidad: Un comportamiento


F

de los otros, sin que afecte el lugar donde estés físicamente. Tu preferencia te la han asignado por omisión cuando apareciste, por tanto, puedes reivindicar tus derechos como una herencia incluso aún cuando seas la última persona de la Tierra. (Yu Daigaku) Hijo Pródigo Redux: En la Biblia, un personaje que ha gastado su herencia de modo irrespon­ sable pero que volvió a casa arrepintiéndose y al que su familia ha dado la bienvenida con alegría (Markus Miessen) Huracán: Un huracán es un huracán es un huracán. (Hans Ulrich Obrist)

Herencia nacional: Mantenerse independiente


H

Guiño veraniego: Un rayo de sol en un día de Grupo de Futuro Europeo: Un grupo de


G

mal tiempo general. (Gianni Jetzer)

empresas de desarrollo inmobiliario estructu­ radas para beneficiarse de las oportunidades que, en determinados países de la Europa Central del Este, se han creado por su ingreso en la UE. (Ralf Plugfelder)

voluntariamente de cualquier identificación simbólica mediante imágenes y no puede haber una representación artística de Europa porque no hay nada poético en ella. (Nicola Setari) Igualdad de género: 250 millones de mujeres en la UE, más mujeres al frente (liderazgo). (Kate Merkle) Inanición: En Europa nadie pasa hambre. (Ingo Niermann) Ina(ll)quillitud: La condición de estar/ simultáneamente/a(ll)quí/y/no a(ll)quí cuando se describe una forma de presencia en una/simultaneidad­y/continuidad. (Patricia Reed)

Iconoclasta: La UE es iconoclasta, carece


I

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significantes a los que tiene que hacer frente el futuro constitucional de la UE, espero que la UE lo aguante porque es “inevitable”. (Shumon Basar) Infravalorado: Europa está infravalorada como concepto y su potencial está ensombrecido por el escepticismo y la falta de confianza y de ambición. (Jörg Koch) Ingrid: Cuando alguien me pregunta de dónde soy, le explico con mi acento alemán que nací y me crié en Italia, tengo una abuela alemana, un abuelo checo, una madre del Sur de Italia y un nombre sueco: Ingrid. (Ingrid Hora) Inteligencia artificial (IA): Una coraza buscando a su fantasma. (Charles Arsene­Henry)

Inevitable: A pesar de los muchos traspiés

Manifiesto comunista: Un espectro está


M

ideología y apariencia de otro. (Carson Chan)

Juego de rol: Asumir las características,


J

Lavavajillas: Garantía alemana, diseño italiano,


L

construido en la antigua Europa del Este. (Ingrid Hora) Línea caliente Havel: un servicio totalmente urgente para resistir en el futuro en la Europa Barack. (April Lamm y Hans Ulrich Obrist)

por fronteras, unidos por la geografía. (Vanessa Norwood) Masindividualización: Todo lo peligroso que suena, todo lo seriamente que intentamos encontrar soluciones para ello. (Bless: Ines Kaag y Desirée Heiss) Miedo: No sólo Estados Unidos ha usado el “miedo” como una herramienta para introdu­ cir una legislatura social discriminante, sino que la UE ha sido su cómplice en silencio. Si continúan las tendencias políticas anti­inmi­ gración, como la de E.E.U.U., se convertirá en la mayor comunidad cerrada. (Teddy Cruz) Mito: Una constelación de espacios y significa­ dos ocultos, una Europa que tiene la intención de enseñar lecciones sutiles y reintroducir la ficción. (Zahra Ali Baba) Modernidad envejecida: El territorio europeo se propuso controlar el rápido crecimiento demográfico acaecido en la era moderna a causa de su éxito socio­sanitario. La evolución del proceso moderno ha alcanzado ahora un estado de equilibrio demográfico que colapsa­ ría sin la migración de otras poblaciones desde otras áreas geográficas del mundo. La modernidad ha generado una sociedad envejecida que pone en juego el Estado social europeo: ¿Quién pagará nuestras pensiones? Se está implementando en la actualidad un nuevo programa moderno. Un programa que rediseña nuestras ciudades para que sostengan a nuestra población de mayor edad evitando sus caídas: la mayor causa de incapacidad y coste socioeco­ nómico de una modernidad envejecida. (Antonio Scarponi) Mutlu: En turco, “alegre”. (Jürgen Mayer H.)

Masa: Un conjunto de extranjeros separados

recorriendo Europa. (Charles Arsene­Henry)

Oeste: El Este es el nuevo Oeste. (Eva Munz)


O

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(Mauricio Guillen) Partir (2): Dividir, separar, hender. (Mauricio Guillen) Pausa de verano: “Si el enemigo se concentra, pierde terreno, si se dispersa, pierde fuerza” Pero desgraciadamente durante esta pausa de verano, Europa aún no sabe lo que quiere. Desgraciadamente Europa aún tiene la actitud decimonónica que Merz describe en su frase. [Beatrix Ruf] Paz: Desde el final de la II Guerra Mundial, la paz reina en la UE – y la ex­Yugoslavia está de nuevo pacificada. (Susanne Schuricht) Perdido: Aún no ha encontrado lo que está buscando. (Sunny Rahbar) Pescatariano: Un vegetariano que come pescado. (Jordan Wolfson) Piedra lunar: el amuleto contra las especulacio­ nes de la ciudad fantasma [April Lamm] Preocupado: Desde los preocupados hasta los desasosegados, un grupo de personas que se preocupan por el bienestar colectivo, lo que incluye el comercio, la cultura, la política, las cuestiones medioambientales, los conflictos, la justicia. (Cyril Veillon) Primitivo: El vino tinto favorito de California, el “Zinfandel”, que durante mucho tiempo se ha considerado como una uva originaria de América, es de hecho idéntico al “Crljenak Kaštelanski” y el “Primitivo” de Italia. [Cornelius Quabeck] Proceso: Algo en proceso, una “acción encaminada a algo”, que reune elementos heterogéneos, juntándolos y dándoles un espacio­tiempo de trabajo común. Aún así, el proceso no limita nunca, de forma definitiva, lo que se tiene que producir. (Camille Louis)

Partir(1): Irse, abandonar, dejar atrás.


P

RAM:(Origen: ant. 1000; ME; OE hréam, hrǣw; c. D raum): Reconstituido Ambiguo Mundo. REDITRA: Responsabilidad – Diversidad ­ Remapear: Problematizar Europa en un sentido


R

[Adekunle Adeyemi]

Transparencia. [Bettina Pousttchi]

foucaultiano – cuestionar constantemente el estatus de Europa en cualquier momento. (Ute Meta Bauer) Respaldo: El respaldo no ofrece una solución sino la posibilidad de que ocurran varias; es un trabajo de articulación y produce formas de imaginación política. (Celine Condorelli) Rosa: Desesperación, no romance, cuando Siena se llena de polvo y el vendedor solitario de Bangladesh se pone en pie para vender a los turistas que están a punto de coger el último autobús. (Naeem Mohaiemen)

Saciedad: La rápida expansión de la UE ha


S

producido un incremento sin precedentes del conocimiento colectivo a medida que la riqueza, las ideas, la cultura y la información traspasaban las fronteras, pero una vez completado este proceso, la última bocanada de modernidad, el hambre de novedad que la impulsaba, está saciada; y ¿ahora qué? (Kazys Varnelis) Schengennoia: Schengen, la xenofobia, la paranoia institucionalizada… quien está dentro y quien está fuera, la clasificación y el ranking de nacionalidades. (Nina Möntmann) Sí: Europa siempre dice sí. ¿Cuál será la frontera final de Europa? (Karen Crequer) Sobredesarrollo: (1) Un proceso de desarrollo cuantitativo y acumulativo que sobrepasa el momento en el que debería haber sucedido una transformación cualitativa hacia un nuevo modo de producción. (2) Descripción de Europa a principios del siglo XXI. (McKenzie Wark) Sueño: ¡El poder para el pueblo! (Matthias Neidhardt)

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conocimientos dando y recibiendo. (Alexander Bettler) Tigre de papel: En un mundo de crecientes luchas de poder entre los osos rusos, los dragones chinos, los tigres asiáticos y los halcones norteamericanos, Europa representa la bestia amistosa, hecha de papel e inofensiva en última instancia. (Nicolaus Hirsch)

Taller: Un lugar para aprender e intercambiar


T

Y: y­y, y…y, y Y (Magnus Nilsson)


Y

más junto a la palabra “siglo” y que, para el año 2020, habrá remplazado a “XXI” como descriptor del período al que pertenecemos. (Roger Conover)

zizekiano: Un adjetivo que aparecerá cada vez


Z

será superar su actual ineptitud para adminis­ trar y cultivar su diversidad mediante un cuerpo exhaustivo de normativas y regulacio­ nes homogéneas. (Michael Shamiyeh) varios: “Varios enemigos rodean el reino rural”, John Dryden. (Louisa Durose) vectoral: Una línea de longitud fija pero sin posición fija. Denota un tipo de poder basado no en la tierra ni en la maquinaria sino en las líneas de comunicación. Forma emergente de poder de la clase gobernante en el mundo sobredesarrollado. (McKenzie Wark)

variopinto: El gran reto del futuro de Europa


V

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Biografías

M O N TA Ñ A I S L A G L A C I A R

Carlos Fernández-Pello (Madrid, 1985) es diseñador de crítica sensible. Su trabajo articula reflexiones en torno a la emancipación, el anarquismo epistemológico, la investigación en arte y la iniciación hermética. Es máster en Arte, Creación e Investigación por la Universidad Complutense de Madrid y desde el 2010 es miembro FPI del I+D “Imágenes del arte y reescritura de las narrativas en la cultura visual global” adscrito a la UCM. Es también cofundador y miembro activo de Proyecto Rampa, un espacio de producción independiente situado en Madrid y es director de Prisma, un programa de estudio independiente (ISP) en ciencias de la ficción. Como artista su obra se ha expuesto recientemente en la Casa Encendida, la Sala Avenida de América o la fundación Het Wilde Weten en Rotterdam. http://fdez-pello.net http://prisma.proyectorampa.net Javier Fresneda ( Segovia, 1982) es investigador y productor cultural. Máster en Arte contemporáneo por la UEM – Universidad Europea de Madrid, doctorando por la UCM e investigador asociado a la UADY (Universidad Autónoma de Yucatán-México). Su desarrollo investigador y productor vincula modelos de negociación simbólica, adaptaciones metodológicas o el desarrollo de prototipos generados mediante grupos de trabajo. Recientemente, sus proyectos han podido verse en Matadero Madrid (La Gesta Imposible), AKV St. Joost (Holanda), o la VBienal VentoSul (Brasil). http://www.javierfresneda.com Eduardo Hurtado (Valladolid, 1986) es artista, comisario independiente e investigador. Es Licenciado en Bellas Artes y posgraduado en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco. Interesado por el trabajo etnográfico, el coleccionismo y las narrativas de la categorización, vincula su trabajo a un compromiso con la forma y la acción. Ha participado en proyectos colectivos en el Instituto Cervantes de Berlín, Galería Windsor o Sala Amárika y presentado su trabajo de forma individual dentro del programa NEXT y en Arteko (San Sebastián) y en la Galería Nuble de Santander. Desde 2008 coordina la actividad expositiva de Espacio Abisal y ha recibido la beca de investigación del Centro Cultural Montehermoso y la beca Fundación Santander 2016. Fue premio Inéditos en 2010 y entre sus proyectos destacan Super-Pop, el ciclo expositivo “Breve” o Todo cuanto hicimos fue insuficiente. Escribe con asiduidad análisis cultural y textos de catálogo para otros artistas. Actualmente trabaja en su tesis

doctoral, centrada en el análisis de las masculinidades en el discurso moderno a través del deporte. http://eduardohurtado.com/

Regina de Miguel (Málaga, 1977) es artista y productora cultural. Desarrolla su trabajo en torno a conexiones entre situaciones de análisis y percepción científica en cuanto conocimiento objetivo (escalas de verosimilitud), aprendizaje no experiencial derivado del imaginario tecnológico (extrañamiento y proyección) y grados de formación de consciencia ideal y crítica (nuevas formas de orientación). Parte de su producción ha abordado fundamentalmente las estrategias de las formaciones de deseo, crisis de sentido subjetivo, y su visualización como paisaje psicosocial en forma de cartografías. En el mismo sentido también analiza la transferencia especulativa en los instrumentos de aprendizaje científicos y culturales. Colabora periódicamente con el grupo de trabajo A user´s guide (http://ausersguide.tumblr.com/), un proyecto dedicado al backstage del arte y la producción cultural. Su trabajo ha sido mostrado en instituciones como Artium, La Panera, Musac, La casa Encendida y se encuentra en las colecciones del Museo Vasco de Arte contemporáneo (Artium), Fundación Arco, ABC, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. http://reginademiguel.net Antonio R. Montesinos (Ronda, 1979) trabaja experimentando, provocando y registrando -por medio de diferentes formas de cartografía- la manera en la que nuestra experiencia cotidiana se desarrolla en diferentes espacios reales, virtuales y de ficción. Ha cursado estudios en Sevilla, Munich,Valencia y Barcelona. Realizó el “Master de aplicaciones multimedia para Internet” en la EUTI (Valencia) y el “Master de Artes Digitales” en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). Ha trabajado y expuesto en contextos como: La Centrale électrique (Bruselas), Centro EX-TERESA (México), La Casa Encenda (Madrid), I+CAS (Sevilla), Residencia de Estudiantes (Madrid), Hangar (Barcelona), CAAC (Sevilla), Centro de Arte Santa Mónica (Barcelona), CACMA(Málaga), espacio CAMON (Madrid), C arte C (Madrid) o EACC (Castellón). Aparte de su producción individual es miembro fundador del colectivo D_forma y miembro coordinador del espacio de producción independiente Rampa. Forma parte también de procesos colaborativos como El deseo de andar y trabaja como docente en el Istituto Europeo di Design. http://www.armontesinos.net/

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BIOGRAFÍAS

Lorenzo Sandoval (Madrid, 1980) es productor cultural e investigador independiente sobre procesos colectivos y estructuras auto-gestionadas, desde la curadoría y la creación artística. Sus áreas de interés pasan por la microhistoria, las formas arquitectónicas utópicas contemporáneas, el análisis de las tecnologías de representación y las coreografías resultantes de los movimientos dirigidos por el urbanismo y el diseño del territorio. Es licenciado en BBAA por la UPV y Master en Fotografía, Arte y Técnica, con una beca del propio programa en la misma universidad. Ha realizado residencias internacionales en Berlín (GlougauAIR), en Vila Nova de Portugal (por la Universidade do Porto) y en Nairobi (Kuona Trust Studio); Ha sido encargado de producción en el EACC y asistente en la Maribel López Gallery. Es miembro de LaTejedoraCCEC, BarraDiagonal y Piso, junto a los que inició Altes Finanzamt. En este espacio comisaría el programa de exposiciones y co-coordina el grupo de trabajo A User´s Guide. Como comisario, ha preparado el proyecto Visualizing Transnationalism dentro del marco del Transeuropa Festival y Alrededor es imposible en La Casa Encendida. Además, prepara (…) Ciencia, territorio y narrativas subjetivas para el premio de comisariado de Can Felipa http://cargocollective.com/lorenzosandoval

y productor independiente, colabora con el equipo de contenidos de UNIA arte y pensamiento y ha sido director cultural de la candidatura de donostia/san sebatian, elegida Capital Europea de la Cultura 2016

Juan Freire (La Coruña, 1966). Biólogo, profesor universitario y emprendedor. Mi actividad profesional se centra en la investigación, consultoría, y diseño, implementación y gestión de proyectos sobre: estrategia y gestión de la innovación en organizaciones; gestión ambiental, urbana y territorial; gestión y producción cultural; cultura digital; y educación. http://www.juanfreire.net Emanuele Guidi (1978, Carrara) es un comisario independiente italiano con base en Berlín. Entre sus últimos proyectos y exposiciones: Rehearsing Collectivity – Choreography Beyond Dance (Tanzfabrik, Berlin, 2011), Prediction (Biennale di Carrara, 2010), Chosil Kil - The Impressed (E. Astuni gallery, Tuscany, 2010), Collective Body (Vienna, 2010). En 2008 editó Urban Makers – Parallel Narratives of Grassroots Practices and Tensions (b_books, Berlin). En 2010 y 2011 ha comisariado el programa de Festival Transeuropa. Guidi escribe habitualmente para catálogos de exposiciones y revistas de arte. John Holten (1984, Irlanda) ha sido coeditor de You Are Here, un libro que investiga sobre nuevas formas de creación y práctica en la Europa contemporánea, que ganó el Premio Europeo Charlemagne en 2010. Su primer novela, The Readymades, se publica en septiembre de 2010. http://www.johnholten.com Roberto Meira (1955, Medellín) es geólogo y profesor adjunto de Departamento de Ingeniería Geológica en la UN de Medellín, Colombia. Profesor Asistente en el Departamento de Ingeniería Geológica II de la UN Medellín (Colombia), entre 1999-2003 fue profesor asociado al Departamento de Geociencias de la Universidad de Princeton (USA). Co-editor del Arizona Geological Society Digest (1995-1998) actualmente es co-editor del Geología Colombiana Digest. Markus Miessen (Bonn, 1978) es arquitecto y escritor. En diferentes colaboraciones, Miessen ha publicado, entre otros títulos: Waking Up From the Nightmare of Participation (Expodium, 2011), The Nightmare of Participation (Sternberg Press, 2010), Institution Building: Artists,

Pavla Ascher (Eslovenia, 1979) es dramaturga y profesora de estudios culturales en el Theater Spielschool de Johannesburgo. Su trabajo acádemico reciente indaga en la calidad paratáctica del montaje teatral y en el documento como revisión de la notación insignificante en R. Barthes. Sus obras transitan siempre entre las paradojas de la traducción y la contingencia de lo no normado. Tanto su obra teatral “Zmoznost Izdelava Sprememba” como su reciente documental sobre Werner Herzog “Augmenting Fiction”, versan sobre la traducción sensible de experiencias personales al lenguaje performático como única forma posible de rehabitar la realidad perdida en la fenomenología de su propia memoria. Sus obras se han representado en el Petjakobsko Theatre de Maribor, en la IADAS (Independent Academy of Dramatic Arts of SouthÁfrica) en Pretoria y en el Independent Film Trieste. Santi Eraso (Donosti, 1953).Vive en sevilla. Licenciado en filosofía y letras. Entre 1986 y 2006 fue director de Arteleku (centro de arte y cultura contemporánea en donosti/san sebo). En la actualidad ejerce como investigador

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Curators, Architects in the Struggle for Institutional Space (Sternberg Press, 2009), East Coast Europe (Sternberg Press, 2008), The Violence of Participation (Sternberg Press, 2007), With/Without: Spatial Products, Practices, and Politics in the Middle East (Bidoun, 2007), Did Someone Say Participate? (MIT Press, 2006), and Spaces of Uncertainty (Müller+Busmann, 2002). Su trabajo se ha publicado y exhibido ampliamente, incluyendo las Bienales de Lyon,Venecia, Performa (NY), Manifesta (Murcia), Gwangju, y Shenzhen Biennials. En 2008, fundó el Winter School Middle East (Dubai & Kuwait). Ha impartido docencia como professor invitado en la Architectural Association, London (2004–08), el Berlage Institute, Rotterdam (2009–10), Hochschule für Gestaltung, Karlsruhe (201012), Haute Ecole d’Art et de Design, Geneva (2010-12), y en 2011 lanzó una nueva material denominada P´ractica Espacial Crítica en Städelschule en Frankfurt.

desarrollado, a lo largo de su trayectoria profesional, un trabajo de investigación alrededor del pensamiento y las prácticas artísticas feministas, así como también una labor de análisis crítico sobre la propiedad intelectual en el ámbito de las nuevas tecnologías.

La Fundació Antoni Tàpies fue creada en 1984 por el artista Antoni Tàpies para promover el estudio y el conocimiento del arte moderno y contemporáneo. http://ww.fundaciotapies.org Nicolas Malevé (Bruselas, 1969). Actualmente vive en Barcelona (España). Nicolas, miembro del colectivo Constant, es un artista, programador de software libre y data activist. Su investigación actual se concentra en la cartografia y estrategias para visualizar la estructura de la información y los metadata. Constant es una organización sin ánimo de lucro con base en Bruselas. Constant explora desde una perspectiva crítica los ámbitos de intersección entre las nuevas tecnologías y la práctica artística, a partir de la organización de proyectos expositivos, conferencias y publicaciones. http://www.constantvzw.org

http://studiomiessen.com http://criticalspatialpractice.org http://winterschoolmiddleeast.org http://noffice.eu Alan Pauls (Buenos Aires en 1959). Es escritor, periodista, guionista y crítico de cine. Ha sido profesor de Teoría Literaria en la Universidad de Buenos Aires y visiting professor en Princeton University. Actualmente integra el consejo de dirección de la revista Otra parte, presenta el ciclo de cine independiente Primer Plano en la señal de cable I-Sat y es columnista del diario brasileño Folha de Sâo Paulo. Es autor de las novelas El pudor del pornógrafo, El coloquio, Wasabi, El pasado (premio Herralde 2003), Historia del llanto e Historia del pelo, y de los ensayos Manuel Puig: sobre La traición de Rita Hayworth, La infancia de la risa, El factor Borges y La vida descalzo. Sus libros han sido traducidos a más de doce lenguas. Maria Ptqk (Bilbao, 1976) es blogger e investigadora cultural. Es o ha sido productora independiente, asesora en políticas culturales, colaboradora de medios de comunicación y curadora de programaciones culturales, entre otros. Su último proyecto es “Soft Power”, un programa de actividades artísticas y educativas sobre biotecnología y ciencias de la vida. http://ptqkblogzine.blogspot.com Laurence Rassel (Messancy, 1967). Directora de la Fundació Antoni Tàpies, Barcelona. De 1997 a 2008, fue miembro del equipo de Constant. Laurence Rassel ha

Urszula Wozniak (Szczecin, 1984) se crió en Hesse y actualmente reside en Berlín. Realizó sus estudios en Marburg, Copenhagen y en Berlín, se licenció en Etnología Europea en la Humboldt University en 2011. Trabaja simultáneamente como investigadora y como productora cultural, en torno a temas como el desarrollo urbano, las políticas de la diversidad y las migraciones. Utiliza diferentes idiomas en su práctica laboral.

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