Reseña histórica crítica de la fiesta taurina1 A propósito del “intento de declararla patrimonio cultural” Quito, 14 de Octubre de 2008

A diferencia de otras manifestaciones culturales de gran arraigo y amplia convocatoria social en el Ecuador, la corrida de toros se va convirtiendo en una expresión altamente polémica, tanto por el ritual de sacrificio que incluye, como por su afinidad con la herencia hispánica colonial, reivindicada a lo largo de la historia por los sectores más conservadores de la sociedad ecuatoriana. Pese a que los defensores de la tradición taurina han desarrollado un elaborado imaginario para justificar la existencia y perpetuación de este espectáculo en el país, la investigación histórica demuestra que la fiesta de toros no tuvo la continuidad en el tiempo que se le atribuye y tampoco estuvo libre en el pasado de críticas semejantes a las que suscita en el presente. La corrida de toros fue impuesta, auspiciada y difundida por el régimen colonial y formó parte desde un principio de las festividades públicas celebradas en las ciudades. Tanto las conmemoraciones religiosas como las laicas incluyeron con frecuencia esta práctica que, según el Católico rey de España, era útil para que sus súbditos se entrenaran en ejercicios de riesgo y, de esa manera, se hicieran “valientes” y “osados” para las actividades militares. De hecho, se toreaba a caballo, usando el rejoneo. Pero también se difundió la práctica de la “lidia”, que consistía en asediar a la víctima con artefactos punzantes lanzados por multitudes que participaban a pié. Aunque con el tiempo las corridas se convirtieron en espacios populares de diversión, que permitían muchas veces romper las formalidades cotidianas y hasta burlar las brechas sociales, nunca dejaron de estar al servicio de la “gobernabilidad” colonial. Fueron los cabildos de las ciudades los encargados de su organización y para ello jamás se escatimaron los fondos públicos. Los réditos políticos que el gobierno local obtenía gracias a los espectáculos compensaban el permanente déficit de las cajas municipales coloniales, siempre más orientadas a financiar el “circo” que las obras públicas. No todos los sectores compartieron el mismo entusiasmo por las fiestas taurinas. A fin de evitar la mezcla entre lo sagrado y lo profano y de alentar formas de devoción más personales y menos dependientes de prácticas externas, la Iglesia del siglo XVI en varias ocasiones combatió decididamente las corridas de toros, hasta que en 1567 el Papa Pío V decretó su prohibición total con la finalidad de que los creyentes no las usaran a manera de votos. Aunque la presión popular obligó más tarde a Gregorio XIII a reestablecerlas, se logró por lo menos que no se superpusieran con el calendario religioso. Los ecos de esta disputa se sentían todavía en la Audiencia de Quito dos siglos más tarde. En 1734 la Iglesia ordenó suspender las corridas de toros programadas por los cabildos de las ciudades serranas no sólo porque estimulaban el desenfreno, la embriaguez y la muerte de los “lidiadores”, sino porque aún estaban frescas las mortales secuelas de las epidemias de viruela, alfombrilla y escorbuto que habían asolado a la población y que, en opinión de los religiosos, debían ser conjuradas mediante la penitencia pública. Pese a que el propio presidente de la Audiencia respaldó la disposición, amenazando con multas a quienes la incumplieran, los cabildos insistieron en la realización de las corridas bajo el argumento de que era imposible gobernar sin ellas. Las autoridades de la ciudad de Cuenca, por ejemplo, no solo manifestaron que estaban obligadas a observar las fiestas de toros “para que con el gusto y regocijo común se sobrelleven los cuidados de la vida humana y los pueblos vivan en público contentamiento”, sino que se pronunciaron por no separar lo sagrado de lo profano. “Las devociones espirituales
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Una versión anterior de este artículo fue publicado en la revista El Bhúo

claramente promovida por los sectores oligárquicos conservadores. La reintroducción de la fiesta de toros bajo la nueva versión del “toreo” protagonizado por “toreros” importados. que se establece de manera oficial en el Ecuador el 12 de octubre de 1930 con la inauguración de la plaza “Arenas de Quito”. esta antigua festividad. Si “España viene a nosotros –señalaba otro artículo de El Comercio. Sobran. de manera obstinada. es sólo a partir de 1930. por lo tanto. No fue una coincidencia.000 escolares entonando el inédito Himno a la Raza. La colonia española y algunos sectores de la Iglesia se suscribieron al homenaje e hicieron votos por la “grandeza de los países que componen la raza ibérica” mientras. Esta exaltación de lo hispánico se cerró con broche de oro en la ceremonia de inauguración de la Plaza. a fines del siglo XVIII. ante la presencia de autoridades. Tal parece que luego de la Independencia y con la creación de la República decayeron los auspicios oficiales que habitualmente habían estimulado las festividades taurinas en las ciudades. no solo significó una ruptura con las prácticas taurinas coloniales. En el editorial publicado en esa fecha por el periódico El Comercio se otorgó a la cultura hispánica el rango de un proyecto civilizatorio “necesario para el progreso del mundo”. fue nuevamente desplazada como diversión pública principal en el siglo XX a causa de la introducción de la moderna fiesta de toros. y por su intermedio los sectores populares podían disfrutar de las obras de Lope de Vega y de Calderón de la Barca. Lamentablemente.por la frialdad de los ánimos. Para este propósito se inventa una tradición. la antigua “madre patria”. de carácter más bien popular. la diversión principal. se asigna a la fiesta un carácter nacional. al tiempo que se promueven los viejos valores hispánicos de “honor” e “hidalguía” que. ejemplos acerca de cómo las fiestas de toros fueron importantes instrumentos de ablandamiento de las protestas protagonizadas por los sectores populares. Bajo la influencia de la Ilustración. Este acontecimiento. si no se mezcla en ellas algo de temporal que avive los fervores”. tuvo una significación política e ideológica importante. cuerpo diplomático y cuerpos del ejército desfilaban cerca de 2. fue mucho más fácil para las tropas enviadas desde Lima entrar a la ciudad sin despertar resistencias.justo es que los americanos vayamos a ella y tengamos a gran honor su tutela espiritual”. que ha sido apreciado como un eslabón de una tradición taurina invariable en el tiempo. . en realidad. de otro lado. se asocian históricamente a méritos obtenidos en el campo de la conquista y de la guerra. y con ella se emparentaban no solo las celebraciones religiosas y oficiales sino también la mascarada y la comedia que. que se inició a las 10:30 de la mañana con el inevitable ritual de bendición. Duraron cerca de una semana y. en Quito la corrida de toros continuaba siendo. y en el contexto de una adhesión de ciertos sectores del país a claros proyectos de enajenación cultural. se debía celebrar el Día de la Raza. que las corridas de toros adquieren el estatuto que hoy poseen y que sus admiradores defienden con tanta persistencia. nunca fueron terrenos propicios para el desarrollo del teatro culto. sino que se situó en un contexto de hispanización de la cultura nacional. posiblemente por esta misma circunstancia. lo que posiblemente dejó espacio para afianzar la tradición de la mascarada y los disfraces recogida sobre todo por las fiestas de Inocentes. que la inauguración de la nueva plaza de toros se hiciera el mismo día en el que. Como bien se puede advertir. Para acallar la famosa rebelión plebeya de los Barrios de Quito de 1765 el Cabildo auspició las corridas tal vez más sonadas de la época colonial tardía. demasiado predispuestas a la penetración norteamericana. que se encontraba en esos momentos empeñada en llevar adelante una reconquista “espiritual” de sus excolonias. amparados a su vez por España. rica en sincretismos culturales. una vez finalizadas. Pero mientras en Lima se popularizaba con éxito la ópera y el teatro.decaen –decía el escrito. también a instancias de España. las festividades públicas en las colonias hispanas sufrieron grandes transformaciones.

La mayoría de habitantes de esta ciudad. que pone en juego tanto nuestra identidad como nuestros valores morales y culturales. no solo que no participamos del lamentable sentido de quiteñidad de la Concejala que abandera la propuesta.NOTA: Estas son las verdaderas bases ideológicas del proyecto que se está gestando en estos momentos en el Municipio de Quito para declarar patrimonio cultural a la fiesta taurina. sino que denunciamos el no haber sido consultados para debatir un tema de tanta trascendencia. Rosemarie Terán Najas Miembro de la Asociación de Historiadores del Ecuador ADHIEC .

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