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Los Dragones de Madera

Ismael Berroeta
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Con agrado ofrecemos a continuación a nuestros lectores la versión moderna de un


antiguo texto de sabiduría oriental, hasta ahora desconocido o desaparecido, libro
que corresponde al Volumen Séptimo del Tratado de los Secretos de la Alcoba
Celestial. La traducción, a partir de la edición francesa, ha estado a cargo de
Ismael Berroeta.

Tratado de los Secretos de la Alcoba Celestial


Libro Séptimo
La Lucha del Dolor y del Placer

Habiéndose cumplido el decimocuarto año del reinado del Emperador Azul, que
gobernaba con sabiduría y bondad infinitas el Gran Imperio del Centro, Su
Majestad llamó al Eunuco Mayor y le ordenó que preparara papel, tintas y pinceles
y que convocara a su presencia al Secretario del Consejo de Gobierno.

El Secretario se dirigió a las habitaciones del Emperador tan pronto recibió la


orden del monarca y encontró a éste junto a su Primera Consejera para Asuntos
del Amor, la joven Dama Virtuosa. Además, pudo observar que estaban dispuestos
los materiales e instrumentos para escribir.

Después de recibir el saludo del Secretario, el Emperador le manifestó al


funcionario su voluntad de continuar la redacción del singular Tratado de los
Secretos de la Alcoba Celestial. Agregó el soberano que correspondía iniciar el
desarrollo del Volumen Séptimo y que tan importante tarea requería de su
contribución, dado que dominaba el arte y la técnica de la escritura.

El Supremo Gobernante añadió que el contenido de la obra sería el resultado de los


diálogos que mantendría su divina persona con su hábil y experta consejera Dama
Virtuosa. De lo anterior desprendíase que la misión con la cual se lo honraba sería
dar vida eterna a las palabras de los interlocutores dejándolas estampadas para
siempre mediante los caracteres en los libros de la Biblioteca de la Casa Imperial.

Comprendió el Secretario lo trascendental de su tarea y que se lo distinguía con


una función no sólo equivalente a la de un escritor sino, más aún, a la de un ministro
de fe. Resultado de ese razonamiento, inclinó su cabeza hasta el suelo y después
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tomó asiento frente a los pergaminos que se desplegaban ante él, listos para ser
ilustrados con su caligrafía. El Secretario consultó a las eminentes personas a
quienes debía servir si acaso tenían decidido el título del Volumen Séptimo. Se le
respondió con benevolencia que ese punto sería decidido después, una vez que la
obra hubiese tomado cuerpo o hubiera tocado fin..
He sido yo, Buey Paciente del Mediodía, quien ha tenido el privilegio de escribir
este volumen del Tratado, prestando mis oídos humildes al divino diálogo y mi mano
sumisa a la escritura de la magna obra. Los siguientes son los dichos de Su
Majestad el Emperador Azul y de la Honorable Primera Consejera para Asuntos del
Amor.

Dijo el Emperador:

- Hasta ahora hemos conversado largamente sobre los componentes


esenciales de las técnicas del amor, cuales son el dominio de la energía
interna y el disfrute consciente del placer. Dime, sabia y hermosa
consejera, ¿es posible obtener beneficio de aquello que es opuesto al amor y
al placer como ocurre con el sufrimiento y el dolor?.

La consejera cerró ligeramente sus ojos y abatió sus largas y expresivas pestañas,
antes de responder lo siguiente:

- La materia que atrae tu atención, Iluminado Señor, no sólo es interesante


sino, además, muy importante en el conocimiento de las personas y en el
Arte del Amor. Ahora bien, respecto de tu pregunta, he de responder
afirmativamente. Ambos miembros de la pareja pueden obtener beneficio
del sufrimiento, tanto aquélla que lo experimenta en su cuerpo como ese
otro que es el causante del mismo.

- Imagino que, en la pareja de amantes, quien desempeña el papel de


flagelador es el varón y quien hace la función de receptora del daño es la
mujer -, dijo el soberano.

La dulce y bella consejera miró hacia abajo con pudoroso gesto, como quien observa
sus manos, sonrió levemente y señaló:

- Generalmente, se dan los papeles y funciones que has dicho, aunque conozco
casos en los cuales ocurre a la inversa.

- Explícame la situación normal -, exigió el Omnipotente Conductor Paternal.

- Mi señor, no existe la situación normal, como tú la llamas. Lo normal o lo que


no es normal lo designamos de esa manera según lo que nuestros ojos
quieran ver o según el prejuicio social quiere que lo veamos. Prefiero decir
que me referiré a la situación que se presenta de manera más frecuente.
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- Hazlo de una vez, amada consejera.

- Apreciarás que te hable de las sensaciones y sentimientos de una pareja


adulta en edad y madura en experiencias. Lo esencial es que sea la mujer la
que vaya descubriendo poco a poco su capacidad y su potencial para sufrir y
disfrutar con el dolor y las sevicias.

- ¿Quieres decir que es la mujer quien domina la relación entre la humillada y


su agresor?.

- Tal como es la relación entre el hombre y la mujer en el aspecto del sexo,


así ocurre también en el terreno del dolor y del placer. Respecto del sexo, la
mujer tiene un potencial de goce ilimitado y el hombre debe desarrollar
técnicas para controlar ese potencial. Análogamente, respecto del segundo
punto, es la mujer la que tiene la capacidad de soportar el sufrimiento y
disfrutar con él. Corresponderá al hombre aprender la técnica de estimular
y orientar esa capacidad para que ambos puedan beneficiarse con ello.

- La agudeza de tus afirmaciones no me sorprende. Sin embargo, me gustaría


conocer en profundidad y en detalle el conocimiento que posees al respecto.
¿ Cuál es la mujer adecuada para ser compañera de estas experiencias?.

- La mujer que ha llevado una vida blanda y monótona, ordenada desde


comienzo a fin por las convenciones sociales, no es la adecuada. Al contrario,
conviene escoger una que haya experimentado la dificultad y el sufrimiento,
aquélla cuya existencia haya tenido como ingrediente la manipulación y
explotación en beneficio de otros, aquélla que ha vivido una trayectoria de
dolor e, inconscientemente, fue degustando el sabor de la flagelación, la
humillación y el agravio.

- Esa mujer, ¿ sería ella misma la que insinuaría a su amante que se entreguen
a juegos de flagelación, iniciando el combate entre el dolor y el placer?.

- No cabe duda, es ella la que, tarde o temprano, pedirá incorporar el deleite


por el tormento en las lides amorosas, gozando con satisfacciones cuya raíz
misma constituye un misterio insondable. Su amante se creerá dominador y,
en verdad, no será sino un instrumento para conducirla al éxtasis a través
del dolor.

- ¿Quieres insinuar, consejera de juicios atrevidos, que el amor y el sexo


están siempre presentes entremezclados con estas bizarras relaciones? -,
preguntó el monarca.
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- Mi amo y señor, cuando la pareja de amantes se involucra en este tipo de


juegos, el nivel y el ritmo de los tratos duros irá en aumento, ligados con
dulces caricias e inefables estímulos sexuales. Con esto, su capacidad
amorosa se vuelve cada vez más potente; su disfrute sensual y su entrega al
deleite se tornan a cada momento más complejos.

Con esta frase, Dama Virtuosa tuvo que poner fin a la plática de esa jornada por
cuanto nuestro Amado Soberano debía ocuparse de otros importantes asuntos del
Estado aunque, antes de retirarse, nos exigió que nos presentáramos al día
siguiente poco antes del atardecer.

A la ocasión y en la jornada previstas, Su Majestad tuvo la indulgencia de


recibirnos a su Consejera y a este pequeño servidor. El Emperador se veía de ánimo
excelente y por demás interesado en continuar dialogando sobre el dolor y el
placer.

Dijo el Emperador:

- En la búsqueda del goce a través del sufrimiento, ¿ es lícito provocar


heridas y lastimaduras?.

- El tema que provoca la curiosidad de su Magna Persona pertenece a aquellas


materias vinculadas al Arte del Amor. De allí se concluye que su propósito es
alcanzar un bien superior pasando por una etapa difícil. La regla de oro es
provocar dolor pero, no herir; causar sufrimiento pero, no lastimar o
desgarrar.

Los labios de Dama Virtuosa se detuvieron y, después de un instante, su voz


cristalina continuó:

- El propósito de causar heridas con derramamiento de sangre pertenece al


dominio de otras artes.

Herir para inmovilizar o derrotar al adversario, incluso a costa de su


muerte, pertenece al dominio del Arte de la Guerra.

Herir para causar daño sin ningún propósito racional ni siquiera con el
objetivo de matar o no matar, es una actitud alienada que debe ser
estudiada por el Arte de la Medicina.

Herir para sólo gozar con el sufrimiento ajeno por el exclusivo deleite del
que causa el daño, incluso con resultado de muerte, pertenece al dominio del
Arte del Mal.
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- Quisiera que me expliques los procedimientos del dolor lícitos en el ámbito


del Arte del Amor -, exigió el Emperador.

- Así lo haré, Suma Benevolencia -, expresó la consejera. - Te hablaré de los


procedimientos del Arte del Amor permitidos para alcanzar el placer a
través del dolor. Estos procedimientos están constituidos por los Tres
Instrumentos, las Doce Herramientas, las Doce Sensaciones y los Siete
Logros.

- ¿Cuáles son los Tres Instrumentos? -, preguntó el Perfecto Líder Iluminado.

- Los Tres Instrumentos son los objetos que puede emplear el varón para
estimular a su compañera. Aquéllos están comprendidos por las manos, la
boca y los útiles.
- Explica cada uno de ellos.

- Las manos del varón son el instrumento con el cual puede dar vida a las cinco
primeras herramientas. La primera herramienta son las bofetadas; la
segunda, las palmadas; la tercera, los tirones de cabello; la cuarta, los
pellizcos; la quinta, los rasguños.

La boca del varón es el instrumento con el cual puede dar origen a la sexta y
séptima herramientas. La sexta herramienta son los mordiscos; la séptima,
es su voz.

Los útiles son el instrumento representado por los artefactos artificiales o


fabricados y están constituidos por las herramientas octava a
décimosegunda. La octava herramienta es la venda sobre los ojos; la novena,
son las ligaduras; la décima, los latigazos; la décimoprimera, son los
dragones de madera; la decimosegunda, los cascabeles.

- ¿Y qué son las sensaciones y los logros?.

- Las sensaciones son las impresiones que capta el cuerpo de la mujer y las
emociones que experimenta su espíritu cuando el varón aplica las
herramientas en su ser. Los logros son las satisfacciones y delicias que
siente el varón cuando aplica los Tres Instrumentos y las Doce
Herramientas con un resultado exitoso o eficaz.

- Tus explicaciones son tan ordenadas y consistentes, se refieren a lo


profundo y lo superficial, a lo general y lo detallado, tanto así que me
obligan a reflexionar. He decidido que detengamos aquí esta jornada y
volvamos a reunirnos en esta sala mañana al atardecer -, expresó la
Magnificencia Suprema y nos inclinamos obedientemente.
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La tercera jornada el Emperador se encontraba esperando pues había llegado


antes que nosotros, lo cual revelaba el profundo interés que tenía en las materias
que se analizaban en las reuniones con su Consejera. De inmediato Su Majestad se
dirigió a ella.
Dijo el Emperador:

- Dama Virtuosa, comienza a explicarme las herramientas y su uso.

- La primera herramienta son las bofetadas. Éstas son los golpes dados en el
rostro, para decirlo más claro en las mejillas, aplicados secamente con la
mano abierta, sea con la palma o con el dorso de la misma. Se administran a
la mujer de frente, encontrándose ella en diversas posturas, de pie,
sentada, arrodillada o acostada y presentándose vestida, en ropa interior o
indefensamente desnuda. Por ejemplo, pudiera estar la víctima de pie contra
una pared, desnuda pero calzada con sus zapatos de tacos altos. Su amante
podrá abofetearla, excitarse hasta la erección y enseguida poseerla de pie
contra la muralla.

- ¿Qué otro ejemplo tan estimulante como éste puedes darme? -, inquirió el
Supremo Tigre Magnánimo.

- Otro caso, puede ser aquél cuando la mujer está tendida de espaldas sobre
el lecho o, simplemente, acostada en el suelo. El varón la penetra y,
encontrándose ella gozando con la verga, el hombre se yergue un poco, sin
retirar el Tallo de Jade, la abofetea varias veces y después continúa
embistiendo. Un amante medianamente experimentado fácilmente sabrá
mezclar las bofetadas con otras herramientas de dolor, como los tirones de
cabello y los pellizcos, en medio del oleaje del placer del coito.

Corresponderá que las bofetadas tengan una intensidad o fuerza


directamente proporcional al dolor-goce que está dispuesta a soportar la
feliz torturada. Al comienzo, cuando la pareja se conoce escasamente o la
mujer es poco experimentada, las bofetadas serán tibias y fingidas. Por el
contrario, serán fuertes y sonoras cuando ella sea una experta gozadora en
el dolor.

- ¿Cuál es la fuerza que el amante aplicará en este último caso?.

- La fuerza necesaria será la suficiente para hacer girar el rostro sobre sí


mismo hacia el lado contrario. La mujer, mientras se doblega, deberá saber
dejar relajado el cuello para que se produzca ese giro.

- Tu descripción es tan esclarecedora y precisa que mi mente proyecta


imágenes como si fuesen salidas de la realidad y estimulan mis energías de
varón. Explícame la sensación que las bofetadas provocan en la mujer.
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- Es conveniente recordar lo que pocos instantes atrás decíamos de las


sensaciones que va a experimentar la mujer. Aquéllas tienen una doble
naturaleza. Por una parte, existe un aspecto meramente físico, constituido
por la impresión material que provocan los tormentos y las caricias en sus
sentidos, principalmente en su piel. Hago referencia al dolor y al placer. Por
otra, están las emociones que la misma impresión o un conjunto de factores
producen en su ánimo, tales como el temor y el gozo o deleite.

Con la bofetada la hembra sentirá ardor o sensación quemante en la mejilla,


el cual se extenderá a su cara después de aplicarle varias sucesivas. Ahora
bien, cuando la violencia de los golpes y el dolor van aumentando puede
llegar a sentir la necesidad de suplicar que cesen los ataques.

- ¿Dónde está presente el placer en estas acciones?.

- Las bofetadas contienen implícitamente una promesa. El máximo placer de la


bofetada es que el mismo golpe es un anuncio, una suerte de aviso que
pronto vendrá el acoplamiento con el varón como premio a la entereza de la
sufrida hembra.

- ¿Y el miedo?. Explícame como actúa.

- En la mayoría de las herramientas - sino en todas - a las que me referiré,


participan no sólo el dolor y el placer. A ellos se agrega el miedo. Al
comenzar las bofetadas, el placer se mantiene escondido y el que lo encubre
como un velo es el temor que asedia a la hembra.

¿ De dónde viene el gusto por dejarse atormentar así?. Posiblemente se


origina en haber experimentado antes una situación similar. Conviene
recordar que cuando niñas si cometemos una falta somos castigadas y
después de portarnos obedientes somos perdonadas e incluso, recibimos un
premio.

- Pasemos a la segunda herramienta -, ordenó el Emperador.

- La segunda herramienta está constituida por las palmadas. Éstas consisten


en golpes propinados con la mano abierta en cualquier parte del cuerpo.
Equivalen a la aplicación generalizada de las bofetadas. Los lugares más
apropiados son los glúteos y la espalda, en la zona que la mujer tiene
desplegada bajo la cintura.

- ¿Entregarías uno de tus gráficos ejemplos para tomar conocimiento de su


uso? -, preguntó el Justo Árbitro Omnipresente.
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- Pudiera darse la situación - expresó la consejera de inalterable armonía -


que la pareja está teniendo relaciones sexuales y la mujer se halla tendida
boca abajo o en cuatro patas con el trasero levantado y el varón está
penetrándola desde atrás, como si se encontrase cabalgando sobre ella. En
la mencionada postura el activo amante podrá darle palmadas con mucha
fuerza en los glúteos. Si la hembra ha deseado este tormento, sentirá una
mezcla de dolor-placer de gran intensidad y de su garganta brotarán gritos
fuertes con cada golpe, indicando que la dosis de violencia es la adecuada.

- ¿Y cuál es – más precisamente – la sensación que provocan las palmadas?.

- A la segunda herramienta corresponde la segunda sensación. Esta última, en


ciertas gozadoras mujeres, será bastante compleja. La impresión que
sentirá en el lugar donde recibe la palmada corresponde a una suerte de
ardor o quemadura en la piel. En cambio, por dentro, comienza a
experimentar un calor que muy pronto se transmuta en excitación sexual. Lo
último es tanto así de notable que puede sentir idéntica sensación de estar
a punto de llegar al orgasmo, a pesar de no estar fornicando aún..

La palmada es un estímulo violento que ella capta por el oído y por la piel. Por
el oído, la mujer percibe su chasquido seco y cortante, el cual le causa pavor
y, por la piel, percibe el ardor del choque, lo cual se expresa luego como un
calor violento, que en segundos se traduce en deseo de ser poseída. El lugar
favorito de la hembra para recibirlos es el trasero, en la parte superior de
los glúteos, aunque algunas mujeres los recibirán con gusto también sobre la
espalda a la altura de los hombros. Las caricias - alternadas con las
palmadas o después de ellas - serán importantísimas. Ellas alivian el dolor y
empujan al espíritu de la mujer hacia el orgasmo.

- ¿Tiene alguna diferencia que la mujer las sienta o las reciba en cualquier
parte del cuerpo?.

- Mucha. Por ejemplo, recibirlas en los hombros es diferente que si fuese en


otro lugar. Aquí, forman parte de una agradable violencia. Sin embargo, esta
zona es de especial importancia para que ella avance hacia el éxtasis, pues
si después de una serie de palmadas o pellizcos en diferentes lugares del
cuerpo, llega a sentir la presencia de las manos, de los brazos o del rostro
del hombre en la parte superior de la espalda, cerca de los hombros, la
invadirá un placer inevitable y un anhelo de entrega que va encaminado al
insondable abismo del orgasmo.

- ¿Deberán suministrarse pocas o muchas palmadas?.

- Bien aplicadas, la mujer podrá recibir con gusto muchas palmadas durante
un período de tiempo más o menos prolongado. Puede decirse que el amante
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hábil sabrá aplicar la medida exacta en el período correcto. Él conocerá de


sobra que las palmadas demasiado violentas o continuadas más allá de cierto
tiempo hacen que la ansiosa hembra se enfríe.

- ¿Y la tercera herramienta?.

- La tercera herramienta son los tirones de cabello. El cabello corresponde al


pelo de la cabeza de la mujer, cascada voluptuosa que no sólo sirve para
admirar o acariciar. Los tirones del cabello, al igual que las bofetadas u
otras herramientas, pueden aplicarse en diversas circunstancias.

El flagelador tiene opciones de coger los cabellos de la atormentada en


cantidades variadas y en diversos lugares de la cabeza. Si aquél lo tomara
de la parte de atrás del cráneo, es decir, de la nuca, podrá usarlo como una
palanca para hacer girar la cabeza de un lado a otro. Por ejemplo, para
obligarla a enfrentar cara a cara a su dominador. Si el hombre lo toma
desde arriba, de la parte superior de la cabeza de la mujer, podrá forzar a
su pareja no sólo a inclinar la cabeza, sino todo el cuerpo hacia delante o
hacia atrás.

- Agrega, sabia consejera, alguno de esos vívidos ejemplos que aguijonean la


imaginación y despiertan el fluido vital que se aloja en el centro de mi ser.

- Un caso podría ser aquél cuando la pareja se encuentra de pie y está


previamente excitada. La mujer calza tacones y viste solamente delicada
lencería. El varón la cogerá del cabello y la forzará por este medio a
arrimarse contra el muro. Enseguida, le dosificará algunas bofetadas, la
obligará a girar sobre sí misma y a poner la frente sobre la muralla,
agregando unas bien medidas palmadas en los glúteos. Si ella se queja -
como seguramente lo hará - con quejido de placer, es un indicio de que se
ha procedido con la violencia que corresponde. Posteriormente, podrá, por el
mismo expediente de tomarla de la cabellera, arrojarla sobre la cama donde,
preliminarmente, le dará pellizcos o mordidas en sus puntos más sensibles y,
después, la poseerá sin miramientos.

Ahora bien, referente a la sensación que provocan los tirones de cabello es


adecuado señalar que jalarlo sin existir de por medio relación sexual, es
decir, sin la verga del macho en sus entrañas, es muy doloroso. Por el
contrario, sintiendo ella que tiene capturado el Tallo de Jade en el interior
del Palacio Celestial, el placer sofocará el dolor de los tirones de su
cabellera.

- Pareciera que esta herramienta, sabiamente combinada, es muy estimulante


para la mujer -, comentó la Máxima Ecuánime Inteligencia.
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- Para la sometida es muy excitante que el varón coja su cabello, lo tire hacia
atrás arrastrando la cabeza de ella con el mismo movimiento, dejándola más
o menos horizontal y la bese con pasión en esta postura.

Una combinación extremadamente placentera para la erótica hembra se


produce cuando ella está boca abajo, tiene prisionero el Tallo de Jade en la
vagina, siente el vientre del macho sobre sus nalgas, éste le tiene tomado el
cabello con fuerza y ha comenzado a besarla en los hombros. La entrega es
absoluta.

En la cuarta jornada, a poco de comenzar la entrevista, Dama Virtuosa recibió de


Su Majestad la orden de proseguir.

Dijo el Emperador:

- Consejera, inicia tus explicaciones refiriéndote a la cuarta herramienta.

- La cuarta herramienta, de la cual dispone el varón que pretende


proporcionar placer a la mujer haciéndola sufrir, son los pellizcos. Éstos son
pequeñas porciones de la piel de la hembra apretadas o retorcidas con los
dedos de su amante. Éste se los puede dar en todo el cuerpo, solos o
combinados con otras herramientas como las bofetadas y los tirones de
cabello. Es posible que el activo y cruel amante se los dé en el cuello, en la
parte interior y exterior de los brazos, en la nívea y tierna piel del borde de
las axilas, en todo el derredor de los pechos, en el vientre, en la zona de la
ingle cercana al pubis, en el mismo Monte de la Diosa, en todo el contorno de
las piernas y de los glúteos. Y, cosa importante y notoria, no se escaparán
los pezones de ser torturados sabiamente. Éstos serán retorcidos en
directa proporción a la sensibilidad, la entrega, la voluntad y la experiencia
de la mujer.

- Debo reconocer, Dama Virtuosa, que tu detallada y vívida exposición provoca


una sana excitación en quien la escucha y el calor comienza a bullir en el
vientre hasta aflorar en las mejillas. Prosigue.

- A la cuarta herramienta corresponde la cuarta sensación. No está de más


destacar que los pellizcos son también una excelente herramienta de
estímulo. Aunque la compañera experimentará ardor en la piel, es en el
interior del vientre donde sentirá que se despierta su deseo, un calor que
crecerá como una ola desde el fondo del Palacio Celestial, un fuego exquisito
que amenaza consumirla.

Los pellizcos causan un fuerte apremio, más agudo que el que le causaría un
pinchazo, mas bien similar o ligeramente más violento que el clavor de las
uñas. Los lugares favoritos de la hembra para ser pellizcada - en orden de
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menor a mayor voluptuosidad - son la cara interior de los muslos, las


caderas o cintura y los labios mayores del Portal de Jade.

Los pellizcos, en los pechos, son muy dolorosos. En los brazos, son más
tolerables y agradables. En la ingle, son más deleitosos que en los brazos. En
las caderas, son deliciosos y más exquisitos que todos los anteriores. Los
pellizcos que superan a todos los otros en intensidad de placer son aquéllos
que se propinan en los labios mayores de la vulva. Éstos pueden ser
retorcidos al comienzo con suavidad y delicadeza como también podrán más
tarde ser tironeados con brusquedad. Recibidos en esta secuencia, los
pellizcos en los labios mayores del Portal de Jade, atravesarán el umbral
del dolor para transformarse en una caricia la cual, por sí sola, puede llevar
a la torturada al vuelo orgásmico.

Un ataque de múltiples pellizcos en la espalda de la víctima, culminando con


el cubrimiento de la zona de los omóplatos con las manos del hombre o con el
contacto de su cara en esta zona provocarán en ella un placer intensísimo,
antesala del éxtasis.

- Continúa, ahora, describiendo en qué consiste y cuál es el uso de la quinta


herramienta.

- La quinta y última herramienta que puede usar el varón al disponer de sus


propias manos como instrumento son los rasguños. Éstos corresponden al
uso concreto de las uñas del varón sobre la aterciopelada piel de la hembra.
Las garras de sus cinco dedos podrán hincarse fuertemente haciendo presa
en los músculos de la aventurada, así como podrán también deslizarse con
saña sobre su cuerpo, sus brazos o sus piernas.

En el caso del ataque mediante las uñas valen los mismos principios
generales que para el resto de las herramientas, es decir, su combinación
con todo tipo de maltrato soportable mientras exista relación sexual o
coito. Si ella recibe maltrato sin el Tallo de Jade dentro del Palacio
Celestial, sentirá simple dolor.

- ¿Y cuál es la sensación de la mujer más allá del dolor?.

- Si la pareja está copulando - con la mujer boca abajo y el hombre encima de


ella - y éste le clava sus garras en caderas y glúteos, la sensación en la
hembra es tan voluptuosa que podrá figurarse pasar a otra dimensión. Igual
o parecida sensación podrá causarle la misma acción en similar postura con
la diferencia que las uñas estén clavadas en los hombros de la gozadora,
como si tirase sus carnes hacia él.
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El rostro de Su Majestad se había encendido ligeramente y sus ojos brillaban algo


más de lo habitual. Sin embargo, conservaba pleno dominio de sí mismo. Le pidió a
Dama Virtuosa que iniciara sus explicaciones sobre las herramientas que pueden
aplicarse al disponer el varón de su boca como instrumento.

- La sexta herramienta - dijo la suave pero nítida voz de la consejera - son


los mordiscos. Es preciso dejar en claro que no se trata de esas delicadas
mordidas que los enamorados acostumbran a darse en el cuello o en los
labios de la boca. En el tema que interesa al Emperador corresponden a
auténticas dentelladas que el hombre propina a su compañera en pequeñas
áreas de la piel, con la violencia suficiente para provocar dolor pero jamás
para romper el cutis tierno y terso, salvo dejar como recuerdo estrechas
marcas amoratadas con forma de semi círculo.

- ¿El varón puede propinárselos en cualquier parte del cuerpo?.

- No es posible afirmar que sea conveniente morderla en cualquier parte del


cuerpo. Sin embargo, los amantes los usan de preferencia en la parte
superior de los brazos, en la amplia redondez de los pechos, en la rosa en
botón de los pezones, en la fértil llanura del vientre, en el rededor de los
muslos, en la insinuante curva de la cintura, en la temblorosa espalda y en el
sagrado pubis.

Una forma especial del mordisco, que sólo corresponde aplicarla con suma
maestría, es aquella que el agresivo macho propina a la excitada hembra en
los labios de vulva, los cuales son estirados o retorcidos hacia los lados o
hacia arriba con estas dentelladas. Sus quejidos, no ya de dolor sino de
intenso placer, inundarán la habitación.

- ¿Qué utilidad podría tener dejar señales en la piel de la mujer?. ¿ No atenta


esto contra su belleza y dignidad?.

- La amante experimentada será la primera en celebrar la presencia de esas


huellas. Acontece que la mujer, en su intimidad, a solas, gusta de ver frente
al espejo las marcas oscuras que testimonian el recuerdo del pasado
combate de dolor y placer y disfruta con deleite al observarlas. Sus ojos las
miran y sus dedos las tocan mientras rememora con satisfacción, sonriendo,
los estímulos recibidos sobre su cuerpo.

- ¿Quieres decir que las huellas constituyen una prolongación de las


sensaciones directas que causaron las mordidas?.

- ¡Cuánta razón tiene Su Majestad!. Las mordidas, los pellizcos y los rasguños
dejarán huellas de diversa amplitud y duración. Si la mujer, en días
posteriores, se detiene a observarlas, permanecerá cautiva en un estado de
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fascinación. Las acariciará lasciva y lentamente, recordando los momentos


de gozo y éxtasis, sintiéndose invadida por la excitación sexual bajo la
forma de un agradable calor que proviene de sus muslos y de su sexo.
Venciendo alguna timidez inicial, las mostrará a sus amigas íntimas, por el
simple gusto de relatar su aventura o, más allá, por vanagloriarse de la
felicidad experimentada bajo la tortura. En general, a las mujeres les
encantan los mordiscos, siendo los lugares favoritos - en orden ascendente
de placer - los hombros, la faz interior de los muslos y los labios mayores
de la vulva.

Tan concentrado se hallaba el Emperador en el significado de las palabras de Dama


Virtuosa que no se percató que ésta había puesto fin a sus comentarios sobre el
último tema. Volviendo de su viaje interior, Su Majestad preguntó cuál era la
herramienta que correspondía tratar. Al señalar la recatada consejera que debía
ser la séptima, el Invencible Dragón Universal la instó a referirse a ella.

- La séptima herramienta natural está constituida por la voz del varón.


Cuando éste ha acumulado suficiente destreza y controla con astucia las
tácticas de la agresión amorosa, podrá administrar su voz para impresionar
a su compañera como el histrión más consumado.

- ¿Significa esto que el hombre deberá dirigirle la palabra a la dama que lo


acompaña en el lance amoroso?.

- No se trata exactamente de eso. Expresado más claramente, la palabra es


parte de una gama más amplia de agresivos sonidos de su órgano fonador.
Los variados productos de la voz - entre los más corrientes - pueden ser los
gruñidos, los jadeos, las órdenes, la risa burlona, los insultos o expresiones
despectivas.

Los gruñidos son los ruidos guturales o voces roncas que imitan el
descontento o agresividad de los animales, por ejemplo, los perros. Su
finalidad es dar un ambiente de brutalidad y crear un estado latente de
temor. Es perfectamente posible para el varón mezclarlos con deleite y
dolor, pongamos por caso lamidos y mordiscos. Imaginemos que el macho
podrá lamer o besar y morder la vulva de la mujer mientras simultáneamente
emite fuertes gruñidos, equivalentes a una amenaza verbal.

Aunque alguien pudiera sorprenderse, la excitada hembra también puede


emitir gruñidos. Algunas de espíritu salvaje, aquéllas que gustan de
relaciones sexuales bruscas, que quieren sentir el choque violento del pubis
del macho contra su clítoris y el rebote de los testículos en la vulva, se
estimulan en demasía y para liberar su energía emiten gruñidos o gemidos
bajos y arrastrados, tal como una leona o una tigresa.
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- ¿Y los jadeos? -, inquirió el Emperador.

- Los jadeos son la imitación de la respiración agitada o que se realiza con


dificultad. El macho podrá jadear estando a espaldas de la mujer, junto a su
cuello o muy cercano a sus oídos. Ella pensará o tendrá la intuición de que va
a ser agredida física o sexualmente.

- ¿Y qué sensaciones pasan por la compañera?.

- Sentir que los jadeos del varón danzan junto a sus oídos causa en la hembra
un placer sin límite. Por ejemplo, si ella se sostiene sobre sus rodillas con la
cara sobre el lecho y el trasero levantado, siente la herramienta del macho
en su interior y a ello se agrega el sonido del jadeo masculino, la sensación
global llegará a la exquisitez. Imaginará que su pareja adopta un tamaño
gigante, quien la protege mientras la cubre.

Los jadeos convendrán que se usen como un complemento de otra acción, sea
violenta o sea delicada, pues un jadeo de perro - aislado - puede que para
ella no signifique gran cosa y la deje más o menos indiferente.

- Mencionaste las órdenes …

- Ahora bien, respecto del uso de la voz en el sentido que preguntaba poco
antes Su Majestad, aclaro que las órdenes son las palabras o frases cortas
dichas secamente o en tono amenazador que implican un mandato o
instrucción. Pueden ser muy variadas, referentes a que se ponga en un
determinado lugar o en una postura especial. También pueden referirse a
que realice alguna actividad a exigencia de su torturador. Pudiera ocurrir la
situación de mandársele que se acueste, que abra las piernas, o que se ponga
en cuatro patas, que levante el trasero, o que haga felación, que se
masturbe y muchas otras cosas. Todo ello irá acompañado de la variedad de
sevicias que se han descrito a lo largo de estas jornadas.

- Recuerdo que hacías referencia a la risa …

- La risa burlona son las carcajadas que indican alegría despreciativa o


sarcasmo respecto de la situación difícil que experimenta la víctima. Es el
condimento ideal en el momento apurado y físicamente doloroso a que ha
sido obligada la mujer después de una orden. Eso la atemorizará aún más y le
proporcionará la falsa idea de que sus sufrimientos son aún más dolorosos,
los cuales serán indudablemente compensados con las caricias, el coito y el
orgasmo.

- ¿Y los insultos?.
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- Los insultos son las expresiones dichas en diversos tonos de voz que
corresponden a ultrajes o injurias. Pueden ser emitidos con fuerza, casi a
gritos, o simplemente, murmurados al oído. Sirven para crear un ambiente
de amenaza, una atmósfera como si en cada acción del amante flagelador
existe un potencial atropello. Pueden ser muy variados y los más frecuentes
son: puta, perra, yegua, lesbiana, cabrona y varios otros.

Los insultos podrán mezclarse con otras herramientas como las bofetadas y
palmadas, todo lo cual provocará evidente satisfacción a la mujer, quien, si
más encima está con una venda en la vista, imaginará, por ejemplo, ser
deseada no sólo por uno sino por varios individuos y se encuentra siendo
castigada por una conducta infiel, a todas luces falsa, pero que alimenta su
vanidad de hembra disputada entre varios hombres.

- Me agradará que abundaras un poco en la sensación que nace en ella a partir


de los insultos.

- Los insultos calientan aún más a una hembra previamente excitada. Muy
distinto será el efecto de decirle “eres una puta” que murmurarle “eres mi
puta”. Para algunas mujeres, oír que se les llama “una” equivale a una ofensa.
En cambio, escuchar que se les designa por “mi”, la expresión de pertenencia
al macho les provocará un entusiasmo sin límite. En términos generales, las
mujeres que gustan de las palabras fuertes sentirán que las groserías son
una dulce melodía para sus oídos. Algunas mujeres podrán reaccionar con
una respuesta verbal a los insultos. A modo de ejemplo, aceptarán
expresamente un epíteto grosero diciendo “soy tu puta”. Además, podrán
pedir o rogar con malas palabras que su compañero las posea. El acto de
pedir que se la penetre tiene el efecto de sobre estimularla. Se excita más
y más, deseando que el acto sexual no se detenga nunca, que continúe y
continúe para siempre.

La agresión verbal combinada con bofetadas produce en la mujer una


satisfacción tan grande que no hay palabras para describirlo. Más de alguna
ha confesado que ha recibido, pletórica de felicidad, la combinación de
insultos y bofetadas mientras se encontraba unida al varón, con el pene en
sus entrañas, y ha evocado en ese instante la pérdida de la virginidad. Nada
parece igualarse a la plenitud que las embarga al imaginar que están
entregándose voluntariamente a su primer hombre, momento en el cual se
ligaron por vez inicial al dolor y al gozo en lo más íntimo de su ser.

Correspondía iniciar la quinta jornada y la Elevada Armonía Omnisciente asistió con


la puntualidad acostumbrada.

Dijo el Emperador:
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- Sapientísima Consejera, comienza el tratamiento de los útiles o


herramientas artificiales del tormento.

- La octava herramienta es la venda sobre los ojos. Como cualquiera lo sabe, la


vista puede ser impedida de su funcionamiento normal mediante la
colocación de un simple trozo de género sobre los ojos, suficientemente
largo para atarlo alrededor de la cabeza. A pesar de esto, será conveniente
que el varón lo haga con el cinturón de su bata o con la corbata de su camisa,
lo cual acentuará el personal sentido de dominación del macho que
corresponde la hembra experimentar. Así efectuado, la mujer, que se halla
desnuda o sólo con su fina ropa interior, estará en la misma condición que en
la oscuridad, sin saber dónde ni cuándo recibirá la próxima agresión. Su
amante podrá abofetearla, darle palmadas en los muslos, propinarle fuertes
azotes en los glúteos o en la desguarnecida espalda. Ella reaccionará como
un animal indefenso y lanzará gritos con cada doloroso golpe. Los daños,
evidentemente, serán mezclados con caricias y las rudezas podrán
superarse mediante estímulos placenteros hasta finalizar en el coito y el
orgasmo.

- La mujer que es puesta en esa situación, ¿ experimenta un goce real?.

- El goce mayor de la martirizada hembra está dado por la contradicción


entre el miedo a una agresión imprevista sobre el cuerpo desnudo e inerme
respecto del placer que le proporcionarán las caricias en lugares específicos
de su receptiva piel. El goce físico será su premio al terror por el dolor
posible y el bienestar final sustituirá al temor de ser atacada de manera
imprevista.

Instalar la venda en los ojos provoca la eliminación de la luz, el dominio de la


oscuridad, la presencia del miedo, la invasión del temor. Si una mujer queda
sólo con la vista vendada será dominada exclusivamente por el terror y no
sentirá placer alguno. En cambio, si percibe la presencia del varón que ama,
aunque sea por el rudo mecanismo de las sevicias, el placer sobrepasará al
tormento espiritual que provoca el miedo.

El Emperador, Divino Potro Majestuoso, acució a la consejera a referirse a la


novena herramienta.

- La novena herramienta de esta sufrida senda hacia el deleite está


representada por las ligaduras.

Las ligaduras son cuerdecillas que, convenientemente enrolladas en las


extremidades de la mujer, permiten amarrarla en distintas posturas. Pueden
cumplir distintas funciones: inmovilizar y causar dolor.
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Las cuerdas deben ser suaves, de seda o algún material similar, nunca de
cordel basto o grosero. Están destinadas a atar, estimular y provocar dolor,
mas nunca para herir. No podrán ser muy finas porque se hincarían
demasiado en las tiernas carnes de la mujer y con seguridad le provocarían
dolor a costa de lastimarla.

- Me agradará sobremanera que dispusiéramos de un aleccionador ejemplo -,


pidió el soberano.

- Un caso será que, para inmovilizarla, puede atarse sus extremidades una a
cada esquina de la cama y, enseguida, poseerla, en tanto ella no puede
moverse ni impedir ni el dolor ni el placer. Mientras se encuentra prisionera
se la puede abofetear, tirar del cabello, morder, pellizcar, dar azotes y
todo tipo de padecimientos, entremezclados de manipulaciones placenteras
tales como besar sus pechos, chupar sus pezones, acariciar su vientre, lamer
y chupar el clítoris y la vulva e introducir el Tallo de Jade o un grueso
consolador por la vagina. En síntesis, se la somete a una compleja operación,
la cual casi la hace enloquecer con las embriagantes delicias disfrutadas.

- Las ligaduras, ¿cumplen alguna otra función?.

- Así es, las cuerdas pueden simplemente ser usadas para ligar o atar su
cuerpo o sus brazos y piernas, no con la pretensión de inmovilizar, sino con
el sólo objeto de causarle dolor al estar las ligaduras fuertemente
apretadas o, además, modelar parte de su cuerpo con una finalidad estética
o poder aumentar la intensidad de las sensaciones eróticas.

- ¿Y cuáles son las sensaciones que disfruta la feliz atormentada bajo la


opresión de las ataduras?.

- La sensación que le proporcionan las ligaduras pasará por diversas etapas en


el transcurso de la sesión de tormentos. Supongamos que su apasionado
verdugo la mantiene inmovilizada de pies y manos sobre el tálamo, con cada
una de sus extremidades atada y apuntando hacia cada vértice del lecho. En
la primera etapa, su espíritu se sentirá asfixiado por la incertidumbre,
asediado por el temor a lo inesperado en tanto se halla inerme frente a la
variedad de estímulos, sean de cualquier tipo, flagelaciones o caricias. En la
segunda etapa, cuando su piel y sus carnes están siendo excitadas,
experimenta la desesperante contradicción de estar recibiendo el dolor y el
placer y hallarse impedida de poder moverse, sea para huir o defenderse
sea para abrazar con sus carnes temblorosas al amante despiadado. ¿ Qué la
alienta a resistir?. Una promesa, la esperanza de cobrar su ración de
deleitosas acometidas del Tallo de Jade. Una vez en la tercera etapa, ella se
ha entregado de manera total. El placer comienza a recubrir las huellas del
dolor, pues se hace realidad el premio a su valiente resistencia a las
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sevicias, el pene del macho ataca su vagina y el clítoris es vapuleado sin


compasión en el coito.

Respecto del uso de las cuerdas para el modelado del cuerpo no vale la pena
pretender explicar las muy variadas posibilidades de esta técnica, aunque un
pequeño ejemplo puede dar una pista para comprenderlo. El inconmovible
opresor cruzará cuerdecillas alrededor de los pechos de la hembra,
anudando aquéllas en la espalda con fuerza. Así comprimidas en su base, las
mamas quedarán erectas y tensas y, si por acaso la mujer se tiende de
espaldas, no se aplanarán por su peso sino que se mantendrán levantadas.
Además del efecto visual que le proporciona a ambos el hecho verlos así,
tanto los pechos como sus pezones están más prestos y sensibles a las
torturas y las caricias del acosador.

- Ahora, háblame de la décima herramienta -, expresó la serena voz del Fértil


Toro Ardoroso.

- La décima herramienta - los latigazos - es un arte de larga tradición que


requiere gran concentración y habilidad en el uso. Pueden ser propinados con
un látigo o, alternativamente, con un cinturón de cuero. Los instantes
oportunos para su aplicación son similares a los de las palmadas. Esto quiere
decir que ella puede ser torturada mientras está de pie, de cara frente a un
muro con los brazos abiertos a los lados o hacia arriba, o bien, teniéndola
delante mientras se la posee desde atrás. Según la fogosidad del momento,
se pueden aplicar dosificados, de a uno, haciendo puntería sobre lugares
muy precisos o, al contrario, como una lluvia de azotes en forma
indiscriminada sobre la amplia espalda o sobre todo el cuerpo. Ella
acostumbra a gritar o gemir durante la flagelación.

Ahora bien, respecto de la sensación, puede afirmarse que los azotes son
una de las sevicias que provocan dolores más agudos. Por ejemplo, duelen
más que las palmadas. Esto tendría por causa que la fuerza el latigazo va a
dar en una superficie más pequeña de la piel en comparación con otros tipos
de herramientas. Sin embargo, cada golpe del azote está íntimamente ligado
al imaginario sensual de la mujer. Cada chicotazo es recibido con júbilo tal
como si fuese una embestida que introduce el pene más y más hacia el fondo
de sus entrañas.

No teniendo más preguntas sobre el punto, el Maravilloso Halcón Procreador dio


señal de pasar al tema siguiente.

- La undécima herramienta es del todo diferente a las anteriores -, dijo la


consejera. Los elementos de tortura pueden ser, además, pinzas que
maltratan la sensible piel del cuerpo femenino, acometiendo sus carnes sin
misericordia.
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- ¿Qué quieres decir?. Tus expresiones invitan a escuchar con mayor


atención.

- Quiero decir que pueden usarse pinzas de madera, vulgarmente llamadas


“dragones” por las gentes del pueblo, quienes las emplean después del lavado
para prender la ropa húmeda en cordeles y así secarla. Los “dragones” son
del todo inofensivos y, sin embargo, cumplen un papel importante, causando
dolor intenso sin lesionar. Pueden colocarse unos pocos en el cuerpo de la
sufriente gozadora, aunque pudieran aplicarse también unos quince, veinte o
más de ellos, en puntos sensibles como sus orejas, cuello, brazos, pechos,
pezones, vientre, muslos, en el Monte de la Diosa, en los labios del Portal de
Jade. Llegará un momento en que el dolor será insoportable y la única
manera para resistirlo será con el antídoto del placer, para lo cual su
implacable amante se abalanzará sobre su sexo, el cual lamerá, besará y
chupará, tanto como sea necesario hasta que ella alcance el éxtasis.

La operación de sacarlos es delicada. Al acabar la mujer, el placer físico ha


cesado o disminuido y no hay con qué contrarrestar el dolor, por lo cual no
deberían tirarse, sino abrirse y sacarse con cuidado. Y como siempre en la
vida hay excepciones, podrá darse el caso de alguna sensual e insaciable que
solicite a su amante que los arranque sin miramientos.

- ¿ Qué sentirá ella cuando los dragones acometen sus pezones?.

- Aunque la mujer sufre mucho cuando son atacados sus pechos, los pezones
constituyen un lugar de excepción. Atacarlos mediante los dragones equivale
a someterlos a un fuerte roce o a un apretón de baja intensidad pero no
llegan a causar un dolor agudo.

- ¿Cuál es la siguiente herramienta?.

- La duodécima herramienta son los cascabeles. Éstos constituyen el


acompañamiento sonoro para cualquiera de las variadas formas de tortura
que se han descrito previamente. Podrán ir junto con las bofetadas, los
tirones de cabello, los azotes, los dragones.

- ¿Cómo así? -, inquirió el Altísimo Amante Perfecto.

- Un uso sofisticado será aplicarlos junto con los dragones. Si cada pinza lleva
unidos uno o varios cascabeles, éstos campanillean con los movimientos de
los amantes. Por ejemplo, podrá estar la mujer en la postura de cuatro
patas, su trasero hacia arriba, tendrá prendidos los dragones con
cascabeles en los pezones, el vientre y los labios del Portal de Jade.
Entretanto, el varón la poseerá desde atrás, embistiendo con fuerza, lo cual
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une el dolor con el placer y con el sonido. Con el tiempo, sólo con escuchar el
cascabeleo, la experta gozadora experimentará gran deseo y excitación y
ganas inconmensurables de fornicar. Producido lo anterior, tendrá orgasmo
con un ligero manoseo de la vulva.

- Y el placer que ella va a degustar ¿ cómo podría entenderse?.

- Destaquemos que su acción sobre las mamas es muy dolorosa. Si los


dragones van acompañados de cascabeles, el placer disfrutado por la
hembra es extraordinario y ello se deriva de esa extraña combinación de
sonido en los oídos y estímulo doloroso sobre la piel. Al estar rítmicamente
en movimiento los cuerpos acoplados en el coito, se crea un compás musical
que envuelve con tal magia a la entregada hembra que ésta gozará como si
se balanceara en una mecedora o en un lecho flotante.

Dada esta última explicación el Potente León Fogoso decidió poner fin a esa sesión.
Como se hacía presente de manera incontrarrestable la primavera, mandó que la
sexta jornada tuviese lugar en el jardín cercano a la sala donde habitualmente se
reunía con la consejera Dama Virtuosa. Llegada esa ocasión y rodeados de las
flores de la estación y sintiéndose en el ambiente los aromas de las mismas y los
cantos de las aves, el rostro de Su Majestad veíase nimbado de armoniosa plenitud.
Además, - cosa notable – había invitado a la Segunda y Tercera Consejeras para
Asuntos del Amor, respectivamente.

Dijo el Emperador:

- Hasta ahora hemos descrito y analizado los dolores, los sufrimientos, los
goces y los deleites que obtiene la mujer en las relaciones dolor-placer. ¿
Qué provecho sacará de todo esto el hombre?.

- El provecho que el varón saca de estas relaciones está representado por los
Siete Logros -, expresó Dama Virtuosa con su voz nítida y cantarina.

- Mis avances en estas materias – expresó el soberano – me permiten afirmar


que el Primer Logro del varón será comprender que no corresponde obtener
placer simplemente haciendo sufrir a su tierna compañera. Si así fuera, se
estaría adentrando en el Arte del Mal. El hombre encaminado en lo correcto
disfrutará haciéndola gozar pasando por el dolor como etapa preliminar. El
verdadero placer masculino, de carácter superior, es el perfecto dominio de
sí mismo para agredir a la mujer en forma suficientemente controlada para
que ella alcance el deleite.

- ¡Qué agradable resulta oír estas palabras en boca de Su Majestad! -, dijo


Dama Mediodía. Y agregó: - El proverbio antiguo dice “Un sabio practicará
el Tao; un necio sólo lo admirará”.
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- Mucho me halagan tus comentarios. Sin embargo, quiero pedirles que me


ilustren sobre el Segundo Logro.

- El Segundo Logro será que el placer disfrutado por la mujer siempre esté
en un nivel más elevado que el dolor. Si llega a ser a la inversa, la mujer se
enfría. Al respecto, el varón deberá desplegar mucha atención y tener
presente que el enfriamiento es más rápido aún si el dolor es en el Portal de
Jade -, señaló Dama Prudente, la de palabras diáfanas.

- ¿Y el tercero?.

- El Tercer Logro será el de no causarle daño jamás, es decir, no provocarle


heridas. El hombre equilibrado se mantendrá en el ámbito del amor, nunca
en el de la maldad -, fue la respuesta de Dama Mediodía, la de iluminado
pensamiento.

- ¿Y el cuarto? -, interrogó el Emperador, dirigiéndose a Dama Virtuosa.


- El Cuarto Logro será que la voluptuosa compañera logre el éxtasis como
culminación de las flagelaciones y sevicias. Así obtendrá el premio a su
osadía -, expresó ella con su habitual delicadeza.

Su Majestad posó su mirada en Dama Prudente, quien intervino así:

- El Quinto Logro será entregar siempre a la mujer un contacto genital o


acoplamiento en la sesión de amor-tortura. Esto porque debe mantenerse el
saludable intercambio de energías de la órbita interior entre los
integrantes de la pareja.

- ¿Y el sexto? -, le preguntó a la misma el Emperador, ávido de


conocimientos.

- El Sexto Logro será utilizar su potencia sexual sin perder su fluido seminal.
Esto le permitirá al armonizado varón satisfacer a la ansiosa hembra todas
las veces que ella lo exija en cada sesión de dolor-placer -, fueron las
expresiones de Dama Prudente, tras lo cual se produjo un silencio, indicador
de la profunda reflexión que esas afirmaciones provocaban en el monarca.

- Dama Mediodía - ordenó el Supremo Gobernante – explícame el Séptimo


Logro.

- El Séptimo Logro será que la mujer, demostrando su satisfacción, pida


siempre más, demandando que se repitan las sesiones y que el hombre
invente nuevas y más refinadas herramientas y técnicas de tortura para el
goce mutuo -, replicó la interpelada.
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El Vigoroso Caballo Estelar se puso de pie, acto que imitamos todos los presentes,
tomándolo como señal de que había dado fin a sus consultas. Sin embargo,
sorprendentemente, formuló una pregunta más.

Dijo el Emperador:

- ¿ Existen acaso más instrumentos que utilizar y más sensaciones que


disfrutar?.

- Los letrados – dijo Dama Virtuosa – usan normalmente para escribir no más
de cinco mil caracteres, aunque es sabido que existen cincuenta mil
caracteres diferentes. De la misma forma, una pareja corriente puede usar
algunas o quizás todas las combinaciones que aquí se han descrito. Empero,
aquellos amantes que cultiven estas artes con maestría y dedicación podrán
descubrir combinaciones innumerables para su placer infinito.

Este es el fin de “La Lucha del Dolor y del Placer”, que corresponde al Volumen
Séptimo del Tratado de los Secretos de la Alcoba Celestial.

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