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Calco pintura rupestre en Serranías de Calilegua

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SUMARIO
PRESENTACIÓN…………………………………………………………3 Primera Parte: ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS DEL VALLE DEL RÍO SAN FRANCISCO…………….......................................................10 Segunda Parte: LOS INDÍGENAS DEL ORIENTE JUJEÑO EN EL PERÍODO PREHISPÁNICO………………………………………...….41 Tercera Parte: EL CONTROL TERRITORIAL……………… ………62 Cuarta Parte: EL PROGRAMA DE ARQUEOLOGÍA DEL PARQUE NACIONAL CALILEGUA………………………………………………80 Quinta Parte: LA CARTA ARQUEOLÓGICA…………………………101 Sexta Parte: HISTORIA DE LA CREACIÓN DEL PARQUE NACIONAL CALILEGUA…………………………………………...…144 GLOSARIO DE TÉRMINOS ARQUEOLÓGICOS……………….…178 BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………186 ANEXOS…………………………………………………………………201 ÍNDICE………………………………………………………………..…221

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PRESENTACIÓN El objetivo de este texto es la difusión de los proyectos formulados por el Programa de Arqueología del Parque Nacional Calilegua (PNC). Este programa se inició en el año 2007 propiciado por la suscripción de dos Convenios de Cooperación y Asistencia Técnica; el primero de ellos firmado entre la Administración de Parques Nacionales (APN) y la Municipalidad de Libertador General San Martín, y el segundo entre la APN y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). La intervención del Estado (APN, Municipalidad de Libertador General San Martín, CONICET) en el rescate de un pasado regional, señala un fuerte compromiso con la sociedad en el reconocimiento y valoración de la historia de los pueblos que habitan en el territorio. La necesidad de contar con un espacio físico donde poder desarrollar tareas específicas propició el reacondicionamiento de una habitación de los edificios de la Intendencia del PN Calilegua donde se instaló una oficina-laboratorio. Este espacio cuenta con el equipamiento necesario para realizar tareas de registro, análisis y conservación de material arqueológico. Por intermedio del Programa de Arqueología se implementó la ejecución de proyectos de investigación arqueológica e histórica de los departamentos Ledesma y Valle Grande, como también otros conducentes a la recuperación de la memoria de ocupación del Parque Nacional Calilegua y al esclarecimiento de los hechos y circunstancias históricas que dieron lugar a la creación de éste último. Resulta conveniente destacar que los trabajos no se han circunscripto a la investigación, sino que además se lleva adelante tareas relacionados a la conservación y manejo del Patrimonio Cultural que contemplan la capacitación y entrenamiento del personal de las áreas protegidas, técnicos y administrativos en cuanto al tratamiento de los Recursos Culturales, a fin de lograr un manejo integrado de los mismos. El Patrimonio Cultural está conformado por las diversas manifestaciones desarrolladas por la actividad humana y sus relaciones con el medio ambiente que las circundan. En jurisdicción de Parques Nacionales el Patrimonio Cultural comprende el
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conjunto de recursos culturales arqueológicos, históricos y antropológicos que se encuentren dentro de las áreas protegidas, y el manejo de los mismos se lleva a cabo a través de planes, programas y proyectos orientados a su conservación, investigación y uso público. En cuanto a las investigaciones arqueológicas e históricas si bien se han centrado en los departamentos Ledesma y Valle Grande por ser ésta una división políticaadministrativa reciente en relación a la historia de ocupación del territorio que delimitan, la caracterización arqueológica e histórica que aquí se presenta necesariamente sobrepasa estos límites, ya que para comprender los procesos que dieron forma a estos departamentos tal como los conocemos hoy es necesario abordarlos y estudiarlos como integrantes de una unidad mayor, a la que podemos entender como provincia de Jujuy, inmersos en una dinámica de relaciones sociales, políticas, económicas y religiosas que desde siempre excedieron los límites definidos actualmente. Los escasos trabajos arqueológicos realizados en más de un siglo, se pueden explicar atendiendo a razones tales como: grandes extensiones de tierras dedicadas a actividades agrícolas que han modificado sustancialmente el paisaje; imposibilidad de acceso a las fincas privadas, especialmente las que pertenecen a la Empresa Ledesma; inconvenientes de tránsito y visibilidad en lugares donde se ha conservado la selva virgen (vegetación espesa y/o espinosa, gran cantidad de hojarasca, relieve quebrado, etcétera); clima riguroso; inexistencia o mal estado de caminos que entorpecen el traslado de personas y equipamiento a zonas potencialmente interesantes para la investigación; etcétera. Objetivos y metodología Se ha propuesto revertir la idea de desierto verde que históricamente le fuera atribuida a la región, construcción que en parte se debe al vacío en la información arqueológica de la zona. En base a esta proposición uno de los objetivos del Programa de Arqueología es la conformación de la Carta Arqueológica de los departamentos

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Ledesma y Valle Grande. Se pretende que una vez definida, ésta se constituya en un elemento que favorezca la deconstrucción del concepto de desierto verde, a la vez que ayude a integrar al Parque Nacional Calilegua en la historia de la ocupación de la zona y en la puesta en valor de los puestos de ganadería trashumante que forman parte de su pasado. Para la conformación de esta carta se lleva adelante tareas de prospección sistemática con apoyo en el uso de cartas topográficas, imágenes, geoposicionadores satelitales (GPS) y fotografía digital. Los sectores ya investigados han sido prospectados predictiva y aleatoriamente, cartografiados y georeferenciados. Los sitios arqueológicos prehispánicos y las ocupaciones históricas registradas mediante los trabajos de campo fueron geoposicionados, relevados planimétricamente, graficados y fotografiados. Se procedió al muestreo sistemático de la cultura material presente en la superficie y en los casos que se juzgó conveniente se realizó sondeos de verificación. Las tareas de gabinete consisten en una exhaustiva revisión de los antecedentes bibliográficos, en el análisis y sistematización de los datos recogidos en los trabajos de campo y en las entrevistas realizadas a pobladores de las localidades vecinas. En el laboratorio se realizan tareas de registro y conservación del material cultural recuperado en los muestreos (registro fotográfico, análisis composicional, remontado y reconstrucción arqueológica) como así también los análisis tipo-morfológicos y estilísticos que permiten establecer filiaciones culturales y cronológicas. Todos los sitios registrados son objeto de un detallado informe de acuerdo a lo que establece la legislación en cuanto al Manejo de los Recursos Culturales en jurisdicción de la APN y/o provincial, según corresponda. En base a los resultados obtenidos en la fase de prospección y procesamiento de datos, en el futuro se proyecta profundizar en el estudio de aquellos sitios que se consideren de mayor relevancia científica y/o patrimonial, lo que implicará la programación y ejecución de excavaciones arqueológicas.

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Otro de los objetivos fijados se relaciona con la institución del PN Calilegua e involucra el esclarecimiento de los hechos que propiciaron la creación del área protegida, elucidación que debiera contribuir al cambio del concepto, actualmente generalizado, que se tiene sobre la generosa y difundida donación de las tierras por parte de la Empresa Ledesma. Esta empresa mantenía contratos de arriendo con pobladores del departamento Valle Grande que realizaban prácticas ganaderas de trashumancia como su actividad económica principal; práctica que se mantuvieron hasta la creación del área protegida. Con el cambio de dominio de las tierras sobrevino el desalojo de los puesteros, originándose un conflicto territorial entre el Estado Nacional y los campesinos ganaderos que afectaría en forma permanente las relaciones con el Parque. La Creación del Parque Nacional Calilegua se llevó a cabo durante la época de la Dictadura Militar que se instauró en nuestro país en el año 1976. Sin embargo el origen de las negociaciones que culminaron en este acontecimiento es anterior a la dictadura y se remontan al último gobierno democrático de la década del ‟70. El conocimiento de cuales fueron los verdaderos intereses empresariales y gubernamentales que propiciaron este hecho son de vital importancia para mejorar en la actualidad el entendimiento entre esta Institución y los pobladores del departamento Valle Grande Organización del texto El texto se ha estructurado en seis partes con el fin de ordenar la información que se presenta, facilitar al lector la comprensión de los temas abordados y situarlo temporal y espacialmente en la región de estudio. La información presentada en las dos primeras partes es resumida, ya que el objetivo planteado es la divulgación de las nuevas investigaciones. Sin embargo juzgamos necesario situar en un contexto más amplio a la zona de estudio y posteriormente introducir al lector a los trabajos generados por el Programa de Arqueología,

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desarrollados a partir de la Tercera Parte, pudiendo éste profundizar sobre temas de la Primera y Segunda Parte mediante la consulta de las fuentes citadas en la bibliografía. La Primera Parte es una síntesis de los principales antecedentes arqueológicos del Valle del Río San Francisco, a partir de los trabajos de investigadores como Serrano (1962), Dougherty (1974, 1975), Fernández Distel (1988/89, 1994, 1997, 2002), Ortiz (1993, 1998, 2002, 2003) y Kulemeyer (2002) entre otros, que resume los conocimientos que se tenían de la zona de estudio hasta el año 2007. Esta parte ha sido particularmente orientada a la descripción del Complejo Agroalfarero San Francisco, por ser considerado la manifestación cultural arqueológica representativa de la región, en razón de que mayormente el material cerámico recuperado en los sitios investigados se corresponde con los estilos cerámicos adscriptos a esta tradición alfarera. Creemos que los escasos trabajos arqueológicos no han favorecido el estudio en profundidad de la zona y por lo tanto no se cuenta con los elementos suficientes para representar otros períodos. Por lo general los hallazgos de sitios arqueológicos, no han sido producto de investigaciones programadas sino más bien de situaciones fortuitas que implicó la necesidad de realizar rescates arqueológicos y en algunos casos facilitó la investigación científica. Por ejemplo sitios que fueron detectados por obreros o personas involucradas en tareas de construcción, como es el caso de Moralito que fue descubierto cuando se realizaban tareas de remoción de tierra para el tendido del gasoducto Atacama. Otra de las circunstancias que ha favorecido el conocimiento de la existencia de algunos sitios ha sido la contribución de vecinos o lugareños que ante el ocasional hallazgo de un yacimiento lo pusieron en conocimiento de las autoridades o profesionales en la materia. En esta Primera Parte también se describen algunos sitios ubicados hacia el oeste del Valle del Río San Francisco, por haberse encontrado en ellos material que los investigadores adscribieron a la tradición San Francisco y se analizan posibles vinculaciones entre éstos sitios y los localizados en el Valle del río homónimo.

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Como ya se señaló por el momento no se cuenta con la suficiente información como para realizar una caracterización de los períodos medio, de desarrollos regionales e inca, por ésa razón estos períodos no se encuentran desarrollados en este texto y se continúa con el período de contacto hispano. Si bien las investigaciones que se vienen realizando han arrojando datos interesantes, particularmente relacionados al período de contacto inca, la información es aun insuficiente, por lo que en la Cuarta Parte nos limitamos a enumerar y describir brevemente los sitios prospectados y entre los descriptos se encuentran algunos que entendemos están relacionados a este período. La Segunda Parte es una reseña histórica sobre los ocloyas, churumatas, tobas, mataguayos, chiriguanos y otros grupos indígenas; que al parecer se encontraban habitando en la zona al momento de la llegada de los españoles. Esta reseña está basada en los trabajos de historiadores como Lorandi (1984, 1980, 1987), Ferreiro (1994), M. Sarasola (2005), Cruz (2006), Sanchez (1990, 1997, 2003) y Sica (1990, 1997, 2008) quienes realizaron sus investigaciones apoyándose en la información contenida en crónicas cómo las de Rui Díaz de Guzmán (1612), Diego Ruiz (1683), Pedro Lozano (1733, 1754) o Nicolás del Techo (1897); los diarios de viajes de exploradores del siglo XVIII, tales como los de Gerónimo Matorras (1774) y Fray Francisco Morrillo (1780) o en documentos oficiales: Archivo Histórico de la Provincia de Jujuy, Archivo de Tribunales de Jujuy, etcétera. La Tercera Parte es una exégesis bibliográfica de investigaciones sobre la historia regional, que abordan el proceso de transformación territorial que se dio a partir del siglo XVII asociado directamente a la fundación de fuertes, instalación de reducciones, pueblos de indios y haciendas; cómo y quienes tuvieron acceso a las tierras y la influencia que ejerció el surgimiento y consolidación de los ingenios azucareros en la conformación del mapa social y económico actual. La Cuarta Parte se aboca específicamente al Programa de Arqueología del Parque Nacional Calilegua, los objetivos fijados por el mismo, las actividades realizadas y los resultados alcanzados. Se desarrolla el proyecto “Relevamiento de sitios con posibles manifestaciones arqueológicas e históricas en el Parque Nacional Calilegua y zonas

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vecinas”, uno de los proyectos que dieron inicio a este programa. Fue especialmente formulado con el propósito de recuperar la historia de ocupación por parte de ganaderos trashumantes antes de la creación del Parque y ampliar los conocimientos en cuanto a la ubicación de los restos de los puestos de ganadería de trashumancia ubicados en las tierras que hoy conforman el área protegida. Para lograrlo, además de la revisión de los documentos oficiales se llevaron a cabo una serie de entrevistas a pobladores de la localidad de San Francisco, por ser algunos antiguos ocupantes y otros familiares de los mismos. Fragmentos de estas entrevistas han sido transcriptos en esta Cuarta Parte. La Quinta Parte desarrolla íntegramente a los trabajos de investigación que ha llevado adelante el Programa de Arqueología y que han permitido dar inicio al desarrollo de la Carta Arqueológica mediante el registro histórico y arqueológico de los departamentos Ledesma y Valle Grande. Aquí se describen brevemente los sitios relevados y el material cultural identificado en los mismos; inclusive los que corresponden a las ocupaciones históricas (puesto de trashumancia) del Parque Nacional Calilegua. Se exponen los logros y las conclusiones a las que se ha arribado de acuerdo a los resultados obtenidos hasta el momento. La Sexta Parte es una revisión de los hechos históricos que promovieron la creación del PNC. Las circunstancias políticas y económicas y los conflictos gremiales que influyeron decisivamente a nivel empresarial y gubernamental en la firma del acuerdo que convertiría parte de la Finca San Lorenzo, propiedad de Ledesma SAAI, en el único Parque Nacional de Argentina con una explotación petrolera dentro de sus límites. Para situarnos en la realidad social de la década del ‟70 (oficialmente el parque fue creado el 19 de julio de 1979) se ha recurrido a los diarios de ésa época que ilustran elocuentemente la situación por la que atravesaba la región y el país.

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Primera Parte: ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS DEL VALLE DEL RÍO SAN FRANCISCO INTRODUCCIÓN El poblamiento de la provincia de Jujuy (y del noroeste argentino en general) se habría iniciado con la llegada de grupos nómades cazadores-recolectores hace aproximadamente 11.000 años antes del presente (Cremonte, 2003). Al respecto Muscio (1999) propone que para el área ubicada por debajo del Altiplano puneño los primeros procesos de expansión de la colonización humana habrían sido en sentido Norte-Sur, Este-Oeste, constituyéndose la Cordillera de los Andes en una barrera biogeográfica, y por lo tanto se habrían conformado poblaciones alopátricas (mecanismo por el cual una especie origina otra u otras especies en áreas diferentes debido al aislamiento geográfico. Lógicamente Muscio se refire a una alopatría étnica) a uno y otro lado de la misma. Posteriormente y favorecidos por el mejoramiento de las condiciones medioambientales el flujo poblacional habría sido multidireccional. Los registros más tempranos, obtenidos hasta el momento, sobre estas poblaciones colonizadoras, se recuperaron de las excavaciones realizadas en cuevas de quebradas que comunican la Quebrada de Humahuaca con la Puna (Inca Cueva, Huaichichocana, Pintoscayoc). Los restos de la cultura material (armas, herramientas, cestería) indican que se trataba de grupos móviles que cazaban camélidos, cérvidos y roedores y recolectaban raíces, bulbos, leguminosas y gramíneas, y que además obtenían bienes de otros ambientes (mar, selva y chaco) como resultado de sus desplazamientos. Estos desplazamientos habrían sido generados por la oferta estacional de determinados recursos (frutos, semillas), el aprovechamiento oportunista de piezas de caza y por las variaciones climáticas que podrían haber afectado la productividad del ambiente (Muscio, 1999).

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Alrededor de 4.000 años atrás, estos grupos iniciaron un proceso de transformación que les permitiría un mejor aprovechamiento de los recursos naturales disponibles, proceso que se manifestaría mediante el manejo de los primeros cultivos de especies silvestres domesticadas de maíz, maní, papa oca, poroto, ají y calabaza (Muscio, 2001; Lorandi y Ottonello, 1987), y con el mantenimiento de camélidos en cautiverio (Yacobaccio, 1994). El registro arqueológico de Huachichocana, Cueva III, e Inca Cueva 7, para el momento que citamos, incluye, además de las evidencias de domesticación de especies de flora y fauna, recursos de las tierras bajas, principalmente de la Selva y el Chaco (cañas, semillas de cebil, maderas duras, plumas de aves tropicales, cueros de lagartos, huesos de tapir), pero también de la costa del Pacífico (conchas marinas) (Fernández Distel, 1974; Lorandi y Ottonello, 1987) El acceso a estos bienes debió haber sido mediante el manejo de redes de interacción, que conformaron un complejo sistema de intercambio (Muscio, 2001), en el que participaron grupos asentados en ambientes alejados como las llanuras chaqueñas. Gradualmente los grupos desarrollarían una economía basada en actividades agrícolas y pastoriles (3.000 años atrás), que favoreció la adopción de hábitos sedentarios, la incorporación de la metalurgia, la cerámica y la construcción de viviendas, directamente vinculadas a las áreas de explotación agrícola (cultivos de papa y maíz) y ganadera (pastoreo de llamas), que posteriormente conformarían las primeras aldeas (Cremonte, 2003). Si bien esta sucesión temporal se realizó en base al registro arqueológico de cuevas de la puna, en términos generales es aplicada para toda la provincia de Jujuy, hasta tanto nuevos hallazgos, en ése u otros ambientes, permitan a los investigadores contar con otras evidencias que contrasten o refuercen lo formulado sobre la colonización humana de la región. Es también importante destacar que dentro de la periodización cerámica de la provincia de Jujuy las cerámicas más tempranas (Sitio Abra de los Morteros: 3.460 ± 110 AP = 1.510 aC - Fernández Distel, 1994) fueron identificadas en el área surandina (Boman, 1903) y conformaron un estilo que dio en llamarse Tradición San Francisco

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(Serrano, 1962) aludiendo al valle donde se hicieron los primeros hallazgos. En consecuencia se propuso que eran características de las tierras bajas. Sin embargo y a medida que el registro arqueológico de la provincia se fue ampliando, este estilo cerámico evidenció una dispersión espacial más amplia, (tierras bajas bolivianas) en sitios localizados fuera del área nuclear propuesta por Dougherty (1975a) y localizados en otros ambientes (Quebrada de Humahuaca). Inferimos que estos nuevos registros llevarán a replantear los actuales conceptos definidos, en cuanto al origen, dinámica de dispersión y antigüedad, para este estilo cerámico. Ambiente y recursos de selva Según Cabrera (1976) en el territorio jujeño se identifican cinco regiones fitogeográficas que ha dado en llamar provincias, y que de oeste a este son: la Altoandina, la Puneña, de la Prepuna, de las Yungas y la Chaqueña. Nuestro interés se centra en la provincia de las Yungas, también conocida como Selva Tucumano-Boliviana, que se desarrolla sobre la vertiente oriental de las Sierras Subandinas, y comprende una angosta faja de masas boscosas, que ingresan a Argentina desde Bolivia, por el norte de Salta y el este de Jujuy. Estas sierras constituidas por una serie de cordones montañosos que de oeste a este reciben los nombres de Zenta, Calilegua, Santa Bárbara, Centinela, Maíz Gordo y Lumbrera, con alturas entre los 2000 y 5000 msnm, se encuentran separadas en dos grupos por el amplio y llano valle del río San Francisco, nacido de la confluencia de los ríos Grande de San Pedro y Lavayén, que en su derrotero hacia el río Bermejo (Salta) recibe, en Jujuy, las aguas de numerosos afluentes como el Río Negro, Ledesma, San Lorenzo, Sora , Los Berros y Piedras. El clima de las Yungas es subtropical, registrándose una temperatura media anual de 17º C, con estación seca y ocasionales heladas en el invierno. Las precipitaciones se producen en el verano con valores promedio entre los 800 y 1500 mm anuales. Siendo una formación de montaña, la variación altitudinal es un importante factor en la composición florística de la selva, diferenciada en cuatro pisos ecológicos: selva

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pedemontana (400 – 700 msnm), selva montana (700 – 1.200 msnm), bosque montano (1.200 – 2.500 msnm) y pastizal de altura (2.500 - 3.000 msnm) (Cabrera, 1976). Cada uno de estos pisos presenta, además de las diferencias topográficas muy marcadas, condiciones climáticas específicas y una gran variedad de especies vegetales y animales representativas para cada uno de ellos. En el pasado los grupos humanos asentados en la selva desarrollaron un tipo de agricultura itinerante conocida con el nombre de “roza y quema” o “tumba y quema”, que consistía en talar y quemar un pequeño sector de selva y, sobre la parcela resultante, realizar la siembra de diferentes especies, entre las que se destacaron variedades de maíz, papas y cucurbitáceas. Al cabo de algunos años la parcela se vuelve improductiva debido a la degradación de la capa fértil, originada, entre otros factores, por la erosión causada por las abundantes lluvias de la región, entonces la parcela es abandonada y se busca un nuevo lugar donde aplicar la misma técnica. En algunos casos, dependiendo de las características edafológicas de la tierra los rastrojos, nombre que se le da a las parcelas abandonas, pueden volver a ser utilizados una vez cumplido el ciclo de descanso (entre 10 y 20 años) (Ardón Mejía, 1993; Ramadori, 1995). Asimismo en las zonas altas (por encima de los 2.500 msnm) encontramos abundancia de pasturas aptas para el desarrollo de la ganadería de camélidos, que posterior a la llegada de los españoles se viera reemplazada por la ganadería vacuna. (Ventura, 2007; Moritan y Brown, 2007; Hilgert, 2007). Por otro lado las selvas ofrecieron a los grupos que la habitaron una amplia gama de recursos naturales y minerales de interés económico (maderas y cañas macizas, frutos, mieles, carne, cueros, plantas medicinales) y suntuario (plumas, platas tintóreas, sustancias alucinógenas y enteógenas, pieles de animales) (ver Tabla I) que utilizaron para consumo propio y como bienes de intercambio con grupos asentados en ambientes vecinos, de los que obtenían sal, conchas marinas, variedad de frutos y rocas para la fabricación de armas y herramientas (principalmente obsidianas y basaltos), entre otros (Albeck, 2000).

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La riqueza en recursos y su posición articuladora entre los ambientes vecinos de puna, quebrada y chaco, fueron componentes claves en el desarrollo de estas sociedades (Albeck, 2000). El Complejo Agroalfarero San Francisco En el extenso territorio conformado por el valle del río San Francisco, se desarrolló el Complejo Agroalfarero San Francisco, también llamado Tradición San Francisco, conocido fundamentalmente a través de restos cerámicos, en tanto que las condiciones climáticas de la zona, altas temperaturas e intensas precipitaciones, no favorecen la conservación de materiales orgánicos (maderas, huesos, semillas, tejidos) que por esta razón se encuentran pobremente representados en el registro arqueológico. Las primeras noticias de este complejo agroalfarero fueron enunciadas, a principios del siglo XX, por Nordenskiöld (1903) y Boman (1903-1908). Posteriormente Fock (1960-1961), Serrano (1962), Gonzales (1963), Dougherty (1974a y b -1975a y b), Tarragó (1989), Ventura (1991-1999-2001), Ortiz (1993) y Núñez (1994), entre otros, en base a posteriores registros arqueológicos, formularon sus interpretaciones en cuanto al posible origen de los grupos portadores de estas cerámicas, la forma de aprovechamiento de los recursos naturales, el modo de ocupación del espacio, los avances tecnológicos en la producción de la cerámica, armas y herramientas, la inhumación de sus muertos y las relaciones de intercambio con grupos asentados en otros ambientes. Obviamente estas interpretaciones serán nuevamente revisadas y gradualmente modificadas en base a los resultados de las investigaciones en curso y posteriores; sin embargo y a los efectos de la descripción de los antecedentes arqueológicos de la zona, que cómo ya se mencionara es uno de los objetivos de este trabajo, difundiremos los conceptos más reconocidos hasta el momento y algunas re-interpretaciones menos difundidas, pero no menos importantes, referidas principalmente a los modos de ocupación del territorio y a la cronología asignada en cuanto a la perduración de la Tradición San Francisco.

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Algunas consideraciones sobre la procedencia y perduración de los grupos San Francisco A más de cien años de las primeras noticias sobre los grupos productores de la cerámica San Francisco, que se habrían asentado en el valle del río homónimo, aún no se ha llegado a un acuerdo en cuanto al origen de estas poblaciones colonizadoras. En base a estudios comparativos entre esta cerámica y otros estilos presentes en la región, los investigadores han arribado a conclusiones parcialmente compartidas en algún caso y contrapuestas en otro. Existe cierto consenso en cuanto a suponer que estos grupos debieron de haber ingresado por el este, procedentes de la Floresta Atlántica, alrededor del 1.500 a.C (Ortiz, 2003), considerando como un rasgo característico de estas poblaciones el entierro de sus muertos en urnas cerámicas (Boman, 1903-1908; Fock, 1960-1961; Rex Gonzalez, 1963). Boman (op.cit.) sugiere que si bien estos grupos habrían compartido con los asentados en el área Calchaquí la costumbre de inhumar a los niños en urnas, la alfarería San Francisco sería cualitativamente inferior a la Calchaquí y propone que estas semejanzas serían producto de influencias ejercidas por ese u otros grupos andinos desde la región Valliserrana1, pero que en definitiva los grupos San Francisco serían de origen guaraní. En general Fock (op.cit.) comparte las apreciaciones en cuanto a la posible influencia de los estilos cerámicos de la región Valliserrana (Condorhuasi, Cienaga, Vaquerías, Candelaria) pero difiere en cuanto al origen de las corrientes colonizadoras, las que supone fueron pre-guaraníes que habrían ingresado por el este a través de los ríos de la vertiente atlántica (Pilcomayo y Bermejo).

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El área valliserrana central o simplemente región valliserrana comprende un conjunto de valles y quebradas situadas entre los 1500 y 3000 metros sobre el nivel del mar que se desarrollan en gran parte de las provincias de Catamarca, La Rioja, norte de San Juan, oeste de Tucumán y el oeste de Salta a lo largo del valle Calchaquí (González, 1977)

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Por su parte Rex Gonzalez (op.cit) adhiere a la presunción sobre el ingreso de grupos provenientes de la floresta tropical pero, para este autor, fueron los grupos San Francisco los que habrían influenciado en la región Valliserrana (Cultura Candelaria en su fase más temprana), y entre los rasgos que habrían introducido estarían los entierros en urnas, las hachas de piedra con cuello y las asas estribo, entre otros. Dougherty también encuentra influencias San Francisco en el período temprano Valliserrano, pero este investigador sugiere que el surgimiento de los estilos cerámicos San Francisco tiene su origen en el altiplánico boliviano (Chullpa-Pampa y Chiripa), lo que luego se reflejaría en los estilos de la región Valliserrana. Es interesante destacar el cuestionamiento formulado por Kulemeyer (et al. 2002) en cuanto al porqué ninguno de los investigadores citados anteriormente, que se pronunciaron sobre los posibles orígenes de los grupos surandinos, buscaron vínculos con la región valliserrana y no con las tierras bajas de Bolivia o el occidente de Paraguay. La Tradición San Francisco se presenta entonces como la manifestación alfarera más antigua registrada en el territorio argentino (Lorandi y Ottonello, 1987) asociada a contextos cronológicos muy tempranos, entre el 1200 aC al 700 aC (Ortiz, 1998), aunque existen discrepancias sobre el fechado catalogado como más temprano, puesto que Fernández Distel (1994) presenta un fechado con una antigüedad de más de 1500 aC (Abra de los Morteros). En cuanto a su perduración en el tiempo, en base a los fechados radiocarbónicos que se disponen hasta el momento, se postula que estos grupos habrían ocupado el valle del río San Francisco en forma ininterrumpida por más de mil años, entre el 800 aC y el 400 dC (Ortiz y Seldes, 2007). Esta hipótesis permitió, en base a comparaciones de tipos cerámicos, plantear posibles conexiones entre este complejo cerámico con otros complejos que se desarrollaron en épocas posteriores y en otros ambientes, tales como el de Candelaria en Tucumán, Vaquerías y Las Cuevas en Salta y Angosto Chico Inciso de la Quebrada de Humahuaca. (Lorandi y Ottonello, 1987). Por otro lado debemos mencionar que en la Quebrada de Humahuaca se recuperaron fragmentos San Francisco en un contexto fechado entre el 1280 dC y el

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1480 dC (Cremonte y Garay de Fumagalli, 1995) y posteriormente Ortiz (1998a) refiere haber recuperado cerámica de clara filiación San Francisco asociada a cerámica colonial en un sitio cercano a la confluencia de los ríos Grande de San Pedro y Lavayén. Estas últimas contribuciones al conocimiento de las cerámicas San Francisco nos lleva a reflexionar sobre los límites cronológicos asignados a este complejo como así también en los procesos involucrados en su dispersión espacial. Modos de ocupación del espacio De acuerdo a las investigaciones estamos en presencia de grupos móviles cazadores, recolectores, pescadores y con agricultura incipiente y por lo tanto la localización de sus campamentos, el tiempo de permanencia y la posibilidad de rehúso de estos campamentos, estaría relacionado con la captación de los recursos necesarios para su supervivencia y con factores climáticos. A estos determinantes de movilidad Ortiz (2003) considera que también debiera de agregarse factores mitológicos (como por ejemplo el peregrinaje en búsqueda de la tierra sin mal de los chiriguanos) (Saignes, 1985), políticos (alianzas para la guerra) (Niklison, 1916), de sanidad (malos olores o exceso de basura en los alrededores del área de habitación), rituales (la muerte de un pariente o miembro del grupo) y de variabilidad o agotamiento del suelo o de los recursos (agricultura de roza y quema, recolección selectiva). En base a estas proposiciones los sitios debieran de reflejar la forma de ocupación del espacio y la movilidad de estos grupos y por tanto se espera encontrar sitios que pudieran indicar en unos casos asentamientos de uso prolongado, y en otros temporales o de uso casual. En 1994 Graham presenta un modelo de movilidad estacional pensado para grupos agricultores, cazadores y recolectores, con el fin de determinar el tipo de ocupación, en base a las particularidades de los sitios. En este modelo se basará Ortiz (2003) para realizar una caracterización de los sitios registrados hasta ése momento. Tenemos entonces sitios residenciales de uso prolongado (con ocupación permanente a los largo del año) que se manifiestan en terrenos extensos (de hasta 8 km2)

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con concentración en superficie de material cultural, particularmente lítico (en especial instrumentos de molienda) y cerámico; cercanos a algún río con régimen permanente que les asegurara la disponibilidad de agua para la época seca, les permitiera el aprovechamiento de los recursos de pesca y posiblemente la práctica de agricultura con riego. Estos sitios deberían presentar estructuras de almacenamiento para alimentos; áreas definidas, dentro del asentamiento, para la depositación de los deshechos (basurales) y obras para riego. Para el caso de estructuras habitacionales se esperaría encontrar indicios que sugirieran un mayor empleo de energía, en su construcción, que en los sitios de residencia breve o casual. Esto podría manifestarse, por ejemplo, con el uso de piedras en la construcción de las estructuras o como en el caso de Moralito, mediante la profundización del terreno que conformaría la base de la vivienda que luego se completaría con materiales perecederos como ramas y barro amasado (estructuras habitaciones de tipo semipozo o casa pozo). Sin embargo Ortiz, basándose en los trabajos de corte evolucionista de Shiffer y McGuire (1992) entiende que las “casas pozo” estarían indicando poca inversión de energía en su construcción y que caracterizarían a grupos que cambian de residencia en tiempos relativamente cortos. Sin embargo otros investigadores (Jiménez Jáimez, 2006-2007) mencionan que este tipo de estructura podría ser habitada por lapsos de entre 7 y 25 años, dependiendo del mantenimiento que se le realice. Según Ortiz los sitios Aguas Negras (Ortiz, 2000), Moralito (Echenique y Kulemeyer, 2003) posiblemente La Manga (Nordenskiöl, 1903; Boman, 1908; Dougherty, 1975a), El Fuerte (Dougherty et al. 2003) entrarían dentro de esta categoría. Sitios residenciales breves (con ocupación estacional) destinados a la captación de algún recurso específico. Estos sitios se identificarían en el terreno por una menos concentración o una menor diversidad de material cerámico y lítico. Por ej: Finca Torino y Media Luna (Ortiz, 1997). Sitios de ocupación corta o esporádica para captación de recursos específicos (con ocupación transitoria), por ejemplo: Naranjito (Ortiz, 1999) y Los Hornos

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(Fernández Distel, 1988/1989; Ortiz, 1993-1999). En el último mencionado, los bajos valores de homogeneidad con respecto a la diversidad cerámica estarían sugiriendo una utilización menos diversificada del espacio y un menor número de actividades desarrolladas (Ortiz, 2003). Sitios con estructuras monticulares de funcionalidad indeterminada. Por ej: El Infante (Serrano, 1962; Dougherty, 1975a; Ortiz, 1993-1997) Finca Cachepunco (Ortiz, 1993), y tal vez Finca El Rosario (Pellisero, 1988-1989). Según Ortiz esta sería para Dougherty la foma típica de asentamiento para estos grupos y lo que le habría permitido postular una ocupación sectorizada de la región relacionada a la obtención de recursos y a las características ambientales. Luego esa autora menciona que, lejos de ser una constante los sitios con estructuras monticulares son los menos representados en el registro arqueológico. Sea de una u otra forma no queda claro cuáles serían las particularidades de estos sitios. Tránsito casual (no sitios o registro aislado de baja densidad). Cabe aclarar que de acuerdo a la revisión bibliográfica que hemos realizado se observan ciertas contradicciones en cuanto a asignar un sitio a una categoría y en un trabajo posterior asignar el mismo sitio a otra. Si bien suponemos que esto puede deberse a la dinámica de la investigación, por cuanto nada es definitivo y a medida que se profundiza en el conocimiento de un determinado sitio van surgiendo nuevos elementos que modifican los presupuestos que se tenían hasta ése momento, este hecho, ha acarreado no pocos problemas a la hora de realizar esta síntesis. La cerámica Por el momento el aspecto mejor estudiado del Complejo Agroalfarero San Francisco o Tradición San Francisco es su componente cerámico. Esto se debe principalmente a que las condiciones ambientales de la región no favorecen la preservación de material orgánico, salvo en casos excepcionales, en que éstos se

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encuentran en el interior de vasijas que luego fueron enterradas originando la creación de un microambiente que resultó apto para la conservación de su contenido. Ventura (1998) refiere a textiles (Rolandi, 1984-1985), metal (Ventura, 1985) y restos óseos hallados en esas circunstancias. Una tradición alfarera comprende una línea o varias líneas de desarrollo alfarero a
Botellón en forma de tortuga

través del tiempo y con ciertas constantes

técnicas y decorativas (Figura 1). Este desarrollo debe poder rastrearse en sucesivos períodos temporales, períodos en los que pueden surgir diferentes estilos cerámicos que se harán evidentes dentro de la tradición. Serrano (1962) fue el primer investigador que realizó una clasificación de Tradición San Francisco, determinando dos grandes grupos Arroyo del Medio y El Infante, nombres que adoptó de los sitios por él excavados. Posteriormente Dougherty (1975a), revisó, modificó y amplió el trabajo realizado por Serrano y propuso una nueva clasificación: San Francisco Pulido y San Francisco Ordinario, que en términos generales se correspondían con los grupos Arroyo del Medio y El Infante respectivamente. En el año 1997 Ortiz vuelve sobre la cerámica San Francisco clasificándola en siete grupos cerámicos, pero básicamente se mantienen las dos grandes categorías. La primera gran categoría se corresponde con el grupo San Francisco Pulido y está integrado por cerámicas de cocción reductora, de color gris oscuro a negro, con superficie pulida y decoración incisa, gravada y pintada, y piezas pulidas sin decoración. La decoración incisa se realizó sobre la pasta fresca (pre-cocción) mediante el uso de elementos punzantes de hueso o madera. Los motivos son mayormente geométricos compuestos por líneas y puntos; incluyen escalonados, aserrados, líneas quebradas, figuras triangulares, romboidales y trapezoidales.

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En la cerámica con decoración pintada se han usado los colores rojo, ante o amarillo y en menor proporción el negro. Pueden ser piezas con engobe pulido, incisas y pintadas (la pintura se ha usado para rellenar los motivos incisos) o solamente pintadas. Otra de las técnicas observadas es el modelado y se encuentra presente en asas, apéndices adosados a escudillas y vasijas, o en la confección de las pipas y colgantes. Los motivos representan figuras animales (sapos, monos, felinos, aves) o humanas. En este grupo predominan las pequeñas vasijas para consumir alimentos y servir comida: escudillas, cuencos, platos, vasijas globulares (que no van al fuego, es decir no son utilizadas para cocinar), botellas, botellones. También encontramos pipas de fumar y adornos colgantes. La segunda categoría engloba las cerámicas San Francisco Ordinario y está integrada por cerámicas de cocción oxidante, gruesa y tosca, generalmente de color anaranjado, ocre o castaño; con superficies alisadas, con o sin decoración; vinculadas a actividades culinarias o de almacenamiento. Las técnicas decorativas más representadas son el corrugado, las impresiones dactilares, el acanalado inciso o grabado, el mamelonado y las improntas de red u otros objetos. La pintura es escasa pero se pueden observar piezas con un baño amarillento o ante. También está presente el modelado, mayormente representado por caras humanas, adosadas a las paredes de los recipientes. Con esta cerámica se elaboraron grandes vasijas usadas como urnas funerarias, como las del Cementerio Arroyo del Medio, o para almacenar alimentos; ollas para cocinar, tapas de ollas, botellones, platos y jarras. La industria lítica El registro arqueológico de los sitios asignados a los grupos agroalfareros San Francisco presenta gran cantidad de material lítico repartido entre artefactos rudimentarios, con escaso trabajo de formatización y mantenimiento y los artefactos tallados y pulidos. Entre los primeros se encuentran percutores, pulidores y lascas. Entre

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los

artefactos

pulidos

se

encuentran

morteros planos y cilíndricos, manos de moler, hachas cilíndricas con garganta para enmangue, hachas planas, mazas, pipas para fumar y colgantes. Las puntas de proyectil son menos frecuentes, y dada la ausencia de
Hachas de piedra - Calilegua

restos de talla de esta materia prima se

supone que fueron obtenidas por intercambio. Las hachas pulidas constituyen una industria local. Las materias primas más frecuentes utilizadas en su fabricación (rocas basálticas) se presentan en estado natural en los lechos de ríos y arroyos locales (Ortiz, 2003). No se conoce con certeza la utilidad de estos instrumentos pero se infiere que pudieron haber servido en la caza, la lucha, la recolección de vegetales y el trabajo de la tierra (Kulemeyer y Echenique, 2002). Los morteros planos estarían asociados al procesamiento de sustancias alimenticias (harinas) o para machacar y reducir raíces, frutos u hojas; en tanto que los morteros cilíndricos, mas pequeños, podrían haber sido usados para reducir, a una textura más fina, sustancias como arcillas, pigmentos o minerales en pequeñas cantidades (Echenique y Kulemeyer, 2003). Los adornos colgantes y las figurillas y perfiles de piedra con motivos animales y humanos (Fernández Distel, 1997) constituyen, al igual que las puntas de flecha, hallazgos menos frecuentes. Otro aspecto a considerar se refiere al hallazgo de tres morteros múltiples (Trigo Pampa, Trece Fuentes de Calilegua, Abra de los Moteros) en distintos sectores de selva, que Fernández Dístel (2002) cataloga como pertenecientes a la Cultura San Francisco y a los que les atribuye funciones de molienda de alimentos o minerales, aunque no descarta posibles funciones rituales. Se trata de grandes bloques pétreos sobre los que se han horadado conjuntos de tacitas o cúpulas.
Colgante de piedra Museo de Calilegua

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La metalurgia La metalurgia de los grupos San Francisco es un aspecto poco conocido y escasamente representado en el registro arqueológico de los sitios tempranos detectados hasta el momento. No ocurre lo mismo para épocas más tardías, a las que se adscriben una importante cantidad de piezas de metal recuperadas de las excavaciones de los cementerios Manuel Elordi (Oran-Salta) y El Talar (Dougherty y Belén, 1979; Ventura, 1985) (Ortiz, 2003). El cobre parece haber sido la principal materia prima, utilizada en la fabricación de piezas de uso probablemente personal, seguida del oro y la plata. Entre las formas más comunes se encuentran los llamados “brazaletes” y “anillos”. (Gonzáles, 1979) (Ortiz, 2003). A diferencia del oro que puede encontrarse en la naturaleza en estado casi puro los otros metales suelen presentarse en diversas combinaciones. El cobre por ejemplo es posible encontrarlo como elemento nativo, como óxido y carbonato de cobre (malaquita), o como sulfuro de cobre (calcopirita). Es decir un mismo metal puede obtenerse de diferentes minerales. Conocer el mineral de donde fue extraído el metal es fundamental para reconstruir la técnica metalúrgica empleada, porque, por ejemplo, el método empleado para extraer un metal de un oxido es diferente del usado para extraerlo de un sulfuro. Por otro lado, es posible, en base a estudios mineralógicos identificar qué minerales fueron utilizados para obtener esos metales y determinar su distribución geográfica, e incluso establecer el lugar de donde se extrajo la materia prima (Gonzales, 1992) (Angiorama, 2001). El oro, el cobre, el estaño y la plata han sido los metales preferidos para la fabricación de objetos por los grupos prehispánicos de la provincia de Jujuy. En nuestra región se registran yacimientos de cobre, plata y oro (Catastro minero de Jujuy) aunque se desconoce si los grupos que habitaban el Valle del San Francisco tuvieron los conocimientos metalúrgicos necesarios para su explotación o si pudieron haber integrado alguna de las etapas de la cadena productiva de estos metales (Figura 2).

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Los objetos recuperados en los sitios estudiados podrían provenir de puna o quebrada, ambientes a los que estos grupos tuvieron acceso a través de redes de intercambio (Ortiz, 2003b). Según Yacobaccio (1999) es posible que pastores puneños haya recurrido a la explotación y tráfico de minerales (oro, estaño, plata) requeridos por grupos de otras áreas y de esta manera se articularon en una red de intercambio que les permitió acceder a artículos que ellos mismos necesitaban (Angiorama, 2006). Recientemente se han recogido evidencias sobre actividades mineras en las Serranías de Calilegua, al menos para la época de contacto con los incas. Estas actividades actualmente están siendo investigadas por el equipo que lleva adelante el programa de arqueología del PNC. En la zona del cerro Fundición se han encontrado numerosas minas, un posible molino para mineral y varios tramos de caminos y sendas prehispánicas que comunican las cumbres de estas serranías entre sí y que posiblemente se integraban al ya conocido camino inka que unía Santa Ana (Humahuaca) con Valle Colorado (Valle Grande). Por otro lado en la documentación histórica y administrativa de la zona se registra al menos una mina de oro y varias de cobre y plata en los departamentos Valle Grande, Ledesma, San Pedro y Santa Bárbara (Angelelli, 1950; Juzgado Administrativo de Minas, 2007). Estructuras de combustión El conocimiento y manejo del fuego le ha permitido al hombre alcanzar importantes avances tecnológicos, tales como la cerámica y la metalurgia. El hombre prehispánico debe haber experimentado con la construcción de diferentes estructuras de combustión hasta haber logrado maximizar cuantitativa y cualitativamente la producción de los artefactos que necesitaba, ya fueran de uso doméstico o ritual, para consumo interno o destinado al intercambio, cerámicos o metálicos. La escasez de materiales combustibles convencionales, como la madera y el carbón, que sufrieron grupos asentados en regiones como la puna, puede haber

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favorecido el surgimiento de soluciones ingeniosas, como por ejemplo el aprovechamiento del guano de los animales; pero en la zona de selva donde abundan maderas de todos los tipos, la obtención de este recurso no fue un problema. Si bien, como se expresara anteriormente los grupos San Francisco, al menos en épocas tempranas, no manejaron las técnicas metalúrgicas, sí tuvieron una prolífera producción alfarera, lo que implicó el manejo de toda la cadena productiva cerámica, incluido la construcción de hornos y el manejo de las temperaturas de cocimiento. Hornos de diferentes características han sido registrados en los sitios excavados (Douguerty 1975a; Ortiz 1993, 1999, 2001; Lucas et al. 1997; Soria et al. 2000; Echenique y Kulemeyer, 2003). A modo de ejemplo reproduciremos aquí la descripción que Echenique y Kulemeyer (2003) realizan de los hornos del sitio Moralito (San Pedro): “tienen una planta en forma circular, un cuerpo de forma abovedada y, en la cúspide, una abertura circular de 35 centímetros de diámetro. Poseen una altura de 60 a 70 centímetros y en la base un diámetro de 60 centímetros. En un caso se observa una pequeña abertura circular que, tal vez, hubiera funcionado como chimenea”2. Si bien estos autores no les asignan ningún nombre creemos que podría tratarse de los llamados “hornos fogón” similares al estudiado por Ortiz (2001) en el sitio Aguas Negras. Ortíz también menciona la existencia de grandes hornos excavados directamente en tierra a los que llama “del tipo campana”. Sin embargo en trabajos posteriores reconsidera las funciones de estas estructuras a las que interpreta como estructuras para almacenamiento de alimentos (Ortiz, 2003). Es interesante destacar que en el sitio Media Luna (San Pedro) se hallaron restos óseos humanos en el interior de una estructura similar (Ortiz y Seldes, 2007), por lo que consideramos que sigue siendo prematuro asignarles una determinada funcionalidad, al menos hasta que el registro arqueológico se amplíe y permita la realización de estudios comparativos entre varios sitios.

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ECHENIQUE, M. y KULEMEYER, J. La excavación arqueológica de una “mancha blanca”, el sector M43C en el sitio Moralito, departamento San Pedro, provincia de Jujuy, República Argentina. En: La mitad verde del mundo andino. Investigaciones arqueológicas en la vertiente oriental de los Andes y las tierras bajas de Bolivia y Argentina. Editado por G. Ortiz y B. Ventura. CREA. Universidad Nacional de Jujuy. 2003. p.111.

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Los enterramientos El tratamiento conferido a los muertos va a depender de las creencias y costumbres de cada pueblo, así es que los investigadores podrán encontrarse con tumbas cuyos restos reflejen complejas prácticas de momificación, por ejemplo, o bien con cuerpos que sin más tratamientos han sido directamente depositados en una fosa excavada en la tierra. Como ya expresáramos las condiciones ambientales de nuestra zona no favorecen la preservación de los materiales orgánicos, sin embargo al menos tres tipos diferentes de prácticas mortuorias, es decir las formas en que los grupos
Representación de un enterramiento en urna

que la habitaron han dispuesto de los restos de sus muertos, han podido ser registradas. Una de estas prácticas y también de los hallazgos más divulgados es el entierro de niños en urnas cerámicas del sitio Arroyo del Medio (departamento Santa Bárbara) (Figura 3) (Boman, 1908; Nordenskiöld, 1903), excavado hace más de un siglo, y el único en su tipo registrado hasta el momento para los grupos de la Tradición San Francisco; aunque cabe mencionar que la inhumación en urnas es una costumbre también practicada por otros grupos selváticos (Candelaria), como por valliserranos (Ciénaga, Santa María) y chaqueños. El sitio Arroyo del Medio ha sido catalogado como un cementerio de niños. De allí se excavaron 4 urnas funerarias conteniendo los huesos de niños de corta edad, (de 0 a 2 años). Una quinta urna había sido desenterrada por un lugareño y las huellas de una sexta aún se notaban en el terreno al momento de la excavación. En el interior de cada una de las urnas se encontraron junto con los restos óseos varios trozos de carbón, por lo que se propuso que los cadáveres habían sido “sollamados” con carbones ardientes, no quemados, sino parcialmente afectados por el fuego, que a decir de algunos investigadores sería una práctica ritual funeraria propia de esta región. (Ortiz, 2003)

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En todos los casos el ajuar funerario consistió en cuentas y caparazones de caracoles terrestres y marinos. Asociado a este cementerio, por debajo de las urnas se encontró el esqueleto de un adulto con entierro directo, también acompañado de cuentas de caracol. Se ha postulado que los niños en urnas del Cementerio de Arroyo del Medio pudieron haber sido sacrificados, práctica ritual que también fuera atribuida a grupos de la cultura Ciénaga (Lorandi y Otonello, 1987). Sin embargo debido a que no se han registrado otros hallazgos similares en el Valle de San Francisco, es una suposición válida pero no concluyente. Otra de las prácticas mortuorias aludidas es el entierro directo de adultos que fueron registrados por Nordenskiöld (1903), Dougherty (1974) Lucas et al. (1997) y Ortiz (1999). Todos los adultos presentaban deformación craneana en alguna de sus variantes, aunque la tabular oblicua pareciera haber sido la más común. La deformación craneana es un rasgo cultural que puede darse tanto en pueblos vivientes como en grupos extintos. Su práctica ha tenido una amplia difusión en las culturas prehispánicas de toda América y puede ser considerada como un adorno o como un signo de pertenencia a un grupo social destacado. Las técnicas usadas para lograr la deformación deseada fueron variadas, desde la simple aplicación de vendajes comprimiendo toda la circunferencia de la cabeza hasta la utilización de aparatos en las cunas, y se aplicaban al recién nacido aprovechando la plasticidad de los huesos del cráneo. Con respecto al ajuar de los entierros directos es, por lo general, escaso y consiste principalmente en cuentas de collar fabricadas con valvas de caracoles. Si bien, hasta el momento se trata de un caso excepcional, es interesante mencionar que en uno de los entierros de Saladillo Redondo fue hallado en la boca del esqueleto exhumado un tubo confeccionado con un húmero humano, que a decir del autor se asemejaba a una pipa. (Nordenskiöld, 1903). Finalmente debemos mencionar el entierro registrado en el sitio Media Luna (Ortiz y Seldes, 2007) por tratarse de una modalidad diferente a las mencionadas. En este caso el individuo adulto había sido colocado en una estructura que en principio fuera

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explicada como un “horno tipo campana” y luego reinterpretada como un silo. Aparentemente no encontraron ajuar asociado a este enterramiento y no nos queda claro si se trató de un entierro primario o del entierro secundario de los huesos. Serán necesarias mayores investigaciones para dilucidar los interrogantes que se plantean en torno al tratamiento que los grupos San Francisco confirieron a sus muertos, si existieron o no sacrificios de niños o el porqué de las prácticas mortuorias diferenciadas entre los adultos Las plantas sagradas El uso de plantas nativas que por sus propiedades sirvieron para el tratamiento y curación de enfermedades, así como para la comunicación con planos sobrenaturales ha sido, y sigue siendo en la actualidad, un recurso fundamental en las sociedades de todo el mundo (Tabla 1). Sin embargo debemos diferenciar las exclusivamente medicinales de las que además de sus propiedades curativas son consideradas plantas sagradas ya que posibilitan a la persona que las utiliza “entrar en un estado de conciencia amplificado (…), gracias al cual se modifica la percepción, y sea a través de sensaciones corporales, auditivas, visiones, o impactos cognitivos, se puede entrar en contacto con planos o entidades sobrenaturales”3 (Llamazares y Sarasola, 2004). A estas plantas sagradas se las ha comenzado a denominar “enteógenas” (que genera a Dios en nuestro interior), en reemplazo de los términos “psicoactivas”, “psicotrópicas” y/o
Pipa cerámica-Moralito, Jujuy

“alucinógenas”, muy difundidos en el ámbito académico, pero

muy técnicos, ya que estos remiten particularmente a los efectos que las sustancias provenientes de estas plantas causan sobre el organismo pero no abordan el significado espiritual que, para estas sociedades, conlleva su utilización. Particularmente el uso del
3

LLAMAZARES, Ana María y MARTÍNEZ SARASOLA, Carlos (editores). Principales Plantas sagradas de Sudamérica. En: El lenguaje de los dioses. Arte, chamanismo y cosmovisión indígena en Sudamérica. Biblios. Buenos Aires. 2004. p. 263.

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término “alucinógeno” está cargado de connotaciones negativas ya que nuestra sociedad occidental moderna lo asocia a los efectos derivados del consumo de drogas y a otros semejantes a los que producen ciertas patologías o desordenes mentales. La palabra alucinación es equiparable a delirio, es decir percibir cosas inexistentes y por lo tanto todo el que alucina es considerado enfermo o alterado (Ruck et al. 1979). Las plantas enteógenas fueron, entonces, un elemento ceremonial de gran importancia porque se constituyeron en el nexo que vinculaba el mundo de los humanos con el de los seres sagrados a través de los chamanes. La información obtenida a través de las investigaciones arqueológicas indica que los grupos asentados en esta zona consumían Cebil, Tabaco y Coro (géneros Anadenanthera y Nicotiana), seguramente en asociación a sus ritos religiosos (Pérez Gollán y Gordillo, 1993). En el caso del Cebil, el polvo obtenido de la molienda de las semillas se fumaba en pipas, se inhalaba por las fosas nasales o se mezclaba con bebidas rituales, pero a juzgar por la cantidad de hallazgos arqueológicos de pipas cerámicas en sitios adscriptos a la Cultura San Francisco, la forma de ingestión más común en nuestra región parece haber sido fumando el polvo, probablemente mezclado con Tabaco. Esta es, por otra parte, la manera en que aún lo utilizan algunos grupos indígenas del norte de la Argentina como los wichi y los chiriguano (Llamazares, 2000). Debemos destacar que los grupos pertenecientes a la Cultura San Francisco constituyen el núcleo más temprano y septentrional en el uso de pipas de cerámica (Llamazares, 2000) y el hallazgo de éstas ha sido particularmente numeroso en el sitio Moralito (departamento San Pedro).

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LOS SITIOS ARQUEOLÓGICOS AL OESTE DEL VALLE DEL RÍO SAN FRANCISCO Como ya se mencionara para comprender los procesos que dieron forma al territorio donde centramos nuestras investigaciones, es necesario estudiarlo teniendo en cuenta todas las posibles relaciones de las que hayan sido partícipes los grupos que lo habitaron. Es por esta razón que se describirán algunos sitios arqueológicos registrados hacia el oeste del Valle del río San Francisco, ubicados sobre valles menores, que se vinculan con éste a través de las cuencas de los ríos Valle Grande, Ledesma y Sora, ríos que seguramente fueron utilizados como vías de acceso y comunicación entre los grupos San Francisco y los asentados hacia el oeste. Cuenca del Río Valle Grande Finca Tolaba. El yacimiento arqueológico denominado Finca Tolaba se ubica en una zona de chacras adyacente al pueblo de Valle Grande (departamento Valle Grande). En este sitio se registraron restos de construcciones pircadas dispuestas en forma perpendicular a la pendiente formando pequeñas terrazas; en otros sectores aparecen alineamientos de piedras que parecen conformar estructuras rectangulares, que al decir de los investigadores que trabajaron en este sitio, no pudieron ser relevadas debido a la baja visibilidad y a las malas condiciones de conservación (De Feo y Fernández, 1998). Las piezas de alfarería recuperadas tanto en superficie como en los pozos de sondeo han sido analizadas y de acuerdo a las características morfológicas y a la arcilla utilizada se ha concluido que serían de manufactura local con influencias estilísticas de la Quebrada de Humahuaca. En cuanto al material lítico se ha diferenciado dos grupos, uno de manufactura local realizado con materia prima que se encuentra en abundancia en la zona y un segundo grupo compuesto por piezas también manufacturadas en el sitio pero con materiales alóctonos (obsidiana).

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Morteros de tamaños variados y manos de moler evidenciarían tareas relacionadas a la molienda de semillas cultivadas o recolectadas y posiblemente con el procesamiento de pigmentos minerales utilizados en la manufactura de la cerámica. La cantidad de restos óseos recuperados pertenecientes principalmente a camélidos estaría indicando que estos animales habrían formado parte de la dieta alimenticia del grupo aquí asentado. Según los investigadores este sitio tendría una antigüedad de 700 años y se habría encontrado habitado por colonias especializadas en la obtención de recursos específicos de la región de las Yungas, con el objeto de abastecer a comunidades asentadas en la Quebrada de Humahuaca (De Feo y Fernández, 1998). La Cancha y Finca Apaza Estos dos sitios se encuentran en la localidad de San Francisco (departamento Valle Grande). En ambos sitios se han recuperado fragmentos de alfarería de filiación quebradeña al igual que en Finca Tolaba y presentan un alto grado de perturbación debido a la actividad humana actual. La presencia de material lítico y restos óseos se registró en mínima proporción (De Feo y Fernández, 1998). Alero con pinturas rupestres en San Lucas San Lucas es un pequeño poblado ubicado en el límite occidental del departamento Valle Grande, muy próximo al departamento Tilcara. El sitio arqueológico es un gran alero que se encuentra a aproximadamente a 1,5 km del poblado. El paredón con pictografías presenta figuras de cóndores, aves zancudas, un felino, venados, caravanas de camélidos y personajes humanos. Todas las figuras han sido pintadas utilizando el color blanco y en menor medida el rojo y el negro. En la periferia del alero se producen hallazgos cerámicos esporádicos y superficiales. El contenido iconográfico es similar al de otros sitios ubicados en la Quebrada y Puna de Jujuy (Fernández Distel, 1997).

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El Santuario Inca del Cerro Amarillo Se encuentra ubicado en el Cerro Amarillo. El registro consiste en seis largas plataformas artificiales, emplazadas en la cumbre del cerro, sobre la ladera oeste. Descendiendo 150 m hacia el sur, en una explanada junto al filo del cerro, hay un conjunto de cuatro recintos. Las plataformas fueron construidas mediante sólidos muros de contención de 0,90 m de ancho. El terraplén resultante fue recubierto con grandes lajas. Los muros son dobles, alcanzan hasta los 2,50 m de altura y en dos casos cuentan con estructuras de refuerzo. El tipo de emplazamiento, las plataformas artificiales y el resto de la arquitectura superficial, conllevan al diagnóstico de Cerro Amarillo como un Santuario Inca de Altura. Esta filiación cultural es indudable atendiendo al trabajo de la piedra, el uso de refuerzos en los muros y las analogías de partes arquitectónicas apoyadas en la morfología del yacimiento. Según Raffino (1993) estas estructuras podrían estar vinculadas a tareas de observación y vigilancia a cargo de la guarnición instalada en Pueblito Calilegua, unos 2 km. más abajo (Raffino, 1993). “Respecto al camino para llegar aquí, los arqueólogos (…) [Raffino, Nielsen y Alvis] concluyeron que entre los poblados de San Francisco y Alto Calilegua hay tramos de calzada

incaica, cuidadosamente empedrada y con escalinatas. Desde este último pueblito y hasta la cumbre
también hay algunos indicios. Evidentemente este camino se conectaba con todo un sistema vial que venía desde Humahuaca, pasando por Caspalá y Valle Grande” 4(Fernández Distel, 1997). El Pueblito Calilegua Se sitúa en una hondonada próxima a la cumbre del cordón montañoso de Calilegua, cerca de la base del Cerro Amarillo. El yacimiento está junto a un arroyo de curso estacional y el acceso al mismo se realiza por la ladera occidental de la serranía, dado que la oriental del cerro cae a pique, constituyendo una infranqueable barrera natural. Raffino (1993) concluyó que el trazado de este asentamiento constituye “un clásico ejemplo de los patrones incaicos de organización del espacio”5. Consta de una extensa plaza

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FERNÁNDEZ DISTEL, Alicia Ana. Jujuy Diccionario Arqueológico. Milor. Salta. Argentina. 1997. p. 41.

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cerrada en dos de sus flancos por un muro semi-perimetral con dos vías de acceso; un tercer lado delimitado por una elevación formada por un afloramiento granítico; y el cuarto por los propios recintos. En este extremo, el más próximo al camino de acceso, se destaca un Torreón Circular. Las construcciones se distribuyen en dos unidades simples adosadas al muro de la plaza y cuatro formados por varios recintos cada uno. Uno de estos grupos consta de un cerco perimetral con una habitación en una de sus esquinas y siete collcas en su interior. La mayor parte de los recintos son de pirca doble y planta cuadrangular, observándose claramente las puertas. Aparentemente, los artefactos en superficie son muy escasos, siendo difícil establecerlo con certeza debido a la presencia de un alto pajonal que invade el sitio. Estas estructuras y su directa articulación con el santuario del Cerro Amarillo, asignan una funcionalidad orientada hacia dos aspectos medulares del Sistema Inca: la ideología religiosa y la prevención de cualquier suceso que pudiera afectar su estabilidad. Es así como la construcción de este sitio, estaba destinado a prevenir cualquier ingreso desde el Chaco, a través de una guarnición fronteriza. “Cabe enfatizar en el término prevención y no defensa por cuanto Pueblito Calilegua carece de arquitectura militar defensiva, pero posee una articulación directa con Humahuaca”6 (Raffino, 1993) lo que aceleraría el flujo de información desde esta zona a la Quebrada ante cualquier potencial de perturbación territorial. Cuenca del Río Ledesma Los sitios que se describen a continuación se encuentran emplazados en la cuenca superior del río Corral de Piedra que con distintos nombres, Ocloyas, Caulario, Candelaria y Ledesma desemboca en el río San Francisco.

5

RAFFINO, Rodolfo. Inka: arqueología, historia y urbanismo del Altiplano Andino. Corregidor, Buenos Aires. 1993. p. 220.
6

Ibid., p. 220.

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El Poblado Corresponde al emplazamiento del actual pueblo de Ocloyas, por esa razón no se distingue su instalación. Los restos arqueológicos fueron recolectados durante tareas de excavación para la construcción de la escuela. Se observa abundante material cerámico y lítico de filiación San Francisco (Garay de Fumagalli, 2003). Trigo Pampa Se encuentra ubicado sobre el valle fluvial del arroyo homónimo. No se observan estructuras en superficie, pero se destaca un gran bloque de caliza donde se han tallado varios morteros muy similares a los descriptos para Abra de los Morteros (Fernández Distel, 1994). Cerca del lugar se encontró material cerámico de filiación San Francisco (Garay de Fumagalli, 2003). Cucho de Ocloyas Los restos se encuentran sobre una superficie aplanada que corona una elevación del terreno. Se trata de un núcleo habitacional rodeado por un muro perimetral de considerables dimensiones que sólo está ausente en sectores donde ha sido visiblemente erosionado. En el interior se detectaron estructuras rectangulares y circulares. Las construcciones son de pircas dobles realizadas con bloques, en muchos casos canteados, que debieron ser transportadas desde el cauce de los ríos. El conjunto cerámico presenta elementos diagnósticos que indican que el sitio estuvo habitado durante el momento de ocupación incaica (Garay de Fumagalli, 2003). Cuenca del Río Sora Trece Fuentes de Calilegua La piedra de las Trece Fuentes se encuentra en una zona plana, entre dos arroyos afluentes del Río Sora.

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Es un gran bloque de arenisca roja erecto del que se ha desprendido una sección aplanada que quedó apoyada horizontalmente en el piso. Esta faz plana tiene trece horadaciones poco profundas (“fuentes”) de un diámetro medio de 35 centímetros. El sitio fue estudiado por Alicia Fernández Distel (2001) quien concluyó que se está frente a un exponente de cúpulas con finalidad utilitaria (molienda) relacionado con la cultura San Francisco. Consideraciones generales Es importante tener en cuenta que las características geográficas de Valle Grande, convierten la zona en una especie de bolsón de difícil acceso. Hacia el oeste se conecta con la Quebrada de Humahuaca a través de algunos pocos pasos (Abra de Minas, de Mudana, de Yala, de Potreros y de Remate) y hacia el este solo el Abra Grande lo comunica con la llanura chaqueña. Sin embargo la presencia de colonias quebradeñas se evidenciaría en sitios como Finca Tolaba, La Cancha y Finca Apaza. Por otro lado encontramos dos sitios incaicos, Pueblito Calilegua y el Santurario del Cerro Amarillo que también habrían estado en contacto con la Quebrada de Humahuaca como se evidencia por la presencia de algunos tramos de calzada incaica (Santa Ana –Valle Colorado). El paredón con pinturas rupestres de San Lucas, representando caravanas de camélidos, así como la presencia de puntas de proyectil y de lascas de obsidiana en el sitio Finca Tolaba, con un posible origen puneño, contribuyen a sustentar la presencia de caravanas en el área, que pueden tomarse como un indicador del intercambio a larga distancia. Todo indica que a pesar del aparente aislamiento geográfico, el contacto entre la zona de Valle Grande con la Quebrada y Puna fue bastante fluido. Posiblemente la configuración orográfica, actuando como barrera natural, tuvo mayor relevancia en los contactos interétnicos hacia el valle del San Francisco, haciéndolos más complejos que hacia el oeste (De Feo y Fernández, 1998).

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Pero por otro lado en la región meridional de la Quebrada de Humahuaca, las Yungas están mucho más cercanas al ámbito de prepuna, los fondos de la quebrada no son muy propicios para la agricultura y los valles orientales ofrecen bienes muy preciados por los pueblos andinos (cebil, maderas duras, miel, pieles, plumas, hierbas medicinales), como así también, la posibilidad de obtener ciclos de maíz anticipado (michca) en relación con la quebrada. Esto podría haber impulsado a la población meridional de la quebrada a ocupar sectores de las Yungas dentro de un sistema de complementariedad ecológica que formó parte de una esfera muy compleja de interrelaciones étnicas y económicas (Garay de Fumagalli, 1992 a y b; Otonello y Fumagalli, 1995). En esta zona los pasos hacia el este son más accesibles que en la zona de Valle Grande. El Cucho o Antigal de Ocloyas permite controlar la vía de acceso más importante desde el este, constituida por el río Catres-Corral de Piedras (Ledesma), que tiene sus nacientes en la Quebrada de Humahuaca, y que tras recibir distintos afluentes y nombres, lleva directamente al río San Francisco y por lo tanto a las planicies chaqueñas. Este sitio, parece formar parte de un sistema de asentamientos instalados por los Incas en la “frontera oriental”, que les permitiría controlar la entrada de la principal vía fluvial hacia el este, ruta principal de los grupos provenientes del Chaco (Garay de Fumagalli, 2003) Asimismo los hallazgos detectados en los sitios El Poblado y Trigo Pampa, confirman que sociedades San Francisco se asentaron más al oeste de lo que se conocía, en pisos ecológicos más altos. El hecho que, en un territorio reducido, se encuentren tres sitios de esta naturaleza y que en uno de ellos, Trigo Pampa, se hallen morteros múltiples de grandes dimensiones, similares a la piedra de las Trece Fuentes de Calilegua, indicaría que estas ocupaciones no fueron ocasionales, sino de carácter estable y prolongado (Garay de Fumagalli, 2003; Fernández Distel, 2002-1997). En síntesis, todo estaría indicando que los contactos interétnicos entre grupos del valle de San Francisco y los asentados en regiones de la Quebrada y Puna existieron desde épocas tempranas y se remontaron hasta el momento de la ocupación incaica. Las

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relaciones entre las tierras altas y las tierras bajas ha sido siempre un tema muy controvertido en la arqueología sudamericana. Los modelos relacionales que se han propuestos van desde la ocupación militar hasta el intercambio económico, pero seguramente todos hayan funcionado, incluso más de uno a la vez, dependiendo de situaciones geográficas e históricas determinadas (De Feo y Fernández, 1998).

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Figura 1: Fragmentos cerámicos San Francisco con decoración

a

b

c

d

e

f

g

h

i

j

k

l

m o

n a-b-e: fragmentos con decoración corrugada; c: incisa punteada; d-f: incisa lineal; g: con aplicación de mamelones; h: con aplicación de mamelones e incisiones; i: con improntas de red; j-k-l-n: decoración modelada antropomorfa; m: asa con decoración modelada zoomorfa (rana); o: pintada e incisa.

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Figura 2: Cadena productiva. Tomado de Vargas (2007)

Figura 3. Urnas funerarias de Arroyo del Medio. Tomado de Boman (1903)

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Tabla 1. Inventario de recursos silvestres de las Yungas jujeñas

7

7

Tomado de CRUZ, Pablo. “Monte Adentro”. 2009.

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Segunda Parte: LOS INDÍGENAS DEL ORIENTE JUJEÑO EN EL PERÍODO PREHISPÁNICO Los registros más tempranos sobre los indígenas de Jujuy fueron suministrados por los integrantes de las primeras expediciones colonizadoras y luego más detalladamente por los misioneros religiosos que acompañaron desde muy temprano el proceso de colonización y conquista. No es el propósito de este trabajo realizar una descripción de todos y cada uno de los grupos indígenas nombrados en las fuentes y en los trabajos de historiadores y etnólogos, sino la de caracterizar en forma concisa las principales parcialidades que habrían estado habitando la zona que nos ocupa, al momento de la llegada de los españoles. Determinar si estos indígenas eran originarios del lugar donde se encontraban habitando al momento que fueron citados en los documentos históricos sigue siendo objeto de investigación ya que tanto los Incas con el sistema de mitimaes, como los españoles con las encomiendas y reducciones de indios, trasladaban y re-localizaban grupos indígenas de acuerdo a las necesidades de los conquistadores de turno: control territorial, mano de obra especializada, evangelización. Así es que la documentación de la época da cuenta de una trama cultural muy compleja; su estudio y descripción por parte de los primeros cronistas debió ser complicado si tenemos en cuenta que buena parte del territorio del noroeste era el escenario de luchas interétnicas y de resistencia contra el colonizador europeo y por tanto tardíamente “pacificado”. Como consecuencia la información que llega hasta nuestros días está muy sesgada.

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Los Indígenas del pedemonte El pedemonte es la región conformada sobre el abrupto territorio que desciende desde las alturas de la puna hacia el este. En la provincia de Jujuy el pedemonte se identifica al este de los actuales departamentos de Tumbaya, Tilcara y Humahuaca y en el departamento Valle Grande. Para esta zona y al momento de la entrada de los españoles se encuentran citados los ocloyas, churumatas, ossas, paipayas y yalas (Sanchez y Sica, 1990). Ocloyas, Churumatas, Osas, Paipayas y Yalas La de los ocloyas parece haber sido una de la parcialidades más importantes de la zona de Valle Grande (Cruz, 2006). Se sabe que tuvieron una lengua propia de la que el padre Osorio hizo un vocabulario. “(…) Fue el primero en entrar a la provincia del Chaco, y repitió dos veces la expedición; en la tercera obtuvo la palma del martirio. Aprendió el idioma de los tobas con intento de predicarles. También sabía las lenguas tonocoté y quichua, y compuso un diccionario de la ocloya. (…)”8 Para Lorandi (1984) la filiación de los ocloyas admite dos posibilidades: que fueron una parcialidad de los omahuacas, adhiriendo a lo postulado por Bomán (1908), Tomasini (1933), Salas (1945), Serrano (1946), Canals Frau (1950) y Vergara (1966), trasladados desde tiempos preincaicos para controlar recursos en los valles cálidos del Chaco, lo que sería un ejemplo de control de un piso ecológico diferente ya que “(…) los indios de omaguaca tenían en el valle de ocloyas sus chacras donde siembran su michca (…)” 9; pero de ser así se plantea la incógnita sobre cuál fue el vínculo de sujeción de los ocloyas, ya que se sabe que los primeros tenían lengua propia distinta a la de los omahuacas (Sanchez y
8

DEL TECHO, Nicolás. 1897. Historia de la provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús. Madrid Librería y Casa Editorial A. de Uribe y Cia. Asunción del Paraguay. Tomo Quinto, Libro Duodécimo, Cap. XXVIII.
9

SANCHEZ, Sandra; SICA, Gabriela. La frontera oriental de Humahuaca y sus relaciones con el Chaco. En Bull. Inst. fr. études andines, 19, Nº 2. 1990. p. 483.

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Sica, 1990). La otra posibilidad es que fueran grupos relocalizados por los Incas, soldados cuya función sería la defensa de la frontera del imperio, mientras que osas y paypayas realizarían tareas agrícolas y ganaderas y los gaypetes (fracción de los ossas o paypayas) estaban encargados de la extracción y el trabajo de minerales (Sanchez y Sica, 1990). Sotelo de Narváez en 1582 habla de los ocloyas y dice “(…) los indios están en una tierra fragosa que llaman Ocloya tierra de mucho oro, a las vertientes de la cual está la gente que hemos dicho del río Bermejo. Esta gente de Ocloya como diez leguas del valle; es gente del Perú, confina con otra gente que llaman los Tobas, (…)”10 Para los tiempos prehispánicos los investigadores ubican a los ocloyas, churumatas, osas y paipayas dispersos en los valles de las serranías de Zenta (Sanchez y Sica, 1990; Ventura, 2009). Escribe Carrizo (1935) que en 1582 Sotelo Narváez al referirse a la ciudad de Salta dice: “Estará este valle de Salta del valle de Calchaqui como doce leguas y el de Xuxuy estará como otras quince, Valle es de poca gente, pero muy apacible, y que tiene dos ríos, el uno grande y de pescado, cazas y lo de más que los otros, los indios están en una tierra fragosa que llaman Ocloya (…)11”. En otro apartado el autor menciona que “(…) Según las Ordenanzas de Alfaro estas tribus eran de tierras altas y fragosas, identificables con las montañas de Zental y Calilegua (…)”12. Del Techo (1897) identifica a Sicaya, al noreste de la Quebrada de Humahuaca, como el primer pueblo de los Ocloyas, Por su lado Sanchez y Sica (1990) refieren a ocloyas para el 1593 viviendo en el pueblo de Tecalayso cerca del río de Zenta al que llaman pueblo viejo o antiguo. Sin embargo Tommasini (1933) y según un documento de 1638, refiere al primer asentamiento de los ocloyas “(…) de la parte del lado de la Cuesta Larga a donde está la piedra con su Cruz en la Cabecera fabrica de los antecesores..esquina de la peña de Calilegua con su nombre llamado Soraite en donde fue el primer pueblo de esta gente (…)”13 . Según esta cita Soraite podría ubicarse entre los cerros

10

CARRIZO, Juan Alfonso. Cancionero Popular de Jujuy. Universidad Nacional de Tucumán. Tucumán. 1935. Capítulo III, Título I, II.
11

Ibid., Capítulo III, Título I, II. Ibid., Capítulo III, Título I, II.

12

13

FERREIRO, Juan Pablo. 1994. El Chaco en los Andes. Churumatas, Paypayas, Yalas y Ocloyas en la etnografía del oriente jujeño. En: Población y Sociedad, diciembre 1994. Nº 2. p.18.

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Fundición y Amarillo de la Serranía de Calilegua, o al pie de ellos donde se encuentra el sitio Pueblito referido por Raffino (1993). Asimismo es importante destacar que en las Serranías de Calilegua, en la zona del Abra Grande que comunica Valle Grande con las tierras bajas orientales, se encuentran las nacientes del río Sora vocablo que según Ferreiro (1994) podría guardar alguna relación con Soraite e interpretarse como “Cerro de Soras”. Al respecto debemos señalar que los Soras conformaban una de las “naciones” que los colonizadores españoles encontraron a su entrada en territorio boliviano y que habrían sido mitimaes incas para el trabajo en las minas. Según Lozano, los churumatas y los yalas se encontraban asentados en un mismo territorio. Asimismo Sanchez y Sica (1990) proponen que el hábitat de los yalas, al momento de la conquista española, pudo haber estado en la localidad conocida como Yala de Monte Carmelo, al oriente de Tilcara (Sanchez, 2003). Esta interpretación también fue expuesta por Salas (1945) que ubica esta localidad cerca de los poblados ocloyas de Guispiza y Chicza, al norte de los ríos Normenta y Catalde, y al sudoeste de Zenta, camino a Valle Grande. Desde allí y en una fecha que no se ha podido determinar fueron trasladados a los alrededores de la laguna de Yala (departamento General Belgrano) (Ferreiro, 1994). Por otro lado Lozano describe los límites occidentales del Chaco Gualamba diciendo que los ríos Normenta, Teculera y Caulami juntos con el Nacas descienden por entre las serranías hacia el oriente, para desaguar en el río Grande o Bermejo. Esto puede interpretarse como varios ríos corriendo paralelos o un mismo cauce que cambia de nombre en algunas secciones o cuando le aporta un afluente (según Ferreiro Lozano lo entendía como la segunda interpretación). La zona del río Normenta (topónimo que se conserva actualmente) fue asiento de los ocloyas, y Teculera o Tuculera el sitio en el cual paipayas y churumatas mantenían contacto entre sí. El río Nacas también parece ser asiento de los paipayas según se desprende de un alegato, presentado en 1671, en un pleito entre Argañaráz y Salas y Valdez, en el cual dicen de los paipaya, en ése momento asentados en Palpalá, que su

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lugar de origen está en las cabeceras del río Nacas y que tenían sus sementeras en Tuculera y Lormento (Ferreiro, 1994). En base a esta descripción Ferreiro deduce que el río Nacas se encuentra cercano al Normenta, entonces cree posible que los paipayas hubieran ocupado la vertiente oriental de la serranía de Zenta o de Calilegua, cerca de los churumatas, y con acceso al Chaco. Salas y Tommasini han consensuado que el río Normenta histórico (actualmente existe un arroyo Normenta, afluente del río Candelaria-Ledesma al sudoeste del departamento Ledesma) se encuentra en el departamento de Ledesma, en el extremo sur del departamento Valle Grande, donde actualmente se identifica un río Tormento o Lormento, y que sería una sección del río San Lorenzo que desagua en el San Francisco o Ciancas histórico. Al San Lorenzo también desembocan el Río Negro, el Valle Grande, el arroyo Totorillas y el río Duraznal o Catalde histórico, por lo tanto interpreta que los ríos Nacas, Teculera y Caulani podrían ser los actualmente nombrados como Negro, Valle Grande y arroyo Totorilla respectivamente (Ferreiro, 1994). Ventura (1979, 2009) comprobó en cercanías del río San Andrés (serranía de Zenta) la existencia de restos de instalaciones indígenas ubicadas en lugares estratégicos que dominan la visión de los ríos, sobre explanadas naturales en faldeos de los cerros y hace alusión al trabajo de Lorandi (1984) donde se menciona que “(…) De los ocloyas, se dice que tenían muchos pueblos de casas redondas y calles bien ordenadas y que no tienen ríos sino pozos (…)”14. Por el momento parece difícil identificar con acierto, a la llegada de los españoles, el primer asiento de los ocloyas que en razón del sistema de encomiendas sufrirían varios traslados hasta el último conocido como el actual pueblo de Ocloyas en el Departamento General Belgrano.

14

OLIVETO, l. Guillermina y VENTURA Beatriz. Dinámicas poblacionales de los Valles Orientales del sur de Bolivia y norte de Argentina, Siglos XV-XVIII. En: Aportes Etnohistóricos Y Arqueológicos Población y Sociedad Nº 16. 2009. p. 132.

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(historico)

Mapa ubicación de serranías, ríos, pueblos y reducciones mencionados en el texto

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Al igual que los ocloyas, a los churumatas se los sitúa ocupando el pedemonte jujeño, y para el año 1595 los españoles los encomendaron y trasladaron desde su asiento original en el oriente de la Quebrada de Humahuaca hacia los parajes de río Perico (Ferreiro, 1994) con el fin de evangelizarlos y hacerlos trabajar en las haciendas cercanas a las fundadas ciudades de Jujuy y Salta (Cruz, 2006). Carrizo (1935) haciendo alusión a la captura en Purmamarca de Viltipoco, curaca de los omaguacas, donde este “preparaba un alzamiento de más de diez mil indios de guerra entre los cuales se contaban: Diaguitas, Chichas, Omaguacas, Churumatas, Lules y Apanatas, para asolar Jujuy, Salta, la villa de Nueva Madrid y La Rioja”15 dice que, según lo expresa Juan de Chaves, testigo en las probanzas de méritos de Argañaráz, en ese mismo año de 1595 “(…) con iguales artes prendió Argañarás al cacique Laisa general de los indios churumatas e yapanatas que estauan tras de la cordillera de Jujuy e Omaguaca (…)”16 “(…) al qual después de preso y a sus capitanes los dio y entregó al capitán Juan Rodríguez su enconmendero” 17. Nos parece interesante introducir un tema nuevo en relación a los churumatas, y es específicamente el del nombre “Calilegua”. Existe una leyenda muy difundida en la zona sobre un cacique de nombre Calilegua que en la lucha contra los españoles, ante su inminente captura, se habría inmolado saltando al vacío desde un cerro. La leyenda varía en cuanto a la parcialidad a la que habría pertenecido este cacique, algunos aseguran que se trataría de un cacique toba (Tschamler, 1998) mientras otras versiones sostienen que habría sido chriguano. Por otro lado, algunos autores como Andrés Fidalgo (Vocabulario y Toponimia jujeña, 1965) atribuyen un origen quichua a este vocablo y cuyo significado sería “mirador de piedra”, mientras que Antonio Paleari (1987) refiere a una palabra de origen aimara formada por los vocablos “cala” y “lejhue” que significaría “sesos” y “piedra” respectivamente18.
15

CARRIZO, Juan Alfonso. Op.cit., Capítulo II, Título III, X. Ibid., Capítulo II, Título III, X. Ibid., Capítulo III, Título IV, VI. Jujuy Diccionario General. Tomo II. Ediciones Gobierno de la Provincia de Jujuy. Jujuy. 1992.

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Sin embargo, recientemente, durante el proceso de revisión bibliográfica, hemos encontrado dos artículos (Ferreiro, 1994 y Sica, 2008) que citan el testimonio de “(…) miguel caleleba yndio Churumatas sujeto al cacique laisa (…)” 19 (juicio entre Alonso de Tapia y Juan Rodríguez de Salazar, año 1629). En este pleito testificaron paipayas y churumatas. Otro de los testimonios fue el de “(…) Don diego Calao cacique del pueblo de Paipaya (...) [f.21 v.] dixo que este testigo conocio al indio lupay churumata en su pueblo de Cinta [Zenta] ques el rio deste mismo nombre donde residian entonces los dichos churumatas(…)”20 hasta que fueron trasladados a Perico por su encomendero Juan Rodríguez de Salazar (Sica, 2008). Las fuentes mencionan a los churumatas viviendo en la zona de las serranías de Zenta o Calilegua. Resulta llamativa la similitud entre los vocablos “Calilegua” y “Caleleba”, por cuanto podríamos proponer que ambos están relacionados. Por otro lado Lozano menciona que los churumatas tenían lengua propia (Ferreiro, 1994) así es que cabría la posibilidad de realizar un estudio lexicológico que permita, en principio, conocer si estamos ante la presencia de vocablos de la lengua churumata, y posteriormente corroborar la existencia de una relación entre ambos. Los churumatas también han generado en los historiadores supuestos que tienen que ver con su origen y su rol dentro de la expansión del Imperio Inca. Salas (1945) sostiene que el primitivo asentamiento de este grupo fue el sur de Bolivia y les atribuye una posible filiación chicha, posición compartida por Canals Frau (1953). Por su lado Lorandi (1980) ubica a los churumatas en el valle de Ocloya, junto a ocloyas, chichas y chuis, y plantea la posibilidad de que su origen fuera chaqueño, en tanto que su conducta andinizada21 sería una consecuencia de las funciones que cumplían para los incas (Sanchez y Sica, 1990). Sanchez (2003) sostiene que “(…) el sector oriental de la Quebrada de

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SICA, Gabriela. 2008. f.18 v. ATJ, Pleito entre Rodríguez de Salazar y Alonso de Tapia, 1629, Leg. 89. En: El papel y la memoria. Medios de construcción de los procesos de identificación local en los pueblos de indios de Jujuy. Siglo XVII.
20

Ibid.

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En el sentido de imponérseles elementos culturales de los pueblos andinos como la vestimenta, comida, la manera de explotar los recursos, los dioses y hasta la lengua (Cruz, 2006).

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Humahuaca fue una de las últimas porciones de la frontera oriental del Tawantinsuyu, poblada por diversos grupos: ocloyas, churumatas, osas, paypayas y chuis, emplazados en calidad de mitimaes, algunos de los cuales pudieron tener vinculación con el sur de Bolivia.”22, y que la calidad de mitimaes que se le otorga a los ocloyas respecto a los omahuacas lo hace extensivo respecto a los osas y paypayas para con los tilcara, de los que, según sus investigaciones, dependían políticamente. De esta forma tanto omahuacas como tilcaras habrían accedido o reforzado su acceso a otro piso ecológico y sus recursos, a la vez que controlaban el intercambio con los grupos del oriente. Cruz (2006) considera a los churumatas colonos militares que conformarían “una larga frontera militar y colonizadora que viene desde el oriente boliviano y llega hasta el sector montañoso del Chaco Occidental” 23 y que junto con los yalas, paipayas, yapanatas, tomatas y azamatas integrarían una unidad lingüística y cultural que resulta difícil individualizar por las variadas relaciones de intercambio y hostilidades que sostuvieron con las tribus vecinas del Chaco, a lo que hay que sumar las indefiniciones sobre el tipo de dependencia que mantuvieron con los omahuacas y tilcaras. Respecto a los rasgos culturales de las parcialidades mencionadas, Cruz (2006) señala que hay menos referencias históricas sobre el tema, pero que como algunos autores adhieren a la filiación chicha de estos pueblos se les podría atribuir sus características culturales. Acerca de la vestimenta, los cronistas la comparan con la de los llamados orejones, entendiendo entonces que el uso de los uncus debió ser común. Dice Lozano que los churumatas estaban en un valle que nace en la cordillera del Perú en la vertiente del chaco y que labran minas de plata de cuyo metal forman su ajuar y hacen adornos para sus mujeres y los hombres chimapas, penachos y pillos para bailar al uso del inga [inca]. Los chichas orejones que viven en dicho valle, junto con los churumatas, son indios que ocupaban los emperadores ingas [incas] en las minas y conquista de la cordillera (Lozano, 1754) (Sanchez y Sica, 1990). Carrizo (1935) haciendo alusión a las costumbres de los indígenas de Jujuy y de
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SANCHEZ, Sandra. Un viaje entre la historia y la memoria: los “ossa” jujeños. En: Anuario de Estudios Americanos. Tomo LX, 1. 2003. p. 44.
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CRUZ, Enrique Normando. Historia de Jujuy Período Indígena. Universidad Nacional de Jujuy.2006. p. 58.

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los valles del sur y del naciente remite a Lizárraga “(…) Fray Reginaldo de Lizárraga, que como vimos anduvo en la región en 1600, dice hablando de los calchaquíes: El vestido es como el de los omaguacas y chichas; los indios, con manto y camiseta; las indias, unas camisetas largas hasta los tobillos; no hay más vestidos. Es posible que este traje, que no es sino el unco, haya sido también el de los jujuys, osas y paipayas (…)”24 y en otro párrafo dice “Probablemente estos indios serían agricultores y cultivarían pequeñas parcelas con maíz y quinua, pues el clima y el suelo se prestan para ello”25. Sobre los orejones debemos aclarar que éstos podían ser incas o bien miembros de privilegio de otros grupos étnicos que trabaron con los incas relaciones de alianza y que tenían puestos de importancia en el control y administración de los territorios sometidos. Los servicios de los orejones se recompensaban con ropas tejidas con la lana de los carneros de la tierra (llamas), plumas, alhajas de oro y plata y mujeres (Oliveto y Ventura, 2009). En cuanto al idioma, siguiendo a Carrizo (1935), dice “Del idioma de (…) osas y paipayas se ignora, aunque es de suponer que ya a la venida de los españoles, en la segunda mitad del siglo XVI estos hablarían el quichua o idioma general. Ya vimos más arriba que los omaguacas hablaban o conocían el idioma de los incas, en 1596, según la declaración transcrita de Bartolomé Naharro. También parece que los osas y paipayas hablaban quichua poco después, así lo da a entender el obispo Maldonado cuando hablando del cura de estos indios dice: sabe la lengua y el idioma indígena obligatorio para los sacerdotes era el quichua, (…)”26. Por su parte Cruz (2006), cree que podrían haber utilizado una lengua franca y que es posible que fuera la ocloya. Los collas Si bien la palabra colla fue adquiriendo en las provincias de Jujuy y Salta el carácter de etnónimo que tiene actualmente, no existen registros para el noroeste

24

CARRIZO, Juan Alfonso. Op.cit., Capítulo III, Título I, IV. Ibid., Capítulo III, Título I, IV. Ibid., Capítulo III, Título I, III.

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argentino de un grupo étnico precolonial con ésa denominación (Karasik, 2006). Carlos Martínez Sarasola (2005) describe a los collas como una síntesis de diaguitas, omaguacas, apatamas, grupos de origen quechua y aymara provenientes de Bolivia y parte de la masa hispano-indígena no integrada en los centros urbanos. Esta posición es compartida por Magrassi que entiende a los collas como “la denominación común o genérica para los descendientes de los puneños, pulares, calchaquíes, diaguitas, acaucanes, hualfines, capayanes, yocailes, etc. (...) Alrededor de medio millón de ellos, bolivianos de origen, hablan quechua o aymara, algunos miles de saltojujeños también” 27, o bien como la “denominación que se ha generalizado para los puneños, sus descendientes y algunos quebraderos y hasta vallistos y toda otra población de origen quechua-aymara”28 Por su parte el investigador y dirigente indígena Eulogio Frites (1971) dice: ”(…)en estos últimos cuatro siglos se produce un fenómeno cultural: los apatamas, los omaguacas y parte de los diaguito-calchaquíes, en base a la afinidad de su cultura andina, se nuclean en una nueva etnia, los collas”29 a lo que debe agregarse la penetración permanente de inmigrantes bolivianos, de origen quechua y aymara que también incidió notablemente en el panorama cultural de la región (Martínez Sarasola, 2005). Esta designación se fue extendiendo y “en 1973 el Servicio Nacional de Asuntos Indígenas del Ministerio de Bienestar Social definía como collas a la población indígena asentada en el oeste de las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca”30. Por su lado Martínez Sarasola concluye que para el siglo XX “…collas es la denominación genérica con que comienzan a conocerse a las comunidades herederas de la forma de vida original de nuestro Noroeste, portadoras a su vez de la tradición andina que los tardíos inmigrantes quechua y aymara enriquecieron”31.

27

MAGRASSI, Guillermo. Los aborígenes de la Argentina, Buenos Aires. Busqueda Yuchán. 1987. p. 124125.
28

MAGRASSI, Guillermo. La población aborigen del siglo XVI a la actualidad. Buenos Aires. Centro Editor de América Latina. Atlas Total de la República Argentina, Nº 52. 1982. p. 30
29

FRITES, Eulogio, Los Collas. 1971. América Indígena, XXXI (2). México. pp. 375-388.

30

MARTÍNEZ SARASOLA, Carlos. Nuestros paisanos los indios- Emecé Editores. Buenos Aires. Argentina. 2005. p. 322.
31

Ibid., p. 323.

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Así es como lo que en un principio era considerado por los “no indios” como un apelativo despectivo, ha sido reivindicado por movimientos etnopolíticos surgidos de entre los propios protagonistas collas, que se consideran descendientes del Qollasuyo uno de los cuatro suyos de Tawantinsuyo del Imperio Inca que se expandía desde el Cuzco, pasando por Bolivia, hasta el norte de Argentina y Chile (Bartolomé, 2003). Los Indígenas de los Valles y el Chaco No es fácil establecer cuáles fueron los grupos indígenas que a la entrada de los españoles al territorio de la actual provincia de Jujuy se encontraban habitando los valles orientales en contacto con los llanos chaqueños. Algunos autores (Cruz, 2006; Martínez Sarasola, 2005; Fernández Distel, 1997) ubican en esta zona a tribus y bandas de chiriguanos, tobas y mataguayos o matacos. Debemos aclarar que estas denominaciones fueron impuestas por los españoles o por otros grupos étnicos por lo que el registro etnográfico les asigna las autodenominaciones ava, qom y wichís respectivamente (Cruz, 2006). Si bien ningún autor ha cuestionado la presencia de tobas y matacos para la zona y para el momento aludido, no ocurre lo mismo con los chiriguanos, ya que actualmente continúa siendo materia de debate el momento en que este grupo ingresara a territorio jujeño. Chiriguanos Los chiriguanos pertenecen a la familia lingüística tupí-guaraní y descienden de tribus guaraníes que emigraron en el siglo XV desde las llanuras paraguayo-brasileñas a los contrafuertes andinos bolivianos. Estos migrantes esclavizaron a miembros de la etnia chané, del grupo lingüístico arawak, a quienes, “guaranizaron” y con quienes se mestizaron conformando la etnia de los chiriguano que conservaron la lengua guaraní

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(Combès, 2004; Saignes, 2007). En el Período prehispánico el chiriguano, es el pueblo de más reciente llegada a la actual región del Noroeste Argentino (Cruz, 2006). Tissera (1972) menciona que la crónica de Oviedo y Valdéz relata cómo Diego Almagro había mandado al capitán Rodrigo de Salcedo a castigar a ciertos indígenas “cheriguanáes”32 que se habían hecho fuertes en el pueblo de Xubixuy dando muerte a varios españoles. Asimismo aclara que no por ello pretende afirmar que Jujuy fuera un hábitat habitual de los chiriguanos. Este autor no precisa la fecha de este acontecimiento, pero se sabe que Almagro entró en Jujuy para 1536, por ende puede haber sido para ese año o posteriores. Esta parece ser de las noticias más tempranas que se tiene de estos grupos en territorio Jujeño. Sin embargo Otonello y Lorandi (1987) contradicen los dichos de Tissera al sostener que Fernández de Oviedo nombra a estos indios con el nombre de “jujies” o “juríes” y que sería en la Probanza de Diego de Encinas donde aparecerían nombrados como “chiriguanaes”, y aclaran que ambos nombres son identificaciones genéricas para grupos “salvajes” que viven en las llanuras chaqueñas. Asimismo Enrique de Gandia (1935) expone una serie de argumentos esgrimidos por diversos autores (Fulgencio R. Moreno,1924; Francisco de Aparicio, 1925; Emilio A. Coni, 1925; Monseñor Pablo Cabrera, 1926; Roberto Levillier, 1927; Milciades Alejo Vignati, 1929; Alfredo Métraux, 1930) a favor y en contra de la expansión chiriguana a territorio jujeño en tiempos prehispánicos y finalmente concluye que “en lo que respecta a las pruebas documentales, diremos que ellas son un tanto vagas para afirmar la presencia de chiriguano en las regiones discutidas (antiguo Tucumán) ” y por el “momento no se halla probada de un modo definitivo”33. En la probanza de méritos y servicios de Francisco de Argañaráz, el padre franciscano Juan de Chaves atestigua sobre el apresamiento de Viltipoco, en el año 1595, haciendo alusión que Argañaráz lo prendió “(…) en una tierra muy fragosa e montuosa de más

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O chiriguanáes; es decir guaraní-hablantes. COMBÈS, Isabelle. 2004. Tras las huellas de los Ñanaigua: de Tapii, Tapiete y otros Salvajes en el Chaco Boliviano. Bull. Inst. fr. études andines. 33 (2). pp. 255-269.
33

DE GANDIA, Enrique.1935. Historia de Santa Cruz de la Sierra una nueva republica en Sud América. Talleres Gráficos Argentinos de L. J. Rosso. Buenos Aires.

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de quarenta leguas de la tierra adelante donde se auía metido y rresidió con los dichos indios chiriguanos(…)”34 Según Ventura (2009), en el año 1598 se documenta la entrada de chiriguanos en el valle de Zenta, donde mataron a 30 indios churumatas. Por su parte Rui Díaz de Guzmán en el 1612 habla de los chiriguanos pero la ubicación es poco precisa: “(…) el río de Tarija, el de Toropalcha, y el de San Juan, con el de Omaguaca, y Juris: en cuyo valle está fundada la ciudad de San Salvador en la Provincia del Tucumán viene a salir a los llanos, y pasa por muchas naciones de indios bárbaros, dejando a la parte del Norte en las faldas de la Cordillera del Perú, los indios Chiriguanos, que son los mismos que en el Río de la Plata llamamos Guaranís,(…)”35 Para el año 1639 los chiriguanaes vuelven a aparecer a través de cronistas como Nicolás del Techo (1897) o Pedro Lozano (1733) que relatan el martirio sufrido por los jesuitas Osorio, Ripari y Alarcón muertos por los “bárbaros” o chiriguanaes camino a la ciudad de Guadalcazar, fundada en un paraje próximo a la junta del río San Francisco con el Bermejo. Carrizo (1935) escribe que en 1838 “(…)el misionero jesuita padre Gaspar Osorio se estableció en la reducción de los ocloyas, situada sobre el río Normenta, dos leguas más cerca de Jujuy, con respecto al anterior asiento de los ocloyas. Al año siguiente, en abril el padre franciscano Juan de Chaves, ocupó esa reducción y el padre Osorio fuese a fundar otra más al norte, camino de Guadalcázar, donde fue asesinado cruelmente por los indios.”36 La ubicación de Santiago de Guadalcazar no es precisa, según Lozano las Pampas de Ledesma habría sido el lugar elegido para la fundación pero Pedro Ortiz de Zárate en 1682 asegura que la fundación se realizó en el valle de Zenta (Sica, 1990) Cabe aquí destacar que Del Techo tampoco menciona a qué pueblo pertenecían los que dieron muerte a los jesuitas, ya que siempre se refiere a estos como “bárbaros”. Por otro lado Carlos Page (2007) en su estudio sobre el padre Ripari hace mención a una relación anónima inédita del año 1639, que se encuentra en el Archivo Romano de la

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CARRIZO, Juan Alfonso. Op.cit., Capítulo III, Título IV, VI.

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DÍAZ DE GUZMÁN, Rui. Historia argentina del descubrimiento, población y conquista de las provincias del Río de la Plata. (1835)1612.
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CARRIZO, Juan Alfonso. Op.cit., Capítulo III, Título V, IV.

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Compañía de Jesús, y si bien él llama chiriguanos 37 a los indígenas con los que se encontraron los jesuitas en su viaje hacia el Chaco, en la trascripción que hace de este documento al momento del asesinato no se menciona a que parcialidad correspondían estos “indios”, que es como son llamados: “(…) estandose paseando los Padres el uno con el diurno y el otro con el rosario vinieron los indios armados de macanas, flechas y lanzas, viendoles los que yvan con los Padres se ausentaron y escondieron en un pequeño monte de donde vieron que cercaron a los Padres, y con el furioso golpe de una macana derribaron primero al P. Gaspar Osorio, y luego a su compañero,(…)”38 Un siglo después los chiriguanos se mantienen en el registro histórico asentados en cercanías del río Bermejo. Así lo expresa el padre Francisco Morrillo en su diario de la expedición por el río Bermejo del año 1780 donde menciona las naciones de indios que se hallan a las márgenes de este río: “A la parte del S, caminando de poniente a naciente, Matacos, Chunupiés, Sinipés, Malbaláes, Corroas, Atalalás, Pasaynes, Tobas, Mocobíes; a la parte del N, Mataguayos, Orejones, Chiriguanos, Pelichocos, Pitaleáes, que en lengua de indios se ha corrompido en Pitelahas, Cocolotes, Inimacás, Muchicois y Sotenahás, Tocoyteís, que así llaman a los que llamamos Tobas, Cayjafáes, que a todos los de estas naciones llamamos los españoles Guaycurús, no porque haya nación de Guaycurús, sino porque esta voz Guaicurú significa inhumanidad o fiereza. Están estas naciones entre el Bermejo y Pilcomayo, y tienen el mismo idioma que los Tobas”39. Ya a principios del siglo XX la presencia de los chiriguanos en Jujuy, particularmente en el Valle de San Francisco, fue notoria porque comenzaron a migrar masivamente desde el oriente boliviano siguiendo a los contratistas de los ingenios azucareros de Salta y Jujuy. Si aún hoy persisten las dudas sobre el momento en que estos pueblos hacen su entrada en territorio jujeño, no ocurre lo mismo en cuanto a
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“A su encuentro habían venido los chiriguanos a quienes los padres calmaron con algunos obsequios. Siguieron cuatro días junto a estos indios cuando mandaron al joven Alarcón y dos indios a buscar provisiones a Salta. A los dos días de caminata no solo mataron al estudiante sino que se lo comieron y guardaron su cabeza, (…)” PAGE, Carlos A. 2007. De Génova a San Pablo. La relación de viaje del P. Antonio Ripari SJ de 1636. Tempo da Ciência (14) 28. 2º semestre 2007. Artigo. pp. 9-30. p. 11.
38

Ibid., pp.11-12.

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MORILLO, Francisco. 1837 (1780) Diario del viage al río Bermejo por Fray Francisco Morrillo del Orden de San Francisco. Imprenta del Estado. Primera edición. Buenos Aires. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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definir la presencia de estos en nuestra zona. Actualmente los ava-guaraní, como se llaman a si mismos, se encuentran viviendo en lotes urbanizados o en pueblos y ciudades importantes como San Pedro, Fraile Pintado y Libertador General San Martín, desempeñándose como obreros en los ingenios, trabajadores independientes o empleados en distintas reparticiones estatales. Sobre los rasgos culturales que caracterizaron a los chiriguanos mencionaremos que conocedores de la agricultura utilizaron el sistema de roza y quema en la preparación de las parcelas para sembrar. Basaron su economía en la producción de maíz, mandioca y zapallo, complementándola con la caza, la pesca y la recolección de recursos que utilizaron en sus intercambios con otros pueblos indígenas (Cruz, 2006; Fernández Distel, 1997). Construyeron viviendas comunales de planta circular y techos cónicos, que albergaban hasta cerca de cien individuos. Un conjunto de viviendas constituía una aldea que por lo general se ubicada a la vera de un río (Sarasola, 2005). Las distintas parcialidades o bandas chiriguanas establecían constantes guerras entre sí, por el control territorial o de recursos, por la caza de esclavos u otras cuestiones; conflictos internos que no desaparecieron ni aún con la presión conquistadora española. Para los chiriguanos la presencia española fue un ingrediente más a tener en cuenta entre sus disputas internas o las mantenidas con otros grupos vecinos, no un enemigo externo ante el cual hacer un frente común de lucha y sí alguien con quien se podía pactar para enfrentarse a otras tribus (Cruz, 2006; Saignes, 2007). Los chiriguanos se relacionaron con otras culturas casi exclusivamente a través de la guerra y por consiguiente son muchos los conflictos inter e intraétnicos que los tuvieron como protagonistas, “pero sin dudas lo más importante en este aspecto ha sido la contención del Imperio Incaico en la actual Bolivia”40.

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MARTÍNEZ SARASOLA, Carlos. Op. cit., p 81.

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Tobas Dice Boman que “los Tobas, durante los siglos XVI, XVII y XVIII, ocupaban los bosques que llenan el valle de San Francisco y la región del Chaco en donde ahora está situado Orán. Los Tobas eran, entonces, de todas las tribus nómadas del Chaco, la más cercana a las montañas de Jujuy” 41. Según Kersten (1968) los guaraníes designaban “Toba”, esto es "frente", a los indios chaqueños a causa de la costumbre de cortarse el cabello de la parte anterior de la cabeza. Las primeras crónicas mencionan a las tribus de los Frentones, generalización de un grupo indígena que pudo haber sido los tobas, por la costumbre ya mencionada “(…) el Puerto de la Concepción, ciudad del río Bermejo, que dista del río 44 leguas hacia el Poniente: tiene esta ciudad en su comarca muchas naciones de indios, que llaman comúnmente, frentones, aunque cada nación tiene su nombre propio: están divididas en 14 lenguas distintas: viven entre lagunas, por ser la tierra toda anegadiza y llana, por medio de la cual corre el río Bermejo que tiene su nacimiento en los Chichas del Perú, juntándose en uno, el río de Tarija, el de Toropalcha, y el de San Juan, con el de Omaguaca, y Juris: en cuyo valle está fundada la ciudad de San Salvador en la Provincia del Tucumán (…)42. Los tobas, pertenecientes a la familia lingüística chaqueña de los guaikurúes de la que también forman parte los mocovíes y abipones, tuvieron un idioma propio. Del Techo (1897) refiere a un vocabulario toba confeccionado por el jesuita Osorio aseveración que es confirmada en la relación anónima que presenta Carlos Page (2007), y a la que aludimos cuando tratamos el tema de los chiriguanos. En ella se menciona que Martín de Ledesma Valderrama, hizo una entrada al Chaco y allí levantó un fuerte al que el Jesuita Osorio llegaría a misionar para el año 1634 “(…) y donde trabó amistad con los tobas y mocovíes con quienes convivió varios meses e incluso compuso un catecismo en idioma toba.”43

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BOMAN, Eric. Antigüedades de la Región Andina de la República Argentina y del Desierto de Atacama. Tomo I .1908. p. 91.

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DÍAZ DE GUZMÁN, Rui. Historia argentina del descubrimiento, población y conquista de las provincias del Río de la Plata. (1835)1612.

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Por tratarse de bandas seminómadas la fuente básica de su subsistencia debió haber sido la caza y la recolección, pero es posible que tuvieran un manejo incipiente de la agricultura (Cruz, 2006). Matorras en 1774 describe algunas de las prácticas económicas y culturales de los grupos que encontró en su expedición al Chaco entre los que figuran los tobas: “Las principales naciones que habitan los fertilísimos y dilatados países de este Gran Chaco Gualamba, son la mocobí, toba, mataguayos, malbalaes, chiriguanos, chunipíes, guaycurús, abipones y Lules; pero en nuestra marcha sólo encontramos las seis primeras. Son tan numerosas, especialmente la mocobí y toba, que se hiciera increíble lo que concebimos de su multitud. Hablan diferentes lenguas, y pocos de ellos las de otros, siendo prueba de la extensión de estos países y fertilidad de ellos, pues tantos vivientes se mantienen con pescados, caza y animales, sin que les falte bebidas para sus continuas embriagueces; para lo cual se proveen de las chichas, alojas y otros brebajes, que hacen de la palma, algarroba, chañar y mistol, con otras diferentes raíces y frutas (…)”44. Al igual que los chiriguanos los tobas desarrollaron conflictos agudos entre y con las demás tribus del Chaco, y por supuesto con los españoles. Numerosos relatos dan cuenta de la beligerancia de este grupo. En el año 1582 Sotelo Narváez hablando de los ocloyas dice “Esta gente de Ocloya (…) confina con otra gente que llaman los Tobas, gente belicosa, más alta y desproporcionada que la dicha, los cuales los van apocando y robando cada día”45. Luego que Ledesma Valderrama fundara la ciudad de Guadalcazar regresó a Jujuy y según la crónica a poco de llegar “(…) le llegó nuevas de Juan Bázquez de Tapia avisándole que indios tobas le mataron dos españoles (…)”46. La ciudad de Santiago de Guadalcazar no había podido arraigarse y fue abandonada en 1632. La frontera se tornó cada vez más peligrosa en la zona jujeña, amenazada por grupos mataguayos y tobas que hostigaban a españoles e indígenas. Para

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PAGE, Carlos A. 2007. De Génova a San Pablo. La relación de viaje del P. Antonio Ripari SJ de 1636. Tempo da Ciência (14) 28. 2º semestre 2007. Artigo. pp. 9-30. p. 11.
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MATORRAS, Gerónimo. Diario de la Expedición hecha en 1774 a los Países del Gran Chaco, desde el Fuerte del Valle por D. Gerónimo Matorral Gobernador del Tucumán. Primera edición. Imprenta del Estado. Buenos Aires. 1837.
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CARRIZO, Juan Alfonso. Op.cit., Capítulo III, Título I, II. Ibid., Capítulo III, Título V, II.

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los años 1647 y 1664 se registra a estos grupos asaltando a los pueblos indígenas de los ocloyas. (Maeder, 1991). Para el 1681 los jesuitas fundaron una reducción de indios mataguayos en el Valle de Zenta, que en 1683 fue atacada por mocovíes y tobas donde pereció, entre otros, el párroco Pedro Ortiz de Zárate. Ventura (2009) explica la movilidad de los tobas hacia el oeste como una respuesta al empuje chiriguano. Con la llegada de los españoles, los tobas (y también abipones y mocovíes) incorporaron el uso del caballo por cuanto estos grupos se convirtieron en nómades montados que evidenciaron, desde el Siglo XVII hasta mediados del siguiente, una tendencia constante a la migración en dirección norte-sur. Recién alrededor de 1750 con el estrechamiento de la zona que habitaban, como consecuencia de las “entradas” españolas, estas tribus pasaron a un estado de mayor sedentarismo (Kersten, 1968). Mataguayos Los mataguayos, también llamados mataraes, tonocotés o matacos, pertenecen a otra familia lingüística chaqueña la mataco-mataguayo o mataco-maká (Fabré, 2005). Las referencias más tempranas que encontramos sobre tribus mataguayas se remontan a 1628 cuando Ledesma Valderrama relata las hostilidades que sufrieron por parte de estos “indios” que dieron muerte en el Chaco al mercedario Juan Lozano (Brunet, 1992). Posteriormente una nueva cita refiere a los mataguayos en el 1640 acercándose a la Quebrada de Humahuaca por el valle de Zenta buscando por intermediación de los ocloyas el amparo de los españoles, tal es el relato que da cuenta de esta situación: “(…) preguntado (…) que querían de los españoles dijo que lo que pretenden es servir a los españoles y si hubiese la posibilidad de tierras para sembrar junto con los ocloyas, porque se querían valer de los españoles por estar muy apretados por una parcialidad de indios tobas (…)”47. Las relaciones de los mataguayos con los ocloyas parecen ser fluctuantes, ya que como se
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SANCHEZ, Sandra; SICA, Gabriela. La frontera oriental de Humahuaca y sus relaciones con el Chaco. En Bull. Inst. fr. études andines, 1990, 19, Nº 2, p. 489.

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mencionara cuando tratamos sobre los tobas, en los años 1647 y 1664 se cita a mataguayos y tobas atacando a los ocloyas. Veinte años más tarde, en 1683, Pedro Ortiz de Zárate levantaría el Fuerte y Reducción de San Rafael. Su ubicación es aún discutida, ya que Tommasini (1933) lo sitúa en las juntas de los ríos San Francisco y Bermejo, en lo que hoy se conoce como el pueblo de Manuel Elordi (Salta), mientras que Vergara (1961) lo ubica en las proximidades de la actual localidad de Caimancito. Esta reducción congregaría unas 400 familias de los grupos mocoví, toba y mataguayo. Ése mismo año Ortiz de Zárate y Antonio Salinas fueron muertos por los mocovíes y el fuerte y reducción de San Rafael abandonados al año siguiente (Fernández Distel, 1997). Los mataguayos entraron en la categoría de “naciones de a pie” como decían los españoles de los pueblos que no incorporaron el uso del caballo y fueron considerados gentes dóciles y susceptibles de ser aliados contra los “indios montados”. Sin embargo los mataguayos solían aliarse con los tobas, para atacar las haciendas de Jujuy. Incluso Lozano llegó a compararlos con los guaycurús, por sus características guerreras. Beatriz Vitar (1991) propone que sí hicieron uso del caballo, y que si bien puede que no los hayan tenido en la misma proporción que los grupos “montados”, es posible que al haber estado ocupando territorios más susceptibles de la presión colonial fueran paulatinamente desprovistos de esos animales. En el sometimiento de los mataguayo, incidió especialmente el adelantamiento de tierras llevado a cabo por las sucesivas campañas chaqueñas del siglo XVIII y mediante la instalación de fuertes en la jurisdicción de Jujuy. A pesar de que en 1750 se logró llevar al fuerte de Ledesma un número de 3.500 mataguayo, este estado de cosas no duró mucho tiempo; los mataguayo demostraron su rechazo a la colonización por medio de comportamientos no violentos: en forma ininterrumpida fueron fugándose del fuerte para volver a sus antiguos asentamientos (Vitar, 1991).

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Ojotaes Las primeras citas sobre los ojataes se encuentran recién a partir del siglo XVII en las crónicas del padre Diego Ruíz, quien en el año 1683 acompañara al párroco de Jujuy y rico encomendero de la zona, D. Pedro Ortiz de Zárate en su entrada evangelizadora al Chaco (Demitrópulos, 1991). Son por lo tanto bastante más tardías que las citas sobre Chiriguanos, tobas y mataguayos, pero se decidió su inclusión en este trabajo por considerarlos parte importante de la historia reduccional de la zona. Al decir del padre Lozano (1733) esta parcialidad chaqueña, hoy desaparecida, compartía territorio con tobas, mocovíes, mataguayos, chiriguanos y otros. Se los menciona asociados a los taños, también desaparecidos. El cronista Diego Ruiz refiere algunas de las costumbres y vicisitudes de este grupo, como el consumo de guarapo (bebida alcohólica) o la falta de mujeres por haber sido robadas por los chiriguanos y sus constantes enfrentamientos con los tobas; aunque, según Ruiz, se trataba de gente pacífica, inocente y alegre. Al parecer también habrían tenido una lengua propia, de la que Lozano dice era un idioma muy atravesado (Sanchez y Sica, 1997). Antes de su muerte Ortiz de Zárate había fundado el Fuerte y la Reducción de San Rafael, pero si bien el contacto entre este párroco con los ojotaes existió, estos no se habrían reducido en ésa oportunidad (Fernández Distel, 1997). Recién para el año 1710 encontramos ojotáes reducidos en San Antonio de los Ojotaes, “protegidos” y custodiados por el fuerte de Nuestra Señora del Rosario de Ledesma, reducción de la que huyeron pero fueron recapturados “(…) en las cabezadas del rio de sora faldas del Zerro de Calilegua (…)” (A.T.J., leg. 838, fs. 7, 1710)48 .Dos años más tarde, en 1712, los ojotaes se levantarían contra los españoles y destruirían la reducción (A.T.J., leg. 842, 1712) (Sanchez y Sica, 1997).

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SANCHEZ, Sandra; SICA, Gabriela. Por ser gente de otra ley. Tobas, moscovies y ojotaes reducidos en el valle de Jujuy. Prácticas y discursos (siglos XVII y XVIII). Journal de la Société des Américanistes, Année 1997, Volume 83, Numéro 1. 1997. p.72.

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Tercera Parte: EL CONTROL TERRITORIAL Encomiendas y Reducciones El oriente jujeño es una zona de transición ambiental hacia la gran planicie del chaco y en tiempos de la Colonia fue considerado tierra de frontera entre el dominio hispano y los indígenas de hábitos seminómadas. El término frontera tiene, asociado a la conquista y ocupación de territorios indígenas, un significado preciso en la historia americana. Había frontera allí donde existían aborígenes sin someter y por ende tierras en donde el estado no ejercía un efectivo control. La ocupación de este territorio fue vista como el primer paso en el dominio y consolidación del poder colonial sobre las tierras bajas (Teruel, 2005). Los españoles iniciaron el proceso de conquista a través de enfrentamientos armados y la colonización a través de la reorganización de los territorios ocupados valiéndose de mecanismos tales como las encomiendas, la evangelización, la fundación de ciudades y el trabajo impuesto (Sarasola, 2005). La encomienda era un sistema organizativo que consistía en la reunión de familias e incluso de parcialidades con caciques o jefes incluidos, que pasaban a depender del funcionario encomendero, el que estaba obligado a la protección y evangelización de los indígenas, a través de un misionero. Además el encomendero quedaba comprometido con el Rey a servir como soldado cuando así se lo requiriese. La encomienda era entonces la restitución del régimen feudal europeo en América, donde los siervos pasaron a llamarse mitayos. La mita fue una adecuación española al sistema incaico de mitimaes, pero mientras en las culturas originarias de América tenía un sentido de trabajo comunitario, con los conquistadores ibéricos pasó a ser un mecanismo de sujeción individual al encomendero de turno (Sarasola, 2005). Desde su institución la encomienda no incluía la propiedad de la tierra, ya que la misma pertenecía a la Corona Española y los indios gozaban del “dominio útil”; pero si

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involucraba el usufructo de los tributos de los indígenas por parte de los encomenderos dentro de los límites fijados por las leyes coloniales. La Corona otorgaba tierras por medio de otra “figura” la Merced de Tierras y la cédula real explicitaba detalladamente los límites de la propiedad (Paz, 2004). Desde mediados del siglo XVI se inició entonces un proceso de relocalización de la población indígena repartida en encomiendas. Las primeras encomiendas en la provincia de Jujuy constan en la cédula de repartimiento de indios de Francisco de Pizarro quien en 1539 y 1540 hacía merced de los omaguacas encomendándolos a Juan de Villanueva y de los casabindos a Martín Monje (Carrizo, 1935). Estas relocalizaciones se realizaron en varias etapas y en relación con las fundaciones de las ciudades de San Bernardo de Tarija, Salta y la propia Jujuy. De esta forma a finales del siglo XVI, comenzaron a crearse diferentes pueblos de indios, en algunos casos ubicados en las cercanías de los antiguos asentamientos prehispánicos y en otros situados dentro de las propiedades privadas de los encomenderos (Sica, 2008), dando inicio a una larga historia de traslados, encomiendas, reducciones y desarraigos, a tal punto que actualmente encontramos nombres de pueblos de indios en lugares muy distantes de su localización inicial como es el caso de Ocloya y Yala en el Departamento Gral. Belgrano. “En este proceso de traslados y fundaciones de pueblos tuvieron una fuerte influencia los encomenderos quienes al decidir sobre los nuevos asentamientos coloniales fragmentaron -sobre la base de sus intereses- a extensos grupos prehispánicos que tenían una compleja organización política, económica y espacial”49. Se han dado casos de superposición de encomiendas que hasta llegaron a desencadenar algunos pleitos judiciales (por ejemplo el que entabló Juan Ochoa de Zárate contra Pedro Cabello por la posesión de los ocloyas (1598) o el de Juan Rodríguez de Salazar y Alonso de Tapia por los churumatas y paipayas (1629)) que concluían quitando algunos tributarios a una encomienda o dividiendo los grupos en dos o más partes, acentuando de esta forma la fragmentación. La de los ocloyas es un claro

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SICA, Gabriela. El papel y la memoria. Medios de construcción de los procesos de identificación local en los pueblos de indios de Jujuy. Siglo XVII. Versión On-line ISSN 1668-8090. Andes n.19 Salta ene/dic. 2008.

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ejemplo de lo expuesto, ya que a lo largo del siglo XVII sufrió más de tres particiones con diferentes asentamientos (Sica, 2008). Las reducciones tienen su sentido en la necesidad de los misioneros de reunir a los indígenas para poder evangelizarlos. Se necesitaba que los grupos dispersos se concentraran para facilitar la labor de los representantes de la iglesia, situación que como ya se planteara favorecía a los encomenderos ya que les permitía la apropiación de tierras aledañas a sus mercedes y la obtención de mano de obra (Sarasola, 2005). Es necesario diferenciar las reducciones de los siglos XVI y XVII con las creadas a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Las primeras se caracterizaron por haber sido otorgadas como recompensa por los servicios prestados a la Corona en el proceso de conquista y colonización. No tenían un carácter religioso ni militar. Las segundas fueron llamadas también “misiones religiosas” y estuvieron a cargo de jesuitas y franciscanos que se asentaron en la frontera entre la “civilización y la barbarie”; representaban los puestos de avanzada de la sociedad hispanocriolla y cumplían una clara función militar. Una de las estrategias utilizadas por el gobierno colonial para avanzar sobre el territorio salvaje fue la introducción del ganado vacuno que producía grandes perjuicios en las plantaciones de maíz, y que luego se convertiría en parte de la dieta de los indígenas. En esta época se realizaron numerosos tratados de paz y convenios comerciales que fueron sistemáticamente incumplidos por una u otra de las partes (Sanchez y Sica, 1997). Así fue como las sucesivas entradas, nombre que se daba a las expediciones militares a territorio indígena organizadas por las autoridades coloniales, terminaron por establecer los principales núcleos de la conquista del territorio, fuertes, misiones y haciendas, que dieron como resultado diferentes respuestas de los indígenas. Quienes con el tiempo aceptaron la misión (mayoritariamente tobas y mataguayos) terminaron asimilados en las haciendas como mano de obra de la actividad que comenzaba a perfilarse como el motor del desarrollo de la región: el cultivo de la caña de azúcar. Otros volvieron al monte chaqueño (Teruel, 2005).

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El sistema de Encomienda fue abolido en el año 1813. En los años subsiguientes las rebeliones campesinas en la puna y la necesidad de afianzar los límites y pacificar la región, influyeron en la decisión del gobierno provincial de favorecer la expropiación y repartimiento de algunas fincas constituidas en tierras de antiguas encomiendas. Tales fueron los casos de la Hacienda Yoscaba (encomienda de Cochinoca y Casabindo) propiedad de la familia Campero y de la Finca Valle Grande del señor Rufino Valle que en 1887 y con la mediación del Estado fueron parceladas y vendidas por sus propietarios a varios de sus arrendatarios (Paz, 2004). El Curato de Río Negro y la producción azucarera Sobre las tierras ya ocupadas se organizó en 1.777 el Curato de Río Negro y hacia 1830 se consideraba ya una región pacificada. En la década de 1860 se reestructuró formándose los departamentos de Ledesma y San Pedro, agregándose en 1899 el de Santa Bárbara. En 1876 la llegada del ferrocarril Central Norte a Tucumán significó para las haciendas azucareras de Jujuy, que poseían grandes extensiones de tierras destinadas al cultivo de la caña de azúcar, la posibilidad de trasladar maquinarias importadas e instalar modernas plantas fabriles. El ferrocarril arribó a Jujuy en 1891 y en 1905 se concluía el ramal hasta los ingenios. El transporte ferroviario y la modernización tecnológica favorecieron la reducción de costos y el acceso a nuevos mercados. Por otro lado el gobierno nacional desarrollo una política proteccionista que asistía a la industria nacional por medio del aumento de los aranceles a la importación de azúcar extranjera. Sin embargo recién a partir de 1920 los ingenios de Jujuy pudieron competir con éxito con los de Tucumán, cuando las haciendas Ledesma y San Pedro se transformaron en modernos ingenios-plantación mediante la formación de empresas y el aporte de capitales nacionales y extranjeros. Las otras haciendas de la zona no lograron modernizarse y fueron absorbidas por Ledesma y La Esperanza (Teruel, 2005).

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El componente social y el desarrollo regional Como generalmente sucede en las regiones de frontera, el Curato de Río Negro fue aumentando su población gracias a la captación de migrantes. Instalados los fuertes y haciendas, a la población nativa aborigen, se sumaron españoles, africanos traídos como esclavos, criollos e indígenas de las tierras altas (collas) y de las tierras bajas de Bolivia (guaraníes-chiriguanos). A partir de la década de 1870 las migraciones se acentuaron, en especial luego de la campaña al Chaco en 1884 que aumentó la llegada de braceros chaqueños de distintas parcialidades. Ya en el siglo XX con mayores requerimientos de mano de obra por parte de los ingenios, nuevos migrantes se sumaron: japoneses, hindúes, sirio libaneses, bolivianos de las tierras altas y se acrecentaron las migraciones guaraní-chiriguanas. (Teruel, 2005) El rápido crecimiento de los ingenios produjo en la región grandes estructuras productivas casi autosuficientes (fábricas de alcohol, hielo, aceite de tártago, aserraderos, etc.). Los ingenios significaron el gran crecimiento del Ramal constituidos en un polo de atracción de mano de obra con el dominio casi absoluto sobre la región y a partir de 1930 sobre la política provincial. Sus propietarios llegaron a tener un control casi absoluto sobre tierras, bienes y personas; además del ejercicio de algunas funciones estatales. La urbanización también estuvo ligada a los ingenios, así como la apertura de nuevas vías de comunicación y el tendido de las primeras líneas telefónicas (Teruel, 2005). En lo que concierne al departamento Valle Grande este hecho influyó notablemente sobre su población en tanto la oferta de trabajo asalariado del Ingenio Ledesma significó un redireccionamiento de su tradicional modo de reproducción social, basado en una economía agrícola-pastoril y de aprovechamiento de sus recursos naturales, y en las relaciones sociales y comerciales que ancestralmente mantenían con las poblaciones de los departamentos de Humahuaca y Tilcara; situación que se agudizó con la apertura de la ruta provincial Nº 83.

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Posteriormente la reconversión productiva de la Empresa Ledesma, que se tradujo en despidos masivos y en una considerable disminución en el número de obreros temporarios que contrataba para las tareas de campo, tuvo nuevas implicancias en la población que devengó en el retorno de los desocupados a sus poblados de origen. Como consecuencia directa, en este contexto económico y social, las comisiones municipales y el gobierno provincial se convirtieron en los nuevos proveedores de puestos de trabajo situación que afianzó una política de asistencia social basada en el clientelismo político (Teruel, 2005). De la encomienda histórica al latifundio moderno. Como ya se expresara los conquistadores iniciaron rápidamente la relocalización de los pueblos dominados y gradualmente fueron apropiándose del territorio y beneficiándose con el trabajo de los indígenas que alternándose entre impuesto y voluntario, según las distintas situaciones históricas, se vieron involucrados en la consolidación de un sistema que favoreció la concentración de grandes propiedades en manos de un reducido grupo de hacendados. Situación que perduró a lo largo de los siglos y que claramente se ve reflejado en la conformación del mapa territorial actual de nuestra zona. La base territorial de los grandes ingenios-plantación de la provincia de Jujuy se encuentra en las haciendas adquiridas casi en su totalidad por merced real a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Lo que sigue es una cronología que destaca algunos de los hechos y sucesos que ilustran el proceso de sujeción indígena y concentración de tierras iniciado en la época colonial y que deviniera en la pretendida “evolución” del oriente jujeño. Al final de los párrafos que se relacionan con el surgimiento y consolidación de estos ingeniosplantación hemos colocado una determinada cantidad de asteriscos (desde 1 hasta 4) con el propósito de proporcionarle al lector un hilo conductor que le facilite articular los hechos históricos con la realidad territorial actual.

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Cronología del proceso de control territorial Referencias: * Base territorial del Ingenio Río Grande de La Mendieta ** Base territorial de Calilegua SAIC y del Parque Nacional Calilegua *** Base territorial del Ingenio La Esperanza S.A. **** Base territorial de Ledesma SAAI Entre los años 1582 y 1595 los churumatas habrían sido encomendados en principio a Juan Rodríguez de Salazar y posteriormente a Diego de Torrez. En 1595 terminarían reducidos en las propiedades que Rodríguez de Salazar tenía en la zona de Perico (Carrizo, 1935; Sanchez y Sica, 1990; Ferreiro, 1994; Sanchez, 2003) En 1583 Hernando de Lerma, gobernador de Tucumán, concedió la encomienda de los ocloyas a Pedro Cabello y a Alonso Ruiz de Orlanga (Sanchez, 2003), ambos ciudadanos de Salta, debiendo estos realizar la partición de los “indios”. Pero estos no tomaron inmediata posesión de ellos por lo que en 1595 un vecino de Jujuy, Juan Ochoa de Zárate entabló un pleito, ante la Audiencia de Charcas, contra Cabello por la encomienda de los ocloyas, que según Ochoa de Zárate pertenecían a su repartimiento de Omaguaca. El pleito se dirimió por un común acuerdo entre los encomenderos que estipularon repartirse la población (Sanchez y Sica, 1990; Sica, 2008). Años más tarde, en 1601, Ochoa de Zárate volvería a solicitar una encomienda sobre Ocloya merced que fue otorgada por el gobernador de Tucumán Francisco Martínez de Leiva (Sanchez y Sica, 1990). Pero la encomienda de los ocloya volvería a sufrir otra partición cuando en 1630 el entonces gobernador de Tucumán Francisco de Avendaño le concediera a Francisco de Velásquez una encomienda de “indios quispira de Ocloya” (Sica, 2008).

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En 1611 Francisco de Alfaro al establecer la proporción de indios que deben mitar en San Salvador (Jujuy) alude a los ocloyas, ossas y paipayas y se refiere siempre a tribus ya sometidas y sacadas de su natural, como se decía y que estas tribus eran de tierras altas y fragosas, identificables con las montañas de Zental y Calilegua (Carrizo, 1935). En 1623 Martín de Ledesma Valderrama encabezó una expedición a los indios Paypayas y Ocloyas asentados cerca de los ríos Catalde y Normenta con el fin de fijar el sitio donde se establecería una reducción de indios ocloyas. No pudo concretar esta empresa porque el encomendero de los Ocloyas, don Juan Ochoa de Zárate, se llevaría al cacique a La Plata (Sucre) (Carrizo, 1935; Demitrópulos, 1990). “Por el mes de noviembre del año pasado de mil seiscientos veinte y tres fueron con el capitán Martín de Ledesma, Justicia mayor desta ciudad, todos los feudatarios de ella y demás moradores de esta ciudad a la probincia de los indios ocloyas, cada uno a su costa, a reducir los dichos indios y hacer padrón dellos, conforme a hordenanza, los quales yndios con sus caciques y principales salieron con sus mujeres e hijos a rrecibirlos; base con los españoles y con el dicho capitán los quales entraron a sus tierras hasta donde xamas había llegado español ninguno, y queriéndolo rreducir a parte cómoda y donde ellos pidieron conforme a hordenanza lo dispone porque, donde están y an estado es tierra estéril e instable y áspera. Ellos mismos caciques e yndios pidieron que se defiriese la dicha rreducción para este presente año para el mes de junio pasado, y por el dicho mes los señores Alcaldes que están presente despacharon persona combiniente a satisfacción de los dichos yndios para que conforme a lo concertado se señalase traza de pueblo y rreducción en el río de catalde que fue donde los dichos caciques querían, y abiéndosele señalado a los caciques el sitio donde abían de tener su yglesia y púestale una cruz los caciques principales fueron a traer su gente al dicho sitio para hacer sus casas(...). En junio del año siguiente, 1624, fue efectivamente un personero pero no pudo fundar la reducción o pueblo porque el encomendero don Juan Ochoa de Zárate se había llevado al cacique a La Plata (Sucre); dejó una cruz plantada y regresó a la ciudad de Jujuy”50. Demitrópulos (1990) deduce que esta entrada al chaco debió hacerse por el camino de Jujuy a través del Pongo (Perico) y comenta que existe la creencia que el Río Rangel,

50

Ibid., Capítulo III, Título V. I.

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(cerca de Guayacán, colonia agrícola de Fraile Pintado) afluente del Ledesma lleva esa denominación por un cacique de nombre Rangel que fuera muerto en un enfrentamiento con el conquistador. 1626 Ledesma Valderrama llega a las orillas del río Ocloyas (es posible que se trate del río San Lorenzo) sobre el río Grande (río San Francisco) al este de Calilegua y funda el Fuerte Ledesma, luego se interna 20 leguas a la parte del Chaco y funda Santiago de Guadalcázar en un paraje denominado Juntas de San Antonio (unión de los ríos Zenta y Bermejo), próximo a las sierras de Calilegua sobre la margen meridional del río Zenta (Boedo, 1872). Después de fundar Guadalcázar volvió a Jujuy dejando a la flamante ciudad con cincuenta soldados a cargo del Sargento Mayor Juan Bázquez de Tapia. A poco de su regreso le llegaron noticias de Tapia avisándole que indios tobas le habían matado dos españoles (Carrizo, 1935). El lugar que escogiera Ledesma Valderrama para la fundación de la ciudad de Gualacázar no ha sido fácil de ubicar ya que Lozano afirma que se habría realizado en las Pampas de Ledesma, mientras que Pedro Ortiz de Zárate (1682) ubica el sitio de fundación en el valle de Zenta (Sanchez y Sica, 1990) 1631 Santiago de Guadalcázar es destruida por completo por los “indios de guerra” y la región quedó sin pueblo de españoles hasta 1638 año en que se estableció la Reducción de los Ocloyas, fundada por el misionero jesuita padre Gaspar Osorio y situada sobre el río Normenta, dos leguas más cerca de Jujuy, con respecto a su anterior asiento (Carrizo, 1935). Al año siguiente, en abril de 1639, el padre franciscano Juan de Chaves, ocupó esa reducción y el padre Osorio fue a fundar otra más al norte, camino de Guadalcázar, donde fue muerto por los indios chiriguanos (Carrizo, 1935). En 1640 la doctrina y pueblo de los ocloyas de Normenta se movió otras dos leguas quedando así a sólo ocho de Jujuy. La nueva población fue asolada por los indios en

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1647 pero se rehízo dos años más tarde, en 1649 donde actualmente se encuentra el pueblo de Ocloyas (Carrizo, 1935). En 1692 los ocloyas están encomendados a Tomás de Pinedo y Montoya y Juan Amurátegui y Zárate y reducidos en Ocloyas (Carrizo, 1935). El 23 de julio de 1710 se funda el Fuerte Nuestra Señora del Rosario de Ledesma por el capital Antonio De La Tijera en la zona conocida como “Pampas de Ledesma” (Carrizo, 1935) y donde algunas fuentes aseguran se habría levantado el primer fuerte por Martín de Ledesma Valderrama (Demitrópulos, 1991). No hay consenso en cuanto a si se trata de la misma ubicación ya que algunos historiadores identifican al primero en jurisdicción de la provincia de Salta (Boedo, 1872). De este segundo fuerte también hay discrepancias en cuanto a su localización. Hay quienes afirman sería la del actual Pueblo Ledesma (Carrizo, 1935) y otros lo ubican en la Hacienda Reducción, cerca de la Terminal de trenes de la localidad de Fraile Pintado (Fernández Distel, 1997). Al mismo tiempo se funda la Reducción San Antonio con las tribus ojotáes a pocas cuadras del Fuerte del Rosario (Carrizo, 1935). En 1749 se construye el fuerte de El Piquete de San Bernardo que podría haber estado emplazado sobre la margen derecha del río San Francisco entre los arroyos Médica y Mulas (en el actual departamento de Santa Bárbara) y su fundación respondió a la necesidad de proteger a los colonos, sus haciendas y cultivos cada vez más extensos, de los indígenas chaqueños (Fernández Distel, 1997). En 1752 Antonio Vallejos y Francisco Rangel son beneficiados con una merced de las tierras del paraje Cruz de Valero (o Balero) y una pequeña porción de la Pampa de San Pedro, que correspondía a los actuales terrenos del Ingenio Río Grande en La Mendieta, y en sus inmediaciones se forma una aldea indígena. En el año 1754 la merced es nuevamente entregada pero sólo a Francisco Rangel (Sierra e Iglesias, 1997). Los

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linderos de la merced eran: “(…) por la parte del oriente el río San Lucas [Río Grande de San Pedro] y por el poniente las cañas que vaxan del serro de zapla, y por el norte la salida a la pampa de San Pedro y por el sur el rio que esta inmediato a la Cruz de Valero, las cuales dichas tierras han estado de tiempo inmemoriales poder de los enemigos de donde han sido ahuyentados por las armas españolas, (…)”51.* En 1754 (1760) el capitán Francisco Salcedo obtiene una merced real como retribución a los servicios prestados a la corona española, de las tierras que van desde el Río Negro al norte hasta el arroyo los Matos al sur, y de cerro a cerro, de este a oeste, que se conoció con el nombre Potrero de Salcedo (hoy La Mendieta) (Sierra e Iglesias, 1997).* En 1755 la Hacienda Santa Bárbara es otorgada por merced al teniente de gobernador de Jujuy Diego Tomás Martines de Iriarte, quien para asegurar su propiedad construye el fuerte de Santa Bárbara (Cruz, 2001a). Fernández Dístel (1997) le otorga una fecha anterior (1745), tanto al fuerte como a la merced. En 1756 Los Jesuitas fundan la Misión (o Reducción) de San Ignacio de los Tobas o San Ignacio de Ledesma con 600 almas de habla toba y mataguaya, “dentro de los términos y linderos del río Sora por la parte del norte; por el sud el monte Saladillo del Río Negro [puesto del Bastidor, hoy Fraile Viejo]; por el oriente el Río Grande [Río San Francisco] y por el poniente las lomas y cuchillas mas inmediatas a este dicho Presidio [Serranías de Calilegua] (...) dejando asimismo dispuesto el lugar para la formación del pueblo a la parte oriental del referido Fuerte”52 (Ledesma). Se encontraba protegida por los fuertes de Ledesma y Río Negro emplazados para contener las invasiones de los indígenas (Demitrópulos, 1991). Las tierras donde se encontraba emplazada esta reducción será la base territorial de lo que luego sería el Ingenio Ledesma (Cruz, 2001a).
51

SIERRA e IGLESIAS, Jobino Pedro. Los 15 dueños de la Pampa de San Pedro. EDUNJU. Jujuy. Argentina. 1997. p. 25.
52

VERGARA, Miguel Ángel. Historia de Jujuy (Compendio). Edición Gobierno de la Provincia de Jujuy. Salta. 1961. p. 190.

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Hasta 1762 la Hacienda Río Negro era propiedad de Pedro López de Velazco que le fuera otorgada por medio de una merced. Pero en ése año Gregorio de Zegada adquiere la mencionada propiedad en parte por medio de una merced y en parte por compra. Posteriormente Zegada compra la hacienda Los Ceibales (Cruz, 2001b). ** En 1764 la totalidad de la región conocida como Pampa de San Pedro se otorga en merced al Maestre de Campo Don Pedro López de Velasco en atención a sus méritos y servicios, para él sus herederos y sucesores. Los límites de esta merced eran: “(…) lindando por el sur con el Río Grande [Río San Francisco], por el norte con el Río Negro y por los otros dos vientos principales con el serro Sapla y dicho Río Grande (…)”53 Años más tarde Juan Thomas López de Velasco hereda la hacienda de su padre (Sierra e Iglesias, 1997). *** En 1767 se produce la expulsión de los jesuitas. Los frailes franciscanos se hacen cargo de la Reducción de San Ignacio de los Tobas que se encontraba a orillas del río Sora y la trasladan del otro lado del río Ledesma (lugar que se conoce con el apelativo Reducción en Fraile Pintado) ( Teruel et. al., 2006). Ése año la Hacienda Santa Bárbara es nuevamente entregada en merced, esta vez a Francisco Javier de Robles, cuyos meritos fueron haberse encargado de la expulsión de los jesuitas de la Reducción de San Ignacio y de la estancia de San Lucas. El Fuerte San Bernardo, erigido con anterioridad, estaba en plena merced (Fernández Distel, 1997). Años más tarde Robles la vendería en varias fracciones. (Teruel et. al., 2006). En 1774 la propiedad conocida como Pampas de San Pedro es fragmentada en las Haciendas Saladillo, San Pedro y El Quemado que luego son compradas por Joseph (José) de Acuña a Juan Thomás López de Velasco. Para esos años también adquiere la finca Cruz de Valero. A la muerte de Ana María Iriarte, esposa de Joseph de Acuña, las Haciendas Cruz de Valero y Saladillo son heredadas por Toribio de Acuña y la Hacienda San Pedro por Mariano y Josef de Acuña (Sierra e Iglesias, 1997). ***
53

SIERRA e IGLESIAS. Op. cit., p. 7.

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En 1779 el Gobernador Andrés Mestre, en atención a ser constante en ese Gobierno los distinguidos méritos y servicios de D. Gregorio de Zegada, le otorga la merced Sora, de las tierras del chaco desde el río Sora hasta cuatro leguas más allá de Vinalito y desde las cumbres del cerro Calilegua hasta las del Centinela, quedando conformadas las Haciendas Sora y Campo Colorado; y a Alejandro Gainza y Leyza la merced San Lorenzo-Río Seco. Toda esta zona llamada Río Negro (Demitrópulos, 1991; Cruz, 2001b, Delgado et al., 2006). Gregorio de Zegada estaba casado desde 1767 con M. Mercedes Gainza Rubiánez, hija de Alejandro Gainza y Leyza por lo que con el tiempo también sería el propietario de la hacienda de San Lorenzo-Río Seco. En el mismo año de 1779 Zegada compra las Haciendas de Rodero-Negra Muerta y Coranzuli-Sianso en la Quebrada de Humahuaca y adquiere la Hacienda El Pongo, merced heredada por su esposa (Cruz, 2001b). ** En 1781 Zegada reduce a los tobas y matacos insurrectos. Parte importante de la historia de Jujuy es la rebelión del Fuerte Presidio Ledesma y de la Reducción San Ignacio de los Tobas. José Quiroga, que se desempeñaba como intérprete en dicho lugar, organizó un vasto movimiento en favor de Tupac Amaru, con toda la gente de baja que tenia para seguirlo (Demitrópulos, 1991). Zegada cayó sobre ellos el 31 de marzo de 1781 dispersando algunos de ellos y capturando a otros, por lo tanto en julio de 1781 había concluido, ahogada en sangre, la rebelión de Tupac Amaru en la jurisdicción de Jujuy (Vergara, 1961). Luego de la expulsión de los jesuitas las misiones quedaron bajo la administración de los franciscanos. En el caso de San Ignacio de los Tobas los nuevos administradores debieron afrontar una crisis económica que, a pesar de algunos cultivos de caña de azúcar, trigo y otros cereales y la posesión de algo de ganado, no pudieron hacer frente para continuar con su mantenimiento, por lo que en 1791 el gobernador intendente García Pizarro vendió parte de las tierras de la misión a Carlos Sevilla comandante de los fuertes de Río Negro y de Ledesma. Este fue el origen de la Hacienda Ledesma (Teruel, 2005). ****

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La crisis de la misión se agudizaba por lo que gobierno dictó una serie de reglamentaciones que establecieron el trabajo de los indígenas de la misión en las haciendas azucareras vecinas, estipulándose que los jornales que recibieran por sus labores quedarían en la misión como fondo de sostenimiento. Los argumentos que se esgrimieron para fundamentar tales reglamentaciones sostenían que de esta forma se beneficiaba a las haciendas vecinas de Ledesma, San Lorenzo, Río Negro, San Lucas y San Pedro que carecían de braceros; la misión tendría fondos para subsistir y el trabajo contribuiría a la civilización de los indígenas (Teruel, 2005). En 1795 Martín de Otero, tutor y curador de los hijos de Joseph de Acuña, hombre de fortuna, comerciante y capitán de las Milicias Regladas de Jujuy que participara en las entradas al Chaco en 1781(Teruel, et. al., 2006), compra a los herederos de Joseph de Acuña la Hacienda de San Pedro. Inició el cultivo de caña de azúcar y de citrus en la zona y la propiedad se comenzó a conocer con el nombre de Finca San Pedro (Sierra e Iglesias, 1997). *** La decadencia de la Misión de San Ignacio de los Tobas continuó, y en 1821 se produjo la venta de las últimas tierras a Pablo Sardicat Soubiret Soria, primo hermano del coronel Diego José de Pueyrredón, quedando conformada la finca Reducción. Esto significó el fin de San Ignacio (Teruel, 2005). Por ese entonces Soria también era propietario de la finca Río Negro y El Quemado (Demitrópulos, 2001-1991). En los años sucesivos las Haciendas San Lorenzo (Calilegua) y Potrero de Caimán (Caimancito) son adquiridas por Diego José de Pueyrredón, casado con Juana Francisca Zegada, hija de Gregorio Zegada, quien en 1799 fuera nombrado Comandante del Fuerte Ledesma, frontera del Río Negro (Demitrópulos, 1991). **

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En 1826 José Ramírez de Ovejero, casado con María Antonia de la Zerda, compra la Hacienda Ledesma a la viuda de Carlos Sevilla y funda el Ingenio Ledesma (Demitrópulos, 1991). **** En 1844 las haciendas de Santa Bárbara y Maíz Gordo son propiedad de Rosario Lozano que se dedica solamente a la ganadería (Paz, 2003). En ese mismo año la Finca San Pedro es entregada por los herederos de Martín de Otero a los acreedores de éste, en pago de deudas contraídas por el difunto (Sierra e Iglesias, 1997). *** En 1845 Miguel Francisco Aráoz, político salteño de buena posición económica, compra la Finca San Pedro a los acreedores de Martín de Otero. El historiador Sierra e Iglesias (1997) sin ocultar su admiración por don Miguel F. Aráoz dice “Descendía de una distinguida familia tucumana del período hispánico, que dio a la Patria héroes de la independencia, funcionarios públicos, hombres de la iglesia, educadores y médicos. El más destacado de ellos fue Bernabé Aráoz organizador de la milicia tucumana que acompañó al ejército de Belgrano. Luego actuó como gobernador de Salta y Tucumán”54. Aráoz continúo con la industria azucarera y en 1876 mejoró las instalaciones de la fincaingenio que pasó a llamarse Ingenio San Pedro y que existió hasta 1883 (Sierra e Iglesias, 1997). *** En 1855 las Haciendas San Lorenzo (Calilegua) y Potrero del Caimán (Caimancito) pasan a manos de José López Villar que las adquiere al casarse con Fulgencia Pérez Echalar Zegada, nieta de Gregorio Zegada. Años después la hacienda San Lorenzo es heredada por Salvador Villar y Potrero del Caimán por Polonia Villar de Quintana (Demitròpulos, 1991). ** Para ése mismo año la finca Reducción es propiedad de Candelaria Soria, familia de Pablo Soria, y tiene en su propiedad un ingenio azucarero; la finca San Antonio, donde
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SIERRA e IGLESIAS. Op. cit., p. 12.

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hay otro ingenio azucarero, es propiedad de Juan Ignacio Portal y la Hacienda Valle Grande es propiedad de Pedro B. Rueda, dedicado a la ganadería (Paz, 2003). En 1876 se forma la Sociedad Ovejero y Zerda, una corporación familiar que se convertiría en la nueva propietaria de la Hacienda y el Ingenio Ledesma. **** En 1880 Las Haciendas Valle Grande, Caspalá y Santa Ana son propiedad de Rufino Valle. La Hacienda Caspalá había sido comprada por Valle a los descendientes de José Antonio Goyechea (Demitrópulos, 1991; Teruel et. al., 2006). En 1882 se conforma la “Sociedad Aráoz, Ugarriza, Uriburu y Cia.” que entre uno de sus socios contaba con la presencia de Rogelio Leach. El objetivo de esta sociedad fue la de conformar otro ingenio azucarero. La nueva fábrica se llamaría Ingenio La Esperanza y comenzó a funcionar en 1884 y parte de su patrimonio estaría conformado por tierras de la Finca San Pedro (donde se levantó La Esperanza) y las maquinarias del ex-ingenio San Pedro (Sierra e Iglesias, 1997). *** En 1884 se funda el pueblo de San Pedro de Jujuy por decreto del Gobernador Tello que expropio “sin indemnización” a su dueño Miguel Francisco Aráoz parte de las tierras de la Hacienda San Pedro (Demitrópulos, 2001). *** En 1887 Los hijos de Miguel Francisco Aráoz compran la Finca San Pedro a su padre y en 1893 se forma la “Sociedad Araoz y Leach”, conformada por Miguel Francisco Aráoz, Rogelio Leach y los hijos del primero Carlos, Manuel y Miguel Aráoz, quienes aportan a la sociedad con la Finca San Pedro. De esta manera quedaron unificados el Ingenio La Esperanza y la Finca San Pedro (Sierra e Iglesias, 1997). *** Es también en 1887 cuando la finca Valle Grande se fraccionó y fue vendida a sus ocupantes, un grupo de campesinos arrendatarios, que compraron las mencionadas tierras a los herederos de Rufino Valle (Teruel et. al., 2006).

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Para el mismo año el Gobernador de Jujuy, Eugenio Tello, declara fiscales las tierras de las Haciendas Santa Bárbara y Maíz Gordo, sin embargo quien se adjudicaba la propiedad de las mismas, José R. Lozano, logró conservarlas y transferir en venta algunas fracciones. Así a comienzos del siglo XX coexistían en Santa Bárbara algunos terratenientes, arrendatarios, propietarios menores, ocupantes de hecho y tierras fiscales (Demitròpulos, 1991; Teruel et. al., 2006). En 1892 las haciendas San Lorenzo y Potrero del Caimán son compradas por los hermanos Leach a José Villar y a Polonia Villar de Quintana (Demitrópulos, 1991). ** En 1899 David Ovejero y Zerda donó a la provincia tierras de la Hacienda Ledesma para erigir un pueblo, quedando fundado el Pueblo Nuevo que en 1959 pasaría a llamarse Libertador General San Martín (Demitrópulos, 1991). **** En 1900 El Ingenio La Esperanza y la finca San Pedro son comprados por una nueva sociedad denominada “Sociedad Leach Hermanos y Cia” a la “Sociedad Araoz y Leach” (Sierra e Iglesias, 1997). *** Entre 1905 y 1907 el señor Julio Bracamonte compra la finca Reducción, que luego es adquirida por la Empresa Ledesma (Demitrópulos, 2001). En 1911 los señores Enrique Wollmann y Carlos Delcasse compran la Hacienda Ledesma y el ingenio Ledesma a David Ovejero y Angel Zerda (Tschamler, 1998). **** En 1913 El Ingenio La Esperanza y la finca San Pedro son comprados por la “Sociedad Leach‟s Argentine States Leed” a la “Sociedad Leach Hermanos y Cia” (Sierra e Iglesias, 1997). *** En 1958 queda conformado el pueblo de Caimancito en las tierras que un grupo de agricultores y horticultores le compran a los hermanos Leach (Demitrópulos, 2001).

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En 1961 la “Sociedad Leach‟s Argentine States Leed” vendió a la empresa “Ingenio La Esperanza Sociedad Anónima, Industrial, Comercial, Agrícola y Ganadera”, las propiedades que comprendían las fincas: San Pedro (incluida la fracción donde se encuentra el Ingenio La Esperanza), Acheral, La Urbana, Pampa Redonda, El Moralito, Pensylvania y El Saladillo más una manzana en el pueblo de San Pedro (Sierra e Iglesias, 1997). *** En 1962 el Grupo Deltec adquiere el control de la Compañía Leach, propietarios de la hacienda San Lorenzo (Tschamler, 1998). ** En 1968 la Empresa Ledesma adquiere la hacienda San Lorenzo comprándola a los hermanos Leach (Ledesma, 2007). ** La finca San Francisco era propiedad de la firma Zenarruza-Buitrago que posteriormente vende a Roberto Soletta. En 1973 Soletta inició el loteo de las tierras que conformarían el pueblo de San Francisco (Demitrópulos, 2001). La firma José Modesti-Pasquini compra la finca San Francisco a Roberto Soletta (Demitrópulos, 2001). Como se puede apreciar el éxito del proceso de concentración de tierras en manos de un reducido grupo de militares, comerciante y políticos, tuvo mayor éxito que el de fraccionamiento y redistribución a los pobladores campesinos indígenas o criollos, que en la mayoría de los casos aún hoy siguen siendo arrendatarios o empleados y obreros de los primeros. Este panorama no hace más que llevarnos a la conclusión que de las encomiendas históricas al latifundio moderno hay sólo una diferencia de nombre.

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Cuarta Parte: EL PROGRAMA DE ARQUEOLOGÍA DEL PARQUE NACIONAL CALILEGUA En jurisdicción de Parques Nacionales, el Patrimonio Cultural comprende el conjunto de recursos arqueológicos, históricos y antropológicos, materiales e inmateriales, indicadores de la diversidad y variabilidad de las actividades humanas y de sus interrelaciones con el medio ambiente, representativos de un aspecto de la historia humana y/o de su evolución. El manejo de estos recursos se lleva a cabo a través de planes, programas y proyectos orientados a su conservación, investigación y puesta en valor ante la sociedad55. El territorio donde hoy se encuentra el Parque Nacional Calilegua, fue otrora escenario de las más variadas relaciones sociales y actividades económicas desarrolladas por grupos humanos que en los últimos tiempos y antes de la creación del área protegida, se caracterizaron por la práctica de una ganadería trashumante y el aprovechamiento de los recursos de selva; y de cuya actividad han quedado vestigios dentro y fuera de sus límites. Atendiendo a estas cuestiones se ha propuesto la investigación y puesta en valor de las diversas manifestaciones, tanto arqueológicas como históricas, que le dieron forma al lugar; considerando que el conocimiento y rescate de los rastros del pasado contribuirán en el afianzamiento de la identidad de las sociedades del presente. Con esta finalidad se implementó el Programa de Arqueología del Parque Nacional Calilegua que dio inició a un intenso trabajo llevado adelante por un equipo multidisciplinario, constituido por guardaparques, un arqueólogo investigador del CONICET y una empleada de la Municipalidad de Libertador General San Martín adscripta al Parque Nacional Calilegua. Los integrantes del equipo son: Baltasar Ramos,

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Reglamento para la conservación del Patrimonio Cultural en jurisdicción de la Administración de Parques Nacionales

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Laura Chazarreta, Francisco Gallardo, Ariel López, Mario López, Guillermo Nicolossi, Cristian Sanconte y Alejandro Zalazar (guardaparques); Dr. Pablo Cruz (CONICET) y Rosario Jara (Municipalidad de Libertador General San Martín). Tejiendo un puente entre el pasado lejano y el reciente, este programa se aboca tanto al registro de los testimonios prehispánicos como al estudio de los puestos ganaderos56 localizados al interior del Parque y que se sostuvieron hasta finales de los años 1970. Una dinámica, varios objetivos Los alcances del Programa de Arqueología pueden ser medidos en diferentes planos: La intervención del Estado (APN, Municipalidad de Libertador General San Martín, CONICET) en el rescate de un pasado regional, un deber de memoria que señala un fuerte compromiso con la sociedad en el reconocimiento y valorización de la historia de los pueblos originarios que actualmente habitan en el territorio. Al mismo tiempo, para las Ciencias Sociales, se trata de una importante contribución al desarrollo de los conocimientos sobre la ocupación de la región tanto en tiempos prehispánicos como históricos y sobre las diferentes racionalidades que la estructuraron. En este sentido, la posibilidad de conocer, estudiar y comprender nuevas lógicas sociales, económicas, simbólicas, etc., en la relación entre el hombre y el medio, diferentes de la occidental basada casi exclusivamente en la dominación y explotación intensiva, inscribe este programa dentro de un debate de gran actualidad e importancia en la sociedad. En otro orden, el programa desarrolla una de las líneas de acción de la Administración de Parques Nacionales en tanto se aboca a los recursos

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Definición local de asentamientos por lo general muy precarios usados como habitación y circunstancial depósito durante la época de invernada.

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culturales, no solamente sistematizando su registro, sino garantizando su conservación y proyectando su puesta en valor57. Los resultados alcanzados Las prospecciones realizadas en el territorio del Parque y zonas aledañas permitieron el registro de más de 40 sitios arqueológicos ubicados en el Parque y sus inmediaciones, en los Departamentos Ledesma y Valle Grande, que han sido agrupados temporalmente en sitios prehispánicos y ocupaciones históricas. Los sitios arqueológicos prehispánicos rinden cuenta de una ininterrumpida ocupación humana que se extiende por lo menos desde el Período Formativo (1500 años antes de Cristo) hasta la época Inka (aprox. entre 1450 y 1550). Sin embargo, la ocupación humana de la región parece ser más densa a partir del I er milenio de nuestra era, según lo atestiguan las numerosas aglomeraciones y colonias productivas del Período de Desarrollo Regionales (siglos XII-XIV) registradas en cercanías del Parque. Más recientemente, el arribo de los Inkas a la región, motivados por la explotación de sus metales, pero también por otros recursos naturales como las plantas psicotrópicas, las plumas, las pieles, y muy probablemente el cultivo de cocaen estudio-, marcó ciertamente un nuevo hito en la historia regional. La impronta del Tawantinsuyu, se ve reflejada principalmente en el paso del Capacñam, o camino principal Inka, y en la instalación de santuarios de altura sobre las cumbres de las Serranías de Calilegua. Para estos períodos tardíos, resultan muy significativas las relaciones mantenidas entre las Yungas y la vecina Quebrada de Humahuaca. En cuanto a los períodos más recientes, la memoria de los pobladores de la región junto con los trabajos de prospección, permitieron el registro de muchos de los puestos ganaderos que funcionaban en el territorio del Parque Calilegua hasta antes de su creación. La mayoría de estos puestos se encuentran localizados sobre
Pablo José Cruz “Informe de avance Investigaciones arqueológicas en las serranías orientales en la provincia de Jujuy” - CONICET-INAPL-PARQUE NACIONAL CALILEGUA - Marzo 2009.
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antiguas ocupaciones prehispánicas. Esta recurrencia encuentra su explicación en que se trata precisamente de aquellos lugares más propicios para la instalación humana, sea por presentar un relieve plano o por su cercanía con fuentes de agua. En síntesis, contrariamente a la imagen, reproducida a lo largo de la historia, que presenta a las Yungas como un territorio inhóspito y poco poblado a no ser por indígenas en la frontera del salvajismo, sabemos hoy que la región fue el escenario, a lo menos desde el Ier milenio antes de Cristo, de ininterrumpidos procesos sociales, los cuales desembocaron en identidades culturales muy definidas. En contraposición a lo que vemos hoy en día, podemos ya observar que los antiguos pobladores de la región supieron interactuar con el medio estableciendo una relación regida más por una lógica de reciprocidad que puramente de dominación. Comprender más el funcionamiento de estas lógicas, y transferirlas a la sociedad, es uno de nuestros mayores desafíos 58.

Períodos representados en el Parque Nacional Calilegua Período Formativo: en el Noroeste Argentino entre el 1500 a.C y el 500 d.C. El comienzo de este período es marcado tanto por la adopción del modo de vida sedentario y aldeano, la práctica generalizada de la agricultura y ganadería (camélidos) así como por el desarrollo de la industria alfarera. En las serranías orientales del NOA, este período se encuentra representado por la Tradición cerámica San Francisco. Horizonte Medio o Período de Integración Regional: aproximadamente entre el 500 y el 1.100 d.C. Poco representado en la región, durante este período se desarrollan en el NOA sociedades complejas que establecen vínculos macro regionales; en la región Valliserrana es representado principalmente por el complejo

58

Ibid.

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Aguada. Período de Desarrollos Regionales o Intermedio Tardío: aproximadamente entre el 1.100 y 1450 d.C. Durante este período se asiste a la emergencia de identidades regionales bien definidas que generalmente adoptan un modo de establecimiento aglomerado, el cual es conocido en la región como pucaras o antigales. Se fortalecen las relaciones macro regionales entre la puna, los valles y las tierras bajas. En la zona se encuentran estilos cerámicos análogos a los presentes en la Quebrada de Humahuaca. Período Inka: desde el 1450 hasta aproximadamente el 1535 d. C. Dentro de la política de dominación y control territorial del imperio Inka la región es incorporada al Qollasuyu, distrito que comprendía todos los territorios andinos localizados al sur del lago Titicaca. Como parte de sus estrategias de control, los Inkas establecen en todo el Tawantinsuyu, un sistema de relocalización de grupos étnicos (mitmaqunas). Período de Contacto Hispano Indígena: desde el 1535 hasta el 1572. Se trata de un momento de transición marcado por el desembarco de Francisco Pizarro en Cajamarca (Perú) y el desmantelamiento definitivo de la resistencia inka en Villcabamba. Este período se caracteriza por un decaimiento general de las tradiciones prehispánicas, el arribo de las primeras incursiones colonizadoras de los españoles y el progresivo nucleamiento de los pueblos indígenas en torno de reducciones. Período Colonial: desde 1572 hasta 1810. Período Republicano: desde 1810 hasta la actualidad59.

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Pablo José Cruz “Monte Adentro. Aproximaciones sobre la ocupación Prehispánica de la Serranía de Calilegua, II de milenio d.C.” 2009.

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PROYECTO

“RELEVAMIENTO

DE

SITIOS

CON

POSIBLES

MANIFESTACIONES ARQUEOLÓGICAS E HISTÓRICAS EN EL PARQUE NACIONAL CALILEGUA Y ZONAS VECINAS” Este proyecto se formuló fundado en la necesidad de conocer y poner en valor la historia de ocupación de la zona; cómo se fueron modificando las relaciones hombremedio y la evolución de las estrategias utilizadas por los grupos sociales para adaptarse a los cambios político-económico-sociales que se fueron presentando. En base a la hipótesis de la reutilización del espacio, relacionada con la búsqueda de los lugares más propicios para el desarrollo de las actividades económicas por parte de los pobladores sub-actuales, se intenta validar el supuesto de que los mismos se habrían asentado en lugares con una historia de ocupación más temprana. La recopilación y consulta de bibliografía, las prospecciones y relevamientos en el terreno (a menudo con el apoyo de baqueanos de la zona), un meticuloso registro geoposicionado y fotográfico, la conformación de la Carta Arqueológica de la zona con los puestos ganaderos del parque y los sitios arqueológicos identificados hasta el momento, son algunas de las actividades que desarrolla el equipo que trabaja en el Proyecto. Desde su comienzo este proyecto, situado territorialmente en la zona de los Departamentos Ledesma y Valle Grande, involucró la participación específica de integrantes del Cuerpo de Guardaparques del Parque Nacional Calilegua que en razón a su antigüedad en el área protegida, conocimientos del terreno y los vínculos creados con los pobladores vecinos60 aportaron valiosa información sobre la realidad social y cultural imperante durante los primeros años desde la creación del parque. Otro eje importante para el desarrollo del proyecto, lo constituye los datos obtenidos mediante entrevistas realizadas a pobladores de las localidades vecinas de San Francisco, Alto Calilegua, Pampichuela, San Lucas y Valle Grande. Debemos considerar
60

Es el caso de los Sres. Alejandro Zalazar guardaparque y oriundo de la vecina localidad de Valle Grande y Francisco Gallardo uno de los primeros guardaparques destinados al Parque Nacional Calilegua.

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que un importante número de los campesinos que tenían puestos dentro del Parque, posteriormente se asentarían definitivamente con su grupo familiar en esas localidades61. Son entonces sus propias experiencias las que nos ayudaran en el proceso de reconstrucción de la historia. TERRITORIO Y SOCIEDAD. EL PARQUE NACIONAL CALILEGUA ANTES DE SU CREACIÓN. El cambio de paradigma Los territorios de las actuales Áreas Naturales Protegidas tuvieron otrora una estrecha relación con grupos humanos que desarrollaron allí toda una red de actividades económicas y sociales. Desde la creación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas en 1934 hasta nuestros días, la concepción que se tenía sobre la función e importancia de los Parques Nacionales y Reservas Naturales, fue cambiando progresiva y sustancialmente. La idea de conservar prístinos paisajes con el sólo objeto de lograr el disfrute y recreación de los visitantes, o el intento de mantener la naturaleza como un ente ajeno a las relaciones que desde siempre las sociedades humanas han mantenido con ella, llevaron a convertir a los Parques Nacionales en zonas de desiertos humanos. Los acontecimientos políticos, sociales y económicos suscitados en nuestro país durante las últimas décadas, promovieron el progresivo reemplazo de este lógica por otra: la de comprender a las áreas protegidas como un espacio integrador entre el pasado y el presente; revalorizando su historia y potenciando las relaciones entre las comunidades y la naturaleza a través de prácticas sostenibles, en el tiempo y el espacio, de aprovechamiento de una variedad de recursos.

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Padrón Electoral 2005 del Departamento Valle Grande.

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Ante una mirada renovadora del Estado Nacional los antiguos postulados han cedido su espacio a “visiones más humanas” de las áreas protegidas plasmándose en la práctica a través del Plan de Gestión Institucional que se constituyó en la Política de Conservación de la Administración de Parques Nacionales. Esta política ha impulsado la creación y el desarrollo de diferentes espacios participativos de gestión, permitiendo a las administraciones de los Parques Nacionales relacionarse con actores y referentes de distintas esferas dentro del orden social, económico, político e institucional de las comunidades vecinas, y en consecuencia ha contribuido a afianzar los vínculos con la sociedad, promover acciones conjuntas y participar en actividades relacionadas con la problemática socio-cultural del medio62. Es entonces dentro del marco de este nuevo escenario que en febrero del año 2007 se presentó ante la administración del Parque Nacional Calilegua el proyecto “Relevamiento de sitios con posibles manifestaciones arqueológicas e históricas en el Parque Nacional Calilegua y zonas vecinas”; un proyecto de investigación participativa e interdisciplinaria que propició la firma de un Convenio de cooperación mutua entre la Municipalidad de Libertador General San Martín y la Administración de Parques Nacionales. El panorama social Históricamente las Yungas han sido consideradas como una zona de frontera entre los “salvajes del Chaco” y las “civilizaciones andinas” (Teruel. 2005). Ya sea por la riqueza de sus recursos naturales o por su posición articuladora entre diferentes ambientes naturales, esta visión fue cambiando a partir de la segunda mitad del siglo XX y se comenzó a percibir la selva como un espacio clave para la comprensión de muchos de los procesos socioculturales que dieron forma al ámbito subandino (Albeck. 2000).

62

Por ejemplo el Parque Nacional Calilegua forma parte del Comité de Gestión de la Reserva de la Biósfera de las Yungas.

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Sin embargo el vacío en la información arqueológica de la zona continuó por varias décadas, acentuado por la dificultad de realizar investigaciones sistemáticas en un ambiente con verdaderos inconvenientes de tránsito y visibilidad (Boman. 1908). El territorio donde hoy se ubica el Parque Nacional Calilegua no se encontró ajeno a esta dinámica de integración regional y su historia de ocupación debe remontarse a épocas muy tempranas. En un pasado más cercano estas tierras fueron utilizadas por campesinos de la zona del departamento Valle Grande que desarrollaban en ella prácticas ganaderas de trashumancia como su actividad económica principal. Estas prácticas se mantuvieron hasta la creación del área protegida que desde entonces le otorgó al territorio una nueva y restrictiva categoría de manejo sobre los recursos de la selva, la que en adelante pasó a cumplir la función de reservorio de biodiversidad, excluyendo toda actividad económica que no se encontrara directamente relacionada con el turismo.

Ganaderos trashumantes La ganadería de trashumancia es una práctica hereditaria en la región y la principal actividad económica campesina del Departamento Valle Grande y de algunas localidades del Departamento Ledesma. La trashumancia se desarrolla en un sistema que considera el uso de pisos ecológicos diferenciados por la altura, denominados invernadas y veranadas, y se rige por la disponibilidad de pastos y aguas para el ganado y por las condiciones climáticas de temperatura y precipitación. Las invernadas se realizan en los faldeos y quebradas al interior de la selva, cuando en los meses de invierno, y dependiendo de las precipitaciones, los suelos se cubren de hierbas y arbustos, alimento esencial para el ganado. Las veranadas transcurren en los pastizales de altura, por encima de los 2.500 msnm, en los meses cálidos, cuando el aumento de las temperaturas, los deshielos y el crecimiento de los pastos de primavera y verano permiten el traslado de los animales a las vegas, aguadas y campos de pastoreo de altura.

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Este
Puesto ganadero actual

sistema

conlleva, asociado a la supervivencia del ganado, la construcción de puestos y refugios para los arrieros que acompañan de el sus movimiento

animales. En las zonas altas los puestos y corrales se construyen con piedras, pero en la selva el puesto que ocupa el arriero, durante los meses que el ganado deambula libremente por la selva, es por lo general, muy precario, cuando no se trata de un simple reparo rocoso. Los campesinos de la zona no permanecen en los puestos de veranada sino más bien realizan un continuo peregrinaje entre éstos y sus viviendas ubicadas en los poblados vecinos. Es por esta razón que las construcciones de los puestos de verano son casi siempre rudimentarias. La elección del terreno se hará en base a la disponibilidad de agua en las cercanías y suelos más o menos parejos o con poca pendiente. El lugar se limpia de vegetación y se levanta la estructura del rancho usando postes y horcones provistos por los árboles que se han talado durante el proceso de limpieza. Las paredes podrán ser de madera, lonas o plásticos. El techo puede cubrirse con chapas o con la corteza de grandes árboles como el nogal o el cedro. En el interior se armará un catre con madera y cuero de vaca y se guardarán herramientas y utensilios para cocinar, mercadería y panes de sal. Los corrales se armaran usando ramas, palos o piedras. En el lugar se plantaran árboles frutales de estación: paltas, mangos, naranjas, pomelos, guayabas. Estos puestos serán reutilizados año tras año y la cosecha de los frutos coincidirá con la época de invernada. Como dijimos estos ranchos no están pensados como una vivienda permanente sino como un refugio para pocos días, o a lo

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sumo algunas semanas, ya que mientras el ganado se encuentre en la selva el campesino mantendrá un constante ir y venir entre el puesto y el pueblo.

LOS PUESTOS GANADEROS, una forma de ocupación La documentación disponible en la Intendencia del Parque Nacional Calilegua en cuanto a las circunstancias históricas de su creación, como a las actividades económicas que se desarrollaron en su territorio en las décadas anteriores, es muy escueta e insuficiente para determinar algunos puntos centrales de nuestro trabajo, en especial lo referido a la dinámica ganadera y la posterior expulsión de los campesinos. El expediente de creación cuenta con un mínimo de antecedentes sobre el proceso que dio lugar a la conformación del área protegida y en cuanto a los puestos trashumantes tan solo pudimos recuperar un informe denominado censo ganadero y un mapa dibujado a mano, esbozando su posible ubicación, elaborados por el Guardaparque Hugo Rossi en el año 1979. En dicho censo ganadero se encuentran registrados 40 pobladores que ingresaban su hacienda al territorio del recientemente creado Parque Nacional Calilegua, y aporta datos interesantes como tipo y cantidad de ganado de cada propietario y marcas y señales identificatorias;. Sin embargo, según una comunicación que data del mes de noviembre de ése mismo año, dirigida al Jefe de Servicio Nacional de Guardaparques, el entonces Guardaparque a cargo del P N Calilegua Hugo Rossi, daba cuenta de al menos diez pobladores, que no estaban registrados en este censo por cuanto no habían presentado la documentación correspondiente que acreditara la propiedad del ganado, esto es marca y señal de la hacienda. “había 50 arrenderos y la cantidad mínima de ganado que tenía cada uno de ellos era de 70 cabezas” (Entrevistas realizadas a pobladores de San Francisco. Se reserva la identidad de las personas entrevistadas).

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El censo, además, hace alusión a los lugares donde se encontraban ubicados los puestos de invernada dentro del área protegida. Estos lugares fueron el punto de partida para la ubicación en el terreno de los restos materiales de los puestos. “En este sitio tenía su puesto el que lo ocupaba desde el mes de marzo hasta los meses de noviembre o diciembre. Durante estos meses las vacas pastaban en el lugar y en el puesto se cultivaban verduras, maíz, zapallo, cayote, anco. En diciembre o enero subían las vacas al Alto Calilegua y en los Cedros (lugar de emplazamiento del puesto) dejaban plantando papas, maíz y zapallo para la próxima temporada. La siembra se hacía en los corrales que ocupaban las vacas en la invernada. El bosteo servía como abono para la tierra. No se hacía terraza el terreno pero si se quemaban los campitos con árboles secos para la siembra” (Ibid.). Un aporte importante para diagramar las tareas de prospección, fue la información brindada por los guardaparques Gallardo y Zalazar y los datos que surgieron de las entrevistas realizadas a vecinos del departamento Valle Grande. “Anteriormente ella y su madre ocupaban un lugar denominado Puesto SAYES, arroyo Canteras arriba cerca del abra El Angosto” (Ibid.). En cuanto al acceso de los campesinos a la tierra, sabemos por sus propios dichos, que eran pequeños y medianos productores de ganadería a pastaje y que continuaron con este sistema aún luego de la venta de la Finca a la Empresa Ledesma. Un dato que resulta muy interesante y que difiere sustancialmente según consultemos una u otra de las fuentes disponibles, alude a la cantidad de cabezas de ganado que poseía cada una de estas familias. Si nos remitimos al censo la cantidad máxima de cabezas declaradas es de 100, en tanto que para el mismo propietario según los vecinos entrevistados la cantidad asignada es de 250 o 600, números significativamente mayores aún en ambos casos. Esto podría explicarse desde dos perspectivas. En primer lugar que estas diferencias estuvieran relacionadas al pago del

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pastaje, que en todos los casos y según se manifiesta, sería proporcional a la cantidad de hacienda declarada; en segundo lugar, la implícita necesidad de remarcar el perjuicio ocasionado por el desalojo, relacionándolo directamente con la supervivencia del ganado asociada a la imposibilidad de acceder a otras tierras para pastura. “pagábamos el arriendo con 2 novillos por año” (Ibid.). “el arriendo le era pagado en forma anual al encargado por la Empresa Ledesma era cobrado en dinero o hacienda. No sé como rendía a la empresa (…) era como el cacique de la zona y un tanto malevo” (Ibid.). “El arriendo era cobrado por el encargado de la Empresa Ledesma. El tenía 250 cabezas de ganado y producía 100 terneros por año. Casi siempre se pagaba con cabezas de ganado que luego el encargado conservaba para sí o vendía. Se cobraba anualmente. Los recibos por el arriendo eran papeles sin valor que hacía en un pedazo de papel cualquiera y no tenían ningún sello. El señor estuvo como 20 años de administrador. Era una persona muy autoritaria. Le sugería a los arrendatarios que falsearan los datos cuando se realizaban los censos ganaderos y eso perjudicó a las personas porque a la Empresa este arriendo no era significativo y por lo tanto tampoco rentable. Es por esto que debiendo impuestos a la provincia y a la nación la Empresa entregó las tierras en pago de la deuda” (Ibid.). Por otro lado la empresa Ledesma parece haber hecho extracción de cedro, cebil, lapacho y pino del cerro, entre otras especies, para consumo interno. En la memoria colectiva de los vecinos de Valle Grande también persiste el recuerdo de extracciones madereras con fines comerciales, en pequeña escala, que esta empresa habría otorgado a particulares como el señor Cruz Cuellar. Se han manifestado dos formas de ocupación de los puestos de invernada. Esta variación podría estar relacionada con la distancia que separaba el puesto de la vivienda, y a las dificultades de acceso en razón de la topografía de la zona elegida. En la

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conformación del sitio esta variación se manifiesta tanto en la energía empleada en la construcción, mantenimiento del puesto y calidad de los materiales empleados como en las actividades que se realizaban durante los meses que pasaban con la hacienda en el monte. “El puesto en Cañamiro tenía paredes de palo a pique recubiertas con torta de barro y techo de chapas de zinc. La cocina tenía techo de cáscara de cedro que mi padre trataba con aceite de motor y llegaba a durar hasta 4 años. Cultivábamos hortalizas, repollos, cebollas. Los cultivos se regaban por una acequia hecha con tramos de troncos de pacará canteados y ensamblados con alambre que llevaba el agua de arriba del hueco (…). Cazábamos chancho de monte, paloma tonta (bumbuna) y preparábamos guiso de arroz o fideos sin usar aceite solo grasa animal. En el monte había tigres y antas que eran muy dañinas con los sembrados de ancos y zapallos. (…) El señor (…) vivía donde es ahora el Sendero La Herradura. No tenían hacienda vacuna, criaban cabras y hacían queso” (Ibid.). Otro testimonio dice: “No se hacía chacra porque la cucarra, un pájaro negro y amarillo, se comía el maíz y no valía la pena plantar. La mercadería se compraba en Ledesma que se iba por un caminito chico de ampargata” (Ibid.). En cercanías del parque tanto para la zona de San Francisco como en la de Valle Morado se han registrado puestos actuales que concuerdan con la descripción brindada en los relatos de los entrevistados. En cuanto al intercambio y aprovisionamiento de mercaderías antes de la apertura de la Ruta provincial 83 se utilizaban caminos alternativos que aún hoy se mantienen, aunque son utilizados circunstancialmente.

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“Para comprar mercaderías se iban a Ledesma. Desde Cañamiro salían al filo, luego filo abajo continuaban hasta pasar el Abra de Las Marcas hasta llegar a Puerta Vieja, luego Morro Chico y de allí a Totoritas o Río Negrito donde salían a la Ruta 83 y desde allí a Ledesma” (Ibid.). “Desde Alto Calilegua hasta Puesto Sayes un día de viaje. Desde Puesto Sayes hasta Calilegua un día de viaje. A Calilegua llevaban queso para vender” (Ibid.). En la zona se practicaba la ganadería extensiva (aún vigente en los departamentos Valle Grande y Ledesma), es decir que el grueso de la hacienda se encontraba dispersa pastando libremente en el monte y era necesario reunir la vacada para poder trasladarla. El arreo desde el puesto de invernada al de veranada, y viceversa, comprometía la participación de varios integrantes de la familia y según la distancia entre ambos puestos podía insumir hasta tres jornadas de marcha continua. Todos los puestos históricos y actuales cuentan, al menos, con un corral para encerrar la hacienda a medida que se las retira del monte. Pero durante los meses que el ganado pasta en libertad su uso está restringido a animales enfermos, caballos o a las vacas que han parido recientemente, en tanto que el corral intenta disuadir a potenciales depredadores que pudieran acercarse y atacar a los terneros recién nacidos; a la vez que facilita el ordeñe de las vacas y obtener leche para consumo y elaboración de queso. Las marcadas y vacunadas tradicionalmente se realizan en los meses de verano que es cuando la hacienda se encuentra en los pastizales serranos. “El rejunte de los animales se hacía en diciembre y podía demorar una semana. Se usaba un potrero en Aguada del Tigre para encerrar la hacienda que se iba juntando, con ayuda de los perros, hasta completar el grupo y arrearlos al cerro. La subida hacia el cerro llevaba de 2 a 3 días. Los animales usaban siempre los mismos pasos para subir al cerro: desde Cañamiro, Arenales, Cevilar, Naranjo Agrio, Abra de las Antas, El Disierto (bajo una peña se guardaban provisiones para el próximo viaje), Barroso, Yuchán Grueso, Aguada de los Monos” (Ibid.).

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Con las entrevistas y diálogos mantenidos con estos vecinos hemos logrado reconstruir parcialmente el proceso de desalojo que sufrieron en el año 1979. Estos vecinos transmiten un discurso homogéneo en el que responsabilizan directamente al estado por los perjuicios causados, en tanto debieron trasladar la hacienda, localizar nuevos sitios de invernada y en algunos casos deshacerse del ganado ante la imposibilidad de conseguir tierras aptas para el pastoreo. En todos los casos transmiten el deseo de poder acceder nuevamente a esas tierras e inclusive realizaron, hace unos años atrás, un petitorio formal a las autoridades del parque para conseguir un nuevo arriendo. El sentimiento de despojo se ha agudizado por el hecho de haber sido perpetrado por el estado nacional del cual perciben una total incomprensión hacia su tradicional forma de reproducción social. Por otro lado no logran comprender la lógica de un territorio deshumanizado. “en un lugar llamado (…) fue sepultada una hermana mía que murió a los 8 o 9 años de edad. En el lugar plantamos una cruz echa de pacará y atada con alambre de cobre” (Ibid.). “deberían devolver las tierras ni siquiera han construido casas o ciudad” (Ibid.). “Cuando vivía en el puesto había muchos animales: palomas, corzuelas, pavas, chanchos de monte, antas, loros; cazábamos chanchos y palomas para comer y que ahora desde que está el parque ya no se ven esos animales” (Ibid.). Los reproches se focalizan en la ausencia de políticas que contemplen la resolución de sus problemas territoriales en tanto carecen de posibilidades para acceder a otras tierras.

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“muchos de los animales murieron por falta de lugar de pastura y actualmente las dificultades continúan ya que no hay lugares suficientes. Donde hay buen pasto no hay agua, y donde hay agua no hay pastura. Los animales sufren mucho y el trabajo es muy duro” (Ibid.). Otros comentarios hacen referencia al poder ejercido por el estado a través del accionar de sus dependencias, en este caso el Parque, que influyeron directamente en la relación de reciprocidad que mantenían los campesinos con su entorno y que terminaron afectando el delicado equilibrio que garantizaba el éxito reproductivo tanto de los campesinos como de los animales y las plantas. “mi abuela creía que si el Tigre mataba una vaca esto significaba que para el año habría más terneros” (Ibid.). “el Parque suelta Tigres para que se coma el ganado que se le mete” (Ibid.). En algunas familias se está produciendo el paulatino abandono de su economía tradicional debido a la imposibilidad de mantener la hacienda. El mercado turístico del que reciben un constante bombardeo propagandístico, tanto de empresas privadas y ONGs como de entidades gubernamentales, que ponderan los beneficios que representaría para la zona su desarrollo turístico, es sólo un paliativo que no a todos les resulta sustentable en el tiempo. “no se puede mantener a los caballos en el pueblo porque no es rentable hay que comprarles alfa o afrecho y no siempre hay turistas a quien alquilar y cuando los llevan al campo a pastar aparecen los turistas” (Ibid.). La rispidez con que los vecinos de Valle Grande abordan el tema, se hace más evidente en cuanto rememoran el acto de despojo, tanto de las tierras como de los frutales que en ellas mantenían. No consideran a estas especies como exóticas ni peligrosas para la flora autóctona y si como fuente de alimento para personas y animales,

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por lo que les resulta inadmisible que sean removidas del interior de la selva quedando, de esta manera, definitivamente truncada la posibilidad de cosecha y aprovechamiento de sus frutos. “Mi abuelo y mi madre que pasaban medio año en Cañamiro y medio año en Alto Calilegua y San Francisco podrían haber sido los únicos que tenían una especie de palta “manteca” y la fruta llegaba a pesar desde 1 1/2 hasta 3 kg. Supongo que fue mi abuela quien trajo esta planta que luego sirvió de semillero. Mi tía habría llevado y plantado semillas de esta clase en el Sevenguillar. Cuando era niño, con mi hermano cuidábamos los frutales hasta agosto/septiembre, época de la cosecha, de los monos y los pájaros (…). El señor (…) tenía un quintal más abajo del puesto de la señora (…), media hectárea a cada lado del río Negrito sembrado de rastrojo y con platas de mandarina, naranja con ombligo, limón sutil, lima, palta, naranja chica dulce (tanjarina). Parte de esta finca se la ha llevado el río” (Ibid.). “En el puesto había plantas de naranjas, limas, limón y paltas (…)” (Ibid.).

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Mapa del Censo Ganadero del año 1979 - Ubicación de los puestos

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Los restos materiales Al cabo de tres años de trabajo se ha logrado identificar en jurisdicción territorial del Parque Nacional Calilegua los restos materiales de 9 de los 32 puestos ganaderos que se encuentran registrados por el censo del año 1979. Los restos de los antiguos puestos ganaderos están ubicados sobre pequeñas mesadas con escasa pendiente, en el interior de la selva y cercanos a alguna fuente de agua disponible en el invierno. En general la observación de estos restos resulta bastante difícil, porque la espesura de la vegetación limita la visibilidad a unos pocos metros en derredor. Tienen como eje la Ruta Provincial Nº 83. Desde ella se accede a las sendas o picadas que llevan hasta los restos. En unos pocos casos estas sendas han sido reutilizadas como senderos de uso público destinados a los visitantes del Parque, pero por lo general se las encuentra porque han sido reabiertas a machete, año tras año, por los guardaparques que realizan tareas de control de exóticas. Esto se debe a que en todos los puestos abandonados encontramos árboles frutales que fueron plantados cuando los campesinos se instalaron en el lugar. Las antiguas construcciones se evidencian con el hallazgo de horcones 63 utilizados para soportar la techumbre del rancho, maderas para sostener las tranqueras de los corrales o basura: botellas y frascos de vidrio; utensilios para cocinar como ollas, platos y tazas; restos de chapas, plásticos, latas y hierros. Dispersas en las inmediaciones de algunos de estos puestos se encontraron varias cutanas. Posiblemente estos instrumentos de molienda ya estaban allí al momento de la elección del lugar para la construcción del rancho. Hemos recogido diversas versiones sobre la utilidad que los puesteros le dieron a estos artefactos: útiles para la molienda de maíz u otros granos, recipientes para dar de comer a los perros o en donde depositar los panes de sal para el ganado vacuno.

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También se los llama “palo a pique”

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En algunos puestos (Pacarita, Tres Cruces), siempre asociado al emplazamiento del rancho, se observan sectores que fueron nivelados mediante la construcción de taludes y muros de contención. El acondicionamiento del terreno habría facilitado el desplazamiento alrededor de la precaria construcción, a la vez que sería necesario para controlar la erosión y evitar la pérdida de suelo. Debemos recordar que estas serranías presentan laderas y filos muy escarpados y si bien, para asentarse, se eligieron mesadas con poca pendiente, las mismas se encontrarían cubiertas de vegetación y en algunos casos con suelos muy pedregosos entonces, a la hora de instalarse, era necesario realizar ciertas mejoras. En uno de los puestos relevados (Tres Cruces) se hallaron restos de una estructura redondeada construida con muros simples de piedra; probablemente usada para resguardar y almacenar alimentos, granos o panes de sal. El transcurso del tiempo y la acción de las raíces de los árboles la ha derrumbado. En otro (La Pirca), se ha conservado una pirca de aproximadamente 15 metros de largo que seguramente se pensó para contener el desplazamiento del ganado y evitar que se desbarranque por la pronunciada pendiente de la ladera. El trabajo de pircado no es muy prolijo, las piedras se habrían recolectado de las cercanías aprovechando su abundancia y luego se levantó la pared sin cantearlas ni unirlas con mortero. Si bien es estos sitos de emplazamiento no se han detectado evidencias de sembrados, seguramente los puesteros se sirvieron del cultivo de especies anuales o perennes para complementar su dieta en los meses de invierno, época en la que se trasladaban con el ganado hacia el interior de la selva.

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Quinta Parte: LA CARTA ARQUEOLÓGICA

Mapa ubicación del área de estudio y sitios prospectados

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EL

REGISTRO

HISTÓRICO

Y

ARQUEOLÓGICO

DEL

PARQUE

NACIONAL CALILEGUA Pacarita Pacarita es el sitio de instalación humana más interesante de los relevados dentro del Parque Nacional Calilegua. Su importancia reside en que las evidencias materiales indican para un mismo espacio dos ocupaciones cronológicamente diferentes. Según el censo del año 1979 en el lugar denominado “Pacarita” se ubicaba el puesto ganadero de la señora Mercedes Colque, propietaria de 23 vacas y 7 caballos que pastoreaban dentro de la jurisdicción del parque en los meses de la estación seca (de abril a octubre, aproximadamente). En 2008, durante las tareas de reconocimiento que permitieron efectuar el registro material de la instalación del puesto (basura, plantas frutales, etc.) se produjo el hallazgo de un conjunto de restos que revelaron la existencia de una ocupación anterior a la de la Sra. Colque. Las evidencias arqueológicas: Los restos arqueológicos del sitio Pacarita 1 aparecen dispuestos en la superficie del terreno de una pequeña mesada ubicada cerca de una quebradita con agua permanente.
Reconstrucción de piezas cerámicas de Pacarita

Sitio Pacarita. Vista de la plataforma

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El hallazgo más interesante lo constituye una plataforma, semi enterrada, sub cuadrangular (2 m de lado y 0,70 m de alto) construida con piedras canteadas y sin mortero. El lado orientado hacia el norte presenta una saliente en forma rectangular (0,75 x 0,60 m). Contiguo a la plataforma, hacia el oeste, se observa un pircado en forma de “L” que ha servido para aterrazar el terreno. Desde allí la pendiente se hace mas pronunciada.

Croquis de planta del sitio Pacarita

En las inmediaciones de la construcción se encontraron tres cutanas y una gran cantidad de fragmentos cerámicos, con variados tratamientos de superficie, que posteriormente, en laboratorio, permitieron reconstruir las formas de varios tiestos. Dispersos en el terreno hay grandes bloques de piedra arenisca y se observó que algunos de ellos presentan huellas de haber sido utilizados, posiblemente para pulir y afilar instrumentos. Alisar Se accede por la Ruta Provincial Nº 83 antes de trasponer la Aguada del Tigre. El lugar se ubica sobre el filo de una lomada que está siendo muy transitada por el ganado vecino.

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En el sitio se observan los restos de un pircado que delimita un espacio rectangular de considerables dimensiones, grandes bloques de piedra con signos de utilización y un mortero de pequeñas dimensiones horadado en uno de los bloques. Se recolecto cerámica fragmentada. Todo el conjunto se encuentra muy oculto por la vegetación y su hallazgo fue fortuito ya que el objetivo de la recorrida era ubicar el puesto ganadero de la Sra. Francisca Cruz. Continuando por el filo de la misma loma se llegó hasta el lugar donde se habría
Tramo de pirca en sitio Alisar

encontrado el puesto ganadero pero no se

hallaron restos materiales en superficie que pudieran identificar el lugar exacto del emplazamiento y sólo se pudo observar la presencia de un individuo adulto de palta. Cedros El lugar habría estado ocupado por el señor Ramón Quispe (fallecido) y su esposa la señora Adela Tolaba, quien reside en la localidad de San Francisco. Se ubica en un sector cercano a la toma de agua de la Seccional Mesada de las Colmenas. Se ingresó por la senda que lleva al Sitio Tres Cruces. Una vez allí se ascendió por la ladera hasta llegar al filo y luego se continúo hasta encontrar el puesto que está ubicado sobre una pequeña lomada trasponiendo la cañada de un arroyo afluente del Tres Cruces. Otra posibilidad para llegar es utilizando la misma senda que se dirige hacia la toma de agua.
Mortero en sitio Cedros

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Se observó tres horcones, dos caídos y uno en pie, y algo de basura: botellas de vidrio, una olla enlozada y una cubierta de auto. No se encontró otros restos materiales en superficie pero si la presencia de especies exóticas: paltas y citrus (naranja y lima). El lugar no presenta signos de estar siendo transitado. La Pirca En La Pirca se habría encontrado el puesto de la señora Edubijes Murga (fallecida). Por la misma senda y descendiendo se llegaría también al puesto de la señora Teresa Romero (vive en Valle Grande) que se ubicaba en un lugar denominado Lagunita. El puesto de la Sra. Murga se ubicaba sobre una pequeña explanada en el área de la seccional Mesada de las Colmenas sobre el sendero de uso público El Negrito. Los restos están compuestos por una pared simple de pirca seca de unos 15 m de largo que en algunos sectores alcanza 1,50 m de altura; que podría haber servido de contención para el ganado. Cercanos al pircado han permanecido semienterrados dos morteros de piedra. No se registró presencia de cerámica. En el sector se observan individuos adultos de paltas y de naranjos. La toma de agua del puesto se habría localizado a escasos 100 m, sobre una quebrada con agua permanente, que localmente se la conoce con el apelativo La Vertiente. Al encontrarse en un sendero de uso público, el lugar es visitado sin restricciones y por ello se está evaluando la posibilidad de reconstruir el puesto aplicando conceptos básicos de interpretación y conservación
Tramo de pirca en sitio La Pirca

del patrimonio en jurisdicción de la APN, teniendo como base el desarrollo sostenible del turismo cultural. Uno de los principales objetivos de este plan sería lograr un acercamiento con el pasado local, a través de la recreación de una actividad económica propia de los habitantes de la zona de Valle Grande.

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Mesada de las Colmenas Si bien comparte el nombre con la actual seccional de guardaparques, no coincide con el lugar de emplazamiento ya que al puesto se llega descendiendo por el sendero El Negrito. En Mesada de las Colmenas se habría encontrado el puesto de la señora Amalia Aizama (fallecida). Su hija Teresa Aizama vive en la ciudad de Libertador General San Martín. Los restos materiales son escasos pero hay presencia de plantas de naranja. Se pudo observar un poste enterrado muy deteriorado por los años y los rigores del clima y una línea de piedras acomodadas a nivel del suelo. Este alineamiento de piedras es recurrente en la mayoría de los puestos visitados y no parecen constituir un pircado que pudiera estar enterrado; es posible que sencillamente fueran ubicadas para contener el terreno o bien para delimitar determinados espacios. La basura se encuentra dispersa y semioculta por la vegetación: botellas de vidrio, latas, trozos de goma y un hierro con forma de estribo. Por la característica de los vestigios y su baja visibilidad, el lugar es inadvertido por los visitantes y por lo tanto no presenta signos de perturbación antrópica actual. Rió Negrito 1 Área arroyo Negrito-sendero Tataupa. En este sitio se encontraba el puesto del señor Luis Cruz (fallecido) y de su esposa Marta Saracho de Cruz que actualmente vive en la localidad de San Francisco. Con anterioridad al Sr. Cruz el lugar habría sido ocupado por el señor Pedro Colque, que al presente reside en el paraje conocido como “Yerba Buena” (Valle Grande). Para el sitio también fueron citados el señor Cornelio
Madera para tranquera en Río Negrito 1

Cipriano Murga y su hija la señora Leonor Murga Cruz. Sin embargo según otros informantes el puesto

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de estos últimos se encontraba en otro lugar al que aún no se ha llegado. La senda de acceso nace sobre la margen derecha del arroyo y el primer tramo ha sido terraplenado con piedras muy bien dispuestas. Ya en el lugar donde se emplazaba el puesto se observa una gran plantación de citrus, dos maderas trabajadas para sostener la “tranquera” y piedras colocadas a nivel del suelo que forman una figura en forma de L. También se encuentran botellas de vidrio, una taza enlozada y una bota de goma. Pendiente arriba, a pocos metros de donde se ubican los restos del puesto y por debajo de la capa de hojarasca, se recolectó unos pocos fragmentos cerámicos pertenecientes a una misma pieza y que parece corresponder a un período sub-actual. Estos fueron trasladados hasta el laboratorio del PNC para su remontaje, siglado y descripción. Rio Negrito 2 Río Negrito 2 se encuentra muy cercano a Río Negrito 1. El ingreso a la senda esta flanqueado por dos plantas de guayaba y se asciende por una ladera cubierta de vegetación hasta llegar al puesto ubicado en una amplia mesada. Unos metros arriba se ven los citrus, algunos derribados por los guardaparques en tareas de control de exóticas en el año 2006 pero también gran cantidad de renovales, individuos jóvenes y tocones que están rebrotando. El puesto habría pertenecido al Sr. Pedro Colque que actualmente reside en Yerba Buena. Este poblador no figura en el censo ganadero realizado por el Guardaparque Rossi en el año 1979; los antecedentes del mismo fueron proporcionados por el guardaparque Alejandro Zalazar. El primer indicio de ocupación, obviando los frutales, es una estructura subcircular de piedra pircada, de unos 4 m de diámetro, que se encuentra al pie de la ladera a corta distancia de
Croquis de estructura pircada en sitio Río Negrito 2

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la senda. La estructura se eleva unos 40 cm del suelo y está compuesta por dos hileras de piedra (canto rodado) sin seleccionar y sin mortero. No parece haber sido más alta ya que no observamos rastros de derrumbe, pero no sabemos si las paredes pudieran estar semienterradas. La parte interna está rellena de sedimento consolidado. Ascendiendo unos metros llegamos a la mesada donde se encuentran los restos del puesto. Las crecidas del arroyo han socavado el terreno y parte de la mesada se ha desplomado. Se pudo contabilizar cinco horcones caídos y uno parado, dos maderas para sostener la “tranquera” en buen estado de conservación, una taza enlozada, una cafetera, dos platos enlozados, una olla de hierro, dos palas, varias ollas enlozadas, tapas de ollas, frascos de vidrio y plástico, chapas de zinc y de cartón, restos de una bolsa de red, recipientes de lata y un trozo de hierro tipo estaca. Es llamativa la gran cantidad de basura ya que en otros puestos visitados estos indicios de ocupación son mínimos. Totorita En Totoritas se habría encontrado uno de los puestos del señor Benigno Cruz Cuellar (fallecido), esposo de la señora Teolina Coronel (fallecida). Los hijos del matrimonio viven actualmente en la localidad de Pampichuela y Libertador General San Martín. El Sr. Cruz Cuellar era el encargado de cobrar los arriendos de la tierra para La Empresa Ledesma. Por las informaciones recabadas la familia Cruz Cuellar-Coronel habrían ocupado varios sitios dentro del parque: Puesto Población, Lomas, Troja, Arroyo Amarillo, La Junta y Aguas Negras. Para el sitio Puesto Población también se encuentra citado el señor Jesús Coronel, pero hasta el momento se desconoce si tienen alguna relación de parentesco. En varios tramos de la picada que lleva al puesto se observó la presencia de citrus (naranja agria y pomelo o limón). El puesto se localizaba sobre una pequeña mesada inmediata al arroyo Los Toldos. En el lugar se pudo observar una hilera de piedras acomodadas a nivel del piso, una botella de vidrio y un plato enlosado como únicos

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restos materiales en superficie que revelan la ocupación en el sitio. También se advierte la presencia de citrus y palta. Tres Cruces En Tres Cruces habría
Croquis de estructura pircada en sitio Tres Cruces

vivido la señora Ana Romero, quien actualmente reside en el barrio San Lorenzo de la ciudad de Libertador General San Martín, y su hijo el señor Miguel Murga. Según recogida la la información Romero señora

ocupaba en forma permanente el lugar, es decir que no se trataba de un puesto ganadero trashumante utilizado para la temporada de invierno, sino de su vivienda. También se encuentra citada para el lugar “Tres Cruces” la señora Ana Isabel Murga, nieta de Ana Romero; pero podría tratarse de un puesto localizado en las cercanías. Se accede por una senda en un sector del arroyo Tres Cruces. Se asciende hasta llegar a una pequeña mesada donde se encuentran los restos materiales y algunas plantas de palta y citrus. El lugar tiene muy buena visibilidad y si bien la toma de agua no pudo ser ubicada es probable que se encontrara sobre el mismo arroyo. Sobre la mesada se realizó el aterrazamiento de un pequeño sector mediante un pircado con piedra canteada,
Mortero y mano de moler en sitio Tres Cruces

de 1,50, 3 y 2 m de lado y ángulos rectos.

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Distante unos 8 m encontramos una construcción subcircular de piedra, parcialmente derrumbada, con características constructivas similares. En los alrededores de las estructuras descriptas, ligeramente bajo la capa de hojarasca, se encontraron algunos fragmentos cerámicos que fueron trasladados hasta el laboratorio del PNC para su posterior siglado y descripción. También se observaron dos conanas de piedra, una de ellas con su mano de moler y cuatro horcones, tres de los cuales se mantienen parados sobre el terreno. Alero 01 PNC Este alero se encuentra en una zona de pastizal de altura, en el límite centro-oeste del Parque Nacional sobre las Serranías de Calilegua. El ascenso se realiza desde la localidad de San Francisco por el camino hacia el poblado de Alto Calilegua. Se trata de un alero natural formado en un gran paredón rocoso en la margen derecha de una quebrada que corre hacia el interior del Parque, ubicada entre los cerros Hermoso y Amarillo a 3360 msnm. En la base del alero y contra la pared que lo forma, se han construido pequeñas estructuras pircadas que podrían haber cumplido una función de almacenamiento ya que en el interior de una de ellas se encontraron fragmentos de una vasija de cerámica tosca y sin cocimiento. Todas estas estructuras se hallan abiertas lo que nos indica que el lugar ha sido saqueado. También se observan rastros de pinturas y grabados rupestres pero que debido a la
Fragmentos cerámicos en sitio Alero 01 PNC

erosión se encuentran en mal estado y ha sido difícil identificar con detalle los motivos. Uno de los mejores conservados es un motivo lineal realizado con pintura roja. Un tramo de la ladera que desciende desde la gran pared rocosa donde se ubica el alero ha sido aterrazada mediante la disposición de pircas transversales a la pendiente. El lugar es de gran extensión por cuanto será necesaria una segunda prospección.

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NUEVOS REGISTROS ARQUEOLÓGICOS DE LOS DEPARTAMENTOS LEDESMA Y VALLE GRANDE En las inmediaciones del Parque Nacional Calilegua se han identificado y relevado más de 35 sitios arqueológicos distribuidos en los Departamentos de Ledesma y Valle Grande. Estos lugares evidencian signos de instalación humana por la presencia de material cerámico, construcciones en piedra asociadas a sitios de habitación y cultivo, arte rupestre o acondicionamiento de senderos y caminos. En la zona baja con presencia de selva, como ocurre con las prospecciones dentro del área protegida, la visión está muy limitada por la vegetación y resulta difícil la identificación de los restos. El material cerámico es abundante en los sitios ubicados en zonas de plantaciones de caña de azúcar pertenecientes a la Empresa Ledesma. Estos hallazgos son muy comunes, ya que las maquinas al roturar la tierra dejan al descubierto los fragmentos de cerámica siendo muy fácil su identificación luego de las lluvias o de las tareas de riego. Por
Campaña de prospección en Serranías de Calilegua

el contrario en ninguno de estos sitios se han hallado construcciones, lo que es lógico, teniendo en cuenta que de haber existido seguramente fueron destruidas durante las tareas de desmonte y nivelación del terreno. Por el modo de ocupación, las técnicas de construcción empleadas en los sitios de habitación y el material cerámico identificado, podemos determinar que el territorio del Departamento Valle Grande estuvo habitado por diferentes grupos sociales dentro de un rango temporal y espacial muy amplio. En Pueblito, por ejemplo, se observa que el diseño arquitectónico y el uso del espacio responden a un patrón de instalación incaico.

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En el conjunto predominan las habitaciones de planta rectangular edificadas con pirca doble unidas con mortero. Por el contrario en Horco Quebracho las estructuras identificadas son recintos circulares construidos con grandes piedras de formas muy irregulares. La utilización de este tipo de piedras se observa también en Terrazas de Victorino pero a diferencia de Horco Quebracho estos bloques fueron canteados para facilitar su pircado. Terrazas de Victorino es un hallazgo de gran interés constituido por un conjunto de parcelas de cultivo en donde se observa que el terreno de la ladera fue acondicionado con el fin de hacerlo apto para la siembra. El desafió es lograr identificar las especies que se estaban cultivando en el sitio, ya que no contamos con antecedentes arqueológicos en la zona sobre la utilización de este tipo de estructuras para un ambiente de Selva Montana64. Ha resultado muy importante para este trabajo la prospección de un antiguo camino de herradura que nace sobre la Ruta Provincial Nº 83 y llega hasta un paraje denominado Duraznillo donde se conecta con el
Escaleras de Despensa

camino principal que se dirige al poblado de Alto

Calilegua. Este camino se encuentra asociado a Pueblito y a los Santuarios de los Cerro Amarillo y Hermoso (Cruz. 2009). Teniendo en cuenta el tramo de camino empedrado localizado entre Santa Ana y Valle Colorado 65, interpretamos que estamos en presencia de un complejo de caminos principales y sendas secundarias que formaron parte de una red vial que habría sido construida o reacondicionada por los incas con el objeto de facilitar el comercio y la comunicación entre los centros poblados del Collasuyu.

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Si bien habría antecedentes de terrazas en el Parque Nacional Baritú (Salta), se desconoce si las mismas tienen similitud con las encontradas en la zona.
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La ubicación de estos tramos ha sido la razón de la paralización de la obra de apertura total de la Ruta Provincial Nº 83 que comunicaría Santa Ana con el Parque Nacional Calilegua.

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Departamento Ledesma Ledesma 1 Propiedad de la Empresa Ledesma. Se accede por la Ruta Provincial Nº 19 que transita paralela al Río Ledesma y lleva a las pequeñas localidades de San Borja y Normenta. Por esta ruta se ingresa al sector sur del Parque Nacional Calilegua. El sitio se encuentra a 250 m de la ruta. Los hallazgos de fragmentos cerámicos se realizaron en superficie sobre sectores de la calzada y banquina. La zona es una planicie desmontada y utilizada como zona de cultivo, irrigada por acequias que derivan de canales que distribuyen el agua tomada del río Ledesma. Ledesma 2 - “La Loma” El lugar es conocido como “La Loma”. El ingreso se realiza por un camino interno perteneciente a la empresa que nace sobre la Ruta Nacional Nº 34, a la altura del ingreso sur de la ciudad de Libertador General San Martín. Se accede trasponiendo un portón, en tanto que la mayoría de los caminos principales que se internan en terrenos de la Empresa Ledesma se encuentran cerrados con portones metálicos o custodiados por personal de vigilancia. Éste camino es utilizado tradicionalmente por vecinos de la zona que practican deportes aeróbicos o por devotos que peregrinan hacia dos grutas que contienen imágenes
Tinaja descubierta por el escurrimiento de agua sobre un camino (foto Miguel Castro) Fragmento de mortero de Ledesma 1

religiosas. Un vecino de la ciudad de Libertador General San Martín,

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manifiesta que en reiteradas oportunidades ha encontrado, expuesta por las lluvias que lavan la calzada, gran cantidad de cerámica con distintos tratamientos de superficie (inciso, modelado, con aplique) e incluso una tinaja totalmente enterrada y muy fragmentada por la compactación del suelo producto del trabajo de las maquinas viales (foto). El lugar de los hallazgos es una gran planicie desmontada y utilizada como zona de cultivo irrigada por pequeñas acequias que derivan de una red de canales que distribuyen el agua tomada del río San Lorenzo. Los fragmentos de cerámica comienzan a aparecer en superficie sobre un camino secundario a dos kilómetros del ingreso. Se encuentran sobre las acequias de riego, en los costados del camino y en las cárcavas que el escurrimiento del agua de lluvia abre sobre la calzada. También se encontraron lascas y un pequeño mortero fragmentado. Ledesma 3, 4 y 5 Se accede por la Ruta Provincial Nº 83 pero los sitios se ubican en terrenos de la Empresa Ledesma. Los sitios Ledesma 4 y Ledesma 5 se encuentran en una gran planicie desmontada y utilizada para el cultivo de caña de azúcar. Los fragmentos de cerámica comienzan a aparecer en superficie sobre las acequias y las líneas de plantación. El sitio Ledesma 3 se ubica en una zona de selva pedemontana, en relativo buen estado de conservación, que si bien es propiedad de Ledesma, es utilizada por lugareños para la extracción de leña. La cerámica en este sitio es escasa y debido a la reducida visibilidad (cubierta por gran cantidad de hojarasca) los fragmentos se recuperaron solo de una senda muy marcada por los “carritos” utilizados para el traslado de la leña. Tampoco se encontró material lítico ni evidencias de construcciones. Ledesma 6 Se ubica al este de la ciudad de Libertador General San Martín y muy cercano a uno de sus barrios (Barrio Docente) en una zona originalmente ocupada por selva

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pedemontana hoy totalmente desmontada y destinada al cultivo de caña de azúcar. Se accede trasponiendo las vías del ferrocarril a la altura de una de las arterias del barrio. Tras caminar unos escasos metros se llega a la zona de plantación de caña. En el momento de la prospección las cañas no alcanzaban los 50 cm de altura, lo que facilitó prospectar el interior de la plantación. El material cerámico se encontró en superficie y muy fragmentado, producto del intenso laboreo de la tierra y sólo se pudo observar en las pequeñas acequias internas que corren paralelas a cada una de las líneas de caña de azúcar. Aún así, sólo en aquellas que se encuentran más erosionadas por la corriente de agua. Se recuperó aproximadamente 50 fragmentos de cerámica, la mayoría de paredes y antiplástico muy grueso. Como en los otros sitios de Ledesma no se encontró material lítico ni construcciones. Piedra de Las Trece Fuentes Ubicada en terrenos propiedad de la Empresa Ledesma destinados a la plantación de caña de azúcar. Cercano al lugar donde se encuentra la piedra se encuentra el Canchón Las Peñas y según obreros de esa empresa, en las inmediaciones habría sido frecuente el hallazgo de restos arqueológicos.
Vista de la Piedra de las Trece Fuentes

El sitio fue prospectado por la Arqueóloga Alicia Fernández Distel y publicado en el año 2001 en su libro Catálogo del Arte Rupestre Jujuy y su región. Se accede por un camino interno que nace sobre la Ruta Nacional Nº 34 a la altura del
Detalle de la Piedra de las Trece Fuentes

ingreso norte a la localidad de Calilegua. Se trata

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de un gran bloque de piedra, aislado, que presenta trece horadaciones con signos de prolongada utilización y que Fernández Distel, en su informe de investigación, adscribe a la cultura San Francisco. En el momento del desmonte, este bloque no debe haber podido ser removido del lugar debido a sus grandes dimensiones, al igual que otros bloques menores que se pueden observar en el interior de los cultivos de caña. Tres Compuertas Se ingresa por un camino principal a la altura del Lote Libertad hacia una zona de plantación de caña de azúcar donde confluyen tres canales de riego. En el lugar se encontró una gran conana de la que se tenía referencia por información brindada por los guardaparques y vecinos de la ciudad. Toma Rio Zora Se accede desde el sitio Tres Compuertas, continuando por el camino en dirección noroeste. En el lugar se encontró una conana de menores dimensiones a la mencionada para Tres Compuertas que está siendo utilizada por los obreros que trabajan en el lugar. Según comentarios de personal de la empresa remontando el río habría una cueva con arte rupestre. La Candelaria El sitio se encuentra dentro de los límites de “Finca Marta”, propiedad privada que linda con tierras de la Empresa Ledesma. En el lugar se ha realizado extracción maderera que se hace evidente al transitar por los numerosos caminos abiertos por las topadoras. Se accede por la Ruta Provincial Nº 19 hasta el cauce del Arroyo Madrejón, límite natural entre ambas propiedades. Se puede continuar en vehículo por un camino paralelo al Arroyo unos 4 km y luego caminando por la selva. Es un ambiente de selva

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pedemontana y montana muy transitado por el ganado vacuno de los pobladores vecinos. La información sobre el lugar fue brindada por un vecino del Parque, poblador de la zona del Río Colorado y quien nos guió hasta el lugar, el mismo habría encontrado “tiestos” sobre unos de los caminos abiertos por la máquina mientras trabajaba para la empresa que hizo explotación forestal. En la recorrida también nos acompañó otro vecino quien manifestó haber encontrado varias vasijas que fueron desenterradas al abrir el camino. Sin embargo no se pudo ubicar ese lugar. El material cerámico, muy fragmentado, se recuperó de una cárcava abierta por el escurrimiento de agua sobre uno de los caminos madereros. Se observaron varias cutanas pero no se registró evidencia de construcciones. Departamento Valle Grande Pampichuela 1 El sitio se ubica en un pequeño campo a 200 m de la plaza de la localidad de Pampìchuela. Actualmente no está habitado en forma permanente y sus dueños lo han destinado a la cría de ganado. Parece tratarse de un sitio de habitación. La presencia de cerámica es muy abundante y se individualizó cimientos de construcciones y varias conanas. El dueño del lugar manifiesta que con frecuencia ha encontrado instrumentos de piedra y puntas de flecha de obsidiana. Terrazas de Victorino Según la información brindada por un vecino de la zona en el lugar había un puesto de ganadería pero no recuerda que los ocupantes hubieran utilizado las terrazas para sembrar. Actualmente sigue siendo utilizado por pobladores y ganado como lugar de descanso. El sitio se encuentra emplazado a una altitud de 1600 msnm sobre una

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ladera con exposición sur y que presenta una pendiente mayor a los 45º. Se llega por una senda que parte de la Ruta Provincial Nº 83 luego de haber pasado por el Abra de Cañas. A escasos metros de recorrer la senda, se observa la primera de las terrazas. Se trata de un conjunto discreto de parcelas de cultivo compuesto por 8 a 11 plataformas artificiales (la delimitación de estas estructuras se ve dificultada por el derrumbe de la ladera) de variadas dimensiones, las más grandes de 20 x 5 m aproximadamente, distribuidas de norte a sur en un tramo de 80 m de ladera. Los muros están construidos con grandes piedras canteadas, contra los que se acumuló relleno hasta el límite de su altura para formar el terraplén. A un lado de una de las terrazas se observan los restos de una pared y una estructura similar a una collca, levantadas con piedra pircada. La base de la pared de esta pirca se encuentra sobre la superficie del
Croquis del sitio Terrazas de Victorino

terraplén y en uno de sus extremos se

aprovechó el tronco de un árbol adulto como columna, lo que indicaría que su construcción fue posterior a la de la terraza. Las especies arbóreas representativas de selva y bosque montano rodean el conjunto, pero no se hallan presentes en el interior de las terrazas, donde sólo se advierte la presencia de vegetación arbustiva y herbácea. No se pudo identificar sistema de riego ni sitio de habitación. El lugar es muy transitado por ganado vacuno, pudiendo ser esta una de las razones por las que no se encuentran otros indicios de ocupación. Hacia el oeste la ladera cae en forma abrupta, formando una quebrada que tributa agua en forma permanente al Aº San Isidro, afluente del Río Valle Grande. En ese sector se observó la construcción de un tramo de muro perimetral, seguramente para

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contención del terreno. En el lugar se recuperó una pequeña pala de piedra pero no se observó material cerámico. Sin embargo es razonable suponer que el mismo se encuentre bajo superficie, enterrado a varios centímetros de profundidad, debido al aporte constante de sedimentos aportados por el escurrimiento del agua de lluvia y por los trabajos de mantenimiento de la ruta. Horco Quebracho Se encuentra emplazado en una zona de Selva Montana a una altitud de 1031 msnm. El sendero principal desciende hacia el Río Valle Grande y es muy transitado por los lugareños. Por toda el área se observan sendas abiertas por el ganado. Se trata de un sitio de habitación compuesto circulares por con tres paredes estructuras de doble
Croquis del sitio Horco Quebracho

paramento y una abertura que debió haber cumplido la función de puerta de ingreso. Fragmentos cerámicos fueron hallados por debajo de la superficie, entre 0,10 y 0,25 m de profundidad, proveniente de la acumulación coluvional en un sector fuera de las estructuras y en menor cantidad al interior de las mismas. Aproximadamente a 160 m, descendiendo por la ladera, se ubicó otro sitio de habitación compuesto por 13 estructuras circulares y restos de algunos muros que parecen haber demarcado ciertos espacios dentro del complejo residencial. . A este sector lo diferenciamos como Horco Quebracho Bajo. Estas estructuras son de menor tamaño y sus paredes de menor espesor que las de Horco Quebracho. En cinco de estas estructuras se logró identificar la abertura de la puerta y se realizaron pozos de sondeo al interior de seis de ellas los que arrojaron una ínfima presencia de cerámica.

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La cerámica: En todos los casos la pasta presenta antiplástico grueso o muy grueso, observándose chamote (tiestos molidos) y mica en su composición. Las piezas fueron realizadas mediante la técnica de “chorizo” y cocidas en una atmósfera oxidante. Predomina la cerámica alisada sin decoración y en menor proporción con decoración incisa, corrugada y pintada (bicolor: negro sobre engobe rojo o marrón y tricolor: negro y blanco sobre engobe rojo). Sólo uno de los fragmentos muestra decoración grabada y uno con impronta de red. Se encontraron 2 fragmentos de asas acintadas y algunos de bordes decorados con incisiones lineales.
Croquis de sitio Horco Quebracho Bajo y fotografías de fragmentos cerámicos recuperados en los sondeos

Estructuras de drenaje en superficie de producción agrícola: En la mayoría de los casos se trata de simples alineamientos de piedras acomodadas sobre el terreno y cortando la pendiente por lo que parecen haber cumplido la función de desviar y/o canalizar el agua de lluvia con el propósito de proteger algún tipo de plantación.

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Las evidencias son aún insuficientes, pero se podría estar en presencia de un sitio de producción directamente asociado a los sitios de habitación Horco Quebracho y Horco Quebracho Bajo que se encuentran descendiendo sobre la misma ladera. Por el momento no se dispone de todos los elementos necesarios para determinar que especie/s se habría cultivado pero proponemos que debió tratarse de un cultivo anual que admitiera una escasa inversión de energía en el cuidado de los espacios sembrados y una alta y organizada concentración de mano de obra durante la época de recolección, tal es el caso de los “cocales” actuales. Esto significaría que el grupo de personas dedicado a estas tareas debió haber tenido un patrón de movilidad estacional basado en la obtención del recurso, trasladándose masivamente a los sitios residenciales, pero por un corto período de tiempo, que debió coincidir con la cosecha, lo que explicaría la escasez de material cultual registrado en los sitios. Una de las estructuras identificadas difiere de las descriptas anteriormente. Se trata de un pircado cuya altura no sobrepasa los 0,50 m sobre el nivel del suelo. Su funcionalidad no ha sido determinada pero probablemente integraba el conjunto productivo. Cerro Fundición Integrando las Serranías de Calilegua, el cerro Fundición se encuentra ubicado al noroeste del Cerro Amarillo en el límite centro-oeste del Parque Nacional Calilegua. Tomando como referencia la localización del Santuario Inca en la cumbre del Cerro Amarillo, el emplazamiento de Pueblito en la base del mismo cerro, los comentarios vertidos por pobladores de San Francisco y Alto Calilegua sobre la existencia de “cuevas” horadadas en la roca en un sector de las laderas muy cercano al filo del Cerro Fundición y el registro por parte de guardaparques de unas pequeñas estructuras pircadas de forma circular ubicadas en los faldeos del Cerro Hermoso, que por la descripción podría tratarse de bases para hornos tipo huayras, se dispuso realizar una campaña de reconocimiento con el propósito de verificar la presencia de explotaciones mineras antiguas en la zona. Es importante destacar la variedad de

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topónimos que aluden a actividades minerometalúrgicas tal es el caso de Cerro Fundición, Serranía del Socavón y Río Sora. Minas 66 Se trata de un espacio acotado que no supera los 7.500 m2, en el cual se identificaron 15 explotaciones mineras. Las numerosas y profundas minas, en su mayoría ocultas por pastizales, hacen del yacimiento un peligroso espacio para la circulación, aspecto que explica en gran parte su desconocimiento, y por ende, su conservación. De manera general, las explotaciones mineras se demarcan tanto por su gran tamaño y profundidad, sobrepasando en algunos casos los 30 m, como por la ausencia total de evidencia de trabajo con técnicas occidentales. Se identificaron tres tipos de explotaciones: siete minas en galería, cinco minas en pozo vertical y tres minas a cielo abierto. La mayoría de las explotaciones poseen una orientación en dirección SO-NE contraria a la pendiente del cerro; un sólo caso presenta un buzamiento ONO-ESE. Las minas en galería presentan todas ellas un pasillo de entrada horizontal socavado en la piedra, de longitud variable entre 3 y 5 m y un ancho entre 0.50 m y 1 m. Las rocas laterales que conforman estos pasillos se encuentran, en todos los casos, parcialmente rubificadas, aspecto que señala la práctica de técnicas de desprendimiento de la roca por aplicación directa de fuego. Nuestras observaciones se concentraron en una sola mina (Mina01), la cual presenta una amplia galería principal, levemente colmatada, con una longitud aproximada de 20 m, orientada en 130º y con un buzamiento promedio de 45º. Al final de la galería, ésta se bifurca en un estrecho socavón que continúa descendiendo por lo menos unos 10 m, y un espacio de trabajo sobre-elevado. Los perfiles cóncavos de la galería y las huellas de trabajo observadas en sus paredes indican el desprendimiento de la roca por aplicación directa de fuego y el uso de punzones, muy probablemente en asta de taruca (Hippocamelus antisensis). En cuanto a las minas en pozo, se pudo constatar que la apertura de superficie de una de ellas (Mina04) fue tapada de manera intencional con piedras colocadas a presión, aspectos que sugieren una intención de condenación y ocultamiento.

66

Pablo José Cruz “Monte Adentro. Aproximaciones sobre la ocupación Prehispánica de la Serranía de Calilegua, II de milenio d.C.” 2009.

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Por otra parte, cerca de las entradas de las minas, sobre la cresta del cerro, se registraron numerosos sectores bien delimitados, de un diámetro aproximado entre 1 m y 0.50 m, donde se concentran restos de piedras rubificadas. La intensa coloración rojiza de estos restos indica el sometimiento de los mismos a temperaturas intensas, lo cual puede estar señalando tanto actividades domésticas relacionadas con la producción (fogones) como mineralúrgicas (tostado de la mena). Sin embargo, resulta significativa la ausencia de evidencias de actividades metalúrgicas en el área de explotación. Estas podrían haberse desarrollado en cercanías de las fuentes permanentes, tal como es el caso de explotaciones mineras en mediana y baja altitud (Téreygeol com. pers.). Y en efecto, a los pies del Cerro Fundición, por debajo del área de explotación, a escasos metros de un arroyo estacional, se registraron otras evidencias relacionadas con la producción de metales. Se trata de un molino de

piedra de uso mineralúrgico, morfológicamente semejante a los “quimboletes” indígenas andinos, y
frente a este, del otro lado del arroyo, un alero en cuyo piso se demarcan a lo menos dos sectores con rocas intensamente rubificadas.

Entrada Mina01 del Cerro Fundición

Perfiles de la Mina01 del Cerro Fundición

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Alero con grabados 67 Sobre la pared interna de este alero se encuentra un conjunto de grabados rupestres prehispánicos que presenta una serie de motivos geométricos, cuya morfología se asemeja a las representaciones de algunos pectorales o diademas usados por la élite Inka (Murúa, 2004 [1590]), hallados igualmente en otros sitios con arte rupestre del NOA.

Fotografías de motivos gravados y calco de la pared del Alero de cerro Fundición

Camino prehispánico Al no existir evidencia de actividades metalúrgicas (restos de hornos, escorias, crisoles), se deduce que el mineral extraído de las minas fue procesado en otro u otros sectores. Al respecto es importante señalar que cerca del área de explotación, sobre el filo del mismo Cerro Fundición, parte un camino prehispánico, con tramos
67

Tramo de camino despedrado entre los cerros Fundición y Amarillo

Pablo José Cruz “Monte Adentro. Aproximaciones sobre la ocupación Prehispánica de la Serranía de Calilegua, II de milenio d.C.” 2009.

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muy definidos, que comunica las minas con el sitio Pueblito y el Cerro Amarillo. A escasos metros de este camino, en cercanía del abra que delimita el Cerro Amarillo del Cerro Fundición, se registraron numerosos y variados recintos posiblemente vinculados también con actividades metalúrgicas 68. Escaleras de Despensa: en la zona Abra Despensa se han registraron varios tramos de escaleras construidas con piedra, que podrían ser las mismas que menciona el Arqueólogo Christian Vitry en su libro “Aportes para el estudio de caminos incaicos. Tramo Morohuasi-Incahuasi. Salta-Argentina” y que formarían parte de una red de caminos incaicos del noroeste argentino. Se trata de un sendero con tramos escalonados de piedra cuidadosamente elaborados. Durante su construcción se le han realizado obras para la contención del suelo y el desvío del agua de lluvia. Actualmente no es tan utilizado, por ser más largo y de mayor dificultad para el arreo de los animales que el camino principal que une San Francisco con Alto Calilegua, pero igualmente los obreros municipales de Alto Calilegua se ocupan de hacerle un mantenimiento periódico. Los lugareños le adjudican su construcción a Vialidad de la provincia o la comisión municipal de Alto Calilegua. Ambas presunciones son poco convincentes si consideramos que la calidad de la obra y el esfuerzo que debió haber demandado no se corresponden con los caminos de herradura abiertos en épocas más recientes. Cerro Hermoso y Cerro Amarillo Las primeras campañas a las Serranías de Calilegua ya han advertido la presencia de numerosos sitios y la necesidad de intensificar las prospecciones. Estas serranías conforman el límite noroeste del Parque Nacional Calilegua. A ellas se asciende desde la localidad de San Francisco, tras caminata de unas 10 horas. Describimos brevemente los sitios registrados hasta el momento.
68

Ibid.

125

Duraznillo 01 Se encuentra a 2736 msnm, en pastizal de altura, en un lugar conocido como Duraznillo y en cercanías de una pequeña quebrada donde se puede obtener agua durante la mayor parte del año. El sitio está emplazado sobre una pequeña lomada por encima del camino principal que lleva a Alto Calilegua. Está compuesto por un amplio espacio cerrado (similar a un corral actual) delimitado mediante la
Pared construida con piedras clavas en Duraznillo01

alineación

de

piedras

clavas

ligeramente enterradas. Unos metros arriba hay un corral actual, parcialmente construido con piedras extraídas del sitio. Campo La Ciénaga Se trata de tres grandes canchones de forma sub-rectangular y cuatro estructuras circulares construidos con pirca seca y piedras clavas sobre una pequeña lomada a 2840 msnm, cercana a una quebrada con agua El sitio se puede observar desde el camino. Alero 01 Puerta de Duraznillo Alero rocoso ubicado a 2660 msnm sobre el margen derecho una quebrada en la zona de Duraznillo. Las paredes de este alero han sido utilizadas como soporte para una importante producción de arte rupestre, pintado y grabado, pudiendo observarse de acuerdo a los motivos representados una gran amplitud temporal. La
Calco de motivo pintado Calco de motivo pintado

mayoría

de

las

pinturas

fueron

126

realizadas en color negro y en una mínima proporción utilizando el rojo y el amarillo. Los motivos son muy variados, se pueden observar representaciones antropomorfas y zoomorfas (pájaros, bueyes, caballos, camélidos, personas montadas a caballo, arqueros, personajes portando una cruz cristiana, etc.) y abstractas. Los grabados fueron realizados sobre una roca que se ha desprendido de la pared y se encuentra en la base del alero. Se hallan representados algunos personajes vestidos con uncus y ataviados con tocados cefálicos; también se observan motivos lineales reticulados. Alero 02 Alero natural a 2841 msnm, formado en la pared rocosa de la margen derecha de una quebrada que desemboca en el río Jordán, en la zona conocida como Santa Rosa. En la base del alero se encontraron
Pintura rupestre en Alero02

pequeños pircados y pinturas rupestres en sus paredes. La representación más visible es la figura de un animal realizada en color negro. Se advierte que el lugar es muy transitado posiblemente por encontrarse próximo a un puesto ganadero. Alero 03 Se ubica a 2827 msnm, formado sobre la misma pared rocosa donde se encuentra el Alero 02 y distante de éste unos 250 m descendiendo por la quebrada. En él se observan, al igual que en el Alero 02, algunos pircados y pinturas realizadas en color negro, de las que se destaca un motivo ramiforme. La mayoría de las representaciones son poco visibles debido a la erosión a la que está expuesta la roca que sirve de soporte.

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Hermoso 01 El sitio se encuentra ubicado a 3470 msnm, en una pequeña hondonada atravesada por una de las sendas que llevan a la cima del cerro Hermoso. Se trata de un conjunto compuesto por 14 estructuras sub-circulares y sub-rectangulares. Parecen haber sido construidas de manera que algunos de los muros sean compartidos por una o más de ellas. Las piedras con las que se levantaron los muros han sido obtenidas del lugar y no están canteadas. El conjunto se encuentra muy derrumbado, pero se puede observar que las piedras no fueron pircadas sino colocadas verticalmente (clavas), dando forma a las estructuras. A unos 20 metros se halla otra estructura circular, de apariencia actual, pircada pero sin mortero, de 1,50 m de diámetro y unos 0,50 m de alto, construida utilizando el mismo tipo de piedra. Hermoso 02 Continuando unos 100 m hacia la cima se encuentra este conjunto de menores dimensiones, compuesto de 5 estructuras y si bien comparte con Hermoso 01 similitudes en su técnica constructiva, en él podemos observar que algunas de sus componentes presentan muros pircados adosados a las piedras clavas. Estos muros son de pirca seca y su altura no sobrepasa los 0,50 m. Sin embargo es posible que originalmente presentaran una altura mayor ya que se advierte una acumulación de piedras, dentro y fuera de los recintos, que estaría indicando que se derrumbaron. Hermoso 03 Aproximadamente a 120 m de Hermoso 02 encontramos otro sitio compuesto por 3 estructuras sub-circulares con muros construidos de pirca seca de un metro de altura y 2-3 m de diámetro. Durante el pircado fueron aprovechados los afloramientos rocosos y varios bloques de piedra dispuestos naturalmente en el lugar, que han quedado integrados a los muros.

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Hermoso 04 Cercanos a la cima del Cerro Hermoso, sobre un sector nivelado del terreno, encontramos dos grandes círculos de aproximadamente 7 m de diámetro cada uno, formados por piedras clavas que ahora se encuentran derrumbadas de manera que todas han caído hacia el interior de los mismos. A metros de estos círculos se encuentran algunos recintos construidos con pirca seca. Santuario Cerro Hermoso Ya en la cima, a 3545 msnm, se encuentra una planchada natural donde se han montado varias antenas repetidoras de radio VHF. El lugar coincide con un sitio de culto actualmente en uso por los pobladores de San Francisco. En esta misma explanada han sido construidas una serie de apachetas que van marcando la senda para el descenso, suponemos con la intención de servir de guía ya que debido al clima y la altura la niebla
Croquis de planta de Santuario en Cerro Hermoso

es abundante gran parte del año. Unos metros antes de llegar a

las antenas, se identificó una estructura rectangular que cubre una superficie aproximada de 26 m2, construida con un muro doble de unos 0,60 m de espesor. El lado orientado hacia el noreste presenta una discontinuidad central y podría tratarse de una puerta. Las piedras que forman el recinto se encuentran casi a nivel del suelo y al momento no se puede determinar si éstas conformaban los cimientos de un recinto cuyas paredes fueron derrumbadas y movidas las piedras, ya que no se encuentran los escombros. El piso está

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cubierto por vegetación y no parece haber sido empedrado. En una de sus esquinas se puede apreciar los restos de lo que parece haber sido una pequeña estructura interna. Hacia otra de sus esquinas, la que se encuentra orientada hacia el sur, se halla otra estructura rectangular de menor tamaño pero conformada por sólo tres paredes de pirca seca que no alcanzan el metro de altura. El piso de ese recinto se encuentra debajo del nivel del suelo y desciende hacia el este hasta alcanzar un metro de desnivel. También se observan restos de otras 3 estructuras rectangulares de mayor tamaño que la última descripta y dos circulares todas ubicadas hacia el noreste de la principal. Puesto antiguo Es un conjunto ubicado sobre la base de una pequeña lomada a 3400 msnm ,compuesto por tres corrales contiguos de unos 20 x 25 m cada uno, construidos con pirca seca y un refugio o vivienda con paredes de piedra pircada con mortero que sostenían un techo a dos aguas. No se identificaron divisiones internas en la vivienda y si bien las paredes muestran un buen estado de conservación no se advierte restos de la techumbre. Una de las paredes se encuentra integrada al corral del medio.
Detalle del pircado del recinto del Santuario del Cerro Hermoso

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Santuario Cerro Amarillo 69 Las minas del Cerro Fundición se enmarcan dentro de un paisaje que sobrepasa el contexto
Vista del Santuario del Cerro Amarillo

meramente productivo. Ellas se encuentran distantes, siguiendo el filo del mismo cerro, a solamente 2.9 km del santuario del Cerro Amarillo, y a 4 km del sitio de habitación Pueblito, ambos sitios asociados con la ocupación Inka de la serranía. A

pesar de su relativa baja altitud (3.600 msnm), el Cerro Amarillo alberga unos de los santuarios de altura Inka más complejos del NOA (Figura 9). El santuario se compone de un conjunto de 7 plataformas distribuidas sobre el filo, construidas con espesos muros de pirca, varios de ellos a doble paramento y con contrafuertes, cuya altura puede superar los 2.5 m de altura (Raffino 1993:217-22). Pueblito El lugar fue relevado por un equipo de arqueólogos en el año 1.991, compuesto por RAFFINO, R; NIELSEN, A.E. y ALVIS, R.J. Los restos se hallan en la base del Cerro Amarillo, entre dos cañadas a una altitud de 3294 msnm.
Restos de construcciones en el sitio Pueblito

69

Pablo José Cruz “Monte Adentro. Aproximaciones sobre la ocupación Prehispánica de la Serranía de Calilegua, II de milenio d.C.” 2009.

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El sitio es un complejo de estructuras predominantemente rectangulares, construidas con muros dobles de piedras canteadas y unidas con mortero. Se pudo identificar tres conjuntos de estructuras próximas entre sí. El conjunto “A” que se halla al sur del complejo está compuesto por un recinto rectangular de unos 30 por 10 metros de lado y contiene en su interior un grupo de ocho estructuras circulares de aproximadamente 3 m de diámetro y una rectangular adosada a la pared interna del recinto principal y ubicada ligeramente hacia el extremo izquierdo del lado norte. Todo este conjunto se encuentra muy derrumbado y las pircas no superan los 0,50 m de altura. En el conjunto “C” se observa una estructura con forma de T pircada prolijamente y es la mejor conservada de
Croquis sitio Pueblito

todo el complejo. En el sitio abundan los afloramientos rocosos y uno de ellos (roca)

fue incorporado en la construcción del muro perimetral que rodea esta estructura. En este mismo conjunto uno de los muros de un recinto se ha conservado hasta la altura de 1 metro. En el conjunto “B” se identificaron pasillos entre los muros que comunican hacia el interior del conjunto y aberturas de ingreso en los recintos. No se registraron restos cerámicos en superficie. El sitio está cubierto por vegetación que compromete la visión de los conjuntos. Todo el complejo está orientado hacia el Norte enfrentando la ladera sur del Cerro Amarillo.

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Tres Manantiales En la zona de Tres Manantiales se identificó un grupo de cuatro recintos, dos circulares y dos rectangulares, construidos con grandes piedras clavas. Cerro Mesilla Alero Puerta del Mesilla Ascendiendo por una quebrada que conecta la zona de Tres Morros con el cerro Mesilla encontramos este alero, a media altura de la peña, a una altitud de 2825 msnm. Sus paredes han sido utilizadas como soporte para la producción de arte rupestre con motivos pintados en color negro, rojo, amarillo y blanco El alero orientado hacia el NE mide aproximadamente 35 m de largo por unos 45 m de ancho en su sector más amplio. Está siendo utilizado por los lugareños y transitado por ovejas (bosteo). En el sitio se encuentran herramientas, cueros de ovejas, utensilios de cocina y abundante basura. Sin embargo no se observó restos de fogón. Como en la mayoría de los aleros identificados y que son actualmente usados por los lugareños, el lugar ha sido parcialmente delimitado con tramos de pirca simple que sirven para protegerse del viento y contener el rebaño. En este alero se ha construido además, adosada a la pared,
Calco del panel pintado de Alero Puerta del Mesilla

una estructura pircada de unos 0,70 m de alto, para y posiblemente almacenamiento herramientas. Las pinturas rupestres están dispersas a lo largo de toda la pared, pero el sector de mayor

resguardo de alimentos o

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concentración se presenta en el extremo sur del alero, en una entrada del paredón. Se trata de un conjunto de personajes vestidos con uncus de color amarillo con blanco y rojos. También se observan cantidad de líneas en blanco y en negro y grafitis actuales, en algunos casos superpuestos a las pinturas. En otros sectores encontramos figuras de cruces de diferentes formas y colores, más grafitis y varios motivos que no se pueden identificar debido al deterioro de los pigmentos y del soporte rocoso. Por algunos de estos grafitis y por determinado tipo de basura que ha quedado depositada en el piso del alero (sobres de sales de rehidratación oral, jugo, etc.), se deduce que el lugar es visitado por personas que no son lugareños. Esta situación está comprometiendo la conservación de las pinturas. Mesilla 01 El sitio se encuentra sobre una pequeña lomada subiendo desde el Corral del Mesilla a 2870 m de altitud. Se reconocen en superficie los restos de muros pircados de un recinto sub-cuadrangular que no sobrepasa los 0,70 m de altura y de aproximadamente 1000 m2. La pirca fue construida con paredes dobles
Pircados de Mesilla 01

unidas con argamasa. Las piedras utilizadas no fueron

canteadas. En uno de los lados se observa la abertura de entrada al recinto. En el exterior se individualizaron otros recintos pequeños, adosados al pircado principal descrito arriba. Mesilla 02 Ubicado en la zona de Tres Morros a 2803 msnm. Desde el lugar y en dirección oeste se tiene una vista panorámica de los sitios Duraznillo 01 y Alero 01 Puerta de Duraznillo. El emplazamiento del sitio coincide con el de un puesto ganadero actual y tanto la vivienda como los corrales se han construido con piedras extraídas de las antiguas

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estructuras y en algunos sectores reutilizando los cimientos y tramos de las paredes de éstas. La construcción original fue levantada con muros de pirca doble unida con argamasa. Algunos tramos han sido conservados e integran los muros de la vivienda actual. En la cara interna de la pirca que une la cocina con otra de las habitaciones, se observan dos hornaditas. Este pircado es también antiguo. Es notable la diferencia entre las técnicas constructivas utilizadas según la antigüedad de la construcción. Las paredes de los componentes habitacionales del puesto ganadero, edificadas posteriormente, evidencian un menor cuidado y
Detalle de pircado antiguo reutilizado en vivienda actual en Mesilla 02

calidad en el pircado. En sus muros se ha utilizado barro para la unión de las piedras pero la pirca es simple. En el caso de los corrales el cerramiento actual se hizo con pirca seca, contrastando con los tramos antiguos de pirca doble con argamasa que se han mantenido en pie y aprovechados para tal fin. En el lugar existe un afloramiento rocoso que pudo servir de cantera y se observa que las rocas se fragmentan en forma bastante regular. Las piedras seguramente fueron seleccionadas de este afloramiento, pero en esta instancia no se ha podido precisar si se desbastaron para facilitar el encastre. Dentro de lo que se puede considerar como el patio externo de la vivienda se encuentran numerosos restos de muros antiguos con las mismas características descriptas anteriormente que han sido derribados hasta casi el nivel del piso. Dos morteros de piedra dispuestos cerca de la vivienda siguen siendo utilizados y se registró la presencia en superficie de fragmentos cerámicos con decoración lineal incisa. Se estima en base a los restos visibles que el sitio cubre una superficie de aproximadamente 7300 m2.

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Alero Mesilla 01 Un kilómetro al sureste del sitio Mesilla 02, se encuentra un alero rocoso ubicado a una altitud de 2803 m, en las nacientes del Río Jordán. Al igual que el Alero Puerta del Mesilla, está siendo utilizado por lugareños y transitado por ovejas. En el piso hay herramientas y basura. Se observa acopio de leña, pero tampoco en este alero se ven rastros de fogón. Se encuentra parcialmente pircado y se observan dos piedras que están siendo usadas como mortero, una de ellas con su mano de moler. En las paredes se ven rastros de pinturas en negro y posiblemente rojo pero no se pueden definir los motivos por encontrarse muy deslucidos y erosionados. No se observan motivos grabados. Sobre una entrada natural formada en la roca de la pared, fue depositada una jarra de cerámica tosca. La pieza está completa y en buen estado de conservación.

Alero Mesilla 01. Jarra cerámica deposita en el suelo del alero

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Otros puntos de interés Mojones Entre el sector de Tres Morros y el cerro Mesilla se observa la presencia de al menos cuatro mojones pircados de considerable antigüedad a juzgar por los líquenes que recubren las piedras. En base a la imagen georefenciada de la zona del PN Calilegua y sus límites, uno de estos mojones se encontraría dentro del área protegida. Se examinaron estos mojones pero no se individualizó ninguna seña o leyenda que indique lo que estarían demarcando. Escaleras En numerosos sectores de las sendas que recorren la zona, se transita por tramos con escaleras construidas con piedras extraídas del lugar, similares a las que se describieron para Abra Despensa y el camino principal al poblado de Alto Calilegua. Estas sendas son
Escaleras de piedra Mojón

utilizadas regularmente por los lugareños.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS AVANCES DEL PROYECTO Hasta el momento y relevados el 25% de los puestos sub-actuales que habrían existido dentro del Parque Nacional Calilegua, encontramos manifestaciones arqueológicas en casi el 50% de los casos prospectados; en tanto que asociados a los sitios emplazados mas allá de los límites del parque se nos presenta el panorama de una prolongada ocupación y reutilización del espacio que ha trascendido hasta la actualidad,

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lo cual se contrapone al histórico pretendido de hallarnos en presencia de un ambiente hostil y poco propicio para el asentamiento y desarrollo de una sociedad humana. Los indicadores comunes de la ocupación de un lugar fueron la presencia de frutales introducidos70, generalmente paltas y citrus, y de basura sub-actual que en mayor o menor cantidad son una constante en todos los puestos. Las entrevistas realizadas arrojaron variedad de datos en cuanto al tipo y calidad de ocupación de las tierras. En algunas oportunidades se ha manifestado explícitamente la negativa a colaborar con estas entrevistas, situación relacionada al concepto que los pobladores se han formado sobre la responsabilidad que le cabe a la institución de Parques por los perjuicios económicos y sociales ocasionados a los puesteros y sus familias, como consecuencia de haber provocado el abandono forzado de las tierras y la definitiva imposición de un sistema de control estatal que les imposibilitaría continuar con la utilización de esos espacios para el pastoreo del ganado y otras actividades económicas. Determinar si los ocupantes de estas serranías se dedicaron al laboreo de la tierra en una escala que excediera la producción para consumo doméstico, y cuáles fueron las especies y variedades cultivadas que mejor se adaptaron al ambiente, podría contribuir a la diversificación de los sembradíos actuales y a la promoción, en una escala local, de nuevos emprendimientos productivos, como ha ocurrido con la stevia y el yacón en otras regiones de la provincia. Indicios de varias ocupaciones o del contacto entre grupos sociales diferentes, se manifestaron en el material cerámico arqueológico recuperado de los sitios prospectados. Los análisis posteriores podrán determinar la integración de estos sitios a la secuencia cronológica de ocupación, propuesta para esta zona. La selva estuvo habitada desde épocas muy tempranas y las sociedades allí asentadas desarrollaron una variedad de actividades que propiciaron el contacto social y las relaciones económicas con grupos asentados en ambientes más alejados, evidenciado

70

No nativos para la selva de yungas.

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por herramientas, utensilios y adornos recuperados en sitios de la puna, la Quebrada de Humahuaca y el chaco, fabricados con materias primas exclusivas de ambientes selváticos: maderas, semillas, plumas, pieles, etc. Indicadores comunes. Nuevos interrogantes Las plantaciones de paltas, mangos y citrus son muy comunes en toda la zona y de gran importancia en la dieta alimenticia de la población. En particular las paltas y los mangos llegan a engrosar mucho sus troncos con el correr de los años. Sin embargo, basándonos en el porte de la mayoría de los árboles adultos encontrados en los puestos, estos frutales no parecen ser muy añosos. Otro aspecto que nos resultó llamativo, es el tema de la basura ya que sólo en uno de estos puestos se presenta en abundancia. Igualmente no podemos descartar la posibilidad de que la misma no sea visible y se halle enterrada bajo el sedimento aportado por deslizamientos de laderas, escorrentía y material orgánico de la selva; o que haya sido lenta y sistemáticamente retirada por los guardaparques durante sus recorridas. Desafortunadamente los guardaparques que actualmente están trabajando en el Parque desconocen si en algún momento se realizó el retiro masivo de basura de estos lugares, aunque lo consideran poco probable. De las entrevistas realizadas a los pobladores surgió que estos puestos estuvieron ocupados por varias generaciones de familias; pero de ser así surge la pregunta del porqué los frutales parecen relativamente jóvenes y la presencia de basura es tan insignificante en la mayoría de los sitios. Es entonces que debemos replantearnos a partir de cuando y por cuanto tiempo estos espacios estuvieron siendo efectivamente ocupados con actividades ganaderas y considerar la posibilidad de que los campesinos aspiraran adquirir la propiedad de las tierras que arrendaban, amparándose en la “posesión veinteañal” instituida por el Código Civil Argentino, que establece que se concederá la titularidad a quienes demuestren su ocupación efectiva y pacífica por más de 20 años.

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Otro de los elementos a tener en cuenta es la posición fijada, en los primeros años de la década del ‟70, por los gobiernos nacional y provincial en cuanto al régimen de tenencia de la tierra que propició la implementación de políticas tendientes a beneficiar a campesinos y trabajadores independientes sin posibilidades de acceso a la tierra, sino como arrendatarios, y a la promoción de emprendimientos agropecuarios que se materializarían con la sanción de leyes sobre expropiación de tierras ociosas y la modificación de programas y planes para la reactivación ganadera. La posición aludida fue rápidamente reemplazada, por los gobiernos de facto y posteriores, con políticas que fueron evidenciando un alejamiento, cada vez más dramático, de las necesidades y requerimientos de los ganaderos pastajeros, y promoviendo el progreso de importantes agroindustrias poseedoras de grandes extensiones de tierra dedicadas a monocultivos, en especial de la caña de azúcar, que competían con los pequeños emprendimientos agrícola-ganaderos de la zona, a los que cada vez les resultaría más difícil el acceso a tierras remanentes aptas para el desarrollo de sus actividades rurales. Cabe preguntarse si el traspaso de las tierras que conformarían el Parque Nacional mediante el acuerdo firmado entre la Empresa Ledesma y la provincia de Jujuy no podría haber respondido, al menos en parte, a la decisión de la primera de evitar involucrarse en un posible conflicto territorial. Estos nuevos interrogantes nos obligan a examinar los implícitos conceptos sobre la ocupación hereditaria de los puestos ganaderos en el territorio del Parque Nacional Calilegua y nos auxilian para la formulación de las acciones a desarrollar durante las próximas etapas del proyecto con el fin de alcanzar la más objetiva reconstrucción de su historia.

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Diario El Pregón de Jujuy – 5 de junio de 1973

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Diario El Pregón de Jujuy – 29 de junio de 1974

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Sexta Parte: HISTORIA DE LA CREACIÓN DEL PARQUE NACIONAL CALILEGUA En base a la problemática “Antiguos pobladores y Parque Calilegua” durante el año 2009 se inició un seguimiento sobre los variados matices de la política económica del país en la década de los años „70 que pudieran haber influido en la determinación empresarial y gubernamental para la creación de un parque nacional en nuestra región. Esta investigación fue direccionada hacia la comprensión de algunos aspectos relacionados a la ocupación y posterior expulsión de los campesinos que tenían puestos de ganadería trashumante dentro de los límites del parque pero con anterioridad al cambio de dominio y función de las tierras. Una parte importante de este trabajo consistió en la revisión de los artículos de la prensa escrita de esos años, a los que se tuvo acceso en la sección Hemeroteca de la Biblioteca Popular de Jujuy, y luego de una primera selección fueron fotografiados y posteriormente impresos aquellos que, producto de un análisis mas detallado, se consideraron relevantes ya que podrían modificar la presentación y divulgación institucional de la historia de creación del área protegida. Si bien la investigación sigue desarrollándose se puso a disposición de la intendencia del PN Calilegua la información mencionada para su estudio y se solicito el ingreso de la documentación a los archivos oficiales de la institución como antecedentes de su creación. Estos documentos no son oficiales pero suministran datos muy interesantes que consignarían las verdaderas razones por las que la Empresa Ledesma SA cediera las tierras al gobierno de la Provincia de Jujuy y, de ser oportuno, pueden ser probados mediante la obtención de los documentos originales, aludidos por la prensa, en las dependencias y/u organismos provinciales correspondientes (Archivo de Tribunales de la Provincia de Jujuy, Archivo Histórico, Boletín Oficial de la provincia de Jujuy, etc.) Este seguimiento ha permitido reflotar los conflictos laborales y legales que la empresa estaba afrontando entre los años 1973 y 1974 debido a los constantes reclamos

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de sus trabajadores nucleados en el sindicato de azucareros y a la presión ejercida por el gobierno provincial debido al incumplimiento a las normativas legales vigentes en cuanto a salud y vivienda.

Diario El Pregón de Jujuy – 6 de abril de 1974

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Los antecedentes El Parque Nacional Calilegua protege las nacientes de ríos y arroyos que forman parte de la cuenca del Río San Francisco, el más importante de la región y afluente del Río Bermejo. Sus tierras, industrialmente improductivas en razón de su topografía, fueron cedidas a la provincia de Jujuy mediante un convenio firmado entre las Empresas Ledesma SAAI y Calilegua SAAIC y el gobierno provincial en el año 1974 por medio del cual se trató de dar solución a los conflictos laborales y legales suscitados a raíz del incumplimiento de lo establecido por las Leyes Provinciales Nº 1655/46 de asistencia médico-hospitalaria y Nº 1814/47 en materia de vivienda.

Años 1973-1974 Se sanciona el Decreto Nº 3028/BS-73 por el que en virtud de las disposiciones de la Ley Provincial Nº 1655/46 de asistencia médico-hospitalaria se determina el equipamiento médico y actividades sanitarias a cumplimentar por la empresa Ledesma S.A. como asimismo en virtud de la Resolución Nº 19-BS emanada de la Subsecretaría de Salud Pública se le otorga un plazo de 60 días para dar cumplimiento a los dispuesto en el referido decreto. La empresa cuestiona el decreto mencionado por considerar inaplicable la Ley provincial Nº 1655 ante la vigencia de la Ley nacional Nº 18.610. El gobierno provincial sanciona a las empresas azucareras Ledesma S.A. y Calilegua SACIF por incumplimiento de las disposiciones establecidas en las Leyes 1655 y 2905, referidas a obligaciones en materia sanitaria. Calilegua SACIF es multada por el monto de Pesos Ley 40.000. Ledesma SAAI transgrede 39 de los 69 incisos de la Ley Provincial Nº 1655/46 lo que significa un 56% de inobservancia de la ley.

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El gobierno de la provincia promueve la modificación de la Ley Provincial Nº 1814/47 que obliga a los establecimientos industriales que ocasionan la concentración permanente o transitoria de todo o parte de su personal de empleados u obreros, en lugares distintos de los núcleos urbanos ya establecidos en la provincia, a suministrar alojamiento higiénico y confortable a su personal. Entre las modificaciones se establece que cuando las empresas no cumplimentes con las disposiciones de esta Ley, el gobernador podrá, sin perjuicio de las sanciones pecuniarias a que se hubiere hecho posible la infracción, disponer, que a cuenta y cargo de la empresa se efectúe la construcción de las viviendas.

Mediante la firma de este convenio las empresas donaron los dos lotes rurales que hoy conforman el PN Calilegua y concordante con esto, el Poder ejecutivo provincial se comprometió a no efectivizar las expropiaciones de las tierras declaradas de utilidad pública por la Ley Provincial Nº 3080 y el artículo de la Ley Nº 3107, y a elevar a la Honorable Legislatura de la Provincia el Proyecto de Ley con su mensaje para derogar las referidas normas legales. Por su parte las empresas desistirían de todos los juicios iniciados contra el gobierno de la Provincia de Jujuy impugnando la Ley Provincial Nº 1814 y sus decretos reglamentarios. La provincia de Jujuy aprobó este convenio mediante la sanción de Ley Provincial Nº 3111/74 y convino en ceder a las empresas donantes el control a perpetuidad de las nacientes de los ríos. Los dos lotes rurales que conformarían el Parque se encontraban en la particular situación de contener en su superficie no sólo a los ganaderos arrendatarios con sus puestos de trashumancia sino también una pujante explotación petrolera en la zona de Caimancito. El Yacimiento Caimancito había comenzado a explotarse en el año 1969 (un año después que Ledesma adquiriera la Finca Calilegua a los hermanos Leach) por

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Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y por entonces se perfilaba como una actividad económica muy promisoria para la región. Lo llamativo de esta situación es que Ledesma se desasiera de la zona de Caimancito no tanto por el ingreso que podría haberle significado en concepto de indemnización por daños y servidumbre a superficiarios que estipulaba en uno de sus artículos la Ley de hidrocarburos Nº 17.319 sancionada en el año 1967, y que percibiera hasta el traspaso de las tierras a la provincia, sino, basándonos en la visión de futuro que la caracterizó desde sus inicios, por el beneficio que le significaría contar con el autoabastecimiento de gas natural para su creciente complejo agroindustrial. Esto efectivamente se concretaría años más tarde cuando en 1994 incursiono en la producción de petróleo y gas natural integrando la Unión Transitoria de Empresas Aguaragüe. Por otro lado si consideramos que para junio del año 1973 el gobernador de la provincia Ing. Carlos Snopek anunciaba un proyecto para expropiar tierras improductivas a la Empresa Ledesma, y si bien desconocemos si estas medidas alcanzaban a la zona del yacimiento, es poco probable que así hubiera sido ya que, aún considerando la importancia a nivel provincial y nacional que revestía esta explotación que para el año 1973 se encontraba en todo su apogeo, descreemos que a la provincia le significara mayores beneficios contar con el dominio de las tierras, en tanto que los dividendos de la explotación ingresaban al fisco en concepto de regalías petroleras. Queda abierto el interrogante como tema para futuras investigaciones. Como corolario podemos decir que al cabo de unos años la producción de crudo del Yacimiento Caimancito había decaído notablemente y los ingresos por las regalías que recibía Jujuy fueron magros en comparación a las ganancias que el petróleo jujeño generaba a las empresas privadas, situación que se mantiene hasta el día de hoy.

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Diario Pregón año 1974

Posteriormente por Ley Provincial Nº 3586/78 la provincia donó el dominio y cedió la jurisdicción de estos lotes a favor del Estado Nacional y con destino al por entonces Servicio Nacional de Parques Nacionales donación que fue aceptada a través del Decreto Ley Nº 1733/79. Es importante destacar que con este convenio, el Ingenio Ledesma le traspasó al Estado provincial y luego nacional un conflicto territorial incipiente que se manifestó mas adelante con el desalojo de los puesteros. Por otro lado se aseguró, de por vida y sin mayores costos, la provisión del agua necesaria para el riego de las plantaciones de caña de azúcar, su principal materia prima y motor indiscutible del progreso de esta empresa que ha sabido cómo mantenerse en las mas altas esferas económicas de la Argentina. Hasta 1979, año de la creación del área protegida, los puesteros pagaban el derecho de pastoreo de la hacienda a la Empresa Ledesma ya que la misma ostentaba, desde 1968 año en que adquirió la propiedad de los hermanos Leach, el título de propiedad de las tierras que ocupaban. Pero como consecuencia del cambio de tenencia de esas tierras estos campesinos debieron retirar su ganado hacia zonas vecinas que tuvieran similares características ambientales a fin de poder mantener su tradicional actividad económica. Un dato interesante que surge de las entrevistas realizadas a los familiares de los antiguos puesteros del Parque Nacional Calilegua es la falta de alusión al cambio de propietarios de la Finca San Lorenzo. No sabemos si por desconocimiento de este hecho, ya que la mayoría de los entrevistados mas bien recuerdan datos relacionados a la
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vida familiar y al trabajo con la hacienda, o porque los puesteros nunca lo percibieron como una amenaza a sus actividades económicas; es decir que este cambio no implicaba para ellos alguna modificación en su relación con los propietarios, fueran quienes fueran, siempre que continuaran pagando el derecho de pastoreo estipulado, y por lo tanto no transmitieron a su familia ninguna inquietud al respecto. Esto nos lleva a otra reflexión en cuanto al posterior accionar de la Empresa Ledesma, en tanto que ésta definitivamente no pudo haber ignorado que parte de las tierras que adquiría de los Leach estaban arrendadas a pequeños ganaderos de la zona del departamento Valle Grande, que decidió la firma del referido convenio con la provincia y no hubo comunicación del mismo a los arrendatarios. De las mismas entrevistas surge que fue Parques Nacionales quien comunica la orden de desalojo de las tierras en el año 1979. Inferimos que esta situación debió haber ocasionado profundos cambios en el orden social y económico de las familias, por cuanto este escenario no sólo implicaba la búsqueda de nuevos lugares para el pastoreo sino también el movimiento del grupo familiar que debía trasladarse junto con el ganado. De esta manera se contribuiría al fenómeno de despoblamiento, como en el caso de Alto Calilegua, que se hizo evidente en los años posteriores.

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GLOSARIO DE TÉRMINOS ARQUEOLÓGICOS AGRICULTURA ITINERANTE DE ROZA Y QUEMA o TUMBA Y QUEMA: Técnica que consiste en talar y quemar un pequeño sector de selva. En la parcela resultante se realizará la siembra. Luego de algunos años el terreno se vuelve improductivo debido a la erosión causada por las abundantes lluvias que se dan en la región selvática. Entonces la parcela se abandona y se busca un nuevo lugar donde aplicar la misma técnica. En algunos casos, dependiendo de las características edafológicas de la tierra los rastrojos puedes volver a ser utilizadas una vez cumplido el ciclo de descanso. ANDENES DE CULTIVO: Consiste en el acondicionamiento del terreno en lugares accidentados y pendientes montañosas con el fin de hacerlo útil para el cultivo. Suponen la nivelación del suelo y la construcción de canales para conducir el agua para riego y muros de contención para evitar la erosión. Son por lo general angostos y largos y emplazados en las laderas con mayor insolación con el objeto de aprovechar las mayores temperaturas medias en los meses productivos. En ocasiones son verdaderos conos invertidos que permiten crear microclimas específicos para el desarrollo de cultivos específicos. ANTIGAL: Es el nombre que se da en el noroeste argentino a los yacimientos arqueológicos y alude a las ruinas de construcciones antiguas. APACHETA: Mojón moderno muy común en toda la región andina construido con piedras que por lo general se encuentra a un lado de los caminos y en las zonas más altas de los cerros donde se hacen ofrendas y se invoca la protección de una divinidad. ARQUEOLOGÍA: Es la disciplina científica que estudia a los grupos humanos a lo largo del tiempo a partir de sus restos materiales. Tanto los arqueólogos como los

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paleontólogos y los historiadores están interesados en el estudio del pasado pero desde distintas perspectivas. Los paleontólogos estudian a los seres vivos a partir de los restos que de ellos quedaron (huesos fosilizados, huellas, etc.). Los arqueólogos e historiadores estudian a los seres humanos. La diferencia es que los historiadores lo hacen a partir de los documentos escritos (y de allí que sólo intervienen a partir del momento en que en una sociedad hay un sistema de escritura) mientras que los arqueólogos lo hacen a partir de sus restos materiales, por lo que su rango de estudio, tanto temporal como espacial, es más amplio. Así, un arqueólogo interviene en dondequiera se encuentren restos materiales producto de la actividad humana y desde un punto de vista temporal, su trabajo abarca desde los primeros homínidos (ancestros humanos) hasta el día de hoy. ARTE RUPESTRE: Es la manifestación plástica arqueológica realizada por el hombre sobre la una superficie rocosa. Reconoce dos grandes divisiones internas: los PETROGLIFOS, o sea las figuras que aparecen grabadas sobre la roca y las PICTOGRAFÍAS que son las que se pintan sobre la roca. ATMÓSFERA OXIDANTE: Técnica para la cocción de la cerámica. Consiste en mantener bien avivado el fuego dentro de un horno con buen tiro o corriente de aire de modo que el fuego nunca se ahoga. Las cerámicas cocinadas en esta atmósfera adquieren un color rojizo, anaranjado o amarillento ATMÓSFERA REDUCTORA: Es la técnica contraria cuando se restringe la circulación del aire de manera que el fuego se ahoga y los gases que llegan a la cerámica por contener poco oxígeno no permiten una combustión y oxidación completa de los minerales y materiales contenidos en la pasta. Esta atmósfera da como resultado cerámicas color blanco, gris o negro. CASAS POZO: Chozas construidas tomando como base una fosa excavada en el suelo. Sus muros son las paredes interiores de la fosa, a las que con frecuencia hay que añadir

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algún tipo de pared exenta (construcción que está aislada o separada de un muro u otra construcción) a base de materiales perecederos o bloques de piedra que se superpone a las primeras. Todo el conjunto iría rematado con alguna clase de cubierta. A partir de estos principios básicos se desarrolla una morfología muy variada, en consonancia con su amplia dispersión temporal y geográfica y la variedad de contextos culturales en los que aparece, pero siempre con unas características físicas estructurales que condicionan los usos y significados que pueden llegar a tener. COLLCAS: Depósitos para almacenar materias primas (por ejemplo granos) o productos manufacturados, construidos con piedra en forma rectangular o circular. CONGLOMERADOS: Se aplica a los poblados arqueológicos que integran una unidad ecológica con el medio natural del que se provee para su subsistencia y constituye también una unidad estructural. Esta segunda característica se refiere especialmente a la intervinculación entre los edificios, determinada por la ubicación, proximidad y la existencia de vías de tránsito. Los conglomerados poseen una edificación densa. Tienen forma externa definida determinada por la extensión de las construcciones y eventualmente resaltada por la existencia de un muro perimetral, murallas defensivas o accidente topográfico. La superficie que ocupan está definidamente separada de las áreas de cultivo. CORRUGADO: Es una técnica decorativa aplicada en la cerámica arqueológica. El proceso se realiza antes del cocimiento de la pieza y consiste en dotar a la pieza de estrías, pliegues o resaltos utilizando los dedos, uñas, paletas, etc. Las cerámicas corrugadas son muy comunes para el complejo cultural San Francisco. COLECCIONES ARQUEOLÓGICAS: Conjuntos de objetos arqueológicos. Estos conjuntos pueden haber sido conformados tanto a partir de investigaciones arqueológicas científicas como de la remoción o saqueo de sitios arqueológicos.

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CONJUNTOS ERGOLÓGICOS: Comprende los objetos materiales o artefactos utilizados y/o producidos por la actividad humana (instrumentos, herramientas, vestimenta, adornos, vivienda, etc.) que implican la creación y realización de técnicas o modos de actuar sobre la naturaleza. CUENCO o ESCUDILLA: Designa recipientes cerámicos de formas abiertas y bajas. EDAFOLOGÍA: Ciencia que trata de la naturaleza y condiciones del suelo, en su relación con las plantas. ETNOLOGÍA: Es la ciencia social que estudia sistemática y comparativamente los diferentes pueblos y culturas del mundo antiguo y actual. ETNÓNIMO: Es el nombre de un grupo étnico. EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA: Es una de las formas utilizadas para recuperar la evidencia arqueológica. Consiste en el planteo de una cuadrícula en el suelo y la extracción de cada una de las capas presentes en el suelo, siguiendo los estratos naturales o artificiales hasta llegar a la roca base o a un estrato que no presente restos arqueológicos. Extrayendo cuidadosamente cada objeto de esta forma, se obtiene información no sólo de ese objeto sino del contexto que lo rodea y de los procesos que conforman ese depósito. Hay que diferenciar la excavación arqueológica de los meros pozos de saqueo donde toda esta información se pierde y donde incluso se dañan las piezas arqueológicas o se pierden las de tamaño más pequeño. FECHADO RADIOCARBÓNICO O DATACION CON CARBONO 14: Todos los organismos vivos absorben carbono radiactivo, forma inestable de carbono. Durante su vida, un organismo animal o vegetal renueva de forma continua su provisión de radiocarbono al respirar y al comer. Tras su muerte el carbono 14 decae sin ser

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reemplazado. Cada 5.568 años (vida media del C 14) los restos humanos, animal o vegetal pierde el 50% del Carbono 14 que contenía. Para medir la cantidad de C 14 restante en un fósil, los científicos incineran un fragmento pequeño para convertirlo en gas de dióxido de carbono. Se utilizan contadores de radiación para detectar los electrones emitidos por el decaimiento de carbono 14 en nitrógeno. La cantidad de carbono 14 se compara con la de carbono 12, forma estable del carbono, para determinar la cantidad de radiocarbono que se ha desintegrado y así datar el fósil. FOMATIZACIÓN: Proceso para dar forma a un instrumento, utensilio, et. GANADERÍA DE TRANSHUMANCIA: Es un sistema tradicional de pastoreo extensivo, con veranadas en los pastizales de altura, e invernadas en los valles y bosques montanos. Este ciclo anual del pastoreo al realizarse en dos ambientes complementarios y contiguos garantiza el mantenimiento y la reproducción del ganado. ICONOGRÁFICO: Sistema de representación icónica en las artes plásticas de una determinada cultura. La iconografía es la ciencia que estudia el origen y formación de las imágenes, su relación con lo alegórico y lo simbólico, así como su identificación por medio de los atributos que casi siempre les acompañan. IMBRICADO: Se aplica a la decoración de la cerámica. También se usa el término corrugado o escamado. INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICA: Se trata de una investigación científica que apunta a resolver un problema arqueológico. Como toda investigación científica debe tener planteado claramente sus objetivos, hipótesis o modelos, estrategias de colección y procedimientos para el registro de la evidencia, su procesamiento y análisis. En general

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toda investigación arqueológica comprende tareas que se desarrollan en el campo (trabajo de campo) y en el laboratorio (tareas de gabinete). LASCA: Son los fragmentos que se separan de una roca dura al ser golpeada con un martillo natural o percutor. Estos fragmentos sirven de base para la elaboración, mediante otros golpes de utensilios como cuchillos, raederas, raspadores, etc. LÍTICO: Relativo a la piedra. MATERIAL CULTURAL: Son objetos, piezas, evidencias, vestigios, materiales o bienes arqueológicos: restos materiales de muebles elaborados o utilizados por grupos humanos, que puedan proporcionar información sobre actividades o comportamientos de ese grupo. Hay cuatro categorías: 1) Artefactos: objetos que resultan de la actividad intencional de los humanos. Por ejemplo, instrumentos de piedra tallada, vasijas, cuentas de collar, etc. 2) Ecofactos: restos orgánicos e inorgánicos no elaborados por los humanos pero que brindan información sobre ellos porque éstos los utilizaron o porque están asociados a otras categorías de evidencia arqueológica. Por ejemplo, huesos de animales, plumas, semillas y otras partes de plantas presentes en sitios arqueológicos. 3) Estructuras: artefactos no transportables, (ya que al hacerlo se destruyen) como restos de fogones, huellas de poste, zanjas, casas, tumbas, etc. 4) Representaciones rupestres o arte rupestre: conjunto de pinturas y grabados que están ejecutados sobre rocas. MORTERO: Instrumento manual utilizado para moler granos, minerales u otros materiales. También se los conoce como conana, cutana o molino. Además el término MORTERO o ARGAMASA se aplica al material cementante que se utiliza en la unión de las piedras de la pirca. MORTEROS MÚLTIPLES: Se aplica a varios morteros que han sido realizados sobre un mismo soporte rocoso.

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PASTILLAJE O MODELADO: Técnica que consiste en adherir a la vasija aún fresca porciones de barro, creando figuras o dibujos geométricos que quedan resaltados. PERCUTOR: Utensilio utilizado en la talla de piedra. Es el instrumento que se utiliza para golpear una piedra con el objeto de dar forma a otro instrumento: un raspador, una punta de flecha, etc. PIRCA: Muro de piedra que por lo general son seleccionadas por su forma para encajar unas con otras o bien pueden cantearse a tal fin. Entre las mismas puede o no colocarse un mortero para dar consistencia al conjunto. Pirca seca es aquella en la que no se utilizó material cementante. PSICOTRÓPICAS O PSICOACTIVAS: Sustancias de origen vegetal, animal o, en contextos modernos, sintéticas que permiten activar o cambiar el estado de la mente y, por lo tanto, ampliar la conciencia o la percepción. Comúnmente se las llama alucinógenos y actualmente se está generalizando el uso del término ENTEÓGENOS PUCARA: Construcción militar erigida con un fin defensivo. Se ubican en las zonas altas de los cerros y situados preferentemente a la vera o en la cabecera de valles o quebradas cuyas entradas controlan. Están rodeados de muros de protección y además de las habitaciones para los guerreros pueden contar con un lugar de culto, una necrópolis y corrales. PULIDOR: Instrumento de piedra, concha o madera utilizado por los ceramistas para alisar la superficie de una pieza cerámica. RAEDERA: Instrumento de piedra con filo utilizado para cortar y raspar. RASTROJO: Terreno pequeño de cultivo abandonado y cubierto de maleza.

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REMONTAJE: Es el conjunto de uniones de piezas completas o de partes de ellas previa verificación de la complementación de estas partes. SIGLADO: Es la denominación o identificación individual que, en forma abreviada y comprensiva, debe portar cada hallazgo de toda excavación arqueológica para poder ser manejado en forma independiente en las tareas de gabinete. Rotulado. TERRAZAS: Es otra técnica agrícola pero más rudimentaria que los andenes de cultivo. Por lo general son más extensas que los andenes y se disponen transversalmente a la pendiente de la ladera. Tienen un muro en su borde bajo para evitar la pérdida del suelo cuando llueve. TAWANTINSUYU: Término quichua con que se designa las cuatro regiones o provincias del Imperio Inca. Centrados en el Cuzco los Incas hincaron una tarea de conquista de los señoríos vecinos, lo que los llevó a dominar en dirección a los cuatro puntos cardinales: Contisuyo al este del Cuzco, Chinchasuyo al norte y este, Antisuyo por el oeste y Collasuyo por el sur y el este, donde se ubica el Noroeste Argentino. TIWANAKU: Cultura y sitio arqueológico del altiplano boliviano. Se sitúa a orillas del lago Titicaca. UNCU: Vestimenta andina con forma de camiseta. VEGETALES ALUCINÓGENOS: Ver psicotrópicas o psicoactivas.

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ANEXOS

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representante de la Municipalidad de Libertador General San Martín Rosario Jara; y el arqueólogo del CONICET Pablo Cruz. Guillermo R. Jenefes.FUNDAMENTOS Sr. Presidente: El Parque Nacional Calilegua fue creado en el año 1979, gracias a la donación de tierras que efectuara la Empresa Ledesma con el objeto de preservar las cabeceras de parte de la cuenca del San Francisco, Ubicado en la Provincia de Jujuy, sobre el faldeo oriental de las serranías de Calilegua en el Departamento de Ledesma. El escabroso relieve del Parque, característico de las sierras subandinas, se resuelve en profundos cañadones, obra de ríos y arroyos de marcada caída, como así también montañas de más de 3.000 m de altura como los Cerros Hermoso y Amarillo. Resguardando en sus 76.320 ha de superficie, un importante sector representativo de la Provincia Fitogeográfica de las Yungas; cuña de selva subtropical andina que ingresa al país desde Bolivia. El área estuvo ocupada desde tiempos remotos por grupos indígenas. Sus asentamientos se ubicaban en lomas bajas cercanas a los terrenos llanos para cultivo. Los sitios y materiales arqueológicos hallados en el parque, como piezas de cerámicas y hachas de piedra pulida, guardan relación con las sociedades que habitaron en la región de yungas del norte argentino. A partir del siglo XV, este territorio fue ocupado por los incas que construyeron instalaciones en las que se funden distintos aspectos de la organización social, política y económica del Imperio, en donde el significado simbólico, ritual, astronómico y político está presente y forma parte indivisible de toda la cosmovisión incaica. Con el objeto de recuperar y preservar la memoria de la ocupación humana de la región, desde el 2007 el Parque Nacional Calilegua inició un intenso programa de investigaciones arqueológicas. Tejiendo un puente entre el pasado lejano y el reciente, el programa de investigaciones se aboca tanto al registro de los testimonios prehispánicos como al estudio de los puestos ganaderos localizados en el territorio del Parque. Como se informara, los alcances del programa de arqueología del Parque Calilegua pueden ser medidos en diferentes aspectos. Por un lado, el rescate de un pasado regional, un deber de memoria que señala un fuerte compromiso con la sociedad en el reconocimiento y valorización de la historia de los pueblos nativos que actualmente habitan en el territorio; por otro, el programa se aboca a los Recursos Culturales, no solamente sistematizando su registro, sino garantizando su conservación y proyectando su puesta en valor en la sociedad. Al día de hoy se han obtenido importantes resultados, permitiendo un registro de aproximadamente 41 sitios arqueológicos

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que pueden ser agrupados en sitios prehispánicos y ocupaciones históricas, principalmente puestos de ganaderías trashumantes. Contrariamente a la imagen, reproducida a lo largo de la historia, que presenta a las Yungas como un territorio inhóspito y poco poblado a no ser por indígenas en la frontera del salvajismo, se sabe hoy que la región fue el escenario, de ininterrumpidos procesos sociales, los cuales desembocaron en identidades culturales muy definidas. Y a la vez se observa que los antiguos pobladores de la región supieron interactuar con el medio estableciendo una relación regida más por una lógica de reciprocidad que puramente de dominación. Comprender más el funcionamiento de estas lógicas, y transferirlas a la sociedad, es uno de nuestros mayores desafíos. El Programa de Arqueología del Parque Nacional Calilegua lo lleva adelante un equipo multidisciplinario, constituido por guardaparques, una funcionaria del Municipio de Libertador General San Martín y un arqueólogo del CONICET. Específicamente, los hombres y mujeres que merecen el reconocimiento por la labor desarrollada son Baltazar Ramos, Ariel López y Laura Chazarreta, Francisco Gallardo, Guillermo Nicolossi y Alejo Zalazar, Pablo Cruz y Rosario Jara. Por los motivos expuestos, y por la relevancia de la labor desarrollada, solicito el voto afirmativo de mis pares a la presente iniciativa. Guillermo R. Jenefes.-

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Cartelería preparada para la Exposición Arqueológica del 30º Aniversario del Parque Nacional Calilegua

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ÍNDICE
SUMARIO…………………….……...………...2 PRESENTACIÓN……………………...……...3 Objetivos y metodología……………………..…4 Organización del texto……….……………...….6 Primera parte ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS DEL VALLE DEL RÍO SAN FRANCISCO....... 10 INTRODUCCIÓN ............................................... 10 Ambiente y recursos de selva ............................. ...12 El Complejo Agroalfarero San Francisco……...14 Algunas consideraciones sobre la procedencia y perduración de los grupos San Francisco ………………………… ..................................... 15 Modos de ocupación del espacio ......................... 17 La cerámica .............................................................. 19 La industria lítica ..................................................... 21 La metalurgia .......................................................... 23 Estructuras de combustión ................................... 24 Los enterramientos ................................................. 26 Las plantas sagradas ............................................... 28 LOS SITIOS ARQUEOLÓGICOS AL OESTE DEL VALLE DEL RÍO SAN FRANCISCO …………………………………………..……30 Cuenca del Río Valle Grande................................ 30 Finca Tolaba ............................................................ 30 La Cancha y Finca Apaza ...................................... 31 Alero con pinturas rupestres en San Lucas ………………........................................................ 31 El Santuario Inca del Cerro Amarillo .................. 32 El Pueblito Calilegua .............................................. 32 Cuenca del Río Ledesma ....................................... 33 Cuarta parte EL PROGRAMA DE ARQUEOLOGÍA DEL PARQUE NACIONAL CALILEGUA ......... 80 Tercera Parte EL CONTROL TERRITORIAL ........................ 62 Encomiendas y Reducciones ................................ 62 El Curato de Río Negro y la producción azucarera ............................................................................... 65 El componente social y el desarrollo regional .... 66 De la encomienda histórica al latifundio moderno……………………………………67 Cronología del proceso de control territorial………………………………...….68 Segunda Parte LOS INDÍGENAS DEL ORIENTE JUJEÑO EN EL PERÍODO PREHISPÁNICO .......... 41 Los Indigenas del pedemonte ............................... 42 Ocloyas, Churumatas, Osas, Paipayas y Yalas.... 42 Los collas ................................................................. 50 Los Indígenas de los Valles y el Chaco ............... 52 Chiriguanos.............................................................. 52 Tobas ........................................................................ 57 Mataguayos .............................................................. 59 Ojotaes………………………………………..61 El Poblado ............................................................... 34 Trigo Pampa ............................................................ 34 Cucho de Ocloyas................................................... 34 Cuenca del Río Sora ............................................... 34 Trece Fuentes de Calilegua.................................... 34 Consideraciones generales ..................................... 35

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Una dinámica, varios objetivos…………….......81 Los resultados alcanzados ......................................82 Períodos representados en el Parque Nacional Calilegua ................................................................83 PROYECTO "RELEVAMIENTO DE SITIOS CON POSIBLES MANIFESTACIONES ARQUEOLÓGICAS E HISTÓRICAS EN EL PARQUE NACIONAL CALILEGUA Y ZONAS VECINAS" ..........................................85 TERRITORIO Y SOCIEDAD. EL PARQUE NACIONAL CALILEGUA ANTES DE SU CREACIÓN ........................................................86 El cambio de paradigma………………...….….86 El panorama social ..................................................87 Ganaderos trashumantes ……………….....….88 LOS PUESTOS GANADEROS, una forma de ocupación .............................................................90 Los restos materiales...…........................................99 Quinta Parte LA CARTA ARQUEOLÓGICA.......................101 EL REGISTRO HISTÓRICO Y ARQUEOLÓGIO DEL PARQUE NACIONAL CALILEGUA…......……...…102 Pacarita ....................................................................102 Alisar .......................................................................103 Cedros .....................................................................104 La Pirca ...................................................................105 Mesada de las Colmenas .......................................106 Rió Negrito 1 .........................................................106 Rio Negrito 2 .........................................................107 Totorita ...................................................................108 Tres Cruces.............................................................109 Alero 01 Pnc ..........................................................110

NUEVOS REGISTROS ARQUEOLÓGICOS DE LOS DEPARTAMENTOS LEDESMA Y VALLE GRANDE ..........................................111 Departamento Ledesma .......................................113 Ledesma 1...............................................................113 Ledesma 2 - “La Loma” .......................................113 Ledesma 3, 4 y 5 ....................................................114 Ledesma 6...............................................................114 Piedra De Las Trece Fuentes...............................115 Tres Compuertas ...................................................116 Toma Rio Zora ......................................................116 La Candelaria .........................................................116 Departamento Valle Grande ...............................117 Pampichuela 1 ........................................................117 Terrazas De Victorino ..........................................117 Horco Quebracho .................................................119 Cerro Fundición ....................................................121 Minas .......................................................................122 Alero con grabados ...............................................124 Camino prehispánico ............................................124 Escaleras de Despensa..........................................125 Cerro Hermoso y Cerro Amarillo .......................125 Duraznillo 01 .........................................................126 Campo La Ciénaga ................................................126 Alero 01 Puerta de Duraznillo.............................126 Alero 02 ..................................................................127 Alero 03 ..................................................................127 Hermoso 01 ...........................................................128 Hermoso 02 ...........................................................128 Hermoso 03 ...........................................................128 Hermoso 04 ...........................................................129 Santuario Cerro Hermoso ....................................129 Puesto antiguo .......................................................130 Santuario Cerro Amarillo .....................................131

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Pueblito .................................................................. 131 Tres Manantiales ................................................... 133 Cerro Mesilla ......................................................... 133 Alero Puerta del Mesilla ....................................... 133 Mesilla 01 ............................................................... 134 Mesilla 02 ............................................................... 134 Alero Mesilla 01 .................................................... 136 Otros puntos de interés ....................................... 137 Mojones.................................................................. 137 Escaleras................................................................. 137 ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS AVANCES DEL PROYECTO……..…......................................137 Indicadores comunes. Nuevos interrogantes………………………...……..139 Sexta Parte HISTORIA DE LA CREACIÓN DEL PARQUE NACIONAL CALILEGUA……………………..……....144 Los antecedentes……………………...…...…146

Diario PREGÓN año 1973…..........…..…........151 Diario PREGÓN año 1974…………….....….169 Diario PREGÓN año 1979.......................…….177 GLOSARIO DE TÉRMINOS ARQUELÓGICOS ......................................... 178 BIBLIOGRAFÍA ................................................ .186 ANEXOS................................................................201 Convenios de Cooperación ..................................201 Congreso Nacional. Dictamen de Comisión……………………..............…......213 Cartelería preparada para la Exposición del 30º Aniversario del Parque N. Calilegua ..............................................................................216 INDICE..................................................................221

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