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Nostalgia de una vida

Todo estaba oscuro, lo recuerdo como si hubiera sido ayer, aunque sea el primero de mis
recuerdos o tal vez el primero de los archivos de mi memoria, trato de forzar mi mente para
caminar hacia atrás por el valle de mi memoria hasta el momento de mi nacimiento, de la
primera vez que vi a mi madre, pero no logro llegar y el camino es tan tortuoso.
- Te he encontrado, ahí, ¡estás ahí dentro Peji!
Mi madre abrió las puertas del closet con su cabello despeinado envuelto en una liga hecha
de las sobras de su costura, ella siempre sonreía incluso cuando me regañaba, “Peji,
promete que no volverá a pasar” me decía después de que cometía alguna travesura, yo
sabía que hacer, lo aprendí desde no me acuerdo que día y siempre lo hacía, miraba mis
manos y las colocaba en mis bolsillos, si no tenía bolsillos me las colocaba metidas dentro
de mis pantaloncillos cortos, mamá no soportaba ni un momento y después de que me
miraba por un rato me sonreía y me estrechaba en su pecho, siempre fue muy delgada, a
los 52 cuando tuvo el problema del bocio su cara comenzó a hacerse grande como una luna
llena, su cuerpo seguía siendo delgado a excepción de su cuello y lomo, todo por culpa de
esa perra enfermedad. – ¡Máma! –le grité abriendo mis brazos y colgándome en sus
hombros con ayuda de sus manos morenas, me levantó en brazos y ese día dimos vueltas
tantas veces que vomité 2 o 3 veces sobre su blusa color melón, lo recuerdo por que
recuerdo su voz como si todavía me estuviera hablando “¡Peji ahora ya no es melón!”, no
se si la ensucié de tanto reír o de tantas vueltas que me dio ese día pero con todo y las
terribles náuseas que sentía continuaba riendo junto con ella, no recuerdo que pasó
después, pero Billy estaba llorando, incluso mi mujer dejaba a mis hijas llorar hasta que se
cansaban, cuando me levantaba en las noches para ir a su cuna me sujetaba fuertemente del
brazo y entre sueños me decía “déjala que llore hasta que se canse”, entonces me dormía
con la leve sensación de culpa, una sensación que brotaba desde la boca del estómago,
recorría mi esófago y me dolía en la nariz, usualmente al siguiente día de esas noches yo
despertaba con la nariz roja como una grana de tanto rascarme, “Rodolfo el venadito”
decía mi madre cuando mi nariz se enrojecía cuando niño, entonces el dolor pasaba y yo
volvía a reír y reí mucho. Mi madre era mejor que mi mujer o cuando menos así lo siento
porque mis hijas no ríen tanto como yo lo hacía de niño, aquellos días en que reía tanto que
tenía que sujetarme el estómago para que no me fuera a pasar quien sabe que cosa, eran los
días que mas añoro, corría, mi madre corría con Billy y lo levantaba en brazos, haciéndole
pueriles preguntitas como “¿qué le pasa al bebé de la máma?”, “¿nené quiere bibí?”, Billy
era lo que dicen un niño bonito, cuando menos eso siempre oía decir a las amigas de mi
madre y a mis tíos y tías “que lindo es Billy”, “Billy es rubio, parece un menonita, Ulises
es mas morenito pero también es un niño bonito... ambos lo son”, Billy acá, Billy allá, será
pecado, pero Dios sabe que no tengo la fuerza de no hacerlo y lo odio y lo voy a odiar
siempre aunque compartamos la misma sangre y lo que mas me duele, la misma madre.
Mi padre nunca estuvo en casa, tengo un vago recuerdo de él, tan vago, que decae
en el olvido, de niño, cuando le preguntaba a mi madre en donde estaba pápa, ella me
respondía que él tenía otro destino, pero que me amaba, que nos amaba a Billy y a mi y
que de vez en cuando, llamaba para preguntar por nosotros, pero nosotros no lo podíamos
oír a él porque hablaba en japonés; a medida que fue pasando el tiempo y que alcancé la
madurez suficiente, me enteré por la tía Magda que mi padre se había ido de la casa
cuando mi madre estaba embarazada de Billy, que era un tomador, que vivía de la costura
de mi madre y que nunca sirvió para nada, nunca lo creí, todavía a veces me daba a la idea
de que era un buen hombre, que no tenía que habernos dado nada a mi madre, a Billy y a
mi para demostrarlo, aunque lo que comprendí perfectamente, era a lo que se refería mi
madre cuando hablaba de “su destino” palabra que nunca supo usar correctamente pero que
yo siempre comprendí, siempre lo hice.
Billy comenzó a dar sus primeros pasos bastante tarde, cuantos años tenía, no lo se,
pero recuerdo que el hijo de una mujer de la vecindad que se hacia los vestidos con mamá,
caminaba mucho antes que Billy y tenía menos edad
- ¡camina Billy ven con la máma, camina! – gritaba ella extendiendo sus brazos hacia él,
Billy daba unos pasitos torpes y tajantes y mamá sonreía con alegría, yo lo amaba, es lo
que el hijo de puta nunca va a comprender, que yo lo amaba y que muy por dentro,
aunque sienta el sabor de la sangre de mis labios cuando los muerdo al pensarlo, lo
amo, como se aman las cosas malas de la vida, en secreto. Recuerdo cuando cumplí 6
años, Billy tenía entonces 3, fue uno de los días mas felices de mi vida, aquel
muchacho que lloraba y se escondía tras las faldas de su hermana mayor estaba ahí,
como quisiera poder acordarme de todos aquellos nombres, cuando me pongo a pensar
en mi infancia pienso en mis antiguos camaradas, ¿qué será de su vida ahora?, al único
al que aún veo es a Daniel Pizano, padrino de mi segunda niña, él estaba ahí también,
con su gorra negra 4 veces mas grande que su cabeza, nos burlábamos de él y él reía y
también se burlaba de nuestros defectos apuntándonos con el dedo, “Pizano 100
sombreros” lo llamábamos en la escuela, de pronto, cuando estábamos en una clase y
Pizano hacia algún comentario a la maestra, algún bribón que se sentaba atrás gritaba
desde el fondo “¡Pizano 100 sombreros!” y todos reíamos a carcajadas incluyendo a
Pizano, una y otra vez, nunca nos hartábamos de la misma broma infantil y aquel que
lograba decirlo antes, se llevaba las felicitaciones envueltas en risas por su graciosa
faena, yo casi siempre lo gritaba primero y sonreía, porque todos se reían de mi broma,
“Batuto”, un niño delgado y alto muy callado, solo recuerdo que solía ser el portero de
nuestro equipo cuando salíamos a jugar en el baldío que estaba enfrente de mi
vecindad, tan callado era, que con él, fue con la primer persona con la que aprendí a
interpretar el silencio y aún, todavía, cuando alguien guarda silencio ante alguna
pregunta, yo recuerdo al batuto y comprendo todo, aunque nadie sepa, yo lo
comprendo y me comiera ante Dios mi cabeza si tuviera la oportunidad mas de seguirlo
haciendo, un muchacho pelirrojo, los niños de la vecindad, todos, fue grande mi fiesta,
con piñata, tamales, refresco, todo, mi madre había tenido un buen mes aquellos días,
había hecho un hermoso vestido de bodas para la hija de un ranchero de las cercanías,
“anda en malos negocios” recuerdo que le decían a mi madre las mujeres de la
vecindad, pero ella quería hacerme una bonita fiesta de cumpleaños e hizo el vestido de
bodas mas hermoso que me haya tocado ver en la vida, con flores, recuerdo muchas
flores, cuando nos lo mostró a Billy y a mi fue la primera vez que Billy dijo la palabra
“flores”, mamá se entusiasmó tanto ese día que en el momento mismo en que recibió
su paga salió corriendo hacia el mercado a comprar los víveres para hacerme un rico
pastel de chocolate y golosinas para los niños, la pasé tan bien, recibí muchos regalos,
entre ellos un flamante tractor “monstruoso”, aquél niño que tenía la dicha de poseer un
juguete “monstruoso”, era el nuevo capitán de juegos como lo llamábamos nosotros,
era un comercial gracioso el de la radio “¿te quieres divertir?, ¿quieres ser feliz?,
compra, compra, compra un monstruoso y no le pongas fin a tu diversión”, o era no le
pongas fin a tu diversión o no le pongas fin a tu emoción, pero algo así iba y cuando lo
escuchaba, levantaba mi tractor y cantaba presuntuoso la alegre canción bailando
alrededor de la máquina de coser de mi madre - ¡Peji no seas presumido! – me decía
entrecortadamente con el hilo pegado en los labios, yo sólo me reía y seguía bailando,
Peji, mamá me llamaba Peji porque según dice ella, cuando empecé a decir mis
primeras palabras no podía decir mi nombre, así que mamá me colocaba frente a un
espejo y me tocaba con el dedo índice en el pecho – Ulises - susurraba y entonces
señalaba el espejo y decía – Ulises, éste es Ulises, el niño que ves en el espejo es Ulises
-, después de tratar toda una tarde frente al espejo, dice que la miré a los ojos y que dije
“espejo”, a mamá le pareció tan graciosa mi obra que comenzó a llamarme “Peji”,
diminutivo de espejo según la gramática de mi madre y yo nunca me hubiera enterado
que mi nombre de pila no era Peji sino hubiera sido por el modo en que me presentaba
a sus amigas “éste es mi hijo Ulises”, nunca le pregunté porque tenía dos nombres
diferentes, hasta ya pasados los 5 años comprendí que “Peji” era la forma en que mamá
me llamaba cariñosamente.
“huevito con tortilla”, Billy siempre pedía para desayunar huevito con tortilla, a sabiendas
de que mamá tenía que tomarse su tiempo para prepararlo y a Billy su tiempo para comerlo
siempre lo pedía, mi madre para hacerlo comer otra cosa le decía sonriente “Billy, no hay
tortillas, ¿que tal una rica tostada con mantequilla?”, Billy se bajaba de su silla y habría el
pesado refrigerador que teníamos en casa, regalo de bodas para mi madre de mi abuela,
“mira máma, ¡tortillas!” reía Billy sonoramente mientras sujetaba el paquete envuelto en
una servilleta grisácea y se lo llevaba a mamá, yo tenía 12 o 13 años y estaba apunto de
dejar la escuela, en aquél entonces, el niño que dejaba la escuela y continuaba con la
secundaria era tan raro como la niña cuyo sueño no era cocinarle a su futuro esposo,
realmente quería hacer la secundaria, realmente lo quería, pero la secundaria mas cerca de
mi casa se encontraba como a 6 o 7 kilómetros y mamá no podía darse el lujo de comprar
un coche, a Billy y a mi nunca nos faltó que echarnos a la boca y jamás en mi vida escuché
las palabras “ya no hay”, mi madre pudo haber sido la mejor economista de su tiempo, con
la pobre ganancia que obtenía de los vestidos y pantalones que confeccionaba, sacaba para
pagar el gas, la luz, el agua, la comida e incluso uno que otro capricho para mi y para mi
hermano, papá Noel nunca faltaron en nuestra casa, al menos recibíamos un paquete de
galletas de animalito que disfrutábamos con un sabroso vaso de leche en el desayuno de
navidad y nunca nos pesó el hecho de que a otros niños les amanecieran flameantes
bicicletas o enormes carritos “monstruosos”, no, no a Billy y a mi, jamás le reprochamos
nada a mi madre. Desde que Billy entró a la escuela yo empecé a llegar tarde porque él
siempre se quería desayunar sus “huevitos con tortillas”, realmente me molestaba cuando le
pedía diariamente lo mismo a mi madre, la hacía perder su tiempo a ella y el mío a mi,
cuando yo lo regañaba frente a ella mamá me miraba sonriente “barriga llena corazón
contento” decía siempre que tenía la oportunidad de sacar a flote su refrán favorito.
Billy siempre me tomaba de la mano fuertemente cuando caminábamos hacia la
escuela Guillermo Prieto, “la prieta” le decíamos los niños que asistíamos a esta, cuando
Billy me tomaba de la mano, nunca me sentí avergonzado, aunque los otros niños se
mofaran de mi al pasar a nuestro lado, Billy siempre fue un muchacho inseguro, lo fue
siempre, era tan delgado que en el receso de su escuela se quedaba en su pupitre leyendo
sus propios libros de texto por el miedo a salir a jugar con los otros niños y acabar en el
suelo por la brusquedad en sus juegos, era tremendamente rubio, tan rubio que su cabello
de lejos parecía blanco, parecía que era calvo y era parte de su frente, usaba el cabello muy
corto, casi al rape, a mamá le gustaba verlo así, decía que parecía un soldadito, entonces
Billy la dejaba que se lo cortara siempre así, su piel era tan blanca como el mármol y sus
ojos verde esmeralda, casi sin vida, siempre fuimos muy diferentes, yo de niño era mas
moreno todavía que ahora, siempre fui un muchacho delgado pero fuerte, usaba el cabello
negro en forma de melena y me lo ajustaba detrás de las orejas, era el corte que todos los
muchachos usábamos y nos hacia sentirnos grandes, en el receso era delantero cuando
jugábamos fútbol y defensa cuando jugábamos baloncesto en la media cancha de la escuela,
la pasé bien, nunca podré quejarme de mi infancia, como iba a hacerlo, si mi madre estuvo
allí todo el tiempo, como la quiero... como la quiero.
Marina Allegro fue mi primer amor, el cabello rizado le caía hasta la mitad de la
espalda, siempre lo envolvía en una larga trenza y lo sujetaba con lazos anchos de diversos
colores que combinaban con el color de su atuendo, tenía los ojos mas bonitos que halla
visto yo en toda mi vida, sus ojos eran grandes como enormes soles y negros, mas negros
que la noche, tan negros, que cuando te miraba, se hacía respetar y adorar, o cuando menos
desde la primera vez que la vi me hizo adorarla, entró a la escuela cuando estábamos en el
último año de primaria, el primer día de clases estábamos todos en clase cuando llegó
apresurada sujetando en la mano una bolsita azul de mimbre en la que traía unos cuantos
cuadernos y una pluma envuelta en un lazo del color del lazo que colocaba en su cabello, la
maestra la hizo presentarse frente a todos, no dudaba, no temblaba, era tan segura, jamás la
vi dudar en algo, “mi nombre es Marina Allegro” dijo con su dulce voz angelical, aquella
voz que lo colmaba a uno de paz, que bonita voz tenía esa niña “vengo de Guadalajara
porque la compañía de mi papá lo transfirió a ésta ciudad”, su padre era federal de caminos,
lo asesinaron cuando se cambió de ciudad de nuevo, lo supe por los chismes de pueblo,
traficaba con droga al parecer y había venido a esta ciudad a “disimular” un poco, vivía con
una mujer tremendamente guapa, rubia de ojos azules y tan alta como nunca hubiera visto
yo a una mujer, las señoras de la colonia la llamaban pecadora porque usaba faldas
extremadamente cortas y blusitas de colores despampanantes tremendamente ajustadas y
escotadas, para los muchachos, era una Diosa.
Marina nunca se percató de mi existencia, desde el momento mismo en que llegó a
la escuela se convirtió en el centro de atención, recibía regalos de todos los niños y las
niñas querían ser como ella, pero yo noté siempre, como que estaba ida, como que nunca
estaba ahí, siempre con la mirada en el espacio, mordisqueaba graciosamente el lazo de su
lápiz y miraba al horizonte, mas allá del pizarrón o de la escuela, nunca supe que era lo que
miraba, pero al parecer, cuando lo hacía, la ponía triste, levantaba la mano y se secaba la
humedad de sus ojos con la manga de su blusa, pobre Marina, hubiera podido tener una
vida mejor, la primera vez que me habló fue uno de los días mas felices de mi vida, me
había hablado antes, pero oraciones como “¿me pasas el lápiz?”, “con permiso”, “¿qué fue
lo que dijo la maestra?”, sin embargo parecía que ni siquiera sabía mi nombre, ese día, era
un 10 de mayo, porque estábamos en la jardinera de la escuela y yo como no tenía dinero
para comprarle un lindo obsequio a mi madre fui a hurtadillas a la jardinera cuando todos
los demás estaban en clase a cortar unas cuantas rosas y atarlas con un lazo, estaba ahí,
cortando las rosas lo mas calladamente que podía y oí su voz, su dulce voz
- ¿son para tu mamá? – me preguntó haciendo que me sonrojara hasta las orejas, volteé
con un movimiento brusco casi cayendo en la jardinera, soltó una pequeña risita y
sonreí ridículamente sujetándome del rosal envuelto en espinas, no sentí dolor, solo
sentía dicha, la dicha del primer amor.
- Si – le respondí tímidamente, tiempo después deseé haberle dicho otra cosa pero no
salió nada
- si te cachan, te van a poner como chancla –
- ¿vas a decirlo? -
- No se, tal vez lo haga, es malo mentir -
- No siempre es malo –
- Eso es cierto, si son para tu mamá entonces no es malo, si yo tuviera mamá también le
cortaría rosas pero no tengo –
Hubo en ese momento un prolongado silencio, sus ojos me acortaban las palabras y solo
pude desear estar ahí para toda la vida, sin moverme, aunque me estuviera desangrando
con las espinas del rosal, solo viéndola a ella, el corazón me palpitaba fuertemente y sentía
tremenda serpiente jugueteando en mi estómago, estaba todo colorado, lo se porque sentía
la cara toda caliente como si la tuviera dentro de un horno.
- ya me voy – me susurró sonriente y se apartó de mi vista jugueteando con el lazo de su
cabello, la seguí con la mirada hasta que entró al salón de clases y un poco de tiempo
después comencé a sentir el dolor de las punzadas de las espinas, solté el rosal y mi
mano estaba toda sangrada, tomé una hoja del rosal y la limpié lo mejor que pude para
que nadie lo fuera a notar, me dolía realmente pero el haber cruzado mas de dos
palabras con Marina Allegro era un tremendo analgésico que me aliviaba el ardor en la
mano y me ablandaba el corazón.
El día mas esperado por todos los muchachos del salón de clases excepto por mi, llegó un
día, la graduación, las niñas todas se paseaban con sus madres el día entero viendo las
vitrinas de las tiendas en donde exhibían caros vestidos de bodas, quince años, primera
comunión, las señoras sacaban una pequeña libreta de la bolsa y con un lápiz dibujaban los
diseños de los vestidos colocando notas como “esto es retazo... aquello tul... aquesto seda”
Y de ahí iban con mujeres como mi madre que luchaban con todos sus conocimientos para
contrarrestar los diseños de famosos diseñadores de la farándula, para mi madre era una
buena fecha, tenia pensado hacerme el mejor traje que nunca hubiera hecho con el dinero
que le pagaban las mujeres y si ella era feliz, pues que mas da, yo lo era, no sentía ilusión
alguna por la graduación, para mi era solo un bonito modo de despedirse, quería seguir
estudiando y un día sentado frente a mi madre viendo como cosía supe que realmente
quería hacerlo, iba a poner todo mi empeño en ello, incluso podía trabajar por las tardes e ir
a la escuela en las mañanas para comprarme una bicicleta e ir todos los días a la secundaria
mas cercana... la cual no era tan cercana del todo.
Ahí estaba yo, con mi traje gris dos tallas mas grandes que la mía, toda mi ropa era
siempre dos tallas mas grandes de lo normal, ella decía que de éste modo duraría mas
tiempo y cuando crecía lo suficiente para usarla bien, ya estaba demasiado gastada o rota,
siempre fue así.
Las niñas del lado de los salones de clase estaban reunidas todas sonriendo y
halagándose unas a las otras por sus lindos vestidos y los muchachos, al otro lado, sin
percatarnos de si veníamos vestidos o no, charlábamos sobre el fútbol, sobre la última
historieta de kaliman y muy por encima de los hombros de otros veíamos a las niñas que
nos sonreían graciosamente cuando las veíamos y se volteaban a reírse con las demás. Ahí
estaba yo con mis manos en los bolsillos, lo veo como si lo estuviera viendo en éste
momento con mis ojos todos abiertos, el patio estaba todo limpio y bien recogido y de una
de las porterías colgaba una pancarta que decía “Graduación 48-53” con letras de color rojo
escarlata rellenas de brillantina dorada, la noche estaba bien bonita, la luna brillaba del otro
lado de los edificios de primaria iluminándonos las caritas a todos, que momento, si pudiera
volver a estar ahí, pero no puedo, ya no se puede. Se me había olvidad por completo que
era un adiós, que tan solo era una despedida con pancartas y lindos vestidos floreados y
blancos, mi madre llegó entrada la noche de la mano de Billy, la vi sentarse con las señoras
de la cuadra, Billy estaba todo adormilado y se recostaba en el regazo de mi mamá.
“les pedimos por favor a todos los graduados que se sienten en sus respectivas sillas
como lo ensayamos en la semana, el padre fulano acaba de llegar” se oyó la voz del director
por el altavoz entre sonidos imperfectos del sonido, todos nos sentamos según como lo
habíamos acordado en los ensayos, me encontraba dos filas atrás de Marina Allegro y desde
ahí podía contemplar un hermoso lazo blanco que sujetaba su cabello, nunca mi vida la vi
mas bonita que en ese día, la misa la recuerdo vagamente, rápida, sencilla, adormecedora,
cuando el padre nos dio la bendición nos aplaudió al unísono con los maestros, después
entre todos, niños, niñas y maestros quitamos las sillas del patio y nos colocamos en forma
de óvalo, entonamos una dulce poesía que nunca pude aprenderme, así que solo abrí la boca
y repetía a coro “¡gracias maestros!”, cuando terminamos todos nos aplaudieron, algunas
mamas de nosotros se pararon y nos vitoreaban con cursis porras y estruendosos aplausos
incluyendo a la mía quien recuerdo sujetaba a Billy en los brazos y me saludaba
graciosamente, como me sentí feliz cuando la vi ahí meneando la mano y sonriendo casi
con lagrimas en los ojos, vestía de rosa, un vestido de monte carlo muy largo que se
abotonaba al frente, siempre lo usaba en las ocasiones especiales, nunca cosía nada para
ella, siempre éramos Billy y yo, Billy y yo, ella podía quedarse con su vestido de monte
carlo todo el tiempo, después de que terminó la poesía me acerqué a ella y la abracé con
ternura, incluso mis hijas siendo mujeres llegaron a avergonzarse de su padre cuando
trataba de abrazarlas, es una racha, una racha de todos los muchachos, una racha que yo
nunca conocí, nunca tuve, ni Billy tampoco, no se que tenia esa mujer, como me gustaría
saberlo, que libro leyó, con que sabio habló, para ser aquella madre que parece nunca haber
cometido un error masque descuidarse tanto, el único de toda su vida... y el haber
sobreprotegido a Billy. Sirvieron para los padres de familia pierna bañada en una salsa
amarilla, sopa fría y pan, no estoy seguro de recordar eso, pero eso era lo que servían antes
en todas las fiestas y para los niños, tortillitas con queso y carne que llamábamos “viejitas”
con refresco y gelatina de limón y fresa, todos sentados alrededor de la cancha comiendo,
las muchachas con mas cuidado para no estropear los vestidos que con tantos trabajos
habían podido pagar sus madres aun siendo confeccionados por la costurera mas talentosa
que haya yo conocido, todo pasó muy bonito, sin prisas, ahí sentados comiendo, entonces
comenzó la música, aunque al principio ningún niño se levantaba por vergüenza a que los
fueran a ver, un grupo de niñas se levantó y comenzaron a bailar alegremente, después otro
poco, después la mayoría de los muchachos bailaban en circulo y empujaban a parejas de
niños y niñas al centro ocasionando la burla de todos, así era cuando yo era niño, yo no
quería bailar, nunca he sabido hacerlo, nunca aprendí, el día de mi boda bailé una sola pieza
con mi mujer y porque se lo había prometido, solo por eso lo hice, nunca me gustó, cuando
incluso el Pizano se levanto a bailar con los otros muchachos y me quedé solo picando los
restos de la gelatina de colores miré a mi madre que me hizo un además de que fuera al
centro del patio, me negué con la cabeza y continué en mi faena de picar la gelatina, miré al
otro extremo y ahí estaba ella, sola, como casi nunca se miraba, Mariana Allegro, con su
listón blanco y su hermoso vestidito blanco y bordado, ida, viendo a la nada, con una
expresión de vacío en su rostro, impulsado por no se que cosa, me levanté en ese momento
y fui hacia a ella, sin pensar lo que le iba a decir, lo que iba a hacer, porque lo iba a hacer,
solo fui hacia ella, al mover la silla para sentarme a su lado soltó un suspiro y me miró con
una sonrisa, desde antes de sentarme a su lado comenzó a hablar, no se porque nunca he
sido bueno para poner atención en lo que me dicen, solo me enfoco en el rostro de la
persona con la que hablo, sin escuchar sus palabras realmente, estaba hablando y hablando
y yo solo la miraba, luchando contra mi para no bajar la mirada, aquél correteo de la sangre
en mis venas me hacia sentir como hormigas recorriendo mi cuerpo, me sentía frío, me
tocaba una mano con la otra y estaba frío y mis manos estaban empapadas a mas no poder,
decía algo de su papá, también algo de la escuela e incluso algo de el clima y yo solo
asentía, lo único que recuerdo es que me dijo que a ella tampoco le gustaba bailar y poco
después, me dijo algo de que fuéramos a otro lado tal vez, porque se levantó y me hizo
ademán con la cabeza de que la siguiera, me levanté y fui tras ella, entonces todo lo vi
diferente, si la noche era una noche bonita yo la vi hermosa, perfecta, llena de luces de
hermosos colores... que sentimiento es ese, nunca he creído que los muchachos a esa edad
solo juegan, es el amor mas puro que uno puede sentir, sin pensar en algo mas que no sea
amor puro, sin pensar en si tendrá o no tendrá dinero, en si podremos llevar una relación, en
si me conviene o no, en si podré llevármela a la cama o no, solo eso, amor, calor en las
venas, nunca amé a alguien tanto como amaba a Marina Allegro, mas que amarla,
venerarla, la seguí esa noche y me llevó a la jardinera en la que había hablado con ella por
primera vez, se sentó y luego me senté yo un poco mas alejado a ella, otros dos muchachos
bien robustos se hubieran podido haber sentado entre nosotros, sentía mucha vergüenza,
pero parecía que Marina no sentía lo mismo, se veía tan despreocupada, solo platicando,
realmente le gustaba hablar y me dio la impresión de que nadie la escuchaba nunca, entre
frase y frase de repente nos quedamos ambos callados y me miró a los ojos con aquellos
ojos negros que despertaban la envidia de la noche
- ¿alguna vez has besado a una niña? – me preguntó jugueteando con su cabello y
rompiendo con tremendo estruendo el silencio que se había establecido en el momento, no
se si mi corazón dejó de latir o comenzó a latir tan fuertemente que lo confundí con el
sonido del silencio, pero fue solo un segundo, en el que me quedé ahí, mirándola juguetear
con su cabello, que bonita niña, hay pero que bonita estaba, tragué saliva, nunca había
besado a una niña, ni siquiera había pensado en hacerlo, cuando miraba a Marina Allegro
solo quería verla, adorarla, pero no había pensado en poder llegar y darle un beso, era como
mucho para mi y ahí estaba ella, preguntándome si yo había besado a una niña, como le
hice para reaccionar no se, pero cada vez que recuerdo ese momento se me eriza la piel y
me sonrió a mi mismo por haberlo hecho, me paré y me le acerqué, me puse en cuclillas y
toque sus labios con los míos, fue solo un segundo, cortito, dulce, pero hermoso,
prolongado por mis recuerdos, ni siquiera cerré los ojos, cuando la besé nuestros ojos se
quedaron mas cerca que nunca, me separé de ella y me le quedé viendo y ella se me quedó
viendo a mi también, suspiró y sonrió y entonces si, fue el verdadero silencio, ahí,
viéndonos, sin saber que decirnos el uno al otro, ni siquiera traté de interpretarlo, como lo
hacia con el batuto, como lo hacia con muchas personas, solo gocé el momento como
muchos momentos que no he gozado y sentí ganas de volver a besarla, pero no lo hice,
porque era demasiado bueno ya, pasamos fácil unos 2 minutos, nomás viéndonos, sin
siquiera hacer el intento de decir algo, me senté a su lado, mas cerca esta vez y me quedé
ahí otro rato disfrutando el momento hasta que fue Marina la que de nuevo rompió el
silencio
- como te decía – me dijo en susurro como si le costara trabajo hablar – cuando mi
mamá sacaba la ropa afuera y la colgaba en ganchos de madera, mi papá se enojaba y
le decía que los pantalones se le iba a arrugar mucho...
y ahí siguió mi Marina, contándome que su mamá, que su papá, que las nubes, que los
niños de la escuela y pareció que no había pasado nada aunque en nuestros corazones había
pasado mucho, espero que ella recuerde ese día como yo lo recuerdo, que bueno que así lo
fuera.
Fui a la secundaria al fin y al cabo y no volví a saber de Marina Allegro, de todos los
niños de la primaria Guillermo Prieto, Pizano, otros dos niños y yo fuimos a la secundaria,
Marina según supe se fue un día con su padre sin despedirse de nadie, perseguidos tal vez,
como me gustaría saber que fue de su vida, trabajé en unos abarrotes que estaban a unas
calles de mi casa por todo el verano y me gané los cien mil pesos que mas noblemente me
he ganado en la vida, compré una bicicleta roja usada, mi mamá la consiguió con una de
sus clientas, toda en perfectas condiciones excepto por el manubrio que estaba un poco
caído, la bicicleta era altísima, tan alta que no alcanzaba los pedales, por tanto tenia que
pedalear parado en la bicicleta y hasta tercero de secundaria alcancé el asiento
difícilmente. Fueron buenos años los de la secundaria, me iba pedaleando fuertemente en
mi bicicleta todas las mañana y era de los primeros en llegar y de los últimos en irme, le
agarré mucho amor al estudio y aprendí a tomar como parte de mi vida los libros, desde
entonces siempre estaba leyendo un libro, hasta ahora y no me dio chance de terminar el
éste último, “azteca” de Gary Jennings, mi madre siempre me apoyó, realmente se
preocupaba por mi cuando me iba sobre todo en el invierno que hacia mucho frío en las
mañanas y que estaba todo oscuro, pero se esforzaba por que yo no lo notara y me seguía
con su mirada afligida hasta que me perdía en mi bicicleta por las calles, Billy continuó
con sus estudios en primaria, nunca fue muy buen estudiante, tal vez era porque nunca
logró congeniar con los muchachos de su edad, le gustaba mucho pasar tiempo conmigo,
cuando estaba haciendo tareas se sentaba a mi lado y me miraba hasta que terminaba,
entonces sonreía y me decía “hermano vamos a jugar” sacaba su baraja vieja y jugábamos
al burro empanzado los dos solos toda la tarde, cada vez que perdías, debías de tomarte un
caballito lleno de agua, yo siempre perdía, el canijo siempre fue bueno para el juego, desde
niño, no solo jugaba baraja, le gustaba jugar ajedrez, damas chinas, damas inglesas,
parkase y todos esos juegos que nunca me acabaron de entretener, mi madre nunca le
reprochó a Billy el que no fuera bueno en la escuela como yo, antes, la escuela era casi
como un lugar en donde nos cuidaban a los niños para que nuestros padres pudieran
ganarse el pan de cada día, si uno quería salir adelante, trabajaba desde corta edad, el
estudio era para los que nacían ricos, como decía mi tía Magda, pero yo nunca escuché y
puse todo mi empeño y no me quejo, pasé años maravillosos en la universidad.
Mamá nunca conoció mi secundaria, era una escuela pequeña pero nos daban buena
educación y un bonito ambiente académico, en segundo tuve mi primera novia y la
segunda y la tercera y otras dos en tercero, pero ninguna tan bonita como Marina Allegro y
por mas besos que di y recibí ninguno fue tan hermoso como el de Marina Allegro, aunque
conocí a muchos nuevos camaradas en la secundaria, mi único verdadero amigo era el
Pizano, en la secundaria nos hicimos aún mas amigos, desde que un día, un muchacho de
esos que crecen mas que todos los demás lo quería golpear y le salió al encuentro a la
salida de la secundaria junto con otros dos muchachos, mi compadre fue violento desde
jovencito, siempre buscando pleitos, ese día, todos hicieron bola alrededor de los 3 otros
muchachos y de el Pizano que estaba sólo, el muchacho lo agarró por los brazos y lo
tumbó a la tierra, los otros dos comenzaron a golpearlo, impulsado por no se que cosa salí
corriendo y me abalancé al mas alto de todos, le tiré un golpe a la cara que lo dejó casi
inconsciente, le rompí dos dientes y lo hice llorar, no me acuerdo como se llamaba, pero
tenía un apodo como “el macaco” o algún apodo de ese tipo, fui el salvador del día, el
Pizano quedó bien lastimado pero con todo y eso cuando golpeé al muchacho se levantó de
un salto y empezó a reírse, los otros dos muchachos levantaron al otro que lloraba y
salieron corriendo, el director no tuvo que enterarse, pero en ese momento yo me hice un
héroe y el mejor amigo del Pizano, hemos estados mas juntos que nunca desde ese día. Me
gradué con los mas grandes honores, fui el mejor de la clase, la graduación fue sencilla, en
la casa del director de la escuela, pues tenía una casa muy grande, la pasé muy bien, mas
que nada porque sabía que no era un adiós, había estudiado la secundaria, pero tenia
pensado seguir con el bachillerato, aunque donde yo vivía, no había escuela de
bachillerato, no sabia como le iba a hacer pero le iba a seguir, no hubo una Marina Allegro
en esa graduación, pero si un buen beso con Rosita algo, no recuerdo su apellido pero
estaba muy guapa y ese si fue un beso de verdad aunque nunca tan bueno como en la
primera graduación, con el tiempo, uno va aprendiendo que las mejores experiencias de la
vida no son las experiencias en si, sino las personas con las que uno las experimenta.
Eran como las nueve o diez de la noche y yo llegué a la casa en mi bicicleta, mi
madre me recibió con un cálido abrazo, Billy no estaba en ese momento, había ido a un
mandado o quien sabe en donde andaba, el caso es que sólo mi madre y yo estábamos ahí,
me tomó del rostro y me miró a los ojos
– mi Peji estoy tan orgullosa de ti – me dijo con los ojos llorosos, nunca he sido un
hombre muy de lágrimas, puedo contar con los dedos de la mano las veces que he
llorado de verdad, pero en esa ocasión lloré junto con mi madre y la abracé
fuertemente, me sentía raro, bien, pero mal, estaba feliz pero triste, mas que nada,
confundido y esperanzado, la tomé de las manos y respiré profundo – máma – le
susurré con dificultad – le quiero seguir, quiero seguir estudiando -.
Yo ya le había dicho que no iba a estudiar, aunque ella nunca me pidió que se lo dijera
realmente, cuando volvía a la casa de la escuela y la miraba preocupada en las sillitas del
pórtico o viendo el reloj sentada en su máquina de coser me salía decirle “no te preocupes
máma, que ya terminando la secundaria me pongo a trabajar en un lugar aquí cerca” ella me
sonreía y asentía con la cabeza, yo creo que muy en el fondo sabia que no era lo que yo
deseaba y peor aun, siempre supo que no me iba a dar por vencido, me conocía muy bien
esa mujer, mas que ninguna otra me ha conocido, esa noche, cuando le di la noticia, ocurrió
lo menos esperado, me miró con una sonrisa llena de tristeza, pero contenta, me soltó las
manos y se levantó, se agachó con dificultades al lado de la máquina de coser y sacó una
cajita envuelta en papel periódico y un listón azul cielo de entre los sobrantes de las telas,
se sentó a mi lado y me la puso en el regazo dulcemente – tenga mijo – me susurró
peinando mi cabello hacia atrás – es poquito, pero lo he estado guardando desde que entró a
la secundaria, quiero que vaya y busque la mejor escuela que encuentre en donde sea que
esté, yo me las puedo arreglar sola y voy a hacer todo lo que pueda para que no le falte
nada a usted - , la miré un momento y no se porqué en lugar de sentirme feliz me sentí
inmensamente vacío, sentí ganas de ponerle la cajita en las manos y decirle que mejor me
quedaba, que me ponía a trabajar, que olvidara lo que le había dicho, que necesitaba mas
ella ese dinero que yo para ella y para Billy, ¡pero no lo hice!, no hice eso ni nada parecido,
tomé la cajita y la abrí bruscamente, había bastante dinero, mas del que yo había visto junto
en ese entonces, ahora entendía porque la había estado viendo desde hacia tanto con la
misma blusa, con el mismo delantal, con las mismas colchas rotas de su cama, había estado
ahorrando para juntar dinero para mi educación y de la nada, lo comprendí todo cuando vi
todos esos billetes. Mi madre no habrá tenido cultura, educación, enorme talento, pero era
sabia, tenia la sabiduría de una madre y si había hecho tantos sacrificios para juntar ese
dinero era porque sabia que yo no la iba a defraudar y no pensaba hacerlo, me había
convencido, no me iba a quedar ahí, como todos los demás muchachos que ya trabajaban en
la ciudad para ese entonces, yo iba a ser grande, a la mejor médico, a la mejor un gran
político e iba a sacar adelante a mi madre y a Billy, iba a sustituir al padre que nunca
tuvimos y ahí si, me sentí dichoso, porque sabía, que estaba haciendo lo correcto, la abracé
y aunque pensé un montón de cosas lo único que pudo salir de mi boca fue un “gracias”.
Estudié el bachillerato en ciudad Valencia, una pequeña ciudad cerca de Guanajuato,
lo hice gracias al Pizano, él fue el único que pensaba como yo, aunque nunca lo dijo,
cuando yo le decía que pensaba hacer en un futuro, de que pensaba vivir, él me decía con
una ridícula sonrisa “yo nomás dejo que me lleve la corriente”, se las dio de el muy rebelde
siempre, pero fue un joven muy centrado, le echaba ganas también el Pizano, su abuela
vivía en ciudad Valencia y cuando yo estaba buscando una escuela que no quedara muy
lejos de mi casa y que pudiera pagar, me dijo de la nada “mi nána vive en una ciudad yendo
para el sur en donde dice ella hay una buena escuela y como vive sola quiere que me vaya
con ella, ¿te arrancas?”, como lo he querido siempre a ese viejo risueño, siempre de buenas,
siempre buscando una broma “me arranco” le respondí con una gran sonrisa, me arranqué y
nunca podré arrepentirme de lo que hice, siento que al que mas dejé dolido fue a Billy, no
quería que me fuera y leía en las cartas de mi mamá que me extrañaba mucho, al principio
recibía cartas cuando menos 2 o 3 veces al mes, doña Meche no tenía teléfono así que no
podíamos comunicarnos con mucha frecuencia, el segundo año de bachillerato recibí unas
dos cartas nomás, nunca leí nada malo en las cartas, siempre era el mismo cuento y era lo
que más me preocupaba “Hola Peji, espero que estés bien, Billy y yo estamos mas que bien,
estudia mucho...” la vida no es tan buena, es canija y no es cierto que puedas vivir tan bien
por tanto tiempo, así que siempre supe que algo estaba pasando, estuve a gusto, pero
viviendo con esa espinita cuando estaba en ciudad Valencia, lo peor del caso es que no pude
volver a mi casa hasta que terminé la escuela, en vacaciones trabajaba 8 horas al día para
ayudarle a pagar a doña Meche la despensa, la luz, el agua, el gas, el Pizano, aunque era su
único nieto, también trabajaba junto conmigo en la tienda de abarrotes, cargando,
amarrando cartones y llevando mercancía, entre toda la carga y descarga de cartones el
Pizano y yo crecimos mas que nunca, cuando tenía 16 años medía cerca de un metro
ochenta, el Pizano siempre fue mas robusto y bajito, le mandaba fotos a mi mamá en las
cartas que le escribía pero en el tercer y último año no recibí respuesta alguna. Pasé muy
buenos años en ciudad Valencia, doña Meche murió poco después de que nos fuimos el
Pizano y yo a la universidad, la lloré mas que cualquier persona la hubiera llorado, incluso
su propia familia, aunque siempre me sentí como parte de su familia cuando viví con ella,
me gradué de nuevo con los mejores honores, la graduación no la recuerdo muy bien,
aunque me la pasé bastante bien, me embriagué con un grupo de amigos y lo único que
supe días después es que había pasado bailando y riendo, aunque sólo tengo un vago
recuerdo borroso, no recuerdo que sea malo, además, fue la primera vez que supe lo que era
una cruda. En cuanto terminó el año, poco después llegó el momento tan esperado, volver a
casa, con mi madre y mi hermano Billy, cuando volví a la casa tenía alrededor de 17 o 18
años, el Pizano decidió quedarse con su nána porque no quería dejarla sola, de todo el
dinero que gané cuando trabajé, casi todo se lo dejé a doña Meche, pero una parte la tenía
bien guardada para el pasaje de ida a casa, no llamé a mi mamá ni nada, quería llegar así
nomás, de sorpresa, fue un viaje largo, como 8 o 9 horas en camión, pero traje en mi mente
todo el camino que vería a mi familia, al llegar a casa la encontré vacía, todo igual, como
cuando me había ido, fui a saludar a las vecinas y me quedé platicando con amigos de la
infancia en lo que esperaba a que mi madre llegara, eso me pasaba por no haber avisado,
una de las vecinas me dijo que había salido al centro de la ciudad a comprar telas, cuando
pregunté por Billy por primera vez, sólo escuché un gruñido por respuesta, uno de los
muchachos cuyo nombre no recuerdo me dio noticias que me bajaron los ánimos, me dijo
que se decía que Billy andaba en malas mañas, que era raro, que nunca estaba en casa con
mi madre, pero que tampoco nunca estaba trabajando o por las cercanías, no creí nada de
eso, nadie comprendía a mi hermano mas que yo, era un chiquillo solitario, pero de raro, no
tenía nada. Esperé sentado un rato afuera de la casa hasta tarde cuando mi mamá llegó, la
vi mas delgada y mas pálida, traía el cabello mas corto y seguía vistiendo los mismos
harapos de siempre, soltó las bolsas que traía en las manos y se abalanzó a mi riendo y
llorando de alegría, la abracé tan fuerte como pude, fue cuando me di cuenta de cuánto
había crecido, mi madre me llegaba al hombro y ella si que era una mujer alta, me abrazó
toda la noche después de cada pregunta que me hacía, me miraba y volvía a abrazarme,
platicamos bastante esa noche, aunque evitó todo el tiempo cuando le preguntaba por su
ausencia de cartas, de lo que no hablamos para nada, fue de Billy, esa noche, Billy no
volvió a dormir.
Cuando vi a Billy al siguiente día de llegar me quedé impresionado, estaba mas
blanco que nunca y su cabello parecía todavía mas rubio, estaba fornido y estaba de la
estatura de mi madre, aunque podía pasar por mas edad, cuando me miró me abrazó como
mi madre y me llevó en el transcurso de ese día a pescar a la presa, platicamos bastante,
Billy había cambiado demasiado y lo peor es que yo no había estado ahí para verlo hacerlo,
era muy maduro, mas platicador que antes, le pregunté por que no estaba trabajando, que
estaba haciendo, que pensaba hacer, pero me respondía con grandes evasivas, me hizo
entender que tenía visión, que tenía una gran empresa en mente, pero, “que en esas
andaba”, que no quería dejar a mi madre sola y me dijo que esa noche que llegué no había
estado porque había ido con un amigo a ayudarle a mudarse a una ciudad cerca de por ahí,
o algo así me dijo, el caso es que, al fin y al cabo, sólo acabé viéndolo mas crecido.
Estuve muy poco tiempo en casa, recibí en el correo una solicitud de beca que había
mandado a pedir de una universidad en la capital y poco después recibí los papeles para la
beca, así de la nada, al parecer, les había gustado bastante mi ensayo. Me despedí de mamá
difícilmente, la veía débil, cansada, lo peor era que no podía hacer nada mas que tener
paciencia, si llegaba a trabajar en la capital iba a ser para pagarme algunos costos de vida,
todavía no podía ayudarla a ella, sentí un poco de resentimiento hacia Billy, ya estaba
grande, tenía casi 16 años y no estaba ayudando en nada, lo peor era, que no podía
reprocharle nada pues yo tampoco estaba haciendo algo al respecto, lo abracé fuertemente
en la central de camiones ese día y lo único que pude decirle fue “Te quiero, cuídate”.
como lo quise, siempre estuve ahí para apoyarlo, que mala suerte que nos hayamos
ido por caminos tan diferentes, a la mejor si no me hubiera dado tanto por el estudio me
hubiera quedado y todo hubiera sido diferente, siempre le hice falta aunque él nunca me lo
dijo, al fin y todo lo que pasó, creo que Billy nunca ha podido ni podrá estar sólo, pensar
sólo, a veces pienso que cuando caminábamos de niños a la escuela y me apretaba la mano,
me la apretaba demasiado fuerte.
Estudié contaduría pública, siempre se me dieron las matemáticas y me fui por eso,
me fue bastante bien en la carrera, mantenía contacto con el Pizano por medio de cartas, él
decidió quedarse en Guanajuato cerca de su tía, él le vio para otras áreas, se hizo abogado.
Conocí a mi mujer en la carrera, ella tenía 21 y yo 23, la conocí por mi cuñado Beto, él
estuvo en la carrera junto conmigo, una vez me invitó a comer a su casa y ahí conocí a
Rebeca, no fue amor a primera vista, de hecho ni siquiera cruzamos palabras además de un
“mucho gusto” cuando nos presentaron, pero la volví a ver en la cafetería un día y entonces
me senté a su lado y nos pusimos a platicar bastante rato, tenemos muchas en común, la
invité a cenar ese día y esa misma noche acabamos juntos en mi departamento, la volví a
ver el día siguiente y el siguiente, aunque nunca creí realmente que me formalizaría con ella
hasta que me llegó con la sorpresa de que estaba embarazada y que quería casarse, a mi
propia sorpresa hasta ahora, sentí una tremenda alegría, cuando me lo dijo estábamos en el
auto cinema, apenas nos conocíamos de hacía unas semanas, no pensé en que iba a casarme
o que iba a ser la última mujer en mi vida, pero pensé en que iba a ser padre y me sentí
grande y pleno, me lo dijo con una tremenda confusión y tristeza en su rostro pero al
abrazarla y besarla, le pasé mi emoción según me dijo ella después y también me dijo que
fue en ese momento cuando verdaderamente se enamoró de mi, el amor a primera vista no
existe, me tomó muchos años agarrarle el amor a Rebecca que le tengo ahora, aunque
tuvimos nuestros pleitos, nuestras altas y bajas, todo salió bien y acabó siendo uno de los
mas preciados tesoros que tengo en mi vida, mi madre asistió a mi boda, nos casamos
cuando Rebecca tenía ya 6 meses de embarazo, yo me quise esperar hasta acabar la carrera
y ella me esperó pacientemente, le mandé dinero a mi madre y se vino con Billy, no fui
capaz de darle a Rebecca la boda que ella siempre quiso ni sus padres pudieron tampoco,
pero tuvimos nuestra recompensa y el dinero llegó con el éxito y el éxito, con el tiempo.
Mamá lucía mas repuesta de cuando yo la había visto la última vez, Billy estaba
muy alto y era ahora mas abierto todavía, me extrañó ver a mi madre tan bien vestida y a
Billy también, sentí tremenda alegría cuando me dijo que ya estaba trabajando en una
taqueria con unos amigos de él y que le estaba yendo tan bien como para permitirse
mantenerse a él y a mi madre, mi madre seguía cosiendo pero sólo para entretenerse, ya no
había necesidad de hacerlo, también se habían mudado mas al centro de la ciudad, no se
como no me di cuenta en ese momento de que una carreta de tacos no deja tanto, siendo
contador, me da vergüenza no haberme dado cuenta de todo desde el principio.
Uno de los momentos más felices de mi vida llegó, el nacimiento De Viki, siempre
pensé que me desmayaría cuando tuviera un hijo, estar ahí, viendo las entrañas de mi mujer,
viéndola deshacerse del dolor, fue duro, fue realmente pesado, es pesado ver a alguien
sufrir de ese modo, pero a la vez fue la satisfacción mas grande del mundo haber visto
nacer a mi Viki, pesó un kilo y medio y medía 25.6 centímetros, era una niña preciosa, muy
blanca, se parece mucho a mi hermano Billy, pero de cabello negro como su papá y con las
facciones de Rebecca, en el instante en que la oí llorar supe que mi vida había cambiado
por completo, para ese entonces yo ya tenía una casita pequeña y trabajaba en un hotel mas
o menos bien establecido, nunca tuve necesidad de mandarle un centavo a mi madre, pues
ésta vivía casi mejor que yo con la taqueria de Billy. A Billy según le había ido tan bien con
los tacos que se había mudado a la capital, pasábamos cuando menos un día a la semana
juntos, nos gustaba mucho pescar y nos íbamos en su auto o en el mío a la presa mas
cercana a 2 horas y media de la capital, a veces nos acompañaba mi mujer, a veces los
amigos de Billy, a veces alguna novia de Billy, incluso una vez que vino el Pizano de visita
nos fuimos a pescar los tres juntos, pero cuando mejor la pasaba era cuando nos
quedábamos los dos solos y hablábamos horas y horas sin parar, de mi trabajo, de mi niña,
de mi mujer, del clima, de Dios, de sus montones de mujeres, pero nunca de su trabajo, no
solía hablar de su taqueria, un día llegué a decirle que no creía que tenía un negocio porque
no lo había visto, me prometió que en un mes iba a llevarme, en un mes, me llevó a una
pequeña taqueria a las afueras de la ciudad, se me hizo muy poco aclientada, pero pues era
la vida de mi hermano, ya no era un niño, ya era todo un hombre y no tenía que andar yo
con él todo el tiempo, podía cuidarse sólo. Después de que nació Victoria Azucena, empecé
a pasar menos tiempo con Billy o con mi madre para pasarlo con mi nueva familia, el
nacimiento de mi hija cambió mi vida, ella lo era todo para mi, Rebecca incluso llegó
acusarme de querer mas a mi hija que a ella y aunque le juré que las amaba a las dos, tenía
razón, siempre quise mas a Viki, es mi sol, tal vez fue porque nunca tuve un padre que me
cuidara y siempre lo deseé, no quería que mi hija jamás sintiera algo así como lo que Billy
y yo sentimos cuando niños, yo siempre quise para ella lo mejor, cuando cumplió un año
conseguí un mejor trabajo para una compañía del extranjero en donde me pagaban con
moneda extranjera, compré un mejor auto y nos mudamos a una casa en un mejor sector,
mas tranquilo, Rebecca comenzó a trabajar también, aunque había estudiado hasta la
primaria y había hecho la secundaria abierta, siempre buscó salir adelante, así que
consiguió empleo en mi misma compañía como secretaria de un colega, no trabajábamos en
el mismo edificio así que era para mi como si ella estuviera en casa, trabajaba sólo por las
mañanas para pasar el resto de la tarde con Viki y la dejaba encargada con su hermana por
las mañanas, es una buena madre Rebecca, mis niñas se morirían sin ella y eso me hace tan
feliz de veras. Una vez que estaba en la noche acostado leyendo un libro Viki se sentó en mi
estómago y se recostó sobre mi pecho, tenía 2 años lo recuerdo y ya hablaba de todo “papá
te quiero” me dijo tiernamente, le di un beso en el cabello y mi mujer se recostó a mi lado
acariciándola también – ¿quieres mucho a papá eh? – le dijo Rebecca alegremente - ¿a
quien quieres mas a tu papá o a tu mamá? –
- a mi papá – respondió mi niña dulcemente, Rebecca no le dio importancia y continuó
acariciándola, aunque siempre creí que le dio importancia y mas ahora que en ningún
otro momento se que lo reciente mucho.
Fue cuando Viki tenía 6 años y mi mujer se embarazó por segunda vez de mi hija Marina
cuando pasó lo que ya hacía mucho tiempo tenía que pasar, lo descubrí gracias a mi
compadre Daniel, el Pizano, fue en su tercera o cuarta visita a la capital, venía seguido a
visitar a Viki, a traerle obsequios, pues era su padrino de bautizo y su hija Raquel y Viki se
querían como hermanas, Raquel era un año menor que Viki. Al principio todo parecía obra
de las malas lenguas, me dijo seriamente que había oído del compadre de un compadre de
un cliente de él o algo así, que había un tal Billy Rosas que traficaba para el sur del país,
éste supuesto compadre andaba metido también en malos negocios y había hecho negocios
con mi hermano Billy, mi compadre nunca pudo hablar seriamente, lo creí un juego por
mas que trató de persuadirme y no le creí, incluso fue la primera vez que tuve un pleito con
él. Me di cuenta por mi mismo, por Billy mismo, mi compadre no era mentiroso conmigo,
nunca lo fue, era como un hermano, casi como Billy para mi; en un fin de semana poco
después invité a Billy a pescar a la presa, comenzamos a hablar de Vicky, del embarazo de
Rebecca, de mi trabajo, de todo y entré al tema al que siempre le huía, su trabajo y de
nuevo la misma respuesta “todo bien con los tacos”, no me contuve y le dije lo que había
escuchado, me miró fijamente a los ojos largo rato, sonrió y retiró la mirada cobarde - ¿es
cierto Billy? – le pregunté con un nudo en la garganta, Billy se tronó los nudillos y asintió
con una sonrisa como diciendo “me cachaste”, sentí un tremendo coraje, la nariz me
comenzó a picar y me rasqué bruscamente, no era tanto el coraje que sentía porque lo que
estaba haciendo fuera ilegal, sino porque no me lo había dicho, yo podría haber hablado
con él antes, pude haberle ayudado a conseguir un empleo en el que le fuera tan bien como
le iba con esos negocios o cuando menos eso iba a intentar, no dije nada, me quedé ahí,
callado, sosteniendo la caña de pescar que se sentía mas pesada de lo que siempre solía
estar, ahí fue, después de 27 años de haber estado a su lado empezó a soltar, a hablar, sin
ataduras, como si hablara consigo mismo, me dijo que comenzó entre los amigos del barrio
desde que tenía 15 o 16 años y le siguió así, de poco a poco, fue ganando “amistades”,
experiencia, conexiones y ahora todo iba bien, incluso me presumió que a su corta edad ya
era de los mejores del sur del país, no sabía que hacer, golpearlo, gritarle, llorar y
abrazarlo, decirle que estaba mal lo que estaba haciendo, que no nomás porque lo iban a
agarrar, sino porque estaba destruyendo vidas de otra gente, hijos de otras madres, padres
de otros hijos, no lo podía creer, habiendo vivido bajo el mismo techo, ¿acaso mi madre lo
sabía?, si, lo sabia, me enteré por ella poco después que lo sospechaba pero que lo supo
cuando Billy tenía unos 18 años, que no me quería decir nada porque temía por Billy, que
sabía como lo quería yo, que le rezaba a Dios todas las noches para que nada le pasara,
¿rezarle a Dios?, debió de haberle rezado a Dios para que Billy comprendiera como
estaban las cosas, que cayera en cuenta de en lo que estaba metido, pero que iba a entender
mi pobre máma, si para ella siempre era todo amor, todo dulzura, hay mi madre, tan
ingenua y tan lista, el gran secreto que calló por muchos años... Me paré, tiré la caña que
era de Billy a la presa y me fui en mi camioneta, como se iba a ir él, no sabía, que se las
arreglara, si me quedaba ahí un poco mas de tiempo lo iba a acabar tirando al agua, ni
siquiera tuve la fortaleza de hablar con él, no me detuvo, Billy no me detuvo, se quedó ahí,
de espaldas a la camioneta, pescando, tranquilamente.
Nació mi pequeña Marina, Marina es de tez trigueña como la mía, de pelo negro y
muy parecida a mi, bonita, tan bonita como una muñeca de porcelana, siempre he temido
mucho por mi Marina, está tan preciosa, que me da miedo que un día me la vayan a robar,
pero confío en mi mujer que me la va a cuidar como su alma, porque ella también la ama,
nunca tuvimos problemas con Vicky, comprendió siempre muy bien que amábamos a las
dos por igual, aunque la verdad, es que siempre he sentido mas afección por mi Victoria,
esto sólo yo lo he pensado, pues nunca lo diría, Marina es tan como yo, que llegamos a
chocar a veces, con Vicky, es como estar con mi madre, tiene el carisma de mi madre,
Marina es algo como más lista, mas fuerte, mi vida, son mi vida las dos con Rebecca. Poco
después que nació Marina mi madre cayó enferma del bocio, no quería que tuviera nada ya
que ver con Billy, no quería que por culpa de él se fuera a meter en problemas así que me
la traje a vivir a la casa, mi esposa amaba a mi madre tanto como yo, para mis hijas fue
mas que una abuela, fue una amiga y resintieron su muerte como una puñalada al corazón,
murió a los 2 años de contraer la enfermedad, el día de su entierro, fue cuando vi a Billy
después de ese día en la presa, después de ese día se había ido para Quintana Roo creo, o
algo así había oído, no había querido saber de él, lo peor de todo, era que cuando oía de él
no era por medio de él o por medio de un familiar, sino por medio de mi compadre, quien
tenía múltiples clientes que tenían conexión con el narcotráfico, “Billy el blanco” lo
llamaban y al parecer ganaba tremenda fortuna con el desquicio de vidas ajenas, que vida,
que negocio, nunca podré comprenderlo. El día del entierro llegó con otro hombre alto
vestido todo de negro, Billy se miraba mas pálido de lo acostumbrado, vestía mejor que
como yo lo hubiera visto en toda mi vida, la ropa mas fina, los zapatos mas finos, eso si, de
lo que me di cuenta es de que no cargaba nada de joyas, sabía bien el desquiciado como
pasar desapercibido, lloró mucho, como nunca lo había visto yo llorar, a gimoteos, como
un niño pequeño, siempre fue muy cercano a mi madre, en un modo diferente al que yo
era, era mi hermano después de todo y lo amaba, me acerqué hacia él con los ojos
empapados y lo abracé con fuerza, lloró en mi hombro como por 10 minutos sin soltarse y
lo único que escuché de su boca fue “hermano, ya me dejó, no me dejes tu también”, sentí
un vuelco en el corazón cuando oí eso y lo único que pude hacer fue abrazarlo con mas
fuerzas hasta que Rebecca me sujetó del brazo y me apartó de Billy diciendo “Ulises, las
niñas están malas, vámonos”, me aparté de Billy sin mirarlo a los ojos, no podía, mi esposa
sabía en las cosas en las que andaba metido y no le había gustado lo que había escuchado,
temía por el bienestar de nuestra familia, de las niñas mas que nada, mis muñequitas
estaban llorando desconsoladas, me hinqué y abracé a las dos con ternura, mi madre era
todo un ángel, me había enseñado tantas cosas al igual que a mis niñas, lo que nunca me
enseñó, fue a como hacerle cuando ya no estuviera conmigo.
Era una tarde asoleada, estaba yo sentado en la mesa con Vicky y con Rebecca
cuando llegó la vecina a traernos a Marina de la escuela, mi esposa salió a platicar con ella
y Marina me abrazó, me dio un beso en la mejilla y me mostró un papel, pensé que era
algo que había hecho en la escuela, lo abrí y la sangre en mis venas dejó de circular por un
momento “Le va a pesar si no trae a Billy a la capital en el transcurso de la semana, le va a
pesar con lo que mas le duela”, Marina me miró con curiosidad - tu amigo me dijo que no
lo leyera – me susurró inclinándose para leer el papel - ¿qué dice papi?- . Victoria me miró
a los ojos y se acercó también, me levanté de la mesa tembloroso y corrí hacia Rebecca, le
mostré el papel, entramos a mi habitación y lloró ahí un rato repitiendo “te lo dije, te lo
dije”, desgraciadamente así era, lo peor era que no podía llamar a la policía, mi compadre
me dijo que ésta gente era peligrosa y que tenía a toda la justicia en la palma de la mano,
tomé su consejo, me hizo ver las cosas
- ¿a quien quieres mas Ulises? –
- ¿a quien quiero mas de qué? –
- tus hijas Ulises, quien te importa más, ¿la Rebecca y tus hijas o tu hermano?
- Carajo, es mi hermano, es como clavarle una espada por la espalda
- Y son tus hijas Ulises, tu sabes, aquí yo ya no puedo meterme, Dios Guarde y luego
también me caen a mi esa gente, sin rencores compadre, pero yo ya no puedo traer a
mis hijos a la capital con estas cosas que traes- .
Mi compadre tenía mucha razón, tenía que tomar una decisión y la tomé, mis hijas, mi
esposa, eran lo mas importante en mi vida, mi Marina, mi Vicky, en ese mismo momento
llamé a mi hermano, me saludó con un gusto enorme, le dije que viniera para acá unos
días, que en mi casa no había campo porque estaban mis hijas y los niños del Pizano, pero
que se quedara en un hotelito de por aquí, nomás se rió, sentí comezón en la nariz de
nuevo, “ya lo sabes Ulises” me dijo así como así, me dijo que sabía lo de éstos tipos, que
no les tenía miedo, que valían mierda, que él tenia su gente, que no se cuantas cosas mas,
que no venía... que no venía; entonces si ya no aguanté el coraje y le grité, le dije de lo que
se iba a morir, lo culpé incluso de la muerte de mi máma, eran mis hijas, la vida de las
personas que mas quería en la vida peligraba y todo por culpa de él, después de que le grité
y de que casi me suelto llorando se rió y me colgó, dejándome ahí, temblando, con las uñas
clavadas en las palmas de mis manos, con el corazón clavado por una daga.
Mis niñas lloraron mucho, no querían, Victoria tenía ya 15 años, tenía a sus amigos,
su escuela, todo, pero Rebecca estaba de acuerdo conmigo, me las llevé para la frontera, en
una casa que un cliente le había cedido al Pizano por haberle salvado el cuello, también lo
quiero mucho a mi compadre, siempre ahí, siempre estuvo ahí a mi lado, me establecí allá y
logré sacar papeles para mi y para toda mi familia fácilmente por mi trabajo, también me
transfirieron a las oficinas de Phoenix, Arizona, lo peor del mundo es vivir con el miedo de
poder perder lo que uno más quiere, no supe de Billy, no quise llamarlo para decirle que me
iba, nomás me fui, fue ahí cuando comenzó el infierno, nos encontraron, no se como pero lo
hicieron, un día cualquiera, Marina se había ido a patinar con unas amigas de la escuela,
estaba recostado con mi mujer mirando televisión cuando recibí la llamada, era de los
padres de Ashley, la niña con la que mi hija había ido a patinar, la niña había vuelto
llorando, unos hombres se habían llevado a Marina.
Rebecca estaba incontrolable y Vicky llorando todo el tiempo, fueron las 2 semanas
mas largas de toda mi vida, recibíamos una llamada de Marina diario a las 10 de la noche,
lo que me hacía feliz era que ella se oía bien, sólo me decía que estaba bien, que le daban
de comer muy sabroso, que no me preocupara, que eran buenos con ella. Tuve que internar
en una clínica especial a Rebecca por esos días, se puso muy mala y era una mala influencia
para Victoria que estaba casi como ella, no podía llamar a la policía, pero el Pizano me
había mandado gente de confianza para que nos ayudaran a encontrar a Marina, mi última
esperanza era Billy, lo llamé después de mucho tiempo y le dije como estaban las cosas, le
hablé llorando, le rogué, le pedí de favor que hiciera lo que tuviera que hacer para que
dejaran libre a mi niña, hablé por mucho tiempo por el auricular, al final, sólo escuché que
colgaban el teléfono lentamente. Al siguiente día recibí a Billy en mi casa, estaba gordo,
casi obeso, deformado, su cara pálida hacia resaltar mas que nunca sus ojos verdes, se veía
acabado, cansado, como cuando vi a mi madre después de haberme ido a estudiar con el
Pizano, hablé con él largo rato, contuviéndome para no golpearlo, era la última esperanza
de recuperar a mi Marina, tenía que ser dócil con él, me escuchó muy callado, se había
vuelto callado, como cuando era niño, la diferencia era que su mirada ya no era ni pura ni
noble, sino llena de un estoicismo casi patético que me destruía el alma “mañana” me dijo
entonces “mañana te vienes al hotel fulano a las 9”, sacó de su saco una pistola y la dejó en
la mesita de estar, sentí un miedo profundo, yo no era de esas cosas... pero era la última
opción que tenía, la tomé y me la guardé en el pantalón, era por Marina.
No le dije nada de esto a mi compadre, Billy me dijo que iba a empeorar las cosas,
para éste entonces mi esposa ya estaba un poco mejor, estaba siendo bien atendida y ya se
encontraba en casa con una enfermera que la cuidaba, a Vicky la había mandado a la casa
de mi compadre, era mejor así, me armé de valor, esa noche no dormí y ese día no estuve
yo para el mundo, sólo me senté a ver por la ventana, con un rosario en la mano, rezando,
nunca fui muy creyente, pero era capaz de rezarle a todos los Dioses de la gente haber cual
me escuchaba con tal de recuperar a mi hija, se llegó la noche y me fui para el hotel, Billy
ya me esperaba en el lobby con dos hombres de mala cara, nos subimos a un auto viejo
polarizado y salimos a las afueras de la ciudad, sentía mucho miedo pero mas que nada,
mucho odio
- por que Billy – le pregunté mientras me rascaba la nariz – que traes con estos putos,
porqué te siguen
- “business”(negocios) – me respondió descaradamente con una sonrisa – así son los
“business”(negocios)- .

Mejor no le quise preguntar nada más en el camino, no fuera a ser que acabara
descargando todas las balas de su pistola en él mismo, hay pero que coraje sentí, tanto sentí
que deseé éste momento por primera y última vez en mi vida. Llegamos a una casa común
y corriente, en un barrio mas o menos desolado, a una seña de Billy salieron los dos
hombres del auto y yo también, me temblaba la mano, ¿acaso Marina estaba aquí?, era un
horrible lugar para una niña, sentí miedo, un miedo mezclado con rabia, uno de los
hombres abrió la puerta con una llave maestra y entraron delante de nosotros, metí la mano
en mi chamarra y coloqué el dedo en el gatillo, temblaba, Billy me miró y soltó un suspiro
en forma de burla, me quedé muy quieto, tragándome el amargo sabor del coraje, había
unos sillones llenos de polvo cubiertos con sabanas, Billy me indicó que me sentara con
una seña, ahora era él el que daba las órdenes, mientras tuviera que ver en la vida de una de
mis hijas, era mi dueño, me senté y me comencé a tronar los nudillos, Billy mandó a los
otros dos hombres escaleras arriba, obedecieron al instante y subieron por una escalera que
crujía, lo vi a los ojos, ya no podía mas contener la rabia
- ¿aquí está mi hija? – le pregunté entre bocanadas de aire, me negó con la cabeza
- sino está en tu casa está en camino – me respondió débilmente encendiendo un
cigarrillo en su boca, no supe que pensar, ¿acaso tenía todo arreglado?, ¿qué estaba
haciendo yo ahí entonces?, ¿era una especie de trueque?, no entendía los malditos
negocios de Billy ni lo voy a hacer nunca, aunque en éste momento diera todo por
verlo tras las rejas, muerto no, porque muy por dentro es mi hermano, me quedé muy
quieto, mirándolo a los ojos, mis mismos ojos, supe que decía la verdad, no era la
mirada con la que me veía cuando me hablaba de sus taquerias, era con la que me veía
cuando me decía que me quería. Un hombre abrió la puerta de un cuarto tras Billy y le
dijo con una seña que pasara, Billy entró, entonces yo sentí ganas de salirme corriendo,
de cuando menos llamar a mi casa haber si mi niña estaba ya a salvo, lo pensé un rato y
cuando me paré lentamente comencé a escuchar y a ver todo como en una tremenda
pesadilla de la que uno no puede despertar, oí un estruendo escaleras arriba como un
disparo, seguido de otros más, 3 o 4, el estruendo me hizo estremecer y me tiré en el
piso soltando un grito, después oí muchos ruidos afuera, como de carros frenando, me
levanté oyendo el palpitar de mi corazón mas fuerte que los carros y corrí escaleras
arriba, no tuve tiempo de pensar porque lo hacía, tal vez no fue la mejor opción pero
fue la única que me llegó a la mente en ese momento, todo lo veo entonces nubloso,
sólo veo fragmentos, como fotos, sin poder unirlas una con la otra, sin poder
explicarlas, todo pasó como de repente, sangre, el hombre que nos acompañaba tirado
en el suelo, portazos, me encerré en un baño polvoriento y al oír mas disparos el shock
me hizo salir corriendo escaleras abajo, sólo quería despertar, fue entonces cuando las
fotos se hacen de nuevo un videos que no para, Billy estaba en una esquina rabiando
golpeando al hombre que le había abierto la puerta en el suelo, todo pasó tan rápido, un
hombre salió tras él y lo apuntó con una pistola, Billy me miró desde donde estaba,
tenía la cara toda llena de moretes y sangre “¡mátalo!” me gritó con desesperación. Un
disparo.
Yo, Ulises Rosas García, maté a un oficial de policía del estado de California, padre
de familia, hijo, alto rango, muchos honores, estoy aquí, llorando, sofocado, sin
poder respirar fácilmente, sentado en una silla eléctrica, me van a matar, ya muy
pronto, por un lado estoy feliz, ahí está Marinita y también puedo ver a Vicky y a mi
mujer, mi chachita, mi esmeralda y mi lucero, Vicky no está llorando, sólo me mira,
mira, le sonrío, como la quiero, todo va a estar bien, para las dos, mi chachita es una
buena madre, casi tanto como mi máma que ya voy a ver muy pronto, Billy no está
y ya no lo vi, sufrí un shock cuando le disparé al oficial y caí desmayado, Billy
huyó, yo no lo quise matar, yo no quise matar a nadie, yo no fui, yo no hice nada,
quiero ver a mi chachita viejita, como vi a mi madre, quiero morirme a su lado,
quiero ver que Vicky se gradúe de la preparatoria, mi gorda, es tan inteligente como
su viejo, Marina, la mujer mas preciosa que haya visto, se me va a casar bien
jovencita, está muy bonita, también me falta el Pizano cien sombreros, mi
compadre, mi hermano, el hermano que nunca tuve, como quisiera poder decir
tanto, hacer tanto, darle un último beso a mi chachita, despertar con ella en la cama
un día mas, volver a recibir un beso de Marina después de llegar de la escuela,
volver a sentir a Vicky mirarme a los ojos con alegría, pero no, he destruido sus
vidas, pero no me siento mal, porque se que van a estar bien, yo voy a estar ahí
siempre, cuidándolas, hay tanta gente que me quiere ver muerto, querían incluso
grabar mi muerte, el Pizano luchó por defenderme en el tribunal, dijimos toda la
verdad, pero no nos creyeron, somos latinos y cometimos un grabe crimen en un
país de mierda en donde tu rango lo marca el color de tu piel, incluso dicen que yo
era narcotraficante junto con Billy, ese hijo de puta, a ese hijo de puta también lo
quiero ver, golpearlo, hacerlo sangrar, escupirle a la cara y luego abrazarlo, decirle
que lo amo, que siempre podrá tomar mi mano tan fuerte como quiera tomarla y que
cada vez que esté en problemas ahí va a estar su hermano Ulises para defenderlo,
quiero ver a mi máma pronto, abrazarla y oírla decirme “Peji, barriga llena corazón
contento”, el Dios que sea, el que viva mas cerca, el que pueda escucharme, que
sepa que yo no hice nada, que fui bueno, que si hay otra vida, quiero que esté mi
máma en ella, que sea un buen lugar en donde pueda sentarme a esperar a mis hijas,
a mi chata, a mi compadre, a toda mi familia y amigos, el Pizano sufrió mucho,
cuando escuchamos el veredicto, soltó un tremendo grito y corrió a abrazarme
gritando en español después de haberme defendido en otro idioma “¡mi compadre!,
¡no se lo lleven!”, lo peor fue que no pude decirle nada, aquí estoy, he estado
sentado aquí ya por un minuto y vi pasar mi vida, una vida que pudo haber seguido,
pude haber hecho cosas, tenía ideas, muchas cosas puedo hacer todavía, pero ya no
se puede, ya no me van a dejar, de cuando acá el hombre se hizo Dios para decidir
quien vive y quien se muere, quisiera poder recordarlo todo por completo, volver a
vivirlo, volver a nacer, aquellos días en que yo era tan feliz, pero ya no se puede, me
vendaron los ojos, Dios mío, que se lleven a mis niñas, que no me vean morirme,
que las quiero mucho, que me quieren mucho ellas, que no me vean morirme ni mi
chata, que también me quiere tanto...

Videl
Julieta Osuna

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