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La SVD hoy Un nuevo paradigma de misión y las conversiones que requiere Charla Introductoria a los participantes del Curso de la Tercera Edad Marzo-Abril 2012, Roma (Nemi)

Antonio M. Pernia, SVD 5 de Marzo de 2012

1.1. Bienvenida.

1. Introducción

En primer lugar, en nombre del Consejo General, me gustaría darles una cálida bienvenida a todos ustedes que participan en este Curso para la “Tercera Edad” en Nemi. Quiero decir que se trata de una “doble bienvenida”, porque también quiero darles la bienvenida al “nuevo Nemi” o al “Nemi renovado”, que ahora llamamos “Centro Ad Gentes”. Hace unos meses escribí en el Arnoldus Nota sobre las razones para dar ese nombre a nuestro centro aquí de Nemi. Decía que hay cuatro razones:

(1) Para registrar un hecho histórico: Fue aquí en la Casa del Terciado SVD de Nemi donde se reunió la comisión que preparó el Decreto del Concilio Vaticano II sobre la “Actividad Misionera de la Iglesia”, Ad Gentes. Esto fue debido a que el finado Superior General SVD, el P. Johannes Schütte, era el presidente de la comisión;

(2) Para rendir un tributo indirecto y no oficial al Superior General, Johannes Schütte, por su papel en la redacción de “Ad Gentes” y en el establecimiento del “Terciado de Nemi”. En tiempos del Padre Schütte, en 1959, se compró la propiedad de Nemi y comenzó formalmente el programa de renovación del terciado. El primer curso del Terciado fue en inglés, de mayo a diciembre de 1962. La bendición de la casa se hizo el 21 de octubre de 1962 por parte del mismo Padre Schütte, con la presencia del cardenal Thomas Tien y otros 23 obispos SVD que se encontraban en Roma para participar en el Concilio Vaticano II. De hecho, el “Terciado de Nemi”, tanto en lo que se refiere a la estructura física como al programa de renovación, es considerado por muchos como el principal legado de la Administración del Generalato del Padre Johannes Schütte.

(3) Para reafirmar nuestra identidad como congregación misionera ad gentes en el espíritu del carisma que nos legó nuestro Fundador San Arnoldo Janssen, y

(4) Para renovar, en estos tiempos de incertidumbre, nuestro compromiso con la visión de la Iglesia y su misión del Concilio Vaticano II.

1.2. Charla Introductoria.

Los directores del curso me han pedido que hable, en esta conferencia introductiva, sobre el estado actual de nuestra congregación. Hay muchas cosas que pueden decirse sobre nuestra congregación hoy. En esta charla, sin embargo, yo preferiría centrarme en lo que pienso que

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es el desarrollo más importante en nuestra congregación hoy: El cambio del paradigma de misión que ha ocurrido en la congregación durante los últimos años

Este cambio de paradigma de misión es el resultado del esfuerzo de la congregación para

responder a la llamada del Vaticano II para un “aggiornamento”. Como sabemos, el Vaticano

II invitó a todas las congregaciones religiosas a renovar su vida y su misión a la luz del

Evangelio, del carisma de su fundador y de las diferentes condiciones de vida de nuestro tiempo (PC 2). Los capítulos generales SVD después del Vaticano II fueron, por lo tanto, “capítulos de renovación”. En 1982 el capítulo general aprobó la revisión de nuestras constituciones. Los capítulos generales siguientes intentaron renovar nuestro entendimiento de la misión como “éxodo” (1988), como “misión al servicio de la comunión” (1994), y como

“diálogo profético” (2000 y 2006).

Debería notarse que un cambio del paradigma de la misión causa un cambio no sólo en nuestro entendimiento de la misión, sino también en el modo en que hacemos nuestro trabajo de misión y en el modo en que vivimos nuestra vocación misionera. En otras palabras, un paradigma de misión nuevo implica no sólo una teología de la misión nueva, sino también una práctica de misión nueva y una espiritualidad misionera nueva.

En esta charla, por lo tanto, deseo hablar no tanto sobre este paradigma de misión nuevo en sí, sino sobre las conversiones que requiere en lo que se refiere a nuestro modo de hacer y vivir nuestra misión. Hay que subrayar, al comienzo, el hecho de que un CAMBIO siempre requiere un movimiento DESDE y un movimiento HACIA. Un cambio, en otras palabras, implica “una conversión”. Por eso, el cambio de paradigma de misión requiere ciertas conversiones.

2. El horizonte teológico: Missio Dei.

Quisiera empezar con el horizonte teológico que se sitúa detrás del “diálogo profético” que es hoy nuestro entendimiento de la misión. Este horizonte teológico es lo que el documento del Vaticano II, Ad Gentes, llama “el origen Trinitario de la misión”. Según Ad Gentes, el origen

o la fuente de la misión no es la iglesia sino el mismo Dios-Trinidad. Ad Gentes, hace

remontar el origen de la misión de la Iglesia al Padre que envía al Hijo y al Espíritu Santo para establecer el plan de salvación universal de Dios (AG 1-2, 9).

Esta idea del Vaticano II equivale a la noción de Missio Dei de la teología protestante, en la cual, la misión es entendida como proveniente de la misma naturaleza de Dios. La misión no

es primariamente una actividad de la Iglesia, sino un atributo de Dios. Como Dios-Trinidad,

Dios es un Dios misionero, y la misión es vista como un volcarse de Dios hacia el mundo. La Iglesia es vista como instrumento de esta misión. Así, hay Iglesia porque hay misión, y no al contrario. O dicho de otra manera, no es la Iglesia de Cristo la que tiene una misión, sino la Misión de Cristo la que tiene una Iglesia.

La teología detrás de todo esto es la visión de la Dios como Trinidad. El Dios Uno y Trino es comunión y comunicación, interacción y diálogo, entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y esta comunicación o diálogo interior se desborda, o mejor, abraza la creación y la historia. Misión es entonces, el diálogo permanente del Dios Trinitario con el mundo y con la

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humanidad un diálogo que invita y atrae a la humanidad a una comunión total con la Comunidad Divina. Entonces la misión existe no porque la Iglesia lo ha mandado, sino porque Dios es Uno y Trino. Nuestra vocación misionera, es una llamada a participar de este diálogo permanente. De esta forma, decimos que misión es primero y por sobretodo, de Dios. Nosotros, misioneros, o la Iglesia, estamos llamados sólo a participar y colaborar en esta misión que es de Dios.

Missio Dei es también una de las ideas fundamentales en la declaración del CG-2000 y constituye, por así decir, el horizonte teológico detrás del diálogo profético. Así dice el capítulo general:

[la] renovación [de la misión] siempre tendrá que

ser la convicción de que la misión es, antes que nada, obra de Dios (Redemptoris Missio, RM, 24), y que nuestra vocación misionera no es más que un llamado a participar en la misión de Dios Uno y Trino. Por voluntad del Padre y la acción del Espíritu Santo, el Verbo de Dios comunica vida al mundo y nos reúne así en comunión (34).

El punto de partida para

3. Cuatro conversiones fundamentales

Ahora esta noción de “Missio Dei” implica, según mi parecer, al menos cuatro conversiones fundamentales, en lo que se refiere al modo en que hacemos y vivimos nuestra misión. Para cada una de estas cuatro conversiones, intentaré indicar el desafío a la conversión y los recursos de la SVD para responder al desafío:

3.1. Del Activismo a la Contemplación.

El desafío:

Muchas veces somos muy “Pelagianos” en nuestra misión. Actuamos como si la misión dependiera más de nuestros esfuerzos que de la gracia de Dios. Y por ello, a menudo caemos en el peligro del “activismo” – lo que es, pensar que la mejor forma de hacer misión es ser eficientes en lo que hacemos. De esta forma trabajamos, y trabajamos y trabajamos, y ponemos nuestra atención casi exclusivamente en la eficiencia de lo que hacemos, y no tenemos tiempo de prestar atención a la calidad de nuestras vidas y la credibilidad de nuestro testimonio personal. Este es el peligro de comportarnos como si todo lo que importara en la misión es lo que hacemos y de esta forma, descuidamos la atención de quienes somos.

Ver la misión como “Missio Dei”, nos hace darnos cuenta que nuestra participación en la misión es fundamentalmente un encuentro con el misterio el misterio del Dios Trinitario quien llama a toda la humanidad a participar en su vida y gloria, el misterio del plan salvífico de Dios para el mundo, el misterio de la presencia y acción de Cristo y del Espíritu en el mundo. Así, el primer desafío en la misión es buscar, discernir y fortalecer la presencia de Cristo y la acción del Espíritu en el mundo. Pero será imposible discernir, si nosotros no nos aproximamos a la misión en contemplación. Porque contemplar es precisamente observar, escuchar, aprender, discernir, responder, colaborar.

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El misionero, entonces, evangeliza no principalmente al hacer cosas para la gente, sino siendo con ellos y capacitándolos a que hagan las cosas por sí mismos. El método misional del misionero estará marcado no por una actividad frenética, sino por una presencia contemplativa entre el pueblo de Dios. El misionero no se sentirá tentado a tratar de encontrar una explicación convincente para el misterio de Dios, sino más bien a tratar de conducir a la gente a este mismo misterio por medio de signos y símbolos en un diálogo respetuoso. El o ella dará prioridad a ser misioneros por sobre el hacer cosas misioneras.

Así, una expectativa de los misioneros que quieren hacer la misión bajo el paradigma de misión del diálogo profético es el desarrollo de un espíritu contemplativo en la misión. Tenemos que abandonar la idea de que la contemplación es lo opuesto a la misión. Necesitamos, más bien, promover la idea de que la contemplación es una dimensión constitutiva de la misión. De hecho, los expertos nos dicen que la contemplación implica no solamente “un momento ascendente” de oración, meditación, y adoración, sino también “un momento descendente” de mirar fijamente al mundo con los ojos de Dios. El momento ascendente de aprender a mirar a Dios conduce al momento descendente de aprender cómo mirar al mundo con los ojos de Dios. Pues sólo desde la perspectiva del mundo más grande de Dios vemos lo necesitado que está el mundo de redención, de liberación y de salvación. Sólo desde la perspectiva del mundo más grande de Dios veremos cuánto sufre el mundo, cuánta gente tiene hambre y cuántos niños mueren “antes de su tiempo”. Sólo desde esta perspectiva podremos ver lo mucho que el mundo necesita de la misión.

Cómo sería diferente nuestro mundo si aprendiéramos a ver el mundo con los ojos de Dios. Con la mirada de los ojos de Dios, los enemigos se harían amigos, los muros de separación se convertirían en puertas abiertas, los forasteros serían hermanos o hermanas, las fronteras se trasformarían en puentes, la diversidad no conduciría a las diferencias, sino a la unidad. De hecho, sólo si la gente aprende a ver el mundo con los ojos de Dios nuestra misión podrá realmente dar fruto.

Recursos SVD:

Creo que la espiritualidad de nuestro Fundador es un recurso rico para responder a este desafío. El P. Arnoldo no fue un “místico” en el sentido clásico del término, pero los que lo conocían bien testifican su “disposición mística” o “su estado mental orante”. Así, aunque el P. Arnoldo no fue dotado de manifestaciones extraordinarias místicas, como visiones, éxtasis y revelaciones, sin embargo daba la impresión de caminar en la presencia de Dios y constantemente conversaba con Dios. Los biógrafos del P. Arnoldo inevitablemente se refieren a su “comunión con Dios” y a su “amor por la oración” como las características prominentes de su personalidad. De aquí sacaba la energía y la fuerza para las muchas tareas que tenía que hacer.

Alguien ha observado que un estudio de las oraciones compuestas por el P. Arnoldo revelaría dos rasgos que se repiten: oraciones de intercesión y oraciones de adoración. Muchas de sus oraciones más cortas son de intercesión por naturaleza, por ejemplo: las invocaciones a los patrones de la Congregación o la oración del cuarto de hora. Pero muchas de sus oraciones devocionales más largas son de adoración por naturaleza, por ejemplo: la adoración de la majestad y de la gloria de Dios Trino o la veneración del Espíritu Santo en sus siete dones. De hecho, la adoración parece haber sido la forma favorita de oración del P. Arnoldo. Parecía estar convencido de que aquella adoración era la forma de oración que Dios merece, y como

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tiene que ser la verdadera relación con Dios. Orar es adorar a Dios. Relacionarse con Dios es relacionarse con él en adoración.

Esto es “el momento ascendente” de adoración o de mirar a Dios en el espíritu contemplativo del P. Arnoldo. Y esto conduce a su pasión por la misión, que es “el momento descendente” de mirar al mundo con los ojos de Dios.

“El Centro de Espiritualidad Arnoldo Janssen” (CEAJ) fue establecido en 1989 para promover la animación espiritual de los miembros de la Familia de Arnoldo en el contexto de la herencia espiritual del Fundador. Parte de su objetivo es precisamente fomentar este espíritu contemplativo en la misión.

3.2. Del Individualismo a la Colaboración.

El desafío:

Una segunda conversión es, del individualismo a la colaboración y trabajo de equipo. A menudo pensamos que somos los únicos llamados a la misión tanto en sentido individual como en el de la Congregación. Una descripción que hace tiempo caracteriza a un misionero SVD es de un “fuerte individualismo”. Esta descripción tiene que ver con la noción del misionero como “misionero de campo” que sin ayuda de nadie intenta crear una comunidad cristiana en medio de un ambiente hostil.

Suele decirse en broma que el SVD más feliz es un párroco en una isla en el Caribe. Este verbita, después de despertarse por la mañana, se habituó a salir de casa y ponerse en el camino que pasaba por delante, y que era el único camino de la isla. Miraba al Norte y no veía ningún SVD; miraba al Sur y no veía ningún SVD; miraba al Este, y no veía ningún SVD; miraba al Oeste, y no veía ningún SVD. Entonces se arrodillaba y le agradecía a Dios por ser el único SVD en la isla.

De hecho, con frecuencia, hacemos nuestro trabajo, y lo hacemos bien, pero es nuestro trabajo y de nadie más. La presencia de otro misionero es sólo una molestia o un estorbo a lo que hacemos. Esto lo podemos referir al individuo, por Ej: “No necesito ningún otro cohermano, ningún asistente, ningún compañero”. Pero también se puede referir a la Congregación, por Ej: “Hacemos nuestro trabajo por nosotros mismos. No necesitamos a otros misioneros. Que los otros encuentren su propio trabajo. Nosotros ya tenemos lo nuestro y no necesitamos de colaboradores”.

Otra forma de individualismo es la tendencia a asumir proyectos personales sin el respeto a los proyectos totales de la provincia, o a su declaración de misión, y sin la consulta con el provincial y su consejo. Cuando hay demasiados de estos proyectos personales en una provincia o región, sucede una cierta dispersión y carencia de cohesión. Entonces “el sentido de provincia” o el “sentimiento de ser una provincia” comienza a desaparecer. Y cuando el cohermano se retira o muere, a menudo estos proyectos se convierten en una carga para la Provincia debido a la carencia de personal y de recursos financieros para asegurar su continuación.

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Ver la misión como “Missio Dei”, nos hace darnos cuenta que nuestra vocación a la misión es realmente una llamada a participar de la Misión de Dios, lo que implica una llamada a colaborar con Dios primero que todo, y con todos los demás que han recibido el mismo llamado. “Missio Dei” implica que la misión es más grande de lo que cada individuo o cada congregación puede hacer. Es inclusive más grande de lo que todos nosotros juntos podemos hacer. Colaboración, por lo tanto, no es sólo una estrategia para la misión. Colaboramos, no sólo porque queremos ser más efectivos en la misión. Colaboración, en realidad, es una característica esencial de la misión. Colaboración es una afirmación acerca de la naturaleza de la misión. Al colaborar, estamos diciendo en realidad, que la misión es de Dios en primer lugar y que el primer agente misionero es el Espíritu de Dios.

Aquí es donde vemos nuevamente la necesidad de la Contemplación en la Misión. Si misión es colaborar con Dios, entonces requiere estar sintonizado con la voluntad de Dios, por medio de la Contemplación. Así, otra expectativa de los misioneros que quieren hacer la misión bajo el paradigma de la misión como diálogo profético es la promoción de una actitud de colaboración en la misión. El SVD tendrá que ser una persona que sabe cómo colaborar con los demás.

Recursos SVD:

La colaboración y la comunión son los valores que vienen con la internacionalidad de nuestra Congregación. Como sabemos, la internacionalidad es un elemento fundamental en el carisma misionero de la SVD. Esto se remonta a la visión misionera del Fundador que lo condujo a fundar la familia religioso- misionera de Steyl. El Prólogo a nuestras Constituciones declara que “somos una comunidad de hermanos de diferentes naciones y lenguas” y como tal “somos un símbolo vivo de la unidad y la diversidad de la Iglesia”. En la SVD, la internacionalidad es un ideal que debe ser buscado. Es un valor que debe ser deliberadamente promovido en nuestros programas de formación básica, en nuestros programas de formación permanente, en nuestra vida de comunidad, en nuestro trabajo misionero, y en la administración y el gobierno de nuestra Congregación. Junto a la internacionalidad queremos fomentar la colaboración y la comunión como valores en la Congregación.

Por ejemplo, la estructura zonal tiene que ver totalmente con la colaboración. Esto permite a los superiores provinciales y a otros oficiales de las provincias de la Zona consultar, coordinar y colaborar los unos con los otros. El CEAJ no sólo tiene que ver con la animación espiritual, tiene que ver también con la colaboración. O mejor dicho, tiene que ver con la animación espiritual hecha en colaboración. De hecho, la colaboración entre las tres congregaciones fundadas por San Arnoldo es un ideal que queremos promover. De hecho, esta colaboración ha crecido muchísimo en los últimos años.

Tenemos que ir más allá en nuestro esfuerzo de colaborar con otros compañeros en la misión fuera de la Familia de Arnoldo: con la Iglesia local, con los sacerdotes diocesanos, con otros religioso y misioneros, y sobre todo con el laicado. De hecho, hemos comenzado a colaborar con otras congregaciones religiosas. VIVAT Internacional ha aceptado diez congregaciones religiosas como miembros asociados. Así, VIVAT es ahora una organización no gubernamental religiosa compuesta por 12 congregaciones religiosas diferentes. Durante algunos años hemos estado colaborando con el Servicio Jesuita de Refugiados (SJR) trabajando con los refugiados y las personas desplazadas dentro del mismo país.

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De importancia especial es la colaboración con los laicos. Se dice que en el pasado, en el contexto de una Iglesia en gran parte jerárquica, la pregunta era sobre el papel y el lugar de los laicos en la Iglesia. En el futuro, la Iglesia será predominantemente laica, y la pregunta será sobre el papel del religioso en la Iglesia. De hecho, una prueba crucial de la vitalidad de un carisma religioso particular es si puede atraer a los laicos hoy. Hoy la colaboración con el laicado no es sólo un agradable slogan. Hoy puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte, la importancia o la irrelevancia, la continuación o la desaparición de una congregación religiosa.

3.3. De la Conquista al Diálogo.

El desafío:

Durante la era de la colonización, la misión se llevó a cabo en lo que se llama, con un método de “conquista”. En realidad en ese tiempo, los misioneros a menudo iban “a la cola de los colonizadores”. Este era un tiempo de unión entre la iglesia y el estado, cuando el trabajo misionero de la Iglesia fue realizado bajo el patrocinio de reyes y emperadores. Los frailes y los colonizadores andaban uno al lado del otro uno con la cruz y el otro con la espada en la mano, para evangelizar a los nativos, pero también para someterlos a una ley extranjera. Esta forma de hacer misión operó desde una teología medieval donde la Iglesia se creía a sí el único bastión de la verdad. A las otras religiones se las consideraba por lo menos, como un error, y en el peor de los casos como demoníacas. La Iglesia creyó que su obligación moral era conquistar, dominar y reemplazar esas religiones.

Al considerar la misión como “Missio Dei”, reconocemos que Dios ha estado en diálogo con su pueblo desde un comienzo. Otras religiones y tradiciones culturales, por lo tanto, contienen “semillas de la Palabra” (AG 11) o “rayos de la Verdad” (NA 2). No son totalmente malignas

o están totalmente en error. De esta forma, el Vaticano II introdujo el tema del diálogo.

Diálogo, por supuesto, presupone un cierto respeto y consideración para con el interlocutor en

el diálogo. Puesto que nadie se ocupa en un diálogo con otro al cuál considera como inútil o

inferior. De esta forma, documentos del Vaticano II declaran que la Iglesia no rechaza nada que sea verdadero y santo de las otras religiones, y exhortan a los católicos a entrar con

prudencia y caridad en discusiones y colaboración con miembros de otras religiones.

Esto implica, que hoy, el misionero esta llamado a evangelizar desde una posición de sencillez y humildad. El o ella no deberá buscar el poder, ni económico, ni cultural, ni

tecnológico o inclusive de los medios de comunicación. El único poder que el o ella necesita,

es el poder de la Palabra y del Espíritu. Y este poder, es el poder del amor, que se manifiesta

en una auto-donación. La última razón para el diálogo y humildad en la misión es que la misión es de Dios y no nuestra. Puesto de una forma diferente, el Reino de Dios es una realidad escatológica. E incluso, si nosotros somos llamados y enviados a trabajar por éste, no sabemos cómo, cuándo y de qué forma emergerá el Reino de Dios en el mundo.

Otra expectativa de los misioneros que quieren hacer la misión bajo el paradigma de la misión de diálogo profético es la promoción de un espíritu de diálogo en la misión. Un documento del 1984 del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso declara que el diálogo es “la norma y la manera necesaria de cada forma así como de cada aspecto de la misión cristiana”. En otras palabras, el diálogo es más que simplemente una opción que estamos en la libertad de hacer o no hacer. El diálogo es ahora un imperativo misionológico. Otros documentos de la

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Iglesia dicen la misma cosa. Por ejemplo, Juan Pablo II en la encíclica sobre la misión Redemptoris Missio dice en el Nº 57: “todos los fieles y todas las comunidades cristianas son llamadas a practicar el diálogo, aunque no siempre en el mismo grado o de la misma manera.”

Y Pablo VI, en su primera encíclica Eccesiam Suam, en el Nº 72, declara: “Dios mismo tomó

la iniciativa en el diálogo de salvación. ‘Él nos amó primero’. Por lo tanto debemos buscar el diálogo con las personas sin esperar a ser convocados a ello por otros” (72).

Recursos SVD:

En un cierto sentido, el diálogo no es completamente extraño a nuestra tradición SVD de hacer la misión. De hecho, después de que José Freinademetz fue a China y se hizo un chino entre los chinos, nuestro modo SVD de hacer la misión ha estado caracterizado por el diálogo es decir, en vez de imponer el Evangelio del exterior, procuramos permitir al Evangelio establecer un diálogo con la tradición religiosa y cultural y con la situación de vida de los habitantes del lugar. Esto es lo que ahora llamamos nuestra “Tradición Anthropos”, es decir, un modo de hacer la misión que aprecia las culturas de otros pueblos como condición previa y necesaria para la genuina evangelización. Esto es una herencia articulada por Wilhelm Schmidt, pero originaria del fundador, Arnoldo Janssen, y ejemplificada en la vida de José Freinademetz en China.

Dentro de la “Tradición Anthropos” está la convicción de la importancia para el trabajo de misión del estudio de las ciencias, tales como la etnología, la antropología y la lingüística. Esta convicción se remonta al Fundador mismo. Como sabemos, unos meses después de la apertura de la casa de misión en Steyl, Arnoldo y sus primeros compañeros se encontraron discrepando sobre los objetivos y el propósito de la comunidad recién nacida. Dos compañeros lo abandonaron en abril de 1876. Pero él fue capaz de ponerse de acuerdo con el tercer compañero en cuanto a las regulaciones para la casa, así como la inclusión de ciencias académicas en la educación de los futuros misioneros. Desde el principio, Arnoldo Janssen le dio gran valor al estudio de los pueblos y las culturas en la preparación de los misioneros.

Y así, el misionero intercultural tiene que encontrar el evangelio dos veces primero, en el

contexto de su cultura de origen, y segundo, en el contexto de la cultura de la gente a donde es

enviado. Esto es exactamente lo que José Freinademetz hizo. Él encontró el evangelio primero como europeo. Pero también tuvo que encontrar el evangelio por segunda vez como chino. Sólo entonces pudo mostrar a los chinos lo que significa aceptar a Jesús y su evangelio.

3.4. De sólo Evangelizar a ser Evangelizado.

El desafío:

En el pasado se pensó la misión como una actividad unidireccional. La evangelización era como una calle de dirección única, donde todo lo hacía el misionero para la gente. El misionero era el evangelizador y la gente, la evangelizada. El misionero era quién portaba la

buena nueva, la gente era quién recibía el Evangelio. El misionero era el sujeto, la gente el objeto. El misionero era el predicador que proclamaba la verdad, la gente, quién necesitaba de

la conversión.

Al concebir la misión como “Missio Dei”, que implica diálogo, esto cambia nuestra perspectiva de misión. Corrige la noción de misión como unidireccional la cuál pone el acento casi en su totalidad en la gran labor realizada por los misioneros y en el gran don que ellos

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trajeron, con poca atención prestada a los recipientes de este don. El diálogo subraya el hecho que el Espíritu esta actuando en la gente que es evangelizada lo mismo que en los evangelizadores, y que la misión es un intercambio mutuo de dones entre misioneros y gente con la cuál trabajan.

En consecuencia, los misioneros deben estar listos para dar y recibir, para evangelizar y ser evangelizados, para hablar y para escuchar. Deben aprender a caminar con la gente y respetar el ritmo de su caminar. Deben estar preparados a cambiar y ser cambiados, a formar y ser formados, a invitar a la conversión y ser convertidos. Como una persona de diálogo, el misionero debe ser aquél que facilita y no quién bloquea el diálogo permanente entre Dios y el pueblo de Dios.

Así, una cuarta expectativa de los misioneros que quieren hacer la misión bajo el paradigma de la misión del diálogo profético es el desarrollo de la apertura a ser evangelizados. Tenemos que abandonar la idea de que la misión implica sólo la tarea de evangelizar a la gente. Tenemos que promover la idea de que la misión necesariamente implica también nuestra propia evangelización permanente como misioneros.

Recursos SVD:

San José Freinademetz es nuestro modelo en la Familia Arnoldina para esta conversión. Uno de los dichos de San José que a menudo se cita es: “la mayor tarea del misionero es la transformación interior de uno mismo”. Como sabemos, San José pasó dos años en Hongkong antes de embarcarse para Shandong en China continental. Desde la llegada de Europa, no gastó ningún tiempo en el estudio de la lengua china y él mismo se trasformó para parecer por fuera un chino. En la corta biografía que fue publicada con motivo de su canonización, leemos:

Externamente José Freinademetz se convirtió en chino: transformó su nombre en “Fu Jo-shei Shenfu”, abreviado “Fu Shenfu”, “Sacerdote de la felicidad”. De su rubicundo cabello quedó un mechón en la nuca, al que se sujetó una trenza negra postiza. En lugar de la sotana europea, vestía la toga china azul y en lugar de los zapatos de cuero, las zapatillas de lino. Su mentalidad, sin embargo, siguió siendo europea, tirolesa, y aún llena de prejuicios.

es él ahora quien navega de isla en isla y se

traslada de aldea en aldea en busca de los pocos y desperdigados cristianos e intentando ganar adeptos para su fe, pero sin éxito. Su nariz, demasiado larga para los chinos, es más interesante que lo que dice. Vienen para admirar un exótico europeo, mas no para escuchar su mensaje. Lo más horrible de todo es que le griten “demonio extranjero”. Él dejó familia, amigos, patria, todo, para liberar a los chinos de las garras del demonio, y la gente a él le llama ¡demonio! Esto le retumba en los oídos y se aferra a él como lapa. Su reacción es ver al demonio actuando a sus anchas por todas partes. Los templos son para él casas del demonio, las fiestas religiosas son fiestas del demonio, con fuegos

Después de año y medio

artificiales y lanzamiento de salvas en honor al demonio; las ofrendas son presentadas al demonio. Resumiendo escribe: “China es, sin lugar a dudas, el reino del demonio. No es posible dar diez pasos sin que tu vista choque con toda clase de caricaturas demoníacas y las más variadas diabluras”.

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La indumentaria china no hizo de José Freinademetz un hombre nuevo. Él lo siente y reconoce lo que falta por hacer: “Lo importante queda por hacer: el cambio del hombre interior, estudiar el modo de pensar de los chinos, las costumbres y usos chinos, el carácter y aptitudes de los chinos; esto no se consigue en un día, ni tampoco en un año, ni tampoco sin alguna dolorosa operación”.

Sin pensarlo, con estas palabras describe el programa de su vida. Se libera de sus mezquinos pensamientos y se convierte en un genial misionero. Ahora está equipado de la mejor manera para emprender la construcción de la primera misión encomendada a los Misioneros del Verbo Divino en tierra china en Shandong meridional.

“La transformación interior requiere una cirugía dolorosa” – San José no podía trasformarse en chino sin permitir el ser trasformado por ellos. El evangelizador no sólo evangeliza, sino también tiene que ser evangelizado. Siguiendo del ejemplo de San José vemos que el misionero intercultural necesita una conversión doble la conversión a Cristo en el contexto de su propia cultura y conversión a Cristo en el contexto de la cultura de la gente. Él o ella concretamente tienen que mostrar a la gente lo que esto significa ser un discípulo de Jesús en el contexto de la cultura de la gente.

4. Conclusión

Permítanme ahora concluir resumiendo brevemente lo que he estado intentando decirles aquí. Primero, diálogo profético. Según los dos últimos Capítulos Generales, el término “diálogo profético” describe nuestra misión y nuestro modo de vivir. Es una declaración tanto sobre lo que debemos hacer como sobre el cómo debemos vivirlo para hacer lo que debemos hacer. El horizonte teológico que sustenta del diálogo profético es la noción de Missio Dei. Esta noción teológica requiere cuatro conversiones fundamentales (1) del activismo a la contemplación, (2) del individualismo a la colaboración, (3) de la conquista al diálogo, y (4) de sólo evangelizar a también ser evangelizados.

Tenemos recursos en la SVD para responder al desafío de estas conversiones: (1) Contemplación, y la herencia espiritual de nuestro fundador, (2) Colaboración, y la Internacionalidad de nuestra Congregación, (3) Diálogo, y nuestra “Tradición Anthropos”, (4) Transformación Interior, y el ejemplo de San José Freinademetz.

Tenemos una frase en nuestras Constituciones que subraya todo lo que quiero decir aquí – “Su misión es nuestra misión, su vida es nuestra vida”. Nuestra misión es sólo compartir su misión, la misión del Verbo Divino, que es el agente primario de la “Missio Dei”, la Misión de Dios. No somos los protagonistas principales de la misión. Somos sólo colaboradores. O, como dicen las palabras atribuidas al Arzobispo Oscar Romero: “somos trabajadores, no maestros constructores; ministros, no Mesías. Somos los profetas de un futuro que no es nuestro”. Seremos capaces de actuar de este modo sólo si también hacemos la vida del Verbo Divino nuestra vida. La llamada a ser un SVD es realmente la llamada a hacer su vida nuestra vida y su misión nuestra misión. Esta es, en resumen, la espiritualidad de la Missio Dei.