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51 ANIVERSARIO FE de las JONS/ Discursos

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La democracia del futuro, hoy

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ANIVERSARIO FE de las JONS
Cine “Benlliure”. Domingo 28-X-1984 Textos íntegros de los discursos

Oradores: MIGUEL MUÑIZ (Jefe Nacional del SEU) JULIO PINO (Secretario General) DIEGO MÁRQUEZ (Jefe Nacional de FE de las JONS)

PRESENTACIÓN ........................................................................................................................ 3 MIGUEL MUÑIZ GARCÍA, JEFE NACIONAL DEL SEU ...................................................................... 4 JULIO PINO DOMÍNGUEZ ............................................................................................................ 8 DIEGO MÁRQUEZ HORRILLO .................................................................................................... 13

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Presentación
A raíz de la celebración del acto del cine Benlliure, para conmemorar el LI aniversario de la fundación de la Falange, han sido muchos los camaradas y, simplemente, los españoles, que nos han pedido insistentemente el texto íntegro de los discursos pronunciados allí. Creo, honradamente, que llevan razón en su petición y en su. insistencia. Y lo creo por tres motivos fundamentales: -Porque las tres intervenciones muestran -en su forma y en su fondo-un nuevo estilo: un estilo más actual, más directo, más proyectado hacia el futuro. Más cerca del hombre de hoy. -Porque los oradores no se repiten, sino que se complementan. Cada uno desde su punto de vista, desde su puesto en nuestra organización, nos explica el porqué, el cómo y el para qué del nacionalsindicalismo. Y nos ofrecen una imagen única, perfectamente enfocada y rica en matices. -Porque se trata de tres buenos discursos, con base doctrinal, rigurosos, bien construidos. Y al mismo tiempo atractivos, con garra convencidos y convincentes, definitivamente hermosos. Desde su puesto de jefe nacional de SEU el camarada Miguel Muñiz García habla con la exigencia, con la energía, con la impaciencia y la generosidad de la juventud. Jugándoselo todo y-exigiendo en la misma medida: «Os estoy pidiendo un compromiso total.» Y explica pormenorizadamente, apasionadamente, casi rabiosamente, con la desgarrada claridad de la juventud, las razones de ese compromiso en el que él se siente visceralmente inmerso. El tono de Julio Pino, desde su puesto de secretario general de nuestra Organización, había de ser, lógicamente, distinto. No porque le falten pasión o exigencia, sino porque éstas están contenidas, racionalizadas, podríamos decir, por su propia madurez y por la responsabilidad del cargo que ocupa. «Es en el mundo de las ideas donde esperamos-vencer. » Y va desmontando con una claridad total, con una lógica implacable, todo ese andamiaje de mentiras y medias verdades con que tantas veces se ha pretendido ocultar la sólida arquitectura de la doctrina nacionalsindicalista. Una doctrina cuya esencia explicó el tercero de los oradores, nuestro jefe nacional, Diego Márquez Horrillo, con un rigor intelectual, un acierto en la forma de expresión y un estilo directo perfectamente sintonizados con los textos del propio José Antonio. Con un lenguaje nuevo, me atrevería a decir, reflejo del nuevo talante de la Falange. «Una y mil veces seguiremos gritando a la cara de España y al duro oído del pueblo español, las verdades claras y limpias de la Falange. » La verdad de su profundo humanismo, de su exigente sentido social, de su capacidad de superarla disyuntiva individualismo-socialismo, capitalismo-marxismo, de su concepto del, Estado y de la democracia. La verdad de su juicio sobre la situación actual: «Para nosotros lo radicalmente importante en estos momentos no es la formulación de un programa de Gobierno, sino la formulación de un modelo de Estado. » Porque «lo que quería el pueblo no era un simple cambio de Gobierno, sino, inconscientemente quizás, un profundo y radical cambio de estado ». En estas páginas está, escuetamente expuesto, el cambio que propone la Falange. Ojalá puedan llegara muchos españoles. Ya que muchos españoles estamos seguros encontrarán en ellas la respuesta a sus propias interrogaciones. A esa pregunta que está, angustiosamente, en la calle. ¿Cuál es la fórmula para salir de la actual situación?

Luis MARTÍNEZ DE EGUILAZ Subjefe nacional y presidente de la Junta Política

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«Ser falangista es una exigencia absoluta»
Miguel Muñiz García, jefe nacional del SEU
Camaradas, amigos, nos hemos reunido hoy en este cine, con el motivo de la conmemoración de un aniversario, el 51 exactamente, de otro acto celebrado en un lugar entrañable para nosotros, el Teatro de la Comedia, en el que se constituyó el movimiento político del que somos miembros. ¡Eso ya lo sabíamos! Estaréis pensando. Y tendréis razón. También muchos de los que estáis aquí, y muchos que hoy no se encuentran entre nosotros, podréis pensar que los falangistas sólo nos reunimos para las conmemoraciones y, sin embargo, al pensar eso ya no estaréis en lo cierto. ¿Por qué? Sencillamente porque el ser falangista, verdaderamente falangista, es incompatible con una actitud pasiva. No se puede ser falangista como quien es liberal o democristiano; hoy fundo un partidito, mañana otro, pasado nos integramos en otro distinto. Ser falangista es una exigencia absoluta, un compromiso garantizado, por el convencimiento de que estamos aquí luchando por un fin superior: ESPAÑA. ESPAÑA, que fue el nombre que sirvió de aglutinante para las personas que se reunieron hace cincuenta y un años en aquel teatro. ESPAÑA, por encima de partidismos y banderías, por encima de intereses y de veleidades personales, muy por encima de localismos ciegos que no llegan a ver que la grandeza de un pueblo pequeño se logra formando una pequeña parte de una gran nación y no una gran parte de una nación pequeña. De estos propósitos originales, algunos durante estos cincuenta y un años han ido desertando: los monárquicos (que también los hubo aquel día en el teatro de la Comedia), porque comprendieron que nuestro movimiento no era la organización que fuese a restaurar la monarquía de cortos vuelos que España había padecido. Eran los que pensaban que al pueblo español que no tenía que comer podía alimentársele con el apellido Borbón de primer plato, con el apellido Borbón de segundo y algún que otro apellido regio de postre. Igualmente desertaron los caciques y derechistas duros que en un principio pensaron que Falange Española iba á ser el instrumento que garantizase sus propiedades y «pusiese a los rojos en el sitio que les correspondía». Eran éstos los que no tenían en la boca otra palabra que ¡ESPAÑA!, pero que no sentían a la PATRIA como la unión de todos los españoles en busca de un fin, en busca de su destino, sino que consideraban a España como ese sitio en que se encontraban sus miles de hectáreas o sus fábricas y que, por tanto, había que conservar como el que protege su propia finca. También hubo personas: los fascistas o seminazis de la época, que desertaron porque Falange Española no fue el movimiento de corte fascista que esperaban que surgiese en España, a imitación de lo ocurrido en otros países de Europa. Eran los que pensaban, siguiendo a Goethe, que era preferible la injusticia al desorden, y aunque buscaban el aumento de la riqueza nacional, no consideraban vital la forma de reparto de la misma. Todas estas deserciones fueron lógicas y justificables. Falange Española no seguía sus mismos postulados ideológicos y era normal que abandonasen un barco que les llevaba por un rumbo distinto al de sus deseos. Otros, sin embargo, desertaron por otros motivos. Aquellos que por orgullo o por un deseo de prevalecer, fueron abandonando la organización, unos por causa de las rencillas personales, y los más numerosos aquellos que no fueron capaces de soportar el servicio y sacrificio que exige la militancia y más, sin el reparto de prebendas que en otros campos se obtenían. Por el contrario, durante la guerra y después de ella, surgen repentinamente «muchos» falangistas de aluvión», esos sujetos que, como en el cuadro de «El Bosco» quieren subirse al carro del heno. En consecuencia, muchos chupones, aprovechados, estraperlistas y gentes que hicieron negocios a costa de la guerra, y otros de parecida calaña se pusieron la camisa azul y se pavonearon sacando pecho con ella. Camisa que, naturalmente, se quitaron lo más rápido que pudieron en cuanto dejó de convenir a sus intereses. Sin embargo, ¡maravillas de la política!, los que nos quedamos con el desprestigio ocasionado por la corrupción, la carroña y las crueldades de estos individuos fuimos los falangistas, los que no nos quitamos la camisa azul, los que no nos arrimamos al sol que más calienta, somos los que hoy estamos aquí, los que seguimos INASEQUIBLES AL DESALIENTO.
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Paradójicamente, «muchos de estos falangistas de toda la vida», «franquistas de toda la vida», «del OPUS de toda la vida», hoy son fervientes demócratas de toda la vida, henchidos con un ímpetu monárquico que ni en sus mejores días llegó a alcanzar don José María Pemán, y quién sabe si mañana no serán fervientes «comunistas» de toda la vida, éstos son, como el Víctor Hipolitovich en «Doctor Zhivago» (la obra maestra de Boris Pasternak), los que como única convicción, su única ideología es aquella que les asegure unas sustanciosas dietas, unos sueldos astronómicos y un coche oficial con chófer y escolta a la puerta de casa. Pues bien, muchos de estos «señores» todavía tienen el cinismo de descalificarnos tachándonos de fascistas, culpándonos de las malas actuaciones cometidas en el régimen de Franco, precisamente esas actuaciones que ellos mismos firmaron desde sus ministerios o desde los cargos que ostentaban. Desde el ferviente defensor de etarras, el señor Ruiz Giménez, hasta nuestro europeísimo conde consorte de Motrico, más franquista que Franco cuando los nacionales entraron en Bilbao en 1937, la lista sería interminable. Pero, ¿para qué os digo todo esto? Sencillamente porque os estoy pidiendo que militéis en Falange Española de las Jons, que nos déis vuestro apoyo, pero no un apoyo consistente en venir hoy aquí y esperar al acto del año que viene. ¡NO! Os estoy pidiendo un compromiso total. A todos los que creéis que España necesita una revolución social que cambie sus estructuras económicas, a todos los que creéis que la riqueza está para servir a la persona y no la persona para servir a la riqueza, a todos los que pensáis que España es una unidad indivisible y no una especie de Conmonwealth ibérica, como el señor Fraga nos ha propuesto, con su genial frasecita de «Unidad bajo la Corona». A todos los que creéis que los partidos políticos son un cáncer cuya única función es crear odio entre todos los españoles, a todos los que penséis que los sindicatos, por medio de cooperativas, deben ser los motores de la economía española. A todos vosotros os pido que militéis en Falange Española, porque las cosas no se hacen solas y nadie va a venir de fuera a solucionarnos los problemas, porque no debemos pensar ¿qué puede hacer España por mí?, sino,¿qué puedo hacer yo por España? Porque la revolución que España necesita la tenemos que hacer nosotros, ¡LOS FALANGISTAS! Porque los marxistas quieren una revolución no en interés de la Patria (concepto éste que les parece burgués), sino en el exclusivo interés de Moscú, porque los capitalistas, la idea más próxima que tienen de la justicia social es darle veinte duros a un pobre cuando van a la iglesia los domingos, mientras con una falsa sonrisa le reconvienen ¡No se lo gaste en vino! Pero, sin embargo, no hacen nada paró que deje de haber pobres. Por todo esto os pido que militéis en Falange Española de las JONS, no sólo vosotros, sino vuestros amigos, conocidos, compañeros de trabajo... A todos los que están cerca de vosotros hacerles llegar este mensaje, os lo pido a todos POR EL BIEN DE ESPAÑA. Pero, además, a los jóvenes estudiantes de enseñanzas medias y a los universitarios que me escucháis os pido que militéis en el SEU porque queremos una enseñanza que responda a los intereses nacionales, por que queremos una universidad que sea promotora de altos proyectos de investigación, que sitúen a España en el puesto que internacionalmente se merece, por que queremos una universidad que no sea fábrica de parados y que proporcione a la sociedad española los hombres y las mujeres preparados que ésta necesite, porque no queremos que se discrimine a ningún español por no saber hablar vasco, valenciano, gallego o catalán, porque no consentiremos que los departamentos sigan siendo los feudos de los catedráticos, en los que se entra por amiguismo, porque luchamos por medidas sociales para el estudiante, entre las que se incluye el derecho de

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éste, como trabajador que es, a poder sindicarse libremente; porque luchamos contra los costes abusivos que imponen, de hecho, una selectividad de tipo económico entre el alumnado, porque es intolerable que estudiantes que han aprobado la selectividad se queden en la calle por decisión de los rectorados y por culpa del Ministerio de Educación, que tendría que construir más universidades. Aprovecho para mostrar la solidaridad del SEU con estos estudiantes, a los que está manipulando la extrema izquierda, que muy democrática y tolerante chantajeó a la coordinadora de los mismos con que si se admitía la adhesión del SEU ellos se retiraban, lo que da la medida de lo que interesa a esta chusma vergonzante la situación de estos estudiantes. Porque no queremos una universidad ni liberal ni marxista, ni de cualquier otra tendencia internacionalista predominante, hoy entre los catedráticos; porque pensamos que la universidad española debe formar españoles cuyo fin máximo sea la grandeza de España y no la grandeza de su cuenta corriente; porque no nos gusta la droga y querríamos verla eliminada de las calles y las aulas; porque queremos una universidad que forme a la persona, no que le dé un título; porque luchamos en la universidad con los marxistas que insultan a España o apoyan a los asesinos etarras; porque no queremos que el señor Maravall haga de los niños españoles pequeños Stalin; porque queremos que en la universidad haya profesores que expliquen y, sobre todo, que sepan lo que explican; porque no nos gusta que los investigadores españoles tengan que irse al extranjero para no morirse de hambre, o que los inventores españoles acaben vendiendo sus patentes a multinacionales porque aquí no haya organismo alguno que les haga caso, y luego tengamos que pagar elevados royalties por dichos inventos. Porque es indispensable que la voz de la Falange y su pensamiento, el nacional-sindicalista, se dejen oír claramente en las facultades, que son los altavoces ideológicos de la nación. Esta misión de difundir el nacionalsindicalismo, ya la viene cumpliendo el Sindicato Español Universitario, pero para que pueda alcanzar mayor resonancia ante el cerco de silencio al que nos vemos sometidos por los medios de comunicación; os necesitamos. Pero no necesitamos estudiantes aburridos, que por este mismo aburrimiento, se deciden a entrar en política para hacer algo, ¡NO! Necesitamos estudiantes que comprendan que ser falangista y entrar en el SEU supone sacrificios y no va a haber juegos florales ni nada que se le parezca, y, por supuesto, camaradas que entiendan que la idea está muy por encima de las personas que estamos o que puedan estar en el futuro al frente de Falange o del SEU; no nos valen los que dicen: «Yo no estoy porque manda éste», o «yo me voy porque determinado cargo lo ocupa cualquier otro». Los cargos, que no son más que mayores sacrificios, pueden cambiar de personas, pero la fidelidad a la idea del nacional-sindicalismo y a FE de las JONS, como única organización capaz de ofrecer una solución válida al pueblo español, tiene que ser total. Os pido que militéis en el SEU por que entendemos al hombre como un ser libre y creemos que sin cultura un hombre no puede ser libre, pues es fácilmente manipulable y queremos una cultura que va mucho más allá de la cultura entre comillas que nos ofrecen los señores Tierno, Leguina y otros especimenes del puño y la rosa. Porque no queremos que los españoles del año 3000 sigan reclamando Gibraltar. Porque queremos que cualquier español pueda seguir yendo de Bilbao a Málaga o de La Coruña a Alicante sin tener pasaporte ni tener que cruzar cuatro fronteras; porque no nos gustan unos políticos sin ninguna dignidad que venden su alma al diablo (si es que algún día la tuvieron), con tal de entrar en el Mercado Común; porque queremos una España en la que los jóvenes vayan ocupando puestos importantes cuando son jóvenes, no cuando sean ancianitos que lo único que hagan sea cerrar el paso a los jóvenes que vendrán cincuenta años después; porque queremos tapar la boca a todos esos democratillas del tres al cuarto que, al parecer, viven de solidarizarse con el pueblo chileno contra Pinochet, pero jamás se solidarizan con los sufridos habitantes de la zona de ocupación soviética de Alemania (República Democrática Alemana en terminología comunista), esos que se juegan la vida por escapar del «paraíso comunista», o con los pueblos húngaro, checoslovaco o afgano sucesivamente democratizados bajo la elocuencia de las divisiones blindadas soviéticas. Porque queremos que Ceuta y Melilla sigan siendo españolas y nos repugnan los señores como Pablo Castellanos, quien a este respecto, de no ser ateo, sin duda rezaría el Corán junto a Hassan; porque no estamos de acuerdo con un gobierno que miente más que habla, ni con una oposición que en lo que más se les opone es en lo de no poder fumar en el hemiciclo; porque sólo llevamos cincuenta y un años de honradez y no como los de Alí Babá y los cuarenta del PSOE; porque no nos gusta quien pone coronas a los españoles muertos en Matthausen o a los rusos muertos en el frente de Leningrado, pero no a los españoles de la División Azul que cayeron heroicamente en ese mismo frente; porque no nos gusta el señor Fraga que pacta con enemigos declarados de España, como son los del PNV, para intentar lograr el gobierno autonómico de Navarra; porque no nos gustan los diputados autonómicos, ni los ministros autonómicos ni los gastos de representación del presidente del Gobierno, ni los astronómicos sueldos de los concejales, ni nos gusta a los madrileños tener el alcalde más viajero del mundo, naturalmente a nuestra costa; porque no queremos que nuestros pescadores tengan que acabar pescando en las pocas piscinas municipales existentes; porque queremos un campo del que no se arranquen los olivos para parecer más europeos; porque pensamos que los españoles tienen derecho a un trabajo y a una vivienda digna, y mientras no haya dinero para eso no se deben pagar sueldos a los diputados; porque creemos que los mejores
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puestos deben ser ocupados por los que tengan más merecimientos, y; por supuesto, no pensamos que tener el carnet del PSOE o de la UGT sea merecimiento alguno. Porque no nos gustan los que legalizan el porro y se escandalizan hipócritamente de la heroína; porque no nos gusta que la gente no pueda salir a la calle sin que la acuchillen o las chicas sin que las violen; porque no nos gusta el señor Ledesma, al que los únicos derechos humanos que le preocupan son los de los delincuentes y asesinos; porque queremos volver a ver la Gran Vía llena de gente en la madrugada, sin que esta gente sean borrachos y drogadictos tirados por los suelos, o chulos y sus respectivas pupilas. Todo esto no nos gusta, pero los que menos nos gustan son los que lo provocan y lo consienten, los que se han estado forrando en el poder, los que se están forrando ahora, y esos que no quieren que caigan los actuales porque están arruinando España, sino porque quieren estar ellos cuatro añitos forrándose, naturalmente a costa nuestra, de todos lo españoles, los de izquierdas y los de derechas, los que no son de ninguno de esos, los altos, los bajos, rubios y morenos, todos: sólo somos para el señor Boyer: Contribuyentes, es decir, los que les financiamos el chollo. Por todo esto y muchas más cosas que no nos gustan, porque queremos a España, porque no nos gusta, porque queremos cambiar este estado de cosas, porque somos jóvenes y no nos resignamos sino que luchamos: milita con nosotros. ¡Por la cultura en libertad! ¡Arriba España!

«Os estoy pidiendo un compromiso total. A todos los que creéis que España necesita una revolución social que cambie sus estructuras económicas, a todos los que pensáis que España es una unidad indivisible y no una especie de "Conmonwealth" Ibérica, como el señor Fraga nos ha propuesto en su "Unidad bajo la Corona "» «Queremos una enseñanza que responda a los intereses nacionales. » «Queremos una Universidad que sea promotora de altos proyectos de investigación, y no una fábrica de parados » «Queremos una Universidad que forme a la persona, no que le dé un título » «Luchamos por medidas sociales para el estudiante, entre las que se incluye el derecho a sindicarse libremente » «Luchamos contra los costes abusivos, que imponen, de hecho, una selectividad de tipo económico » «Es indispensable que la voz de la Falange, y su pensamiento, el nacional-sindicalismo, se dejen oír claramente en las facultades, que son los altavoces ideológicos de la nación » «La fidelidad a la idea del nacionalsindicalismo y a FE de las JONS, como única organización capaz de ofrecer una solución válida al pueblo español, tiene que ser total» «Porque somos jóvenes y no nos resignamos, sino que luchamos, milita con nosotros »

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«El Estado es un instrumento al servicio de un destino histórico»
Julio Pino Domínguez
Secretario general de FE de las JONS

1.-FALANGE, UNA OBRA SÓLIDA: Calladamente, porque nosotros no tenemos a nuestro servicio ningún medio de comunicación, Falange se ha convertido en la cuarta formación política de España en orden a sus afiliados y al número de las provincias 50- en las que posee jefaturas, algunas con extensa red local y comarcal. Esta progresión viene siendo más patente en los últimos tiempos, cuando la unidad de los falangistas puede proclamarse como un hecho, y el encuadramiento de muchos españoles, ya desengañados de la política ramplona de izquierdas y derechas, que ven en nosotros, en el nacionalsindicalismo, la solución del futuro, con asentamiento prometedor en el presente. El secreto de este renacer y aun de la pervivencia de la Falange, tras gravísimos momentos, como la muerte temprana de nuestros jefes y fundadores, el Decreto de Unificación que determina la disolución legal de la Falange primigenia, el anquilosamiento y congelación de sus exigencias revolucionarias en el llamado Movimiento Nacional, ente estrictamente burocrático, y el cerco de los tecnócratas empeñados en acabar con todo entusiasmó, Como si acaso no hubiese sido éste la única máquina que puso en pie a este pueblo hacia su progreso, sólo puede buscarse en EL ACIERTO DE SU DOCTRINA POLÍTICA, es decir, en la VALIDEZ Y VIGENCIA DE SUS ANÁLISIS Y SOLUCIONES, por cuanto significan el remedio de una necesidad española de siglos: RECOBRAR EL PULSO HISTÓRICO Y REALIZAR UNA REVOLUCIÓN SOCIAL que concite la unidad de todos los españoles en la empresa común de la Patria. Es, pues, en el mundo de las ideas donde_ Falange, sin temor a -inventos estériles de última hora, de quienes quieren rizar el rizo, sin respeto a la categoría intelectual de José Antonio, el tesón revolucionario de Ramiro, y la sutileza política, impregnada de tanta pasión española como la de Onésimo, donde tiene, digo, la cantera de sus mayores éxitos. Es en el mundo de las ideas donde esperamos vencer tanta política huera, y al vencer Falange, habrá vencido España. Nuestra misión es propagar estas ideas del nacionalsindicalismo desde la ortodoxia y desde el lenguaje nuevo que la haga más dúctil al tiempo que corre. Estas ideas tienen que ser conocidas del pueblo español, al que se le han hurtado por demasiado tiempo, para que se hagan imposibles las tergiversaciones, se nos atienda y entienda, tome brío la marcha emprendida con el alza de aquella bandera en octubre de 1933, se cree una conducta política y moral en nuestra sociedad que sea tan asumida, que nunca más pueda caerse en vaivenes como el que vivimos. España y los españoles se merecen otra suerte.

2.-FALANGE BUSCA PREVIAMENTE LA FORMACIÓN E INFORMACIÓN DEL PUEBLO ESPAÑOL Ciento cincuenta años de fracaso del sistema liberal, de banderías, de tumultos y revoluciones sólo han sido posibles porque las clases políticas han monopolizado las áreas del poder y se han olvidado o han impedido la participación real del pueblo. El pueblo español permanece ayuno de toda formación e información política. Carece de mimbres que lo vertebren, no tiene norte ni guía donde acudir en las etapas confusas, y de ahí que siempre se vea sorprendido en su buena fe ante cualquier grupo de mediocres osados, que se alzan con el santo y la limosna. Sobre todo, no se le dice que necesita una democracia de modelo propio, que se adapte a su idiosincrasia, a su ser histórico, a sus constantes sociales, y no un remedo del engaño liberal, foráneo, ineficaz y desesperante, cuajado de Constituciones solemnísimas que sólo sirven como piezas de museo, ni una subversión materialista que, bajo la forma de una superposición burguesa sin convicciones de altura, lleve una penetración de la tiranía socialista, que le utilice como conejillo de indias y lacayo de la política, pero no le sirva en política. La formación previa debe empezar por el individuo como persona, situando sus derechos y sus obligaciones en el plano ético de una sociedad que le esté en armonía. La armonía con su contorno, lo que sólo se alcanza con valores de contenido. Sin una renovación del hombre harto de respirar este aire viciado, sin su rearme moral, sin poner a su servicio la riqueza, la cultura y la política como algo previo, nada se puede construir que sea una arquitectura política duradera.
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El abandono de estas miras llevó al fracaso toda proyección en el tiempo. Me refiero a la regeneración nacional que pudo acometerse durante la dictadura de Primo de Rivera, y al período de vigencia del Estado Nacional surgido en 1939 tras la victoria armada sobre el, comunismo. El pueblo español, además, debe estar informado, es decir; prevenido y advertido. Sólo así puede conseguir zafarse de toda mentira por bien adornada que se le presente y aun rechazar el fatalismo de que nada se puede hacer, único freno para sacudir la cochambre, porque sólo avanzan aquellos que enfrente de sí sólo encuentran a quienes retroceden. Sólo así no se repiten los errores históricos, y afirmo que esto nunca se ha acometido de forma seria y continuada, y por ello, no se puede culpar al pueblo español de bandazos que a veces nos parecen absurdos e inexplicables. Mucho menos nos debe extrañar que a estas alturas no se conozca el claro perfil humano y la prometedora obra de José Antonio, a quien una revista panfletaria, con toda desvergüenza, se ha atrevido recientemente a presentar como un pistolero, cuando él fue precisamente la víctima de esos pistoleros, hoy, al parecer, glorificados como luchadores por la democracia. Para establecer una democracia, es precisa la previa formación de sus destinatarios y su constante información veraz, caso contrario REAPARECE, COMO AHORA, UN SISTEMA DE FORMAS EN EL QUE SOMOS CADA VEZ MAS ESPECTADORES Y MENOS SOBERANOS.

3.-FALANGE Y LA DEMOCRACIA Reputamos de gratuita la afirmación de quienes nos supongan contrarios a la democracia, como rechazamos cualquier interpretación simplista que, echando mano a los tópicos de siempre, por entresacar frases de su contexto global, donde cobran su auténtico sentido, nos descalifiquen por ciertas afirmaciones de nuestro credo -que mantenemos en su pleno sentido- por cuanto tienen de conducta ética. Decimos que aparece en nuestra doctrina política, con meridiana claridad, que FALANGE PROPICIA UN SISTEMA DEMOCRÁTICO. JOSÉ ANTONIO, en temprana y germinal hora pronuncia una magistral conferencia que la Falange asume como línea maestra de su profesión de fe democrática: Recordad aquellos pasajes: « Pero si la democracia como forma ha fracasado, es más que nada porque no nos ha servido proporcionar una vida verdaderamente democrática en su contenido.» «No caigamos en las exageraciones extremas, que traducen su odio por la superstición sufragista en desprecio hacia todo lo democrático. LA ASPIRACIÓN A UNA VIDA DEMOCRÁTICA, LIBRE Y APACIBLE será siempre el punto de mira de la ciencia política, por encima de toda moda.» Y en cuanto al rechazo del totalitarismo panteísta del Estado, afirma: «No prevalecerán los intentos de negar derechos individuales ganados con siglos de sacrificio.» Es decir, el Estado no puede absorber al hombre, ni como individuo ni en sus relaciones sociales, sino asumir sus necesidades y proyección personal para no ponerlo ni frente, ni bajo, ni detrás, sino incardinarlo en el propio Estado de una forma natural y espontánea, porque el Estado, como creación política, ha de reflejar al individuo y a la colectividad. Esto, justamente, es lo que quiere el Estado nacionalsindicalista, y por ello, justamente también, rechaza la representación partidista, ya que coloca al individuo, primero frente a su propia perplejidad, y segundo, como mero instrumento de acciones incompletas y viciadas de todo sesgo insolidario. El instrumento debe ser justamente el Estado. Se nos objetan varias de nuestras afirmaciones, digo nuestras porque manifestadas por José Antonio, las asumimos con toda adhesión, como título de descalificación global como demócratas: Primera: La afirmación joseantoniana de que el mejor destino de las urnas es el de ser rotas. Segunda: El recurso a los puños y alas pistolas, a que apela nuestro fundador en el Discurso fundacional. Tercera: El rechazo de José Antonio del Parlamento integrado por partidos políticos. Cuarta: Su mención a establecer un Estado totalitario.

EL MEJOR DESTINO DE LAS URNAS ES EL DE SER ROTAS Falange tiene claro que hay un sistema de jerarquía de valores, en los que en unos, por su naturaleza intrínseca, no puede entrarse a saco con el voto. Otros, de segundo orden, pueden perfilarse, pulirse y acomodarse, para cohonestar con aquéllos, y les vienen subordinados. Otros pueden ser sometidos a la libre opción, pues son de suyo contingentes o instrumentales. Así, entendemos, con los más clarividentes pensadores políticos, que existen materias, podemos decir que de derecho natural o consustancial al hombre y a su proyección social, que son superiores y anteriores al libre albedrío del mismo. O se aceptan y se sirven, o se destruye la misma convivencia y el ser del hombre en sus aspectos moral y político. Otras, que se han aquilatado y construido en su bondad hasta ser reconocidas como un bien de progreso, que, asimismo, se han de sustraer a la decisión del voto, pues ante los valores que representan una constante, un hilo conductor entre el pasado y el futuro, cualquier ruptura supone negra noche y
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desconcierto. Actuar contra ellos con el voto puede ser muy democrático formalmente, pero desde luego una acción estúpida que necesitará explicarse a generaciones posteriores y aun rendirles rigurosa cuenta. «El secreto de la pervivencia de la Falange está en el acierto de su doctrina política, en la validez y vigencia de sus análisis y soluciones. » «Es en el mundo de las ideas donde esperamos vencer tanta política huera, y al vencerla Falange, habrá vencido España. » «Sin una renovación del hombre harto de respirar este aire viciado, sin su rearme moral, sin poner a su servicio la riqueza, la cultura y la política como algo previo, nada se puede construir que sea una arquitectura política duradera. » Ante los valores intangibles de estas dos categorías nadie está legitimado para expresar opinión ni mudanza, son patrimonio intangible a acrecer, que deben ser asumidos espontáneamente en una comunidad sanamente constituida. -¿No os suena a nada esto, cuando se pone en entredicho el derecho a nacer a manos de leyes abyectas destinadas a consumar criminales abortos? y ¿cuando el régimen de autonomías tiene ya una carga política separatista indisimulada frente al ser único de España? -¿No os parecen valores superiores los de integración frente a disolución y cooperación frente a insolidaridad? Estos valores no pueden quedar a merced del número resultante de una mayoría de sufragios, pues resultaría la expresión bárbara de la fuerza sobre la razón, y una forma de violencia, la más insidiosa, sobre el Derecho. Estos valores se revisten de razón natural y de calidades de servicio, y los constituye en superiores, que, como tales, han de informar cualquier sistema que se den los hombres a sí mismos. La decisión circunstancial de voluntad, el voto, es siempre expresión de lo contingente, y lo contingente, como lo instrumental, no puede primor sobre lo fundante, sino estarle subordinado y serle mero instrumento. La repugnancia de José Antonio por las urnas es aquí de una justificación incontestable. Si por las urnas se pueden romper verdades y crear apariencias formales que pulvericen derechos sagrados, conquistas sociales, la existencia de una Patria, la defensa de la razón o la preservación de la justicia, antes que romper una sola verdad -con lo que se desintegra el hombre en sí mismo- es preferible romper todas las urnas del mundo. El ser, la ética y la razón no pueden fenecer a manos de coyunturales equivocaciones o abyectos dictados, por mucho revestimiento democrático que reciban a través del sufragio. El argumento, creemos que no admite reparo, ni puede quedar duda de nuestras afirmaciones en su alcance tendente a sanar la actividad democrática. Todo ello, lejos de atacar a la democracia, la justifica en origen, estableciendo en su ejercicio una amplia visión de categorías: las de lo opinable y las de lo fundante; las de lo sustancial y las de lo instrumental; las del bien necesario y la de los caminos lícitos para asegurarlo, ampliarlo y disfrutarlo. Lo fundante o sustancial suponen matriz y justificación de todo sistema político, lo que en el caso de la democracia es de total necesidad. Los valores acrisolados por la recta razón y por la naturaleza de las cosas son el alma de la convivencia humana y del respeto mutuo entre los entes sociales, y, por lo tanto, imprescindibles en toda Carta Fundamental. Si éstos no aparecen salvaguardados, si éstos pueden caer bajo el voto, la Constitución que así lo propicie será norma legal formalmente, pero será ¡legítima, su sistema, abyecto, y sus resultados, necesariamente tiránicos. El alcance del voto, pues, debe dirigirse a la elección de los hombres que hayan de ostentar representación, a organizar lo coyuntural, a perfeccionar lo mudable, y a desarrollar normas que hagan posible la protección y extensión de los valores fundamentales, o sea, los valores 'de integración, los morales y los de cooperación, etcétera. Por ello, la democracia, no es, ni puede ser, un fin en sí misma, a la que se puedan subordinar categorías fundamentales, y mucho menos materias tocantes a la libertad, la dignidad y la integridad del hombre. La democracia, en todas sus formas, sólo es un instrumento puesto al servicio de la comunidad política.

EL RECURSO A LOS PUÑOS Y A LAS PISTOLAS Cabe poco comentario, pues el párrafo que lo contiene es bien explícito. Representa la última ratio ante una posición de barbarie que quiera arrasar la razón, la patria o la justicia. No puede permitirse la laxitud o la omisión de una respuesta viril cuando el contrario, agresor, no se aviene al diálogo capaz de salvaguardar aquellos valores por los que se ha de hacer todo sacrificio. Lo contrario, la entrega, la horca caudina, el remilgo y la cesión de terreno, al tiempo que hunde fundamentos de la comunidad, hace saltar por los aires cualquier sistema democrático.

RECHAZO DEL PARLAMENTO INTEGRADO POR LOS PARTIDOS POLÍTICOS
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Quede claro, en primer lugar, que nosotros, en 1984, acatamos la Constitución vigente, como acatamos todo el ordenamiento jurídico. Pero acatar no significa grado de adhesión personal. Nos movemos dentro de los supuestos de la Constitución, pero aspiramos a su reforma por los cauces legales que la misma establece. Quede claro que el artículo 2.° y el titulo VIII de la Constitución, así como otras materias de menor cuantía, impiden nuestra adhesión. La unidad de España puede ser puesta en peligro de su desarrollo y, por lo tanto, no es la Constitución que anhelamos los nacionalsindicalistas. En nuestros corazones llevamos ya escrita otra Constitución. Pero en el mundo de las ideas, nadie puede impedirnos que estemos con nuestro fundador profundamente identificados, y a su realidad tendemos, con rechazar un Parlamento compuesto por bandos en lucha que escinde espiritualmente al pueblo español, provoca su insolidaridad y anula todo ese cúmulo de energías que un sistema de integración por unidades naturales de convivencia le procuraría. Afirmamos que es infinitamente superior la fórmula -y no menos democrática de llevar a la Cámara la representación familiar, a la sindical y a la municipal, qué necesariamente se dirigen a objetivos totales y coincidentes, eliminando la pugna propia de los partidos en su lucha por el poder, a la pobre, escasamente representativa y vuelta de espaldas a la adhesión de los españoles, cuya afiliación numérica a los partidos lo dice todo. Quede claro que la ciencia política contiene varias fórmulas democráticas, y desde luego, la partitocracia es la menos eficaz y la más conflictiva de todas ellas. Ha llegado el momento de pensar que la democracia, en España está herida de muerte por la partitocracia.

EL ESTADO TOTALITARIO En el pensamiento de José Antonio, lo totalitario adquiere unas resonancias, un sentido o una intencionalidad radicalmente contrarias a las que les otorga la suposición política. Un Estado que se proclama y se alza totalizando en su gestión a todos los ciudadanos, sin discriminaciones, que integra a todas las clases sociales para una armonía en el concierto de la Patria; que se define como instrumento al servicio de un destino histórico que le viene de lejos, con proyección de futuro, que comienza por potenciar la libertad profunda del hombre y las libertades reales en el orden político y económico; que se exige a sí mismo la lucha ascética de favorecer el desarrollo autónomo de las estructuras básicas de la sociedad como son la familia, el municipio y el sindicato (o trabajo), que se considera servidor de principios y normas éticas y naturales de origen espiritual y religioso, a las que se subordina y a las que tutela jurídicamente; un Estado levantado sobre estas bases es y puede ser calificado como totalitario por contradicción abierta al totalitarismo panteísta o al soviético, y puede recabar la denominación de totalitario en oposición lógica a un Estado de derechas o de izquierdas; pero resulta absurdo ceder ante la magia del vocablo para invalidar la idea que el término atesora en la mente de: José Antonio, porque éste aclara que con el Estado Integral, o si queréis, total, lo que pretende es cabalmente lo contrario del totalitarismo panteísta, comunista o racista, como aparece obvio, pero también contrario a la praxis agnóstica del Estado liberal-democrático y capitalista.

«España necesita una democracia de modelo propio, que se adapte a su idiosincrasia, a su ser histórico, a sus constantes sociales, y no un remedo del engaño liberal, foráneo, ineficaz y desesperante. » «Existen valores de derecho natural o consustanciales al hombre que son superiores y anteriores al libre albedrío, y en los que no puede entrarse a saco con el voto- » «Antes que romper una sola verdad, es preferible romper todas las urnas del mundo. «El ser, la ética y la razón, no pueden fenecer a manos de coyunturales equivocaciones o abyectos dictados, por mucho revestimiento democrático que reciban a través del sufragio, » «Sí estos valores pueden caer baja el voto, la Constitución que así lo propicie será norma legal formalmente, pero será ilegítima, y sus resultados, necesariamente tiránicos. » «Quede clara que la ciencia política contiene varias fórmulas democráticas, y, desde luego, la partitocracia es la menos eficaz y la más conflictiva de todas ellas. Es infinitamente superior, y no menos democrático, elevar a la Cámara la representación familiar, sindical y municipal, eliminando la pugna propia de los partidos en su lucha por el poder. »

LOS FALANGISTAS; ANTE LA DEMOCRACIA HOY Los falangistas que nos hemos sacudido todas las adherencias extrañas a lo que fue la Falange de José Antonio y que nos preparamos en congreso ideológico a desarrollar desde la más pura ortodoxia nuestras teorías nacionalsindicalistas, no albergamos temor, sino una fe resuelta de que España ha de encontrarse a sí misma cuanto establezca esa democracia española -que también es de validez universal, y en mayor medida para los pueblos de la América española-, que sea una democracia total, liberada del corsé asfixiante de los partidos,
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donde están representados todos los individuos, en cuanto ciudadanos, por sus cauces naturales asociativos, para que un hombre deje de ser exclusivamente un voto, y tenga acceso a una participación real que no acabe en la urna, como ahora, sino que empiece a partir de ella, donde las ideologías políticas vivifiquen las soluciones en concierto a la perfección de un interés, que ya no estará en pugna sino que se buscará de común. LOS FALANGISTAS, HOY, RECLAMAMOS PARA EL RECTO CAMINAR DE NUESTRA COMUNIDAD POLÍTICA, EL ESTABLECIMIENTO DE UNA SOCIEDAD ARMÓNICA, LABORIOSA, ILUSIONADA, QUE SE CIMENTE SOBRE UNA VIDA DEMOCRÁTICA, LIBRE Y APACIBLE.

DEMOCRACIA DEL FUTURO, HOY Democracia no formal, sino de contenido: De libertades reales y no formales. Que contenga los tres ingredientes necesarios: Representación: Ni una instancia de poder político que se pudiera sustraer al tamiz de las urnas. La vida asociativa, esencialmente por sus cauces naturales, como órganos de representación. Participación: Ejercicio de la representación, lo que no permiten los partidos políticos que oponen su interés al de las circunscripciones territoriales de procedencia de los electos. Incardinación indiscutible en el Estado. Contenido: Frutos para lograr la integridad, la libertad y la dignidad del hombre. La Patria (abolición del peligro separatista). Potenciación y autonomía del municipio. Sindicato de empresa. Servicio del crédito. Democracia económica previa, sin la que no se puede tener aquella democracia cultural, sin la que no es posible discernir en política. ¡ARRIBA ESPAÑA!

«No albergamos temor, sino una fe resuelta de que España ha de encontrarse a si misma cuando establezca esa democracia española -que también es de validez universal- en la que un hombre deje de ser exclusivamente un voto y tenga acceso a una participación real que no acabe en la urna, sino que empiece a partir de ella. » «Ciento cincuenta años de fracaso del sistema liberal, de banderías, de tumultos y revoluciones, sólo han sido posibles porque las clases políticas han monopolizado las áreas del poder y se han olvidado o han impedido la participación real del pueblo. »

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«Aspiramos a construir un Estado y una democracia nuevos»
Diego Márquez Horrillo
jefe nacional de FE de las JONS

CAMARADAS: Termina hoy el Cincuentenario de la Fundación de la Falange y comienza el Aniversario Ll de nuestra marcha por la Historia. Y hoy, otra vez, como en los tiempos antiguos, y como en los tiempos recientes, los hombres y las mujeres de la Falange volvemos a recorrer las viejas y quebradas tierras de España. Han pasado cincuenta y un años desde que nuestros fundadores se lanzaran a predicar, por los pueblos de la Patria, la buena nueva de la revolución española. Esa revolución que, tantas veces invocada y tantas veces defraudada, tuvo la enorme virtud de congregar en torno a su doctrina y bajo su bandera a la mejor juventud de España. Otra vez los hombres y las mujeres de la Falange, día a día, semana a semana, mes a mes, sin prisas, pero sin pausas, nos afanamos por explicar a los escépticos, a los desilusionados y a los adversarios de siempre, las razones permanentes de España y la justificación de nuestra terca e irrenunciable esperanza en ese futuro, que queremos rabiosamente prometedor de la Patria. Si la Falange no hubiera sido más que un fervoroso movimiento poético de circunstancias (afín a los que en otras partes del mundo se alzaron en contra de la ofensiva marxista), tened por cierto que ni vosotros estarías ahí escuchándonos, ni nosotros estaríamos aquí hablándoos. En esto, como en tantas otras cosas, nos diferenciamos radicalmente de las derechas: en que mientras que ellas no tienen otra bandera que la de su visceral y timorato antimarxismo, nosotros aspiramos a construir un Estado y una democracia nuevos que, superando la dialéctica marxismo-antimarxismo, den la respuesta adecuada a los profundos y seculares problemas de nuestro pueblo. Frente a las tesis liberales de Juan Jacobo Rousseau y la Revolución Francesa, que dieron origen a las llamadas democracias parlamentarias y frente a las tesis totalitarias de Carlos Marx y la Revolución Rusa, que dieron origen a las llamadas democracias populares, José Antonio planteó las tesis humanistas de la Revolución Española. Una revolución asentada en el concepto del hombre como persona; como detentador de unos valores permanentes y de un alma capaz de salvarse o condenarse. Este humanismo joseantoniano y por joseantoniano falangista, es el que nosotros queremos rescatar hoy aquí, cuando tanto se habla de «humanismo y democracia» y del «respeto a la dignidad de la persona humana». Y nos parece urgente esta imperiosa tarea de rescate, porque so pretexto de tantas huecas proclamaciones de «humanismo», de «libertad» y de «solidaridad», la actual democracia liberal española está atentando contra los más hondos y radicales Derechos Humanos: el derecho a la paz y a la justicia, el derecho al trabajo y a la seguridad ciudadana, el derecho a un salario justo y a la protección de la familia, el derecho a una educación libre y gratuita y a una procreación responsable. El derecho, en suma, a la Patria, el pan y a la Justicia, como reza nuestro viejo lema jonsista. Quede claro, pues, desde siempre y desde este mismo momento, que los falangistas ni somos, ni queremos ser, escuetamente antimarxistas; y que no nos aliaremos jamás, ni siquiera como simple táctica electoral, con ninguna de las fuerzas políticas que -en estos momentos trágicos de nuestra Historia y con toda la buena voluntad del mundo pretenden montar una gran coalición nacional, de signo anti marxista. Nunca jamás, las posturas «anti» han servido absolutamente para nada. Sus soluciones, a la larga, o han resultado estériles o favorecedoras sólo de algún sector social más o menos privilegiado. No de todo un pueblo. Pero el firme rechazo a las tesis antimarxistas de las derechas no nos inclina lo más mínimo a la tesis marxistas de las izquierdas; ni nos sitúa, por descontado, en ese híbrido y fantasmagórico centro que resultó, más que una posición política, un criadero de repugnantes camaleones puestos a cambiar de color a la menor conveniencia crematística. Decía Ortega y Gasset, aquel gran filósofo a quien José Antonio dedicó su magnífico «Homenaje y reproche», que «ser de izquierdas o de derechas es una de las infinitas maneras de estupidez intelectual». No somos, ni seremos jamás, de derechas; pero no somos tampoco -ni seremos jamás- de izquierdas. Por muchas
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razones, pero, fundamentalmente, porque nuestra visión de España y de su realidad socioeconómica y política, no coincide, ni coincidirá nunca con la visión torpe y tuerta con la que gustan mirara España los partidos hoy en pugna. Pero si no somos de derechas, ni de centro, ni de izquierdas, cabría preguntarse ¿de qué somos entonces? ¿En dónde se sitúa nuestra actitud política y qué pretendemos hacer en el panorama dramático de la presente sociedad española? Una y mil veces tendremos que seguir repitiendo las razones de siempre; una y mil veces seguiremos gritando a la cara de España y al duro oído del pueblo español las verdades claras y limpias de la Falange. Todos vosotros habéis leído el discurso y algunos lo oísteis de viva voz, pronunciado por José Antonio en el cine Europa de Madrid el 2 de febrero de 1936, en vísperas de las elecciones generales que dieron el triunfo a las izquierdas del Frente Popular. En él, textualmente se dice: «Si la revolución socialista no fuera otra cosa que la implantación de un nuevo orden económico, no nos asustaríamos. Lo que pasa es que la revolución socialista es algo mucho más profundo. Es el triunfo de un sentido materialista de la vida y de la Historia; es la sustitución violenta de la religión por la irreligiosidad; la sustitución de la Patria por la clase cerrada y rencorosa; la agrupación de los hombres por clases y no la agrupación de todos los hombres de todas las clases dentro de la Patria común a todos ellos; es la sustitución de la libertad individual por la sujeción férrea de un Estado que no sólo regula nuestro trabajo, como en un hormiguero, sino que regula también, implacablemente, nuestro descanso.» Esta durísima acusación de nuestro fundador tiene, bien lo estáis viendo en nuestros días, un acuciarte y terrible actualidad en la España de 1984. ¿Qué otra cosa puede decirse de una prensa, una radio y una televisión que, haciendo caso omiso de los más profundos sentimientos de nuestro pueblo, se empeña cada dia, y de modo sistemático, en despreciar los valores morales de la persona, exaltando la degradación de las costumbres, haciendo mofa de Dios, aplaudiendo el libertinaje, fomentando el espíritu de revancha y el enfrentamiento entre los españoles, denigrando una y otra vez las instituciones militares, justificando los desmanes de los delincuentes, protegiendo a los terroristas, alentado los separatismos, ridiculizando, la Historia de España y despreciando, incansablemente, su sagrada unidad? El socialismo no es sólo «la implantación de un nuevo orden en lo económico» o, como dicen ahora algunos egregios periodistas de la derecha reformadora, un simple «correctivo de las injusticias sociales». El socialismo es algo mucho más serio y profundo: es la construcción de una forma de convivencia en la que, despreciando los valores individuales del hombre, se pretende convertir al Estado en el máximo y único ordenador de las relaciones humanas. Todo lo que suponga la creación y el mantenimiento de un Estado totalitario es socialismo. Por eso hay socialismos de izquierda, como los marxistas, y socialismos de derecha, como los fascistas. Pero nosotros, que rechazamos cualquier tipo dé estado totalitario, no somos ni marxistas, ni fascistas. Sencillamente porque no somos socialistas; somos personalistas. Permitidme que al hilo de estas reflexiones os diga, con toda claridad y firmeza, que una cosa es socialización y otra cosa es socialismo. Y conviene que estas distinciones, que tanta importancia tienen para la acción política, se graben profundamente en vosotros. Precisamente ahora, en estos momentos de gravísima confusión intelectual, cuando hay gentes que se permiten escribir en periódicos dé titulación católica que «el pensamiento cristiano tiene un socialismo de origen que fue el de Jesucristo ». Quienes esto escriben, o se apunta a la Teología de la Liberación, ni tienen la menor idea de lo que es el socialismo ni conocen tampoco la verdadera esencia del mensaje de Cristo. En el Evangelio no hay el menor asomo de «socialismo de origen». Lo que sí hay, claramente, es un tajante y rotundo mandato de «socialización». Lo que Cristo dijo es que cuanto somos y poseemos los somos y poseemos no para nosotros, sino para los demás; que toda nuestra vida ha de consistir en un servicio a los otros; que no podemos usar de nuestros bienes (espirituales o materiales) como dueños, sino como administradores; que, en definitiva, la vida nos ha sido dada no para capricho y satisfacción nuestra, sino para entrega y servicio al prójimo. Y esto, camaradas, no es socialismo. Es socialización. Socializar es «dar sentido social». Y malamente podemos socializar nada si antes el Estado socialista nos ha arrebatado lo que por legítimo derecho poseemos y lo que por trabajo personal hemos conseguido a lo largo de la vida.

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Pero el socialismo, lo que pretende no es la socialización de los bienes de producción, _sino, si me permitís, el neologismo, la «socialistización», que es cosa completamente distinta. Y aquí radica uno de los puntos clave de nuestra doctrina nacionasindicalista. Cuando nosotros hablamos de la socialización del campo, o de la socialización del crédito, o de la socialización de la enseñanza, no nos referimos, en absoluto, a una «estatalización» o «socialistización» de la agricultura, de la banca o de la escuela. No pretendemos, en modo alguno, trasladar la propiedad de manos del sector privado a manos del sector público. No pretendemos, en definitiva, hacer un malabarismo ideológico para cambiar de patrón: del patrón capitalista al patrón Estado. Nuestra socialización parte del respeto más hondo a los valores individuales del hombre y consiste, como antes decíamos, en «dar sentido social» a la proyección de ese hombre sobre las cosas. En ello nos afirmamos y de ellos partimos para la construcción de nuestro modelo de Estado. Pero este respeto y esta afirmación de los valores individuales, que el socialismo rechaza, no nos lleva en absoluto al campo del liberalismo individualista, cuyas expresiones máximas son las democracias parlamentarias y los regímenes de partidos o partitocracias. En el mismo discurso del cine Europa decía José Antonio, refiriéndose a las derechas: «Si el rencor es la consigna del frente revolucionario, simplemente el terror es la consigna del frente contrarrevolucionario. Al rencor se opone el terror y nada más que esto. Ni un gran quehacer, ni el.señalámiento de una gran tarea, ni una palabra animosa y esperanzadora que nos pueda unir a los españoles. Todo son gritos: ¡que se hunde esto, que se hunde lo otro!, ¡contra esto, contra lo otro! El grito que se da al rebaño en la proximidad del lobo para que el rebaño se apiñe, se apriete cobarde. Pero una nación no es un rebaño: es un quehacer en la, Historia». A la vista de estas palabras de José Antonio yo os pregunto: ¿acaso no es este el modo de comportarse de tantos y tantos compatriotas nuestros, en estos tiempos aciagos?, ¡que se hunde la democracia!, ¡que peligra el sistema!, ¡que se unan las derechas!, ¡que cese el terrorismo y la inseguridad ciudadana!, ¡que todos los españoles seamos justos y benéficos como exigía el artículo 6.° de la Constitución de Cádiz, etc., etc. ¿No es esta la tónica común a tantas buenas gentes que, incapaces de ir a la raíz de las cosas, se quedan en la cáscara -trágica y dolorosísima- de la realidad nacional? Naturalmente que también nosotros condenamos con la mayor firmeza y repugnancia los cobardes asesinatos del terrorismo, los infames crímenes de la delincuencia, las intolerables ofensas a los símbolos y a las instituciones de España, el vil secuestro de la libertad de expresión, de trabajo, de información "y de responsabilidad a la que con excesiva frecuencia todos nos vemos sometidos.

«Frente a las tesis liberales de Juan Jacobo Rousseau y la Revolución Francesa, y frente a las tesis totalitarias de Carlos Marx y la Revolución Rusa, José Antonio planteó las tesis humanistas de la Revolución Española » «El Nacionalsindicalismo es el instrumento decisivo para la construcción de un Estado nuevo y pleno, en el que la participación del pueblo en su propio gobierno se ejerce a través de los cauces que propician las unidades naturales de convivencia » «So pretexto de tantas huecas proclamaciones de "humanismo—, la actual democracia liberal española está atentando contra los más hondos y radicales Derechos Humanos: el derecho a la paz y a la justicia, al trabajo y a la seguridad ciudadana, a un salario justo ya la protección de la familia, a una educación libre y gratuita ya una procreación responsable. El derecho, en suma, a la Patria, el Pan y la Justicia » «La Falange no es, básicamente, un programa de Gobierno; la Falange es, sobre todo, un modelo de Estado. El Estado Nacionalsindicalista en el que las tareas de planificación política, social y económica no pueden estar en manos del Gobierno, en definitiva, en manos de los partidos, sino, precisamente, en manos de los órganos representativos naturales, en donde el ciudadano ejerce con pleno conocimiento su derecho a opinar y a decidir » «No somos, ni seremos jamás, de derechas; pero no somos tampoco, ni seremos jamás, de izquierdas, porque nuestra visión de España y de su realidad socioeconómica no coincide, ni coincidirá nunca, con la visión torpe y tuerta con la que gustan de mirara España los partidos hoy en pugna »

Pero, ¿cómo puede haber todavía en nuestra Patria quienes no se han percatado ya de que todos esos gravísimos males no son sino la inevitable y necesaria consecuencia del sistema individualista que consagra la Constitución española de 1978? ¿Cómo es posible que se pretendan eliminar los síntomas sin suprimir la causa que los origina? ¿Cómo puede pensar honradamente la derecha que con un simple cambio de Gobierno van a tener fin tantas y tan trágicas situaciones como las que estamos viviendo?
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El gran pecado de la derecha es el individualismo. Y así como antes dije que había unos socialismos de izquierda (los marxistas) y unos socialismos de derecha (los fascistas), así ahora podría deciros que hay unos individualismos de izquierda, los llamados socialdemócratas, y unos individualismos de derecha, los llamados liberalconservadores. ¡Esto es lo que importa! ¡Esto es lo que hay que destacar! Individualismo o socialismo. Lo de derechas e izquierdas sigue siendo -como decía Ortega- una estupidez intelectual. ¿Entendéis ahora el drama íntimo y esencial que aqueja a ese importante partido que es el PSOE, en el que malamente conviven marxistas y socialdemócratas, auténticos socialistas y vergonzantes individualistas? ¿Entendéis, también, porqué en ese importante partido que es Coalición Popular conviven malamente antiguos fascistas con recientes liberales? Este es el panorama de nuestra vida política; el de una confusión absurda y demencial en la que uno no sabe qué lamentar más: si la falta de claridad de sus «cabezas pensantes», su afán desmedido de codicia egoísta o su pesadez aplastante a la hora de los debates televisados. Nosotros, los falangistas, ¡cuántas veces habremos de repetirlo!, no somos ni socialistas ni individualistas, porque nuestra concepción del hombre no puede aceptar esa ruptura en la unidad radical de la condición humana. Y precisamente porque para nosotros el hombre no es ni sólo un ser individual ni sólo un ser social sino un pleno y total ser personal-, es por lo que nuestra doctrina política. se inscribe en la línea del humanismo personalista. ¡Somos personalistas! Y esta definición rotunda de nuestro pensamiento se proyecta decisivamente en nuestro modo de ser, en nuestro estilo, en nuestra concepción del Estado y de sus instituciones, en el modo de entender qué es España y en el planteamiento de nuestra propia acción política. Sin esta definición esencial de la Falange, nada de cuanto podamos decir o hacer tendrá justo y cabal sentido. Camaradas: si queremos que nuestra acción política tenga el nervio fuerte y vibrante que España necesita, hemos de empezar por aguzar nosotros los contornos mentales de nuestras ideas. Nos lo dijo clarísimamente José Antonio: «Si una política no es exigente en sus planteamientos, es decir, rigurosa en lo intelectual, probablemente se reducirá a un aleteo pesado sobre la superficie de lo mediocre». ¿No es esto precisamente lo que sucede hoy en España? Asistimos a un espectáculo cómico de mediocridad política. Un día, el líder de Coalición Popular dictamina profesoralmente que «el socialismo ha muerto». Otro día el presidente del Congreso afirma, en cambio, que «el socialismo democrático es la ideología que mejor se adapta a las necesidades de nuestro tiempo, la que mejor afronta los problemas del hombre del siglo XX». ¿Cómo se concilian semejantes tesis? ¿A qué carta quedarnos los ciudadanos de a pie? Se lanzan afirmaciones gratuitas; se expenden certificados de democracia; se agreden mutuamente con calificaciones de «progresistas» o «retrógrados»; se ensalzan o vituperan recíprocamente... y a todo esto le llaman libertad. Pero, ¿de qué libertad se trata? En su conferencia «Reflexiones sobre socialismo y libertad», el profesor Peces Barba exclamó rotundamente: «La libertad no es posible sin la igualdad; y la igualdad no es posible sin la libertad.» ¿Es esto mínimamente serio y responsable en quien ocupa la presidencia de la Cámara Legislativa? Y terminó de arreglarlo diciendo: «Soy socialista a fuer de liberal». Y decimos nosotros: ¿Y por qué no «soy socialista a fuer de filatélico»? El caso es hablar y hablar sin fundamento alguno. Y sin embargo, el tema de la libertad y la igualdad es clave y decisivo para el ordenamiento político. Se empeñan unos en afirmar la radical igualdad del hombre y se empeñan otros en afirmar la radical desigualdad del hombre. Y ambas afirmaciones son falsas, porque ambas son absolutamente parciales: porque ambas parten de una concepción monolítica de la condición humana. Y de este fundamental error de planteamiento surgen los dos grandes sistemas políticos en pugna. Porque se acepta la libertad individual, se construye un modelo de Estado en el que lo social se disuelve en el marco de un simple «pacto» o «acuerdo». Son las tesis liberales del «dejar hacer, dejar pasar», según las cuales, aparece la figura raquítica de un Estado inoperante, cuya única misión es la de someterse al libre juego de las apetencias particulares de sus ciudadanos, en esa suerte de selva que es la sociedad capitalista. El capitalismo no es otra cosa que el individualismo de la economía; como el comunismo no es otra cosa que el socialismo de la economía. Por eso, en verdad, no hay más auténtico socialismo que el comunista. Los comunistas son los auténticos socialistas. Y esos «socialistas moderados» que son los socialdemócratas no son, como antes dijimos, sino individualistas de izquierda. Ahora entendemos, perfectamente, cómo es posible que el presidente del Gobierno (secretario general del Partido Socialista Obrero Español) haya dicho públicamente que «el capitalismo es el menos malo de los sistemas conocidos». Pero esta dialéctica entre individualismos de derecha o de izquierda tiene su manifestación más importante en la organización del Estado. Y esta organización se fundamenta en la primacía absoluta de los partidos políticos, es decir, en la «partitocracia».
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De este modo llegamos al punto clave de lo que entendemos que es la esencia de la doctrina falangista. La Falange no es básicamente un programa de gobierno, la Falange es, sobre todo, un modelo de Estado. En esto, además de en otras cosas, nos diferenciamos fundamentalmente de las fuerzas políticas que ejercen actualmente el liderazgo en España. Nosotros entendemos que es el Estado el que está en crisis. Nuestra preocupación fundamental es la construcción de un Estado nuevo, de una democracia nueva, de una organización política nueva. Y esta preocupación tiene un nombre precioso: Revolución Nacional y Sindicalista. En nuestra concepción Nacionalsindicalista las tareas de planificación, política, social, económica, no pueden estar en manos del Gobierno, en definitiva, en manos de los partidos, sino precisamente en manos de los órganos representativos naturales, en donde el ciudadano ejerce con pleno conocimiento su derecho a opinar y a decidir en las materias que directamente le afectan a él y a su familia, a su pueblo y a su trabajo. En el actual estado de cosas, las organizaciones sindicales, profesionales, empresariales, vecinales, familiares, no tienen, de hecho, otra salida que el enfrentamiento con el Gobierno; enfrentamiento que se resuelve, si a eso se le puede llamar resolver, unas veces por el pacto y el consenso y otras por la huelga y la lucha social. Y así vemos que, en definitiva, en esta democracia liberal, parlamentaria y monárquica, todo queda a merced de la lucha de intereses particulares, de la lucha de clases que se olvidan, definitivamente, del interés supremo de España y del interés común del pueblo español. ¡Tal es el resultado de esta democracia!

«Cuando nosotros hablamos de socialización, no nos referimos en absoluto a una “estatalizacíón" o "socialistización". Nuestra socialización parte del respeto más hondo a los valores individuales del hombre y consiste en dar sentido social a la proyección de ese hombre sobre las cosas » «¿Cómo puede haber todavía en nuestra Patria quienes no se hayan percatado de que sus gravísimos males no son sino la necesaria consecuencia del sistema índividualista que consagra la Constitución española de 1978?» «Nosotros no somos ni socialistas ni individualistas, porque nuestra concepción del hombre no puede aceptar esa ruptura de la unidad radical de la condición humana. Para nosotros, el hombre es un pleno y total ser personal. ¡Somos personalistas!» «Falange Española de las JONS se proclama auténtica y esencialmente democrática; pero de una democracia nueva, superadora de los dos modelos actuales: la liberal o parlamentaria, la fascista o la totalitaria marxista » «Tenemos toda la autoridad moral para reclamarla existencia de unas corporaciones territoriales y profesionales que sean las auténticas protagonistas de la cámara legislativa que regule las relaciones político jurídicas de los españoles » «El pueblo español quería el cambio. Pero no un simple cambio de Gobierno, sino, inconscientemente quizá, un profundo y radical cambio de Estado. Y esto no lo pueden ni las derechas ni las izquierdas, porque ambas están esencialmente comprometidas en el mismo sistema y en el mismo modelo de Estado: el Estado individualista » «Frente a la revolución marxista, atea y totalitaria, nosotros ofrecemoe a este pueblo nuestro la única alternativa posible: la de una revolución inspirada en el humanismo personalista, afirmada en una concepción plena de España y de nuestra cultura hispánica, construida sobre una nueva formulación del Estado y de la democracia »

Insistimos, pues, una vez más, y cuantas hagan falta, en que el Nacionalsindicalismo es el instrumento decisivo para la construcción dé un Estado nuevo y pleno, en el que la participación del pueblo en su propio gobierno se ejerce a través de los cauces políticos que propician las unidades naturales de convivencia. Por eso os decía que, para nosotros, lo radicalmente importante en estos momentos no es la formulación de un programa de gobierno; sino la formulación de un modelo de Estado. Falange Española de las JONS se proclama auténtica y esencialmente democrática; pero dé una democracia nueva, superadora de los dos modelos actuales de democracia: la liberal o parlamentaria y la fascista o totalitaria. Y no nos importa que alguien, con actitud maniquea, pretenda echarnos en cara viejos textos o puntos fundacionales. Asumimos, no faltaría más, todo lo que supone el acervo doctrinal de la Falange, pero afirmamos que ese acervo doctrinal no terminó con la muerte de nuestros fundadores y reclamamos, como españoles dignos que somos, el derecho legítimo a comparecer públicamente ante nuestro pueblo para dar razón de nuestra doctrina y de nuestro modo de entender la política. Y a ese derecho, estad seguros, camaradas, ni renunciamos hoy ni renunciaremos jamás.

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51 ANIVERSARIO FE de las JONS/ Discursos

Insistimos: No estamos ni en la derecha, ni en la izquierda, ni, mucho menos, en el centro. Y no estamos en ninguna de esas posturas porque no estamos con el actual sistema. Lo acatamos porque nosotros, en contra de lo que quiera decirse, somos respetuosos con las leyes positivas y con el ordenamiento jurídico-político que los españoles, engañados miserablemente, se han dado a sí mismos. Pero sépase claramente que si algún día„ y en la política todo es posible, el pueblo español nos otorga el honor de su voto favorable, lo primero que haremos será derogar la actual Constitución y proponer un modelo, nuevo de auténtica Constitución española, según el cual sean los propios españoles quienes, ejerciendo una verdadera representatividad política, a través de sus unidades naturales de convivencia, planteen las soluciones que sus problemas requieren. Y tenemos que repetir con José Antonio, una vez más, que no somos corporativistas, que «esto del Estado corporativo es otro buñuelo de viento». Porque no somos en absoluto corporativistas, es justamente por lo que tenemos toda la autoridad moral para reclamar la existencia de unas corporaciones territoriales y unas corporaciones profesionales que, como cauces políticos de participación social, sean las auténticas protagonistas de lo que nosotros queremos, para bien de España, que sea la Cámara Legislativa que regule las relaciones político jurídicas de los españoles. Es así como, frente a las tesis de la llamada democracia inorgánica, que sólo acepta el juego de los partidos políticos como única vía de expresión de la voluntad popular, nosotros planteamos las tesis de una democracia nueva, que trae unas vías nuevas, las de las unidades orgánicas, como forma de construir lo que ya se empieza a llamar democracia participativa. Este es el esquema de Estado que la Falange propone a esa gran masa del pueblo español que, escéptica ante el fracaso de la actual «partitocracia», no sabe a dónde mirar ni a quién entregar su voto. Bien sé que a los pueblos no los gobiernan los poetas, sino los técnicos, fríos y asépticos. Pero también sé, lo sabemos todos; que una fría y aséptica tecnocracia no podrá jamás levantar el esfuerzo común que, en estos años de trágica y mortal agonía, España necesita con urgencia. Si los socialistas obtuvieron el arrollador triunfo de las pasadas elecciones generales fue, precisamente, porque supieron levantar esperanzadamente la bandera del «cambio». El pueblo español, al menos una gran mayoría, quería el cambio. Por eso votó al PSOE. Pero lo que quería el pueblo no era un simple cambio de gobierno, sino, inconscientemente quizás, un profundo y radica cambio de Estado. Y esto, camaradas, no lo pueden dar ni las derechas ni las izquierdas actuales, porque ambas formaciones políticas están esencialmente comprometidas en el mismo sistema y en el mismo modelo de Estado: el Estado individualista. Sólo quedan dos caminos: o el cambio marxista del Estado totalitario, o el cambio falangista del Estado Nacionalsindicalista. No se trata, por tanto, de hacer la «reforma». El problema español no es de simple forma: es de fondo. Y a ese cambio de fondo, a esa transformación profunda, es a lo que se llama revolución. Sé muy bien que la palabra revolución levanta múltiples rechazos en quienes sólo ven en ella caos, anarquía, subversión y derramamiento de sangre. ¡Qué gravísimo error! Revolución fue la de Copérnico, cuando construyó un nuevo modo de concebir el Universo. Revolución fue la de Freud, cuando construyó un nuevo esquema de la psicología humana. Revolución fue la de Cristo, sobre todo cuando nos enseñó la nueva ley del amor fraterno. Y a esta revolución, a la esencia de esta profunda y humanista revolución, es a la que la Falange se apuntó desde el primer momento. Frente á la revolución marxista, fría, atea y totalitaria, nosotros ofrecemos a este pueblo nuestro la única alternativa posible: la de una revolución inspirada en el humanismo personalista, afirmada en una concepción plena de España y de nuestra cultura hispánica, construida sobre una nueva formulación del Estado y de la democracia, planteada con el fervor y el entusiasmo de unas generaciones de hombres y mujeres jóvenes que, sin arrogancias, pero con entereza, supieron dar sus vidas por una Patria común, sin distingos ni marginaciones. Esa es la revolución que la Falange os propone á todos, camaradas. Esa es nuestra auténtica revolución, esa es la revolución pendiente que tiene España. Y porque no queremos que siga pendiente hasta el final de los siglos, es por lo que estamos hoy aquí y por lo que tantos camaradas nuestros están en todos los pueblos y ciudades de España, proclamando, con fe y valentía, la esperanza de un mañana mejor: más libre, más justo y más solidario para todos. ¡Arriba España!
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Dos imágenes obtenidas durante el acto del cine Benlliure. Arriba, un aspecto de la presidencia; abajo, el más joven de los oradores, Miguel Muñiz, en un momento de su intervención

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51 ANIVERSARIO FE de las JONS/ Discursos

«SER FALANGISTA ES UNA EXIGENCIA ABSOLUTA, POR EL CONVENCIMIENTO DE QUE ESTAMOS AQUÍ LUCHANDO POR UN FIN SUPERIOR: ESPAÑA. ESPAÑA POR ENCIMA DE PARTIDISMOS Y BANDERIAS, POR ENCIMA DE INTERESES Y VELEIDADES PERSONALES, MUY POR ENCIMA DE LOCALISMOS CIEGOS» (Miguel Muñiz García)

«PARA LA FALANGE EL ESTADO ES UN INSTRUMENTO AL SERVICIO DE UN DESTINO HISTÓRICO, QUE COMIENZA POR POTENCIAR LA LIBERTAD PROFUNDA DEL HOMBRE Y LAS LIBERTADES REALES DE ORDEN POLÍTICO Y ECONÓMICO; QUE SE CONSIDERA SERVIDOR DE PRINCIPIOS Y NORMAS ETICAS Y NATURALES A LAS QUE SE SUBORDINA Y A LAS QUE TUTELA JURÍDICAMENTE» (Julio Pino Domínguez)

«NOSOTROS ASPIRAMOS A CONSTRUIR UN ESTADO Y UNA DEMOCRACIA NUEVOS QUE, SUPERANDO LA DIALÉCTICA MARXISMOANTIMARXISMO, DEN LA RESPUESTA ADECUADA A LOS PROFUNDOS Y SECULARES PROBLEMAS DE NUESTRO TIEMPO» (Diego Márquez Horrillo)

NACIONALSINDICALISMO Esta es nuestra propuesta para salir de la desastrosa situación a que nos ha llevado el actual sistema. Si estás de acuerdo con ella, AFÍLIATE Y PARTICIPA en la FALANGE ESPAÑOLA DE LAS JONS

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