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La Magia de la Metáfora y el Éxito

El documento explora la importancia de aprender a utilizar eficazmente nuestro cerebro y cómo esto puede liberarnos de nuestras limitaciones. A través de una fábula sobre un niño que busca el secreto del éxito, se ilustra que la atención plena y el uso de los sentidos son esenciales para apreciar la riqueza del mundo y alcanzar nuestras metas. El Sabio enseña que debemos equilibrar la atención a nuestras experiencias con la responsabilidad de no descuidar lo que es valioso, simbolizado por las gotas de aceite en la cuchara.

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La Magia de la Metáfora y el Éxito

El documento explora la importancia de aprender a utilizar eficazmente nuestro cerebro y cómo esto puede liberarnos de nuestras limitaciones. A través de una fábula sobre un niño que busca el secreto del éxito, se ilustra que la atención plena y el uso de los sentidos son esenciales para apreciar la riqueza del mundo y alcanzar nuestras metas. El Sabio enseña que debemos equilibrar la atención a nuestras experiencias con la responsabilidad de no descuidar lo que es valioso, simbolizado por las gotas de aceite en la cuchara.

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LA MAGIA DE LA METÁFORA

sitaba para fabricarlos fuesen también los que necesitaba para


hacer la llave de la cerradura.
“Y así fue como, merced a un diseño, me escapé”.
“Todos nacemos con un cerebro”, dijo el Mago, “pero sin
ningunas instrucciones acerca de cómo utilizarlo. El cerebro es
un instrumento de un poder asombroso. Pero la mayoría de la
gente nunca aprende cómo usarlo eficazmente. Es una lástima,
porque se puede enseñar y aprender a pensar y a utilizar nues-
tro cerebro con eficacia.
“Cuando empezamos a comprender las pautas y estructu-
ras que sigue nuestro pensamiento, podemos comenzar a libe-
rarnos a nosotros mismos de la esclavitud de nuestras limita-
ciones”.
Fuente primaria: Sandra Maitri (historia del hojalatero).
Fuente secundaria: Idries Shah (historia del hojalatero), quien a
su vez reconoce su deuda con un monje sufí de la Orden Naqshban-
di cuyo nombre no menciona. “Naqshbandi” significa literalmente
“los diseñadores”.

3.02 El secreto del éxito

Cierta vez un muchachito se acercó a su padre y le dijo:


“¡Papá!, ¡Papá! ¿Cuál es el secreto del éxito en la vida?”.
Su padre le dijo: “Hijo, esa es una pregunta muy difícil. Y
no soy la persona más apropiada para darte una respuesta.
¿Por qué no le preguntas a tu madre?”.
Así que el muchachito se acercó a su madre y le dijo:
“¡Mamá!, ¡Mamá! ¿Cuál es el secreto del éxito en la vida?”.
Su madre le dijo: “Hijo, esa es una pregunta muy difícil. Y
no soy la persona más apropiada para darte una respuesta.
¿Por qué no esperas a las vacaciones de verano y te vas a ver
al Sabio que vive en el castillo? Seguro que el Sabio lo sabe”.
Y así, con una emoción y una expectación apenas disimula-
das, el muchachito esperó a que pasaran los vientos otoñales,

112
ESTRUCTURAS Y PAUTAS

las escarchas invernales, el esplendor de la primavera y las


promesas de los primeros días del verano hasta que llegaron
las vacaciones.
Metió en su mochila todas las cosas que pudiera necesitar y
partió para el lejano castillo del Sabio. Caminó a lo largo de
hondos valles, escaló elevadas montañas, atravesó ríos de
aguas muy rápidas, cruzó a nado grandes lagos y atravesó
densos bosques hasta que finalmente llegó al castillo.
Se asombró de encontrar el patio lleno de gentes de todas
clases. Todos estaban esperando recibir las enseñanzas y los
conocimientos del Sabio. Se sorprendió de que tantas personas
procedentes de tantas condiciones pudieran estar interesadas
en aprender algo de sabiduría. Había allí actores, bailarines y
pintores. Había allí abogados, catedráticos y profesores. Había
allí gentes de negocios, banqueros y contables. Había allí amas
de casa y amos de casa. Había allí conductores de autobuses,
fontaneros y electricistas. Había allí médicos, enfermeras y
gente de los servicios sociales. Había allí incluso algunos polí-
ticos y académicos.
El muchachito esperó pacientemente su turno. Finalmente
llegó ante donde estaba el Sabio. “Por favor, dime”, preguntó,
“¿cuál es el secreto del éxito en la vida?”.
“Hijo”, dijo el Sabio, “esa es una pregunta muy difícil. Y
mientras pienso la respuesta, podrías visitar mi castillo y apre-
ciar todas sus maravillas y bellezas.
“Quítate los zapatos, pues es la costumbre en este país, y
siente la suave frescura de los suelos de mosaico en las habita-
ciones destinadas a la recepción de invitados.
“Echa un vistazo a los finos tapices que cuelgan de los dor-
mitorios y advierte la riqueza de su colorido y los detalles de
su calidad.
“Escucha las armoniosas melodías de mis músicos, pues los
sonidos que producen te deleitarán y encantarán tus oídos y tu
alma.

113
LA MAGIA DE LA METÁFORA

“No olvides visitar mis cocinas y probar los platos prepa-


rados por mis cocineros, pues la comida que preparan, ya sea
picante o dulce, salada o amarga, agria o picante, sabrosa o
suave, estimulará tus sentidos como nunca lo habías conocido
antes.
“Y no olvides mis jardines y mis huertos. Pues los dulces
olores de los frutos en flor y los aromas ácidos de las hierbas
medicinales te transportarán a un país de recuerdos largo
tiempo olvidados”.
Cuando el muchachito estaba a punto de salir, el Sabio le
detuvo y sacó de un bolsillo escondido en el manto una pe-
queña cuchara y una botella.
“Sólo una cosa más antes de que te vayas. Toma esta cu-
chara y asegúrate”, dijo el Sabio, poniendo dos gotas de acei-
te de la botella en la cuchara, “de que bajo ninguna circuns-
tancia dejes derramar estas dos preciosas gotas.
“Vuelve dentro de dos horas y te responderé a tu pregunta”.
***

Exactamente dos horas más tarde el muchachito volvió. El


Sabio le preguntó: “¿Así pues, sentiste la fresca textura de mis
suelos, viste la extraordinaria riqueza de mis tapices, inhalas-
te los poderosos aromas de mis jardines, probaste la deliciosa
comida preparada por mis cocineros y oíste los dulces sonidos
de mis músicos?”.
El muchachito sacudió la cabeza y dijo: “No. No hice nada
de eso. Pero mira, todavía tengo las dos gotas de aceite en mi
cuchara”.
El Sabio hizo una breve pausa. Y después dijo: “Hijo mío,
nunca confíes en alguien cuya casa no conozcas. Ve de nuevo.
Esta vez tómate el tiempo que necesites para apreciar todo lo
que hay que apreciar. Utiliza esta vez los poderes de tus cin-
co sentidos para advertir la riqueza y la gloria que te rodean.
Y después vuelve nuevamente, luego de haber advertido to-

114
ESTRUCTURAS Y PAUTAS

do lo que es digno de percibir, con la cuchara y las dos gotas


de aceite”.
Así que el muchachito volvió a visitar el castillo. Cuando
volvió cuatro horas más tarde estaba extático. Todo su cuerpo
parecía ágil y fluido, sus ojos brillaban, sus gestos eran am-
plios y expansivos.
Maravillado y asombrado, le habló al Sabio: “Oh, es mara-
villoso, es todo tan maravilloso. Vi los tapices con sus ricos co-
lores y sus finos detalles. Escuché los ricos y melodiosos acor-
des de los músicos. Probé todos y cada uno de los sabrosos
platos de las cocinas. Olí todos y cada uno de los perfumes de
los jardines y los huertos y sentí la suave frescura de los mo-
saicos en las plantas de mis pies. Todo lo que hay aquí es ab-
solutamente maravilloso”.
“Así es, efectivamente”, dijo el Sabio. “Es absolutamente
maravilloso. Pero, ¿qué ha sido, si puede saberse, de las gotas
de aceite que había en tu cuchara?”.
Y, por supuesto, con la emoción el muchachito había deja-
do derramar el precioso aceite.
“El secreto del éxito en la vida”, dijo el Sabio, “es verdade-
ramente muy sencillo. A fin de que puedas absorber, com-
prender y hacer uso de la abundancia del mundo que te rodea,
presta atención a través de cada uno de tus cinco sentidos,
pues cada uno de ellos constituye un don impagable. Sólo en-
tonces comenzarás a advertir que el mundo entero conspira
para servirte en alcanzar cualquier cosa que desees.
“Y a medida que empieces a descubrir cómo moverte en la di-
rección que deseas, utilizando todos los recursos que te rodean,
debes aprender igualmente a distribuir tu atención con cuidado
y flexibilidad. Para que, al mismo tiempo que adviertes lo mag-
nífico y maravilloso que es el mundo, no dejes nunca igualmen-
te de prestar atención a las gotas de aceite de tu cuchara”.
Fuente primaria: Paolo Coelho, “El Alquimista”. Véase biblio-
grafía.

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