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Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle La Cantuta Alma Máter del Magisterio Nacional

Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle

La Cantuta

Alma Máter del Magisterio Nacional

y Valle La Cantuta Alma Máter del Magisterio Nacional DOSSIER DE HOMENAJE AL POETA CESÁREO MARTÍNEZ

DOSSIER DE HOMENAJE AL POETA CESÁREO MARTÍNEZ A UNA DÉCADA DE SU FALLECIMIENTO

(AREQUIPA 1945 - LIMA 2002)

DE HOMENAJE AL POETA CESÁREO MARTÍNEZ A UNA DÉCADA DE SU FALLECIMIENTO (AREQUIPA 1945 - LIMA
EDICIÓN ESPECIAL
EDICIÓN
ESPECIAL

Cesáreo Martínez Sánchez, destacado poeta y perio-

dista, fue Director de Imagen Institucional de la UNE

y en los años en que estuvo vinculado a esta Casa de

Estudios le dio varios de sus aportes más importantes. Por ello, al haberse recordado el pasado 29 de enero diez años de su partida, la UNE le reitera su reconocimiento, que se suma al que anteriormente le hiciera la Oficina de Imagen Institucional con la edición y difusión de su libro ‘Sol de ciegos’. Profesores y estudiantes de Literatu- ra publican también periódicamente una revista con el mismo título.

Cesáreo Martínez, más conocido como ‘Chacho’ entre sus amigos, nació el 25 de febrero de 1945 en Cotahua- si, Arequipa, y estudió Letras en la Universidad de San Marcos. Dedicó buena parte de su obra a la llamada poesía coyuntural, como se constata en el poemario ‘Cinco razones para comprometerse’, referido a la huelga contra el gobierno de Morales Bermúdez -que intervino La Cantuta de 1977 a 1980-. Fue también, desde el plano poético, opositor al gobierno de Fujimori.

RECTOR Dr. Antonio Díaz Saucedo

VICERRECTOR ACADÉMICO Dr. Vladimiro del Castillo Narro

VICERRECTOR DE INVESTIGACIÓN Dr. José Campos Dávila

Otros títulos de su producción poética son Migracio-

nes (1974), Donde mancó el árbol de la espada y arcoíris (1980) -poemario que la UNE reedita ahora en homenaje

a nuestro reconocido escritor-, Celebración de Sara

Boticelli (1982) y El sordo cantar de Lima (1993) figuran entre sus destacados poemarios. El legado de Miguel Grau (1986), Desde la vigilia (1989), y Cuaderno de los se- cuestros (crónicas sincrónicas) (1999), destacan también entre sus escritos. Obtuvo varias distinciones, entre ellas el segundo lugar en los Juegos Florales de San Marcos y en el concurso de poesía Casa de las Améri- cas en La Habana.

Incluimos en este dossier testimonios y aportes de destacados intelectuales que conocieron a ‘Chacho’ y disfrutaron de su amistad. Gracias a todos ellos.

ÍNDICE

TESTIMONIOS Y APORTES

LA PALABRA MANUEL AGUSTÍN MARTÍNEZ CÁCERES

4

BOTICCELLI MANUEL MOSQUERA

5

TE EVAPORAS y EL OJO DE LA NOCHE GLORIA CÁCERES

6

BRINDIS DE CELEBRACIÓN PARA CESÁREO MARTÍNEZ ROLAND FORGUES

7

CONVERSA CON MÓNICA VALVERDE SOBRE EL POETA CESÁREO MARTÍNEZ RAÚL JURADO PÁRRAGA

9

CHACHO EN EL HORIZONTE JUAN CRISTOBAL

10

LA ESTÁTUA DE CESÁREO MARTINEZ ROSINA VALCÁRCEL

11

CESÁREO MARTINEZ MANUEL PANTIGOSO

12

CESÁREO MUCHACHO CÉSAR A. REYES CAMPOS

13

EL CANTO DEL DESARRAIGO O EL SORDO CANTAR DE LIMA LUIS MORÓN HERNÁNDEZ

14

CESÁREO MARTÍNEZ, INMIGRANTE, VIAJERO Y POETA JOSÉ LUIS AYALA

16

CHACHO MARTÍNEZ: UN SIBARITA DE LA EXISTENCIA REYNALDO TRINIDAD ARDILES

22

CHACHO EN LOS ANDES FREDY AMILCAR RONCALLA

25

EL POETA CESÁREO MARTÍNEZ EN EL CIELO JOSÉ LUIS AYALA

27

CHACHO DE LOS MUCHACHOS RAFAÉL HIDALGO

28

RECORDANDO AL POETA CESÁREO MARTÍNEZ MILCÍADES HIDALGO CABRERA

30

TESTIMONIOS A LOS 10 AÑOS DE SU PARTIDA WALTER TINTA

32

ANTOLOGÍA POÉTICA CELEBRACIÓN DE SARA BOTTICELLI

33

APARICIÓN DE SARA BOTTICELLI 5 EL ALEPH OCHO TANGOS(AS) PARA SARA BOTTICELLI 2 POEMA EPIGRAMAS PARA SARA BOTTICELLI 4

SOL DE CIEGOS

34

LA REALIDAD NO ES COMO LA VES TENGO UN SUEÑO VERDE CEREMONIAL

REALIDAD NO ES COMO LA VES TENGO UN SUEÑO VERDE CEREMONIAL Correspondencia: atrapaojos@hotmail.com -
REALIDAD NO ES COMO LA VES TENGO UN SUEÑO VERDE CEREMONIAL Correspondencia: atrapaojos@hotmail.com -
REALIDAD NO ES COMO LA VES TENGO UN SUEÑO VERDE CEREMONIAL Correspondencia: atrapaojos@hotmail.com -

Correspondencia:

atrapaojos@hotmail.com - soldeciegos@hotmail.com

NO ES COMO LA VES TENGO UN SUEÑO VERDE CEREMONIAL Correspondencia: atrapaojos@hotmail.com - soldeciegos@hotmail.com

D e niño, la “palabra” serio evocaba para mí todo aquello concerniente a

los adultos y ajeno a cualquier concepto infantil. Evidentemente, como todo niño que tan sólo quería crecer; discutir de los temas serios me hacía sentir importante

Joven hijo del poeta “Chacho” Martí- nez, nos envía este sentido homenaje desde la lejana “Ciudad Luz” (Paris) donde actualmente reside. El texto fue leido por su madre en el homenaje por los diez años de la partida del poeta.

y maduro. En ese contexto, era normal que considerara a mi padre como una persona antipática, pues muy pocas veces me to- maba “en serio”. En sus conversaciones y observaciones, mi padre buscaba siempre

la manera perfecta de burlarse de mí y to-

marme el pelo. Siempre queriendo hacer- me creer que las montañas deambulaban

en procesión hacia el este, a las cinco de

la tarde. Que si un pobre perrito no puede

alcanzar su objetivo, “el perro unido jamás será vencido”. Siempre remarcándome que el peruano es una persona muy cuerda, porque a cada cuadra se leía una pancarta “SE VENDE. RA- ZÓN AQUÍ”. Fue una época muy difícil. Mi padre, dán- dose cuen- ta de que la violencia

y la opresión

lo acompaña- rían aún durante algunos años más de su vida; y yo queriendo ser una persona adulta, “seria”, diciéndome que Martínez era un bonito

apellido, pero que no había existido hasta ahora ningún presidente Martínez. Y dale con lo de ser serio. Al leer Cinco razones me levanté contra él y me dije a mí mismo ¿Por qué mi papá nunca me habló real- mente de su lucha, tan seria?” Porque en realidad nunca lo hizo. Y anduve amargo con él durante algún tiempo. Hace seis años, cuando él se convertía en

el papá modelo que todo universitario sue-

ña tener, me llamaron para decirme que

Cesáreo Martínez acababa de morir. Mi

primera reacción, por supuesto, fue la de ponerme a llorar como todo hijo que pier- de a su padre. Luego me puse a recordar muchos de aquellos momentos pasados en su compañía. Como lo quería cuando, aún niño, me sacaba a pasear (y de paso me perdía el 50% de las veces) llevándo- me al parque central de Chosica, donde podía vengarme haciéndole pagar mis video-juegos. Cómo lo odiaba cuando se aparecía delante de mis amigos con su broche “Democracia Ya” que hacía reír a más de uno (en realidad tenía- mos ya 15 años y pensá- bamos, ingenuos y ciegos, que Fuji- mori no estaba tan mal en la presidencia del país).

Revivien-

do todo tipo de r e c u e r d o comprendí al final que mi padre nun- ca se burló de mí, sino que par- ticipó activamente en mi formación. Si nunca quiso directamente darme clases de moral o de justicia, su modo de vida y sus acciones siempre estuvieron ahí, formándome In- directamente. Creo que mi padre, imitando la natura- leza, era una persona amoral, demasiado libre para poder tener una línea de acción que no fuera guiada por su “instinto” de ser humano. Sus textos lo demuestran. La lucha por la libertad, la justicia y la ver- dad que él emprende en muchos de sus escritos son para mí el resultado de un ra-

zonamiento instintivo y no el fruto de una

en muchos de sus escritos son para mí el resultado de un ra- zonamiento instintivo y
“ una el peruano persona muy es cada una cuerda, pancarta cuadra porque se ‘SE
una el peruano persona muy es
cada una cuerda, pancarta cuadra porque se ‘SE leía a
VENDE. AQUÍ’ RAZÓN

educación cívica. Un hombre que se fiaba muchísimo de su instinto e intuición, confian- do en sus amigos, aspiran- do a la libertad y sobretodo protegiendo la verdad. Los que conocieron a “Cha- cho” Martínez (nunca lo lla- me así, no me gusta ese sobre- nombre) saben que le encantaba

jugar con las palabras. Y al decir “jugar con la palabra”, quiero decir que

mi padre la antropoformizó y la convirtió en su compañera de jue-

go. La palabra, ese conjunto de sonidos y fonemas que transmiten una idea, considerada por muchos eruditos como la herramienta principal que define al ser humano, no era la herramienta sino la compañera de juego de mi padre. ¡Cómo extraño esos delirios que tanto me enervaban! ¡Cuántas veces más deberé esperar escuchar aquellas frases torturadas y cambiadas, que tanto lo hacían reír! Hace seis años y medio entonces, mi padre se fue de este mundo.

Se llevó consigo su estruendosa carcajada y su profunda mirada.

Contento y casi llorando se despidió de mí unas semanas antes. Instintivamente, se despidió también de algunos de sus amigos.

Y si el Perú pierde un buen escritor y un soñador nato, yo perdí a

mi

padre (que honestamente, no era un padre nato). Se fue antes

de

que pudiera presentarle “la amiguita”, antes de que pudiese

siquiera hablarle de ella, incluso antes de que pudiera invitarlo a comer a algún restaurante para festejar un cumpleaños más. Ni siquiera tuve la oportunidad de decir “Ya, ya” a sus sendos con- sejos una vez más. No soy capaz de juzgar el valor literario de Sol de Ciegos. Mi formación y mi ignorancia literaria me lo impiden. Sin embargo, amo ese manuscrito como si fuese la resurrección de mi padre. De todas sus obras, Sol de Ciegos muestra un Cesáreo Martínez que

se asemeja más a la imagen que guardo de mi padre: Un hombre

que teme la soledad, la mentira, enamorado de su estilo de vida,

de su instinto-convicción; un hombre con el que me gustaría iden-

tificarme. Un mejor amigo con problemas (como todos en rea- lidad), humano; justo. Con muchos defectos que no enumeraré,

pero señalaré su existencia, convirtiendo a mi padre en un hombre normal y no en un héroe. Muy parcialmente, entonces, afirmo que Sol de Ciegos es la mejor de sus obras. Con la adolescencia y la rebeldía, mi padre se convirtió rápida- mente en un modelo para mí. Sus ideales y sus convicciones so- ciales ayudaron a formar los míos. Su buen humor y su pasión por

su

trabajo me sirven hasta ahora para poder continuar con el mío.

Su

pasión por la literatura deja en mí, pobre científico cartesiano,

la

manera perfecta para otorgar un poco de arte y belleza a mi

mundo y a mi vida. Hace poco, leí por enésima vez Sol de Ciegos, y me hizo tanto bien. Y es que es hermosa poder reír y llorar delante de una hoja escrita. “Hijo, ¿qué te pasa? Tú padre volverá pronto”. Pero mi padre ja- más volvió. solo las palabras de mi madre siguen sonando en la noche.

solo las palabras de mi madre siguen sonando en la noche. Manuel Mosquera BOTTICELLI A Chacho

Manuel Mosquera

BOTTICELLI

A Chacho Martínez

En la soledad de su atelier

Inmortaliza a Venus su amada eterna

La delinea con pasional conmoción

La consonancia agitada de sus frisos dorados

Le recuerda el movimiento ondulatorio de aguas celestiales

EI pincel atrapa su ensueño

Ve a través de su rostro majestuoso y bello de diosa

Aquel ardor con el que sus ojos vislumbran

La perpetua imagen

Desnudada por sus manos.

de diosa Aquel ardor con el que sus ojos vislumbran La perpetua imagen Desnudada por sus
Poemas de Glória Cáceres,
Poemas de Glória Cáceres,

Wapsirikunki

P’unchaw yaykuykamun, achikyay wayrahina tumpa-chiri, k’anchaspa. Tuta asuykamun wañuq wachihinam, tuqsiqlla llakikunapaq.

Te evaporas

El día llega

como el viento de la mañana tibio y luminoso.

La noche se asoma

como el dardo de la muerte punzante y lúgubre.

Tutayasqa kantunpi qunqawasqaykirayku rumihina kani. Qamtaq, astawan karupi kuyasqa ripuq runapa samanhina wapsirikunki, wicha wichaykama maypi apukuna tiyan.

En

el limbo de la penumbra

quedo petrificada por tu olvido.

Y

tú, tan lejos,

como el aliento del amado ausente

te

evaporas,

hasta las alturas donde moran los dioses.

Tutapa ñawin

El ojo de la noche

Tutapa ñawinmi suwakuwarqa huk llaqtakunaman, maypi musqukuna runa tukuspa manch’achikuqllam kanku mana sunquyuq.

El ojo de la noche

me ha secuestrado

a otros territorios, donde los sueños

encarnizados

son solo fantasmas

sin corazón.

Maskamuykim

Te busco

pakakuq rosas waytapi

en

la rosa escondida

kichkallanmi

cuyas espinas

kuyayniyta

horadan

huchkun.

mi

amor.

rosa escondida kichkallanmi cuyas espinas kuyayniyta horadan huchkun. mi amor. 6 SOL DE CIEGOS

E n esta mañana soleada y risueña de enero, al pie de los Pirineos franceses

todavía cubiertos de nieve, se me cae el alma de tristeza al enterarme del brutal fallecimiento de Cesáreo Martínez, el en- trañable amigo con quien he compartido

en estos últimos veinticinco años de vi-

sitas al Perú tantos momentos de alegría

y a veces de pena. Y sin embargo escu-

cho la voz de Chacho traída por un leve viento que viene de los mares y me dice

cinco razones puras para la rebeldía y la

solidaridad. Allá en el espacio infinito y sagrado del mito que ahora es tu lugar, como en este miserable mundo de acá, se que tus brazos tan sólo duermen bajo la

“no estés triste, aquí estoy, maestro, como

luz

de tus sueños y que tu cabeza vuela

siempre”; esas mismas palabras de ánimo

con las multitudes

que le oí pronunciar al anunciarme en El

A

ti te debo la Lucha de mi alegría y de

Palermo de Lima en julio del 83 el trágico

mi

tristeza

Tú la vas a ver ahora, dile

accidente que le ocurrió a una amiga muy

que sigo añorando sus delicadas caricias

querida en la Selva de Iquitos.

y

sus besos tiernos como el viento suave

Ya no volveré a ver a este hermano del

alma pero lo tengo presente en el fondo

de mi corazón y no podre borrar de mi

memoria la generosidad de su persona,

la solidaridad de la que solía hacer prue-

y cálido que viene de la Selva. Dile tam- bién al amigo Ramonete de Cajamarca, el

de los cuentos inéditos, de la caña y del

violín, que me encomendó a sus amigos

lumpen de Breña para que me protegieran

ba,

su indefectible amistad, su fidelidad a

en

mis primeras y aventurosas andanzas

toda prueba, y los incontables momentos

limeñas, allá por los años 80, que nunca

de

animadas charlas políticas y literarias

más he encontrado en el Perú un nido tan

en

el Wony, en el Palermo, en La Casona

acogedor como su azotea donde te conocí

Hostal, y en el Taller de Quipu, y en mu- chos otros lugares de Lima, donde pasa- ban como relámpagos en medio de ráfagas

acompañado del Solitario de Sayan que ahora, lejos de sus predios coyunganos, está andando, no se sabe dónde, por la

de

vinos, cervezas, piscos, y chilcanos,

tierra de Lincoln, del poeta de La Isla del

su

sed más grande que el mar.

esas hermosas culebrinas que de inmedia-

tesoro que no dejaba de gritar “¡Viva el

ta

nos ponían de acuerdo.

ron! ¡Viva el ron!” y que una noche de

Chacho, me sigue acompañando con su mirada viva de eterno adolescente y su ca- lurosa voz de entrañable hermano y brindo

juerga se despidió como un bribón por- que no encontramos botella para apagar

ahora, como hacíamos en Lima, con una

Cotahuasi que tanto ha cantado, se sienta

De

todos estos años de venturas y desven-

copa de pisco, para que en el mundo del

turas recordaré las noches de vino, tragos

mito donde se encuentra ahora por man-

y

amor en largos paseos por la ciudad

dato de la Pachamama y de los aukis de

feliz y querido de todos. ¡Salud, compañero Chacho! Aquí, desde

nocturna, en bares y cantinas, en trastien- das de talleres y librerías, en casas ami- gas, tus tremendas cóleras, tus impreca- ciones, pero también tus carcajadas y tus

mi

abadía de Couyou, al pie de los Piri-

momentos de lirismo y de ternura como

neos que se unen a los Andes, te alargo

aquella vez de 1984 cuando en Quipu, a

estas caídas manos de hermano occitano

las

siete de la tarde, rodeado de un grupo

para que, como decía otro amigo en Co-

de

amigas, nos declamaste este hermosa

yungo, en la eternidad eterna, las estreches

poema “Botella de mar para Iska Oya-

eternamente

Que vuelva la alegría al ho-

gue” y al terminar el último verso “Y, so-

gar de los desamparados y así se cumpla

tu deseo de hombre y poeta con más de

bre todo, amor, perdona mi tristeza” caís-

te en el sueño profundo de la borrachera

“Chacho no ha desapa- recido porque nos que- da el poeta, y sé que en

“Chacho no ha desapa-

recido porque nos que-

da el poeta, y sé que

en cualquier momen-

to me caerá al paso en

mi próximo viaje a la

tierra de sus ancestros para invitarme a cele- brar a una nueva Sara Boticcelli”

donde permaneciste dos noches y dos días. Saludo al poeta sin zapatos pero con lengua de fuego que, en tiempos de Alan. García, me cayó desnudo una noche de toque de queda en La Casona Hostal del jirón Moquegua, después de una cita bien regada en el Wony y se escabulló a las primeras horas de la mañana envuelto en una camisa Pierre Cardin demasiado ancha y larga que le daba aires de titi parisino, silbando algo como el esbozo de estos versos que ahora se hacen insistentes en mi memoria:

Al ascender a las ruinas de la noche traíamos la lengua [roída por el polvo de los días. ¡Lengua de vivos, así atascada de pronto! Turbio de águilas, fantasmal se empina el cielo.

Y un viento de ramas secas borra nuestra leve sombra.

Y aquí hemos llegado arrastrados Los sentidos, tantean [do cada quien a su sola suerte. Así es el sordo cantar de Lima que tantas veces he escuchado en entusiastas o deprimentes celebraciones de ocasionales saras botticellis. Tiernamente desnudas para ser amadas y las amamos / bajo una lluvia de estrellas y cuerpos fugitivos / Mas, luego, sigi- losas, partieron, dejándonos nuevamente abandonados a nuestra triste suerte de humanos condenados a una vida de rutina y de tremenda banalidad. Chacho no ha desaparecido porque nos queda el poeta, y sé que en cualquier momento me caerá al paso en mi próximo viaje a la tierra de sus ancestros para invitarme a celebrar a una nueva Sara Boticcelli que encarnará en su cuerpo y en su alma toda la belleza de la mujer hecha poesía. Deslumbramiento de dioses, la vigilia Ojo que lates entre la fosforescencia del rodo Ella brota de la tarde azul cubierta de mágicos aromas

En su mirada espejean los lirios más lúbricos de Tacna con brillo de aire medieval Entre sus labios licuescentes germina la eternidad Y súbitamente ardiendo palpo el detalle luminoso de su [cuello Donde danzan mis deseos una danza de dioses adolescentes ¡Celebración de mares ebrios! Beso Los ríos que nacen de su frente, vapores misteriosos Besos sus cabellos donde pájaros claros cantan rocíos tos [canos

rocíos de laúd Palpo sus dos eternidades y al fonda del cielo se estremece ¡Suspensión de flores aladas! Toco el color de sus ojos en la espesura de la tarde azul Ella se desplaza lentamente hacia el infinito entre olores de mariscos y los reflectores del mar No hablo, susurro Inmortal, insomne y vigilante

Colmado de luces penetro en Las aguas del sueño.

Por ello, te celebro, poeta de la inconformidad, de la rebeldía y de la solidaridad humana, amigo fiel de los amigos y gran vividor, y te consagro cantor del goce y la libertad, de la forma y de la be- lleza femeninas hechas Vida y Poesía. Magnolia que vives al rojo vivo, desde la mar revuelta, la mano de algún extraño dios te ha echado sus algas para anunciarte que ya es otro día. Ya, no te pre- guntes, amigo Chacho, dónde están los dioses. ¡Estas con ellos!

H ay personas que se vinculan a los poetas sin ser poetas y silenciosa-

mente van conociendo su diario actuar. Una de esas personas que estuvo acom- pañando al poeta Cesáreo Martínez fue su secretaria Mónica Valverde Quiroz

quien a lo largo de tres años y medio lo tuvo como jefe en la Oficina de Imagen Institucional de la UNE y luego en la Ofi- cina de Coordinación Universitaria del Minedu. De ahí que junto a Yared Medina decidimos tener una “conversa” para cono- cer un poco más al poeta. Nuestra primera pregunta - ¿Mónica y como era Chacho como jefe? La verdad –contesta- era una persona muy preocupada por hacer bien las cosas. Yo diría que era obsesivo con las tareas. Se incomodaba has- ta mostrar una iracunda acción cuando no se apoyaba algún proyecto. Se molestaba tanto que la verdad da- ban ganas de salir de la Ofi- cina pero al rato lo veías cal- mado como si no hubiera pasado nada. En el fondo era una per- sona que deseaba que las cosas se hicieran bien y a la Can- tuta realmente la quería demasiado. Es- cuchamos y al toque lanzamos la segunda pregunta: ¿Si te pidiera cómo recuerdas a Chacho diez años después de su partida? Miramos su rostro que se llena de marcas de tristeza y nos dice con voz entrecortada. Tú sabes, cómo era. Yo recuerdo y sólo escucho su voz que sigue – Era un buen amigo, una buena persona, correcto hasta la médula. Sabia decir las cosas cuando debía lo recuerdo como era fumando y escribiendo y escribiendo a veces lo te- nía que interrumpir levantaba la vista y

tímidamente le decía señor Martínez lo buscan y él decía ya en un momento lo atiendo. Era un gran amigo, bromista

y exagerado cuando quería molestar

a alguien que no le gustaba. Recuerdo

cuando se retiraba al que consideraba su “enemigo” daba una risotada que se es-

cuchaba creo en todas las oficinas. A todo esto que pensaba de nuestra universidad

y de sus profesores y alumnos pregun-

tamos. Mónica hurgando en su memoria nos dice: - Nunca hablo mal de la cantuta al contrario siempre estaba pen- sando cómo sa- car a flote la C a n t u t a . Aquí a la O f i c i n a llegaban m u c h o s

“intelec-

tuales” y con ellos buscaba el apoyo para sacar adelan- te a la Cantuta. Volvemos al ataque y preguntamos y de los “cantutos” qué opinión tenía- Mó- nica dice: Tenía una muy buena impre-

sión de algunos que eran unos “bacanes”

y eran sus “amigos” pero también tenía

frases muy duras para algunos que real-

mente no ayudaban en nada a la cantuta. Ahí Mónica se detiene como guardando

sus secretos. Realmente la conversa con-

tinua largo rato y nos enteramos de una

serie de datos del poeta. Pero esta crónica termina aquí. Nos despedimos de Mónica

y rebota en mi memoria esa palabra esa

Mónica es una bacán. Y el sol de Chosica

no baña en poesía.

en mi memoria esa palabra esa Mónica es una bacán. Y el sol de Chosica no

S e cumplen diez años de la desapari- ción de Cesáreo “Chacho” Martínez,

poeta nacido en 1945 y desaparecido un 27 de enero a mitad de la mañana, y pa- rece que fuese ayer cuando conversába- mos en la esquina del parque Fraternidad,

en San Miguelito, donde vivió un buen tiempo, cerca de mi casa, donde me conta-

ba que a los 19 años terminó sus estudios secundarios y que llegó a Lima en 1964, pensando que en las calles también cre-

cían naranjas y palomas.

Chacho, me pareció un ser permanente-

mente lanzado al infinito, por eso vivirá

por siempre en el horizonte de nuestras vi-

das. Y motivos y razones no le faltan. Un hombre que vivió explosivamente y que murió de la misma manera, pensando, tal vez, en las cinco y múltiples es- peranzas que tiene

esta

tregarnos a ella pesar de sus oscuridades

y

Alguien que nació en Are- quipa, en Cota-

huasi, mirando los cóndores del Colca, y que fue y es a esa tie- rra lo que el viento es a la naturaleza y a la cultura de nuestra patria. Que le impacientaba las injusticias contra los más pobres y humillados de su patria, que apoyaba con su propia vida los

paros y las huelgas de los trabajadores del

peligro inminente, pues podía explotar volcánicamente para rebatir los argumen- tos del adversario que no consideraba dignos, alguien que no era un cantor, pero que cuando se le encendía el cielo de sus

ojos y las nostalgias de los recuerdos nos podía entregar las melodías más tiernas y amorosas de alguna canción andina, no se puede olvidar tan fácilmente, porque su poesía y su vida no se callan. Nuestra amistad duró años, tuvimos mu- chas jornadas de lucha y de contradicciones (jamás de alejamientos), de lecturas de poe-

mas, de hablar- nos sobre nues- tros proyectos literarios y personales, de nuestros amo- res escondidos y muchas veces

rechazados, de beber eternamente algunas cervezas en el día o en la noche, en el mar o en algún pueblo joven o en alguna esquina clandestina o casi in- nombrable con las fieras más terribles del planeta, no puede desaparecer, así porque así, del sentimiento de nuestros días, del calor de nuestra memoria, de la realidad de nuestras entrañas; más aún, cuando alguna vez convenimos, después de una pequeña pero intensa duración, que morir era vivir más tiempo y mejor, a pesar del tiempo invisible de la desaparición. Tal vez a eso se debía que en la presencia in- augural de un Año Nuevo, a las cinco y media de la mañana -como diría el angeli- cal García Lorca, en presencia de Hernán Alvarado y de un árbol frondoso y llene

de años arrugados-, nos dimos un beso de

“ De Chacho se podrían contar innumerables anécdotas e historias, porque fue un hombre lleno
De Chacho se podrían
contar innumerables
anécdotas e historias,
porque fue un hombre
lleno de vida y de
amistades

vida para en-

desgracias.

país

(y no de una manera coyuntural), que

era

un digno inmigrante y no un simple

emergente (como lo demuestra su conmo- vedor y desgarrante libro “EI sordo cantar de Lima”, tan poco comentado y que hoy debería ser una lectura obligatoria para

los partidos o militantes de izquierdo, que conocen tan poco este sector), que estaba atento a los latidos de la realidad y de la vida cotidiana y de sus amigos, alguien

que

cuando miraba de costado y se son-

reía

con una cierta carga de ironía era un

amigos y la gente que nos vio (siempre tan mal pensada) creyó que estábamos actuando para una película norteamericana, cuando so- lamente era una escena para “Pasaron las grullas”. Como no recordar, antes de su partida, que presentó una antolo- gía mía y que me dio a leer su último libro (que nos costó tanto publicarlo por las tantas absurdidades de la burocracia del minis- terio de educación y de algún otro organismo fantasmal), que, lastimosamente, los críticos o reseñadores culturales tampoco lo han comentado, que lo han ignorado de la manera más innoble posible no sabiendo lo que se pierden y lo que hacen perder a los lectores. Cómo olvidar las parodias que hacía del tío “Frejo- lito” y de los líderes de la izquierda cuando no querían llegar a la toma del poder y cambiaban, en cada acto electoral, un nombre de la consigna central. Como recordamos, la consigna central de la Izquierda Unida en su primer momento era “Por el camino de Mariátegui, Luis de la Puente Uceda y Guillermo Lobatón”, para al final quedarse sólo con el nombre del Amauta. De Chacho se podrían contar innumerables anécdotas e historias, porque fue un hombre lleno de vida y de amistades, por ejemplo con el inolvidable Paco Bendezú, cuando viendo alguna película en el cine o en la TV o algún hecho de la vida .callejera, hacían fra- ses poéticas o irónicas que el otro terminaba y empezaba, para que el otro volviera a terminar y empezar. Cómo olvidar su amistad entrañable con Juan Ojeda, el mejor poeta del 60 para acá y para allá, con Alfredo Portal, el temible bucanero navegando perma- nentemente por los muelles de Lima con su querido Volks Wagen, con Rosina Valcárcel, la cual recibía infaltables lla- madas cuando su recuerdo le llegaba con

l a s estrellas de la noche, con Patricia

Valle, la del andar y

hablar pausado como tratando que jamás termine el día (una de sus musas predilectas), con Walter Tinta, el geó- logo de nombre imborrable. Cómo dejar de mencionar a su hijo –Agustin- a quien ama- ba como sólo un hombre parado en el corazón del horizonte puede amar al que lo va a proseguir, de alguna u otra manera, en este paraje duro de la existencia. En fin, también podríamos hablar de los fantasmas, de las dudas, interrogantes que recorrían sus re- cuerdos y la maltratada piel de su patria, materia prima de su ardorosa poesía, pero eso será para un próximo homenaje, cuando el otoño, el glorioso otoño de siempre, nos haya hecho pisar

el palito herrumbroso de sus días y este- mos en el sinfín del paraíso de la buena

o mala suerte, pero con generosas amis-

tades, y no importa si con desenfrenadas y celestiales compañías.

del

Rosina Valcárcel

LA ESTaTUA

DE CESÁREO MARTíNEZ

Tu

cantar nos conmueve en la Edad de Oro

La

niebla envuelve tu novel estatua

El

ojo de la noche cesa de volar

La

lechuza desciende al bosque

Donde yacen tu aliento y el Sol milenario

Mi ira arrastra tu nombre y los tulipanes

Iniciemos la marcha

Con la alegría del maestro

¡Abajo el miedo! No duele la médula

Ni

tu cuerpo desarraigado se estrella contra los árboles

Tu

amor asiste a la hora de Giordano Bruno

Tu

armadura no se oxida te viste fulgurante

Entre pájaros, hondas y fantasmas

El bardo de los ojos almendrados

ronronea sobre el tejado de Chosica

Tu insomnio es un tonel de vino tinto, Romeo

Y silbas desde balcones antiguos

Tu mujer es una ofrenda de los Apus

Sara Boticcelli sin cabello de Medusa

Y la disfrutas atravesando cordilleras

La

amistad no se quiebra

Ni

la patria se apaga

Como los espejos y las sombras

U n sector de la poesía peruana y la- tinoamericana, a partir de la van-

guardia, ha de tener un contenido instru- mental. Los poetas se ponen al servicio de la revolución y de las causas socia- les. Se le coloque el rótulo deseado:

comprometida, libertaria, de la resistencia, etc., esta línea con- densa en sus arrestos épicos una actitud y una posición ética fren- te a la vida y los valores huma- nos. Unos fueron vehementes y sinceros al momento de esgrimir su pluma para denunciar injusti- cias, marcando una poesía llena de emoción social y de timbre humano. Otros, que no alcanza- ron a ver la realidad más allá de un inmanentismo precario extra- viaron el camino y confundieron poesía con propaganda. Es cierto que la poesía es, tam- bién, instrumento para afirmar la dignidad a través de la visión

participativa del poeta con la realidad de su tiempo. En el caso de Cesáreo Martínez (Arequipa, 25/2/1945-Lima, 27/1/2002), él recogió la realidad de la pro- blemática social sin descuidar la otra realidad: la de la pala- bra, que es la que construye y sustenta al texto, tal la hermosa lección de Vallejo en España aparta de mí este cáliz. Efectiva- mente, cuando irrumpió con sus Cinco razones puras para com- prometerse (con una huelga) y con Donde mancó el árbol de la espada y arcoíris (bando para que la dirigencia se alinee con las masas) él es testigo y vícti-

la espada y arcoíris (bando para que la dirigencia se alinee con las masas) él es

ma; es un poeta necesita- do de cumplir una misión protagónica, de ofrecer un testimonio de su acti-

tud frente a los hechos de

la historia del Perú en un

momento crucial. Pero su mensaje trae un vigor ex-

presivo que va a la par con la poética vanguardista de los vates del “setenta”:

coloquialismo, ironía, sin- cretismo social y cultural, marco histórico. También, en sus otros libros, ha de traer la voz del migrante en Lima; de la cosmovi- sión andina; de todas las sangres del Perú, de Ar- guedas; del romanticismo

y del metalenguaje.

La actitud abierta de uni-

ficar los elementos éticos

y estéticos a través de lo

múltiple y lo diverso es significativa pues en ella estará presente la riqueza expresiva y la complejidad del país. A 67 años de su nacimiento y a diez de su deceso, podemos decir que Cesáreo Martínez, nuestro recordado amigo, nos en- señó a seguir amando al

Perú, a bucear en el dolor

y en la humanidad de los

hombres hasta llegar, in- cluso, hasta el sacrificio, tal como lo había hecho Mariátegui al referirse a la nueva estética de los van- guardistas y anunciar una reconstrucción, un orden nuevo en el arte del por- venir.

Cesáreo, MuChacho

César A. Reyes Campos

Poeta sin tiempo. Ebrio de Lima recorrías los santos templos del vino y la cerveza. En cada mesón, Voces inflamadas por el llanto y el recuerdo, voces de agonía a tiempo completo, voces de desamor sembrado en la indolencia de los días. Poeta de las voces blancas recién llegadas al Queirolo, Voces de todas las chinganas donde mejor se entonan las penas inhibidas, Voces del único amor para el poeta, Voces con tu nombre a sabiendas que podías estallar en la ira de tus musas. Tus voces, muChacho, tantas veces pregonadas en presencia de los descreídos, voces vacuas, voces fatuas, voces a voces:

efervescentes como la sal de Andrewso el Alkazelzer que sabía maquillar tus furias plexales, bombero de tus incendios. Sileno ebrio en la soledad de las sombras citadinas, Con tus vacantes de turno discurrías por las noches dionisiacas Gritándole a todo el mundo que sólo la poesía puede contra toda ignorancia y la infelicidad, Para identificarnos en cualquiera de los caminos,

Poeta del sueño encarnado en la orilla de una copa donde liban su libertad los Pro- meteos de estos tiempos, Por donde, ahora que las esquinas han cambiado sus nombres, transitarás con tu paso de halcón febril con tu peine somnoliento… Y esa engominada cabellera de los chicos de antes… Llevabas tu cartapacio de ilusiones Como un fusil en bandolera Y tu paso competía con el ritmo de las noches. Luego, bien entradas las sombras, llegabas a tu cuarto de exilio Con la excitante energía de un semental de yeso Parido con el cómplice aliento de un mítico unicornio. MuChacho, cómo te divertía oficiar de burócrata y escribir poemas Para guardar, como Whitman, en el viejo escritorio testigo de mudanzas. Tus razones puras brillaron en el sordo cantar de Lima Cuando enmudecieron las campanas De tantas letanías y sotanas.

Los templos vivoseran acaso aquellos donde los hombres enrojecen y hablan con la elocuencia tributaria de los dolores cotidianos. Mientras tanto, tu corazón cansado, tomaba direcciones opuestas a la vida, tu sangre era la tinta fresca para las palabras que jamás escondías… Llevabas la palabra como un fusil a cuestas y dormía en la ceguera de Tiresias para inventar la luz de un sol de ciegos caminantes para quienes la lluvia se parece al llanto y el llanto es el espíritu de los puros que santificarán la tierra en todas las cruces de los caminos ignorados… MuChacho, estas omnipresente en la memoria de los amigos que no te olvidamos, los que reconocemos tu agonía cotidiana, los que construimos con tu imagen la mas bella soledad de los poetas…Salve tu voz, allá, quien tenga la potestad de decidir el universo, sea un dios o una fuerza, lo mismo da cuando la memoria de los hombres trasciende el comienzo y el fin de las cosas pendientes.

L a poesía peruana del 70 ha tran- sitado por los meollos y márge-

nes de la existencia a través de la mi- rada existencial y embriagadora de los versos del poeta Cesáreo Martí- nez (Cotahuasi, Arequipa 1945 - 2002)

poeta Cesáreo Martí- nez (Cotahuasi, Arequipa 1945 - 2002) Poseído por los dones poéticos de los

Poseído por los dones poéticos de los obsesos creadores de la palabra poética, Chacho Martínez ha recorrido los cena- gosos años de la Lima desde los años 70 hasta los 90, convulsionada siempre por los hervores políticos y sociales,manando una poesía amorosa y testimonial que está presente en sus principales poemarios: Ce- lebración de Sara Botticelli(1983); Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga); Donde mancó el árbol de la espada y arco iris (bando para que la diri- gencia se alínee con las masas); El sordo cantar de Lima (1993) y Sol de ciegos (2008). El sordo cantar de Lima, libro de poemas que comprende:Poesía Des- carriada, Tierra de Éxo- do, Discurso del Despo- jado, Melodía Mallarmé, Poema de Alfredo Madrid, Magnolia, Botella de Mar para Iskra Oyague; Cantar de Da- río; Fluir de Poema; Entre el Wamani y la Carretilla; El sor- do Cantar de Lima y Confesión de Ícaro, sintetiza sus poemas del desarraigo, que son la voz, cómo lo indica Chacho en el prólogo, de muchos pe- ruanos como él en busca de su identidad. Sin em- bargo, su poesía estruen- dosa, vigorosa y volcá- nica, pretende mostrar un conocimiento de la realidad que su mirada enardecida de la vida horada en el frío mármol de la verdad que anquilosa y extermina, como una constelación negra y frus- trante, la existencia del sujeto marginal. En los dos poemas finales del libro que llevan por título El sordo cantar de Lima

y Confesión de Ícaro, constatamos la voz de los otros enristrada en el dardo poé- tico de vate peruano: “Hay un estruen- do como de cielos que crujen,/ como de hombres que crujen/Oigan animalitos y hombres desterrados, la puerta de Lima/ está abriéndose./”. En el segmento I y II,Lima es la ciudad que muestra “sus entrañas de locura y agua muerta”, allí el migrante se encuen- tra frente al arenal, donde el azar y las in- clemencias del tiempo,

allí el migrante se encuen- tra frente al arenal, donde el azar y las in- clemencias

atrapan sus brazos, su cabeza, sus angustias y tal vez sus frustra- ciones. Los dioses que antaño magnificaban el universo de los arenales y del tiempo han dado paso a los humildes hogares, las chozas de los alrededores. La vida es día y noche, solo se amanece o se anochece, “seca y sorda es la tierra”. El sujeto poético ya no puede volver la vista atrás,el pasado es postergado por el presente, un tiempo circuns- tancial donde el yo poético solo tiembla y habita en el silencio. Lima es sinónimo de niebla. La niebla es la que se apodera de todos los ámbitos que nacen,comen y se ayuntan en ella; romper

la barrera hostil de la niebla implica abrigar las esperanzas o la

sombra del migrante. La niebla es un elemento que despersonaliza

al sujeto y lo hace extraño a él mismo.

En el segmento III del poema, el sol aparece con su hermoso fue- go sentencioso y sabio, que viene a dar alegría y satisfacción a los anima- les, a los hombres: “El sol de quinientos mil años / El sol sólo de quinientas

mil barbas”/; ese sol que despide el poeta ,el sol

arcaico e incaico, el más rico para los más pobres,

el único :sol de Lima.

El segmento IV, hace un llamado a los dioses

ancestrales, invitándolos

a compartir la danza de

la vida de los hombres “carcomidos por las au- ras”, sin la “capacidad de nombrarse a sí mismos”; sobre estos hombres ha caído la “bruma y ham- bruna”, y como conse- cuencia de ello, la muer- te en Melanio Ataucuri Sono. La última parte, hace re- ferencia a un hombre mu- tante, que contempla el horizonte desde un puen- te de Chosica y ha ido muriendo poco a poco, en su exterminio, pero en su soledad contempla maravillado y embrujado el horizonte, a la vez que el temblor del río, con sus rencorosas e insurrectas aguas eleva su voz. En Confesiones de Ícaro (epílogo), poema final,el poeta cuestio- na su propia condición humana. El fracaso negro, la frustración que acompaña al sujeto poético, es una remembranza del yo, del hombre que ausculta su propia persona y perfila su situación, antes llena de fortaleza y vigor, y ahora la vaciedad del ser devora- do por los conflictos y lleno de contradicciones, donde fluyen a

manera de sarcasmos, los juegos huidobrianos del creacionismo:

“ me devoran los conflictos/me amarillan los edictos” ; “antaño

fogoso/antaño glorioso”; “mi corazón que se alza desde la razón /

mi razón que se lanza sobre el corazón”; “vuelo hacia atrás /vuelo

hacia atroz”.

La infelicidad solitaria que se apropia del sujeto poético hace que

ande en busca de la felicidad y se interroga: “¿Dónde anda la fe- licidad? ¿Quién la tiene amarrada /enterrada/ tan alarmantemente atada? Están marchitados sus cantos, pensamientos, distante la mujer amada; están ausentes: el saludo, ajeno el aliento, etc. El ojo, como imagen poética del desencanto y la frustración del yo poético, ronda como un elemento autobiográfico, la des- gracia del poeta: “como un cuerpo sonoro penetro en el infierno/

las cataratas/ rojas del interior y no hay interior sino sólo cuevas

marchitas”; “veo derretirse el ojo del sol /el ojo de mis ojos el solísimo”;”el veneno de

la noche en estos ojos in-

somnes”. Añora su juventud y re-

memora sus frustraciones juveniles (“la mucha- cha azul dela vitrina /

la muchacha roja de los

escaparates/ la mucha- cha que soñé cuando me

crecieron aletas y yo era

/el cachalote varado”)y la

búsqueda y persistencia

en la búsqueda de su rosa devorada y la pérdida de

en la búsqueda de su rosa devorada y la pérdida de su raza. Acaba el poema,

su raza.

Acaba el poema, ironi-

zando el poeta, lo nuevo

de

la vida con sarcasmo,

y

refrendando el sentir

del verso inicial: “soy el fracaso negro/ el más ne- gro fracaso / que apenas

ciñe los ojos muertos”. Como se ha podido constatar, la poesía des- garrada, cohabitada con la condición del sujeto poético, nos permite es- tablecer el carácter mar- ginal, solitario, violento y sarcástico de la poesía de Césareo Martínez. Poesía trabajada sobre la existencia personal y escrita con la sangre en llamas, producto de un hombre abrumado por una sociedad hostil e incomprensible y que en su búsqueda y lucha con su desarraigo, va a construir un entramado poético gene- rando una de las más hermosas expresiones poéticas de la poesía peruana.

se

C esáreo Martínez es sin duda uno de los más significativos poetas pe-

ruanos del siglo XX. Escritor marginal y provinciano como la mayoría de los ar- tistas inmigrantes en busca de un dis- tinto destino, estuvo dotado de grandes

convicciones humanas. Fue soñador, via- jero, poeta de izquierda e iconoclasta. Vivió convencido que el desafío de su tiempo era escribir una poesía distinta, ne- cesariamente comprometida con el supe- rior destino del ser humano. Empezó a publicar cuando en Lima ha- bía un ambiente propicio para escuchar todas las voces, recibir todas las co- rrientes y recono- cer las distintas vertientes de la cultura pe- ruana. Como poeta insis- tió en es- cribir cada vez una poesía ma- yor y como persona, se mantuvo siem- pre limpio, digno, honrado, al margen de “las condiciones” que exigía un tiempo de vio- lencia y desencanto. Es importante resaltar la unidad y co- rrespondencia entre al artista y el ser co- tidiano. Es que hay buenos escritores y como personas son unos canallas. Hay excelentes escritores pero como hombres son enemigos de las aspiraciones sociales de sus pueblos. Hay también quienes fue- ron militantes de izquierda y ahora, se han convertido en serviles funcionarios oficia- listas, conservadores y hasta soplones. En fin, no puede haber una ruptura, una escisión, una especie de explicación para actuar, ser un burócrata arribista y a la vez aparecer como un escritor comprometido. Cesáreo no tenía varios rostros, gozaba y sufría la vida con la profunda convicción de que su vocación estaba antes que cual- quier actividad remunerativa. Sucedió que conocí a Cesáreo Martí-

nez, en Lima, a mi regreso al Perú de Pa- rís, en 1974. Fue Danilo Sánchez Lhión quien hizo posible que nos reuniéramos también con Jorge Nájar. A los tres nos propuso editar una plaqueta de poesía para cada cual, en Gárgola. Colección de Poesía, Lima 1974. Cesáreo publicó Migraciones, Nájar Noche de brujos y yo Contracanto. Danilo Sánchez Lihón propuso que cada cual escribiera un texto que significara una poética o testimo- nio. Ese es el punto de partida para hacer un es- tudio amplio de su poesía. No se puede de- jar de consignar ese texto para cuando se publique su obra completa, la que dicho sea de paso fue ofrecida por las autoridades de la Universidad Na- cional Mayor de San Marcos. Cesáreo escribió en esa plaqueta, estos conceptos:

Estas unidades se componen como órganos de respiración, circulación o de- yección. El poema es un animal que besa y muerde en el tiempo. Lo necesario en el poema: la naturale- za de por sí sola incuba estas “unidades”. Se requiere de un gran esfuerzo humano para dotarlas de formas y estructura que luego nos darán un sistema: el poema. Sistema que a su vez deviene en es- tructura de otro poema dialécticamente armado y mayor universo. El lenguaje no da opción a discriminar. A pesar de su raíz psicológica, flota en el ambiente, se desarrolla en el proceso de una cultura.

A pesar de su raíz psicológica, flota en el ambiente, se desarrolla en el proceso de

Es necesario, entonces, descender a las raíces y captar el sentido primigenio Luego añadirá:

Si la poesía requiere de más de un oído, es urgente pensar en la sociedad. Lo occidental, y por ello el capitalismo, ha desecado al ser humano arrastrándolo a los rincones apestados de la soledad, la alineación, la psicosis y todas las demás pestilencias. La poesía, debido a su carácter supraestructural, puede ser his- tórica o ahistórica. Será histórica si se resuelve en la dirección de la lucha de clases y se proyecta hacia el levantamiento de nuevos valores sobre lo caduco burgués. Por el contrario, será ahistórica si se enreda en el sostenimiento de viejos valores. Todo esto entrará inevitablemente en el poema. (1) Se trata entonces de los inicios, desde cuando aparece una toma de posesión frente al mundo y a la literatura. Es verdad que con el correr del tiempo, Cesáreo replanteará sus ideas para luego practicar una poesía amorosa y social de más amplia cobertura. Pero conservará siempre sus raíces con ejemplar honestidad y per- sistencia. Él mismo consignó: Cesáreo Martínez, nació en febrero de 1945 en Cotahuasi donde vivió hasta 1964. En Lima, estudia Lite- raturas Hispánicas en el Universidad Nacional Mayor de San Mar- cos. En 1970, en el Centro de Estudiantes de Literatura procedió a una lectura de su obra poética. Es cultor de música popular y ofre- ciendo recitales de ese género, ha viajado por distintas ciudades del interior del país. Tiene inédito un libro de poesía: “Oráculos y talismanes”. (2) Todo indica que este libro no se publicó. Pero también pudo ser que los poemas se hayan convertido en otros para conformar un libro distinto. Mas todos los datos consignados denotan una evidente formación académica. Se trata de un poeta que maneja un adecuado aparato crítico, que sus lecturas no son dispersas ni se pierden en búsquedas ciegas. Así, es un poeta que se forma en una universidad con fuerte acento social. En un círculo donde la literatura es sobre todo una praxis social, un compromiso histórico con el tiempo y la sociedad en que se vive. En la plaqueta Migraciones, aparece este poema.

De esta y otra rivera. (3)

Tiempo cruel Inútil esperar la vana mudanza del destino, Si los remos del sueño yacen rotos a la vera, Si el deseo por el acto fresco Ha rodado secamente como fardo de cañas.

Esperar que tuerza el terco cuarto de siglo. Vivir, morir, rodar.

que tuerza el terco cuarto de siglo. Vivir, morir, rodar. ¡Oh¡ Frescos años nunca devueltos. Escucha

¡Oh¡ Frescos años nunca devueltos.

Escucha

Escucha los aires de esta neblina, que Blandamente rompe el duro pescador

La sal de mar que penetra en el mercado Como una vejez maloliente.

Y este corazón que no sucumbe, este corazón.

He llegado a la ribera

Con pesados trazos de lluvia sobre los párpados, Una mañana Que el alba sucumbió Al forcejeo inútil de las antorchas del alma. La gran hinchazón del espíritu que busca el Relieve del camino, Palpando los tatuajes del muro de la ciudad ¡Oh¡ puerta de piedra¡ Demás de esfuerza la idea con luces de farol

Si no vibra el nervio en la trastienda.

Tiempo cruel.

Nada restituye el clamoroso viento del sur, Fofo es bajo este sordo techo de niebla.

Y donde apretados tornaron los pasos

Es incierta y vana toda huella de camino.

-------

Para un poeta formado en los claustros de una universidad pro- fundamente comprometida con la historia del Perú, era imposible

permanecer al margen, escribir una poesía que no responda al mo- vimiento popular, a las grandes movilizaciones de los años 70 en

el Perú. En ese entonces, se produjeron las grandes movilizaciones

de masas humanas que empezaron a sentir, el peso de una de la crisis más profundas habidas en el Perú. Ningún escritor estaba fuera del contexto histórico. Las corrien- tes políticas pugnaban en tener una mayor presencia. Trataban de copar los espacios para desde allí hacer sentir su voz y presencia. Son esas las circunstancias en que escribió una poesía marcada- mente comprometida. Se acercó a los trabajadores de la educación para cantar desde adentro una opción justa y necesaria. Pero luego vendría un tiempo de madurez y sin duda de mayor comprensión del movimiento popular, una mayor atención a las huelgas, a las protestas del pueblo peruano, especialmente a los mítines y jornadas del SUTEP. Será ganado por el pensamiento de Jean Paul Sartre, por la abnegada adhesión de Regis Debré a las

guerrillas de Che Guevara, por la docencia de Alejandro Lozada y especialmente por la convicción y visión de América de Eduardo Galeano.

Alejandro Lozada y especialmente por la convicción y visión de América de Eduardo Galeano. DOSSIER DE

Al hacer una apreciación de esta época de su poesía, Ricardo Gonzáles Vigil dirá:

Martínez es el exponente más calificado de la renovación de la

poesía “social” en la década de los 70 ( también podríamos sumar algunas exploraciones de Enrique Verástegui y Enrique Sánchez

y los poemarios inéditos de Pablo Guevera, pero esta veta no es

tan dominante en estos autores como en Martínez) La lección de algunos poetas del 50 (Delgado-Rose, fundamentalmente) y mu- cho más de la generación del 60, que canceló el divorcio entre poesía “pura” y “social”, conduce a Martínez a hermanar el men- saje político con el vigor expresivo (4) Es verdad, Cesáreo cuando deja de escribir como en su primera plaqueta, se orientará hacia una poesía de un tono y una visión distinta. Para entonces, ya no tendrá el problema de la generación anterior, ya no tendrá la barrera de la aparente división entre dos formas de escribir: poesía pura o poesía social. Quien escribía poesía pura era un pequeño burgués y quien escribía poesía so- cial, era revolucionario, según el lenguaje de la época. Después se afirmó que toda la poesía era social porque representaba a la expresión de una sociedad, cualquiera sea la ideología del poeta. Así acabó también una discusión que solo sirvió para esta- blecer una falsa clasificación en la literatura. Apaciguados los ánimos, todo poeta estaba en la libertad de escribir de la forma

que viera por conveniente. Los sucesos de París, el caso Padilla de Cuba, la matanza de los estudiantes en Tlatelolco, en México; trajo una nueva conciencia. Nadie podía eximirse de hablar de mayo del 68, de los graffiti de La Sorbona, la polémica de Ar- guedas con Cortázar, el asedio y bloqueo a Cuba. Todavía estaba fresca una de las heridas más honda que tiene el Perú, el crimen de Javier Heraud. Ricardo Falla y Sonia Luz Carrillo en el prólogo de Curso de

realidad (5), describen el ambiente de los años en que se escribió Cinco razones para comprometerse (con la huelga) En ese texto es posible rastrear “la atmósfera política” para ubicar, para ex- plicar adecuadamente su significado, el contendido social de un conjunto de poemas varias veces publicado. De todos modos, la poesía se explica con los hechos de cada época. Pero Cesáreo no será recordado precisamente por esa poesía, sino por su último libro. Si bien esos poemas están inmersos en

la lucha por causas justas, el lenguaje de la poesía social, cuando

no tiene un alto contenido estético, envejece. Más se recuerda por ejemplo Veinte poemas de amor y una canción desesperada que Oda a Stalin de Pablo Neruda. Así podríamos poner varios ejem- plo, pero basta con uno. De ese texto leemos solo un fragmento del poema:

Somos un país semicolonial.

Donde se dice lo que hablan la lluvia y el viento en este país llamado Perú.

“Somos un país semicolonial” dijo el viento limpiando el homo de las fábricas “Y un país semicolonial”, grita la lluvia del país de los ríos profundos. Luego, la lluvia de metrallas, labrando el silencio, “predominantemente saqueado”, dije, para sacar reluciente

la melodía.

Y me eché volando sobre estos caminos rojos a que mis manos

trotamundas

sobre estos caminos rojos a que mis manos trotamundas compararan el canto con sus propios ojos

compararan el canto con

sus propios ojos

Y

cruzaban

das de cuervos sus cabezas

brillantes

curvadas

cia acá. Vi en

Canta el aire puro, azul, las nube

brotaban

suelo

alumbrando mi es- píritu.

Vi

ancho y nítido, a esa hora

diestra

vi que por el cielo

banda-

ha-

del

el valle del Mantaro,

en que un sol maduro

se enreda entre las retamas celebrando al campesino

y en todas partes, amado Perú, vi la lluvia.

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El libro Donde mancó el árbol de la espada y arco iris (Bando

para que la dirigencia de aliene con las masas), es definitivamente

un texto de disloque. Significa otra forma de ver el mundo. Una

distinta manera de entender las relaciones entre el discurso políti-

co y las masas. Así, es posible ver, a través de una atenta lectura,

que mientras las dirigencias afirman algo, las masas tienen otros ideales, distintos intereses populares. Es posible ver que el poeta tomó una razonable distancia de quienes condujeron el movimiento popular de izquierda y decep- cionado, se haya orientado hacia una poesía mucho más serena y

reflexiva. Será difícil saber qué es lo que realmente sucedió, para eso están los testimonios de los actores y sobre todo, de quienes estuvieron cerca de él cuando sucedieron los hechos. Pero, se trata de un libro en que para escribir el poeta medita, medita escribiendo y escribe meditando. Emerge de un mundo lleno de conflictos para tocar el sol con las manos. Ya no llama ni convoca, juzga y señala. Se convierte en un poeta que analiza los hechos y escribe una poesía llena de magia. Bien podría afirmarse que aparece un evidente disloque entre el discurso panfletario y una poesía que discurre con mucho más serenidad, con la necesa-

ria

calma que se necesita para crear las grandes obras. Emerge un poeta distinto pero dialécticamente es el mismo.

No

han cambiado los ideales, lo que ha cambiado es el lenguaje.

La

visión del mundo se amplía y en la medida que nombra a las

palabras, ellas construyen un universo personal como colectivo. Ese es el valor realmente coyuntural de su poesía:

Si no leamos el siguiente poema:

Prólogo (6)

su poesía: Si no leamos el siguiente poema: Prólogo (6) En medio del camino de la

En medio del camino de la vida

vi un árbol fogoso brillando semejante al mar.

En

y en su copa rosada reían infinitos rostros del mundo.

Advertí luego que su cuerpo era licuescente y sus cabellos ondeaban de la manera más natural.

Vi luciérnagas hermosas todas ellas con un fósforo famoso flameando.

sus ramas cantaban las más variadas formas del color

Vi

ese árbol una interminable noche de febrero, vi su eternidad clareando el verano.

Vi

su cabeza, real e imaginativa, desechando los nubarrones del odio.

Advertí que caminaba elevado por los flujos del canto, vientos que no dejarán de sonar.

Vi

al odio desquiciado, huyendo atolondrado de su propia esencia.

Fue un árbol tan reluciente como un animal violentamente sabio.

Vi

ese árbol fantástico una noche interminable de este verano.

En

sus costados sólo se oía croar a los abismos, vi su música.

Vi

sus raíces aéreas que se pierden entre los oros del aire y entre los aires del mar.

Una música límpida, tenaz y urgente que emergía desde el mar.

Vi

a los mares de agua, extrañamente extendidos sobre la tierra.

Vi

ese árbol, incrédulo y feliz, no me cansaré de aplaudirlo, así.

Vi

la realidad reproduciéndose como un fruto en las manos de Dios.

¿Qué hombre mortal no ha visto a un árbol? Pero ese árbol era un hombre.

Vi

ese árbol, ese árbol, ese árbol, ese árbol oscuramente reluciente.

Un

hombre terriblemente ahíto de belleza como un árbol sensitivo.

Vi

ese árbol y comprendí que un árbol semejante sería traicionado.

Vi

ese árbol y mis sentidos aún no se reponen de esa

Comprendí su belleza fugaz penetrando en la irrealidad.

aparición.

Vi

que los grandes animales de los campos y las

Vi

sus ojos y las multitudes espejeaban furiosamente / desde ellos.

ciudades lo aclamaban y también los aclamé. Quise abrazarlo y lo abracé. Quise pintarlo y los pinté.

me fue imposible.

Vi

ese hombre cuyos huesos eran de carne y hueso como

Quise que aquella noche de verano fuese interminable

los de un árbol maravilloso que camina. Y todo árbol que camina es un hombre impelido por las estrellas.

pero se fue. Quise retenerlo entre mis manos de labrador, pero

Y un árbol que camina siempre arrastra y, naturalmente, me arrastró. Viajé a través de su estela ebrio de antorchas y

De

los tres o cuatro costados irrumpieron los tres o cuatro nubarrones de odio, acecharon los rumbos,

talismanes rojos. Viajé a través de sus praderas, encendido y repleto de

acecharon los aires, tomaron la cúpula de aquel árbol que camina y le sacaron la lengua.

 

aguas vivas imitando el gran pájaro del heroísmo.

Le

arrancaron las alas, le arrancaron los ojos y le

Lo

seguí serenísimo y embrujado, con la lucidez en punta.

cortaron los sueños.

Lo

seguí con todos mis pertrechos: flechas impacientes, insomnio, y la delectación natural.

Por el hombre, imperturbable, tumultuoso y feroz, dijo que volvería.

Vi

las piedras sedientas de los siglos hirviendo en su

--------

cabeza.

La celebración del amor, la llegada repentina de una maravi-

en su -------- cabeza. La celebración del amor, la llegada repentina de una maravi- DOSSIER DE

llosa ilusión conmueve al poeta y hace que deje su tono anterior,

para escribir una poesía llena de ternura, ficción y verdad literaria. Celebración de Sara Botticelli, es sobre todo un libro de poesía amorosa. Es una forma de amar a una mujer inexistente en la vida real, pero inventada a través de las metáforas. Repentinamente aparece en la vida del poeta una mujer maravi- llosa parecida a un sueño. La enamora, le ama, tiene celos, habla de tangos y tangas alucinantes. La acaricia, sale a pasear bajo la luz de la luna y sueña con que la realidad es otro sueño. Es decir,

la poesía se convierte en un pretexto para hallar finalmente a una

mujer ideal y amarla. Es un amor tierno y a veces violento, desconfía del tiempo y los gustos de Sara porque no pertenece a una sociedad deprimida como la peruana. Sara es sensual y hermosa. Se mueve imagina- riamente en un mundo de una clase social llena de comodidades. El poeta la inventa y hace que desaparezca. Así también termina un sueño, un deseo convertido en un hermoso libro. Los poetas inventan, imaginan, crean mujeres ideales frente

a carencia de una que jamás se encuentra. Así, hay mujeres in-

mortales como Rita de Vallejo, Brunilda de Churata, Aldeanita de Carlos Oquendo de Amat, Dévora de Scorza, la casada infiel de García Lorca, Sara Botticelli y Juanita pankara. Todas ellas vivirán en la memoria de los más acuciosos lectores de poesía amorosa. Sin embargo, Sara tiene aspiraciones de una clase social distin-

ta a la del poeta. En el sustrato de una conciencia poética latente, el poeta aparece como un romántico frente a una dama de una acomodada clase social. No importa si en la real existió o no, el caso es que ya existe, respira y camina por el mundo. Es que la vida tiene también esas implicancias. Nada es perfecto ni nada está tampoco está a la mano como se quisiera. Leamos este poema que es central en el libro que comentamos:

Tendrás un arquitecto (7)

Tendrás un arquitecto que diseñe tu casa frente a la costa donde probablemente duerma tu cuello algunos minutos del verano

y su sueño sea una jirafa de espumas flotando sobre el mar Tendrás tu cuerpo límpido, sonando en la transparencia del día

y brillando todos los siglos de la noche

Tendrás un bobo-marido-administrador íntegramente consagrado a tu íntimo jardín Tendrás un amante que te haga el mar a la italiana y te diga arrridederci Sara Tal vez algunas amigas rosadas con quienes discutas quien es el mejor poeta del mar Tendrás tus joyas y un chorlito cultivado, a la altura de tus desmanes Tendrás toda la costa interminablemente frente a tu casa Mas al delfín que se desliza en este poema, jamás; puesto que se desliza, es que escapó a tus redes.

-------

Enseguida vendrá un proceso de madurez y reflexión. El poeta volverá a sus raíces, navegará río arriba, irá contra la corriente para escuchar a su propia voz interior. Por eso es que hay natura- lidad, una viva propia, un curso natural en la poesía de El sordo

cantar de Lima. A diferencia de lo que afirma Gonzáles Vigil,

César Toro y el propio Roland Forges, éste libro tiene sin duda mayor valor literario que todos los anteriores. Es el poeta auténtico, no necesita inventar un mundo para escribir, no imagina para escribir ni escribe en las alas de la ima- ginación. Lima se convierte en un poema natural de asirlo en me- táforas, al fin y al cabo es su mundo, un mundo en permanente conflicto. Ya no está Sara, las mujeres son de carne y hueso que trabajan y sufren, caminan y sueñan. Aparece a plenitud el poeta mucho más humano, mucho más compenetrado con la vida y con la palabra. Es verdad, con la pa- labra encendida, con la palabra creadora, con la palabra que viene desde su cultura atávica. En cierto que se trata de un homenaje a José María Arguedas, pero Cesáreo no resulta su deudor literario. Es más bien una forma de aproximarse al maestro para decirle que está vivo en la memoria de los nuevos seres humanos. Recuerdo que una tarde le conté que mis libros en aimara no fueron adecuadamente comentados, sencillamente porque los críticos limeños no saben aimara. Pero tampoco saben quechua y Cesáreo quería escribir en quechua. Ahí se dio con la sorpresa de que había que empezar a estudiar lingüística. Finalmente decidió que su libro apareciera sólo en español. Se trata al mismo tiempo, de un logro mayor por el esfuerzo conciente del poeta por dejar un testimonio personal frente a la cambiante realidad. Estaba en deuda con su universo, sentía sin duda alguna una profunda nostalgia por el mundo de su infancia. Llamar sordo cantar a una poesía clara, es sólo un pretexto para que se denote de hecho una pesadumbre, un ambiente asfixiante. Pese a vivir en Lima, Cesáreo fue siempre un hombre andino, un poeta formado en los riscos cordilleranos. Desde 1964 hasta el año de su muerte física no se acriolló ni optó por raras imposturas criollas. Es que hay puneños que niegan haber nacido en Puno, hay arequipeños que se alimeñan. Hay también quienes terminan en convertirse en desclasados, aculturados, híbridos, desplazados

y

descastados. Andino, moderno, posmoderno, sartreano, socialista y al fin

y

al cabo poeta, consiguió recuperar la memoria colectiva de su

pueblo. Por eso es que El sordo cantar de Lima, será un libro que

se mantendrá siempre fresco como el berro de los manantiales donde beben los Dioses tutelares andinos. Lemos por ejemplo este poema:

Entre el Wamani y la carretilla (8)

A José María Arguedas, una vez más.

Gran Wamani. Siento arder las nubes sobre mi cabeza. Mis ojos temblorosos se nublan chapoteando en el aire

y septiembre se quedó sin objetos vivos detenido por tus labios incandescentes. Oh gran río creador que me danzas adentro.

Tú que frecuentas las nebulosas de la vida y la muerte, muéstrame la vida, en esta hora inútil en que un mundo desde afuera me enloquece.

Y otra vez bajaremos a besar los sentidos de la mar

y la oscura mar de arenas. Porque amanecí en una tierra desgastada por el abismo de dioses extraños. Dioses de la mirada oblicua, devoradores de indios en los terribles días de la malaria. Porque nací del rocío y la piel mojada de la piedra.

Porque mis trabajos se pierden en las arcas del enemigo,

mi aliento se oxida

y sólo tu voz me saca, me levanta, me ilumina.

Condúceme a tu casa de agua-verde y sentencias, no dejes que la ronda de mis sueños ruede al despeñadero.

Y plumas vivas bailarán sobre mi pecho cuando tu larga piel de plata

brille espantando a mis enemigos. Oh Dios de la mirada atroz

y eternidad frotando tu espada luminosa.

Muéstrame tu nido donde surge el arco iris despertando a la tierra

deja que yo te arrastre en mi curso de humano monte, con mi sol apagado.

o

otra vez bajaremos

Y

a besar los sentidos de la mar y la oscura mar de arenas.

Y tú tendrás tienda de colmillos frescos y otros dioses te amarán.

Ah, ya veo tu mano pura en sus costumbres, la manera tuya de sonar instruyendo a las estrellas. Mis sentidos se agitan para convocarte, no

dejes sordomudo con mi sombra chi- quita.

El

flores secas.

me

testimonial: “El sordo cantar de Lima”. Este libro recoge poemas dispersos en revistas y plaquetas, a la que el autor lo ha denomina- do “Poemas descarriados”. Pero era algo más: provoca identificar el mundo andino en el sistema urbano. Su logro es mayúsculo y vital” (9) Ahora ya no interesa por ejemplo que la Enciclopedia Ilustrada del Perú, editada por el Diario El Comercio, que es una actualiza- ción y continuación del trabajo de Alberto Tauro del Pino, no lo haya incluido arbitrariamente. No interesa tampoco que no apa- rezca su nombre y poemas en antologías de la poesía arequipeña. No interesa que la sociedad en que vivió le haya negado tener una vida digna y las comodidades mínimas materiales. Lo que no puede ser es que la Universidad Nacional de San Marcos, hasta ahora no haya cumplido en publicar sus obras com- pletas de tan importante poeta sanmarquino. El día que se veló su cadáver en la vieja casona de parque universitario, hubo un com- promiso de debe cumplirse. Las instituciones tutelares de Cotahuasi, especialmente el Ho- norable Concejo Provincial, están en el deber moral de llevar a cabo una cruzada. Tienen que conseguir que las au- toridades de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cumpla con la palabra empeñada. Quienes fuimos amigos de Cesáreo estaremos dispues- tos a colaborar desde distintas trincheras y formas.

Lima, 17 de abril del

desde distintas trincheras y formas. Lima, 17 de abril del aire se abstina en arder insinúan

aire se abstina en arder

insinúan los humo- de una tierra con rumo- de fruta.

presta atención.

los

viajeros

Más allá de la pendiente

se

res

res

Allí la Madre Luna

anda suelta y nadie

le

Dicen

que por las noches llora espinas.

Dicen los pájaros mi- gratorios hay un dios

 

2004.

99 aniversario del Centenario del Na- cimiento de Carlos Oquendo de Amat.

Citas

mí-

nimas:

(1) Cesáreo Martínez. Migraciones. Gárgola 5. Colección de poesía. Lima 1974. (2) Cesáreo Martínez. Mi- graciones. Gárgola 5. Co- lección de poesía. Lima 1974. (3) Cesáreo Martínez. Migracio- nes. Gárgola 5. Colección de poesía. Lima 1974. (4) Poesía peruana. Siglo XX. Ricardo Gon- záles Vigil. Tomo II. Departamento de Relaciones Públicas de PETROPERÚ, 1999. (5) Curso de realidad. Proceso poético 1945-1980. Ricardo Falla, Sonia Luz Carillo. (Página 288. Cinco razones puras para compro- meterse con la huelga), CONCYTEC, 1998. (6) Donde mancó el árbol de la espada y el arco iris. Ediciones Campo de Concentración. 1980. (7) Celebración de Sara Botticelli. 1ra edición, Ediciones Ha- rahui, 1983. (8) El sordo cantar de Lima. Ediciones Los lunes. CONCYTEC,

1993.

(9) Historia de la Literatura Peruana. Tomo XI. Siglo XX. Poesía- Teatro. 1900-1995.

grande,

un

río hablador.

tinieblas, alza para mí

que me arrancaste de las

tus oráculos.

Dime cómo se labran los pensamien-

tos sanos.

Di

que mis hijos

cómo he de permanecer con mis días para

no me desconozcan.

Porque mordido en tus misterios me contemplo sustancia volátil y quizá, por tus labios incandescentes, penetremos en el ancho huerto de la vida.

----

No habiendo todavía un estudio analítico y total de su poesía, hay sobre su trabajo juicios todavía parciales y preliminares, escu- chemos por ejemplo lo que dice César Toro Montalvo:

Signado como poeta “coyuntural” y que él difundiera, nos pro- pone una honda entrega social, siempre despertó a las emociones virulentas de las capas sociales más necesitadas. Cesáreo Martínez publicó en 1993 un libro esplendorosamente

“É l se bebía cada instante de la vida como si fuese el último, pero siempre com-

partiéndolo, al estilo de un niño todavía no alienado por las mezquindades de este mun- do, como si fuese su primer descubrimien- to”, evoca el periodista más cercano al poeta.

En el destino humano, la vida normal de cualquier persona no es más que un sus- piro. Pero hay quienes–por sus modo de ser, querer, saber y hacer– trascienden lar- gamente a su tiempo específico, marcando época para la posteridad. Uno de ellos es Cesáreo (Chacho) Mar- tínez Sánchez, el gran poeta, bohemio, luchador social, periodista y camarada de mil andanzas del que nos privó la muerte el 27 de enero del 2002, cuando estaba por cumplir los 57 años de edad y el Perú to- davía podía aguardar mucho de su airoso talento creador. Una frase podría resumir lo que él era en esencia continua: un sibarita de la existen- cia. Pues Chacho se bebía cada instante de la vida como si fuese el último, pero siem- pre compartiéndolo, al estilo de un niño todavía no alienado por las mezquindades de este mundo, como si fuese su primer descubrimiento. Lo hacía sin márgenes, en el cáliz de los sueños, en la fragua de la rebeldía social y en el aspersor de la fraternidad que llevaba empotrado en su alma. Durante su ardorosa travesía por este valle de cantos y llantos intermitentes, Chacho fue casi un santo de la amistad, además “un santo ateo” como diría Gabriel García Márquez; tanto que –desde la inmateriali- dad de su omnipresencia–todavía continúa haciendo el prodigio de reunirnos espon- táneamente en torno a su recuerdo y su vasta herencia literaria.

ENTRE HUAYNOS Y CHELAS

El primer impacto que me causó Cesáreo fue por su nombre: el mismo de mi padre. Luego por el vigor y la ternura de su poe- sía. Y finalmente por su inmensa calidad humana.

Corría el verano de 1971 o 1972. Yo es- taba iniciándome en el periodismo pro- fesional, dejando para otro momento el

ejercicio de la lira, obligado por la crucial necesidad de tener una fuente de ingre- sos para sobrevivir a la devastación de la economía familiar por el terremoto del 31 de mayo de 1970 que hizo añicos a mi heredad ancashina. Entonces ya sabía que Chacho era poe- ta, pero no que compartíamos un común origen altoandino y una insaciable sed cósmica por disfrutar de la existencia, de- seando para nuestros semejantes lo mis- mo que para nosotros mismos. Hasta que aquella noche canicular, en el segundo piso del bar “Wony”, a media cuadra de la plaza San Martín de Lima, el destino nos juntó físicamente por primera vez en torno a cantidades oceánicas de cerveza e infinitos huaynitos telúricos interpretados por una generosa estudiantina de la Uni- versidad Nacional Agraria “La Molina”. Chacho había nacido el 25 de febrero de 1945 en Cotahuasi, La Unión, Arequipa, donde sobra agua, pero arrimada al lecho del cañón más profundo del mundo, como queriendo penetrar hasta las entrañas íg- neas del planeta .Y yo cinco años más tar- de en Pampas Grande, Huaraz, Ancash, una especie de balconcito suspendido en- tre el mar y el cielo, donde la única agua que se ve y se bebe procede de las lluvias estacionales. De modo que el agua y los Andes fueron los primeros temas de nuestra conversa- ción .Tanto que entre aguas espumosas

y montañas de versos orales nos procla- mamos hermanos para siempre en esa

noche irrepetible, mientras los dioses de

la poesía y los demonios de la rebeldía so-

cial se daban un abrazo insólito en nues- tra ebriedad quimérica por querer cambiar

al mundo a punta de sueños y furias.

El resto fluyó naturalmente: Chacho poeta, Chacho bohemio, Chacho periodista, Chacho iconoclasta e insurrecto a tiempo

completo, Chacho de la ternura íntima y la ira social en simbiosis casi mágica, me demostraría sin proponérselo cuánta razón tuvo

el viejo Lin Yutang al sentenciar: “Los hermanos son los amigos

que nos da la vida y los amigos son los hermanos que nos da la sociedad”. Uno de mis hermanos es- telares fue, precisamente, él. A tal punto que varios años antes de partir, como para sacarle la lengua al hado que habría de se- pararnos materialmente, me obsequió la luminosa amistad de Walter Tinta Junco, quizás el más en- trañable de sus hermanos sociales, aunque él suele decir –humilde y risue- ñamente- “yo fui sólo un “chupe” de Chacho”. Por esa misma época también conocí a Gloria Cáceres Vargas, brillante profesora, quechuóloga y escritora ayacuchana, con quien Cesáreo engendró su única obra de carne y hueso: Ma- nuel Agustín, flamante doctor en paleontología formado en Fran- cia y tan inspirado como sus padres para descifrar los misterios de la geogenia, como quien descubre un verso feliz en la belleza de una muchacha núbil o en los puños enhiestos de un pueblo que se rebela ante la injusticia.

CHACHO POETA

Pero no fue ni es la amistad, sino la valoración estética y social, la que me conduce a afirmar que en 1978 -año de la aparición de AGRONOTICIAS, por feliz coincidencia- Cesáreo Martínez legaría al presente y el futuro del Perú la sentencia poética más lúcida en torno a la primera necesidad de todo ser humano, cual es

la alimentación, dado que jamás ningún estómago mal alimentado

puede dar un cerebro ilustrado. Pues en el primer poema de “Cinco razones puras para compro- meterse (con la huelga)”, Chacho escribió: “Como todos los ani-

males transparentes de la tierra/así como las aves más sensitivas

y famosas/ el hombre para vivir/tiene que comer!”. Y como para

que no quede duda alguna sobre su puntal alegato lírico-épico, más adelante insistiría aún con mayor énfasis: “Los hombres tra- bajan desde que amanece persiguiendo la pepa de la vida/Y para vivir, señores del poder, ¡el hombre tiene que comer!” Que me perdone nuestro Apu universal César Vallejo, pero pienso que estos versos de Cesáreo Martínez tienen mucha más fuerza emocional y poder de convocatoria que “Hay, hermanos, muchí- simo que hacer”. Por lo que “Y para vivir, señores del poder, ¡el hombre tiene que comer!” bien merecería presidir las grandes manifestaciones sociales de nuestro pueblo en busca de un míni- mo de justicia.

Luego en su poemario “El sordo cantar de Lima”, publicado en marzo de 1993, encuentro los siguientes versos que aún me con- mueven, dentro de Botella de Mar para Iskra Oyague: “Quédate allí, niña/Y mira cómo nos revolcamos en la nada/La miseria de

nuestro país nos hizo asquerosamente challados, un tanto huidi- zos/ como si con nuestra presencia sólo te hicié- ramos sombras/ Tú has nacido para brillar en otro tiempo, perfila desde aho-

ra tus ojos/ Sigue el curso

rumoroso de las estrellas

y jamás caigas en las

provocaciones de la tris- teza”. Para luego volver a alegar por la sublevante situación de los herederos de la civilización agra- ria más espléndida del mundo antiguo: “Porque nuestro país, cariño, es de

campesinos tragados por

el hambre/ Ellos cultivan

los sueños y el trigo para que tengamos panes sobre la mesa/ Ellos cultivan la mesa para que tengamos sueños silves- tres/ Claro que hago mal en hablarte de estas cosas tristes, pero sería mortal no hacerlo”

de estas cosas tristes, pero sería mortal no hacerlo” CHACHO PERIODISTA Pero el talento de Chacho

CHACHO PERIODISTA

Pero el talento de Chacho no se circunscribía a la literatura. Con idéntica destreza se manifestaba en el periodismo, especialmente en la crónica. Cientos de entrevistas y artículos suyos están des- perdigados en los diarios y revistas de izquierda del tiempo que cubrió su vida. Sin embargo, una muestra sintética de sus habili- dades en este campo se puede hallar en su libro “Cuaderno de los Encuentros. Crónicas SINcrónicas”, coeditado en mayo de 1999 por la Municipalidad de Lurigancho (Chosica) y la Editorial San Marcos. Aunque ese volumen tenía y tiene inocuo carácter de miscelá- nea, el componente “SINcrónicas” del título (en risueña alusión al siniestro SIN del dueto Fujimori-Montesinos) y la entrevista antigubernamental a quien esto escribe, fueron tomados por el oficialismo imperante como una provocación y un desafío in- aceptables a éste. Con ese vil pretexto, precisamente, a mediados de 1999 el presi- dente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad Nacional de Educación “La Cantuta”, Moisés Quito Vidal, echó sin mira- mientos a Cesáreo de la Jefatura de Prensa y Relaciones Públicas de aquélla, acusándolo de conspirar contra el régimen; para luego acosarlo de diversos modos, como buscando que pereciese de ino- pia y hambre. Entonces no tuve otra alternativa que asilarlo en AGRONOTI- CIAS, que por esa época ya registraba 235 ediciones continuas, frente 373 en la actualidad. Miento. Primero busqué a un amigo contemporáneo, el exministro de Agricultura y entonces asesor

presidencial Absalón Vásquez Villanueva, para que interviniera frente a ese inicuo abuso. Pero como el peregrino jerarca de “La Cantuta” no quiso ceder, él estuvo a punto de reubicarlo en otra universidad. Mas–según me revelaría personalmente– la reso- lución que iba a refrendar Fujimori fue vetada por el infraterno poeta aprofujimorista que fungía como secretario de Prensa de Palacio, bajo el cargo irreparable de que Chacho era “comunista”. Entonces los apus de la poesía no pudieron contra el Satán de la “vendetta” política, pero con el tiempo se recuperarían para ubi- car a Cesáreo Martínez en el Olimpo de los muertos que nunca mueren y al ocasional cancerbero en el desván del olvido. En consecuencia, no tuve otra opción que amparar a Chacho en AGRONOTICIAS, durante parte del 1999, todo el 2000 y parte del 2001. Obviamente, aunque espiados y boicoteados por la dictadura, aquí la pasamos de maravillas, compartiendo sueños y furias más que nunca.

ANÉCDOTA

Dentro de este marco, recuerdo nítidamente una anécdota que evidencia con bastante proximidad el temperamento de Chacho. Primero, por su natural bonhomía, espíritu chocarrero y sentido de camaradería, el poeta se ganó rápidamente el aprecio de to-

dos los muchachos de la revista; lo cual, en cambio, jamás había podido lograr un misantrópico diagramador, con siglas CSLV, quien durante tres-cuatro días por mes ocupaba un escritorio en

la oficina de Chacho, para cumplir su tarea.

Aún más, muy pronto él había saltado del celo a la envidia, al ver que con el poeta parábamos –arriba y abajo– juntos, disfrutando como niños la alegría de vivir pensando en nuestro entorno social. Entonces, impulsado por su bronca gratuita, el susodicho había conspirado con algunos conserjes para que también lo llamaran “poeta” en presencia de Chacho.

gación de dirigentes agrarios que a los que estaba entrevistando

el poeta:

– ¿Qué es de CSLV? – indagué en voz alta, con tono ostensible-

mente disgustado. Ante lo cual mi hermano, señalando al water, con un gesto ma- licioso y un vozarrón que posiblemente se escuchó hasta su Co-

tahuasi natal, respondería identificándolo por todos sus pelos y

señales:

¿Carlitos?

Ah,

Carlitos está en el baño…. ¡Haciendo higiene

mental!

Así era Chacho de paciente, agudo y socarrón para amansar hasta

a los demonios más fieros que matizan a la diversidad fáunica de este mundo.

MUERTO INMORTAL

Tendría mucho más que evocar sobre el mayor poeta social de

mi generación, pero como el espacio es cruel, no tengo otra alter-

nativa que cerrar con un virtual autobiografía escrita en “El sordo cantar de Lima”, dentro del poema dedicado a Darío Benavides Loayza, caído en Buenos Aires el ocho de julio de 1975, luchando contra el fascismo: “La revolución es mi hábitat/Mi única manera

de florecer en el siglo/Buscábamos las formas de la belleza en las

garras relucientes, imitando los destellos del tigre, para no perecer en la indiferencia/La aurora, mí cómplice, deposita sus estrellas

en

mis ojos diurnos/Y me guiará hasta el mercado, donde verdean

las

legumbres/ junto a los muchachos de mi condición/Luego de

trasponer el silencio, compraremos algo de aire: Un saludo/co- lores en movimiento/ un hijo/Un hijo que suene como un himno

sobre las montañas/Un árbol virtuoso que me suceda en el trato con las armas/Una fragancia contemporánea tan nítida como la

luz que danza/en el azul, increíble, largo cuello de mi amada”

Para resumir, en todos los campos y sentidos Cesáreo (Chacho)

Martínez Sánchez pasó por este valle terrenal sembrando sueños

Y

ocurrido esto, él reaccionó con violencia de caficho destronado,

y

batallas contra la anemia espiritual de nuestra sociedad.

para bramar:

Y

he aquí que las mieses maduras de su siembra continúan mul-

no soy ningún comechado,

ningún vago…Yo trabajo para ganarme los frijoles. Aparentemente, Chacho no se dio por aludido ante tamaña in- directa directa. Pero apenas tres días después, encontraría una oportunidad de oro para darle el vuelto en proporción superlativa. Indispuesto por un trabajo mal hecho, yo ingresé a la oficina que ocupaban Chacho y el eventual ganapán que lo había ofendido, a preguntar por éste revista en mano y en presencia de una dele-

– ¡No me llames “poeta”, carajo!

Yo

tiplicándose en la conciencia agradecida de quienes tuvimos el

privilegio de compartir su entrega sin fronteras al digno ejercicio

de vivir por una patria que pueden imaginar sólo los espíritus

superiores que suelen amar a la poesía como a sus prójimos: Una patria con suficiente pan, con suficiente justicia y con suficiente libertad para todos los peruanos.

Texto encontrado en:

REVISTA AGRONOTICIAS EDITORES SRL

con suficiente libertad para todos los peruanos. Texto encontrado en: REVISTA AGRONOTICIAS EDITORES SRL 24 SOL

D esde que recibiera un caluroso ho- menaje por el décimo aniversario

de su partida he querido escribir algo sobre el popular Chacho.Aquella noche abundaron variados homenajes y si algo quedó claro del poeta de Cotahuasi fue

su capacidad de convocatoria, de conservarse cercano sus amigos, que recordaban sus versos y su alma li- bre y bohemia con relatos que partir del humor hacían más cercano nuestro poeta. Hace días que ando en el Cusco vagan- do en las calles y visitando el Valle Sagrado y recién empiezo esta nota. No he pasado aun por la piedra de los doce ángulos, pero fue Chacho quien me recordaría que al inicio de los Ríos profundos las piedras hablan. Lo dijo con esa voz grave y sonora que impresionó a Ricardo Gon- zales Vigil cuando lle- vé a Cha- cho a una clase de literatura de la Católica. Eran tiempos en que la gran huelga magisterial marcaría el inicio del fin de la dictadura militar y cuando aparecieron, para ser celebra- das por todo el mundo, las cinco ra- zones puras para apoyar la huelga. Un gran poema que ha trascendido toda coyuntura y es quizás la única razón por la cual Kant escribió su monumen- tal cúmulo de disparates: prestarle el título al primer poema coyuntural de Cesáreo Martínez. Conocer a Chacho, su poesía, sus ami- gos, fueron para mí una gran puerta, un gran aprendizaje, no solo de la poe-

sía, sino de la amistad y el arte mayor

de la bohemia, de la cual Chacho era el qollana sacerdote cotahuasino. Des-

de que lo conocí gracias a Guillermo

Falconí saber que Chacho era de Co-

tahuasi me unió inmediatamente a él.

Mi padre, a quien había dejado de ver

a los doce watas y al que no vi nunca

más, era de Cotahuasi, y acercarme a Chacho y a todo cotahuasino era re- montar una gran ausencia. Por eso, las palabras en homenaje a su padre de Manuel Agustín en la aper- tura de Sol de Ciegos y leídas por Gloria Cáceres en el homenaje me conmueven

doblemen-

te. Pero más que una figu- ra paterna Chacho era el hermano mayor de mu- chos llaqtamasis andinos en la ciudad, que con sus sueños y lucha

diaria alimentaban los tiempos épicos

y poéticos de la emergencia popular y

migrante de fines de los setenta. Algo que no cubrieron en la casona fue el lado andino de Chacho. En princi- pio era un gran guitarrista, cuando se animaba. Dicen por ahí que enseñó a tocar al maestro Angulo. Tuve la suer-

te de escucharlo tocar varias veces. Lo poquísimo que se del re sostenido lo

he

aprendido de Chacho en la azotea

del

purito Rímac, cuando el cantaba

sostenido lo he aprendido de Chacho en la azotea del purito Rímac, cuando el cantaba DOSSIER

impecable:

Hawankichu rikunkichu Guardia civilta Estado pachachallanwan Runa waqachiqta Hawachkanim rikuchkanim Guardia civilta Runa waqachiqta Estado pachachallanwan tetera umanta.

Runa waqachiqta Estado pachachallanwan tetera umanta. En esos tiempos de cantatas populares se nos metió la

En esos tiempos de cantatas populares se nos metió la idea de participar en un concierto con una variante de Río de Apurímac de los Chankas: “akakaw, akakaw ahora que no hay carne, puro hueso somos”, pero los ensayos no llegaron

a nada, y cuando la organizadora del evento, alguien adicta

a la inescuchable nueva canción, le pregunto por el color de

su voz, Chacho dijo que era azul, el color de la “la vida es la única realidad azul que nos cautiva” La poesía que se conoce de Chacho esta casi toda en espa-

ñol, pero su trasfondo es popular y andino. Hay una corrien- te crítica que postula que se puede hablar de una poesía quechua escrita en castellano, imaynaraq chayqa. Pero aun falta conocer si ha habido en la escritura de Chacho versos en quechua. Tal vez ese espacio lo cubrieron sus canciones,

o algunos de los trabajos que hizo como traductor, si mal no

recuerdo, a un gordito francés. Por mi parte hay de la mano

de Chacho en la traducción que hice del poema El río de Javier Heraud, que publicanos en 1977, y en la que el poeta ayudó pacientemente a un traductor primerizo. No solo en cuestiones puntuales sino en el ritmo y la cadencia, que eran partes integrales del poeta de Cotahuasi y de quien no tuvo miedo de morir entre pájaros y árboles. Escribir estas líneas es reparar la falta de no haber mencionado Chacho en las publicaciones de la traducción del Río al quechua, qon-

qalis kasqani. Pero al mismo tiempo, por esas vueltas que da

el tiempo, no me parece nada raro que Gloria Cáceres, viuda

del Chacho sea poeta, narradora y traductora quechua. Aquí en el valle estoy visitando a mis waykis de Yucay luego de haber visto a mis panis en el Cusco. Tomamos unas pocas chelas y mucho de recuerdo de cuando nos conocimos hace unas treinta watas. Aun recuerdan algunos versos de “albaca planta macetitay…. Warma weqeymi qarpakusqay” que cantábamos entonces. Esa era una canción que Chacho solía repetir y que ha llegado a través del tiempo a la me- moria musical del Valle Sagrado. Así como la literatura y

amistad del poeta llega y perdura en los ayllus populares de la ciudad letrada y musical de la urbe. El calor humano, la amistad, y la voz andina que subyace

a sus textos es lo que tengo siempre presente en Chacho,

sobre todo cuando regreso a Huachipa y sé que al frente, en Campo Fe, él y otros amigos y familiares nos observan haqay chimpamanta.

Cusco, 10 de febrero 1012

en Campo Fe, él y otros amigos y familiares nos observan haqay chimpamanta. Cusco, 10 de

I nmediatamente como nos conocimos nos hicimos muy amigos con el poeta Cesáreo “Chacho” Martínez, debido a va- rias razones. Una de ellas sin duda era que ambos éramos provincianos y estábamos destinados a ser marginados de la vida

y estábamos destinados a ser marginados de la vida literaria limeña. La otra, que no teníamos

literaria limeña. La otra, que no teníamos vinculaciones con los medios ni críticos literarios y por más esfuerzos que hiciéra- mos, nunca íbamos a lograr tener un espacio propio. Ese era un tema que a veces lo con- versábamos pero además, otros de carácter literario y político. Coincidíamos en que los premios literarios no siempre consagraban y había que escri- bir también en quechua y aymara. Durante algún tiempo y los últimos años de su exis- tencia, estaba muy interesado en escribir precisamente en quechua, por lo que una tarde le mostré los libros de Kilku Waraqa. Se mostró muy emocionado pero noté que todavía no había empezado a trabajar sus propias grafías y que lo haría después. Una de las anécdotas que recuerdo es aque- lla que sucedió cuando nos invitaron a Chi- clayo para dar un recital. A la hora señalada el ómnibus partió de Lima con destino a esa ciudad y en el paradero informal a la salida de Lima, el vehículo paró, subieron varios pasajeros. Para dormir con tranquilidad, opté por cubrirme con una manta, pero sen- tí que una persona se sentó a mi lado. A la hora de viaje, ambos empezamos a roncar por lo que nos sentimos incómodos. Miré bien el rostro del pasajero y sin duda era el “Chacho” Martínez. Lo observé en la pe- numbra del ómnibus y le dije:

-Oye, tú te pareces al “Chacho” Martínez, tenía que viajar con él a Chiclayo, menos mal que apareciste. Entonces, el “Chacho” respondió:

-Tú también te pareces al “Cholo” Ayala. La otra anécdota sucedió de la siguiente for- ma: César Calvo iba continuamente a visi- tarme a mi oficina del Jurado Nacional de Elecciones, me esperaba para salir a almor- zar o para tomar un café. Calvo era simpa- tiquísimo y además tenía una gran calidad humana. Una mañana llegó muy afligido y pidió que le proporcionara urgente un bille- te de cien soles. Le pedí que me esperara unos minutos y así lo hizo. Llegamos al Banco y allí me dijo: “Pero si estamos aquí pueden ser tres, cómo no vas a ser generoso con tu hermano no contactado”. Le respon- dí que no podía y se resignó a recibir lo que me había pedido antes.

De regreso a mi oficina le dije: “Apúrate César”. Entonces, el poeta contestó: “Anda no más hermano, ahorita llego. Si me apuro, la gente va a creer que estoy yendo a tra- bajar” Cuando llegué a mi oficina “Chacho” Mar- tínez estaba esperándome para conversar y de hecho empezó a hacerle bromas a Calvo debido a su fama de mujeriego. Calvo que era muy agudo le dijo:

-Oye “Chacho” sabemos que haz hecho una huelga de hambre. La izquierda convocará a un huelga seca, ¿puedes sumarte a esa his- tórica cruzada? Inmediatamente “Chacho” contestó:

-A esa huelga no entro carajo, aunque me lleven preso. La tercera que quiero contar sucedió de la siguiente manera:

El poeta cotahuasino se presentó una maña- na a mi oficina y me dijo:

-Mira cholito, tienes que ayudarme, eres la persona más indicada, lo he pensado y nadie como tú para hacerme un favor. Quiero salir del Perú en calidad de exilado a Suecia. Ya lo he determinado, te conozco hace varios años y sé quien eres. Has ayudado a mucha gente y a mí no me puedes negar esa gau- chada. Entendí que era presa de un estrés avanza- do, había que escucharlo y enseguida ver la manera de ayudarlo. -Voy a consultar con una persona que cono- ce estos temas – respondí. Pero además le dije que era un trámite engorroso y tomaba varios meses, que tenía que acumular prue- bas de persecución política, etc., etc. -Para eso eres poeta y hermano. Regreso mañana – respondió. Se lo presenté a Hipólito Sánchez, persona conocedora de este tema, quien después de estudiar el caso, respondió que era imposi- ble, por lo que “Chacho” pidió que le consi- guieran una beca en París. Sánchez se fue de vacaciones y “Chacho” falleció. Cuando regresó Sánchez a su oficina me preguntó por el poeta y le contesté que ha- bía muerto. -Lo que ha pasado que “Chacho” se ha exi- lado en el cielo – contestó.

S on 10 años, el tiempo transcurrió im- perceptible, sin detenerse. Qué mara-

villoso sería detener el tiempo. Detener el preciso instante que sonó el teléfono y al otro lado tu voz, esa voz grave que hacía tu poesía más hermosa aún: “Rafo,

voz grave que hacía tu poesía más hermosa aún: “Rafo, vente a vivir aquí, estoy en

vente a vivir aquí, estoy en San Bor- ja…, cerca de tu trabajo, vamos, ven a vivir aquí; los libros y las poesía nos es- peran”. Fue la última invitación, el te- léfono no volvió a sonar más, tu voz se apagó. Era diciembre. Diciembre mes que la soledad hace presa a muchos y la nostalgia invade, como invade ahora recordar tanto tiempo. Tu cuerpo transitando las calles de Chosica, los pasadizos de La Cantuta; pero sobretodo, recuerdo aquel

día

de un bar nos dimos

un abrazo; frente a nosotros descendía el río, mientras ascendíamos al paraíso fosfores- cente de tu poesía.

Chacho Martínez, quien años antes había organizado un inolvidable y concurrido encuentro de poetas y narrado- res en el Peruano-soviético, hoy esta-

ba a lado de nosotros, cerramos fila, el

poeta no se iría más, entonces se oyó el canto de tus versos: “Celebración a

Sara Botticelli”, soberbio libro que leí admirado como cuando llegó a mí la “Botella de mar para Iskra Oyague”. Y entonces, como ese río que descendía, fluyó “Cinco razones puras para com- prometerse con la huelga”, no había más que decir, solo escucharte leer en

esa hermosa noche que el bar abrió sus

puertas para tu eterna poesía y las cer-

vezas tenían el color azul de tus versos.

Y así como esa noche hubo tantas

otras, la fuerza de tu voz se extendía

nítida y sentida entre las calles y los cerros, los huaynos eran el clamor del corazón y el olvido, nuestros cuerpos solo sombras de fantasmas, resplande- ciendo. “En Chosica los cerros se mueven después de las 5 de la tarde” dijiste alguna vez señalando la faldas de los

cerros, “míralos pasar”, es verdad, los cerros transitan como trenes a las 5 de la tarde. El sol se encendía en San Fernan- do, barrio en el que vivías, también de una forma diferente, ingresaba por la ventana de

tu casa para ilu- minar tus libros tendidos sobre tu cama, ahí resplan-

decían Malcom Lowry , Tristan Tzara, Artaud, Celine, Luis Hernández, Vallejo, Moro, Eielson, tantos más, tus poemas inéditos y la novela que escribías, en ese tiempo, novela que leí en tu vieja pc, novela que un grupo de gente “innombrable” te robó. Ese sol que brillaba sobre San Fer- nando, pudo ser el “Sol de ciegos” que nombrabas, cuando en el recuerdo fluía tu amigo entrañable Juan Ojeda, sí el de “Elogios de los navegantes”, admirable poeta, que compartió haza- ñas de poesía y bohemia, que contabas con alegría, tus ojos tenían otro res- plandor, como cuando relatabas el en- cuentro con Martín Adán, célebre cró- nica que recibí de tus manos, inédita. Ese resplandor en tus ojos, se hacían

que sentado en la mesa

“ sobre Ese sol San que Fernando, brillaba ciegos” pudo ser que el nombra- “Sol
sobre Ese sol San que Fernando, brillaba
ciegos” pudo ser que el nombra- “Sol de
bas

más intensos aun cuando hablabas de Manuel Agus- tín, hijo que veías crecer, y te sorprendían sus palabras y sus juegos. Luego, presentamos un li- bro tuyo “El sordo cantar de Lima” en la Feria del libro en Miraflores, allí tus amigos se congregaron una vez más para celebrar- te, para celebrar ese juego de palabras que construías infatigablemente. Las palabras eran un jue- go que armabas como un niño, y es que tal vez eso eras: un niño con un pei- nado hecho a prueba de cualquier viento, y el maletín de cuero marrón con motivos peruanos colgado de tus hombros, ibas todas las mañanas a trabajar como un niño va a la escuela, tejiendo en tu huso fabricado de palabras, entonces Mónica, la secretaria de tu oficina, pasó a ser “Mómica”, los óvalos de las avenidas eran “óvulos”, hoy desearía recordar todas las palabras que te escuché, pero perdóname querido Chacho, la memoria es frágil y nos traiciona.

querido Chacho, la memoria es frágil y nos traiciona. Es así, como te convertiste en “Chacho

Es así, como te convertiste en “Chacho de los muchachos”, nos acompañaste en los recitales y te decías un miembro más de Estación 32, grupo que creamos en La Cantuta a princi- pios de los 90, cuando las balas y las bombas estallaban a nuestros pasos, época que también te aniquiló, pero no hable- mos de eso, ahora, porque quiebran los sueños, sueños que ahora deseo me transporten a ese viejo tiempo de palabras a ese viejo río que cruza Chosica con su extraño estruendo oscuro. No vale, querido Chacho, remontar al tiempo los momentos no gratos, aquí está el fluir de tu poesía que inunda nuestro corazón como ese viejo tiempo que se perdió, hace 10 años,

tus pasos no transitan, tu corazón no late ni tu voz se expande entre los cerros, en el cañón de Cotahuasi, que decías el más profundo del mundo, como profundo era tu corazón que en- tregabas, el más profundo del mundo, tu corazón. El cielo hoy no tiene el color que viste en Canta ni la niebla sobre las calles serán las mismas ni ese río milenario que se abre a nuestros ojos, nada es igual, querido Chacho. Perdona, aquel diciembre que no pude responder a tu llama- do, no sabes cuánto siento no haber podido responder a tiem-

aquella cita con los libros y la poesía que prometí sería

po,

para febrero, mes que no alcancé porque ya no esperarías. Perdona, querido Chacho, por no comprender tu soledad, porque no pude serte compañía, y estoy seguro, que era todo lo que buscabas, finalmente.

porque no pude serte compañía, y estoy seguro, que era todo lo que buscabas, finalmente. DOSSIER
E n este… aniversario de la partida del poeta Cesáreo Martínez Sánchez qui- siera expresar

E n este… aniversario de la partida del poeta Cesáreo Martínez Sánchez qui-

siera expresar algunas palabras en su memoria. No es fácil hablar de un amigo, porque concurren muchos sentimientos, añoranzas en la intimidad del ser, como

el coloquio infinito de los recuerdos y

característico de sus creaciones literarias.

nuino motivador, organizador y ejecutor

los sueños. Cesáreo ya forma parte de la “otredad”, es ahora, esencia perdurable en el tiempo y en el recuerdo. Permítanme,

de las actividades culturales, artísticas y de publicación, como antes lo había he- cho de manera muy eficiente el escritor

entonces, desde este umbral de la vida y

y

periodista Maynor Freire Bustamente

la infinita precariedad de lo que se aca-

y

quien renunció por razones personales.

ba, recordarlo, porque su imagen me ani- ma y revive en mí, gratísimos momentos compartidos en las tareas profesionales, tanto en la Cantuta( 1990) , como en el Mi- nisterio de Educación ( 2001) . El primer encuentro con Cesáreo, se dio de manera natural y espontánea como es el transcu-

Recuérdese que en esos años se vivían momentos muy difíciles por las tensiones sociales y políticas del momento. Debo precisar que con Cesáreo trabajamos el último año de mi gestión como Rector en 1990. Aquí puso en juego su capacidad de comunicador, afrontando con mucho cri-

rrir de la vida. Pues, yo ya lo conocía por sus poemas, pero no de manera personal.

terio los retos que imponían el cargo y las relaciones con las diversas universidades

Un día leyendo una revista de literatura

e

instituciones culturales. En este asunto

encuentro un testimonio de Cesáreo que

la

gestión resultó positiva y productiva.

me interesó por su sencillez, diafanidad de sentimientos y ese halo poético tan

Se trataba de un testimonio dedicado a su maestra de Educación Inicial Olga Pérez,

Luego en el 2001 trabajamos en la ofi- cina de Coordinación Universitaria del Ministerio de Educación. Tuve la suerte entonces de contar nuevamente con sus valiosos servicios en el área de publica-

a

quien yo ya conocía, por ser hermana de

ción. Ya para entonces él se estaba re-

la esposa de mi tío Julio también maestro

cuperando de una delicada dolencia. Sin

y poeta que se fue de Canta para trabajar

embargo, pese a sus limitaciones de sa-

a una escuela de Cotahuasi (Taurisma).

Existía ya, por lo tanto, una predisposición emocional para un encuentro personal. Efectivamente nos conocimos en los pasa- dizos de CONCYTEC y, luego de hacer el comentario del testimonio en referencia lo invité a la Cantuta .Ya en la universi- dad se le hizo la propuesta laboral y luego de las conversaciones pertinentes, Cesá- reo se incorporó a la universidad como jefe de la oficina de Imagen Institucional. Desde un primer momento asumió su tra- bajo con gran entusiasmo y dedicación, tanto que muy pronto se hizo “cantute- ño”, ganándose así el aprecio y afecto de las autoridades, docentes, alumnos y del personal administrativo. Desde un inicio Cesáreo asumió todas las tareas del área,

y, con el tiempo se convirtió en un ge-

lud, se abocó plenamente a las tareas pro- pias de su cargo con una gran dedicación

y esmero. Siempre que lo visitaba en su

oficina lo encontraba corrigiendo textos; era un maniático de la corrección, tanto de textos narrativos como poéticos. Y

cuando venía a la oficina para saludarme,

lo recuerdo bien, lo hacía con una frase

inconclusa que se ha quedado prendida en mi memoria, abría la puerta metía la cabeza muy bien peinadita, con la raya al centro y el infaltable maletín de cuero, me decía “¿Se puede poder?”(esta frase quedó para mí como una incógnita por resolver). Con su importante apoyo se hi- cieron tres publicaciones: El II Encuentro Nacional de Universidades-Ministerio de Educación, la 2da.Feria Universitaria de

Ciencia y Tecnología y la Guía de Carre-

ras universitarias que se distribuyeron en los colegios nacionales. Asimismo, se hizo un homenaje a UNMSM por sus 450 años, con el apoyo del Dr. Idel Vexler Talledo, Viceministro de gestión pedagógica. Además teníamos otras tareas urgentes e importantes como la visita a las universidades nacionales para cumplir con las funciones pertinentes del cargo. Recuerdo que Cesáreo viajó

a la universidad del Cuzco e Ica, y, en otra oportunidad viajamos

conjuntamente para visitar las universidades “Alcides Carrión” de Cerro de Pasco, “Emilio Valdizán” de Huánuco y la Universidad de la selva de Tingo María. Antes del viaje mi esposa tuvo la pre- caución de entregarnos un termo con agua de coca para según ella “pasar la cordillera”. Pero resulta que estando cerca a San Mateo notó que Cesáreo estaba con malestar y tenía la cara pálida, por lo que me pidió el termo para tomar agua de coca. En tal situación

apresuramos la marcha para llegar al hospital de la Oroya, lo antes posible. Ya en el hospital Cesáreo recibió los primeros auxilios,

a la par que mirándonos la enfermera nos dijo “El agua de coca lo

con Juan Cristóbal. Recordaba con gratitud y aprecio a sus profe- sores Washington Delgado, Jorge Puccinelli, Paco Carrillo, Paco Bendezú y especialmente a Antonio Cornejo Polar de quien decía que “valoró mi poesía en su curso de literatura peruana” .Hacia referencia también de su amigos poetas de la bohemia del bar “Palermo”. Estuvo también vinculado a los grupos literarios de la época como “Hora Zero”, “Estación Reunida” y también al “Gru- po Narración” Todo era conversación, y centraba su reflexión y sus afectos en sus amigos. Descubrió con la intuición de poeta, que uno de los mejores bienes que tiene el ser humano es la amis-

tad, pues, hizo de ella una religión y un lei motiv de su vida. Otra de sus pasiones eran los viajes, contaba que había conocido el país en camión y mochila en mano. En una oportunidad, nos fuimos

a Canta, con ocasión de celebrar los 50 años de aniversario de mi

promoción del Colegio “Gabriel Moreno”. A este lugar Cesáreo le dedicó un poema, pues, le gustaba su permanente neblina en la época de invierno que cubría todo el ambiente como una ciudad

de invierno que cubría todo el ambiente como una ciudad ha salvado”. Nos miramos con el

ha salvado”. Nos miramos con el chofer y asentimos el milagro.

fantasmal y silente, mirando cual espejismo maravilloso el hori-

Con esta experiencia, luego de adquirir las medicinas adecuadas, retomamos la marcha, ya en la noche nos dirigimos directamente

zonte de las cumbres andinas. Su preocupación por la poesía era permanente, y en su mensaje

a

Huánuco. Al día siguiente cumplimos con las visitas del caso

y

actitud expresaba sin duda ese pensamiento de Horderling,

y

aprovechamos para visitar las ruinas de Kotoch (de las manos

cuando dice “que los hombres hemos sido llamados al mundo

escritor que respondió críticamente a los problemas de su tiempo

cruzadas) y la cueva de las Lechuzas. En Huánuco tuvimos varias reuniones con jóvenes poetas y escritores, proyectando siempre

para habitarlo poéticamente”. Sin duda, también Cesáreo fue un

la imagen de la universidad. Recuerdo bien que en las conversaciones amicales, Cesáreo gus-

optó por la defensa del pueblo, ya lo dice su magistral poema- rio “Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga)”,

y

taba recordar su infancia en Cotahuasi, su llegada a Lima en 1966

y

su elevada expresión estética y romántica en “Celebración de

y

su ingreso a San Marcos. Sus experiencias como alumno y su

Sara Botticelli”. En el campo de la práctica fue un gran promotor

amistad con Juan Ojeda, de quien decía “que lo deslumbraba por su frondosa cultura y su proyecto literario que cada vez más lo arrastraba hacia sus abismos existenciales”; sus lecturas comunes

de los jóvenes poetas cantuteños. En todo sentido fue un hombre comprometido con la universidad, por lo que merece nuestro re- conocimiento y gratitud.

M is primeros recuerdos sobre Chacho se remontan a la temporada de ve-

rano de 1969, me alojaba en la residencia de estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En ese entonces ocurrían frecuentes bullicios mañaneros

que perturbaban nuestro descanso, con cánticos, discursos y discusiones. Cierta mañana resolvimos levantarnos y recla- mar calma a los trasnochadores, quienes hablaban sobre El Ulises y discutían quien de ellos era dios… Imperturbables ante nuestros reclamos resolvimos silen-

ciar a los presuntos dioses con chorros de agua. Luego supimos que el de terno im- pecable era Juan Ojeda y el de la guitarra

y peinado estilo Gardel se trataba de Ce-

sáreo Martínez. Allí vi por primera vez a Chacho y supe que era de Cotahuasi. Después de dicho acontecimiento, a Cha- cho lo veía con frecuencia en el comedor

de estudiantes “la muerte lenta”. Allí in- tente acercarme y buscar conversación, pero se mostraba casi incomunicativo

y hasta soberbio. Una tarde que me en-

contraba en la residencia de estudiantes escuchando música clásica, tocaron mi puerta, era Chacho acompañado de otro gran amigo David Motta Pérez. Se sor- prendieron que un provinciano escuchase ese tipo de música. Conversamos y mayor

fue la sorpresa de saber que era proceden-

te del Colca y que en Cotahuasi tenía una

tía Fermina, que preparaba riquísimos pasteles, y a quien en ocasiones solían

birlar algunos pastelillos, especialmente

el “pasatis” Ricardo Aspilcueta…

especialmente el “pasatis” Ricardo Aspilcueta… carcajadas algunas anécdotas, un lumpen le espetó a Chacho

carcajadas algunas anécdotas, un lumpen

le espetó a Chacho diciendo: Oye Cho-

lo… me molesta tu risa, te callas o te pon-

Chacho reaccionó en

algunos segundos y le dijo pausadamente:

Mira compadre, mejor me pones la son- risa encima y me quitas los cuarenta…el choro quedo desarmado bajo la mirada y

le dijo: Ud. es doctor no…? (Chacho era

muy rápido para el juego de palabras) Cuando terminé mis estudios en la facul-

tad de geología, me fui a trabajar al Pro- yecto Olmos, en el norte, cada vez que re- gresaba a Lima, me pasaba por “la muerte lenta” o algunos de los bares famosos, debe haber sido en verano de 1976 cuan-

go

los 40 encima

,

do

nos encontramos en el bar Queirolo, lo

vi

cabizbajo y con una gran depre, me

contó que se encontraba al borde del sui- cidio, Sara Botticelli le había negado su amor, le había dicho “tres veces no, que

no jodas…”. En esas circunstancias le

ofrecí irnos hacia Olmos donde le daría un trabajo…, no lo pensó dos veces, le pareció bien la propuesta, además a su

desaparición pensarían que efectivamente

se habría suicidado…

Ya en el proyecto Olmos, le incorpore

en la brigada de topografía, nos enviaron

hacia Tabaconas, zona boscosa, cerca de

la frontera con Ecuador, con caminos tor-

Así nació una entrañable amistad. Con ellos aprendí el interés por la lectura, por los “cine club”, a no ser el “cholo emer- gente”, me orientaron hacia el pensamien-

esas correrías, cuando celebrábamos a

tuosos, lleno de ciénagas, reptiles e insec- tos. Por los sufrimientos experimentados durante la expedición, escribe en unos de sus poemarios: “Viajé a Tabaconas, país

to de la lucha de clases, me consideraron

de

los crisantemos gigantes, donde se hur-

como un hermano menor.

ga

con el lodo hasta los sesos”. Allí hizo

También con ellos aprendí la bohemia,

amistad con el siberiano Serguei Polue-

junto a Chacho y ranqueados poetas asis-

tov, con quien agarro gran amistad, pese

tía como “chupe” los fines de semana

a

la barrera del idioma, pues Chacho no

por las peñas y por los bares de Lima: el

sabía ruso ni Serguei el español, gracias

Palermo, el Chinochino, la Llegada , el

a

los “yonques” se entendieron a las mil

Woni, el Tobara, entre otros. En una de

maravillas. Descuidaron el trabajo, desde sus carpas daban las tareas del día. Sur-

gieron serias dificultades, el trazo del canal se iba hacia Ecua- dor, porque ambos, según

gieron serias dificultades, el trazo del canal se iba hacia Ecua- dor, porque ambos, según su ideología, recomendaron avanzar hacia la izquierda y nunca hacia la derecha… A Chacho tuve que cambiarle de trabajo. Esta vez le puse como chef en la cocina, allí también hizo gran amistad con Demóstenes Tocto, nativo del lugar, quien le conto muchos cuentos y leyendas, tal como que en alguna parte del cerro Torohuaca había un becerro de oro. Cierto día me dijo Walter, acabaron nuestras vicisitudes, he encontrado una mina de oro…, yo sabía de lo que se trataba, fuimos a ver la

mina, le expliqué que se trataba de solo de una leyenda. El asintió, entendió que sabía de la geología. En uno de sus libros, Crónicas SINcrónicas , me dedicó una frase : “Para Walter Tinta, quien lee

el pasado y el futuro en las arrugas de la tierra…”

Un día celebrábamos el cumpleaños de un ruso, conseguimos un

chanchito y lo preparamos a la sartén. Chacho más sazonado que

el dueño del cumpleaños, en su afán de esmerarse en la atención,

quiso darle un punto de sal, agarro un puñado y esparció a la sartén, y de inmediato se levantó un volcán de espuma, le había echado detergente pensando que era sal. Chacho tuvo que ser

despedido del trabajo. A su partida me dijo, “está bien hermano, creo que mi suicidio no debe durar tanto…” Con Chacho no solamente hemos tenido experiencias de bohemia

o de trabajo, también planeamos apoyar a los nuestros, especial-

mente en el campo de la educación, fortalecer nuestros valores culturales, evitar la alienación. Publicamos la revista Cañón Col- ca, en cuyos artículos se lee su gran voluntad de hermanar el Col- ca, el Cotahuasi y el Colorado. Realizamos varios viajes al Colca, en compañía de intelectuales limeños y arequipeños, en uno de esos viajes, al borde del precipicio dimos lectura de poemas y fragmentos del Sordo Cantar de Lima. Precisamente, cuando preparábamos el segundo número del Ca- ñón Colca, le sobrevino la muerte, fue un día domingo, Pepita y yo esperábamos en casa su infaltable visita. Aproximadamente a las 9:00 am sonó el teléfono, su vecina nos informó que Chacho había sufrido un accidente. En su departamento lo encontramos tendido en suelo, al sentirnos abrió sus ojos, nos regaló su última mirada, en el hospital el médico nos dijo “… ha sufrido un derra- me cerebral, es irreversible…”. A las 8:0pm Chacho partió para siempre… Así pues muchachos, estos son algunos de los alto y bajo relieves de los días vividos con el poeta, el entrañable amigo, el hermano, de quien guardo en la memoria muchas anécdotas y enseñanzas y en corazón mucha gratitud, quien me deja una gran herencia de amistad, de muchos intelectuales como la de: Juan Cristobal, Ro- sina, Alfredo Portal, Patricia del Valle, de Reynaldo Trinidad…

la de: Juan Cristobal, Ro- sina, Alfredo Portal, Patricia del Valle, de Reynaldo Trinidad… DOSSIER DE

ANTOLOGÍA POÉTICA

El aleph

¡Transparencias!

Lo que he visto son tus dos ojos

EI sueño fluir de tus cabellos alumbrando los continentes He visto tu imagen suspendida sobre el océano EI punto clave donde muere tu naricita y empieza

a florecer el aire

He oído la desbocada floración de luces que deliran en torno a tu cuerpo He visto el juicio de tu mano izquierda flotando entre el sueño y la realidad He visto tus tesoros, los pensamientos ariscos que pueblan tu cabeza, los suaves pensamientos que pueblan tu piel

y la caída de aguas intemporales sonando en tu cuello He visto la vibración celeste de tus senos Tu ombligo tibiamente rosado y otras comarcas

Las vividas erupciones de tus caderas fosforesciendo en la noche He visto la noche y la agitación de sus monstruos

Y la increíble lucidez de la luna que proyecta tu sombra sobre mi cuerpo He visto la realidad de tus labios, así fundamentada

por ese rayo brillo de tu lengua He visto la constante continuidad de tu cuerpo Mis ojos han visto la eternidad.

Celebración de SARA BOTTICELLI

1983

4

Advertiste, Sara, que el perro se parece A las animales y que éstos por cultura le dicen ven pacá mi amor? Una extraña tarde de setiembre, entre las calles vacías, es decir las calles sin ti, encontré un mundo rotundo brotando En ese mundo una sola esquina rosada Y en la esquina rosada un tibio claro de sol Baja ese claro, mátame, Sara, un perro sensitivo tiritaba de amor.

2 Poema

Por esa luz frutal que germina en tus cabellos

y la magnética fluidez de tus dones no moriré

Agazapado en la claridad, escondido como un francotirador aguardaré tus apariciones de gacela ascenderé con el salto del tigre

y entraré en la historia de tu larguísimo cuello

Y no cantaré al Estado ni a las lilas de la soledad No al cielo endurecido por usura Sino a este cielo atigrado por tu sexo

Y a las líquidas hojas de cedro que lo cubren.

La realidad no es como la ves

La realidad no es como la ves El claro fresco que percibes en este instante Ni siquiera como la vez que tu ojos la vieron Nítida, para perderse otra vez Por debajo de tu sordo mirar discurre alada Como ese río que alguna vez te prestó su voz

Súbita, como el zarpazo de una fiera, te calza

Y habrá transformado tu forma de mirar

La realidad no es como la ves ahora, nítida y voraz Y jamás como la verás mañana, líquida y locuaz Lejos de tus ojos se desliza inconmovible

Y se expresa con horror

La realidad está allí, y no requiere de tus sentidos

Para perderse otra vez

Tal vez estará la muerte

Yo también estaría muerto si estuviera aquí

O quizás vivo

Innoblemente muerto pero altivo Tal vez alguien viva sólo en este instante Pero de algún modo también estará muerto

Pero su cabeza y mi casa naufragan en la muerte Diligentemente flotan sobre aguas difuntas No obstante, este oído se empecina y quiere resucitar las cosas muertas Pero él también quizás esté muerto Deliberada y políticamente muerto Todos se han ido de lo que era mundo

Y hay sólo una viva vaciedad de signos Un rostro batallando entre la bruma Salvo. Tal vez. Quizás.

Sol de Ciegos

2008

Como ríos de Luz

Sobre el heno O a ras del centeno Extienden sus cuerpos Los amantes adolescentes Como ríos de luz Brillan los cuerpos de3 los amantes Sobre el heno o ras del centeno Un enano ciego camina por el cieno Buscando la estela de Dios Un ciego enamorado atisba en su cielo Los cuerpos de los adolescentes Brillando brillando Como dos ríos de luz

Dossier en homenaje al poeta Cesáreo Martínez Sánchez Editado por el Instituto Cultural José María
Dossier en homenaje al poeta Cesáreo Martínez Sánchez Editado por el Instituto Cultural José María

Dossier en homenaje al poeta Cesáreo Martínez Sánchez

Editado por el Instituto Cultural José María Arguedas de la UNE con la colaboración de la Oficina de Imagen Institucional. Director:

Raúl Jurado Párraga. Editores:

Yared Medina Huamán y Vanessa Socualaya Sullcarayme Director de Imagen Institucional:

Tito Hernández Alcántara Colaboración en Arte y diseño:

Emerson Marroquín Orihuela Teléfono: 3133723 / Central: 3133700 anexos: 140-141-145