Mis Caminos a Santiago.

Diarios de una bicicleta.

MIS CAMINOS A SANTIAGO
(Diarios de una bicicleta)
Camino francés 1999. Via de la plata 2001. Camino Sanabrés (I) 2002. Camino del Norte Primitivo 2004. Camino Portugués 2005 Camino del Norte por la Costa 2007. Camino Sanabrés (II) 2010.

Damián Rojas Gómez.
Autor: Damián Rojas Gómez.

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Autor: Damián Rojas Gómez.

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Índice:
Prólogo ...…………………………………………………..………...........Pág 5. Camino Francés: León – Santiago de Compostela 1999 ……………Pág 11.

Prólogo: Sonseca – León ………………………………………………………………………………………………Página 13. Capítulo I.- León – Villar de Matarife (23 kms) …………………………………………………………………………Página 14. Capítulo II.- Villar de Matarife – Rabanal del Camino (53 Kms) ………………………………………………………….Página 17. Capítulo III.- Rabanal del Camino – Villafranca del Bierzo (57 Kms) ……………………………………………………..Página 21. Capítulo IV.- Villafranca del Bierzo – Triacastela (53 Kms) ……………………………………………………………...Página 26. Capítulo V.- Triacastela – Gonzar (56 Kms) …………………………………………………………………………….Página 31. Capítulo VI.- Gonzar – Arca (Pedrouzo) (68 Kms) …………..………………………………………………………….Página 35. Capítulo VII.- Arca – Santiago de Compostela (20 Kms) …………………………………………………………………Página 39. Epílogo …………………………………………………………………………………………………………………Página 42.

Vía de la Plata: Plasencia – Astorga 2001 …………………………..Pág 45.
Prólogo: Sonseca – Plasencia ………………………………………………………………………….………………..Página 47. Capítulo I.- Plasencia – Oliva de Plasencia (45 Kms) ………………………………………………………………..…..Página 49. Capítulo II.- Oliva de Plasencia – Fuenterroble de Salvatierra (85 Kms) ………………………………………………….Página 52. Capítulo III.- Fuenterroble de Salvatierra – Salamanca (55 Kms) …………………………………………………………Página 58. Capítulo IV.- Salamanca – Montamarta (97 Kms) ………………………………………………………………………...Página 62. Capítulo V.- Montamarta – Villabrázaro (73 Kms) ………………………………………………………………………..Página 66. Capítulo VI.- Villabrázaro – Astorga (68 Kms) …………………………………………………………………………...Página 71. Capítulo Final.- Astorga – León – Madrid ………………………………………………………………………………..Página 75.

Camino Sanabrés 1: Zamora – Santiago de Compostela 2002………Pág 79.
Prólogo: …………………………………………………………………………………………………………………Página 81. Capítulo I.- Sonseca – Zamora ……………………………………………………………………………………………Página 82. Capítulo II.- Zamora – Santa Marta de Tera (97 Kms) …………………………………………………………………….Página 84. Capítulo III.- Santa Marta de Tera – Puebla de Sanabria (78 Kms) …………………………………………………………Página 88. Capítulo IV.- Puebla de Sanabria – Laza (100 Kms) ……………………………………………………………………….Página 91. Capítulo V.- Laza – Orense (62 Kms) ……………………………………………………………………………………..Página 96. Capítulo VI.- Orense – Bandeira (81 Kms) ………………………………………………………………………………..Página 100. Capítulo VII.- Bandeira – Santiago de Compostela (36 Kms) ………………………………………………………………Página 105. Capítulo VIII.- Santiago de Compostela. Fin del Camino Mozárabe ………………………………………………………….Página 108. Epílogo.- …………………………………………………………………………………………………………………Página 111.

Camino del Norte: Santander – Santiago de Compostela 2004 ……Pág 113.
Prólogo: …………………………………………………………………………………………………………………Página 115. Capítulo I.- Sonseca – Santander …………………………………………………………………………………………Página 117. Capítulo II.- Santander – Guarnizo-Astillero (18 Kms)…………….……………………………………………………….Página 118. Capítulo III.- Astillero – Columbres (95 Kms) ……………………………………………………………………………..Página 119. Capítulo IV.- Columbres – San Salvador de Valdediós (111 Kms) ………………………………………………………….Página 124. Capítulo V.- San Salvador de Valdediós – Grado (64 Kms) …………………………………………………………………Página 129. Capítulo VI.- Grado – Peñaseita (Pola de Allande) (82 Kms) ………………………………………………………………Página 132. Capítulo VII.- Pola de Allande – Cadavo Baleira (102 Kms) ………………………………………………………………..Página 136. Capítulo VIII.- Cadavo Baleira – Arca (Pedrouzo) (125 Kms) ………………………………………………………………Página 139. Capítulo IX.- Pedrouzo – Santiago de Compostela (22 Kms) ………………………………………………………………..Página 143. Epílogo ……………………………………………………………………………………………………………………Página 145.

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Camino Portugués: Oporto – Santiago de Compostela 2005 ……….Pág 147
Prólogo: …………………………………………………………………………………………………………………Página 149. Capítulo I.- Sonseca – Oporto …………………………………………………………………………………………….Página 150. Capítulo II.- Oporto – Braga (76 Kms) ……………………………………………………………………………………Página 151. Capítulo III.- Braga – Tui (86 Kms) ……………………………………………………………………………………….Página 155. Capítulo IV.- Tui – Briallos (74 Kms) ……………………………………………………………………………………..Página 159. Capítulo V.- Briallos – Santiago de Compostela (45 Kms) ……….…………………………………………………………Página 163. Epílogo.- ………………………………………………………………………………………………………………….Página 166.

Camino del Norte por la Costa: Gijón – Santiago 2007 ……………..Pág 169
Prólogo: ………………………………………………………………………………………………………………… Página 171. Capítulo I.- Sonseca – Gijón ……………………………………………………………………………………………... Página 172. Capítulo II.- Gijón – Cudillero (157 Kms) ………………………………………………………………………………… Página 175. Capítulo III.- Cudillero – Tapia de Casariego (101 Kms) ……………………………………………………………..……. Página 178. Capítulo IV.- Tapia de Casariego - Villalba (91 Kms) ………………………………………………………………………..Página 184. Capítulo V.- Villalba – Arzúa (84 Kms) ……….………………………………………………………………………...… Página 189. Capítulo VI.- Arzúa – Santiago de Compostela (45 Kms) ……………………………………………………………………Página 194. Epílogo.- …………………………………………………………………………………………………………………. Página 198.

Camino Sanabrés 2: Zamora – Santiago de Compostela 2010………Pág 199.
Prólogo: Sonseca-Zamora…………………………………………………………………………………………………Página 201. Capítulo I.- Zamora – Tábara (67 Kms) ……………………………………………………………………….....................Página 202. Capítulo II.- Tábara – Puebla de Sanabria – Ribadelago (102 Kms) ……………………………………………………… Página 206 Capítulo III.- Puebla de Sanabria – Laza (98 Kms) ……………………………………………………………………..…. Página 211. Capítulo IV.- Laza – Cea (88 Kms) ……………………………………………………………………………………….. Página 218. Capítulo V.- Cea – Santiago de Compostela (92 Kms) ………………………………………………………………............ Página 225. Epílogo.- …………………………………………………………………………………………………………………. Página 232.

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Prólogo:
Mi nombre es Damián Rojas Gómez, y soy toledano, concretamente de Sonseca, manchego del centro de España. Ahí puede estar una de las causas de mi pasión por esos itinerarios "sagrados" que son los Caminos a Santiago de Compostela: la curiosidad por recorrer el Norte de la Península, además de la búsqueda de aventuras y emociones que de otra manera no se podrían vivir. ¿Por qué decido plasmar en este relato mis experiencias? No existe una sola razón, sino varias: • • La necesidad de dejar constancia de todos los momentos de los Caminos, especialmente de los buenos. La posibilidad de ayudar a otros peregrinos en sus recorridos, como a mí me han ayudado otros especialmente a través de ese maravilloso espacio de conocimiento e intercambio que es Internet. Conseguir que a través de la lectura, algunos otros amigos/as se embarquen cada año en nuevas aventuras.

El medio de transporte que he utilizado en todas las aventuras ha sido la bicicleta de montaña, una forma de conocer España de una manera pausada, tranquila, sin los grandes esfuerzos que supone hacer los Caminos andando. En alguna ocasión me he planteado hacer alguno de los trayectos a pie, pero el miedo a no ser capaz de hacerlo, y las ventajas que te ofrece la bici de montaña, han hecho que me decida por esta última. La bicicleta de montaña te permite hacer trayectos más largos en menos tiempo, con menos esfuerzo y poder detenerte tranquilamente en todos esos pueblecitos, aldeas, ciudades, puentes, parajes, etc que se recorren en los Caminos. ¿Y de donde surge esta pasión del Camino? Especialmente a través de la publicidad que la Xunta hizo del Xacobeo 93, el cuál creo que marcó un punto de inflexión en la peregrinación: se dio a conocer a todo el mundo, supuso un desarrollo para Galicia, especialmente en el apartado turístico. En aquel año, llegué a obtener algunos folletos, leer en la prensa los recorridos, y como hacía mucha bicicleta de montaña, lo veía como un reto. Incluso llegué a plantear con otro chico de Sonseca Fernando y con mi primo Alfredo la posibilidad de hacer el Camino en bicicleta. Este proyecto se quedó en el alero, ahora no recuerdo porqué, pero sembró la semilla de la curiosidad de manera que siempre tenía en mi cabeza: "Tengo que hacer el Camino de Santiago", pero entre unas cosas y otras: estudios, trabajo, la mili, etc, no veía el momento de embarcarme. Pero mira por donde, en 1999 se dieron dos circunstancias: En primer lugar, mi entonces novia Sonia (ahora esposa) me regaló un libro llamado "El Camino de Santiago en bicicleta" de Juanjo Alonso (Kapitán Pedales), que está considerado uno de los mejores textos xacobeos que existen y el mejor

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para caminantes en bicicleta. Este libro me enganchó de tal manera que a la vez que lo leía, yo me identificaba con los ruteros y vivía la peregrinación desde casa. En segundo lugar, me examiné de Oposiciones para Trabajador Social de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y, parecerá una tontería, pero me marqué la promesa de que si aprobaba hacía el Camino de Santiago en el verano. Aprobé el primer examen, y en el segundo y definitivo salí del mismo muy descontento sin esperanza de aprobar. Las notas no salían hasta septiembre, así que decidí hacer parte del Camino en bici de montaña junto a mi primo Alfredo y su novia Esther. Decidimos hacerlo desde León hasta Santiago. No era una distancia muy grande, por el temor que teníamos a las distancias más largas, y como primera piedra de toque estaría bien. Luego salió la nota y resulta que aprobé, por lo que tengo una promesa incumplida que es hacer el Camino desde Roncesvalles, supongo que algún día lo intentaré.

Detalle de Santiago en Santa Marta de Tera (Zamora)

Detalle del Pórtico de la Gloria (Santiago de Compostela)

A lo largo de las próximas páginas os contaré las siete rutas que he realizado hasta ahora: • • • El Camino Francés, de León a Santiago, en 1999. La Vía de la Plata, entre Plasencia y Astorga, en 2001. El Camino Sanabrés, entre Zamora y Santiago, en 2002.

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El Camino del Norte Primitivo, entre Santander y Santiago, en 2004. El Camino Portugués, entre Oporto y Santiago, en 2005. El Camino del Norte por la Costa, entre Gijón y Santiago, en 2007 De nuevo el Camino Sanabrés, entre Zamora y Santiago, en 2010.

También os explicaré la bibliografía que hemos utilizado, guías, enlaces, mapas, folletos, historias de otros peregrinos, etc. Debo indicaros que existen las Asociaciones de Amigos del Camino y la Xunta de Galicia facilitan información, asesoramiento, apoyo al peregrino, y en Internet existen miles de páginas con información suficiente para preparar el camino. Mi intención es que aquellas personas que deseen hacer el camino tengan algún punto de apoyo para preparar el viaje, el cual, por otro lado, tampoco precisa de muchas dotes físicas, técnicas y materiales.

Albergue de Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca). Vía de la Plata 2001.

En cuanto al material que es preciso preparar para hacer una peregrinación en bicicleta de entre 8 o 10 días, podría ser el siguiente: • Bicicleta de montaña, normal, resistente, y si tiene suspensión delantera mejor, importante en las bajadas. También es imprescindible el transportín, el cual yo recomiendo poner en la parte de detrás. Guías del Camino. Alforjas, nunca llevéis mochila a las espaldas en bicicleta. Existen alforjas a muy buen precio, con suficiente capacidad para transportar lo más básico, con reflectores nocturnos. Saco de dormir y esterilla.

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Ropa de día: culottes y maillots o camisetas. Los maillots de verano son muy sencillos de secar, ya que en el Norte suele haber mucha humedad y es más recomendable que las camisetas de algodón. El culotte es imprescindible. Gorra o pañuelo para la cabeza. Imprescindible para evitar insolaciones. Gafas de sol. Guantes de verano, tipo mitones. Culotte largo, por si hiciera frío. Chaqueta de abrigo, las noches en el norte son más húmedas y templadas. Dos bidones de agua para llevar en la bicicleta. Utiles y herramientas mecanicas: parches, disolución, recámaras de repuesto, desmontables, tronchacadenas, llaves de hayen, bomba de aire, alguna tuerca para el transportín, etc. Linterna. Chubasquero, lo más ligero posible. Papel higiénico, por desgracia, en los albergues no existe apenas, por lo que siempre es bueno llevar un par de rollos, o ir comprando por el camino. Bolsas de basura, al menos un par de las grandes, para proteger todas las alforjas y saco de dormir en caso de lluvia. Ropa: pantalón corto, bañador, chandal, dos o tres camisetas para después de cada etapa, tres o cuatro calzoncillos, dos o tres pares de calcetines. Zapatillas de baño. Útiles de higiene: champú, gel, en dosis pequeñas (tipo hotel), pastillitas de jabón, útiles de afeitado, esponja, etc. Pasta dentífrica y cepillo. Pastillas de detergente sólido, tipo "Flota", son útiles para lavar la colada y también para asearse, y son cómodas y ocupan poco. Crema de protección solar, sobre todo si se anda en verano. Riñonera, donde poder llevar el dinero, credencial, móvil, cámara de fotos, guía, etc. Candado, por si las moscas, aunque no suele ocurrir nada durante la ruta, o al menos a mí nunca me ha sucedido nada. Cazo y cubiertos: cuchara, tenedor, navaja. Pequeño botiquín: tiritas, vendas, yodo, gelocatil, esparadrapo, pomada para rozaduras, gasas estériles y antihistamínicos en caso de alergias, etc. Navaja multiusos: tijera, llave, abrelatas, etc. Alimentos: Siempre es recomendable llevar algo dulce para casos de bajadas de azúcar (pájaras) y frutos secos. Yo siempre suelo llevar galletas con chocolate. Documentos: DNI, tarjeta médica, tarjetas de crédito, etc

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En total, el peso ideal de unas alforjas no debe superar los 9 kilos y además, cómo ya os he comentado, no es conveniente llevar ninguna mochila a la espalda por los problemas lumbares que puede ocasionar. Yo, por ejemplo siempre llevo las dos alforjas, una mochila pequeña, la esterilla y el saco, todos atados con dos pulpos. Hay ruteros que llevan alforjas también delante, no creo que sean necesarias y además pueden desequilibrar la dirección de la bici.

Compostelana que se otorga con la culminación de la peregrinación.

En total, en las seis rutas que os voy a contar en este pequeño libreto, hemos andado casi 3.000 Kms (334 kms en el camino francés, 423 de la Vía de la Plata, 454 del primer Sanabrés, 619 del Camino del Norte por el Interior, 280 del Portugués, 378 en el Camino del Norte por la Costa y 450 del segundo Sanabrés), quizás para los más acostumbrados a andar en bicicleta no sean muchos, pero he de deciros que mi filosofía es poder parar en la mayor parte de municipios posibles para empaparnos de su cultura, sus tradiciones, su gastronomía, y sus monumentos y paisajes. Durante estos viajes he visto a muchos ciclistas que afirmaban que hacían el Camino Francés entero en 7 u 8 días, pero que hacían más de 100 kms todos los

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días. No creo que paladeen como lo hemos hecho nosotros lo que es el Camino. El camino no es avanzar hasta Santiago, significa muchas otras cosas: conocer gente, compartir buenos y… malos momentos, conocerte a ti mismo, hacer turismo sano y ecológico, y en fin, aquellos que han tenido esta experiencia probablemente añadan su vivencia personal; porque de eso se trata, de una experiencia vital muy de cada uno. Por eso yo la voy a compartir con vosotros.

Entrando en una aldea. Camino Mozárabe 2002.

Cruz en un alto de la Vía de la Plata 2001.

Elogio del horizonte de Chillida (Gijón. Camino de la Costa 2007)

Puebla de Sanabria. (Camino Sanabrés 2010)

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CAMINO FRANCÉS.
León - Santiago de Compostela

1999
Del 29 de Agosto al 5 de Septiembre de 1999.

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PRÓLOGO. SONSECA - LEÓN (29 y 30 de agosto)
Lo primero que debo hacer es presentaros a mis compañeros de ruta: mi primo Alfredo, primo y mejor amigo, puesto que somos de la misma edad y nos hemos criado juntos, y su novia Esther, "madrileña", aunque extremeña de corazón, pero una tía dura donde las haya, como demostró en la ruta santiaguera. Decidimos salir un domingo por la tarde en coche hasta Leganés con las bicicletas precintadas porque pensábamos que en el tren no nos dejaría llevarlas de otro modo. ¡¡¡ Cuánta ignorancia !!!. Dormimos en Leganés y tempranito nos pusimos en marcha en un cercanías hasta Chamartín. Los primeros problemas los tuvimos en ese tren, los piñones de la cadena, con su correspondiente grasa había roto el plástico del precinto y mancharon a una señora, con la correspondiente bronca. Para colmo el tren iba lleno de gente, tuvimos que hacer un transbordo, así que antes de salir para el Norte ya llegábamos cansados y con una amiga menos en el bagaje, y cómo dice Alfredo un pecadillo más que redimir cuando lleguemos a Santiago. En Chamartín, volvemos a montar un poco de jaleo colocando las bicis en los espacios reservados para las maletas, recuerdo que una monjita también se quejó. Por fin el tren se pone en marcha, pasamos junto al Escorial, Abantos, recién incendiando por cierto, Ávila, etc. En un momento dado, me da por ir a dar una vuelta por el tren y descubro que en una de las cabezas del mismo hay un espacio reservado para llevar bicicletas sin precintar y desarmar ¡¡¡ Cuánta ignorancia !!!, pero bueno, al fin y al cabo, lo que se trataba era de llegar a León como fuera. Llegamos a León sobre las 3 de la tarde, y en la misma estación nos ponemos a montar las "burras": alforjas, sillines, mochilas, ropa, etc. Algunos lugareños nos miran extrañados, pero por dentro me invade la ilusión de que por fin voy a hacer algo grande, una aventura que llevaba años esperando. Lo primero que debe hacer el peregrino en León, es dirigirse a la plaza de la Catedral, de estilo gótico, admirar sus fabulosas cristaleras, poner la mano en la escultura situada enfrente y hacerse las correspondientes fotos. Nosotros tras hacer todo lo anterior, decidimos tomarnos un cafetito en la terraza de una cafetería muy acogedora que encontramos en la plaza.

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CAPÍTULO I.- LEÓN-VILLAR DE MAZARIFE: 23 Kms (30 de agosto)
Por fin nos ponemos en marcha a las 5,30 de la tarde y atravesamos León, nos paramos en el Parador Nacional, y hacemos la típica foto con un peregrino de bronce de los de bordón y vieira, por el que no pasan los años y que se debió de parar allí a descansar y que aún no ve el momento de ponerse en marcha de nuevo. Enseguida salimos de León por una carretera muy transitada que une León y Virgen del Camino. Según la "Guía de El País Aguilar", que será nuestra compañera todo el trayecto, para evitar los agobios de la Autovía hasta Hospital de Órbigo, existe una variante del camino, más dura de recorrer, pero mucho más tranquila. Esta variante es la que sale de Virgen del Camino a Villar de Mazarife, decidimos cogerla y evitar el tráfico. Ciertamente es dura, no son montes elevados, pero el camino se convierte en un sube y baja constante. En algunos momentos hay que poner pie a tierra, sobre todo porque el camino es intransitable y con el peso del equipaje las ruedas resbalan en la gravilla. Atravesamos Santovenia de la Valdoncina, una pequeña aldeíta prácticamente despoblada. Podemos ir apreciando el famoso páramo leonés, campos extensos de rastrojos ya cosechados, donde la vista se pierde. Seguimos la marcha, siempre acompañados de los mojones con la vieira que nos indica que vamos por el buen camino. Nosotros también llevamos nuestras correspondientes vieiras, las cuales tienen su historia: me las regalaron los niños de la Escuela de Verano que organizamos en Villarta de San Juan (Ciudad Real) y que organizamos el Equipo de Servicios Sociales de la localidad. Yo la llevo atada en las alforjas pero no llegó a Santiago, se quedó en el camino.

Frente al Parador de Turismo, Alfredo, Esther y yo junto a un amigo peregrino de bronce.

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Cuando ya llevamos 15 kilómetros, y aunque aún no estamos cansados decidimos parar en Chozas de Abajo a tomarnos unas jarritas de cerveza acompañadas de calamares y jamón. Es lo bueno que tiene ir en bici, te paras el tiempo que haga falta, y observas los pueblos, hablas con sus habitantes, intercambias experiencias con otros peregrinos, en definitiva, el enriquecimiento cultural y humano es muy grande. Chozas es un pequeño pueblo al cual se le hundió la torre del pueblo, y desde entonces la campana la tiene colocada en un andamio para que siga teniendo su uso, a la espera de que las entidades públicas se pongan de acuerdo para reconstruirla. Tras el "repostaje" nos ponemos en marcha por carretera hacia Villar de Mazarife. Se nota que estamos a finales de agosto, los días se van haciendo más cortos y a las 8,00 ya se va viendo poco. En la carretera hacia Villar, vemos un campo de aeroplanos, adelantamos a varios peregrinos que van andando, especialmente nos llama la atención un chico brasileño que va cojeando, luego lo veremos en el albergue y descubriremos que las ampollas le hacen mella. Sentimos la emoción de pasar la primera noche en albergue junto a otros peregrinos.

Dos momentos duros del camino por el páramo leonés. Esther tiene que bajarse un momento para empujar, la cuesta es dura. A la derecha vemos los primeros mojones señalando el camino.

Llegamos a las 8,30 a Villar de Mazarife. El cuenta marca 23 kms desde que salimos de León. Buscamos el albergue y descubrimos que no es una maravilla que digamos, pero al menos podemos dormir en colchones y darnos una buena ducha que es lo que más reconforta. Volvemos a ver al brasileño que ya ha llegado andando y el pobre da pena, no pronosticamos que pueda llegar a Santiago. Tras instalar las alforjas, el saco, esterilla, hacer la colada y ducharnos, nos vamos a buscar un lugar para cenar. No hay mucha oferta en el pueblo y claro "nos clavan" en un bareto del tres al cuarto por un filete de cerdo, unas patatas fritas y un postre de mala muerte, pero compartimos mesa con diferentes peregrinos, sevillanos, catalanes, navarros, etc. Vamos descubriendo que ésto es lo más bonito del camino,

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intercambiar las experiencias frente a una mesa, botellín y cafetito. Conocemos a Emilio y Carmen que son sevillanos y compartirán habitación con nosotros en el albergue.

Con un grupo de peregrinos cenando en un bar de Villar de Matarife.

Alfredo se queja un poco de dolor en una rodilla, pero parece que es cosa de poco, Esther y yo estamos de momento al 100 %. Tras firmar en el libro de peregrinos del albergue nos vamos al saco. Para ser el primer día no ha estado nada mal, ya estamos disfrutando del Camino hacia "el Campo de las Estrelas" (Compostela).

El correspondiente descanso del peregrino (albergue de Villar de Matarife)

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CAPÍTULO II.- VILLAR DE MAZARIFERABANAL DEL CAMINO: 57 Kms . (31 de agosto).
Hoy nos hemos levantado a las 8 de la mañana, a causa del ruido que los peregrinos que van caminando han hecho a partir de las 6. En verano suelen aprovechar las horas de la madrugada para caminar, por eso se levantan más temprano que los bikers. Entre los caminantes se encuentra el matrimonio sevillano que conocimos ayer: Carmen y Emilio "ronquiditos", el cual no ha dejado de entonar una serie de piezas cual barítono, y como estábamos poco cansados, hemos dormido regular. Desayunamos a muy buen precio en un bar que estaba cerrado pero que la señora del mismo nos ha abierto, unos sobaos con café y leche y un zumito que es lo mejor para comenzar la jornada.

Puente sobre el Río Órbigo (Hospital de Órbigo)

Nos ponemos en marcha a las 9,30. El camino es llano, atravesando alamedas de chopos y campos de maíz enormes. Hace una mañana muy agradable y da gusto pedalear sin esfuerzo. Atravesamos Villadangos del Páramo, San Martín del Camino y Hospital de Órbigo, un pueblín precioso, medieval, que tiene un puente romano precioso en el cual nos hacemos unas fotos. En este pueblo paramos a observar el gran caudal que lleva el río Órbigo, nada que ver con la escasez de agua que tenemos en La Mancha. Reponemos fuerzas y seguimos camino hacia Astorga, pasando antes por San Justo de la Vega, y a unos dos kilómetros de aquí en una loma existe un crucero donde nos hacemos unas fotos y tras el cual se encuentra Astorga.

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Esta fotografía nos la hicimos en un cerro antes de llegar a Astorga.

Llegamos a Astorga a la hora de la comida, es una ciudad muy bonita que cuenta con catedral y con el Museo de los Caminos, obra de Gaudí. La verdad es que aunque es un palacio muy bonito, no pega ni con cola, al ladito mismo de la catedral, como si desentonaran un poco. La plaza de Astorga está engalanada con estandartes. Para observar mejor la ciudad, dejamos las bicis en el Albergue Provisional que hay al lado de un enorme parque, con tiendas de campaña y con casetas prefabricadas, aquí me dan por fin mi credencial, ya que hasta ahora me habían puesto los sellos en una guía del camino que la Xunta me había enviado.

Astorga. Museo de los Caminos de Gaudí.

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Nos recomiendan comer el cocido maragato, pero la verdad es que no nos apetecía meternos entre pecho y espalda un cocido para luego tener que dar pedales, así que buscamos un lugar concurrido, de camioneros y gente de paso, poco dado a lujos, pero comida casera y como ellos dicen "menú de peregrinos". Te das cuenta de que los negocios del Camino a la vez que intentan hacer negocio con los peregrinos, que es lícito, también hacen descuentos a los mismos, como si quisieran cuidarles para que vuelvan. Es de agradecer. Tras dar un pequeño paseo para bajar la comida, nos echamos una siestecilla en el parque del albergue que tiene un césped en buen estado. A las 5 de la tarde nos ponemos en ruta atravesando la famosa Maragatería. Se dice que los habitantes de esta zona tienen unas características genéticas especiales que les hacen únicos y diferentes al resto de los vecinos. La mayoría de los pueblos de la zona se han restaurado y declarado conjunto histórico-artístico como son: Castrillo de Polvazares, Santa Catalina de Somoza, El Ganso y Rabanal del Camino. En El Ganso, curioso pueblo, nos tomamos una coca-cola bien fresquita en el Bar Cowboy, que siempre están dispuestos a cuidar del peregrino, viene recomendado en las principales guías, y no es nada especial, simplemente su decoración. Conocemos a unas francesas de 80 años que van coloraditas las pobres caminando, a un alemán y a un tío borde que nos dice que vamos como locos con las bicis, concretamente sus palabras fueron: "es que sois la h…". Llegamos a Rabanal del Camino, siempre en continua subida y con un calor de justicia, sin ninguna sombra en la que cobijarse. A nuestra izquierda están las Sierras del Monte Teleno, y a lo lejos de frente ya se comienzan a ver las subidas de las primeras estribaciones de los Montes de León. En este pueblo hay dos albergues, uno público y otro de la Confraternidad de San James, regentado por ingleses, que parecen buena gente. Nosotros nos albergamos en el público, el cual tiene literas para unos 50 más o menos. Nos instalamos en las pocas literas que hay libres, justo al lado de los aseos, así que difícilmente dormiremos bien esta noche. Tras la ducha de rigor y desmontar las alforjas, compramos unas viandas en una tienda del pueblo, y antes de cenar visitamos la iglesia del pueblo, la cual está en mal estado, pero aprovechamos para rezar la oración del peregrino, la cual dice así:
Apóstol Santiago, Elegido entre los primeros, Tú fuiste el primero en beber El cáliz del señor, Y eres el gran protector De los peregrinos; Haznos fuertes en la fe Y alegres en la esperanza, En nuestro caminar De peregrinos Siguiendo el camino De la vida cristiana Y alentándonos para que,

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Finalmente, Alcancemos la Gloria De Dios Padre. Amén.

También le ponemos unas velitas para que proteja a nuestras familias, a Reme y a mi hermana Vero. Luego nos vamos a una taberna, que parece irlandesa, a lo mejor, es fruto de esta congregación de guiris ingleses que están asentados aquí, nos tomamos unas cervecitas y nos vamos a cenar. La cena es de "picnic": unos bocatas de jamón, queso, alguna latilla, zumo y un yogur. Antes de acostarnos nos damos un paseo por el pueblo, y es uno de los recuerdos más bonitos que tengo del camino, es una noche estrellada, oscura, en la que se ven muy bien los astros, y entre ellos curiosamente, la Vía Lactea, que mi padre el tío Tomás "Sardina" nos decía a mi hermana Vero y a mí de pequeños que se llamaba Camino de Santiago, yo no sabía porqué, pero mira por donde hoy he descubierto que efectivamente señala el camino hacia Galicia. De hecho, Compostela proviene del latín y viene a significar "Campo de estrellas". A eso de las 11 se cierra el albergue, y tras llamar a la familia y firmar en el libro de peregrinos y leer un poco de literatura jacobea, nos vamos a dormir, a ver si tenemos suerte.

Frente al Bar Cowboy El Ganso (Maragatería de León)

Esther y yo en la Iglesia de Rabanal del Camino.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO III.- RABANAL DEL CAMINOVILLAFRANCA DEL BIERZO: 57 Kms (1 de Septiembre).
Hoy nos hemos levantado más despejados, ya que aunque ha habido mucho ruido, como estábamos más cansados, no nos ha molestado tanto. Desayunamos en un poyete de un parque leche, bollería, zumo y comenzamos a subir el Monte Irago que nos ha de adentrar en la Comarca del Bierzo . Pero a los 3 kms de subida, Alfredo tiene un presentimiento, se ha dejado la riñonera donde habíamos desayunado y en ella está la cámara de fotos y el fondo común de dinero que hemos puesto. Decide volver el solo y le esperamos, menos mal que lo encuentra. Continuamos ascendiendo entre la niebla, ya que nos acercamos al punto más alto del camino. Atravesamos Foncebadón, un pueblo deshabitado, que es considerado el último pueblo de la Maragatería.

Foncebadón. Subiendo al Alto de la Cruz de Ferro (1.504 m)

Foncebadón es un pueblo famoso porque en él se celebró un Concilio en el siglo X, pero hoy sólo vive una familia. La mayoría de sus casas están en ruinas, y solamente rompe el silencio el paso de los ciclistas y peregrinos con su saludo típico: "Buen Camino". Seguimos la subida, que a ratos es dura, aunque hay un buen firme por la carretera y por fin llegamos al punto más alto de todo el Camino Francés: la Cruz de Ferro (1.504 m). En este lugar existe una pequeña ermita a modo de santuario y unos hippies que se asentaron hace varios años enfrente. La cruz es de hierro y es el monumento más venerado por los peregrinos antes de llegar al Sepulcro del Santo. Los peregrinos, para que tengan suerte, deben dejar algún presente en la base de la cruz, de hecho puedes encontrar, zapatillas, cucharas, relojes, calcetines, bidones de agua, sombreros, etc. Yo decido dejar un pequeño índice de

Autor: Damián Rojas Gómez.

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la ubicación de las cosas en las mochilas, ya que la verdad es que ya no me hace falta, está todo revuelto. Tras hacernos unas fotos comenzamos la vertiginosa bajada ya en tierras del Bierzo. Es alucinante bajar a 90 por hora con la bici, hoy es un día nublado y se nota el fresquito en la cara. Paramos en el albergue-comuna-tienda, o como lo queramos llamar, de un peregrino de Manjarín, del que no recuerdo el nombre, pero que es bastante famoso, pero que hoy no nos ha podido recibir porque parece ser que se ha marchado al Valle del Silencio a meditar. Si alguien que lea esto me puede recordar su nombre, lo actualizamos. La bajada continúa, pasando por pueblos como El Acebo, donde paramos en un monumento a un ciclista alemán que se mató en los alrededores, Riego de Ambros, se nota que hemos cambiado de zona por la forma de las construcciones.

Acebo. Pueblo del Bierzo. Monumento a un ciclista alemán fallecido.

Si en la maragatería las casas eran de adobe y piedra rojiza, típica de la zona, aquí la piedra es pizarrosa, casas de dos pisos y mucha madera. Llegamos a probablemente el pueblo más bonito de este camino, Molinaseca. Es un verdadero placer parar y darse un paseo por este pueblo tan coqueto, bien conservado, limpio. Estamos entre Los Ancares y Las Médulas, en la entrada del Bierzo, cuya capital es Ponferrada. Llegamos a Ponferrada a la hora del Ángelus, es una ciudad minera, cuya actividad industrial ha transformado el paisaje, se ven montañas de carbón, apiladas junto a minas abandonadas. No es una

Autor: Damián Rojas Gómez.

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maravilla que digamos, pero al menos, tiene un castillo de Templarios que está siendo restaurado y que nos sorprende por sus dimensiones, dejamos en una de sus mazmorras de la entrada las bicis y nos adentramos a descubrirlo. Parece que retrocedemos en el tiempo 6 o 7 siglos, las almenas y las zonas de protección están perfectamente delimitadas. Desde sus torreones se puede ver el Río Sil y los Montes de Mercurio que los romanos ocuparon para fundar Ponsferrata. Desde entonces ha sido invadida por árabes, mozárabes y cristianos. Quizás ahora no tenga el esplendor de entonces, pero continúa siendo una ciudad de referencia para la Comarca del Bierzo. Por cierto, es curioso que en muchas huertas abandonadas se pueda leer la inscripción: El Bierzo no es León, autonomía para el Bierzo, por aquí también llegan ilusiones de personas que no entienden que todos somos del mismo sitio, un lugar llamado Tierra, al que no amamos lo suficiente, y a los que recomiendo viajar de vez en cuando para sentirse del sitio por el que pasas, como yo me he sentido en muchas ocasiones: gallego en Galicia, extremeño en Plasencia, Andaluz en Granada, etc.

En el castillo de los Templarios de Ponferrada (León)

En Ponferrada comemos unos menús del día a base de macarrones y pollo asado, no es nada del otro mundo, pero nos sirve para reponer fuerzas. Después de comer quedamos con Julio, un compañero de Alfredo en Ericsson y que también es un apasionado del Camino. Lo ha hecho varias veces y nos cuenta historias delante de una taza de café. Nos ponemos en marcha nada más comer y a la salida de Ponferrada observo que tengo rota una abrazadera de mi transportín ¡¡¡Primera avería técnica!!!.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Buscamos una ferretería y me llevo 4 por si las moscas, lo arreglamos al lado de una fuente, camino de una pedanía llamada Cuatrovientos, siguiendo el camino atravesamos Columbrianos, Fuentesnuevas y Camponaraya. Aquí comenzamos a cruzar pequeños campos de viñas, estamos en la Denominación de Origen del Bierzo, vinos que en los últimos años han cobrado mucha importancia, por si similitud con los Ribera del Duero. También abundan ya por esta zona más zonas de bosque: robles, castaños. Se nota que hay más humedad y la vegetación es más frondosa. Llegamos a Cacabelos donde decidimos hacer una parada y visitar la Iglesia de Nuestra Señora de la Plaza, que es del siglo XVI, con un ábside de estilo románico y tenemos la suerte de encontrarnos con el cura párroco, muy dicharachero y con ganas de contar historias. Cacabelos es un pueblo que es famoso por su afición a los juegos de mesa, especialmente los naipes, donde se juegan muchísimo dinero, comenta que incluso en la dictadura franquista, que estaba muy vigilado, la gente de los pueblos vecinos venía a Cacabelos a jugar unas "perras" y probar suerte, y que se hacía un poco la vista gorda. El detalle que avala esta afición lo encontramos en una tabla policromada que está situada en la puerta de la sacristía en la que se ve al niño Jesús jugando a las cartas con los apóstoles, una imagen pagana en un templo religioso, pero que es famosa e incluso el párroco presume de la misma por su valor cultural.

Por las calles de Molinaseca (León)

Camino de Camponarraya, entre castaños.

Pieros y por fin llegamos a nuestro final de etapa: Villafranca del Bierzo. En esta
localidad se puede ganar el perdón y el jubileo llegando a un templo románico que tiene una Puerta del Perdón, similar a la de la catedral de Santiago, para aquellos que tienen problemas de lesión o están impedidos y no puedan llegar al Obradoiro.

Seguimos por carretera entre camiones y por trazados sinuosos, cruzamos

Autor: Damián Rojas Gómez.

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El día se ha ido nublando y amenaza lluvia. Buscamos albergue y nos encontramos con el del famoso "Jato", un amigo del peregrino que tiene un albergue no en muy buen estado, pero en el que se suelen hacer queimadas y rituales nocturnos para encontrar la fuerza necesaria y llegar a Santiago de Compostela. Este albergue está lleno, por lo que decidimos ir a una Hospedería que anteriormente era un seminario o convento. Es privada, hay que pagar 800 pelas, pero son camas individuales, con sus taquillas, duchas comunitarias y lavabos; además esa noche solamente nos acompañan un matrimonio de catalanes que vienen haciendo el camino desde Roncesvalles en bicicleta. Nos damos la ducha de rigor, lavamos la ropa y nos marchamos a cenar, nuevamente de bocatas, zumos, yogures, etc. Luego decidimos llamar a nuestras familias y nos cuentan que por Sonseca están cayendo "chuzos de punta" debido a las tormentas de verano con fuerte aparato eléctrico. Damos un paseo por Villafranca, visitamos el Convento de San Francisco, que está muy bonito iluminado, y tomamos un café antes de acostarnos. Hoy hemos hecho 57 kms y debemos descansar ante la etapa más dura del Camino, la famosa ascensión hasta O´Cebreiro, ya en Galicia.

En Villafranca del Bierzo nos alojamos en un antiguo seminario, con camas y todo.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO IV.- VILLAFRANCA DEL BIERZOTRIACASTELA: 53 Kms (2 de septiembre).
¡¡¡ Qué bien hemos dormido hoy !!!, incluso cuando nos acostamos, en el patio de la hospedería ponían música clásica en el Restaurante y nos ha servido para relajarnos y coger el sueño fácilmente. No hay nada mejor que una camita para reponer fuerzas. El desayuno ha sido fuerte porque nos espera subir a Galicia, O´Cebrerio es la primera aldea gallega y está en la cima del puerto del mismo nombre. Salimos de Villafranca del Bierzo por carretera en obras (Nacional VI), que será la futura Autovía a Galicia, siguiendo el cauce del río Valcarce, cruzamos Trabadelo y Ambasmestas, y en Vega de Valcarce sale un desvío con dos opciones para los peregrinos: los que van andando pueden seguir la estrecha senda que bordea el monte, por tramos difíciles pero más corto que la otra opción: la antigua carretera asfaltada, que es la que utilizan los ciclistas. Nosotros, por supuesto seguimos esta segunda opción. En Vega de Valcarce observo a dos vecinos con los típicos zapatos asturianos, hechos en madera y de los que no recuerdo su nombre.

Castillo cerca de Vega de Valcarce, antes de iniciar la dura subida a O´Cebreiro.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Comienza la ascensión, y yo me veo bastante bien de forma, así que les comento a Alfredo y Esther que prefiero subir a mi ritmo e intentar no pararme en ningún tramo. Unos murcianos a los que adelanto me comentan que eche el freno porque es muy dura la subida. En la guía que me han mandado de la Xunta para bicicleta hay rampas de hasta el 25 % como es la de la Faba. Sigo la subida y cada vez tengo que ir metiendo más hierro, subir piñones y agarrarme al asfalto. Dejo a un lado dos aldeítas: Herrería y Hospital y me acerco a la famosa Faba, que es una curva a la derecha con una rampa de unos 200 metros, y que me parece una pared. Meto el 4 x 4 (platito pequeño y piñón grande) y a andar de lado a lado, sudando la gota gorda, ¡¡¡ me creo morir !!!, pero consigo subirla sin poner pie a tierra. Con decir que las siguientes rampas están en torno al 16-17 % y me parecen hasta cómodas. Desde aquí, aunque la subida sigue siendo dura, ya por lo menos puedo ir viendo el paisaje que es salvaje y espectacular. Me resulta curioso que no se vea ningún poste de la luz ni ningún cableado de teléfono, es como si la naturaleza siguiera salvaje e inhóspita y no viviera ningún hombre en esta zona, la cual parece ser que aún sigue habitada por lobos.

Maravillosos paisajes desde la subida a O´Cebreiro (Lugo).

Autor: Damián Rojas Gómez.

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A un kilómetro de la última aldea leonesa: Laguna de Castilla, me adelantan unos catalanes que llevan una furgoneta de apoyo para llevar el equipaje, son veteranos pero aprietan los dientes y suben bien. Yo me consuelo diciéndome a mi mismo que llevo más peso con las alforjas, saco y esterilla. En la aldea me cruzo con una vaca que apenas me deja pasar y miro a la derecha y en un cobertizo hay un cartel que pone: "Se venden bebidas frescas", así que decido parar un beberme de un trago un Sprite y sellar la credencial. Ya sólo quedan unos 3 kms hasta Cebreiro más suaves aunque con alguna rampa al 11 %, pero que se sobrellevan bien. Os puedo decir que, aunque no soy un consumado escalador, me encanta la montaña para recorrerla en bici, con su dureza y esta ascensión ha sido de las más gratificantes, por no decir la que más. Tardé más de una hora en recorrer los 8 kms de subida, pero merece la pena, solamente por llegar arriba y entrar en Galicia de esta manera, pudiendo observar los paisajes maravillosos que allí nos deparaban. Os acordáis del "Jato" del capítulo anterior, pues se dedica a subir a los peregrinos que lo deseen o solamente las mochilas, a 500 pts con una furgoneta. Supongo que habrá peregrinos que utilicen estos servicios, pero yo recomiendo subir con las mochilas ya que de esta manera se paladea mejor el sacrificio y la aventura. Una vez llegué a O´Cebreiro, sobre las 12 del mediodía, empapado de sudor, me cambié totalmente de ropa: culotte y camiseta y me comí un paquete de galletas de "El Príncipe". Alfredo y Esther no dan señales de vida, y ha pasado casi una hora y no se les ve el pelo. Decido bajar un par de kilómetros, los más suaves, y les veo que vienen andando. Si es duro subir en bicicleta pedaleando, más lo es tener que subir andando y empujando la bici. Menos mal que ya están llegando a los dos últimos kilómetros que son los más suaves y pueden subir a la bici. Yo ayudo un poco a Esther, empujándola. En la primera aldea gallega decidimos comer. Me comentan los problemas que han tenido para superar las duras rampas. No han tenido más remedio que bajarse de las bicis y subir andando.

Tradicional palloza celta en O´Cebreiro (Lugo)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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El día está nublado, pero de momento no amenaza lluvia. Nos metemos un menú a base de huevos fritos, patatas fritas y lomo de cerdo. Nos ponemos hasta las cejas a comer, y a unos precios de peregrino. O´Cebreiro conserva las tradicionales pallozas celtas que además han sido rehabilitadas como museo. Es una aldea que tiene vida gracias al Camino de Santiago. Desde O´Cebreiro comienza una bajada vertiginosa por carretera, atravesamos a velocidad de vértigo Hospital de la Condesa, hasta que volvemos a tener que subir dientes y ascender el Alto do Poio (1330 m de altitud) con alguna rampa del 10 %. No es un puerto muy largo, pero nos hace pararnos en la cima para poder retomar el aliento en un bar que hay justo arriba. Allí vemos a unas viejas amigas "guiris" que conocimos en El Acebo: Ivonne y Petra y que nos adelantan siempre aunque van andando (¿Qué misterio ocultan?), próbablemente de 4 ruedas.

Desde el Alto do Poio, cogemos un desvío a la derecha y comienza otro descenso por camino complicado y técnico entre campos de zarzamoras. Alfredo y Esther sufren bastante debido a que sus "burras" no llevan suspensión y vienen con las manos echas polvo de aplastar a la maneta del freno, a Esther se le queda señalada en la mano la marca del manillar Como yo marcho delante a veces me paro a escuchar a los vecinos de alguna aldea: Biduedo, Fillaval, Ramil, etc, y descubro que el gallego no es tan fácil de entender, porque no pillo ni una. Llegamos a Triacastela tras 52 kms de etapa, cansados y con pocas ganas de pasear. Descubro que he perdido la vieira que llevaba atada a las alforjas, espero que no sea un mal fario. El albergue está lleno, y solamente quedan unas tiendas del ejército que se han montado por ser año santo en una esplanada. Nos sirve, ya que además te permiten ducharte en el albergue. El voluntario que lo regenta, hace honor a su origen gallego, Alfredo le pregunta si hay plaza y él le contesta: "Puede que sí, pero puede que no". Tras la ducha de rigor, lavar las bicis que vienen llenas de moñigas de vaca y colocar en la tienda todo el equipaje, decidimos irnos a cenar. El día se ha ido nublando y ahora sí que amenaza lluvia. Antes de cenar compramos el desayuno

Autor: Damián Rojas Gómez.

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del día siguiente. Comienza a llover y nos metemos en un bar, tomamos unos calamares rebozados con patatas y pescado mientras comienza a desatarse una tormenta de verano. Las calles rápidamente se llenan de agua. Esperemos que la tienda aguante sin calarse. Una vez que escampa, aprovechamos para llamar a nuestras familias y hoy nos vamos a dormir pronto. Ha sido una etapa dura y hay que descansar, aunque sea encima de una esterilla y con una humedad que te descompone los huesos.

Hoy nos toca dormir en una tienda de campaña del ejército en Triacastela (Lugo)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO V.- TRIACASTELA-GONZAR: 56 Kms. (3 de septiembre)
Hoy ha amanecido en Triacastela con mucha niebla y tenemos el cuerpo dolorido de la humedad. Pese a que las tiendas han aguantado la llovizna, el suelo es de hierba y absorbe el agua. Pero bueno, al menos, hemos podido medio descansar y bajo techo. Lo peor es que las mochilas están húmedas y la ropa no se ha secado, por lo que tendremos que llevar las camisetas y culottes enganchados en los pulpos como si fuéramos hippies. Desayunamos bajo un cruceiro y nos ponemos en marcha. Desde Triacastela hay dos opciones para hacer el Camino: una que va por San Xil y Lousada, más dura y abrupta y otra por carretera pasando por Samos. Nosotros elegimos la primera. Efectivamente es un trayecto no tanto duro, sino rompepiernas, con continuos subidas y bajadas, pero es cuestión de acostumbrarse ya que hasta Santiago ya todo es así. Lo más bonito es el bosque repleto de castaños centenarios y la gran cantidad de agua que llevan los arroyos. Cruzamos aldeítas típicamente rurales gallegas: San Xil, Furela, Paredes, Calvor, Balsa y Pintín. La niebla va levantando y cada vez vemos más rebaños de vacas pastando en la hierba natural, no como en nuestra tierra, que hay que regarlo todo para ver algo de color verde. Paramos en Calvor a tomar algo y nos hacemos unas fotos en el albergue, el voluntario del mismo nos dice a Alfredo y a mí que si somos "fratellos", que debe ser hermanos en gallego, puesto que dice que nos parecemos. Los vecinos de estas aldeítas apenas conocen el castellano y no nos entienden muchas de las preguntas.

Cruceiro en Triacastela.y tradicional paisaje rural en la provincia de Lugo: vacas, niebla y pastos.

Llegamos a Sarria a las doce, y vemos que es un pueblo muy grande que merece la pena recorrer. Lo hacemos visitando el Convento de la Magdalena, de estilo isabelino, fundada por dos clérigos de la regla de San Agustín, también destaca la Iglesia del Salvador, de estilo gótico. Otra construcción importante, por la que pasamos para salir del pueblo es el puente medieval, llamado Ponte Aspera.
Autor: Damián Rojas Gómez.

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Seguimos camino y aunque es casi la una del mediodía, el hambre comienza a llamar a la puerta, así que en Barbadelo preguntamos en una lugar donde dicen servirse comidas caseras si pueden prepararnos un guiso. Nos responden que aún es pronto y que la señora ha bajado a Sarria a por alimentos que si queremos nos atenderán a partir de las dos. Nos lo pensamos y decidimos partir hacia más adelante, el señor que nos atiende nos comenta: "en la siguiente aldea no hagan caso de las comidas, que no son caseras como aquí". ¡¡¡Menos mal que no hicimos caso!!!, en Rente, hay un restaurante llamado Casa Nova do Rente donde decidimos parar. Nos ubican en un comedor de piedra precioso, todo de madera y antigua y le dejamos a la señora que nos sirva lo que ella quiera, junto a nosotros hay dos chicos jóvenes (de los cuales llegamos a la conclusión de que eran gays que se habían alojado en la pensión). La señora nos llevó un cuenco inmenso de fabada con grelos para que nos sirviéramos lo que quisiéramos. Me pongo las botas. De segundo nos dice que tiene churrascos de ternera. Pensamos que vendrá con un churrasco para cada uno, pues bien, la buena señora se presenta con una bandeja con cinco churrascos con una base de patatas fritas. ¡¡¡ tremendo menú !!!, nos los ventilamos tan rápidamente que la señora nos sugiere hacernos otro para no quedarnos con hambre. Decidimos no reventar y pasamos al postre casero junto al café. Llega la hora de pagar y especulábamos que este menú en cualquier bar de carretera de La Mancha puede ascender a unas 2500 o 3000 pts. ¡¡¡ 1100 pts !!! y encima le pedimos dormir la siesta en el jardincito del hostal junto a los manzanos y las gallinas y al lado de las vacas. Este momento ha sido de los más gratificantes: buena comida, buen precio, mejor servicio y la gran siesta imprescindible para dar pedales.

Refrescándome en una típica fuete jacobea.

Órreo tradicional en Rente

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Continuamos la marcha por camino y Esther mete el pie en un arroyo, lógico ya que hay muchos. Las aldeítas se suceden como si fueran el mismo pueblo: Peruscallo, Lavandeira, Casal, Brea, Ferreiros, Moutras, etc, hasta que salimos a carretera para enfilar un descenso hacia el río Miño por el embalse de Belésar. Hay un tramo donde perdemos a Alfredo que se ha confundido de carretera, pero lo recuperamos pronto. El embalse de Belesar cubrió la ciudad-fortaleza de Portomarín, un antiguo pueblo medieval. Impresiona cruzar el río Miño embalsado puesto que el puente es muy extenso. Llegamos a Portomarín sobre las 5 de la tarde. Lo primero que hacemos es buscar alojamiento en el albergue, pero está lleno hasta la bandera. Nos dicen que a 9 kms está el albergue de Gónzar y decidimos comprar la comida aquí, hacer unas fotos, reponer líquidos con una coca-cola y seguir la marcha. Antes damos un pequeño paseo por los jardines reconstruidos y observamos la Iglesia de San Nicolás, reconstruída piedra sobre piedra. Por aquí también abundan algunos edificios de estilo románico. Pese a todo no nos parece un pueblo atractivo, se nota que es un poco artificial con construcciones de nueva planta.

Iglesia de San Nicolás en Portomarín (Lugo)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Seguimos por carretera en ligera subida hasta llegar a Gonzar que es una aldea pequeñita con un albergue de 20 plazas contiguo a la carretera. Los albergues en Galicia son antiguas escuelas rehabilitadas, en este caso tenemos suerte porque solamente quedaban 3 literas libres, justo para nosotros. Nos duchamos, hacemos la colada, dejamos las bicis en una pajar detrás del único bar del pueblo y nos aprestamos a cenar. La señora que regenta el bar es muy agradable y nos deja comernos los bocatas caseros dentro aunque le compramos la bebida. La mayoría de los que están allí son peregrinos y por tanto se preocupan de que estén cómodos. Tras cenar damos un pequeño paseo por los alrededores, vemos como protegen las alpacas de paja con plásticos para evitar que se pudran, vemos un tramo del camino del día siguiente. Ya en el albergue nos encontramos con un mallorquín que ha hecho el camino 9 veces, tanto en bici como andando, él no lo hace por motivos religiosos, sino porque le engancha y dice que es la mejor forma de pasar unas vacaciones. Otra jornada más en las piernas y hoy hemos andado 56 kms.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO VI.- GONZAR-ARCA: 68 Kms (4 de septiembre).
Hoy ha vuelto ha amanecer con niebla. Esto parece Londres, o más bien Galicia (ah, no me acordaba que estamos en la provincia de Lugo). La jornada de hoy parece ser que será dura puesto que es sábado y pretendemos quedarnos a unos 20 kms de Santiago para el domingo pedalear poquito y llegar al final del destino prontito. El desayuno lo hacemos en el bar de al lado del Albergue, ya que además la señora se ha portado muy bien con nosotros, además decidimos dejarles una pequeña propina. El desayuno es fuerte, como siempre: café, leche, yogur, bollos, zumo, etc. Comenzamos a darle "caña al asunto" a las 9 de la mañana y alternamos tramos de carretera con camino, siempre entre la niebla. Las fotos que aquí hacemos salen oscuras, pero reflejan la mañanita que hace: el refrán dice:

"Mañanita de niebla, tarde de paseo".

Esther y yo en un cruceiro de Ligonde (Lugo)

Cruzando uno de los numerosos puentes

Con lo que en las fechas que estamos, lo más probable es que hoy haga mucho calor pese a estar en el Norte. Cruzamos diferentes aldeas y cruceiros: Castromaior, Ventas de Narón, Ligonde (con un cruceiro precioso y muy venerado), Lestedo, Hospital, San Tirso. En esta última le ponemos unas velas a

Autor: Damián Rojas Gómez.

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mi Sonia y también para que nos protejan a nosotros en lo que queda de viaje. Aprovechamos para rezar la oración del peregrino. A eso de media mañana se va aclarando el día. Llegamos a Palas de Rei sobre las 11,00, es la hora del almuerzo diario: fruta, algún dulce, zumito, etc. Hacemos unas fotos en la Iglesia. Seguimos el camino por sendero y tenemos que ir apartando a las vacas en algunos trayectos. Al principio me daba un poco de asco pisar las caquitas de vaca, pero una vez que te acostumbras ya forman parte de tu atuendo y de la bicicleta. Por cierto, a 3 kms de Melide, se me rompe uno de los bidones del agua. Es momento de parar en el próximo pueblo y comprar un repuesto. Melide tiene dos templos románicos: la iglesia de San Pedro y la de Santa María, en esta última nos sellan la credencial. Es muy bonito también el puente medieval que da acceso a la localidad.

Hay momentos en los que hay que ir apartando las vacas del camino.

Cruzando un puente medieval para entrar en Melide (Lugo)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Decidimos que es un buen lugar para comer, y más después de leer en la Guía de El País Aguilar que en Casa Ezequiel se come el mejor pulpo a la gallega de España. No miente, entramos y lo primero que nos llama la atención es la cola de amas de casa provistas de cacerolas para llevarse la comida a casa. Nosotros nos sentamos en los enormes tableros que tienen al fondo y un camarero muy simpático nos pone unas tablas de pulpo, empanada gallega y un vino que pasa como el agua. El pulpo es delicioso, tierno, sabroso, salado y a la vez picante. La empanada tampoco está mal, se aprecian los grelos y el resto de ingredientes, nada que ver con la empanada que comemos en el Centro. Las pulpeiras tienen unos brazos tipo Stallone de darle palos al pulpo para ponerlo tierno y cocerlo. Nuevamente el precio de las viandas es de peregrino. Creo que nos merecemos una siestecita. Dicho y hecho: en unos lavaderos públicos a la salida del pueblo, a la sombrita de unos castaños y rebollares, nos tumbamos a dormir. Estos lavaderos se siguen utilizando pese a que se supone que existen lavadoras automáticas, pero observamos que se convierten más en un centro social de relación que en una necesidad imprescindible. Es bonito que se mantengan tradiciones y faenas antiguas que por desgracia van cayendo en desuso. Tras el reconfortante descanso, continuamos la marcha, siempre en continuos subebaja, como dientes de sierra. Esther se desespera, dice enfadada que "somos unos c…" que la dejamos tirada en las cuestas. Pero yo me admiro de su fuerza de voluntad, rara vez pone pie a tierra, y se agarra al camino como una jabata. Seguimos atravesando aldeas de casitas dispersas con sus huertecitos de grelos, patatitas, verduritas, etc. En todas suele haber un cruceiro que nos recuerda el trayecto que seguimos. De todas formas cada dos o tres kilómetros te encuentras mojones señalando el camino junto a las flechas amarillas y señalando los kilómetros que nos quedan para la plaza del Obradoiro. Los nombres de las aldeas se me olvidan, pero recuero algunas como: Boente, Castañeda y Ribadiso. En esta última hay un albergue precioso junto al río Iso todo de piedra y de madera. No hay plaza, y además nosotros queremos seguir camino. Hoy hace un día muy caluroso y la flora va cambiando, los robles y castaños son sustituidos por los eucaliptos, que la verdad, son bastante feos y dan menos sombra y frescura. Atravesamos Ferreiros, Boavista y comienza a escasear el agua, pero en una aldeíta vemos un cartel que pone: "Refrescos a 15 m", parecemos ver el cielo abierto. No se trata de un bar, sino de un corral lleno de aperos de labranza, con un porche de madera donde una señora tiene una cámara frigorífica y un banco y una mesa para el descanso del peregrino. A esto lo llamo yo hacer negocio con pocos medio, pero seguro que muchísimos peregrinos lo agradecen como si del Ritz se tratase. Nos metemos unos aquarius bien fresquitos que nos recargan las pilas para llegar al final del destino: Pedrouzo (Arca), a unos 20 kms aproximadamente de Santiago. Es sábado, y el albergue tiene muy buena pinta. Llegamos agotados de tanto subir y bajar pequeños repechos y por el calor sofocante que ha hecho agravado por la sequedad de los eucaliptos. Nada más llegar decidimos dejar las alforjas y equipaje en una habitación con literas del albergue que parece que no están

Autor: Damián Rojas Gómez.

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ocupadas. Es extraño, pero a pesar de que estamos cerca de Santiago, no hay lleno absoluto en el albergue. Una vez dejado el equipaje, la señora que lo regenta nos dice que no podemos quedarnos porque está reservado para unos peregrinos que vienen en autobús. Le decimos que de allí no nos movemos, no le hacemos caso y efectivamente, nos quedaremos a pasar la noche allí. Tras la ducha, decidimos hacer la compra de la cena y del desayuno del día siguiente. Cenamos en un poyete en la carretera de Arca a Santiago. Por la noche decidimos dar un paseo por Arca y descubrimos un cine de verano, al aire libre. La entrada es barata y dan una comedia americana sobre el ejército. No aguantamos toda la peli y nos vamos a descansar al albergue. Allí nos encontramos en nuestra misma habitación con unos peregrinos con pinta de macarras que fuman petas y que huelen fatal, parece que son catalanes y tienen pinta de "grunges". La verdad es que no nos han molestado mucho porque el cansancio ha hecho mella rápido y nos hemos quedado fritos rápidamente. De todas formas notamos cierta emoción ante la etapa de mañana, la llegada al final de trayecto: Santiago de Compostela.

Paisajes gallegos a la altura de Ribadiso

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO VII: ARCA-SANTIAGO: 20 Kms. (Domingo 5 de septiembre).
Hoy es domingo, nos hemos levantado prontito y hemos decidido salir sin desayunar para hacerlo unos kms más adelante. Hace una mañana fresquita, ideal para pedalear. A la altura de Amenal, paramos a tomar la leche, los bollos, el yogur y seguir rápidamente la marcha. Dicen los textos jacobeos que uno de los momentos más emocionantes es cuando se sube el Monte do Gozo y desde allí despuntan las torres de la Catedral. Nosotros tendremos mala suerte porque la niebla comienza a aparecer. No es muy espesa, pero nos acompaña durante todo el trayecto entre los habituales eucaliptos. Vamos rodeando el aeropuerto de Lavacolla, y a su altura paramos en un monumento al peregrino al pie de la autovía que une Santiago con Oviedo. Unos guardias civiles nos hacen una foto. El Monte do Gozo nos defrauda porque es una construcción totalmente artificial en mitad de una esplanada gigante y que está muy mercantilizado, además interrumpe el camino a los ciclistas. Además como hay niebla no conseguimos ver nada de Santiago de Compostela.

Esta fotografía nos la hizo una pareja de la Guardia Civil. Proximidades de Lavacolla (A Coruña)

Llegamos a la ciudad por el Estadio de San Lázaro, famoso por ser donde Ronaldo marcó un fabuloso gol al Compos con la camiseta del Barça regateando a cuantos defensores le salían al paso. Seguimos por carretera hasta llegar a la ciudad misma, que por cierto está bastante mal señalizada la entrada para los peregrinos. De todas formas llegamos a la Plaza del Obradoiro. Como es domingo está lleno de gente, y además no paran de llegar autobuses llenos de gente para oír misa. Nosotros no es que tengamos pasión por oír la misa del peregrino, pero al
Autor: Damián Rojas Gómez.

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menos que nos dejen pasar a ver la catedral. Pues nada, no parece haber respeto alguno al peregrino que llega hecho polvo, y casi le pisotean a uno por coger un sitio en la misa. No vimos ni el botafumeiro, ni abrazo al santo, ni coscorrón.

Entrando a Santiago de Compostela.

Foto de familia en la Plaza del Obradorio

A mí la verdad, con llegar ya me parecía suficiente. Esas tradiciones son secundarias y lo más bonito ha sido compartir con mi primo, y además mejor amigo Alfredo y con su novia Esther una aventura fascinante. Conocer una zona de España que no había visitado nunca, pero además de todo eso, conocerme a mí mismo, desconectar del trabajo, relajarte, olvidarte de las noticias del mundo y darte cuenta que con poco dinero y muchas ganas e ilusión por pasártelo bien, también se puede viajar. Recogemos la Compostela que es el certificado que te expiden una vez presentas la credencial de los lugares por los que has pasado. A los caminantes les exigen 100 kms mínimo y a los ciclistas 200 kms. Nosotros ya llevamos 344 kms y creo que nos la merecemos. En las oficinas de la catedral hay una empresa Nacex que se encarga de la bicicleta y las alforjas y te las envían a casa a un buen precio. Decidimos que es la mejor forma de volver a casa. Nosotros nos volvemos en autobús hasta Madrid. Dormimos en Leganés y yo al día siguiente me cojo un autobús hasta Sonseca.

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Fachada de la Catedral de Santiago de Compostela

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EPÍLOGO.
Esta historia que he contado ha sido la primera de una serie que espero sea larga. He intentado transmitir las sensaciones que me ha producido embarcarme en una aventura que llevaba tiempo intentando llevar a cabo. Para ser la primara peregrinación no ha estada nada mal. De hecho aprendes muchas cosas durante el Camino, a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, un buen plato de fabada, un buen pulpo "a feria", un monte maravilloso, una aldeíta perdida en el fin del mundo, unos paisajes alucinantes, etc. Aprendes a convivir con otras personas a las que solamente te une el deseo de poder llegar al final. Te das cuenta de que si no existiera el Camino, muchas de estas poblaciones hubiesen desaparecido o estarían casi deshabitadas. Quiero finalizar como finalizan las aventuras los peregrinos con el saludo jacobeo.

ULTREIA.

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BIBLIOGRAFÍA.
• • • • GUÍA DEL CAMINO DE SANTIAGO. Varios. Editorial El PaísAguilar.Madrid 1998. EL CAMINO DE SANTIAGO EN MOUNTAIN-BIKE. Juanjo Alonso. Editorial Tutor SA. Madrid 1993. EL CAMINO DE SANTIAGO EN BICICLETA. Xunta de Galicia. Consellería de Cultura, Comunicación Social e Turismo, Xacobeo´99. RED DE ALBERGUES DEL CAMINO DE SANTIAGO EN GALICIA. Xunta de Galicia, Consellería de Cultura, Comunicación Social e Turismo, Xacobeo´99.

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LA VÍA DE LA PLATA
Plasencia - Astorga

2001
Del 26 de Agosto a 1 de Septiembre de 2001.
Autor: Damián Rojas Gómez.

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PRÓLOGO: SONSECA - PLASENCIA
Tras hacer el Camino de Santiago en 1999 junto a mi primo Alfredo y Esther, una especie de adicción comenzó a atraerme hacia nuevas rutas. La verdad es que yo pensaba que el único camino que había para hacer la peregrinación era el Camino Francés, pero realmente no es así. Existen tantos caminos como personas y puntos de partidas haya. Lo que ocurre es que hay una serie de camino o vías que son las más transitadas, entre ellas la Vía de la Plata que une Sevilla y Gijón y que es utilizada por los peregrinos para llegar hasta Astorga y allí enlazar con el Camino Francés. Existe también otra opción que es seguir otra de las rutas, la llamada Ruta Mozárabe desde Granja de Moreruela atravesando Zamora, Orense, Pontevedra y A Coruña. El nombre de "Plata", parece que no tiene nada que ver con el preciado metal, sino que parece que viene del latín "platea" (camino ancho) o "Lapidata" (de piedra). Otras opiniones lo sitúan en el término árabe "al-balath" (pavimento) o "balata" (enlosado), que por transformación acabó en plata. A mí me atrajo desde el primer momento la posibilidad de poder ir desde el norte de Cáceres hasta Astorga, puesto que el resto del camino desde aquí en el tramo francés ya lo conocía. Las distancias a recorrer eran mayores y las ganas de aventuras me hicieron decidirme por esta ruta para este verano. Uno de los mayores problemas que tenía era que no tenía compañeros de aventura. Decidí hacerla solo, pero en mi casa, especialmente mi madre y mi novia me desanimaban a no hacerlo solo con los "peligros" que puede conllevar. Cuando estaba dudando en si hacerla solo o retirarme, convencí a Antonio Ruiz, otro gran amigo de Mestanza (Ciudad Real) y antiguo compañero de trabajo. Prácticamente se vino conmigo por hacerme un favor (del que luego me estará eternamente agradecido), puesto que él apenas había andado en bici por caminos y tenía cierto temor a hacer el ridículo subiendo cuestas o llaneando. Le dije que el Camino no es una competición, sino todo lo contrario: UN PLACER QUE SE PALADEA PEDALEANDO. Me hizo caso y se apuntó a la aventura. Las fechas que había elegido eran a finales de agosto y principios de septiembre. Pero no íbamos a pedalear solos. Otro de mis amigos de Sonseca, Carlitos Mora se encontraba de vacaciones y no coincidía con su mujer, por lo que le tocaría quedarse en casa sin poder salir a ningún destino de playa o montaña. Le comencé a animar y al principio parecía que iba a negarse, pero al final, tras mucho insistir y tras varias salidas por los Montes de Toledo en las que vio que se encontraba bien de forma, conseguí embarcarlo en la aventura. Para esta ocasión, la bibliografía que íbamos a utilizar la conseguí a través de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Vía de la Plata de Sevilla. En internet encontré su dirección y les pedía la pequeña guía que tenían editada, pero que a nosotros nos fue de mucha ayuda. Me enviaron las 3 credenciales y pronto teníamos todo preparado para salir hacia Plasencia, esta vez en un tren regional entre Talavera y Plasencia, un domingo 26 de agosto de 2001.

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Detalle de la calzada romana que unía Sevilla con Gijón a la altura de Baños de Montemayor (Cáceres)

El punto de partida de esta aventura es mi casa. Este domingo por la mañana nos reunimos Antonio que viene desde Mestanza y Carlitos que viene con su mujer Mª Amor para despedirse de nosotros. Yo estoy bastante cansado pues ayer tuve boda y acabamos a altas horas de la madrugada, pero la emoción de la aventura puede más que el cansancio y el sueño. El traslado hasta Talavera hemos decidido hacerlo en mi vieja furgoneta Seat Terra. Somos capaces de meter en ella: 3 bicicletas, 3 juegos de alforjas, mochilas, esterillas, sacos de dormir, bidones de agua, más 5 personas: los tres ruteros y mi hermana Vero y mi cuñado Jose Luis, otro gran biker que no consigo que se apunte a alguna de nuestras aventuras. Van a ser quienes nos van a llevar y luego se traen la furgoneta de vuelta para Sonseca. El camino a Talavera en estas condiciones de carga es lento, y además nos pillan varias tormentillas que nos hacen dudar que vaya a comenzar bien esta aventura. Pero por fin llegamos a Talavera de la Reina, con 5 minutos para montar las alforjas, sacar los billetes, subir las bicis al tren y colocarlas. Nos despedimos de la familia y el tren comienza a andar. La aventura ya no tiene vuelta de hoja y yo que me alegro, porque hasta que no estuviera subido en el tren no me creería que no fuera a hacer solo el trayecto. Les veo ilusionados a mis nuevos compañeros. Espero que después de lo que les he hablado de estas rutas, no se lleven una decepción.

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CAPÍTULO I.- PLASENCIA – OLIVA DE PLASENCIA: 45 Kms. (26 de agosto).
El tren tarda hora y media en llegar a Plasencia, siempre entre un día caluroso pero nublado y amenazando lluvia. Cruzamos Navalmoral de la Mata y comenzamos a observar el cambio de paisaje hacia tierras más húmedas como son las del Jerte. A Plasencia llegamos a la hora de la comida, por lo que antes siquiera de ver la ciudad, de la cual Julia Ponce nos había hablado maravillas a Antonio y a mí, nos ponemos a comer. Tres jarras de medio litro de cerveza y unas baguettes. No está mal para empezar. Tras tomar un café en la plaza mayor, nos damos una vueltecita por los monumentos. ¡¡¡ Aquí se acaba lo bueno del día !!!.

Carlos y yo en la Plaza Mayor de Plasencia

Antonio y yo frente a la Catedral Plasencia

Comenzamos a dar pedales a las 5 de la tarde, tomamos la carretera comarcal que une Plasencia con Carcaboso y andando 13 kms llegamos a esta primera localidad de nuestra Vía de la Plata. Cruzamos el río Jerte y preguntamos en el pueblo donde sale la Vía de la Plata, nadie parece saberlo y ya comenzamos a mosquearnos, pero al final encontramos por fin una flecha amarilla. Seguimos camino ya por sendero, cruzamos un pequeño canal donde llenamos los bidones de agua. Hasta aquí sin novedad, pero al llegar a un carreterín paralelo al canal nos pone en la guía que hay dos opciones: una más larga por carretera por Valdeobispo para luego enlazar con Venta Quemada y la otra mucho más dura pero más bonita

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atravesando varias fincas de encinas, cerdos, etc. Nos inclinamos por esta porque deducimos que con nuestras bicicletas no habrá quien nos pare. Efectivamente, nos introducimos en un laberinto de caminos, sin apenas flechas amarillas, lleno de encinas y pequeñas fincas. Eso sí, muy bonito. Continuamente estas fincas están separadas por setos de piedra de un metro de altura aproximadamente, y los primeros se pasan bien, ya que hay que levantar las bicis con el equipaje, pero cuando ya llevas 5 o 6 estamos hasta las narices. Antonio y Carlos comienzan a meterse conmigo: "Dónde nos has traído o mañana cojo el tren en Plasencia y me vuelvo". Para colmo, a Antonio se le rompe una tuerca del transportín y tenemos que parar a arreglarlo. Hay un momento en el que nos perdemos, andamos varios kilómetros y llegamos a una finca llena de cerdos y de perros pero donde no hay nadie. Tenemos que desandar lo andado.

Carlos cerrando una puerta “canadiense”, justo antes de meternos en un laberinto de caminos

Seguimos andando a ciegas, saltando setos, buscando flechas amarillas desesperadamente y al final encontramos el camino de nuevo. A todo esto, el cielo está totalmente encapotado, no tenemos agua y son las 8 de la tarde. Por fin vemos la famosa Venta Quemada, donde la guía indica que los moradores dan agua al peregrino: ¡¡¡ Y una mierda !!!. Cuando saltamos la última valla, la última de las desgracias: Carlos se dobla el pie en una cuneta y se retuerce de dolor. Nos tememos lo peor ya que Carlitos ha sufrido varios esguinces y ni acaba de curarlos bien. Probablemente tenga que volverse casi antes de comenzar. Llamamos en la Venta y nos sale un empleado que dice que no puede darnos agua. Nos ve desesperados y nos da un poco de una botella caliente que lleva. Nos sirve de momento. Le preguntamos que cual es el pueblo más cercano puesto que está comenzando a llover y casi es de noche. Nos comenta que Oliva de Plasencia está a unos 10 kms. Aunque no es parte del camino decidimos intentar pasar la noche allí. Tomamos la carretera y en ligera bajada seguimos rápidamente. Estamos

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preocupados por Carlos ya que le duele bastante. Paramos en una huerta a beber. Una familia gitana nos da agua fresquita y se lo agradecemos enormemente. Por fin llegamos a Oliva de Plasencia. Después de que el cuentakilómetros marque 45 kms desde que salimos de Plasencia, vemos un cartel en la carretera que pone ¡¡¡PLASENCIA A 12 KMS!!!. Hemos andando en círculo y encima nos hemos desviado del itinerario principal, pero al menos tenemos un pueblo donde pasar la noche. Comienza a llover con fuerza y nosotros buscando la casa del alcalde para ver que puede hacer por nosotros. Al final resulta ser una persona encantadora que hace diferentes gestiones con el alguacil y nos ofrece la casa antigua del médico, la cual pese a estar deshabitada tiene, ducha (fría, eso sí), luz eléctrica y un techo bajo el que cobijarnos. A nosotros nos parece el Palace. Por fin deja de llover y queda un agradable olor a tierra mojada y a tormenta que refresca el ambiente. Tras la reconfortable ducha y aliviados por haber pasado lo peor, llamamos a nuestras familias y buscamos un sitio para cenar. El alcalde además nos recomienda unos atajos para el día siguiente de manera que podamos recuperar el tiempo y el terreno perdido en el día anterior Nos indican que vayamos a la piscina que están cenando las mujeres de una Asociación y que nos podrán preparar un menú. Pedimos unos platos combinados con patatas fritas, huevos y lomo. Además como es domingo nos da tiempo a seguir la primera jornada de liga en Estudio Estadio. El pie de Carlos parece que va a mejor, se ha puesto hielo y esperemos que mañana pueda al menos intentarlo. Nos vamos a dormir aliviados por el final feliz, pero ha sido una etapa durísima. Al final no ha sido todo negativo, eso sí, todavía no tenemos ningún sello en la credencial.

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CAPÍTULO II.- OLIVA DE PLASENCIA – FUENTERROBLE DE SALVATIERRA: 85 Kms (27 de agosto).
Después de todas las peripecias del día anterior, el cansancio hizo mella y hemos dormido como verdaderos reyes. Además no contábamos con que una vez preparadas las esterillas para dormir, yo me puse a cotillear en una habitación y ¡SORPRESA!, encontramos varios colchones en buen estado y casi limpios. Pusimos las esterillas y encima el saco y hemos dormido realmente bien. El tobillo de Carlos, aunque le molesta, parece que no le va a impedir dar pedales. Le duele un poco y lo tiene hinchado, pero no quiere arrojar la toalla y lo va a intentar.

El momento del fuerte desayuno del peregrino. Oliva de Plasencia (Cáceres)

Nos levantamos a las 9 y encontramos una tienda de comestibles abierta. En la plaza de Oliva de Plasencia desayunamos zumos, leche, donuts, napolitanas y fruta. Dejamos algo para media mañana. A las 9,30 nos ponemos por fin en marcha. La pista forestal que nos había indicado el alcalde está en muy buen estado y transcurre por una serie de fincas de lujo con ganaderías de reses bravas. En una de estas fincas, las puertas que daban al camino estaban abiertas y a su lado una manada de toros bravos que nos miraban amenazantes como diciendo: "Si tenéis huevos pasar por aquí". Hemos esperado 10 minutos y al final se han apartado. Continuamos paralelos a las vallas de alambre que separan las fincas y es curioso como los toros que se suponen son bravos se asustan cuando pasas a toda pastilla al lado. Llegamos por fin a las ruinas romanas de Cáparra con su impresionante Arco romano de 4 caras y arcos. Hay unos arqueólogos haciendo excavaciones al lado de lo que parece ser una población romana enterrada. Desde aquí sale un carreterín de asfalto que nos lleva a bordear el embalse de Gabriel y Galán, próximos a Granadilla

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(pueblo que fue sumergido por las aguas de este embalse y que se reconstruyó unos kilómetros más arriba). Por carretera llegamos a Zarza de Granadilla, donde tenemos que parar en un taller de madera para que nos dejen una llave fija y volver a apretarle los tornillos al transportín de Antonio. Parece que va a ser la única avería técnica del camino. Pasamos otro pueblo llamado La Granja y Abadía, el cual nos parece muy bonito y un lugar ideal para tener una casita rural. Estos pueblos se encuentran al pie de los montes de la Sierra de Béjar y del Parque Natural de Candelario que quedan a su derecha. A media mañana llegamos a Aldeanueva del Camino donde decidimos parar a tomar un café y ¡¡¡Por fin!!! Poner un sello en nuestra credencial. Tiene Aldeanueva del camino una curiosa historia, puesto que estaba dividido en Aldeanueva de Arriba que pertenecía a la diócesis de Plasencia y Aldeanueva de Abajo, que pertenecía a la diócesis de Coria, divididos ambos por la carretera y unidos por un puente medieval por el que pasamos. Nos tomamos un café en un edificio que debía ser el casino o sociedad popular, de estilo antiguo. Aquí decidimos hacer un desvío en la Vía de la Plata para poder visitar Hervás que está a unos 6 kms de aquí y que merece la pena recorrerlo. El problema es que hay que ir por carretera muy transitada y en continua ascensión, pero como el día está fresquito y hay sombra por los castaños y frutales, el camino no se hace duro. A la salida de Aldeanueva una señora nos ha llenado de agua fresca los bidones, se nota que cuidan al peregrino.

Ruinas romanas de Cáparra (Cáceres)

Por las calles de Hervás (Cáceres)

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coexistido durante siglos las culturas judías y cristianas. Tiene su propio barrio de la judería y aún quedan vecinos sefardíes. Las construcciones son muy curiosas puesto que en las fachadas de las casas ponen tejas árabes curvas del revés. También destacan sus iglesias, especialmente una de ellas desde la cual se puede ver todo el pueblo. Es un pueblo turístico, las terrazas veraniegas están llenas y decidimos que es el momento de tomarnos una jarrita de cerveza. Nos ponen un pincho y reponemos fuerzas. Hemos decidido que la comida la vamos a hacer en Baños de Montemayor, ya de nuevo otra vez en la Vía de la Plata.

Hervás es un pueblo muy bien conservado de estilo medieval y en el que han

Carlos y yo en el pueblo de Hervás (Cáceres)

Paisajes de la Sierra de Candelario, entre las provincias de Cáceres y Salamanca.

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Baños es una población que se creó a raíz de la existencia de aguas termales con fama de curativas y que ya los romanos utilizaron con sus famosas termas. El pueblo está dividido por la Nacional 630 (llamada vía de la plata y que en muchos tramos a tapado la calzada romana), y a ambos lados hay varios balnearios llenos de clientes porque hay varios autobuses aparcados. Decidimos comer en un restaurante al lado de una corriente de agua con una piscina natural. La comida no está mal, pero lo mejor ha sido la sistecita en el césped al lado del agua. Nos hemos descalzado y metido en el arroyo. Está muy fría pero al tobillo de Carlos lo termina de curar. Ha estado media hora con él metido en el agua fría y le ha venido muy bien. Hay que descansar porque por la tarde hay que hacer varios kilómetros de subida a la zona de la sierra de Béjar. Nada más abandonar Baños nos encontramos con la auténtica calzada romana, que es bonita y tal, pero incómoda para recorrerla en bicicleta. Es de adoquines de granito y en el centro tiene algún miliario. Además está escalonada y nos cuesta mover las bicis con las alforjas y el equipaje. Menos mal que solamente son unos cientos de metros.

Detalle de la Calzada romana en Baños de Montemayor.

En el río Cuerpo de Hombre, cerca de Béjar

Al final de la Calzada llegamos al límite entre las Comunidades de Extremadura y Castilla-León. Hemos entrado en Salamanca. Las vistas son preciosas y el primer pueblo que bordeamos es Puerto de Béjar, aunque rápidamente giramos a la izquierda para comenzar un vertiginoso descenso hasta el Río Cuerpo de Hombre. Aquí Antonio lo pasa realmente mal, no está acostumbrado a los caminos y menos a las bajadas, pero yo aprovecho para lanzarme a tumba abierta y luego parar a observar los paisajes verdes de esta bonita zona de arbolado con castaños, robles e higueras. Carlos viene tras de mí, pero Antonio aún tarda un poco. Yo me meto con él y le digo: "Pareces una niñita en bicicleta" y el pobre llega asfixiado, aunque yo diría más, llega acojonado.

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Continuamos en ascensión de nuevo hasta Calzada de Béjar por una brusca subida que a ratos hay que hacer andando por lo intransitable del terreno. Calzada de Béjar ha sido uno de los pueblos más bonitos que hemos atravesado en este camino. Destaca por sus casas dobladas con balconadas de madera en la planta de arriba y todas llenas de geranios y otras flores que le dan un toque especial. Aquí decidimos tomarnos unas cervecitas con limón para enfilar los últimos 20 kilómetros hasta el final del trayecto de hoy.

Calzada de Béjar (Salamanca), uno de los pueblos más bonitos de la Vía de la Plata.

La marcha comienza a ser en ligera y agradable bajada por pistas forestales, menos arboladas, pero con buenos caminos. Llegamos a Valverde de Valdelacasa que es un pequeño pueblo del que Santiago es el patrón. Tiene una curiosa espadaña a la cual hacemos una foto. Apenas paramos y seguimos 4 kms más hasta Valdelacasa y en suave subida por una pista forestal llena de polvo llegamos a Fuenterroble de Salvatierra. En la entrada del pueblo coincidimos con tres catalanes que han pinchado, les ofrecemos ayuda, pero no parece que sean muy sociables. Nos comentan que vienen desde Sevilla y que ya han pinchado varias veces. Como no parece que tengan ganas de cháchara seguimos hasta el albergue. Fuenterroble está situado a 6 kms de Guijuelo, famoso por sus apreciados jamones. Es uno de los pueblos más hospitalarios de la Vía de la Plata, en parte gracias al cura párroco, don Blas, quien reconstruyó la casa parroquial ayudado por voluntarios y lo ha convertido en albergue. Se nota que aún no han finalizado las obras, pero es un sitio agradable donde se respira espiritualidad y religiosidad. Tienen en el patio uno carros llamados tíburis en los cuales han hecho la Vía de la Plata tirados por caballos. El albergue suele ser atendido por voluntarios amigos del párroco, en esta ocasión son dos señoras encantadoras las que nos indican las normas de uso y nos explican

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algunas cosas del pueblo. Además se nota que sienten verdadera devoción por Don Blas. La cena la hacemos en el bar de un portugués muy "majete" que lleva muchos años en España: pescado, ensalada y lomo con patatas a buen precio. Damos un paseíto por el pueblo y en la iglesia fortaleza recién restaurada hay una reproducción de la construcción romana de las calzadas. Es una noche oscura iluminada por algunos relámpagos y algunas gotas de lluvia. Tras hablar con la familia y dar el habitual paseo nocturno para conocer el pueblo, nos vamos a dormir a las 12 de la noche. Parece que hoy ya se les ha pasado a Antonio y a Carlos el enfado del día anterior y ya no quieren abandonar la aventura. Hoy hemos recorrido 85 kms que aunque no han sido duros en exceso, sí que nos van poniendo en forma poco a poco.

Antonio, avanzando hasta Fuenterroble de Salvatierra (Salamanca)

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CAPÍTULO III: FUENTERROBLE DE SALVATIERRA – SALAMANCA: 55 Kms. (28 de agosto).
Hemos vuelto a tener un plácido descanso ya que además tuvimos la suerte de coger una dependencia para nosotros solos con el suelo de madera y colchones, aunque Carlos amanece con un poco de tortícolis debido a lo blando de su colchón, pero después del problema solucionado del tobillo, son molestias sin importancia. Tras desayunar copiosamente una de las anfitrionas nos abre la Iglesia, recién restaurada gracias al trabajo de los vecinos y del párroco Don Blas. Hay fotos de cómo era antes, toda derruida y en ruinas y cómo fue el proceso de reconstrucción. Nos hacemos una foto ante una talla de madera del apóstol Santiago, aunque Antonio mascullaba que le llamaban "Matamoros" por algo y que no fue muy honrado que digamos.

Foto con las hospitaleras de Fuenterroble de Salvatierra

Iglesia de Fuenterroble de Salvatierra.

Nuestra intención en el día de hoy es llegar a Salamanca a mediodía para pasar el resto de la tarde visitando la ciudad y descansando. Las guías recomiendan aprovisionar de agua en Fuenterroble, porque hoy se cruzan muy pocos pueblos y es difícil encontrar agua. Emprendemos camino como siempre a las 9,30. El paseo es agradable, en suave bajada cruzando fincas de ganado. Hoy no queremos dar ningún capotazo como ayer y pasamos de las vacas (o más bien son ellas las que pasan de nosotros). Dejamos a un lado un camino comarcal que lleva a Navarredonda de Salvatierra, y a los 15 kms de salir comenzamos la ascensión al punto más alto de la Vía de la Plata: el Pico de la Dueña, no es una subida excesivamente dura pero hay que hacerla por sendas muy estrechas y con muy mal firme. Es más bien una subida técnica entre
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chaparros, robles y zarzales. Hay momentos en los que nos despistamos en la subida, pero pronto encontramos el camino. Voy marcando el ritmo, y compruebo que Carlos anda bien de forma. Antonio se para en algunos tramos, pero va aguantando bien. Me sorprende que apenas se queje y que vaya aguantando tan bien la marcha, sobre todo por los temores iniciales que tenía, además creo que sufre más bajando que subiendo. Llegamos a lo alto de la cima y en la misma hay una Cruz de Santiago realizada en forja por el escultor y peregrino Salvador Castellano. Es similar a la Cruz de Ferro que hay en el Monte Irago en León, en el Camino Francés y que también señala el punto más elevado del camino. Desde aquí se puede observar un paisaje precioso de lo que Machado llamaba "Campos de Castilla", con enormes dehesas y casas de labranza repartidas por el horizonte.

Pico de la Dueña, punto más alto de la Vía.

Carlitos bajando entre robles y encinas.

Iniciamos el descenso por un pequeño bosque de rebollos y aprovechamos para hacer unas fotos como en la que aparece Carlitos bajando entre rebollares. Bordeamos la Finca Calzadilla de los Mendigos y cogemos la carretera comarcal que nos llevará a San Pedro de Rozados a toda pastilla ya que es en descenso. Llegamos a las 11,30. Las guías hablan de San Pedro de Rozados como lugar ideal para finalizar una etapa, tanto por el refugio que tienen como por las atenciones que presta a los peregrinos Mari Carmen en el Bar Moreno. Tanto nos habían hablado de ella que nos dirigimos a tomar el bocado de media mañana con ella. Efectivamente, hay que alabar a esta buena señora que con su amabilidad, buen trato y sobre todo buenos productos a buen precio, hace que la peregrinación se convierta también en un "placer gastronómico". Nos tomamos 6 jarras de cerveza y dos raciones bien
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colmadas del famoso Jamón de Guijuelo y nos cobra ¡¡¡1450 pts !!!. Increíble, nos miramos los tres como diciendo: "Ponnos otra de lo mismo".

Damián pedaleando y al fondo ya se ve la ciudad de Salamanca

Una vez cargadas las pilas y atravesando 7 u 8 puertas en fincas de ganado y bordeando un pequeño pueblo llamado Morille, llegamos a Salamanca a las 14,30. Nos alojamos en una pensión económica en pleno centro donde hay limpieza y nos dejan subir las bicis a un patio de luces. Además Antonio regateó un poco con la señora y nos lo deja en 1500 pts la noche. La verdad es que dinero no nos falta, gracias a Dios, pero una vez que te acostumbras a viajar estilo pobre, te vuelves un poco roñoso. Pasamos toda la tarde viendo Salamanca, descansamos junto al Tormes en un parque con cesped, la Plaza Mayor, Universidad, casa de las Conchas, la Catedral nueva y la vieja, etc. Antonio y Carlos ya habían estado y me ven que no estoy muy entusiasmado. La verdad es que está bien, pero el plateresco no es mi estilo arquitectónico favorito, y tampoco es una ciudad que me haya dejado sorprendido. Prefiero Zamora que visitaremos en el día de mañana. Nos vamos quedando sin ropa, ya que algunas no se han lavado bien y las hemos tirado. Buscamos unos grandes almacenes durante una hora y al final nos compramos pantalones, camisetas y calzoncillos. Cenamos en el Bar el Patio y a recomendación de Julia Ponce tomamos un café nocturno en la Plaza Mayor antes de irnos a dormir. Mañana nos vamos a Zamora y hoy ha sido un día de relax completado con el placer que supone dormir en una cama y no en el suelo como en los albergues.

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Fachada de la Universidad de Salamanca.

Plaza Mayor de Salamanca. La cruzamos de madrugada sin ningún alma por sus calles.

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CAPÍTULO IV.- SALAMANCA MONTAMARTA: 97 Kms. (29 de Agosto)
Nos hemos levantado tempranito y sin siquiera desayunar hemos atravesado la Plaza Mayor en bici. Que sensación tan agradable, no hay ni un alma, contrasta con la noche anterior en la que había mucho ambiente. Salimos de Salamanca por el estadio Helmántico y desayunamos en una cafetería de la Nacional 630 que une Salamanca y Zamora. Pedaleamos por carretera nacional hasta Aldesaseca de Armuña, donde sellamos y nos desviamos por camino hasta Castellanos de Villiquera donde conocemos a a un Amigo del Camino que nos cuenta algunas recomendaciones a partir de El Cubo de la Tierra del Vino. Sellamos la credencial y nos ponemos rumbo por camino hacia Calzada de Valdunciel. El paisaje es un poco monótono: rastrojos, algún campo de maíz, parcelaciones, pistas agrícolas. Llegamos a Calzada de Valdunciel en la que destaca su iglesia de Santa Elena y en la que nos hacemos unas fotos. Allí conocemos a los primeros peregrinos de a pie que nos encontramos: un checo que viene desde Sevilla y un vallisoletano que salió desde Mérida. Desde aquí continuamos el recorrido por carretera hasta El Cubo. Paramos en un castillo fortaleza que es la Cárcel de Topas. Antonio paró a evacuar y fruto de este acto tan natural es la foto que le hice al lado de un campo de girasoles. Llegamos al Cubo de la Tierra del Vino a media mañana y como siempre, paramos a comernos unos pinchos de tortilla con unas cervecitas. Es curioso lo que repone la cerveza. Cuando estás quemando calorías y deshidratándote, lo mejor es tomar una jarrita bien fría para reponer lo perdido.

Castillo fortaleza de Topas, cerca de la localidad de El Cubo de la Tierra del Vino.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Mis Caminos a Santiago.

Diarios de una bicicleta.

Continuamos la marcha puesto que aún nos faltan 33 kms para llegar a Zamora donde hoy queremos comer. Por camino continuamos entre campos de siembra y rastrojo y buscamos un pueblo donde nos puedan vender pan, embutido y algo de fruta para comer en Zamora. Llegamos a Villanueva del Campeán, que curiosamente se encuentra en fiestas. Están celebrando el baile del vermú en plena calle, nos tememos que no haya ninguna tienda abierta, pero coincide que la propietaria del único bar del pueblo es la propietaria de la tienda. El bar está lleno de gente bien trajeada, debe ser hoy el día grande de la fiesta. Aprovechamos para tomarnos un botellín y comprar en la tienda queso, pan de chapata, jamón, chorizo y un melón para el postre. Los metemos todo en bolsas, y el melón lo llevo yo colgando de las alforjas, parecemos titiriteros con todos los tratos colgando. Seguimos por buenos caminos de tierra, siempre llaneando, pasamos San Marcial sin parar porque ya son las 2 del mediodía y tenemos un hambre, pero nos hace ilusión comer en la ribera del Duero. Ascendemos una pequeña loma pasad San Marcial y ya divisamos Zamora. Damos unos rodeos por varios caminos y al fin llegamos a la ciudad por el barrio de San Frontís. Llegamos por fin al puente medieval, pero en vez de cruzar, descubrimos que en la ribera exterior del Duero hay una esplanada de hierba junto al río con merenderos y sombra. Decidimos que es el mejor lugar para comer, además hay un merendero abierto al lado donde compramos unos botes de refresco. Antonio, que es un artista a la hora de preparar un picnic, nos hace unos bocatas de "toma pan y moja". El río viene cargadito de agua y las vistas de la ciudad desde este lugar son muy bonitas. Aprovechamos para hacernos unas fotos con el Duero y la catedral al fondo. Después de la comida y de tomarnos un café con hielo decidimos tumbarnos en el césped a descansar, para poder dedicar la tarde a recorrer Zamora. Yo ya conocía la ciudad de un Congreso sobre Inmigración del INJUVE en el que estuve en 1999 y me había gustado bastante, sobre todo por el románico que contiene. Sé que a Antonio que es un apasionado de este tipo de arte, le va a encantar.

Puente medieval sobre el Río Duero a su paso por la ciudad de Zamora.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Diarios de una bicicleta.

En la ribera del Duero, en Zamora. De las mejores fotos de los Caminos a Santiago.

Tras la siesta, por fin cruzamos el Río Duero por el puente medieval, visitamos diferentes monumentos, entre ellos el Parador y alguna iglesia de las 19 que tiene de estilo románico. A la catedral no podemos pasar porque en ella se están celebrando la exposición de las Edades del Hombre y para un rato no vamos a pagar la entrada. Zamora es pequeña en extensión, y los monumentos están casi todos concentrados, por lo que es fácil recorrerla en corto espacio de tiempo. Dudamos de pasar la noche aquí o buscar alguna pensión más adelante. Decidimos lo segundo, reservamos por teléfono en una pensión de carretera en Montamarta, a 13 kms de Zamora. Antes de retomar la marcha, aprovechamos para tomar otro refresco en una de las terrazas de la ciudad, junto a una de las iglesias románicas, cerca de la Plaza de San Lázaro.

Catedral de Zamora

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Salimos de Zamora por la Cuesta de la Morana, y por carretera nacional. Hay mucho tráfico y en cuanto podamos salimos a caminos, más seguros para los que vamos en bici de montaña e incluso más fáciles de andar. Las ruedas de las bicis de montaña prefieren la tierra y las piedras al asfalto. El paisaje, la verdad es que es bastante monótono y feo. Parece que estamos en la Mancha, en pleno secarral. Pasado Roales del Pan y hartos de que nos adelante camiones rozándonos, decidimos que las pistas forestales van paralelas a la carretera, la cual nos puede servir de punto de referencia. Estas pistas son fruto de las concentraciones parcelarias y son caminos de servidumbre, anchos y en muy buen estado. Andamos unos 6 kms y por fin llegamos a Montamarta. Es ya tarde y cómo hemos reservado la habitación nos dirigimos a la carretera nacional donde está colocado el hostal. ¡¡¡Vaya mierda de hostal!!!, es de ambiente un poco raro, barato eso sí, pero las habitaciones llenas de moscas y para colmo, encima del armario de mi habitación hay un condón usado. Antonio me echa la culpa a mí (como casi siempre, ya se sabe: donde hay confianza…), pero como no había otra cosa más apropiada, decidimos que por una noche no pasa nada. Antes de cenar vemos un poco la TV y nos enteramos de que Paco Rabal ha muerto en el día de hoy. Tenemos muy pocas noticias del mundo real, estamos centrados en nuestro camino y lo demás la verdad es que no nos interesa. Es lo bueno de estas rutas, que desconectas de tal manera que parece que no tienes más lazos con la realidad que las llamadas a la familia. Cenamos en un bar enfrente de la pensión (no nos arriesgamos a probar las delicatessen de la misma) con un menú bastante deficiente, pero bueno, otro día más a la buchaca y 97 kms menos para llegar a Astorga.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO V.- MONTAMARTAVILLABRÁZARO: 73 Kms (30 de agosto).
Hoy el día ha amanecido regular, la bici de Antonio está pinchada, pero se la he arreglado rápidamente. Antonio ya estaba alarmado con un simple pinchazo. Desayunamos un café y bollos en el bar de nuestra "maravillosa morada" y ponemos rumbo hacia el norte.

Ermita de la Virgen del Castillo de Montamarta (Zamora)

A la salida de Montamarta bordeamos el Embalse de Ricobayo, cuyas aguas hicieron que la Iglesia visigoda de San Pedro de la Nave tuviera que ser reconstruida y que ya pude ver en mi anterior visita a Zamora. Dejamos a la izquierda la ermita de la Virgen del Castillo y por camino vamos paralelos a la N630. A lo lejos se puede ver las ruinas del castillo de Castrotorafe. Cruzamos varios pueblecitos como Fontanillas del Castro y Riego del Camino . En Fontanillas intentamos que algún vecino nos indique por donde sigue el camino, pero parece un pueblo deshabitado, llamé a dos puertas y nadie me abrió. Nos conformamos con hacernos una foto en la Iglesia donde tienen además una plaza conmemorativa de la Vía de la Plata. Seguimos pedaleando hasta que por fin llegamos a uno de los pueblos más importantes de la Vía de la Plata: Granja de Moreruela, ¿por qué? 1. Porque cuenta con las ruinas de un monasterio cisterciense, el primero de esta Orden en España, construido a finales del siglo XI y que fue destruido por el moro Almanzor. Luego tras varias reconstrucciones se abandonó definitivamente con las Desamortizaciones de Mendizábal. Ahora está siendo reconstruido muy lentamente por la Junta de Castilla-León. Merece la pena desviarse unos 3 kms del trayecto para visitarlo. Nosotros hacemos una parada de una hora para poder admirarlo tranquilamente.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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2. Porque aquí el camino se bifurca en dos ramales: el primero dirección noroeste que es el llamado Camino Mozárabe, del cual ya os hablaré en próximas aventuras y que llega a Santiago atravesando la Comarca de Sanabria, Ourense y Pontevedra; y el segundo que sigue dirección Norte que es el nuestro que llega hasta Astorga para enlazar con el tradicional camino francés.

Ruinas del monasterio cisterciense de Granja de Moreruela (s.- XI).

De hecho, nosotros al regreso al pueblo de Granja de Moreruela para seguir la ruta, y con la obsesión de seguir cualquier flecha amarilla que encontramos en el Camino, nos equivocamos y seguimos durante unos 500 metros de subida el Camino Mozárabe. Menos mal que me acordé de que aquí se separaban ambos caminos y al consultarlo en la guía me dio la razón. En Granja de Moreruela descubrimos que detrás de la Iglesia hay un poste donde se señalan ambas rutas: la SO que significa "a Santiago por Orense" y la SA "a Santiago por Astorga", nosotros cogemos la segunda. Seguimos por una pista forestal acercándonos al impresionante Río Esla, y a lo lejos vemos a 3 bikers que se han parado. Nos acercamos y son 3 chicos de Bilbao: Mikel, Alfredo y Jesús, con muy buen rollo que vienen desde Mérida. Les adelantamos ya que van un poco más despacio y seguimos cruzando pueblecitos: Santovenia del Esla y Villaveza del Agua. La comida la decidimos hacer en Barcial del Barco, un pueblo que cuenta con una torre octogonal en la que tomo una buena instantánea de Carlitos acercándose. Compramos la comida en una tienda de ultramarinos y buscamos un parque donde haya un poco de sombra y algún banco donde podernos echar la siestecita.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Con unos peregrinos del País Vasco en Bercial del Barco.

Carlos, acercándose a la torre octogonal de Bercial del Barco.

Justamente en ese parque encontramos de nuevo a los chicos vascos, que vienen por carretera y hemos llegado al mismo tiempo. También se disponen a comer, así que iniciamos una interesante charla con ellos. ¡Qué diferencia entre ellos y los catalanes que conocimos en Fuenterroble!, son muy majetes y decidimos seguir juntos camino por lo menos hasta Benavente, ya que ellos tienen otros planes en cuanto a kilometrajes. El buen rollito entre ambos grupos lo inmortalizamos en unas pocas fotos que quedarán para el recuerdo.

Imagen del Río Esla, cerca de Villanueva del Azoague (Zamora)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Tras el cafetito de rigor, nos ponemos en marcha a las 4 más o menos. Aquí hay que seguir una vía de tren abandonada que es muy incómoda para dar pedales, pero solamente son unos 1000 metros. Luego bajamos por unos caminos paralelos entre alamedas en bonitos parajes, se nota que estamos en la ribera del Esla y que sobra agua. Nosotros nos quedamos asombrados cuando vemos estos ríos, porque los de aquí si que llevan agua. Llegamos a Villanueva del Azoague, donde nos separamos de nuestros colegas vascos deseándonos buen camino. Llegamos a Benavente sobre las 5 y descubrimos que Carlitos lleva una rueda pinchada, pero no hay problema, la arreglamos fácilmente. El problema es que luego nos damos cuenta de que ha perdido los guantes que llevaba, probablemente se los haya dejado en la acera donde paramos a arreglar el contratiempo. Aunque eran baratos son una pérdida importante para Carlos ya que eran de mucha utilidad para Carlos y se los había comprado expresamente para esta ocasión. En Benavente visitamos el Parador, sus iglesias románicas de Santa María y la Plaza Mayor. Se nota que es un pueblo histórico. Lo que más me ha llamado la atención ha sido el paisaje que se observa desde el Parador, todo el pueblo rodeado de inmensas alamedas de álamos, lo que demuestra lo fértil de estas tierras regadas por el Esla.

Vistas de la Vega del Río Esla desde el Parador Nacional de Benavente (Zamora)

Nuestro objetivo final de ruta es llegar a Villabrázaro que se encuentra de Benavente a unos 8 kms, por lo que tras refrescarnos en una terracita veraniega, salimos sobre las 7 camino del final de etapa. El cielo mientras tanto se ha ido nublando y amenaza tormenta. Por carretera seguimos un tramo, es la carretera comarcal hacia Manganeses de la Polvorosa, pero en un paso de ferrocarril nos desviados y tomamos el camino hacia Villabrázaro. El ritmo de pedaleo es rápido

Autor: Damián Rojas Gómez.

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ya que está comenzando a llover, pero tenemos suerte y no llegamos a mojarnos. Este pueblecito es muy acogedor y tenemos suerte, están en fiestas y nos han invitado a que vayamos al campo de fútbol a comer sopas de ajo por la noche. Buscamos las llaves del refugio en el campo de fútbol y descubrimos que es de césped y de una calidad fuera de lo normal. No podemos evitar tumbarnos un rato en la hierba fresca. El voluntario que se encarga del albergue es un chaval muy majo que nos comenta las fiestas y que en el refugio tienen la bebida de una peña, que si queremos podemos tomarnos algo, y que hoy no van a molestarnos por la noche. Compramos la cena en una tienda de comestibles y nos metemos una cena señorial: sandwichs de atún, sardinas, queso, patés, jamón cocido, pepinillos, fruta y yogures, rematado todo por las ya mencionadas sopas de ajo y un cubatita en un chiringuito. La gente habla contigo y parece que te conocieran de toda la vida. Demuestran ser alegres y acogedores. Nos vamos a dormir a nuestros colchones en el suelo a las 12 de la noche. Ha sido una etapa muy bonita y nos aprestamos a iniciar la última, nos quedan 68 kms hasta Astorga. Hoy hemos andado 73.

En el campo de fútbol de Villabrázaro (Zamora). No pude evitar tumbarme en el césped

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO VI.- VILLABRÁZARO – ASTORGA: 68 Kms. (31 de agosto)
Esta noche nos ha costado coger el sueño, la culpa, de un grupo de jóvenes que tenían la sede de su peña enfrente del refugio y han puesto la música bakala a tope hasta al menos las dos de la noche. Luego el cansancio y el sueño han hecho el resto y hemos dormido muy bien. Además no nos podíamos quejar ya que junto a Fuenterroble de Salvatierra ha sido el pueblo donde mejor acogimiento dan al peregrino y el refugio estaba muy bien, limpio, amplio, con somieres y colchones y encima una whiskería a nuestra disposición de la que no hemos hecho uso. En fin que no podíamos pedirle nada más. La verdad es que estamos un poco cansados físicamente del viaje, aunque no anímicamente, puesto que estamos disfrutando cruzando la meseta superior, pero las ganas de llegar a Astorga son muchas. Desayunamos en el refugio "a nuestro estilo", o sea, leche, zumo, yogur, bollos, etc. Hay que llenar el depósito de gasolina, lo que pasa es que nosotros lo llenamos más de lo que luego gastamos y por eso yo siempre suelo coger entre 1 y 2 kilos en cada ruta de varios días que hago. A lo mejor la cerveza tiene algo que ver, no sé, o a lo mejor es porque no pasamos nada de hambre. Nos hemos puesto en marcha con la fresca, el camino sale justo enfrente del Ayuntamiento y por pistas forestales en muy buen estado y llaneando vamos pedaleando siempre paralelos al río Órbigo. Pasamos por Maire de Castroponce, donde no paramos. En el trayecto vamos dándole ya vueltas a la forma de volver desde Astorga. Nuestros colegas del País Vasco tienen ya alquilada una furgoneta y a muy buen precio. Nosotros nos planteamos dos opciones, o en furgoneta, o coger un tren desde Astorga aunque haya que hacer noche en León. Antes de entrar en Alija del Infantado, hacemos una pequeña parada en uno de los parajes más bonitos de la Vía de la Plata, el Puente de la Vizaña sobre el río Órbigo, el cual delimita las provincias de Zamora y León. Nos hacemos unas fotos en su ribera y lamentamos que sea tan temprano, ya que si fuera más tarde e hiciera más calor nos daríamos un buen baño. En esta localidad paramos a tomar un café y aprovechamos para buscar en las páginas amarillas empresas de alquiler de vehículos. No hay suerte, por lo que debemos volvernos en tren, no pasa nada, así aprovecho para que Carlos y Antonio visiten León que no lo conocen. Yo lo conozco desde que en 1999 comencé aquí el Camino Francés hasta Santiago.

Puente de la Vizaña sobre el río Órbigo

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Carlos y yo, en la ribera del río Órbigo, en un paraje lleno de encanto

Seguimos la caminata y nos volvemos a encontrar con nuestros amigos vascos, que están dudando entre seguir por la carretera o por camino. Nosotros decidimos seguir por carretera, ya que los caminos transcurren entre pequeños canales que riegan campos de maíz y a veces están encharcados. Vamos cruzando pequeñas aldeas: Nora del Río, Genestacio, Quintana del Marco, Villanueva del Jamuz y Santa Elena de Jamuz. Están unidas por carretera comarcal sin apenas tráfico y hay muy poquita distancia entre unas y otras, por lo que el camino se hace ameno. A todo esto, Antonio que ha estado los últimos días un poco resfriado y a base de "frenadoles", anda como una moto y nos lleva con la cadena tensa todo el tiempo, no sé si es porque está harto de la ruta o es que quiere sacarse la espina de los descensos de los primeros días en los que le dejábamos a bastantes minutos. A eso de las 12,30 llegamos a La Bañeza, pero como estamos deseando llegar a Astorga antes de comer, la parada es breve. Aprovechamos eso sí para hacer alguna que otra foto en una iglesia en lo alto de una loma y cerquita de las flechas amarillas. Seguimos camino y muy cerca de La Bañeza se encuentra Palacios de la Valduerna, donde hacemos una parada de mayor duración para comernos las últimas provisiones al lado de un zarzal donde Antonio y Carlos degustan alguna zarzamora. Aquí vemos a algún que otro peregrino que viene andando. Hay muchas acequias por aquí cerca que refrescan el ambiente. El camino podríamos seguirlo por senda, pero estamos un poco cansados de perdernos en algunas poblaciones. A la salida de Palacios de la Valduerna nos perdemos y descubro que mi rueda delantera está perdiendo aire, menos mal que el líquido solidificante ("mocos") ha hecho su trabajo y ha taponado el pinchazo.
Autor: Damián Rojas Gómez.

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Espero poder llegar a Astorga. Como decía antes, nos hemos cansado de las veredas y como quedan unos 20 kms hasta Astorga, cogemos la antigua carretera nacional, que ahora ha quedado en desuso por la Autovía que une Madrid con Galicia, y caminamos tranquilamente. Paramos en una gasolinera para darle aire a la bicicleta, y desde aquí los últimos 10 kms los hacemos a toda pastilla, con Antonio y Carlos tirando como motos. Aquí, debo reconocerlo, lo pasé mal llaneando. La verdad es que he llegado un poco justo de fuerzas al final, pero bueno, lo peor ya ha pasado y en un plis plas, tras atravesar el último pueblo, llamado Celada nos plantamos en el final de la Vía de la Plata: ASTORGA. A mí me gustó la primera vez que la visité y de nuevo me sigue atrayendo. Estamos en la capital de la Maragatería y aquí es típico el cocido maragato, pero de nuevo nos quedaremos con las ganas para otra ocasión. Lo primero que hacemos es bajar hasta la estación de tren para informarnos de las salidas hacia León y Madrid. Una vez comprobamos que tendremos que coger un regional hasta León y hacer noche allí mismo para al día siguiente de madrugada salir para Madrid, decidimos dejar las bicicletas y las alforjas en el albergue de peregrinos y poder movernos con libertad por la ciudad. El albergue está lleno de gente que viene haciendo el camino francés, se ve a personas con los pies destrozados que apenas pueden andar, con verlos me alegro de hacer las peregrinaciones en bici. Visitamos la catedral, el Museo de los Caminos de Gaudí, el Ayuntamiento, la Plaza de España, etc.

Museo de los Caminos de Gaudí (Astorga)

Frente al Ayuntamiento de Astorga, Carlitos y yo.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Y por último comer un menú del día, que aunque no es nada del otro mundo, nos reconforta. Ya no tenemos que dar ningún pedal, por lo que tampoco es imprescindible llenarse de calorías. A las 6,00 de la tarde sale el tren para León, por lo que la visita a Astorga no se algara demasiado. Nos subimos al tren con las bicis y el equipaje y conocemos a un chico catalán que ha hecho el camino en solitario desde Navarra en bicicleta. Nos cuenta que ha dormido en parques públicos, en albergues en muy mal estado, tiene toda la pinta de no haberlo pasado muy bien, y de que no le queda mucho dinero que digamos. Otros peregrinos en bicicleta también suben sus burras al tren. No somos los únicos, pero como hemos vista a tan pocos peregrinos nos extraña ver a gente que también ha hecho la Vía de la Plata.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO FINAL.- ASTORGA-LEÓNMADRID. (31 de agosto y 1 de septiembre)
Entre Astorga y León hay apenas media hora en tren, por lo que nos da tiempo a dar una vuelta por la ciudad. Antes dejamos las alforjas y las bicis en el albergue de las monjas carbajalas. Hoy nos tocará dormir en un gimnasio inmenso junto a otros 100 peregrinos, tumbados en las esterillas y metidos en el saco de dormir. Nos damos la ducha de rigor y salimos a descubrir León. Entramos en la catedral y Antonio me da las gracias por haberle llevado a León. ¿El motivo? las impresionantes cristaleras de la catedral. Tenemos la suerte de que se celebra una boda de alto boato y hay música polifónica. Todo muy bonito. Seguimos paseando por la ciudad y cenamos en un restaurante de comida rápida. No nos da tiempo a ver mucho, pero nos llama la atención lo bien restauradas que están las casas del casco viejo, muchas conservan su ambiente del siglo XIX. Volvemos al convento puesto que a las 11,00 cierran la puerta. Hay mucho ambiente religioso y espiritual. Carlos y yo decidimos asistir a "Completas", y la verdad es que nos aburrimos bastante. Antonio, como es muy raro para esto de los ritos religiosos y encima él es mas papista que el papa, decide no ir y dedicarse a marujear y cotillear con las niñas que vienen de peregrinación. Descubre que hay un grupito de francesas que lleva pijama de raso, maletitas con ruedas y 30 kilos por lo menos de equipaje. Luego comprobamos que llevan una furgoneta de apoyo. Hay barullo en el gimnasio, pero pronto nos dormimos, a la espera del madrugón que nos aguarda al día siguiente. Nos levantamos a las 6,00, en el albergue te dan el desayuno que consiste en café con leche y pan, pero a mí me sirve. Nos bajamos con las bicis a toda pastilla hacia la estación de tren y nos encontramos con la gente que está de fiesta aún, puesto que es la madrugada del viernes al sábado. Que contraste, chicos jóvenes cargados de ropa y equipaje en sus mochilas pasando al lado de chicos jóvenes "cargados de todo" que se van a acostar tras salir de los últimos garitos que permanecen abiertos. El camino de regreso lo hacemos en un Regional que salió a las 7,10 de León y entre sueñecitos transcurre el viaje de vuelta.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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EPÍLOGO.
Ha sido una gran aventura, con momentos malos, pero sobre todo muy buenos. Hemos conocido nuevos lugares de la España rural y Antonio y Carlos creo que se apuntarán en futuras ocasiones. Santiago nos ha guiado durante el camino aunque no hemos podido honrarle con nuestra visita. Hemos seguido el camino que hacían nuestros "tatarabuelos romanos" en sus campañas de mercaderes y tratantes, hemos recorrido la calzada romana y las cañadas reales de paso de ganado, y en definitiva hemos conseguido lo que nos proponíamos al salir de Plasencia: pasar unas vacaciones de forma distinta, disfrutar del paisaje, hacer deporte y conocer nuevos lugares… ¡¡¡ Y PASARLO BIEN !!!. Hasta la próxima aventura… ¿quién sabe lo que haremos el próximo año? Quien sabe si será el camino francés desde Roncesvalles, o el Camino del Norte, o incluso el portugués…. A mí me ha quedado una espina clavada desde el día en que en Granja de Moreruela nos equivocamos de camino y cogimos el llamado Camino Mozárabe o Sanabrés. A lo mejor esta es la próxima aventura. Y al igual que en la anterior aventura me despido con el saludo:

ULTREIA.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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BIBLIOGRAFÍA
⇔ GUÍA DEL CAMINO DE SANTIAGO "Vía de la Plata".- Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago "Vía de la Plata" de Zafra y Sevilla. Año 2001. Trabajo subvencionado por la Xunta de Galicia. ⇔ Guía de Albergues y Refugios. Camino Mozárabe. Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Sevilla. 2001. ⇔ www.arrakis.es/caminante/indeex.htm

Autor: Damián Rojas Gómez.

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EL CAMINO SANABRÉS (1)
Zamora – Santiago de Compostela

2002
Del 19 al 25 de Agosto de 2002.
Autor: Damián Rojas Gómez.

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Autor: Damián Rojas Gómez.

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PRÓLOGO.
Como ya os comenté en el capítulo final de la Vía de la Plata, me quedó un regustillo de curiosidad por saber que se escondía tras el camino por el que nos equivocamos en Granja de Moreruela, el llamado Camino Mozárabe o Sanabrés que es la variante de la Vía de la Plata que va directamente a Santiago de Compostela atravesando las comarcas de Sanabria, Ourense, Pontevedra y A Coruña. Durante todo 2002 estuve preparando esta ruta, me volví a informar en la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Sevilla, a través de quienes adquirí una guía mucho más completa de la que utilizamos el pasado año, en la que vienen las dos variantes: El Camino Sanabrés o Mozárabe y la Vía hasta Astorga. El nombre de Mozárabe proviene según esta guía de la utilidad que le dieron los cristianos que vivían en zonas de ocupación árabe, a la vía romana que iba desde Sevilla, Córdoba y Mérida hasta Santiago. La Vía de la Plata se convirtió en una herramienta de difusión del cristianismo en el interior peninsular. Para esta ocasión no hizo falta convencer a uno de los compañeros del año anterior, Antonio se ha hecho un peregrino más y ahora se apunta a un bombardeo. Tiene más experiencia y ha mejorado bastante en cuanto a transitar por caminos, además está más delgado y ya no se queda en las cuestas. El caso de Carlos es distinto, su esposa Maria Amor está embarazada de 5 meses y no es cuestión de arriesgar por el capricho de pasarlo bien montando en bici. Hay cosas mucho más importantes como es la familia. También se planteó la posibilidad de que nos acompañaran Alfredo y Esther, mis compañeros de la primera peregrinación por el francés de 1999, pero problemas de fechas vacacionales y el deseo de ellos de hacer el camino entre Pamplona y León, hicieron que no coincidiéramos. Este año hemos escogido mediados de agosto y el punto de partida Zamora, según las guías, entre Zamora y Santiago hay 415 kms, pero debido a algunos problemas haremos algunos más. Habrá tramos en los que coincidamos con las rutas del año anterior, hasta Granja de Moreruela. Volveremos a pasar por el famoso hostal de carretera de Montamarta, el de los condones encima del armario y cerca del monasterio cisterciense de Moreruela, pero esta vez lo dejaremos a un lado. El desplazamiento lo volveremos a hacer en tren. Ya es una costumbre y en los regionales se viaja muy bien y no tienes problemas para dejar las bicis, son baratos aunque tarden más, pero no tenemos prisa.
Granja de Moreruela (Vía de la Plata 2001)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO I.- SONSECA-ZAMORA (19 de agosto)
El punto de partida, de nuevo es mi casa. Salimos de Sonseca a las 11 de la mañana, con nuestra vieja amiga, la "Seat Terra" del tío Tomás "Sardina", nos acompañan mi hermana Vero y mi cuñado Jose Luis, esta vez no vamos a Talavera, sino a Toledo para coger un tren regional hasta Chamartín. Hoy cogeremos tres trenes en total: Toledo-Madrid, Madrid-Medina del Campo y Medina-Zamora. A mi cuñado se le vuelve a caer la baba y le da una envidia tremenda no poderse venir con nosotros. Nos despedimos y ponemos rumbo a una nueva aventura. En Madrid, tengo problemas para bajar la bici y las alforjas por las escaleras mecánicas. Es un poco complicado, pero bueno, es una contingencia fácil de solucionar. Llegamos a Medina del Campo a media tarde y como hay un tiempo de espera de una hora, decidimos ir a la Plaza Mayor para ver un poco la ciudad. Tiene además un castillo importante que vemos desde lejos. Aprovechamos para hacer unas fotos y arreglar un pequeño problema del transportín. Un señor muy agradable nos regala una navaja multiusos en una tienda, con llaves para poder apretar una tuerca, pero al final es en un taller de bicicletas donde solucionamos el problema. Tomamos el tren a Zamora y llegamos a las 7 de la tarde. Lo primero es buscar un alojamiento para pasar esta noche y mañana comenzar a pedalear. Buscamos una pensión baratilla, ya que como os dije en la ruta anterior, te acostumbras a viajar con 4 euros en el bolsillo y aunque no nos falta el dinero, nos volvemos roñosos. Preguntamos en la Oficina de Turismo y nos dan varias direcciones y teléfonos. La primera de ellas, no sé como explicarlo: olores a pis, aire siniestro, laberíntica, suelos de madera carcomida. Vamos, que las prostitutas, seguro que tienen mejores condiciones para prestar sus servicios que este antro de mala muerte.
Plaza Mayor de Medina del Campo

Por fin encontramos una pensión medio decente, modesta, a buen precio y sin lujos, pero sin faltarle nada. Además está en pleno centro. El propietario tiene pinta de mafiosillo, pero bueno, lo que importa es poder descansar de manera digna y que mañana llegue pronto para volver a la aventura.
Autor: Damián Rojas Gómez.

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Salimos a dar una vuelta por Zamora y a cenar. Lo hacemos en una terraza de verano, unas ensaladas y algo de carne. Lo más bonito ha sido una banda de alemanes que nos han amenizado la velada con canciones tradicionales de orquesta. Les hemos dado 1 €. Después de la cena nos hemos dado el gustazo de tomarnos un café en el Parador Nacional de Turismo, en la terraza junto a la piscina. Que lujo, en una noche preciosa con una temperatura ideal. Nos hemos acordado de Julia Ponce por ser una apasionada de los Paradores Nacionales. A las 12,30 nos vamos a acostar, para mañana iniciar mi tercera ruta santiaguera y la segunda para Antonio. Espero que sea tan apasionante como las anteriores.

Una de las muchas iglesias románicas de la ciudad de Zamora

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO II.- ZAMORA - SANTA MARTA DE TERA: 97 Kms (20 de agosto)
Nos levantamos tempranito, montamos las "burras", con sacos de dormir, alforjas, esterillas, y desayunamos en una cafetería junto a la pensión. Hace una mañana fresquita y a las 9,00 estamos dando pedales. Todo el tramo es ya conocido y evitamos la carretera nacional nada más salir de Zamora. Cruzamos Roales del Pan, Montamarta, Fontanillas del Castro y Riego del Camino, todo sin parar. Bueno, miento, en un momento determinado nos salen dos mastines que nos hacen pararnos un rato. Antonio como siempre que ve un perro, se acojona, pero al final no son tan fieros. Hacemos 40 kms en un plis plas. Hace buena mañana y da gusto dar pedales. Antes de llegar a Granja conocemos a una pareja de catalanes que también vienen en bici de montaña: Manel y Serrat; coincidiremos con ellos en varias etapas. A las 10 paramos en Granja de Moreruela para desayunar, justo al lado del poste famoso que bifurca ambos caminos y que me dejó con ganas el pasado año de tirar para Santiago. Tomamos zumo y fruta y aquí se puede decir que comienza la nueva aventura.

Antonio y yo almorzando en Granja de Moreruela, verdadero inicio del Camino Mozárabe

Ascendemos por el lugar donde nos equivocamos el año pasado y llegamos a varias cancelas de fincas. La etapa es un poco rompepiernas, continuos subes y bajas por pistas forestales. Nos paramos en el río Esla, concretamente en el Puente de Quintos. Es sorprendente la cantidad de agua que lleva y lo ancho que viene. Hay gente pescando ya que además las aguas parecen muy remansadas. Aprovechamos para hacernos unas fotos.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Puente de Quintos, sobre el río Esla.

Desde Granja hasta el siguiente pueblo, Faramontanos hay casi 20 kms sin ninguna población. Llegamos a Faramontanos de Tábara bastante cansados puesto que además hace calor y el agua se nos ha terminado. Buscamos un bar donde tomar una cervecita y decidimos meternos cada uno 1 litro de cerveza y una ración ce ciervo. Este pueblo es muy curioso ya que tienen bodegas excavadas en las mismas calles y en las que te puedes hacer una foto, como lo demuestra la foto que le tomé a Antonio junto a una de ellas.

A la izquierda, bodegas excavadas en la tierra en Faramontanos de Tábara, y arriba dando cuenta de una buena cerveza y de venado en salsa en la misma localidad.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Por un bosque de robles seguimos hasta Tábara, lugar fijado para comer. La pista forestal está en obras y nos ponemos de polvo hasta los ojos. Pero bueno, llegamos a un restaurante en Tábara junto a una gasolinera y aprovechamos para darle un rociado de agua a todo el equipaje y a las bicis. Comemos en el restaurante de carretera, junto a mogollón de camioneros, garantía de que aquí se come bien. Después de llenar el estómago nos echamos una siestecita a la sombra de la Iglesia de San Salvador. Retomamos la marcha a las 5 de la tarde, y nada más salir de Tábara nos perdemos en un maremágnum de pistas forestales. Las flechas amarillas no aparecen y andamos y desandamos varias rutas. Por fin, vemos a lo lejos que hay unas obras en unos caminos forestales y decidimos tirar por allí. Nos volvemos a llenar de polvo, y tenemos que atravesar algunas zanjas de canalización. Entre zarzales y rebollares llegamos a Bercianos de Valverde, también famoso por las bodegas excavadas en el suelo. Nosotros paramos a tomar una coca-cola refrescante y los propietarios del bar nos enseñan por donde sigue el camino.
Antonio saliendo de Tábara (Zamora)

Yo comienzo a tener molestias en la rodilla izquierda. Al principio no le doy importancia, pero luego me preocupo ya que no cesa el dolor y es parecido a la tendinitis. Hasta Antonio me supera en las subidas ¡Mal síntoma!. En Santa Croya de Tera paramos en un hipermercado a comprar la cena y el desayuno del día siguiente. A unos 2 kms de este pueblo, casi juntos se encuentra Santa Marta de Tera, donde decidimos pasar la noche. Lo primero que nos sorprende es la gran zona de baño que tienen en la ribera del río Tera. Son las 7 de la tarde y mi rodilla ya no aguanta más kilómetros, además llevamos ya 97 kms lo que ya es suficiente por hoy. Nos alojamos en un refugio que es la antigua casa de la cultura, hay moquetas y duchas calientes. Al menos nos podremos dar una reconfortante ducha y descansar aunque sea en las esterillas. En el refugio coincidimos con Manel y Serrat. Mi rodilla está bastante hinchada, busco hielo en un bar y si mañana está peor, a casita. Antes de cenar decidimos bajar a la ribera del Tera para descansar un rato. A mí me viene bien aplicarme el hielo y estar me un momento sentado y relajado frente al cauce del río. Cenamos una ensalada y unos bocatas que nos saben a gloria. El cura del pueblo nos sella la credencial y nos enseña la iglesia que tiene partes románicas y

Autor: Damián Rojas Gómez.

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partes visigodas, es muy bonita y destaca una imagen de Santiago Apostol que es una de las imágenes que aparecen en las credenciales del camino mozárabe y de la vía de la plata y que también apareció en monedas de 5 pts de las doradas, ya fuera de circulación con la llegada del Euro. Nos regala algunos durillos. Antonio polemiza con él diciendo que Santiago era un "buen elemento" y sobre la vida de algunos otros santos. El cura es bastante conservador pero es entrañable y sincero y te ríes con él. Tras dar un paseo por el pueblo y tomar un café en el bar "Stop" nos vamos a la esterilla a las 12,00. Hoy hemos recorrido 97 kms y ya veremos si mañana puedo continuar.

Arriba, frente a la Iglesia de Santa Marta de Tera, y abajo descansando junto a la ribera del Tera en Santa Marta de Tera (Zamora)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO III.- SANTA MARTA DE TERAPUEBLA DE SANABRIA: 78 Kms (21 de agosto)
Hemos dormido nada más que regular, las causas, un grupo de gamberretes del pueblo que con las motos a todo gas y dando escándalo, han estado en la puerta del refugio dando guerra, y en segundo lugar, lo duro del suelo, ya que además tampoco estábamos muy cansados y nos ha costado conciliar el sueño. Ha habido un momento en que he estado a punto de salir a decirles cuatro palabritas, pero me ha frenado Antonio. Serrat y Manel no parecen tener problema, puesto que han dormido en una dependencia interior. La rodilla parece que va mejor y en principio podré comenzar la etapa. Hemos desayunado a lo grande y a las 8,30 ya estábamos en ruta. Cruzamos Calzadilla de Tera y hacemos unas fotos en un puente sobre el Tera. En Olleros de Tera nos paramos a tomar un café en una casa particular donde una señora muy amable y un poco excéntrica nos prepara dos cafelitos y unos bollos. Su casa es alomodovariana, muy mal conservada, pero llena de flores exóticas que le envían desde Holanda. Los paisajes son maravillosos, el río Tera impresiona por lo ancho que es, pasamos por terrenos de alamedas y maizales. En Ríonegro del Puente descubrimos una iglesia muy bonita en la plaza del pueblo y como siempre estamos curioseando, subimos al campanario de una de las espadañas de la iglesia del cementerio. Paramos poco y comienzo a notar que la rodilla, aunque va a mejor, sigo teniendo molestias. Decidimos parar tranquilamente en Mombuey para desayunar y comprar en una farmacia antiinflamatorios. Mombuey destaca por su torre templaria del siglo XIII de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Mombuey tiene ajetreo turístico y ya van cambiando los tipos de construcciones, se asemeja más a los pueblos del norte. A partir de aquí, siempre por carretera se van sucediendo pequeñas aldeas, hasta que en San Salvador de Palazuelos nos desviamos siguiendo las indicaciones, vamos a parar a un bosque de robles, y a un laberinto de caminos, perdemos las flechas y al final nos perdemos nosotros, así que decidimos desandar lo andado. Al final hemos hecho 8 kms en balde, por una pista forestal llena de polvo. Menos mal que conseguimos llegar a Asturianos por carretera y en una barecito pequeño, familiar, nos metemos un menú del día muy reconstituyente. La siestecita de rigor nos la echamos a la sombra de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, que tiene unos nogales delante y que ofrecen frescor al peregrino. Que descanso tanto para nuestros traseros como para mi rodilla.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Decidimos continuar la marcha por la carretera a las 5, tras tomar el cafetito de constumbre. Bordeamos Palacios de Sanabria, donde paramos solamente para fotografiar su iglesia que está junto a la carretera, Remesal y Triufé, para llegar sobre las 6 y media a Puebla de Sanabria, lugar previsto para finalizar la etapa. Estamos bordeando Portugal, Bragança lo tenemos a unos 40 kms y hay muchos carteles indicadores en las carreteras que nos unen al país vecino. También nos encontramos cerca del famoso lago de Sanabria, el cual teníamos pensado visitar, pero llevamos en las piernas 78 kms y ya no tenemos más ganas de dar pedales.

Cruceiro del Camino en Palacios de Sanabria.

Castillo medieval de Puebla de Sanabria.

Puebla de Sanabria nos sorprende gratamente, no nos imaginábamos que era tan bonita, tan turística y lo más sorprendente que tuviera una zona de baño junto al río Tera, en la que la gente del pueblo, se arremolina como si fuera una playa. De hecho es una pequeña playa de arena entre los chopos de las alamedas. Impacientes, buscamos una pensión donde alojarnos, encontramos una, de precio moderado pero bien situada y limpia y acogedora. Damos un garbeo por el pueblo, compramos la cena y el desayuno y sin perder tiempo nos cambiamos y ¡¡¡al agua!!!. Qué momento más gratificante. El agua es muy clarita y apenas cubre. Ya es un poco tarde y está fresquita, pero nos recompone de cualquier cansancio. Ha sido de los mejores momentos hasta ahora de todos mis viajes. Cenamos una empanada gallega, se nota que ya estamos cerquita, y una ensalada. Por la noche salimos a dar una vuelta por el pueblo. A mí me recuerda mucho a los pueblos del Bierzo: casas de piedra, techos de pizarra y balcones de madera. Tiene además un castillo medieval, levantado en el s.- XV por Rodrigo Alonso Pimentel y que está

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restaurado y muy bien iluminado. La estructura del pueblo es similar a una fortaleza construía en alto, hay que subir unas escaleras excavadas la ladera del monte para llegar al castillo. Tomamos el café nocturno habitual en un restaurante de piedra, muy antiguo y que merece la pena visitar. Muy contentos de poder disfrutar de un pueblo tan bonito, nos vamos a dormir a las 12,00 para descansar y afrontar con garantías la dura etapa de mañana: con el Padornelo, la Canda y O Cañizo, tres puertos, con cierto grado de dureza. La rodilla ya parece que se ha recuperado del todo, de todas formas, no dejo de darme antiinflamatorios y de ponerme hielo.

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CAPÍTULO IV.- PUEBLA DE SANABRIA LAZA: 100 Kms (22 de agosto)
Hoy ha sido un placer poder descansar en una camita, con sábanas limpias, con fresquito nocturno y sin ruidos que nos molesten. Hoy el desayuno ha sido aún más fuerte que el de días anteriores: leche, zumos, fruta, yogures, bollería. Tenemos miedo a no poder afrontar los puertos del día, ya que además si todo va bien, queremos llegar a dormir a Laza, y este pueblo está a unos 95 kms según las guías. Nos ponemos en ruta a las 9,15 siempre por la carretera Nac- 525, pero por la antigua, no queremos coger en ningún momento la autovía, por lo que vamos sin apenas tráfico por carretera en buen estado. Al principio el trayecto es suave, aunque en ligera subida. Pasamos por Terroso, donde nos hacemos una foto en su cruceiro, Requejo un pueblo que ya parece gallego. Paramos en la iglesia a sellar y aquí es donde empieza verdaderamente el Puerto del Padornelo. Son 12 kms hasta llegar a la aldea de Padornelo, todavía en Zamora, pero de clara influencia gallega, de hecho hay algunas personas que hablan tanto castellano como gallego.

Antonio subiendo el Puerto del Padornelo

Yo, metido entre el bosque, cerca de Requejo.

La subida es dura, pero soportable, hemos decidido que cada uno que suba a su ritmo para ver cómo vamos de fuerzas. Tomo unos 200 metros de adelanto y voy viendo que Antonio sube bastante bien. Yo voy cómodo, pero en un momento dado, al llegar al primer túnel, decido parar para poder entrar juntos. Pongo en las alforjas una pequeña luz que señaliza nuestra presencia para evitar accidentes
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dentro del túnel. No hay apenas tráfico, la autovía lo ha absorbido todo, pero nunca está de más prevenir. Llegamos a Padornelo a las 11,00 y nos sorprende lo bonito que es. Está prácticamente deshabitado, nos cuenta un vecino que en invierno están unas 5 familias. Tras el primer puerto iniciamos una bajada vertiginosa atravesando Aciberos y Lubián, donde decidimos parar a tomar el almuerzo de media mañana. Lubián ya parece un pueblo montañés, se nota que por aquí debe nevar bastante en invierno.

Una de las aldeas más bonitas del Camino: Padornelo.

Lubián, uno de los últimos pueblos de Zamora y de los más bonitos.

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Curiosamente nos ponemos a hablar con un matrimonio a los vemos en la calle y nos preguntan que de donde somos, les decimos que somos de Mestanza y de Sonseca. La señora me dice que sus vecinos son de Sonseca, que se llaman Dori y Emilio José, les digo que si tienen un hijo muy alto que se llama Emilio y me lo confirman. Residen en Fuenlabrada aunque son de aquí y son los vecinos de los tíos de mi amigo Javi. El mundo, definitivamente es un pañuelo y las casualidades existen. Nos recomiendan que visitemos el Santuario de la Tuiza, a 2 kms de Lubián. Es muy majestuoso, pero la autovía lo rodea, lo que le hace perder parte de su encanto. Definitivamente aquí ya se habla gallego. Desde la Tuiza, comenzamos la ascensión al Portilla de A Canda, 5 kms de subida, más dura que el Padornelo, pero más corto. Atravesamos un túnel, esta vez la subida la hacemos juntos, es mejor ir relevándonos. Cuando salimos del túnel, ya estamos en GALICIA.

Paisajes tradicionales gallegos desde la cima del Puerto de la Canda

Ya son las 12,30 y comenzamos a tener hambre, pero decidimos que tras la bajada y con un esfuerzo de otros 20 kms llegaremos a La Gudiña para comer. Por la antigua carretera nacional dejamos a un lado pueblitos como Vilavella, O Pereiro y tras una pequeña subida al Alto de O Cañizo, llegamos a La Gudiña. Este municipio debe ser de los más grandes de la comarca, es un cruce de caminos, por la cantidad de camiones que se ven aparcados en numerosos restaurantes. El pueblo se sitúa paralelo a la carretera nacional y nosotros decidimos cruzarlo para decidir donde comer. Encontramos un restaurante de carretera con buena pinta y nos metemos dos churrascos de ternera, Antonio se machaca una botella de vino. Esta vez la siesta se convierte en resaca y a dormir la mona. Nos echamos en el cesped del puesto de la Cruz Roja de la localidad, a la sombra de unos setos. Realmente se está bien y somos capaces de dormir una hora.

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Hoy no hemos apurado el descanso y a las 4 ya estamos otra vez subidos en las "burras". Por cierto, la rodilla va fenomenal y parece que ya está recuperada del todo. Parece, pero no es así como veremos más adelante. Dejamos la carretera nacional en La Gudiña y tomamos una comarcal que transcurre por la cresta de una sierra. A ambos lados de la carretera se ven valles verdes impresionantes. El día se ha nublado un poco y le da frescor a la caminata. La verdad es que vamos a disfrutar como enanos en la tarde de hoy. Vamos por un carreterín de asfalto que une diferentes aldeítas que ni si quiera podemos afirmar que sean aldeas. Tienen el sobrenombre de "Venda": Venda do Espiño, Venda Teresa, Venda Capela y Venda Bolaño. Son como caseríos o las ventas machegas, de dos o tres familias, ya muy mayores que nos observan al pasar. A la derecha dejamos el Embalse de As Portas, del cual sólo vemos la cola del mismo. La carretera aunque es de sierra, no es dura, vamos a buen ritmo y aunque estamos en alto, todo el tiempo por encima de los 1000 metros de altitud, no hay ni un árbol a ambos lados de la carretera, pero sí que hay mucho heno, hierba, y al ser la cresta de la sierra, sopla un fuerte viento. Parece el "fin del mundo".

Una parada en la cresta de la sierra cerca de Venda do Espiño. De las jornadas que más hemos disfrutado a lo largo de todos los caminos

Estamos disfrutando del trayecto, pero también nos cansamos. Tras 22 kms de pedaleo, decidimos que hay que tomar un refresco. Paramos en Campobecerros, concretamente en la Peña Madridista, espero que no tenga efectos secundarios para los dos "culés" las cocacolas que nos tomamos. La gente del pueblo es muy maja y charlamos entretenidamente con ellos. A partir de aquí hay dos fuertes subidas, y tras pasar Porto Camba, dejamos el carreterín de asfalto para coger una pista forestal que nos llevará por una vertiginosa bajada entre precipicios y pinares a Laza. Son 12 kms de bajada por camino de tierra. En un momento llegamos a As Eiras, donde me paro a hacerme una fotografía en el interior del tronco de un castaño.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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En un tronco de castaño en As Eiras (Ourense)

Nos encontramos con unas vecinas que nos piden que le digamos a Manuel Fraga cuando lleguemos a Santiago de Compostela, que para cuando podrán estar comunicadas por carretera tanto con Verín como con Campobecerros. En esta aldea hay una zona de descanso de madera con muy buena pinta. Nosotros estamos deseando llegar a Laza, lo que hacemos a las 7 de la tarde. Hemos recorrido 100 kms. La etapa ha sido dura, pero Laza parece un pueblo muy acogedor, con un albergue prácticamente nuevecito, y donde coincidimos de nuevo a Manel y Serrat, nuestros compañeros catalanes. También se alojan unos ciclistas de Zaragoza, que tienen pensado llegar más tarde que nosotros a Santiago porque se quedan en Ourense para salir de fiesta.

Tras la ducha de rigor y hacer la colada, salimos a comprar por las tiendas del pueblo la cena. El pueblo es muy agradable, todo rodeado de verdor y de arbolado. Las construcciones son de madera y piedra y le dan un aire norteño encantador. La cena consiste en unos bocatas de jamón y queso y patés que nos metemos en el comedor del albergue. El albergue tiene documentación del Camino de Santiago y conversamos con los maños de nuestras aventuras anteriores. Ellos nos comentan que deberíamos haber subido al Lago de Sanabria porque merece mucho la pena. Después de cenar salimos como siempre a tomar el último café y lo hacemos en un bonito bar en la carretera. Hemos andando 100 kms, algunos más de lo que marcan las guías, pero callejear y algunos tramos que hemos desandado hacen que se vayan sumando metros en el recorrido y sobre todo en las piernas.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO V.- LAZA – OURENSE: 62 Kms (23 de agosto).
Hoy el día ha amanecido con niebla, es la primera vez que lo hace en este camino. La ropa no se ha secado, por lo que tendremos que llevarla colgada en los pulpos de las alforjas esperando a que el día aclare. Hemos buscado un hostal en Laza donde desayunar y comenzamos a andar a las 9,00. La primera "en la frente", nada más salir, en Soutelo Verde, a cuatro kms del inicio comienza la subida a un puerto de 9 kms, es la subida a la Sierra de la Alberguería. En las guías viene por camino, también muy dura, pero nosotros decidimos hacerlo por la carretera. Hace una mañana fresquita y da gusto andar en bici, el problema es que cada vez se va haciendo más dura la subida. Decido casi nada más comenzar a subir probar a ver que tal voy de forma y dejo a Antonio a bastante distancia. Parece que hoy no es su día. El puerto es muy bonito, ya que en continuos zigs-zags vas ganando altura. Se pueden ir contando los kms recorridos y se hace más entretenido. La niebla es tan espesa que tengo que ponerme las lentes naranjas en las gafas para visión en días nublados. Hoy vamos abrigados, especialmente en la parte de arriba. Sigo la subida y en un momento espero a ver si a Antonio le ocurre algo, le veo aparecer por una curva. Le llevo un kilómetro más o menos. Decido continuar hasta la cima y aquí paro a esperarle. Descubro a los compañeros maños que han hecho la subida por el sendero. Comentan que han tenido que hacer algunos tramos andando debido a lo impracticable que estaba. Me alegro de haber cogido la carretera, ya que además es comarcal y no pasa ni un alma, por lo que es tranquila y más fácil que el camino. No obstante, se puede calificar de dificultad media-alta.

Subida a la Alberguería, entre nieblas, en un puerto de 9 kms muy bonito.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Llegamos juntos a Alberguería, donde ni siquiera paramos y por un descenso a toda pastilla, llegamos a la primera parada de la jornada: Vilar de Barrio. Aquí, en un bar, volvemos a coincidir con Manel y Serrat, será la última vez que ya lo hagamos en toda la ruta. Charlamos un momento con ellos y nosotros nos quedamos en el bar tomando un buen café caliente para entrar en calor. Nos sellan la credencial en la gasolinera que hay junto al Bar y tras el pequeño descanso de media hora seguimos la ruta por camino. En Vilar de Barrio se empiezan a ver numerosos hórreos en los patios de las casas.

Entrando en una de las aldeas orensanas.

Monasterio Sª Maria la Real (Xunqueira Ambia)

El camino transcurre ahora por laberínticas pistas de tierra que unen innumerables aldeítas, de las que sólo recuerdo los nombres si consulto la guía: Bóveda, Gomareite, Bobadela, Padroso y Cima de Vila. En una de ellas, no recuerdo cual, paramos a charlar con un vecino, le indico que son muy originales los hórreos y me dice que me lo vende, que le pida precio que me lo llevo puesto. Parece que la economía tradicional está en crisis y que ya apenas se utilizan. De todas formas hemos transitado por terrenos llenos de pequeños huertos y algunas viñas. Antes de llegar a Xunqueira de Ambia, andamos por continuos subes y bajas entre bosques de helechos, se nota que hay mucha humedad, aunque la niebla ya ha levantado y comienzan a notarse los rigores del verano. En Bobadela cogemos la carretera y a los 5 kms llegamos a Xunqueira de Ambía, famosa localidad por contar con un Monasterio, el de Santa María la Real. Llegamos a la plaza del pueblo a las 12,30 y sellamos la credencial en la biblioteca.

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La bibliotecaria nos da unos planos con los perfiles que nos faltan para llegar a Santiago. También nos hace una pequeña encuesta. Descansamos en el cruceiro junto al Monasterio, al cual no accedemos porque no tenemos tiempo. Llenamos los bidones en una fuente y tras preguntar la carretera que lleva a Ourense, nos ponemos enseguida en marcha. Nada más salir de Xunqueira, de nuevo comienzo a notar molestias en la rodilla. Llevaba dos días perfectos y hoy he vuelto a notar los mismos dolores que en la primera jornada. Ya si que tengo que intentar llegar a Santiago como sea. El camino por carretera es precioso, suaves repechos entre bosques de robles y mimosas y continuas aldeas que vamos dejando atrás: Salgueiros, Gaspar de Lamela, Ousende, A Neta, Venda do Río, Pereiras, A Castellana, etc. La rodilla cada vez me duele más, menos mal que no son subidas duras, pero estoy pasándolo bastante mal. En un bar en la carretera, a unos 10 kms aproximadamente de Ourense le digo a Antonio que ya no puedo más y paramos a darme la pomada, pedir hielo y tomarnos unas cervezas. Aquí nos pasó una anécdota un poco desagradable. El propietario del bar, un chico joven al que apenas entendíamos con su gallego tan cerrado, nos pide que le ayudemos a descolgar a su perro que se le había quedado colgado de una valla en la parte de detrás del bar y se había muerto. El perro es un pastor de los Pirineos precioso, de color blanco. Soy yo quien se lo bajo y parece que ha sufrido mucho ya que tiene húmedo el pelo debido al sudor de haber intentado descolgarse. Llegamos a Ourense entre camiones por un Polígono Industrial por Seixalbo. Son casi las 2 de la tarde y aún no hemos comido. El tráfico es un poco agobiante, pero pronto llegamos al casco viejo. Llegamos al albergue y comprobamos que tiene una pinta muy desagradable. Además en él no te dejan llegar a la hora que quieras y te advierten de que ha habido robos y que no se hacen responsables. En la subida al albergue veo a dos peregrinas que van andando que me suena su cara, se lo digo a Antonio, "esas dos chicas creo que son de Sonseca". Una vez que bajamos del albergue las vuelvo a encontrar y, efectivamente, se trata de Yayo y Paqui, dos chicas sonsecanas que vienen haciendo el camino andando, pero con un coche de apoyo. Decidimos comer antes de buscar alojamiento. Hoy vamos a comer en un restaurante de comida rápida unas baguettes y una ensalada, creo que cada vez nos vamos volviendo menos exigentes con la comida y hasta nos atrevemos con la "comida basura", en fin, espero que en Santiago al menos nos comamos una buena mariscada. Encontramos un hotel modesto pero céntrico y a buen precio y en el que nos dejan meter las bicis. Hoy también dormiremos en cama, con sábanas limpias y también tenemos hasta nuestra propia TV. Hemos planificado el día para tras la siesta de rigor, visitar Ourense, ya que es una ciudad grande y creo que merece la pena verla. Durante la siesta me vuelvo a dar hielo y el famoso "fastum gel", que me dejan la rodilla fría y noto alivio. Veremos a ver que tal mañana, ya que solo quedan dos etapas para llegar a Santiago. Visitamos el casco antiguo, la catedral, el puente sobre el río Miño. Nos sorprende la gran cantidad de puentes que tiene la ciudad. Es una ciudad de unos

Autor: Damián Rojas Gómez.

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200.000 habitantes y muy extensa. Visitamos un centro comercial y decidimos entrar en el cine a ver una americanada: "Windtalkers", con Nicolas Cage. La cena la hacemos en el hotel, de picnic, como habitualmente, ya que hemos comprobado que cenamos a nuestro gusto, no se pasa hambre y encima es más barata. Por la noche damos un paseo por la ciudad, que tiene un gran ambiente. En la plaza del Ayuntamiento, un grupo de música pachanguero llamado "Ráfaga" está dando una especie de verbena. Nosotros nos vamos a una terraza al aire libre y tomamos el café de costumbre. Sentado en la terraza, veo a Oscar, un chico de Villaminaya que está de vacaciones con su novia que es sonsecana. Decididamente el mundo es un pañuelo, como he vuelto a comprobar. Nos saludamos y nos cuentan que han estado recorriendo Galicia y parte del Norte, ya les queda solamente un día y se vuelven para la Mancha. Tras dar un agradable paseo hasta el hotel, nos vamos a dormir a las doce, para descansar en nuestras camitas, de p… madre.

Puente sobre el Río Miño en la ciudad de Ourense.

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CAPITULO VI.- OURENSE – BANDEIRA: 81 Kms (24 de agosto).
Desayunamos en el hotel y tras pagar, nos ponemos en marcha tempranito, sobre las 9 de la mañana. Hoy hace calor y la salida de Ourense no es fácil. Cruzamos el Miño por el puente Romano por la Avenida del Progreso y en un momento dado nos equivocamos de carretera, sobre todo despistados por la estación de ferrocarril. A partir de Ourense hay dos posibilidades de ruta: una que va por Tamallancos, menos dura y un poco más corta y la otra que va Amoeiro, muy dura al principio y que tiene algún kilómetro más. Nosotros nos decidimos por la segunda y nada más salir de Ourense comprobamos que, efectivamente es dura, tiene la famosa Costiña de Canedo, que es una rampa asfaltada de dos kilómetros aproximadamente, pero que andará en torno al 20 % de desnivel máximo. Decido hacerme el "hombrecito" y la cojo con fuerza. Antonio se queda unos metros detrás, sufriendo pero a su ritmo. A falta de unos 400 metros para el final y tras ir dando bandazos de lado a lado no tengo más remedio que poner pie a tierra, momento que también aprovecha Antonio, luego me dijo que no se bajó antes porque le daba vergüenza. En la cima da Costa cogemos un camino de tierra por el que comenzamos a dejar atrás algunas aldeas pequeñitas, entre huertos, bosques de tejos, chopos, rebollos, etc: Canedo, Cachasúas, Liñares, Reguengo y Mandrás. Aquí hacemos una parada para hacernos unas fotos en un puente medieval precioso que hay en la entrada del pueblo. Es un pueblo muy pequeño pero acogedor y que destaca por lo floridos que tienen los balcones los vecinos y por el entorno tan agradable regado por el río Barbantiño. Aquí termina lo bueno de la etapa de hoy, por lo menos en lo que a la mañana hace referencia. Mi rodilla comienza a dar algún problema de nuevo, sobre todo en los tramos bacheados del camino que comienzan a ser muchos, aparecen los temidos "dientes de perro" que hacen que la suspensión de la bici continuamente ande trabajando y la rodilla también se resiente. Son tramos de subidas pequeñas pero llenos de piedras que hacen que nos tengamos que bajar, pero esto no es nada con lo que nos quedará que pasar hoy. De todas formas los bosques son frondosos y muy agradables de recorrer en bicicleta, como muestra la imagen: rebollares, castaños, robles, carballos, etc.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Llegamos a Cea, municipio famoso por el pan de leña que se hace aquí. Paramos en el albergue, el cual, curiosamente está abierto sin nadie que lo regente. Sellamos la credencial y cotilleamos quien ha pasado la noche anterior, y nos sorprende comprobar que Manel y Serrat nos lleven tanta ventaja. Son buenos ciclistas. También se han alojado Paqui y Yayo, y han mentido en la lista de alberguistas: no tienen 27 años, sino 32 cada una, pero bueno, ese es un secreto que sólo sé yo. En Cea paramos en una pequeña taberna a tomarnos unas coca-colas, vuelvo a ponerme un poco de hielo y parece que voy a poder continuar. Los nativos hablar su gallego particular y no les cogemos apenas nada.

Albergue de peregrinos de Cea, muy bonito y confortable.

Seguimos la ruta y de nuevo por tramos casi impracticables, aunque debo reconocer que paisajes maravillosos, llegamos a Pieles y a 2 kms de aquí una carretera comarcal nos lleva hasta el Monasterio de Oseira. Es una bajada trepidante en la que Antonio a punto está de tener un accidente. Una de las tiras de sujección de las alforjas se le soltó y las alforjas se le metieron en los radios, menos mal que reaccionó a tiempo, puesto que la bajada era a unos 60 por hora.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Este monasterio es punto de parada obligatoria para los peregrinos del camino Mozárabe. Este edificio fue abandonado durante la desamortización de Mendizábal, y casi en ruinas, lo recuperan los monjes de la Orden del Císter a principios del s.- XX. Está metido en un valle y cuenta con grandes dependencias: claustros, iglesia, etc. Decidimos no pasar, a Antonio le da mal fario, no parece gustarle porque dice que está mercantilizado, hay muchos turistas que vienen en sus coches. Yo no me resisto a hacer una foto del interior de la iglesia, es de estilo gótico, aunque se comenzó a construir en el s.- XII. La salida de Oseira es complicadísima. Como hemos bajado al valle, ahora hay que subir y las únicas salidas son sendas estrechísimas por laderas de piedras. No podemos subirnos en las bicis, por lo que nos tiramos una hora andando y empujando las burras. Avanzamos un par de kilómetros y por fin en la subida, tras deliberar lo más conveniente: o seguir sufriendo por las sendas que marcan las flechas o coger alguna de las carreteras comarcales que forman un laberinto e intentar salir a la carretera principal. Decidimos esta segunda opción, ya que además comenzamos a tener un hambre de la leche.

Paisajes próximos a Gouxa (Ourense)

Llegamos por carretera a un caserío donde unos vecinos nos indican la ruta a seguir hasta Gouxa. Antes tenemos que hacer algunos tramos duros de subida, pero al fin, llegamos a esta aldea. Buscamos un bar y como agua de mayo nos metemos: dos heinekens, una ración de queso y Antonio compra un fortuna, y nos cobran ¡¡¡ 4 euros !!!, charlamos un rato con los aldeanos, comparamos nuestra tierra seca con la suya, uno de ellos dice que una vez vino a Extremadura, como si fuera de donde veníamos. A uno de ellos, a todo le decíamos que sí, ya que aunque no le entendíamos, ponía mucha ilusión y simpatía en la charla. Creo que además fue él quien nos invitó a la ración de queso, ya que era enorme y creo que todo valía más de 4 euros.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Saciado el hambre, y por carretera nacional, llegamos a Castro Dozón, donde fijamos el punto de la comida. Encontramos un restaurante, muy bonito, amplio, y limpio. Además está la piscina municipal. Allí encontramos a mis paisanas peregrinas Paqui, Yayo y el novio de la primera, Jose Manuel, que es el conductor y nos cuentan que en algunos tramos se suben al coche para descansar y avanzar unos pocos kilómetros. Nos metemos una suculenta comida y a precio de peregrino, o sea barata. Comemos pasta y carne. Luego nos echamos la siesta, y llamamos a Lucía para charlar con ella, además yo envío un mensaje a mi primo Alfredo. Ya por la tarde, hemos decidido continuar por la nacional 525 aunque sea a costa de perder tranquilidad, pero ya que la rodilla va bien y tras la mala experiencia de la mañana, hemos optado por esta opción. Subimos el Alto de Santo Domingo, bastante suave y llegamos a Lalín. No llegamos a meternos en la ciudad, ya que tenemos ganas de llegar pronto al lugar de destino. Preguntamos a un conductor si la nacional lleva hasta Silleda y Bandeira y nos lo confirma. Reanudamos la marcha por la nacional y vamos dejando a un lado innumerables aldeas: Donsión, Laxe, Prado, Ponte, Taboada. Aquí hacemos unas fotos preciosas, todo verde, lleno de pastos, huertos con los famosos grelos, patatas, etc. Destaca la iglesia románica de Santiago de Taboada y su cruceiro, junto a la carretera.

Puente en Taboada (Ourense)

Llegamos a Silleda, que es un importante pueblo ganadero. En la misma carretera descubrimos un bar donde tomamos unas coca-colas. Son las 7 de la tarde y ya tenemos que ir pensando en buscar un alojamiento. En Bandeira, a unos 7 kms de donde nos encontramos, parece que hay refugio en el pabellón. Decidimos que este será el final de etapa. Cuando estamos tomando la coca-cola, llegan unos moteros en sus máquinas, me comparo con ellos y me digo, voy más cansado y

Autor: Damián Rojas Gómez.

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encima las tías que llevan están de "pan y moja", pero llego a la conclusión que es más gratificante trabajar por conseguir algo y yo ya tengo a mi Sonia esperándome en la Mancha y de la que me acuerdo, especialmente por las noches cuando ya me voy a dormir. De todas formas, hablamos casi todos los días y las distancias son menos con la nueva telefonía móvil. Tras esta reflexión sentimental, recupero el hilo de la aventura. Salimos por la misma nacional hacia Bandeira. Antes pasamos por San Fiz que queda a un lado y por fin nuestro último lugar de pernocta antes de llegar a Santiago: Bandeira. En Bandeira, el refugio está en el pabellón municipal, pero para conseguir las llaves tenemos que ir a la sede de Protección Civil que se encarga de la atención al peregrino, allí nos sellan la credencial y nos dan las llaves del pabellón. Justo al lado de la sede, hay una tienda de comestibles, donde compramos la cena. Una vez en el pabellón, encontramos a una chica joven que está patinando sobre ruedas. Nos instalamos en unos bancos y nos damos una reconfortante ducha. Las luces que damos son las justas para evitar mucho gasto. Parece que vamos a ser los únicos en dormir hoy aquí. Tras la cena en el amplio "comedor" que supone cenar los dos solos en un pabellón, salimos a tomar algo en algún bar ya que hoy es sábado y apetece tomar una copa. Dando un paseo por el pueblo descubrimos al sacerdote de la localidad, Don José Espiño, todo un personaje, el cual es un estudioso del camino y con el que charlamos un ratito. Luego encontramos un pub y tomamos un refresco yo y un bourbon Antonio. Ya veremos como llega mañana a Santiago. Nos vamos a dormir sobre la esterilla, en medio de la cancha, ya que es el lugar más limpio. Al principio da un poco de repelús un lugar tan grande y oscuro, pero el cansancio puede más que cualquier temor infundado. Hemos avanzado 81 kms, estamos en la provincia de Pontevedra y ¡YA SÓLO NOS QUEDAN 35 KMS PARA LLEGAR A SANTIAGO!.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPITULO VII.- BANDEIRA – SANTIAGO DE COMPOSTELA: 36 Kms. (25 de agosto).
Yo he dormido a pierna suelta, Antonio no tanto ya que unos grajos no han dejado de graznar en toda la noche y no le dejaban dormir. El desayuno lo hacemos en un hostal a la salida de Bandeira, regentado por un matrimonio de ancianetes que nos preparan unas tostadas, zumo, café y mermelada. El trayecto es suave y cómodo. Hemos decidido hacer los últimos kilómetros por el itinerario que marca la guía, o sea por camino. Alternamos caminos, pistas forestales y carreterines asfaltados. Los paisajes son preciosos, campos verdes, praderas de hierba, pequeños huertos, algunos bosques de castaños y de robledales.

Paisajes mañaneros en las proximidades a Santiago de Compostela.

Vamos pasando varias aldeas: Piñeiro, Besteiro, San Martín de Dornelas y San Miguel de Castro, famoso por la afición de los vecinos a cuidar de las hortensias, que son preciosas y las hago unas fotos. Llegamos a Puente de Ulla ya en A CORUÑA sobre las 10 de la mañana, destaca el elevado viaducto sobre el río Ulla. Es día de mercado y las pulpeiras están preparando las tablas de pulpo a feira en la plaza. Que pena que sea tan pronto, si fuera más tarde, le hincábamos el diente a alguna buena ración como las que se sirven en Melide (Lugo), en el camino francés. Comenzamos a subir y bajar pequeñas lomas. Cruzamos las pequeñas aldeas como Outeiro, Rubial, Lestedo con su puente medieval, Susana, etc. Aquí abundan las parras y algunas suponen sombraje para el peregrino. Aprovechamos para hacer algunas fotos. Y por fin en Angrois, ya se ve la catedral de Santiago. Nos quedan 5 kms pero apretamos los dientes y le metemos caña a las bicis para llegar lo antes

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posible. Son las 11 de la mañana. Hemos hecho 36 kms en dos horas, se nota que tenemos ganas de llegar.

Antonio disfrutando de la mañana.

Yo, bajando a toda pastilla entre parrales

Puente medieval cerca de San Miguel de Castro.

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Estas hortensias tan bonitas las encontramos en San Miguel de Castro.

Desde Angrois comenzamos a ver la catedral de Santiago de Compostela. Sólo nos faltan 5 kms.

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CAPITULO VIII.- SANTIAGO DE COMPOSTELA. Fin del Camino Sanabrés.
La entrada por la Vía de la Plata está muy mal señalizada y tenemos que llegar entre los coches, pero por fin estamos en el Obradoiro. A diferencia del año 1999, año Xacobeo, aunque hay ambiente no es excesivamente agobiante. Me gusta más que en aquella ocasión ya que además en la parte de detrás de la catedral, en la Plaza de Quintana hay un mercadillo medieval. Nada más llegar, lo primero que hacemos es sentarnos en los soportales del Ayuntamiento. Nos hacemos una foto en las que se nota el cansancio acumulado.

Los dos peregrinos descansando en los soportales de la Plaza del Obradoiro

Recogemos la compostela, aunque Antonio afirma que el de religiosidad y espiritualidad nada de nada, que él lo hace por cultura y deporte y le dan otro tipo de certificado. A mí si me hace ilusión que me den mi segunda compostela, que espero no sea la última. Buscamos la forma de volver a casita y vamos a la estación de autobuses, hay malas combinaciones y además no quedan plazas, por lo que nos informamos de la compañía de alquiler de vehículos Atesa y vemos que probablemente sea más cómodo y barato poder volver hasta Madrid, pero tenemos que hacer noche en Santiago. Casi lo prefiero, porque en 1999, fue llegar, comer y volvernos, sin apenas poder ver nada. Esta vez nos lo tomaremos con más tranquilidad y podré disfrutar de la ciudad. Comemos en la estación de autobuses, con nuestras cervezas de rigor. Encontramos un alojamiento en una pensión, a precio de peregrino y que está en el trayecto entre el casco viejo y la estación de autobuses. Aprovechamos la tarde para, ducharnos, descansar un momento, leer la prensa dominical y dar tranquilos

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paseos por Santiago, darnos el placer de un café como Señores en el Parador Reyes Católicos, frente a la catedral.

Fotografía nocturna en la Plaza del Obradorio.

Fachada de la catedral desde el Parador Reyes Católicos

También visitamos el Pórtico de la Gloria, y el interior de la catedral, pero ni me doy el coscorrón, ni abrazo al Santo. Creo que esto es un poco parafernalia para peregrinos y turistas. El camino ya está hecho y creo que el abrazo nos lo hemos merecido todos los días. Un abrazo con nosotros mismo que es lo más importante. En estos momentos te acuerdas de la gente a la que más quieres, de la familia, de Sonia, de mi primo Alfredo, de mis amigos, y de los que tenemos en común Antonio y yo: las dos Julias, Lucía, Lola, etc. Te acuerdas porque te gustaría que se dieran el placer de compartir estos momentos con nosotros. Creo que tras un esfuerzo recompensado con la llegada, con los paisajes y las aventuras, merece la pena haberlo hecho. Por la noche, y ya cansados de dar vueltas, nos atrevemos con una mariscada, la cual no somos capaces de comernos entera, pero que nos sienta de maravilla. Luego acabamos en una taberna celta, llena de "guiris" tomando un café y Antonio un Jack Daniels. Mañana tenemos que madrugar para alquilar el coche, por lo que aunque nos gustaría seguir la fiesta que llevan los "guiris", nos vamos a dormir sobre las 12 de la noche. Nos acostamos con la satisfacción del deber cumplido. Mañana a casita.

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EPÍLOGO: De vuelta a casa.
Como ya os he comentado, alquilamos un Peugeot 307 para volver a Madrid. Le toda todo el viaje a Antonio porque es el único que se ha traído carnet de conducir. Pasamos por el Bierzo, por la maragatería, nos acordamos de Carlitos a la altura del río Órbigo y de Astorga. Paramos en Toro para comer y ya notamos que llegamos de nuevo a la Meseta. Llegamos a Madrid sobre las 6 de la tarde. En estos últimos tramos traigo yo el coche, ya que buscamos la estación de Chamartín y conozco el recorrido. Por fin embarcamos en el tren de vuelta a Toledo, hacemos las últimas fotos. En Toledo nos volverá a recoger mi hermana en la furgoneta.

De nuevo, al igual que en viajes anteriores, la aventura ha merecido la pena y esperemos que no sea la última. Aún quedan rutas por descubrir, entre ellas hay dos que me están haciendo tilín, que son el Camino del Norte por la variante Primitiva y el Portugués desde Oporto… pero bueno, eso será otra historia. Nos hemos acordado mucho de Alfredo, de Esther, y de nuestro compañero del pasado año, Carlitos, cuánto hubiera disfrutado con la entrada a Galicia. Creo que entre todos hubiéramos formado un gran pelotón. Probablemente éste haya sido el viaje más duro, pero a la vez el más gratificante por la belleza del recorrido, el gran tiempo que nos ha hecho y haber atravesado 4 provincias: Zamora, Ourense, Pontevedra y A Coruña. Cada vez son menos los rincones que nos quedan por descubrir. Para los que lean este diario y cómo dicen los peregrinos que buscan los Campos de las Estrellas (Compostela), me despido hasta la próxima con el saludo típico:

ULTREIA.

En el tren de vuelta entre Madrid y Toledo

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EL CAMINO DEL NORTE PRIMITIVO
Santander – Santiago de Compostela

(2004)
Del 7 al 14 de Agosto de 2004
Autor: Damián Rojas Gómez.

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PRÓLOGO:
El hecho de embarcarnos en esta nueva aventura, quizás la más ambiciosa por el número de kilómetros y las barreras geográficas que conlleva, es en parte una asignatura pendiente desde el pasado año 2003. La experiencia del Camino Mozárabe que hicimos en 2002, que había sido hasta ahora la mejor experiencia rutera en bici de montaña, nos había abierto el apetito de hacer nuevas aventuras montañosas hacia Santiago y continuar conociendo los diferentes itinerarios xacobeos. En el año 2003, durante el verano no pudimos llevar a cabo este proyecto debido a que mis problemas de hemorroides se recrudecieron a principios de año y el 19 de mayo tuve que ser intervenido quirúrgicamente. El riesgo de hacer una ruta tan larga y dura estando tan reciente la operación hizo que la pospusiéramos, teniendo incluso preparado credenciales y rutas elaboradas por internet, puesto que entonces no había nada publicado respecto al Camino del Norte. Mi compañero de fatigas y yo, ideamos hacer el Camino Portugués en el mes de octubre, también estuve preparando las guías que pude obtener de internet, y llegado el momento tampoco pudimos hacerlo, ya que las únicas fechas que teníamos eran a finales de octubre, y el mal tiempo hizo que lo tuviéramos que dejar. Desde entonces no he hecho más que darle vueltas al Camino del Norte, y por fin este verano lo hemos podido llevar a cabo. Además en primavera se han publicado dos Guías del Camino, una de un particular que lo ha trabajado durante tiempo y otra de El País Aguilar que fue la que nosotros adquirimos y que nos ha servido de libro de cabecera durante varios meses, estudiando los perfiles, los itinerarios, albergues, etc, aunque luego es la carretera, el camino y el tiempo el que marca sus órdenes y sus propias distancias. El origen del Camino del Norte ha sido muy discutido con respecto al más tradicional Camino Francés, especialmente en lo que respecta a cual fue utilizado por primera vez. El nombre de "primitivo" y el hecho de que a finales del siglo IX la península aún no hubiera sido reconquistada, haría pensar que fue el primero en utilizarse para peregrinaciones a Santiago una vez descubierta la tumba del apóstol. Los historiadores, no obstante, han llegado a la conclusión de que este camino es de uso más tardío que el francés. De todas formas ¿qué más da?, existen tantos caminos a Santiago como personas lo quieran hacer e itinerarios elegidos. Tras varios años estudiando el camino, he recibido información de otros caminos menos conocidos como El Camino de Madrid, el Camino Aragonés, el Camino de

Alicante, la Ruta de la Lana, el Camino Inglés, etc.

Lo que a nosotros nos atraía de este itinerario es la oportunidad de recorrer la costa cantábrica desde Santander para después atravesar la comunidad más verde de España: Asturias, de lado a lado, desde Colombres a Grandas de Salime, para entrar a Galicia por Fonsagrada y Lugo. Viendo el perfil sabíamos que hacer los 533 kms de la guía en 7 días, con los puertos de montaña que había que superar, iba a exigirnos un esfuerzo extra, pero ilusionados decidimos tirar para adelante.
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Como en aventuras anteriores, Antonio, mi fiel amigo, sigue siendo mi compañero de aventura, este año dice estar menos preparado, pero luego se verá que con los años va cogiendo fondo y ya no le asusta superar los 100 kms de jornada, aunque se quede en algunos puertos. Tampoco yo he andado sobrado, pero he ido de menos a más, sin ningún problema físico, aunque ciertamente he pasado algún momento "crítico", especialmente en la segunda jornada.

Paisajes asturianos camino de Tineo. El color verde era uno de los atractivos de nuestro viaje.

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CAPÍTULO I.- SONSECA - SANTANDER (7 de agosto).
Para este viaje hemos decidido cambiar de medio de llegada al origen. Si en anteriores aventuras utilizábamos el tren, en esta hemos elegido un vehículo alquilado en Toledo a través de una empresa de alquiler, Hertz, (al final nos arrepentiremos de elegir esta modalidad como ya explicaré). Nos ponemos en camino para el Norte a las 12 de la mañana con la idea de llegar al aeropuerto de Santander sobre las 6 y pillar alojamiento en el albergue lo que facilitaría poder conocer mejor la ciudad. Este era el plan, pero como ya veremos los planes prefijados es mejor no hacerlos a veces, ya que no sale todo como uno espera. Encontramos tráfico lento a la salida de Madrid hasta el puerto de Somosierra. Paramos en Aranda de Duero a comernos unos deliciosos bocadillos que mi mujer Sonia nos ha preparado con todo el cariño. Hemos parado en la vía de servicio Tudanca, una de las más transitadas y frecuentadas de España. De hecho, está llena de gente. Tras descansar durante un rato, nos ponemos en marcha. La autovía finaliza y seguimos por carreteras nacionales, no en muy buen estado, pero con muy poco tráfico. Llegamos a Santander sobre la hora prevista, las 6 de la tarde. Antonio viene un poco enfermo, todo el tiempo tosiendo y con congestión nasal, yo le digo que ya empieza a poner excusas, o a lo mejor son los 41 "tacos". Tenemos que dejar el coche alquilado en el aeropuerto que está a unos 6 kms de la ciudad y tras la revisión del vehículo y facturarnos, montamos las bicis, el equipaje y tras poner el cuentakilómetros a cero nos ponemos a dar las primeras pedaladas.

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CAPÍTULO II.- SANTANDER – ASTILLERO (GUARNIZO): 18 Kms (7 de Agosto).
Comenzamos a dar pedales por un carril bici muy agradable que sale del aeropuerto. Pensamos entre nosotros que ojalá fuera así hasta Santiago. La alegría dura poco, justo hasta un Polígono Industrial que nos hace entrar en la Autovía que une Santander con Bilbao. Tras recorrer el puerto marítimo por las calles de Santander con los coches rozándonos continuamente, pronto encontramos el albergue que se encuentra al lado de la Plaza del Ayuntamiento. La primera sorpresa la tenemos aquí, el hospitalero nos indica que está lleno y que el más cercano está en Astillero, una localidad que a nosotros no nos viene en la guía, pero que para colmo está 5 kms más alejados del aeropuerto en dirección a Bilbao. Otra vez a desandar el camino y encima tenemos que ir por Autovía. Nos informamos primero si será fácil mañana retomar el Camino tradicional de la Costa, parece ser que es fácil siguiendo unos carreterines asfaltados que unen varias aldeítas como Peñacastillo, Bezana, etc. Andar en bicicleta por la autovía acojona un poco, y más teniendo en cuenta que nosotros, (mal hecho), hemos desoído las recomendaciones de llevar el casco y reflectantes que informen de nuestra presencia. Pronto llegamos a Astillero, aunque nos cuesta encontrar el albergue, puesto que se encuentra en una aldea contigua que es Guarnizo. En total hemos recorrido hoy 18 kms. El albergue se encuentra en buen estado, aunque el hospitalero está un poco chiflado. Cuando ve que vamos a hacer el Camino Primitivo por el Interior se echa las manos a la cabeza como diciendo "os vais a enterar". A unos alemanes les pone pegas por no llevar la credencial, cuando es evidente que vienen caminando desde Irún. Nosotros nos instalamos en una habitación que tiene una sola litera y desde el primer día montamos el tendedero con los "pulpos" de la bici, ya que yo ya he hecho mi primera colada. Salimos a cenar al Puerto de Astillero, nos hacemos unas fotos en un parque muy bonito que rodea el paseo marítimo y cenamos en una freiduría de pescado: rabas de calamar, albóndigas de bacalao y aritos de cebolla, está todo exquisito, especialmente las rabas y además a buen precio. Tras tomarnos la cervecita de rigor, nos vamos al albergue puesto que mañana es cuando de verdad comienza la aventura.
Junto al Puerto de Astillero (Cantabria)

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CAPÍTULO III.- GUARNIZO – COLOMBRES: 95 Kms (8 de agosto)
Hemos dormido de tirón, aunque no estábamos cansados pero no había ruidos y los colchones estaban en buen estado. No tenemos nada para desayunar ni hay bares cercanos al albergue. Es domingo, por lo que decidimos salir a pedalear y desayunar por el camino. Pronto comenzamos a pasear por carreterines de asfalto que bordean la autovía, hasta que en Camargo, aún fuera de la ruta, paramos en un bar a preguntar y desayunar. Es un bar-tienda para todo, muy común por estas tierras. Es muy curioso la forma de diseminación de casitas en Cantabria, miras la ladera de la montaña y es una sucesión continua de casitas y aldeas, no sabes dónde termina una y dónde comienza otra. El bar lo regente Kuka, una señora de unos 80 años que nos prepara dos buenos cafés con leche y unos donuts. Aquí conocemos a un chaval de unos 11 años, Alfonso, cuyos padres tienen un hotel en Camargo y que en bicicleta nos llevará para buscar el verdadero camino. Con Alfonso salimos de Camargo por una cantera y nos deja en Igollo, localidad muy próxima a Santa Cruz de Bezana, primera localidad que ya viene en nuestra guía. Respiramos tranquilos, por fin hemos encontrado el Camino del Norte. En Bezana sellamos la credencial en el estanco que está frente a la Iglesia, donde hacemos fotos. Como es domingo nos encontramos con numerosos grupos de ciclistas que van por las nacionales. Debe haber mucha afición por aquí, estamos en la patria de Oscar Freire, muy cerca de Torrelavega. Seguimos por Boo de Piélagos y llegamos a la ría de Mogro. No existen puentes, aunque hay pequeños embarcaderos para cruzar las rías sin necesidad de tener que bordearlas. Nosotros tenemos que casi volver sobre nuestros pasos para bordearla por Puente de Arce, pero el paisaje merece la pena. La marea está baja y deja entrever el fondo de la ría. En Puente de Arce existe un puente medieval justo enfrente del puente nuevo por donde se accede el municipio. Durante bastante tiempo vamos alternando camino y carretera: Mogro, Requejada, Camplengo y por fin Santillana del Mar. Yo no voy como me gustaría, sufro en las subidas, Antonio me dice que ya son los casi 32 años que tengo. Me hiere el amor propio, pero le digo que en Asturias ya veremos.

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Puente de Arce. Paisaje tradicional de Cantabria.

uno de los más bonitos de España. A mí me dejó un poco sorprendido por el bullicio de gente, al ser vacaciones y encima domingo. Hubo un momento en que me llegué a agobiar. Destaca la Colegiata románica a la que hacemos unas fotos. Parece un pueblo de decorado de película, porque no se ve a ningún nativo de la localidad. Nos tomamos una cerveza con un pincho de tortilla y retomamos el camino, en este caso ya siempre por la Comarcal 131, la cual tiene mucho tráfico de gente que va a las playas.

Santillana del Mar tiene fama de ser el pueblo más bonito de Cantabria y

Santillana del Mar

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Los dos peregrinos por las calles de Santillana del Mar.

Pasamos por Oreña donde subimos hasta la Iglesia de San Pedro de Oreña dónde están dando misa. Conocemos a una peregrina que viene sola, es de Madrid y tiene la intención de llegar sólo a Oviedo. También hablamos con una señora que es de Baños de Montemayor (Cáceres), le decimos que su pueblo lo recorrimos en 2001 durante la Vía de la Plata y que nos gustó mucho. En Cóbreces, no paramos porque Antonio dice que mejor paramos en Comillas. Amenaza lluvia, y la verdad, aunque Cóbreces tiene muy buena pinta, nos da un poco de miedo el cielo.

Alrededores de Oreña.

Playa de Comillas.

En Comillas llegamos a la primera línea de playa. Esta localidad fue destino de veraneo de la alta sociedad y la realeza en el siglo XIX y principios del XX. Destaca por las grandes villas de indianos, emigrantes que marcharon a hacer fortuna a América y que cuando la hicieron decidieron volver a sus orígenes edificando magníficas casas de estilo palaciego. La playa está llena de gente, son las 2 del mediodía, y nosotros decidimos que por lo menos nos mojaremos los pies

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en el Cantábrico. No hace día de baño, hace fresco y el agua está muy fría, aún así algunos bañistas se atreven. Comemos un menú del día en un bar cercano a la playa y en un césped, "estratégicamente situado" para nosotros echamos una buena siestecita. Hay momentos en los que llovizna un poco, pero nosotros seguimos descansando. Sobre las 5 de la tarde nos ponemos de nuevo en marcha. Pasamos por la fachada de la Universidad Pontificia, vemos a lo lejos el Capricho de Gaudí y el Palacio de los Sobrellano. Decidimos continuar por carretera hasta salir de Cantabria. El tráfico parece que disminuye, puesto que las zonas más concurridas de esta carretera son los aledaños de la Autovía, con coches que se incorporan o salen de la misma. Nos permite andar bien por el arcén sin mucha complicación y para las bicis es mejor que andar por caminos. Bordeamos de nuevo la Ría de Rabia y a las 6 de la tarde llegamos a San Vicente de la Barquera. Curiosamente en el día de ayer sábado, ETA ha puesto una bomba en un piso cercano a la ría de San Vicente. Para llegar a San Vicente hay una buena bajada y hay que cruzar un puente larguísimo. Luego bordeando el paseo marítimo decidimos parar en una pastelería para tomarnos un café, un pastel y un helado. Como veis la vida del peregrino no es solo pasar calamidades y dar pedales. San Vicente no nos llama mucho la atención así que no hacemos parada larga. El día sigue muy nublado y continúa amenazando lluvia. Seguimos bordeando las Rías de Tina Menor por Pesués y por fin el último pueblo de Cantabria, Unquera con la Ría de Tina Mayor. Unquera está lleno de tráfico, a veces insoportable, cruzamos un puente sobre el río Deva, de hierro y hormigón, que es la línea que separa ambas Comunidades: Cantabria y Asturias e iniciamos una subida muy dura de dos kilómetros que nos habrá de llevar a Colombres. El paisaje es bonito, entre castaños y pinares, pero la carretera es dura, menos mal que solamente son dos kilómetros. En Colombres habíamos reservado plaza en el Albergue Rural El Cantu, por 12 € la noche te dan el desayuno del día siguiente. Nos alojamos en un barracón de madera en buen estado y limpio con 4 literas. De momento estamos solos, aunque a

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las 10 de la noche llegará una pareja que viene de recorrer los Picos de Europa. También está alojado un grupo de unos 40 chavales de Cantabria que ocupan la planta de arriba. Esperemos que no den mucho ruido por la noche. Curiosamente al cuarto de hora de llegar al albergue comenzó a lloviznar, y ya casi lo hizo durante todo el tiempo que estuvimos allí. Tras ducharnos y hacer la colada: calzoncillos, calcetines, culottes, pañuelo, etc; damos una vuelta por el pueblo. Visitamos el Archivo de Indianos, un edificio restaurado que fue la casa de un indiano, está pintado de azul. Lo que más nos sorprenden son los grandes árboles y el jardín que lo rodea. Nos sorprende gratamente este pueblo, muy limpio y con las casas muy bonitas, los adosados de por aquí no son como los de la Mancha, aquí son de madera y las fachadas pintadas de colores llamativos impecables, y muy bonitos. Cenamos en un disco-pub unos platos combinados de lomo, patatas fritas, y huevos que reconfortan cualquier cuerpo maltrecho y tras ver un poco la Televisión en el local nos vamos a dormir sobre las 10 de la noche. En total hoy hemos recorrido 95 Kms.

Ante el Archivo de Indianos en la Quinta Guadalupe. Colombres (Asturias)

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CAPÍTULO IV.- COLOMBRES – SAN SALVADOR DE VALDEDIÓS : 111 Kms (9 de agosto)
Hoy hemos desayunado en el albergue, nada del otro mundo, unas tostadas, sobaos típicos de por aquí y el cafetito con leche. Hoy ha amanecido soleado y parece que tendremos un buen día de bicicleta. Hemos decidido continuar por la N-634 en vistas a que tiene poco tráfico y buen arcén. Nada más salir, miramos a la derecha y descubrimos un lugar paradisiaco, como es la Playa de la Franca, que está contigua a la desembocadura del río Cabra. No hay nadie, salvo un tractor que está limpiando la arena, tiene una pinta maravillosa para darse un baño, pero hace frío. Hacemos unas fotos y seguimos la marcha. Cruzamos Buelna, Pendueles, Vidiago y Puertas de Vidiago. En San Roque del Acebal pasamos para hacer una foto y hablamos con Julia Ponce. Le contamos lo alucinante que es ir por la carretera tranquila, sin apenas tráfico, y a la derecha ver el mar y las playas, y a la izquierda unas montañas empinadas todo de verde. Es de esos momentos que se nos grabarán en la memoria de los Caminos, como me pasó subiendo el Alto del Cebreiro en el Francés, la llegada a Calzada de Béjar en la Vía de la Plata o la subida por Campobecerros hasta Laza en el Sanabrés.

Desembocadura del río Cabra. Playa de la Franca (Asturias)

A las 10 de la mañana llegamos a Llanes, un pueblo marinero y a la vez encantador. Compramos fruta, sellamos la credencial y nos damos un buen paseo por el puerto donde están los Cubos de la Memoria del pintor vasco Agustín Ibarrola. Llaman la atención por el colorido que dan a los diques. Hace un día magnífico, soleado y la mar está tranquila. Nos quedamos un rato embobados con la imagen de tranquilidad que se respira en Llanes.

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Puerto de Llanes.

Los cubos de la memoria de Ibarrola (Llanes)

Continuamos trayecto en dirección a Ribadesella, cruzamos Poo, Celorio y entre Barro y Niembro pasamos contiguos a la Ría de Barro donde se ubica la Iglesia de Nuestra Señora de Los Dolores. Aquí preguntamos a unos espeleólogos, o eso parecen por las antorchas que llevan en el casco, si llevamos buen camino, nos indican que sí. Otro lugar destacado es la Playa de San Antolín, donde hacemos unas fotos, ya que nos quedamos igualmente embobados, hay gente haciendo surf, y es que no solamente se puede hacer surf en Tarifa, aquí hay mucha afición, y se ven varios grupos de chavales con sus tablas dirigiéndose al mar. Otros municipios con menos interés son Villahormes, Nueva y Piñeres de Pría. Llegamos a Ribadesella sobre las 12,30. Es lunes y el sábado pasado se celebró el famoso Descenso Internacional del Sella en piraguas que une las poblaciones de Arriondas y Ribadesella. La entrada al pueblo está llena de basura por todos lados, luego en un bar nos dicen que se reúnen en torno a 300.000 personas en el fin de semana y que lo dejan todo hecho un asco. Hoy se celebran regatas internacionales y en el famoso puente del Sella hacemos unas fotos. Todo está lleno de gente, coches por todos sitios. Además los precios en los bares son carísimos, se nota que aquí se vive del turismo.

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Decidimos que hoy vamos a comer de picnic, así que en un supermercado de la localidad compramos queso cabrales y chorizo ibérico, ¡que buen contraste, pero que delicioso sabe cuando se tiene hambre! . Ribadesella tiene una salida por el paseo de la playa que está muy bien cuidada y la playa es muy extensa. Lo peor viene al final, puesto que hay una carretera, que nosotros equivocamos y que nos hizo dar un rodeo por el monte que nos dejó tocados, especialmente a mí. Ha sido mi peor momento en este camino. A la altura de San Esteban de Leces, concretamente en el albergue, les pido a unas niñas que nos llenen en sus casas los bidones de agua y le digo a Antonio que ya no puedo más, que necesito comer. Preguntamos al cura de la localidad si hay algún bar cercano y nos comenta que en La Vega a 2 kms cuesta abajo, en la misma carretera hay un bar. Decidido y hecho, menos mal que por fin pude comer y descansar, tenía un principio de "pájara" enorme.

Playa de San Antolín (Asturias)

Colunga (Asturias)

Hoy la siesta me ha sabido a gloria, solamente hemos dormido una hora, pero para mí ha sido el mejor de los sueños. Parezco otro cuando me levanto. A las 5 nos volvemos a poner en marcha. Seguimos bordeando la costa, y vemos que el cielo comienza a nublarse poco a poco. Tras bordear Arenal de Moris, llegamos a otro lugar de esos señalados que nos dejan con la boca abierta, la Playa de la Espasa. En este maravilloso lugar hay muy poquita gente, algunos haciendo surf, pero tienen una cafetería junto a la playa, en un lugar encantador, y además con una camarera muy guapa y amable. Nos tomamos el café con hielo en la terraza junto al mar. ¡¡¡ Qué momento !!!. Seguimos atravesando poblaciones, el trazado comienza a ser un poco más rompepiernas, alguna subida de vez en cuando, pero no preocupante. Colunga, Priesca, Sebrayo y Villaviciosa. Aquí se puede decir que finaliza el camino por la Costa y pasamos al llamado Camino del Norte por el

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Interior o Primitivo. Hay otro ramal que continúa por Gijón hasta entrar a Galicia por Ribadeo. Nosotros nos dirigimos ahora dirección Oviedo. En Villaviciosa, Antonio y yo habíamos estado el pasado año en el mes de abril durante un Curso del INJUVE. A mí particularmente me pasó lo mismo que con San Vicente de la Barquera, no me pareció nada del otro mundo. Es famosa por su sidra espumosa (que los mismos asturianos aborrecen), pero que tanto nos gusta por otros pagos. Tomamos una cerveza en una terraza y llamamos por teléfono al "famoso hermano Máximo" que la guía indica como responsable del albergue del Monasterio de San Salvador de Valdediós. Le preguntamos si hay plaza y dice que cree que sí. Menuda información como veremos más tarde. Antonio es partidario de quedarse en una pensión de Villaviciosa, pero le animo a seguir adelante, solamente nos quedan 9 kms, aunque comienza a caer alguna gota. Decidimos tirar para delante.

Iglesia Románica en Villaviciosa (Asturias)

Tras salir de Villaviciosa comienza un puerto que al principio no es muy duro, pero que según van pasando los kilómetros se hace pesado. Lo positivo es que el paisaje es maravilloso. Está muy nublado y parece que casi es de noche. Cuando nos quedan unos 2 kms para coronar el puerto y llegar al Monasterio, se inicia una tormenta que nos obliga a meternos en una casa que unos albañiles están rehabilitando. Son las 7 y cuarto de la tarde y los chicos han terminado su jornada y se tienen que marchar. Nos dejan ponernos el chubasquero y envolver el saco y poco más en plásticos. En un momento de menos lluvia decidimos seguir animados por la cercanía. Es inútil, en un minuto estamos totalmente empapados, al igual que mucha de la ropa que llevamos en las alforjas. Nos volvemos a guarecer en una casita al borde de la carretera y charlamos con un paisano de por aquí. Ya estamos totalmente empapados, esperamos a que escampe, y cuando lo hace, bajamos al Monasterio de Valdediós. Allí no nos atiende nadie, el tal Máximo

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no aparece, y decidimos instalarnos nosotros. El albergue es penoso, colchones muy sucios, algún somier, suciedad por todos sitios y olores a pis en el baño. Esto parece estar totalmente abandonado, pero para colmo, en la planta de arriba hay una hospedería que parece ser a todo lujo donde hay lista de espera de 8 meses para hospedarse, y esa misma tarde estuvo en el Monasterio, el "honorable" Jordi Pujol y su esposa Marta Ferrusola, lo que indica que esto es de alto postín, excepto el albergue. Pero bueno, que le vamos a hacer, nos duchamos al menos con agua caliente, tendemos la ropa mojada y ya veremos como dormimos, si cogemos algún chinche o piojo. Tras arreglarnos un poco, hacemos unas fotos a la preciosa iglesia prerrománica, que ya antes habíamos visitado en 2003 y nos dirigimos al bar del Monasterio, para ver si tienen a bien, hacernos algo de rancho para cenar. Allí conocemos a Jordi, un catalán que viene desde Irún andando. Parece majete, aunque luego cuando hablamos por la noche con él nos sale un poco "fachita", al menos no parece nacionalista, sino más bien catalanista. Cenamos unas ensaladas y unas rajas de lomo frito con patatas, que aunque no es nada especial, nos reconfortan. Por lo menos es baratito y no se está mal en este bar solitario. Cuando ya vamos a dormir, nos cruzamos con un monje, que ni nos saluda, menos mal que Antonio le dirige un saludo enérgico obligándole a contestar. Antonio está quemado con la poca hospitalidad y las condiciones tan vergonzosas del albergue, contrastado con las condiciones de la hospedería. Hoy hemos hecho 111 Kms.

Iglesia Prerrománica del Monasterio de San Salvador de Valdediós (Asturias)

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CAPÍTULO V.- SAN SALVADOR DE VALDEDIÓS – GRADO : 64 Kms (10 de agosto)
Yo he dormido bastante mal, me costó conciliar el sueño, y para colmo la ropa está húmeda. Llevaremos hoy bastante ropa colgada de los "pulpos". Tras desayunar en el restaurante del monasterio, decidimos subir por un atajo alternativo a la carretera nacional, que además es el camino tradicional. Nos dicen que es bastante duro, puesto que a la pendiente hay que añadir que es estrecho y de hormigón, es el Alto de la Campa. Decidimos intentarlo, al principio podemos con la pendiente, pero llega un momento que el 4 x 4 de la bici, o sea plato pequeño y piñón grande no pueden con la pendiente y tenemos que bajarnos de la bici. Pasamos dos aldeitas Vallina Oscura y Villarrica, pero yo voy sufriendo, no por empujar la bicicleta, sino por que con las zapatillas rígidas y las calas, no tengo agarre y los gemelos los llevo a tope. Menos mal que son solamente 3 kms y pronto llegamos a la cumbre que enlaza con la carretera que va para Oviedo.

Vista de Valdediós desde el Alto de la Campa.

La siguiente población es Vega de Sariego, donde paramos en una casa a llenar los botes y hay un olor a fabada asturiana que aunque son las 9,30 de la mañana nos abren el estómago. La señora es encantadora, como mucha gente de por aquí (excepto los monjes de ayer). Seguimos ruta y la primera gran parada del día es Pola de Siero, centro de la comarca. Hoy es día de mercado lo que nos viene bien para comprar fruta y 3 pares de calcetines y 3 calzoncillos, ya que entre la suciedad y el agua, algunos están para tirarlos automáticamente. Se ve un pueblo grande, pero sin monumentos artísticos a destacar. Los siguientes pueblos, ya satélites de Oviedo son Granda y

Colloto.

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Catedral de Oviedo.

A Oviedo llegamos a media mañana, es una ciudad que nos gusta, está muy bien conservada y tiene su encanto. Visitamos la catedral donde hay una misa concelebrada casi por más sacerdotes que asistentes a la misma. Nos hacemos una foto junto a la Regenta y nos vamos a la Plaza de la Fontana a tomarnos una cervecita y una tapa de cabrales. La parada no es larga, ya conocemos perfectamente Oviedo y nos urge continuar, ya que hoy tenemos previsto descansar toda la tarde, y parar a la hora de la comida, posiblemente en Grado (Grao para los lugareños en bable). Esto del bable es curioso, hay muchos carteles que lo traducen, por ejemplo en los servicios pone mulleres y homes.

Con “La Regenta” por las calles de Oviedo (Asturias)

A la salida de Oviedo, siempre por carretera, nos da un toque la Guardia Civil, nos dicen que nos pongamos el casco. Menos mal que lo hacen de pasada y continúan. Pasamos por la Nacional algunos pueblos como Trubia donde el Río Nalón es espectacular. Ya comenzamos a alternar pequeños puertos de montaña con

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bajadas vertiginosas, es el aperitivo de lo que nos espera los próximos días. Casi siempre en cuesta abajo llegamos a Grado a las 2 de la tarde. Nos alojamos en el Hotel Auto-Bar, y comemos aquí mismo. La gente es amable y la habitación está bastante bien. Tiene su TV, armarios, un baño apañadito y limpieza. Lo primero que hacemos es ducharnos y hacer un enorme tendedero con los pulpos para intentar secar la ropa que llevamos húmeda. Tras la comida, la siesta, por fin en una cama. La verdad es que nos deja el cuerpo como nuevo. Compramos la cena en un supermercado y tras dejarlo todo en la habitación nos damos una vuelta por el pueblo. Es un pueblo bastante agradable, es la capital del concejo y cruce de caminos entre Galicia y Asturias. Tiene un río salmonero bastante importante, el Cubia, que es un afluente del Nalón y por el cual damos un largo paseo, comemos zarzamoras y hacemos unas fotos bastante majas. Llamamos a Lucía para felicitarle su cumpleaños y luego tomamos una sidra en un bar donde el camarero se enfada un poco por no pedirle que nos escanciara la sidra, nos invita a una botella porque dice que la primera la habíamos destrozado y nos deja un artilugio para novatos que escancia la sidra sin derramarla. Tras la cena de picnic que nos metemos, bocatas de jamón y queso, yogures y fruta, y leer un poco la prensa local, nos dormimos a las doce. Mañana nos depara un día más duro aún, y es preciso descansar. Hoy hemos hecho "solamente" 64 kms.

Río Cubia en la localidad de “Grao” (Asturias)

Antonio, intentando escanciar sidra

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CAPÍTULO VI.- GRADO – PEÑASEITA (POLA DE ALLANDE) : 82 Kms (11 de Agosto)
¡¡¡ Qué placer de descanso dormir en camas !!!, hemos dormido como ángeles, y el cuerpo lo agradece. Hoy nos metemos para el cuerpo unos croissants con leche y yogures. Son las 8,30 y ya estamos dando pedales. Nada más salir nos encontramos con la subida al Alto del Fresno, dejando a un lado San Juan de Villapañada. Son 5 kms de subida con alguna que otra rampa dura, pero que se llevan muy bien, además, hay un poco de niebla y el día está fresquito, da gusto dar pedales. La bajada es vertiginosa, pasamos por Cabruñana y ya casi en Cornellana paramos para ver el río Narcea. El responsable del hotel de Grado nos dijo que podíamos llegar a Pola de Allande por otra ruta alternativa menos dura, pero que se aleja del camino tradicional, seguir el curso del Narcea, y llegar a Cangas del Narcea, para desde allí, y a unos 20 kms llegar a Pola de Allande. Esta alternativa, quizás menos dura y más corta, nos impediría pasar por Salas y Tineo, que son dos lugares emblemáticos del Camino Primitivo, por lo que decidimos seguir por la ruta tradicional.

Río Narcea, a su paso por Cornellana

Antonio junto a los hórreos del Alto del Fresno.

En Cornellana destaca el Monasterio de San Salvador de Cornellana, que conserva parte de la capilla románica. Seguimos el camino y pasamos bordeando Llamas y Casazorrina, donde sale el desvío de 2 kms a Salas. El camino va desde Cornellana picando para arriba, y ya en Salas se hace un poco dura la llegada. Salas tiene 6.000 habitantes y cuenta con un casco antiguo muy interesante con la Iglesia de San Martín y el Palacio de los Valdés-Salas, que ahora es un hotel. Descansamos un rato, sellamos la credencial en la policía local y nos tomamos un

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café. Se ve que es un pueblo con turismo. Aquí conocemos a otro rutero cuyo destino parece ser Ribadeo, nos acompañará unos kilómetros hasta La Espina.

Palacio de los Valdes-Salas en Salas (Asturias)

La continuación de la ruta nos depara el primer gran puerto de este Camino, el Alto de la Espina. Yo hoy voy como una moto, y rápidamente me destaco un poco, dejo a Antonio con nuestro colega peregrino y tiro para delante. Los paisajes son preciosos y esto hace que el puerto se haga más ameno. Castaños, robles y pinos se entremezclan. Son unos 8 kms de continua pero suave subida. El problema es que cada vez hace más viento, al principio no muy fuerte, pero ya en la cima, es bastante molesto. En La Espina se dividen los caminos, uno va a Ribadeo, Luarca y La Coruña, y el otro lleva a Tineo. Nos despedimos del colega peregrino y seguimos camino hasta Tineo. El viento ya empieza a ser bastante molesto, y para colmo seguimos en constante subida. Tras 11 kms entre vacas, hórreos y prados verdes llegamos a Tineo. El pueblo está en fiestas y sellamos en el Ayuntamiento. En el bar Cervantes nos tomamos unas jarritas de cerveza y el propietario nos recomienda que comamos en "La Allandesa", en Pola de Allande. En este caso, en vez de seguir el camino que indica la guía, tomamos la carretera AS-217 que luego resultará maravilloso como recorrido. Para empezar una bajada de 10 kms vertiginosa, llego a coger 80 kms en la bajada, todo por prados verdes, campos de heno, vacas y pequeñas aldeítas: Santullano, El Peligro, Cortina, Magarín. Cuando llegamos abajo, al valle, comienza una subida de unos 20 kms siempre rodeados de bosque de castaños y pinares que nos dan sombra continua y con agua corriendo por las laderas de la montaña. Estos 20 kms son para paladearlos, puesto que son de suave pendiente. Lo peor es que a la altura de Ablaneda, comienzan a caer gotas, pero ya es todo bajada, seguimos a toda pastilla para evitar mojarnos y aunque el asfalto está peligros, llegamos a Pola de Allande sobre las 3 de la tarde. Justo al dejar las bicicletas en los portales del Ayuntamiento comienza a llover de manera intensa. Para entonces, nosotros ya nos hemos metido en el hotel

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la Allandesa. Causa sorpresa la cantidad de gente que se acumula comiendo en el comedor, y aún hay gente esperando. Tenemos suerte y pronto encontramos una mesa. Hoy comemos como señores: lentejas y ternera guisada con patatas. Llega un momento que no podemos con toda la fuente que nos han puesto y se queda sobrado. Para terminar tartas de queso y galletas, todo exquisito, con café y todo por 8 €. Es asombroso la relación calidad-precio de estos territorios, a diferencia de la zona de la costa, más turístico y caro, pero con peor calidad.

Paisajes camino de Tineo (Asturias)

Tras la comida, continúa lloviendo, parece que hoy no vamos a poder continuar. Yo paso a un centro de Internet que hay en el Ayuntamiento a consultar mi correo electrónico mientras esperamos a que escampe. Nos tomamos otro café y continúa lloviendo, hasta que a las 6 de la tarde decidimos comprar la cena de picnic en un supermercado y subir hasta el Albergue de Peñaseita que está en plena subida al Alto del Palo, a 2 kms de Pola. Conseguimos llegar arriba, casi con lluvia, pero no se nos moja la ropa. Conseguimos litera, y qué suerte, porque ese día ningún peregrino pudo continuar y hubo overbooking en el albergue. Tras ducharnos y subir a tomarnos una cerveza al bar y sellar la credencial, cenamos. Conocemos a un señor mayor inglés, que viene desde Santander también en bicicleta y a una pareja de catalanes también ciclistas. Estos ya tienen que dormir en el suelo. Casi a las 9 llegan dos peregrinos andando. Antonio me comenta que ha oído algún comentario de que los que van andando tienen preferencia en las literas. No nos preocupa, el que quiera quitárnosla que lo intente. Esto de la preferencia en los albergues es muy relativo. Nosotros ya llevamos hoy 82 kms, y creo que podemos haber hecho por lo menos el mismo esfuerzo que el que ha recorrido 25 kms andando, y además normalmente llegamos a los albergues a las 8 de la tarde, cuando los que van andando ya han llegado, por lo que no creo que deban tener preferencia.

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Tras la cena y muy cansados, y ante la incertidumbre del cielo para mañana, nos acostamos a las 11 de la noche. Hoy hemos recorrido 82 kms.

Pola de Allande (Asturias).

Albergue de Peñaseíta

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CAPÍTULO VII.- PEÑASEITA – CADAVO BALEIRA:102 Kms (12 de agosto)
Los peregrinos que van a pie se han levantado muy temprano y encima dando mogollón de ruido, hablando entre ellos, sin respetar a los que seguíamos durmiendo, por lo que a las 7,30 de la mañana ya estábamos arriba. Está lloviendo, y de momento es inútil seguir adelante. Tras desayunar tranquilamente y preparar las mochilas, con los plásticos, esperamos a que escampe. A las 9 nos ponemos en marcha, llueve ligeramente, pero es llevadero. Lo que peor llevamos es la subida al Alto del Palo. Son 9 kms de subida continua con un fuerte viento, casi siempre de frente. Lo más espectacular son los paisajes, pero el tiempo no nos deja disfrutarlo, ya que en algunos momentos el viento nos tira de la bicicleta. El Alto del Palo es el punto más alto de toda la ruta, con 1146 m de altitud, y en los últimos dos kilómetros es un monte pelado por las nieves invernales que hacen que la carretera tenga postes verticales colocados a ambos lados para señalizar la carretera en caso de nevada.

Alto del Palo. El techo del camino y el tramo más duro del Camino del Interior.

Adelantamos a los peregrinos que vienen a pie, y a nuestro inglés ciclista, que el pobre lo va pasando bastante mal. Yo tiro para adelante en los últimos kilómetros de subida y en la cima el viento es totalmente insoportable, además hace mucho frío. Decido esperar a Antonio en un pequeño refugio ruinoso que hay en el margen izquierdo de la carretera. La bajada es vertiginosa, pasamos por un pueblo abandonado, Montefurado, para luego ir descendiendo entre unos paisajes alucinantes, aunque estropeados por los incendios que se han llevado bastantes hectáreas de la Zona. Pasamos Lago, Berducedo y continuamos la bajada hasta la presa de Grandas de Salime en el río
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Navia. Nosotros pensábamos que el pueblo de Grandas estaba al lado de la presa, nada más lejos de la realidad, otros 5 kms de subida bastante más dura que el Alto del Palo. Aquí el paisaje es de pinares y vamos bordeando el pantano. Hay momentos en los que es Antonio quien marca el ritmo, un poco lento para mí, tanto que veo que hasta casi me quedo, así que decido tirar para delante con un ritmo más fuerte, ya que ir despacio me está dejando echo polvo. Llegamos a Grandas de Salime sobre las 11,00 y paramos a sellar, dar un pequeño paseo por el pueblo y reponer fuerzas con fruta.

Presa de Grandas de Salime en el río Navia, poco antes de iniciar el descenso

Después del merecido descanso, comenzamos de forma suave el ascenso al Puerto del Acebo, frontera natural entre Asturias y Galicia, y según la ruta son 12 kms de subida continua. Los primeros 6 kms son sencillos, casi no parece que subamos, atravesamos pequeñas aldeas: Cereijeira, Gestoselo, Peñafuente, y ya en los últimos 4 kms comenzamos a divisar unos molinos de viento que a mí me parecen gigantes y que nunca llegamos a ellos. Continúa haciendo un viento insoportable y esto hace más duro el perfil, que ya es de por sí empinado. Tengo que meter varias veces el platito pequeño y ya no me avergüenza, es que es imposible andar con el mediano. De hecho en el último kilómetro me entrego y no soy capaz de continuar. Me paro un poco para descansar, mientras Antonio sigue para delante. Por fin llegamos arriba. La entrada a Galicia es curiosa, nada más entrar, la carretera que hasta ahora estaba bien asfaltada y en buenas condiciones, pasa a ser bacheada y sin pintar. Cruzamos varias aldeas, Fonfría, Barbeitos, Paradanova, y por fin A Fonsagrada, nuestro destino para comer hoy, pero antes, una dura rampa de dos kilómetros, ya que este pueblo está en alto. Comemos en Casa Manolo, un sencillo menú del día, y decidimos ir al albergue para echarnos la siesta. Estamos empapados de sudor y de humedad del día que llevamos, pero nos arropamos con unas mantas y ponemos a secar la ropa en el exterior. Solamente estamos una hora,

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pero nos viene como siempre, de maravilla. En el albergue hay peregrinos que cuentan sus aventuras desde Irún, y comienzan a llegar extranjeros. Por carretera continuamos a las 5 de la tarde hasta Cadavo Baleira, nuestro posible destino para dormir esta noche. Está muy nublado y vuelve a amenazar lluvia, aunque a ratos sale el sol. Comenzamos una zona de continuas subidas y bajadas, algunas de ellas ponen el cuentakilómetros a 80 por hora. Se me van atragantando ya tanta subidita. Pasamos Paradavella y aquí le pregunto a un trabajador de obras públicas cuanto nos falta, nos dice que pocos kilómetros pero que al final son bastante duros. Continuamos subiendo y comienza a llover, casi no hay donde cobijarse, por lo que nos metemos debajo de unos arbustos en la carretera, yo me araño con los zarzales, pero al menos no nos mojamos, ni las bicis tampoco. En A Lastra paramos a cobijarnos y a tomar una cerveza en un bar. Allí charlamos con lugareños y nos dicen que ya nos queda poco. Yo estoy un poco desesperado y le digo a Antonio que soy capaz de parar una furgoneta o un camión para que nos lleve directamente a Lugo. Continuamos la marcha y tras subir la subida del Alto de Fontaneira, ya es todo bajada hasta O Cádavo Baleira, capital del concejo de Baleira. El pueblo está en fiestas y la gente es muy acogedora. Además, se da la circunstancia de que el Albergue es muy moderno y acogedor. Ya hay bastantes peregrinos, pero hay sitio suficiente. Pillamos litera y nos damos una reconfortante ducha antes de salir a comprar la cena al supermercado. Aprovechamos para comprar ropa en una tienda y tomarnos unas cervezas en un bar-taberna del pueblo. Las camareras son muy majas y nos ofrecen unos "pinchos". Tras la cena, en la cocina del albergue que es a todo lujo, charlamos de anécdotas con unos peregrinos que vienen de Albacete y un matrimonio que ya han hecho varias veces distintos caminos. Salimos a ver el ambiente de fiesta, es curioso que hay dos orquestas para la verbena, además con un gran montaje, y contamos 5 puestos de tiro con escopetillas de plomos, esto sí que es afición. De todas formas, no nos quedamos para bailar un pasodoble, y a las 11 ya estamos metidos en la litera. Hay que descansar, ya que hemos hecho 102 kms y mañana nos espera las etapa más larga de la historia de mis Caminos.

Iglesia Salime

de

Grandas

de

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CAPÍTULO VIII.- O CÁDAVO BALEIRA – PEDROUZO: 125 Kms (13 de Agosto)
Me ha costado conciliar el sueño, una peregrina alemana de unos 60 años roncaba como un camión, a veces hasta se ahogaba con su propio ronquido, menos mal que he utilizada la táctica de taparme los oídos con trozos de pañuelo de papel y esto unido al cansancio han hecho el resto. Nos levantamos pronto y la primera sorpresa, se han comido nuestro desayuno, ayer lo dejamos en la cocina y se han comido casi todos los croissants y la leche y yogures. Me mosqueo un poco, y luego llegan unas chicas de Madrigueras (Albacete) que nos dicen que pensaban que lo habían dejado algunos peregrinos del día anterior. Quieren pagárnoslo y nos piden disculpas, menos mal que al menos ha quedado algo de leche y yo llevo galletas de chocolate. Antonio se toma un café en un bar a la salida de O Cádavo. Cogemos la carretera y tras un pequeño repecho, un amplio descenso hasta Castroverde, esta localidad de paso tiene 3000 habitantes y destaca la torre del homenaje del Castillo de los Altamira, paramos a hacer unas fotos,pero de forma breve, tampoco hay más a destacar. Continuamos por la Comarcal LU-530 y enseguida llegamos a Lugo. Esta es una ciudad amurallada, enclavada su casco viejo en un alto, y hay unas rampas duras en el núcleo urbano que nos ponen a prueba. Las murallas son similares a las de Ávila o Toledo. Damos una vuelta por el casco, visitamos la catedral, vemos además una pequeña iglesia románica encantadora, y luego nos tomamos un poco de fruta y unos bocadillos en la Plaza Mayor. En el Ayuntamiento además de sellar, preguntamos las posibilidades para ir a Melide y enlazar con el Camino Francés. Nos recomiendan no coger la Nacional, sino que optemos por el Camino tradicional, el cual es todo asfaltado por pequeñas carreteras locales y que es encantador. Así lo hacemos. A la salida de Lugo, nos volvemos a quedar embobados con el río Miño el cual cruzamos por un puente romano. Ya se comienzan a ver mojones con los kilómetros que faltan para Santiago y descubrimos el 100, nos anima a seguir con más fuerza. Cuando llevamos unos 10 kms desde Lugo, llega un coche de la Guardia Civil que nos para. Yo creía que era para sancionarnos por no llevar el casco, pero no, nos piden la documentación ya que están extremando la vigilancia ante los atentados que ETA ha puesto en Asturias, Cantabria y Galicia.
Catedral de Lugo

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Comenzamos un peregrinar por los carreterines que nos indicaron y atravesamos aldeas como Seoane, Burgo de San Vicente, Bacurín, Mera, etc. El perfil ha cambiado, ahora no son puertos duros, sino continuos subebaja que te rompe las piernas, pero se lleva bien. En San Román de Retorta hay un albergue privado donde sello y pregunto a su dueña las carreteras a seguir, muy amablemente me las explica y además me sella la credencial. Hay varios peregrinos tomando algo, vienen a pie. Aquí ya se comienza a ver más movimiento de gente a medida que nos acercamos a Santiago.

Río Miño a la salida de Lugo hacia Melide

Hórreo en San Román de Retorta

Seguimos las señales y mojones, las aldeas se suceden una tras otra: Seixalbos, Valina, Mosteiro. En una casita pedimos a una señora agua y nos dice que para ir a Melide es mejor bajar a Palas de Rei, nosotros nos extrañamos porque eso supondría andar hacia detrás unos 20 kms del Francés. Se lo rebatimos, pero estos gallegos hablan convencidos aunque no lleven razón. Nos dice que por el camino que queremos seguir, junto a los molinos de viento es muy duro y fácil de perdernos, aunque más corto. La señora saca un cubo de agua del pozo y nos llena los bidones. Continuamos la marcha hasta San Xurxo de Augas Santas, una aldeíta donde una anciana nos atiende en su bar-estanco-tienda de comestibles-etc. Nos dice que lo tiene de forma ilegal, ya que está jubilada, pero que se entretiene y es la única tienda del pueblo. Es encantadora, nos da dos botes de cerveza bien frío, mas un pastel a precio de peregrinos. A la tienda llega una sobrina suya, guapísima, por cierto, y la señora nos dice que observemos que guapa es su sobrina, nosotros le decimos que sí, que "así da gusto hacer el Camino", la chica se pone colorada. A la salida de San Xurxo nos equivocamos y tenemos que volver a preguntar y desandar un kilómetro. Seguimos por Merlán y As Seixas, y comenzamos a subir bordeando los molinos de viento, pero desaparecen los mojones, creo que nos hemos perdido. Tras dos o tres subidas que hay que hacer con el plato pequeño pues son muy duras, creo que definitivamente nos hemos perdido por el enjambre
Autor: Damián Rojas Gómez.

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de carreterines que bordean la sierra. Menos mal que paramos a un camión de la basura que nos indica que tenemos que bajar por donde hemos subido y coger una pista forestal hasta el camino a Melide. Dicho y hecho, seguimos la pista, pero volvemos a dudar, hasta que Antonio pregunta en una aldea y nos confirman que vamos por el buen camino. Por fin encontramos de nuevo a peregrinos, y tras una loma, vemos un cartel que la anciana de San Xurxo nos indicó que cuando viéramos el cartel que pone a Toques, ese es el camino. Los dos damos un grito de felicidad, realmente lo hemos pasado mal, con casi las 3 de la tarde, llevamos 75 kms y aún no hemos parado a comer. Desde aquí es casi todo bajada hasta Melide. Antes hay que cruzar Vilouriz y Vilamor, pero enseguida estamos en Melide, sentados en "Casa Ezequiel" degustando una tabla monumental de pulpo "a feria" con patatas y vino de Ribeiro. Este era uno de nuestros incentivos desde que salimos de Santander, Antonio y yo recordábamos el Xacobeo del 99 cuando ambos de forma separada nos pegamos una sentada de pulpo y nunca habíamos vuelto a comer algo tan sabroso y exquisito. En este pueblo, nos cambia completamente el entorno, si hasta ahora el camino era encantador, romántico, intimista, ahora es una romería de verdad. En el restaurante habrá por lo menos 200 peregrinos comiendo, en la calle no dejan de pasar, esto es hasta agobiante. Ahora me acuerdo de la etapa de Valdediós donde solamente hicimos noche Jordi y nosotros en el albergue. Ahora no creo que nos falte compañía.

Iglesia de Melide (A Coruña)

Tras comer con ansia el pulpo nos echamos la siesta en el césped de la iglesia que hay enfrente de Casa Ezequiel. Me pongo a contar peregrinos y en 10 minutos han pasado 60 ciclistas. Creo que hoy no podremos ni andar por la senda tradicional

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Tras la siesta le planteo a Antonio seguir por la carretera nacional, seguramente tiene tráfico, pero por el camino, además de ser bastante más duro, será imposible avanzar con el tráfico de peregrinos, tanto a pie como en bici que iremos viendo. Antonio decide que continuemos por carretera. Así lo hacemos. La carretera tiene un buén arcén, y no es dura. Hay algunos repechos, pero se sobrelleva bien. Nos juntamos durante algunos kilómetros con peregrinos ciclistas que van a hacer noche a Arzúa. Algunos se pican en los repechos, pero no parece que anden muy finos. Pasamos Boente, Castañeda, Arzúa, San Mamede, y a unos 10 kms de nuestro destino final, en Pedrouzo, nos tomamos un café con leche en un bar de carretera. La verdad es que el tiempo está un poco loco, ahora está muy nublado y hace hasta frío, se agradece el café calentito. Sin embargo, llegamos a Pedrouzo (concejo de O Pino), con un sol espléndido. En el albergue no hay sitio, preguntamos y nos indican hasta el Pabellón Municipal. Llegamos y está bien repleto, además hay dos carpas supletorias enfrente. Nos instalamos en el pabellón junto a unos 300 peregrinos más. Tras la ducha de rigor, con agua fría, por supuesto, nos vamos a comprar la cena y a tomarnos unas jarritas de cerveza bien fría, mientras vemos la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Cenamos en las gradas del pabellón unos bocatas de fiambre y queso, y tras tomarnos un café en un bar, nos vamos a dormir a las 11. Menudo ruido hay en el pabellón, algunos graciosos no creo que hayan andado mucho, no hacen nada más que meter bulla, otros duermen pero roncan como descosidos, pero el cansancio pronto me hace mella y rápidamente me quedo K.O. Hasta mañana que llegaremos a Santiago. Total de kilómetros realizados hoy: 125 Kms.

¿Dónde está Wally Antonio? Así estaba el pabellón de Pedrouzo (O Pino)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO IX.- PEDROUZO – SANTIAGO DE COMPOSTELA: 22 Kms (14 de Agosto)
Con el ruido de la gente levantándose desde las cuatro de la madrugada, nos desvelamos, y las 7 nosotros también estamos arriba. Hay niebla, como siempre en los alrededores de Santiago. Tras desayunar y montar los bártulos, nos ponemos en ruta por la carretera. Yo le pongo una luz de emergencia en la parte de detrás de la bici para que los coches nos puedan ver, aunque el arcén es muy amplio. El camino es poco novedoso, en una hora estamos en Santiago, de hecho, hemos hecho unos 7 kms por la Autovía, pero apenas hay tráfico. La plaza del Obradoiro está prácticamente vacía, aunque continuamente se ve un reguero de peregrinos que vienen de todos los sitios, a caballo, en carro, en bicicleta, y por supuesto a pie. Para recoger la compostela hay una fila inmensa, y eso que aún no ha habierto, decidimos desistir, el camino ya está hecho, y esa es la mejor Compostela, además ya me haré yo una falsificación con alguna de las dos que ya tengo utilizando algún programa fotográfico. La verdad es que la verdadera Compostela la tenemos en nuestras piernas y en nuestro corazón. Tras visitar de nuevo el Pórtico de la Gloria en el interior de la Catedral, nos tomamos un café y compramos unas tartas de Santiago para la familia. Posteriormente viene casi lo peor del viaje, el tema del regreso. La empresa donde teníamos alquilado el coche, no nos acepta tarjeta de débito, necesitan una de crédito, por lo que nos tenemos que ir a otra empresa, que encima es el doble de precio. Además el coche lo dejamos en Puertollano, y le robaron los tapacubos y nos han hecho a nosotros pagarlos. Ha sido una forma un poco triste de acabar, pero no empaña lo grandioso de esta aventura, la riqueza paisajística y monumental del recorrido.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Tradicionales fotos de fin de camino en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela

Autor: Damián Rojas Gómez.

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EPÍLOGO
La aventura, de nuevo ha merecido la pena, siempre lo merece, no hemos tenido averías, ni accidentes, y hemos descubierto, yo en particular, una zona de España, totalmente desconocida para mí. Ya son cuatro los caminos realizados, no tienen comparación uno de otro, pero Antonio y yo coincidimos en que hasta ahora el que más nos ha emocionado y nos ha hecho disfrutar y no desear que acabara nunca ha sido el Sanabrés en 2002. Este Camino del Norte, ha quedado empañado sobre todo por las condiciones meteorológicas: ha habido agua, algo de frío, pero sobre todo viento, que no nos dejaba disfrutar ni en las subidas ni en las bajadas, especialmente en el tramo asturiano, pero así es el Norte, y los que vivimos en plena Mancha, no podemos acostumbrarnos en 7 días. Si tenemos que destacar lo mejor, para mí ha sido el hecho de poder pedalear entre las playas cántabras y asturianas y la montaña, a pocos kilómetros, como si el camino y la bicicleta fueran la línea que separara ambos contrastes orográficos. Y sobre todo conocer nuevos territorios en buena compañía, tanto de Antonio como de las personas que nos hemos encontrado. No sabemos si esta será nuestra última aventura xacobea, esperemos que no, aún quedan caminos por descubrir, el portugués, el aragonés, o incluso el Camino de Levante que pasa por nuestra tierra. Ya veremos que nos depara el futuro. De momento:

HASTA LA PRÓXIMA. ULTREIA.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Mis Caminos a Santiago.

Diarios de una bicicleta.

La “Compostela” manipulada con el photoshop que me hice una vez llegado a casa. Un recuerdo más de la aventura. La verdadera Compostela se consigue con el sacrificio y la tenemos en nuestras piernas y sobre todo en nuestro corazón. ULTREIA

Autor: Damián Rojas Gómez.

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EL CAMINO DE SANTIAGO PORTUGUÉS
Oporto – Santiago de Compostela

2005
Del 16 al 20 de Agosto de 2005.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Autor: Damián Rojas Gómez.

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Prólogo
El Proyecto de cerrar el listado de Caminos a Santiago (de momento) incluía desde 2003 la posibilidad de hacer el Camino Portugués desde Oporto. Este camino, en principio es el más corto y más sencillo de todos, aunque, como todo lo relacionado con el ciclismo, luego es la carretera y los propios caminos los que marcan la dureza del recorrido. De todas formas, mi compañero de fatigas, Antonio y yo partíamos de que no queríamos “pasar las calamidades” del año pasado en el Camino del Norte, para lo cual debería de hacernos buen tiempo. La preparación de este camino, ha sido más difícil que la de años anteriores, puesto que apenas existen guías editadas del mismo, y las que encontramos tampoco eran claras y precisas como lo fueron las de caminos anteriores. No obstante, luego se demostró que, en Portugal, prácticamente es imposible perderse por lo bien señalizado que está el camino, lo que denota el trabajo bien hecho, tanto de las Asociaciones de Amigos del Camino Portugués, tanto españolas como portuguesas. En concreto, las guías que hemos utilizado en este viaje han sido una titulada “De Oporto a Santiago por el Camino Portugués”, de Celestino Lores Rosal, que utiliza la variante por Barcelós, y otra que me hice yo con varios itinerarios extraídos de Internet y que utiliza la variante por Braga, que fue la que finalmente seguimos y de la que hemos venido encantados. El kilometraje total de este Camino, en principio, se fijaba en torno a los 240 kilómetros, pero siempre se hacen más, debido a que se callejea por las ciudades, a veces nos hemos perdido, o hemos decidido desviarnos para observar parajes que merecen la pena el cambio de itinerario. Nosotros, al final hemos hecho 280 kilómetros, sin apenas dificultades, salvo la llegada a Santiago como ya contaré más adelante. Las fechas que hemos elegido para este viaje han sido desde el martes 16 de agosto hasta el sábado 20, pero de propina, decidimos ir donde suelen finalizar muchos peregrinos su camino, hasta Fisterra y Muxía, pero la estancia en estos dos lugares maravillosos y repletos de referencias jacobeas, han sido de carácter turístico, por lo que no las vamos a reflejar en este diario. Espero que os gusten mis aventuras.

Puente sobre el río Duero (Oporto)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO I: SONSECA – OPORTO 16 de agosto
Para realizar este viaje, hemos decidido llevarnos mi coche hasta Santiago, dejarlo en un parking durante varios días, y desde el final del camino ir en tren hasta Oporto. Así lo hicimos y, la verdad, es que ha sido una buena idea. Partimos de Sonseca de madrugada, puesto que a las cuatro y media de la tarde salía el Regional destino Vigo, donde haríamos trasbordo para Oporto en otro Regional. Apenas nos encontramos tráfico, y el tiempo, en la meseta es bueno, pero a la altura de Lugo comenzamos a ver tormentas y lluvia. Menos mal, que en Santiago hace un día espléndido, aunque mucho calor. Queremos buen tiempo, pero el calor no es lo más recomendable para dar pedales. Tardamos 7 horas en llegar y tras dejar el coche en un parking junta a la estación (nos cobran 20 € por una semana, una ganga) y comernos los bocadillos de tortilla en la estación de tren, partimos hacia la aventura. El tren va recorriendo pueblos que luego andaremos en bici: Padrón, Redondela, Pontevedra y otros que se quedarán al margen: Villagarcía de Arousa y Vigo. Vemos la ría de Vigo, que es espectacular, la Isla de San Simón, todo lleno de barcos, bateas de mejillones, playas repletas de gente banándose, etc. En Vigo cogemos un tren a Portugal, que, la verdad tiene pinta de ser de los llamados “borregueros”, pero así son los Regionales, si queremos llevar las bicis sin facturar, es preciso llevarlas en trenes que paran en casi todas las estaciones. Así que el recorrido que entre Vigo y Oporto será de unos 150 kms, lo hacemos en tres horas. De todas formas, el tren es cómodo y no se nos hace muy pesado. Como dato curioso indicar que en la estación de Vigo, un operario le limpiaba el espejo retrovisor al tren, sería para ver si puede adelantar en la vía. Llegamos a Oporto a las nueve de la noche (hora portuguesa, una hora menos que en España) y nos ponemos a buscar pensión. No hay apenas sitio en las que buscamos, así que no tenemos más remedio que meternos en una de “mala muerte”, un tanto rancia y que parece de las que usan las “meretrices para prestar sus servicios” y que encima nos vale 40 €, aunque, eso sí, muy céntrica. Antonio se acuerda de la pensión de Montamarta de la Vía de la Plata de 2001. Pero no estamos en condiciones de andar buscando otras alternativas, ya que tras 14 horas de viaje estamos reventados. Salimos a dar una vuelta por la ribera del Duero y cenamos en una terraza un plato de arroz y alubias y croquetas de bacalao que están exquisitas. El precio además es barato. Damos una vuelta por la ribera del río, que es espectacular. Pasamos por la avenida de Gustav Eiffel, que es el arquitecto de un puente enorme de hierro que cruza el río, y por el que pasan tanto los coches como el tren. A las 11,30 nos vamos a acostar, ya que mañana comienza la verdadera aventura.

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CAPÍTULO II.- OPORTO-BRAGA: 76 Kms (17 de Agosto)
Pese a las condiciones negativas de la pensión, hemos descansado bien y a loas 8 de la mañana ya estábamos arriba. Hemos desayunado en la cafetería de la estación de tren. El día ha amanecido con niebla, pero hace calor y bochorno debido a la humedad. Decidimos dar una vuelta por la desembocadura del Duero, aprovechando la vía inutilizada del tranvía que recorre todo el trayecto hasta la desembocadura en el Atlántico. Es un paseo agradable.

Vista del Duero desde la catedral de Oporto.

Tras visitar la catedral, nos acercamos a la Asociación de Amigos del Camino de Oporto, pero está cerrada, por lo que Antonio va a tener que comenzar el trayecto sin la correspondiente credencial. Yo tengo una que me enviaron el año pasado de la Asociación de Amigos del Camino de Burgos. Son las 11 de la mañana cuando nos disponemos a salir de Oporto. Aún no hemos decidido que variante coger: Por Barcelós o por Braga. Las dos se unen en Ponte de Lima, y va a ser las flechas las que deciden por nosotros. Ya he comentado en el prólogo que es imposible perderse en el tramo portugués, y es cierto. Las flechas son continuas y nos sacan de Oporto hacia Braga. Durante todo el tiempo vamos por aldeas que se suceden una tras otra sin separación, y siempre por caminos de asfalto que hacen agradable el camino. El paisaje es totalmente verde con parrales de uvas blancas y tintas, con las que nos imaginamos que se hará el famoso vino de Oporto y el “vinho verde” que llaman aquí al vino blanco. También hay muchas plantaciones de maíz y los bosques son de eucaliptos, castaños y pinos. Antes de comenzar el viaje, las noticias que llegaban sobre el norte de Portugal hablaban de la amenaza de los incendios, y, efectivamente, lo comprobamos en primera persona. Hay varios focos que están todavía humeantes y que han llegado hasta las carreteras y los pueblos.
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El perfil de los tramos es de continuos subibajas que nos hacen tenernos que bajar en algunos tramos por la dureza de las rampas. Atravesamos Nogueira, San Mamede y Lousado, pero casi sin saberlo, ya que no suelen poner los nombres de los pueblos a la entrada de los mismos. En Vilanova de Famalicao nos tomamos la tradicional cerveza con una tapeja de queso y fiambre y aprovechamos para leer la prensa lusa. Comprobamos que la gente es campechana y agradable y dispuesta a ayudarnos en todo momento a que no perdamos el trayecto.

Iglesia tradicional del norte de Portugal

Foto realizada en Sao Mamede

Yo comienzo a ir mal de fuerzas, sobre todo tengo las piernas muy cansadas, pero lo peor está por llegar. El calor comienza a ser insoportable y la humedad que desprende la vegetación, hacen más difícil y dura la etapa. A 17 kms de Braga, paramos a tomarnos otra birra, y decidimos hacer lo que queda hasta Braga por carretera de monte.

Foto entre parras de uva blanca en Vilanova de Famalicao

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Nada más salir de Sao Cosme Do Vale hay una pequeña rampa, no muy larga, pero dura en la cual me tengo que parar ya que he “agarrado un pajarón” tremendo. Menos mal que llevo siempre galletas rellenas de chocolate que me asisten en el peor momento. Además, tras llegar arriba del todo, comienza bajada hasta Braga. La idea es de comer aquí y continuar el trayecto hasta Ponte de Lima por la tarde. Llegamos a Braga casi a las tres del mediodía. Lo primero que hacemos es buscar un bar donde comer. Comemos en uno que tiene buena pinta y se confirman nuestras sospechas: buena comida a buen precio y con mejor cantidad: ensalada mixta, bacalao con patatas y cebolla en cantidad abundante y postre, por 7 € cada uno. Después de comer paramos a echar una siesta en el césped de un parque que encontramos junto a la Cámara de Comercio. Apenas hemos visto nada de Braga, y menos mal que decidimos no continuar. Tras dormir un rato, yo voy hecho polvo y le comento a Antonio que deberíamos buscar un sitio donde dormir aquí y descansar, ya que esta vez no llevamos prisa y además ya hemos recorrido 76 Kms. Antonio comenta que se nota que estoy mal porque no quiero continuar. Preguntamos donde se encuentra la Oficina de Turismo y comprobamos que esta ciudad es preciosa, muy limpia, bien restaurada, accesible, llena de edificios barrocos importantes y con un bullicio de gente que la hace muy atractiva.

Diferentes instantáneas de la ciudad de Braga en la que predomina el barroco

Para pernoctar decidimos alojarnos en un albergue de juventud, y tras la ducha de rigor e instalarnos en la litera., decidimos salir a comprar la cena y visitar la ciudad. Nos sorprende la gran cantidad de turistas que hay, muchos de ellos españoles. No debemos olvidar que estamos a unos 80 kms de la frontera con
Autor: Damián Rojas Gómez.

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España. Nos tomamos otra cervecita y cenamos unos bocatas de fiambre y zumo. Tras dar una vuelta por la noche y comernos un heladito nos vamos a acostar prontito. El albergue está lleno, pero hay buen ambiente internacional: italianos, alemanes, portugueses y por supuesto: dos manchegos.

Descansando en un parque de la Avenida Central de Braga

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CAPÍTULO III.- BRAGA – TUI: 85 Kms (18 de Agosto)
Hoy nos levantamos con novedades: Antonio ha estado toda la noche en vela con diarrea y está bastante mal. Tiene mala cara y no sabemos como va a andar hoy. Lo primero que hacemos tras yo desayunar es buscar una farmacia de guardia. La encontramos cerca del albergue y tras explicarle al bueno del farmacéutico el problema, le manda unas pastillas que van a resultar muy efectivas. Comenzamos el camino por diferentes pueblecitos de los cuales seguimos sin saber el nombre. Son muy bonitos con zarzales, maíz, parras, fuertecitos y vegetación muy frondosa con frutales como manzanos, limoneros y castaños. Antonio va nada más que regular. Cruzamos Prado, Santiago de Atiaes, Virtelos, Francelos. Hoy el día, al menos está más fresquito debido a la niebla. Vamos alternando trozos de vía asfaltada y trozos de camino. En uno de estos últimos aparecemos en un lodazal que además culmina en una subida enorme casi impracticable.

Río Cavado a su paso por el concello de Prado
Bosque en Santiago de Atiáes

Ponte de Lima

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Decidimos seguir por la carretera hasta Ponte de Lima. Aquí a Antonio le veo fatal. Se toma una tónica en un bar y yo, por supuesto, una cervecita. Damos una vuelta por el pueblo, que es muy turístico y bonito. Tiene un puente muy grande sobre el río Lima que le hace muy atractivo. Descansamos un rato y nos ponemos en marcha hacia España., donde nos quedan 36 kms y con dos puertos.

Impresionantes vistas subiendo la Sierra de Labruja, a unos 30 kms de España.

El primero de los puertos es la Sierra de Labruja que tiene 11 kilómetros, no es demasiado duro, pero se hace largo. La carretera es muy tranquila, es secundaria y hace una temperatura agradable, pero Antonio va sufriendo. Tras subirlo y tras unos kilómetros de bajada, paramos en Rubiáes, para comer un poco y descansar sobre todo. Yo, al contrario que ayer estoy disfrutando con las subidas y me veo bastante bien. Antonio no come nada, solamente tiene ganas de beber y come dos yogures. Nos tumbamos junto al puente romano (Ponte de Priorado) en un río precioso que hay en este pueblecito. Antonio y yo llegamos a discutir, pero le hago entender que para dar pedales tiene que comer algo, ya que si no lo hace, no podrá continuar. Pero bueno, al menos el descanso va a ser reparador. Nos ponemos en marcha a las cuatro y media y subimos el pequeño puerto de 4 kilómetros y después ya es todo bajada vertiginosa hasta Valença de Miño que es el último pueblo de Portugal. Lo pasamos de largo, aunque paramos en el albergue para preguntar cual es el puente hacia España.
Ponte de Priorato en Rubiáes.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Valença de Miño y Tui son dos ciudades fortaleza que están enfrente la una de la otra, a ambas orillas del Miño, separadas por un puente de 400 metros. Tradicionalmente era un lugar fronterizo de mercadeo y comercio, pero que ahora es menor debido a la inexistencia de fronteras en la Unión Europea. Llegamos a Tui a las cinco y media de la tarde y nos dirigimos al albergue, el cual está al lado de la catedral. No hay hospitalero y nos colocamos en una litera. Vemos que aquí hay muchos peregrinos que iniciarán el camino portugués. Tui es un lugar estratégico similar a Cebreiro, puesto que supera los 100 kms necesarios para la obtención de la Compostelana para los que van andando.

Valença do Minho (Portugal) vista desde Tui (España)

Tui (España) vista desde Valença do Minho (Portugal)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Hoy toca hacer la colada tras la ducha. Una vez hechos los deberes decidimos visitar la catedral, donde nos piden pagar entrada para verla ante lo que nos quedamos alucinados. Le decimos que es la primera catedral donde pasa esto y encima nos comenta que hemos ido a pocas catedrales. Menos mal que no estamos por la labor de discutir en la propia Iglesia. Después de no poder verla por dentro, damos un paseo hasta Portugal, así que volvemos a cruzar el enorme puente de hierro que une los dos países y que cruza el Miño. Ahora hay otro puente que forma parte de la autopista que une La Coruña con Oporto. Hacemos unas fotos a la fortaleza de Valença de Miño y nos volvemos a España para comprar la cena y tomarnos una cervecita en una de las animadas plazas de la localidad. Tras felicitar yo a mi abuelo Leonardo, que cumple 86 años y Antonio a su sobrina Maria Eugenia (que cumple menos) volvemos al albergue. La sorpresa al llegar al albergue es que nos está esperando la hospitalera con una pinta de “mala h…”. Lo primero que nos dice es que si hemos sido nosotros quienes les hemos indicado a una familia que la llamaran al móvil que señala el cartel de la entrada. Le decimos que sí, que como no estaba que es culpa de ella. Se enfada y nos amenaza con no dejar dormir a Antonio por no llevar la credencial. Aquí ya pierdo yo toda mi asertividad y la mando a freír gárgaras. Al final sí que nos deja pero advirtiéndonos que lo hace como un favor y que a las ocho de la mañana todo el mundo debe estar ya fuera del albergue. Conocemos a una señora mayor de unos 70 años que viene en bicicleta desde la República Checa, recorriendo todos los santuarios marianos: Alemania, Suiza, Italia, Francia, Camino de Santiago y ahora va para Fátima. Va sola, pero ella dice que lleva a la Virgen con ella y que la protege. Lleva ya la friolera de 4.000 kms recorridos y va cargada hasta arriba. Tras una cena consistente en fiambre y queso, acompañado de zumos y yogures nos vamos a acostar prontito. Hoy hemos recorrido 85 kilómetros.

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CAPÍTULO IV.- TUI - BRIALLOS: 74 Kms (19 de Agosto)
Hoy nos hemos levantado con “movida”. Para que la hospitalera no tuviera excusas para echarnos la bronca, nos hemos levantado prontito, hemos desayunado, preparado las alforjas, recogido el equipaje y a eso de las ocho menos cinco estábamos en el comedor junto a una familia de portugueses, los padres y dos niños que estaban desayunando con sus bollos, zumo, leche, etc. En estas que ha llegado la “Rotermeyer” de turno y les ha echado a la calle a acabarse el desayuno alegando que ya eran las ocho. Antonio la ha puesto verde en un instante, diciendo que no tenía vergüenza lo que estaba haciendo. Las voces eran atronadoras entre ambos, y cuando hemos salido a la calle, he continuado yo con ella. Al final hemos presentado una reclamación en el Ayuntamiento contra ella y nos ha amenazado con llamar al Xacobeo para que no nos dejen dormir en ningún albergue. Con estas hemos emprendido la marcha. Hoy hace fresquito y por vez primer tengo que utilizar los manguitos que tanto utilicé el año pasado en Asturias. El camino hasta Porriño es fácil, vamos por carretera comarcal, sin tráfico y rodeados de bosque todo el tiempo. Aparecen por primera vez los robles en el bosque, lo que les da un color oro y ocre muy bonito. A esta localidad se accede atravesando un Polígono Industrial. Antes de la entrada al pueblo se encuentra el albergue donde paramos a sellar. La hospitalera nos comenta que nadie les ha llamado dándole referencias nuestras y le contamos lo que ha pasado. Es muy maja y agradable y aprovechamos para llevarnos una guía del trayecto que nos falta hasta Santiago. Entre Porriño y Redondela, el trazado se vuelve más duro, puesto que comenzamos a alternar subidas entre las aldeas y bajadas, siempre por asfalto que nos pone los gemelos a estallar, puesto que en algunos casos hay que bajarse de la bicicleta y subir andando. El premio es comenzar a ver la ría de Vigo y la empanada de chocos que nos vamos a comer en Redondela, donde llegamos a las 11 de la mañana.

Ría de Vigo en las cercanías de Redondela

Autor: Damián Rojas Gómez.

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En el albergue de este pueblo sí que han recibido la orden de no alojarnos, así que decidimos hablar con Manuel Loureiro, que es el coordinador de albergues del Xacobeo. Tras bebernos una birra y comernos la empanada, quedamos con este señor en el albergue y aclaramos el incidente. Parece buena persona y nos comenta que esta hospitalera es sustituta y que no tiene nada de mano izquierda. Continuamos hasta Pontevedra por el Camino tradicional, pero nos damos cuenta que va paralelo a la carretera nacional 550 y las cuestas cada vez son más exigentes y nos obligan a bajarnos de la bici, por lo que los últimos 15 kilómetros los hacemos por la carretera. Pasamos junto a la Base Aeromilitar de Figuiredo, de triste actualidad por la muerte de 17 de sus soldados en Afganistán el pasado 16 de agosto en accidente de helicóptero. Pasamos Ponte Sampaio y llegamos a Pontevedra a la hora de la comida. No es nada del otro mundo, pero destaca la Iglesia de la Virgen Peregrina y alguna que otra plaza. Comemos una tortilla de patatas y una jarra de un litro de cerveza. La siestecita la echamos en un puente de madera abanadonado que hay a la salida de la ciudad. Nos quedan unos 20 kilómetros hasta Caldas de Reis, que en principio iba a ser el final de etapa.

Iglesia de la Virgen Peregrina (Pontevedra)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Tras la reconfortante siesta, avanzamos por el camino tradicional, muy cómodo, alternando tramos de bosque, camino, asfalto y hasta empedrado y calzada romana. Hoy estamos disfrutando a tope del paisaje, de la tarde y de la temperatura. A lo lejos vemos que se está incendiando algún bosque por la gran humareda que sale.

En la imagen de arriba Antonio se despereza de la siesta que nos echamos en un puente abandonado a la salida de Pontevedra.. En la imagen inferior, atravesando una zona de calzada romana entre bosques de castaños y robles.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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A las cinco de la tarde llegamos a Briallos, que está a cuatro kilómetros de Caldas y decidimos quedarnos aquí a pasar la noche. El albergue está recién inaugurado, pero ya está lleno. Algunos de los que ya están luego se comprueba que van en coche. Estas conductas sí que las debería perseguir el Xacobeo, ya que no es justo que el resto tengamos que dormir en colchonetas, mientras que estos impostores lo hacen en cama o litera. Nos alojamos en un pabellón nuevo con unas colchonetas. Conozco a una paisana de Noez que viene haciendo el camino acompañada de una madrileña que conoció en Tui. También coincidimos con unos scouts portugueses que vienen en bici, pero con coche de apoyo. Son un poco pijos y luego veremos que también tienen mucha jeta. Tras la ducha tradicional nos marchamos a ver las cascadas del río Barosa donde la gente se está bañando y nos tomamos una cervecita en una terraza. Vemos la carta del restaurante y decidimos que hoy pasamos de bocatas y cenaremos de raciones. Así lo hacemos: ensalada, calamares, chipirones y empanada de berberechos. Todo exquisito y a buen precio. Nos acostamos pronto, ya que mañana llegaremos a Santiago de Compostela. Hemos recorrido 74 Kilómetros.

Albergue de Portas (Briallos)

Entre parras de uva para hacer el vino de ribeiro tradicional de la Zona.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO V.- BRIALLOS – SANTIAGO DE COMPOSTELA: 45 Kms (20 de Agosto)
La noche ha sido “toledana” puesto que entre el calor y los mosquitos que me han picado por todo el cuerpo, hasta las tres no pude pegar ojo. Volvemos a madrugar y sin desayunar nos ponemos en marcha. La idea es desayunar en Caldas de Reis que está a quince minutos por la carretera. Nos tomamos un café con donuts. Las informaciones del incendio comentan que han tenido que cortar la autopista entre Caldas y el municipio de Valga, por lo que decidimos continuar por la carretera nacional, en vistas además de que hoy es sábado y hay poco tráfico. Caldas tiene un puente romano muy bonito llamado Ponte Bermaña, en el cual nos hacemos unas fotos. Continuamos la marcha y vemos en un bar de carretera a alguno de los scouts que todavía se quedaban en el albergue y que en principio iban andando. Menudo morro, van en un coche y encima llegan pronto a los albergues y duermen tan cómodamente.

Ponte Bermaña sobre el río Umia en Caldas de Reis (Pontevedra)

Por carretera llegamos a Pontecesures, un pueblo muy bonito, que tiene un puerto de río y un enorme puente con muchos ojos que debemos atravesar para llegar a Padrón, que por cierto, está a apenas dos kilómetros. En Padrón, visitamos la Iglesia de Santiago y el Convento del Carmen, además de sellar en el albergue que se encuentra contiguo a este último edificio. Pero lo que más nos gustó de este municipio fue la Casa Museo de Rosalía de Castro. Está junto a la vía del tren y tiene pinta de caserón antiguo de gente de clase alta. Tiene unos jardines “en los que se respira literatura” por todos sus rincones. La visita es corta, puesto que, además de cobrar, los dos responsables del museo están discutiendo “a grito pelado” entre ellos y decidimos continuar por un atajo hasta la Colegiata de Santa María de Iria Flavia, en cuyo cementerio se encuentra enterrado Camilo José

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Cela. Es curiosa su tumba, puesto que es muy sencilla pero colocada perpendicular al resto de sepulturas, quizás para dar la nota por última vez en su vida.

Puente sobre el río Ulla en Pontecesures.

Casa Museo de Rosalía de Castro en Padrón.

Tras hacernos unas fotos continuamos el camino por la carretera. Ya sólo nos quedan unos 20 kms para llegar a Santiago. El trayecto se va haciendo duro debido sobre todo al fuerte viento, que se complica con unas buenas subidas en la nacional 550. Pasamos por el Santuario de la Escravitude, que está contiguo a la carretera, pero ya no nos detenemos. Las ganas de llegar a Santiago pueden con nuestra idea de hacer turismo. El último municipio que cruzamos es Teo, y ya

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solamente desde aquí son apenas 7 kilómetros, que hacemos casi callejeando por Santiago de Compostela. Pasamos bordeando el Parque de Santa Susana, muy cerca de la calle Romero Donallo, conde tenemos el coche en el parking, pero decidimos que lo mejor es ir directamente a la Plaza del Obradoiro. Entramos por la Rúa do Franco y por cuarta vez, nos encontramos frente a la Catedral de Santiago de Compostela. Son las doce del mediodía y acaba de comenzar la misa del Peregrino, por lo que está cerrado el Pórtico de la Gloria. Tras las fotos de rigor, Antonio y yo juntos, como siempre con el esfuerzo en nuestra cara, nos vamos a la Plaza de las Platerías a recoger la Compostela. No hay mucha gente esperando, pero tardamos alrededor de una hora. La espera nos sirve para conocer a un matrimonio de gallegos muy majetes y a una chica argentina que viene haciendo el camino sola desde Santo Domingo de la Calzada. Los gallegos nos recomiendan que vayamos a probar la empanada de congrios al Bar el Gato Negro. Tras recoger la “Compostela”, que a Antonio, por cierto, casi no le quieren dar, porque sólo demuestra haber salido de Tui, pero menos mal que yo le eché un cable y se creyeron que salíamos desde Oporto; nos marchamos a comer dos raciones de empanada, que nos saben a gloria. También aprovecho para comprar unas tartas de Santiago y tomarnos una cervecita en el Parador Nacional de los Reyes Católicos.

Tradicionales fotos en Santiago de Compostela, por cuarta vez.

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EPÍLOGO
La aventura ha vuelto a merecer la pena. Ha sido el viaje más corto de todos. En total hemos hecho 280 Kilómetros, que son menos que en otros viajes, pero los hemos disfrutado a tope. Ha hecho buen tiempo, no ha habido problemas físicos, salvo la diarrea de Antonio que le duró una jornada, y, en definitiva, hemos venido encantados de Portugal, de sus gentes, paisajes, ciudades, etc. Creo que, momentáneamente hemos cerrado un ciclo de Caminos y aventuras por el norte. Pero aún nos quedan muchos caminos por recorrer, como son las Rutas del Quijote, que en este año que se celebra el IV Centenario de su publicación, y que ya hemos comenzado a realizar, u otras rutas por otros sitios. Nunca sabemos lo que haremos en el futuro, pero espero que la semilla del Camino de Santiago o, mejor dicho, de los “Caminos” que cada uno quiera realizar y por las motivaciones que le impulsen a hacerlos, germine en todos aquellos que lean estas aventuras. La idea es que el amor a la bicicleta de montaña se combine con el turismo, la belleza de los paisajes, de nuestro entorno rural (que también es una forma de protegerlo), de nuestras gentes, etc, para poder disfrutar de estos momentos, para lo cual recomiendo a todo el mundo que, alguna vez en la vida, HAGAN EL CAMINO. Y como siempre que llego al final, el saludo peregrino.

ULTREIA

Mojón del Camino entre Santiago y Fisterra

Autor: Damián Rojas Gómez.

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EL CAMINO DEL NORTE POR LA COSTA
Gijón – Santiago de Compostela

(2007)
Del 15 al 19 de Julio de 2007
Autor: Damián Rojas Gómez.

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Prólogo
Ya contábamos en el Camino Portugués, concretamente en el epílogo, que probablemente cerrábamos un ciclo de caminos de Santiago en bicicleta y que desconocíamos si volveríamos a repetir aventura. Como no podemos adivinar el futuro, no sabíamos si nos iban a quedar ganas y fuerzas de iniciar una nueva ruta. Lo que sí es cierto es que desde finales de 2006 y puesto que este año para mí ha sido muy especial con el nacimiento en mayo de mi primera hija: Lucía, si que consideré que era muy pequeña para dejar solas, tanto a la peque como a Sonia, de forma que no eché de menos la aventura en alforjas que tantas veces había realizado. Pero como ya he dicho, a finales de 2006 me comenzó de nuevo a entrar el gusanillo de planificar una ruta y pensé en hacer el Camino de Levante que pasa muy cerquita de Sonseca, y hacerlo desde la puerta de mi casa. Era una locura, puesto que son casi 700 kms enlazando con el camino mozárabe en Zamora. Esta “locura” al final se desdibujó entre mis planes, pero sí que me animé a retomar una ruta que en 2004 cuando hicimos el Camino del Norte en su variante del camino Primitivo dejamos a un lado en Villaviciosa (Asturias): El Camino de la Costa. Así que, tras indagar, buscar guías, puntos de partida, formas de llegar al punto de salida, convencer a mi fiel compañero de fatigas Antonio para que me acompañara (cosa, que por cierto no resultó muy complicada), decidimos comenzar en Gijón y durante menos de una semana hacer un camino que estaba en torno a los 350 kms. La fecha elegida para este año ha sido el mes de julio, por ser la que mejor le viene a Antonio, y como a mí me daba un poco igual, pues decidimos adelantar un mes respecto a otros años. Solamente nos quedaba un inconveniente que sortear y probablemente el más difícil: convencer a mi mujer Sonia de que no se enfadara si volvía a “las andadas”. La verdad es que tengo que decir que soy afortunado en este sentido, porque sé que a ella no le hace mucha gracia que la deje durante una semana y más ahora que la niña ya tiene quince meses y precisa de supervisión constante, pero también sé que ella sabe que esta es una de mis pasiones y creo que me quiere tanto que es incapaz de ponerme mala cara por seguir una pasión tan indescriptible para mí como es el Camino de Santiago en bici. Además a ella le atrae la idea de pasar una semana en casa de sus padres en Villaminaya y esto hace que para ella sea más llevadera la ausencia. Tras conseguir una buena guía del camino que gentilmente me facilitó Juan Francisco, uno de los compañeros del Club Ciclista Sonseca y buen amigo peregrino, el cual este año también hará esta ruta probablemente comenzando en Irán, y tras alquilar un coche para llegar a Gijón, el sábado 14 de Julio nos ponemos en marcha Antonio y yo a las 7 de la mañana rumbo a otra nueva aventura jacobea: EL CAMINO DEL NORTE POR LA COSTA.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO I: SONSECA-GIJÓN 14 de julio
Ya hemos comentado en el prólogo que en esta ocasión decidimos utilizar un vehículo alquilado que recogimos el día antes en Toledo y que dejaremos en Gijón, para comenzar a pedalear en la jornada del día siguiente. La noche anterior hemos dejado cargado todo el equipaje para no perder tiempo y aprovechar la madrugada y partir rumbo hacia el norte. Dicho y hecho, a las 7 en punto estamos en camino con un Citroen C3, que la verdad, es un poco pequeño y van las bicis y las alforjas un poco apretadas. Además tampoco le sobra mucho motor, pero bueno, tampoco vamos con prisas. Hoy sábado hay poco tráfico en Madrid, y tras sortear la M50 rápidamente hemos cogido la Nacional VI y tras alguna pequeña parada como la que hicimos en el Embalse de los Barrios de Luna, muy cerca de la comarca de Babia, llegamos a las 13,00 horas a Gijón, justo para coger la habitación en el Hotel Begoña que Antonio había reservado en pleno centro de la ciudad y dejar el coche en la empresa de alquiler. Tenemos suerte porque la empresa de alquiler está justa detrás del propio hotel y llegamos rápido sin tener apenas que callejear por Gijón.

Embalse de los Barrios de Luna, en la misma AP 66 cerca ya de Asturias

Nada más alojarnos en el Hotel y llamar a las familias decidimos buscar una “tasca” donde comer unos pinchos y saborear una buena sidrina o en su defecto una refrescante birrita. Nos dirigimos al casco viejo, más concretamente a la zona del puerto donde abundan los bares pequeñitos sin mucha sofisticación. Nos tomamos unas cervecitas y cómo el hambre aprieta y los pinchos son escasos, decidimos irnos al hotel a comernos los bocatas de tortilla y queso que preparamos la noche anterior, aunque antes, en la plaza del Ayuntamiento de Gijón hay un mercadillo y compramos un queso similar al Cabrales, pero de otra comarca, pero con el mismo sabor, para acompañar a los bocatas.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Tras la comida y la reconfortante siesta, yo arreglo los frenos tanto de Antonio como los míos ya que con el trasiego del desmontaje de bicicletas se han descentrado un poco y rozan en las ruedas. Y después decidimos ir a darnos un baño a la Playa de San Lorenzo, puesto que hoy hace bastante calorcito y apetece. Cogemos las toallas del hotel, blancas impolutas, y comenzamos a buscar sitio entre los miles de bañistas que hay en la playa. No entiendo de donde sale tanta gente, hasta que caigo en que es la Semana Negra de Gijón y hay un ambientazo en la ciudad. Al final conseguimos un pequeño sitio donde colocarnos y nos damos un bañito refrescante. Después del baño el paseo y decidimos recorrer todo el paseo marítimo que es muy largo y lleno de colorido para subir a ver el barrio de Cimadevila que divide la costa gijonesa en dos, es una especie de cabo.

La Playa de San Lorenzo de Gijón hasta los topes

No sé porqué, recuerdo en ese momento que me he dejado las gafas de sol en casa y que son muy necesarias para andar en bici. Ya ves, después de llevar una semana preparando el equipaje, con una lista de todo lo imprescindible, se me olvidan las gafas. Así que entre el colorido del paseo encuentro un puesto de bisutería africana y también de gafas. No son muy buenas, pero para cinco o seis días son suficiente. También nos encontramos con una manifestación a favor del pueblo saharaui y lo más curioso un puesto con banderas republicanas, con las que Antonio casi se emociona, reclamando justicia y memoria histórica para muchos represaliados asturianos durante la dictadura. Cimadevila es un barrio pequeño, cuenta con la Iglesia Mayor de San Pedro, de estilo gótico y justo detrás el Cerro de Santa Catalina donde hay una gran escultura de Eduardo Chillida, “El elogio del horizonte”. Tras dar un paseo por esta zona, toda de césped frente al mar, bajamos al otro lado de la costa gijonesa, la del puerto deportivo, donde está el Palacio de Revillagigedo y la Plaza Mayor con el Ayuntamiento. Después de un paseo de más de una hora decidimos volvernos al hotel para cambiarnos y salir a cenar. Antes, en el parque de Begoña vemos que se está celebrando una muestra de bailes populares con gaitas y trajes típicos asturianos.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Bailes típicos asturianos en el parque de Begoña

Elogio del Horizonte de Eduardo Chillida

Salimos a cenar, no sin antes parar a tomarnos una botella de sidra en una terracita. No ponen pinchos ni nada por el estilo, así que con unos culines basta, que el hambre aprieta. Nos decidimos por un restaurante italiano que debe ser bueno porque está hasta arriba de gente. Nos ponemos morados a pizza, ensaladas y raviolis, tanto que creemos que hemos cenado mucho y que no podremos dar pedales mañana. Después nos acercamos al recinto ferial donde se celebra la Semana Negra y está todo lleno de chiringuitos y de gente por todos lados. La música a todo volumen y casi no hay sitio para andar. Llega un momento que nos agobiamos y decidimos irnos para el hotel que mañana hay que ponernos en ruta prontito.

Barrio de Cimadevila (Gijón)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO II: GIJÓN – CUDILLERO: 57 Kms (15 de julio)
Nos levantamos a las 8 y poco y tras desayunar en el hotel Begoña hacemos el equipaje y lo montamos en los transportines. Esto es lo más rollo, colocar las alforjas, el saco, esterilla, los pulpos, etc, pero bueno, se tarda poco y es lo que tienen estas aventuras. A las 9 en punto estamos ya dando pedales callejeando por Gijón. La salida no es complicada, puesto que no hay que hacer nada más que buscar el puerto y seguir dirección hacia occidente. Tenemos que preguntar a algunos vecinos y salimos por el barrio de La Calzada cruzando el ferrocarril buscando el puerto de El Musel. Tras bordear esta zona de carga y descarga de grandes buques cruzamos un túnel que “acojona” un poco hasta bordear la Central de Aboño, que son minas de carbón y de otros minerales que sorprende que aún continúen en activo y que trabajen en domingo. Buscamos la carretera comarcal que nos lleve a Avilés. Vemos varios desvíos a Candás, y de momento de flechas amarillas nada de nada. No nos preocupa, se va muy bien por carretera sin apenas tráfico. El paisaje, la verdad es que es un poco negruzco, lo propio del carbón y mezcla de verde con gris, de momento no nos apasiona, hasta que por fin. Tras pasar por Tabaza, llegamos a Avilés sobre las 11 de la mañana. Como es domingo hay muy poca gente por las calles. Nos sorprende el casco antiguo tan bonito que tiene. Bordeamos el puerto deportivo y nos metemos en plena ciudad. Destacan su Plaza Mayor con el palacio de Ferrera, la iglesia de San Francisco, el palacio de Valdecarzana, etc. Damos un paseíto por sus calles de soportales antiguos donde se ubican pequeñas tascas y sidrerías y definitivamente es una ciudad que nos sorprende, puesto que sus alrededores están llenos de industrias siderometalúrgicas, con muchas chimeneas echando humo que parece que nos vamos a encontrar una zona deprimida y fea, y sin embargo no es así.

Entre hortensias camino de Tabaza (Asturias)

Casco histórico de Avilés (Asturias)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Buscamos la salida de Avilés por el barrio del Sabugo y nos encontramos las primeras flechas amarillas del camino de Santiago. Entramos en el llamado Valle de Quiloño, y decidimos que hay que tomar el primer refresco en Piedras Blancas. Este pueblín parece que gira todo en torno a la carretera N-632 y son casas aisladas al lado de la calzada, con sus jardines con hortensias y césped, muy bonitas todas. Paramos en un bar y nos tomamos un zumo de tomate y una fanta. El cielo está muy encapotado. Si cuando salimos de Gijón hacía un día espléndido, se ha ido cubriendo de nubes plomizas que amenazan lluvia en cualquier momento. Pero nosotros no nos desanimamos. Seguimos la jornada y comienzan a caer algunas gotas. Vamos bordeando la costa y se ven unos paisajes preciosos del Cantábrico, pero comienza a llover con más intensidad. Tras pasar por Soto del Barco, cruzamos el río Nalón por Muros de Nalón que es donde desemboca. Aquí nos tomamos unas cervecitas y aprovecho para llamar a Sonia y a mis colegas del CC Sonseca para que me cuenten la ruta de hoy domingo. Aquí ya no es chirimiri lo que cae, más bien es lluvia de temporal. Tras esperar un rato decidimos cubrir las alforjas con las bolsas de plástico que llevamos y además ponernos los chubasqueros. En un momento que amaina la lluvia decidimos salir para Cudillero ya que nos queda a unos simples 4 kms que nos parecen pocos y que con suerte podremos comer en este bello pueblo marinero. Apretamos los pedales y le damos caña a la bici, pero es tarde, se lía a llover a mantas y aunque el trayecto es casi todo cuesta abajo, llegamos a Cudillero a las 13,00 h totalmente empapados, y lo que es peor, con el equipaje también con agua. Solamente llevamos recorridos 57 Kms.

Río Nalón a su paso por Muros de Nalón (Asturias)

Tras dar una vueltecita inicial por el pueblo, que por cierto es una preciosidad (ahora os contaré), y tras ver que la lluvia va para largo, decidimos que es momento de comer. Tras preguntar a una policía local donde estaba el albergue más cercano y tras dejarnos un poco chafados, porque está en Soto de Luiña, a unos 12 kms, pensamos que con el estómago lleno se piensa mejor lo que hacer. Así
Autor: Damián Rojas Gómez.

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que dicho y hecho, en uno de esos restaurantes de turistas, atestado porque es domingo y encima lloviendo, nos metemos un menú del día con fabada y escolopines con salsa de cabrales, vamos lo típico de por aquí. Nos viene muy bien porque nos secamos un poco y de paso, vemos como Pedrosa gana una carrera del mundial de Moto GP. Tras la comida, y con la tarde con pinta de mejorar poco, decidimos preguntar al sacerdote si “da posada al peregrino”. La respuesta es afirmativa, pero no creáis que nos ofrece su “dulce morada”, no, el albergue de transeúntes, el cual tiene una aire siniestro y lúgubre. No nos lo pensamos, nos buscamos un hotel aseadito, no excesivamente caro y con un trato exquisito: El Hotel Isabel, de dos estrellitas, pero muy majo. Nos damos la duchita de rigor y además ponemos la calefacción para secar toda la ropa mojada. Vemos la etapa del tour de Francia y con la tarde lloviendo dormimos un rato. Al atardecer amaina el temporal y decidimos salir a ver el pueblo. Es una preciosidad, enclavado en la ladera de una montaña frente a un entrante de mar que le protege. Las calles son inaccesibles para los coches de forma que hay escaleras y pasadizos y las casas se van escalonando en la ladera, formando como un anfiteatro frente al paseo marítimo. Con las luces del crepúsculo aún es más bello. Nosotros damos un paseo por el faro, por el puerto, en unos miradores impresionantes desde donde se ve el mar chocar con las rocas. Vamos que es idílico, y más aún si lo acompañas de una cena junto a la lonja con unas jarras de cerveza y fritura de pescado: chipirones, rabas, boquerones, etc. El plan perfecto. No hemos avanzado apenas nada en este primer día de camino por la Costa, pero ya hemos probado lo tradicional de por aquí: la lluvia, la sidra y el pescaíto. A las once de la noche nos recogemos, a ver si mañana hay más suerte y podemos llegar a Ribadeo, siguiente punto de destino. Total recorridos: 57 Kms. Aquí tenéis unos pocos detalles fotográficos de la belleza de este pueblo asturiano.

Casas tradicionales enclavadas en la ladera de la montaña rodeando el puerto de Cudillero.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO III: CUDILLERO – TAPIA DE CASARIEGO: 101 Kms (16 de julio)
Hoy hemos decidido madrugar aún más, antes de las 8 ya estábamos en pie. El día se presenta despejado por lo que es bueno aprovechar el buen tiempo para avanzar en nuestra peregrinación. Teníamos contratado el desayuno en el hotel y tras un almuerzo frugal, sin excesos ni florituras nos ponemos en ruta a las 8,30. “La primera, en la frente”: para salir de Cudillero hay que salir por el puerto y subir unas rampas de cuidado que nos hacen poner el plato pequeño porque son durísimas, de hecho va a ser lo más duro de todo el camino. Menos mal que solo son dos kilómetros entre bosque, pero la carretera se agarra bien a las ruedas. Además lo bueno es que vamos viendo por última vez este bonito pueblo marinero.
Una última vista del faro de Cudillero antes de salir

Tras bordear la Turbera de Las Dueñas, cogemos la Nacional 632 y tras pasar por Artedo nos desviamos de la nacional vieja y nos acercamos a Novellana, para sorpresa nuestra. Este pueblín ha sido declarado varias veces como pueblo más bonito de Asturias, pueblo ejemplar, etc y tiene unas playas espléndidas. A nosotros nos atrae la playa del Silencio, la cual resulta que para acceder a ella se debe llegar hasta la aldea vecina de Castañeras. Tras preguntar a unas señoras que están dando un paseo, nos recomiendan que cojamos las carreteras comarcales casi abandonadas y sin apenas tráfico. Tras una serpenteante carretera de montaña, rodeada de castaños, robles y otros árboles nos llegamos a esta localidad buscando la playa encantadora. Al principio cuesta llegar a verla porque está enclavada en un precipicio al que hay que acceder todo en un camino de cemento todo en bajada, pero la espera merece la pena y no nos defrauda, la Playa del Silencio es impresionante. El problema es que no podemos bajar puesto que cuando finaliza el camino hay que bajar por una escalinata y no merece la pena hacer tanto esfuerzo porque no nos vamos a bañar, pero la vista es alucinante. En este gran momento del camino nos llama Julia Ponce que está camino de Benidorm. Le tratamos de transmitir el sentimiento que nos produce este momento indescriptible. Como pequeña muestra os dejamos unas fotos para que si algún día venís por estas tierras compartáis con nosotros la dicha de la vista.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Playa del Silencio, en el municipio de Castañeras (Asturias) y vistas de la costa en el mismo sitio.

Seguimos la ruta siempre por carreterines comarcales donde ya nos vamos encontrando algún peregrino que otro, que van andando. Los árboles nos van dando sombra y la temperatura acompaña, serán unos 20 o 22 grados aproximadamente. Lo ideal para pedalear, aunque haya tramos de subida que se hacen muy llevaderos. A Antonio le veo en peor forma que en años anteriores, de hecho ya me lo advirtió en la salida: “Este año vas con un discapacitado”, yo creo que son los 43 años que ya le pesan. Llegamos a Cadavedo, pueblo también muy turístico con pequeños hoteles rurales, todo lleno de hortensias, que a mí me impresionan. En este pueblo decidimos parar a comprar un poco de fruta, que hasta ahora no hemos comido apenas. Son las once y media y todavía queremos pasar por Luarca y la idea es comer en Navia. Ya veremos. Tras el reconfortante almuerzo seguimos bordeando la costa asturiana pasando por Caroyas, junto al Cabo de Busto, Barcia, y la siguiente parada es en Luarca.

Luarca (Asturias)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Zona del Puerto de Luarca

Este pueblo marinero destaca por ser antiguamente un lugar de pesca de ballenas. Cuenta con el palacio del Marqués de Ferrera del siglo XVI y aquí desemboca el río Negro, formando una amplia playa en los diques del puerto. Damos un buen paseo por el puerto y vemos las playas. No es tan bonito como Cudillero debido sobre todo a la mezcla de tipos de construcciones que se asoman al río, pero tiene similitudes. Sellamos la credencial en la policía local y tras callejear un rato decidimos que es el momento de “apretarnos” unas cervezas. Lo hacemos en la plaza del Conceyu (o sea del Ayuntamiento). En Luarca también es muy famoso el cementerio que se asoma al mar y desde el que se observan las mejores vistas del pueblo y de la costa. Pero nosotros no estamos ya para subir a ver tumbas ni nichos, así que tras las birritas, de nuevo a dar pedales.

Queremos andar unos pocos kilómetros más hasta Navia. El tiempo, por cierto se está estropeando, comienza a nublarse y ya estamos con la mosca detrás de la oreja. En fin, que de momento nos respeta. La salida de Luarca es dura, aquí cambiamos de carretera y ya es la N-634. hay unas pocas subidas que nos hacen obligarnos un poco, pero bueno, de momento lo sobrellevamos. Entre Luarca y Navia hay unos 20 kms aproximadamente, de forma que creemos que sobre las dos y media llegaremos. Comienzan a caer algunas gotitas, pero sin importancia. Tras 10 kms de pendiente constante tendida, pero subiendo, yo voy hacia delante unos 100 metros, como casi siempre. No le quiero decir nada a Antonio, pero tengo el estómago vacío y echo en falta algo de dulce, creo que me estoy agarrando una “casipájara”. Llega un momento que ya no puedo más y se lo comento, lo curioso es que a él le pasa lo mismo. En un bar de carretera lo que pedimos son dos “crunchs” de chocolate para cada uno. Nunca pensé que unas barritas de chocolate me iban a saber a gloria como estas de hoy. Solo paramos 10 minutos pero lo suficiente para recargar las pilas y llegar a las 3 de la tarde a Navia. Hoy vamos a comer de picnic, así que en un supermercado compramos jamón serrano, queso y pan y nos apretamos unos bocatas deliciosos con un poco de fruta, junto a la Ría. Este pueblo también ha sido un importante centro ballenero en la antigüedad y aún quedan restos de murallas medievales de esos tiempos. La calle más típica es la calle de las Armas. Nosotros no nos hemos detenido mucho a admirar la localidad, pero tiene muy buena pinta.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Nos tomamos un café para desperezarnos un poco de la siesta y a las 4,30 estamos otra vez en ruta porque vemos que el cielo se está otra vez empeorando.

Antonio preparando unos ricos bocatas de jamón y queso en Navia

La salida de Navia también es un continuo sube y baja por la carretera. Comienza a llover y nos tenemos que refugiar en una cochera. Tras un momento de parón en la lluvia decidimos apretar nosotros aumentando el ritmo, y tras dejar a un lado localidades como La Caridad, El Franco y Salave, y a punto de entrar en Tapia de Casariego se desata una tormenta de aparato eléctrico que nos hace refugiarnos en un porche de aperos de labranza que vimos abierto. Menos mal que ha comenzado a llover justo cuando entrábamos en el pueblo. Son las seis de la tarde, llevamos 101 kilómetros y yo estoy ya deseando ducharme y dejar de dar pedales por hoy. Nos faltan 10 kms hasta Ribadeo, que era el punto de destino para hoy, pero viendo cómo está la tarde y teniendo en cuenta que aquí hay albergue nos hace replantearnos las cosas. Mientras esperamos a que escampe en el porche de ganado, sale el propietario con el que charlamos amigablemente. Nos cuenta que el pueblo está en fiestas porque hoy es la Virgen del Carmen y que es la patrona de los marineros y de este pueblo. Tras un pequeño respiro en la lluvia llegamos al centro del pueblo, el cual tiene muy buena pinta y llegamos al albergue, el cual está frente a un acantilado junto al mar. Hay dos chicas que nos dicen que solo hay otras dos féminas alemanas y ellas, que luego sabremos que son eslovenas, y que no hay hospitalera porque el pueblo está en fiestas. El albergue no tiene cocina, pero si está aseadito, cómodo y buenas duchas.
Vista desde la parte trasera del albergue de Tapia de Casariego (Asturias)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Como todavía no es muy tarde, decidimos esperar a ver que pasa con la lluvia mientras damos una vuelta por el pueblo. Frente al albergue preguntamos a un taxista como está el Puente de los Santos en Ribadeo para cruzarlo debido a las obras. Nos dice que está un poco peligroso y que a los peatones los desvían por Castropol y Vegadeo dando un rodeo de unos 20 kms pero que él lo cruzaría si fuéramos en bici, ya que son unos 500 metros y merece la pena arriesgarse y cruzarlo. Nos lo pensaremos. Tras recorrer 200 metros desde el albergue se desata otra tormenta con gran aparato eléctrico que nos hace tener que refugiarnos en los soportales del Centro de Salud. Aquí charlamos con una pareja que parece que está de paso por el pueblo y con dos ancianas que discuten sobre qué pueblos son bonitos de Galicia: Burela, Viveiro, etc. La verdad es que casi acabamos con la cabeza loca del palique de las dos, pero nos hacen más amena la espera a que escampe. Cuando deja de llover, descubrimos un pueblo encantador, con unas playas amplias, acantilados, un puerto precioso, engalanado para la fiesta del Carmen, todo con banderas españolas y asturianas. Decidimos cambiarnos, ducharnos y quedarnos a pasar la noche aquí. Además es la primera noche que estaremos en albergue de este camino, que ya se echa en falta, que parecemos señoritos con tanto hotel. Tras la ducha de rigor y tras hacer un poco de colada: culottes, maillots, calcetines, etc, nos acicalamos un poco, que estamos de fiestas y damos un paseo por el pueblo del cual dejamos algunas fotos como muestra:

Vista del puerto de Tapia de Casariego con el faro al fondo a la izquierda

Rompientes del Cantábrico en Tapia.
Autor: Damián Rojas Gómez.

Puesta de sol junto al faro de Tapia

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Tras tomarnos unas cervecitas en un bareto junto al puerto, nos decidimos por cenar unos platos combinados, por salir un poco de las comidas típicas, que nunca vienen mal unos huevos fritos con patatas y chorizo. Aprovecho para llamar a casa de Sonia y felicitar a mi suegra que es su santo y su cumpleaños. Tras comernos unos helados, decidimos ver la puesta de sol en un entorno idílico, aunque nos acordamos de lo bonita que fue ver la puesta de sol en Finisterre en 2005 cuando hicimos el camino portugués. Ya hemos comentado que el pueblo estaba en fiestas: puestos por todos lados, atracciones para los niños,…. y música: dos orquestas preparadas para actuar en la plaza del Concello: la Orquesta Cañón es una de ellas y no lo hacen nada mal. El montaje, espectacular y las cantantes tampoco están nada mal.

En la verbena de las fiestas del Carmen y junto a los rompientes de la costa. Tapia de Casariego

Tras escuchar unos pocos ritmos tanto latinos, como pachangueros y pasodobles, decidimos marcharnos al catre que el cuerpo ya está un poco cansado. Cuando llegamos al hotel ya están en el mismo todas nuestras compañeras y charlamos con una de ellas, la cual nos sorprende cuando nos dice que es eslovena. Yo la verdad es que aunque notaba un acento un poco raro, pensaba que podría ser catalana o valenciana, por la perfección con la habla, pero luego nos cuenta que ha estado un año de “Erasmus” en Salamanca estudiando dos carreras: filología hispánica y sociología y que ella no salía de botellón nunca, que era muy formal y que solamente le gustaba salir a bailar. La verdad es que no me lo creo, porque la chica está bastante buena y creo que se lo debe haber montado bastante bien en el añito que ha estado en Salamanca. Vienen haciendo el camino en bici. Tras el ratito de conversación nos vamos al catre. Total recorrido hoy: 101 Kms, mañana entramos en Galicia.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO IV: TAPIA DE CASARIEGO – VILLALBA: 91 Kms (17 de julio)
Pese a que hemos dormido fenomenal, hoy nos pegamos un buen madrugón porque entre el ruido de las cuatro compañeras de albergue y las moscas que con la luz del día comienzan a ponerse “pestosillas”, a las 7,30 ya estamos en pie. Tras conversar con nuestras amigas eslovenas sobre los planes del día de hoy, y tras hacer el equipaje y recoger todas nuestras ropas secadas durante la noche, nos ponemos en marcha a las 8 sin desayunar. Ya lo haremos a lo largo del trayecto. Pero antes de salir la primera sorpresa: no encontramos la guía fotocopiada del camino que me traje. Estaba en una bolsa de plástico junto a la credencial de Antonio la cual también hemos extraviado. Yo me pongo con una mala leche, ya que el último que la llevaba era Antonio, pero la suerte a veces también juega buenas pasadas. Frente al albergue y en el suelo en medio de la calzada hay una bolsa de plástico, la cojo, la abro y es nuestra guía, toda impecable, junto a la credencial de Antonio. Se le debió de caer ayer al atardecer, mientras corríamos a refugiarnos de la lluvia y aunque han pasado por encima de ella varios coches, no le pasa nada. Decidimos sobre la marcha que no vamos a dar la vuelta a la ría del Río Eo por Vegadeo y Castropol, sino que le vamos a echar un par de narices y cruzaremos el puente aunque suponga hacer un buen atasco de coches. Paramos a desayunar en un bar de carretera en Serantes, muy cerquita ya del Puente de los Santos y volvemos a ver a nuestras amigas eslovenas. El puente impresiona por su magnitud, pero apenas podemos pararnos a mirar porque lo único que pensamos es en cruzarlo a la mayor velocidad posible. Los coches que vienen detrás de nosotros sin poder adelantar tienen una gran paciencia, pero vamos que son apenas 500 metros y en un pis pas lo cruzamos. Justo al final del mismo nos encontramos con Castropol. Foto tomada desde el puerto de Ribadeo la entrada a Ribadeo, que es el primer pueblo de Galicia. Lo que vamos buscando sobre todo es ver la ría en todo su esplendor por lo que bajamos al puerto y desde allí se ve enfrente de Ribadeo, Castropol que tiene una pinta encatadora y al fondo de la ría Vegadeo. En Ribadeo destaca la iglesia de Santa María do Campo y la Capilla de la Santísima Trinidad. En el Ayuntamiento sellamos la credencial y tras dar un paseo por el pueblo, nos ponemos en camino buscando la Playa de las Catedrales. Para hacerlo tenemos que desviarnos de la ruta tradicional y buscar la carretera que

Autor: Damián Rojas Gómez.

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lleva a San Cosme de Barreiros y a Foz, aunque luego retomaremos el camino principal hasta Lourenzá, pero creemos que merecerá la pena. Así es, a unos 10 kms de Ribadeo nos encontramos con uno de esos lugares que se te queda grabado para toda la vida: La Praia de As Catedrais que está compuesta por unas rocas gigantescas a las cuales la erosión del agua a agujereado formando túneles que parecen las bóvedas de una catedral. Hay poca gente a estas horas, que es cuando mejor se observan, con la marea baja y aprovechamos para hacernos unas fotos como demuestran las imágenes que os adjunto:

Playa de Las Catedrales (Ribadeo), uno de los lugares más bonitos del Camino de la Costa.

En cada camino hay un lugar que se nos queda grabado, en este ya tenemos el nuestro. Este paraje es maravilloso y no me extraña que esté lleno de autocaravanas acampadas muy cerquita. De verdad que merece la pena el esfuerzo de desviarse unos kms del camino tradicional. Tras extasiarnos con la belleza de la naturaleza retomamos el camino por la carretera N-634, siempre en continua ascensión muy tendida, pero con un buen viento en contra que poco a poco va machacando. Antonio comienza a no encontrarse muy bien, en cada pequeño repecho se va quedando y se le ve mala cara. Cruzamos San Cosme y Vilamor y a la altura de Lourenzá paramos en una tienda para comprar fruta y zumos. Ya hemos perdido definitivamente la costa de nuestras miradas y el paisaje se transforma en un vergel de valles fértiles y montañas salvajes que nos intimidan un poco sobre todo teniendo en cuenta que probablemente haya que cruzarlas para llegar a nuestro destino. Tras unos kilómetros de subida, comenzamos un buen descenso hasta Mondoñedo, y justo a la entrada al pueblo, primer y único pinchazo de esta aventura, la rueda delantera de Antonio se queda sin aire. Pero vamos, en cinco minutos el problema está solucionado. La idea era conocer Mondoñedo, que es uno de los puntos religiosos claves de este camino.
Paisaje típico de Galicia (Lourenzá)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Mondoñedo es la sede de la diócesis Lugo-Mondoñedo y cuenta con una catedral, la de Santa María, edificada inicialmente en estilo románico destaca sobre todo por su fachada de estilo gótico. Antonio me comenta que el obispo de aquí es de los más conservadores de España, y yo le digo que porque no conoce al Cañizares nuestro de aquí de Toledo, que no creo que le gane.

Fachada de la Catedral de Mondoñedo y Plaza Mayor de esta bonita localidad lucense.

Aquí nos detenemos en la plaza de la catedral y aprovechamos para bebernos unas cervecitas. Antonio debe andar mal porque se niega en rotundo a beberse un segundo bote de birra y compra una empanada que, la verdad, dejaba bastante que desear, y creo que de gallega tiene poco. Tras el refrigerio nos preparamos para ascender el puerto más duro de todo este camino: el Puerto Da Xesta el cual tiene en total unos 13 kilómetros, pero de buena carretera y tendido. El problema es que estamos en pleno mediodía y hace un fuerte calor, el cual se agrava por el resguardo de la arboleda de la carretera. Pero da gusto subir tranquilito entre árboles, lo que pasa es que voy preocupado por Antonio, el cual cada vez viene peor. En un momento dado, cuando llevamos más o menos la mitad de la subida se tiene que parar. Me comenta que le duele mucho un riñón y que cree que puede ser del agua, pero que está fatal con la espalda. Le digo que tranquilo porque no llevamos prisa y que se lo tome con calma. La idea es comer en Abadín, que está a unos 10 kms de donde hemos parado, por lo que tampoco nos queda tanto. El tiempo, por cierto, comienza a ponerse nublado y cae alguna gotita que otra. La verdad es que hoy hace calor, por lo que se agradece un poco de nubes. Tras descansar un poco, llegamos a Abadín a las dos y media. Preguntamos a unos aldeanos donde podemos comer y nos recomiendan un restaurante en la misma carretera. Nos metemos unas buenas fabes y pescado. A ver si Antonio se

Autor: Damián Rojas Gómez.

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recupera, pero al final se tiene que tomar un gelocatil y un almax. Como vamos muy bien de tiempo y de kilómetros (ya vamos hoy por 70), decidimos ver en el bar la etapa reina del Tour con la subida al Galibier. Además parece que se va a liar a llover en cualquier momento. A las cinco de la tarde nos ponemos en ruta dirección a Villalba. Aquí la carretera es casi toda bajada y se hace muy agradable recorrer kilómetros. De hecho en una hora hacemos los 20 kilómetros que separan Abadín de Villalba. En la misma carretera y en la aldea de Goiriz, nos encontramos con un entierro. Los cementerios por esta zona son muy recargados en cuanto a decoración y paramos a hacer algunas fotos. Nos juntamos con los feligreses que acuden a misa a acompañar al fallecido. En el cementerio abundan los apellidos como el de Fraga, se nota ya que estamos llegando a la patria chica de Don Manuel. Enseguida llegamos a Villalba, destino final de la etapa de hoy. La entrada al pueblo es una larga recta tras un polígono industrial que parece interminable. Paramos en una gasolinera, no a echar gasoil a la bici, sino a comprar la prensa del día para estar un poco informados de lo que pasa en el mundo. Preguntamos a la dependienta por el albergue y nos dice que tenemos que retroceder hasta el polígono industrial y que junto al puesto de Cruz Roja tenemos el albergue. Dicho y hecho. El albergue parece diseñado por Moneo o Calatrava, es de estilo moderno, minimalista, pero muy cómodo y bien equipado. Nos instalamos en el ala masculina, un poco raro esto de dividir las alas por sexos, a diferencia de otros albergues, en los cuales no importa el sexo de los peregrinos para alojarte, sobre todo lo que importa es el descanso. Tras la ducha, hacemos la colada, que bastante falta hace. La verdad es que el albergue está a la última: zona de almacén, lavadero, cocina con microondas, sala de lecturas, etc. Se nota que ya estamos en Galicia y esto lo tienen muy bien cuidado. Tenemos que salir a comprar la cena y decidimos, aunque está bastante lejos, dar un paseo andando, ya que sirve para relajar los músculos después de tantas horas de pedaleo. Pero antes de la compra, visita obligada al Parador Nacional que está ubicado en la Torre del Castillo de los Andrade, del siglo XV. Nos tomamos una cervecita a la que, según Antonio, nos invita Estrella. Junto al castillo, en la plaza, la Iglesia de Santa María, de época reciente.
Torre del Castillo de los Andrade. Parador Nacional de Villalba (Lugo)
Autor: Damián Rojas Gómez.

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Buscamos un supermercado y encontramos un mercadona donde hacemos acopia de lo suficiente para hacer una buena cena de picnic: ensaladas, jamón Cork, queso, yogures y fruta. En la cena coincidimos con una familia de daneses formada por los padres y tres menores que vienen haciendo el camino en bicicleta. Son un poco guarrillos, andan descalzos por el albergue y encima el padre duerme en pelota picada sin calzoncillos ni nada. Coincidimos con una pareja que vienen desde Santander en bicicleta y ya van un poco cascados de esfuerzo. Tras la cenita y hablar con la familia entre ellos con mi primo Alfredo, nos vamos al “catre”. Total de kilómetros recorridos hoy: 91, mañana nos acercamos aún más a Santiago.

Arriba, el albergue de Villalba, de estilo moderno, muy confortable y bien equipado. Abajo, en la entrada al mismo con una figura del “pelegrín”, símbolo del Xacobeo.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO V: VILLALBA – ARZÚA: 84 Kms (18 de julio)
Esta noche he tenido que sufrir los ronquidos de un vecino de litera que me ha obligado a ponerme tapones en los oídos. Pese a todo he conseguido dormir a ratos. A Antonio parece que no le ha afectado y se levanta bastante mejor que en días anteriores. Nos levantamos a las 8 y vemos que hay una gran niebla que hace difícil la visibilidad. Tras montar las alforjas, saco y esterillas y recoger la colada humedecida por el “relente” de la noche nos desayunamos unos croissants y yogures, acompañados de queso y pastel de manzana. Estamos un poco perezosos y salimos a las 9 de la mañana. Decidimos seguir por la N-634, la cual desde Villalba tiene muy poco tráfico, pero tenemos que ir con mucho cuidado. La niebla no levanta y tenemos que abrigarnos con los chubasqueros y los manguitos. Vamos pasando por aldeas junto a la carretera: Alba, Torre, Pigara, etc, así hasta que rápidamente llegamos a Baamonde. Aquí decidimos tomarnos un buen café con leche para entrar en calor. Visitamos la Iglesia de Santiago, de estilo románico y nos hacemos unas fotos en un grupo de tres cruceiros que hay frente a la puerta principal.

Iglesia románica de Santiago en Baamonde (Galicia)

Desde Baamonde hay que tomar la antigua Nacional VI hasta el desvío de Parga donde comenzamos un peregrinar por carreterines comarcales donde el peregrino en bici disfruta de lo lindo por varias razones: la belleza del paisaje, la posibilidad de circular de forma cómoda por asfalto y la inexistencia de tráfico. Vamos, más que inexistencia de tráfico, casi es inexistencia de civilización por estos montes tan salvajes.

Bajo tres cruceiros en la Iglesia de Santiago en Baamonde (Lugo)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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hacernos unas fotos en la ribera del río Parga y ya desde aquí hay que ir casi preguntando a los vecinos porque todo se convierte en una sucesión de aldeas que no vienen en los mapas.

Parga es un pueblo que nos sorprende por su belleza. Aprovechamos para

Instantáneas tomadas en Santa Leocadia de Parga, ya metidos entre la montaña gallega (Lugo)

El siguiente punto importante del camino es Miraz. Hasta esta aldea preciosa enclavada entre un mar de castaños y de pinares se accede siempre en continuo y agradable ascenso. Miraz tiene albergue de peregrinos y aunque paramos a sellar la credencial está cerrado. Preguntamos a un aldeano por la carretera que nos lleve hasta Sobrado dos Monjes, pero apenas le entendemos y además las referencias que nos da tampoco nos sacan de ningún apuro, pero bueno cogemos la carretera buena y sabemos que tenemos que buscar Pradamaior. Seguimos por un laberinto de carreterines cada vez en subida más dura pero sin alarmarnos. El paisaje merece la pena y como no llevamos prisa tampoco nos agobiamos por la lentitud de la marcha. Cruzamos San Mamed y desde aquí seguimos hasta Pradamaior. Preguntamos a unos agricultores y nos dicen que nos vamos a enterar de tanta subida. En realidad es un puerto de unos 10 kms llamado Alta Da Cova de Serpe que tampoco es excesivamente duro pero que a Antonio se le va atragantando. Cruzamos bosques de eucaliptos, castaños, robles, pinos, etc, junto a zonas de pastizales de un verde que hace casi daño a la vista. Paisaje tradicional cerca de Sobrado dos Monjes En una tienda casi oculta, junto a la carretera Antonio aprovecha para comprar fruta porque viene echo polvo, se va quedando en todas las cuestas pese a no ser excesivamente duro. Va a tener razón cuando me decía al inicio del camino
Autor: Damián Rojas Gómez.

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que en este viaje me acompañaba un “discapacitado físico” debido al mal estado de forma que tiene. Además si miramos a la izquierda al fondo del horizonte se pueden ver los molinos de viento que nos hicieron pasarlas “canutas” hace tres años en el Camino del Norte por el interior, junto a Toques y Melide, cuando nos perdimos en las faldas de las sierras.

Antonio en plena ascensión al Alto da Cova da Serpe

Tras coronar el puerto a unos 5 kms de Sobrado, ya es todo bajada, que hacemos a un ritmo vertiginoso. Son las dos de la tarde y ya llevamos 62 kilómetros. Va siendo hora de llenar el estómago. Sobrado dos Monjes es un punto importante de la ruta jacobea, especialmente desde la Edad Media. Cuenta con un monasterio cisterciense, el de Santa María donde hay unas dependencias que hacen las veces de albergue de peregrinos con 66 plazas. Es todo un ambiente demasiado religioso y espiritual. Decidimos sellar la credencial y dejar las bicis en el claustro y buscar un lugar para comer. Nos recomiendan el Real, lugar de parada para todos los peregrinos del camino de la costa y ahí es donde nos dirigimos.

Monasterio de Santa María en Sobrado dos Monjes (Lugo)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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La comida es casera a precio de peregrino. Comemos con la grata compañía de una peregrina alemana que viene haciendo el camino desde Bilbao. Lleva ya 25 días y nos cuenta que es de Aggen, que tiene dos hijos de 13 y 12 años y que lleva cinco años preparando esta aventura que para ella tiene un significado muy especial. Pese a que apenas conoce el español nos entendemos muy bien, mezclando inglés, español y …, casi gallego. Le encantan las tradiciones españolas, especialmente la siesta, la cual dice que se va a llevar a su país.

Diferentes fotos del Monasterio cisterciense de Santa María de Sobrado dos Monjes

Tras la comida nos echamos un rato la siesta en una pradera de césped junto a las torres del monasterio. Aquí conocemos a unos peregrinos que también vienen en bicicleta y que salieron desde Tapia de Casariego. El cielo está muy encapotado y amenaza lluvia, pero parece que nos va a respetar. Tras una hora y media de descanso, a las cinco de la tarde nos ponemos en marcha. Solamente nos quedan 22 kilómetros para llegar a Arzúa y enlazar con el camino francés, por lo que la tranquilidad de que habíamos gozado hasta ahora se terminará y empezaremos a ver “turigrinos” por un tubo. El trayecto es muy agradable desde Sobrado, casi todo el tiempo en continuo descenso, entre bosques y con una temperatura que no superará los 22 grados. Cruzamos las aldeas de Carelle, Corredoiras, Boimorto y Sendelle y en menos de una hora nos plantamos en Arzúa. Este va a ser nuestro destino final por hoy.

Paisajes típicos camino de Arzúa

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Preguntamos a unos albañiles por el lugar del albergue público pero nos dice que está lleno y que hay varios albergues privados incluidas pensiones muy económicas. La verdad es que no me importa dormir cómodamente en mi camita, con mi baño particular y con mi propia TV. Efectivamente el albergue está totalmente lleno, además con un ambiente de turismo total así que buscamos la Pensión Vilariño donde disponen de habitaciones y de literas más económicas. Por 30 euros nos pillamos una habitación confortable y cómoda y con un excelente trato por parte de la responsable de la misma. En la misma coincidimos con dos alemanes que están haciendo el camino. Uno de ellos viene desde Colonia en bicicleta y no se parará en Santiago, sino que seguirá bordeando Portugal, Andalucía, Levante para llegar a Barcelona y cruzar toda Europa de vuelta. Es increíble lo “colgados” que están algunos, y encima nosotros nos creemos que estamos haciendo algo de aventura. Para aventura la de este tío. Lleva un carro enganchado a la rueda trasera donde lleva todo lo indispensable. Tras la ducha y el descanso de rigor damos una vuelta por el pueblo, probamos el queso de Arzúa en un bar y decidimos cenar en un italiano con muy buena pinta: ensalada, pizzas y trata de chocolate a muy buen precio. Es de agradecer que no se intenten aprovechar de los peregrinos así que el restaurante estaba hasta arriba de personal cenando. Tras ver un ratito la TV nos quedamos fritos a las 12 de la noche. Hemos recorrido 84 kms y solamente nos quedan 40 para Santiago. Ya se nota la emoción del final de la aventura. Mañana por la mañana estaremos en la Plaza del Obradoiro si todo marcha bien.

El hórreo y el cruceiro típico de Galicia. Sanmamed (Lugo)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO VI: ARZÚA – SANTIAGO DE COMPOSTELA: 45 Kms (19 de julio)
Tras el buen descanso que siempre aporta una cama y un colchón cómodo, a las ocho de la mañana hacemos el equipaje por última vez y colocamos las alforjas en la bicicleta. Desayunamos en un bar de Arzúa y decidimos que vamos a seguir por el camino tradicional. Antonio comenta que se encuentra mal, que tiene resaca y eso que ayer apenas nos bebimos un litro de cerveza para cenar. A las 9 de la mañana estamos en ruta. El camino tradicional es muy bonito pero lleno de peregrinos por lo que hay que ir continuamente avisando de que nos dejen paso ya que de otro modo corremos el riesgo de tener un accidente. Como no llevamos ninguna prisa aprovechamos para ir haciendo algunas fotos por estos parajes tan idílicos como llenos de historia y espiritualidad. Tras pasar por aldeitas como Fontelas, Calzada y Calle, compruebo que Antonio viene fatal, está pálido y decidimos que es mejor que pare ya que está a punto de vomitar. El camino no es duro pero es un continuo subir y bajar por el bosque lo que le hace ser un poco “rompepiernas”. Tras el pequeño descanso decidimos volver a la carretera que es más llevadera.

Antonio sufriendo camino de Santiago de Compostela

Pronto llegamos a Santa Irene y desde aquí a Pedrouzo (O Pino), donde paramos a tomar yo un café solo y Antonio una manzanilla para ver si le calma ese estómago revuelto que lleva. Este pueblo está creciendo constantemente y ha cambiado una barbaridad desde los años 1999 y 2004 cuando nos alojamos aquí antes de llegar a Santiago. La construcción de pisos y chalets es imparable, y además como está cerca de Santiago y muy cerca de la autovía, le hace ser un lugar estratégico importante como pueblo dormitorio.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Cuando llegamos a la autovía decidimos coger de nuevo el camino tradicional por las últimas aldeas antes de llegar al Polígono de San Lázaro, verdadera entrada a Santiago.

Dos imágenes del camino cerca de Santiago: por el bosque, con peregrinos andando al fondo y en el Monte Do Gozo, a unos 8 kilómetros de la Plaza del Obradoiro de Santiago.

Aldeas como Castrofeito y Sabugueira, además de bordear el aeropuerto de Lavacolla. Aquí hay tramos bastante duros donde hay que meter el plato pequeño, pero que son muy cortos. Bordeamos el masificado Monte Do Gozo donde hacemos una foto a un megalito que hay colocado simbolizando un poco la modernidad del camino, y en breve nos adentramos en la jungla de asfalto que siempre supone la entrada a SANTIAGO DE COMPOSTELA. La verdad es que siempre que he venido a Santiago y ya van cinco veces (en la Vía de la Plata de 2001 finalizamos en Astorga), me decepciona la llegada. Poco o mal indicado el camino, ya sea el mozárabe o sanabrés, francés o portugués, tráfico por todos los lados, nudos de carreteras y ningún carril bici o peatonal. En fin, menos mal que todo lo reconforta la vista que te aporta la Plaza del Obradoiro. Son las doce de la mañana y hemos recorrido 45 kilómetros en unas tres horas. Lo primero que hacemos es las fotos tradicionales del fin de fiesta: la foto de rigor los dos juntos, la foto a la catedral y a la propia plaza y luego ya toca hacer de “turigrino” y hacer un poco de turismo. El día se está encapotando y hace un fresquito muy agradable, además como es jueves no hay el alboroto de otros años puesto que ha dado la casualidad de que siempre hemos llegado en domingo y esto estaba hasta los topes. De hecho, por vez primera vamos a ver “volar” el botafumeiro y podremos observar y fotografiar con tranquilidad la catedral: el pórtico de la Gloria, la imagen de Santiago, los alrededores de la Plaza, etc.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Las ya tradicionales fotografías en la Plaza del Obradoiro. Fin del Camino de la Costa 2007.

Fotos del interior de la catedral de Santiago. Pórtico de la Gloria y Botafumeiro al fondo.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Tras recoger la Compostela de rigor…y ya van cinco, nos dirigimos con las burras al “Gato Negro”, que es una tasca recogidita y un poco escondida, muy cerca de la catedral donde cocinan el marisco y las empanadas mejores de Santiago y así hacemos: Ración de empanada, pulpo a feira y chocos en su tinta, todo regado de buena cerveza Estrella de Galicia. Menuda comilona nos pegamos.

Pulpo a feira, empanada, chocos en su tinta, etc en el Gato Negro (Santiago)…todo regado con cerveza, por supuesto.

Ahora queda resolver el tema del vehículo de alquiler, ya que lo teníamos reservado para mañana viernes, pero al llegar con un día de adelanto tenemos que cambiar la reserva. Llamamos por teléfono y no nos ponen ninguna pega. Lo tenemos que recoger junto a la estación de RENFE pero hay que esperar a las cinco de la tarde. Decidimos irnos a tomar un café en la terraza del Parador de Turismo Reyes Católicos, como habitualmente hacemos y para seguir la tradición, pero tras una espera de 20 minutos sin que los camareros nos hagan caso (será por la pinta que llevamos, supongo), y tras comenzar a llover nos lo pensamos mejor y nos vamos directamente a la Estación de tres a tomarnos el café tranquilamente y leer la prensa para que la espera se haga más amena. A las cinco y media salimos de Santiago con una furgoneta Berlingo que es más cómoda y rápida que el C3 que alquilamos en la ida y tras exactamente 700 kms, a las 11,30 de la noche estamos en Sonseca, yo deseando poder ver a mi Lucía y mi Sonia. Fin del Trayecto.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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EPÍLOGO
De nuevo hemos vivido una gran aventura, más tranquila que en el anterior camino de la costa, ya que es mucho más llano, sin apenas puertos, y sobre todo la meteorología nos ha respetado casi todo el trayecto. Si las cuentas no nos fallan, y aunque ya os he dicho en anteriores relatos que existen tantos caminos como personas los hacen y recorridos se deseen, nos falta solamente por hacer el Camino de Levante que sale desde Valencia y que pasa a unos 15 kms de Sonseca. No sé si será nuestra siguiente aventura. Siempre digo que ésta será probablemente la última peregrinación, pero luego siempre hacemos otra. Esta vez a Antonio le he visto más cascado que otras veces, que hay que decirlo, siempre ha dado el callo a tope y ha ido bastante bien, pero en esta ocasión no ha venido tan en forma. Han sido casi 380 kilómetros los recorridos y creo que disfrutados a tope. Entre los lugares que se nos han quedado grabados para siempre en nuestra retinas destacaría: Cudillero, por supuesto, la playa del Silencio en Castañeras, la playa de las Catedrales, los paisajes camino de Sobrado en los que la tranquilidad y el silencio reinan entre los árboles y los carreterines estrechitos pero sin tráfico. Lo dicho, que esperamos poder repetir nuevas aventuras de las que os iré dando cumplida cuenta.

ULTREIA AMIGOS PEREGRINOS

Autor: Damián Rojas Gómez.

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EL CAMINO SANABRÉS (2)
Zamora – Santiago de Compostela

(2010)
Del 13 al 17 de Julio de 2010

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Autor: Damián Rojas Gómez.

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Prólogo
Siempre decimos lo mismo cuando finalizamos un Camino, que este será el último, que ya estamos cerrando un ciclo, que si la edad no perdona y que cada vez es más complicado hacer estos esfuerzos. Ya hacía 3 años que habíamos hecho el sexto camino, el camino del Norte por la costa, y prácticamente no nos quedaban retos ni caminos que realizar, aunque siempre uno se puede aventurar con el camino de Levante o el Manchego que cruza precisamente por Sonseca, pero esto supondría tener que disponer de mucho tiempo para poder llegar a Santiago, y precisamente lo que menos tenemos es tiempo. Hablando con Antonio sobre qué camino es el que más nos había gustado hasta ahora, y en el que más habíamos disfrutado, tanto del recorrido, de los paisajes y de los momentos, llegábamos a la conclusión de que era el camino Mozárabe o Sanabrés que habíamos hecho en 2002. Tanto habíamos hablado de esto que nos entró de nuevo el gusanillo de volver a ponernos en marcha. Tras juntarnos a preparar el recorrido en casa de Antonio a finales de junio, aunque siempre se deja llevar y vamos donde yo le llevo, habíamos decidido que esta vez iríamos a ver la zona del Lago de Sanabria, todos los pueblines que rodean al lago: Puente, Ribadelago, San Martín del Castañar, etc. Además haríamos algunos recorridos alternativos para evitar “trampas” como es el caso de la visita al Monasterio de Oseira, o la ciudad de Ourense con su salida por la famosa “costiña de Canedo”, que en 2002 nos dejó KO nada más salir de la ciudad. Como ya dije en la crónica de nuestro anterior camino en 2007, lo más complicado siempre es convencer a Sonia de que volvíamos a las “andadas”, pero siempre he dicho que soy un afortunado de tener una mujer que entiende que la bicicleta y los caminos son unas de mis grandes pasiones, y si a esto le unes que a ella le gusta marcharse una semanita con su madre a su pueblo, pues aunque a regañadientes, sobre todo en el último momento, más por pereza de marcharse con Mario y Lucía y tener que hacer una mudanza para una semana, que por otra cosa, finalmente el camino pudimos llevarlo cabo. Contábamos con las guías del año 2002, pero adecuadamente actualizadas a través de la Guía del Camino de Eroski Consumer, especialmente en cuanto a la mayor amplia red de albergues que han proliferado en estos 8 años, pero además me hice con algunos mapas de carreteras para poder buscar recorridos alternativos. Pues dicho y hecho, el día 12 de julio por la tarde, Antonio se vino a dormir a casa, y tras preparar su transportín, no sin algún problema, desmontar la bici y empaquetarlo todo en mi gran amigo Citroen ZX, nos preparamos para la nueva aventura: EL CAMINO MOZÁRABE O SANABRÉS

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO I: ZAMORA – TÁBARA: 67 KMS (13 de julio)
En esta ocasión hemos decidido venir en mi coche hasta Zamora, dejarlo junto a la estación de autobuses y volver a recogerlo en autobús cuando finalicemos el camino, con las bicis empaquetadas. A las 6 de la mañana nos levantamos y tras un buen desayuno nos ponemos en ruta a las seis y media. En tres horas y media estamos en Zamora. Montamos las burras, y los primeros problemas: el freno de Antonio es imposible de montar y sobre todo el principal, se ha soltado el cable del desviador de los piñones y no cambia. Así que lo primero que tenemos que hacer es buscar una tienda o taller de bicicletas. Pero la providencia existe, y tras preguntar a unos jubilados, justo cuando ya teníamos localizada la calle para salir de Zamora por la Cuesta de la Morana, nos dicen que tenemos un pequeño taller a 50 metros. Dicho y hecho, un chaval amable nos arregla en un plis plas el problema y a las 11, 30 ya estamos dando pedales. La salida de Zamora es un poco “pestosilla”, ya que tenemos que callejear un poco, pero pronto estamos ya en plena pista de tierra y comenzamos a ver los primeros mojones señalizados con la típica vieira que nos marcará el camino de Santiago hasta Compostela. Este camino sanabrés, también llamado camino Mozárabe, no deja de ser una variante de la Vía de la Plata que Con todo el equipaje cerca de la estación transcurre entre Sevilla y Astorga y que de autobuses de Zamora hicimos en 2001. Tal y como hicimos en 2002, en Granja de Moreruela nos desviaremos de esta Vía de la Plata para enfilar dirección Noroeste buscando la Sierra de la Culebra y tierras sanabresas par entrar en Galicia por Ourense. El primer pueblo por el que pasamos es Roales del Pan, casi nada más salir de Zamora. Primer sello en nuestras credenciales en el Ayuntamiento y nos regalan un pin de las murallas de Zamora.

Antonio, por las pistas de tierra, camino de Granja de Moreruela

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Seguimos trayecto, siempre por suaves llanuras, con alguna pequeña colina, muy fácil de recorrer en bicicleta. El viento si que está comenzando a soplar, aunque todavía es una suave brisa, nada que ver con lo que nos encontramos por la tarde. Sí que nos sorprende el aumento de parques eólicos que se ven en el horizonte. Cruzamos Montamarta, famoso en nuestra aventura de la Vía de la Plata de 2001 por la noche que pasamos en un “motel” de carretera de mala muerte, junto a nuestro compañero Carlitos Mora. Después Fontanillas del Castro, Riego del Camino, y por fin, sobre las 13,30 llegamos a Granja de Moreruela. Aún es pronto para comer, pero el madrugón que nos hemos pegado hoy, el calor que hace, y el hambre que traemos, nos hace buscar un bar, al menos para echarnos unas cervezas. Vemos que hay albergue, y que en este hay un bar, tipo de centro social, donde ofrecen un buen menú del día, así que decidimos quedarnos a comer: arroz a la cubana y filetes de lomo con patatas, con sus respectivos postres, y nuestras tradicionales jarras de cerveza. Coincidimos con 3 peregrinos catalanes que vienen haciendo la Vía de la Plata, y que son expertos peregrinos, ya que han hecho varios caminos. Tras charlar un ratito y tomarnos el café, decidimos echarnos una siesta en un parque con césped y sombra que hay contiguo al albergue. Tras dormir durante casi una hora, nos ponemos sobre las 4 de la tarde en marcha. No sabemos donde llegaremos hoy a dormir, la idea era repetir en Santa Marta del Tera, pero es difícil que lo consigamos, pero vamos, tampoco nos preocupa mucho. Cogemos el desvío hacia el Camino Sanabrés, y vamos por muy buenas pistas forestales. Aquí el terreno cambia, ya comienzan a verse los primeros bosques mediterráneos de encinas, y algún que otro roble. Aumentan los tramos de subida, hasta que tras una pista en medio de un pequeño monte, y tras una bajada trepidante, salimos a una carretera comarcal por la que atravesamos Puente de Quintos, sobre el Río Esla, que viene lleno de agua. Nos acordamos que en 2002 estaba prácticamente seco y ahora sin embargo viene lleno.

Río Esla, a su paso por el Puente de Quintos

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Decidimos seguir por esta carretera, por la que no pasa ni un alma, pese a que está en bastante buen estado. Subimos un importante repecho, que a Antonio comienza a atragantársele, y en el descenso empezamos a notar que el viento nos da completamente de cara y que va en aumento. Cruzamos Faramontanos de Tábara, pueblo famoso por las bodegas escavadas en la tierra, y que ya visitamos en 2002, por lo que como vamos cansados y deseando llegar al menos a Tábara, decidimos no parar en esta ocasión. El recorrido se va haciendo pestoso, especialmente por el viento. No hay muchos repechos, pero el que aparece se nos hace duro. A las 6 de la tarde llegamos a Tábara, y tras tomarnos una coca cola en el bar Galicia, preguntamos si hay albergue en este pueblo. Nos confirman que sí, y decidimos echar un vistazo y si nos gusta, nos quedamos. Buscamos el albergue y vemos que hay un único peregrino que viene andando, un polaco de unos 60 años llamado Marcel que viene andando desde Sevilla. El albergue es sencillo, con unas 8 literas y con su ducha, aseos y cocina con tv y todo. Dicho y hecho, nos quedamos. Deshacemos el equipaje y nos damos una buena ducha, y hacemos la primera colada del viaje: calzoncillos, calcetines, maillot y culotte, que como hace viento se secarán pronto. El albergue está junto al centro de salud, a las afueras del pueblo. Hoy toca cenar de picnic, así que buscamos diferentes tiendas para comprar fruta, yogures, jamón y queso y pan. Tras la compra, toca cerveza, así que en una terracita de la agradable y bonita plaza del pueblo nos echamos unos vasos de birra. Estando tomando la cerveza y leyendo un poco la prensa, aparece nuestro compañero Marcel, medio llorando, ya que ha “perdido” la cámara de fotos, un “pepino” canon de un importante valor. Resulta que se ha hecho una autofoto y el afirma que la ha dejado en un banco. Apenas se expresa en español, pero le entendemos, así que tras insistirle en si se la habrá guardado sin darse cuenta, y el afirmando que no, decidimos avisar a la guardia civil. Charlamos con la pareja de la guardia civil, que en ese momento llegan a la plaza, y tras tomarle los datos por si aparece, nosotros decidimos preguntar a los comerciantes de la zona y a unos niños que están jugando en la plaza. Nadie parece haber visto la cámara.

Albergue de Tábara Monasterio de San Salvador (Tábara)
Autor: Damián Rojas Gómez.

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Tras avisar a la guardia civil, Marcel se marcha triste al albergue, y nosotros seguimos apurando otro vasito más de cerveza. Tras hablar con la familia, nos dan las 9 de la noche y decidimos irnos a cenar. Cuando llegamos al albergue, vemos a Marcel con su pedazo de máquina fotográfica. Efectivamente, la había colocado en la parte de debajo de su mochila y él pensaba que la había perdido. Estaba loco de contento. Tras prepararnos unos suculentos bocatas de jamón ibérico y queso manchego, decidimos irnos a tomar un café a una posada rural que hay junto a la plaza principal. Pero la velada dura poco, el madrugón del día de hoy, junto a la caminata, nos hace irnos pronto al “catre”. Mañana nos queda un día duro, y aunque hemos decidido recortar trayecto para ir por carretera hasta Rionegro del Puente, y dejar a un lado la comarca de Olleros de Tera, Santa Marta y Santa Croya, la cual conocemos perfectamente, y a ver si tenemos menos viento que en el día de hoy. Total, hoy ya hemos avanzado 67 Kms, pese a habernos puesto en marcha a media mañana.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO II: TÁBARA – PUEBLA DE SANABRIA – RIBADELAGO: 102 KMS (14 de julio)
Nada más levantarnos, sobre las 8 de la mañana lo primero que hacemos es mirar las copas de los árboles. Mal presagio, se mueven mucho, y si ya hace viento, que va a ser dentro de unas horas. Nuestro compañero Marcel ha madrugado para salir pronto y caminar con la fresca. Ha tenido cuidado de no hacer mucho ruido. Tras empaquetar nosotros todo el equipaje, colocar los pulpos y los bultos, cosa en la que ya tenemos una práctica experimentada, y echar la llave del albergue en el buzón de la entrada, nos bajamos al pueblo a tomarnos un café con magdalenas para reemprender la marcha. No hace frío, más bien todo lo contrario. Decidimos seguir por la Nacional 631 que nos lleva directamente hasta la comarca de Sanabria. Vamos pasando por pueblines pequeños como Ferreras de Abajo, Otero de Bodas, Val de Santa María, etc, y el viento comienza a dar un poco por saco. Es curioso, pero hay un gran tráfico que en muchos casos nos va agobiando un poco. Luego comprobamos que es que aún no hay autovía entre Zamora y Orense, motivo por el cual todo el tráfico viene por esta carretera hasta enlazar con la autovía que une Galicia con Madrid por Benavente. Llegamos a un embalse sobre el río Tera, que es el Embalse de Valparaíso. Aprovechamos para comernos unas barritas energéticas y hacer unas fotos. Es un tramo peligroso el cruzar el puente, ya que apenas cabe un solo vehículo, de forma que quien primero entra en el mismo es quien lo cruza. El río Tera está impresionante.

Antonio en el embalse de Valparaíso.

Descansando en Otero de Bodas

Tras 38 kms llegamos al enlace con la Nacional 525 que es la que seguiremos camino de Ourense, la cual está despejada de tráfico, ya que los coches y camiones prefieren circular por la A-52. Estamos a la altura de Rionegro del Puente, que no llegamos a cruzar y en el que recuperamos el verdadero camino sanabrés.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Aquí cambiamos totalmente de dirección y enfilamos hacia el oeste, lo que nos hace llevar el viento aún más de cara todavía. La velocidad que llevamos es de entre 10 y 15 kms por hora, cuando en condiciones normales tendríamos que superar los 20 de media. El viento es así, además nos va obsesionando la cabeza, porque luchar contra este elemento en bicicleta hace que no disfrutes del viaje. Me acuerdo permanentemente del camino del Norte por el Interior de 2004, en el cual prácticamente todos los días teníamos viento de frente acompañado de lluvia y que hizo que no disfrutáramos mucho del viaje. Pero con paciencia y sobre todo esfuerzo, llegamos a Mombuey. Antonio lleva un problema en el desviador del plato. Compramos aceite e intentamos engrasarlo y arreglarlo, pero no hay forma. Vamos desfondados y decidimos comernos unos frutos secos que lleva Antonio para reponer fuerzas. El plato va de momento en el mediano, y con esto, jugando con los piñones que tampoco van bien del todo, se va apañando hasta que podamos arreglarlo de forma seria. Hacemos algunas fotos en Mombuey, y seguimos camino por Entrepeñas, Asturianos, donde nos echamos unas jarras de cerveza, en el bar de una tal Carmen, que nos “clava” literalmente hablando con 6 euros por menos de un litro de cerveza. Como se aprovechan de los peregrinos. Recomiendo que no paréis en este bar. Seguimos por Palacios de Sanabria, y casi cuesta abajo, llegamos a Puebla de Sanabria sobre las 14,00 horas.

Puebla de Sanabria

Torre templaria de Ntra Sra de la Asunción (Mombuey)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Nuestra intención era volver a alojarnos en la Pensión Las Truchas, como ya hicimos en 2002, pero nos dicen que está llena. Tras tomarnos un botellín, decidimos preguntar en el albergue de peregrinos privado Casa Luz, que se encuentra justo enfrente. La pinta es buenísima y el precio barato: 10 euros. Tiene muy buenas instalaciones, duchas, para guardar las bicis, mesas para cenar, cocina, aseos, y literas cómodas y muy limpio todo. Pues decidido, nos quedamos. Nos vamos a comer al hostal Las Truchas un menú del día, sencillo, pero que nos reconforta, y volvemos al albergue para echar una siesta. No nos hemos duchado, porque nuestra intención es visitar el Lago de Sanabria. A las 5 de la tarde, nos ponemos en ruta. Se nota que no llevamos el peso de las alforjas ni del saco y esterilla. Decido tirar para adelante, ya que estoy bien de forma y quiero machacarme un poco. A los 5 kms me llama Antonio por teléfono y me dice que él se vuelve a comprar la cena y a ducharse, que no tiene ganas de sufrir más por hoy. Yo decido seguir. El paisaje es espectacular, cruzo algunas pequeñas poblaciones como El Puente, Galende, y entro en el Parque Natural, donde hay un centro de interpretación, que, la verdad parece más un barco en mitad del bosque. Realmente me parece feo y que no pega con el entorno. Bordeando el lago llevo hasta Ribadelago. Hay innumerables campings, restaurantes, casas en alquiler, vamos, que está un poco masificado. Aunque es un centro de referencia para el turismo. Mucha chiquillería bañándose en las playitas que se forman en las riberas del lago. Las mejores vistas son las que se recomiendan desde San Martín de Castañeda, pero es todo subida, y no me quedan muchas ganas de subir. Por hoy ya ha sido suficiente. Tras descansar un rato junto al lago, decido a toda pastilla volver a Puebla de Sanabria. Aquí os dejo alguna fotillo de esta pequeña excursión.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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La vuelta del Lago la hago en media hora, voy a toda leche, y en breve estoy de nuevo en el albergue. Aprovecho para ducharme y ponerme un poco en condiciones. En total he recorrido hoy 102 kilómetros y creo que ya ha llegado el momento del ansiado descanso. Antonio ha quedado con Ramiro, un chaval que en sus ratos libres arregla bicicletas, aunque es pintor de profesión. Es un encanto, y un biker consumado. Además de arreglarle y engrasar la bici a Antonio solo por 8 euros y encima a domicilio, charlamos un buen rato sobre bicicletas de montaña, componentes, cicloturistas en mtb, etc. Vamos, un buen rato de conversación agradable, que para eso también están los caminos de Santiago, para olvidarte de las rutinas y comecocos habituales de la semana y evadirte con buena compañía. Tras el arreglo de la bicicleta, damos el típico paseo por Puebla de Sanabria, el cual aprovechamos para llamar a la familia y de paso, echarnos unas jarras de cerveza, con una ración de pulpo “a feria” como dicen por aquí, que para eso estamos muy cerquita de Galicia. Puebla de Sanabria es uno de los pueblos más bonitos de España, tiene un castillo espectacular y callejear por sus calles es como volver a la época medieval. Todo de piedra y pizarra, asemejándose a los pueblos pirenaicos. Todo muy limpio y cuidado. Os dejo unas fotos para dar testimonio.

Por la ribera del río Tera y detalle del castillo del siglo XV construido por Alonso de Pimentel

Callejuelas de Puebla de Sanabria.

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Tras cenar en el albergue y charlar con unos peregrinos que vienen de Valencia y unas chicas que son canarias y que llegan al albergue andando a las diez de la noche, nos metemos en la litera a las once de la noche. Ha sido una jornada agotadora y esperamos que mañana no haga tanto viento, porque comienzan los puertos de montaña de verdad y no es plan de subirlos con viento frontal. Os dejo una foto del albergue tan majete donde hicimos noche.

Albergue “Casa Luz” (Puebla de Sanabria)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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CAPÍTULO III: PUEBLA DE SANABRIA – LAZA: 98 KMS (15 de julio)
Cuando suena el despertador a las 8 de la mañana no queda nadie en el albergue. Solo quedamos los dormilones bicigrinos: Antonio y yo. Es una ventaja, puedes dormir más tiempo y descansar, como así hicimos. Nos tomamos unos zumos y yogures con unos dulces y café de la máquina del albergue y salimos al patio a ver que tal tiempo hace: lo primero que nos llama la atención es que hace bastante frío, pero los árboles no se mueven, señal de que no hace apenas viento. Antonio se equipa con su chaqueta y yo me pongo por primera vez los manguitos, pero casi llevo frío durante los primeros kilómetros. Seguimos la N-525 que está prácticamente abandonara, pese a que está fenomenal. De hecho durante los siguientes 50 kms apenas nos encontraremos con una decena de vehículos. La diferencia de rodar con viento a hacerlo sin él, es tal, que hoy ya vamos subiendo desde la salida de Puebla de Sanabria y sin embargo vamos bastante más deprisa que en las dos jornadas anteriores. En breve llegamos a Requejo, donde paramos a sellar en un bar, y desde aquí comienza la subida al primer puerto del día: El Alto del Padornelo (1329 metros). Son unos 8 kilómetros de subida sostenida, muy tendida, pero que se van pegando a nuestras piernas. Decidimos que cada uno vaya a su ritmo, y esperarnos en la entrada del túnel. Yo me encuentro fenomenal de forma, y voy disfrutando con la subida. Se me cruzan un par de ardillas en la tranquilidad de la mañana y apenas se oyen los coches de la paralela autovía que dejamos a un lado. Aprovecho para parar de vez en cuando a hacer alguna foto de los preciosos paisajes que vamos atravesando. El frío inicial ya se va convirtiendo en calor, sobre todo por el aumento de la pendiente. Los bosques que vamos atravesando son de robles, castaños y ya comienzan a verse algunos helechos en las cunetas. Y en el horizonte, lo que ya he comentado…molinos de viento aerogeneradores por todos los sitios. En poco más de media hora llego a la entrada del túnel. La velocidad de subida está entre 11 y 13 por hora, lo que nos da una idea de que no es una fuerte pendiente, y si encima el firme es bueno, pues mejor que mejor para la subida. Aprovecho para hacer unas fotos en la cima y para refrescarme mientras espero que llegue Antonio, el cual aparece a los cinco minutos. Le veo bastante

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bien, y el me comenta que está satisfecho de cómo ha subido, y que apenas viene cansado.

Tras descansar un momento, cruzamos el túnel de 435 metros de longitud, para comenzar a aproximarnos a Galicia. Las siguientes poblaciones, aunque son aún zamoranas, ya tienen aspectos muy tradicionales de Galicia, incluso ya se escuchan las primeras frases en gallego. Recorremos la preciosa población de Padornelo, donde hacemos varias fotos. Es un sitio ideal para hacer turismo rural.

Por las calles de la preciosa aldea de Padornelo (Zamora)

Para cambiar de “aires”, cogemos la carretera antigua que nos llevará hasta Aciberos y Lubián. Es una carretera alucinante para quienes nos gusta el ciclismo y la naturaleza: bosque cerrado, umbrías de sombra, bajada constante y continuos repechos entre arbolado: tejos, castaños, robledales y carballos, pinos, arroyuelos con una agua clara y fresquita que bajan de las gargantas….y molinos de viento, que no falten.

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En Lubián paramos un momento a hacer algunas fotos, comprar fruta y hacer un pequeño receso antes de comenzar la subida al segundo alto del día: A Canda. Este puerto, es más duro, las rampas se agarran más, pero es más corto. No serán más de 4 kilómetros de sostenida subida que pronto termina cuando vemos por fin el túnel. Ya son las doce y media del mediodía y la verdad, el calor se está convirtiendo en insoportable. Menos mal que el descenso del puerto es muy agradable. Cruzamos diferentes aldeítas como Vilavella, Pereiro y O Cañizo, donde se sitúa el tercer alto del día, a 1100 metros, pero sin complicaciones.

Arriba, llegando al tunel de A Canda: entrada a Galicia. Al lado, en un cruceiro en A Gudiña.

Tantos días bebiendo cerveza, que ya el cuerpo nos lo pide, así que una vez llegamos a La Gudiña, paramos en un bar en la travesía del pueblo, donde una amable señora y a un buen precio nos pone unas jarras de medio litro del delicioso “zumo de cebada” acompañado de unas aceitunas. En esta parada decidimos que ya que todavía es la una de la mañana, es pronto para parar a comer, así que lo mejor es comprar la comida aquí y comerla en cualquier lugar que veamos a lo largo del resto de la jornada. Lo que nos espera por la tarde, es el mejor recuerdo del Camino del año 2002, toda la travesía por la “cresta” de la sierra que divide la comarca de Verín y el embalse de As Portas. Es un espectáculo andar por una carreterita comarcal, sin apenas tráfico, siempre en constante subida, por un monte pelado, cruzando aldeítas, casi insignificantes que apenas figuran en los mapas, observando a ambos lados los valles profundos, los montes, algunos de ellos incendiados y repoblados hace relativamente poco tiempo. Desde A Gudiña hay dos opciones para seguir el camino, una que nos llevaría a Laza por Verín, mucho más cómoda en cuanto a dureza, pero bastante más larga, unos 30 kilómetros más. Esto supone tener que optar, bien por hacer más

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kilómetros, pero visitar una población que nunca antes habíamos estado en ella, con su famoso castillo de Monterrey, y los enormes viñedos que son muy apreciados en la comarca, o bien, volver a repetir las sensaciones que el camino nos dejó en 2002, armándonos de fuerza para andar por estas cumbres, siempre en subida sostenida, con el calor que aprieta, pero con el reconfortante placer que supone observar los maravillosos paisajes que se abren ante nosotros. La elección es clara, optamos por esta segunda opción.

Mojón de señalización que señala las dos opciones del camino desde A Gudiña hasta Laza.

Iniciamos la subida a buen ritmo. Las aldeas que vamos a atravesar se denominan “Venda”, y pronto llegamos a Venda do Espiño. Yo voy siempre delante, aunque Antonio me ha dejado el “honor” de ser yo el portador de la comida: un queso, jamón serrano, pan y unos bollos de chocolate de postre. Los paisajes vuelven a ser fascinantes. Pronto comenzamos a ver la cola del pantano de As Portas. A la altura de Venda Teresa. Muy próxima a ésta se encuentra Venda Capela, y ya aquí el hambre comienza a hacer mella. Yo me fijo que mis piernas están completamente rojas. Creo que me he quemado con el sol, ya que no me eché protección, pensando en que como ya las tenía morenas, no me iba a afectar, pero no. El color rojo denota que hace sol, y aunque hace poco viento, vamos a una altura todo el tiempo de más de 1000 metros, lo que hace que aún se pegue más el sol.

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A las dos, aproximadamente, y llegando a un lugar con una fuente y unas casas que debieron ser de los operarios de Renfe, puesto que están junto a unas naves de mantenimiento del tren, decidimos pararnos a comer. Os dejo diferentes fotos del recorrido que estamos haciendo en esta maravillosa tarde y de Antonio preparando los bocatas a la sombrita.

Tras echarnos la siestecita a la sombra de las casas, donde hay un buen pasto fresco y verde, decidimos que el café nos lo tomaremos en algún bar de Campobecerros, el pueblo más grande de los que nos quedan por atravesar hasta llegar al punto de destino, que es Laza. El embalse nos va acompañando en la margen derecha durante unos 5 kilómetros. Cruzamos Venda Bolaño y seguimos subiendo y subiendo por el revirado puertecillo que tenemos ante nosotros. Antes de las cinco, llegamos a Campobecerros, del cual os dejo una foto. Es un pueblín, de no más de 300 habitantes, pero que está rodeado por arroyos, cotos de pesca, arboledas, y en un valle precioso de las comarcas orensanas.

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Lo dicho, buscamos un bar donde tomarnos el café y llegamos a uno en el que hay mucho jaleo, el bar casa Nuñez. Tiene una bonita terraza fresquita, donde vemos que aquí hasta las mujeres discuten de futbol. En 2002 habíamos parado aquí mismo, pero en el bar de la peña Madridista, bastante más cutre que donde hemos parado hoy. Nos tomamos un cafetito y charlamos con los aldeanos. Vemos que hay una pareja de peregrinos noruegos que al parecer van a pasar la noche en alguna pensión del pueblo. Nos queda ya lo más sencillo, aunque antes hay que enfilar casi 3 kms de rampas duras hasta Porto Camba, otra aldea próxima, tras la cual hay un milladoiro señalado con una cruz de madera, que anuncia que se acaba la carretera y comienza el trepidante descenso por pista forestal hasta As Eiras y Laza. Así lo hacemos, aunque aquí se nota que Antonio hace poco mtb, porque le asustan mucho los tramos de bajada por caminos de piedras. Para mí es un auténtio placer la bajada, y es mejor no mirar a los lados, ya que las caídas son de varios centenares de metros, así que lo mejor es pegarse al lado de la montaña. En poco tiempo llegamos a As Eiras, y aquí ya sale una carretera secundaria, siempre en continuo descenso hasta Laza, donde llegamos sobre las 6 de la tarde. Lo primero que hacemos es buscar a los miembros de protección civil para que nos indiquen si hay plaza en el albergue. Nos comentan que sí, que apenas hay peregrinos y nos asignan una habitación con 6 literas. Nos cobran 5 euros, y es que al parecer, en Galicia, este año cobran en los albergues públicos, cosa que no me parece nada mal. A cambio nos dan dos fundas, una para el colchón y otra para la almohada, de usar y tirar, lo que facilita la higiene y el descanso. Tras la ducha de rigor, la colada, desembalar las alforjas y ponernos un poco curiosos, decidimos bajar al pueblo… a echarnos unas cervezas, y ya de paso, cenar. Hoy toca cenar de restaurante…o de bar, da igual, ya que la comida ha sido de picnic.

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Damos antes un paseo por el pueblo, hacemos las típicas fotos. Es un pueblo muy bonito, famoso por sus carnavales, declarados de interés turístico. Encontramos uno de los dos bares de la localidad, donde nos tomamos nuestras correspondientes jarras de cerveza. En total un litro para cada uno. Ya nos sirven solo Estrella de Galicia, la marca local, de la que hacen patria en casi todos los bares de por aquí. En este bar, es curioso, además de coincidir con otros peregrinos extranjeros, vemos que llegan dos ciclistas con su tienda de campaña y alforjas. Paran en el bar, charlamos con ellos, y resulta que son manchegos, concretamente de Albacete, y uno de ellos trabaja en la Junta en Toledo. O sea que encima somos colegas de trabajo. Conoce a gente de Sonseca con la que tengo ciertos vínculos. Nos cuenta uno de ellos que viene desde Albacete, y que en Avila se le unió su compañero. Van con tienda de campaña y alternan albergues con acampada libre. En la sierra de la Culebra, entre Zamora y Portugal, muy cerca de Tábara donde hicimos nosotros la primera noche, acamparon en mitad del bosque. Les comentamos que la Sierra de la Culebra es la mayor reserva de lobos salvajes de España, pero nos dicen que no oyeron absolutamente nada. Se están pensando en quedarse en el albergue o seguir camino. Les recomiendo que se queden, ya que hasta el siguiente pueblo hay un importante puerto de montaña que atravesar, así que deciden quedarse. Tras la charla, se nos echan las 9 de la tarde encima. Nos vamos al siguiente bar para cenar. Una señora encantadora nos atiende. Nos pedimos: judías en ensalada, huevos fritos con patatas y lomo, y un plato de espaguetis tremendo. Además del correspondiente café…. Todo por 16 euros. Nos da hasta pena que nos cobren tan poco, pero decidimos que al día siguiente hay que venir aquí a desayunar antes de partir. Volvemos al albergue, aprovecho para hacer alguna foto más. Hace fresquito, se nota que estamos entre montañas y en el norte, garantía de que no vamos a pasar calor esta noche. Cuando llegamos al albergue vemos que hay algún peregrino más en nuestra habitación, pero sin hacer apenas ruido, nos metemos a dormir. Hoy hemos recorrido 98 kms, y creo que nos hemos ganado nuestro merecido descanso.

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CAPÍTULO IV: LAZA – CEA: 88 KMS (16 de julio)
A las 8, Antonio y yo tocamos nuestra diana particular. En el albergue no queda más que un peregrino extranjero de algún país nórdico europeo. El resto ya han partido, son caminantes que suelen madrugar para evitar el sol del mediodía. Pero hoy ha amanecido con niebla….o nubarrones. La previsión meteorológica que consulté la noche anterior en Internet anunciaba para hoy posibles chubascos en las montañas de Ourense, así que ya veremos cómo se nos presenta el día de hoy. Nuestro objetivo es llegar a Cea. Lo que sí hace es fresquito. Tras recoger las alforjas y mochilas y colocarlo todo en la bicicleta y asearnos, nos marchamos a desayunar al bar donde ayer tan amablemente nos dieron de cenar. Tras el café con leche y unos croasants, ponemos rumbo hacia la comarca de Limia. Para ello, primero tenemos que superar el mayor obstáculo orográfico de este camino, las Sierras de la Alberguería. Los primeros tres kilómetros hasta Soutelo Verde son muy suaves. La carretera OU-113 ha mejorado desde 2002, la cual recuerdo con un asfalto rugoso que se agarraba considerablemente a nuestras anchas rudas de la mountain bike. Ahora es un asfalto nuevo, muy bien señalizada, pero eso sí, con muy poco tráfico, algún que otro camión de reparto y poco más. Decidimos que cada uno vaya al ritmo que pueda y así hacemos. El puerto es revirado, son unos 9 kilómetros de pendiente sostenida desde Soutelo Verde hasta la aldea de Alberguería, aunque luego quedan unos dos kilómetros más de ascensión. Los porcentajes no son muy duros, aunque en algunos tramos superan el 8 % de desnivel, lo que unido al peso de las alforjas nos hacen tener que poner el plato pequeño. El paisaje es precioso, me voy recreando haciendo fotos, y con el fresquito de la mañana, subir este puerto se convierte en un placer.

Paisajes de la subida hacia Alberguería, camino de Vilar de Barrio.

Las nubes amenazan lluvia, pero de momento nos están respetando. Sobre las nueve y media llego a Alberguería, la cual ha experimentado un pequeño desarrollo en forma de albergues, restaurantes para el peregrino, casas rurales,

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etc. Mientras espero a Antonio, aprovecho para abrigarme, ya que he llegado sudando y la temperatura aquí arriba ha bajado de forma considerable. Hemos pasado de los 430 metros de altitud de Laza a los casi 1.000 de Alberguería, y hace bastante más fresco. Aprovecho para hacer algunas fotos a los jardines de algunas preciosas casas de esta pintoresca aldea.

Distintas imágenes de la aldea de Alberguería, entre Laza y Vilar de Barrio.

Casi a la media hora llega Antonio, completamente empapado de sudor, con lo que tiene que cambiarse de camiseta para evitar resfriarse. Decidimos dar una vuelta por las cuatro casas que conforman el pueblito y tras el descanso, seguimos la subida. Solamente nos faltan dos kilómetros. Pero, sorpresa, comienza a llover. Al principio son cuatro gotas sueltas las que caen, pero cuando iniciamos el descenso vertiginoso hacia Vilar de Barrio, ya se convierte en llovizna fina, que nos va empapando. Casi empapados, llegamos a Vilar de Barrio y a la entrada encontramos el albergue de peregrinos donde están de limpieza. Sellamos y dejamos las bicis y alforjas al menos cubiertas protegidas del agua, mientras nosotros nos buscamos

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un bar donde secarnos y tomar un reconfortante café con leche y unas napolitanas que gustosamente nos regala el propietario. Buen precio y buen trato, se nota que aprecian a los muchos peregrinos que por aquí pasan. Vilar de Barrio es un pueblo de 1700 habitantes aproximadamente, forma parte de la comarca de Limia, famosa por las enormes plantaciones de patatas que se comenzarán a ver a partir de ahora en el paisaje y algunos frutales, especialmente manzanas. Tras la pausa, retomamos el camino. Abandonamos ya la carretera y volvemos al camino tradicional. Vamos atravesando pequeñas aldeas del concejo como Gomareite, Bóveda, Padroso, Cima de Vila, etc. Me acuerdo de mi padre, porque los campos de patatas son enormes, recordándome los tiempos hará unos 10 o 15 años, en los que en mi familia recogíamos decenas de miles de kilos de patatas, cultivo que, prácticamente ha desaparecido en Sonseca. Se alegraría de verlo, ya que merecen la pena, y lo curioso es que no se ven formas de riego, no me creo que no haya que regarlo, y que se críen solo con la humedad de la lluvia y del terreno. El recorrido ahora es bastante llano, y se hace muy agradable, atravesamos también campos de maíz, y algunos viñedos, aunque comienza a llover ya de forma importante. Estamos muy cerquita de Xunqueira de Ambia. Aquí ya casi todas las casas tienen en sus partes traseras un pequeño hórreo donde las familias guardaban de la humedad, y aún hacen, los productos del pequeño huerto: grelos, judías, tomates, maíz, patatas, lechugas, etc. Es curioso porque lo suelen adornar con una cruz en forma de minarete en el tejado. Son verdaderas obras de arte que le dan un toque rural encantador a estos parajes. Se ven también algunas granjas de cerdos. En Bobadela cogemos la carretera que nos llevará hasta Xunqueira de Ambia. Ahora llueve de forma constante, así que decidimos que es momento de tapar el equipaje con las bolsas de basura que llevamos por si acaso llovía. A mí me preocupa especialmente el saco de dormir, ya que las alforjas son impermeables, y salvo que sea lluvia torrencial, como la que nos cayó en San Salvador de Valdediós (Asturias) en 2004, es complicado que se moje lo de dentro. Xunqueira de Ambia destaca por tener un precioso claustro en el Monasterio de Santa María la Real, justo al lado del Ayuntamiento. Aquí paso a sellar la credencial, y mientras escampa Antonio va a buscar fruta y yo saco por

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teléfono los billetes de autobús para llegar de regreso a Zamora el domingo a la tarde. Sigue lloviendo durante al menos una hora, pero vamos bien de tiempo. En una clarita en el cielo, decidimos retomar el camino, pero al poco tiempo vuelve a llover. Menos mal que hay muchas pequeñas poblaciones en el recorrido, con pequeñas marquesinas para la espera del autobús de línea regular, y además muchas arboledas que nos van protegiendo. Tras varias paradas en aldeas como Outeruelo, Salgueiros, Pereiras, etc, seguimos avanzando, ya a muy buen ritmo, y según nos acercamos a Ourense, y vamos descendiendo de altitud, va aclarándose el cielo y los nubarrones dan paso a un sol espléndido que ya incluso caldea demasiado. Entramos en Ourense a toda pastilla, ya que es continua bajada, por el polígono industrial de Seixalbo. Como ya hicimos noches en Orense en nuestro viaje anterior, hemos decidido que lo mejor es buscar de nuevo la N-525 que nos llevaría hasta Santiago y una vez en ella, parar a comer en un bar de carretera. El problema es que Ourense es una ciudad bastante grande, y nos cuesta encontrar nuestro objetivo. El río Miño nos sigue asombrando por su esplendor y gran caudal y la cantidad de puentes que lo cruzan en esta ciudad.

Panorámica del río Miño a su paso por Ourense.

Son las dos y media, y todavía ni nos hemos echado nuestra cerveza del aperitivo, y además a Antonio comienza a visitarle “el hombre del mazo”. Llega un momento que, ya a la salida por el norte de Ourense, se baja de la bici totalmente

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hecho polvo. No se ven todavía bares, más bien es un cruce de carreteras por todos los sitios, así que le doy una barrita energética para que pase el apuro, y a ver si en breve encontramos un restaurante. Tenemos suerte, porque en una gasolinera, me dicen que a 300 metros hay ya varios bares. Estamos en el pueblo de Gustei, a las afueras de Ourense. El bar tiene muy buena pinta, más que nada por la cantidad de coches que hay aparcados enfrente, señal de que aquí se tiene que comer bien, y más cuando vemos que los comensales que están en la terraza se están metiendo unas raciones de asado, pulpo, y otras delicias, que nos provocan salivación automática. Nos sentamos dentro y lo primero que pedimos son nuestras jarras de medio litro de cerveza, que aunque sea Estrella de Galicia (a Antonio no le hacen mucha gracia, a mí me da igual, mientras sea cerveza), nos machacamos en un tris. Pronto nos atienden y nos metemos: Antonio una ensalada y unos churrascos de ternera con patatas, y yo una sopa calentita y una ración de pulpo “a feria”. Le añadimos el postre y los cafés y otras dos jarras más de cerveza. Total de la faena: ¡¡¡18 euros!!!. De hecho le preguntamos a la camarera si no se habrá equivocado y nos dice que no, que la bebida ya está metida en la cuenta. Dan ganas de volver a comer. Nos echamos un rato la siesta en la terraza del bar, mientras reposamos la comida. En este momento saco una de las instantáneas de este camino y que plasmo aquí para divertimento general. Y es que, si algo ha sacado Antonio positivo de este viaje, entre muchas cosas, ha sido que ha vuelto a dormir perfectamente, cosa de la que me alegro a haber contribuido.

El descanso del guerrero, tras la comilona que nos metimos.

Tras la comida, aprovecho para llamar a casa de mi suegra y felicitarla, ya que hoy es su santo y su cumpleaños, la fiesta de la Virgen del Carmen, patrona de

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los pescadores. Sonia y Lucía no están en casa, ya que se han ido a comer paella a la piscina de Villaminaya. Luego hablo con ellas y me comentan que están comiendo fenomenal. Las echo de menos, al igual que a Mariete, el cual está durmiendo la siesta, según me cuenta mi suegra Carmen. La vuelta a la bici se hace bastante dura por dos razones fundamentales, la pendiente, ya que Ourense está en un valle y todas las formas de salir de aquí son cuesta arriba, y la segunda, hemos comido demasiado. Al organismo le cuesta procesar los primeros kilómetros, y si le añadimos que ahora el calor pega de forma importante, provocan que especialmente Antonio, a la media hora de partir, ya esté pidiendo una coca cola que no tenemos más remedio que tomarnos en Cambeo, una población que cruza la N-525. Hay bastante tráfico, pero hemos decidido ir hoy por la carretera, ya que nos queda, en teoría, bastante poco para llegar a nuestro destino de hoy. Retomamos la marcha, y ya se va haciendo más llevadera la pendiente. A las 6 y media llegamos a Cea y vemos que hay sitio en el albergue. El albergue es muy bonito, pero ciertamente le faltan duchas y algún que otro equipamiento. La cocina es muy pequeña para ser un alberge con plazas para más de 50 personas. Está en plena población, con su hórreo en la entrada y todo, y dispone de lo elemental. Nos atiende Orlando, el hospitalero, un poco sordo, que nos cobra los 5 euros y nos da las fundas para la almohada y el colchón. Somos los únicos ciclistas del grupo. Hay varias portuguesas, alemanas y unas jovencitas gaditanas muy saladas. Lo que si se aprecia es que le falta algo de limpieza, especialmente en la zona de hacer la colada y en la dependencia para guardar las bicicletas. Tras la colada y la ducha de rigor, salimos a hacer un poco de turismo, y sobre todo a comprar la cena y el famoso pan de Cea.

Un hórreo en una calle de Cea y en la plaza del reloj, con la torre de planta cuadrangular
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Antes de hacer la compra, preferimos detenernos un momento en el Bar Vaticano, concretamente en su terraza, a degustar, pues lo de siempre, unas cervecitas que nos sacien la sed que provoca en el peregrino el camino. No sé, pero me da la sensación de que ya estoy engordando. Es curioso, pero en cada camino de Santiago que hago, suelo engordar un par de kilos, no sé si será que comemos más de lo que realmente gastamos, o es que abusamos un poco de la cerveza, pero es que es tan rica y tan reconfortante, que no podemos…, ni queremos evitarlo. Tras el refrigerio, buscamos un supermercado donde comprar queso y jamón y un horno de pan tradicional donde hagan pan de Cea. A Antonio le apasiona el mundo de los panes, puesto que le viene de familia, y le hace varias preguntas al propietario del obrador. Este pan se exporta a otros lugares de España e incluso al extranjero, y es que su corteza hace que se mantenga crujiente y tierno por dentro durante varios días. Ahora, el peso que tiene es grande, pero está riquísimo. En el albergue nos hacemos unos bocatas, y tras la cena, no muy excesiva, ya que bastante hemos comido en el día de hoy, y después de dedicar un poco de tiempo a la lectura, nos vamos a dormir prontito. Hay poco ruido en el albergue y creo que hoy volveremos a dormir fenomenal. Hoy hemos recorrido 88 kilómetros y ya solo nos queda un día para llegar a Santiago de Compostela.

Diferentes imágenes de nuestra estancia en Cea.

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CAPÍTULO V: CEA – SANTIAGO DE COMPOSTELA: 91 KMS (17 de julio)
El hecho de que hoy estuviéramos bastantes más peregrinos en el albergue que en días anteriores, no ha sido obstáculo para descansar bien. De hecho, a las 6 ha habido bastante jaleo con los que van caminando, pero yo me he vuelto a dormir y hasta las 8 no me he despertado. Tras recoger el saco y recoger la ropa y hacer el equipaje nos ponemos en marcha, buscando un bar donde desayunar. Los propietarios del Bar Vaticano nos dijeron ayer que hoy sábado abrirían a las 8 de la mañana, pero sorpresa, está cerrado y son las 8 y media. No se ve que haya más bares abiertos en Cea, por lo que decidimos seguir la Nacional 525 para ver si hay alguno en la misma donde poder tomar un café con leche. Es sábado y hay muy poco tráfico. Hace bastante fresquito. Cruzamos Piñor y Lousado, siempre en constante ascensión, y a la altura de Carballeda, vemos que el propietario de un bar contiguo a la carretera está abriendo. Le preguntamos si nos atiende y nos dice que nos prepara unos churros en un instante, así que este será nuestro desayuno: café con leche y churritos, que no vienen nada mal, pese a que a Antonio dice que no le suelen sentar nada bien. De nuevo, volvemos a encontrarnos con la AP-53 que transcurre paralela a la Nacional que llevamos nosotros. Seguimos en continua subida, muy suave, cruzando pequeñas poblaciones como A Corna, hasta que llegamos a uno de los puntos más importantes de este camino: O Castro Dozón, primer pueblo de Pontevedra, donde paramos a descansar un momento y a quitarnos la ropa de abrigo. Antonio ya viene un poco agotado. Hemos dado un rodeo al camino tradicional para evitar tener que visitar el Monasterio de Oseira, puesto que en 2002 se convirtió en un tramo muy duro, ya que para salir del valle en el que se encuentra, hay que ascender por un camino empedrado, en muy mal estado y que para los ciclistas es una verdadera tortura, además de que nos perdimos y supuso que le cogiéramos un poco de rechazo en esta nueva aventura. Total, ya lo conocemos, de forma que por este motivo hemos decidido dar un rodeo. En O Castro Dozón paramos junto a la iglesia de San Pedro de Dozón, construida con sillares de granito, muy habitual en esta comarca. Estamos cada vez más cerquita de visitar a Santiago Tras el merecido descanso afrontamos las últimas cuestas de lo que en los mapas se denomina Alto de Santo Domingo, de 741 metros, o sea muy poquito. Lo

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importante es que ya desde aquí hasta Lalín, es todo bajada, que hacemos a un ritmo bastante alto. Son casi 15 kilómetros de bajada, por umbrías de bosque, que nos dejan un poco helados, pero se agradece no tener que hacer el esfuerzo de dar pedales. Son las 11 de la mañana y hemos recorrido ya 32 kilómetros, no está nada mal. Decidimos visitar Lalín, pueblo que en 2002 dejamos de lado ya que nos parecía demasiado industrial.Tampoco es que sea un dechado de arte y arquitectura, pero no está nada mal. Este pueblo pertenece a la Comarca del Deza y tiene 21.000 habitantes, destacando que le llaman el kilómetro cero de Galicia, al ser casi el punto geográfico de la comunidad autónoma. Paramos a tomar un cafetito en la plaza de la Iglesia Parroquial, y aprovechamos para hacernos alguna foto.

Lalín (Pontevedra)

Salimos de Lalín por un polígono industrial enorme, con importantes centros comerciales e industrias, incluida la sede de la UNED y un parque de bomberos. El camino que ya seguimos a partir de aquí es de sobra conocido por nosotros desde 2002. Muy cómodo, casi en bajada, llegamos rápidamente a Silleda. He consultado en una guía del camino digital de Consumer Eroski que se ha inaugurado recientemente un albergue de la Fundación María Seoane para 65 personas, justo detrás de al Iglesia Parroquial. Decidimos visitarlo, pero no hay nadie en la recepción. Aprovecho para sellar la credencial y hacemos alguna foto a hórreos muy curiosos que hay en la plaza junto a la fuente. Silleda también es una población importante en la comarca. Tiene casi diez mil habitantes, y es famosa por sus ferias de ganado y agrícolas, y de hecho tiene un recinto techado de los más importantes de España para estos eventos, junto a los de Talavera de la Reina y Cáceres. Decidimos que, puesto que estamos muy cerquita de Bandeira, donde ya hicimos noche en la aventura anterior, que la cervecita del aperitivo nos la

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tomaríamos en esta localidad. Son las doce y media, y ya tenemos sed. Hace bastante calor y ya estamos muy próximos a Santiago. Nos quedan solo 35 kilómetros. Los paisajes siguen siendo espectaculares, y a partir de aquí hemos decidido recuperar el camino tradicional, por bosques de pinares, eucaliptos, castaños y robles. Cruzamos parroquias como Goleta, Besteiro, San Martín de Dornelas, San Miguel de Castro, y de repente. Vamos alternando caminos rurales asfaltados, con tramos de bosque, preciosos en los que apenas se ve la luz del sol.

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Hasta que, de repente, aparece ante nosotros un espectacular viaducto que se está construyendo en Puente Ulla sobre el río del mismo nombre, para la línea de Alta Velocidad que unirá Galicia con Madrid. Nos quedamos embobados con la pedazo de estructura y de obra de arquitectura tan colosal. Es curioso, porque ya se ven varios viaductos en este tramo de camino: el de la autovía, el de la línea de tren tradicional, el puente romano y ahora este monumental que no dejamos de fotografiar desde varios puntos.

En este pueblo son fiestas. Lo denotan la cantidad de cohetes que se oyen según nos vamos acercando. Preguntamos a unos vecinos y nos comentan que son en honor a Nuestra Señora de la Magdalena. Cruzamos el último pueblo de Pontevedra, ya que estamos en la frontera con A Coruña (hoy hemos pasado por tres provincias), y vemos que la banda de música está tocando unas “piezas” en la plaza del pueblo, y que la gente está con el vermú y el aperitivo.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Tras preguntar donde se podía comer, encontramos junto a la gasolinera de la N-525 un restaurante con un menú del día: bacalao, churrascos y el correspondiente postre y café….todo regado con cerveza, por supuesto. Creo que he comido demasiado, no hay quien se mueve. Decidimos salir del pueblo y buscar una sombrita donde descansar entre el bosque, pero no es fácil encontrar un sitio. La salida es toda en subida, evidentemente, si el Pueblo está junto al río, ahora tenemos que salir. Se hace duro con el estómago lleno. Vamos por pistas forestales donde ya lo único que abunda son los eucaliptos. Hasta que llegamos a una aldea, que tiene una iglesia con una zona de césped contigua y arboleda y nos paramos a dormir durante un buen rato. Antes hemos estado hablando con un peregrino extranjero que viene andando desde Sevilla. Lleva 25 días caminando, y comenta que aquí se está muy bien, pero que en Cáceres y Badajoz, hace mucho calor, pocos pueblos y que es muy aburrido. Tras la siesta seguimos por el camino tradicional. Hay barro, consecuencias de las tormentas del día anterior. La bici y las ruedas se embarran. Cruzamos Rubial, Deseiro de Abaixo. Comienzan a aparecer zonas de parras, famosas para elaborar vinos blancos.

Son las cuatro y media de la tarde, y vamos cansados y con ganas de llegar a Santiago. A la altura de Susana, volvemos a coger la Nacional, porque aunque es en subida hasta Santiago, parece que nos anima entrar por aquí con el tráfico de un sábado por la tarde. Hasta que, justo en una subida hasta un cruce de carreteras, con varias rotondas, aparece ante nosotros Santiago de Compostela, pero la zona urbana. Entramos por la zona de los centros comerciales. Mucho tráfico y poco casco histórico. Tras callejear durante un buen rato, por fin conseguimos llegar a la zona vieja y por fin ¡¡¡ LA PLAZA DEL OBRADOIRO !!!. Hay mucho jaleo de gente, apenas podemos andar con las bicicletas: actuaciones de teatro de calle, músicos

Autor: Damián Rojas Gómez.

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callejeros, dependientas ofreciendo a probar queso, tarta de Santiago, gente tomando tapas en las terrazas, peregrinos que se mezclan con los turistas. Es un bonito espectáculo. Nos tumbamos un rato a descansar en los soportales del Pazo de Raxoi, que es el que está justo enfrente a la fachada de la catedral. Nos tomamos una cocacola y hacemos las fotos tradicionales.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Permanecemos durante media hora en la Plaza del Obradoiro, ya que lo que tenemos ganas es de poder asearnos e instalarnos en alguna pensión u hostal. Decidimos buscar una pensión que conocemos de ocasiones anteriores, y buscamos la calle Basquinhos, donde encontramos un bar que ofrece habitaciones por 35 euros, con dos camas. Pocos lujos, el baño exterior, pero se ve medio limpio y sin mucho jaleo. Así que nos lo quedamos. Las bicis las dejamos en un comedor interior del bar, y tras la reconfortable ducha, es el momento de salir a disfrutar de la tranquilidad de no tener que dar más pedales. Hoy hemos hecho 91 kilómetros y llevamos en nuestras piernas 447 en cinco jornadas de pedaleo. Creo que nos merecemos….una cervecita y un buen pulpo a feria. Tras visitar la catedral, donde están celebrando misa y hay un importante olor a incienso, vemos que el pórtico de la Gloria está en obras de restauración. Unos novicios o diáconos, no sabemos a qué especie pertenecen, nos ordenan detenernos en el templo para esperar a que salgan los sacerdotes y los obispos o quienes sean. Nos quedamos un tanto sorprendidos… cosas de la jerarquía eclesiástica. Hacemos unas fotos, pero lo que realmente estamos deseosos de encontrar es nuestra gran amiga, la taberna “El Gato Negro”, que para nosotros es más tradicional que dar el abrazo al Santo, de hecho, yo en los 6 caminos anteriores no he subido a dar el abrazo a Santiago, pero parece que las tradiciones están para romperlas y esta vez, si que mañana no falto, aunque sea porque me lo ha pedido mi madre, y a Antonio su hermana Celes.

Dos imágenes típicas de nuestros caminos a Santiago: la taberna “El Gato Negro” y una ración de mejillones en escabeche y junto a ella, la típica Estrella de Galicia.

En la taberna nos pedimos una ración de pulpo a la gallega, y dos buenos trozos de empanada de sardinas, que saben como los dioses. Con esto y luego un heladito que nos comemos junto al parque de la Alameda, donde damos un paseo relajante observando la cantidad de especies arborícolas que hay plantadas y desde donde se ven unas vistas de la catedral impresionantes.

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Está anocheciendo y creo que va llegando el momento de recogerse a descansar ya que mañana tenemos toda la mañana para visitar Santiago. Aquí os dejo algunas instantáneas del tranquilo paseo por el parque de la Alameda.

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EPÍLOGO: DE REGRESO A CASA
La verdad es que no es lo mismo dormir en una litera, que en una cama como Dios manda. El cansancio acumulado, y el no poner despertador para madrugar a dar pedales, hace que hayamos dormido como lirones. Casi me duelen las piernas de tanto dormir. Son las nueve de la mañana, hace un día de domingo espléndido, y tras asearnos y acicalarnos como la ocasión merece, hacemos el equipaje y lo dejamos ya colocado en las bicis, para sobre la 1 de la tarde, volver a recogerlo todo e irnos para la estación de autobuses, ya que el nuestro camino de Zamora sale a las 16,30. Desayunamos en una cafetería típica compostelana, de desayunos, porque no hay más que churros, croissants, sobaos, tartas, y cafés y clientes por todos sitios. Yo me como unos churritos y Antonio pide tarta de Santiago, que la verdad, es que no está muy bien lograda. El paseo matutino es muy agradable, las calles están regadas, ya comienza el trasiego de peregrinos y turistas que se entremezclan y los primeros artistas callejeros cogen sus sitios. Pasamos a unas tiendas a comprar camisetas de recuerdos: Antonio para su nuevo sobrino Andresín, y yo para mi Lucía y Mariete, sin olvidarme de unos pendientes para Sonia. Antonio también le compra bisutería a su hermana y quesos para el resto de amistades: Estrella, Lucía, etc.

Son las diez de la mañana en la Plaza del Obradoiro y todavía se puede andar perfectamente. No hay prisas ni agobios. Decidimos que yo me voy a recoger la Compostela y Antonio se marcha a hacer cola para el abrazo al Santo junto a la Plaza de la Quintana. Es sorprendente que en la oficina del peregrino apenas hay nadie. Le pregunto a la chica que me atiende y me dice que este año está habiendo menos peregrinos que otros años. Es curioso porque es año Xacobeo, pero seguramente la gente se echa para atrás pensando que estará todo masificado. Nosotros tampoco hemos tenido problemas para alojarnos en ningún albergue, aunque claro, estos
Autor: Damián Rojas Gómez.

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caminos, dijéramos secundarios como el del Norte, Portugués, o la Vía de la Plata, están menos masificados que el “famoso” Camino Francés. Me dan mi certificado compostelano, el sexto. Seguro que yo voy al cielo, aunque sea solo por darle la vara al Santo Patrón. Busco a Antonio, y no lo encuentro. Está dentro de la catedral. Me pongo en la fila para el abrazo al Santo y se marcha a recoger su Compostela. Tras una espera de una media hora, y de hablar con la familia por teléfono, entramos por primera vez al altar donde se venera la imagen de Santiago “matamoros” y sus restos que están justo debajo en una urna de plata. No hay demasiada gente, se nota que es temprano aún para ser domingo. Mi abrazo, es más una palmadita en la espalda. Me siento un poco ridículo, la verdad. Hay misa a las 10,00 y a las 12,00, la famosa Misa del Peregrino, pero decidimos que no, que para otro camino. Recuerdo haber estado en la Misa del peregrino del año 1999. Todo abarrotado, apenas podíamos movernos, y me entró tal agobio que me salí. Mi primo Alfredo y su mujer Esther, que eran mis compañeros en esa aventura, si que aguantaron durante casi toda la misa. Como tenemos tiempo de sobra, compramos la prensa y nos vamos de nuevo al Parque de la Alameda para leer tranquilamente. Vamos, lo que todos los domingos. A eso de las 12 le comento a Antonio que me está entrando hambre y que creo que merecería la pena volver a echarnos una última cervecita al “Gato Negro”. Dicho y hecho, no me cuesta mucho convencerle. No hay empanada, ya que los domingos no las hacen, pero hay unos mejillones en escabeche, que están de muerte. Tras el aperitivo, damos un último paseo por Santiago. Descubrimos un rally de coches antiguos que están aparcados en plena Plaza del Obradoiro y descubrimos también una banda de música dando un concierto en plena calle.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Creo que ya ha llegado el momento de marcharnos para la estación. Tenemos que empaquetar las bicicletas, lavarlas, comer y prepararnos para cinco horas de autobús hacia Zamora, y otras cuatro de coche hasta Sonseca. El camino de regreso hasta la pensión se hace complicado, nos hemos despistado y tenemos que dar un buen rodeo a Santiago. Pero no hay problema. Recogemos las bicicletas y tras dejar todo el equipaje en la estación, me dedico a buscar una gasolinera donde poder lavarlas en un autolavado. Tras la operación decidimos comer, aunque sea una comida de mala muerte en el bar de la estación. Con el cafetito nos entra un poco de modorra. A las tres y media decidimos bajar al andén y comenzar la labor de empaquetado. En teoría, me había dicho la chica que nos vendió el billete por teléfono que solamente era necesario desmontar las ruedas. Nosotros decidimos empaquetar la rueda de delante con la de detrás, desmontar los pedales para evitar problemas, y forrar la cadena y los platos y piñones con bolsas y precinto. Esto era la teoría, pero luego a la hora de la verdad, el conductor nos puso alguna pega, pero vamos, que las pudimos meter en el autobús y dedicarnos a lo nuestro: descansar.

Esperando a que salga nuestro autobús, con las bicicletas medio empaquetadas.

El viaje de regreso en autobús se hace muy pesado. Paramos en dos ocasiones, en Ourense y en Puebla de Sanabria. Los últimos 100 kms se hacen por carretera nacional sin autovía, con mucho tráfico. Volvemos a recorrer el camino que habíamos andado, pero al contrario: Verín-Ourense-La Gudiña-Puebla de Sanabria-Tábara y por fin Zamora. A las 9,45 de la tarde llegamos a Zamora. Busco el coche, que por suerte, está intacto y tras cargar las bicis rápidamente, nos ponemos rumbo hasta Sonseca. Hay mucho tráfico en la Autovía de La Coruña, y tras parar a cenar en una Estación de Servicio llena de gente a las 12 de la noche, llegamos a Sonseca, casi a las dos de la noche. Sonia y los niños ya nos están esperando dormidos. Procuramos no hacer ruido y descansar ya en casa. La aventura ha finalizado. Antonio ha respondido fenomenal, pese a que ha abandonado un poco esto de dar pedales. Es curioso, apenas hemos discutido en

Autor: Damián Rojas Gómez.

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este viaje, quizás porque yo he ido casi todo el tiempo unos metros más delante que él, esperándole, abriendo camino. Pero ha sido igual de satisfactorio que lo fue en 2002. Hemos vuelto a disfrutar de lugares encantadores, como Puebla de Sanabria, Campobecerros, la subida hasta Alberguería, las aldeitas de la comarca de Limia, etc. Hemos visitado lugares nuevos que en el viaje anterior nos dejamos en el tintero, como Tábara y Lalín o el Lago de Sanabria que también merecen mucho la pena. A nivel personal, me encantaría poder compartir el camino algún día con mis hijos. Sentía sana envidia de ver a algunos padres que hacen el camino con sus hijos. Compartir momentos, sufrimientos, fatigas, cervecitas, porqué no. Compartir pensamientos, compartir el camino. En alguna ocasión se lo he comentado a Antonio. Creo que no haría el camino con otra persona que contigo, o con mi familia. A lo mejor es porque yo suelo ser muy “mandón” y él se deja llevar y va donde yo le digo sin rechistar, o a lo mejor es por la complicidad ganada con el paso de los años. En definitiva: no sabemos si esta será la última aventura. Como en las copas, mejor decir la penúltima. LO QUE SI HA SIDO, ES UN VERDADERO PLACER. ULTREIA, AMIGO PEREGRINO.

Autor: Damián Rojas Gómez.

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Hórreo típico gallego en Silleda (Pontevedra)

Autor: Damián Rojas Gómez.

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