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FORMACIÓN DOCENTE / FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN PROF. DR.

JORGE EDUARDO NORO

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PROFESIONALIDAD DEL DOCENTE ¿SACERDOCIO, TRABAJO, PROFESION?
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

01. EL QUEHACER DOCENTE: PASADO Y PRESENTE
 El quehacer docente creció asociado a LA MISIÓN SACERDOTAL que transformaba a la tarea de educar en un compromiso vocacional y en un ministerio laico. La historia revela que esta asociación se produjo en un período fundacional que transformó los valores de un oficio despreciado en un ministerio y en un apostolado, y la única forma de prestigiarlo era relacionándolo con un tipo de institución y de prácticas que expresaran un valor supremo: las Iglesias y las Instituciones religiosas. El proceso de identificación entre la tarea docente y su construcción simbólica sobrevivió a la etapa de apropiación de la educación y de la escuela operada por parte de las sociedades y los estados modernos.  La secularización de las organizaciones habilitaron la supervivencia de las estructuras originales porque la educación y la razón moderna fueron el equivalente funcional de la religión y la iglesia, y la ideología positivista que acompañó la conformación de los sistemas educativos reivindicó para la ciencia y la escuela un carácter y una dignidad moral casi sagrados. La tarea del maestro siguió siendo un compromiso vocacional y su función un sacerdocio ejercido como ministros en el templo del saber. (TEDESCO – TENTI, 2002).  Esta concepción subsistió en el período de universalización de la escuela y se extendió hasta mediados del siglo XX. Aunque vocación, apostolado y sacerdocio puedan parecer actualmente vocablos semántica y laboralmente discutibles, lo cierto es que el sentido primigenio no acentuaba tanto el peso de la moralidad, la ejemplaridad y la entrega de la tarea (caracteres que se descontaban) sino que representaba una verdadera acreditación y reivindicación con respecto al rol y al reconocimiento social de la ocupación en los períodos precedentes1.  En el último cuarto del siglo XX, los profundos cambios socio-económicos dieron lugar a un nuevo tipo de ordenamiento educativo y acentuaron el peso del trabajo, convirtiendo al maestro en UN TRABAJADOR Y EN UN PROLETARIO. Podemos decir que la escuela (templo) y el maestro (sacerdote) se convirtieron en los últimos exponentes del proceso de secularización: la masificación de los puestos, la elevación de los niveles de escolaridad de la población, el deterioro del salario y las condiciones de trabajo y otros fenómenos conexos (pérdida de prestigio, cambio de origen social) constituyeron las bases materiales sobre las que se estructuró la representación de la docencia simplemente como un trabajo.

Documentos y discursos del siglo XIV – XVI condenan la situación de las escuelas existentes y la condición de los maestros, que pertenecen a niveles ínfimos de la sociedad y contribuyen a desanimar a los alumnos y ahuyentar las capacidades de los niños. Cfr. Erasmo, Rabelais, Montaige, Lucero, Comenio, entre otros.

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 La redacción de estatutos y reglamentos laborales, así como la sindicalización del magisterio contribuyen a imponer una imagen social del maestro como trabajador-asalariado. (TEDESCO-TENTI FANFANI; 2002). Si bien este cambio de perspectiva permitió circunscribir – con mayor realismo – las tareas de los maestros y negociar (con relativa libertad) las retribuciones, socialmente los educadores pasaron a encuadrarse como un sector de los servicios del Estado (funcionario remunerado) y aunque ganaron en fuerza sectorial perdieron necesariamente relevancia y reconocimiento social. 2  Finalmente, en los últimos años, sin que se hayan neutralizados las voces defensoras del encuadre precedente, numerosos teóricos han intentado re-conquistar DESDE LA PROFESIÓN un nuevo lugar de referencia y prestigio. Se basan en el convencimiento de que para el desempeño de su actividad todo docente requiere el dominio de competencias racionales y técnicas que son exclusivas de su oficio y que se aprenden en circuitos y espacios determinados, al tiempo que no se trata de tareas burocratizadas y estandarizadas sino de labores que gozan de un margen variable de autonomía. Preparación específica, competencia técnica (experto) y autonomía son los componentes de la definición formal de toda profesión. (TEDESCO-TENTI FANFANI: 2000; DE LELLA: 1999) “Es obvio que los maestros de hoy son distintos de los maestros del momento constitutivo del Estado y de los sistemas educativos modernos. Sin embargo, parte de ese pasado fundacional está todavía presente en la conciencia práctica e incluso en la conciencia reflexiva de los docentes de hoy.(...) El período fundacional se caracteriza por una tensión muy particular entre dos paradigmas: el de la vocación y el apostolado vs. el del oficio aprendido. (...) El peso que tienen las representaciones relacionadas con la vocación y las cualidades morales del docente se explica por la función que se asigna al sistema educativo en el momento constitutivo del espado y la sociedad capitalista moderna. La ciencia racional y la escuela eran el equivalente funcional de la religión y la iglesia en las sociedades occidentales precapitalistas. La ideología positivista que presidió el proceso de secularización que acompañó la conformación de los sistemas educativos reivindicó para la ciencia y la escuela un carácter y una dignidad moral casi sagrados. La tarea del maestro era el resultado de una vocación, su tarea se asimila a un sacerdocio o apostolado y la escuela es el templo del saber.” 3

VOCACIÓN TRABAJO
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“La maduración del sistema de educación básica que acompaña el proceso de modernización de las sociedades occidentales tiende a una progresiva secularización del oficio del maestro. En la década de los años 60 y 70 las representaciones del maestro como sacerdote ya no ocupan un lugar dominante en la sociedad. La masificación de los puestos, la elevación de los niveles de escolaridad media de la población, el deterioro del salario y las condiciones de trabajo y otros fenómenos conexos (pérdida de prestigio, cambio de origen social) constituyen las bases materiales sobre la que se va estructurando una representación de la docencia como un trabajo. La sindicalización del magisterio contribuirá a imponer una imagen social del maestro como trabajador que es asumido por porciones significativas de docentes. El maestrotrabajador asalariado es una denominación generada al calor de la lucha contra ciertas representaciones originadas en el campo del Estado, calificadas como tecnocráticas.” (TEDESCO-TENTI FANFANI; 2002) 4

Este tránsito desde lo vocacional y sagrado a lo laboral retribuido suele observarse todavía como traumático y como causa de malentendidos y discusiones en las Instituciones privadas, especialmente las religiosas que pretenden que sus docentes mantengan el espíritu de las organizaciones y posterguen exigencias laborales o salariales. De alguna manera se pretende que los docentes se asocien al espíritu religioso que caracteriza a las congregaciones. 3 TEDESCO J.C.- TENTI FANFANI E. (2002), Nuevos tiempos y nuevos docentes. Documento presentado en la conferencia regional. BID/UNESCO/Ministerio de Educación. Brasilia. 4 TENTI FANFANI E., o.c. en ISUANI A., FILMUS D., TENTI FANFANI E. (1998), La Argentina que viene.Análisis y propuestas para una sociedad en transición. Editorial Norma. Buenos Aires

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“La condición de profesional deviene del hecho de que el desempeño de su actividad requiere el dominio de competencias racionales y técnicas que son exclusivas de su oficio y que se aprenden en tiempos y espacios determinados. Aunque trabaja en contextos institucionales, en el aula goza de un margen variable de autonomía. Competencia técnica y autonomía son los componentes de la definición ideal de una profesión. (...) Sin embargo, en la práctica, el docente, en la mayoría de los casos, es un funcionario asalariado que trabaja en relación de dependencia y recibe un salario y no honorarios”. (TEDESCO-TENTI FANFANI:2000) Desde una cierta perspectiva sociológica funcionalista, la docencia se define como una semiprofesión, en tanto no cumple con los requisitos básicos para constituirse en profesión. Las características que supuestamente deben reunir las profesiones son autonomía y control del propio trabajo, autoorganización en entidades profesionales, cuerpo de conocimientos consistentes de raíz científica, control en la preparación de los que se inician en la profesión, fuertes lazos entre los miembros y una ética compartida. En este marco, se intentaron procesos de profesionalización docente buscando corregir aquellas “deformaciones” que no conforman los rasgos esperables de una profesión. (DE LELLA: 1999)

 Cabe interrogarse acerca LA FUNCIONALIDAD QUE CADA UNO DE LOS MODELOS ha jugado con respecto al sistema y las sucesivas transformaciones, en los diversos momentos de la historia educativa. (1) EL SACERDOCIO VOCACIONAL DE LOS INICIOS permitió construir, con una pasión sin límites y basados en el reconocimiento moral de la misma misión, las bases del sistema educativo: cuando el Estado requería un docente sumiso y entregado ciegamente a su desinteresada vocación civilizadora lo encontró en las filas de los maestros que llegaron hasta los últimos rincones de la patria; el modelo político económico que prohijó el proyecto educativo plasmó en los maestros el ejército apostólico, disciplinado y ordenado, que instrumentó el proyecto civilizador y homogeneizador. (2) LA MILITANCIA SINDICAL Y LA FIGURA DEL MAESTRO-TRABAJADOR-ASALARIADO fue una adaptación refleja y funcional a un proceso de empobrecimiento del sistema, a la creciente democratización en el acceso a los diversos niveles de la educación, y a la disminución progresiva de los recursos reales destinados a la educación: los docentes sindicalizados e identificados con la causa popular – más allá de la justicia de los reclamos y del valor de las demandas – representaban una disminución del prestigio social, una relativización de su presencia y de su esfuerzo en materia de rendimiento educativo y, en consecuencia un refuerzo de la lógica del deterioro del sistema educativo; si la sociedad comenzaba a descreer de su educación y apostaba limitadamente a ella, era lógico que sus maestros se mostraran como expresión de una decadente clase trabajadora que poco podía hacer para cambiar una realidad definitivamente injusta. (3) EL PROCESO DE PROFESIONALIZACIÓN acompañó los movimientos de transformación de la década del 80 y del 90: la necesidad de responder con rigor técnico (y saberes socialmente legitimados) a las demandas sociales transformó al docente en un pseudoprofesional que podía negociar determinadas demandas porque se debatía entre las imposiciones de la realidad y las prescripciones de los marcos teóricos. En el contexto de la modernización de los estados y de su progresiva privatización, la educación nunca ocupó – más allá de las declaraciones y de los documentos – un papel relevante y esta funcional respuesta de los docentes permitió sostener con sus aportes lo que genuinamente ni los recursos ni las decisiones políticas (centrales y nacionales) acompañaron. Es curioso constatar que mientras la primera actitud responde a un mandato funcional asumido por los actores del sistema, las dos restantes pueden aparecer como respuestas críticas y reivindicativas, pero – en definitiva – se

PROFESIÓN

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transformaron en otra forma perversa de funcionalización y de adaptación refleja a las estrategias omnipotentes de un sistema proteico en sus manifestaciones.  TENTI FANFANI (1998) señala que el desarrollo de la profesionalización no es lineal. El caso de la docencia es paradigmático al respecto. Un oficio tan masivo (en la Argentina los maestros y profesores son, aproximadamente diez veces más numerosos que los médicos) en una sociedad cada día más fragmentada y desigual se vuelve cada vez más heterogéneo. Mientras que en la cúspide de la pirámide, en las instituciones más ricas tanto en recursos institucionales como en cuanto al origen social de los estudiantes se consolidan procesos que apuntan hacia la profesionalización de los docentes (en términos de competencias y títulos poseídos, condiciones de trabajo y remuneración, prestigio estamental, etc.), en la gran base del sistema educativo vastos sectores docentes padecen experiencias de retroceso y restauración que, fácilmente, pueden definirse como "des-profesionalizantes".  Según TEDESCO (2002), existen al menos tres discursos tradicionales sobre los docentes que han tenido – sucesivamente – una presencia importante en el pensamiento colectivo: (1) El RECONOCIMIENTO MERAMENTE RETÓRICO de la importancia de los educadores y de la educación con una permanente disociación entre el reconocimiento de la importancia de los docentes y el aporte de medidas concretas; (2) VISIÓN DEL DOCENTE COMO “VÍCTIMA” DEL SISTEMA que pone todo el acento en el problema de las condiciones de trabajo y en las carencias materiales, o como “culpable” o responsable de los mediocres resultados de aprendizajes obtenidos en el rendimiento de los alumnos; (3) SUBESTIMACIÓN SIGNIFICATIVA DEL PAPEL DEL DOCENTE en las estrategias de transformación. Según el autor estas visiones han agotado hoy sus posibilidades de explicar los problemas y de inspirar líneas de acción, pero exigen una rápida revisión del proceso histórico que exhibe los cambios en la función y en los roles de los educadores. 5  Las tendencias mencionadas pueden producir dos fenómenos interrelacionados: la polarización y la HETEROGENEIZACIÓN del campo docente. Los recientes procesos de descentralización de los sistemas educativos empujan hacia la misma dirección. Por una parte, se ampliará la distancia entre los modelos típicos situados en los extremos (polarización); por la otra, se registrará un aumento de los particularismos que aumentarán la segmentación del mercado del trabajo docente (heterogeneización). Próximo al primer polo se irá conformando una minoría de docentes cuyo trabajo los asimilará al modelo de los "analistas simbólicos", es decir, a ese subconjunto de individuos cuya actividad, en lo esencial, consiste en identificar, definir y resolver problemas nuevos y cuyo capital cultural se asienta en cuatro habilidades básicas: abstracción, pensamiento sistémico, experimentación y colaboración. En el otro polo se aglutina la mayoría de los maestros. Estos, a diferencia de los analistas simbólicos, realizan "servicios en persona" que consisten en tareas simples y repetitivas para las cuales no se requieren competencias de un alto grado de formalización. Estos agentes cobran en función de las horas trabajadas o el rendimiento laboral; están estrechamente supervisados (como sus jefes), no necesitan haber adquirido demasiada formación (como máximo, un título secundario, o su equivalente, además de cierto entrenamiento vocacional).6  Si bien esta clasificación elemental supone distinciones claras y taxativas, los docentes reales no siempre tienen un encasillamiento tan preciso, sino que en el desempeño de sus funciones operan una serie de variables que pueden hacer intervenir los tres modelos mencionados. Por momentos son trabajadores que demandan mejores condiciones laborales y respeto a las leyes establecidas, o son profesionales que reclaman autonomía y producen avances en la preparación específica y propia de su desempeño o vive el ejercicio de la docencia con una entrega y una dedicación que no reconoce límites ni se sujeta a las obligaciones pautadas.
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Ver nuestro trabajo NORO Jorge (2005), Docentes funcionales al sistema o intelectuales críticos y transformadores. Contexto Educativo. 6 Los maestros en la Jaula de Hierro, en IUSANI y otros, La Argentina que viene. Editorial Norma.

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 Sin discutir las opciones personales y las diversas alterativas mencionadas nos interesa recuperar la figura y la función del docente como una verdadera herramienta de transformación del sistema y, a través de él, reconquistar el verdadero espacio de la educación, como instrumento de cambio social.

02. PROFESIONALES: ALGUIEN EN QUIEN CONFIAR

 Un profesional es alguien que “profesa algo”, que declara o enseña en público, alguien que declara en público. De hecho la palabra profesión está asocia da a profesor, maestro: el que enseña con autoridad en público.  Un docente debe ser un profesional. Y un profesional es alguien que despierta FE y CONFIANZA. Uno visita, concurre, consulta o contrata los servicios de un profesional porque tiene FE en él. Antes se ha informado, ha escuchado hablar de él, sabe de sus trabajos por terceros, obedece las sugerencias de quienes ya han tenido experiencias favorables (FE) y hasta suele desoír a quienes piensan distintos (que son aquellos a quienes el profesional no supo o no pudo responder).  El profesional atiende apelando a esa FE que suele reforzar con algunos testimonios de su actividad efectiva: títulos, congresos, reconocimientos, capacitaciones, etc. El mismo ámbito en el que el profesional atiende respira profesionalidad. Y hacen lo propio la palabra, el ambiente, la recepción, porque hay todo un ritual de la profesionalidad con liturgia propia en cada especialidad. Quienes aguardan ser atendido por el profesional son los que comparten – en grados diversos – la fe y la confianza: ellos dan prueba de que no hemos elegido mal, de que no somos los únicos.  Cuando se inicia el proceso, el profesional exige confianza y quien acude a la consulta se la brinda: hay expresiones, frases, palabras que refuerzan estas ideas (“Lo que Usted me indique Doctor”. “Lo que usted diga, Doctor”)  Pero inmediatamente el profesional da muestra de que no se ha tenido FE, ni se ha CONFIADO en vano: sabe, demuestra que sabe, responde con seguridad a las inquietudes, reconoce el caso, le encuentra salida a todo tipo de preguntas, situaciones y problemas. El sabe que está allí para eso. No duda: ha estudiado, se ha preparado y puede resolverlo todo (o casi todo).  Aun cuando haya puntos dudosos (una enfermedad, un juicio, una operación, un negocio), el profesional obliga a confiar, a reforzar la fe, a crecer en la certeza, a tener seguridad acerca de los objetivos que se van a lograr. Y la habilidad de un profesional se demuestra cuando ante la imposibilidad y el fracaso, crea el nosotros el convencimiento de que no es una cuestión personal: ningún profesional lo hubiera podido resolver.  Pero hay un dato fundamental: con el paso del tiempo, el profesional DEMUESTRA que era oportuno tener FE y CONFIANZA, porque entrega pruebas, resultados, conclusiones. De alguna manera sus demostraciones hacen innecesaria la FE, pero al mismo tiempo, sin la la redoblan y la refuerzan.

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 Por ejemplo: Un médico que diagnostica con seguridad y propone un tratamiento, una serie de estudios o una intervención quirúrgica de riesgo; un abogado que lleva adelante las estrategias en un juicio complejo; un contador que brinda asesoramiento e intervención para reordenar una empresa en riesgo de quiebra; un arquitecto o un ingeniero ante un grupo de inversores que quieren poner en marcha un megaproyecto.  Los profesionales se presentan como tales: su forma de vestir, de arreglarse, de hablar guarda relación con su perfil profesional. Uno encuentra en el escenario adecuado al personaje indicado: ambos refuerzan la relación que establecemos.  Frecuentemente el profesional ordena derivaciones a otros profesionales en quienes él confía para que sus clientes, pacientes o usuarios regresen con mayor información. Los profesionales confían en otros profesionales, porque ellos lo siguen siendo: no regalan nada de su propio saber, sino que saben cuáles son sus límites y posibilidades. Un profesional sabe lo que no sabe y tiene conciencia de lo que no puede. Fortalezas y debilidades. Oportunidades y amenazas.  Así, por ejemplo, es posible, que: el médico vea que el enfermo corre serios riesgos, el abogado vea un tribunal que difícilmente fallara a favor del cliente, el contador anticipe una debacle económica o que el arquitecto observe más problemas que beneficios en la obra propuesta… pero allí están para dirigir el barco en medio de la tormenta. Hasta los fracasos conservan la dignidad profesional. Es verdad: no todos los profesionales son iguales…pero aquellos que se destacan son los que alimentan su trabajo con la FE y la CONFIANZA.  El profesional, el verdadero profesional, sabe que tiene presente, pero que el futuro depende de él, de su esfuerzo, de su tarea, de su trabajo. Si no es un buen médico (todos los días) no tendrá paciente; si no trabaja todo lo necesario, no tendrá clientes; si se toma vacaciones, licencias, pausas se le irán los que han depositado su confianza. Un profesional sabe que vive, gana, triunfa si mantiene la lucha, la fuerza, el compromiso, la dedicación. Por eso, muchos no quieren jubilarse o no saben cuándo retirarse: en muchos casos su profesionalidad se vuelve más fuerte que nunca con la edad.  Y a veces los profesionales saben dividir o distinguir sus compromisos profesionales: cuando trabajan en relación de dependencia (gobierno, hospital, municipalidad, horario, tareas asignadas) su profesionalidad disminuye, y cuando van al ejercicio liberal, personal de la tarea, la profesionalidad se potencia. Hay dos médicos, dos psicólogos, dos arquitectos, dos ingenieros, dos contadores. En el lugar en el que tienen asegurados el sueldo, el trabajo y la clientela, el compromiso es menor: en donde hay que conquistarla, conservarla y ampliarla, el esfuerzo es absoluto.  Un profesional sabe que sus clientes o usuarios pueden venir atraídos por su prestigio o su saber, pero que su fama no es permanente y eterna, y que es necesario salir a conquistarlos. Con diversas estrategias los profesionales saben que nadie queda definitivamente cautivo de su médico, abogado, contador, dentista o arquitecto, que ante la menor duda, pueden recurrir a otro. No sólo eso, sino que el mercado de las profesiones liberales es duro y que la profesión, el prestigio, la fe y la confianza se conquistan y se construyen todos los días.

03. DOCENTES PROFESIONALES
 ¿Son profesionales los educadores, los docentes, los que ejercen la tarea de enseñar en cada uno de los niveles? ¿Despiertan FE y CONFIANZA en sus usuarios y en quienes lo eligen?  Su tarea, ¿está precedida por la fama y el buen nombre que anticipa que sus alumnos serán educados, serán bien tratados, aprovecharán su tiempo para aprender?

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 ¿Otorgan siempre las respuestas necesarias y seguridades a los sujetos en crecimiento y a su entorno familiar? ¿Se hacen cargo de los problemas?  ¿Saben profesionalmente derivar para que el alumno finalmente regrese a ellos con alguna información complementaria y con la intervención necesaria de otros profesionales?  ¿Puede siempre dar cuenta de lo que dice, de lo que enseña, de lo que exige, de sus evaluaciones, de sus criterios, de las acreditaciones?  ¿Tiene autoridad profesional para sugerir más tiempo de estudio, repetir la cursada, ampliar la preparación, corregir actitudes, profundizar los procesos de aprendizajes?  ¿Se presentan y actúan como profesionales de la educación? ¿El aspecto, el arreglo o la presencia personal, la forma de hablar reflejan el nivel profesional que representan?  ¿Sabe reconocer lo que sabe, lo que debe saber, lo que es competencia suya (y por lo tanto no lo negocia con nadie) y lo que no sabe, lo que pertenece a otros profesionales? ¿Es consciente de sus posibilidades y de sus imposibilidades?  ¿Trabajan para conservar, ampliar, conquistar a la clientela o sabemos que la clientela no se irá, que es un público cautivo, que no importa demasiado lo bueno o lo malo que hagan, porque el sistema es seguro y es protector?  ¿Esperan que los usuarios (alumnos, familias) que necesariamente deben elegirlos como parte de la Institución o se proponen conquistar y mantener a quienes llegan a sus manos, y aun más, salir a conquistar a quienes pueden formar parte de sus trabajos?  ¿Saben apasionarse por los casos difíciles, los casos perdidos, los que ya nadie puede salvar, aquellos a quienes se los relega al fondo del salón o fuera de la clase (los rebeldes, los inquietos, los atorrantes, los contestadores, los que no quieren aprender, los que nunca traen nada, los que nunca tienen ganas…)? ¿Quieren hacerse cargo precisamente de ellos, de los que en realidad son excluidos aunque figuren en la lista o pertenezcan a clases sociales que no admiten exclusiones? ¿Saben jugarse el prestigio aunque no haya pago extra, sino un plus de profesionalidad? 7  Tal vez se trate de expresiones de deseo, de una construcción para el futuro, pero lo cierto es que la profesionalidad docente también corre por estos andariveles. Es verdad que difícilmente los docentes son elegidos, sino que llegan dentro de la institución elegida (de la misma manera de que a ciertos sectores de la población le “llegan” los profesionales que los atienden, porque son los que están de guardia, aquellos a los que deben concurrir). Eso no les impide ocupar ese lugar profesional, descubrir la profesionalidad, ganarse el rol, alimentar la FE, la CONFIANZA.

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Hace algunos años, en un CONGRESO LATINOAMERTICANO DE EDUCACION se debatía el tema de la inclusión en instituciones PUBLICAS y PRIVADAS. En un grupo de discusión propusimos que se aplicaran los exámenes de ingreso, pero que – en los resultados – los mejores colegios (con mejores profesores, mejores condiciones edicilicias, mejor equipamiento) habilitaran la entrada de los alumnos comenzando por aquellos que habían tenido los peores promedios o rendimiento, para demostrar si el éxito que proclamaban se debía al esfuerzo profesional o a la condición natural de quienes asistían a esas instituciones. Era el relato del grupo: todavía recuerdo la cara de asombro de quienes escuchaban esta propuesta que, por supuesto, no fue aprobada.

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 Pero, además, deben dar pruebas: dar muestras de su capacidad de respuestas en el día a día de su actividad docente: el ejercicio de sus saberes, la trama relacional, el manejo de las metodología, el trabajo responsable, el cumplimiento de los contratos pedagógicos y didácticos.  Es bueno que los alumnos de todos los niveles, los padres de los alumnos de algunos niveles, los restantes actores sociales se encuentren con docentes que puedan dar cuenta de lo que son y de lo que hacen, porque ejercen con rigor su tarea y porque son capaces de explicar y justificar decisiones con solvencia profesional.  Hay un círculo virtuoso que acompaña este proceso: hay saberes que generan profesiones y profesionales con mayor dignidad y reconocimiento social (y económico). Y esos profesionales potencian la vigencia de esos saberes. De eso se trata: la educación debe convertirse en un saber confiable, seguro, previsible, cierto para que sus profesionales lo puedan ejercer con rigor y solvencia, y sean reconocidos como tales… para que – a su vez – prestigien a la educación.  Si el profesional de una disciplina ejerce la docencia como una manera de prestigiar su profesión, no es la tarea docente la que se beneficia, sino la disciplinar. Si por el contrario, afianzado en su tarea como profesional, ejerce con profesionalidad también su labor como docente puede reforzar su tarea. Por ejemplo: un médico prestigioso, un reconocido ingeniero que da clases en la universidad puede hacerlo por varios motivos. Lo ideal es que confluyan en él los dos rasgos de la profesionalidad, y que no tenga la educación como un comodín que se adapta a sus requerimientos y necesidades.  PROFESIONAL es toda persona que puede brindar un servicio o elaborar un bien, garantizando el resultado con una calidad determinada. El perfil profesional es el conjunto de capacidades y competencias que identifican la formación de una persona para asumir en condiciones óptimas las responsabilidades propias del desarrollo de funciones y tareas de una determinada profesión.  Lo privativo de una profesión es tener un campo específico de acción y reclamar su reconocimiento por parte de la sociedad; lo que significa a su vez mantener control sobre la calidad de su ejercicio. En el caso de la profesión docente, su campo específico de acción es la enseñanza, que tiene el fin de contribuir a la formación integral o la preparación profesional de los alumnos. Para actuar en este campo, los docentes poseen un cuerpo de conocimientos teóricos y casuísticos que responde a una formulación culturalmente aceptable del mundo práctico de la educación. Este conocimiento les permite reconocer los problemas de la enseñanza, razonar o inferir a partir de ellos y actuar en conformidad. Sin embargo, para tener credibilidad como profesión es necesario demostrar que se tiene estos conocimientos y capacidades que permiten resolver los problemas propios del área de manera efectiva. Por tanto, para que su ejercicio sea reconocido, la profesión docente debe establecer un control – institucional o personal, interno o externo - sobre la calidad de ese ejercicio. Y uno tiene que entrar en lo específico de esa profesionalidad, que no es derivada de otros saberes, sino que enriqueciendo con lo que uno sabe se asienta en lo que esta profesión demanda. No importa como cada profesional ha llegado a este ejercicio, lo cierto es que – si quiere ejercer como profesional (y no puede no hacerlo) – debe descubrir lo específico de esa tarea, incorporar los aprendizajes necesarios y ejercer su rol desde lo que realiza en la educación, en el aula, en las instituciones. Nadie sabe enseñar porque conoce un tema, una disciplina, una tecnología, una forma de hacer las cosas: saber enseñar y lograr que el otro aprenda a aprender (y se decida a hacerlo) es parte de la profesionalidad de un docente.

04. PARA EL DEBATE (ALEJANDRA TROFFE)

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La p rofesionalidad es una forma de trabajo, aunque pueda presentarse como un trabajo cualificado: lo que iguala a la profesión al trabajo – en todas sus manifestaciones – es el “poder social”. Allí es donde la “profesión docente” entra en cuestión, porque se mueve como un sacerdocio que se inmola por el próximo (apostolado educativo) y una profesión que se ejerce como una forma de trabajo cualificado por la preparación y el tipo de actividad. Pero se abre otro debate: las profesiones tradicionales (médico, abogado, escribano, ingeniero o contador) ejercen un “poder social” que tiene efecto inmediato o próximo: curar, defender o ganar el juicio, resolver un balance o equilibrar una empresa, definir un proyecto, dar fe con respaldo legal en una escritura pública. Las profesiones y los profesionales nos otorgan hechos, resultados, productos. Y nos obligan a pagar sus honorarios por ello. Los docentes entregamos un producto de un efecto retardado, mediato, futuro. Inmediatamente no podemos lograr ningún efecto, sino que es un poder social que apuesta a un futuro, a la siembra que promete la cosecha, a la potencialidad que el tiempo transformará en acto. Es un poder social diferido. Por eso, la fuerza social del maestra su poder, es simbólicamente valorado por la sociedad y lo usuarios, pero no realmente valorado (recompensado) porque los efectos no se ven. Tal vez esto no sea así: tal vez podamos decir que un grupo de sujetos educados da muestra de su control, de su obediencia, de su disciplina, de su predisposición. Es un tema que abre el debate. No debería extrañarnos que un INGENIERO o un ABOGADO o un CONTADOR que ejerce la docencia suponga que tiene una PROFESION efectiva en su título de base (porque allí su “poder social” es inmediato, aunque sus ingresos sean limitados) y considere que la una profesión derivada, semiprofesión o mero complemento en la labor docente (porque su efectividad es menor, imperceptible, difícil de probar). Esta diferencia entre el “poder social inmediato” y el “poder social derivado”, entre profesionales genuinos y semi-profesionales o profesionales de otro orden, pone en marcha un debate que deben definir los actores y la sociedad.

05. CONCLUSION CON PROPUESTAS
El docente debería construir desde su formación, y afianzar a lo largo de su carrera como educador, una identidad social y un perfil laboral caracterizados por: 01. Un ejercicio profesional de la tarea docente en el que se combinen el rigor y la especificidad de la función con la defensa de los propios derechos, respaldados por el consenso de una sociedad que sabe reconocer y valorar la presencia y sus aportes de experto acreditado. 8

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No hay una sola manera de expresar este reconocimiento, pero la imagen y la tarea profesional se prestigian si (1) hay verdadera y genuina demanda para ingresar a ella, (2) se observa un circuido de preparación exigente, (3) se goza de una remuneración acorde a los niveles de ideoneidad y ejercicio profesional.

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02. Un desempeño laboral que valora la continuidad de la tarea, el cumplimiento de las obligaciones, el trabajo en equipo, la actualización disciplinar y metodológica, el manejo psicológico y pedagógico de los grupos, la comunicación con las familias. 03. Un constructor de otro tipo de racionalidad que sin desconocer los recursos del sistema lucha por construir otra misión para la educación, superando la mera funcionalidad instrumental que transforma la educación universal y obligatoria en un entrenamiento laboral y en un reaseguro contra los desbordes sociales. 04. Un intelectual portador de una racionalidad crítica que sabe sumar a la denuncia el anuncio de nuevas realidades, a las palabras los hechos, a la mera descripción de situaciones injustas la reflexiva construcción de alternativas inclusoras y superadoras. 9 05. Un docente que sabe encontrar el justo medio entre una protesta irracional que desacredita y un conformismo miedoso que anestesia. Alguien que confía en el valor de las palabras pero que sabe que el simple cambio de nombre no representa un cambio de realidades, que los cambios no se reducen a meros sustituciones en las denominaciones. 06. Un militante activo en el campo del pensamiento, de la palabra, del propio perfeccionamiento y de la propia educación, y del perfeccionamiento de todo semejante. En tal sentido, se convierte en un miembro activo del sistema educativo que interpreta su pertenencia al mismo como una militancia crítica, como una construcción permanente de innovaciones. 07. Un diligente constructor de una nueva escuela y, a través de ella, de una nueva sociedad y de un nuevo sistema educativo. 08. Un verdadero liderazgo social que sabe dar cuenta de las situaciones críticas y las transformaciones y se asume como responsable de nuevos modelos y formatos participativos y democráticos, especialmente en resguardo de los desposeídos y de los excluidos.

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Recuerdo la película sobre ALEJANDRO MAGNO y pienso en las palabras finales con que el relator – en Egipto – le confiesa al escriba que ha tomando nota de cada detalle de la vida de Alejandro Magno, la razón de su temprana muerte: “Nosotros lo matamos. No podíamos seguirlo. Nunca creí en los sueños. Pero los sueños imponen una fuerza irresistible. Los soñadores nos agotan. Por eso deben morir antes de matarnos con sus malditos sueños”. ¿Cuáles, cuántos son los educadores de nuestros días capaz de DEJARSE LLEVAR POR LOS SUEÑOS?