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PRESENTACIONES DE LIBROS PROF. DR. NORO JORGE EDUARDO – 2010 – norojor@cablenet.com.

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PRESENTACIONES DE LIBROS AMIGOS Y COLEGAS
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

CRISTINA ASPRELLI: LA DIDACTICA EN LA FORMACION DOCENTE JULIO 2010

01.

Los libros, los árboles, los hijos. La verdad popular interpreta que los tres le otorgan realización plena a la vida y aseguran algún tipo de trascendencia. Los tres están atravesados por la siembra y por la paciente espera. Uno sabe que algo se está gestado, que está tomando vida y que finalmente lo podremos ver, disfrutar (=“sacar y gozar de los frutos”). En este caso he tenido el raro privilegio de ir viendo (de algún modo) todos los pasos de esa gestación académica que finalmente se ha convertido en parto. Y aquí está entre las manos y comienza a mostrarse, a volverse público, a formar parte del paisaje, de la vida, del mundo real. Nuestros hijos son prolongación de nosotros; nuestros libros son expresión objetiva de los tesoros subjetivos, de nuestros universos profundos, del microcosmo de nuestras ideas. Y hay un verdadero esfuerzo intelectual al intentar sacar socráticamente de nuestro interior ideas y pensamientos para traducirlos en palabras, en frutos. Esto es muy significativo en alguien como Cristina que muestra particular empeño en buscar y atesorar las obras, los autores, las citas, las referencias que acompañan la presencia y el desarrollo de las buenas ideas. Aquí los roles han cambiado: la autora es ella, la obra es su obra, la cita es su propia producción. Ese ha sido el proceso que en silencio, pacientemente, sin estridencia ha vivido Cristina, desde aquellos días en que le daba forma a su tesis de licenciatura a estos, cercanos, en que revisaba las pruebas y se reconciliaba con los últimos formatos del libro, definitivamente entregado al juego de la lectura y de las interpretaciones. Y confieso que me resulta muy grato compartir este momento de profunda satisfacción y alegría, con esta colega y fiel compañera de gestión de estos años.

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Creo que en la vida nada sucede por casualidad, pero hay coincidencias felices. Este libro llega en un momento profesional muy oportuno. Después de un responsable y continuado trabajo en la docencia, en diversas instituciones y funciones, Cristina “está cerrando” una etapa laboral, para concentrarse en cuestiones académicas más específicas. La aparición de este libro representa un excelente pasaporte porque si bien la didáctica involucra a todos los niveles del sistema, es en el nivel superior y universitario en el que se producen los debates más profundos, no sólo en el plano teórico, sino especialmente en la formación profesional de los docentes y en la incorporación o en la vigencia de la didáctica en el ejercicio de la docencia en el nivel superior, ámbito en el que peso de los saberes disciplinares parece resolverlo todo. Este libro es también una excelente excusa para prolongar su producción y su trabajo, ya que la didáctica en el nivel superior es una cenicienta a la que nunca le llega la hora del príncipe salvador. Tal vez este libro se proyecte en otros, y su actividad académica acompañe la puesta en marcha real y efectiva de las ideas escritas, para multiplicar los príncipes que transformen a la cenicienta en la merecida princesa.

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Este libro de didáctica no podía no ser didáctico: el orden de su desarrollo se estructura claramente en tres partes o capítulos en los que se atiende a sucesivas y necesarias etapas del tema: el recorrido histórico, el abordaje de las categorías y la diversas corrientes y propuestas que abordan la problemática de la didáctica en la formación de los docentes. Tanto en la primera como en la última la autora nos entrega una generosa síntesis de corrientes, autores, obras e ideas relacionadas con la Didáctica y la formación de los docentes. Al claro y ordenado desarrollo expositivo se le suman, además, casi veinte páginas de cuadros (en total 11) que representan una síntesis gráfica de gran parte de la exposición, y que – lo sé porque he sido testigo de los desvelos de su autora – representaron un valioso y original aporte, y una expresión cabal de su particular manera de organizar sus propias clases y trabajos académicos.

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Representa, además, una producción coherente con su función institucional: como Regente estuvo primordialmente al frente del espacio de la práctica docente, es decir al frente del ejercicio del rol, de la producción de mediaciones. Aunque este libro de didáctica se vincula con la vasta experiencia docente de Cristina pareciera responder m al eje de su gestión en el Instituto. Nos la imaginamos presurosa, caminando por las galerías para decirnos “Este es el libro que escribí: hay mucho de lo que ustedes y sus alumnos deben hacer”. Y hasta es posible que, además, nos pida que completemos una planilla o le acerquemos un proyectito.

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Más allá de los diversos usos y lecturas que puedan realizarse sobre el libro, quisiera efectuar mi propio abordaje porque los libros expresan lo que el autor escribe y – en definitiva - lo que los lectores ponemos en su interpretación. En realidad la didáctica constituye el corazón mismo de la enseñanza, y la enseñanza representa la labor primordial de todo docente. El que enseña es quien pretende que otro incorpore, se apropie de un saber, que lo construya subjetivamente a través del aprendizaje. Todo docente pretende garantizar con su enseñanza el aprendizaje en los saberes específicos en los que trabaja. No es el contenido en sí mismo el que se vuelve enseñanza, sino que es el saber a enseñar el que puede ser transmitido, porque está mediatizado por la intervención del maestro, atravesado por recursos para lograr que ese saber se haga accesible a cada uno de los estudiantes. En ese proceso de necesaria mediación que se arma de palabras, presencia, gestos, estrategias, tecnologías, actividades, recursos está presente la didáctica. Por supuesto que sin los contenidos la didáctica es vacía, es una simple categoría, mera forma o posibilidad. Pero – por su parte – los contenidos (cualquiera sea: un libro, un proceso histórico revolucionario, una ley de la física, un ejercicio de análisis matemático, un poema, la compleja geografía de un continente, un texto en idioma extranjero) sin la didáctica, sin sus mediaciones, se convierte en material inerte, ciego, extraño, desarticulado. Epistemológicamente los contenidos en sí mismos, están mucho mas próximos a la ciencia, a la investigación, a la producción del conocimiento, pero en el aula, en la clase, el maestro o el profesor no cumplen el rol de expositores de un congreso de especialistas, sino que operan como gestores del aprendizaje del otro (de todos los otros) a partir de su enseñanza, de su propuesta mediadora.

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Lo dice claramente la autora y no podemos no coincidir con ella: la didáctica debe desempeñar un papel clave en la agenda de la formación: porque los alumnos que se arman profesionalmente en las disciplinas, deben apropiarse de los insumos o instrumento con los que van a operar convirtiendo los saberes disciplinares en saberes enseñados, en saberes aprendidos. Por supuesto que – por ejemplo - la rigurosa lectura de la CRITICA DE LA RAZON PURA, de SER Y TIEMPO o del TRACTATUS - como hermeneutas que avanzan paso a paso en el territorio de la escritura de Kant y de Heidegger - tiene una cercanía mayor con la filosofía de esos autores. Pero si estamos para enseñar filosofía, debemos convertir a ambas obras en transmisibles y ponerlas en condiciones de ser comprendidas y procesadas por los que aprenden: no será todo Kant, todo Heidegger o todo Wittgenstein, pero sin traicionarlos, debemos encontrar el modo de explica, con la mayor fidelidad posible, ambas filosofías. El esfuerzo que como docentes ponemos en la interpretación debe asociarse al esfuerzo que necesariamente

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aportamos para lograr la comprensión y la apropiación. De allí que el ejercicio de la profesión docente esté atravesada por muchos saberes y sea realmente compleja.

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Todos tenemos o tuvimos experiencias de “profesores-contenidos”: eran los que tenían todo el saber, disponían de todas las referencias, presentaban con absoluto rigor la totalidad de los temas, y exigían de nosotros todo el esfuerzo por apropiarnos de lo presentado. Parecían decirnos: “Aquí está lo que necesitan. Este es el saber. Esto es lo que deben aprender. Ya lo deposité ante la vista de ustedes. Vean cómo pueden hacer para aprehenderlo, para dominarlo”. Los docentes del presente y los de futuro tienen otra función: son los mediadores, los mostradores de los conocimientos, utilizando todas las estrategias, monitoreando permanentemente los rostros y los comportamientos para certificar si están cumpliendo bien con su oficio.

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Y para un formador de formadores (los docentes de estos institutos) esto es clave, porque solamente si es consciente de su carácter de mediador, si hace lugar a la didáctica trabajando cualquier tipo de conocimiento (ninguno se le resiste a esta cenicienta que sabe que finalmente concurrirán todos los príncipes – aun los mas orgullosos – a probar el zapato) cumple doblemente su rol: ejerce verdaderamente su rol como profesor, como docente, es decir, enseña y deja de ser un mero presentador… y además forma los futuros docentes en la transmisibilidad de los conocimientos.

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Pero además – y en esto el libro de CRISTINA es un instrumento excelente y de uso recomendado – un formador de formadores (no sólo los encargados del espacio de la práctica) sabe elegir, optar entre diversas formas de mediación y de intervención, trabajando con diversas interpretaciones de los saberes docentes: diversos enfoques, modelos u orientaciones. Un formador es un pensador crítico que sabe elegir, cambiar, integrar, desplazarse de uno a otro paradigma. Cristina nos regala – especialmente en el capítulo 3º - una excelente GPS didáctico, como si fuera una voz que nos va preguntando, señalando, orientando, pero que no decide el viaje, porque eso lo deciden los diseños curriculares, los proyectos institucionales y el criterio con que aborda su responsabilidad cada profesor.

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Enseñar a “los que harán del enseñar su profesión”, su forma de vida, representa un verdadero compromiso social y político. El ejercicio de la profesión docente implica poner en acto diversas orientaciones en el proceso educativo, atentos a los signos que nos vienen desde los sujetos que están para aprender y las circunstancias en donde se produce el encuentro pedagógico. Aunque este rasgo tiene componentes técnico-profesionales, no podemos soslayar el compromiso político que implica asumir la función de educador con una determinada concepción del saber, de los sujetos que intervienen en la co-relación, de las coordenadas espacio-temporales, de la función misma de la educación y de la sociedad. Ese saber elegir, ese optar involucra una didáctica que comparte, expresa y acompaña esas decisiones.

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Si la didáctica es una disciplina con un objeto específico: el enseñar, la didáctica no representa un espacio o una materia en la formación de los docentes, sino un transversal – como señala la autora – que no sólo cruza zigzagueante todos los espacios, sino que logra articular con cada uno de ellos y que interpreta el espacio de la práctica, como el lugar en el que se pone en cuestión, se somete a prueba toda la formación. He aquí la utilidad de este libro que seguramente será aprovechado por quienes saben que no pueden ser formadores de futuros docentes sin conocer los temas claves de la didáctica, por quienes tienen a su cargo los espacios de fundamentación y de práctica porque representa una síntesis disponible para la lectura, la consulta, el uso inmediato con los alumnos. Y es bueno recomendarlo porque se trata de un producto muy cuidado: primero por la autora que gestó un material académico serio, documentado, sistemático, riguroso. Y en segundo lugar por la editorial que nos entrega una excelente producción que invita a la lectura.

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El mejor augurio que podemos hacerle a la autora es que el libro tome vuelo propio, que las ideas, los capítulos, los fragmentos, las citas vayan poblando las cátedras, las aulas, los proyectos, los trabajos de investigación. Ella comprobará que – como los árboles, como los hijos – el libro deja de pertenecerle para tener vida autónoma, y le demandará que continúe con su producción, que ya vaya ordenando los borradores y documentos en el que se van insinuando las páginas del próximo. Finalizamos con unas palabras de Heidegger: “Enseñar es más difícil que aprender. Se sabe esto muy bien, más pocas veces se lo tiene en cuenta. ¿Por qué es más difícil enseñar que aprender? No porque el maestro debe poseer un mayor caudal de conocimientos y tenerlos siempre a disposición. El enseñar es más difícil que aprender porque significa: dejar aprender. Más aún: el verdadero maestro no deja aprender nada más que “el aprender”. El maestro posee respecto de los aprendices como único privilegio el que tiene que aprender todavía mucho más que ellos, a saber: el dejar-aprender.” (QUE SIGNIFICA PENSAR. 1964) ¡Felicitaciones, Cristina! ¡Misión cumplida! ¡Que lo disfrutes! Prof. Dr. Jorge Eduardo Noro Julio 2010

“Y CON LA ARENA SE NOS VA LA VIDA” ALBERTO DARIO VALENZUELA: LIBRO DE ARENA SETIEMBRE 2009

Tuve el libro no-nato, no nacido aún de Darío entre mis manos, en el 2006. Por algún extraño o providencial motivo no pudo asomarse a la luz en ese momento, sino en el 2009 y en otro contexto, mucho más generoso en reconocimientos. Entonces (y ahora) no pude dejar de preguntarme: ¿por qué un nuevo libro de poemas? ¿Es necesario? ¿Tiene tanto para decirnos el autor? A los que fuimos testigo del proceso previo y celebramos el nacimiento del anterior no deja de sorprendernos gratamente este nuevo milagro de la vida. Y suponemos, al recorrer cada una de sus páginas que – en este limitado tiempo – han ido apareciendo nuevas palabras que no han podido guardarse y que necesitan brotar, así como ideas, mensajes, vivencias que han pujado por encontrar la luz. Han debido esperar “el tiempo oportuno”, prolongar el embarazo, para finalmente cobrar vida propia y comenzar a caminar Hay una actitud generosa en Darío, porque se ha hecho cargo de la demanda y ha ordenado el torbellino creador para crear este cosmos que abre sus puestas en el nuevo libro. Hay silencios rotos y necesidad de prolongar el diálogo, provisoriamente interrumpido. Sobre todo hay una realidad insobornable que ha cambiado, que ha sufrido las transformaciones propias del tiempo y las mutaciones propias de la

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existencia humana. Frente a este cambio que involucra al creador y al entorno, la poesía pretende convertirse en el registro que atesora los sentimientos, las sensaciones, las vivencias, los pensamientos que el tiempo fugaz goza en cambiar. Resuenan en nuestros oídos los fragmentos de la filosofía de Heráclito, el oscuro, en esa maravillosa síntesis presentada por otros filósofoso, Borges. en el poema homónimo: ¿Qué trama es ésta/ Del será, del es y del fue? /¿Qué río es este cuya fuente es inconcebible? / Es inútil que duerma./ Corre en el ensueño, en el desierto, en un sótano./ El río me arrebata y soy el río./ De una material deleznable fui hecho, de misterioso tiempo. No es extraño que Darío comparta esos dos mundos que se cruzan: la literatura y la filosofía, cuyos límites son difíciles de definir y establecer. Nunca se sabe a qué ámbito pertenecen las palabras. O bien, las palabras gozan en pertenecer ambos territorios, generando curiosas y creativas resonancias. Pero lo importante es marcar que – con el irrefrenable paso del tiempo – ni Darío, ni el río son los mismos: el río de las cosas, de la realidad y de los seres queridos (incluido, por supuesto, Francisco y el poema que lo instala al final casi al concluir el libro). Todo – incluidas estas efímeras palabras - ha seguido su curso y ha sufrido la necesaria metamorfosis junto a los cambios del autor que ha sabido desplazar sus miradas, su voces, sus acentos. Y eso es, en suma, lo que justifica la presencia de este nuevo libro que surge de la inspiración del poeta pero que sabe cobrar nueva vida en nuestras manos y en nuestra lectura: cada libro, cada poesía es también el testimonio de una mirada, de un amor, de un interrogante que el tiempo se habrá de llevar pero que Valenzuela deposita en el registro indeleble de las páginas que comparte con nosotros. El que escribe, escribe para sí mismo; pero el que escribe y publica escribe para los lectores: la poesía deja de ser de su propiedad para convertirse en propiedad de todos. Y cada uno sabrá que hace con los textos y los discursos. Hay, sin embargo, temas recurrentes porque los libros son plurales y milagrosamente siempre el mismo libro en infinitas páginas y tomos. Los libros, las palabras son el autor, se parecen a él, son su prolongación y su espejo. No se puede ignorar el entorno poético de Darío que lo identifica y lo justifica… pero hay otros acentos, otras cadencias, como una expresión del necesario paso del tiempo. Las diversas partes de estos VERSOS DE ARENA (Paisaje, Playa Bristol, Claudia, Memorias consagradas, Palabras entre Batallas cotidianas, La palabra, Sentires del después de haber vivido, Salmos y plegarias ) hacen recordar las resonancias que la arena tenía para el ya citado Borges, asociada a los desiertos, a los relojes, al paso incesante del tiempo, y que Darío expresa cuando dice: La arena viste la noche/ de caracoles dormidos/ la playa murmura canciones de espuma/ para los pies descalzos/que mecerá la mañana y arrastrarán la olas. Las palabras/ Cabalgan/ una espalda de espuma El tiempo es aguja invisible/ una mueca en el crepúsculo/ una línea sin rostro En la boca obscura.(Paisaje) Y allí están sus temas: el amor (que recorre todo el libro y se identifica plenamente con la palabra misma), la presencia persistente de su mujer con las diversas voces y miradas del amor de pareja, el pensamiento (que con creatividad y atrevimiento asoma principalmente en Tercero excluido, como una necesidad vital), la propia tierra, las resonancias de las palabras, la oración o la plegaria, amor familiar que lo integra todo, el juego de los cuerpo que se asocia a una interioridad encarnada y expansiva, el recuerdo de los amigos o al misteriosa presencia de los referentes de su existencia.

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Al leer los poemas uno va encontrándose con el estilo de Valenzuela que prolonga los formatos de sus creaciones anteriores y que exhibe innegables avances con verdaderos hallazgos expresivos. Hay una cadencia que acompaña la escritura, la distribución gráfica y la lectura de cada uno de las creaciones. Como lectores lentamente vamos ingresando en la geografía de las páginas para sentirnos cómodos entre sus referencias y sus propuestas. Trabaja de manera persistente el juego de las anáforas, la fuerza persistente de los paralelismos, recurre a diversos nombres y referencias para facilitarnos la iniciación al universo interior, y disfruta regalándonos las preguntas que no van a la caza de alguna respuesta sino simplemente a despertar en nosotros las mismas inquietudes que lo movilizan, de la misma manera que las metáforas que sirven para abrir el pensamiento. Pero uno no solamente ingresa en el estilo y en la creación de Darío, sino en su propia existencia. Cada poema en un microcosmos que, como si fuera un laberinto, nos va guiando a la búsqueda de la definición y del íntimo secreto de la realidad. Y el poema es el maestro que nos conduce de rincón en rincón a través del curioso territorio en que lo senderos se bifurcan, aunque realidad – subjetiva y objetiva - goza en ocultarse. Al concluir la lectura, al deleitarnos con sus páginas quedan resonando en nuestros oídos algunas frases que trascienden el ámbito de lo estético para ingresar al campo del pensamiento: ¿En qué rincón del tiempo nos quedamos con el eco vacío de los nombres? ¿Quién sostiene la verdad de los que aún creen? ¿Cuándo desborda el alma las tristezas que amanece? ¿En qué lugar del alma abandonada se duermen las promesas de la infancia? Mis sinceras felicitaciones para el amigo y autor Darío Alberto Valenzuela y mi profunda alegría por su libro y por los merecidos reconocimientos de jurados y editorial. Sabemos que nos esperan nuevas producciones de Darío Valenzuela. Al disfrutar del libro que tenemos entre manos, parece que desde algún lugar – cómplice, próximo, humano - nos saluda y nos promete nuevos encuentros con un verso que lo sintetiza: “se sienta en la ventana del presente y me sonríe, tristemente me sonríe”. Prof. Dr. Jorge Eduardo Noro Junio 2006 – setiembre 2009

NOVELA “EL TERCER MILAGRO” OSVALDO BACCARO Y EL REALISMO MAGICO AGOSTO 2009

01.

Cuando uno aborda el tema de la verdad, siempre saltan a escena los “juegos de la verdad”, sus mutaciones, sus eternas transformaciones. Porque en torno de la verdad (muy pocas en la vida) rondan las opiniones, las aproximaciones, las conjeturas, las verosimilitudes. Lo que efectivamente es contrasta con “lo que tal vez sucedió, lo que podría ser o llegar a ser”. Sin embargo, uno puede defender una

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certeza: la verdad mora en algún lugar, y en otros lo verosímil y lo conjetural. No se juega con las verdades, pero se puede jugar con lo verosímil y se puede vivir de conjetura en conjetura. La vida, los padecimientos, los éxitos, los fracasos, los dolores de los personajes literarios moran en el campo de la verosímil: son historias posibles y cualquier parecido con la realidad es deliberada o involuntaria coincidencia. Muchos de ellos merecerían haber existido, pero no existieron más que en la generosa imaginación de los creadores. Sólo en nuestro diario vivir podemos movemos en medio de certezas y evidencias. Lo que verdaderamente es, hace esfuerzos denodados por revelarse como tal, hay una aceptable adecuación entre la realidad y el juicio o la versión sobre los hechos. La muerte misma – que es la última evidencia, la última certeza, la verdad definitiva - puede ser también algo verosímil y hasta conjetural, como si fuera la última broma que hace alguien a quien consideramos inmortal.

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No es de filosofía ni del problema gnoseológico que tengo hablar en esta oportunidad, porque – es esta una verdad inapelable – hay aquí 525 páginas verdaderas, evidentes, ciertas que constituyen la última entrega (al menos publicada hasta la fecha, uno, nunca sabe) de Osvaldo: EL TERCER MILAGRO. Este libro – del que informalmente y desde hace años me diera vagas noticias, Guillermo, su nieto – es la expresión más cabal de lo que es BACCARO, de su existencia misma. Hay un juego manifiesto entre la realidad y la ficción, entre el entorno real y el universo construido, entre el autor y la obra, entre los personajes y los diversos tipos humanos que han poblado o han atravesado la vida de Osvaldo. Y allí está el secreto no sólo de esta novela, sino también el de sus anteriores escritos y - tal vez - el de su propia existencia.

03.

OSVALDO BACCARO no sólo escribe jugando con los límites precisos – una línea demarcatoria sutil - entre lo verdadero y lo verosímil, entre lo real y lo conjetural, entre lo palpable y lo virtual, entre evidente y lo posible, entre la constatación y la fe, sino que toda su existencia es expresión de esa mezcla exquisita que le permite vivir numerosas vidas, existencias plurales, múltiples versiones de lo real.

04.

En el preciso momento en que uno toma conocimiento de lo que hace y de lo que hizo, de los diversos frentes y escenarios en los que se desempeñó y actuó, de las actividades que llevó adelante y de las que se hizo cargo – al mismo tiempo o de manera sucesiva – reconoce a alguien que ha elegido este universo en el que ficción y realidad se mezclan: no es extraño que haya una novela voluminosa, una especie de microcosmos criollo en el que todo cabe dentro, en el que todo posible. Cuando, en el último capítulo, ARROYO DEL TERO anticipa la presencia de una ciudad que amaga convertirse en parte del Gran Rosario, de la que depende comercialmente, y que comparte la ruta que une a la segunda ciudad de la República con la Capital, es fácil descubrir que todo forma parte del mismo universo del no se pueden distinguir el creador y la criatura, la realidad y la fantasía.

05.

Es verdad que la Literatura Latinoamericana estuvo atravesada a partir de 1960 por el Realismo Mágico y que a todos nos suena esa denominación convencional, pero mas nos suenan las arbitraria, fantásticas creaciones de sus representantes que deliberada o involuntariamente cruzan – sin permiso alguno – las frágiles fronteras entre lo real y lo posible, entre lo imaginario y lo constatable, entre lo creíble y lo disparatados, entretejiendo la realidad narrativa con elementos fantásticos y fabulosos, no con la intención de reconciliarlos sino para jugar con su aparente discordancia En palabras de GARCIA MARQUEZ: “Mi problema más importante era destruir la línea de demarcación que separa lo que parece real de lo que parece fantástico. Porque en el mundo vivido, esa barrera no existía. Pero necesitaba un tono inocente, que por su prestigio volviera verosímiles las cosas que menos lo parecían, y que lo hiciera sin perturbar la unidad del relato”. El reto que esto supone para la noción común de la realidad lleva implícito un cuestionamiento de la verdad misma que a su vez socava de manera deliberada el texto y las palabras, y en ocasiones, la autoridad del propio relato. La realidad como verdad casi sagrada (“la única verdad es la realidad” resuena una conocida frase de nuestra historia política, hija del realismo aristotélico-tomista) se ve quebrada abruptamente por elementos fantásticos que se mezclan en un

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contexto donde son parte de esa realidad y en donde sus personajes entran y salen sin traumas ni complejos.

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No pretendo afirmar que esta obra y las producciones anteriores de BACCARO pueden pertenecer al realismo mágico. Creo, por el contrario, que son fieles representantes del realismo costumbrista, de cierto grotesco que – jugando con los lugares comunes – nos permiten rescatar dichos y hechos, formas de ser y de hacer de un pasado remoto y próximo, una historia que pertenece al pasado de todos, ya que - cuando uno lee las obras de BACCARO - se encuentra con la forma de hablar y de escribir de padres y abuelos, de antiguos maestros o sacerdotes (en cartas, conversaciones formales, discursos, sermones), y con las páginas de los libros y manuales con los que nos educamos. Esos “lugares comunes del buen decir” son un testimonio y un homenaje al más puro realismo, que recupera el tiempo que ya no está.

07.

¿Y entonces, de qué estamos hablando? Se trata de otro realismo mágico, que recupera el sentido último de los creadores latinoamericanos, en donde uno descubre que tal realismo mágico es lo que envuelve la existencia misma de América y que todo es – en suma – una mezcla entre lo real y lo fantástico, entre lo cierto y lo imposible. Es OSVALDO BACCARO el que tiene una existencia atravesada por el realismo mágico, él lo expresa. Tal vez dándole forma a esa manera tan especial que tenemos todos nosotros de ser y de vivir, esas costumbres y maneras que nos cruzan como individuos y sociedad, en donde nada es como debe ser, sino como efectivamente es. Lejos de las ordenadas sociedades desarrolladas que proclaman los visitantes de las ciudades perfectas, ésta es nuestra realidad, en donde todo se vuelve posible. Lo fantástico es que la gente, la sociedad, la economía, la educación, la vida sobreviva en medio de la complejidad, la fantasía, el juego, la imaginación, la pluralidad de tareas, la variedad de tipos sociales… y que ésa no sea un estado de excepción sino la realidad cotidiana. BACCARO es un representante de ese estado de cosas y es un hermeneuta, un recopilador, un intérprete, un cronista, como esos viejos “cronistas de indias” que no podía apresar en sus limitadas crónicas todo lo que veían, porque sus ojos no lograban decodificar las cosas fabulosas que descubrían en América. BACCARO es un cómo habitante de esta realidad, porque ha hecho de su vida, de sus innumerables trabajos, ocupaciones, proyectos, iniciativas, compromisos, comisiones, instituciones, actuaciones, amistades un permanente realismo mágico, en una muy curiosa mezcla de cosas y de ideas imposibles, que solamente en OSVALDO pueden ser conjugadas. Es alguien que entra y sale de la realidad con absoluta libertad y naturalidad, fiel solamente a sí mismo y a los universos plurales que fluyen desde su interior.

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Párrafo aparte merece el lugar construido: ARROYO DEL TERO. En la antigüedad fueron las Repúblicas de Platón, en el Renacimiento y en la modernidad: la Utopia (Tomás Moro) , la Ciudad del Sol (Camapanella), la Nueva Atlántida (Francis Bacon), Océana (Harrington), Cristianópolis (Johan Andreae), Tamoé (Marqués de Sade), New Lanark (Owen), Icaria (Etiene Cabet), o las Fantásticas ciudades de Jonathan Swiff, en el siglo veinte las preciosas invenciones de Italo Calvino y sus “ciudades invisibles”. Y entre nosotros, no sólo Macondo de García Márquez, sino Santa María de Onetti, Comala de Rulfo y hasta Colonia Vela de Soriano… pero la cosmología estaba incompleta, a los GPS literarios les faltaba una ciudad, un pueblo: allí irrumpió ARROYO DEL TERO, la creación de OSVALDO. Y si es verdad que ninguna utopía es sólo producto de la imaginación, sino que cada autor lo construye desde lo que consciente o inconscientemente vive…, aquí, BACCARO ha edificado – ladrillo tras ladrillo – en mas de quinientas página, ese microcosmos baccariano que es totalmente otro y es totalmente suyo, reflejo de todo lo que él mismo ha vivido. Las creaciones no son más que proyecciones de lo que somos, y en Arroyo del Tero hay demasiado BACCARO dando vuelta por sus calles y sus personajes.

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¿Para qué una historia? ¿Para qué un pueblo o una ciudad? BACCARO necesita – como atinadamente dice Guillermo - jugar, encontrar su propia seguridad en otro tiempo y en otro espacio, un ámbito utópico y ucrónico en donde todo es posible Y la novela es eso, un largo viaje hacia un pasado que vuelve relativo el espacio y lo transforma, lo convierte en un territorio mítico en el que puede

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manejar las historias, jugar con los personales, definir el rumbo de las existencias, encontrarle el giro necesario a todo. Arroyo del Tero fue – durante años – seguramente la geografía imaginaria que asomaba como una especie de refugio. Osvaldo – al escribir - no estaba ya en ningún lado, estaba seguro allí, porque en ese pueblo aislado, primitivo, tenía más libertad para mover a los personajes y armar un universo en donde – con absoluta naturalidad – el mundo se podía convertir en algo fantástico y lo imaginario podía mutar en realidades.

10.

Hace tiempo nos sorprendió con LOS VELORIOS NO SON TRISTES, luego con CUENTOS QUE NO SON CUENTOS y ahora con EL TERCER MILAGRO. En épocas en que los autores multiplican sus historias a gustos de los lectores, sólo le pedimos a BACCARO que siga convirtiendo en palabras sus universos interiores, las ciudades y las historias subjetivas que asoman en sus relatos, que comparta con nosotros el realismo fantástico en el que viven. Porque todos nosotros necesitamos esos refugios de tiempos remotos y espacios increíbles para poder sobrevivir en un mundo que cada día nos hace mas huérfanos y menesterosos. Me permito, para concluir, sustraerle a ITALO CALVINO el final de sus CIUDADES INVISIBLES con la última respuesta que MARCO POLO le da al GRAN KAHN: “El infierno no es algo por venir; hay uno que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio”.

Prof. Dr. JORGE EDUARDO NORO AGOSTO 2009 norojor@cablenet.com.ar

ARBOL DORMIDO, ESPERANZA MILITANTE DARIO ALBERTO VALENZUELA

La poesía es una voz en el desierto, un atrevimiento del alma, un ritual que desnuda el interior para exhibir pensamientos, afectos y emociones en la vidriera del lenguaje. Por eso la lectura de cada poesía o de una colección de poesías es siempre un contacto con una vivencia interior y vital a través de ese puente símbólico y sublime que constituyen las palabras Es lo que uno descubre al leer las poesías de Darío Valenzuela: nos abre la puerta de sí mismo para mostrarnos sus pensamientos, sus ideas, sus luchas, sus sentimientos, su pasado y su porvenir. Allí está todo lo que nos ha permitido ver, lo que nosotros mismos tenemos la capacidad de descubrir, ya que la puerta abierta exige alguien que ingrese, que se atreva a emprender el recorrido, que deposite la mirada en cada detalle, que haga la hermenéutica de lo dicho y lo velado.

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Los árboles no duermen ni sueñan; o tal vez lo hagan cuando, metafóricamente, se transforman en el lugar del refugio, de la lucha, de la esperanza, de los sueños imposibles pero no por eso menos constructores de futuro. Esa utopía necesaria es lo que le hace decir al autor: “Como quien ve a los árboles, ¿quién los ve todavía?”. El árbol dormido es la metáfora de un futuro armado de esperanza, de justicia, de saludable revancha y envuelto en las palabras que siembra, recoge y ensambla la poesía: “Y el espíritu descansa bajo la sombra de un árbol nuevamente dormido”. El recorrido por las poesías de Darío permite descubrir una serie de temas que atraviesan su vida y que milagrosamente las palabras han sabido recoger:  Hay una primera línea que une las diversas poesías vinculándola con un amplio y antropológico sentido del amor: amor de pareja, amor de padre, amor filial, amor político y social, amor y reconocimiento a sí mismo, amor ecológico, amor necesario. Como si un torrente de orfandad ontológica lo obligara a salir a la búsqueda de los referentes, para compartirlos con nosotros o para asociarnos de una manera cómplice en la búsqueda. Una fresca, natural manera de correr los velos y hacernos contemplar su propia intimidad, ese juego de afectos que solemos pudorosamente reservar para nuestra intimidad y nuestros refugios.  Emerge una permanente preocupación social con una piel particularmente sensible a todo lo que pasa y lo que nos pasa. Frente a una vida repleta de hechos y noticias, Valenzuela transforma a muchos de ellos en acontecimientos que necesitan ser revelados, decodificados, transformados en palabras. Es allí donde surge el filosófico asombro y la poesía le pone ojos nuevos y nuevas resonancias al lenguaje  Irrumpe un compromiso político amplio y generoso que se expresa en la condena a los responsables (“Setenta veces siete oirán el mortal grito sagrado de mi pueblo”), la apertura a la responsabilidad social, al llamado transformador, al fuego del cambio (“¡El hombre siga su existencia y ame!" / “Y pacientes esperan/ en las ruinas de la tierra/ las generaciones nuevas”)  Brota la fidelidad a una geografía y a un espacio que asume el pasado de los primitivos habitantes de este lugar, prolongándolos desde la historia hasta los sectores más humildes y populares de las geografías suburbanas, recogiendo los intereses y los recorridos teóricos del autor, siempre preocupado por desentrañar la trama de nuestra cultura popular.  Se insinúa de manera permanente, la apertura a la palabra y al misterio como formas de apertura al ser. Y como el ser siempre es escurridizo, evanescente, nouménino, se trata de circunvalarlo, de rodearlo con palabras para poder apresarlo: allí aparece la voz del poeta y su poesía como celebración de la vida y de sus dones: “El manso vuelo de la palabra solitaria” / “El corazón encendido, otra palabra, otro verso, otra poesía presta para cantar la vida” No es extraño que la poesía se transforme naturalmente en juegos del lenguaje, constituidos en trampas cómplices para renombrar el mundo y correr los velos del misterio, aproximarse a la verdad, aun utilizando textos con resonancias religiosas (“Fue el principio y el fin de quinto día”) Y allí se suceden palabras y giros que se repiten para otorgarle identidad: espera/esperanza, árbol, tiempo, silencio, soledad, piel, alta… o el cruce de los adjetivos que se asocian a los sustantivos para encontrarle una resonancia especial: piel amanecida, ósculo dormido, aire nupcial, besos contenidos, soledad ejecutada, labios llagados, manos mudas, espíritu dormido. La poesía se transforma en una particular perspectiva para contemplar la realidad: como que desde ella todo adquiere otra dimensión y una nueva armonía: “Te vi, contemplé tu cuerpo en la poesía de la tarde” Conocemos desde hace mucho tiempo a Darío Valenzuela, sus trayectos formativos, sus inquietudes, y sus preocupaciones en el campo de las ideas. Hemos compartidos, además, ámbitos de trabajo,

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proyectos y perspectivas educativas, y en torno a numerosos temas hemos podido dialogar abordando autores, visiones o interpretaciones. Celebramos su voluntad de hacer públicos, de entregarnos generosamente, estos textos. Lo encontramos plenamente identificado en sus palabras y en su poesía: está todo él en cada una de sus creaciones… y eso, en suma, le da sentido y trascendencia a su producción: “Tengo una esperanza sin nombre/ bajo el ala sumisa de mis sienes/ la voluntad suprema de los versos/ corriendo por mis venas”.

Prof. Dr. Jorge Eduardo Noro San Nicolás, abril de 2005

PRESENTACIÓN DEL LIBRO MAESTROS, ALUMNOS Y CONOCIMIENTO EN CONTEXTO DE POBREZA MARIA JOSE MIRANDA Y MARIA INES VEGA

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Conozco a las colegas que hoy dan a conocer su libro desde hace mucho tiempo. Compartimos la misma tarea en el Instituto, nos encontramos en funciones complementarias en otros contextos y –en el pasado – compartimos también el proyecto educativo de una misma Institución. Sé de la profesionalidad que las caracteriza, la dedicación al estudio y a la investigación y la seriedad con que llevan adelante las tareas que emprenden. Confieso que cuando escuché la presentación de la investigación quedé gratamente sorprendido y supuse que el destino de esta tesis de licenciatura – mas allá de los imponderables de un país errático como el nuestro – era la publicación. Es un honor participar de esta presentación y un verdadero placer compartir con ellas este momento, al tiempo que celebro el éxito alcanzado. Todos suponemos que las escuelas tienen cuentas pendientes con la comunidad, que es una institución adormecida por las circunstancias que padece pero que intenta sostenerse sin saber a ciencia cierta qué puede hacer. Y en ese desacierto ha terminado por olvidar qué debe hacer en este contexto en que un corte ideológico y universal ha desplazado violentamente a su protectora, la modernidad, y ha instalado una serie de síntomas e interrogantes que numerosos autores se han encargado de calificar de diversa manera. Pero esta escuela tiene diversas cuestas pendientes, y cuando se obliga a sí misma a revisar sus propias deudas, repara que las facturas impagas más significativas están entre aquellos que menos vienen a reclamar, pero que más esperan de la escuela lo que la escuela definitivamente no le sabrá otorgar. Y estos son los sectores desposeídos. Nadie elige ser pobre o excluido, pero muchos contribuyen con su historia, sus opciones y sus pensamientos a reforzar la idea de que la situación de pobreza y de exclusión son un mal incurable del que nunca podrán salir.

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Sabemos que los docentes (y en ciertas manera los padres y la misma sociedad) podemos estar manejándonos con una serie de preconceptos o representaciones que operan en nosotros de una manera involuntaria pero con singular eficacia. Hay situaciones inmodificables, consagradas definitivas, inevitables... y frente a ellas, a los docentes, a la escuela, a los padres y a la sociedad solo les corresponde hacer lo que inevitablemente se puede hacer. Es como si el fin de las utopías se hubiera instalado en todos estos ámbitos para certificar que el mundo y la realidad están definitivamente hechos y que nada se puede cambiar de él. Sabemos que hay diversos niveles de educación y que cada uno se sienta a la mesa de la cultura y del conocimiento como lo hace – si puede y tiene - a su mesa familiar: para comer comidas exquisitas, balanceadas en proteínas, recomendadas por los especialistas, para comer lo que le presentan , literalmente, para no comer. Algunos tienen el paladar y los conocimientos asociados para pedir, elegir, descartar, demandar... y otros sólo tienen capacidad para pedir y recibir lo que le den. De la misma manera en la “mesa del conocimiento” que (aun y de manera restringida) es la escuela, se exhibe análogamente una muestra de la variedad de platos, alimentos y comensales. El ritual es cotidianamente el mismo, pero su contenido es variado, y no todos salen fortalecidos, satisfechos, saludables. Por el contrario, muchos ni siquiera han sido invitados a mesa, o reciben alimentos escasos y deficientes, multiplicando su desprotección. Todas estas son realidades demasiado conocidas: las sabemos, las decimos, las criticamos o soslayamos, son las que murmuramos o las que alimentan las conversaciones formales (en los perfeccionamientos, en las capacitaciones, en las clases) o informales (sala de maestros, vereda, galerías o supermercados). Pero esto es precisamente lo que María José y María Inés han tratado de buscar y de probar. Investigar lo obvio, que muchas veces ser lo nunca tematizado. Y ese es un mérito absoluto, porque partiendo de nuestros discursos, de nuestras palabras, de nuestro malestar, y ensamblándolo con el riguroso marco téorico de las diversas corrientes del pensamiento educativo (sobre todo crítico) han tratado de construir un discurso nuevo y probado con el ánimo de despertarnos, alentarnos, de construir alternativas, de salir del universo de las palabras y de construir con ellas una realidad mejor. En términos de Freire: pedagogía y política, crítica y propuesta, denuncia y anuncio. Los libros están hecho para ser leídos, consultados, re-trabajado, citado... Y los autores desean eso. No los voy a privar del placer de hacerlo sino que –por el contrario – voy a recomendar su lectura. Cumpliendo este ritual de presentación quisiera compartir algunas frases, pasajes, ideas que han despertado en mí particulares resonancias, simplemente para que se renueve la apuesta a favor de un acceso voluntario y placentero. Son simples grageas o anticipos que reflejan la riqueza del texto. Dicen las autoras: 7.1. “En las escuelas que funcionan en contextos pobres se han instalado prácticas que dedican una gran cantidad de tiempo a actividades recreativas y asistenciales, restándolo a las actividades de aprendizaje. Se observa que los docentes enfatizan la acción socializadora de la escuela, pero relegando la mediación del conocimiento. Es como que la urgencia de las respuestas a situaciones acuciantes, pospone lo importante: la escuela termina no enseñando a todos, de todo y para todo”. Y eso es precisamente lo que debe hacer, lo que abre las puertas a todas las otras acciones. 7.2. “La cuestión que nos inquieta es cómo juega en esta situación la representación que los docentes, que trabajan en contextos de pobreza, tienen sobre la relación entre el conocimiento y estos niños; y cómo influye en la organización de las tareas de enseñanza. ¿Cuáles son las representaciones acerca de la función que el conocimiento escolar desempeña en la vida del niño pobre? ¿es posible pensar en otras alternativas?” “Los distintos grupos sociales, entre ellos los docentes, construyen representaciones como un conocimiento socialmente elaborado y compartido, y con un cariz práctico que permite una

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determinada construcción social de la realidad. Surgidas a partir de procesos de elaboración cognitiva y simbólica, están estrechamente relacionadas con la posición que se ocupa en la sociedad, y trascienden la esfera de las simples opiniones, imágenes y actitudes” 7.3. “La inmodificabilidad es para el docente el rasgo central de las relaciones que se establecne en estos contextos. Inmodificabilidad del objeto de conocimiento, sobre el que no se puede actuar; inmodificabilidad de la “cultura de la pobreza” que bloquea las puertas al conocimiento escolar. Este tipo de saberes ha sido aprendido en la práctica docente. No tiene la forma de teoría y no es totalmente consciente, “o por lo menos no lo es en su estructura ni en su lógica de constitución” . Es de fundamental importancia trabajar con las representaciones de los docentes sobre el conocimiento y su vínculo con el niño de niveles socioculturales desfavorecidos , porque los maestros son los agentes de la legitimación de los contenidos ya que para la sociedad, otorgan garantía de validez y relevancia a los conocimientos transmitidos.“ 7.4. “Es indudable que los alumnos desarrollan diferente calidad de conocimientos experienciales según su origen social (socialización primaria). Permitir que la cultura experiencial se reproduzca sin más en la escuela, con el único argumento de estar adaptada al medio, es la mejor estrategia para legitimar y perpetuar la reproducción de la desigualdad”. (...) “Estos niños ,de alguna manera, intentan no reproducir lo que las escuelas transmiten. Pero sus modos de resistencia primitiva, que no alcanzan a ser leídos como tales por los docentes , no hacen más que consolidarlos en el lugar social de donde provienen. Aún negándole ,con sus actitudes, legitimidad a la escuela y dificultando el desempeño de su función reproductora, el resultado final es la reproducción de las relaciones sociales existentes.” 7.5. “Desde las escuelas se culpabiliza a las familias por la baja calidad de los aprendizajes . Los docentes perciben a estos niños como carentes de estimulación, con lenguaje deficitario , con una socialización primaria muy precaria, que hace difícil el trabajo pedagógico. En las representaciones de los maestros se advierte una fuerte tendencia a colocar las causas de los magros resultados en el afuera. Sin embargo, algunos docentes reconocen que cuando modifican sus acciones de mediación, los alumnos, aún los más difíciles se interesan y pueden producir al mismo nivel de los demás. Pero, se advierte que estas son conceptualizaciones aisladas.” 7.6. “La demanda de los docentes se centra en la búsqueda de la analogía entre la institución familiar y la escuela, relacionada con la lógica del disciplinamiento. Esperan, como en otros tiempos, que los niños ingresen al sistema con ciertos hábitos que les permitan aceptar rápidamente los códigos institucionales. Esperan una familia que sostenga las pautas escolares. Pero esta situación no se da, y es especialmente notable en los sectores desfavorecidos. El habitus que pretende inculcar la escuela no tiene continuidad con el habitus familiar. Esta discontinuidad se lee como inmodificabilidad. Podría hablarse de “sojuzgamiento simbólico” entendiendo por tal la ruptura de las conexiones entre el habitus familiar y el escolar provocada por un exceso de violencia simbólica, de manera tal que el niño queda atrapado en su contexto, imposibilitado de pensarlo y de actuarlo de otra manera. Los docentes están convencidos de que no puede y terminan colaborando con ese no poder. El niño queda atrapado en su contexto, cumpliendo con la actuación que la biografía, anticipada por las representaciones docentes, le ha asignado.” 7.7. “Que la actividad docente se centre en los conocimientos “prácticos”, hace que la escuela deba relegar su función académica, cumpliendo otras que no cumple la familia o el Estado. Si se priorizan este tipo de saberes es porque la representación de las posibilidades de aprender de los niños de contextos de pobreza, señala claramente que no pueden acceder a otros saberes. Si los conocimientos prácticos son los que le van a permitir una mejor adaptación a su medio, se da por supuesta la inmodificabilidad de la realidad que rodea a estos niños, realidad en la que ellos ocuparían un lugar bien determinado y subalterno del cual carecerían de las herramientas para

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salir. Si bien , la escuela no crea la división social del trabajo, estas acciones y otras por el estilo, la legitiman.”

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Al texto lo recorren numerosas categorías que han sido rigurosamente ancladas para el abordaje y el desarrollo de la hipótesis formulada : (1) representación, (2) conocimiento escolar, (3) qué se aprende, cuáles son las características de ese objeto de estudio, (4) reproducción social y cultural, (5) fracaso escolar, (6) sectores populares y la escuela, (7) vida cotidiana en la escuela, (8) maestro como trabajador, (9) conocimiento real adquirido en la escuela, (10) saber del sentido común o hábitus. Y el mismo sentido metodológico de (11) la entrevista (que apuntaba a desenmarañar los aspectos simbólicos de la representación de los docentes acerca del conocimiento en la escuela,) y (12) la metáfora como disparador de lo implícito, de lo pensado y no verbalizado. Tales categorías ofrecen al lector no sólo el fundamento del desarrollo, sino un recorrido metodológico para ampliar las búsquedas o profundizar algunas delas variables. Hay numerosas razones – mas allá de las expresadas – por las que este libro representa un aporte sumanente valioso e innovador, mayor aún en el contexto de los Institutos formadores de docentes. Quiero destacar las siguientes:  la claridad, la pertinencia y la actualidad del planteo.  el rigor metodológico de su desarrollo  un marco teórico construido con una bibliografía actualizada y pertinente.  una articulación discursiva impecable en que se ensambla la experiencia, la prueba, la explicación y la fundamentación, en un juego dialéctico entre el adentro y el afuera, entre la práctica y la teoría, entre lo descubierto y lo presupuesto. 9.5. la capacidad de producción conjunta, el esfuerzo común de dos colegas y estudiosas, lo que implica com-partir las tareas de investigación, acordar criterios y redacciones, y definir un discurso único. 9.6. la utilidad inmediata del material para el trabajo en la Instituciones formadora y en las Instituciones educativas y en los estamentos de decisión (porque sería muy oportuno que numerosos funcionarios haga una lectura detenida del mismo). 9.7. la utilidad mediata: convertirse en un instrumento a imitar, una verdadera guía para la investigación. Quiero concluir robando una frase del texto que abre el libro: “Cuando en los jardines nace por mutación una rosa nueva, todos los jardineros se conmueven. Se aísla la rosa, se la cultiva, se la favorece... Pero para los hombres no hay jardineros.” (Saint- Exupery) María José y María Inés nos proponen hacernos cargo de este jardín de hombres que es la escuela, sin descuidar ninguna: atendiendo a la fortaleza y a la belleza de todos aquellos que nacen con todas las gracias... y reforzando – alguna vez en serio – las atenciones, la dedicación, la preocupación por esos brotes pobres, disminuidos, deteriorados, desvalidos, casi muertos. Sin estos necesarios jardineros, no habrá sociedad futura. Y este libro es al mismo un llamado y una guía para que se aparezcan y se multipliquen los “descubridores y cuidadores de rosas nuevas que son capaces de conmoverse con todos los nacimientos”.

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Prof. Dr.Jorge Eduardo Noro San Nicolás, noviembre 2003

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EL JUEGO DE LOS ENDECASILABOS

Soy el que pese a tan ilustres modos de errar, no ha descifrado el laberinto singular y plural, arduo y distinto, del tiempo, que es uno y es de todos. Soy el que es nadie, el que no fue una espada en la guerra. Soy eco, olvido, nada. BORGES, SOY (1975)

Conocí a MARIANO a través de una de las redes sociales. Fue el azar el que nos conectó en torno al pensamiento, la palabra, la literatura, la poesía. Hubo dos encuentros de reconocimiento y trabajo. Y En medios de ambos, su producción. En el primero de ellos, me quedé con un anticipo de su prometida publicación. Y allí comenzó mi trabajo. La idea de poner los PENSAMIENTOS en VERSOS parecía tentadora, aunque suponía que se trataba de una empresa nada fácil. Pero, ¿por qué no confiar en alguien que se mostraba como un lector atrevido y autodidacta que gustaba merodear o internarse por los campos del pensamiento y de la filosofía, al mismo tiempo que circulaba por los territorios de la literatura y de la poesía? La apuesta de Mariano De León era a todo o nada. Siendo su primera publicación era una apuesta arriesgada, atrevida, poco habitual en nuestros días. No resulta fácil construir poesías apelando a los versos clásicos: el metro perfecto, la rima sonora, la musicalidad del ritmo, la elección del vocablo justo. Y no es simple, por cierto, construir pensamientos, entretejer ideas, darle forma a las reflexiones, ponerle palabras a la realidad. No hay demasiado espacio – en nuestro tiempo – para la palabra y para el pensamiento. Y menos aun lo hay para la palabra justa y el pensamiento crítico, ese que se arriesga a marcar los defectos, a proponer alternativas, a proponer otras miradas sobre todo lo que vivimos. Pero había más. Y esa fue la mayor sorpresa, al recibir sus escritos por primera vez. El autor redoblaba la apuesta: podía haber optado por darle a la poesía la fuerza del sentimiento, y hacer que allí hablara el corazón, brotara toda la fuerza de la emoción; y , a la vez, reservar para el pensamiento el formato del aforismo, el comentario, el ensayo o el artículo. La distinción de los ámbitos hubiera representado una propuesta lógica con posibilidades reales de armonizar en el mismo plano con la creación literaria. Pero no: Mariano pretendía unir ambos cometidos, la poesía y el pensamiento, la literatura y las ideas, hacer que la forma y el fondo, el contenido y el continente, se encontraran, se ensamblaran, se articularan para lograr el mayor efecto: las ideas envueltas en poesía, el pensamiento profundo atrapado en los versos breves de los pares endecasílabos. Y esta es su obra, este es el libro: un número notable de versos, pensados, creados y organizados en torno a diversos temas que se van sucediendo como si se tratara de una enciclopedia poética del pensamiento, de la vida, de la reflexión, de los temas y problemas que nos quejan o nos preocupan. El autor conoce, retoma y rinde homenaje a la tradición de la literatura española en el manejo de los versos. Creo que lo hace con una cierta nostalgia, pensando en la riqueza productiva de aquellos tiempos. Y se detiene en la figura de un escritor del siglo XVII, Baltasar Gracián, porque también demuestra su admiración por la simplicidad, la brevedad, el cruce veloz e hiriente del pensamiento:

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apela así a una estructura concisa y a la profundidad conceptual, volcando las ideas en el molde poético. Se trata de una tarea para nada fácil. Si Mariano hubiera optado por un verso generoso, las ideas podían ser elaborada con mayores recursos; si optaba por refranes, máximas o aforismos, las exigencias del vocabulario resultaban menores; si optaba por breve reflexiones la posibilidad de expresar las ideas encontraba un respaldo más simple: pero no, pretendió en su momento - y presenta ahora - lo que ha decidido: que la poesía en sólo dos versos de once sílabas (endecasílabos encadenados) lograra envolver y expresar cada una de sus ideas. Es curioso: en tiempos en que las intervenciones en las redes sociales se miden en palabras o en caracteres, Mariano opta también por una medida, por un encuadre del que no puede salirse: dos versos, veintidós sílabas, entre quince y veinte palabras y alrededor de sesenta caracteres en cada una de sus producciones. Pero aquí no es el sistema el que impone y regula el número de palabras, silabas o caracteres, sino el mismo Mariano, al elegir los pares endecasílabos. En realidad muchísimo antes que las redes sociales, la poesía (especialmente en algunos de sus formatos) fue la primera que reguló la extensión del discurso. Por ejemplo el SONETO (ideal): catorce versos endecasílabos, ochenta palabras y cuatrocientos caracteres. He aquí un par de ejemplos de la producción del autor: “Quien para impresionar siempre se excede, conmover a su espíritu no puede.” “Sirve la soledad de compañía suele ser implacable todo el día.” Cuando las ideas se revisten de poesía tienen mayor impacto, porque la inteligencia se cruza con la emoción, el pensamiento con los sentimientos. “Por eso necesito - afirma en una de sus novela, el español Carlos Ruiz Zafón - algo más poderoso que una simple exposición retórica. Necesito la fuerza del arte, de la puesta en escena. La letra de la canción es lo que creemos entender, pero lo que nos hace creerla es la música” (El Juego del Ángel). Creemos que entendemos las ideas al leer, pero es la fuerza del verso la que cierra la propuesta del autor en el lector. Este trabajo y su autor no pueden desconocer sus límites y sus posibilidades: el verso ejerce una tiranía sobre las palabras de tal manera que a veces cuesta encontrar el vocablo justo para cerrar el pensamiento, y se termina recurriendo a un neologismo, una palabra desusada o bien a un término cuya acentuación no logra el éxito deseado. Por momentos, la idea debe negociar el contenido. Es lo que hace Mariano: lucha y lucha hasta donde puede, hasta donde le dan las fuerzas y luego, nos pide que seamos comprensivos: que más allá de las exigencias métricas hay reflexiones, ironías, observaciones, advertencias, opiniones, pensamientos, que necesitan encontrar su lugar en el mundo de las palabras Hasta aquí esta innecesaria introducción, una manera de responder a la generosa invitación y solicitud de MARIANO. De aquí en más, lo que los lectores esperan. Y el mejor augurio para el autor que ha escrito mucho y que comienza a compartir con todos sus producciones.

“Si tras la adulación no ves la espada, muy dócil sentirás su puñalada” “Sencillez es amiga de los breve, y dejo el tema, o no tendrá relieve”

Jorge Eduardo NORO San Nicolás, agosto 2011