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FE Y RAZON NORO JORGE EDUARDO/1999

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DESAFIOS DE LA RAZON POSIBILIDAD DE PENSAR EN LIBERTAD PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO
norojor@cablenet.com.ar

01. TEXTO Y CONTEXTO
Aunque nadie podría atribuirle al texto de la CARTA ENCÍCLICA de Juan Pablo II un sentido que no posee, uno tiene la impresión de que diversas interpretaciones parecen haber ingresado al texto con el explícito propósito de descubrir allí los argumentos que pudieran sostener renovadas o tradicionales posturas. No entraré en detalles porque me parecen innecesarios: algunas lecturas de revistas de información general y de producciones especializadas dan muestras de esta actitud. Mi intención es otra: me mueve el mismo interés con que tuve noticias de la trabajosa elaboración del documento, información sobre una aparición inminente y, finalmente, accedí al texto que llegó a mis manos. La pregunta reiteradamente preguntada era: ¿Qué me dice a mí, laico dedicado a la enseñanza de la filosofía, en el contexto de este mundo que me rodea? ¿Qué posibilidades me ofrece para la libre y crítica producción del pensamiento? ¿En qué sentido y hasta qué punto me moviliza o me interpela? ¿Qué dice hoy la iglesia, la misma iglesia que durante toda su historia fue marcando – implícita o explícitamente -- el ritmo y rumbo del pensamiento: alentando los trabajos, poniendo bretes o andariveles a la reflexión, alertando acerca de los peligros, condenando los errores y a sus eventuales emisores, dialogando con extrañas corrientes? ¿Qué posibilidades ofrece para quien sinceramente quiere proseguir la búsqueda de la verdad también por el camino del pensamiento y la reflexión sin negar ni enfrentar los dictados de una fe a la que adhiere con convicción? Intenté “leer” el texto y hacer de él – respetando los con-textos – una selección de todos aquellos aspectos en los que la filosofía y el pensamiento, la libertad especulativa y la búsqueda son destacados como una actitud natural, necesaria, efectiva del hombre. Y supuse – lectura tras lectura – que esta encíclica reafirmaba el ETERNO DESAFIO DE LA RAZON.

02. LA POSIBILIDAD Y LA NECESIDAD DE PENSAR
Hay un tema recurrente que recorre transversalmente el texto de la encíclica aunque se explicite y de profundice primordialmente en algunos capítulos: la importancia del ejercicio del pensar, de la razón y la expresión cultural de su desarrollo (histórico y actual) a través de la filosofía. Se menciona una y otra vez el valor del pensamiento y de su práctica, se respeta la

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tradición histórica de la misma Iglesia y, sobre todo, de la humanidad que ha tejido su decurso temporal como una búsqueda incesante de la verdad. Algunas puntualizaciones nos permiten observarlo con mayor precisión:

2.1. VIGENCIA DE LA FILOSOFÍA.
La iglesia no es ajena, sino que se considera “partícipe del esfuerzo común que la humanidad lleva cabo para alcanzar la verdad”(FR:2) Y a filosofía es un camino privilegiado para esta búsqueda. ¿Qué entiende por filosofía? Este pensamiento interrogante se caracteriza porque:          Surge del deseo de descubrir la verdad última sobre la existencia. Los interrogantes fundamentales derivan del asombro. Implica el desarrollo de un camino que conduce al descubrimiento de horizontes de conocimientos siempre nuevos. Es una actividad especulativa, propia de la inteligencia humana que lleva a elaborar una forma de pensamiento riguroso La coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos conduce a un saber sistemático. Responde a diversos contextos culturales e históricos y construye numerosos sistemas de pensamiento filosófico. Es posible reconocer – a pesar del cambio de los tiempos y de los progresos del saber – un núcleo de conocimientos filosóficos cuya presencia es constante en la historia del pensamiento: la recta ratio. La capacidad especulativa lleva a elaborar a través de la actividad filosófica, una forma de pensamiento riguroso y a construir así, con la coherencia lógica de las afirmaciones y el carácter orgánico de los contenidos, un saber sistemático.(FR:4) Todo sistema filosófico debe reconocer la prioridad del pensar filosófico, en el cual tiene su origen y al que debe servir. (FR:4)

2.2. LA NECESIDAD DE HACER USO DE LA RAZON.
El paradigmático e histórico “intellego ut credam” del Capítulo III recoge una tradición milenaria y permite ver los mayores desarrollos y aproximaciones. Las afirmaciones diseminadas en el texto marcan la vocación filosófica natural del hombre que ejerce a-crítica y a-sistemáticamente la capacidad de pensar, en la formulación de las preguntas fundamentales y de la verdad definitiva:  “Todos los hombres desean saber, y la verdad es el objeto propio de este deseo. Incluso la vida diaria muestra cuán interesado está cada uno en descubrir cómo están(y son) verdaderamente las cosas. El hombre es el único ser en toda la creación visible que no sólo es capaz de saber sino que sabe también que sabe y por eso se interesa por la verdad real de lo que se le presenta. Nadie puede permanecer sinceramente indiferente a la verdad de su saber. Si descubre que es falso, lo rechaza; en cambio, si puede confirmar su verdad, se siente satisfecho.”(RF:25) “Existe un camino que el hombre, si quiere, puede recorrer; inicia con la capacidad de la razón de levantarse más allá de lo contingente para ir hacia lo infinito”. (FR:24) “La verdad se presenta inicialmente al hombre como un interrogante(de carácter existencial): ¿Tiene sentido la vida? ¿Hacia dónde se dirige?(...)La experiencia diaria del

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sufrimiento, propio y ajeno, la vista de tantos hechos que a la luz de la razón parecen inexplicables, son suficientes para hacer ineludible la pregunta sobre el sentido. A esto se debe añadir que la primera verdad absolutamente cierta de nuestra existencia, además del hecho de que existimos, es lo inevitable de nuestra muerte. (...)No es en absoluto casual, pues, que los filósofos ante el hecho de la muerte se hayan planteado de nuevo este problema junto con el sentido de la vida y de la inmortalidad”- (FR:26)

2.3. LA RAZON EN TODOS LOS HOMBRES.
La capacidad de pensar y la vigencia de los interrogantes existenciales no son patrimonio exclusivo de la iglesia, ya que es connatural a toda la humanidad (FR:1) “El hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad. De modo que puede hacer cada vez más humana su propia existencia. Entre estos(medios)se destaca la filosofía que contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida y a trazar la respuesta: ésta se configura como una de las tareas más nobles de la humanidad. (...) El interrogante sobre el por qué de las cosas es inherente a la razón del hombre, aunque las respuestas que se han ido dando se enmarcan en un horizonte que pone en evidencia la complementariedad de las diferentes culturas en las que vive el hombre”. (FR:3) La búsqueda de la verdad, la formulación de los interrogantes últimos es connatural a la naturaleza del hombre y las respuestas no son únicas porque tienen diversos contextos históricos y culturales en su conformación y formulación. “Cada hombre es, en cierto modo, filósofo y posee concepciones filosóficas propias con las cuales orienta su vida. De un modo u otro, se forma una visión global y una respuesta sobre el sentido de la propia existencia. Con esta luz interpreta sus vicisitudes personales y regula su comportamiento. “ La sed de verdad está radicada en el corazón del hombre y pres cindir de ella implicaría comprometer su existencia. Además de las verdades propias de la vida diaria y de las verdades religiosas, el hombre encuentra las verdades de carácter filosófico, a las que llega con la capacidad especulativa de su intelecto. (FR:30) “La razón posee su propio espacio característico que le permite indagar y comprender, sin ser limitada por otra cosa que su finitud ante el misterio infinito de Dios” (FR:14) “Se puede definir al hombre como aquel que busca la verdad”.(FR:28) Si la esencia misma del hombre consiste en esta búsqueda, “no se puede pensar que sea del todo inútil y vana (aunque no pueden desconocerse los condicionantes de esta humana búsqueda de la verdad); la capacidad misma de buscar y de plantear preguntas implica ya una primera respuesta. El hombre no comenzaría a buscar lo que desconociese del todo o considerase absolutamente inalcanzable”. (FR:29)

2.4. BUSCAR LA VERDAD Y CREER:
“El deseo de la verdad mueve a la razón a ir siempre más allá; queda incluso como abrumada al constatar que su capacidad es siempre mayor que lo que alcanza” (RF:42) Pero “el hombre que busca la verdad, es también aquel que vive de creencias”. En la vida de un hombre son más las verdades creídas son más que las adquiridas por constatación personal. Manejar el patrimonio histórico y cultural de la humanidad significa prestar fe y conformidad a todo lo que los otros han hecho por mí. “Cada uno, al creer, confía en los conocimientos adquiridos por otras personas”. Se puede percibir una tensión significativa: “por una parte el conocimiento a través de una creencia parece una forma imperfecta de conocimiento(...) pero por otra la creencia resulta más rica desde el punto de vista humano porque incluye una

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relación interpersonal y pone en juego no sólo las posibilidades cognoscitivas, sino también la capacidad más radical de confiar en otras personas”. (RF:30/31) En este sentido se abre un sentido mucho más amplio de la FE y se redimensiona el proceso mismo del enseñar y del aprender, de transmitir y de adquirir conocimiento.

2.5. LA FILOSOFÍA ACTUAL
A partir de la modernidad, las diversas corrientes filosóficas se presentan como un fenómeno ambiguo:  por una parte se debe rescatar (1)el haber concentrado la atención en el hombre, (2)los deseos de conocer cada vez más y más profundamente, (3) la construcción de sistemas de pensamiento complejos que han producido sus frutos en los diversos ámbitos del saber, favoreciendo el desarrollo de la cultura y de la historia, (4) ha logrado situarse en el camino que hace a la reflexión filosófica acercarse a la existencia humana y a su modo de expresarse...  pero también se observa (1) el olvido de la verdad, (2) el desplazamiento de la cuestión del ser concentrando el esfuerzo en el tema del conocimiento, (3) formas variadas de agnosticismo, relativismo y escepticismo, (4) infravaloración de las verdades alcanzadas, (5) pluralismo indiferenciado de respuestas todas igualmente válidas, (6) desconfianza de poder acceder a la verdad o de su efectiva existencia, atendiendo preferentemente a los condicionamientos existenciales, hermenéuticos y lingüísticos. (RF:5)

03. UNA TRADICIÓN DE DIÁLOGO CON EL PENSAMIENTO
La encíclica insiste en marcar el carácter histórico de este diálogo abierto entre la filosofía y la fe. Particularmente desde el nº 38 en adelante hay una detallada enumeración de representantes y caracteres de este balbuceante diálogo inicial que se transforma – con el paso del tiempo - en discurso arrollador, mediatizando el mensaje a través de las categorías de la filosofía vigente. No siempre se trataba de cristianos totalmente convenidos de las bondades de la filosofía. Eran cristianos, hombres como nosotros enfrentados a un mundo culturalmente complejo, hombres reflexivos que buscan y encuentran en la filosofía la posibilidad de pensar su fe. “El encuentro del cristianismo con la filosofía no fue inmediato ni fácil. La práctica de la filosofía y la asistencia a sus escuelas eran para los primeros cristianos más un inconveniente que una ayuda”. (RF:38) Avanzan, retroceden, se equivocan, arriesgan... pero construyen un camino nuevo. Y ese camino del pensamiento se vuelve una aventura paradigmática en los primeros siglos de la cristiandad. Diez siglos después, se produce la llegada de Santo Tomás. En un período complejo en el que los paradigmas de la filosofía vigente estaban amenazados por nuevos paradigmas. No era fácil “dialogar” con el Aristóteles descubierto, armar un nuevo discurso sobre otras estructuras de pensamiento. Uno cae en la tentación de jugar con una pregunta un tanto atrevida: ¿Tomás hubiera sido tomista? Es decir, ¿Tomás fue el obediente seguidor de algún cuerpo doctrinal establecido o se aventuró a construir desde la fe y en el diálogo con las corrientes filosóficas vigentes, su filosofía, con un atrevimiento intelectual que podría escandalizar (y de hecho sucedió con sus contemporáneos) a muchos de sus más fieles seguidores? ¿No habrá dudado de sus intentos? ¿Qué es lo que la tradición convirtió en tomismo? ¿El contenido de su pensamiento o su espíritu de búsqueda y de diálogo? ¿Sus construcciones arquitectónicas o su proceder metodológico envidiable? Santo Tomas, ¿hubiera querido que lo repitieran, lo citaran incesantemente, lo plagiaran o hubiera preferido que lo imitaran en este dialogar con el contexto cultural, filosófico e interpelante que lo rodeaba?

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Pero abandonemos estas tentaciones (que podrían llevarme por laberintos insospechados) y vayamos al texto de la Encíclica:  “No cabe duda que santo Tomás poseyó en grado eximio audacia para la búsqueda de la verdad, libertad de espíritu para afrontar problemas nuevos y honradez intelectual propia de quien, no tolerando que el cristianismo se contamine con la filosofía pagana, sin embargo no rechaza a priori esta filosofía”. (FR:43)  ”San Alberto Magno y Santo Tomás, aun manteniendo vínculo orgánico entre la teología y la filosofía, fueron los primeros que reconocieron la necesaria autonomía que la filosofía y la ciencia necesitan para dedicarse eficazmente a sus respectivos campos de investigación.”(FR:45)  Por eso es natural afirmar que ”la iglesia no proponga una filosofía propia ni canoniza una filosofía en particular en menoscabo de otras. (...) De poca ayuda sería una filosofía que no procediese a la luz de la razón según sus propios principios y metodologías específicas”(FR:50)  Y aún al referirse al predominio de la teología (RF:78) señala que si bien el Magisterio ha elogiado repetidamente los méritos del pensamiento de santo Tomás y lo ha puesto como guía y modelo de los estudios teológico, “lo que interesaba no era tomar posiciones sobre cuestiones propiamente filosóficas, ni a imponer la adhesión a tesis particulares. La intención era de mostrar cómo Santo Tomás es un auténtico modelo para cuantos buscan la verdad.”  Santo Tomás no solamente ha sido un modelo en el uso de la razón y en la utilización de nuevas categorías para la comprensión de la REVELACIÓN y la FE, sino que “aún señalando el carácter sobrenatural de la fe, no olvida el valor de su carácter racional; ha sabido profundizar y profundizar ese sentido. La fe es de algún modo ejercicio del pensamiento porque la razón del hombre no queda anulada ni se envilece dando asentimiento a los contenidos de la fe.”(FR:43)  Si bien a partir del siglo pasado ha habido una revitalización del pensamiento de Tomás y de otros autores escolásticos, “la renovación tomista y neotomista no ha sido el único signo de restablecimiento del pensamiento filosófico en la cultura de inspiración cristiana. Ya antes, y paralelamente a la propuesta de León XIII, habían surgido no pocos filósofos católicos que elaboraron obras filosóficas de gran influjo y de valor perdurable, enlazando con corrientes de pensamiento más recientes, de acuerdo con una metodología propia.”(RF:59) Y se mencionan: (1) Síntesis de alto nivel que son comparables a los grandes sistemas idealistas. (2) Bases epistemológicas para una nueva reflexión sobre la fe a la luz de una renovada comprensión de la conciencia moral. (3) Filosofías que partiendo del análisis de la inmanencia, abrían caminos hacia la trascendencia. (4) Filosofías que intentaron conjugar las exigencias de la fe en el horizonte de la metodología fenomenológica. (RF:59) (5) Los autores que pueden sumarse a nombres de la tradición filosófica de la iglesia: John Newman, Antonio Rosmini, Jacques Maritain, Etienne Gilson, Edith Stein, entre otros (FR:74) El magisterio de la iglesia está llamando a la creatividad en el campo de las ideas, al atrevimiento en el diálogo con las filosofías más diversas, aun consciente de que ese mismo

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magisterio deberá advertir acerca de los riesgos, pero nunca prohibir la posibilidad de encontrar allí vestigios de un pensamiento que finalmente pueda dialogar con los problemas del hombre y, eventualmente, con la FE. “Históricamente (la elaboración de verdaderos sistemas de pensamiento) ha provocado a menudo la tentación de identificar una sólo corriente con todo el pensamiento filosófico. (...)En realidad, todo sistema filosófico, aun con respecto siempre de su integridad sin instrumentalizaciones, debe reconocer la prioridad del pensar filosófico, en el cual tiene su origen y al cual debe servir de forma coherente”. (FR:4) No resulta extraño, por ejemplo, que se mencione críticamente algunas corrientes de la filosofía moderna, principalmente marcando el carácter instrumental de la razón(FR:47), o los atrevimientos especulativos de las construcciones idealistas que generaron como respuesta diferentes formas de humanismo ateo (FR:46) pero rescata en todos los casos “preciosos gérmenes de pensamiento”: análisis profundo de (1) la percepción y la experiencia, (2) lo imaginario y el inconsciente; (3) la personalidad y la intersubjetividad; (4) la libertad y los valores; (5) el tiempo y la historia; (6) el tema de la muerte. (FR:48)

04. FILOSOFÍA DE HOY: AMBIGUA Y NECESARIA
¿Tiene derecho la iglesia de limitar o cercenar la capacidad y la libertad del pensamiento? “La iglesia tiene el deber de indicar lo que un sistema filosófico puede ser incompatible con su fe. Ejerce con autoridad, a la luz de la fe su propio discernimiento crítico en relación con las filosofías y las afirmaciones que se contraponen a la doctrina cristiana”.(FR:50) Pero el discernimiento no debe entenderse de manera negativa. La iglesia no pretende eliminar o reducir cualquier tipo de mediación. “Sus intervenciones se dirigen a estimular, promover y animar el pensamiento filosófico”. Si en el pasado la iglesia ha marcado numerosas condenas de doctrinas (averroísmo, racionalismo, ontologismo) o teorías (preexistencia de las almas, esoterismo supersticioso) (FR:52) en el contexto de la filosofía contemporánea ha marcado las radicales diferencias, al señalar la orientación fenoménica, agnóstica e historicista del modernismo o las orientaciones del marxismo, de algunas corrientes existencialistas y acentuaciones evolucionistas. Pero la iglesia no marca solamente el rechazo, ni se limita a la prohibición sino que invita a la lectura, al conocimiento y al examen crítico de tales problemas: “es menester que teólogos y filósofos católicos los conozcan a fondo (...) porque alguna vez en esos mismos falsos sistemas se esconde algo de verdad” (FR:54) Al hablar de los teólogos de la liberación no prohíbe el diálogo y la búsqueda en las contribuciones del marxismo, sino “señala el peligro de asumir acríticamente sus tesis y sus metodologías” (FR:54) Con respecto a las orientaciones de la filosofía actual, la encíclica se pronuncia con respecto a “corrientes de pensamiento muy difundidas que esconden peligro”: (1) Eclecticismo; (2)

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Historicismo; (3)Cientificismo; (4) Pragmatismo; (5)Nihilismo; (6) la ambigüedad de la postmodernidad. (FR:86/91) , sin desconocer que en muchas de ellas hay ideas y gérmenes de pensamiento que deben rescatarse y merecen el adecuado desarrollo. Pero a su vez, al caracterizar el estado y la práctica actual de la filosofía reconoce diversos trayectos del pensamiento: 1º) El ejercicio de la filosofía totalmente independiente de la revelación evangélica. No se trata de neutralizar el ejercicio autónomo de la filosofía y de las estructuras del pensamiento. Lo que se rechaza es la teoría de una filosofía “separada” de lo revelado. (FR:75) 2º) El ejercicio de una “filosofía cristiana” que no debe interpretarse como una filosofía oficial de la iglesia, sino “un modo de filosofar cristiano, una especulación filosófica concebida en unión vital con la fe”. (FR:76) 3º) El uso que de la filosofía hace la teología, afirmando la co-relación de ambas y la necesaria subordinación del pensamiento a lo Revelado. “Si el teólogo rechazase la ayuda de la filosofía, correría el riesgo de hacer filosofía sin darse cuenta y de encerrarse en estructuras de pensamiento poco adecuadas para la inteligencia de la fe.” (FR:77) Y al tratar de marcar sus orientaciones fundamentales menciona para la filosofía presente y futura los siguientes caracteres: (1) “Es necesario que la filosofía encuentre de nuevo su dimensión sapiencial de búsqueda del sentido último y global de la vida”( FR:81) abandonando una pluralidad de posiciones y respuestas que puedan conducir al escepticismo y a formas ambiguas de pensamiento. (2) “Verificar la capacidad del hombre de llegar al conocimiento de la verdad, un conocimiento que alcance la verdad objetiva: una adecuado del intelecto a las cosas y una superación del mero fenómeno para alcanzar con verdadera certeza la realidad inteligible”. (FR: 82) (3) “Es necesaria una filosofía auténticamente metafísica, capaz de trascender los datos empíricos para llegar, en su búsqueda de la verdad, a algo absoluto, último y fundamental”. (FR: 83) Sin embargo al proponer estas exigencias y al mencionar la vigencia filosófica de corrientes como la “pluranimidad de búsquedas y respuestas”, “el carácter múltiple, fenoménico y aproximativo en el conocimiento de la realidad”, “el desarrollo de las ciencias hermenéuticas y los diversos análisis del lenguaje”, la Encíclica señala explícitamente que “estas exigencias puestas a la filosofía por la Palabra de Dios, pueden parecer arduas a muchos que afrontan la situación actual de la investigación filosófica”. (FR:85) El ejercicio del pensamiento, en el contexto de la producción del conocimiento de nuestros días, representa un auténtico desafío y un indiscutible compromiso intelectual y existencial.

05. EL ORGULLO DE CREAR DESDE EL CONTEXTO DE LA FE.
1º) “La iglesia, al insistir sobre la importancia y las verdaderas dimensiones del pensamiento filosófico, promueve a la vez la defensa de la dignidad del hombre como el anuncio del mensaje evangélico. (...)Lo más urgentes hoy es llevar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad.” (RF:102)

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2º)“La filosofía, además, es como el espejo en el que se refleja la cultura de los pueblos. Una filosofía que, impulsada por las exigencias de la teología, se desarrolla en coherencia con la fe, forma parte de la evangelización de la cultura.”(RF:103) 3º)“El movimiento filosófico contemporáneo exige el esfuerzo atento y competente de filósofos creyentes capaces de asumir las esperanzas, nuevas perspectivas y problemáticas de este momento histórico. El filósofo cristiano, al argumentar a la luz de la razón y según sus reglas, aunque guiado siempre por la inteligencia que le viene de la Palabra de Dios, puede desarrollar una reflexión que será comprensible y sensata incluso para quien no percibe aún la verdad plena que manifiesta la divina revelación”(RF:104) 4º)“Los filósofos y los profesores de filosofía deben tener la valentía de recuperar, siguiendo una tradición filosófica perennemente válida, la dimensiones de auténtica sabiduría y verdad, incluso metafísica, del pensamiento filosófico. (...) Es necesario alentar a los creyentes que trabajan en el campo de la filosofía, a fin de que iluminen los diversos ámbitos de la actividad humana con el ejercicio de una razón que es más segura y perspicaz por la ayuda que recibe de la fe-“(106) 5º) “Las asignaturas filosóficas – en quienes deben ser sacerdotes – deben ser enseñadas de tal manera que los alumnos lleguen, ante todo, a adquirir un conocimiento fundado y coherente del hombre, del mundo y de Dios, basados en el patrimonio filosófico válido para siempre, teniendo en cuenta también las investigaciones filosóficas de cada tiempo” (RF:60) 1

06. CONSTRUIR NUEVOS DISCURSOS Y MUNDO NUEVOS.
La lectura de la encíclica no representa un veto la razón, sino un verdadero desafío. No cierra caminos, sino que abre las puertas del pensamiento.”La reflexión filosófica puede contribuir a clarificar la relación entre verdad y vida, entre acontecimiento y verdad doctrinal y, sobre todo, la relación entre verdad trascendente y lenguaje humanamente inteligible” (FR:99) Gracias a la mediación de una filosofía que ha llegado a ser también verdadera sabiduría, el hombre contemporáneo llegará así a reconocer que será tanto más hombre cuanto, entregándose al Evangelio, más se abra a Cristo”. (FR:102) La filosofía no sólo no debe verse como una amenaza para la fe o un peligro para el anuncio de las verdades reveladas sino como un puente necesario y aconsejable para acceder a las verdades trascendentes. “No hay motivo de competitividad alguna entre la razón y la fe: una está dentro de la otra, y cada una tiene su propio espacio de realización”.(FR:17) El pensamiento de la iglesia no se cierra sobre su propia tradición, sino que habla desde ella accediendo a las producciones actuales y alentando la elaboración de nuevos discursos. La iglesia no renuncia a su función salvífica, pero se asoma respetuosa al territorio de la filosofía y lo hace con una historia de 2000 años de diálogo activo, fecundo, complejo, dialéctico con ella. La iglesia reconoce que también ella, culturalmente, es el resultado de la tradición filosófica de occidente: que la mediación conceptual y la instrumentación categorial contribuyó a darle forma al mensaje original. Sabe que su teología es el resultado de un diálogo permanente desde la FE con la RAZON y desde la RAZON hacia la FE. El planteo
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Hay una explícita recomendación para quienes tienen a su cargo la formación de sacerdotes, para quienes son responsables de la formación filosófica en los Seminarios y Facultades católicas para que presten particular atención a la preparación filosófica y para que demuestren tener la conveniente preparación científica. (FR:105) (RF:61/62)

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agustiniano fortalecido metodológicamente por el juego de armonía y distinción que efectúa Tomas marca un trayecto reflexivo que puede recuperarse y debe imitarse. Pero esta práctica filosófica constituye un desafío también como tarea, en un porvenir siempre abierto: el orgullo de producir desde la FE, desde la comunión con Iglesia, las innovaciones del saber. Ese es el otro desafío pendiente: la iglesia, los pastores y los creyentes deben aunar esfuerzo en el intento sincero – aunque no desprovisto de riesgos, desviaciones, claudicaciones – de generar pensamientos nuevos, renovados horizontes de verdades, nuevos campos del saber, mundos inéditos e ideas atrevidas e insospechadas. Esta actitud es un verdadero respeto a la tradición. En esto también consiste en ser “tradicional”. Porque la historia de la Iglesia, del pensamiento de la Iglesia y de los que en la Iglesia han encontrado o han creado el ámbito para poder pensar es el diálogo desde lo seguro y permanente con lo nuevo. Cada momento histórico generó su representante y muchos de ellos lo hicieron con clara conciencia de formar parte de un cuerpo común y de intentar entrometerse en el mundo contemporáneo para descifrar sus códigos y entender los nuevos mensajes. Estos riesgos del pensamiento contribuyen al fortalecimiento no al debilitamiento de la Comunidad Universal. “Ante las filosofías, los Padres no tuvieron miedo, sin embargo, de reconocer tanto los elementos comunes como las diferencias que presentaban con la Revelación. Ser conscientes de las convergencias no ofuscaba en ellos el reconocimiento de las diferencias”. (FR:41) Cuando los intentos se hacen producción, cuando la aventura se hace conquista, cuando los períodos tormentos se convierten en tranquila navegación por los mares de la verdad se reinstauran todos los elementos. Pero para eso hay que reafirmar la posibilidad de arriesgar, intentar, navegar, naufragar, reponer la tributación y el navío, aventurarse... El paradigma del pensador en el seno de la Iglesia debería ser el de un activo buscador (en serio) de la verdad. No es el que amarra su buque en un puerto seguro (aunque en el puerto efectúe la reconstrucción de su nave, el aprovisionamiento y se arme de tripulación confiable), licencia a sus colaboradores y disfruta de la tranquilidad del ancla y de las cuerdas que lo atan a la “tierra firme” de las verdades inamovibles. Este cristiano navegante inquieto es quien afronta los mares desconocidos, las tormentas inesperadas, los asaltos de barcos piratas, la progresiva disminución de las provisiones, la insubordinación de su tripulación, sus propias dudas y sus desánimos, la pérdida de naves compañeras que creía seguras... A veces baja a la soledad de su camarote para revisar sus propias guías o a revisar sus decisiones, revisa las cartas, consulta la brújula y los instrumentos de navegación, se da confianza, sigue buscando... Finalmente avista la tierra prometida y deseada... Se acerca, la conquista, la convierte en patrimonio universal, constituye un nuevo puerto, le da nombres, la organiza... y luego – con esa inquietud que existencialmente lo caracteriza - se lanza nuevamente a la mar, a buscar nuevas tierras o tratar de reconquistar tierras conquistadas con otros. La metáfora2 se presta para muchísimas otras puntualizaciones que dejo en manos de todos. La historia de la filosofía está construida por vaivenes, intentos, producciones, prohibiciones, anticipos, intuiciones... pero sobre todo por la necesidad de pensar al hombre y pensar la realidad, entrever el futuro y anunciarlo en términos racionales.
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La encíclica utiliza una metáfora similar en el nº 23: “La relación entre fe y filosofía encuentra en la predicación de Cristo crucificado y resucitado el escollo contra el cual puede naufragar, pero por encima del cual puede desembocar en el océano sin límites de la verdad”. Y en el nro. 21 remite a la figura bíblica del explorador, “cuya misión es no dejar nada sin probar a pesar del continuo chantaje de la duda”.

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Tiempo atrás proponía un rumbo necesario para esta filosofía de nuestros días demasiado embobada en describir lo que nos pasar, sin atreverse a insinuar y ayudar a crear el mundo del provenir3... allí mencionaba la necesidad de crear – no sin apelar a la utopía -- al menos tres situaciones nuevas: (1) ámbitos de consensos en el que se integren extemporáneas situaciones antagónicas; (2) acordar una actitud de reconciliación y perdón para asumir situaciones históricas que nos definen; (3) nueva definición del trabajo como una superación de la creciente realidad de desempleo... en todos los casos apelando a la necesidad de “crecer cualitativa y cuantitativamente en términos de humanidad”. El verdadero desafío del pensar en la Iglesia, desde ella o en comunión con ella es atreverse a afrontar el complejo mundo que nos rodea, ayudar a de-codificar sus mensajes y lanzar la búsqueda detrás de los signos, las huellas, los pasos de un futuro que cuanto más humano sea más responderá al mensaje evangélico.

07. CONCLUSIONES NECESARIAS.
1º. La encíclica responde al espíritu de nuestro tiempo y sólo pudo ser escrita en el contexto de nuestra realidad. Seguramente sufrió los vaivenes de una redacción que no permaneció ajena a los debates actuales y que se enriqueció con múltiples discursos y perspectivas. 2º. En la revisión histórica se han puntualizado momentos relevantes del encuentro con la filosofía y se han silenciado otros momentos en que la iglesia no jugó el mejor papel... porque postergó su diálogo, combatió las ideas, persiguió a sus creadores o divulgadores o porque equívocamente pretendió eliminar la presencia de determinados problemas o gérmenes de pensamiento que estaban clamando por emerger e instalarse. Forma parte del mismo pasado y habla desde un trayecto histórico de una institución que ha mostrado también perfiles de humana fragilidad: “las trágicas y recíprocas incomprensiones entre fe y pensamiento” 4 . Tal vez la apertura del pensamiento (y al pensamiento heterodoxo) deberían haber sido el camino para superar antinomias aparentemente irreconciliables. 3º. No cierra camino, abre las puertas del pensamiento, señala rumbos, proporciona “indicadores satelitales” para no perderse en el desierto o en la selva de las ideas y de las elucubraciones del pensamiento o de las demandas de la realidad. No desconoce los riesgos pero anima a afrontarlos con la mezcla necesaria de audacia y humildad. 4º. Claramente identifica y valora en el hombre el natural espíritu de búsqueda de la verdad. Revisando su propia tradición y su historia valora la presencia y el trabajo de quienes se dedican a la filosofía y los alienta en el esfuerzo. Frente al divulgado predominio del denominado pensamiento débil insiste en la urgencia de generar el pensamiento fuerte: riguroso, crítico y sistemático, prolongación necesaria del patrimonio filosófico de occidente. 5º. Aunque pondera el aporte sistemático y metodológico de las corrientes más tradicionales de la filosofía, considera y valora otros instrumentos de mediación o de categorización.
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cfr. FILOSOFIA: RECUPERAR LA FUNCION PROFETICA A LAS PUERTAS DEL SIGLO XXI. Feria del Libro de 1998, Diversos cursos en San Nicolás y Villa Constitución en 1999 y Publicación en CONSUDEC. Bs. As. 1999 4 JUAN PABLO II. 1992. Rehabilitación de Galileo Galilei. Cfr. 1997 la Autocrítica de la Congregación para la doctrina de la FE (Cardenal Joseph Ratzinger) que pidió perdón por los herejes muertos en la hoguera. “La iglesia debe vigilar siempre para no caer en la intolerancia. No debe crear már tires, sino ser una iglesia de mártires”.

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6º. Abandonadas las antiguas prácticas de prohibiciones absolutas y de condenas de las personas, el documento se encarga de marcar las corrientes filosóficas incompatibles con el mensaje de la FE, pero señala los gérmenes o simientes que pueden buscarse y encontrarse aún en las filosofías, en las obras o en los autores más alejados de la ortodoxia. 7º. La fe no anula el ejercicio del pensamiento y de la razón. Por el contrario una y otra se alimentan de un esfuerzo común y compatible. 8º. Reafirma la necesidad de sumar al trabajo intelectual la necesaria humildad y sencillez de la búsqueda (que sabe reconocer límites y referencias, magisterio y prescripciones) y el sentido de pertenencia a la comunidad eclesial. 9º. No desconoce sino que propone aceptar, profundizar y estudiar el estallido de las ciencias y de los productos del pensamiento que han cambiado el escenario del mundo. Ese complejo universo cultural es el campo actual de la evangelización, y sus nuevos códigos exigen renovar las mediaciones para reinstalar el diálogo “de cara a la comunicación de la fe y de su comprensión más profunda”. (FR: 99) 10º. Interpela y moviliza, señala tareas, marca urgencias, delimita propuestas para que los miembros de la iglesia – cada uno en su función y en la medida de sus posibilidades – puedan crecer, aceptando estos DESAFIOS DE LA RAZON. En nuestras manos quedan las respuestas. Sin demoras o adormecimientos debemos emprender el camino. El atardecer anuncia noches tormentosas... pero en el crepúsculo mismo – en palabras de Hegel5 -- emprende el vuelo la Lechuza de Minerva para crear mundos nuevos. Y habrá un amanecer pleno de sol. Para los que vivimos la gracia de la Fe esto tiene, además, un profundo significado pascual. “Vivimos en tierra de sombras: a lo lejos brilla el sol”.

Prof. Jorge Eduardo NORO San Nicolás, octubre de 1999 norojor@cablenet.com.ar

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“Cuando la filosofía pinta gris sobre gris, muestra una forma de vida que se vuelve vieja, y mientras mantenga este gris sobre gris no puede rejuvenecer, solamente mantiene los saberes adquiridos; la Lechuza de Minerva toma nuevo vuelo cuando el crepúsculo está cerrándose." Hegel, " Filosofía del derecho “(Prefacio)

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OTROS MATERIALES PARA SEGUIR DEL DEBATE
01. EL CRISTIANISMO: EL MEJOR RELATO GIRONELLA JOSE M.: LOS CIPRESES CREEN EN DIOS. CAPITULO XX
Ignacio le preguntó al maestro: —¿Qué pasa hoy? ¿Hay sesión extraordinaria? —Sí. Ya conoces la fórmula. A partir de los once o doce años, hay que empezar a hablarles en serio. Hoy —y no te rías— me oirás hacer una gran disquisición sobre materia religiosa. A Ignacio le divirtió la perspectiva. Luego preguntó: —Pero... ¿entienden algo de eso? —¡Cómo! Son muy inteligentes. Es sorprendente, te lo juro. Te lo digo para que no te extrañe el lenguaje directo que uso con ellos. Lo captan perfectamente, te lo puedo asegurar. Ignacio preguntó: —¿Crees que puedo quedarme? —¡Claro! Te conocen igual que a mí. Además, sienten por ti mucha simpatía. Ignacio se sentó cerca del árbol donde estaban los alumnos, reclinándose en un tronco. David empezó su discurso de pie, junto a un mapa que se había traído de la clase y que representaba el sistema planetario. Lo había colgado entre dos ramas de pino, sujeto con pinzas de tender la ropa. —Bien. Ya conocéis el plato de hoy. Vamos a hablar de religión.¿Os interesa? —Sí, sí. Mucho. —Mejor. Sólo os pido una cosa, que me interrumpáis lo menos posible, porque no es nada fácil. ¿Estáis cómodos? —Sí, sí. Estamos muy bien. —Pues adelante. —Y como siempre, cruzó las manos a la espalda y se levantó sobre la punta de los pies. —Mirando al pueblo veis varios campanarios, ¿no es eso? Bien. Ya sabéis lo que significan. En todo el país los hay. Esto significa que en nuestra tierra mucha gente —incluso los padres de algunos de vosotros— son católicos. Por cierto que católico significa universal. En otros lugares, en cambio, domina el protestantismo, en otros la fe mahometana, en Asia encontramos infinidad de religiones, algunas de ellas antiquísimas... y cuyos campanarios no hay que decir son muy distintos también de los de San Feliu. «Nosotros empezaremos hablando del Catolicismo, porque es la religión tradicional en Cataluña y España. Primero: ¿Cuántos católicos hay? Según las últimas estadísticas, unos trescientos millones. Hay, pues, trescientos millones de personas en el planeta que profesan una serie determinada de creencias. ¿Cuáles son las principales? Vamos a ver. »Primero, creen que el Universo —y señaló el sistema planetario— fue creado de la nada por un Ser omnipotente al que llaman Dios. Que este Dios creó también al primer hombre, Adán, al que insufló lo que llaman alma, que consideran inmortal. Que el fin de este hombre en la tierra es amar a su Creador y unirse luego a Él, después de la muerte. En consecuencia, pues, para los católicos, esta vida es un simple período de prueba. Quien obre bien y muera en gracia de Dios, salvará su alma y gozará de un cielo eterno; quien peque y muera en pecado, se condenará y sufrirá por toda la eternidad junto al Ángel Malo. Éstas son las creencias principales. Las demás: revelación, Juicio... etcétera... son también importantes, pero las veremos más tarde. »Para llevar... como si dijéramos la contabilidad de todo esto, los católicos viven organizados en una comunidad llamada Iglesia —volvió a señalar los campanarios del pueblo— con un jefe que es el Papa, en Roma, y representantes en todas partes, que son los

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obispos, sacerdotes, etcétera... Los católicos afirman que Cristo, fundador de nuestra era, que trajo al mundo una doctrina revolucionaria basada en la caridad, era hijo de Dios y que instituyó primer Papa a uno de sus discípulos, a Pedro, al decirle: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi iglesia». Desde entonces ha habido Papas, con la misión de conservar la unidad de la doctrina. «Para conseguir esta unidad —y juntó las palmas de sus manos— la Iglesia ha ido decretando los llamados dogmas, como, por ejemplo, el de la infalibilidad del Padre Santo, o el de que los cuerpos resucitarán al toque de unas trompetas. Estos dogmas no pueden ser discutidos. Hay que aceptarlos como profesiones de fe. Esta imposición del misterio a muchos les ha parecido un método demasiado fácil. «Naturalmente, se presentaba un problema. En la práctica, ¿cómo sabrían los fieles si obraban bien u obraban mal? Entonces se eligió el sistema de los mandamientos. Los creyentes se rigen por los mandamientos de la Ley de Dios, en número de diez, y por los de la Iglesia, en número de cinco. Como libro sagrado, adoptaron la Biblia, si bien su interpretación se reserva exclusivamente a la Iglesia. »Ahora bien, existiendo el mal existe el pecado —mejor dicho el pecado es el mal— y existiendo el bien existen muchos grados de perfección. ¿Qué hacer? Para borrar el primero han instituido la confesión. Para ascender en la segunda, varios otros sacramentos, especialmente el que llaman la comunión, que consiste en ingerir un pedazo de pan sin levadura en el que afirman que está Cristo en persona. »El catolicismo, pues, recoge al recién nacido, con el bautismo, le acompaña a lo largo de la vida con los mandamientos y los sacramentos, y le deja en el sepulcro con las ceremonias funerarias. Como veis, la estructura es inteligente, modélica, e infinidad de instituciones paganas se han basado en ella para organizarse. Después de una pausa añadió: —Esta religión tuvo un momento de gran auge en el mundo, y parecía que se iba a extender por toda la tierra. Empezó a quebrarse con los llamados cismas. Y actualmente va perdiendo más prestigio aún, pues se acusa a los Papas de haber desvirtuado la simplicidad primitiva del Cristianismo, además de que muchas de las fórmulas simbólicas que utilizaban han sido desplazadas por los avances de la ciencia. »Otra objeción con la que han tropezado siempre ha sido ésta: si en principio sólo existía Dios, y ahora, como dije, existe el mal, ¿quién sino Dios, ha creado el mal, o lo ha hecho posible? Y siguiendo el argumento: Si Dios creó al hombre para que se salvara, ¿por qué lo somete a la prueba de la existencia terrenal, poniéndole en peligro de que se condene por toda la eternidad? Los católicos responden a esto diciendo que lo creó libre porque el hombre libre es más perfecto que no forzado a realizar el bien. El maestro se quitó la brizna de los labios. —¿Alguien quiere hacer alguna pregunta? Uno de los alumnos levantó la mano. —Yo, señor maestro. Quería saber... si usted considera que, a pesar de todas esas objeciones, hay algo de cierto. No en lo del bien y del mal, sino en lo primero que ha dicho, en lo de las creencias. David contestó: —¡Ah! Chicos...creer o no creer es una cuestión de fe, no une cuestión matemática. —¿Por qué? —Pues... porque hasta la fecha nada de lo sobrenatural se ha podido demostrar, y, por lo tanto, nada se sabe con certeza. Otro alumno insistió: —¿Qué es lo que no se ha podido demostrar? David repuso:

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—Ni siquiera lo primero: si fue verdaderamente un Ser omnipotente quien creó el universo, o bien si, como pretenden muchos científicos, Dios no existe y es la materia misma la que lleva en sí las leyes de evolución y continuidad. —Eso es lo más importante, ¿no? —¿Por qué lo dices? —Pues, porque si Dios no existe todo se viene abajo. —Exacto. Ya que en este caso Cristo tampoco era el hijo de Dios, y por lo tanto el primer Papa recibió unos poderes falsos, y todos sus sucesores y todo el culto y todos los templos se convierten en humo, en superstición. —Entonces ¿si Dios existe todo queda perfectamente claro? —preguntó otro. —Tampoco. En este caso falta saber si su hijo fue precisamente Cristo. Porque muchos otros apóstoles o profetas han pretendido serlo: Buda, Mahoma, etc. De ahí que cada religión pretende ser la verdadera. —¿Y si el auténtico hijo de Dios fuera Cristo? —En este caso —insistió David— todavía faltaría demostrar si cuando dijo: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi iglesia», y luego: «lo que tú atares en la tierra atado quedará en el cielo» dio verdaderamente carta blanca a Pedro para organizar dicha Iglesia como lo hizo. Todo esto ha sido motivo de grandes discusiones, pues ya sabéis que Cristo, lo mismo que todos aquellos que en aquel tiempo hablaban en público, para hacerse entender usaban metáforas y parábolas. Hubo un momento de silencio. El mayor de los alumnos preguntó: —¿Y lo del alma...? David se rascó la cabeza. —Es otro de los campos de batalla, pues no existen signos visibles de ella. Más bien las teorías modernas afirman que todo se desarrolla en el plano físico, incluso actos como el pensar. —Entonces, si no hay alma, ¿dónde queda lo del cielo y el infierno? —¡Ah! Eso entra de lleno en el terreno de lo fabuloso. —Luego añadió, abriendo los brazos—: ¡Lo cual no significa que no sea cierto! Entonces el maestro se reclinó en el tronco de un árbol. —Ahora pensaréis: ¿qué necesidad tiene el hombre de montar estos aparatos? ¿Veis...? Este aspecto es más delicado. En primer lugar, dondequiera que se han hallado vestigios de vida humana se han hallado pruebas de que adoraban a Algo. Esto prueba un hecho concreto: que existe en nosotros una tendencia a buscar lo Superior. Claro que el origen de ello puede radicar en el miedo que el hombre siente al enfrentarse con las fuerzas de la naturaleza. —¿Y lo de la inmortalidad? —Pues mira. La momificación, los objetos funerarios, las mismas estatuas, todo demuestra que también deseamos ser inmortales; aunque cabe decir que en realidad ya lo somos, pues al morir nuestra materia se transforma en otra: ceniza, gusanos, viento. Viendo que nadie preguntaba nada, continuó: —¿Ventajas que puede proporcionar la religión? Los católicos afirman no sólo que es el único medio eficaz para consolar al hombre, sino el único que existe capaz de frenar sus pasiones y de inspirar leyes que permitan establecer una sociedad justa. Hubo un murmullo general. —Naturalmente, las objeciones que se pueden presentar, las habréis adivinado. En primer lugar, es evidente que ha habido y hay personas sin religión que han frenado sus pasiones y han sido justas. Con más mérito por su parte, pues no esperaban premio eterno. Y en cuanto a inspirar leyes de justicia, parece algo exagerado atribuirse la exclusiva. En el fondo, todas las doctrinas tienden a ser justas y universales, empezando por el anarquismo y terminando por la Sociedad de Naciones. En realidad, en este terreno lo único que importa es la posibilidad de llevar la teoría a la práctica. Uno de los alumnos preguntó: —¿El Catolicismo ha sido un bien, o ha sido un mal?

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David se separó del tronco del árbol. Señalando la tierra en el mapa planetario contestó: —Históricamente encontramos, desde luego, varias influencias que hablan en su favor. Primero, propagó la doctrina de Cristo, lo cual constituyó un evidente progreso, aboliendo la esclavitud. También originó la creación de muchas órdenes religiosas que se han dedicado a la práctica del bien: como en Gerona las Hermanas de la Caridad, las Adoratrices, los Salesianos, etc. Creó misioneros que han ganado para la civilización muchas zonas distantes y difíciles — señaló Asia, América...— Y durante varios siglos los religiosos fueron los guardadores" de casi la totalidad del saber humano, en las Bibliotecas y Universidades... —Así, pues, ¿la religión no es un atraso? —inquirió Santi, que llevaba la camisa completamente desabrochada. —Pues... te diré. La católica —ya que de ella hablamos— ha obtenido conquistas indiscutibles. Como inspiradora del arte, por ejemplo, desde pequeña orfebrería hasta inmensas moles de piedra... Ha llegado incluso a convertir en arte montañas enteras, con monasterios o con capillas de Vía Crucis. Sin hablar de la música litúrgica —el gregoriano es muy sutil— de las campanas. Ha propagado incluso magníficos olores —como el del incienso—, aunque también los haya creado detestables, como el de la cera. Los chicos parecían asombrados. Entonces David volvió a reclinarse en el tronco del árbol. —Claro, aspectos negativos los hay... —prosiguió—. Más que positivos, supongo. El Catolicismo... Es curioso que todo sea tan complicado. Por ejemplo, si hay algo sagrado es la vida humana, ¿no? Pues la Iglesia no ha dudado en atravesar a la gente con espadas si le ha parecido necesario. Ya sabéis... la Inquisición, las Cruzadas. Todo lo cual es sorprendente si se piensa que su doctrina se basa en el amor y el perdón. Luego... hay otra cosa sagrada: cumplir una promesa. Pues bien, los Papas... Recuerdo que me impresionó mucho saber que hubo una época en que en Roma todos ellos tenían mujeres y que además... ¡En fin! parece que era gente bastante animada. —¿Es cierto que tuvieron hijos? —preguntó uno de los chicos. —Es un hecho histórico. —De todos modos... —Hay otro aspecto de la cuestión... —cortó David— que a mí me parece más negativo aún: el social. Parece ser que si se vendieran todos los tesoros que hay en el Vaticano, en España podríamos vivir varios años sin trabajar. Hubo otro murmullo. —Sin contar con lo de los obispados, claro... —Pero... la religión exalta la pobreza, ¿no? —interrogó uno. —¡Ah, desde luego! Ahí está. Por ejemplo: encíclicas y sermones. Todos aconsejando la justicia, la caridad. En cambio, en la práctica no sé lo que les pasa: siempre se han colocado al lado de los... Iba a decir de los ricos; pero no; es más preciso decir de los poderosos. —¿Por qué cree usted que lo hacen, señor maestro? —No sé... Porque son los que les pueden sostener, supongo. Aunque a mí me parece que a la larga salen perdiendo. —¿Por qué? —Porque, aparte los ricos, todo el mundo se va inhibiendo. Y desde luego cuando hay revolución el pueblo se levanta contra la Iglesia, ya lo veis. El mayor de los chicos volvió a preguntar: —¿Cree usted que si ahora hay revolución se quemarán iglesias y se matarán sacerdotes? David hizo un gesto de ignorancia. —Eso no lo sé. En todo caso, nosotros continuaremos cultivando nuestra huerta, ¿no os parece? Todos sonrieron, echándose para atrás. Santi inquirió: —Señor maestro. Usted y Olga no creen en nada, ¿verdad? David contestó:

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—¡No! Nosotros, no. Nunca. Hay muchas cosas que... ¡en fin! que no vemos claras. —¿Lo de los milagros? —¡Oh! No es precisamente eso. De todos modos, que nosotros no creamos no quiere decir que no estemos equivocados... Varios se rieron. Uno insinuó: —¿Y de ser así...? —¿Qué? —cortó David—. ¿El infierno? —¡Uuuhhh...! —hizo Santi sorprendentemente animado. —Basta. Nada de bromas. —David, dirigiéndose al interlocutor, repuso con dignidad—: Si nos hemos equivocado, ¡qué se le va a hacer! Ya somos mayorcitos, ¿no te parece? Hubo un silencio. —¿Veis? —añadió— el método es inteligente: «Si os equivocáis, castigo eterno». No hay mujer que resista a tal argumento.

02 VICTOR FERNANDEZ (UCA) CREER EN LA VIDA ETERNA NI CIEGA NI IRRACIONAL
Yo, ateo, gracias a Dios. El juego de palabras resulta desgarradoramente irreverente. Sin embargo no parece una paradoja inútil para reflejar esa relación ambivalente entre el descreimiento y la fe ciega, ambigua entre la súplica y la esperanza, que, desde el pensamiento algunos y desde la fe otros, buena parte de los humanos mantienen o creen mantener con un ser superior. En un siglo desalado de misticismo occidental, la cuestión pecaría de irrelevante si no fuera porque, simplemente, está presente en los que descartan cualquier intervención de un designio desde lo alto, en los que congelaron la cuestión hasta más ver y en los fieles. Por eso, esta podría ser una página recomendada con ánimo no militante, para ateos, agnósticos y creyentes. Aquí, ésta vez, se preguntará por el Dios cristiano. Todas las personas se preguntan por Dios o se dirigen interiormente a Dios, aunque lo nieguen de la boca hacia afuera. Todos levantan los ojos en algún momento de angustia, donde no hay respuesta humana, en busca de ayuda, aunque no se sepa qué rostro tiene, ni exactamente quién es ese que invocan. Uno se pregunta por Dios sólo cuando le va mal. Y también cuando le va bien. Un agnóstico, para denominarlo de algún modo, como Pablo Neruda le agradece a Dios los crepúsculos que contempla cerca del mar.Y en uno de sus poemas dice: “Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia”. La palabra gracia es marcadamente religiosa y se usa para expresar algo más que belleza, algo que trasciende lo que miro. Según la teología ¿para qué Dios hizo el mundo? No creemos en un Dios aislado en la eternidad. Dios en sí mismo es vida comunitaria. Cuando crea el Universo decide comunicar bondad y hermosura fuera de sí. Y cuando en esa riqueza coloca a una persona humana capaz de conocer y amar, es porque quiere alguien con quien dialogar, quiere tener un “tú” para entrar en amistad. No se trata de la filosofía aristotélica, que incluye a un Dios sin relación posible con el ser humano. Ahora se plantea la imagen de Dios que eleva a la criatura para que pueda encontrarse con él. ¿Y el mundo está hecho a la medida de Dios o a la medida humana? El mundo refleja pálidamente la gloria de Dios porque está lleno de límites. Pero también está hecho de tal manera que es una invitación al ser humano para que sea su co-creador, mejorándolo o destruyéndolo, según el buen o mal uso que haga de su libertad.
CLARIN. 02/10/10

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03. SARAMAGO: NO CREO
Pero mira, yo no creo que haya podido existir alguna vez un dios, y cuando digo esto no me refiero únicamente al Dios de los cristianos, sino a cualquier dios. No hay dioses, los hemos inventado porque los necesitábamos. Pero como de todos modos le tememos a la muerte, si podemos creer que de una forma u otra habrá una existencia después de ella, entonces encantados. Pero para eso se necesita alguien superior, esa especie de autor primordial que permite que esto siga funcionando, y ese sería Dios. No creo y nunca lo he creído. En un universo en donde hay 400 mil millones de galaxias, y cada galaxia, según mis cálculos, tiene millones de estrellas, y cada estrella tiene sus sistemas de planetas en ese vacío total del universo... Bueno, bueno, si yo fuera Dios, habría inventado un universo menos complicado, más cómodo, más confortable. Es decir, me parece absurdo. Yo hablo tanto de religión porque me cuesta trabajo comprender, además por qué, si yo tengo una religión, estoy obligado a odiar a la gente de otras religiones. No debería sorprender, porque los que siguen al Real Madrid no pueden ni pensar en los que siguen al Barcelona. Si esto sucede en algo tan rudimentario como el fútbol, qué es lo que no ocurriría si yo creo en un dios y no puedo soportar la esencia de alguien que cree en otro dios. Es la prueba de que en el fondo somos bastante estúpidos, con todo respeto. Por eso a veces digo que el mundo sería mucho más pacífico si todos fuéramos ateos. REVISTA Ñ. 22 NOVIEMBRE 2008

04. LA CIENCIA ORIENTA SOBRE LA CUESTIÓN DE DIOS
Presentar un universo enigmático que deja abiertas las hipótesis atea, teísta y agnóstica La cuestión de si la ciencia es compatible con la existencia o no existencia de Dios tiene sentido porque, aunque la ciencia no trata como disciplina acerca de lo metafísico, ofrece datos y teorías sobre el mundo que podrían orientar la filosofía hacia el teísmo o el ateísmo. La ciencia presenta un universo enigmático que deja abierta la posibilidad de las hipótesis atea y teísta, con la posición agnóstica intermedia. Negar que ambas hipótesis sean viables (admitiendo una sola de ellas) nos coloca en el dogmatismo, fuera ya del espíritu crítico, ilustrado y tolerante de nuestra cultura. Pero esta verosimilitud atea o teísta es sólo un punto de partida para la resolución de la cuestión personal ante el enigma metafísico. Nadie es religioso porque pondere tal o cual consideración científico-filosófica. El problema de Dios se resuelve de una forma existencial, personalista. La pregunta es: la existencia de Dios, y la viabilidad consecuente de los comportamientos religiosos, ¿son hoy compatibles con la imagen científica del universo, de la vida y del hombre? Preguntar por esta “compatibilidad” no significa necesariamente sugerir que la ciencia “demuestre” la existencia o no-existencia de Dios. Podría haber una compatibilidad por vía de “verosimilitud”. Es decir, la ciencia podría quizá no permitirnos un conocimiento cerrado y absolutamente seguro de lo real, sino que más bien podría dejarnos abiertos a una realidad enigmática. Debemos explicarnos con mayor precisión. En este caso, si la ciencia nos mostrara en efecto este “universo enigmático”, quizá fuera posible construir hipótesis alternativas que, cada una en su línea, pudieran contar con argumentos que las hicieran “verosímiles”. Creemos que esto es lo que en realidad ocurre. Hay argumentos (cuya aceptación depende de la libertad valorativa personal de cada científico o filósofo) que hacen verosímil la hipótesis de un universo sin Dios (ateísmo); pero al mismo

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tiempo es posible también formular argumentos que hacen verosímil la hipótesis alternativa de que se funde en un ser que responda a lo que llamamos Dios (teísmo). El universo en sí mismo, ciertamente, o responderá al ateísmo o al teísmo; no será al mismo tiempo las dos cosas (o sea, Dios existirá o no existirá, pero no las dos cosas a la vez, obviamente). Sin embargo, el conocimiento humano discurre desde la precariedad y no puede dilucidar con seguridad cuál de estas hipótesis alternativas es verdadera. El universo –visto desde dentro por la razón humana- es así enigmático y se resiste a ser conocido últimamente con seguridad por la razón humana, por la ciencia y por la filosofía. Es “enigmático” porque es oscuro cuál sea su verdad última. Ahora bien, puesto que hablar de la existencia o no existencia de Dios supone referencia a cuestiones metafísicas últimas, debemos advertir también que, desde un enfoque epistemológico (o sea, teorético-científico), es correcto decir que las disciplinas científicas no abordan como tales el conocimiento de lo metafísico. Esto es sólo propio de la disciplina que llamamos “filosofía”. Ahora bien, si no es competente para lo metafísico y Dios es algo metafísico, ¿tiene sentido entonces plantear la cuestión de si la ciencia es compatible con la existencia o no existencia de Dios? Creemos que sí lo tiene porque, aunque la ciencia no trata como disciplina acerca de lo metafísico, sin embargo ofrece datos y teorías sobre el mundo real que, al ser sometidos a la reflexión filosófica (que sí se plantea las cuestiones metafísicas), podrían orientar la filosofía hacia el teísmo o el ateísmo; esto es, hacia la verosimilitud de la existencia o de la no existencia de Dios. En otras palabras, los resultados de la ciencia, según lo que fueran, podrían hacer posible o no posible una filosofía teísta o ateísta. Podemos, pues, precisar más nuestra opinión: la imagen del universo, de la vida y del hombre en la ciencia, al ser asumida por la reflexión de una disciplina de conocimiento distinta de la ciencia – la filosofía –, no conduce a una única explicación metafísica última de lo real, y menos a una que se impusiera con una certeza absoluta incuestionable, bien fuera teísta o ateísta. Conduce más bien a la idea de un universo cuya verdad y naturaleza última es enigmática, dejando abiertas diversas hipótesis metafísicas que, de hecho, son sometidas a discusión, tanto en dimensión personal como social. MONSERRAT JAVIER. TENDENCIAS21

05. BASE NEUROLOGICA DE LA CREENCIA EN LO SOBRENATURAL Y MISTERIOSO
La fe en lo sobrenatural es extremadamente común, y no puede ser eliminada con una educación científica, asegura el psicólogo de la Universidad de Bristol, Bruce Hood. La razón: nacemos con un cerebro preparado para darle sentido al mundo, aunque sea a través de explicaciones que van más allá de lo racional y de lo natural. Esta característica nos permite adaptarnos y sobrevivir, pero también ver donde no hay. Hood analiza en un libro de reciente publicación los procesos cerebrales subyacentes a esta capacidad específicamente humana. El psicólogo argumenta que los niños generan el conocimiento a través del razonamiento intuitivo, un proceso que produce tanto creencias naturales como sobrenaturales.Con la educación científica se aprende que las creencias sobrenaturales son irracionales, pero dado que éstas operan en un nivel intuitivo, en realidad son muy resistentes a la razón y pueden permanecer “dormidas” incluso en las mentes de los adultos más racionales.

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Según el científico: “estamos pre-equipados con un diseño mental que crea un “super-sentido” destinado a dar forma a nuestras intuiciones y supersticiones y que resulta esencial para nuestra manera de aprender a comprender el mundo”. Por eso, afirma, es muy probable que no seamos capaces de eliminar del todo las creencias sobrenaturales o las actitudes supersticiosas que las acompañan. Además, estas creencias podrían servir para desarrollar los lazos de los grupos sociales, a pesar de que algunas de ellas persigan o marginen a los que no las comparten.