CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E.

NORO

1

EL ACUERDO Y LOS ACUERDOS: UNA MIRADA DESDE LA FILOSOFIA Y LA EDUCACION
Prof. Dr. Jorge Eduardo Noro norojor@cablenet.com.ar

01.

Los acuerdos encuentran su marco referencial en los contratos racionales

modernos, aquellos en los que los firmantes, en un plano de igualdad, generaban un instrumento común y garantizaban el respeto de las partes. Cedían una porción de sus verdades, de sus derechos y de los propios intereses para encontrar la verdad común y los intereses comunes. No conservaban todo lo que originalmente tenían, pero lograban mucho más, porque ese poder negociado y acordado, evitaba los enfrentamientos y los conflictos, creando un clima de seguridad que favorecían el fortalecimiento de la propia autonomía.

02.

En los sistemas teleológicos y religiosos que dominaron el pensamiento pre-

ilustrado, se pensaba que la organización social, el gobierno y las obligaciones derivaban de un orden natural o divino. La teoría del contrato social fue una respuesta expeditiva a la disolución de esa ética pre-iluminista porque sustituía un deber natural cuestionable y arbitrario por otro que pretendía ser racional y fundado. Si todos los hombres son iguales por naturaleza y si esa igualdad se funda en la presencia de la razón, ¿cómo legitimar que algunas personas manden sobre otras?, ¿por qué la gente debe aceptar ser gobernada?, ¿de dónde se deriva el derecho de unos a gobernar y el deber de otro a aceptar tal gobierno? Por naturaleza, todas las personas son libres e iguales (como son iguales las entidades sociales), por cuanto no existe una autoridad humana superior con poder de imponer su obediencia, o con la responsabilidad y poder para de proteger los intereses de todos.

03.

Nadie puede ignorar que el estado de naturaleza crea inseguridad (sin ningún

gobierno, sin ley, los individuos se manejan con absoluta autonomía, las normas sociales no

CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E. NORO

2

son imponibles, y los transgresores no reciben el justo castigo): es necesario crear un gobierno, legitimarlo y cederle determinados poderes, siempre que los gobernantes accedan a utilizar estos poderes para garantizar la seguridad de la sociedad, el bienestar general y el ejercicio de las libertades. De este modo, unas personas podían llegar a gobernar legítimamente a otras, a pesar de su igualdad natural, pues los gobernantes ostentaban su poder debido a la confianza depositada en ellos por los gobernados. El poder del gobierno no es un poder intrínseco, sino derivado, y su legitimidad responde al mandado de quienes han depositado en él parte de su voluntad para atender a bien de todos. Este fue el mandato proclamado por los teóricos de la filosofía política y del derecho del siglo XVIII, particularmente por Rousseau, Locke y Hobbes.

04.

La puesta en marcha de esta nueva sociedad significaba no solamente des-

articular el poder de los reyes (que ya no recibían el poder de Dios, ni eran sus legítimos representantes) o bien acotar el ejercicio de su gobierno a través de diversos sistemas de representación (parlamento), sino – además – despertar el poder que dormía en los súbditos para convertirlos en ciudadanos y en sujetos políticos capaces de ejercer su rol de tales. Embotados por una tradición histórica que había naturalizado la dependencia y la subordinación, no resultó fácil que los ciudadanos de los estados modernos fueran dándose cuenta de sus derechos y de sus deberes. Debían arrogarse el ejercicio de la ciudadanía definiendo en primer lugar la forma en que podían ejercer la delegación y la representación, y – en segundo lugar – designando a través de diversas elecciones a los iguales que debían asumir el rol de gobernar a la sociedad. La construcción del ciudadano fue la gran cruzada del último cuarto del siglo XVIII, uno de los ideales de la revolución francesa que cosechó de manera limitada una siembra que realmente fecundó a partir de la segunda mitad del siglo XIX. No se trataba de convencer a los teóricos, a los cultos o a los ilustrados: esta igualdad social debía plasmarse en cada habitante, porque la ciudadanía no era sólo una condición social sino una conquista subjetiva y objetiva que representaba una verdadera construcción general y personal. Muchos de los esfuerzos civilizatorios del siglo XIX – mas allá de las discusiones que provocaron – en su lucha contra la barbarie no fueron más que intento de homogeneizar a los habitantes en torno a la idea de ciudadanía.

CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E. NORO

3

05.

Para hacer efectivos aquellos contratos y esos acuerdos, para despertar y

construir a los ciudadanos, la modernidad ilustrada del siglo XVIII (con sus proyecciones en el XIX) consideró necesario pensar una educación como una responsabilidad de los Estados para crear a los ciudadanos responsables, laboriosos, comprometidos, honestos, constructores de los valores de la comunidad. Sin la educación escolarizada los contratos y los acuerdos hubieran naufragado, porque solamente la educación construía la igualdad requerida para que funcionaran y aseguraba la racionalidad en la promesa y en el cumplimiento de la palabra. Acuerdos y contratos son promesas que requerían continuidad en el tiempo. La modernidad - que se edificó sobre los contratos sociales transformados en acuerdos - sólo pudo sostenerse en una sociedad escolarizada (moralizada y civilizada) que hiciera posible la sujeción a un proyecto común del que todos debían sentirse dueños y responsables. La inclaudicable vocación de los estados por forjar la educación y sembrar escuelas respondía a este mandato: era la única manera de legitimarse y de asegurar que el funcionamiento de los contratos y de los acuerdos beneficiaría por igual a cada uno de los individuos y al conjunto de la sociedad (que podía subsistir en la medida que ninguna de sus partes rompiera el acuerdo, desconociera el contrato). La educación era universal y obligatoria (y consecuentemente gratuita) porque debía lograrse el consenso voluntario de cada uno de los ciudadanos que abandonaban un estado de barbarie y anarquía y optaban por un estado de civilización y obediencia recíproca.

06.

Schopenhauer – en un texto clásico - explica de una manera muy gráfica – con

una analogía - este aprendizaje individual y social para lograr una vida social:

“Un frío día de invierno, un grupo de puercoespines se apiñaron para no congelarse, calentándose con su muto calor. Pero pronto empezaron a sentir los pinchazos de las púas de unos contra otros, de modo que se separaron nuevamente. Ahora bien, cuando la necesidad de calor los hizo aproximarse otra vez, se repitió el problema de las púas, y así los animales oscilaban sin cesar entre dos males, hasta que descubrieron la distancia óptima que les permitía tolerarse unos a otros. Análogamente, la necesidad de trato social, que nace del vacío y la monotonía de la vida de los hombres, los impulsa a reunirse, pero sus muchas cualidades desagradables y repulsivas los apartan nuevamente”. Ese justo medio en que los individuos y las sociedades se acercan y se unen, respetando sus caracteres y sus intereses, es lo que permite hablar de acuerdos y contratos

CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E. NORO

4

sociales. Pero es fruto de un aprendizaje, de muchos esfuerzos y de negociaciones constantes. Pero además, porque el juego de los acuerdos comporta enriquecimiento y riesgo: los signatarios – en todos los órdenes de la vida y sobre todo en el orden político – ceden parte de sus derechos para poder ejercer una mayor cuota de poder compartido, renuncian a una parte de la verdad para acceder a una verdad mas general y participada. 1

07.

Tal vez debamos preguntarnos – desde nuestra visión actual – quiénes fueron

en aquel momento los signatarios de los contratos y de los acuerdos, quiénes fueron los llamados y quiénes los silenciados, quienes los incluidos y quienes los marginados de la mesa de los acuerdos. Es verdad que se trataba de presencias jurídicas cargadas de valor simbólico (provincias, estados provinciales) pero no es menos cierto que es posible – ya que la historia es elocuente en este sentido – que en la mesa de la discusión, de la redacción y de la firma del acuerdo pudieran existir sectores de población que aun no había sido racionalmente imaginadas como parte de la unidad común que se trataba de ordenar a través de la unidad y de la ley. La historia de nuestra patria a partir de 1852 exhibe demasiadas pruebas de habitantes y territorios que fueron literalmente eliminados o que – bajo el imperativo de la civilización europeizante e ilustrada – debieron disciplinarse para poder formar parte de un modelo previamente definido o que eligieron no participar de la vida pública ni de los beneficios económicos de la nueva edad.

08.

En el contexto de los planteos éticos actuales y de filosofía política

contemporánea, los acuerdos encuentran abordaje y desarrollo en las éticas comunicativas de HABERMAS Y APEL y en las formulaciones RALWS. Los primeros remarcan y privilegian
1

TEXTO DEL ACUERDO DE SAN NICOLAS DE LOS ARROYOS. 31 DE MAYO DE 1852:

5ª.Siendo todas las provincias iguales en derechos, como miembros de la Nación, queda establecido que el Congreso Constituyente se formará con dos Diputados por cada Provincia. 6ª.El Congreso sancionará la Constitución Nacional, a mayoría de sufragios; y como para lograr este objeto seria un embarazo insuperable, que los Diputados trajeran instrucciones especiales, que restringieran sus poderes, queda convenido, que la elección se hará sin condición ni restricción alguna; fiando a la conciencia, al saber y el patriotismo de los Diputados, el sancionar con su voto lo que creyesen más justo y conveniente, sujetándose a lo que la mayoría resuelva, sin protestas ni reclamos. 7ª.Es necesario que los Diputados estén penetrados de sentimientos puramente nacionales, para que las preocupaciones de localidad no embaracen la grande obra que se emprende: que estén persuadidos que el bien de los Pueblos no se ha de conseguir por exigencias encontradas y parciales, sino por la consolidación de un régimen nacional, regular y justo: que estimen la calidad de ciudadanos argentinos, antes que la de provincianos. Y para que esto se consiga, los infrascriptos usarán de todos sus medios para infundir y recomendar estos principios y emplearán toda su influencia legítima, a fin de que los ciudadanos elijan a los hombres de más probidad y de un patriotismo más puro e inteligente.

CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E. NORO

5

los criterios de entendimiento a través de las acciones comunicativas que permiten coordinar proyectos e intereses individuales con las demandas sociales, para construir objetivos comunes. Se trata de establecer una comunidad de entendimiento que haga efectiva la producción de acciones comunes y los fines compartidos. Para ello se requieren estrategias de consenso que operen como instrumento necesarios para crear situaciones de habla que otorguen el debido lugar a la palabra, a la opinión, al pensamiento plural de todo el cuerpo social. El obrar moral y el obrar social sólo son posibles en la medida en que todos los ciudadanos puedan pronunciar sus ideas, verbalizar sus opiniones, generar y crear los acuerdos, ser responsables de los compromisos. También aquí podemos caer en los mismos errores del pasado: un juego de inclusiones y exclusiones que teje la trama social solamente con los hilos de quienes pueden compartir un pensamiento hegemónico. No se trata solamente de quienes por razones económicas y sociales están privados de toda participación, sino de vastos sectores sociales que no tiene acceso a la opinión y a la representación, o que encuentran en nuevos iluminados la polarización de las interpretaciones y las respuestas, privándolos de la voz, de la palabra, de las ideas. No se puede soslayar el neocontractualismo de RAWLS 2, cuyo planteamiento

09.

se caracteriza por una búsqueda de principios y criterios racionales de justicia que puedan guiar a la comunidad en la construcción de instituciones sociales justas. Este intento, genuinamente filosófico, lo sitúa en una tradición ético-política de otras épocas: Rawls recurre a la teoría del Contrato Social. La descripción del estado de naturaleza como situación de anarquía cumple precisamente la función de demostrar cuándo y por qué es legítima una determinada configuración de la autoridad pública. La legitimación del poder y
2

La teoría de la justicia de JOHN RAWLS se erige como un intento de dar solución ala alternativa que hasta el momento presentaban dos teorías rivales: el utilitarismo y el intuicionismo. Contra la primera, porque esta concepción de la ética y la justicia no reconoce la distinción entre las personas, es decir, que no les asigna una justa y adecuada dimensión de libertad a los individuos, en la medida en que ahoga por un valor (la felicidad o placer general) distribuido en igual medida para todos. Y contra el intuicionismo, por tratarse de una posición que padece dos graves problemas que le impiden dirimir entre cuestiones morales y asuntos de justicia: las teorías intuicionistas se basan en una pluralidad de principios, entre los cuales puede haber numerosos conflictos; en segundo lugar, las teorías intuicionistas no incluyen un método explícito, como así tampoco reglas de prioridad, que permitan comparar axiológicamente entre sí estos principios, conduciendo a que cada cual termine siendo guiado por una especie de balance intuitivo que conduzca hacia as formulaciones mas correctas. La formulación central de la teoría de Rawls: en la denominada "posición original" quedan establecidos, pacto mediante, dos principios fundamentales de justicia: (1) El "principio de libertad", establece que "cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas iguales que sea compatible con un esquema semejante de libertades para los demás". (2º) El "principio de igualdad liberal" afirma: "Las desigualdades sociales y económicas habrán ser conformadas de modo tal que a la vez que: a) se espere razonablemente que sean ventajosas para todos, b) se vinculen a empleos y cargos asequibles para todos". La formulación de estos principios depende de la puesta en marcha de acuerdos, pactos o contratos en los que todos pueden prestar conformidad a los principios.

CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E. NORO

6

de las normas entra así, por definición, en el enunciado de toda teoría contractual y ofrece un buen conjunto de formulaciones conjuntas. Permanece el problema de ver hasta qué punto tales formulaciones son racionalmente aceptables y racionalmente aceptadas, particularmente en nuestros días. Ahí reside precisamente la originalidad de Rawls, en haber intentado buscar un mecanismo de justificación de los principios básicos que regulan las instituciones sociales recurriendo a un esquema de argumentación clásico y bien conocido, pero acorde la sensibilidad filosófica actual.

10.

La estructura subyacente al contrato social es la de la comunicación, aunque

no cualquier tipo de comunicación. La figura misma del contrato o del acuerdo y su tradición parecen poder inspirar mejor los desarrollos del sentido ético de la política y de una concepción política de justicia y de sociedad civil. Sólo que en el momento en que tanto la comunicación al servicio del consenso como el contrato social mismo tienden a absolutizarse, se corre el peligro de que en aras del consenso o de las mayorías se niegue la posibilidad del disenso y los derechos de la minorías. Por eso se trata de un tipo especial de comunicación que admite la presencia legítima de disensos. Si el principio puente es la comunicación, que pone en acto los contratos y acuerdos sociales y políticos, la comunicación debe partir del uso contextualizador del lenguaje, para intentar dar razones y motivos, un uso del lenguaje diferente, que adquiere fortaleza a través de la argumentación. Esta debe orientarse a solucionar conflictos y a consolidar propuestas con base en acuerdos sobre mínimos que nos lleven por convicción a lo correcto, lo justo, lo equitativo. La consolidación del contrato social en torno a unos mínimos políticos puede constituirse en paradigma de orden y paz, cuando de hecho los motivos del desorden social y de la violencia pueden estar en la no realización concreta de los derechos fundamentales. Las necesidades materiales, las desigualdades sociales, la pobreza absoluta, la exclusión cultural y política de poblaciones enteras y de grupos sociales, debe ser agenda prioritaria para quienes aspiran a que el contrato social, la concepción política de justicia y sus principios fundamentales, sean bases de la convivencia ciudadana.

11.

Estas nuevas perspectivas éticas y políticas - con claras referencias a un

nuevo tipo de organización social - demandan el aporte de una nueva educación o de una educación fortalecida que crezca al calor de una sociedad que, al mismo tiempo, sepa

CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E. NORO

7

exigirla y legitimarla. Sin la educación, la posibilidad de lograr entendimientos y discursos comunes naufragan o los acuerdos surgen refrendados por un limitado número de signatarios que no pueden arrogarse una representación que muchos le niegan o nunca le han otorgado. Y este principio tiene mayor relevancia porque recién a partir de la segunda mitad del siglo XX, la universalidad de la educación se fue haciendo progresivamente efectiva, aunque más como imperativo categórico que como realidad. Se impone, entonces, un nuevo tipo de educación (seguramente con un nuevo tipo de escuelas) porque las democracias actuales han de construirse (1) sobre la base de la inclusión política efectiva de la totalidad de los ciudadanos (sin distinción y con el respeto absoluto de sus derechos fundamentales) y (2) con el aporte plural de la totalidad de las ideas que surgen de la autonomía racional de cada uno de los sujetos o grupos sociales para lograr la construcción de los consensos mínimos deseados. Es muy posible que – para construir los nuevos acuerdos – se necesite una nueva educación, con formatos muy creativos, porque los moldes precedentes siguen respondiendo a propósitos más limitados. En esta doble dirección (una nueva concepción de la ética y de la política por una parte y de la educación, por otra) hay una laboriosa tarea por hacer.

12.

Finalmente convendría agregar una observación fundamental: el acuerdo no

es sólo un sustantivo que se define como hecho concluido, sino un verbo que se conjuga como presente continuo 3. Se acuerda en un momento dado, pero para darle trascendencia histórica hay que seguir conjugando el verbo siempre: sólo la persistencia de los acuerdos asegura una sociedad en construcción permanente (en cada ciudad, en todas las provincias, en un país entero). Debemos por tanto convertir al acuerdo-sustantivo en un verbo que se sostiene de manera permanente, con todos los esfuerzos que significa, en tiempos de conflictos, de disgregación, de persistente juego de intereses. Una posible revisión de la historia de nuestro país (de nuestra provincia y de nuestra ciudad) puede estructurarse en torno a este eje: momentos en los que los acuerdos funcionan como sustantivos muertos (y que por lo tanto se los venera y ritualiza, pero no operan) y etapas en los que los acuerdos funcionan como verbos que se conjugan con la participación activa de todos los actores e intereses de la sociedad. Esto tiene valor, también, en el actual funcionamiento de la
3

En castellano no existe el PRESENTE CONTINUO como en el INGLES: para mencionar una acción que sucede en el presente pero que debe continuar (en el futuro inmediato) se utiliza una frase verbal: Estamos acordando, estoy firmando el contrato. La acción nunca está concluido sino que se proyecta desde el presente hacia un futuro no cerrado ni definido.

CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E. NORO

8

democracia, en donde los acuerdos que firman los ciudadanos con sus representantes no se circunscribe a un momento dado, sino que debería ser un ejercicio continuo, porque esta permanencia es lo que los legitima y sostiene el poder. Si los acuerdos desaparecen de los discursos, se silencian las voces de quienes demandan o piensan distintos, se ignora a quienes aportan desde la crítica otra mirada y se corre el riesgo de defender un pensamiento único (en cualquier sentido) aplastando la multiplicidad de pensamientos solapados en falacias tales como la eficiencia, el pragmatismo, la pseudo-representación o la necesidad de conservar el orden social.

13.

En síntesis: contratos sociales, éticas comunicativas y de consensos mínimos,

neo-contractualismo, formación del ciudadano, legado educativo, presente y futuro de una educación necesaria y el acuerdo como una tarea y una construcción permanente. ¿No son las escuelas – a pesar de todas las dificultades – las que pueden trabajar en esta dirección, ayudando a construir la sociedad necesaria? Prof. Dr. Jorge Eduardo Noro octubre 2006 LA CASA DEL ACUERDO He aquí que, como hace tantos años, la calle se llena de galeras de rancia y alta caja. Se abre una portezuela, crepuscular. ¿Quién baja? ¿De quién es ese rostro, ese pecho, ese talle? Caballeros que llegan a la ciudad, del valle, de la montaña. Polvo con agua y nieve cuaja cada rueda de cada vehículo en que viaja la patria misma, para que la guerra no estalle. Un farol plañe luces. Las sanguíneas baldosas reverberan. La hierba nace entre sus junturas. El aire acuña voces. ¿Quién olvida estas cosas? ¿Pedestal de que heroica figura es el aljibe? De pronto hay un silencio preñado de futuras grandezas. Alguien llora. Y el Acuerdo se escribe. HORACIO REGA MOLINA

CELEBRACION Y DEBATE PROF. DR. JORGE E. NORO

9