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El deseo homosexual

Ter('or anal
¡
El deseo homosexual
Guy Hocquenghem
PRÓLOGO DE RENÉ SCHÉRER
Terror anal
Beatriz Preciado
I
melusina
«Le Désir Homosexuel de Guy Hocquenghem»
World copyright © Librairie Artheme Fayard, 2000
© Del epílogo: Beatriz Preciado
© De la traducción: Geoffroy Huard de la Marre
© Editorial Melusina, S.L.
www.melusina.com
Diseño gráfico: Jordi Llobet
Ilustración de cubierta: O.R.G.I.A.,
Organización Reversible de Géneros Intermedios y Artísticos,
(Sabela Dopazo, Beatriz Higón, Carmen Muriana
y Tatiana Sentamans), El jardín de las delicias (2009).
Primera edición, 2009
Reservados todos los derechos
FotOcomposición: Víctor Igual, S.L.
Impresión: Romanya Valls, S.A.
ISBN-I3: 978-84-96614-51-2
ISBN-lO: 84-96614-51-4
Depósito legal: B-16.708-2009
Impreso en España
Contenido
EL DESEO HOMOSEXUAL
Prólogo de, René Schérer 9
Introducción 21
1. LA PARANOIA ANTI-HOMOSEXUAL 27
El anti-físico y la ley: la naturaleza y el Código 33
El mito del progreso de las costumbres 34
La paranoia anti-homosexual se intensifica 39
Homosexualidad y crim.inalidad 40
Homosexualidad y enfermedad 42
La homosexualidad «latente» contra la homosexualidad
«patente» 45
2. AVERGONZADOS, PERVERTIDOS, LOCOS 49
Polimorfismo perverso, bisexualidad, sexo no humano 50
El odio hacia la mujer 53
La edipización de la homosexualidad 55
La castración, el narcisismo 56
Edipo y el homosexual 58
El presidente homosexual 59
El ciclo infernal de la curación 62
Vergüenza y homosexualidad 64
8 El deseo homosexuat
3. FAMILIA, CAPITALISMO, ANO 69
El falo significante y el ano sublimado 71
Homosexualidad y ano 74
Homosexualidad y pérdida de identidad
Sociedad de la competencia y reino del falo
Reproducción edípica y homosexualidad
La grupalización homosexual 87
77
80
83
4. «ELECCIÓN OBJETAL» Y «COMPORTAMIENTO»
HOMOSEXUALES 91
La «elección objetaJ,> 93
«Tercer sexo» y femenino-masculino 99
Masoquismo y homosexualidad 105
La máquina de ligue 109
5. EL COMBATE HOMOSEXUAL 111
La revolución del deseo 111
¿ Por qué la homosexualidad? 117
La trampa perversa 122
Contra lo piramidal 125
Conclusión 129
TERROR ANAL 133
Epílogo: Edipo y la castración anal 135
Textos terroristas 137
Políticas del ano 147
Saber anal 150
El método anal 157
Políticas de identidad y normalización anal 161
Educastración anal: infancia, masturbación y escritura 165
La niña, la lesbiana, el ano total 167
Utopía anal 170
Prólogo
Un desafío al siglo
Este libro es histórico; hace época. Una época en lo que se denomi-
na el reconocimiento social y político de la homosexualidad. Ha
contribuido, quizá sin provocarlo de manera directa, a que la ho-
mosexualidad ya no sea contada corno una patología sexual que
debe ser i:urada. Sólo por ello, merece ser reeditado y leído.
1972 es el año en el que los homosexuales empiezan a darse a
a manifestarse, a manifestarse corno tales. El comienzo
de una gran ola que barrerá, en la mayor parte de los países de
cultura europea, la reprobación que pesaba sobre la homosexuali-
dad, el silencio prudente y púdico del cual se rodeaba.
Este manifiesto inaugural, precursor, afirma,y anticipa ideas que
serán las del siglo, planteamientos de casi toda reflexión, eviden-
cias: que la homosexualidad no es una enfermedad; que no forma
una categoría sexual bien definida, sino uIt
de-conductas variables, intercambiables; gue no hay un tipo «homo-
ptieden en-
contrarse--en-cualqulec-orro individuo que no se declara homo-
en toslo caso, que la separación «activo» se ha
vuelto óbsoleta la distribución entre hombre y
atribución de la pasividad a lo femenino y de la-
activicfáda:lcalIáer varoñlC - ----.-
'--- To'd-asestas penosamente elaboradas, estos es-
fuerzos de etiología clínica, El deseo homosexual los hace inútiles,
vanos ejercicios escolásticos, viejas lunas. Al cambiar de mirada,
10 El deseo homosexual
al poner el deseo polimorfo en el centro e intimar a la vez su
tiempo para mirar de frente a los homosexuales y al escapar del
silencio al que constriñe a los homosexuales su vergüenza, marca
una época, habla para una generación a la cual no dejamos de
pertenecer.
Libro, pues, que compete a la historia de una idea y de un mo-
vimiento. Y, en este sentido, un libro datado, inseparable de las
circunstancias de su publicación, de esta emergencia de un movi-
miento francés, europeo, mundial. Pero también un clásico. Es de-
cir, un texto que se separa de esta historia y nos llega, no sólo como
testimonio de un pasado cumplido, sino como la formulación de
cuestiones, de múltiples cuestiones, de un problema que no ha aca-
bado de solicitarnos, de atormentarnos. Pues, si la homosexualidad
es, de una cierta manera, vista como un modo admisible de
vida, podemos decir que, nosotros, el siglo, nuestro siglo que se
acaba, no hemos acabado con ella.
¿Por qué hablar de homosexualidad, dirán algunos, por qué irse a
defender la existencia original de un deseo homosexual que no se-
ría patológico y que podríamos reivindicar sin hacernos ridiculizar
ni proscribir?
Ahora la homosexualidad tiene buena prensa. Se evoca por todas
partes a cielo abierto. Hace buenas emisiones de radio y de televisión,
supone un buen comercio. Incluso es políticamente correcto inclinar-
se ante ella. Los maderos la respetan, aunque sólo la tocan con la
punta del dedo; y nunca, al menos directamente, la incriminan.
Todas estas luchas, estas defensas, este lenguaje que utiliza Guy
Hocquenghem polemizando con el psicoanálisis, encomendándose
a El anti-Edipo de Deleuze y Guattari, refiriéndose muy explícita-
mente a los movimientos de 1968 y de un partido comunista aún
bajo la obediencia de Moscú, este uso del vocablo «revolución» que
la sociedad contemporánea entiende, en su casi totalidad, con difi-
cultad, ¿no está superado? ¿no es eso otra historia? Hoy e ~ d í a , no
es esto lo que importa. Lo que importa es, al parecer, por·parte de
los que po son homosexuales, jóvenes o no, mostrar la mayqr indul-
Prólogo 11
gencia, O más bien la más perfecta indiferencia para con aquellos
que lo son -«homosexual, muy bien, esto le atañe a él, no es mi
problema sino el suyo»- y, por parte de aquellos que lo son, se
proclaman, se reivindican como tales, lo que importa es saber si
se llamarán preferentemente gays o queers, si vivirán o no como
pareja estable. De todas maneras, ya se sabe, ni siquiera es esto lo
que se nos solicita sino los problemas mucho más concretos de la
enfermedad, del empleo y de la vivienda. El sexo, el deseo parecen
estar ya en el segundo plano de las preocupaciones de la generación
que Vlene.
¿Entonces qué interés puede tener un libro sobre el deseo, en-
cima sobre el deseo homosexual'
ITuhtanteFSise--a:dmiieque existe, ¿por jusdficarse
losquesüñ animados por él? ¿Por qué los que no se ven afectados
deberían preocuparse por él, puesto que ya está bien establecido
que acepran, para los otros, su existencia?
Para los oeros, sí; y quizá esté ahí el punto de enganche, el pun-
to central, el desfiladero por-el cuaJ hay que
entrar en este li5io- eSCfíto-fiace-'mas'-óe treinta por un chico
enfadado, apasionado y mordaz. Este otro justamente. Este otro en-
tre <<oosocros». No hablo de mí, su amigo:¿IDe atrevería a decir su
«amante» de entonces? sino de este otro que son todos los lectores
potenciales. Puesto que este libro, este panfleto valiente y mordaz
de un chico de veinticuatto años, no se dirigía a los homosexuales
en particular, aunque tuviera la imención de despertarles, y a la vez,
de fustigarles en lo que se refiere a su vergüenza, a su aceptación de
todos los prejuicios de una sociedad que les dejaba fuera. Estos ho-
mosexuales avergonzados, que aceptaban todo lo que estaba hecho
para interpretarles, explicarles desde la mirada de los otros. Estos
otros, es decir, los dominantes, los mayoritarios, los «nosotros». Pues
eran ellos quienes eran ocros, constituCÍonrumente, de forma
aetcteseo:---------·---·--····-· - -.. -.-.-----
Guy, feroz, se adueña de esta alteridad cons-
titutiva. La vuelve y se hace un arma con ella.
y la primera frase es el ataque que marca la tónica: «Lo que
causa el problema no es el deseo homosexual sino el miedo a la
12 El deseo homosexual
./
homosexualidad». Sois vosotros, los que tenéis miedo, los que están
atrapados en una psicosis o los que son neuróticos, no soy yo, no
somos nosotros. He aquí el problema. Lo demás, los largos análisis,
las largas demostraciones extraídas del lenguaje de las luchas de
entonces, de los adversarios de entonces, de las armas que se forja-
ban contra aquellos que querían rechazar la homosexualidad y este
deseo tan fue:;; -, -tan a menudo compartido pero universalmente
condenado- de tener derecho de entrada en la sociedad, nos pare-
ce de poco peso; importa menos que ese tono, que ese estilo iracun-
do que da a una argumentación severa -necesariamente
de términos clínicos en la que, durante más de un siglo, se ha en-
cerrado a la homosexualidad- el aspecto del entusiasmo.
Debo retomar el hilo: ¿es verdad que el contexto de entonces im-
porta menos? Incluso sólo como advertencia, El deseo homosexual
tiene el gran interés de poner bajo nuestros ojos los términos en los
cuales la homosexualidad, en 1970, era tratada, en el sentido de
una enfermedad o de una discapacidad, culpabilizada, prohibida
de palabra. De volver a recordar la actitud de una psiquiatría res-
ponsable, como motivación secreta del legislador, de este estado de
cosas; en especial la responsabilidad del psicoanálisis que no ha
dejado de castigar, incluso entre nosotros. No me es posible entrar
en los detalles que se leerán en el texto. Sin embargo, me gustaría,
como preámbulo a toda lectura, precisar a propósito dos cosas: pri-
mero, que Guy tiene cuidado en diferenciar la obra y el pensamien-
to de un Freud aplicado en sacar el carácter finalmente «normal»
de la perversión, universalmente compartido, de sus del
«psicoanalismo»; luego que, sin embargo, había que acabar con
esta liberación del deseo que Freud descubrió, aunque esté aprisio-
nada más que nunca bajo la ley familiar del «complejo de Edipo».
De ahí la ambigüedad de Freud. La necesidad de una franca rup-
tura con todo sistema de interpretación. El deseo homosexual no
necesita de una SldL0!.1d§.aj; cómo si fuera una des-
Es el deseo homosexual que en su in-
poTlvalenCla, mmovilizable sobre un úEi<:..o_objeto.
Prólogo 13
Que justamente el objeto no basta para definir el deseo. Por eso, y
es evidente, no hay-que-leer-este libro-como ilinil:irü-de sexología,
ni tampoco como un libro que atañe específicamente a los homo-
sexuales.
En este sentido, sí es perfectamente inactual, en tanto que está muy
alejado de las preocupaciones contemporáneas, que siempre se que-
dan corcas, preocupadas por clasificaciones precisas, por divisiones
que responden a una lógica binaria, de investigación o de interro-
gación que aborrece. La idea central, directiva, aquello por lo cual
todo gravita alrededor, el «pivote», para emplear una palabra de
Fourier, no es un deseo específico del homosexual; es el deseo por
el cual la homosexualidad es menos la calificación de una elección
particular que la de salida hacia afuera de las limitaciones
en las que se encierra por culpa de las coacciones, de los estrechos
desfiladeros por los que debe de pasar desde la infancia.
Desde luego que es completamente inactual esta idea de pensar
la homosexualidad a partir de la infancia, de replantearse, a favor
de la homosexualidad, toda la razón de ser de la «civilización», de
la educación. De comprenderla a partir de la evacuación, por el
lenguaje y las instituciones políticas, de una sexualidad confinada,
bajo sus formas más conservadoras, en el ámbito tradicional de la
pareja heterosexual y de la familia.
A partir de la infancia ... pero no se trata en absoluco -com-
préndase bien- de proponer una nueva génesis a la manera
psicoanalítica (un «estadio», una fijación provisional que debe ser
abandonada en la edad adulta), sino de reconocer, desde la infancia
yal niño, un deseo plenamente formadó;leg"ItTrñó-y-a;ñaerecno"a:
su ejercicio. Y el libro denuncia -entre líneas, lo
manera contundente- a propósito del recubrimiento del deseo por
el discurso político, este abuso que consiste en negar al niño, al
menor, el uso del placer, en nombre precisamente de una minoría
(de edad) que le esclaviza (<< ¡y si nosotros queremos ser corrompi-
dos!» hace decir Guy a sus menores «protegidos»). ¡Sí! El deseo
homosexual es, ante todo, cuestión de infancia.
14 El deseo homosexual
Inactuales estas ideas, pero en el sentido que Nietzsche hizo
famoso, el de Consideraciones inactuales o intempestivas, tan poco acor-
des con nuestra mentalidad presente como molestas.
Esta actualidad asegura una validez de los análisis de Guy
Hocquenghem mucho más allá de las circunstancias de su escritu-
ra. Pues nos despiertan del sueño provocado por tantas certezas
beatas en torno a una democracia por fin alcanzada y a una toleran-
cia generalizada.
El deseo homosexual les ataca y corroe sobre varios puntos de los
cuales -para guiar la lectura- retengo tres esenciales.
Hay tanta «naturalidad» en el deseo homosexual como en el
heterosexual;1O que es, hoy en ClIa,Casi siempre admitido. Pero
sobre· todo -lo que ahí obstaculiza nuestra manía clasificatori;=
burla de las identidades sexuales no le importa!!;
Es fa educación, familiar, edípica, la que repliega al individuo en la

.. reserva el único deseo
normal a la heterosexualidad, fundadora del orden humano, de la
naturalidad de la pareja, de la familia, el que otorga a la homose-
xualidad la gran función de socialización. Es ella la que forma el
grupo, lo social. ¡Pero cuidado! La homosexualidad no sexualmen-
te efectiva, sino «sublimada». Guy Hocquenghem se apropia de
este reconocimiento, de esta confesión importante, fundamental.
Le toma la palabra pero plantea la cuestión: ¿por qué sublimado,
desexualizado? ¿No habría en la homosexualidad activa, por el
contrario, la vía de una socialidad, de una generosidad hacia el otro
que la heterosexualidad exclusiva asigna a la pareja recogida, de
manera egoísta, en sí misma? El sofisma psicoanalítico consiste en
transformar en exigencia absoluta, incondicional, una represión de
la parte sexual del deseo para que haya socialización. Sólo garanti-
za la supremacía masculina, la del hombre-objeto, sobre la mujer-
objeto. Esta ley no es otra que la del falocentrismo; la pirula que
hace gravitar toda la sociedad humana y su sentido en torno al falo
(este «significante mayor» que la interpretación estructuralista de
Jacques Lacan acababa de inventar y que pesca con elocuencia El
anti-EdiPo).
Prólogo 15
El tercer punto, comp,lementario, es que la
ne valor precisamente por no reconducir o papeles
-queTisoCleaaa-óererosexlúil ha-lñveruaclo"porqüé" SóÍü-eXlsceñ-para
falta "üñ"i"descent-ración¿feio
&Ita otra mirada, otra socialización que no sea por la proliferación
de las parejas y de las familias. De ahí esta apología o exaltación
del anº" que podrá sorprender o dIvertIr a algunos, pero que desig-
na, más allá de cierta provocación inevitable, una sociedad no au-
toriraria, no jerárquica, que rechaza roda transformación del--;;-otró»
en él c-oñdU¿e "un- dese"a-pleno
=no plenamente corporal' y sexual- de ser poseído por
él, en vez de poseerlo.
Todo esto está dicho, quizás no en estos términos, pero bien legible,
dando sentido con esta referencia a un Genet que no disocia sus
elecciones políticas y sus amores, a Fourier con su Nuevo mundo
amoroso implicando un nuevo orden social.
Pensaba también en El deseo homosexual al recorrer últimamente
páginas escritas por Pasolini, casi en la misma época, en las que
este último se entregaba, en Petróleo, a una extraordinaria digresión
sobre la infinitud del «ser poseído» en relación con la finitud agre-
siva de la simple «posesión». Tanto la posesión del cuerpo como la
de su mente. Así, la intempestividad de este libro, en sus brillantes
y a veces hiperbólicas variaciones, provoca, induce a una suerte de
posesión espiritual.
Se de sobra que su lógica tiene poco o nada que ver con
la madeja en la que se enreda la reflexión contemporánea de y so-
bre la homosexualidad, con su humanismo rampante, atrancado
entre el personalismo y lo jurídico de un «sexualmente correcto».
Tacha esto de un golpe; y, sin descuidar la cuestión de los derechos,
puesto que se trata de una lucha iniciada y muy real, confiere a la
realidad por conquistar una dimensión completamente diferente:
la de una sociedad de un nuevo tipo, que no descansa sobre la exclu-
sión con sus falsos problemas de sujeto y objeto, su celosa protec-
ción de los cuerpos, de una esfera privada que -lejos de ser espacio
16 El deseo homosexual
de libertad- es aquélla en donde se deciden todas las formas de
prohibiciones, sino sobre la inclusión, la acogida, incluso yo diría,
sin falsear las intenciones de Guy ni hacer hablar a los muertos,
sobre una hospitalidad universal y absoluta.
Necesitamos urgentemente esta inactualidad. Hoy en día, formu-
lado por Guy, El deseo homosexual, con sus prolongaciones en la
puesta en duda de la esfera política y del orden de la civilización,
resplandece bajo un nuevo día. Entra en resonancia con todo lo
que, entre nosotros, plantea problemas. No sólo la homosexuali-
dad que quizá haya dejado, en efecto, de una cierta manera, y como
problema sexual, de «dar problemas», sino con todo lo que en tor-
no a ella, en su orbe, repugna al orden político, social, económico,
ecológico, sexual, de la globalización: esta famosa «civilización» que
Fourier calificaba, Guy lo recuerda, de «orden subversivo», lejos de
ser la solución más adaptada al desarrollo humano, a la satisfacción
de las necesidades y de los deseos.
La memoria que despierta y aguijonea esta lectura no es una
nostalgia del pasado; tampoco debe ser una simple curiosidad
atraída por la historia del movimiento homosexual. Aunque sea
apasionante ir a buscar a las fuentes de un movimiento su inspira-
ción primeriza, todavía no enfriada o institucionalizada. Igual que
tenemos siempre interés y alegría por reabrir a Freud, por ir a la
fresca fuente de una inspiración cuánto más diversificada y genero-
sa que la de sus seguidores. Como este texto que, polemizando (<ln
el fundador de un psicoanálisis que se ha vuelto sirviente del poder,
participa de un esclarecimiento de la fuente, que permite compren-
der mejor la necesidad absoluta de una ruptura con todo lo que
recuerda a Freud y a los suyos.
El primer impulso, está claro, fue dado a El deseo homosexual por
el deslumbrante, revolucionario parricidio de Gilles Deleuze y de
Félix Guattari en El anti-Edipo, sustituyendo al aprisionador. nú-
cleo familiar, las «máquinas deseantes» lanzadas al aire libre .. Este
soplo de aire puro anima a Guy, le exalta; y se aferra a estas máqui-
nas a continuación de sus inventores. Pero no es un simple epígono.
Prólogo 17
Su escrito está lejos de ser la aplicación de una teoría, por muy
presente o insistente que sea. La tiene en cuenta con toda su juven-
tud y su fe. La completa también dándole una fuerza desconocida
por los propios autores, porque es su cuerpo, su vida los que están
en Juego.
Por cierto, un año después Gilles, escribiendo un prefacio para
Guy, esta suerte de post-scriptum a El deseo homosexual que es [;apres-
mai des ¡aunes, rendirá homenaje a este joven discípulo que ha abier-
to un nuevo camino a su reflexión.
l
Libro histórico, escribía al empezar. Quiero precisar, decir ahora
que, por su mediación, se ha abierto un diálogo entre la historia y
nosotros. Obliga a la historia a salir de su reserva, a justificarse
porque, por muy reciente que sea, pueda parecer ya tan lejana, por-
que, siempre empujados hacia delante por las exigencias de los mo-
dos y el prejuicio de la actualidad, nos olvidemos de los orígenes y
ya no sepamos plantear los verdaderos problemas.
Nos quedamos en el acontecimiento de una lucha todavía en cur-
so. Una lucha en la que El deseo homosexual fue el gesto fundador, el
primer impulso. Un gesto, para concluir con una expresión estimada
por Péguy, justamente, hermoso como el desafío al siglo de su «alma
carnal».2
RENÉ SCHÉRER
1. Guy Hocquenghem, L'apres-mai des /aunes, prefacio de Gilles Dekuze,
París, Grasset, 1974.
2. Charles Péguy, Verónica: diálogo de la historia y el alma carnal, Granada,
Editorial Nuevo Inicio, 2008.
A Gérard Grandmontagne, suicidado
el 25 de septiembre de 1972 en la cárcel de Fresnes.
Introducción
Lo que causa el problema no es el deseo homosexual sino el miedo
a la homosexualidad; hay que explicar por qué la misma palabra
desencadena las huidas y los odios. Nos preguntaremos entonces
por la manera en que el mundo heterosexual habla y fantasea sobre
la «homosexualidad». La gran mayoría de los «homosexuales» no
tiene ni siquiera existencia consciente. Desde la infancia, el deseo
homosexual es eliminado socialmente por una serie de mecanis-
mos familiares y educativos. La capacidad de olvido que ocultan los
mecanismos sociales respecto de la pulsión homosexual basta para
~ r responder a cada cual: ese problema no existe para mí.
Partiremos aquí de lo que es conveniente llamar la «homosexua-
lidad masculina». Esto no significa que la diferencia de los sexos
sea evidente, pues será finalmente puesta en tela de juicio, sino que
la organización del deseo que experimentamos está basada en la
dominación masculina, y es primero la construcción imaginaria
edípica de la homosexualidad masculina la que se designa bajo el
término «homosexualidad». Sería vano tratar una vez más de la
homosexualidad femenina en los términos en los que la ideología
masculina lo hace habitualmente.
Hay pulsiones del deseo que todos hemos experimentado y que,
sin embargo, nunca abordamos en nuestro vivir cotidiano. Por eso
no se puede aceptar tomar en consideración lo que creemos de
nuestro propio deseo. Un fantástico mecanismo social borra per-
manentemente las huellas -que no cesan de renovarse- que de-
22 El deseo homosexual
jan nuestros deseos ocultos. Sólo basta con pensar en lo que adviene
de una experiencia tan universalmente difundida como la mastur-
bación para comprender el poder de este mecanismo: todo el mun-
do se ha masturbado y, sin embargo, nadie habla de ello nunca, ni
siquiera con sus relaciones más Íntimas.
Deseo homosexual: estos términos no son evidentes de por sí.
No hay subdivisión del deseo entre homosexualidad y heterosexua-
J
lidad. No hay tampoco ni deseo homosexual ni deseo heterosexual
en sentído El deseoemergeDajOuoarorffia multifu, cuyos
componentes sólo son separables a posteriori, en función de lasma-
Olpulacicines a lás que lé al igual
que-erdeseohett!rosexual; es uri""recorte ar6ittario-en UnTIuJo 1010-
rerrum:pido'ypol1Ve)ro:-Eñ -su fOima actual, la caracterización ho-
mosexual del deseo de manera exclusiva es una engañifa del ima-
ginario. Pero como en la homosexualidad el juego de imágenes
aparece con la mayor evidencia, podemos comenzar un trabajo de
deconstrucción de estas imágenes a partir de su punto más sensi-
ble. Si hay en la imagen homosexual un complejo nudo de deseo y
de temor, si la evocación del fantasma homosexual es más obscena
que cualquier otra y al mismo tiempo excitante, si uno no puede
aparecer en un sitio como homosexual sin que las familias se alte-
ren y mantengan a sus niños al margen, sin que una relación de
horror y de deseo se instaure, es que hay para nosotros, occidentales
del siglo xx, una Íntima relación entre el deseo y la homosexuali-
dad. La homosexualidad manifiesta algo del deseo que no aparece
en otro sitio, y. ese algo no es simplemente el acto sexual realizado
con una persona del mismo sexo.
La homosexualidad atormenta al «mundo normal»; ni siquiera
un Adler pudo evitar constatado: «Como un fantasma, como un
espantajo se plantea en la sociedad el problema de la homosexuali-
dad. A pesar de todas las condenas, el número de pervertidos pare-
ce aumentar... Las penas más severas, la actitud más conciliadora,
el juicio más clemente quedan sin influencia sobre la evolución de
esta anomalía».3 Así empieza el libro titulado: El problema de la
3. A. Adler, Das Problem der Homosexualit¿it, Leipzig, Hirzel, 1930.
Introducción 23
homosexualidad. En su lucha continua en contra de la homosexuali-
dad, la sociedad constata sin cesar que su condena parece reprodu-
cir la misma plaga que pretende eliminar.
y con razón: la sociedad capitalista fabrica lo homosexual como
produce lo proletario, suscitando a cada momento su propIO límIte.
La homosexualrdad es una fabricación del mundo normal. Por su-
puestO, no se entiende esta frase en el sentíao en que cierto libera-
lismo afirma, para descargar ,al homosexual de su culpa, que quien
es culpable es la propia sociedad: posición pseudoprogresista toda-
vía más despiadada para los homosexuales que la represión abierta.
Nadie eliminará jamás la polivocidad del deseo. Pero lo que es fa-
bricado es est'!_ la homosexualidad;' este
recorte abstracto del deseo que permite regentar incluso a los que
se le escapan; esta, introducción en la ley de lo que está fuera de
la ley. La categoría cuestión, e incluso la palabra misma, son una
-.----__ -i._. _____ -.---.-
invención relativamencereclence.ErillperTallSmo creciente de
una social a tOdo lo inclasifi-
cable ha creado esta particularización del desequilibrio: hasta fina-
les del siglo XVIII, a los que rechazan a Dios, a los que no saben
hablar o a los que practican la sodomía se les encarcela en las mis-
mas prisiones. Al igual que la aparición de la psiquiatría y del ma-
nicomio manifiesta la capacidad de una sociedad para inventar
medios específicos para clasificar lo inclasificable,4 el pensamiento
moderno irá creando una nueva enfermedad, la homosexualidad.
Según Havelock Ellis,5 la palabra homosexual fue inventada en 1869
por un médico alemán. El pensamiento pseudocientífico de la psi-
quiatría, que recortó para reinar mejor, ha transformado la intole-
rancia salvaje en intolerancia civilizada.
Así caracterizó al marginal, pero al caracterizarlo lo ha colocado
en el centro. La prodigiosa aventura de Kinsey es rica en enseñan-
zas: no ha hecho más que continuar el esfuerzo de encierro de la
psiquiarría moderna dándole bases materiales, sociológicas y es-
4. Véase Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, Madrid,
Fondo de Cultura de España, 2000.
5. Véase Sexual lnversion, Filadelfia, Davis Company, 1923.
24 El deseo homosexual
tadísticas: en un mundo que vive de cifras, demuestra que se puede
encerrar a los homosexuales en un cuatro o cinco por ciento. Y no
son esos cuantos millones quienes desataron la. tempestad que
acompañó a la publicación del informe Kinsey, sino este descubri-
miento que la ingenuidad científica no podía esconder: «Puesto
que en la vida adulta sólo el 50 % de la población es exclusiv;;tmen-
te heterosexual y, puesto que sólo el 4 % es exclusivamente homo-
sexual, aparece que casi la mitad (46 %) de la población practica
actividades heteroseXuales y homosexuales a la vez, o reacciona psí-
quicamente respecto a personas de los dos sexos». Ya no se tr:l:ta de!
«mariquita» que todo el mundo conoce, sino de una persol};;t de
cada dos: su vecino, o su hijo, ¿por qué no? Yel ingenuo !,insey
escribe: «El mundo no está dividido en ovejas y cabríos. No todo es
negro. No todo es blanco. Rara vez la naturaleza, según un princi-
pio fundamental, tiene relación con categorías distintas. Sólo la
mente humana inventa categorías y se esfuerza por colocar los he-
chos en casillas separadas. El mundo viviente es un continuum en
todos sus aspectos. Por querer siempre discernir, caernos en lo in-
discernible. ¿Por eso era tan necesario multiplicar cuestionarios y
encuestas para constatar que todo e! mundo es más o menos homo-
sexual? Es verdad que se irán restableciendo los derechos de la
normalidad cuantitativa con la célebre escala Kinsey, que irán nu-
merando, según e! grado de práctica homosexual, a los
limitando el porcentaje al nivel de la cantidad de pulsión
sexual presente en cada individuo.
Así, el margen delimita la sexualidad normal y la corroe con
un incesante movimiento. Todo el esfuerzo para aislar, explicar,
reducir al pederasta apestado acaba colocándolo en el centro de los
sueños despiertos. Daremos la razón a Sartre, sean cuales sean las
críticas que conlleva su retrato psicológico de Genet. ¿ Por qué la
sociedad daría la palabra a los psiquiatras y nunca a los homo-
sexuales, salvo con la triste letanía de los «casos» clínicos? «Lo que
nos importa es que no nos hagan oír la voz del mismo culpable, esa
voz carnal y turbadora que seduce a los jóvenes, esa voz jadeante
que susurra durante el placer, esa voz canalla que cuenta una noche
de amor. Es preciso que el pederasta permanezca como un objeto,
Introducción 25
flor, insecto, habitante de la antigua Sodoma o del lejano Urano,
autómata que brinca en las candilejas, todo lo que queramos, pero
no mi prójimo, no mi imagen, no yo mismo. Así pues es necesario
elegir: si cada hombre es todo hombre, es necesario que ese desca-
rriado no sea más que una piedra o que sea ..
nace la seguridad, pero de la propia palabra «pederasta» nace una
extraña seducción: pederasca como la tarasca medieval, pederastra
como Zoroastra. Estos lapsus populares, extraídos en cartas envia-
das a los periódicos, son suficiente testimonio de lo que sucede
cuando se pronuncia esta palabra. Notemos de paso la excepcional
riqueza del vocabulario para designar al homosexual masculino:
mariquita, mariconazo, maricón (indiferentemente para el mascu-
lino y el femenino), etcétera. Todo sucede como si el lenguaje se
agotara en delimitar y en nombrar 10 innombrable.
y si vamos repitiendo que hay ninguna diferencia entre los
homosexuales y los heterosexuales, que tanto unos como otros se
dividen en ricos y pobres, en machos y hembras, en buenos y ma-
los, es precisamente porque hay una distancia, real, para acercar la
homosexualidad a la vida normal, un esfuerzo continuamente frus-
trado, un abismo infranqueable que se abre a cada instante. La
homosexualidad, a la vez no existe y existe: es su mismo modo de
__
6. Jean-Paul Sartre, San Genet comediante y mártir, Buenos Aires, Losada,
2003.
1
La paranoia anti-homosexual
La constitución de la homosexualidad como categoría separada va a
la -extranernos"a:raescuorÚ
Slue la represión anti-homosexual es en sí una expresión desviada del
deset> homosexuaL La actitud de lo que se ha en llamar
«la sociedad» es, desde de vista, paranoica: sufre de un
delirio de interpretación que le lleva a captar en toaas partes in-
dicios de una conspiración homosexual contra su buen funciona-
miento. Martin Hoffman, sociólogo honesto y sin imaginación, ha
reconocido en El universo homosexual la existencia de semejante para-
noia. Una película como Escenas de caza en la Baja Baviera da buena
cuenta de lo que puede producir el delirio interpretativo paranoico
de un pueblo bávaro con respecto a aquél sobre el cual se concentra
la libido homosexual de todos los habitantes: la caza con la que fi-
naliza la película expulsa al representante del deseo fuera de todo
lazo con la comunidad. La aparición de un homosexual reconocible
o confeso conduce inmediatamente a los que le rodean a un terror
pavoroso e infundado de ser violados. El intercambio entre un «ma-
ricón» y un individuo que se considera como normal nace de la
tensión que suscita enseguida la interrogación de lo «normal»: ¿me
desea? Como si el homosexual no eligiese nunca su objeto, como si
todo individuo del sexo masculino fuera lo suficiente bueno para éL
Hay sexualización espontánea de coda relación con un homosexual.
En general, la psiquiatría admite una estrecha relación entre
homosexualidad y paranoia. Pero la mayoría de las veces le da la
28 El deseo homosexual
forma siguiente: el homosexual sufre a menudo de una paranoia de
ameñ""iiá.do.» Es una de las principales ca-
clínicas del homosexual. La homosexualidad depende
de los médicos, la palabra del homosexual sóló-fíe-ne mterés y valor
<.Lo- ---
cuando se transmite en la pantalla psiquiátrica. Pues una
de perspectiya atribuye al individuo el __ nacido de
la siruación. En otros términos, ¿se siente el homosexual amenazado
ólo está? El discurso de la homosexualidaa, irne-
-i'iOrlZado por el homosexual, es el fruto de la paranoia por la cual
un modo dominante de sexualidad, la heterosexualidad familiar
reproductora, expresa su angustia frente a las formas siempre rena-
cientes de los modos sexuales eliminados. El discurso de los médi-
cos, el de los jueces, el de los periodistas, el de los educadores, tradu-
ce el esfuerzo permanente por reprimir la libido homosexual/
La famosa «paranoia de persecución» es, de hecho, la paranoia
que pretende perseguir. que sufrió el freudismo
es instructivo al que la paranoia está, en
general, ligada a una repreSlOn del componente homosexual de la
libido. El lleva al hombre social
al a su alrededor. El caso Schreber
ha sido analizado por Freud de la siguiente manera: "Seríamos pro-
pensos a decir que, en este caso, lo que es esencialmente paranoico
es que el enfermo, para defenderse de un fantasma de deseo homo-
sexual, haya reaccionado precisamente con un delirio de persecu-
ción de esta índole. Estas consideraciones dan todavía más peso a
este hecho que la experiencia nos muestra: existe una relación ínti-
ma, incluso quizá constante, entre esa entidad mórbida y los fan-
tasmas de deseo homosexual».? Yun poco más adelante: «Esruvimos
muy sorprendidos de ver con qué nitidez, en todos estos casos, la
defensa contra un deseo homosexual estaba en el centro mismo del
conflicto mórbido; todos esos enfermos habían fracasado en la mis-
ma tarea, no habían podido llegar a dominar su homosexualidad
inconsciente reforzada». Del fracaso necesario del intento que aspi-
ra a hacer desaparecer el componente homosexual nace la paranoia.
7. Sigmund Freud, Cinq pJychanatyJeJ, París, PUF, 1954.
La paranoia anti-homosexual 29
La hipótesis le parece lo suficientemente escandalosa al propio
Freud como para que se disculpe con respecto al conjunto de la
sociedad: «¿Acusar de homosexualidad a un hombre de nivel mo-
ral tan elevado como el ex presidente del Tribunal Supremo
Schreber no constiruye una imperdonable levedad, un abuso y una
calumnia?». Freud sabe bien qué pastel descubre así: «Me detengo
aquí con el fin de hacer frente a la tormenta de ataques y objeciones
que haya podido provocar. Quienquiera que conozca el estado ac-
rual de la psiquiatría debe atenerse a lo peor». Y si salimos del
marco edípico en el que Freud encierra en seguida su invención,
vemos claramente que el descubrimiento esencial de Freud no es la
relación con su padre, sino el hecho de que un hombre social tan
designado como un juez puede pero no debe ser homo-
sexual. Imagínense un juicio en el que Schreber -juez- tendría
que fallar sobre un caso banal de corrupción de menores o de ultra-
je al pudor. El caso Schreber es el límite extremo de lo que puede
permitirse una sociedad, y no encontraremos otros ejemplos en los
que un alto personaje haya proclamado tan abiertamente sus fanta-
sías homosexuales (recordemos que las Memorias de un neurópata
fueron publicadas en vida de Schreber) sin acabar en un manico-
mio: el presidente Schreber será finalmente autorizado a continuar
disfrutando de sus bienes y de sus funciones.
8
Schreber ha manifes-
tado la fuerza de una sociedad que puede autorizarse a ver clara-
mente, en momentos excepcionales, la realidad del psiquismo de
sus dirigentes. Schreber es un paranoico consciente, ya que expresa
él mismo, con la mayor claridad, el contenido de sus fantasías.
con Freud el descubrimiento del vínculo en-
tre homosexualidad y paranoia. En un artículo de 1911, "El papel
de la homosexualidad en la patogénesis de la paranoia», constata
que la fuerza de la paranoia es la transformación del sentimiento de
amor en percepción de su contrario, «el interés se hace persecución».
y especifica: «Pues he observado que el enfermo no activa el me-
canismo paranoico indiferentemente contra cualquier interés libi-
8. Sobre este punce, véanse las observaciones de Gilles Deleuze y Félix
Guactari.
30 El deseo homosexual
dinal, sino que, según lo que he podido observar hasta ahora,
exclusivamente contra una elección de objeto homosexual... La homo-
sexualidad no desempeña un papel ocasional, sino el papel principal
en la patogénesis de la paranoia, y ... quizá la paranoia sea sólo una
deformación de la homosexualidad.» La paranoia sólo se expresa a
propósito de la homosexualidad: tal afirmación pone en tela de
juicio el estatuto de única relación sexual normal dado a la hetero-
sexualidad. El tercer caso estudiado por Ferenczi en su artículo es
el de un empleado municipal (otra vez un personaje social oficial,
pero de menor rango e incapaz de ver claramente en sus propias
fantasías): denunciaba por cartas el hecho de que un oficial que
vivía frente a su casa «se afeitaba delante de la ventana, en cami-
sa, ya con el torso desnudo». Menciona siempre el calzoncillo de
este mismo oficial como objeto de escándalo. Cómo no reconocer
en la descripción de Ferenczi el mecanismo mismo de la justicia
cuando instruye un caso de buenas costumbres: "El hecho mismo
de que, desde un principio, me entregara todo un montón de recor-
tes de prensa, copias de documentos, octavillas, todos redactados
por él, en un orden ejemplar, numerados, clasificados, despertó mi
sospecha. Un único vistazo sobre estos escritos me persuadió de
que estaba tratando con un maniático de la persecución y del trá-
mite». El enfermo posee, de hecho, una imprenta donde confecciona
sus denuncias. Y, sin embargo, el honesto Ferenczi nunca sospechó
de la maquinaria judicial anti-homosexual cuyo funcionamiento
es, de alguna manera, miniaturizado por el enfermo. De hecho, ex-
plica bien que el delirio se debe a «la proyección (por el enfermo)
sobre esas persoMs-de su -hor9osexual ..... .. p.9f
un signo negativo. Su deseo expulsado de su yo vuelve a su con-
CIenCIa-COmO la percepción de una tendencia persecutoria por parte
de los objetos de su predilección inconsciente». Y sigue el autor:
«Busca y excava hasta adquirir la convicción de que se le odia. Así,
bajo la forma del odio, puede dar rienda suelta a su propia homose-
xualidad, disimulándosela a sí mismo al mismo tiempo». En su
lucha sin piedad contra el desenfreno militar, el enfermo «imputa
a las autoridades militares la opinión según la cual le consideran
como una mujer vieja que no tiene otra preocupación que la de satis-
La paranoia ami-homosexual 31
facer su curiosidad con tales objetos». Schreber se consideraba tam-
bién como una mujer, pero no obligatoriamente vieja y desprovista
de atractivo. Su paranoia no se nutría con denuncias ineficaces pues-
tO que, al ser presidente de tribunal, tenía todos los medios a su
disposición para construirse una máquina de deseo y de represión.
Freud y Ferenczi no dejan de ciertas
la homos.exualidad
más tarde ... en particular, en la paranoia que ...
Q2U!!.
"insuficientemente» reprimido depende el destino de
y de la sociedad. Incluso depende tanto de él que el
único uso del componente homosexual de la libido está, en general,
en la vida social, en el estado sublimado: «En la vida cultural del
adulto sólo subsiste una pequeña parte bajo una forma sublimada,
que desempeña un papel no despreciable en las obras sociales, las
asociaciones amistosas y los clubes».ID Para Freud también, la
emergencia de la homosexualidad de Schreber bajo una forma pa-
ranoica se debe, en cierto modo, a un defecto de funcionamiento de
la maquinaria social represora: «Estas personas están expuestas al
peligro de que un flujo especialmente potente de libido, cuando no
encuentra otra salida para correrse, sexualice sus instintos sociales y
aniquile así las sublimaciones adquiridas durante la evolución psí-
quica». Ahora bien, ,no hay de la libidQ b9mosexual
sublimado para el cuerpo «Las aspiraciones homosexuales
no están ... suspendidas o paradas, sino simplemente desviadas de
sus objetivos sexuales y usadas para otras cosas ... De ahí que las
aspiraciones homosexuales representen la contribución proporcio-
nada por el erotismo a la amistad, la camaradería, el sentido de la
solidaridad, el amor a la humanidad en general». El análisis del
caso Schreber muestra al paranoico como si buscara «defenderse de
tal sexualización de [sus] producciones instintivas sociales». El mis-
mo tema será retOmado por Freud en su artículo de 1922, «De al-
9. Sandor Ferenczi, "El horno-erotismo: nosología de la homosexualidad
masculina», 1914.
10. Ibid.
32 El deseo homosexual
gunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homo-
sexualidad», que concluye así: «En la concepción psicoanalítica
estamos acostumbrados a concebir los sentimientos sociales como
sublimaciones de comportamientos homosexuales en cuanto a su
objeto». Así pues, es toda la sociedad la que se defiende de una
manera paranoica de (por
... ,-------
ejemplo, un presidente de tribunal homosexual), la que lucha con
todas sus fuerzas contra la desublimación homosexual. Y André
un libro dé y Sociología
de las relaciones sexuales, lo expresa crudamente al escribir: «Si la
homosexualidad recibiera, aunque fuera en teoría, un míniri1o-de
aprobación, si se le permitiera salir, incluso parcialmente, del mar-
co de la patología, llegaríamos enseguida a la abolición de la pareja
heterosexual y de la familia, que son las bases de la sociedad occi-
dental en la que vivimos»'
La homosexualidad en el marco de la nosología,
de la patología, del mecanismo neurótico, de la patogénesis, etcétera.
No habrá entidad verbal suficientemente espantosa para designar-
la toda, y los títulos aquí citados lo demuestran bastante. Aunque
Freud afirme en los Tres ensayos sobre la teoría de fa sexualidad que
la neurosis es como el negativo de la perversión, de la
psiquiatría responde a cada momento: los homosexuales son neuró-
tlcosypiiinüicos. ·StekeCen-OrúmismoyhomOse;;uafidad, y;
los' sÍgnós OeeSta-relación. En 1965, la Revue franfaise de psychanaly-
se publica las actas de un coloquio sobre la homosexualidad: W. H.
Gillespie retoma allí la afirmación de Rosenfeld sobre las relacio-
nes entre homosexualidad y paranoia: «la homosexualidad, siendo
uno de los mecanismos de defensa frecuente utilizados contra la
ansiedad paranoide ... ».
y en el mismo texto, un poco más adelante: «Del mismo
modo, Thorner insiste sobre la ansiedad persecutoria en la etiolo-
gía de la homosexualidad masculina: el paciente exrernaliza a sus
persecutores internos y proyecta su ansiedad sobre ellos, en el pa-
11. André Morali-Daninos, Sociología de laJ relacioneJ JexualeJ, Madrid, Edi-
ciones Iberoamericanas, 1967.
La paranoia 33
pel de pareja sexua!». Llegamos hasta el punto en el que es la pa-
ranoia la que se vuelve causa de la homosexualidad, invirtiendo
así el esquema freudiano de la manera más grosera. En 1966, el
doctor Eck publica un Sodoma que retoma la medicalización y la
psiquiatrización de la homosexualidad. Lejos estamos de que haya
progresado el descubrimiento freudiano en
la impresión de que cuánto más aviñ:iiriiós-;-iriás----OOsalejamos de
lq que había puesto Freud al día. Hoy en día, un nuevo Schreber
desencadenaría tempestades todavía más vastas que en la época de
Freud. La sociedad y su expresión médica sufren del delirio de la
persecución: Tá-homosexuáiícla:cl C¡uereprimen o que subhman,
resurge-entodos los poros de su cuerpo social. Excavan con tanta
más violencia en la vida privada de los individuos por cuanto sa-
ben que lo que allí sucede las traiciona y se escapa de las mallas
de los tribunales. Multiplican las barreras de una represión que se
descubre altamente ineficaz al sentirse encadenada al deseo que
persigue.
EL ANTI-FÍSICO y LA LEY: LA NATURALEZA Y EL CÓDIGO
El tribunal es un lugar libidinal altamente homosexual: vean la
descripción de juicio de Nuestra Señora de las flores, la novela de
Genet. Hay entre el sistema judicial y policíaco y la homosexua-
lidad una relación de deseo invertido que ya hemos apuntado a
propósito de Schreber o de un caso analizado por Ferenczi. La psi-
quiatría irá considerando naturalmente que el homosexual sale al
encuentro de la condena, y verá en ello el signo de su masoquismo.
Se ve bien cómo tal actitud da cuenta de una relación de deseo
haciéndolo asumir por la persona psicológica del homosexual.
No es indiferente que el código penal lleve, desde la última
guerra (iY no antes!), la mención «crimen contra natura» a propó-
sito de la homosexualidad, y sólo a propósito de la homosexuali-
dad. Trata de una regresión de tipo paranoico: bien se sabe que el
derecho individualizado y racionalizado heredado de la revolución
burguesa y del Imperio se basa más sobre nociones de tipo teológi-
34 El deseo homosexual
co como la «naturaleza». Si el código regresa aquí hasta el oscuran-
tismo, es que se necesita, frente a la homosexualidad, de la certeza
de un garante universal de la normalidad heterosexuaL «Acto con-
tra natura con un individuo del mismo sexo»: no se permite dudar,
puesto que el acto homosexual es contra natura. Están los que per-
:enecen a la naturaleza y los que ohligados siempre a
señalar que la homosexualidad es una aberración, como todas las
tendencias sexuales ... que ... se del la
sexualidad biológica en sí misma», scribe el" ura Marc OraisOCi;'
en una época en la que la Iglesi no había intentado to avía su
aggiornamento en materia sexual (el mismo Oraison escribe, en efec-
to, en Le Monde en mayo de 1972 que la homosexualidad testimo-
nia a su manera el Amor).
No esperábamos ver a la legislación moderna retomar los térmi-
nos de la condena que apunta san Pablo sobre la homosexualidad.1
2
La naturaleza desempeña aquí un papel paranoico de la instancia
suprema segregativa: el término anti-físico utilizado en el siglo XIX
por la policía para sI!
sentido; aquel que está en contra de la naturaleza en tanto que es
del deseo y de su represión. Y cuando Gide, en Corydon,
intenta construir una homosexualidad fundada biológicamente
sobre la comparación con las otras especies, no hace otra cosa que
obedecer a la trampa insensata en la que le encierra la necesidad de
fundar en la naturaleza las formas del deseo.
EL MITO DEL PROGRESO DE LAS COSTUMBRES
Existe un mito profundamente arraigado en la sociedad contempo-
ránea: el de un progreso, en el sentido de la ideología burguesa, un
progreso continuo hacia la liberalización de las costumbres y el
respeto de los individuos. Así se escuchará a menudo expresarse
estas dos reflexiones contradictOrias: "Es contra natura, pero nadie
12. Véase Epístola a los romanos 1.27: " ... los hombres abandonando el
uso narural de la mujer ... ".
La paranoia ami-homosexual 35
os lo impide». Creencia necesaria de una sociedad que afirma su
perfectibilidad y la inutilidad de toda ruptura o puesta en tela de
JUICIO.
La ideología popular sobre la cuestión de la represión de la ho-
mosexuiTIdaddescarisiSüDre-ues mltos'que enmascaran
paranoico de la
-=--:N;die os creemos simplemente que
no hay ninguna represión legal de la homosexualidad, que la
vida privada de cada uno sólo depende de sí mismo. Ahora
bien, esta represión legal existe, incluso es masiva: así, Le Monde
del 18 de abril de 1972 cita las cifras dadas poi 1á Jefatura ae
Policía para tres meses del año en curso: «En lo que se refiere
a los homosexuales, 492 interpelaciones han sido realizadas
en el Bois de Boulogne y 18 en el Bois de Vincennes ... Final-
mente, el control de 39 puestos de bebidas ha permitido la
interpelación de 49 travestis». Nadie debería ignorar que las
discotecas homosexuales de París sufren, hasta varias veces
por semana, redadas de la policía, bajo diferentes pretextos.
Por último, la justicia condena, en 1964, a 331 personas por
actos contra natura, y a 424 en 1966. Probablemente, las ci-
fras siguen aumentando en los años siguientes. Estos datos
estadísticos provienen del Ministerio de Justicia, que agrupa
el conjunto de condenas por homosexualidad bajo una misma
designación.
- Por atraparte, está profundamente aferrado en la ideología
popular que la homosexualidad, y por lo tanto su represión,
es un fenómeno propio de las clases dominantes, ligado a la
degeneración burguesa. Ahora bien, para aproximadamente
1.200 condenas en tres años (1964-1966), encontramos en las
estadísticas del Ministerio de Justicia más de 300 obreros
(obreros especializados y obreros titulados), 160 peones y 80
empleados de puesto inferior. Es evidente que la justicia con-
dena más fácilmente a obreros que a ejecutivos o intelectua-
les, tpero aparece evidente que una real, creciente y masiva
represión judicial afecta a las clases oprimidas a propósito de la
homosexualidad. ,/
36 El deseo homosexual
- «Ahí se trata de supervivencias bárbaras de! Código, hoy en día
vivimos en una sociedad cada vez más tolerante»: ya hemos
indicado que el término de «contra natura» sólo aparece des-
pués de la última guerra en nuestro Código. Lejos de haberse
liberalizado, el código penal, en los últimos véIñre""i5.os, ha re-
torzado la represIón de la homosexualidad. En efecto, varios
países europeos (Alemania, Países Bajos, Inglaterra y los países
escandinavos), en función de su situación propia, han conocido
recientemente una suavización de las leyes contra la homose-
xualidad. Pero e! movimiento en otros países no es en absoluto
similar, en concreto, en nuestro país. No se puede hablar de
una tendencia general a la liberalización de la legislación, sino
del movimiento inverso, excepto en países en los que una situa-
ción política precisa y provisional, el advenimiento al poder de
la social-democracia, ha conllevado una suavización penal.
En no se condena la homosexualidad hasta la llegada
de Pétalñ.Iilprimera ley en la que aparece el término es una orde-
nam;dd mariscal fechada e! 6 de agosto de castigado
con prisión de seis meses hasta tres años y de una multa ... quien-
quiera que ... para satisfacer sus propias pasiones, hubiere cometido
uno o varios actos impúdicos o contra natura con una persona de
su sexo que tenga menos de 21 nos extraña ver al Esta-
do francés (Trabajo, Familia, Patria) innovar de tal manera; hasta
ahora, la leyera la misma para las corrupciones de menores hete-
rosexuales u homosexuales: condenaba los actos cometidos con
menores de menos de 16 años, y.de 18 en caso de denuncia de los
padres. En esta particularización, se alude a la homosexualidad
como tal. Pero es más exrraño constatar que el código penal contie-
ne, tras la Liberación, un artículo que retoma exactamente los
términos la ordenanza del 8 de febrero de
de·· hasratres
años y de una multa ... a qUIenquiera que hubiere cometido un acto
impúdico o contra natura con un individuo de su sexo menor de 21
años;>Lo que cabría llamar la ley Pétain-de Gaulle, fue adoptada
en esa época de liberalización, de esperanza y de progreso que era
la Liberación, a propuesta de un diputado demócrata-cristiano.
La paranoia anti-homosexual 37
Desde luego, hay un vínculo de deseo profundo entre el régi-
men gaullista y la homosexualidad: la segunda ley sobre la ho-
mosexualidad, aquélla sobre des-
--- - ---
pués de la vuelta del general de Gaulle al poder en 1960. El
al pudor
mosexuaf"ü·'heterosexual -Efarrí¿iílü-330;' 2, del 25 'de
,- .. _--._- ,,-
noviembre de 1960 precisa(<<Cuando el ultraje público al pudor
consistiese en un acto contra natura con un individuo del mismo
sexo, la pena será de prisión de seis meses hasta tres años y una
,
multa de 1.000 hasta 15,000 francos>yApuntemos de paso que el
pudor heterosexual es más barato: desde 500 hasta 4.500 francos
de multa solamente,
En la misma época, el carácter paranoico de la legislación es-
talla con un debate en la Asamblea Nacional: el diputado Paul
Mirguet propone y hace votar una enmienda que introduce la ho-
mosexualidad en la ley sobre la peligrosidad social, junto con la
tuberculosis y el alcoholismo, el 18 de julio de 1960. Mirguet, en
el debate, declara: «En el momento en el que nuestra civilización,
peligrosamente minoritaria en un mundo en plena evolución, se
hace tan vulnerable, debemos luchar contra todo lo que pueda dis·
minuir su prestigio, En este campo, como en todos los demás,
Francia debe dar ejemplo_ Por eso les pido que adopten mi enmien-
da ... pues los textos que hacen referencia a la prostitución no se
refieren exactamente a la homosexualidad, y el gobierno debe tO-
mar una posición a fin de alertar a la opinión». La santa furia de
un Royer, alcalde de Tours, que denunciará, en 1971, a Jean-Paul
Sartre como director de un periódico culpable de hacer apología de
la homosexualidad, l3 tiene los mismos acentos. ?e.
secución causa estragos.
-Por' illtimo, añadamos que, para colmo de la paranoia, dos me-
nores de entre dieciocho y veintiún años que practican juntoS la
13. Se refiere al número 12 del periódico izquierdisca Tout, en el que el
FHAR (Freme Homosexual de Acción Revolucionaria) lanza un comunica-
do: «A los que son como nosorros», Al final Jean-Paul Sascce fue absuelco, [N.
del T.}
38 El deseo homosexual
homosexualidad pueden ser demandados por cometer un delito de
lesiones recíprocas. Que en los asuntos de menores, las pruebas
indirectas o la convicción Íntima del juez de instrucción son sufi-
cientes (no se necesita denuncia de la familia). Que en el ultraje
público al pudor, las demandas pueden ser causadas contra aquel
que no rechaza lo suficientemente rápido una caricia impúdica; que
basta con quedarse demasiado tiempo en una vespasiana
14
para ser
acusado de ultraje público al pudor; que los policías pueden ir has-
ta la provocación (en los baños de vapor, por ejemplo) para suscitar
el ultraje. La represión no se conforma con husmear, con delicias,
en los calzoncillos; busca el ultraje, lo suscita para condenarlo me-
jor (este comportamiento de la policía es frecuente en los Estados
Unidos).
Señalemos que en Bélgica no se votó una ley específica sobre la
homosexualidad hasta 1965 (el 8 de abril), c u ~ n d o , bajo el título de
proteCción·de la juventud;" reprime el atentado al pudor cometido
sin violencia sobre un menor del mismo sexo que sea menor de 18
años. Y un cierto capitán Tilmant escribe en la Revue de la gen-
darmerie beIge (4.
0
trimestre de 1969): «Para una prevención eficaz
y una represión segura, las policías deben esforzarse por conocer
bien ese mundo secreto (el mundo homosexual) en el que com-
prendemos que los testimonios son escasos y las denuncias reti-
centes». Aparece claramente que, bajo el pretexto de protección (de
los jóvenes y del público), policía y justicia persiguen su propio fin
libidinal. Y continúa: «Más en materia de homosexualidad que en
otras, el adagio "no hay policía buena sin archivos" adquiere su
plena significación». Nos preguntamos lo que Ferenczi hubiera
pensado del caso.
Las leyes son realmente un sistema de deseo en el que provoca-
ción y voyeurismo ocupan su lugar: el fantasma del madero no es la
creación del cerebro trastornado de los homosexuales, sino la realidad
del funcionamiento deseoso desviado de la policía y de la justicia.
14. Urinario público conocido por los gays porque disimula en un lugar
anodino una intensa actividad de ligue. [N. del T.]
La paranoia anti-homosexual 39
LA PARANOIA ANTI-HOMOSEXUAL SE INTENSIFICA
Al menos aspira a intensificarse: no aceptaremos la actitud delli-
beralismo, que explica: es verdad que las leyes existen, pero expre-
san de manera retardada la situación de la sociedad, son un reflejo
anticuado de una ideología anterior. Olvidémonos de ellas, o hagá-
moslas evolucionar. Las costumbres mantienen con la ley una rela-
ción compleja: el aumento de condenas corres-
ponde tambiéri'a un aumento de la práctica'!1ómosexuiCPe-ro-éSco
no se debe a contrario,
obedece a la crisis sacude a
desus y de su expresión racionalizada.
el fascismo, pero Marcuse-ifirrrúl'cc)ñ- razÓn' vez
más totalitario de la ideología de las sociedades capitalistas moder-
nas, La crisis de la familia ha llevado a un número creciente de jó-
venes a salir del marco padres-niños. Pero esta crisis corresponde
también a un incremento de las tendencias de índole fascista anti-
jóvenes en los padres y los adultos, del que son testimonios los
sondeos sobre la actitud de la población respecto de la juventud,
y también fenómenos como la aparición de una nueva criminali-
dad: los asesinatos de jóvenes por adultos, en especial los propieta-
rios de bares. su libro publicado en 1923, Sexual Inversion,
argumenta todavía seriamente para determinar si la castración es
un medio eficaz de cura de la homosexualidad, muchos de nuestros
contemporáneos no estarían sin duda muy lejos, llevados por la
paranoia que desencadena la gran prensa y la televisión a propósito
de crímenes de «maniáticos sexuales», de considerar el retorno a.
tales métodos en abril de 1972. Un congreso médico se celebró en
San Remo (Italia) para discutir sobre los métodos de de la
homosexualidad por reflejo electrochoques; drogas,
incluso mediante operación quirúrgica' un médico alemán,16 a
quien la gran prensa dedicó una larga entrevista, ¿no practica la
cura de la homosexualidad mediante una operación del hipotála-
15. Véase el sondeo de FranceSoir, 20 de junio de 1972.
16, Se trata del doctor Fritz Douglas Roeder, de Frankfurc.
40 El deseo homosexual
mo? Y la máquina de deseo represiva funciona bastante bien como
para que los homosexuales acepten someterse a semejantes trata-
mientos, hasta incluso pedirlos.
HOMOSEXUALIDAD Y CRIMINALIDAD
Primero la homosexualidad es una categoría de la criminalidad.
Es verdad que, ya lo veremos, la psiquiatría tiende a reemplazar la
represión legal por la interiorización de la culpa. Pero el procedi-
miento que consiste en hacer pasar la represión anti-homosexual
del estadio penal al estadio psicológico no conduce nunca a la
desaparición del aspecto penal, sino todo lo contrario. Este carácter
penal y criminal que marca el deseo homosexual no es ni fortuito
ni lamentable. En efecto, la homosexualidad depende primero de la
delincuencia y, aunque estemos llevados a reclamar la abolición de
las ieyes que la afectan, no veremos en esta situación un estado
transitorio y modificable, sino una necesidad y quizás una suerte
para la liberación homosexual.
La admirable novela_de Las tribulaciones del estudiante
Yo'dess, constituye por sí sola una proyección, sobre la pequeña so-
ciedad de un instituto alemán, de todos los fantasmas de la ho-
mosexualidad. El alumno Basini es entregado y se entrega a juegos
homo.exuales con Reiting y Beineberg sobre la base de una situa-
ción delictiva: Basini ha robado dinero en el casillero de otro alum-
no. Puesto que es un ladrón, bien puede ser también «maricón».
de Genet. --
La homosexualidad de Vautrin en Esplendores y Miserias de las
cortesanas se basa en la misma conexión. El reverso de la relación
amorosa entre Vautrin y Rubempré es, para Balzac, esta cárcel en
la que el director señala con asco al visitante el cuartel en el que
están encerrados los del «tercer sexo». Y si, por fin, el juez de ins-
trucción consigue entender al enigmático cura Herrera como el cri-
minal Vautrin, es también porque identifica la relación del cura
con Lucien como homosexual: «Presumió de ser su padre. ¡Él, mi
padre!» y Lucien se deshizo en lágrimas. Devuelto a su -!Dedio de
La paranoia anti-homosexual 41
origen, Vautrin se encuentra con uno de sus antiguos amantes al
que van a ejecutar. Esta asimilación libidinal del homosexual y del
criminal no tiene en cuenta nociones racionales del derecho, de la
responsabilidad individual: el capitán de la guardia civil belga ya
citado escribe en el mismo artículo: «Una vigilancia atenta de este
especial ambiente permite constituir una documentación muy útil
para descubrir al futuro tramposo, al futuro asesino, y al futuro
chantajista». Por supuesto, en este ejemplo los homosexuales serían
más víctimas que culpables. Pero a estas alturas no importa. Todo
homosexual es un ásesino en G. Macé (antiguo jefe de la
policía parisina) escribe en Los lunes en la cárcel, fechado a principios
de la Tercera República: «Del chantaje al crimen sólo hay un paso,
tanto más que el verdadero sodomita siempre está disimulado ...
todo sodomita es inteligente pero su espíritu se inclina hacia el ma!».
Sin juego de palabras.
17
Y la ley española sobre la peligrosidad
social recientemente debatida 'en-liS Corces eXplki'Tíi:íilo-l,-Ciipí":
iúiü-C'Se -crédaráfi-perigros socialesa-fas categorías de personas
siguientes: 3. los homosexua-
enfermos mentales que por falta de
peligro para la sociedad ... 9. los traficantes de drogas ... 11.
los que se juntan en pandillas y cuyo objeto es manifiestamente
delictivo ... » __
esta asociación: Stekel, en Die lmpotenz des Mannes [La impotencia
en el hombre}, titula un párrafo: «Homosexualidad y criminali-
dad».l8 Allí describe las relaciones entre la impotencia y la homo-
sexualidad, después de haber asociado impotencia con crimen de
maniático sexual. Un enfermo declara: «Me desato durante el or-
gasmo. Durante el goce, debo aguantarme y contenerme con las
manos para no herir a mi pareja». Entonces aparece la intención del
psiquiatra: en lo que atañe a los enfermos más honestos, «la tarea
del médico consiste en ayudarles a ser mejores para que superen en
ellos al asesino inconsciente».
17. «Mal» en francés [iene la misma pronunciación que «male»: «macho».
[N. del T.]
18. W. Srekel, Die lmpotenz des Manner, Viena, Urban & Schwarzenberg, 1928.
42 El deseo homosexual
Encontraremos en Los cantos de Maldoror la más bella descrip-
ción paranoica del pederasta asesino: aprovechándose de la confian-
za del niño, Maldoror le hunde las uñas en el pecho. La asociación
paranoica entre homosexualidad y criminalidad no sólo constituye
una defensa contra la libido homosexual, sino que también la ador-
na con los encantos de lo sanguinario. Un caso que ha sido recien-
temente pasto de la actualidad, el de los «asesinos locos de las
Yvelines»/9 contenía su buena parte de libido homosexual: los dos
jóvenes asesinos que mataron gratuitamente (sin robar, sólo por
placer) a varias personas durante el verano de 1971 estaban extre-
madamente ligados a los ambientes homosexuales, en los cuales se
les llamaba «los asesinos». En mayo de 1972, el hijo de una de las
víctimas mata, a su vez, a uno de los asesinos durante la recons-
trucción del crimen. El asesinato responde al asesinato, pero la
gran prensa, después de haber deplorado esta vuelta a la ley del
talión, encuentra todas las legitimaciones para el segundo crimen,
que venga el asesinato del padre. El asesinato homosexual es vivido
paranoicamente como un asesinato de gozo, el principal peligro de
la sociedad civilizada. El asesinato por venganza es digno de consi-
deración ya que establece los derechos de la familia.
HOMOSEXUALIDAD y ENFERMEDAD
La homosexualidad no sólo es una categoría de delincuencia, sino
el sentido de la psiquiatría,
Sin duda, pero en primer lugar en el sentido más físico: si droga
y homosexualidad están generalmente citadas juntas en los dis-
cursos oficiales es porque parecen ocupar el mismo lugar en la de-
generación.
Las enfermedades venéreas parecen ocupar en la ideología para-
noica, respecto de la homosexualidad, el lugar principal. Las medi-
das anti-homosexuales de 1960 están legitimadas por una campaña
de prensa que agita el espectro del recrudecimiento de la sífilis. En
19. Provincia situada en las afueras de París. [N. del T.]
La paranoia anti-homosexual 43
Le Monde del 24 de julio de 1961, el señor Chenot, ministro de la
Salud Pública, declara, a propósito del recrudecimiento de las en-
fermedades venéreas: «En realidad, las causas son de dos tipos: re-
sistencia incrementada de los microbios a los antibióticos; desarro-
llo considerable de la homosexualidad en todos los países ... ¿ Cómo
luchar contra este recrudecimiento? Agravando las penas aplica-
das a los homosexuales ... ». Y el doctor Touraine, miembro de la
Academia de Medicina, escribe en Revue du Praticien: «Es sobre
todo por la sífilis que el papel de la homosexualidad ha sido puesto
de relieve, y las cifras que se han dado a propósito de su frecuencia
demuestran el incremento reciente, rápido y enorme de ese rol».20 Ya
se conocía la función que ocupaba el miedo a la sífilis en el conjun-
to de la sexualidad burguesa, hasta qué punto el miedo a la enfer-
medad venérea s i r ~ e de pretil a la normalidad sexual. El debilita-
miento de la cobertura social gratuita, mejor asegurada antaño que
hoy contra las enfermedades venéreas, es conocido por todo el per-
sonal hospitalario. La vergüenza que acompaña a la declaración de
esta enfermedad, el sistema casi policiaco mediante el cual la tra-
bajadora social se arroga todos los derechos en el caso de declara-
ción de sífilis (inscripción en un fichero, obligación de declarar
todas las relaciones sexuales que habrían podido dar lugar a conta-
minación) bastan por sí solos para explicar la extensión de la enfer-
medad. La declaración de una sífilis anal no se hace sin problemas:
la sífilis no es un microbio, es también una ideología en el sentido
en el que Artaud analiza la peste y sus síntomas como un conjunto
fantasmal. Lo que encubre la sífilis es el temor fantasmal del con-
tagio, del sordo progreso paralelo del microbio y de las fuerzas in-
conscientes de la libido; el homosexual transmite la sífilis como
transmite la homosexualidad. Como en la ideología fascista, el sano
y el degenerado se oponen en una lucha de la cual depende el des-
tino de nuestra civilización.
La honorabilización de la homosexualidad, por su psicologiza-
ción, es una empresa sin esperanzas: cuando el doctor West preco-
20. Véase mmbién en Le Monde, 5 de julio de 1972, el artículo del doctor
Escoffier-Lambiocte.
44 El deseo homosexual
niza «la prevención por la tolerancia»,21 se convierte en el apóstol
de una imposible conciliación, puesto que está mal visto tolerar lo
que de todas maneras se ha decidido prevenir. Toda búsqueda de
las causas sólo es, en este ámbito, una legitimación a osteriori de la
represión social: se ve claramente cuando H e ock Elli caba su
obra, por otra parte comprensiva sobre la cuestión de la homose-
xualidad, con la constatación de que __ la afir-
mación de la homosexualidad, aunque se deba tolerar su existencia.
El doctor Giese, en un prologado por el
doctor Hesnard, presidente de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis,
La homosexualidad del hombre, escribe: «La deficiencia se desarrolla
en el orden, la perversión está en contra del orden».22 Para Giese,
la deficiencia es la pérdida del sentido de la sexualidad reproducti-
va, la perversión es la afirmación de la homosexualidad.
En Francia, el partido comunista ha desempeñado con frecuen-
cia el papel de una especie de superego de la burguesía: representa
la fidelidad a principios morales y acusa a la clase en el poder de
haberlos respetado sólo de palabra para traicionarlos mejor de hecho.
Ha apoyado la ley de la heterosexualidad familiar (tornando posi-
ción repetidas veces, en particular contra el aborto). La aparición
de un movimiento homosexual en el seno del izquierdismo le da la
ocasión de expresar la verdad de la moral burguesa sobre el asunto:
el señor Juquin, miembro del Comité Central, declara en mayo de
1972: «No hay que confundir la droga, la perversión sexual o el
robo con acciones revolucionarias». Y afirma en una entrevista re-
cogida por Le Nouvel Observateur: «La cobertura de la homosexuali-
dad o de la droga nunca tuvo que ver con el movimiento obrero ...
sólo hay orden verdadero en y por la democracia».
La paranoia moralizadora no alude al comportamiento homo-
sexual como tal. El hecho de hacer el amor con otro hombre no se
pone nunca en tela de juicio como tal en sus declaraciones. La ho-
mosexualidad representa más bien el residuo de una maquinaria
social bien experimentada, y de la que el partido comunista, por
21. J Wesr, L'homosexualité, Bruxelles, Dessarc, 1970.
22. H. Giese, Der homosexuelle Mann in der Welt, Sruttgarr, Enke, 1958.
La paranoia anci-homosexual 45
ejemplo, desearía mejorar todavía más el funcionamiento. Es lo que
subsiste de la inclasificable e inutilizable libido, lo no-sexual en
relación con una sexualidad estrictamente definida. Bajo su forma
deseosa, no tiene ningún sitio en el edificio social. La sociedad
quema süs -
la hoguera. métodos de eli-
moral
Royer) parece dotada de las mismas cua-
lidades que la contaminación industrial: la máquina misma produ-
ce sin cesar una masa creciente de residuos, y es incapaz de frenar
su proliferación. Se revela cada día más necesario y más imposible
el sueño de GeorgefHerÍJeí;;-/¡;Para estos delincuentes mentalmen-
te anormales (los homosexuales), médicos y magistrados reclaman
una ley de defensa social con la posibilidad de tener manicomios de
seguridad en los que los enfermos podrían ser curados y readapta-
dos por la psicoterapia y el trabajo».23¡
LA HOMOSEXUALIDAD «LATENTE» CONTRA LA HOMOSEXUALIDAD
«PATENTE»
Presentar la opresión de la maquinaria social sobre la homosexualidad
como la expresión de un sistema deseoso paranoico de raíz homosexy,al
supone que se admite la presencia del deseo en toda instirución.1-Io
basta con analizar la sociedad en términos de conflictos de
conscientes agrupados por sus mtereses (las clases). Debemos reconocer
carn15ierna-eXistencIa": de
íñVersiónesli15iOmosasinconscientes, a veces contradictorias con ras
pnmerns comunistas).
Se admiten aquí los principios de análisis de Deleuze y Guattari
en El anti-Edipo:24 no hace falta pasar por las identificaciones edí-
picas para reconocer la presencia, en un nivel directo, y no en un
23. Georges Henyer, Les troubles mentaux, París, 1968.
24. Gilles Deleuze ec Félix Guanuri, El anti-EdiPo. CapitaliJmo y esquizofre-
nia, Buenos Aires, Puidós, 1985.
46 El deseo homosexual
nivel simbólico en el que sólo entrarían en juego los arquetipos
famjJi-áres (por ejemplo el Padre), del deseo en la maquinaria so-
cial. Retornamos también la distinción entre el nivel molecular del
deseo y el nivel molar de las grandes máquinas sociales. En gene-
ral, se puede decir que la famosa sublimación de la homosexuali-
dad corno fundamento del funcionamiento de las grandes maqui-
narias sociales corresponde a esta opresión de lo molecular por lo
molar. La homosexualidad latente, estimada por los sicoa
a la opresión de la omosexualidad patente; y encon-
traremos la carga más grande de homosexualidad latente en las
;ru¡quinarias sociales eseeClalmente ejército,
ili -escueIa,-la Iglesia, el deporte, etcétera. En el nivel colectivo, la
sublimación en cuestión constituye el medio de transformar el de-
seo en deseo de represión.
El sexo impregna la maquinaria social: en mayo de 1972, du-
rante una reunión de la UDR en la Asamblea Nacional, un dipu-
tado de L'Isere
26
declara a propósito de la crisis de confianza que
alcanza el gobierno y la clase al poder: «Los diputados son unos
castrados. Es necesario que el gobierno tenga un sexo y que lo uti-
lice». A lo cual Le Monde añade: «Sabíamos ... que la UDR necesita-
ba un jefe. Ahora sabernos lo que espera de él».
homosexualidad atañe a todo el mundo; sin embargo, está
proscrita en todas partes. Esta represiónv1epende también de un
análisis en el que entra en juego el deseo: Sólo hay que leer la rese-
ña del debate en la Asamblea Nacional durante el voto de la ley
sobre la peligrosidad social:
27
«El presidente: ¿Cuál es la opinión
de la comisión? Risas. La señora Marcelle Devaud (ponente): ¡A mí
no me parece particularmente gracioso! Hay una situación que us-
tedes conocen y que conozco también. Risas de nuevo.» Se trata
25. UDR: Unión para la Defensa de la República, partido político gaullista
de 1968 a 1971 y Unión de los Demócratas para la República, partido político
gaullistade 1971 a 1976_ [N_ del T]
26. Provincia francesa situada en el sureste. [N_ del T]
27. Sobre esta ley, véase supra «El mito del progreso de las costumbres»,
pp. 34-39.
La paranoia ami-homosexual 47
entonces de una modificación en una enmienda sobre la homose-
xualidad. Curiosamente, la aparición de la palabra causa una casca-
da de lapsus, o al menos interprecaciones como lapsus de las pala-
bras más simples. No hay posiciones inocentes u objetivas sobre la
homosexualidad, sólo hay situaciones de deseo en las que la homo-
sexualidad interviene.
2
Avergonzados, pervertidos,
locos
La psiquiatrización de la homosexualidad no ha sustituido la re-
bien la ha acompañado. Encarcelar a los ho-
mosexuales época en la que el sodomita era un
degenerado, al mismo nivel que el tonto o el loco. La represión
moderna necesita un juego justificativo, un vaivén entre la culpa-
bilidad por las leyes y la psicología de 'la culpabilidad. La com-
la acción del juez: éste represen-
ta la institución positiva del juicio que realiza la normalidad, aquél
arraiga la culpabilidad dentro del individuo mismo. Para que la
represión::(a. conviene que el culpable la reconozca como
necesaria. a ley del padre es necesaria para el pleno cumpltmIento
de las No hay buena justicia sin mala conciencia de los acu-
-
Así aparece la constitución de la homosexualidad como neuro-
sis. El homosexual es un primo del judío nietzscheano. La policía
en la cabeza es el verdadero medio de la policía con Nin_
o
civilización fundada exclusivamente sobre la domÍnación por
la:lüerza<IeUn sobre todos los demás
de las ere o religiosas nece-
sita nuevas barreras morales interiore El freudis desempeña
un papel privilegiado al respecto: es a la vez el descubridor de los
mecanismos del deseo y el organizador de su controt: Deleuze-y
Guaé-rar-í"comparan-lascondiciones del descubrimiento freudiano
con las del descubrimiento capitalista: sólo se descubre la fuerza
50 El deseo homosexual
general en acción en la vida económica o en la vida sexual para ser
en seguida privatizada en nuevas relaciones alienantes; al descubrir
el trabajo como fundamento del valor, la economía política bur-
guesa lo encadena inmediatamente bajo la forma de la propie-
dad privada de los medios de producción. Freud descubre la libido
como fundamento de la vida afectiva, y -lo . jnmediata:
mente bajo la forma la privatizaciÓnedipic.ª-fllmiliar .. La emer-
gencia de la libido debe acompañarse del más fantástico
culpabilización jamás inventaao.
'-En una épocaenlaque la Úiaividualización capitalista consume
a la familia quitándole sus funciones sociales esenciales, el Edipo
representará la interiorización de la institución familiar. Una de las
sociedades en la que el divorcio es más frecuente, la sociedad ame-
ricana, es también la que mejor está edipizada. La edipización de la
homosexualidad corresponde a la misma puesta en crisis de las
instituciones sociales. Ya no se trata simplemente de luchar contra
el desenfreno, se trata también de que la curación retome las signi-
ficaciones concedidas al castigo.
POLIMORFISMO PERVERSO, BISEXUALIDAD, SEXO NO HUMANO
¿Qué queda de este descubrimiento freudiano de la libido? ¿Cómo
esta evidencia que funda la psiquiatría moderna puede asegurar
la carea represiva anti-homosexual? Antaño era evidente que sólo
había una sexualidad, la heterosexualidad. Se necesitará un es-
fuerzo considerable de deformación para que el reconocimiento
de la libido se transforme en culpabilización de la homosexua-
lidad.
En particular. que el deseo no sea producción sino carencia. Se
inscribirá en el centro del deseo la marca de una insuficiencia que
permita controlarlo. Según Deleuze, es mediante la asignación de
esta carencia, bajo la forma de la prohibición del incesto, que se
construye Edipo. El «sexo no humano», es decir, el flujo imperso-
nal de la libido, deviene el imaginario de las relaciones entreper-
son as en el seno de la familia.
Avergonzados, pervertidos, locos 51
Que el sexo sea no humano, que el deseo sea fundamentalmen-
te indiferenciado y _ ca la distinción entre homosexualidad
y heterosexualidad reud' expresa bajo el término de «perverso
polimorfo», Es eVl ert ue la palabra «perverso» sólo remite a la
convención del lenguaje que distingue entre algo normal y algo
perverso: «Cuando calificamos a los niños de "perversos polimorfos",
sólo era un término descriptivo de uso corriente, no se emitía nin-
gún juicio de valor, Semejantes juicios están, por lo tanto, muy
alejados del espíritu del psicoanálisis»,28 Las tribulaciones del estu-
diante Tiirless da buena cuenta de esta polivocidad originaria del
deseo: Torless no sabe si desea a alguien (Basini o Reiting), De
hecho, desea, simplemente.
El polimorfismo perverso remite a lo que Freucl considera (des-
pués de Fliess, cuya concepción es puramente biológica) la bisexua-
lidad constitutiva del hombre y de la mujer, Noción a caballo entre
la biología y la psicología, puesto que el deseo ignora los recortes
científicos ALa perversión más importante, __
apenas meb ese nombre, Remite a
... En el curso del se puede desc*ir en todo
el mundo una parte de elección homosexual del objeto»,2) (nota 13):
«La disposición a la "perversión" es una parte
llamada __
p?ria'leñtemeñte del-- del objeto, el igual apego a objetos
culinos y femenino-S; tales co'iñ01Os encontramos en la infancia del
hombre, como en la de los pueblos, parece ser el estado
yS6IOes' mediante detenciones y coacciones, sufridos unas veces en
un sentido, otras en otro, que este estado se desarrolla como sexua-
licraa-ñ"órmaI o para el psicoanálisis el interés
sexual exclusivo del hombre por la mujer no es una cosa evidente
que se reduce de alguna manera a,una arracción química, sino un
problema que necesita ser aclarado?eterosexualidad y homose-
28. Sigmund Freud, Autobiografía: hiltoria del pensamiento psicoanalítico,
Madrid, Alianza Edirorial, 200L
29. Sigmund Freud, Tres emayos sobre teoría sexual y otros emayos, Madrid,
Alianza Edirorial, 2003.
52 El deseo homosexual
xualidad son las salidas precarias de un deseo que ignora su nom-
bre. Si la distinción entre biología y psicología es abolida ahí, ello
se debe a-que efdeseoignor:Üódavía la separaoon del. cuerpo yael
espíritu qué funda las"'Personalidades: ,.
- Sin embargo, es la
y. en institución. Pues no extraña el consta-
tar que es por este sesgo que se organiza la remodelación del pen-
Revr:e fr:in;"'aisé
contiene una larga crítica de W. H. Gillespie
contra la concepción freudiana: «Freud fundó su concepción de la
bisexualidad en gran parte sobre consideraciones biológicas y ana-
tómicas». Reducir a Freud al nivel de Krafft-Ebing, es decir, de
una relación mecánica entre biológico y psicológico cuidadosa-
mente distinguidos, es la primera operación del desvío. La segunda
consiste en tener en cuenta las investigaciones recientes sobre el
cromosoma para destri!:i. la base biológica que se ha atribuido
anteriormente a Freud: «Algunas investigaciones recientes guar-
dan algunas relaciones con el "descubrimiento" ... de la bisexuali-
dad de toda célula. Su demostración va, en cierto sentido, contra lo
que creía Fliess. Me refiero al sexo cromosómico o nuclear, al hecho
de que ahora es posible poner en evidencia diferencias sexuales en
las células somáticas de los individuos, estas diferencias correspon-
den en general a su masculinidad o a su feminidad manifiesta ...
Este descubrimiento ofrece, sin lugar a dudas, un argumento serio
contra la de la bisexualidad en el sentido en el que lo
entendía Freud» Más adelante: «Ahora soy yo, entre otros, quien
me levanto ené gicamente contra toda veleidad para otorgar a la
homosexualidad un lugar especial, fuera del marco de laS perver-
siones, sobre esta única base de que tiene un fundamento biológico
y psicológico en la bisexualidad». Esta revisión de Freud se asemeja
mucho a las revisiones de Marx en nombre de los descubrimientos
modernos de la tecnología. Sólo se revisa bien lo que primero se ha
reducido al estado de ser revisado. En lo gue atañe a la teoría cro-
mosómica, es necesario recordar
30. Véase supra p. 32,
Avergonzados, pervertidos, locos 53
brimiento» biológico ide9Ióg!ca: gracias a ella se
hará del homosexual un accidente de la naturalezª, un desequili-
·brlü-eñ-ía23.o pareja de cromosomas, se explicará la criminalidad
por un mismo desequilibrio, una
contramos-de·"óuevü"la del criminal y el ho-
mosexuaL Y como el número de homosexuales «cromosómicos» es
ínfimo, Gillespie remite la homosexualidad a la psiquiatría, al fun-
cionamiento psicológico edípico. Entonces todo el descubrimien-
to freudiano tiende a desaparecer; así progresan las ciencias que
Fourier llamaba tan acertadamente «inciertas».
EL ODIO HACIA LA MU)ER
El deseo como fuerza autónoma y polimorfa debe dLsaparecer: para
1¡¡""iosticuClon pSlCoanalítica, como carenCIa. Siempre
tiene que significar algo, a un objeto que tomará su senti-
do en la triangulación edípica. He ahí donde encuentra su sitio el,
psicoanálisis post-freudiano como institución de la SOCiedad bur-
guesa encargada del control de la libido.
Entonces la hom9sexualidad será definida por su carencia.
Ya una de las especificaciones azarosas de un de-
seo polívoco, sino que será lanteada como odio hacia la mujer
cuanto único objetO sexual social. La heterosexua Idad es
«plena» frente a una homosexualidad a ·la que le faIra el objetO
eSetlCÍaldef deseo. Ciertos aspectos ideológicos del pensamientO
freudiano que contrastan con la posición de principio sobre la
bisexualidad constitucional pueden autorizar esta orientación.
En «Para introducir el narcisismo», Freud distingue entre dos
modos de existencia de la sexualidad: «El mismo individuo tOma
la sexualidad como uno de sus fines. Sin embargo, otra perspec-
tiva nos muestra que es un simple apéndice de su plasma germi-
nativo a disposición del cual pone sus fut;rzas a cambio de una
prima de placer».
31. Véase el congreso de criminología celebrado en París en 1972.
54 El deseo homosexual
Este retorno a la sexualidad como esencialmente reproducto-
ra, episódico en Freud, se convierte en sistemático en un Muldworf,
teórico del partido comunista francés en materia de sexualidad.
Al deseo como producción, se le sustituye la sexualidad como re-
producción, la familia. Sartre expresa en su San Genet la misma
certeza ideológica experimentada por el «normal» frente al homo-
sexual; los normales saben que la mujer «se encargará de todo: de
nuestro placer y de la especie».
ASÍ, ¡<la que por otro lado no tiene como tal ningún
lugar en la sociedad, designada como el único objeto sexual social,
es también la falta atribuida a la relación homosexual. Esta ya
no es la expresión-parcial del deseo coexistente con la
lidad, sino la relación que ha fallado en la reproducciód. Stekel\
ofrece un buen ejemplo de este modo de reducción: una
tida la teoría de la bisexualidad, la focalización se lleva a cabo
sobre la supuesta eliminación de la mujer en la homosexualidad
masculina. Así, considera que el acceso a la mujer se cierra al ho-
mosexual por su iliar. En su artículo sobre <<Impotencia
y criminalidad», escrib . «¿Por qué el homosexual es impotente
con las mujeres? La may , de los médicos responderán: "porque
no tiene placer con ellas y sólo desea a hombres". Ya he combatido
enérgicamente este punto de vista y demostrado que el homo-
sexual sólo ha llegado a este comportamiento porque considera a
la mujer sádicamente con o 10 ». or eso « a neurosis homosexual
es una retirada en SI mIsma, m Ivada por la posición sádica to-
mada respecto al sexo opuesto». Se ve cómo el pensamiento psi-
quiátrico. Easa del reconocimientódeTa bisexualidad a la explica-
ción de una de las -fOrmas de la relaCIón sexual por el temor a la
. ------- .- -- ----------
es esencialmente neurótica; esta neurosis
está ligada alodio hacia la mujer. El deseo se define por su caren-
cia; carenCIa y miedo son los resortes de la construcción edípica.
Miedo del hombre o de la mujer, miedo de la madre o del adr,
<ASÍ, una de las
causas más corrientes susceptibles de llevar a un . ndividuo a la
homosexualidad es el miedo al hombre, imagen paternal, que con-
Avergonzados, pervertidos, locos 55
lleva la huida en la identificación femenina pasiva con la madre,
para escapar de la agresión temida».32
No vale la pena preocuparse, tal como se ve, por las contradic-
lo que es el de
falo
sentido entre los sexos.
LA EDIPIZACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD
Entonces, la homosexualidad ocupa su lugar en la novela fami-
liar neurótica: la construcción del Edipo. Era necesario: Edipo
el único medio de control eficaz de la libido. Son necesarios gra-
dos, etapas, una construcción piramidal que encierre dentro de los
tres lados del triángulo el deseo homosexual. Sabemos que Freud
ha atacado a menudo la teoría del «tercer sexo» defendida
chfeld. pone al liberalismo que sólo acepta la homosexualidad
on la condición de que esté encerrada en un sexo diferente, la
universalidad del deseo homosexual en tanto que traducción del
polimorfismo perverso. Pero, recién descubierta la universalidad
de la «perversión», Freud la
hTsCófícimente;"eñ-efslsrema edípico. El texto sobre Leonardo da
Vinci
33
es explícIto al respecto; ahrma dos cosas presentadas como
indubitables en cuanto a la homosexuaIJáaafilaSculina:-ia
en la madre,
erección homosexual del objeto» y la reanza, se atenga a ella o se
,. ... -.. -" .. ,- ................... _ .. - '-.-- . '-0 •• --.......... ---,,----•• _. __ ...
bien, si hay posibilidad de neurosis, es decir de «regreso
de lo reprimido» en la elección «unisexuah>, en realidad, sólo la
homosexualidad será condenada como neurótica en su orientación
unisexual. ¿Por qué?
32. Sacha Nacht, Le 1naso¡;húme, París, Payor, 1965.
33. Sigmund Freud, Un recuerCÚJ infantil de LeonarCÚJ da Vinci, Buenos Aires!
Madrid: Amorrorru, 1979.
56 El deseo homosexual
LA CASTRACIÓN, EL NARCISISMO
El mismo texto sobre Leonardo da Vinci contiene los. bocetos de un
modelo de análisis de la homosexualidad que hará fortuna: la ho-
mosexualidad de Leonardo se centra en definitiva alrededor del
«fantasma del buitre»: un niño chupando la cola de un buitre. El
niño es da Vinci, la cola del buitre es, a la vez, el pecho de la madre
y el pene. Freud ve ahí el signo de la homosexualidad del
pintor; proviene del asco que provoca el descubrimiento de la au-
sencia del pene en la mujer, atribuido a una herida o a una ablación.
La castración comienza aquí su juego. La lucha contra la teoría del
tercer sexo se transforma en universalización del Edipo. El falo dis-
tribuidor de sentido es vivenciado por la niña como ausencia de
pene; por el niño como el miedo a perderlo en la angustia de la
castración. Aparece la mala conciencia, la culpabilidad en la que se
divide y el objeto. ' - .
./ y es esencialmente de quien
puesto que resume por sí mismo toda la homosexualidad, está
marcado por este pensamiento, por su miedo a la ausencia del pene
o su miedo a perderlo. Incapacidad también por desapegarse de la
madre, pues ésta está que le filta.-----·--
Efnarcisismo-adquJere· ;quí su significación. La elección de un
objeto sexual exterior al individuo se convierte en una necesidad,
como elección por «apuntalamiento». Freud escribe «Para introducir
al narcisismo» a fin de analizar ese estadio del deseo en sí
mismo carencia, en lo que se supone un estadio ulterio ., «Hemos
encontrado con una particular evidencia en personas cuyo
está perturbado, como los pervertidos
que no de amor ulterior sobre el modelo de la madre,
bien· sobre el de su propia persona». _Al elegir «por apunta-
lamiento» sobre la base del el homosexual está,
IDa-riera, pnvado de objeto:-A1 Igual que la mujer se definía por la
cierto, hay en la mujer, según Freud, un narci-
sismo esencial. Y el homosexual hereda algunas de sus cualidades.
El narcisismo es a la vez el deseo sin objeto, por tanto cercano a
la libido originaria, y al mismo tiempo, el mismo deseo como
Avergonzados, I<><;os 57
cia de la historia de la libido. Es el fin de la inconsciencia del sexo
no humano, es el comienzo de la sexualidad edípica personalizada e
imaginaria. Por ello está en el meollo de la edipización del deseo
homosexua1. La anguseia del cuerpo parcelado, la angustia de la
castración, evidentemente sólo pueden ser posteriores al «estadio del
espejo» lacaniano. Idencificarse, unir sus órganos en una persona, es
perder el polimorfismo perverso, o mejor dicho es más bien inaugu-
rar la perversidad del polimorfismo. Bien es cierto que la persona
global que crea el estadio del espejo es cronológicamence secunda-
ria, pero es también primaria porque es ella la que retrospectiva-
mente da su sencido al primer estadio; enconces el conjunto de las
«pulsiones parciales» queda integrado en el seno de una unidad
corporal, siguiendo el principio según el cual la forma preexisee a
las partes. Las personas globales se convierten en la falta presence en
los objetos parciales. Buscar al semejante es suponer la existencia del
semejance y del diferente. El estado narcisista es la operación por la
cual el innombrable deseo se identifica en semejante o diferente, en
heterosexualidad o en homosexualidad. Por supuesto, el narcisismo
se distribuye entre heterosexualidad y homosexualidad, en princi-
pio de manera semejance, como ya ocurría con la neurosis nacida de
la unisexualidad. Pero, como por casualidad, el narcisismo se con-
vierte, de hecho, en el tema operatorio de la historia homosexual;
como la neurosis se llanTa- convertido en su modo de exiseencía.--
---Ta- de la c;;ncia; el narcisismo y- la-hoiñose-
xualidad ofrecen al campo de la sublimación su objeto preferencial,
hasta tal punto que puede decirse que la sublimación no
cosa que la homosexualidad en su verdad histórica
escribe al final de «Para incroducir el narcisismo»0La liberación
de la libido homosexual se transforma en conciencia de culpabilidad
(angustia social));si lo esencial del narcisismo y de la homosexua-
lidad, del narciSIsmo en tanto que opera el recoree de la homose-
xualidad con la heterosexualidad, se transforma en angustia social,
el yo neurótico edípico está íntimamence ligado: «Así, grandes
caneidades de libido esencialmente homosexuales fueron atraídas
para formar el ideal del yo narcisista», la conciencia moral que
produce la intervención de los padres y los educadores.
58 El deseo homosexual
Lo que se describe es, al mismo tiempo, construido; sólo encon-
tramos en la libido homosexual edipizada lo que primero hemos
puesto en ella. En este sentido, el análisis de la homosexualidad es
al mismo tiempo construcción del conjunto de la novela familiar
en la que deberá, por las buenas o por las malas, vivir.
EDIPO y EL HOMOSEXUAL
En general, los mitos griegos, o al menos, lo que hace de ellos el
psicoanálisis, no sientan bien a los homosexuales. En el imaginario
del psicoanálisis, una sociedad pederástica (la griega) proporciona,
por sus mitos, armas contra lo que ayudan a pensar esos mitos. El
amor griego y el amor edípico se confunden. El imperialismo fami-
liar heterosexual desliza en la homosexualidad sus significaciones
neuróticas. Entonces la «perversión» ya no es el negativo de la neu-
rosis; ya no hacen falta comillas para la perversión homosexual. El
imaginario, la engañifa, encubren el conjunto del campo libidinal.
La imagen de la madre ocupa el lugar del pecho, el impercepti-
ble deseo con sus innumerables conexiones posibles se fija, y esa
palabra, fijación, significa bien el esfuerzo considerable del psicoa-
nálisis edípico. La «fijación en la madre» que sufre Leonardo -pues
sufre por ella, al menos Freud así lo afirma- liga el inconsciente,
nombra lo innombrable, sitúa al homosexual en su posición de per-
sona frente a otra persona, de individuo a la vez irresponsable y al
mismo tiempo responsable de su irresponsabilidad. La fijación en
la madre es la cadena más sólida que enlaza el deseo
milliao normal, su más segura normalización. Tiene un éxito que
nosé"ha desde la aparición del freudismo, incluso se ha
amplificado considerablemente con la extrema popularizaciónd;
los temas analíticos. El producto s-ólo tiene que ocu-
par el sitio que se le ha reservado, sólo tiene que desempeñar el
papel para el que se le ha programado, y lo hace con entusiasmo,
quiere cada vez más. ¿Popularizar la explicación analítica? Sí, y no
porque sólo algunos especialistas lean a Freud la influencia de
Edipo se queda ahí. A la pregunta: «¿Por qué la homosexuali-
Avergonzados, pervertidos, locos 59
dad?», sólo hay una única manera de responder fuera de la explica-
ción cromosómica, la vulgarización analítica.
Sin embargo, uno y otrO coinciden. En 1972, France-Dimanche
publica una serie de artículos sobre la homosexualidad que tienen
en vilo a las familias durante un mes y medio. El título proclama:
"La verdad sobre la homosexualidad: artículos que todas las madres
de familia deben leer». ¿Por qué ellas? Porque France-Dimanche sabe
bien que el control más eficaz de la libido homosexual pasa por ellas
y que es bueno que ese control se refuerce. Bajo el encabezamiento
«Responsables», uno de los artículos concluye: «¡Un psiquiatra sui-
zo no se anda con rodeos: para él, en el 70 % de los casos, los padres
son responsables de la homosexualidad de los hijos, sobre todo la ma-
dre! Insistan bien en las responsabilidades de la madre, ha dicho, por más
asombroso que esto parezca. Existen demasiadas madres que desean, en su
ser más profundo, que sus hijos sean homosexuales» (subrayado del pe-
riódico). Uno de los argumentos más sólidos de Edipo es la res-
ponsabilidad parental como arma de la responsabilidad universal:
«Primero Edipo es una idea de paranoico adulto antes de ser un
sentimiento infantil de neurótico» escriben Deleuze y Guattari.
Unos paranoicos engendran a unos neuróticos, la heterosexualidad
da a luz a la homosexualidad. Todo empieza en la cabeza del padre
o de la madre, porque todo tiene que empezar: Desearás a tu madre,
y tu madre te deseará a ti. Además, ya querías eso cuando chupabas
la teta, simplemente, no lo sabías. El yo es el verdadero inconsciente
del deseo, y no el deseo el inconsciente del yo.
EL PRESIDENTE HOMOSEXUAL
?
i
Hemos reconocido a Schreber, ya citado en el primer capítulo;
hemos reconocido en su caso, con Freud, una paranoia compensa-
toria de la libido homosexual no realizada pero insuficientemente
reprimida. Schreber es a la vez un paranoico y un neurótico, su
delirio es general porque produce al mismo tiempo su contenido y
su interpretación. La homosexualidad schreberiana se traduce en
los términos de la culpabilización edípica en el curso mismo de su
60 El deseo homosexual
producción: Schreber, mujer de Dios, es también el redentor del
mundo. Su transformación en mujer es un prodigioso sacrificio por
el cual salva al mundo. La paranoia justificativa estira el deseo ho-
mosexual entre los dos extremos del sacrificio y del goce, de la ele-
vación hacia Dios y de la aceptación de la condición social y sexual
más baja, la de la mujer. La relación con el médico Flechsig es, a la
vez, de temor y de deseo: temor a la violación y deseo de la viola-
ción. La homosexualidad pasiva, es decir la homosexualidad, sólo
se vive a costa -de lacascraaón:ser homosexual es ser ca.srracroporel
padre.-"EfhorrlosexÜal recibe susentldoaei-faloCIíSrribuidor de los
sexoS:-Castración-sacrificio, don expiatorio de la virilidad.
Los dos polos extremos que constituyen la paranoia schreberia-
na son aquellos mismos que organizan la' relación heterosexual: allí
la mujer es o diosa O sirvienta, o arquetipo u objeto sexual. Schreber
vive la homosexualidad como un heterosexual se imagina que
puede vivirla. De alguna manera, el Genet de Sartre -pues Genet
es de Sartre como Schreber es de Freud- establece también el papel
sacrificatorio de la homosexualidad pasiva. Las cadenas transfor-
madas en rosas en la novela de Genet El milagro d ~ la rOJa dan
cuenta de ese vínculo entre lo sublime y lo atroz; sólo se sacrifica lo
que se estima. La homosexualidad es redimida por el don absoluto.
El sacrificio total en el que gozar es a partir de ahora lo prohibido.
Sartre apunta a propósito de Divina (NueJtra Señora de laJ 110m) que
es aquel que va a gozar a escondidas. Ahí está el único secretito de
Divina: su Edipo es la redención por la sumisión. Podríamos decir
que se trata de una homosexualidad iluminada, en la que Dios
expresa su juicio después de pruebas iniciáticas: para el cura Oraison,
la homosexualidad es un testimonio de Dios, que lo manifiesta
más en particular por su sumisión. Es, como tal, tierna y querida
para el corazón de Dios, es de alguna manera el segundo salvador.
De la misma manera, el Aschenbach de Thomas Mann está
atrapado entre una Venecia en pUtrefacción y el recuerdo de sus
antepasados: «¿Adónde voy? Pensaba entonces, consternado. ¿Adónde
voy? Como todo hombre para quien su mérito natural inspira un
aristocrático interés por sus orígenes, estaba acostumbtado a recor-
dar a sus antepasados, acostumbrado a recordar sus éxitos, su carre-
Avergonzados, pervertidos, locos 61
ra, a asegurarse en su pensamiento sus aprobaciones, sus satisfac-
ciones, la estima que forzosamente debían otorgarle».3
4
Aschenbach
pertenece a la raza de los señores y, al vivir esta pertenencia como
una paranoia de filiación, su sacrificio a Tadzio resulta tanto más
idealizada. Quien es enteramente en su relación con su notabilidad
y con sus antepasados acepta renacer en la peor condición: la del
anciano homosexual persiguiendo a un muchacho. Pasar por la
más alta situación a este estadio en el que el objeto sexual domina
totalmente bajo una forma deificada, es la asunción homosexual.
La pasión de Aschenbach se resuelve al tornar la forma de la
ra clásica, de la estatuaria griega y de la cita platónica. Transfigura
la condición homosexual redimida y, al igual que las cadenas de
Genet se convierten en rosas, Aschenbach se transforma también:
«Inclinado hacia atrás, los brazos colgantes, agobiado y sacudido
por sucesivos escalofríos, suspiró la fórmula inmutable del deseo ...
imposible en este caso, absurda, abyecta, ridícula, santa, a pesar de
todo, e incluso venerable así: "¡Te quiero! ">!Es a través del deseo
que lo sagrado adquiere todo su sentido/El amor de los homo-
sexuales es más milagroso cuanto más dirtcil es, y Proust en Contra
Sainte-Beuve lo expresa así: «La naturaleza, corno lo hace para cier-
tos animales, para ciertas flores, en los que los órganos del amor
están tan mal situados que no encuentran casi nunca el placer, no
los ha consentido con la relación de Los encuentros homo-
sexuales se vuelven un verdadero milagro en el que se manifiesta
una suntuosa y maldita predestinación.
En efecto, lo que se proporciona aquí de estos delirios no es más
.que la interpretación tal como la solicitan. El anti-Edipo apunta con
razón que el fantasma de Schreber, el sol cuyos rayos visitan a la
nueva virgen, sólo puede reducirse a una imagen del padre por una
reducción de cosmología deseosa aplastada al nivel de un fantasma
familiar. Pero es porque el deseo homosexual es ahí demasiado
34. Thomas Mann, La muerte en Venecia; Mario y el mago, Barcelona, Quin-
teto, 2005.
35. Marce! Prousc, Corltra Sainte-Beuve, Madrid, Cuadernos de Langre,
2006.
62 El deseo homosexual
vistoso, porque el manto edípico es una necesidad absoluta de su
aparición social, que sus delirios son al mismo tiempo su propia
interpretación. Vautrin saca de la nada a Rubempré, lo constituye
socialmente, explica F. Pasche en un artículo titulado «Estructura
y etiología de la homosexualidad masculina». Escribe: «Nos da la
impresión de que se trataba, para Vautrin, de corregir, de rehacer,
de contrariar, de parodiar y finalmente de destruir la obra divina,
es decir, la criatura del padre».36 La homosexualidad es una paro-
dia, es el judas del cristianismo edípico. Éste es su único estatuto
social. Un presidente de tribunal sólo puede ser homosexual si se le
coarta el deseo a través del cabo de la fijación en el padre. No hay
perversión sin vergüenza.
EL CICLO INFERNAL DE LA CURACIÓN
Por tanto, lo importante no es hacer o no hacer el amor con chicos,
hay que ser un buen homosexual. Si usted no sublima, sea cons-
ciente de su abyección. Que sepa que existe un CIelO y un mhemo
(lela sexualidad, aunque elija el infierno, será por su culpa. Para
amarrar mejor la homosexualidad, la psiquiatría edípica la encierra
entre un arriba y un abajo, un curar o un no curar, una homose-
xualidad perversa y una homosexualidad neurótica que se respon-
den la una con la otra.
No es necesario creer que la ideología de la curación ha desapa-
recido. Representa una de las dos ramas constantes de la alternati-
va, sin la cual la otra perdería su sentido. Por eso, sea cual sea la
idea que el liberalismo se hace de la cuestión, los médic s siguen
practicando la curación de la homosexualidad.
37
Adler quien re-
36. E Pasche, Revue Frarifaise tÚ Psychanalyse, février 1965, París, PUF, 1965.
37. Curación por castración: practicada en los EE.UU. (Véase C. Duffy, Sex
and crime, New York, 1965) mediante electrochoques, inyección de hormonas,
quimioterapia, loboromía y, por último, y sobre todo, mediante rerapia con-
ducrista (<<recompensas» o «casrigos» mediante inyecciones o elecrrochoques
acompañando la proyección de fotos de desnudos): Véase Solyom y Miller, Be-
haviour Research, 1965.
Avergonzados, pervertidos, locos 63
. \
presenta la verdadera práctica analítica americana)escribe a guisa
de de su obra: «El tratamiento psíquico puede llevar a
curaciones o mejoras; sin embargo, no hay que creer que la tarea
será fácil». ¿No había escrito ya antes: «De hecho, habíamos olvi-
dado los muy numerosos casos de homosexualidad que han desem-
bocado finalmente en la heterosexualidad»? La heterosexualidad
debe seguir siendo el Edén pero presente; el sueño de
una reconciliación social total. "De nuestros trabajos se desprende
claramente que debemos consi erar la homosexualidad como un
fracaso de la educación social del individuo; mientras que la educa-
ción debe normalmente tender a despertar en el individuo el espí-
ritu de cooperación colectiva»a ideología heterosexual necesita, a
la vez, de una homosexualidad innata o perversa y de una homose-
xualidad enferma. Predestinación y culpa coexisten.
Curar es asumir el Edi o propio; no curar es asumir la homo-
sexualida , y asumir de otra manera el Edie2: La encuesta popu-
lar de France-Dimanche vuelve a los mismos temas; el artículo 'del
n.O 1.333 se titula: «Sí, los médicos pueden curar a los homosexua-
les». Se nos explica que es posible, con la ayuda de tratamientos
psicológicos, curar a un tercio de los homosexuales. Así la homose-
xualidad hereda cualidades de encierro del Edipo, de su juego del
«doble-bind»: ligar ambas extremidades dejando sólo como salida
la transgresión o la obediencia. Aceptar la homosexualidad corres-
ponde a asumir «los problemas del homosexual» que el imagj.Pario
social le atribuye a la fuerza, rechazarla es aceptarse normal.
La psiquiatría reaccionaria denuncia al pervertido como aquel
que rechaza curarse, liberal compadece a los que no
pueden asumirse. France-Dimanche nos da todo a la vez: sí, se puede
curar a los homosexuales; sí, más vale asumirse que huir de uno
mismo. Pero aunque no asumamos o aunque huyamos, somos no-
sotros. Si te asumes, complacerás a tu madre pero disgustarás a tu
padre. Y si no te asumes, a la inversa. Padre y madre están ya en
los dos vértices, es necesario venir a ocupar el tercer ángulo. Tienes
ya tu sitio fijado en el imaginario, sólo te quedan por recorrer los
lados de tu triángulo. racterolo ía más simplista deviene en-
tonces verdadera: eres femenino, seras seOSI e, artIsta
64 El deseo homosexual
según las clases sociales, pues cada grupo tiene el de
slli posibilidades. O bien, si eres este papel,
tuya será la neurosis. Entonces ya no sabes quién eres, pero deseas
ser alguien. «Es la regla del "o bien" en la función diferenciante de
la prohibición del incesto: Ahí empieza mamá, ahí papá, y ahí estás
tú. Quédate en tu sitio».38
Culpable frente a la ley, el homosexual es un enfermo
potencial frente a la psiquiatría. Conviene que sepa que su suerte
depende de su capacjad para manifestar sus remordimientos por
no ser heterosexual, de su certeza de ser una excepción gloriosa y
miserable.
VERGÜENZA Y HOMOSEXUALIDAD
No basta con vergüenza y homosexualidad están estrecha-
mente ligadas. Aquélla sólo existe en el movimiento mismo de ésta.
Cuando Proust titula ese famoso texto dos veces retomado, en Contra
Sainte-Beuve y al principio de Sodoma y Gomarra: «La raza maldita»,
se ve con claridad lo que le ha decidido a modificar el título original:
«l.a raza de los maricas».' Para el gran público, la homosexualidad es
el concentrado del secretito vergonzoso edípico.
Su imaginario sigue focalizándose sobre los grandes juicios de
costumbres, sobre las revelaciones escandalosas en la sección espe-
cial de los periódicos. Un escritor como Peyreffite prolonga con
alegría esta tradición de «cotilleo». El imaginario de la homose-
xualidad está, a ese nivel, can lejos de las prácticas inmediatas del
deseo que no se le ocurriría, a quien hubiera conocido cales prácti-
cas, en el instituto o en la mili, relacionar tales cosas. No habría
./
pensado que pertenecía raza sobre la cual pesa una maldi-
ción y que debe vivir en la mentira y el perjurio, ya que sabe reco-
nocido por castigable y vergonzoso, por lo
que hace para toda criatura la mayor dulzura de La
38. Gilles Deleuze y Félix Guattari, El anti-Edipo, Barcelona, Paidós,
2004.
Avergonzados, pervertidos, locos 65
homosexualidad ya no es una relación de deseo, sino una toma de
postura ontológica. El homosexual proustiano, tal y como lo des-
cribe Sodoma y Gomorra, vive en la complicidad que mantienen los
anormales entre sí. El imaginario del espejo oculta todas las rela-
ciones sin amistad, a pesar de todas aquellas que
su encanto a reconocido inspira y que su corazón a menudo
bueno sentiría; pero acaso podemos llamar amistad a esas relacio-
nes que sólo vegetan a favor de una mentira y de donde el primer
impulso de confianza y de sinceridad que estarían tentados de te-
ner, les haría rechazar con asco, a menos que se enfrentasen con un
espíritu imparcial, incluso simpático, pero que, extraviado en su
lugar por una psicología de convención, hará desembocar del vicio
confesado el afecto mismo que le es tan ajeno, incluso ciertos jueces
suponen y disculpan más fácilmente el asesinato en los invereidos
y la traición en los judíos por razones extraídas del pecado origi-
nal y de la fatalidad de la homosexual existe primero en
la paranoia del normal, el juez 10 ooe culpable como el mediCino
sabe enfermo:--'·· . .... .. ..-.----
-<<Di'fán que es narcisismo», escribe Sartre. "Pero no más que en
el caso del orgullo o la pederastia, el narcisismo no está primero:
antes es necesario ser culpable».39
El mito de «la raza maldita» y el mito del narcisismo se gene-
ran uno a otro. Contra Sainte-Beuve contiene el admirable retrato del
«muchacho de quien sus hermanos y amigos se burlaban, que pa-
seaba solo por la playa ... demasiado puro todavía para creer que un
deseo semejante al suyo pudiera existir en otra paree que en los li-
bros, sin pensar que las escenas de orgía que le asimilamos tuvieran
alguna relación con él, poniéndolos al mismo nivel que el robo y el
asesinato ... ». El encuentro de los homosexuales se constituye en
cofradía secreta legible sólo con los signos que intercambian entre
sí y que perturban durante algunos instantes la claridad de las re-
laciones sociales. Esa cofradía hace reconocer «a uno de sus seme-
james en el mendigo que está en el gran señor a quien le cierra la
39. Jean-Paul Sartre, San Gener, comediante y mártir, Buenos Aires, Losada,
2003.
66 El deseo homosexual
puerta de su coche, al padre en el novio de su hija, a aquel que
había querido curarse, confesarse, que tenía que defenderse, en el
médico, en el cura, en el abogado, que ha ido a buscar; todos obli-
gados a proteger su secreto, pero teniendo una parte del secreto de
los demás ... ». El antiguo jefe de la policía, Canler, describe en sus
Memorias (1862) una tipología de los homosexuales en la que figu-
ran así las «vergonzosas»: «Las vergonzosas rechazan y apartan todo
lo que podría hacer que se las reconozca. Por lo demás, como vis-
ten como todo el mundo, nada podría traicionarlos, salvo su voz
femenina. Esta categoría se compone de personas pertenecientes a
todas las clases de la sociedad, sin excepcióo».
Esta cofradía sabe presentirse, no soporta a los normales porque
se reconoce o, más bien, se confiesa. Toda relación entre el homo-
sexual y su entorno está atrapada en la problemática de la confe-
sión. Situación culpable porque el deseo es ahí un crimen, vivencia-
do como tal. Y como los judíos son naturalmente antisemitas, el
homosexual es naturalmente hostil a la homosexualidad: «Con
esas palabras, sentíamos que el señor de Charlus consideraba la
inversión sexual como un peligro tan amenazador para los jóvenes
como la prostitución para las mujeres».40
Las páginas de Proust que hemos citado son una exhortación
para leer a Charlus en el sentido edípico. Pero su obra presenta al
mismo tiempo, en un estado ilegible, ese algo de informal del de-
seo, recubierto por sus relaciones con su «mamita», ,cuyo texto so-
bre la homosexualidad, hay que recordarlo, está extraído del Contre
Sainte-Beuve. Proust como persona y autor es aquel que cuenta a su
mamá historias bonitas para confesar su homosexualidad: eIContre
Sainte-Beuve se organiza alrededor de una «conversación con mamá»
en la que el Edipo alcanza el colmo del ridículo: "Ya sólo soy un ser
tierno, torturado por la angustia. Miro a mamá, la beso.
-¿En qué piensa mi tontito, en alguna tontería?
-Sería tan feliz si ya no viera a nadie.
-No digas eso, cariñito mío ...
-Mi mamá me basta.»
40. Marcel Proust, Sodoma y Grnnorra, Barcelona, Debolsillo, 2005.
Avergonzados, pervertidos, locos 67
Pero, alIado de esta novela familiar de la confesión homosexual,
de ese abyecto «deseo de ser amado», encontramos también en la
Recherche lo que se llamará, después de Deleuze y Guattari, el «len-
guaje de las flores».41 Si es verdad que la abuela es el Edipo al
cuadrado, la palabra de Charlus al narrador: «¡Ay qué poco impor-
ta la vieja abuelita, verdad canalla!» se convierte en la introducción
a otra lectUra de Sodoma. La que toma en serio el texto inaugural
en el que Charlus gira alrededor de ]upien como el insecto alrede-
dor de la flor. En efecto, el lenguaje de las flores puede ser inter-
pretado como las rosas de Genet, como la transfiguración de lo
bajo en sublime. Pero es el carácter biológico de este amor el que
llama la atención a un Proust observador, como el niño observa
con pasión un apareamiento animal. «Sabía que esta espera no era
más pasiva que en la flor macho, cuyos estambres se habían girado
espontáneamente para que el insecto pudiera recibirla más fácil-
mente» y precisa: «Mis reflexiones ya habían ido por un camino
que describiré más tarde, y ya había sacado de la astucia aparente
de las flores una consecuencia sobre toda una parte inconsciente de
la obra literaria ... ». Esta escena entre Charlus y]upien no es ya ni
cómica ni trágica, está, dice Proust, «impregnada por una extrañe-
za o, si se quiere, por un natUral cuya belleza iba creciendo». Y la
belleza de las miradas de Charlus y de ]upien viene de que «no
parecían tener como objetivo llegar a algo». La astucia de las flores
es el carácter no significante de esta escena: se impone como evi-
dente por sí misma. El gran significante fálico está allí ausente.
Estas flores y estos insectos no tienen sexo, son la máquina misma
del deseo sexual.
No más cofradías, no más secretos, una tarde soleada en un
patio.
Arrancar al deseo homosexual su manto moral edípico supone
suprimir o, más bien, pasar por alto lo que representan «autores»
como Proust. Proust, Gide, Peyreffite: esta sucesión se parece a la
de Freud, Adler, France-Dimanche. Proust aporta tanto a la reducción
edípica de la homosexualidad, de la sensibilidad homosexual, como
41. Véase Gilles Deleuze y Félix Guaccari, El ami-Edipo, p. 74.
68 El deseo homosexual
Freud al análisis de la homosexualidad, a su «comprensión». Ambos
hacen emerger el deseo y sus conexiones sin ton ni son. Ambos cono-
cen el secreto de los discursos que permite encarcelarlo mediante la
multitud de las redes edípicas. Y si Proust es probablemente uno
de los primeros en hablar de un movimiento homosexual, acaba el
primer capítulo de Sodoma y Gomarra con esta advertencia: «Pero
hemos querido provisionalmente prevenir el error funesto que con-
sistiría en, al igual que se ha alentado un movimiento sionista,
crear un movimiento sodomita y reedificar Sodoma». Advertencia
contra lo que podría ser el desenfreno del deseo, pero también: no
hace falta reedificar una patria pérdida, una territorialización per-
versa para el deseo, sea cual sea. ProuSt es ambiguo como el narci-
sismo era ambiguo, abre el camino tanto a la raza maldita como a
la liberación.
3
Familia, capitalismo, ano
La creación de los principales medios ideológicos para pensar la
homosexualidad dara de finales del siglo XIX y principios del xx.
Luego está ligada al capitalismo occidental avanzado, pero no de
un modo mecánico. Es la reterritorialización perversa en un mundo
que tiende a la desterritorialización. Pero lo que reconstituye sobre
el modo axiomático pretende reemplazar codificaciones en quiebra.
Pasamos de las llamas del infierno al infierno psicológico. El arma
más fuerte de la ideología capitalista es haber transformado a Edipo
--
en una naturaleza social, una interiorización de la opresión que la
deja libre para reconstituirse bajo todas las banderas políticas. El
movimiento anticapitalista puede ser perfectamente famirrarista,
incluso anti-homosexual. En general, la literatura apologética de la
homosexualidad trata el tema por medio de los griegos: remontar
hacia orígenes fantilsmales conviene a una reterritorialización per-
versa. Hoy en día se considera que ya no hay sociedad en la cual
podamos encontrar una expresión libre del deseo homosexual
opuesta a la sociedad actual.
Después de la descodificación capitalista, ya no hay sitio para la
integración homosexual bajo una forma que no sea la axiomatiza-
ción perversa.
Las familias están cada vez menos en las instituciones, cada vez
más en las· cabezas. La familia es ese lugar del goce sexual legal,
pero ya no en el sentido en el que cada uno se casa para gozar den-
tro de la ley; la disolución de hecho de las funciones de la familia
70 El deseo homosexual
por el capitalismo, muy lejos de suprimir la función de exclusivi-
dad de la heterosexualidad reproductora, lo ha convertido en la
regla, llevada por cada individuo, de la libre competencia. El indi-
viduo no reemplaza a las familias, sigue perpetrando su teatrillo.
La descodificación de los flujos del goce está acompañada por su
axiomatización, como la desaparición del compañerismo y el des-
cubrimiento del valor del trabajo van acompañados por la propie-
dad privada de los medios. de producción.
Aquí se resuelve la antinomia aparente de una sociedad que
pasa por estar sexual izada de manera creciente, y sin embargo ser
represiva de forma más íntima que cualquier otra. Esta sexualiza-
ción, en particular para la homosexualidad, se sitúa bajo el signo
de la culpabilidad o de la transgresión. Cuanto más se solicita el
deseo, menos se le deja expresarse, y nunca se han juntado tal can-
tidad de imágenes para este propósito. La publicidad multiplica los
cuerpos desnudos de efebos, pero con ello dice: lo que deseamos
está ya interpretado como una transgresión comercial.
Innumerables discusiones reconstituyen a diario, en el seno
mismo de los j6venes al margen, las significaciones familiares y las
culpabilizaciones artificiales. Yel dudoso éxito del freudismo entre
los contestatarios dice mucho de esa potencia del Edipo culpabi-
lizante.
Se habla aquí, alternativamente, de «deseo homosexual» y de
situación perversa de la homosexualidad; la manifestación social
del «deseo homosexual» es perversa, mientras que ese deseo atesti-
gua por sí mismo el carácter no formulado de la libido. Si nuestra
sociedad conoce lo que Marcuse considera como una homosexuali-
zación creciente, es porque se pervierte, porque en seguida la libe-
ración se reterritorializa en ella. La emergencia del deseo como no
formulado es demasiado destructora como para no ser esencial-
mente fugaz y en seguida entregada a la interpretación recuperado-
ra. El capitalismo hace de sus homosexuales normales fallidos como
hace de sus obreros falsos burgueses. Los falsos burgueses, más que
cualquier otro, manifiestan los valores de la burguesía (la familia
proletaria). Los normales fallidos hacen resaltar la normalidad, de
cuyos valores se hacen cargo (Fidelidad, Psicología amorosa, etcétera).
Familia, capitalismo, ano 71
El deseo homosexual tiene dos vertientes, la del deseo y la de la
homosexualidad. Sólo hay "homosexualización creciente» en el
sentido de que hay mejor encierro de! deseo en e! juego de las imá-
genes. y bien es cierto que nuestro mundo de relaciones
está ampliamente construido sobre la sublimación de la homose-
xualidad. El mundo social explota el deseo homosexual como nin-
gún otro, convirtiendo la fuerza libidinal en sistema de representa-
ción. Además, atacar las representaciones, buscar la energía libidinal
liberada de su prenda moral, sólo puede hacerse a propósito de la
homosexualidad poniendo al día e! enfrentamiento de la ideolo-
gía social y de la fuerza de un deseo que une, como en el caso de
Charlus y Jupien, sin dejar sitio ni falla en la que se introduciría la
interpretación: de esto la sociedad no puede reponerse.
Hay, por consiguiente, dos vertientes en lo que se designa con e!
término de deseo homosexual: una subida hacia la sublimación,
hacia el Superyó, hacia la angustia social; una bajada hacia los abis-
mos de! deseo no personalizado y no codificado. Y es bueno inten-
tar, a la inversa de Gide, seguir la pendiente mientras baja. Este
lado de! deseo es e! de la conexión de los órganos sin ley ni regla.
EL FALO SIGNIFICANTE Y EL ANO SUBLIMADO
En el mundo de la sexualidad edipizada ya no hay conexión libre
de los órganos entre sí, de relación de goce directo. Hay un órgano,
sólo un órgano sexual, que está en e! centro de la triangulación
edípica, e! Uno que da su sitio a los tres elementos del wangulo. Es
él quien ronstruyelafalta,--es éCel signJicante con re-
lación al cual se crean las sicuaclOOes-de Es el
objeto completo suelto que desempeña en la sexualidad de nuestra
sociedad e! pape! del dinero en la economía capitalista: el fetiche,
la verdadera referencia universal de la actividad, económica en un
caso, deseosa en otro. Es en relación con él que se distribuye la
ausencia o la presencia: -las ganas de pene de la chica o e! miedo a
------ --------------
42. Véase Gilles Deleuze y Félix Guactari, El anti-Edipo, op_ cir.
72 El deseo homosexual
la castración del chico. El sexo, para todo el mundo, es primero una
palabra falo. Esta sociedad es fálica y en relación con
el falo se determina la cantidad de goce posible. Los actos sexuales
se orientan con relación a un fin que le da su sentido, se organizan
en caricias preliminares que acabarán por centrarse en la necesaria
eyaculación, piedra de toque del goce. Es, en este sentido, que la
relación de Charlus y de Jupien resulta «sin fin». El falo atrae hacia
sí la energía libidinal corno el dinero atrae hacia sí el trabajo.
La sociedad es fálica, hasta tal punto que el acto sexual sin eya-
culación se vive como un fracaso. Y al final, ¡qué importa a los
hombres a menudo ocurre, la mujer se queda frígida y no
siente ningún goce! El goce fálico es la razón de ser de la hetero-
sexualidad, sea cual sea el sexo considerado.
La sociedad es falocrática, pues el conjunto de las relaciones
sexuales está construido sobre el modo jerárquico en el que se
manifiesta la trascendencia del gran significante. El maestro, el
general, el jefe de oficina, son el padre-falo porque todo está orga-
nizado sobre ese modo piramidal en el que el significante edípico
E.I"cuerpo está centrado
en torno al falo corno la sociedad en torno al jefe; aquellos que ca-
que obedecen pertenecen
del falo: tal
sooal, el ano es esencialmente pri-
vado. Para que haya del"fiifó, (organizaCión de la so-
ciedad en torno al gran significante), es necesario que el ano sea
privatizado en personas individualizadas y edipizadas: «El primer
órgano que fue privatizado, puesto fuera del campo social, fue el
ano. Fue él quien dio su modelo a la privatización, al mismo tiem-
po que el dinero expresaba el estado nuevo de abstracción de los
flujoS».43 No hay otro lugar social para el ano que la sublimación.
Las de este órgano son verdaderamente privadas, Iug;u.-de
la constitución de la persona: el ano expresa la privatización misma.
La historia analítica (y no podremos evitar ver ((anal» en ((analí-
tico») supone la superación del estado anal para llegar a la genita-
43. Ibid.
Familia, capitalismo, ano 73
lidad. Pero el estado anal es necesario para organizar la desvincula-
ción del falo. De hecho, no hay ejercicio de la sublimación sobre
el ano corno sobre otro órgano, en el sentido en el que haría pasar el
ano de lo más bajo a lo más aleo: la analidad es el movimiento
mismo de la sublimación.
El estado anal es el de la constitución de la persona, explica
Freud. Ya no hay función social deseosa del ano porque todas sus
funciones son, a partir de ahora, excrementosas, es decir, ante todo
privadas. La gran descodificación capitalista está acompañada de la
constitución del individuo, y el dinero que debe ser poseído perso-
nalmente para poder circular está relacionado, por supuesto, con el
ano, pueseo que el ano es lo más íntimo del individuo. La constitu-
ción de la persona privada, individual y púdica es «del ano». La
constit\.lci6n de·la Efa·no no se bene-
ficia deli amTiigueclacrdel falo, de su doble existencia corno pene y
corno Falo. En efecto, enseñar su pene es vergonzoso, pero al mis-
mo tiempo glorioso pueseo que está vinculado al gran Falo social.
Todos los hombres tienen un falo que les asegura un papel social;
cada hombre tiene un ano, que sólo le pertenece a sí mismo, en lo
más hondo y en lo más escondido de su persona. El ano no está en
relación social ya que, precisamente, cOflstitl!ye
mite así la división entresociedad e individuo. Schreber padece de
sabe cagar solo. No se caga
en común. Los servicios son el único lugar en el que cada uno está
solo, con el pestillo echado. No hay pornografía del ano (salvo ex-
cepción antisocial). El ano está sobreinvestido individualmente
porque está desinvestido socialmente.
Toda la energía de la libido que se dirige al ano está desviada
para organizar el campo social sobre el modelo de las personas
privadas y de la sublimación. «Todo el Edipo es anal» 44 y hay tanta
más analidad social cuaneo menos uso deseoso del ano. Tus excre-
mentos son tuyos y solamente tuyos: tú te las tienes que arreglar
con ellos. El órganos el papel que
sismo desempeñaba para la constItucIón de los individUOS: es la
---------.--_.- -
44. Ibid.
74 El deseo homosexual
fuente de energía de la que nacen el sistema sexual social y la opre-
;iónque hace remar sobre el deseo.
HOMOSEXUALIDAD Y ANO
Algunos dirán que los homosexuales no son los únicos que hacen
un uso deseoso del ano. Hemos hablado de excepción antisocial: Ba-
taille es uno de esos que han sentido, aunque heterosexual, el carácter
particularmente reprimido de esta zo"na del cuerpo burgués. Por
tanto, Bataille no puede ser considerado como la expresión adecua-
da de la sexualidad social, sino más bien como su límite extremo. No
hay pornografía del ano, dijimos: en efecto, la pornografía hetero-
sexual le da mucha importancia al culo de la mujer. Pero, si en la
mujer, el culo y los pechos representan un bien del cual el macho
se llena las manos, el ano queda como un vacío íntimo, sede de una
producción misteriosa y personal, la producción excrementosa.
Si no es exclusivo, el uso deseoso que hace el homosexual del ano,
es al menos principal. Los homosexuales son los únicos que hacen un
uso libidinal constante de esa zona. Fuera del rostro, la única zona del
cuerpo de Charlus de la cual sabemos algo es ésta, en el momento en
el que ]upien le dice: «¡Qué culo más gordo tiene usted!» y hay que
decir que la transformación que entonces se produce en nuestras
mentes a propósito del barón es todavía más considerable que la que
han podido ocasionar todas las sutilezas psicológicas del retrato
proustiano. El deseo homosexual pone en cuestión la analidad-subli-
reinstituye un uso deseoso del ano. Schreber yano
sabe cagar en el momento en el que se desmoronan parcialmente sus
resistencias a su propia libido homosexual. La homosexualidad es
antes que nada la homosexualidad anal, la sodomía.
Ferenczi hace al final de su artÍCulo sobre la «nosología:de la
homosexualidad masculina» una observación de alcance considera-
ble: «Se ve mal cuál podría ser la causa de la proscripción senten-
ciada en contra de esta forma de ternura entre hombres. Es posible
que el considerable refuerzo del sentido de la limpieza durante los
siglos pasados, es decir, la represión del erotismo anal, haya proporcio-
Familia, capitalismo, ano 75
nado el motivo más potente. El homoerotismo, incluso el más su-
blimado, está en relación asociativa, más o menos consciente, con
la pederastia, que es una actividad erótica anah) (pasajes en cursiva
por el autor). Hay una cierta «forma de ternura», más bien diremos
una cierta relación deseosa, opuesta a la forma sublimada, la de la
amistad, en las relaciones entre hombres, que prohíbe la limpiez;
anal; la limpieza anal es la constitución en el niño de la pequeña
persona responsable, y existe entre «limpieza privada» y «propie-
dad privada» una relación que ya no es asociativa, sino necesaria.
4
'
El mismo Ferenczi analiza «un caso de paranoia provocado por una
excitación de la zona anah). El enfermo es un campesino de 45 años
cuyo papel social estaba marcado por un celo extraordinario: ma-
nifestaba un gran interés por los asuntos del municipio, en donde
desempeñaba un papel importante. Después de una intervención
quirúrgica por fístula anal, se desinteresa por completo de los asun-
tos del pueblo y es presa de una paranoia de persecución. Para
Ferenczi, la relación entre paranoia y homosexualidad lleva al razo-
namiento siguiente: «La necesidad de una intervención activa de
hombres (de médicos) en torno al orificio anal del enfermo ha podido
despertar ... las tendencias homosexuales hasta entonces latentes o
sublimadas». La paranoia proviene del resurgir de la libido homo-
sexual hasta entonces correctamente sublimada por la amistad con
los hombres del pueblo y el papel público importante. Y Ferenczi
concluye que la desaparición de la fijación anal causaría la curación
del paciente, es decir, que «podría reencontrar entonces su capaci-
dad de sublimación, a saber, vivir sus intereses homosexuales por
el canal de la actividad social y de la amistad, en vez de una grose-
ra perversión, aunque sea inconsciente». La perversión es aquí tan-
to más grosera cuanto fantasmagóricamente manchada de excre-
mentos, incluso para Ferenczi . ./
Entonces la l'ulsión anal sólo tiene el derecho de
... _------ _.- ..
manifestarse como sublimada. La repreSlOn de las funciones deseo-
sas derinoenúñ3¿fireoeroen un campesino suevo es la condición
45. El paralelismo es rodavía más evidente en francés, pues sólo una lerra
separa «propreré» (limpieza) de «propriéré» (propiedad). (N. del T.}
76 El deseo homosexual
de su papel público importante, de la conservación de sus «pro-
pios»,46 de su individuo, de su limpieza anal y de su propiedad (hay
en Schreber un problema de disfrute de los bienes de la familia, al
estar amenazada la propiedad familiar por la locura presidencial,
pero al final se ve salvaguardada). Controlar el ano es la condición
del acceso a la propiedad. Saber por el coñi:Cario,
darlos éXcrementoses-'¿1 momento necesario de la constitución del
sí mismo. «Olvidarse» es, socialmente, el accidente más ridículo y
más enojoso, el que más atenta contra la persona humana; y la de-
cadencia absoluta es para nuestros contemporáneos vivir en sus
deyecciones, como sólo la cárcel o el campo de concentración nos
puede obligar a hacer. «Olvidarse» es arriesgarse para alcanzar a
través del flujo de los excrementos la indiferenciación del deseo.
La homosexualidad está ligada al ano como la analidad a nuestra
civÚizición:-tio"CIiscIpulo -(feXraffr-Ebing, el doctor Albert Moll,
esáibeen-La inversión sexual: «Los hombres que tienen una tenden-
cia a la homosexualidad se han. masturbado, en general, desde su
más tierna infancia pero, en vez de frotarse el pene, se introducen un
objeto cualquiera en el ano».47 Hay que señalar el «cualquiera»: en
efecto, el objeto en cuestión es para el médico un sustituto del falo.
Pero hay aquí algo como el reconocimiento de un orgasmo anal in-
dependiente, sin relación con la eyaculación. Este orgasmo anal sólo
tiene existencia social durante breves instantes, aprovechándose de
un debilitamiento provisional de la represión culpabilizante.
El ano tan_ bieg .. 9!!e es como lo recóndito gel
indlvidüo,su «fundamento»: es su en el sentido en el que
ef el p·ulgar es tuyo, entonces, no debes
chuparlo, hay que salvaguardar lo que es tuYO.48 es tan tuyo
que no debes Podemos encontrar falos
pOrtod-:is partesYla vulgarización psicoaniÍítica ha hechooeelToeI
SígOlbcantecoffilIñ- de-- tOdas las quién
46. En et sentido jurídico.
47. Alberc Moll, Die conlra-"e Sexualempfindung, Berlín, Fischer's Medizinis-
che Buchhandlung, 1891.
48. Véase Georges Darien, El ladrón, Barcelona, Octaedro, 2003.
Familia, capitalismo, ano 77
pensaría en interpretar el sol schreberiano, no como el padre-falo,
sino como un ano cósmico?
Sólo se ve su ano en el espejo del narcisismo, cara a cara o, más
bien, cara a espalda con su propia pequeña persona privada. Sólo
ano puesto arriba socialmente, y puesto abajo individual-
mente, dividido entre lo excrementoso y la poesía, entre el innoble
secretito vergonzoso -y lo süblTmactü:Yiliémos 'señalado que el ho-
mosexual experimenta lo ínismoque la mujer, es a la vez divino y
miserable. Renunciar a esta conversión de la enetgía de la libido
anal en la máquina paranoica y arriesgar la pérdida de identidad
significa pasar por alto las reterritorializaciones perversas impues-
tas a la homosexualidad.
espiriru es capaz de cagar»)e entiende esta frase de
Deleuze y el sentido de que sólo el espíriru es capaz
aeraoricúTo-excrementoso, sólo la sublimación es capaz de situar
lo anal. Entre las cumbres en las que sopla el espíriru y los bajos
fondos del ano, entre lo sublime y. lo excrementoso, está encerrada
nuestra sexualidad anal. Ahí también del
de dos mensajes contradictorios
pero ligar la producción del deseo. ,/
HOMOSEXUALIDAD Y PÉRDIDA DE IDENTIDAD
El sexo es la primera cifra de nuestro número nacional de identifi-
cación,49 ese fichaje eficaz del mundo moderno. Y la neurosis radica
primero en la imposibiliaad de saber SI somos hombre o mujer,
padres o hijos, lo que, en efecto, no es lo mismo que ignorarlo ino-
centemente. La imposibilidad de saber si somos hombre o mujer
provoca, ya se sabe, la neurosis hlstéric-;'- LosnomüsexuaIes-son
todos o menos co-mparte-ñ--;ón las
mujeres una profunda confusión de identidad; pari ser in-ás exacto,
se' benefician de una idéntidadconfüs¡¡:-'-'
'"
-')
49. la primera cifra del carnee de identidad francés indica el sexo: 1 signi-
fica masculino; 2 significa femenino. [N. del T.]
78 El deseo homosexual
El falo sólo es distribuidor de identidad: un uso social del ano, que
no fuese sublimado, habría de correr el riesgo de la pérdida de la iden-
tidad. De espaldas, somos todos mujeres, el ano ignora la diferencia
de los sexos. Las relaciones de la homosexualidad y de la identidad
sexual son objeto de un artículo El autor constata
primero un hecho que parece asombrarle, y es que cuando la homo-
sexualidad se introduce en el discurso con el enfermo, «entonces los
pacientes reaccionan con un sentimiento de temor y, de manera gene-
ral, se comportan como si les hubiera dicho: ¡sois homosexuales!". Ya
sabíamos que no se podía hablar inocentemente de homosexualidad,
que la neurosis del enfermo empezaba en la paranoia del médico.
Pero lo más sorprendente es que el paciente (término que dice mucho
de su supuesta pasividad) vive esta idea como abrumadora y genera-
dora de pánico: «Si seguimos con el análisis, el paciente pronto des-
cribirá el perder una parte de sí mismo, esencial
aunque adquirido, que guarda una relación directa con su identidad
sexual,L-ton la que él se había dado algún día a la pregunta:
¿quién soy yo? Uno de mis pacientes me lo expresó de manera muy
sucinta al decirme: "Me da la impresión de que usted va a anunciar-
me que no soy un hombre ni una mujer, sino un monstruo"».
El autor distingue tres fases del «progreso» del niño al adulto:
«Soy yo, Juan.
Soy yo, Juan, un chico.
Soy yo, Juan, un chico, ahora con el deseo de tener una activi-
dad sexual con chicas.»
La diversidad de sexos y la atracción por el sexo opuesto son
condiciones de la identidad sexual: «La menor atracción sexual (del
enfermo) por un hombre podría precipitar un de gran páni-
co y pondría en peligro su identidad momento, deje-
mos de lado la cuestión de la relación entre tendencia sexual y ob-
jeto sexual. Se mantiene que la sólida condición de la identidad
sexual es la. doble certeza de la semejanza y de la diferencia, del
narcisismo y de la heterosexualidad. /
50. R. R. Greenson, .. Homosexualité et identité sexuelle», Revue FranfaiJe
de PJychana/YJe, trad. N. H. Montgrain, febrero de 1965, París, PUF, 1965.
Familia, capitalismo, ano 79
. El estado fálico es el de la identidad. Si eres un chico, tendrás
relaciones con chicas. En cuanto a tu ano, guárdalo cuidadosamen-
te para ti. La identidad sexual es también la certeza de pertenecer
al mundo de los amos, o el temor a ser excluido de éste. Un perso-
naje como Aschenbach conoce a sus antepasados: «¿Qué dirían?
¿Qué habrían dicho, por desgracia, de su vida entera, desviada de
su línea hasta la degeneración?». Y si el escritor repite sin cesar su
grandeza pasada es porque siente que ésta huye de él, siente que
desaparece hasta su nombre, aunque se imponga la relación con
Tadzio. Su apariencia se separa de él, hasta tal punto que el peor
maquillaje puede ahora hacerle ilusión: en la tienda del peluquero
toma conciencia, el pelo teñido, los labios pintados de rojo, la cara
cubierta de polvos, de la fragilidad de esa identidad. Primero,
Aschenbach ha vivido el conflicto entre lo alto y l ~ b a j o , entre la
pulsión y la imagen de su celebridad severa. Pero/Su alma cono-
ció el sabor de la lujuria, la embriaguez de estropearse y de des-
truirse. Con este sueño, la víctima se despertó anonada, conmocio-
nada, abandonada sin defensa ante el demonio. Ya no temía las
miradas de aquellos que le observaban; que les pareciese sospecho-
so no le preocupaba;!La gran resignación de Aschenbach es el
descubrimiento defa engañifa del imaginario cuando el incom-
prensible deseo homosexual se impone.
Las tribulaciones de Torless vienen de esa incapacidad por re-
presentar su deseo hacia Basini bajo una forma antropomórfica,
humanamente aceptable; y en el momento de su primera experien-
cia con su condiscípulo, Torless exclama interiormente: «¡No soy
yo! ¡No soy yo! ¡Mañana volveré a ser yo mismo, mañana!». Y la
inefable escena de la novela, en la que el director, el cura y el pro-
fesor se las ingenian para encontrar un sentido al delirio de Torless,
pretende darle la conciencia de la culpabilidad.
Ya no soy yo quien habla cuando el uso deseante del ano se
impone. El problema no es aquí la actividad o la pasividad (que,
según Freud se diferencian precisamente en el estadio anal). Toda
homosexualidad está ligada al ano, aunque, tal y como las queridas
estadísticas de Kinsey nos lo enseñan, la relación anal es la excep-
ción misma entre los homosexuales.
80 El deseo homosexual
Toda la homosexualidad tiene que ver con el erotismo anal.
sean cuales sean las diferenciaciones y las reterritorializaciones per-
versas a las que se ven sometidas luego por Edipo. Y el ano no es el
sustituto de la vagina: las mujeres disfrutan de éste tanto como los
hombres. La función significante-discerniente del falo se consigue
aquí, en el momento en el que el ano-órgano se separa de la priva-
tización que le es impuesta para entrar en la carrera del deseo.
el ano es debilitar tanto el
gran significante fálico que nos domina a diario, en las pegueñas
jerarquías sociales. La
operación deseante menos aceptable, porque es la más fuertemente
desublimante, es la que se dirige al ano.
SOCIEDAD DE LA COMPETENCIA Y REINO DEL FALO
Nuestra sociedad es una sociedad de la competencia, competen-
cia entre machos, entre portadores de falo. El ano está puesto fuera
del juego social, todo se organiza eorre los individuos creados por
el reino burgués en torno a la posesión del falo, a la toma del falo
de los demás o al miedo a perder el suyo. La reconstrucción freudia-
na sólo traduce e interioriza ese reino despiadado de la jerarquía
competencia!. Sólo se erige bien castrando a los demás,iólo se as-
ciende andando, el acceso a la genitalidad, sobre los otros
portadores de falo. somos poseedores del falo por el reconoci-
miento de los demás. Estamos amenazados continuamente en nues-
tro falo. Es decir, estamos amenazados de que se
apropien de nuestro falo tan duramente conquistado. Nadie ame-
naza con apropiarse de nuestro ano, más bien sería una amenaza
revelar que también se posee un ano susceptible de ser utilizado:
Schreber tiene miedo y desea la violación de Flechsig: el miedo
surge aquí porque revelar que tenemos también un ano parece po-
ner en cuestión nuestra existencia fálica.
El hombre, es decir, el portador de falo, sólo tiene relación con
los demás hombres bajo el reino de la competencia cop respecto
al único objeto posible de la actividad sexual, la nrujef. La compe-
Familia, capitalismo, ano 81
tencia «empieza» en la familia con el padre, con los hermanos.
en el conjunto del proceso social, con el ascenso en la
jerarquía. Poseer o no poseer, poseer a una mujer o no poseerla, ésa
es la cuestión que nos I'lantea nos rodea,-la cuestión
enmascara la cleseosa.- .. -' '
. --ToGüs'los norrilalessüñ; -ffi-ás o -paranoides, admiten los
psicoanalistas. Las relaciones de propiedad y de posesión instituyen
el sistema de la envidiaS! en tanto que paranoia generalizada de
nuestra sociedad.
Ya sabemos la relación que instituye el análisis freudiano entre
la paranoia y la auto-represión de la homosexualidad. En 1922,
Freud escribe un artículo titulado: «De algunos mecanismos neu-
róticos en la envidia, la paranoia y la homosexualidad». En este
texto, distingue entre una envidia de la competencia, considerada
como normal, una envidia (celos) de proyección, que pertenece a la
resistencia a las transgresiones toleradas por la sociedad (el adul-
terio, por ejemplo) y, por último, la envidia delirante, de orden
paranoico. De hecho, la distinción sólo sirve para tranquilizar al
lector, introduciendo un mínimo de diferenciaciones, al menos
cuantitativas, entre lo normal y lo patológico. En efecto, los prime-
ros celos «tienen que ver con un amor inconsciente para el hombre,
y un odio contra la mujer, vista como rival ... (el celoso) relacionaba
(sus celos) con la impresión dejada por varias agresiones de homo-
sexuales, que había sufrido cuando era un En cuanto a
los celos de proyección, que la sabiduría de la sociedad provoca,
admitiendo cierta parte inevitable de infidelidad en el matrimonio,
«tienen ya casi un carácter delirante ... ». Vamos a ver, con el análisis
de los celos delirantes, por qué Freud se cree obligado a atenuar su
descubrimiento con esos retoques. Para él, no se trata de atacar de
frente y sin precaución el sistema competencia-celos.
«Los celos "delirantes" responden a una homosexualidad "que
se son «un intento de defensa contra una tendencia homo-
sexual demasiado fuerte, que podría, en el hombre, dejarse cir-
5 l. El francés no distingue entre la envidia y los celos, s610 tiene una pala-
bra para expresarlo: «jalousie», [N, del T.}
82 El deseo homosexual
cunscribir por esta fórmula: no lo quiero a él, es ella quien le quie-
re». Podemos decir con más exactitud: no puedo quererle puesto
que es a ella a quien yo quiero y es ella quien le quiere.
El delirio de persecución es esta reconstrucción de lo imaginario
que permite defenderse contra la emergencia del deseo homosexual:
«Sabemos que, en el paranoico, es justamente la persona de su mis-
mo sexo que más quería, la que se transforma en perseguidor». El
sistema celos-competencia se opone al sistema del deseo no exclu-
sivo, multiplica las barreras de frente a él. Con respecto a la
relación de los hombres entre sí, «un hombre que ve en los demás
hombres objetos virtuales de am r debe comportarse diferente-
mente para con la comunidad de los hombres, que otro que se ve
obligm4,.o a considerar al hombre ante todo como un rival frente a la
mujef»)U sistema celos-competencia se opone, primitivamente, al
polívoco del deseo. El deseo hómosexual conserva algo de
esta oposición, pero su utilización social bajo la forma de la subli-
mación se traduce, de hecho, por el sacrificio a la comunidad de los
hombres, a los intereses públicos según los términos del mismo
Freud. Así, la sublimación de la homosexualidad puede ser consi-
derada como de utilidad pública. La ambigüedad procede de la
vaguedad de las expresiones freudianas, «instinto de tendencia so-
cial, abnegación hacia intereses de utilidad pública». Este supuesto
sentido social constituye precisamente la explotación del deseo ho-
mosexual, su transformación en fuerza de cohesión social, necesaria
co!)trapartida parcial de un sistema de celos-competencia que, lle-
vado a su extremo, sería una completa ley de la jungla.
La sublimación una sólida base ideológi-
ca á"una cohesión Social constantemente amenazada. Por lo tanto,
la organización, la las' relaciOñeS en
coiñéiáTslstemacelos-competencia por el doble
movimiento y de
uno que el reino del falo, y otro la
de la competen-
éia está represión de los deseos que se refieren al ano,
la represión de la homosexualidad está ligada a la paranoia de celos
que constituye nuestro tejido cotidiano, corno a la ideología de la
Familia, capitalismo, ano 83
existencia de un conjunto social solidario: la «comunidad hum3Y
na» en la que vivimos. v¡/
.El amor homosexual también conoce la rivalidad y los celos: a
cambio de los servicios que le rinde la transformación de la libido
homosexual, el sistema competencia-celos reviste también los amo-
res homosexuales. Por cierto, hasta tal punto que para algunos se
atribuirá al mismo deseo homosexual el origen de la paranoia de
celos a la cual se le ha obligado a servir de motor: al nivel de un
análisis psicológico corno el que lleva a cabo Stekel, los celos están
ligados a la homosexualidad porque la homosexualidad sería, de
hecho, un medio para representarse el falo del rival. Si los hombres
.están en competencia, la relación sexual entre hombres (de la cual
obviamos precisar aquí evidentemente que está reprimida, que es
exclusivamente imaginaria) es una relación entre falos, una rela-
ción de comparación y de jerarquía. Entonces la homosexualidad
deviene fálica a cambio de lo que ha permitido por la organización
de la represión de los deseos que se refieren al ano, el triunfo del
falo. Liberar al deseo homosexual del sistema de lo imaginario en
el
trucci6n del sistema celos-competencia.
-------------- .'-'-- .. - --------
--_ .. ---,,"._--
REPRODUCCIÓN EDÍPICA y HOMOSEXUALIDAD
El deseo homosexual se refiere particularmente al estado pre-per-
sonal del deseo. Está vinculado al miedo a la pérdida de
que se vive imaginariamente en el estado reprimi-
do. La manifestación. inmediata ciel deseo homosexual se opone a
las de necesarios que impone
Edipo para garantizar la reproducCiófi-de la socieaaa-:-ra-sexúili-
aad reproductora estarnoiéri lareproauccÍónjkLEdmo; la hetero-
sexualidad familiar no sólo garantiza la producción de hijos sino,
sobre todo, la Edipo corno diferenciación entre los
padres y los hijos. de fOSñeüróffi:0s::5s un ar-
t7rulo esciito por. pero tambiéne's-ér artículo de fe
de la reproducción edíplCa. «Para el niño pequeño, los padres son,
84 I :.' El dese.o homosexual
antes que nada, la única autoridad y la fuente de toda creencia.
Llegar a ser semejante a ellos, es decir, un elemento del mismo
sexo, hacerse grande como padre y madre, es el deseo más intenso
y el que tiene más consecuencias en esos años de infancia». Llegar
a ser papá a su vez es, para el antiguo niño, transmitir Edipo a sus
sucesores como el testigo de la civilización, ocupar un lugar en la
gran filiación de la humanidad. La necesidad absoluta de que Edipo
se reproduzca -y no produzca- explica que los conflictos que
tiene la infancia por la oposición a la imagen paternal se resuelvan,
en definitiva, por la sustitución real del padre, por la fundación de
una nueva familia. «En verdad, el progreso de la sociedad se basa,
en general, en esta oposición de ambas generaciones». Así es como
se realiza la transmisió ., rica del juego de la Prohitb' c· , n y de
la transgresión. PerFreud ade en el mismo texto: «Por otra\
parte, hay una clase e neuróticos en la que podemos reco ocer que I
el estado está condicionado por el hecho de que han fracasado en
esta deben ser conscientes de
que han tracasadoen la ,erea les es asignada para que
la importancia social de esta se debilite. La reducción a
los conflictos de generación de las revueltas de jóvenes adquiere
así el sentido de una elección dictada por la regla del «doble-bind»:
hacer como sus padres o ser neurótico. Un movimiento como el de
Mayo del 68 ha sido martilleado por esta necesidad de la elección
que lmponela. ideología dominante: hacerse políticos responsables
o individuos neuróticos.
La neurosis homosexual es el efecto retorno de la amenaza que
hace pesar el deseo homosexual sobre la reproducción edípica. El
deseo homosexual es el inengendrante-inengendrado, el terror de
las familias en la medida en que se produce sin reproducirse. Por lo
tanto, cada homosexual tiene que sentirse como un fin de la raza,
el de un proceso del cual no es responsable y que se
_él, S610 es posible socialmente el homosexual fijado
de un linaje
que se acaba y que convierte la culpabilidad de estar situado sólo
con relación al pasado en el sentido mismo de su perversión. El
hmnosexual sólo puede ser un degenerado puesto que no
Familia, capitalismo, ano 85
un artista fin de la raza. Sólo hay temporalidad homosexual admi-
tida hacia el pasado, los griegos o Sodoma. La homosexualidad, ya
que no sirve para nada, figura al menos como esa pequeña parte de
lo inútil necesaria para la conservación del espíritu artístico. La
homosexualidad es concebida como una neurosis regresiva, volcad;:
toda ella hacia el pasado, incapaz de mirar de frente al porvenir de
aaulto y de papá trazado para cada individuo del sexo masculino.
PUesto que el deseo homosexual ignora la ley de la sucesión de
e·sridIos, puesto que es incapaz de elevarse a la genitalidad, debe de
seruña-regresí6ñ:"cc)mola"c"Cineracorriente de una evolución histó-
nca el remolino formado en la superficie del río.
Por más una coexistencia tópica de las
pulsiones que una sucesión; pero la temporalidad se introduce
como la necesidad absoluta en la que se suceden los padres y los
hijos, al estadio anal sucede la genitalidad plena, aunque los esta-
dios precedentes tuvieran que reaparecer como los vestigios de un
pasado siempre amenazador en el curso de la historia del indi-
viduo.
La contracorriente sólo es la pequeña parte de gratuidad que
responde a la necesidad de la corriente.
Los homosexuales garantizan a su manera la regla del necesario
envejecimiento, de la temporalidad edípica. Aschenbach, bajo el
maquillaje y los cosméticos, «descubría en el espejo a un adolescen-
te en floc» en su propia imagen devuelta a una mítica juventud. El
deseo homosexual ignora la sucesión de las edades, así que los ho-
mosexuales viven más intensamente y en una concentración de
imágenes más Importante que cualqUiera la en añifa edí ica de una
evo uClon que va esde_el niño hasta el anciano.
Todo comienza para el psicoanálisis con el niño pero, al mismo
tiempo, el niño sólo existe por la edipización proyectada por la
paranoia paternal: «Desde el punto de vista de la regresión, que
sólo tiene un sentido hipotético, el padre es el primero en relación
con el niño ... La culpabilidad es una idea proyectada por el padre
antes de ser un sentimiento interior del hijo» escriben los autores
de El anti-Edipo. Y prosiguen: «Si la regresión tomada absoluta-
mente resulta inadecuada, es porque nos encierra en la simple re-
86 El deseo homosexual
producción o generación». El punto de vista del psicoanálisis es
el de la sucesión temporal, de la culpabilidad transmitida. El ho-
como neurótico es producido por la paranoia de los pa-
dres; cuando el deseo homosexual manifiesta algo del proceso de
auto-producción del deseo, está particularmente interpelado por la
necesidad de construirle una temporalidad. La homosexualidad es
regresiva porque ahí está la forma que la edipaacTcSñ aSIgna aloe-
seo nomasexualeñ tanto que -manifieSfulalgnoranCla temporal de
.. -----
es, en definitiva, regresiva porque el homo-
sexual sería sin ello huérfano sin hijo. Sería huérfano en el sentido
de Deleuze y Guattari cuando dicen: «El inconsciente es huérfa-
no». Sin hijos: por lo tanto, la transmisión de la homosexualidad
guarda ese carácter un poco misterioso de los flujos de la produc-
ción deseante; un jefe de policía citado por G. Macé en Lundis en
prison define a los homosexuales: «Esa gente, que no procrea, tiene
una tendencia a multiplicarse». }-a homosexual se hace
sobre el modo de la relación horizontal no -limitativa, la reproduc-
clóo-neterosexual __ de la_sucesión jerárquica. En el
a su vez, ocupará el sitio ya delimitado
por el triángulo; ésta es una condición de los progresos de la so-
ciedad, explica Freud. Cuando Deleuze y Guattari explican que al
lado de la disyunción hombre-mujer, resultado de la filiación en
cada momento, la homosexualidad masculina, lejos de ser un pro-
ducto del de Edipo, constituye un modo de relación so-
cial diferente, muestran que al lado del m'TtOTreudlano que hace
derivar toctodeTa1í1laclón
51
eXIste otra relación social posible, in-
aceptaóTe para nuestra sOCleaaa,ñori'Zomal y ya no vertical. -
no sublimado en cuanto a la representaClón de la
posibilidad de esa relación r una parte, un asocial
en la sociedad heterosexual familiar: dler scribe que «el homo-
"
sexual no busca una adaptación pacífica' rmoniosa en la sociedad
y su tendencia expansiva .. , lo lleva por el camino de una lucha in-
cesante ... En una palabra, el homosexual no se ha desarrollado para
52. Véase Sigmund Freud, Tótem y tabú, Madrid, Alianza Edi[Qrial, 1999.
Familia, capitalismo, ano 87
hacerse socio de la sociedad humana».53 Por supuesto, se entiende
aquí sociedad humana según el modelo freudiano, en el que la ho-
mosexualidad sólo encontrará su sitio sobre el modo edípico subli-
mado.
POi' otra parte, el homosexual indica la posibilidad de otra for-
ma de relación que apenas nos atreveremos a llamar sociedad.
LA GRUPALlZACIÓN HOMOSEXUAL
La homosexualidad sublimada da a la sociedad el mínimo de cohe-
sión humanitaria que necesita. La represión de la homosexualidad
corresponde al sistema de celos-competencia de los individuos fálicos.
Freud escribe al final del artículo, citado más arriba, «De algunos
mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexuali-
dad»: «En la concepción psicoanalítica, estamos acostumbrados a
concebir los sentimientos sociales como sublimaciones de compor-
tamientos homosexuales en cuanto a su objeto». Es interesante in-
.l2!:leden ser

en lo que significaría la para.
laorganiza¿í6ñ Freud a aba su artículo con esta conclusión
ambigua;':Encre-fos homosexuales dotados de un sentido social, los
sociales no habrían operado su desapego de la elección
primitiva del objeto con una total alegría)::r:sta frase es particular-
mente insatisfactoria desde el puntO de vish freudiano: la cantidad
de sentido social debería en principio disminuir al igual que la
cantidad de libido referida al objeto homosexual. En el homosexual
dotado de sentido social, tenemos que vérnoslas con un monstruo
contradictorio, a menos que social no indique aquí otra cosa que lo
que entendemos habitualmente. Si la expresión directa del deseo
homosexual puede tomar un sentido social, es evidente gue no es en
esta sociedad, basada en el remOCleía paranoia anti-homosexual y
de la sublimación como sistema heterosexual familiar.
53. A. Adler, Das Prob/em der Homosexualitiit, op. cie.
88 El deseo homosexual
[Los deseos que se refieren al ano, estrechamente ligados al deseo
homosexual, constituyen lo que llamaremos un modo grupal de
relaciones por oposición al modo social habitual. El ano sufre el
movimiento de la privatización; la publicitación o, para ser más
exacto, la grupalización deseosa del ano, provoca a la vez el derrum-
bamiento de la jerarquía fálica sublimadora y la destrucción del
«doble-bind" individuo-sociedad. J
Deleuze y Guattari .explican que no existe fantasma individual
oponible al fantasma colectivo o, para ser más exacto, que el indivi-
duo es ün cierto fantasma el fruto de una colectividad fun-
dada en la opresión de la homosexualidad como de'un
problema individual, como "del pp6blema individual, es un medio se-
guro para someterla a Edipo:El deseo homosexual es un deseo de
de-
seante, reinvirtiéndole que lo ha
reoudcloal homosexuales
ticantes» son, en cierta mediºª,quienes han fracasado con su subli-
-- .. ". - .-._-- ... _- .. --_ .. _._----
mación; son «incapaces de asumir plenamente las exigencias que la
.... _---.-:-----.. _-... -----.----.--.--.. -------.-.------ 54 I V'
y la cultura a los individuos». Fracasar
simplemente concebir las relaciones so-
ciales de otra manera . .En última instanciaj}uando el ano encuentra
de nuevo su función deseante, cuando las conexiones de órganos se
hacen sin ley ni "regla, el en una de relación inm!-
diata: 10 público.. y
lo pudiéramos en-
contrar un este estado de un comunismo sexual primario
en a pesar de todas las represiones y de todas las
reconstrucciones culpables' de las que son objeto, del gueto homo-
sexual: pensamos aquí en los baños de vapor, lugar famoso en el que
se enchufan anónimamente los deseos homosexuales, a pesar del te-
mor de una presencia policíaca siempre posible. La grupalización del
ano ya no ofrece ninguna presa a la sublimación, ninguna carencia
la que se introduzca la conciencia culpable. "\
---------- .
54. Jacques Corraze, LA homoJcxualidad y JUJ dimemioncJ, Madrid, Fax,
1972.
Familia, capitalismo, ano 89
El modo grupal del ano es el anular, e! círculo que puede abrir-
se hasta el infinico de las conexiones posibles en todos los sentidos
sin iugares asignados. El grupal anular (y aquí también hay una
referencia al ano) hace desmoronarse 10 social de la jerarquía fálica,
el castillóde naipes del imaginario.
[ El deseo homosexual no es la resultante secundaria de Edipo: es
e!_ una máquina deseante enchufada en e! ano.
De1euze y el error de Devereux, cuando ve la
hOm.osexUaIKfad como e! producto de la represión edípica.
55
Veremos,
con la cuestión del masoquismo, la importancia que hay que otor-
gar a la noción de secundariedad pegada a ciertas manifestaciones
de! deseo. El anti-Edipo insiste en el hecho de que «si es verdad que
existe una homosexualidad edípica o filiativa, sólo hay que ver en
ello una reacción secundaria a esta homosexualidad de grupo, que
es primero no edípica». Así el deseo homosexual sólo existe en
grupo, y a la vez, está prohibido en sociedad. De ahí la necesidad
de o más bien, de rransformarlo en ana-
Jidád .. fuu scribe·j«La primera prohibición al niño ... tiene que
ver'roh el pacer prop "cionado por la actividad anal y sus produc-
tos, y determina todo su desarrollo posterior. En esta ocasión, el
pequeño ser siente por primera vez que está rodeado por un mundo
hostil a la manifestación de sus deseos; aprende a distinguir entre
su pequeña persona y esos extranjeros, a reprimir por primera vez sus
posibilidades de placer. A partir de ese momento, 10 anal deviene
símbolo de todo lo que hay que apartar de su explica
en la Introducción al psicoanálisis que las excitacioles anales están
sometidas a una renuncia porque «todo lo que remite a estas fun-
ciones es indecente, debe ser escondido. [El niño} está obligado a
renunciar al en nombre de la dignidad sociah>.56
En efecto el deviene la hqm'llexualidaA" está
arrapado por el Edipo, precisamente porque lo grupal anal puede
55- Véase "Consideraciones emo-psicoanalícicas sobre la noción de paren-
tesco», L'Homme, julio de 1965_
56. Sigmund Freud, Introducción al psicoanálisis, Madrid, Alianza Edicorial,
2002.
90 El deseo homosexual
mandar callar a lo social edípico. Y el mito .de Edipo nos permite
comprender por qué es preciso deseo homo-
homosexualiaad pnmaria demuestra la indi-
.,._." .• _ - .• 00'" _ .... ___ .• _. __ ........ _ ............ _.-.' ............ - .. - ___ . ___ ._. ___
rerenciación del deseo, y la homosexualidad edipizada, perversa,
cuya energía (lende'por'co;-';:ipiero'-eritonces"a:-laCoosol1dación de
la ley: es porque, escriben Deleuze y Guattari, «todo comienza
en la cabeza de Lai'os, el viejo homosexual de grupo, el pervertido,
que tiende una trampa al deseo». La homosexualidad edípica co-
mienza en la cabeza del padre, garantiza la integración de la fuerza
grupal para el edificio social edípico.' J
4
«Elección objetal»
y «comportamIento»
homosexuales
La novela familiar de las neurosis transforma el deseo homosexual
en homosexualidad neurótica. por eso hay una fabricación de una
«historia psicológica» del homosexual a la cual responde un «com-
portamiento». Hay sitio para todo el mundo en la casa de la homo-
sexualidad: también el sociólogo puede dar su opinión y sentarse al
lado del psiquiatra. No se puede decir que el comportamiento ho-
mosexual no exista, sino que lo que entendemos por ((comporta-
miento» sólo es el conjunto de las caracterizaciones que pretenden
encerrar una actividad sexual que tiende a escaparseJla realidad de
un comportamiento homosexual con sus propias constantes es tan
irresoluble como el Edipo del cual deriva. El inconsciente que el so-
ciólogo delimitará fácilmente en las grandes máquinas molares socia-
les es un inconsciente bien civilizado, los abismos homosexuales son,
como el incesto, ((un arroyo calumniado muy poco profundo».
No hay una ((elección» de ser homosexual, ya que esto no se
vive así más que cuando uno hace el esfuerzo, como Genet, por
descubrir ((bastantes razones para ser nombrado con este nombre».
Hay, como mucho, una salida homosexual, un camino falsamente
que el deseo homosexual toma para poder vivir.0-sí des-
inversión no es el efecto de una elección
una malformación endocrina, ni tampoco el resul-
tado pasivo y determinado de complejos: es una salida que un niño
descubre en el momento en que se no sabe todavía que
ese oxígeno está envenenado, que sólo se le ofrece la inversión, el
92 El deseo homosexual
anverso del normal al cual está materialmente ligado. La historia
de Genet es edificante, no en vano se le llama santo: gozar fuera del
sistema deviene, por la gracia de la intervención trascendente de
Edipo, una «voluntad de mal", una elección existencial de la cual
Sartre describe complacidamente los momentos. La metafísica liber-
tad de elegir la esterilidad homosexual toma el sitio del funciona-
miento de la libido productora. La «voluntad de mal" salva, según
una inteligentsia progresista, lo que el deseo tiene de insostenible
santificándolo.
Sartre, por supuesto, tiene razón parcialmente, ya que describe
la realidad de cierto imaginario.!lPero qué es esa asfixia de la que
escapa el niño? ¿se trata de la amenazante normalización sexual?
En este caso, la salida homosexual es el único medio de vivir cerca
de su funcionamiento deseante, sean cuales sean las consecuencias
sociales. ¿Pero no es también el miedo por ver desaparecer su yo si
las conexiones del deseo no son reinterpretadas en términos de res-
ponsabilidad y de culpabilidad?]
Hércules, entre el vicio y la virtud, habrá sentido seguramente
lo que se ha llamado la regla del «doble-bind». Dos caminos, sin
más. Representar así la elección homosexual corresponde a resta-
blecerla en el marco del que intentaba salir. El deseo homosexual
sería más bien del orden de un deseo de gozar sea cual sea el siste-
ma, y no simplemente dentro o fuera del sistema. Justine y Juliette
también, en Sade, eligen dos vías diferentes: la que la sociedad
llama la vía de la virtud y la que considera como la vía del vicio.
Pero la simetría sólo es aparente: la elección virtuosa de Justine
hará de ella una libertina a su pesar, una neurótica continuamente
culpabilizada por el vicio en el que está inmersa. En cuanto a Ju-
liette, rechaza más eliminar que elegir, ya que cree que todo es po-
sible, que puede obtener goce de todas las situaciones y que, en defi-
nitiva, todas las conexiones del deseo son buenas.
De hecho, la elección de ser homosexual sólo es una racionali-
zación operada por Edipo, mediante una diferenciación entre per-
sonas globales en una relación de elección de objeto exclusivo.
«Elección objetal» y «comportamiento» homosexuales 93
LA «ELECCIÓN OBJETAL»
La «salida» homosexual está caracterizada mediante la elección de
un objeto del mismo sexo que uno mismo. «Uno mismo», «objeto»,
«mismo» son tantas caracterizaciones antropomórficas del deseo.
Estas :características suponen la puesta en práctica de la diferencia-
ción entre el yo y el exterior, la construcción de un sujeto, capaz de
operar según las líneas del mismo y del diferente. «El progreso en
el desarrollo de la libido después de la fase narcisista puede efectuar-
se según dos tipos diferemes: según el tipo narcisista, el yo del sujeto
siendo reemplazado por otro yo que se le parece lo máximo posible,
y según el tiPo extensivo, personas que se han vuelto indispensables
porque procuran o garantizan la satisfacción de otras necesidades
vitales, siendo también elegidas como objetos de la libido. Una fuer-
te afinidad de la libido para la elección del objetO según el tipo
narcisista debe ser considerada, a nuestro parecer, como formando
parte de la predisposición a la homosexualidad manifiesta» (Freud).
Ya nos cruzamos anteriormente con este nudo del narcisismo:.-E
complemento necesario de la operación de conversión de la energía
de la libido sobre -Sí misma es ef sistemaae la «elección de objeto»
y -----------
Freud explica en los Tres ensayos sobre sexual ...
entre el objeto y la tendencia sexual una relación que puede que no
percibamos en la vida sexual normal, en la que la tendencia ya
parece contener por sí misma su objeto oo, -le perm.ite creer que la
tendencia sexual existe independientemente de su objeto ... ».'"
Ahora bien, es a propósito de la tendencia homosexual tal
observación puede hacerse. de las mues-
tra que, en Freud, esa relación entre la tendencia sexual y un objeto
un hombre o mujer) sóiü es· evidente después
de una ideología social que da a la sexualidad su forma. Las perver-
siones indican, en la homosexualidad, lo que queda es-
condido en la sexualidad normal: por la posición que unas ocupan
frente a la otra, se observa con claridad el carácter arbitrario de la
soldadura realizada entre elección objetal y comportamiento glo-
bal. La heterosexualidad familiar reproductora considera evidente
94 El deseo homosexual
la relación entre la atracción sexual del hombre y el objeto sexual
que es la mujer, de suerte que parece, de algún modo, que no hay
diferencia entre la tendencia sexual y su objeto. En el momento en
el que aparece una elección de objeto aparentemente desviada, se
introduce, según Freud, la falla esclarecedora por la que el deseo
sexual manifiesta su irreductibilidad a una elección de objeto pre-
cisa. La perversión homose'¿uaT p;ñicipaaeest; iridIferencIa, por
. ----------_._----------_. --.-
lo que su-elección de objeto no es evidente; la
potencia de las fuerzas normalizadoras, por lo que-parece obedecer
a su vez y asu manera· a ·lá liga: -eleCCIón de
- -_.------- ---.---.------_ .. -------.---- --::r=---
objeto a un ·Clerto·comportamiento. La representación ue la sexua-
lidad bajo la forma de una tendencia sexual atraída de alguna ma-
nera químicamente por su complemento, el objeto sexual
(o perverso) de esta tendencia, permite la constitución de las per-
sonalldad8psÍcolOgícas enel modo de liSgrañCles caracterIzaCio-
nes el deseo. Para qüeIa expreslOñ
sexual» manifieste de mmedIato un conjunto que con-
verge hacia un objeto sexual dado, hay que entender por «objeto» a
las «personas», con el fin de que, a cambio, las tendencias sexuales
se encarnen en otras personas psicológicamente determinables.
El freudismo se edipiza en el momento en el que las relaciones
polívocas y no personalizadas de órganos se transforman en relación
entre personas globales que representan la realidad de las primeras
relaciones de órganos. en Freud funciona siempre
independientemente, busca «su satisfaccion de placer en el cuerpo pro-
pio». Pero tendemos progresivamente a interpretar la relación de la
pulsión parcial con su objeto siempre parcial (pecho, pene) como una
relación, desde la infancia, con las personas globales, en particular con
la madre. Muldworf, por ejemplo, defenderá hasta el mito de la «fu-
sión» durante el cual el niño y la madre son uno, atribuyendo así a la
pulsión una tendencia a la constitución psicológica de personas. El ca-
rácter parcial de la pulsión y el término objeto parcial están sometidos
a la misma problemática que el término «perverso» utilizado a propó-
sito del polimorfismo del deseo.
n
57. Véase Sigmund Freud, Tres ensayOJ Jom teoría Jexua/. nota 60. op. cit.
«Elección objetal» y (,comportamiento» homosexuales 95
Sin embargo, Freud explica suficientemente lo que hay que
entender, sobre esta cuestión del objeto sexual, por las diferencia-
ciones entre normal y desviado, y también entre parcial y global.
La «desviación en relªciólLC;illL
como «la desviación en relación con el fin» fijado en la genitalidad.
CÜrlcierne" ita.s zoñas de la gúlii:áJ, y -es"iin "fe-
nómeno universal, aunque (y ahí resi<ie_la ambigüedad freudiana)
considerado como indispensable a}ac()nstituc;ión.
inevitable" coronación de la evolUción sexual.aJa cual incluso G:s"
•• • "':"r" : ___ ..... _1 .. ,...-.... -. .. •• __
desviaoones'-sirven etapa. «Hay que atribuir a cada individuo
í.iii"erotlsriió an-al;-uretiiC ó'cal, etcétera. Las constataciones de com-
plejos clínicos que corresponden a esas formas de erotismo no de-
ben desembocar en una anomalía o en una neurosis». O sea que el
deseo es, al princiEio, un conjunto universalmente
en
nexionesde órganos que coexisten según el modo del "y ... y ... » y no
------ -
----¡>¡;:ra-pasar'deüñslscenlalnclusivo a un sistema exclusivo en el
que cada elección excluye a otra, es necesario pasar por la caracteri-
zación personal de tendencias ligadas a un objeto particular; plegar
la elección objetal sobre el comportamiento permite la en-
tre buenas y mataselecciones" y malósobjetos, hete-
u s'e'cc)nvlerte -entoñCe'S
en Cielas -personas globales, en el sistema que
la homosexualidad a la elec-
ción de una persona del mismo sexo que uno. La elección hetero-
sexual del objeto deviene el símbolo de la sexualidad adulta bajo el
signo de la primacía de la zona genital. En efecto, Freud afirma
siempre la persistencia de un componente parcial de la sexualidad,
pero ahora es bajo la forma de la regresión a una fijación anterior de
la libido, puesto que la elección del objeto homosexual se refiere
a la amplificación del narcisismo y a la importancia atI!Qyjda a la
zona anal. Bien es cierto que en la nota 14 de los €
insiste en la diferencia entre nuestra vida erótica, que
objeto atribuyéndole el sentido de la culpabilidad y de la no-culpa-
bilidad, y la de la Antigüedad que pone el acento en el Eros, la
96 El deseo homosexual
tendencia·LDurante la Antigüedad, se glorificaba la tendencia y
esta ennoblecía al objeto, por pequeño que fuera el valor;
mientras que en los tiempos modernos, menospreciamos la activi-
dad sexual en sí misma y sólo la disculpamos dt,lgUna manera
por las cualidades que encontramos en su objeto»' sta compara-
ción indica bien hasta qué punto Freud es conscie te de que la ac-
tividad sexual en nuestras sociedades no es considerada como una
producción, sino como una falta que debe completar el pleno obje-
to sexual. Estos objetos designados socialmente permiten eliminar
la indiferenciación I:asoCiecJ.ad moderna dice al des¡o:
ue las cariCias i1ó que sigan el camino que señala
la relación esta eCl a entre ten encia y objeto sexual, bajo su for-
ma noemar y, por consiguiente, bajo su forma perversa. Pero se
trata de una comparaci6n am61gua, ya que se contenta con cons-
truir una historia sexual dotada de una Antigüedad regresiva, y
para excluirla.
La perversión homosexual debe sufrir la ley que asigna obje-
tos a tendencias de manera exclusiva; como debe sufrir"Ti-Ieydé
tantos vínculos para evitar la
desviación del deseo. La elección objetal estrechamente fijada es una
garantía contra la descentralización que sufrirían el Falo y la ge-
Sabemos que las canClas homosexuales tienden más fá-
cilmente a perderse en todas las zonas del cuerpo que las caricias
heterosexuales, con un fin claramente fijado. La relativa impreci-
sión del fin en la actividad homosexual da lugar a numerosas for-
mas (de la felación a la sodomía). Por eso un esfuerzo para dar un
sentido a las elecciones y culpabilizarlas con respecto a los objetos
es particularmente importante en lo que a ella se refiere. La triple
equivalencia elección = elección exclusiva = personalidad tendrá
alguna dificultad con la homosexualidad pero conseguirá consti-
tuir la perversión homosexual como un comportamiento basado en
aparentes certezas naturales.
Freud ha criticado además la ingenuidad de aquellos que creen
-íiise!ecciones de
objeto en el caso de la homosexualidad. La experleiícÍa"[ü-cremúes-
tra, resulta que a los afeminados
«Elección objetah> y «comportamiento» homosexuales 97
les gustan los varoniles y a los varoniles los afeminados. La asimi-
lación de la sodomía llamada pasiva a una caracterización «afemina-
da» no se basa en la realidad material de las relaciones homosexua-
les, en las que aquellos que tomamos por varoniles, en efecto, no
lo son necesariamente, y quizás tampoco lo son por lo general los
«machos».
Resulta igualmente incierto que la feminización homosexual se
refiera a la elección privilegiada del pene como objeto de goce. La
descripción que.,S.artre ofrece de la felación como desvirilización del
macho (interpretad;por él como una manera de castración) indica
que en este terreno las cosas no son tan simples como las supuestas
certezas naturales (<<a los maricones les gustan los sexos varoniles»)
podría dar a entender.
Pero es el principio contiene la ex-
presión más cabal de lo que puede ser la constitución de la perver-
sión homosexual con respecto a la de objeto. La elección de
objeto heterosexual es fác¡yf natural, la tendencia sexual parece
contenerla como evidente1.a'elección de objeto homosexual es per-
versa en la medida en que busca la dificultad: «Amantes a los que
casi está cerrada la posibilidad de ese amor cuya esperanza les da
fuerza para soportar tantos riesgos y soledad, ya que justamente
están prendados de un hombre que no tiene nada de una mujer, de
un hombre que no es invertido y que, por consiguiente, no puede
amarles; de manera que su deseo sería para siempre insaciable si el
dinero no les entregara a verdaderos hombres, y si la imaginación
no acabara por hacerles tomar por verdaderos hombres a los inver-
tidos a los que han prostituido».58
La confusión denunciada por Freud entre la elección objetal y el
carácter sexual del sujeto en «Psicogénesis de un caso de homose-
xualidad femenina» (1920) no sólo funciona para la normalidad,
sino también para la homosexualidad. Simplemente, funciona en el
segundo caso bajo la forma perversa de una tendencia con una di-
ficultad extrema para encontrar su objeto natural y de ahí que
presentara el interés de ser casi imposible. A los homosexuales les
58. Mareel Prouse, Sodoma y Gomorra, op. eie.
98 El deseo homosexual
gustan los hombres heterosexuales y a los hombres heterosexuales
les gustan las mujeres. Como en una tragedia bien construida, el
amor homosexual resulta dividido entre una elección de objeto a la
cual no puede escapar y la imposibilidad para satisfacerlo. La per-
versidad del deseo homosexual arraiga en lo que constituye la cari-
catura, lo negativo de la elección de objeto heterosexual, le da la
réplica como testigo de la fuerza del vínculo entre tendencia y ob-
jeto sexual, incluso en el caso extremo en el que este vínculo pare-
ce casi imprllfticable. El sofisma de <<la raza maldita» y del conjun-
to de la perversión homosexual quiere que llamemos viril al que no
es «maricón», «maricón» al aficionado al pene, pene al Falo como
órgano de la virilidad, y así se cierra el círculo de los amores impo-
sibles.
Así la primacía de la génitalidad sale reforzada de esta doble
relación en la que el pervertido vislumbra en el normal el objeto
imposible de su deseo. El ex freudiano Adler lleva a su extremo tal
primacía. Desarrolla el tema de la «protesta viril»: admite que el
conjunto de los fenómenos sexuales, y de lo que de ahí se deriva,
está dirigido por la existencia de una tendencia general del indivi-
duo a rechazar la «línea femenina» para tratar de alcanzar o para
mantenerse en la línea masculina. La caracterología adleriana deri-
va de esta idea de la «protesta viril». Es la traducción sociológica
del gran Falo significante, en tanto que divide a los seres en los que
desean tener pene y los que tienen miedo de perderlo.
De hecho, es lo mismo centrar la pulsión homosexual en las
ganas de apropiarse los penes de los demás o hacerla derivar de la
angustia de castración. El sexo se reduce al pene, éste es para el
homosexual el único «objeto» sexual posible, mientras que la mu-
jer permanece como el único «objeto» (como persona global) sexual
social posible. Así, el homosexual deviene de cierta manera un su-
jeto que se imagina objeto en su tremendo deseo del único objeto
parcial: el pene. La homosexualidad se conformaría con retomar,
.... , I ~ _---.../"- .- -- - - •• • 1-- __
cambiándoles lQs signos, los datos de la sexualidad normal. El cen-
trarse en el pene elimina o somete las otras máquinas d e ~ n ~
for el intermediario de la creación de unobj"eto-persona ce..r:rado .Y
unívoco. ------.---- .... -... - ... _. _ .... _--
«Elección objeta!» y «comportamiento» homosexuales 99
La soldadura entre los comportamientos y las elecciones se tra-
duce' aquí en la transformación del homosexual en sustituto de
mujer, puesto que intenta constituirse en objeto del deseo hetero-
sexual cuando es el sujeto «natura!». Que un hombre afeminado
no sea necesariamente una «mujer» en el acto sexual no cambia
nada para esta construcción arbitraria pero sólida. El homosexual
es una «engañifa» de mujer, una imagen de una imagen, puesto
que la mujer sólo está constituida en único objeto sexual por el
juego de lo imaginario.
«TERCER SEXO» Y FEMENINO-MASCULINO
El mundo se divide en objetos y en sujetos, en mujeres y hombres.
Los hombres desean a las mujeres, el deseo de las mujeres no tiene
importancia. Para rehabilitar a los homosexuales, tenemos que pa-
sar por el sistema de lo semejante a de lo diferente, de lo semejante
y de lo diferente. El homosexual es a la vez diferente (el tercer sexo) y
al mismo tiempo semejante (se subdivide en hombre y en mujer).
El discurso sobre la homosexualidad recorre sin cesar la jaula cerra-
da de estas dos posibilidades.
El homosexual debe ser diferente, si no todo el mundo sería ho-
mosexual. Y a pesar de la lucha de Freud contra la teoría del tercer
sexo, ésta no dejará de reaparecer bajo formas variadas. La homose-
xualidad congénita no ha perdido sus encantos: la teoría cromosó-
mica, por ejemplo, permite reconciliar lo semejante y lo diferente
distinguiendo entre una pequeña minoría de homosexuales «de
raza» (aquellos que tienen un cromosoma de sobra) y una gran
mayoría de homosexuales «de {;ultura», explicables por la historia
psicológica del individuo. La diferencia tiene que reducirse a lo se-
mejante, porque nadie normal se reconoce homosexual, y sin em-
bargo los homosexuales no deberían tomárselo como pretexto para
creerse liberados de la predominancia fálica y del Edipo. Por eso el
intento de Hirschfeld estaba condenado al fracaso, por querer orga-
nizar la liberación de los homosexuales a partir del carácter innato
e irreprimible de sus deseos.
100 El deseo homosexual
En efecto, esta teoría tiene la ventaja de permitir a la ideología
dominante rechazar al hombre homosexual en una categoría que
salvaguarda el valor discriminatorio del pene, sin el cual sería muy
simple hacer del homosexual una mujer. Pero presenta el peligro, a
no ser que se ponga al conjunto de los homosexuales en un campo
de concentración, de dejar coexistir uno alIado de otro a más de dos
sexos, de renunciar a un sistema binario simple. Si hay tres sexos,
¿por qué no más? Cuando no totalmente filofascista, la teoría del
tercer sexo resulta peligrosa. La lucha que lleva a cabo Freud contra
esta teoría se hace en nombre de los intereses mismos de los homo-
sexuales. Todo el mundo es más o menos homosexual, no hay razón
alguna para pensar a los homosexuales bajo una categoría particu-
lar. Pero lo que se esconde bajo esta universalización de la homose-
xualidad es, en realidad, la universalización del Edipo. Resulta
particularmente útil al imperialismo edípico mostrar que bajo lo
diferente se esconde lo semejante; resulta particularmente tranqui-
lizador para la sexualidad normal que las mismas categorías aparez-
can tanto en los homosexuales como en los heterosexuales; así se
manifiesta la incontestable universalidad del Falo significante. De
este modo, es a la vez útil que el homosexual sea gue su
diferencia Pueda a lo-semejante, es indispensable qu;sea
tiempo somei:ldóTtas]nismaneyes.
('Prend, haber del tercer'sexo;' esCCJ-
be Introducción al pervertidos se compor-
tan para con su objeto sexual casi de la misma manera que los
normales para con el suyO») Simplemente se han equivocado de
objeto. Entonces, podemos reaividir a los homosexuales en machos
y hembras, reafirmar en lo que se refiere a ellos la universalidad de
la ley que vincula la tendencia sexual a su objeto, de la cual son la
caricatura. Es lo que podríamos llamar la concepción heterosexual
del mundo homosexual: al reprimir las otras pulsiones, la pulsión
heterosexual les impone pasar por su esquema. ¿ Cómo gentes del
mismo sexo pueden practicar juntas la sexualidad que se define
por la relación de dos sexos diferentes? Únicamente por un juego
59. Sigmund Freud, Introducción al psicoanálisiJ, op. cit.
«Elección objeta!» y «comportamiento» homosexuales 101
de sustitución en el que se encuentra de nuevo la ley fundamental
heterosexual.
Pero la homosexualidad amenaza con enturbiar la nitidez de
esta subdivisión funcional entre sujeto y objeto, entre hombre y
mujer. Todo el debate que retoman a menudo los psiquiatras
60
para
saber: si por el
varios fenómenos di1ereñ-resreCogldosarbltrariamente oajo ese tér-
-;runo, se dobleñeces.Claa de subdividir para reinar,
manteniendo perversa. FereñCzina
dado efmasaItograao-de esta combmatoria cletosSfios aplicada a
la homosexualidad. En su artículo «El homoerotismo: nosología
de la homosexualidad masculina», disgrega la homosexualidad en-
tre virilidad y feminidad de una manera que será luego clásica:
«Me ha dado siempre la impresión de que hoy en día se aplicaba el
término de homosexualidad a anomalías psíquicas en demasía di-
ferentes y, fundamentalmente, sin relación las unas con las otras. La
relación sexual con su propio sexo sólo es un síntoma ... ». Freud
había escrito: «Lo que denominamos por comodidad, en bloque,
homosexualidad, resulta quizás de procesos diversos de inhibición
psicosexual y el proceso que hemos puesto al día quizás sólo sea
uno entre varios, y con respecto a un tipo dado de homosexua-
lidad». Desgraciadamente, los homosexuales no gozarán por mu-
cho tiempo de su diversidad reconocida, _puesto que ésta conduce a
una nueva clasificación. Ferenczi sigue con la distinción entre «homo-
erotismo de sujeto» y «homoerotismo de objeto». «Un hombre que
se siente mujer en sus relaciones con los hombres es invertido en
cuanto a su propio Yo (homoerotismo por inversión del sujeto o, más
simplemente, homoerotismo de sujeto), y se siente mujer no sólo
durante las relaciones sexuales sino en todas las relaciones de su
existencia». Frente a este homosexual pasivo aparece evidentemente
un hombre homosexual, un homosexual activo: «Se siente en todos
los aspectos un hombre. En la mayoría de los casos es muy enérgico,
activo y no hay nada de afeminado en él, ni en el plano psíquico, ni
en el plano físico. Sólo el objeto de su tendencia es invertido y por
60. Véase en particular la Revue Franfaise de PsychanalYJe, op. cit.
102 El deseo homosexual
consiguiente podríamos llamarlo un homoerótico por inversión del
objeto de amor o, de forma más simple, un homoerótico de objeto».
Entonces la caracterología vincula con seguridad la tendencia
sexual y su objeto: el homoerótico subjetivo se siente atraído por
hombres varoniles y maduros, el homoerótico objetivo por mucha-
chos delicados. Krafft-Ebing ya había afirmado la existencia de dos
centros nerviosos en el individuo, uno macho, otro hembra. La de-
finición corriente del invertido como un «cerebro de mujer en un
cuerpo de hombre» se completa aquí con una caracterología deta-
llada. En efecto, Ferenczi indica en nota a pie de página que es
consciente de que los calificativos de femenino y viril aplicados
respectivamente al invertido y al homoerótico son de naturaleza
ideológica. Pero precisa el retrato en estos términos: «Sólo indicaré
aquí que entiendo por virilidad la actividad (agresividad) de la li-
bido, un amor objetal altamente desarrollado con sobreestimación
del objeto, una poligamia que se opone a ello sólo en apariencia y,
como derivado lejano de la actividad, el rigor intelectual; por femi-
nidad: la pasividad (tendencia a la represión), el narcisismo y la in-
tuición. Naturalmente las características sexuales psíquicas están
mezcladas en cada individuo, aunque en proporciones desiguales
(ambisexualidad»>. Entonces todo es cuestión de dosificación, pero
las características generales se encuentran permanentemente. He aquí
una de las más bellas descripciones de la ideología sexual domi-
nante y de los valores correspondientes, y está hecha, como por
casualidad, a propósito de la homosexualidad.
El San Genet de Sartre se vuelve a veces fiel reflejo de este dis-
curso: «Esta prioridad, en el sujeto mismo, del objeto sobre el suje-
to lleva, tal como lo vemos, a la pasividad amorosa, ~ é s t a , cuando
afecta a un macho, le inclina a la homosexualidad»¡d invertido u
homoerótico sujetivo encarna al pervertido irrecuperable, aquel que
la psiquiatría clásica pone particularmente en la picota. Ferenczi
apunta también que "el verdadero invertido no se dirige casi nunca
por sí mismo al médico, se siente perfectamente cómodo en su
papel pasivo ... ». Es absolutamente diferente del hombre y absolu-
tamente semejante a la mujer. El viril u homoerótico de objeto está,
por el contrario, «siempre atormentado por la conciencia de su
«Elección objeta[', y «comportamiento» homosexuales 103
anomalía. No está nunca satisfecho por completo en sus relaciones
sexuales, le persiguen remordimientos de conciencia ... torturado
por conflictos, no se" resigna nunca a su estado; de ahí sus repetidos
intentos por dominar el mal con la ayuda del médico». El homoeró-
tico de objeto es perfectamente semejante al como perver-
tido recuperable consciente de su culpabilidad. El tercer sexo y la
necesaria similitud se combinan: el invertido es, según Fetenczi,
«un verdadero estadio sexual intermedio, es decir, una pura ano-
malía de desarrollo. En cambio, el)lOmoerotismo de objeto es una
neurosis, una neurosis obsesiva»./La inversión es incurable, el ho-
moerotismo de objeto es curable.IDe este modo, el paralelismo sólo
es aparente, se trataría más biecM:!e una complementariedad.
Así los homosexuales quedan funcionalmente subdivididos: o
bien ditlefen de los normale""SPor el objeto de su deseo, y son seme-
jantes a ellos como sukto; o bien difieren de los normales como
sujeto, pero sonserr;¡;ntes porelObjeto. Lo diferente y lo semejan-
-re-operañenfcinceseri-eUos ehcazmente. Freud, en los Tres ensayos,
distingue una inversión completa, que puede reducirse al homoeró-
tico subjetivo, en el cual el hombre se siente mujer, y una inversión
anfígena, o hermafroditismo psico-sexual, en la que ciertas funcio-
nes masculinas se conservan. El conjunto de estas subdivisiones
funcionales de la homosexualidad conduce de todas maneras al res-
tablecimiento en la confusión homosexual de los principios sujero-
objeto, macho-hembra. En última instancia, la complementariedad
de ambos tipos de homosexuales analizados por Ferenczi garantiza
la eXlstenaaae un pequeño mundo homosexual que se beneficia
de la suerte de ser comparable término por término al mundo hete-
rosexuar,-ae estar lIgado a él metafóricamente como un conjunto
paralelo a otro, y en el cual pesa la maldición de ser sólo la carica-
tura perversa de la los machos, que representan la
conCIencia, son sólo, aCFíñy-arcabo, neuróticos.
Ferenczi escribe «que puede que dos homoeróticos de tipo dife-
rente formen una pareja. El invertido encuentra en el homoerótico
de objeto un amante perfecto, que le adora, le apoya materialmen-
te, es enérgico e imponente; en cuanto al homoerótico de objeto, es
precisamente la mezcla de rasgos masculino y femenino lo que
104 El deseo homosexual
puede gustarle en el invertido». A partir de ahí, la siruacÍón se es-
tabiliza socialmente en su inestabilidad neurótica: el pequeño
mundo homosexual está cerrado pero al mismo tiempo es incapaz
de vivir sobre sí mismo, el desequilibrio permanente le amenaza
bajo la forma de la neurosis del macho. Ferenczi añade acto seguido
tras este correctivo: «Sin embargo, conozco también a homoeróti-
cos activos que desean exclusivamente a muchachos no invertidos y
es a falta de otra cosa mejor que se conforman con invertidos».
Tenemos aquí la versión recípróca de la descripción proustiana:
para Proust los homosexuales están en la continua búsqueda de un
verdadero macho y sólo tienen a falsos machos puesto que aceptan
hacer el amor con otros hombres; el homoerótico de objeto a su vez
s610 tiene a falsos muchachos, desea a ese imposible joven macho
que aceptaría ser mujer para él. El mundo homosexual así concebi-
do s610 refleja la coherencia del dtundo un juego
de sustirución que .[.arantiza süneurosis. -
espeíó del espejo. Ferenczi escri-
be: «Por otra parte, señalemos que muchos invertidos no son en
absoluto insensibles a las pruebas de ternura que les dan personas
del sexo femenino. De alguna manera, van a realizar en su relación
con las mujeres (por consiguiente su semejante) el componente homo-
sexual de su sexualidad». Por supuesto, sería mucho más simple ver
ahí una confusi6n de la división funcional por la emergencia de la
indiferenciaci6n fundamental del deseo. Sería más simple pero, sin
duda, menos eficaz para la construcción del sistema imaginario en
el que se sitúan hombre, mujer y homosexual. Ferenczi apunta tam-
bién que los sueños de los homoeróticos de objeto son «muy ricos en
inversiones ... Como acto sintomático, el error de escritura o de len-
guaje en el uso del género del artículo es frecuente. Incluso uno de mis
pacientes ha compuesto un número bisexual: el número 101, que
como resultaba del contexto, significaba entre otras cosas que para
él era "lo mismo por delante y por detrás"». Ese paciente demostraba
bien la indiferencia del deseo respecto de las divisiones funcionales
en las que se le encierra, pero s610 lo demostraba simbólicamente. La
diferenciación entre el objeto y el sujeto, la tendencia y a qué se re-
fiere, según la regla «cuando es diferente, se empareja, cuando es
«Elección objetaJ,> y «comportamiento» homosexuales 105
semejante, se diferencia», permiten explicar fenómenos contradicto-
rios para una lógica de la exclusión. Freud apunta que, en general, se
dice que el invertido es atraído por la virilidad, aunque en apariencia
lo es al menos tanto por la feminidad (afición por el maquillaje, et-
cétera). Ahora bien, la observación de Freud no tiene ningún sentido
en un sistema que reserva la feminidad al objeto, la virilidad al su-
jeto y recíprocamente en el caso de la inversión. Tiene codo su senti-
do si empezarnos la crítica de la diferencia entre el objeco y el sujeto.
Musil afirma así el descubrimiento de Torless: «En efecto, aunque
Torless se comprometiera con Basini, su deseo, nunca saciado, crecía
mucho más allá de la persona del chico, produciendo un deseo nue-
vo, y esta vez, privado de objeco». Y cuando el interrogatorio del
direccor intente acotar lo que podríamos llamar el comportamiento
o la tendencia de Torless, éste contestará: «No tengo la culpa si este
sentimiento difiere de todo lo que me han propuesto».
MASOQUISMO Y HOMOSEXUALIDAD
La división activo-pasivo corno sistema para pensar la sexualidad
antropomorfizada lleva naturalmente a la referencia al masoquis-
mo. En efecto, para el psicoanálisis clásico el estatuco del maso-
quismo y el de la homosexualidad explica en su
capítulo «El masoquismo en la que
«esta cercanía de una perversión y de una neurosis masoquista po-
dría sorprender».61 Podría sorprender ya que todo el psicoanálisis
comienza siempre por un sombrerazo respetuoso al principio freu-
diano de que «la perversión es el negativo de la neurosis». Pero
sabernos que sean cuales sean las precauciones del lenguaje analíti-
co, a fin de cuentas la perversión vuelve a tener inevitablemente un
carácter neurótico en cuanto entra en el discurso explicativo de los
psiquiatras. Así, para Nacht, un mismo mecanismo conduce a la
homosexualidad pasiva y al masoquismo moral: el miedo al hom-
bre corno imagen paternal, la identificación femenina pasiva de la
61. Sacha Nache, Le masochisme, op. cic.
106 El deseo homosexual
madre: «Primero hubo en el chico que caerá en la inversión una
veleidad de lucha ... sin embargo, una vez sofocado ese comienzo de
orientación agresiva, se resolverá en masoquismo ... esta disposición
masoquista se encuentra más tarde reforzada cuando el sujeto pone
en práctica su inversión homosexual». Nueva confirmación de la
inevitable transformación sufrida por la noción de perversión ho-
mosexual en su edipización forzada, la asociación con el masoquis-
mo, por contradictoria que parezca, de la inversión confesada (y no
de los trastornos provocados por la represión de la inversión se
complica con el masoquismo la" homosexualidad) funciona bien.
La inversión se complica con el masoquismo porque la perver-
sión se complica necesariamente con la neurosis.
El masoquismo llamado «moral» es un pequeño concentrado
de edipización, y ahí encontramos en estado puro la culpabilidad
difusa de la homosexualidad. La edipización masoquista garantiza
la buena y mala conciencia de la sexualidad en la inversión. El goce
en la culpabilidad, la culpabilidad del goce y, a fin de cuentas, el
goce de la culpabilidad reinan por completo. Freud escribe en los
Tres ensayos que el análisis de los casos de perversión masoquista
muestra que son el resultado de «una actitud de pasividad sexual
originaria» ligada, por supuesto, al complejo de castración forma-
dor del sentimiento de culpabilidad. El análisis del masoquismo
añade un eslabón suplementario a lacadéñaque·unepaslviaaa·_·
mleaoa·lacastra-
ción, a] exterior, a
íaS-que"les faita el Falo. Así
"iliimillación sumisa y consentida de aquel que se
hace sodomizar. Siguiendo a Sartre, no hay placer para el sodomi-
zado, para Divine que va a masturbarse en los servicios después de
haberse entregado a su hombre, pues sólo hay orgasmo genital, y lo
anal sólo comporta vergüenza y dolor. es un inver-
tido del dolor, que transmuta el sufrimiento en placer invirtiendo
amo-,- __ _
Lo que interesa aquí es el proceso por el cual psicoanálisis_
realiza de manos p'e marca necesariamente de culpabili-
dad constitucional todo lo que se refiere al erotismo anlil.
«Elección objetal» y «comportamiento» homosexuales 107
A las categorías activo-pasivo bajo las cuales encasillamos nor-
malmente al homosexual, el que da por culo y el que recibe por
culo, se hace corresponder las categorías analíticas del sadismo
y del masoquismo. Esta correspondencia resulta posible por el
hecho de que el sadismo, tal y corno Freud lo define, permite es-
tablecer una diferenciación entre activo y pasivo que precede a la
diferenciación entre masculino y femenino. En esta polaridad que
aparece en la fase anal y, corno lo escribe en la Introducción al psi-
coanálisis, «si nos _situarnos desde el punto de vista de la genitali-
dad» (posterior), las tendencias con fines pasivos «se relacionan
con la zona erógena del ano». La inversión del sadismo en el ma-
soquismo -vuelta del sadismo sobre el sujeto- es un «destino
de represión»,62 en el momento en que el yo se constituye corno
tal: mancha de culpabilidad todo lo que se refiere al placer anal
(pasivo). Si el placer masoquista, el sentido por la agresión del
otro, o sufrido por el placer del otro, es necesariamente culpable,
corno lo escribe Freud de nuevo, ello presupone un «sentimiento
inconsciente de culpabilidad».63 Pero al mismo tiempo, resulta
que, ya que el papel originariamente pasivo es asignado a la ana-
lidad, ésta sigue el destino del masoquismo: todo lo que se refiere
al ano es culpable: El que recibe por culo es masoquista aunque no
lo sea. Puede gozaf;-pero segUn1Os-textos, "no solo no tiene -erae-
fecho, S100 que no puea¡:--- .---- --,'-' .-._.--
El estadIO -derñarclSísmo es el nudo de la diferenciación entre
sujeto y objeto, el estadio del ercii:iSmo'-anar es-ef oifdo--de-la-díferen::
ciación entre-actiVo·"y-pasivo.Lí" próoucC"ioii fibídinOsa -entra: " eii--er
teatro eoípico':--- -- - - - . - . - ~ - - .
El papel operante del masoquismo moral como creador de la
culpabilidad homosexual es bastante claro en el desasosiego de
Torless. Al principio Torless no puede elegir entre el sadismo y el
masoquismo, no porque el sadismo fuera primario y el masoquis-
mo secundario, sino porque, para que la diferenciación se cumpla,
hace falta un superyó de vigilancia que se organizará en el circulito
62. Sigmund Freud, «Las pulsiones y sus destinos».
63. Sigmund Freud, «El problema económico del masoquismo».
108 El deseo homosexual
por el juego del imaginario entre los cuatro condiscípulos. T6rless
«no presta atención» a la metafísica fascizante que vierte Beineberg,
no sitúa en absoluto su deseo con respecto a un discurso que le
parece sin relación directa con la situación. Pero rápidamente com-
prenderá de qué se trata: el sadismo ejercido en común con los
otros dos contra Basini le hace descubrir el juego de la vergüenza:
«Tuvo vergüenza por haber confiado su idea a los demás». Y la
confesión de Basini, en el momento en el que el mismo T6rless
tiene el derecho de preguntarse si, a su vez, no va a convertirse en
el objeto masoquista de sus dos compañeros, organiza el sistema
del imaginario y de la culpabilización: «Dijo que si no me pegara,
tendría que pensar a la fuerza que soy un hombre y ya no sentiría
tener el derecho de demostrarme tal ternura». Es Basini quien
transmite el discurso de Reiting, discurso JUStificativo en el que él
mismo encuentra su sitio, a un T6rless indeciso; la subdivisión de
la actividad homosexual en placer y sufrimiento, pegar-ser pegado,
organiza el goce de la culpabilidad (placer del sufrimiento, volun-
tad de ser pegado). Sólo a través del imaginario proyectado en el
otro se construye semejante sistema. Y el masoquismo no es más se-
cundario que el sadismo primario. El sadismo de T6rless es más
bien una interrogación sobre el sadismo, un sadismo secundario
con respecto a su masoquismo primario: interroga ansiosamente a
Basini sobre lo que siente cuando le pegan: "No es lo que quiero
hacer ... Cuando clavo todas esas palabras en ti como cuchillos, ¿qué
es lo que sientes? ... Dímelo». T6rless se las arregla muy mal con
todas esas nociones que se le proponen y de las cuales su deseo no
sabe lo que pueden significar. Las tribulaciones de Ttirless son las
de un deseo polimorfo que,confunden las señales indicadoras del
imaginario culpabilizante,;,:íe gustaría sentir lo que siente Basini
pero siente, al mismo tiempo, la inquietante presencia del superyó
fascizante de Beineberg y Reiting. Sería Basini si ser Basini no su-
pusiera la existencia de los otros dos, al igual ~ e sería masoquista
si eso no supusiera la existencia del sadismo".tY homosexual si eso
no supusiera la existencia de la heterosexualIdad.
«Elección objetal» y «comportamiento» homosexuales 109
LA MÁQUINA DE LIGUE
Cuando Basini se desnuda delante de Torless, este último siente
brutalmente el ataque del deseo del que se protege a través de esta
distancia angustiada: "iPero te olvidas de que es un hombre!" se
dice a sí mismo. El encuentro con el deseo es primero el olvido de
la diferencia de los sexos. Aschenbach también sufre el ataque de la
belleza que sólo podrá soportar con un discurso de racionalización
artística: "Aschenbach ... se extrañó y casi se horrorizó de la belle-
za casi divina de ese joven morra!». Todas las metáforas sobre el
carácter milagroso del encuentro homosexual pueden reducirse a
esto: ahí donde el deseo actúa, ya no hay sitio para el imaginario.
La comparación del encuentro entre Jupien y Charlus y la del abe-
jorro con la flor traduce para Proust esa conexión inmediata tan
ajena al funcionamiento social; mientras que el entrar en un salón
es para el joven Proust la angustia social llevada a su extremo bajo
la forma de la relación imaginaria: «¿Qué van a pensar de mí?"
Cuando Proust percibe su nombre aullado por primera vez por el
labrador en el salón de los Guermantes, siente la incomparable an-
gustia social del que siempre teme ser el objeto de una mistifica-
ción. ¿Y es casualidad que Proust venga inmediatamente después
del duque de Chatellerault, que ve en el labrador a su amante de la
víspera, a quien por supuesto no le había dicho su nombre? Al
igual que entre Charlus y Jupien todo pasa sin nombre, el nombre
de Tadzio sólo es una reconstitución arbitraria de Aschenbach. En
realidad, a la máquina de ligue no le importan en absoluto los
nombres y los sexos. La deriva en la que todos los encuentros se
hacen posibles es el momento en el que el deseo se produce sin
culpabilizar. Y cualquiera que haya asistido al extraño ballet de un
sitio de ligue homosexual, como lo es el jardín de las Tullerias
un sábado por la tarde, habrá sentido profundamente la descrip-
ción proustiana de la inocencia de las flores.
En general, se admite que 1oque";e-nan;a la dispersión homo-
sexual, el hecho de que los homosexuales multipliquen las relacio-
nes amorosas y que éstas puedan durar sólo un instante, transmite
una inestabilidad fundamental a la condición homosexual, la bús-
110 El deseo homosexual
queda, a través de todas esas breves relaciones amorosas juzgadas
insatisfactorias, de la persona soñada. Es probable que así se viven-
cien los ligues homosexuales a nivel de lo que dicen, o de lo que
creen descubrir en ellos mismos los «maricones». J?er9 de
traducir esa dispersión de la energía amor.osa en términos de . .i.!Kª=:
pacidad por encontrar un ver ahí IIn sistema en
acto de las conexiones no exclusivas La deriva
de Aschenhach 'en' Veneéia"serefaémru;, con la sexualidad culpable
por la identificación de un solo objeto, según el principio «le falta
un único ser y todo está despoblado». La condición homosexual se
vivencia como desgraciada porque su dispersión maquinal se tra-
duce en términos de falta y de sustitución. Por el contrario, Ruede
. "-------
parecer que)a superioridad de los amores homosexuales
viene dada precisamente porque todo es posibTé-encaoa'ffio'menro,
porque los órganos se buscan y se conectan sin conocer la 'ley'ere la
disyunción exclusiva. El encuentro homosexua] no se hace en el
interior confinado de lo privado, sino al aire libre, fuera, en los
bosques y en las playas. El paseo del homosexual atento a todo lo
que puede venir a conectarse en su deseo nos recuerda lo que El
anti-Edipo llama «el paseo del esquizofrénico». Que el sistema ho-
mosexual de los ligues, infinitamente más directo y menos culpa-
bilizado que el sistema complejo de los «amores civilizados» (por
retomar el término de Fourier), se quite de encima el manto moral
edípico detrás del cual se le obliga a esconderse, y veremos hasta
qué punto su dispersión maquinal corresponde al modo mismo de
existencia del deseo.
5
El combate homosexual
La Alemania de finales del siglo XIX había conocido con el "Comité
humanitario» de Hirschfeld un movimiento de defensa y de justi-
ficación de la homosexualidad frente a la represión social. El club
Arcadie en Francia desempeñó más o menos las mismas funciones.
Lo que designamos aquí como "combate homosexual» es funda-
mentalmente diferente: ya no se trata de una justificación o de una
apología ni de un intento de mejor integración de la homosexuali-
dad en el seno de la sociedad. Sólo hablamos de la manera en la gue
los movimientos recientes v:inculados con el «izquierdismo» y que se
proclaman homosexuales han modificado o desguiciac!.o la rela-
CiOñCom6ñmence admitida entre deseo y Combate
sexual y no combate a a través de esta
falla que han creado los movimientos homosexuales ¿qué ha cam-
biado? c'"' __ , ___ _

LA REVOLUCIÓN DEL DESEO

descrito cómo el restablecimiento de la ley sobre la homo-
sexualidad en la URSS había correspondido a lo que se llama la as-
censión del «En marzo de la ley que prohíbe y
reprime las relaciones entre hombres hFzOSu aparición ... Esta ley
calificaba las relaciones sexuales entre hombres de "crímenes socia-
les" que debían ser castigados, en los casos más leves, con entre tres
112 El deseo homosexual
a cinco años de cárcel ... Así, la homosexualidad se colocaba en el
mismo plano que otros crímenes sociales, el sabotaje, el espionaje,
etcétera».64 En el momento de la revolución soviética, según Reich,
la homosexualidad se había beneficiado de una tolerancia general
que se traducía en la Enciclopedia soviética por el recurso a Hirschfeld
ya Freud.
65
.
En general, las instancias represivas demuestran muchísima
más coherencia que los movimientos revolucionarios. El análisis de
Reich se basa en la oposición entre la naturaleza revolucionaria
de la Unión Soviética y su inevitable degeneración. Los movimien-
tos revolucionarios se encuentran más a menudo, desde este punto
de vista, en la posición de reprochar a los partidos comunistas «ofi-
ciales» su traición o su degeneración. En Francia, cuando el partido
comunista afirma por la boca de Roland Leroy: «y finalmente
[el poder} siempre tiene en reserva, como aún quedan rescoldos,
una barricadita para la víspera del referéndum, unos homosexuales
para elide mayo ... », la fibra unitaria de los que quieren cambios
sociales gime y se queja. Roland Leroy, cuando encuentra el ejemplo
de los homosexuales, trata la oposición entre «el orden democrático
y revolucionario» y «el desorden izquierdista».66 La organización
de la represión del deseo en nombre de los intereses superiores de la
humanidad o en nombre de los intereses superiores del proletariado
es estrictamente equivalente desde el punto de vista de los efectos.
La aparición de movimientos homosexuales tiene como primera
consecuencia poner al día esta equivalencia.
Es posible que la política revolucionaria en sí misma sea una
instancia represiva. ¿A qué conduce la oposición entre Reich y
Freud desde este punto de vista? Reich piensa en términos de polí-
tica revolucionaria, incluso practica una política sexual que es el
de un movimiento revolucionario que iin
discurso sobrera sexualidad. Contra la inelueraoilidad de la repre-
64. W. Reich, La revolución sexual, Planeta-De Agoscini, Barcelona, 1985.
65. Véase sobre este punto P. Hahn, Franfais, enc()/"e un ef!()/"t ... , París, Mar-
rineau, 1970.
66. L'Humanité, 5 de mayo de 1972.
El combate homosexual 113
sión del deseo afirmada por Freud,67 redacta un proyecto de revo-
lución sexual que aborda de frente el problema de la felicidad. Ve
lo que Freud rechaza, que el famoso principio de realidad no es
inmutable sino que se basa en la supremacía de la familia hete-
rosexual. Incluso muestra que el sistema social de la represión tien-
de a hacer pasar por intercambiable la represión edípica. Analiza
en términos de deseo el fenómeno fascista, renunciando así a la
actitud quejica común al liberalismo burgués y al marxismo osifi-
cado. Pero la revolución sexual de Reich puede reducirse, desgra-
ciadamente, a la idea de que lo que está reprimido es el movimien-
to natural del hombre hacia la mujer y recíprocamente. Es el mismo
Reich quien escribe: «Los conocimientos adquiridos en el ám-
bito de la economía sexual nos permiten considerar la homosexua-
lidad como el efecto de una inhibición muy antigua del amor hete-
rosexual». Y también: «La homosexualidad de los adultos no es un
crimen social, no perjudica a nadie. Sólo podemos reducirla reali-
zando todas las condiciones necesarias para una vida amorosa natu-
ral de las masas. Mientras, debemos considerarla como una forma
de satisfacción sexual paralela a la forma heterosexual que, excepto
la seducción de adolescentes o niños, no debe ser castigada». La
revolución sexual resuelve el problema de la homosexualidad me-
diante su desaparición natural mezclada con un mínimo de re-
presión. En Psicología de masas del fascismo, Reich gasta numerosos
chistes sobre la homosexualidad de los campos de las juventudes
hiclerianas, hablando del «desarrollo de tendencias y de relaciones
homosexuales entre chicos que todavía no habían pensado en eso».
No basta con juntar «sexual» a «revolución» para renunciar a la
normativa heterosexual, casi podríamos decir: al contrario. Desde
este punto de vista, Freud, por reaccionaria que sea su posición
política, m a n i f ~ a más comprensión con respecto al deseo poli-
morfo perverso.
Siempre hay algo que no funciona entre el deseo y la revolución,
y que se traduce por la eterna lamentación que va desde los que
67. Véase Sigmund Freud, El molestar en la cultura, Madrid, Alianza Edi-
corial, 2006.
114 El deseo homosexual
querrían pero no pueden, hasta los que podrían pero no quieren:
del izquierdismo al partido comunista, por ejemplo.
Hay que decidirse a renunciar a los sueños de reconciliación
entre los detentadores oficiales de la revolución y la expresión del
deseo. Es imposible obtener del deseo que se integre en el ám-
bito cargada del pasado'hisrorico del «movi-
míénto derivar la exigencia re-
volucionaria del móviniiento mismo del deseo; no s_ó!? se
un nuevo mod$lo ,sino un replanteamiento..gc0qs
contenídos vinculados tradicionalmente al término de revolución,'
en la"idea de toma:-derpoder.
Los movimientos homosexuales han podido desempeñar aquÍ
con otros el papel de falla por la que se ha revelado brutalmente el
sentido reaccionario de la espera de un cambio radical debido a un
proletariado viril, basto y que se hace el arrogante.
68
Elil1tento d.e
Reich can el partido comunista alemán de reconciliar el pasado
histórico revolucionario con la emergencia del deseo resulta tan
reaccionario en lo que se refiere a la homosexuali-
dad que indica e se' terreno totalmente virgen políticamente
y totalmente al puede, precisamente, nacer un replantea-
miento radical. 1 carácter analítico, en el sentido de inexistente
en la esfera de la tradicional, de la cuestión
homosexual, quizás sea también su suerte. Y el de k;"s
movimientos «radicales» (en el sentido americanóTque aparecen
hoy día comparten con el movimiento esta caracterís-
tIca de ser vírgenes de pasado político (movimiento de las mujeres,
movliñlemoecoIóg"íco, etcétera) y m'arginales en relación con las
cuestiones formuladas fevolucio-
,,--, '.', '------,---------
-Ucuestión de la homosexualidad pertenece a aquellas que no
se formulan interpelados a quienes se refiere no la
hayan formuladci:' 1fs marginal, incluso esencialmente marginal, ya
que es perfectamente ajena a las «masas».
68. Véase el Rapport contre la normaliré del Prom homoJexuel d'action révolutio-
nnaire (FHAR), París, Champ libre, 1971,
El combate homosexual 115
Un periódico progresista como Po/itique-Hebdo ha ticulado
un artículo sobre el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria:
«Révolutionnaire par la bande».69 Su crítica indicaba que, por una
paree, «empalmarse» no es extremadamente revolucionario y, por
otra parte, que tales movimientos sólo intervienen por la faja,
por el margen, y no en el centro de la problemática social. El des-
tino del deseo es sólo de intervenir por la faja, pero indicando así
que el verdadero centro está en el margen, o que ya no hay centro
en absoluto.
La tradición revolucionaria mantiene como evidente la división
de lo público y de lo privado. La mrervenclOn homosexual posee
esta propia de hacer intervenir lo privado, el secretIto
vergonzosO- - lo público, en la organización so-
cial. ·contradlCCíón con las inveruo-
ñes políticas conscientes, basadas en las grandes masas sociales
reunidas por sus intereses, existe un sistema de inversiones incons-
cientes o libidinosas cuya represión depende precisamente de la
capacidad del recoree político por pensarse como único posible.'
Una inversión libidinal reaccionaria puede coexistir muy
una inversión política consciente progresista o revolucionaria, en la
sombra de la muralla que separa la vida privada de la vida política.
Daniel Guérin hacía notar, a propósitO del areículo de Roland
Leroy citado más arriba, que la existencia de homosexuales en los
desfiles del uno de mayo no era en absolutO nueva. Sólo una cosa
había cambiado: a partir de ese momento los homosexuales decían
en voz alta que estaban en el seno del desfile. Por eso no es contra
la homosexualidad que el partido comunista dice tener algo: es
contra la mezcla de los gén..eros, contra la aparición de cuestiones
puramente privadas (por lo tanto, privadas de sentido político) en
la esfera de las relaciones oficiales entre clases sociales. Por eso no
es el reconocimientO de una nueva fuerza política al lado de las
69. Esta expresión tiene un doble sentido en francés que no se puede tra-
ducir al castellano. El primero sería: revolucionario por la faja; y el segundo,
al que realmente hace referencia el periódico: revolucionario por empalmarse.
[N. del T.}
116 El deseo homosexual
otras lo que buscan los movimientos homosexuales; su existencia
misma es contradictoria con el sistema del pensamiento político
porque depende de otra problemática. La burguesía engendra la
revolución proletaria, pero define ella misma el conjunto del mar-
co en el que se desarrolla el combate; podríamos llamar a este marco
la civilización, continuidad histórica cuya fuerza social comparte
completamente. En este sentido, Freud lleva razón cuando habla de
malestar en la civilización, podríamos decir malestar de la civiliza-
ción. En su prefacio a El orden subversivo,70 René Schérer señala que
«al respectO, la aparición de la burguesía y del proletariado es un
fenómeno en el campo de la civilización. El fin de su lucha puede, en
este caso, presentarse también como la apropiación, por una u
otra clase, de la civilizacióm>. Desde este punto de vista, los movi-
mientos homosexuales aparecen como fundamentalmente anti-ci-
vilizados, y no es tOtalmente equivocado que más de uno vea el fin
de la reproducción, el fin de la especie humana. Tampoco se trata de
saber si la lucha de clases se podría sustituir por. una lucha de ci-
vilización que presentaría la ventaja de añadir a la lucha política
y económica una lucha cultural y sexual. Este suplementO cuestio-
na el concepto mismo de civilización, y es necesario volver con
Fourier a la idea de una lucha contra la civilización como sucesión
edípica de las generaciones. La civilización constituye la red de in-
terpretación a través de la cual el deseo se transforma en fuerza de
cohesión. Los movimientOs obreros «salvajes», es decir, aquellos
que se desarrollan fuera de los ámbitOs políticos comúnmente ad-
mitidos, sin reivindicaciones e incluso sin voluntad de tOmar el
poder, participan de la desagregación de esta coherencia. El iz-
quierdismo más honesto atribuirá a estos movimientos «salvajes»
la carencia del deseo de otra sociedad; ya es demasiado creer que el
salvaje es a su manera un futuro civilizado, como el niño es un
futuro adulto. El movimiento homosexual es salvaje en tanto que
70. Charles Fourier, L'ord,.e subverJif: t,.ois textes su,. la civi/isation, prefacio
de René Schérer, posrfacio de Jean Gorer, París, Aubier-Monraigne, .1972;
prefacio reeditado en Cha,.les Fou,.ier ou la contestation globale, París, Séguier-Ar-
lantica, 1996, pp. 140-159.
El combate homosexual 117
no es el significante de ese algo diferente que sería una nueva «or-
ganización social», una nueva etapa de la humanidad civilizada,
sino la falla en lo que Fourier llama «el sistema de la falsedad de
los amores civilizados»: la indicación de que la civilización es la
trampa en la que cae el deseo.
¿POR QUÉ LA HOMOSEXUALIDAD?
Si Freud es más lúcido que Reich respecto de las fuerzas consti-
tuyentes de la sexualidad, se queda sin embargo -y es lo que le
permite encerrar su descubrimieneo-- con una tesis reaccionaria al
cercar el deseo en el marco de la privatización familiar. Deleuze y
Guattari escriben: «hay una tesis que Freud aprecia mucho: la libi-
do sólo cerca el campo social como tal con la condición de desexua-
lizarse y sublimarse». Ahora bien, la homosexualidad de los movi-
mieneos homosexuales cerca directamenee el campo social sin pasar
por la sublimación, incluso desublima tanto como puede poniendo
lo sexual por todas partes.
¿Pero por qué la homosexualidad? ¿Por qué dedicarse a esta
categoría particular, subdivisión artificial del deseo? El anti-Edipo
proclama también: «Por ejemplo, ningún "frente homosexual" es
posible mieneras la homosexualidad sea tomada en una relación de
disyunción exclusiva con la heterosexualidad, que las refiere ambas
a una raíz edípica y castradora común, encargada de garantizar
solamente su diferenciación ... ». Lo que no aparece aquí y que, sin
embargo, papel desempeñado de hecho por la homose-
xualidad es que el sistema edípico no es sólo un sistema de disyun-
ción exclusiva, es también el sistema de opresión de un mOdo sexual
recortado· por ·"las díSyunciCines, el moao
sobre tooos losótrosmOdos·sexUaIes acerque,
ineentando-iil inismo· tiempo chiusui-a-rros, los modos sexuales opri-
midos de la indiferenciación originaria del deseo. Las posiciones de
principio no bastan aquí: es preciso constatar, y las citas de este
libro lo muestran suficientemenee, que a menudo aparece bajo la
protesta homosexual el conjunto de la protesta conera el recorte
118 El deseo homosexual
edípico; que con los movimientos homosexuales el conjunto de los
problemas sexuales de los hombres han aparecido. La contestación
expresada entre las mujeres ha empezado a encontrar su garante en
los hombres bajo esta forma particular. Los temas agitados por el
FHAR, por ejemplo, giran en torno a la crítica de la normalidad en
su conjunto.
71
Por otra parte, sería absurdo querer reencontrar el polimorfis-
mo del deseo añadiendo una a otra las formas de la sexualidad
edípica, completando la homosexualidad con la heterosexuali-
dad. Esas formas son en sí mismas recortes arbitrarios. La diferen-
cia entre hombre y mujer es ya de por sí uno de los
Por eso en los movimientos homosexuales no
es ··tanto el problema del objeto sexual particular que se plantea,
sino más bien el modo de funcionamiento de una sexualidad. No
es a nivel del objeto y de su elección que se manifiesta la no-exclu-
sividad del deseo, sino a nivel del sistema de funcionamiento mismo.
Ahora bien, hay a este respecto mucho que decir sobre el sistema
llamado comúnmente ((homosexual» en tanto que sistema de ligue
y dispersión maquinal
72
y en tanto que sistema obsesionado por la
sexualidad, hasta tal punto que se le reprochará fácilmente la falta
de alma y de sentimiento.
No resulta, pues, de ninguna utilidad oponer la
la homosexualidad comó sistema más acabado de diversidad sexual.
dudoso pretenoet, en nombre· del
principio de que nada está excluido, reducir a una forma de sexua-
lidad, que no es sólo particular sino dominante en nuestra socie-
dad, a aquellos que se han alejado de ella. La heterosexualidad
familiar domina el conjunto de la sexualidad civilizada; pasar por
esta forma no es en absoluto una liberación. No hay ninguna sime-
tría posible entre la esencia de los movimientos homosexuales y la
forma de sexualidad dominante. En otros términos, si debe de ha-
ber bisexualidad, o más bien -pues ¿por qué limitarla a dos?-
fin de la norma sexual, ello pasa por el proceso concreto de desagre-
71. Véase Rapport contre la normalité, op. eie.
72. Véase supra «La máquina de ligue», p. 109.
El combate h<;lmosexual 119
gación emprendido por los movimientos homosexuales. Ciertas
mujeres han afirmado, y saben mejor que nadie hasta qué punto el
acceso a la heterosexualidad no es una conquista, que sólo po-
drían creer en la bisexualidad derivada de la homosexualidad. Por
aproximativa que sea la fórmula, parece acercada; no es el amor de
la mujer como objeto sexual particular lo que está reprimido en los
homosexuales. del sistema sujeto-objeto lo que cons-
tituye una opresión del -_ .... _- .. -
----r:aexperiei:iciil-fiaaeiñóstrado recientemente la concomitancia,
tanto en Europa como en Estados Unidos, de la aparición de los
movimientos de mujeres y de los movimientos de homosexuales.
Todo ocurre como s.f sociedad no soportase en un hombre lo que
exige de una mujer, como si la dominación de la y la repre-
sión de la homosexualidad fuesen una misma cosa.1:ntonces no se
hará el reproche a los movimientos homosexuales de falta de rela-
ción con las mujeres, a menos que deseen reintroducir por ahí la
culpabilidad que precisamente se ha querido disolver. Deleuze y
Guattari señalan que los movimientos de mujeres llevan la razón
por completO al responder a aquellos que les acusan de traducir en
su revuelta su envidia del pene: «No somos castradas y nos impor-
ta un bledo». Los movimientos homosexuales responden también
que no tienen miedo a la castración que traduciría su miedo a la
relación con la mujer, y que por otra parte, no les importan en
absoluto tales nociones. Los peligros que acechan a la homosexua-
lidad, la trampa del deseo que se le tiende están en otra parte, en
lo que denominaremos su pervertización culpabilizada.
La situación ho.mosexual tal y como la crean los movimientos
en cuestión, y no tal y como se da desde hace mucho tiempo en la
sociedad, presenta la inestimable ventaja de ser, en acto y no en
principio, inscrita en lo concreto cotidiano en el que está abolido el
corte de lo público y de lo privado. Un cierto izquierdismo pudo
aullar sacrilegio cuando el FHAR recordó esta cita de Jean Genet:
«Si nunca hubiera ido a la cama con argelinos, quizás no habría
podido nunca aprobar el FLN ... » Un semanario izquierdista res-
pondió: «No somos nosotros los que, con independencia de lo que
pensemos sobre la homosexualidad, reclamaríamos la menor repre-
120 El deseo homosexual
sión en este ámbito. Pero la cosa se complica cuando mezclamos la
política con esto». De nuevo encontramos aquí la idea de Roland
Leroy: la abolición de los !fínites es escandalosa, vividla, pero no
habléis de ella en público.Vr.lama mucho la atención que un perió-
dico especializado en el racismo anti-árabe como Minute haya reco-
gido también la cita, escribiendo al respecto: «En este terreno, por
lo menos, el colonialismo se practica al revés».73 Hay entré mu-
chos árabes y muchos homosexuales relaciones deseantes que resul-
tan inadmisibles, por eso se tapa con un púdico manto moral edí-
pico que, por cierto, puede ser profundamente vivenciado por
aquéllos a quienes les concierne. Naturalmente, el nacionalismo
árabe -como pueden expresarlo ciertos estudiantes árabes en
Francia- hablará también de un colonialismo al revés, pero no
en broma: recordará justamente que la pederastia colonialista
explotaba a los muchachos árabes mediante una modesta retri-
bución. Pero afirmará el carácter degenerado y disoluto de la
homosexualidad concebida como una invención colonialista, reco-
nociendo sólo su existencia en el pueblo árabe a sustituto
de las relaciones demasiado difíciles con las mujeres.'"Nos encon-
{(amos con el mismo razonamiento a propósito de los prisioneros,
como si la homosexualidad fuera para ellos sólo una necesidad, una
sexualidad del pobre y del oprimido que hace juego con la ho-
mosexualidad degenerada de la burguesía. Es necesario admitir
que una relación deseante de este tipo sólo puede ser vivida por lo
visto gracias a la excusa de la necesidad. Ahora bien, el carácter
culpabilizante de tales explicaciones las hace sospechosas, pues dan
a los movimientos homosexuales la ocasión de una intervención
que no está basada en una solidaridad de principio sino en una re-
lación de deseo.
Hay una categoría de oprimidos hacia la cual la solicitud civi-
lizada se expresa particularmente: la de los jóvenes, de los meno-
res sexuales. Edipo se basa en la sucesión de las generaciones y en
la oposición del niño y el adulto. Es evidente que el adulto co-
rrompe al niño, que si uno de ellos es homosexual, es necesaria-
73. Minute, 19de mayo de 1971.
El combate homosexual 121
mente el Ahora bien, muchos jóvenes afirman su deseo de
ser corrompidos, su derecho a disponer de su sexualidad. Minute
deja el tono de la broma para abordar este delicado tema: «Todo
esto podría ser simplemente grotesco. Pero cuando se invita a los
estudiantes homosexuales de los institutos a organizarse y a de-
nunciar la represión de los profes, se vuelve repugnante».74 Las
primeras resistencias al psicoanálisis surgen porque éste afirma
la existencia de una sexualidad infantil (pero sólo la descubre para
entregarla inmediatamente a Edipo y a la sublimación, gracias
al encierro del famoso «período de latencia»). Ahí también, como
en el caso de los árabes, el pensamiento político plantea la existen-
cia de gtupOS opresores (europeos y -adultos) y grupos oprimidos
(árabes y niños) excluir mejor la posible relación deseante.
Desde entonces ya no será difícil hacer derivar la relación en cues-
tión de la opresiór¡..
Las posiciones de los movimientos homosexuales no
se derivan, por consiguiente, de la clasificación elemental entre el
progresista y el reaccionario, puesto que ponen en tela de juicio esta
clasificación. La relación de estos movimientos con las otras luchas
que aspiran a la destrucción de las instancias represivas no es com-
parable a la que mantienen comúnmente entre sí los movimientos
políticos revolucionarios. Por ejemplo, es en nombre de la lucha
contra la normalidad, que definía el movimiento bengalí como
no conforme al esquema maoísta de la guerra popular, que ciertos
homosexuales han apoyado\,las primeras formas de esa revuelta. Es
en nombre de la lucha contra el sexismo, la virilidad, y «la guerra
a la americana como juego masculino» que el movimiento homo-
sexual americano ha participado en la lucha contra la guerra de
Vietnam. Estas brechas parecen artificiales para el pensamiento
político Y sin embargo resultan portadoras de una
eficacia propia. La confusión hormigueante de movimientos de jó-
venes, de mujeres, de homosexuales, ecologistas, para los muni-
cipios ... no vive la política de otra manera. Todos parten de una
situación deseante particular (con relación al sexo, a la naturaleza,
74. Ibid.
122 El deseo homosexual
al hábitat ... ) y no, como lo quiere la tradición del movimiento obre-
ro, de una estrategia basada en teorías políticas generales; el mun-
do político se basa en el enfrentamiento de esas teorías, verdaderas
sea cual sea el portador. La aparición de lo que se llama «los movi-
mientos autónomos», los movimientos que rechazan la ley del sig-
nificante, tanto que no se dan a sí mismos una ley, ha trastornado
ese mundo político.
La confusión es extrema en el sentido de que los vínculos en-
tre esas situaciones deseosas no se hacen sobre el modelo de la
lógica significante-significado, sino más bien sobre el de la lógica
del acontecimiento. Por eso resulta vano querer pensar las relacio-
nes entre esos movimientos en términos racionales y estratégicos.
Es incomprensible que un movimiento como el FHAR aparezca
íntimamente ligado a los movimientos ecológicos (participación
en la «manifestación en bici» contra la contaminación automovi-
lística en París en la primavera de 1972). Y sin embargo así fue.
En lo que respecta al deseo, el automóvil y la heterosexualidad
familiar sólo son un mismo enemigo, aunque sea i ~ ~ en
la lógica política.
LA TRAMPA PERVERSA
El tono triunfal no conviene cuando hablamos de la lucha deseante
social. Ya hemos notado todo lo que había de insatisfactorio en la
confusión de los términos «homosexuales», «deseo homosexuah>.
La trampa tendida al deseo sigue ahí, lo cual inscribe la ley en el
centro de la contestación. Sabemos todo lo que tiene de admisible
la homosexualidad cuando se concibe sobre el modo perverso. Y,
en efecto, un movimiento homosexual no se libra de esta integración
perversa por su mera autoprocIamación. La represión social tiende
la trampa de prohibir con suficiente fuerza para crear a la vuelta el
centrado del deseo sobre lo que supuestamente está prohibido, para
dar el gusto de la transgresión a aquéllos a quienes no les importa-
ría nada la prohibición. France-Dimanche comienza la investigación
ya citada no por la habitual vuelta histórica a los griegos sino, con
El combare homosexual 123
un eficaz atrevimiento periodístico, por la presentación del FHAR.
El título del primer artículo es: «¡Hoy en día, en Francia, los ho-
mosexuales se atreven a salir a la luz!». Sentimos el gusto ácido de
la transgresión con el «se atreven a salir a la luz». Ese aire de escán-
dalo, ese striptease político contiene su propio antídoto. Encierra el
movimiento homosexual en un discurso justificativo, fija el acon-
tecimiento en rol.
Esto es tanto más manifiesto cuanto que la operación anti-de-
seante de France-Dimanche sitúa, a la manera de los grandes debates
liberales, la palabra de los médicos y la de los homosexuales una al
lado de la otra: «Daremos la palabrll: a homosexuales que describi-
rán su propia experiencia. Médicos que estudian este problema des-
de hace años hablarán de sus trabajos», escribe el periódico. Los
militantes de los movimientos homosexuales tienden naturalmen-
te a transformarse en especialistas de la homosexualidad, alIado de
los psiquiatras y de las trabajadoras sociales.
El deseo homosexual ha sido encerrado en un juego de la ver-
güenza que no es menos perverso transformar en juego derorguno.
De hecho, uno siempre un poco de vergüenza por senttrse
-;rgulloso ser en propagandista ce-
loso de la homosexualidad, transformar la referencia a la bisexuali-
dad freudiana en referencia a una «naturaleza» homosexual opues-
ta a la naturaleza heterosexual, es quedarse en el marco del sistema
de los amores civilizados.
El pervertido es esencialmente civilizado, 'Fourier presa bien
algo semejante cuando, habla ,de..hLcoolizacio .. o Slib::'
versivo». La civilización esparaéfsu6versiva porque organiza de
el PorJo sub . , erversión
no son a uí sinónimos de liberación, al contrari'. Schérer scri-
- -----_ .. - -. - - .. ---- _. ----"---
be: «La civilización es falsa porque su movimiento es a marcha
contrariada de las pasiones, su desarrollo subversivo»'!V.o que nece-
sitamos para desagregada, puesto que funciona conjunto
teórico que tiene prácticamente el sentido de una totalidad represi-
va}), «no es una buena teoría, sino la liberación de las pasiones a cuyo
75. En Charles Fourier, L'ordre subversif, prefacio, op, cie.
124 El deseo homosexual
desarrollo ha puesto desarrollo subversivo de las pasio-
nes no es simplemente su 'presión, sino su acceso al estatuto per-
verso.
La subversión civilizada, el estatuto perverso del deseo, es el
gusano en la fruta de las pasiones. Reivindicar la perversidad es
aceptar para los homosexuales la idea de la oposición entre dos
sexos claramente delimitados, y creer que basta con que ciertos
hombres se vistan la feminidad para poner en tela de juicio esta
oposición. La concepción que se desprende del texto de Sartre a
menudo citado aquÍ convierte a Genet en el homosexual que se
compone de su traición, y por ello portador de una alta significa-
ción. Pero a los movimientos homosexuales no les importa re-
presentarse a sí mismos como los instrumentos de la,traición:trai-
cionar supone todavía reconocer la ley de la normalidad. Los
«maricas» maquillados no son «femeninos», no sacan de ahí su
fuerza contestataria. Sartre se halla más cercano a la realidad de
estos movimientos cuando escribe: «La feminidad de Genet es un
ser evanescente, la pura contestación de la virilidad». Los «mari-
cas» no quieren ser más hombres que mujeres. Llevan a su extremo
la descodificación de los flujos del deseo.
No es la psicología perversa de la homosexualidad lo que inte-
resa aquí con su cortejo de papeles y de espejos. El efecto esencial
de los movimientos homosexuales es primero la brutal sexual iza-
ción del campo social; en su aparición, a menudo se les ha echado
en cara que sólo hablaran de sexo y no de amor. La juventud con-
testataria está todavía, generalmente, por retomar los valores hu-
manistas, pues constata que la burguesía no deja de traicionarlos
afirmándolos.
El movimiento de «los municipios», por ejemplo, retoma por su
cuenta los valores ligados a las «verdaderas» relaciones interhuma-
nas, que un capitalismo inhumano parece destruir a diario. Pero este
intento de reactivación de los valores humanistas liberales ahoga,
generalmente, el movimiento en los oleajes de una afectividad en-
ganchada, en el que el análisis de los problemas «psicológicos»
acaba por ocupar todo el campo de las relaciones. El capitalismo ha
descodificado los flujos del deseo, afirmándolos al mismo tiempo
El combate homosexual 125
en la privatización. Resulta vano querer volver atrás, se puede decir
del respeto de la persona humana lo que Marx decía de la familia
en el Manifiesto comunista; el capitalismo ha destruido efectivamen-
te el basamento social de estas territorializaciones, que sola-
mente pueden reaparecer bajo la forma perversa de re territorial iza-
ciones artificiales. Por eso esta vuelta imposible sólo se traduce en
el seno de la juventud contestataria por el desarrollo monstruoso de
lo que Deleuze y Guattari llaman «el abyecto deseo de ser amado».
La sexualización del mundo que anuncian los movimientos homo-
sexuales corresponde a la puesta al límite de la descodificación ca-
pitalista, a la disolución de lo humano; desde ese punto de vista, los
movimientos homosexuales dicen y hacen brutalmente la deshu-
manización necesaria.
CONTRA LO PIRAMIDAL
Una de las funciones, y no de las menores, de los movimientos
homosexuales es la de ser la contestación de la contestación; en el
ámbito de la abolición de la diferencia entre lo público y lo priva-
do, de la desagregación de la ilusión civilizada común al universo
político, y en el del desmoronamiento del sistema afectivo imagi-
nario de esta civilización. Descubren formas de opresión en-las
mismas formas que adoptan las luchas. La asociación de las pala-
bras «homosexualidad» y «revolución» parece poseer una función
desmitificadora de la cual H. P. Newton, ministro de Defensa del
Black Panther Party, ha dado cuenta de la siguiente manera:
«Nada nos permite decir que un homosexual no pueda ser tam-
bién un revolucionario. Y seguramente son mis prejuicios los que
me hacen decir: incluso un homosexual puede ser revolucionar:io.
Por el contrario, hay muchas posibilidades de que un h o m ~ u a l
sea de los más revolucionarios entre los revolucionarios».76 No hay
asociación inocente entre estas dos palabras, ni posibilidad de una
76. H. P. Newton, «Sobre la justa lucha de los homosexuales y de las
mujeres», 5 de agosto de 1970.
126 El deseo homosexual
vecindad pacífica entre el ;t0vimiento homosexual y las formas
tradicionales de la política. El sistema político funciona sobre una
rela¿ión entre un significante y un significado, una relación pira-
midal entre un representante y las masas. El movimiento homo-
sexual pone en tela de juicio ese significado de las masas, mos-
trando primero que el recorre de esas masas· es por sí mismo el
fruto de la ideología civilizada. El problema homosexual es mar-
ginal, y al mismo tiempo nadie Cpüeaenegarque sea masivo--sr;e

expresa jus-
tamente -por Ia-ex:i"steñC-ia-de una gran masa social que delegaría
representantes. Esas masas no se organizan sobre el modo molar de
los grandes grupos sociales y de sus instituciones, sino sobre otro
modo, aquel que podrían ser los pequeños grupos sujetos. Los
movimientos homosexuales tienen una peculiaridad: que, al pare-
cer, no tienen ni verdadera centralización (ni, por cierto, verdadera
democracia) ni consigna que ni representante. Hemos
-"-.-. -... . ",' -. . -,........
dicho con anterioriaad'77 todo que un sistema deseante anular
suprimía: la jerarquía fálica que se traduce concretamente en la de-
legación de los poderes. Hemos visto cómo la política es el lugar de
la división entre aquellos que querrían pero no pueden y aquellos
que podrían pero no quieren. La organización política se considera,
en general, como ese medio para pasar del querer al poder. R.
Schérer señala que, en general, se sienta en el banquillo a Fourier
afirmando que había forjado una teoría a la cual bastaría con aña-
dir la práctica organizacional: «No obstante ¿esa "reapropiación"
revolucionaria de Fourier significa que basta con añadir a una "teo-
ría" fourierista que ha permanecido inoperante la "organización
revolucionaria" que la haría suceder en la Esta divi-
sión muestra bien el reinado de lo político, mientras que lo que
hace el pensamiento de Fourier «tan cercano a masas primero des-
organizadas» quizás sea la «virtud misma de este rechazo de la or-
ganización». -'s /
77. Véase supra, pp. 87-90.
78. En Charles Fourier, L'ordre JubverJij, prefacio, op. cir.
El combate homosexual 127
El tiempo de la política es el de la estrategia, de la división entre
los medios y los fines. «El esquema: práctica desorganizada-teoría-
práctica organizada-reajuste de la teoría de la organización en fun-
ción de la práctica, estructura dialécticamente el campo de la lucha
de clases hasta nuestros días. Su tiempo es el de las etapas y de la
espera. Estructuralmente, se basa en jerarquías y en prioridades».7
9
El verdadero representante de las masas es aquel que sabe distin-
guir esas jerarquías y esas prioridades, organizar la relación entre el
significante y el significado. Ese tiempo se opone a la ingenuidad
fourierista: hagan sus maletas enseguida, el cambio tendrá lugar en
los prqximos seis meses.
80
El movimiento homosexual hace refe-
rencia a lo inengendrado-inengendranre del deseo huérfano porque
ignora la sucesión de las generaciones como etapas hacia una vida
mejor. No sabe lo que significa el sacrificio para las generaciones
venideras, pilar de la edificación socialista.
grupo revolucionario, desde el punto de vista del precons-
ciente, permanece como un grupo sometido, incluso al conquistar el
poder, en la medida en que este poder remite él mismo a una forma
de que sigue avasallándose y aplastando la producción de-
Deleuze y Guattari.
81
(,Un grupo sujeto, al contrario, es aquél cuyas inversiones li-
bidinosas son ellas mismas revolucionarias; hace penetrar el deseo
en el campo social ... ». 82 Los movimientos homosexuales pueden
ser, desde este punto de vista, productores de grupos sujetos. En efec-
to, el destino de un grupo sujeto es tender a ser sometido, por ejem-
plo, en la afirmación de su perversidad. El grupo formado por in-
dividuos, el grupo fálico y jerarquizado, es sometido; obedec.e a las
instituciones civilizadas de las que retoma los valores porque cada
jndividuo se siente más débil que las porque el tiem-
79. Ibid.
80. Véase «Avis aux civilisés relativemenr a la prochaine métamorphose
sociale», en Charles Fourier, Thé()f"ie CÚis quatre mouvements, Dijon, Presses du
Réel, 1998.
81. Félix Guaccari, Psicoanálisis y transversalidad, prefacio de Gilles Deleu-
ze, México, Siglo XXI, 1976.
82. Ibid.
128 El deseo homosexual
po de cada individuo está marcado por la muerte frente a institu-
apariencia inmortares:-Enef grupo sUjeto se supera la
oposiCíOnentre cOfectIVO e IndIvidual, el grupo sujeto es más fuer-
te que ie"pa'-recen mortales. El
y y sin
te, ella. --
, ".'" - .. _.,-- . -----
Conclusión
El carácter "heteróclito» de! deseo homosexual lo convierte en pe-
ligroso para la sexualidad dominante. Mil comportamientos ho-
mosexuales desafían cada día la clasificación que intentan impo-
nerles. La unificación de las prácticas del deseo homosexual bajo e!
término de «homosexualidad" resulta tan imaginaria como la uni-
ficación de las pulsiones parciales en e! yo.
Existe contra las prácticas homosexuales una forma de repre-
sión que rraduce bien este miedo al vacío, esta ausencia de personas
que acosa como su límite la sexualidad normal. En general, se
piensa en lo que se explica a los niños y a los estudiantes respecto
de ese terna. La educación se basa esencialmente en la represión de
la masturbación; los padres o el educador explican al niño que, en
general, las masturbaciones recíprocas, o cualquier otra manifesta-
ción dd deseo homosexual, son menos condenables que inútiles. Se
trata aquí, explican, de una forma aún inconsciente de la actividad
sexual que se dirigirá naturalmente hacia la mujer. En verdad, apenas
es del ámbito de la sexualidad, sino más bien de la pre-sexualidad.
Esto será necesariamente superado, desaparecerá por sí solo. Las
prácticas homosexuales se consideran aquí como una no-sexuali-
dad, algo que no ha encontrado todavía su forma, puesto que la
sexualidad es exclusivamente la heterosexualidad. Tratar con me-
nosprecio y olvido estas formas del placer es un buen medio de
hacerlas desaparecer. La homosexualidad se reduce así a la no-
sexualidad porque la verdadera sexualidad es la de las personas
130 El deseo homosexual
identificadas, la del Edipo. Así aparece la espantosa no-humanidad
del deseo homosexual.
Del deseo homosexual a la homosexualidad, hemos visto el
paso de una homosexualidad primaria an-edípica a una homose-
xualidad secundaria, neurótica y perversa, edipizada. \
Deleuze y Guattari muestran esa oposición a partir del texto
proustiano: «Proust ... opone dos tipos de homosexualidad, o más
bien dos regiones de las cuales sólo una es edípica, exclusiva y de-
presiva, pero la otra esquizoide an-edípica, inclusa e inclusiva».
Prousr escribe: «Algunos, aquellos que han tenido la infancia más
tímida sin duda, no se preocupan mucho por la suerte material de
placer que reciben, mientras puedan relacionarlo con una cara mas-
culina. Mientras que otros, teniendo sentidos más violentos sin
duda, dan a su placer material imperiosas localizaciones ... ». Sin duda:
los segundos son, por otro lado, definidos como sensibles también
a querer a las mujeres, lo que parece interesar más a Deleuze y
Guattari. Recordaremos aquí más bien el carácter materialista del
placer aprehendido, su referencia directa a la pulsión parcial impe-
riosamente localizada. El deseo homosexual es perverso en el senti-
do freudiano, es decir, simplemente an-edípico, inientras traduce la
desorganización de las pulsiones parciales. Se convierte en perverso
neurótico en el sentido ordinario cuando se refiere a una cara, cuan-
do entra en el yoico y el imaginario.
Así, lo que permite eliminar o encauzar la construcción edípica
es el conjunto de los replanteamientos que recorren el deseo ho-
mosexual. La sexualidad edípica se basa, como el conjunto del
universo familiar, en un juego de oposiciones imaginarias.que si-
guen la regla del «doble-bind». El doble cierre de las falsas elec-
ciones se expresa por todas partes: entre lo privado y lo público, y
hemos visto que la homosexualidad edípica estaba atrapada en la
dialéctica de la confesión, del alarde del sucio secretito. La homo-
sexualidad concentra· el juego imaginario siendo lo más privado, el
problema personal por excelencia, y lo extremadamente público
de la confesión.
Entre los despiadados celos-competencia y la ilusión de la· «co-
munidad humana»: hemos visto qué ambigüedades recobraba el
Conclusión 131
término de «sentido social» adherido a la sublimación de la homo-
sexualidad.
Entre la biología natural y la psicología culpabilizante: hemos
visto que esta naturaleza que funda el Código era tan reaccionaria
como esta psicología que funda el yo.
Entre la vida y la muerte, estas dos evidencias primeras de la ci-
vilización. Los replanteamientos que practica el deseo homosexual
recortan de otra manera todo eso. Los movimientos homosexuales
denuncian tanto la sublimación idealizante del sentido social como
el despiadado enfrentamiento de los «individuos». Acaban con la
frontera que separa la biología de la psicología, haciendo de la Na-
turaleza no ya el referencial culpabilizante sino un término de
equivalencia con la inmediatez del deseo. Muestran que el Inconsciente
huérfano no conoce más la muerte que la vida, ni más la generación
que la angustia de la desaparición del yo. Un doctor que hemos
citado (véase capítulo 1) se dedica a suprimir en cada homosexual
al asesino inconsciente que vive en él. El gran miedo a la homose-
xualidad se expresa por .eLmie.d.o..a..que
generaciones que fUfl<lélQJ!LC.iviliza.<:;i9_Q- El deseo homosexual no
está más cerca del-lado de la muerte que del lado de la vida, de
hecho, es el asesino de los yoes civilizados.
La Civilización es la asunción s al
«doble-bind» escribe . «So-
mos heterosexuales estadística o molarmente, pero homosex les
personalmente, sin saberlo o :2.iéndolo, y por último trans-sexua-
dos elemental, molecularmente».' 1 deseo homosexual grupal izado
supera este enfrentamiento en e lo individual y lo social donde lo
molar asegura su dominio sobre lo Es la pendiente hacia
la trans-sexualidad a través de la desaparición de los objetos y los
sujetos, el deslizamiento hacia el descubrimiento de que, en sexo,
todo comunica.
TERROR ANAL: APUNTES SOBRE LOS
PRIMEROS DÍAS DE LA REVOLUCIÓN SEXUAL
Epílogo
EDIPO y LA CASTRACIÓN ANAL
Puesto que hay que empezar por algún lado, empecemos por el
principio. Contemos la historia del ano. Traguémonos el tapiz de
la civilización y tejamos con los hilos que asomarán entre nuestras
piernas la carpa de un nuevo circo. Eso es lo que hizo Guy: anal-
izarse en lugar de psicoanalizarse. En realidad, Guy había leído
a Freud mientras chupaba pollas en las reuniones del partido co-
munista francés y, una cosa lleva a la otra, acabó preguntándose
un día si Edipo cuvo ano.
"Érase una vez el ano», dijo, e inventó un mito para explicar
cómo nos habíamos convertido en hetera-humanos y horno-hu-
manos. El mito, lo cuento de memoria, dice así: No nacemos
hombres o mujeres, ni siquiera nacemos niños o niñas. Al nacer
somos un entramado de líquidos, sólidos y geles recubiertos a
su vez por un extraño órgano cuya extensión y peso supera la de
cualquier otro: la piel. Es ese tegumento el que se encarga de que
todo aquello siga contenido presentando una apariencia de uni-
dad insulada a la que llamamos cuerpo. Enrollada en torno al
cubo digestivo, la piel se abre en sus extremos dejando a la visea
dos orificios musculares: la boca y el ano. No hay entonces dife-
rencias, todos somos un jirón de piel que, respondiendo a las leyes
de la gravedad, comienza en la boca y acaba en el ano. Pero había
demasiada simetría entre esos dos orificios, y los cuerpos, simples
136 Terror anal
tubos dérmicos, asustados de su potencialidad indefinida de go-
zar con todo (la tierra, las rocas, el agua, los animales, Otros tubos
dérmicos) buscaron formas de ec>ntrolarse y controlar. El miedo a
que toda la piel fuera un órgano sexual sin género les hizo redibu-
jarse el cuerpo, diseñando afueras y adentros, marcando zonas de
privilegio y zonas de abyección. Fue necesario cerrar el ano para
sublimar el deseo pansexual en vínculo de socia-
bilidad, como fue necesario cercar las tierras comunes para señalar
la propiedad privada. Cerrar el ano para que la energía sexual9.!!e
podría fluir a través de él
radeiíavafonil, en intercambio lingüístico, en en
prensa, en publicidad, en capÍúd.-- _. . .. -- .
Los Santos Padres, temerosos·de que el cue¡;po nacido conocie-
ra el' placer de
entre los jabalíes y las flores, tomaron todo lo que tenían a mano
(el fuego, la rueda, el lenguaje, la física nuclear, la biotecnolo-
gía ... ) en marcha una técnica para extirpar del ano
toda capacidad que no fuera de darle- mu-
chas vüe"Itii.s enéÓi1iraron -uñ-métoJü-fírñpio para llevar a cabo la
castración del ano: meter un dólar por el culo del niño, mientras
exclamaban: ¿Cierra el ano y serás propietario, tendrás mujer,
hijos, obje\os, tendrás patria. A partir de ahora serás el amo de tu
El ano castrado se convirtió en un mero punto de
expulsión de detritus: orificio en el que culmina el conducto di-
gestivo y por el cual se expele el excremento. Puesto a disposiciQ!l
de públicos, el ano fue cosido, selladO. ..Así.
nació el moderna, con sus adoquines
limpios y sus chimeneas contaminantes: anos de cemento por los
que se des-sublima lo reprimido colectivamente. Así nacieron
los hombres heterosexuales a finales del siglo XIX:
.. _---_.:.-----... ----
castrados de ano. Aunque se presenten como jefes y vencedores
son, en realidad, cuerpos heridos, maltratados. -
. ·--En--ef"liombreneterosexuar; el ano, entendido únicamente
que de¡aefi
el cuerpo la castracióg. El ano cerrado es el precio que el
paga aI régimen por __ s.u
Textos terroristas 137
dad. Hubo que remplazar el daño con una ideología de superio-
rida,c;ide modo ue sólo se acordaran dTsu defecar: como
antoches se creen mejores, más importantes, más ertes ... Han
olvidado que su hegemonía se asienta sobre su castración
El ano castrado es el armario del heterosexual. Con la castración
del ano surgIó, al hundir el dólar en las tripas del infante,
el pene como significante despótico. El falo apareció como mega-
$-porno-fetiche-asequible de la nueva Disney-heterosexual-land.
Los chicos-de-los-anos-castrados erigieron una comunidad a
la que llamaron ciuaacr,cSta"CIo, Patria, de cuyos órganos de po-
y todos cuyQS
iíñós perforadas por
sus anos y sus vágirllls,-sü'Ciiúpo'entero trañsformable eñCaVidad
uterina capaz de albergar futuros ciudadanos, también cuer-
pos maricas a los poder castrar, cu-eq,os que renie-
ganáe lo que otros consiaeran eviJéfl€liiañatómlca y que hacen
de la mutación una estética de vida. En torno a la comunidad de
íOS anos cerrados se apuntalan como columnas bobas las familias
con su padre-analmente-castrado y su madre-víscera-hueca dis-
puesta a traer al mundo nuevos tubos dérmicos a los que pronto
se les arrancará el orificio anal... Hasta que llegue el día de la có-
lera del cordero y los ,
TEXTOS TERRORISTAS
Si todo esto te ha parecido demasiado lineal y contra-bíblico. Si
ya has cambiado el diván por la arqueología, si lo tuyo es más el
archivo de microrrevoluciones que la lucha de titanes, también te
lo puedo COntar de otra forma.
que tenía más dificultades para hablar de
su propia homosexualidad en público que para hacer hermenéu-
tica, inventa en 1971 una categoría sin saber que sería la más
apropiada para calificar el libro que escribiría un año más tarde
Guy Hocquenghem: terrorismo Son terroristas, afirma
Barthes, refiriéndose a la obra Sade, Fourier y Loyola, aquellos
138 Terror anal
tos capaces de «intervenir socialmente», no gracias a su popula-
ridad o a su éxito, sino gracias a la «violen Cía que permIte que el
texto exceda las leyes que una sociedad, una ideología, o una filo-
sofiase dan para constItUIr su propIa -irlte1ígibilidad histórica».1
Eldeseo homosexual de Hocquenghem no es simplemente un ITf)ro
entre otros sobre la homosexualid-ad. Es el primer texto terrorista
que confronta directamente el lenguaje heterosexual hegemóni-
relacIón --entre
capitalismo y heterosexualidad realizado por un marica que no
oculta su condición de «escoria social>, y «anormal» para empezar
a hablar.
En el texto de Hocquenghem no hay disculpas, excusas o jus-
tificaciones. No las hay porque ya no quiere hacerse el bueno,
pedir favores jurídicos, reclamar migajas de los «hetero-made-
ros». Y cuando renuncias a los favores y a las migajas, nos enseña
Guy Hocquenghem, comienza la revolución .. escala lo-
cal y con minúscula. Y posiblemente la fiesta, aunque eso, paradó-
jicamente, implique cierta austeridad -puesto que la opulencia
siempre está del lado de la hegemonía.
y no debió de ser fácil abrir un agujero en el lenguaje hege-
mónico: de ahí la necesidad de Hocquenghem cie-raíad-ni.-rpaso
a·pasü-ios discursos médicos, psiquiátricos, psicoanalíticos, me-
diáticos ... de manera incesante, como si fuera el principio de una
tarea que habría de llevarnos recordemos, hubo un
--
tiempo (cuya estela más rabiosa que moribunda se extiende hacia
ñOsOrfos) en el que aún no existía ningún exterior al
relato heterosexual, en el que no un afuera de
domlOantes sobre la1lomosexua.Tlclad. _.- ------.--.---
Era el sus tablas clasificadoras de
desviaciones sexuales, el tiempo de la persecución jurídica de los
sodomitas, el tiempo en el que los padres de una familia adinera-
da confiaban su hija lesbiana a Freud con la intención de que éste
hiciera de ella una buena esposa, el tiempo de los electroshocks y
de las lobotomías, de las «causas de degeneración biológica de la
L Roland Barthes, Sade, Fourier; Loyo/a, Points Seuil, París, 1972, p. 14.
Textos terroristas 139
especie», del «hermafroditismo psíquico» y de «la inversión con-
génitá')}, del «cerebro afeminado del homosexual» y del «cuerpo
viril de la lesbiana», el tiempo del «ano dilatado» del perverso y
del «clítoris hipertrofiado de la críbada», el tiempo de los campos
de concentración para los «violetas» y de las cárceles separadas
para los acusados del crimen del vicio .
.! 869-1969: Occidente perfecciona sus técnicas de muerte (a
las que denomina «mejora de la especie») mientras exalta los va-
lores de la familia blanca heterosexual. Los miembros de la fa-
milia no tienen ano. Papá no tiene ano. Mamá no tiene ano. El
niño no tiene ano. La niña, ni siquiera importa si tiene ano o no
lo tiene.
Entre 18.29, momento en el que el lenguaje médico-jurídico
centroeuropeo define por primera vez la oposición entre he tero-
uña lucha moral y orgánica
entre la normalidad y la patología, y 1969, momento de la for-
maclOn de los pnmerüs-'iñ'Ovírñíeñc'os de defensa de los derechos
cre:-IoSliomosexuales"enEscaclosU ni'dos yE"tiropa, el discurso he-
terosexual seextiende'como
.. -, .. _ ..... -- --" •• _. .'- .h - .-.-.
Los «anormales» existían pero habían
saber colectivo sobre sí mismos, no tenían historia, todavía no
en sobre el
(loder. Aún no había un Tenguaje del ano.
de las justificaciones y
vergüenza: el tiempo en el que, por miedo a la persecución o al
eSCarnió-público, era preferible ocultarse tras barrocas apologías
del «amor entre los hombres griegos» escritas en tercera per-
sona/ el tiempo de Karl Heinrich Ulrichs y del «magnetismo»
que explica que un «un alma de mujer encerrada en un cuerpo
de hombre» sienta una atracción natural hacia otro hombre,
2. Véase, por ejemplo, la hteramra alemana de finales del siglo XIX en
defensa de la homosexualidad griega como tendencia innata: Heinrich Hossli,
Eros: El amor entre /os hombres griegos (1836-1838), Berlín, rosa Winkel, re-edi-
ción de 1996.
140 Terror anal
el tiempo de Proust y sus palabras esconde-maricas, el tiempo
en el que Gide respalda su defensa de la homosexualidad mas-
culina con argumentos misóginos según los cuales nos habría
ido mejor si hubiéramos continuado haciendo la historia entre
hombres.
l
La heterosexualidad se presenta como un muro construido por
la ñaruráleza, pero'es··sÓi¿ de signos, sis-
temas de comunicación, técnicas coercitivas, ortopedias sociales
y estilos corporales.
Pero, ¿alguien sabe cómo se atraviesa un lenguaje dominante?
¿Con qué cuerpo? ¿Con qué armas?
O para formular la cuestión de otro modo: ¿Cómo empezó la
revolución del ano?
Como era de esperar, todo comenzó siendo una historia de ni-
ños, incluso mejor sería decir de niñas -si femenino y masculino
no fueran durante la infancia simples utopías educativas-o «El
deseo homosexual es sobre todo cuestión de infancia» afirma Guy
Hocquenghem. No se lleven las manos a la cabeza, no se trata
de hombres de Iglesia o padres de familia que buscan niños en
los confesionarios o a la salida de los colegios,
infantil y su deseo deg()zar.:de todo, de convertirse en flor y en
jabalí. Durante los años cincuenta, mientras «España» se pudre
en el franquismo y Argelia arde, los vecinos franceses descubren
la cultura del consumo de masas. A tontas y a locas inventan un
nuevo sujeto del mercado, el teenager lo llaman ya los economistas
en Estados U nidos, lo alimentan con chocolatinas y coca-colas, le
compran un look y un medio de transporte contaminante, le dan
acceso por primera vez a la educación superior antes de llamarlo
a integrarse en el mercado de trabajo y, sin saberlo, crean un nue-
vo sujeto político hedonista, opulento pero insatisfecho, lleno de
energía y ávido de nuevas experiencias.
3. Véase la traducción de algunos de los textos de Ulrichs en: Pioneros de /0
homosexual, K. H. Ulrichs, K. M. Kerrbeny y M. Hirschfeld, editado por lbon
Zubiaur, Anrhropos, Barcelona, 2007, p. 35-90, Y André Gide, Et nunc 1114netin
te; Corydon 0911-1920), Editorial Odisea, Madrid, 2002.
TextOs terroristas 141
A mediados de los años sesenta, del otro lado del Atlántico
pero bajo las mismas premisas (consumo + cultura + experimen-
tación corporal), una multirud de hippies construyen un mundo
raro hecho de drogas psicodélicas, rork and roll, gafas con cristales
de colores y sexo, y levantan mientras bailan un bloque pacífico de
oposición a la guerra de Vietnam. Algunos descubren súbita-
mente que tienen ano. 1968-1988, veinte años en los que aquellos
teenagers deciden dotarse (fe- sus instituciones, sus mitos
fundacionales y de producción de subjetividad como
O"bjetO y- posible de transformació_n. Cambia
-música, pero permanece experimen-
tal. Se suceden en esa época un conjunto de microrrevoluciones
que, frente a los levantamientos tradicionales, se caracterizan por
ser poéticas, lúdicas, corporales, y por rechazar el ámbito de la
política craaiclonalcomoespaélo primero de la lucha.
En 1968, los adolescentes dotados de saber universitario
ocupan las calles del barrio latino de París. Las aulas dejan de
ser el lugar en el que se adoctrina para volverse centros de de-
bate político. Marx y el cine se les han subido a la cabeza: piden
lo imposible, ven playas bajo los adoquines de la metrópolis y
piensan reemplazar el código civil por una sola consigna: pro-
hibido prohibir. A las revueléas callejeras le siguen las mayores
huelgas obreras de la historia de Francia. La rebelión había uni-
do a los trabajadores de la fábrica, a los periodistas y a los niños
lectores.
4
Pero la revolución que enunciaban, basada en el fin de la lucha
de clases, era cosa de hombres y no una simple mariconada. La iz-
define sus límites: ni maricas, ni sólo
alcohoI: nos alerta:
::Esposible que la política revolucionaria en sí misma sea una
instancia represiva» (p. 112). Enseñanza provisional: Las revolu-
ciones no son lo que parecen. Las causas capaces de transformarse
en lógicas de poder no son precisamente las más revolucionarias.'

/'4. Viéase Kriscin Ross, Mayo del 68 y sus vidas posteriores. Ensayo contra la
despolitización de la memoria, Acuarela & Machado, Madrid, 2008.
142 Terror anal
La revolución no la hacen los mejores, ni la hacen siempre por las
mejores razones. Además, todo movimiento revolucionario tiene
su jefe de marketing: aquellos que labelizan un bloque revolucio-
nario y designan quiénes pertenecen y quiénes no pertenecen a
él. Conclusión: Las revoluciones también con_s.tr::uy--ep,sus propios
llegado todavía--a su
estadio anal. - ------- - -'-
chicas, los maricas, las lesbianas, las travestis y los
transexuales entran en ruptura anal con el movimiento viril de
izquierda. En Francia, el 26 de un pequeño gru-
po' de mujeres, entre las que se Delphy y
Monique Wittig, llevan a cabo una parodia callejera, inspirada
en las acciones de teatro de guerrilla, en la que rinden homenaje
a la mujer del soldado desconocido: «Hay alguien todavÍ¡¡ más
desconocido que el soldado desconocido: su mujer», reza la pan-
carta. Se trata de una crítica de la invisibilidad histórica de las
mujeres y de la dominación masculina tanto en las instituciones
que estructuran la vida cotidiana, como la familia o el trabajo,
como en las instituciones que archivan, monumentalizan y pro-
ducen la historia. Esa acción relativamente modesta será la pri-
mera que reciba atención mediática dando lugar a la constitución
del Movimiento de Liberación de Mujeres (MLF).
Pocos meses más tarde el llIl
----------=
feminismo blanco, heterosexual y liberal que se centrará (a través
oe1iguras como Antonlette Halimi) en la lucha
por los derechos reproductivos de la mujer (aborto,- anticoncep-
ción), excluyendo a las lesbianas, las travestis, las trabajadoras
sexuales o las mujeres migrantes del discurso feminista dominan-
te. Enseñanza provisional: Las revoluciones no son lo que parecen
y bla bla bla. Corolario: No sé por qué continuamos tragándonos la
versión de la historia que nos dice que la revolución homosexual
la hicieron los gays, Rectifiquemos: La revolución homosexual la
empezaron las lesbianas, las maricas afemmaoas -'yTaS'-tra __
oe-li-i'evollid6fi 'para sobrevivU:--:-
-rempóralesde--estos-zlgzagüeos políticos: -Lí 'revo-
lución anal será lenta.
Textos terroristas 143
Estados Unidos. 1969. Diversos grupos de mujeres surgidos
de la lu2ha pacifista-y de"" los movimientos por los derechos civi-
les de los negros ocupan las calles de Aclanta parodiando el desfile
de Miss America para reclamar ,da emancipación de la mujer de
la categoría de trabajadora sexual gratuita». En pocos meses, hay
asambleas de mujeres en rodas las universidades de California,
piquetes frente a los principales museos y centros cívicos de la
nación. Las feministas definen una forma específica de opresión a
la que llaman "sexismo», denominan "patriarcado» al sistema de
parentesco y transmisión de poder que lo legitima y dibujan las
estrategias de una lucha por la emancipación de las mujeres en el
espacio público: superación de los roles tradicionales de madre y
esposa dentro de las instituciones familiares y domésticas, acceso
a la contracepción y al aborro, independencia económica e inter-
vención en el ámbito de las decisiones politicas.
La revuelta es absorbida por NOW (National Organization of
Women), un grupo creado por Berey Freidan en 1966 que canali-
zará los esfuerzos hacia la igualdad legal entre hombres y mujeres.
La batalla por establecer un equilibrio entre ambos polos parece
desdibujar las diferencias internas dentro de los colectivos de mu-
jeres proyectando un sujeto feminista que excluye a sus propias
minorías sexuales y politicas. Conclusión provisional: El feminis-
mo heterosexual tiene miedo de la revolución anal.
- En mayo de 1970, y un grupo que se hace
llamar "Lavander Menace» (la amenaza violeta) se subleva con-
tra la exclusión de las lesbianas y la marginalización de sus de-
mandas dentro del movimiento feminista NOW. Se produce
.Qrimera ruprura entre el feminismo y el llamado "lesbianismo
radical». Elfeminismo también ha cas-
trado su ano .
. _---" .. --------
En Francia, el 5 de marzo de 1971, la escritora, activista de
izquierda y miembro del MLF Franr;oise d'Eaubonne, junto con
un grupo de lesbianas atacan armadas con salchichones al pro-
fesor Lejeune mientras éste imparte una conferencia contra el
aborto en el Teatro de la Mutualité de París. Surge así llama-
do "Commando Saucisson» (comando salchichón), movimiento
144 Terror anal
en torno al gue se aglutinará después el Frente Homosexual de
Acción Revolucionaria (FHAR). El Commando Saucisson inventa
-
el terrorismo anal. Ridiculizando al mismo tiempo las porras poli-
penes como instrumentos de la política tradicional, el
salchichón apela a la analidad: hecho con la piel del tubo intestinal
de los corderos y los cerdos, su forma no deja de recordar a la de los
excrementos humanos o animales. Poco después, el Commando
Saucisson toma al asalto el estudio de radio desde el gue se emite
el programa de Ménie Gregoire dedicado a la cuestión «La homo-
sexualidad ese doloroso problema,). Si hay gue abrir el
habrá gue hacerlo por la vía cultural. Los medios de comunicación
s,?n' excensa.Sy'oifusas-decünStrucción y normalización de la
iclentidad-:-TERRORISMO ANAL = TERRORISMO KULTURAL.
---sTIaS lesDlaifasTe ven despTazádaspor li-conStrucción de un
feminismo hegemónico, los maricas y las travestis son excluidos a
su vez dentro de las prácticas y los discursos de extrema izguierda
gue consideran la «homosexualidad» y las «drogas» como sÍnto-
mas de decadencia burguesa. La aparición en Francia del FHAR
en 1971, en torno a
)ean-Louis Bory, Franc;oise d'Eaubonne, Guy Hocguenghem,
René Schérer o Michel Cressole será la respuesta a esas exclusio-
nes de maricas, lesbianas, travestis de los gruEQs
surgedelas'cenizasliomófubas
y lesbófobas de Mayo del 68 y del movimiento feminista. Tendrá
por objetivo hacer visible la disidencia sexual en el seno de la ex-
trema izguierda; pero también politizar la sexualidad distancián-
dose del movimiento Arcadie,5 gue hacía de la homosexualidad
masculina una tendencia natural (a menudo secreta, privada y
vergonzosa) frente a la gue el sujeto homosexual no tiene opción
y gue sólo demanda ser respetada socialmente.
Guy Hocguenghem escribe El deseo homosexual en el FHAR, en
ese 'coniéxio"de dIscursos" el.lroc¿ntri--
'. --...
5. Movimiento francés fundado en 1954 por André Baudry en torno a la
publicación de una revisra sobre la "homofilia" o el establecimiento de relacio-
nes afectivas -y no sexuales- entre dos hombres.
Textos tertoristas 145
cos dominantes, pero también de ruptura con los «buenos ho-
-mosexuales» de Arcadie y con <das buenas chicas» del feminismo
liberal.
En el FHAR, Hocquenghem aprende que es posible atravesar
el lenguaje dominante. El FHAR inventa la gramática de la revo-
lución anal y del feminismo queer por venir: sexocidio, falocracIa,
denuncia la opresión polítIca de la homo-
se;:rualidacren un régimen que d'Eaubonne denomina
por primera vez «falócrata» y «heteronormativo», criticando to-
das las de normalización «heteropatriarcales» (la
familia, el colegio, el hospital, la prisión) y la centralidad de
los aparatos de construcción de la identidad sexual dentro del
capitalismo. El anfiteatro de la Facultad de Bellas Artes de París
(el mismo en el que tendrán lugar las asambleas del colectivo
ACT vI' durante los noventa) en el que el FHAR se reúne todos los
durante los años setenta se vuelve un espacio de construc-
ción de nuevos imaginarios políticos. Las cuestiones de raza, cla-
se y sexo público vertebran por prime-fa-vez esos debates, cuyos
(<<m-aricas e instituciones», «hacer el amor-cooTos
árabes», «el sexo entre los adolescentes», «placer clitoridiano»,
«proletariado y sodomía», «viva el colegio erótico» ... ) se rebelan
explícitamente frente a la castración anal que domina el lengua-
je de la izquierdª. - ------------------- -- -- -
Al FHAR se une el gtupO Gazolines (formado por locas, mari-
cas y travestis, entre las que s'e encuentran Marie France, Hélene
Hazera y Maud Molyneux). Influidas por la cultura glam rack, van
a ser __ primeras en utili:z;ar técnicas de teatralización paródica
del espacio práctlcas- que -serándespués--reconcepcuaÍi-
zad;;;poiIa- quéer se-
úaia deponerFffiúslCa;- de echarle a la austera y anal-castrada iz-
quierda unas boas de plumas rosas, unas rayas de coca y unos mi-
ligramos de estrógenos. En 197
vez una manifestación de París: «Nuestro
polítICO», «Familir:: de todos los
paísessodomizaos los unos a los ... El lenguaje
y su trasunto físico, el espacio público,
146 Terror anal
Ese mismo año, aparece en el Estado español durante la dic-
tadura franquista el grupo clandestino MELH (Movimiento
_, __ o
Español de Liberación Homosexual) como respuesta al recrude-
cimiento de la represión de los homosexuales a través de la Ley
de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Sin embargo, su activi-
dad se verá limitada por la dureza de la persecución policial. Este
grupo se transformará después en el FAGC (Front d'Alliberament
Gai de Catalunya), pero no resurgirá de forma pública hasta la
transición en 1977. Por las Ramblas barcelonesas, entre militares
y curas, se pasea Ocaña vestido de virgen andaluza acompañado
por Nazario y los cuarenta maricas.
6
Mientras tanto, en 1972 surgen las Gouines Rouges, (bolle-
ras rojas), entre las que se encuentra Monique Wittig, Christine
Delphy y Marie-]o Bonnet, como reacción frente al carácter «fa-
lócrata» y «lesbófobo» de los movimientos de izquierda, incluido
el FHAR. Los grupos lesbianas de izquierda no se encuentran en
la intersección entre movimientos feministas y movimientos ho-
mosexuales, afirman las activistas rojas, sino que precisamente
se sitúan en el espacio no ocupado por ninguno de los dos. Las
lesbianas se hayan, como afirma Teresa de Lauretis, en el ángulo
muerto, en el punto de ciego de la representación política.
7
Del
mismo modo que la homofobia definía el deseo homosexual, la
existencia lesbiana, dicen, se encuentra en el no-lugar que dibu-
jan la lesbofobia del movimiento feminista y la misoginia del mo-
vimiento homosexual. «Hay lesbianas encima de este escenario y
las hay también en esta sala. Si subimos al escenario es porque
no tenemos vergüenza de lo que somos. Nos encierran en el si-
lencio, nos insultan porque nos negamos a someternos a la ley de
los falócratas y de los hetero-maderos. Somos subversivas. Somos
6. En 1979 Alberto Cardín se ocupa de la edición del libro de Guy Hoc-
quenghem y René Schérer Álbum sistemático de la infancia, Anagrama.
7. Teresa de Lauretis toma esta imagen del análisis que hizo Patricia Whi-
te de la película Madame X: An Absolute Ruler de Ulrike Ottinger. Véase: Teresa
de Lauretis, "Sexual Indifference and Lesbian Represenration», TheatreJournal,
vol. 40, n.O 2. (mayo, 1988), pp. 155-177.
Polícicas del ano 147
lesbianas porque elegimos nuestro propio placer. Nuestro placer
no es ni una masturbación a dos, ni infantilismo psicosexual, ni
una caricatura de las relaciones hombre-mujer. Nuestro placer
existe fuera de toda norma. Somos lesbianas y estamos orgullosas
de serlo. »8
Comienza así un proceso de fragmentación y de desplazamien-
to quepone en cuestión la suIe.Úae.r.D.i-
nista yaeünunlco sujeto Proces9 muy similar
ifgüe-rehdra-Iuga-renTá- el feminismo
y
queer. Se dibujan
delS"iglo'fáS-oos'y{as de acción política que emergen de los mo-
vimientos de izquierda: revolución o normalización, colectivizar
el ano o cerrarlo.
POLÍTICAS DEL ANO
Si todo esto te ha parecido demasiado lineal y contra-bíblico; si ya
has cambiado la hagiografía de nuestras heroínas por la asamblea
anal, si lo tuyo es más el videojuego teórico que el teatro de civi-
lizaciones, también te lo puedo contar de otra forma.
Prepárate para jugar: El deseo homosexual es un arma. Pero no
es una lámina de acero, ni una bala, ni un misil, ni es tampoco una
bomba. Aunque su potencia de transformación (que no de destruc-
ción) multiplica la de todos ellos. El texto de Guy Hocquenghem
es un arma crítica inventada por una de las escasas revoluciones
no cruentas de la historia del siglo xx: el feminismo y los movi-
mientos de lucha por la emancipación de las minorías sexuales
activan la primera revolución hecha con lenguaje, drogas, música
y sexo. Separándose de las armas tanatopolíticas que caracterizan
las luchas históricas del siglo xx (desde la metralla pasando por
el gas de las cámaras de Auschwitz hasta la bomba H), el movi-
miento gay, lesbiana y trans coloca la vulnerabilidad dd cuerpo
--------- ---- .. - _.-._.-.. "-.,-._--- ----, ... ,---_ .. ,,,--_. '-.. -_.'
8. Les Gouines Rouges, Gu//iver, n.ol, París, noviembre de 19.72.
148 Terror anal
y su supervivencia et del discurso político y hace de la
foro de eas en
los limites de lo socialmente posi le, el centro de la
----------- ------- ------
revoluciones pacíficas podrían denominarse, pensando
en la teoría libidinal dibujada por El deseo homosexual, políticas
del ano. Se trata de formas de acción y crítica que surgen como
reacción tanto frente a las estrategias biopolíticas de finales del
siglo XIX y del xx que habían inventado la desviación sexual y sus
patologías a través de métodos médico-jurídicos, como frente a
los excesos tanatopolíticos de mediados del siglo xx: Auschwitz,
Hiroshima, pero también las guerras de descolonización de
Argelia y Vietnam. Entre 1968 y 1988 se inventan las políticas
ano como agenci;:-mientos colectivos frente a las (bio/tanato-)
ahora habían sido las formas tradi-
Cionales de gobierno de lo social: ejercicios de poder en los que la
mutilación muerte se ha;-convertido en formas de defender
la vida de las poblaciones. Estas micropolíticas de maricas, bolle-
ras, travestis y transexualesse oponen al modelo tradicional de la
política como guerra (tanto biopolítica como tanatopoHtica hallan
sus referencias en la guerra como último modelo de control), y
de relación, fiest;'
comunicación, autoexperimentación y placer.-"·-----
-'''Pódñimos decir- queTaspolfucas del an(;" son conrra-biopolí-
ticas. PciÚantó';'pofftlcas-deI cuerpo,
y de sus modos de aquí el cuerpo
ya no se concibe como depósito natural de cualidades o defectos
que han de preservarse o eliminarse mediante la educación, la
disciplina, la esterilización o la muerte. Ya no se trata del cuer-
po humao.o, ni del cuerpo femenino...Y ni deTcueCPó
racialmente superior o inferior, sino del cuerpo como plataforma
vulnerable, histórica y socialmente cO[1strui<:ia, cuyos
límites se ven constaoremeore redefinidos_
r---
El deseo homosexual es un manual de instrucciones para hacer
funcionar un orificio anti-sistema instalado en todos y cada uno
de los cuerpos: el ANO. Preciso, ofensivo, vital, es una máquina
Políticas del ano 149
revolucionaria altamente manejable y pensada para su uso co-
lectivo.
¿Cómo saber si aún tienes ano? ¿Cómo escribir con el ano (en
caso de que aún lo tengas)? ¿Qué podemos aprender del ano?
¿Cómo hacer la revolución anal? Busca.
¿De verdad sabes qué es un ano? Entonces, responde: ¿Es el
ano un órgano sexual? Y en caso de que lo fuera, ¿de qué sexo?
¿Ya qué sexualidad pertenecen las prácticas que lo implican? ..
Entonces, no respondas. Primero descarta toda certeza anatómica,
desconfía de las evidencias visuales y lingüísticas.
Remítete primero al diccionario de la lengua española de la
Real Academia. Ano: «Orificio que remata el tubo digestivo y
por el cual se expele el excremento». Compara esta definición con
las de otros órganos situados en un área próxima. Pene: «Órgano
masculino del hombre y de algunos animales que sirve para mic-
cionar y cúpular». Vagina: «Conducto membranoso que en las
hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta la ma-
triz». Vulva· «Partes que rodean y constituyen la parte externa
de la vagina». Matriz: «Víscera hueca, de forma redoma, situada
en el interior de la pelvis de la mujer y de las hembras de los
mamíferos, donde se produce la hemorragia menstrual y se de-
sarrolla el feto hasta el momento del parto». Primera conclusión
provisional: Algunos órganos gozan de un estatuto biopolítico
privilegiado. Sólo el pene aparece como un órgano sexual, siendo
el ano y la vagina relegados a órganos excretores y gestadores res-
pectivamente. Pero, ¿cómo definir entonces las prácticas de amor
anal? Un pene que no copula, según esta definición, ¿puede seguir
siendo considerado pene? Y un ano que copula, ¿debe considerar-
se pene, membrana o víscera hueca? Dejemos estas cuestiones en
suspenso. Sospecha derivada: La Real Academia de la Lengua está
en el ajo con el Régimen de Castración Anal. La tarea de los y las
activistas del FHAR será inventar un lenguaje anal.
150 Terror anal
SABER ANAL
El deseo y de proyecto, el
de una forma de saber que hoy conocemos como
por un coñjunto de teó-
nEOi'fiCtivistas maricas y bolleras a finales de los años ochenta,
la teoría queer podría definirse, siguiendo a Hocquenghem, como
una crítica de los fundamentos sexistas y heterocentrados que im-
pregnan el discurso de la modernidad. pos elementos
específicos en esta tarea crítica: En primer lugar, y a diferencia
de otras prácticas de saber, la teoría queer proviene directamente
del activismo, se trata situado» (Donna Haraway)
que emerge de las estrategias de lucha frente a la normalización
inventadas durante el último siglo por las minorías sexopolíti-
caso Los textos inaugurales de la teoría queff tendrán innume-
con los textos de Guy Hocquen hem
del FHAR: uso e a InJuna queer, omosexua, marica, bollera)
como ele de enunCiaCiÓn y de producción de saber, crítica de la
heterosexual, desplazamiento de las oposiciones
tradicionales hombre/mujer, hetera/homosexual, elaboración de
una teoría compleja de raza,
claSe;' 'ltñ este sentido, la teoría queer no es
'561ó una'C1e-nc1i' sexual, sino un cuestionamiento
radical de los modos de de en la

En segundo lug3.!"..aquello que definirá a la teoría queer entérmi-
nos críticos y que hace de los textos de Hocquenghem su más clara
precedente es, como ha señalado Michael Moon, la reapropiación
de los conceptos elaborados por la filosofía postest;uctural. Y esto
en un circuito de retroalimentacion teoría/práctica política en el
que sería difícil distinguir la causa del efecto. Encontraremos en
Hocquenghem, por ejemplo, lecturas que hoy llamaríamos queer
9, Me refiero especialmente a Gender Trouble de Judirh Buder, 1989, al
artículo «Queer Theory» publicado por Teresa de Laureris en 1991 en la revisra
Differences y a La epistemología del anna,.io de Eve K. Sedgwick,
Saber anal 151
de la crítica de la reducción de la economía libidinal a mecanis-
mos psicofamiliares esbozada en El anti-Edipo, pero también de la
noción de «interpelación» tal y como Althusser la elabora en
la «Ideología y los aparatos ideológicos del Estado» o de la teoría
de la «des-sublimación represiva» de Marcuse. Pero esta relación
la filosofía postestructurares;a"suve;:la
inflexión que produjeron en las dISCiplInas tradicionales (filo-
sofía, de la dife-
rencia, el análisis de la opresión y la resistenCia á la -ñ6rmaqUe
los movimientos micropoTíticos<fue-emergen-;1ina"-
Tesdelosaños ·poi-primera
del FHAR, de Guy Hocquenghem, René Schérer,
d'Eaubonne y Monique Wittig así como en el número
especial de la revista Recherches «Trois milliards de pervers» edi-
tado por el FHAR.
Durante los años posteriores a la segunda guerra mundial, co-
mienza a generarse en Francia un saber que surge de! impacto
de las políticas de descolonización, de los movimientos obreros,
estudiantiles, feministas y homosexuales en los discursos produ-
cidos por el marxismo, el existencialismo, e! psicoanálisis y la
filosofía estructural. Pero no hay primero una teoría postestructu-
ral que luego se queeriza al ser repensada por escritores y escritoras
maricas, bolleras y transexuales, sino que la teoría postesrructu-
ral es ya el resultado de un intenso proceso de cuestionamiento
-sexopolí Cico filº-:
sóficas dominan la ecología conceptual de los años cincuenta.
Derríd;, De!euze, Guattari y Foucaulr son tan herederos del femi-
de .. como estos lo son de
la llamada filosofía poscestructural. _.... - - ._ .. -... -._ ..... _- -- " ..
--ArmÍsmü-éíempo que seproduce una revuelta en las calles
de París, tiene lugar también una sacudida profunda del sistema
educacivo y de sus formas de producción y transmisión de saber.
A finales de 1968, Foucault, que acaba de volver de Túnez don-
de los estudiantes se han rebelado ya en marzo, asume la direc-
ción del departamento de filosofía de la Universidad de París 8-
Vincennes. Aunque la idea del ministro Edgar Faure del gobierno
152 Terror anal
del general de Gaulle era alejar del centro de París las revueltas
estudiantiles llevándolas hacia los barrios periféricos, el resultado
fue la construcción en Vincennes de un centro de producción de
saber disidente insertado en las redes mismas del sistema univer-
sitario francés: en torno a Foucault se reúnen Gilles Deleuze y
Félix Guattari, una parte de la izquierda maoísta, pero también
un buen número de jóvenes de la izquierda althusseriana entre
los que se encuentran ]ean-Fran<;ois Lyotard, ]acques Ranciere y
Alain Badiou.
Se perfila así una forma de acción política distinta de la que
propone en su momento Sartre. Mientras que Sartre aparece corno
un intelectual-tres-en-uno listo para defender todas las causas (el
movimiento obrero. el judaísmo, la excentricidad de Genet...),
Foucault dibuja la figura de un intelectual específico al mismo
tiempo modesto e implicado en las causas que defiende. Pero se-
gún Foucault la implicación tampoco ha de asumir un rostro, sino
que debe ser impersonal. Aunque sea Foucautt quien durante los
años setenta elabore las hipótesis más radicales acerca del carácter
histórico y políticamente construido de la sexualidad, nunca se
presentará corno protagonista de la escena sexopolítica disidente,
no enunciará nunca (excepto en una breve entrevista que concede
en uno de sus viajes a Estados Unidos) su «homosexualidad» en
primera persona, sino que, en segundo plano, actúa corno dina-
mizador de un campo de fuerzas con el que dice no poder i d e n t i ~
ficarse por completo. Quizás junto con las técnicas de incitación
a la confesión de la verdad del sexo frente a laS que Foucault dice
resistir, existen también otro conjunto de técnicas de producción
de silencio que hacen imposible articular la posición de un suje-
to de enunciación homosexual productor de saber crítico sobre sí
mismo y sobre la sociedad dentro de las instituciones universi-
tarias francesas. ¿Qué hubiera implicado a mediados de los años
setenta que el director del departamento de filosofía de Vincennes
hubiera enunciado públicamente su «homosexualidad» o su par-
ticipación en prácticas sadomasoquistas? ¿Cómo habría afectado
esa enunciación a la recepción y la lectura de la Historia de la
sexualidad o de Los anormales?
Saber anal 153
En 1969, Deleuze y Guattari publican El anti-Edipo. Capitalis-
mo un modo médIto de práctica
y de crítica cultural. El mensaje es claro: los mitos con los que
trabaja el deben ser tratados como metáforas polí-
ticas. La máquina deseante del inconsciente funciona como una
máquina social, es decir, como un sistema económico-político de
producción. De todas las máquinas de control y represión, la fa-
milia (el triángulo mamá-papá-el-niño) aparece como la base de la
pirámide despótica, a la que se enchufan en concatenación de flujos
todas las otras máquinas capitalistas. La consigna es revoluciona-
ria. El y colectivo. Deleuze y Guattari lo explican de
este modo: «No nos dirigimos a quienes piensan que el psicoa-
nálisis sigue e camino correcto y tiene una visión apropiada del
inconsciente. Nos dirigimos a quienes piensan qu.e es monótono,
triste, como un runtún (Edipo, la castración, la pulsión de muer-
te, etcétera). Nos dirigimos a los inconscientes que protestan.
Buscamos aliados. Tenemos gran necesidad de aliados. Tenemos
la impresión de que nuestros aliados están ya por ahí, que se nos
han adelantado, que hay mucha gente que está harta, que pien-
sa, siente y trabaja en una dirección análoga a la nuestra: no se
trata de una moda, sino de algo más profundo, una especie de at-
mósfera que se respira y en la que se investigaciones
convergentes en dominios muy diferentes». I
Y habrá alianzas: El Hocquenghem de I deseo homosexual es
un lector de El anti-Edipo, del mismo modo que D & G son lecto-
res de Foucault y se dejan inspirar por las revueltas estudiantiles
y sexuales que recorren Francia. El anti-Edipo surge en realidad
de estos intercambios, de la búsqueCIade un nuevo lenguaje que
redefina las relaciones deseo y subjetividad en el seno
de lo que Guattari comienza a denominar el «capitalismo mun-
dial integrado». Del mismo modo, El deseo homosexual no es sim-
plemente una aplicación de las teorías de la producción deseante
de El anti-Edipo, sino su extensión y su implicación en una crítica
lO. L'Are, n.o 49, 1972. Encrevista con Gilles Deleuze y Félix Guattari
realizada por Carherine Backes-Clémenr.
154 Terror anal
del capitalismo que tome en consideración la sexualidad como
un motor central de la producción. La influencia aquí es tanto
de Deleuze y Guattari como de Foucault, Schérer y Fran<;oise
d'Eaubonne.
En la década de los setenta, Vincennes se convierte en un la-
boratorio de propuestas de acción de resistencia a la normaliza-
ción institucional. En de 1971, junto con
Jean-Marie director de la revista Esprit, y con el his-
toriador Pierre Vidal-Naquet el GIP (Grupo de Información sobre
las Prisiones). El GIP tiene abrir puntos de fuga
en el sistema de encierro penitenciario francés estableciendo vías
de comunicación con el "exterior» que revelen cómo funcionan
los dispositivos de poder y subjetivación que la prisión oculta. Y
abrir la prisión es abrir el ano del cuerpo social. Una de las prime-
ras acciones consiste en llevar a cabo una encuesta pública entre
los internos de las diferentes instituciones penitenciales francesas
que permite a los encarcelados producir un conocimiento sobre la
prisión y sus técnicas de subjetivación que atraviese y cuestione
el poder de los muros.
Entretanto se organiza también el CERFI, una red de más de
setenta y cinco investigadores independientes (entre los que se
encuentran Deleuze, Guattari, Anne Querrien, y Foucault, entre
otros) conectados con diferentes grupos de izquierda. El CERFI
propone tomar los métodos de colectivización de conocimiento
surgidos de Mayo del 68 para repensar la transformación urbanís-
tica, la producción artística, la cura psiquiátrica, la educación o
la economía: "En las reuniones se habla de las investigaciones en
curso, pero también de las implicaciones subjetivas, del deséo».1I
Huyendo del estilo académico y de la publicación de autor crean
la revista Recherches con el objetivo de «poner en práctica agencia-
mientos colectivos de enunciación».
El biógrafo de Deleuze y Guattari relata el impacto que causó
en el CERFI la aparición de Guy Hocquenghem acompañado por
11. Franr;ois Dosse, Gi/les Deleuze et Félix Guattar¡. Biographie croisk, 2007,
p.320.
Saber anal 155
algunos miembros del FHAR (René Schérer y un grupo de mari-
cas, travestis y bolleras) que exclamaba con El anti-Edipo en la
mano haber encontrado la teoría necesaria a partir de la cual llevar
a cabo una crítica del régimen heterosexual. 12 Hocquenghem, que
acaba de terminar El deseo homosexual, propone al CERFI la publi-
cación de un número especial de la revista Recherches dedicado a
la homosexualidad. El resultado será «Trois milliards de pervers:
Grande encyclopédie des homosexualités». Este número (dedica-
do entre otras cosas a la crítica del sistema educativo heterosexual,
a las relaciones sexuales con <dos. árabes» y a la pedofilia) será el
más célebre y provocador de la historia de la revista y desencade-
nará una persecución judicial contra su editor (oficialmente Félix
Guarrari, cuyo despacho en la clínica de La Borde y domicilio
privado serán inspeccionados) que conducirá a la retirada de la
revista de la venta por «atentado contra la moral y las buenas
tumbres». El veredicto exige la destrucción de todos los ejempla-
res de la revista que constituye según los jueces «un despliegue
detallado de tormentos y desviaciones sexuales» y que presenta
«la exposición minuciosa de una minoría de perversos».
Es en este contexto donde la figura y el discurso de Guy
Hocquenghem van a producir un desplazamiento radical del suje-
to de la enunciación cientifica y política. El ano homosexual habla
y produce por primera vez un rrlÍsmo. E!¡te saber no
procede de o de la vergüenza, no busca excusarse
o legitimarse, no es descripción de la patología o de la deficiencia,
sino que como una forma de crítica política y de trans-
formación social. Entre Sartre-el-universaI que enuncia todas las
causas políticas como si fueran suyas y Foucault-el-impersonal
que reniega de la posibilidad de articular su posición dentro de
las luchas que anima, aparecerá un nuevo tipo de revolucionarios
locales y anales precursores de lo que luego será la política queer,
entre los que Hocquenghem será primero y paradigmático.
Guy Hocquenghem había entrado en las juventudes comunis-
tas Oeunesses communistes révolutionaires, de afiliación trotskista)
12. Op. cit. p. 326.,
156 Terror anal
con tan sólo quince años, pero pronto comprende que su «orien-
tación homosexual» supone un obstáculo para ser aceptado en-
tre los militantes del partido, que abandona definitivamente en
1965, pero al que forzará durante toda su vida a reconocer su
(,mitología heterocentrada». Participa en las primeras revueltas
estudiantiles de Mayo del 68 en la Rue Lussac del barrio latino
de París. En 1971, juntO con otros maricas y lesbianas, confisca el
número 12 de la revista del partido comunista francés Tout ce que
nous voulons y publica una portada que exige la liberación política
de mujeres y minorías sexuales. «Reclamamos nuestra feminidad
como las mujeres rechazan la suya, al mismo tiempo que afir-
mamos que estos roles no tienen significado.» El número 12 de
la revista es denunciado como «obsceno y un atentado contra la
moral», confiscado por la policía y retirado de la venta.
Formado como filósofo en la prestigiosa, blanca y heterocen-
trada École Normale, Guy ejerce después como periodista en
Libération, que durante los años setenta se define aún como un
espacio de debate militante de izquierda. EllO de enero de 1972,
concede una entrevista a la revista Le Nouvel Observateur en la que
dice abiertamente que es marica -incluso su madre responde a
la entrevista con una carta abierta-o Se convierte así en el primer
intelectual francés
política de «marica». Guy Hocquenghem será uno de los prime-
rosactlvistas-sexuafes que entienda los medios de comunicación
como" espacios posiolesae--¡'OJ(upaC"ión" "ó.ílturar;;-prOdUCCIÓn de
vislbifidild
com6flii=-

13 Hay dos tipos de escritores: los que mienten
para decir la verdad y los que dicen la verdad para exponer una
mentira colectiva. Guy pertenece a estos últimos. Decirse hómo-
sexual no es en 1972 ni una pose, ni una moda, ni siquiera un
13. En 1973 saca del armario al editor de la revista Actuel para la que tra-
baja, lo que llevará a que sus amigos le conozcan como «el ángel exterminador»
haciendo referencia a la película de BuñueI.
El método anal 157
gesto de coraje. Es al mismo tiempo una declaración de guerra y
un modo de exponerse, vulnerable, frente al lenguaje y la mirada
dominantes. Es decir: aquí estoy, soy simplemente un ano.
EL MÉTODO ANAL
_._ Schérer,
Wittig, los del,
inventan una forma de conocimiento anal (marica-bollera-trans)
que d;;splaza la enunciaéión científica-'tradicional produciendo
Una auténtica ruptura ,Qiiat,tá.-ri-
bien esÍ:;'seísmo científico en laiñrrodilcción de «Trois milliards
de pervers»: «El objeto de este dosier -las homosexualidades,
hoy, en Francia- no podía abordarse sin cuestionar los métodos
ordinarios de la investigación en ciencias humanas que, con el
pretexto de objetividad, intentan cuidadosamente establecer una
distancia máxima entre el investigador y su objeto. El análisis
institucional -refiriéndose a su propio método de análisis es-
quizopolítico que él había puesto en marcha en la clínica de La
Borde- por el contrario implica un descentramiento radical de
la enunciación científica. Pero no basta, para conseguirlo, con
contentarse con "dar la palabra" a los sujetos concernidos, sino
que es necesario crear las condiciones de un ejercicio total, qui-
zás paroxístico, de esta enunciación. Se trata --dice Guattari-,
de superar tres tipos de censura epistemológica: a) el pseudo-
objetivismo de las investigaciones de campo de carácter social;
b) los prejuicios psicoanalíticos que proponen una comprensión
psicológica, tópica y económica de la homosexualidad ("fijación
pre-genitales, pre-edípica o pre-simbólica", en continuidad con
la psicología patológica del siglo XIX); c) pero también de des-
plazar los modelos tradicionales de la militancia homosexual».
Ya no se trata de la defensa de las reivindicaciones de mino-
rías inocentes y oprimidas, ni de la homosexualidad-víctima, de
la homosexualidad edípica, culpable, avergonzada y miserable.
homosexuales hablan en nombre de todos nombre de
158 Terror anal
la mayoría silenciosa- y cuestionan todas las formas de produc-
ción deseante» ,14 >
Se dibuja así otra forma de conocimiento, otro sujeto de la
enunciación oeritífica, pero tambIén se CJ.espeJa otro campo epis-
temológico, se reconfigura el- territorio de lo que hasta entonces
resulta invisible. del 68 nos ha enseñado a leer
los muros y después hemos empezado a descifrar los grafitos de
las prisiones, los hospitales y los baños públicos. He ahí todo un
nuevo espíritu científico que está por hacer';>:)EI objetivo yanoes
:salvar a los prisioneros» o «dar vo'z a los habitantes de los barrios
periféricos» hablando por ellos sino «crear las condiciones de la
enunciación» a través de las cuales «los prisioneros», «las asocia-
ciones de vecinos» o «los homosexuales» puedan producir un saber
sobre sí mismos, reapropiándose de las tecnologías de poder que les
constituyen como abyectos.
Los activistas del FHAR buscan una forma de producción de
saber acerca de la homosexualidad que escape a las trampas del sa-
ber científico, de la interpretación psicoanalítica, pero también
de los discursos confesionales y victimistas, de las narraciones de
la culpa y de las peticiones de respeto. Por una parte, cuestionan
los criterios de objetividad propios de las ciencias humanas como
parte del dispositivo de control que había creado las categorías
homosexual/heterosexual. Pero también, desplazan el método
psicoanalítico y los mitos que constituyen su base hermenéu-
tica exponiendo las metáforas raciales y sexuales que subyacen
a ésta.
El diván ha sido remplazado por el taller, la asamblea dialógica
por la backroom, la encuesta epidemiológica por la deconstrucción
de las metáforas científicas, la cura individual por la experimenta-
ción colectiva, la lobotomía por la genealogía política. Se elabora
así por primera vez una ciencia del ano que surge de la ruptura
científica» que marcó la n'adición cen-
rroeuropea y colonial de las cienciaS' humanas y que condUjO a la
producción del degene-
__ ._-_ .. "- _ .. _._---. . --- _. ",' ....... _ .. - -.- .... _ .. __ .•.
14. Félix Guarrari, RechercheJ, "Trois rnilliards ... », op. cit., p. 3: '.
El método anal 159
estratégicamente situada en una cartografía de los anor-
males junto con otras figuras liminares como la mujer violenta, la
prostituta, el hombre criminal, el enfermo mental o el discapaci-
tado. La expresión «A la mierda con todo. Que os den por el culo»
podría resumir bien esta estrategia metodológica.
Forzosamente colectivo y político, este saber no puede sino arti-
cularse en primera persona. Y esto no porque se trate de un registro
de testimonio o de autobiografía, sino porque hasta ahora la homose-
xualidad no ha podido darse como saber sobre sí o síntesis reflexiva.
«Habla desde tu ano", es decir, explícame cuáles son los flujos de
poder (libidinales, económicos, lingüísticos ... ) que ce constituyen.
Habla desde donde nunca creíste que una palabra pudiera enunciarse
como nombre propio':'Es necesario jugar a la parodia de dibujar un yo
que se afirma como marica, bollera o travesti para poner de manifies-
to los fallos constitutivos del sujeto tradicional de la representación
democrática. La enunciación científica pasa así bruscamente de la cer-
cera persona deISlngwar (el científicº que habla del ((homosexual,,) a
dos en primera persona
y la «((vosotros los heter¿-
que tenéis miedo» ).
Aquí, la salida del armario no toma la forma de la confesión,
sino, por decirlo en los términos de Judith Bucler, de la ((inver-
sión performativa,,: la afirmación ((soy homosexual>, no es un
enunciado soberano, sino una ((citación descontextualizada,' de
la injuria. La palabra ((homosexual>" lejos de tener un valor on-
tológico, opera"cómo'-un' El enunciado ((soy
no sobre la identIdad del
dice: el sujeto que hasta ahora ha sido cons-
(analizado, reducido a ano social) ;xcede la
injuria, no se deja contener por la violencia de los términos que lo
y habla, un nuevo de enunciación y
abriendo la pQ.sÜ>ilidád a.formas.1Uiuras..de legitimacI6ñ:"''''--
---------
/Í5. ) Sobre la reapropiación performariva de la injuria, véase: Judirh But-
lfr, Ú1ffoje, poder e identidad, Ediciones Síntesis, Madrid, 1997, pp. 55-73 ..
160 Terror anal
El punto de partida de El deseo homosexual y del Rapport contre
la normalité del FHAR será expropiar la noción de homosexualidad
a los discursos médico-jurídicos por los que fue inventada para
redefinida como «categoría psicopoliciaca», efecto de un sistema
de control y regulación de los flujos sociales del deseo (p. 23).
No queda una cabeza en la biblioteca de títeres de la historia de
la sexualidad: pasan por su barbería Freud, Ferenczi, Kinsey,
Martin Hoffman, Adler, Nacht, Stekel... A través de un análisis
detallado de los textos, Guy Hocquenghem despeja la incógnita
política de las ecuaciones psicológicas y psiquiátricas que han
construido históricamente la categoría de homosexualidad. Ni
«perversión sexual» (Krafft-Ebing), ni «orientación de la libido»
(Freud), ni siquiera «práctica sexual entre pefsonas del mismo
sexo» (Kinsey). La homosexualidad es el efecto de un régimen
político que Hocquenghem siguiendo a Deleuze y Guattari de-
nomina «ca italismo» ue Moni ue Wittig llamará después
«heterosexualidad» «La sociedad capitalista fabrica la homose-
xualidad como produce lo proletario, suscitando a cada momen-
to su propio La homosexualidad es una fabricación del
mundo normal»)p. 23).,De ahí la conclusión lapidaria: No hay
homosexualidad sin El deseo homosexual
de des-psiquiatrizacion de la
homosexualidad, semejante al que hoy intentan los activistas
transexuales, transgéneros e intersexuales con las categorías de
«transexualidad» e «intersexualidad». 16 «La homosexualidad»,
dice Hocquenghem «a la vez no existe y existe: es su modo de
existencia el que pone en tela de juicio la certeza de su existencia»
(p. 25). Se aproxima de este modo a identificar por primera vez el
curioso estatuto metafísico de las eñtidades biopolíticas: la homo-
seXUaIIaad y la heterosexuahdad{como la raza o la pureza de san-
gre) no son ni verdaderas ni falsas, ocupan el espacio de las má-
qUillas sociales, son constructos hist6flcos, fiCCIOnes somátIcas,
16. Mientras que la categoría de la homosexualidad desaparece del MSD
en 1973, en parte gracias a la presión de los grupos homosexuales, la categoría
«uansexualidad» entra a formar parte del MSD en 1980.
Políticas de identidad y normalización anal 161
inventos toman la forma de cuerpos, la consistencia
de la vida. ------------.--------
- Las preguntas etiológicas: ¿cómo se llega a ser homosexual?
¿Tuvo la culpa papá o mamá?, son reemplazadas por la interro-
gación política: ¿cuáles son las causas de la normalidad hetero-
sexual? ¿Cuáles son los mecanismos de control y represión que
aseguran que la heterosexualidad (con su ritual coreografía cor-
poral y sus rígidas instituciones de relación y filiación) siga apa-
reciendo como la única sexualidad natural? Ya no es cuestión de
explicar qué es «el deseo homosexual», sino de llevar a cabo un
análisis detaIlado soore las tecoicas ae----aomeStlCación, castigo y
que hacen posible la regularidad estricta y calculada
ÉT problema no es el sexoanar;"Sino la
del hombre-castrado-de-ano. ------
POLÍTICAS DE IDENTIDAD Y NORMALIZACIÓN ANAL
Hocquenghem será no solamente uno de los inventores del «sa-
ber anal» y dinamizador de sus políticas sino también aquel que
de manera más lúcida indicó las posibles trampas que acechaban
al movimiento homosexual con la entrada en la esfera pública y
la integración en las instituciones sociales hegemónicas (familia,
escuela, ejército, museo, hospitaL.). Hocquenghem, estudian-
do la relación entre homosexualidad y fascismo, alerta sobre los
peligros de una posible revolución sexual que tuviera como ob-
jetivo «normalizar la homosexualidad», transformándola en una
forma de satisfacción sexual natural paralela a la heterosexual.
Paradójicamente, nos dice Hocquenghem, esta forma de revolu-
ción sexual resolvería «el problema homosexual» haciéndolo des-
aparecer.
Por ello, los activistas del FHAR van a elaborar una noción
política de «homosexualidad expandida»: La homosexualidad
no puede ser una identidad entre otras. Son homosexuales todas
aquellas formas de deseo, relación y placer que, dicen, existen fue-
ra de la norma heterosexual burguesa. El deseo homosexual es, en
162 Terror anal
definitiva, el nombre de una ruptura con la norma. Quieren huir
de este modo de la especialización política que haría de los «bue-
nos gays y las buenas lesbianas» funcionarios homosexuales que
se ocupan de la defensa de los derechos individuales de los ho-
mosexuales. En el Rapport contre la normalité afirman: «No somos
revolucionarios especializados en cuestiones de la sexualidad ...
Nuestro objetivo es el ámbito completo de lo político» (FHAR,
1971). En el discurso del FHAR, la sexualidad ha dejado de ser
una cue'stión f>eiiféric'a del
tirse en la piedra de toque que permite diagnosticar los procesos
el sujeto dócilde
la sociedad fordista. La homosexualidad no es aquí, como a veces
quiere dar a entender la hetero-izquierda,:'un motor revoluciona-
rio, sino un modelo, entre otros, de resistencia y de recodificación
de los flujos de saber-poder.
Hocq uenghem y el FHAR denuncian la llegada ya en 1972 de un
movimiento homosexual que se ha dejado castrar el ano. Critican
desde el principio la aparición de un movimiento homosexual nor-
malizado cuyas retóricas de liberación han sido recuperadas por la
propaganda «individuo, familia, patria», un movimiento homo-
sexual manso que busca el consenso, el respeto justo de la diferencia
tolerable, la integración. Las políticas de identidad gays (y, en mu-
cha menor medida, lesbianas) aceptarán la lógica liberal en la que
existencia y representación políticas significan derecho al consumo
y a la visibilidad mediática. Del mismo modo que habían criticado
cómo la izquierda hizo del «problema de los homosexuales» una
causa de segundo orden con respecto a la urgencia de la revolución
obrera, dejando el «margen» como estrecho territorio político de
las minorías sexuales, ahora critican el riesgo de colaboración de los
homosexuales en proyectos estatales de represión de la sexualidad
que separen a los «perversos» de los «buenos homosexuales», los
«yonquis» de los «sobrios», las camioneras. de las lesbianas discre-
tas y cultivadas, los transexuales dispuestos a encontrar su verdade-
ro sexo de los disfóricos sin remedio.
La paranoia anti-identitaria del FHAR puede hoy considerarse
como un diagnóstico lúcido de una mutación política en cur-
Políricas de idenridad y normalización anal 163
so. El decenio 1980-1990 coincidirá en Estados U nidos con el
de expansión de las políticas de identidad gays, pero
también con el período en el que las estrategias neoliberales y la
globalización de su modelo capitalista serán entendidas y legi-
timadas como fuerzas de democratización del mundo, primero
frente al totalitarismo comunista, y más tarde frente al terrorismo
islámico. Será también el momento de la cristalización del sida
como nueva enfermedad cultural de masas en torno a la que se
aglutinarán las retóricas homófobas y eugenésicas que ya esta-
ban presentes desde finales del siglo XIX. El virus del sida, como
si se tratara de una cristalización biopolítica tardía de algunas
intenciones eugenésicas que Occidente había puesto a prueba a
través del experimento nazi, cambia el medioambiente y las con-
diciones generales de inmunidad en el que se inventan nuevas
estrategias de supervivencia y se llevan a cabo otras micropolíti-
cas revolucionarias. En este contextQ_qe
revolucionarias, las micropolíticas queer de finales de los ochentª
_.---.... ..
¡"los Avengers, Radical Fury, prácticas
de las políticas transgénero e intersexuales)
serán modos de supervivencia
FHAR., las "Gouines _
---Eo"T984 mue-re--Mi"chel Foucault de sida. En 1988, Guy
Hocquenghem. Dos años antes de su muerte, Guy denunciará en
el agrio panfleto Lettre ouverte el ceux qui son! passés du col Mao au
Rotary (Carra abierta a aquellos que han cambiado el cuello Mao
por el club Rotary) cómo los movimientos revolucionarios, en
busca de visibilidad, se han visto absorbidos por su propio pro-
ceso de espectacularización. Porque no basta con haber tenido el
ano abierto. Es necesario seguir haciendo de él un campo relacio-
nal. ¿Cómo hacer política sin renunciar al ano? ¿Cómo reclamar
representación sin renunciar al ano? No renunciar al ano significa
no darle más al poder de lo que éste nos exige. La pregunta de
antaño ¿cómo hacer la revolución anal? se metamorfosea ahora
en esta otra: ¿cómo evitar el marketing anal? ¿Cómo sobrevivir a
los efectos normalizantes de las políticas de la identidad? ¿Cómo
sobrevivir con el ano colectivo yabierro?
164 Terror anal
No hay directivas, no hay una agenda ni un programa preciso,
se los ·prlmeros días
de la revolución anal:
Desconfía de tu deseo, sea cual sea. Desconfía de ru identidad,
sea cual sea. La identidad no existe sino como espejismo político.
"El deseo no es una reserva de verdad, sino un artefacto construido
culturalmente, modelado porra vIOlencia incentIVos y
las recompensas, pero tambIén por el miedo a la exclusión. No
hay deseo homosexual y deseo heterosexual, del mismo modo
que el deseo es siempre un recorte
arbitrario en un flujo ininterrumpido y polívoco. Así entende-
mos que el brulo de1hbro de Hocquenghem, El de.reo homosexual,
como el de Monique Wittig, El cuerpo lesbiano, apuntan, con un
guiño paródico, a mecanismos de construcción política y no a
entidades o sustancias.
La revolución anal es impura. Los activistas del FHAR afirman
en «Trois milliards de pervers»: «Este texto no se presenta como
un manifiesto, menos aún como una teoría. Arrastra todo un con-
junto de elementos confusos: lo cómico voluntario e involuntario,
elementos políticos revolucionarios mezclados con elementos ra-
cistas y fascistas, trozos de sexualidad edípica, mezclados con una
tendencia hacia algo distinto en sexualidad ... Podríamos decir
que los elementos reaccionarios o incluso fascist:)i:S' que subsisten
en un revolucionario son una traición potencia( Pero a partir del
momento en el que introducimos el deseo, la libido, el incons-
ciente en el campo político, todo se complica: porque las inversio-
nes libidinales fascistas y revolucionarias, racistas y antirracistas,
se mezclan y se distribuyen en la misma persona, creando nuevas
condiciones que permiten el análisis de las yuxtaposiciones del
deseo, fuera de toda referencia a la apariencia, la mistificación o
la traición». No hay ni de purificación
del sujeto polític0..l. .sino a riesgo de oormalización, opresión y
reproducción de nuevas exclusiones. Los activistas del FHAR afir-
man un mal sujeto político, un suje(;; con fallas,
modo es puramente revolucionario. Una revolución pura (limpia)
una revolución anal. --
Educastración anal 165
EDUCASTRACIÓN ANAL: INFANCIA, MASTURBACIÓN
Y ESCRITURA
En 1974, dos años después de la aparición de El deseo homosexual,
René Schérer, amigo y amante de Hocquenghem, publica Emile
Pervertí, sin duda uno de los textos más radicales y controvertidos
del postestructuralismo francés. El sujeto «niño» en los textos de
Schérer es sometido al mismo proceso de deconstrucción al que
antes habían sido expuestos los conglomerados políticos «mujer»
(Simone de Beauvoir) y 4<homosexuaI» (Hocquenghem). El niño
aparece aquí como un artefacto biopolíticamente construido
'permite la producción y normalización del adulto. Si de Beauvoir
había afirmado que no se nace mujer, aún más radicalmente po-
dríamos decir con Schérer «no se nace niño».17 Para Schérer, Guy
Hocguenghem y los activistas del FHAR, el sistema educativo es
hldispositivo es ecífico que produce al niño, a través de una ope-
-ración política singular: la des-sexu izac! n ael cuerpo íñ1'añfít}r
'Ía descalificación de sus afectos.1
8
l-a infancia no es un estadio pre-po) ítico sino, por el contra-
rio, un momeñto eó-el que los aparatos biopolíticos funcionan
de manera más despótica y silenciosa sobre el cuerpo .. El primer
objetivo de la tarea es la pri'lMizaciQn del ano (control
de esfínteres), llevando a cabo un diseño sexopolítico del cuerpo
en el que ciertas zonas son radicalmente excluidas de la econo-
mía libidinal. Después viene la represión de la masturbación, el
aprendizaje de la escritura y de la lectura y la inserción en la
4<máquina heterosexual». La represión de la masturbación que se
extiende desde el siglo XVII hasta la actualidad tendría por objeto
librar al niño de un peligro anterior a toda relación social, un
17. «Enfant .. diríamos en la acepci6n francesa que utiliza Schérer y que,
con ventaja para nuestra lecrura, no tiene género.
18. La cuesti6n de la infancia y del sexo infantil, ceneral en los textos de
Hocquenghem y del FHAR parecen ser un nuevo tabú en las ciencias sociales
e incluso en la crítica queer contemporánea. Sólo algunos autores como Steven
Angelides o Lee Edelman trabajan hoy en la crítica de la «cronología política
del
166 Terror anal
peligro en el que su propio cuerpo, afectos e imaginación son sus
peores enemigos, con el fin de insertar sus energías libidinales en
el circuito de producción y reproducción de capitaL
Existe, nos revela Schérer, una relación estructural entre in-
fancia y escritura. Históricamente, la infancia aparece con la im-
prenta y la cultura del libro. El acceso a la lectura como técnica
de subjetivación marca la diferencia entre dos tipos de cuerpos:
los infantes o cuerpos-si n-texto y los adultos a los que se puede
acceder de modo virtual a través de la lectura y la escritura. Allí
donde estaba la masturbación vendrán el aprendizaje de la escri-
tura y la lectura, el seguimiento rítmico de las clases, la discipli-
na del cuerpo, el encierro y la repetición de tareas: la mano que
acariciaba el cuerpo sujeta ahora un instrumento a través del cual
el cuerpo deja un rastro y se vuelve sujeto. Nos encontramos aquí
frente a una incitación represiva paradójica: no se trata tanto de
eliminar la masturbación, sino de conseguir a través del control
y la privatización de las prácticas de producción de placer au-
toerótico de fabricar un nuevo sujeto sexual, individualizado y
autoconsciente, que se percibe a sí mismo como el continente de
una identidad sexual y que se siente como un peligro potencial
para sí mismo. Aprendemos así a tener miedo de nuestro cuerpo,
a olvidar que tenemos ano y a afirmar una identidad.
En las instituciones educativas y en la familia, esta des-sexuali-
zación adopta la forma específica de una represión de la homose-
xualidad. Examinando las normas que regulan el sistema educativo
francés, el FHAR afirma: «La pedagogía es una disciplina heteronor-
mativa» destlOaaa atrarisf6rmard cuerpo en su)eto°herere-rosex.:;:;L
Pero el deseo horri6se:ícüil hb es completamente repriinido -Slr1Oque
se ve despláiadC;;árinismo tiempOstibsCícuidoy velaao:poreresta-
bkcÍmlent6cíeunaserle· dior:efacloneshciiTI;er6¡:oi¿as decamaraaerTa
queseran; desdeeT de la ·crí cica
a'Eaú.Dcinne o de Delphy, la base del rechazo al mismo tiempo de la
feminidad y de la el cuerpo.
Ése es errégimeO"°genitopolítico que d'Eaubonne denominará taló-
crático. No se trata de que los hombres tengan pene y de que las mu-
jeres no, se trata de que los hombres se presentan como si no tuvieran
La niña, la lesbiana, el ano toral 167
ano. El problema no proviene de una eventual envidia de pene
'delos cuerpos denominados «mujeres», sino de la negación del
ano de aquellos cuerpos que se piensan como «masculinos». Para
--.,
aprender, y para enseñar (a ser heterosexual), por lo tanto, es nece-
sario cerrar el ano, evitar la pasividad. La relación -de aprend;;je
debe ser una relación de transferencia de saber viril.
LA NIÑA, LA LESBIANA, EL ANO TOTAL
Pero, ¿dónde queda la víscera hueca, dónde queda el ano de la
niña?
Tanto en la Pedagogía pervertida de Schérer como en El deseo
homosexual de Hocquenghem se trata desde el principio de Edipo
y del ano masculino, de Emilio y de las relaciones con su precep-
tor. Se nos dice que el educador -al mismo tiempo parte del
dispositivo de vigilancia panóptica y beneficiario de un surplus de
placer escópico-- pone un lápiz en la mano del pequeño Emilio
masturbador -la misma mano que hasta ahora sujetaba frenéti-
camente su pene- y le enseña a escribir. Pero nada se sabe de la
niña, que ni tiene pene, ni parece masturbarse. Por tanto, la niña
(víscera hueca, lesbiana, marimacho) parece caer fuera del circui-
to masturbación-escritu,ra-educación que preside la pedagogía
masculina. Lo que parece escapar a veces a estos por otra parte
agudos y provocativos análisis es queEa institución educativa es
ante todo, por decirlo con Teresa de Lauretis, una <úndustria po-
lítica de genderización» del cuerpo. Si hay, como indica Schérer,
des-sexualización, o normalización heterosexual del cuerpo, como
dice Hocquenghem, es sobre todo gracias y a través de la produc-
ción de la masculinidad y la feminidad normativas. Podríamos
decir, con Judith Butler y Deborah Britzman, que el colegio (y
por extensión la universidad, el museo, la biblioteca, el archivo ... )
es un espacio altamente performativo donde el cuerpo del alum-
no (tubo dérmico más que niño o niña) aprende, ensaya y pone a
prueba modelos discursivos, estéticos y biopolíticos de normali-
dad y de desviación de género.l
168 Terror anal
El desplazamiento que lleva a cabo ]udith Butler, desde una
ontología del sexo (sexo como anatomía y esencia) a un géneto
performativo (género como práctica cultural e histórica), invita
a pensar la identidad de género y sexual como tácticas discipli-
narias, como efectos de un proceso pedagógico de genderización,
un proceso de incorporación de normas a través de repeticiones
coercitivas que ocultan su dimensión histórica y contingente y
que se afirman como naturales. Frente al espacio educativo como
un medio en el que la institucionalizada consti-
tuye la norma de todo posible el cuerpo queer (ni
masculino ni ni adulto, ni humano ni ani-
mal) es aquel que se que resiste y contesta
a ese 'proceso de normalización puntos
de fuga que permitan
-----"T-"--. .---- --- -=----
entlenaeslmplemente como una práctica sexual o una téléntidad
sexual, sino por una parte como el efecto de un conjunto de fuer-
zas de opresión y de resistencia, pero también como un espacio de
empoderamiento y de movilización revolucioóaria. -----
Treinta años d(;spués de la publicación de El deseo homosexual
y de la Pedagogía pervertida, los movimientos intersexuales darán
un golpe definitivo al sistema sexo/género tradicional exponien-
do los dispositivos tecnopolíticos a través de los que se constru-
ye la normalidad de la diferencia sexual en la infancia. Como
mostraron los estudios de Susan Kessler y corroboran hoy las
prácticas críticas de activistas intersexuales como Cheryl Chase y
Mauro Cabral, si el cuerpo intersexual es intervenido y mutilado
en la infancia es precisamente porque las instituciones de socia-
lización (familia, colegio, administraciones estatales y locales ... )
no pueden funcionar con un cuerpo que pone en cuestión las
categorías binarias de sexo y género con las que éstas trabajan. Al
rechazar la asignación normativa de sexo masculino o femenino,
el cuerpo intersexual es situado en el límite de lo humano: desde
un punto de vista institucional, no tiene rostro ni nombre, es un
simple ano.
Las operan aquí. c.omo
técnIcas deC·sexo y del género. Los
La niña, la lesbiana, el ano rotal 169
transgénero y transexuales, corno Del LaGrace Volcano, Dean
Spader o Pat Califia insisten hoy en que existe una continuidad
coercitiva enere el conerol de los dispositivos culturales de repro-
ducción sexual y de filiación y la normalización de los modelos
educativos de reproducción culcural. Una revolución anal por
venir tendría que elaborar un modelo educativo en el que fuera
posible explicitar colectivamenee los dispositivos de construcción
ae mmonas aesvladas (de clase, de raza, de
sexualidad, de edad ... ), así corno la historia oposicional, las narra-
tivas disidenees y las plataformas de reSIstencia" que hacen posible
la supervivencia de estos su)ercisaDyectosae la
La historia de la normalización, y
de su pedagogía no son historias de signos, no son hermenéuticas,
sino historias de proceso.s de
de saber que determman potenCias de actuar: BlOpoltucamente
la edad adulta es eso: la edad del libro y del an; cerrado. Cabna
preguntarse con Hocquenghem si es posible leer y escribir con el
ano abierto y cómo serían una escricura y una lectura anales.
Lo que parece claro es que el movimiento de censura des-
encadenado en Francia tras la publicación de los textos de
Hocquenghem, Schérer y el FHAR sobre el «amor por los niños»
era el de una mutación de las categorías medico-jurídicas
con las que ccidente había f!1odelado el deseo y la producción de
la especie estrategias de conocimiento y conerol que llevan
a la esrigmatización o la criminalización social estaban despla-
zándose desde la figura decimonónica del homosexual, absorbida
y normalizada por la «culcura gap, hasta la figura del pedófilo
corno nuevo límite de lo humano.
19
Habría que preguntarse con
Hocquenghem y Schérer: ¿Qué quiere decir pedofilia? ¿Cuál es
la relación política que existe enere los constcuctos de edad y de
sexualidad? ¿Cuál es la máquina social que la pedofilia encarna?
¿Qué produce y qué consume esta máquina pedofílica? ¿Qué pi a-
19. L1 caregorÍa de sexo rransgeneracional (junro con la necrofi1ia, por ejem-
plo) es la única que conrinúa siendo en las sociedades democráricas europeas
objeto de represión legal después de 1979.
170 Terror anal
cer colectivo nos procura la sexualización de la infancia? ¿Cuál es
e! deseo sublimado tras e! delirio paranoico frente a la pedofilia?
¿Acaso no es el miedo a reconocer los deseos pedófilos cblectivos
que se codifican y territorializan a través de la institución de la fa-
milia lo que nos hace ver e inventar al pedófilo como figura de lo
abyecto? ¿Qué hay de pedofilia en el "deseo de tener un hi jo»? ¿ Y
en la promoción de! cuerpo joven y su reconstrucción técnica?
En los textos publicados en 1973 en la revista Recherches, el
lenguaje del FHAR abre una nueva dirección política.
20
Habla
un colectivo de niños pederastas. No es éste un movimiento de
adultos que buscan «proteger» a los menores de los peligros de la
sexualidad o de «iniciarlos» al placer, sino un movimiento de
menores que buscan redefinir los límites de su cuerpo, hablar
de su propia sexualidad, tomar decisiones acerca del placer y de
los modos de producirlo y regularlo. «El FHAR ha formado una
comisión de menores que dicen: no queremos que los tipos nos
tiren los tejos, que nos obliguen a hacer el amor, como si los me-
nores fuéramos e! objeto sexual de los pederastas, de la pederastia
platónica, pedagógica, reaccionaria. La liberación del colegio pasa
por la liberación contra ese tipo de pederastas. Ese movimiento
de liberación es también un movimiento de menores contra los
pederastas adultos.»
UTOPÍA ANAL
Los primeros días de la revolución no fueron muchos, pero apor-
taron algunas lecciones. Aquí están; éstas son algunas (sólo algu-
nas) de las sorpresas que depara e! uso colectivo del ano. Virtudes
revolucionarias anales, podríamos decir, si no fuera por el riesgo
de verlas transformadas en Facebook anal o en AnoMySpace.
20. Los artÍculos sobre «pedofilia» fueron una de las causas de la prohi-
bición de la revista y continúan hoy siendo inaccesibles en las republicaciones
digitales del número de «Trois milliards de pervers».
Utopía anal 171
l. El ano no ni género, como la mano, escapa a
la retórica de la diferencia sexual. Situado en la parte rrasera-e
tnferior del cueq,o:efanooorra tainbién las diferencias persona-
lizadoras y privatizantes del rostro. El ano desafía la lógica de la
identificación de No hay partición
en dos. El ano es un órgano post-identirario: «Un uso
social del ano, que no fuese sublimado, ha5iTade correcel riesgo
de la pérdida de la identidad» (p. 78). Rechazando la diferencia
sexual y la lógica antropomórfica del rostro y el genital, el ano
(y su extremo opuesto, la las bases para una inaliena-
ble igualdad sexual: todo cuerpo (humano o animal) es primero
y sobre todo ano. Ni pene, ni vagina, sino tubo oral-anal. En el
horizonte de la democracia sexual como
cavidad orgásmica y músculo receptor no-reproductivo, compar-
tido por todos.
2. El ano es un biopuerto. No se trata simplemente de un
símbolo o una metáfora, sino de un puerto de inserción a través
del que un cuerpo queda abierto y expuesto a otro u a otros. Es esa
dimensión portal la que exige al cuerpo masculino heterosexual la
castración anal: todo lo que es socialmente femenino podría entrar
a contaminar el cuerpo masculino a través del ano, dejando al des-
cubierto su estatuto de igual con respecto a cualquier otro cuerpo.
La presencia derano con biopene-
penetrador disuelve la oposición entre hetero y homosexual, entre
activos y pasivos, penetradores y penetrados. Desplaza la sexuali-
dad desde el pene penetrante hacia el ano receptor, borrando así
las líneas de segregación de género, sexo y sexualidad.
-- 3. El ano funciona como punto cero a partir del cual se puede
comenzar una operación de desterritorialización del cuerpo hete-
rosexual, o dicho de arra modo de desgenitalización de la sexua-
lidad reducida a penetración pene-vagina. No se trata de hacer
del ano un sino de poner en marcha un proceso de
desjerarquización y OescentraTiZaCIón que haría de
argano, orificio o poro, un posible biopuerto anal. Se despliegan
así" un conjunto de prácticas irreductibles a la identidad mascu-
lina/femenina, homo/hetéro: lavativa, dilatación, lubrificación,
172 Terror anal
penetración con la lengua, con el puño o con dildo ... Frente a la
máquina heterosexual se alza la máquina anal. La conexión no
jerárquica de los órganos, la redistribución pública del placet:..Y.: la
colectivización del ·ano anuncia un «comunismo sexual» (p. 88)
p o r v e ~
4. Históricamente el ano ha sido contenido como órgano ab-
yecto, nunca suficientemente limpio, jamás lo bastante silencio-
so. No es, ni puede ser políticamente correcto. El ano no produce,
o más bien produce únicamente basura, detritus. No se puede
esperar de este órgano producción de beneficio ni plusvalía: ni
esperma, ni óvulo, ni reproducción sexual. Sólo mierda. Ése es el
lugar excelso de la no-producción ecológica. O mejor, el punto de
fuga por el que el capital escapa y vuelve a la tierra convertido en
humus. Aunque sería imaginable que las estrategias de produc-
ción de capital vinieran a reterritorializar el placer anal, tendrían
que estar dispuestas a ser transformadas en mierda.
5. Los órganos (tanto bio como tecnoprótesis) no reapropiables
en la economía libidinal heterosexual son anales: dildos, orificios
nasales y bucales, implantes, cortes o huecos ya existentes o aque-
llos producidos con la intención de ser penetrados. La vagina que
no procrea, que es extraída de la máquina heterosexual, deja de
ser una «víscera hueca» que busca ser «llenada» para convertir-
se en un órgano de características anales. De ahí la expresión de
Monique Wittig: «Las lesbianas no tienen vagina». Del mismo
modo, desde un puma de vista biopolítico estricto y dentro de
una economía de reproducción sexual de la especie, los maricas
no tienen pene, puesto que no penetran vaginas (sino anos, bo-
cas ... ).
Sólo me queda desearte lo mejor: Colectiviza tu ano. El arma
es modesta, pero la posibilidad de acción cercana e infinita.
BEATRIZ PRECIADO
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. ' , ' •••• • • • ••••• • • • • • • •• • . • • • ••••• , •••••• . • • • - • . , - .- •. • . • • • . • . . •• • · . ·oO· . ·.·
Nos hallamos ante un texto pionero de la teoría queer. Mediante
una insólita relectura de El Anti-Edipo de Gilles Deleuze y Félix
Guattari, Hocquenghem arremete contra los estereotipados modelos
del deseo sexual occidental que se derivan de la obra «canónica» de
Lacan y Freud, los santos apostólicos del culto psicoanalítico. El
autor también trata la relación entre el capitalismo y la sexualidad,
el laberinto estéril de la indefectible «culpa
'
) de no ajustarse a la
heteronormatividad, la plusvalía moral que genera la privatización
del ano y, en definitiva, la dinámica de las máquinas deseantes
y las represalias políticas sobre las identidades fronterizas con la
soberanía heterosexual.
Terror anal de Beatriz Preciado constituye un diálogo radical con el
relato de Guy Hocquenghem. Supone revisitar, tras más de treinta
años de lucha, las posiciones primigenias de los visionarios y
reivindicar su furia, si cabe con más rabia. El ano, ese oscuro objeto
del deseo, ese denostado vórtice secreto que anida en todos nosotros,
el innombrable, amenaza constantemente con engullir los cimientos
de la sociedad, regurgitarlos y conducir a la ciudadanía a una ruina
moral absoluta de la que nadie podrá escapar. Éste es el desafío
anal: un golpe de Estado en toda regla larvado en las mismísimas
entrañas de la heteronormatividad. Y, sin embargo, ésa es también
su terrorífica promesa ...
I
r-nelusina
.. ' ... .. ' .... . .. .. . ... - .
• • • • , •• , •••• • •••• • ••• • • I • • • • • •• • •• I I •••• I • ••
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El deseo homosexual
Ter('or anal

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El deseo homosexual Guy Hocquenghem PRÓLOGO DE RENÉ SCHÉRER Terror anal Beatriz Preciado melusina I .

«Le Désir Homosexuel de Guy Hocquenghem» World copyright © Librairie Artheme Fayard. Organización Reversible de Géneros Intermedios y Artísticos.I. S. Impresión: Romanya Valls. (Sabela Dopazo.com S. www. Beatriz Higón.708-2009 Impreso en España .G. S.R.A. ISBN-I3: ISBN-lO: 978-84-96614-51-2 84-96614-51-4 Depósito legal: B-16. Primera edición.L. 2009 Reservados todos los derechos FotOcomposición: Víctor Igual.melusina. Diseño gráfico: Jordi Llobet Ilustración de cubierta: O. 2000 © Del epílogo: Beatriz Preciado © De la traducción: Geoffroy Huard de la Marre © Editorial Melusina.L..A. El jardín de las delicias (2009). Carmen Muriana y Tatiana Sentamans).

AVERGONZADOS. PERVERTIDOS. René Schérer Introducción 1. el narcisismo 56 58 Edipo y el homosexual El presidente homosexual 59 El ciclo infernal de la curación 62 Vergüenza y homosexualidad 64 . sexo no humano El odio hacia la mujer 53 La edipización de la homosexualidad 55 La castración. LOCOS 49 50 Polimorfismo perverso.inalidad 40 Homosexualidad y enfermedad 42 La homosexualidad «latente» contra la homosexualidad «patente» 45 2. 9 21 27 LA PARANOIA ANTI-HOMOSEXUAL El anti-físico y la ley: la naturaleza y el Código 33 El mito del progreso de las costumbres 34 La paranoia anti-homosexual se intensifica 39 Homosexualidad y crim.Contenido EL DESEO HOMOSEXUAL Prólogo de. bisexualidad.

> 93 «Tercer sexo» y femenino-masculino 99 Masoquismo y homosexualidad 105 La máquina de ligue 109 5. CAPITALISMO. EL COMBATE HOMOSEXUAL 111 La revolución del deseo 111 ¿Por qué la homosexualidad? La trampa perversa 122 Contra lo piramidal 125 117 Conclusión 129 133 TERROR ANAL 135 Epílogo: Edipo y la castración anal Textos terroristas 137 Políticas del ano 147 Saber anal 150 El método anal 157 Políticas de identidad y normalización anal 161 Educastración anal: infancia. la lesbiana.8 El deseo homosexuat FAMILIA. el ano total 167 Utopía anal 170 165 . masturbación y escritura La niña. 69 El falo significante y el ano sublimado 71 Homosexualidad y ano 74 Homosexualidad y pérdida de identidad 77 Sociedad de la competencia y reino del falo 80 Reproducción edípica y homosexualidad 83 La grupalización homosexual 87 4. «ELECCIÓN OBJETAL» Y «COMPORTAMIENTO» HOMOSEXUALES 91 La «elección objetaJ. ANO 3.

Una época en lo que se denomina el reconocimiento social y político de la homosexualidad. viejas lunas.Prólogo Un desafío al siglo Este libro es histórico. planteamientos de casi toda reflexión. hace época.. Sólo por ello. gue no hay un tipo «homosexuah)~ique la~·~:Sini~l~~id. a que la homosexualidad ya no sea contada corno una patología sexual que debe ser i:urada.Q la distribución entre hombre y mü. Al cambiar de mirada.To'd-asestas ·combi~·t~rias penosamente elaboradas.~i~~~e-I~~racterizan ptieden encontrarse--en-cualqulec-orro individuo que no se declara homo~ual. en toslo caso. la reprobación que pesaba sobre la homosexualidad.--cC. intercambiables.--~QI!!. El deseo homosexual los hace inútiles. en la mayor parte de los países de cultura europea. evidencias: que la homosexualidad no es una enfermedad.. merece ser reeditado y leído.~r_~ubre uIt con~~Q de-conductas variables. Ha contribuido. '--. .~o l~' atribución de la pasividad a lo femenino y de laactivicfáda:lcalIáer varoñlC .... que la separación «activo» _~~~Vo» se ha vuelto óbsoleta YEi~(cu~. precursor. el silencio prudente y púdico del cual se rodeaba. El comienzo de una gran ola que barrerá.!:l. que no forma una categoría sexual bien definida. quizá sin provocarlo de manera directa.jer. Este manifiesto inaugural. afirma. a manifestarse corno tales. 1972 es el año en el que los homosexuales empiezan a darse a co~ a manifestarse. sino 9. vanos ejercicios escolásticos. estos esfuerzos de etiología clínica.y anticipa ideas que serán las del siglo.

de esta emergencia de un movimiento francés. que compete a la historia de una idea y de un movimiento. y nunca. europeo. supone un buen comercio. el siglo. de atormentarnos. inseparable de las circunstancias de su publicación. marca una época. Los maderos la respetan. no hemos acabado con ella. dirán algunos. este lenguaje que utiliza Guy Hocquenghem polemizando con el psicoanálisis. ¿no está superado? ¿no es eso otra historia? Hoy e~día. en este sentido. aunque sólo la tocan con la punta del dedo. Pues. Se evoca por todas partes a cielo abierto. pues. por·parte de los que po son homosexuales. por qué irse a defender la existencia original de un deseo homosexual que no sería patológico y que podríamos reivindicar sin hacernos ridiculizar ni proscribir? Ahora la homosexualidad tiene buena prensa. podemos decir que. habla para una generación a la cual no dejamos de pertenecer. Es decir. Y.10 El deseo homosexual al poner el deseo polimorfo en el centro e intimar a la vez su tiempo para mirar de frente a los homosexuales y al escapar del silencio al que constriñe a los homosexuales su vergüenza. de una cierta manera. estas defensas. en su casi totalidad. no sólo como testimonio de un pasado cumplido. este uso del vocablo «revolución» que la sociedad contemporánea entiende. Incluso es políticamente correcto inclinarse ante ella. Libro. de un problema que no ha acabado de solicitarnos. al menos directamente. Pero también un clásico. Todas estas luchas. vista como un modo admisible de vida. un libro datado. refiriéndose muy explícitamente a los movimientos de 1968 y de un partido comunista aún bajo la obediencia de Moscú. Lo que importa es. mundial. sino como la formulación de cuestiones. ¿Por qué hablar de homosexualidad. si la homosexualidad es. nosotros. no es esto lo que importa. al parecer. mostrar la mayqr indul- . con dificultad. nuestro siglo que se acaba. de múltiples cuestiones. encomendándose a El anti-Edipo de Deleuze y Guattari. Hace buenas emisiones de radio y de televisión. jóvenes o no. la incriminan. un texto que se separa de esta historia y nos llega.

apasionado y mordaz. ¿por qué'déb~rían jusdficarse losquesüñ animados por él? ¿Por qué los que no se ven afectados deberían preocuparse por él. explicarles desde la mirada de los otros. los mayoritarios. constituCÍonrumente.. s~ se proclaman. esto le atañe a él. Estos homosexuales avergonzados. por un chico enfadado. se reivindican como tales. -. a su aceptación de todos los prejuicios de una sociedad que les dejaba fuera. del empleo y de la vivienda. aunque tuviera la imención de despertarles. puesto que ya está bien establecido que acepran. el punto central. sí. No hablo de mí. no se dirigía a los homosexuales en particular. Puesto que este libro. se adueña de esta alteridad constitutiva. que aceptaban todo lo que estaba hecho para interpretarles. Pues eran ellos quienes eran ocros.-. encima sobre el deseo homosexual' yen-unaperspéct1va-pólém¡~. y quizá esté ahí el punto de enganche. O más bien la más perfecta indiferencia para con aquellos que lo son -«homosexual. el deseo parecen estar ya en el segundo plano de las preocupaciones de la generación que Vlene. su existencia? Para los oeros.y. no es mi problema sino el suyo». ¿Entonces qué interés puede tener un libro sobre el deseo. y a la vez. de fustigarles en lo que se refiere a su vergüenza. si vivirán o no como pareja estable. ra&añte~-iñordaz: feroz. el desfiladero por-el cuaJ hay que entrar~q~st~des_~T entrar en este li5io. es decir. este panfleto valiente y mordaz de un chico de veinticuatto años. ni siquiera es esto lo que se nos solicita sino los problemas mucho más concretos de la enfermedad. para los otros. de forma ~ mediabie~exclwdos aetcteseo:---------·---·--····-· . y la primera frase es el ataque que marca la tónica: «Lo que causa el problema no es el deseo homosexual sino el miedo a la . La vuelve y se hace un arma con ella. lo que importa es saber si se llamarán preferentemente gays o queers. su amigo:¿IDe atrevería a decir su «amante» de entonces? sino de este otro que son todos los lectores potenciales. los «nosotros».-. por parte de aquellos que lo son. De todas maneras. Este otro entre <<oosocros».Prólogo 11 gencia. ya se sabe.----- Guy. El sexo. Estos otros. Este otro justamente.eSCfíto-fiace-'mas'-óe treinta añ~~. los dominantes." ITuhtanteFSise--a:dmiieque existe. muy bien.

Sin embargo.el aspecto del entusiasmo.. durante más de un siglo.en su inme~~id~-¡:Su poTlvalenCla.. los que están atrapados en una psicosis o los que son neuróticos. -. me gustaría. no soy yo. los que tenéis miedo. de este estado de cosas. de sus epígono~. como motivación secreta del legislador. culpabilizada. He aquí el problema. las largas demostraciones extraídas del lenguaje de las luchas de entonces. sin embargo. Sois vosotros. nos parece de poco peso. La necesidad de una franca ruptura con todo sistema de interpretación. importa menos que ese tono. de los adversarios de entonces. Es el deseo homosexual que no-~s~. luego que.-tan a menudo compartido pero universalmente condenado. en el sentido de una enfermedad o de una discapacidad. como preámbulo a toda lectura. que Guy tiene cuidado en diferenciar la obra y el pensamiento de un Freud aplicado en sacar el carácter finalmente «normal» de la perversión. los largos análisis. El deseo homosexual tiene el gran interés de poner bajo nuestros ojos los términos en los cuales la homosexualidad. de las armas que se forjaban contra aquellos que querían rechazar la homosexualidad y este deseo tan fue:. universalmente compartido. De ahí la ambigüedad de Freud. del «psicoanalismo».12 El deseo homosexual . había que acabar con esta liberación del deseo que Freud descubrió. prohibida de palabra. Debo retomar el hilo: ¿es verdad que el contexto de entonces importa menos? Incluso sólo como advertencia. ~i~~ión'~ u~' bl~queo. se ha encerrado a la homosexualidad.o_objeto. no somos nosotros. Lo demás. precisar a propósito dos cosas: primero.1d§. cómo . en especial la responsabilidad del psicoanálisis que no ha dejado de castigar. El deseo homosexual no si fuera una desnecesita de una ~úsqll~claAe SldL0!. en 1970./ homosexualidad». No me es posible entrar en los detalles que se leerán en el texto.de tener derecho de entrada en la sociedad. mmovilizable sobre un úEi<:. De volver a recordar la actitud de una psiquiatría responsable. era tratada. que ese estilo iracundo que da a una argumentación severa -necesariamente c~rgada de términos clínicos en la que. aunque esté aprisionada más que nunca bajo la ley familiar del «complejo de Edipo». incluso entre nosotros.aj.

de una sexualidad confinada. el «pivote». ¡Sí! El deseo homosexual es. por divisiones que responden a una lógica binaria. . por el lenguaje y las instituciones políticas. lo co~~ed~~'p~~~d~' manera contundente.ñaerecno"a: su ejercicio. toda la razón de ser de la «civilización». en tanto que está muy alejado de las preocupaciones contemporáneas. a favor de la homosexualidad. Y el libro denuncia -entre líneas.leg"ItTrñó-y-a. aquello por lo cual todo gravita alrededor. pero no se trata en absoluco -compréndase bien. preocupadas por clasificaciones precisas.a propósito del recubrimiento del deseo por el discurso político. cuestión de infancia. A partir de la infancia . bajo sus formas más conservadoras.. De comprenderla a partir de la evacuación. sino de reconocer. sí es perfectamente inactual. Desde luego que es completamente inactual esta idea de pensar la homosexualidad a partir de la infancia. el uso del placer. ante todo. de la educación. una fijación provisional que debe ser abandonada en la edad adulta). directiva. de los estrechos desfiladeros por los que debe de pasar desde la infancia. que siempre se quedan corcas. en nombre precisamente de una minoría (de edad) que le esclaviza (<< ¡y si nosotros queremos ser corrompidos!» hace decir Guy a sus menores «protegidos»). Por eso. no hay-que-leer-este libro-como ilinil:irü-de sexología. no es un deseo específico del homosexual. En este sentido. en el ámbito tradicional de la pareja heterosexual y de la familia. de investigación o de interrogación que aborrece. un deseo plenamente formadó..de proponer una nueva génesis a la manera psicoanalítica (un «estadio». de replantearse. este abuso que consiste en negar al niño. La idea central. desde la infancia yal niño. para emplear una palabra de Fourier.Prólogo 13 Que justamente el objeto no basta para definir el deseo. es el deseo por el cual la homosexualidad es menos la calificación de una elección particular que la pu~rca de salida hacia afuera de las limitaciones en las que se encierra por culpa de las coacciones. ni tampoco como un libro que atañe específicamente a los homosexuales. y es evidente. al menor.

Es fa educación. una represión de la parte sexual del deseo para que haya socialización. Esta ley no es otra que la del falocentrismo. el que otorga a la homosexualidad la gran función de socialización.n. Paradójicament~:-eserpsicéiañaííS. de una generosidad hacia el otro que la heterosexualidad exclusiva asigna a la pareja recogida.= ~~d~~~ burla de las identidades sexuales po~que no le importa!!. Pues nos despiertan del sueño provocado por tantas certezas beatas en torno a una democracia por fin alcanzada y a una tolerancia generalizada. de manera egoísta. El deseo homosexual les ataca y corroe sobre varios puntos de los cuales -para guiar la lectura. la del hombre-objeto. fundamental.1O que es. sino «sublimada». lo social. ¡Pero cuidado! La homosexualidad no sexualmente efectiva.s~Q. la vía de una socialidad..Casi siempre admitido. pero en el sentido que Nietzsche hizo famoso. sobre la mujerobjeto. incondicional. hoy enClIa. Le toma la palabra pero plantea la cuestión: ¿por qué sublimado. . el de Consideraciones inactuales o intempestivas.14 El deseo homosexual Inactuales estas ideas. por el contrario. Guy Hocquenghem se apropia de este reconocimiento. edípica. tan poco acordes con nuestra mentalidad presente como molestas.-que reserva el único deseo normal a la heterosexualidad. de la familia.s.retengo tres esenciales. familiar. bÉsqi!ª~ u. fundadora del orden humano. Sólo garantiza la supremacía masculina. Pero sobre· todo -lo que ahí obstaculiza nuestra manía clasificatori. en sí misma? El sofisma psicoanalítico consiste en transformar en exigencia absoluta. Esta actualidad asegura una validez de los análisis de Guy Hocquenghem mucho más allá de las circunstancias de su escritura. Es ella la que forma el grupo. desexualizado? ¿No habría en la homosexualidad activa. de la naturalidad de la pareja. la pirula que hace gravitar toda la sociedad humana y su sentido en torno al falo (este «significante mayor» que la interpretación estructuralista de Jacques Lacan acababa de inventar y que pesca con elocuencia El anti-EdiPo). de esta confesión importante. la que repliega al individuo en la . Hay tanta «naturalidad» en el deseo homosexual como en el heterosexual.!Jdentidad~esciriJíenao y~~r¡iOdD1lde.

Prólogo 15 El tercer punto.falta "üñ"i"descent-ración¿feio sexua. dando sentido con esta referencia a un Genet que no disocia sus elecciones políticas y sus amores. la intempestividad de este libro.lementario. en las que este último se entregaba. Tanto la posesión del cuerpo como la de su mente. a una extraordinaria digresión sobre la infinitud del «ser poseído» en relación con la finitud agresiva de la simple «posesión». Se entiend~ de sobra que su lógica tiene poco o nada que ver con la madeja en la que se enreda la reflexión contemporánea de y sobre la homosexualidad. Tacha esto de un golpe. De ahí esta apología o exaltación del anº" que podrá sorprender o dIvertIr a algunos. pero que designa. que no descansa sobre la exclusión con sus falsos problemas de sujeto y objeto. de una esfera privada que -lejos de ser espacio . una sociedad no autoriraria. pero bien legible. en vez de poseerlo. plenamente corporal' y sexual. otra socialización que no sea por la proliferación de las parejas y de las familias. más allá de cierta provocación inevitable. confiere a la realidad por conquistar una dimensión completamente diferente: la de una sociedad de un nuevo tipo. y. a Fourier con su Nuevo mundo amoroso implicando un nuevo orden social. comp.-otró» en ~biéto. quizás no en estos términos.-·preclsaffie·rue "porq~ehacia él c-oñdU¿e "un. es que la homosexua!~~4 ti<:. puesto que se trata de una lucha iniciada y muy real.-füera-cfe111alo~hace &Ita otra mirada.dese"a-pleno =no -~utilado.. provoca. Así.~ ne valor precisamente por no reconducir o reprodUcir~s papeles -queTisoCleaaa-óererosexlúil ha-lñveruaclo"porqüé" SóÍü-eXlsceñ-para 'ena~-Hace. que rechaza roda transformación del--. sin descuidar la cuestión de los derechos. casi en la misma época. en sus brillantes y a veces hiperbólicas variaciones. su celosa protección de los cuerpos. atrancado entre el personalismo y lo jurídico de un «sexualmente correcto». en Petróleo. Todo esto está dicho.de ser poseído por él. Pensaba también en El deseo homosexual al recorrer últimamente páginas escritas por Pasolini. con su humanismo rampante. no jerárquica. induce a una suerte de posesión espiritual.i.

le exalta. Entra en resonancia con todo lo que. de una cierta manera. las «máquinas deseantes» lanzadas al aire libre .. Pero no es un simple epígono. que permite comprender mejor la necesidad absoluta de una ruptura con todo lo que recuerda a Freud y a los suyos. en efecto. repugna al orden político. ecológico. El deseo homosexual. sino sobre la inclusión. lejos de ser la solución más adaptada al desarrollo humano. Este soplo de aire puro anima a Guy. la acogida. Guy lo recuerda. por ir a la fresca fuente de una inspiración cuánto más diversificada y generosa que la de sus seguidores. Aunque sea apasionante ir a buscar a las fuentes de un movimiento su inspiración primeriza. de «orden subversivo». Hoy en día. social. formulado por Guy. sobre una hospitalidad universal y absoluta. sexual. económico. sin falsear las intenciones de Guy ni hacer hablar a los muertos. revolucionario parricidio de Gilles Deleuze y de Félix Guattari en El anti-Edipo. Como este texto que. y se aferra a estas máquinas a continuación de sus inventores. La memoria que despierta y aguijonea esta lectura no es una nostalgia del pasado. sustituyendo al aprisionador. tampoco debe ser una simple curiosidad atraída por la historia del movimiento homosexual. . sino con todo lo que en torno a ella.es aquélla en donde se deciden todas las formas de prohibiciones. plantea problemas. Igual que tenemos siempre interés y alegría por reabrir a Freud. y como problema sexual. Necesitamos urgentemente esta inactualidad.16 El deseo homosexual de libertad. resplandece bajo un nuevo día. núcleo familiar. polemizando (<ln el fundador de un psicoanálisis que se ha vuelto sirviente del poder. a la satisfacción de las necesidades y de los deseos. en su orbe. fue dado a El deseo homosexual por el deslumbrante. con sus prolongaciones en la puesta en duda de la esfera política y del orden de la civilización. entre nosotros. participa de un esclarecimiento de la fuente. El primer impulso. incluso yo diría. de la globalización: esta famosa «civilización» que Fourier calificaba. está claro. No sólo la homosexualidad que quizá haya dejado. todavía no enfriada o institucionalizada. de «dar problemas».

Grasset. a justificarse porque. 2008. prefacio de Gilles Dekuze. Una lucha en la que El deseo homosexual fue el gesto fundador. siempre empujados hacia delante por las exigencias de los modos y el prejuicio de la actualidad. 2. por muy reciente que sea. L'apres-mai des /aunes. por su mediación. justamente. La completa también dándole una fuerza desconocida por los propios autores. Nos quedamos en el acontecimiento de una lucha todavía en curso. . escribiendo un prefacio para Guy. l Libro histórico. 1974. Verónica: diálogo de la historia y el alma carnal.apresmai des ¡aunes. Por cierto. un año después Gilles. Quiero precisar. el primer impulso. hermoso como el desafío al siglo de su «alma carnal». rendirá homenaje a este joven discípulo que ha abierto un nuevo camino a su reflexión. pueda parecer ya tan lejana. decir ahora que.2 RENÉ SCHÉRER 1. Editorial Nuevo Inicio. porque es su cuerpo. para concluir con una expresión estimada por Péguy. su vida los que están en Juego. por muy presente o insistente que sea. Granada. se ha abierto un diálogo entre la historia y nosotros. porque. Obliga a la historia a salir de su reserva. escribía al empezar. nos olvidemos de los orígenes y ya no sepamos plantear los verdaderos problemas. París. La tiene en cuenta con toda su juventud y su fe.Prólogo 17 Su escrito está lejos de ser la aplicación de una teoría. Un gesto. Charles Péguy. esta suerte de post-scriptum a El deseo homosexual que es [. Guy Hocquenghem.

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A Gérard Grandmontagne. suicidado el 25 de septiembre de 1972 en la cárcel de Fresnes. .

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Desde la infancia.que de- . y es primero la construcción imaginaria edípica de la homosexualidad masculina la que se designa bajo el término «homosexualidad». Esto no significa que la diferencia de los sexos sea evidente. Sería vano tratar una vez más de la homosexualidad femenina en los términos en los que la ideología masculina lo hace habitualmente.Introducción Lo que causa el problema no es el deseo homosexual sino el miedo a la homosexualidad. Un fantástico mecanismo social borra permanentemente las huellas -que no cesan de renovarse. nunca abordamos en nuestro vivir cotidiano. Partiremos aquí de lo que es conveniente llamar la «homosexualidad masculina». pues será finalmente puesta en tela de juicio. el deseo homosexual es eliminado socialmente por una serie de mecanismos familiares y educativos. hay que explicar por qué la misma palabra desencadena las huidas y los odios. Hay pulsiones del deseo que todos hemos experimentado y que. Nos preguntaremos entonces por la manera en que el mundo heterosexual habla y fantasea sobre la «homosexualidad». La gran mayoría de los «homosexuales» no tiene ni siquiera existencia consciente. La capacidad de olvido que ocultan los mecanismos sociales respecto de la pulsión homosexual basta para ~r responder a cada cual: ese problema no existe para mí. sin embargo. Por eso no se puede aceptar tomar en consideración lo que creemos de nuestro propio deseo. sino que la organización del deseo que experimentamos está basada en la dominación masculina.

.. Adler. como un espantajo se plantea en la sociedad el problema de la homosexualidad. el número de pervertidos parece aumentar. una Íntima relación entre el deseo y la homosexualidad. Deseo homosexual: estos términos no son evidentes de por sí. en función de lasmaOlpulacicines que lé scimeteiños~deseonomosexual. sin que una relación de horror y de deseo se instaure. es que hay para nosotros. la actitud más conciliadora. si la evocación del fantasma homosexual es más obscena que cualquier otra y al mismo tiempo excitante. el juicio más clemente quedan sin influencia sobre la evolución de esta anomalía». y. 1930. Pero como en la homosexualidad el juego de imágenes aparece con la mayor evidencia. Hirzel. La homosexualidad manifiesta algo del deseo que no aparece en otro sitio. La homosexualidad atormenta al «mundo normal». El deseoemergeDajOuoarorffia multifu. A. occidentales del siglo xx. podemos comenzar un trabajo de deconstrucción de estas imágenes a partir de su punto más sensible.. ni siquiera un Adler pudo evitar constatado: «Como un fantasma. nadie habla de ello nunca. ese algo no es simplemente el acto sexual realizado con una persona del mismo sexo.22 El deseo homosexual jan nuestros deseos ocultos. A pesar de todas las condenas. ni siquiera con sus relaciones más Íntimas. Das Problem der Homosexualit¿it. la caracterización homosexual del deseo de manera exclusiva es una engañifa del imaginario. Las penas más severas. No hay subdivisión del deseo entre homosexualidad y heterosexuaJ lidad. Leipzig. al igual que-erdeseohett!rosexual. sin embargo. Si hay en la imagen homosexual un complejo nudo de deseo y de temor. Sólo basta con pensar en lo que adviene de una experiencia tan universalmente difundida como la masturbación para comprender el poder de este mecanismo: todo el mundo se ha masturbado y. si uno no puede aparecer en un sitio como homosexual sin que las familias se alteren y mantengan a sus niños al margen. No hay tampoco ni deseo homosexual ni deseo heterosexual en sentído ~pio. es uri""recortear6ittario-en UnTIuJo 1010rerrum:pido'ypol1Ve)ro:-Eñ -su fOima actual. cuyos componentes sólo son separables a posteriori.3 Así empieza el libro titulado: El problema de la alás 3.

Filadelfia. 2000.al homosexual de su culpa. e incluso la palabra misma. Al igual que la aparición de la psiquiatría y del manicomio manifiesta la capacidad de una sociedad para inventar medios específicos para clasificar lo inclasificable. Madrid. Por supuestO. que recortó para reinar mejor. la sociedad constata sin cesar que su condena parece reproducir la misma plaga que pretende eliminar.. La homosexualrdad es una fabricación del mundo normal.. y con razón: la sociedad capitalista fabrica lo homosexual como produce lo proletario.a.~-darunestatuto social a tOdo lo inclasificable ha creado esta particularización del desequilibrio: hasta finales del siglo XVIII. la homosexualidad. Véase Sexual lnversion. para descargar . La .. Davis Company. El pensamiento pseudocientífico de la psiquiatría. Pero lo que es fabricado es est'!_ ~t:ig()rí!l.son. introducción en la ley de lo que está fuera de categoría -i. pero al caracterizarlo lo ha colocado en el centro. a los que no saben hablar o a los que practican la sodomía se les encarcela en las mismas prisiones. Historia de la locura en la época clásica.p~ico-poliéíac.. una la ley.' este recorte abstracto del deseo que permite regentar incluso a los que se le escapan. _____ . La prodigiosa aventura de Kinsey es rica en enseñanzas: no ha hecho más que continuar el esfuerzo de encierro de la psiquiarría moderna dándole bases materiales. Fondo de Cultura de España. la homosexualidad. Según Havelock Ellis. suscitando a cada momento su propIO límIte. sociológicas y es4. 5. En su lucha continua en contra de la homosexualidad.. que quien es culpable es la propia sociedad: posición pseudoprogresista todavía más despiadada para los homosexuales que la represión abierta. Así caracterizó al marginal. -.-_ _ ~n cuestión. 1923. Véase Michel Foucault..Introducción 23 homosexualidad. a los que rechazan a Dios. ha transformado la intolerancia salvaje en intolerancia civilizada. ._.5 la palabra homosexual fue inventada en 1869 por un médico alemán..invención relativamencereclence.ErillperTallSmo creciente de una socied-~dq~e-q-~i~. Nadie eliminará jamás la polivocidad del deseo.4 el pensamiento moderno irá creando una nueva enfermedad. esta. no se entiende esta frase en el sentíao en que cierto liberalismo afirma.

tmente heterosexual y. o reacciona psíquicamente respecto a personas de los dos sexos».. ¿Por qué la sociedad daría la palabra a los psiquiatras y nunca a los homosexuales. demuestra que se puede encerrar a los homosexuales en un cuatro o cinco por ciento.t de cada dos: su vecino. según e! grado de práctica homosexual. sino este descubrimiento que la ingenuidad científica no podía esconder: «Puesto que en la vida adulta sólo el 50 % de la población es exclusiv. . sino de una persol}. reducir al pederasta apestado acaba colocándolo en el centro de los sueños despiertos. que irán numerando. explicar. Y no son esos cuantos millones quienes desataron la. tempestad que acompañó a la publicación del informe Kinsey. Sólo la mente humana inventa categorías y se esfuerza por colocar los hechos en casillas separadas.insey escribe: «El mundo no está dividido en ovejas y cabríos. No todo es negro. esa voz carnal y turbadora que seduce a los jóvenes. Ya no se tr:l:ta de! «mariquita» que todo el mundo conoce. el margen delimita la sexualidad normal y la corroe con un incesante movimiento. según un principio fundamental. o su hijo. tiene relación con categorías distintas. El mundo viviente es un continuum en todos sus aspectos. No todo es blanco. Todo el esfuerzo para aislar. esa voz canalla que cuenta una noche de amor. salvo con la triste letanía de los «casos» clínicos? «Lo que nos importa es que no nos hagan oír la voz del mismo culpable. Rara vez la naturaleza.. sean cuales sean las críticas que conlleva su retrato psicológico de Genet. Así. Daremos la razón a Sartre.24 El deseo homosexual tadísticas: en un mundo que vive de cifras. caernos en lo indiscernible. a los individuos~ limitando el porcentaje al nivel de la cantidad de pulsión homo~' sexual presente en cada individuo. esa voz jadeante que susurra durante el placer. puesto que sólo el 4 % es exclusivamente homosexual. ¿Por eso era tan necesario multiplicar cuestionarios y encuestas para constatar que todo e! mundo es más o menos homosexual? Es verdad que se irán restableciendo los derechos de la normalidad cuantitativa con la célebre escala Kinsey. aparece que casi la mitad (46 %) de la población practica actividades heteroseXuales y homosexuales a la vez. Es preciso que el pederasta permanezca como un objeto. Por querer siempre discernir. ¿por qué no? Yel ingenuo !.

La homosexualidad. a la vez no existe y existe: es su mismo modo de exi~t:~_~~a-~-·~~e·~~-?Ii~-én-. es precisamente porque hay una distancia. .~iferenci~ nace la seguridad. un esfuerzo continuamente frustrado. pero no mi prójimo. es necesario que ese descarriado no sea más que una piedra o que sea YO». autómata que brinca en las candilejas. un abismo infranqueable que se abre a cada instante.i:~l~_ª~}~i9o~!"ii. en machos y hembras. que tanto unos como otros se dividen en ricos y pobres. todo lo que queramos. habitante de la antigua Sodoma o del lejano Urano. son suficiente testimonio de lo que sucede cuando se pronuncia esta palabra. insecto.!?~.1~. Todo sucede como si el lenguaje se agotara en delimitar y en nombrar 10 innombrable. y si vamos repitiendo que ~o hay ninguna diferencia entre los homosexuales y los heterosexuales.~nci~~ 6.. Así pues es necesario elegir: si cada hombre es todo hombre. Losada.Introducción 25 flor. para acercar la homosexualidad a la vida normal. en buenos y malos. San Genet comediante y mártir. extraídos en cartas enviadas a los periódicos. real. no mi imagen. pederastra como Zoroastra. etcétera.6. Estos lapsus populares. pero de la propia palabra «pederasta» nace una extraña seducción: pederasca como la tarasca medieval."s~~t~ª_ck~__~~!~E. Notemos de paso la excepcional riqueza del vocabulario para designar al homosexual masculino: mariquita. Buenos Aires. no yo mismo. 2003. mariconazo. maricón (indiferentemente para el masculino y el femenino). Jean-Paul Sartre.

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El intercambio entre un «maricón» y un individuo que se considera como normal nace de la tensión que suscita enseguida la interrogación de lo «normal»: ¿me desea? Como si el homosexual no eligiese nunca su objeto.1 La paranoia anti-homosexual la pa~con _~~_~'pre~6n:'De-añlqUe'ño"iios -extranernos"a:raescuorÚ Slue la represión anti-homosexual es en sí una expresión desviada del deset> homosexuaL La actitud de lo que se ha conv~nido en llamar «la sociedad» es. En general. La aparición de un homosexual reconocible o confeso conduce inmediatamente a los que le rodean a un terror pavoroso e infundado de ser violados. Martin Hoffman. ha reconocido en El universo homosexual la existencia de semejante paranoia. como si todo individuo del sexo masculino fuera lo suficiente bueno para éL Hay sexualización espontánea de coda relación con un homosexual. la psiquiatría admite una estrecha relación entre homosexualidad y paranoia. Pero la mayoría de las veces le da la La constitución de la homosexualidad como categoría separada va a . desde est~unto de vista. paranoica: sufre de un delirio de interpretación que le lleva a captar en toaas partes indicios de una conspiración homosexual contra su buen funcionamiento. sociólogo honesto y sin imaginación. Una película como Escenas de caza en la Baja Baviera da buena cuenta de lo que puede producir el delirio interpretativo paranoico de un pueblo bávaro con respecto a aquél sobre el cual se concentra la libido homosexual de todos los habitantes: la caza con la que finaliza la película expulsa al representante del deseo fuera de todo lazo con la comunidad.

el de los educadores.» Es una de las principales ca- ¡'acte-rf~~. en este caso. la defensa contra un deseo homosexual estaba en el centro mismo del conflicto mórbido.do. Pues una in_~~sii~ de perspectiya atribuye al individuo el__~i~~rso ~aranoico nacido de la siruación. en todos estos casos..Lo--- irne- 7. expresa su angustia frente a las formas siempre renacientes de los modos sexuales eliminados. es el fruto de la paranoia por la cual un modo dominante de sexualidad. haya reaccionado precisamente con un delirio de persecución de esta índole. París.~oico_dL~arecer a su alrededor. incluso quizá constante. lo que es esencialmente paranoico es que el enfermo. clínicas del homosexual. entre esa entidad mórbida y los fantasmas de deseo homosexual». ¿se siente el homosexual amenazado ólo está? El discurso de la socied~d~~b~~la homosexualidaa. . PUF. El caso Schreber ha sido analizado por Freud de la siguiente manera: "Seríamos propensos a decir que. para defenderse de un fantasma de deseo homosexual. de hecho. el de los jueces.? Yun poco más adelante: «Esruvimos muy sorprendidos de ver con qué nitidez. la heterosexualidad familiar reproductora.ualidad lleva al hombre social al temUU. la paranoia que pretende perseguir. la palabra del homosexual sóló-fíe-ne mterés y valor cuando se transmite en la pantalla psiquiátrica. <. Del fracaso necesario del intento que aspira a hacer desaparecer el componente homosexual nace la paranoia. El discurso de los médicos.~firma que la paranoia está. el de los periodistas. La homosexualidad depende de los médicos. Estas consideraciones dan todavía más peso a este hecho que la experiencia nos muestra: existe una relación íntima. todos esos enfermos habían fracasado en la misma tarea. 1954. El . traduce el esfuerzo permanente por reprimir la libido homosexual/ La famosa «paranoia de persecución» es. En otros términos. no habían podido llegar a dominar su homosexualidad inconsciente reforzada». Sigmund Freud.miedo~lJ-PWpiª-l:lQmo~~. ligada a una repreSlOn del componente homosexual de la libido.~-. -i'iOrlZado por el homosexual. en general. Cinq pJychanatyJeJ. El~miento que sufrió el freudismo es instructivo al respecto.28 El deseo homosexual forma siguiente: el homosexual sufre a menudo de una paranoia de peí:secució-n~~Seslente ameñ""iiá.

Imagínense un juicio en el que Schreber -juez. el contenido de sus fantasías. y especifica: «Pues he observado que el enfermo no activa el mecanismo paranoico indiferentemente contra cualquier interés libi8. véanse las observaciones de Gilles Deleuze y Félix Guactari. Y si salimos del marco edípico en el que Freud encierra en seguida su invención. Quienquiera que conozca el estado acrual de la psiquiatría debe atenerse a lo peor». Sobre este punce. con la mayor claridad. Freud sabe bien qué pastel descubre así: «Me detengo aquí con el fin de hacer frente a la tormenta de ataques y objeciones que haya podido provocar. En un artículo de 1911. sino el hecho de que un hombre social tan claram~ designado como un juez puede pero no debe ser homosexual.tendría que fallar sobre un caso banal de corrupción de menores o de ultraje al pudor. El caso Schreber es el límite extremo de lo que puede permitirse una sociedad. «el interés se hace persecución». vemos claramente que el descubrimiento esencial de Freud no es la relación con su padre. ya que expresa él mismo. constata que la fuerza de la paranoia es la transformación del sentimiento de amor en percepción de su contrario.La paranoia anti-homosexual 29 La hipótesis le parece lo suficientemente escandalosa al propio Freud como para que se disculpe con respecto al conjunto de la sociedad: «¿Acusar de homosexualidad a un hombre de nivel moral tan elevado como el ex presidente del Tribunal Supremo Schreber no constiruye una imperdonable levedad. un abuso y una calumnia?». y no encontraremos otros ejemplos en los que un alto personaje haya proclamado tan abiertamente sus fantasías homosexuales (recordemos que las Memorias de un neurópata fueron publicadas en vida de Schreber) sin acabar en un manicomio: el presidente Schreber será finalmente autorizado a continuar disfrutando de sus bienes y de sus funciones. "El papel de la homosexualidad en la patogénesis de la paranoia». en momentos excepcionales. Schreber es un paranoico consciente. 8 Schreber ha manifestado la fuerza de una sociedad que puede autorizarse a ver claramente. (Fé¡é~cz1')compMte con Freud el descubrimiento del vínculo entre homosexualidad y paranoia. . la realidad del psiquismo de sus dirigentes.

Su deseo expulsado de su yo vuelve a su conCIenCIa-COmO la percepción de una tendencia persecutoria por parte de los objetos de su predilección inconsciente». En su lucha sin piedad contra el desenfreno militar..30 El deseo homosexual dinal.. ya con el torso desnudo». Y. sin embargo. puede dar rienda suelta a su propia homosexualidad. una imprenta donde confecciona sus denuncias.. copias de documentos. explica bien que el delirio se debe a «la proyección (por el enfermo) sobre esas persoMs-de su P~9pio i!l. octavillas. De hecho.9f un signo negativo.» La paranoia sólo se expresa a propósito de la homosexualidad: tal afirmación pone en tela de juicio el estatuto de única relación sexual normal dado a la heterosexualidad. de hecho. Y sigue el autor: «Busca y excava hasta adquirir la convicción de que se le odia. el honesto Ferenczi nunca sospechó de la maquinaria judicial anti-homosexual cuyo funcionamiento es. p. bajo la forma del odio. despertó mi sospecha.º.. sino el papel principal en la patogénesis de la paranoia. La homosexualidad no desempeña un papel ocasional. Menciona siempre el calzoncillo de este mismo oficial como objeto de escándalo. y.. el enfermo «imputa a las autoridades militares la opinión según la cual le consideran como una mujer vieja que no tiene otra preocupación que la de satis- .. Cómo no reconocer en la descripción de Ferenczi el mecanismo mismo de la justicia cuando instruye un caso de buenas costumbres: "El hecho mismo de que. sino que. todos redactados por él.ier~ -hor9osexual. pero de menor rango e incapaz de ver claramente en sus propias fantasías): denunciaba por cartas el hecho de que un oficial que vivía frente a su casa «se afeitaba delante de la ventana. El enfermo posee. según lo que he podido observar hasta ahora. clasificados. Un único vistazo sobre estos escritos me persuadió de que estaba tratando con un maniático de la persecución y del trámite». Así.. exclusivamente contra una elección de objeto homosexual. en un orden ejemplar. miniaturizado por el enfermo.. numerados. pn~cedid. disimulándosela a sí mismo al mismo tiempo». quizá la paranoia sea sólo una deformación de la homosexualidad. desde un principio.. y~ en camisa. El tercer caso estudiado por Ferenczi en su artículo es el de un empleado municipal (otra vez un personaje social oficial. de alguna manera. me entregara todo un montón de recortes de prensa.

.fJ.. Sandor Ferenczi. al ser presidente de tribunal. el sentido de la solidaridad. cuando no encuentra otra salida para correrse.. en la paranoia que ._!ts_~~B. Freud y Ferenczi no dejan de afirmarlo:~n ciertas condiciorie~. 10. ¿om~ üna-ma!i!lli!ªclQii~=ck(Q~ªº~~4~L~!~f. el amor a la humanidad en general»...ID Para Freud también. en la vida social. De ahí que las aspiraciones homosexuales representen la contribución proporcionada por el erotismo a la amistad..ir más tarde . en general. tenía todos los medios a su disposición para construirse una máquina de deseo y de represión.no hay ~~~~~?_ de la libidQ b9mosexual ~. pero no obligatoriamente vieja y desprovista de atractivo.. "El horno-erotismo: nosología de la homosexualidad masculina». .~p_I:!m!9. la emergencia de la homosexualidad de Schreber bajo una forma paranoica se debe.Ú~-o-Q2U!!. El mismo tema será retOmado por Freud en su artículo de 1922. sexualice sus instintos sociales y aniquile así las sublimaciones adquiridas durante la evolución psíquica». 'p_~pjo facer su curiosidad con tales objetos». 1914.. en el estado sublimado: «En la vida cultural del adulto sólo subsiste una pequeña parte bajo una forma sublimada.'!. Ibid.illffil~--. en particular. El análisis del caso Schreber muestra al paranoico como si buscara «defenderse de tal sexualización de [sus] producciones instintivas sociales». las asociaciones amistosas y los clubes». a un defecto de funcionamiento de la maquinaria social represora: «Estas personas están expuestas al peligro de que un flujo especialmente potente de libido.exualidad insufici~. haL~~~<E:!f~E!r .i.. sino simplemente desviadas de sus objetivos sexuales y usadas para otras cosas .!l~de. Incluso depende tanto de él que el único uso del componente homosexual de la libido está. . la homos. Ahora bien. Schreber se consideraba también como una mujer. que desempeña un papel no despreciable en las obras sociales. sublimado para el cuerpo soci~ «Las aspiraciones homosexuales no están . «De al9. Su paranoia no se nutría con denuncias ineficaces puestO que..La paranoia ami-homosexual 31 sex~ I?~l "insuficientemente» reprimido depende el destino de 1~_E~i9uiatría y de la sociedad. en cierto modo. suspendidas o paradas. la camaradería.

incluso parcialmente. llegaríamos enseguida a la abolición de la pareja heterosexual y de la familia. Aunque Freud afirme en los Tres ensayos sobre la teoría de fa sexualidad que la neurosis es como el negativo de la perversión. si se le permitiera salir. que son las bases de la sociedad occidental en la que vivimos»' La homosexualidad deb~uedarse en el marco de la nosología.-s~~-. en el pa- .32 El deseo homosexual gunos mecanismos neuróticos en los celos. y los títulos aquí citados lo demuestran bastante.-~~ión de s~sprodiIcciones (por . del marco de la patología.¡¡. Madrid.. ~l conj~~to de la psiquiatría responde a cada momento: los homosexuales son neurótlcosypiiinüicos. la Revue franfaise de psychanalyse publica las actas de un coloquio sobre la homosexualidad: W. H. un poco más adelante: «Del mismo modo. aunque fuera en teoría. ».. es toda la sociedad la que se defiende de una manera paranoica contríd. Sociología de laJ relacioneJ JexualeJ. Gillespie retoma allí la afirmación de Rosenfeld sobre las relaciones entre homosexualidad y paranoia: «la homosexualidad. etcétera. ejemplo. Sociología de las relaciones sexuales. un míniri1o-de aprobación. la que lucha con todas sus fuerzas contra la desublimación homosexual. Ediciones Iberoamericanas.. siendo uno de los mecanismos de defensa frecuente utilizados contra la ansiedad paranoide . 11. de la patología.------- y y. la paranoia y la homosexualidad». que concluye así: «En la concepción psicoanalítica estamos acostumbrados a concebir los sentimientos sociales como sublimaciones de comportamientos homosexuales en cuanto a su objeto».¡~rte los' sÍgnós OeeSta-relación.uafidad. Thorner insiste sobre la ansiedad persecutoria en la etiología de la homosexualidad masculina: el paciente exrernaliza a sus persecutores internos y proyecta su ansiedad sobre ellos.. in. un presidente de tribunal homosexual). de la patogénesis. Y André ~~en un libro dé c~ltura-g~~~~~I popula~.. 1967. Así pues. y en el mismo texto. André Morali-Daninos. No habrá entidad verbal suficientemente espantosa para designarla toda. lo expresa crudamente al escribir: «Si la homosexualidad recibiera. En 1965. del mecanismo neurótico. . ·StekeCen-OrúmismoyhomOse.

un nuevo Schreber desencadenaría tempestades todavía más vastas que en la época de Freud. Lejos estamos de que haya progresado el descubrimiento freudiano en 1~-p~iqula:trfa~Tenemos la impresión de que cuánto más aviñ:iiriiós-. La sociedad y su expresión médica sufren del delirio de la persecución: Tá-homosexuáiícla:cl C¡uereprimen o que subhman. desde la última guerra (iY no antes!). resurge-entodos los poros de su cuerpo social. invirtiendo así el esquema freudiano de la manera más grosera.La paranoia anti-homosex~al 33 pel de pareja sexua!». No es indiferente que el código penal lleve. Multiplican las barreras de una represión que se descubre altamente ineficaz al sentirse encadenada al deseo que persigue. En 1966. la mención «crimen contra natura» a propósito de la homosexualidad. la novela de Genet.-iriás----OOsalejamos de lq que había puesto Freud al día. Trata de una regresión de tipo paranoico: bien se sabe que el derecho individualizado y racionalizado heredado de la revolución burguesa y del Imperio se basa más sobre nociones de tipo teológi- . La psiquiatría irá considerando naturalmente que el homosexual sale al encuentro de la condena. Se ve bien cómo tal actitud da cuenta de una relación de deseo haciéndolo asumir por la persona psicológica del homosexual. y verá en ello el signo de su masoquismo. el doctor Eck publica un Sodoma que retoma la medicalización y la psiquiatrización de la homosexualidad. EL ANTI-FÍSICO y LA LEY: LA NATURALEZA Y EL CÓDIGO El tribunal es un lugar libidinal altamente homosexual: vean la descripción de juicio de Nuestra Señora de las flores. Hoy en día. Excavan con tanta más violencia en la vida privada de los individuos por cuanto saben que lo que allí sucede las traiciona y se escapa de las mallas de los tribunales. y sólo a propósito de la homosexualidad. Llegamos hasta el punto en el que es la paranoia la que se vuelve causa de la homosexualidad. Hay entre el sistema judicial y policíaco y la homosexualidad una relación de deseo invertido que ya hemos apuntado a propósito de Schreber o de un caso analizado por Ferenczi.

enc~J:l_t~~~'l. intenta construir una homosexualidad fundada biológicamente sobre la comparación con las otras especies.. no hace otra cosa que obedecer a la trampa insensata en la que le encierra la necesidad de fundar en la naturaleza las formas del deseo.1 2 La naturaleza desempeña aquí un papel paranoico de la instancia suprema segregativa: el término anti-físico utilizado en el siglo XIX por la policía para de~$. que . Y cuando Gide. los hombres abandonando el uso narural de la mujer . se a~rtan del ~.27: " .. aquel que está en contra de la naturaleza en tanto que es S. Están los que per:enecen a la naturaleza y los que no~stamos ohligados siempre señalar que la homosexualidad es una aberración. en efecto. frente a la homosexualidad. en Corydon..34 El deseo homosexual co como la «naturaleza». Si el código regresa aquí hasta el oscurantismo.. a EL MITO DEL PROGRESO DE LAS COSTUMBRES Existe un mito profundamente arraigado en la sociedad contemporánea: el de un progreso. Véase Epístola a los romanos 1. en Le Monde en mayo de 1972 que la homosexualidad testimonia a su manera el Amor).' en una época en la que la Iglesi no había intentado to avía su aggiornamento en materia sexual (el mismo Oraison escribe. como todas las tendencias sexuales . pero nadie 12. ". No esperábamos ver a la legislación moderna retomar los términos de la condena que apunta san Pablo sobre la homosexualidad. en el sentido de la ideología burguesa. es que se necesita. .~.l!í sI! sentido.s homosexuale~. puesto que el acto homosexual es contra natura.. un progreso continuo hacia la liberalización de las costumbres y el respeto de los individuos.. de la certeza de un garante universal de la normalidad heterosexuaL «Acto contra natura con un individuo del mismo sexo»: no se permite dudar. scribe el" ura Marc OraisOCi..I!J~ la sexualidad biológica en sí misma».OJlQffil.n~ión del deseo y de su represión..~_~o.~a.. Así se escuchará a menudo expresarse estas dos reflexiones contradictOrias: "Es contra natura.

die os loimp'ide. Por último. Es evidente que la justicia condena más fácilmente a obreros que a ejecutivos o intelectuales. incluso es masiva: así. Le Monde del 18 de abril de 1972 cita las cifras dadas poi 1á Jefatura ae Policía para tres meses del año en curso: «En lo que se refiere a los homosexuales. creciente y masiva represión judicial afecta a las clases oprimidas a propósito de la homosexualidad.. .Por atraparte.. ligado a la degeneración burguesa. 160 peones y 80 empleados de puesto inferior. Probablemente. hasta varias veces por semana. Ahora bien.~al. a 331 personas por actos contra natura. y a 424 en 1966. Nadie debería ignorar que las discotecas homosexuales de París sufren. tpero aparece evidente que una real. creemos simplemente que no hay ninguna represión legal de la homosexualidad. las cifras siguen aumentando en los años siguientes.La paranoia ami-homosexual 35 os lo impide». Creencia necesaria de una sociedad que afirma su perfectibilidad y la inutilidad de toda ruptura o puesta en tela de JUICIO. que agrupa el conjunto de condenas por homosexualidad bajo una misma designación. esta represión legal existe. está profundamente aferrado en la ideología popular que la homosexualidad. encontramos en las estadísticas del Ministerio de Justicia más de 300 obreros (obreros especializados y obreros titulados). Finalmente. la justicia condena. bajo diferentes pretextos./ . y por lo tanto su represión.200 condenas en tres años (1964-1966). Ahora bien. es un fenómeno propio de las clases dominantes. en 1964. .. para aproximadamente 1. Estos datos estadísticos provienen del Ministerio de Justicia. 492 interpelaciones han sido realizadas en el Bois de Boulogne y 18 en el Bois de Vincennes .:E~ -ie-. La ideología popular sobre la cuestión de la represión de la homosexuiTIdaddescarisiSüDre-ues mltos'que enmascaran ercoiñ"~ p~~Í:amiento paranoico de la justid~~-------"----'----' -=--:N. el control de 39 puestos de bebidas ha permitido la interpelación de 49 travestis». redadas de la policía. que la vida privada de cada uno sólo depende de sí mismo.:.

Lejos de haberse liberalizado.-~eses hasratres años y de una multa .. Patria) innovar de tal manera.de 18 en caso de denuncia de los padres.-PétaTr. En efecto. a qUIenquiera que hubiere cometido un acto impúdico o contra natura con un individuo de su sexo menor de 21 años. en función de su situación propia. fue adoptada en esa época de liberalización. Inglaterra y los países escandinavos). sino del movimiento inverso. el advenimiento al poder de la social-democracia. hasta ahora. han conocido recientemente una suavización de las leyes contra la homosexualidad.. No se puede hablar de una tendencia general a la liberalización de la legislación.>Lo que cabría llamar la ley Pétain-de Gaulle. .~erá castigado con prisión de seis meses hasta tres años y de una multa . un artículo que retoma exactamente los términos de-Iaordeña~Z. a propuesta de un diputado demócrata-cristiano. excepto en países en los que una situación política precisa y provisional. para satisfacer sus propias pasiones..os. el código penal. en los últimos véIñre""i5. Países Bajos.dd mariscal fechada e! 6 de agosto de 1942. Familia. hubiere cometido uno o varios actos impúdicos o contra natura con una persona de su sexo que tenga menos de 21 años~o nos extraña ver al Estado francés (Trabajo. En ~ no se condena la homosexualidad hasta la llegada de Pétalñ. en nuestro país.«Ahí se trata de supervivencias bárbaras de! Código.de·· ~~i-.. quienquiera que . ha conllevado una suavización penal. hoy en día vivimos en una sociedad cada vez más tolerante»: ya hemos indicado que el término de «contra natura» sólo aparece después de la última guerra en nuestro Código. la leyera la misma para las corrupciones de menores heterosexuales u homosexuales: condenaba los actos cometidos con menores de menos de 16 años. se alude a la homosexualidad como tal. y. en concreto.Iilprimera ley en la que aparece el término es una ordenam.. de esperanza y de progreso que era la Liberación. Pero es más exrraño constatar que el código penal contiene.36 El deseo homosexual .. Pero e! movimiento en otros países no es en absoluto similar. En esta particularización. ha retorzado la represIón de la homosexualidad.": la ordenanza del 8 de febrero de ~945·-(arÚcul~-·331Tcastig~~~~pri~¡ó~. varios países europeos (Alemania. tras la Liberación.

debemos luchar contra todo lo que pueda dis· minuir su prestigio. alcalde de Tours. l3 tiene los mismos acentos. El ~dí~penal n6disting~i~~~~. declara: «En el momento en el que nuestra civilización.. 1?!. Al final Jean-Paul Sascce fue absuelco. que denunciará.La paranoia anti-homosexual 37 Desde luego. a Jean-Paul Sartre como director de un periódico culpable de hacer apología de la homosexualidad. Se refiere al número 12 del periódico izquierdisca Tout.000 hasta 15. del T.. [N. como en todos los demás.. se hace tan vulnerable. La santa furia de un Royer.e.f~rafo 2.} FHAR . el 18 de julio de 1960. en el que el (Freme Homosexual de Acción Revolucionaria) lanza un comunicado: «A los que son como nosorros». peligrosamente minoritaria en un mundo en plena evolución.noviembre de 1960 precisa(<<Cuando el ultraje público al pudor consistiese en un acto contra natura con un individuo del mismo sexo. añadamos que. dos menores de entre dieciocho y veintiún años que practican juntoS la - --- 'de 13.cl-~-l~. Mirguet. -Por' illtimo. Francia debe dar ejemplo_ Por eso les pido que adopten mi enmienda . y el gobierno debe tOmar una posición a fin de alertar a la opinión». el carácter paranoico de la legislación estalla con un debate en la Asamblea Nacional: el diputado Paul Mirguet propone y hace votar una enmienda que introduce la homosexualidad en la ley sobre la peligrosidad social. hay un vínculo de deseo profundo entre el régimen gaullista y la homosexualidad: la segunda ley sobre la homosexualidad. ~a_p'er­ secución causa estragos. para colmo de la paranoia.j-._--. En este campo.. del 25 . en 1971.público al pudor ~ mosexuaf"ü·'heterosexual -Efarrí¿iílü-330..500 francos de multa solamente.' p._. pues los textos que hacen referencia a la prostitución no se refieren exactamente a la homosexualidad. en el debate..9_~Eri<? ?e. multa de 1. la pena será de prisión de seis meses hasta tres años y una .000 francos>yApuntemos de paso que el pudor heterosexual es más barato: desde 500 hasta 4. En la misma época. junto con la tuberculosis y el alcoholismo. aquélla sobre ultraieJ)úblkoy~dor~-sevota des-----------------~ --pués de la vuelta del general de Gaulle al poder en 1960.

lo suscita para condenarlo mejor (este comportamiento de la policía es frecuente en los Estados Unidos). las demandas pueden ser causadas contra aquel que no rechaza lo suficientemente rápido una caricia impúdica. que los policías pueden ir hasta la provocación (en los baños de vapor. del T. que basta con quedarse demasiado tiempo en una vespasiana14 para ser acusado de ultraje público al pudor. Las leyes son realmente un sistema de deseo en el que provocación y voyeurismo ocupan su lugar: el fantasma del madero no es la creación del cerebro trastornado de los homosexuales. policía y justicia persiguen su propio fin libidinal. Y un cierto capitán Tilmant escribe en la Revue de la gendarmerie beIge (4. bajo el título de proteCción·de la juventud. busca el ultraje. [N." reprime el atentado al pudor cometido sin violencia sobre un menor del mismo sexo que sea menor de 18 años. por ejemplo) para suscitar el ultraje. las policías deben esforzarse por conocer bien ese mundo secreto (el mundo homosexual) en el que comprendemos que los testimonios son escasos y las denuncias reticentes». cu~ndo. Nos preguntamos lo que Ferenczi hubiera pensado del caso. bajo el pretexto de protección (de los jóvenes y del público). sino la realidad del funcionamiento deseoso desviado de la policía y de la justicia. 0 trimestre de 1969): «Para una prevención eficaz y una represión segura. 14. Y continúa: «Más en materia de homosexualidad que en otras. Señalemos que en Bélgica no se votó una ley específica sobre la homosexualidad hasta 1965 (el 8 de abril). con delicias.] . Urinario público conocido por los gays porque disimula en un lugar anodino una intensa actividad de ligue. las pruebas indirectas o la convicción Íntima del juez de instrucción son suficientes (no se necesita denuncia de la familia). Aparece claramente que.38 El deseo homosexual homosexualidad pueden ser demandados por cometer un delito de lesiones recíprocas. el adagio "no hay policía buena sin archivos" adquiere su plena significación». La represión no se conforma con husmear. Que en el ultraje público al pudor. en los calzoncillos. Que en los asuntos de menores.

a(Le~.-Síño-'qiie. son un reflejo anticuado de una ideología anterior. tales métodos en abril de 1972. llevados por la paranoia que desencadena la gran prensa y la televisión a propósito de crímenes de «maniáticos sexuales». 16. 20 de junio de 1972. Sexual Inversion. no obedece a la crisis ~_ sacude a est~ soc~~<!. La crisis de la familia ha llevado a un número creciente de jóvenes a salir del marco padres-niños.La paranoia anti-homosexual LA PARANOIA ANTI-HOMOSEXUAL SE INTENSIFICA 39 Al menos aspira a intensificarse: no aceptaremos la actitud delliberalismo. N~'es' el fascismo. Las costumbres mantienen con la ley una relación compleja: el aumento de condenas ~~homosexualidad corresponde tambiéri'a un aumento de la práctica'!1ómosexuiCPe-ro-éSco debe a u~~-Gi.erailzac16'ncoriscíéñte. o hagámoslas evolucionar. . Olvidémonos de ellas. que explica: es verdad que las leyes existen. argumenta todavía seriamente para determinar si la castración es un medio eficaz de cura de la homosexualidad. incluso mediante operación quirúrgica' un médico alemán. Un congreso médico se celebró en San Remo (Italia) para discutir sobre los métodos de cu~a de la homosexualidad por reflejo condicionad~ electrochoques.~[~. de considerar el retorno a. pero expresan de manera retardada la situación de la sociedad. ~n su libro publicado en 1923. en especial los propietarios de bares. l~ y también fenómenos como la aparición de una nueva criminalidad: los asesinatos de jóvenes por adultos. del que son testimonios los sondeos sobre la actitud de la población respecto de la juventud. pero Marcuse-ifirrrúl'cc)ñ. Se trata del doctor Fritz Douglas Roeder.razÓn' dcará~t~~-'~ada vez más totalitario de la ideología de las sociedades capitalistas modernas. Pero esta crisis corresponde también a un incremento de las tendencias de índole fascista antijóvenes en los padres y los adultos.al contrario.16 a quien la gran prensa dedicó una larga entrevista. muchos de nuestros contemporáneos no estarían sin duda muy lejos. de Frankfurc. Véase el sondeo de FranceSoir.drogas. ¿no practica la cura de la homosexualidad mediante una operación del hipotála- se 15.~_mami~nto desus fuerzas¡~conscientes y de su expresión racionalizada.

es también porque identifica la relación del cura con Lucien como homosexual: «Presumió de ser su padre.mosl~-~ls~~-~. La admirable novela_de ~~sil. Pero el procedimiento que consiste en hacer pasar la represión anti-homosexual del estadio penal al estadio psicológico no conduce nunca a la desaparición del aspecto penal. Encont~.40 El deseo homosexual mo? Y la máquina de deseo represiva funciona bastante bien como para que los homosexuales acepten someterse a semejantes tratamientos. ¡Él. Este carácter penal y criminal que marca el deseo homosexual no es ni fortuito ni lamentable. El alumno Basini es entregado y se entrega a juegos homo. la psiquiatría tiende a reemplazar la represión legal por la interiorización de la culpa. mi padre!» y Lucien se deshizo en lágrimas. el juez de instrucción consigue entender al enigmático cura Herrera como el criminal Vautrin. hasta incluso pedirlos. Es verdad que. esta cárcel en la que el director señala con asco al visitante el cuartel en el que están encerrados los del «tercer sexo». sobre la pequeña sociedad de un instituto alemán. Y si. El reverso de la relación amorosa entre Vautrin y Rubempré es. Puesto que es un ladrón. de todos los fantasmas de la homosexualidad. ya lo veremos. constituye por sí sola una proyección. sino una necesidad y quizás una suerte para la liberación homosexual. por fin. Las tribulaciones del estudiante Yo'dess. no veremos en esta situación un estado transitorio y modificable. -La homosexualidad de Vautrin en Esplendores y Miserias de las cortesanas se basa en la misma conexión. Devuelto a su -!Dedio de . HOMOSEXUALIDAD Y CRIMINALIDAD Primero la homosexualidad es una categoría de la criminalidad. la homosexualidad depende primero de la delincuencia y. En efecto. sino todo lo contrario.~~iaciónentoOaTaoora de Genet. bien puede ser también «maricón». aunque estemos llevados a reclamar la abolición de las ieyes que la afectan.exuales con Reiting y Beineberg sobre la base de una situación delictiva: Basini ha robado dinero en el casillero de otro alumno. para Balzac.

del T. debo aguantarme y contenerme con las manos para no herir a mi pareja».Q!Qp-º!. Esta asimilación libidinal del homosexual y del criminal no tiene en cuenta nociones racionales del derecho. los homosexualés~. Por supuesto.. Srekel.~__arg~~J)ara esta asociación: Stekel.. al futuro asesino. 11.. Die lmpotenz des Manner. y al futuro chantajista». en Die lmpotenz des Mannes [La impotencia en el hombre}. 17 Y la ley española sobre la peligrosidad social recientemente debatida 'en-liS Corces eXplki'Tíi:íilo-l. .--:'i·los enfermos mentales que por falta de cuidados~-Coñ. Durante el goce.l8 Allí describe las relaciones entre la impotencia y la homosexualidad. de la responsabilidad individual: el capitán de la guardia civil belga ya citado escribe en el mismo artículo: «Una vigilancia atenta de este especial ambiente permite constituir una documentación muy útil para descubrir al futuro tramposo. [N. 9. Pero a estas alturas no importa. los traficantes de drogas .] 18. después de haber asociado impotencia con crimen de maniático sexual.. Sin juego de palabras. «Mal» en francés [iene la misma pronunciación que «male»: «macho». en este ejemplo los homosexuales serían más víctimas que culpables.. fechado a principios de la Tercera República: «Del chantaje al crimen sólo hay un paso. 3.. 1928. G. 17. Viena. Vautrin se encuentra con uno de sus antiguos amantes al que van a ejecutar. los que se juntan en pandillas y cuyo objeto es manifiestamente delictivo . Macé (antiguo jefe de la policía parisina) escribe en Los lunes en la cárcel. Todo homosexual es un ásesino en potenci~.La paranoia anti-homosexual 41 origen. W. «la tarea del médico consiste en ayudarles a ser mejores para que superen en ellos al asesino inconsciente». Entonces aparece la intención del psiquiatra: en lo que atañe a los enfermos más honestos. Urban & Schwarzenberg.-Ciipí": iúiü-C'Se-crédaráfi-perigros socialesa-fas categorías de personas siguientes: T-iOs'v~g~b~~d~s~2:··1~~p~~~~~etas. todo sodomita es inteligente pero su espíritu se inclina hacia el ma!». tanto más que el verdadero sodomita siempre está disimulado .<:jgI1a l2. titula un párrafo: «Homosexualidad y criminalidad»..st:it'u­ yen-~n peligro para la sociedad . » ~iguiatría. Un enfermo declara: «Me desato durante el orgasmo..

duda. En Sin 19. respecto de la homosexualidad. sino que también la adorna con los encantos de lo sanguinario. el hijo de una de las víctimas mata.categoffapatológíCa. HOMOSEXUALIDAD y ENFERMEDAD La homosexualidad no sólo es una categoría de delincuencia.. En mayo de 1972. el lugar principal. El asesinato homosexual es vivido paranoicamente como un asesinato de gozo. que venga el asesinato del padre. a uno de los asesinos durante la reconstrucción del crimen.] . del T.. Provincia situada en las afueras de París. Un caso que ha sido recientemente pasto de la actualidad. el principal peligro de la sociedad civilizada. a su vez. pero la gran prensa. El asesinato por venganza es digno de consideración ya que establece los derechos de la familia. encuentra todas las legitimaciones para el segundo crimen. sino tamI. Las medidas anti-homosexuales de 1960 están legitimadas por una campaña de prensa que agita el espectro del recrudecimiento de la sífilis. [N.-·En el sentido de la psiquiatría.iéñ·u~. El asesinato responde al asesinato. después de haber deplorado esta vuelta a la ley del talión. La asociación paranoica entre homosexualidad y criminalidad no sólo constituye una defensa contra la libido homosexual. sólo por placer) a varias personas durante el verano de 1971 estaban extremadamente ligados a los ambientes homosexuales.42 El deseo homosexual Encontraremos en Los cantos de Maldoror la más bella descripción paranoica del pederasta asesino: aprovechándose de la confianza del niño. en los cuales se les llamaba «los asesinos». Las enfermedades venéreas parecen ocupar en la ideología paranoica. pero en primer lugar en el sentido más físico: si droga y homosexualidad están generalmente citadas juntas en los discursos oficiales es porque parecen ocupar el mismo lugar en la degeneración. el de los «asesinos locos de las Yvelines»/9 contenía su buena parte de libido homosexual: los dos jóvenes asesinos que mataron gratuitamente (sin robar. Maldoror le hunde las uñas en el pecho..

el homosexual transmite la sífilis como transmite la homosexualidad. Como en la ideología fascista. Lo que encubre la sífilis es el temor fantasmal del contagio. La honorabilización de la homosexualidad. La declaración de una sífilis anal no se hace sin problemas: la sífilis no es un microbio. mejor asegurada antaño que hoy contra las enfermedades venéreas. el sano y el degenerado se oponen en una lucha de la cual depende el destino de nuestra civilización. es también una ideología en el sentido en el que Artaud analiza la peste y sus síntomas como un conjunto fantasmal. por su psicologización. Y el doctor Touraine.. y las cifras que se han dado a propósito de su frecuencia demuestran el incremento reciente. 5 de julio de 1972. es conocido por todo el personal hospitalario. obligación de declarar todas las relaciones sexuales que habrían podido dar lugar a contaminación) bastan por sí solos para explicar la extensión de la enfermedad. el artículo del doctor Escoffier-Lambiocte.. miembro de la Academia de Medicina. las causas son de dos tipos: resistencia incrementada de los microbios a los antibióticos.. Véase mmbién en Le Monde. declara. ». El debilitamiento de la cobertura social gratuita. ¿Cómo luchar contra este recrudecimiento? Agravando las penas aplicadas a los homosexuales . escribe en Revue du Praticien: «Es sobre todo por la sífilis que el papel de la homosexualidad ha sido puesto de relieve. el señor Chenot. el sistema casi policiaco mediante el cual la trabajadora social se arroga todos los derechos en el caso de declaración de sífilis (inscripción en un fichero. es una empresa sin esperanzas: cuando el doctor West preco20.. hasta qué punto el miedo a la enfermedad venérea sir~e de pretil a la normalidad sexual. La vergüenza que acompaña a la declaración de esta enfermedad.La paranoia anti-homosexual 43 Le Monde del 24 de julio de 1961. a propósito del recrudecimiento de las enfermedades venéreas: «En realidad. . ministro de la Salud Pública.20 Ya se conocía la función que ocupaba el miedo a la sífilis en el conjunto de la sexualidad burguesa. rápido y enorme de ese rol». del sordo progreso paralelo del microbio y de las fuerzas inconscientes de la libido. desarrollo considerable de la homosexualidad en todos los países .

. Toda búsqueda de las causas sólo es. Enke. Sruttgarr.. sólo hay orden verdadero en y por la democracia». El hecho de hacer el amor con otro hombre no se pone nunca en tela de juicio como tal en sus declaraciones.21 se convierte en el apóstol de una imposible conciliación. Giese. la deficiencia es la pérdida del sentido de la sexualidad reproductiva. 1958. la perversión sexual o el robo con acciones revolucionarias». escribe: «La deficiencia se desarrolla en el orden. 22. por otra parte comprensiva sobre la cuestión de la homosexualidad. L'homosexualité. Y afirma en una entrevista recogida por Le Nouvel Observateur: «La cobertura de la homosexualidad o de la droga nunca tuvo que ver con el movimiento obrero .. la perversión está en contra del orden».22 Para Giese. y de la que el partido comunista. en este ámbito. una legitimación a osteriori de la represión social: se ve claramente cuando H e ock Elli caba su obra. declara en mayo de 1972: «No hay que confundir la droga. La aparición de un movimiento homosexual en el seno del izquierdismo le da la ocasión de expresar la verdad de la moral burguesa sobre el asunto: el señor Juquin. El doctor Giese. La paranoia moralizadora no alude al comportamiento homosexual como tal. la perversión es la afirmación de la homosexualidad. con la constatación de que n~~~__ pue~e~~lerar la afirmación de la homosexualidad. el partido comunista ha desempeñado con frecuencia el papel de una especie de superego de la burguesía: representa la fidelidad a principios morales y acusa a la clase en el poder de haberlos respetado sólo de palabra para traicionarlos mejor de hecho. La homosexualidad del hombre. en un iib~~-pU:bli~~d~eñ-1968y prologado por el doctor Hesnard. J Wesr. Der homosexuelle Mann in der Welt. La homosexualidad representa más bien el residuo de una maquinaria social bien experimentada. 1970. puesto que está mal visto tolerar lo que de todas maneras se ha decidido prevenir. en particular contra el aborto). Bruxelles. En Francia.44 El deseo homosexual niza «la prevención por la tolerancia». H. presidente de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis. miembro del Comité Central. Dessarc. Ha apoyado la ley de la heterosexualidad familiar (tornando posición repetidas veces. por 21. aunque se deba tolerar su existencia.

23¡ LA HOMOSEXUALIDAD «LATENTE» CONTRA LA HOMOSEXUALIDAD «PATENTE» Presentar la opresión de la maquinaria social sobre la homosexualidad como la expresión de un sistema deseoso paranoico de raíz homosexy.~Peréi"lacontaminación moral (así·~i~~ig. Gilles Deleuze ec Félix Guanuri.~Üitantes comunistas). París. Bajo su forma deseosa. y no en un 23. de íñVersiónesli15iOmosasinconscientes. Li"soélé(raa-mod~tiene métodos de eliInlniCíóii-!iáú~~)ºnªle~..-/¡. Buenos Aires.La paranoia anci-homosexual 45 ejemplo. 24. CapitaliJmo y esquizofrenia. y es incapaz de frenar su proliferación. a veces contradictorias con ras pnmerns (v~"el ~j~~plo d~i~.-a erTeñÓCiieno-ercr1putad~ Royer) parece dotada de las mismas cualidades que la contaminación industrial: la máquina misma produce sin cesar una masa creciente de residuos. Les troubles mentaux.1-Io basta con analizar la sociedad en términos de conflictos de gru~ conscientes agrupados por sus mtereses (las clases). La sociedad quema süs -resid~os:l~sociedad -medIevaCman<!aba··a·lo~-·h9mO~ sex-uales~ la hoguera. . Puidós. 1985.Para estos delincuentes mentalmente anormales (los homosexuales). en un nivel directo. lo no-sexual en relación con una sexualidad estrictamente definida. Se admiten aquí los principios de análisis de Deleuze y Guattari en El anti-Edipo:24 no hace falta pasar por las identificaciones edípicas para reconocer la presencia. no tiene ningún sitio en el edificio social. Es lo que subsiste de la inclasificable e inutilizable libido.. desearía mejorar todavía más el funcionamiento. Se revela cada día más necesario y más imposible el sueño de GeorgefHerÍJeí. Georges Henyer. Debemos reconocer carn15ierna-eXistencIa": aC~~?~ge-Iñv~nes:~~~~~~~~ (Pig~!:as). 1968. El anti-EdiPo. médicos y magistrados reclaman una ley de defensa social con la posibilidad de tener manicomios de seguridad en los que los enfermos podrían ser curados y readaptados por la psicoterapia y el trabajo».al supone que se admite la presencia del deseo en toda instirución.

pp. el deporte. Sobre esta ley. La homosexualidad latente.» Se trata 25. Esta represiónv1epende también de un análisis en el que entra en juego el deseo: Sólo hay que leer la reseña del debate en la Asamblea Nacional durante el voto de la ley sobre la peligrosidad social: 27 «El presidente: ¿Cuál es la opinión de la comisión? Risas. . 34-39. un diputado de L'Isere 26 declara a propósito de la crisis de confianza que alcanza el gobierno y la clase al poder: «Los diputados son unos castrados.46 El deseo homosexual nivel simbólico en el que sólo entrarían en juego los arquetipos famjJi-áres (por ejemplo el Padre). Ahora sabernos lo que espera de él».. la sublimación en cuestión constituye el medio de transformar el deseo en deseo de represión. durante una reunión de la UDR 2~ en la Asamblea Nacional. En el nivel colectivo. partido político gaullistade 1971 a 1976_ [N_ del T] 26. UDR: Unión para la Defensa de la República. A lo cual Le Monde añade: «Sabíamos . del deseo en la maquinaria social. Risas de nuevo. está proscrita en todas partes. Es necesario que el gobierno tenga un sexo y que lo utilice». ~homosexualidad atañe a todo el mundo. ili -escueIa.-la Iglesia. Provincia francesa situada en el sureste. En general. que la UDR necesitaba un jefe. partido político gaullista de 1968 a 1971 y Unión de los Demócratas para la República. sin embargo. El sexo impregna la maquinaria social: en mayo de 1972. La señora Marcelle Devaud (ponente): ¡A mí no me parece particularmente gracioso! Hay una situación que ustedes conocen y que conozco también. estimada por los sicoa ~orresponde a la opresión de la omosexualidad patente. Retornamos también la distinción entre el nivel molecular del deseo y el nivel molar de las grandes máquinas sociales. [N_ del T] 27. véase supra «El mito del progreso de las costumbres».. se puede decir que la famosa sublimación de la homosexualidad corno fundamento del funcionamiento de las grandes maquinarias sociales corresponde a esta opresión de lo molecular por lo molar. etcétera.ru¡quinarias sociales eseeClalmente anti-homosexuales':'~l ejército. y encontraremos la carga más grande de homosexualidad latente en las .

la aparición de la palabra causa una cascada de lapsus.La paranoia ami-homosexual 47 entonces de una modificación en una enmienda sobre la homosexualidad. sólo hay situaciones de deseo en las que la homosexualidad interviene. No hay posiciones inocentes u objetivas sobre la homosexualidad. o al menos interprecaciones como lapsus de las palabras más simples. Curiosamente. .

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Encarcelar a los homosexuales b~stab. al mismo nivel que el tonto o el loco. efic~z. conviene que el culpable la reconozca como necesaria.e~oüna época en la que el sodomita era un degenerado. La policíao en la cabeza es el verdadero medio de la policía con unifor~e.2 Avergonzados. pervertidos. un vaivén entre la culpabilidad por las leyes y la psicología de 'la culpabilidad. Para que la represión::(a.o:eraerrumbamÍento de las ere o religiosas necesita nuevas barreras morales interiore El freudis desempeña un papel privilegiado al respecto: es a la vez el descubridor de los mecanismos del deseo y el organizador de su controt: Deleuzey Guaé-rar-í"comparan-lascondiciones del descubrimiento freudiano con las del descubrimiento capitalista: sólo se descubre la fuerza . Nin_ g~na civilización fundada exclusivamente sobre la domÍnación por la:lüerza<IeUn mod~iIal sobre todos los demás pod~ía su~~.~~!r ?1u~~~!. No hay buena justicia sin mala conciencia de los acu~- Así aparece la constitución de la homosexualidad como neurosis. La comprensl6rl~sic6lo~~ompañ~_a la acción del juez: éste representa la institución positiva del juicio que realiza la normalidad.~_~E. El homosexual es un primo del judío nietzscheano. locos La psiquiatrización de la homosexualidad no ha sustituido la re~s bien la ha acompañado. aquél arraiga la culpabilidad dentro del individuo mismo. La represión moderna necesita un juego justificativo. a ley del padre es necesaria para el pleno cumpltmIento de las ley~s.

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El deseo homosexual

general en acción en la vida económica o en la vida sexual para ser en seguida privatizada en nuevas relaciones alienantes; al descubrir el trabajo como fundamento del valor, la economía política burguesa lo encadena inmediatamente bajo la forma de la propiedad privada de los medios de producción. Freud descubre la libido como fundamento de la vida afectiva, y-lo .encad~na. jnmediata: mente bajo la forma ~e la privatizaciÓnedipic.ª-fllmiliar.. La emergencia de la libido debe acompañarse del más fantástico siste~ culpabilización jamás inventaao. '-Enuna épocaenlaque la Úiaividualización capitalista consume a la familia quitándole sus funciones sociales esenciales, el Edipo representará la interiorización de la institución familiar. Una de las sociedades en la que el divorcio es más frecuente, la sociedad americana, es también la que mejor está edipizada. La edipización de la homosexualidad corresponde a la misma puesta en crisis de las instituciones sociales. Ya no se trata simplemente de luchar contra el desenfreno, se trata también de que la curación retome las significaciones concedidas al castigo.

POLIMORFISMO PERVERSO, BISEXUALIDAD, SEXO NO HUMANO

¿Qué queda de este descubrimiento freudiano de la libido? ¿Cómo esta evidencia que funda la psiquiatría moderna puede asegurar la carea represiva anti-homosexual? Antaño era evidente que sólo había una sexualidad, la heterosexualidad. Se necesitará un esfuerzo considerable de deformación para que el reconocimiento de la libido se transforme en culpabilización de la homosexualidad. En particular. que el deseo no sea producción sino carencia. Se inscribirá en el centro del deseo la marca de una insuficiencia que permita controlarlo. Según Deleuze, es mediante la asignación de esta carencia, bajo la forma de la prohibición del incesto, que se construye Edipo. El «sexo no humano», es decir, el flujo impersonal de la libido, deviene el imaginario de las relaciones entreperson as en el seno de la familia.

Avergonzados, pervertidos, locos

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Que el sexo sea no humano, que el deseo sea fundamentalmente indiferenciado y _ ca la distinción entre homosexualidad y heterosexualidad reud' expresa bajo el término de «perverso polimorfo», Es eVl ert ue la palabra «perverso» sólo remite a la convención del lenguaje que distingue entre algo normal y algo perverso: «Cuando calificamos a los niños de "perversos polimorfos", sólo era un término descriptivo de uso corriente, no se emitía ningún juicio de valor, Semejantes juicios están, por lo tanto, muy alejados del espíritu del psicoanálisis»,28 Las tribulaciones del estudiante Tiirless da buena cuenta de esta polivocidad originaria del deseo: Torless no sabe si desea a alguien (Basini o Reiting), De hecho, desea, simplemente. El polimorfismo perverso remite a lo que Freucl considera (después de Fliess, cuya concepción es puramente biológica) la bisexualidad constitutiva del hombre y de la mujer, Noción a caballo entre la biología y la psicología, puesto que el deseo ignora los recortes científicos ALa perversión más importante, l~ __~m~~~~~~li~~d, apenas meb ese nombre, Remite a la.J:>~~~:lfll~Hdªd cO(1:s~i!l!c:~onal gene~... En el curso del psicoañ~ii~is, se puede desc*ir en todo el mundo una parte de elección homosexual del objeto»,2) (nota 13): «La disposición a la "perversión" es una parte ~!!!'_.s.Q!1st!tl,Kión llamada normar:~ara elp~iI:9~!l1!!.~~,J(1__el~!:.iÓIJ.c1d Qºj~~oiEdc:-. p?ria'leñtemeñte del-- s~x~' del objeto, el igual apego a objetos ma~~ culinos y femenino-S; tales co'iñ01Os encontramos en la infancia del hombre, como en la de los pueblos, parece ser el estado pd~itivo, yS6IOes' mediante detenciones y coacciones, sufridos unas veces en un sentido, otras en otro, que este estado se desarrolla como sexualicraa-ñ"órmaI o i-iWerSi6ñ~Asfesqüe para el psicoanálisis el interés sexual exclusivo del hombre por la mujer no es una cosa evidente que se reduce de alguna manera a,una arracción química, sino un problema que necesita ser aclarado?eterosexualidad y homose28. Sigmund Freud, Autobiografía: hiltoria del pensamiento psicoanalítico, Madrid, Alianza Edirorial, 200L 29. Sigmund Freud, Tres emayos sobre teoría sexual y otros emayos, Madrid, Alianza Edirorial, 2003.

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El deseo homosexual

xualidad son las salidas precarias de un deseo que ignora su nombre. Si la distinción entre biología y psicología es abolida ahí, ello se debe efdeseoignor:Üódavía la separaoon del. cuerpo yael espíritu qué funda las"'Personalidades: ,. -~------"-------- Sin embargo, _~st~ .s~paraciºn es la vi~a m~sI11a~~~p~iquiatrí~ y. geIJ~~icoaf!álisis en cua~to institución. Pues no extraña el constatar que es por este sesgo que se organiza la remodelación del pensamient'OTreUdian;-ÉT-;Óm~o-ae·la' Revr:e fr:in;"'aisé d;'"'Fychan~¡yse -de·l%5y~-~itad030 contiene una larga crítica de W. H. Gillespie contra la concepción freudiana: «Freud fundó su concepción de la bisexualidad en gran parte sobre consideraciones biológicas y anatómicas». Reducir a Freud al nivel de Krafft-Ebing, es decir, de una relación mecánica entre biológico y psicológico cuidadosamente distinguidos, es la primera operación del desvío. La segunda consiste en tener en cuenta las investigaciones recientes sobre el cromosoma para destri!:i. la base biológica que se ha atribuido anteriormente a Freud: «Algunas investigaciones recientes guardan algunas relaciones con el "descubrimiento" ... de la bisexualidad de toda célula. Su demostración va, en cierto sentido, contra lo que creía Fliess. Me refiero al sexo cromosómico o nuclear, al hecho de que ahora es posible poner en evidencia diferencias sexuales en las células somáticas de los individuos, estas diferencias corresponden en general a su masculinidad o a su feminidad manifiesta ... Este descubrimiento ofrece, sin lugar a dudas, un argumento serio contra la hiPÓt~e' de la bisexualidad en el sentido en el que lo entendía Freud» Más adelante: «Ahora soy yo, entre otros, quien me levanto ené gicamente contra toda veleidad para otorgar a la homosexualidad un lugar especial, fuera del marco de laS perversiones, sobre esta única base de que tiene un fundamento biológico y psicológico en la bisexualidad». Esta revisión de Freud se asemeja mucho a las revisiones de Marx en nombre de los descubrimientos modernos de la tecnología. Sólo se revisa bien lo que primero se ha reducido al estado de ser revisado. En lo gue atañe a la teoría cromosómica, es necesario recordar que-¡;~~~c~ se;·~eñosun«descu-

a-que

30. Véase supra p. 32,

La heterosexua Idad es «plena» frente a una homosexualidad a ·la que le faIra el objetO eSetlCÍaldef deseo.Avergonzados. Sin embargo. Entonces todo el descubrimiento freudiano tiende a desaparecer. referlf~e a un objeto que tomará su sentido en la triangulación edípica. Siempre tiene que significar algo. Véase el congreso de criminología celebrado en París en 1972. se explicará la criminalidad por un mismo desequilibrio. una mis~a)~-ºªt. otra perspectiva nos muestra que es un simple apéndice de su plasma germinativo a disposición del cual pone sus fut. Freud distingue entre dos modos de existencia de la sexualidad: «El mismo individuo tOma la sexualidad como uno de sus fines. sino que será lanteada como odio hacia la mujer ~n cuanto único objetO sexual social.+-7tsren:: contramos-de·"óuevü"la ineVtia51eaSo~ia~ión del criminal y el homosexuaL Y como el número de homosexuales «cromosómicos» es ínfimo. Ciertos aspectos ideológicos del pensamientO freudiano que contrastan con la posición de principio sobre la bisexualidad constitucional pueden autorizar esta orientación. En «Para introducir el narcisismo».o pareja de cromosomas. sót~e:li:lsttr como carenCIa. así progresan las ciencias que Fourier llamaba tan acertadamente «inciertas».rzas a cambio de una prima de placer». Ya ~~stituirá una de las especificaciones azarosas de un deseo polívoco. psicoanálisis post-freudiano como institución de la SOCiedad burguesa encargada del control de la libido. Gillespie remite la homosexualidad a la psiquiatría.üiar. Entonces la hom9sexualidad será definida por su carencia. . EL ODIO HACIA LA MU)ER El deseo como fuerza autónoma y polimorfa debe dLsaparecer: para 1¡¡""iosticuClon pSlCoanalítica.. pervertidos. un desequili·brlü-eñ-ía23. 31. He ahí donde encuentra su sitio el. locos 53 brimiento» biológico g!:!~'!!la ~~esión ide9Ióg!ca: gracias a ella se hará del homosexual un accidente de la naturalezª. al funcionamiento psicológico edípico.

esta neurosis está ligada alodio hacia la mujer.54 El deseo homosexual Este retorno a la sexualidad como esencialmente reproductora. teórico del partido comunista francés en materia de sexualidad. Sartre expresa en su San Genet la misma certeza ideológica experimentada por el «normal» frente al homosexual. miedo de la madre o del adr. ASÍ. Stekel\ ofrece un buen ejemplo de este modo de reducción: una ve~~ tida la teoría de la bisexualidad..---------- --~ --[ih~~osexualidad es esencialmente neurótica. imagen paternal.'-----··_------ . los normales saben que la mujer «se encargará de todo: de nuestro placer y de la especie».-. Ya he combatido enérgicamente este punto de vista y demostrado que el homosexual sólo ha llegado a este comportamiento porque considera a la mujer sádicamente con o 10 ». m Ivada por la posición sádica tomada respecto al sexo opuesto». carenCIa y miedo son los resortes de la construcción edípica. designada como el único objeto sexual social. En su artículo sobre <<Impotencia y criminalidad». Esta ya no es la expresión-parcial del deseo coexistente con la heter~­ lidad. or eso « a neurosis homosexual es una retirada en SI mIsma.. ¡<la m~r». Easa del reconocimientódeTa bisexualidad a la explicación de una de las -fOrmas de la relaCIón sexual por el temor a la ót~~f~. El deseo se define por su carencia. que con- .-E~~I~)~~~: <ASÍ. que por otro lado no tiene como tal ningún lugar en la sociedad. episódico en Freud. ------. la focalización se lleva a cabo sobre la supuesta eliminación de la mujer en la homosexualidad masculina.ndividuo a la homosexualidad es el miedo al hombre. Miedo del hombre o de la mujer.d!:s-.~d. Se ve cómo el pensamiento psiquiátrico. la familia. Así. se le sustituye la sexualidad como reproducción. considera que el acceso a la mujer se cierra al homosexual por su historia~a iliar. es también la falta atribuida a la relación homosexual. una de las causas más corrientes susceptibles de llevar a un . Al deseo como producción. «¿Por qué el homosexual es impotente con las mujeres? La may . §T~fo~~l_ica~i~s-. sino la relación que ha fallado en la reproducciód. de los médicos responderán: "porque no tiene placer con ellas y sólo desea a hombres". escrib . se convierte en sistemático en un Muldworf.

. . 1965. una construcción piramidal que encierre dentro de los tres lados del triángulo el deseo homosexual.. Freud la encie¡~~:y. _ _ .. se atenga a ella o se . es decir de «regreso de lo reprimido» en la elección «unisexuah>. recién descubierta la universalidad de la «perversión». pervertidos.!Ldo "~~E. 1979.. El texto sobre Leonardo da Vinci 33 es explícIto al respecto. París. deSlÜe-.. Era necesario: Edipo ~ el único medio de control eficaz de la libido.. 33.-g~~g~i&a~~ru~-. . LA EDIPIZACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD dJienda~'---- Entonces. Le 1naso¡.... .-" ."eñ-efslsrema edípico..-.. tal como se ve... .. es el !!Ú~do 9l!~--~~ _~_nc~~~rará de f!~!~~ prop6sito-de_la!tlH!:qció. la homosexualidad ocupa su lugar en la novela familiar neurótica: la construcción del Edipo. ... . Un recuerCÚJ infantil de LeonarCÚJ da Vinci..'-. .• • _ .~(. . para escapar de la agresión temida». ~ia bien. pone al liberalismo que sólo acepta la homosexualidad on la condición de que esté encerrada en un sexo diferente...-.... por las contradic~~~ lo que impor~. . ..húme. '-0 • • .a."Jmü.32 No vale la pena preocuparse... Payor.. ..ª~J~ erección homosexual del objeto» y la reanza. en realidad. .. . Sabemos que Freud ha atacado a menudo la teoría del «tercer sexo» defendida ~ chfeld. ..Avergonzados. sólo la homosexualidad será condenada como neurótica en su orientación unisexual. ¿Por qué? 32.. Pero. la universalidad del deseo homosexual en tanto que traducción del polimorfismo perverso..._ ...!ly:"~[~1 d~l falo ~o d!g!!~~_~ sentido entre los sexos... locos 55 lleva la huida en la identificación femenina pasiva con la madre. si hay posibilidad de neurosis.á. .ciÓ~ en la madre. Sacha Nacht. Buenos Aires! Madrid: Amorrorru.~.E~~~.[~o hTsCófícimente. Sigmund Freud.-. ~y eTJie~hQ. etapas. . ahrma dos cosas presentadas como indubitables en cuanto a la homosexuaIJáaafilaSculina:-ia fij. Son necesarios grados.

El falo distribuidor de sentido es vivenciado por la niña como ausencia de pene.pnvado de objeto:-A1 Igual que la mujer se definía por la ausenc¡. Aparece la mala conciencia.­ que no_e~ ~~i§eto de amor ulterior sobre el modelo de la madre. _Al elegir «por apuntalamiento» sobre la base del narcisism~ el homosexual está.les. y al mismo tiempo. El narcisismo es a la vez el deseo sin objeto. pues ésta está ll~adersent.está perturbado. -~~ . un narcisismo esencial. La lucha contra la teoría del tercer sexo se transforma en universalización del Edipo. slño~~ bien· sobre el de su propia persona».-----·-Efnarcisismo-adquJere· . está marcado por este pensamiento.ao que le filta. d~_alguºa IDa-riera. El niño es da Vinci. por tanto cercano a la libido originaria. por el niño como el miedo a perderlo en la angustia de la castración. a la vez. Freud ve ahí el signo de la homosexualidad pas~va del pintor..ren- ./ ln11omo~ y es esencialmente de quien habla~. el pecho de la madre y el pene. la cola del buitre es. Incapacidad también por desapegarse de la madre. como los pervertidos yiOshom~sexlJa. bocetos de un modelo de análisis de la homosexualidad que hará fortuna: la homosexualidad de Leonardo se centra en definitiva alrededor del «fantasma del buitre»: un niño chupando la cola de un buitre.'~derfalo-:-Por cierto. por su miedo a la ausencia del pene o su miedo a perderlo. La castración comienza aquí su juego. como elección por «apuntalamiento». Y el homosexual hereda algunas de sus cualidades. ' . según Freud. EL NARCISISMO El mismo texto sobre Leonardo da Vinci contiene los.56 El deseo homosexual LA CASTRACIÓN.¡. en lo que se supone un estadio ulterio . «Hemos encontrado con una particular evidencia en personas cuyo ~~l~ l. Freud escribe «Para introducir al narcisismo» a fin de analizar ese estadio del deseo qU~ en sí mismo carencia. el mismo deseo como é:~. La elección de un objeto sexual exterior al individuo se convierte en una necesidad.quí su significación. proviene del asco que provoca el descubrimiento de la ausencia del pene en la mujer.idi~.. hay en la mujer. puesto que resume por sí mismo toda la homosexualidad. atribuido a una herida o a una ablación. la culpabilidad en la que se divide e~ s~eto y el objeto.

la-hoiñosexualidad ofrecen al campo de la sublimación su objeto preferencial.convertido en su modo de exiseencía. en principio de manera semejance. El estado narcisista es la operación por la cual el innombrable deseo se identifica en semejante o diferente. en el tema operatorio de la historia homosexual.-culpabilid~d -ri.Avergonzados. la conciencia moral que produce la intervención de los padres y los educadores. Es el fin de la inconsciencia del sexo no humano. es el comienzo de la sexualidad edípica personalizada e imaginaria. como por casualidad.~dl escribe al final de «Para incroducir el narcisismo»0La liberación de la libido homosexual se transforma en conciencia de culpabilidad (angustia social)). perve~tidos. comola neurosis se llanTa. Por supuesto. La anguseia del cuerpo parcelado. en heterosexualidad o en homosexualidad.os 57 cia de la historia de la libido. es perder el polimorfismo perverso. como ya ocurría con la neurosis nacida de la unisexualidad. unir sus órganos en una persona. Bien es cierto que la persona global que crea el estadio del espejo es cronológicamence secundaria. el narcisismo se distribuye entre heterosexualidad y homosexualidad. la angustia de la castración. I<><. Las personas globales se convierten en la falta presence en los objetos parciales. pero es también primaria porque es ella la que retrospectivamente da su sencido al primer estadio. hasta tal punto que puede decirse que la sublimación no ~ra cosa que la homosexualidad en su verdad histórica familiar. el yo neurótico edípico está íntimamence ligado: «Así. Idencificarse. se transforma en angustia social.si lo esencial del narcisismo y de la homosexualidad. Pero. Por ello está en el meollo de la edipización del deseo homosexua1. el narcisismo se convierte. el narcisismo y. del narciSIsmo en tanto que opera el recoree de la homosexualidad con la heterosexualidad. evidentemente sólo pueden ser posteriores al «estadio del espejo» lacaniano. ---Ta- . o mejor dicho es más bien inaugurar la perversidad del polimorfismo. Buscar al semejante es suponer la existencia del semejance y del diferente. grandes caneidades de libido esencialmente homosexuales fueron atraídas para formar el ideal del yo narcisista».~~ de la c.. siguiendo el principio según el cual la forma preexisee a las partes.ncia. enconces el conjunto de las «pulsiones parciales» queda integrado en el seno de una unidad corporal. de hecho.

sitúa al homosexual en su posición de persona frente a otra persona. la engañifa. significa bien el esfuerzo considerable del psicoanálisis edípico. sólo encontramos en la libido homosexual edipizada lo que primero hemos puesto en ella. ya no hacen falta comillas para la perversión homosexual. no sientan bien a los homosexuales. La fijación en la madre es la cadena más sólida que enlaza el deseo ho-~ualal milliao normal. su más segura normalización. de individuo a la vez irresponsable y al mismo tiempo responsable de su irresponsabilidad. encubren el conjunto del campo libidinal. sólo tiene que desempeñar el papel para el que se le ha programado. el imperceptible deseo con sus innumerables conexiones posibles se fija. los mitos griegos. Entonces la «perversión» ya no es el negativo de la neurosis. y no porque sólo algunos especialistas lean a Freud la influencia de Edipo se queda ahí. armas contra lo que ayudan a pensar esos mitos. En este sentido. nombra lo innombrable. al mismo tiempo.58 El deseo homosexual Lo que se describe es. La imagen de la madre ocupa el lugar del pecho. El imaginario. EDIPO y EL HOMOSEXUAL En general. quiere cada vez más. y lo hace con entusiasmo.liga el inconsciente. fijación. El producto h~mos~~ual s-ólo tiene que ocupar el sitio que se le ha reservado. incluso se ha amplificado considerablemente con la extrema popularizaciónd. Tiene un éxito que aesme~tido desde la aparición del freudismo. por las buenas o por las malas. y esa palabra. o al menos. una sociedad pederástica (la griega) proporciona. A la pregunta: «¿Por qué la homosexuali- nosé"ha . lo que hace de ellos el psicoanálisis. los temas analíticos. al menos Freud así lo afirma. La «fijación en la madre» que sufre Leonardo -pues sufre por ella. El amor griego y el amor edípico se confunden. El imperialismo familiar heterosexual desliza en la homosexualidad sus significaciones neuróticas. construido. vivir. el análisis de la homosexualidad es al mismo tiempo construcción del conjunto de la novela familiar en la que deberá. ¿Popularizar la explicación analítica? Sí. por sus mitos. En el imaginario del psicoanálisis.

ya citado en el primer capítulo. locos 59 dad?». no lo sabías. en su ser más profundo. Bajo el encabezamiento «Responsables». uno de los artículos concluye: «¡Un psiquiatra suizo no se anda con rodeos: para él. Unos paranoicos engendran a unos neuróticos. pervertidos. la heterosexualidad da a luz a la homosexualidad. su delirio es general porque produce al mismo tiempo su contenido y su interpretación. EL PRESIDENTE HOMOSEXUAL ? i Hemos reconocido a Schreber. Uno de los argumentos más sólidos de Edipo es la responsabilidad parental como arma de la responsabilidad universal: «Primero Edipo es una idea de paranoico adulto antes de ser un sentimiento infantil de neurótico» escriben Deleuze y Guattari. La homosexualidad schreberiana se traduce en los términos de la culpabilización edípica en el curso mismo de su . que sus hijos sean homosexuales» (subrayado del periódico). simplemente.Avergonzados. Todo empieza en la cabeza del padre o de la madre. por más asombroso que esto parezca. France-Dimanche publica una serie de artículos sobre la homosexualidad que tienen en vilo a las familias durante un mes y medio. El título proclama: "La verdad sobre la homosexualidad: artículos que todas las madres de familia deben leer». y no el deseo el inconsciente del yo. sólo hay una única manera de responder fuera de la explicación cromosómica. ¿Por qué ellas? Porque France-Dimanche sabe bien que el control más eficaz de la libido homosexual pasa por ellas y que es bueno que ese control se refuerce. El yo es el verdadero inconsciente del deseo. sobre todo la madre! Insistan bien en las responsabilidades de la madre. y tu madre te deseará a ti. Sin embargo. los padres son responsables de la homosexualidad de los hijos. una paranoia compensatoria de la libido homosexual no realizada pero insuficientemente reprimida. porque todo tiene que empezar: Desearás a tu madre. uno y otrO coinciden. Existen demasiadas madres que desean. hemos reconocido en su caso. con Freud. Además. en el 70 % de los casos. Schreber es a la vez un paranoico y un neurótico. En 1972. la vulgarización analítica. ha dicho. ya querías eso cuando chupabas la teta.

estaba acostumbtado a recordar a sus antepasados. como tal. Podríamos decir que se trata de una homosexualidad iluminada. su carre- . que lo manifiesta más en particular por su sumisión. de temor y de deseo: temor a la violación y deseo de la violación. consternado. El sacrificio total en el que gozar es a partir de ahora lo prohibido.establece también el papel sacrificatorio de la homosexualidad pasiva. la de la mujer.srracroporel padre. el Aschenbach de Thomas Mann está atrapado entre una Venecia en pUtrefacción y el recuerdo de sus antepasados: «¿Adónde voy? Pensaba entonces. Las cadenas transformadas en rosas en la novela de Genet El milagro d~ la rOJa dan cuenta de ese vínculo entre lo sublime y lo atroz. a la vez. sólo se sacrifica lo que se estima. La paranoia justificativa estira el deseo homosexual entre los dos extremos del sacrificio y del goce. acostumbrado a recordar sus éxitos. de la elevación hacia Dios y de la aceptación de la condición social y sexual más baja. Los dos polos extremos que constituyen la paranoia schreberiana son aquellos mismos que organizan la' relación heterosexual: allí la mujer es o diosa O sirvienta. el Genet de Sartre -pues Genet es de Sartre como Schreber es de Freud. Es. o arquetipo u objeto sexual. Su transformación en mujer es un prodigioso sacrificio por el cual salva al mundo. mujer de Dios. De alguna manera. es también el redentor del mundo. Sartre apunta a propósito de Divina (NueJtra Señora de laJ 110m) que es aquel que va a gozar a escondidas.-"EfhorrlosexÜal recibe susentldoaei-faloCIíSrribuidor de los sexoS:-Castración-sacrificio. es de alguna manera el segundo salvador. La homosexualidad pasiva. La relación con el médico Flechsig es. De la misma manera. don expiatorio de la virilidad. en la que Dios expresa su juicio después de pruebas iniciáticas: para el cura Oraison. sólo se vive a costa -de lacascraaón:ser homosexual es ser ca. La homosexualidad es redimida por el don absoluto. tierna y querida para el corazón de Dios. es decir la homosexualidad. la homosexualidad es un testimonio de Dios. Ahí está el único secretito de Divina: su Edipo es la redención por la sumisión.60 El deseo homosexual producción: Schreber. ¿Adónde voy? Como todo hombre para quien su mérito natural inspira un aristocrático interés por sus orígenes. Schreber vive la homosexualidad como un heterosexual se imagina que puede vivirla.

al vivir esta pertenencia como una paranoia de filiación. no los ha consentido con la relación de amor». Quien es enteramente en su relación con su notabilidad y con sus antepasados acepta renacer en la peor condición: la del anciano homosexual persiguiendo a un muchacho. agobiado y sacudido por sucesivos escalofríos. Corltra Sainte-Beuve. locos 61 ra... En efecto. Pero es porque el deseo homosexual es ahí demasiado 34. en los que los órganos del amor están tan mal situados que no encuentran casi nunca el placer. Aschenbach se transforma también: «Inclinado hacia atrás. .que la interpretación tal como la solicitan. los brazos colgantes.Avergonzados. corno lo hace para ciertos animales. El anti-Edipo apunta con razón que el fantasma de Schreber. Mario y el mago. absurda. e incluso venerable así: "¡Te quiero! ">!Es a través del deseo que lo sagrado adquiere todo su sentido/El amor de los homosexuales es más milagroso cuanto más dirtcil es. es la asunción homosexual. lo que se proporciona aquí de estos delirios no es más . Transfigura la condición homosexual redimida y. santa. sólo puede reducirse a una imagen del padre por una reducción de cosmología deseosa aplastada al nivel de un fantasma familiar. Thomas Mann. suspiró la fórmula inmutable del deseo . Barcelona. Quin2005. 35. Marce! Prousc. Madrid.34 Aschenbach pertenece a la raza de los señores y. pervertidos. su sacrificio a Tadzio resulta tanto más idealizada. a pesar de todo. y Proust en Contra Sainte-Beuve lo expresa así: «La naturaleza. teto. el sol cuyos rayos visitan a la nueva virgen. sus satisfacciones. Pasar por la más alta situación a este estadio en el que el objeto sexual domina totalmente bajo una forma deificada. de la estatuaria griega y de la cita platónica.3~ Los encuentros homosexuales se vuelven un verdadero milagro en el que se manifiesta una suntuosa y maldita predestinación. la estima que forzosamente debían otorgarle». a asegurarse en su pensamiento sus aprobaciones. abyecta. al igual que las cadenas de Genet se convierten en rosas. imposible en este caso. Cuadernos de Langre. La muerte en Venecia. ridícula. para ciertas flores. La pasión de Aschenbach se resuelve al tornar la forma de la cultu~ ra clásica. 2006.

una homosexualidad perversa y una homosexualidad neurótica que se responden la una con la otra. Escribe: «Nos da la impresión de que se trataba. Pasche en un artículo titulado «Estructura y etiología de la homosexualidad masculina». Duffy. es decir. de corregir. París. Behaviour Research. un curar o un no curar. lo constituye socialmente. para Vautrin. la psiquiatría edípica la encierra entre un arriba y un abajo. Para amarrar mejor la homosexualidad. Si usted no sublima. sea consciente de su abyección. février 1965. mediante rerapia conducrista (<<recompensas» o «casrigos» mediante inyecciones o elecrrochoques acompañando la proyección de fotos de desnudos): Véase Solyom y Miller. aunque elija el infierno. lo importante no es hacer o no hacer el amor con chicos. New York. inyección de hormonas. 1965. E Pasche. 37. de parodiar y finalmente de destruir la obra divina. EL CICLO INFERNAL DE LA CURACIÓN Por tanto. sea cual sea la idea que el liberalismo se hace de la cuestión.62 El deseo homosexual vistoso. los médic s siguen practicando la curación de la homosexualidad. 1965) mediante electrochoques.UU. por último. . Representa una de las dos ramas constantes de la alternativa. No hay perversión sin vergüenza. hay que ser un buen homosexual. la criatura del padre». Revue Frarifaise tÚ Psychanalyse. es el judas del cristianismo edípico. de contrariar. que sus delirios son al mismo tiempo su propia interpretación. y sobre todo. Por eso. Un presidente de tribunal sólo puede ser homosexual si se le coarta el deseo a través del cabo de la fijación en el padre. 1965. quimioterapia. PUF. 37 Adler quien re36. será por su culpa. de rehacer. Éste es su único estatuto social. (Véase C. explica F.36 La homosexualidad es una parodia. porque el manto edípico es una necesidad absoluta de su aparición social. Curación por castración: practicada en los EE. Que sepa que existe un CIelO y un mhemo (lela sexualidad. Sex and crime. No es necesario creer que la ideología de la curación ha desaparecido. Vautrin saca de la nada a Rubempré. loboromía y. sin la cual la otra perdería su sentido.

Avergonzados. de una homosexualidad innata o perversa y de una homosexualidad enferma. el artículo 'del n. sin embargo.Pario social le atribuye a la fuerza. \ presenta la verdadera práctica analítica americana)escribe a guisa de c~nclusión de su obra: «El tratamiento psíquico puede llevar a curaciones o mejoras.333 se titula: «Sí. mientras que la educación debe normalmente tender a despertar en el individuo el espíritu de cooperación colectiva»a ideología heterosexual necesita. habíamos olvidado los muy numerosos casos de homosexualidad que han desembocado finalmente en la heterosexualidad»? La heterosexualidad debe seguir siendo el Edén P~ibidO pero presente.Rsiquiatría liberal compadece a los que no pueden asumirse. Y si no te asumes. Se nos explica que es posible. complacerás a tu madre pero disgustarás a tu padre. Padre y madre están ya en los dos vértices. es necesario venir a ocupar el tercer ángulo. no hay que creer que la tarea será fácil». Tienes ya tu sitio fijado en el imaginario. sólo te quedan por recorrer los lados de tu triángulo.O 1. los médicos pueden curar a los homosexuales». más vale asumirse que huir de uno mismo. La psiquiatría reaccionaria denuncia al pervertido como aquel que rechaza curarse. Si te asumes. el sueño de una reconciliación social total.~~!uquero . seras seOSI e. Curar es asumir el Edi o propio. pervertidos. Aceptar la homosexualidad corresponde a asumir «los problemas del homosexual» que el imagj. a la inversa. locos 63 . artIsta 0J. Pero aunque no asumamos o aunque huyamos. a la vez. "De nuestros trabajos se desprende claramente que debemos consi erar la homosexualidad como un fracaso de la educación social del individuo. rechazarla es aceptarse normal. Así la homosexualidad hereda cualidades de encierro del Edipo. ~. se puede curar a los homosexuales. sí. curar a un tercio de los homosexuales. racterolo ía más simplista deviene entonces verdadera: eres femenino. Predestinación y culpa coexisten. somos nosotros. y asumir de otra manera el Edie2: La encuesta popular de France-Dimanche vuelve a los mismos temas. de su juego del «doble-bind»: ligar ambas extremidades dejando sólo como salida la transgresión o la obediencia. no curar es asumir la homosexualida . con la ayuda de tratamientos psicológicos. France-Dimanche nos da todo a la vez: sí. ¿No había escrito ya antes: «De hecho.

Entonces ya no sabes quién eres. a quien hubiera conocido cales prácticas. Paidós. lo que hace para toda criatura la mayor dulzura de viVi~. O bien. tuya será la neurosis. Aquélla sólo existe en el movimiento mismo de ésta. Gilles Deleuze y Félix Guattari.38 Culpable p~tencial frente a la ley. Un escritor como Peyreffite prolonga con alegría esta tradición de «cotilleo». Conviene que sepa que su suerte depende de su capacjad para manifestar sus remordimientos por no ser heterosexual. No habría . pues cada grupo tiene el de VERGÜENZA Y HOMOSEXUALIDAD No basta con ~que vergüenza y homosexualidad están estrechamente ligadas. pero deseas ser alguien. se ve con claridad lo que le ha decidido a modificar el título original: «l. Quédate en tu sitio». según las clases sociales. por inconfesabl~ s~eo. y ahí estás tú. en Contra Sainte-Beuve y al principio de Sodoma y Gomarra: «La raza maldita». can lejos de las prácticas inmediatas del deseo que no se le ocurriría. la homosexualidad es el concentrado del secretito vergonzoso edípico. relacionar tales cosas. . a ese nivel.64 El deseo homosexual im~inario slli posibilidades.a raza de los maricas». ya que sabe reconocido por castigable y vergonzoso. Barcelona. Su imaginario sigue focalizándose sobre los grandes juicios de costumbres./ pensado que pertenecía ~na raza sobre la cual pesa una maldición y que debe vivir en la mentira y el perjurio. si eres incap~dosar este papel. El imaginario de la homosexualidad está. el homosexual es un enfermo potencial frente a la psiquiatría. El anti-Edipo. 2004. en el instituto o en la mili. ahí papá. Cuando Proust titula ese famoso texto dos veces retomado. de su certeza de ser una excepción gloriosa y miserable. «Es la regla del "o bien" en la función diferenciante de la prohibición del incesto: Ahí empieza mamá. sobre las revelaciones escandalosas en la sección especial de los periódicos. La 38.' Para el gran público.

tal y como lo describe Sodoma y Gomorra.. .- 10 -<<Di'fán que es narcisismo». vive en la complicidad que mantienen los anormales entre sí. el juez ooe culpable como el mediCino sabe enfermo:--'·· .. Contra Sainte-Beuve contiene el admirable retrato del «muchacho de quien sus hermanos y amigos se burlaban. . incluso simpático.. a pesar de todas aquellas que su encanto a m~do reconocido inspira y que su corazón a menudo bueno sentiría. locos 65 homosexualidad ya no es una relación de deseo. a menos que se enfrentasen con un espíritu imparcial.. escribe Sartre. Buenos Aires. demasiado puro todavía para creer que un deseo semejante al suyo pudiera existir en otra paree que en los libros. El imaginario del espejo oculta todas las relaciones sociales~Amigos sin amistad.. El encuentro de los homosexuales se constituye en cofradía secreta legible sólo con los signos que intercambian entre sí y que perturban durante algunos instantes la claridad de las relaciones sociales. ». "Pero no más que en el caso del orgullo o la pederastia. hará desembocar del vicio confesado el afecto mismo que le es tan ajeno. . Esa cofradía hace reconocer «a uno de sus semejames en el mendigo que está en el gran señor a quien le cierra la 39. comediante y mártir.... . San Gener.. sino una toma de postura ontológica.. pero que. poniéndolos al mismo nivel que el robo y el asesinato . . les haría rechazar con asco. pervertidos. el narcisismo no está primero: antes es necesario ser culpable». incluso ciertos jueces suponen y disculpan más fácilmente el asesinato en los invereidos y la traición en los judíos por razones extraídas del pecado original y de la fatalidad de la raza}~l homosexual existe primero en la paranoia del normal.Avergonzados. . sin pensar que las escenas de orgía que le asimilamos tuvieran alguna relación con él.. que paseaba solo por la playa . Jean-Paul Sartre.39 El mito de «la raza maldita» y el mito del narcisismo se generan uno a otro. . pero acaso podemos llamar amistad a esas relaciones que sólo vegetan a favor de una mentira y de donde el primer impulso de confianza y de sinceridad que estarían tentados de tener. 2003. El homosexual proustiano. Losada. extraviado en su lugar por una psicología de convención.

hay que recordarlo. Y como los judíos son naturalmente antisemitas.66 El deseo homosexual puerta de su coche. Marcel Proust. Debolsillo. torturado por la angustia.. en alguna tontería? -Sería tan feliz si ya no viera a nadie.. Esta cofradía sabe presentirse. como visten como todo el mundo.40 Las páginas de Proust que hemos citado son una exhortación para leer a Charlus en el sentido edípico. vivenciado como tal. Miro a mamá. -¿En qué piensa mi tontito. la beso. nada podría traicionarlos. . El antiguo jefe de la policía. todos obligados a proteger su secreto. 2005. Proust como persona y autor es aquel que cuenta a su mamá historias bonitas para confesar su homosexualidad: eIContre Sainte-Beuve se organiza alrededor de una «conversación con mamá» en la que el Edipo alcanza el colmo del ridículo: "Ya sólo soy un ser tierno.. . Barcelona. en el abogado. sin excepcióo». describe en sus Memorias (1862) una tipología de los homosexuales en la que figuran así las «vergonzosas»: «Las vergonzosas rechazan y apartan todo lo que podría hacer que se las reconozca. Esta categoría se compone de personas pertenecientes a todas las clases de la sociedad. -Mi mamá me basta. que tenía que defenderse.» 40. pero teniendo una parte del secreto de los demás . Por lo demás. -No digas eso. ». Canler. confesarse. más bien. en el cura. Toda relación entre el homosexual y su entorno está atrapada en la problemática de la confesión. no soporta a los normales porque se reconoce o. salvo su voz femenina. a aquel que había querido curarse. Sodoma y Grnnorra. ese algo de informal del deseo. el homosexual es naturalmente hostil a la homosexualidad: «Con esas palabras. se confiesa. Situación culpable porque el deseo es ahí un crimen. en un estado ilegible. recubierto por sus relaciones con su «mamita». que ha ido a buscar.. está extraído del Contre Sainte-Beuve. cariñito mío .cuyo texto sobre la homosexualidad. en el médico. al padre en el novio de su hija. Pero su obra presenta al mismo tiempo. sentíamos que el señor de Charlus consideraba la inversión sexual como un peligro tan amenazador para los jóvenes como la prostitución para las mujeres».

«Sabía que esta espera no era más pasiva que en la flor macho.. más bien. si se quiere. dice Proust. cuyos estambres se habían girado espontáneamente para que el insecto pudiera recibirla más fácilmente» y precisa: «Mis reflexiones ya habían ido por un camino que describiré más tarde. Arrancar al deseo homosexual su manto moral edípico supone suprimir o. el «lenguaje de las flores». después de Deleuze y Guattari. de ese abyecto «deseo de ser amado». Gide.. la palabra de Charlus al narrador: «¡Ay qué poco importa la vieja abuelita. el lenguaje de las flores puede ser interpretado como las rosas de Genet. Proust.Avergonzados. En efecto. son la máquina misma del deseo sexual. encontramos también en la Recherche lo que se llamará. Adler. pasar por alto lo que representan «autores» como Proust. La astucia de las flores es el carácter no significante de esta escena: se impone como evidente por sí misma. Véase Gilles Deleuze y Félix Guaccari. y ya había sacado de la astucia aparente de las flores una consecuencia sobre toda una parte inconsciente de la obra literaria . está. p. France-Dimanche. como la transfiguración de lo bajo en sublime. . Proust aporta tanto a la reducción edípica de la homosexualidad. como el niño observa con pasión un apareamiento animal. una tarde soleada en un patio. Estas flores y estos insectos no tienen sexo. «impregnada por una extrañeza o. locos 67 Pero. Peyreffite: esta sucesión se parece a la de Freud. El ami-Edipo. verdad canalla!» se convierte en la introducción a otra lectUra de Sodoma. Esta escena entre Charlus y]upien no es ya ni cómica ni trágica. alIado de esta novela familiar de la confesión homosexual. Y la belleza de las miradas de Charlus y de ]upien viene de que «no parecían tener como objetivo llegar a algo». pervertidos. ». 74. La que toma en serio el texto inaugural en el que Charlus gira alrededor de ]upien como el insecto alrededor de la flor. El gran significante fálico está allí ausente. Pero es el carácter biológico de este amor el que llama la atención a un Proust observador. No más cofradías. como 41. de la sensibilidad homosexual.41 Si es verdad que la abuela es el Edipo al cuadrado. por un natUral cuya belleza iba creciendo». no más secretos.

abre el camino tanto a la raza maldita como a la liberación. Advertencia contra lo que podría ser el desenfreno del deseo.68 El deseo homosexual Freud al análisis de la homosexualidad. ProuSt es ambiguo como el narcisismo era ambiguo. . al igual que se ha alentado un movimiento sionista. Ambos hacen emerger el deseo y sus conexiones sin ton ni son. a su «comprensión». pero también: no hace falta reedificar una patria pérdida. Ambos conocen el secreto de los discursos que permite encarcelarlo mediante la multitud de las redes edípicas. Y si Proust es probablemente uno de los primeros en hablar de un movimiento homosexual. crear un movimiento sodomita y reedificar Sodoma». sea cual sea. una territorialización perversa para el deseo. acaba el primer capítulo de Sodoma y Gomarra con esta advertencia: «Pero hemos querido provisionalmente prevenir el error funesto que consistiría en.

cada vez más en las· cabezas. capitalismo. Es la reterritorialización perversa en un mundo que tiende a la desterritorialización. La familia es ese lugar del goce sexual legal. El movimiento anticapitalista puede ser perfectamente famirrarista. ya no hay sitio para la integración homosexual bajo una forma que no sea la axiomatización perversa. la disolución de hecho de las funciones de la familia -- . Las familias están cada vez menos en las instituciones. la literatura apologética de la homosexualidad trata el tema por medio de los griegos: remontar hacia orígenes fantilsmales conviene a una reterritorialización perversa. pero ya no en el sentido en el que cada uno se casa para gozar dentro de la ley.3 Familia. Después de la descodificación capitalista. pero no de un modo mecánico. Luego está ligada al capitalismo occidental avanzado. Pero lo que reconstituye sobre el modo axiomático pretende reemplazar codificaciones en quiebra. Hoy en día se considera que ya no hay sociedad en la cual podamos encontrar una expresión libre del deseo homosexual opuesta a la sociedad actual. El arma más fuerte de la ideología capitalista es haber transformado a Edipo en una naturaleza social. incluso anti-homosexual. Pasamos de las llamas del infierno al infierno psicológico. una interiorización de la opresión que la deja libre para reconstituirse bajo todas las banderas políticas. En general. ano La creación de los principales medios ideológicos para pensar la homosexualidad dara de finales del siglo XIX y principios del xx.

Cuanto más se solicita el deseo. lo ha convertido en la regla. porque en seguida la liberación se reterritorializa en ella. sigue perpetrando su teatrillo. Yel dudoso éxito del freudismo entre los contestatarios dice mucho de esa potencia del Edipo culpabilizante. Si nuestra sociedad conoce lo que Marcuse considera como una homosexualización creciente. manifiestan los valores de la burguesía (la familia proletaria). las significaciones familiares y las culpabilizaciones artificiales. La publicidad multiplica los cuerpos desnudos de efebos. llevada por cada individuo.70 El deseo homosexual por el capitalismo. La descodificación de los flujos del goce está acompañada por su axiomatización. Innumerables discusiones reconstituyen a diario. . la manifestación social del «deseo homosexual» es perversa. Los normales fallidos hacen resaltar la normalidad. es porque se pervierte. y sin embargo ser represiva de forma más íntima que cualquier otra. de la libre competencia. alternativamente. etcétera). muy lejos de suprimir la función de exclusividad de la heterosexualidad reproductora. de «deseo homosexual» y de situación perversa de la homosexualidad. Esta sexualización. La emergencia del deseo como no formulado es demasiado destructora como para no ser esencialmente fugaz y en seguida entregada a la interpretación recuperadora. mientras que ese deseo atestigua por sí mismo el carácter no formulado de la libido. El individuo no reemplaza a las familias. Aquí se resuelve la antinomia aparente de una sociedad que pasa por estar sexual izada de manera creciente. en particular para la homosexualidad. en el seno mismo de los j6venes al margen. El capitalismo hace de sus homosexuales normales fallidos como hace de sus obreros falsos burgueses. más que cualquier otro. Psicología amorosa. como la desaparición del compañerismo y el descubrimiento del valor del trabajo van acompañados por la propiedad privada de los medios. se sitúa bajo el signo de la culpabilidad o de la transgresión. pero con ello dice: lo que deseamos está ya interpretado como una transgresión comercial. Se habla aquí. Los falsos burgueses. y nunca se han juntado tal cantidad de imágenes para este propósito. de producción. menos se le deja expresarse. de cuyos valores se hacen cargo (Fidelidad.

la del deseo y la de la homosexualidad. dos vertientes en lo que se designa con e! término de deseo homosexual: una subida hacia la sublimación. El mundo social explota el deseo homosexual como ningún otro. seguir la pendiente mientras baja. económica en un caso. -------------- . capitalismo. hacia el Superyó. Es el objeto completo suelto que desempeña en la sexualidad de nuestra sociedad e! pape! del dinero en la economía capitalista: el fetiche. deseosa en otro."iIas gl~b. Hay un órgano. EL FALO SIGNIFICANTE Y EL ANO SUBLIMADO En el mundo de la sexualidad edipizada ya no hay conexión libre de los órganos entre sí. a la inversa de Gide. una bajada hacia los abismos de! deseo no personalizado y no codificado. como en el caso de Charlus y Jupien.les. y bien es cierto que nuestro mundo de relaciones social~ está ampliamente construido sobre la sublimación de la homosexualidad.Familia. Y es bueno intentar. sólo un órgano sexual. Además. que está en e! centro de la triangulación edípica. ano 71 El deseo homosexual tiene dos vertientes. Este lado de! deseo es e! de la conexión de los órganos sin ley ni regla. op_ cir. El anti-Edipo. de relación de goce directo. buscar la energía libidinal liberada de su prenda moral. hacia la angustia social. por consiguiente. Es en relación con él que se distribuye la ausencia o la presencia: -las ganas de pene de la chica o e! miedo a -----42. Sólo hay "homosexualización creciente» en el sentido de que hay mejor encierro de! deseo en e! juego de las imágenes. sin dejar sitio ni falla en la que se introduciría la interpretación: de esto la sociedad no puede reponerse. Hay. atacar las representaciones. e! Uno que da su sitio a los tres elementos del wangulo. Véase Gilles Deleuze y Félix Guactari. Es él quien ronstruyelafalta.--es éCel signJicante despót~c042 con relación al cual se crean las sicuaclOOes-de ~pers(. convirtiendo la fuerza libidinal en sistema de representación. la verdadera referencia universal de la actividad. sólo puede hacerse a propósito de la homosexualidad poniendo al día e! enfrentamiento de la ideología social y de la fuerza de un deseo que une.

La historia analítica (y no podremos evitar ver ((anal» en ((analítico») supone la superación del estado anal para llegar a la genita43.-~~~ncialmente sooal. aquellos que ca-recei(~itry-aquellos que obedecen pertenecen t~m-bién~i~~~ del falo: tal esertiiu-nrodeEali. al mismo tiempo que el dinero expresaba el estado nuevo de abstracción de los flujoS». pues el conjunto de las relaciones sexuales está construido sobre el modo jerárquico en el que se manifiesta la trascendencia del gran significante.-de la constitución de la persona: el ano expresa la privatización misma. ¡qué importa a los hombres si. para todo el mundo.caQQnes.._~~~~. Para que haya t~ascenaencia del"fiifó. piedra de toque del goce. es necesario que el ano sea privatizado en personas individualizadas y edipizadas: «El primer órgano que fue privatizado. en este sentido.cco~ a menudo ocurre. son el padre-falo porque todo está organizado sobre ese modo piramidal en el que el significante edípico di~t~ibllye lo. Esta sociedad es fálica y en relación con el falo se determina la cantidad de goce posible. el jefe de oficina.72 El deseo homosexual la castración del chico.u. Y al final.43 No hay otro lugar social para el ano que la sublimación. Las funcio~-es de este órgano son verdaderamente privadas. fue el ano. La sociedad es fálica. E. hasta tal punto que el acto sexual sin eyaculación se vive como un fracaso.o~---~Si~l fa¡.las. que la relación de Charlus y de Jupien resulta «sin fin». (organizaCión de la sociedad en torno al gran significante). el ano es esencialmente privado. Ibid. puesto fuera del campo social. se organizan en caricias preliminares que acabarán por centrarse en la necesaria eyaculación. el general. Fue él quien dio su modelo a la privatización.I"cuerpo está centrado en torno al falo corno la sociedad en torno al jefe. .idencifi. la mujer se queda frígida y no siente ningún goce! El goce fálico es la razón de ser de la heterosexualidad. Iug. El sexo. La sociedad es falocrática. es primero una palabra qu~desigñael falo. El maestro. Los actos sexuales se orientan con relación a un fin que le da su sentido. sea cual sea el sexo considerado.s. Es. El falo atrae hacia sí la energía libidinal corno el dinero atrae hacia sí el trabajo.

Familia, capitalismo, ano

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lidad. Pero el estado anal es necesario para organizar la desvinculación del falo. De hecho, no hay ejercicio de la sublimación sobre el ano corno sobre otro órgano, en el sentido en el que haría pasar el ano de lo más bajo a lo más aleo: la analidad es el movimiento mismo de la sublimación. El estado anal es el de la constitución de la persona, explica Freud. Ya no hay función social deseosa del ano porque todas sus funciones son, a partir de ahora, excrementosas, es decir, ante todo privadas. La gran descodificación capitalista está acompañada de la constitución del individuo, y el dinero que debe ser poseído personalmente para poder circular está relacionado, por supuesto, con el ano, pueseo que el ano es lo más íntimo del individuo. La constitución de la persona privada, individual y púdica es «del ano». La se beneconstit\.lci6n de·la person~:E~g:¿i.ii..;ctdliiO~>. Efa·no ficia deli amTiigueclacrdel falo, de su doble existencia corno pene y corno Falo. En efecto, enseñar su pene es vergonzoso, pero al mismo tiempo glorioso pueseo que está vinculado al gran Falo social. Todos los hombres tienen un falo que les asegura un papel social; cada hombre tiene un ano, que sólo le pertenece a sí mismo, en lo más hondo y en lo más escondido de su persona. El ano no está en relación social ya que, precisamente, cOflstitl!ye ~G~ªI~!g.1l2Y~r:­ mite así la división entresociedad e individuo. Schreber padece de UllaSUprema.mú-tÜ;ciÓ~ ~~~;;d~-Y;~o sabe cagar solo. No se caga en común. Los servicios son el único lugar en el que cada uno está solo, con el pestillo echado. No hay pornografía del ano (salvo excepción antisocial). El ano está sobreinvestido individualmente porque está desinvestido socialmente. Toda la energía de la libido que se dirige al ano está desviada para organizar el campo social sobre el modelo de las personas privadas y de la sublimación. «Todo el Edipo es anal» 44 y hay tanta más analidad social cuaneo menos uso deseoso del ano. Tus excrementos son tuyos y solamente tuyos: tú te las tienes que arreglar con ellos. El ª!1º_<::I.esero..~ órganos el papel que e~~­ sismo desempeñaba para la constItucIón de los individUOS: es la

no

~-------

---------.--_.- -

44. Ibid.

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El deseo homosexual

fuente de energía de la que nacen el sistema sexual social y la opre;iónque hace remar sobre el deseo.

HOMOSEXUALIDAD Y ANO

Algunos dirán que los homosexuales no son los únicos que hacen un uso deseoso del ano. Hemos hablado de excepción antisocial: Bataille es uno de esos que han sentido, aunque heterosexual, el carácter particularmente reprimido de esta zo"na del cuerpo burgués. Por tanto, Bataille no puede ser considerado como la expresión adecuada de la sexualidad social, sino más bien como su límite extremo. No hay pornografía del ano, dijimos: en efecto, la pornografía heterosexual le da mucha importancia al culo de la mujer. Pero, si en la mujer, el culo y los pechos representan un bien del cual el macho se llena las manos, el ano queda como un vacío íntimo, sede de una producción misteriosa y personal, la producción excrementosa. Si no es exclusivo, el uso deseoso que hace el homosexual del ano, es al menos principal. Los homosexuales son los únicos que hacen un uso libidinal constante de esa zona. Fuera del rostro, la única zona del cuerpo de Charlus de la cual sabemos algo es ésta, en el momento en el que ]upien le dice: «¡Qué culo más gordo tiene usted!» y hay que decir que la transformación que entonces se produce en nuestras mentes a propósito del barón es todavía más considerable que la que han podido ocasionar todas las sutilezas psicológicas del retrato proustiano. El deseo homosexual pone en cuestión la analidad-subli~~~ión,J~~~queU reinstituye un uso deseoso del ano. Schreber yano sabe cagar en el momento en el que se desmoronan parcialmente sus resistencias a su propia libido homosexual. La homosexualidad es antes que nada la homosexualidad anal, la sodomía. Ferenczi hace al final de su artÍCulo sobre la «nosología:de la homosexualidad masculina» una observación de alcance considerable: «Se ve mal cuál podría ser la causa de la proscripción sentenciada en contra de esta forma de ternura entre hombres. Es posible que el considerable refuerzo del sentido de la limpieza durante los siglos pasados, es decir, la represión del erotismo anal, haya proporcio-

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nado el motivo más potente. El homoerotismo, incluso el más sublimado, está en relación asociativa, más o menos consciente, con la pederastia, que es una actividad erótica anah) (pasajes en cursiva por el autor). Hay una cierta «forma de ternura», más bien diremos una cierta relación deseosa, opuesta a la forma sublimada, la de la amistad, en las relaciones entre hombres, que prohíbe la limpiez; anal; la limpieza anal es la constitución en el niño de la pequeña persona responsable, y existe entre «limpieza privada» y «propiedad privada» una relación que ya no es asociativa, sino necesaria. 4' El mismo Ferenczi analiza «un caso de paranoia provocado por una excitación de la zona anah). El enfermo es un campesino de 45 años cuyo papel social estaba marcado por un celo extraordinario: manifestaba un gran interés por los asuntos del municipio, en donde desempeñaba un papel importante. Después de una intervención quirúrgica por fístula anal, se desinteresa por completo de los asuntos del pueblo y es presa de una paranoia de persecución. Para Ferenczi, la relación entre paranoia y homosexualidad lleva al razonamiento siguiente: «La necesidad de una intervención activa de hombres (de médicos) en torno al orificio anal del enfermo ha podido despertar ... las tendencias homosexuales hasta entonces latentes o sublimadas». La paranoia proviene del resurgir de la libido homosexual hasta entonces correctamente sublimada por la amistad con los hombres del pueblo y el papel público importante. Y Ferenczi concluye que la desaparición de la fijación anal causaría la curación del paciente, es decir, que «podría reencontrar entonces su capacidad de sublimación, a saber, vivir sus intereses homosexuales por el canal de la actividad social y de la amistad, en vez de una grosera perversión, aunque sea inconsciente». La perversión es aquí tanto más grosera cuanto fantasmagóricamente manchada de excrementos, incluso para Ferenczi . ./ Entonces la l'ulsión ~sexual anal sólo tiene el derecho~.-_ .. de ~ ... ---"-~---..,.....-.'_._"" _.- ---~--~_.~manifestarse como sublimada. La repreSlOn de las funciones deseosas derinoenúñ3¿fireoeroen un campesino suevo es la condición

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45. El paralelismo es rodavía más evidente en francés, pues sólo una lerra separa «propreré» (limpieza) de «propriéré» (propiedad). (N. del T.}

como sólo la cárcel o el campo de concentración nos puede obligar a hacer. La homosexualidad está ligada al ano como la analidad a nuestra civÚizición:-tio"CIiscIpulo -(feXraffr-Ebing. en vez de frotarse el pene. Die conlra-"e Sexualempfindung. por el coñi:Cario. El ladrón. El ano e~t~. el doctor Albert Moll. desde su más tierna infancia pero. de la conservación de sus «propios». Véase Georges Darien. 9!!e es como lo recóndito gel indlvidüo. en general. Octaedro. socialmente.76 El deseo homosexual de su papel público importante. 2003. Este orgasmo anal sólo tiene existencia social durante breves instantes.de--tOdas las fmágeñes-'sociaIes~¿"I)ero quién 46. Alberc Moll. sin relación con la eyaculación. aprovechándose de un debilitamiento provisional de la represión culpabilizante. «Olvidarse» es arriesgarse para alcanzar a través del flujo de los excrementos la indiferenciación del deseo. al estar amenazada la propiedad familiar por la locura presidencial. el que más atenta contra la persona humana. . ~~wndi90" tan_ bieg. Barcelona.su «fundamento»: es su proE!eda~.46 de su individuo. darlos éXcrementoses-'¿1 momento necesario de la constitución del sí mismo. Fischer's Medizinische Buchhandlung. Podemos encontrar falos pOrtod-:is partesYla vulgarización psicoaniÍítica ha hechooeelToeI SígOlbcantecoffilIñ. hay que salvaguardar lo que es tuYO. Berlín.. 1891. En et sentido jurídico. pero al final se ve salvaguardada).9. Saber «aguan(arse~>-o. Pero hay aquí algo como el reconocimiento de un orgasmo anal independiente. de su limpieza anal y de su propiedad (hay en Schreber un problema de disfrute de los bienes de la familia. entonces. masturbado. no debes chuparlo. gyar~!c!-lo-t~y. se introducen un objeto cualquiera en el ano»...47 Hay que señalar el «cualquiera»: en efecto. el accidente más ridículo y más enojoso. «Olvidarse» es.48 ~no es tan tuyo que no debes util~~#o. Controlar el ano es la condición del acceso a la propiedad. y la decadencia absoluta es para nuestros contemporáneos vivir en sus deyecciones. 48. en el sentido en el que ef abuero-aenad¡:6nl~ expli~~: el p·ulgar es tuyo. 47. esáibeen-La inversión sexual: «Los hombres que tienen una tendencia a la homosexualidad se han. el objeto en cuestión es para el médico un sustituto del falo.

en efecto.-.-emegla del «dobi~5ífi(f. lo excrementoso. sólo la sublimación es capaz de situar lo anal. Ahí también rei~. ano 77 pensaría en interpretar el sol schreberiano.~~ad. 2 significa femenino.~1 espiriru es capaz de cagar»)e entiende esta frase de Deleuze y Gu~n el sentido de que sólo el espíriru es capaz aeraoricúTo-excrementoso. la primera cifra del carnee de identidad francés indica el sexo: 1 significa masculino. está encerrada nuestra sexualidad anal. entre el innoble secretito vergonzoso -y lo süblTmactü:Yiliémos 'señalado que el homosexual experimenta lo ínismoque la mujer. . se' benefician de una idéntidadconfüs¡¡:-'-' pari in-ás -') '" 49./ HOMOSEXUALIDAD Y PÉRDIDA DE IDENTIDAD El sexo es la primera cifra de nuestro número nacional de identificación. cara a cara o. dividido entre lo excrementoso y la poesía. lo que. La imposibilidad de saber si somos hombre o mujer provoca. del T.-esa-p-¡od~~~multánea de dos mensajes contradictorios pero c()~er~~~~~~_s~_~~~~?}:_or ligar la producción del deseo.!(). Sólo e~~~te ~l ano puesto arriba socialmente. Renunciar a esta conversión de la enetgía de la libido anal en la máquina paranoica y arriesgar la pérdida de identidad significa pasar por alto las reterritorializaciones perversas impuestas a la homosexualidad. Y la neurosis radica primero en la imposibiliaad de saber SI somos hombre o mujer. [N.'. co-mparte-ñ--. ser exacto. ~0§. y puesto abajo individualmente. más bien.ón las mujeres una profunda confusión de identidad. cara a espalda con su propia pequeña persona privada. sino como un ano cósmico? Sólo se ve su ano en el espejo del narcisismo. la neurosis hlstéric-.] .-a'ded~-. ya se sabe. es a la vez divino y miserable. entre lo sublime y.Familia. no es lo mismo que ignorarlo inocentemente.LosnomüsexuaIes-son todos ~ás o menos hlstidéos. no como el padre-falo. Entre las cumbres en las que sopla el espíriru y los bajos fondos del ano. capitalismo.49 ese fichaje eficaz del mundo moderno. padres o hijos.

se comportan como si les hubiera dicho: ¡sois homosexuales!". un chico. sino un monstruo"». R.e~do de gran pánico y pondría en peligro su identidad sexual». Greenson. Homosexualité et identité sexuelle».78 El deseo homosexual El falo sólo es distribuidor de identidad: un uso social del ano. N. doble certeza de la semejanza y de la diferencia. y es que cuando la homosexualidad se introduce en el discurso con el enfermo. somos todos mujeres.» La diversidad de sexos y la atracción por el sexo opuesto son condiciones de la identidad sexual: «La menor atracción sexual (del enfermo) por un hombre podría precipitar un . . un chico. habría de correr el riesgo de la pérdida de la identidad. ~ esencial aunque adquirido. 1965. Soy yo.L-ton la r~esta. Juan. París. . Soy yo. del narcisismo y de la heterosexualidad. trad. R. Ya sabíamos que no se podía hablar inocentemente de homosexualidad. que él se había dado algún día a la pregunta: ¿quién soy yo? Uno de mis pacientes me lo expresó de manera muy sucinta al decirme: "Me da la impresión de que usted va a anunciarme que no soy un hombre ni una mujer. de manera general. Pero lo más sorprendente es que el paciente (término que dice mucho de su supuesta pasividad) vive esta idea como abrumadora y generadora de pánico: «Si seguimos con el análisis.~e momento. De espaldas. «entonces los pacientes reaccionan con un sentimiento de temor y. ahora con el deseo de tener una actividad sexual con chicas. PUF. H.. El autor distingue tres fases del «progreso» del niño al adulto: «Soy yo. que la neurosis del enfermo empezaba en la paranoia del médico. que no fuese sublimado. febrero de 1965. Montgrain. que guarda una relación directa con su identidad sexual. / 50. Las relaciones de la homosexualidad y de la identidad sexual son objeto de un artículo d~sO El autor constata primero un hecho que parece asombrarle. dejemos de lado la cuestión de la relación entre tendencia sexual y objeto sexual. el paciente pronto describirá el sentimi~e perder una parte de sí mismo. Juan. Revue FranfaiJe de PJychana/YJe. el ano ignora la diferencia de los sexos. Juan. Se mantiene que la sólida condición de la identidad sexual es la.

En cuanto a tu ano. El problema no es aquí la actividad o la pasividad (que. en la que el director. según Freud se diferencian precisamente en el estadio anal). los labios pintados de rojo. hasta tal punto que el peor maquillaje puede ahora hacerle ilusión: en la tienda del peluquero toma conciencia. . tal y como las queridas estadísticas de Kinsey nos lo enseñan. Pero/Su alma conoció el sabor de la lujuria. la relación anal es la excepción misma entre los homosexuales. Si eres un chico. Ya no temía las miradas de aquellos que le observaban.!La gran resignación de Aschenbach es el descubrimiento defa engañifa del imaginario cuando el incomprensible deseo homosexual se impone. de la fragilidad de esa identidad. abandonada sin defensa ante el demonio. mañana!». Ya no soy yo quien habla cuando el uso deseante del ano se impone. Torless exclama interiormente: «¡No soy yo! ¡No soy yo! ¡Mañana volveré a ser yo mismo. desviada de su línea hasta la degeneración?». La identidad sexual es también la certeza de pertenecer al mundo de los amos. la víctima se despertó anonada. la embriaguez de estropearse y de destruirse. Aschenbach ha vivido el conflicto entre lo alto y l~bajo. el pelo teñido. capitalismo. El estado fálico es el de la identidad. de su vida entera. Su apariencia se separa de él. conmocionada. el cura y el profesor se las ingenian para encontrar un sentido al delirio de Torless. siente que desaparece hasta su nombre. Las tribulaciones de Torless vienen de esa incapacidad por representar su deseo hacia Basini bajo una forma antropomórfica. Toda homosexualidad está ligada al ano. la cara cubierta de polvos. y en el momento de su primera experiencia con su condiscípulo. Con este sueño. Y si el escritor repite sin cesar su grandeza pasada es porque siente que ésta huye de él. aunque se imponga la relación con Tadzio. guárdalo cuidadosamente para ti. Y la inefable escena de la novela. pretende darle la conciencia de la culpabilidad.Familia. Un personaje como Aschenbach conoce a sus antepasados: «¿Qué dirían? ¿Qué habrían dicho. humanamente aceptable. por desgracia. entre la pulsión y la imagen de su celebridad severa. tendrás relaciones con chicas. ano 79 . Primero. aunque. o el temor a ser excluido de éste. que les pareciese sospechoso no le preocupaba.

porque es la más fuertemente desublimante. Y el ano no es el sustituto de la vagina: las mujeres disfrutan de éste tanto como los hombres. SOCIEDAD DE LA COMPETENCIA Y REINO DEL FALO Nuestra sociedad es una sociedad de la competencia. Es decir. La función significante-discerniente del falo se consigue aquí. S~ somos poseedores del falo por el reconocimiento de los demás. es la que se dirige al ano.j:omoeñ-lasgrandes jerarquías sociales.80 El deseo homosexual Toda la homosexualidad tiene que ver con el erotismo anal. La operación deseante menos aceptable. es decir. sean cuales sean las diferenciaciones y las reterritorializaciones perversas a las que se ven sometidas luego por Edipo. entre portadores de falo. Nadie amenaza con apropiarse de nuestro ano. en las pegueñas J~r~rq~ías fa~¡¡¡áres-. todo se organiza eorre los individuos creados por el reino burgués en torno a la posesión del falo. la nrujef. Estamos amenazados continuamente en nuestro falo. d~nte el acceso a la genitalidad. estamos amenazados continuame~ de que se apropien de nuestro falo tan duramente conquistado. sólo tiene relación con los demás hombres bajo el reino de la competencia cop respecto al único objeto posible de la actividad sexual. La compe- . Reinve~ir colecti~~idin3:!mente el ano es debilitar tanto el gran significante fálico que nos domina a diario. a la toma del falo de los demás o al miedo a perder el suyo. más bien sería una amenaza revelar que también se posee un ano susceptible de ser utilizado: Schreber tiene miedo y desea la violación de Flechsig: el miedo surge aquí porque revelar que tenemos también un ano parece poner en cuestión nuestra existencia fálica. sobre los otros portadores de falo. el portador de falo. La reconstrucción freudiana sólo traduce e interioriza ese reino despiadado de la jerarquía competencia!. El ano está puesto fuera del juego social. Sólo se erige bien castrando a los demás. El hombre. competencia entre machos. en el momento en el que el ano-órgano se separa de la privatización que le es impuesta para entrar en la carrera del deseo.iólo se asciende andando.

-ffi-ás o menos~ -paranoides. por último. -' ' 5 l. Las relaciones de propiedad y de posesión instituyen el sistema de la envidiaS! en tanto que paranoia generalizada de nuestra sociedad.q~e' enmascara la prod~cciÓn . Vamos a ver. en el hombre. admiten los psicoanalistas.. En este texto. «Continúa~~ en el conjunto del proceso social. que podría. distingue entre una envidia de la competencia. con los hermanos. De hecho.. capitalismo. entre lo normal y lo patológico. En cuanto a los celos de proyección..--ToGüs'los norrilalessüñ. (el celoso) relacionaba (sus celos) con la impresión dejada por varias agresiones de homosexuales. introduciendo un mínimo de diferenciaciones. Freud escribe un artículo titulado: «De algunos mecanismos neuróticos en la envidia. que la sabiduría de la sociedad provoca. que pertenece a la resistencia a las transgresiones toleradas por la sociedad (el adulterio. la distinción sólo sirve para tranquilizar al lector. «Los celos "delirantes" responden a una homosexualidad "que se agcia"~~. y un odio contra la mujer. En 1922.Familia. admitiendo cierta parte inevitable de infidelidad en el matrimonio.. ano 81 tencia «empieza» en la familia con el padre. «tienen ya casi un carácter delirante. ésa es la cuestión que nos I'lantea -~Liñund6'qúe' nos rodea. la envidia delirante. con el ascenso en la jerarquía.. Ya sabemos la relación que instituye el análisis freudiano entre la paranoia y la auto-represión de la homosexualidad.. Para él.-la cuestión «apareñte~. al menos cuantitativas. de orden paranoico. del T. una envidia (celos) de proyección. poseer a una mujer o no poseerla. Poseer o no poseer. En efecto. vista como rival . con el análisis de los celos delirantes. dejarse cir- cleseosa. ». son «un intento de defensa contra una tendencia homosexual demasiado fuerte. los primeros celos «tienen que ver con un amor inconsciente para el hombre. no se trata de atacar de frente y sin precaución el sistema competencia-celos. la paranoia y la homosexualidad». [N. por qué Freud se cree obligado a atenuar su descubrimiento con esos retoques. El francés no distingue entre la envidia y los celos. que había sufrido cuando era un muchacho~). considerada como normal. por ejemplo) y. s610 tiene una palabra para expresarlo: «jalousie».} .

. la represión de la homosexualidad está ligada a la paranoia de celos que constituye nuestro tejido cotidiano. Podemos decir con más exactitud: no puedo quererle puesto que es a ella a quien yo quiero y es ella quien le quiere. Así.o a considerar al hombre ante todo como un rival frente a la mujef»)U sistema celos-competencia se opone..82 El deseo homosexual cunscribir por esta fórmula: no lo quiero a él. corno a la ideología de la . a los intereses públicos según los términos del mismo Freud. La sublimación h~t:!xu~garantiza una sólida base ideológica á"una cohesión Social constantemente amenazada. «instinto de tendencia social. es justamente la persona de su mismo sexo que más quería. El deseo hómosexual conserva algo de esta oposición. al siste~ polívoco del deseo.-L~ sociedad'-fui~crática de la competenéia está fu~dada ~~a represión de los deseos que se refieren al ano. Con respecto a la relación de los hombres entre sí. abnegación hacia intereses de utilidad pública».!~iY. El sistema celos-competencia se opone al sistema del deseo no exclusivo. «un hombre que ve en los demás hombres objetos virtuales de am r debe comportarse diferentemente para con la comunidad de los hombres. que otro que se ve obligm4. po~_ la _sociedad_fajJitªlj~~~I_de las' relaciOñeS en coiñéiáTslstemacelos-competencia sº!o_PJ!e~J~acerse por el doble movimiento _derepresió~ y d~~~bii}~acjºQ de lªllQmosex~alidad. uno que g~rantiza el reino co~p~_t. Este supuesto sentido social constituye precisamente la explotación del deseo homosexual. es ella quien le quiere». llevado a su extremo. sería una completa ley de la jungla. su transformación en fuerza de cohesión social. la organización. la sublimación de la homosexualidad puede ser considerada como de utilidad pública. y otro la hipoc~~ aeTis'relacíonesh~~~'~a:. de hecho. por el sacrificio a la comunidad de los hombres. Por lo tanto. pero su utilización social bajo la forma de la sublimación se traduce. la que se transforma en perseguidor». necesaria co!)trapartida parcial de un sistema de celos-competencia que. La ambigüedad procede de la vaguedad de las expresiones freudianas. primitivamente. El delirio de persecución es esta reconstrucción de lo imaginario que permite defenderse contra la emergencia del deseo homosexual: «Sabemos que. en el paranoico. multiplica las barreras de d~nsa frente a él.9 del falo.

'--. capitalismo.- . de hecho.Familia. . los celos están ligados a la homosexualidad porque la homosexualidad sería. la reproducció~ge Edipo corno diferenciación entre los padres y los hijos. ~vela familia~ de fOSñeüróffi:0s::5s un arFreu~rd909. sobre todo. que es exclusivamente imaginaria) es una relación entre falos. los padres son..e1a~es de identi4ad. el sistema competencia-celos reviste también los amores homosexuales. inmediata ciel deseo homosexual se opone a las . pero tambiéne's.El amor homosexual también conoce la rivalidad y los celos: a cambio de los servicios que le rinde la transformación de la libido homosexual.~~los p~peies necesarios que impone Edipo para garantizar la reproducCiófi-de la socieaaa-:-ra-sexúiliaad reproductora estarnoiéri lareproauccÍónjkLEdmo._---.ér artículo de fe t7rulo esciito de la reproducción edíplCa.----... la relación sexual entre hombres (de la cual obviamos precisar aquí evidentemente que está reprimida.'-'-- .. por. la heterosexualidad familiar no sólo garantiza la producción de hijos sino. La manifestación.-------- REPRODUCCIÓN EDÍPICA y HOMOSEXUALIDAD El deseo homosexual se refiere particularmente al estado pre-personal del deseo.is~~plotad~-. .{ ~~n que se vive imaginariamente en el estado reprimido.... Si los hombres . un medio para representarse el falo del rival.~ c~~vi~i~'~~~~a-t~!~~.~-_._----... ano 83 existencia de un conjunto social solidario: la «comunidad hum3Y na» en la que vivimos.~~l~t'¡. «Para el niño pequeño.... el triunfo del falo. Está vinculado al miedo a la pérdida de idéílt1á~. ~s~.:---. Liberar al deseo homosexual del sistema de lo imaginario en el cual.aiala-des­ trucci6n del sistema celos-competencia.están en competencia. ~ --_ . una relación de comparación y de jerarquía. Entonces la homosexualidad deviene fálica a cambio de lo que ha permitido por la organización de la represión de los deseos que se refieren al ano.. v¡/ . Por cierto. hasta tal punto que para algunos se atribuirá al mismo deseo homosexual el origen de la paranoia de celos a la cual se le ha obligado a servir de motor: al nivel de un análisis psicológico corno el que lleva a cabo Stekel.".

ocupar un lugar en la gran filiación de la humanidad. Un movimiento como el de Mayo del 68 ha sido martilleado por esta necesidad de la elección que lmponela. hacerse grande como padre y madre. por la fundación de una nueva familia. Así es como se realiza la transmisió . en general. para el antiguo niño. el terror de las familias en la medida en que se produce sin reproducirse. . transmitir Edipo a sus sucesores como el testigo de la civilización.o homosexual antes que nada. es decir.~~~~~-ª~~~~~~r"p~~~~bp~od~ct-o-de un linaje que se acaba y que convierte la culpabilidad de estar situado sólo con relación al pasado en el sentido mismo de su perversión.erea 1!!~tó~ue les es asignada para que la importancia social de esta ta~ se debilite. La neurosis homosexual es el efecto retorno de la amenaza que hace pesar el deseo homosexual sobre la reproducción edípica. hay una clase e neuróticos en la que podemos reco ocer que I el estado está condicionado por el hecho de que han fracasado en esta tare~~~condicionado: deben ser conscientes de que han tracasadoen la . en definitiva. un elemento del mismo sexo.!. Llegar a ser papá a su vez es. la transgresión. La reducción a los conflictos de generación de las revueltas de jóvenes adquiere así el sentido de una elección dictada por la regla del «doble-bind»: hacer como sus padres o ser neurótico.explica que los conflictos que tiene la infancia por la oposición a la imagen paternal se resuelvan. rica del juego de la Prohitb' n y de c· . Llegar a ser semejante a ellos.' El dese. PerFreud ade en el mismo texto: «Por otra\ parte. por la sustitución real del padre. El deseo homosexual es el inengendrante-inengendrado. cada homosexual tiene que sentirse como un fin de la raza. ideología dominante: hacerse políticos responsables o individuos neuróticos.e2. Por lo tanto. en esta oposición de ambas generaciones». el acab~ieñto de un proceso del cual no es responsable y que se detien~ _él. es el deseo más intenso y el que tiene más consecuencias en esos años de infancia». S610 es posible socialmente el homosexual fijado n-e~iS~HT1~~. el progreso de la sociedad se basa. La necesidad absoluta de que Edipo se reproduzca -y no produzca. la única autoridad y la fuente de toda creencia.84 I :. El hmnosexual sólo puede ser un degenerado puesto que no engend~ . «En verdad.

«descubría en el espejo a un adolescente en floc» en su propia imagen devuelta a una mítica juventud. bajo el maquillaje y los cosméticos. PUesto que el deseo homosexual ignora la ley de la sucesión de ~~ e·sridIos. La homosexualidad. aunque los estadios precedentes tuvieran que reaparecer como los vestigios de un pasado siempre amenazador en el curso de la historia del individuo. La culpabilidad es una idea proyectada por el padre antes de ser un sentimiento interior del hijo» escriben los autores de El anti-Edipo. volcad. La contracorriente sólo es la pequeña parte de gratuidad que responde a la necesidad de la corriente.. ano 85 un artista fin de la raza. Aschenbach. Sólo hay temporalidad homosexual admitida hacia el pasado. La homosexualidad es concebida como una neurosis regresiva. es porque nos encierra en la simple re- . al mismo tiempo. de la temporalidad edípica. Todo comienza para el psicoanálisis con el niño pero. así que los homosexuales viven más intensamente y en una concentración de imágenes más Importante que cualqUiera la en añifa edí ica de una evo uClon que va esde_el niño hasta el anciano. los griegos o Sodoma. figura al menos como esa pequeña parte de lo inútil necesaria para la conservación del espíritu artístico.Familia.. Los homosexuales garantizan a su manera la regla del necesario envejecimiento. ya que no sirve para nada. puesto que es incapaz de elevarse a la genitalidad. El deseo homosexual ignora la sucesión de las edades. el niño sólo existe por la edipización proyectada por la paranoia paternal: «Desde el punto de vista de la regresión. pero la temporalidad se introduce como la necesidad absoluta en la que se suceden los padres y los hijos. capitalismo. que sólo tiene un sentido hipotético. el padre es el primero en relación con el niño . Y prosiguen: «Si la regresión tomada absolutamente resulta inadecuada. Por supuesto~-'establece más una coexistencia tópica de las pulsiones que una sucesión. incapaz de mirar de frente al porvenir de aaulto y de papá trazado para cada individuo del sexo masculino. debe de seruña-regresí6ñ:"cc)mola"c"Cineracorriente de una evolución histónca necesarla~ el remolino formado en la superficie del río. al estadio anal sucede la genitalidad plena.: toda ella hacia el pasado.

Madrid.Ign~~i~~p~. ésta es una condición de los progresos de la sociedad.bi¡------------.. lejos de ser un producto del co~lejo de Edipo. El punto de vista del psicoanálisis es el de la sucesión temporal. }-a pr~ucción homosexual se hace sobre el modo de la relación horizontal no -limitativa. Cuando Deleuze y Guattari explican que al lado de la disyunción hombre-mujer. lo lleva por el camino de una lucha incesante . La homosexualidad es regresiva porque ahí está la forma que la edipaacTcSñ aSIgna aloeseo nomasexualeñ tanto que -manifieSfulalgnoranCla temporal de i~-libid¿.86 El deseo homosexual producción o generación».ñori'Zomal y ya no vertical. un asocial posibilidad de esa relación reprimida~ en la sociedad heterosexual familiar: dler scribe que «el homo" sexual no busca una adaptación pacífica' rmoniosa en la sociedad y su tendencia expansiva . que no procrea. Véase Sigmund Freud. la reproducclóo-neterosexual sob~__ ~tmodo de la_sucesión jerárquica. inaceptaóTe para nuestra sOCleaaa.. constituye un modo de relación social diferente. regresiva porque el homo- sexual sería sin ello huérfano sin hijo.. muestran que al lado del m'TtOTreudlano que hace derivar toctodeTa1í1laclón51 eXIste otra relación social posible.cada~S. está particularmente interpelado por la necesidad de construirle una temporalidad. Alianza Edi[Qrial..------'-ia-ho~osexualidad es. el homosexual no se ha desarrollado para 52. Sería huérfano en el sentido de Deleuze y Guattari cuando dicen: «El inconsciente es huérfano». En una palabra. cuando el deseo homosexual manifiesta algo del proceso de auto-producción del deseo. ~EThomosexuat' no sublimado en cuanto a la representaClón de la r una parte. ocupará el sitio ya delimitado por el triángulo. un jefe de policía citado por G. El ho~sexual como neurótico es producido por la paranoia de los padres. de la culpabilidad transmitida. explica Freud. la transmisión de la homosexualidad guarda ese carácter un poco misterioso de los flujos de la producción deseante.b-¡. Sin hijos: por lo tanto. . en definitiva.-que. Macé en Lundis en prison define a los homosexuales: «Esa gente.. 1999. resultado de la filiación en cada momento. . En el Edipo. a su vez. tiene una tendencia a multiplicarse». Tótem y tabú. la homosexualidad masculina.

. capitalismo. LA GRUPALlZACIÓN HOMOSEXUAL La homosexualidad sublimada da a la sociedad el mínimo de cohesión humanitaria que necesita. los sentimie~s sociales no habrían operado su desapego de la elección primitiva del objeto con una total alegría)::r:sta frase es particularmente insatisfactoria desde el puntO de vish freudiano: la cantidad de sentido social debería en principio disminuir al igual que la cantidad de libido referida al objeto homosexual. «De algunos mecanismos neuróticos en los celos. en el que la homosexualidad sólo encontrará su sitio sobre el modo edípico sublimado. Freud escribe al final del artículo. La represión de la homosexualidad fundad~s e~ !~~~~li!"Q~s~6n ho. citado más arriba. Es interesante intentarsl~scribirJQ~ue .!~~~~e. POi' otra parte. la paranoia y la homosexualidad»: «En la concepción psicoanalítica. estamos acostumbrados a concebir los sentimientos sociales como sublimaciones de comportamientos homosexuales en cuanto a su objeto». se entiende aquí sociedad humana según el modelo freudiano.~ «sº-c!ll~én en lo que significaría la ubli~lició~c!e)~_~o~?sex.tp~~~~l!~LC!. es evidente gue no es en esta sociedad.!1te~a~ corresponde al sistema de celos-competencia de los individuos fálicos.~~lidad para. 53. ano 87 hacerse socio de la sociedad humana».!!.Familia. laorganiza¿í6ñ so~}a Freud a aba su artículo con esta conclusión ambigua. a menos que social no indique aquí otra cosa que lo que entendemos habitualmente. el homosexual indica la posibilidad de otra forma de relación que apenas nos atreveremos a llamar sociedad. Si la expresión directa del deseo homosexual puede tomar un sentido social.l2!:leden ser relacion. En el homosexual dotado de sentido social. cie. . basada en el remOCleía paranoia anti-homosexual y de la sublimación como sistema heterosexual familiar. !:~c!P. tenemos que vérnoslas con un monstruo contradictorio.':Encre-fos homosexuales dotados de un sentido social. Das Prob/em der Homosexualitiit.53 Por supuesto. Adler. op. A.

_---mación..En última instanciaj}uando el ano encuentra de nuevo su función deseante. provoca a la vez el derrumbamiento de la jerarquía fálica sublimadora y la destrucción del «doble-bind" individuo-sociedad.y ~§-'-ilX~qºJ_~l1tre lo il1Qivi. a pesar de todas las represiones y de todas las reconstrucciones culpables' de las que son objeto. _---.cil!.!?_s_ü<.quienes han.9.'quizás pudiéramos encontrar un indic~ este estado de un comunismo sexual primario en ciert~ciones. Fracasar coñSíisU6ITiñaC1ó~-sig~ifica simplemente concebir las relaciones sociales de otra manera . -------.. J Deleuze y Guattari . . La grupalización del ano ya no ofrece ninguna presa a la sublimación.--.~~~da~-~f.-. en -. constituyen lo que llamaremos un modo grupal de relaciones por oposición al modo social habitual. ninguna carencia e~ la que se introduzca la conciencia culpable.explican que no existe fantasma individual oponible al fantasma colectivo o. LA homoJcxualidad y 1972. reinvirtiéndole cole~t~:Y!llTI_e!!!~.----. 54.~~t~~on.. --_ _. -----.fracasado con su sublicierta . como "del pp6blema individual..--.. estrechamente ligados al deseo homosexual.. para ser más exacto. es un medio seguro para someterla a Edipo:El deseo homosexual es un deseo de gr~1gr!:lp~~i~ _aL<1l1gJ~~titujil~. _. del gueto homosexual: pensamos aquí en los baños de vapor.. Fax.88 El deseo homosexual ---------- [Los deseos que se refieren al ano.:-~ifefe~_~1~_Entre 10 público.-.~9~~~3..-----54 V' Aa~ur.i~(). plenamente las exigencias queI la «incapaces de asumir .t. ...iieil~a. el gr~pogoza en una su~rte de relación inm!diata: -~e}~-. son _ .&. que el individuo es ün cierto fantasma ~tivo.E§1~jliS'f~~¿l~ñes·'crev1ñCulo deseante. "\ ".-:-----. la grupalización deseosa del ano.~~~s homosexuales ~~~ ticantes» son. JUJ dimemioncJ._-. lugar famoso en el que se enchufan anónimamente los deseos homosexuales..:lep.. a pesar del temor de una presencia policíaca siempre posible..!... El ano sufre el movimiento de la privatización. mediºª... el fruto de una colectividad fundada en la opresión edípicaE'~~blar de la homosexualidad como de'un problema individual.. y la cultura puede~_~l!!Q2ner a los individuos». la publicitación o. ...~ºng!l_llQa_m~ad que lo ha reoudcloal ~srac:io d~sec. para ser más exacto. cuando las conexiones de órganos se hacen sin ley ni "regla. Madrid.. Jacques Corraze..

. El anti-Edipo insiste en el hecho de que «si es verdad que existe una homosexualidad edípica o filiativa. y a la vez. capitalismo. el castillóde naipes del imaginario. cuando ve la hOm. está prohibido en sociedad. 55 Veremos. Madrid. la importancia que hay que otorgar a la noción de secundariedad pegada a ciertas manifestaciones de! deseo. sólo hay que ver en ello una reacción secundaria a esta homosexualidad de grupo. Así el deseo homosexual sólo existe en grupo. En esta ocasión. A partir de ese momento. ano 89 El modo grupal del ano es el anular. Sigmund Freud. tiene que ver'roh el pacer prop "cionado por la actividad anal y sus productos. e! círculo que puede abrirse hasta el infinico de las conexiones posibles en todos los sentidos sin iugares asignados. El grupal anular (y aquí también hay una referencia al ano) hace desmoronarse 10 social de la jerarquía fálica. julio de 1965_ 56. [El niño} está obligado a renunciar al ~:xcer.osexUaIKfad como e! producto de la represión edípica..!posexu~1 deviene la hqm'llexualidaA" está arrapado por el Edipo. que es primero no edípica». o más bien. 2002. 10 anal deviene símbolo de todo lo que hay que apartar de su vid~XFreud explica en la Introducción al psicoanálisis que las excitacioles anales están sometidas a una renuncia porque «todo lo que remite a estas funciones es indecente. [ El deseo homosexual no es la resultante secundaria de Edipo: es e!_ fllnciop~m~ una máquina deseante enchufada en e! ano.Familia. de rransformarlo en anaJidád .56 En efecto el ~legh9.. . en nombre de la dignidad sociah>. aprende a distinguir entre su pequeña persona y esos extranjeros. L'Homme.. a reprimir por primera vez sus posibilidades de placer. fuu scribe·j«La primera prohibición al niño ..Véase "Consideraciones emo-psicoanalícicas sobre la noción de parentesco». precisamente porque lo grupal anal puede 55. debe ser escondido. con la cuestión del masoquismo. Introducción al psicoanálisis. y determina todo su desarrollo posterior. De ahí la necesidad de ha~c_ apar~cer~_-ánal. el pequeño ser siente por primera vez que está rodeado por un mundo hostil a la manifestación de sus deseos. De1euze y G~i--Subrayan el error de Devereux. Alianza Edicorial.

..' ..." ..a homosexualiaad pnmaria demuestra la indi.... perversa..___ rerenciación del deseo..de Edipo nos permite comprender por qué es preciso dfStIñg'Wr-enm-~[ deseo homosex·uál~piiesioqüel. que tiende una trampa al deseo»..-'.... el viejo homosexual de grupo.. _ ..._. y la homosexualidad edipizada... __ .-.' ... el pervertido._ _ _.90 El deseo homosexual cuya energía (lende'por'co.:ipiero'-eritonces"a:-laCoosol1dación de J mandar callar a lo social edípico...... _. .... escriben Deleuze y Guattari... Y el mito .... La homosexualidad edípica comienza en la cabeza del padre... ~ la ley: es porque. ___ . «todo comienza en la cabeza de Lai'os.• 00'" _ ..• _ .• _..___ . garantiza la integración de la fuerza grupal para el edificio social edípico. _ .

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«Elección objetal» y «comportamIento» homosexuales
La novela familiar de las neurosis transforma el deseo homosexual en homosexualidad neurótica. por eso hay una fabricación de una «historia psicológica» del homosexual a la cual responde un «comportamiento». Hay sitio para todo el mundo en la casa de la homosexualidad: también el sociólogo puede dar su opinión y sentarse al lado del psiquiatra. No se puede decir que el comportamiento homosexual no exista, sino que lo que entendemos por ((comportamiento» sólo es el conjunto de las caracterizaciones que pretenden encerrar una actividad sexual que tiende a escaparseJla realidad de un comportamiento homosexual con sus propias constantes es tan irresoluble como el Edipo del cual deriva. El inconsciente que el sociólogo delimitará fácilmente en las grandes máquinas molares sociales es un inconsciente bien civilizado, los abismos homosexuales son, como el incesto, ((un arroyo calumniado muy poco profundo». No hay una ((elección» de ser homosexual, ya que esto no se vive así más que cuando uno hace el esfuerzo, como Genet, por descubrir ((bastantes razones para ser nombrado con este nombre». Hay, como mucho, una salida homosexual, un camino falsamente despej~o que el deseo homosexual toma para poder vivir.0-sí describe~~ camino~ inversión no es el efecto de una elección prenat~de una malformación endocrina, ni tampoco el resultado pasivo y determinado de complejos: es una salida que un niño descubre en el momento en que se asfixia~ no sabe todavía que ese oxígeno está envenenado, que sólo se le ofrece la inversión, el

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El deseo homosexual

anverso del normal al cual está materialmente ligado. La historia de Genet es edificante, no en vano se le llama santo: gozar fuera del sistema deviene, por la gracia de la intervención trascendente de Edipo, una «voluntad de mal", una elección existencial de la cual Sartre describe complacidamente los momentos. La metafísica libertad de elegir la esterilidad homosexual toma el sitio del funcionamiento de la libido productora. La «voluntad de mal" salva, según una inteligentsia progresista, lo que el deseo tiene de insostenible santificándolo. Sartre, por supuesto, tiene razón parcialmente, ya que describe la realidad de cierto imaginario.!lPero qué es esa asfixia de la que escapa el niño? ¿se trata de la amenazante normalización sexual? En este caso, la salida homosexual es el único medio de vivir cerca de su funcionamiento deseante, sean cuales sean las consecuencias sociales. ¿Pero no es también el miedo por ver desaparecer su yo si las conexiones del deseo no son reinterpretadas en términos de responsabilidad y de culpabilidad?] Hércules, entre el vicio y la virtud, habrá sentido seguramente lo que se ha llamado la regla del «doble-bind». Dos caminos, sin más. Representar así la elección homosexual corresponde a restablecerla en el marco del que intentaba salir. El deseo homosexual sería más bien del orden de un deseo de gozar sea cual sea el sistema, y no simplemente dentro o fuera del sistema. Justine y Juliette también, en Sade, eligen dos vías diferentes: la que la sociedad llama la vía de la virtud y la que considera como la vía del vicio. Pero la simetría sólo es aparente: la elección virtuosa de Justine hará de ella una libertina a su pesar, una neurótica continuamente culpabilizada por el vicio en el que está inmersa. En cuanto a Juliette, rechaza más eliminar que elegir, ya que cree que todo es posible, que puede obtener goce de todas las situaciones y que, en definitiva, todas las conexiones del deseo son buenas. De hecho, la elección de ser homosexual sólo es una racionalización operada por Edipo, mediante una diferenciación entre personas globales en una relación de elección de objeto exclusivo.

«Elección objetal» y «comportamiento» homosexuales
LA «ELECCIÓN OBJETAL»

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La «salida» homosexual está caracterizada mediante la elección de un objeto del mismo sexo que uno mismo. «Uno mismo», «objeto», «mismo» son tantas caracterizaciones antropomórficas del deseo. Estas :características suponen la puesta en práctica de la diferenciación entre el yo y el exterior, la construcción de un sujeto, capaz de operar según las líneas del mismo y del diferente. «El progreso en el desarrollo de la libido después de la fase narcisista puede efectuarse según dos tipos diferemes: según el tipo narcisista, el yo del sujeto siendo reemplazado por otro yo que se le parece lo máximo posible, y según el tiPo extensivo, personas que se han vuelto indispensables porque procuran o garantizan la satisfacción de otras necesidades vitales, siendo también elegidas como objetos de la libido. Una fuerte afinidad de la libido para la elección del objetO según el tipo narcisista debe ser considerada, a nuestro parecer, como formando parte de la predisposición a la homosexualidad manifiesta» (Freud). Ya nos cruzamos anteriormente con este nudo del narcisismo:.-E complemento necesario de la operación de conversión de la energía de la libido sobre -Sí misma es ef sistemaae la «elección de objeto» ~t!ClJ~IJ.P(IDa:s:de1as·eiñejanza y d~l!1~aiferencia. ----------Freud explica en los Tres ensayos sobre ú~ría sexual qu~existe ... entre el objeto y la tendencia sexual una relación que puede que no percibamos en la vida sexual normal, en la que la tendencia ya parece contener por sí misma su objeto oo, -le perm.ite creer que la tendencia sexual existe independientemente de su objeto ... ».'" Ahora bien, es a propósito de la tendencia homosexual q~ tal observación puede hacerse. El~~tlldio de las «~rversioneJi)~_muestra que, en Freud, esa relación entre la tendencia sexual y un objeto (eni:iéndas~-;q~í un hombre o un~ mujer) sóiü es· evidente después de una ideología social que da a la sexualidad su forma. Las perversiones indican, en p~rticular la homosexualidad, lo que queda escondido en la sexualidad normal: por la posición que unas ocupan frente a la otra, se observa con claridad el carácter arbitrario de la soldadura realizada entre elección objetal y comportamiento global. La heterosexualidad familiar reproductora considera evidente

op.manera·a ·lá regiaq~ liga: un. La perversión homose'¿uaT p. a cambio.0_~n_. Tres ensayOJ Jom teoría Jexua/.-------. según Freud.94 El deseo homosexual la relación entre la atracción sexual del hombre y el objeto sexual que es la mujer. por . la falla esclarecedora por la que el deseo sexual manifiesta su irreductibilidad a una elección de objeto precisa. que no hay diferencia entre la tendencia sexual y su objeto. ----------_.~?-~ en Freud funciona siempre independientemente. En el momento en el que aparece una elección de objeto aparentemente desviada. pene) como una relación. lo que su-elección de objeto no es evidente. La representación ue la sexualidad bajo la forma de una tendencia sexual atraída de alguna manera químicamente por su complemento. n --.-¿ie~ta -eleCCIón de ---. permite la constitución de las personalldad8psÍcolOgícas enel modo de liSgrañCles caracterIzaCiones querec~rbitrariamente el deseo. Véase Sigmund Freud._----------_.. el objeto sexual nél:~r3:1 (o perverso) de esta tendencia.------_. busca «su satisfaccion de placer en el cuerpo propio». Pero tendemos progresivamente a interpretar la relación de la pulsión parcial con su objeto siempre parcial (pecho. Muldworf. por ejemplo. de algún modo. defenderá hasta el mito de la «fusión» durante el cual el niño y la madre son uno. participa~~ITl. El carácter parcial de la pulsión y el término objeto parcial están sometidos a la misma problemática que el término «perverso» utilizado a propósito del polimorfismo del deseo. las tendencias sexuales se encarnen en otras personas psicológicamente determinables.--::r=--objeto a un ·Clerto·comportamiento. por lo que-parece obedecer a su vez y .l~Iti.. de suerte que parece. .------._------~ asu 57. nota 60. ~v~'.4e la potencia de las fuerzas normalizadoras. Para qüeIa expreslOñ ·~(tendencia sexual» manifieste de mmedIato un conjunto que converge hacia un objeto sexual dado.---. cit.---. iridIferencIa.-_.. El freudismo se edipiza en el momento en el que las relaciones polívocas y no personalizadas de órganos se transforman en relación entre personas globales que representan la realidad de las primeras relaciones de órganos. en particular con la madre. atribuyendo así a la pulsión una tendencia a la constitución psicológica de personas. con el fin de que. hay que entender por «objeto» a las «personas». desde la infancia. se introduce. .ñicipaaeest. con las personas globales.

:p~~l». es necesario pasar por la caracterización personal de tendencias ligadas a un objeto particular. en el sistema que e~~de~_. y.~~~ malósobjetos.ión. ---~-_. pero ahora es bajo la forma de la regresión a una fijación anterior de la libido.iii"erotlsriió an-al. inevitable" coronación de la evolUción sexual.~··de-erOtlSlñOs basad.~.. y también entre parcial y global.. la •• • "':"r" ~1Io~""::"'.. por las diferenciaciones entre normal y desviado.. Freud afirma siempre la persistencia de un componente parcial de la sexualidad.s zoñas -er6genasdltereñt~~ de la gúlii:áJ. plegar la elección objetal sobre el comportamiento permite la divis¡ó~. un conjunto universalmente co~artido'~~ tende~~'i'~ ·di~·~y~~It.~~~..~~~_~.illL ~l"ºpjt._q~~_~.. . heteros-e~~alidad u hom~~~~~~lid~~-I.~º» _~~_ tj~~e... y -es"iin "fenómeno universal.. o~eos.." : _ _ _ .-uretiiC ó'cal..----¡>¡. » y no segú~ef'modo-der-:~~.. puesto que la elección del objeto homosexual se refiere a la amplificación del narcisismo y a la importancia atI!Qyjda a la zona anal.~_. En efecto. La «desviación en relªciólLC.aJa cual incluso G:s" desviaoones'-sirven d~ etapa. •• __ y . Bien es cierto que en la nota 14 de los €..-. y la de la Antigüedad que pone el acento en el Eros. del. -.entre buenas y mataselecciones" óbíetaí~~:b~. O sea que el deseo es.«Elección objetal» y (.. aunque (y ahí resi<ie_la ambigüedad freudiana) considerado como indispensable a}ac()nstituc. «Hay que atribuir a cada individuo í.. Freud explica suficientemente lo que hay que entender.. Las constataciones de complejos clínicos que corresponden a esas formas de erotismo no deben desembocar en una anomalía o en una neurosis». insiste en la diferencia entre nuestra vida erótica. La elección heterosexual del objeto deviene el símbolo de la sexualidad adulta bajo el signo de la primacía de la zona genital.. la homosexualidad a la elección de una persona del mismo sexo que uno.. que privil~ objeto atribuyéndole el sentido de la culpabilidad y de la no-culpabilidad. etcétera.comportamiento» homosexuales 95 Sin embargo..-elecciÓI1 s'e'cc)nvlerte -entoñCe'S en ¡a'¡:esp~n'sa'bilidad Cielas -personas globales.. al princiEio.. CÜrlcierne" ita.:ra-pasar'deüñslscenlalnclusivo a un sistema exclusivo en el que cada elección excluye a otra. .~~~rt~~~E.. sobre esta cuestión del objeto sexual. _1 .~ en co~ nexionesde órganos que coexisten según el modo del "y..-.?~«:nder como «la desviación en relación con el fin» fijado en la genitalidad.

La elección objetal estrechamente fijada es una garantía contra la descentralización que sufrirían el Falo y la ge~tahdad. menospreciamos la actividad sexual en sí misma y sólo la disculpamos dt. bajo su forma noemar y. tantos vínculos para evitar la desviación del deseo.i_~_~r~Ir-de -íiise!ecciones de objeto en el caso de la homosexualidad. ya que se contenta con construir una historia sexual dotada de una Antigüedad regresiva. que sigan el camino que señala la relación esta eCl a entre ten encia y objeto sexual. mientras que en los tiempos modernos. La perversión homosexual debe sufrir la ley que asigna objetos a tendencias de manera exclusiva.~~~Jo"d~~retar que a los afeminados .rjd~~~~QmP-ºú~~~<:. se glorificaba la tendencia y esta tende~a ennoblecía al objeto. Por eso un esfuerzo para dar un sentido a las elecciones y culpabilizarlas con respecto a los objetos es particularmente importante en lo que a ella se refiere. sino como una falta que debe completar el pleno objeto sexual.nro.96 El deseo homosexual tendencia·LDurante la Antigüedad. por consiguiente. resulta particular~~nt~J. con un fin claramente fijado.ivoq~en.ad moderna dice al des¡o: ue las cariCias i1ó seeqú. Sabemos que las canClas homosexuales tienden más fácilmente a perderse en todas las zonas del cuerpo que las caricias heterosexuales. La triple equivalencia elección = elección exclusiva = personalidad tendrá alguna dificultad con la homosexualidad pero conseguirá constituir la perversión homosexual como un comportamiento basado en aparentes certezas naturales. por pequeño que fuera el valor. La relativa imprecisión del fin en la actividad homosexual da lugar a numerosas formas (de la felación a la sodomía). y para excluirla. Pero se trata de una comparaci6n am61gua. bajo su forma perversa. Estos objetos designados socialmente permiten eliminar la indiferenciación -aer-deseo~ I:asoCiecJ. como debe sufrir"Ti-Ieydé íafij~ció~-~"i~ perso~as pa~en.lgUna manera por las cualidades que encontramos en su objeto»' sta comparación indica bien hasta qué punto Freud es conscie te de que la actividad sexual en nuestras sociedades no es considerada como una producción. La experleiícÍa"[ü-cremúestra. Freud ha criticado además la ingenuidad de aquellos que creen pod~~ d_es~ºl.~le.

a'elección de objeto homosexual es perversa en la medida en que busca la dificultad: «Amantes a los que casi está cerrada la posibilidad de ese amor cuya esperanza les da fuerza para soportar tantos riesgos y soledad. y quizás tampoco lo son por lo general los «machos». no lo son necesariamente. Sodoma y Gomorra. en efecto.«Elección objetah> y «comportamiento» homosexuales 97 les gustan los varoniles y a los varoniles los afeminados. La descripción que. por consiguiente.artre ofrece de la felación como desvirilización del macho (interpretad. .58 La confusión denunciada por Freud entre la elección objetal y el carácter sexual del sujeto en «Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina» (1920) no sólo funciona para la normalidad. op. A los homosexuales les 58. La elección de objeto heterosexual es fác¡yf natural. La asimilación de la sodomía llamada pasiva a una caracterización «afeminada» no se basa en la realidad material de las relaciones homosexuales. Mareel Prouse. y si la imaginación no acabara por hacerles tomar por verdaderos hombres a los invertidos a los que han prostituido». en las que aquellos que tomamos por varoniles. ya que justamente están prendados de un hombre que no tiene nada de una mujer. sino también para la homosexualidad.S. de un hombre que no es invertido y que. la tendencia sexual parece contenerla como evidente1. ~. Resulta igualmente incierto que la feminización homosexual se refiera a la elección privilegiada del pene como objeto de goce. funciona en el segundo caso bajo la forma perversa de una tendencia con una dificultad extrema para encontrar su objeto natural y de ahí que presentara el interés de ser casi imposible.. no puede amarles. de manera que su deseo sería para siempre insaciable si el dinero no les entregara a verdaderos hombres. eie. Pero es el principio d~~~~que contiene la expresión más cabal de lo que puede ser la constitución de la perversión homosexual con respecto a la elecc~ de objeto. Simplemente.por él como una manera de castración) indica que en este terreno las cosas no son tan simples como las supuestas certezas naturales (<<a los maricones les gustan los sexos varoniles») podría dar a entender.

y así se cierra el círculo de los amores imposibles. De hecho. _-.. es lo mismo centrar la pulsión homosexual en las ganas de apropiarse los penes de los demás o hacerla derivar de la angustia de castración.. lo negativo de la elección de objeto heterosexual. en tanto que divide a los seres en los que desean tener pene y los que tienen miedo de perderlo. «maricón» al aficionado al pene. _ .... . El sexo se reduce al pene. está dirigido por la existencia de una tendencia general del individuo a rechazar la «línea femenina» para tratar de alcanzar o para mantenerse en la línea masculina. pene al Falo como órgano de la virilidad... El centrarse en el pene elimina o somete las otras máquinas de~n~ for el intermediario de la creación unobj"eto-persona ce... La homosexualidad se conformaría con retomar.98 El deseo homosexual gustan los hombres heterosexuales y a los hombres heterosexuales les gustan las mujeres.. el amor homosexual resulta dividido entre una elección de objeto a la cual no puede escapar y la imposibilidad para satisfacerlo../"- . La perversidad del deseo homosexual arraiga en lo que constituye la caricatura. éste es para el homosexual el único «objeto» sexual posible. El ex freudiano Adler lleva a su extremo tal primacía.... La caracterología adleriana deriva de esta idea de la «protesta viril». los datos de la sexualidad normal.. Así. cambiándoles lQs signos...-. Como en una tragedia bien construida... y de lo que de ahí se deriva.Y unívoco. _. Así la primacía de la génitalidad sale reforzada de esta doble relación en la que el pervertido vislumbra en el normal el objeto imposible de su deseo.r:rado . .. el homosexual deviene de cierta manera un sujeto que se imagina objeto en su tremendo deseo del único objeto parcial: el pene. incluso en el caso extremo en el que este vínculo parece casi imprllfticable. le da la réplica como testigo de la fuerza del vínculo entre tendencia y objeto sexual.. I~ _---. mientras que la mujer permanece como el único «objeto» (como persona global) sexual social posible. El sofisma de <<la raza maldita» y del conjunto de la perversión homosexual quiere que llamemos viril al que no es «maricón».... Es la traducción sociológica del gran Falo significante....-- - - •• • 1-- __ de ... Desarrolla el tema de la «protesta viril»: admite que el conjunto de los fenómenos sexuales..

en mujeres y hombres. permite reconciliar lo semejante y lo diferente distinguiendo entre una pequeña minoría de homosexuales «de raza» (aquellos que tienen un cromosoma de sobra) y una gran mayoría de homosexuales «de {. puesto que intenta constituirse en objeto del deseo heterosexual cuando es el sujeto «natura!». explicables por la historia psicológica del individuo. porque nadie normal se reconoce homosexual. . por ejemplo. La diferencia tiene que reducirse a lo semejante. por querer organizar la liberación de los homosexuales a partir del carácter innato e irreprimible de sus deseos. Para rehabilitar a los homosexuales. «TERCER SEXO» Y FEMENINO-MASCULINO El mundo se divide en objetos y en sujetos. Por eso el intento de Hirschfeld estaba condenado al fracaso. Y a pesar de la lucha de Freud contra la teoría del tercer sexo. y sin embargo los homosexuales no deberían tomárselo como pretexto para creerse liberados de la predominancia fálica y del Edipo. si no todo el mundo sería homosexual. tenemos que pasar por el sistema de lo semejante a de lo diferente. El homosexual es una «engañifa» de mujer. La homosexualidad congénita no ha perdido sus encantos: la teoría cromosómica. una imagen de una imagen.«Elección objeta!» y «comportamiento» homosexuales 99 La soldadura entre los comportamientos y las elecciones se traduce' aquí en la transformación del homosexual en sustituto de mujer. El homosexual es a la vez diferente (el tercer sexo) y al mismo tiempo semejante (se subdivide en hombre y en mujer). puesto que la mujer sólo está constituida en único objeto sexual por el juego de lo imaginario. el deseo de las mujeres no tiene importancia. Que un hombre afeminado no sea necesariamente una «mujer» en el acto sexual no cambia nada para esta construcción arbitraria pero sólida. ésta no dejará de reaparecer bajo formas variadas. de lo semejante y de lo diferente. El homosexual debe ser diferente.ultura». Los hombres desean a las mujeres. El discurso sobre la homosexualidad recorre sin cesar la jaula cerrada de estas dos posibilidades.

Todo el mundo es más o menos homosexual. Entonces. Resulta particularmente útil al imperialismo edípico mostrar que bajo lo diferente se esconde lo semejante. Pero lo que se esconde bajo esta universalización de la homosexualidad es. Introducción al psicoanálisiJ. Sigmund Freud.100 El deseo homosexual En efecto. Si hay tres sexos. De este modo. ('Prend. no hay razón alguna para pensar a los homosexuales bajo una categoría particular. la universalización del Edipo. en realidad. esta teoría tiene la ventaja de permitir a la ideología dominante rechazar al hombre homosexual en una categoría que salvaguarda el valor discriminatorio del pene. de la cual son la caricatura.sea dlferenteyq~. ¿Cómo gentes del mismo sexo pueden practicar juntas la sexualidad que se define por la relación de dos sexos diferentes? Únicamente por un juego 59. resulta particularmente tranquilizador para la sexualidad normal que las mismas categorías aparezcan tanto en los homosexuales como en los heterosexuales. op. de renunciar a un sistema binario simple. podemos reaividir a los homosexuales en machos y hembras. a no ser que se ponga al conjunto de los homosexuales en un campo de concentración. Pero presenta el peligro. así se manifiesta la incontestable universalidad del Falo significante. desp~é~-de haber ciíéíCa~a-reoiía: del tercer'sexo. es indispensable qu. reafirmar en lo que se refiere a ellos la universalidad de la ley que vincula la tendencia sexual a su objeto.-se~'~l ~ismo tiempo somei:ldóTtas]nismaneyes. de dejar coexistir uno alIado de otro a más de dos sexos. ¿por qué no más? Cuando no totalmente filofascista. La lucha que lleva a cabo Freud contra esta teoría se hace en nombre de los intereses mismos de los homosexuales. Es lo que podríamos llamar la concepción heterosexual del mundo homosexual: al reprimir las otras pulsiones. la teoría del tercer sexo resulta peligrosa. . sin el cual sería muy simple hacer del homosexual una mujer.' esCCJbe ~rda Introducción al psicoaná/isi~«Estos pervertidos se comportan para con su objeto sexual casi de la misma manera que los normales para con el suyO») Simplemente se han equivocado de objeto. la pulsión heterosexual les impone pasar por su esquema. cit. es a la vez útil que el homosexual sea diferen~ gue su diferencia Pueda~educirse a lo-semejante.

se expIic~t~ dobleñeces. Frente a este homosexual pasivo aparece evidentemente un hombre homosexual. Freud había escrito: «Lo que denominamos por comodidad. homoerotismo de sujeto). ni en el plano psíquico. manteniendo almismoi:ieID'~diferencia perversa. Ferenczi sigue con la distinción entre «homoerotismo de sujeto» y «homoerotismo de objeto». homosexualidad. resulta quizás de procesos diversos de inhibición psicosexual y el proceso que hemos puesto al día quizás sólo sea uno entre varios. FereñCzina dadoefmasaItograao-de esta combmatoria cletosSfios aplicada a la homosexualidad. Pero la homosexualidad amenaza con enturbiar la nitidez de esta subdivisión funcional entre sujeto y objeto.Claa de subdividir para reinar. varios fenómenos di1ereñ-resreCogldosarbltrariamente oajo ese tér-. _puesto que ésta conduce a una nueva clasificación. en bloque. sin relación las unas con las otras. La relación sexual con su propio sexo sólo es un síntoma .. por el contrnri~. fundamentalmente. Sólo el objeto de su tendencia es invertido y por 60. op. Todo el debate que retoman a menudo los psiquiatras60 para saber: si l~ homosexüalidaCLes~·uria~perVersi6no. . más simplemente. un homosexual activo: «Se siente en todos los aspectos un hombre.«Elección objeta!» y «comportamiento» homosexuales 101 de sustitución en el que se encuentra de nuevo la ley fundamental heterosexual.runo. En su artículo «El homoerotismo: nosología de la homosexualidad masculina». En la mayoría de los casos es muy enérgico. ni en el plano físico. Véase en particular la Revue Franfaise de PsychanalYJe. «Un hombre que se siente mujer en sus relaciones con los hombres es invertido en cuanto a su propio Yo (homoerotismo por inversión del sujeto o. cit. activo y no hay nada de afeminado en él. y con respecto a un tipo dado de homosexualidad». entre hombre y mujer. y se siente mujer no sólo durante las relaciones sexuales sino en todas las relaciones de su existencia».. disgrega la homosexualidad entre virilidad y feminidad de una manera que será luego clásica: «Me ha dado siempre la impresión de que hoy en día se aplicaba el término de homosexualidad a anomalías psíquicas en demasía diferentes y. los homosexuales no gozarán por mucho tiempo de su diversidad reconocida. Desgraciadamente. ».

Ferenczi indica en nota a pie de página que es consciente de que los calificativos de femenino y viril aplicados respectivamente al invertido y al homoerótico son de naturaleza ideológica. el rigor intelectual. pero las características generales se encuentran permanentemente. se siente perfectamente cómodo en su papel pasivo .. el narcisismo y la intuición. le inclina a la homosexualidad»¡d invertido u homoerótico sujetivo encarna al pervertido irrecuperable. otro hembra. a la pasividad amorosa.. ~ésta. el homoerótico objetivo por muchachos delicados. ». Krafft-Ebing ya había afirmado la existencia de dos centros nerviosos en el individuo. en el sujeto mismo. En efecto. aunque en proporciones desiguales (ambisexualidad»>.102 El deseo homosexual consiguiente podríamos llamarlo un homoerótico por inversión del objeto de amor o. Es absolutamente diferente del hombre y absolutamente semejante a la mujer. El viril u homoerótico de objeto está. como derivado lejano de la actividad. cuando afecta a un macho. La definición corriente del invertido como un «cerebro de mujer en un cuerpo de hombre» se completa aquí con una caracterología detallada. un amor objetal altamente desarrollado con sobreestimación del objeto. de forma más simple. por el contrario. El San Genet de Sartre se vuelve a veces fiel reflejo de este discurso: «Esta prioridad. como por casualidad. a propósito de la homosexualidad. uno macho. un homoerótico de objeto». Entonces todo es cuestión de dosificación. aquel que la psiquiatría clásica pone particularmente en la picota. por feminidad: la pasividad (tendencia a la represión). He aquí una de las más bellas descripciones de la ideología sexual dominante y de los valores correspondientes. Pero precisa el retrato en estos términos: «Sólo indicaré aquí que entiendo por virilidad la actividad (agresividad) de la libido. y está hecha. tal como lo vemos. una poligamia que se opone a ello sólo en apariencia y. Entonces la caracterología vincula con seguridad la tendencia sexual y su objeto: el homoerótico subjetivo se siente atraído por hombres varoniles y maduros. del objeto sobre el sujeto lleva. «siempre atormentado por la conciencia de su . Ferenczi apunta también que "el verdadero invertido no se dirige casi nunca por sí mismo al médico. Naturalmente las características sexuales psíquicas están mezcladas en cada individuo.

y una inversión anfígena. el)lOmoerotismo de objeto es una neurosis. No está nunca satisfecho por completo en sus relaciones sexuales. En última instancia. o bien difieren de los normales como sujeto. pero sonserr. se trataría más biecM:!e una complementariedad. macho-hembra. Freud. son sólo. El homoerótico de objeto es perfectamente semejante al hO~bre. distingue una inversión completa. en cuanto al homoerótico de objeto. el homoerotismo de objeto es curable.-ae estar lIgado a él metafóricamente como un conjunto paralelo a otro. en la que ciertas funciones masculinas se conservan. El tercer sexo y la necesaria similitud se combinan: el invertido es. según Fetenczi. torturado por conflictos. la complementariedad de ambos tipos de homosexuales analizados por Ferenczi garantiza la eXlstenaaae un pequeño mundo homosexual que se beneficia de la suerte de ser comparable término por término al mundo heterosexuar. como pervertido recuperable consciente de su culpabilidad. neuróticos. y en el cual pesa la maldición de ser sólo la caricatura perversa de la no~alidad: los machos. aCFíñy-arcabo. y «comportamiento» homosexuales 103 anomalía. y son semejantes a ellos como sukto.«Elección objeta['. Lo diferente y lo semejan-re-operañenfcinceseri-eUos ehcazmente. En cambio. en el cual el hombre se siente mujer. que le adora. o hermafroditismo psico-sexual. es enérgico e imponente. El conjunto de estas subdivisiones funcionales de la homosexualidad conduce de todas maneras al restablecimiento en la confusión homosexual de los principios sujeroobjeto. una pura anomalía de desarrollo. le apoya materialmente. una neurosis obsesiva». que puede reducirse al homoerótico subjetivo. le persiguen remordimientos de conciencia .. el paralelismo sólo es aparente. no se" resigna nunca a su estado. que representan la conCIencia. de ahí sus repetidos intentos por dominar el mal con la ayuda del médico».ntes porelObjeto. «un verdadero estadio sexual intermedio.IDe este modo. Así los homosexuales quedan funcionalmente subdivididos: o bien ditlefen de los normale""SPor el objeto de su deseo. en los Tres ensayos. El invertido encuentra en el homoerótico de objeto un amante perfecto.. Ferenczi escribe «que puede que dos homoeróticos de tipo diferente formen una pareja.¡. es decir. es precisamente la mezcla de rasgos masculino y femenino lo que ./La inversión es incurable.

--inéius(. Tenemos aquí la versión recípróca de la descripción proustiana: para Proust los homosexuales están en la continua búsqueda de un verdadero macho y sólo tienen a falsos machos puesto que aceptan hacer el amor con otros hombres. pero s610 lo demostraba simbólicamente.104 El deseo homosexual puede gustarle en el invertido».~o~im~gi~a.-~drí. mujer y homosexual. Por supuesto. Ese paciente demostraba bien la indiferencia del deseo respecto de las divisiones funcionales en las que se le encierra.. señalemos que muchos invertidos no son en absoluto insensibles a las pruebas de ternura que les dan personas del sexo femenino.. Ferenczi escribe: «Por otra parte. el desequilibrio permanente le amenaza bajo la forma de la neurosis del macho. La diferenciación entre el objeto y el sujeto. Sería más simple pero. Como acto sintomático. que como resultaba del contexto. Incluso uno de mis pacientes ha compuesto un número bisexual: el número 101. sin duda. sería mucho más simple ver ahí una confusi6n de la división funcional por la emergencia de la indiferenciaci6n fundamental del deseo. la siruacÍón se estabiliza socialmente en su inestabilidad neurótica: el pequeño mundo homosexual está cerrado pero al mismo tiempo es incapaz de vivir sobre sí mismo. Ferenczi añade acto seguido tras este correctivo: «Sin embargo. se empareja. el homoerótico de objeto a su vez s610 tiene a falsos muchachos. cuando es . menos eficaz para la construcción del sistema imaginario en el que se sitúan hombre. El mundo homosexual así concebido s610 refleja la coherencia del dtundo heterosexú~un juego de sustirución que . el error de escritura o de lenguaje en el uso del género del artículo es frecuente. desea a ese imposible joven macho que aceptaría ser mujer para él. De alguna manera. van a realizar en su relación con las mujeres (por consiguiente su semejante) el componente homosexual de su sexualidad». A partir de ahí.un espeíó del espejo.arantiza süneurosis. significaba entre otras cosas que para él era "lo mismo por delante y por detrás"». conozco también a homoeróticos activos que desean exclusivamente a muchachos no invertidos y es a falta de otra cosa mejor que se conforman con invertidos». según la regla «cuando es diferente. la tendencia y a qué se refiere.[. Ferenczi apunta también que los sueños de los homoeróticos de objeto son «muy ricos en inversiones .

.«Elección objetaJ. se dice que el invertido es atraído por la virilidad. aunque Torless se comprometiera con Basini. aunque en apariencia lo es al menos tanto por la feminidad (afición por el maquillaje. permiten explicar fenómenos contradictorios para una lógica de la exclusión. etcétera). Le masochisme. nunca saciado. op. privado de objeco». a fin de cuentas la perversión vuelve a tener inevitablemente un carácter neurótico en cuanto entra en el discurso explicativo de los psiquiatras. Tiene codo su sentido si empezarnos la crítica de la diferencia entre el objeco y el sujeto. cic. Sacha Nache. para el psicoanálisis clásico el estatuco del masoquismo y el de la homosexualidad difiere~ explica en su capítulo «El masoquismo en la homosexua~masculina» que «esta cercanía de una perversión y de una neurosis masoquista podría sorprender». se diferencia». crecía mucho más allá de la persona del chico. su deseo. MASOQUISMO Y HOMOSEXUALIDAD La división activo-pasivo corno sistema para pensar la sexualidad antropomorfizada lleva naturalmente a la referencia al masoquismo. Freud apunta que. produciendo un deseo nuevo. la observación de Freud no tiene ningún sentido en un sistema que reserva la feminidad al objeto.> y «comportamiento» homosexuales 105 semejante. En efecto. la identificación femenina pasiva de la 61. Así. la virilidad al sujeto y recíprocamente en el caso de la inversión. Ahora bien. un mismo mecanismo conduce a la homosexualidad pasiva y al masoquismo moral: el miedo al hombre corno imagen paternal. para Nacht. en general. Y cuando el interrogatorio del direccor intente acotar lo que podríamos llamar el comportamiento o la tendencia de Torless.61 Podría sorprender ya que todo el psicoanálisis comienza siempre por un sombrerazo respetuoso al principio freudiano de que «la perversión es el negativo de la neurosis». y esta vez. éste contestará: «No tengo la culpa si este sentimiento difiere de todo lo que me han propuesto». Pero sabernos que sean cuales sean las precauciones del lenguaje analítico. Musil afirma así el descubrimiento de Torless: «En efecto.

la culpabilidad del goce y. ~_f!!. por contradictoria que parezca. de la inversión confesada (y no de los trastornos provocados por la represión de la inversión se complica con el masoquismo la" homosexualidad) funciona bien. 10sfioiribi{~s·portaaoié-saé-Faloyalas"muje. y lo anal sólo comporta vergüenza y dolor. El goce en la culpabilidad. a] exterior. La inversión se complica con el masoquismo porque la perversión se complica necesariamente con la neurosis.poé·el mleaoa·lacastración. la asociación con el masoquismo.. por supuesto. una vez sofocado ese comienzo de orientación agresiva. para Divine que va a masturbarse en los servicios después de haberse entregado a su hombre. Freud escribe en los Tres ensayos que el análisis de los casos de perversión masoquista muestra que son el resultado de «una actitud de pasividad sexual originaria» ligada.uista es un invertido del dolor. Así ~í'~net de-S~~tre-qüíereJui~~. que transmuta el sufrimiento en placer invirtiendo términgpQrtétI:njp9_~Umaginariódel amo-. al complejo de castración formador del sentimiento de culpabilidad. pues sólo hay orgasmo genital. Siguiendo a Sartre. El análisis del masoquismo añade un eslabón suplementario a lacadéñaque·unepaslviaaa·_· narcisismo~horr.. La edipización masoquista garantiza la buena y mala conciencia de la sexualidad en la inversión. El masoquismo llamado «moral» es un pequeño concentrado de edipización.~Q9.osexualidad-culpabll1daa.. sin embargo.106 El deseo homosexual madre: «Primero hubo en el chico que caerá en la inversión una veleidad de lucha . Nueva confirmación de la inevitable transformación sufrida por la noción de perversión homosexual en su edipización forzada. no hay placer para el sodomizado. a fin de cuentas.~u Lo que interesa aquí es el proceso por el cual ~L psicoanálisis_ realiza unj!!~o de manos p'e marca necesariamente de culpabilidad constitucional todo lo que se refiere al erotismo anlil. el goce de la culpabilidad reinan por completo.. esta disposición masoquista se encuentra más tarde reforzada cuando el sujeto pone en práctica su inversión homosexual».. se resolverá en masoquismo . y ahí encontramos en estado puro la culpabilidad difusa de la homosexualidad.: q~-i~n pie~de g~na'en-ia "iliimillación sumisa y consentida de aquel que se hace sodomizar.a íaS-que"les faita el Falo.. a _ __ .

corno lo escribe Freud de nuevo.63 Pero al mismo tiempo. corno lo escribe en la Introducción al psicoanálisis. S100 que no puea¡:--. para que la diferenciación se cumpla. «Las pulsiones y sus destinos». «El problema económico del masoquismo».-.--. permite establecer una diferenciación entre activo y pasivo que precede a la diferenciación entre masculino y femenino.es un «destino de represión». es necesariamente culpable. ya que el papel originariamente pasivo es asignado a la analidad.Lí"próoucC"ioii fibídinOsa. el que da por culo y el que recibe por culo.-. .---.-pero segUn1Os-textos. ésta sigue el destino del masoquismo: todo lo que se refiere al ano es culpable: El que recibe por culo es masoquista aunque no lo sea. resulta que. sino porque.entra: " teatro eoípico':--.-El estadIO -derñarclSísmo es el nudo de la diferenciación entre sujeto y objeto. o sufrido por el placer del otro. En esta polaridad que aparece en la fase anal y. el sentido por la agresión del otro. las tendencias con fines pasivos «se relacionan con la zona erógena del ano».62 en el momento en que el yo se constituye corno tal: mancha de culpabilidad todo lo que se refiere al placer anal (pasivo). «si nos _situarnos desde el punto de vista de la genitalidad» (posterior). El papel operante del masoquismo moral como creador de la culpabilidad homosexual es bastante claro en el desasosiego de Torless. 63. Sigmund Freud. Al principio Torless no puede elegir entre el sadismo y el masoquismo. el estadio del ercii:iSmo'-anar es-ef oifdo--de-la-díferen:: eii--er ciación entre-actiVo·"y-pasivo. tal y corno Freud lo define. se hace corresponder las categorías analíticas del sadismo y del masoquismo.«Elección objetal» y «comportamiento» homosexuales 107 A las categorías activo-pasivo bajo las cuales encasillamos normalmente al homosexual.-~--._. Si el placer masoquista. La inversión del sadismo en el masoquismo -vuelta del sadismo sobre el sujeto.'-' . Puede gozaf. Sigmund Freud. hace falta un superyó de vigilancia que se organizará en el circulito 62.-----. ello presupone un «sentimiento inconsciente de culpabilidad». no porque el sadismo fuera primario y el masoquismo secundario. "no solo no tiene -eraefecho. Esta correspondencia resulta posible por el hecho de que el sadismo.

un sadismo secundario con respecto a su masoquismo primario: interroga ansiosamente a Basini sobre lo que siente cuando le pegan: "No es lo que quiero hacer. al igual ~e sería masoquista si eso no supusiera la existencia del sadismo".:íe gustaría sentir lo que siente Basini pero siente. El sadismo de T6rless es más bien una interrogación sobre el sadismo. ¿qué es lo que sientes? . organiza el goce de la culpabilidad (placer del sufrimiento. Cuando clavo todas esas palabras en ti como cuchillos.. T6rless «no presta atención» a la metafísica fascizante que vierte Beineberg.. no sitúa en absoluto su deseo con respecto a un discurso que le parece sin relación directa con la situación. T6rless se las arregla muy mal con todas esas nociones que se le proponen y de las cuales su deseo no sabe lo que pueden significar.. pegar-ser pegado. .. en el momento en el que el mismo T6rless tiene el derecho de preguntarse si. a su vez. Sólo a través del imaginario proyectado en el otro se construye semejante sistema. voluntad de ser pegado). Y la confesión de Basini. organiza el sistema del imaginario y de la culpabilización: «Dijo que si no me pegara.108 El deseo homosexual por el juego del imaginario entre los cuatro condiscípulos. Las tribulaciones de Ttirless son las de un deseo polimorfo que. Sería Basini si ser Basini no supusiera la existencia de los otros dos. al mismo tiempo.confunden las señales indicadoras del imaginario culpabilizante. discurso JUStificativo en el que él mismo encuentra su sitio. Y el masoquismo no es más secundario que el sadismo primario. Es Basini quien transmite el discurso de Reiting. a un T6rless indeciso. Dímelo». la subdivisión de la actividad homosexual en placer y sufrimiento.. no va a convertirse en el objeto masoquista de sus dos compañeros.. la inquietante presencia del superyó fascizante de Beineberg y Reiting. Pero rápidamente comprenderá de qué se trata: el sadismo ejercido en común con los otros dos contra Basini le hace descubrir el juego de la vergüenza: «Tuvo vergüenza por haber confiado su idea a los demás».tY homosexual si eso no supusiera la existencia de la heterosexualIdad. tendría que pensar a la fuerza que soy un hombre y ya no sentiría tener el derecho de demostrarme tal ternura».

siente la incomparable angustia social del que siempre teme ser el objeto de una mistificación. a la máquina de ligue no le importan en absoluto los nombres y los sexos. como lo es el jardín de las Tullerias un sábado por la tarde. se extrañó y casi se horrorizó de la belleza casi divina de ese joven morra!». el nombre de Tadzio sólo es una reconstitución arbitraria de Aschenbach. el hecho de que los homosexuales multipliquen las relaciones amorosas y que éstas puedan durar sólo un instante. este último siente brutalmente el ataque del deseo del que se protege a través de esta distancia angustiada: "iPero te olvidas de que es un hombre!" se dice a sí mismo. la bús- . En realidad. La deriva en la que todos los encuentros se hacen posibles es el momento en el que el deseo se produce sin culpabilizar. que ve en el labrador a su amante de la víspera. transmite una inestabilidad fundamental a la condición homosexual. habrá sentido profundamente la descripción proustiana de la inocencia de las flores. Aschenbach también sufre el ataque de la belleza que sólo podrá soportar con un discurso de racionalización artística: "Aschenbach .«Elección objetal» y «comportamiento» homosexuales LA MÁQUINA DE LIGUE 109 Cuando Basini se desnuda delante de Torless. En general.. Y cualquiera que haya asistido al extraño ballet de un sitio de ligue homosexual. se admite que1oque". Todas las metáforas sobre el carácter milagroso del encuentro homosexual pueden reducirse a esto: ahí donde el deseo actúa. El encuentro con el deseo es primero el olvido de la diferencia de los sexos.. La comparación del encuentro entre Jupien y Charlus y la del abejorro con la flor traduce para Proust esa conexión inmediata tan ajena al funcionamiento social. mientras que el entrar en un salón es para el joven Proust la angustia social llevada a su extremo bajo la forma de la relación imaginaria: «¿Qué van a pensar de mí?" Cuando Proust percibe su nombre aullado por primera vez por el labrador en el salón de los Guermantes.a la dispersión homosexual. a quien por supuesto no le había dicho su nombre? Al igual que entre Charlus y Jupien todo pasa sin nombre. ya no hay sitio para el imaginario.e-nan. ¿Y es casualidad que Proust venga inmediatamente después del duque de Chatellerault.

y veremos hasta qué punto su dispersión maquinal corresponde al modo mismo de existencia del deseo. Ruede . de Aschenhach ~ no se . sino al aire libre. o de lo que creen descubrir en ellos mismos los «maricones». en los bosques y en las playas. con la sexualidad culpable por la identificación de un solo objeto. La deriva 'en' Veneéia"serefaémru. J?er9 .!Kª=: pacidad por encontrar un centro?p~eITI9~ ver ahí IIn sistema en acto de las conexiones no exclusivas d~dese~<?~. El encuentro homosexua] interior confinado de lo privado.osa en términos de. porque los órganos se buscan y se conectan sin conocer la 'ley'ere la hace en el disyunción exclusiva. infinitamente más directo y menos culpabilizado que el sistema complejo de los «amores civilizados» (por retomar el término de Fourier). "------parecer que)a inm~nsa superioridad de los amores homosexuales viene dada precisamente porque todo es posibTé-encaoa'ffio'menro. de la persona soñada.110 El deseo homosexual queda. se quite de encima el manto moral edípico detrás del cual se le obliga a esconderse. Que el sistema homosexual de los ligues.. fuera. según el principio «le falta un único ser y todo está despoblado».i.. La condición homosexual se vivencia como desgraciada porque su dispersión maquinal se traduce en términos de falta y de sustitución. El paseo del homosexual atento a todo lo que puede venir a conectarse en su deseo nos recuerda lo que El anti-Edipo llama «el paseo del esquizofrénico». Por el contrario.~nyez de traducir esa dispersión de la energía amor. Es probable que así se vivencien los ligues homosexuales a nivel de lo que dicen. a través de todas esas breves relaciones amorosas juzgadas insatisfactorias.

Lo que designamos aquí como "combate homosexual» es fundamentalmente diferente: ya no se trata de una justificación o de una apología ni de un intento de mejor integración de la homosexualidad en el seno de la sociedad. El club Arcadie en Francia desempeñó más o menos las mismas funciones. Esta ley calificaba las relaciones sexuales entre hombres de "crímenes sociales" que debían ser castigados.5 El combate homosexual La Alemania de finales del siglo XIX había conocido con el "Comité humanitario» de Hirschfeld un movimiento de defensa y de justificación de la homosexualidad frente a la represión social.¡:tomosexualid~d: a través de esta falla que han creado los movimientos homosexuales ¿qué ha camc'"'__.___ _ biado? ~ LA REVOLUCIÓN DEL DESEO descrito cómo el restablecimiento de la ley sobre la homosexualidad en la URSS había correspondido a lo que se llama la ascensión del estal1~i~'ino: «En marzo de E~ la ley que prohíbe y reprime las relaciones entre hombres hFzOSu aparición . en los casos más leves. Sólo hablamos de la manera en la gue los movimientos recientes v:inculados con el «izquierdismo» y que se proclaman homosexuales han modificado o desguiciac!..o la relaCiOñCom6ñmence admitida entre deseo y ~. con entre tres /~ R~ha .. Combate homo~ sexual y no combate a favoi-d.

Los movimientos revolucionarios se encuentran más a menudo. enc()/"e un ef!()/"t. Véase sobre este punto P. Roland Leroy.. etcétera». según Reich. una barricadita para la víspera del referéndum. . . W. Así. incluso practica una política sexual que es el ~ni~~ejemplo de un movimiento revolucionario que mantien~iin discurso sobrera sexualidad. ¿A qué conduce la oposición entre Reich y Freud desde este punto de vista? Reich piensa en términos de política revolucionaria. Contra la inelueraoilidad de la repre64. desde este punto de vista. Barcelona. 65. cuando el partido comunista afirma por la boca de Roland Leroy: «y finalmente [el poder} siempre tiene en reserva. unos homosexuales para elide mayo . ». 1985. la fibra unitaria de los que quieren cambios sociales gime y se queja. 65 . el espionaje. rineau.112 El deseo homosexual a cinco años de cárcel . La revolución sexual. En general. 66. Franfais. la homosexualidad se había beneficiado de una tolerancia general que se traducía en la Enciclopedia soviética por el recurso a Hirschfeld ya Freud.. la homosexualidad se colocaba en el mismo plano que otros crímenes sociales. Planeta-De Agoscini. como aún quedan rescoldos. Es posible que la política revolucionaria en sí misma sea una instancia represiva.. Mar1970. La aparición de movimientos homosexuales tiene como primera consecuencia poner al día esta equivalencia. trata la oposición entre «el orden democrático y revolucionario» y «el desorden izquierdista». en la posición de reprochar a los partidos comunistas «oficiales» su traición o su degeneración. El análisis de Reich se basa en la oposición entre la naturaleza revolucionaria de la Unión Soviética y su inevitable degeneración. Hahn. las instancias represivas demuestran muchísima más coherencia que los movimientos revolucionarios. cuando encuentra el ejemplo de los homosexuales. París. 5 de mayo de 1972.66 La organización de la represión del deseo en nombre de los intereses superiores de la humanidad o en nombre de los intereses superiores del proletariado es estrictamente equivalente desde el punto de vista de los efectos... L'Humanité. En Francia.64 En el momento de la revolución soviética.. Reich. el sabotaje.

y que se traduce por la eterna lamentación que va desde los que 67. En Psicología de masas del fascismo. no perjudica a nadie. Pero la revolución sexual de Reich puede reducirse. Ve lo que Freud rechaza. manif~a más comprensión con respecto al deseo polimorfo perverso. no debe ser castigada». 2006. Alianza Edicorial. El molestar en la cultura. renunciando así a la actitud quejica común al liberalismo burgués y al marxismo osificado.67 redacta un proyecto de revolución sexual que aborda de frente el problema de la felicidad. . Véase Sigmund Freud.El combate homosexual 113 sión del deseo afirmada por Freud. La revolución sexual resuelve el problema de la homosexualidad mediante su desaparición natural mezclada con un mínimo de represión. Madrid. Siempre hay algo que no funciona entre el deseo y la revolución. Incluso muestra que el sistema social de la represión tiende a hacer pasar por intercambiable la represión edípica. No basta con juntar «sexual» a «revolución» para renunciar a la normativa heterosexual. Analiza en términos de deseo el fenómeno fascista. Y también: «La homosexualidad de los adultos no es un crimen social. Freud. casi podríamos decir: al contrario. Reich gasta numerosos chistes sobre la homosexualidad de los campos de las juventudes hiclerianas. hablando del «desarrollo de tendencias y de relaciones homosexuales entre chicos que todavía no habían pensado en eso». a la idea de que lo que está reprimido es el movimiento natural del hombre hacia la mujer y recíprocamente. Es el mismo Reich quien escribe: «Los conocimientos adquiridos en el ámbito de la economía sexual nos permiten considerar la homosexualidad como el efecto de una inhibición muy antigua del amor heterosexual». Mientras. Desde este punto de vista. excepto la seducción de adolescentes o niños. desgraciadamente. Sólo podemos reducirla realizando todas las condiciones necesarias para una vida amorosa natural de las masas. debemos considerarla como una forma de satisfacción sexual paralela a la forma heterosexual que. por reaccionaria que sea su posición política. que el famoso principio de realidad no es inmutable sino que se basa en la supremacía de la familia heterosexual.

París.. Es imposible obtener del deseo que se integre en el ámbito de~~evoluciÓnya cargada del pasado'hisrorico del «movimíénto obrero)~sOeSneces. Véase el Rapport contre la normaliré del Prom homoJexuel d'action révolutionnaire (FHAR).uioh~~r derivar la exigencia revolucionaria del móviniiento mismo del deseo. Champ libre.. de la cuestión homosexual. '.sino un replanteamiento.. 1 carácter analítico.-. Hay que decidirse a renunciar a los sueños de reconciliación entre los detentadores oficiales de la revolución y la expresión del deseo."s movimientos «radicales» (en el sentido americanóTque aparecen hoy día comparten con el movimiento homosex~l esta característIca de ser vírgenes de pasado político (movimiento de las mujeres..-----.ge se' terreno totalmente virgen políticamente e y totalmente ~? al puede.mas fevolucioñiiios~-'-'--'-"--'- . nacer un replanteamiento radical. no s_ó!? se n~a un nuevo mod$lo re:~~luci<?!?:asio..' en pa~lar.------- -Ucuestión de la homosexualidad pertenece a aquellas que no se formulan has~~os interpelados a quienes se refiere no la hayan formuladci:' 1fs marginal. 68 Elil1tento d.. '. . incluso esencialmente marginal. precisamente. 1971.sp~og~.cionaria tradicional. 68.'l. etcétera) y m'arginales en relación con las cuestiones formuladas habitualmentepo.gc0qs contenídos vinculados tradicionalmente al término de revolución. Los movimientos homosexuales han podido desempeñar aquÍ con otros el papel de falla por la que se ha revelado brutalmente el sentido reaccionario de la espera de un cambio radical debido a un proletariado viril. la"idea de toma:-derpoder.. . basto y que se hace el arrogante.'. hasta los que podrían pero no quieren: del izquierdismo al partido comunista.114 El deseo homosexual querrían pero no pueden. quizás sea también su suerte. Y el co~junto de k. movliñlemoecoIóg"íco. en el sentido de inexistente en la esfera de la p~n~~~'~e~cl. ya que es perfectamente ajena a las «masas».e Reich can el partido comunista alemán de reconciliar el pasado histórico revolucionario con la emergencia del deseo resulta tan gros~ente reaccionario en lo que se refiere a la homosexualidad que indica q~uc.--. por ejemplo.

existe un sistema de inversiones inconscientes o libidinosas cuya represión depende precisamente de la capacidad del recoree político por pensarse como único posible. Esta expresión tiene un doble sentido en francés que no se puede traducir al castellano. Por eso no es el reconocimientO de una nueva fuerza política al lado de las vergonzosO- 69. La mrervenclOn homosexual posee esta c~racterística propia de hacer intervenir lo privado.Üado~·y-q~Tiásen ·contradlCCíón con las inveruoñes políticas conscientes. Sólo una cosa había cambiado: a partir de ese momento los homosexuales decían en voz alta que estaban en el seno del desfile."-~· lo público. [N. Daniel Guérin hacía notar.. por una paree.El combate homosexual 115 Un periódico progresista como Po/itique-Hebdo ha ticulado un artículo sobre el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria: «Révolutionnaire par la bande». en la sombra de la muralla que separa la vida privada de la vida política. «empalmarse» no es extremadamente revolucionario y. privadas de sentido político) en la esfera de las relaciones oficiales entre clases sociales.eros. basadas en las grandes masas sociales reunidas por sus intereses. el secretIto d~·i~ -sex~.. El primero sería: revolucionario por la faja.69 Su crítica indicaba que. del T.} . que la existencia de homosexuales en los desfiles del uno de mayo no era en absolutO nueva. por el margen. al que realmente hace referencia el periódico: revolucionario por empalmarse. y el segundo. pero indicando así que el verdadero centro está en el margen.¡idad. T~dica qu. a propósitO del areículo de Roland Leroy citado más arriba. contra la aparición de cuestiones puramente privadas (por lo tanto. El destino del deseo es sólo de intervenir por la faja. o que ya no hay centro en absoluto. Por eso no es contra la homosexualidad que el partido comunista dice tener algo: es contra la mezcla de los gén. que tales movimientos sólo intervienen por la faja. y no en el centro de la problemática social. en la organización social.' Una inversión libidinal reaccionaria puede coexistir muy bie~on una inversión política consciente progresista o revolucionaria. por otra parte. La tradición revolucionaria mantiene como evidente la división de lo público y de lo privado.

. Freud lleva razón cuando habla de malestar en la civilización. Los movimientOs obreros «salvajes».. El movimiento homosexual es salvaje en tanto que 70. Este suplementO cuestiona el concepto mismo de civilización. sin reivindicaciones e incluso sin voluntad de tOmar el poder. El izquierdismo más honesto atribuirá a estos movimientos «salvajes» la carencia del deseo de otra sociedad..70 René Schérer señala que «al respectO. La civilización constituye la red de interpretación a través de la cual el deseo se transforma en fuerza de cohesión. pp. El fin de su lucha puede. en este caso. una lucha de civilización que presentaría la ventaja de añadir a la lucha política y económica una lucha cultural y sexual. su existencia misma es contradictoria con el sistema del pensamiento político porque depende de otra problemática. continuidad histórica cuya fuerza social comparte completamente. París. el fin de la especie humana.1972. En este sentido.les Fou.e subverJif: t. Tampoco se trata de saber si la lucha de clases se podría sustituir por. París. y es necesario volver con Fourier a la idea de una lucha contra la civilización como sucesión edípica de las generaciones. pero define ella misma el conjunto del marco en el que se desarrolla el combate..ier ou la contestation globale.116 El deseo homosexual otras lo que buscan los movimientos homosexuales. como el niño es un futuro adulto. 140-159. la aparición de la burguesía y del proletariado es un fenómeno en el campo de la civilización. Desde este punto de vista. de la civilizacióm>. En su prefacio a El orden subversivo. y no es tOtalmente equivocado que más de uno vea el fin de la reproducción. ya es demasiado creer que el salvaje es a su manera un futuro civilizado.ois textes su.. podríamos llamar a este marco la civilización. 1996. los movimientos homosexuales aparecen como fundamentalmente anti-civilizados. la civi/isation. Charles Fourier. L'ord. presentarse también como la apropiación. . podríamos decir malestar de la civilización. posrfacio de Jean Gorer. La burguesía engendra la revolución proletaria. por una u otra clase. Aubier-Monraigne. participan de la desagregación de esta coherencia. prefacio reeditado en Cha. Séguier-Arlantica. prefacio de René Schérer.. aquellos que se desarrollan fuera de los ámbitOs políticos comúnmente admitidos. es decir.

Ahora bien. los modos sexuales oprimidos de la indiferenciación originaria del deseo.El combate homosexual 117 no es el significante de ese algo diferente que sería una nueva «organización social». se queda sin embargo -y es lo que le permite encerrar su descubrimieneo-. encargada de garantizar solamente su diferenciación . ». sino la falla en lo que Fourier llama «el sistema de la falsedad de los amores civilizados»: la indicación de que la civilización es la trampa en la que cae el deseo. incluso desublima tanto como puede poniendo lo sexual por todas partes.· sobre tooos losótrosmOdos·sexUaIes posibles~ne·ahíque acerque... subdivisión artificial del deseo? El anti-Edipo proclama también: «Por ejemplo. el moao ~6sexüarrariiiríir. que las refiere ambas a una raíz edípica y castradora común. es también el sistema de opresión de un mOdo sexual recortado· por ·"las díSyunciCines. ineentando-iil inismo· tiempo chiusui-a-rros. Las posiciones de principio no bastan aquí: es preciso constatar. ¿POR QUÉ LA HOMOSEXUALIDAD? Si Freud es más lúcido que Reich respecto de las fuerzas constituyentes de la sexualidad. Deleuze y Guattari escriben: «hay una tesis que Freud aprecia mucho: la libido sólo cerca el campo social como tal con la condición de desexualizarse y sublimarse». sin embargo. y las citas de este libro lo muestran suficientemenee. la homosexualidad de los movimieneos homosexuales cerca directamenee el campo social sin pasar por la sublimación. explica~l papel desempeñado de hecho por la homosexualidad es que el sistema edípico no es sólo un sistema de disyunción exclusiva. una nueva etapa de la humanidad civilizada. ¿Pero por qué la homosexualidad? ¿Por qué dedicarse a esta categoría particular. Lo que no aparece aquí y que. ningún "frente homosexual" es posible mieneras la homosexualidad sea tomada en una relación de disyunción exclusiva con la heterosexualidad.con una tesis reaccionaria al cercar el deseo en el marco de la privatización familiar. que a menudo aparece bajo la protesta homosexual el conjunto de la protesta conera el recorte .

No hay ninguna simetría posible entre la esencia de los movimientos homosexuales y la forma de sexualidad dominante. No es a nivel del objeto y de su elección que se manifiesta la no-exclusividad del deseo. 109. hasta tal punto que se le reprochará fácilmente la falta de alma y de sentimiento. La heterosexualidad familiar domina el conjunto de la sexualidad civilizada. Los temas agitados por el FHAR. Véase Rapport contre la normalité. pasar por esta forma no es en absoluto una liberación. por ejemplo. o más bien -pues ¿por qué limitarla a dos?fin de la norma sexual. en nombre· del principio de que nada está excluido. 1~~~~o·resulta id~íÓglca·meñte dudoso pretenoet. Esas formas son en sí mismas recortes arbitrarios. Ahora bien. completando la homosexualidad con la heterosexualidad. Por eso en los movimientos homosexuales no es ··tanto el problema del objeto sexual particular que se plantea.f~_~il}ar~dípico. sería absurdo querer reencontrar el polimorfismo del deseo añadiendo una a otra las formas de la sexualidad edípica. a aquellos que se han alejado de ella. 72. giran en torno a la crítica de la normalidad en su conjunto. p. sino más bien el modo de funcionamiento de una sexualidad. eie. pues. . reducir a una forma de sexualidad. La contestación expresada entre las mujeres ha empezado a encontrar su garante en los hombres bajo esta forma particular. La diferencia entre hombre y mujer es ya de por sí uno de los dat~ISiste­ ma.118 El deseo homosexual edípico. que con los movimientos homosexuales el conjunto de los problemas sexuales de los hombres han aparecido. No resulta. si debe de haber bisexualidad. que no es sólo particular sino dominante en nuestra sociedad. hay a este respecto mucho que decir sobre el sistema llamado comúnmente ((homosexual» en tanto que sistema de ligue y dispersión maquinal72 y en tanto que sistema obsesionado por la sexualidad. Véase supra «La máquina de ligue». de ninguna utilidad oponer la bisexualida~:t~ la homosexualidad comó sistema más acabado de diversidad sexual. op. sino a nivel del sistema de funcionamiento mismo. En otros términos. ello pasa por el proceso concreto de desagre71.71 Por otra parte.

tanto en Europa como en Estados Unidos. Ciertas mujeres han afirmado.lmosexual 119 gación emprendido por los movimientos homosexuales.El combate h<. y no tal y como se da desde hace mucho tiempo en la sociedad. en acto y no en principio. Todo ocurre como s. E~_~c:()njunto del sistema sujeto-objeto lo que constituye una opresión del deseo~--'-------'---' -_. Los peligros que acechan a la homosexualidad. de la aparición de los movimientos de mujeres y de los movimientos de homosexuales. La situación ho.f sociedad no soportase en un hombre lo que exige de una mujer.mosexual tal y como la crean los movimientos en cuestión. en lo que denominaremos su pervertización culpabilizada. Por aproximativa que sea la fórmula. . a menos que deseen reintroducir por ahí la culpabilidad que precisamente se ha querido disolver. ----r:aexperiei:iciil-fiaaeiñóstrado recientemente la concomitancia. parece acercada. reclamaríamos la menor repre- . Un cierto izquierdismo pudo aullar sacrilegio cuando el FHAR recordó esta cita de Jean Genet: «Si nunca hubiera ido a la cama con argelinos. que sólo podrían creer en la bisexualidad derivada de la homosexualidad. no es el amor de la mujer como objeto sexual particular lo que está reprimido en los homosexuales. presenta la inestimable ventaja de ser. y que por otra parte.. inscrita en lo concreto cotidiano en el que está abolido el corte de lo público y de lo privado.1:ntonces no se hará el reproche a los movimientos homosexuales de falta de relación con las mujeres. con independencia de lo que pensemos sobre la homosexualidad. quizás no habría podido nunca aprobar el FLN . como si la dominación de la m~r y la represión de la homosexualidad fuesen una misma cosa. » Un semanario izquierdista respondió: «No somos nosotros los que. la trampa del deseo que se le tiende están en otra parte. no les importan en absoluto tales nociones. _. Deleuze y Guattari señalan que los movimientos de mujeres llevan la razón por completO al responder a aquellos que les acusan de traducir en su revuelta su envidia del pene: «No somos castradas y nos importa un bledo». Los movimientos homosexuales responden también que no tienen miedo a la castración que traduciría su miedo a la relación con la mujer... y saben mejor que nadie hasta qué punto el acceso a la heterosexualidad no es una conquista.

Pero afirmará el carácter degenerado y disoluto de la homosexualidad concebida como una invención colonialista. una sexualidad del pobre y del oprimido que hace juego con la homosexualidad degenerada de la burguesía. por eso se tapa con un púdico manto moral edípico que.lama mucho la atención que un periódico especializado en el racismo anti-árabe como Minute haya recogido también la cita. puede ser profundamente vivenciado por aquéllos a quienes les concierne. por lo menos. Edipo se basa en la sucesión de las generaciones y en la oposición del niño y el adulto. Naturalmente. De nuevo encontramos aquí la idea de Roland Leroy: la abolición de los !fínites es escandalosa. el nacionalismo árabe -como pueden expresarlo ciertos estudiantes árabes en Francia. es necesaria73. Minute.73 Hay entré muchos árabes y muchos homosexuales relaciones deseantes que resultan inadmisibles. que si uno de ellos es homosexual. Hay una categoría de oprimidos hacia la cual la solicitud civilizada se expresa particularmente: la de los jóvenes. de los menores sexuales.Vr. pues dan a los movimientos homosexuales la ocasión de una intervención que no está basada en una solidaridad de principio sino en una relación de deseo. Es necesario admitir que una relación deseante de este tipo sólo puede ser vivida por lo visto gracias a la excusa de la necesidad.hablará también de un colonialismo al revés. Ahora bien. el colonialismo se practica al revés». por cierto. como si la homosexualidad fuera para ellos sólo una necesidad. Pero la cosa se complica cuando mezclamos la política con esto».120 El deseo homosexual sión en este ámbito. pero no en broma: recordará justamente que la pederastia colonialista explotaba a los muchachos árabes mediante una modesta retribución. vividla. Es evidente que el adulto corrompe al niño. el carácter culpabilizante de tales explicaciones las hace sospechosas. reconociendo sólo su existencia en el pueblo árabe a título~de sustituto de las relaciones demasiado difíciles con las mujeres.'"Nos encon{(amos con el mismo razonamiento a propósito de los prisioneros. . pero no habléis de ella en público. escribiendo al respecto: «En este terreno. 19de mayo de 1971.

Ahí también.. Estas brechas parecen artificiales para el pensamiento político civili~do.El combate homosexual 121 mente el adulto~ Ahora bien. Ibid. que definía el movimiento bengalí como no conforme al esquema maoísta de la guerra popular. 74. que ciertos homosexuales han apoyado\. no vive la política de otra manera. la virilidad. Minute deja el tono de la broma para abordar este delicado tema: «Todo esto podría ser simplemente grotesco. Y sin embargo resultan portadoras de una eficacia propia. a la naturaleza. de la clasificación elemental entre el progresista y el reaccionario. Pero cuando se invita a los estudiantes homosexuales de los institutos a organizarse y a denunciar la represión de los profes. . por consiguiente. su derecho a disponer de su sexualidad. para los municipios . se vuelve repugnante». como en el caso de los árabes. es en nombre de la lucha contra la normalidad. La confusión hormigueante de movimientos de jóvenes. ecologistas. Desde entonces ya no será difícil hacer derivar la relación en cuestión de la opresiór¡. muchos jóvenes afirman su deseo de ser corrompidos.las primeras formas de esa revuelta. puesto que ponen en tela de juicio esta clasificación. La relación de estos movimientos con las otras luchas que aspiran a la destrucción de las instancias represivas no es comparable a la que mantienen comúnmente entre sí los movimientos políticos revolucionarios. Las posiciones <~políticas» de los movimientos homosexuales no se derivan. el pensamiento político plantea la existencia de gtupOS opresores (europeos y -adultos) y grupos oprimidos (árabes y niños) p~ra excluir mejor la posible relación deseante. gracias al encierro del famoso «período de latencia»).74 Las primeras resistencias al psicoanálisis surgen porque éste afirma la existencia de una sexualidad infantil (pero sólo la descubre para entregarla inmediatamente a Edipo y a la sublimación.. Todos parten de una situación deseante particular (con relación al sexo.. y «la guerra a la americana como juego masculino» que el movimiento homosexual americano ha participado en la lucha contra la guerra de Vietnam. Es en nombre de la lucha contra el sexismo. de mujeres. de homosexuales. Por ejemplo.

para dar el gusto de la transgresión a aquéllos a quienes no les importaría nada la prohibición. Y. tanto que no se dan a sí mismos una ley. ha trastornado ese mundo político. Ya hemos notado todo lo que había de insatisfactorio en la confusión de los términos «homosexuales». ) y no. Sabemos todo lo que tiene de admisible la homosexualidad cuando se concibe sobre el modo perverso. Y sin embargo así fue. La trampa tendida al deseo sigue ahí. «deseo homosexuah>. como lo quiere la tradición del movimiento obrero. de una estrategia basada en teorías políticas generales. el mundo político se basa en el enfrentamiento de esas teorías...122 El deseo homosexual al hábitat . La aparición de lo que se llama «los movimientos autónomos». un movimiento homosexual no se libra de esta integración perversa por su mera autoprocIamación. en efecto. LA TRAMPA PERVERSA El tono triunfal no conviene cuando hablamos de la lucha deseante social. La represión social tiende la trampa de prohibir con suficiente fuerza para crear a la vuelta el centrado del deseo sobre lo que supuestamente está prohibido. los movimientos que rechazan la ley del significante. Es incomprensible que un movimiento como el FHAR aparezca íntimamente ligado a los movimientos ecológicos (participación en la «manifestación en bici» contra la contaminación automovilística en París en la primavera de 1972). France-Dimanche comienza la investigación ya citada no por la habitual vuelta histórica a los griegos sino. verdaderas sea cual sea el portador. Por eso resulta vano querer pensar las relaciones entre esos movimientos en términos racionales y estratégicos. La confusión es extrema en el sentido de que los vínculos entre esas situaciones deseosas no se hacen sobre el modelo de la lógica significante-significado. con . el automóvil y la heterosexualidad familiar sólo son un mismo enemigo. aunque sea i~~ en la lógica política. lo cual inscribe la ley en el centro de la contestación. En lo que respecta al deseo. sino más bien sobre el de la lógica del acontecimiento.

El pervertido es esencialmente civilizado.liberación. es quedarse en el marco del sistema de los amores civilizados. su desarrollo subversivo»'!V. Esto es tanto más manifiesto cuanto que la operación anti-deseante de France-Dimanche sitúa. L'ordre subversif.. alIado de los psiquiatras y de las trabajadoras sociales. uno siempre sien!~ un poco de vergüenza por senttrse -.de.'. Los militantes de los movimientos homosexuales tienden naturalmente a transformarse en especialistas de la homosexualidad._. La civilización esparaéfsu6versiva porque organiza de maner~ c~ el ~ese. Ese aire de escándalo.rgulloso _~~ ser . Médicos que estudian este problema desde hace años hablarán de sus trabajos». los homosexuales se atreven a salir a la luz!». Transfo~~arse en propagandista celoso de la homosexualidad. en Francia.sub .El combare homosexual 123 un eficaz atrevimiento periodístico. be: «La civilización es falsa porque su movimiento es a marcha contrariada de las pasiones... Schérer scrino son a uí sinónimos. Encierra el movimiento homosexual en un discurso justificativo. op. 'Fourier presa bien algo semejante cuando.de . por la presentación del FHAR. '_--~ o~raei:i" Slib::' versivo». cie. erversión al contrari'. fija el acontecimiento en rol. transformar la referencia a la bisexualidad freudiana en referencia a una «naturaleza» homosexual opuesta a la naturaleza heterosexual.o que necesitamos para desagregada. El título del primer artículo es: «¡Hoy en día. escribe el periódico. 75.~omosexual. habla . En Charles Fourier. De hecho. PorJo ~antQ. El deseo homosexual ha sido encerrado en un juego de la vergüenza que no es menos perverso transformar en juego derorguno. puesto que funciona <(o~o conjunto teórico que tiene prácticamente el sentido de una totalidad represiva}). la palabra de los médicos y la de los homosexuales una al lado de la otra: «Daremos la palabrll: a homosexuales que describirán su propia experiencia. a la manera de los grandes debates liberales. ese striptease político contiene su propio antídoto.o. prefacio.----"-------_. «no es una buena teoría.hLcoolizacio . sino la liberación de las pasiones a cuyo - -. .. Sentimos el gusto ácido de la transgresión con el «se atreven a salir a la luz». ---.

el movimiento en los oleajes de una afectividad enganchada. y creer que basta con que ciertos hombres se vistan la feminidad para poner en tela de juicio esta oposición. afirmándolos al mismo tiempo . pues constata que la burguesía no deja de traicionarlos afirmándolos. La juventud contestataria está todavía. El efecto esencial de los movimientos homosexuales es primero la brutal sexual ización del campo social. Sartre se halla más cercano a la realidad de estos movimientos cuando escribe: «La feminidad de Genet es un ser evanescente.traición:traicionar supone todavía reconocer la ley de la normalidad. por ejemplo. y por ello portador de una alta significación. Pero a los movimientos homosexuales no les importa representarse a sí mismos como los instrumentos de la. El capitalismo ha descodificado los flujos del deseo. el estatuto perverso del deseo. es el gusano en la fruta de las pasiones. generalmente. la pura contestación de la virilidad». El movimiento de «los municipios».124 El deseo homosexual desarrollo ha puesto trabas~El desarrollo subversivo de las pasiones no es simplemente su 'presión. Reivindicar la perversidad es aceptar para los homosexuales la idea de la oposición entre dos sexos claramente delimitados. Pero este intento de reactivación de los valores humanistas liberales ahoga. a menudo se les ha echado en cara que sólo hablaran de sexo y no de amor. generalmente. no sacan de ahí su fuerza contestataria. por retomar los valores humanistas. en el que el análisis de los problemas «psicológicos» acaba por ocupar todo el campo de las relaciones. Los «maricas» maquillados no son «femeninos». Los «maricas» no quieren ser más hombres que mujeres. Llevan a su extremo la descodificación de los flujos del deseo. La subversión civilizada. en su aparición. sino su acceso al estatuto perverso. que un capitalismo inhumano parece destruir a diario. No es la psicología perversa de la homosexualidad lo que interesa aquí con su cortejo de papeles y de espejos. La concepción que se desprende del texto de Sartre a menudo citado aquÍ convierte a Genet en el homosexual que se compone de su traición. retoma por su cuenta los valores ligados a las «verdaderas» relaciones interhumanas.

ministro de Defensa del Black Panther Party. Newton. ha dado cuenta de la siguiente manera: «Nada nos permite decir que un homosexual no pueda ser también un revolucionario. 5 de agosto de 1970. a la disolución de lo humano. desde ese punto de vista.76 No hay asociación inocente entre estas dos palabras. Descubren formas de opresión en-las mismas formas que adoptan las luchas. hay muchas posibilidades de que un hom~ual sea de los más revolucionarios entre los revolucionarios». «Sobre la justa lucha de los homosexuales y de las mujeres». Por el contrario. Resulta vano querer volver atrás. H. los movimientos homosexuales dicen y hacen brutalmente la deshumanización necesaria. en el ámbito de la abolición de la diferencia entre lo público y lo privado. Por eso esta vuelta imposible sólo se traduce en el seno de la juventud contestataria por el desarrollo monstruoso de lo que Deleuze y Guattari llaman «el abyecto deseo de ser amado». CONTRA LO PIRAMIDAL Una de las funciones. y no de las menores. P. ni posibilidad de una 76. de los movimientos homosexuales es la de ser la contestación de la contestación. el capitalismo ha destruido efectivamente el basamento social de estas territorializaciones. La sexualización del mundo que anuncian los movimientos homosexuales corresponde a la puesta al límite de la descodificación capitalista. que solamente pueden reaparecer bajo la forma perversa de re territorial izaciones artificiales. P.El combate homosexual 125 en la privatización. . Y seguramente son mis prejuicios los que me hacen decir: incluso un homosexual puede ser revolucionar:io. y en el del desmoronamiento del sistema afectivo imaginario de esta civilización. de la desagregación de la ilusión civilizada común al universo político. La asociación de las palabras «homosexualidad» y «revolución» parece poseer una función desmitificadora de la cual H. se puede decir del respeto de la persona humana lo que Marx decía de la familia en el Manifiesto comunista. Newton.

' . y al mismo tiempo nadie Cpüeaenegarque sea masivo--sr.. En Charles Fourier. L'ordre JubverJij. al parecer.. como ese medio para pasar del querer al poder.e admlt~~·y-eñ. cir..-~..ercarácte[-uñJversaraeTaDisexua:. Los movimientos homosexuales tienen una peculiaridad: que. Schérer señala que. Esas masas no se organizan sobre el modo molar de los grandes grupos sociales y de sus instituciones..-~st~. prefacio. op. Gd~d e~-~i-·s~riticÍ~--f~~~~.t0vimiento homosexual y las formas tradicionales de la política.-ri... El problema homosexual es marginal. ~ ". -.. en general. pp. P~~.. se sienta en el banquillo a Fourier afirmando que había forjado una teoría a la cual bastaría con añadir la práctica organizacional: «No obstante ¿esa "reapropiación" revolucionaria de Fourier significa que basta con añadir a una "teoría" fourierista que ha permanecido inoperante la "organización revolucionaria" que la haría suceder en la realidad?~~.. -. Hemos -"-.. -. Hemos visto cómo la política es el lugar de la división entre aquellos que querrían pero no pueden y aquellos que podrían pero no quieren.-.geneiár-seaañii~e. 87-90. por cierto. dicho con anterioriaad'77 todo lo~ que un sistema deseante anular suprimía: la jerarquía fálica que se traduce concretamente en la delegación de los poderes.-. aquel que podrían ser los pequeños grupos sujetos. mostrando primero que el recorre de esas masas· es por sí mismo el fruto de la ideología civilizada. .'~i~-.e expresa jus- tamente -por Ia-ex:i"steñC-ia-de una gran masa social que delegaría representantes." -'s / 77.transmiti~ ni representante. en general... El movimiento homosexual pone en tela de juicio ese significado de las masas. El sistema político funciona sobre una rela¿ión entre un significante y un significado. 78. una relación piramidal entre un representante y las masas. La organización política se considera. sino sobre otro modo. no tienen ni verdadera centralización (ni. Véase supra. R. .78 Esta división muestra bien el reinado de lo político. verdadera democracia) ni consigna que .~.126 El deseo homosexual vecindad pacífica entre el . mientras que lo que hace el pensamiento de Fourier «tan cercano a masas primero desorganizadas» quizás sea la «virtud misma de este rechazo de la organización».

». hace penetrar el deseo en el campo social . obedec. porque el tiem79. Véase «Avis aux civilisés relativemenr a la prochaine métamorphose sociale». es sometido. Su tiempo es el de las etapas y de la espera.Un grupo sujeto. estructura dialécticamente el campo de la lucha de clases hasta nuestros días. El grupo formado por individuos. Estructuralmente. el grupo fálico y jerarquizado. Ibid. Ibid. el cambio tendrá lugar en los prqximos seis meses. 80. en Charles Fourier. en la medida en que este poder remite él mismo a una forma de po~cia que sigue avasallándose y aplastando la producción de81 seant~escriben Deleuze y Guattari. al contrario. ~Un grupo revolucionario. por ejemplo. se basa en jerarquías y en prioridades». 81. 82 Los movimientos homosexuales pueden ser. es aquél cuyas inversiones libidinosas son ellas mismas revolucionarias. «El esquema: práctica desorganizada-teoríapráctica organizada-reajuste de la teoría de la organización en función de la práctica. 1976. prefacio de Gilles Deleuze. Psicoanálisis y transversalidad. en la afirmación de su perversidad. 1998.. de la división entre los medios y los fines. En efecto. Thé()f"ie CÚis quatre mouvements. permanece como un grupo sometido. productores de grupos sujetos. . Presses du Réel. México.e a las instituciones civilizadas de las que retoma los valores porque cada jndividuo se siente más débil que las instit~ciones. Félix Guaccari. No sabe lo que significa el sacrificio para las generaciones venideras.79 El verdadero representante de las masas es aquel que sabe distinguir esas jerarquías y esas prioridades. desde este punto de vista. 80 El movimiento homosexual hace referencia a lo inengendrado-inengendranre del deseo huérfano porque ignora la sucesión de las generaciones como etapas hacia una vida mejor. pilar de la edificación socialista. Dijon. 82. Ese tiempo se opone a la ingenuidad fourierista: hagan sus maletas enseguida. desde el punto de vista del preconsciente. organizar la relación entre el significante y el significado. el destino de un grupo sujeto es tender a ser sometido.El combate homosexual 127 El tiempo de la política es el de la estrategia. Siglo XXI.. (. incluso al conquistar el poder.

----- te . . el grupo sujeto es más fuerque i~ ~~~rte po~q~e-"i~-slnstitucí..e--q~.cLqQ_es~mort~CysÓlo ella. sa¡.'" - --~.128 El deseo homosexual po de cada individuo está marcado por la muerte frente a instituc~o-~~.apariencia inmortares:-Enef grupo sUjeto se supera la oposiCíOnentre cOfectIVO e IndIvidual..._-_.~~~anular y sin significa~ te. ".¿es. -_. El grup~ s~fet~-h~~osex~~r: ci~~~lar y pl. i~~~i~I!j._ .ie"pa'-recen mortales.-..

La homosexualidad se reduce así a la nosexualidad porque la verdadera sexualidad es la de las personas . se piensa en lo que se explica a los niños y a los estudiantes respecto de ese terna. La unificación de las prácticas del deseo homosexual bajo e! término de «homosexualidad" resulta tan imaginaria como la unificación de las pulsiones parciales en e! yo. Tratar con menosprecio y olvido estas formas del placer es un buen medio de hacerlas desaparecer. Esto será necesariamente superado. en general. Existe contra las prácticas homosexuales una forma de represión que rraduce bien este miedo al vacío. explican.Conclusión El carácter "heteróclito» de! deseo homosexual lo convierte en peligroso para la sexualidad dominante. apenas es del ámbito de la sexualidad. puesto que la sexualidad es exclusivamente la heterosexualidad. La educación se basa esencialmente en la represión de la masturbación. de una forma aún inconsciente de la actividad sexual que se dirigirá naturalmente hacia la mujer. Mil comportamientos homosexuales desafían cada día la clasificación que intentan imponerles. En verdad. desaparecerá por sí solo. esta ausencia de personas que acosa como su límite la sexualidad normal. En general. Se trata aquí. los padres o el educador explican al niño que. son menos condenables que inútiles. o cualquier otra manifestación dd deseo homosexual. las masturbaciones recíprocas. sino más bien de la pre-sexualidad. Las prácticas homosexuales se consideran aquí como una no-sexualidad. algo que no ha encontrado todavía su forma.

del alarde del sucio secretito.. no se preocupan mucho por la suerte material de placer que reciben. Recordaremos aquí más bien el carácter materialista del placer aprehendido. pero la otra esquizoide an-edípica. lo que permite eliminar o encauzar la construcción edípica es el conjunto de los replanteamientos que recorren el deseo homosexual. por otro lado. teniendo sentidos más violentos sin duda.. opone dos tipos de homosexualidad. definidos como sensibles también a querer a las mujeres. el problema personal por excelencia. El deseo homosexual es perverso en el sentido freudiano. La homosexualidad concentra· el juego imaginario siendo lo más privado.. La sexualidad edípica se basa. es decir. exclusiva y depresiva. aquellos que han tenido la infancia más tímida sin duda. Entre los despiadados celos-competencia y la ilusión de la· «comunidad humana»: hemos visto qué ambigüedades recobraba el . Sin duda: los segundos son. en un juego de oposiciones imaginarias.130 El deseo homosexual identificadas. El doble cierre de las falsas elecciones se expresa por todas partes: entre lo privado y lo público. \ Deleuze y Guattari muestran esa oposición a partir del texto proustiano: «Proust . Así. su referencia directa a la pulsión parcial imperiosamente localizada. o más bien dos regiones de las cuales sólo una es edípica. lo que parece interesar más a Deleuze y Guattari. inclusa e inclusiva». mientras puedan relacionarlo con una cara masculina. ». edipizada.que siguen la regla del «doble-bind».. Prousr escribe: «Algunos. cuando entra en el yoico y el imaginario. y lo extremadamente público de la confesión. simplemente an-edípico. hemos visto el paso de una homosexualidad primaria an-edípica a una homosexualidad secundaria. y hemos visto que la homosexualidad edípica estaba atrapada en la dialéctica de la confesión. Se convierte en perverso neurótico en el sentido ordinario cuando se refiere a una cara. Del deseo homosexual a la homosexualidad. neurótica y perversa. la del Edipo. dan a su placer material imperiosas localizaciones . inientras traduce la desorganización de las pulsiones parciales. Así aparece la espantosa no-humanidad del deseo homosexual. Mientras que otros. como el conjunto del universo familiar.

El gran miedo a la homosexualidad se expresa por . ni más la generación que la angustia de la desaparición del yo. Es la pendiente hacia la trans-sexualidad a través de la desaparición de los objetos y los sujetos.:-s~¡:C~. molecularmente».i9_Q. Muestran que el Inconsciente huérfano no conoce más la muerte que la vida. de hecho. el deslizamiento hacia el descubrimiento de que.eLmie. Un doctor que hemos citado (véase capítulo 1) se dedica a suprimir en cada homosexual al asesino inconsciente que vive en él. es el asesino de los yoes civilizados. haciendo de la Naturaleza no ya el referencial culpabilizante sino un término de equivalencia con la inmediatez del deseo. gr~ai al s «doble-bind» individuo-sociedadQ2eleu~G:uat-WI escribe . sin saberlo o :2.iviliza.El deseo homosexual no está más del-lado de la muerte que del lado de la vida.<:. Acaban con la frontera que separa la biología de la psicología.o.que ~e detenga-y¡¡. y por último trans-sexuados elemental. pero homosex les personalmente. Los movimientos homosexuales denuncian tanto la sublimación idealizante del sentido social como el despiadado enfrentamiento de los «individuos».' 1 deseo homosexual grupal izado supera este enfrentamiento en e lo individual y lo social donde lo molar asegura su dominio sobre lo mo~ecular.iéndolo.ªs generaciones que fUfl<lélQJ!LC. Entre la vida y la muerte. Entre la biología natural y la psicología culpabilizante: hemos visto que esta naturaleza que funda el Código era tan reaccionaria como esta psicología que funda el yo. La Civilización es la asunción ~s_exO-G-S~R\sión. Los replanteamientos que practica el deseo homosexual recortan de otra manera todo eso.. todo comunica.. «Somos heterosexuales estadística o molarmente. en sexo. cerca .Conclusión 131 término de «sentido social» adherido a la sublimación de la homosexualidad.a. estas dos evidencias primeras de la civilización.d.

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TERROR ANAL: APUNTES SOBRE LOS PRIMEROS DÍAS DE LA REVOLUCIÓN SEXUAL .

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En realidad. Al nacer somos un entramado de líquidos. empecemos por el principio. dijo. Eso es lo que hizo Guy: analizarse en lugar de psicoanalizarse. Traguémonos el tapiz de la civilización y tejamos con los hilos que asomarán entre nuestras piernas la carpa de un nuevo circo. Es ese tegumento el que se encarga de que todo aquello siga contenido presentando una apariencia de unidad insulada a la que llamamos cuerpo. Guy había leído a Freud mientras chupaba pollas en las reuniones del partido comunista francés y.Epílogo EDIPO y LA CASTRACIÓN ANAL Puesto que hay que empezar por algún lado. Contemos la historia del ano. la piel se abre en sus extremos dejando a la visea dos orificios musculares: la boca y el ano. acabó preguntándose un día si Edipo cuvo ano. una cosa lleva a la otra. todos somos un jirón de piel que. "Érase una vez el ano». lo cuento de memoria. dice así: No nacemos hombres o mujeres. respondiendo a las leyes de la gravedad. comienza en la boca y acaba en el ano. sólidos y geles recubiertos a su vez por un extraño órgano cuya extensión y peso supera la de cualquier otro: la piel. Enrollada en torno al cubo digestivo. simples . e inventó un mito para explicar cómo nos habíamos convertido en hetera-humanos y horno-humanos. El mito. y los cuerpos. Pero había demasiada simetría entre esos dos orificios. ni siquiera nacemos niños o niñas. No hay entonces diferencias.

o~¡"fic~9 ex¿~«:~~:_nQ~s_uriórg~!i"O:-Esta--ctmriz que de¡aefi el cuerpo la castracióg. Aunque se presenten como jefes y vencedores son.-dolo en vínculo de sociabilidad. El ano cerrado es el precio que el cu~o paga aI régimen ~~_o~exual por ~rivil~i_~_d. ·--En--ef"liombreneterosexuar. Así nacieron los hombres heterosexuales a finales del siglo XIX: .. . Otros tubos dérmicos) buscaron formas de ec>ntrolarse y controlar. nació el ~·uerpo p-rivado~Yfa-cl-udad moderna. asustados de su potencialidad indefinida de gozar con todo (la tierra.:.. en capÍúd.po nacido conociera el' placer de no-sef':li(ÚnDre-. el ano. en realidad...· selladO. c~r~ido. Cerrar el ano para que la energía sexual9. la física nuclear. publicidad..----.e__s. los animales.Así. el lenguaje. en comunicación~ en prensa.s enéÓi1iraron -uñ-métoJü-fírñpio para llevar a cabo la castración del ano: meter un dólar por el culo del niño... el ano fue cosido. cuerpos heridos. temerosos·de que el cue¡. A partir de ahora serás el amo de tu identidad)~ El ano castrado se convirtió en un mero punto de expulsión de detritus: orificio en el que culmina el conducto digestivo y por el cual se expele el excremento. El miedo a que toda la piel fuera un órgano sexual sin género les hizo redibujarse el cuerpo. maltratados.. en intercambio lingüístico. la biotecnología . hijos. tendrás mujer.136 Terror anal tubos dérmicos. . como fue necesario cercar las tierras comunes para señalar la propiedad privada. Fue necesario cerrar el ano para sublimar el deseo pansexual transf¡)"r~i.u mascul~ni- en mu- ._... Puesto a disposiciQ!l de lQ~_poderes públicos. mientras exclamaban: ¿Cierra el ano y serás propietario. ) y~n en marcha una técnica para extirpar del ano toda capacidad que no fuera excrement~TI5espués de darlechas vüe"Itii. el agua. las rocas. tendrás patria. entendido únicamente co~~. tomaron todo lo que tenían a mano (el fuego.. _---_.de rev~e entre los jabalíes y las flores.. Los Santos Padres. diseñando afueras y adentros.--------~--------_ .-..:..¡rtiera eºJí9n-ora~tfji~~:~!ma­ radeiíavafonil. . marcando zonas de privilegio y zonas de abyección. la rueda.castrados de ano..!!e podría fluir a través de él ~.~ c~~rpos . -. obje\os.--ae-ii6:'ser~huffiano. con sus adoquines limpios y sus chimeneas contaminantes: anos de cemento por los que se des-sublima lo reprimido colectivamente.

de cuyos órganos de pode'~. ~ro también cuerpos maricas a los ~e ~l poder ~o_pudo castrar. En torno a la comunidad de íOS anos cerrados se apuntalan como columnas bobas las familias con su padre-analmente-castrado y su madre-víscera-hueca dispuesta a traer al mundo nuevos tubos dérmicos a los que pronto se les arrancará el orificio anal. Rolanct:i~F~q~ que tenía más dificultades para hablar de su propia homosexualidad en público que para hacer hermenéutica.ide modo ue sólo se acordaran dTsu ano~l defecar: como antoches se creen mejores. Han olvidado que su hegemonía se asienta sobre su castración ~ El ano castrado es el armario del heterosexual.. Hubo que remplazar el daño con una ideología de superiorida.' .os que renielo que otros consiaeran eviJéfl€liiañatómlca y que hacen de la mutación una estética de vida. y ganáe TEXTOS TERRORISTAS Si todo esto te ha parecido demasiado lineal y contra-bíblico.~I??s-n?-castr~c!.cSta"CIo.. refiriéndose a la obra Sade. aquellos te~ .todos aquello~~uerpos cuyQS iíñós perma~cíañ--aljlútos:--m-ureresdoblemente perforadas por sus anos y sus vágirllls. inventa en 1971 una categoría sin saber que sería la más apropiada para calificar el libro que escribiría un año más tarde Guy Hocquenghem: terrorismo te~.. más importantes. Fourier y Loyola.c. también te lo puedo COntar de otra forma. al hundir el dólar en las tripas hú~edas del infante. El falo apareció como mega$-porno-fetiche-asequible de la nueva Disney-heterosexual-land.Textos terroristas 137 dad. Los chicos-de-los-anos-castrados erigieron una comunidad a la que llamaronciuaacr.ad~¡~i~tra-tívosexauYeCOñ-a.e. si lo tuyo es más el archivo de microrrevoluciones que la lucha de titanes. cu-eq. afirma Barthes. Si ya has cambiado el diván por la arqueología. Son terroristas.?~~d~~a~~:~_rebéIén-. Hasta que llegue el día de la cólera del cordero y los cU. Patria.. más ertes . Con la castración del ano surgIó.-sü'Ciiúpo'entero trañsformable eñCaVidad uterina capaz de albergar futuros ciudadanos. el pene como significante despótico.

y no debió de ser fácil abrir un agujero en el lenguaje hegemónico: de ahí la necesidad de Hocquenghem cie-raíad-ni. excusas o justificaciones. 14. París.iPri~~r~di~gnó~tico -~r[~i~~--~~-~rc. No las hay porque ya no quiere hacerse el bueno.-rpaso a·pasü-ios discursos médicos. Sade.SL~m. paradójicamente. sino gracias a la «violen Cía que permIte que el texto exceda las leyes que una sociedad. Points Seuil. hubo. _.-Es---.. de las «causas de degeneración biológica de la L Roland Barthes. implique cierta austeridad -puesto que la opulencia siempre está del lado de la hegemonía. el tiempo en el que los padres de una familia adinerada confiaban su hija lesbiana a Freud con la intención de que éste hiciera de ella una buena esposa. el tiempo de los electroshocks y de las lobotomías. psiquiátricos. pedir favores jurídicos.Tlclad. recordemos. o una filosofiase dan para constItUIr su propIa -irlte1ígibilidad histórica». el tiempo de la persecución jurídica de los sodomitas.-" relacIón --entre capitalismo y heterosexualidad realizado por un marica que no oculta su condición de «escoria social>. reclamar migajas de los «hetero-maderos».. En el texto de Hocquenghem no hay disculpas. nos enseña Guy Hocquenghem. como si fuera el principio de una tarea que habría de llevarnos siglos.------.r_eª escala local y con minúscula. 1972.--. Y cuando renuncias a los favores y a las migajas.e. p..1 Eldeseo homosexual de Hocquenghem no es simplemente un ITf)ro entre otros sobre la homosexualid-ad.. una ideología.un tiempo (cuya estela más rabiosa que moribunda se extiende hacia ñOsOrfos) en el que aún no existía ningún len.. psicoanalíticos.--_-'-:---'---::---~ Era el ti~mp~·d~Krafft-Eblñgy sus tablas clasificadoras de desviaciones sexuales.. de manera incesante. comienza la revolución .138 Terror anal tos capaces de «intervenir socialmente». y «anormal» para empezar a hablar. Es el primer texto terrorista que confronta directamente el lenguaje heterosexual hegemónico. en el que no e. .Bu~e exterior al relato heterosexual. no gracias a su popularidad o a su éxito.Usti~ un afuera de ~rsOs domlOantes sobre la1lomosexua. mediáticos .~rque. aunque eso. Y posiblemente la fiesta. Fourier. Loyo/a.

El niño no tiene ano.~9 uña lucha moral y orgánica entre la normalidad y la patología. el tiempo de los campos de concentración para los «violetas» y de las cárceles separadas para los acusados del crimen del vicio .~. re-edición de 1996..~. la hteramra alemana de finales del siglo XIX en defensa de la homosexualidad griega como tendencia innata: Heinrich Hossli. Mamá no tiene ano. _. Berlín.-. momento de la formaclOn de los pnmerüs-'iñ'Ovírñíeñc'os de defensa de los derechos cre:-IoSliomosexuales"enEscaclosU ni'dos yE"tiropa.i~uj@.~~culp~~.h . Eros: El amor entre /os hombres griegos (1836-1838).l terosexual seextiende'como cueiPoYl~=~p.-.~.-[a-op~esi. La niña.¡~' -bi~polÍtic~ sobi~-'. ni siquiera importa si tiene ano o no lo tiene.. 2. Los «anormales» existían pero ~ habían co!lS. ~_~i~~22-<!~~s..! 869-1969: Occidente perfecciona sus técnicas de muerte (a las que denomina «mejora de la especie») mientras exalta los valores de la familia blanca heterosexual. por ejemplo..Textos terroristas 139 especie». -~'-"-' . el tiempo del «ano dilatado» del perverso y del «clítoris hipertrofiado de la críbada». Los miembros de la familia no tienen ano.~ vergüenza: el tiempo en el que.. .. el discurso heúñlCo-leñi~.?~ en ~rspectiva crí~ica sobre el (loder. Véase. momento en el que el lenguaje médico-jurídico centroeuropeo define por primera vez la oposición entre he tero~~xu~lida~'--'y h~~2~!:!~!:!~~.d. del «hermafroditismo psíquico» y de «la inversión congénitá')}. Aún no había un Tenguaje del ano.s~~~--··- .. .'.. por miedo a la persecución o al eSCarnió-público. Papá no tiene ano. todavía no h~b~..-. de las justificaciones y c!.. rosa Winkel. del «cerebro afeminado del homosexual» y del «cuerpo viril de la lesbiana». no tenían historia.. -- ~ J'~'_' -'---~--~"--'-'.. y 1969. era preferible ocultarse tras barrocas apologías del «amor entre los hombres griegos» escritas en tercera persona/ el tiempo de Karl Heinrich Ulrichs y del «magnetismo» que explica que un «un alma de mujer encerrada en un cuerpo de hombre» sienta una atracción natural hacia otro hombre.~~~.!!E1 saber colectivo sobre sí mismos...--" •• _. Entre 18..'- .29.t..-ªº'l.

crean un nuevo sujeto político hedonista. técnicas coercitivas. le dan acceso por primera vez a la educación superior antes de llamarlo a integrarse en el mercado de trabajo y. Corydon 0911-1920). No se lleven las manos a la cabeza. Kerrbeny y M. Véase la traducción de algunos de los textos de Ulrichs en: Pioneros de /0 homosexual. lleno de energía y ávido de nuevas experiencias. pero'es··sÓi¿ u~ leng~aj~~ ~~-'~~~i¡o de signos. Et nunc 1114netin te. Anrhropos. mientras «España» se pudre en el franquismo y Argelia arde. el teenager lo llaman ya los economistas en Estados U nidos. Madrid.140 Terror anal el tiempo de Proust y sus palabras esconde-maricas. sin saberlo. K. Editorial Odisea. el tiempo en el que Gide respalda su defensa de la homosexualidad masculina con argumentos misóginos según los cuales nos habría ido mejor si hubiéramos continuado haciendo la historia entre hombres. Hirschfeld. 2002. 2007. todo comenzó siendo una historia de niños. sistemas de comunicación. K. incluso mejor sería decir de niñas -si femenino y masculino no fueran durante la infancia simples utopías educativas-o «El deseo homosexual es sobre todo cuestión de infancia» afirma Guy Hocquenghem. Y André Gide. . 35-90. los vecinos franceses descubren la cultura del consumo de masas. ~~t_~ ~~!~':!-~~ infantil y su deseo deg()zar. Ulrichs. editado por lbon Zubiaur. Barcelona. lo alimentan con chocolatinas y coca-colas. M. de convertirse en flor y en jabalí. no se trata de hombres de Iglesia o padres de familia que buscan niños en los confesionarios o a la salida de los colegios. p. 3. ortopedias sociales y estilos corporales. A tontas y a locas inventan un nuevo sujeto del mercado. Durante los años cincuenta. le compran un look y un medio de transporte contaminante. opulento pero insatisfecho. Pero. ¿alguien sabe cómo se atraviesa un lenguaje dominante? ¿Con qué cuerpo? ¿Con qué armas? O para formular la cuestión de otro modo: ¿Cómo empezó la revolución del ano? Como era de esperar.:de todo. H. l La heterosexualidad se presenta como un muro construido por la ñaruráleza.

'. a los periodistas y a los niños lectores. Ensayo contra la despolitización de la memoria. gafas con cristales de colores y sexo. Las causas capaces de transformarse en lógicas de poder no son precisamente las más revolucionarias. Viéase Kriscin Ross. sólo alcohoI: su-mas~l}Jiní.a:-nI~~frogas. ven playas bajo los adoquines de la metrópolis y piensan reemplazar el código civil por una sola consigna: prohibido prohibir.-º-id(Ogas. y por rechazar el ámbito de la política craaiclonalcomoespaélo primero de la lucha. 2008. . La rebelión había unido a los trabajadores de la fábrica.:~~cas de producción de subjetividad como O"bjetO deZ¡i~ica y. 4 Pero la revolución que enunciaban. basada en el fin de la lucha de clases. La iz~rda define sus límites: ni maricas. A las revueléas callejeras le siguen las mayores huelgas obreras de la historia de Francia. En 1968. del otro lado del Atlántico pero bajo las mismas premisas (consumo + cultura + experimentación corporal). 1968-1988.~ /'4. ni trav~st!~. frente a los levantamientos tradicionales. rork and roll. camb. corporales. y levantan mientras bailan un bloque pacífico de oposición a la guerra de Vietnam.TextOs terroristas 141 A mediados de los años sesenta. Mayo del 68 y sus vidas posteriores. una multirud de hippies construyen un mundo raro hecho de drogas psicodélicas. Cambia l~ -música.as:-i-I~~quenghem nos alerta: ::Esposible que la política revolucionaria en sí misma sea una instancia represiva» (p. 112). Algunos descubren súbitamente que tienen ano. Se suceden en esa época un conjunto de microrrevoluciones que. Marx y el cine se les han subido a la cabeza: piden lo imposible. sus mitos fundacionales y s. era cosa de hombres y no una simple mariconada. Enseñanza provisional: Las revoluciones no son lo que parecen.(:fady~slJ~~c:hTc. se caracterizan por ser poéticas. los adolescentes dotados de saber universitario ocupan las calles del barrio latino de París.sus p~opias instituciones. Madrid.~spacio posible de transformació_n. pero permanece el~r experimental. Acuarela & Machado. veinte años en los que aquellos teenagers deciden dotarse(fe.' . Las aulas dejan de ser el lugar en el que se adoctrina para volverse centros de debate político. lúdicas.

Se trata de una crítica de la invisibilidad histórica de las mujeres y de la dominación masculina tanto en las instituciones que estructuran la vida cotidiana.~~las chicas. llevan a cabo una parodia callejera. las travestis y los transexuales entran en ruptura anal con el movimiento viril de izquierda. como la familia o el trabajo. inspirada en las acciones de teatro de guerrilla.. las trabajadoras sexuales o las mujeres migrantes del discurso feminista dominante. Enseñanza provisional: Las revoluciones no son lo que parecen y bla bla bla.}lQr llIl ----------= feminismo blanco.. En Francia. Esa acción relativamente modesta será la primera que reciba atención mediática dando lugar a la constitución del Movimiento de Liberación de Mujeres (MLF). como en las instituciones que archivan.'~-'óñ-ic-~'q~~-neces-ítaban oe-li-i'evollid6fi 'para sobrevivU:--:lmpllcadon~s -rempóralesde--estos-zlgzagüeos políticos: -Lí 'revolución anal será lenta. reza la pancarta.upe. entre las que se encuentra~ristine Delphy y Monique Wittig.-. los maricas. Conclusión: Las revoluciones también con_s.142 Terror anal La revolución no la hacen los mejores. las travestis.!<?_J>~.anticoncepción). excluyendo a las lesbianas. las lesbianas.tr::uy--ep. ni la hacen siempre por las mejores razones. Corolario: No sé por qué continuamos tragándonos la versión de la historia que nos dice que la revolución homosexual la hicieron los gays... ---. en la que rinden homenaje a la mujer del soldado desconocido: «Hay alguien todavÍ¡¡ más desconocido que el soldado desconocido: su mujer». monumentalizan y producen la historia. todo movimiento revolucionario tiene su jefe de marketing: aquellos que labelizan un bloque revolucionario y designan quiénes pertenecen y quiénes no pertenecen a él.-Co~~l~~i~: ~ ~~v~lu~i6~'n~-h~b¡~ llegado todavía--a su estadio anal. el 26 de agostod~--i'976 un pequeño grupo' de mujeres. Pocos meses más tarde el movimien.rJ!do.sus propios márgenes. Rectifiquemos: La revolución homosexual la empezaron las lesbianas.. Además. las maricas afemmaoas-'yTaS'-tra_ ~e~tis --=f. heterosexual y liberal que se centrará (a través oe1iguras como Antonlette FOuq~isele Halimi) en la lucha por los derechos reproductivos de la mujer (aborto. .-'- Pr~.

1969. En pocos meses.En mayo de 1970. La batalla por establecer un equilibrio entre ambos polos parece desdibujar las diferencias internas dentro de los colectivos de mujeres proyectando un sujeto feminista que excluye a sus propias minorías sexuales y politicas. independencia económica e intervención en el ámbito de las decisiones politicas. Surge así ~l llamado "Commando Saucisson» (comando salchichón). Conclusión provisional: El feminismo heterosexual tiene miedo de la revolución anal.Qrimera ruprura entre el feminismo y el llamado "lesbianismo radical».oise d'Eaubonne. Rléa-M. hay asambleas de mujeres en rodas las universidades de California. piquetes frente a los principales museos y centros cívicos de la nación.da emancipación de la mujer de la categoría de trabajadora sexual gratuita». denominan "patriarcado» al sistema de parentesco y transmisión de poder que lo legitima y dibujan las estrategias de una lucha por la emancipación de las mujeres en el espacio público: superación de los roles tradicionales de madre y esposa dentro de las instituciones familiares y domésticas. -------En Francia. la escritora.~-Brown y un grupo que se hace llamar "Lavander Menace» (la amenaza violeta) se subleva contra la exclusión de las lesbianas y la marginalización de sus demandas dentro del movimiento feminista NOW. ._---" . Diversos grupos de mujeres surgidos de la lu2ha pacifista-y de"" los movimientos por los derechos civiles de los negros ocupan las calles de Aclanta parodiando el desfile de Miss America para reclamar . junto con un grupo de lesbianas atacan armadas con salchichones al profesor Lejeune mientras éste imparte una conferencia contra el aborto en el Teatro de la Mutualité de París. La revuelta es absorbida por NOW (National Organization of Women).. movimiento . Las feministas definen una forma específica de opresión a la que llaman "sexismo». ~uslónEro'dsionaI: Elfeminismo también ha castrado su ano . Se produce así~ . activista de izquierda y miembro del MLF Franr.Textos terroristas 143 Estados Unidos. acceso a la contracepción y al aborro. un grupo creado por Berey Freidan en 1966 que canalizará los esfuerzos hacia la igualdad legal entre hombres y mujeres. el 5 de marzo de 1971. .

Cuales~y travestis de los gruEQs f~~_~~~~Y_ge iz9}ilerda~'ETF.¡e-s-y'los penes como instrumentos de la política tradicional. René Schérer o Michel Cressole será la respuesta a esas exclusiones de maricas. Tendrá por objetivo hacer visible la disidencia sexual en el seno de la extrema izguierda. ---sTIaS lesDlaifasTe ven despTazádaspor li-conStrucción de un feminismo hegemónico. en ese 'coniéxio"de iesquebiajamierito~rejos dIscursos" el.5 gue hacía de la homosexualidad masculina una tendencia natural (a menudo secreta. Guy Hocguenghem escribe El deseo homosexual en el FHAR.entre dos hombres. .lroc¿ntri-- - '.I{AR surgedelas'cenizasliomófubas y lesbófobas de Mayo del 68 y del movimiento feminista. el salchichón apela a la analidad: hecho con la piel del tubo intestinal de los corderos y los cerdos. La aparición en Francia del FHAR en 1971.Sy'oifusas-decünStrucción y normalización de la iclentidad-:-TERRORISMO ANAL = TERRORISMO KULTURAL.~~!. los maricas y las travestis son excluidos a su vez dentro de las prácticas y los discursos de extrema izguierda gue consideran la «homosexualidad» y las «drogas» como sÍntomas de decadencia burguesa. Poco después. Ridiculizando al mismo tiempo las porras poli~i. El Commando Saucisson inventa el terrorismo anal.oise d'Eaubonne. en torno a escritores-y~ct¡vis-t-¡s-~'~mo-í5aniel G~~¡in: )ean-Louis Bory. _---_._-------~- 5.. -..). transe. pero también politizar la sexualidad distanciándose del movimiento Arcadie.?n' ~edes excensa. Guy Hocguenghem. lesbianas.144 Terror anal en torno al gue se aglutinará después el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR). Los medios de comunicación s. Franc.. privada y vergonzosa) frente a la gue el sujeto homosexual no tiene opción y gue sólo demanda ser respetada socialmente. el Commando Saucisson toma al asalto el estudio de radio desde el gue se emite el programa de Ménie Gregoire dedicado a la cuestión «La homosexualidad ese doloroso problema. Si hay gue abrir el an_~p. Movimiento francés fundado en 1954 por André Baudry en torno a la publicación de una revisra sobre la "homofilia" o el establecimiento de relaciones afectivas -y no sexuales. su forma no deja de recordar a la de los excrementos humanos o animales.i~02 habrá gue hacerlo por la vía cultural.

el espacio público. . «Familir:: c6titainillacwn.Textos tertoristas 145 cos dominantes. El lenguaje heg~~ónico y su trasunto físico. pero también de ruptura con los «buenos ho-mosexuales» de Arcadie y con <das buenas chicas» del feminismo liberal. ~cof~~'--:-ETFHAR denuncia la opresión polítIca de la homose. el hospital.teórí~ quéer cc:~ii~!~~~-~. criticando todas las insti~~ciones de normalización «heteropatriarcales» (la familia. En el FHAR. clase y sexo público vertebran por prime-fa-vez esos debates.a~~~ados. El FHAR inventa la gramática de la revolución anal y del feminismo queer por venir: sexocidio.. unas rayas de coca y unos miligramos de estrógenos.. «el sexo entre los adolescentes». hansid~-.poiIa.Al FHAR se une el gtupO Gazolines (formado por locas. el colegio.. entre las que s'e encuentran Marie France. falocracIa. «viva el colegio erótico» . «hacer el amor-cooTos árabes». cuyos ~C1a~s (<<m-aricas e instituciones»..!:8~Ei~il_E?r p~i~~~il vez una manifestación eñTas~¡¡les de París: «Nuestro -~~e~p~es polítICO».de echarle a la austera y anal-castrada izquierda unas boas de plumas rosas. ) se rebelan explícitamente frente a la castración anal que domina el lenguaje de la izquierdª. la prisión) y la centralidad de los aparatos de construcción de la identidad sexual dentro del capitalismo. El anfiteatro de la Facultad de Bellas Artes de París (el mismo en el que tendrán lugar las asambleas del colectivo ACT vI' durante los noventa) en el que el FHAR se reúne todos los -rúev~s durante los años setenta se vuelve un espacio de construcción de nuevos imaginarios políticos. «placer clitoridiano». Hélene Hazera y Maud Molyneux).t.-...ar técnicas de teatralización paródica que -serándespués--reconcepcuaÍidel espacio p6b-¡¡-co~zad..-------------------.. En 197 ~L!:HA~_ 0. Hocquenghem aprende que es posible atravesar el lenguaje dominante..:rualidacren un régimen que Fran~oise d'Eaubonne denomina por primera vez «falócrata» y «heteronormativo». «proletariado y sodomía».f~!~~~r~~--()-camp: seúaia deponerFffiúslCa. práctlcas- . Las cuestiones de raza.~roletarios de todos los paísessodomizaos los unos a los o~ros» . Influidas por la cultura glam rack. maricas y travestis. van a ser L~ __ primeras en utili:z.

40. afirman las activistas rojas.O 2. pero no resurgirá de forma pública hasta la transición en 1977. Somos _ . Los grupos lesbianas de izquierda no se encuentran en la intersección entre movimientos feministas y movimientos homosexuales. «Hay lesbianas encima de este escenario y las hay también en esta sala. n. (mayo. 7 Del mismo modo que la homofobia definía el deseo homosexual. entre las que se encuentra Monique Wittig. Las lesbianas se hayan. Por las Ramblas barcelonesas. se pasea Ocaña vestido de virgen andaluza acompañado por Nazario y los cuarenta maricas. sino que precisamente se sitúan en el espacio no ocupado por ninguno de los dos. incluido el FHAR. 1988). 7. en el punto de ciego de la representación política. TheatreJournal. aparece en el Estado español durante la dictadura franquista el grupo clandestino MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual) como respuesta al recrudecimiento de la represión de los homosexuales a través de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. "Sexual Indifference and Lesbian Represenration». como reacción frente al carácter «falócrata» y «lesbófobo» de los movimientos de izquierda. En 1979 Alberto Cardín se ocupa de la edición del libro de Guy Hocquenghem y René Schérer Álbum sistemático de la infancia. Si subimos al escenario es porque no tenemos vergüenza de lo que somos. vol. Véase: Teresa de Lauretis. (bolleras rojas)._ _o 6. como afirma Teresa de Lauretis. dicen. entre militares y curas. 155-177. 6 Mientras tanto. Christine Delphy y Marie-]o Bonnet. la existencia lesbiana. Teresa de Lauretis toma esta imagen del análisis que hizo Patricia White de la película Madame X: An Absolute Ruler de Ulrike Ottinger. pp.146 Terror anal Ese mismo año. Somos subversivas. Sin embargo. Este grupo se transformará después en el FAGC (Front d'Alliberament Gai de Catalunya). se encuentra en el no-lugar que dibujan la lesbofobia del movimiento feminista y la misoginia del movimiento homosexual. su actividad se verá limitada por la dureza de la persecución policial. en 1972 surgen las Gouines Rouges. . Anagrama. Nos encierran en el silencio. en el ángulo muerto. nos insultan porque nos negamos a someternos a la ley de los falócratas y de los hetero-maderos.

n....déc~d~ d~'los o~hent¡-.. también te lo puedo contar de otra forma. El texto de Guy Hocquenghem es un arma crítica inventada por una de las escasas revoluciones no cruentas de la historia del siglo xx: el feminismo y los movimientos de lucha por la emancipación de las minorías sexuales activan la primera revolución hecha con lenguaje.ol. música y sexo. ."-..(r~gara losm~~j~ie~tos queer.Úae.D.---_ .. ni una caricatura de las relaciones hombre-mujer. Pero no es una lámina de acero. si ya has cambiado la hagiografía de nuestras heroínas por la asamblea anal. ...-.--_._. el movimiento gay.. Somos lesbianas y estamos orgullosas de serlo. Separándose de las armas tanatopolíticas que caracterizan las luchas históricas del siglo xx (desde la metralla pasando por el gas de las cámaras de Auschwitz hasta la bomba H). _.Polícicas del ano 147 lesbianas porque elegimos nuestro propio placer.' --. Nuestro placer existe fuera de toda norma. Se dibujan y~"-ias'queserári'pa¡:a-er'resto delS"iglo'fáS-oos'y{as de acción política que emergen de los movimientos de izquierda: revolución o normalización. lesbiana y trans coloca la vulnerabilidad ....inistayaeünunlco sujeto 1i0riiosexuaC~-un Proces9 muy similar ifgüe-rehdra-Iuga-renTá. »8 Comienza así un proceso de fragmentación y de desplazamiento quepone en cuestión la ahrmaclOnaeunu~._--. -_. POLÍTICAS DEL ANO Si todo esto te ha parecido demasiado lineal y contra-bíblico. noviembre de 19.---. Prepárate para jugar: El deseo homosexual es un arma. Nuestro placer no es ni una masturbación a dos.r. .72. ni es tampoco una bomba.~ el feminismo y-¡~~-'. ni un misil. ni una bala.-.. drogas. si lo tuyo es más el videojuego teórico que el teatro de civilizaciones..dd cuerpo --------. París..I~~ suIe. colectivizar el ano o cerrarlo. Les Gouines Rouges.~-- '- 8... Gu//iver. ni infantilismo psicosexual.ov¡mié¡:itos-~omqse~-uales-a:merlcan6s-y q'üe'd~r. Aunque su potencia de transformación (que no de destrucción) multiplica la de todos ellos....

ofensivo.'pofftlcas-deI cuerpo..------------ ~stas revoluciones pacíficas podrían denominarse. la esterilización o la muerte. es una máquina .p.muerte se ha.ñal vulnerable.vq.Y m~culino.!:~_~~_E. vital. travestis y transexualesse oponen al modelo tradicional de la política como guerra (tanto biopolítica como tanatopoHtica hallan sus referencias en la guerra como último modelo de control). bolleras. como frente a los excesos tanatopolíticos de mediados del siglo xx: Auschwitz. autoexperimentación y placer. fiest. pero también las guerras de descolonización de Argelia y Vietnam. la disciplina.!l1:<!~el~ de 1ª-. PciÚantó'. y ProR9~~. pensando en la teoría libidinal dibujada por El deseo homosexual.91(ti_Gl~omo relación." son conrra-biopolíticas. redefiñlc~e Fiuman~ y de sus modos de (re-)proauCCíOñ. ni deTcueCPó racialmente superior o inferior.!.~Pero aquí el cuerpo ya no se concibe como depósito natural de cualidades o defectos que han de preservarse o eliminarse mediante la educación. Entre 1968 y 1988 se inventan las políticas ~el ano como agenci.. Hiroshima.:-mientos colectivos frente a las (bio/tanato-) pO[[tlc~~~~i~~~~que-fi~a ahora habían sido las formas tradiCionales de gobierno de lo social: ejercicios de poder en los que la mutilación ~. sino del cuerpo como plataforma ~~laci. c~~~ foro de creaci6~-~-¡~tercambToCl.u.. políticas del ano..queTaspolfucas del an(.er eas en ~e--definen los limites de lo socialmente posi le. el centro de la -l~cha_ ----------. ni del cuerpo femenino.. Estas micropolíticas de maricas.o.' comunicación. cuyos límites se ven constaoremeore redefinidos_ r--El deseo homosexual es un manual de instrucciones para hacer funcionar un orificio anti-sistema instalado en todos y cada uno de los cuerpos: el ANO. histórica y socialmente cO[1strui<:ia.-"·-----'''Pódñimos decir.-convertido en formas de defender la vida de las poblaciones.148 Terror anal y su supervivencia ~º et r:~n~ro del discurso político y hace de la cultur~. Preciso. Ya no se trata del cuerpo humao. Se trata de formas de acción y crítica que surgen como reacción tanto frente a las estrategias biopolíticas de finales del siglo XIX y del xx que habían inventado la desviación sexual y sus patologías a través de métodos médico-jurídicos.

situada en el interior de la pelvis de la mujer y de las hembras de los mamíferos. Ano: «Orificio que remata el tubo digestivo y por el cual se expele el excremento». ¿de qué sexo? ¿Ya qué sexualidad pertenecen las prácticas que lo implican? . Vulva· «Partes que rodean y constituyen la parte externa de la vagina». Matriz: «Víscera hueca. membrana o víscera hueca? Dejemos estas cuestiones en suspenso. según esta definición. de forma redoma. Compara esta definición con las de otros órganos situados en un área próxima. Sospecha derivada: La Real Academia de la Lengua está en el ajo con el Régimen de Castración Anal. responde: ¿Es el ano un órgano sexual? Y en caso de que lo fuera. Primero descarta toda certeza anatómica. Entonces. ¿cómo definir entonces las prácticas de amor anal? Un pene que no copula. Primera conclusión provisional: Algunos órganos gozan de un estatuto biopolítico privilegiado.. Sólo el pene aparece como un órgano sexual. ¿debe considerarse pene. siendo el ano y la vagina relegados a órganos excretores y gestadores respectivamente. Remítete primero al diccionario de la lengua española de la Real Academia. no respondas. desconfía de las evidencias visuales y lingüísticas. . Pero. ¿De verdad sabes qué es un ano? Entonces. Pene: «Órgano masculino del hombre y de algunos animales que sirve para miccionar y cúpular». ¿Cómo saber si aún tienes ano? ¿Cómo escribir con el ano (en caso de que aún lo tengas)? ¿Qué podemos aprender del ano? ¿Cómo hacer la revolución anal? Busca. Vagina: «Conducto membranoso que en las hembras de los mamíferos se extiende desde la vulva hasta la matriz».Políticas del ano 149 revolucionaria altamente manejable y pensada para su uso colectivo. ¿puede seguir siendo considerado pene? Y un ano que copula. La tarea de los y las activistas del FHAR será inventar un lenguaje anal. donde se produce la hemorragia menstrual y se desarrolla el feto hasta el momento del parto».

uctural.!iE~~~ci6n y de proyecto. marica. se trata ~-:saber situado» (Donna Haraway) que emerge de las estrategias de lucha frente a la normalización inventadas durante el último siglo por las minorías sexopolíticaso Los textos inaugurales de la teoría queff tendrán innumerablesp~ro~comunes con los textos de Guy Hocquen hem del FHAR: uso e a InJuna queer.150 Terror anal SABER ANAL El deseo homosexltéa/~~. al artículo «Queer Theory» publicado por Teresa de Laureris en 1991 en la revisra Differences y a La epistemología del anna. pos elementos parece~ específicos en esta tarea crítica: En primer lugar. desplazamiento de las oposiciones tradicionales hombre/mujer. como una crítica de los fundamentos sexistas y heterocentrados que impregnan el discurso de la modernidad. lecturas que hoy llamaríamos queer 9. por ejemplo.~~Eluy~. sino un cuestionamiento radical de los modos de producció~ de subjetivid~d en la moder~ .!9~~ies de raza. crítica de la ñO~alización heterosexual. hetera/homosexual. siguiendo a Hocquenghem.-~QJorm~~.-pr~s_~~_~_9.aquello que definirá a la teoría queer entérminos críticos y que hace de los textos de Hocquenghem su más clara precedente es..rd~pitalista. En segundo lug3.' 'edad~-diséapaéTda(l. omosexua. 1989. Sedgwick. Y esto en un circuito de retroalimentacion teoría/práctica política en el que sería difícil distinguir la causa del efecto. la reapropiación de los conceptos elaborados por la filosofía postest.. Me refiero especialmente a Gender Trouble de Judirh Buder. la teoría queer no es '561ó una'C1e-nc1i' déí~'~~sión sexual. Encontraremos en Hocquenghem. la teoría queer podría definirse.!". como ha señalado Michael Moon. claSe. pri~plo .-I!~ . bollera) como ele de enunCiaCiÓn y de producción de saber. el de una forma de saber que hoy conocemos como t~á-qúeer)~ral)oradá'e-n Est-ad~sTJnidos por un coñjunto de teónEOi'fiCtivistas maricas y bolleras a finales de los años ochenta. elaboración de una teoría compleja aerac.io de Eve K. y a diferencia de otras prácticas de saber.. 'ltñ este sentido. la teoría queer proviene directamente del activismo.

tiene lugar también una sacudida profunda del sistema educacivo y de sus formas de producción y transmisión de saber.. que acaba de volver de Túnez donde los estudiantes se han rebelado ya en marzo..·filstona)Tas"retoricas de la diferencia.:la inflexión que produjeron en las dISCiplInas tradicionales (filosofía. _. A~bós-elemeñi:osapa:recen ·poi-primera ve. el análisis de la opresión y la resistenCia á la -ñ6rmaqUe introd~cen los movimientos micropoTíticos<fue-emergen-. René Schérer..-. bolleras y transexuales.. el existencialismo.1ina"Tesdelosaños s~sent~.. Fran~oise d'Eaubonne y Monique Wittig así como en el número especial de la revista Recherches «Trois milliards de pervers» editado por el FHAR. --ArmÍsmü-éíempo que seproduce una revuelta en las calles de París. Foucault. comienza a generarse en Francia un saber que surge de! impacto de las políticas de descolonización.. e! psicoanálisis y la filosofía estructural.. Aunque la idea del ministro Edgar Faure del gobierno ._. de Guy Hocquenghem..Saber anal 151 -sexopolí de la crítica de la reducción de la economía libidinal a mecanismos psicofamiliares esbozada en El anti-Edipo. ~i~J._.-~-lost~xtos del FHAR. antropología~-soClorogía. Pero esta relación ~s unid.". A finales de 1968..i...!ll_?~::xuales como estos lo son de la llamada filosofía poscestructural. pero también de la noción de «interpelación» tal y como Althusser la elabora en la «Ideología y los aparatos ideológicos del Estado» o de la teoría de la «des-sublimación represiva» de Marcuse. estudiantiles.. . Durante los años posteriores a la segunda guerra mundial.f~iona1: la filosofía postestructurares. Guattari y Foucaulr son tan herederos del femi~Y de 1<?~ .. sino que la teoría postesrructural es ya el resultado de un intenso proceso de cuestionamiento Cico de-la~~~i~~!:~~ ·an~r~p~i?~ic~~ES!~oIÓgic~-y-filº-: sóficas ~!-:!~ dominan la ecología conceptual de los años cincuenta..ijÚeni:~~ h0.. asume la dirección del departamento de filosofía de la Universidad de París 8Vincennes.a"suve. de los movimientos obreros. De!euze. Pero no hay primero una teoría postestructural que luego se queeriza al ser repensada por escritores y escritoras maricas. feministas y homosexuales en los discursos producidos por el marxismo.r~. _.-. Derríd.-.

Foucault dibuja la figura de un intelectual específico al mismo tiempo modesto e implicado en las causas que defiende. Quizás junto con las técnicas de incitación a la confesión de la verdad del sexo frente a laS que Foucault dice resistir. sino que. el resultado fue la construcción en Vincennes de un centro de producción de saber disidente insertado en las redes mismas del sistema universitario francés: en torno a Foucault se reúnen Gilles Deleuze y Félix Guattari. Aunque sea Foucautt quien durante los años setenta elabore las hipótesis más radicales acerca del carácter histórico y políticamente construido de la sexualidad. existen también otro conjunto de técnicas de producción de silencio que hacen imposible articular la posición de un sujeto de enunciación homosexual productor de saber crítico sobre sí mismo y sobre la sociedad dentro de las instituciones universitarias francesas. sino que debe ser impersonal. el judaísmo.). en segundo plano. la excentricidad de Genet. nunca se presentará corno protagonista de la escena sexopolítica disidente. Pero según Foucault la implicación tampoco ha de asumir un rostro. una parte de la izquierda maoísta. ]acques Ranciere y Alain Badiou.152 Terror anal del general de Gaulle era alejar del centro de París las revueltas estudiantiles llevándolas hacia los barrios periféricos.. no enunciará nunca (excepto en una breve entrevista que concede en uno de sus viajes a Estados Unidos) su «homosexualidad» en primera persona.ois Lyotard.. ¿Qué hubiera implicado a mediados de los años setenta que el director del departamento de filosofía de Vincennes hubiera enunciado públicamente su «homosexualidad» o su participación en prácticas sadomasoquistas? ¿Cómo habría afectado esa enunciación a la recepción y la lectura de la Historia de la sexualidad o de Los anormales? . actúa corno dinamizador de un campo de fuerzas con el que dice no poder identi~ ficarse por completo. Mientras que Sartre aparece corno un intelectual-tres-en-uno listo para defender todas las causas (el movimiento obrero. Se perfila así una forma de acción política distinta de la que propone en su momento Sartre. pero también un buen número de jóvenes de la izquierda althusseriana entre los que se encuentran ]ean-Fran<.

Del mismo modo. deseo y subjetividad en el seno de lo que Guattari comienza a denominar el «capitalismo mundial integrado». la castración. siente y trabaja en una dirección análoga a la nuestra: no se trata de una moda. Tenemos gran necesidad de aliados.e es monótono. I Y habrá alianzas: El Hocquenghem de I deseo homosexual es un lector de El anti-Edipo. La máquina deseante del inconsciente funciona como una máquina social. que se nos han adelantado. etcétera). a la que se enchufan en concatenación de flujos todas las otras máquinas capitalistas. Nos dirigimos a los inconscientes que protestan. n. Deleuze y Guattari lo explican de este modo: «No nos dirigimos a quienes piensan que el psicoanálisis sigue e camino correcto y tiene una visión apropiada del inconsciente. que piensa. Encrevista con Gilles Deleuze y Félix Guattari realizada por Carherine Backes-Clémenr. sino su extensión y su implicación en una crítica lO. Capitalismo Y~~7ren~briend~ un modo médIto de práctica filOsOE~ y de crítica cultural. la familia (el triángulo mamá-papá-el-niño) aparece como la base de la pirámide despótica. El anti-Edipo surge en realidad de estos intercambios. la pulsión de muerte. La consigna es revolucionaria. El deseo homosexual no es simplemente una aplicación de las teorías de la producción deseante de El anti-Edipo. una especie de atmósfera que se respira y en la que se llevan~abo investigaciones convergentes en dominios muy diferentes». como un runtún (Edipo.:~~msis deben ser tratados como metáforas políticas. de la búsqueCIade un nuevo lenguaje que redefina las relaciones e~Oder. El mensaje es claro: los mitos con los que trabaja el psic~. Buscamos aliados. De todas las máquinas de control y represión. como un sistema económico-político de producción. El afec~tlegre y colectivo. triste. del mismo modo que D & G son lectores de Foucault y se dejan inspirar por las revueltas estudiantiles y sexuales que recorren Francia. que hay mucha gente que está harta. L'Are. Deleuze y Guattari publican El anti-Edipo. 1972. sino de algo más profundo. . Tenemos la impresión de que nuestros aliados están ya por ahí.Saber anal 153 En 1969.o 49. es decir. Nos dirigimos a quienes piensan qu.

. del deséo».154 Terror anal del capitalismo que tome en consideración la sexualidad como un motor central de la producción. Guattari. Vincennes se convierte en un laboratorio de propuestas de acción de resistencia a la normalización institucional. Entretanto se organiza también el CERFI. Schérer y Fran<. entre otros) conectados con diferentes grupos de izquierda. la cura psiquiátrica. una red de más de setenta y cinco investigadores independientes (entre los que se encuentran Deleuze. pero también de las implicaciones subjetivas. y Foucault. Y abrir la prisión es abrir el ano del cuerpo social. 2007. Gi/les Deleuze et Félix Guattar¡.320. El GIP tiene com~bjetivo abrir puntos de fuga en el sistema de encierro penitenciario francés estableciendo vías de comunicación con el "exterior» que revelen cómo funcionan los dispositivos de poder y subjetivación que la prisión oculta. En la década de los setenta. la educación o la economía: "En las reuniones se habla de las investigaciones en curso.ois Dosse. Una de las primeras acciones consiste en llevar a cabo una encuesta pública entre los internos de las diferentes instituciones penitenciales francesas que permite a los encarcelados producir un conocimiento sobre la prisión y sus técnicas de subjetivación que atraviese y cuestione el poder de los muros. p. Anne Querrien.1I Huyendo del estilo académico y de la publicación de autor crean la revista Recherches con el objetivo de «poner en práctica agenciamientos colectivos de enunciación». El CERFI propone tomar los métodos de colectivización de conocimiento surgidos de Mayo del 68 para repensar la transformación urbanística. Biographie croisk. La influencia aquí es tanto de Deleuze y Guattari como de Foucault. y con el historiador Pierre Vidal-Naquet el GIP (Grupo de Información sobre las Prisiones). director de la revista Esprit. En f~ro de 1971.oise d'Eaubonne. Franr. fC?l!_c:~!~forma junto con Jean-Marie Domena~. El biógrafo de Deleuze y Guattari relata el impacto que causó en el CERFI la aparición de Guy Hocquenghem acompañado por 11. la producción artística.

El ano homosexual habla y produce por primera vez un sab. que acaba de terminar El deseo homosexual. Entre Sartre-el-universaI que enuncia todas las causas políticas como si fueran suyas y Foucault-el-impersonal que reniega de la posibilidad de articular su posición dentro de las luchas que anima. E!¡te saber no procede de i~-~ulpabilidad o de la vergüenza.. Es en este contexto donde la figura y el discurso de Guy Hocquenghem van a producir un desplazamiento radical del sujeto de la enunciación cientifica y política. cit. El veredicto exige la destrucción de todos los ejemplares de la revista que constituye según los jueces «un despliegue detallado de tormentos y desviaciones sexuales» y que presenta «la exposición minuciosa de una minoría de perversos». p. entre los que Hocquenghem será primero y paradigmático.ersobre-~TrrlÍsmo. 12 Hocquenghem. 326.Saber anal 155 algunos miembros del FHAR (René Schérer y un grupo de maricas. no busca excusarse o legitimarse. travestis y bolleras) que exclamaba con El anti-Edipo en la mano haber encontrado la teoría necesaria a partir de la cual llevar a cabo una crítica del régimen heterosexual. . a las relaciones sexuales con <dos. no es descripción de la patología o de la deficiencia. cuyo despacho en la clínica de La Borde y domicilio privado serán inspeccionados) que conducirá a la retirada de la revista de la venta por «atentado contra la moral y las buenas cos~ tumbres». Este número (dedicado entre otras cosas a la crítica del sistema educativo heterosexual. árabes» y a la pedofilia) será el más célebre y provocador de la historia de la revista y desencadenará una persecución judicial contra su editor (oficialmente Félix Guarrari. propone al CERFI la publicación de un número especial de la revista Recherches dedicado a la homosexualidad. ~ Guy Hocquenghem había entrado en las juventudes comunistas Oeunesses communistes révolutionaires. Op. aparecerá un nuevo tipo de revolucionarios locales y anales precursores de lo que luego será la política queer. sino que ~resenta como una forma de crítica política y de transformación social. El resultado será «Trois milliards de pervers: Grande encyclopédie des homosexualités». de afiliación trotskista) 12.

Formado como filósofo en la prestigiosa.l!t~~na i~entidad política de «marica».~Ae"~ii_C:I:l~3:!:. al mismo tiempo que afirmamos que estos roles no tienen significado. que abandona definitivamente en 1965. En 1971. pero pronto comprende que su «orientación homosexual» supone un obstáculo para ser aceptado entre los militantes del partido. que durante los años setenta se define aún como un espacio de debate militante de izquierda. blanca y heterocentrada École Normale.156 Terror anal con tan sólo quince años..mitología heterocentrada». lo que llevará a que sus amigos le conozcan como «el ángel exterminador» haciendo referencia a la película de BuñueI.¡~g~)~-Y:-c.. jos-p¿lé~icos-(n~j~lº_rp~~t.» El número 12 de la revista es denunciado como «obsceno y un atentado contra la moral».ílturar. pero al que forzará durante toda su vida a reconocer su (. EllO de enero de 1972. ni una moda. confisca el número 12 de la revista del partido comunista francés Tout ce que nous voulons y publica una portada que exige la liberación política de mujeres y minorías sexuales.iñ·üso subversívoaeros-medlos-decol~lU~n-eiiteiidid6s" com6flii=- como" ~~" ~p~~íO-p1ibl}é~. Guy ejerce después como periodista en Libération.Rgblica!!lt:. Guy Hocquenghem será uno de los primerosactlvistas-sexuafes que entienda los medios de comunicación espacios posiolesae--¡'OJ(upaC"ión" "ó. Participa en las primeras revueltas estudiantiles de Mayo del 68 en la Rue Lussac del barrio latino de París. En 1973 saca del armario al editor de la revista Actuel para la que trabaja. «Reclamamos nuestra feminidad como las mujeres rechazan la suya. Decirse hómosexual no es en 1972 ni una pose.-prOdUCCIÓn de vislbifidild y-transfoimaCloñSocial~rálucfiacomíénza-pOr-í. confiscado por la policía y retirado de la venta.~~m¿ ye~tore~ 'de'prodüc"Cio~ . ni siquiera un 13. Guy pertenece a estos últimos. juntO con otros maricas y lesbianas. 13 Hay dos tipos de escritores: los que mienten para decir la verdad y los que dicen la verdad para exponer una mentira colectiva. concede una entrevista a la revista Le Nouvel Observateur en la que dice abiertamente que es marica -incluso su madre responde a la entrevista con una carta abierta-o Se convierte así en el primer intelectual francés ~l!.

frente al lenguaje y la mirada dominantes. _. culpable. con contentarse con "dar la palabra" a los sujetos concernidos. FH~~_'y!~ ~~l.El método anal 157 gesto de coraje. hoy._Schérer.lj~~~ ~oug.ªn~QisL. de superar tres tipos de censura epistemológica: a) el pseudoobjetivismo de las investigaciones de campo de carácter social.'seísmo científico en laiñrrodilcción de «Trois milliards de pervers»: «El objeto de este dosier -las homosexualidades. fr.Qiiat.no podía abordarse sin cuestionar los métodos ordinarios de la investigación en ciencias humanas que. intentan cuidadosamente establecer una distancia máxima entre el investigador y su objeto. vulnerable. de la homosexualidad edípica. en continuidad con la psicología patológica del siglo XIX). para conseguirlo. Se trata --dice Guattari-.~s inventan una forma de conocimiento anal (marica-bollera-trans) que d.descri¡. sino que es necesario crear las condiciones de un ejercicio total. Es decir: aquí estoy. con el pretexto de objetividad.1ique Wittig. Pero no basta.tá. b) los prejuicios psicoanalíticos que proponen una comprensión psicológica. EL MÉTODO ANAL ~~()cqueflghem.. los activista~ del. Es al mismo tiempo una declaración de guerra y un modo de exponerse. avergonzada y miserable. Ya no se trata de la defensa de las reivindicaciones de minorías inocentes y oprimidas. tópica y económica de la homosexualidad ("fijación pre-genitales. c) pero también de desplazar los modelos tradicionales de la militancia homosexual».splaza la enunciaéión científica-'tradicional produciendo auténtica ruptura epistemciiÓgié~~'Féiii' .por el contrario implica un descentramiento radical de la enunciación científica.-ri. ~(Los homosexuales hablan en nombre de todos ~n nombre de Una . pre-edípica o pre-simbólica". en Francia. quizás paroxístico. de esta enunciación.~ bien esÍ:. ni de la homosexualidad-víctima. soy simplemente un ano. M~f. El análisis institucional -refiriéndose a su propio método de análisis esquizopolítico que él había puesto en marcha en la clínica de La Borde.~allbonne >---R~l1~.

"Trois rnilliards . la asamblea dialógica por la backroom.. se reconfigura el..' _. _._. de las narraciones de la culpa y de las peticiones de respeto._-_.. . otro sujeto de la enunciación oeritífica. pero tambIén se CJ. He ahí todo un nuevo espíritu científico que está por hacer'. de la interpretación psicoanalítica._.>:)EI objetivo :salvar a los prisioneros» o «dar vo'z a los habitantes de los barrios periféricos» hablando por ellos sino «crear las condiciones de la enunciación» a través de las cuales «los prisioneros». ".~~~~-o-figuralxiITtlcad.. desplazan el método psicoanalítico y los mitos que constituyen su base hermenéutica exponiendo las metáforas raciales y sexuales que subyacen a ésta. «las asociaciones de vecinos» o «los homosexuales» puedan producir un saber sobre sí mismos. El diván ha sido remplazado por el taller. . . 3: '..espeJa otro campo epistemológico. Félix Guarrari. cuestionan los criterios de objetividad propios de las ciencias humanas como parte del dispositivo de control que había creado las categorías homosexual/heterosexual.__.. la cura individual por la experimentación colectiva. la encuesta epidemiológica por la deconstrucción de las metáforas científicas.y cuestionan todas las formas de producción deseante» . cit.... op. > yanoes ------------~. "._---. Los activistas del FHAR buscan una forma de producción de saber acerca de la homosexualidad que escape a las trampas del saber científico. --. _._. ». pero también de los discursos confesionales y victimistas. reapropiándose de las tecnologías de poder que les constituyen como abyectos.14 Se dibuja así otra forma de conocimiento.. .territorio de lo que hasta entonces resulta invisible. Guattar~Mayo del 68 nos ha enseñado a leer los muros y después hemos empezado a descifrar los grafitos de las prisiones... Se elabora así por primera vez una ciencia del ano que surge de la ruptura d~~<gistancia científica» que marcó la n'adición cenrroeuropea y colonial de las cienciaS' humanas y que condUjO a la producción del «homosex~T..•. Por una parte..--~ 14.. p.. Pero también..ela degene__ .158 Terror anal la mayoría silenciosa. RechercheJ.-. la lobotomía por la genealogía política. los hospitales y los baños públicos..

El método anal ~ción. lingüísticos . Habla desde donde nunca creíste que una palabra pudiera enunciarse como nombre propio':'Es necesario jugar a la parodia de dibujar un yo que se afirma como marica... opera"cómo'-un' boomir~ng pol~~so. ) Sobre la reapropiación performariva de la injuria.' de la injuria. explícame cuáles son los flujos de poder (libidinales.formas. es decir. «((vosotros los heter¿'SeXüaIes'. «Habla desde tu ano". El enunciado ((soy liOmosexual>~ no coiii:iene'veraa:darg~a sobre la identIdad del ~h~bi~g~e dice: el sujeto que hasta ahora ha sido cons~~¡d?c_~~byecto (analizado.el hom~xual») y la segun9il~rson!i_d~r.. c~o un nuevo ~~mtexto de enunciación y abriendo la pQ.. Y esto no porque se trate de un registro de testimonio o de autobiografía. 1997. La expresión «A la mierda con todo.:-. no se deja contener por la violencia de los términos que lo ~uyen y habla.) a dos artic~s local~j~'~~~~iación en primera persona (~x(). por decirlo en los términos de Judith Bucler. Ú1ffoje. Que os den por el culo» podría resumir bien esta estrategia metodológica. el enfermo mental o el discapacitado. ) que ce constituyen..de legitimacI6ñ:"''''---------- /Í5. reducido a ano social) . el hombre criminal. pp. Forzosamente colectivo y político. la prostituta. bollera o travesti para poner de manifiesto los fallos constitutivos del sujeto tradicional de la representación democrática. 55-73 .-solsVo~'los que tenéis miedo» ). de la ((inversión performativa. Aquí. véase: Judirh Butlfr.E1Wil. Ediciones Síntesis. este saber no puede sino articularse en primera persona. la salida del armario no toma la forma de la confesión.1Uiuras. La enunciación científica pasa así bruscamente de la cercera persona deISlngwar (el científicº que habla del ((homosexual.: la afirmación ((soy homosexual>.xcede la injuria. poder e identidad.sÜ>ilidád a. económicos.. La palabra ((homosexual>" lejos de tener un valor ontológico. sino porque hasta ahora la homosexualidad no ha podido darse como saber sobre sí o síntesis reflexiva. Madrid. no es un enunciado soberano. 159 estratégicamente situada en una cartografía de los anormales junto con otras figuras liminares como la mujer violenta. . sino. sino una ((citación descontextualizada..

Stekel. ni siquiera «práctica sexual entre pefsonas del mismo sexo» (Kinsey).160 Terror anal El punto de partida de El deseo homosexual y del Rapport contre la normalité del FHAR será expropiar la noción de homosexualidad a los discursos médico-jurídicos por los que fue inventada para redefinida como «categoría psicopoliciaca».. La homosexualidad es el efecto de un régimen político que Hocquenghem siguiendo a Deleuze y Guattari denomina «ca italismo» ue Moni ue Wittig llamará después «heterosexualidad» «La sociedad capitalista fabrica la homosexualidad como produce lo proletario. .. suscitando a cada momento su propio lí~ie. A través de un análisis detallado de los textos. Martin Hoffman. son constructos hist6flcos.De ahí la conclusión lapidaria: No hay homosexualidad sin ho~ofobia. fiCCIOnes somátIcas. en parte gracias a la presión de los grupos homosexuales. Ferenczi.. El deseo homosexual constituy~. ocupan el espacio de las máqUillas sociales. Guy Hocquenghem despeja la incógnita política de las ecuaciones psicológicas y psiquiátricas que han construido históricamente la categoría de homosexualidad. Mientras que la categoría de la homosexualidad desaparece del MSD en 1973. 23). Ni «perversión sexual» (Krafft-Ebing). Nacht. efecto de un sistema de control y regulación de los flujos sociales del deseo (p. No queda una cabeza en la biblioteca de títeres de la historia de la sexualidad: pasan por su barbería Freud. ~ste ~odo~prímer-eJerCí¿io de des-psiquiatrizacion de la homosexualidad. semejante al que hoy intentan los activistas transexuales. La homosexualidad es una fabricación del mundo normal»)p. 25). transgéneros e intersexuales con las categorías de «transexualidad» e «intersexualidad». ni «orientación de la libido» (Freud). la categoría «uansexualidad» entra a formar parte del MSD en 1980. Kinsey. 16 «La homosexualidad». 23). 16. dice Hocquenghem «a la vez no existe y existe: es su modo de existencia el que pone en tela de juicio la certeza de su existencia» (p. Adler. Se aproxima de este modo a identificar por primera vez el curioso estatuto metafísico de las eñtidades biopolíticas: la homoseXUaIIaad y la heterosexuahdad{como la raza o la pureza de sangre) no son ni verdaderas ni falsas.

------ POLÍTICAS DE IDENTIDAD Y NORMALIZACIÓN ANAL Hocquenghem será no solamente uno de los inventores del «saber anal» y dinamizador de sus políticas sino también aquel que de manera más lúcida indicó las posibles trampas que acechaban al movimiento homosexual con la entrada en la esfera pública y la integración en las instituciones sociales hegemónicas (familia.. existen fuera de la norma heterosexual burguesa. hospitaL. ejército.). Son homosexuales todas aquellas formas de deseo.l2ensa que hacen posible la regularidad estricta y calculada d~l . sino de llevar a cabo un análisis detaIlado soore las tecoicas ae----aomeStlCación."Sino la cr. Hocquenghem. El deseo homosexual es.~hill~~l».Políticas de identidad y normalización anal 161 inventos polític~_s_gue toman la forma de cuerpos.i-'i~~ción del hombre-castrado-de-ano. Por ello. nos dice Hocquenghem. Paradójicamente. castigo y re~om. museo.-------. transformándola en una forma de satisfacción sexual natural paralela a la heterosexual. en . ------------. dicen.Las preguntas etiológicas: ¿cómo se llega a ser homosexual? ¿Tuvo la culpa papá o mamá?. ÉT problema no es el sexoanar.. estudiando la relación entre homosexualidad y fascismo. escuela. alerta sobre los peligros de una posible revolución sexual que tuviera como objetivo «normalizar la homosexualidad». los activistas del FHAR van a elaborar una noción política de «homosexualidad expandida»: La homosexualidad no puede ser una identidad entre otras. relación y placer que. la consistencia de la vida. esta forma de revolución sexual resolvería «el problema homosexual» haciéndolo desaparecer.<d. son reemplazadas por la interrogación política: ¿cuáles son las causas de la normalidad heterosexual? ¿Cuáles son los mecanismos de control y represión que aseguran que la heterosexualidad (con su ritual coreografía corporal y sus rígidas instituciones de relación y filiación) siga apareciendo como la única sexualidad natural? Ya no es cuestión de explicar qué es «el deseo homosexual».

. Quieren huir de este modo de la especialización política que haría de los «buenos gays y las buenas lesbianas» funcionarios homosexuales que se ocupan de la defensa de los derechos individuales de los homosexuales. las camioneras. La paranoia anti-identitaria del FHAR puede hoy considerarse como un diagnóstico lúcido de una mutación política en cur- . Las políticas de identidad gays (y. los «yonquis» de los «sobrios». los transexuales dispuestos a encontrar su verdadero sexo de los disfóricos sin remedio. de resistencia y de recodificación de los flujos de saber-poder. el respeto justo de la diferencia tolerable. en mucha menor medida. patria». lesbianas) aceptarán la lógica liberal en la que existencia y representación políticas significan derecho al consumo y a la visibilidad mediática. sino un modelo. Del mismo modo que habían criticado cómo la izquierda hizo del «problema de los homosexuales» una causa de segundo orden con respecto a la urgencia de la revolución obrera..:'un motor revolucionario. un movimiento homosexual manso que busca el consenso. En el Rapport contre la normalité afirman: «No somos revolucionarios especializados en cuestiones de la sexualidad . 1971). Hocq uenghem y el FHAR denuncian la llegada ya en 1972 de un movimiento homosexual que se ha dejado castrar el ano. de las lesbianas discretas y cultivadas. Nuestro objetivo es el ámbito completo de lo político» (FHAR. como a veces quiere dar a entender la hetero-izquierda. dejando el «margen» como estrecho territorio político de las minorías sexuales. ahora critican el riesgo de colaboración de los homosexuales en proyectos estatales de represión de la sexualidad que separen a los «perversos» de los «buenos homosexuales». la sexualidad ha dejado de ser una cue'stión f>eiiféric'a ~n-ia ~~iti~~ del capitallsrno-pa~ tirse en la piedra de toque que permite diagnosticar los procesos de'd~~tKa:ClóñarravésdeToS-9ue-seprÜduce el sujeto dócilde la sociedad fordista. En el discurso del FHAR. el nombre de una ruptura con la norma. familia. entre otros. Critican desde el principio la aparición de un movimiento homosexual normalizado cuyas retóricas de liberación han sido recuperadas por la propaganda «individuo. la integración. La homosexualidad no es aquí.162 Terror anal definitiva.

Dos años antes de su muerte. La pregunta de antaño ¿cómo hacer la revolución anal? se metamorfosea ahora en esta otra: ¿cómo evitar el marketing anal? ¿Cómo sobrevivir a los efectos normalizantes de las políticas de la identidad? ¿Cómo sobrevivir con el ano colectivo yabierro? . y más tarde frente al terrorismo islámico. se han visto absorbidos por su propio proceso de espectacularización.Políricas de idenridad y normalización anal 163 so. El decenio 1980-1990 coincidirá en Estados U nidos con el ~ento de expansión de las políticas de identidad gays. como si se tratara de una cristalización biopolítica tardía de algunas intenciones eugenésicas que Occidente había puesto a prueba a través del experimento nazi. primero frente al totalitarismo comunista. _. Guy denunciará en el agrio panfleto Lettre ouverte el ceux qui son! passés du col Mao au Rotary (Carra abierta a aquellos que han cambiado el cuello Mao por el club Rotary) cómo los movimientos revolucionarios.. El virus del sida.~~ FHAR. pero también con el período en el que las estrategias neoliberales y la globalización de su modelo capitalista serán entendidas y legitimadas como fuerzas de democratización del mundo..!~s _ G:~zolin~§p_a. Porque no basta con haber tenido el ano abierto.Lªn9-ªJ~_g!:l.. En 1988. Radical Fury. cambia el medioambiente y las condiciones generales de inmunidad en el que se inventan nuevas estrategias de supervivencia y se llevan a cabo otras micropolíticas revolucionarias. Será también el momento de la cristalización del sida como nueva enfermedad cultural de masas en torno a la que se aglutinarán las retóricas homófobas y eugenésicas que ya estaban presentes desde finales del siglo XIX. prácticas arag:f"íñg:-~mergencia de las políticas transgénero e intersexuales) serán modos de supervivencia ~las .ºiªºsillºº. Es necesario seguir haciendo de él un campo relacional.~c'ruP~-"IésEian Avengers.EQ~i~ic"!:S-º"e..f9rma.. las micropolíticas queer de finales de los ochentª _. ---Eo"T984mue-re--Mi"chel Foucault de sida.. las "Gouines Rouge~y".--. ¿Cómo hacer política sin renunciar al ano? ¿Cómo reclamar representación sin renunciar al ano? No renunciar al ano significa no darle más al poder de lo que éste nos exige. En este contextQ_qe repli~~"Jkl~fuerz~ revolucionarias.. en busca de visibilidad.~---_ .. _-------~ ¡"los -ribventa-(. Guy Hocquenghem.

Arrastra todo un conjunto de elementos confusos: lo cómico voluntario e involuntario. -- modo . el inconsciente en el campo político. no hay una agenda ni un programa preciso.1i~y-ª.164 Terror anal No hay directivas. con un guiño paródico.reo homosexual. La revolución anal es impura.ge-~eruna revolución anal. fuera de toda referencia a la apariencia. apuntan.sino a riesgo de oormalización. del mismo modo que !~~p~_?. El cuerpo lesbiano. Así entendemos que el brulo de1hbro de Hocquenghem. Podríamos decir que los elementos reaccionarios o incluso fascist:)i:S' que subsisten en un revolucionario son una traición potencia( Pero a partir del momento en el que introducimos el deseo. mezclados con una tendencia hacia algo distinto en sexualidad . El de. la mistificación o la traición». pero~-{d~~"~~~~m-endacionesque se dest·iT~n·de los ·prlmeros días de la revolución anal: Desconfía de tu deseo.l. Los activistas del FHAR afirman un mal sujeto político. Desconfía de ru identidad. sea cual sea. "El deseo no es una reserva de verdad. opresión y reproducción de nuevas exclusiones. modelado porra vIOlencia social~os incentIVos y las recompensas. trozos de sexualidad edípica. a mecanismos de construcción política y no a entidades o sustancias. pero tambIén por el miedo a la exclusión. sea cual sea. la libido. sino un artefacto construido culturalmente. . todo se complica: porque las inversiones libidinales fascistas y revolucionarias. racistas y antirracistas. q~~~n es puramente revolucionario. elementos políticos revolucionarios mezclados con elementos racistas y fascistas. como el de Monique Wittig. se mezclan y se distribuyen en la misma persona. un suje(.. creando nuevas condiciones que permiten el análisis de las yuxtaposiciones del deseo...~retensión de purificación del sujeto polític0. Los activistas del FHAR afirman en «Trois milliards de pervers»: «Este texto no se presenta como un manifiesto. No hay ni puedE-hª_~~. Una revolución pura (limpia) h~déJaª~. No hay deseo homosexual y deseo heterosexual. menos aún como una teoría.. con fallas. La identidad no existe sino como espejismo político.~~_e_~?i~~ual: el deseo es siempre un recorte arbitrario en un flujo ininterrumpido y polívoco.

Guy Hocguenghem y los activistas del FHAR. dos años después de la aparición de El deseo homosexual. La cuesti6n de la infancia y del sexo infantil. René Schérer. el sistema educativo es hldispositivo es ecífico que produce al niño. un 17. ceneral en los textos de Hocquenghem y del FHAR parecen ser un nuevo tabú en las ciencias sociales e incluso en la crítica queer contemporánea. «Enfant . un momeñto eó-el que los aparatos biopolíticos funcionan de manera más despótica y silenciosa sobre el cuerpo . 18. publica Emile Pervertí. sin duda uno de los textos más radicales y controvertidos del postestructuralismo francés.. MASTURBACIÓN Y ESCRITURA 165 En 1974. El sujeto «niño» en los textos de Schérer es sometido al mismo proceso de deconstrucción al que antes habían sido expuestos los conglomerados políticos «mujer» (Simone de Beauvoir) y 4<homosexuaI» (Hocquenghem). aún más radicalmente podríamos decir con Schérer «no se nace niño». no tiene género. llevando a cabo un diseño sexopolítico del cuerpo en el que ciertas zonas son radicalmente excluidas de la economía libidinal. Sólo algunos autores como Steven Angelides o Lee Edelman trabajan hoy en la crítica de la «cronología política del ~uerpo"..17 Para Schérer. con ventaja para nuestra lecrura. La represión de la masturbación que se extiende desde el siglo XVII hasta la actualidad tendría por objeto librar al niño de un peligro anterior a toda relación social. diríamos en la acepci6n francesa que utiliza Schérer y que. Si de Beauvoir había afirmado que no se nace mujer. amigo y amante de Hocquenghem.18 l-a infancia no es un estadio pre-po) ítico sino. a través de una ope-ración política singular: la des-sexu izac! n ael cuerpo íñ1'añfít}r 'Íadescalificación de sus afectos. El niño aparece aquí como un artefacto biopolíticamente construido q~ 'permite la producción y normalización del adulto. Después viene la represión de la masturbación.El primer objetivo de la tarea edll~iltiva es la pri'lMizaciQn del ano (control de esfínteres). el aprendizaje de la escritura y de la lectura y la inserción en la 4<máquina heterosexual».Educastración anal EDUCASTRACIÓN ANAL: INFANCIA. por el contrario. .

:. En las instituciones educativas y en la familia. Aprendemos así a tener miedo de nuestro cuerpo. la infancia aparece con la imprenta y la cultura del libro. afectos e imaginación son sus peores enemigos. la base del rechazo al mismo tiempo de la feminidad y de la pasivida""d~C~~~ ei~~~~d-eSfemilllzar el cuerpo. el seguimiento rítmico de las clases. el FHAR afirma: «La pedagogía es una disciplina heteronormativa» destlOaaa atrarisf6rmard cuerpo en su)eto°herere-rosex. desdeeT decamaraaerTa .:. Examinando las normas que regulan el sistema educativo francés. esta des-sexualización adopta la forma específica de una represión de la homosexualidad. individualizado y autoconsciente. Allí donde estaba la masturbación vendrán el aprendizaje de la escritura y la lectura. Nos encontramos aquí frente a una incitación represiva paradójica: no se trata tanto de eliminar la masturbación. a olvidar que tenemos ano y a afirmar una identidad. Ése es errégimeO"°genitopolítico que d'Eaubonne denominará talócrático. nos revela Schérer. el encierro y la repetición de tareas: la mano que acariciaba el cuerpo sujeta ahora un instrumento a través del cual el cuerpo deja un rastro y se vuelve sujeto.árinismo tiempOstibsCícuidoy velaao:porerestabkcÍmlent6cíeunaserle· dior:efacloneshciiTI.. la disciplina del cuerpo. El acceso a la lectura como técnica de subjetivación marca la diferencia entre dos tipos de cuerpos: los infantes o cuerpos-si n-texto y los adultos a los que se puede acceder de modo virtual a través de la lectura y la escritura. se trata de que los hombres se presentan como si no tuvieran queseran. con el fin de insertar sus energías libidinales en el circuito de producción y reproducción de capitaL Existe.Dcinne o de Delphy.L Pero el deseo horri6se:ícüil hb es completamente repriinido -Slr1Oque se ve despláiadC. sino de conseguir a través del control y la privatización de las prácticas de producción de placer autoerótico de fabricar un nuevo sujeto sexual. No se trata de que los hombres tengan pene y de que las mujeres no.er6¡:oi¿as p~~~~ci~ ~ista de la ·crícica fe~inist~de -Fran~oise a'Eaú.166 Terror anal peligro en el que su propio cuerpo. Históricamente. una relación estructural entre infancia y escritura. que se percibe a sí mismo como el continente de una identidad sexual y que se siente como un peligro potencial para sí mismo.

y le enseña a escribir. el ano toral 167 ano. Para aprender. Si hay. El problema no proviene de una eventual envidia de pene 'delos cuerpos denominados «mujeres». o normalización heterosexual del cuerpo. La relación -de aprend. evitar la pasividad. con Judith Butler y Deborah Britzman. que el colegio (y por extensión la universidad. LA LESBIANA. por decirlo con Teresa de Lauretis.pone un lápiz en la mano del pequeño Emilio masturbador -la misma mano que hasta ahora sujetaba frenéticamente su pene. Por tanto. . una <úndustria política de genderización» del cuerpo.. por lo tanto. la niña (víscera hueca.. marimacho) parece caer fuera del circuito masturbación-escritu. des-sexualización.. es necesario cerrar el ano. Se nos dice que el educador -al mismo tiempo parte del dispositivo de vigilancia panóptica y beneficiario de un surplus de placer escópico-. ¿dónde queda la víscera hueca. de Emilio y de las relaciones con su preceptor. estéticos y biopolíticos de normalidad y de desviación de género. la lesbiana. sino de la negación del ano de aquellos cuerpos que se piensan como «masculinos». Lo que parece escapar a veces a estos por otra parte agudos y provocativos análisis es queEa institución educativa es ante todo. . ensaya y pone a prueba modelos discursivos.je debe ser una relación de transferencia de saber viril. LA NIÑA.l .. el museo. la biblioteca. lesbiana. el archivo . que ni tiene pene. EL ANO TOTAL Pero. Podríamos decir.ra-educación que preside la pedagogía masculina. ni parece masturbarse. como dice Hocquenghem. es sobre todo gracias y a través de la producción de la masculinidad y la feminidad normativas. como indica Schérer.La niña. y para enseñar (a ser heterosexual). dónde queda el ano de la niña? Tanto en la Pedagogía pervertida de Schérer como en El deseo homosexual de Hocquenghem se trata desde el principio de Edipo y del ano masculino. ) es un espacio altamente performativo donde el cuerpo del alumno (tubo dérmico más que niño o niña) aprende.. Pero nada se sabe de la niña.

. Frente al espacio educativo como un medio en el que la heterosex~dad institucionalizada constituye la norma de todo posible ~&enciamlento. como efectos de un proceso pedagógico de genderización. Como mostraron los estudios de Susan Kessler y corroboran hoy las prácticas críticas de activistas intersexuales como Cheryl Chase y Mauro Cabral. el cuerpo intersexual es situado en el límite de lo humano: desde un punto de vista institucional. un proceso de incorporación de normas a través de repeticiones coercitivas que ocultan su dimensión histórica y contingente y que se afirman como naturales.spués de la publicación de El deseo homosexual y de la Pedagogía pervertida. invita a pensar la identidad de género y sexual como tácticas disciplinarias. colegio. administraciones estatales y locales .. si el cuerpo intersexual es intervenido y mutilado en la infancia es precisamente porque las instituciones de socialización (familia. no tiene rostro ni nombre.omo a. ni humano ni animal) es aquel que se cons.!!!:!y~~of!l-º~yj~~que resiste y contesta a ese 'proceso de normalización pedagógica. sino por una parte como el efecto de un conjunto de fuerzas de opresión y de resistencia.~~contrando puntos de fuga que permitan ageooarrlleiitoScres·Viaaos. c.-A~e -----"T-"--. Al rechazar la asignación normativa de sexo masculino o femenino. pero también como un espacio de empoderamiento y de movilización revolucioóaria.------=---entlenaeslmplemente como una práctica sexual o una téléntidad sexual. . es un simple ano. .. Las instituci()9:~~-ºl!E~tivas operan aquí...cas técnIcas derio~malización deC·sexo y del género. ) no pueden funcionar con un cuerpo que pone en cuestión las categorías binarias de sexo y género con las que éstas trabajan. los movimientos intersexuales darán un golpe definitivo al sistema sexo/género tradicional exponiendo los dispositivos tecnopolíticos a través de los que se construye la normalidad de la diferencia sexual en la infancia. desde una ontología del sexo (sexo como anatomía y esencia) a un géneto performativo (género como práctica cultural e histórica). Los crítico~ .\!~én!i.Treinta años d(.168 Terror anal El desplazamiento que lleva a cabo ]udith Butler. el cuerpo queer (ni masculino ni (emeni~~-Oiinfantil ni adulto.

la lesbiana. las narrativas disidenees y las plataformas de reSIstencia"que hacen posible la supervivencia de estos su)ercisaDyectosae la hlstoria~ ~ La historia de la normalización. Cabna preguntarse con Hocquenghem si es posible leer y escribir con el ano abierto y cómo serían una escricura y una lectura anales. proceso. el ano rotal 169 transgénero y transexuales. Lo que parece claro es que el movimiento de censura desencadenado en Francia tras la publicación de los textos de Hocquenghem. . de rehgi6ñ~degenero. Schérer y el FHAR sobre el «amor por los niños» era el síne~m de una mutación de las categorías medico-jurídicas con las que ccidente había f!1odelado el deseo y la producción de la especie estrategias de conocimiento y conerol que llevan a la esrigmatización o la criminalización social estaban desplazándose desde la figura decimonónica del homosexual. de raza. así corno la historia oposicional. absorbida y normalizada por la «culcura gap. Dean Spader o Pat Califia insisten hoy en que existe una continuidad coercitiva enere el conerol de los dispositivos culturales de reproducción sexual y de filiación y la normalización de los modelos educativos de reproducción culcural. no son hermenéuticas.La niña. por ejemplo) es la única que conrinúa siendo en las sociedades democráricas europeas objeto de represión legal después de 1979. ). de edad . cerrado.. 19 Habría que preguntarse con Hocquenghem y Schérer: ¿Qué quiere decir pedofilia? ¿Cuál es la relación política que existe enere los constcuctos de edad y de sexualidad? ¿Cuál es la máquina social que la pedofilia encarna? ¿Qué produce y qué consume esta máquina pedofílica? ¿Qué pi a19. hasta la figura del pedófilo corno nuevo límite de lo humano. de-ía-feccura~a:eraescricura y de su pedagogía no son historias de signos. sino historias de cue~os.de sexualidad. L1 caregorÍa de sexo rransgeneracional (junro con la necrofi1ia.. corno Del LaGrace Volcano. Una revolución anal por venir tendría que elaborar un modelo educativo en el que fuera posible explicitar colectivamenee los dispositivos de construcción ae mmonas aesvladas (de clase.s de incorpor~n s~bjetivante de saber que determman potenCias de actuar: BlOpoltucamente la edad adulta es eso: la edad del libro y del an.

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cer colectivo nos procura la sexualización de la infancia? ¿Cuál es e! deseo sublimado tras e! delirio paranoico frente a la pedofilia? ¿Acaso no es el miedo a reconocer los deseos pedófilos cblectivos que se codifican y territorializan a través de la institución de la familia lo que nos hace ver e inventar al pedófilo como figura de lo abyecto? ¿Qué hay de pedofilia en el "deseo de tener un hi jo»? ¿Y en la promoción de! cuerpo joven y su reconstrucción técnica? En los textos publicados en 1973 en la revista Recherches, el lenguaje del FHAR abre una nueva dirección política. 20 Habla un colectivo de niños pederastas. No es éste un movimiento de adultos que buscan «proteger» a los menores de los peligros de la sexualidad o de «iniciarlos» al placer, sino un movimiento de menores que buscan redefinir los límites de su cuerpo, hablar de su propia sexualidad, tomar decisiones acerca del placer y de los modos de producirlo y regularlo. «El FHAR ha formado una comisión de menores que dicen: no queremos que los tipos nos tiren los tejos, que nos obliguen a hacer el amor, como si los menores fuéramos e! objeto sexual de los pederastas, de la pederastia platónica, pedagógica, reaccionaria. La liberación del colegio pasa por la liberación contra ese tipo de pederastas. Ese movimiento de liberación es también un movimiento de menores contra los pederastas adultos.»

UTOPÍA ANAL

Los primeros días de la revolución no fueron muchos, pero aportaron algunas lecciones. Aquí están; éstas son algunas (sólo algunas) de las sorpresas que depara e! uso colectivo del ano. Virtudes revolucionarias anales, podríamos decir, si no fuera por el riesgo de verlas transformadas en Facebook anal o en AnoMySpace.

20. Los artÍculos sobre «pedofilia» fueron una de las causas de la prohibición de la revista y continúan hoy siendo inaccesibles en las republicaciones digitales del número de «Trois milliards de pervers».

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l. El ano no tie!l~_sexo, ni género, como la mano, escapa a la retórica de la diferencia sexual. Situado en la parte rrasera-e tnferior del cueq,o:efanooorra tainbién las diferencias personalizadoras y privatizantes del rostro. El ano desafía la lógica de la identificación de lº-m~i;Ul!º2...Y-!.(;d~!!1el!ino. No hay partición did~undo en dos. El ano es un órgano post-identirario: «Un uso social del ano, que no fuese sublimado, ha5iTade correcel riesgo de la pérdida de la identidad» (p. 78). Rechazando la diferencia sexual y la lógica antropomórfica del rostro y el genital, el ano (y su extremo opuesto, la boca)~ienta las bases para una inalienable igualdad sexual: todo cuerpo (humano o animal) es primero y sobre todo ano. Ni pene, ni vagina, sino tubo oral-anal. En el horizonte de la democracia sexual post-huIE~~.~~!~~~o, como cavidad orgásmica y músculo receptor no-reproductivo, compartido por todos. 2. El ano es un biopuerto. No se trata simplemente de un símbolo o una metáfora, sino de un puerto de inserción a través del que un cuerpo queda abierto y expuesto a otro u a otros. Es esa dimensión portal la que exige al cuerpo masculino heterosexual la castración anal: todo lo que es socialmente femenino podría entrar a contaminar el cuerpo masculino a través del ano, dejando al descubierto su estatuto de igual con respecto a cualquier otro cuerpo. La presencia derano (lñcluso-CaSt·raJof~-;;-·cl¿ue~po con biopenepenetrador disuelve la oposición entre hetero y homosexual, entre activos y pasivos, penetradores y penetrados. Desplaza la sexualidad desde el pene penetrante hacia el ano receptor, borrando así las líneas de segregación de género, sexo y sexualidad. -- 3. El ano funciona como punto cero a partir del cual se puede comenzar una operación de desterritorialización del cuerpo heterosexual, o dicho de arra modo de desgenitalización de la sexualidad reducida a penetración pene-vagina. No se trata de hacer del ano un ~-;';'e~o-centr¿, sino de poner en marcha un proceso de desjerarquización y OescentraTiZaCIón que haría de cualqu~ro argano, orificio o poro, un posible biopuerto anal. Se despliegan así" un conjunto de prácticas irreductibles a la identidad masculina/femenina, homo/hetéro: lavativa, dilatación, lubrificación,

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penetración con la lengua, con el puño o con dildo ... Frente a la máquina heterosexual se alza la máquina anal. La conexión no jerárquica de los órganos, la redistribución pública del placet:..Y.: la colectivización del ·ano anuncia un «comunismo sexual» (p. 88)
porve~

4. Históricamente el ano ha sido contenido como órgano abyecto, nunca suficientemente limpio, jamás lo bastante silencioso. No es, ni puede ser políticamente correcto. El ano no produce, o más bien produce únicamente basura, detritus. No se puede esperar de este órgano producción de beneficio ni plusvalía: ni esperma, ni óvulo, ni reproducción sexual. Sólo mierda. Ése es el lugar excelso de la no-producción ecológica. O mejor, el punto de fuga por el que el capital escapa y vuelve a la tierra convertido en humus. Aunque sería imaginable que las estrategias de producción de capital vinieran a reterritorializar el placer anal, tendrían que estar dispuestas a ser transformadas en mierda. 5. Los órganos (tanto bio como tecnoprótesis) no reapropiables en la economía libidinal heterosexual son anales: dildos, orificios nasales y bucales, implantes, cortes o huecos ya existentes o aquellos producidos con la intención de ser penetrados. La vagina que no procrea, que es extraída de la máquina heterosexual, deja de ser una «víscera hueca» que busca ser «llenada» para convertirse en un órgano de características anales. De ahí la expresión de Monique Wittig: «Las lesbianas no tienen vagina». Del mismo modo, desde un puma de vista biopolítico estricto y dentro de una economía de reproducción sexual de la especie, los maricas no tienen pene, puesto que no penetran vaginas (sino anos, bocas ... ). Sólo me queda desearte lo mejor: Colectiviza tu ano. El arma es modesta, pero la posibilidad de acción cercana e infinita.
BEATRIZ PRECIADO

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la dinámica de las máquinas deseantes y las represalias políticas sobre las identidades fronterizas con la soberanía heterosexual.' . .. . • • • . .. Supone revisitar. ' • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • . • ••••• •• I .. la plusvalía moral que genera la privatización del ano y. . El autor también trata la relación entre el capitalismo y la sexualidad. · Nos hallamos ante un texto pionero de la teoría queer. r-nelusina I . • • • • • • . el laberinto estéril de la indefectible «culpa ) de no ajustarse a la ' heteronormatividad.. Hocquenghem arremete contra los estereotipados modelos del deseo sexual occidental que se derivan de la obra «canónica» de Lacan y Freud. tras más de treinta años de lucha.. ·oO· . ese denostado vórtice secreto que anida en todos nosotros. •••••• • • • • • • I • I • I I I • • •• ••••••• • • • • • • • • I •• I • • • •• I ••• •• • • • • • • • • • • •• •••••••••• • • •••• • • • •• I • ••• . Mediante una insólita relectura de El Anti-Edipo de Gilles Deleuze y Félix Guattari. ' . las posiciones primigenias de los visionarios y reivindicar su furia. . Éste es el desafío anal: un golpe de Estado en toda regla larvado en las mismísimas entrañas de la heteronormatividad. ' . regurgitarlos y conducir a la ciudadanía a una ruina moral absoluta de la que nadie podrá escapar. Y. • • • • • . . • • • • • • I I • • • •• • • •• • •• •••••• • I I •••• I •••••• • • •• •• •• • .. •• . los santos apostólicos del culto psicoanalítico. • • • • • • • • . en definitiva. •• • · .. • • • ••• • I ••• I I •• •••••••••••••••• ••• •• • I •• I • • •• I I • • • • • • •• I 11 ••••••• I • • • • • • •• • . • . •••• • •••• • ••• • • I •••••••• I ••••••••• I ••• .. ésa es también su terrorífica promesa . I • .. ...• .... .. Terror anal de Beatriz Preciado constituye un diálogo radical con el relato de Guy Hocquenghem. • • • .. si cabe con más rabia. · .. El ano. el innombrable. • . amenaza constantemente con engullir los cimientos de la sociedad.•. ese oscuro objeto del deseo. . sin embargo.