EL RETRATO DE CARLOTA de Ana Alcolea

DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA

Iniciamos la lectura de El retrato de Carlota de Ana Alcolea, una autora a la que ya conocéis por su libro El medallón perdido.

ACTIVIDADES OBLIGATORIAS

Antes de la lectura

0. Ficha técnica del libro Autora: Título: Editorial: Colección: Lugar y año de edición: Número de páginas

Durante la lectura

1. Citas Haz una selección de 3 citas del libro que te llamen la atención por algún motivo. Transcríbelas y añade tu comentario (~80 palabras cada uno). No olvides transcribir el fragmento e indicar la ubicación, es decir, el capítulo y la página.

Después de la lectura

2. Carta Tras la lectura, vas a redactar un email dirigido a la autora para comentar tus impresiones, dudas, sugerencias. ¿Qué le dirás a la autora? ¿Qué le preguntarás? ¿Qué le sugerirás? ¿Qué…? Pasos que debes seguir 1. Escribe el correo en tu cuenta (gmail o hotmail). No olvides empezar con un saludo y terminar con una despedida. 2. Guárdalo en borrador. 3. Haz una captura de pantalla. 4. Copia la imagen en un documento de Word. 5. Imprímelo. 6. Y preséntalo. 3. Un fantasma en la familia Casi todos tenemos, como Carlota, un tío, una tía, un primo… original, un familiar de esos que la familia opina que es raro, un personaje especial. Y si no lo tenemos, podemos inventárnoslo sin demasiado esfuerzo. Escribe un texto presentando “al fantasma de tu familia” (“fantasma” en el doble sentido del término). ACTIVIDADES OPCIONALES Pistas para seguir el misterio. Apunta las frases de la novela que dan pie a pensar en misterio. Fíjate en si suelen aparecer al final, o al principio de un capítulo. Mis sitios favoritos. Carlota descubre Venecia de la mano de su nuevo amigo. Si tú tuvieses que hacer un itinerario romántico por tu ciudad, ¿dónde llevarías a tu visitante especial? Explica tu elección detalladamente. Resumen en 99 palabras. Si ya has acabado la novela, vamos a ver tu capacidad de síntesis. Haz un resumen, pero que tenga exactamente 99 palabras (ni una más y ni una menos) e ilústralo con imágenes. Piensa que está ambientada en Venecia, en un palacete…

EL RETRATO DE CARLOTA de Ana Alcolea

DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA

MODELOS UN FANTASMA EN LA FAMILIA I) Imagino que todas las familias tendrán uno. Allí en el fondo del armario, o del recuerdo, una historia truculenta o un sonido de pasos al que nadie encuentra justificación alguna. En mi familia, por parte de madre, hubo al menos dos, y en las dos acepciones que le damos al término. Primero, mi tío, el mayor, algo crápula y vividor, simpático. Me contaba mi madre (a ese tío, ya digo, lo traté poco) de sus muchos líos juveniles de faldas (escarmentado de la política que se había llevado a la trena a otros familiares, lo imagino rebelde sin causa, de tasca y camisa blanca remangada, la forma de demostrar a una sociedad pazguata el anarquismo que llevaba dentro), y de cómo durante la mili, quizá en la guerra o poco después, pasó tanta hambre y tanta sed que tuvieron que beberse (y aquí yo abría mucho los ojos y ponía cara de asco) los propios orines, puaf. Y cómo buscándose la vida, con el sueño de América, inició con tres amigos una huida en toda regla, polizones en un barco. Saltaron al muelle, embozados en la noche o las primeras horas de la mañana. Y entonces mi tío, cuando ya se disponía a abordar el barco atracado, detrás de sus tres amigos, dice que vio al segundo fantasma de la familia. Su difunto padre, o sea, mi abuelo (al que no conocí, pero del que mi madre tiene en una foto recuperada que da un no se qué de miedo). Allí de pie, como un espectro de Shakespeare, diciéndole que no con la mano, que no subiera al barco. Y mi tío se acojonó, y no siguió a sus amigos y se quedó en tierra esperando una fortuna que no vino. La racionalidad del niño lógico que yo era habría achacado a puro miedo aquella alucinación, naturalmente, si no fuera porque mi madre continuaba la historia con el último capítulo: los otros tres polizones murieron asfixiados a bordo de aquel barco rumbo al futuro que era negro como el carbón de la sala de máquinas donde se metieron, y sólo se salvó, asustado y en tierra, quizá en sobreaviso del más allá, mi tío. Rafael Marín, escritor II) En mi familia también hay un fantasma con rostro conocido. Las fotos delatan su existencia, pero nada se supo de él, después de este episodio. Desde jovencita, mi madre tenía el capricho de lucir un collar de perlas, pero la frágil economía familiar hacía imposible su deseo. Mi padre contaba que, durante su noviazgo, se lo había nombrado varias veces y que él le hizo la promesa de que si le tocaba la lotería, cumpliría con su anhelo. Jugaba todas las semanas y era capaz de contagiar a todos la esperanza de que la magia del bombo nos sonreiría algún día. Y así fue. Le tocó un buen pellizco. Pero… mientras esperaba que se hiciera efectivo el cobro, apareció una visita. Era un primo lejano de mi padre, un familiar muy querido, a quien la rueda de la fortuna (pues nada sabía del sorteo) había empujado a visitar a mi padre, para pedirle un préstamo. Le había salido la oportunidad de abrir un negocio en la provincia de Buenos Aires, pero necesitaba una importante suma en metálico. Usó todas las artes para convencer a mi padre de que le devolvería el doble de la cantidad prestada e incluso le ofreció participaciones en su nueva empresa. Mi padre contaba que no pudo negarse a ayudarlo y que atisbó un futuro prometedor para las cuentas familiares. Así que… le entregó ilusamente todo el dinero. ¿Adivinan qué sucedió? Nunca más se supo de él. Cogió el dinero y corrió, y todas las pesquisas de mi padre por seguirle la pista fueron infructuosas. Se esfumó cual fantasma y, con él, los sueños de una joven pareja. Lourdes Domenech

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