ARTICULOS SOBRE EDUCACION JORGE EDUARDO NORO.

2003

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EDUCACIÓN Y EMPRESA, INVERSIÓN Y EFICIENCIA ¿OBJETO DE DESEO O RECHAZO Y CONDENA?
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

La escuela y las empresas, la educación y la economía suelen enfrentarse para esgrimir una serie de argumentos reclamando las unas de las otras una intervención más activa y comprometida. Diversos proyectos, discursos, demandas suelen cruzar acusaciones, reclamos y exigencias. Mientras las empresas y la economía suelen demandar del sistema educativo y de las escuelas mayor compromiso en su tarea, mayor rigor en sus procesos y una ajustada y actualizada preparación de los recursos humanos que el sistema económico requiere, la educación exige de la economía y de los sectores productivos reglas de juego claras y estables, mensajes coherentes y un respaldo mas definido y permanente de las posibilidades de la formación escolar en el marco de una sociedad y de una economía en constante transformación. La educación se rehúsa a desempeñar el arbitrario rol de culpable en los fracasos, sin convertirse nunca en el co-responsable de los éxitos. No siempre una economía floreciente “pierde el tiempo” en reconocimientos hacia los sistemas educativos, mientras que en una economía en crisis proliferan los reclamos hacia la educación demandándole una intervención más efectiva en la formación de los recursos. El resultado de esta silenciosa contienda es la fractura, la separación, el aislamiento. Las empresas han imaginado un proceso productivo con la intervención de los recursos humanos que ellas mismas se encargan de seleccionar y de formar; el sistema educativo, aislado y aquejado de una letal enfermedad, se encierra dentro de sus paredes y trata –en vano – de sobrevivir envuelvo en un peligroso autismo. Mas allá de los discursos de ocasión, en los que uno y otros malgastan conceptos, eufemismos y buenas intenciones, no hay avances serios, integrados, sistemáticos para constituir una articulación que permita, al mismo tiempo, integrar y respetar las autonomías de funcionamiento y de gestión, y los fines específicos. Ni la escuela debe mimetizarse con la empresa porque correría el riesgo de desnaturalizarse como empresa, ni los emprendimientos económicos y productivos pueden adaptarse y depender de los ritmos y de las pautas de las escuelas, que responden necesariamente a otra lógica. En el intento por lograr – a cualquier precio - una aproximación se han elegido algunos caminos que pueden resultar equívocos o peligrosos. Uno de ellos es asumir el discurso hegemónico y los recursos procedimentales de la economía y de la producción, extrapolarlos y convertirlos en el paradigma necesario para la recuperación de la escuela y el fortalecimiento del sistema educativo en crisis. El traslado de algunas de sus categorías puede funcionar como analogía, o en el plano de las metáforas, pero no puede imaginarse una traducción literal de las mismas, suponiendo que el cambio en la denominación puede generar la transformación de las prácticas. El peligro es desnaturalizar a la escuela, hacerle perder su identidad y convertirla en un apéndice – mas o menos útil, pero extirpable y desechable – de la organización económica y empresarial. Las nuevas formas de gestión institucional, los controles de calidad, la aplicación de las normas IRAM, los manuales de procedimientos, la

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evaluación de procesos y de productos, la satisfacción del cliente, insumos e inversión, renta probable, el concepto de calidad total etc. Todos constituyen vocablos de un campo semántico atractivo, que puede envolver en su formato de novedad y creatividad la implícita creencia de que puede convertirse en el pasaporte para la resolver los problemas fundamentales de la educación. Entendemos que el problema pasa por otra dimensión y que podemos estar ocultando detrás de estos “juegos del lenguaje” las necesarias soluciones de fondo que ambos actores requieren. Se trata de crear un nuevo espacio de entendimiento y encuentro, o recuperar –en los nuevos escenarios – los fundamentos de las antiguas prácticas. En el origen, la escuela tuvo un claro mandato social: satisfacer las demandas de una sociedad en construcción que requería la formación de los ciudadanos responsables en el ejercicio de sus derechos y deberes. La escuela moderna no se propuso – como fin fundamental – crear recursos humanos como fuerza de trabajo, sino hacer lugar a las condiciones para el ejercicio civilizado de la libertad, la construcción de la sociedad y el ejercicio de la ciudadanía. Ese esfuerzo del sistema hizo posible la construcción de una nuevo cuerpo social, un nuevo sentido de pertenencia e identidad comunitaria expresada en las democracias de la modernidad. Solamente cuando el sistema educativo formal logró consolidar y universalizar ese primer propósito fundamental, aparecieron dos refuerzos complementarios y fundamentales: (1) la moralización (que traducía los impulsos en hábitos virtuosos) y (2) la formación para el mercado productivo (civilización). El ser y el hacer, se sumaron como recursos necesarios para dotar de contenido al ejercicio de la ciudadanía. Los ciudadanos debían construir una vida digna y debían asumir entre sus responsabilidades sociales la inserción en el mercado del trabajo. La formación del ciudadano, la persona de bien y el hombre de trabajo representó el mayor desafío y el logro más destacado de la educación universal, gratuita y obligatoria. Mientras la escuela básica (primaria o elemental) creaba las condiciones para formar al ser humano y al ciudadano, las ofertas educativas posteriores fueron definidas como respuestas específicas a las peticiones de los diversos sectores laborales y productivos que requerían mano de obra debidamente preparada. Los diversos formatos que asumieron el nivel secundario o medio desde finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX respondieron a ese deliberado propósito fundador. Ese sistema educativo funcionó con éxito en la época de gloria de la escuela y de los sistemas educativos nacionales, en el contexto de una modernidad consolidada y triunfante. Sociedad, instituciones, economía, empresa y escuela armonizaban funcionalmente sus demandas y sus respuestas. Cuando los escenarios modernos se desarmaron, cuando los paradigmas sociales y productivos entraron en crisis, cuando el cruce funcional de los actores instituciones se desarticularon, la educación y la escuela entraron en un progresivo deterioro, envueltos en una crisis global. Ni la sociedad mantuvo sus demandas, ni las instituciones operaron como respaldo y refuerzo de los mensajes, ni el sector económico y productivo determinó sus expectativas con respecto a la escuela, que fue deteriorando sus prácticas, envuelta en la repetición de rituales estériles y desprovista de todo compromiso social. Esta visión general de la educación y de la escuela no puede ignorar los verdaderos esfuerzos que intentaron e intentan realizar – en variados programas, circunstancias y contextos - diversos actores fortaleciendo la vigencia de un modelo todavía vivo: proyectos innovadores, escuelas de alto rendimiento, convenios de cooperación y de articulación, innovaciones curriculares, incorporación de variada tecnología, nuevos modelos de organización y gestión, generosas inversiones en infraestructura, renovadas estrategias en la selección del personal y en la formulación de contratos laborales, intervención externa para monitorear la calidad de los procesos y de los productos. Pero estas “escuelas exitosas” no representan en sí misma la fortaleza del proyecto y del sistema, sino la supervivencia del mismo en mano de quienes disponen de resto para seguir luchando en condiciones adversas. Un sistema educativo muestra su vitalidad y su proyección por la universalidad de sus propuestas, aunque pueda alimentarse con la variedad y la heterogeneidad (no necesariamente la homogeneidad) de sus producciones. Si las buenas respuestas son excepciones, dependen de las inversiones de grupos económicos poderosos y benefician a un sector privilegiado de la sociedad, mas allá de cualquier

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cuestión ideológica, no es la educación de un país o de una sociedad la que se beneficia. Por el contrario, podemos aventurar que en este refuerzo de desigualdades se ponen en riesgo la subsistencia de todo el cuerpo social y de cada uno de sus habitantes. Entonces, ¿qué se necesita para construir en los actuales contextos y con los recursos disponibles las respuestas que la sociedad, la economía y las empresas demandan? ¿Debemos convertir las escuelas en formadoras de recursos humanos? ¿Debemos armar diversos circuitos formativos que permitan que todos estén circulando por el sistema educativo pero cada uno haciendo lo que puede o debe? ¿Permitiremos que las empresas introduzcan sus paradigmas reconvirtiendo en fortaleza las debilidades del sistema? ¿Podremos garantizar – como contrapartida contractual – la inserción de todos en los diversos estamentos laborales? Demasiados interrogantes en tiempos de incertidumbre.

Para evitar los riesgos de una prematura segmentación y una extemporánea especialización lo que se requiere desde el punto de vista educativo, pero respondiendo también a los criterios empresariales y a los nuevos paradigmas laborales y económicos, es recuperar la función primitiva, original y universal del sistema de educación formal. Mas que demandar “mano de obra especializada”, es necesario orientar la demanda hacia un individuo que reúna los requisitos fundamentales de la civilización en términos de siglo XXI: (1) un ciudadano responsable de sus derechos y de deberes, (2) un hombre de bien dispuesto a vivir en sociedad adaptándose a reglas de convivencia y buscando solidariamente fines compartidos, (3) una persona criteriosa, protagonista y creadora con posibilidad de innovar en sus propios proyectos de vida, en los entornos cambiantes y en la sociedad. Esa debería ser la plataforma de lanzamiento – o las condiciones de posibilidad – para insertarse en el universo productivo y en el mercado del trabajo.1 No se trata de preparar para UN trabajo o UNA modalidad productiva, sino para una realidad proteica, caracterizada por la versatilidad, los cambios de escenarios, la incertidumbre, la borrosidad, la aproximación, los compromisos provisorios, los contratos limitados, lejos de cualquier encasillamiento o especialización que pudiera convertirse en una rápida salida para un empleo prematuro y una desocupación posterior o definitiva. En esta línea la educación general básica – en la mayor cantidad de años – debería garantizar (1) una formación general sólida en lo actitudinal: desarrollo de hábitos, esclarecimiento de los valores y las pautas morales, pautas de convivencia e inserción social, apertura a la cultura del esfuerzo, el estudio, de los aprendizajes y del trabajo. Asociado a esto, la posibilidad de manejar escenarios mutantes, situaciones problemáticas. A esto se le debe sumar (2) un comprobado manejo de los recursos procedimentales básicos que permiten dar cuenta de los conocimientos culturales fundamentales de los saberes y de las ciencias de nuestros tiempos. El “saber hacer y transferir " debe ser desarrollado en el sistema y com-probado al garantizar la acreditación en el egreso del mismo: cada uno debe saber manejar una serie de recursos instrumentales que supone diversos niveles de alfabetización (lecto1

Cfr. Los curiosos aportes críticos que desde el análisis de la realidad económica y educativa norteamericana, realiza NEIL POSTMAN en su libro EL FIN DE LA EDUCACIÓN (1999). Eumo-Octaedro. Barcelona.“La competencia específica tan sólo puede llegar a través de una competencia más genérica, lo cual equivale a afirmar que la utilidad económica es un subproducto de la buena educación. Toda educación que se centre principalmente en la utilidad económica resultará demasiado limitada como para ser de utilidad, En cualquier caso, reducirá tan groseramente el mundo, que se convertirá en una mofa de la propia condición humana. Como mínimo, reducirá el concepto de lo que es un buen aprendizaje.” 44 y ss.

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escritura, idiomas, tecnología, arte y comunicación) y todos los recursos necesarios para el acceso a cualquier ámbito laboral. Finalmente, (3) el sistema deberá otorgarle un repertorio suficientemente amplio de conocimientos culturales básicos, signados por el manejo de la totalidad de los mismos y, sobre todo, por la capacidad de seguir buscando – según intereses – nuevos conocimientos. En esta definición, escuela y empresa salen con su propio compromiso y no sólo dispuestos a disfrutar de nuevos y esperanzados logros: no se trata de una realidad sino de una decisión y de una construcción. A diferencia del pasado, el concepto de educación, de escuela, de mundo laboral, de economía y de empresa que manejamos es sustancialmente diferente. La escuela deberá rearmarse para responde con idoneidad y rigor a todas estas demandas: desde la infraestructura hasta le gestión, desde la tarea docente a la de dirección y de supervisión deberá construir una institución eficiencia, segura, profesional, adaptada a los fines propuestos, con posibilidad de demandar desde su función protagónica un respaldo de la sociedad y de aceptar las demandas y los requerimientos de los actores sociales. Pero, a su vez, las empresas y el sistema económico no pueden simplemente esperar resultados de la educación para poder disfrutar discrecionalmente de los mismos. Deberán asumir su propio rol educativo, hacerse cargo de las tareas que le competen: sobre los recursos humanos preparados según los términos mencionados, deberá construir sus propias exigencias y su capacitación (capacitación que se verá facilitada por la formación básica enunciada); el terreno ya estará preparado, pero hay que sembrar en él para poder hacer la cosecha definitiva. Solamente una empresa que asuma el paradigma de un cambio permanente puede imaginar y configurar el perfil de sus recursos y reconvertirlos en un aprendizaje permanente. De esta manera la educación no queda sospechosamente atrincherada en la criticada escuela, sino que recupera el territorio, tira abajo los muros y se hace responsabilidad de todos. Y ese indefinible objeto de deseo queda a disposición de todos. Hay un presente que urge y un futuro que no espera.

POSTDATA: INTERROGANTE DESDE EL NUEVO PARADIGMA LABORAL =

(1) ¿Les interesa la EDUCACION a las EMPRESAS o les interesa que sus futuros empleados u operarios estén preparados según sus condiciones de trabajo? (2) ¿Mejora la educación con la intervención de las EMPRESAS y copiando su funcionamiento organizacional ordenado y efectivo? (3) ¿Los VALORES de las empresas y del mercado pueden convertirse en VALORES PARA LA EDUCACIÓN? (4) ¿Qué aspectos del MODELO EMPRESARIAL pueden copiar, adaptar o trabajar la EDUCACION y las ESCUELAS? (5) ¿Hay EMPRESAS DES-INTERESADAS o todas las empresas son descaradamente interesadas o se ocultan detrás de programas que ocultan sus verdaderas intenciones? (6) Buscar y trabajar ejemplos de la RELACION ESCUELA- EDUCACION- EMPRESAS. Entrevistar a responsables con formación empresaria y a responsables con formación docentes. Analizar sus discursos y la lógica de sus pensamientos generosos y salvadores. (7) Analizar las SIGUIENTES FRASES que justifican políticas de relación y subordinación =

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“Los ayudamos en todo, pero no los podemos emplear, porque lo que deben aprender es la capacidad de buscar y encontrar trabajo.” “Nosotros no les podemos otorgar seguridad, sino empleabilidad. Seguramente los vamos a echar, pero les enseñamos a buscar otros trabajos”. “La escuela debe brindar educación para el trabajo. La escuela no saben de trabajo, somos nosotros los especialistas: por eso organizamos las actividades de las escuelas ajustándolas a nuestras necesidades laborales”. “Juguemos a que me sirven para mis necesidades laborales y yo juego a que los empleo en mi empresa”. “Después de haber funcionado en perfecta unión, la educación, el trabajo y la empresa comenzaron a separarse: felizmente hemos podido rescatar al sector que más nos interesa…. ¿el resto? No podemos salvar a todos: del resto que se ocupe el ESTADO? “No siempre nos conviene que estudien tanto porque se sobre-califican y no pueden ingresar al mercado laboral. Es necesario que sepan mucho, pero que también sepan que los dueños de las empresas y quienes la administran saben mucho más?

(8) Finalmente, LAS EMPRESAS se ocupan de los EXCLUIDOS y están interesados en los desposeídos para asegurarles un ingreso planificado en la sociedad de todos? (9) Las EMPRESAS tienen derecho a llevar a cabo, todas las experiencias y los programas, pero no tienen DERECHO A ENGAÑARNOS a los docentes y a los directivos… ¿No se convierten en cómplice de los PARAÍSOS PROMETIDOS y de los proyectos puesto en marcha?

JORGE EDUARDO NORO SAN NICOLÁS, JULIO 2003 norojor@cablenet.com.ar