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FILOSOFIA CONTEMPONEA MATERIAL DE CATEDRA. PROF. DR.

JORGE EDUARDO NORO

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COMTE AUGUSTO Y EL POSITIVISMO norojor@cablenet.com.ar

1.

VIDA
Isidoro Augusto María Francisco Javier Comte nació en Montpellier en 1798. En 1814 ingresa en la elitista Escuela Politécnica, de la que será expulsado en 1816, acusado de republicanismo e indisciplina. En esta época comienza a estudiar a los pensadores del siglo XVIII y conoce a Saint-Simon, para el que trabaja como secretario desde 1818, hecho que le permitió publicar artículos en diversas revistas: La Politique, L’Industrie, L’Organisateur. La colaboración entre estos dos autores se irá deteriorando hasta su definitiva ruptura en 1822, fecha que inicia las dos etapas fundamentales del pensamiento de A. Comte: La primera (1826-1845) , de un marcado carácter positivista, queda sintetizada en sus dos grandes obras: Curso de filosofía positiva (1830-1842) y el Discurso sobre el espíritu positivo (1844), escrito que apareció como introducción preliminar al Tratado filosófico de astronomía popular. La segunda etapa del pensamiento de Comte viene marcada por un hecho personal que le afectó hondamente: la muerte en 1846 de Clotilde de Vaux, a quien conoció en 1845 y de la que estaba profundamente enamorado. A partir de entonces el pensamiento de Comte se tiñe de un carácter romántico y místico que derivará hacia posturas cada vez más conservadoras, convirtiendo el positivismo en una religión de la que él se autoproclama Sumo Sacerdote. De esta época datan sus obras Sistema de política positiva (1851-1854), Catecismo positivista (1852) y el primer volumen de Síntesis subjetiva (1856), obra que quedó incompleta debido a su muerte, acaecida el 5 de septiembre de 1857.

2. CRONOLOGIA
1798 - 19 de enero. Nacimiento de Augusto Comte en Montpellier, en el seno de una familia católica y monárquica. Su padre es funcionario de jerarquía media. 1807 - 1814. Estudios secundarios en el Liceo de Montpellier. Comte se aparta muy pronto de la fe católica y adopta ideas liberales y revolucionarias.

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1814 - 1816. Estudios en la Escuela Politécnica, donde Comte ingresó a la cabeza de la lista del Mediodía. 1816. En abril, el gobierno de la Restauracíon decide cerrar provisoriamente la Escuela Politécnica al estar sospechada de Jacobinismo. De regreso durante algunos meses en Montepellier, Comte sigue algunos cursos de medicina y de filosofía en la Facultad de esa ciudad. Luego retorna a París, donde se ganará la vidadando lecciones de matemáticas. 1817. En agosto, Comte ocupa el cargo de secretario de Saint - Simon, y será su colaborador y amigo hasta 1824. Durante ese periódose vincula con diversas publicaciones del filósofo del industrialismo: L´Industrie, Le Politique, L´Organisateur, Du Système Industriel, Catéchisme des Industriels. 1819. Séparation générale entre les opinions et les désirs. Colaboración en el Censeur de Charles Comte y Charles Dunoyer. 1820. Sommaire apprécition sur l´ensamble du passé moderne, publicado en abril en L´Organisateur. 1822. Prospectus des travaux scientifiques nécessaires pour réorgeniser la société, publicado en el Système Industriel. 1824. Système de Politique Positive, Tomo I, 1º Parte, edición corregida de la obra anterior. En abril, Comte vendió este trabajo a Saint - Simon, que lo presentó en el Catéchisme des Industriels sin nombre de autor. Este último protesta y estalla la disputa. "Su jefe ve en ello la tercera parte de una obra que se llama Catéchisme des Industriels, y que expone el industrialismo de Saint - Simon. El joven ve en el trabajo la primera parte de una obra que se denomina Système de Politique Positive, y que expone el positivismo de Augusto Comte" (H. Gouhier). En adelante Comte hablará de la "desastrosa influencia" ejercida sobre él por "un funesto vínculo" con un "saltimbanqui depravado". 1825. Considérations Philosophiques sur les Sciences et les Savants, Considérations sur le Pouvoir Spirituel. Estas dos obras son publicadas todavía en Le Producteur de Saint - Simon. Matrimonio de Augusto Comte con Caroline Massin, antigua prostituta. Este matrimonio, resultado de "un cálculo generoso", dirá el propio comte, "fue el único error realmente grave en mi vida". Caroline Massin abandonará en varias oportunidades el domicilio conyugal. 1826 - 1827. Crisis mental. Comte, agobiado por la primera fuga de su mujer y por el cansancio intelectual, debe internarse en una casa de salud. Al cabo de ocho meses sale sin haberse curado , y poco después intenta suicidarse. Semanas más tarde, la crisis nerviosa amengua. Comte, muy consciente de la causa de esta enfermedad, se impone entonces un régimen físico y mental muy severo para prevenir una nueva crisis. 1829 - 4 de enero. Reanuda su Curso de Filosofía Positiva. 1830. Publicación del Tomo I del Curso de Filosofía Positiva. Los restantes volúmenes aparecerán sucesivamente en 1835, 1838, 1839, 1841 y 1842.

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1831. Comienzo del curso gratuito de astronomía popular, dictado en la Alcaidía de la III Sección, que se prolongará hasta 1847 - 1848. Comte reclama, pero sin éxito, la Cátedra de Análisis de la Escuela Politécnica. 1832. Se lo designa Instructor de Análisis y Mecánica de la Escuela politécnica. 1833. Comte le solicta a Guizot la creación, para sí mismo, de una Cátedra de Historia de las Ciencias en el Collège de France. Se rechaza el pedido. También se le niega la Cátedra de Geometría en la Escuela Politécnica, a causa de sus opiniones republicanas. 1836. Se lo designa como examinador para las pruebas de ingreso a la Escuela Politécnica. 1842. Se separa definitivamente de Caroline Massin Comte. 1843. Traité élémentaire de géométrie analityque. 1844. Discurso sobre el Espíritu Positivo, preámbulo del Tratado filosófico de astronomía popular. Comte pierde su puesto de examinador en la Escuela Politécnica. En adelante vivirá fundamentalmente del "libre subsidio positivista", que le envían primero (en 1845) John Stuart Mill y algunos ricos ingleses, y luego (a partir de 1848) E. Littré y un centenar de discípulos y admiradores franceses. En octubre, Comte conoce a Clotilde de Vaux, hermana de uno de sus antiguos alumnos; esta mujer, de unos treinta años, vive separada de su marido y se encuentra enferma. 1845. "El año sin igual". Comte declara su amor a Clotilde de Vaux, que sólo le concede su amistad, declarándose "impotente para lo que sobrepase los límites del afecto". 1846. 5 de abril. Clotilde de Vaux muere en presencia de Agusto Comte, que desde ese momento le consagra un verdadero culto. 1847. Comte proclama la Religión de la Humanidad. 1848. Fundación de la Sociedad Positivista. Discours sur l´ensemble du positivisme. 1851. Comte pierde su cargo de instructor en la Escuela Politécnica. Publicación del 1º Tomo del Système de politique positive o Traité de sociologie instituant la religion de l´humanite. Los restantes volúmenes aparecerán en 1852, 1853 y 1854. Comte escribe al señor de Tholouze el 22 de abril: "Estoy persuadido de que antes del año 1860 predicaré el positivismo en Notre - Dame como la única religión real y completa". En diciembre, Littré y varios discípulos, chocados por la aprobación de Comte al golpe de Estado de Luis Napoleón, e inquietos ante la orientación de la nueva filosofía, se retiran de la Sociedad Positivista. 1852. Catéchisme positiviste ou sommaire exposition de la universelle. 1855. Appel aux conservateurs. religion

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1856. Synthèse subjective ou système universel des conceptions prospes à l`état normal de l´humanité. Comte propone una alianza al General de los Jesuitas, contra "la irrupción anárquica del delirio occidental". 1857. 5 de septiembre. Muere en París, en el Nº 10 de la Rue Monsieur-le.Prince, en medio de sus discípulos.

3. EL PENSAMIENTO
La filosofía de Comte entronca con la revuelta moderna contra los antiguos que inició Francis Bacon y extendió LA ENCICLOPEDIA francesa y que consistió, a grandes rasgos, en la asunción de la razón y la ciencia como únicas guías de la humanidad capaces de instaurar el orden social sin apelar a oscurantismos teológicos o metafísicos. A partir de Descartes, el mundo de los fenómenos exteriores había comenzado a ser objeto de una rigurosa disciplina científica; pero el mundo del hombre mismo y de las relaciones con sus semejantes seguía abandonado a las especulaciones metafísicas y teológicas. Comte se propuso hacer comprender que hay leyes tan precisas para la evolución de la especie humana como para la caída de una piedra. Era necesario, pues, proceder al estudio de todos los hechos, prescindiendo de las causas primeras y las causas finales. En esa forma se daría a una tercera etapa del desarrollo del pensamiento humano. La primera había sido la teología; la segunda la metafísica recurría a nociones abstractas, olvidando la realidad misma de los hechos; la tercera la positiva, superaría esos dos estadíos, y daría a los hombres el conocimiento científico de los hechos. La evidente intención de reforma social de su filosofía se adhiere, sin embargo, a una postura conservadora y contrarrevolucionaria en claro enfrentamiento con las propuestas ilustradas de Voltaire y Rousseau. Tomando como trasfondo la Revolución Francesa, Comte acusa a estos dos autores de generar utopías metafísicas irresponsables e incapaces de otorgar un orden social y moral a la humanidad. Los problemas sociales y morales han de ser analizados desde una perspectiva científica positiva que se fundamente en la observación empírica de los fenómenos y que permita descubrir y explicar el comportamiento de las cosas en términos de leyes universales susceptibles de ser utilizadas en provecho de la humanidad. Comte afirma que únicamente la ciencia positiva o positivismo podrá hallar las leyes que gobiernan no sólo la naturaleza, sino nuestra propia historia social, entendida como la sucesión y el progreso de determinados momentos históricos llamados estados sociales. La filosofía positiva como tipo de conocimiento propio del último estado de la sociedad, se define por oposición a la filosofía negativa y crítica de Rousseau y Voltaire a la que Comte atribuye los males de la anarquía y la inseguridad social que caracterizan al período post-revolucionario. El término positivo hace referencia a lo real, es decir, lo fenoménico dado al sujeto. Lo real se opone a todo tipo de esencialismo. desechando la búsqueda de propiedades ocultas características de los primeros estados.

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Lo positivo tiene como características el ser útil, cierto, preciso, constructivo y relativo (no relativista) en el sentido de no aceptar ningún absoluto.

4. LA LEY DE LOS TRES ESTADOS Y LA IDEA DE PROGRESO
La humanidad en su conjunto y el individuo como parte constitutiva, está determinado a pasar por tres estados sociales diferentes que se corresponden con distintos grados de desarrollo intelectual: el estado teológico o ficticio, el estado metafísico o abstracto y el estado científico o positivo. Este tránsito de un estado a otro constituye una ley del progreso de la sociedad, necesaria y universal porque emana de la naturaleza propia del espíritu humano. (1) Según dicha ley, en el estado teológico el hombre busca las causas últimas y explicativas de la naturaleza en fuerzas sobrenaturales o divinas, primero a través del fetichismo y, más tarde, del politeísmo y el monoteísmo. A este tipo de conocimientos le corresponde una sociedad de tipo militar sustentada en las ideas de autoridad y jerarquía. (2) En el estado metafísico se cuestiona la racionalidad teológica y lo sobrenatural es reemplazado por entidades abstractas radicadas en las cosas mismas (formas, esencias, etc.) que explican su por qué y determinan su naturaleza. La sociedad de los legistas es propia este estado que es considerado por Comte como una época de tránsito entre la infancia del espíritu y su madurez, correspondiente ya al estado positivo. (3) En el estado positivo el hombre no busca saber qué son las cosas, sino que mediante la experiencia y la observación trata de explicar cómo se comportan, describiéndolas fenoménicamente e intentando deducir sus leyes generales, útiles para prever, controlar y dominar la naturaleza (y la sociedad) en provecho de la humanidad. A este estado de conocimientos le corresponde la sociedad industrial, capitaneada por científicos y sabios expertos que asegurarán el orden social.

5. EL CURSO DE FILOSOFÍA POSITIVA
Se proponía estudiar la índole de las ciencias teórica abstractas, clasificadas en este orden: matemática, astronomía, física, química, biología, sociología. Era un orden cronológico, de generalidad decreciente y de complicación creciente; cada una de ellas exigía la anterior. Se advertía de ese orden un progreso, nociones que según Comte la antigüedad había considerado inconciliables y que la civilización moderna ha convertido en condiciones de todo sistema, en particular político; esa es la única manera de superar en todos los órdenes la anarquía (negadora del orden) y la reacción (negadora del progreso). Esas dos nociones que constituyen el lema del positivismo, traducen los aspectos estático y dinámico de todos los hechos, esos dos tipos de leyes también rigen para la humanidad, ésta última solo existe en la razón de sus miembros, si se le considera estáticamente. Pero si se le considera dinámicamente, el individuo aislado es una simple abstracción, considerado desde este segundo punto de vista, el hombre no es hombre sino por la humanidad, y a ésta debe sus pensamientos, sus sentimientos, su lenguaje. Hay una estática social y una dinámica social, que son como la anatomía y la fisiología de los seres vivos. Todos los

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individuos convergen hacia la humanidad y realizan así la unidad del espíritu, como las ciencias convergen hacia la sociología y realizan así la unidad del conocimiento. De ese modo se ve que las ciencias, como los individuos, deben coordinarse en vistas a la universalidad, y servir de fundamento a la moral, a la política, a la religión. De ese modo el principio de egoísmo se transforma en el altruismo que en la etapa positiva ha de regir todas las relaciones humanas. La humanidad misma se convierte en "el gran ser" en que los hombres se sienten realizados plenamente, y donde realizan su inmortalidad, entendida no como supervivencia física, objetiva, sino como supervivencia espiritual y subjetiva en el recuerdo y la gratitud de la posteridad. La religión positiva carecerá de un Dios creador y trascendente, y su iglesia tendrá un culto que será el de la humanidad misma. Los grandes hombres recibirán el culto que su participación en el progreso, y la humanidad tendrá sus propias fiestas y se creará en el nuevo calendario que exprese la realidad del progreso cumplido a través de los siglos.

5. CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS
Si la aparición del estado positivo se correlaciona con la mayoría de edad social e intelectual de la humanidad, esto se debe a la desaparición del espíritu metafísico como una evolución natural hacia el estado idóneo de la razón que traerá consigo el orden y la reorganización social. Se trata de una total "regeneración" que viene determinada por el progresivo desarrollo de las ciencias que, según Comte, han seguido cursos y ritmos distintos, siendo la más retrasada la física social. La filosofía positiva hace un intento de clasificación de las ciencias, concebidas unitariamente como ramas de un tronco común que, evolutivamente, forman un continuo en el que el desarrollo de cada una establece las bases de la ciencia siguiente. Comte clasifica las ciencias en cinco fundamentales: astronomía, física, química, fisiología y física social o sociología. Rechaza como ciencia a la psicología y a la economía y concibe a las matemáticas más como un método e instrumento previo que como ciencia teórica. La finalidad de las ciencias es el control y el dominio de la naturaleza y la sociedad. La búsqueda de relaciones estables entre los fenómenos deriva en la construcción de leyes que permiten predecir el futuro: paso previo a todo control. Derivada de la fisiología, la sociología, como culminación del espíritu positivo, se dedicará al estudio de los fenómenos sociales y de sus leyes como camino para explicar la evolución de la humanidad y favorecer un progreso controlado de la sociedad que excluya todo posible cambio o revolución incontrolada. Es en este punto donde aflora con toda su fuerza la intención conservadora y reaccionaria de la filosofía de Comte. Su apoyo a la dictadura de Napoleón III, así como sus ideas de control de la opinión pública y de defensa a la propiedad privada y de concentración del capital le han convertido en un adversario de la democracia y en un partidario de los regímenes autoritarios. La dictadura del mexicano Porfirio Díaz utilizó el positivismo como justificación teórica de su política. Estos hechos han producido que la paternidad de Comte respecto a la sociología y el positivismo haya sido reconocida a regañadientes.

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Todo conocimiento verdadero es de orden científico, pero por otra parte, existen ciertas cuestiones, las de origen o naturaleza, que la ciencia por su carácter mismo, no está en condiciones de abordar; todo lo que está por fuera del conocimiento científico se considera "incognoscible". No quiere esto decir que, en semejante sistema, no exista lugar para la filosofía. Para Augusto Comte, la filosofía es también una filosofía científica, dada la abundancia de hechos objeto de estudio, los investigadores están hoy obligados a especializarse. Ello puede tener una consecuencia lamentable: la de que llegue a predominar en la ciencia del espíritu de especialización, y ello sea causa de un excesivo fraccionamiento, perjudicial al conocimiento del conocimiento. En éste estado de cosas, el papel de la filosofía sería, precisamente, mantener la unidad, y coordinar los resultados de los diferentes estudios científicos. La filosofía no se diferencia de la ciencia mas que por la generalidad de sus explicaciones, o dicho de otra forma, según la propia definición de Spencer, en éste aspecto discípulo de Augusto Comte: "la ciencia está constituida de verdades, que existen más o menos separadamente, y no conoce su integración... el conocimiento de especies inferiores es el conocimiento no unificado; la ciencia es el conocimiento parcialmente unificado; la filosofía es el conocimiento completamente unificado".

6. HERENCIA
Entre las ideas principales que la filosofía posterior ha heredado de Comte cabe señalar las siguientes: a) Una concepción historicista del desarrollo de la razón y de las ciencias, según la cual existen tres estadios fundamentales (teológico, metafísico y científico-positivo). Esta concepción subyace en la base de muchas teorías actuales que conciben la ciencia como radicalmente separada de –y superior a– la metafísica. b) La sustitución de la filosofía por una ciencia de la sociedad –sociología– que tendría un carácter positivo y que permitiría dirigir la sociedad de forma científica, con vistas a salvaguardar los dos valores fundamentales de la sociedad industrial: orden y progreso. A ese núcleo de ideas Comte añadió –sobre todo al final de sus días– una doctrina de la religión de la humanidad que servía de adecuado complemento ideológico al sistema. Aunque frecuentemente preterido por quienes hoy propugnan todavía una concepción estrechamente positivista, este apéndice religioso de la doctrina de Comte es en el fondo un tanto a favor de la coherencia del sistema (al mismo tiempo que un índice del valor de ideología que hay que atribuir al mismo). Por lo demás, no deja de ser cierto que en las más significativas versiones tecnocráticas actuales (trasuntos del núcleo de ideas positivistas), aunque la dimensión religiosa de esta forma de concebir la ciencia y la sociedad no se encuentre en general claramente representada, no por ello deja de estar decisivamente ejercida. El sistema de Comte ha influido claramente en el positivismo y el cientificismo del siglo XIX. Su espíritu sigue presente hoy en día, en esas formas académicas de la sociología cuya única pretensión es el mantenimiento y la racionalización de lo establecido con base en una especie de beatería científica. La mejor manera de apreciar la flojera del positivismo y su filosofía conservadora es mirarla a través de la teoría alternativa de la sociedad que un poco después de Comte formulaba Marx y que, si no ha tenido hasta hace poco tanto predicamento académico como el positivismo de Comte, no cabe duda sin embargo, que ha tenido alguna mayor influencia sobre la realidad social. La última etapa del positivismo tiene fuertes tintes religiosos, y se expresa en un lenguaje semejante al de la teología. Los métodos del positivismo estarán en auge hasta bien entrado el siglo XX; los sistemas educativos estuvieron regidos, en Europa y en América, por el positivismo.

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6. VISION DEL MUNDO DE COMTE:
 La filosofía no está para contemplar el mundo, para explicarlo metafísicamente o para transformarlo en un instrumento religioso de purificación y de paso: el mundo está destinado al estudio científico, al análisis y al conocimiento... porque cuanto más puede el hombre conocer el mundo, mas lo puede dominar.  El pensamiento antiguo se dedicó a contemplar el mundo, el pensamiento medieval encontró en el mundo la presencia de un Dios creador y salvador, el pensamiento moderno intentó interpretar el mundo desde el punto de vista metafísico y con modelos matemáticos a priori, solamente el pensamiento contemporáneo (y positivo) ha arribado al verdadero conocimiento del mundo.  El conocimiento del mundo depende de la capacidad que tiene el hombre de elegir el método y la ciencia para acceder a él. El error de la filosofía y del pensamiento del pasado es haber confiado demasiado en los mensajes religiosos y en las formulaciones metafísicas, en lugar de crear el instrumento de la ciencia y atenerse a sus leyes.  Conocer el mundo significa descubrir y formular sus leyes... y significa poder y dominio: el hombre está en el mundo para operar sobre él, para transformarlo a su medida, para construir el mundo humano. El hombre es hombre en la medida en que transforma – a través de la ciencia – al mundo en un mundo para el hombre.  El mundo es el ámbito del hombre en sociedad. Mas allá del individuo, el espíritu positivo quiere salvar a la sociedad, el encuentro de los hombres que forman un cuerpo común. En este sentido la sociología (la ciencia suprema) en la ciencia guía de las demás ciencias.  Orden y progreso: el secreto del dominio de la realidad, del espíritu positivo y de la conquista del mundo es el orden científico... y la confianza en el progreso indefinido del conocimiento y del esfuerzo humano. Los pueblos de finales de siglo, bajo las influencias del espíritu positivo, entendieron que solamente con este criterio podían modernizar y civilizar el ámbito natural (territorio) y el ámbito social (moralización de la población). A las fuentes de crecimiento natural se le sumaba el esfuerzo de una revolución industrial que avanzaba sin pausa sobre los recursos naturales (que se consideraban ilimitados) y el convencimiento de que la sociedad debía encontrar los medios para transformarse en un instrumento de civilización, orden y progreso. El positivismo fue el pensamiento (ideología) que acompañó los procesos de organización de los estados modernos.  Definitivamente el espíritu positivo se instala en el pensamiento, y Dios, la religión y las ideas fundamentales de la filosofía son eliminadas como instrumentos para ver, conocer e interpretar la realidad. Los ideales del siglo de las luces se transforman en una fuerza operativa y efectiva: finalmente el hombre ejerce el rol de re rey de la creación, un rey que está dispuesto a gobernar ejerciendo plenamente el poder.

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7. COMTE Y ROUSSEAU = DOS VISIONES DEL MUNDO

COMTE

ROSSEAU

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Es el representante del positivismo y de Es quien acompaña el nacimiento del la afirmación de las ciencias positivas en romanticismo y acentúa las fuerzas del el siglo XIX. sentimiento en el siglo XVIII Tiene una gran confianza en la sociedad y a la presencia del hombre en el seno de la misma. Defiende a la sociología como la ciencia suprema. Considera la religión como el estadio más bajo (primero e inferior) de la humanidad. Cree que la civilización depende del orden social y del progreso de las ciencias positivas de los ciudadanos. La sociedad industrial, capitaneada por científicos y sabios expertos asegura el orden social. El ordenamiento social es el resultado del estudio de una ciencia positiva: la sociología (o la física social). Los problemas sociales y morales han de ser analizados desde una perspectiva científica positiva. Las leyes positivas gobiernan no sólo la naturaleza, sino nuestra propia historia social, entendida como la sucesión y el progreso de determinados momentos históricos llamados estados sociales. Combate con la ciencia positiva la anarquía (negadora del orden) y la reacción (negadora del progreso). La civilización debe oponerse a la barbarie. La verdadera razón no es la razón metafísica sino la razón positiva (ciencias) Defiende la ley de los tres estadios como la evolución obligada de la humanidad y de los individuos (religioso, metafísico, positivo = niñez, adolescencia, adultez) Desconfía de la sociedad y supone que es formadora de hábitos perniciosos para el desarrollo de los individuos. Defiende la teoría del hombre natural. Aunque – como hombre de la ilustración - desconfía de las instituciones religiosas defiende a Dios y lo religioso (deísmo) Afirma que el estado natural es el que permite que los hombres exhiban auténticas virtudes y cualidades. Desconfía de la civilización, las ciencias y el progreso. El ordenamiento social es el resultado de un contrato (explícito o implícito) en el que los miembros de la sociedad negocian sus derechos y su libertad para ganar en seguridad y ordenamiento social.El dinamismo natural de la sociedad permite el desarrollo de las comunidades en formas crecientes de organización. No hay un orden racional establecido, sino una fuerza natural.Combate a la ciencia y a la razón como instrumentos de la sociedad y del progreso que aplasta al ser humano natural y crea hábitos que lo pervierten y lo desnaturalizan. La verdadera razón es la razón natural. Explica la evolución natural de la desigualdad entre los hombres, considerando que no se trata de una situación originaria, sino fruto de las perversiones de la misma sociedad.

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La educación es necesariamente civilizatoria¸ debe imponer orden y asegurar el progreso de los individuos y de los pueblos. Pretende ofrecer una respuesta segura y positiva a las necesidades sociales de los países que organizan su vida social en el desarrollo de las democracias del siglo XIX. Fue el ideólogo de los estados modernos y de su organización social, política y económica. Y fue el inspirador de los sistemas educativos como instrumentos políticos.

La mejor educación es aquella que en lugar de imponer conocimientos y prescripciones al individuo lo respeta en su naturaleza humana y en sus caracteres individuales. Pretende romper con las imposiciones racionalistas del siglo anterior e imponer ideas revolucionarias creando nuevas organizaciones sociales (revolución francesa). Fue el ideólogo del romanticismo y de las fuerzas revolucionarias de Europa (revoluciones y luchas por la unidad) y en América (libertad de los países)

8. EL POSITIVISMO DE COMTE Y SUS DESARROLLOS POSTERIORES insistieron en el control científico del orden social para garantizar no sólo la estructura de la sociedad sino regular su funcionamiento. La sociedad positiva era la que lograba neutralizar los conflictos y resolver los problemas, renunciando a utopías o ideas descabelladas para elegir una metodología de ordenamiento social científicamente efectiva. La sociología se coronaba como la reina de las ciencias porque era la que culminaba la serie de ciencias rigurosas de la modernidad, en un orden epistemológico homogéneo que rechaza lo que no se adapte al modelo de las ciencias positivas. La ciencia de la sociedad se convierte en un ordenamiento social riguroso y convierte a la escuela en una activa difusora y promotora. La misma historia se convierte la elección arbitraria o deliberada de figuras de hombres notables que pudieran encarnar la historia de la humanidad y de un país o región...y darle vida a los valores positivos: la independencia, la revolución, la libertad, el espíritu de lucha, la educación, la cruzada civilizatoria, el progreso, la industria, la salud... De alguna manera los historiadores fueron hacia el pasado en búsqueda de aquellos hombres que pudieran expresar el progreso del pueblo y de la humanidad, efectuaron el recorte correspondiente y los propusieron como expresión de la idealidad. Se sustituye la astucia de la razon de Hegel (que ignora el valor de los individuos en el curso del espíritu), pero no se asume el valor de la comunidad o del pueblo(“Si la historia la hacen los que ganan, eso significa que hay otra historia”)... La nueva religión de la humanidad (positivismo) necesita nuevos templos (los lugares en los que los pueblos han tenido sus acciones notables) y nuevos santos (héroes y próceres) para constituir un nuevo calendario y construir una nueva liturgia y un nuevo ritual. Aunque esto funcionaba en la sociedad en su conjunto – y se alimentaba desde determinados núcleos de poder académico y real – se fogoneaba con toda fuerza desde el escuela que parecía ser la inspiradora de todos los valores de esta nueva, definitiva y adulta historia de la humanidad. Los problemas sociales y morales han de ser analizados desde una perspectiva científica positiva que se fundamente en la observación empírica de los fenómenos y que permita descubrir y explicar el comportamiento de las cosas en términos de leyes universales susceptibles de ser utilizadas en provecho de la humanidad. Comte afirma que únicamente la ciencia positiva o positivismo podrá hallar las leyes que gobiernan no sólo la naturaleza, sino nuestra propia historia social, entendida como la sucesión y el progreso de determinados momentos históricos llamados estados sociales.

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La filosofía positiva como tipo de conocimiento propio del último estado de la sociedad, se define por oposición a la filosofía negativa y crítica de Rousseau y Voltaire a la que Comte atribuye los males de la anarquía y la inseguridad social que caracterizan al período post-revolucionario.El término positivo hace referencia a lo real, es decir, lo fenoménico dado al sujeto. Lo real se opone a todo tipo de esencialismo. desechando la búsqueda de propiedades ocultas características de los primeros estados.Lo positivo tiene como características el ser útil, cierto, preciso, constructivo y relativo (no relativista) en el sentido de no aceptar ningún absoluto. En el estado positivo el hombre no busca saber qué son las cosas, sino que mediante la experiencia y la observación trata de explicar cómo se comportan, describiéndolas fenoménicamente e intentando deducir sus leyes generales, útiles para prever, controlar y dominar la naturaleza (y la sociedad) en provecho de la humanidad. A este estado de conocimientos le corresponde la sociedad industrial, capitaneada por científicos y sabios expertos que asegurarán el orden social. Se proponía estudiar la índole de las ciencias teórica abstractas, clasificadas en este orden: matemática, astronomía, física, química, biología, sociología. Era un orden cronológico, de generalidad decreciente y de complicación creciente; cada una de ellas exigía la anterior. Se advertía de ese orden un progreso, nociones que según Comte la antigüedad había considerado inconciliables y que la civilización moderna ha convertido en condiciones de todo sistema, en particular político; esa es la única manera de superar en todos los órdenes la anarquía (negadora del orden) y la reacción (negadora del progreso). Esas dos nociones que constituyen el lema del positivismo, traducen los aspectos estático y dinámico de todos los hechos, esos dos tipos de leyes también rigen para la humanidad, ésta última solo existe en la razón de sus miembros, si se le considera estáticamente. Pero si se le considera dinámicamente, el individuo aislado es una simple abstracción, considerado desde este segundo punto de vista, el hombre no es hombre sino por la humanidad, y a ésta debe sus pensamientos, sus sentimientos, su lenguaje. Hay una estática social y una dinámica social, que son como la anatomía y la fisiología de los seres vivos. Todos los individuos convergen hacia la humanidad y realizan así la unidad del espíritu, como las ciencias convergen hacia la sociología y realizan así la unidad del conocimiento. De ese modo se ve que las ciencias, como los individuos, deben coordinarse en vistas a la universalidad. La humanidad misma se convierte en "el gran ser" en que los hombres se sienten realizados plenamente, y donde realizan su inmortalidad, entendida no como supervivencia física, objetiva, sino como supervivencia espiritual y subjetiva en el recuerdo y la gratitud de la posteridad. La religión positiva carecerá de un Dios creador y trascendente, y su iglesia tendrá un culto que será el de la humanidad misma. Los grandes hombres recibirán el culto que su participación en el progreso, y la humanidad tendrá sus propias fiestas y se creará en el nuevo calendario que exprese la realidad del progreso cumplido a través de los siglos. La sustitución de la filosofía por una ciencia de la sociedad –sociología– que tendría un carácter positivo y que permitiría dirigir la sociedad de forma científica, con vistas a salvaguardar los dos valores fundamentales de la sociedad industrial: orden y progreso. A ese núcleo de ideas Comte añadió – sobre todo al final de sus días– una doctrina de la religión de la humanidad que servía de adecuado complemento ideológico al sistema. Aunque frecuentemente preterido por quienes hoy propugnan todavía una concepción estrechamente positivista, este apéndice religioso de la doctrina de Comte es en el fondo un tanto a favor de la coherencia del sistema (al mismo tiempo que un índice del valor de ideología que hay que atribuir al mismo). La última etapa del

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positivismo tiene fuertes tintes religiosos, y se expresa en un lenguaje semejante al de la teología. Los métodos del positivismo estarán en auge hasta bien entrado el siglo XX; los sistemas educativos estuvieron regidos, en Europa y en América, por el positivismo.

OSZLAK Oscar(1997), La formación del Estado Argentino Orden, progreso y organización nacional.
Buenos Aires. Editorial Planeta

1. Entre las propiedades que un estado en formación debe adquirir se deben mencionar “la capacidad de internalizar una identidad colectiva, mediante la emisión de símbolos que refuerzan sentimientos de pertenencia y solidaridad social y permiten, en consecuencia, el control ideológico como mecanismo de dominación” (OSZLAK:17) 2. “El Estado no surge entonces por generación espontánea ni tampoco es creado, en el sentido de que “alguien” formalice su existencia mediante un acto ritual. La existencia del Estado deviene de un proceso formativo a través del cual va adquiriendo un complejo de atributos que en cada momento histórico presenta distinto nivel de desarrollo. Es en este sentido como hablamos de “estatidad” para refererirnos al grado en que un sistema de dominación social ha adquirido el conjunto de propiedades que definen la existencia de un Estado”. (OSZLAK: 19-20) 3. “La expansión del aparato estatal deriva entonces del creciente involucramiento de sus instituciones en áreas problemáticas (o “cuestiones”) de la sociedad, frente a las que adoptan posiciones respaldadas por recursos de dominación. El grado de consenso o de coerción implícito en estos actos de apropiación depende la particular combinación de fuerzas sociales que los enmarcan. Pero en todo caso, siempre se hallan respaldados por alguna forma de legitimidad, derivada del papel que el Estado cumple como articulador de relaciones sociales, como garante de un orden social que su actividad tiende a reproducir.”. (OSZLAK: 21) Para la formación del estado se necesitaba “la institución de un orden estable y la promoción de un conjunto de actividades destinadas a favorecer el proceso de acumulación. “Orden y progreso”, la clásica fórmula del credo positivista 1, condensaba así las preocupaciones centrales de una época: aquella en la que comenzaban a difundirse en A.L. relaciones de producción capitalista. (...) Ante los sectores dominantes de la época, el Estado nacional aparecía como la única instancia capaz de movilizar los recursos y de crear las condiciones que permitieran superar el desorden y el atraso. Resolver estas cuestiones exigía, necesariamente, consolidar el “pacto de dominación” de la incipiente burguesía y reforzar el precario aparato institucional del Estado Nacional”. (OSZLAK: 27)

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¿Es una creación de COMTE o es su originalidad fue el haberlo escrito y universalizado ya que estaba flotando en el ambiente del siglo XIX?

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5. “¿Qué significaba la institucionalización del “orden”? Uno de los aspectos más notables de la etapa histórica que estamos considerando es la diversidad y simultaneidad de manifiestaciones de “desorden” que el estado nacional debía afrontar. (...) Imponer el orden implicaba regularizar el funcionamiento de la sociedad, hacer previsibles las transacciones, regular los comportamientos”. El “orden” aparecía, entonces, paradójicamente como una drástica modificación del marco habitual de relaciones sociales. No implicaba el retorno a un patrón normal de convivencia, sino la imposición de uno diferente, congruente con el desarrollo de una nueva trama de relaciones de producción y de dominación social.”. (OSZLAK: 28) 6. “Se examina la cuestión del “orden”, entendido como la institucionalización de patrones de organización social que crearon condiciones favorables al desarrollo de relaciones de producción y de dominación capitalista. Cobra aquí especial relevancia el tema de la constitución del aparato represivo y burocrático, la creación y apropiación por el Estado de ámbitos operativos, la modalidades con que se manifiesta la penetración estatal de la nueva trama de relaciones sociales que paralelamente se estaban conformando y las consecuencias de estos procesos sobre la constitución y el desplazamiento de actores políticos.”. (OSZLAK: 39) 7. La generación posterior a mayo (generación del 37), aunque mostraría divergencias doctrinarias y operativas, “el proyecto se nutría en la idea de progreso, que en su visión representaba la condición de existencia misma de la sociedad. (...) El progreso se constituía en idea integradora de la sociedad¸ en fundamento mismo de la nacionalidad. Síntesis del pasado y profecía del futuro, el progreso se abría paso como concepción dominante en esta etapa de construcción de la sociedad argentina. La Constitución Nacional de 1853 representó sin duda la plasmación normativa de esta nueva concepción; y lo que se ha dado en denominar el proyecto de la Generación del 80 encontró en la carta constitucional su más acabado fundamento. A todo lo largo de la segunda mitad del siglo XIX se reiterarán las manifestaciones de este pensamiento dominante sobre las infinitas posibilidades del progreso - expresión favorita de la época – a la luz de las condiciones materiales existentes en el país y del conocimiento de los factores que podía concretarlo: tierra, trabajo, capital. (...) sin olvidar que solamente el Estado era la máquina del progreso”. (OSZLAK: 55-56) 8. “La distancia entre proyecto y concreción, entre la utopía del “progreso” y la realidad del atraso y el caos, era la distancia entre la constitución formal de la nación y la efectiva existencia de un Estado nacional. Recorrer esa distancia, salvar la brecha, implicaba regularizar el funcionamiento de la sociedad de acuerdo con parámetros dictados por las exigencias del sistema productivo que encarnaba la idea del Progreso. Sin embargo, “regularizar” (o “regenerar” como proponían los hombres de la Organización Nacional) no significaba restituir a la sociedad determinadas pautas de relación precedentes,(...) sino imponer un nuevo marco de organización y de funcionamiento social, coherente con el perfil que iban adquiriendo el sistema productivo y las relaciones de dominación.· (OSZLAK: 58)

9. “Por eso, “ORDEN” – con mayúscula – se erigía como cuestión dominante en la agenda de problemas de la sociedad argentina. N Resuelta ésta, podrían encararse con mayor dedicación y recursos los desafíos del Progreso. (...) El orden aparecía así ante una esclarecida elite, como la condición de posibilidad

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del “progreso”, como el marco dentro del cual, librada a su propia dinámica, la sociedad encontraría sin grandes obstáculos el modo de desarrollar sus fuerzas productivas.”( OSZLAK: 59) 10. “Además de producir una profunda transformación de la sociedad, la instauración del “orden” significaba dar vida real a un Estado nacional cuya existencia, hasta entonces, no se evidenciaba mucho más allá de la formalidad de un precepto constitucional. El des-orden y sus diferentes manifestaciones expresaban precisamente la inexistencia de una instancia articuladora de la sociedad civil que, en las nuevas condiciones históricas, sólo podía estar encarnada en el Estado. Dar vida al Estado implicaba, como condición necesaria, que el sector o alianza de sectores sociales estuviera en condiciones de movilizar recursos suficientes para instituir un sistema de dominación estable capaz de resolver las múltiples manifestaciones de desorden” ( OSZLAK: 60) 11. “No menores fueron los obstáculos que halló la creación de otras instituciones destinadas a normativizar y/o ejercer control sobre las demás áreas que el gobierno nacional comenzaba a reivindicar como objeto de su exclusivo monopolio.” ( OSZLAK: 99) 12. “Pero conquistar el orden también suponía para el gobierno nacional apropiarse de ciertos instrumentos de regulación social hasta entonces impuestos por la tradición, legados por la colonia o asumidos por instituciones como la Iglesia. Su centralización en el Estado permitiría aumentar el grado de previsibilidad en las transacciones, uniformar ciertas prácticas, acabar con la improvisación, crear nuevas pautas de interacción social. “( OSZLAK: 100) 13. “Las heterogéneas disposiciones, costumbres, instituciones y prácticas socialmente aceptadas, que desde la colonia y a través de la caótica etapa de vida independiente del país habían conformado un cuerpo jurídico amorfo e inconsistente, fueron lentamente sustituidos por modernos códigos. Inspirados en la tradición jurídica europea, pero adecuándose a la idiosincrasia de la sociedad argentina y a los requerimientos que el nuevo orden imponía, estos códigos anticiparon y regularon minuciosamente los más diversos aspectos de la vida civil y la actividad económica”. ( OSZLAK: 101) 14. “A veces, la apropiación funcional implicó la invasión de fueros ancestrales. El ejemplo que mejor ilustra esta modalidad es la educación, área en la que el gobierno nacional tendría una creciente participación y se reservaría prerrogativas de superintendencia y legislación general”. ( OSZLAK: 101) 15. “La falta de una ley de conscripción obligatoria- problema arrastrado prácticamente desde las guerras de la independencia – obligaba al gobierno nacional a destinar al servicio activo a guardias nacionales indisciplinados, faltos de instrucción, desprovistos del aplomo y la profesionalidad del soldado de línea”. ( OSZLAK: 106) “Ya no tendrían cabida en sus filas (o se iban extinguiendo) los enganchados involuntarios, los mercenarios extranjeros o los destinados por crímenes. La próspera situación económica del país durante el gobierno de Sarmiento había permitido normalizar el aprovisionamiento, vestuario, armamento y puesta al día de los sueldos. Nuevos institutos militares apoyaban la formación y perfeccionamiento de los cuadros. Y el avance tecnológico multiplicaba la capacidad ofensiva del poder militar nacional”. (OSZLAK:109)

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16. “El desorden era también visto como producto de la miseria, y si el progreso requería orden, también el orden requería progreso. Es decir, el progreso era un factor legitimante del orden, por lo que la acción del estado debía anticiparse a resolver un amplio espectro de necesidades insatisfechas que agitaban los espíritus y amenazan destruir una unidad tan duramente conseguida”. (OSZLAK: 141) 17. “A diferencia de las modalidades consideradas hasta ahora, la penetración ideológica apeló a mecanismos mucho mas sutiles, a veces subliminares. Mecanismos que, operando sobre un campo de percepciones, valores, actitudes, representaciones y comportamientos sociales claramente asociados a los sentimientos de pertenencia a una comunidad nacional tendieran a legitimar el nuevo patrón de relaciones sociales que se venía conformando. (...)Si bien la penetración ideológica del Estado nacional implica lograr que en la conciencia ordinaria de los miembros de una sociedad se instalen ciertas creencias y valores hasta convertirlos en componentes propios de una conciencia colectiva, es preciso diferenciar dos aspectos distintos de este proceso. Por una parte, la creación de una conciencia nacional, es decir un sentido profundamente arraigado de pertenencia a una sociedad territorialmente delimitada, que se identifica por una comunidad de origen, lenguaje, símbolos, tradiciones, creencias y expectativas acerca de un destino compartido. Por otra, la internalización de sentimientos que entrañan una adhesión “natural” al orden social vigente y que, al legitimarlo, permite que la dominación se convierta en hegemonía”. (OSZLAK: 150) 18. “En ambos casos, sin embargo, lo que está en juego es la capacidad de producción simbólica del Estado, que como se recordará es uno de los atributos de la estaticidad que apela al control ideológico como mecanismo de dominación”. (OSZLAk: 151) 19. “ La educación constituyó un vehículo privilegiado en el marco de la estrategia de penetración ideológica del Estado. Al respecto, Tedescon sostiene que los grupos dirigentes asignaron a la educación una función política y no una función económica, vinculada meramente a la formación de recursos humanos. Es decir, las funciones asignadas a la educación no se limitaron a completar el proceso socializador e integrador de las nuevas generaciones de argentinos dentro de los patrones culturales hegemónicos. La escuela primaria cumplía un papel integrador no tanto por la difusión de valores nacionales tradicionales – que sin duda realizaba – sino por la transmisión de valores seculares y pautas universalistas, una de cuyas manifestaciones fue el laicismo. El criterio axial que lograba imponerse era el de utilizar la educación como instrumento que asegurase la gobernabilidad de la masa. Un pueblo embrutecido podía operar como base de maniobra de un tirano y, en consecuencia, ser ingobernable, sin importar tanto que, en estado de relativa ignorancia, ese pueblo estuviera condenado a realizar magros aportes al progreso material y social del país. La educación se concebía más como garantía de orden que como condición de progreso”. (OSZLAK: 151 – 2) 20. “El debate en torno a la Ley 1420 (de educación común, gratuita, laica y obligatoria) que tuvo lugar durante el año 1883, se vinculó estrechamente con el papel de la educación primaria como instrumento de control social, siendo objeto de disputa a quién debía corresponder este control. La

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política del gobierno nacional en esta material avanzaba hacia una extensión del papel del Estado, a través de la expansión del aparato educativo nacional, una creciente centralización de las funciones reguladoras y la gradual “expropiación” de atribuciones a la Iglesia y a otros sectores que, desde planteos “populares”, le disputaban parcialmente facultades de control. (...) En 1883, Eduardo Wilde reconocía la inevitabilidad del control de la instrucción pública por parte del Estado Nacional. Los conflictos entre Estado e Iglesia respondieron, en su origen, a causas similares relacionadas con el poder y autonomía relativa de cada parte. (...) La influencia del positivismo tuvo mucho que ver con esta actitud. Esta corriente de pensamiento, hegemónica durante la segunda mitad del siglo XIX, reconocía y valoraba – contra lo que generalmente su supone – las funciones sociales de la religión. La relación con la Iglesia tenía, para los sectores dominantes, un sentido eminentemente instrumental: si la Iglesia controlaba conciencia, el Estado controlaba a la Iglesia. (...) “ (OSZLAK: 152-3) 21. “La educación – dice el diputado Onésimo Leguizamón en el debate de la ley – no es un asunto puramente doméstico o religioso, que afecta solamente a las conciencia o a las familias; es un asunto que se relaciona directamente con la vida social y política de la entidad nacional.(...) La influencia de la educación es un medio de gobierno¸ es un medio de poder sobre las sociedades y , tal vez, este es el único secreto porque todos los poderes se han disputado, en todas las épocas, el derecho exclusivo a la educación(...), es el poder que en cada nación es responsable de los destinos del pueblo llamado a educarse. (...) Si la educación es un medio de difundir las nociones elementales de su gobierno, una nación cometería el acto más contrario a sus propios intereses dejando que fuesen enseñados con entera libertad doctrinas y principios tendientes a derribar las instituciones que se han dado...” (Cámara de Diputados. Diario de Sesiones. 4 julio 1883. Tomo I. Pp. 478-485) (OSZLAK: 153) 22. “Como última ilustración de las modalidades de penetración ideológica del Estado Nacional, me referiré a la institución del servicio militar obligatorio. Si bien en un primer análisis el tema podría vincularse mas cercanamente con la modalidad de penetración represiva del Estado, una reflexión mas profunda permite observarlo como un poderoso mecanismo de socialización y adoctrinamiento. (...) La faz coercitiva del aparato militar se complementaba, por la vía de la conscripción obligatoria, con un poderoso mecanismo de penetración ideológica y control social claramente percibido por los responsables del proyecto. Nada mejor, para comprobar esta aseveración, que las palabras del Coronel Pablo Riccheri, cuando en el debate parlamentario, en torno a su proyecto de organización del ejército sostenía lo siguiente: “Un ejército que renueva así, periódicamente, recibiendo en su seno una porción notable de la mejor población del país, y que lo devuelve en cambio cada año un contingente de soldados licenciados, preparados... (...)echa todos los diez años en la masa popular, cerca de un millón de ciudadanos, y este es un poderoso instrumento de moralización pública”. Concebido como un riguroso rito de pasaje, el servicio obligatorio venía a cumplir fines similares a los contemplados por la Ley General de Educación y, en más de un sentido, la complementaba. Luego de pasar por las filas del ejército el proyecto oficial preveía que los jóvenes conscriptos serías “devueltos a sus hogares” expurgados de todo sentimiento contestatario y convertidos en “elementos de moralización pública”. Pero además, el pasaje por las filas podía

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constituirse también en un instrumento de homogeneización étnica – el mítico crisol de raza imaginado por los hombres del 80 – frente al carácter aluvional que adquiría la población a medida que se extendía el proceso inmigratorio. (...) La carga simbólica internalizada durante el pasaje por las filas completaba un proceso de socializacion que se deseaba uniforme, de modo de “argentinizar” o nacionalizar más velozmente a los hijos de una población de orígenes, lenguas y tradiciones heterogéneas. La fusión, la homogeneización, el crisol de razas también convertiría a esos hombres en ciudadanos previsibles. Rituales y símbolos – instrumentos de penetración ideológica – contribuyeron a modelar un destino común, la sacralización de la familia como célula básica y ámbito natural de convivencia, la construcción de un disciplinado nosotros, la adhesión a los justamente llamados “símbolos patrios” (juramento a la bandera, himno, lucimiento de una escarapela) fueron algunos mecanismos de los que se sirvió el estado para crear en la conciencia ordinaria de los ciudadanos la convicción de que el orden instituido coincidía con un orden legítimo y deseable. “ (OSZLAK: 155 – 156)

EDUCACIÓN
Construir escuelas cuarteles y escuelas-jardines forma parte de la misma lógica: los constructores de las unas y de las otras no son, en realidad, adversarios sino cómplices. El desarrollo de la educación contemporánea, o sea, el desarrollo del modo de producción de individuos como los conocemos en las sociedades occidentales no es una historia de héroes y bribones, como quiere la representación dominante, sino una locomotora marchando por una vía con dos carriles: el de la represión y el de la liberación. Se apunta con el dedo a la luna —la locomotora— y el tonto mira el dedo. Por eso, educar es a un tiempo liberar y domesticar, pues el autocontrol es el que da la libertad. La educación pretende introducir un cierto habitus en nuestro ser moral.

ROUSSEAU
Rousseau se convierte en el autor de referencia que delimita el campo de la educación, siendo la otra cara de la propuesta de Comte. Su pedagogía se basa en una especie de permanente como si, es decir, dar a entender que el niño es libre y no hubiera dominación en la educación, como si los niños fueran activos y el resultado del proceso no estuviera predeterminado, para mejor llevar adelante el total control del proceso educativo del niño por el adulto. Parte de un rechazo radical de la razón, apelando a los sentimientos y opta por una escisión entre el ser natural y el social, entre el hombre y la mujer, el niño y el adulto, los señores y los vasallos. AL mismo tiempo convierte a la escuela en la legitimadora de las desigualdades naturales, lo que posteriormente se llamará la meritocracia. Es el ideólogo perfecto de la pequeña burguesía que eleva a primera fila el ethos de la cultura y la educación. Realiza una delimitación del campo de juego de la educación: el hombre es sujeto de un universo vacío; es libre, igual y soberano, pero como ente aislado; hay un pacto libre y voluntario entre sujetos individuales, que permite pensar el problema del poder; la educación es una operación negativa por parte del adulto maestro y positiva por parte del alumno que despliega lo que ya lleva dentro. No es extraño que considere la República de Platón como el mejor tratado de pedagogía y que en el fondo, practique el mismo modelo de los jesuitas a los que tanto critica, solo que lo practica de forma

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encubierta. Y tampoco es de extrañar que este modelo la educación de la mujer, que domina a través de la sumisión y del sentimiento, ocupe un papel central en toda su propuesta educativa.

COMTE
Sus planteamientos son solo aparentemente distintos a los de Rousseau, pues no dejan de ser las dos caras de una misma moneda. Considera que hay que adaptar al individuo a la sociedad, y esa tarea se consigue con la educación como gran empresa moral que trabaja sobre los sentimientos. La mujer madre se hace cargo de la educación espontánea, pero el maestro, el homólogo al sacerdote, y el sociólogo, homólogo al teólogo, logran en el sistema educativo, continuador de la regla benedictina, llevar a término esa tarea de adaptación y educación guiados por el nuevo poder espiritual representado en este momento por la ciencia positiva; el positivismo ocupa el papel de aglutinante social que antes tenía el catolicismo y ejerce el poder espiritual de aquel. Busca la instauración de una sociocracia que exige una dedicación permanente en la que se equiparan vida, ascesis, curso y carrera. Un sistema educativo omnipresente que inculque una doctrina moral que garantice la adaptación de los seres humanos a la sociedad; de ese modo parece realizar una fusión de Hobbes y Rosseau, es decir, busca un Leviatán que sea al mismo tiempo político y moral. Se convierte así en portavoz de las clases medias, frente a los grandes capitalistas depredadores, y ve en estas las que deben guiar el proceso de liberación protagonizado por el proletariado que dará lugar a un nuevo orden social sólido y estable. Cultura y educación constituyen el ámbito de las clases medias. Es un campo escindido, situado entre el trabajo y el capital en el que buscan una identidad (educación) y unos títulos de propiedad (las titulaciones académicas). El resultado es difuminar el poder a través de un proceso de burocratización al que también acceden los proletarios. El objetivo no es ya la emancipación sino la represión / liberación, expresada en la pareja. Comte / Rousseau: la carrera individual toma el lugar de la carrera colectiva de la clase social. CARLOS LERENA: REPRIMIR Y LIBERARD. (SELECCIÓN)