Cómo citar este documento: Rogero-García, J. (2011).

El cuidado a las personas dependientes por discapacidad en España y el papel de las familias, a examen, en D. Casado (Coord.) “Acción y políticas de apoyo a las familias. Crianza, atención a la dependencia y fecundidad”. Barcelona: Hacer Editorial.

El modelo de cuidado a las personas dependientes por discapacidad en España, a examen1
1. La necesidad de evaluar el modelo de atención La situación de las personas con discapacidad ha pasado en pocos años de ser considerada un asunto individual, que concernía exclusivamente a la propia persona y a la familia, a ser entendida como un problema social, es decir, susceptible de ser abordado también desde el ámbito público. Estos colectivos han articulado sus demandas a través de asociaciones de afectados, y sus necesidades también han sido expresadas por la población general a través de diversas encuestas de opinión (por ejemplo, véanse diferentes estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas o del Instituto de Mayores y Servicios Sociales). Desde que se alzaron las voces de quienes reclaman mayor atención para este problema, no han dejado de escucharse, y la sociedad es cada vez más consciente de un problema que, tarde o temprano, nos acaba afectando a todos. El futuro de las personas dependientes y sus familias, que se prometía halagüeño a principios de 2007 con la aprobación de la Ley de Dependencia, se ha teñido en estos últimos años de una gran incertidumbre debido a la coyuntura económico-política. El objetivo de esta ley era, en última instancia, cambiar la manera en que la sociedad española se organizaba para atender las necesidades de las personas dependientes. Dicho de otro modo: se trataba de transformar nuestro modelo de cuidado, con el fin de hacerlo más eficaz -que cubriera a más personas y más necesidades- y más eficiente -al menor coste social y económico-. Este capítulo tiene el propósito de pasar a examen el modelo español de atención a personas dependientes por discapacidad, en las dos vertientes mencionadas: su eficacia y su eficiencia, ambas desde un punto de vista eminentemente social, es decir, en relación con sus repercusiones en el bienestar de las personas. 2. La eficacia del modelo: la alarmante divergencia entre demanda y oferta de cuidados El primer cometido de cualquier modelo de atención es ser eficaz, es decir, cubrir el mayor número de necesidades a la mayor cantidad de población posible. Por ello, debemos comenzar nuestro análisis estimando cuánta población necesita atención en España. Según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y Situaciones de Dependencia 2008 (INE) (en adelante, EDAD), en España hay aproximadamente 3.847.900 personas con discapacidad. Estas personas encuentran algún problema para
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Trabajo realizado en el marco del proyecto de investigación “Los usos del tiempo en España e Iberoamérica. Los tiempos del cuidado”, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (CSO200804747).

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desempeñar los papeles y actividades normales de la vida cotidiana, pero no son necesariamente dependientes, es decir, no tienen por qué requerir cuidados. En este contexto, quienes más nos interesan son aquellos que, efectivamente, necesitan atención para desarrollar su vida cotidiana. De las 3.787.447 personas con discapacidad mayores de 5 años, 2.244.091 (el 59,3%) reciben cuidados personales y 1.543.356 no los reciben (figura 1). Entre quienes no reciben cuidado, 261.369 (el 16,9%) consideran que sí necesitarían este tipo de apoyo, de manera que pueden ser considerados “dependientes no atendidos”. Si el modelo de atención español fuera totalmente eficaz, cubriría las necesidades de atención de un total de 2.505.460 personas (quienes ya reciben atención más quienes consideran que la necesitan). Sin embargo, el modelo no solo falla al no atender a una parte de la población necesitada, sino que también deja necesidades sin cubrir al 30% (681.337 personas) de quienes sí atiende.
Figura 1. Personas con discapacidad (>5 años) que reciben cuidados personales, según percepción de necesidad
Personas con discapacidad 3.787.447
(n= 22.795)

No reciben cuidados personales 1.543.356 (40,7%)

Reciben cuidados personales 2.244.091 (59,3%)

Considera que necesita cuidados 261.369 (16,9%)

No considera que los necesita 1.281.987 (83,1%)

Los cuidados son suficientes 1.444.384 (64,4%)

Los cuidados no son suficientes 681.377 (30,4%)

No necesitan cuidados 118.369 (5,3%)

Nota: Se han considerado los porcentajes netos que excluyen los casos perdidos y los “No contesta”. Datos sobre no respuesta: (1) en la pregunta sobre si reciben o no cuidados personales: 6,9% sin datos o “No contesta”; (2) en la pregunta sobre si considera que necesita cuidados: 1,6% de “No contesta”; (3) en la pregunta sobre si considera que los cuidados son o no suficientes: 22,3% de “No contesta”. Fuente: Microdatos de la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia 2008 (INE).

El resultado es que cerca de un millón de personas, 942.706, se encuentran en situación de infracuidado en España, es decir, o necesitan cuidados y no los reciben, o reciben menos de los que necesitan. Si se asumen estas cifras, el modelo fracasa en la atención del 38% de la población objetivo. Existe, por tanto, una alarmante divergencia entre las demandas de atención por parte de las personas dependientes y la oferta que, desde los diferentes agentes, la sociedad española es capaz de articular. 3. La eficiencia del modelo La eficiencia del modelo de cuidado hace referencia a la utilización de los recursos adecuados para cubrir las necesidades de las personas en situación de dependencia. ¿Utiliza el modelo español, con sus limitaciones de cobertura, los recursos apropiados y del modo adecuado? Descartado en este trabajo el análisis de la economía monetarizada, tres son los tipos de información que se manejan para dar cuenta de su nivel de eficiencia social. En primer lugar, se usan indicadores sobre los instrumentos del cuidado, es decir, los agentes cuidadores; en segundo lugar, se utiliza información sobre la cantidad del cuidado, en este caso sobre tiempo de atención; y en tercer lugar, se 2

aborda la calidad del cuidado, a través del grado de cobertura de necesidades (por parte de quienes lo reciben) y de la satisfacción con el cuidado (por parte de quienes lo proveen). 3.1. ¿Los mejores medios? La composición de la oferta de cuidados Los problemas mencionados no pueden soslayar el esfuerzo que los diferentes agentes cuidadores (familia, mercado, sector público y entidades sin ánimo de lucro) realizan en nuestro país, y que constituyen una contribución social y económica fundamental para el bienestar general. La participación de dichos agentes en la cobertura de necesidades de las personas dependientes se ha plasmado a través de la metáfora del “diamante del cuidado” (Razavi 2007; Kofman & Raghuram 2009). El volumen de población atendida y el tipo de acción desarrollado por cada uno de estos agentes es, de hecho, lo que define el modelo de cuidado de una sociedad. En España, al igual que en la mayoría de países del mundo, la participación de los hogares es considerablemente mayor que la del mercado, el sector público y las entidades sin fines de lucro, tal y como expresa gráficamente la figura 2. Asimismo, y como se ha puesto de manifiesto, hay una parte de las necesidades de la población en situación de dependencia que ninguno de los agentes logra cubrir, un hecho que debería constituir la principal prioridad política en este campo.
Figura 2. El diamante del cuidado y los agentes cuidadores

Fuente: Elaboración propia.

El modelo se define, además de por las necesidades de cuidado que se satisfacen, por la composición de la oferta de cuidadores, es decir, por quiénes las satisfacen. En este aspecto, los hogares son los claros protagonistas, lo que significa que casi 8 de cada 10 personas dependientes reciben únicamente cuidado familiar (tabla 1). El 8,5% recibe cuidado familiar y cuidado privado (generalmente proveniente de empleadas de hogar) y el 5,1% recibe únicamente cuidado privado. El 3,8% dispone de la atención mixta entre la familia y los servicios sociales, y sólo el 2% recibe cuidado exclusivamente de servicios sociales. De esta manera, la familia participa en el cuidado del 93% de las personas dependientes. El cuidado privado es el segundo agente en importancia, aunque a gran distancia del cuidado familiar: el 14,4% de las personas dependientes recibe este tipo de atención. La atención proveniente de las administraciones públicas a través de 3

los servicios sociales alcanza al 6,6% de la población dependiente y, como veremos más adelante, su intensidad (tiempo) es mucho menor que la de los familiares o cuidadores privados. Una gran parte de las personas dependientes, el 87%, recibe atención por parte de un único agente (casi siempre la familia), y sólo en el 13% de los casos los agentes se combinan.
Tabla 1. Personas dependientes no institucionalizadas que reciben ayuda, según tipo de apoyo recibido. España 2008 Personas % Total 2.244.091 100,0 Cuidado familiar 1.789.608 79,7 Cuidado familiar y cuidado privado 191.121 8,5 Cuidado privado 114.887 5,1 Cuidado familiar y servicios sociales 85.415 3,8 Servicios sociales 45.212 2,0 Cuidado familiar, privado y servicios sociales 15.663 0,7 Cuidado privado y servicios sociales 2.185 0,1
N total =9.365. Nota: Se considera dependiente toda persona mayor de 5 años que recibe cuidados debido a su/s discapacidad/es. Fuente: Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia 2008 (INE).

Conviene comparar esta abrumadora presencia de la familia en España con lo que sucede en otros países. Los datos de la encuesta EDAD son coherentes con un informe publicado por Comisión Europea, en el que se estima que en torno al 21% de las personas dependientes recibe algún tipo de cuidado formal en España, ya sea en sus hogares o en una institución, mientras que el 79% restante recibe cuidado informal o no recibe cuidado (European Commission 2009). Este informe sitúa el promedio europeo de cobertura formal en el 41%, casi el doble que en España. La cobertura de cuidado formal varía sustancialmente entre países, con el mínimo en el 11% de Letonia hasta la cobertura total en Suecia, Noruega, Holanda y Dinamarca 2. Si se asume que una mayor cobertura de cuidado formal satisface mejor las necesidades de las personas dependientes y sus familias, queda patente que España está a la zaga de la mayoría de países europeos en cuanto a la eficiencia de su modelo. La variedad de tipos y grados de dependencia, así como de situaciones sociales y económicas de las familias dibuja innumerables estrategias puestas en marcha para atender a las personas dependientes. A pesar de esa heterogeneidad, una breve mirada a los datos constata la abrumadora importancia de la familia y la todavía escasa extensión de los cuidados formales (públicos y privados). En España, el grupo más numeroso de cuidadores principales 3 (el 77% mujeres) son hijas/os de las personas dependientes, con el 36,3% del total de cuidadores (tabla 2). El segundo grupo más numeroso es el de los cónyuges o parejas, con el 27,7%. Les siguen, a gran distancia, las madres/padres con el 11,5%. Finalmente, uno de cada diez cuidadores principales no pertenece a la red social inmediata de la persona dependiente: el 8% son empleadas de hogar y el 2,4% personal de servicios sociales.

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En estos casos, toda la población dependiente recibe algún tipo de apoyo formal, lo que no significa que estos apoyos cubran todas sus necesidades de atención. 3 Persona que realiza la mayor parte de las tareas de cuidado.

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Tabla 2. Relación cuidador principalreceptor de cuidados (el cuidador es su…) N % Cónyuge o pareja 2.573 27,7 Madre/padre 1.070 11,5 Nuera/yerno 352 3,8 Nieta/o 91 1,0 Hermana/o 399 4,3 Hija/o 3.377 36,3 Otro pariente 341 3,7 Otra relación 92 1,0 Empleada/o de hogar 745 8,0 Amiga/o o vecina/o 45 0,5 Servicios sociales 220 2,4 Total 9.305 100,0
Fuente: Microdatos de la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia 2008 (INE).

Las empleadas de hogar que actúan como cuidadoras principales han aumentado considerablemente durante los últimos años, debido en parte a la disponibilidad de empleadas a bajo coste procedentes de otros países (IMSERSO, 2005b). Esta presencia tiene que ver con la expansión del fenómeno de las “cadenas globales de cuidados”, es decir, de los movimientos de población y relaciones transnacionales que se producen y mantienen con el objetivo de proveer atención a personas dependientes (Pérez Orozco et al., 2008). En estas circunstancias, surgen tres preguntas: primera, ¿es suficiente el esfuerzo realizado por los diferentes agentes para cubrir de manera adecuada las necesidades de las personas dependientes?; segunda, ¿es este reparto del cuidado el más eficiente posible?; y tercero, ¿hasta qué punto las familias están satisfechas con el cuidado que proveen? El siguiente apartado trata de responder, entre otras, a estas cuestiones.

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3.2. La cantidad de cuidado: el tiempo de dedicación La cantidad del cuidado se mide generalmente a través del tiempo dedicado, en el caso de los cuidadores (Bittman et al., 2005), o del tiempo recibido, en el caso de las personas dependientes. Uno cuida mucho o poco en función de las horas que dedica. El tiempo de cuidado está estrechamente relacionado con el nivel de necesidades de la persona dependiente (Call et al., 1999) y tiene, inevitablemente, implicaciones en la distribución temporal y en la vivencia del resto de actividades cotidianas de quienes cuidan. De acuerdo con la encuesta EDAD, el promedio de horas diarias de cuidado recibidas por cada persona dependiente en España es de 11,7. El nivel de discapacidad es, sin lugar a dudas, el factor más determinante para predecir el tiempo de cuidado: quienes tienen discapacidad leve reciben 7,6 horas diarias, por 17,3 horas de quienes tienen discapacidad severa (tabla 3). Los datos confirman resultados de investigaciones previas sobre cuidado: reciben más cuidado quienes residen en el mismo hogar que su cuidador principal y aquellos cuyo cuidador principal es una mujer.
Tabla 3. Horas diarias de cuidado recibidas por las personas dependientes según diferentes variables Horas Total 11,7 Nivel de discapacidad Leve 7,6 Moderada 12,5 Severa 17,3 Tipo de cuidado recibido Cuidado familiar 11,7 Servicios sociales 1,8 Cuidado privado 11,8 Cuidado familiar y servicios sociales 10,9 Cuidado familiar y cuidado privado 13,5 Cuidado privado y servicios sociales (y familiar, generalmente) 10,1 Residencia del cuidador principal Reside en el hogar 12,9 No reside en el hogar 7,1 Sexo del cuidador principal Varón 10,7 Mujer 12,3

N 8789 3510 3288 1990 7002 149 439 350 761 65 6951 1838 2022 6428

Nota 1: La información sobre el tiempo de cuidado recibido por las personas dependientes procede de la pregunta ¿Cuántas hora diarias por término medio, recibe ayuda de otras personas? (excluya los cuidados y servicios recibidos en centros de día y otros servicios profesionales). Este tiempo de atención se refiere al cuidado recibido fuera de instituciones o servicios formales. Nota 2: Se considera dependiente toda persona mayor de 5 años que recibe cuidados debido a su/s discapacidad/es. Fuente: Microdatos de la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia 2008 (INE).

Merece especial atención el tiempo recibido según agente cuidador: los datos evidencian que la acción de los servicios sociales no sólo es muy limitada en cuanto a

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cobertura, sino también en cuanto a cantidad de cuidado provista, en comparación con la familia y los cuidadores privados. Respecto a estos últimos, el análisis de la encuesta EDAD realizado por Rodríguez et al. (2011) refleja que el 80% de las empleadas de hogar inmigrantes que actúan como cuidadoras principales de personas mayores trabajan 6 ó 7 días a la semana durante un promedio de 15,7 horas diarias. Otros estudios, realizados con metodologías diferentes, arrojan resultados similares en cuanto a tiempo de cuidado dedicado por empleadas de hogar inmigrantes (Martín Coppola y Rogero García, 2010). En definitiva, el cuidado de las personas en situación de dependencia requiere grandes inversiones de tiempo por parte de los cuidadores. Los datos sobre tiempo de cuidado reflejan una distribución muy desigual entre los diferentes agentes, en la que las administraciones públicas tienen todavía una función marginal. Aunque la familia ha sido, es y seguirá siendo la institución cardinal en la provisión de bienestar (Casado, 2010), el modelo actual adolece de un claro desequilibrio, con dos consecuencias: por un lado, la cobertura de necesidades de las personas dependientes es insuficiente; y por otro, la calidad del cuidado se resiente. En ese sentido y a pesar de su utilidad, la información sobre tiempo no contempla elementos como el esfuerzo o el nivel de preocupación que genera el cuidado, en el caso de los cuidadores, o el grado en que la atención satisface las necesidades, en el caso de las personas dependientes. Estos elementos se refieren a la calidad con la que se presta y recibe el cuidado, y requieren, por su naturaleza, otro tipo de indicadores. 3.3. La calidad del cuidado: cobertura de necesidades y grado de satisfacción La calidad del cuidado se mide por su capacidad para satisfacer las necesidades de las personas que lo reciben. El modelo de cuidado, ¿atiende adecuadamente a las personas dependientes? Como se ha indicado, aproximadamente el 30% de las personas dependientes consideran que el cuidado que reciben no satisface sus necesidades 4, en lo que constituye una clara ineficiencia (e ineficacia) del modelo de atención. La probabilidad de no tener satisfechas las necesidades es mayor entre quienes tienen dependencias más severas, entre las mujeres y entre quienes no conviven con su cuidador. El hecho de que el cuidador experimente problemas a causa del cuidado también está relacionado con una deficiente cobertura de necesidades de la persona dependiente. Por tanto, la sobrecarga de cuidado no afecta únicamente a quien cuida, sino también, de manera negativa, a quien recibe el cuidado. De este modo, las deficiencias del modelo tienen efectos más profundos que los que a priori pudieran preverse, dando lugar a efectos sinérgicos perjudiciales en las diferentes partes implicadas. El análisis sobre la eficiencia del modelo ha de abordar también, necesariamente, la situación de los cuidadores. Es sabido que el cuidado de un familiar puede, en los peores casos, reducir considerablemente la calidad de vida de los cuidadores. Las cifras de la encuesta EDAD reflejan el compromiso e intensidad que requiere la atención: el 62,5% de los cuidadores principales lleva desempeñando esta labor más de 4 años, y un 41,5% más de 8 años; el tiempo diario dedicado por los cuidadores a esta actividad es de 12,2 horas de media. Como era esperable, esta situación tiene consecuencias
Estas cifras no incluyen respuestas de proxis, sino únicamente de personas con discapacidad que reciben cuidado y responden directamente a la pregunta: ¿Considera que la ayuda que recibe de otras personas satisface sus necesidades? Sí/no, es insuficiente (EDAD 2008).
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negativas: el 57,3% de los cuidadores principales declara que tiene dificultades para llevar a cabo el cuidado, y el 88,8% problemas a raíz del cuidado: el 66,9% problemas de salud, el 54,8% de trabajo y el 75% en las relaciones sociales y el ocio (EDAD 2008). Estos datos ponen de manifiesto las carencias de un modelo ineficiente, que aún hoy es incapaz de dotar a las familias de los recursos necesarios para enfrentar el cuidado en condiciones dignas. La realidad del cuidado es, no obstante, ambivalente, pues a pesar de su “mala prensa” tiene importantes aspectos positivos. Si no fuera así, no podría explicarse que ocho de cada diez cuidadores de personas mayores afirmen que el cuidado les aporta una gran satisfacción (Rogero, 2010), mientras que dos de cada diez experimentan el cuidado como una carga excesiva. Es evidente que las políticas públicas han de dirigirse especialmente a los cuidadores que experimentan problemas, pero urge comenzar a disociar las ideas de cuidado y carga, dado que van unidas sólo en una pequeña proporción de las situaciones de dependencia. Por su parte, el grado de satisfacción con el cuidado a adultos, en comparación con el resto de actividades cotidianas, ocupa un lugar intermedio. Produce más satisfacción que todas las tareas domésticas y que el trabajo remunerado, y menos que el cuidado a niños o las actividades de ocio (figura 3). A buen seguro, la satisfacción que produce el cuidado a adultos aumentaría sensiblemente si se controlaran sus efectos negativos y se potenciaran los positivos.
Figura 3. Grado de satisfacción de los cuidadores con diferentes actividades. Comunidad de Madrid, 2005
4,5 4,0 3,5 3,0 2,5 2,0 1,5 1,0 0,5 0,0

3,5 3,0 2,5 2,5 2,6 2,7 2,7 3,1 3,2 3,2 3,2 3,2 3,2

3,6

3,7

3,7

3,9

Nota: Promedio para quienes realizan la actividad al menos alguna vez al año: 1=mínima satisfacción; 2=escasa satisfacción; 3=moderada satisfacción; 4=mucha satisfacción. N: 366 personas que cuidan a enfermos o mayores de su hogar o a personas de otros hogares. Fuente: Rogero (2010) sobre microdatos de la Encuesta CSIC sobre Trabajo No Remunerado en la Comunidad de Madrid 2005.

Es clave, a este respecto, ofrecer a las familias las mejores herramientas para desarrollar el cuidado de manera adecuada. Sin embargo, no está claro qué apoyos deben promocionarse y cómo deben implementarse para incrementar la eficiencia del cuidado. Si se pregunta a la población general, a la cabeza de las medidas elegidas están los servicios de atención domiciliaria, el apoyo económico a familiares cuidadores y las residencias. Entre los afectados, gozan de mayor aceptación las ayudas económicas a los

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cuidadores familiares y las deducciones fiscales (figura 4). Por su parte, los policy makers dan prioridad a la teleasistencia, los centros residenciales y la ayuda a domicilio (IMSERSO, 2009).
Figura 4. Medidas que deberían potenciarse más para la atención a las personas dependientes 5
50 45,0 44,6 45 40 35,8 35 30,3 30 25 20 15,7 15 10 5 0 Servicios de atención domiciliaria Apoyo económico de la Admón. a familiares cuidadores Residencias u Centros de día Reducción de Estancias otro tipo de jornada para temporales en alojamientos quienes cuiden residencias permanentes a familiares Formación y orientación para los cuidadores Teleasistencia y ayudas técnicas Deducciones fiscales 12,3 11,5 6,4 7,3 6,3 7,9 5,0 4,9 28,3 45,4

Población general Afectados

21,2 21,8

20,4

N: Afectados, 381; población general, 2109. Fuente: Rogero (2010) sobre microdatos de Estudio 2644 (CIS, 2006).

4. Calificación final del modelo y materias pendientes Un modelo de cuidado es eficaz cuando cubre las necesidades de la población demandante, y eficiente cuando lo hace eligiendo los mejores medios, es decir, aquellos que menos costes generan. En síntesis, un modelo de cuidado funciona bien cuando provee la mayor cantidad de bienestar posible. A la luz de los datos, el modelo español dista mucho de ser eficaz y eficiente. El modelo no es eficaz porque no cubre las necesidades de buena parte de la población el 38% de la población afectada, según nuestros datos-. Una de las causas más evidentes es la falta de recursos, bien para proveer atención directa (atención a domicilio, centros de día, etc.) bien para facilitar el cuidado por parte de familiares (prestaciones económicas, medidas de conciliación, etc.). A esta escasez se unen la complejidad derivada por la heterogeneidad de situaciones de dependencia y la falta de consenso respecto a qué agentes promocionar. A este respecto, un estudio del CIS realizado en 2006 pidió a los encuestados que optaran por el cuidado de un familiar o de un profesional para los casos de dependencia; el 54% eligió el familiar y el 46% el profesional. Esta distribución revela, además de la diversidad de opiniones respecto a “el buen cuidado”, el importante peso que la sociedad española sigue otorgando a la familia en las situaciones de dependencia, y muestra la necesidad de engarzar la acción de los diferentes agentes.
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Información extraída de la pregunta 18 del cuestionario del Estudio 2644 del CIS: “De entre las diferentes medidas que las administraciones han puesto en marcha para la atención a estas personas, ¿cuáles son las dos que, en su opinión, se deberían de potenciar más?”.

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El modelo español es también altamente ineficiente, debido a los numerosos efectos negativos que implican los procesos de cuidado para las partes implicadas. En muchos casos, las familias, incapaces de dar respuesta a las demandas de atención, actúan por encima de sus posibilidades y sufren las consecuencias. Las investigaciones en este campo han dado buena cuenta de estos efectos en la economía, la salud y las relaciones sociales de las personas dependientes y sus familias (Agulló, 2001; Rogero, 2010). Asimismo, la calidad de la atención recibida y la satisfacción que produce el cuidado están todavía muy por debajo de lo deseable. Quizá lo más preocupante es que estamos ante una problemática que ha sido puesta sobre el tapete en repetidas ocasiones (a modo de ejemplo, vid. Colectivo IOÉ y Rodríguez, 1994; IMSERSO, 2005a). Aunque la Ley de Dependencia ha supuesto un hito indudable al respecto, se trata de una disposición legal que requiere de unos recursos y de una articulación entre administraciones de los que hoy carece. Para añadir más leña al fuego, la situación de crisis económica y algunas de las recientes medidas políticas pueden tener consecuencias dramáticas para las familias con situaciones de dependencia, llegando incluso a revertir los efectos positivos de las medidas ad hoc, como la Ley de Dependencia u otras acciones regionales. Mencionaremos aquí dos breves pero elocuentes ejemplos: primero, la reducción o eliminación del subsidio por desempleo puede ser definitivo para mantener la situación de pobreza de muchas familias con miembros dependientes, además de un importante obstáculo para que éstos reciban el cuidado adecuado. Y segundo, la ampliación de la edad de jubilación implicará, ulteriormente, una reducción en el contingente de potenciales cuidadores, dado que buena parte de quienes antes podían cuidar se mantendrán ligados durante más tiempo al mercado de trabajo. Estas políticas económicas y sociales tendrán, por tanto, efectos sobre el fenómeno de la dependencia por discapacidad. Un fenómeno cuyo abordaje parece ser una asignatura que, si bien está en la agenda política, no ha recibido aún la atención que merece. Al modelo de cuidado español, como a los malos estudiantes, siempre le quedará la siguiente convocatoria. Bibliografía Agulló Tomás, M. S., Mujeres, cuidados y bienestar social: el apoyo informal a la infancia y a la vejez. Instituto de la Mujer (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales), Madrid, 2001. Bittman, M., Fisher, K., Hill, P. y Thomson, C., «The time cost of care». Electronic Journal of Time Use Research, nº 2(1), 2005, pp. 54-66. Call, K. T., Finch, M. A., Huck, S. M. y Kane, R. A., «Caregiver Burden from a Social Exchange Perspective: Caring for Older People after Hospital Discharge». Journal of Marriage and the Family, nº 61(3), 1999, pp. 688-699. Casado, D., «La familia y otros recursos comunitarios de ayuda personal. Aportaciones y necesidades de apoyo». En Casado D. (Coord.). Familias para el bienestar personal. Bienestar social para las familias. Hacer, Barcelona, 2010, pp. 7-24. Colectivo IOÉ y Rodríguez, P., Cuidados en la vejez. El apoyo informal. INSERSO, Madrid, 1995. European Comission, 2009 Ageing Report: Economic and budgetary projections for the EU-27 Member States (2008-2060). European Economy No.2/2009. European Comisión, Brussels, 2009. 10

IMSERSO, Cuidados a las personas mayores en los hogares españoles. El entorno familiar, Instituto de Mayores y Servicios Sociales, Madrid, 2005a. IMSERSO, Las personas mayores en España. Informe 2008. Instituto de Mayores y Servicios Sociales, Madrid, 2009. IMSERSO, Cuidado a la dependencia e inmigración. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2005b. INE, Encuesta sobre Discapacidades, Autonomía personal y situaciones de Dependencia 2008. Instituto Nacional de Estadística, Madrid, 2008. Kofman, E. y Raghuram, P., The Implications of Migration for Gender and Care Regimes in the South. Social Policy and Development Programme Paper Number 41. United Nations Research Institute for Social Development, Geneva, 2009. Martín Coppola, E. y Rogero García, J., «El tiempo de trabajo de las cuidadoras inmigrantes de personas mayores», Alternativas. Cuadernos de Trabajo Social, nº 17, 2010, pp. 181-199. Pérez Orozco, A., Paiewonsky D. y García Domínguez M., Cruzando Fronteras II. Migración y desarrollo desde una perspectiva de género, Instituto de la Mujer / UN-INSTRAW, Madrid, 2008. Razavi, S., The Political and Social Economy of Care in a Development Context: Conceptual Issues, Research Questions and Policy Options. Programme Paper GD No.3, UNRISD, Geneva, 2007. Rodríguez, V. (Coord.), Inmigración y cuidados de mayores en la Comunidad de Madrid, Fundación BBVA, 2011 (en prensa). Rogero, J., Los tiempos del cuidado. El impacto de la dependencia de las personas mayores en la vida cotidiana de sus cuidadores. IMSERSO, Madrid, 2010. Rogero-García, J., «Las consecuencias del cuidado familiar sobre el cuidador: una valoración compleja y necesaria», Index de Enfermería nº 19(1), 2010, pp. 4750.

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