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FORMACIÓN DOCENTE / FILOSOFIA Y EDUCACION PROF. DR.

JORGE EDUARDO NORO

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INSTITUCIONES, SUJETOS Y EDUCACION: METAFORAS
PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO norojor@cablenet.com.ar

01. ESTACIONAMIENTO O TALLER1
A medida que la educación fue perdiendo relevancia, las instituciones educativas fueron perdiendo significado y fueron negociando su supervivencia. Como sucede en las viejas ciudades en que todo se destruye y se recicla, lo que alguna vez fue “templo del saber”, “taller de hombres”, “fabrica de ciudadanos educados”, se fue convirtiendo en un espacio vacío a la espera de una nueva construcción. Por eso muchas instituciones educativas se han convertido en playas de estacionamiento en las que los padres depositan sus hijos en horas determinadas con el único compromiso de pasar a retirarlos al concluir el turno. Como en las playas, los responsables entregan las llaves de sus vehículos o el control de sus hijos, aunque quienes trabajan allí sólo estén para cambiarlos de sitios y asegurarse mayor cantidad de lugar. A veces ofrecen servicios adicionales, pero siempre son superficiales: la limpieza, el lavado, el cuidado. Lo que interesa no es que el auto cambie, sino que esté disponible y sin riesgos – bajo control y encerrado – para regresarlo al dueño que lo pasa a retirar. Es por eso, tal vez que los padres prefieren no pedirle mayores cosas a la escuela con tal de que sus hijos estén seguros, vigilados y controlados, algunas horas por días y cinco días de la semana. Los autos, como los alumnos, pueden pasar años en la playa de estacionamiento: nada cambiará en ellos, sino que solamente acumularán años. La seguridad, como se ve, tiene sus costos: hay que admitir que los playeros (¿los docentes?) no están para remediar, agregar o prevenir: se les paga para estar, controlar la entrada y la salida, registrar, recibir y entregar la unidad. Las playas de estacionamiento suelen ser contagiosas: siempre hay más, y en algunos casos se amplían en cantidad y se extienden a todos los niveles. 2 Existe a su vez una curiosa relación con los autos y su antigüedad: a los nuevos, los dueños los cuidan con particular empeño, no tanto porque son frágiles sino porque temen por su seguridad, por su integridad y suponen que el ojo vigilante sobre lo que hacen quienes lo tienen provisoriamente a su cargo puede representar cierta garantía. A medida que pasan los años y los modelos envejecen los propietarios tienden a desentenderse de los mismos y, casi, no hacen más que reproducir rituales automáticos desconociendo en el fondo lo que realizan en su ausencia. De la misma manera que las mochilas y las instrumentos de estudios tienen una desaparición progresiva y sistemática con
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Alumnos de carreras docentes que trabajaron el texto, propusieron otras metáforas: ser termómetros y termostatos; ser fábrica de muebles o carpinteria artesanal; ser guarda-ropa de lugares públicos o tintorería; saber construir sobre arena o construir sobre piedra; ser arquitectos o albañiles; ser supermercados o fábricas; ser mineros que sacan los metales precioso – artesanos que los trabajan; ser fast-food o restaurante. 2 Lo que actualmente se denomina “nuevas infancias y juventudes” con caracteres sustancialmente diferentes de los de generaciones anteriores. Estas “culturas juveniles” se sientan en los bancos y pueblan las aulas de las escuelas y de las universidades con otros códigos y necesitados de nuestros procesos de alfabetización.

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el correr de los años, la protección y el cuidado se desvanece con el paso de los días... y los playeros hacen (o dejan de hacer) sin mayores contemplaciones. No todas las playas de estacionamientos son iguales. Coinciden en la función (todas guardan los autos) pero difieren en el trato y en las comodidades. Algunos llaman playas de estacionamientos a un espacio en la calle pública en donde los autos se acomodan guiados por algunos encargados en guiar las maniobras. Hay poca diferencia entre dejarlos en la calle – sin cuidado – y dejarlos en estos lugares que no son más que una porción de la vía publica sometida a cierta vigilancia. Otras playas tienen muros protectores, pero funcionan a cielo abierto y la protección también es relativa: simplemente se han encargado de cercar un espacio disponible sin ofrecer mayores protecciones. En otras, el espacio es mínimo y sólo la habilidad de los playeros permite encontrar un lugar en medio de una multitud de vehículos. Están las playas construidas arquitectónicamente para esa función que suman varios pisos para poder albergar la mayor cantidad de vehículos. Y finalmente están las playas de estacionamiento de lujo: cerradas, cubiertas, con cada uno de los box pre-definido y la posibilidad de ver cada una de las unidades custodiadas y cuidadas hasta en los mínimos detalles. Cada uno puede disfrutar de una playa al gusto de sus posibilidades económicas y la cercanía geográfica. Aunque hay propietarios que optan por hacer cotidianamente un esfuerzo extraordinario para lograr la mejor playa para sus autos. Lo que necesitamos – en esos espacios vacíos – son talleres mecánicos para que se ocupe el tiempo libre y disponible de los autos en hacerles servicios permanentes. Talleres de hombres3 que los atiendan para lograr un mejor rendimiento, un presente y un futuro más confiables. En algunos momentos los prepararán para situaciones especiales: un viaje prolongado, terrenos difíciles, temperaturas riesgosas, una carrera de mucha exigencia, y cotidianamente, para las demandas de circulación de una ciudad compleja. El mecánico dispone de saberes específicos y sabe qué necesita el auto. El docente tiene saberes profesionales y entiende qué tiene que hacer con los alumnos, para que el trabajo los mejore. Porque se trata de un taller integral, en el que todo se realiza, todo se acondiciona. También aquí dejamos las llaves, confiamos en el profesional, pero la seguridad tiene otro nombre, porque les exigimos mucho más, porque creemos que solamente eso le otorga sentido a nuestro gesto de confianza....4

02. VIAJE Y AUTOPISTAS
Hay otra metáfora que es muy gráfica y que ya ha sido utilizada (aunque con otros criterios de interpretación y aplicación) por algunos autores: el camino, las autopistas y las vías alternativas. (CULLEN C., 1997: 145) De alguna manera las escuelas constituyen un vínculo necesario y obligado con el mundo de la cultura, del saber, del conocimiento, en definitiva, con el mundo de la vida. Quienes consiguen acceder a la escuela y logran permanecer dignamente en ella para egresar con alguna acreditación pagan el peaje que les impone la sociedad del conocimiento. Quienes no ingresan o no logran mantenerse o definitivamente nunca, egresan y tienen serias dificultades para poder reconocer algún camino por el que puedan transitar. Como en las autopistas, los caminos alternativos están deliberadamente en mal estado, es una aventura imposible transitar por ellos y ponen en riesgo a los vehículos. Las autopistas y los peajes se convierten en una opción forzada, que incluye y excluye, que otorga comunicación y destino, o niega todas las posibilidades.

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La expresión originalmente pertenece a COMENIO en sus escritos de 1630. Los medios nos entregaron dos noticias curiosas asociadas con la analogía: en Japón la adquisición de un chips personal le permite a los padres, en algunas escuelas, monitorear directamente la presencia y la seguridad de sus hijos en las escuelas. Y en España la innovación de un taller mecánico consistía en que colocar cámaras estratégicamente distribuidas para que los clientes pudieran ingresar al sitio virtual y observar desde sus domicilios las tareas que los especialistas le realizaban a sus vehículos.

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01. Sin embargo, no se trata solamente del peaje y de la presencia física de las autopistas. Porque el pago obligatorio no garantiza el estado perfecto y adecuado de la autovía: en las casillas del peaje poco o nada saben de lo que puede depararnos el camino en cuanto a los detalles de seguridad: sólo algunos carteles ofrecen frías referencias acerca de sectores riesgosos y zonas en reparación. Igualmente nada nos garantiza que el vehículo que conducimos tenga la resistencia y la habilitación técnica para trasladarnos a la meta: eso no depende de la autopista y no está incluido en el precio del peaje. Cuanto más – si por algún motivo nos detenemos o tenemos algún accidente menor – vendrán solícitos a auxiliarnos para sacarnos de la coyuntura (y, sobre todo, para liberar la autopista de eventuales obstáculos) pero nunca se harán cargo de las deficiencias del vehículo: somos nosotros los que respondemos por él. De poco o nada nos servirá tener a nuestra disposición la autopista y pagar los peajes, si finalmente no disponemos de un vehículo seguro para conducir y alcanzar nuestro destino.

02. Aunque las analogías siempre son limitadas, de alguna manera nuestras escuelas son las diversas autopistas que el sistema educativo ha construido para que los alumnos puedan arribar al mundo del saber, de la cultura y del conocimiento. (1º) No todos pueden acceder a ellas, porque no pueden o no quieren. En primer lugar por siempre hay que pagar algún tipo de peaje, y también, porque el valor de las autopistas no es un conocimiento natural, sino cultural, sino que exige su descubrimiento y la posibilidad de utilizarlas. Pero, a su vez, (2º) frecuentemente se puede observar a muchos que han intentado circular por las autovías pero las dificultades del camino, la velocidad impuesta, las normas de transito, el tipo de vehículo los obligan a abandonarlas. (3º) Para muchos de ellos, la única opción es utilizar el deteriorado camino alternativo, arriesgando más el estado del vehículo con escasa posibilidad de llegar a destino alguno: en los caminos alternativos no hay auxilio, nadie se hace cargo de los accidentes y no hay propietario o responsable a quien efectuar reclamos. Y finalmente (4º) están también los que logran pagar el peaje, sobrevivir al viaje y llegar a destino, pero la circulación por la escuela no les representa ningún tipo de beneficio o cambio: ingresan y egresan de ellas sin ninguna transformación. 03. De nosotros y de nuestras funciones específicas, desde responsabilidades diversas y complementarias, depende determinar qué escuela tenemos y qué tipo de escuela queremos construir, qué tipo de autopista queremos cimentar, qué tipo de peaje vamos a imponer o subsidiar, qué servicios pretendemos brindar y cuánto nos interesa que cada uno de los usuarios-alumnos llegue sano y salvo a destino… y, sobre todo, enriquecido realmente por el tránsito por las escuelas. Porque hay varios tipos de inclusiones y exclusiones. (1º) La más común – y no por eso menos ardua – es la exclusión de tipo social y económica. Muchos de ellos no podrían ingresar a nuestras instituciones, y si lograran hacerlo tendrían serias dificultades para mantenerse vivos en ella: con un vehículo deteriorado, con patente antigua y con un modelo casi inexistente, con una carrocería baqueteada y un motor en evidente decadencia exhiben sus imposibilidades. ¿Qué pueden hacer frente a los confortables, brillosos, arrogantes, briosos y velocísimos 0 kilómetros? Convencerse progresivamente de sus impedimentos o de las limitaciones de sus logros. (2º) Los que forman parte de las escuelas y circulan por la autopista, pero no logran un aprovechamiento real de la escuela, los que pasan formalmente por ella, los que zafan y aprueban pero que no alcanzan aprendizajes, los que reglamentariamente cumplen con todos las pautas, pero

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no logran transformaciones verdaderas. Para muchos de ellos, concluir la escuela es un pasaporte al vacío: carente de hábitos y actitudes, desprovistos de contenidos procedimentales, se exponen a un naufragio próximo en los ciclos posteriores, en los mares de la universidad o de la búsqueda de trabajo. (3º) Existe un tercer grupo de excluidos: son aquellos a quienes los aprendizajes acreditados no les permite interrogar y modificar su propia vida y han quedado al margen los verdaderos saberes que la realidad demanda para poder encontrar el propio lugar en el mundo o construir el proyecto de vida. Buenos estudiantes pueden comprometerse solamente con algunos conocimientos, sin apropiarse de las estructuras y los referentes que les permitan construir en un marco de autonomía una personalidad integral.

03. NAVEGAR
Nuestra escuela puede ser una humilde canoa que sólo puede garantizarnos un corto viaje. O una cómoda embarcación que nos conecta con el mundo entero. O una lancha de fin de semana que sólo sirve para entretenernos. O un transatlántico donde todos viajan con ropa de marrca, muy bien atendidos y seguros, rumbo al puerto elegido. O un abnegado barco pesquero que tira sus redes generosas a las aguas para salvar vidas y levantar todos los que encuentra a su paso. Uno elige en qué barco trabajar y qué hacer en él: la comodidad o el compromiso, la seguridad o los días tormentosos, el pasaje asegurado o las noches sin regreso, los pasajeros cuidadosamente elegidos o los intrusos que se han subido a la barca. Puede disfrutar tranquilamente del sol y de los camarotes de primera o enfrentar con hidalguía todas las tempestades y exponerse a los naufragios. Uno elige seguir navegando o detenerse en la orilla. No es fácil, pero es necesario y urgente. Porque la escuela sigue de pie. Será difícil, pero la peor batalla es la que nunca se libra. Y nosotros estamos al pie del cañón. Por eso somos docente de una escuela que en muchos casos sigue siendo la última frontera. COMENTARIOS • “Esta escuela puede parecer un transatlántico por fuera, por el aspecto edilicio y el prestigio que tiene en el barrio, pero por dentro cada grado es un bote que tienen que remar” • “Los padres se piensan que con solo traerlos a este escuela los alumnos van a aprender. Ayer le pregunté a una nueva alumna por que se había cambiado de escuela y contestó: en la otra no enseñaban y en lo que va del trabajo en clase hizo muy poco, es decir, el padre cambió de lo que a él le parecía una canoa a un crucero y piensa que ésa es la solución” • “Puede ocurrir que en un determinado año escolar se tenga que remar mucho y parezca que estemos en una canoa y al año siguiente disfrutar de una embarcación segura y confortable: las condiciones van variando”. 04. EL PUENTE

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“El educador, para serlo, ha de ser un buen comunicador, es decir, ha de ser un mediador. La metáfora del puente ejemplifica a la perfección esta exigencia. El puente resulta imprescindible cuando es preciso conectar realidades previamente incomunicadas, inaccesibles la una para la otra, cuando hay que salvar obstáculos aparentemente insalvables para ponerlas en contacto. Para ser un buen educador habría que ser un puente que permita que los contenidos circulen (conocimientos, procedimientos, actitudes o valores) de una orilla a la otra. El buen educador, como un buen puente, ha de tener tres componentes: dos pilares y un arco. (1) Uno de los pilares ha de estar fuertemente fundado en una orilla, en la orilla de los contenidos que se pretenden transmitir. Si no se posee el suficiente dominio de los contenidos conceptuales, procedimentales o actitudinales, y si no está suficientemente apasionado por ello, es imposible que se puedan transmitir de manera eficaz. (2) El otro pilar ha de estar fuertemente aferrado a la otra orilla, en los receptores, en las personas a las que han de transmitirse los contenidos. Es el pilar de la sintonía. Sin un profundo conocimiento de estas personas, de sus capacidades y limitaciones, de su nivel de desarrollo mental, de su sensibilidad, de sus preocupaciones, intereses y deseos, no se pondrá conectar con ellas. Sin la capacidad de establecer una relación empática con ellas, el puente no podrá cumplir su función. (3) El tercer componente del puente es el arco, que ha de unir de manera flexible los dos pilares. Siguiendo con la aplicación de la analogía, el arco del puente equivale a la capacidad de comunicar adecuadamente los conocimientos o procedimientos, de transmitir eficazmente las actitudes y valores, de hacerlos llegar de manera fluida, comprensiva y suficientemente estimulante a los contenidos. Es el componente de la comunicación, de la pedagogía, de la capacidad didáctica. El educador – como comunicador – sólo es eficaz si se sustenta en los dos pilares y si son capaces de unirlos, de conectarlos. Sin pilares no hay puente, pero tampoco los dos pilares son suficientes para facilitar el trasvase, la comunicación.” FERRES JOAN, (2000) Educar en la cultura del espectáculo. Paidos.151-2

LOS DESAFIOS DE LA PROFESIONALIZACIÓN
 Hay un complemento necesario entre la fuerza vocacional del educador y el rigor profesional del docente. Se trata de sumar los dos ingredientes necesarios: cuerpo y alma, entrega y seriedad laboral, llama interior y solidez pedagógica.

DOCENTES, MAESTROS DE SABIDURÍA
 Es necesario ser un buen transmisor de los conocimientos, aunque es mejor convertirse en un generador de aprendizajes autónomos. No se trata de multiplicar imitadores, sino de despertar pensamientos y existencias dotadas de autonomía.  Pero en suma el docente que deviene educador es alguien que despierta a través del conocimiento de las letras, las ciencias, el arte, el amor al saber, a la sabiduría. La sabiduría está asociada a la actitud ante la vida, las decisiones y las determinaciones ante la existencia.  Se trata de ser un maestro, que transmite lo que estudió, pero sobre todo lo que sabe (lo que

 La profesionalización del docente de cada uno de los niveles es el desafío de estos tiempos nuevos. Si el discurso pedagógico del pasado acentuó el apostolado y la vocación; si luego se desarrolló el perfil del trabajador de la educación; hoy se insiste en el rigor profesional (intelectuales críticos)

 La profesión se construye con una sólida formación inicial y con múltiples estrategias de formación

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permanente: un itinerario de crecimiento que no termina nunca. Se alimenta de las ofertas del sistema, de los servicios de la institución, pero también o sobre todo de la propia iniciativa personal: lectura, innovación, crítica, investigación, reflexión, diálogo  El profesional de la educación es un especialista de su quehacer en la función que desempeña: docente, directivo, auxiliar. No se improvisa, se construye y se perfecciona. Es un profesional que prestigia su profesión: su tiempo, su actividad, su saber.  Ingredientes necesarios de la profesionalización: (1) rigor intelectual + (2) actualizado dominio disciplinar + (3) manejo de las metodologías + (4) conocimiento psicológico de los sujetos + (5) habilidad en el manejo de los grupos + (6) competencias comunicativas básicas + (7) capacidad para enseñar y promover los aprendizajes de todos (comunidades de aprendizaje)

es suyo) y que refuerza lo que dice con su ejemplo. Se trata de un saber que no brota sólo de un título o de un cargo, sino desde el interior; no es un saber ilustrado, sino un saber vitalmente com-probado.  No sólo hay que trabajar en la escuela, sino que es necesario “hacer escuela”, dejar marcas, huellas... Mas allá de los andamiajes que sostienen los aprendizajes deben quedar los signos de una presencia significativa. 5  Es necesario recuperar el prestigio y el reconocimiento social del quehacer, de la profesión y de la persona del educador. Estos son los tiempos en los que hay que jugarse por un perfil innovador de la escuela y de los educadores: en los momentos de crisis es cuando las redes de significación social de reconfiguran.

Sin desconocer ingenuamente las contingencias y los condicionamientos personales, familiares y laborales, se trata de lograr una verdadera calidad de vida, humana y profesional, que le permita al docente disfrutar de lo que hace, y encontrar razones y fuerza en las propias convicciones para dar lo mejor de sí en las tareas que realiza. El desempeño laboral es demasiado prolongado para que uno inmole su vida por una causa inútil, teniendo en sus manos la posibilidad de transformar en compromiso las obligaciones, y en ideales las rutinas cotidianas.

05. BERTOLT BRECHT + SI LOS TIBURONES FUERAN HOMBRES
— Si los tiburones fueran hombres -preguntó al señor K. la hija pequeña de su patrona- ¿se portarían mejor con los pececitos? — Claro que sí -respondió el señor K.-. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como
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Entre las películas recomendadas para observar el temas de las MARCAS o HUELLAS en la subjetividad de los estudiantes pueden citarse. Mientras las MARCAS refieren rastros dolorosos que los educadores han dejado física, psíquica o simbólicamente en los sujetos, las segunda son presencia significativas que permiten moldear la propio personalidad: LOS CORISTAS (cuyo inicio y final pone en cuestión la presencia del educador en el rescuerdo de uno de los protagonistas), QUERIDO MAESTROS (ADIOS MISTER HOLLAND), LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS Y DESCUBRIENDO A FORESTER. En cada uno de ellos, los educadores dejan en los educandos huellas o marcas imborrables.

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materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones. Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos necesitarían tener nociones de geografías para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones. Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla de varec y se le otorgaría además el título de héroe. Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces. Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones. Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc. En una palabra: habría por fin en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres. BRECHT BERTOLD (1949), HISTORIAS DE ALMANAQUE, BERLÍN. 1975. BARCELONA. ALIANZA

LOUIS ALTHUSSER IDEOLOGÍA Y APARATOS IDEOLÓGICOS DE ESTADO 1969 - 1970

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¿Por qué el aparato escolar es realmente el aparato ideológico de Estado dominante en las formaciones sociales capitalistas y cómo funciona? Por ahora nos limitaremos a decir que: (1) Todos los aparatos ideológicos de Estado, sean cuales fueren, concurren al mismo resultado: la reproducción de las relaciones de producción, es decir, las relaciones capitalistas de explotación. (2) Cada uno de ellos concurre a ese resultado único de la manera que le es propia: el aparato político sometiendo a los individuos a la ideología política de Estado, la ideología “democrática”, “indirecta” (parlamentaria) o “directa” (plebiscitaria o fascista); el aparato de información atiborrando a todos los “ciudadanos” mediante la prensa, la radio, la televisión, con dosis diarias de nacionalismo, chauvinismo, liberalismo, moralismo, etcétera. Lo mismo sucede con el aparato cultural (el rol de los deportes es de primer orden en el chauvinismo), etcétera; el aparato religioso recordando en los sermones y en otras grandes ceremonias de nacimiento, casamiento o muerte que el hombre sólo es polvo, salvo que sepa amar a sus hermanos hasta el punto de ofrecer su otra mejilla a quien le abofeteó la primera. El aparato familiar..., no insistimos más. (3) Este concierto está dominado por una partitura única, ocasionalmente perturbada por contradicciones, las de restos de las antiguas clases dominantes, las de proletarios y sus organizaciones: la partitura de la ideología de la clase actualmente dominante que integra en su música los grandes temas del humanismo de los ilustres antepasados que, antes del cristianismo, hicieron el milagro griego y después la grandeza de Roma, la ciudad eterna, y los temas del interés, particular y general, etc., nacionalismo, moralismo y economismo. (4) No obstante, un aparato ideológico de Estado cumple muy bien el rol dominante de ese concierto, aunque no se presten oídos a su música: ¡tan silenciosa es! Se trata de la Escuela. Toma a su cargo a los niños de todas las clases sociales desde el jardín de infantes, y desde el jardín de infantes les inculca —con nuevos y viejos métodos, durante muchos años, precisamente aquellos en los que el niño, atrapado entre el aparato de Estado-familia y el aparato de Estado-escuela, es más vulnerable— “habilidades” recubiertas por la ideología dominante (el idioma, el cálculo, la historia natural, las ciencias, la literatura) o, más directamente, la ideología dominante en estado puro (moral, instrucción cívica, filosofía). Hacia el sexto año, una gran masa de niños cae “en la producción”: son los obreros o los pequeños campesinos. Otra parte de la juventud escolarizable continúa: bien que mal se encamina y termina por cubrir puestos de pequeños y medianos cuadros, empleados, funcionarios pequeños y medianos, pequeño-burgueses de todo tipo. Una última parte llega a la meta, ya sea para caer en la semidesocupación intelectual, ya para proporcionar, además de los “intelectuales del trabajador colectivo”, los agentes de la explotación (capitalistas, empresarios), los agentes de la represión (militares, policías, políticos, administradores,

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etc.) y los profesionales de la ideología (sacerdotes de todo tipo, la mayoría de los cuales son “laicos” convencidos). Cada grupo está prácticamente provisto de la ideología que conviene al rol que debe cumplir en la sociedad de clases: rol de explotado (con “conciencia profesional”, “moral”, “cívica”, “nacional” y apolítica altamente “desarrollada”); rol de agente de la explotación (saber mandar y hablar a los obreros: las “relaciones humanas”); de agentes de la represión (saber mandar y hacerse obedecer “sin discutir” o saber manejar la demagogia de la retórica de los dirigentes políticos), o de profesionales de la ideología que saben tratar a las conciencias con el respeto, es decir el desprecio, el chantaje, la demagogia convenientes adaptados a los acentos de la Moral, la Virtud, la “Trascendencia”, la Nación, el rol de Francia en el Mundo, etcétera.

Por supuesto, muchas de esas virtudes contrastadas (modestia, resignación,sumisión por una parte, y por otra cinismo, desprecio, altivez, seguridad, grandeza, incluso bien decir y habilidad) se enseñan también en la familia, la iglesia, el ejército, en los buenos libros, en los filmes, y hasta en los estadios. Pero ningún aparato ideológico de Estado dispone durante tantos años de la audiencia obligatoria (y, por si fuera poco, gratuita...), 5 a 6 días sobre 7 a razón de 8 horas diarias, de formación social capitalista. Ahora bien, con el aprendizaje de algunas habilidades recubiertas en la inculcación masiva de la ideología de la clase dominante, se reproduce gran parte de las relaciones de producción de una formación social capitalista, es decir, las relaciones de explotados a explotadores y de explotadores a explotados. Naturalmente, los mecanismos que producen este resultado vital para el régimen capitalista están recubiertos y disimulados por una ideología de la escuela universalmente reinante, pues ésta es una de las formas esenciales de la ideología burguesa dominante: una ideología que representa a la escuela como un medio neutro, desprovisto de ideología (puesto que es... laico), en el que maestros respetuosos de la “conciencia” y la “libertad” de los niños que les son confiados (con toda confianza) por sus “padres” (que también snlibres, es decir, propietarios de sus hijos), los encaminan hacia la libertad, la moralidad y la responsabilidad de adultos mediante su propio ejemplo, los conocimientos, la literatura y sus virtudes “liberadoras”. Pido perdón por esto a los maestros que, en condiciones espantosas, intentan volver contra la ideología, contra el sistema y contra las prácticas de que son prisioneros, las pocas armas que puedan hallar en la historia y el saber que ellos “enseñan”. Son una especie de héroes. Pero no abundan, y muchos (la mayoría) no tienen siquiera la más remota sospecha del “trabajo” que el sistema (que los rebasa y aplasta) les obliga a realizar y, peor aún, ponen todo su empeño e ingenio para cumplir con la última directiva (¡los famosos métodos nuevos!). Están tan lejos de imaginárselo que contribuyen con su devoción a mantener y alimentar, esta representación ideológica de la escuela, que la hace tan “natural” e indispensable, y hasta bienhechora, a los ojos de nuestros contemporáneos como la iglesia era “natural”, indispensable y generosa para nuestros antepasados hace algunos siglos. En realidad, la iglesia es reemplazada hoy por la escuela en su rol de aparato ideológico de Estado dominante. Está combinada con la familia, como antes lo estuvo la iglesia. Se puede afirmar entonces que la crisis, de una profundidad sin precedentes, que en el mundo sacude el sistema escolar en tantos Estados, a menudo paralela a la crisis que conmueve al sistema familiar (ya anunciada en el Manifiesto ), tiene un sentido político si se considera que la escuela (y la pareja escuela-familia_ constituye el aparato ideológico de Estado dominante. aparato que desempeña un rol determinante en la reproducción de las relaciones de producción de un modo de producción amenazado en su existencia por la lucha de clases mundial. …………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….

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¿qué se aprende en la escuela? es posible llegar hasta un punto más o menos avanzado de los estudios, pero de todas maneras se aprende a leer, escribir y contar, o sea algunas técnicas, y también otras cosas, incluso elementos (que pueden ser rudimentarios o por el contrario profundizados) de “cultura científica” o “literaria” utilizables directamente en los distintos puestos de la producción (una instrucción para los obreros, una para los técnicos, una tercera para los ingenieros, otra para los cuadros superiores, etc.). se aprenden “habilidades” (savoir-faire). pero al mismo tiempo, y junto con esas técnicas y conocimientos, en la escuela se aprenden las “reglas” del buen uso, es decir de las conveniencias que debe observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está “destinado” a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, reglas del orden establecido por la dominación de clase. se aprende también a “hablar bien el idioma”, a “redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros capitalistas y sus servidores) saber “dar órdenes”, es decir (solución ideal), “saber dirigirse” a los obreros, etcétera. ………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….. En otros términos, la escuela (y también otras instituciones del Estado, como la Iglesia, y otros aparatos como el Ejército) enseña las “habilidades” bajo formas que aseguran el sometimiento a la ideología dominante o el dominio de su “práctica”. Todos los agentes de la producción, la explotación y la represión, sin hablar de los “profesionales de la ideología” deben estar “compenetrados” en tal o cual carácter con esta ideología para cumplir “concienzudamente” con sus tareas, sea de explotados (los proletarios), de explotadores (los capitalistas), de auxiliares de la explotación (los cuadros), de grandes sacerdotes de la ideología dominante (sus “funcionarios”), etcétera.

LA ESCUELA
“La escuela es... el lugar donde se hacen amigos no se trata de sitios, salas, cuartos programas, horarios, conceptos... Escuela es, sobre todo, gente, Gente que trabaja, que estudia, Que se alegra, se conoce, se estima. El director es gente, Cada funcionario es gente. La escuela será cada vez mejor En la medida en que cada uno Se comporte como colega, amigo, hermano. No es una isla rodeada de gente por todos lados. No es convivir con las personas y después descubrir Que no se tiene amistad con ninguno No se trata de ladrillos que forman paredes Indiferentes, fríos, solos. Lo importante en la escuela no es sólo estudiar, No es sólo trabajar. Es también crear lazos de amistad. Es crear un ambiente de camaradería, Es convivir, es unirse a los otros. Ahora es lógico...

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En una escuela así va a ser fácil Estudiar, trabajar, crecer, Hacer amigos, educarse Ser feliz...”

PAULO FREIRE