La comunicación y el desarrollo de las Redes Socioculturales Introducción: Pretender transformar la vieja escuela bancaria y capitalista, y construir la escuela liberadora

, crítica y socialista sin los recursos de la comunicación es un contrasentido que niega la razón de esta nueva escuela y refuerza la existencia de la que se pretende transformar. No entender la comunicación y su importancia ha traído como consecuencia que el capital mantenga su anclaje ideológico y se reproduzca en la acción de quienes pretenden cambiar algo para que todo siga igual. Este es uno de los mayores problemas por los que atraviesa el desarrollo de las acciones contra el capital y su superestructura ideológica; lo que ha llevado al desencanto y la frustración de militantes que ante la incomprensión de los mecanismos que hacen posible la existencia del capital, ven con desesperación el poco y casi nulo avance de las propuestas transformadoras, que terminan chocando contra las actitudes y desviaciones de quienes se dicen militantes de esta. En la organización y en sus integrantes se reproduce la ideología dominante en la medida en que se desconocen los factores que determinan la realidad presente y se actúa condicionados por ellos. Desconocer la importancia de la comunicación en el desarrollo de la lucha contra la estructura ideológica del capital, obliga a cometer errores que nos alejan de la posibilidad de alcanzar el objetivo, creando por un lado, el desgaste emocional de quienes integran la organización, el incremento de los niveles de contradicción internas y externas, la desmovilización de sus militantes y las permanentes escisiones y divisiones; mientras que por otro lado, aísla al equipo de trabajo, del entorno humano sobre el que se quiere incidir y transformar, generando las debidas resistencias, frutos entre otras cosas de la incomunicación. Dentro de los métodos de control del sistema, resalta el de la incomunicación, a través de un sinfín de factores ideológicos que de manera orquestada, son trabajadas con la finalidad de mantener divididos y separados a los contingentes humanos que unidos podrían ser un peligro para la existencia del capital.

Entender esto, escudriñar en la maraña cultural que como prisión nos determina y en la que consentimos las más diversas formas de alienación y control, se ha convertido en una suprema necesidad, al tiempo que también -ese entendimiento -lo convertimos en instrumento para la acción liberadora, bien sea en la escuela, la producción o la comunidad. Incomunicar para controlar Muchos elementos resaltan en el transcurrir histórico de la humanidad, que nos hablan del manejo de la incomunicación para el control social de las clases trabajadoras y desposeídas, por parte de las clases dominantes; quizás una de las más crudamente expresadas la encontramos en una carta escrita en 1712 por un esclavista llamado William “Willie” Lynch en Virginia, EEUU, donde éste propone un método para dividir e incomunicar a los esclavos, con el fin de mantenerlos separados, odiándose entre sí y férreamente controlados por un amo al que deben amar, respetar y admirar. Dicho método consistía en hacer que cada uno de los esclavos tuviese una supuesta razón para desconfiar de su igual inventando y resaltando diferencias, a través de las cuales jóvenes, viejos, mujeres, mestizos se mantendrían contrariados entre sí para eternizar su división, que como bien proponía el señor Linch “Permitiría mantener separados y controlados a todos los esclavos por más de 300 años”, pero este no es un caso aislado, la historia está llena de estos elementos, lo podemos ver también, en los escritos de Edward Bernays, donde se refleja el uso de la manipulación mediática para el control de la población, con el fin de evitar que la clase trabajadora asumiera un rol histórico en defensa de sus intereses a través de la unidad de clases; era necesario romper toda posibilidad de unificación de las fuerzas sociales de los y las trabajadoras; y esto lo lograron a través de grandes campañas publicitarias en las que lograron vender la idea de la exclusividad personal, el individualismo, la diferenciación entre iguales sociales. Esa política incomunicante, se expresa con la misma fuerza hoy, vemos cómo la población se encuentra individualizada, en estado de indefensión e incapacitada para unir esfuerzos con sus iguales para la construcción de una mejor calidad de vida; vemos como aun en los pequeños grupos la conducta personalista y controladora –negadora del otro u otra -hace mella en la consolidación de estos colectivos. Conducta que se expresa en diversas maneras, a través de valores como el individualismo, egoísmo, egocentrismo, arrogancia,

manipulación, la opresión, valores que niegan lo colectivo, factor determinante en el fortalecimiento individual del ser en condición social. Las clases dominantes, históricamente, han venido ajustando a sus intereses muchos conceptos que en esencia le son contrarios, así vemos como en el caso de la comunicación, se ha ido tergiversando su concepto a fin de hacerlo propicio a sus intereses, vemos como a medios de información se les llama de comunicación, cuando ésta es de estricto contenido humano de carácter dialógico, emocional y generadora de igualdad social (poner en común). En el caso de Venezuela y otros países se crea la carrera académica “Comunicación Social”, y con ello, más que reafirmar su condición, se le niega; lo que es una condición natural de todo ser en comunidad, se convierte en un coto sólo alcanzable con estudios académicos, en instituciones cuyos métodos de “enseñanza” son dicotómicos y la negación de la comunicación misma. El capital necesita alienar esa condición para negarla y lo hace cuando conceptualiza en forma excluyente la comunicación, convirtiéndola en privilegio de unos cuantos, a través de estudios académicos y de medios electromagnéticos y radiofónicos, que por su misma condición la niegan. Al mismo tiempo, siembran en la sociedad trabas culturales e ideológicas que van enajenando a la población del derecho natural de la comunicación, que la hace sociedad. Una aberrante contradicción en la que participamos y consentimos desde una domesticada acriticidad. Estructura ideológica de la incomunicación Mantener un sistema como el capitalismo, que niega el derecho de las mayorías, sólo es posible si se conjugan en su sostenimiento, una serie de elementos que van a conformar una superestructura o tejido, que le da la suficiente resistencia para su supervivencia, ese tejido estructural está conformado por una base filosófica que a su vez genera un concepto y un método afín –el Cartesianismo –a partir de allí, todo el entramado que lo hace posible; hablamos de la religión con sus iglesias, con sus dogmas de fe, su estructura eclesiástica y sus métodos de control; hablamos de la escuela, esa que se niega a sí misma en su papel de enajenadora del pensamiento crítico, donde sólo se consume información fragmentada, que como dogmas de fe –similar a las iglesias –deben ser aceptadas y memorizadas para poder el “alumno”, al final de su travesía, hacerse merecedor de algún título que lo convierta en alguien superior e individualizado. También nos referimos a los medios de información con

toda su capacidad de manipulación y condicionamiento ideológico; a los modos de producción y toda su verticalidad estructural para la extracción de plusvalía, en función de la acumulación de capital para las poderosas minorías capitalistas. Debemos mencionar el Estado con su conjunto de leyes que como contratos leoninos le otorgan a la clase dominante la legalidad necesaria para imponer su sacrosanto derecho de oprimir a las mayorías y garantizar la aceptación de esto como norma y principio social. Todo ese entramado se erige sobre la base de la incomunicación programada, en la religión, escuchas, aceptas y oras en silencio, y con los ojos cerrados; no está permitido el discernimiento, sólo la sumisión a Dios y ante su representante en la tierra –llámese rey, cura o pastor. En la escuela, escuchas, aceptas, repites en silencio y te llenas de las luces que un ser privilegiado y superior te imparte, y que al igual que al cura le debes sumisión; él te impondrá el examen que deberás rellenar con lo impartido en su sermón. Los medios de información (también podríamos llamarlo de distracción), bajo los mismos métodos y conceptos de la iglesia y la escuela, deberás escuchar, ver y aceptar; a fin de irte amoldando a la vida en sociedad y ser un buen ciudadano que consume y no protesta. Los medios de producción, la empresa, es para trabajar, la “comunicación” baja desde las altas esferas gerenciales, el trabajador, escucha, acepta y trabaja, para eso le pagan y debe ser agradecido. Pero como siempre surgen contradicciones y por sí alguno no ha sido naturalmente adaptado, un marco de leyes jugará su rol nivelador y sancionará a todo aquel que no entienda que la sociedad y el estado deben ser preservados ante unos cuantos desadaptados. Y claro toda esta filosofía, con sus conceptos y metodología nos las llevamos a casa y allá la reproducimos. ¡Cállese! Que están hablando los mayores… Aprender a comunicarse, romper la trampa Hemos visto como con la trampa del individualismo, la sumisión, la aceptación y el acriticismo han logrado dividirnos e incomunicarnos, para hacernos débiles y controlarnos. Lo contrario nos liberará: pensamiento crítico, compromiso colectivo, irreverencia, comunicación constante con nuestros iguales, reconocernos en el otro; son pasos que nos permitirán superar las trabas que el capitalismo nos ha impuesto para controlarnos y explotarnos. Debemos aprender a comunicarnos, como principio fundamental en el proceso de liberación, e ir descubriendo las actitudes y factores que la impiden.

Si dejamos de reproducir los valores del capital que nos mantienen atrapados en su maraña ideológica, podremos avanzar de manera más rápida y eficiente. Es en la práctica comunicativa donde encontraremos la fortaleza que hemos estado solicitando para ir hacia la calidad de vida que deseamos, pero no podemos alcanzar calidad comunicativa si desconocemos taras ideológicas que el capital a introducido en nuestro interior, para socavar las fortalezas que podríamos encontrar en el colectivo. Es importante descubrir y combatir esas actitudes que niegan el derecho del otro, que intimidan y avasallan por el mero deseo de imponer criterios e intereses; sería interesante elaborar en colectivo un listado de actitudes que reconocemos como atentatorias al fortalecimiento del grupo y de la comunidad, y hacer ejercicios de alerta ante la presencia de alguna de ellas en la relación con nuestros iguales. Es necesario aprender a comunicarnos y eso pasa por reconocernos como parte de un colectivo, reconocernos como seres con valores, con importancia en la medida que nos sentimos necesarios en el desarrollo de un proceso histórico que nos convoca y compromete; a partir de ese reconocimiento, de esa valoración, también valoraremos a nuestros compañeros y compañeras y se hará posible ir ganándole terreno al capital y a sus trabas ideológicas y construir un mundo mejor. Si no hay verdadero aprendizaje, no habrá avance, y donde la comunicación falta no hay aprendizaje, por tanto, sin comunicación no hay aprendizaje y sin este no hay avance. Y si comunicación es diálogo, es allí donde encontraremos la clave para el desarrollo organizacional. Pero nadie permanece haciendo lo que no disfruta hacer, y quizás sea necesario adquirir el gusto por la comunicación, acostumbrarnos a sentir la magia de la conversa y el compartir, sin la pretensión del privilegio y la exclusividad que tanto aparta y tiende a invisibilizar o negar al otro por el simple hecho de diferir. El otro elemento de importancia vital en la comunicación es la emocionalidad, recordemos al maestro Simón Rodríguez: “lo que no se hace sentir, no se entiende y lo que no se entiende no interesa” Sin emoción falla la comunicación o es incompleta, este es otro elemento a tener en cuenta, tanto como mecanismo utilizado por el capital para generar

insatisfacción y con ello incentivar el consumo (Emocionalidad negativa); como activador de compromiso solidario y liberador, generador de satisfacción (emocionalidad positiva). Las emociones forman parte de todo ser y hacer humano, pensarlo sin incluir algún rasgo emocional es no entenderlo y en cierto modo negarlo; frecuentemente vemos como en los análisis del grupo y de quienes lo integran, no incluimos esos elementos emocionales, muchas veces determinantes en los resultados de las acciones emprendidas o de la realidad que se vive en la organización. Es importante darle respuestas a una serie de preguntas que probablemente, ayudarán a entender mejor la importancia de la emocionalidad: ¿Podremos organizar el más pequeño equipo si entre los que se pretenden juntar existen desavenencias emocionales?, ¿La lealtad, la empatía, la fraternidad pueden ser entendidas sin emocionalidad positiva o son producto de ella? ¿Qué relación social, familiar, grupal, no es una relación emocional que genera compromisos o rupturas? Entonces, ¿Porqué los rasgos emocionales no son tomados en cuenta cuando se reflexiona en torno a cualquier acto humano, sobre todo en el campo político? Para finalizar, organizar es comunicar intereses, ideas y propuestas capaces de generar empatía, credibilidad y compromiso entre sus miembros y entre estos y el medio donde se desarrolla su acción; de otro modo es fantasía, una mala pesadilla frustrante de la que es mejor despertarse. Entendamos que la comunicación (Poner en común) es la base de comunidad, comunión y comunismo, antítesis del capitalismo. Comunica, emociona, crea compromiso y tendrás organización, proceso, camino y victorias. “Somos la alegría y la vida en tremenda lucha contra la tristeza y la muerte” Argimiro Gabaldón (Chimiro)

Emilio Farrera

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