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31 de agosto de 2008
“El discernimiento, indispensable para la vida cristiana”
Texto: 1 Tesalonicenses 5:12-24

“19No apaguéis al Espíritu. 20No menospreciéis las profecías. 21Examinadlo


todo; retened lo bueno. 22Absteneos de toda especie de mal.” (Versión Bíblica: RVR60)

¿Cómo podemos retener lo bueno si no sabemos lo que es


malo? O ¿Cómo podemos rechazar lo malo si no sabemos lo que
es bueno? Intentar responder a estas preguntas es más difícil de lo que
aparenta. La razón para tal dificultad radica en que el pecado ha infectado “Todo el que dice
y afectado nuestra capacidad para discernir. El error que se originó en el que es creyente
Edén ha continuado afectando nuestras mentes y nuestros corazones o lo PERO actúa o se
que es lo mismo nuestra capacidad para distinguir la verdad del error; lo comporta
bueno de lo malo, lo feo de lo bonito; lo que agrada a Dios de lo que le contrario a lo que
desagrada. Llenos del error no deseamos aceptar la verdad. El error es dice, NO es lo
muy poderoso. Ahora bien no perdamos las esperanzas, porque a que dice sino lo
nosotros los hijos de Dios se nos ha dado el Espíritu Santo, quien nos que hace”
guía, mediante la Palabra de Dios, a toda la verdad. Por el Espíritu de
Dios podemos discernir entre la verdad y el error. Dr. D. Rodriguez
Pastor
La capacidad para discernir es sinónimo de la capacidad
para pensar bíblicamente y pensar bíblicamente es actuar en la
voluntad de nuestro Señor Jesucristo y así agradarle en todo.

Desafortunadamente, el discernimiento es un área en la cual la mayoría de los creyentes se


tambalean. Muchos creyentes muestran muy poca habilidad para medir lo que se le enseña contra la
infalible palabra de Dios y por tanto se envuelven en toda clase de conducta y de toma de
decisiones anti-bíblicas.

Aclaremos algo muy importante sobre nuestra capacidad para discernir entre la verdad y el error.
Tanto en el AT como en el NT el error tiene una raíz que se traduce como “vagar” –deambular. El
error es, después de todo, apartarse de la verdad y no meramente una ausencia de verdad. Con
frecuencia, en la Escritura, el error se representa como un apartarse de la conducta correcta, y en
muchos casos, el énfasis recae sobre el carácter inconsciente –no premeditado- del acto. El error
doctrinal es tan peligroso que el Apóstol Pablo dice a su discípulo Timoteo (1 Tim. 4:16): “ten
cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvaras a ti mismo y a
los que te oyeren.” A su discípulo Tito le exhorta, ordenándole: “habla lo que está de
acuerdo con la sana doctrina.” Y a la iglesia en 1deTesalonisense 5:21-22 Pablo les
amonesta ordenándoles mediantes una cadena de tres verbos cuya acción no pueden separarse el
uno del otro: “EXAMINADLO todo; RETENED lo bueno. ABSTENEOS de toda especie
de mal.” Hacer esto es ejercer el discernimiento.
La pregunta de los 64 mil es: ¿Cómo examinarlo todo? ¿Cómo retener solo lo bueno? ¿Cómo
abstenerse de lo malo? ¿No es esto lo que aseveran todos los creyentes sin importar la posición
teológica que confiesen? Igualmente podemos preguntarnos: ¿Quién tiene la verdad? ¿Por qué o
con que base, los reformados afirman tener la verdad? Para intentar responder a estas preguntas, les
invito a comprender la historia de nuestra redención. Cuando la iglesia primitiva tenia que discernir
entre la verdad y el error no tenían la Biblia como la tenemos hoy día. Ellos dependían de la
intervención directa del Espíritu Santo. Pero cuando al pasar del tiempo el error aparecía en la
escena de la iglesia Dios determinó darle a la iglesia su Palabra en forma escrita. Ya que para la
corrección del error, tanto si es leve como si es mortal, o si es de pensamiento o de conducta, el
hombre debe recurrir a las Sagradas Escrituras y suplicar el poder de Dios, que realmente es lo
único que puede corregir la manera de pensar y limpiar la conducta. Esa es la razón fundamental
por la que Pablo dice en 2 de Timoteo 3:16-17 al 4:4:
16
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para
instruir en justicia, 17a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para
toda buena obra.

Tristemente la Escritura no recibe la atención y el estudio cuidadoso que realmente nos ayuda a
discernir entre la verdad y el error. J. F MacArthur, alguien muy leído por los creyentes hoy día,
dice: [p.129 en El Poder de la Integridad]

“Una de las tácticas más sutiles del diablo es la de apartar a los creyentes de la sana doctrina. Si
nos puede confundir con doctrinas no bíblicas, dudosas, irracionales o cambiantes, Satanás habrá
neutralizado, por lo general, nuestra efectividad. Aun cuando no seamos afectados por la
infiltración de alguna falsa doctrina en particular, nuestro andar cristiano puede ser muy
perjudicado por la pereza, la falta de vigilancia y la simple ignorancia en cuanto a los
fundamentos doctrinales. Una mala doctrina o una débil comprensión de la sana doctrina nos
hacen vulnerables a todo tipo de malas prácticas, incluso a un modelo frágil o inexistente de
integridad.”

Concluimos, diciendo que la meta del discernimiento es la de aprobar algo luego de haberlo
examinado y así poner en practica todo lo que Dios nos ha ordenado. Recordemos que nunca será
suficiente el solamente escuchar la palabra de Dios; debemos actuar basándonos en la palabra.
Santiago 1:22-25 dice:

No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la
práctica. 23 El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un
espejo 24 y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. 25 Pero quien se fija
atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino
haciéndolo, recibirá bendición al practicarla. (NIV) AMEN▄
Dr. Demetrio Rodriguez Ruiz Jr
ministeriopp@hotmail.com

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7 de septiembre de 2008.
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Salones I.C.R.F.V.