Dino Buzzati Antología de cuentos

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DINO BUZZATI - ANTOLOGÍA DE CUENTOS

La capa (Il mantello) Al cabo de una interminable espera, cuando la esperanza comenzaba ya a morir, Giovanni regresó a casa. Todavía no habían dado las dos, su madre estaba quitando la mesa, era un día gris de marzo y volaban las cornejas. Apareció de improviso en el umbral y su madre gritó: «¡Ah, bendito seas!», corriendo a abrazarlo. También Anna y Pietro, sus dos hermanitos mucho más pequeños, se pusieron a gritar de alegría. Había llegado el momento esperado durante meses y meses, tan a menudo entrevisto en los dulces ensueños del alba, que debía traer la felicidad. Él apenas dijo nada, teniendo ya suficiente trabajo con reprimir el llanto. Había dejado en seguida el pesado sable encima de una silla, en la cabeza llevaba aún el gorro de pelo. «Deja que te vea», decía entre lágrimas la madre retirándose un poco hacia atrás, «déjame ver lo guapo que estás. Pero qué pálido estás...» Estaba realmente algo pálido, y como consumido. Se quitó el gorro, avanzó hasta la mitad de la habitación, se sentó. Qué cansado, qué cansado, incluso sonreír parecía que le costase. Pero quítate la capa, criatura dijo la madre, y lo miraba como un prodigio, hasta el punto de sentirse amedrentada; qué alto, qué guapo, qué apuesto se había vuelto (si bien un poco en exceso pálido) . Quítate la capa, tráela acá, ¿no notas el calor? Él hizo un brusco movimiento de defensa, instintivo, apretando contra sí la capa, quizá por temor a que se la arrebataran. No, no, deja respondió, evasivo , mejor no, es igual, dentro de poco me tengo que ir... ¿Irte? ¿Vuelves después de dos años y te quieres ir tan pronto? dijo ella desolada al ver de pronto que volvía a empezar, después de tanta alegría, la eterna pena de las madres . ¿Tanta prisa tienes? ¿Y no vas a comer nada?

Ya he comido, madre respondió el muchacho con una sonrisa amable, y miraba en torno, saboreando las amadas sombras . Hemos parado en una hostería a unos kilómetros de aquí... Ah, ¿no has venido solo? ¿Y quién iba contigo? ¿Un compañero de regimiento? ¿El hijo de Mena, quizá? No, no, uno que me encontré por el camino. Está ahí afuera, esperando. ¿Está esperando fuera? ¿Y por qué no lo has invitado a entrar? ¿Lo has dejado en medio del camino? Se llegó a la ventana y más allá del huerto, más allá del cancel de madera, alcanzó a ver en el camino a una persona que caminaba arriba y abajo con lentitud; estaba embozada por entero y daba sensación de negro. Nació entonces en su ánimo, incomprensible, en medio de los torbellinos de la inmensa alegría, una pena misteriosa y aguda. Mejor no respondió él, resuelto . Para él sería una molestia, es un tipo raro. ¿Y un vaso de vino? Un vaso de vino se lo podemos llevar, ¿no? Mejor no, madre. Es un tipo extravagante y es capaz de ponerse furioso. ¿Pues quién es? ¿Por qué se te ha juntado? ¿Qué quiere de ti? Bien no lo conozco dijo él lentamente y muy serio . Lo encontré por el camino. Ha venido conmigo, eso es todo. Parecía preferir hablar de otra cosa, parecía avergonzarse. Y la madre, para no contrariarlo, cambió inmediatamente de tema, pero ya se extinguía de su rostro amable la luz del principio. Escucha dijo , ¿te imaginas a Marietta cuando sepa que has vuelto? ¿Te imaginas qué saltos de alegría? ¿Es por ella por lo que tienes prisa por irte? Él se limitó a sonreír, siempre con aquella expresión de aquel que querría estar contento pero no puede por algún secreto pesar. La madre no alcanzaba a comprender: ¿por qué se estaba ahí sentado, como triste, igual que el lejano día de la partida? Ahora estaba de vuelta, con una vida nueva por delante, una infinidad de días disponibles sin cuidados, con innumerables noches hermosas, un rosario inagotable que se perdía más allá de las montañas, en la inmensidad de los años futuros. Se acabaron las noches de angustia, cuando en el horizonte brotaban resplandores de fuego y se podía pensar que también él estaba allí en medio, tendido inmóvil en tierra, con el

con una extraña vergüenza. Vació la taza de un trago. posó él la mirada en sus frágiles hombros. Si se hubieran encontrado por la calle.Dino Buzzati Antología de cuentos 2 pecho atravesado. Madre respondió. se casarían en la iglesia un domingo por la mañana entre flores y repicar de campanas. ni siquiera se habrían reconocido. madre». cuando las penas parecían haber acabado. ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa. Giovanni le propuso en cambio . tanto. de los visillos inmaculados. con el calor que hacía en la casa? ¿Acaso porque el uniforme. repitió. ¿y tu cuarto? ¿no quieres verlo? La cama es nueva. pero ¿y la capa? ¿No te la quitas? ¿No tienes calor? El soldado no le respondió. los dos hermanos pequeños lo contemplaban mudos.. aun sintiendo pena. figúrate qué alegría para ellos también. «¡Oh. también flamante. Anna y Pietro. siempre con aquel tono contenido y amargo. Está precioso dijo él con débil entusiasmo cuando estuvo en el umbral. ¿sabes? He hecho encalar las paredes. habría querido decirle la madre. «Muy bonito. tal había sido el cambio en el espacio de dos años. al inclinarse la madre para arreglar la colcha de la cama. masticó el pastel con esfuerzo. el cancel de madera verde detrás del cual una figura andaba arriba y abajo lentamente. mientras tanto. Giovanni? ¿Te gusta? preguntó ella. ¿Te gusta. ése está ahí esperándome. además. por qué no contaba sus batallas? ¿Y la capa? ¿Por qué se la ceñía. obedeciendo casi a un viejo pacto no olvidado. sí. intenta llegar un poco antes de que comamos. como si no tuviera veinte años. Sus gestos tenían una especie de pesada lentitud. y eso fue todo. Ahora se miraban recíprocamente en silencio. como si temiera algo. de las paredes blancas. todos ellos nuevos y limpios. nada. sabes.. Ya estaba de vuelta la madre y con ella el café humeante con un buen pedazo de pastel. a través de la ventana. Giovanni murmuró ella sin poder contenerse más . pasado un instante. con voz opaca . a callar por caridad. se encaminaba a la puerta y había recogido ya el gorro de pelo . Madre repitió el hijo como si la conjurase a no decir nada más. Pero. pero calló para no importunarlo. ven a verlo. más guapo. las caritas radiantes. a la vista de los muebles nuevos. ¿por qué no me lo quieres decir? Él se mordió los labios. ¿a que sí? Dime la verdad. ¿vuelves? Dentro de dos horas aquí. nacía de pronto una nueva inquietud. «¿Qué pasa? ¿Ya no te gusta? ¡Antes te volvía loco!». estaba roto y embarrado? Pero con su madre.. Ahora me tengo que ir. Giovanni le suplicó .. ahora me tengo que ir. Giovanni? Tú me ocultas algo. no lo sé. entonces. de hecho. Y. estaban detrás de él. Por fin había vuelto. madre respondió él. impaciente por verlo feliz. pero ahora me tengo que ir. madre. ¿verdad? Haré que vengan también el tío Giulio y la tía. sin saber qué decirse. entre los restos sangrientos. ¿Pero vuelves luego?. La madre se adelantó corriendo para abrir los postigos (pero entró solamente una luz gris. Y Giovanni se quedó con sus hermanos mucho más pequeños que él. a captar con rapidez todos sus deseos.. esperando una gran escena de regocijo y sorpresa. pero sonriéndose los tres de cuando en cuando. parecía que tuviese algo atravesado en la garganta. ya ha tenido demasiada paciencia y la miró fijamente. estaba apagado y distraído. ¿Que te tienes que ir? Pero vuelves en seguida. entre tanto. a no aumentar la pena . Dentro de poco llegaría la primavera. ahí está ése esperándome. Sin embargo. Movía los ojos con inquietud. ¿O acaso estaba enfermo? ¿O simplemente agotado a causa de los muchos trabajos? ¿Por qué no hablaba. por qué ni siquiera la miraba? Realmente el hijo no la miraba. No lo sé. parecía más bien evitar que sus miradas se encontraran. está precioso!» respondió el hijo (pero ¿por qué se empeñaba en no quitarse la capa?) y continuaba sonriendo con muchísimo esfuerzo. Gracias. atenta a no contrariarlo. por qué no reía. . ¿Por qué. y qué alegría para Marietta. hay una lámpara nueva. lo miraba con fijeza y preocupación. ¡Por fin estás aquí! ¡Por fin estás aquí! Espera un momento que te haga el café. debajo. Corrió a la cocina. ¿cómo podía avergonzarse delante de su madre? He aquí que. ¿vas donde Marietta? y trataba de bromear. ¿no? Vas donde Marietta. carente de cualquier alegría). Pero sobre todo miraba de cuando en cuando con evidente preocupación. mayor. podía ver. sino que se levantó de la silla y se encaminó a la estancia vecina. Con el dulce rostro ligeramente ceñudo. una mirada de inefable tristeza que nadie.. como quien desea concluir un coloquio penoso.

adiós madre. mientras seguía afeitándose ante el espejo . se sentó en la cama y se aplicó en las muñecas las dos sanguijuelas como si no hubiese hecho otra cosa en su vida. sólido. Schroder le dijo que entrara. Tan misericordioso y paciente como para acompañar a Giovanni a su vieja casa (antes de llevárselo para siempre). Hasta luego Anna. Así dijo y sacó de su abrigo un vasito de vidrio que contenía tres sanguijuelas. Una cosa que comienza con ele (Una cosa che comincia per elle) No bien llegó al pueblo de Sisto y se alojó en la posada de siempre. Galopaban. él. se fue rápido a la cama porque no se sentía bien. pero puede irse. sus hermanos pequeños. no. vida mía!.Dino Buzzati Antología de cuentos 3 Se acercó a la puerta. el médico. hombre siempre satisfecho de sí mismo y acostumbrado a mandar. abrió el cancel. Le ruego que lo haga usted mismo. A la mañana siguiente Schroder se sentía mucho mejor. tanto que quiso levantarse sin esperar al doctor. como un pordiosero hambriento. Ya lo he hecho esperar bastante. ² Estoy muy bien esta mañana dijo el comerciante sin ni siquiera volverse. galopaban. Gracias por haber venido. ¡No. Pietro! gritó la madre temiendo que Giovanni se enfadase. Basta tenerlas quietas un momento y ya se prenden. por lo que parece. todavía divertidos. Le hace siempre bien a los temperamentos sanguíneos y. Hoy prosiguió el médico como justificándose . negociante en maderas. no! exclamó el soldado. Esta mañana he venido con un amigo. en medio del polvo. Más tarde debemos ir juntos a lo de un enfermo. La orina muy bien. ¡Pietro! ¡Pietro! Estate quieto. Después mandó llamar al doctor Lugosi. ² Servidor de usted dijo Schroder fríamente . así que le dije que me acompañara. Estaba ya en la puerta. al lado del doctor. sino a través de los prados. a fin de que pudiera saludar a su madre. se hizo dar una botellita con orina para examinarla y prometió volver ese mismo día. que sonreía en forma obsequiosa. Agarró el vasito. Salió como llevado por el viento. ¿qué haces?. Siéntense. madre repitió él por segunda vez con desesperada firmeza . un señor de unos cuarenta años. Entonces la madre por fin comprendió. El médico vino y pareció quedar perplejo. de cara rosada y más bien vulgar. Los dos faldones de paño azul se habían abierto un instante. . ² ¡Qué apuro! dijo el médico. había depositado en la mesa el sombrero y un paquete oblongo que emitió un rumor metálico. ¿qué te han hecho? tartamudeó la madre hundiendo el rostro entre las manos . es cuestión de dos minutos. advirtiendo el gesto del muchacho. de esperar tantos minutos detrás del cancel. un vacío inmenso que nunca los siglos habrían bastado a colmar se abrió en su corazón.. Solo querría hacerle una pequeña sangría. ¡Oh. que él conocía desde hacía años. además. Y después carraspeó un poco como expresando cierto embarazo . ¡déjalo en paz. Estaba afeitándose en mangas de camisa cuando llamaron a la puerta. sin quitarse su amplia capa. ¿Qué quiere que le diga? Hace veinte años que soy médico y nunca he sido capaz de agarrar una sanguijuela con la mano. Cristóbal Schroder. ¡esto es sangre! Tengo que irme. en dirección a las montañas. Giovanni. Entretanto el extraño visitante. El comerciante. donde solía parar dos o tres veces al año. Excluyó la posibilidad de que fuera algo grave. dos caballos partieron al galope bajo el cielo gris. de pie. miró molesto al médico con aire interrogativo. Déme dijo Schroder con su irritante aire de superioridad. ² Un amigo mío repitió Lugosi . la tristeza del hijo y sobre todo quién era el misterioso individuo que paseaba arriba y abajo por el camino esperando. Lo apoyó en una mesa y agregó: Póngase una en cada muñeca. Se sentirá como nuevo después. se apretaron contra él y Pietro levantó una punta de la capa para saber cómo estaba vestido su hermano por debajo. Era el médico. no hacia el pueblo. siéntense. Pero ya era tarde. Don Valerio Melito. hacia el norte. Giovanni. no hay necesidad de visita. Schroder se volvió y vio en el umbral. ¿Una sangría? ¿Y para qué una sangría? Le hará bien explicó el médico . Atravesó el huerto casi a la carrera. Comprendió la historia de la capa. señor del mundo. quién era aquel siniestro personaje tan paciente. hasta luego Pietro.

aquí presente. Bien. Estaba debajo de un árbol protegiéndome de la lluvia y pude ver todo. No recuerdo haber tenido el honor respondió Schroder. viendo que el comerciante ponía mala cara . Y entonces usted se bajó. que lo miraba. sí. pero ¿falta mucho con las sanguijuelas? Están hinchadas como sapos. En el movimiento los bordes de la capa se abrieron un poco y Schroder. como para dar a entender que si Melito tenía algo que decir era mejor que lo dijese pronto. Un lindo fastidio si llueve. No lo sé respondió el comerciante con absoluta indiferencia. Era solo para decirle que ya lo conocía. Usted no lo recuerda. Quería simplemente asombrarlo. ¿Y no tenía una especie de campanita? ¿No recuerda que no dejaba de sonar? Bien. ¡Un poco de paciencia. Un sordomudo parecía. con cierto vago malestar. satisfechísimo . pero don Valerio ya lo conoce dijo a Schroder el médico. quién sabe por qué. ¿llueve esta mañana? No he mirado afuera todavía. haberse salido del camino? Ya. ¿quién dice lo contrario? Pero admitirá que lo he visto todo. que. ¿No fue así. Y que tengo buena memoria. más allá de una zanja. El excelente don Valerio. sentado en la cama. ¿Y no recuerda entonces haber patinado en una curva. me acuerdo respondió descortés Schroder . verá. Y mientras estaba haciendo fuerza. Cuando le rogué que viniera a ayudarme se puso como a gruñir. ¿Hace tres meses? preguntó Melito . Pero don Valerio lo conoce. ¿no vino un tipo curioso. No hay de qué preocuparse. Le diré dijo Melito con voz desagradablemente cavernosa . Disculpe. mientras las sanguijuelas le chupaban las muñecas. Además. Y agregó: Pero dígame. Melito se volvió hacia el doctor asintiendo con la cabeza. con la cara toda negra? Ahora no recuerdo bien lo interrumpió Schroder . se lo diré después respondió Melito estallando en una carcajada y haciéndole un guiño al doctor . ¡Caramba. si llovía! continuó don Valerio. sentándose él también. no imagina. que el hombre se había sentado casi en el umbral. ¿Escuchó? le susurró Melito en voz baja al médico. es verdad admitió el comerciante mirando fríamente al nuevo y no deseado conocido. Para mí ya es suficiente. Desgraciadamente ese día yo estaba lejos. ¿dónde estaba? Ah. ¡Todavía algunos minutos! exhortó el médico . cerca de la puerta. palideció. de seguro. en serio. querido Schroder dijo el médico en este punto. tenía los brazos abandonados sobre el colchón. Pero usted. no sé quién seria exactamente. estaba a por lo menos quinientos metros de distancia. querido Schroder! Después se sentirá como nuevo. con un extraño sombrero cilíndrico? insistía don Valerio . Lugosi. ¿Y eso qué tiene que ver? rebatió Schroder recelando . No. es un tipo gracioso. doctor. dígame? Exactamente así. No le hice nada malo. pero no me acuerdo. después. adonde quiere ir a parar? ¡Pero nada! dijo Melito . después le di dos liras. y entonces usted lo agarró de un brazo y lo obligó a empujar la berlina junto con usted. ¿Y quién era ese hombre? preguntó Schroder con aspereza. no entendí una palabra. No son ni siquiera las diez.Dino Buzzati Antología de cuentos 4 Schroder notó. como si quisiera mantenerse lejos de él. ¿Pero. ¿No es así? Diga la verdad. ¡Diantre! ¡Tiene todo el tiempo que usted quiera! ¿No era un hombre alto. Y además ya le dije que tengo muchas cosas que hacer. pero sé algo de usted que. con la cara toda negra. las palmas vueltas hacia arriba. ¿Y una rueda se salió del camino y el caballo no lograba volverla a meter en la carretera? Exactamente. más fuerte. estaba ansioso por volver a verlo. vuelto hacia el comerciante: Nada de malo. ¡Ah. sí. pero ni siquiera usted lograba subir la berlina. lo vi de lejos! ¿Y usted quién cree que sería? Un pobre desgraciado debía de ser dijo el comerciante . puede ser dijo Schroder . un hombre alto. disculpe. Le diré: nunca tuve el honor de encontrarlo personalmente. Y llovía como Dios manda. . tengo que andar dando vueltas toda la mañana. Trate de recordar: ¿hace tres meses no pasó usted con su berlina por el camino del Viejo Confín? Bah. Y entonces usted fue a su encuentro y él se tiró para atrás. no llueve dijo el médico sin dar mucho peso a lo que el otro decía . Puede ser perfectamente.

. Decídase. como si presintiera alguna insidia . Y diga agregó. No la llevo nunca. No sé. se los juro. Un vagabundo. habitualmente. pero en realidad se quedó con la pistola en la cintura. respondió el médico. También en esta región existe esa costumbre. No. No sé. un gitano. pienso... ¿Y esa campanita. Y bien intervino el médico con mucha cautela . don Valerio dijo con voz menos desenvuelta que de costumbre . un desgraciado. Usted lleva una pistola. ¡No sé realmente cómo disculparme! Me olvidé completamente.. Si quieren decirme que a ese vagabundo le sucedió un accidente y que la culpa es mía hablen claro prosiguió el comerciante alzando cada vez más la voz . Pero parecía casi un interrogatorio en toda la regla. quizás es mejor que hable usted. El comerciante advirtió que se había dejado llevar. esta historia no me gusta nada! ¡Expliqúense si quieren algo de mí! No se agite. Los he visto tantas veces hacer sonar una campana para hacer venir a la gente.. Le pregunto solamente si imagina quién era. ¿Qué impresión le hizo ese pobre diablo? ¿Qué impresión me debía hacer? Un pobre diablo. sin dejar de mover la cabeza. le dije yo. Pero ¿qué idea se le ha metido en la cabeza? Si lo he molestado lo siento realmente.. ¿Quieren decirme que lo han asesinado? ¡Pero qué lo van a asesinar! dijo Melito sonriendo. ¡Un gitano! gritó Melito poniéndose a reír como si esa idea lo divirtiese una barbaridad . No era un gitano.. adueñándose completamente de la situación . . Las adivinanzas no son para mí. ¿Cuántas veces tengo que repetírselos? Le creo dijo Melito . Parecía sincero. Discúlpeme a mí. si no se me hará tarde. . O. Aquel hombre. El doctor me dijo: don Valerio. y por eso me olvidé. Don Valerio estalló en una carcajada. ¡Ah! ¡Lo conozco!. se alegrará de verlo. mientras trataba de volver a prenderse en las muñecas las sanguijuelas que se habían desprendido durante su acceso de furia . ¿Una denuncia? preguntó Schroder cada vez más seguro de sí mismo. no se preguntó qué sería? Y bueno respondió Schroder controlando las palabras. para decírselo claramente. quitándose las dos sanguijuelas y poniéndolas en el vasito . si no me engaño.Dino Buzzati Antología de cuentos 5 Disculpe. Debo irme. me dijo él. esa cosa que no dejaba de sonar. Una cosa que empieza con ele insistió Melito poniéndose de pie él también y maniobrando algo debajo de su amplia capa.? ¿Un lansquenete quizás. siempre vuelto hacia Schroder . Si hay algo díganlo sin tantos resguardos. está el caballero Schroder. queridos señores. Ya. venga usted también.. ¿Un ladrón. Y bien: efectivamente hay algo. ¿Una cosa que empieza con ele. Podía dejarla abajo. y una sombra de aprehensión empezó a extenderse por su rostro. ya no lo era. ¿Qué tiene? preguntó duramente . iluminándosele la cara por la seguridad de haber adivinado. ¡Ah! ¿Creyó que era un gitano? Schroder se volvió hacia el médico con irritación. se lo ruego. si tiene algo que decirme. es una cosa que empieza con ele. venga usted también. Lo siento realmente si he sido inoportuno. Bien... un ladrón! ¡Esta sí que es buena! ¡Tenia razón. Comienza con ele confirmó Melito con una sonrisa maliciosa.. me parece. Bien comenzó Melito . ¿Qué quiere decir este interrogatorio? ¡Querido Lugosi. doctor: una persona llena de humor el caballero Schroder! En ese momento se oyó desde el otro lado de la ventana el ruido de la lluvia. Hablen claro. Me despido dijo el comerciante con decisión. Un gitano podía ser. . si he perdido la paciencia. buscando en la memoria. ¿Una cosa que empieza con ele? repitió mecánicamente Schroder.? agregó en tono de burla. ¡Por Dios! ¡Discúlpeme! exclamó don Melito golpeándose la frente con la mano para expresar pesar . ¡Ah. más bien. ¿Hay alguna sospecha sobre mí? Don Valerio dijo el médico . Ahora llueve. le digo. quiere decir? dijo el comerciante. Y hoy tengo que ir al campo a caballo. si lo fue alguna vez. ¿Sabe quién era ese individuo que le ayudó a empujar la berlina? Pero no..

¡Sácala y átatela al cuello! Se agachó Schroder. pálido como un muerto. ¿no? Y estalló en una carcajada soez. Balanceaba la cabeza de un lado a otro como ciertos idiotas que se encuentran a lo largo de las carreteras. que quedó así suspendida sobre el vientre y resonando con cada movimiento. ¡Basta! gritó el comerciante temblando de ira . tres meses antes. grande y gordo como era. por Dios! ¿Harás lo que digo. el paquete misterioso. ¡Agárrala con la mano.. hasta ese momento tan satisfecho e intrépido. turbado por la escena repugnante. fuera de la capa. ¡Le haré ver quién soy yo! gritaba Schroder . recogió el paquete. Sus cosas deben ser quemadas advirtió sonriendo malignamente el alcalde . Me voy sin necesidad de vuestras órdenes. el comerciante logró pasarse alrededor del cuello la cinta atada a la campanita. comenzó a descender las escaleras. flamante.. En ese paquete está su campanita respondió . de pie. Y trataba todavía de gritar. que resonó metálicamente . De la berlina y el caballo ya se ha dispuesto. listo para repeler un eventual ataque. ¿Y bien? ¿Y si hubiera sido un leproso? Desgraciadamente lo era dijo el médico. Ni un ladrón ni un lansquenete dijo lentamente Melito . ¡Si no te apuras. y basta. ¡Al cuello! le gritó Melito . ¿No imaginará que voy a estar aquí discutiendo horas con usted? ¡Fuera inmediatamente. Esperarán que agarre mis cosas dijo ¡Schroder. Después de dos escalones se volvió buscando al médico y lo miró largamente en los ojos. El comerciante miró a los dos hombres. estaba condenado. la mandíbula caída. ¡La campana! le gritó todavía Melito haciéndolo saltar del susto. nueva. ¡Ya verán ustedes! Ya verán. La chaqueta. No se imaginará que un leproso pueda salir a dar vueltas en berlina. tratando tímidamente de protegerse detrás de las espaldas de don Valerio . sacúdela.. y ahora él. Saldrá inmediatamente de aquí y continuará tocándola hasta que haya salido del pueblo. La historia de las sanguijuelas había servido para ganar tiempo. no? Un hombrón como tú. le digo. El alcalde. brutalmente: ¡Fuera! ¡Fuera de acá! le gritaba a Schroder . al visitarlo el día anterior había tenido una sospecha y había advertido al alcalde. por el piso. Apenas haya empaquetado mis cosas me voy. Un leproso era. perro! Schroder temblaba todo. ¡Mis cosas por lo menos! exclamó Schroder. Schroder. lo había visto agarrar de un brazo. y afuera inmediatamente. por lo menos! La chaqueta.. mi dinero! ¡Me los dejarán. la capa y basta. con la manija de madera torneada. sacó del envoltorio una campana de cobre. cuando salió de la pieza bajo la mira de la pistola. Soy el alcalde. canallas dijo entonces . ¡Vaya. ¡Ha sido una desgracia. con la fatiga de un viejo decrépito. con cuánta menos violencia que un rato antes . ¡La culpa no es mía! balbuceó el doctor Lugosi . qué lindo leproso! dijo con saña don Valerio mientras el médico se tiraba en un rincón. Y más todavía: hasta que haya salido del reino. el cañón de la pistola. como lo ordena la ley respondió el alcalde gozando de su desesperación . el horror de la revelación le había helado el corazón. ¿Cómo? ¿Qué quieren decir? balbuceó el comerciante. ¿Qué querría hacerme ahora? Melito miraba fijamente a Schroder. Cálmese. pero la voz se le había apagado en la garganta. por Dios que te disparo! Las manos de Schroder temblaban violentamente y no era fácil cumplir la orden del alcalde. una gran desgracia! . Y ahora lo es usted también. Ninguno de los dos sonreía más. Finalmente comprendía: el doctor. apoyando las espaldas en la puerta. No obstante. Y le suplicaba al magistrado como un niño: ¡Mis trajes. Tomará la campanita. querido señor. la mirada alelada. ¡Yo le haré ver la campanita! replicó Schroder. por casualidad. Póngase la chaqueta ordenó Melito iluminándosele la cara con diabólica satisfacción . Y le arrojó de frente. Berlina y caballo ya han sido quemados.Dino Buzzati Antología de cuentos 6 Melito y el doctor. desató lentamente los hilos. quédense tranquilos. con pasos de enfermo. se habían acercado el uno al otro. ¡Fuera de acá! Estas bromas no me gustan. ¡Fuera de acá los dos! Entonces Melito hizo asomar apenas. a un leproso de paso. Lo demás debe ser quemado. Schroder. Después.

y en la cabeza una gorrita roja de baseball. al universo para nosotros prohibido. pasa al otro lado. la misteriosa verdad se disipó. como un miserable entre los miserables. Repentinamente. fotografías o lo que sea para demostrar que era cierto. con rayas amarillas y negras. aquí y allá empezaban a brillar. o millones de hombres morían en la guerra. y el hombre podía decir: he concebido el espacio curvo. y de ese modo lo que antes era fórmula inerte. como una muralla que nos encierra. don. como . los globos de la iluminación eléctrica. más hermoso que feo. Al mismo tiempo. entonces se disuelven nuestros problemas tridimensionales y uno se siente ¡poder del hombre! sumergido y suspendido en algo muy parecido a lo eterno. nacida y crecida fuera de nosotros. formidable. cuando llegan esos momentos y como por una fina barbacana el pensamiento. larga de atravesar. pero no tenía documentos. así dice por lo menos la leyenda. Apenas pasó Einstein delante de él. a ver y a contemplar el espacio curvo. ¡Sacude la campanita. y el hombre. dio algunos pasos para acercarse y dijo: ¡Señor! De pie. de entrevistas. si todavía estuvieran en la tierra. mientras el mundo se enloquecía en torno.Dino Buzzati Antología de cuentos 7 ¡Adelante. como un castigo. volando en línea recta a caballo sobre su mente jamás saciada. La plaza era grande. Einstein advirtió que se encontraba en un lugar totalmente desconocido para él. Y aunque él era un hombre sabio. coronada por el globo encendido de vidrio. Caminaba en efecto por una larga carretera bordeada totalmente de cercos vivos. oh. Con gesto rígido él ahora sacudía la campanita. y no hubo festejos puní el temerario. Sólo se veía la columna de un surtidor de nafta.si se hubiera asomado a un abismo y luego se hubiera retirado súbitamente). Tenía puesto un mameluco de mecánico. que daba un sonido límpido y festivo: din. como ustedes este libro. sentado en un banquito de madera. el negro se puso de pie. a solas. se vuelve nuestra propia vida. podrían atravesarla. longitud. resultaba altísimo. sin casas ni jardines ni galpones. Decenas y decenas de personas formaban hilera a su paso. llegó a discernir (quizá sólo por unos breves instantes. con un esfuerzo gigantesco del cerebro. asciende y choca contra ella. de medallas al benemérito. de tipo africano. adelante! lo incitaba entre tanto el alcalde como si fuera un animal . mientras su pensamiento corría por aquí y por allá como un perro en libertad. Cerca de allí. gozaba de la benevolencia de Dios. Todo esto le ocurrió al profesor Alberto Einstein en un atardecer hermosísimo de octubre. anchura. y podía mirarlo y remirarlo al derecho y al revés. o en el crepúsculo de los parques urbanos los enamorados se besaban en la boca. Pero el fenómeno ocurría en el silencio. algún sabio. que no se preocupaba por la gloria. y en la inmensidad azul del ocaso su sonrisa blanca resplandecía. cuando le ocurrió una cosa extraordinaria. a emulación del planeta Venus. ya que la verdad es más grande que nosotros. Ni Pitágoras ni Platón ni Dante. después de años y años de aplicación. un negro esperaba a los clientes. Se dice de costumbre que nuestra mente no logrará jamás concebir la curvatura del espacio. que descubre de pronto sus bolsillos llenos de oro. mientras los trenes y los altos hornos humeaban. porque era un triunfo absolutamente personal. y además una cuarta dimensión misteriosa cuya existencia está demostrada pero también prohibida al género humano. y el corazón. Nada de fanfarras. concibió lo que durante la vida entera había esperado inútilmente. De pronto Einstein vio en torno de sí el espacio así llamado curvo. con heroico esfuerzo mental. Por lo tanto el sentimiento del orgullo se apoderó de él. Poco después llegó a la puerta de la posada y se encaminó lentamente hacia la plaza. Pero justamente entonces. ese extraño músculo. Alberto Einstein. y sin ningún motivo especial. Que algún sabio solitario. con la misma rapidez con que había aparecido. el cielo parecía de cristal. Cita con Einstein (Appuntamento con Einstein) En un atardecer de octubre. se sintió no obstante en ese momento fuera de la grey. . te digo! ¡La gente debe saber que llegas! Schroder comenzó a bajar las escaleras. se paseaba por las calles de Princeton. sublimidad inefable de la creación. altura. No obstante. retrayéndose a medida que él se acercaba. Otros dicen en cambio que es posible. después de una jornada de labor. con un salto supremo.

. Lo que quieres descubrir dijo el negro lo sabrás inmediatamente allá.. Einstein miró en torno. luego se volvieron grises. ¿Y entonces. porque mientras tanto había oscurecido. Has venido justamente ahora. Einstein buscó vanamente en sus bolsillos. El negro. No están nunca contentos. los faroles encendidos. . Pero eso que estoy estudiando es una cosa muy difícil. te lo juro. tocándole un hombro con la mano. en efecto.. Se arrodillan por conseguir una prórroga. El camino. Créeme: trabajé noche y día. Allí estaba la columna del surtidor. ya sé. en el cruce. soy el Ángel de la Muerte y debo llevarme tu alma. El negro sonrió. pero no se veía un alma.. después de deshacerse de sus acompañantes. Pero un mes pasa muy pronto. basta que me sigas. ¿Qué más quiere? preguntó Einstein. anda. con todas sus estrellas en su lugar. Sin embargo. .. Se inclinó hacia la oreja del sabio: Soy el diablo Iblís murmuró . estás buscando la clave del Universo. Oye dijo Einstein . que se había detenido maravillado. y allá al fondo. Nunca nadie. Y sólo se la diré en el oído. realmente resulta desagradable.. y el día convenido. con deseos de volver a casa. se apergaminaron. Aquí estoy dijo Einstein. ¿no es verdad? Callaron. no es mi costumbre. pero no me alcanzó el tiempo. ¿Me necesita? ¿Para qué. no tengo dinero encima. uno se sentía incómodo. dijiste? Pero no trates dentro de un mes de esconderte. ya sé dijo el Ángel de la Muerte .. Pasó el mes.. ¿Qué importa lo que sabremos allá. Sus dientes relucían más blancos que nunca. Esta vez estoy seguro del éxito. dame un mes de tiempo... El negro les sopló encima. sabré encontrarte en un instante. voló convertido en un polvo finísimo. era una noche ya de invierno. Einstein quería hacerle una pregunta más. a usted. joven. ramitas y rama. Se aproximó al cerco. Y siempre encuentran algún pretexto bueno. No es lo mismo.Dino Buzzati Antología de cuentos 8 Señor dijo el negro . Estaba aquí adrede esperándolo... Un mes es largo si se espera a la persona amada. salvaje. ¿Un mes..? Lo necesito para una cosa secreta dijo el negro . Miró también el cielo: era límpido. Tengo la impresión dijo con voz ahora dura . por la noche. Venus se ponía en ese momento. Y ya me falta poco. ? preguntó Einstein. arrancó una rama y en pocos instantes las hojas cambiaron de color. Oh. en la calle? Así me lo encargaron. sin esfuerzo? El mío es un trabajo de notable interés. sin volverse.. es muy breve si el que debe llegar es el mensajero de la muerte. Entonces es.. Gracias igual dijo el negro . Mira. Hace treinta años que le dedico mis fatigas.. me falta poco. cuando estoy por terminar un trabajo.. Y todo.. faros de automóviles. la única diferencia era que esta vez llevaba un viejo capote militar sobre el traje de mecánico: hacía frío. Había bastante neblina. Einstein dio un paso hacia atrás.. ¿Y el trabajo? ¿Lo terminaste? No lo terminé dijo el sabio tristemente . Y se movió como para retirarse.. Sólo te pido un mes. No sé. Entonces. y allí estaba el negro. aquí. Soy el Ángel de la Muerte repitió el negro . Einstein se dirigió al lugar fijado. disculpe. ¡Permíteme un mes más todavía! Me basta con un mes. más corto que un suspiro. ¿tiene fuego? Y le mostraba la colilla de un cigarrillo. ¿Y no me pagaría una copa? dijo entonces el negro..... tengo la impresión de que has bebido demasiado. Lo necesito. Aunque te ocultaras en la mina más profunda. Caramba.. Pero ¿justamente esta noche. hojas. pero el otro había desaparecido. Era alto. Einstein bajó la cabeza. pero. se encogió de hombros: Ustedes los hombres son todos iguales. No fumo dijo Einstein.

pero yo estaba tan adormecido que no la reconocía . Allí seguía la columna del surtidor. si supieras! ¿Si supiera qué? Pero el otro había desaparecido.. Lo interrumpí. Si no te asustaba un poco.. los demonios importantes. y el viento. ahora el universo está en orden. de esas que ocurren con poca frecuencia. anda. dándole otro golpe con el dedo en medio del estómago ... no. y tímidamente le tocó el hombro. un ir y venir de automóviles. ¿vienes conmigo? ¿Estás preparado para el viaje? Y por supuesto. Dicen que tus primeros descubrimientos les fueron de mucha utilidad.. Así lo habíamos pactado. entonces? Sí. ¡Oh.. Pero sí para los jefes. adelanta un paso. me levanté en pijamas. me pareció que el sonido de la campanilla era más prolongado que de costumbre. maligno... Encendí la luz. Nunca devoró el tiempo cuatro semanas con tanta avidez. según tu opinión? No. ¡Muy bien! gritó Iblís. tendiendo el índice de la mano derecha. El negro se envolvía en el capote. ¡Muy bien! ¿Así que me mandaron inútilmente? ¿Se equivocaron. de mal augurio.. gracias a Dios terminé. Aquí estoy. ¿Terminaste. los dientes les castañeteaban de frío. hacía frío. Solamente la noche. al despertarme de pronto los había sorprendido. en cierto modo. es verdad. ¿Me dejas? ¿Y entonces para qué todas estas historias? Lo importante era que terminaras ese trabajo. noches profundísimas en que el destino. Ahora ha puesto sus esperanzas en tus nuevos descubrimientos. Anda. Dios sabe hasta cuándo habrías seguido haraganeando. Sí dijo jocosamente .. o por el silencio de plomo que reinaba en torno.. La culpa no es tuya. pero todavía no lo había identificado (esa odiosa manía de no decir inmediatamente el nombre). Ni tampoco el banco. más abajo.. allá abajo. Hola. ¿Eres tú? Sí. De un salto el negro se puso de pie y lanzó una carcajada clásica de africano. hiciste un excelente trabajo. sin que el mundo lo sepa. y a su lado el negro. soy yo. Era un amigo. con un pasa-montanas en la cabeza. el Infierno se ha alegrado sobremanera. desinteresadas. sin fijarme tampoco en sus palabras: Pero ¿no podías telefonearme mañana? ¿Sabes qué hora es? Son las cincuenta y siete y cuarto respondió. ¿Mi trabajo? ¿Y qué importancia puede tener para ti? El negro se rió. que hacía crujir sobre el asfalto las últimas hojas errantes. pronto comprendí que era una de las grandes noches. bajo la gorra flameaba al aire la blanca cabellera del sabio. Nueva Jersey.Dino Buzzati Antología de cuentos 9 Pasó rapidísimo. puras abstracciones. En fin. Einstein se le acercó... por ahora. En Princeton. Luego. Quisiera saber. De ti. inofensivas.. acurrucado. . Tampoco se veía ya la columna del surtidor. y allá lejos. hola. si no quieres pescarte una congestión pulmonar. pero así es. querido profesor. se oía del otro lado una voz conocida. estarán muy satisfechos. Mis amos. por favor. vi que los muebles estaban profundamente sumergidos en la noche (¡esa sensación misteriosa llena de presagios!)... ¿Eres tú? Entonces dime. ¿Ya terminó el gran match? ¿Encontraste lo que buscabas? ¿Levantaste la tapa del universo? Einstein tosió un poco.. viejo sinvergüenza. que están allá abajo. ¿Qué puede haber en el mundo más inocente que mis descubrimientos? Son unas pequeñas fórmulas. Ya fuera por la interrupción brusca del sueño. Te guste o no te guste. De hidrógeno (All idrogeno) Me despertó el teléfono. Y aquella noche de diciembre soplaba un viento helado. le dio a Einstein un golpe en el estómago que casi le hizo perder el equilibrio. como durmiendo. ¡Absurdo! dijo irritado Einstein . Vuélvete a casa y corriendo. de ti no me importa nada. Para mí ninguna. Entonces.

sin duda. y tampoco se divisaban sombras en movimiento. ¡Oh! respondió Luisa débilmente . y ese algo se queda encerrado dentro de él. todo nos aterra. Me despené con el corazón en la boca. ridícula. Y colgó el tubo. ¡Loado sea Dios! Tuve un sueño. El corazón me retumbaba en el pecho. algo doloroso o infame. o estaba por sucederme. sólo conocemos de ella una parte mínima. Ya sabes qué aprensiva soy. coloqué el ojo junto a un agujerito casi imperceptible. inexplorado. después de tanto tiempo.. Como si arrastraran una cosa pesadísima. los muebles. quizá. tenían un aspecto extraño. aunque la luz eléctrica los iluminaba de la manera más normal. Discúlpame. por un pasaje angosto. al parecer embarazado . Vete a la cama.. El rellano estaba vacío. como quien está por decir algo pero se interrumpe. En realidad yo nunca me había introducido despierto en profundidades tan remotas como las de esa noche. Era evidente que oír mi voz había sido para ella un inmenso alivio. secretaria de un abogado. quizá desde alguna mínima hendija de la puerta de entrada podían verme: ¿Quién es? pregunté. ¿quién era? Un amigo. de todos modos. mucho más profundo y mudo que el silencio del campo. Pero ¿por qué? Y sobre todo. Hasta pronto.. nada respondió el otro. pero por prudencia no encendí la del corredor. En ese momento sonó la campanilla de la puerta. ¿Quién es? pregunté por tercera vez. y las poquísimas veces que entramos en él. en pleno silencio. volviendo a encontrar con alegría el lugar caliente. sentía cierta inquietud. ¿sabes?. Pero ¿por qué me habían telefoneado esos dos? ¿Les habría llegado alguna noticia relacionada conmigo? ¿Algún anuncio de desgracia? ¿Presentimientos. pero supe inmediatamente que era ésa la cosa por cuyo motivo me habían telefoneado poco antes.. Y se interrumpió la comunicación. Otro. que permite a los hombres que vuelven tarde a su casa sentir el peso de la vida. Nada. el ruido hacía vibrar el edificio entero. un sueño horrible. De pronto. Largamente. con ese llamado de neurasténica? Pero ¿qué pasa. el resto es inmenso. En la escalera se veía por supuesto la luz desesperada. hacía años que no la veía. Me tendí panza abajo. me acerqué a la puerta. ni plena noche. dos veces. cuando el teléfono sonó por segunda vez. por el amor de Dios? Perdóname. No obstante. Me deslicé dentro de la cama. ¿Qué pasa. El ruido era como de algo que arrastraran.. Volví a encender la luz de mi cuarto. sueños premonitores? Absurdo. Me quedé allí con el receptor en la mano. como si ya hubiera dicho demasiado. tratando de parecer enérgico. no el de antes. para ocurrir a una hora tan avanzada. Hola.. vete. eso sí. Probablemente era una simple consecuencia de la noche: nosotros.. no quiero que sigas tomando frío.. ni de los pisos próximos. sin duda. por lo tanto. El ruido me penetró derecho hasta la médula. ¿Quién es? pregunté por segunda vez. e inclinándome. perdóname. un conocido. Algo había ocurrido. Con precaución infinita. y habían tocado . se oyó un ruido. débil. ¿romo daba señales de vida. Pero no importa. No podía comprender de qué se trataba. mi voz temblaba. No provenía del otro lado de la puerta. Estaba por meterme nuevamente en la cama. Apagué la luz. sino más bien de abajo. Paz y silencio. no importa. era el sueño casi sepulcral de las casas. y además ¡misericordia divina! se oían unos crujidos prolongados y atrocísimos como cuando está por romperse una viga o las pinzas arrancan un diente. afónica. desde el cual se podía ver no obstante hacia afuera. No me quedó más remedio que. sin que podamos saberlo. probablemente del sótano. con gran esfuerzo y dificultad. avara de siempre. menos mal! Era una mujer. siempre a oscuras. Nadie respondía. en realidad.Dino Buzzati Antología de cuentos 10 Y calló largo rato. una excelente muchacha. pero ¿quién precisamente? No conseguía localizarlo. ¿Por qué había telefoneado a esa hora? Y además. puedo saber? pregunté con impaciencia. Pero ¿qué? Eres la segunda esta noche. ¿Eres tú? ¡Ah. Y esta vez la reconocí: Luisa. del rellano de la escalera. había oído decir que. como de costumbre. Era un llamado más áspero y perentorio todavía.. bajando por la columna vertebral. Pero ¿qué pasa? ¿Qué ha ocurrido? Nada. y debía de ser algo bastante infausto. así lo intuí al instante.

el rumor de la gente se volvía cada vez más agitado y nutrido. letanías. Me pareció divisar una cosa negra. justamente nos la mandan a nosotros. No pude resistir. sollozos reprimidos de mujeres. Pasado el primer asombro helado.. Es absurdo.. fragmentariamente. Beppe. Pero de pronto una noticia ascendió serpeando por la escalera. mire esos dos angelitos.. con una cantidad de letreros y etiquetas. justamente a nosotros. ¿Y quién le dice que nosotros únicamente? ¿Cómo sabe? Beppe. de hidrógeno.. La señora Arunda. los inquilinos habían salido y apoyados en la baranda miraban con ansiedad hacia abajo. alrededor se esforzaban con palancas y sogas algunos hombres de mameluco azul.. ¿Cómo.. ¡No tengo nada que ver! ¡Tenía que irme mañana! Su lamento era insoportable. hijos míos! Pero ¿le telefoneaste? Sí. agregó: Es la drógena. Venga a ver desde aquí. Miré hacia afuera. ¿Qué drógena ni qué diablos? Es la bomba de hidrógeno. Estaba pintado de azul oscuro. Una buena noticia. Y luego. abrázame. señor.Dino Buzzati Antología de cuentos 11 el timbre: en una cavidad tan oscura y misteriosa de la noche. El ruido se repetía. ¿tienes la bolsa de agua caliente? ¡Hijos. Una mujer había perdido la cabeza. desde la planta baja. Mírelos. si todos estaban despiertos? Sss hizo ella. con un tono de desolación absoluta. sin alegría. Están entrándola. ¡La atómica! Y señaló con el índice hacia la planta baja. ¿Qué pasa? susurré. todo este asunto? No supe qué decirle. ¿Qué pasa? ¿Qué es? preguntaban con impaciencia desde arriba. Pero ¿por qué no hablaba yo en voz alta. según se deducía de la mayor vivacidad que de pronto se advertía en el aspecto de la gente. Seguramente habían conseguido mover el cajón un buen trecho. La escalera (yo veía dos tramos) estaba llena de gente. me quedaré. algunos hasta descalzos. ¡Puercos malditos. miré hacia abajo. como un cajón inmenso. Pss. suspiros. Se veía por los cambios agitados de las voces que poco a poco subían hasta nosotros. avemarías. ¿Y cuál quiere que sea? contestó un grosero a mi lado. ¿Le parece posible? ¿No es como para clamar venganza a Dios.. la del quinto piso (con la cabeza cubierta de pincitas para los rizos) se volvió hacia mí con expresión de reproche. te digo. llegaron algunos ecos hasta nuestro sexto piso. en voz baja. Y plegarias... Despacito. ¿sabe? Se oyó una risita seca. la inmovilidad de los miembros. los hombres se asomaban exageradamente en la baranda. Aunque sentía vergüenza. Voces confusas: ¿Y cuándo explotará? ¿Esta noche? ¡Marioooo! Mariooo! ¿Despertaste a Mario? Gisa. mírelos me dijo en voz baja señalando a dos criaturas que la seguían . hice correr el cerrojo y abrí la puerta. Para nosotros. el nombre? . calle San Giuliano. blasfemias. abrázame. te lo suplico. De abajo subió un lúgubre estrépito. ¿Cómo. cada vez más fuerte. y yo mañana tenía que comer pastelitos de carne. El objeto horrible caía ahora dentro del círculo de luz de una lamparita. ya que no me atrevía a salir en pijamas. Observé la palidez mortal de las caras. salí al rellano y abriéndome un lugar entre dos individuos que no había visto jamás. Para verlo mejor. telefonéale. únicamente nosotros. Ya verás que algo podrá hacer. Y yo le gritó con violencia un señor de unos cincuenta años. En bata o en pijamas. Yo distinguía voces. Hay una dirección con el nombre decían. Por fin. ¡Yo estoy aquí por casualidad! Estoy de paso. como para remediar su descortesía. ¿sabe? ¿Pastelitos de cordero? Y me quedaré sin ellos. aunque extremadamente bajo. Una muchacha tenía en la mano un cirio apagado. el último modelo! Entre millones y millones de hombres que existen. que provenía de las escaleras. Volví a mirar hacia abajo. ¿Es ésa? pregunté. golpeando fuertemente un escalón con el pie derecho: ¡Es injusto! gemía . pss llamé desde la puerta apenas entreabierta. número 8. como algo que subiera. Al mismo tiempo advertí un denso rumor humano. como un enfermo al que acaban de diagnosticarle un cáncer . con largos arrastrones lacerantes. Me tomó la muñeca y la sacudía. Tenía frío. Un hombre de unos treinta años lloraba sin recato. con riesgo de caerse.. que parecían paralizados por el terror. posiblemente el abogado del octavo piso . la atómica? Ya llegó.

una vez producida la defunción. Sobre este tema. No obstante es mi deber tranquilizarle. Es personal.. No vi jamás rostros humanos arrebatados por una felicidad tan salvaje. Y los demás estaban a salvo. Cada uno pensaba en sí mismo. es un nombre extranjero. todas las cosas que hacía mientras estaba con vida. ¿Qué podía hacer? Regresé hacia mi puerta. se mezclaron con la música imprevista de una armónica. dijo? ¿U de Udine? La gente me miraba. nostalgias y aflicciones de ningún tipo. sin esposas. Todos pensamos en el doctor Stratz. es decir hacer. ¿Y después? ¿Y después? ¿La segunda letra? ¿U. Moraleja: el aspecto negativo de la muerte. se abrazaban y besaban. Se le ofrecen cigarrillos. el reo supongamos que se llame Ernesto Troll.. ¿quién nos asegura que después de la muerte no hay nada? Esperaba esta objeción. va a poder sentirla. Aquí se le invita a sentarse en el despacho del director. dada la perfección de nuestras instalaciones y esboza una sonrisita diplomática . Yo hablo del dolor moral... señor Troll. los tétricos crujidos del cajón que iba ascendiendo muy lentamente por la escalera. En pocas palabras. Comprendí. Es decir. después de muerto. conditio sine qua non. no. no es para toda la casa. precisamente porque estará muerto. »Vayamos por pasos. cómo? Empieza con T. teórica. motivo de miedo y de angustia. en una cómoda butaca. como confío en llegar a demostrarle. que generalmente infunde tanto pánico. Porque la muerte en realidad no existe. pueden leerlo. Era el tema de La vie en rose. es pata uno solo. Y eso le disgustaría sobremanera. El director empieza a hablar: Bien. señor Troll. después de lo cual los sirvientes desaparecen. injustamente temido. ¡Muy bien! Tampoco esta pena. No. Por lo tanto quien está muerto ya no puede sufrir. el del remate de alfombras. Dejemos aparte el sufrimiento físico que. se trata de una condena sobre todo teórica.. como tampoco puede ser sujeto de arrepentimientos. Sí. Pasemos pues al meollo del problema. ¿Cómo que no existe? No existe. . como hecho trágico. Una objeción más que razonable. escuchar. Delicadeza (Delicatezza) Existe un país en que la pena de muerte es suministrada con extrema delicadeza. No. ¡Con qué alegría me miraban! Abajo. el hombre no puede quejarse de estar muerto.. para mí solo. advertirle de que. reían. es italiano. con B. señor director. era el viejo Mercalli.Dino Buzzati Antología de cuentos 12 Sí. es una estólida ilusión. a la dirección de prisiones.... está fuera de discusión. El cajón con el infierno adentro era para mí. Uno no pudo resistir y estalló en una carcajada que terminó en una tos cavernosa. un regalo exclusivo. etc. estar vivos. tapicero. señor director. como pena. como castigo. Pero para poder experimentar dolor es necesario. caramelos. El hombre tiene miedo porque. no. ver. el nombre del destinatario de la atómica. en cierto sentido. ya no podrá vivir.. un vocerío frenético llenaba toda la escalera.. al menos en su caso.. Por qué el hombre tiene miedo a morir? La respuesta es de lo más sencilla. rigen en el mundo prejuicios insensatos. usted ha sido condenado a muerte.. Luego una duda que les heló el entusiasmo. uxoricida con veneno es conducido. antes de que le sea comunicada la fecha de la ejecución. Pero lo malo de la muerte no es tan sólo el no poder hacer nunca más las cosas que se hacían estando vivo. ¿comprende? ¡No es para toda la casa. quiero decir. Y además. Está también la pena de dejar para siempre a tantas personas queridas. diálogos afanosos. ¿Teórica? Sí. Los demás inquilinos me miraban. Responde el señor Troll: Todo eso que dice está muy bien. ¿Cómo. el dentista del primer piso. hijo mío. ¿Qué nombre dice? No han conseguido leerlo todavía. dejando solos al director y al condenado. no es para toda la casa! Parecían enloquecidos. como Bérgamo. café. He aquí un ejemplo: Una vez que la sentencia ya se ha hecho ejecutiva.

creo que tengo derecho a saber: ¿en qué consiste esta representación? Espero que no se trate de una broma. Evidente. no hay peligro de ninguna clase. o después de la muerte no hay nada. Nuestra Fiorella es experta en este tipo de ficciones escénicas. ahí llega nuestra querida Fiorella! Ha entrado una chica de unos veinte años. adquieran confianza con el ambiente.. Pero no obstante las cuentas salen. se siente consolado y despojado de todo peso material.Dino Buzzati Antología de cuentos 13 Le escucho. mira en derredor suyo. señor director. es un buen negocio.. Consideremos ahora al hombre que cree en el más allá. usted no tiene la posibilidad de darse cuenta. . perdóneme. que del otro lado no haya nada. Fiorella.. Que venga en seguida Fiorella. se enfrente a la muerte con considerable serenidad. »Y henos por segunda vez frente a la hipótesis negativa. como ya hemos visto. que no prejuzga en absoluto lo que puedan ser sus convicciones personales. hasta aquí me parece que no puede haber objeciones. si usted encuentra una segunda vida. le aclarará las ideas sobre su verdadera situación. Lo que vamos a hacer ahora es un experimento práctico. Esta prueba. se acostumbren. señor Troll. De entrada es lógico que. por decirlo de alguna manera. Hasta ahora todo han sido palabras.. simboliza. mejor dicho encarna. Es decir.. Pero es que yo. Es evidente que las posibilidades son dos: o después de la muerte existe una segunda vida del tipo que sea.. Ah. señor director. Usted sólo tiene que. Del aparato graznó una voz. en el otro mundo. no cree en el más allá... ya ha pasado. Pues bi en.. ¿Y en qué consistiría mi papel? El director pulsó el botón del interfono. Mande. Después. Además le queda el consuelo de reencontrar.. una especie de juego. dice el director. le repito. no ha habido tiempo ni forma para la desilusión.. Es evidente que la habitual desesperación de los que no tienen fe carece de fundamento. elemental. ¿no? Veo que ha leído usted a Pascal. repito. los cosmonautas son recluidos en la cápsula para que se hagan cargo. En este caso. Bien. de ninguna estafa. querido Troll: la fe. y la nada implica que usted tampoco exista. Es decir. Lo mismo usted. tendrá una agradabilísima sorpresa que resultará en beneficio suyo.. yo. señor director. Antes del lanzamiento. Nuestra Fiorella en este caso. yo soy el primero en reconocerlo. y no tendrá razones para lamentarse. Y precisamente por eso ahora se retira. Hasta la vista. pero existe. la segunda vida. llegarán a donde usted está. El condenado está inquieto: Señor director. Una apuesta sobre seguro. Me alegro.. Pero para aclararle mejor las ideas.. Avanza. que por un momento ha olvidado que se las está viendo con un uxoricida . sigámosle en el acto de franquear el famoso umbral. En cualquier caso. Ahora consideremos la hipótesis de que usted. Bueno. Pero la cápsula no despega. me atrevería a decir. Y las palabras valen por lo que son. Nada de bromas. no es que sea tan escéptico. estoy de acuerdo con usted. se da cuenta de existir todavía. Es evidente que el pesar por las personas queridas que habrá tenido que abandonar se verá enormemente mitigado por la certeza de que también ellas. Es sólo una hipótesis. realmente. ¡Ah. El hombre que cree en el más allá muere y al otro lado no hay nada. Su fe ha sido recompensada.. Es más. espléndida y procaz. tengo la sensación de que. parientes y amigos ya desaparecidos antes que usted. En resumidas cuentas. se lo aseguro. Ahora consideremos la otra eventualidad. una ficción casi teatral. puede ocurrir incluso que encuentre la felicidad inútilmente buscada sobre la tierra. no ha sido víctima. debido precisamente a dicha convicción.. Pero. con una falda cortísima y un generoso escote. ¿por qué no hacernos una prueba? ¿Una prueba de qué clase? Una especie de representación simbólica. ningún pesar. de forma completamente distinta quizá. una ejemplificación plástica. Perfectamente. Pero precisamente porque no hay nada. Una imagen algo increíble para la cárcel de la muerte. Piense en los vuelos espaciales. Considero superfluas las presentaciones observa el director dirigiéndose al condenado . en cualquier caso. lo de los parientes. un día u otro.Razón por la cual. supongamos que usted. se sentirá muchísimo mejor. Se trata de tranquilizarle.

y las tinieblas significarían la nada. 1971 . Buenos Aires. claro. Es la chica quien lo decide. ¿No le parece una buena alegoría? Pero. ¿no? Muy bien.. En fin. Eso es todo. Ahora bien. ¿Ve aquella puerta? Sólo tiene que abrirla y pasar al otro lado. con precaución empuña la manija. 1983 . ¿Y esta Fiorella? pregunta el señor Troll haciendo un gesto sumamente expresivo. querido señor Troll. puede ocurrir que al otro lado sean tinieblas.. en absoluto. El director se ríe. 1983 . En ese preciso instante. señor director? No. valor. 2007 . Buanos Aires.. ¿si encuentro tinieblas. Elemental. Y Fiorella es la criatura más 'imprevisible de este mundo.. Barecelona: Argos Vergara. CEAL.. usted tranquilamente vuelve aquí a mi despacho. Alianza. si se tercia.Miedo en la Scala y otros cuentos.Los siete mensajeros y otros relatos. Ahora verá usted qué sencillo es. yo. por supuesto. Madrid. en vista de que no hay nada. Director y reo se hallan de nuevo solos. una rendija. ¿Hacemos la prueba? Con pasos más bien inseguros el condenado se levanta.El derrumbe de la Baliverna y otros cuentos. ? Usted nada.Las noches difíciles. Pero también puede ocurrir que al otro lado esté Fiorella esperándole. vislumbra un filo de luz.Dino Buzzati Antología de cuentos 14 La muchacha sale no sin antes dirigir al condenado una descarada sonrisa. Traducciones extraídas de: . CEAL. la hace girar lentamente. empuja con extrema cautela la puerta. un experto tirador fulmina al señor Troll de un disparo en la nuca. y guiñarle un ojo. desde una minúscula tronera bien camuflada abierta en una pared del estudio.. ¿Y quién decide? Quiero decir ¿quién establece si dejarlo a oscuras o hacerme encontrar a la chica? ¿Es usted quien lo decide. Claro. creo que al otro lado todo está ya preparado. un rosado esplendor de carnes. quiero decir. a la habitación contigua.. En este caso.. se acerca a la puerta.

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