MONOLOGO
Que te digo de la mia. Hace las migas a las tres, cuando el
lucero. No habla nunca; suave como la lana, borda toda clase
de bordados y puede cortar una maroma con los dientes.
"Mi hija...¿como explicarla? es como un amanecer silencioso.
La veo cada mañana, cuando el lucero aún tiñe el cielo de
rosa, preparando el pan Sus manos, que parecen hechas de
encaje, dan forma a los bordados más hermosos. Pero detrás
de esa delicadeza, hay una fuerza que asombra.
A veces me pregunto si sabe lo mucho que la admiro. No
habla mucho, pero sus ojos dicen más que mil palabras. En
ellos veo el mar, la tierra, el cielo. Veo la vida misma. Es
como una flor que crece en medio de la piedra, fuerte y
hermosa.
Recuerdo cuando era pequeña, cómo se pasaba horas
observando a las hormigas. Con una paciencia infinita, las
seguía por el camino, maravillada por su organización. Y así
es ella, paciente y observadora. Pero también impulsiva,
capaz de sorprenderte con una palabra, una mirada.
Mi hija es un enigma, un misterio que me fascina cada día. Y
aunque a veces me preocupe su silencio, sé que dentro de
ella late un corazón lleno de vida y de pasión."
Mi hija... se casa. Y yo, que siempre la he visto como esa niña
que observaba a las hormigas con tanta atención, ahora la
veo a punto de emprender su propio camino. La veo tan frágil,
tan vulnerable, a pesar de su fuerza. Es como una vela al
viento, hermosa y delicada, pero expuesta a las inclemencias
del tiempo.
Recuerdo la primera vez que la vi con su vestido de novia.
Era como si una luz propia la iluminara. Pero detrás de esa
sonrisa, vi un atisbo de miedo, de incertidumbre. Y es que
casarse es dejar de ser hija para convertirse en esposa. Es
un cambio tan grande...
A veces pienso que no está preparada para este paso. Que
todavía necesita mis cuidados, mi protección. Pero sé que
debo dejarla volar. Y aunque me duela el corazón, le deseo
toda la felicidad del mundo.