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EL ASPECTO SAGRADO DEL AMOR ERÓTICO

EN DOS CANTOS SUMERIOS

Juan Manuel Pérez García
Ciudad de México, julio de 2011

Las semejanzas entre el amor y la
experiencia de lo sagrado son algo
más que coincidencias. Se trata de
actos que brotan de la misma
fuente.
Octavio Paz. El arco y la lira.

La cultura considerada la más antigua del mundo es la Sumeria. Ésta se asentó
al sur de Mesopotamia, entre las desembocaduras de los ríos Tigris y Éufrates
y tuvo su pleno desarrollo entre el 4000 al 2000 a. C.; con un período
intermedio de dominación acadia. Los sumerios son considerados como los
creadores de la civilización, ya que ellos inventaron el vehículo con ruedas, la
medición del tiempo, las matemáticas, la medicina, la astronomía, pero
principalmente la escritura.
Una vez que este pueblo ideó todo un sistema de signos cuneiformes,
que se plasmaban en tablillas de barro, ellos comenzaron a relatar las hazañas
realizadas por héroes, que anteriormente habían sido reyes sumerios,
revestidos con la propia visión mítica; de esta manera surge el género épico. A
su vez, con el deseo de agradar y alabar a sus dioses, ellos escribieron plegarias
e himnos, donde buscaron expresar los sentimientos de respeto y admiración
que sus divinidades les inspiraban y que formaron parte de sus antiguos ritos
religiosos, así surge el género lírico.
Este último género literario toma su nombre del latín lyricus y ésta
proviene de la palabra griega 좵ikoo (lyrikos) formada por 좵o (lyra),
instrumento musical compuesto por varias cuerdas tensas en un arco, y el
sufijo -ikoo (-ikos) «relativo a», por lo que su sentido etimológico es «relativo
a la lira». A este género pertenecen todas aquellas obras, escritas normalmente
en verso, que expresan sentimientos y buscan suscitar en el oyente o en el
lector emociones análogas.
Los antiguos griegos tenían una composición lírica, conocida como
poesía mélica, que en el momento de la recitación acompañaban con música y
danza. Sin embargo, mucho tiempo antes, los sumerios ya tenían también este
tipo de obras, que acompañaban con diversos instrumentos, entre los cuales
se encontraba el zami o lira. De esto queda testimonio en el conocido
“Estandarte de Ur” en el panel de la paz, donde se observa a un músico
tocando precisamente un zami.
En este breve trabajo monográfico nos ocuparemos de dos himnos,
escritos probablemente en el primer tercio del siglo XXI a. C., en los cuales,
en apariencia, se expresan emociones relacionadas con el amor y el erotismo.
El análisis y comprensión de estos dos textos nos permitirá entender de mejor
manera, cómo fue el origen del género lírico en los albores de la civilización.
Por otra parte, en ellos podremos observar la concepción que esta cultura
tenía de un aspecto de suma importancia en la vida del hombre: el amor
erótico.
Antes de pasar de manera formal al estudio de los textos, es necesario
dar un contexto histórico previo, ya que ambos himnos están dirigidos a un
rey sumerio, el cual, seguramente, será desconocido para el lector no
especializado en la historia antigua de Mesopotamia. Después se presenta el
análisis de ambos himnos, bajo el marco teórico de la mito-crítica; mismo que
no pretende ser exhaustivo. Para finalizar, transcribo la traducción al español
de las dos composiciones, para que el lector pueda comparar y tener su propia
opinión respecto a lo que en este trabajo se afirma.

Shusin fue el cuarto rey de la Tercera Dinastía de Ur, nieto de Ur-
Nammu, Señor de Sumeria y Acad, e hijo de Shulgi. Sucedió a su hermano
Amarsin en el gobierno de Ur y del imperio creado por su abuelo, desde el
2037 hasta el 2029 a. C., y tuvo por esposa a Kubatum, con quien procreó a
Ibbisin, el último rey sumerio. Cuando aún regía su padre, el Imperio
Neosumerio se enfrentó a una Elam que iniciaba un período de auge y de
cuyo conflicto Shulgi salió vencedor.
Más tarde su hermano sofocó una importante rebelión de diversos
pueblos seminómadas de los Montes Zagros, que habían formado una
coalición en contra de Sumeria. También, durante el reinado de Amarsin, el
Imperio Neosumerio sufrió la incursión de los amorreos, procedentes de
Arabia, quienes se asentaron al norte, en lo que antiguamente era Acad.
Las migraciones amorreas continuaron al momento en el que Shusin
regía; por lo cual, en el cuarto año de su gobierno, construyó una muralla
entre el Tigris y el Éufrates, de alrededor de 270 km, conocida como la
Muralla de Martu, para mantener alejadas a las tribus amorreas, que cada vez
ejercían una mayor presión.
1

A pesar de todas las medidas preventivas que este monarca sumerio
tomó, no será recordado por las fortificaciones que mandó erigir, ni por el
canto de hazañas militares, sino por dos poemas líricos: “Himno de amor a
Shusin” y “Canto de amor al rey Shusin”, considerados por José Luis
Martínez en su obra Mesopotamia, Egipto, India y León Thoorens en De Sumer a
la Grecia Clásica, como los más antiguos poemas de amor de la humanidad.
Estos dos textos pueden ser clasificados, bajo criterios modernos, dentro
del género lírico y a su vez, dentro del mismo, en el subgénero himno. Los
griegos dieron el nombre de himno a los cantos de alabanza de acciones y

1
Cf., Michael Roaf, Mesopotamia, Barcelona, Folio, 2005.
objetos dignos de elogio, como pueden ser divinidades, reyes, templos o
utensilios religiosos.
2

Partiendo de la erudita explicación que da Federico Lara Peinado sobre
las diferentes clasificaciones hímnicas sumerias, estas obras pertenecen al tipo
Balbale: composiciones recitadas con acompañamiento musical, donde se
enaltece a los dioses, de autoalabanza de los monarcas o cantos de amor
estrechamente relacionados con la fiesta del Año Nuevo;
3
todos estos
elementos formales nos orientarán en la menara en cómo estos poemas deben
ser abordados.
El texto conocido con el título de “Himno de amor a Shusin”, fue
hallado en la ciudad de Nippur, en una tablilla rota, publicada por Edward
Chiera en 1924 y en 1947 Adam Falkenstein la tradujo al alemán. En la
actualidad la tablilla que contiene este poema se conserva en el Museo de
Antigüedades Orientales de Estambul. El texto no se mantiene íntegro, a
causa de que la tablilla en donde fue hallado, presenta grandes signos de
deterioro; por lo cual algunos versos e incluso estrofas se encuentran
incompletos.
En esta obra la voz poética pertenece a una sacerdotisa de Inanna, diosa
de la fertilidad, quien se dirige al rey Shusin y a su esposa Kubatum. El himno
está dividido en seis estrofas ―dos de cuatro versos, una de seis, dos de cuatro
y una de seis―. En la primera se enaltece a la reina Abisimti, esposa de Shulgi
y madre de Shusin, precisamente por haber concebido a este soberano, de
quien se dice nació puro.
En la segunda estrofa el reconocimiento y alabanza se extiende al
monarca sumerio y a su esposa. Después, en la tercera, la recitadora enumera
los regalos que Shusin le ha otorgado, a menara de recompensa, por haber
cantado los alegres allari. En las últimas tres estrofas se exaltan las cualidades
del soberano como amante. También la misma sacerdotisa ensalza sus propios

2
Cf., Juan Rey, Preceptiva literaria, México, Editorial Sal Terrae, 1986.
3
Cf., Federico Lara Peinado, Himnos sumerios. Madrid, Tecnos, 1988.
encantos de manera muy sugerente, introduciéndonos a la intimidad de una
relación erótica-amorosa entre el rey sumerio y la sacerdotisa de Inanna.
El segundo poema, conocido como: “Canto de amor al rey Shusin”, fue
hallado en una tablilla en un estado de perfecta conservación, la cual, lo
mismo que la anterior, se encuentra en el Museo de Antigüedades Orientales
de Estambul. En esta obra, como en la primera, la voz poética pertenece a una
de las sacerdotisas de Inanna. A diferencia del texto precedente, en éste
podemos percibir un ambiente mucho más íntimo entre los amantes, en
donde ella pide al soberano entregarse a las mutuas caricias y con tono
seductor intenta cautivarlo, invitándolo a dormir hasta el alba en la casa de
ambos.
Como ya se mencionó, la voz poética en ambas obras pertenece a una
sacerdotisa de la diosa Inanna, también conocidas como hieródulas. Para
poder comprender estos dos textos a cabalidad es necesario explicar quiénes
eran estas mujeres. Erróneamente algunos especialistas, influidos por la visión
bíblica, las denominan como prostitutas sagradas.
4

Antes que nada resulta necesario hacer la distinción entre uno y otro
concepto. Hieródula tiene su origen de las palabras griegas icµoo (ieros)
«sagrado» y oouìoo (doulos) «siervo», por lo que significa «sierva sagrada».
Prostituta viene del latín prostituere, la cual está formada por el prefijo pro-
«antes o delante» y statuere «estacionado, parado o colocado» y su sentido
etimológico sería «parada delante».
La prostituta es una mujer que pone a la venta su cuerpo, lo ofrece como
objeto al deseo de los hombres y, como todo producto mercantil, lo expone a
la vista del público; por ello se ven siempre a estas mujeres “paradas delante”
de todo prostíbulo. Por el contrario, la hieródula es una sierva, alguien que
sirve a una divinidad y por esto se la ha consagrado y se le considera pura.

4
Cf. Núm 25: 1-2; Dt 23: 18-19; Oseas 1: 1-2.
En este caso, la voz poética es una mujer que realiza un servicio a la
diosa Inanna, que consiste en ser la representante o vicaria de la divinidad en
la tierra; por este motivo tiene que realizar las mismas funciones que ella:
copular para ser fecundada y que la fertilidad, como fuerza cósmica, tenga un
referente en el mundo terreno. Este último aspecto es el que la vuelve pura.
La palabra puro viene del latín purus y ésta a su vez del griego t¢µoo
(pyros) «fuego», la cual se encontraba íntimamente ligada a t¢µo (pyra),
hoguera donde en la antigüedad se quemaban las víctimas de los sacrificios.
De esta manera la hieródula ofrecía como sacrificio su virginidad y su
fertilidad femenina, en la pira ritual del sacro fuego del erotismo. Ellas
“estaban en contacto con lo sagrado, residían también en lugares consagrados;
y ellas mismas tenían un carácter sagrado análogo al sacerdotal”.
5

Otro punto relevante que nos ayuda a distinguir entre la prostituta y la
hieródula, es que la primera recibe una compensación monetaria por el
servicio sexual que presta y este pagó se emplea para satisfacer las necesidades
básicas de todo ser humano. En cambio a la hieródula no se la paga, se le
otorga un don, sumas de dinero o cosas preciosas, que no le pertenecían de
manera individual, sino a la comunidad sacerdotal, al templo y a la divinidad.
Era un don que no se le hacía a ella como simple mujer mortal, sino a la diosa
de la que era representante de manera simbólica.
Esto queda claramente señalado en el texto “Himno de amor a Shusin”,
cuando la voz poética señala que el monarca sumerio “me ha hecho un regalo:
/ un broche de oro, un sello de lapislázuli / […] / un anillo de oro, un anillo
de plata” y después agrega: “tu regalo es desbordante”. Estos dones otorgados
por el soberano, eran empleados para el mantenimiento del templo y para los
gastos suntuarios y los aderezos de las mismas sacerdotisas; quienes como
vicarias de Inanna, tenían que estar dignamente ataviadas.

5
Georges Bataille, El erotismo, Barcelona, Tusquets, 2002, p. 139.
Como se puede observar, si omitimos el contexto en el que estos poemas
fueron escritos, sin duda haremos una interpretación errónea de los mismos,
quedando como simples obras líricas de pura expresión amorosa; sin embargo
estas composiciones deben verse como parte de un rito religioso, en el cual él
es el representante del poder fecundador del universo y ella de la fertilidad
proveniente de la tierra, que una vez unidos en sagrada comunión
6
son
generadores de la vida en todas sus manifestaciones.
La manera que tenía esta antigua cultura de representar en sus ritos la
unión de estas abstracciones religiosas, de estas potencias cósmicas, era por
medio del matrimonio sacro y la cópula entre las divinidades relacionadas con
la fertilidad; es por esta razón que la sacerdotisa se atreve a mencionar dicho
encuentro amoroso frente a la reina Kubatum, en “Himno de amor a Shusin”,
sin que ésta se ofendiera y sin el riesgo a ser castigada.
Resulta complicado entender, para el lector actual, como la unión
conyugal puede contar con una dimensión cósmica y sagrada, donde se
mezclan las emociones amorosas y religiosas; ya que su pensamiento, inmerso
en las sociedades contemporáneas, está acostumbrado a dividir estos
sentimientos, procurando evitar que se confundan entre sí; por lo tanto la
unión maridal no tiene ningún referente cósmico, ningún modelo divino a
imitar, que lo dote de sentido y sacralidad.
En oposición a esto, para el hombre de las sociedades arcaicas, el mito
cosmogónico
7
y las nupcias entre la pareja divina sirven de modelo para el
comportamiento humano; por ello el matrimonio está considerado como una
imitación de la hierogamia
8
cósmica. Dentro de este contexto deben verse y
entenderse estos poemas líricos, de tema erótico-amoroso, donde la expresión

6
Comunión proviene del griego koivovio (koinonia), cuya traducción no es tan precisa como se
desearía: «participación en lo común», «unión estrecha», «relación íntima».
7
Cosmogónico adj. Perteneciente o relativo a la cosmogonía, palabra de origen griego compuesta
por kooµoo (kosmos) «universo» y ¸i¸voµoi (gignomai) «nacer» y el sufijo –io «relativo a», por lo
que su sentido etimológico sería: «relativo al nacimiento del universo».
8
Hierogamia proviene del griego icµoo (ieros) «sagrado» y ¸oµoo (gamos) «unión» y significa
«unión sagrada».
de los sentimientos está subordinada a una experiencia religiosa y por lo tanto
es parte de un ritual agrícola.
Ambos himnos debieron ser recitados durante la celebración del Año
Nuevo, el cual duraba doce días y podía llevarse a cabo durante el equinoccio
de primavera o de otoño. En el curso de la ceremonia el soberano
desempañaba un papel importante, ya que era considerado como el
representante del dios primordial en la tierra y era su obligación el mantener la
regularidad de los ritmos de la naturaleza.
Entre los muchos rituales en los que el monarca tenía que participar, se
encontraba precisamente el matrimonio sagrado o hierogamia entre Dumuzi
con su esposa Inanna, donde Shusin contraía nupcias con una sacerdotisa o
hieródula, con objeto de asegurar la fertilidad de las tierras y la fecundidad de
las hembras, acompañado de un intervalo de orgía colectiva, que tenía por
objeto exacerbar a su máximo las fuerzas de reproducción y de creación de la
naturaleza entera.
Este escenario cosmológico-ritual se repetía cada año y el soberano se
casaba con una hieródula de Inanna, la cual, como parte del ritual, buscaba
seducirlo e invitarlo a la unión amorosa, misma que se realizaba en el templo
de la divinidad: “en nuestra casa”, porque este enlace era la imitación del
modelo divino y tenía que desarrollarse en un espacio sagrado.
En el tiempo que la celebración duraba, la personalidad de ambos se
diluía: no eran más Shusin y la hieródula, sino Dumuzi e Inanna amándose,
para que ella quedara fecundada y durante la primavera toda la vegetación, que
en el invierno había muerto, se regenerara y todas las especies pudieran
procrear. Ahora bien, si la fiesta se realizaba en el otoño, la unión sexual de
ambas divinidades tenía como propósito el asegurar que las cosechas fueran
opulentas.
De esta manera el poder fecundador del hombre y la fertilidad de la
mujer eran sacralizados, creándose un vínculo místico con el universo. Si
Inanna, como diosa de la fertilidad, periódicamente accedía al tálamo conyugal
para ser fecundada, todas las mujeres estaban obligadas a imitar estas acciones,
porque como afirma Mircea Eliade: “La mujer está solidarizada místicamente
con la Tierra; el parto se presenta como una variante, a escala humana, de la
fertilidad telúrica”.
9
Por eso durante la celebración se llevaba a cabo una orgía
colectiva, ya que como explica el mismo historiador de las religiones: “La
fertilidad de la mujer influye en la fecundidad de los campos”.
10

El ritual del matrimonio sagrado se extendió a Canaán, Egipto y Grecia,
sufriendo considerables alteraciones, y una vez fundado el reino de Israel, los
hebreos adoptaron las costumbres cananeas y adoraron a sus dioses. Entre los
rituales asimilados, se encontraba el perteneciente a la diosa Astarté,
11
en el
cual la figura de la hieródula era fundamental. El mismo rey Salomón aceptó y
fomentó este tipo de prácticas, mismas que se arraigaron a tal grado, que las
sacerdotisas de Astarté tuvieron sus aposentos en el templo de Yavé.
12

Al implantarse el culto al dios único, con un sistema totalmente patriarcal
y donde el principio femenino se había desvalorizado, los rituales hierofánicos
fueron condenados y repudiados, así como las sacerdotisas consagradas a la
fertilidad. Por esta razón, al ser incomprendidos estos rituales, donde el amor
y el erotismo tenían un valor sagrado, la ciudad de Babilonia, heredera de esta
tradición, se ganó el injurioso apelativo de “Babilonia la grande, la madre de
las rameras y de las abominaciones de la tierra”.
13

A manera de conclusión, se puede afirmar que estos dos textos, si bien
son poemas líricos de tema amoroso, no pueden ser sustraídos del contexto al
que pertenecen y no se debe olvidar el sentido simbólico y místico que los

9
Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, Buenos Aires, Paidós, 1999, p. 107.
10
Mircea Eliade. Tratado de historia de las religiones, México, Ediciones Era, 2001, p. 320.
11
Astarté era la divinidad fenicia o cananea que representaba el culto a la naturaleza, la vida y la
fertilidad. Su nombre en fenicio se escribe Ashtart, cuyo significado es «la del útero», y es la cognada
de Ishtar, diosa babilónica de la fertilidad y la guerra, conocida en el período sumerio como Inanna.
En el Antiguo Testamento aparece con los nombres Aserá o Asherah y Astoret o Ashtoreth. Esta
última forma es el nombre peyorativo hebreo de esta divinidad, ya que significa «cosa vergonzosa».
12
Cf. 1 Reyes 11: 5, 33, 15: 13; 2 Reyes 23: 7.
13
Apocalipsis 17: 5.
revisten, por lo tanto no pueden ser considerados los primeros cantos de
amor de la humanidad, porque en el verdadero sentido de los mismos, no son
los sentimientos del ser humano los que se expresan; sino por medio de ellos
el hombre arcaico simbolizaba las relaciones que existían entre las diversas
fuerzas del cosmos.
En la actualidad, al hombre occidental de las sociedades posmodernas se
le dificulta comprender esta visión religiosa, presente en ambos himnos, ya
que ha privilegiado su capacidad racional y es parte de una tradición
judeocristiana, que rechazan este tipo de comportamientos y los han juzgados
durante mucho tiempo como inmorales.
Esto muestra que la religión, con una visión distinta al cristianismo, lejos
de condenar al amor erótico, podía regular sus modalidades y dotarlos de
cualidades sagradas, sin que dichos actos atentaran contra la moralidad, pues
como afirma Octavio Paz: “Hay actos que no pueden ser juzgados por la
moral de los hombres: los actos sagrados”.
14

A continuación transcribo la traducción al español, de estos dos poemas,
que divulga el portal de Internet: www.biblioteca-tercer-milenio.com, de la
versión publicada en 1956 por Samuel Noah Kramer en su obra History Begins
at Sumer: Thirty-Nine “Firsts” in Recorded History. Cabe recordar que al realizarse
la traducción de cualquier texto a otro idioma, la métrica se altera, como es en
este caso.
HIMNO DE AMOR A SHU-SIN

Ella ha dado a luz a aquel que es puro,
ella ha dado a luz a aquel que es puro,
la reina ha dado a luz a aquel que es puro,
Abisimti ha dado a luz a aquel que es puro
la reina ha dado a luz a aquel que es puro.

¡Oh, reina mía, adornada de hermosos miembros!
¡Oh, reina mía, que eres […] de cabeza, mi reina Kubatum!

14
Octavio Paz, El arco y la lira, México, Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 131.
¡Oh, señor mío que eres […] de cabellos, oh, señor mío Shu-Sin!
¡Oh, señor mío, que eres […] de palabras, oh, hijo mío de Shulgi!

Porque yo le he cantado, porque yo le he cantado,
el señor me ha hecho un regalo.
Porque he cantado el allan, el señor me ha hecho un regalo:
un broche de oro, un sello de lapislázuli,
el señor me los ha hecho como regalo:
un anillo de oro, un anillo de plata.
Señor, tu regalo es desbordante de […],
alza tu rostro hacia mí,
Señor, tu regalo es desbordante de […],
alza tu rostro hacia mí.

[…] señor […] señor […],
[…] como un arma […],
La ciudad levanta su mano como un dragón, mi señor Shu-Sin,
y se extiende a tus pies como un leoncillo, hijo se Shulgi.

Dios mío, de la doncella que escancia el vino, dulce es el brebaje.
como su brebaje, dulce es su vulva, dulce es su brebaje,
como sus labios, dulce es su vulva, dulce es su brebaje,
dulce es su brebaje mezclado, su brebaje.
Mi Shu-Sin, que has concedido tus favores,
¡Oh, mi Shu-Sin, que me has concedido tus favores, que me has mimado.
Mi Shu-Sin, que me has concedido tus favores,
mi bienamado de Enlil, mi Shu-Sin,
mi rey, el dios de su tierra!

Éste es un poema-balbale de Bau.

CANTO DE AMOR AL REY SHUSIN

Esposo, amado de mi corazón,
grande es tu hermosura, dulce como la miel.
León, amado de mi corazón,
grande es tu hermosura, dulce como la miel.
Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti;
esposo, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara.
Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti;
león, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara.
Esposo, déjame que te acaricie;
mi caricia amorosa es más suave que la miel.
En la cámara llena de miel,
deja que gocemos de tu radiante hermosura;
león, déjame que te acaricie;
mi caricia amorosa es más suave que la miel.
Esposo, tú has tomado tu placer conmigo;
díselo a mi madre, y ella te ofrecerá golosinas;
a mi padre, y te colmará de regalos.
Tu alma, yo sé cómo alegrar tu alma;
esposo, duerme en nuestra casa hasta el alba.
Tu corazón, yo sé cómo alegrar tu corazón;
león, durmamos en nuestra casa hasta el alba.
Tú, ya que me amas, dame, te lo ruego, tus caricias.
Mi señor dios, mi señor protector,
mi Shu-Sin, que alegra el corazón de Enlil,
dame, te lo ruego, tus caricias.
Tu sitio dulce como la miel,
te ruego que pongas tu mano encima de él,
pon tu mano encima de él como sobre una capa-gishban,
cierra en copa tu mano sobre él
como sobre una capa-gishban-sikin.

Éste es un poema-balbale de Inanna.























REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
BATAILLE, Goerges. El erotismo, tr. Antoni Vicens y Marie Paule Sarazin, 3ª
ed. Barcelona, Tusquets, 2002 (Ensayo).
ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano, tr. Luis Gil Fernández y Ramón
Alfonso Díez Aragón. Buenos Aires, Paidós, 1998 (Paidós orientalia 57).
ELIADE, Mircea. Tratado de historia de las religiones, tr. Tomás Segovia. México,
Biblioteca Era, 2001.
LARA Peinado, Federico (comp.). Himnos sumerios. Madrid, Tecnos, 1988
(Clásicos del pensamiento 50).
PAZ, Octavio. El arco y la lira, 3ª ed. México, Fondo de Cultura Económica,
2003 (Lengua y estudios literarios).
REY, Juan. Preceptiva literaria. México, Editorial Sal Terrae, 1986.
ROAF, Michael. Mesopotamia. Barcelona, Folio, 2005 (Grandes civilizaciones
del pasado).

REFERENCIAS ELECTRÓNICAS
KRAMER, Samuel Noah. La historia empieza en Sumer. Biblioteca Tercer
Milenio. Recuperado el 17 de julio de 2011 de http://www.biblioteca-
tercer-milenio.com/genesis/Sumer/20-Canto.html.