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Lc 6,36-38.

SEAN MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE DE USTEDES ES MISERICORDIOSO Jess dijo a sus discpulos: Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no sern juzgados; no condenen y no sern condenados; perdonen y sern perdonados. Den, y se les dar. Les volcarn sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan tambin se usar para ustedes (Lc 6,36-38).

Jess propone la IMITACIN DE DIOS como motivacin suficiente para amar al que busca nuestro dao. Eso no se puede lograr sin el anhelo de ser misericordiosos como el Padre es misericordioso. El creyente que ama a su enemigo lo hace porque se ELEVA por encima de la situacin adversa y trata de tener los sentimientos propios de Dios: Ustedes sern hijos de Altsimo, porque l es bueno con los ingratos y los perversos (Lc 6,35). Eso no significa que no se consideren malas las acciones realizadas por otras personas. Se deja en manos de Dios el juicio. Porque, si bien la ley del talin del pasado fue superada en el Evangelio por la renuncia a la venganza y por el amor al enemigo (Mt 5,38-41), sin embargo el

Evangelio postula una ley nueva del talin, vigente para el mundo futuro: No juzguen y no sern juzgados, no condenen y no sern condenados, perdonen y sern perdonados (Lc 6,37s). Pero mientras, en el presente, la advertencia sirve para mitigar el afn de hacerse maestro de otros. Un ciego no puede ser gua (Lc 6,39). Y tal es el caso de quien juzga a otros sin haber tenido una instancia previa de autocrtica. No podr corregir defectos ajenos quien antes no ha descubierto los propios. Slo entonces podr crecer y llegar a ser maestro para guiar a otros (6,40). Slo entonces sus palabras sern crebles y sus consejos aceptados.