ELVA ROULET

LA NUEVA CAPITAL

1987

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Agradezco la valiosa colaboración de: SAENZ QUESADA, María, por la investigación bibliográfica y las referencias documentarlas; CORTI, Angela, por la lectura y corrección del manuscrito; QUINTERO, Carlos Daniel, por la fotografía; CALLEJA, María Teresa, por la diagramación.

INDICE

INTRODUCCION........................................................................................................................................5 PRIMERA PARTE: BUENOS AIRES .......................................................................................................7 CAPITULO I............................................................................................................................................8 EL DEBATE CAPITALINO HASTA 1880 ........................................................................................8 LA EPOCA COLONIAL .....................................................................................................................8 LA CUESTIÓN CAPITAL DE LA REPÚBLICA.............................................................................10 EL VETO PRESIDENCIAL ..............................................................................................................15 CAPITULO II.........................................................................................................................................21 EL COMPORTAMIENTO DE BUENOS AIRES COMO CAPITAL FEDERAL HASTA 1986 ....21 PROYECTOS REFORMISTAS ........................................................................................................24 EL GRAN BUENOS AIRES .............................................................................................................29 HACIA EL TRASLADO DE LA CAPITAL .....................................................................................33 SEGUNDA PARTE CARMEN DE PATAGONES – VIEDMA..............................................................39 CAPÍTULO 1º - EL SITIO.....................................................................................................................40 CAPÍTULO 2º - DOS SIGLOS DE HISTORIA ....................................................................................41 EL FUERTE DEL RIO NEGRO........................................................................................................43 LA GESTA DE PATAGONES..........................................................................................................48 DOS NATURALISTAS EN PATAGONES ......................................................................................49 LUIS PIEDRA BUENA .....................................................................................................................54 LA PRIMERA CAPITAL DE LA PATAGONIA .............................................................................56 EL ULTIMO CONFIN DE BUENOS AIRES ...................................................................................58 PROGRESOS Y ESTANCAMIENTO ..............................................................................................60 EPILOGO...................................................................................................................................................64 ANEXO DOCUMENTACION..................................................................................................................65 ANEXO I................................................................................................................................................66 EL MENSAJE PRESIDENCIAL.......................................................................................................66 II EL MENSAJE DEL PRESIDENTE DE LA NACIÓN, PRONUNCIADO EN VIEDMA ............74 LEY 2.086 ..........................................................................................................................................84 LEY 10.454 ........................................................................................................................................85 LEY 23.512 ........................................................................................................................................87

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INTRODUCCION
En abril de 1987, siendo Vice Gobernadora de la provincia de Buenos Aires y en mi carácter de Presidente del Senado, realicé desde allí la publicación de este estudio sobre la nueva capital como una contribución al análisis de la importante propuesta del Presidente de la Nación. En realidad este ensayo podía haberse llamado la cuestión de la Capital Argentina, pues el tema constituye un problema que campea a lo largo de toda nuestra historia, y que todavía espera hacer el recorrido de ese último tramo que nos permita superar las distorsiones graves que causó al país. El debate aún está abierto y los numerosos antecedentes y fundamentos de esta iniciativa necesitan una amplia difusión para comprender la necesidad y la importancia de no seguir postergando nuestros problemas, vencer la inercia y los prejuicios para poder diseñar el futuro posible y deseable para el conjunto social. Habiéndose agotado esa edición, el Comité Editorial de la Fundación Jorge Esteban Roulet me ha propuesto la realización de una nueva para nuestro fondo editorial, lo que acepto y agradezco por comprender su utilidad. Y continuando con las reflexiones precedentes parece adecuado transcribir aquí la introducción de esa primera edición. Concientes de que este tema es fundamental para el futuro ordenamiento territorial de nuestra República, comprendemos también que es imprescindible recorrer las raíces históricas de la propuesta hecha por el actual Gobierno de la Nación. Como decíamos en ocasión de presentar, hace poco más de un año, una nueva edición del discurso de Leandro Alem sobre la capitalización de Buenos Aires, nos enriquecemos escuchando nuestro pasado, no para repetirlo, sino para liberarnos de antiguos condicionamientos y extraer enseñanzas de los errores cometidos y de los aciertos alcanzados. Es difícil escapar, durante el actual debate, a la influencia azarosa de situaciones meramente coyunturales. La inmediatez de algunos problemas que hoy afrontamos, importantes y críticos como son, no puede ni debe interrumpir o quebrar el camino que nos lleve a entrar al siglo XXI bajo un signo de pujanza y fe en nuestro destino. El objeto de esta publicación es, aunque modestamente, reforzar el vínculo histórico que une nuestro pasado a ese futuro que vislumbramos y ambicionamos. El traslado que se propone no significa el abandono ni el desconocimiento del valioso e irremplazable papel que la ciudad de Buenos Aires jugó en nuestro nacimiento y organización como Estado libre e independiente. Por otro lado el nuevo lugar elegido para asentar nuestra Capital no carece de una historia y tradición que, por su carácter pionero, fronterizo y audaz, sirve para augurar éxito al desafío que nos imponemos como pueblo. Se ha dicho muchas veces que la Capital no es el país, ni que el país es la Capital. Verdades restringidas ambas pues lo cierto es que en la historia de la humanidad y en la de los Estados, los símbolos nunca han podido estar muy alejados de las realidades. Nuestro Buenos Aires ha sido un símbolo, tanto dé nuestras grandezas como de nuestras debilidades. En su momento despertó nuestras pasiones -graves y profundas como las de la epopeya de mayo, humorísticas y agudas como las de las luchas estudiantiles de Juvenilla-. Fue polo de atracción, a veces unificante de voluntades populares, a veces deformante de nuestro orden territorial natural. Ese papel y ese símbolo jamás se perderán si mantenemos su reconocimiento

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dentro de los límites de la razón. Hoy queremos, sin olvidar nuestro pasado, darle la cara a una nueva Argentina que, sobrepuesta de sus tragedias y sinsabores, con la alegría de un pueblo aún joven y la temeridad de un país nacido en la lucha, se lance a la aventura de construir una Nación que responda cabalmente al sueño de nuestros antepasados y a la esperanza de nuestros hijos. Que recobre para sí las tierras y los mares olvidados y redescubra esa Argentina escondida que yace dentro de todos y cada uno de nosotros. Hemos dividido esta publicación en dos partes. No antitéticas ni polémicas, sino meramente descriptivas. En la primera desarrollamos someramente una semblanza histórica de los orígenes del comportamiento, por cierto no lineal, de la ciudad de Buenos Aires desde sus inicios hasta el presente. Esencialmente narrativa incluye, por la misma fuerza de los hechos, un principio de valoración crítica. Gran parte del material contenido en esta primera parte fue puesto a disposición, por la Presidencia del Honorable Senado de la Provincia, de los legisladores nacionales durante el debate con que el Congreso Nacional trató la Ley de Traslado de la Capital -nos alegra que su utilidad nos haya sido reconocida-. En la segunda creemos presentar uno de los primeros compendios de la historia, muchas veces inédita, de las ciudades de Carmen de Patagones y de Viedma, ciudades hermanas que fueron una sola en su primer siglo de vida y cuyas tradiciones y gestas se entrelazan continuamente a lo largo del tiempo y que hoy se aprestan a ser la cuna, el receptáculo inicial de la nueva Capital. Otra vez en su trayectoria les toca ser avanzada y frontera. En esta oportunidad, no defensora sino de apertura. No fortín, sino arco simbólico de entrada a la Nueva República.

ELVA ROULET

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PRIMERA PARTE: BUENOS AIRES

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CAPITULO I

EL DEBATE CAPITALINO HASTA 1880 “La ciudad de Buenos Aires marca gran parte de la historia de los aciertos, de las dificultades, de los éxitos y de los errores, de quienes fueron construyendo la nacionalidad”. Presidente Raúl Alfonsín. Discurso de Viedma.
El proyecto del traslado de la capital argentina desde su actual emplazamiento junto al río de la Plata a las márgenes del río Negro procura corregir distorsiones que afectan a las regiones argentinas por causas políticas y económicas. La hegemonía de la ciudad de Buenos Aires en el país ha respondido a un esquema nacional y a una percepción del mundo que ha cumplido más de dos siglos de antigüedad y que al margen de las ventajas y desventajas que haya tenido en el pasado ya no responde a las necesidades de la República.

LA EPOCA COLONIAL
Lo que hoy constituye el territorio de la República Argentina estaba integrado en la época colonial por tres grandes regiones: interior -que incluía todo el centro, noroeste y Cuyo-, litoral fluvial y Patagonia. Durante los tres siglos de la dominación española, la zona política y económicamente relevante fue el interior y la cadena de ciudades que va de Jujuy y Salta a Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba. La proximidad de estas ciudades con la rica ciudad minera de Potosí explica el cuidado que la Corona puso en fundarlas y en protegerlas. El Litoral en cambio, tenía menos población y menos productos que el interior pero su importancia radicaba en que era la frontera con las posesiones portuguesas del Brasil y cuidaba las espaldas del Potosí. Dentro del vasto territorio litoraleño, el puerto de Buenos Aires adquirió importancia paulatinamente porque era el punto a través del cual se realizaba el comercio ilegal que penetraba desde el Atlántico en el imperio colonial. Las pampas del sur y las mesetas patagónicas no habían sido aún exploradas por el hombre blanco. Estaban habitadas por tribus nómades y ese gran territorio que el estado español no se hallaba en condiciones de poblar carecía de interés económico, pero tenía en cambio alto valor estratégico. Este se pondría de relieve cuando ingleses y franceses compitieron con los españoles por adueñarse de los pasos australes interoceánicos en la segunda mitad del siglo XVIII. En el transcurso de este siglo el esquema inicial impuesto por España se modificó cuando Buenos Aires intensificó su influencia sobre el interior. Su engranaje comercial -escribe Guillermo Beato- fue sustrayendo de la órbita peruana a Tucumán y Paraguay y otro tanto aconteció con la zona de Cuyo, desprendida de Chile de quien dependía

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políticamente1. En 1776 la ciudad de Garay fue designada cabeza del Virreinato del Río de la Plata, una creación heterogénea que incluía regiones tan dispares como el Alto Perú (Bolivia), Asunción del Paraguay, el actual interior argentino, el litoral, el actual Uruguay, y la Patagonia. La decisión de Madrid fue un reconocimiento a la importancia del comercio atlántico. Así se desvaneció la pretensión de Lima de mantener su condición privilegiada en el comercio colonial que por la vía del mar de las Antillas y del océano Pacífico llegaba al sur del continente; en 1778 Buenos Aires figuró en la nómina de puertos autorizados para comerciar con España e Indias por el rey Carlos III y de este modo se abrió una nueva etapa para la historia de las actuales regiones argentinas. A partir de 1780, Buenos Aires aumenta su importancia política, económica y cultural. El desarrollo urbano que data de fines del siglo XVIII ha dejado rastros de importancia en la arquitectura local: iglesias, cabildo, y algunas residencias privadas que reemplazaron a la frágil construcción de adobe de los tiempos en que era “la más pobre ciudad”. Sede virreinal, tuvo además Aduana, Consulado y Real Audiencia, es decir, los órganos de administración de mayor jerarquía que albergaban las capitales del imperio. Este reconocimiento político fue acompañado por la valorización de la ganadería de la región que fue factible gracias a la apertura del puerto al comercio regular. Pero más allá de esta explotación incipiente de los recursos pampeanos, la prosperidad era consecuencia del papel de intermediario que cumplía el puerto de Buenos Aires entre la Península y las economías europeas, y su zona de influencia americana. Los rasgos distintivos de la sociedad porteña, formada en las prácticas del contrabando ingenioso y atrevido, se fueron acentuando y definiendo en la primera década del siglo XIX, cuando los ecos de la caída del antiguo régimen en Francia y de la rivalidad entre el emperador Bonaparte y el Reino Unido de Gran Bretaña se hicieron sentir en el río de la Plata bajo la forma de las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Esta oportunidad histórica puso de manifiesto el temple y la iniciativa de los habitantes de Buenos Aires que rechazaron la agresión extranjera y que en las jornadas de la Defensa dieron ejemplo de participación popular para derrotar al agresor. La Corona agradeció este comportamiento con el título de “Muy Noble y Muy Leal” concedido a la ciudad de Buenos Aires. La importancia política y militar de la capital se extendió a todo el Virreinato. Su población había adoptado con rapidez decisiones tan graves como la de suplantar en el cabildo abierto del 14 de agosto de 1806 al virrey Sobremonte. Cuatro años más tarde también Buenos Aires toma la decisión de reemplazar a la autoridad colonial por una Junta de Gobierno autónoma. En el cabildo abierto convocado para debatir lo ocurrido en España y su repercusión en el río de la Plata, se planteó si el cabildo porteño tenía o no derecho a definir cuestiones que afectaban a todo el Virreinato. El conocido argumento con que Juan José Paso justificó esta decisión fue que Buenos Aires actuaba como “hermana mayor” de los pueblos rioplatenses. En tal carácter, impulsó las expediciones militares al interior que respaldaron la autoridad de la Junta con las armas. A lo largo de quince años de luchas por la Independencia -1810-1825-, se fue definiendo cuáles provincias se integrarían a la Junta y cuáles la rechazaban. Por la primera opción se inclinaron el litoral y el interior, es decir las intendencias de Córdoba y de Buenos Aires. Por la segunda se definieron las intendencias de Asunción (actual Paraguay), del Alto Perú (actual Bolivia) y el gobierno
C. S. Assadurián; G. Beato; J. C. Chiaramonte. De la conquista a la Independencia. Buenos Aires, Paidós, 1972, p. 178.
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militar de Montevideo (hoy República Oriental del Uruguay). Dichos rechazos respondieron más que a fidelidad a la causa realista a la factibilidad de un proyecto que, con el tiempo, sería nacional. En cuanto a la Patagonia, quedó en jurisdicción del Gobierno de Buenos Aires.

LA CUESTIÓN CAPITAL DE LA REPÚBLICA
Las Provincias Unidas debatieron en sus primeros años de vida independiente si su gobierno sería monárquico o republicano y su forma de estado la de una Confederación, una Federación o un sistema Unitario. Estos debates se prolongaron en el campo de batalla y enfrentaron a Buenos Aires con el interior y el litoral. Cada pueblo se expresó a través de caudillos locales que manifestaban los intereses regionales. Otro gran debate giró en torno al problema económico. La Revolución había estimulado el crecimiento de la economía ganadera del litoral mediante la apertura del puerto de Buenos Aires al comercio extranjero (autorizada por el virrey Cisneros en 1809). Los cueros y demás productos pecuarios encontraron fácilmente colocación en el mercado europeo, pero como contrapartida de esta expansión exportadora entraron al país manufacturas extranjeras que desplazaron a los productos de la industria local. Los beneficios de este intercambio quedaban en gran medida para la Aduana porteña a través de la cual se realizaba el comercio. Las provincias interiores plantearon en repetidas oportunidades su aspiración de que se protegiera a las industrias locales y se diera participación al interior en los beneficios de la Aduana porteña. En definitiva se trataba de reestructurar el sistema económico que había sido destruido tanto por la guerra como por el fin del monopolio español. Estas discusiones estuvieron estrechamente ligadas al problema de la localización de la capital de la República. La opinión centralista que lideraban los grupos de poder porteños, quería que la capital estuviera en Buenos Aires. El caudillo oriental José Gervasio de Artigas se opuso insistentemente desde 1813 en adelante a la “tiranía de Buenos Aires” y propuso el sistema de Confederación y que la capital se situara fuera de la antigua sede virreinal. Su punto de vista prevaleció en la región del litoral y en Córdoba, donde el pensamiento artiguista encontró aliados Que el Congreso de 1816 sesionara en la ciudad de Tucumán pudo considerarse una victoria de los pueblos del Interior que previamente habían concretado la “revolución federal” donde se frenó el centralismo del Directorio. Pero el poder ejecutivo, el Director Supremo, permaneció en Buenos Aires pues desdé allí era más fácil manejar las relaciones exteriores y la guerra y estaba cerca la fuente de ingresos del gobierno que era la Aduana. Esta última circunstancia fue el respaldo principal de la hegemonía porteña. Sea por la falta de comunicaciones rápidas entre las dos ciudades, o por la presión de los dirigentes porteños, lo cierto es que el Congreso se trasladó a Buenos Aires en 1817. Dos años más tarde ofrecía el país una constitución de tendencia centralista y aristocratizante que no era incompatible con formas monárquicas de gobierno; disponía que las cámaras debían reunirse la primera vez en Buenos Aires y en lo sucesivo donde ellas mismas determinasen.2 Pero la conducción centralista y porteña del Directorio fracasó en la batalla de Cepeda (1820), y de este modo se inició una nueva etapa de las relaciones entre Buenos Aires y el interior.
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Juan Alvarez. Buenos Aires, 1918, p. 127.

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En virtud de tal situación el Cabildo de Buenos Aires reasumió el mando universal de la ciudad y la provincia y abdicó en representación de Buenos Aires el rango de capital de la República. En el Tratado de Pilar, la nueva provincia federal reconoció la existencia de las de Santa Fe y Entre Ríos que anteriormente habían formado parte de su territorio. Quedaron para beneficio exclusivo de los porteños las rentas de la aduana local que permitieron a la ciudad embellecerse y progresar, y también endeudarse, durante los años de la “feliz experiencia” rivadaviana. Era preciso que en un Congreso Nacional se definiera el futuro de las provincias del Sur. La política porteña impidió que prosperara el Congreso reunido en Córdoba (1821) por iniciativa de su gobernador, Juan Bautista Bustos. La idea de convocar una asamblea de los pueblos fue reflotada en 1824 y recibió entonces el respaldo de los británicos residentes en el Río de la Plata. En efecto, el gobierno de Buenos Aires negociaba con el de Gran Bretaña el reconocimiento de la independencia argentina. La Corona era reacia a admitir a las nuevas repúblicas americanas, pero su posición chocaba con los intereses de 1os comerciantes de Londres, Liverpool y Birmingham y de sus representantes, en Sudamérica. Estos suponían que una vez pacificada la región, podrían formarse compañías mineras y de inmigración y habría buenas oportunidades para negocios financieros. Una comisión de siete comerciantes británicos de Buenos Aires entregó al Foreign Office en julio de 1824 una comunicación que decía:”Una vez que el orden y la estabilidad política sean restaurados y el país se consolide en la unión general, el comercio del Río de la Plata podrá extenderse inmensamente y, en última instancia, ser muy importante para los intereses comerciales de Gran Bretaña”. De todos modos, el Tratado que Buenos Aires deseaba firmar con el Reino Unido no podría concretarse mientras no estuviera asegurada la unión nacional y se formara un gobierno en condiciones de comprometerse en nombre de todos los miembros de la Confederación. En ese sentido el interés británico coincidió con el de los grupos dirigentes porteños, que advertían la urgencia de consolidar la unidad. Hay consenso en las provincias para que Buenos Aires sea la sede del Congreso que, reunido en diciembre de 1824, se declara Constituyente. El 23 de enero de 1825 los diputados otorgan al gobierno de Buenos Aires el manejo de las relaciones exteriores y pocas semanas más tarde se firma el Tratado de Paz y Amistad con Gran Bretaña3. En esta Asamblea hubo debates ardientes entre diputados federalistas, encabezados por el porteño Manuel Dorrego, y diputados centralistas que respondían al pensamiento de Rivadavia, como Julián Segundo de Agüero y José Valentín Gómez. La preponderancia que tuvieron los centralistas se explica porque muchas provincias, por comodidad o por pobreza, designaron representantes a personalidades residentes en Buenos Aires. A principios de 1826 Bernardino Rivadavia, el dirigente más relevante del grupo que luego se llamaría unitario, fue designado Presidente de la República pese a que aún no había sido sancionada la Constitución. El 9 de febrero el Presidente envía al Congreso un proyecto de ley que considera fundamental pues “sólo por este medio puede establecerse un gobierno regular que empiece a obrar activamente en la organización del gobierno nacional”. El proyecto declara a la ciudad de Buenos Aires capital del estado, con todo el territorio comprendido entre el puerto de las Conchas (Tigre) y el de Ensenada, y entre el río de la Plata y el puente de Márquez. Esta vasta superficie que representa casi íntegro el actual conurbano bonaerense, quedaba bajo la dirección exclusiva del Presidente de la República y de la Legislatura Nacional. El resto de la provincia porteña se dividía en
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H. S. Ferns. Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX Buenos Aires, Solar/Hachette, 1968, p. 129.

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dos provincias, la del Norte, con capital en San Nicolás de los Arroyos, y la del Sur, capital Chascomús4. Esta segunda parte del proyecta se conoció algunos meses más tarde cuando múltiples voces atacaban la capitalización de Buenos Aires. En primer término protestó el Gobernador de la Provincia, general Juan Gregorio de las Heras, porque el proyecto vulneraba la Ley Fundamental, aprobada en 1825, y según la cual mientras no hubiera Constitución las provincias se regirían por sus propias Instituciones. La Junta de Representantes porteña acompañó al Gobernador en sus críticas, lo mismo que los líderes del federalismo doctrinario, Manuel Moreno y Manuel Dorrego. Por su parte, Juan Manuel de Rosas movilizó a los hacendados amigos de la campaña sur contra la federalización. Cuando los caudillos provinciales desconocieron la Constitución, sancionada finalmente por el Congreso a fines de 1826, el proyecto de capitalización quedó sin efecto. Pero su espíritu reapareció en otras oportunidades porque expresaba una de las aspiraciones de la opinión nacional: convertir a Buenos Aires en un centro de poder al servicio de toda la República. Sobre este problema se pregunta Enrique M. Barba: “¿Era lógica la oposición de los caudillos provincianos al proyecto de Rivadavia? Si las provincias del interior temían el poder creciente de Buenos Aires, si sentían y sufrían la enorme gravitación que su fuerza y riqueza le daban, hubiese sido lógico que los caudillos aplaudieran la medida que debilitaba y disminuía a la entidad política a la que miraban con alarma. Esa hubiese sido la verdadera posición provinciana”.5 Sin embargo, ante la disyuntiva, los dirigentes del interior se inclinaron por defender tenazmente el principio de la autonomía provinciana, se opusieron a la prepotencia del Congreso, temieron quizá la influencia poderosa de Buenos Aires y optaron por reunirse en territorio santafesino. La idea de la capitalización de Buenos Aires no cayó, pese a todo, en el olvido. Entre 1827 y 1852 el problema de la unidad nacional, y por lo tanto el de la capital argentina, quedó sin solución. Pero Buenos Aires cumplía de hecho el papel de capital pues sus gobernadores, de Dorrego en adelante, se ocupaban de las relaciones exteriores por encargo de las otras trece provincias. Sobre este asunto ha escrito Alberdi: “Mientras las provincias vivieron aisladas unas de otras y privadas del gobierno nacional o común, la provincia de Buenos Aires, a causa de esa misma falta de gobierno nacional recibió él encargo de representar en el exterior a las demás provincias y, bajo el pretexto de ejercer la política exterior común, el gobierno local o provincial de Buenos Aires retuvo en sus manos exclusivas, durante cuarenta años, el poder diplomático de toda la Nación, es decir, la facultad de hacer la paz y la guerra, de hacer tratados con naciones extranjeras, de nombrar y recibir ministros, de reglar el comercio y la navegación, de establecer tarifas y de percibir renta de aduana de las catorce provincias de la Nación, sin que esas provincias tomasen la menor parte en la elección del gobierno local”6. Para quebrar este monopolio comercial que heredaba el espíritu de los tiempos coloniales, los hombres políticos de la generación de 1837 recurrieron a la libre navegación de los ríos, el “leit motiv” de su pensamiento económico. En 1850 Domingo Faustino Sarmiento propone en Argirópolis que la isla de Martín García sea la Capital de los Estados Unidos del Río de la Plata integrados por la Confederación Argentina, el
La cuestión capital de la República. Honorable Senado de la Provincia de Buenos Aires. Secretaría Legislativa, 1986, p. 25. 5 Enrique M. Barba. Cómo Rosas llegó al poder. Buenos Aires, Pleamar, 1972, p. 11. 6 Juan Bautista Alberdi. Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina. Buenos Aires. Francisco Cruz. 1914. p. 182.
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Paraguay y el Uruguay. Sería un buen ejemplo administrativo, imagina el sanjuanino, pues por su posición geográfica es aduana común a todos los pueblos ribereños. Argirópolis demuestra asimismo preocupación por el desequilibrio de las regiones argentinas y especialmente las trabas que se oponen al progreso económico. “Si se consulta el mapa geográfico de la República Argentina, se notará que es casi sin excepción de país alguno de la tierra, el más ruinosamente organizado para la distribución proporcional de la riqueza, el poder y la civilización por todas las provincias confederadas (...) Buenos Aires es el centro de una circunferencia adonde convergen de todos los extremos las líneas de comunicación, resultando que los puntos más distantes están, por ese sólo hecho, condenados a la ruina inevitable que tendrá, a la larga, la diferencia de precios de producción de las mismas materias causada por el mayor costo de la exportación”7. Sarmiento dedicó este ensayo a Urquiza. Cuando el caudillo entrerriano venció a Rosas en Caseros (1852), se planteó nuevamente la oportunidad de concretar la unidad nacional y el tema de la capital de la República volvió a debatirse. En Palermo primero, pocas semanas después de la caída de Rosas, y en el encuentro de los gobernadores en San Nicolás, se enfrentaron dos posiciones diferentes. Una de ellas, sostenida por el corren-tino Juan Pujol, intentaba reflotar el proyecto de capitalización de la época de Rivadavia y dividía en dos al resto de la provincia bonaerense “Pujol, que no se había engañado -escribe Enrique M. Barba- pensaba que la dictadura de Rosas no había sido más que una forma de la dictadura porteña; que el primero no había sido más que un accidente y que lo otro era lo permanente. Creía que cualquier gobierno que le sucediese lucharía como Rosas en favor de los privilegios porteños y en desmedro de los derechos provincianos”8. En San Nicolás, Pujol defendió su formula. “Sostuvo que la ciudad de Buenos Aires era la capital conquistada por la República en Caseros, contra los soldados y las tendencias de Artigas, Bustos y Quiroga, y la victoria debía proclamar la ley orgánica de Moreno, Rivadavia y Agüero. Los asesores porteños de Urquiza, Francisco Pico y Vicente Fidel López, respaldaron en cambio la necesidad de no disponer de la ciudad de Buenos Aires y de la Provincia pues ésta debería conservar intactos los derechos ulteriores a la constitución nacional”9. Sin embargo, fue la idea de la capitalización la que prevaleció entre los constituyentes de 1853, pues el artículo 3º de la carta sancionada en Santa Fe dice textualmente: “Las autoridades que ejercen el gobierno federal residen en la ciudad de Buenos Aires que se declara capital de la Confederación por una ley especial”. En la decisión de los constituyentes había privado una actitud voluntarista pues desde el 11 de septiembre de 1852 la provincia de Buenos Aires se encontraba segregada de la Confederación Argentina. Pese a la opinión del convencional Leiva, que advirtió contra el desmembramiento de una provincia sin consultar a su Legislatura, se impuso el criterio que consideraba indispensable disponer del centro de poder económico, político y cultural que representaba Buenos Aires. En el curso del debate el representante mendocino Zapata, justifica la elección en los siguientes términos: “En ella (Buenos Aires) están los archivos nacionales, los recursos para que las autoridades se asienten con más decoro, y los medios materiales de ejercer benéfico influjo en las provincias; allí el gobierno estará en contacto con naciones amigas, y con la civilización europea que se trata de incorporar al país mediante la inmigración. Gracias a Buenos Aires se podrá superar la antinomia porteños
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Sarmiento, D. F. Argirópolis. Obras completas, T. XIII, Buenos Aires, 1898, p. 47. Barba, op. cit., p. 11. 9 Ramón J. Cárcano. De Caseros al 11 de Septiembre. Buenos Aires, Sabourin, 1918, p. 211.

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y provincianos”10. Alberdi, cuyo pensamiento había guiado a los constituyentes por medio de su libro Bases, fue en principio partidario de capitalizar a Buenos Aires pues “convenía hacer capital del país al único punto del territorio argentino que en aquel tiempo era accesible al contacto con Europa”. La opinión de la mayoría era que habiendo sido Buenos Aires la capital secular bajo todos los sistemas de gobierno, no estaba en la mano del Congreso el cambiarla de situación. Era la ciudad más digna de ser la residencia del gobierno nacional por ser la más culta y populosa de todas las ciudades argentinas.11 Pero los hechos posteriores al 11 de septiembre, la negativa porteña a compartir la renta aduanera con las demás provincias, y a sostener un gobierno nacional que no estaba en condiciones de controlar debido a la hegemonía de Urquiza, cambian el pensamiento alberdiano. En otras ediciones de Bases se inclina por el modelo norteamericano de una capital humilde: “Con sus monopolios rancios y sus tradiciones del siglo XIX, Buenos Aires es realmente la peluca de la República Argentina, el florón vetusto del sepultado virreinato, el producto y la expresión de la colonia española de otro tiempo, como Lima, como México, como Quito” ... “Colocar la cabeza del gobierno nacional en la provincia cuyo interés local está en oposición con el establecimiento de todo gobierno común, es entregarlo a su adversario para que lo disuelva de un modo u otro en el interés de recuperar las ventajas que le da la acefalía” ... “Todo el porvenir de América del Sur depende de sus nuevas poblaciones” 12. Para ejemplificar el pensamiento alberdiano en esta etapa la historia ofrece el modelo de Paraná, que fue entre 1854 y 1861 “la modestísima capital provisoria de un gobierno sin rentas”. Bien ubicada sobre el ancho río que la comunicaba con el exterior, en la antigua capital entrerriana se congregaron los políticos de todo el país empeñados en organizar definitivamente a la República. Lucio V. Mansilla ha evocado en Retratos y Recuerdos a una generación que cumplió negociaciones políticas y diplomáticas en el apacible marco de esta ciudad provinciana, acomodándose como podía en los edificios disponibles para las funciones públicas13. En cuanto a la federalización no sólo de Paraná sino de toda la provincia, había sido concretada por el influjo político y moral del general Urquiza, pero también porque los entrerrianos comprendieron que de este modo contribuían a una gran causa nacional. Contrastaba la modestia de Paraná con la opulencia de la capital del Estado de Buenos Aires que conservaba según su Constitución, “el libre ejercicio de su soberanía interior y exterior”. Casi el setenta por ciento de sus recursos provenía de la renta de la aduana porteña. Con ella se costeaban los edificios monumentales de la aduana nueva y del viejo Colón, se colocaban los rieles del ferrocarril del Oeste y se pagaban cuantiosos gastos militares. También se enviaban cónsules al extranjero. A medida que crecía su capital, Buenos Aires se distanciaba de las demás provincias argentinas. En 1860, luego de la derrota de los porteños en la segunda batalla de Cepeda, y de la firma del Pacto de San José de Flores, se reúne la Convención provincial para revisar la Constitución de 1853. El nuevo texto aprobado para el artículo 3º dice: “Las autoridades que ejercen el gobierno federal residen en la ciudad que se declare capital de la República, por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha por una o más legislaturas provinciales del territorio que haya de federalizarse”. Este artículo, que guarda actualmente vigencia, y fue sancionado por la Convención ad-hoc
María Sáenz Quesada. La República dividida. Buenos Aires, Lia Bastilla, 1974, p. 96. Alberdi. op. cit., p. 180. 12 Id., p. 188. 13 Lucio V. Mansilla. Retratos y recuerdos. Buenos Aires, Coni, 1894; véase también César Pérez Colman. Paraná, 1810/1880. Rosario, 1946.
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reunida en Santa Fe, salvaguarda el control del territorio provincial para la legislatura local. De este modo, se preveían los abusos del poder central e iniciativas tales como la de Rivadavia en 1826, reiterada en 1853. Pero la cuestión del emplazamiento de la futura capital quedaba aún pendiente de solución. Dependía de que se consolidase la unidad nacional todavía precaria y expuesta a nuevas guerras civiles. En 1861, luego de la ruptura entre Buenos Aires y la Confederación, el gobernador porteño Mitre vence a Urquiza en Pavón y asegura que su provincia controle a la Nación. Los textos mediante los cuales los gobiernos del interior adhieren al orden impuesto en Pavón, contienen elogios para Buenos Aires, “esa provincia que por tantos títulos fue siempre el núcleo de la República”. Pero más allá de estas expresiones más o menos sinceras, es preciso reconstituir la unidad nacional y mientras las culpas del fracaso renacen sobre las autoridades vencidas, cada provincia reasume su soberanía a la espera de que el Congreso se organice en Buenos Aires14. Esta ciudad ha recuperado el liderazgo nacional que había perdido en Caseros y en Cepeda. Paraná vuelve a su destino provinciano. Corresponde al Congreso decidir ahora el emplazamiento de la capital argentina. Pero los dirigentes nacionales y provinciales no se ponen de acuerdo.

EL VETO PRESIDENCIAL
El pensamiento dominante durante las tres presidencias posteriores a Pavón (Mitre, Sarmiento, Avellaneda) es que la capital argentina debe ubicarse en Buenos Aires. Dicho punto de vista no es aceptado por parte de la opinión provincial que teme perder un centro de poder en manos de las autoridades nacionales. El debate sobre la capital de la República es una de las grandes cuestiones del período 1862/1880. Siendo aún encargado del Poder Ejecutivo Nacional, Mitre se propone solucionar la cuestión capital dentro del modelo rivadaviano. Su grupo político, plantea en el Congreso Nacional la dificultad de que un presidente provisorio -aún no se han realizado en junio del 62 los comicios nacionales para presidente-carezca de asiento legal de su gobierno y de recursos propios. La aduana porteña debe ser asimismo nacionalizada. La propuesta mitrista superaba la rivadaviana pues se trata de federalizar todo el territorio provincial. En el Congreso hay proyectos alternativos, como el de Vélez Sársfield que declara capital de la República al pueblo de San Fernando en la provincia de Buenos Aires. Dice con tal motivo: “Si allí no hay un palacio para presidente, yo puedo contestar que Washington, cuando en 1801 se trasladaron allí las autoridades nacionales, era una aldea de sólo 3.000 habitantes, menos que San Fernando. ¿Y quién pregunta ahora si era o no un palacio la sala en que el Congreso del año 16 declaró la independencia en Tucumán?”15. Pese a éste y otros argumentos, el proyecto de federalizar íntegramente a Buenos Aires se impone y se convierte en ley el 20 de agosto. En la Cámara, Adolfo Alsina ha defendido con palabra emotiva y ardiente el punto de vista autonomista porteño. Federalizar a la provincia es matarla, suprimiendo su ser político. La ley de Rivadavia recuerda- fue hecha para servir de base al sistema unitario16. La opinión pública local está hondamente conmovida. El tema se convierte en un debate histórico de gran repercusión popular que divide al partido liberal porteño en autonomistas, contrarios a
La cuestión capital, op. cit., p. 44 y ss. El proyecto de Vélez es analizado por Abel Cháneton. Historia de Vélez Sársfield. Buenos Aires, EUDEBA, 1969, p. 255. 16 Cámara de Diputados de la Nación. Sesión del 6 de agosto de 1862.
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la capitalización, y nacionalistas, defensores de la ley. El mensaje que el Ejecutivo envía a la Legislatura provincial acompañando la ley es claro: “Sólo dos combinaciones son posibles para que la Nación Argentina y la autoridad que la haya de presidir sean una verdad que inspire a todos confianza: la federalización de la Provincia o la federalización del Municipio de Buenos Aires”. Ambas combinaciones son rechazadas por la Legislatura. Surge entonces la necesidad de un compromiso o fórmula provisoria: declarar la ciudad de Buenos Aires residencia de las autoridades nacionales con jurisdicción en todo su municipio hasta tanto el Congreso dicte la ley de capital permanente, dentro del plazo de cinco años; bien entendido que residirían allí las autoridades provinciales (subsistiendo también la municipalidad y la justicia provincial) y que los vecinos gozarían como antes de representación ante la legislatura bonaerense17. El compromiso vencía en 1867. El año anterior, el senador por Córdoba, Martín Piñero, propone que la capital se instale en Fraile Muerto (Bell Ville). Pero la cuestión es de lento trámite y se la aplaza con el pretexto de que la guerra del Paraguay -entonces en pleno fragor- aconseja no agitar cuestiones susceptibles de dividir a los argentinos. En 1867 el diputado Manuel Quintana propone declarar a Rosario capital de la República; otros proyectan fijarla sobre el trayecto del ferrocarril Central Argentino, la moderna vía de comunicación entre el litoral y el interior. “Tras larguísima discusión escribe Juan Alvarez- afectada por el próximo cambio presidencial y por la influencia embotante de los quietistas, aprobóse en Diputados el proyecto Quintana”. La solución de la cuestión capital parece al alcance de la mano. El gobernador de Santa Fe, Nicasio Oroño, ha logrado que la legislatura local ceda el territorio comprendido entre los arroyos Saladillo y Ludueña, para instalarla. Pero la propuesta se contamina con el clima preelectoral que vive el país: los representantes y electores de presidente que votaría el nuevo distrito federal, pueden modificar al mapa político de la República e inclinarse por la candidatura de Urquiza. Sea por este motivo, o porque los intereses del puerto de Buenos Aires temían la competencia del rosarino, lo cierto es que el Poder Ejecutivo Nacional vetó la ley. Lo hizo en términos vagos, sin excesivos fundamentos. De todos modos la ley no obtuvo el número de votos necesarios para su ratificación. A partir de 1868 es el senador por Santa Fe, Joaquín Granel, quien impulsa los proyectos de capitalización de Rosario. En éste, o en otro punto céntrico de la República, intermediario entre el litoral y el interior, pensaban los hombres públicos de la época que debía organizarse el país. Durante el debate realizado en el 68, Valentín Alsina se pronunció por Fraile Muerto (Bell Ville) sobre el ferrocarril Central Argentino. Otros senadores preferirían la ciudad de Córdoba. El tema urge, afirma Oroño desde su banca en el Senado: “Aceptaré la ciudad de Córdoba o cualquier otro punto del territorio donde pueda existir el gobierno nacional en condiciones regulares. Lo que no puedo aceptar ni la comisión admitir es que esta cuestión vuelva por cuarta vez a la discusión de este Cuerpo y siempre se le responda con las mismas palabras sacramentales: no es tiempo, no es la oportunidad, que parece estuviese sólo en el secreto de los señores senadores. Sólo ellos saben cuándo es tiempo, sólo ellos tienen el reloj que marca la hora; nosotros, ciegos, no conocemos la situación del país”. En la década de 1860 la mayoría de los proyectos de capitalización favorecieron a Rosario. Esta ciudad, según datos de Juan Alvarez, había crecido en los últimos años, pasando de 10.000 habitantes en 1858 a 23.000 en 1869. Tenía un respetable cuerpo de profesionales, era centro de negocios en tierras bastante florecientes y aprovechaba su
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Alvarez, op. cit., p. 135.

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buena ubicación, como eje de comunicaciones fluviales y ferroviarias. Su condición de puerto fluvial apto para servir como terminal de líneas marítimas, hizo que en 1863 comenzara a construirse a partir de Rosario el ferrocarril a Córdoba. Tres años más tarde se habían habilitado parcialmente los servicios y en. 1870 éstos llegaron a Córdoba. La puesta en valor de los campos aledaños al riel explica la gran expectativa creada en torno al área de influencia rosarina. La opinión local acompañó con entusiasmo los proyectos de capitalización formulados por Quintana primero y más tarde por Granel. Un periódico fue fundado en Rosario con el nombre de La Capital, y se especulaba acerca de la necesidad urgente de edificios públicos, la afluencia de funcionarios y de empleados, el aumento de la guarnición militar, la brusca suba de la propiedad urbana, etc.18 En 1869 Granel propone nuevamente capitalizar Rosario. Obtiene mayoría en ambas cámaras para su proyecto pero choca con el veto presidencial. Sarmiento, el titular del Poder Ejecutivo Nacional, tiene un pensamiento oscilante en la cuestión capital (“El tema de la capital es el que más oscilaciones y cambios determinará en él y en otros argentinos prominentes, reconoce el historiador Alberto Palcos”)19. En efecto, mientras en la primera edición de Facundo el sanjuanino había preconizado que Buenos Aires era la capital natural y lógica, su tesis de Argirópolis se inclinaba hacia un punto del litoral fluvial. En cuanto mensaje presidencial de 1869 contiene los siguientes argumentos: “Sin la residencia del gobierno nacional en la ciudad de Buenos Aires, la más rica, la más inteligente, la más poblada de República, habría sido imposible en tales circunstancias mantener el crédito interior y exterior en las ventajosas condiciones en que hoy se encuentra y por su medio proporcionarse recursos suficientes para poder atender a todos los compromisos del gobierno (...). Porque es menester no engañarse: el gobierno nacional, salvo algunos edificios y algunos empleados, no ha de improvisar en el nuevo lugar de su residencia, inteligencia, capitales, crédito y población. Estos bienes no se decretan: son resultado de otras causas que obran independientemente de la acción del gobierno”. El mensaje concluye advirtiendo sobre responsabilidad de cargar con las contingencias posibles de un ensayo que ningún motivo urgente aconseja. Por otra parte, la guerra del Paraguay, inconclusa, demandaba muchos gastos y era preferible no cambiar de caballo en medio del río. Oroño responde desde la Comisión de Senadores que no es posible retardar la solución porque al Presidente le desagrade vivir en Rosario. Su dictamen, firmado también por D. Aráoz, critica las consecuencias del centralismo rivadaviano: “El punto Tuerte de apoyo solicitado con tan buena fe, sirvió, es cierto, alguna vez para levantar a gran altura la ilustración y felicidad de una parte de nuestro país bajo el ministerio y la presidencia de Bernardino Rivadavia; pero también es verdad que ese mismo apoyo fue eficaz para hundir al país en el abismo de las facultades extraordinarias”. Fruto de esa experiencia fue la uniformidad del sentimiento público en favor del sistema federal que se caracteriza por la descentralización de las fuerzas gubernamentales. Esto supone “una noción nueva, de lo que se entiende por fuerza, prestigio, poder, en los diversos ramos de la soberna representada, y especialmente en el ramo ejecutivo”. Teme que el Presidente se apoye excesivamente en la opinión pública de la localidad más inteligente, populosa y rica y que los resultados de dicha situación no favorezcan a los intereses de la Nación, “ni siquiera para la localidad con cuyo concurso se cuenta”. El dictamen recuerda la negativa de Buenos Aires a ser capital de la República y
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Juan Alvarez. Historia de Rosario, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 1981, p. 409 y ss. Alberto Palcos. Presidencia de Sarmiento (En: Historia Argentina Contemporánea; 1862/1930. Historia de las presidencias). Buenos Aires. El Ateneo, 1963, Vol. 1, p. 121.

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su deseo de presentarse a la par de sus hermanas. “Aquellas repúblicas como las de nuestro origen, en donde no gozan de soberanía los estados que la componen, pueden tener por capital las que tradicionalmente les legó la metrópoli o Virreinato, porque toda la administración se halla en la misma mano que dirige las riendas del gobierno; pero en una gran república federativa, la capital es una rueda especial del sistema, y debe tener todas las condiciones opuestas a las que recomienda una gran población para asiento del poder nacional”20. El Senado no insiste. En los años siguientes habrá otras propuestas. La ley aprobada en 1871 capitalizaba el territorio de Villa María (Córdoba) o sus inmediaciones con el nombre de Rivadavia. En esta oportunidad la Legislatura provincial cedió a la Nación cualquier punto del suelo cordobés que el Congreso designara para capital permanente de la República y se dispusieron estudios técnicos para la provisión de agua a la futura capital. Sarmiento vetó la ley y ésta quedó sin efecto. Lo mismo ocurrió cuando en 1871 se planteó nuevamente la capitalización de Rosario. Ante los planes dilatorios y los consejos de no agitar el país que se utilizaron como argumento, Rafael Igarzábal se preguntó, “¿Qué fenómeno es éste que se produce entre nosotros y hace que la capital no quepa ni en el tiempo, ni en el espacio, ni en la paz, ni en la guerra, ni en la población, ni en el desierto, y que así se postergue un año y otro indefinidamente?”21. Sin duda pesaba en la decisión presidencial de mantener la capital en Buenos Aires el cúmulo de intereses económicos instalados en la ciudad y entre los cuales sobresalían los de la comunidad británica residente en el país desde la década de 1820. Los hombres más destacados de esa comunidad, como G. W. Drabble, Edward Lumb y Frank Parish, oficiaban de intermediarios entre los inversionistas del Reino Unido y los negocios que ofrecía la Argentina en materia de transporte, -ferrocarriles y tranvías-, o de finanzas y de tierras. La presidencia de Mitre y la consolidación de la unidad nacional fueron singularmente beneficiosas para estos intereses: en 1862 se fundó en Buenos Aires el Banco de Londres y Río de la Plata; después, gracias a la garantía de la ley del 5 de septiembre de 1862, sé establecieron concesiones muy ventajosas para los ferrocarriles, que permitieron comenzar las obras del Central Argentino. Escribe H. S. Ferns: “Un examen de estas inversiones hace saltar a la vista inmediatamente la enorme importancia del poder del Estado en cuanto a asegurar el proceso en virtud del cual fondos de Gran Bretaña eran destinados a la adquisición de bienes y servicios que contribuían directa o indirectamente al desarrollo económico argentino y en virtud del cual una parte de los nuevos capitales creados sé transfería a su vez a los dueños de los fondos originales”22 es decir, regresaban al Reino Unido. Sarmiento en su Mensaje de 1869, menciona en respaldo de su oposición al traslado de la capital “Aquellas otras causas que obran independientemente de la acción de los gobiernos”, tales como “inteligencia, capitales, crédito y población”. La mayor parte de los capitales y del crédito existentes en el país eran entonces controlados por esa pequeña pero activa y rica comunidad británica residente en la ciudad de Buenos Aires -con intereses rurales en su campaña- y que tenía más fe en la antigua capital virreinal que en las posibilidades potenciales de otras poblaciones argentinas para convertirse en asiento del poder político. Durante la presidencia de Nicolás Avellaneda (1874/1880), la situación del Gobierno Nacional como huésped de la provincia se presenta erizada de dificultades. De
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La cuestión capital, op. cit, p. 94 y ss. 21 Id., p. 108. Id., p.108. 22 H. S. Ferns. Gran Bretaña y la Argentina. op. cit., p. 329.

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un lado han aumentado las prerrogativas de los poderes nacionales que luego de las rebeliones jordanistas y del fracaso de la revolución mitrista del 74 monopolizan la fuerza armada de la República. La contratación de empréstitos y la creación de mejores condiciones para el crecimiento de la producción económica, es otro logro del Gobierno Nacional que cuenta ahora para su servicio con una burocracia incipiente. Los dirigentes provincianos, como el propio Avellaneda, han logrado conciliar sus intereses para imponer la candidatura presidencial de un hombre del interior. Han encontrado asimismo aliados en Buenos Aires. Por eso resulta anacrónica la prolongación de la ley de compromiso o residencia. Pero la persistente voluntad del núcleo dirigente del interior que desea colocar la capital en Buenos Aires, choca con el temor de los líderes de esa provincia que temen una pérdida de su poderío político y económico a expensas de la Nación. La cuestión capital se resolverá mediante la fuerza en los combates de junio de 1880 y en las negociaciones posteriores. Según lo había previsto el santafesino Oroño en su momento, las repetidas postergaciones concluyeron en un acto de violencia: “En 1880, el presidente Avellaneda sin preocuparse de si faltaban o no pocos meses para cesar en su cargo, arrancó manu militari a la provincia de Buenos Aires el consentimiento que ésta negara varias veces y así quedó resuelto en pocas horas, derramando sangre, el problema que durante muchos años fue imposible resolver por medio de la persuasión y los acuerdos pacíficos”23. Los hechos llevaron temporariamente la capital de la República al pueblo de Belgrano. Dice el decreto firmado por Avellaneda el 4 de junio: “No pudiendo los Poderes de la Nación funcionar con seguridad y libertad en el recinto de la ciudad de Buenos Aires, mientras dure el estado de insurrección en que se ha colocado el gobernador de esta provincia, desígnase al pueblo de Belgrano para la residencia de las autoridades de la Nación”. A las puertas de Buenos Aires y en las solitarias e intransitables calles del pueblo de Belgrano, se resolvieron durante meses de forcejeos y conversaciones entre porteñistas y provincianos asuntos cruciales para el futuro de la República. La iniciativa de la capitalización, partía, lo mismo que en 1853, del grupo más caracterizado de políticos del interior que rodeaba al presidente Avellaneda y al mandatario electo, Julio Argentino Roca. Pero el proyecto de capitalización era mucho más modesto que el propuesto por Rivadavia y abarcaba exclusivamente el municipio de la ciudad. El Senado, decidido a doblegar el ánimo de los autonomistas porteños, propuso que se llamara a una Convención para modificar el artículo tercero de la Constitución y se convirtiese a Buenos Aires -sin necesidad de consultar a su Legislatura- en Capital Federal. El proyecto de ley que el Ejecutivo envió al Congreso proponiendo la capitalización, resume los fundamentos del punto de vista mayoritario entre los políticos provincianos: “La capital en Buenos Aires es el voto nacional, porque es la voz misma de la tradición y la realización bajo formas legales del rasgo más característico de nuestra historia: se lo escucha claramente cuando los grandes dolores o los peligros supremos han hecho acallar pasiones subalternas o intereses del momento. Puede mañana sobrevenir el debate y sobrevendrá; pero acabamos todos de vivir un día, en el que la capital en Buenos Aires ha sido aclamada como una necesidad por el mayor número de los que habitan las catorce provincias argentinas. La Capital en Buenos Aires nada innova ni transforma, sino que radica lo existente, dando seguridades mayores para lo futuro. Es la única solución de nuestros problemas, fecunda para el porvenir, porque es
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Alvarez. Historia de Rosario, op, cit., p. 437.

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la sola que no se improvisa o inventa, la que viene traída por las corrientes de nuestra propia vida y la que se encuentra en la formación y en el desenvolvimiento de nuestro Ser como Nación (...) Erigiendo los argentinos la ciudad de Buenos Aires en capital definitiva de la República, daremos influencia permanente para el gobierno y sobre el gobierno al grupo de hombres que vive en la esfera más culta, más espaciosa, y más elevada; pero se la daremos con la autoridad de la Nación, en su nombre y con su sello, evitando así competencias y antagonismos locales que han dejado surcos oscuros o sangrientos en nuestra historia”24. Destaquemos algunos conceptos de este mensaje, “puede mañana sobrevenir el debate”, y este otro, “la capital en Buenos Aires nada innova ni transforma”, porque ambos se interesan al desafío actual que representa el proyecto de traslado de la Capital formulado por el presidente Alfonsín. No innovar fue el camino elegido en 1880 como el más seguro, más eficaz y más breve para consolidar la República. En cuanto al debate, éste se inició pocas semanas más tarde, cuando el diputado Leandro Alem planteó en la Legislatura de Buenos Aires los peligros que entrañaba la capitalización, tanto para el progreso de las regiones argentinas, como para la estabilidad de sus instituciones democráticas, “teniendo presente que el Estado es un organismo viviente y que la fuerza de todos sus miembros es la fuerza del cuerpo entero”25. El municipio porteño cedido por la provincia a la Nación limitaba al Este con el río de la Plata, al Sur con el Riachuelo y al Norte con el arroyo Maldonado. Por el Oeste la línea divisoria con el territorio bonaerense atravesaba manzanas recién abiertas en zonas de chacras y de quintas pues todavía, narra A. Taullard, se podía “cortar campo” entre el mercado de carretas Once de Septiembre y el Retiro. “El afirmado no había llegado más allá del perímetro formado por las calles México, Tucumán, Callao, Entre Ríos; de ahí para adelante había alguna edificación, pero las calles eran de tierra, un verdadero colchón de tierra, de modo que en tiempo seco, si había un poco de viento, se levantaban grandes nubes de polvo, y en cambio cuando llovía, se formaban pantanos y fangales que hacían imposible el tránsito de vehículos”. La población se calculaba en 270.000 habitantes26. Este municipio capitalino convertido en sede de los poderes nacionales tendrá en el curso de los cien años siguientes un desarrollo extraordinario que lo convertirá en centro de la actual megalópolis que es el área metropolitana de Buenos Aires.

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La cuestión capital. op. cit., p. 122. Federalismo y centralismo en el discurso de Leandro Alem. La capitalización de Buenos Aires. La Plata. Presidencia del Honorable Senado de Buenos Aires, 1986, p. 13. 26 A. Taullard. Los planos más antiguos de Buenos Aires. Buenos Aires, Peuser, 1940, p.221.

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CAPITULO II

EL COMPORTAMIENTO DE BUENOS AIRES COMO CAPITAL FEDERAL HASTA 1986 “Una de las lecturas de nuestras crisis es que se trata de un país que no ha crecido, que no se ha extendido, que no ha realizado a nivel necesario la conquista de sus grandes espacios abiertos”. Presidente Raúl Alfonsín. Discurso de Viedma.
La capitalización de Buenos Aires tuvo lugar cuando la economía atlántica alcanzaba su cenit. La industria europea, principalmente británica y Alemana, necesitaba las materias primas y los mercados de Sudamérica, mientras se intensificaba la corriente migratoria del Viejo al Nuevo Mundo. Pasajeros y mercancías aprovecharon las ventajas de la mejora de la navegación a vapor y la consiguiente rebaja de los fletes marítimos. Resultaba provechoso incluso emigrar como las golondrinas, atravesar el océano para realizar tareas temporarias en la pampa cerealera o en los cafetales paulistas y volver al terruño con el dinero ahorrado. Buenos Aires, junto con Montevideo, Santos y Río dé Janeiro, era uno de los grandes puertos del litoral atlántico. Después de 1880 la supuesta “muerte de Buenos Aires” que pronosticaron algunos porteñistas, como Eduardo Gutiérrez, autor de un libro que lleva ese título, no se verificó. Desapareció, sí, mucho del espíritu localista de los viejos tiempos, suplantado por los rasgos cosmopolitas de la nueva capital federal. Ni siquiera la creación de La Plata, como capital de la provincia bonaerense, concretada durante la administración de Dardo Rocha (1882), quitó potencia a la ciudad porteña que ahora pertenecía -al menos teóricamente- a todos los argentinos. Observa el historiador James Scobie que el esquema de crecimiento de Buenos Aires entre 1870 y 1910 resultó favorecido por tres elementos críticos: el puerto, los ferrocarriles y la cuestión capital. “La década del 80 -explica- fue decisiva para cada uno de estos aspectos. En 1885 los partidarios de Madero habían ganado la batalla para situar el puerto al este de Plaza de Mayo, reafirmándola como centro social y comercial. El tendido del ferrocarril Buenos Aires-Rosario en 1876, la construcción del ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico, del Tranvía Rural (1888) y la compra por el Central Argentino del Ferrocarril del Norte y de la estación Retiro (1889), orientaron definitivamente el crecimiento de la ciudad hacia el norte y el oeste. Estos progresos hicieron afluir el comercio y los pasajeros de todo el país a Retiro, el Puerto; y la Plaza de Mayo”27. En las grandes obras públicas o privadas de este periodo, tuvo, parte preponderante el capital extranjero que ratificó su tendencia a favorecer el área capitalina ya insinuada en el período anterior. En el caso de la localización del puerto de Buenos Aires privó en 1882 el punto de vista de Eduardo Madero, empresario y político
27

James Scobie. Buenos Aires del centro a los barrios, 1870/1910. Buenos Aires, Solar/Hachette, 1977, página 145, el capítulo tercero, analiza el conflicto en torno al emplazamiento del puerto, los ferrocarriles y la Capital Federal.

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vinculado con la firma inglesa Baring Brothers, por sobre el proyecto del ingeniero Luis A. Huergo, más económico y sencillo, que proponía al Riachuelo como eje del puerto de la capital. La red de ferrocarriles construidos por capitales británicos y, en menor medida, franceses, cubría 35.000 kilómetros cuadrados en 1914 y relacionaba a todas las zonas del interior con Buenos Aires. Servía esencialmente para que la región pampeana exportara carne y cereales a Europa. También permitió la formación de un mercado interno que favoreció la producción de vino en Mendoza y San Juan, de azúcar en Tucumán y más tarde de algodón en el Chaco, yerba mate en Misiones y fruía en el Alto Valle del río Negro. Los gobiernos provinciales dependían casi exclusivamente de los subsidios de la Nación y de la participación en impuestos recaudados por ésta28, lo cual provocó cambios de importancia en el sistema político que Armando Raúl Bazán define en estos términos con relación a La Rioja en la década de 1880: “El antiguo reducto del “federalismo agresivo” había quedado convertido en una simple dependencia administrativa del poder central”29. La evolución de la población de las regiones argentinas refleja la situación económica. Desde los tiempos coloniales el mal crónico que había afectado al país era su escasa cantidad de habitantes en elación con su extensión y riquezas potenciales. La inmigración europea que llegó de 1870 en adelante se ubicó preferentemente en la Capital Federal y en el Litoral. “Entre los censos nacionales de 1869 y 1914, -escribe Aldo Ferrer- la población de las provincias del Interior pasó de 889.000 a 2.470.000 habitantes, esto es, que la tasa de crecimiento entre ambos años fue del 2,3% anual. Por otra parte, la población del litoral ascendió de 847.000 habitantes en 1869 a 5.416.000 en 1914, o sea, una tasa de crecimiento del 4,3% anual. Recuérdese que la tasa para el país en su conjunto fue entre ambos años del 3,2% anual. La causa principal de los diferentes ritmos de crecimiento poblacional obedece a la concentración en el litoral del 90% de las corrientes migratorias entradas al país a partir de mediados del siglo XIX”. Estos mismos censos muestran que el crecimiento de la población de la Capital Federal es verdaderamente notable: de 187.000 habitantes en 1869 a 663.000 en 1895 y 1.576.000 en 1914.30 En cuanto a la proporción de extranjeros residentes en la capital era en 1869 el 49,5%; en 1895 el 52% y en 1914 el 49,3%.31 Buenos Aires había desbordado sus primitivos límites sobre los pueblos suburbanos Belgrano y San José de Flores, que en 1887 fueron cedidos por la provincia a la Capital Federal. Quedó entonces constituido el distrito federal tal como se lo conoce hasta ahora, con una superficie de 18.866 hectáreas. El proceso expansivo de la ciudad no se detiene allí, aunque desde esa fecha no se registren otras incorporaciones de lo que más tarde se denominara conurbano, al área de la capital. Buenos Aires se expandió hacia los barrios donde se instalaron los recién venidos, aprovechando la oferta de tierra barata y el tendido de líneas de tranvías y de líneas férreas suburbanas. Era menos riesgoso buscar trabajo allí que tentar la ventura en el litoral o en el interior. La dificultad de acceso a la propiedad de la tierra contribuía a desalentar a los colonos extranjeros cuya primera intención había sido trabajar el suelo en terreno
28

Aldo Ferrer. La economía argentina, las etapas de su desarrollo y problemas actuales. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1973, p. 143. 29 Armando Raúl Bazán. Historia de La Rioja. Buenos Aires, Plus Ultra, 1979, p. 509. 30 Ferrer, op. cit., p. 144. 31 Ernesto Maeder. Población e inmigración. En: Argentina del ochenta al Centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980, p. 187 y ss.

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propio. Sin duda, los resultados obtenidos con la inmigración fueron bastante distintos del proyecto inicial del presidente Avellaneda que procuraba estimular la colonización agrícola. Esta resultó exitosa en parte de Santa Fe y de Entre Ríos y en el sudeste cordobés, lo mismo que en Mendoza. El engrandecimiento de la Capital Federal se puso de manifiesto en importantes obras públicas que la favorecieron de 1880 en adelante. El Gobierno, dispuesto a invertir fondos para contar con edificios suntuosos para sede de los poderes nacionales, concluye la Casa Rosada, levanta una importante Jefatura de Policía e inicia las obras de salubridad que se instalan en el Palacio de la calle Córdoba. Termina en 1889 la primera parte de los diques del puerto Madero y muestra disposición para gastar más dinero a fin de que el puerto de la capital domine el comercio de exportación e importación. Este cuadro, publicado por Juan Alvarez, revela la magnitud de la inversión del Estado en la Capital Federal con relación del resto del país32. MILLONES DE PESOS Cap. Federal Resto del país 388 196 245 150 (incluso La Plata) 300 41 17 10

Edificios y terrenos Puertos Obras Sanitarias Obras Hidráulicas

En 1914 la capital argentina era una metrópoli cuyos adelantos sorprendían a los periodistas y viajeros que la visitaban. Desde el año anterior funcionaba el subterráneo, había miles de aparatos telefónicos instalados y los barrios céntricos disponían de luz eléctrica, aguas corrientes, cloacas y calles asfaltadas o adoquinadas con bloques de quebracho. Los muelles portuarios, el bullicio de la Avenida de Mayo, eje de una de las zonas de construcción más modernas de la ciudad, y los palacetes de la Avenida Alvear no tenían rivales en las capitales sudamericanas. La Argentina y sus grandezas, título de una obra del novelista español Vicente Blasco Ibánez sobre nuestro país, resume la admiración que despertaba en muchos el crecimiento argentino. En este coro de alabanzas resultaba excepcional la anotación del intelectual español Adolfo Posada cuando dice que “no todo es Buenos Aires, ni la Avenida de Mayo, Callao o Palermo, pues la capital es un monstruo congestionado, rodeado de pampas vecinas, un cuerpo flaco con cabeza que lo hunde o asfixia. Es preciso viajar al interior para tener una visión más cabal del país en su conjunto”33. Los censos industriales fueron revelando cómo se distribuían las actividades en las distintas zonas del país y su concentración en la Capital Federal y en el Litoral. También mostraron que la mayor parte de los empresarios y de los obreros eran extranjeros; en 1908 sólo un 13,5% de los propietarios de empresas en la capital eran argentinos. La capital de la República concentra en 1913 el 35% de la potencialidad industrial argentina, mientras Santa Fe ha pasado del 25 % al 7 % y Entre Ríos del 10 % al 6 %. La capital posee el 26% de las máquinas de vapor y el 40% de los motores eléctricos, mientras la Provincia de Buenos Aires cuenta respectivamente con 42,5% y 32%. “Dicho en otros términos -afirma Adolfo Dorfman-, entre ambas abarcan casi las tres cuartas partes de la fuerza motriz fundamental que mueve la industria argentina; resta para el Litoral y el Interior un escaso equipo técnico y mecánico”. Por otra parte explica-, la verdadera ciudad de Buenos Aires trasciende los límites administrativos del
32 33

Juan Alvarez. Buenos Aires, 1918. p. 125. Adolfo Posada. Pueblos y campos argentinos, 1921.

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Municipio para extenderse sobre un sector de unos 20 kilómetros de profundidad que abarca todas las actividades industriales concentradas en esos parajes. Considerando las empresas radicadas en esa zona, la gravitación de Buenos Aires crece y llega a abarcar, fácilmente, el 55% del valor total de la producción”. LAS INDUSTRIAS ARGENTINAS POR REGIONES, EN 191334 Número de establec. 10.275 14.848 5.829 2.382 2.836 2.555 789 2.297 Capital m$n 547.652.000 470.295.000 188.021.000 72.274.000 75.064.000 171.786.000 89.195.000 12.687.000 Producción m$n 662.679.000 541.002.000 193.842.000 70.834.000 74.211.000 89.102.000 115.197.000 8.644.000 Personal 149.289 98.937 42.726 18.004 20.243 14.598 15.159 6.312

Capital Federal Buenos Aires Santa Fe Entre Ríos Córdoba Mendoza Tucumán Sarta

PROYECTOS REFORMISTAS
La parte más esclarecida de la clase política argentina propiciaba desde comienzos del siglo, reformas que revirtiesen el desequilibrio entre la capital y las provincias. Tales proyectos chocaban con la indiferencia de quienes, siendo incluso de origen provinciano, aprovechaban el cargo público, en el Congreso Nacional o en los ministerios, para instalarse en la capital, mezclar su sangre con el patriciado local y olvidar los intereses de la región a la que representaban. Por eso abundan en esas primeras décadas del siglo lúcidos diagnósticos de los males del crecimiento regional argentino, pero no prosperan los remedios para subsanarlos. Uno de los primeros en propiciar la descentralización del gobierno nacional, incluso mediante el traslado de la capital, es el político y ensayista José Bianco quien en su Ensayo Sociológico (1898), expresa la necesidad de proclamar bien alto el pendón de la unidad nacional. “Y así, cuando los intereses de la población, los intereses permanentes de la República, el equilibrio político y social, el progreso y la civilización determinen la traslación de la Capital Federal a otro punto; la división y subdivisión de los territorios nacionales, la creación de otras provincias en los límites de las actuales, como separando el Departamento de Orán, de Salta; a Río Cuarto, de Córdoba; a Bahía Blanca, de Buenos Aires; al Rosario de Santa Fe, no puedan invocarse los fueros originales”.35 El objetivo de corregir los desequilibrios regionales inspira el proyecto que el senador Carlos Pellegrini presenta en 1900 para crear una nueva provincia con parte del territorio bonaerense y pampeano y capital en la ciudad de Bahía Blanca. Supone Pellegrini que de este modo se otorgará a una zona del país, la pampa central, acceso a un puerto marítimo y mayores posibilidades para desarrollar su riqueza y población.
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Adolfo Dorfman. Historia de la industria argentina. Buenos Aires, Solar/Hachette 1970, p. 312 y ss. Citado por equipo de investigaciones históricas, Bahía Blanca. Una nueva provincia y diversos proyectos para su capitalización, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 1972, p. 291.

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Este proyecto, que despertó gran entusiasmo en Bahía Blanca y partidos vecinos, fue aprovechado para formular críticas contra el centralismo de La Plata y la cantidad de dinero que ésta absorbía en detrimento del resto de la provincia. Porque el esquema de la Capital Federal con relación a las provincias, se repetía entre los centros administrativos locales y los demás pueblos. La propuesta generó asimismo un intenso debate político y periodístico. Pellegrini, responsable de la iniciativa, tenía un prestigio notable en su partido, pero dejó en libertad de opinar a sus correligionarios del autonomismo nacional para que se definieran por sus intereses más que por sus convicciones. Las voces más airadas se escucharon en la Legislatura bonaerense, donde los ultraporteñistas compararon el proyecto con el de 1880 que descabezó a la provincia. Se trata de dar “un golpe mortal” contra Buenos Aires -dijeron- debilitándola por exigencia de los resentimientos del interior. Aunque el Senado aprobó el proyecto con importantes modificaciones, Diputados aplazó definitivamente su despacho debido a la fuerte oposición que había despertado en el ámbito bonaerense.36 En 1912 una nueva iniciativa, esta vez responsabilidad del titular del Poder Ejecutivo Nacional, plantea el problema del crecimiento de la Capital Federal. Dice Roque Sáenz Peña en el mensaje de apertura del período parlamentario que “la ciudad de Buenos Aires se ha excedido en su crecimiento al territorio de la jurisdicción de la provincia de Buenos Aires y en relación a la higiene y seguridad, su vecindad nos obliga a estudiar el asunto. La incorporación de aquella ciudad -Avellaneda- a la Capital Federal se vuelve impostergable por razones de orden político, económico, de higiene y seguridad”. El Presidente propiciaba la federalización del partido de Avellaneda. “El motivo es la necesidad de realizar obras de salubridad en la capital que son inseparables de las de este suburbio fabril y comercial de la que sólo la separa un río pequeño y navegable”. Pero los periódicos aseguran que la intención de Sáenz Peña va más allá que la simple federalización de un partido suburbano que entonces tenía alrededor de 92.000 habitantes. Sostiene La Nueva Provincia (Bahía Blanca) que “se trata de un sondeo de la opinión pública para federalizar un territorio más extenso: los 50 kilómetros que van del Tigre al norte, Luján al oeste y La Plata, al sur. El gobernador de Buenos Aires, General Inocencio Arias, estaría de acuerdo con este proyecto, que superaba al de Bernardino Rivadavia en sus magnitudes”. Como contrapartida de esta cesión, la provincia transferiría a la Nación la cuantiosa deuda externa provincial que era el principal problema de la economía bonaerense. Decíase también que el Presidente, luego de visitar la ciudad de La Plata, había sido seducido por las comodidades que ofrecía como sede del gobierno nacional, cercana a Buenos Aires pero alejada de las presiones de las grandes urbes. En una conferencia de prensa ofrecida por el gobernador Arias se confirmaron estas conjeturas: se proyectaba que Bahía Blanca fuera capital provincial y que se entregaran a la Nación los partidos de Vicente López, San Isidro, San Fernando, parte de Pilar, San Martín, parte de Luján, parte de General Rodríguez, Moreno, Morón, Ramos Mejía, Avellaneda, Lomas, Almirante Brown, parte de San Vicente, Quilmes, parte de Brandsen y parte de La Plata. Entre todos sumaban más de 450.000 habitantes. También se proyectaba construir un canal navegable como cinturón del Gran Buenos Aires. La prensa discutió la propuesta; La Nación era contraria al proyecto que contaba
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Ibid. p. 25. El proyecto de Pellegrini preservaba los intereses bonaerenses porque la provincia no sólo recibía como compensación vastos territorios pampeanos sino que conservaba también las tierras fiscales de su propiedad en el territorio cedido.

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con la aprobación de El Pueblo y de La Razón, esta última favorable a la anexión de Avellaneda pero no a la de La Plata. La revista PBT señaló los inconvenientes que ofrecía La Plata debido al aumento de población y a la inminente electrificación del ferrocarril que la convertiría en un suburbio de la metrópolis. El diario platense El Censor coincidió con el gobernador Arias porque éste que “es muy provincialista”, comprende que la capital más o menos tarde hará irrupción sobre las zonas que la circundan y quiere poner a la provincia a cubierto de las contingencias del futuro extendiendo el territorio federalizado: “más valiente es entonces mirar al futuro y preparar su marcha dando a la provincia irrevocables límites”.37 La muerte del general Arias en septiembre de 1912 dejó sin respaldo este ambicioso proyecto que coincidió con el año en que por primera vez se votó en la Argentina de manera secreta, universal (para los varones) y obligatoria. El sinceramiento político que marcaba el fin de los cacicazgos tradicionales permitía que nuevas figuras y nuevos partidos ocuparan la escena nacional y provincial y que el país se repensara a sí mismo. Dos trabajos del historiador rosarino Juan Alvarez constituyen el mejor aporte de los estudiosos de este período al análisis de las distorsiones existentes entre la capital y el interior. Uno de ellos, Las guerras civiles argentinas (1912), bastamente difundido, es una interpretación económica de las luchas del siglo XIX entre los caudillos provinciales, pero asimismo un estudio político de los orígenes de los desequilibrios regionales. El segundo libro de Alvarez, Buenos Aires (1918), menos conocido que el anterior, contiene un análisis lúcido acerca de los problemas derivados del crecimiento desmesurado de la capital federal. “No es misterio que el federalismo argentino jamás movió todos sus resortes en forma satisfactoria, -afirma Alvarez-. El sistema rentístico es injusto e insuficiente a tal grado que la nación, las provincias y las municipalidades carecen todavía de una fórmula económica estable; el desequilibrio dejos poderes deja al ejecutivo atribuciones casi monárquicas; por olvido de la carta constitutiva, los territorios nacionales forman una especie de anomalía unitaria; la ciudad de Buenos Aires se ha tornado una cabeza enorme y escapa también al sistema federal en su gobierno propio”38. El ensayista rosarino estima que hay soluciones posibles si se tiene en cuenta que el país ha solucionado temas tan graves como el del sufragio libre o los conflictos obreros mediante fórralas regulares y compatibles con el sistema. En cuanto a la ciudad de Buenos Aires, el problema no emana exclusivamente de la naturaleza, sino que es parcialmente consecuencia de las eres y la imprevisión gubernativa. Enumera el autor las ventajas naturales de la ciudad, su clima benigno y situación envidiable, su condición de gran plaza comercial, centro político, educacional, artístico y religioso del país, ciudad de lujo (...). Todo en siete leguas que concentran millón y medio de pobladores que representan la tercera parte del personal ocupado por a totalidad de las industrias y del comercio argentino; más el cuarenta y siete por ciento de los capitales comerciases y del treinta por ciento de los invertidos en la industria (...). Allí radica el puerto y el arsenal más importante, los trescientos millones de pesos oro de la Caja de Conversión y la principal parte de las reservas bancarias. El resto de los pobladores, las industrias, los capitales y los medios de defensa, se desparraman irregularmente sobre ciento dieciocho mil leguas cuadradas”. Alvarez critica la ubicación geográfica de la capital en un extremo del territorio, lejos de los bosques, de los saltos de agua o de los pozos de petróleo que pueden suministrarle combustible, lo que origina gastos enormes por concepto de acarreo.
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Ibid. p. 93. Juan Alvarez, op. cit., p. 29.

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Tampoco considera que la Argentina sea un país rico y en este sentido se aparta del optimismo de sus contemporáneos que se vanagloriaban de habitar la gran potencia sudamericana: “El ambiente lujoso de esta gran urbe no conviene mucho a los poderes públicos de una modesta república de ocho millones de habitantes”. Sí se la compara con las otras grandes ciudades del mundo que bordean los sistemas fluviales Buenos Aires las supera en número de pobladores. Los países con un número similar de habitantes tienen ciudades más pequeñas, tal como ocurre con Canadá, cuyo principal centro urbano, Montreal, alberga a 430.000 almas. Ninguna ciudad latina se asemeja a Buenos Aires, salvo Río de Janeiro, pero Brasil triplica la población argentina. En cuanto a París y Nueva York que son centros de atracción mundial, reciben un décimo de la población de sus respectivos países.39 Esa tendencia del núcleo urbano porteño ya estaba en evidencia en el censo de 1869, según el cual Buenos Aires tenía 177.787 habitantes y las otras trece capitales de provincia juntas 127.35640. Si al millón y medio de habitantes que indica el censo de 1914 se le suman las personas que duermen afuera pero trabajan en la capital y utilizan los servicios de trenes rápidos y de tranvías, el número de pobladores se aproximaría a los dos millones. Alvarez estudia tres influencias determinantes para el crecimiento del área metropolitana y publica un cuadro de la actividad de los principales puertos del país. Los valores del tráfico efectuado por cada puerto representan estos porcentajes sobre el total:41 Importación Años 1873 1913 83.6 80.1 2.4 9.9 8.8 0.2 0.8 0.1 0.0 3.1 1.8 0.1 4.4 4.7 Exportación Años 1873 1913 75.1 35.3 8.9 4.5 18.7 0.0 5.1 1.3 0.4 11.5 1.2 1.8 17.9 18.3

Aduanas Buenos Aires La Plata Rosario Santa Fe Gualeguaychú Bahía Blanca Concordia Las restantes

Sobre la base de éstos y otros datos, Alvarez denuncia la existencia de una “política diferencial” de calados que ha favorecido a la capital, seguida por cinco titulares distintos del Poder Ejecutivo entre 1905 y 1917. Tampoco el crecimiento perceptible de los puertos de Rosario y de Bahía Blanca en las dos primeras décadas del siglo ha descongestionado al de Buenos Aires. Con respecto a la localización de industrias en la Capital Federal, observa que de los 188.000 individuos que en 1914 estaban ocupados en manufacturas de todo el país, sólo 84.000 hallaban ocupación fuera del municipio porteño. Muchas manufacturas importantes han desaparecido en cambio del interior del país. Fue más fácil ocupar a los recién venidos en industrias urbanas, que darles tierras y vivienda en el interior. En cuanto al sistema ferroviario, que al principio estuvo integrado por tres sistemas separados: el del interior que convergía sobre Rosario, el de la Mesopotamia
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Ibid. p. 29. Ibid. p. 36. 41 Ibid. p. 44.

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con salida por Concordia al río Uruguay, y el de la provincia de Buenos Aires, ha sido sustituido por un sistema único que desemboca en el río de la Plata. La residencia del Gobierno Nacional es otro de los atractivos que tuvo Buenos Aires. La gente tiende a radicarse cerca de la autoridad o viajar periódicamente a la capital. Los agentes financieros, representantes de bancos y de seguros, prefieren estar en contacto con los poderes públicos. Es preciso entonces descentralizar y retirar paulatinamente de la capital los elementos que aceleran su crecimiento, por ejemplo, muchas oficinas nacionales cuya labor sería más eficaz en otros puntos del territorio. Propone principalmente fomentar el desarrollo de cinco centros -Córdoba, Tucumán, Mendoza, Rosario y Bahía Blanca- que son ciudades con productos propios y de gran consumo en condiciones de competir con el mercado de Buenos Aires. Alvarez plantea en último término el traslado de la capital siempre que “el titular del Ejecutivo consienta en abandonar los recursos de la gran urbe trocándolos por la minúscula jefatura de una ciudad mediterránea”. Es cierto que a lo largo de la historia argentina, colonial e independiente, el traslado de ciudades y de capitales o centros urbanos ha sido frecuente. Por otra parte, el núcleo abandonado puede constituir un nuevo estado federal compuesto por pocas hectáreas pues en ningún caso la provincia de Buenos Aires puede reclamar ese territorio cuya riqueza, “producto del esfuerzo común, dista mucho de lo que fue en 1880”. Supone el autor que la futura capital debe ser una ciudad nueva, tal como lo resolvió Australia con la designación de Yass-Canberra pues “países jóvenes y de trabajo ganan evitando el modelo de las viejas monarquías, y para el éxito del sistema federal, si es que se lo conserva, seguramente conviene una capital modesta. En administraciones que funcionan con tanto personal como la nuestra, pronto se hace una ciudad de empleados, oficinas y hoteles; hemos visto nacer a La Plata por el esfuerzo de una sola provincia, cuando la riqueza pública era mucho menor que la de hoy. Un núcleo de este tipo bastaría”42. Canberra fue la primera de las capitales nacionales planeada y construida en el curso del siglo XX en un país que había sido colonia y que luego pasó a integrar la Comunidad Británica de Naciones. Señala Jorge Hardoy en The planning of capital cities que la creación de una nueva capital es el resultado de cambios en la orientación económica y demográfica en los territorios que se gobernarán desde allí y tiene repercusiones a menudo fundamentales en la dirección subsiguiente del desarrollo del país. Canberra debía ser “un símbolo, un punto de reunión en materia de orgullo nacional” para los seis estados australianos que decidían federarse. La gente que habitaba áreas alejadas vería en la capital un elemento aglutinante. Pero su construcción demoró más de lo previsto: proclamada como capital en 1912 cuando era todavía un modesto pueblo, iniciadas las obras un año más tarde, éstas concluirían en 1946 de manera parcial. Sólo en 1958 Canberra estaba terminada y era asiento del Parlamento, de los departamentos centrales y de instituciones públicas y privadas”43. El caso australiano difería por lo tanto sustancialmente del argentino. Mientras en el primer caso había habido acuerdo para crear algo nuevo, en el segundo se había preferido el antiguo esquema colonial con sus ventajas e inconvenientes. De todos modos en la década iniciada en 1920, la Argentina gobernada por Hipólito Yrigoyen inicia dos proyectos: el ferrocarril Salta/ Antofagasta (Chile) que abriría el comercio con el Pacífico para las provincias del noroeste y el proyecto que prolongaba las líneas
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Ibid. p. 189. Jorge E. Hardoy, The planning of new capital cities, Moscú 1964. Trabajo presentado en el Simposio para la planificación y desarrollo de nuevas poblaciones.

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férreas del Sur con un objetivo similar que es este caso favorecería a la Patagonia. De este modo se intentaba quebrar el sistema nacional de comunicaciones centrado en Buenos Aires.

EL GRAN BUENOS AIRES
La crisis económica mundial de 1930 terminó con los años prósperos del comercio atlántico. Los países centrales optaron por el proteccionismo que favorecía a las metrópolis y a sus colonias y la Argentina se limitó a renegociar sus envíos de carnes al mercado inglés como una forma de evitar el deterioro de su comercio internacional. Pobreza y desocupación acompañaron la implantación de sistemas autoritarios en muchos países de América Latina y no se encararon reformas sustanciales para los problemas del desequilibrio regional que continuaron agudizándose a partir de la década de los años cuarenta. En 1930 se produjo en la Argentina el golpe de estado militar que alteró el sistema institucional dando comienzo a un período de fraude. Con este golpe se cumplían los pronósticos más pesimistas contenidos en el discurso de Leandro Alem en 1880: fue gestado en la Capital Federal desde donde resultó fácil ocupar las administraciones provinciales pues la centralización impuesta por el sistema operaba en favor del autoritarismo. Así se restableció el régimen oligárquico y esta situación se repitió en otros golpes militares subsiguientes. La gran depresión económica se prolongó hasta 1935 aproximadamente, fecha en la que el país entra en la etapa de industrialización por sustitución de importaciones. Era la ocasión de definir una estrategia de crecimiento económico e integrador. Pero la oportunidad no fue aprovechada. Sin embargo es precisamente en esta década cuando economistas, políticos y ensayistas manifiestan su justificada preocupación por la macrocefalia argentina y publican trabajos importantes. Entre los que se destaca La cabeza de Goliat (1940) de Ezequiel Martínez Estrada. La obra, de carácter literario más que histórico, indaga la esencia de las calles y de los barrios porteños dentro del gusto de la época que fue prolífica en ensayos y novelas de inspiración ciudadana. Registra también las transferencias que las grandes ciudades de provincia han delegado en Buenos Aires: “las provincias han creído que Buenos Aires, como sede de las autoridades nacionales, era el punto supremo de la aspiración de todos, mientras que Buenos Aires procedió con esos aportes sagrados con un criterio no sólo unitario sino verdaderamente municipal. Se engrandeció, se embelleció, se fortificó, mas exclusivamente como urbe y no como Capital Federal”. Según Martínez Estrada, la capital argentina se ha trocado en “una especie de divinidad cívica” que se impone no sólo a los porteños sino también a los hombres del interior.44 Es precisamente un legislador por la Capital, el socialista Alfredo Palacios, quien plantea al comenzar los años cuarenta el problema de los desequilibrios regionales desde una perspectiva netamente política. Dice en la Cámara el 27 de agosto de 1941: “Soy representante de la capital de la República. He nacido en esta urbe fastuosa y cosmopolita que ignora el dolor argentino, la desolación de la tierra yerma y la tragedia de los hombres de los eriales desiertos y silenciosos”. “Buenos Aires vive mirando a Europa y teniéndola por guía, sin advertir que no nos sirven ya sus caminos, ni sus viejas culturas (...). Hemos de resolver el encadenamiento de problemas planteados por provincias pobres, sin mezquindades ni
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Ezequiel Martínez Estrada. La cabeza de Goliat Buenos Aires, 1940, p. 31.

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regateos, pues de otra manera conoceremos a las provincias como organizaciones políticas, pero ignoraremos a las regiones que tienen características sociales étnicas propias”. En Pueblos desamparados resume Palacios la experiencia recogida en un viaje a La Rioja y Catamarca. Propone también que los veinte representantes que hay en el Senado por las provincias del interior tradicional, asuman su condición de defensores de la región, puesto que juntos superan a los dos Senadores por la capital y a los ocho del litoral45. En cuanto a los datos estadísticos respecto a los desequilibrios regionales, los ha proporcionado Una Nueva Argentina, de Alejandro Bunge, libro que tuvo gran repercusión en los medios intelectuales cuando se publicó en 1940. Expone Bunge en dicho trabajo los resultados de treinta años de investigaciones sociales y económicas que le permiten determinar que el grado de prosperidad puede medirse por la distancia a que se encuentran los centros poblados y los distritos rurales de Buenos Aires. La Argentina es “un país en abanico” pues un tercio de la República, abarcado dentro de un arco de círculo de 780 kilómetros de radio con centro en la capital, comprende ocho décimos de la población y nueve décimos de la capacidad económica”. Tal situación se debe en gran parte a razones climáticas y geográficas, especialmente a la distribución de las lluvias, pero también a la atracción demográfica de las grandes ciudades del litoral, a la inversión en un área más cercana a Buenos Aires de la mayor parte de los recursos fiscales de la Nación y a la “política económica -más propiamente la ausencia de una política- que ha significado la postura de esa primera región mirando a ultramar y con la espalda al interior”. El tema del traslado de la Capital Federal se propone en dos trabajos publicados en 1942. Uno de ellos, Política económica argentina, del Coronel José María Sarobe que se había especializado en temas patagónicos; el otro, La cuestión capital de la República pertenece a Leopoldo Velazco.46 Pero, como observa Bonifacio Del Carril en Buenos Aires frente al país (1944), “Las fauces del coloso continúan insaciables su tarea absorbente, mientras el cuerpo de la Nación dolorida vegeta perdiendo día a día la esperanza de la salvación”. Del Carril escribió su ensayo con el propósito de influir sobre el gobierno militar surgido de la revolución de 1943. No consideraba que el traslado de la Capital Federal fuera la mejor solución para los desequilibrios regionales argentinos pero proponía políticas descentralizadoras y coincidía con el planteo de Alvarez en cuanto a la vigorización de los centros de vida locales. Remarcó asimismo la organización económica interna que repetía el modelo colonial con Buenos Aires como metrópoli y las provincias y territorios como colonias47. Otra cuestión que plantea Buenos Aires frente al país es el de la infraestructura vial y ferroviaria. En 1940 la red ferrocarriles no tuvo modificaciones sustanciales -con excepción del ferrocarril Salta - Antofagasta inaugurado en 1947- mantenía el clásico esquema de embudo que terminaba en el puerto de la capital federal. Es en la década de 1930 cuando el país empieza a construir la red de caminos pavimentados que llena un déficit que se arrastraba desde comienzos del siglo pese al crecimiento del parque automotor que era de 330.000 unidades. La Argentina que en 1930 tenía sólo 2.000 kilómetros de rutas pavimentadas, poseía 61.050 kilómetros en 1944. Pero las rutas nacionales mantenían el trazado de los ferrocarriles. “La estructura caminera argentina -escribe Mario Quadri Castillo- recuerda aquellas viviendas en que para pasar de un dormitorio a otro hay que pasar por la sala de
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Alfredo L. Palacios Pueblos desamparados. Solución de los problemas del noroeste argentino. Buenos Aires, Kraft, 1944, p. 27 y ss. 46 Alejandro E. Bunge. Una nueva argentina. Madrid Hispamérica, 1984, p. 402. 47 Bonifacio del Carril. Buenos Aires frente al país. Buenos Aires, Kraft, 1944.

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estar, donde se encuentra reunida la visita, o a través de cada dormitorio. Es una red vial sin privacidad. Para ir de Bahía Blanca a Córdoba hay que pasar por Buenos Aires. Para llegar a Jujuy hay que hacer escala en Córdoba, Tucumán, Salta, prácticamente siguiendo la ruta del Alto Perú, en el siglo XVII”48. Tal infraestructura era un aliciente más para que la industria de sustitución de importaciones se ubicara en Buenos Aires y sus alrededores donde se encontraba el primer mercado de consumo del país, con oferta suficiente de energía eléctrica instalada. “La manera como se distribuye la fuerza motriz instalada en las fábricas y usinas nacionales, contribuirá a caracterizar más fielmente aún la preponderancia de ciertas regiones del país frente al resto -afirma Dorfman-. De los 2,5 millones de caballos de fuerza que cuenta el país (más de 1,5 millón en usinas generadoras de energía eléctrica) la provincia de Buenos Aires encabeza la lista con unos 914.000 HP; continúa la Capital Federal, con 885.000 HP; provincia de Santa Fe, 247.500 HP; provincia de Córdoba, 120.500 HP; provincia de Tucumán, 92.500 HP; otras provincias y territorios muestran cifras que alcanzan 60.000 HP, o sea inferior al 2 % de la potencia total de que dispone la industria argentina”. El panorama industrial del interior en 1935 es desolador. La potencialidad industrial de provincias como Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero ha disminuido: “En 1935 funcionaban allí la cuarta parte de los establecimientos que lo hacían en 1913, empleando la tercera parte del personal, con dos quintas partes del capital entonces invertido y produciendo por valor de las tres cuartas partes de aquel año”. También ha decaído la actividad industrial en Mendoza y Entre Ríos; en ésta última el valor de la producción industrial ha bajado un 17% en lo cuarenta años transcurridos desde el censo de 1895; el personal obrero se ha reducido mientras en Mendoza se mantiene una ocupación similar a la de 191349. Durante la década del 30 la crisis de la producción agropecuaria provoca el éxodo de la población rural a los centros urbanos. Cesa en cambio la afluencia de migraciones del exterior de modo que la redistribución de población favorece a las ciudades donde hay ocupación en industrias y servicios. Hay migraciones masivas desde el interior al Gran Buenos Aires y este fenómeno que ha sido objeto de análisis políticos y sociológicos, además de económicos, incide profundamente en la historia nacional de 1945 en adelante pues se vincula a los orígenes del peronismo. La región metropolitana contaba con mayores instalaciones de servicios básicos que el resto del país y esto facilitaba la instalación de industrias y la radicación de sus trabajadores. “La expansión del gasto público, especialmente a partir de 1945, y la concentración del mismo en el Gran Buenos Aires, creó una fuente adicional de ocupaciones e ingresos”50. Entre el censo nacional de 1947 y el de 1960, el crecimiento del área metropolitana de Buenos Aires es realmente notable: los partidos que integran el Gran Buenos Aires tienen una estructura productiva industrial y multiplica el número de habitantes. La Matanza, por ejemplo, que en el '47 tenía 98.471, suma 401.738 habitantes en 1960; Almirante Brown, que en sus orígenes fue predominantemente rural, tenía 39.700 pobladores en el '47, que eran 136.924 en 1960, con tasa anual de crecimiento para este período del 10%. El partido de Esteban Echeverría, cuyo índice de masculinidad era muy acentuado en 1914 {136 varones cada 100 mujeres), debido al predominio de extranjeros, modifica esta relación en 1960 porque se han instalado
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Mario Quadri Castillo. La Argentina descentralizada. Buenos Aires, EUDEBA, 1986, p. 104. Dorfman. op. cit, p. 317/320. 50 Ferrer, op. cit., p. 224.

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numerosas familias en los barrios de viviendas construidos en la década del 50 cerca del Aeropuerto de Ezeiza; del '47 al '60 la población pasó de 19.000 a 70.000 habitantes es decir, 10,5% de crecimiento anual medio. Florencio Varela, que en sus comienzos fue un partido dedicado a las actividades ganaderas, cambió su estructura productiva pues se encontraba ubicado estratégicamente dentro del eje metropolitano: los 10.480 habitantes que tenía en 1947 llegaron a 41.707 en 196051. Esta concentración de habitantes en el área metropolitana representaba al mismo tiempo una sangría para las zonas rurales de la provincia bonaerense y del resto del país donde los salarios y las condiciones de vida eran inferiores a las que ofrecía el Gran Buenos Aires. “De este modo, escribe Ferrer, mientras en 1960 la gente del interior representaba el 12% del total de población del Gran Buenos Aires, en 1960 esta representación llegaba al 40%; entre ambas fechas se estima que tres millones de personas migraron desde el interior lo que significa cambios importantes en la composición de la fuerza de trabajo industrial de importancia económica y política”. Por otra parte el ingreso de un millón de inmigrantes entre 1947 y 1960, aunque incluye contingentes de españoles, italianos y otros países europeos, proviene ahora mayoritariamente de los países limítrofes: el Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil.52 El tema fue objeto de análisis por parte del sociólogo Gino Germani en Estructura social de la Argentina (1955). Se pregunta dónde se habían radicado los 3.386.000 argentinos que en 1947 se hallaban viviendo fuera de su jurisdicción natal. “La mitad de ellos se encontraba en la zona del Gran Buenos Aires, otro 28 % en la zona del litoral, y el restante 22% en las demás regiones del país (...). La orientación seguida por los inmigrantes extranjeros no difiere sustancialmente de la de los inmigrantes internos, si bien la tendencia centrípeta es indudablemente más pronunciada. Así, en 1947, casi el 83 % de los extranjeros se hallaban en las zonas del Gran Buenos Aires y litoral, el 10% en los territorios y provincias del Nordeste y el Sur del país, y el resto 7 % en las diez provincias restantes53. LA POBLACION DEL AREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES INMIGRACIÓN INTERNA Y EXTERNA EN SU COMPOSICIÓN (1869-1957)54 Población total (miles) 230 783 2.035 3.430 4.720 6.370 % Inmigrados del extranjero sobre total 47 50 49 36 26 22 % inmigrados del interior sobre total 3 8 11 12 29 36 Inmigración del Interior promedio anual 8.000 83.000 96.000

AÑOS 1869 1895 1914 1936 1947 1957

Hubo, es cierto, iniciativas importantes en el interior del país tendientes a la industrialización. En Córdoba ésta fue posible en la década de 1940 y 1950 sobre la base de un importante desarrollo energético previo, del gobierno provincial de Amadeo
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Reseña histérico-económica de los partidos de la Provincia de Buenos Aires. Aldo Ferrer. E. L. Wheelwtight. Industrializaron in Argentina and Australia; a comparative study. Buenos Aires, instituto Di Tella, 1966, 2. 29. 53 Gino Germani. Estructura social de la Argentina. Buenos Aires, Raigal, 1965, p. 57/63. 54 Id. Política y sociedad en una época de transición; de la sociedad tradicional a la sociedad de masas. Buenos Aires, Paidós, 1966, pág. 230.

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Sabattini. Hubo grandes complejos productores de maquinarias, unidos a los ya vinculados al agro. Pero, el mayor caudal de la actividad industrial no logra hacer variar el movimiento de las migraciones hacia la Capital Federal y las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, en mayor cantidad que las provenientes a Córdoba desde Santiago del Estero, Santa Fe y San Luís. En el caso de las migraciones a la capital cordobesa, que en veinte años sumaron 153.972 personas, como dato ilustrativo subraya Héctor Aldo Valinotti que la mayoría provenía de la propia provincia 39,7 % y sólo un 4,3 % era extranjero a ella55. El gobierno surgido en 1955 tampoco trajo soluciones al problema de la macrocefalia argentina, que planteaba dificultades no sólo a las provincias más castigadas por ésta sino a la misma área metropolitana. Raúl A. Prebisch, en la Situación económica del país (1955) plantea la escasa planificación que ha habido en materia de energía: “Hoy el Gran Buenos Aires necesitaría, por lo menos 1.150.000 Kw para que su actividad económica funcione en forma normal y la población no tenga que sufrir la perturbación a que está sometida. Sin embargo hay solamente instalados 840.000 Kw; el déficit es de 300.000 Kw y está frenando el desarrollo industrial del Gran Buenos Aires, que abarca el 70% del consumo de energía del país56. El conglomerado urbano ocupado en la industria y en servicios que habitaba el Gran Buenos Aires se ubicó como pudo, sin planes urbanísticos ni viviendas, muchas veces en las “villas miseria” o en otras habitaciones de carácter precario. Porque la ciudad de Buenos Aires, donde el ingreso per cápita era en 1965 un 70% más alto que en el resto del país, no creció en relación con su conurbano en los últimos censos. Las grandes transformaciones ocurrieron en los 18 partidos que lo integraban en el censo de 1960. En el número especial publicado por la revista Sur (1960), comentaba Lorenzo Dagnino Pastore que la población de la Capital Federal no había aumentado como correspondería a su desarrollo normal, pues acusaba 2.824.176 habitantes, un millón menos de lo que correspondería a tal desarrollo. El Gran Buenos Aires tenía en cambio 6.724.548 habitantes, cerca de 1.200.000 más de lo calculado. Consideraba alarmante la disminución de población en algunas provincias, inferior a la del censo de 1947: La Pampa había bajado desde entonces un 6,7 % y Santiago del Estero el 0,5 %. “Ello pone en evidencia la existencia de factores que reclaman la acción gubernativa, que ha de orientarse fundamentalmente hacia la conquista de tierras, mediante adecuadas obras de riego”. Córdoba y Mendoza habían crecido, la primera, un 17,3% y la segunda el 40%. El despoblamiento patagónico era alarmante: Chubut con 136.000 habitantes, Neuquén con 122.400, Río Negro con 198.400, Santa Cruz con 60.700, Tierra del Fuego con 110.000, totalizaban 529.000 habitantes en 765.720 kilómetros cuadrados, sin contar la Tierra del Fuego, con una densidad menor a un habitante por kilómetro cuadrado. En los 196 kilómetros cuadrados de la capital, habitaban en cambio casi tres millones de personas57.

HACIA EL TRASLADO DE LA CAPITAL
Pese a. la preocupación de los estudiosos, poco se ha realizado de 1960 hasta hoy para revertir el problema de la macrocefalia argentina. Que la Convención Constituyente de 1957 sesionara en la ciudad de Santa Fe resultó más una actitud
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Citado por Efraím Bischoff. Historia de Córdoba. Buenos Aires, Plus Ultra, 1977, p. 5151. Raúl A. Prebisch. La situación económica del país. Buenos Aires, 1955. p. 6. 57 Lorenzo Dagnino Pastore. Una visión de la demografía. En: Argentina, 1930/1960, Sur, 1961, p.89 y ss.

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respetuosa hacia el pasado que un impulso para reverdecer el federalismo, pues este problema nacional no fue considerado. La incorporación de los antiguos territorios en su nueva condición de provincias, en 1958, no alcanzó a mejorar los desequilibrios regionales. Sin duda los representantes de los pueblos patagónicos, pampeanos y del nordeste estaban en condiciones de hacer valor su punto de vista regional, pero la estabilidad constitucional fue breve: interrumpida en 1962, restablecida en 1963, tres años más tarde se iniciaba una nueva instancia militar. Sin embargo varios proyectos de traslado de la capital como un remedio a los desequilibrios regionales, habían tenido entrada en las cámaras tanto en el período 1958/62 como en 1963/66: el legislador Aurelio Pologna propuso en 1958 que la capital se trasladara al interior del país, preferentemente a su centro geográfico; Luis Boffi, ese mismo año aludió a la profecía de Alem y fundó su reclamo en la existencia de “una clase privilegiada, la de los porteños, y otra de parias que tenemos en el campo”, además de hacer consideraciones de carácter histórico y económico; Isaías Nougués empleó en 1961 argumentos similares y puso como ejemplo la decisión adoptada por la República Federativa de Brasil, con la creación de Brasilia; hubo asimismo proyectos firmados por los legisladores Teodosio Pizarro y por Celestino Gelsi (1964) el cual propuso a la ciudad de Córdoba como futura capital de la República58. Pero ninguna de estas iniciativas se concretó. Entre tanto, Brasil edificaba y construía en pocos años su nueva capital, Brasilia, que inauguró oficialmente en 195959. La Argentina en cambio se debatía entre la ilegitimidad de los golpes militares y la breve y debilitada legitimidad constitucional. En el período de facto iniciado en 1966, se acentuaron los rasgos centralistas de la administración e incluso los interventores en provincias fueron denominados gobernadores, como si se los hubiese designado por voluntad popular. Hacia 1970, se hicieron algunos esfuerzos por modificar la estructura del “país en abanico” mediante la iniciación de trabajos de vinculación vial. Pero obras como las energéticas del Chocón - Cerro Colorado, en el norte de la Patagonia, terminaron sirviendo al área metropolitana que era la principal consumidora debido a la gran cantidad de fábricas instaladas allí. En 1972 se conoce un informe del ingeniero Solanet que aconsejaba el traslado de la Capital Federal, “para independizar el poder de decisión del gobierno central, del vasto poder político y económico de Buenos Aires”. La ubicación sugerida para la nueva capital era el centro geográfico del país. El proyecto del doctor Adolfo Homlberg recomendaba que la capital se instalara en una ciudad nueva, en la zona comprendida entre el curso medio del río Colorado y el curso medio del río Negro, cerca del límite con La Pampa. Una urbanización adecuada podría corregir la zona demasiado ventosa. Otra iniciativa que menciona Mario Quadri Castillo en La Argentina descentralizada, fue la de Alejandro von der Heyde Garrigós, quien propuso una zona cercana a cuatro ciudades, San Luis, Villa Mercedes, Sampacho y Río Cuarto. En 1971, el ministro del Interior, Arturo Mor Roig, se refirió a la necesidad de trasladar la capital diez o quince años más tarde. Meses después dicho ministerio encaraba el estudio de la factibilidad de llevar a la práctica el traslado, pues la irregular distribución demográfica entre la capital y Gran Buenos Aires quebraba el equilibrio de la Nación y repercutía nefastamente en su economía60. En 1972 el presidente de facto, general Lanusse, firma el decreto ley correspondiente “con miras a realizar una armónica integración nacional y superar una de las causas que conspira contra el mejor
La cuestión capital de la República. Honorable Senado de la provincia de Buenos Aires, Secretaría Legislativa, 2da. parte. Año 1986, passim. 59 Hardoy. The planing of new capital cities, p. 234. 60 Quadri Castillo, op. cit., p. 124 y ss.
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desenvolvimiento espiritual, económico y cultural de la Nación”. Dos años más tarde, en el período constitucional, el legislador Francisco Eduardo del Cerro propone que se construya una nueva capital en el actual territorio de la provincia de Santiago del Estero y que se cree la provincia del puerto de Santa María de los Buenos Aires en el territorio de la actual municipalidad de Buenos Aires.61 Las dolorosas experiencias políticas de los años setenta impidieron que se reflexionara no sólo sobre el posible traslado sino sobre las deficiencias del sistema federal argentino. En 1982, el año en que la guerra de las Malvinas puso de relieve la escasa capacidad defensiva del país, dos libros plantearon el problema de la capital, uno de ellos del geógrafo Raúl Rey Balmaceda, titulado Buenos Aires, una capital cuestionada, considera que ha sido erróneamente cuestionada y no está de acuerdo con el traslado. Buenos Aires y el país, del historiador Félix Luna propone el traslado para evitar que los males del centralismo se tornen cada vez más agudos e incontrolables. Sería además una bandera común -dice- un acto de voluntad nacional dotado de grandeza, imaginación y audacia, “que sólo el inmovilismo o el temor a las cosas grandes pueden neutralizar”62. El censo nacional de 1980 había ratificado el problema de la concentración de poder económico, político, demográfico y cultural en el área metropolitana de Buenos Aires. Pero además resultó inocultable que precisamente en esta área se acumulaban porcentajes elevados de hogares con necesidades básicas insatisfechas, niveles críticos de hacinamiento, vivienda, condiciones sanitarias y deficiencia escolar. Alrededor de la mitad de los 19 partidos que integran el conurbano bonaerense carecían de sistema de aguas corrientes y casi tres cuartos de la misma no tenían cloacas. En 1980 el área metropolitana albergaba 9.766.030 habitantes, es decir, el 34,5 % de la población nacional, cifra ligeramente inferior a la de 1970 cuando la proporción fue la más elevada de la historia: 35,8 %. En los 19 partidos bonaerenses que representan el 1,2 % de la superficie de la provincia, se aloja el 25 % de la población argentina y el 63 % de la bonaerense. En cuanto a la concentración industrial de la provincia, significa el 65 % del producto bruto manufacturero industrial. Tal riqueza se ve contrarrestada por las carencias que se señalaron más arriba. En cambio la región patagónica se encuentra semivacía, con su dilatado litoral marítimo desaprovechado y sus importantes reservas energéticas utilizadas para llevar energía al área metropolitana y al Litoral. En diciembre de 1983 la democracia se reinstaló en la Argentina. Se establecieron entonces formas pacíficas de diálogo y de convivencia, necesarias para reparación de los daños infligidos al cuerpo social del país por el autoritarismo y la violencia. También se inició un plan de estabilización económica para asegurar el crecimiento nacional y se propuso una concertación a todos los sectores sociales y políticos. Pero el problema de los desequilibrios regionales afectaba y afecta no sólo a la economía sino también el sistema político pues desnaturaliza el federalismo adoptado por la Constitución Nacional como forma de Estado. Por eso, iniciado el tercer año de su gestión presidencial, el Doctor Raúl Alfonsín lanzó una iniciativa, una propuesta para la Argentina del siglo XXI: trasladar la Capital Federal a las márgenes del río Negro. Marchar al sur, al frío y al mar. Este traslado no es una modificación aislada: la reforma de la Constitución Nacional, la reforma del Estado y la administración, la efectiva descentralización de atribuciones y funciones, el fortalecimiento de las autonomías provinciales y municipales, el desarrollo regional, regímenes adecuados de promoción industrial que acompañen un aprovechamiento sano
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La cuestión capital, op. cit., Segunda Parte, p. 124. Félix Luna, Buenos Aires y el país. Buenos Aires, Sudamericana, 1982.

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de nuestras reales ventajas comparativas existentes o a crear, una redistribución equitativa y eficiente de los recursos coparticipables, forman parte de la construcción de la Segunda República que nos propone el Presidente Alfonsín. Tanto en el mensaje que acompañó al proyecto y fue dirigido al Consejo para la Consolidación de la Democracia, como en el discurso pronunciado poco después en la ciudad de Viedma, el Doctor Alfonsín ha precisado su pensamiento y las razones de índole histórica, geográfica, política, cultural e internacional que respaldan dicha iniciativa. La idea parte de que el crecimiento incontrolado de la Capital, hasta convertirse en una desmesurada megalópolis, ha paralizado y distorsionado las fuerzas de todo el país y transformado el sistema político, tal como lo predijo en su momento Leandro Alem en el famoso debate de la Legislatura bonaerense. “El área metropolitana de Buenos Aires no solamente abarca el treinta y cinco por ciento de la población total del país, sino que consume el treinta y nueve por ciento del total de la energía facturada en la República, su personal ocupado en comercios y servicios representa el cuarenta y cinco por ciento del total y el personal ocupado en la industria manufacturera el cuarenta y ocho por ciento. Es evidente que la concentración de actividades económicas es aún mayor que la concentración poblacional”. El Presidente justificó la elección del área Carmen de Patagones-Viedma para radicar la nueva capital pues está en el límite de la pampa húmeda, que ha constituido desde hace siglos el sustento de la prosperidad nacional y al comienzo de las extensas planicies patagónicas, reservorio de las mayores disponibilidades energéticas del país. Señaló además las motivaciones estratégicas pues el subdesarrollo, la falta de población, de medios de comunicación y de capacidad para defenderse siguen colocando a esta región como el sitio más frágil de la estructura geopolítica de la Argentina. Este traslado de la capital al valle inferior del Río Negro, constituye un elemento principalísimo en la política de articulación del área del viejo poblamiento -norte, centro, pampa húmeda- al joven, y poco explotado cuasi-continente patagónico, y la enorme plataforma y mar continental argentinos cuyo manejo, control y soberanía debemos asegurar. La construcción de la nueva capital y el traslado de la misma se programan en tres etapas, durante un plazo de diez años, previéndose la primera para diciembre de 1989. La discontinuidad física que esto representa, se acomoda a la discontinuidad que plantea la reforma del Estado y de la Administración. Se trasladarán los tres poderes de la República: el Ejecutivo, el Legislativo y Corte Suprema de Justicia. Respecto de la administración central del Poder Ejecutivo, a partir de la determinación de aquellos organismos reestructurados que deberán ser trasladados a la nueva capital, aquellos que serán trasladados a otros puntos del país, y aquellos que permanecerán en Buenos Aires, se han establecido los servicios que serán mudados en cada etapa y su dimensión. Lo cual da las pautas para la determinación de las necesidades físicas y de los plazos para una población resultante de las estimaciones de los planificadores. Para la primera etapa, el conjunto alcanzaría aproximadamente 150.000 habitantes, a partir de los actuales 45.000. Los asentamientos existentes servirán de soporte al crecimiento urbano previsto y se deberán insertar orgánicamente en el conjunto. Con respecto a la actual Capital Federal y su futura configuración jurídicoinstitucional el análisis debe ser considerado teniendo en cuenta tres hipótesis principales y algunas secundarias. La primera, que podríamos llamar de “reivindicación histórica” de la provincia de Buenos Aires, consiste en que esta provincia reclame la vuelta de la ciudad al territorio provincial. Esta es apenas una hipótesis con valor teórico, absolutamente anacrónica e inconveniente. Es anacrónica por que la ciudad de

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Buenos Aires ha tenido más de un siglo de vida independiente, con sus representantes en el Congreso Nacional y gobierno propio, que le acuerdan una jerarquía y una identidad política que no van a aceptar perder. Jurídicamente, resulta igualmente muy débil la argumentación que sustenta el derecho a recuperar un territorio cedido para una función que ha dejado de ser, porque más de un siglo del desempeño de esa función da por cumplida la finalidad de la cesión y torna totalmente inválido e inadecuado el argumento de la retrocesión. Pero es además sumamente inconveniente, porque si estuviéramos sumando mediante esa anexión la potencialidad de la actual Capital Federal y la de la provincia de Buenos Aires, estaríamos conformando un estado de tanto poder que sería contrario a los propósitos que tiene la medida de trasladar la capital, que constituye apenas un instrumento dentro de un proyecto mayor de descentralización y búsqueda de un mejor equilibrio de nuestro territorio nacional. La segunda hipótesis, es que la ciudad de Buenos Aires pase a constituir, dentro de sus límites actuales, un estado independiente. Una ciudad-estado que podría tener una conformación institucional y política especial a la manera de las ciudades-estado europeas, como Hamburgo por ejemplo, sin superposiciones innecesarias de niveles de gobierno. La tercera hipótesis se asocia con la propuesta que el Presidente de la Nación hizo al Consejo para la Consolidación de la Democracia a efectos de estudiar la conveniencia de conformar una provincia nueva con la ciudad de Buenos Aires y distritos del conurbano bonaerense. O sea que podríamos considerar la totalidad de ellos o algunos de ellos. La totalidad de distritos del conurbano significaría, en buena medida, una concentración igualmente poderosa, como la de la primera hipótesis, si tenemos en cuenta que están ubicadas en esta área el 65% de las actividades industriales de la provincia de Buenos Aires, y órdenes de magnitud semejante para el resto de las actividades, las que con más la potencialidad que tiene la Capital Federal conspira con el sentido de descentralización del proyecto político. Por otra parte, si lo vemos desde el punto de vista urbanístico el conurbano no cubre la región metropolitana. La definición conurbano, con los actuales 19 distritos que son los del censo del setenta y del ochenta, es nada más que una definición estadística. La región metropolitana es bastante más amplia. En estudios que se hicieron sobre la misma en la segunda parte de la década del 60 se incluyeron 24 distritos. Posteriormente, en la década del 70 fueron 31 los que constituyeron el sistema metropolitano. De modo que de ninguna manera se estaría abarcando la totalidad de la región, y cualquier tratamiento de planificación y coordinación del crecimiento que de ella se haga debe tener en cuenta lo que quede fuera del conurbano bonaerense. Los gobiernos de Buenos Aires y de la Municipalidad de Buenos Aires, firmaron en noviembre de 1984, un acuerdo para el tratamiento conjunto del área metropolitana bonaerense AMBA- al cual adhirió el Ministerio del Interior de la Nación en 1985. El perfeccionamiento y legitimación de este instrumento es una nueva vía a seguir. Queda todavía en esa tercera hipótesis la posibilidad de analizar la inclusión de sólo algunos distritos del conurbano a la ciudad de Buenos Aires para crear una nueva jurisdicción. Es necesario realizar este estudio que constituye un asunto de la mayor importancia en la búsqueda de un mejor equilibrio y del aumento de la calidad de vida del conjunto. Una primera aproximación al tema, si consideramos los distritos hacia el Norte y hacia el Sur de Buenos Aires y limítrofes con el Río de la Plata (por ejemplo: Vicente López, San Isidro o Avellaneda, Quilmes, Lanús), podría hacer suponer que se trata, en buena medida, de sumar algo más de lo mismo a la ciudad de Buenos Aires. Si observamos la situación del eje Este-Oeste, podríamos encontrarnos con una situación diferente y quizá más prometedora, ya que se trata de una zona con un tejido urbano

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menos consolidado con mayores espacios intersticiales y superficies libres que permitirían un tratamiento urbanístico del conjunto abierto a nuevas posibilidades. Ello puede abrir el camino a alternativas que habrá que elaborar. Las hipótesis menores que se agregan a las precedentemente enumeradas, consisten en crear una gobernación, delegada del Gobierno central. Eso significa un retroceso conceptual y ausencia de respeto a una realidad dinámica, cuando está planteándose la necesidad de transformar en provincia el territorio de Tierra del Fuego, y ya se había propuesto la elección directa del Intendente de Buenos Aires. Una última ida consiste en la división de la provincia de Buenos Aires en dos, retomando viejos proyectos no estudiados fehacientemente, o variantes de éstos. La sanción de las leyes de cesión de tierras de El Carmen, en el distrito de Patagones, por la Legislatura Bonaerense toma posición sobre este tema, descartando la anexión de distritos a una “nueva provincia”. Respecto a la ciudad de Buenos Aires establece la Ley 10.454 en el artículo 10 que: “La Ley Nacional deberá contemplar la devolución del territorio de la ciudad de Buenos Aires a la Provincia de Buenos Aires o la formación de una nueva Provincia en los límites actuales de la Capital Federal”. La Ley Nacional de traslado de la capital se define sobre ello y establece en el artículo 6° que: “La ciudad de Buenos Aires continuará siendo Capital de la República hasta cumplirse lo dispuesto en el artículo 5º. A partir de ese momento la ciudad de Buenos Aires, con sus límites actuales, constituirá una nueva provincia, debiéndose convocar para su organización una convención constituyente. El Poder Ejecutivo, el Congreso Nacional y el Gobierno Municipal, continuará ejerciendo sus actuales poderes constitucionales y de gobierno de la ciudad de Buenos Aires hasta la instalación de las nuevas autoridades provinciales”. Los convencionales constituyentes establecerán su forma de gobierno en el nuevo marco institucional de este nuevo estado que, según mi sentir y mi pensamiento deberá seguir llamándose Buenos Aires, porque ni los porteños querrán resignar su identidad, ni los argentinos perder la vieja y querida ciudad.

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SEGUNDA PARTE CARMEN DE PATAGONES – VIEDMA

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CAPÍTULO 1º - EL SITIO
“Sería aceptar situaciones de injusticia no reparar el hecho de que la Patagonia, más extensa que muchos países importantes, vivió explotada en sus recursos sin obtener el reconocimiento lógico del sacrificio de sus ciudadanos”. Presidente Dr. Raúl Ricardo Alfonsín. Discurso de Viedma.

La elección del área del nuevo distrito federal responde a la voluntad de orientar el esfuerzo y el interés de la República hacia el Sur, el frío y el mar, según la expresión del Sr. Presidente de la Nación, es decir, en dirección a la Patagonia. Se trata de articular la Argentina de antigua ocupación poblacional, con ese enorme cuasi continente de la Patagonia insuficientemente valorizado y menos explotado y con el inmenso mar de nuestra extensa costa atlántica, igualmente de poco explotado, con una enorme riqueza potencial y cuya defensa debemos asegurar. Dentro del vasto territorio austral se optó por una región, el valle inferior del Río Negro, con características favorables para la vida humana: clima del tipo semiseco moderado por influencia del mar, de 350 a 400 milímetros anuales de lluvia y 14 grados como promedio anual de temperatura. La atraviesa e' caudaloso río Negro que se desplaza en dirección Oeste-Este y cuyas aguas oscuras contrastan con el verde de la vegetación que bordea sus orillas. Este río contribuye a embellecer el emplazamiento de la futura capital argentina. El nuevo distrito federal contiene un núcleo urbano importante integrado por las ciudades de Viedma, actual capital de la Provincia de Río Negro y el Municipio de Guardia Mitre en el mismo territorio, y de Carmen de Patagones cabeza del partido de Patagones en la Provincia de Buenos Aires. Están unidas por dos puentes, el ferrocarretero inaugurado en 1931 y el que se habilitó en 1981. Viedma tiene una población aproximada de 30.000 habitantes y de 15.000 El Carmen. Se incluyen centros urbanos menores, como Cubanea, San Javier, Cardenal Cagliero y el balneario El Cóndor y zonas rurales parte de las cuales se están poniendo en valor mediante un ambicioso programa de riego y de forestación que lleva a cabo el Instituto de Desarrollo del Valle Inferior del Río Negro. Su latitud, a los 41° Sur, es semejante a la de Lisboa o Madrid en el hemisferio Norte, en el que buena parte de las capitales europeas tienen latitudes más altas: París, Bonn, Londres, Bruselas y por supuesto, Estocolmo, Oslo, o Moscú. El área de la nueva Capital Federal está separada de Buenos Aires por 964 kilómetros; 1850 de Jujuy en el extremo Norte del país; 1580 de Ushuaia en Tierra del Fuego; 1650 de Posadas en el nordeste y 1070 de Mendoza junto a la cadena andina. Tiene aeropuerto y se conecta por ferrocarril con Buenos Aires al Norte y San Carlos de Bariloche en el Oeste de la provincia de Río Negro. La ruta 3 la une a la actual Capital Federal y a las ciudades sureñas de San Antonio Oeste, Trelew, Comodoro Rivadavia y Río Gallegos; la ruta 22 atraviesa el Valle Medio y Alto del Río Negro, llegando al territorio andino. La ubicación del nuevo distrito federal respecto del resto del país es equilibrada.

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Puede conectarse a través de Bahía Blanca, situada a 200 kilómetros de distancia, con una red vial amplia que llega al interior del país estructurada en torno a un eje Norte-Sur que permitirá dejar de lado la distribución radio-concéntrica de la capital actual. En el sentido Este-Oeste la costa atlántica y la del pacífico se vinculan a través de carreteras existentes, que es necesario mejorar y de pasos cordilleranos bajos, abierto durante todo el año; los ferrocarriles pueden también prolongarse hasta Chile lo que nos aproxima, por el Pacífico, a los mercados del oriente asiático. A 175 kilómetros de distancia se encuentra el puerto de aguas profundas de San Antonio Este. El río Negro, que tiene 250 metros de ancho a su paso frente a El Carmen y Viedma, se presta para las recorridas turísticas a bordo de embarcaciones y para los deportes acuáticos. La perspectiva turística se ensancha con las playas oceánicas que se hallan a 30 kilómetros de distancia; se inician debajo de la desembocadura del río en el balneario El Cóndor, donde en 1887 se inauguró el primer faro de la Patagonia que continúa en funcionamiento; más al Sur, a 30 kilómetros, la lobería y una riqueza faunística excepcional; en la costa Norte, en territorio de la Provincia de Buenos Aires la pesca deportiva y las playas de Bahía San Blas. Dos veces centenarias, las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones están ubicadas frente a frente, separadas por el río, en forma pintoresca y notable dentro del conjunto de los centros urbanos argentinos. La perspectiva de El Carmen resulta particularmente atractiva porque las viejas construcciones que dominan las torres de la iglesia y la torre del Fuerte, se alzan sobre la barranca. El templo guarda los trofeos ganados a los brasileños en el histórico combate del Cerro de la Caballada en 1827. Otros testimonios de un pasado tan rico como respetado pueden admirarse en los museos locales de ambas márgenes del río. Pero más allá de estos recuerdos y las ventajas de orden material que ofrece el nuevo distrito federal, existe en sus habitantes una cierta vigencia del espíritu emprendedor de los pioneros. Estos pueblos de frontera, habituados a defenderse por sí mismos, contestatarios a veces, solidarios otras, pero siempre dispuestos a los grandes emprendimientos nacionales, han sido capaces de de resistir a la adversidad. Conscientes de haber constituido durante siglos la última avanzada sobre el desierto y el mar, forjaron un estilo propio, fruto asimismo de la larga y difícil convivencia del español y del indio, del criollo y del gringo. El Carmen y Viedma, las únicas ciudades sureñas enraizadas en el pasado colonial, antiguas y jóvenes a un tiempo, son hoy llamadas por la historia a proyectarse en el siglo XXI, como centro articulador de la nueva Argentina.

CAPÍTULO 2º - DOS SIGLOS DE HISTORIA
En la segunda mitad del siglo XVIII, el litoral Norte de la Patagonia, mal conocidos por navegantes y exploradores, estaba poblado por tribus nómades de tehuelches. Paulatinamente estos grupos de indígenas altos y fornidos, diestros en la caza de guanacos y avestruces y en la recolección, habían incorporado la cultura del caballo que trajeron los blancos al continente americano. Estos tehuelches septentrionales que se abrigaban con quillangos, desplazaron o absorbieron a los primitivos pobladores de la región. Aprovecharon las ventajas naturales que ofrecían las márgenes del Curuleuvú (Río Negro) y la abundancia de flora y de fauna silvestre local que contrastaba con la aridez de las mesetas patagónicas. Sitio favorito de estos primitivos pobladores fue la laguna del Juncal, situada al suroeste de la actual ciudad de

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Viedma63. Hacia 1750 ya se había iniciado el desplazamiento de los tehuelches por parte de los aucas o araucanos que llegaban atraídos por el ganado de las pampas que robaban en las estancias del Norte para revender en Chile. Distintos testimonios de este período, provenientes en su mayoría de los Padres Jesuítas aportan datos bastante vagos acerca de indiadas y de caciques. Entre estos últimos sobresale el legendario Cangapol, célebre por los malones que organizaba contra las poblaciones del Sur bonaerense, que entonces se encontraban más arriba de la línea del río Salado. Muchas de las informaciones que ofrece Falkner, en su libro Descripción de la Patagonia han sido puestas en duda por los investigadores actuales, pero cuando la obra se publicó en Londres en 1774 provocó un revuelo considerable. No era para menos. El texto ponía en evidencia no sólo aspectos de la vida al Sur del río Salado, donde la Compañía de Jesús había sostenido misiones, sino que revelaba el estado de indefensión en que se encontraban las ciudades de Buenos Aires y de Montevideo. Navegando por el río de los Sauces (Negro) hacia el Oeste, sugiere Falkner, es posible llegar al Reino de Chile. “Si a una nación cualquiera se le antojase poblar esta tierra será asunto de tener a los españoles en continua alarma. Los indios de las orillas del río se enrolarían en la expedición por amor al botín y de este modo será factible la caída de Valdivia e incluso de Valparaíso en poder del enemigo”.64 El peligro era claro: Inglaterra en plena expansión ultramarina estaba bien dispuesta para organizar nuevas colonias a expensas del Imperio Español. Necesitaba puertos y abrigos seguros para sus barcos pesqueros y mercantiles, lo mismo que para sus fuerzas navales. Debía, además resarcirse de la pérdida de sus colonias de América del Norte. El gobierno de Madrid, consciente de esta amenaza, ordena reconocimientos en las costas y en el mar que arrojan un saldo inquietante: la noticia de que los ingleses se han establecido en las Islas Malvinas. Además de expulsarlos de allí, la Corona se dispone entonces a asegurarse el control de la región austral mediante exploraciones minuciosas y algunas fundaciones, en el litoral de la Patagonia. Hasta esa fecha habían fallado los intentos, de establecer enclaves permanentes en el Sur. La hostilidad del clima, la presencia de indígenas trashumantes, la lejanía de los centros poblados por el español, conspiraron para que fracasaran las empresas que se iniciaron en Chile y en Buenos Aires. Pero en la década de 1770 la Corona tenía conciencia del alto riesgo que representaba mantener esos espacios vacíos: es entonces cuando el ministro Floridablanca da órdenes de que se ocupen inmediatamente los puntos neurálgicos de Bahía Sin Fondo (actual Golfo de San Matías) y Bahía San Julián. Floridablanca, según los documentos publicados por el Padre Raúl A. Entraigas en El Fuerte del río Negro, lo ha previsto todo: los funcionarios que deben cumplir la difícil misión, las embarcaciones que transportarán a la tropa, el trato que se dará a los indios. Insiste en que estas poblaciones no deben ser abandonadas para evitar que se repitan hechos como los ocurridos dos siglos atrás con la malograda expedición de Pedro Sarmiento de Gamboa al Estrecho de Magallanes. El documento contiene algunas precisiones acerca de las características de la región de la que se sabe tiene salinas, puntualiza la necesidad de que se construya un fuerte para protegerlas y define el tipo de funcionarios necesarios para la empresa: Francisco de Viedma fue seleccionado para encabezar el poblamiento de San Julián,
TOLDO, Hugo Ángel (director). Río Negro, pasado y presente. Buenos Aires, Chrismas ediciones, 1981. 64 FURLONG, Guillermo, S. J. Entre los pampas de Buenos Aires. Buenos Aires, San Pablo, 1938, pág. 185.
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mientras Juan de la Piedra era destinado a Bahía Sin Fondo. Se proyectó también una fundación en Puerto Deseado, cuya ocupación principal sería la pesca.65 Viedma pertenecía a una familia de grandes agricultores de Jaén (Andalucía). Fue precisamente su experiencia en cultivos de zonas áridas lo que justificó su nombramiento. Antonio de Viedma, hermano de Francisco, formaba asimismo parte de la expedición fundadora. Ambos llegaron al río de la Plata en el segundo semestre de 1778. El virrey Vértiz modificó algunas de las directivas recibidas de Madrid y designó a Francisco como comisionado superintendente de Bahía Sin Fondo (Golfo San Matías). La expedición que integraban 100 hombres de infantería, 20 de artillería, capellanes, artesanos, lenguaraces y 16 negros partió a mediados de diciembre de Montevideo y el 7 de enero fondeaba en San José. El primero de los establecimientos que surgieron de esta expedición fundadora, San José (en la Península Valdez, Chubut), se instaló en un terreno poco propicio debido a la aridez y a la falta de agua. La abundante caza y la sal compensaban estas carencias, pero pronto las dificultades multiplicaron las tensiones entre los responsables de la expedición66. Entre tanto se exploraron las costas cercanas y especialmente la boca de los ríos Colorado y Negro. Fue el piloto Basilio Villarino quien tuvo la habilidad necesaria para sortear la boca del río Negro y el 22 de febrero navegó el Curu Leuvú aguas arriba. “Soltando la gente en tierra -dice un documento de la época- hallamos perdices, liebres y muchos lobos de aceite, con que se divirtió la gente en matar algunos, aumentando la alegría de haber entrado”. Al día siguiente aparecieron los primeros indios. Vinieron en grupos, acompañados por algunos desertores del puerto San José, y por una india pampa cautiva que actuó como intérprete pues hablaba español. Ella describió los ritos y las creencias de los tehuelches del Norte y su forma de alimentarse en base a carne de avestruz, guanaco y caballo, batatillas y otras raíces. Habló de su rivalidad con las tribus aucas, más ricas y situadas río arriba. Pero más que estas noticias sedujo a Villarino el caudaloso río bordeado por sauces y el contraste que ofrecía con la árida península que acababa de abandonar. De regreso a San José narró los resultados de su expedición. Francisco de Viedma, que en ausencia de de la Piedra se encontraba a cargo del establecimiento, optó por trasladar a su gente al río Negro. Su hermano Antonio se hizo cargo de los efectos y del personal destinados a San Julián67.

EL FUERTE DEL RIO NEGRO
El 22 de abril ya se había concretado la mudanza. Al día siguiente empezaron los trabajos de levantar el fuerte, abriendo su foso y cortándose madera para las oficinas y los ranchos. De acuerdo con las instrucciones recibidas, Viedma puso mucho cuidado en su relación con los indígenas y éstos colaboraron en las tareas a cambio de regalos de chucherías y alimentos. El Fuerte de Nuestra Señora del Carmen se emplazó en la banda sur del río, siete leguas más allá de su desembocadura, donde actualmente se encuentra el Centro

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ENTRAIGAS, Raúl A. El Fuerte del Río Negro. Buenos Aires, Don Bosco, 1960, pág. 13 y ss. REY, Héctor Daniel (coordinador). Historia de Río Negro. General Roca, 1975, pág. 56. 67 El Diario de Antonio de Viedma ha sido publicado en la Colección Pedro de Angelis y se titula Descripción de la Costa Meridional del Sur llamada vulgarmente Patagonia. Buenos Aires, Plus Ultra, 1972.

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Cultural de la capital rionegrina68. El sitio fue seleccionado por el fundador que, gracias a su experiencia como agricultor, apreció las condiciones de la orilla derecha, baja y fértil, fácil de regar y trabajar. Las obras ya estaban relativamente avanzadas cuando el 13 de junio, impelidas por la marea, las aguas del río inundaron la precaria población y la gente se salvó trepada en los techos de los ranchos. Como consecuencia de esta catástrofe, fuerte y poblado se mudaron a la banda Norte, más escarpada y segura, pero menos apta que la parte sur para los indispensables cultivos. Así nació el Fuerte del Carmen. Esta denominación aparece en la carta que envía Viedma al virrey Vértiz el 4 de junio de 1779: “A este fuerte y población se le denomina de Nuestra Señora del Carmen por haberla elegido de patrona. Sírvase Vuestra Excelencia dar disposición para que se haga una efigie de esta Señora y se la remita a la mayor brevedad para colocarla en la capilla”. En cuanto al nombre de Patagones, que también se utilizó para el establecimiento del río Negro, se debe a los indígenas que habitaban la región69. El primitivo Fuerte era un cuadrado con cuatro baluartes a los que se entraba por la parte oriental. En su construcción se empleó la piedra arenisca de una cantera cercana; las obras estuvieron a cargo del ingeniero José Pérez Brito. El establecimiento pudo sobrevivir en mejores condiciones que otras fundaciones del litoral patagónico “por sus excelentes aguas, abundante caza y ganado vacuno con que nos socorrieron los indios”. Según reconoció Viedma. La gente, guarecida en ranchos de paja que no eran suficientes en ese clima riguroso, se alimentaba con “la carne salada, el mal tocino, la miniestra picada y las harinas añejas por lo regular”70. Pero la tierra podía trabajarse incluso en la orilla norte en parajes como el Bañado. En octubre de 1779 arribaron los primeros colonos. Procedían de provincias del Norte de España como Galicia, Asturias y de Castilla la Vieja y León. Algunos eran maragatos de Astorga. Estos últimos darán su nombre a los nativos del Carmen. Por eso es oportuno mencionar sus orígenes, sobre los que hay distintas versiones: se los considera descendientes de Berberiscos convertidos al catolicismo; otros investigadores sostienen que este grupo español deriva su nombre, maragato, del término latino mercator que alude a su condición de comerciantes ambulantes y de arrieros. Su sobriedad y su honradez son proverbiales71. Ocupaban un territorio áspero, con escasas industrias tales como la de los mantecados y cobertores. Su música tiene reminiscencias árabes, y su traje característico se compone de sombrero ancho, chaquetón, bragas de lana o de merino. Constituían una sociedad patriarcal. Los colonos confiaban en las promesas que les había formulado la Corona: recibirían, además del pasaje, yuntas de bueyes, semillas, tierras en propiedad, útiles de labranza, casas dignas y un año de manutención. En la práctica pocos fueron los beneficios concretos y resultó penoso adaptarse a condiciones de vida muy distintas a las de la aldea1 natal. Hubo además un disgusto manifiesto de los indígenas cuando advirtieron la presencia de mujeres blancas entre los recién venidos. Este era el signo inequívoco de que había intención de poblar y en definitiva de quitarles sus tierras. Pero la prudencia de Francisco de Viedma evitó roces y mantuvo relaciones armoniosas con los aborígenes: les hizo regalos, sentó a los caciques a su mesa y logró que lo in68 69

REY, H. D., op. cit., pág. 56. Carmen de Patagones y su historia. Museo Histórico Regional Municipal Francisco de Viedma. Carmen de Patagones, Provincia de Buenos Aires, cuarta publicación, 8º edición, 1986, pág. 8. 70 BIEDMA, José Juan. Crónica histórica del Río Negro de Patagones. Buenos Aires, Contes, 1905, pág. 718. 71 Carmen de Patagones y su historia, op. cit., pág. 11.

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formaran acerca de los preparativos de invasión sobre Buenos Aires que planeaban las tribus vecinas. Este fue uno de los primeros servicios de Carmen de Patagones al país en su condición de pueblo de la frontera. Otro paso importante fue la exploración del río Negro para verificar si era viable el paso a Chile como erróneamente había denunciado Falkner en su Descripción de la Patagonia. Viedma encargó el reconocimiento al piloto gallego Villarino, que había demostrado su pericia al salvar la barra de este río. La expedición pasó por la confluencia de los ríos Limay y Neuquén, y llegó al Collón Curá, antes de regresar a El Carmen; su recorrido había resultado muy penoso por las dificultades de la navegación que era preciso salvar tirando de las embarcaciones a la sirga. Partidario de explorar y descubrir a fin de evitar “que nos enseñaran los extranjeros nuestras propias tierras”, Villarino propuso que se estableciera una guardia permanente en Choele Choel y fue quien primero efectuó el relevamiento del Golfo San Matías y demarcó la punta que hoy lleva su nombre en San Antonio. Regresó a pie desde ese punto a El Carmen descubriendo la senda indígena que conducía a San Julián.72 En agosto de 1783 Francisco de Viedma concluía su labor en el río Negro. Fue ascendido al cargo de gobernador intendente de Cochabamba (Alto Perú). “Desde la perspectiva que brinda la distancia en el espacio y en el tiempo -escribe Adalberto O. Rodríguez- habrá un balance de la obra de España y de su gestión personal en ella”. En un memorial, enviado al virrey Loreto, sucesor de Vértiz, se ocupa del destino de los establecimientos patagónicos “donde la mayoría conspiró con el único fin de destruirlos”. Defiende especialmente la importancia estratégica del río Negro por ser la línea defensiva que debe fortalecerse a fin de preservar la frontera bonaerense. Expone también el potencial económico que significa la pesca de la ballena aprovechada hasta entonces por marinos extranjeros y estima que por el río Negro se podrá comerciar directamente con Chile y Mendoza. Los conceptos salientes de esta memoria en lo que se refiere a la línea del río Negro, serán citados un siglo más tarde en el mensaje que el presidente Nicolás Avellaneda envió al Congreso (1878) proponiendo la iniciación de la conquista definitiva del desierto.73 En su destino altoperuano, en el que permanecerá hasta su fallecimiento ocurrido en 1809, Viedma demostrará nuevamente su capacidad administrativa, su inteligencia y su integridad. Como gobernador intendente difundió la instrucción pública y se ocupó con especial celo de defender a las comunidades indígenas. Fruto de su conocimiento de las regiones que gobernaba son dos trabajos notables: Descripción y estado de las reducciones de los indios chiriguanos y Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz. En su testamento dejó todas sus posesiones a un instituto dedicado a la educación de niños pobres74. Los establecimientos patagónicos, no recibieron el apoyo del virrey Vértiz, quien envió en 1783 una nota al ministro Gálvez indicando los inconvenientes y gastos que los establecimientos del Sur ocasionaban al erario real y su falta de utilidades. Destacó asimismo las desventajas del clima, la falta de buenos puertos, las mareas demasiado amplias, y en el caso del río Negro, la dificultad de atravesar su barra. El gobierno de Madrid, abrumado por la guerra que libraba contra Inglaterra y por las secuelas de la sublevación de Tupac Amarú en el virreinato peruano, ordenó que se abandonaran los puertos de San Julián, Deseado y San José. El Carmen subsistiría rebajado a la categoría
BIEDMA, José Juan. Crónica histórica, op. cit., pág. 152. Más datos sobre el piloto Villarino, en H. D. Rey, op. cit, pág. 59/61. 73 Esta Memoria ha sido publicada en la ya citada Crónica histórica de José Juan Biedma. 74 LYNCH, John. Administración colonial española. Buenos Aires, EUDEBA, passim.
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de puesto militar. El marqués de Loreto, advirtió el peligro que entrañaba dicha orden: en 1791, cuando desde la metrópolis se consideró la conveniencia de mantener las instalaciones, San José y Puerto Deseado subsistían precariamente pero San Julián ya había sido abandonado75. La población del Carmen había demostrado en cambio su arraigo en el suelo y su capacidad de sobrevivir. Todo ello a pesar de que el sucesor de Viedma, el comandante de la Piedra, se empeñó en realizar una expedición militar contra las indiadas al norte del río Colorado (1781) que terminó trágicamente: de la Piedra, el piloto Villarino y más de 30 soldados fueron muertos por los indios. El resto quedó prisionero y fue canjeado en el Fuerte por los mismos indígenas como prenda de paz. Además de las pérdidas humanas, el Carmen sufrió la de 700 caballos que partieron con la columna y dejaron al Fuerte sin ganado para las tareas agrícola - ganaderas76. Los maragatos subsistían gracias a los cultivos de cereales y hortalizas realizados en las márgenes del río. Cerdos y ovejas habían llegado desde Buenos Aires, y los indios amigos proporcionaban el ganado vacuno y caballar. La sal de los yacimientos próximos al Fuerte se utilizaba para fabricar unos muy acreditados jamones. Existía asimismo un importante intercambio con los indígenas: ellos apreciaban el aguardiente, la bayeta, el tabaco y de azúcar que vendían los cristianos y les entregaban en pago pieles de guanaco, zorrino, liebre y zorro, cueros vacunos y plumas de avestruces. Este comercio se mantuvo hasta fines del siglo XIX77. La comunicación con Buenos Aires se realizaba por vía marítima en viajes que duraban un par de semanas. La vía terrestre era casi intransitable debido a la falta de aguadas en la travesía del llamado “país del diablo”, al Norte del río Colorado. Prácticamente aislada del resto del Virreinato, la población del Carmen había acentuado su individualismo y su capacidad de autodefensa. Desde 1782 se había establecido una Guardia en San Javier, sobre la margen Sur, para preservarla de los malones y avanzar la frontera agropecuaria. Consistía en cuatro baluartes artillados con dos cañones. En la margen Norte se ubicó durante unos pocos años la Guardia de la Barranca. El Fuerte era además residencia forzada de delincuentes enviados desde otras ciudades, por lo que las evasiones de presos y la deserción del personal militar eran frecuentes. Ante la decisión del comandante de prohibir a la población civil ausentarse del pueblo sin darle aviso, una mujer, Gerónima Crespo, protesta ante el virrey y obtiene justicia78. Sin duda no se trata de un rasgo aislado el de esta señora que responde más bien a una actitud colectiva que defiende sus derechos y no tolera abusos de los gobernantes. Actitud propia de aquellos pobladores que habían sobrevivido en los primeros tiempos cavando cuevas en las laderas del Fuerte a falta de viviendas más adecuadas. En 1809 llegaba al río Negro un desterrado famoso: el ex alcalde de Buenos Aires Martín de Alzaga que se había amotinado contra el virrey Liniers. Alzaga y otros cabecillas de la asonada del 1º de enero de 1809, fueron rescatados por el gobernador de Montevideo, Javier de Elío, que envió una embarcación a buscarlos. Durante los primeros años de vida independiente, otros desterrados realistas lograron que la población del Carmen se opusiera al movimiento de Mayo, no acatando 1a autoridad de la Junta sino la del gobernador Elío, hasta la caída de Montevideo. A fines de 1814 la población fue recuperada por las fuerzas patriotas. Era un gesto
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REY, H. D. Historia de Río Negro, op. cit, pág. 60. GARCIA ENCISO, Isaías José. La gesta de Patagones. Buenos Aires, EUDEBA, 1972, pág. 19. 77 Carmen de Patagones y su historia, op. cit., pág. 12/14. 78 GARCIA ENCISO, op. cit., pág. 21.

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indispensable para reafirmar el dominio de esa lejana frontera sur de las Provincias Unidas. Pero la identificación de los maragatos con el ideario revolucionario y su aceptación de las nuevas autoridades políticas de las Provincias Unidas tardaron algunos años en producirse. Durante este lapso, varias sublevaciones y motines perturbaron la pacífica vida de los pobladores del Carmen79. En 1822, el teniente coronel Ambrosio Crámer fue encargado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires de efectuar un reconocimiento en los campos del Sur, recuerda en sus Recomendaciones del Fuerte de El Carmen, que los primeros pobladores de esta localidad vivieron en cuevas cavadas en la barranca, pero que poco a poco fueron edificando casas dispuestas generalmente sin orden, chicas e incómodas, pero sanas. Un nuevo barrio se había construido a dos cuadras del Fuerte, y en la margen Sur (actual Viedma), había una docena de casas expuestas a dos o tres inundaciones anuales que forzaban a sus habitantes a refugiarse en los parajes altos o en los botes80. El gobierno de la provincia de Buenos Aires, que se había constituido luego de la derrota del Directorio en 1820, había incluido a Patagones, al litoral atlántico hasta la Tierra del Fuego y a las Islas Malvinas, dentro de su jurisdicción. Fue sólo a partir de la administración de Martín Rodríguez cuando los pueblos dispersos en la campaña bonaerense y especialmente los que se encontraban, como El Carmen, en áreas de frontera, empezaron a conocer las ventajas de integrar un gobierno independiente. En efecto, el comandante militar, José Gabriel Oyuela, designado por Rodríguez, recibe instrucciones de “desvanecer con su prudencia y con la conducta honrada que absorbe, las fuertes impresiones que han dejado en aquellos habitantes los jefes que anteriormente han desempeñado igual cargo”. El nuevo funcionario levanta un censo de población que arroja 471 habitantes (un incremento de 291 personas con relación a las 180 registradas en 1783). Hay mayoría de varones, como ocurre inevitablemente en la frontera, y los nacimientos son escasos, sólo se han registrado cinco en el año anterior mientras que hubo 20 fallecimientos. En cuanto a la existencia ce ganado, se estima en 4000 cabezas la de los alrededores del Fuerte y 200.000 en un radio de 20 leguas. La búsqueda de información es acompañada por la reforma administrativa. Deben separarse las funciones del comandante militar de las de alcalde, juez de paz y jefe de policía. Los vecinos son invitados a designar al nuevo funcionario y el cargo recae en un maragato prestigioso, Juan José Rial, que tendrá facultades para elegir a su lugarteniente en la banda Sur. A este período fecundo corresponde la fundación de la primera escuela pública en Patagones que funcionó en una sala del Fuerte. Tres vecinos debían velar por sus necesidades. Se gestionó además en Buenos Aires el envío de útiles de labranza y de semillas; se solicitó protección aduanera al gobierno para los productos locales aunque sólo se logró para la sal; se reorganizó el servicio de prácticos del río; se reglamentó la pesca y la caza marina una actividad muy lucrativa que monopolizaban los extranjeros; se establecieron buenas relaciones con los caciques locales y se intentó con recursos pacíficos avanzar la frontera agropecuaria especialmente en dirección a Bahía San Blas. Por último, con motivo de la organización en Buenos Aires de la Junta de Representantes de la provincia, Patagones designó delegado suyo al comerciante José
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Véase para la primera década revolucionaria, el trabajo Toma del Fuerte de Patagones por las fuerzas de la patria. Museo Histórico Regional Municipal Francisco de Viedma. Carmen de Patagones, 1964. 80 CRAMER, Ambrosio. Reconocimiento del Fuerte del Carmen del Río Negro y de los puntos adyacentes de la costa patagónica (En Colección Pedro de Angelis, Buenos Aires, Plus Ultra, 1972, t. VIII, vol. B, pág. 1151).

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M. Roxas y Patrón, figura destacada del grupo económico que lideraba Juan Manuel de Rosas y que se hallaba vinculado al negocio de los saladeros81. Tales progresos justifican que el alcalde Rial se dirija al gobierno en los siguiente términos: “este vecindario se felicita muy mucho de hallar en V.E. los más positivos deseos de protegerlo y fomentarlo, y sus miembros, que no han participado hasta ahora de las dulzuras de nuestra independencia, comienzan a disfrutarla y en breve tendremos el honor de anunciar al país las mejoras que nos proponemos”. Poco tiempo faltaba para que Carmen de Patagones tuviera la oportunidad de incorporarse por la puerta grande del heroísmo a la historia nacional en un episodio bélico que constituye también la inauguración de la historia patagónica con signo argentino.

LA GESTA DE PATAGONES82
Al iniciarse la guerra entre las Provincias Unidas y el Imperio de Brasil (1825) se modificó la importancia estratégica del Fuerte del río Negro. Debido al bloqueo del puerto de Buenos Aires por la escuadra imperial, el Carmen se convirtió en el único puerto atlántico accesible para los buques con bandera argentina. La mayoría de estas naves eran corsarias, comandadas por marinos extranjeros que habían puesto su audacia y sus aptitudes navales al servicio de las armas republicanas. En diciembre de 1825 un buque de guerra brasileño entró en el río Negro en persecución del barco corsario Lavalleja, que había capturado varias presas actuando con patente de la provincia oriental. El golpe de mano que intentaron los marinos imperiales fue impedido por la guarnición local. Durante todo 1826 se temió en el Fuerte un ataque brasileño. El comandante Lacarra fue advertido desde Buenos Aires pero no recibió auxilios materiales concretos: el gobierno concentraba sus recursos guerreros en la Banda Oriental donde se librarían acciones decisivas. Lacarra tenía motivos para temer la indiferencia de la población en caso de guerra, ya que sin duda la composición social del Carmen era inquietante: había en la población, además de aquellos asturianos, gallegos y maragatos venidos en 1779 y de sus descendientes, más de tres centenares de negros libertos, la mayoría de los cuales acababa de ser rescatados por el corsario Lavalleja de un buque brasileño dedicado al tráfico de esclavos. Ingleses, escoses y franceses dedicados al corso, tanto capitanes como marinería, ponían su nota cosmopolita en esta sociedad en la que no faltaban los indios amigos, los desertores y ex presidiarios y el pequeño grupo de gauchos encabezados por el baqueano José Luís Molina, de muy dudosa reputación en la frontera. El alto mando naval brasileño estaba dispuesto a destruir el refugio de Patagones que utilizaban los corsarios. Proyectaba también sublevar a las tribus de las orillas del río Negro y de la pampa bonaerense a fin de atrapar a la capital de las Provincias Unidas entre dos fuegos. Tal es la interpretación que I. J. García Enciso propone de la invasión de 1827; otros autores suponen que el objetivo era mucho más ambicioso: establecer un asiento definitivo en el litoral de la Patagonia que hiciera factible la conquista del río de la Plata. El 25 de febrero barcos brasileños con una capacidad ofensiva muy superior a las
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GARCIA ENCISO. op. cit. pág. 26/28. Así es denominado el libro ya citado de Isaías José García Enciso del cual se ha tomado el presente relato.

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escasas fuerzas de la guarnición local se presentan en la boca del río y se produce el primer encuentro frente -la batería emplazada en la desembocadura, que los soldados negros defienden con valor, a pesar de lo cual, los brasileños logran penetrar en el río donde la ofensiva se paraliza por las dificultades de la navegación -el río lleva poca agua en esa época del año- y la incertidumbre de lo que ocurre en tierra firme. En el Fuerte, se decide tras largas discusiones atacar a la escuadra imperial. Cuando en la madrugada del 7 de marzo, luego del desembarco y de una larga caminata hasta el Cerro de la Caballada, los ingleses avistaron Patagones, se encontraron con que no sólo los varones estaban dispuestos al combate: viejos, mujeres y niños, ataviados con gorros colorados, se hallaban en la fortaleza dispuestos a resistir al invasor. Chacareros, artesano, hacendados y comerciantes integraban la milicia. Iniciadas las hostilidades, y herido de muerte el jefe de la expedición los invasores retrocedieron para buscar refugio en la costa del río, desde donde podrían reembarcase. Pero una formidable carga de caballería los arrolló quitándoles el recurso del agua y los metió en el monte de arbustos secos que había sido incendiado. Paralelamente los buques brasileños fueron abordados por los defensores del Carmen, lo que precipitó la rendición de los imperiales, concretada ante el subteniente Olivera, héroe de este combate, y sus oficiales de milicias, entre los que se destacaban el juez de paz Fernando Alfaro, Juan José Rial, Antonio Cabrera, Benito Vázquez y el baqueano Molina. En el río, el comandante Bynon seguido por los capitanes corsarios Jaime Harris, Soulín y Dautant ocupan, con tropa republicana, los barcos enemigos. La invasión concluyó con la pérdida total de la fuerza brasileña y la toma de más de medio millar de prisioneros de guerra, así como tres naves, que pasaron a manos de los republicanos y realizaron a partir de entonces una intensa campaña de corso bajo bandera de las Provincias Unidas. “Yo creó que desde Maratón acá no se ha visto una jornada más gloriosa”, escribió Ambrosio Mitre en la edición de marzo de El Mensajero Argentino. Pero el país, en vísperas de sumirse en una nueva guerra civil, prestó escasa atención a la hazaña y a su hondo significado histórico. “Pues la batalla de Patagones -a-firma Miguel Ángel Scenna- marcó la inauguración de una historia patagónica con signo argentino. Por primera vez gente de la Patagonia protagonizaba un hecho vinculado a los intereses, a los objetivos y a la causa nacional. Presidio, puerto de arribada forzosa, fortín desolado, Carmen de Patagones hacía ahora ingresar gloriosamente a la historia patria a esa enorme región de la cual era puerta natural y custodia avanzada”83. García Enciso, por su parte, consigna que la gesta “pertenece por igual a ambas márgenes rionegrinas. En las dos riberas se realizaron acciones de guerra y por igual, los vecinos afincados en el Norte y en el Sur concurrieron con sus esfuerzos y con su sangre a defender el suelo argentino allí donde fue hollado”84. Dos banderas ganadas en esta épica jornada se guardan todavía hoy en la iglesia de Carmen de Patagones.

DOS NATURALISTAS EN PATAGONES
Después de la victoria, el Carmen se sumió en uno de sus característicos conflictos en torno al ejercicio de la autoridad. Sin duda sin el consentimiento de la población era imposible gobernar y entre los maragatos el rendimiento de cuentas que
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SCENNA, Miguel Angel. Carmen de Patagones, la invencible. (En: Todo es Historia, Buenos Aires abril de 1968, pág. 85. 84 GARCIA ENCISO, op. cit., pág. 122.

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se exigía a las autoridades y el afán de participar en las altas decisiones políticas empezaba a formar parte de las tradiciones locales. Desde el punto de vista económico, la década de 1820 había sido de prosperidad y crecimiento. Se habían concretado buenos negocios con los indios, que vendían ganado probablemente robado en las estancias de la línea del Salado, y con la presencia de buques corsarios en la boca del río Negro, creció el comercio y se construyeron viviendas. Aparecieron en casa de los maragatos buenos muebles, pianos, porcelanas; la gente dejó el traje de los campesinos españoles que había usado hasta entonces y se vistió a la europea. Los capitanes de los buques gastaban mucho dinero en tierras. Hombres de mar se afincaron definitivamente en el Carmen y se dedicaron a las tareas rurales. Pero cuando cesó la guerra con Brasil, a mediados de 1828, terminó la prosperidad. La guerra civil dividía nuevamente a las Provincias Unidas y para la zona de frontera esto significaba la reaparición de los malones. Los avances de los hacendados en dirección a la Bahía San Blas se interrumpieron. No por eso Patagones dejó su papel de emporio comercial para los intercambios pacíficos con los indios. Un testigo privilegiado de esos años, Alcides D'Orbigny, naturalista francés que en 1829 visitó las márgenes del río Negro y realizó estudios de la flora, la fauna y la geología de la región, escribe al respecto: “Habían conocido el lujo y una serie de necesidades que antes les eran extrañas, lo que les hacía aún más difícil la vida. Ricos en 1810, abatidos por las exacciones de los comandantes hasta 1816, desde entonces prosperaron poco a poco por la compra de ganado a los indios hasta llegar a ser opulentos en 1828, cayeron de nuevo en la miseria en 1829. En esta última época, la situación de Carmen era de lo más crítica, y el escaso sostén que Buenos Aires da a ese establecimiento, hace temer que no pueda mantenerse mucho tiempo, y que vuelva a caer, un día, en poder de los salvajes. Tal es el estado en que dejé Carmen al abandonarla, dichoso yo mismo de poder salir sano y salvo”.85 D'Orbigny se ufana de dar la primera información sobre el único establecimiento que subsistía en la costa de la Patagonia a 41° de latitud austral. Relata la historia del lugar y enumera sus características geográficas, el frío de las noches, la sequía propia del suelo de la Patagonia. “Todas esas condiciones -afirma- hacen de Carmen, sin embargo, la región más sana del mundo”. En esa tierra seca, fría y ventosa los colonos han hecho desaparecer, sobre todo junto a Carmen, los árboles indígenas, para reemplazarlos con manzanos, durazneros, cerezos, higueras y viñas. D'Orbigny supone que los cultivos de trigo podrían suplir la necesidad de importar harina norteamericana. La tierra, todavía virgen, aventajaría en esto a las tierras de Europa. El estudioso francés, calcula que anualmente se exportan a Buenos Aires y provincias ribereñas del Paraná, sur del Brasil y Banda Oriental, de ochocientas a mil toneladas de sal recogida en salinas naturales, sobre todo la de Andrés Paz. D'Orbigny observa que residen temporariamente en los alrededores del Fuerte los aucas de las pampas y los patagones o tehuelches. Traen los productos de su propio trabajo o de lo que han robado en otras regiones, de la cacería dé animales salvajes, y los cambian por tabaco, alcohol o chucherías. Traen también los ponchos que tejen las mujeres. Patagones figura en las páginas de viaje de otro visitante ilustre, Carlos Darwin, quizá el hombre de ciencia más célebre de su siglo. Visitó el río Negro en el curso del periplo alrededor del mundo a bordo de la fragata Beagle en julio de 1833. Se interesó por la naturaleza geológica de la comarca y las diferentes capas visibles en las barrancas
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D'ORBIGNY, Alcides. Viaje a la América Meridional. Buenos Aires, Futuro tomo 3, pág. 883.

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del río. Hizo, también, referencia a la pobreza de la vegetación y pareció impresionado por las ruinas de hermosas estancias que habían sido destruidas por los indios araucanos procedentes del Sur de Chile. Como buen inglés, desdeñó la capacidad de progreso de la población local pues “estas colonias españolas no llevan en sí los elementos para un desarrollo rápido como en nuestras colonias inglesas”. Llama la atención de Darwin el espectáculo de la salina ubicada a quince millas de la ciudad: “La época del trabajo en las salinas es la del tiempo de la cosecha para Patagones pues la prosperidad de la ciudad depende de la exportación de sal. Acude entonces casi toda la población a acampar en las márgenes de la salina y transporta la sal al río en carretas tiradas por bueyes. Esta sal cristaliza en gruesos cubos y es notablemente pura”86. En el relato de Darwin el problema de los malones indígenas se menciona con frecuencia. Aunque a partir de la década de 1820 la frontera interior se había acercado a Patagones con las fundaciones de Tandil y de Bahía Blanca, la reanudación de la guerra civil estimuló los ataques de las tribus araucanas del Sur de Chile, mezcladas con bandas de bandoleros como las que acaudillaban los Pincheira. El gobernador Rosas procuró revertir esta situación y asegurar el avance de los hacendados bonaerenses mediante la expedición al desierto. En 1833, cuando Darwin visitó el Carmen, Rosas se hallaba acampado en Médano Redondo (Fortín Mercedes) junto al río Colorado. Una columna encabezada por el general Ángel Pacheco avanzó sobre las márgenes del río Negro, más allá de Patagones, hacia la confluencia del Limay y el Neuquén. No alcanzó la cordillera, pero ocupó Choele Choel, sometió a las tribus locales y rescató cautivos. Otra columna marchó hacia el Sur y en Valcheta sorprendió y venció al cacique Cayupán. Mientras Nicolás Descalzi navegaba el río Negro con una misión científica y el agrimensor Feliciano Chiclana medía y levantaba un plano desde el cuartel general del Colorado al Fuerte de El Carmen y, desde allí, a la Isla de Choele Choel87. Saldo de esta expedición al desierto fue la fundación del Fortín Mercedes sobre la orilla izquierda del río Colorado, que completó la frontera de Patagones. El sistema establecido por Rosas para mantener la paz con las tolderías consistía en la entrega de sueldos militares y regalos a los indígenas, a cambio de la fidelidad. De este modo se mantenía una paz bastante precaria: las tribus se fortalecían y organizaban más allá de la línea fronteriza. En el ámbito urbano del Carmen los progresos fueron escasos de 1835 a 1852. La generosidad del acaudalado vecino Bernardo Bartrouille, uno de los primeros pobladores del Fuerte, al que arribó en 1780, permitió construir una iglesia que reemplazó a la ruinosa capilla que había adentro del recinto de la fortaleza. Con el propósito de fundar una escuela de niñas, Bartrouille, donó una casa con sus muebles y colaboró para que se organizara la escuela de varones88. La batalla de Caseros inaugura una nueva etapa en la historia de la provincia y en su lejana frontera Sur. El gobierno provisorio de Vicente López y Planes (1852) designa nuevas autoridades. Los nombramientos recaen en dos acérrimos opositores a Rosas: el juez de paz es Manuel Alvarez, que ha estado preso durante el gobierno del restaurador y es buen conocedor de las necesidades de la región, a la que había llegado como comerciante en la década del veinte. Comandante del Fuerte es el marino Francisco
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DARWIN, Charles. Un naturalista en el Plata. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1977, pág. 33. 87 REY, H. D. Historia de Río Negro, op. cit., pág. 71. 88 NOZZI, J. Emma. Carmen de Patagones y su proceso educativo. Museo Histórico Regional Municipal de Patagones, 1971, publicación Nº 7, pág. 22.

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Fourmantín (a) Bivois, nativo de Burdeos, radicado también en El Carmen hasta que su enemistad con Rosas lo lleva a exiliarse en la República Oriental. Su jurisdicción se extendía desde las márgenes del río Colorado hasta el confín de la Patagonia y desde el Atlántico hasta las tolderías89. El censo levantado por Alvarez, tanto en la margen Norte como en la Sur, indica que hay 1708 habitantes. Se han edificado ciento sesenta fincas urbanas cubiertas de techos de barro y cercadas con chañares que se agrupan en la ladera de la barranca. Los más pobres, incapaces de edificar el solar que entonces se regalaba, habitaban todavía las legendarias cuevas. La población recuerda sus hazañas: una modesta pirámide de piedra erguida frente al Fuerte conmemora el combate del Cerro de la Caballada. La educación pública es una de las prioridades de la nueva administración: la Primera Comisión Municipal Maragata (1854) invita al pueblo a fomentar su escuela primaria. Gestiona en Buenos Aires, y logra, que la Sociedad de Beneficencia encargada de la educación de las niñas- funde un establecimiento en Patagones, cuya primera inspectora es Marcelina Rial de Alvarez, esposa de uno de los milicianos del Cerro de la Caballada. La Comisión Municipal se interesa por la población de la banda Sur, donde el censo había señalado 30 casas. Era la parte de la ribera netamente dedicada a labores agrícolas pero integradas a la población de Patagones. Hacia 1856 se decide levantar allí una capilla colocada bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes. La banda Sur empieza entonces a denominarse pueblo de Mercedes o Mercedes de Patagones según puede leerse en el Archivo de Tierras (1859). Este “Pueblo del Sur” recibe una delineación nueva y los vecinos se ocupan de legalizar la propiedad de los solares sobre los cuales tenían construidas sus casas. Para alfabetizar a sus hijos, los vecinos de Mercedes de Patagones debían enviarlos durante la temporada escolar a la banda Norte. En 1856, según unas fuentes, y en 1860, de acuerdo con otras, empieza a funcionar una escuela en el Pueblo del Sur. En 1865 llega a Mercedes el Doctor Jorge Humble como Pastor de la Misión Protestante, fundada tres años antes. Humble fue además médico, dentista, boticario y vacunador. La Misión del “Doctor inglés” fue descripta por Guillermo Enrique Hudson en su obra Días de ocio en la Patagonia, porque el destacado escritor fue paciente de Humble a raíz de un accidente de caza90. Las preocupaciones educativas no atenuaban el interés prioritario por avanzar sobre la frontera. Para los maragatos, esto representaba dirigirse hacia el Norte y el Oeste: el Sur estaba resguardado por indios amigos de cultura tehuelche. Lo más acuciante era asegurar la línea del Oeste, donde había tierras excelentes para formar chacras y estancias. Correspondía a la comandancia militar defender el centro urbano, además de las estancias, las salinas y sementeras, pero la población -a través de la institución municipal- intervenía con frecuencia en estos asuntos. Desde 1855, los vecinos reclamaban que se colocase en la Guardia San Javier (margen Sur) un destacamento de 25 soldados y que se establecieran guardias en la China Muerta que era el bichadero o punto de observación natural de una extensa zona de valle. En la margen Norte era preciso fortificar la Boca de la Travesía, paraje por el que entraban las indiadas invasores y que estaba a 24 leguas de la fortaleza. El comandante, designado en 1862, coronel Julián Murga, dispuso que se estableciera un fortín en la orilla Norte, denominado Guardia Nueva, Fortín China Muerta o Guardia General Mitre. En definitiva la población llevará este último nombre en honor al
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SANCHEZ CESCHI, Eduardo A. Crónica histórica de Carmen de Patagones, entre los años 1852/1855. Buenos Aires, Tor, 1938, pág. 22 y ss. 90 NOZZI, J. Emma. Carmen de Patagones y su proceso educativo, op. cit., págs. 26/32.

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entonces presidente de la República, que había pasado su infancia en Patagones. Entre 1881 y 1946 esta población, que forma parte del actual Distrito Federal llevó el nombre de Coronel Pringles. Paulatinamente se construyeron las fortificaciones y viviendas. Soldados con sus familias se instalaron en el nuevo pueblo. El propio comandante Murga solicitó suertes de campo. Otro tanto hicieron algunos suizos e ingleses interesados en la cría de lanares, que eran el mejor negocio pecuario de la época. Hubo, incluso, intentos de irrigar muchas leguas y se trajeron a ese efecto peones sanjuaninos. Se estableció también un servicio de balsa y en 1878, el mismo año en que Guardia General Mitre dejó de pertenecer a la provincia de Buenos Aires para integrar la gobernación de la Patagonia, se abrió la primera escuelita91. Entre tanto la paz en la frontera se aseguraba mediante tratados con los indios amigos: en 1863 los caciques Huincawal y Chagallo Chico se comprometieron a auxiliar al gobierno nacional en caso de que éste se decidiera a explorar el río Negro. Ambos dejaban un hijo, con sueldo militar en Patagones, a modo de rehén. El gobierno se comprometía a abastecerlos de “vicios” y vestirles 50 indios de sus respectivas tribus. El sistema demostró su solidez cuando varios caciques rechazaron la propuesta de Calfucurá para destruir el Carmen. Si se arrasaba este pueblo, ¿dónde encontrarían otro lugar similar donde comerciar azúcar, tabaco y alcohol a cambio de sus productos? El problema era que las tierras que ocupaban los indios amigos eran también codiciadas por los extranjeros. Tal era la situación en San Javier, sobre la margen izquierda del río Negro92. Por entonces, Patagones exportaba cueros secos de lobo marino, de guanaco, plumas de avestruz, afrecho, cebada, varas de sauce, estacas, sal, carne salada, jamones, quesos, quillangos y una que otra damajuana de guindado maragato. La instalación del saladero de Andrés Aguirre y Domingo Murga atraía la mano de obra de la juventud local. Expertos en esta industria vinieron desde Buenos Aires. Mejoraba la construcción de casas y algunas ostentaban balcones de hierro o de madera. Había iniciativas de colonizar mediante familias italianas, que se instalaron en Cubanea; o galesas, que se ubicaron en Boca de la Travesía93. La conquista definitiva del desierto era cuestión de tiempo. Pero el gobierno, complicado con la guerra del Paraguay, no pudo llevar la frontera al río Negro como estipulaba la ley del Congreso Nacional aprobada en 1867. La ocupación de la Isla de Choele Choel (1869) debió abandonarse porque Calfucurá, el cacique de Salinas Grandes reclamó contra ese atropello a sus intereses. La instalación de Fortín Conesa (1869) debía asegurar la colonización de Boca de la Travesía. En los primeros años de la década del setenta se construyeron otros fortines sobre 'la rastrillada al Colorado y Bahía Blanca: Primeros Pozos y Conciliación, a escasos kilómetros de Patagones; Fortín Segundos Pozos más adelante94. Una visión del Carmen en 1870 la ofrece el admirable relato de George Chaworth Musters, Vida entre los Patagones, producto de un año de excursiones en compañía de los tehuelches entre el Estrecho de Magallanes y el río Negro. En la parte final de su periplo Musters, llegó a El Carmen, luego de la extenuante travesía del Bajo del Gualichú - Valcheta, peligrosa tanto para los viajeros como para los animales, por la falta de agua potable. Era en cierto modo una defensa natural por la parte Sur del Fuerte
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NOZZI, J. Emma. Carmen de Patagones y la Guardia General Mitre. Patagones, Museo Histórico Regional Municipal Francisco de Viedma, 1962. 92 NOZZI, J. Emma. Carmen de Patagones y la fundación de Fortín Conesa, Patagones, Museo Histórico Regional Francisco de Viedma, 1969, pág. 15. 93 Ibid, pág. 20. 94 lbid, pág. 245.

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del río Negro. Vio las casas de adobe y de ladrillo de Guardia Mitre, casi todas ellas pulperías o almacenes destinados al tráfico con los indios; pasó por San Javier, donde estaba el cuartel general de los indios mansos de Linares, y entró en Patagones, que le pareció bastante imponente porque el Fuerte y los edificios de la orilla norte se hallaban sobre una eminencia, mientras que en la orilla sur la iglesia inconclusa y la estación misionera inglesa eran las construcciones más importantes. Pero el suburbio nuevo de Mercedes crecerá rápidamente a juzgar por la cantidad de ladrillos apilados y por los numerosos terrenos destinados a futuras casas. La nueva iglesia de la Merced rivalizaba con la del Carmen en la banda norte. Las clases sociales estaban, según Musters, muy diferenciadas entre los descendientes de los primeros colonos españoles, los inmigrantes extranjeros más recientes, los negros y los presidiarios. Los maragatos, celosamente excluyentes en lo que se refiere a la mezcla de sangre, estaban tan estrechamente unidos por matrimonios entre ellos, que, prácticamente formaban una sola familia, en la que casi, cada miembro era un Crespo o un Rial. En cuanto a los extranjeros, la mayoría eran italianos y vascos españoles además de unos cuantos franceses, ingleses, galeses, suizos y alemanes. Los negros, muy apegados a sus tradiciones, habitaban un mismo barrio; su número había disminuido debido a las levas y a la peste de viruelas. La existencia dé presidiarios, desertores del ejército, ladrones y bribones de toda clase, era otra de las realidades de esta población de frontera en las que “no hay realmente un hombre pobre, salvo, por supuesto, que deba eso a su propia holgazanería o al vicio de la bebida y en la que hay gran demanda de trabajo a altos precios y la vida es barata”95. Más allá de estos comentarios y de la invalorable visión de los tehuelches en los últimos años de su vagabundeo por las mesetas del Sur, el libro de Musters, lo mismo que el del Padre Falkner un siglo atrás, es una velada advertencia para las autoridades argentinas. Iniciada la segunda revolución industrial, ya no cabían en el mundo los grandes espacios vacíos. Las potencias imperialistas estaban al acecho de nuevos mercados y los relatos de viajes encendían su imaginación y su apetito de conquista. La Patagonia entraba precisamente dentro de la temible categoría de espacio vacío pese a los tímidos esfuerzos del Gobierno nacional para ocupar sus costas, que sólo habían prosperado en el río Negro, en las colonias galesas de Chubut y en los establecimientos fundados por Luís Piedra Buena en el río Santa Cruz y en la isla de los Estados96.

LUIS PIEDRA BUENA
La historia de este marino nativo de Patagones es otro capítulo ejemplar de la contribución del pueblo maragato a la formación de la Nación Argentina, en este caso a través del fortalecimiento de su conciencia marítima. Paralelamente a la expansión de la frontera agropecuaria de Patagones, Luís Piedra Buena (1833-1883) llevó a cabo una obra fecunda en el litoral austral argentino. Nacido en El Carmen, Piedra Buena fue marino desde su primera infancia, cuando improvisaba embarcaciones para navegar por el río Negro rumbo a su desembocadura. La casa paterna estaba al pie del barranco, a escasos metros del muelle. El puerto tenía
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MUSTERS, George Chaworth. Vida entre los Patagones. Buenos Aires, So-lar/Hachette, 1979, pág. 360 y ss. 96 En este período Antoine Orellie, el aventurero francés que pretendió coronarse rey de la Patagonia anduvo por Carmen de Patagones. Así lo afirma Francisco Pita, Remembranzas; contribución a la historia de Mercedes. Viedma, Carmen de Patagones y su región desde 1835 a 1890. Buenos Aires, 1928.

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entonces un tráfico intenso: balleneros y loberos recalaban allí en el curso de sus campañas; barcos que hacían el tráfico con Buenos Aires llevando cueros y sal; puerto de escala para los veleros que efectuaban el trayecto a Malvinas. A los 14 años Piedra Buena ya había construido un pequeño cúter y forzado por sí solo la temible barra del río. Sus padres, Miguel, de origen santafesino, y Vicenta Rodríguez, maragata, no se opusieron a su vocación y aceptaron el ofrecimiento del capitán de una ballenera norteamericana, W. H. Smiley, para navegar en la John Davison. Luís tuvo entonces oportunidad de llegar a la Antártida y de especializarse en la cacería de lobos de dos pelos, una de las pieles más apreciadas. También visitó las Islas Malvinas. Aprendió a sobrevivir en los témpanos alimentándose con carne de foca y de aves marinas y supo rescatar náufragos en la costa de la Isla de los Estados, escenario de otras futuras hazañas. Por su habilidad fue designado segundo oficial y muy pronto primer oficial, además de completar sus estudios náuticos en una escuela de Estados Unidos. Regresó al Sur como comandante de La Manuelita, propiedad de Smiley, y prosiguió la cacería de lobos y ballenas en la costa patagónica, Tierra del Fuego, Isla de los Estados y Malvinas. Se transformó así en figura clave para el conocimiento de nuestro litoral austral. En 1859 iza la bandera nacional en una isla cercana a la desembocadura del río Santa Cruz y la hace saludar por indígenas tehuelches. También deja allí un establecimiento que sirve a los intercambios con los aborígenes, que realiza como emprendimiento particular, sin apoyo oficial, pese al interés político de la iniciativa. Chile había fundado en 1843 la ciudad de Punta Arenas sobre el Estrecho de Magallanes. La Argentina no se había ocupado de su lejano Sur y vivía de espaldas al mar, pensando únicamente en la riqueza de sus pampas. “El comandante Piedra Buena comprendió en cambio, como ninguno, qué significaría para nuestra Patria en el futuro, navegar su mar, conocer su mar, ganar su mar”. Lo preocupaban tanto los problemas de la soberanía, como el hecho de que la riqueza ictícola de los mares australes quedara en poder de los extranjeros. “El extremo Sur de Tierra del Fuego era especialmente un lugar de cita de buques de todas las banderas, una suerte de “tierra de nadie” expuesta a cualquier rapiña. Paso obligado entre el Atlántico y el Pacífico, toda esa zona tenía, de hecho, una especie de “status” internacional donde el inglés era la lengua más común”. En 1863, ya dueño de su propio barco, el Paylebot Nancy, Piedra Buena graba sobre un acantilado del Cabo de Hornos: “Aquí termina el dominio de la República Argentina. En la Isla de los Estados -puerto Cook- se socorre a los náufragos”. En efecto, el marino maragato había convertido a la áspera isla en un refugio para los náufragos de los barcos que hacían la carrera de los pasos australes, único medio de alcanzar el Pacífico, antes de la construcción del Canal de Panamá. Interesado en asegurar la soberanía argentina en la región austral, amenazada por la ocupación chilena del Estrecho, Piedra Buena logró la colaboración de tribus tehuelches, e Inició gestiones ante el gobierno nacional. Por iniciativa de Piedra Buena, el cacique Casimiro Biguá, que señoreaba las tribus de Bahía San Gregorio sobre Magallanes fue invitado a entrevistarse en Buenos Aires con el general Mitre presidente de la República; quien le otorgó el título de cacique general de San Gregorio; a Piedra Buena le concedió el grado de capitán sin opción a sueldo. Ya en el Sur, Casimiro visitó Punta Arenas y se presentó como jefe principal de la costa patagónica argentina, negándose a depender de las autoridades chilenas. El proyecto de levantar una población permanente argentina, en San Gregorio fracasó debido a la guerra del Paraguay. Piedra Buena logró también que por Ley del Congreso (1868) le fueran otorgadas

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en propiedad las Islas Pavón (Santa Cruz) y de los Estados. Con su familia residió temporariamente en Punta Arenas, soportando la hostilidad de los gobernantes locales por su negativa a colaborar con Chile en el poblamiento de la zona de Río Gallegos y San Sebastián. Las presiones lo obligaron a abandonar la casilla que había levantado por cuenta propia en San Gregorio. Este fracaso le hizo escribir: “Si yo tuviera del gobierno instrucciones por escrito, en vez de verbales, y si por este motivo no temiera incidentes que pudieran sobrevenir, que tal vez me acarrearían reproches, no sería yo ni mis patagones los que abandonaríamos la Bahía de San Gregorio sin lograr nuestro intento”. Pero las autoridades argentinas, en este caso, el presidente Sarmiento, le recomendaron prudencia para que no se generaran incidentes en la región. Cuando en 1875 se planteó con crudeza el problema de los límites con Chile, Piedra Buena se convirtió en el auxiliar indispensable del gobierno argentino. Félix Frías, representante de nuestro país en Santiago, solicitó su presencia para que le aportara datos indispensables sobre la Patagonia. El reconocimiento de su país llegó cuando el marino se encontraba arruinado. En más de una oportunidad el negocio de la pesca o del aceite había fracasado, debido a la necesidad de salvar náufragos. Esta constante actitud humanista le valió que la reina Victoria de Inglaterra y el emperador Guillermo de Alemania le otorgaran recompensas honoríficas por haber rescatado a compatriotas suyos. Murió en 1883, luego de haber prestado importantes servicios a su país, navegando los mares australes, fomentando la ocupación argentina de la zona del Estrecho de Magallanes y colaborando en la resolución de los conflictos limítrofes con Chile. El traslado de los restos de Piedra Buena, desde Buenos Aires, donde falleció, a su ciudad natal, ha sido dispuesto por el actual Gobierno como una manera de honrar a este, marino ejemplar cuya trayectoria está ligada con el pasado histórico del nuevo Distrito Federal97.

LA PRIMERA CAPITAL DE LA PATAGONIA
Con la campaña al desierto se cierra una etapa de la historia de las poblaciones del valle inferior del río Negro. En 1878, al formarse la. gobernación de la Patagonia, la banda Sur, Mercedes de Patagones, se convierte en cabecera de la nueva jurisdicción, mientras El Carmen, sobre la banda Norte del río Negro, queda dentro de la provincia de Buenos Aires formando su límite Sur. La gobernación de la Patagonia, creada por la Ley 954 promulgada el 11 de octubre de 1878, se extendía desde las márgenes del río Colorado, de sus nacientes hasta su intersección con el meridiano V, de allí siguiendo el meridiano nombrado hacia el Sur hasta el río Negro y desde este último hacia el Este, hasta su desembocadura. El límite meridional de esta nueva jurisdicción se colocaba en la Tierra del Fuego.98 Esta división administrativa formaba parte del plan de tomar posesión real y efectiva de la Patagonia. Este empezaba por llevar la frontera al río Negro, según había expresado el Presidente Avellaneda en el Mensaje al Congreso Nacional en el que fundamentó el proyecto de ley 947, cuyo cumplimiento determinó la ejecución de la expedición que
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La biografía de Luís Piedra Buena se debe al historiador padre Raúl A. Entraigas. Piedra Buena, caballero del mar, y fue editada por el Departamento de Estudios Históricos, Secretaría de Estado de Marina y ha sido reeditado por la Fundación Banco Provincia en 1987. Véase también el trabajo de J. Emma Nozzi. Comandante Luís Piedra Buena, su vida y su obra; 1883/1983. Museo Histórico Regional Municipal, 1983, publicación Nº 10. 98 REY, Héctor Daniel, VIDAL, Luís (coordinadores). Historia de Río Negro, Provincia de Río Negro, Secretaría de Planeamiento, 1974, pág. 142.

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encabezó el general Roca en 1879. El Mensaje elogiaba las condiciones del río Negro para sustentar en sus márgenes a numerosos pueblos capaces de ser en “poco tiempo la salvaguardia de nuestros intereses, y el centro de un nuevo y poderoso estado federal, en posesión de un camino interoceánico barato, a través de la cordillera”99. Se trataba asimismo de hacer efectiva la ley sancionada en 1867 que ordenaba llevar la frontera al río Negro y que aún no había sido cumplida. La Ley 954 designó al coronel Alvaro Barros gobernador de la Patagonia. Poco después de hacerse cargo de sus funciones el nuevo funcionario reclamaba que se instalaran comunicaciones regulares con la capital, porque el aislamiento era el obstáculo más serio que afrontaba la administración del vasto territorio patagónico, unos 800.000 kilómetros cuadrados en total, donde los únicos centros urbanos fuera de Mercedes y de su área de influencia eran las colonias galesas del Chubut y el establecimiento de la isla Pavón (Santa Cruz). Desde enero de 1879 funcionaron en Mercedes de Patagones las autoridades municipales. Por decreto del 4 de julio de ese mismo año se cambió el nombre de la capital por el de Viedma. Era una forma de rendir homenaje al fundador del establecimiento del Río Negro, Francisco de Viedma, que un siglo atrás había advertido los elementos positivos que la naturaleza ofrecía a los asentamientos humanos en este paraje del valle inferior y la importancia estratégica de la región100. La primera capital de la Patagonia era una pequeña población, tendría unos ochocientos habitantes predominando los nativos frente a los europeos. Fuentes de carácter eclesiástico, que probablemente tienen en cuenta a la población rural, aumentan a 1500 y 2000 el número de habitantes. Fuera del núcleo urbano de Viedma, alrededor de 400 indios amigos residían en San Javier y 18 familias italianas formaban la colonización de Cubanea. Guardia Mitre, que en 1881 fue rebautizada con el nombre de Coronel Pringles, y que también había pasado a jurisdicción nacional, tenía 500 colonos ocupados en tareas agropecuarias y en el comercio.101 La condición de centro administrativo de una región tan extensa representó una buena oportunidad de crecer. Burócratas y misioneros, comerciantes y artesanos, ganaderos y agricultores pasaron por Viedma o se radicaron allí en estos primeros años de la gobernación patagónica. Eran los tiempos en que los fortines de la línea Sur se convertían en poblaciones y los hombres de armas cavaban zanjas para construir los primeros canales de riego artificial en el Alto Valle. El gobernador Barros, empeñado en solucionar el problema de las comunicaciones, exploraba la zona de San Antonio con el propósito de establecer un puerto para obviar las dificultades de la barra del río Negro que provocaba largas demoras y sólo admitía el paso de embarcaciones de poco calado. También se ocupaba Barros de gestionar en el Departamento de Justicia, Instrucción Pública y Culto la instalación de escuelas oficiales en Viedma, San Javier y Guardia Mitre iniciativa que se concretó en 1879.102 La etapa bélica de la conquista del desierto concluyó en 1885 con la rendición de los últimos caciques y el sometimiento de sus tribus a las autoridades nacionales. A partir de entonces se abre una era de progresos pacíficos para la Patagonia y de lenta y
lbid, pág. 135. TOLDO, H. A., op. cit., pág. 72. 101 Ibid, pág. 74. Más datos en H. D. Rey. La sociedad de Río Negro durante la primera presidencia de Julio A. Roca. (En Segundo Congreso de Historia Argentina y Regional. Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 1973, tomo ... pág. 269). 102 LARIA, Carlos Salvador. Acerca del origen y desarrollo de las primeras escuelas públicas del Río Negro. (En Segundo Congreso de Historia Argentina Nacional y Regional. Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1973, tomo ... pág. 12).
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difícil integración de criollos, indígenas y extranjeros. La región del valle inferior y las ciudades vecinas de Viedma y Carmen de Patagones, separadas ahora desde el punto de vista político y administrativo, atraviesan vicisitudes similares en materia económica y social debido a su marginación de los circuitos del poder y de la riqueza. Al principio, Viedma dependió estrechamente para su actividad comercial del pago que el gobierno efectuaba a los indios amigos y que éstos gastaban en la compra de comestibles, bebidas y otros artículos. Tales intercambios se habían prestado tradicionalmente a abusos de los pulperos y a éstos se deben los primeros conflictos que enfrentó Barros cuando quiso ponerles freno. En esta oportunidad el periódico local Río Negro apoyó a los comerciantes de la campaña que se sintieron afectados por la iniciativa del gobernador: la nueva capital tenía ya sus grupos de intereses muy definidos y hasta publicaciones comprometidas con uno u otro sector.103 En 1884, siendo gobernador el general Lorenzo Vintter, sucesor de Barros, la Ley de Territorios Nacionales modificó la condición de Viedma: a partir de entonces sería la capital del nuevo territorio del Río Negro mientras Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego pasaban a constituir jurisdicciones separadas. De acuerdo con el censo realizado en el 86, Viedma era el punto más habitado de Río Negro. Concentraba a la mayor parte de la población extranjera del territorio, la mayor cantidad de alfabetos, el mayor número de cabezas de ganado (300.000 aproximadamente). A pesar de esto la escasez de mano de obra era uno de los problemas crónicos de la capital rionegrina104.

EL ULTIMO CONFIN DE BUENOS AIRES
Del otro lado del río, Carmen de Patagones mantenía su condición de principal centro comercial y nudo de comunicaciones de la región del valle inferior. La provincia bonaerense no había querido perder su puerta de entrada a la Patagonia y la ley que creó la gobernación de ese nombre respetó esa justificada aspiración. La histórica ciudad del Carmen fue designada cabecera del partido de Patagones que en 1886 adquirió sus límites definitivos. La campaña al río Negro (1879) marcó el fin de una época para el antiguo Fuerte, cuyo edificio fue demolido en señal de pacificación. Al regreso de su expedición al Sur, Roca visitó Carmen de Patagones donde fue recibido por una multitud. Ese mismo año llegó a El Carmen el Padre José Fagnano, de la Congregación de los Salesianos que poco después sería designado párroco de Patagones, y a quien se debe la instalación de escuelas de varones en esta ciudad y en Viedma y de colegios de niños a cargo de las Hermanas de María Auxiliadora. Los salesianos se ocuparon de la educación en los medios urbanos y rurales y de la protección de los indígenas vencidos. A los estudiosos de esta congregación debemos excelentes trabajos sobre los tehuelches, mapuches y fueguinos después de la conquista. Pero también estos religiosos chocaron con otros inmigrantes, en muchos casos compatriotas suyos, que eran librepensadores y masones. Los conflictos entre católicos y liberales animan las páginas de la historia finisecular de Viedma y Patagones. Esta última ciudad, en mayor medida que la capital rionegrina, acusó el impacto de la lucha que en 1880 se desató entre el gobierno nacional y el gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor. El juez de paz de Patagones estaba dispuesto a seguir las órdenes
FULVI, Nilo Juan. Río Negro durante la primera presidencia del general Julio A. Roca (1880/1886), aspectos económicos. (En Segundo Congreso, op. cit., tomo ... pág. 183). 104 REY, H. D. La sociedad de Río Negro, op. cit., pág. 274.
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del gobernador de armarse contra el gobierno nacional, pero la presencia imponente del ejército lo detuvo a tiempo. El remoto confín de la provincia bonaerense era también la antigua frontera y en esta línea mandaban los soldados de Roca. En la década de 1880 lanas y frutos del país arriban a los muelles del Carmen desde las poblaciones recién fundadas a orillas del río Negro. Tropas de carros complementan las notorias deficiencias del transporte fluvial. Hay buenas oportunidades de hacer dinero y en 1884 se abre la sucursal del Banco de la Provincia de Buenos Aires que ocupa el local de la escuela fundada por Fagnano y que está actualmente siendo reconstruida por iniciativa del gobierno de la provincia de Buenos Aires y de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos. El Banco representó una nueva época en materia de crédito y suplió servicios que realizaban privadamente los capitanes de los buques que arribaban al puerto local (conducir dinero en efectivo y toda ciase de valores, hacer pagos, etc.). Pero el movimiento comercial y la llegada de nuevos habitantes no impidieron que la sociedad maragata siguiera siendo más reacia a mezclarse con los extranjeros que la viedmense. Los recién venidos, mayoritariamente italianos, eran comerciantes o artesanos, agricultores y en menor medida ganaderos. Pero no accedían al cerrado núcleo constituido por los descendientes de los primeros pobladores del Carmen105. En julio de 1889 una verdadera catástrofe sorprendió a Viedma y Patagones en pleno desarrollo. Es el fenómeno conocido como “la gran inundación”, comparable a la que destruyó la colonización incipiente de la banda Sur en 1779. “A las 11 y media de esa noche -25 de julio- empezó el derrumbe de las casas invadidas por las aguas de la calle general Roca (...); de instante en instante se oía el estruendo de un edificio que caía sobre el agua”, relata una crónica de Patagones. La inundación afectó especialmente a la zona baja de la ciudad, pero en Viedma provocó daños totales: prácticamente no quedó ningún edificio, con excepción del Colegio de los Salesianos y algunas casas vecinas. La laguna del Juncal, de 60 kilómetros de extensión y ubicada a espaldas de la ciudad, contribuyó al desastre. La administración del Territorio buscó refugio en Patagones y luego se estableció de manera provisoria en Choele Choel mientras se generaba una polémica acerca de cuál sería la capital definitiva de Río Negro. El vecindario de Patagones se dirigió entonces al Ministro del Interior solicitando su incorporación al territorio rionegrino y que se la designase capital. Esta posibilidad alarmó a otras poblaciones que, como Roca y Choele Choel, veían disminuida su zona de influencia. En Bahía Blanca también hubo oposición, aunque ciertos voceros justificaron el deseo de los maragatos de alejarse de Buenos Aires debido al abandono que sufrían de los poderes provinciales concentrados en La Plata106. El Ministerio del Interior designó una comisión especial para que resolviera la disputa y ésta, en el año 1900, luego de recorrer el valle, se inclinó porque Viedma fuera nuevamente capital rionegrina debido a sus comunicaciones relativamente fáciles con Buenos Aires y a sus ciento veintiún años de existencia. También se recomendó la irrigación de las zonas superiores del valle, obra que, financiada casi íntegramente por el Estado, se inició en 1910. Los canales se inauguraron entre 1916 y 1928. Viedma y Patagones quedaron al margen de estas grandes obras públicas, que modificaron las condiciones de producción del Alto Valle del río Negro y multiplicaron su población. La provincia de Buenos Aires, luego de la “gran inundación”, encargó al
Las ya citadas Remembranzas de Francisco Pita proporcionan datos sobro este periodo de la historia del Carmen. 106 Más datos en Bahía Blanca, una nueva provincia, op. cit, pág. 40.
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ingeniero Julio Figueroa estudiar la posibilidad de regar las tierras fiscales del partido de Patagones mediante las aguas de los ríos Colorado y Negro. Este proyecto, muy ambicioso, que inicialmente no tuvo el apoyo del ministerio de Obras Públicas de la Nación, fue encargado en 1906 por las autoridades provinciales al ingeniero Carlos Wauters, el cual propuso que, además de un dique y una toma en el río Negro, en el paraje denominado Bajada del Turco, se construyera un canal de navegación hasta el puerto San Blás. La Dirección Nacional de Irrigación le hizo varias observaciones basadas en la insuficiencia del caudal del río para servir a la vez a las obras de regadío y a la navegación107. La llegada del tren a la Patagonia limitó el área de influencia económica de Viedma y Patagones al Valle Inferior. La construcción del Ferrocarril Sur entre Bahía Blanca, Río Colorado, Choele Choel y el Alto Valle, inaugurado en 1899, sustrajo a Viedma y Patagones todo el comercio de esa región, que a partir de entonces se vinculó directamente con Bahía Blanca. A esto se sumó el desarrollo del puerto de San Antonio Oste, en el que se instalaron en los primeros años del siglo, dos importantes firmas comerciales que servían al Oeste y al Sur rionegrino. La región liderada por Viedma se redujo entonces a los departamentos de Adolfo Alsina y General Conesa y esta situación se hizo visible en los moderados progresos edilicios, demográficos, institucionales y culturales de la capital rionegrina de 1910 en adelante. Patagones en su condición de punta de rieles para la construcción del Ferrocarril del Estado”108. Bariloche, el segundo que serviría a la región pudo demorar algunos años más hasta iniciar su estancamiento. Como la otra punta de rieles del mismo Ferrocarril se encontraba en San Antonio, era forzoso cubrir los tramos intermedios en automóvil o en carro. Esto permitía cierta moderada actividad económica.

PROGRESOS Y ESTANCAMIENTO
Después de la “gran inundación” fue preciso reparar y reedificar las viviendas destruidas. Lentamente se levantaron en Viedma los primeros edificios públicos de cierta envergadura y se habilitaron servicios para la población. En 1910 ya estaban construidas la cárcel y el palacio municipal; en 1916, la casa de gobierno; en 1922, la residencia de los gobernadores; en 1927, el Banco de la Nación Argentina; en 1911 se instaló en la ciudad una oficina sucursal de Tierras, Defensa Agrícola e Inmigración. Cinco años más tarde el muelle estuvo en obra. En cuanto a la salud, la asistencia pública, inaugurada en 1913, fue el primer establecimiento oficial que atendió los enfermos. Esta responsabilidad se encontraba hasta entonces a cargo de particulares o de congregaciones religiosas; (los salesianos sostenían el Hospital San José). Por entonces la población de ambas bandas del río Negro estaba atenta al funcionamiento del transporte fluvial, marítimo y terrestre. Los vapores que en estos primeros años del siglo cumplían el cabotaje marítimo, realizaban viajes redondos una vez al mes. Este sistema de transporte se complementaba con la escuadrilla fluvial que el Estado sostuvo hasta 1910 aproximadamente, que luego quedó librada a iniciativas particulares. Galeras y carros realizaban los servicios terrestres en el territorio rionegrino y paulatinamente el automóvil se incorporó al sistema de transportes, pero su costo era tan elevado que se lo empleaba con carácter excepcional.
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ZULETA, Enrique. El riego en el partido de Patagones. Publicación realizada bajo el auspicio de la Comisión pro riego de las tierras del partido da Patagones, 1944. 108 TOLDO, op. cit. p. 145.

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Era precisamente el aislamiento lo que disminuía las posibilidades de la producción regional. En Coronel Pringles -que en 1946 retomara su antiguo nombre de Guardia Mitre- los frutales, hortalizas y forrajeras que se cultivaban en abundancia se perdían parcialmente debido a que Patagones, el mercado consumidor más próximo, tenía una producción análoga. Entre 1911 y 1920 este centro urbano, que pronto formará parte del nuevo distrito federal, fue estancándose paulatinamente. Tampoco Viedma había crecido de acuerdo con las expectativas de cuarenta años antes. Hacia 1920 tenía 5000 habitantes, casi todos en el área urbana (60% argentinos, 12% italianos, 9% españoles). Por iniciativa de un grupo de particulares se había fundado en 1917 la Escuela Normal Popular que en 1917 fue incorporada a la Escuela Normal Mixta de Bahía Blanca. Al principio, y durante los años en que no se concretaron las designaciones oficiales, los maestros trabajaron gratuitamente. Una entidad similar se fundó en 1919 en Carmen de Patagones donde la educación pública contaba en 1910 con seis escuelas solamente en la planta urbana. Había 491 alumnos en las escuelas públicas y 243 en las privadas. La dificultad de formar maestros, pues los aspirantes debían recibir su título en Bahía Blanca o en La Plata, originó el cierre de la Escuela Normal Popular en 1920 ante las perspectivas más seguras que ofrecía el establecimiento de Viedma. En realidad, las dos ciudades del Valle inferior sufrían las consecuencias de la decisión oficial que privilegió las grandes obras de regadío en el Alto Valle. Los estudios de factibilidad del riego artificial en gran escala fueron encargados al ingeniero Cippolletti durante la segunda presidencia de Roca, para considerar el aprovechamiento de las aguas de los ríos Negro, Colorado, Neuquén y Limay. En 1931 se inauguró el puente ferrocarretero que conecta a Carmen de Patagones con Viedma y se concluyeron las obras del Ferrocarril. La inauguración de esta vía de comunicaciones resultó un golpe durísimo para la economía del Valle Inferior. El puerto había dejado de funcionar debido al escaso carado del río; los proyectos de colonización y de irrigación más ambiciosos habían fracasado. La histórica ciudad del Carmen se cerró sobre sí misma, mientras Viedma languideció como capital de un territorio nacional gobernado desde Buenos Aires y cuya población sólo se manifestaba políticamente a escala municipal. En 1955, cuando el Congreso Nacional declaró provincia al territorio del río Negro, se produjo un cambio profundo en la región del Valle Inferior. Ya en 1951 y de acuerdo con la Constitución de 1949, los rionegrinos pudieron participar de los comicios para elegir presidente y vicepresidente de la Nación, pues los territorios nacionales formaban un distrito único junto con la Capital Federal y las provincias. También se dispuso entonces que los territorios eligieran delegados a la Cámara de Diputados de la Nación, a razón de uno por cada cien mil habitantes o fracción que no baje de 50.000. En 1957 se reunió la Convención Constituyente en la ciudad de Viedma, que sancionó la Constitución Provincial pero no definió cuál sería la capital de Río Negro109. El debate sobre este punto fue arduo. General Roca, Viedma y Choele Choel aspiraban a ser la sede del gobierno. Finalmente se aprobó que las autoridades continuaran residiendo en Viedma hasta que se pronunciara la próxima Legislatura. La definición se produjo en el período constitucional 1973/1976, cuando por ley Viedma se convirtió en capital de la provincia de Río Negro. Desde entonces y hasta la década de 1980 la ciudad ganó urbanísticamente en calidad y cantidad de edificios, los servicios se multiplicaron y se crearon nuevas instituciones sociales, clubes, institutos de estudios superiores y colegios de
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Ibid, págs. 127/129.

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profesionales. Viedma, que ya era sede de un obispado desde 1934, contó con el Instituto Superior del Profesorado (1963); el Centro Regional Universitario Viedma (1972); el Aeropuerto Gobernador Castello (1964). En 1961 se aprobó la Ley de creación del IDEVI -Instituto del Desarrollo del Valle Inferior del Río Negro- para la colonización y el riego artificial de dicho valle. El circuito cerrado de TV. Canal 2 funciona desde 1968 y diarios como El Provincial (1971/1975) y La Calle (1979) se sumaron a la nutrida nómina de publicaciones periódicas que han caracterizado a la capital rionegrina desde siempre110. Correspondió al primer gobernador constitucional, Edgardo Castello, nativo de Viedma, la responsabilidad de poner en funcionamiento toda la estructura institucional del nuevo Estado, de aplicar la Constitución y de organizar la justicia provincial, crear el Banco Provincia y la Caja de Previsión Social y encarar las grandes obras de sistematización de las tierras del IDEVI. La prosperidad de la nueva capital provincial contrastaba en estos últimos años con el estancamiento de Patagones. El cese del cabotaje marítimo y fluvial resultó especialmente penoso para una sociedad abierta desde sus orígenes a las empresas marineras. La pesca del cazón fue la última de las actividades relacionadas con el mar: se utilizaba el aceite de este tiburón chico, muy común en la desembocadura del tío, para la producción de vitaminas y se lo exportaba en grandes cantidades a Estados Unidos. La última temporada de pesca exitosa fue la de 1948/1949 cuando alrededor de veinte lanchas cazoneras revitalizaron el puerto y sus bares de marineros. En 1951, por iniciativa de Emma Nozzi, se inauguró el Museo Histórico Municipal Francisco de Viedma, cuyas colecciones fueron donadas por familias descendientes de los fundadores de la ciudad. A partir de entonces la Institución cumple la función de vincular a las generaciones jóvenes con el pasado heroico del Fuerte rionegrino. El casco histórico del Carmen, posee una riqueza ambiental, cultural y arquitectónica inestimable. Con el mismo fervor puesto en la organización del Museo, esta ciudadana notable interesó a miembros de la comunidad que se organizaron en la “Comisión para la Defensa de los Bienes Culturales Maragatos”; la cual fue creada por Decreto del 8 de abril de 1985. El 22 de abril de 1985, se inauguraron los trabajos de recuperación del área con el auspicio de la Presidencia del Senado de Buenos Aires, en la que participaron los sectores públicos y privados. Por decretos subsiguientes del Poder Ejecutivo Provincial, que figuran en Anexo, se reconoce al casco antiguo como “Centro histórico provincial y polo de desarrollo turístico” y se declaran de “interés provincial los trabajos de restauración, revitalización y recuperación del patrimonio habitacional” emprendidos. Mediante ello, el Banco de la Provincia de Buenos Aires ha puesto en ejecución el “Programa de Vivienda y Patrimonio Histórico”, con una línea de crédito especial. Se firmó un acuerdo entre el Gobierno provincial, el Gobierno municipal, la Dirección Nacional de Monumentos Históricos y el Banco de la Provincia de Buenos Aires, para el tratamiento conjunto y la acción coordinada de estudios, propuestas y normas de regulación. Este conjunto de medidas constituyen un hecho original y único en el país, que nos permite reconstruir el carácter histórico y la entidad de un área urbana. La posterior decisión del traslado de la Capital Federal a El Carmen - Viedma, encuentra en plena ejecución estos trabajos que la van a dotar de un enorme atractivo y van a unir en la expresión física de la ciudad el pasado y el futuro, en la conjunción más
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lbid, pág. 148.

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adecuada para el destino nacional: afianzar nuestra identidad para consolidar la cultura nacional y fortalecer las raíces para construir el porvenir.

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EPILOGO
Este es, en verdad, un comienzo, El de la construcción de una nueva Argentina, que enfrenta y deja atrás el más viejo y deformante problema de nuestra nación. Nació con ella misma y fue acrecentándose a lo largo del devenir histórico y afectando, no solo las estructuras económicas y físicas de nuestra implantación humana sino, los fundamentos mismos de nuestra cultura. Ya no podemos seguir postergando el futuro. La identidad nacional aún debe completarse. Para ello debemos abrirnos a ese “interior” que vemos desde afuera, desde un “exterior” que dejará de serio. La empresa que comenzamos es un hecho social, que debe reflejar la creatividad y ser la expresión de la riqueza intrínseca de nuestra comunidad toda. Al realizarse en un territorio en el que se asientan tres poblamientos anteriores cuya historia nos engancha con el pasado raigal, debemos cuidar y respetar su idiosincrasia y asegurarles el protagonismo que les permita sentirse partícipes y constructores de esa nueva realidad que ha de meterse todos los días del futuro en sus propias vidas. Y esto debe sentirse no como un fenómeno ajeno e impuesto: “exterior”; debe llegar como el medio de integrar y realizar la síntesis entre la Argentina vieja y la de mañana, entre pasado y futuro entrelazados en esa gran obra que no es un símbolo sino el desafío de enfrentar un verdadero cambio que nos permita saber que somos capaces de “hacer las cosas” y que ya era tiempo de decirnos: Argentinos a hacer “Carmen de Viedma”,

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ANEXO DOCUMENTACION

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ANEXO I
EL MENSAJE PRESIDENCIAL
El siguiente es el texto del mensaje que acompañó al anteproyecto de ley enviado al Consejo para la Consolidación de la Democracia y que el doctor Alfonsín expuso el martes 15 de abril de 1986 al país por radio y televisión: Señores consejeros: Tengo el honor de presentarles un anteproyecto de ley que traslada la Capital de la República a las márgenes del curso inferior del río Negro, en jurisdicción de las provincias de Río Negro y Buenos Aires. Como lo expongo más adelante, entiendo que hay razones de peso en favor del mismo, y, como es de tal trascendencia para el futuro del país, considero necesario contar con vuestro asesoramiento antes de adoptar la decisión definitiva de enviarlo al Honorable Congreso de la Nación. Esa decisión debería completarse con la implementación del proyecto de creación de una nueva provincia que incluyera a la ciudad de Buenos Aires. Asimismo, estas determinaciones deberían encuadrarse en el contexto de la transformación de las estructuras políticas y sociales que han inspirado la convocatoria a este Consejo y que significaría, de llevarse a cabo, la fundación de una nueva República, todo lo cual requeriría simultáneamente algunos estudios específicos a los que más adelante se hace referencia. Decisión de alta responsabilidad Esta es una decisión de alta responsabilidad, que plantea el tema que en el pasado suscitó tan diversos conflictos que perturbaron en su momento la todavía no consolidada organización nacional. Si esta cuestión encendió antes controversias apasionadas y desencuentros históricos, no debería constituir ahora, sin embargó, una incorporación traumática al debate de los grandes temas nacionales. Debe tratarse, por el contrario, de un acto natural, maduro, en una sociedad que busca una solución profunda a lo que es ya un prolongado problema nacional una solución cuya necesidad se impone por sí misma con la fuerza de las convicciones arraigadas. En pocas cuestiones como ésta, ha habido desde la decisión, de 1880 hasta la actualidad, tan clara conciencia de las serias y graves perturbaciones que la capitalización de Buenos Aires iba a traer al desarrollo general de la República. En pocos casos como éste, el transcurso del tiempo, lejos de ir atenuando las dificultades que se previeron en su momento, ha llevado a las mismas a extremos que culminaron con una deformación del conjunto nacional. En ello han coincidido destacados hombres públicos, historiadores, sociólogos y observadores críticos de la realidad argentina. Pero cada vez que han debido afrontarse las decisiones lógicas acordes con la gravedad del diagnóstico realizado, una extraña parálisis fue malogrando todas las iniciativas. Los argentinos parecieron aceptar resignadamente lo que podrán interpretar como una fatalidad histórica, un hecho ajeno a la voluntad humana que los hombres y mujeres de nuestro país no se atreverían a modificar. No es así, sin embargo. Una decisión de esta naturaleza debe involucrar una conciencia profunda sobre los destinos del país. El carácter trascendente con que debe

mensurarse es similar al de las decisiones que tomaron otros pueblos en condiciones más difíciles o más confusas. Desmesurada megalópolis El crecimiento de la Capital, hasta constituir una desmesurada megalópolis, que fue poco a poco invadiendo, paralizando o distorsionando las fuerzas de todo el país, ha significado, en los hechos una deformación del sistema político nacional y del núcleo de creencias y conceptos fundamentales que dieron origen a nuestra Nación. Tal como se predijo en su momento, el crecimiento metropolitano ha transformado el sistema político argentino, destruido las bases del federalismo y creado una vasta y compleja red de dificultosas relaciones políticas, económicas y sociales. Leandro N. Alem examinó el tema en el famoso debate de la Legislatura bonaerense. Lo ubicó en el mismo sitio trascendente de definición de un sistema político, que es necesario reactualizar por tratarse de una visión profética que coincide con el diagnóstico de la actual realidad argentina: “En esta cuestión -señaló- y en la forma que se presentan se entrañan, por así decirlo, las dos tendencias que más han preocupado a nuestros hombres públicos y más han trabado nuestra organización política; la tendencia centralista, unitaria, y aun puedo decir aristocrática, y la tendencia democrática, descentralizadora y federal que se le oponía. “Siempre que esta cuestión ha surgido, pretendiendo una solución como la presente, al momento, también han aparecido en la lucha aquellas dos tendencias y la razón es sencilla. Para el régimen centralista y unitario, dadas las condiciones de nuestro país y el estado de las otras provincias, la Capital en Buenos Aires es necesaria, es indispensable, tiene que ser uno de los resortes principales del sistema, y para la tendencia opuesta, para el principio democrático y régimen federal, en aquel que se desarrolla, la Capital en este centro poderoso, entraña gravísimos peligros y puede comprometer seriamente el porvenir de la República, constituida en esa forma y por ese sistema”. La evolución del caso argentino no ha hecho más que confirmar aquellas predicciones. El resultado observado en otros países del mundo ratifica el diagnóstico. Las capitales que coinciden con metrópolis económicas y demográficas han producido, como consecuencia, sistemas altamente centralizados y de concepción política básicamente unitaria. En cambio, los sistemas que han pretendido consolidar el régimen federal y mantener un equilibrio razonable entre las distintas regiones del territorio, aun a partir de sus diferencias relativas, han preferido siempre capitales centrales, en general modestas, administrativas y alejadas de las grandes urbes dominantes. La primera tendencia ha sido predominante en Europa; la federativa se ha experimentado en los países nuevos como Australia, Canadá y los Estados Unidos, cuyas respectivas capitales se distanciaron premeditadamente de las ciudades dominantes. En los últimos años, Brasil ha seguido el mismo camino. Diferencias abrumadoras El desarrollo de una región, que ha monopolizado prácticamente el crecimiento económico del país, produjo una deformación y acentuó diferencias de desarrollo relativo, que son hoy abrumadoras a poco que se comparen algunos datos de la realidad. El área metropolitana de Buenos Aires no solamente abarca el treinta y cinco por ciento de la población total del país, sino que consume el treinta y nueve por ciento del total de

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la energía facturada en la República, su personal ocupado en comercios y servicios representa el cuarenta y cinco por ciento del total y el personal ocupado en la industria manufacturera el cuarenta y ocho por ciento. Es evidente que la concentración de actividades económicas es aún mayor que la concentración poblacional. En la Argentina el contenido centralizador de las decisiones políticas fue restringiendo, en forma cada vez más notoria, las facultades propias de las provincias, que no pudieron disponer de los medios para proveer por si mismas a su desarrollo. Por ello la reconstrucción del federalismo argentino no es una idea nostálgica, fundada en la premisa del volver al pasado. Por el contrario, se trata de incorporar a la administración del Estado las formas más modernas y eficientes que se expresan hoy como un fenómeno universal en todas aquellas naciones que evolucionan hacia sistemas más adecuados a su desarrollo económico y social acelerado y autosostenido. Este proceso se ha manifestado incluso en aquellos países fuertemente unitarios como Francia o Italia, o que salen de procesos políticos autoritarios como España. Es que en el mundo moderno la exigencia de la descentralización y el vigor de un régimen federal no constituyen so-lamente resguardo de las libertades públicas e individuales, sino que son también respuestas técnicas de carácter jurídico e institucional a las necesidades de un mundo cada vez más complejo y cambiante que requiere soluciones políticas inmediatas y eficaces. La elección del área descripta en el artículo primero del Proyecto de Ley como Capital de la República Argentina se inscribe en este propósito de recrear el federalismo argentino, modernizando la administración y descentralizando las decisiones. Pero, además, resulta un elemento imprescindible para incorporar al futuro del país una región que forma parte de uno de los más grandes espacios vacíos existentes en el mundo. Se trata de una propuesta de transformación del país, de un cambio que permita armonizar la suma de desarrollos regionales que integren coherentemente y definitivamente a la Nación. Una ciudad de 200 años Viedma cumplió hace poco doscientos años de existencia y fue la primera capital de la Gobernación de la Patagonia, creada por ley de octubre de 1888, cuya jurisdicción terminaba al Sur de la Tierra del Fuego. Se incorporaba, así, esta región en forma definitiva, al patrimonio territorial de la Nación. El área elegida para la radicación de la nueva Capital está asentada sobre las márgenes del río Negro, el río interior más caudaloso del país y en ella confluyen dos extensas regiones que configuran dos fisonomías contradictorias de la República. Está en el límite de la pampa húmeda, que ha constituido desde hace siglos el sustento de la prosperidad nacional, y está al comienzo de las extensas planicies patagónicas, reservorio de las mayores disponibilidades energéticas del país y que siguen siendo una puerta abierta misteriosa y expectante, como una esperanza del destino nacional. Pero el área asignada tiene también una ubicación estratégica especial. Emplazada cerca de la mitad del eje longitudinal del país y asomada al extenso litoral marítimo patagónico, fue fundada respondiendo a una decisión geopolítica de la Corona Española, a fines del siglo XVIII. Hubieron de pasar dos siglos para que la reciente historia argentina hiciera resurgir las circunstancias del pasado y demostrara que los riesgos de un destino incumplido y un desarrollo postergado podrían ser letales para el interés nacional. En los últimos conflictos internacionales la Patagonia se convirtió en el lugar

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estratégico más importante y demostró la extrema vulnerabilidad del territorio argentino. Guerra de las Malvinas En los momentos en que la Guerra de las Malvinas adquirió su máxima intensidad, los argentinos tomaron conciencia de las graves consecuencias que el subdesarrollo de una región tan extensa y expuesta podría tener para la integridad del país. No se trata, naturalmente, de determinar el emplazamiento de una capital sobre la base de exclusivas consideraciones estratégicas de carácter militar, sino advertir en que medida el subdesarrollo, la falta de población, de medios de comunicación y de capacidad para defenderse siguen colocando, como hace doscientos años, a esta región como el sitio más frágil de la estructura geopolítica de la Argentina. El control del Atlántico Sur constituye una fuente potencial de riesgo en la medida en que las vías de comunicación que han reemplazado al estrecho de Magallanes siguen constituyendo vías vulnerables en cualquier situación de conflicto aun limitado, como puede ser el canal de Suez o el de Panamá. El vasto territorio que se extiende desde el litoral marítimo hasta los límites internacionales, desde Mendoza hasta el extremo Sur, pone en evidencia sus dificultades para cubrir las necesidades logísticas del emplazamiento militar en un conflicto. Es una frontera expuesta que no puede ser resuelta en términos exclusivamente militares. Una política, pero fundamental para la seguridad, requiere la expansión y el crecimiento de esa región para eludir los riesgos inmanentes a un conflicto. Nueva provincia En el mismo sentido, he enviado al Congreso de la Nación un proyecto de ley tendiente a propiciar la creación de una provincia en el ámbito del Territorio Nacional de Tierra del Fuego. Ese proyecto tiene el objeto de favorecer el crecimiento de esa región del país, para lo cual resulta necesario que los habitantes tengan la posibilidad de dictarse su propia Constitución, adquirir la autonomía que deriva de la provincialización de las tierras que ocupan y establecer su propio Gobierno de acuerdo con sus normas constitucionales. Por otra parte, la ocupación de los espacios vacíos que conforman nuestras fronteras más australes resulta necesaria para generar focos de progreso que contribuyan a un desarrollo más armónico del país. La expansión social, económica y cultural de esas zonas en buena medida depende del sacrificio de nuestros conciudadanos fueguinos, que, habiendo abandonado las comodidades que brindan las grandes ciudades, han ido a habitar aquellas zonas que parecen inhóspitas pero que prestan un futuro promisorio. Este paso puede constituir un atractivo para nuestra juventud al ofrecerles la posibilidad de contribuir a ese logro a través del ejercicio de su propia autonomía Comisión para la patagonia También en el día de hoy he dispuesto la constitución de una comisión dedicada a recopilar y compatibilizar proyectos de desarrollo de la región patagónica. La misma deberá proponer en breve plazo, de común acuerdo con las provincias patagónicas, los

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instrumentos y organismos que permitan impulsar un desarrollo equilibrado de cada una de las subregiones y de toda el área en general. El desarrollo de la Patagonia no constituye una empresa imposible. Entre muchos argentinos existe la creencia de que, si se aplicaran criterios estrictos de eficiencia en la localización de las inversiones, las economías regionales tenderían a reducirse o a desaparecer, en tanto que crecerían las desigualdades en favor del conglomerado bonaerense del litoral argentino. Esto no es así en absoluto con respecto a la región patagónica. Es probable que, por el contrario, las riquezas básicas derivadas en forma de materia prima hacia los centros consumidores del país estén contribuyendo encubiertamente a sostener el nivel de vida de las áreas más desarrolladas de la República. Una impresión superficial y aparente de la región parte de supuestos equívocos cuando compara su austera fisonomía con las fértiles tierras de la Pampa húmeda, cuya calidad es, desde luego, incomparable. Pero, así como en el pasado aquellas praderas fueron factor determinante de la expansión de las fronteras internas argentinas sobre la base de la exportación de productos agropecuarios, la Patagonia es hoy la reserva de energía más importante del país. Además de los importantísimos recursos energéticos, la región patagónica cuenta con la mayor disponibilidad de tierras irregables en zonas templadas, capaces de producir crecimientos espectaculares en la producción de alimentos en cuanto se le incorporen los medios de infraestructura adecuada para posibilitar su desarrollo. El litoral marítimo patagónico constituye, asimismo, una de las mayores reservas proteínicas del planeta y su zona andina es, además de un recurso turístico incomparable, una subregión de recursos hídricos, forestales y agropecuarios todavía prácticamente inexplotados. Premisas del proyecto La relocalización de la Capital Federal en el área individualizada en el proyecto tuvo, pues, en cuenta, múltiples aspectos: ubicación desde el punto de vista de la equidistancia respecto a las otras regiones del país, la existencia de redes de conexiones y comunicaciones, oferta del medio natural como inductor para localizaciones urbanas y como motivante para el desarrollo de actividades económicas, sociales y culturales; cercanía costera y de puertos naturales y existencia de infraestructura de servicios. El área en cuestión resume ventajas que responden positivamente a las distintas exigencias requeridas y demuestra poseer un alto grado de aptitud para localizar en ella la nueva Capital Federal. En efecto, el territorio seleccionado reúne excelentes condiciones de equidistancia geográfica, posee instalaciones que permiten contar con un fluido tránsito ferroviario, vial, aéreo, fluvial y marítimo, calidad climática, abundante agua potable y de riego; la presencia de la costa marítima patagónica, la suave topografía muy favorable para el asentamiento humano, propio de una capital, la feracidad de las tierras, notablemente aptas para facilitar forestaciones urbanas y, en fin, la ubicación geográfica que permite una fluida relación Atlántico-Pacífico, a través de los pasos cordilleranos ya existentes en las provincias de Río Negro y del Neuquén y de equipamientos portuarios que Chile y la Argentina cuentan en esa latitud, todo lo cual posibilita vinculaciones internacionales que, sin duda, generarán un positivo impacto regional. Buenos Aires, centro cultural

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El traslado del poder político fuera de la ciudad de Buenos Aires no ha de privar a ésta de ser el centro neurálgico de la economía, de la cultura y de la política. Como lo demuestra el caso de Río de Janeiro, las razones que sostienen su crecimiento y su influencia se han de mantener sin dificultades y se han de acrecentar. Buenos Aires debe recuperar el carácter indiscutido de primer centro cultural de América latina, debe resolver los problemas que plantean la contaminación y el desorden ambiental para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Está destinada a robustecer el sistema federal con el singular peso de su riqueza y su prestigio, al convertirse en un distrito cuya relación con el poder central ha de ser determinante para el conjunto de las relaciones con los demás Estados. El gobierno constitucional desde el mismo día que asumió sus funciones se propuso enfrentar con decisión los problemas que han roído las esperanzas y las perspectivas de progreso argentino. Lo ha hecho con la convicción de que cualesquiera que sean las dificultades derivadas de esta ciudad, nuestra generación, como las que lo hicieron en el pasado, debe abrir a las futuras rumbos más venturosos, contribuyendo a desatar los nudos gordianos que han impedido el desenvolvimiento de todas las potencialidades de la Nación. Si la convicción es que debemos resolver el problema del centralismo, no hay duda de que podremos hacerlo mediante la decisión política que procure las soluciones institucionales que correspondan. Gran Buenos Aires Como consecuencia del proyecto de traslado de la Capital Federal, deseo solicitar a este Consejo asesoramiento respecto a la conveniencia de crear una nueva provincia que comprenda la ciudad de Buenos Aires y partidos del Conurbano. He hecho mención del crecimiento demográfico descontrolado del área metropolitana, a lo que debe sumarse un funcionamiento defectuoso de alto costo y bajo rendimiento, agravado por el surgimiento de situaciones que afectan a su población. Todo ello ha llegado a configurar un medio que afecta la calidad de vida de sus habitantes. Resulta claro que esa situación es consecuencia de la falta de control existente imprescindible para regular el equilibrio y el desarrollo de un área de la magnitud de ese conglomerado metropolitano. Esto demuestra que a esta enorme concentración urbana es imposible organizar en lo que se refiere a su ordenamiento físico y ambiental, a través de un frondoso conjunto de normas de origen municipal, provincial y nacional, que, en lugar de actuar mancomunadamente, a veces lo hacen en forma competitiva, sin considerar las necesidades del conjunto y buscando a través de acciones separadas e inconexas el logro de soluciones para sus distritos. Cabe señalar que este resultado es consecuencia del sistema vigente, ya que cada autoridad tiene una jurisdicción definida, hecho que la obliga a responder por ella, perdiendo de vista el interés general y afectando a un conjunto, que, en la práctica, es un complejo urbano único y solidario físicamente, que se materializa y crece sin solución de continuidad. Por último; y para completar el cuadro, se debe consignar la cantidad apreciable de organismos que atienden los problemas generados por las demandas de servicios e infraestructuras, que en la mayoría de los casos actúan separadamente, sin compatibilizar y coordinar sus proyectos y realizaciones. Se podría seguir abundando en la descripción de las situaciones que se generan por la falta de criterios comprensivos de la problemática integral del área metropolitana bonaerense, pero lo que se considera conveniente es estudiar la posibilidad de contar

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con una jurisdicción única, que permita formular una programación planificada para poder ordenar y resolver orgánicamente el desarrollo de dicha área, permitiendo, por otra parte, un progreso más pujante y armónico de la provincia de Buenos Aires. Comisión de expertos Para proceder al estudio estrictamente técnico de las dos cuestiones mencionadas anteriormente, he dispuesto en el día de hoy crear una comisión de expertos que además de otras funciones, estará a disposición de ese Consejo para formular alternativas de viabilidad y proporcionar datos que permitan al Consejo para la Consolidación de la Democracia formular sus propios juicios valorativos. Estas posibles decisiones no están pensadas como medidas aisladas sino que forman parte del proyecto transformador de las estructuras políticas, sociales, culturales y económicas del país, para cuya formulación he pedido la colaboración de este Consejo. En este contexto más amplio, estoy particularmente interesado en que el Consejo para la Consolidación de la Democracia asesore al Poder Ejecutivo, creando los equipos técnicos que sean necesarios, en el tema de la reforma del Estado. Esta reforma debería, según creo, estar presidida por los principios generales de descentralización, participación y eficacia en la gestión. Reitero que es necesario, en primer lugar, revertir el proceso centrípeto de concentración de poder que se ha dado en las últimas décadas en nuestro país, de modo de fortalecer el poder de las provincias, la autonomía de los municipios, la capacidad de gestión de los entes autárquicos, la posibilidad de que se tomen decisiones en el lugar donde se prestan los servicios. En segundo término, ese proceso de descentralización no sólo tiene valor en sí mismo sino que facilita la participación directa de la población en la formación de las decisiones que la afectan, de modo que la democracia no sea un privilegio que se pone en práctica ocasionalmente sino un ejercicio de la vida cotidiana. En tercer lugar, la descentralización de la participación debe redundar en una mayor eficacia en la gestión, de tal forma que, entre la decisión y su ejecución no se establezca una enorme cadena de instancias que dilaten o diluyan tal ejecución. Este último tema está relacionado directamente con un tópico respecto del que encarezco en especial al Consejo que sume su colaboración a la que prestan otros organismos del Estado, orientando el juicio del Poder Ejecutivo sobre la adopción de medidas que no admiten demoras. La mística del servicio Me refiero a la modernización de la administración pública. Esa modernización debe estar dirigida a que la burocracia estatal sea un instrumento apto de las decisiones políticas y esté al servicio de las necesidades y derechos de la población. Ello requiere insuflar a los funcionarios y empleados del Estado de una nueva mística: la mística de la dignidad que implica estar al servicio del pueblo. No hay dignidad sin libertad, y debe pro-penderse a que se dé autonomía a los funcionarios para que cada uno tome decisiones en su propia esfera de acción, sin que aquéllas se diluyan en un sistema de mutuos reenvíos. Pero no hay libertad sin responsabilidad, y el funcionario debe hacerse cargo de las consecuencias de las decisiones que adopta. Ello requiere eliminar una serie de controles previos, que sólo sirven para encubrir con formalismos los posibles errores sustanciales que se cometan; debemos ir a un sistema de revisión ulterior de los actos y decisiones administrativas, con serias sanciones para el mal ejercicio de la libertad que

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se otorgue a los funcionarios. Debemos hacer participar a la población, y en especial a los usuarios de los servicios públicos, en el control de la administración. Debemos simplificar los trámites administrativos, eliminando pasos superfluos, reduciendo el expediente y reemplazándolo, en lo posible, por registros computarizados y por encuentros informales entre todos los funcionarios a los que contiene una decisión y los particulares interesados. Desde ya, que esto implica extender a toda la administración el uso de la informática para una más eficaz ejecución y control de la gestión. Justicia: proceso oral La reforma del Estado incluye también, como parte sustancial, el perfeccionamiento del orden jurídico y la modernización de la administración de justicia. Me ha complacido profundamente el dictamen y el proyecto de decreto que ya me ha enviado el Consejo sobre el problema de las deficiencias en la formulación de normas jurídicas -contradicciones, lagunas, imprecisiones, etc.-, que son generadoras de procesos judiciales evitables, redundando en el trabajo abrumador de los jueces y en una considerable inseguridad jurídica, que afecta las iniciativas individuales de la población. La reforma de la administración de justicia debería estar dirigida a hacer más eficaz, más ágil y más accesible a todos los sectores de la población, la trascendente tarea de dirimir judicialmente los conflictos sociales e individuales. Para ello, parece conveniente estudiar la posibilidad de establecer el proceso oral en el orden nacional, sobre todo en el ámbito penal, de modo de favorecer la publicidad, inmediación y rapidez de los procesos. Asimismo, se deberían completar los estudios sobre la reforma del Ministerio Público para constituirlo como un cuerpo unitario que controle en forma orgánica el ejercicio de las acciones judiciales. Reforma constitucional Es posible que alguno de los aspectos de la transformación profunda del Estado que los argentinos debemos encarar requieran de una reforma constitucional. Por eso, me he dirigido oportunamente a ese Consejo, solicitándole que recabe antecedentes y opiniones y exprese su propia posición con el fin de formarme un juicio sobre la conveniencia o no de presentar una iniciativa sobre el tema al Congreso de la Nación. En esa ocasión, mencioné como temas fundamentales principalmente aquellos que están vinculados al perfeccionamiento de la parle orgánica de la Constitución, y, en especial, los que se refieren a la forma de hacer más ágil y eficaz el funcionamiento de los diversos poderes del Estado, a facilitar la participación de la población, a promover la descentralización institucional y a mejorar la gestión de la administración. La segunda república En el marco de estos últimos temas, estoy particularmente interesado en que el análisis de la posibilidad de una reforma constitucional comprenda la alternativa de combinar aspectos de nuestro tradicional régimen presidencialista con elementos de los sistemas parlamentarios. Una fórmula mixta, como la que rige en algunas democracias pluralistas y estables, permitiría, posiblemente, que el Congreso intervenga en forma directa y eficaz en la gestión y control de los asuntos de Estado, que los ministros tengan una relación más directa con el Parlamento, que se distinga entre la función del manejo cotidiano de 'a administración, de la fijación de las grandes políticas nacionales y que haya mecanismos institucionales más dúctiles para enfrentar cambios en las

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circunstancias sociales y políticas. Las decisiones y medidas cuyo estudio preliminar encomiendo a este Consejo para la Consolidación de la Democracia implicarían, de adoptarse por los órganos ejecutivos, legislativos y constituyentes que correspondan, la fundación, en la práctica, de una Segunda República. La que fue fundada en el siglo pasado respondió a un modelo que debe ser superado y enfrentó dramáticos problemas políticos e institucionales que se agravaron en las últimas décadas. Estamos en una nueva etapa fundacional, que remueve los factores que han provocado el desencuentro y la frustración, y que dará frutos que serán aprovechados plenamente por los argentinos que hoy son todavía jóvenes. Se trata, entonces, no sólo de localizar una nueva Capital, crear una nueva provincia, reformar la administración pública, perfeccionar la administración de justicia o adoptar un nuevo sistema político, sino que se trata de crear condiciones para una nueva República que ofrezca nuevas fronteras mentales a los argentinos.

II EL MENSAJE DEL PRESIDENTE DE LA NACIÓN, PRONUNCIADO EN VIEDMA
La propuesta responde a un proyecto político Texto completo del discurso presidencial pronunciado en Viedma: La sociedad argentina tiene conciencia de que solamente puede emerger de la crisis marchando hacia adelante. Si el general José de San Martín no hubiera adoptado la decisión do marchar hacia adelante, ya en 1814, la guerra de la Independencia se hubiera perdido. San Martín comprendió que el gran punto para la emancipación americana era el Perú y que allí se definiría la guerra, porque aquello que para nosotros era nuestro vacío, constituía el punto de concentración del enemigo. Había que llegar al área decisiva con imaginación, con coraje, con inteligencia y con una voluntad muy firme. Para eso era necesario comenzar por escalar las más altas cumbres y presentar lucha en territorio chileno. Los hombres de la Organización Nacional y sus precursores trataron de ir perfilando las fronteras definitivas del país con la sanción de una Constitución federal, con la Conquista del Desierto, con la apertura de la inmigración, con la libertad de comercio y con un clima de paz y libertades públicas, tanto políticas como religiosas. El objetivo era lograr el crecimiento sostenido. Esta continuidad tuvo grandes aciertos; pero también falencias. Y constituyó una consecuencia de estas últimas la macrocefalia, con una ciudad gigantesca y enormes zonas retrasadas o casi abandonadas durante muchos años. Salir de la decadencia Existe conciencia en todos los argentinos de que el modelo derivado de la Organización Nacional ya no puede cubrir los requerimientos a los que se enfrentará la Argentina del siglo veintiuno. Los argentinos sabemos que es necesario un cambio y que ese cambio no puede sino depender de nuestra propia voluntad nacional. La necesidad de cambio está a flor de piel en la reflexión política cotidiana de todos los ciudadanos. La sociedad, en forma libre, voluntaria y plenamente consciente, debe sacudir cualquier resabio que pudiera existir de una tendencia a la rutina, al hedonismo, a la

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inercia y al miedo: debe salir del apoltronamiento, de todo lo que insinúe rasgos de decadencia, para luchar activamente por el país que merecemos. Los gobernantes y el resto de los pobladores debemos tomar conciencia de que no se saldrá de la actual situación con nuevos paños tibios y que el país necesita vertebrarse virilmente, endurecerse, plantar su energía y su rostro a la intemperie del futuro, asentado firmemente sobre sus pies. Los argentinos debemos ser pioneros, debemos marchar hacia nuevas metas con cantos de pioneros, enfrentando los esfuerzos necesarios, con la dignidad recuperada de los hombres libres, con la alegría de una libertad creadora. Cuando, ante las dificultades, los países o las instituciones se ablandan, desaparecen o entran en el vértigo de la decadencia; cuando, ante las dificultades, los países deciden templarse, contestando a la necesidad con mayor esfuerzo, se convierten en naciones que superan cualquier tendencia a la medianía. Pacifismo, no “pacimismo” Ninguna gran nación de la tierra se hizo sin gente, sin pobladores, sin ciudadanos dispuestos a emprender grandes conquistas. Esas grandes conquistas pudieron, en los poderosos imperios, ser conquistas de la guerra. Nosotros aspiramos, irreversiblemente, a que sean conquistas de la paz. Un gran filósofo argentino diferenciaba al pacifismo -al que consideraba como una noble virtud en defensa de la vida- de lo que llamaba el “pacimismo”, el ensimismamiento de una paz cerrada, autista, autocomplaciente, de nervios débiles, músculos blandos y corazón perezoso. Vamos a realizar un esfuerzo del corazón y de la razón y, para ese esfuerzo, debemos convocarnos todos los argentinos. Si no estamos convencidos de lo que vamos a hacer, tengamos conciencia que la alternativa es entregarnos, pero no entregarnos a misteriosos poderes externos, sino, sobre todo, entregarnos a los fantasmas de una inacción tan nostálgica como desesperada, a la melancolía de la depresión. Ningún imperio colonial hubiera podido mantener impunemente, contra la voluntad nacional, un enclave marítimo frente a una Patagonia sanamente desarrollada, con un Mar Argentino, que no puede ser argentino solamente en las intenciones o en los mapas, sino que debe serlo porque sus costas son argentinas, efectivamente argentinas, carnalmente argentinas. Es indispensable crecer hacia el Sur, hacia el mar y hacia el frío, porque el Sur, el mar y el frío fueron casi las señales de la franja que abandonamos, los segmentos del perfil inconcluso que subsiste en la Argentina. Argentina, sureña y oceánica Sabemos de la importancia del Sur. Políticas erradas en sus procedimientos pensaron varias veces en afirmar el Sur a través de la guerra, pero los argentinos comprendemos perfectamente que si hubiéramos afirmado el Sur no habría sido necesaria guerra alguna y que, afirmando el Sur, hacemos posible consolidar una paz que todavía no es definitiva. Tenemos mares fríos con puertos naturales sin hielo, en extensiones inmensas y con todo tipo de riquezas; pero hasta ahora nos hemos movido en torno de los ríos y casi exclusivamente en torno de los ríos. La Argentina fluvial de Sarmiento fue un gran sueño para la interconexión nacional y regional, y ese sueño, que tenía un nervio tensor en el río Bermejo, fue

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recogido en su momento por Hipólito Yrigoyen. Pero ya no alcanza la idea de una Argentina fluvial sino que es necesario ir a la búsqueda de la Argentina oceánica. Y la Argentina oceánica empieza mucho más al Sur de esta vía fluvial madre, que es el río de la Plata; empieza girando la provincia de Buenos Aires, buscando antes del golfo de San Matías, un nuevo centro de gravedad en el río Negro y en una desembocadura que aterra a todo el litoral marítimo de la Patagonia, mirando hacia la Antártida y buscando una suerte de identidad geográfica renovada, pero muy específica de la Argentina, que es la identidad de la Argentina sureña, que es la posibilidad de aproximar el Polo al territorio tradicional del país. Perspectivas emocionantes Las grandes ciudades del mundo se han ubicado lejos del Polo Sur y la línea del río Negro constituye un punto de referencia que aparece como sumamente significativo con sólo ver cualquier mapa del planeta. Ninguna capital está situada más allá del paralelo que marca la desembocadura del río Negro. Es más: al sur de esa línea no existe tierra continental alguna. Bajo esa raya imaginaria ya ha terminado África, ya ha terminado Australia, con excepción de la isla de Tasmania, y ya ha terminado prácticamente la isla septentrional de Nueva Zelanda. Desde los 40 grados hasta los 90 grados atraviesa el planisferio una franja inmensa, casi virgen, dentro de la cual la Patagonia argentina tiene el privilegio de mirar hacia el centro, hacia los océanos Atlántico, indico y Antártico. Pero ese Mar Argentino es, al mismo tiempo, un acceso al océano Pacífico, acceso ahora más lógico a través de los entendimientos logrados con la hermana República de Chile. Sabemos de la importancia de las tierras frías, la República Argentina tiene el privilegio de desgranar en su territorio la totalidad de los climas: es un país que llega desde más allá del Trópico de Capricornio hasta el Polo Sur. Las ventajas comparativas de las provincias centrales y norteñas, de las andinas y mesopotámicas, así como las fuertes ventajas comparativas que nos ofreció y nos ofrece el río de la Plata, han sido aprovechadas en diferentes y muchas veces injustas medidas, pero aprovechadas al fin. Pero las ventajas comparativas de nuestras zonas frías no han sido aprovechadas casi en absoluto. Y en nuestras zonas frías existen perspectivas que deberían emocionarnos, no sólo por cuanto se ha hecho ya en lo que se refiere al desarrollo de la hidroelectricidad sino también por las posibilidades que presenta la Patagonia para el despliegue de las fuentes de energía no convencionales, sobre todo aquellas basadas en las mareas marítimas y en las fuerzas eólicas, sin contar con la viabilidad de los proyectos para la producción de agua pesada en la misma zona. Clave del desarrollo Todas las circunstancias hacían ver en la promoción de la Patagonia una clave ineludible del desarrollo argentino. Los grandes grupos de fuerzas hidráulicas aprovechables en la zona más templada de los Andes; la abundancia de materias primas que invitaban al establecimiento de grandes capas de población; la apertura del país a un inmenso océano con grandes costas naturales sin hielos; la fertilidad de una zona pesquera increíblemente pródiga, disputado hoy por todo el mundo; la existencia de enormes espacios aptos para la agricultura y la ganadería y, por supuesto, las grandes concentraciones de petróleo, a lo que se sumó, después de la construcción del complejo Chacón-Cerros Colorados, un notorio superávit hidroenergético. Todo ello invitaba a que esos enormes espacios vacíos de la Patagonia fueran ocupados.

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En 1914, el geólogo Bailey Willis anticipó que las comunidades patagónicas desempeñarían un papel importante en las industrias argentinas y que en otras zonas no podrían emprenderse en condiciones igualmente favorables. Y, sin embargo, la Patagonia siguió quedando segregada del resto del país, paralizada en su propio círculo cerrado, con un crecimiento económico primario y enormes áreas despobladas. Pudo decirse con justicia que era inexplicable que ni siquiera su riqueza ovina haya sido la base para una prometedora industria textil-lanera; que ni siquiera su enorme riqueza petrolífera y gasífera esté todavía aprovechada o haya sido punto de partida de un crecimiento superior de la petroquímica; que ni siquiera su material de hierro haya servido de apoyatura suficiente a la siderurgia; que ni siquiera sus inmensos bosques hayan sido aprovechados convenientemente para la producción de papel u otros derivados de la celulosa, y que ni siquiera sus costas, depredadas impunemente o casi impunemente por buques extranjeros, hayan logrado que el país tenga el pescado bueno y barato que necesita para su equilibrio nutricional. Ciudades a la medida del hombre El avance hacia el Sur, hacia el mar y hacia el frío implicará también para el país nuevas e importantes perspectivas para la explotación turística. Sin duda, la creación de una adecuada infraestructura hotelera resultará de suma importancia, tanto para la previsible aceleración del movimiento turístico como también para la necesaria movilidad de científicos, hombres de negocios, técnicos y toda la importante gama de personas que temporariamente viajen en función de la puesta en marcha del proyecto. Sin duda, en la medida de lo prudente y necesario, se desarrollarán nuevas redes viales, con atención a su necesidad concreta y con sumo cuidado en la atención del gasto público. Esas redes viales se limitarán en un primer momento a lo que resulta indispensable, aunque se trazarán simultáneamente proyectos que permitan ir diseñando la visión futura. El país se prepara para ingresar en el siglo XXI y los grandes espacios constituirán uno de los signos necesarios de un tiempo en que se hará consciente la lucha del hombre contra la contaminación ambiental, la falta de franjas verdes, la lejanía de los campos fértiles y la carencia de sol, datos propios de las grandes aglomeraciones humanas. En las últimas décadas, el hombre ha avanzado en forma vertical dentro de ciudades inmensas. Ha llegado el tiempo de un avance horizontal y de ciudades donde pueda vivirse a la medida del hombre. Los colmenares humanos de las grandes metrópolis fueron, sin duda, indispensables y seguirán siéndolo, parcialmente, en cuanto no pueden ser reemplazados a fuerza de voluntarismo. Pero las nuevas dimensiones serán una señal muy precisa en la nueva y verdadera modernidad, en un estilo de modernización que implique también la sensación de caminos por recorrer y de posibilidades de recorrer caminos. Esta nueva dimensión volverá a producir gente que conoce el color de los ojos de su prójimo y la manera de dar la mano. Gente que saluda a sus amigos durante las caminatas, que tiene una historia común con sus vecinos. El uno por mil de argentinos La empresa que se propone el Gobierno hace, así, sólo a las condiciones de la vida económico-social, sino que va en búsqueda de una mejor calidad de vida. Por supuesto, no es solamente a través de este proyecto que se producirá un vuelco en las condiciones humanas de una parte de los argentinos, por que el programa afectará inicialmente a

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unos pocos miles de personas, quizás a algo así como el uno por mil de la población total del país. Pero los múltiples aspectos indirectos pueden ser pródigos para la República, si sus habitantes asumen con fervor una idea que puede implicar cambios de significación en lo que correspondería también a la conquista de la felicidad para muchas personas. Se ha anotado que los seres humanos solamente pueden cambiar una mínima parte de su propia realidad y de la realidad que los circunda. Nadie puede modificar el tiempo de su crecimiento, ni los datos esenciales de su constitución física, ni el lugar de origen, ni la cultura y la religión de pertenencia, en la que se inscribe su vida, ni sus atributos cotidianamente más importantes, ni el color de su piel, ni la historia de su familia, ni muchas veces- su condición social. Los países también sufren una serie de determinaciones y de bienaventuranzas o de calamidades espaciales y temporales que no pueden modificar c que sólo pueden alterar parcialmente. Sin embargo, el ser humano toma conciencia de sí mismo a través de una doble operación: reconocer y admitir la propia identidad; pero, a la vez, no interpretar la propia identidad como el peso tremendo de una naturaleza irreversible qué se cae encima, sino como la condición concreta en que se presenta la lucha por la existencia. Tierra de bendición Los países se encuentran frente a la misma situación: no pueden elegir su ubicación geográfica, pero pueden replantear su geografía a través de la política. No pueden elegir qué tipo de riquezas naturales tiene ni cuánto espacio, no dónde está ubicado ese espacio, pero pueden reconocerse a sí mismos en sus datos y pelear desde sus datos por un destino mejor. La Argentina no debe ser desagradecida con respecto a su espacio. La misma ubicación geográfica, que en este período de la historia le es desfavorable, resultó favorable durante un siglo, alejó al país de las grandes guerras y la convirtió en el principal acreedor de grandes potencias. No se llegaba a la Argentina desde todos los lugares del mundo porque se la considerara un rincón desgraciado, sí no, más bien, porque se la apreciaba como una tierra de bendición. Durante un siglo, o más de un siglo, la Argentina se movió con destreza en el concierto internacional y llegó así a ser uno de los principales países del mundo. Desde Europa se veían dos grandes naciones con futuro en América y la pregunta a principios de siglo era cuál de los dos sobresaldría más: la Argentina o los Estados Unidos de América. No será llorando ahora por la actual condición desventajosa como se podrá modificar la situación. La Argentina viene siendo castigada por circunstancias negativas, pero, al mismo tiempo, sigue contando con enormes ventajas comparativas, que debe implementar a través de una correcta estrategia de crecimiento. Una cultura nacional Por lo pronto, existe una cultura nacional. Esta afirmación quizá provoque la sonrisa de quienes consideran que en el país hay una cierta hibrides cultural o que en algunos casos no se han alcanzado valores similares a los de grandes potencias. Pero, al decir que hay una cultura nacional, quisiera que se empezara por retener que hay una cultura, y no un choque de culturas que han generado serias heridas, aun en los grandes países. Esa cultura nacional presupone un pluralismo que, lógicamente, está muy lejos de ser perfecto y puede segregar aún focos de exclusivismo e intolerancia. Pero el país

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ha vivido sin grandes conflictos racionales y religiosos: sin separatismos dolorosos, y, reconociéndose siempre a través de un idioma, que es válido aún para algunas culturas indígenas que, con todo su derecho, mantienen su identidad idiomática. El país ha aceptado el proyecto nacional contenido en la Constitución, y aunque vivió gran parte de su tiempo fuera de ella, su filosofía no es discutida, sino por grupos marginales. El país es gran exportador de materias primas, perjudicado actualmente por el pavoroso deterioro de los términos del intercambio. No necesita importar petróleo ni gas, ni casi ningún tipo de minerales y constituye una de las naciones más adelantadas del mundo en el desarrollo de la energía nuclear. Es cierto que la Argentina está pasando por un mal momento, que se prolonga demasiado tiempo para quienes se crispan por la necesidad imperativa de salir adelante. Aquí nos encontramos con todas las cosas que podemos modificar, y aún con el sentido de nuestra geografía que, como geografía política profundamente determinante de hechos culturales, históricos y económicos, no tiene por qué ser acatada sin debate. Todo plan de crecimiento lleva siempre un debate sobre la geografía política, la división territorial de los Estados. Así fue en nuestro pasado, cuando la polémica sobre la capitalización de Buenos Aires constituyó el fermento de un proyecto nacional manifestado en todos los campos. Así fue en Italia, cuando los problemas de la unidad nacional, de la forma de gobierno y de la situación de Roma eran el marco de la discusión sobre el país que se buscaba; así es en España, donde se encontró un método para la expresión de las autonomías y la preservación simultánea de la unidad nacional; así fue en los Estados Unidos, donde se creó la ciudad capital dándole el nombre de uno de los padres fundadores y primer presidente de la Unión, pero donde esa creación implicó un traslado de la sede del poder real, ubicado entonces en la costa Este, hacia el centro como avanzada de gran desarrollo que luego tomaría la costa Oeste; así fue en China, donde se llevó la capital hacia el Norte, avanzando de Kaifeng a Pekín; así fue en Rusia, donde la elección de Moscú como capital en reemplazo de San Petersburgo, hoy Leningrado, fue también una definición de trascendente sentido político; así fue en Alemania Federal, donde se ubicó la capital en la pequeña y tranquila ciudad de Bonn, lejos de las grandes concentraciones humanas. Cuando el Brasil decidió incorporar a la vida real y concreta del país a su propio centro geográfico, generó la ciudad de Brasilia, con radiación hacia todas las fronteras. Conquistar el sur, el mar, el frío Y, sin embargo, no se trata para los argentinos de asimilar, ni mucho menos imitar, ningún modelo. La Argentina no puede desplegarse en el mapa a través de creaciones de ciudades imaginadas en estudios de laboratorio, por más benéfico que haya sido en otros países ese tipo de empresas. El país puede, en cambio, ir elaborando su destino y su proyecto e ir incorporando dentro de esa reflexión las funciones que tienen sus actuales y existentes ciudades, para verificar si una nueva asignación de funciones no puede coadyuvar al diseño de una empresa nacional o constituir, inclusive, el punto sobre el cual deberá girar la empresa nacional que nos proponemos. Este tema no es en absoluto independiente de la cuestión vinculada al problema patagónico y a lo que hemos llamado la conquista del Sur, del mar y del frío. La búsqueda de una política patagónica que exprese el crecimiento del país hacia el Sur no es totalmente inédita en la República: muchos ciudadanos seguramente recuerdan la existencia de la Gobernación Militar de Comodoro Rivadavia y de Territorio Nacional de los Andes, finalmente incorporados a otras provincias por entenderse en su momento

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que así se servía mejor a los fines del desarrollo de la región. Está muy fresca también en la memoria colectiva la existencia de leyes especiales de tipo aduanero e impositivo, ya sea con la vigencia para la promoción del sur del paralelo 42, como con vigencia restringida a zonas más reducidas. El país lanza ahora una política global con respecto a la Patagonia. Estamos convocando a los argentinos para ampliar juntos las fronteras reales de la Patria, y no vamos a ampliar esas fronteras a través de conquistas, ni solamente a través de reivindicaciones territoriales, porque cada país tiene, sobre todo, el espacio que utiliza. Si las savias que provienen de las fronteras reales de la República se secaran, las mismas grandes ciudades pobladas morirían y de hecho una de las lecturas de nuestras crisis es que se trata de la crisis de un país que no ha crecido, que no se ha extendido, que no ha realizado a nivel necesario la conquista de sus grandes espacios abiertos. Un país como la Argentina, que a principios de siglo era ubicado en el mismo plano que los Estados Unidos en el continente, ha eternizado conflictos fronterizos, pero pareció carecer de verdadero orgullo por su espacio y no ha emprendido una marcha hacia el Sur, para unir a la República a través de franjas de soberanía. El país no supo qué hacer o pareció no saber qué hacer con sus desiertos del Sur y prefirió dejarlos semivacíos, sin que una política coherente los integrara al proyecto nacional. La argentina que se usa La superficie nominal de la Argentina es equivalente a más de diez veces la superficie de Gran Bretaña, a más de cuatro veces la superficie sumada de Gran Bretaña y Francia y es superior a la superficie total de veinte países europeos. Pero decir esto es enunciar una verdad simplemente aritmética, porque la superficie es, en cierto sentido, la superficie que se usa. Desde ahora, la Argentina reitera que no va a quitarle un metro de tierra a nadie y que, en cuanto a lo que es suyo, buscará las vías pacíficas de recuperación, que inexorablemente prevalecerán. Pero la Argentina también anuncia que conquistará su propio territorio y que no abandonará más tierras por no saber qué hacer con ellas. La red fluvial formada por los ríos Negro, Neuquén, Limay y afluentes es la más importante entre las que se hallan totalmente bajo la soberanía argentina. Las obras del Chocón-Cerros Colorados no fueron realizadas por los argentinos para que las ovejas tuvieran electricidad, como irónicamente preguntó cierta vez un gobernante extranjero. Pero es verdad que, hasta ahora, la energía Chocón se dedica casi exclusivamente a Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. Sin embargo, la obra del Chocón-Cerros Colorados era la primera etapa de un amplio plan energético, que no ha podido avanzar de acuerdo a las necesidades del país. Es cierto que uno de los objetivos del emprendimiento fue suplir el déficit general de energía; pero es más cierto aún que el objetivo básico y fundamental de la obra debía ser la promoción de la Patagonia. Y para que el Chocón sirva efectivamente a la Patagonia es necesaria una política nacional para la Patagonia. Esa política debe incluir las obras de infraestructuras necesarias; el asentamiento de pobladores en el Sur; la explotación de las riquezas mineras; la integración vial, tendiendo los puentes que están faltando; la construcción de puertos y de puertos de aguas profundas; la radicación de industrias; el desarrollo de industrias electrointensivas (como el aluminio); la promoción de la petroquímica; la puesta en pie y el despliegue de todas las posibilidades turísticas que brinda la región. No es improvisación

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Existe una tendencia hacia la Patagonia y hacia la Patagonia litoral que se insinúa en medidas anteriores que deberán ser integradas. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, el trazado de la ruta costera o ruta provincial Nº 11 constituye la punta de una política cuyo sentido es por una parte turístico; pero que, por otra, genera condiciones para que, siguiendo el curso de esa ruta hacia el Sur, se establezcan nuevas industrias. De tal manera, de la ruta costera hacia afuera hay un espacio para le recreación y el turismo y de la ruta costera hacia adentro hay un espacio para el desarrollo agroindustrial. Nuestro Océano Atlántico es siempre el otro dato de este avance hacia el Sur, hacia el mar y hacia el frío. Interesa también analizar nuestro Océano Atlántico como un punto de convergencia con otros países, porque es un óptimo marco de colaboración, de estudios, de investigación, de comercio, de explotación pesquera, de búsqueda de energía. Es, también, otra llanura que nos falta conquistar. Un gran pensador señaló que las fronteras no son líneas de puntos, sino que las fronteras son hechos. La nueva política con respecto al Sur incluirá una activación intensiva de la Universidad Nacional de la Patagonia, con un redimensionamiento racional de toda la política cultural, qué será necesario desarrollar en este país que se prepara definitivamente para ingresar en el siglo XXI. La transformación que iniciamos, y que tiene como marco de referencia a la Patagonia, no responde de ninguna manera a una improvisación. Esta marcha hacia el Sur estaba implícita en nuestros programas y en nuestras promesas, en nuestros planes y en nuestras medidas de gobierno; pero, sobre todo, en nuestros sueños. Así, por ejemplo, el lanzamiento del llamado Plan Austral y, sobre todo, la denominación de la nueva moneda fueron ya indicadores de la concientización que se buscaba lograr. Traslado de entes estatales La península sureña que compartimos con Chile marca nuestra definitiva esencia austral. La recuperación de esa esencia austral en el reconocimiento de aquello que somos implicará cambios muy rotundos y la iniciación de un debate con respecto a nuestra misma geografía política. La generación del 80 trazó un proyecto que obtuvo resultados significativos, pero que llegó a su punto de agotamiento histórico. Esa generación del 80 presuponía que los términos del intercambio seguirían siendo indefinidamente favorables para la Argentina y que las vías ferroviarias que desembocan en el río de la Plata marcaban el modo exacto de la realidad. Ese proyecto funcionó durante mucho tiempo aceptablemente bien e, inclusive, implicó una lectura de la realidad internacional que entonces era realista. Pero hoy nos vemos enfrentados a nuevos desafíos y uno de esos desafíos es la conquista de espacios, en forma tal de lograr al mismo tiempo avanzar hacia el Sur y alcanzar una más efectiva descentralización de la República con sentido federal. No emprenderíamos ese camino solamente para un mecánico traslado de gente y mucho menos para una mudanza burocrática. Pero es posible lograr una aceptable descentralización de la administración pública y el traslado de algunos entes estatales al interior del país. La ciudad de Buenos Aires marca gran parte de la historia de los aciertos, de las dificultades, de los éxitos y de los errores de quienes fueron construyendo la nacionalidad. Juan de Garay fundó por segunda vez a la ciudad de Buenos Aires regresando la Asunción del Paraguay, caminando desde el Norte hacia el Sur. Buenos Aires fue creciendo en importancia con la Independencia. El proyecto de Rivadavia de dividir en dos a la provincia -con capitales en San Nicolás y en

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Chascomús- no prosperó. La campaña al desierto de 1833 agregó tierras y seguridad a las estancias bonaerenses, que ya llegaban entonces hasta el río Colorado. De allí surgió una compleja historia hasta el momento en que se formalizó una realidad, al comprobarse en 1880 el hecho de que Buenos Aires es la capital de la República. Se hacía necesario avanzar hacia el Sur; pero era incontrastable que la Revolución de Mayo se había hecho de Sur a Norte, quedando el resto casi como territorio postergado u olvidado. Durante toda la vida independiente el eje de los ríos Paraná-río de la Plata constituyó una exploración de las descompensaciones que se fueron generando en nuestra geografía política y, por supuesto, en nuestra geografía económica. Adalides de la reubicación Tres elementos explican la macrocefalia: el puerto, la administración nacional y el área productiva. Sin embargo, casi desde el primer momento, fueron surgiendo ideas de trasladar la capital. El proyecto de reubicar la capital tuvo su primer adalid en un hombre tan unitario como Bernardino Rivadavia; Urquiza llevó consigo la capital a Paraná; Sarmiento osciló entre su tesis de Argirópolis, ubicando la sede en la isla Martín García, como zona neutral para buscar la integración entre la Argentina, el Uruguay y el Paraguay, y la ciudad de Rosario. El Congreso de la Independencia había funcionado en San Miguel del Tucumán, y no por casualidad, sino por el peso que tenía el Norte en esos momentos. El Congreso Constituyente sesionó en Santa Fe. Las sedes de la administración nacional podían cambiar, pero el gobierno retomaba siempre a Buenos Aires. Luego surgieron distintas ideas, como la de ubicar la Capital en el ángulo común de las provincias de La Pampa, San Luís y Córdoba, utilizando la infraestructura básica de alguna ciudad ya establecida. En 1955, tomó fuerza la idea de llevar la Capital a Córdoba, que por razones políticas llegó a ser durante unos días sede del gobierno nacional, o a Santiago del Estero. La Convención Constituyente de 1957 se reuniría luego fuera de la Capital. Si a la visión de la Argentina se aplica la misma lógica que utilizaron en su momento países como el Brasil o los Estados Unidos, marchando desde las zonas pobladas hacia las menos pobladas, la respuesta al problema de la ubicación de la Capital no puede sino ser encontrada en la Patagonia. ¿Por que Viedma? Si la marcha debe ser hacia el Sur, hacia los desiertos o semidesiertos terrestres y oceánicos del Sur, pueden comenzar a enunciarse las principales ideas que giraron en torno de un traslado de la Capital. Esas ideas fueron fundamentalmente cuatro: buscar un punto entre la intersección de los ríos Limay, Neuquén y Negro, por su valor energético; llevar la administración a la ciudad de Choele Choel; extender las líneas hasta encontrar un punto en la misma Santa Cruz, combinando esa elección con la construcción de un puerto de aguas profundas en la zona, o buscar el camino a través de la desembocadura del río Negro en el Atlántico, en una zona poblada que permitiera, al mismo tiempo, el contacto con la pampa húmeda, la cercanía inmediata con el Sur de la provincia de Buenos Aires y la apertura oceánica, lo que daría por resultado inevitablemente la elección de Viedma, ciudad unida a Carmen de Patagones simplemente a través de un puente. Viedma posee la ventaja inicial dé ofrecer una infraestructura urbana en la zona

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conveniente. De convertirse en capital de la República, se adoptaría el criterio de aquellos países que no eligen a la sede de su administración nacional entre las grandes ciudades, sino optan por un centro mediano. Quizás el ejemplo más parecido en este sentido es el que ofreció Alemania Federal al decidirse por Bonn. Pero, como en los casos de los Estados Unidos, de la Unión Soviética, de China y del Brasil, se resolvería con un criterio geográfico y político vinculado al proyecto nacional en marcha, privilegiándose, por una parte, la. Patagonia; pero por otra parte, a aquella punta norteña de la Patagonia que se enlaza físicamente con la pampa húmeda. La nueva capital sería una ciudad que, ubicada en la desembocadura de un río, que está a pocos kilómetros del océano, generaría, naturalmente, una doble franja, con una línea que apunta hacia el mar y el desarrollo turístico recreativo y deportivo, y una línea que apunta hacia adentro, hacia las zonas de explotación agroindustrial. El remordimiento de la inacción política Señores: La unidad nacional consiste en que cada uno trate a los demás como prójimos, como próximos, como muy cercanos, como a otros que son como nosotros. La idea de unidad nacional está en el corazón mismo del razonamiento ético. Cualquiera que fuere la confesión religiosa, la escuela filosófica o la ideología política, la ética consiste siempre en renunciar a una parte de lo que cada uno quiere o necesita en función de lo que quiere o necesita el conjunto de la sociedad. Todo razonamiento ético se basa en el reconocimiento de los derechos propios de los demás. La justicia no existe sino como búsqueda incesante de la justicia. Existen desigualdades insalvables derivadas del tiempo que toca a cada uno vivir, del espacio que toca a cada uno ocupar, de las condiciones naturales de la cultura y de las miles de limitaciones que encuentra la condición humana en su incansable intento por alcanzar la felicidad. Pero constituye una obligación ética insoslayable tratar de lograr una creciente situación de igualdad, tratar de generar una justicia siempre renovada. Hasta ahora hemos formulado algunas consideraciones geográficas, históricas y políticas; pero debemos decir que la existencia de una enorme franja de país segregado, y muchas veces olvidado, constituye también un trastorno de la ética. Sería aceptar situaciones de injusticia no reparar el hecho de que la Patagonia, más extensa que muchos países importantes, vivió explotada en sus recursos sin obtener el reconocimiento lógico del sacrificio de sus ciudadanos. No convocamos a un esfuerzo sin pensar en los destinatarios muy directos de ese esfuerzo, que son nuestros compatriotas sureños. En nuestro mensaje del 10 de diciembre de 1983, dijimos: “Mediremos nuestros actos para no dañar a nuestros contemporáneos en nombre de un futuro lejano. Pero nos empeñaremos, al mismo tiempo, en la lucha por la conquista del futuro previsible, porque negarnos a luchar por mejorar a los hombres mismos, en términos previsibles, sería hundirnos en la ciénaga del conformismo. Y toda inacción en política, como dijo el actual Pontífice, sólo puede desarrollarse sobre el fondo de un gigantesco remordimiento. La acción, ya lo sabemos, no llevará a la perfección: la democracia es el único sistema que sabe de sus imperfecciones. Pero nosotros daremos de nuevo a la política, la dimensión humana que está en las raíces de nuestro pensamiento”.

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LEY 2.086
LA LEGISLATURA DE LA PROVINCIA DE RIO NEGRO SANCIONACON FUERZA DE – LEY: Artículo 1º - La Provincia de Río Negro cede a la Nación Argentina al sólo efecto de radicar la Capital Federal de la República (articulo 3º de la Constitución Nacional) la superficie de su territorio que se delimita a continuación: Costado Norte: Se lo describe en tres tramos. Primer Tramo: A partir del centro del río Negro, en la prolongación del costado Norte de la Fracción E de la Sección Sexta se seguirá en dirección al Este por el Norte de los lotes pastoriles números Dos, Tres, Cuatro y Cinco, hasta interceptar la línea trazada por el Ingeniero Don Juan Provano en el año 1881 como límite entre la Provincia de Buenos Aires y las tierras nacionales, conocida como Meridiano Quinto Oeste de Buenos Aires, la que corresponde al meridiano de sesenta y tres grados veinticinco minutos veinte segundos Oeste de Greenwich. Son sus linderos al Norte, los lotes veintidós, veintitrés, veinticuatro y veinticinco de la Fracción C de la misma Sección. Segundo Tramo: La del citado meridiano que conforma el costado Este de los lotes cinco, seis y quince de la mencionada fracción y sección, prolongándose hasta el cauce del río Negro, lindando con tierras de la Provincia de Buenos Aires. Tercer Tramo: Desde el punto arriba indicado se continuará hacia el Sudeste la línea sinuosa del cauce del río Negro en la parte que delimita con la Provincia de Buenos Aires, hasta su desembocadura en el mar Argentino en el Océano Atlántico. Costado Sudeste y Sur: La línea marítima desde la desembocadura del río Negro hasta enfrentar la línea central divisoria del lote quince de la Fracción F de la Sección Primera a Uno (I a 1) lindando con el Golfo de San Matías en el Océano Atlántico. Costado Oeste: También se describe en tres tramos. Primer Tramo: A partir del último punto mencionado se seguirá hacia el Norte por la línea divisoria de los lotes quince, seis y cinco de la Fracción F de la Sección 1º a 1, ya citadas, hasta interceptar el costado Sur del lote veinticinco de la Fracción E de su misma Sección; donde se cuadrará hacia el Oeste para luego tomar la línea quebrada que forma el costado Suroeste de las propiedades de Modesto Iturburúa y de Juilá Andreu y Herrero, hasta alcanzar el costado Oeste del mencionado lote pastoril veinticinco; en donde se tomará rumbo al Norte hasta un punto ubicado a cien (100) metros del eje del canal principal de riego del Valle Inferior. Son sus linderos, la mitad Oeste de los lotes citados, quince, seis y cinco, ángulo Sudoeste del lote veinticinco, parte del veinticuatro y del diecisiete de su misma fracción. Segundo Tramo: A partir del punto extremo Norte de la descripción anterior se trazará una línea sinuosa paralela al eje del proyectado canal de riego, a una distancia de cien (100) metros del mismo, en la zona de secano, hasta interceptar el centro del río Negro. Son sus linderos: Parte de los lotes pastoriles veinticuatro, diecisiete de la Fracción E de la Sección 1º a 1, y parte de los lotes dos y uno de la Sección Segunda y de los lotes diecisiete a cuatro de la Sección Tercera, ambas de la margen Sur del río Negro. Tercer Tramo: La línea que forma el centro del cauce del río Negro entre el punto de intersección citado anteriormente y el punto de partida de este deslinde, lindando con el sector Sur del río Negro. Artículo 2º - El Poder Ejecutivo Provincial procederá al deslinde y demarcación precisa del territorio precedentemente descripto, conforme lo que establezca oportunamente la Ley Nacional de declaración de Capital de la República. Artículo 3º - Los Poderes Públicos provinciales y la administración en general

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seguirán funcionando transitoriamente en el territorio cedido. Artículo 4º - Hasta tanto se efectivice el traslado de las Autoridades Nacionales al nuevo distrito, la PROVINCIA y las MUNICIPALIDADES conservarán sus actuales jurisdicciones y atribuciones, quedando facultado el PODER EJECUTIVO PROVINCIAL a convenir con el gobierno nacional en los términos del artículo 106 inc. h) de la Constitución Provincial la forma y circunstancias de su transferencia, especialmente: Las funciones y atribuciones vigentes de los municipios de acuerdo a la CONSTITUCION PROVINCIAL Y LEGISLACION MUNICIPAL respectivas; La competencia judicial dentro del territorio que se declare CAPITAL; hasta tanto ello ocurra, los actuales Tribunales conservarán su jurisdicción y competencia. Artículo 5º - El Poder Ejecutivo Provincial preverá en los convenios a realizarse, la asistencia económica de la Nación a la Provincia de Río Negro para solventar los gastos que origine la construcción y traslado de la nueva Capital Provincial. Artículo 6º - El BANCO DE LA PROVINCIA DE RIO NEGRO, permanecerá bajo la administración, dirección y propiedad de la Provincia sin alteración a los derechos que a ésta correspondan. Será además la institución financiera por la que se canalizarán los fondos necesarios para la radicación de la Capital de la República. Artículo 7º - La cesión dispuesta en el artículo 1º quedará sin efecto si por cualquier motivo dejara de concretarse la radicación del gobierno federal en el territorio cedido en un plazo de cinco (5) años, a contar de la promulgación de la presente o si el mismo fuera afectado a otros fines, en estos casos Viedma continuará siendo capital de la Provincia de Río Negro. Artículo 8º - Decláranse de utilidad pública y sujetas a expropiación todas las tierras comprendidas en el territorio cedido en los términos y con los alcances de los artículos 40 y siguientes de la Constitución de la Provincia. Artículo 9º - La Provincia conservará el dominio de las propiedades que le pertenecen dentro del territorio cedido. Artículo 10º - Comuníquese al Poder Ejecutivo y archívese. Dada en la Sala de Sesiones de la Legislatura de la Provincia de Río Negro, en la ciudad de Viedma a los diez días del mes de julio de mil novecientos ochenta y seis. Caldelari Abrameto Airaldo

LEY 10.454
EL SENADO Y CAMARA DE DIPUTADOS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES SANCIONAN CON FUERZA LEY: Artículo 1º - La Provincia de Buenos Aires cede a la Nación Argentina al sólo efecto de radicar la Capital Federal de la República (artículo 3º de la Constitución Nacional) el territorio que se delimita a continuación: Al N.E. y hacia el S.E. la línea que separa las Parcelas 367 aa, 367 u, 367 v, 367 w, 367 gg, 367 y, 367 z, correspondientes a la Circunscripción VI, de la calle que la deslinda de la Circunscripción V, ambas del Partido de Patagones; desde su intersección con el eje de la zona del Ferrocarril General Roca (vértice norte) hasta su intersección

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con la Parcela 370 f de la Circunscripción VI. Desde este punto y hacia el S.O., por la línea que separa esta Parcela de la calle que deslinda las mencionadas Circunscripciones hasta su intersección con la prolongación del deslinde entre las Parcelas 226 a, de la Circunscripción V y la Parcela 370 f, de la Circunscripción VI. Desde este punto y con rumbo S.E., la línea que marca el deslinde entre las Parcelas 226 a, 226 b, 226 c, 227, 228, 235 c, 235 d, correspondientes a la Circunscripción V y las Parcelas 370 f, 370 c, 370 d, 370 e, de la Circunscripción VI, hasta el Océano Atlántico. Desde este punto, por el S.O., la costa marítima hasta su intersección con el límite interprovincial de Buenos Aires y Río Negro, en la desembocadura del río homónimo. Desde este punto y hacia el N.O., el límite entre las Provincias de Buenos Aires y Río Negro hasta su intersección con la prolongación de la Iínea divisoria entre las Parcelas 61 b y 42 de la Circunscripción II. Desde este punto y con rumbo N.E. por el deslinde de las Parcelas 61 b, 41 b, 41 a, 32 a, 29 a, 22 a, con las Parcelas 42, 32 b, 24 a, hasta su intersección con el paralelo terrestre 40º 35' 30”. Desde este punto hacia el E., el mencionado paralelo hasta su intersección con el límite N.E. Artículo 2º - Autorizase al Poder Ejecutivo para celebrar con el Gobierno de la Nación los acuerdos y convenios que resulten necesarios a los fines del cumplimiento de la presente, con arreglo a las disposiciones de la Constitución de la Provincia de Buenos Aires. Artículo 3º - Los tratados y convenios suscriptos entre la Provincia de Buenos Aires, la Nación y las demás Provincias, mantienen su vigencia. Artículo 4º - La Provincia de Buenos Aires, conservará los bienes del dominio privado que le pertenezcan dentro del territorio cedido y los del dominio público cuya transferencia no se convenga expresamente. Artículo 5º - Decláranse de utilidad pública y sujetos a expropiación todos los inmuebles en el territorio cedido, en los términos y con el alcance del artículo 27 de la Constitución Provincial hasta la sanción de la Ley Nacional que ordene el traslado de la Capital Federal, Artículo 6º - Los poderes públicos provinciales y municipales y la administración en general seguirán funcionando transitoriamente en el territorio cedido. Hasta tanto se efectivice el traslado de las autoridades nacionales al nuevo Distrito, la Provincia y las Municipalidades conservarán sus actuales jurisdicciones y atribuciones según la Constitución Provincial vigente y normas concordantes. La federalización del territorio transferido implicará que en el ámbito del mismo, el ejercicio del poder impositivo provincial y municipal, continuará hasta el acto de entrega formal de la cesión que por la presente ley se dispone. El Poder Ejecutivo deberá realizar las acciones que sean necesarias para asegurar la continuidad dé la prestación de los servicios públicos, y de la administración provincial y municipal, hasta el momento señalado en el párrafo anterior. Para el caso de la cesión de la ciudad de Buenos Aires a la Provincia de Buenos Aires el traspaso de jurisdicción de bienes y servicios deberán ser expresamente establecidos en cada oportunidad por el Poder, Ejecutivo Nacional y el Poder Ejecutivo Provincial, respectivamente, para cada caso particular con la necesaria simultaneidad, antelación y publicidad todo lo cual regirá también para el caso del territorio cedido por la Provincia de Buenos Aires. De igual manera, y hasta tanto se efectivice el referido acto subsistirán en plenitud las facultades otorgadas por los artículos 90, y 132 de la Constitución de la Provincia de

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Buenos Aires, en todo lo que no resulte incompatible con la letra y el espíritu de la ley nacional; y los actuales Tribunales y Organismos Judiciales conservarán por el mismo lapso su jurisdicción y competencia. Artículo 7º - La cesión del territorio y la finalidad determinada en los artículos anteriores se efectivizará conforme a: Garantizar la continuidad laboral y categorías equivalentes de los agentes públicos provinciales y municipales. Los fondos que deben ser invertidos o afectados al cumplimiento de la presente hasta la consumación del traspaso de jurisdicción, sin distinción de su origen, deberán ser canalizados a través del Banco de la Provincia de Buenos Aires. La vigencia de los convenios interjurisdiccionales preexistentes y ratificados por la Provincia de Buenos Aires. Las erogaciones que demande al asentamiento de la nueva cabacera del Distrito de Patagones y la construcción de los edificios municipales y/o provinciales estarán a cargo de la Nación. Artículo 8º - La organización política y administrativa del Partido de Patagones con posterioridad a la vigencia de la presente ley, y la designación de su ciudad cebacera, se determinarán por ley a cuyo fin autorizase al Poder Ejecutivo a arbitrar las medidas que garanticen la participación de todos los sectores afectados en el estudio y evaluación de la conformación del Distrito. Los gastos que demande el cumplimiento de esta cláusula serán a cargo de la Nación. Artículo 9º - La cesión dispuesta quedará sin efecto si transcurridos cinco (5) años de la fecha de publicación de la presente, no se diera cumplimiento. Artículo 10. - La Ley Nacional deberá contemplar la devolución del territorio de la ciudad de Buenos Aires a la Provincia de Buenos Aires o la formación de una nueva Provincia en los límites actuales de la Capital Federal. Artículo 11. - Comuníquese al Poder Ejecutivo. Dada en la Sala de Sesiones de la Honorable Legislatura de la Prov. de Bs. As., en la ciudad de La Plata, a los diecisiete días del mes de octubre de mil novecientos ochenta y seis. ROULET Cappelleri Cerutti Evangelista

LEY 23.512
EL SENADO Y CAMARA DE DIPUTADOS DE LA NACION ARGENTINA reunidos en Congreso, sancionan con fuerza de – LEY: Artículo 1º - Declárase Capital de la República, una vez cumplido lo dispuesto por el artículo 5º, a los núcleos urbanos erigidos y por erigirse en el área de las actuales ciudades de Carmen de Patagones (provincia de Buenos Aires) y Viedma y Guardia Mitre (provincia de Río Negro), con el territorio comprendido en las cesiones dispuestas por las leyes Nº 10.454 de fecha 17 de octubre de 1986 de la provincia de Buenos Aires y número 2086 de fecha 10 de julio de 1986 de la provincia de Río Negro, que en

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conjunto constituyen el área de |a nueva Capital Federal. El territorio cedido por la provincia de Buenos Aires es el que se delimita a continuación: al N.E. y hacia el S.E. la línea que separa las Parcelas 367 aa, 367 u, 367 v, 367 w, 367 gg, 367 y, 367 z, correspondientes a la Circunscripción VI, de la calle que la deslinda de la Circunscripción V, ambas del Partido de Patagones; desde su intersección con el eje de la zona del Ferrocarril General Roca (vértice Norte) hasta su intersección con la Parcela 370 f de la Circunscripción VI. Desde este punto y hacia el S.O., por la línea que separa esta Parcela de la calle que deslinda las mencionadas Circunscripciones hasta su intersección con la prolongación del deslinde entre las Parcelas 226 a, de la Circunscripción V y la Parcela 370 f de la Circunscripción VI. Desde este punto y con rumbo S.E., la línea que marca el deslinde entre las Parcelas 226 a, 226 b, 226 c, 227, 228, 235 c, 235 d, correspondientes a la Circunscripción V y las Parcelas 370 f, 370 c, 370 d, 370 e, de la Circunscripción VI, hasta el Océano Atlántico. Desde este punto, por el S.O., la costa marítima hasta su intersección. con el límite interprovincial de Buenos Aires y Río Negro, en la desembocadura del río homónimo. Desde este punto y hacia el N.O., el limite entre las provincias de Buenos Aires y Río Negro hasta su intersección con la prolongación de la línea divisoria entre las parcelas 61 b y 42 de la Circunscripción II. Desde este punto y con rumbo N.E., por el deslinde de las Parcelas 61 b, 41 b, 41 a, 32 a, 29 a, 22 a, con las Parcelas 42, 32 b, 24 a, hasta su intersección con el paralelo terrestre 40º 35' 30”. Desde este punto hacia E., el mencionado paralelo hasta su intersección con el límite N. E El territorio cedido por la provincia de Río Negro es el que se delimita a continuación: Costado Norte: Se lo describe en tres tramos. Primer tramo: A partir del centro del río Negro, en la prolongación del costado Norte de la Fracción E de la Sección Sexta, se seguirá en dirección al Este por el Norte de los lotes pastoriles números Dos, Tres, Cuatro y Cinco, hasta interceptar la línea trazada por el Ingeniero Don Juan Pirovano en el año 1881 como límite entre la provincia de Buenos Aires y las tierras nacionales, conocidas como Meridiano Quinto Oeste de Buenos Aires, la que corresponde al meridiano de sesenta y tres grados veintitrés minutos veinte segundos Oeste de Greenwich. Son sus linderos al Norte, los lotes veintidós, veintitrés, veinticuatro y veinticinco de la Fracción C de la misma Sección. Segundo tramo: La del citado meridiano que conforma el costado Este de los lotes cinco, seis, y quince de la mencionada fracción y sección, prolongándose hasta el cauce del río Negro, lindando con tierras de la provincia de Buenos Aires. Tercer tramo: Desde el punto arriba indicado se continuará hacia el Sudeste la línea sinuosa del cauce del río Negro en la parte que delimita con la provincia de Buenos Aires, hasta su desembocadura en el mar Argentino en el Océano Atlántico. Costado Sudeste y Sur: La línea marítima desde la desembocadura del río Negro hasta enfrentar la línea central divisoria del lote quince de la Fracción F de la Sección Primera a Uno (I a 1) lindando con el golfo de San Matías en el Océano Atlántico. Costado Oeste: También se describe en tres tramos. Primer tramo: A partir del último punto mencionado se seguirá hacia el Norte por la línea divisoria de los lotes quince, seis y cinco de la Fracción F de la Sección la 1, ya citadas, hasta interceptar el costado Sur del lote veinticinco de la Fracción E de su misma Sección; donde se cuadrará hacia el Oeste para luego tomar la línea quebrada que forma el costado Suroeste de las propiedades de Modesto Iturburúa y de Juliá Andreu y Herrero, hasta alcanzar el costado Oeste del mencionado lote pastoril veinticinco; en donde se tomará rumbo al Norte hasta un punto ubicado a cien (100) metros del eje del canal principal de riego del Valle Inferior. Son sus linderos, la mitad Oeste de los lotes citados, quince, seis y cinco, ángulo sudoeste del lote veinticinco, parte del veinticuatro y del diecisiete de su misma Fracción. Segundo tramo: A partir del punto extremo Norte de la descripción anterior se trazará una línea

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sinuosa paralela al eje del proyectado canal de riego, a una distancia de cien (100) metros del mismo, en la zona de secano, hasta interceptar el centro del río Negro. Son sus linderos: Parte de los lotes pastoriles veinticuatro, diecisiete de la Fracción E de la Sección 1 a 1, y parte de los lotes dos y uno de la Sección Segunda y de los lotes diecisiete a cuatro de la Sección Tercera, ambas de la margen Sur del río Negro. Tercer Tramo: La línea que forma el centro del cauce del río Negro entre el punto de intersección citado anteriormente y el punto de partida de este deslinde, lindando con el sector Sur del río Negro. Facúltase al Poder Ejecutivo Nacional para proceder de común acuerdo con los Gobiernos de las provincias de RIO NEGRO y de BUENOS AIRES al deslinde y demarcación del territorio que se federaliza. Artículo 2º - Habiéndose dispuesto la cesión de los territorios enunciados en el artículo 1º mediante la Ley 10.454 de fecha 17 de octubre de 1986 de la provincia de Buenos Aires y la Ley 2086 de fecha 10 de julio de 1986 de la provincia de Río Negro, considérase cumplido lo dispuesto en el artículo 3º de la Constitución Nacional. Artículo 3º - Hasta que se haya cumplido lo dispuesto en el artículo 5º, coexistirán en el territorio al que se refiere el artículo 19, la jurisdicción federal para todo lo concerniente al traslado e instalación de la Capital, y las jurisdicciones locales para todo lo que no se refiera a ello. En consecuencia, con la salvedad señalada y sin perjuicio de lo dispuesto por los artículos 4º y 7º, continuarán rigiendo en dicho territorio los ordenamientos legales y administrativos locales, manteniendo ambas provincias y las Municipalidades de VIEDMA, GUARDIA MITRE y CARMEN DE PATAGONES sus facultades jurisdiccionales y el dominio sobre sus bienes, en cuanto no se opongan a las disposiciones de la autoridad nacional concernientes al traslado e instalación de la Capital, comprendiéndose en ello la realización de obras, expropiación y afectación de tierras, formulación de planes urbanísticos y de asentamiento poblacional y todo lo demás conducente a cumplir los objetivos de esta ley. Artículo 4º - Facúltase al Poder Ejecutivo Nacional a convenir con los Gobiernos de las provincias del Río Negro y Buenos Aires y de las Municipalidades de Viedma, Guardia Mitre y Carmen de Patagones la transferencia: a) de los bienes de dominio público: b) de los bienes de dominio privado; c) del uso de bienes del dominio público o privado de los Estados Provinciales y de los Municipios, para la instalación de las autoridades nacionales. d) de los registros y demás antecedentes inmobiliarios, catastrales e impositivos, relativos a los bienes situados en el territorio; y e) de las deudas y créditos de las citadas Municipalidades y de los Gobiernos Provinciales concernientes al territorio que se federaliza. Artículo 5º - El Poder Ejecutivo Nacional, previa conformidad de ambas Cámaras del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia, declarará habilitados los locales e instalaciones suficientes, aptos para el desempeño de las autoridades que en virtud de la Constitución Nacional ejercen el Gobierno Federal. A partir de ese momento, el territorio del artículo 1º será la Capital de la República y las autoridades se constituirán en su nueva sede. Con aquella declaración se operará la plena federalización del área delimitada en el artículo 1º a todos los efectos institucionales, legales y administrativos, cesando en consecuencia las potestades jurisdiccionales provinciales y municipales. Sin embargo, si aún no se ha organizado la nueva justicia nacional ordinaria, subsistirá hasta que ello ocurra la competencia de los tribunales provinciales existentes. Artículo 6º - La ciudad de Buenos Aires continuará siendo Capital de la República hasta cumplirse lo dispuesto en el artículo 5º. A partir de ese momento la ciudad de

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Buenos Aires, con su limites actuales, constituirá una nueva provincia, debiéndose convocar para su organización una convención constituyente. El Poder Ejecutivo, el Congreso Nacional y el Gobierno Municipal, continuarán ejerciendo sus actuales poderes constitucionales y de gobierno de la ciudad de Buenos Aires hasta la instalación de las nuevas autoridades provinciales. Artículo 79 - Decláranse de utilidad pública y sujetos a expropiación inmediata o diferida, u ocupación temporánea, aquellos bienes de propiedad privada situados en el territorio del artículo 1º, que resulten necesarios para el establecimiento de la nueva Capital Federal como asimismo todos aquellos cuya razonable utilización sobre la base de planes o planos y proyectos específicos convenga material o financieramente al mismo efecto de modo que se justifique que las ventajas estimadas serán utilizadas concretamente en la ejecución del programa que motiva esta declaración, o que hagan al desarrollo integral o asentamiento de población en el área. Artículo 8º - Los gastos que irrogue el establecimiento de la nueva Capital Federal serán solventados con recursos provenientes de “Rentas Generales” en la partida correspondiente del Presupuesto Nacional y con recursos provenientes de la ejecución de la presente ley. En ningún caso los gastos que demande el cumplimiento de esta ley y la instalación de la nueva Capital Federal podrán afectar los fondos y recursos que corresponde percibir a las provincias por cualquier concepto, tales como los derivados de la coparticipación impositiva federal, regalías, fondos especiales destinados a programas de desarrollo provinciales, Fondo Nacional de la Vivienda u otros similares creados o a crearse con los mismos fines. Artículo 9º - Los agentes de la Administración Pública Nacional que revistan en organismos cuyo traslado se disponga como consecuencia de la sanción de la presente ley, no podrán ser trasladados sin su previo y expreso consentimiento, manteniendo en todo caso la garantía de estabilidad. Los agentes que no acepten el traslado serán reubicados en otros organismos en la forma y plazos que determine la reglamentación. Artículo 10. - El Poder Ejecutivo Nacional presentará al Congreso de la Nación para su aprobación, dentro del plazo de un año a partir de la sanción de la presente, un plan nacional, que vinculado con los fines tenidos en cuenta para el traslado de la Capital y sin perjuicio de otros objetivos, contenga obras y medidas que sirvan a la integración territorial, el equilibrio demográfico, la reforma y descentralización administrativa, así como al desarrollo patagónico y de las otras regiones del país y al aprovechamiento del litoral marítimo y la explotación de los recursos naturales. Asimismo informará anualmente al Congreso sobre el desenvolvimiento de dicho plan. Artículo 11. - Dentro de los treinta (30) días de promulgada esta ley, el Poder Ejecutivo Nacional, nombrará una Comisión Honoraria que deberá efectuar una amplia consulta para recibir sugerencias con el fin de adoptar un nombre para la nueva Capital de la República. El Poder Ejecutivo fijará el plazo en que deba serle elevada la propuesta a los fines indicados. Artículo 12. - Cumplidos los requisitos previstos en el artículo 5º quedarán derogadas las Leyes Nº 1029, Nº 1585 y N° 2089. Artículo 13. - Comuníquese al Poder Ejecutivo Nacional. Dada en la Sala de Sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, a los veintisiete días del mes de mayo del año mil novecientos ochenta y siete. MARTINEZ Pugliese Macris

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Bravo

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