LA LITURGIA NUPCIAL

EN EL ANTIGUO
RITO HISPÁNICO







Jordi Pinell, osb

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Tomado de:

La celebrazione cristiana del matrimonio.
Simboli e testi

Atti del II Congresso
Internazionale di Liturgia

Roma, 27-31 maggio 1985

A cura di Giustino Farnedi

Roma 1986


191






LA LITURGIA NUPCIAL EN EL ANTIGUO
RITO HISPÁNICO
J ORDI PINELL PONS
No pudiendo ofrecer grandes novedades sobre el argumento
me ha sido propuesto los textos, desde hace muchos
están al alcance de todos -, me limitaré a presentar los
ya conocidos, considerándolos, esto sí, en una nueva
lJE,rspectJiva Espero que mi intervención quede por lo menos
con la aportación de algunas precisiones - a veces
tratará de simples cuestiones de matiz - difícilmente per-
para un observador no especializado.
Trataré, en primer lugar, de las fuentes, y empezaré a distín-
en este prímer momento las dos versiones de la estructura
rito del matrimonio que nos transmiten los manuscritos.
A continuación, examinaré los elementos que nos quedan
un oficio votivo y de una misa destinados a la celebración
matrimonio. Del oficio y de la misa, ambos incompletos,
sobre todo identificar e interpretar los pasajes bíbli-
en que fundan su doctrina.
Finalmente, estudiaré la forma y el contenido doctrinal de
bendición nupcial propiamente dicha.
1. Fuentes. Estructura global del rito del matrimonio
Para saber de qué elementos constaba y cómo se desen-
el rito del matrimonio, en el antiguo rito hispánico,
tenemos que acudir obviamente al liber ordinum, libro litúrgico
que correspondía la función de ritual-pontifical l. Tendremos
1 M. FÉROTIN, Le Liber Ordinum en usage dans l'église wisigothique
et mozarabe de l'Espagne du Veme. ou Xleme. siecle = Monumenta Eccle-
siae Liturgica V (Paris 1904), col. 433-443.
88
Jordí Pinell i Pans
que recurrir al antifonario 2 y al líber commicus 3 para poder
examinar lo que nos han conservado del oficio y de la misa
De nubentibus.
De los tres manuscritos que utilizó Dom Férotin en su edi-
ción del liber ordinum, dos solamente reproducen el rito del
matrimonio. Son los dos que actualmente se conservan en el
Archivo del Real Monasterio de Silos. El que está catalogado
con el n. 3 de dicho archivo, que un presbítero llamado lohan·
nes acabó de copiar en enero del año 1039, y que Férotin
designó con la sigla A, (folios 39-42), Y el que corresponde al
n. 4 del mismo archivo, copiado en 1052, por otro presbítero
llamado Bartholomaeus, éste por orden del abad Dominicus del
monasterio de San Prudencia (fa!. 332v-338v). A éste último,
Férotin asigna la sigla B; pero el orden alfabético de las siglas
no tiene que engañarnos: éste es prácticamente el códice en que
basa su edición.
Hemos visto que los dos códices son contemporáneos; trece
años en aquella época no podían representar un tiempo apre-
ciable. No fueron copiados en el mismo scriptorium, pero ambos
provienen de una misma área loca!. Y sin embargo nos dan dos
versiones distintas del rito que aquí nos disponemos a examinar.
Aunque ello no responda directamente a la cuestión que
acabo de plantear, debo especificar ya desde ahora que los códi-
ces 3 y 4 del Archivo de Silos no representan un mismo tipo
de líber ordinum. El códice 3 de Silos, corno también el de la
Real Academia de la Historia de Madrid, procedente de San
Millán de la Cogolla, que no reproduce el rito del matrimonio,
pertenecen al llamado liber ordinum minor, destinado al presbí-
tero, análogo al futuro "ritual romano". En cambio, el ma-
nuscrito 4 de Silos representa el liber ordinum maior, que com-
prende algunas funciones estrictamente episcopales, y que segu-
2 L. BROU ~ J. VIVES, Antifonario Visigótico Mozárabe de la catedral
de León, edición diplomática = Monumenta Hispaniae Sacra, serie l i t ú r ~
gica, vol. V, 1 (Barcelona-Madrid 1959) pp. 454-455.
3 J. PÉREZ DE URBEL M A. GONzÁLEZ RUIZ) Liber Commicus = MonuM
menta Hispaniae Sacra, serie iítúrgica, vol. !II (Madrid 1955), t. n. pp.
537-540.
89 nupcial en el antiguo rito hispánico
sirvió como remoto ejemplar para la confección del
romano-germánico.
sería una buena ocasión, si el tiempo nos lo permi-
indagar a fondo sobre la génesis del liber ordinum,
los libros hispánicos más consultados por los que se
de liturgia, pero que, en cuanto tal, ha sido siempre
tfalta,do muy superficialmente. Consideremos que el primer libro
de la historia, e! sacramentario romano de factura
se habia formado al combinar los formularios euco-
de los libelos de los siglos V y VI con un determinado
Ca.llendano de la segunda mitad del s. VI. A partir de entonces,
ha.ciE,ron otros libros litúrgicos, más o menos especificas, como
el leccionario en el ámbito concreto de la
hispánica, el oracional para e! oficio festivo - com-
PlldUU' siempre siguendo el orden de un calendario. No olvide-
la locución ordinis anni circuli del título de! Gelasiano,
tiene un sentido determinante, y que se repetirá casi a la
- totius anni circuli - en los catálogos de los libros litúr-
hispánicos.
El liber ordinum fue el primero, por lo menos en el ámbito
no estructurado según el orden de un calendario.
confeccionarlo, se tuvo que substiÚür e! orden que emanaba
desenvolvimiento del año litúrgico por otro orden, adoptando
que, en un primer momento no sería fácil establecer.
Yo mismo, al tener que describir el liber ordinum, tal como
apan,ce en la edición de Dom Férotin, he distinguido en él tres
la. la que reproduce los textos y rúbricas para la admi-
de sacramentos, sacramentales y bendiciones; 2a. las
celebraciones del Triduo Sacro, reuniendo en forma plenaria
los elementos de los varios libros litúrgicos; 3a. una serie de
misas votivas, que no figuran en el manuale, en parte porque
habían sido eompuestas en una époea posterior a la definitiva
compilación del manuale, en parte porque quedaban al margen
de una distribución según e! orden del año litúrgico '.
4 AA.VV., Anamnesis 2: La Liturgia. Panorama storico generale (Ca-
sale t978): Libri liturgici ispanici, k) Liber Ordinum (pp. 200-20t).
90 Jardi Pinell i Pans
Pero, al establecer contacto con el contenido efectivo de
cada uno de los tres manuscritos que Dom Férotin utilizó en
su edición, debo reconocer que mi descripción pecaba de exa-
gerado simplismo. Cometiendo un grave anacronismo, aplicaba
a estructuras rituales del s. VII la clasificación tridentina de
{< sacramentos y sacramentales »,
Para un compilador del liber ordinum, en cualquiera de
las tres versiones que de él conocemos, tiene aparentemente
tanta importancia la relación que se establece entre el ministro
de la Iglesia y el cristiano como la acción estricta, a la que la
teología sacramentaria ha restringido el concepto de sacramento.
Por ejemplo, la visita de asistencia al enfermó parece que valga
cuanto la unción sacramental que se le administra; a juzgar
por la riqueza de matices, por el arte con que fue elaborado
el ritual de los funerales, se diría que las exequias, entendidas
como una celehración en vida de la muerte cristiana, no son
de importancia menor a la de un sacramento.
Con criterios que hoy llamaríamos "pastorales ", respon-
diendo a necesidades que cada iglesia local estimaba sujetiva-
mente, el liber ordinum fue formándose por etapas, tendiendo
a integrar cada vez un mayor número de "ardas". No debe
sorprendernos, por lo tanto, que en el ordinum minor de Silos
no figuren el ordo poenitentiae y el Triduo Sacro, mientras que
en el ordinum minor de San Millán, que contiene el ordo poeni-
tentiae y el Triduo Sacro, faltc el ordo nubentium; y que, en
el ordinum maior de Silos, el más amplio y elaborado de los
tres, que contiene en exclusiva la sección del conferimiento de
las órdenes sagradas, falte precisamente el ardo de la consagra-
ción episcopal.
Iohannes y Batholomaeus se limitaron a copiar en 1039 y
1052 respectivamente códices mucho más antiguos que repre-
sentaban cada uno de ellos tradiciones manuscritas distintas.
Se dio indudablemente una evolución en la codificación del
liber ordinum. Y, paralelamente a la evolución del libro que
estaba llamado a reunirlos, se verificó también una evolución
al interno de cada" ardo ", por lo menos en algunos de ellos.
Scñalemos todavía otro detalle que tiene su interés. En el
manuscrito n. 3 de Silos, el ordinum minor, el rito del matri-
91 "-.",a;n nupcial en el antiguo rúo hispánico
ocupa un lugar relativamente apropiado. Según una
de nuestros días, hubiera sido mejor que estuviera entre
del bautismo y el de la unción de enfermos y las exe-
cuando en realidad se encuentra al final de las bendi-
eil)n,es. Sin embargo, queda incluído por lo menos en la primera
del libro, que es la que le corresponde. En cambio, en
4, el ordinum maior, fue añadido como un apéndice, al
del libro, después de la serie de misas votivas.
La dinámica de evolución del rito del matrimonio se veri-
por lo tanto, autónomamente, en fase de libe!o; no respon-
W'cuc<v a una revisión o evolución global del líber ordinum en
conjunto.
El manuscrito n. 3 nos da, de la estructura de! rito, una
más simple. La acción se desenvuelve en dos fases:
la que lleva el título de " bendición de las arras" - se trata
realidad de la bendición y tradición de los anillos - y b) el
nubentium, con la solemne bendición nupcial. Siguen otros
títulos complementarios, bajo los cuales han quedado codi-
dos bendiciones especiales, comunes a ambos manuscri-
1) para cuando uno de los esposos ha ya contraído matri-
memílJ, en el pasado, y 2) para cuando, por parte de ambos, se
de segundas nupcias.
Frente a la estructura del rito que muy esquemáticamente
de describir, la del otro manuscrito se distingue por su
mayor complejidad, y sobre todo por el carácter de secuencia
continua que el rito asume, según esa nueva versión. Las fases
del rito van a cumplirse dentro de un determinado espacio de
tiempo. La liturgia nupcial empieza la mañana del sábado - die
sabato, hora tatia - en casa de los esposos, con la bendición
del tálamo. Entre la bendición del tálamo, que el otro manus-
crito ignoraba, y la llamada bendición de las arras, el códice
n. 4 incluía, entero, e! oficio votívo de nubentibus. Digo "in-
cluía", porque le faltan los folios correspondientes. Salta, del
título ad vesperum, a las últimas frases de la completuria y la
bendición del oficio matutino. La bendición de las arras tenia
lugar, por lo tanto, entre el oficio matutino y la misa. Al final
de la celebración eucaristica, se les impartía la solemne bendi-
ción nupcial.
2. El oficio y la misa "De nubentibus "
Quizá alguien se sorprenderá de que, en el ámbito del rito
hispánico, existiera un oficio votivo De nubentibus; que el ser-
vicio cotidiano de alabanza a Dios tuviese por objeto la con-
templación de la benignidad de Dios, tal como se revela en la
gracia del amor humano.
El antifonario de León, que representa el momento de
mayor expansión y creatividad en materia de canto litúrgico,
contiene los formularios que solemnizaban acontecimientos de
carácter eclesial! con1o la consagración o restauración de una
basílica, la ordenación de un obispo; acontecimientos de carác-
ter civil, como la coronación del rey o su regreso de la guerra;
oficios para pedir la lluvia o dar gracias por ella, para expresar
la desolación causada por una epidemia u otra calamidad natu-
raL Atendiendo a necesidades más estrictamente pastorales,
además de oficios por los difuntos, tenía oficios por los enfer-
mos. En este último grupo se coloca el oficio De nube11tibus.
La mayor atención al aspecto ceremonial del rito concuerda
muy bien con la tendencia que, en varias partes del mismo
códice, se manifiesta. Quede bien claro, sin embargo, que ésta
no representa una solemnización pontifical del rito. Hemos visto
que había sido añadido como un apéndice al libro ya codificado.
Las rúbricas comunes son esencialmente las mismas y, eI;l ambos
manuscritos, se habla siempre de sacados que, según la termi-
nologia del liber ordinum significa" presbítero ".
Es posible que la estructura más simple del códice 3 sea
también más primitiva. En todo caso, si la del otro manuscrito,
más compleja y elaborada, representa el efecto de una evolu-
ción, ésta tendría que haberse efectuado durante el período visigó-
tico, es decir no más tarde del s. VlI. Admitiendo la hipótesis
de que la estructura del códice 3, la más simple, fuese también
la más antigua, tendríamos que reconocer que otro tipo de
evolución - no en la estructura, sinó en la selección y trata-
miento de los textos - ha afectado el contenido del ordo que
dicho manuscrito reproduce. Ese proceso evolutivo, en sentido
degradante, tuvo que producirse durante la época mozárabe,
entre los siglos VII] y X.
92 Jordi Pinell i Pans
El códice n. 4 lo transcribía en forma plenaria. Pero ya
vísto que estas hojas de! manuscríto han desaparecido.
al antifonario de León, fol. 274, podemos recuperar por
menos los cantos de dicho oficio.
Basta una lectura de primer contaeto con ese grupo de
para darse cuenta enseguida que el tema en ellos pre-
es el de la "bendición". La antífona y el alleluía-
de vísperas se fundan en el pasaje del libro de Tobías
1), en el que se había ya ínspirado la antigua bendición
nupcial en el antiguo rito hispánico 93
Benedicat vobis Dominus Deus Israel,
ut videatis filios vestros
et filias filiorum vestrorum
usque in tertiam et quartam generatianem.
Benedicat vobis Dominus Deus Israel
benedictione perpetua,
ut sit semen vestrum benedictum
in saecula saeculorum. Alleluia.
La Iglesia somete al beneplácito de Dios la umon de los
esposos, consíderada ante todo como misíón vínculada al orden
de la creación. Una razón esencial de la felicidad de los esposos
consistirá en su fecundidad, en el goce prolongado en el tiempo
de la vida humana, a cuya difusión su proprio amor contribuye.
Manteniéndose en e! tema fundamental de la bendición, el
texto de tres de los cuatro cantos propios del oficio matutino
províenen de los versículos 13-16 de la segunda parte del Sal-
mo 113, según la Vulgata (Ps. 115):
I Aní. Benedixit Dominus damum Israel;
benedixit omnes timentes Daminum,
pusillos cum maioribus.
III Ant. Adiíciet Dominus super vos
et super filias vestros, alleluia.
Benedicti vos a Domino,
qui fecit caelum et ten"am,
alleluia, alleluia.
Resp. Benedictio Domini super vos, alleluia.
Benedicimus vos in nomine Domini,
alleluia.
Vos quos ad coníugale gaudiurn perduxit Dorninus
ipse vobis tribuat langa tempora et perenne gaudium,
No sé hasta qué punto el mUSlCO que había seleccionado
y elaborado el texto podía ser plenamente consciente de ello.
Pero me resisto a creer que pueda atribuirse a pura casualidad
la inspirada asociación del terna de la bendición con la fórmula
anamnética qui fecit caelum et terram, elemento primordial del
género hebraico de las bendiciones. Definiendo el Señor corno
Dios Creador, se excluía ante El la eventual existencia de otros
dioses, principio fundamental del monoteísmo. El Señor de
Israel era el Dios único, soberano. Aunque se revelase a un
pueblo, no era la divinidad peculiar de una nación, cuya acción
se agotaba en el ámbito de una determinada cultura. Era el
Dios del universo, que había creado el cielo y la tierra con la
virtud de su palabra, que al bendecir seguía produciendo sobre
la creación el bien que la palabra de la bendición expresaba.
El uso del Salmo 113 ensancha la visión a que nos reducía
necesariamente la evocación del pasaje de Tobías. Por una parte,
la mención de la « casa de Israel» nos lleva a reconocer el
monio corno una gracia que se produce en el seno del pueblo
de Dios, signo de la providencia de Dios por el bien de su
pueblo; por otra parte, el concepto clásico de la bendición des-
cendiente - veremos enseguida que también la bendición ascen-
dente está aquí representada - asigna al matrimonio un lugar
preciso dentro la amplia panorámica de la historia de la sal-
vación.
El oficio De nubentibus complementa esa doctrina, extraída
directamente de Tobías y del Salmo 113, con otras dos compo-
siciones, fruto de una redacción más libre. La teología bíblica
que proyectan en la celebración del matrimonio está ya filtrada
a través de la interpretación que la tradición latina,
a partir de la bendición romana del s. V, le había dado. Veamos
primero la segunda antífona del oficio matutino:
94
Vr. Adiiciet Dominus super vos
et super filios vestros benedictionem.
Benedicti vos a Domino
qui fecit caelum et terram,
R. Benedicimus vos in nomine Domini,
alleluia.
] ordi Pinell i Pans
95
laetemini cum filii5 et nepotibu5,
5iti5 exemplum Abrahae et Sarae,
et Rebecchae,
dílexit Dominus, et dedit illis conceptum,
nupcial en el antiguo rito hispánico
ye:rs,,;u: en la idea de la fecundidad - cum filiis et nepoti-
la enriquece con la evocación de la ejemplaridad patriar-
Abraham y Sara, de Isaac y Rebeca, llegando a la afirma-
quos dilexit Dominus, et dedit iUis conceptum. Razón de
prosperidad y fecundidad del matrimonio es el
de Dios, que se comunica a los esposos mediante su ben-
(lILaUJ.l. Creo necesario subrayar el tema de la alegría - tribuat
gaudium ut laetemini -, y de un modo particular el
coniugale gaudium, que el compositor no halló en la
nSUJ.LUld, y que siendo quizá la expresión más original de su
refleja una intencionalidad determinante: Vos, quos ad
gaudium perduxit Dominus.
Me he reservado para el final de esa lectura del oficio la
maestra del conjunto de cantos: el SOl1um. Para explicar
tUJrlClón y e! carácter del SOl1um, me veo obligado a describir
el esquema de las vísperas. La celebración empe-
con la oblatio lumil1is. El diácono encendía la lámpara
jJrinc:ip,,1 y la levantaba aote el altar, con un gesto de oblación.
coro entonaba el vespertinum, que en este caso era Sacrifi-
sacrificium vespertinum, et sperate, filii hominum, in Do-
alternando la antífona con el salmo correspondiente; en
ocasión, se trataba del Salmo 4. Mientras se cantaba el
lucernario, se encendían todas las demás lámparas de
iglesia.
Proseguía luego la salmodia, con otros dos salmos, o bien
antífonas, la última de las cuales llevaba e! aleluya, y se
llamaba por eso aUeluiaticum. Venía después el himno. La cele-
bración se concluía con la parte eucológica, que comprendía la
oración completuria, el Pater noster y la bendición.
El esquema del oficio festivo y dominical insería el sonum
entre el salmo lucernario y el resto de la salmodia. Probable-
mente, durante el canto del sonum se incensaba el altar y la
iglesia; pero, en la mayoría de los casos, la incensación termi-
naría mucho antes que el canto de! sonum. Era un canto musi-
calmente muy adornado, riqmslmo en melismas. El texto era
pues lentamente enunciado, acompañado de un movimiento
melódico que acentuaba las palabras y las frases, de acuerdo
con el sentido que en ellas había percibido la sensibilidad
artística del compositor.
Si tenemos en cuenta la dinámica del ardo catedral hispá-
nico, que abraza en una gran unidad vísperas, oficio matutino
y celebración eucarística, y reconocemos en el breve oficio ves-
pertino la función de iniciar e! nuevo ciclo diario, presentando
la temática peculiar del día litúrgico que comienza, entendere-
mos que el sonum vespertino, por el lugar que ocupa y por su
carácter de canto eminentemente contemplativo, constítuye un
primer paso decisivo en el desenvolvimiento doctrinal de la
celebración de alabanza. Esto nos explicará la importancia que
nuestro autor quiso atribuirle.
Casí todas las palabras de! texto de ese sonum están saca-
das del cap. 8 del libro de Tobías; reúne elementos de los ver-
sículos 7, 8, 17 Y 19. Gracias a la habilidad de nuestro autor en
seleccionarlos y enlazarlos, nos hallamos prácticamente ante un
texto nuevo, perfectamente estructurado, en cuya composición
se refleja, como índicaba antes, la experíencia de una tradición
eucológica cristiana, inspirada en gran parte en e! mismo libro
de Tobías.
Hablando del sentido bíblico de bendición, y especificando
que los cantos que hasta ahora hemos visto representaban la
"bendición descendiente" (de Dios al hombre), he anticipado
que también la dimensión ascendente de la bendición (del hom-
bre a Dios) estaba aquí representada. Lo está precisamente en
ese sonum.
¿ Es necesario, entre nosotros, recordar que e! participio
latín benedictus, y sus correspondientes en las lenguas moder-
nas, cubren equívocamente un doble significado, que es posible,
en cambio, distinguir con la coordinada griega eulogetos - culo-
geménos? El adjetivo verbal eulogetos, con la terminación -tos,
más o menos equivalente a la terminación latina -bilis de ama-
bilis, venerabilis, se aplica a Dios exclusivamente; sirve para
significar la necesidad, por parte del ser creado, de proclamar
la gloria, el poder, la bondad del Creador. En el fondo, el pro-
tocolo del prefacio, Vere dignum... , iustum... , equum..., salutare...
96 Jordi Pinell i Pons
Dornille Deus patrum nostrorum:
benedicat te caeli et terra, mare
et omnis creatura tua, quae in eÍs sunt.
97 nupcial en el antiguo rito hispánico
Imitando la estructura del prefacio, justifica con una ratio
a la alabanza. Nótese que la conjunción causal
no figuraba en el pasaje bíblico de Tobías 8,8:
múltiples razones que se enumeran en el amplio
eucológico, oriental y occidental, responde al reca-
de esa neccsidad. Cuando, como en el canto de
se logra suscitar la bendición a Dios de todas las cria-
en la tierra, en el mar y en el cielo, se llega a realizar
maravillosa armonía, porque entonces es justamente ofre-
a Dios el benéfico tributo de alabanza.
sonum empieza con unas palabras de Tobías 8,7:
quia tu fecisti Adam de limo terrae,
et dedisti ei adiutorium Evam;
ut benedicatuT nomen tuum
in saecula saeculorum, alleluia.
Aludiendo a la creación de Adán y Eva, se introduce plena-
ml,n1:e en el argumento del día: la institución del matrimonio.
prosiguiendo al mismo tiempo el discurso que había ini-
señala en la unión de los esposos la suprema finalidad
que el nombre del Señor sea por siempre bendito. Con la
del hombre, en efecto, se instauraba en el universo
conciencia viva, gracias a la presencia sobre la tierra de
mente espiritual, concebida y plasmada a imagen y seme-
de Dios. El alma humana será capaz de bendecir a Dios,
actuando por sí misma y en representación del universo. Y, para
esa bendición del nombre de Dios se prolongue in saecula
es necesario que hombre y mujer, unidos en el
que ha motivado su existencia, cumplan el mandato crea-
dor: «Creced y multiplicáos ".
El segundo verso, compuesto con frases seleccionadas de
los versículos 17 y 19, empieza:
Benedicimus te, Deus Israel,
qui misertus es duobus his famulis tuis.
98 Jordi Pillcll i Pans
La atención se concentra en los esposos, que son, en este
momento el motivo de la bendición a Dios. Manteniéndose en
el verso 19, concluye:
Fac eos, Domine, plenius benedicere te,
et sacrificium tibi laudis offerre;
ut cognoscant omnes gentes
quia tu es Dominus solus et gloriosus
in universa terra.
La benignidad que Dios ha manifestado por los dos espo·
sos, llamándolos al eoniugale gaudiwn, fructificará en ellos,
produciendo algo que está muy por encima de la fecundidad
corporal: fac eos plenius benedicere te. La misma vida conyugal
les procurará ocasiones, en que su actitud de criaturas que se
someten al orden del Creador pueda quedar significada, sin
exagerar el simbolismo de la expresión, en la frase el saetífi·
cium tibi laudis offerre.
En virtud del carácter de "signo de la caridad de Cristo"
que ya san Pablo había atribuído a la unión de los esposos,
en su famoso pasaje de Efesios 5,25·32, y que la eucología del
matrimonio proclamará, a partir de la bendición romana del
s. V, los esposos reciben la misión de irradiar el amor en el
mundo, y de revelar desde su propia vida la gracia y la presen-
cia del único verdadero Dios: ut cognoscant Oll1nes gentes quia
tu es Dominus solus et gloriosus in universa terra.
De esa amplia y perfectamente estructurada panorámica del
matrimonio, contemplado en el designio de Dios, motivo de
bendición ascendente, de la Iglesia a Dios, provienen con la abun·
dancia de una cascada, y con todos los matices que antes he
señalado, la serie de fórmulas que imploran la bendición descen-
diente: de Dios a los esposos, a la Iglesia, al género humano.
Es una verdadera lástima que se nos haya perdido la euco·
logía de ese oficio. Ordinariamente las cuatro oraciones que
acompañan las tres antífonas y el responsorio del oficio matu·
tino, y las dos eompleturias, la de las vísperas y la del oficio
de la mañana, desarrollan con mayor profundidad la doctrina
que los cantos se limitan a sugerir. Lo poco que nos ha quedado
demuestra que eran textos de una cierta calidad. Veámoslos:
Me parece especialmente interesante el tema del votum que,
cierto modo, podría relacionarse con el sacrificium laudis,
que nos hablaba el sonum. La completllria define el deseo
los esposos experimentan y que les impulsa a realizar su
como un « voto »: aspiración inspirada por la gracia, y
ellos presentan, ofrecen, a Dios, para que El con su gracia
confirme. La entrega del uno al otro coniunctionis dedicatio-
asun1e una dimensión cultual, se transforma en servicio
glorificación a Dios. La benedictio que concluía el oficio
desenvolviendo el mismo tema. En tono augural, expresa
deseo de la Iglesia de que Cristo acepte el voto de los espo-
suscipiat vota. Llegará como una divina respuesta al voto
los esposos la "gracia conyugal,,; y a los que se someten
la gracia conyugal, coniugalem gratiam subeuntibus, Cristo
confi.er,e, no ya como un deber sino como una gracia, el don de
indisolubilidad de su amor: il1dissolubile foedus caritatis.
Me he entretenido demasiado en el oficio votivo. Creí que
era la sección menos conocida de la liturgia nupcial y que,
incompleto, el conjunto de sus textos podía reservarnos
alguna sorpresa.
nupcial en el antiguo rito hispánico
Completuria
... coniunctionis suae dedicationem
hoc tibi deferunt votum.
Diligant se,
nec recedant a te.
Quod in tranquillitate viventes
tibique fideliter servientes,
nobiscum te exorare non cessent,
ita dicentes: Pater naster
Benedictio
Christus Dominus
fideHa famulorum suorum illorum suscipiat vota,
et vobis omnibus peccata dimittat. R. Amen
Coniugalem eis gratiam subeuntibus
indissolubile foedus caritatis adtribuat,
quo saeculum istud in pace pertranseanL R. Amen
Vt casti coniugii connubia suseepturi,
et corde et eorpore, omni tempore
ante Deum habeantur inlaesi. R. Amen
99
Para que Vde$. me perdonen enseguida, les digo que tra-
taré muy rápidamente de la misa. Y lo haré de ese modo, como
Vdes. verán, por razones objetivas.
Probablemente, nunca existió la serie de textos eucológicos
correspondientes a una misa votiva De nubentibus. El ardo del
ms. n. 4 de Silos, que transcribia el oficio por entero, y que
habla de la celebración eucarística en sus rúbricas, no contiene
ninguna alusión a una misa votiva para el matrimonio. No
hallamos indicios de la misma en ninguna de las fuentes.
En el antifonario de León, hallamos, después del oficio, dos
cantos para la misa. El primero de ellos es el psallendum, canto
análogo al graduale romano, formado con los versículos 2 y 3
del Salmo 127: Labores fructuum tuorum..., Uxor tua sicut vitis
abundans... Cita a continuación el íncipit de los laudes, el ale-
luya, y de dos sacrificia, canto ofertorial, que se hallan en otras
partes del antifonal, y que no son, por lo tanto, propios de esa
misa. Termina con un alleluiaticum. La nota del margen indica
el libro del Génesis corno su fuente, pero en realidad no corres-
ponde literalmente a ningún pasaje de la Escritura. Dice así:
100 ] ordi Pinell i Pans
Dorninus Deus vester multiplicabit vos.
Addat adhuc numerum multa millia,
et benedícet vobis, alleluia, alleluia.
Es posible que ese canto estuviese destinado, según la inten-
ción del autor, a la conclusión del rito del matrimonio. Expre-
sarí¡l una felicitación final, con la que se despedía a los esposos.
Sobre las tres lecturas de una misa De nubentibus eoncuer-
dan tres manuscritos del liber commicus.
La lectura profética comprende los versos 5-7 del capítulo
29 dc Jeremías: Accipite uxores et generate filios et filias. Date
filiis vestris uxores, et filias ves tras date viris...
La lectura apostólica (1 Cor 7,1-14) trata del débíto conyu-
gal entre los esposos; habla de la oportunidad de que las viu-
das se easen por segunda vez. En ese pasaje se funda el llamado
"privilegio paulina ".
Como lectura evangélica proponen Juan 2,1-11: las bodas
de Caná.
101 nupcial en el antiguo rito hispánico
Estos son los elementos que la tradición manuscrita nos
Representan dos intentos aislados, para llegar a
composü'ió,n de una misa votiva De nubentibus, que no llegó
plenamente.
bendición nupcial
La escuela eucológica romana, en el momento de su maXI-
fantasía creativa, había ideado una forma literaria peculiar
lo que se concebía como oración-bendición constitutiva.
ese género eucológico, el lnanuscrito de Verona nos ha
en la sección XXVIII, la consecratio episcoporum,
benedictio super diaconas y la consecratio presbyteri. En el
llll'l.l1V sector, que corresponde teóricamente al mes de septiem-
en las secciones XXX y XXXI, reproduce otras dos oracio-
del mismo tipo bajo los títulos ad virgines sacras y incipil
nuptialis '.
Característica de eSe género eucológico es la división en dos
La prünera parte canstituye una extensa invocación de
en la que se enumeran pasajes de la Escritura, sobre todo
Antiguo Testamento, en las que se había revelado tipológi-
ca.lllt:mc la gracia ministerial o el carisma de estado que iba a
ser conferido. A esa primera parte, de carácter anamnético,
seguía la bendición constitutiva, en la que se pedia al mismo
tiempo que los que eran entonces elegidos para una misión,
confortados con un mandato, cumplieran fielmente su vocación.
Se enumeraban, por lo tanto, las que tenían que ser virtudes
peculiares de la nueva vida, y se les proponía para ello modelos
y ejemplares entre los justos de la historia sacra.
Esas oraciones romanas, conocidas ciertamente en la Hispa-
nia de los siglos VI y VII, ejercieron un poderoso ínflujo en la
composición de los varios ardas que iban a formar el liber
ordinum.
La escuela eucológica romana produjo una doble versión
de la primera parte de la velalío nuptialis: la que empieza
5 L.C. MOHLBERG, Sacramentarium Veronense = Rerum Ecclesiastica·
rum Documenta, series maior, fontes 1 (Roma 1956), pp. 138·140.
Deus, qui potestate virtutis tuae, que la codificación gregoriana
tomó directamente de los libelos, y la que inicia Pater, mundi
conditor, nascentium genitor, que reproducen el Veronense y
los sacramentarios de tradición gelasiana. La que he menciona-
do en primer lugar es, a mi modo de ver, la versión primitiva,
muy superior a la otra, estilísticamente y también por su con-
tenido. Siempre que hablaba de bendición romana del s. V, me
refería a ésta en concreto. Es justo que, por lo menos esta vez,
reconozcamos a son Gregario e! buen gusto de la elección, y
que le agradezcamos que haya salvado para la posteridad ese
texto precioso, que sin su incorporación al sacrmnentario se
habría perdido. -
Era necesario referirse a la tradición romana. Una de las
primeras cuestiones que se plantean es la de cual de las dos
versiones romanas ha servido al autor hispánico como modelo
más o menos immediato. No será fácil responder a eIJa, y la
respuesta no será categórica.
Pero, vayamos por partes. Después de haber definido el
género eucológico de las bendiciones constitutivas romanas, nos
conviene describir la serie de piezas, de las que se compone
habitualmente una celebración análoga en el rito hispánico.
Ejemplificaré la descripción sobre la base del ardo nuben-
tium.
La primera de esas piezas es una praefatio, una exhorta-
ción dirigida a la asamblea: Deum, qui..., fratres carissimi, de-
precemur ut has famulos... En esa fórmula, se anticipan los
motivos que van a ser objeto de contemplación y de súplica en
la oratio que seguirá inmediatan1ente.
La aralia comprende, en primer lugar, una extensa invoca
w
ción, análoga a la primera parte de la bendición romana. En
el momento en que empieza a pedir por los esposos, que corres-
pondería a la segunda parte de! texto romano, la aralia se con-
vierte en una especie de letanía. A cada una de las frases de
petición en favor de los esposos, la asamblea va respondiendo
Amen.
102
~ ~ ~ ~ - - - - - - - - ~ - - - ~
] ordi Pinell i Pons
103 nuvcial en el antiguo rito hispánico
Tenninada esa súplica letánica, sigue una breve oración
Habitualmente esa oración l1eva el título de comple-
En nuestro casal lleva un título especial. Ya verelnos p o r ~
De esa oración, sin doxología, se pasa directamente al
nostcr. Como es ya sabido, en el rito bispánico, la asam-
responde Amen a cada una de las peticiones del padre-
Sigue, finalmente, la benedictio, dirigida a la asamblea,
como en el oficio y la misa, de tres expresiones
112U"",C' y una doxología, a cada una de las cuales la asamblea
respondiendo Amen.
He dicho que no era fácil responder a la pregunta sobre
de las dos fórmulas romanas el autor hispánico había
más de cerca. La primera dificultad viene del hecho
las dos fórmulas romanas tratan del mismo argumento: la
de Adán y Eva: La frase del texto hispánico ex osso
feminam figuras ti, muy cercana a la imagen ex ossibus ossa
Crl'5centia de la oración Pater, mundi conditor, la falta absoluta
referencias a los dos pasajes más originales de Deus qui po-
'o,tm'o virtutis, parecen indicarnos que el remoto modelo habria
sido el de la tradición gelasiana. Se trata, en todo caso, de un
tipo de dependencia, en la que el autor hispánico ha querido
mantener las distancias. Se aparta decididamente del modelo
romano en algo esencial. Tanto en la praefatio, como en la ora-
tio, implora la bendición de Dios sobre ambos esposos; no
exclusivamente sobre la esposa, como hacia el texto romano.
El título romano ve1atio nuptialis explica la limitación a la
esposa, por la analogia con la sacra velatio de las vírgenes.
Según la rúbrica más detal1ada del ms. n. 3, el pallium cubría
la cabeza de la esposa, pero también el hombro del esposo; y,
sobre el velo, se les imponía el iugale, una especie de estola,
facto de coccino et albo. La fusión de los dos colores, rojo y
blanco, en una misma pieza quiere significar seguramente la
unión del hombre y la mujer.
Sin embargo, el autor hispánico, conoccdor de la bendición
nupcial que se dirigía especificamente a la esposa, quiso reser-
var a una función semejante la pieza eucológica que, después
de la letania, concluye la oralio. Por eso introdujo aquí el título
104 Jordi Pinell i Pans
benedictio solius puellae, y en esa parte desarrolla con una
cierta insistencia el terna del ve!o y su significado simbólico,
Al compilador del ardo que reproduce el ms, 3, más acérri-
mo partidario de la paridad de sexos, no le gustó esta poco
feminista benedictio solius puellae, y la substituyó con otra ora-
ción Deus qui in principio, Esta se desarrolla según el mismo
esquema de la anterior, partiendo siempre del tema bíblico de
Adán y Eva, Ruega por los dos esposos, nombrándoles tres
veces, famulum tuum I11um et famulam tuam Illam, Compren-
de otra letanía, a la que sigue e! padrenuestro y el embolismo
Libera nos quaesumus,
Se trata de una inútil repetición de lo que ya se ha dicho
en el texto común a ambas versiones del rito,
Quiero señalar en la parte letánica del texto común algunas
peticiones que revelan una gran naturalidad:
Ita sibi coniugale debitum redclant,
nec te ulIatenus sub hac occasione contemnant.
Ita eorum corda et corpora
tuae beneclictionis dulcedo circurnnuat,
ut quidquid fuerit conrnixtione progenitum
cunctis sit hominibus placitum
et a te bendictum.
y quiero todavía señalar una atención particular que de-
muestra por la dimensión familiar del acontecimiento en la
benedictio: se habla de los padres y los amigos:
Floreatis rerum praesentium copiis,
fructificetis decenter in fiUís,
gaudeatis perenniter curo amicis. R. Amen
Tribuat vobis Dominus dona pereunia,
parentibus tempora feHciter dilatata,
et cunctis gaudia sempiterna. R. Amen
Se habrá notado que no existe la expresión verbal del con-
sensus entre los esposos, El sacramento de! matrimonio se nos
presenta esencialmente corno una bendición divina, que afecta
y compromete por igual el esposo y la esposa, La indisolubilidad
de la unión no se funda en un pacto jurídico social, sino en el
105 nupcial en el antiguo rito hispánico
fn"dL1S caritatis que en ellos realiza la gracia. El matrimonio es
como una vocación y una misión eclesial. Pero se
¡j",o1o,ro al mismo tiempo, sin paliativos, que debe ser para ellos
de alegría, de goce espiritual y corporal.
Cuando había terminado la celebración, y el carteo nupcial
el altar para dirigirse a la puerta de la iglesia, el coro
otra vez: Vos, quas ad caniugale gaudium perduxit

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